Wednesday 29 March 2017 | Actualizada : 2017-03-03
 
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Historia - La conciencia renacentista e ilustrada era mucho menos cristiana que la conciencia medieval. La conciencia de aquellos cristianos toleró la esclavitud más o menos como la conciencia actual de muchos cristianos e ilustrados filántropos ha resistido que el comunismo haya matado más de cien millones de hombres, sin mayores aspavientos, o como tolera que la matanza de los niños inocentes, por el aborto, se haya hecho legal y subsidiada.

 

 

Historia - La tolerancia que emanaba de Roma hacia los judíos no siempre era respetada por muchos obispos y predicadores, que consideraban que la presencia judía no acarreaba ningún bien, y lanzaron contra los judíos toda clase de invectivas. En 1199, Inocencio III publicó la Constitutio contra iudaeis, estableciendo las normas de obligado cumplimiento para los cristianos en relación con los judíos: estancia legal en tierra cristiana, protección de personas y bienes, conservación de la fe mosaica, inviolabilidad de sinagogas y cementerios. Para la Iglesia, el judaísmo se presentaba como el depósito de la revelación de la Verdad hasta la llegada de Jesucristo y, un día, acabarían por llegar al "nuevo" Israel.

 

Lutero, como padre espiritual de la Alemania moderna, tiene una responsabilidad muy grave en el proceso de odio que se desarrolló contra los judíos.

 

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Decía Winston Churchill, refiriéndose a la diferencia entre él y Stalin: «Yo moriría para que él pudiera hablar, pero él me mataría para impedirme hablar».

 

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Abriendo a los estudiosos los ‘Archivos Históricos’, la Iglesia

expone los documentos de época para estudiar y así averiguar,

por el ejercicio de las facultades intelectuales, la naturaleza,

cualidades y relaciones de las cosas. Las fábulas como las

leyendas se desmoronan en su propia ignorancia, por falta de

ciencias, letras y noticias como de honestidad intelectual.  

 

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¿Quién se queja de que el Gran Rabino no salvara católicos?

 

Y hay quienes acusan al Gran Rabino de Nueva York de inacción por no rebelarse contra Roosvelt mientras millones de católicos eran bombardeados con fosforo en Baviera, durante la Segunda Guerra mundial.

 

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La interpretación de la historia

 

¿Cuáles son las condiciones de una correcta interpretación del pasado desde el punto de vista del conocimiento histórico? Para determinarlas hay que tener en cuenta la complejidad de la relación que existe entre el sujeto que interpreta y el pasado objeto de interpretación; en primer lugar se debe subrayar la recíproca extrañeza entre ambos. Eventos y palabras del pasado son ante todo «pasados»; en cuanto tales son irreductibles totalmente a las instancias actuales, pues poseen una densidad y una complejidad objetivas, que impiden su utilización únicamente en función de los intereses del presente. Hay que acercarse, por tanto, a ellos mediante una investigación histórico?crítica, orientada a la utilización de todas las informaciones accesibles de cara a la reconstrucción del ambiente, de los modos de pensar, de los condicionamientos y del proceso vital en que se sitúan aquellos eventos y palabras, para cerciorarse así de los contenidos y los desafíos que, precisamente en su diversidad, plantean a nuestro presente.

 

En segundo lugar, entre el sujeto que interpreta y el objeto interpretado se debe reconocer una cierta copertenencia, sin la cual no podría existir ninguna conexión y ninguna comunicación entre pasado y presente; esta conexión comunicativa está fundada en el hecho de que todo ser humano, de ayer y de hoy, se sitúa en un complejo de relaciones históricas y necesita, para vivirlas, de una mediación lingüística, que siempre está históricamente determinada. ¡Todos pertenecemos a la historia! Poner de manifiesto la copertenencia entre el intérprete y el objeto de la interpretación, que debe ser alcanzado a través de las múltiples formas en las que el pasado ha dejado su testimonio (textos, monumentos, tradiciones...), significa juzgar si son correctas las posibles correspondencias y las eventuales dificultades de comunicación con el presente, puestas de relieve por la propia comprensión de las palabras o de los acontecimientos pasados; ello requiere tener en cuenta las cuestiones que motivan la investigación y su incidencia sobre las respuestas obtenidas, el contexto vital en que se actúa y la comunidad interpretadora, cuyo lenguaje se habla y a la cual se pretenda hablar. Con tal objetivo es necesario hacer refleja y consciente en el mayor grado posible la precomprensión, que de hecho se encuentra siempre incluida en cualquier interpretación, para medir y atemperar su incidencia real en el proceso interpretativo.

 

Finalmente, entre quien interpreta y el pasado objeto de interpretación se realiza, a través del esfuerzo cognoscitivo y valorativo, una ósmosis («fusión de horizontes»), en la que consiste propiamente la comprensión. En ella se expresa la que se considera inteligencia correcta de los eventos y de las palabras del pasado; lo que equivale a captar el significado que pueden tener para el intérprete y para su mundo. Gracias a este encuentro de mundos vitales, la comprensión del pasado se traduce en su aplicación al presente: el pasado es aprehendido en las potencialidades que descubre, en el estímulo que ofrece para modificar el presente; la memoria se vuelve capaz de suscitar nuevo futuro.

 

A una ósmosis fecunda con el pasado se accede merced al entrelazamiento de algunas operaciones hermenéuticas fundamentales, correspondientes a los momentos ya indicados de la extrañeza, de la copertenencia y de la comprensión verdadera y propia. Con relación a un «texto» del pasado, entendido en general como testimonio escrito, oral, monumental o figurativo, estas operaciones pueden ser expresadas del siguiente modo: «1) comprender el texto, 2) juzgar la corrección de la propia inteligencia del texto y 3) expresar la que se considera inteligencia correcta del texto» 66. Captar el testimonio del pasado quiere decir alcanzarlo del mejor modo posible en su objetividad, a través de todas las fuentes de que se pueda disponer; juzgar la corrección de la propia interpretación significa verificar con honestidad y rigor en qué medida pueda haber sido orientada, o en cualquier caso condicionada, por la precomprensión o por los posibles prejuicios del intérprete; expresar la interpretación obtenida significa hacer a los otros partícipes del diálogo establecido con el pasado, sea para verificar su relevancia, sea para exponerse a la confrontación con otras posibles interpretaciones.

 

Para que la Iglesia realice un adecuado examen de conciencia histórico delante de Dios, con vistas a la propia renovación interior y al crecimiento en la gracia y en la santidad, es necesario que sepa reconocer las «formas de antitestimonio y de escándalo» que se han presentado en su historia, en particular durante el último milenio. No es posible llevar a cabo una tarea semejante sin ser conscientes de su relevancia moral y espiritual. Ello exige la definición de algunos términos clave, además de la formulación de algunas precisiones necesarias en el plano ético. MM.

 

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Convertir la ficción en realidad - Siguiendo los principios de las más depuradas técnicas de desinformación, la «leyenda negra» sobre Pío XII se inició con la obra de teatro . Según revela Pacepa, el productor de «El vicario», Erwin Piscator, era un «comunista devoto» que se exilió en Estados Unidos durante la guerra y volvió a su Alemania natal para producir la obra. Ante las reacciones que suscitó la obra, su autor se defendió argumentando que tenía en su poder más de cuarenta páginas de documentos que sostenían su tesis. Ahora, gracias a Pacepa, ya conocemos su origen. Tras las falsas acusaciones de «El vicario» Pablo VI autorizó la publicación de los documentos de la Santa Sede relacionados con la segunda Guerra Mundial. Dio igual. La maquinaria de la propaganda ya estaba en marcha. La ficción fue respaldada más tarde por algunos libros presentados como estudios históricos. Es el caso de «El Papa de Hitler» del periodista británico John Cornwell, criticado por los historiadores por no aportar ningún documento que respaldara sus tesis. 2007.II.

 

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...difamación tras difamación.

Para cualquier persona que no se haya convertido en esclavo del pensamiento único dominante y que esté algo interesada por la historia, resulta evidente la labor del papa en favor de la justicia durante la IIGM -al igual que durante otros periodos históricos-.

 

Fue una conspiración comunista, gestada en Moscú, en el vientre mismo del KGB, lo que desató la oleada de propaganda contra Pío XII. Desde ‘El Vicario’ hasta lo que vino después de su mano, no obedece más que al resuelto propósito de difamar a la Iglesia.

 

Los malvados los propagaron, y los idiotas lo creyeron. Aún quedan algunos de estos últimos, mientras que los primeros están dedicados a otros menesteres y otras difamaciones, eso sí, con idéntico objetivo que la anterior.

 

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La prensa mundial desenmascara las

falacias del libro contra S. S. Pío XII

 

La prensa europea ha publicado numerosos artículos en estos días en los que desenmascara la falta de seriedad histórica de John Cornwell, demostrada en la redacción del libro «El Papa de Hitler», que aparecerá en las librerías estadounidenses el próximo mes de octubre. Contra las tesis del periodista británico, recogidas por la revista «Vanity Fair», se han pronunciado diarios como el «Corriere della Sera» de Milán, el «Sunday Times», el suplemento semanal distribuido por ABC, «Alfa y Omega», y el nuevo diario español «La Razón». En Francia, «Le Figaro» ha criticado duramente la profesionalidad de Cornwell.

Una aclaración de once páginas escrita por el jesuita Peter Gumpel, catedrático emérito de la Universidad Gregoriana y relator de la causa de beatificación de Pío XII, en la edición inglesa de Zenit (puede ser consultada en www.zenit.org/english), ha sido republicada por órganos de información de Noruega, Estados Unidos e incluso de Australia. En Estados Unidos, varias organizaciones están analizando la posibilidad de boicotear a la editorial que publica el libro de Cornwell. El mensual estadounidense «Inside The Vatican» ha preparado para el mes de octubre un dossier especial de veinte páginas en el que desmiente una por una las tesis del periodista. Entre los autores del dossier se encuentra el prestigioso historiador Vincent A. Lapomarda.

