Tuesday 21 February 2017 | Actualizada : 2017-02-03
 
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Abriendo a los estudiosos los ‘Archivos Históricos’, la Iglesia

expone los documentos de época para estudiar y así averiguar,

por el ejercicio de las facultades intelectuales, la naturaleza,

cualidades y relaciones de las cosas. Las fábulas como las

leyendas se desmoronan en su propia ignorancia, por falta de

ciencias, letras y noticias como de honestidad intelectual.  

 

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Memoria con documentos

MIENTRAS el PSOE sigue sin saber cómo afrontar el problema de la ley de la Memoria Histórica, la apertura de los Archivos del Vaticano en el periodo 1922-1939 ofrece el mejor ejemplo de la seriedad y el rigor que exige el estudio del pasado. Frente a la falsa memoria colectiva y la búsqueda de una verdad oficial enfocada hacia intereses del presente, el verdadero historiador investiga en los documentos y analiza los hechos desde un punto de vista objetivo. El trabajo del profesor Vicente Cárcel sobre los documentos citados demuestra que Pío XI quiso buscar fórmulas de convivencia con la Segunda República «mientras que ésta lo permitió», superando así la propaganda manipuladora sobre una posición hostil y dogmática por parte de la Iglesia. Los archivos revelan la tarea del nuncio para defender a los católicos españoles de las persecuciones y evitar la expulsión de los jesuitas, y después, ya en plena Guerra Civil, las gestiones del cardenal Pacelli (futuro Pío XII) ante las autoridades franquistas interesándose por casos concretos, entre ellos el del diputado católico catalán Carrasco Formiguera. En varias ocasiones, Pío XI -de quien se recuerdan importantes encíclicas en contra de los regímenes totalitarios- intervino ante Franco para evitar bombardeos aéreos y otros daños causados por la guerra a la población civil. Ninguno de los bandos sale bien parado de una época «muy triste» de nuestra historia, a juicio del historiador responsable del estudio documental. En efecto, cualquier investigación ajena al partidismo demuestra que la vida real no puede enfocarse como si fuera una película de buenos y malos.

Aunque todavía no están disponibles los documentos correspondientes a la postguerra civil, los archivos vaticanos siguen siendo una fuente decisiva para el estudio histórico. En su momento, han permitido también desmontar la leyenda urdida desde posturas ideológicas radicales sobre un supuesto apoyo de Pío XII al nazismo. Servirán ahora para documentar la realidad de la persecución religiosa durante la II República, uno de los episodios más negativos de aquel régimen convulso, y también para demostrar la buena disposición de la Iglesia ante un sistema incapaz de evitar actitudes sectarias contra los católicos. Una lectura objetiva de la Constitución de 1931 no puede pasar por alto, sin perjuicio de sus aspectos positivos, el fracaso para la convivencia que supusieron los artículos 26 y 27 en materia de relaciones entre la Iglesia y el Estado. Tal vez el apoyo social al sistema habría sido mucho más fuerte si la República hubiera evitado el laicismo militante que practicaron algunos dirigentes y grupos políticos. En todo caso, la memoria sólo sirve si viene avalada por documentos y no cuando es utilizada al servicio de fines partidistas para complacer a unos socios extremistas que nunca están satisfechos por completo. ‘ABC’ 2006-12-14

 

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Pío XII – defendido por los historiadores

serios y respetables 

 

 - El libro contra Pío XII anunciado por el escritor británico John Cornwell se encuentra cada día con nuevos desmentidos. El historiador y escritor italiano Antonio Spinosa, ha escrito en el diario romano «Il Tempo» que «Cornwell ha cometido un error de bulto afirmando que el Papa había sostenido el ascenso al poder de los nacionalsocialistas». «En realidad --ha explicado Spinosa-- desde cuando Pacelli era nuncio en Munich, se había expresado duramente en relación a Hitler; había condenado sin medias tintas el extremismo de "cierta gente no bávara", había definido a Hitler como un "obsesionado egocéntrico", un "destructor", un hombre "capaz de pisotear los cadáveres y de abatir todo lo que le suponga un obstáculo».

Por lo que respecta a la relación con los judíos, el profesor Spinosa cita como hecho significativo «la donación a Pío XII de dos millones de liras (actualmente 70.000 millones de liras, unos 40 millones de dólares) por parte de Leo Kubwitsky, secretario general del Congreso Mundial Judío, como gesto simbólico para demostrar la gratitud de los judíos por cuanto Pacelli había hecho en su favor durante la guerra».

En relación a los presuntos silencios de Pío XII, Spinosa se pregunta: «¿Habló Churchill contra el holocausto? No. ¿Habló Roosevelt? No. ¿Y Stalin? Ni siquiera él». «Seguir acusando a Pío XII de haber callado respecto a las persecuciones --ha precisado Spinosa-- es una acción maligna porque no se consideran las razones del silencio, un silencio aparente al que el Papa recurría para evitar que sus palabras provocasen una más feroz reacción hitleriana. Era un silencio al que acompañaba una poderosa actividad en defensa de los judíos: se les abrieron las mismas puertas del Vaticano para poner al salvo al mayor número posible. Esto sucedía no sólo en Roma, sino en otros lugares de Europa, hasta el punto de que a Pacelli deben la vida directamente al menos 800.000 judíos. Pacelli decía que cada declaración suya debía ser seriamente ponderada y considerada en vista del interés de los mismos perseguidos, a fin de no hacer todavía más difícil e insostenible su suerte; habría querido decir "palabras de fuego" pero la situación le imponía "el silencio de la espera" para evitar represalias».  Zenit – ZS99091005

 

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Un libro publicado en los Estados Unidos

responde a las críticas contra Pío XII

 

El Papa ayudó directamente a judíos y los nazis veían en él a su «portavoz»

ROMA, jueves, 23 diciembre 2004 - Después de una primera edición agotada en pocos días en las librerías de los Estados Unidos, se acaba de distribuir la segunda tirada del libro «The Pius War – responses to the critics of Pius XII» («La guerra de Pío – respuestas a las críticas de Pío XII», Lexington Book, Lanham, Maryland, 282 páginas, 29,95 $).
Editado por Joseph Bottum, director de la sección «Books and Arts» del «The Weekly Standard» y por David G. Dalin, rabino, profesor de Historia y Ciencias Políticas en la Ave Maria University, el volumen recoge once artículos de filósofos, teólogos, periodistas, abogados, historiadores, y especialistas de la Shoah, que responden detalladamente a las acusaciones dirigidas contra Pío XII, papa de 1939 a 1958.
En la segunda parte, William Doino recoge en 191 páginas una bibliografía actualizada con todos los libros y artículos relevantes publicados sobre las relaciones entre la Santa Sede y el régimen nazi, así como sobre la persecución de los judíos.

En declaraciones a Zenit, Doino ha explicado que en la biografía ha introducido también una crónica detallada de lo que hizo la Iglesia católica para salvar a los judíos de la persecución nazi en los diferentes países.

A los que acusan al Papa Eugenio Pacelli de haberse quedado en silencio ante los crímenes antisemitas del nazismo, Doino aclara: «Pío XII no se quedó en silencio».
«Cuando era nuncio en Alemania (1917-1929) y secretario de Estado (1930-1939) y sobre todo cuando era pontífice, Pacelli denuncio de manera clara y fuerte los males de su tiempo, es decir, el racismo, los odios raciales y étnicos, el nacionalismo exasperado, los crímenes de guerra y las atrocidades contra las poblaciones civiles», aclara.

