Friday 26 May 2017 | Actualizada : 2017-03-29
 
Inicio > Leyendas Negras > Pío XII - holocausto: opinan historiadores; archivos nazismo y el comunismo

 

Dios, último árbitro de la historia, sabrá comprender y acoger, según su justicia, el grito de las víctimas, más allá de los tonos ásperos que a veces adquiere”. S. S. Benedicto XVI – P.M. Colina vaticana. Italia - MMV.XI.XXX

 

+++

 

 

Una hermosa indicación de Juan Pablo II hablando de la memoria histórica: La memoria se configura como un derecho que corresponde a cada grupo humano (sociedad, Iglesia, partidos y sindicatos) para profundizar en la propia identidad, pero es esencial que esa memoria no sea selectiva y sesgada, ni intente imponer a todos una visión uniforme, sino que se desarrolle a partir de una aproximación «abierta, objetiva y científica» a los hechos.

-.-

…[…]… «¡Sí que reivindicó el derecho de cada colectivo!, ‘la Iglesia católica, una congregación religiosa, un partido político, un sindicato, una institución académica’, a rememorar su historia para profundizar «en su identidad». Monseñor Ricardo Blázquez, Obispo de Bilbao-Esp. 2007.XI.

 

+++

 

Historiadores serios, responsables investigadores, sanos intelectuales deben estudiar la historia. La Iglesia universal está muy por encima de circunstancias coyunturales, y debe ser capaz de transmitir un mensaje de fe y de esperanza. La historia tiene que quedar en manos de los historiadores porque nadie tiene derecho a imponer una «verdad oficial», propia de los sistemas totalitarios. En el marco de la razón y el sentido común, el recuerdo de los antecesores -en este caso, de quienes dieron la vida por la fe ‘mártires de la Iglesia Católica’- refuerza la propia identidad y ayuda a comprender el complejo mundo en que vivimos. 2007-XI

 

+++ 

 

HISTORIA Y COTEJAR IDEAS - Es un servicio útil a la Iglesia, un servicio útil a la verdad. Es justo discutir, profundizar, debatir, confrontarse. Pero hay que evitar el error más grave para un historiador, el anacronismo, juzgando la realidad de entonces con los ojos y la mentalidad de hoy.

Así como es profundamente injusto juzgar la obra de Pío XII durante la guerra con el velo del prejuicio, olvidando no sólo el contexto histórico, sino también la enorme obra de caridad que el Papa promovió, abriendo las puertas de los seminarios y de los institutos religiosos, acogiendo a refugiados y perseguidos, ayudando a todos. 2007

 

+++

 

 

El gran muftí de Jerusalén colaborador de Hitler

Finaliza el libro con la historia y a los hechos relativos al gran muftí de Jerusalén, Hajj Amin al Husseini que, durante la segunda guerra mundial, visitó a Adolf Hitler en numerosas ocasiones; amigo de Adolf Heichmann, visitó el campo de concentración de Auschwitz e intervino en la radio alemana, declarándose de acuerdo con la eliminación de los judíos europeos para evitar el nacimiento de un Estado judío. 

          Frente al actual rebrote de antisemitismo, Dalin propone recuperar la verdad histórica y estudiar las condenas al racismo hechas por el magisterio de la Iglesia católica.

-.-

  * David G. Dalin, rabino judío, es profesor de Historia y Ciencias Políticas en la Ave Maria University de Naples, Florida. Previamente, fue profesor asociado en la Universidad de Hartford. Rabbi Dalin es autor o co-autor de varios libros. Sus artículos y críticas han aparecido en la American Jewish History, en Commentary, Conservative Judaism, First Things, the Weekly Standard, y en la American Jewish Year Book.

        Es licenciado por la Universidad de California en Berkekey, y obtuvo su máster y doctorado por la Brandeis University y su ordenación rabínica en el Seminario Teológico judío de América.

 

+++

 

"El mito del Papa de Hitler.Cómo Pío XII salvó a los judíos de los nazis". Por el rabino, David G. Dalin. 2006.X.

 

 

No hay motivo para una «leyenda negra»

contra Pío XII

 

 

 

 

Historiadores de diferentes puntos de vista opinan sobre el Holocausto

 

ROMA, 27 junio 2002 (ZENIT.org-Avvenire).- No hay lugar para ninguna "leyenda negra" sobre la postura de Pío XII respecto al exterminio de los judíos en Alemania bajo el nazismo. El Papa no era en absoluto filo-nazi, no aprobó el genocidio; al contrario, sufrió por su causa profundamente. Así lo afirmaron varios intelectuales italianos al participar el 25 de junio, en Roma, en la presentación de un nuevo libro sobre el exterminio de los
judíos.

Sobre los «silencios» oficiales, la falta de condena pública del Holocausto por parte de la Santa Sede hay que entenderla en la peculiar situación histórica de aquellos dramáticos momentos: la Iglesia católica se vio sorprendida por la impresionante y rompedora novedad del nazismo y trató de reaccionar con los instrumentos que tenía en su mano eligiendo la vía diplomática, cosa que permitió salvar la vida de miles de judíos.

Estuvieron sustancialmente de acuerdo en este punto historiadores de diferente procedencia cultural (Pietro Scoppola, Anna Foa, Ernesto Galli della Loggia, Andrea Riccardi) que presentaron en el Instituto Sturzo de Roma el libro de Renato Moro, editado por Mulino, «La Iglesia y el exterminio de los judíos» («La Chiesa e lo sterminio degli ebrei»), un libro calificado por todos como equilibrado y completo.

Galli della Loggia, uno de los columnistas de mayor influencia en Italia, recordó que los llamados «silencios» de Pío XII fueron «en realidad los silencios de otras muchas instituciones, incluidas las comunidades judías estadounidenses, que temían que por hablar demasiado empeorara la situación».

Ciertas posturas de desconfianza de la Iglesia hacia la cultura liberal del tiempo, según Galli della Loggia, pueden ser comprendidas sólo si se recuerda la dura oposición contra la Iglesia de la denominada cultura liberal, que no fue nada liberal respecto a los católicos: «Ningún liberal de la época protestó por las masacres de católicos en Rusia o en México».

Andrea Riccardi, historiador y fundador de la Comunidad de San Egidio, puso de relieve que la opción de la vía diplomática de la Santa Sede, «común por otra parte a otros sujetos neutrales, como Suiza y la Cruz Roja», tenía el objetivo «de abrir espacios para ayudar a los perseguidos y márgenes para una negociación de paz».

Pietro Scoppola, por último, recordando «la maceración y el dolor del pontífice por las persecuciones nazis», dijo que es difícil poder juzgar con los parámetros de hoy:
«la Iglesia no condenó abiertamente, pero esto no fue dictado por intereses personales o de poder», sino por la convicción de elegir la vía más útil para la salvación de cientos de miles de vidas.

 

+++

Un documento demuestra el

reconocimiento de los judíos a Pío XII

 

 

 Contrariamente a ciertas relecturas históricas que tienden a acreditar la imagen de un Papa silencioso --si no condescendiente-- respecto al antisemitismo nazi, en los archivos del Estado israelí ha aparecido un documento que, no sólo confirmaría la acción desarrollada por Pío XII en defensa de los judíos perseguidos, sino que demostraría como los jefes mundiales de las comunidades israelíes de la época eran totalmente conscientes hasta el punto de que, en señal de reconocimiento por la obra realizada por el Pontífce durante el nazismo, al final de la guerra vinieron a Roma e hicieron una ingente donación a la Iglesia Católica.

 

El hallazgo es de Lorenzo Cremonesi, corresponsal en Jerusalén del «Corriere della Sera» que está acabando un libro dedicado a la historia de las relaciones entre Israel y la Santa Sede y que ha revelado a «Tempi», una revista cercana a Comunión y Liberación. Examinando los archivos israelíes se ha encontrado una carta expedida desde el Vaticano, de fecha 27 octubre de 1945, con la firma del entonces funcionario de la Secretaría de Estado monseñor Giovan Battista Montini --el futuro Pablo VI-- y dirigida a Raffaele Cantoni, presidente de las comunidades israelitas italianas. En su misiva, Giovan Battista Montini ofrece una detallada información de la conversación mantenida entre Pío XII y el secretario general del Congreso Judío Mundial, Leo Kubwitsky. Montini recuerda que, con ocasión de la audiencia en el Vaticano, en nombre de la organización mundial hebrea, Kubwitsky donó a Pio XII dos millones de liras (equivalentes a dos mil millones al cambio actual, más de un millón de dólares) para emplear en «obras de beneficencia» y expresó «su gratitud hacia el augusto Pontífice por la obra realizada en favor de los israelíes perseguidos».

 

Montini escribe además que Pío XII decidió que «aquella suma fuese transferida exclusicamente a personas necesitadas de estirpe judía». La noticia ha despertado un cierto interés pero, como ha subrayado el padre Peter Gumpel, relator de la causa de beatificación de Pío XII, gran conocedor de la historia de aquel periodo, «no es una novedad. Se trata de una noticia publicada ya varias veces. Y es sólo uno de los centenares de demostraciones de afecto y agradecimiento que diversos representantes judíos expresaron al Papa Pacelli».

 

A este propósito, el padre Pierre Biet, ex profesor de Historia Eclesiástica en la Universidad Gregoriana, además de encargado por Pablo VI de las «Actas y documentos de la Santa Sede relativos a la Segunda Guerra Mundial» recuerda que en al menos tres de los doce volúmenes de esta obra monumental, y más precisamente en los números 8, 9 y 10, se encuentran todos los documentos oficiales en los que las comunidades judías, los rabinos de medio mundo y otros prófugos agradecen a Pío XII y a la Iglesia Católica las ayudas y todo lo que hicieron en su favor». zenit. zenit.org  ZS99073005  30.VII.1999

 

 

 

+++

Jesús, el judío en las aguas del Jordán

 

El Papa recibe a una superviviente del Holocausto

Al término de la Audiencia General

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 25 de noviembre de 2009 (ZENIT.org).- El Papa Benedicto XVI mantuvo un pequeño encuentro hoy, al término de la Audiencia General, con una judía de 84 años superviviente de la Shoah, de nombre Cäcilie Peiser, que acudió acompañada para la ocasión por el salesiano Norbert Hofmann, secretario de la Comisión Pontificia para las Relaciones Religiosas con el Judaísmo.

La mujer entregó al Papa su biografía con una dedicatoria autógrafa.

“Tras la ´Noche de los cristales rotos´, en 1938, a la edad de trece años me vi obligada a huir con mi hermana menor Jutta y otros niños a Holanda”, recordó a L´Osservatore Romano.

Solo tras la liberación de los Países Bajos y al final de la segunda guerra mundial, mientras se dedicaba al cuidado de los ex prisioneros que en los campos de exterminio nazi habían enfermado de tuberculosis, supo que su madre y su hermano menor habían sido deportados y asesinados – el padre había muerto antes – en un lager, mientras que la hermana mayor Hannah se había salvado refugiándose en Haifa.

“Yo también, en 1946, me transferí a Palestina – añadió – donde he luchado por la coexistencia pacífica entre hombres de diferentes culturas y religiones. En 1957 volví a Alemania para ocuparme de niños discapacitados”.

Cäcilie es además fundadora y presidenta, ahora honoraria, de la asociación Child survivors Deutschland, para aquellos niños supervivientes de la Shoah que – ahora ancianos - llevan aún en la piel y en la psique los signos de las traumáticas experiencias de aquellos años.