Un montaje contra el papado «Se trata de una indignación legítima --explica el padre Gumpel a Zenit--, pues Cornwell no ha hecho más que un auténtico montaje contra Pío XII y contra todo el papado como institución».

--Zenit: Pero Cornwell afirma que su libro es el fruto de meses de trabajo en los archivos de Secretaría de Estado. Además asegura que ha sido el primero y el único en consultar esos archivos.

--Gumpel: Todo eso es falso. La Secretaría de Estado me ha confirmado directamente que Cornwell fue autorizado a mediados de mayo de 1997 a consultar el archivo de la sección para las Relaciones con los Estados. Trabajó ahí durante unas tres semanas. El tema de su investigación fueron las relaciones con Baviera (1918-1921); Austria, Serbia y Belgrado (1913-1915). Obviamente no tuvo acceso al período cerrado, es decir, a partir de 1922. Cornwell ha escrito que hizo una investigación de meses. En realidad no estuvo más que tres semanas en las que recogió información que, después, ni siquiera utilizó. Michel Chappin, profesor de Historia de la Iglesia de la Gregoriana y archivista de Secretaría de Estado, me ha explicado, además, que Cornwell no es ni el primero ni el único en consultar los archivos de aquellos años, que por cierto son muy anteriores al pontificado de Pío XII. Ciertamente el carnet de Cornwell en este archivo lleva el número uno, pues recientemente ha sido cambiado el formato de los permisos de acceso y a él le tocó recibir el primero de la nueva serie».

--Zenit: «Vanity Fair» publica la foto de un documento de 1919 que, según Cornwell, constituye una prueba del antisemitismo de Eugenio Pacelli, futuro Pío XII. El periodista dice que es un documento inédito.

--Gumpel: Aquí, entre mis manos, tengo la copia del original de ese documento. Cornwell cita de manera totalmente facciosa una línea de la carta que tiene seis páginas. En ese documento no hay nada contra los judíos. Lo único que dice es que Levien (jefe comunista de Munich) y su amante eran judíos. Simplemente era una constatación en un documento de carácter informativo. Eran judíos, como podían ser cristianos. Además, todos sabían que, en aquel período, la dirección comunista estaba compuesta por judíos ateos, que perseguían todas las formas de religión, incluida la de los judíos. Presentar este texto como una prueba del antisemitismo de Pacelli me parece una deformación, provocada por un análisis parcial e interesado. Además, el texto de esta carta, que Cornwell presenta come un texto exclusivo descubierto por él, ya había sido publicado en Italia, en 1992, en un volumen escrito por Emma Fattorini «Alemania y la Santa Sede - la nunciatura di Pacelli entre la Gran Guerra y la República de Weimar» editado por la «Società Editrice il Mulino». Cornwell no ha descubierto nada nuevo, sólo ha copiado documentos ya publicados y los ha deformado. La mayoría de sus fuentes son de segunda mano y la selección es sumamente parcial.

Pío XII, ¿pro nazi? --Zenit: La tesis fundamental de Cornwell es que el Papa Pío XII ha favorecido y apoyado al régimen nazi.

--Gumpel: Pío XII, como nuncio en Alemania, como secretario de Estado o, después, como pontífice, siempre señaló a Hitler y a los nazis como el peor peligro para Alemania y para el mundo. Cornwell minimiza o, es más, omite totalmente la condena del nazismo que hizo Pacelli en Lourdes, en Lisieux, en París, en Budapest, a donde fue como legado pontificio. Cuando Pacelli fu elegido Papa, el «Berliner Morgenpost», órgano del movimiento nazi, le consideró como un enemigo de Alemania. Su aversión por el nazismo era tan conocida que el semanario de la Internacional Comunista, «La Correspondance Internationale» escribió que «Al llamar a la sucesión del que había presentado una enérgica resistencia contra las concepciones totalitarias fascistas que tienden a eliminar la iglesia católica, el colaborador más directo de Pío XI, los cardenales habían realizado un gesto demostrativo, poniendo como Jefe de la iglesia a un representante del movimiento católico de resistencia». Y no hablemos de la encíclica escrita contra el nazismo, «Mit Brennender Sorge». Basta leer los borradores para constatar no sólo que Pacelli fue uno de sus redactores, sino que, además, el texto original tiene añadidos de su puño y letra.

Cornwell no publica los informes que escribía la Gestapo contra la Iglesia católica y contra el Papa, como tampoco tiene en cuenta lo que escribían los periódicos estadounidenses, ingleses, franceses y holandeses sobre la resistencia que Pío XII ejerció contra los nazis. En los archivos recientemente abiertos a la consulta por el Foreign Office se puede ver que Pío XII estaba en contacto con los generales alemanes que querían derrocar a Hitler. Fue precisamente el Papa Pacelli quien transmitió a Londres la propuesta de los generales alemanes que querían acabar con el régimen nazi.

En su análisis unilateral, Cornwell no ha tenido en cuenta tampoco el testimonio del doctor estadounidense Robert Kempner, ex fiscal del Tribunal de Nuremberg contra los crímenes de guerra. Después de haber consultado los documentos que obraban en poder de los Servicios Secretos y del Ministerio de Asuntos Exteriores de Hitler, Kempner reveló que Pío XII y la Iglesia católica enviaron una cantidad enorme de protestas, directas o indirectas, diplomáticas y públicas, secretas o explícitas, a las que nunca respondieron los nazis. Kempner defendió públicamente la actuación y las actividades de ayuda de Pío XII.

¿Antisemita? --Zenit: Cornwell asegura que Pío XII era antisemita... --Gumpel: Debía ser tan antisemita que los dirigentes más autorizados e importantes de la comunidad y del Estado judío le agradecieron públicamente todo lo que hizo para proteger a los perseguidos. Aconsejaría a quien no me crea que lea el volumen noveno y el décimo de las «Actas y Documentos de la Santa Sede relativos a la Segunda Guerra Mundial», donde se recogen todos los testimonios de los judíos salvados de la persecución gracias a la actuación del Papa Pacellli. Creo que no existe en el mundo una figura pública que haya recibido tantas muestras de agradecimiento y reconocimiento por parte de la comunidad judía como Pío XII.

¿Papa retrógrado? --Zenit: El libro «El Papa de Hitler» describe a Pío XII como una expresión de una Iglesia cerrada, retrógrada, autoritaria...

--Gumpel: Pocos saben que Pío XII es el auténtico artífice y promotor del Concilio Vaticano II. Fue él quien creó la Comisión que debía preparar las sesiones, pero la situación no había madurado y Pacelli ya estaba enfermo. De todos modos, basta leer las actas del Concilio para descubrir que Pío XII es el autor más citado, después de las Sagradas Escrituras. En sus encíclicas y discursos abordó todos los problemas que más tarde tocaría el Concilio Vaticano II. Zenit – ZS99092803 – 2002

 

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Radio Moscú creó la «leyenda negra» contra Pío XII

 


Revelaciones de «La Civiltà Cattolica»

 

CIUDAD DEL VATICANO, lunes, 13 junio 2005 - La «leyenda negra» contra el Papa Pío XII fue lanzada por «Radio Moscú» al concluir la segunda guerra mundial, asegura una investigación publicada por el último número de la revisita italiana «La Civiltà Cattolica».
Pío XII, que a su muerte recibió el homenaje de los jefes de Estado democráticos y de los más elevados representantes judíos; sin embargo ha sido presentado por algunas publicaciones como aliado con los regímenes totalitarios y en particular se le ha acusado de «silencio» ante el nazismo.
El artículo de la revista quincenal, firmado por Giovanni Sale S.I. analiza la reacción de la radio comunista a la alocución que pronunció el pontífice Eugenio Pacelli el 2 de junio de 1945, en el día de san Eugenio.
La emisora dedicó un programa el 7 de junio de 1945 que «asumió un valor por así decir paradigmático, pues sintetizaba muy bien el punto de vista de la izquierda radical sobre la actividad de la Santa Sede en el tiempo de la guerra», afirma la investigación histórica.
«Quien ha escuchado el discurso del Papa con motivo de la fiesta de san Eugenio --decía «Radio Moscú»-- se ha quedado sumamente sorprendido al saber que el Vaticano, durante los años pasados del predominio de Hitler en Europa, actuó con valentía y audacia contra los delincuentes nazis. La que realmente hizo el Vaticano dice lo contrario».

«De hecho, si el Vaticano actuó de este modo, lo hizo para mantener la política vigilante de protección de Hitler y de Mussolini», añadía la emisora comunista.
«Ninguna atrocidad realizada por los hitlerianos suscitó el desdén y la indignación del Vaticano. Éste calló cuando actuaban las máquinas alemanas de la muerte, cuando las chimeneas de los hornos crematorios echaban humo, cuando se lanzaban granadas y proyectiles contra la pacífica población de Londres, cuando la doctrina hitleriana de eliminación y de exterminio de naciones y de pueblos se transformaba en una dura realidad», añade.
Ahora, por el contrario, seguía diciendo «Radio Moscú», el Papa llena su discurso de alusiones contra la Unión Soviética y el comunismo internacional para «provocar divergencias y sembrar la desconfianza entre los aliados».
El autor del artículo constata que «la prensa comunista internacional, y no sólo ésta, se alineó totalmente a las directivas de Moscú sobre esta materia».
«De este modo, comenzó la "legenda negra" --que en buena parte ha llegado hasta nuestros días-- de un Pío XII amigo y aliado de los nazis; el Papa que apoyó, por motivos de interés político, a los regímenes totalitarios fascistas y
enemigo declarado de la democracia popular», concluye «La Civiltà Cattolica».  ZS05061303zenit

 

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Ni un solo partido de izquierdas de toda Europa condenó oficialmente y de manera transparente, nunca, nunca las matanzas de judíos por parte de los Nazis.