Otros críticos admiten que Pío XII no se quedó en silencio, pero aseguran que sus declaraciones fueron genéricas y sin impacto. Afirman que no tuvo el valor para pronunciar la palabra «judío».
«Esto es falso --subraya Doino --. En su primera encíclica "Summi Pontificatus" [publicada un mes después del estallido de la segunda guerra mundial], Pío XII no sólo mencionó la palabra "judío", sino que además lo hizo en un contexto de defensa de la familia humana. Citando a san Pablo, Pío XII escribió: " no hay griego y judío; circuncisión e incircuncisión; bárbaro, escita, esclavo, libre, sino que Cristo es todo y en todos" ( Summi Pontificatus, n.36)».

En el libro, Doino cita los artículos de «L’Osservatore Romano» y las transmisiones de «Radio Vaticano» en los que se defendieron explícitamente a los judíos, mencionándolos con su nombre, antes, durante y después de la guerra.
Además, en marzo de 1940, durante un encuentro privado con Joachim von Ribbentrop, ministro de Asuntos Exteriores alemán, Pío XII condenó la persecución nazi de los católicos y de los judíos de manera fuerte y decidida.

Doino propone leer también lo que escribían sobre el Papa Pacelli los periódicos nazis. «Es evidente que para los exponentes del régimen nacionalsocialista las palabras de Pío XII eran sumamente claras, de hecho le acusaban de ser "el portavoz de los judíos"».
Respondiendo a la tesis de Susan Zuccotti, según la cual los católicos ayudaron a los judíos, pero Pío XII no sabía nada y no tenía nada que ver con la obra de asistencia, Doino explica a Zenit que se trata de «una tesis absurda», y de hecho «The Pius War» documenta ampliamente la ayuda directa coordinara por Pío XII a favor de los perseguidos el nazismo en toda Europa.
«Entrevisté personalmente a monseñor John Patrick Carroll-Abbing --concluye Doino--, miembro de la red antinazi en Roma, quien me dijo que recibía órdenes directamente de Pío XII para esconder y proteger a los judíos». ZS04122301

 

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  «El Papa de Hitler desprestigia a

los grandes judíos de este siglo

 

Las vicisitudes en torno al Papa Pío XII y la manera en que la Iglesia católica se opuso al nazismo y a la persecución contra los hebreos sigue acaparando gran interés en Roma. Mañana, la Sala de Prensa del Vaticano presentará el libro del padre Pierre Blet, S.J., «Pío XII y la Segunda Guerra Mundial en los archivos vaticanos». El debate está asegurado.Para comprender mejor el argumento, «Zenit» ha entrevistado a Antonio Gaspari, escritor del libro «Los judíos, Pío XII y la leyenda negra», un volumen editado en castellano e italiano (aparecerá en otros idiomas en los próximos meses), en el que se narran las historias de muchos judíos salvados del Holocausto gracias a la obra de asistencia de Pío XII y de la Iglesia católica.

Testimonios judíos

La polémica ha estallado con la publicación del libro del periodista británico John Cornwell con el provocador título «El Papa de Hitler». «Lo que más sorprende del trabajo de Cornwell --reconoce Gaspari-- es constatar cómo se las ha apañado para no citar nunca los testimonios autorizados y sumamente representativos de muchísimas personalidades judías a favor de Pío XII. Albert Einstein escribió en la revista "Time", en 1940, que frente a la barbarie nazi "sólo la Iglesia permaneció en pie para detener el camino de las campañas de Hitler para suprimir la verdad" y el científico confesó que "antes nunca experimenté ningún interés por la Iglesia, pero ahora experimento un gran cariño y admiración hacia ella, pues la Iglesia fue la única que tuvo el valor y la obstinación para apoyar la verdad intelectual y la libertad moral. Tengo que confesar que aquello que en un tiempo despreciaba, ahora lo alabo incondicionalmente».

«Justos entre las Naciones»

«Cornwell no tiene en cuenta tampoco las declaraciones a favor de Pío XII de personajes como Golda Meir e Isaak Herzog --continúa explicando el autor de «Los judíos, Pío XII y la leyenda negra»--, dos de los fundadores del Estado de Israel. Por no hablar de los miles de obispos, sacerdotes, religiosas y religiosos, católicos comprometidos que arriesgaron y perdieron la vida que para proteger a los judíos de la persecución nazi y que hoy están inscritos en la pared de honor de la calle de Jerusalén que conduce hacia el Yad Vashem, el memorial del Holocausto. Se trata de "Justos entre las Naciones", el más alto reconocimiento atribuido por el Parlamento israelí a todos aquellos que salvaron la vida de uno o más judíos destinados a los campos de exterminio».De este modo, «El Papa de Hitler» descalifica los testimonios de hombres y mujeres que son considerados hoy día no sólo como padres del Estado de Israel, sino también como grandes exponentes de la aportación cultural y científica judía de este siglo.

Gaspari también duda de la profesionalidad de la investigación del periodista británico. «Cornwell dice que ha pasado meses de estudio en Roma, por ello estoy sorprendido de que no haya tomado en consideración, por ejemplo, el caso de Israel Zoller, el rabino de Roma durante aquel período que, conmovido por el cariño de Pío XII hacia el pueblo judío, se convirtió al catolicismo tomando el nombre de Eugenio, en homenaje a Pío XII, que se llamaba Eugenio Pacelli».«Al hacer una investigación de este tipo --añade Antonio Gaspari--, Cornwell y quienes acusan a Pío XII de todo tipo de calumnias deberían haber constatado que todos estos testimonios no los ha pedido el Vaticano, sino que han llegado espontáneamente de parte de gente que quería agradecer al Papa por lo que hizo por ellos. ¿Ha habido un personaje en el mundo durante aquellos años que recibiera un reconocimiento mayor por parte del pueblo judío?».

Una investigación «escandalosa»

Pero Cornwell dice que se basa en documentos recogidos en la Secretaría de Estado de la Santa Sede. «Me parece que sobre esto el autor británico no cuenta más que mentiras. Dice que ha pasado meses estudiando en los archivos vaticanos y resulta que no pasó ni siquiera tres semanas en la Secretaría de Estado y ni siquiera se presentó todos los días. Cornwell dice que ha visto documentos relativos al período precedente a la guerra, y sin embargo, sólo pudo analizar aquellos que eran precedentes al pontificado de Pío XII, hasta 1922. Afirma haber encontrado un documento exclusivo que probaría el antisemitismo del Papa Pacelli y sin embargo no se trata más que de una carta cuyo contenido deforma de manera vulgar y que, además, ya había sido publicada en Italia hace siete años. Todo esto no habla a su favor. Es más, tengo la impresión de que con el objetivo de lanzar el "scoop" de su vida, publicando un libro sensacionalista, Cornwell no hace más que republicar las calumnias que se han lanzado contra Pío XII desde que a inicios de los años sesenta apareciera una obra de teatro en su contra titulada "El vicario"».Entonces, ¿por qué ha hecho tanto ruido este libro? «Creo que la gran popularidad de Juan Pablo II no le gusta nada a algunos grupos, y por ello, en los últimos tiempos, se han tratado de vender libros escandalosos contra la Iglesia católica. Me parece que los editores no están muy interesados en comprobar la profesionalidad de estas acusaciones, lo importante es que se hable mal del pontificado y de la Santa Sede. Además, eso garantiza polémica y cobertura por parte de la prensa. El libro de Cornwell parece que apunta hacia este objetivo». Zenit – ZS99100701 – 2002

 

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Catedrático italiano:

Pío XII hizo lo que su conciencia le ordenó

 

ROMA, 29 Ene. 2005.-“El Papa Pío XII es un líder heroico, que mantuvo a la Iglesia intacta y salvó muchas vidas con sus sabias decisiones durante la Segunda Guerra Mundial”, señaló un catedrático italiano especialista en geopolítica religiosa que creció bajo el Pontificado del Papa Pacelli.

En un artículo publicado en el diario italiano L’Espresso con el título “Por la valoración de Pío XII”, el profesor de la Universidad de Florencia, Pietro Di Marco, hace un análisis del pontificado de Pío XII y explica, además, como fue su propio proceso de formación cristiana.