 

+++

 

El Holocausto fue la persecución y el asesinato sistemático burocráticamente organizado de aproximadamente seis millones de judíos por el gobierno nazi y sus colaboradores. “Holocausto” es una palabra de origen griega, que significa “sacrificio por fuego.” Los nazis, que tomaron el poder en Alemania en enero de 1933, creían que los alemanes eran una “raza superior” y que los judíos, considerados “inferiores”, no merecían vivir. Durante el Holocausto, los nazis también tuvieron en su mira a otros grupos por razón de su percibida “inferioridad racial”: los romas (gitanos), los discapacitados, y algunos grupos eslavos (polacos, rusos, y otros). Otros grupos fueron perseguidos por razones políticas, religiosas o de orientación sexual: sacerdotes (inclusive Obispos), monjes y religiosos católicos; familias cristianas protestantes, comunistas, socialistas, testigos de Jehová como otras sectas y homosexuales.

 

 

 

El nazismo y el comunismo orquestaron la

campaña de calumnias contra Pío XII


Entrevista al profesor Patrick J. Gallo, autor de «Pío XII, el holocausto y los revisionistas»

 

ROMA, domingo, 18 junio 2006.- En una entrevista concedida a Zenit, el profesor Patrick J. Gallo, profesor adjunto de Ciencias Políticas de la Universidad de Nueva York, explica que el nazismo primero, y el comunismo después, inventaron y fomentaron la campaña de calumnias contra Pío XII. ??El profesor Gallo, profesor para el semestre de primavera del Instituto Loyola de Roma, y autor de un reciente libro titulado «Pius XII, the Holocaust and the Revisionists» («Pío XII, el holocausto y los revisionistas»), editado por McFalland & Company, mantiene que «es odiosamente falsa la idea de que Pío XII estuviera en sintonía con los nazis y que no opusiera resistencia a sus atrocidades». ??A la pregunta de si es plausible la hipótesis de algunos historiadores de que la campaña de calumnias contra el Papa Pío XII fuera instigada en los años sesenta por el régimen soviético, Gallo responde: «La campaña contra Pío XII no fue sólo instigada por la Unión Soviética. La campaña de calumnias había sido ya iniciada por los nazis y era compartida por los comunistas al comienzo de la guerra». ??«Pío XII --añade-- indicó que el nazismo y el comunismo eran las mayores amenazas para la Iglesia, para las democracias, para la civilización occidental, para toda la humanidad. En los años posteriores al final de la Segunda Guerra Mundial, todos pudieron constatar que los regímenes de Hitler y Stalin fueron los más sangrientos de toda la historia de la humanidad».

--Algunos autores sostienen que Pío XII fue débil y temeroso ante los nazis, mientras que otros lo llaman el Papa de Hitler... --Gallo: Para los nazis, Pío XII era claramente uno de sus enemigos. El historiador judío Richard Breitman, que ha investigado los documentos de los «Office Strategic Services» (OSS), los servicios estratégicos estadounidenses, recientemente desclasificados, afirma que «los nazis consideraban al Papa como un enemigo». Habrían planificado arrestarlo y llevarlo al norte. La propaganda nazi no mostró escrúpulos en atacar al Papa y a la Iglesia. Berlín odiaba al Papa y al Vaticano, en parte porque sabía que escondía y protegía a los judíos. ??El cardenal Eugenio Pacelli, futuro Pío XII, como secretario de Estado, habló contra el nazismo en 1935 y en 1937, y fue bastante claro en manifestar que la Iglesia no habría nunca aceptado la filosofía racista de los nazis. Fue Pacelli quien contribuyó de manera determinante a la redacción de la encíclica «Mit Brennender Sorge», que condenó de forma clara el régimen y la filosofía del nazismo. ??Este siguió exponiendo sus críticas con las encíclicas «Summi Pontificus Christi» y «Mystici Corporis Christi». Los nazis no se contentaron con llevar a cabo una campaña de descrédito contra el Papa y la Iglesia sino que iniciaron una verdadera persecución contra los católicos tanto en Alemania como en los territorios ocupados. Los nazis trataron de todas las maneras de demoler la autoridad moral de Pío XII y de la Iglesia Católica.

--¿Y los comunistas cómo entran en esta historia? --Gallo: Los ataques comunistas contra la Iglesia católica empezaron en los años veinte y aumentaron en los años treinta. En los años treinta, Pío XI y Pío XII manifestaron su oposición al comunismo de manera sumamente clara. Los comunistas antes y después de la Segunda Guerra Mundial acusaron a Pío XII de haber guardado silencio mientras los nazis cometían atrocidades. Obviamente, los comunistas no hacían ninguna mención de la brutalidad del régimen estalinista y de los horrores perpetrados no sólo contra la población rusa sino también contra la población de los países de Europa del Este sometidos a regímenes comunistas. ??Tanto los nazis como los comunistas estaban empeñados en eliminar a la Iglesia católica y al cristianismo. El Papa Pío XII señaló claramente a ambas ideologías como antitéticas e irreconciliables con la doctrina católica. En la inmediata postguerra, la Unión Soviética estaba absolutamente decidida a destruir la presencia de la Iglesia católica en los países de Europa del Este. Sólo destruyendo la influencia de la cultura católica y de la enseñanza magisterial del Papa, los comunistas pensaban que podían dominar la Europa del Este y extender el comunismo por todas partes. ??La propaganda comunista acusó de modo sistemático a Pío XII de diversos delitos. A mediados de los años sesenta, surgió la escuela revisionista que adoptó muchísimas de las acusaciones que los nazis hacían contra Pío XII. En este contexto, fue decisivo el trabajo de Rolf Hochhuth, que con el drama teatral «El Vicario», traducido a veinte idiomas, promovido masivamente por los medios de comunicación, difundió el lugar común de Pío XII, silencioso, cobarde, apático y antisemita. ??En los años sesenta, también el movimiento de la nueva izquierda, dentro del conflicto con la Iglesia Católica, introdujo la crítica venenosa contra Pío XII, tratando de utilizarla como medio para atacar la posición de la Iglesia sobre el aborto, el divorcio y otros temas relacionados con la moral.

--¿Qué es lo que le ha impulsado a escribir este libro? --Gallo: Pío XII se convirtió en Papa en marzo de 1939, con el mundo en el umbral de una guerra de proporciones inimaginables. Las democracias occidentales y la Iglesia tuvieron que afrontar los desafíos que suponían los regímenes totalitarios del nazismo y del comunismo. El holocausto nazi, que el mundo conoció en su monstruosa atrocidad al final de la guerra, planteó un dilema moral a naciones, iglesias, organizaciones e individuos. Durante estos años turbulentos, Pío XII representó la única luz, y esta consideración era universalmente compartida por hombres de gobierno, historiadores, diplomáticos, periodistas, y autores varios. Pío XII no sólo se empeñó a fondo para evitar la guerra sino que una vez que la masacre empezó, proporcionó ayuda y consuelo a los perseguidos. Esta inmensa obra humanitaria está sólidamente probada por documentos y testimonios. ??Sin embargo, luego, a mediados de los años sesenta, a esta interpretación le dieron la vuelta los revisionistas que acusaron al Papa de no haber hablado y actuado para evitar y detener aquél horrible holocausto. A pesar de la amplia documentación histórica vieja y nueva, esta interpretación está todavía muy difundida. Más recientemente, un grupo seleccionado y radical de revisionistas salió a la palestra, relanzando una cantidad enorme de acusaciones contra Pío XII. Estos revisionistas han mantenido tesis llenas de prejuicios y fabricado acusaciones. No se han preocupado de verificar los hechos sino que han actuado con el único objetivo de hacer válidas las tesis previamente fabricadas por ellos. Los revisionistas se han comportado como acusadores y como jueces, eliminando del debate todas las voces que no estaban de acuerdo con las acusaciones. Los libros escritos por estos revisionistas han sido aceptados acríticamente y han tenido gran publicidad. ??El objeto de mi libro es presentar otra perspectiva, animando una investigación histórica verdadera y un diálogo razonable, tratando de comprender las motivaciones, el comportamiento y las acciones de Pío XII en el contexto de los acontecimientos reales y no fuera de la historia. Evitando la tentación de aplicar criterios modernos a hechos acaecidos hace sesenta años. La complejidad falta totalmente en las obras de los revisionistas y mi libro es muy crítico con ellos. ?ZS06061801-zenith

 

+++

 

 

 

"Sin el memorial del Señor -es decir, sin la Eucaristía- nosotros no podemos vivir", declaraban durante la persecución de Diocleciano los cristianos de África del norte. También nosotros, sin la fuerza que brota de la Eucaristía, sobre todo la del domingo, no podemos vivir.

 

+++

  

El peregrinar de la Iglesia une a menudo el acontecimiento de Jesús de Nazaret con el de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, víctimas de la violencia, de la guerra, de la persecución, del terrorismo. MMVI.

 

+++

 

S.E.R. Mons. Emile DESTOMBES, M.E.P., Obispo titular de Altava y Vicario Apostólico de Phnom-Penh (Camboye)

La revolución comunista que ha marcado, de manera diferente, los países de Laos y Camboya, ha obligado a las Iglesias a vivir en el silencio y la persecución. El misterio de la Cruz ha atravesado estos dos países. Pero la esperanza ha animado a estas comunidades convertidas en invisibles.

En Camboya, más especialmente, esto parecía irreversible. Como Cristo en la Cruz ofreciendo su vida a su Padre por la salvación del mundo, así los testigos han ofrecido su vida en coherencia con su fe, al servicio de sus hermanos y hermanas. Y la Iglesia renacida hoy quiere ser servidora de los "excluidos" por la sociedad y signo de esperanza. La ordenación de los cuatro primeros sacerdotes camboyanos, el 09 de diciembre de 2001, después de la muerte de todos los obispos y sacerdotes del país, durante el régimen de Pol Pot, es un signo más de esta esperanza.-

-.-

El genocidio camboyano fue ejecutado por un comunista contra su propio pueblo, mientras muchos auto-etiquetados de progresistas en occidente, callaban o simpatizaban con el régimen. ¡Y no han pedido perdón!. MMVI.

 

+++

 

La Iglesia caminó casi siempre por el vía crucis del sacrificio. Lo hizo también en el último siglo en todo el mundo, en todos los continentes: en América, Asia, África pero sobre todo en Europa. En muchas naciones, sus creyentes, sus sacerdotes, sus misioneros, durante años y años, han caminado hacia el Gólgota, han llevado la cruz del sacrificio y de la persecución. Muchos de nuestros sacerdotes han caminado por el escarpado vía crucis y han llevado la cruz de la persecución en el duro trabajo de los obreros y de los esclavos, en los terribles interrogatorios de la policía con los ojos vendados y las cadenas en los pies y en las manos, como también en los procesos de los tribunales. La Iglesia llevó la cruz por largos años en las cárceles de todo el mundo, también en la civil Europa y en sus civiles naciones, que en los siglos precedentes había instruido y educado.

 

+++

  

Esta es la única Iglesia de Cristo, que en el Símbolo confesamos una, santa, católica y apostólica, la que nuestro Salvador entregó después de su resurrección a Pedro para que la apacentara (Jn., 24,17), confiándole a él y a los demás apóstoles su difusión y gobierno (cf. Mt., 28,18), y la erigió para siempre como "columna y fundamento de la verdad" (1Tim., 3,15). Esta Iglesia, constituida y ordenada en este mundo como una sociedad, permanece en la Iglesia católica, gobernada por el sucesor de Pedro y por los Obispos en comunión con él, aunque pueden encontrarse fuera de ella muchos elementos de santificación y de verdad que, como dones propios de la Iglesia de Cristo, inducen hacia la unidad católica.

