Sunday 19 February 2017 | Actualizada : 2017-02-03
 
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«El Vaticano no es un conjunto de monumentos, por más preciosos que sean, ni una sede de instituciones, por más prestigiosas e influyentes que sean».
«Es ante todo el lugar histórico y espiritual del martirio y de la tumba de Pedro: donde testimonió con su sangre esa fe sobre la que se sigue basando la nuestra, uniéndose a través del tiempo con una cadena ininterrumpida de testimonios de fe».
Al Vaticano hay que venir para volver a pronunciar «con Pedro y con su sucesor la profesión de fe: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo”».

 

 

«Sobre este fundamento, la Iglesia se mantiene unida. Por este motivo, cada año, los nuevos arzobispos, responsables de las diferentes provincias de la Iglesia católica, vienen a pronunciar en este día su juramento de fidelidad al sucesor de Pedro y a recibir de sus manos el signo del palio, que llevarán sobre los hombros para manifestar su unión con él, aunque estén lejos».
«Por este motivo, todos los años, los representantes del patriarcado ecuménico ortodoxo de Constantinopla vienen a Roma para participar en la celebraciones (29.VI San Pedro y San Pablo), sabiendo que en ningún lugar como en éste, hay que rezar para mantener la unión y pedir a Dios que la haga cada vez más plena. Occidente y Oriente creen y esperan juntos».

«Pero uno no sólo viene a Roma: desde Roma hay partir. Pablo vino a morir a Roma, el centro del mundo, para que el Evangelio se difundiera hacia todos los confines de la tierra. El Papa ha convocado un “año paulino” [junio 2008-junio 2009] dos mil años después del nacimiento del apóstol».
«La Iglesia vive para la misión, para anunciar a ese Cristo en el que cree, para dar a conocer el amor de Dios por todo el mundo. Sólo por esto. Es lo más importante de todo».

 

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Hitler ordenó destruir el Vaticano

y secuestrar a Pío XII

 

Andrea Tornielli: Hitler ordenó destruir el Vaticano y secuestrar a Pío XII, en venganza por la ayuda que ofreció el Papa a los judíos.

 

El escritor e historiador italiano Andrea Tornielli, desvela en su nueva obra «Pío XII, el Papa de los judíos» las destructivas intenciones del líder nacionalsocialista, Adolf Hitler, que ordenó a sus subordinados arrasar «a sangre y fuego» el Vaticano y secuestrar y confinar al obispo de Roma y jefe de la Iglesia católica en algún lugar del Principado de Liechtenstein, donde permanecería retenido como rehén del ejército alemán.

Adolf Hitler ordenó en 1943 la destrucción del Vaticano y la deportación del papa Pío XII como represalia por la presunta ayuda del Pontífice a los judíos y por la oposición de la Iglesia al régimen nazi, según el historiador italiano Andrea Tornielli.

Tornielli explica en su libro, que acaba de salir a la venta en Italia, que el «Führer» montó en cólera tras la firma del armisticio entre el Gobierno italiano del mariscal Badoglio y los aliados el 8 de septiembre de 1943, y ordenó al cuerpo de élite de las SS arrasar «a sangre y fuego» la Santa Sede.

El líder nacionalsocialista habría dispuesto el traslado del Papa al principado de Liechtenstein, donde debería haber permanecido como rehén de los alemanes.

El plan no llegó a cumplirse gracias a la firme oposición del oficial que iba a dirigirlo: el general Karl Wolff, entonces comandante de las SS en Italia, quien logró disuadir a su superior.

El ex primer ministro italiano Giulio Andreotti ha defendido la validez de la tesis de Tornielli en una intervención que pronunció el pasado 22 de agosto en el «Mitin» del Movimiento católico «Comunión y Liberación», extendido por todo el mundo, que se concluyó este sábado en la localidad costera de Rimini, en el norte de Italia.

Andreotti defendió la figura de Pío XII y rechazó las críticas que recibió el Pontífice al final de la Segunda Guerra Mundial sobre su pasividad ante el holocausto judío realizado por los nazis.

«La hostilidad contra el papa Pacelli no se debió a su debilidad contra el nazismo, sino a su rechazo del comunismo», aseguró.

Los argumentos expuestos por Tornielli ya habían sido apuntados por historiadores y estudiosos en los últimos años, que citaban testimonios y documentos de la etapa de la ocupación nazi de Roma. Entre ellos figura Antonio Gaspari, autor de «Los judíos, Pío XII y la Leyenda Negra», en los que se narran testimonios de judíos que fueron salvados en Roma de la persecución nazi-fascista, gracias a la ayuda de hombres y mujeres de Iglesia, por petición misma del Papa.

Este libro sale a la luz cuando está en marcha el proceso de beatificación de Pío XII, rechazado por algunos sectores de la comunidad judía y por exponentes de derechas del actual Gobierno de Israel.

Eugenio Pacelli, Pío XII, falleció el 9 de octubre de 1958 en la residencia veraniega papal de Castel Gandolfo, tras diecinueve años de intenso pontificado.

Su acción concreta y eficaz a favor de los judíos salvó, directa e indirectamente, a 800.000 de ellos, según testimonio del investigador israelí Pinchas Lápide.