En el artículo, Di Marco recuerda que “mi párroco y mis profesores de religión eran hombres de la iglesia de Pío XII y nunca me fue transmitido ningún tipo de enseñanza antisemita”. “Mi director espiritual, el Padre Bensi –director espiritual de tantos otros como yo en Firenze– era también un hombre de Pío XII que ayudó a los judíos y a los hombres que eran perseguidos en los tiempos de guerra.”

Según él, “el ‘blanco Padre’ hizo lo que su conciencia le dictó: y era la conciencia de un Papa, (que era) responsable de la Iglesia Universal y de la salud espiritual y física de muchos. Actuó por el bien de muchos”, subraya.

“La única arena política que le quedaba a Pío XII para hacerle frente a Hitler era su propia persona, el ‘cuerpo del Papa’ y su carisma de autoridad”, indicó. “Quiso mantener este espacio libre y operativo el mayor tiempo que le fue posible”. Esto, según De Marco, “salvó la vida de muchos”.

“El martirio hubiera sido sólo una liberación de las cargas de trabajo, del ejercicio diario del carisma”, afirma y agrega que “es así que en Pío XII, existe el manifiesto heroísmo de aquel que trabaja con una tremenda responsabilidad, en una situación excepcional... es la santidad de la roca, la maravillosa santidad católica que fluye en una acción decisiva y no en las homilías”.

“Es una riqueza para nosotros que la santidad de Pío XII sea así. En los altares (Pío XII) será un grandísimo modelo de responsabilidad y de racional rigor carismático, cualidades que necesitamos tremendamente” concluye.

Fuentes vaticanas informaron que en el mes de abril se comenzará a revisar los documentos para la causa de beatificación del Papa Pacelli.

 

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170 rabinos del mundo, en agradecimiento al Papa - 2005.01 -Roma, Vat.

 

 

Israel Zoller, Gran Rabino de Roma, comienza a formar parte de la Iglesia Católica, tras su bautismo celebrado el día 13 de febrero de 1945, adoptando el nombre de Eugenio, en agradecimiento a Pío XII, (Zolli, es el resultado de la italianización de su apellido).
Este impactante acontecimiento tuvo grandísima relevancia en aquel momento, pero después cayó, por distintas causas, bajo el pesado manto del olvido más riguroso.
Otro tanto ocurrió con sus " Memorias", que no fueron publicadas jamás en Italia. Aunque una copia de las mismas sí se tradujera y publicara en inglés en los EE.UU., así como en castellano, en España, en los años cincuenta del recién pasado siglo.

Recientemente otra judía conversa al catolicismo, Judith Cabaud, ha esbozado una breve pero intensa biografía de Zolli,(prologada por Vittorio Messori), que ha roto el silencio, casi absoluto, que rodeaba su vida y su proceso existencial culminado en su encuentro gozoso y luminoso con Cristo. A la par, recién descubierto el original en italiano de las memorias autobiográficas de Zolli, han sido traducidas con sumo cuidado, con exquisita delicadeza, al español y publicadas con el título de " Antes del
Alba".
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Breve aproximación a la vida de Zolli.

Israel Zoller nace en la Galizia polaca en 1881. En el 1904 el joven marcha a Viena para seguir la carrera de rabino, fiel a la tradición familiar. Acabará los estudios en Florencia y conseguirá la plaza de vicerrabino de Trieste.
En 1918, es nombrado rabino jefe de la ciudad, cargo que ocupará hasta su traslado a Roma y que hará compatible con su tarea docente como profesor de lengua y literatura semíticas en la Universidad de Padua. En aquellos años, la idea de la conversión no se le pasaba ni tan siquiera por la cabeza. "Todas las tardes -narra Cabaud- se limitaba a abrir por donde cayera la Escritura, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, para meditar. Fue así como la persona de Jesús y sus enseñanzas se le hicieron familiares, sin que ningún prejuicio se interpusiera ni le diera el gusto de lo prohibido". El fruto fundamental de sus años de Trieste será la obra "El Nazareno" (1938), un estudio lingüístico y etimológico en el que realiza una
exégesis metódica del Evangelio a la luz del Antiguo Testamento.
"Nadie ha tratado de convertirme -relataba algunos años después-. Mi conversión ha sido una lenta evolución interior. Desde hace años, y yo mismo lo ignoraba, mis escritos tenían ya un carácter tan cristiano que un arzobispo dijo de "El Nazareno": todos podemos equivocarnos, pero por cuanto puedo juzgar, pienso que podría firmar yo mismo ese libro´".
Los rumores de guerra hicieron que el eco del libro fuera limitado. Durante esos años, Zolli había ayudado a los hebreos que dejaban la Europa central para trasladarse al futuro Israel. Sus contactos y el conocimiento de la lengua alemana favorecían que contara con informaciones de primera mano sobre el peligro que se acercaba. En 1935 envió una carta al rabino jefe de Roma, Angelo Sacerdoti, sobre los "actos inhumanos" cometidos contra los hebreos en Alemania, para que informara a Mussolini. El Duce dijo que protestaría ante el embajador alemán. Sea lo que fuere, lo cierto es que en 1938, cediendo a las presiones nazis, también en Italia se introdujeron leyes racistas. Zolli protestó públicamente y el gobierno como represalia le quitó la nacionalidad italiana.
Fue en ese contexto en el que le ofrecieron el puesto de rabino jefe de Roma. La comunidad hebrea de la capital (de la que el rabino era un empleado a sueldo) estaba dividida entre filofascistas y sionistas. Tal vez la fama de persona independiente y profundamente religiosa que se había ganado Zolli en esos años influyó en la elección.
Sus dos interlocutores fueron Dante Almansi, presidente de las comunidades
israelitas de Italia, que había sido jefe de la policía fascista y tenía buenos contactos con el régimen, y Ugo Foà, presidente de la comunidad hebrea de Roma.
Los primeros meses de la estancia de Zolli en Roma se caracterizaron por la
defensa de los hebreos ante las leyes antisemitas. La situación, sin embargo, precipitó en septiembre de 1943 con la llegada de las tropas alemanas a la capital italiana. Después de los años pasados en Trieste, Zolli tiene experiencia: advierte a Almansi de que es preciso proteger a la población judía, pero éste sostiene que el día anterior un ministro le había asegurado que no había de qué preocuparse y que no convenía alarmar a la gente.
La respuesta vino pocos días después. El 10 de septiembre, el ejército nazi controla Roma. Un comisario de policía, de sentimientos antifascistas, aconseja a Zolli que se esconda, ya que la primera víctima entre los hebreos solía ser el rabino.
El 26 de septiembre, el comandante Herbert Kappler impone a los judíos de Roma el pago de cincuenta kilos de oro, en un plazo de 24 horas, como rescate para no deportar a una lista de trescientas personas. La comunidad hebrea consigue reunir treinta y cinco kilos. Los presidentes Almansi y Foà piden a Zolli que acuda al Vaticano para pedir ayuda. Así lo hace -aunque sobre su cabeza pesaba una recompensa de 300.000 liras-, y recibe una respuesta positiva. Al final, los quince kilos del Vaticano no harán falta porque se habían conseguido por otras vías (incluidas, según se escribe, las de algunas casas religiosas y párrocos).
En esas semanas Zolli tuvo un encuentro con Foà en el que presentó un plan práctico para dispersar a los judíos de Roma. La acogida no pudo ser más fría: "Si hay que tomar decisiones, las tomaré yo con mi consejo -respondió Foà-. De momento no se ha decidido nada. Vaya a comprar un poco de valentía en la farmacia". Años después escribirá Zolli: "Se me había concedido el don de ver sin poder actuar; y a otros, el poder de actuar sin poder ver".
El oro, desde luego, no sirvió para nada, pues el 16 de octubre comenzaron las deportaciones, que sólo se frenaron por intervención de Pío XII. Zolli, que podía haberse exiliado fuera de Italia, vivió nueve meses en la clandestinidad, huésped de familias amigas, al igual que su mujer Emma y su hija Miriam (la otra hija, Dora, fruto de su primer matrimonio, no corría peligro por estar casada con un "ario").
En febrero de 1944, la comunidad hebrea lo destituye como rabino, pero en junio los aliados lo ponen de nuevo al frente de la sinagoga. Allí permanecerá solo unos meses, pues en otoño presenta la dimisión por motivos personales.
Y es que el día de Yom Kippur, durante la ceremonia en la sinagoga, había oído una voz interior que le dijo: "Estás aquí por última vez. Desde ahora, me seguirás". Ya en los meses anteriores había meditado dar el paso del bautismo, pero no quiso hacerlo durante la persecución nazi.  La noticia del bautismo de Zolli causó enorme estupor (su mujer se bautizó el mismo día y su hija Miriam, que superaba ya la veintena, lo hizo un año después). La sinagoga de Roma decretó varios días de ayuno como
expiación, fue considerado como apóstata y desde entonces para dirigirse a
él se habla del "Innombrable".
El paso había dejado a Zolli literalmente en la calle: a los 65 años y sin casa ni sueldo. El futuro cardenal Dezza le ofreció un puesto de docente en el Pontificio Instituto Bíblico, de la Universidad Gregoriana.
Tal vez el mensaje principal de Zolli que se desprende de la lectura de su vida es precisamente la conexión que existe entre la Sinagoga y la Iglesia: "La Sinagoga era una promesa y el Cristianismo es el cumplimiento de esa promesa. La Sinagoga indicaba el Cristianismo; el Cristianismo presupone la Sinagoga".