Pero como Cristo efectuó la redención en la pobreza y en la persecución, así la Iglesia es la llamada a seguir ese mismo camino para comunicar a los hombres los frutos de la salvación. Cristo Jesús, "existiendo en la forma de Dios, se anonadó a sí mismo, tomando la forma de siervo" (Fil., 2,69), y por nosotros, "se hizo pobre, siendo rico" (2Cor., 8,9); así la Iglesia, aunque el cumplimiento de su misión exige recursos humanos, no está constituida para buscar la gloria de este mundo, sino para predicar la humildad y la abnegación incluso con su ejemplo. Cristo fue enviado por el Padre a "evangelizar a los pobres y levantar a los oprimidos" (Lc., 4,18), "para buscar y salvar lo que estaba perdido" (Lc., 19,10); de manera semejante la Iglesia abraza a todos los afligidos por la debilidad humana, más aún, reconoce en los pobres y en los que sufren la imagen de su Fundador pobre y paciente, se esfuerza en aliviar sus necesidades y pretende servir en ellos a Cristo. Pues mientras Cristo, santo, inocente, inmaculado (Hebr., 7,26), no conoció el pecado (2Cor., 5,21), sino que vino sólo a expiar los pecados del pueblo (cf. Hebr., 21,7), la Iglesia, recibiendo en su propio seno a los pecadores, santa al mismo tiempo que necesitada de purificación constante, busca sin cesar la penitencia y la renovación.

La Iglesia, "va peregrinando entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios, anunciando la cruz y la muerte del Señor, hasta que El venga (cf. 1 Cor., 11,26). Se vigoriza con la fuerza del Señor resucitado, para vencer con paciencia y con caridad sus propios sufrimientos y dificultades internas y externas, y descubre fielmente en el mundo el misterio de Cristo, aunque entre penumbras, hasta que al fin de los tiempos se descubra con todo esplendor.

 

+++ 

 

Frente a la arrogancia del poder la Iglesia ofrece la vida humilde de sus mártires como ejemplo de conversión. La conversión se realiza en la vida cotidiana mediante gestos de reconciliación, la atención a los pobres, el ejercicio y la defensa de la justicia y del derecho (Am 5,24; Is 1,17), por el reconocimiento de nuestras faltas ante los hermanos, la corrección fraterna, la revisión de vida, el examen de conciencia, la dirección espiritual, la aceptación de los sufrimientos, el padecer la persecución a causa de la justicia. Tomar la cruz cada día y seguir a Jesús es el camino más seguro de la penitencia (cf Lc 9,23).

 

… Toda la victoria del Salvador, que ha subyugado al diablo y al mundo, ha comenzado por la humildad y ha sido consumada por la humildad. Ha inaugurado en la persecución sus días señalados, y también los ha terminado en la persecución. Al Niño no le ha faltado el sufrimiento, y al que había sido llamado a sufrir no le ha faltado la dulzura de la infancia, pues el Unigénito de Dios ha aceptado, por la sola humillación de su majestad, nacer voluntariamente hombre y poder ser muerto por los hombres.

Si, por el privilegio de su humildad, Dios omnipotente ha hecho buena nuestra causa tan mala, y si ha destruido a la muerte y al autor de la muerte (cf. 1 Tim 1,10), no rechazando lo que le hacían sufrir los perseguidores, sino soportando con gran dulzura y por obediencia a su Padre las crueldades de los que se ensañaban contra El, ¿cuánto más hemos de ser nosotros humildes y pacientes, puesto que, si nos viene alguna prueba, jamás se hace esto sin haberla merecido? ¿Quién se gloriará de tener un corazón casto y de estar limpio de pecado? Y, como dice San Juan, si dijéramos que no tenemos pecado, nos engañaríamos a nosotros mismos y la verdad no estaría con nosotros (1 Jn 1,8). ¿Quién se encontrará libre de falta, de modo que la justicia nada tenga de qué reprocharle o la misericordia divina qué perdonarle? Por eso, amadísimos, la práctica de la sabiduría cristiana no consiste ni en la abundancia de palabras, ni en la habilidad para discutir, ni en el apetito de alabanza y de gloria, sino en la sincera y voluntaria humildad, que el Señor Jesucristo ha escogido y enseñado como verdadera fuerza desde el seno de su madre hasta el suplicio de la cruz. Pues cuando sus discípulos disputaron entre sí, como cuenta el evangelista, quién sería el más grande en el reino de los cielos, El, llamando a sí a un niño, le puso en Medio de ellos y dijo: En verdad os digo, si no os mudáis haciéndoos como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Pues el que se humillare hasta hacerse como un niño de éstos, ése será el más grande en el reino de los cielos (Mt 18,1-4). Cristo ama la infancia, que El mismo ha vivido al principio en su alma y en su cuerpo. Cristo ama la infancia, maestra de humildad, regla de inocencia, modelo de dulzura. Cristo ama la infancia; hacia ella orienta las costumbres de los mayores, hacia ella conduce a la ancianidad. A los que eleva al reino eterno los atrae a su propio ejemplo.

S. León Magno, papa, Homilía VII (37), Solemnidad de la Epifanía.

-.-

[1] los que, entregando toda su vida a Nuestro Señor Jesucristo, le siguen con libertad y valentía por la senda de los consejos, se hicieran plenamente dignos de tan celestial propósito y angélica vocación,[2] y por ordenar con sabiduría su reglamento de vida, lo atestiguan los frecuentísimos documentos y monumentos de los Papas, Concilios y Padres, y lo demuestran ampliamente todo el curso de la historia de la Iglesia y toda la orientación de la disciplina canónica hasta nuestros días.

2. En efecto, ya desde la cuna de la cristiandad, la Iglesia se dedicó a ilustrar con su magisterio la doctrina y ejemplos de Cristo[3]  y de los Apóstoles,[4] que animaban a la perfección, enseñando con seguridad por qué camino había que conducir y cómo había que disponer aptamente una vida que se dedicara a dicha perfección. Y con sus trabajos y su ministerio, tan intensamente fomentó y propagó la plena entrega y consagración a Cristo, que las comunidades cristianas de los primeros tiempos ofrecían, en cuanto a los consejos evangélicos, una buena tierra preparada para la semilla y prometedora de seguros y óptimos frutos;[5] y poco después, como puede comprobarse fácilmente por los Padres Apostólicos y los más antiguos escritores eclesiásticos,[6] floreció ya tanto en las diversas Iglesias la profesión de la perfección de vida, que sus seguidores comenzaron a constituir en el seno de la sociedad eclesiástica como un orden y clase social, claramente reconocido por varios nombres —ascetas, continentes, vírgenes, etc.— y por muchos aprobado y honrado.[7]

3. En el curso de los siglos, la Iglesia de Cristo, fiel a Cristo su esposo y siempre consecuente consigo misma, se guió desenvolviendo, bajo la guía del Espíritu Santo, con pasos continuos y seguros, la disciplina relativa al estado de perfección, hasta llegar a la redacción del actual Código de Derecho Canónico. Inclinada maternalmente hacia aquellos que, con ánimo dispuesto, profesaban en variadas formas, externa y públicamente, la vida de perfección, nunca dejó de ayudarles en toda forma en tan santo propósito desde dos puntos de vista. En primer lugar, por lo que toca a aquella profesión de la perfección, singular, pero hecha siempre ante la Iglesia y como acto público  —tal como aquella primitiva y venerada bendición y consagración de las vírgenes[8] que se hacía litúrgicamente —, la Iglesia no sólo aceptó y reconoció, sino que la sancionó sabiamente y la defendió con ardor, llegando a atribuirle muchos efectos canónicos. Pero el principal apoyo y el más diligente cuidado de la Iglesia se volvió y ejerció, con mucha razón, hacia aquella plena profesión de la perfección, más bien pública, usada desde los primeros tiempos después de la paz de Constantino, que se emitía en las sociedades y colegios erigidos con su venia, aprobación y mandato. S.S. Pio PP XII.

 

 

Historia de la conversión del rabino de Roma: Claves de lectura

 

Entrevista con Alberto Latorre, encargado de la edición en italiano

ROMA, viernes, 23 abril 2004 (ZENIT.org).- En 1954, Eugenio Zolli –rabino de Roma en tiempos de la Segunda Guerra Mundial y bautizado en la Iglesia católica en 1945-- publicó en los Estados Unidos su historia bajo el título «Before the Dawn» («Antes del Alba»). Hace dos meses se publicó en Italia la autobiografía autorizada de Zolli («Prima dell’alba», San Paolo 2004) y ocupa los primeros puestos de ventas en las librerías católicas. ??«Prima dell´alba» contiene las confesiones de Israele Zoller, quien al ser bautizado tomó el nombre de Eugenio Zolli, en honor a la ayuda que había ofrecido a su comunidad el Papa Pío XII (Eugenio Pacelli). ??Israele Zoller era de origen polaco. Su madre era de una familia con tradición rabínica de más de cuatro siglos. Se formó en la Universidad de Viena y luego en la de Florencia, donde se licenció en Filosofía, estudiando al mismo tiempo en el Colegio rabínico. ??En 1920 pasó a ser rabino jefe de Trieste. En 1933 recibió la ciudadanía italiana. A causa de las leyes fascistas tuvo que italianizar su apellido: de Zoller a Zolli. Alcanzó la cátedra de Letras y Literatura Judía en la Universidad de Padua, pero tuvo que abandonar la docencia debido a las leyes raciales del gobierno de Benito Mussolini. En 1938 fue nombrado gran rabino de Roma. ??Estuvo al frente de la comunidad judía de la capital italiana hasta julio de 1944. El 15 de agosto de ese año, manifestó al rector de la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma, el padre Paolo Dezza S.I. (llegaría a ser cardenal), su intención de hacerse cristiano. ??El 13 de febrero de 1945, en una capilla de la iglesia de Santa María de los Ángeles, se bautizó junto a su mujer, quien añadió a su nombre, Emma, el de María. ??En su libro Zolli narra que, tras la llegada de los nazis a Roma, se entregó en cuerpo y alma a esconder a los judíos para salvarles la vida, gracias a la colaboración que le ofrecieron las instituciones del Vaticano y en particular el Papa Pío XII. El presidente de la comunidad judía, el abogado Ugo Foà, según el libro, no compartía los miedos del rabino y consideró que las advertencias de Zolli sobre los nazis eran alarmistas. ??Para comprender los temas históricos y religiosos que se desprenden del volumen, Zenit ha entrevistado al doctor Alberto Latorre, quien se ha encargado de la edición italiana de la autobiografía. Latorre concluyó hace tres años sus estudios de Filosofía en la Universidad de Verona con una tesis titulada «De Israel Zoller a Eugenio Zolli: el itinerario de un estudioso en búsqueda». ??

--¿Podría explicar los aspectos que considera decisivos de la historia de Eugenio Zolli? --Alberto Latorre: Demasiado compleja es la figura de Zolli, ya sea como hombre o como estudioso, como para agotar su historia en algunos puntos decisivos. Por un lado hay situaciones intrincadas y sufrimientos personales enormes que le acompañaron desde los primeros años de vida a lo largo de toda su existencia; por otro, su compleja formación cultural y su extraordinaria actividad científica: fue rabino, pero sobre todo historiador de las religiones y exégeta. ??Puedo sólo afirmar que para comprender plenamente, sin juicios apresurados ni lacónicos, su historia, es necesario estudiar a fondo su formación cultural y espiritual empezando por el ambiente judío, askenazí y casidico, en el cual creció. ??Cualquier otro intento de síntesis se presta a las numerosas polémicas y críticas de estas semanas, que surgen cada vez que sale el nombre de Zolli. Polémicas, críticas e interpretaciones montadas «ad hoc» por cuantos, por las más diversas razones, acusan a Zolli de traición o se sirven de él por finalidades apologéticas. ?

