Friday 28 April 2017 | Actualizada : 2017-03-29
 
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"Recordemos que en el juicio de Nüremberg fueron juzgados y castigados magistrados alemanes que habían aplicado leyes nazis inicuas y fueron castigados, no por haberlas aplicado mal, sino precisamente por haberlas aplicado".

 

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Callar ante la injusticia y la mentira es hacerse cómplice de ellas. Puede entenderse tal postura en una situación en que hablar encierra grandes peligros, pero en la democracia no hay excusaLos derechos se defienden ejerciéndolos, y la inhibición, precisamente, socava las libertades y ayuda a los demagogos.

Una voz del exterior de gran fuerza moral, sin embargo, en algunas circunstancias bien precisas, frente a totalitarismos, puede y debe callar (que no es ocultar o mentir), para no engendrar más peligro y posible victimas.

 

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Europa e Iglesia - ¿Subsistirán la libertad, la igualdad, los derechos, la democracia, sin los supuestos cristianos en que descansan y a los que debe la civilización europea el ser la única liberal y universalista que ha existido?. El declive del cristianismo europeo, ¿forma parte de la crisis o decadencia intelectual, moral y política de Europa o se trata de fenómenos independientes? ¿Puede ser la crisis del cristianismo una causa principal de la descivilización europea o es la descivilización de Europa la causa del marasmo a aquel? ¿Qué influencia tiene el estatismo neutral y agnóstico y en buena medida nihilista, acosado por poderes indirectos de toda laya, en la situación del cristianismo? MMVI

 

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Europa - Las viejas ideologías se han revelado ineficaces para dar respuesta a los interrogantes más profundos del hombre. El vacío dejado por las ideologías lo ocupa una razón desencantada, que no se atreve a mirar a la verdad de frente, que se contenta con soluciones parciales a los problemas del hombre, y que en definitiva no resuelven nada. En esta encrucijada histórica, el Evangelio se presenta como la única alternativa posible capaz de crear una cultura nueva que responda a las expectativas más hondas del hombre, y por tanto, devolverle la esperanza.
La Universidad, como lugar privilegiado de creación de cultura y de forja de pensamiento, tiene una importancia estratégica para la Iglesia en esta hora
. La Iglesia, que ha creado la Universidad, tiene mucho que aportar: un modelo de universidad humanista, que busque no sólo informar, sino formar; no sólo tener más, sino ser mejor; que ofrezca no sólo conocimiento, sino también sabiduría. Una universidad libre de la esclavitud de las ideologías o de la economía, capaz de abrirse al hombre concreto y al mundo.

 

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Evangelización para la dignidad de la persona. - En Santo Toribio descubrimos el valeroso defensor o promotor de la dignidad de la persona. Frente a intentos de recortar la acción de la Iglesia en el anuncio de su mensaje de salvación, supo defender con valentía la libertad eclesiástica.

El fue un auténtico precursor de la liberación cristiana en vuestro país. Desde su plena fidelidad al Evangelio, denunció los abusos de los sistemas injustos aplicados al indígena; no por miras políticas n? por móviles ideológicos, sino porque descubría en ellos serios obstáculos a la evangelización, por fidelidad a Cristo y por amor a los más pequeños e indefensos.

Así se hizo el solícito y generoso servidor del indígena, del negro, del marginado. E supo ser a la vez un respetuoso promotor de los valores culturales aborígenes, predicando en las lenguas nativas y haciendo publicar el primer libro en Sudamérica: el catecismo único en lengua española, quechua y aymara.

Es éste un válido ejemplo al que habéis de mirar con frecuencia, queridos hermanos, sobre todo en un momento en el que la nueva evangelización ha de prestar gran atención a la dignidad de la persona, a sus derechos y justas aspiraciones. Febrero 02 del 1985 – S.S. Juan Pablo II – Magno

 

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HISTORIA - Para adentrarse en la época de la gran gesta hispánica [1492-1592] y analizar la magnitud del descubrimiento, es necesario penetrarlo estudiando el contexto histórico; solo así podremos llegar a un discernimiento moderado y con el sentimiento sano del deber o de una conciencia objetiva. Con este objetivo presentamos tantos temas y acontecimientos -aparentemente- en discontinuidad.

 

Para no caer en el anacronismo, es necesario tener la humildad y la inteligencia de leer los hechos del pasado no con las categorías mentales de hoy, más, dentro el marco histórico temporal en que se efectuaron. 

 

Al igual que ocurre con cualquier otra expresión de la mente humana, quizás la objetividad plena es imposible, pero lo que se le pide a cualquier intelectual honrado es que, cuando menos, haga el esfuerzo de buscarla, tenga la valentía de acercarse serena y responsablemente al mayor grado de objetividad histórica posible.

 

¿Quién ignora, que son innumerables las personas de uno, y otro sexo, a quienes contiene, para que no suelten la rienda a sus pasiones el temor del qué dirán? Este temor ya no subsistirá en el caso de que no haya murmuradores en el mundo, que son los que dicen, los que hablan, y aun los que acechan los pecados ajenos. Luego esos innumerables de uno, y otro sexo, faltando el freno de la infamia, o descrédito a que los expone la murmuración, desenfrenadamente se darán a saciar sus criminales pasiones.

 

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SUCESOS - Es bueno valorar acontecimientos y hechos que han sucedido en el pasado, reflexionar sobre ellos, para caminar con los talentos de la historia como bastón de guía.

 

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La historia no puede hacerse sin acudir a las fuentes. Estas fuentes son testimonios, y, como tales testimonios, pueden ser parciales. Para el estudio de los tres primeros siglos del cristianismo, las fuentes son escasas. Pero en este período que estudiamos —especialmente en el siglo IV— son muy numerosas. La abundancia de los escritos de este período se debe probablemente al hecho de que en él la educación retórica era tenida en grandísima consideración y permitía subir fácilmente en la escala social. Hablar hoy de retórica presenta una gran carga peyorativa, mas en aquella época no era así. De hecho, la educación que se recibía entonces se dividía en dos grandes momentos: gramática —correspondería a la escuela media— y retórica —estudios ya universitarios—. Había no sólo que decir las cosas, sino decirlas bien. Y para expresarse bien había que tener un buen conocimiento de los clásicos. Los hombres eminentes tenían la posibilidad de llegar muy alto en la escala social. Esto ocurría así hasta que, a causa de las reformas de Diocleciano y de Constantino, se impuso un orden social más estable para garantizar las ganancias fiscales.

Naturalmente las obras de mayor interés para la historia de la Iglesia son aquéllas de carácter religioso. Mas conviene tener presente la importancia que para el mismo propósito revisten también los autores paganos: en primer lugar, ellos nos permiten conocer mejor el contexto histórico-político y cultural en el cual se desarrollan los acontecimientos de la Iglesia; en segundo lugar, a tales acontecimientos los mismos autores hacen a veces referencia, revelando así su punto de vista diverso. Cultura profana y cultura cristiana, en cambio, fueron tal vez muy cercanas entre ellas: el filósofo pagano Temistio, por ejemplo, estuvo al servicio de emperadores cristianos; y Juliano, antes de volverse pagano, había recibido una educación cristiana.

 

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Responde el experto padre Pierre Blet

 

En el curso de la investigación sobre la actividad de asistencia a los judíos desarrollada por la Iglesia, tuve la suerte de encontrarme con el padre Blet, y desde el principio me impresionó su competencia, su inteligencia y su cortesía.

Su familiaridad con el periodo histórico del Tercer Reich me ha dado la oportunidad de profundizar en los temas más controvertidos.

Los historiadores modernos pasan en silencio sobre el tema del papel del papado en las relaciones internacionales, sobre todo en el periodo precedente y durante la segunda guerra mundial. Esta postura favorece la difusión de muchas fábulas, seguramente interesantes, pero alejadas de la realidad. Sobre todo si se tiene en cuenta todo lo que la Santa Sede hizo por impedir que se desencadenase la guerra en 1939, y el papel jugado por Pío XII en la ayuda a las víctimas de la guerra.

«Cuando en marzo de 1939 Pío XII se convirtió en papa -cuenta Blet-, el mundo estaba en paz. E indudablemente, a través de discursos solemnes, llamadas a los gobiernos, a los dirigentes políticos y la diplomacia secreta, él intentó como nadie en el mundo impedir la guerra y restablecer la paz.

»Pocos recuerdan que él propuso, en mayo de 1939, una conferencia entre Italia, Francia, Gran Bretaña, Alemania y Polonia para impedir el conflicto. Las respuestas negativas de algunos gobiernos no desanimaron al papa que, incluso al precipitarse la situación con el pacto germano-soviético, intentó intervenir. El 23 de agosto a las 19.00 horas, el papa habló por Radio Vaticana a los gobernantes del mundo insistiendo en que "Nada se pierde con la paz. Todo se pierde con la guerra". Sin embargo, pocos días después las tropas de la Wehrmacht cruzaron las fronteras polacas.

»Pío XII intentó entonces mantener a Italia fuera de la guerra. El 21 de diciembre se encontró con el rey Víctor Manuel y la reina Elena. Y no obstante, aunque no se contemplara en el protocolo, él mismo intercambió la visita, con la intención de convencer a los soberanos a permanecer fuera del conflicto. Cuando Joachim von Ribbentrop vino a Roma en 1940, Pío XII quiso recibirlo en audiencia para exponerle las razones de la paz. Concertó además una doble intervención, una carta suya y otra del presidente americano Franklin Delano Roosevelt al jefe del gobierno italiano para persuadirlo de que no entrara en la guerra. Pero todo fue en vano.

»Algunos sostienen que Pío XII tenía simpatías filogermánicas...

»No es verdad. Por un documento del Foreign Office resulta que Pío XII estaba en contacto con los generales alemanes que querían derrocar a Hitler. Pío XII transmitió a Londres la propuesta de los generales alemanes que querían derrocar al dictador y pedían garantías para una paz honorable. Pero los ingleses no se fiaron y dejaron caer en saco roto la propuesta.

«Resulta, además, por un documento que he encontrado en el archivo de la embajada de Francia en Roma, que, en mayo de 1940, Pío XII hizo llegar secretamente a los embajadores de Francia e Inglaterra la fecha exacta en la que comenzaría la ofensiva alemana. Una información de importancia vital que Pío XII no tuvo dudas en comunicar.

»Se echa en cara a Pío XII el no haber hecho una denuncia pública del nazismo.

»Pío XII consideró varias veces la posibilidad de hacer una denuncia pública del nazismo. Pero sabía también que ponía en riesgo la vida de muchas personas. Ya había ocurrido después de la publicación de la Mit brennender Sorge,[18] y había tenido la oportunidad de ver que no había producido beneficio alguno, al contrario, la situación se había agravado. Pío XII sabía que una declaración pública "debe ser considerada y sopesada con seriedad y profundidad, en el interés de aquellos que más sufren".

«Incluso la Cruz Roja llegó a las mismas conclusiones: "Las protestas no sirven y, es más, podrían producir daño a las personas que se intenta ayudar."

»A este propósito, el americano Robert M. W. Kempner, fiscal en el Tribunal de Nuremberg contra los crímenes de guerra, ha escrito: "Todos los argumentos y los escritos de propaganda utilizados por la Iglesia católica contra Hitler habrían conducido sólo a un suicidio. A la ejecución de los judíos se habría unido la de los sacerdotes católicos."

»De hecho, una posible declaración pública de Pío XII habría dado pie a presentar al Santo Padre como enemigo de Alemania. Pío XII, como pastor que era, no podía desentenderse de los católicos alemanes. Al mismo tiempo, el papa no se hacía ilusiones sobre las intenciones del Tercer Reich. Mientras el papa permanecía en silencio, la Secretaría de Estado, las delegaciones apostólicas y toda la Iglesia llevaban a cabo una extensa acción de ayuda a los judíos y a las víctimas de la guerra.

»Una de las acusaciones contra Pío XII es la de no haber hecho lo suficiente por los fugitivos judíos.

«Se trata de una calumnia. Los volúmenes 8, 9 y 10 de las Actes et Douments du Saint-Siège relatifs à la Seconde Guerre Mondiale están llenos de documentos en los que las comunidades judías, los rabinos de medio mundo y otros fugitivos agradecen a Pío XII y a la Iglesia católica las ayudas y todo lo hecho en su favor. Además, el padre Robert Leiber, secretario particular de Pío XII, me ha confirmado que el papa Pacelli usó su fortuna personal para ayudar a los judíos perseguidos por los nazis.

»En Croacia, Hungría y Rumania, los nuncios papales bajo solicitud directa de Pío XII lograron suspender varias veces las deportaciones.

»En su mensaje navideño de 1942, Pío XII denunció todas las crueldades de la guerra, la violación del derecho internacional que permitió crímenes al límite del horror y evocó a "los centenares de personas que, sin ninguna culpa, sólo por su nacionalidad o su raza, son destinadas a la muerte". El 2 de junio de 1943, en su alocución consistorial, Pío XII volvió otra vez sobre el tema hablando de aquellos "que a causa de su nacionalidad o de su raza están destinados al exterminio, y advirtió que nadie puede seguir violando las leyes de Dios impunemente".

»Pío XII no se preocupó sólo de los judíos, extendió la acción caritativa de la Iglesia a todas las víctimas de la guerra, sin distinciones de nacionalidad, de raza, de religión o de partido. Pío XII procedió silenciosa y discretamente a riesgo de parecer pasivo e indiferente, pero llevó ayuda segura a las víctimas de la guerra.»