Judith Cabaud y su obra " El rabino que se rindió a Cristo".

La conversión de Zolli fue un hecho sorprendente e inaudito que removió los ambientes judíos y cristianos. Después su figura cayó en el olvido, quizá porque su testimonio de vida resultaba " teológicamente incorrecto". El silencio se rompe ahora gracias a la obra de una judía de Nueva York, que ha revivido la experiencia del rabino jefe de Roma convirtiéndose al catolicismo. La autora, Judith Cabaud, nació en Brooklyn, en el seno de una familia judía de ascendencia polaca y rusa. Tras una
primera licenciatura en Ciencias en la Universidad de Nueva York, continuó sus estudios en París, donde decidió pedir el bautismo en la Iglesia Católica. Casada con un intelectual francés, es profesora y feliz madre de familia numerosa ( 9 hijos, uno de ellos sacerdote). Ha publicado algunos libros, entre ellos el de su paso del judaísmo al catolicismo ( que considera " obvio y obligado para un judío que profundice verdaderamente en su fe").

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Pío PP. XII - al siglo: Eugenio Pacelli

 

Pacelli bifásico. Valiente como Papa, demasiado cauto como secretario de estado

Benedicto XVI alaba a Pío XII por la ayuda dada a los judíos durante la guerra. Pero "La Civiltà Cattolica" lo critica cuando era cardenal, por sus reacciones débiles a las leyes raciales. Aquí el artículo de la revista publicado con el imprimatur de las autoridades vaticanas

 

por Sandro Magister  

ROMA, 23 de septiembre del 2008 – Recibiendo el jueves pasado a los representantes de la fundación judía Pave the Way reunidos en Roma para un simposio sobre Pío XII, Benedicto XVI expresó un juicio muy positivo sobre la figura de la obra del Papa Eugenio Pacelli, en particular sobre cuanto él hizo "por salvar a los judíos perseguido por el régimen nazista y fascista ".

Ha sido esta la primera vez en que Joseph Ratzinger, como Papa, se ha expresado en manera tan directa sobre su gran y controvertido predecesor. Volverá todavía a hablar de él el próximo 9 de octubre, en la misa que celebrará en el quincuagésimo aniversario de su muerte.

El discurso de Benedicto XVI ha impactado más porque su juicio sobre la obra de Pío XII ha coincidido con el de la Pave the Way Foundation, también positivo.

Además sale en estos días en Italia un libro de Andrea Riccardi, docente de historia de la Iglesia y fundador de la Comunidad de San Egidio, también muy positivo en el documentar la acción del Papa Pacelli en auxilio de los judíos perseguidos. El libro, de 424 páginas, editado por Laterza, tiene por título: “El invierno más largo. 1943-44: Pío XII, los judíos y los nazis en Roma".

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Pero, el mismo 18 de setiembre, en el cual Benedicto XVI se expresó en términos tan favorables sobre Pío XII, apareció en “La Civiltà Cattolica” un artículo que trata del mismo Pacelli – en la época de secretario de estado del Papa Pío XI – un retrato más en blanco y negro.

"La Civiltà Cattolica" no es una revista cualquiera. Por estatuto, todos sus artículos, antes de ser impresos, son controlados línea por línea por la secretaría de estado vaticana. Y ese control es todavía más estrecho desde que es secretario el cardenal Tarcisio Bertone.

Por ello ha causado cierta impresión que el autor del artículo, el historiador jesuita Giovanni Sale, haya atribuido al Pacelli del 1938 – el año de la promulgación de las leyes raciales anti judías en Italia – una prudencia diplomática “hoy incómoda de justificar”.

Para ser exactos, Sale se expresa así en un pasaje de su reconstrucción:

"Se presenta hoy incómodo para el historiador católico, sobre todo después de la apertura del Concilio Vaticano II en tal materia, justificar con categoría morales o religiosas tal modo de pensar y de proceder”.

El artículo de "La Civiltà Cattolica" no critica directamente al secretario de estado Pacelli. Pero muestra cómo la cautela de los diplomáticos vaticanos de la época, al reaccionar a las leyes raciales, no sólo es legítimamente criticable, sino que además no produjo los frutos esperados.

Por el contrario, el artículo pone en evidencia la voluntad de Pío XI de tomar más enérgicamente la defensa de los judíos y condenar más drásticamente las leyes raciales. Sin embargo Pío XI se encontró amordazado. Sus palabras y sus escritos más incisivos no vieron la luz sea por la censura del régimen fascista, que prohibió a la imprenta católica italiana publicar los discursos del Papa contra el racismo, sea por la cautela de la secretaría de estado, que impidió al mismo “Osservatore Romano” – el diario de la Santa Sede – imprimir los textos del Papa considerados demasiado imprudentes.

Para confirmar ello, Sale ha descubierto numerosos documentos, en los archivos vaticanos y en los de la “Civiltà Cattolica”. Por ejemplo, de una memoria inédita de monseñor Domenico Tardini, entonces muy cercano colaborador del secretario de estado Pacelli, resulta que Pío XI se irritó mucho por no haber visto publicada en “L’Osservatore Romano”, el 15 de noviembre de 1938, una dura nota de protesta suya contra las leyes raciales, dirigida al rey de Italia Víctor Manuel III, con la respuesta del rey. En el lugar de los dos documentos había sólo un desteñido artículo que decía poco o nada. Y tampoco logró el Papa, algunos días después, imprimir en “L’Osservatore Romano” un texto dictado por él que buscaba volver a dar voz a la sustancia de su protesta. En ambos casos, fue Pacelli quien bloqueó la impresión de los textos papales en el diario de la Santa Sede.

De
este y de otros comportamientos de las autoridades vaticanas de aquel periodo, Sale da cuenta en otros artículos que tiene programado publicar en “La Civiltà Cattolica”, en el setenta aniversario de las leyes antisemitas de 1938.