?--¿Qué idea se ha hecho de la conversión de Zolli? Parece entender que mucho sucedió antes del encuentro con Pacelli (Pío XII) --Alberto Latorre: Le respondo, citando a Zolli, que no se trató de una conversión, sino de una adhesión. El bautismo de fuego, esto es, la íntima adhesión de Zolli al mensaje evangélico, tuvo lugar probablemente desde los años de la adolescencia. ??Zolli, como él mismo refiere, alimentó desde los años de su formación un profundo amor hacia Jesús. Una atracción testimoniada sucesivamente por un estudio histórico-religioso publicado en 1938: «El Nazareno: Estudios de exégesis neotestamentaria a la luz del arameo y del pensamiento rabínico». ??El bautismo de agua, recibido el 13 de febrero de 1945, fue un acto de adhesión formal realizado cuando ya estaba claro en él el deseo de manifestar abiertamente, «in primis» a sí mismo, su fe religiosa. ??Zolli, debo subrayar, no abandonó jamás el Judaísmo, sino, tras las huellas de san Pablo, entró en el Cristianismo como judío. Judío como lo era Jesús el Nazareno. ??

--¿Podría haber influido el encuentro del rabino con el Pontífice en las decisiones que se gestaban en el corazón de Zolli? ¿En qué modo? --Alberto Latorre: Creo que es imposible establecer objetivamente si el encuentro con Pacelli influyó en las decisiones de Zolli y en qué modo. ¿Cómo es posible de hecho entrar en el corazón de un hombre y entender hasta el fondo los movimientos y los desconciertos? ¡Ya es muy difícil entrar en el propio, imaginémonos entender el de otro! ??Sin embargo, sobre la base de mis estudios sobre Zolli, considero que el encuentro con el Pontífice no le influyó en absoluto. Querría añadir que, en mi opinión, el repetido acercamiento de Zolli a Pío XII y viceversa, no es para beneficio de uno ni de otro. Las situaciones personales e históricas de ambos acabaron inevitablemente por tocarse, pero creo que el análisis y el juicio histórico de las dos personalidades debe llevarse a cabo autónomamente. ??Lamentablemente, tengo con frecuencia la impresión de que su acercamiento constituye un sutil intento, según las posturas, para absolverlos o condenarlos juntos. Es un enredo muy peligroso y confuso, dado que impide un análisis histórico sereno y lúcido. ??

--Precisamente cuando los nazis ocuparon Roma, Zolli relata una variedad de encuentros con el entonces presidente de la Comunidad judía. ¿Qué sucedió verdaderamente y cuál es la esencia de la disputa? ¿Es cierto que si se hubiera prestado más atención a Zolli tal vez se habrían podido salvar todos los judíos? --Alberto Latorre: Por lo que narra Zolli en su autobiografía, hubo entre él y los representantes políticos de la comunidad de Roma diferentes perspectivas, testimoniadas también por las decisiones adoptadas por el gobierno provisional aliado en los meses sucesivos a la liberación de Roma, que llevaron a la disolución del Consejo de la Comunidad y a la redesignación de Zolli como rabino jefe. ??Durante la ocupación de hecho Zolli fue desautorizado de su propio cometido por deliberación del Consejo. Qué sucedió verdaderamente y cuál fue la esencia de la disputa no puedo afirmarlo. ??El propio Zolli expone exclusivamente su punto de vista y las razones de sus elecciones sin adentrarse demasiado en la cuestión del comportamiento ajeno. Queda el hecho de que Zolli conocía muy bien tanto la mentalidad teutónica (era hijo de madre alemana) como las persecuciones en perjuicio de los judíos perpetradas en Alemania durante los años ’30, cuando, como rabino jefe de Trieste, ayudó a numerosos prófugos de Alemania y de la Europa del Este a alcanzar Palestina. ??En el texto él sostiene que la diferencia de perspectivas en torno al peligro representado por los alemanes nacía fundamentalmente de estas razones. Pero no puedo decirle si, siguiendo las disposiciones de Zolli, todos los judíos se habrían salvado. ??Casi ciertamente sí. Es ineludible el hecho de que verdaderamente las medidas por él insinuadas, como el cierre del Templo y de los Oratorios, la alarma general y otras muchas cosas, habrían salvado la vida si no de todos, de muchísimos judíos. ZS04042304

 

+++ 

 

 

 

Un año para la apertura del Archivo Secreto Vaticano hasta 1939

Declaraciones de su prefecto, el padre Sergio Pagano

ROMA, martes, 18 enero 2005 (ZENIT.org).- El trabajo de una veintena de personas desde hace aproximadamente cuatro años hará posible la apertura de los Archivos Vaticanos relativos al pontificado de Pío XI (1922-1939) y con ello el acceso a un enorme campo de investigación histórica. ?El período abarca desde las ruinas de la primera guerra mundial a las amenazas de la segunda, la llegada al poder de Mussolini, Hitler o Stalin, la crisis de 1929, las guerras coloniales, la de México, la de España y las leyes raciales alemanas e italianas, entre otros acontecimientos. ??«Pío XI resolvió la cuestión romana con los Pactos Lateranenses (1929), protegió e incrementó la Acción Católica, celebró el Jubileo de 1925 y el extraordinario en 1933-1934, planeó un enorme proyecto misionero que llegó a China, desarrolló su acción hacia Oriente», «miró con ojos nuevos la ciencia, estableció relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y varios países del mundo», recordó el prefecto del Archivo Secreto Vaticano, el padre Sergio Pagano, a «Avvenire». ?«Todo esto y mucho más reflejan los documentos de su pontificado que serán puestos al libre examen de los historiadores», confirmó. ??El sacerdote barnabita subrayó además que ya en 2002 se comunicó oficialmente que, tras la apertura del pontificado de Pío XI, se trabajará para hacer accesible, con precedencia, las fuentes documentales vaticano-alemanas relativas al pontificado de Pío XII (1939-1958), en parte ya publicadas por voluntad de Pablo VI en los 12 volúmenes (1965-1981) de los «Actes et documents du Saint-Siège relatifs à la seconde guerre mondiale». ?A esto se añade que ya está abierto, desde el pasado mayo, el fondo de la «Oficina de informaciones vaticana para los prisioneros de guerra», que comprende documentos de 1939 a 1947, cosa que llevó el trabajo de siete personas durante tres años. ?Además, «desde hace más de un año se han abierto los archivos de las nunciaturas de Munich y de Berlín hasta 1939», recalcó el padre Pagano. ??Más de 80 kilómetros lineales de documentación ocupa actualmente el Archivo Secreto Vaticano, cuyo nombre obedece exclusivamente a que es «el archivo privado del Pontífice».

Respecto a otros archivos, en materia de apertura el Archivo Vaticano está en un «punto óptimo --aclaró su prefecto--, porque en las distintas legislaciones se procede a diversos períodos de apertura, según el tipo de documento. Generalmente se va de un mínimo de 50 años, yendo marcha atrás, hasta un máximo de 100 años para los documentos más delicados o reservados». ??Por ejemplo, «Italia abre sus archivos relativos a política exterior o interior 50 años después de su fecha, pero los reservados relativos a situaciones privadas de personas, o los documentos de los procesos penales, después de 70 años», apuntó. En un año los Archivos Vaticanos se abrirán hasta 1939, y «la sucesiva apertura del pontificado de Pío XII» llevará a 1958, «pero el personal es limitado y el prolongado trabajo no permite contemplar como cercana la apertura de los documentos de Pío XII, para los cuales, como para todos los demás ya abiertos, no se tiene ningún temor de vuelcos historiográficos, absoluciones o condenas», declaró el padre Pagano. ??«Una vez abierto el pontificado de Pío XI se pasará a preparar el de Pío XII» --insitió--; el desafío, como en los casos precedentes, está en la preparación del material archivístico, «como bien saben los estudiosos más serios, agravado» en el caso del Archivo Vaticano «por el hecho de que por costumbre y por necesidad de coherencia científica, cuando se procede a una apertura no se actúa, como en otros lugares, según períodos establecidos por ley, sino por pontificados enteros», y en el caso de Pío XI y Pío XII estamos ante pontificados de casi dos décadas. ??«Preparar, inventariar, numerar y timbrar un número tan elevado de documentos para facilitarlos a una consulta implica, como todos comprenden, un trabajo de años y un número de fuerzas humanas, serias y cualificadas, considerable», constató. ??«Es un trabajo minucioso, no fácil, largo» --dijo el prefecto del Archivo del Papa--, y aquí está «el motivo de la espera en las aperturas de la documentación vaticana». ?En cuanto al acceso al Archivo Vaticano, el padre Pagano recalcó que no existe «ningún privilegio, consideración o favoritismo» hacia ningún «estudioso, eclesiástico o laico»: «todos están sometidos a las mismas reglas». ?«Sólo los postuladores para las causas de los santos, como es obvio, tienen permiso de consultar documentos del período cerrado, previo consentimiento de la Secretaría de Estado, y deben mantener el secreto sobre los documentos que se les conceden, tanto durante los procesos canónicos como después», concluyó. ZS05011805

 

+++


 

Una voz rebelde en la Alemania nazi

 

A las 12:06 AM, por Alberto Royo

RUPERT MAYER, EL DEFENSOR DE LOS DERECHOS DE LOS CRISTIANOS

Desde la aparición en la escena pública del partido nacionalsocialista alemán, a la jerarquía católica alemana no le pasó inadvertida la verdadera naturaleza e ideas de los nazis, máxime cuando el Papa Pío XI, a la vista de las convulsiones sociales con que empezaba la década de los 30, ya había advertido públicamente de las consecuencias que traería la prevalencia de “un duro nacionalismo, es decir, el odio y la envidia en lugar del mutuo deseo del bien” (discurso de Navidad de 1930). Poco después del triunfo nazi de 1933, los obispos alemanes vieron claros dos peligros que, por desgracia, no tardaron en hacerse realidad. Por una parte, que el nuevo Estado totalitario acabase con las organizaciones católicas, especialmente las educativas; por otra, que el nuevo régimen tratara de crear una especie de iglesia nacional y quisiera englobar en ella a todos, también a los católicos. Y, si los nazis ya habían dado pasos en la primera dirección, también había indicios de que el segundo temor era real, pues en algunos círculos protestantes, sobre todo prusianos, ya se hablaba de un cristianismo nacional para arios.

En enero de 1937 se desplazaron a Roma, con la mayor discreción posible, los principales representantes del episcopado alemán (los cardenales Bertram, Faulhaber y Schulte, y los obispos Preysing y von Galen), para solicitar una nueva intervención pontificia que condenara formalmente el nazismo. De ahí nacería la encíclica Mit brennender sorge (“Con ardiente preocupación”), que hubo de ser introducida en el país de modo clandestino y fue leída el domingo 21 de marzo de 1937 en los 11.000 templos católicos alemanes. Fue un aldabonazo enorme. La denuncia de la ideología y la conducta nazis era clarísima: racismo, divinización del sistema, etc. Al día siguiente, el órgano oficial nazi, Volskischer Beobachter, publicó una primera réplica a la encíclica que, sorprendentemente, fue también la última, pues el ministro alemán de propaganda, Joseph Goebbels, advirtió enseguida la fuerza que había tenido esa declaración y, con el control total de prensa y radio que ya tenía por esas fechas, decidió que lo mejor era ignorarla completamente, pero la encíclica produjo un gran revuelo en Alemania y en la opinión pública mundial.