Agradecemos al autor Antonio GASPARI.

Notas

[18] AAS 29 (1937), pp. 145-167, Mit brennender Sorge (Con grandísima preocupación). Toma de posición de Pío XI contra el nacionalsocialismo, con fecha del 14 de marzo de 1937. Para el texto íntegro véase también: Enchiridion delle Encicliche. Pio XI (1922-1939), Edizioni Dehoniane, Bolonia, 1995.

http://www.conoze.com/doc.php?doc=3959

 

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EE.UU y Gran Bretaña presionaron a Pío XII para que guardara silencio ante la brutalidad nazi

Estados Unidos y Gran Bretaña presionaron a Pío XII para que guardara silencio ante la brutalidad nazi con el fin de evitar que su protesta tuviera otras consecuencias, según revelan documentos hasta ahora inéditos, descubiertos por la Fundación Pave the Way. Estas revelaciones permiten comprender mejor las circunstancias en las que actuó el papa Eugenio Pacelli.

 

(Zenit/InfoCatólica) Entre los documentos descubiertos por la Fundación Pave the Way, fundada por el estadounidense judío Gary Krupp, aparecidos en los archivos de los Estados Unidos, se encuentra la correspondencia entre el representante británico ante la Santa Sede, sir D´Arcy Osborne, y Myron Taylor, representante del presidente de los Estados Unidos Franklin D. Roosevelt ante el Vaticano.

En la misiva, firmada por Franklin C. Gowen, asistente de Taylor, el 7 de noviembre de 1944, a las 12.45, se explica que D´Arcy Osborne “llamó y dijo que tenía miedo de que el Santo Padre lanzara un llamamiento por radio a favor de los judíos de Hungría y que en su llamamiento criticara el que lo que los rusos están haciendo en los territorios ocupados”.

“Sir D´Arcy dijo que habría que hacer algo para imponerse al Papa y lograr que no lo hiciera, pues esto tendría repercusiones políticas muy graves”, añade el diplomático estadounidense.

Documentos destruidos

“Otro documento sobre la ayuda a los refugiados judíos afirma con claridad que la carta debía ser destruida para evitar que cayera en las manos de los enemigos”, ha explicado Krupp en un comunicado enviado a ZENIT.

En una carta dirigida por D´Arcy Osborne el 20 de abril de 1944 a Harold Tittman, asistente de Myron Taylor, el representante británico ante el Vaticano pide destruir documentos enviados para ayudar a a organizaciones estadounidenses judías, pues podría poner en peligro la vida de quienes los han entregado, y en concreto menciona el peligro que corre un sacerdote de nombre “Benedetto”.

Gary Krupp ha explicado que “este gesto fue aplicado comúnmente durante la guerra y todavía hay algunos críticos que parecen no comprender que es el motivo por el que tantas órdenes escritas fueron destruidas”.

Ha participado en el hallazgo de estos documentos Ronald Rychlak, profesor de Derecho en la Facultad de Derecho de la Universidad de Mississippi, y autor de libros sobre Pío XII.

Otros documentos

Por su parte, Dimitri Cavalli, periodista, investigador y colaborador de la fundación Pave the Way, ha encontrado documentos sumamente significativos de la agencia internacional JTA (Jewish Telegraph Agency).

Un despacho de agencia, del 28 de junio de 1943, informaba las denuncias de Radio Vaticano sobre el trato que estaban recibiendo los judíos en Francia.

Cavalli ha encontrado el número publicado el 19 de mayo de 1940 por la revista Jewish Chronicle, de B´nai B´rith (asociación judía de acción social) en la que Pío XII aparece en la portada y cuyo artículo revela cómo el papa estaba contratando a profesores judíos que habían sido expulsados de las instituciones italianas por las leyes raciales de Benito Mussolini.

La JTA el 15 de enero de 1943 informaba sobre la respuesta que ofreció el cardenal Pierre-Marie Gerlier, arzobispo de Lyón, a las autoridades nazis que ofrecieron dejar en paz a la Iglesia católica si se callaba ante el trato que sufrían los judíos.

El cardenal respondió al comandante nazi: “usted no sabe que el Santo Padre (el papa Pío XII) ha condenado las leyes antisemitas y todas las medidas antijudías”. Con esta frase, concluyó la cita.

La revista judía “Advocate” del 5 de febrero de 1943 publicó este titular: “Cardenal húngaro ataca las teorías raciales”, en referencia al duro discurso pronunciado por el cardenal Jusztinián Györg Serédi, O.S.B., arzobispo de Esztergom-Budapest.

El pronunciamiento, que recibió eco en Radio Vaticano, condenó con fuerza las teorías raciales nazis y pidió que Hungría proteja a “todos los que están amenazados a causa de sus creencias o raza”.

En la misma página puede leerse un artículo breve en el que se explicaba cómo Mussolini estaba haciendo menos duras las leyes raciales con el objetivo de retomar relaciones con el Vaticano.

El Jewish Chronicle de Londres, del 9 de septiembre de 1942, informaba que Joseph Goebbels, ministro de Propaganda de la Alemania nazi, imprimió diez millones de panfletos en varios idiomas, que fueron distribuidos en Europa y América Latina, condenando a Pío XII por su posición de pro-judía.

Gary Krupp aclara a ZENIT que estos documentos no son más que una gota en el mar de las 46 mil páginas de artículos informativos, documentos originales, material de investigación, y testimonios oculares que confirman la obra de ayuda de Pío XII a los judíos y que han sido publicados por la Fundación Pave the Way.

Este material, así como vídeos con testimonios históricos puede consultarse en www.PTWF.org

14. V. MMXI

 

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Reacción vaticana al libro sobre Pío XII

 

El anuncio de la publicación del libro «Hitler´s Pope», en el que el autor John Cornwell sostiene que el Papa Pío XII ayudó a Adolf Hitler a tomar el poder, ha desencadenado un coro de críticas por parte vaticana, incluso porque parece evidente que las calumnias contra Pío XII tienen como objetivo sobre todo atacar a la Santa Sede y el Papado en especial. No es casualidad que Cornwell dedique el último capítulo de su libro a criticar la obra de Juan Pablo II.

Respecto al libro de Cornwell, el padre Georges Cottier, teólogo de la Casa Pontificia, estrecho colaborador de Juan Pablo II, y presidente de la Comisión Histórica del Jubileo, ha declarado que se trata de «calumnias, vergonzosas calumnias». «Son ya cuarenta años --ha añadido-- que acusaciones de todo tipo se vuelcan contra la memoria del pontífice desaparecido en 1958, pero cada vez no logro encontrar una explicación a este encarnizamiento».

«Contra el Papa Pío XII se asiste a un escandalismo continuo, deshonesto», ha añadido el padre Cottier, precisando que por su parte la Santa Sede, por voluntad de Pablo VI, en 1965, puso en marcha el proceso de beatificación de Pacelli. «No sé decir cuando concluirá la causa --ha dicho el teólogo-- pero está en un buen punto, en vías de concluirse. Este proceso rendirá honor a un Papa valiente».

Sobre la tesis expresada por Cornwell de que Pacelli habría sido «un elemento clave en ayudar a Hitler a conquistar el poder», el historiador de la Iglesia, Giacomo Martina, jesuita, que enseña en la Universidad Gregoriana, ha afirmado que «esta tesis es ya vieja y yo la considero vergonzosa. ¿Cómo se podría conciliar, por ejemplo, con el hecho de que en 1940 el Papa tuvo conocimiento de los planes de la resistencia alemana para abatir a Hitler y decidió pasarlos a las autoridades inglesas? Para comprender la postura cauta del Papa en la denuncia de la persecución antijudía, sería en cambio útil analizar la análoga cautela mantenida por los aliados. Las mismas razones de prudencia guiaron al uno y a los otros».

Respecto al hecho de que Cornwell basa su afirmación, sobre la ayuda de Pacelli a Hitler, en el concordato de 1933 entre la Santa Sede y el Tercer Reich, el padre Martina explica: «Pero en 1933 Hitler ya tenía todo el poder. Aquél concordato tiende a poner las bases de una defensa esencial de la libertad de la Iglesia en un régimen opresivo que ya existía».

Cornwell publica una carta del joven Pacelli que contiene pasajes de sabor «antisemita» y documenta sobre el uso de análogas expresiones en conversaciones privadas tras su elección como Papa. «Tengo curiosidad por leer todo esto --dice el historiador jesuita--. Pero temo que se trate de la característica tendencia de los escritores de bestsellers de actualidad a deducir demasiado de demasiado poco». ¿Qué decir de la tendencia de Cornwell a negar que Pío XII haya organizado la salvación de los judíos, haciendo que se les abrieran las puertas del Vaticano y de las casas religiosas? «Que es totalmente aberrante --replica Martina--. Hay una vastísima literatura, de tipo memorialístico, principalmente de mano judía, que documenta aquella actuación».Zenit. - ZS99090901 - 2002

 

 

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‘El mito del Papa de Hitler’, del rabino David G. Dalin. Su subtítulo: Cómo Pío XII salvó a los judíos de los nazis, resume sus 230 sugestivas páginas. El autor demuestra que jamás Pío XII tuvo una alianza con Hitler, y revela que sí hubo un clérigo en alianza con el dictador nazi, el gran Muftí de Jerusalén, Hajj al-Husseini. Son páginas, impactantes por su impresionante documentación, que van desmontando los mitos y falsedades históricas en torno a Pío XII, a la vez que detallan la tradición histórica de los Papas a favor de los judíos desde el año 500. Libro lleno de interés para quien desee conocer la realidad en un momento en el que medios de comunicación en Occidente no dejan de intentar denigrar a Pío XII y a la Iglesia católica, burda campaña que empezó con la propaganda comunista, descalificadora del sólido anticomunismo de aquel gran Pontífice. MMVI.

 

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Los expertos rebaten un libro que

acusa a Pío XII de pro-nazismo

 

«El libro de Cornwell es muy confuso. No se trata de un verdadero análisis histórico. Faltan los documentos que sostengan sus tesis. Se hacen acusaciones gravísimas a Pío XII sin la prueba de los hechos». La crítica feroz, neta y decidida del libro «Hitler´s Pope» (El Papa de Hitler: historia secreta de Pío XII), escrito por el británico John Cornwell y presentado en manera polémica por el mensual norteamericano «Vanity Fair», la hace el padre Pierre Blet que junto a Angelo Martini, Burkhart Schneider y Robert A. Graham realizó, por encargo del Papa Pablo VI, la publicación de los doce volúmenes: «Actas y documentos de la Santa Sede durante la Segunda Guerra Mundial».

El padre Blet es un historiador competente y autorizado. Cuando en marzo de 1998, los periodistas preguntaron a Juan Pablo II, en viaje hacia Nigeria, una opinión sobre los presuntos silencios de Pío XII, el Pontífice respondió: «Se ha dado ya una respuesta satisfactoria, basta leer al padre Blet». A la distancia de más de un año, pocos han seguido el consejo del Papa, muchos más en cambio han preferido seguir creyendo en exageraciones más o menos fantásticas sobre el asunto. Zenit ha entrevistado a este autorizado experto en el tema para tener una opinión autorizada sobre el libro de Cornwell.

 

Zenit.- Según Cornwell, Pacelli habría favorecido el ascenso de Hitler porque en la firma del Concordato entre la Santa Sede y Alemania habría aceptado la condición de la disolución del Partido del Centro, cancelando así toda oposición a la toma del poder por parte de los nazis.

Padre Blet.- Aparte del hecho de que entonces era Papa Pío XI --explica el padre Blet-- sobre el que debería recaer la eventual responsabilidad de un acto tal, no existe ninguna prueba que apoye esta tesis. Parece en cambio que Pacelli estuviera muy disgustado por la decisión de los católicos alemanes de disolver el Partido del Centro. Basar sobre esta «hipótesis» las acusaciones contra Pacelli como sostenedor del nazismo me parece francamente exagerado.

 

Zenit.- ¿Y qué decir de la firma del Concordato con el Tercer Reich?

Blet.- ¿Qué otra cosa se podía hacer para defender a la Iglesia en Alemania? Rechazar el Concordato con los nazis habría significado abandonar a los católicos en las manos del nuevo poder y no habría habido ninguna posibilidad de defensa.

 

Zenit.- Cornwell sostiene que Pacelli era antisemita.

 

Blet.- Sobre la relación entre Pío XII y los judíos, el autor británico deja a un lado muchas cosas. Cita sólo la documentación contraria a Pío XII y evita sistemáticamente las manifestaciones de agradecimiento de muchos judíos salvados por la Iglesia. Por lo que se refiere a los silencios, sabemos claramente que una protesta pública contra el nazismo habría sido un desastre no sólo para los católicos sino sobre todo para los judíos. Cornwell dice que la única protesta pública de Pío XII fue aquella de la Navidad de 1943 y no cita la exhortación consistorial del 2 de junio de 1943, cuando Pío XII protestó enérgicamente en defensa de gente mandada a la muerte sin culpa. En esta misma intervención, Pío XII explicó que la protesta no podía ser más fuerte «porque debemos tener cuidado de no perjudicar a aquellos que queremos salvar».

 

Zenit.- Cornwell afirma que Pío XII estaba convencido de la conexión entre judíos y bolcheviques.