A continuación los principales pasajes del artículo publicado en el último número de la autorizada revista, fechado el 20 de septiembre del 2008:


Las primeras medidas anti judías y la Declaración del Gran Consejo del Fascismo

por Giovanni Sale S.I.

[...] A veces se dice que la legislación anti judía adoptada en Italia a partir de septiembre del 1938 fue, respecto a la que estaba en vigor en otros países totalitarios, más blanda y más humana. Se trata de un mito que se tiene que desmentir. Más aún, algunas disposiciones cuando fueron emanadas por el gobierno fascista eran más severas y persecutorias que las vigentes en la Alemania nazista: por ejemplo, no existía en aquel tiempo en Alemania una norma sobre la expulsión generalizada de los judíos extranjeros; además, la expulsión total de los estudiantes judíos de las escuelas públicas fue decidida por el gobierno de Berlín dos meses después de su entrada en vigor en Italia y adoptando el método de la gradualidad en su ejecución. [...]

La legislación antisemita, en particular aquella sobre la escuela fue acogida por la mayoría de los italianos, en particular por los católicos, con vivo resentimiento y a veces con rabia; fueron muchas las cartas enviadas al Vaticano por privados o grupos de personas y asociaciones (también no israelíes), que invitaban a las autoridades eclesiásticas, y en particular al Papa, a intervenir ante el Duce en defensa de los “desventurados judíos”. [...]

El día siguiente a la adopción del decreto ley sobre la escuela, el 6 de septiembre de 1938 Pío XI pronunció un memorable discurso contra el racismo y contra el antisemitismo: era la primera vez que ellos ocurría en modo tan explícito y directo. Lamentablemente ello no se divulgó en Italia – de hecho el 5 de agosto el ministro Alfieri había dado disposición a los prefectos de prohibir que los discursos del Papa contra el racismo fueran publicados por revistas y diarios católicos – y eso favoreció mucho la causa racista y dio la impresión de que el Papa, por motivos políticos, no tomase posición sobre una materia tan grave. Gran parte de los intelectuales católicos, entre los cuales estaba Dossetti, tuvieron noticia de ello leyendo noticias católicas trasalpinas.

El célebre discurso fue tenido en Castel Gandolfo, donde el Papa se encontraba desde hacía tiempo, frente a un grupo de peregrinos belgas, muchos de los cuales trabajaban en el ámbito de las comunicaciones. El texto completo, publicado por la “Documentation Catholique”, fue estenografiado por uno de los presentes, mientras el Papa hablaba. El diario vaticano “L’Osservatore Romano”, publicó el texto omitiendo la parte referente a los judíos, mientras la “crónica contemporánea” de “La Civiltà Cattolica” no hizo mención del mismo. Las palabras del Papa son reportadas por la revista católica belga en modo suficientemente colorido: “A estas alturas el Papa – está escrito – no pudo contener su emoción…y llorando citó los pasajes de Pablo que ponen en evidencia nuestra descendencia espiritual de Abraham [...]. El antisemitismo no es compatible con el sublime pensamiento y la realidad evocada en este texto. El antisemitismo es un movimiento odioso, con el cual nosotros cristianos no debemos tener nada que ver [...]. No es lícito que los cristianos tomen partido por el antisemitismo. Nosotros reconocemos que cada uno tiene el derecho a la autodefensa y que puede emprender las acciones necesarias para salvaguardar los intereses legítimos. Pero el antisemitismo es inadmisible. Espiritualmente somos todos semitas”. Las palabras de condena del antisemitismo pronunciadas con voz conmovida por el Papa eran fuertes y claras.

Sobre este tema la Secretaria de Estado asumió una actitud más bien prudente, pensando que en tal modo se pudiese obtener algo concreto a favor de los judíos, en particular de aquellos convertidos al catolicismo. El p. P. Tacchi Venturi, fiduciario del Papa ante Mussolini, fue el encargado de tratar la delicada cuestión de los judíos ante las autoridades del gobierno. Una Nota de la Secretaría de Estado del 8 de setiembre de 1938 sugería al jesuita que jalara la atención de la autoridad de gobierno sobre todo respecto a los judíos y convertidos al catolicismo: “¿No sería equitativo – se preguntaba el redactor – que, independientemente del origen, los judíos convertidos que contrajeron antes un matrimonio mixto en conformidad con el derecho canónico [...] fueran considerados católicos y no ya siempre y de todos modos judíos sólo porque lo eran sus progenitores?”. Vale decir, se pedía al gobierno fascista que utilizara como criterio discriminatorio no el dato biológico-racial, sino el religioso, o sea la pertenencia a una determinada fe religiosa, en esta caso la judía.

Se
presenta hoy incómodo para el historiador católico, sobre todo después de la apertura del Concilio Vaticano II en tal materia, justificar con categoría morales o religiosas tal modo de pensar y de proceder. Pero es tarea del historiador la de reconstruir, cuanto sea posible de manera objetiva, la secuencia histórica, buscando comprender la mentalidad y la cultura de los sujetos interesados, sin apriorismos de carácter ideológico. Según la cultura católica del tiempo, aunque no todos estaban de acuerdo con tal principio, parecía que la tarea de la Iglesia fuese el de proteger ante todo a sus propios fieles, pero sin que esto falte al sentido de caridad y de justicia debido a todos los seres humanos.

A la luz de tal principio se entienden mejor las siguientes intervenciones de la autoridad eclesiástica en esa materia. La actividad desarrollada por el P. Tacchi Venturi a favor de los judíos no tuvo, como es sabido, gran fortuna, también porque Mussolini estaba fuertemente determinado a llevar adelante su política racial y, en este sector, no quería ser segundo respecto al aliado alemán. En una audiencia del 9 de septiembre, o sea después de los primeros decretos-ley anti judíos, el Papa dijo explícitamente al jesuita que trasmitiera a Mussolini el siguiente mensaje: “El Santo Padre como italiano verdaderamente se entristece verdaderamente de ver que se olvida toda una historia de buen sentido italiano, para abrir la puerta o la ventana a una ola de antisemitismo alemán”. Dos días antes, el 7 de setiembre, el p. Tacchi Venturi había comunicado al Duce que “el Santo Padre por noticias e informaciones lamentablemente dignas de fe está muy preocupado de que este aspecto o apariencia de antisemitismo que se da a las disposiciones tomadas en Italia contra los judíos, vaya a provocar de parte de los judíos de todo el mundo represalias que quizá Italia no dejaría de sentir”. [...]

* * *


Es un hecho que a partir de la publicación del “Manifiesto de la raza” las relaciones entre el gobierno italiano y la Santa Sede, o mejor entre Mussolini y Pío XI se fueron deteriorando gradualmente, tanto que el Duce dijo en privado que ese Papa representaba una ruina para Italia y para la Iglesia. La prensa internacional, por su parte, amplificó en modo caricaturesco tal antagonismo, hasta hipotizar un posible abandono de la Ciudad Eterna y de Italia por parte del Papa: “A continuación del reciente conflicto de ideas – escribía a la Secretaría de Estado el nuncio en París, mons. V. Valeri – que se ha manifestado entre las autoridades del régimen fascista italiano y la Santa Sede a propósito del racismo, alguno órganos de prensa franceses, que han seguido ampliamente de cerca el episodio, se han aventurado incluso a prever nada menos que la posibilidad de un futuro exilio del Papado a Roma, y, más frecuentemente, la nomina de un pontífice no italiano”. Tal hecho, reportado también por el diario católico parisino “La Croix”, da la medida de la seriedad del conflicto existente el gobierno fascista y la Santa Sede a causa de la cuestión racial y de la legislación anti judía, universalmente condenada por los católicos.

