Sunday 19 February 2017 | Actualizada : 2017-02-03
 
Inicio > Leyendas Negras > Lenguaje - 1º pluma es poderosa espada; manipulación corrupción torcedura

Sofística es todo pensamiento que se somete a algo distinto de lo que parece verdadero, o que somete la verdad a algo distinto de ella misma –a la fuerza, el interés, el deseo, la ideología...-.

El conocimiento es lo que nos distingue de ella en el orden teórico, como la sinceridad en el orden práctico.

Pues si nada fuera ni verdadero ni falso, no habría diferencia alguna entre el conocimiento y la ignorancia, ni entre la sinceridad y la mentira. Las ciencias no sobrevivirían, ni la moral, ni la democracia. Si todo es falso, todo está permitido: se pueden falsificar las experiencias o las demostraciones, puesto que ninguna es válida; equiparar la superstición con la ciencia, pues ninguna verdad las distingue; condenar a un inocente, puesto que no hay diferencia entre un testimonio verdadero y uno falso; rechazar los resultados de una votación, pues solamente será válida si se conoce su resultado verdadero...

Los peligros que entraña la sofística son evidentes. Si se puede pensar cualquier cosa, se puede hacer cualquier cosa. La sofística conduce al nihilismo, como el nihilismo a la barbarie.


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“Cuando Pedro, lleno de audacia, anda sobre el mar, sus pasos tiemblan, pero su afecto se refuerza...; sus pies se hunden, pero él se coge a la mano de Cristo. La fe le sostiene cuando percibe que las olas se abren; turbado por la tempestad, se asegura en su amor por el Salvador. Pedro camina sobre el mar movido más por su afecto que por sus pies...  No mira donde pondrá sus pies; no ve más que el rastro de los pasos de aquel que ama. Desde la barca, donde estaba seguro, ha visto a su Maestro y, guiado por su amor, se pone en el mar. Ya no ve el mar, ve tan sólo a Jesús.  San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte) y doctor de la Iglesia”.  Sermón que se le atribuye, Apéndice nº 192; PL 39, 2100


Constantemente se atribuyen a la Iglesia Católica, palabras, declaraciones que no ha pronunciado, y, de las realmente dichas, hay falsarios charlatanes que las exponen torcidamente con alevosía, es decir, con el agravante de traición.

 

De allí nuevamente nace una calumnia y tantas leyendas negras, si el talante del escritor o comunicador, no es serio, responsable y honesto.

 

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"Existen tres tipos de personas: el tonto, que no aprende de sus errores; el listo, que aprende de sus errores; y el sabio que aprende de los errores de los demás". [N. Maquiavelo]

 

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"Las fuentes" pueden dar "frases" que hay que interpretar en el contexto y con sus consecuencias a tenor de la Historia que solo años después se pueden ver en contexto.

 

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LENGUAJE Y DEMOCRACIA:

La democracia exige, como base fundamental, un lenguaje preciso y claro que transparente el pensamiento de las personas, sin equívocos ni manipulaciones interesadas. La comunicación es el instrumento principal de la democracia. Y la comunicación se hace a través del lenguaje hablado, escrito y digitalizado.
Toda manipulación o corrupción del lenguaje premeditadas constituye un atentado de lesa democracia y hace imposible la convivencia pacífica entre los ciudadanos.
Quiero fijarme especialmente sobre esa manipulación del lenguaje sobre el tema tan actual y polémico del llamado matrimonio homosexual.
No se trata, aunque a veces se afirme, de negar ningún derecho a las personas que tienen esa orientación sexual porque no existe ninguna ley que prohíba a una persona de esta tendencia que pueda contraer legítimo matrimonio, como el resto de los ciudadanos. El artículo 32.1 de nuestra Constitución establece taxativamente este derecho universal de todos los ciudadanos, hombres y mujeres, a contraer matrimonio con plena igualdad jurídica.
El matrimonio en aquella época, como aparece manifiesto en todas las leyes y en las costumbres, era la unión de un hombre y una mujer estable para la ayuda mutua y para la procreación y educación de los hijos, a esa institución tenían acceso todos los ciudadanos que no tuviesen un impedimento legal dirimente.
Sorprende que esta transformación que se pretende se pueda resolver sin un debate público amplio y sin ser sometida a un referéndum. El hecho de que, por una ley de mayoría simple, se pueda introducir un cambio de esta trascendencia, constituye un paso de una audacia increíble e irresponsable.
No hace falta ser ningún especialista en antropología, ni en anatomía, ni en fisiología humana, para comprender que la unión corpórea entre personas del mismo sexo es contraria a la naturaleza de la composición del ser humano e implica necesariamente forzar la estructura natural del acto sexual.
No se trata de despreciar a ninguna persona por su orientación sexual, sino únicamente de salvar la institución del matrimonio como institución natural que existe desde el comienzo de la Humanidad, y que para los creyentes fue fundada por el mismo Dios y que ha servido como instrumento indispensable para asegurar y garantizar la supervivencia de la Humanidad a través de los siglos. - Fernando Guerrero - 2005-07-15

 

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Más de 450.000.000 hablan español o castellano, en el mundo actualmente. 2007.


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La lengua española es una maravillosa creación cultural del pueblo. A lo largo de más de mil años, ha ido levantando estructuras, fachadas y torres. Es un edificio perfecto para ser habitado y, además, hermoso. Sólo las ideologías totali- tarias pueden pretender alterar ese conjunto tan trabado. No hace falta recurrir a las dictaduras: ahora hay una dictadura solapada, la del feminismo fanático que se propone alterar la estructura del lenguaje.

Amando de Miguel-(en La Gaceta) 5 abril 2012. ALFA Y OMEGA.ES.

 

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San Francisco de Sales, "el murmurador o maledicente, comete de ordinario con solo una estocada de su lengua, tres crímenes de homicidio: primero, dando muerte espiritual a su propia alma, segundo asesinando también espiritualmente al que le escucha y tercero dándole muerte civil a la persona de quien murmura"

 

San Josemaría Escrivá, en su libro “Camino” tiene un punto que dice: “Habla bien de todo el mundo y si no puedes cállate”.

 

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San Francisco de Sales, "el murmurador o maledicente, comete de ordinario con solo una estocada de su lengua, tres crímenes de homicidio: primero, dando muerte espiritual a su propia alma, segundo asesinando también espiritualmente al que le escucha y tercero dándole muerte civil a la persona de quien murmura"

 

San Josemaría Escrivá, en su libro “Camino” tiene un punto que dice: “Habla bien de todo el mundo y si no puedes cállate”.

 

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“nunca hablar mal de otras personas, porque cuando hablar se convierte en habladuría, murmuración, esto es una venta, y la persona que está en el centro de nuestra murmuración se convierte en una mercancía. No sé por qué –dijo el Santo Padre 28. III. 2013- existe una alegría oscura en el chisme”.

 

Santiago Apóstol el Menor, es poseedor de la pluma que más fuertemente ha atacado los pecados de la lengua. Hallamos su Carta en el Nuevo Testamento:

Si alguno se imagina que es hombre religioso, pero no domina su lengua, se engaña a sí mismo y su religión es falsa (Stgo 1, 26).

 

Es un  aviso de que no hay religión donde abunda la murmuración, la calumnia y la mentira, y sigue: Si alguien no peca con su lengua, es un hombre perfecto.

A los caballos les ponemos un freno en el hocico para dominarlos, con el freno sometemos todo su cuerpo. Lo mismo los barcos, por grandes que sean y estén impulsados por fuertes vientos, el piloto los maneja con un pequeño timón.

Del mismo modo la lengua es algo pequeña, pero que puede mucho. Basta una llama pequeña para incendiar un bosque inmenso. La lengua también es un fuego, en un mundo de maldad, pues mancha toda la persona y comunica el fuego del infierno a toda nuestra vida.

 

Animales salvajes y pájaros, repites y animales marinos de toda clase son y han sido dominados por el hombre, por el contrario, la lengua nadie puede dominarla, es un látigo incansable llena de mortal veneno, con ella bendecimos a Dios Padre, y con ella maldecimos a los hombres hechos a imagen y semejanza de Dios.

De la misma boca sale la bendición y la maldición. No creo que exagere, porque es corriente que se pruebe cuánto veneno sale de muchas bocas cristianas. Críticas aceradas llenas de purulencia, exposición de desgracias que desean para los demás, torcida interpretación de la conducta ajena, manifestación de secretos que crucifican hermanos, exageración de hechos y dichos, calumnias viles a sabiendas de que están contra la verdad.

 

Es que no se dan cuenta de que el Primer Mandamiento, es decir el más importante, es justo el amor de Dios y el amor al prójimo, y que estos abusos de la lengua son un atentado contra el principal mandamiento.