Poco después Hitler visitó Roma, devolviendo la visita oficial efectuada meses antes por Mussolini, y, en contra de toda costumbre y protocolo, no pidió ser recibido por el Papa. Pío XI, ostentosamente, se retiró a Castelgandolfo durante los días de la visita y ordenó que se cerraran los Museos Vaticanos. En una alocución a un grupo de peregrinos dijo que no era oportuno desplegar en Roma, en el día de la Santa Cruz, el emblema de “otra cruz que no es la Cruz de Cristo”. Es decir, la tensión entre la Iglesia y el Estado alemán alcanzó a lo largo de los años treinta proporciones desacostumbradas. Hitler encontró en la Iglesia tal vez el único adversario interno que no pudo destruir ni asimilar. Después de los intentos de compromiso que culminaron en la firma del Concordato en junio de 1933, buena parte del catolicismo opuso, a partir de 1934, una resistencia compacta a la ideología nacionalsocialista. Los momentos culminantes de esta oposición fueron la encíclica de 1937 y las polémicas homilías de Von Gallen, obispo de Westfalia.

En realidad, Hitler no tuvo nunca intención de respetar el Concordato, pues a excepción de las funciones estrictamente litúrgicas o paralitúrgicas, el resto de las actividades de la Iglesia fueron sistemáticamente obstaculizadas y, después, poco a poco suprimidas. Los periódicos, las revistas y los libros publicados por parte católica fueron enseguida severamente censurados y después eliminados. Los colegios confesionales fueron obstaculizados con métodos fraudulentos en su actividad y después cerrados. Las numerosas asociaciones católicas fueron obligadas a agregarse a las asociaciones nazis, o bien directamente prohibidas y disueltas. Los funcionarios estatales de cualquier nivel eran despedidos si existía la simple duda de que no aprobaban la ideología nazi. Con todo tipo de pretextos, los conventos y las casas religiosas fueron confiscados. Sacerdotes y religiosos fueron sistemáticamente espiados incluso en las mismas iglesias, y denunciados a la Gestapo si habían expuesto la doctrina católica de un modo que no fuera del gusto de los nazis. Cerca de un tercio del clero diocesano y regular sufrió persecuciones por parte de la policía política y un buen número de ellos terminó en las prisiones o en los campos de concentración, donde varios murieron.

Frente a un Estado totalitario los católicos fieles a Cristo y a la Iglesia disponían sustancialmente sólo de las armas del espíritu, la fe, la esperanza y la caridad. En última instancia, sólo podían sufrir la persecución, permanecer firmes para no ceder y, si fuera el caso, estar dispuestos a sufrir el martirio, como de hecho sucedió en muchos casos. Entre los eclesiásticos, junto al citado Von Gallen, uno de los grandes opositores al régimen nazi fue, sin duda, el jesuita Rupert Mayer, al cual Benedicto XVI, en su primera audiencia pública, concedida a cinco mil compatriotas alemanes, el 25 de Abril, 2005, presentó como ejemplo de vida al Beato Rupert Mayer, sacerdote que con su vida desafío al nazismo y fue internado en un campo de concentración.

El llamado “apóstol de Munich” había nacido en Stuttgart, el 23 de enero 1876, en el seno de una familia acomodada que tuvo seis hijos. Su padre era empresario. Educado finamente, en su juventud destacó por su inteligencia, su gusto por la música y su habilidad en el montar a caballo y tocar el violín. Al concluir los estudios secundarios, comunicó a su padre su deseo de ser jesuita, a lo que el padre respondió aconsejándole que se ordenase sacerdote primero y después ingresara en la Compañía si seguía con el deseo de ser jesuita. Estudió por tanto filosofía y Teología en Friburgo, en Munich y en Tubinga y fue ordenado el 2 de mayo de 1899. Tras un año de ministerio pastoral como sacerdote diocesano, que desempeñó como vicario en una parroquia, ingresó el 1 de octubre de 1900 a la Compañía de Jesús en el noviciado de Feldkirch, Austria, el mismo en que años después ingresarán también, entre otros, Martin Heidegger, Karl Rahner y Han Urs Von Balthasar.

A partir de 1906 y hasta el 1911, el P. Mayer fue destinado a predicar en diferentes lugares de Alemania, Austria y los países bajos. En 1912 fue destinado a Munich, ciudad en la que se dedicaría al trabajo pastoral hasta el final de su vida a un fecundo apostolado sacerdotal, especialmente entre los más desfavorecidos. Todavía hoy los habitantes de la hermosa ciudad bávara le recuerdan en su afán de responder a las necesidades de la gente, moviéndose en la ciudad en búsqueda de empleos para los cesantes, reuniendo alimento y ropa, y buscando trabajos y casas.

Pero su campo de acción cambió al entrar Alemania en la Primera Guerra Mundial, la “gran guerra” que tanto terror y desesperación provocó entre los europeos: En 1914 el P. Mayer ingresó al ejército como voluntario. Primero fue capellán en un hospital y después acompañó a los soldados en las campañas de Francia, Polonia y Rumanía, distinguiéndose por su valor al animar a los soldados que estaban en las primeras líneas de batalla y siendo condecorado, por su valentía, con la Cruz de Hierro en diciembre de 1915. Su permanencia en el ejército terminó abruptamente cuando fue herido en la pierna izquierda el 20 de diciembre de 1916 y tuvo que ser amputada.

Regresó a Munich, donde la gente sufría las consecuencias de la guerra y la pobreza era mucho más terrible que cuando él dejó la ciudad para asistir al ejército. No olvidemos que Alemania fue una de las economías más afectadas por la depresión de los años treinta. La retirada de los créditos bancarios que percibía de Estados Unidos, que habían contribuido a la reconstrucción de su tejido económico, se saldó con la quiebra de innumerables empresas. Los bancos alemanes cerraron sus puertas durante varias jornadas en julio de 1931 ante el temor de una avalancha de clientes desesperados por disponer de sus ahorros. Ante la imposibilidad de hacer frente a las indemnizaciones de guerra impuestas por los vencedores, el presidente americano Hoover, en un intento por evitar el colapso de la economía germana, concedió en 1931 una moratoria de un año en los pagos. La iniciativa resultó totalmente inútil, pues el sistema bancario alemán no pudo evitar el desplome.

La República de Weimar se enfrentó al problema del desempleo (6 millones de parados en 1936) y a una creciente tensión social expresada en virulentas protestas, alentadas tanto desde la izquierda como desde la derecha. La carencia de un imperio colonial propio (Alemania había sido despojada de sus dominios a raíz de la guerra) impidió la creación de un espacio comercial integrado que hubiese paliado en parte los efectos de la recesión. El desempleo creó una situación de pobreza que en las ciudades se hizo todavía más dramática.

Y una vez más, el infatigable jesuita se movió entre la población de Munich tratando de ayudar a todo el que tuviera necesidad. Como Asesor de la Congregación Mariana de hombres debió multiplicar su trabajo al aumentar extraordinariamente el número de congregantes y tener que predicar meditaciones y pláticas hasta 70 veces en el mes. Introdujo las Misas dominicales en los terminales ferroviarios para conveniencia de los viajeros. Se ha dicho del P. Mayer en aquellos años que si Munich hubiera sido una única parroquia, él, sin duda, habría sido el párroco de todos.

Eran años de mucha agitación social y política, que favorecieron el crecimiento de los extremismos. Cuando los movimientos comunista y socialista crecieron, el P. Rupert Mayer asistió a sus encuentros e incluso participó con sus sermones contradiciendo a los oradores, sosteniendo los principios católicos y mostrando lo que él veía de equivocado en lo que los otros decían. De una manera especial se opuso a los esfuerzos que hacían los partidarios de Hitler para llevarlo al poder, y siempre sostuvo que un católico no podía dar su nombre al Nacional Socialismo. Pero sus intervenciones no eran políticas, sino una denuncia de males morales que poco a poco se querían imponer en la sociedad, desde uno y otro extremo.

Como ya se ha dicho, con la designación de Hitler como Canciller del Reich, en enero de 1933, comenzó en casi toda Alemania el movimiento contra las iglesias y las escuelas católicas, y el P. Mayer usó el púlpito de la iglesia jesuita de San Miguel, en el mismo centro de Munich, para denunciar la persecución, y en algunas ocasiones también lo hizo en lugares públicos, incluso delante del Sondergericht, uno de los tribunales especiales de Hitler, lo que en modo especial hizo enfadar a los nazis. El 16 de mayo de 1937 la Gestapo le ordenó terminar con sus predicaciones en público, porque no podía seguir tolerando su influencia cada día mayor entre el pueblo. Para ello, echaron mano a unas leyes alemanas del siglo XIX que prohibían a los clérigos hablar de política en público. Él obedeció, excepto en lo que se refería al interior del templo, donde continuó predicando. Fue arrestado el 5 de junio y puesto en prisión, la primera de tres veces. Estuvo en la Prisión de Stadelheim hasta que el tribunal, seis semanas después, le suspendió la sentencia.

Los superiores eclesiásticos le pidieron entonces cautela, pero él continuó defendiendo con valentía en el púlpito a la Iglesia de los ataques de los nazis. Y de nuevo fue arrestado y la sentencia le fue diferida por varios meses, hasta que una amnistía general lo dejó libre y pudo regresar a Munich, donde con discreción continuó su trabajo.

Una tercera vez lo arrestaron los nazis el 3 de noviembre de 1939, a pesar de que tenía ya 63 años de edad, y lo enviaron al campo de concentración de Oranienburg-Sachsenhausen, cercano a Berlín. Después de siete meses en ese campo, su salud empezó a deteriorarse, tanto que hasta los oficiales a cargo del campo temieron por su vida. Y como lo último que querían era hacer un mártir de ese popular sacerdote, lo trasladaron a la Abadía benedictina de Ettal, en los Alpes bávaros, donde quedó confinado hasta que los soldados americanos lo liberaron en mayo de 1945. Fueron años de sufrimiento por no poder realizar ningún tipo de apostolado, pero a la vez fueron años de profundización en la vida interior y de conformación con Cristo crucificado. En aquel tiempo escribió a su madre: “Intento rezar y ofrecer todo en sacrificio… Dios no quiere ahora otra cosa de mí, sino habría dispuesto las cosas en modo diferente”

Incansable a pesar de la salud, una vez liberado el P. Mayer volvió de inmediato a Munich y retomó su ministerio sacerdotal en la iglesia de San Miguel. Pero los años pasados en prisión lo habían debilitado en gran manera y el 1 de noviembre de 1945, en la fiesta de Todos los Santos, sufrió un fuerte ataque cardíaco mientras celebraba la Misa. Perdió el conocimiento y murió poco después, a la edad de 69 años. El gran predicador, padre de los pobres y defensor de los derechos de los católicos ante el absolutismo hitleriano, fue enterrado en el cementerio de la Compañía en Pullach, a las afueras de Munich, pero a causa del gran número de peregrinos que acudían cada día a visitar su tumba, años más tarde los padres de la Compañía decidieron trasladar sus restos a la cripta de su querida iglesia de San Miguel, donde Juan Pablo II veneró sus reliquias y lo beatificó el 3 de noviembre de 1987, aunque el proceso de beatificación lo había comenzado ya Pío XII, que lo había conocido y tratado personalmente cuando era nuncio en Munich.

Como se puede ver, el P. Mayer no fue un mártir sino, más bien, lo que en los primeros siglos se denominó “confesor de la fe”. Antes del siglo III eran los que sufrían por ella pero no llegaban a morir, a diferencia de los mártires, que sí morían; distinción que ya recogía Eusebio de Cesarea. Y en la “Tradición apostólica” se hablaba de dos tipos de confesores: los que han sufrido seriamente por la fe y aquellos cuyo castigo ha sido ligero o privado. Incluso algunos llegaron a atribuir funciones especiales en la Iglesia, a veces exageradas e incluso heréticas, a los que habían sobrevivido a la persecución. Sin embargo, cuando llegó la paz a la Iglesia, los confesores fueron ya en sentido genérico los que se distinguieron por su virtud y ascetismo. El caso de este heroico sacerdote, como el de muchos otros del siglo XX, nos conecta directamente con el concepto clásico de “confesor”.

http://infocatolica.com/blog/historiaiglesia.php/1406081159-una-voz-rebelde-en-la-alemani#more24092

 

+++

 

 

 

 

El mito del Papa de Hitler.
Cómo Pío XII salvó a los judíos de los nazis.