Lejos de tener afinidad con Hitler, como sugirió maliciosamente Rolf Hochhuth en su obra teatral «El Vicario», el Papa se vio implicado activamente en las conspiraciones de la resistencia alemana para derribar al tirano, como demuestran los documentos del Foreign Office británico acerca de la llamada «Schwarze Kapelle», a la que estaban vinculados el Almirante Canaris, el conde Von Stauffenberg y otras personalidades alemanas contrarias al Führer.

Pacelli había leído «Mein Kampf» y calibró en repetidas ocasiones el peligro de las doctrinas en este libro contenidas. No es extraño, pues, que fuera el autor intelectual de la encíclica contra el nazismo «Mit brennender Sorge», escrita por su predecesor, cuando él era secretario de Estado vaticano.ZENIT. ZS01082705 – 2001

 

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Diario italiano revela que Hitler planeó

secuestrar al Papa Pío XII

 

 

ROMA, 17 Ene. 2005 -El diario italiano Avvenire reveló este fin de semana que el dictador nazi Adolf Hitler proyectó y ordenó secuestrar al Papa Pío XII durante la Segunda Guerra Mundial porque era "antinazi y amigo de los hebreos".

Según Avvenire, el proyecto de Hitler fracasó porque el oficial alemán a quien ordenó ejecutar el secuestro no le obedeció. Los detalles de este plan se obtuvieron en unos documentos que recogen el testimonio del general de la rama militar de las SS, Karl Friedrich Otto Wolff.

El testimonio del general nazi aparece en una declaración escrita recogida en 1972 en Munich y confluyó en los documentos del proceso de beatificación del Papa Pacelli.

Según la reconstrucción de Salvatore Mazza en el Avvenire, Wolff afirmó haber recibido "de Hitler en persona la orden de secuestrar al Papa Pío XII".

El plan del secuestro fue meditado por el Führer "durante años", estudiado en sus detalles particulares y solicitado insistentemente desde 1944, llegando a dar una suerte de ultimátum a Wolff para que lo pusiese en práctica.

En mayo de ese año, el general alemán se reunió en audiencia con Pío XII  y le confió las intenciones de Hitler. Wolf le pidió estar en guardia porque, aunque él no iba a cumplir la orden, "la situación era confusa y estaba llena de peligros".

Como prueba de su buena fe, el Papa pidió al general nazi la liberación de dos líderes de la resistencia condenados a muerte. El general aceptó el pedido el 3 de junio.

Según el periódico, las SS se habrían encargado de secuestrar al Papa, mientras el Kunsberg-Kommando, la organización nazi especializada en la catalogación de los documentos, se habría empadronado de los archivos vaticanos.

En virtud del plan elaborado por Hitler, el Pontífice debía ser conducido al castillo de Liechtenstein, en Wuerttemberg.

Según Avvenire, desde 1941 se temía en el Vaticano eventuales intervenciones nazis contra el Pontífice. En aquel año algunos importantes documentos sobre las relaciones con el Tercer Reich fueron microfilmados y enviados al delegado apostólico en Washington, Amleto Cicoganani.

Además, Pío XII había mandado esconder sus cartas personales, mientras otros documentos de la secretaría de Estado fueron puestos al seguro en escondites de los archivos secretos porque "se temía lo peor”, según relató el cardenal Egidio Vagnozzi.

Hitler, según Avvenire, planeó el secuestro de Pío XII con el objetivo de "cancelar el cristianismo y sustituirlo con la nueva religión nazi".

 

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--¿Pero en su opinión existe una guerra justa?

--Cardenal Ratzinger: Esto es un gran problema. En la preparación del Catecismo había dos problemas: la pena de muerte y la guerra justa eran los temas más debatidos. Es un discurso que ahora se hace concreto en el caso de las respuestas de los americanos.
O bien podemos hacer referencia a otro ejemplo, el de Polonia, que se defendió contra Hitler. Diría, no se puede excluir según toda la gran tradición cristiana, en un mundo marcado por el pecado, que existe una agresión del mal que amenaza con destruir no sólo muchos valores, muchas personas, sino la imagen del hombre como tal. En ese caso, defenderse, defenderse también para defender al otro, puede ser un deber. Digamos, por ejemplo, que un padre de familia que ve agredidos a los suyos tiene el deber de hacer lo posible para defender a la familia, la vida de las personas a él confiadas, incluso eventualmente con una violencia proporcionada. Por lo tanto el problema de la guerra justa se define en base a estos parámetros: 1. Si se trata realmente de la única posibilidad de defender vidas humanas, defender valores humanos. Todo ponderado realmente en la conciencia y ponderando todas las otras alternativas. 2. Que se apliquen sólo los medios inmediatos aptos a esta defensa y que se respete siempre el derecho; en una guerra tal el enemigo debe ser respetado como hombre y todos los derechos fundamentales deben ser respetados. Pienso que la tradición cristiana sobre este punto ha elaborado respuestas que deben ser actualizadas sobre la base de las nuevas posibilidades de destrucción, de los nuevos peligros. Provocar, por ejemplo, con una bomba atómica la destrucción de la humanidad puede tal vez incluso excluir toda defensa. Por lo tanto hay que actualizarlas, pero diría que no se puede excluir totalmente a priori toda necesidad, incluso moral, de una defensa de personas y valores con los medios adecuados, contra agresores injustos. 2001.

--Hablaba del respeto de la dignidad de la persona. Se me ocurre pensar también en la necesidad y en la dificultad del perdón. ¿A usted le resulta siempre tan fácil perdonar?