Todo es una absurda y gigantesca cortina de humo para desviar la cuestión ante prácticamente los únicos que denunciaron abiértamente el antisemitismo: los católicos.

Mucho menos los protestantes, pues el nazismo triunfa especialmente en la parte protestante de Alemania.

 

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Una publicación italiana denuncia que

Radio Moscú ideó la: leyenda negra de Pío XII

 

 

R. R. 2005-06-14 – LA RAZÓN - ESPAÑA
Ciudad del Vaticano- La «leyenda negra» contra el Papa Pío XII fue lanzada por «Radio Moscú» al concluir la segunda Guerra Mundial, asegura una investigación publicada por el último número de la revisita italiana «La Civiltà Cattolica».
   Pío XII, que a su muerte recibió el homenaje de los jefes de Estado democráticos y de los más elevados representantes judíos, ha sido presentado por algunos historiadores como aliado con los regímenes totalitarios y en particular se le ha acusado de «silencio» ante el nazismo.
   El artículo de la revista quincenal, firmado por Giovanni Sale S.I., analiza la reacción de la radio comunista a la alocución que pronunció el pontífice Eugenio Pacelli el 2 de junio de 1945, en el día de san Eugenio. La emisora dedicó un programa el 7 de junio de 1945 en el que afirmó que «ninguna atrocidad realizada por los hitlerianos suscitó el desdén y la indignación del Vaticano. Éste calló cuando actuaban las máquinas alemanas de la muerte, cuando las chimeneas de los hornos crematorios echaban humo, cuando se lanzaban granadas y proyectiles contra la pacífica población de Londres, cuando la doctrina hitleriana de eliminación y de exterminio de naciones y de pueblos se transformaba en una dura realidad».
   
Anticomunista. «Ahora, por el contrario –proseguía Radio Moscú–, el Papa llena su discurso de alusiones contra la Unión Soviética y el comunismo internacional para provocar divergencias y sembrar la desconfianza entre los aliados.

El autor del artículo constata que «la prensa comunista internacional, y no sólo ésta, se alineó totalmente a las directivas de Moscú sobre esta materia». «De este modo, comenzó la “legenda negra” –que, en buena parte ha llegado hasta nuestros días– de un Pío XII amigo y aliado de los nazis; el Papa que apoyó, por motivos de interés político, a los regímenes totalitarios fascistas y enemigo declarado de la democracia popular», concluye «La Civiltà Cattolica». Zenit

 

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Un ex agente secreto de la antigua URSS desvela la operación para desacreditar a Pío XII

 

El general Mihai Ion Pacepa - año 2010

La operación se llamaba «Seat 12», y financió la obra de teatro de Rolf Hochhuth, "El Vicario", que se representó en todo el mundo en 20 idiomas.

 

Jesús Colina/Zenit

 

Las últimas revelaciones históricas confirman la posición de Benedicto XVI en su último libro sobre Pío XII y su apoyo a los judíos perseguidos.

 

En su conversación con el periodistas Peter Seewald, recogida en el libro "Luz del mundo", el pontífice confirma que con motivo del proceso de beatificación de ese Papa, Eugenio Pacelli, ordenó una investigación que confirma "los aspectos positivos".

 

Este estudio, añade el pontífice, no confirma "las cuestiones negativas" que se aducen contra él.

 

Precisamente el 17 de noviembre el Papa recibió directamente del fundador de la "Pave the Way Foundation", Gary Krupp, judío, quien le entregó nuevas revelaciones históricas que confirman esta posición.

 

Krupp, en declaraciones a ZENIT, revela que se trata de documentos y testimonios de testigos presenciales que buscan iluminar el papel de Pío XII y que ahora son publicados en la página web de la Fundación (www.ptwf.org) para alentar el estudio de la comunidad internacional de historiadores.

 

"El deseo es que con la publicación de este material, la controversia de 46 años sobre el papado de Pío XII pueda superarse. Hasta hoy, la Fundación ha publicado mas de 40 mil páginas de documentos originales, artículos y vídeos de testigos presenciales sobre ese período histórico", añade el fundador.

 

Krupp, en la audiencia con el Papa, presentó además el libro "El Papa Pío XII y la Segunda Guerra Mundial - La verdad documentada", que acaba de publicarse en hebreo.

 

El fundador también presentó al Papa una serie de testimonios, acreditados por notarios, que recogen testimonios de personas que asistieron a los esfuerzos del Papa Pío XII por salvar a judíos.

 

Un ex agente soviético

En el encuentro con el Papa se presentó también la nueva edición del libro "Hitler, la guerra y el Papa" ("Hitler, the War and the Pope"), escrito por el profesor estadounidense Ronald Rychlak, que será presentado a delegaciones de las Naciones Unidas el 11 de diciembre en Nueva York.

 

Además, el Papa recibió en sus manos, un libro todavía no publicado, "El contexto del Papa Pío XII" ("The framing of Pope Pius XII"), escrito por el mismo profesor Rychlak y por el general Mihai Ion Pacepa, el agente de mayor rango que desertó en toda la historia de los servicios secretos de los países comunistas que gravitaban alrededor de la Unión Soviética.

 

El volumen revela la operación soviética de desinformación, el plan se llamaba "Seat 12", para acabar con la reputación de Pío XII y aislar a la comunidad judía del mundo católico.

 

El libro revela cómo se produjo, financió e interpretó la obra de teatro de Rolf Hochhuth, "El Vicario", que se representó en todo el mundo en 20 idiomas, y sembró la leyenda negra contra Pío XII.

 

El libro revela otras operaciones de desinformación contra ese Papa y la Iglesia católica que se prolongaron hasta tiempos recientes.

 

Otro libro de Mihai Ion Pacepa, "Horizontes rojos", es considerado como la chispa que acabaría en Rumanía con el dictador Nicolai Ceausescu

 

En "Luz del mundo", por su parte, el Papa pide superar interpretaciones ideológicas sobre lo que podría haber hecho Pío XII en la segunda guerra mundial.

 

"Lo decisivo es lo que intentó hacer y creo que, en este punto, hay que reconocer realmente que fue uno de los grandes justos, que salvó a muchos judíos, a tantos como ningún otro", concluye su sucesor.

 

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PIO XII E LA FINE DELLA SECONDA GUERRA MONDIALE - Giovanni Sale S.I.

L’allocuzione di Pio XII del 2 giugno 1945 fu dedicata ai problemi della guerra appena terminata. Il messaggio del Papa fu interpretato secondo gli orientamenti ideologici e politici che nei vari Paesi si andavano già prefigurando: siamo cioè agli esordi della «guerra fredda». La stampa moderata scrisse che il Papa non soltanto aveva condannato il nazismo, ma anche tutte le forme di totalitarismo, e quindi anche il comunismo. Quella di sinistra invece sottolineò le «passate complicità» della Santa Sede nei confronti dei regimi totalitari sconfitti militarmente, accusando il Papa di aver aiutato Hitler a consolidare il proprio potere. Per non cadere nell’anacronismo, bisogna avere l’umiltà e l’intelligenza di leggere i fatti del passato non con le categorie mentali di oggi, ma entro la cornice storico-temporale in cui si sono svolti.

© La Civiltà Cattolica 2005 II 419-432 quaderno 3719

 

http://www.laciviltacattolica.it/Quaderni/01_quad.html

 

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La leggenda nera di Pio XII l’ha

inventata un cattolico: Mounier

 


E con lui un altro grande cattolico, Mauriac. La propaganda comunista non fu la sola a creare l’immagine di papa Pacelli filo-nazista. Due saggi su due autorevoli riviste gettano nuova luce su come è nata

di Sandro Magíster

ROMA, 20 giugno 2005 – Sull’ultimo numero di “La Civiltà Cattolica” lo storico gesuita Giovanni Sale ricostruisce con documenti anche inediti la nascita della “leggenda nera” di un Pio XII filo-hitleriano.

“La Civiltà Cattolica” è la rivista dei gesuiti di Roma i cui articoli sono previamente letti e autorizzati dalla segreteria di stato vaticana.

Stando alla ricostruzione di p. Sale, a generare la leggenda nera fu, sul finire della seconda guerra mondiale, la stampa comunista internazionale guidata da Mosca.

Negli stessi giorni, però, sull’ultimo numero di "Archivum Historiae Pontificiae" – la rivista annuale della facoltà di storia ecclesiastica della Pontificia Università Gregoriana, anch’essa affidata ai gesuiti – è uscito un articolo dello storico Giovanni Maria Vian che sulle origini della leggenda nera di Pio XII dà una ricostruzione differente.

Secondo Vian, a dar vita all’accusa contro i “silenzi” di Pio XII, oltre che la propaganda sovietica, furono dei cattolici francesi e polacchi, e in particolare due intellettuali di spicco, Emmanuel Mounier e François Mauriac.

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P. Sale richiama l’attenzione sul primo discorso importante pronunciato da Pio XII dopo la fine della seconda guerra mondiale: il messaggio ai cardinali pronunciato il 2 giugno 1945.

In esso papa Eugenio Pacelli condannò con parole molto forti “le rovinose e inesorabili applicazioni della dottrina nazinalsocialista, che giungevano fin a valersi dei più raffinati metodi scientifici per torturare e sopprimere persone spesso innocenti”.