Luego por ser consecuencia puede resultar el más grave de los pecados que se pueden cometer. El Catecismo de la Iglesia Católica concluye:

 

Toda falta cometida contra la justicia y la verdad entraña el deber de reparación aunque su autor haya sido perdonado. Cuando es imposible reparar un daño públicamente, es preciso hacerlo en secreto; si el que ha sufrido un perjuicio no puede ser indemnizado directamente, es preciso darle satisfacción moralmente, en nombre de la caridad. Este deber de reparación concierne también a las faltas cometidas contra la reputación del prójimo. Esta reparación, moral y a veces material, debe apreciarse según la medida del daño causado. Obliga en conciencia (2487).

 

Asertivo el Papa cuando nos advierte de la maldad que encierra la murmuración, cuando se despelleja al otro.

¡Qué peligrosa es la serpiente de la lengua! Doméñala antes de que te lleve al abismo de la condenación.

 

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El lenguaje es discriminatorio: ¿y qué?


por Juan Carlos Monedero

Discriminar es distinguir. Y confundir es lo contrario de distinguir. Por ende, no discriminar –como machaconamente se nos insiste– equivale a confundir. La bandera de la no discriminación es la bandera de la confusión.

 

Sólo en una segunda acepción –tal como registra la Real Academia Española– discriminar significa “Dar trato de inferioridad a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos, etc.”. Y esto sería discriminar injustamente; lo que especifica a la discriminación como reprobable es su injusticia. Hoy padecemos la deliberada hipertrofia de la segunda acepción de esta palabra, que ha desplazado su sentido propio y exacto.


El lenguaje es discriminatorio. Veamos por qué.


En su formidable libro La rebelión de la Nada, Enrique Díaz Araujo desenmascara entre otros a Paulo Freire. Este ideólogo de la educación y agitador social proponía entre otras maravillas disminuir la cantidad de palabras generadoras: 15 en lugar de 80.


¿Se dan cuenta? Siempre se había pensado que la cultura consistía en aprender más cosas. Freire ha descubierto que su esencia está en aprender menos cosas. Ha invertido el signo de todas las civilizaciones que el mundo ha conocido.


La revolución copernicana producida por Freire y llamada ‘Revolución Cultural’ supone una simplificación magnífica: antes había que aprender no menos de 80 palabras generadoras; ahora con 15 basta. ¿Basta para qué? ¡Ah, ese es otro asunto! Basta para ser un cuasi-semi-analfabeto”[1].


Si en la palabra yace la cosa, disminuir la cantidad de palabras es… ¿Hacer decrecer las cosas? ¿Destruirlas? ¿Modificarlas en su esencia? Imposible.


Pero disminuir la cantidad de palabras equivale a impedir que la inteligencia vea, comprenda, entienda, aprenda, capte lo que las cosas son.


Cada palabra porta una llama. Cada una de ellas irradia una lux propia en nuestra natural oscuridad.


Decir una palabra puede compararse con encender un fuego, lo cual ocurre primero en la mente y casi inmediatamente en nuestros labios; al ser pronunciada la palabra, comienzan a “aparecer” las cosas “que estaban ahí”, junto a nosotros, pero a oscuras: se las puede designar, señalar, nombrar.El nombre es arquetipo de la cosa, enseñó Platón. Cada palabra, distinta de otra, denota por lo mismo una cosa distinta de otra. La riqueza del lenguaje sigue a la riqueza del ser.


El lenguaje porta, lleva, carga, conduce el ser.


Si lo anterior es cierto, no hay diferencia entre eliminar del uso común una palabra y apagar una luz, tal como lo difundió Paulo Freire. Por cada palabra arrancada de nuestra lengua, una luz menos. Y por cada luz apagada, algo real que desaparece de nuestra consideración. “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mente”, afirmó Wittgenstein.


Cuidadosamente omitidos, existen términos que están cayendo en un intencional desuso. Esto ha quedado patente en la actual polémica en nuestro país respecto del “matrimonio” entre personas del mismo sexo. Pensemos por ejemplo en aquellas palabras que involucran de suyo una reprobación moral de la homosexualidad: «antinaturaleza», «contranaturaleza», «perversión», «desorden», etc. Incluso muchos que reprobaron y reprueban esta ley omitían la pronunciación de estos vocablos.


¿Resultado?: el olvido de la realidad o –por lo menos– la fragilidad de su arraigo en nuestras mentes. Las cosas siguen ahí, es cierto, pero nosotros no logramos ya pronunciarlas. Este flagelo se hace patente en la incapacidad para designar las cosas según sus diferencias, por un lado, y en la conocida impotencia de muchos para reprobar lo malo y ponderar lo bueno sólida y firmemente, debido a una carencia de la adjetivación.


Estamos siendo testigos de este empobrecimiento deliberado de nuestras inteligencias. Nuestro estómago se nutre bien, pero nuestra inteligencia está siendo subalimentada. Ya no abrevamos en lo esencial de las cosas –en aquello que las configura como sustancia– sino en sus accidentes. Más que pensamiento débil, actualmente padecemos el castigo del pensamiento anoréxico.


Ahora, pongámonos en los zapatos del ideólogo.


Si yo quiero que la gente pierda la capacidad de distinguir lo normal de lo anormal, lo verdadero de lo falso, la naturaleza de la contranaturaleza, lo bueno de lo malo, la virtud del vicio; si yo quiero aniquilar estas diferencias –siéndome imposible hacerlo en la realidad misma–, lo más que puedo hacer es borrarlas de las mentes, a través de la constante omisión de las palabras que verdaderamente significan y nos llevan a las cosas.


Para ello, debo refundar el idioma. Reelaborarlo, según la idea de hombre que quiero construir.


Debo enterrar aquellas palabras cuya sola mención supone de suyo lo Absoluto. Sepultar los vocablos bien y mal, virtud y vicio , gracia y pecado, verdadero y falso, justo e injusto, etc. Todos ellos comportan un Principio que me niego a admitir: si juzgo algo y afirmo “esto es bueno” o “esto es verdadero”, ingreso inevitablemente en el terreno metafísico. Lo mismo se diga de la justicia y la virtud: la sola pronunciación de estas palabras me coloca en la incómoda atmósfera de las verdades perennes.


A lo sumo podré tolerar que se las mencionen siempre y cuando el tono, la atmósfera y las circunstancias que las rodean sean lo suficientemente frívolas como para que nadie sospeche que me he tomado el atrevimiento de hacer un juicio de carácter absoluto.


Por eso, debo criminalizar la Verdad. Que Ella sea demonizada, que su sola mención mueva a la indignación, a la crispación, al escándalo.


Que pronunciarla sea un delito.


Enterradas estas palabras, debo conseguir que únicamente subsistan otras, las imprecisas. Aquellas que no suponen una inteligencia en contacto directo con la realidad –una inteligencia metafísica, con vocación para el ser, con apetito del ente, con deseo de admiración–, sino una inteligencia que puede rodear cómodamente las cosas sin penetrarlas jamás, que habite en sus accidentes sin tocar sus esencias. De ahí que todo deba ser juzgado en estos términos: conveniente/ inconveniente; popular/impopular; moderno/antiguo; moderado/intransigente; mayoritario/ minoritario; tolerante/fanático; constitucional/anticonstitucional.


¿Dónde está la trampa? En que todos estos adjetivos pueden convenir indistintamente tanto a la verdad como al error.


Pero como ideólogo no puedo decir frontalmente que busco estos objetivos.


¿Qué debo hacer? Acusar a quienes defienden el Orden Natural de mantener este discurso de forma interesada. No atacar sus argumentos, sino su persona. A través de una constante repetición, mi objetivo es lograr que la gente se olvide de la realidad que está en juego detrás de las palabras.


Debo convencer a mi auditorio de que conozco las intenciones ocultas de mis adversarios, de que sé perfectamente que aunque verbalmente aduzcan motivaciones altruistas, en el fondo, por más que ellos lo nieguen, desean mantener el control, el poder, la dominación.


Debo lograr enlodar a priori su autoridad moral, para que la gente ni bien escuche su argumentación piense: “ellos dicen estas cosas como pretexto y justificación de alguna superioridad económica o bienestar material”.


En una palabra, ejercitando el discurso marxista, debo acusar a mis enemigos de intentar imponer una superestructura de dominación –en este caso, el Orden Natural– a través del lenguaje: “la palabra sigue siendo privilegio de los mismos grupos de poder”, dijo en La Nación Adriana Amado, el 28 de julio[2] .


En efecto, ¿por qué creerles a los defensores “del orden natural”, si en el fondo –como afirma el cassette pro homosexualista– son unos mentirosos que buscan mantener sus cómodos privilegios económicos, sus autoritarias estructuras de poder? Y si ellos negaran tales motivaciones, ¿puede esperarse que los mentirosos digan la verdad?


Si un hombre dice (por ejemplo) que los hombres conspiran contra él, no se le puede discutir más que diciendo que todos los hombres niegan ser conspiradores; que es exactamente lo que harían los conspiradores”[3] .


He aquí la fabulosa petición de principio, punto de encuentro de víctimas y victimarios. Chesterton la calificaba de locura. Y por eso no proponía “discutirla” como una herejía, sino “quebrarla” como un encantamiento: “Curar a un hombre no es discutir con un filósofo, es arrojar un demonio”.