 

*Por David G. Dalin, intelectual y rabino judío.

-.-

     Según el historiador judío y rabino, David G. Dalin, Pío XII salvó más vidas de judíos que cualquier otra persona y pide que se  le otorgue el título «Justo entre las Naciones» , en reconocimiento por lo que hizo en defensa de los judíos durante la segunda guerra mundial, título que atribuye el Instituto «Yad Vashem» de Jerusalén.    

        La obra demuestra que muchos papas, a lo largo de la historia, defendieron y protegieron a los judíos de acusaciones y persecuciones, relata además muchas historias sobre cómo el Papa Eugenio Pacelli salvó a los judíos de la persecución nazi.

 

Hoy existe una fortísima corriente que se empeña en desacreditar a Pio XII ocultando los grandes esfuerzos que realizó para salvar judíos durante la II Guerra Mundial, esta injusta persecución comienza con la obra de teatro «El Vicario», de Rolf Hochhuth, que carece de cualquier valor histórico y lanza polémicas acusaciones.Luego, en 1999 el católico John Cornwell publicó "El Papa de Hitler"  y Daniel Goldhagen, en 2002, presentó su libro "A Moral Reckoning", ambos con enfoques críticos sobre el papel desempeñado por el Papa.

 

        Los detractores del Papa Pacelli, ignoran o eliminan el estudio iluminador, "Roma y los judíos" de Pinchas Lapide, cónsul general de Israel en Milán, que se había encontrado con muchos judíos italianos que sobrevivieron al Holocausto. Lapide documenta cómo Pío XII favoreció la salvación de al menos 700 mil judíos de manos de los nazis. Otro cálculo eleva la cifra a 860 mil.

        Aporta también Dalin otros autorizadísimos estudios de autores judíos:

        "Pio XII y los judíos», escrito en 1963 por Joseph Lichten, miembro de la Liga Antidifamación.

        "Judaísmo húngaro y papado" de Jenö Levai, el historiador húngaro que, ante las acusaciones de silencio contra el Papa, escribió este trabajo en su defensa. .

        "Informes, documentos y archivos de la Iglesia y el Estado», publicado en inglés en 1968, con una introducción de Robert M.W. Kempner, vicefiscal jefe estadounidense en el proceso de Nüremberg.

        Los más recientes, los trabajos de sir Martin Gilbert, entre los más autorizados historiadores judíos en vida, biógrafo oficial de Wiston Churchill y autor de más de setenta libros sobre la segunda guerra mundial y la Shoá.

        Gilbert relata todo lo que la Iglesia católica hizo en defensa de los judíos, oponiéndose al racismo y al nazismo, y afirma que «Pío XII debería ser elogiado y no censurado».

        Además, los actuales "revisionistas críticos" de Pio XII, manipulan el juicio histórico, es decir, el reconocimiento dado a Pío XII por sus contemporáneos, entre los que se encuentra el Premio Nobel Einstein, el rabino jefe de Israel Isaac Herzog, los primeros ministros Golda Meir y Moshe Sharett, y en Italia personas como Raffaele Cantoni, que en aquella época era presidente de la Unión de las comunidades judías italianas. Pero se pueden hojear también muchos artículos publicados en el «Jewish Advocate» de Boston, en el «London Times» y, en varias ocasiones, en el «New York Times».

        Señala Dalin que se tiene mucha documentación que demuestra que no se quedó ni mucho menos en silencio, es más, habló en voz alta contra Hitler y casi todos vieron en él a un opositor del régimen nazi. Durante la ocupación alemana de Roma, Pío XII dio secretamente instrucción al clero católico para que salvara a todas las vidas humanas posibles, con todos los medios. De este modo, salvó a miles de judíos italianos de la deportación. Mientras el 80% de los judíos europeos murieron en aquellos años, el 80% de los judíos italianos fueron salvados. Sólo en Roma, 155 conventos y monasterios ofrecieron refugio a unos 5 mil judíos. En un cierto momento, al menos tres mil se salvaron en la residencia papal de Castelgandolfo, librándose así de la deportación en los campos de concentración alemanes. Sesenta judíos vivieron durante nueve meses con los jesuitas de la Universidad Pontificia Gregoriana, y muchos otros fueron escondidos en los sótanos del Instituto Bíblico. Siguiendo las directas instrucciones de Pío XII, muchos sacerdotes y monjes favorecieron la salvación de centenares de vidas de judíos, poniendo en peligro su misma vida.

        Según el rabino Dalin, el Papa nunca denunció en público las leyes antisemitas y la persecución de los judíos, pues su silencio fue una eficaz estrategia orientada a proteger al mayor número posible de judíos de la deportación. Una denuncia explícita y dura contra los nazis por parte del Papa hubiera sido una invitación a la represalia, y hubiera empeorado las disposiciones hacia los judíos en toda Europa. Ciertamente podría preguntarse: ¿qué podía ser peor que el exterminio de seis millones de judíos? La respuesta es sencilla y terriblemente honesta: el asesinato de otros centenares de miles de judíos.

        Los "críticos revisionistas" de Pío XII saben que tanto líderes judíos como los obispos católicos que procedían de los países ocupados aconsejaron a Pacelli que no protestara públicamente contra las atrocidades cometidas por los nazis. Tenemos pruebas de que, cuando el obispo de Münster quiso pronunciarse en contra de la persecución de los judíos en Alemania, los responsables de las comunidades judías de su diócesis le suplicaron que no lo hiciera, pues hubiera provocado una represión más dura contra ellos».

        Además, continúa Dalin, los documentos sugieren que una excomunión de Hitler y el nazismo se hubieran quedado en un gesto meramente simbólico, es más, la historia enseña que una excomunión formal hubiera podido alcanzar el resultado opuesto. El padre Luigi Sturzo y el ex rabino jefe de Dinamarca, por ejemplo, tenían miedo precisamente de esto. Los mismo nazis interpretaron el famoso discurso de Pío XII de la Navidad de 1942 como una clara condena de su régimen y una instancia a favor de los judíos de Europa. La rabia entre los nazis hubiera podido suscitar reaciones catastróficas para la seguridad y el destino del mismo papado en los años sucesivos a la guerra. Una condena papal contra los nazis comportaba la sospecha fundada, difundida en aquella época, de que Hitler se hubiera vengado en la persona del mismo Papa, atacando el Vaticano. El embajador nazi en Roma, Rudolf Rahn, confirmó la existencia de estos proyectos, que él mismo contribuyó a prevenir.

        Afirma Dalin, que ha llegado la hora, por parte judía, de echar mano a una nueva reconstrucción de la relación entre Pío XII y el Holocausto. Esta reconstrucción, más cercana a los hechos, es decir, de lo que hizo realmente Pío XII por los judíos, llegaría a conclusiones diametralmente opuestas a las gratuitas del libro de John Cornwell, «El Papa de Hitler».

 

"Pío XII no fue el Papa de Hitler, sino el defensor más grande que nunca hemos tenido los judíos, y precisamente en el momento en el que lo necesitábamos". Esta nueva obra de historiografía debería basarse en el juicio que sus contemporáneos ofrecieron de los esfuerzos de Pío XII, de sus éxitos y fracasos; así como en la manera en que los judíos que sobrevivieron al Holocausto evaluaron (o reevaluaron) su vida e influencia en las décadas sucesivas. El Papa Pacelli fue un justo entre las naciones a quien hay que reconocer el haber protegido y salvado a centenares de miles de judíos. Es difícil imaginar que tantos líderes mundiales del judaísmo, en continentes tan diferentes, se hayan equivocado o confundido a la hora de alabar la conducta del Papa durante la guerra.

-.-

  Es de sumo interés el capítulo del libro en el que Dalin analiza el comportamiento de varios pontífices con los judíos. La tradición de los papas que tuvieron gran consideración y estima a los hebreos se inicia, según el rabino norteamericano, con Gregorio I, más conocido como Gregorio Magno (590-604), que emitió el histórico decreto «Sicut Judaeis», en defensa de los judíos.

        Calixto II garantizó también su protección a los judíos y reafirmó el contenido de «Sicut Judaeis».

        Durante el siglo XIV, cuando los judíos fueron inculpados de la epidemia de peste ("la muerte negra"), el Papa Clemente VI (1342-1352) fue el único líder europeo que salió en su ayuda.

        Bonifacio IX (1389-1403) amplió la protección papal a los judíos, reconociéndoles la ciudadanía romana en 1402, y fue el primer Papa que dio empleo a judíos en El Vaticano.

        Los papas Martín V (1417-1431) y Eugenio IV (1431-1437) tuvieron como médico personal al judío Elijah ben Shabbetai Be’er que, gracias a la ayuda de los pontífices, fue el primer judío que enseñó en una Universidad europea, la de Pavía.

        Sixto IV (1471-1484), fue el primer Papa que contrató a copistas judíos en la Biblioteca Vaticana y creó la primera cátedra de Hebreo en la Universidad de Roma. Durante su pontificado, la población judía se duplicó.

        Dalin habla también de los pontífices Nicolás V, Julio II, León X, Clemente VII, Paolo III, Benedicto XIV, Clemente XIII y XIV, León XIII y Pío IX, todos los cuales intervinieron en favor de los judíos.

        Del siglo XX, el rabino estadounidense recuerda a Benedicto XV, que publicó una condena del antisemitismo preparada por el joven Eugenio Pacelli, futuro Pío XII.

        Pío XI, cuyo profesor de hebreo era un rabino, es conocido por afirmar: «Espiritualmente todos somos semitas».

        Juan XXIII y Pablo VI fueron cercanos colaboradores de Pío XII en la obra de rescate de los judíos durante la segunda guerra mundial.

        Juan Pablo II, fue el primer Papa que visitó la sinagoga de Roma y que rezó ante el Muro de las Lamentaciones

        Benedicto XVI ha realizado ya una histórica visita a la sinagoga de Colonia, en su Alemania natal, el pasado mes de agosto.

-.-

El gran muftí de Jerusalén colaborador de Hitler

Finaliza el libro con la historia y a los hechos relativos al gran muftí de Jerusalén, Hajj Amin al Husseini que, durante la segunda guerra mundial, visitó a Adolf Hitler en numerosas ocasiones; amigo de Adolf Heichmann, visitó el campo de concentración de Auschwitz e intervino en la radio alemana, declarándose de acuerdo con la eliminación de los judíos europeos para evitar el nacimiento de un Estado judío. 

          Frente al actual rebrote de antisemitismo, Dalin propone recuperar la verdad histórica y estudiar las condenas al racismo hechas por el magisterio de la Iglesia católica.

-.-

  * David G. Dalin, rabino judío, es profesor de Historia y Ciencias Políticas en la Ave Maria University de Naples, Florida. Previamente, fue profesor asociado en la Universidad de Hartford. Rabbi Dalin es autor o co-autor de varios libros. Sus artículos y críticas han aparecido en la American Jewish History, en Commentary, Conservative Judaism, First Things, the Weekly Standard, y en la American Jewish Year Book.

        Es licenciado por la Universidad de California en Berkekey, y obtuvo su máster y doctorado por la Brandeis University y su ordenación rabínica en el Seminario Teológico judío de América.