--Cardenal Ratzinger: Naturalmente si uno está herido íntimamente debe superar también esta amargura dada por la herida, y no puede ser algo fácil, porque el hombre está atacado en lo íntimo de su ser, debe purificarse, debe superar las agresiones innatas, y sólo en un camino de purificación interior, que puede ser también difícil, se llega al verdadero perdón; pero en este sentido la necesidad del perdón es también una gracia para el hombre, porque así él mismo es purificado y renovado y se hace más auténtico hombre en el proceso de purificación y de perdón.

--¿Qué es el castigo en la lógica de Dios?

--Cardenal Ratzinger: Dios no nos hace el mal; ello iría contra la esencia de Dios, que no quiere el mal. Pero la consecuencia interior del pecado es que sentiré un día las consecuencias inherentes al mal mismo. No es Dios quien nos impone algún mal para curarnos, pero Dios me deja, por así decirlo, a la lógica de mi acción y, dejado a esta lógica de mi acción, soy ya castigado por la esencia de mi mal. En mi mal está implicado también el castigo mismo; no viene del corazón, viene de la lógica de mi acción, y así puedo entender que he estado en oposición con mi verdad, y estando en oposición con mi verdad estoy en oposición con Dios, y debo ver que la oposición con Dios es siempre autodestructiva, no porque Dios me destruya, sino porque el pecado destruye.

 

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Rabino estadounidense pide para Pío XII

el título «Justo entre las Naciones» 2006


ROMA, martes, 17 enero 2006 - En un libro publicado en Estados Unidos, el rabino y profesor de Ciencias Históricas y Políticas, David Dalin, pide que se otorgue el título «Justo entre las Naciones» a Pío XII, en reconocimiento por lo que hizo en defensa de los judíos durante la segunda guerra mundial.

La obra demuestra que muchos papas, a lo largo de la historia, defendieron y protegieron a los judíos de acusaciones y persecuciones.

El libro, titulado «The Myth of Hitler’s Pope» («El mito del Papa de Hitler»), editado por Regnery Publishing, relata muchas historias sobre cómo el Papa Eugenio Pacelli salvó a los judíos de la persecución nazi.

Dalin cita autorizados estudios de autores judíos, como «Roma y los judíos» de Pinchas Lapide y «Pío XII y los judíos», escrito en 1963 por Joseph Lichten, miembro de la Liga Antidifamación.

Dalin cita también a Jenö Levai, el historiador húngaro que, ante las acusaciones de silencio contra el Papa, escribió «Judaísmo húngaro y papado. El Papa Pío XII no guardó silencio. Informes, documentos y archivos de la Iglesia y el Estado», publicado en inglés en 1968, con una introducción de Robert M.W. Kempner, vicefiscal jefe estadounidense en el proceso de Nüremberg.

Entre las obras recientes, el rabino estadounidense subraya en concreto los trabajos de sir Martin Gilbert, entre los más autorizados historiadores judíos en vida, biógrafo oficial de Wiston Churchill y autor de más de setenta libros sobre la segunda guerra mundial y la Shoá.

Gilbert relata todo lo que la Iglesia católica hizo en defensa de los judíos, oponiéndose al racismo y al nazismo, y afirma que «Pío XII debería ser elogiado y no censurado».

Por sus actuaciones en favor de los judíos, Dalin propone que se conceda a Pío XII el más alto reconocimiento hebreo para un gentil, el título «Justo entre las naciones», título que atribuye el Instituto «Yad Vashem» de Jerusalén.

El 3 de noviembre pasado, la edición en Internet del «Jerusalem Post» publicaba la recensión del libro de modo muy positivo.

Especialmente interesante es el capítulo en el que Dalin analiza el comportamiento de varios pontífices con los judíos. La tradición de los papas que tuvieron gran consideración y estima a los hebreos se inicia, según el rabino norteamericano, con Gregorio I, más conocido como Gregorio Magno (590-604), que emitió el histórico decreto «Sicut Judaeis», en defensa de los judíos.

Calixto II garantizó también su protección a los judíos y reafirmó el contenido de «Sicut Judaeis».

Durante el siglo XIV, cuando los judíos fueron inculpados de la epidemia de peste (“la muerte negra”), el Papa Clemente VI (1342-1352) fue el único líder europeo que salió en su ayuda.

Bonifacio IX (1389-1403) amplió la protección papal a los judíos, reconociéndoles la ciudadanía romana en 1402, y fue el primer Papa que dio empleo a judíos en El Vaticano.

Los papas Martín V (1417-1431) y Eugenio IV (1431-1437) tuvieron como médico personal al judío Elijah ben Shabbetai Be’er que, gracias a la ayuda de los pontífices, fue el primer judío que enseñó en una Universidad europea, la de Pavía.

Sixto IV (1471-1484), fue el primer Papa que contrató a copistas judíos en la Biblioteca Vaticana y creó la primera cátedra de Hebreo en la Universidad de Roma. Durante su pontificado, la población judía se duplicó.

Dalin habla también de los pontífices Nicolás V, Julio II, León X, Clemente VII, Paolo III, Benedicto XIV, Clemente XIII y XIV, León XIII y Pío IX, todos los cuales intervinieron en favor de los judíos.

Del siglo XX, el rabino estadounidense recuerda a Benedicto XV, que publicó una condena del antisemitismo preparada por el joven Eugenio Pacelli, futuro Pío XII.

Pío XI, cuyo profesor de hebreo era un rabino, es conocido por afirmar: «Espiritualmente todos somos semitas».