Pero por motivos prudenciales la Santa Sede organizó su ataque contra la nueva legislación discriminatoria sin hacer referencia a motivaciones de orden ideal, fundadas sobre el derecho natural – como por ejemplo, el derecho de todos los hombres a no ser discriminados por motivo de raza o religión, tal como en diferentes ocasiones lo había denunciado Pío XI –, sino apoyándose en el propio armamento jurídico, en particular el derecho canónico y el Concordato del 1929, para defender ante todo el derecho de los judíos católicos, sin perjudicar el de otros. ¿Qué se obtuvo siguiendo ese proceder?

Muy poco, aunque la Santa Sede esperaba obtener más. A través de la acción del P. Tacchi Venturi, con circular del ministro de educación nacional dada el 23 de octubre de 1938, se obtuvo que los niños de raza judía, bautizados, pudiesen asistir a escuelas privadas católicas, legalmente reconocidas por el Estado. Pero “donde se tratase de judíos no bautizados – se dijo en una Nota vaticana – el reverendo P. Tacchi Venturi ha mencionado que, por cuanto él recuerda, las escuelas católicas no usaban en el pasado, por evidentes razones religiosas y morales, admitir alumnos israelitas o no bautizados. Tal norma parece seguirse más ahora que el procediendo de otro modo podría aparentar ser una oposición a la política del gobierno”. Se obtuvo también, a través de la mediación del jesuita, cuyas oficinas fueron advertidas pronto advertidas con fastidio por las autoridades de gobierno, que algunas maestras judías bautizadas enseñasen en los institutos católicos reconocidos por el Estado. Tal disposición había sido ya concedida por el ministro Bottai para las religiosas maestras de origen judío. Ya esta era considerada por la autoridad fascista una concesión muy particular, en cuanto que contrariaba el principio biológico mismo subyacente a la legislación.

Motivos
de ulterior fricción entre el gobierno fascista y la Santa Sede fueron algunas declaraciones dadas por R. Farinacci mientras se encontraba en Nuremberg en ocasión de congreso anual nazista, al diario de las SS, "Das Schwarze Korps", que se publicaron el 15 de mayo, contra los frecuentes discursos de Pío XI en materia de racismo. [...] La entrevista fue recibida en el Vaticano con profundo descontento; Pío XI se sintió personalmente golpeado por la misma [...]. El 21 de setiembre de 1938 el cardenal Secretario de Estado entregaba al embajador italiano ante la Santa Sede una Nota de protesta por las frases irrespetuosas y ofensivas, pronunciadas por Farinacci, hacia “la augusta persona del Santo Padre”.

Mientras tanto, al Vaticano llegaban decenas de solicitudes de judíos impresionados por las disposiciones del gobierno, pidiendo al Papa que actuara a favor de ellos. Por las documentaciones vaticanas, ahora disponibles, resulta que la Santa Sede hizo lo posible, interviniendo frecuentemente a través del propio fiduciario anta la autoridad de gobierno, para ir al encuentro de las necesidades de los judíos, en particular de aquellos bautizados. Se debe recordar, de hecho, que desde el punto de vista humanitario sobre todo estos últimos tenían extrema necesidad del apoyo papal, ya que ellos no se beneficiaban de la protección de la comunidad de procedencia, que los había rechazado, y ni de la de las comunidades judías internacionales. El alma de tales actividades a favor de los judíos, ya socialmente discriminados, fue el P. Tacchi Venturi, que no obstante sus límites – el primero de todos, su tendencia a comprender y frecuentemente aceptar las “razones” del régimen –, se gastó con gran generosidad por la causa.

* * *


Después de las disposiciones gubernamentales del 5 y del 7 de setiembre, la segunda etapa del camino hacia la introducción en Italia de una legislación abiertamente discriminatoria en relación de los ciudadanos judíos fue constituida por la deliberación adoptada por el Gran Consejo del Fascismo del 6-7 de octubre de 1938, destinadas a fijar los pilares fundamentales de la legislación anti judía que seguiría. [...]

La Santa Sede por el momento decidió no intervenir directamente: de hecho se sabía que otra intervención pública de su parte, más allá de exasperar el ánimo de Mussolini, ya del todo maldispuesto en relación al anciano Papa, habría ciertamente dañado la causa de los judíos, y no sólo la de los bautizados. Se decidió así esperar las disposiciones legislativas que seguirían a las Declaraciones del Gran Consejo, en modo de poder intervenir concretamente para obtener de las autoridades de gobierno atenuaciones a la legislación anti judía, que ya se anunciaba dura y pesada.

Estamos convencidos de que una intervención de la Santa Sede y del Papa en aquel momento contra las declaraciones del órgano supremo del fascismo habría conseguido una lucha abierta entre el régimen y el Vaticano, haciendo así el juego de quien, como Farinacci, habría deseado una suerte de ajuste de cuentas entre las dos instituciones, para dar a conocer al mundo “quién es quien manda verdaderamente en Italia”. Sabemos, además, que Mussolini en aquel momento estaba decidido a bloquear toda maniobra del Vaticano a favor de los judíos y a oponerse con fuerza a los llamados del Papa: el problema de la raza, o mejor dicho de los judíos, debía ser resuelto con determinación, como su colega nazista lo había hecho en Alemania, sin cuidarse de la oposición de las confesiones cristianas, en particular de la de la Iglesia católica.

Por ello, la prudencia que la Santa Sede demostró en aquel momento fue determinada por la voluntad de salvar lo salvable y, en todo caso, de no querer contribuir a hacer más dura la legislación anti judía que mientras tanto se estaba poniendo a punto. Agréguese a esto que la mentalidad dominante en aquel momento en parte del mundo católico italiano, a propósito del problema judío, estaba marcada por un cierto anti judaísmo, que se enraizaba en pasadas, y también recientes, enfrentamientos de carácter religioso y político-cultural: recordemos que para muchos no fue fácil quitarse tal hábito mental, para pasar directamente a la otra parte, y ver en el judío un “hermano mayor” que amar y - sobre todo en aquel momento delicado – ayudar.

La única cuestión que entonces se le hizo presente a la autoridad de gobierno fue la de los “matrimonios mixtos” [entre católicos y judíos], ya que tal materia tocaba directamente el derecho de la Iglesia y el Concordato: sobre ella, en efecto, la Santa Sede podía intervenir sin temor de irritar demasiado a la autoridad pública. Se hizo notar que la disposición del Gran Consejo concerniente a tal materia introducía en el ordenamiento jurídico italiano un nuevo impedimento absoluto a la celebración de matrimonios, lesionando así un derecho de la Iglesia, en particular el de conceder dispensas para disparidad de culto, cuando lo consideraba absolutamente necesario para la salvación de las almas. Se pedía así al legislador que no ponga una prohibición absoluta y general a la celebración de matrimonios mixtos, y si acaso fuera necesario, concordar con las autoridades eclesiásticas una modalidad para tenerlos bajo control, a través de un permiso especial conjunto del gobierno y de la Santa Sede.

En
todo caso, no es verdad, como a veces se repite, que la Santa Sede sufrió pasivamente la legislación anti judía, o que intervino solamente, como en la materia de los matrimonios mixtos, para tutelar los intereses específicamente católicos y confesionales: ella, si bien con discreción, buscó preparar los espíritus para la futura batalla contra las nuevas disposiciones emanadas por el Régimen.

Un documento vaticano, redactado inmediatamente después de las declaraciones del Gran Consejo, informa al respecto sobre las directivas “secretas” dadas por la Secretaría de Estado. La acción de la Santa Sede, se dice en el documento, debería desplegarse según una doble acción: “Acción persuasiva sobre el gobierno. Por medio de personas adecuadas y adornadas con las necesarias cualidades, estaría bien tratar de insistir sobre personas influyentes del Régimen – y no solamente sobre el jefe del gobierno – para hacerles comprender a cuáles tristes consecuencias conduce una política racial exagerada que no se limita a medidas que buscan el mejoramiento de la estirpe, sino que va al exceso del racismo con disposiciones que lesionan la justicia y los derechos de la Iglesia [...]. Además hacer entender que en caso de discrepancia con la Santa Sede, la desventaja mayor sería para el fascismo”. La otra dirección se refiere a la acción sobre el clero. Ante todo se pedía enviar de modo reservado a todos los metropolitas instrucciones especiales que comunicar a los otros obispos, “para que prevengan al clero de que no envíen ninguna adhesión a la revista "La Difesa della razza" [La Defensa de la raza], considerada nociva y no conforme a la doctrina de la Iglesia en tal materia.