Blet.- Es una vieja historia. Se acusa a Pío XII de haber estado obsesionado por los comunistas y por este motivo no habría visto el peligro nazi. En realidad era bien consciente del peligro comunista y del nazi. En relación a los bolcheviques, cuando los católicos norteamericanos presentaron el problema de la colaboración económica con la Unión Soviética, Pío XII intervino diciendo que las prohibiciones contenidas en la encíclica contra el comunismo no valían en esta circunstancia. Mostrando en este modo que razonaba sin esquemas ideológicos.

 

En realidad, creo que el libro de Cornwell no mira sólo a desacreditar a Pío XII. Se trata de hecho de un ataque a la concepción católica del Papado. En el libro, en efecto, protesta contra el nombramiento de los obispos decidido por el Papa. Critica la declaración de infalibilidad del Concilio Vaticano e incluso habla contra la definición de los dogmas marianos. Cornwell sostiene que todos los Papas son dictadores. En el último capítulo critica a Juan Pablo II, que a su juicio dirige la Iglesia en manera más autoritaria que Pío XII.

 

Zenit.- Edicicines Paulinas han anunciado apenas la publicación del libro «Pío XII y la Segunda Guerra Mundial», escrito por usted. ¿Puede ilustrarnos sobre el contenido?

 

Blet.- A diferencia de Cornwell, yo me he atenido estrictamente a los documentos. Es una síntesis de los doce volúmenes de documentos publicados por la Editora Vaticana, donde se puede ver día a día, hora a hora, lo que la Santa Sede hizo durante el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial. Resalta en especial cómo Pío XII trató por todos los medios de buscar la paz, primero tratando de avitar la ocupación de Polonia, luego tratando de mantener fuera del conflicto a Italia. La diplomacia vaticana trabajaba con la ayuda de Ciano para convencer a Mussolini de que abandonara el Eje.

Por lo que se refiere a la relación con los judíos, en los documentos se ve claramente cómo Pío XII consideró cual fuese el modo mejor para ayudarles. Quería hacer una declaración pública, pero incluso la Cruz Roja lo desaconsejó porque una declaración pública no sirve para nada, sobre todo para regímenes como el de Hitler y más que nada habría podido perjudicar mucho más justamente a aquellos que quería ayudar.

 

En mi libro se ve también cómo Pío XII dedicó mucha atención a la situación de los católicos alemanes. Una declaración contra Alemania habría provocado el fin de la relación con el Papa y habría hecho el juego a la propaganda nazi que señalaba a Pío XII como un enemigo de Alemania. El Papa Pacelli conocía bien la naturaleza del nazismo. El hijo del embajador francés en Roma ha contado que durante una invitación a comer, uno de los invitados observó que quizá era mejor tener a Hitler en el poder que a los generales prusianos. Pacelli intervino diciendo: «Usted no sabe lo que está diciendo. Los generales prusianos tienen sus defectos, pero los nazis son diabólicos». ZENIT. ZS99090801

 

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Entrevista con el padre Peter Gumpel, postulador de la causa de beatificación


ROMA, miércoles, 3 marzo 2004).- El pasado 20 de febrero, el neozelandés Peter Godman, profesor de Edad Media latina y Renacimiento en la Universidad de Tubinga, presentó en Berlín el libro «Der Vatikan und Hitler – Die geheimen Archive» («El Vaticano y Hitler – Los archivos secretos»), un título que según el padre Peter Gumpel, s.j., relator de la causa de beatificación de Pio XII, «es exagerado respecto al trabajo desarrollado y los documentos citados».

El nuevo volumen es muy crítico frente a los pontífices Pío XI y Pío XII, sobre todo respecto a lo que según Godman la Santa Sede debería haber hecho contra el nazismo y en defensa de los judíos. La edición en inglés del libro de Godman saldrá a la venta este mes.

«Godman ha trabajado sólo sobre escasos documentos relativos al pontificado de Pío XI; ¿cómo presenta un estudio sobre las relaciones entre el Vaticano y Hitler?», cuestiona el historiador.

En esta entrevista concedida a Zenit, el padre Gumpel, uno de los mayores expertos en la historia de las relaciones entre Iglesia y nazismo, tras haber leído el libro, comparte sus impresiones sobre el trabajo.

--La tesis central del libro de Godman se basa en el hecho de que la Santa Sede había hecho poco contra el nazismo porque el Santo Oficio y la Secretaría de Estado tenían líneas divergentes y carecían de contacto entre sí...

--P. Peter Gumpel: Para quien conozca cómo funciona el gobierno de la Santa Sede es evidente que ésta es una tesis absurda. Es evidente que Godman no tiene idea de cómo se trabaja en la Santa Sede. ¿Cómo habría hecho el Santo Oficio para expresar pareceres sobre una cuestión tan delicada como la de las relaciones con el régimen nazismo sin haber antes consultado con la Secretaría de Estado?

Godman además tal vez desconoce que en aquellos años el Papa desempeñaba también el cargo de Prefecto del Santo Oficio. Tanto Pío XI como Pío XII eran prefectos «ex officio» del Santo Oficio.

--¿Cuáles eran las discusiones internas en la Santa Sede sobre cómo enfrentarse al nazismo?

--P. Peter Gumpel: En un primer momento, Pío XI se declaró favorable a la publicación de una serie de proposiciones contra el nazismo. En particular buscaba condenar el totalitarismo, la idolatría del Reich, las teorías de la raza y de la sangre, y más aún: también las políticas contrarias a la vida de los más débiles.

Varios esquemas y proyectos de tales condenas fueron preparados por el Santo Oficio. En un determinado momento, todo el proyecto fue orillado porque Pío XI y el secretario de Estado Eugenio Pacelli [futuro Pío XII, ndr.] se pusieron a preparar la encíclica «Mit Brennender Sorge» [«Con viva angustia», contra el nazismo].

Pío XI y Pacelli consideraban las proposiciones poco eficaces; por ello decidieron que era mejor una encíclica. Godman deplora el hecho de que las sentencias del Santo Oficio no fueran publicadas. También en este caso Godman muestra desconocer cómo funciona la Santa Sede.

Godman cree que una serie de proposiciones del Santo Oficio eran más importantes que una encíclica. Pero hay otro aspecto que muestra cómo Godman no conoce bien ni siquiera la historia de aquellos años.

La publicación de «Mit Brennender Sorge» se mantuvo oculta por razones de seguridad. Los nazis la descubrieron sólo en la tarde del sábado 20 de marzo de 1937, poco antes de que fuera leída y distribuida en las iglesias.

Informó a los nazis un empleado de una tipografía que estaba imprimiendo las copias de la encíclica. El domingo 21 de marzo de 1937, «Mit Brennender Sorge» fue leída y distribuida en todas las iglesias durante todas las misas.

Por un momento los nazis pensaron intervenir en todas las iglesias, pero se habría corrido el riesgo de una guerra civil. El régimen de Hitler estaba completamente desprevenido.

El intelectual francés Robert D’Harcourt, que se encontraba en aquel tiempo en Alemania, escribió en la revista «Etudes» --«Revue Catholique d’Interet General»-- del 5 de mayo de 1937 que la publicación de «Mit Brennender Sorge» fue como una bomba.

La organización católica no había cometido ningún error --precisa--; como un reloj había logrado sortear el control de la Gestapo y había llegado a las iglesias.

En esa ocasión la comunidad de los católicos mostró también una notable solidez moral. La gente estaban contenta y Hitler furioso. Ordenó confiscar las tipografías que habían impreso la encíclica y arrestar a los responsables.

Si fue tan difícil hacer llegar a la población la encíclica, ¿cómo puede Godman pensar que habría sido posible enviar tantas proposiciones individuales del Santo Oficio?

--El autor neozelandés sostiene que Pío XI y Pío XII tuvieron una actitud oportunista...

--P. Peter Gumpel: La Santa Sede siempre ha actuado responsablemente, considerando todas las posibilidades. En cada acción se tomaba en cuenta la preocupación pastoral por la suerte de la comunidad católica, de las otras comunidades y de la población.

Godman minusvalora enormemente la persecución nazi contra los católicos: sacerdotes detenidos, iglesias destruidas, escuelas cerradas, dirigentes católicos arrestados y enviados a los campos de concentración.

Entre 1933 y 1937, en 36 meses la Santa Sede envió más de 50 protestas formales escritas al régimen nazi alegando como razones la violación del Concordato. El gobierno de Hitler nunca respondió.

En Roma las protestas fueron recogidas en tres libros blancos que fueron enviados en valija diplomática a todos los obispos alemanes, para hacerles saber lo que estaba haciendo la Santa Sede en defensa de sus propios fieles.

Todas las protestas de la Santa Sede se reunieron en un volumen publicado en Alemania en 1965: «Der Notenwechsel Zwischen Dem Heiligen Stuhl Und Der Deutschen Reichsregierung- I. Von der Ratifizierung des Reichskonkordats bis zur Enzyklika “Mit brennender Sorge”». Bearbeitet von Dieter Albrecht. VKZ A 1, Mainz, 1965 [«El intercambio de notas entre la Santa Sede y el gobierno de la República Federal – I. De la ratificación del concordato federal a la encíclica “Mit Brennender Sorge”»].

De este aspecto se habla poco, pero es extremadamente relevante. Será también por esto que el diario alemán «Die Welt», en la recensión del libro de Godman, ha hablado de trabajo decadente y le ha acusado de haber sido negligente. ZS04030301

 

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Los silencios de Pio XII

 

Por Marcelo Diez

 

Los intentos por silenciar la voz de un Papa valiente

Hiere al pastor y se dispersarán las ovejas" (Zac, 16,7)

 

"¡Cómo cambian los tiempos... y The New York Times!" Así comenzaba el artículo Kenneth L. Woodward en Newsweek del 30 de marzo de 1998. Y no es para menos. Dos editoriales del mismo periódico pero con algunos años de distancia, nos muestran valoraciones absolutamente contrapuestas respecto de lo hecho por Pío XII en favor de los judíos durante la Segunda Guerra Mundial:

25 de diciembre de 1941: "La voz de Pío XII es una voz solitaria en el silencio y la oscuridad que rodean a Europa en estas Navidades .. Es prácticamente el único gobernante que queda en ese continente que se atreve a alzar su voz."

18 de marzo de 1998: "Es necesaria una exploración absoluta de la conducta del papa Pío XII... Ahora toca a Juan Pablo II y sus sucesores dar el próximo paso hacia la completa valoración de la posición del Vaticano al no enfrentar firmemente el flagelo que devastó a toda Europa."

 

Lo notable del caso es que durante los años posteriores a los hechos, y hasta casi veinte años después, quienes los protagonizaron no levantaron queja alguna sino, muy por el contrario, alabaron y agradecieron públicamente a Pío XII y a la Iglesia por salvar a más de 800.000 judíos de la persecución nazi.

 

¿Cómo y cuándo comenzaron los ataques contra Pío XII?

Los ataques comenzaron con una obra teatral escrita por Rolf Hochhuth (31 años), representada por primera vez en Berlín, Alemania, en 1963, títulada Der Stellvertreter, El Vicario. (1)

 

La acción se desarrolla en el año 1943 en que un sacerdote jesuita, el padre Ricardo Fontana, advertido por un oficial de las tropas de asalto acerca del plan de exterminio de los judíos, visita a Pío XII para pedirle que intervenga. Pío XII se niega a hacerlo. El joven sacerdote se coloca la estrella amarilla y se une a un convoy de judíos deportados para morir con ellos en Auschwitz. El objetivo de la pieza teatral era bien claro: presentar a Pío XII como cobarde, pronazi y a quien sólo preocupaban sus inversiones en Alemania.