Juan XXIII y Pablo VI fueron cercanos colaboradores de Pío XII en la obra de rescate de los judíos durante la segunda guerra mundial.

Juan Pablo II, fue el primer Papaque visitó la sinagoga de Roma y que rezó ante el Muro de las Lamentaciones

Benedicto XVI ha realizado ya una histórica visita a la sinagoga de Colonia, en su Alemania natal, el pasado mes de agosto.

La última parte del libro de Dalin se dedica a la historia y a los hechos relativos al gran muftí de Jerusalén, Hajj Amin al Husseini que, durante la segunda guerra mundial, encontró a Adolf Hitler en numerosas ocasiones; amigo de Adolf Heichmann, visitó el campo de concentración de Auschwitz e intervino en la radio alemana, declarándose de acuerdo con la eliminación de los judíos europeos para evitar el nacimiento de un Estado judío.

Frente al actual rebrote de antisemitismo, Dalin propone recuperar la verdad histórica y estudiar las condenas al racismo hechas por el magisterio de la Iglesia católica. ZS06011702

 

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Los frutos del Espíritu son perfecciones que forma en nosotros el Espíritu Santo como primicias de la gloria eterna. La tradición de la Iglesia enumera doce:

• Caridad
• Benignidad
• Gozo
• Mansedumbre
• Paz
• Fidelidad
• Paciencia
• Modestia
• Longanimidad
• Continencia
• Bondad
• Castidad

 

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Del Evangelio según san Marcos 14, 66-68.72

Mientras Pedro estaba abajo en el patio, llegó una criada del sumo sacerdote y, al ver a Pedro calentándose, lo miró fijamente y dijo: «También tú andabas con Jesús el Nazareno». Él lo negó diciendo:  «Ni sé ni entiendo lo que quieres decir»... Y en seguida, por segunda vez, cantó el gallo. Pedro se acordó de las palabras que le había dicho Jesús:  «Antes de que cante el gallo dos veces, me habrás negado tres», y rompió a llorar.

MEDITACIÓN - «Aunque tenga que morir contigo, no te negaré» (Mc 14, 31). Pedro era sincero cuando decía esto, pero no se conocía a sí mismo, no conocía su debilidad. Era generoso, pero había olvidado contar con la generosidad del Maestro. Pretendía morir por Jesús, mientras era Jesús quien debía morir por él para salvarlo.  Al hacer de Simón la «piedra» sobre la cual fundar la Iglesia, Cristo incorpora al apóstol a su iniciativa de salvación. Pedro creyó ingenuamente que podía dar algo al Maestro, mientras que todo lo recibía gratuitamente de él, incluido el perdón tras la negación. Jesús no cambió su elección de Pedro como fundamento de su Iglesia. Después del arrepentimiento, se concedió a Pedro la capacidad de confirmar a sus hermanos.

 

 

 

Il. La Iglesia fundada sobre los apóstoles.


42, 1-4. I/APÓSTOLES: Los apóstoles nos evangelizaron de parte del Señor Jesucristo y Jesucristo fue enviado de parte de Dios. Así pues, Cristo viene de Dios, y los apóstoles de Cristo. Una y otra cosa se hizo ordenadamente por designio de Dios. Los apóstoles, después de haber sido plenamente instruidos, con la seguridad que les daba la resurrección de nuestro Señor Jesucristo y creyendo en la palabra de Dios, salieron, llenos de la certidumbre que les infundió el Espíritu Santo, a dar la alegre noticia de que el reino de Dios estaba para llegar. Y así, según que pregonaban por lugares y ciudades la buena nueva y bautizaban a los que aceptaban el designio de Dios, iban estableciendo a los que eran como primeros frutos de ellos, una vez probados en el Espíritu, como obispos y diáconos de los que habían de creer. Y esto no era cosa nueva, pues ya desde mucho tiempo atrás se había escrito acerca de los obispos y diáconos. En efecto, la Escritura dice en cierto lugar: «estableceré a sus obispos (episkopoi) en justicia, y a sus diáconos (diakonoi) en la fe» (Is 60, 17) s.


III. La organización de la Iglesia es análoga a la del antiguo pueblo de Dios.


43, 1-44,2. OBISPO/SUCESOR-APOS: ¿Qué tiene de extraño que aquellas a quienes se les confió esta obra (es decir, los apóstoles) establecieran obispos y diáconos? El bienaventurado Moisés, «siervo fiel en todo lo referente a su casa», consignó en los libros sagrados todo cuanto le era ordenado... Pues bien: cuando estalló la envidia acerca del sacerdocio, y disputaban las tribus acerca de cuál de ellas tenía que engalanarse con este nombre glorioso, mandó a los doce cabezas de tribu que le trajesen sendas varas... (cf. Núm 17). Y a la mañana siguiente hallase que la vara de Aarón no sólo había retoñado, sino que hasta llevaba fruto... Moisés obró así para que no se produjese desorden en Israel, y el nombre del único y verdadero Señor fuese glorificado... Y también nuestros apóstoles tuvieron conocimiento, por medio de nuestro Señor Jesucristo, de que habría disputas sobre este nombre y dignidad del episcopado, y por eso, con perfecto conocimiento de lo que iba a suceder, establecieron a los hombres que hemos dicho, y además proveyeron que, cuando éstos murieran, les sucedieran en el ministerio otros hombres aprobados...