El activismo pro homosexual pretende embarrar la causa de la Verdad. Permanentemente lucubra hipótesis respecto a las intenciones personales de sus adversarios. Sus cuadros son especialistas en convertir en odiosas todas las cosas buenas: las enlodan mirándolas según su propia mediocridad.


La pequeñez más lacerante que padece esta ideología es no alcanzar a aceptar la posibilidad del desinterés, del altruismo y heroísmo, imitando la posición sartreana que no veía en el amor sino un disfraz del masoquismo o bien del sadomasoquismo.


Si Sartre sospecha del amor y busca mancharlo, los ideólogos actuales –con la misma pervertida mentalidad– convierten en odioso el Orden Natural, rociándolo con sus envenenadas palabras, a fin de impedir que los bienintencionados descubran la realidad de las cosas.


En algo tienen razón estos sofistas: el lenguaje discrimina. El lenguaje –el verdadero, el que ellos pretenden empobrecer y derrumbar– efectivamente discrimina. Distingue. Diferencia. Demarca. Separa. Divide. Y si su objetivo es confundir, un lenguaje que discrimina no les conviene.


Una manzana no es una pera.


Matar en defensa propia no es asesinar.


Cobrar un impuesto justo no es un robo.


Y un matrimonio no es entre personas del mismo sexo.


Pero, ¿cómo desarticular la acusación según la cual nosotros consideramos a la homosexualidad como enfermedad, como antinaturaleza, movidos exclusivamente por turbulentos intereses económicos? ¿Cómo probar que no estamos interesados en mantener ninguna estructura de poder al defender la Verdad?


Se prueba observando una realidad.

 

Hoy el poder lo tienen ellos. Por eso tuvieron el poder como para pedir en octubre del 2009 el relevo del Presidente de la Asamblea General de la ONU, Alí Abdussalam Treki, que se manifestó contrario a la promoción de su ideología [4] ; por eso tienen el poder para remover un video de “Youtube” donde podía verse cómo un sacerdote de 84 años era detenido por la policía mientras portaba una cruz, al mismo tiempo que los activistas “pro gay” incurrían en los comportamientos propios de los endemoniados, insultando y befando al Santo Padre y a la Iglesia, sin recibir la más mínima sanción[5]; por eso cuentan con el apoyo incondicional del gigante informático IBM; por eso presionaron –y lo obtuvieron– a la Real Academia Española para cambiar los significados de su diccionario, puesto que los consideraban “anacrónicos y discriminatorios”[6] .


Pues bien, así trabaja el activismo pro homosexualista: para derribar una supuesta superestructura de dominación, erige la propia.


Vivir en el seno de la contradicción no es sino tomar a la hipocresía como método. El colmo de ésta es acusar al adversario de lo que en los hechos uno mismo realiza.

 

En el principio era el Logos (Jn. 1,1).


La ideología pro homosexualista odia el Logos y lo combate. Como no puede vencerlo en sí mismo, lo vulnera en su imagen: el intelecto humano.


La guerra al logos participado es la continuación de la guerra al Logos Imparticipado. Nos están colonizando con palabras. Y no nos damos cuenta. Por eso el 22 de julio de 2010, al publicar en el Boletín Oficial la modificación del Código Civil a efectos de legalizar el “matrimonio” homosexual, Cristina Fernández de Kirchner afirmó: “no hemos promulgado una ley, hemos promulgado una construcción social”.


Pero los sofistas modernos tienen un punto débil. Terrible y mortal para ellos, si nos damos cuenta: su supremo interés por eliminar estas palabras nos indica cuál es el principal elemento a defender. Lo que más desean, eso es lo que nosotros debemos primero custodiar. Lo que ellos desean prohibir es exactamente lo que tenemos que hacer.


Donde está la solución, está el peligro.


Ordinariamente vemos únicamente el peligro, la persecución, el odio furibundo de estos embaucadores; sin advertir que la virulencia con que ellos nos replican no es sino el disfraz de su propio temor a ser desenmascarados. Este peligro que nos acecha al mencionar las palabras que precisamente ellos desean omitir, no es sino el enrejado que recubre y protege la solución. Su debilidad.


Y si nosotros nos hacemos de la solución, ellos están perdidos.


¿Y cuál es?


La solución es la palabra. La verdadera.


Pronunciemos la palabra que juzga metafísicamente, con criterios absolutos: la palabra que no se apoya en construcciones históricas convencionales, ni en modas pasajeras. La palabra que refleja el ser, no su interpretación; la palabra que permanece, no la que evoluciona; la palabra que define, no la que halaga o confunde.


Dejemos de naufragar en los accidentes –objeto de la Sofística– y afirmemos lo esencial, la definición de las cosas, el numen, el arquetipo.


La solución última es la palabra en tanto vehículo de realidades metafísicas, por encima del cambio, independiente de los horizontes culturales, de los puntos de vista. Y esta palabra no puede ser sino el reflejo de la Palabra, Dios mismo. Por eso Ernest Hello ha dicho magníficamente:


Afirmar es el acto inicial de la palabra. Todo verbo contiene el verbo ser. Toda palabra tiene a Dios por sostén. El que es, es el fundamento del discurso”[7] .

 

La cruz permanece mientras el mundo cambia.


En el crucifijo yace –aunque el laicismo en Europa pretenda retirarlo– el Crucificado, Logos Eterno y Verbo Increado del Padre: Nuestro Señor Jesucristo. Testigo Supremo de lo que no cambia en un mundo que cambia constantemente.


·- ·-· -······-·
Juan Carlos Monedero


1 Enrique Díaz Araujo. La Rebelión de la Nada o los ideólogos de la subversión cultural, Cruz y Fierro, Buenos Aires, 1984, págs. 202-203.

2 http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1288952

3 Chesterton. Ortodoxia, Excelsa, Buenos Aires, 1943, págs. 26-27.

4 http://www.datum.org.ar/?p=2751

5 http://www.datum.org.ar/?p=2006#more-2006

6 http://www.publico.es/espana/277304/rae/gays/diccionario

7 Ernest Hello. Palabras de Dios. Reflexiones sobre algunos textos sagrados, Difusión, Buenos Aires, pág. 92.

http://www.arbil.org/arbil125.htm – III. MMXI


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Manipulación del lenguaje

De nuevo queremos tratar un problema que tiene diversos aspectos pero que tiene mucha importancia pues es fundamental para el control ideológico de la sociedad: es el uso y la manipulación del lenguaje.

La Babel de nuestro tiempo no está en la confusión de lenguas, sino en la confusión de conceptos; y esta confusión es mucho más dañina que aquélla. Aquélla se resuelve con los traductores políglotas, los diccionarios, y actualmente, con los programas informáticos, pero la confusión ideológica requiere de un esfuerzo de la voluntad primero, y de la inteligencia, después, a fin de que sea posible entendernos.

Una de las confusiones ideológicas a que nos referimos, y que hoy constituye un lugar común, surge del empleo de una misma palabra para expresar conceptos distintos y aún antagónicos. En este sentido hay palabras que no son unívocas, sino equívocas, porque son portadoras no de un solo mensaje, sino de mensajes contradictorios. Tal ocurre, por ejemplo con vocablos tan usuales como Iglesia, paz, libertad, democracia, monarquía, etc..

La segunda de las confusiones consiste en el enredo voluntario entre palabras homófonas, que suenan parecido, pero antitéticas, que suponen conceptos o juicios opuestos. Así ocurre con unidad y uniformidad, social y socialista, libertad y liberalismo, etc

Un tercer grupo de confusiones es entre palabras diferentes que encierran conceptos diferentes y que en pricipio sería complicado confundir si no se promoviera esa confusión de forma deliberada. Por ejemplo la que se produce entre patriotismo y nacionalismo, propiedad privada y capitalismo

Por último también se produce una manipulación del lenguaje transformando palabras, que en principio debieran ser neutras e incluso encerrar conceptos positivos, para satanizarlas, como integrista (el que mantiene integro el contenido), radical (el que va a la raíz del asunto)

Y lo peor es que estos cuatro tipos de confusiones, que son potenciadas por los media del sistema están lograndrando tomar carta de naturaleza en la sociedad y son aceptadas entre las personas e instituciones que son afectadas por estas manipulaciones, sin que se reaccione en muchas ocasiones.

No seamos nosotros cómplices, por acción, pero también por omisión, en el avance de esta prostitución del lenguaje. Manuel Morillo - 2008.XI.03

 

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Una interesante teoría histórica: Cuando comenzó la romanización de Hispania, en edad muy temprana, a finales del siglo III a. de C., el idioma latino se encontraba menos evolucionado que cuando se conquistaron la Galia o la Dacia. De ahí que algunas palabras que los hispanos aprendieron en latín y las guardaron para sí, no tuvieran relación con las que se les enseñó a los galos y dacios. Se suele hablar del conservadurismo del latín hispánico, porque en él se conservan formas del latín clásico que se vieron rechazadas en otras áreas romanizadas que fueron más proclives a los cambios semánticos. muchas palabras españolas derivan del latín tardío.