 

La obra de teatro se representó en algunas ciudades europeas en las que pronto aparecieron numerosos rechazos, no sólo de católicos, sino de muchos que no podían entender tan artero y falso ataque. Entre ellos y para sólo citar a quienes no puede tacharse de tendencias pronazis:

- El gran rabino de Dinamarca, doctor Marcus Melchior, comentó así El Vicario que había llegado a Copenhague:

"Mi opinión es que pensar que Pío XII pudiera ejercitar un influjo sobre un disminuido psíquico como era Hitler se basa en un malentendido. Si el papa sólo hubiera abierto la boca, probablemente Hitler habría asesinado a muchos más de los seis millones de judíos a los que eliminó, y quizá hubiera asesinado a centenares de millones de católicos, sólo si se hubiera convencido de que tenía necesidad de tal cantidad de víctimas. Estamos cerca del 9 de noviembre, el día en que se cumple el vigesimoquinto aniversario de la Noche de los Cristales Rotos; ese día recordaremos la dura protesta que Pío XII elevó en su momento. Él se convirtió en intercesor contra los errores que en aquella época conmovieron al mundo entero." (2)

- El señor Kolfschooten, burgomaestre de La Haya, ministro de Justicia en el primer gobierno de posguerra de los Países Bajos, en relación al trabajo de Hochhuth declaró:

"No es fácil hablar de Pío XII. Para mí es un santo. El ataque de Hochhuth contra este pontífice ha herido mi corazón de católico. Aquí, en la capital de Holanda, sólo se ha representado una vez. Yo no he asistido pero me han dicho que nadie ha aplaudido. Ha sido una protesta muda, impresionante. Creo que ha pasado lo mismo en Rotterdam. El pueblo holandés no quiere tener nada que ver con este método de hacer la historia. En mi país esta obra teatral ha caído en el vacío. Quizá porque los holandeses tienen un sentimiento innato de justicia y dicen: "No se puede acusar después de veinte años sin conocer bien las circunstancias, la situación y la realidad completa." En cuanto a mí, no hay que olvidar que un papa es un ser humano con responsabilidades sobrehumanas. Pío XII ha tenido que actuar en circunstancias especiales, únicas en la historia... Se podría escribir un ensayo para demostrar cuánto más habría agravado la situación si hubiera actuado de otra manera a como lo hizo..." (3)

 

- Wladimir d´Ormesson, embajador de Francia ante la Santa Sede del gobierno precedente al gobierno de Vichy, ha contado que:

"Pío XII era un hombre que poseía una conciencia sin escrúpulos y tenía de sus responsabilidades supremas una noción que se puede definir como sagrada. La postura que él tomó durante aquellos años infernales, la acción que él condujo abierta y discretamente, lo que dijo, lo que hizo, estoy seguro, se lo dictó la certeza, después de las más tormentosas luchas interiores, de que eso representaba su deber como papa. Deplorar que no haya hecho ciertos gestos o pronunciado ciertos anatemas es confundir el teatro con la realidad. Pero el teatro no es sino una ficción, y nosotros vivimos en la realidad." (4)

 

Desde Hochhuth hasta hoy se han multiplicado curiosamente las leyendas sobre Pío XII hasta ser compendiadas todas en un libro de reciente aparición escrito por el periodista británico John Cornwell y titulado sugestivamente El Papa de Hitler. La verdadera historia de Pío XII. (5) Hoy se encuentra en las góndolas de los supermercados para consumo masivo. (6)

 

Lo primero que llama la atención de esta obra es la portada. En ella se muestra una foto de Pacelli saliendo de un edificio del gobierno alemán, escoltado por dos soldados. ¿Qué sugiere esa foto? Los acuerdos de Pío XII con Hitler. Al menos es lo que buenamente se puede entender desde el mismo título de la obra. Sin embargo, esta fotografía fue tomada en marzo del año 1929 cuando faltaban aún cuatro años para que el Führer llegase al poder y siendo Eugenio Pacelli Nuncio en Berlín. ¿Gruesa equivocación? No. En las primeras páginas y en letra bien pequeña está el dato: "el arzobispo Pacelli, futuro Papa Pío XII, abandona el palacio presidencial en Berlín, en marzo de 1929". Como sostiene Gumpel: "Pacelli salió de Alemania en 1929 y nunca regresó, el uso de esta fotografía es engañoso y tendencioso". Lo mismo sucede con la contratapa del libro en la que aparece una foto en la que se ve claramente a Hitler con un obispo; ¿debe suponerse que es E. Pacelli ya que el libro trata de ellos dos?. Ciertamente que no, es el arzobispo Cesare Orsenigo, nuncio papal en Berlín.

 

¿Qué pretende el autor con este libro? Contar, según él mismo nos lo expresa, "la historia de la carrera de Eugenio Pacelli, el hombre que fue Pío XII, el eclesiástico más influyente en el mundo desde los primeros años treinta hasta finales de los cincuenta. Pacelli, más que cualquier otro personaje del Vaticano, contribuyó a establecer la ideología del poder papal, ese poder que él mismo asumió en 1939, en vísperas de la segunda guerra mundial, y que mantuvo con mano firme hasta su muerte en octubre de 1958." (7) En verdad, el objetivo es el ataque a la Iglesia en la autoridad del papado.

 

Según el autor, los intentos para establecer un poder autócrata en Roma comenzaron hacia 1870 con el Concilio Vaticano I en el marco de la pérdida papal de sus dominios a manos de Víctor Manuel que entró en la ciudad luego de intimar a Pío IX y bombardearla durante cinco horas. "En ese concilio, el Papa fue declarado infalible en cuestiones de fe y de moral, así como incuestionable primado, esto es, cabeza espiritual y administrativa de la Iglesia". Así todos los papas, desde entonces, habrían destinado sus fuerzas a consolidar ese poder: León XIII fue el "autoritario de la exaltación papal" (p. 45), San Pío X habría creado una red de espionaje para pescar curas, monjas y obispos modernistas, a la vez que "aprobó una especie de francmasonería en la Iglesia" (p. 55), creó el juramento antimodernista que fue una "forma de control del pensamiento que no encontraba paralelo ni siquiera en los regímenes fascistas y comunistas" (p. 56) Y fue a este papa a quien Pío XII ¡lo canonizó! el 25 de setiembre de 1954. Pablo VI, en el fondo un liberal, sigue Cornwell, "parecía oscilar entre progresistas y tradicionalistas hasta que intervino en las deliberaciones sobre los anticonceptivos ... decidió solo ... como si el concilio y su revolución no hubiesen tenido lugar" (p. 399). Y sobre Juan Pablo II: "ha resultado ser en su gestión de la Iglesia un autócrata tradicionalista tan despótico como lo fue Pacelli" (p. 400), parece simpatizar superficialmente con el pluralismo, pero en el fondo mantiene una actitud intransigentemente absolutista" (402)

 

Y ¿qué dice sobre el "Papa de Hitler"? Mencionaremos sólo alguna muestra de cómo se puede tergiversar la historia e inducir a algunos lectores desprevenidos a sacar conclusiones tan absurdas como la de relacionar el supuesto antisemitismo de Pacelli con la calle donde nació. Veamos:

"Existía, de hecho, una curiosa coincidencia entre el lugar de nacimiento de Eugenio Pacelli y ese mito de la "dureza de corazón" que muestra la importancia de las costumbres en la perdurabilidad de los prejuicios. En la Via Monte Giordano, la calle donde nació Pacelli, los papas habían celebrado durante siglos una ceremonia antijudía en su camino hada la basílica de San Juan de Letrán. El Pontífice de turno se detenía allí para recibir una copia del Pentateuco de manos del rabino de Roma, rodeado por su pueblo; el Papa devolvía entonces el texto junto con veinte piezas de oro, proclamando que, aunque respetaba la Ley de Moisés, desaprobaba la dureza de corazón de la raza judía. Entre los teólogos católicos existía en efecto la antigua y firmemente mantenida opinión de que bastaría que los judíos atendieran con su corazón abierto a los argumentos de la fe cristiana para que inmediatamente comprendieran el error de su opción y se convirtieran." (p. 42)

 

O esta otra afirmación que hace caer sobre el futuro papa Pío XII parte de la responsabilidad de la Primera Guerra Mundial al promover la firma de un Concordato con Serbia alentando el separatismo de los paneslavistas (p. 68) (8).

 

Aunque no existen pruebas, sostiene Cornwell, de que el entoces Papa Pío X tomó conciencia del papel "que la Santa Sede había desempeñado atizando el conflicto que enfrentaba al imperio austro-húngaro y Serbia... se dice que la declaración de guerra lo sumió en una profunda depresión, de la que no llegaría a recobrarse, muriendo el 20 de agosto de 1914 de un ataque al corazón" (p. 76).

 

Duros son también los comentarios y sugerencias de Cornwell sobre el Concordato con Alemania de 1933. Siendo Secretario de Estado de la Santa Sede, el Cardenal Pacelli firmó un Concordato con Alemania a los pocos meses de la ascensión de Hitler al poder. El objetivo del mismo era mejorar la situación de los católicos alemanes que sufrían graves limitaciones para la propagación de la fe desde la época de la unificación alemana. Bismarck había impuesto la Kulturkamp, que suponía la creación de una iglesia nacional cuyo jefe sería el emperador pero que fracasó por la escasísima adhesión del clero alemán. No obstante, se había mantenido en el tiempo una legislación persecutoria para los católicos alemanes (9) por lo que se hacía necesario la firma de dicho Concordato. Así lo explicaba Pío XII unos años más tarde:

"De hecho, la lucha contra la Iglesia se iba exasperando cada vez más: era la destrucción de las organizaciones católicas; era la supresión progresiva de las tan florecientes escuelas católicas, públicas y privadas; era la separación forzosa de la juventud de la familia y de la Iglesia; era la opresión ejercida sobre la conciencia de los ciudadanos, particularmente de los funcionarios del Estado; era la denigración sistemática, mediante una propaganda arteramente y rigurosamente organizada, de la Iglesia, del clero, de los fieles, de sus instituciones, de su doctrina, de su historia; era la clausura, la disolución, la confiscación de casas religiosas y de otros institutos eclesiásticos; era el aniquilamiento de la prensa y de la actividad editorial católicas." (10)

 

La principal de las acusaciones de Cornwell respecto de este acuerdo es que Pacelli, a fin de afianzar el poder papal en Alemania cedió, a cambio, en un tema de capital importancia para la reorganización de la oposición: la Iglesia, firmando el Concordato, se obligaba a impedir que los católicos alemanes participasen en actividades políticas y sociales. La afirmación carece absolutamente de fundamento ya que lo que se acordó fue "que los sacerdotes y religiosos no deberían participar en política "partidista"". (11)

 

¿De qué se acusa a Pío XII?

La principal acusación es que No hizo denuncia pública del nazismo y sus atrocidades.

La falsedad de esta acusación es por demás evidente desde que los documentos son públicamente conocidos desde los mismos años de la guerra. ¿Cuáles?

1 - La encíclica "Mit Brennender Sorge" (1937). Firmada por el entonces Papa Pío XI fue preparada por el Cardenal Pacelli ya que es quien mejor conocía la situación alemana por haber sido el representante del Vaticano (Nuncio) en Baviera y en Berlín. Fue la primera encíclica escrita en alemán y es la más clara condena del nazismo, no sólo de la Iglesia sino también de entre todos los gobiernos de entonces. Aún hoy se conservan los borradores en los que pueden comprobarse los añadidos y correcciones de Pacelli al texto original. La encíclica fue introducida secretamente en Alemania y leída en todas las parroquias el 21 de marzo de 1937.

¿Ayudó a que se acabaran las persecuciones? De ninguna manera. Las imprentas donde se encontró el documento fueron confiscadas y a los católicos que la difundían se los encarceló.

 

2 - Decreto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe (entonces Santo Oficio) del 6 de diciembre de 1940. Fue elaborado y publicado por orden del ya Papa Pío XII y publicado en L´Osservatore Romano el mismo día 6 de diciembre en la habitual y breve formulación de pregunta-respuesta en la que cuestiona principalmente los prejuicios racistas y la práctica de la eutanasia:

"Si es lícito, por orden de la autoridad pública, matar directamente a aquellos que, aun cuando no hayan cometido ningún delito de muerte, con todo, a causa de defectos físicos o psíquicos, no están en grado de ayudar a la nación, o bien son considerados por ella como un peso y un obstáculo a su vigor y a su fuerza."

La respuesta era concisa, pero al mismo tiempo definitiva:

"Negativamente, siendo eso contrario al derecho natural y al derecho divino positivo."

 

Y sigue:

"...quitar intencionalmente la vida a millares y millares de individuos inocentes del propio pueblo a quienes, por defectos psíquicos o físicos, se los acusa de gravar inútilmente la sociedad, es una perversión extrema del sano juicio y una enorme crueldad del ánimo. También ellos, por poseer la naturaleza humana, participan de su dignidad. Y además también ellos poseen, no menos que los demás, el derecho inviolable a la vida, que recibieron, no de la autoridad pública, sino inmediatamente del Autor de la naturaleza, Señor supremo de todos." (12)

 

Mensaje de Navidad de 1942

Famosos han sido los mensajes de Navidad de Pío XII por su claridad en temas arduos y especialmente los que tienen que ver con la defensa de la vida. Éste de 1942, elogiado, entre otros, por The Times, denuncia la persecución de "cientos de miles de personas que, sin haber cometido faltas, a veces sólo por razón de su nacionalidad o raza, son condenadas a muerte o extinción progresiva".

 

¿Pueden quedar dudas respecto de la actitud del Papa? Veamos cómo fue recibido el mensaje por la Gestapo:

"De una manera jamás conocida antes, el papa ha repudiado el Nuevo Orden Europeo Nacional Socialista. Es cierto que el papa no ha hecho referencia por su nombre al nacionalsocialismo germano, pero su discurso ha sido un largo ataque a todo cuanto nosotros sostenemos y creemos... Además, ha hablado claramente a favor de los judíos." (13)

 

No debemos olvidar que, si existen dudas acerca de la interpretación de los documentos históricos, hemos de analizar qué entendieron los contemporáneos respecto de lo que quiso decirse. Se ve muy claro, en esta reacción de la Gestapo, cómo lo entendieron los nazis de entonces.

 

Protesta pública de católicos y protestantes en Holanda

Alemania invadió y ocupó Holanda en 1940. Hacia 1942 comenzaron las deportaciones masivas y sistemáticas de judíos "al este". Pronto se pusieron de acuerdo los jefes de las iglesias católica, calvinista y luterana en elaborar un documento para protestar contra estas acciones. Pero cuando fue conocido este proyecto por el comisario del Reich en Holanda, Seys-Inquart, amenazó a los responsables religiosos de tomar las mismas medidas, no sólo con los judíos de sangre y de religión sino también con los bautizados. Por este motivo tanto calvinistas como luteranos hicieron silencio. En cambio, en las iglesias católicas fue leído el documento el domingo 26 de julio de 1942, "siguiendo la ruta indicada por el Santo Padre", y decía:

"Vivimos en una época de gran miseria, tanto en el campo espiritual como en el material, pero dos hechos muy dolorosos llaman nuestra atención: el triste destino de los judíos y la suerte de quienes han sido destinados a trabajos forzados en el extranjero. Todos deben ser profundamente conscientes de las penosísimas condiciones de unos y otros; por eso, llamamos la atención de todos por medio de esta pastoral común.