40, 42, 4. Deber nuestro es hacer ordenadamente cuanto el Señor ordenó que hiciéramos, en los tiempos ordenados. Porque él ordenó que las ofrendas y ministerios se hicieran perfectamente, no al acaso y sin orden alguno, sino en determinados tiempos y de manera oportuna. El determinó en qué lugares y por qué ministros habían de ser ejecutados, según su soberana voluntad, a fin de que, haciéndose todo santamente, sea con benevolencia aceptado por su voluntad. Por tanto, los que hacen sus ofrendas en los tiempos ordenados son aceptados y bienaventurados, y siguiendo las ordenaciones del Señor no cometen pecado. Porque el sumo sacerdote tiene sus peculiares funciones asignadas a él; los levitas tienen encomendados sus propios servicios, mientras que el simple laico (Iaikos anthropos) está sometido a los preceptos del laico. Hermanos, procuremos agradar a Dios, cada uno en su propio puesto, manteniéndonos en buena conciencia, sin traspasar las normas establecidas de su liturgia, con toda reverencia. Porque no en todas partes se ofrecen sacrificios perpetuos, votivos o propiciatorios por los pecados, sino sólo en Jerusalén, y aun allí, tampoco se ofrecen en cualquier parte, sino en el santuario y junto al altar, una vez que la víctima ha sido examinada en sus tachas por el sumo sacerdote y los ministros mencionados. Los que hacen algo contrario a la voluntad de Dios, tienen señalada pena de muerte. Considerad, pues, hermanos, que cuanto mayor es el conocimiento que el Señor se ha dignado concedernos, tanto mayor es el peligro a que estamos expuestos...


IV Dios creador.


20, 1-22. Enderecemos nuestros pasos hacia la meta de paz que nos fue señalada desde el principio, teniendo fijos los ojos en el Padre y Creador de todo el universo y adhiriéndonos a los magníficos y sobreabundantes dones y beneficios de su paz. Contemplémosle con nuestra mente y miremos con los ojos del alma su magnánimo designio, considerando cuán benévolo se muestra para con toda su creación. Los cielos, movidos bajo su control, le están sometidos en paz. El día y la noche van siguiendo el curso que él les ha señalado sin que mutuamente se interfieran. El sol, la luna y los coros de los astros giran según el orden que él les ha establecido, en armonía y sin transgresión de ninguna clase, por las órbitas que les han sido impuestas. La tierra germina según la voluntad de él a sus debidos tiempos y produce abundantísimo sustento a los hombres y a todos los animales que viven sobre ella, sin que jamás se rebele ni cambie nada de lo que él ha establecido. Los abismos insondables y los inasequibles lugares inferiores de la tierra se mantienen dentro de las mismas ordenaciones. El lecho del inmenso mar, constituido por obra suya para contener las aguas no traspasa las compuertas establecidas, sino que se mantiene tal como él le ordenó... El océano al que no pueden llegar los hombres, y los mundos que hay más allá de él, están rugidos por las mismas disposiciones del Señor. Las estaciones, la primavera, el verano, el otoño y el invierno se suceden pacíficamente unas a otras. Los escuadrones de los vientos cumplen sin fallar, a sus tiempos debidos, su servicio. Las fuentes perennes, creadas para nuestro goce y salud, ofrecen sin interrupción sus pechos para la vida de los hombres. Y hasta los más pequeños de los animales forman sus sociedades en concordia y paz. Todas estas cosas, el artífice y Señor de todo ordenó que se mantuvieran en paz y concordia, derramando sus beneficios sobre el universo, y de manera particularmente generosa sobre nosotros, los que nos hemos acogido a sus misericordias por medio de nuestro Señor Jesucristo, a quien sea la gloria y la grandeza por los siglos de los siglos. Amén. Estad alerta, carísimos, no sea que sus beneficios, tan numerosos. se conviertan para nosotros en motivo de juicio si no vivimos de manera digna de él, haciendo lo que es bueno y agradable en su presencia con toda concordia.


V. Jesucristo.


36, 1-2. Este es el camino en el que hemos hallado nuestra salvación. Jesucristo, el sumo sacerdote de nuestras ofrendas, el protector y ayudador de nuestra debilidad. A través de él fijamos nuestra mirada en las alturas del cielo. A través de él contemplamos, como en un espejo, la faz inmaculada y soberana de Dios. Por él nos fueron abiertos los ojos de nuestro corazón. Por él nuestra mente, antes ignorante y llena de tinieblas, ha renacido a la luz. Por él quiso el Señor que gustásemos el conocimiento de la inmortalidad...


49, 6. Por su caridad nos acogió el Señor a nosotros. En efecto, por la caridad que nos tuvo, nuestro Señor Jesucristo dio su sangre por nosotros según el designio de Dios, dio su carne por nuestra carne, y su vida por nuestras vidas. Ya véis, hermanos, qué cosa tan grande y tan admirable es la caridad, y cómo es imposible declarar su perfección...


7, 2-4. Tengamos los ojos fijos en la sangre de Cristo, y consideremos cuán preciosa es a los ojos de Dios, Padre suyo, hasta el punto de que, derramada por nuestra salvación, mereció la gracia del arrepentimiento.


12, 7. Por su fe y hospitalidad se salvó Rahab la ramera. Le dijeron que pusiera en su casa una señal, colgando un paño rojo: con ello quedaba indicado que por la sangre del Señor encontrarían redención todos los que creen y esperan en Dios.