Queste parole del papa riprendevano quasi alla lettera un suggerimento a lui fatto pochi giorni prima dall’allora ambasciatore di Francia presso la Santa Sede, il filosofo cattolico Jacques Maritain. Sia nel suggerimento di Maritain sia nel discorso del papa gli ebrei non erano nominati esplicitamente, ma p. Sale vi vede una trasparente “allusione alla soluzione finale posta in esecuzione dai gerarchi nazisti contro gli ebrei”.

Subito dopo, nel suo discorso, Pio XII ricordò l’uccisione di migliaia di sacerdoti cattolici nei campi di concentramento nazisti, con “in prima linea per il numero e per la durezza del trattamento i sacerdoti polacchi”.

Quel discorso di Pio XII ebbe una vasta eco nel mondo. Riportando i commenti della stampa internazionale, p. Sale fa notare che “la parola del papa fu interpretata secondo gli orientamenti ideologici e politici che nei vari paesi si andavano prefigurando, agli esordi della guerra fredda”.

A dettare la linea alla stampa comunista di tutto il mondo fu un commento di Radio Mosca del 7 giugno 1945, nel quale p. Sale vede “già sviluppati alcuni motivi che diventeranno centrali nei decenni successivi nella polemica antipacelliana”.

Radio Mosca accusò Pio XII di farsi vanto tardivamente e a torto della sua opposizione al nazismo, perché invece “aveva taciuto quando operavano le macchine tedesche della morte, quando fumavano i camini dei forni crematori”. Nemmeno da Radio Mosca, in questo commento, gli ebrei furono chiamati per nome. In ogni modo – scrive p. Sale – da lì “iniziò la leggenda nera, la quale in qualche misura è arrivata fino ai giorni nostri, di un Pio XII amico e alleato dei nazisti”.

Nella conclusione del suo saggio, p. Sale ricorda che cinque mesi dopo quel discorso Pio XII “ebbe modo di rilevare tutto l’orrore per le atrocità naziste quando, il 29 novembre 1945, ricevette una delegazione di profughi ebrei venuti a ringraziarlo per l’opera della Chiesa cattolica in loro favore durante la seconda guerra mondiale”. E aggiunge:

“In ogni caso non c’era ancora in quel periodo la percezione esatta (sia psicologica, sia culturale, sia storico-conoscitiva) di ciò che nel cuore dell’Europa era accaduto agli ebrei negli ultimi anni della guerra. [...] Lo stesso concetto di Olocausto e di unicità della Shoah non era ancora stato elaborato neppure in ambiente ebraico”.

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Su "Archivum Historiae Pontificiae" Vian non contraddice la ricostruzione di p. Sale. La integra però gettando luce su accuse contro i “silenzi” papali provenienti in quegli stessi anni anche da cattolici francesi e polacchi. Accuse di cui Pio XII mostrò di essere al corrente nei passaggi sopra citati del suo discorso del 2 giugno 1945.

Ecco qui di seguito l’articolo di Vian apparso su "Archivum Historiae Pontificiae", n. 42, 2004, pp. 223-229. L’articolo (qui senza le note) ricostruisce la genesi e lo sviluppo della leggenda nera di Pio XII dal 1939 fino agli inizi del pontificato di Paolo VI. L’autore è docente di filologia patristica all’università di Roma La Sapienza e membro del Pontificio Comitato di Scienze Storiche.

Il silenzio di Pio XII: alle origini della leggenda nera

di Giovanni Maria Vian

La polemica sul silenzio di Pio XII durante la seconda guerra mondiale – di fronte soprattutto all’orrendo tentativo genocida dei nazisti di sterminare gli ebrei in Europa, una delle maggiori tragedie del Novecento – fa parte ormai della storia. Su questo argomento molto si è scritto e si continua a scrivere, per la sua indubbia rilevanza, per l’interesse sempre vivissimo suscitato anche oltre le cerchie ristrette degli specialisti e per il suo innegabile uso strumentale, che s’intreccia anche con l’introduzione della causa di canonizzazione del pontefice.

Soprattutto questa strumentalizzazione ha finito per creare una vera e propria leggenda nera, al di là delle diverse possibili valutazioni dell’atteggiamento del papa negli anni tragici del conflitto. Ricordare le origini, spesso trascurate, delle accuse al pontefice – formulate dapprima da ambienti cattolici e poi amplificate, già durante gli anni di guerra, dalla propaganda sovietica e poi comunista – è lo scopo di questa nota.

A interrogarsi sui “silenzi di Pio XII” fu per primo Emmanuel Mounier, addirittura poche settimane dopo l’elezione a papa del cardinale segretario di stato Eugenio Pacelli, il 2 marzo 1939. E lo fece a proposito dell’aggressione dell’Italia all’Albania, avvenuta agli inizi di aprile di quell’anno, e dell’assenza di reazioni di condanna da parte del nuovo pontefice.

In un articolo scritto immediatamente dopo, l’intellettuale cattolico francese, pur premettendo di avvertire “il ridicolo che vi sarebbe per un fedele nel sostituirsi alla coscienza pontificale”, sottolineava “che lo scandalo, a causa di questo silenzio” era entrato “in migliaia di cuori”. E aggiungeva: “Non sono in grado di giudicare se questo non era che l’inevitabile tributo di una diplomazia riuscita […]. Io non ho chiesto che alcune parole. Perché capita anche che la Parola vivifichi” .

Il problema delle parole non pronunciate, e già allora invocate da Mounier, avrebbe tormentato la coscienza del pontefice durante i lunghissimi e tremendi sei anni della guerra, scatenata soltanto pochi mesi più tardi dall’aggressione alla Polonia da parte della Germania nazionalsocialista alleata con la Russia sovietica. In questo contesto, ha scritto lo storico gesuita Burkhart Schneider, “il papa venne accusato per il suo apparente silenzio che sembrava indifferenza di fronte ad indicibili sofferenze”. E queste accuse vennero soprattutto da “ambienti dei polacchi in esilio”, dunque di nuovo da parte cattolica.

La linea politica e diplomatica della Santa Sede nei decenni precedenti e soprattutto durante la spaventosa guerra del 1914-1918 aveva cercato di perseguire, senza troppi consensi nemmeno tra i cattolici, una sorta di neutrale imparzialità tra le parti in conflitto. Questa linea aveva incluso la condanna, da parte di Benedetto XV, dell’“inutile strage” e una vera e propria “diplomazia dell’assistenza”, di cui in Germania era stato protagonista lo stesso Pacelli, allora nunzio a Monaco.

Nella nuova tragedia bellica – provocata dai totalitarismi nazista e sovietico che la Santa Sede aveva condannato nel 1937 con le encicliche “Mit Brennender Sorge” e “Divini Redemptoris” – Pio XII intese seguire la stessa linea, anche se invece nei fatti il pontefice compì scelte che non è possibile classificare come neutrali.

Così il papa, con una decisione senza precedenti, appoggiò tra l’autunno del 1939 e la primavera del 1940, già nei primi mesi del conflitto, il tentativo – presto abortito – di rovesciare il regime hitleriano da parte di alcuni circoli militari tedeschi in contatto con i britannici, mentre dopo l’attacco della Germania all’Unione Sovietica a metà del 1941 Pio XII dapprima si rifiutò di schierare la Santa Sede con quella che era presentata come una crociata contro il comunismo e poi si adoperò per smussare l’opposizione di moltissimi cattolici statunitensi all’alleanza degli Stati Uniti con la Russia staliniana.

Certamente, non per questo cambiò il giudizio del papa e dei suoi più stretti collaboratori sul comunismo, giudizio che restò sempre radicalmente negativo, accentuandosi dal 1943 e culminando nel decreto di condanna emanato nel 1949 dal Sant’Uffizio.
L’immagine di un Pio XII “al soldo degli Americani” – diffusa e sempre sostenuta dai sovietici a causa dell’indubbio anticomunismo del papa – è però dal punto di vista storico insostenibile.

Proprio in questa polemica – frutto della propaganda sovietica e più in generale comunista, ripresa presto anche da esponenti della Chiesa ortodossa russa – trovarono posto, fin dal 1944, le accuse a papa Pacelli e al Vaticano, che s’innestavano così sugli interrogativi espressi da Mounier e che si ritrovano nei diplomatici accreditati presso la Santa Sede, ma questa volta a proposito della politica nazista di sterminio degli ebrei.

Nel quadro del progressivo distanziamento e irrigidimento dei due blocchi vittoriosi che avrebbe portato negli anni del dopoguerra all’imposizione dell’egemonia sovietica in quasi tutti i paesi dell’Europa orientale e centrale e quindi alla guerra fredda, a Pio XII fu imputato di avere sostenuto la Germania nazista e il fascismo, di averli perdonati, di avere nascosto criminali di guerra tedeschi, di non aver condannato la barbarie hitleriana, di avere taciuto e di essersi schierato con l’Occidente capitalista.

Già durante la guerra, il 13 giugno 1943, il pontefice replicò alle accuse “che il papa ha voluto la guerra, che il papa mantiene la guerra e fornisce il denaro per continuarla, che il papa non fa nulla per la pace. Mai forse fu lanciata una calunnia più mostruosa e assurda di questa”.

Dopo la guerra, il 24 dicembre 1946, Pio XII alluse esplicitamente alla propaganda contro la Santa Sede: “Noi ben sappiamo che tutte le nostre parole, le nostre intenzioni rischiano di essere male interpretate e svisate a scopo di propaganda politica”.

E nel 1951 l’interrogativo che Mounier aveva sollevato una dozzina d’anni prima a proposito dell’aggressione italiana all’Albania diveniva, nelle parole di un altro intellettuale cattolico francese – François Mauriac, che l’anno dopo sarebbe stato insignito del premio Nobel per la letteratura – un duro rimprovero a Pio XII per non aver condannato la mostruosa persecuzione degli ebrei.