 

Estas tristísimas condiciones deben ser puestas en conocimiento de aquellos que ejercitan un poder de mando sobre aquellas personas: a este objeto, el reverendísimo episcopado, en unión con casi todas las comunidades de las Iglesias de los Países Bajos, ya profundamente afectadas por las medidas tomadas contra los judíos holandeses para excluirlos de la participación en la vida civil normal, han tomado con verdadero horror la noticia de las nuevas disposiciones que imponen a hombres, mujeres, niños y familias enteras la deportación a territorio del Reich alemán. Los inauditos sufrimientos infligidos así a más de diez mil personas, la conciencia de que una manera de proceder tal repugna al sentimiento moral del pueblo holandés, y sobre todo, el que esté en contraste absoluto con el mandamiento divino de la justicia y la caridad, obligan a las mencionadas comunidades de las Iglesias a dirigir la petición de que no se pongan en ejecución los procedimientos mencionados." (14)

 

¿Cuáles fueron los efectos de esta "valiente" denuncia? Más deportaciones. Una semana más tarde se apresaba a 1.200 judíos católicos, entre ellos Edith Stein (Sor Teresa Benedicta de la Cruz) y su hermana Rosa en el Carmelo de Echt (15). Al conocerse en Roma la noticia, Pío XII retiró una protesta que estaba a punto de publicar en L´ Osservatore Romano y la quemó. Veamos cómo cuenta este episodio quien fuera asistente de Su Santidad:

"los periódicos de la mañana fueron puestos en el estudio del Santo Padre, mientras él estaba a punto de ir a la audiencia. Leyó los títulos y se puso pálido como un muerto. Una vez de vuelta de la audiencia, antes de ir al comedor vino a la cocina con dos grandes hojas con mucho texto y dijo: "Quiero quemar estas hojas. Es mi protesta contra la terrible persecución antijudía. Esta tarde debía haber aparecido en L´Osservatore Romano. Pero si la carta de los obispos holandeses ha costado la vida a cuarenta mil personas, mi protesta costaría quizá doscientas mil. Por eso es mejor no hablar de forma oficial y guardar silencio, como he hecho hasta ahora, y hacer todo lo humanamente posible por esta gente"". (16)

 

A ésto podemos agregar las palabras con las que el jefe de la Gestapo en Holanda en el año 1942, Wilhelm Harster, pronunciara durante el juicio que se le hizo por su colaboración con la deportación y asesinato de 82.854 judíos holandeses (17). Cuando el juez le interrogó sobre las causas por las que en el verano de 1942 los nazis se ensañaron con tanta crueldad con los hebreos, Harster respondió:

"Fueron los obispos holandeses quienes dieron alas a nuestros afanes de venganza; no quisimos tolerar por más tiempo sus reproches a nuestra política en lo tocante a la cuestión judía." (18)

 

Los doce volúmenes sobre los años de la guerra publicados por los archivos del Vaticano (19) contienen numerosos testimonios tanto de judíos como de cristianos que imploraron al Papa que no protestase en público, ya que ello sólo profundizaría la persecución nazi.

 

¿Por qué no fue más contundente en las denuncias?

Ya vimos que las clarísimas denuncias expresadas en la encíclica Mit Brennender Sorge y la carta de católicos y protestantes ante las deportaciones de Holanda no consiguieron frenar la persecución a los judíos sino, muy por el contrario, las aumentaron e inclusive se extendieron aún a los no judíos.

Veamos ahora cómo presentó Pío XII éste su gran dilema al Obispo Von Prysing de Berlín (30/4/1943):

"Les dejamos a los obispos sopesar las circunstancias para decidir acerca de ejercer o no discreción, ad maiora mala vitanda (para evitar mayores males). Ello sería aconsejable si el peligro de medidas de represalia y coercitivas fuera inminente en casos de declaraciones públicas por el obispo. Aquí yace una de las razones por las cuales Nos restringimos nuestras declaraciones públicas. La experiencia que tuvimos en 1942 con documentos que entregamos para distribuir entre los fieles justifica en cuanto podemos apreciar nuestra actitud". (20)

 

Algo similar diría ante el Consistorio Cardenalicio el 2 de junio de 1943:

(cada palabra de sus declaraciones públicas) "... debe ser considerada y sopesada de modo profundamente serio, en el propio interés de los que sufren de modo de no hacer su posición aún más difícil e intolerable que antes, aún por inadvertencia y sin quererlo". (21)

 

Era ciertamente lo que había ocurrido en Holanda.

En otra ocasión en la que el Papa tenía intención de hacer una severa denuncia de los crímenes que se estaban cometiendo decidió interiorizarse de la opinión del episcopado polaco al respecto. Envió a Monseñor Paganuzzi para que se entrevistase con el Cardenal de Cracovia (Polonia) Monseñor Sapieha quien respondió:

"Refiera al Santo Padre que le suplicamos que no haga nada; el pueblo polaco, judíos y católicos, pagarían el precio de la denuncia." (22)

 

Hasta la misma Cruz Roja Internacional llegó a las mismas conclusiones:

"Las protestas no sirven y, es más, podrían producir daño a las personas que se intenta ayudar."

Otro documento que permite hacerse la idea de la eficacia de las protestas contra las persecuciones nazis es el diario del Ministro de propaganda nazi J. Goebbels quien a raíz de las lecturas públicas de las pastorales de Cuaresma de 1942 escribió:

"Tengo sobre mi mesa una masa de cartas pastorales, todas contra el Estado... Los curas también se dejan ganar por la rabia, pero su cuenta será arreglada después de la guerra". (23)

 

No menos contundente es la opinión de quien fuera embajador alemán ante el Vaticano, Ernst von Wizsacker, en sus memorias:

"Ni aun instituciones de importancia mundial como la Cruz Roja Internacional o la Iglesia Católica Romana encontraron oportuno hacer pedidos a Hitler de manera general en favor de los judíos o hacer llamados abiertos para ganar la simpatía del mundo. Precisamente porque querían ayudar a los judíos es que estas organizaciones se retenían de hacer llamados generales y públicos; porque temían dañar más que ayudar a los judíos con ello." (24)

 

La encíclica "perdida"

Cornwell, que ya desde las primeras páginas de su obra nos da muestras de una frondosa imaginación, hacia la mitad llega al paroxismo. ¡Pío XII escondió una encíclica que condenaba el antisemitismo! ¿Por qué? Porque no compartía los mismos sentimientos que sobre el tema tenía su antecesor.

 

En efecto, Pío XI, hacia el final de su pontificado, encargó una encíclica acerca del racismo nazi a los jesuitas. La responsabilidad recayó sobre un sacerdote norteamericano, John LaFarge, que había combatido el racismo en los Estados Unidos y había escrito un libro titulado Inter-racial Justice. En esta obra, que había llegado a las manos de Pío XI, explicaba que la división del género humano en "razas" no tiene fundamento científico alguno, ninguna base biológica, es sólo un mito que sirve para mantener las clases sociales más favorecidas.

 

Aclara Cornwell que no conocemos si Pío XI pudo leer los borradores de la encíclica antes de su muerte. Lo cierto es que no se publicó, ni en este pontificado ni en el de Pío XII. ¿Cuál fue la causa? Entre otras, sostiene Antonio Gaspari, porque este primer borrador aún no estaba a punto. Justamente, el hecho de no publicarla nos da muestras de que el Papa no estaba de acuerdo, no por su lucha contra el antisemitismo (para lo cual dio innumerables pruebas) sino por la imprudencia en el trato de espinosos temas. El mismo Cornwell manifiesta:

"La sección de la encíclica no publicada que trata del racismo es irreprochable, pero las reflexiones que contiene sobre judaísmo y antisemitismo, pese a sus buenas intenciones, están impregnadas del antijudaísmo tradicional entre los católicos. Los judíos, explica el texto, fueron responsables de su destino. Dios los había elegido como vía para la redención de Cristo, pero lo rechazaron y lo mataron. Y ahora, "cegados por sus sueños de ganancias terrenales y éxito material", se merecían la "ruina espiritual y terrenal" que había caído sobre sus espaldas.

 

En otro apartado, el texto concede crédito a los "peligros espirituales" que conlleva "la frecuentación de judíos, en tanto continúe su descreimiento y su animosidad hacia el cristianismo". Así pues, la Iglesia católica, según el texto, está obligada "a advertir y ayudar a los amenazados por los movimientos revolucionarios que esos desdichados y equivocados judíos han impulsado para destruir el orden social". (25)

Comenta al respecto Gaspari: "No puedo imaginar qué habría ocurrido si Pío XII hubiera autorizado la publicación de aquel texto." (26)

 

¿Qué hizo Pío XII por los judíos?

Imposible resumir en breves páginas la ayuda que Su Santidad prestó a los judíos y, en general a todos los perseguidos por el odio nazi. Lo curioso es que, cuando durante una presidencia se realizan buenas obras se atribuyen los méritos al jefe de Estado. En este caso no es así. Los detractores de Pío XII están dispuestos a aceptar la colaboración de muchos sacerdotes, religiosos y obispos para con los judíos, pero de ninguna manera aceptan que haya sido el Papa el que, permanentemente haya sido el promotor e inspirador de esas buenas acciones.

 

Pero veamos qué se hizo desde la Santa Sede al respecto.

El Papa Pablo VI, durante su pontificado en el año 1964, autorizó la publicación de los documentos de la Santa Sede sobre la Segunda Guerra Mundial. Para ello se encargó a cuatro jesuitas: Burkhart Schneider, Angelo Martini, Robert A. Graham y Pierre Blet quienes debían ordenar los documentos y escribir las introducciones de los diferentes volúmenes. En ellos se recopilaron todos los discursos y mensajes del Papa, las cartas intercambiadas entre los nuncios y dignatarios civiles y eclesiásticos, incluso de los representantes del Vaticano. Muchos de estos documentos se conservan con las correcciones a mano del mismo pontífice. El trabajo demandó varios años (hasta 1982) y fue publicado en doce volúmenes con más de doce mil páginas con el título de Actes et Documents du Saint-Siege relatifs a la Seconde Guerre Mondiale. Cuatro de esos doce volúmenes contienen los documentos en los que se deja testimonio de la ayuda a las víctimas de la guerra.

 

No podemos, en breves páginas, sino mencionar unos pocos testimonios de esa ayuda a modo de botón de muestra. (27)

 

Algunas de las gestiones del Papa: Mientras la emigración hebrea era permitida, gestiones con el presidente del Brasil Getulio Vargas para que se concedieran 3.000 visas de las cuales se dieron sólo mil. Lo mismo se intentó con Ecuador y Argentina. Con España se consiguió que los hebreos de antepasados españoles fueran recibidos y que dieran libre tránsito a otros que viajaban a América. En Portugal la Santa Sede entregó importantes sumas para pagar pasajes de emigrantes hebreos. En el sur de Francia, ocupada por Italia, se creó, con la vista gorda de las autoridades, por parte del P. Benoit-Marie, capuchino, una organización destinada a procurarles pasaportes falsos a los hebreos, labor que se extendió luego a Italia... También se dieron cargos académicos en el Vaticano a profesores judíos expulsados de sus cátedras en Italia.

- Gestiones para que Gran Bretaña y los Estados Unidos disminuyeran las restricciones a la inmigración de judíos (23/3/1943).

 

- Gestiones cuando comienzan las deportaciones y algunas que se logran evitar gracias a la intervención de los nuncios (representantes del Vaticano). Por ejemplo: Eslovaquia, Rumania, Hungría, Croacia.

 

En Italia (durante la ocupación alemana en 1943): Entre 4.000 y 7.000 judíos son ocultados y mantenidos en 180 lugares diferentes de la ciudad del Vaticano, en Castel Gandolfo y en el resto de Italia, incluyendo parroquias, oficinas administrativas, casas particulares, hospitales y conventos, a los que se les eximió del deber de clausura. De 50.000 judíos que había en Italia en 1939, a los que se sumaron unos 16.000 refugiados de otros países, muchos de ellos emigraron y sólo unos 4.500 fueron capturados por la Gestapo. Así, al final de la guerra, en Italia quedaron 46.000 hebreos.

 

Particularmente indicativo es el episodio en que los ocupantes alemanes pidieron a los judíos de Roma 50 kg de oro a ser entregado en 24 horas, para evitar la deportación. Pío XII personalmente ofreció completar lo que faltase usando los vasos sagrados del Vaticano. Esto movió a los judíos de Roma a comunicarle a la Secretaría de Estado (10-VI-1944) que querían realizar una manifestación de agradecimiento al Papa, la que incluiría un regalo y, además, colocar en la Sinagoga una lápida en honor del Santo Padre, siempre que fuera compatible con las reglas litúrgicas hebreas. En la sala número diez del museo de la liberación de Roma, en la Via Tasso, hay una placa puesta en una pared en la que está escrito:

"El congreso de los delegados de las comunidades israelitas italianas, celebrado en Roma por primera vez después de la liberación, siente el imperioso deber de dirigir un homenaje reverente a Vuestra Santidad, y expresar un profundo sentimiento de gratitud que anima a todos los judíos, por las pruebas de fraternidad humana suministradas por la Iglesia durante los años de las persecuciones y cuando su vida fue puesta en peligro por la barbarie nazi. En muchas ocasiones hubo sacerdotes que acabaron en la cárcel o en los campos de concentración, inmolaron su vida por asistir a los judíos en todo lo posible."