16, 1-17. A los humildes pertenece Cristo, no a los que se muestran arrogantes sobre su rebaño. El cetro de la majestad de Dios, el Señor, Jesucristo, no vino al mundo con aparato de arrogancia ni de soberbia, aunque hubiera podido hacerlo, sino en espíritu de humildad, tal como lo había dicho de él el Espíritu Santo: "Señor, ¿quién lo creerá cuando lo oiga de nosotros?... No tiene figura ni gloria, le vimos sin belleza ni hermosura, su aspecto era despreciable, más feo que el aspecto de los hombres ..» (sigue la cita de Is 53, 1-12, y Sal 21, 5-8). Considerad, hermanos, el modelo que se nos propone: porque si el Señor se humilló hasta este extremo, ¿qué tendremos que hacer nosotros, que nos hemos sometido al yugo de su gracia?


VI. Fe y obras.


31-34. ¿Por qué fue bendecido nuestro padre Abraham? ¿No lo fue por haber practicado la justicia y la verdad por medio de la fe? Isaac, conociendo con certeza lo por venir, se dejó llevar de buena gana como víctima de sacrificio. Jacob emigró con humildad de su tierra a causa de su hermano, y marchó a casa de Labán y le sirvió, y le fue concedido el cetro de las doce tribus de Israel... En suma, todos fueron glorificados y engrandecidos, no por méritos propios. ni por sus obras o por la justicia que practicaron, sino por la voluntad de Dios. Por tanto, tampoco nosotros, que fuimos por su voluntad llamados en Jesucristo, nos justificamos por nuestros propios méritos, ni por nuestra sabiduría, inteligencia y piedad, o por las obras que hacemos en santidad de corazón, sino por la fe, por la que el Dios que todo lo puede justificó a todos desde el principio... Si esto es así, ¿qué hemos de hacer, hermanos? ¿Vamos a mostrarnos negligentes en las buenas obras y podemos descuidar la caridad? No permita Dios que esto suceda, al menos en nosotros. Al contrario, apresurémonos a cumplir todo género de obras buenas, con esfuerzo y ánimo generoso. El mismo artífice y Señor de todas las cosas se regocija y se complace en sus obras... Teniéndole a él como modelo, adhirámonos sin reticencias a su voluntad y hagamos la obra de la justicia con todas nuestras fuerzas. El buen trabajador toma con libertad el pan de su trabajo, pero el perezoso y holgazán no se atreve a mirar a la cara de su amo. Por tanto, hemos de ser prontos y diligentes en las buenas obras, ya que de él nos viene todo. El nos lo ha prevenido: «He aquí el Señor, y su recompensa delante de su cara, para dar a cada uno según su trabajo» (Is 40, 10, etc.). Con ello nos exhorta a que pongamos en él nuestra fe con todo nuestro corazón, y a que no seamos perezosos ni negligentes en ningún género de obras buenas...


30, 1-6. Siendo una porción santa, practiquemos todo lo que es santificador: huyamos de toda calumnia, de todo abrazo torpe o impuro, de embriagueces y revueltas, de la detestable codicia, del abominable adulterio, de la odiosa soberbia... Vivamos unidos a aquellos que han recibido como don la gracia de Dios, revistámonos de concordia, manteniéndonos en el espíritu de humildad y continencia, absolutamente alejados de toda murmuración y calumnia, justificados por nuestras obras, y no por nuestras palabras... Nuestra alabanza ha de venir de Dios, y no de nosotros mismos, pues Dios detesta al que se alaba a sí mismo..


VII. La esperanza escatológica.


23-27. RS/CUERPO: El que es en todo misericordioso y padre benéfico, tiene entrañas de compasión para con todos los que le temen, y benigna y amorosamente reparte sus gracias entre los que se acercan a él con mente sencilla. Por tanto, no dudemos, ni vacile nuestra alma acerca de sus dones sobreabundantes y gloriosos. Lejos de nosotros aquello que dice la Escritura (pasaje desconocido): «Desgraciados los de alma vacilante, es decir, los que dudan en su alma diciendo: eso ya lo oímos en tiempo de nuestros padres, y he aquí que hemos llegado a viejos y nada semejante se ha cumplido.» ¡Insensatos! Comparaos con un árbol, por ejemplo, la vid. Primero caen sus hojas, luego brota un tallo, luego nace la hoja, luego la flor, después un fruto agraz, y finalmente madura la uva. Considerad cómo en un breve período de tiempo llega a madurez el fruto de ese árbol. A la verdad, pronto y de manera inesperada se cumplirá también su designio, tal como lo atestigua también la Escritura que dice: «Pronto vendrá y no tardará: inesperadamente vendrá el Señor a su templo, y el Santo que estáis esperando» (cf. Is 14, 1: Mal 3, 1). Reflexionemos, carísimos, en la manera cómo el Señor nos declara la resurrección futura, de la que hizo primicias al Señor Jesucristo resucitándole de entre los muertos.