 

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La pluma es más poderosa que la espada

 

Luis Olivera
Hoy en día se publican gran cantidad de datos, con los que se pretende retratar la realidad que nos rodea. Pero, a veces, esos números esconden trampas. Un ejemplo. Si preguntamos ¿cuántos pobres hay en Estados Unidos?, la respuesta dependerá de dónde se ponga el límite de ingresos. Teniendo en cuenta la elevación del nivel de vida, la Oficina USA del Censo proyecta subir ese listón desde los 16.600 dólares actuales a 19.500 anuales, para una familia de cuatro miembros. Entonces, de la noche a la mañana habría doce millones de pobres más en Estados Unidos.

Pero habría que decir que si se quiere medir el bienestar, el “metro” adecuado debería ser el consumo y no la renta, que no es lo mismo, sobre todo entre los pobres. La tasa de pobreza nos dice cuántos americanos tienen ingresos bajos, pero no qué es lo que pueden comprar. Al respecto, Michael Cox, economista de la Reserva Federal, escribe que “en 1997, las familias con renta baja ingresaban por término medio 7.086 dólares antes de impuestos. Su consumo –lo que los pobres gastaron, no lo que ganaron—ascendía a 14.670 dólares”.

La pregunta es inmediata: ¿Cómo es posible que las familias pobres gasten más –y más del doble—de lo que ganan? Richard Alm, en ‘The Wall Street Journal?, explica que muchas familias “perciben ingresos complementarios a través de la asistencia social, vales canjeables por alimentos, subsidios de paro, atención médica gratuita, subvenciones directas y otras ayudas, que las estadísticas no contabilizan”. Además, las estadísticas de pobreza tampoco tienen en cuenta el patrimonio de las unidades familiares, “que puede ser más importante que los ingresos corrientes”. De la misma manera Cox agrega que los trabajadores en paro temporal “no perciben salario, pero en muchos casos disponen de ahorros”.

De hecho, aunque muchos pensionistas tienen ingresos bajos, cuentan con ahorros y, además, sus casas, coches y muebles ya están pagados. En 1993, 302.000 familias con rentas inferiores a 20.000 dólares anuales vivían en casas de valor superior a los 300.000 dólares.

Otra clase de números inciertos son los de las víctimas de las catástrofes. The Economist” se refería hace poco a que “los lectores prudentes, incluidos los nuestros, no deben olvidar que hay mentiras, grandes mentiras y estadísticas”, como decía el sociólogo Ben Wattemberg. “Y entre las más grandes se encuentran las relativas a catástrofes, naturales o causadas por el hombre”, añadía el semanario económico. El recordatorio se debía a que los lectores británicos acababan de pasar por un espantoso accidente de tren, en el que –además—se habían cebado los periódicos. Durante los dos días siguientes, el total de víctimas subió casi minuto a minuto hasta “al menos cien muertos, y podrían ser muchos más, incluso no menos de 170”, según un diario popular.

“The Times” calculó que los muertos eran 70 y cien los desaparecidos. No es extraño que para el sensacionalista “The Sun” se tratara de “la peor catástrofe en tiempo de paz”. El propio “The Economist” dijo que habían perecido “al menos 70 personas”. ¿Cuál fue la realidad del suceso? Una semana después del accidente, el balance de víctimas quedó en 35, cosa que pocos diarios publicaron en letras tan grandes como las que habían usado unos días antes.

El semanario del grupo Pearson daba otro ejemplo: los cálculos del Gobierno americano sobre las víctimas de la guerra de Kosovo, unos meses antes. Al acabar la guerra, aunque en "The Economist” eran algo escépticos, “nos habíamos tragado –si bien con un poco comprometedor ‘quizás’—el número de 100.000 kosovares muertos a manos de los servios. Hoy, pocas autoridades ponen el total por encima de 10.000”. Era la autocrítica del semanario, animando al público a tener espíritu crítico. Es verdad que, en medio del humo de la guerra o de una catástrofe, es imposible saber con certeza el número de muertos y de heridos; pero los lectores suelen querer una estimación, a la que tienen derecho.

Por eso la palabra “quizás” no es siempre tan poco comprometedora. Sin embargo, los medios rara vez rebajan sus estimaciones a medida que pasa el tiempo y se puede ir conociendo mejor la magnitud del suceso. No es sólo culpa de los periodistas ni de los editores; también la gente que ayuda quiere promocionar sus organizaciones; y los funcionarios gubernamentales o internacionales buscan conseguir simpatías. El pasado 24 de agosto, el total oficial de víctimas del terremoto de Turquía era un aparentemente preciso número de 17.997; sólo un día después había bajado al no menos preciso de 12.514.

Todo esto sugiere algunas reglas para periodistas, como “desconfiar de los datos procedentes de fuentes interesadas, dejar claro que el número que se acepta es sólo una estimación y, si luego resulta ser erróneo, reconocerlo”. Bill Kovach, ex editor del "The New York Times", escribió que "si no hay una fuente de información creíble, el compromiso social es manejado por el rumor, el miedo y el cinismo. Y los cínicos no construyen sociedades libres y abierta". Pero también el público, los lectores tienen un papel que jugar: “Deben guardarse de exactitudes espurias, inflaciones manifiestas y la persistente tendencia de los periodistas a exagerar”, reconoce The Economist. Cualquiera que sea el poder que tiene la prensa en general, cuando se trata de “matar” gente, la pluma es ciertamente más poderosa que la espada.
Luis Olivera - Periodista – 2002 -
Fuente: www.arvo.net  

 

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Manipulación o corrupción  - La consecución de los derechos humanos es el punto de partida y el objetivo último de cualquier construcción política y social. Su plena vigencia exige, sin embargo, la efectiva recepción de los documentos multilaterales por las legislaciones nacionales, la búsqueda perseverante de una administración de justicia eficaz, universal e independiente, y la asunción de la responsabilidad de defenderlos y vivir los correspondientes deberes por parte de todos los ciudadanos.

Aún así, la arquitectura jurídica de defensa de los derechos humanos quedaría trunca si no fuese acompañada por una clara referencia a los valores que subyacen a los textos positivos, y por un estilo de vida solidario. En efecto, ninguna construcción legal es por sí misma inmune a la manipulación o corrupción, fruto del egoísmo y de la falta de valores. Si por una malentendida neutralidad ideológica se pretendiese eliminar cualquier conexión entre las normas éticas objetivas y el orden jurídico, se acabaría reduciendo la lucha por el derecho a cuestiones de lenguaje, de dialéctica y de procedimientos, y se correría el riesgo de imponer como derecho lo que es sólo el egoísmo de algunos. En su último Discurso al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, afirmaba Su Santidad Juan Pablo II que “quienes son garantes de la ley y de la cohesión social de un país, o quienes guían las organizaciones internacionales creadas para el bien de la comunidad de las naciones, no pueden eludir la cuestión de la fidelidad a la ley no-escrita de la consciencia humana....que es el fundamento y la garantía universal de la dignidad humana y de la vida en sociedad” (cfr. Discurso al Cuerpo Diplomático durante la audiencia de presentación de saludos por el nuevo año, 11 de enero de 1998).

 

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Las trampas del lenguaje

Pilar Muñoz. 19 de noviembre MMVIII.

 

La distinción fundamental, única e imprescindible que nos separa definitivamente del eslabón animal es el lenguaje, indicador de una capacidad cortical superior y una vía que permite al ser humano elevarse por encima de su propia finitud y existencia. La palabra designa conceptos, significados que por conveniencia colectiva hemos convenido en una formación grafofonética determinada, según idiomas.

Cuando el uso del lenguaje deteriora su significado deja de tener el uso y utilidad para el que fue concebido. Es precisamente ese desgaste semántico, y no fonético, el que peores consecuencias sociales y personales puede acarrear al individuo que se comunica y relaciona desde esa posición semántica. La comunicación entre lo cortical, el pensamiento, y lo emocional, lo límbico, es una realidad en el ser humano. En ocasiones se elabora y fabrica un lenguaje vacío de contenido o con uno significativamente contrario, o en el peor de los casos contradictorio. Este hecho supone una conducta humana errónea, además de un sufrimiento individual y colectivo intenso. Es como si la palabra dejase de referirse al significado para el que tradicionalmente se había creado, y albergase tantos significados como humanos procesando el lenguaje.

Cuanta mayor abstracción posee el término, más susceptible de trampa o equívoco entraña. Veamos algunas palabras llave y clave para el funcionamiento adecuado del individuo en su colectivo: Riqueza, es el bienestar material, la posesión de bienes, los cuales sirven y están concebidos para dar vida, es decir, para que fluyan, no para que sean detenidos y manipulados en estanques pequeños; de este modo, pasaría de riqueza a Codicia.  A partir de la trampa de malinterpretar el primer concepto, se enlazan una serie de términos que no responden a la realidad social, sino a la particular intención del hablante: La riqueza retenida por un puñado de políticos les lleva a ser codiciosos, acumulando bienes que nada redundan en el beneficio del grupo, sino en el suyo propio. La acumulación de bienes genera Ambición y exclusivismo.