Nella prefazione al “Bréviaire de la haine. Le IIIe Reich et les Juifs” di Léon Poliakov, dopo aver sottolineato che il libro era in primo luogo diretto ai tedeschi, Mauriac scriveva:

“Questo breviario è stato scritto anche per noi francesi, il cui tradizionale antisemitismo è sopravvissuto a quegli eccessi di orrore nei quali Vichy ha avuto la sua timida e ignobile parte; per noi cattolici francesi, soprattutto, che, se abbiamo salvato l’onore, senza dubbio ne andiano debitori all’eroismo e alla carità di molti vescovi, preti e religiosi verso gli ebrei braccati, ma che non abbiamo avuto il conforto di sentire il successore del Galileo, Simone Pietro, condannare con parola netta e chiara, e non con allusioni diplomatiche la crocifissione di questi innumerevoli ‘fratelli del Signore’. Al tempo dell’occupazione, chiesi un giorno al venerando cardinale Suhard, che d’altra parte tanto aveva fatto, nell’ombra, a favore dei perseguitati: ‘Eminenza, comandateci di pregare per gli ebrei’, ed egli per tutta risposta levò le braccia al cielo. Certamente, la potenza occupante aveva mezzi di pressione cui non si poteva resistere, e il silenzio del papa e della gerarchia altro non era che un repugnante dovere; si trattava di evitare sciagure peggiori.
Ciò non toglie che un crimine di tanta ampiezza ricada in parte non indifferente su tutti i testimoni che hanno taciuto, quali siano state le ragioni del loro silenzio”.

Meno severi invece erano gli accenti dell’ebreo Poliakov che – a proposito della tradizione antiebraica e dell’atteggiamento di Pio XII, e appena prima di alcuni acuti cenni sull’“essenza anticristiana dell’antisemitismo” – esprimeva un giudizio ben più sfumato:

“Non spetta a uno scrittore israelita pronunciarsi in merito a dogmi secolari di un’altra religione; ma, di fronte all’immensità delle conseguenze, non si può non essere profondamente turbati. Che il senso del nostro turbamento non vada frainteso. Noi non ammettiamo che vi sia stato anche soltanto una traccia di antisemitismo nel pensiero del papa. Se, contrariamente a tanti vescovi francesi, egli non fece sentire la sua voce, ciò fu dovuto senza dubbio al fatto che la sua giurisdizione si estendeva all’Europa tutta intera e che egli doveva tener conto non soltanto delle gravi minacce sospese sulla Chiesa, ma anche della condizione di spirito dei suoi fedeli di tutti i paesi”, che erano influenzati dalla tradizione antiebraica del cristianesimo.

In questo contesto si colloca la svolta nella questione del silenzio di Pio XII, quando il pontefice era morto (il 9 ottobre 1958) da più di quattro anni.

Questa svolta fu avviata dal dramma teatrale “Der Stellvertreter” di Rolf Hochhuth, che venne rappresentato per la prima volta a Berlino il 20 febbraio 1963 e che, per le sue tesi estreme avverse a papa Pacelli e per le forti polemiche da subito suscitate, ha da allora esercitato un influsso enorme sulla formazione dell’immagine di Pio XII e della Santa Sede nell’opinione pubblica e nello stesso dibattito storiografico.

Particolarmente significativa, nel divampare immediato della polemica, fu quasi subito la difesa del pontefice da parte di uno dei suoi più stretti collaboratori, Giovanni Battista Montini, che dalla fine del 1954 era arcivescovo di Milano e nel 1958 era stato creato cardinale da Giovanni XXIII.

Occasione dell’intervento di Montini fu un articolo in difesa di Pio XII – pubblicato dalla rivista cattolica inglese “The Tablet” nel numero dell’11 maggio 1963 – che tra l’altro sottolineava la vicinanza del lavoro teatrale di Hochhuth a una “pubblicazione comunista” sul Vaticano e la seconda guerra mondiale.

Il cardinale di Milano – in una lettera giunta a “The Tablet” lo stesso giorno della sua elezione al pontificato, il 21 giugno 1963, quando assunse il nome di Paolo VI – difendeva il comportamento di Pio XII di fronte alla persecuzione e allo sterminio degli ebrei da parte dei nazisti, crimini di cui il papa sarebbe stato corresponsabile per non averli condannati, secondo la tesi di Hochhuth.

“Un atteggiamento di condanna e di protesta, quale costui rimprovera al papa di non avere adottato, sarebbe stato, oltre che inutile, dannoso; questo è tutto”, scriveva tra l’altro l’antico collaboratore di papa Pacelli, e concludeva:

“Non si gioca con questi argomenti e con i personaggi storici che conosciamo con la fantasia creatrice di artisti di teatro, non abbastanza dotati di discernimento storico e, Dio non voglia, di onestà umana. Perché altrimenti, nel caso presente, il dramma vero sarebbe un altro: quello di colui che tenta di scaricare sopra un papa, estremamente coscienzioso del proprio dovere e della realtà storica, e per di più d’un amico, imparziale, sì, ma fedelissimo del popolo germanico, gli orribili crimini del nazismo tedesco. Pio XII avrà egualmente il merito d’essere stato un ‘Vicario’ di Cristo, che ha cercato di compiere coraggiosamente e integralmente, come poteva, la sua missione; ma si potrà ascrivere a merito della cultura e dell’arte una simile ingiustizia teatrale?”.

Gli stessi accenti e spunti critici contro la tesi propagandistica del drammaturgo tedesco si ritrovano quasi due anni più tardi in un articolo dello storico liberale Giovanni Spadolini, pubblicato il 18 febbraio 1965 dopo le prime rappresentazioni del testo teatrale di Hochhuth a Roma, che furono subito proibite e seguite da aspre polemiche.

L’articolo dell’autorevole intellettuale e uomo politico laico esordiva con un attacco diretto alla posizione assunta dai partiti di sinistra e soprattutto dai comunisti: “Il partito che propugna il dialogo coi cattolici ha bandito una specie di crociata per la libertà di pensiero sulla base di questo libello di diffamazione anticlericale e di autodifesa nazionalista”.

E ricordando la difesa di Pio XII da parte di Montini – nel 1963 appena prima di essere eletto papa e poi durante lo storico viaggio del pontefice in Terra Santa nel gennaio del 1964 – Spadolini insisteva sugli elementi di propaganda politica presenti nel dramma appena rappresentato a Roma: così l’allora cardinale di Milano “era insorto, con la lealtà del collaboratore e del discepolo che non dimentica, contro le assurde e inique requisitorie di una propaganda politica appena ammantata di moralismo”, mentre quando “Paolo VI pose piede in terra israeliana, in quella che fu la tappa più significativa e rivoluzionaria della sua missione palestinese, tutti avvertirono che il pontefice intendeva rispondere, dallo stesso cuore del focolare nazionale ebraico, ai sistematici attacchi del mondo comunista che non mancavano di trovare qualche complicità o qualche condiscendenza anche nei cuori cattolici – o almeno in certi cattolici non ignoti neppure all’Italia”.

Nell’articolo di Spadolini chiarissima risulta dunque la percezione dell’origine delle accuse a papa Pacelli: dapprima, tra il 1939 e il 1951, in due intellettuali cattolici francesi come Mounier e Mauriac, e poi soprattutto nella propaganda sovietica degli anni di guerra e più in generale in quella comunista durante il dopoguerra e la guerra fredda.

Accentuatasi dopo la morte di Pio XII e durante il pontificato così diverso di Giovanni XXIII, la polemica esplose definitivamente al tempo di Paolo VI e s’intrecciò con la contrapposizione dei pontificati pacelliano e roncalliano che, tra l’altro, indusse nel 1965 papa Montini a introdurre simultaneamente le cause dei due predecessori:

“Sarà così assecondato il desiderio, che per l’uno e per l’altro è stato in tal senso espresso da innumerevoli voci; sarà così assicurato alla storia il patrimonio della loro eredità spirituale; sarà evitato che alcun altro motivo, che non sia il culto della vera santità e cioè la gloria di Dio e l’edificazione della sua Chiesa, ricomponga le loro autentiche e care figure per la nostra venerazione e per quella dei secoli futuri”.

Con il trascorrere del tempo la questione del silenzio di Pio XII si è molto complicata perché le reiterate accuse a papa Pacelli si sono trasformate in una leggenda nera. Questa non facilita certo i nuovi positivi rapporti tra Chiesa cattolica ed ebraismo, mentre si sono dimenticate le origini delle accuse, nate in ambienti cattolici e amplificate soprattutto dalla propaganda sovietica e comunista e dai suoi nostalgici, che non perdonano a Pio XII il suo anticomunismo.
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Il link alla rivista della facoltà di storia ecclesiastica della Pontificia Università Gregoriana su cui è uscito l’articolo di Giovanni Maria Vian:
> “Archivum Historiae Pontificiae”
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Il saggio di p. Giovanni Sale è invece uscito su “La Civiltà Cattolica” del 4 giugno 2005, pp. 419-432, con il titolo “Pio XII e la fine della seconda guerra mondiale”:
> “La Civiltà Cattolica”

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In questo sito, una valutazione della figura di Pio XII in un saggio di Pietro De Marco:
> Un figlio della Chiesa di Pio XII rompe il silenzio sulla sua santità (27.1.2005)

 

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Las memorias de un diplomático estadounidense sobre Pío XII

 

Entrevista con el padre Peter Gumpel


ROMA, miércoles, 16 junio 2004- Una «ráfaga de saludable verdad»: así describe el padre Peter Gumpel s.j. --historiador y relator de la causa de beatificación de Pío XII-- las memorias de Harold H. Tittmann, un diplomático estadounidense que vivió en el Vaticano de 1940 a 1944.