Observemos, amados, la resurrección que se da en la sucesión del tiempo. El día y la noche nos muestran la resurrección: muere la noche, resucita el día; el día se va, viene la noche. Tomemos el ejemplo de los frutos: ¿Cómo y en qué forma se hace la sementera? Sale el sembrador y lanza a la tierra cada una de las semillas, las cuales cayendo sobre la tierra, secas y desnudas, empiezan a descomponerse; y una vez descompuestas, la magnanimidad de la providencia del Señor las hace resucitar, de suerte que cada una se multiplica en muchas, dando así fruto... Así pues, ¿vamos a tener por cosa extraordinaria y maravillosa que el artífice del universo resucite a los que le sirvieron santamente y con la confianza de una fe auténtica...? Apoyados, pues, en esta esperanza, adhiéranse nuestras almas a aquel que es fiel en sus promesas y justo en sus juicios. El que nos mandó no mentir, mucho menos será él mismo mentiroso, ya que nada hay imposible para Dios excepto la misma mentira. Reavivemos en nosotros la fe en él, y pensemos que todo está cerca de él... Todo lo hará cuando quiera y como quiera, y no hay peligro de que deje de cumplirse nada de lo que él tiene decretado...


VIII. El martirio de Pedro y Pablo.


5-6. Por emulación y envidia fueron perseguidos los que eran máximas y justísimas columnas de la Iglesia, los cuales lucharon hasta la muerte. Pongamos ante nuestros ojos a los santos apóstoles: Pedro, por emulación inicua, hubo de soportar no uno ni dos, sino muchos trabajos, y dando así su testimonio, pasó al lugar de la gloria que le era debido. Por emulación y envidia dio Pablo muestra del trofeo de su paciencia: por seis veces fue cargado de cadenas, fue desterrado, fue apedreado, y habiendo predicado en oriente y en occidente, alcanzó la noble gloria que correspondía a su fe: habiendo enseñado la justicia a todo el mundo, y habiendo llegado hasta el confín de occidente, y habiendo dado su testimonio ante los gobernantes, salió así de este mundo y fue recibido en el lugar santo, hecho ejemplo extraordinario de paciencia. A estos hombres que vivieron en santidad, se agregó un gran número de elegidos, los cuales, después de sufrir muchos ultrajes y tormentos a causa de la envidia, se convirtieron entre nosotros en el más bello ejemplo.

 

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…como Pedro y Pablo, afrontar mares y romper confines anunciando a Cristo…

«Duc in altum» (Lc 5,4) dijo Cristo al apóstol Pedro en el Mar de Galilea.

 

 

Pío XII, el último Papa

Año Pacelliano

Editoriales

No queda la menor duda: Pío XII fue el último papa del “antiguo régimen”. Lo ha dicho el propio Cardenal Suenens sin que fuera negado por las grandes figuras de la jerarquía: el Vaticano II fue 1789 en la Iglesia.

 

Escribe Marcelo González

Fue el último de los papas píos, una serie caracterizada por hombres que han debido sufrir grandemente por causa de las persecuciones a la Iglesia. Pío X, al aceptar la carga del pontificado tomó ese nombre en honor a quienes lo precedieron en su lucha contra las falsas doctrinas y los movimientos externos e internos que trabajan para la destrucción de la Nave de Pedro. Pío XII, -Pacelli- comenzó su carrera eclesiástica en la curia romana, bajo Pío X, a quien luego canonizó, siendo, quizás, el pontífice que más lo haya podido comprender.

Fue el último papa “magisterial”: la pulida exactitud de sus documentos -claros, ordenados, sólidos, exentos de antropologías y sociologías fundadas en las opiniones humanas, definitorios de las discusiones- se marca como una frontera bien ostensible.

Después de él, el magisterio, salvo excepcionalmente, fue más farragoso, conciliador con el mundo, se apoyó con frecuencia en argumentaciones  que no constituyen las de fondo. (El aborto no es malo meramente porque daña la dignidad humana. Es malo porque va contra la ley divina…). Se volvió más propagandístico, paradójicamente. Aunque se abjuró de la “propaganda fide”, se adoptó un estilo que evoca la “propaganda” ideológica. La expresión “cultura de la muerte”, por ejemplo, es efectiva para suscitar sentimientos, no para fundamentar principios morales.

Fue el último de los papas que como norma constante condenó el error en términos contundentes: sin aprensiones respecto a la inclinación moderna por el relativismo, tan lamentado hoy. Pío XII habló con la convicción de que “extra veritatem nulla salus”. Diríamos que fue el último papa sin ciertos complejos de inferioridad doctrinal. Presentó la verdad de la Iglesia y combatió nítidamente los errores asumiendo en su tono y en sus sentencias que hablaba desde la Cátedra de Pedro. De un Pedro al que la experiencia de los siglos había demostrado que no hay negocio doctrinal posible con el mundo.

Fue el último papa poeta: sus alocuciones y discursos nos conmueven por la fina sensibilidad, el bello estilo, la apelación al sentimiento tanto como a la razón, el don de gentes, la profunda sencillez. Tuvo algo de San Francisco de Asís en su relación con la naturaleza y con el prójimo.

Fue el último papa rey: de cuna noble, supo combinar la majestad de su cargo, el más alto que ser humano alguno pueda ejercer, con los gestos paternales: el abrazo simbólico, las manos extendidas para el saludo, (manos doloridas de tanto saludar), la inclinación ante los niños para ponerse a su altura. Fue el último papa que desde la silla gestatoria se figuró a quienes lo vieron el rey de los reyes de la tierra y a la vez un padre amantísimo. Un monarca tonante y un pastor angélico, en maravillosa y extraña armonía. Su sola presencia convertía a los incrédulos… Ninguno en adelante lograría ambos efectos a la vez, ni desde el solio ni desde el papamóvil.