 

+++ 

 

Callar ante la injusticia y la mentira es hacerse cómplice de ellas. Puede entenderse tal postura en una situación en que hablar encierra grandes peligros, pero en la democracia no hay excusa. Los derechos se defienden ejerciéndolos, y la inhibición, precisamente, socava las libertades y ayuda a los demagogos.

Una voz del exterior de gran fuerza moral, sin embargo, en algunas circunstancias bien precisas, frente a totalitarismos, puede y debe callar (que no es ocultar o mentir), para no engendrar más peligro y posible victimas.

 

+++

 

 

 

 

Pedro, Obispo de Roma y mártir de la persecución de Nerón. Durante el período real y toda la época republicana, el territorio de la orilla derecha del Tíber era conocido como Ager Vaticanus y se extendía al norte hasta la desembocadura del Cremera y al sur, por lo menos hasta el Gianicolo. En época imperial, a partir del s. II d.C., se atestigua la presencia del topónimo Vaticanum que incluía una zona que corresponde, aproximadamente, a la del actual Estado de la Ciudad del Vaticano. En época romana dicha zona se hallaba fuera de la ciudad, ocupada por villas, los jardines de Agripina - madre del Emperador Calígula (37-41 d.C.) - y por amplias necrópolis ubicadas a lo largo de las principales calles. En los jardines de la madre, Calígula construyó un circo (Gaianum), más tarde reestructurado por Nerón (54-68 d.C.). A lo largo de la Via Trionfale, que desde Plaza San Pedro se dirige en dirección norte hacia Monte Mario, han sido excavados varios núcleos de tumbas. A lo largo de la Via Cornelia, que se dirigía en cambio en dirección oeste, surgía la necrópolis donde también se encuentra la tumba del apóstol Pedro, muerto durante la persecución de Nerón y sepultado en ese lugar. Su tumba fue meta de peregrinaciones y objeto de veneración desde el s. II d.C. La necrópolis fue luego sepultada durante la construcción de la basílica dedicada al apóstol según los deseos del Emperador Constantino (306-337 d.C.), y actualmente se puede visitar sólo parcialmente.

[En un lugar impreciso cerca de la Basílica vaticana surgía el santuario de la diosa frigia Cibeles, del cual proceden numerosos altares inscritos, que más adelante tuvo que ser cerrado a consecuencia de las disposiciones promulgadas por el Emperador Teodosio contra los cultos paganos en 391 y 392. Entre los numerosos altares inscritos hallados en aquel lugar, se halla (Museos vaticanos) un ara dedicada a Cibeles y Atis, con el pino sacro de Atis, un toro y un carnero, para recordar los sacrificios realizados, y objetos de culto. En dicha ara se encuentra la fecha precisa de la dedicatoria: 19 de julio de 374 d.C.].

 

 

+++

 

  

 

La guerra del cristiano es incesante, porque en la vida interior se da un perpetuo comenzar y recomenzar, que impide que, con soberbia, nos imaginemos ya perfectos.

 

Es inevitable que haya muchas dificultades en nuestro camino; si no encontrásemos obstáculos, no seríamos criaturas de carne y hueso.

 

Siempre tendremos pasiones que nos tiren para abajo, y siempre tendremos que defendernos contra esos delirios más o menos vehementes.

Advertir en el cuerpo y en el alma el aguijón de la soberbia, de la sensualidad, de la envidia, de la pereza, del deseo de sojuzgar a los demás, no debería significar un descubrimiento.

 

Es un mal antiguo, sistemáticamente confirmado por nuestra personal experiencia; es el punto de partida y el ambiente habitual para ganar en nuestra carrera hacia la casa del Padre, en este íntimo deporte.

 

Por eso enseña San Pablo: yo voy corriendo, no como quien corre a la ventura, no como quien da golpes al aire, sino que castigo mi cuerpo y lo esclavizo, no sea que habiendo predicado a los otros, venga yo a ser reprobado.

El cristiano no debe esperar, para iniciar o sostener esta contienda, manifestaciones exteriores o sentimientos favorables.

 

La vida interior no es cosa de sentimientos, sino de gracia divina y de voluntad, de amor. Todos los discípulos fueron capaces de seguir a Cristo en su día de triunfo en Jerusalén, pero casi todos le abandonaron a la hora del oprobio de la Cruz.

Para amar de verdad es preciso ser fuerte, leal, con el corazón firmemente anclado en la fe, en la esperanza y en la caridad.

Sólo la ligereza insubstancial cambia caprichosamente el objeto de sus amores, que no son amores sino compensaciones egoístas.

 

Cuando hay amor, hay entereza: capacidad de entrega, de sacrificio. de renuncia. Y, en medio de la entrega, del sacrificio y de la renuncia, con el suplicio de la contradicción, la felicidad y la alegría.

 

Una alegría que nada ni nadie podrá quitarnos.

En este torneo de amor no deben entristecernos las caídas, ni aun las caídas graves, si acudimos a Dios con dolor y buen propósito en el sacramento de la Penitencia.

 

El cristiano no es un maníaco coleccionista de una hoja de servicios inmaculada.

 

Jesucristo Nuestro Señor se conmueve tanto con la inocencia y la fidelidad de Juan y, después de la caída de Pedro, se enternece con su arrepentimiento. Comprende Jesús nuestra debilidad y nos atrae hacia sí, como a través de un plano inclinado, deseando que sepamos insistir en el esfuerzo de subir un poco, día a día.

 

Nos busca, como buscó a los dos discípulos de Emaús, saliéndoles al encuentro; como buscó a Tomás y le enseñó, e hizo que las tocara con sus dedos, las llagas abiertas en las manos y en el costado.

 

Jesucristo siempre está esperando que volvamos a El, precisamente porque conoce nuestra debilidad.

 

+++

 

No es, por lo demás, ninguna novedad que los lobos se vistan «con piel de oveja» (Mt 7,15). Pero el Señor y sus Apóstoles nos tienen ya muy avisados: «son falsos apóstoles, que proceden con engaño, haciéndose pasar por apóstoles de Cristo. Su táctica no debe sorprendernos, porque el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz» (2Cor 11,13-14). Sectas, a más engaños, más sectas.

 

Están los que dicen; “no hay religiones mejores ni peores”, lo cual es mucho decir, sobre todo si tenemos en cuenta que en la historia de las religiones nos encontramos con que algunas han admitido los sacrificios humanos, la esclavitud, las castas  o la prostitución sagrada, sólo por poner algunos ejemplos, sin necesidad de preguntar a las mujeres.

 

+++

 

ERROR - Pan nuestro de cada día es el error. Errar es humano, han repetido los clásicos hasta hoy. Sería complicado intentar rebatirlo. Perseverar en el error es diabólico, se añade a veces. Porque igualmente es cierto que nadie quiere el error por el error y menos aún que le engañen. Por eso los sabios se han preguntado siempre por las causas del error, ese «parto monstruoso» de la mente, que decía Tomás de Aquino. El error y la injerencia del no-ser en el discurso es una temática abordada por los principales filósofos desde Platón, pasando por Aristóteles, Tomás, hasta Kano y los analistas del lenguaje.

 

+++

 

PEREZA - «El conocimiento verdadero, conocido en cuanto verdadero, gracias o mediante la reflexión crítica, requiere de una diligente y sutil investigación. Ésta es la que falta en el pensamiento perezoso. Bien vista, la pereza no es causa del error, sino la ausencia de la causa de la verdad. Para que tenga lugar de hecho la verdad de nuestro conocimiento hemos de limitarnos a dejarnos llevar por el objeto. Este dejarse llevar no es en modo alguno una actitud pasiva. Por el contrario, como venimos diciendo, la preponderancia del objeto en su relación con nuestro conocimiento requiere de la reflexión crítica, esto es, de seguir la atenta marcha del conocimiento del objeto para detectar toda aquella influencia no cognoscitiva, que inhiera, perturbándola, en esta relación. La reflexión crítica, al detectar intenciones extrañas al objeto, incita a la voluntad para que las deseche, a veces con violencia, protegiendo la fuerza objetiva, conditio sine qua non del conocimiento verdadero. Esta limpieza de la inteligencia se realiza con denuedo, especialmente cuando se trata de desechar la información y la memoria, desviándonos a otros conocimientos análogos pero diferentes, y las pretensiones subjetivas del propio yo, que pretende engañarse a sí mismo pensando que sus circunstancias reales no son como son, sino como quiere que sean.

«En la pereza falta este denuedo, es decir, la lucha caracterológica para que las otras potentes fuerzas del alma no opaquen a la del objeto. La pereza es la causa más peligrosa del error, precisamente porque para que se dé no hay que hacer nada. Basta dejar que todas las demás fuerzas anímicas campeen libremente en el limpio espacio que se da que ha de darse entre el conocimiento y el objeto. Falta el dominio caracterológico que coloca en su lugar y en su función a cada uno de los movimientos del espíritu. Al dejarlas al desgaire, las desordenadas influencias que inhieren en nuestros naturales procesos, perturban la función que a cada uno de ellos le corresponde dentro del orgánico conjunto de la vida espiritual humana.

«Las consecuencias de ello en el conocimiento son graves. Siendo el conocimiento la tarea suprema del alma, todas las demás, dependientes de ella, se descomponen sin remedio hasta tanto no se logre que el proceso noético se someta dócilmente a las manifestaciones de la realidad objetiva. De ahí que el hombre afectado de pereza no es un individuo de fiar, pues le falta la primera cualidad que pedimos al ser humano como nota mínima en que se fundamenta toda personalidad. El perezoso es veleta movida por el viento de las circunstancias, es decir, carente del dominio de sí.»

 

+++

El Maestro ve dos barcas varadas en la ribera; los pescadores han bajado y lavan las redes. Él entonces pide permiso para subir a la barca de Simón y le ruega que la aleje un poco de tierra. Sentándose en esa cátedra improvisada, se pone a enseñar a la muchedumbre desde la barca (cf. Lc 5, 1-3). Así, la barca de Pedro se convierte en la cátedra de Jesús. Cuando acaba de hablar, dice a Simón: "Rema mar adentro, y echad vuestras redes para pescar". Simón responde: "Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra, echaré las redes" (Lc 5, 4-5).

 

San Ambrosio (hacia 340-397) obispo de Milán y doctor de la Iglesia Católica - Tratado sobre el evangelio de Lucas, 7, 86-87 

 

Marta y María acogiendo a la Sabiduría -    La virtud no tiene más que una cara. El ejemplo de Marta y María nos demuestra en las obras de una la dedicación activa y en la otra la atención piadosa del corazón a la palabra de Dios. Si esta atención está unida a una fe profunda, es preferible a las obras mismas: “María ha escogido la mejor parte y no se le quitará.” Esforcémonos, pues, nosotros también, para poseer lo que nadie nos podrá quitar jamás, prestando atención; porque sino, el mismo grano de la palabra divina puede ser arrebatado si cae en el borde del camino. (cf Lc 8,5.12)

        Sé, pues, como María, animado por el deseo de la sabiduría; es una obra mayor y más perfecta. Que las preocupaciones del servicio no te priven de aprender a conocer la palabra celestial. No critiques ni juzgues como holgazanes a los que vieras aplicarse a la sabiduría, porque Salomón, el pacífico, la invocó para que haga morada en su casa. (Cf Sg 9,10) Con todo, no se trata de reprochar a Marta sus buenos servicios, pero María tiene la preferencia por haber elegido la mejor parte. Jesús tiene muchas riquezas y las distribuye con largueza. La mujer más sabia ha escogido lo que había juzgado como más importante.
        En cuanto a los apóstoles, no prefirieron dejar la palabra de Dios para servir las mesas (He 6,2)  Las dos actitudes son obra de la sabiduría, porque Esteban, él también, estaba lleno de sabiduría y fue escogido como servidor... Porque el cuerpo de Cristo es uno; y si los miembros siendo diversos, tienen necesidad los unos de los otros. “El ojo no puede decir a la mano: No te necesito; ni la cabeza puede decir a los pies: No os necesito...” (1Cor 12,21)... Si algunos miembros son más importantes, los otros son, sin embargo, necesarios. La sabiduría reside en la cabeza, la actividad en las manos. “El sabio, dice el Eclesiastés, tiene sus ojos en la cabeza” (2,14) porque el auténtico sabio es aquel cuyo espíritu está en Cristo y cuyo ojo interior está mirando hacia las alturas.