Han sido recogidas en un volumen bajo el titulo «Inside the Vatican of Pius XII» («Dentro del Vaticano de Pío XII»), editado por «Doubleday». El libro salió a la venta en las librerías de EE. UU. el martes pasado.

El tomo no sólo aporta los relatos de un testigo ocular sobre cómo y cuánto actuaron la Santa Sede y el propio Pío XII en relación con el nazismo, sino que plasma la evolución de las relaciones entre el Papa y el presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt.

En esta entrevista concedida a Zenit, el padre Gumpel, quien ya ha tenido oportunidad de leer el libro, explica la novedad que aporta la publicación y el contexto histórico al que está referida.

--¿Podría explicar la historia y el contexto en que se sitúan las circunstancias narradas en el libro de memorias de Harold H. Tittmann?

--P. Peter Gumpel: Tittmann era un héroe de guerra. Piloto de avión en la Primera Guerra Mundial, fue abatido y herido gravemente. A causa de las heridas perdió la pierna derecha, un riñón y medio pulmón. En 1920 entró en el servicio diplomático. Trabajó en la embajada estadounidense en París y después durante 11 años, de 1925 a 1936, en Roma. Tras un período en el Departamento de Estado en 1939 fue transferido a Ginebra (Suiza).

Fue trasladado a Roma en 1940 en calidad de asistente de Myron Taylor, representante personal ante la Santa Sede nombrado por Roosevelt. Cuando en diciembre de 1941 Italia declaró la guerra a los Estados Unidos, Tittmann se refugió dentro del Vaticano, de donde salió sólo con la llegada de las tropas aliadas en 1944.

Sus memorias son muy interesantes porque se trata de un testigo ocular: se relacionaba a diario con el Secretario de Estado Luigi Maglione, con Domenico Tardini y Giovan Battista Montini, y frecuentemente se encontraba con el Pontífice Pío XII.

--¿Qué novedades relevantes considera que aporta este libro?


--P. Peter Gumpel: Para los que conocen el material de archivo y se han especializado en el estudio de este período histórico, no hay grandes novedades. La correspondencia de Tittmann con los Estados Unidos confirma la absoluta independencia de la Santa Sede en la oposición a los nazis y en la obra de apoyo a las víctimas del conflicto.

Para aquellos que en cambio desconozcan el material de archivo y hayan leído sólo libros hostiles a la Santa Sede, el volumen de Tittmann es una ráfaga de saludable verdad.

En este sentido el volumen asume una notable importancia para dar a conocer al gran público cuánto y cómo trabajo la Santa Sede en aquellos años.

--¿Cómo eran las relaciones entre la Santa Sede y el gobierno estadounidense en ese período en que el régimen nazi dominaba en Europa?

--P. Peter Gumpel: A pesar de una cierta cultura anti-romana y anti-papal difundida por los grupos protestantes, las relaciones entre la Santa Sede y el gobierno estadounidense eran buenas.

Ya antes del estallido del segundo conflicto mundial existió una acción paralela entre Pío XII y el gobierno de EE. UU. para evitar la guerra. Pío XII y Roosevelt actuaron de acuerdo también para evitar que Italia entrara en la guerra.

Pacelli conoció personalmente a Roosevelt durante la visita a EE. UU. en 1936. Las relaciones se hicieron más intensas desde que Roosevelt nombró a Taylor como representante personal ante la Santa Sede. Este fue el contexto en el que trabajó Tittmann.

--Cuando los Estados Unidos decidieron apoyar a los soviéticos en la lucha contra Hitler, muchos católicos americanos preguntaron a la Santa Sede si esto era posible. ¿Cuál fue la respuesta del Pontífice?

--P. Peter Gumpel: En cuanto Hitler atacó Rusia en 1941 surgió un grave problema con los católicos americanos. La Unión Soviética necesitaba material bélico y Roosevelt accedió a proporcionárselo.

El problema se debió al hecho de que en 1937, el Pontífice Pío XI había publicado la encíclica «Divini Redemptoris» que prohibía a los católicos prestar cualquier ayuda a los bolcheviques. Roosevelt pidió a Pío XII buscar una solución a este problema.

El Pontífice decidió no intervenir públicamente, pero dio instrucciones al delegado apostólico Amleto Cicognani y más precisamente al arzobispo de Cincinnati, John Timothy McNicolas, de que informaran a través de una carta a los católicos americanos en la que se explicaba que la actitud frente a los comunistas permanecía así, pero no contra el pueblo ruso.

La agresión de los nazis golpeaba al pueblo ruso, al que había que ayudar. Fue así como los católicos no se opusieron a las ayudas a los rusos.

--¿Cuál era la opinión de Tittmann respecto al Pontífice Pío XII?

--P. Peter Gumpel: Era una opinión excelente. Tittmann escribe que Pío XII era un hombre encantador («a charming man»), con grandes dotes espirituales.

«El Pontífice Pío XII era descrito a menudo como un Papa político –afirma Tittmann--,... Muy posiblemente el futuro le considerará un santo» (Original en inglés: «Pope Pius XII was often described as a political Pope,…. Very possibly the future will rate him a saint»). ZS04061603

  

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Un santo para nuestro tiempo – S.S. PÍO XII - En mayo de 1952, dirigiéndose Pío XII a un grupo de enfermeras, rememorando los días de sangre y fuego de la segunda guerra mundial, se preguntó: «¿Qué habríamos debido hacer, que no hayamos hecho?» Los testimonios de lo que hizo Pío XII en los compases previos a la guerra, durante la guerra y al final de la guerra se pueden sintetizar en las palabras que el mariscal Montgomery escribió en el Sunday Times, de Londres, el 12 de octubre de 1958: «Fue un gran hombre, un hombre bueno; y yo le quería». El Papa Pacelli hizo todo lo posible para evitar la guerra, aliviar los sufrimientos durante la contienda, y limitar el número de víctimas. Ésta es la realidad y ésta es la Historia. Lo demás es pura leyenda, negra, rosa, blanca, cerrada, abierta. Leyenda alejada de la realidad. Una leyenda que se propala en libros que aparecen en los anaqueles de las librerías con las solapas teñidas de intereses no estereotipados. 2004-09-24

 

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La fe me ha ayudado en los momentos buenos y en los malos. Creo en Dios, rezo y soy practicante. Admiro a este Papa. Yo soy una muchacha de la guerra, que tuvo hambre y se hizo mujer en el maravilloso clima de una posguerra llena de esperanza. SOFÍA LOREN – ACTRIZ CINEMATOGRÁFICA- 09.2004- 70 años.

 

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MARCONI GUGLIELMO- CATÓLICO (1875 1937)


Ingeniero electricista e inventor italiano nacido en Bolonia. Fue el sabio que hizo «hablar al éter». La suya, la primera voz humana que fue transmitida por las ondas etéreas. Guillermo fue el tercer hijo del matrimonio de Guiseppe Marconi, italiano y de su segunda esposa, la irlandesa Ann Jameson. Tenía ocho años y ya su principal deseo era estarse en la biblioteca de su padre. Y cuando no, construyendo aparatos que conectaba a la corriente eléctrica con los consiguientes cortocircuitos. Por intervención de su madre el profesor de física Vicente Rosa, comenzó a dar clases a Guillermo. En el somero examen que el profesor hizo a su nuevo alumno, se percató de sus conocimientos, increíbles para un muchacho de tan cortos años. Los Marconi eran adinerados, pero todavía la incredulidad del padre no le permitía poner su fortuna en la explotación de los aparatos creados por su hijo. En el año 1895 y ante la prueba que en la montaña, al aire libre, realizó el inventor, el padre se rindió a la evidencia. Se quedó él y se quedaron todos con la boca abierta cuando presenciaron el «milagro científico», en el que siempre creyó Guillermo Marconi. A un kilómetro de distancia, Marconi emitió señales, que su hermano Alfonso recogió haciendo señas con un pañuelo, de que las percepciones eran clarísimas. Desde entonces pasó Guillermo a ser «el genio de la familia», como en breve lo sería de su época también. El insigne físico tenía 22 años cuando transmitió la S del alfabeto Morse a su hermano Alfonso. El gobierno italiano, a quien el inventor había ofrecido su patente, no se interesó por la experiencia. Entonces, sin perder el ánimo, Marconi y su madre se marcharon a Londres. En 1897 el éxito fue rotundo, pues la demostración cubrió cuatro kilómetros de distancia. Muchos países enviaron representantes y pocos meses después un grupo de financieros políticos fundó la «Marconis Wireless Telegraph and Signal Company». A su padre, un banco de Milán le ofreció por el invento medio millón de liras. El inventor rechazó la oferta, recordando el desdén con que Italia en 1896 le había tratado. Las primeras instalaciones de la T.S.H. fueron establecidas en Bristol (Inglaterra). El 14 de mayo de 1897, establece una lograda comunicación telegráfica inalámbrica entre las poblaciones de Lavernock Point y la isla Flatholm, en el canal de Bristol y que se hallan entre sí separadas por unos cinco kilómetros.

 

En 1998 se transmitieron por T.S.H. las regatas de Kingstown y al año siguiente Francia e Inglaterra se unen telegráficamente. Año 1902: Marconi, desde la estación Glace Bay (Nueva Escocia), envía el primer mensaje entre Canadá e Gran Bretaña y en 1903 el primero entre Gran Bretaña y Estados Unidos. El año de 1909 fue el cenit de la gloria histórica de Marconi, ya que durante su transcurso la real Academia Sueca otorgó a Guillermo Marconi Jameson el Premio Nobel de Física «Como reconocimiento por los méritos contraidos en el desarrollo de la telegrafía sin hilos». A Marconi se le deben otros muchos inventos y perfeccionamientos de la TSH, y sin duda su obra es la mayor contribución al desarrollo de la radio. Entre los principales inventos y realizaciones figuran: la sintonización del aparato receptor con el transmisor a la misma frecuencia de oscilación (1899), el detector magnético (1902), la antena directriz (1905), el oscilador giratorio, el «time spark system» para la generación de ondas continuas (1912), el «beam system» o redes directivas, los aparatos de microondas (con los que en 1932 cubrió la distancia de 270 kilómetros) y muchos más.