En particular, se recomendaba a todo el clero italiano “que no descuidase ocasión alguna para insistir, se entiende que con la debida prudencia, sobre los daños y las consecuencias de un nacionalsocialismo y de un racismo exasperado. Esto se podría hacer con reuniones especiales del clero sin dar la impresión que de que se quiere tomar acciones contra el gobierno [...]. Esto parece necesario sobre todo en el momento presente en que no hay libertad de prensa y frecuentemente también los escasos y débiles diarios católicos son obligados a publicar ciertas tonterías acerca del nazismo”. Se pedía, además, que la misma acción se desarrollara también en los seminarios mayores, pero prestando atención de no violar la letra del acuerdo del 16 de agosto suscrito por la Santa Sede y el gobierno fascista.

Como ya se ha dicho, la Santa Sede, en aquel momento, escogió actuar contra las nuevas disposiciones anti judías con medios discretos y apuntando a la eficacia de la propia “diplomacia doméstica”, opción no compartida por muchos, pero que en el inmediato parecía la única posible y también la más eficaz.

 

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ADDRESS OF HIS HOLINESS BENEDICT XVI
AT THE CONCLUSION OF THE SYMPOSIUM
ORGANIZED BY THE "PAVE THE WAY FOUNDATION"

Hall of the Swiss, Castel Gandolfo
Thursday, 19 September 2008

 

Dear Mr Krupp,
Ladies and Gentlemen,

I am happy to meet with you at the conclusion of the important symposium organized by the Pave the Way Foundation. I know that many eminent scholars have participated in this reflection on the numerous works of my beloved predecessor - the Servant of God Pope Pius XII - accomplished during the difficult period around the time of the second world war. I warmly welcome each of you especially Mr Gary Krupp, President of the Foundation, whom I thank for the kind words expressed on your behalf. I am grateful to him for informing me how your work has been undertaken during the symposium. You have analyzed without bias the events of history and concerned yourselves only with seeking the truth. I also greet those accompanying you on this visit, as well as your family members and loved ones at home.

The focus of your study has been the person and the tireless pastoral and humanitarian work of Pius XII, Pastor Angelicus. Fifty years have passed since his pious death here at Castel Gandolfo early on the ninth of October 1958, after a debilitating disease. This anniversary provides an important opportunity to deepen our knowledge of him, to meditate on his rich teaching and to analyze thoroughly his activities. So much has been written and said of him during these last five decades and not all of the genuine facets of his diverse pastoral activity have been examined in a just light. The aim of your symposium has been precisely to address some of these deficiencies, conducting a careful and documented examination of many of his interventions, especially those in favour of the Jews who in those years were being targeted all over Europe, in accordance with the criminal plan of those who wanted to eliminate them from the face of the earth. When one draws close to this noble Pope, free from ideological prejudices, in addition to being struck by his lofty spiritual and human character one is also captivated by the example of his life and the extraordinary richness of his teaching. One can also come to appreciate the human wisdom and pastoral intensity which guided him in his long years of ministry, especially in providing organized assistance to the Jewish people.

Thanks to the vast quantity of documented material which you have gathered, supported by many authoritative testimonies, your symposium offers to the public forum the possibility of knowing more fully what Pius XII achieved for the Jews persecuted by the Nazi and fascist regimes. One understands, then, that wherever possible he spared no effort in intervening in their favour either directly or through instructions given to other individuals or to institutions of the Catholic Church. In the proceedings of your convention you have also drawn attention to his many interventions, made secretly and silently, precisely because, given the concrete situation of that difficult historical moment, only in this way was it possible to avoid the worst and save the greatest number of Jews. This courageous and paternal dedication was recognized and appreciated during and after the terrible world conflict by Jewish communities and individuals who showed their gratitude for what the Pope had done for them. One need only recall Pius XII’s meeting on the 29th of November 1945 with eighty delegates of German concentration camps who during a special Audience granted to them at the Vatican, wished to thank him personally for his generosity to them during the terrible period of Nazi-fascist persecution.

Ladies and Gentlemen, thank you for your visit and for the research you have undertaken. Thanks also to the Pave the Way Foundation for its ongoing activity in promoting relationships and dialogue between religions, as witnesses of peace, charity and reconciliation. It is my great hope that this year, which marks the fiftieth-anniversary of my venerated predecessor’s death, will provide the opportunity to promote in-depth studies of various aspects of his life and his works in order to come to know the historical truth, overcoming every remaining prejudice. With these sentiments I invoke upon you and the proceedings of your symposium an abundance of divine blessings.

 

© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana

 

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  Jesús el judío, encarnado en María, madre judía.

 

Decálogo de Tales de Mileto

Tales de Mileto, uno de los Siete Sabios Filósofos y estadistas griegos, de los siglos VII y VI a. C.; el primero en explicar los eclipses de sol; el que ideó las estaciones del año y asigno a éste 365 días; el primero en defender la inmortalidad del alma... Sus discípulos le formularon las siguientes preguntas :
   1.- Qué era lo difícil. Respondió: «Conocerse a sí mismo».
   2.- Qué era lo fácil. Confesó: «Dar consejos a los demás».
   3.- Qué era lo más placentero.. Manifestó: «El éxito».
   4.- Qué era gobernar. Enseñó: «Nunca gobernarás bien a los demás... si no empiezas por gobernarte bien a ti mismo».
   5.- Preguntado sobre la belleza dijo: «Si la belleza de tu rostro te abre las puertas… la belleza de tu interior, de tus costumbres... te las mantendrá siempre abiertas».
   6.- Sobre el dominio de la lengua y de las palabras solía repetir: «Cuida tus palabras... que ellas no levanten jamás un muro entre ti y los que contigo viven».
   7.- Añadía con singularidad: «Muchas palabras... nunca indican mucha sabiduría».
   8.- Sobre la esperanza proclamaba: «La esperanza representa el único bien que es común a todos los hombres... e incluso en aquellos que no sienten ninguna esperanza... aunque la tienen todavía».
   9.- Sobre la familia exponía: «Feliz la familia que sin poseer grandes riquezas... no sufre, sin embargo, la pobreza».
   10.- Sobre el tiempo declaraba: «Si buscas una buena solución y no la encuentras, consulta al tiempo. El tiempo... es la máxima sabiduría».

J. Mª ALIMBAU -2006.II.22

 

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El abad Antonio-Egipto [298 ca.] escrutaba la profundidad de los juicios de Dios, y preguntó: «Señor, ¿por qué algunos mueren después de una vida corta, mientras otros alcanzan una prolongada ancianidad? ¿Por qué unos carecen de todo y otros nadan en la abundancia? ¿Por qué los malos viven en la opulencia y los justos padecen extrema pobreza?». Y vino una voz que le dijo: «Antonio, ocúpate de ti mismo. Así son los juicios de Dios y no te conviene conocerlos».