 

+++

 

«Si el sacerdocio es un don y la Iglesia no es una empresa, ¿cómo se puede decir cuántos curas necesita y cuántos no necesita la Iglesia?. No es necesario dotarnos de un número determinado de dirigentes, precisamente porque no somos una empresa». Cardenal patriarca de Venecia, Angelo Scola, relator del Sínodo de los Obispos en curso en la Santa Sede. 2005-10-04

 

+++

 

La dictadura de los tolerantes  -  Los que tienen en la boca todo el día la palabra «tolerancia

El Papa ahora no ha hablado de la dictadura del relativismo, como entonces, sino de la dictadura de los tolerantes. Resulta, ha dicho el Papa, que en Occidente todo el mundo tiene derecho a hablar, pero cuando un obispo o una Conferencia Episcopal se atreve a expresar su opinión, le llueven las descalificaciones y los insultos. Así se comportan precisamente, los que tienen en la boca todo el día la palabra «tolerancia». Aquí en España sabemos algo de eso, porque la dictadura de los tolerantes está muy reforzada por el imperio mediático que controla buena parte de los medios de comunicación, y porque la izquierda vive de la demagogia de utilizar palabras grandilocuentes cuyo contenido no tiene intención de poner en práctica. Por lo que dice el Papa, el problema se está volviendo universal. Es una lástima, porque no nos va a quedar ni el recurso a emigrar. En todo caso, hay que agradecer a Dios que Benedicto XVI se atreva a decir las cosas por su nombre. Occidente es cada vez menos democrático. Y eso, como también ha dicho el Papa, se paga. Santiago MARTÍN  - 2005-10-04. Esp.

 

+++

Rogad, pues, al Dueño  de la mies que envíe obreros a su mies" (Mt 9, 37-38)

 

«Los aforismos son las golondrinas de la dialéctica».

«Vivir es gestar un ángel para alumbrarlo en la eternidad».

«Nada hay tan moderno como lo que no debe cambiarse».

 

+++

 

 

San Agustín (354-430) obispo de Hipona, doctor de la Iglesia
Sermón 303, para la fiesta de San Lorenzo

 

“...su generosidad dura por siempre.” (Sal 111,9)


         San Lorenzo era diácono a Roma. Los perseguidores de la Iglesia le pidieron que entregara los tesoros de la Iglesia. Por obtener el auténtico tesoro en el cielo, Lorenzo se expuso  a unos tormentos de crueldad inenarrable. Fue extendido sobre unas parrillas de fuego. Sin embargo, triunfó de todos los dolores físicos por la fuerza extraordinaria de su caridad y por los auxilios de Aquel que le sostuvo invencible. “Somos obra de sus manos, creados en Cristo Jesús, para realizar las buenas obras que Dios nos señaló de antemano como norma de conducta.” (cf Ef 2,10) .
      Esto provocó la cólera de los perseguidores... Lorenzo había dicho: “Mandad venir conmigo gente con carros para llevaros los tesoros de la Iglesia.” Le dieron unos carruajes y los cargó de los pobres y se presentó ante los jefes: “Estos son los tesoros de la Iglesia”.
       Nada más verdadero que esto, hermanos míos. En las necesidades de los pobres se encuentran las grandes riquezas de los cristianos, si comprendemos bien cómo hacer fructificar lo que poseemos. Los pobres están siempre entre nosotros. Si les confiamos nuestras riquezas no las perderemos.

 

+++

 

La Iglesia es siempre joven y el futuro siempre pertenece a la Iglesia. Todos los otros regímenes que parecían muy fuertes han caído, ya no existen, sobrevive la Iglesia; siempre un nuevo nacimiento pertenece a las generaciones. Confianza, ésta es realmente la nave que lleva a puerto”. Cardenal Ratzinger 2001.

 

+++

 

“Alegraos en el Señor siempre; lo repito: alegraos. Que vuestra bondad sea notoria a todos los hombres. El Señor está cerca. No os inquietéis por cosa alguna, sino más bien en toda oración y plegaria presentad al Señor vuestras necesidades con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa toda inteligencia, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Por lo demás, hermanos, considerad lo que hay de verdadero, de noble, de buena fama, de virtuoso, de laudable; practicad lo que habéis aprendido y recibido, lo que habéis oído y visto en mí, y el Dios de la paz estará con vosotros.” San Pablo en su carta a los Filipenses 4, 4-9vs.

 

+++

 

 

¡Que tu conducta nunca de motivos de injustificada inquietud a la creación, de la que tú eres el rey!

 

+++

 

Y San Agustín: “Interroga a la belleza de la tierra, interroga a la belleza del mar, interroga a la belleza del aire que se dilata y se difunde, interroga a la belleza del cielo… interroga a todas las realidades. Todas te responden: Ve, nosotras somos bellas. Su belleza es una profesión (‘confessio’). Estas bellezas sujetas a cambio, ¿quién las ha hecho sino la suma Belleza (‘Pulcher’), no sujeto a cambio?” (serm. 241,2).

33. El hombre: Con su apertura a la verdad y a la belleza, con su sentido de bien moral, con su libertad y a la voz de su conciencia, con su aspiración al infinito y a la dicha, el hombre se interroga sobre la existencia de Dios. En estas aperturas, percibe signos de su alma espiritual. La “semilla de eternidad que lleva en sí, al ser irreductible a la sola materia” (GS 18,1; cf. 14,2), su alma, no puede tener origen más que en Dios.

 

+++

 

Dios creó el mundo para manifestar y comunicar su gloria. La gloria para la que Dios creó a sus criaturas consiste en que tengan parte en su verdad, su bondad y su belleza.

 

+++

 

“Contemplando la creación, llegamos al conocimiento de la Trinidad como una sola sustancia. Captamos un solo Dios: Padre, de quien somos, Hijo, por quien somos, Espíritu Santo, en quien somos. Principio al cual recorremos; modelo que seguimos, gracia que nos reconcilia” San Antonio de Padua (hacia 1195 + 1231),

 

+++

 

Toda criatura posee su bondad y su perfección propias. Para cada una de las obras de los "seis días" se dice: "Y vio Dios que era bueno". "Por la condición misma de la creación, todas las cosas están dotadas de firmeza, verdad y bondad propias y de un orden" (GS 36, 2). Las distintas criaturas, queridas en su ser propio, reflejan, cada una a su manera, un rayo de la sabiduría y de la bondad Infinitas de Dios. Por esto, el hombre debe respetar la bondad propia de cada criatura para evitar un uso desordenado de las cosas, que desprecie al Creador y acarree consecuencias nefastas para los hombres y para su ambiente.

 

+++

 

“Cuando contemplo el cielo, obra de tus manos, 
la luna y las estrellas que has creado, 
¿qué es el hombre para que te acuerdes de él, 
el ser humano, para darle poder? 
Lo hiciste poco inferior a los ángeles, 
lo coronaste de gloria y dignidad”(Ps. 8).   

 

+++

 

Dijo Dios: «Produzca la tierra animales vivientes según su especie: ganados, reptiles y bestias salvajes según su especie». Y así fue. Dios hizo las bestias de la tierra, los ganados y los reptiles campestres, cada uno según su especie. Vio Dios que esto estaba bien. Gen. 1, 24-25

 

+++

 

“Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones” Biblia. Evangelio según San Lucas Cap.1º vs. 48. La Iglesia, hace XXI siglos fundada por Tu Hijo, te alaba, ¡Oh Madre plena de dicha y felicidad!

 

 

Gracias de la visita

VERITAS OMNIA VINCIT

LAUS TIBI CHRISTI.

 

Debido a la existencia de páginas excelentes sobre apologética y formación,  lo que se pretende desde aquí es contribuir muy modestamente y sumarse a los que ya se interesan por el Evangelio de Cristo de manera mucho más eficaz.

 

 

 

Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cuál es Jesucristo"  (1° Corintios 3:11) Así siempre nos enseña la Iglesia.

 

“Por consiguiente, la fe proviene de la predicación, y la predicación es el mensaje de Cristo”. San Pablo en ‘Romanos 10:17’. “El que os escucha a vosotros me escucha a mí; y el que os rechaza a vosotros rechaza a mí; y el que rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado” Dice Jesús en el evangelio según San Lucas 10,16. La Iglesia –solo ella- en la sucesión apostólica predica a Jesucristo hace 2000 años.

 

Aspiramos a superarnos, a corregirnos, a hacer bien lo que todavía hacemos mal, a dejar de hacer mal lo que ya deberíamos hacer mejor que nadie. Tenemos aún muchos defectos, y por ello pedimos públicamente disculpas a nuestros lectores.

 

Compendio del Catecismo de la Iglesia católica
La fe de los sencillos - Una síntesis fiel y segura del Catecismo de la Iglesia católica. Contiene, de modo conciso, todos los elementos esenciales y fundamentales de la fe de la Iglesia. 2005.
¡No falte en el bolsillo de cada cristiano para aprenderlo!

Creer, celebrar, vivir y orar, esta y no más es la fe cristiana desde hace 2000 años, enseñada por la Iglesia Católica sin error porque Cristo la ilumina y sólo Él la guía. 

Recomendamos vivamente: ‘Vida y destino’ de Vasili Grossman - Galaxia Guttenberg Círculo de Lectores publica Vida y destino, de Vasili Grossman, que en este impresionante millar de páginas consigue conmover y emocionar al lector. Es un friso de vida, mezcla de novela y ensayo sobre la fe, la ciencia, la amistad, el amor, el bien y el mal. Las páginas sobre la Navidad en el sitio de Stalingrado, o la descripción de las cámaras de gas de los campos de exterminio nazis, son inolvidables. En el sectario ejercicio de memoria histórica al que nos vemos sometidos, este libro ha pasado como de tapadillo. Spielberg tiene, si quiere, en estas páginas un peliculón tan admirable como el de su famosa Lista de Schindler. Esta gran novela ha sido comparada con obras maestras como Doctor Zhivago, o Guerra y paz. Este libro es un insuperable homenaje a los millones de víctimas de la Revolución bolchevique y del comunismo soviético, cuya autocrítica y obligada petición de perdón brilla por su ausencia. Tal vez este escritor y periodista ruso, que cubrió con sus crónicas la batalla de Stalingrado y que fue el primero en dar la noticia al mundo de la existencia de los tenebrosos campos nazis de exterminio, hubiera hecho mejor escribiendo menos páginas, pero lo que hubiera ganado en aceptación lo hubiera perdido en justicia. En todo caso, impresiona, como destilado final de estas páginas, la fortaleza del alma humana ante el terror más desatado y ante la innoble e inhumana ofensiva del desmoronamiento moral e ideológico. 2007-


La cruz es el signo de la realeza de Cristo, una supremacía que consiste en la victoria de la voluta del amor de Dios Padre sobre la desobediencia del pecado. 22. XI 2009 Benedicto PP XVI.

Imprimir   |   ^ Arriba

'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).