 

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Dios omnipotente y misericordioso, haz que tu abrazo envuelva especialmente a las madres que lloran a sus hijos muertos a causa de las guerras, el terrorismo o la violencia. Libra a la mujer de cualquier tentación que venga de la cultura de la muerte, y haz que siempre esté dispuesta a custodiar el misterio y el don de la vida. Lídice Gómez de Carriquiry, profesora y madre de familia; Madrid-España

 

 

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Historia y mentira - Lo más próximo al suicidio - Me pregunto cuál es la verdadera raíz del desprecio a la verdad. Creo que es el desprecio a uno mismo. La verdad va de tal modo unida a la condición humana, que el faltar deliberadamente a ella es lo más próximo al suicidio. El que miente a sabiendas -no, claro está, el que se equivoca- está atentando contra sí mismo, se está hiriendo, mancillando, profanando. Y, por supuesto, lo sabe. Por eso se puede advertir en el que miente -intelectual, o político o lo que sea- un inmenso descontento. Hay una amargura, la más grave de todas, que no procede de lo que a uno le pasa, sino de lo que es.
Se la puede descubrir, muy especialmente en los jactanciosos, en los que parecen particularmente satisfechos de sí mismos; por eso ese descontento acompaña tantas veces al éxito, a la fama, el poder o el enriquecimiento. Se pone un cuidado máximo en encubrir ese desprecio que se siente por el que se es, se intenta convencer a los demás de la propia excelencia, con la esperanza de que lo persuadan a uno, pero esto es particularmente difícil, porque no hay en ello ingenuidad, sino que el que desprecia la verdad sabe muy bien que lo hace, y por qué. Hay una extraña y siniestra «lucidez» en todo esto, que le da su mayor gravedad.


En la vida intelectual es esto especialmente claro. El respeto a la verdad suele ser algo todavía más intenso: entusiasmo por la verdad, fascinación ante ella. El que lo siente se «abre» a la verdad, se deja penetrar por ella, la busca sin condiciones previas, cuando la descubre ve que se «apodera» de él, y eso lo llena de gratitud y de alegría.
Por el contrario, hay una variedad de hombre dedicado al pensamiento que extrema la agudeza para minar la verdad cuando se le impone, para descubrir los flancos por los que se la puede atacar o negar; aprovecha las briznas de verdad parcial que parecen desvirtuarla en su conjunto. Para el que admira la destreza y siente hostilidad a la verdad, este tipo de intelectual es el ideal.
Carece de toda ingenuidad, de toda «inocencia»; está siempre «de vuelta» -hay que preguntar: ¿de qué?, ¿de dónde? acaso de la verdad entrevista-. Casi siempre se trata de alguien que no tiene esperanza de alcanzar ninguna verdad importante, y no se da cuenta de que todas lo son, de que la más modesta, si es verdad, es una adquisición fabulosa. Tiene una alta idea de lo que desea ser, y una muy pobre de lo que realmente sabe que es, y no se da cuenta de que la medida de cada uno está en lo que efectivamente hace, y que el hombre de dotes modestísimas puede ser una persona cumplida, lograda, llena de realidad, plenamente satisfactoria.
Examínense los males que nos afligen, que han caído sobre el mundo en el espacio de nuestras vidas, de los que tenemos experiencia real y la necesaria evidencia. Pregúntese cuáles de ellos nacen del desprecio a la verdad. Filósofo – Don Julián Marías, de la Real Academia Española

 

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DISCERNIR - A todos se les pide el saber cultivar un atento discernimiento y una constante vigilancia, madurando una sana capacidad crítica ante la fuerza persuasiva de tantos medios de comunicación que no cesan de inventar, suponer o repetir ‘leyendas negras’, difamaciones o mentiras históricas… mienten sabiendo de mentir.

Los que escuchan no deben ser obligados a imposiciones ni compromisos, engaño o manipulación. Jesús enseña que la comunicación es un acto moral “El hombre bueno, del buen tesoro saca cosas buenas y el hombre malo, del tesoro malo saca cosas malas. Os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres darán cuenta en el día del Juicio. Porque por tus palabras serás declarado justo y por tus palabras serás condenado” (Mt 12, 35-37).

“Por tanto, desechando la mentira, hablad con verdad cada cual con su prójimo, pues somos miembros los unos de los otros. […]No salga de vuestra boca palabra dañosa, sino la que sea conveniente para edificar según la necesidad y hacer el bien a los que os escuchen” (Ef 4, 25.29).

 

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Derechos - Señor del mundo, Padre de todos los hombres, por medio de tu Hijo nos has pedido amar a los enemigos, hacer bien a los que nos odian y orar por los que nos persiguen. Muchas veces, sin embargo, los cristianos han desmentido el Evangelio y, cediendo a la lógica de la fuerza, han violado los derechos de etnias y pueblos; despreciando sus culturas y tradiciones religiosas: muéstrate paciente y misericordioso con nosotros y perdónanos. Por Cristo nuestro Señor. R. Amén.

 

Cieza de León 1518?-1560 reconoce que en aquella empresa hubo crueldades, pero asegura que no todos actuaron así, «porque yo sé y vi muchas veces hacer a los indios, buenos tratamientos por hombres templados y temerosos de Dios, que curaban a los enfermos». Sus escritos denotan un hombre de religiosidad profunda, compadecido de los indios al verlos sujetos a los engaños y esclavitudes del demonio...

 

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Iglesia – de hombres pecadores. Por desgracia, en el seno de la Iglesia, que está constituida por hombres, no faltan los pecadores, sobre todo cuando no se vive el precepto de la caridad, que es esencial y es el primero para un cristiano. De este modo se produce un antitestimonio de Jesucristo. La muchedumbre inmensa de los mártires testifica con su sangre la fidelidad de la Iglesia a Jesucristo, porque, aunque haya en ella pecadores, es a la vez una Iglesia de mártires, es decir, de cristianos auténticos, que han practicado su fe en Cristo y su caridad hacia los hermanos, incluidos los enemigos, hasta el sacrificio, no sólo de su vida, sino también con frecuencia de su honra, habiendo tenido que soportar humillaciones tremendas, entre otras la de ser tachados de traidores y farsantes.

Faltas del pasado - No podemos ocultar que muchos que profesaban ser discípulos de Jesús han cometido errores a lo largo de la historia. Con frecuencia, ante problemas graves, han pensado que primero se debía mejorar la tierra y después pensar en el cielo. La tentación ha sido considerar que, ante necesidades urgentes, en primer lugar se debía actuar cambiando las estructuras externas. Para algunos, la consecuencia de esto ha sido la transformación del cristianismo en moralismo, la sustitución del creer por el hacer. Por eso, mi predecesor de venerada memoria, Juan Pablo II, observó con razón: «La tentación actual es la de reducir el cristianismo a una sabiduría meramente humana, casi como una ciencia del vivir bien. En un mundo fuertemente secularizado, se ha dado una “gradual secularización de la salvación”, debido a lo cual se lucha ciertamente en favor del hombre, pero de un hombre a medias, reducido a la mera dimensión horizontal. En cambio, nosotros sabemos que Jesús vino a traer la salvación integral»[Enc.Redemptoris missio.]

S.S. Benedicto PP XVI: MMVI.

 

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Petición de perdón - Para concluir, quisiera haceros partícipes de una reflexión, que me interesa particularmente. La petición de perdón, de la que tanto se habla en este período, atañe en primer lugar a la vida de la Iglesia, a su misión de anunciar la salvación, a su testimonio de Cristo, a su compromiso en favor de la unidad, en una palabra, a la coherencia que debe caracterizar a la existencia cristiana. Pero la luz y la fuerza del Evangelio, del que vive la Iglesia, pueden iluminar y sostener, de modo sobreabundante, las opciones y las acciones de la sociedad civil, en el pleno respeto a su autonomía. Por este motivo, la Iglesia no deja de trabajar, con los medios que le son propios, en favor de la paz y de la promoción de los derechos del hombre. En el umbral del tercer milenio, es legítimo esperar que los responsables políticos y los pueblos, sobre todo los que se hallan implicados en conflictos dramáticos, alimentados por el odio y el recuerdo de heridas a menudo antiguas, se dejen guiar por el espíritu de perdón y reconciliación testimoniado por la Iglesia, y se esfuercen por resolver sus contrastes mediante un diálogo leal y abierto. 31. X. 1998 S.S. Juan Pablo II – Magno

 

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su labor de pescador atrás dejó Pedro y sigue a Cristo en la Iglesia

 