Los grupos minoritarios separatistas utilizan estas trampas sintácticas para contravenir lo establecido en la semántica. Así, un coche exclusivo y “tuneado”, no es codicia ni ambición, sino “necesidad” para servir al grupo. Detalle tramposo que la mayoría de oyentes no pueden, ni muchos quieren reparar en ello. La subida de sueldos de diputados, alcaldes y demás figuras de poder lo transforman en necesidad y pertinencia para mejor disponibilidad y ayuda a sus ingentes tareas en pro de sus votantes. La realidad semántica es otra muy distinta, sólo se trata de ambición desmedida y actitud libidinosa al poder.

El concepto de riqueza lo han empleado y se han empleado a fondo en asociarlo a un puñado de nobles y terratenientes, con lo cual, el hombre y mujer de base, tiene una emotividad negativa o crispada ante tal término. Craso error, riqueza es lo mejor y más bueno que el hombre puede tener para vivir y paladear lo bueno que existe en este mundo. La naturaleza y la tierra se someten para su propio bienestar. Ahora bien, cuando la riqueza no da vida, se convierte en trampa mortal para el que la retine y para el que no puede disponer de ella para vivir. La riqueza no es de nobles o conservadores, la riqueza es bienestar material, y eso es privativo del hombre.

Otro de los términos confusos y perversamente confundidos es el de Servir, entendido como la actitud solidaria, generosa y entregada al bienestar del otro o los otros. Es una actitud humana y más propia del espíritu que de la razón. Pues bien, el servicio se ha convertido en Dominio. Si servimos nos situamos en un plano de humildad, y por lo tanto de ser prescindibles, mientras que si dominamos, nos convertimos en manipuladores del grupo, con aviesas intenciones, particulares, individuales y de bienestar propio.

Los medios de comunicación más exitosos y poderosos de España utilizan el concepto sintáctico de servicio informativo al ciudadano, pero en realidad lo que hacen es dominar la información; reteniendo aquella que no le es propicia para seguir perpetuándose en el poder, o secuestrando y marginando otros medios que se oponen frontalmente a sus trasfondo semánticos (emisoras de COPE cerradas en Cataluña). Mientras tanto seguimos utilizando las trampas del lenguaje, y confundiendo y aturdiendo al ciudadano de base.

No estamos sordos, pero no llegan las palabras con el sentido pleno que tienen. La triada de funcionamiento del ser humano se establece desde el PENSAR, SENTIR Y ACTUAR. Si la entrada informacional al pensamiento es falsa, el sentir está distorcido y el actuar es un despropósito. Para limpiar nuestros sistemas sensoriales hemos de estar alertas y vigilantes a aquellas trampas que nos proponen desde el lenguaje. 

http://www.diarioya.es/content/las-trampas-del-lenguaje 2008-11-19

 

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Agarrapatas de la amnesia cuando solo calumnian tantas sectas…

Cuánta protervia en el mal uso de la libertad…. Cual maldad y perversidad.

Una libertad que no sabe hacia dónde va es peor que la ausencia de libertad,

del mismo modo que la sofística es peor que la ausencia de filosofía

o la superstición es peor que la ausencia de religión.

No respondas al necio según su necedad, para no hacerte como él. Responde al necio como merece su necedad, para que no se tenga por sabio.  ‘Cuando se encasquilla la razón se disparan las sectas’.


LIBERTAD: he aquí la palabra predilecta de los malhechores. Puede que la libertad sea el mayor bien en manos de hombres de bien; pero, desde luego, el mayor mal del mundo es la libertad en manos de malhechores y gente corrompida.

Una libertad que no sabe hacia dónde va es peor que la ausencia de libertad, del mismo modo que la sofística es peor que la ausencia de filosofía o la superstición es peor que la ausencia de religión. Creerse iluminado para interpretar a capricho las Escrituras Sagradas, es base de tantas sectas.


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El mayor extravío de la mente humana es creer algo porque uno desee que sea así. Pasteur

 

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Como ejemplos de violencia se pueden citar, además, la violencia en el lugar de trabajo, la pornografía, la prostitución, la violación, el control obligatorio del número de nacimientos, la esterilización forzada y la incitación al aborto.

Cualquier tipo de violencia va en contra de los derechos más elementales de la mujer y se puede explicar por la ausencia de respeto a la dignidad de la persona. Sucede así, también, en los casos de manipulación de su imagen en los medios de comunicación y en la industria publicitaria; manipulación que tiene efectos nefastos sobre los comportamientos en relación con la mujer.

Son de desear políticas que exijan a los medios de comunicación el establecer y observar normas éticas de conducta para promover la dignidad de la mujer.

 

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La manipulación de los «mass-media»

 

La libertad responsable de los operadores de las comunicaciones sociales, que debe presidir determinadas opciones, ¡no puede dejar de tener en cuenta a aquellos a quienes afectan dichas opciones, también ellos libres y responsables!

Llamar a los operadores de los mass-media al compromiso que impone el amor, la justicia, la verdad, junto con la libertad, es un deber de mi servicio pastoral. ¡La verdad no debe ser nunca manipulada, ni dejada de lado la justicia, ni olvidado el amor, si se quiere corresponder a aquellas normas deontológicas que, olvidadas o inatendidas, producen sectarismo, escándalos, sumisión a los poderosos o condescendencia a la razón de Estado! No será la Iglesia la que sugiera atenuar u ocultar la verdad, aunque sea dura: la Iglesia, precisamente porque es "experta en humanidad", no se deja llevar por un ingenuo optimismo, sino que predica la esperanza y no se complace en los escándalos. Pero, precisamente porque respeta la verdad, ¡no puede por menos de poner de relieve que ciertos modos de utilizar los mass-media son capciosos en relación con la verdad y deletéreos en relación con la esperanza!

 

4. Todavía más: se nota en los mass-media una carga agresiva en la información y en las imágenes: desde el espectáculo a los mensajes políticos, desde los descubrimientos culturales prefabricados y dirigidos -que son auténtico adoctrinamiento-, a los mismos mensajes publicitarios.

Es difícil en nuestro mundo pensar en operadores de los mass-media que estén desvinculados de sus propias matrices culturales; pero ello no debe hacer que se imponga a otros la ideología personal. El operador deberá llevar a cabo un servicio lo más objetivo posible y no transformarse en un persuasor oculto por interés de parte, conformismo o ganancia.

Hay además un peligro para la libertad responsable de los usuarios de los medios de comunicación social, que hay que señalar como un grave atentado y está constituido por las solicitaciones a la sexualidad, llegando incluso a la irrupción de la pornografía: en las palabras pronunciadas o escritas, en las imágenes, en las representaciones e incluso en ciertas manifestaciones llamadas "artísticas". Se lleva a la práctica a veces un auténtico lenocinio, que cumple con una obra de destrucción y perversión. Denunciar este estado de cosas no es manifestar, como a menudo se oye decir, mentalidad atrasada o voluntad de censura: la denuncia, también en este punto, se hace precisamente en nombre de la libertad, que postula y exige no tener que sufrir imposiciones por parte de quien quiera transformar la sexualidad misma en un "fin". Esta operación sería no sólo anticristiana, sino antihumana, con los consiguientes pasos a la droga, a la perversión, a la degeneración.

La capacidad intrínseca de los medios de comunicación social ofrece posibilidades enormes, se ha dicho. Entre ellas también la de exaltar la violencia, a través de la descripción y figuración de la existente en la crónica cotidiana, con "complacencias" de palabras y de imágenes, ¡tal vez con el pretexto de condenarla! Se da demasiado a menudo una especie de búsqueda que tiende a suscitar emociones violentas para estimular la atención, cada vez más débil.

 

Grandes posibilidades y eventuales peligros

5. No se puede dejar de hablar del efecto y de la influencia que todo esto ejerce de manera particular en la fantasía de los más jóvenes y de los niños, grandes usuarios de los mass-media, desprovistos y abiertos a los mensajes y a las sensaciones.

Hay una maduración que debe ser ayudada sin traumatizar artificiosamente un sujeto todavía en formación.

La Iglesia, en éste como en otros campos, pide responsabilidad, no sólo a los operadores de los medios de comunicación social, sino a todos y, de manera especial, a las familias.

El modo de vivir, especialmente en las naciones más industrializadas, lleva muy a menudo a que las familias se descarguen de sus responsabilidades educativas, encontrando en la facilidad de evasión (en casa representada especialmente por la televisión y ciertas publicaciones) el modo de tener ocupados tiempo y actividad de niños y muchachos. Nadie puede negar que en ello hay una cierta justificación, dado que demasiado a menudo faltan estructuras e infraestructuras suficientes para potenciar y valorizar el tiempo libre de los chicos y orientar sus energías.

Sufren las consecuencias precisamente aquellos que más necesidad tienen de ser ayudados en el desarrollo de su libertad responsable. Y he aquí que emerge el deber -especialmente para los creyentes, para las mujeres y los hombres amantes de la libertad- de proteger especialmente a los niños y muchachos de las agresiones que sufren también por parte de losmass-media. ¡Que nadie falte a su deber aduciendo motivos demasiado cómodos para desentenderse!