 

El mayor testimonio de gratitud, sin embargo, fue el bautizo de quien fuera Gran Rabino de Roma, Israel Zolli, quien tomó el nombre de Eugenio, el patronímico del Papa, y el de su esposa, quien tomó el nombre de Emma María.

El resultado de esta labor incansable la estimó el historiador israelí Pinchas Lapida en que, gracias a las acciones de Pío XII, fue posible salvar la vida, directa o indirectamente, de más de 850.000 judíos y también que la Santa Sede había hecho más por ayudarlos que cualquier otra organización occidental, incluida la Cruz Roja. (28)

 

¿Qué hubiera pasado si el Papa Pío XII hubiera hecho una condena pública del nazismo?

 

Testimonios de judíos sobre Pío XII

A la muerte de Pío XII desde todos los rincones del mundo llegaron al Vaticano mensajes de condolencia. Veamos algunos de ellos expresados por judíos de relieve mundial:

1 - Golda Meir (Ministro de Asuntos exteriores y después Primer Ministro de Israel) en su discurso en la ONU en 1958:

"Compartimos el dolor de la humanidad por la muerte de Su Santidad Pío XII. En una generación afligida por guerras y discordias, él ha afirmado los altísimos ideales de la paz y de la piedad. Durante el decenio del terror nazi, cuando nuestro pueblo sufría un terrible martirio, la voz del papa se elevó para condenar a los perseguidores y apiadarse de sus víctimas. La vida de nuestro tiempo se ha visto enriquecida por una voz que expresaba las grandes verdades morales más allá del tumulto de los conflictos cotidianos. Lloramos a un gran servidor de la paz." (29)

 

2 - El rabino Jacob Philip Rudin, presidente de la Central Conference of American Rabbies, dijo:

"La Conferencia Central de los Rabinos Americanos se une con profunda conmoción a los millones de miembros de la Iglesia católica romana por la muerte del papa Pío XII. Su amplia simpatía por todos, su sabia visión social y su comprensión lo hicieron una voz profética para la justicia en todas partes. Que su recuerdo sea una bendición para la Iglesia católica romana y para el mundo" (30).

 

3 - El rabino jefe de Londres, doctor Brodie, en un mensaje enviado al arzobispo de Westminster, escribió:

"Nosotros, miembros de la comunidad judía, tenemos razones particulares para dolernos de la muerte de una personalidad que, en cualquier circunstancia, ha demostrado valiente y concreta preocupación por las víctimas de los sufrimientos y de la persecución." (31)

 

4 - También Albert Einstein expresó su reconocimiento a la Santa Sede. En una entrevista aparecida en el Time Magazine afirmó:

"Siendo un amante de la libertad, cuando llegó la revolución a Alemania miré con confianza a las universidades sabiendo que siempre se habían vanagloriado de su devoción por la causa de la verdad. Pero las universidades fueron acalladas. Entonces miré a los grandes editores de periódicos que en ardientes editoriales proclamaban su amor por la libertad. Pero también ellos, como las universidades, fueron reducidos al silencio, ahogados a la vuelta de pocas semanas.

 

"Sólo la Iglesia permaneció de pie y firme para hacer frente a las campañas de Hitler para suprimir la verdad.

 

"Antes no había sentido ningún interés personal en la Iglesia, pero ahora siento por ella un gran afecto y admiración, porque sólo la Iglesia ha tenido la valentía y la obstinación de sostener la verdad intelectual y la libertad moral.

 

"Debo confesar que lo que antes despreciaba ahora lo alabo incondicionalmente." (32)

 

5 - El Congreso Mundial Judío (Jewish World Congress) además de agradecimientos verbales hizo, en 1945, un donativo a la Santa Sede por 20.000 dólares, una suma entonces considerable, que sería destinado para sus obras de caridad. A fin de hacerse una idea de la cifra hay que considerar que el valor de un automóvil en EEUU por esos años era de U$S 800. (33)

 

No menos importante fue el testimonio del presidente de Estados Unidos, Dwight David Eisenhower, al saber la noticia de la muerte de Pío XII el 9 de octubre de 1958, declaró:

"Tras la muerte de Pío XII el mundo es más pobre. Su vida ha estado enteramente dedicada a Dios y a servir a la humanidad. Consciente y hábil enemigo de la tiranía, ha sido un generoso amigo y bienhechor de los oprimidos y su mano caritativa ha estado siempre pronta a ayudar a las desventuradas víctimas de la guerra. Sin temores ni complacencia, ha sostenido la causa de una justa paz entre las naciones... Sufro por su partida al igual que los hombres de buena voluntad de todo el mundo." (34)

 

Pero por si estos testimonios no fueran suficientes se puede consultar el volumen nº 10 de las Actes et Documents du Saint-Siége relatifs a la Seconde Guerre Mondiale donde se recogen muchos de los mensajes de afectuoso reconocimiento que las diversas organizaciones mundiales judías enviaron al papa Pacelli. (35)

 

¿Secuestro de Pío XII?

El historiador Robert A. Graham, que fue uno de los cuatro compiladores de la colección Actas y documentos de la Santa Sede relativos a la Segunda Guerra Mundial que ya hemos citado, sostiene que estaba en los planes de Hitler secuestrar a Pío XII. Entre algunas de las pruebas que ofrece están: (36)

- 25 de abril de 1941: Informe del embajador del Reich ante la Santa Sede Diego von Bergen: los ministros de relaciones ext. de Italia (Conde Ciano) y von Ribbentrop luego de un encuentro entre ambos en Viena. Alemania -se informaba al Papa- había pedido a Italia que lograse que el Papa dejase Roma "ya que en la nueva Europa no debía existir un lugar para el papado". Mussolini lo negó. Pero el 8 de mayo fueron convocados los cardenales de la Congregación para los Asuntos Eclesiásticos Extraordinarios y se les informó que se estaban preparando medidas para conferir poderes especiales a los representantes pontificios en el exterior, para el caso de que la Santa Sede "no pudiese comunicarse con sus representantes en el exterior".

 

- Meses más tarde un funcionario alemán asistiendo a las celebraciones de la Semana Santa en la Capilla Sixtina había dicho: "Las celebraciones han sido muy interesantes. Pero es la última vez. El año próximo no se celebrarán ya".

 

- 4 de junio 1942: despacho a Berlín del agregado aeronáutico en Roma en el que acusaba al Vaticano de ser "un nido de espías y un centro de propaganda antinazi". Eso se consideró como una preparación para justificar medidas drásticas contra el Vaticano. El embajador alemán dijo al respecto: "Alemania concentra aquí tropas para ocupar en el momento oportuno la ciudad del Vaticano".

 

- Nota al Nuncio Apostólico en Madrid para que éste las hiciera conocer a las autoridades políticas y religiosas en España por el peligro que amenazaba al Vaticano por parte de los alemanes, y le informaba que altos funcionarios alemanes se habían expresado hostilmente hacia la Santa Sede, calificándola de institución sin lugar en la nueva ordenación europea. Son los mismos temas de mayo de 1941, pero ahora los detalles son más precisos: se siente hablar de invasión y bombardeo al Vaticano por parte de Alemania; de violación de los archivos; de expulsión de los diplomáticos de los países enemigos del Eje, etc. Evidentemente, se consideraba oportuno hacer saber a las autoridades españolas la verdadera naturaleza de las relaciones entre el Vaticano y los nazis, y terminaba el despacho mandando al nuncio que destruyese el mensaje. Esto se explica porque era muy reciente el desembarco aliado en Africa del Norte y se oía decir que Hitler tenía intención de atravesar España.

 

- Caída de Mussolini: Hitler considera que el Papa contribuyó al golpe por el cual el Consejo fascista, de la mano de Badoglio y con la aquiescencia del rey, dispuso la destitución y la prisión del "Duce" y durante algunas discusiones con sus colaboradores acerca de las medidas a tomar para asumir el control de Italia (Operación Alarico), el 26 de julio sostuvo (Hitler):

"Es perfectamente igual, yo entro inmediatamente en el Vaticano. ¿Acaso creen que el Vaticano me moleste? Enseguida lo tomo. Ahí dentro está, primeramente, todo el cuerpo diplomático. No me importa nada. Los canallas están allí, y sacaremos a todos los p. .. canallas. ¿Qué importa? Total después de consumado el hecho nos excusaremos: nos da lo mismo. En ese lugar estamos en guerra. ..".

 

A la indicación de uno de los presentes [Hewel] sobre la posibilidad de descubrir documentos, Hitler respondió con entusiasmo:

"Claro, conseguiremos documentos y encontraremos en ellos algo sobre la traición".

- Ocupación nazi de Roma: Memoria del ex embajador alemán Weizsäcker escrita cuando ya había caído Hitler:

"Creo que, según una primera versión, el gobierno del Reich quería expulsar a la Curia papal de Roma y transferirla a Liechtenstein. Al principio no consideré en serio esa posibilidad. En los primeros días de octubre tuve una audiencia con Su Santidad, en la cual el Papa hizo referencia a las veces que los alemanes, en caso de una retirada de Roma, habían querido llevárselo consigo. Su Santidad había sabido eso de parte de italianos serios, los que se referían a su vez a alemanes de alta graduación. El Papa agregó con una sonrisa: "Yo me quedo aquí". Lo pregunté si podía yo hacer uso de esas informaciones, porque me prometían ventajas. Pero Su Santidad no lo quiso. Y yo correspondí a su deseo".

 

Los despachos oficiales de Weizsäcker sobre este tema son un ejemplo del método que usó para comunicar su pensamiento sin decir toda la verdad. El 12 de octubre el embajador entró en materia con el acostumbrado sistema de citar una tercera fuente. Radio Londres del 10 de octubre, escribió Weizsäcker, había transmitido una declaración de la radio de la república de Saló del 7 de octubre en la cual se afirmaba que "se estaban preparando alojamientos para el Papa en Alemania". El proyecto de alejar al Papa se ponía en relación con su audiencia, según la radio. Weizsäcker sugería emitir una desmentida, si bien él mismo -decía- desmentiría decididamente los rumores en todas las ocasiones. Naturalmente, no comunicó a Berlín que el mismo Papa le había pedido informaciones; mandó el siguiente telegrama:

"En Roma corren esos rumores desde hace tiempo. No han pasado desapercibidos por el Vaticano y no han permanecido totalmente sin algún efecto. Cuando se me hace referencia a la sospecha de que queremos deportar al Papa, lo desmiento categóricamente. Si las sospechas no cesasen, una rectificación oficial sería incluso oportuna. No se dio tal rectificación."

 

¿Podemos, luego de leer estos testimonios, imaginarnos una supuesta simpatía entre Hitler y Pío XII?

 

Veamos cómo recibieron distintos periódicos nazis la elección del Cardenal Pacelli. En su número correspondiente al 3 de marzo de 1939 el periódico nazi Berliner Morgenpost:

"La elección de Pacelli no ha sido recibida favorablemente en Alemania, ya que siempre se ha mostrado hostil al nacionalsocialismo". (37)

 

Y el vocero nazi Danziger Vorposten mostraba su disconformidad con la elección:

"Pío XII no es un Pastor Angelicus, ... Pacelli nunca ha sido un pastor de almas, un sacerdote de púlpito. Durante cerca de cuarenta años ha sido un político, un diplomático que regía la política terrenal del Vaticano". (38)

 

Otro periódico nazi, el Graz declaraba que el nuevo Papa era:

"...un servil perpetuador de la fracasada política de Pío XI ... pero para el pueblo alemán es indiferente que quien se siente en el solio pontificio se llame Pío XI o Pío XII" (39).

 

Con motivo del mismo acontecimiento el semanario oficial de la Internacional Comunista La Correspodance Internationale:

"Llamado a suceder a quien había opuesto una enérgica resistencia a las concepciones totalitarias fascistas, que tienden a eliminar a la Iglesia católica, el más directo colaborador de Pío XI, los cardenales han hecho un "gesto significativo" poniendo al frente de la Iglesia a "un representante del movimiento católico de resistencia". (40)

 

El complot contra Hitler

A los pocos meses de haber comenzado su Pontificado y a los pocos días de haber comenzado la Segunda Guerra, Pío XII prestó colaboración a un grupo de oficiales alemanes, acaudillados por Hans Oster y Ludwig Beck (del Servicio de Inteligencia Militar de Berlín), para lo que fue probablemente el más viable complot para deponer a Hitler.

 

Los conspiradores deseaban una federación que incluyera a Austria pero no a Polonia ni a la Checoslovaquia no germana. Antes de llevarlo a cabo quisieron asegurarse que los aliados no se aprovecharían de la vulnerabilidad de Alemania a la vez que se les pediría una paz honorable. Para iniciar los contactos pidieron la mediación del Papa quien consultaría a Chamberlain a través del embajador en el Vaticano, Osborne.

 

Los riesgos eran tremendos. Si Hitler se enteraba seguramente hubiera tomado represalias con los católicos alemanes, al tiempo que Mussolini podía considerarlo una ruptura de la neutralidad y del tratado lateranense y tomar medidas contra el Vaticano.

 

Los encuentros tuvieron lugar entre el 1 de diciembre de 1939 y febrero de 1940 y las gestiones fracasaron por la exigencia de los británicos de conocer los nombres de los generales que llevarían adelante el golpe. (41)

 

¿Cómo se puede seguir sosteniendo, luego de estos testimonios, la "amistad" entre Hitler y Pío XII? Sin dudas sólo se trata de un intento de desprestigiar al Romano Pontífice y a la Iglesia en su persona.