Fue el último papa mártir: crucificado en vida por las traiciones internas, por los poderes del mundo, a los que desafió con santa prudencia y temeraria intrepidez. Fue el último en llamar mal al mal, en la cara y siguiendo la doctrina evangélica del Sí, si, No, no. Y fue el último que dio hasta el último segundo de su tiempo para la salvación de las almas y de los cuerpos de todos, inclusive de los más malvados: desde su estudio donde velaba hasta la madrugada escribiendo, y desde su gigantesca organización de caridad para las víctimas de la guerra.

Otros pontífices han tenido algunos o varios de estos rasgos.  Pocos los han tenido todos. Fue un papa del antiguo régimen que no pudo evitar que sus sucesores hicieran la experiencia de amigarse con el mundo sin distinguir el mundo como campo de  evangelización del mundo como enemigo del hombre.

Fue el último papa que le dijo las cosas en la cara al mundo y el mundo lo respetó y veneró.

Hoy en día es la piedra de tropiezo: la Iglesia siente el deber de elevarlo a los altares por sus virtudes heroicas  (quizás porque siente en lo hondo que debe restaurarse el “antiguo régimen”, abandonado en un momento de ilusión mundana), pero aquellos que ahora se llaman “amigos de la Iglesia” lo desprecian y le temen profundamente.

En todos estos aspectos, Pío XII es el último papa. 2008.XI.

http://www.panodigital.com/pio-xii-el-ultimo-papa

 

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Marcelo -

Enviado por Daniel_613 el Sáb, 2008-10-11 00:25.

He leido tu articulo y quiero personalmente hacerte saber que me ha honrado leer cada una de tus palabras. Muy bueno, muy sincero, y muy cerca de lo que sentimos muchos no solo por este gran Papa, sino por la Iglesia toda.

Mas alla de mil diferencias entre lectores de este foro, el aparecio profundo a Pio XII nos una mas y nos ayude.

Leia un articulo acerca de Pio XII y el nazismo. Creo que ese tema tambien ha sido otra "cruz" postuma para Pio XII. Despues de leer varias cosas de su vida me parece que uno de los grandes signos de Pio XII es su humildad. A diferencia de otros personajes, Pio XII no proclamo su autodefensa con autobiografias y reportajes ruidosos. Se dice que hasta su muerte, en ciertos ambientes privados, tuvo profundas reflexiones acerca de cuanto era posible hacer y cuanto no era posible con el nazismo. Y eso para mi habla de cuan humano, cuan fragil esta alma santa era a la vez se ser el campeon grandioso de la Doctrina y de la Verdad proclamada sin tapujos.

Un hombre de Dios, un signo vivo. Los signos vivientes, los santos despiertan amor y odio, y el odio que suscitan su incuestionable verdad es un odio maligno y traicionero. Hoy vemos esto en muchos.

Gracias por tu articulo, gracias por traslucir en palabras simples lo que muchos sentimos dentro sin decirlo asi.

Atte.

Daniel

 

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Qué grandes son tus obras, Señor.

Qué profundos son tus designios.

Qué grandes son tus proyectos para nosotros.

Qué profundos son tus deseos para el que te busca.

Es bello, Señor, vivir siendo Tú el centro de mi vida.

Es bello, Señor, saber que Tú eres el Señor de mi vida.

 

Muchos no te conocen, Señor, y me da pena

que pongan su vida en cosas que se acaban.

Muchos no saben que Tú eres Padre

y que nos quieres a todos con ternura.

Tú eres grande para siempre.

Tu amor me inunda y me hace feliz.

 

 

Gracias por venir a visitarnos

 

 

Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cuál es Jesucristo"  (1° Corintios 3:11) Así siempre nos enseña la Iglesia.

 

“Por consiguiente, la fe proviene de la predicación, y la predicación es el mensaje de Cristo”. San Pablo en ‘Romanos 10:17’. “El que os escucha a vosotros me escucha a mí; y el que os rechaza a vosotros rechaza a mí; y el que rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado” Dice Jesús en el evangelio según San Lucas 10,16. La Iglesia –solo ella- en la sucesión apostólica predica a Jesucristo hace 2000 años.

 

Recomendamos: ROMA, DULCE HOGAR, Scott Hahn y su esposa Kimberly cuentan el largo viaje que les llevó de evangélicos calvinistas, hasta la casa paterna en la Iglesia Católica. Un camino erizado de dificultades, pero recorrido con gran coherencia y docilidad a la gracia, y cuyo motor era el amor a Jesucristo y a su Palabra en la Sagrada Escritura.

 

Recomendamos: LO PRIMERO ES EL AMOR”, Scott Hahn muestra de nuevo una de sus mejores cualidades como autor: su gran capacidad para explicar las verdades esenciales de la Iglesia Católica fundada por Jesucristo, de un modo accesible y atrayente. En esta obra el incentivo es esta pregunta: ¿Qué clase de amor y qué clase de familia satisfacen nuestros más íntimos anhelos?. Con su clara prosa desarrolla una idea central de la fe cristiana: Dios, la Trinidad de Personas Divinas, es una familia que vive en una comunión de amor. Expone también Hahn la íntima conexión entre la familia divina, la familia de la fe, que es la Iglesia, y las familias de la tierra formadas por un hombre y una mujer. Ed. Patmos – Libros de espiritualidad-225.-

 

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Vivir amando... para encontrar el Tesoro. +

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).