 

Acción pastoral de la Iglesia

6. ¡Hay que preguntarse, especialmente en las circunstancias de esta Jornada, si la misma acción pastoral lleva a buen fin todo aquello que se le pide en el sector de los mass-media!

Al respecto hay que recordar, además del documento Communio et progressio, cuyo décimo aniversario celebramos, lo dicho en el Sínodo de los Obispos de 1977 -ratificado por la Constitución Apostólica Catechesi tradendae-, así como lo que ha puesto de relieve el Sínodo de los Obispos de octubre de 1980, sobre problemas de la familia.

La teología y la práctica pastoral, la organización de la catequesis, la escuela -especialmente la escuela católica-, las asociaciones y los grupos católicos, ¿qué han hecho, concretamente, por este específico punto crucial?

Hay que intensificar la acción directa para la formación de una conciencia crítica que influya en las actitudes y en los comportamientos no sólo de los católicos o de los hermanos cristianos -defensores por convicción o por misión de la libertad y de la dignidad de la persona humana-, sino de todos los hombres y mujeres, adultos y jóvenes, a fin de que sepan verdaderamente "ver, juzgar y actuar" como personas libres y responsables, también -quisiera decir sobre todo- en la producción y en las decisiones que se refieren a los medios de comunicación social.

El servicio pastoral, del que soy responsable; la mentalidad conciliar, de la que tantas veces he tenido modo de hablar y que siempre he estimulado; mis experiencias personales y convicciones de hombre, de cristiano y de obispo me llevan a subrayar la posibilidad de bien, la riqueza, el carácter providencial de los mass-media. Puedo añadir que no me pasa inadvertido, antes bien, me "interesa mucho" ese aspecto suyo que se suele llamar artístico. Pero todo ello no impide que se vea también la parte que en el uso -o abuso- de los mass-media tiene la ganancia, la industria, la razón del poder.

Todos estos aspectos han de ser considerados de cara a una valoración global de estos medios. ¡Que los mass-media sean, cada vez menos, instrumentos de manipulación del hombre! Y sean en cambio, cada vez más, promotores de libertad: medios de potenciamiento, de crecimiento, de maduración de la verdadera libertad del hombre.

Con estos deseos, me siento feliz de invocar sobre todos aquellos que lean estas palabras y traten de captar y actuar su sentido pastoral, los más abundantes favores celestiales, de los cuales es prenda mi bendición apostólica.

Vaticano, 10 de mayo, IV domingo de Pascua de 1981, III año de mi pontificado.

 

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Un diagnóstico: la «no-verdad» sirve a la causa de la guerra

 

1. Si es verdad —y nadie lo pone en duda— que la verdad sirve a la causa de la paz, es también indiscutible que la «no-verdad» camina a la par con la causa de la violencia y la guerra. Por «no-verdad» hay que entender todas las formas y todos los niveles de ausencia, de rechazo, de menosprecio de la verdad: mentira propiamente dicha, información parcial y deformada, propaganda sectaria, manipulación de los medios de comunicación, etc.

¿Es necesario mencionar aquí todas las diferentes formas bajo las que se presenta esta «no-verdad»? Baste solamente indicar unos ejemplos. Porque, si una inquietud legítima se abre paso ante la proliferación de la violencia en la vida social, nacional e internacional, y ante las amenazas manifiestas contra la paz, la opinión pública es a menudo menos sensible a todas las formas de «no-verdad» que están en la base de la violencia y le preparan un terreno propicio.

La violencia se impregna de mentira y tiene necesidad de la mentira, procurando asegurarse una respetabilidad en la opinión mundial, a través de justificaciones totalmente extrañas a su propia naturaleza y, por lo demás, frecuentemente contradictorias entre ellas mismas. ¿Qué decir de la práctica consistente en imponer a quienes no comparten las mismas posiciones —para mejor combatirlos o reducirlos al silencio— la etiqueta de enemigos, atribuyéndoles intenciones hostiles y estigmatizándolos como agresores a través de una propaganda hábil y continua?

Otra forma de «no-verdad» se manifiesta en la repulsa a reconocer y respetar los derechos objetivamente legítimos e inalienables de los que rehúsan aceptar una ideología particular o apelan a la libertad de pensamiento. El rechazo «de la verdad» se pone en obra, cuando se atribuyen intenciones de agresión a los que manifiestan claramente que su única inquietud es la de protegerse y defenderse contra las amenazas reales que por desgracia existen siempre tanto en el interior de una nación como entre los pueblos.

 

Indignaciones selectivas, insinuaciones pérfidas, manipulación de las informaciones, descrédito sistemáticamente lanzado sobre el adversario —su persona, sus intenciones y sus actos—, chantaje e intimidación: he aquí el menosprecio de la verdad, puesto en obra, para desarrollar un clima de incertidumbre, dentro del cual se quiere coaccionar a las personas, a los grupos, a los gobiernos, a las mismas instancias internacionales a unos silencios resignados y cómplices, a compromisos parciales y a reacciones irracionales: actitudes todas igualmente susceptibles de favorecer el juego homicida de la violencia y atacar la causa de la paz.

2. En la base de todas estas formas de «no-verdad», alimentándolas y alimentándose de ellas, hay una concepción errónea del hombre y de sus dinamismos constitutivos. La primera mentira, la falsedad fundamental es la de no creer en el hombre, en el hombre con todo su potencial de grandeza, y además en su necesidad de redención del mal y del pecado que está en él.

Derivada de ideologías diversas, con frecuencia opuestas entre sí, se difunde la idea de que el hombre y la humanidad entera realizan su progreso sobre todo por la lucha violenta. Se ha creído poder verificarla en la historia. Se han hecho esfuerzos por convertirla en teoría. Progresivamente se ha llegado a la costumbre de analizar todo, tanto en la vida social como en la internacional, en términos exclusivos de relaciones de fuerza y consiguientemente de organizarse para imponer sus intereses. Ciertamente, esta tendencia ampliamente difundida de recurrir a la prueba de fuerza para hacer justicia está a veces contenida por treguas tácticas o estratégicas. Pero, mientras se deje flotar la amenaza, mientras se sostengan selectivamente ciertas violencias favorables a intereses e ideologías, mientras se mantenga la afirmación de que el progreso de la justicia es en último análisis un resultado de la lucha violenta, los matices, los frenos y las selecciones cederán periódicamente a la lógica simple y brutal de la violencia, que puede llegar hasta la exaltación suicida de la violencia por la violencia.

01 enero 1980

 

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Las estructuras económicas de las naciones dependen de los sistemas de comunicaciones contemporáneas. Generalmente se considera necesario para el desarrollo económico y político que el Estado invierta en una infraestructura eficaz de comunicaciones. El aumento de costo de esta inversión ha constituido, por otra parte, un factor de capital importancia que ha llevado a los gobiernos de numerosos países a adoptar políticas que miran a aumentar la concurrencia. Especialmente por esta razón en muchos casos los sistemas públicos de telecomunicaciones y de difusión han sido sometidos a políticas de falta de normativa y de privatización.

 

Del mismo modo que el mal uso del servicio público puede llevar a la manipulación ideológica y política, así, la comercialización no reglamentada y la privatización de la difusión tiene profundas consecuencias. En la práctica, y frecuentemente de forma oficial, la responsabilidad pública del uso de las ondas está infravalorada. Se tiende a evaluar su éxito en función del beneficio y no del servicio. Los motivos de beneficio y los intereses de los anunciantes ejercen una influencia anormal sobre el contenido de los medios de comunicación: se prefiere la popularidad a la calidad y uno se alinea en el mínimo común denominador. Los anunciantes, traspasando su legítimo papel, que consiste en identificar las verdaderas necesidades y responder a ellas, empujados por motivos mercantiles, se esfuerzan por crear necesidades y modelos artificiales de consumo.

Las presiones comerciales se ejercen igualmente más allá de las fronteras nacionales con perjuicio para ciertos pueblos y su cultura. Ante el aumento de la competencia y la necesidad de encontrar nuevos mercados, las empresas de comunicaciones revisten un carácter cada vez más «multinacional»; la carencia de recursos locales de producción provoca al mismo tiempo que algunos países dependan cada vez más de naciones extranjeras. Así es como la producción de ciertos medios de comunicación populares, característicos de una cultura, se difunden en otra, frecuentemente con detrimento de formas artísticas y de medios de comunicación que se encuentran en ellas y de los valores que contienen.

La solución de los problemas nacidos de esta comercialización y de esta privatización no reglamentadas no siempre reside en un control del Estado sobre los medios de comunicación, sino en una reglamentación más importante, conforme a las normas del servicio público, así como en una responsabilidad pública mayor. Hay que destacar, a este respecto, que si los causes jurídicos y políticos en los que funcionan los medios de comunicación de ciertos países están actualmente en franca mejora, hay otros lugares en los que la intervención gubernamental es un instrumento de opresión y de exclusión.