 

¿Quiénes fueron los verdaderos amigos del Führer?

 

 

{las iglesias evangélicas amigas de Hitler}

 

La leyenda negra que ha pretendido oscurecer la figura de Pío XII es, en verdad, un ataque al catolicismo. Sin embargo, los testimonios nos demuestran que si hubo alguna iglesia que ayudó al surgimiento del nazismo no fue, justamente, la católica. Más aún, como sostiene Vittorio Messori, si Alemania hubiera sido católica el nacional socialismo habría seguido siendo una facción política impotente y folklórica.

Hacia 1930 surgió la "Iglesia del Reich" de los "cristianos alemanes" cuyo lema era "Una nación, una Raza, un Führer" que impedía la ordenación de pastores que no fueran de "raza pura" y restringía la autorización para recibir el bautismo.

 

Dos meses después del ascenso de Hitler (17/4/1933) el periódico norteamericano Time sostenía en un artículo:

"El gran Congreso de los Cristianos Germánicos ha tenido lugar en el antiguo edificio de la Dieta prusiana para presentar las líneas de las Iglesias evangélicas en Alemania en el nuevo clima auspiciado por el nacionalsocialismo. El pastor Hossenfelder ha comenzado anunciando: "Lutero ha dicho que un campesino puede ser más piadoso mientras ara la tierra que una monja cuando reza. Nosotros decimos que un nazi de los Grupos de Asalto está más cerca de la voluntad de Dios mientras combate, que una Iglesia que no se une al júbilo por el Tercer Reich." [Alusión polémica a la jerarquía católica que se había negado a "unirse al júbilo".] El pastor doctor Wieneke-Soldin ha añadido: "La cruz en forma de esvástica y la cruz cristiana son una misma cosa. Si Jesús tuviera que aparecer hoy entre nosotros sería el líder de nuestra lucha contra el marxismo y contra el cosmopolitismo antinacional." La idea central de este cristianismo reformado es que el Antiguo Testamento debe prohibirse en el culto y en las escuelas de catecismo dominical por tratarse de un libro judío.

 

Finalmente, el Congreso ha adoptado estos dos principios:

1) "Dios me ha creado alemán. Ser alemán es un don del Señor. Dios quiere que combata por mi germanismo";

2) "Servir en la guerra no es una violación de la conciencia cristiana sino obediencia a Dios" (42)

 

El Cardenal Joseph Ratzinger, refiriéndose a ellos:

"El fenómeno de los "Cristianos Alemanes" ilumina el típico peligro al que está expuesto el protestantismo frente al nazismo. La concepción luterana de un cristianismo nacional, germánico y antilatino, ofreció a Hitler un buen punto de partida, paralelo a la tradición de una Iglesia de Estado y del fuerte énfasis puesto en la obediencia debida a la autoridad política, que es natural entre los seguidores de Lutero. Precisamente por estos motivos el protestantismo luterano se vio más expuesto que el catolicismo a los halagos de Hitler. Un movimiento tan aberrante como el de los Deutschen Christen no habría podido formarse en el marco de la concepción católica de la Iglesia. En el seno de esta última, los fieles hallaron más facilidades para resistir a las doctrinas nazis. Ya entonces se vio lo que la Historia ha confirmado siempre: la Iglesia católica puede avenirse a pactar estratégicamente con los sistemas estatales, aunque sean represivos, como un mal menor, pero al final se revela como una defensa para todos contra la degeneración del totalitarismo. En efecto, por su propia naturaleza, no puede confundirse con el Estado -a diferencia de las Iglesias surgidas de la Reforma-, sino que debe oponerse obligatoriamente a un gobierno que pretenda imponer a sus miembros una visión unívoca del mundo." (43)

Por otra parte, si tenemos en cuenta que Hitler consolidó su gobierno mediante el voto popular, podemos observar que en los Länder católicos no obtuvo mayoría (ya que votaron al Zentrum), y sí la obtuvo en el centro y norte de Alemania.

 

Entre otros testimonios más acerca de la cercanía entre las iglesias protestantes y el nacionalsocialismo, Messori nos propone:

- Con motivo de la Primera Sesión del Parlamento del Tercer Reich se realizó un oficio religioso en el templo luterano de Postdam, antigua residencia prusiana.

- Las felicitaciones del teólogo evangélico luterano Niemoller: "Saludamos a nuestro ¨Führer¨ dando gracias por la viril acción y las claras palabras que han devuelto el honor a Alemania. Nosotros, pastores evangélicos, aseguramos fidelidad absoluta y encendidas plegarias".

 

En julio de 1944, tras el fallido atentado a Hitler, mientras lo que quedaba de la Iglesia Católica alemana guardaba un profundo silencio, los jefes de la iglesia luterana enviaban otro telegrama: "En todos nuestros templos se expresa en la oración de hoy la gratitud por la benigna protección de Dios y su visible salvaguarda." (44)

 

Asimismo, afirma, se ha hecho todo lo posible para que olvidemos que Hitler nunca habría desencadenado la guerra si no hubiera llegado a un acuerdo con los comunistas rusos (Ribentrop-Molotov) sobre el reparto de Polonia y que le dejó las manos libres para la ocupación de Bélgica, Francia y los ataques a Inglaterra etc., mientras los comunistas le cuidaban las espaldas y le vendían petróleo de Bakú hasta el verano de 1941. ¿Son estos los méritos antifascistas del comunismo?

 

¿Por qué contra Pío XII?

Llama la atención el ensañamiento con el que se ataca la figura del Papa Pacelli. Permítasenos unas breves consideraciones que nos permitirán hacernos una idea de su personalidad y de sus convicciones respecto de los principales problemas de la Iglesia y del mundo que le tocó vivir.

 

Ya hemos analizado su postura frente al nazismo, especialmente por su decisiva participación en la redacción de la Encíclica Mit Brennender Sorge y en los Mensajes de Navidad.

 

Innumerables fueron los documentos en los que expuso la preocupación de la Iglesia para la nueva organización del mundo de posguerra. Escribió una encíclica, la Quemadmodum, sobre los niños abandonados después de la guerra.

Con motivo del Año Santo publicó una de sus principales encíclicas, la HUMANI GENERIS en la que demuestra la incompatibilidad del inmanentismo, del idealimo, del materialismo histórico y dialéctico y del existencialismo con el dogma católico, rechaza firmemente el evolucionismo (respecto del origen del alma humana), el poligenismo, la libre interpretación de las Sagradas Escrituras a la vez que recuerda el lugar privilegiado del tomismo (45). Reprueba la doctrina de los que afirman que para atraer a ciertos grupos a la Iglesia se puede ceder en algunos puntos dogmáticos. "El Papa rechaza de plano dicha posición declarando que nuestra religión y sus dogmas es algo exacto y no es cuestión de más o menos. Los dogmas son algo intocable y dentro de la doctrina de la Iglesia. Pertenecen a ese grupo de verdades que se mantienen enteras al paso de los siglos." (46)

Reafirmó la autoridad del papado en su encíclica sobre San Cirilo, declaró el dogma de la Asunción de la Virgen e instituyó la fiesta de María Reina.

 

Pero también fue el Papa a quien le tocó definir la situación de la Iglesia durante la Guerra Fría. Condenó, como sus antecesores, el comunismo y las persecuciones religiosas en los países que lo adoptaron. Sus detractores le critican por su preocupación por el bolchevismo al que consideraba como el peor enemigo de Europa. Y ciertamente no se equivocaba Pío XII; más allá de todo lo repudiable que ha sido la persecución nazi contra el judaísmo, llama la atención cómo, en cambio, se silencian los más de cien millones de hombres que murieron víctimas del marxismo-leninismo en sus diversas formas, según los datos proporcionados por la izquierda en El libro negro del comunismo, de S. Courtois.

 

Tampoco se equivocaba el Papa sobre la importancia de los medios de comunicación a los que dedicó ocho cartas apostólicas en las que advirtió sobre los peligros de su mal uso.

 

Todo ello nos habla de un Papa íntegro. No en vano los trámites para su beatificación, como sostiene quien está a cargo del proceso, el P. Gumpel, avanza "con regularidad y de manera buena". Muchos lo ven con recelo, y hay quienes se escandalizan como el ya muy citado Cornwell, que desde su perspectiva ¿católica? progresista llega a sostener: "Convertir en santo a Pío XII significaría una victoria decisiva para los tradicionalistas sobre los progresistas en la interpretación del Vaticano II" (p. 407).

 

Las calumnias como plagas inyectan su destrucción.

 

Nota: En estos días nos hemos enterado del lanzamiento (13/2/2002) de la película "Amén" de Costa Gravas del que hiciéramos referencia al principio de este trabajo y que recoge, al decir del relator de la causa de beatificación de Eugenio Pacelli, "toda la basura difundida en los últimos años contra la Iglesia y contra el Papa Pío XII". Al referirse a este tema el Director de la revista Histoire du Christianisme emite su opinión acerca de las causas del ataque a Pío XII: "Porque la Iglesia Católica sigue siendo hoy la única comunidad que pretende decir qué es el bien y el mal "objetivos", es decir, independientemente de la voluntad individual. Esta pretensión es vista como algo injustificable: esta película querría demostrar que una institución "política" que tanto se equivocó en el pasado debería callarse hoy." (Zenit, 14/02/2002).2005-08-06

 

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El mayor extravío de la mente humana es creer algo porque uno desee que sea así. Pasteur

 

 

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El ideal o el proyecto más noble puede ser objeto de burla o de ridiculizaciones fáciles. Para eso no se necesita la menor inteligencia.  Alexander Kuprin

 

 

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"Se recurre con frecuencia a la calumnia, la mentira, el infundio, sin preocuparse de contrastar la información para comprobar su veracidad. Ello obedece a la táctica de que se sabe que una vez vertida una información negativa sobre algo o alguien, cosa que es muy fácil, demostrar la verdad requiere un gran esfuerzo y tiempo y gran parte del daño queda hecho de todas maneras."  (Jesús Sáiz Luca de Tena y Mercedes Soto Falcó)

 

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«Usted no debe decirnos lo que dijo el soldado ni ninguna otra persona, señor», respondió el Juez: «Esto no es evidencia.»

 

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Salmo 25,4-9.
Muéstrame, Señor, tus caminos, enséñame tus senderos.
Guíame por el camino de tu fidelidad; enséñame, porque tú eres mi Dios y mi salvador, y yo espero en ti todo el día.
Acuérdate, Señor, de tu compasión y de tu amor, porque son eternos.
No recuerdes los pecados ni las rebeldías de mi juventud: Por tu bondad, Señor, acuérdate de mí según tu fidelidad.
El Señor es bondadoso y recto: por eso muestra el camino a los extraviados;
él guía a los humildes para que obren rectamente y enseña su camino a los pobres.

 

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Cristo nos ha dicho que "nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando... A Ustedes les he llamado amigos" (Jn 15, 13-15). Él les ofrece su amistad. Dio su vida para que los que deseen responder a su llamado sean, en efecto, sus amigos. Se trata de una amistad profunda, sincera, leal, radical, como debe ser la verdadera amistad. Esta es la forma propia de relacionarse con los jóvenes, ya que sin amistad la juventud se empobrece y debilita. La amistad se cultiva con el propio sacrificio para servir y amar de verdad a los amigos. Así pues, sin sacrificio no hay amistad sincera, juventud sana, país con futuro, religión auténtica.

 

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Quienes promuevan «leyes contra el bien integral de la persona, contra la justicia o contra la ley natural pierden la coherencia eucarística» Sínodos Obispos 2005.10 Vat.

 

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-El teólogo católico Henri de Lubac, dijo: “No es verdad, como se dice en ocasiones, que le hombre no puede organizar el mundo de espaldas a Dios. Lo que sí es verdad es que el hombre, si prescinde de Dios, lo único que puede organizar es un mundo contra el hombre”-. La modernidad creció entre los brazos de la tecnología y de las ideas del humanismo ateo y ha sido capaz de oscurecer el corazón de la humanidad con las grandes tiranías del siglo XX: el comunismo, el nazismo y el fascismo. Los monstruos de la razón no necesitan más lenitivo que el pensar el sentido de la razón. Nuevos e igualmente terribles asoman ya en el siglo XXI: ‘terrorismo’ sea islámico o no.

 

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Los cristianos de la Iglesia de la antigüedad en Grecia, Egipto, Antioquía, Efeso, Alejandría y Atenas acostumbraban llamar a la Santísima Virgen con el nombre de Auxiliadora, que en su idioma, el griego, se dice con la palabra "Boetéia", que significa "La que trae auxilios venidos del cielo".

 

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Maternidad espiritual de Maria en la Iglesia 

"La Bienaventurada Virgen, predestinada, junto con la Encarnación del Verbo, desde toda la eternidad, cual Madre de Dios, por designio de la Divina Providencia, fue en la tierra la esclarecida Madre del Divino Redentor, y en forma singular la generosa colaboradora entre todas las criaturas y la humilde esclava del Señor. Concibiendo a Cristo, engendrándolo, alimentándolo, presentándolo en el templo al Padre, padeciendo con su Hijo mientras El moría en la Cruz, cooperó en forma del todo singular, por la obediencia, la fe, la esperanza y la encendida caridad en la restauración de la vida sobrenatural de las almas. Por tal motivo es nuestra Madre en el orden de la gracia. 