La Santa Madre Iglesia ha defendido siempre y en todas partes, con firmeza y máxima constancia, que los cuatro evangelios, cuya historicidad afirma sin dudar, narran fielmente lo que Jesús, el Hijo de Dios, viviendo entre los hombres, hizo y enseñó realmente para la eterna salvación de los mismos hasta el día de la Ascensión. Después de este día, los Apóstoles comunicaron a sus oyentes esos dichos y hechos con la mayor comprensión que les daban la resurrección gloriosa de Cristo y la enseñanza del Espíritu de la verdad. Los autores sagrados compusieron los cuatro evangelios escogiendo datos de la tradición oral o escrita, reduciéndolos a síntesis, adaptándolos a la situación de las diversas Iglesias, conservando el estilo de la proclamación: así nos transmiteron siempre datos auténticos y genuinos acerca de Jesús. Sacándolo de su memoria o del testimonio de los «que asistieron desde el principio y fueron ministros de la Palabra», lo escribieron para que conozcamos la verdad de lo que nos enseñaban.
El canon del Nuevo Testamento, además de los cuatro evangelios, comprende las cartas de Pablo y otros escritos apostólicos inspirados por el Espíritu Santo. Estos libros, según el sabio plan de Dios, confirman la realidad de Cristo, van explicando su doctrina auténtica, proclaman la fuerza salvadora de la obra divina de Cristo, cuentan los comienzos y la difusión maravillosa de la Iglesia, predicen su consumación gloriosa. El Señor Jesús asistió a sus Apóstoles, como lo había prometido, y les envió el Espíritu Santo, que los fuera introduciendo en la plenitud de la verdad. Concilio VATICANO II - Constitución Dei Verbum, 19-20

 

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Fe y alegría - En la vida de la Iglesia, la fe tiene una importancia fundamental, pues es fundamental el don que Dios hace de sí mismo en la Revelación, y esta autoentrega de Dios es acogida en la fe. Cuando la fe pierde este carácter central, también el tejido de la vida eclesial pierde su vivacidad original y se deteriora, cayendo en un activismo estéril y reduciéndose a habilidad política de estilo mundano. Si la verdad de la fe se pone con sencillez y decisión en el centro de la existencia cristiana, la vida del hombre queda vivificada por un amor que no conoce pausas ni confines, como he podido recordar en mi reciente Carta encíclica Deus caritas est.
Jesús es la estrella polar de la libertad humana: sin Él pierde su orientación, pues sin el conocimiento de la verdad la libertad se degenera, se aísla y se reduce a libre albedrío estéril. Con Él, la libertad recupera su razón de ser, se reconoce como hecha para el bien y se expresa en acciones y comportamientos de caridad. Jesucristo, que es la plenitud de la verdad, atrae hacia sí el corazón de todo hombre, lo dilata, lo llena de alegría. Sólo la verdad es capaz de invadir la mente del hombre y de hacerle gozar plenamente. Esta alegría ensancha las dimensiones del espíritu humano, levantándole de las angustias del egoísmo, haciéndole capaz de amor auténtico.
Por este motivo, el servicio a la fe, que es testimonio de Quien es la verdad entera, es también un servicio a la alegría, y es ésta la alegría que Cristo quiere difundir en el mundo: ¡es la alegría de la fe en Él, de la verdad que, por medio de Él, se comunica, de la salvación que viene de Él! ¡Ésta es la alegría que experimenta el corazón cuando nos arrodillamos para adorar en la fe a Jesús!

(9-II-2006) S.S. Benedicto P.P. XVI -

 

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Es difícil calificar una institución –como la Iglesia Católica que, en sus dos mil años- nos ofrece con sus bibliotecas, monasterios, universidades y archivos, nada menos que el ‘patrimonio intelectual de la humanidad’.

La Iglesia Católica es la comunidad religiosa más organizada del mundo; cuenta, además, con más de seiscientos [600] Universidades o Institutos superiores de investigación.

 

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La misión de la Iglesia su orden de Cristo, es anunciar la salvación a la ‘nación’ de los pobres, marginados, excluidos y manipulados, primeramente.

 

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--¿Por qué los benedictinos han tenido esta influencia tan fuerte en la arquitectura, el arte y la cultura europea?

--López-Tello: Los benedictinos, nacidos en el ocaso de la cultura romana (siglo VI), recibieron la herencia espiritual de ese mundo que sucumbía y supieron conservarla y recrearla para hacer de ella un vehículo de expresión de cómo el hombre puede hablar del Dios infinito a través de una variedad y pluralidad siempre limitada de lenguajes artísticos.

Dado que los monjes tuvieron un papel fundamental en la evangelización de Europa (por ello san Benito es el patrón principal de todo el continente), su presencia llevó a numerosas áreas del viejo mundo la posibilidad de usar las artes figurativas de un modo creativo para transmitir el Evangelio.

--Es fácil asociar benedictinos con abadías medievales, pero no con el arte moderno. ¿Es un prejuicio?
--López-Tello: Esa posibilidad expresiva no se encuentra limitada al medioevo, como muchos pueden creer, sino que, sobrepasando el barroco y los historicismos del siglo XIX, usa las posibilidades expresivas de la arquitectura, pintura, escultura o, incluso, fotografía, del siglo XX. Es un reflejo de cómo el hombre de todos los tiempos puede hablar de Dios con el lenguaje del arte. 09.I.2008

 

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Cristus vincit, Cristus regnat, Cristus imperat

 

LEVÁNTATE, PUEBLO MÍO

Levántate, pueblo mío;

pueblo mío, levántate: viene el Señor.

Él brilla ya en tus calles, en tus plazas

y en los hombres donde hay amor.

LEVÁNTATE, PUEBLO MÍO,

DESPIERTA PORQUE SALE EL SOL,

SU FUEGO BRILLA EN LA MAÑANA.

EL VIENTO CANTA CON SU VOZ

 

 

Por venir a visitarnos, os agradecemos.-

 

Benedicto PP XVI: 2008.I.01 ‘Día mundial de la paz’ como cada primero de enero. Familia humana: comunidad de paz’ lema 01 enero para el 2008. 40 aniversario de la celebración de la primera Jornada Mundial de la Paz (1968-2008) ‘la celebración de esta Jornada, fruto de una intuición providencial del Papa Pablo VI’.-

Anno Domini 2008 - Mane nobiscum, Domine! ¡Quédate con nosotros, Señor!.

En el frontispicio de todas las iglesias de los jesuitas, en innumerables libros, en los anuncios de sus disputationes y en sus programas catequéticos, campea siempre el lema que resume lacónicamente los fines de la Orden: O.A.M.D.G. (Omnia ad maiorem Dei gloriam: «todo a mayor gloria de Dios»).

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Recomendamos vivamente:

1º ‘Jesús, el Evangelio de Dios’ Edibesa - editorial. Es, sin lugar a dudas, una obra madura de un experimentado pastor y teólogo y un libro oportuno sobre Jesucristo, el protagonista de máxima trascendencia y de permanente actualidad. 2008.-

2º ‘Identidad cristiana’ - La bandera del logos - Coloquios universitarios - Autor: Antonio Aranda (ed.) - Editorial: EUNSA – 2008 - Estamos en el tiempo de la dialéctica: Logos frente a ideología; palabra frente a sistema; razón frente a voluntad de pasión, de sentimiento, de poder público y privado; realidades básicas frente a necesidades sometidas a la pulsión freudiana. Benedicto XVI ha asumido una responsabilidad histórica, en un mundo en que la palabra debe recuperar su dignidad básica, siempre en relación con la realidad y en referencia con el pensamiento. Uno de los problemas acuciantes del pensamiento cristiano, y de la necesaria pregunta por la identidad, es lo fragmentario y lo especializado. La praxis existencial de un cristiano, y de una institución cristiana, es la de la contribución a que los demás descubran la importancia de mantener una relación positiva con la verdad.

3º Jesús de Nazaret– al siglo, Joseph Cardenal Ratzinger: ‘Benedicto XVI’. 2007

Ser cristiano’- al siglo, Joseph Cardenal Ratzinger: ‘Benedicto XVI’- dedicó «a Romano Guardini, con gratitud y admiración». Editor: Desclée De Brouwer.

‘Te ergo, quaesumus tuis famulis subveni, quos pretioso sanguine redemisti’, ‘Socorre, Señor, te rogamos, a tus hijos, a los que has redimido con tu sangre preciosa’.

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Las ilustraciones que adornan un expuesto, no son obligatoriamente alusivas al texto. Estando ya públicas en la red virtual, las miramos con todo respeto y sin menoscabo debido al ‘honor y buena reputación de las personas’. De allí, hayamos acatado el derecho a la intimidad, a la dignidad-mérito-honra-respetabilidad-pundonor, a la propia imagen y a la protección de datos. Tomadas de Internet, las estampas, grabados o dibujos que adornan o documentan este sitio web ‘CDV’, no corresponden ‘necesaria e ineludiblemente’ al tema presentado; sino que tienen por finalidad –a través del arte- hacer agradable la presentación. Tributamos homenaje de sumisión y respeto a todas las personas, particularmente cuyas imágenes aparecen publicadas, gracias.-

Si de manera involuntaria se ha incluido algún material protegido por derechos de autor, rogamos que se pongan en contacto con nosotros a la dirección electrónica, indicándonos el lugar exacto- categoría y URL- para subsanar cuanto antes tal error. Gracias. ‘CDV’.-

"En caso de hallar un enlace o sub-enlace en desacuerdo con las enseñanzas de la Iglesia Católica, notifíquenos por e-mail, suministrándonos categoría y URL, para eliminarlo. Queremos proveer sólo sitios fieles al Magisterio". Gracias.-

“Conocereisdeverdad.org = CDV” no necesariamente se identifica con todas las opiniones y matices vertidos por autores y colaboradores en los artículos publicados; sin embargo, estima que son dignos de consideración en su conjunto. ‘CDV’ Gracias.-

CDV” intenta presentar la fe cristiana para la gente más sencilla (catequistas, etc.), en especial para los estratos aparentemente más bajos. ¿La razón? Simple: «Son ellos quienes más necesitan conocer la alegría de Cristo».-

Debido a la existencia de páginas excelentes sobre apologética y formación, lo que se pretende desde ‘CDV’ es contribuir muy modestamente, y sumarse a los que ya se interesan por el Evangelio de Cristo de manera mucho más eficaz. ‘CDV’ Gracias.-

In Obsequio Jesu Christi.

‘Te, Deum, laudamus. Te Dominum confitemur’. +

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).