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… En la situación actual, ocurre que los medios de comunicación exacerban los obstáculos individuales y sociales que impiden la solidaridad y el desarrollo integral de la persona humana. Estos obstáculos son especialmente el secularismo, el consumismo, el materialismo, la deshumanización y la ausencia de interés por la suerte de los pobres y los marginados.

En esta situación, la Iglesia, que reconoce en los instrumentos de comunicación social «actualmente el camino privilegiado para la creación y para la transmisión de la cultura, considera un deber proponer una formación a los profesionales de las comunicaciones sociales y al público para que miren los medios de comunicación social como un «sentido crítico animado por la pasión por verdad»; juzga también que es deber suyo realizar una «labor de defensa de la libertad, del respeto de la dignidad personal, de la elevación de la auténtica cultura de los pueblos, mediante el rechazo firme y valiente de toda forma de monopolio y manipulación. 2006

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… También consideramos de manera positiva el deseo de numerosos pueblos y grupos humanos de disponer de sistemas de comunicación y de información más justos y equitativos, a fin de preservarse de la dominación y de la manipulación, provenientes del extranjero o de sus compatriotas. Los países en vías de desarrollo tienen este miedo con respecto a los países desarrollados; las minorías de ciertas naciones, desarrolladas o en vías de desarrollo, comparten esta misma preocupación. Sea cual fuere la situación, es preciso que los ciudadanos puedan tomar parte activa, autónoma y responsable en las comunicaciones, pues, influyen, de muchas formas, en sus condiciones de vida.

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En el mundo actual, tan fuertemente influido por los medios de comunicación, es preciso, por ejemplo, que el personal de la Iglesia tenga al menos una buena visión de conjunto del impacto que las nuevas tecnologías de la información y los nuevos medios de comunicación ejercen sobre las personas y la sociedad. También los agentes pastorales deben estar dispuestos a dispensar su ministerio tanto a los que son «ricos en información» como a los que son «pobres en información». Hace falta que sepan invitar al diálogo, evitando un estilo de comunicaciones susceptible de sugerir la dominación, la manipulación o el provecho personal. Por lo que se refiere a los que están más comprometidos en el trabajo de los medios de comunicación al servicio de la Iglesia, es preciso que adquieran las competencias profesionales necesarias en esta materia, así como una formación doctrinal y espiritual.

 

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No hay duda de que el hecho cultural primero y fundamental es el hombre espiritualmente maduro, es decir, el hombre plenamente educado, el hombre capaz de educarse por sí mismo y de educar a los otros. No hay duda tampoco de que la dimensión primera y fundamental de la cultura es la sana moralidad: la cultura moral.

13. En este campo se plantean, ciertamente, numerosas cuestiones particulares, pero la experiencia demuestra que todo va unido, y que estas cuestiones están encuadradas en sistemas de clara dependencia recíproca. Por ejemplo, en el conjunto del proceso educativo, de la educación escolar particularmente, ¿no ha tenido lugar un desplazamiento unilateral hacia la instrucción en el sentido estricto del término? Si se consideran las proporciones que ha tomado este fenómeno, así como el crecimiento sistemático de la instrucción que se refiere únicamente a lo que posee el hombre, ¿no es el hombre quien se encuentra cada vez más oscurecido? Esto lleva consigo una verdadera alienación de la educación: en lugar de obrar en favor de lo que el hombre debe "ser", la educación actúa únicamente en favor de lo que el hombre puede crecer en el aspecto del "tener", de la "posesión". La siguiente etapa de esta alienación es habituar al hombre, privándole de su propia subjetividad, a ser objeto de múltiples manipulaciones: las manipulaciones ideológicas o políticas que se hacen a través de la opinión pública; las que tienen lugar a través del monopolio o del control, por parte de las fuerzas económicas o de los poderes políticos, de los medios de comunicación social; la manipulación, finalmente, que consiste en enseñar la vida como manipulación específica de sí mismo.

 

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La Iglesia considera que el Estado de derecho y la aplicación de principios democráticos, con los que es posible solucionar los conflictos por medio de la negociación y el diálogo, son importantes para la salvaguardia y el ejercicio de los derechos humanos en el mundo actual, siempre que no estén basados en un relativismo moral, difundido lamentablemente en nuestros tiempos. Éste pretende rechazar toda certeza sobre el sentido de la vida del hombre y su dignidad fundamental, que deben ser respetadas por todas las instancias sociales, y no reacciona ante diversas formas de manipulación y menosprecio de las mismas, haciendo perder de vista lo que constituye la más genuina nobleza de la democracia: la defensa del valor incomparable de la persona humana.

 

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Historia - «Conocer y profundizar el pasado de un pueblo es afianzar y enriquecer su propia identidad. ¡No rompáis con vuestras raíces cristianas! Sólo así seréis capaces de aportar al mundo». S. S. Juan Pablo II – Madrid. 2003.05

 

Visión objetiva: Con frecuencia en los análisis históricos se peca de falta de objetividad por juzgar con valores actuales los sucesos del pasado. Esto no significa relativizar el juicio valórico de los sucesos, sino extirpar ciertos moralismos actuales que no son reales, que suponen una "moral" moderna y postmoderna que juzga enloquecidamente las cosas. Desde una perspectiva objetiva tenemos que condenar sin reserva los errores ocurridos en l período analizado, pero sin rasgar vestiduras por la "monstruosa" noticia del descubrimiento y civilización europea en América, maldiciendo la hora en que se produjo al estilo del cuestionado activista verde Jacques Cousteau quien declaró en 1992 que la llegada de la Colón a América "fue un desastre peor que la lluvia de meteoritos que acabó con los dinosaurios en la prehistoria".

Aquí la premisa tribalista de "cada uno en su tierra sin invadir otra" queda desvanecida por el absurdo ante el dinamismo y realidad de la historia. Toda civilización es el fruto de una mezcla frecuentemente nada pacífica. La misma epopeya del Pueblo de Dios suponía conquistar una tierra prometida ocupada por tribus locales. Los mismos europeos provienen de invasiones y nuevas invasiones que mezclaron sus sangres e hicieron nacer las distintas culturas que dan alma al Viejo Mundo.

 

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Tu reino es un reino eterno - 1. Siguiendo la liturgia, que lo divide en dos partes, volvemos a reflexionar sobre el salmo 144, un canto admirable en honor del Señor, rey amoroso y solícito con sus criaturas. Ahora queremos meditar en la segunda sección de este salmo:  son los versículos 14-21, que recogen el tema fundamental del primer movimiento del himno.

Allí se exaltaban la piedad, la ternura, la fidelidad y la bondad divina, que se extienden a la humanidad entera, implicando a todas las criaturas. Ahora el salmista centra su atención en el amor que el Señor siente, en particular, por los pobres y los débiles. La realeza divina no es lejana y altanera, como a veces puede suceder en el ejercicio del poder humano. Dios expresa su realeza mostrando su solicitud por las criaturas más frágiles e indefensas.

2. En efecto, Dios es ante todo un Padre que "sostiene a los que van a caer" y levanta a los que ya habían caído en el polvo de la humillación (cf. v. 14). En consecuencia, los seres vivos se dirigen al Señor casi como mendigos hambrientos y él, como padre solícito, les da el alimento que necesitan para vivir (cf. v. 15).

En este punto aflora a los labios del orante la profesión de fe en las dos cualidades divinas por excelencia:  la justicia y la santidad. "El Señor es justo en todos sus caminos, es santo en todas sus acciones" (v. 17). En hebreo se usan dos adjetivos típicos para ilustrar la alianza establecida entre Dios y su pueblo:  saddiq y hasid. Expresan la justicia que quiere salvar y librar del mal, y la fidelidad, que es signo de la grandeza amorosa del Señor.

3. El salmista se pone de parte de los beneficiados, a los que define con diversas expresiones; son términos que constituyen, en la práctica, una representación del verdadero creyente. Este "invoca" al Señor con una oración confiada, lo "busca" en la vida "sinceramente" (cf. v. 1), "teme" a su Dios, respetando su voluntad y obedeciendo su palabra (cf. v. 19), pero sobre todo lo "ama", con la seguridad de que será acogido bajo el manto de su protección y de su intimidad (cf. v. 20).

Así, el salmista concluye el himno de la misma forma en que lo había comenzado:  invitando a alabar y bendecir al Señor y su "nombre", es decir, su persona viva y santa, que actúa y salva en el mundo y en la historia; más aún, invitando a todas las criaturas marcadas por el don de la vida a asociarse a la alabanza orante del fiel:  "Todo viviente bendiga su santo nombre, por siempre jamás" (v. 21).
Es una especie de canto perenne que se debe elevar desde la tierra hasta el cielo; es la celebración comunitaria del amor universal de Dios, fuente de paz, alegría y salvación.

4. Para concluir nuestra reflexión, volvamos al consolador versículo que dice:  "Cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente" (v. 18). Esta frase, en especial, la utilizaba con frecuencia Barsanufio de Gaza, un asceta que murió hacia mediados del siglo VI, al que buscaban los monjes, los eclesiásticos y los laicos por la sabiduría de su discernimiento.