 

Contaba el abad Daniel que el abad Arsenio nunca había consentido tratar alguna cuestión de la Escritura, siendo así que hubiera podido hacerlo magníficamente si hubiera querido. Ni tampoco escribía fácilmente una carta. Cuando, de tarde en tarde, acudía a la iglesia, se colocaba detrás de una columna para que nadie le viese el rostro y para que nadie le distrajera. Su aspecto era angélico, como Jacob, con hermosos cabellos blancos, cuerpo elegante, aunque delgado. Tenía una barba muy poblada, que le llegaba hasta la cintura. Se le habían caído las pestañas de los ojos a causa de sus muchas lágrimas. Era alto, pero encorvado por sus muchos años, pues murió a la edad de noventa y cinco años, cuarenta de los cuales vivió en el palacio del emperador Teodosio el Grande, de feliz memoria, padre de Arcadio y de Honorio, cuarenta en Scitia, diez en Troes, encima de Babilonia, cerca de la ciudad de Menfis y tres años en Canope de Alejandría. Otros dos años vivió de nuevo en Troes, terminando allí su vida en la paz y el temor de Dios, pues era un hombre de bien, lleno de Espíritu Santo y de fe.

 

Contó el abad Juan que el abad Anub y el abad Pastor y sus demás hermanos carnales eran monjes en Scitia. Y cuando llegaron los mazicos y asolaron aquel lugar, se alejaron de allí y fueron a un lugar llamado Terenuth, mientras decidían dónde se establecerían. Y permanecieron algunos días allí, en un templo antiguo. El abad Anub dijo al abad Pastor: «Por caridad, durante esta semana vivamos tú y tus hermanos aparte y yo con los míos, practicando la hesychia 1, sin ir de visita los unos a los otros». Y el abad Pastor respondió: «Haremos lo que tú quieres». Y lo hicieron así. Había en el templo una estatua de piedra. Cada día por la mañana, al levantarse, el abad Anub apedreaba el rostro de la estatua, y por la tarde decía: «Perdóname». Y lo hizo así a lo largo de toda la semana. El sábado se reunieron todos los hermanos, y el abad Pastor dijo al abad Anub: «Padre, he visto que durante toda esta semana apedreabas el rostro de esa imagen y luego le hacías una metanía 2. Un hombre de fe no hace eso». El anciano le respondió: «Lo he hecho por vosotros. Cuando me viste apedrear el rostro de esa estatua, ¿me ha dicho algo, ha montado en cólera?». Y dijo el abad Pastor: «No». «Y cuando le he hecho una metanía, ¿se ha conmovido o me ha dicho: "No te perdono"? «No, respondió el abad Pastor». Y el abad Anub prosiguió: «Nosotros somos siete hermanos. Si queréis que vivamos juntos, seamos como estatua que no se aflige por las afrentas. Pero si no queréis hacer esto, cuatro puertas hay en este templo: que cada uno salga por donde quiera y vaya donde quiera». Al oir esto se echaron a los pies del abad Anub y le dijeron: «Hemos vivido juntos toda la vida, trabajando y haciendo todo de acuerdo con las palabras que nos había dicho el anciano. Nombró a uno de nosotros ecónomo y comíamos lo que él nos preparaba, y jamás ocurrió que nadie dijera: "Trae otra cosa" o "no quiero comer esto". Y así hemos pasado todo el tiempo de nuestra vida en paz y descanso».

 

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“El único sentido de nuestra vida cristiana está en Jesucristo; sólo quien asimile su propia vida, su persona, su pensamiento, su sentimiento y su actuar, a la vida, los pensamientos, los sentimientos y las acciones del Señor, podrá ser plenamente cristiano, católico. Por eso, nuestra mayor preocupación ha de ser siempre –meditar la vida y la obra de Jesús de Nazaret.” [La Imitación de Cristo de Tomás de Kempis]

 

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La esperanza en el bien, aunque sea incomprendida y suscite oposición, al final llega siempre a una meta de luz, de fecundidad, de paz. S. S. Benedicto XVI – 2005.08

Es lo que recordaba san Pablo a los Gálatas: «El que siembre en el espíritu, del espíritu cosechará vida eterna. No nos cansemos de obrar el bien, que a su tiempo nos vendrá la cosecha, si no desfallecemos» (Gálatas 6, 8-9).

 

Una reflexión de san Beda el Venerable (672/3-735) sobre el salmo 125 en la que comenta las palabras con las que Jesús anunciaba a sus discípulos la tristeza que le esperaba y al mismo tiempo la alegría que surgiría de su aflicción (Cf. Juan 16, 20).

Beda recuerda que «lloraban y se lamentaban los que amaban a Cristo cuando le vieron apresado por los enemigos, atado, llevado a juicio, condenado, flagelado, ridiculizado, por último crucificado, atravesado por la lanza y sepultado. Gozaban sin embargo quienes amaban al mundo…, cuando condenaban a una muerte vergonzosa a quien les resultaba molesto sólo con verle. Se entristecieron los discípulos por la muerte del Señor, pero, al recibir noticia de su resurrección, su tristeza se convirtió en alegría; al ver después el prodigio de la ascensión, con una alegría aún mayor alababan y bendecían al Señor, como testimonia el evangelista Lucas (Cf. Lucas 24,53). Pero estas palabras del Señor se adaptan a todos los fieles que, a través de las lágrimas y las aflicciones del mundo, tratan de llegar a las alegrías eternas y que, con razón, ahora lloran y están tristes, pues no pueden ver todavía al que aman y, porque mientras están en el cuerpo, saben que están lejos de la patria y del reino, aunque estén seguros de llegar a través de los cansancios y las luchas al premio. Su tristeza se convertirá en alegría cuando, terminada la lucha de esta vida, reciban la recompensa de la vida eterna, según dice el salmo. “Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares” » («Homilías sobre el Evangelio» - «Omelie sul Vangelo», 2,13: Colección de Testos Patrísticos, XC, Roma 1990, pp. 379-380).

 

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Quienes promuevan «leyes contra el bien integral de la persona, contra la justicia o contra la ley natural pierden la coherencia eucarística» Sínodo Obispos 2005.10 Vat.

 

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“El sábado santo, cuando con la muerte de Jesús se hizo la oscuridad más completa sobre este mundo, solo quedó encendida la esperanza de María.” [Catalina de Siena (+ 1380)]

 

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Dijo Dios: «Produzca la tierra animales vivientes según su especie: ganados, reptiles y bestias salvajes según su especie». Y así fue. Dios hizo las bestias de la tierra, los ganados y los reptiles campestres, cada uno según su especie. Vio Dios que esto estaba bien. Gen. 1, 24-25

 

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“Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones” Biblia. Evangelio según San Lucas Cap.1º vs. 48. La Iglesia, hace XXI siglos fundada por Tu Hijo, te alaba, ¡Oh Madre plena de dicha y felicidad!

 

VERITAS OMNIA VINCIT

LAUS TIBI CHRISTI.

 

 

Gracias por venir a visitarnos

 

Pero lo verdaderamente importante es que la Iglesia renueva sin cesar su fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Porque de eso estamos hablando: de una persona, de un ser vivo, y no de una cosa o una idea. La Eucaristía es Él. Y todos, en la Iglesia, vivimos por Él, con Él y gracias a Él, y soñando con unirnos algún día plenamente a Él. O al menos, así debería ser.

 

«Sobre el misterio eucarístico se funda el celibato que los presbíteros han recibido como don precioso y signo del amor indiviso hacia Dios y hacia el prójimo».

 

Benedicto XVI animó a los laicos a hacer de la Eucaristía el «motor interior de toda actividad» y recordó que «ninguna dicotomía es admisible entre la fe y la vida». 2005-10-23, al cerrar el Sínodo de los Obispos y el año de la Eucaristía.

 

Recomendamos 4 libros : Joseph +cardenal Ratzinger, al día S. S. BENEDICTO XVI P.M.: Fe, verdad y tolerancia; Introducción al cristianismo; La fraternidad de los cristianos; Un canto nuevo para el Señor; Ediciones SIGUEME -

Contigo, Señor Jesús, todos seremos compasivos y disfrutaremos de tu Amor.

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).