Y esta maternidad de María perdura sin cesar en la economía de la gracia, desde el momento en que prestó fiel asentimiento en la Anunciación, y lo mantuvo sin vacilación al pie de la Cruz, hasta la consumación perfecta de todos los elegidos. Pues una vez recibida en los cielos, no dejó su oficio salvador, sino que continúa alcanzándonos por su múltiple intercesión los dones de la eterna salvación. Con su amor materno cuida de los hermanos de su Hijo, que peregrinan y se debaten entre peligros y angustias y luchan contra el pecado hasta que sean llevados a la patria feliz. Por eso, la Bienaventurada Virgen en la Iglesia es invocada con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora. Lo cual, sin embargo, se entiende de manera que nada quite ni agregue a la dignidad y eficacia de Cristo, único Mediador.  

Porque ninguna criatura puede compararse jamás con el Verbo Encarnado nuestro Redentor; pero así como el sacerdocio de Cristo es participado de varias maneras tanto por los ministros como por el pueblo fiel, y así como la única bondad de Dios se difunde realmente en formas distintas en las criaturas, así también la única mediación del Redentor no excluye, sino que suscita en sus criaturas una múltiple cooperación que participa de la fuente única. 

La Iglesia no duda en atribuir a María un tal oficio subordinado: lo experimenta continuamente y lo recomienda al corazón de los fieles para que, apoyados en esta protección maternal, se unan más íntimamente al Mediador y Salvador." 

Del Concilio Vaticano II (Constitución dogmática Lumen gentium, 61-62)

 

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MARÍA, MADRE DE CRISTO, MADRE DE LA IGLESIA

963 Después de haber hablado del papel de la Virgen María en el Misterio de Cristo y del Espíritu, conviene considerar ahora su lugar en el Misterio de la Iglesia. "Se la reconoce y se la venera como verdadera Madre de Dios y del Redentor... más aún, `es verdaderamente la madre de los miembros (de Cristo) porque colaboró con su amor a que nacieran en la Iglesia los creyentes, miembros de aquella cabeza´(S. Agustín, virg. 6)" (LG 53). "...María, Madre de Cristo, Madre de la Iglesia" (Pablo VI discurso 21 de noviembre 1964).

 

I La maternidad de María respecto de la Iglesia

Totalmente unida a su Hijo...

964 El papel de María con relación a la Iglesia es inseparable de su unión con Cristo, deriva directamente de ella. "Esta unión de la Madre con el Hijo en la obra de la salvación se manifiesta desde el momento de la concepción virginal de Cristo hasta su muerte" (LG 57). Se manifiesta particularmente en la hora de su pasión:

La Bienaventurada Virgen avanzó en la peregrinación de la fe y mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la cruz. Allí, por voluntad de Dios, estuvo de pie, sufrió intensamente con su Hijo y se unió a su sacrificio con corazón de Madre que, llena de amor, daba su consentimiento a la inmolación de su Hijo como víctima. Finalmente, Jesucristo, agonizando en la cruz, la dio como madre al discípulo con estas palabras: ‘Mujer, ahí tienes a tu hijo’ (Jn 19, 26-27)" (LG 58).

965 Después de la Ascensión de su Hijo, María "estuvo presente en los comienzos de la Iglesia con sus oraciones" (LG 69). Reunida con los apóstoles y algunas mujeres, "María pedía con sus oraciones el don del Espíritu, que en la Anunciación la había cubierto con su sombra" (LG 59).

... también en su Asunción ...

966 "Finalmente, la Virgen Inmaculada, preservada libre de toda mancha de pecado original, terminado el curso de su vida en la tierra, fue llevada a la gloria del cielo y elevada al trono por el Señor como Reina del universo, para ser conformada más plenamente a su Hijo, Señor de los Señores y vencedor del pecado y de la muerte" (LG 59; cf. la proclamación del dogma de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María por el Papa Pío XII en 1950: DS 3903). La Asunción de la Santísima Virgen constituye una participación singular en la Resurrección de su Hijo y una anticipación de la resurrección de los demás cristianos:

En tu parto has conservado la virginidad, en tu dormición no has abandonado el mundo, oh Madre de Dios: tú te has reunido con la fuente de la Vida, tú que concebiste al Dios vivo y que, con tus oraciones, librarás nuestras almas de la muerte (Liturgia bizantina, Tropario de la fiesta de la Dormición [15 de agosto]).

... ella es nuestra Madre en el orden de la gracia

967 Por su total adhesión a la voluntad del Padre, a la obra redentora de su Hijo, a toda moción del Espíritu Santo, la Virgen María es para la Iglesia el modelo de la fe y de la caridad. Por eso es "miembro muy eminente y del todo singular de la Iglesia" (LG 53), incluso constituye "la figura" ["typus"] de la Iglesia (LG 63).

968 Pero su papel con relación a la Iglesia y a toda la humanidad va aún más lejos. "Colaboró de manera totalmente singular a la obra del Salvador por su fe, esperanza y ardiente amor, para restablecer la vida sobrenatural de los hombres. Por esta razón es nuestra madre en el orden de la gracia" (LG 61).

969 "Esta maternidad de María perdura sin cesar en la economía de la gracia, desde el consentimiento que dio fielmente en la Anunciación, y que mantuvo sin vacilar al pie de la cruz, hasta la realización plena y definitiva de todos los escogidos. En efecto, con su asunción a los cielos, no abandonó su misión salvadora, sino que continúa procurándonos con su múltiple intercesión los dones de la salvación eterna... Por eso la Santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora" (LG 62).

970 "La misión maternal de María para con los hombres de ninguna manera disminuye o hace sombra a la única mediación de Cristo, sino que manifiesta su eficacia. En efecto, todo el influjo de la Santísima Virgen en la salvación de los hombres ... brota de la sobreabundancia de los méritos de Cristo, se apoya en su mediación, depende totalmente de ella y de ella saca toda su eficacia" (LG 60). "Ninguna creatura puede ser puesta nunca en el mismo orden con el Verbo encarnado y Redentor. Pero, así como en el sacerdocio de Cristo participan de diversa manera tanto los ministros como el pueblo creyente, y así como la única bondad de Dios se difunde realmente en las criaturas de distintas maneras, así también la única mediación del Redentor no excluye, sino que suscita en las criaturas una colaboración diversa que participa de la única fuente" (LG 62).

 

II El culto a la Santísima Virgen

971 "Todas las generaciones me llamarán bienaventurada" (Lc 1, 48): "La piedad de la Iglesia hacia la Santísima Virgen es un elemento intrínseco del culto cristiano" (MC 56). La Santísima Virgen "es honrada con razón por la Iglesia con un culto especial. Y, en efecto, desde los tiempos más antiguos, se venera a la Santísima Virgen con el título de `Madre de Dios´, bajo cuya protección se acogen los fieles suplicantes en todos sus peligros y necesidades... Este culto... aunque del todo singular, es esencialmente diferente del culto de adoración que se da al Verbo encarnado, lo mismo que al Padre y al Espíritu Santo, pero lo favorece muy poderosamente" (LG 66); encuentra su expresión en las fiestas litúrgicas dedicadas a la Madre de Dios (cf. SC 103) y en la oración mariana, como el Santo Rosario, "síntesis de todo el Evangelio" (cf. Pablo VI, MC 42).

 

III María, icono escatológico de la Iglesia

972 Después de haber hablado de la Iglesia, de su origen, de su misión y de su destino, no se puede concluir mejor que volviendo la mirada a María para contemplar en ella lo que es la Iglesia en su Misterio, en su "peregrinación de la fe", y lo que será al final de su marcha, donde le espera, "para la gloria de la Santísima e indivisible Trinidad", "en comunión con todos los santos" (LG 69), aquella a quien la Iglesia venera como la Madre de su Señor y como su propia Madre:

Entre tanto, la Madre de Jesús, glorificada ya en los cielos en cuerpo y alma, es la imagen y comienzo de la Iglesia que llegará a su plenitud en el siglo futuro. También en este mundo, hasta que llegue el día del Señor, brilla ante el Pueblo de Dios en Marcha, como señal de esperanza cierta y de consuelo (LG 68).

 

RESUMEN

973 Al pronunciar el "fiat" de la Anunciación y al dar su consentimiento al Misterio de la Encarnación, María colabora ya en toda la obra que debe llevar a cabo su Hijo. Ella es madre allí donde El es Salvador y Cabeza del Cuerpo místico.

974 La Santísima Virgen María, cumplido el curso de su vida terrena, fue llevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo, en donde ella participa ya en la gloria de la resurrección de su Hijo, anticipando la resurrección de todos los miembros de su Cuerpo.

975 "Creemos que la Santísima Madre de Dios, nueva Eva, Madre de la Iglesia, continúa en el cielo ejercitando su oficio materno con respecto a los miembros de Cristo (SPF 15).

 

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La Iglesia es experta en humanidad y conocedora y orientadora del “bien común” de las sociedades. El cardenal Renato R. Martino señaló, en un reciente Congreso en Roma [2005] sobre “La Iglesia y el orden internacional”, que la propuesta cristiana referente al nuevo orden de la humanidad refleja “una visión universal de la historia humana y de las vicisitudes individuales que el Evangelio de la paz propone. Esta visión se ha puesto y sigue poniéndose como un factor de agregación, como vínculo unitario para los pueblos de la tierra”. La Iglesia, como nos recuerda el reciente Compendio de Doctrina Social, es la primera realidad que contribuye a la creación de una auténtica comunidad internacional. Considera que la ONU ha contribuido a promover el respeto a la dignidad de la persona humana, la libertad de los pueblos y la exigencia del desarrollo. Pero no olvida que algunas de sus soluciones no afrontaban los problemas de forma correcta. Ahí están las Cartas de Juan Pablo II, por ejemplo, a la señora Nafis Sadik o a la señora Gertrude Mongella, sobre población, desarrollo y mujer.

La Iglesia si por algo se ha caracterizado es por hablar cuando corrían tiempos de silencios impuestos o sospechosos; y por callar cuando las palabras habían perdido su valor y su precio-aprecio. La Iglesia no dejará de proclamar, en éste y en otros aniversarios, que “la fuente última de los derechos humanos no se encuentra en la mera voluntad de los seres humanos, en la realidad del Estado o en los poderes públicos, sino en el hombre mismo y en Dios su Creador” (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 153). 2005.-

 

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Pedro su barca y fue en pos de Cristo en Tiberíades

 

La razón política constructora de los fundamentos de la política de respuesta a la necesidad de la Historia, que está en la base de la creación y del funcionamiento de las Naciones Unidas, ha olvidado pronto las raíces de la Ilustración que tenía como horizonte la paz perpetua que no se perpetúa. Los nuevos ilustrados, como los viejos, padecen una amnesia generalizada para la memoria de Dios, y de la Revelación, en la historia. Olvidan, por ejemplo, como nos recuerda el canadiense David Warren, que se puede hablar de un humanismo cristiano y que es un error concebir la Ilustración como ruptura total con el cristianismo. Las pretensiones de la razón están más en deuda con Santo Tomás de Aquino que con Voltaire, y no digamos nada con San Agustín. Las ideas que movieron el París de 1789 ya estaban en el París de 1277.

 

Lo que la Iglesia propone a la ONU es el desafío de la calidad moral de todas y cada una de las civilizaciones. Sin una cultura moral, si una razón moral, las máquinas de la democracia y de la economía libre no pueden funcionar correctamente. La ONU necesita una cultura moral capaz de orientar las energías liberadas por la política. George Weigel nos recuerda, en un reciente libro, que la Primera Guerra Mundial fue producto de una crisis moral de la civilización, de una quiebra en la razón moral de una cultura que había dado a luz la misma “razón moral”. Una crisis moral que aún está presente en la ONU- 2005.

 

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Quienes promuevan «leyes contra el bien integral de la persona, contra la justicia o contra la ley natural pierden la coherencia eucarística» Sínodo Obispos 2005.10 Vat.

 

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"Mientras el Evangelio nos obliga a los cristianos a amar y a perdonar: no nos obliga a ser ingenuos"

 

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“Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones” Biblia. Evangelio según San Lucas Cap.1º vs. 48. La Iglesia, hace XXI siglos fundada por Tu Hijo, te alaba, ¡Oh Madre plena de dicha y felicidad!

 

VERITAS OMNIA VINCIT

LAUS TIBI CHRISTI.

 

 

Gracias por venir a visitarnos

 

Pero lo verdaderamente importante es que la Iglesia renueva sin cesar su fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Porque de eso estamos hablando: de una persona, de un ser vivo, y no de una cosa o una idea. La Eucaristía es Él. Y todos, en la Iglesia, vivimos por Él, con Él y gracias a Él, y soñando con unirnos algún día plenamente a Él. O al menos, así debería ser. 

 

 

«Sobre el misterio eucarístico se funda el celibato que los presbíteros han recibido como don precioso y signo del amor indiviso hacia Dios y hacia el prójimo». 

 

 

Benedicto XVI animó a los laicos a hacer de la Eucaristía el «motor interior de toda actividad» y recordó que «ninguna dicotomía es admisible entre la fe y la vida». 2005-10-23, al cerrar el Sínodo de los Obispos y el año de la Eucaristía. 

 

Recomendamos 4 libros : Joseph +cardenal Ratzinger, al día S. S. BENEDICTO XVI P.M.: Fe, verdad y tolerancia; Introducción al cristianismo; La fraternidad de los cristianos; Un canto nuevo para el Señor; Ediciones SIGUEME - +

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).