Así, por  ejemplo, a un  discípulo que le expresaba el deseo "de buscar las causas de las diversas tentaciones que lo habían asaltado", Barsanufio le respondió:  "Hermano Juan, no temas para nada las tentaciones que han surgido contra ti para probarte, porque el Señor no permitirá que caigas en ellas. Por eso, cuando te venga una de esas tentaciones, no te esfuerces por averiguar de qué se trata; lo que debes hacer es invocar el nombre de Jesús:  "Jesús ayúdame" y él te escuchará porque "cerca  está  el  Señor  de los que lo invocan". No te desalientes; al contrario, corre con fuerza y llegarás a la meta, en nuestro Señor Jesucristo" (Barsanufio y Juan de Gaza, Epistolario, 39:  Colección de Textos Patrísticos, XCIII, Roma 1991, p. 109).

Y estas palabras de ese antiguo Padre valen también para nosotros. En nuestras dificultades, problemas y tentaciones, no debemos simplemente hacer una reflexión teórica —¿de dónde vienen?—; debemos reaccionar de forma positiva:  invocar al Señor, mantener el contacto vivo con el Señor. Más aún, debemos invocar el nombre de Jesús:  "Jesús, ayúdame". Y estemos seguros de que él nos escucha, porque está cerca de los que lo buscan. No nos desanimemos; si corremos con fuerza, como dice este Padre, también nosotros llegaremos a la meta de nuestra vida, Jesús, nuestro Señor. 2006-02-08 – Vat.

 

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San Efrén de Siria (hacia 306-373) diácono, doctor de la Iglesia
Sermón sobre “Nuestro Señor”, 10-11 

 

“Le metió los dedos en las orejas y le tocó la lengua con saliva” (Mc 7,33) -      La fuerza divina inalcanzable para el hombre, ha descendido, se revistió de un cuerpo tangible para que los pobres lo pudieran tocar, y, tocando la humanidad de Cristo percibieran su divinidad. A través de los dedos de la carne, el sordomudo sintió que le tocaban las orejas y la lengua. A través de los dedos tangibles percibió la divinidad inalcanzable cuando se le soltó la lengua y cuando las puertas cerradas de sus orejas se abrieron. Porque el arquitecto y artesano del cuerpo llegó hasta él, y con una palabra cariñosa abrió, sin dolor, las puertas de sus orejas y de su lengua. Entonces, esta lengua, incapaz de proferir una palabra, prorrumpió en alabanzas de aquel que hizo su lengua fecunda dándole el fruto de una alabanza.
       Además, el Señor hizo barro con su saliva y lo extendió sobre los ojos del ciego de nacimiento. (Jn 9,6) para darnos a entender  que le faltaba una cosa, igual que al sordomudo. Una imperfección innata de nuestra condición humana fue suprimida gracias a la levadura que viene del cuerpo perfecto de Cristo...
       Para completar lo que faltaba a estos cuerpos humanos dio algo de si mismo, igual que se da a comer en la eucaristía. Por este medio hace desaparecer las deficiencias y resucita los muertos, para que pudiéramos reconocer que, gracias a su cuerpo, “donde habita la plenitud de la divinidad” (Col 2,9) los defectos  de nuestra humanidad son colmados por la verdadera vida que nos es dada a los mortales por este cuerpo del Señor donde habita la verdadera vida.

 

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San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte) y doctor de la Iglesia - Exposición sobre los salmos. Sl 102,5-6; PL 37, 1319 

 

“Jesús lo llevó al descampado, lejos de la multitud, y le puso los dedos en las orejas”. -      “Dios cura todas tus enfermedades” (Sl 102,3). No temas, todas tus enfermedades están curadas. Dirás que son muy grandes, pero el médico es aun más grande. Para un médico todopoderoso no existe enfermedad incurable. Déjate, simplemente, cuidar, no rechaces su mano; él sabe lo que tiene que hacer. No te alegres tan sólo cuando actúa con dulzura,  sino también cuando corta. Acepta el dolor del remedio pensando en la salud que te va a devolver.
     Ved, hermanos, todo lo que los hombres soportan en sus enfermedades físicas y sólo para alargar unos días su vida... Tú, por lo menos, no sufras por un resultado dudoso: el que te ha prometido la salud no se puede equivocar. ¿Por qué los médicos, a veces, se equivocan? Porque no han creado ese cuerpo que intentan curar. Pero Dios ha hecho tu cuerpo, Dios ha hecho tu alma. Sabe cómo ha de recrear lo que ha creado, sabe cómo reformar lo que ha formado. No tienes que hacer otra cosa que abandonarte a sus manos de médico... Soporta, pues, sus manos, oh alma, que “le bendices y no olvidas sus beneficios: él cura todas tus enfermedades” (Sl 102, 2,3).
     Aquel que te ha hecho para no estar nunca enfermo si has querido guardar sus preceptos, ¿no te curará? Aquel que ha hecho los ángeles y que, recreándote, te hará ser igual a ellos, ¿no te curará? Aquel que ha hecho el cielo y la tierra, después de haberte hecho a su imagen ¿no te curará? (Gn 1,26) Te curará, pero es necesario que tú consientas a ser curado. Él cura perfectamente a todo enfermo, pero no lo hace si el enfermo no se deja curar... Tu salud, es Cristo.

 

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La situación de descristianización radical que estamos viviendo es una oportunidad preciosa. Tenemos que aprender a vivir la fe como si aconteciese por primera vez. Si se da el encuentro con Cristo, la vida cambia, no por imperativo categórico, sino por la alegría que nos da.

 

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Brujerías - Chamanes africanos, supersticiones de lo más variadas, adolescentes que practican la Uija, católicos que no ven ningún problema en creer en la magia tal y como la explica la Nueva Era… Detrás de todo ello se manifiesta el hambre espiritual, y el afán de manipular el mundo a nuestro antojo. 2006

 

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al caer el sol los cristianos alaban a Dios

 

“Cuando contemplo el cielo, obra de tus manos, 
la luna y las estrellas que has creado, 
¿qué es el hombre para que te acuerdes de él, 
el ser humano, para darle poder? 
Lo hiciste poco inferior a los ángeles, 
lo coronaste de gloria y dignidad”(Ps. 8).   

 

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Dijo Dios: «Produzca la tierra animales vivientes según su especie: ganados, reptiles y bestias salvajes según su especie». Y así fue. Dios hizo las bestias de la tierra, los ganados y los reptiles campestres, cada uno según su especie. Vio Dios que esto estaba bien. Gen. 1, 24-25

 

La naturaleza canta las glorias del Creador y el hombre sepa gozar en armonía con todo lo creado.

 

¡Hoy la tierra y los cielos me sonríen
hoy llega hasta el fondo de mi alma el sol
hoy la he visto... la he visto y me ha mirado
Hoy creo en Dios!

 

¡Que tu conducta nunca sea motivo de injustificada inquietud a la creación, en la que tu eres el rey!

 

El ecologismo espiritual nos enseña a ir más allá de la pura «protección» y del «respeto» de la creación; nos enseña a unirnos a la creación en la proclamación de la gloria de Dios.

 

«La belleza podrá cambiar el mundo si los hombres consiguen gozar de su gratuidad» Susana Tamaro – católica, escritora - 2004.12.

 

¡Oh galaxias de los cielos inmensos, alabad a mi Dios porque es omnipotente y bueno! ¡Oh átomos, protones, electrones! ¡Oh canto de los pájaros, rumor de las hojas, silbar del viento, cantad, a través de las manos del hombre y como plegaria, el himno que llega hasta Dios!»

 

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Señor Jesús, queremos recoger la lección de S. Francisco que aprendió de la Iglesia.
Como él queremos verte en tus obras y a través de ellas llegar a Ti.
Que todo el universo sea para nosotros un cántico de alabanza en tu honor.
Que a través de nuestras buenas obras, los demás también Te glorifiquen y juntos construyamos esa fraternidad universal, de la cual el mundo entero está necesitado. AMÉN.

 

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«Las catástrofes naturales nos sitúan en la verdad. A pesar de tantos progresos, no estamos en grado de poder gobernar la realidad en su totalidad. No encontramos respuesta a estos hechos porque hemos perdido el sentido de la grandeza de Dios»

 

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‘Si la técnica no se reconcilia con  la naturaleza, ésta se rebelará’ 12 nov.2000 S. S. Juan Pablo II - Magno

 

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Gracias por venir a visitarnos

 

Recomendamos vivamente: Al caer de la tarde - es un ramillete de reflexiones al hilo de la liturgia de Adviento, que escribe Cristina González Alba para la colección Hablar con Jesús, de la editorial Desclée De Brower. El hilo conductor es despertar y empezar a caminar, con la mirada puesta en Jesús de Nazaret.

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Recomendamos vivamente: MI QUERIDA IGLESIA SANTA Y PECADORA - Decía José Luis Martín Descalzo que «nuestros pecados manchan tan poco la Iglesia como las manchas al sol». En este espíritu ha escrito Mariano Purroy Mi querida Iglesia, santa y pecadora (Edibesa), una mirada positiva y realista sobre los pecados de los cristianos y el perdón de Cristo.

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).