Wednesday 29 March 2017 | Actualizada : 2017-03-03
 
Inicio > Leyendas Negras > Indios - 1º lucha contra esclavitud; libro español quechua y aymara; moral

"Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia" (Jn 10, 10).

 

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¿Cuál era la situación de los indios cuando llegan los españoles?, ¿vivían en una especie de paraíso?

Hablar de genocidio para referirse a la actitud que los españoles adoptaron con los nativos americanos es, cuanto menos, un error de conocimiento histórico. Un genocidio implica la voluntad de acabar con un pueblo borrando en la medida de lo posible su rastro sobre la tierra.
Y si tuviéramos que hablar en términos de intereses, esto estaría muy lejos de los objetivos de la Corona española en América. Pero es que, además, el español demostró con su conducta que no le interesaba en absoluto arrancar del continente americano a su población nativa. ¿Para qué entonces crear escuelas, colegios y muy pronto Universidades?
Recordemos la temprana fecha de fundación de la Universidad de Santo Domingo (1538), seguida muy pronto por las de Lima y México. O la de San Francisco Xavier de Chuquisaca, en Bolivia, creada en 1624.

Pero la razón más importante es que la Corona impulsa la colonización americana con un objetivo prioritario: la evangelización de los indígenas. El problema está en que hay mentes que no tienen capacidad para entender algo tan aparentemente sencillo. Por supuesto que también existían intereses económicos (¿en qué proceso colonizador no los ha habido?), pero no eran ni únicos ni priorizaban sobre los religiosos.

 

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… «los indios son seres tan racionales como los romanos o los habitantes antiguos de la Península Ibérica». Bartolomé de las Casas, Obispo.

 

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Del autor de la primera gramática del quechua, Fray Domingo de Santo Tomás 

 

Domingo, conocido luego como Domingo de Santo Tomás, nace en Sevilla en el año 1499, en una familia de origen modesto. En 1520 con veintiún años de edad, ingresa en el Convento San Pablo el Real de Sevilla para vestir el hábito de la Orden de los Predicadores, los dominicos, y el 8 de diciembre de ese mismo año toma las órdenes. 

 

            En 1540, con 41 años de edad por lo tanto, se embarca hacia América, donde trabaja en la evangelización del valle de Trujillo y Huaylas, mientras funda conventos en Chicama, Yungay y Chincha, y predica en Chancay, Auqallama y Conchucos, y entra en contacto con la lengua de los indígenas. 

 

            En la provincia dominicana del Perú ocupa importantes puestos. En 1545 es electo prior del Convento del Santísimo Rosario de Lima. Después predicador general y lector de teología del Convento de Lima, y colabora con Fray Tomás de San Martín, a quien el lector de esta columna conoce ya (y si no, puede conocer pinchando aquí) en la fundación de la Universidad de San Marcos de Lima, la segunda de todo América. En 1549, como miembro de la comisión formada por el gobernador Pedro de Lagasca, participa en la tasación de los tributos dirigidos a limitar la sobreexplotación de los indígenas. En 1551 es nombrado visitador general de la provincia, en 1552 vicario general, y en 1553 prior provincial de la Provincia San Juan Bautista del Perú, estableciendo la Real Universidad en el Convento de Lima. 

 

            En 1556 vuelve a España donde permanece cinco años. Se entrevista en hasta dos ocasiones con Felipe II para abogar por la situación de los nativos y combatir la declaración a perpetuidad de las encomiendas, mientras hace imprimir sus obras. Visita también al Papa y al Maestro General de la Orden. 

 

            En 1560 publica en Valladolid “Arte de la lengua general de los indios de los reinos del Perú”, primera gramática del quechua, y el “Vocabulario de la lengua general del Perú”. Precisamente “quechua” es el nombre genérico que Fray Domingo dará a la lengua indígena, y se convierte en valiosa fuente de la “Apologética historia sumaria” del cronista americano Pedro Cieza de León para su obra. 

 

            A principios de 1561 vuelve a Lima, donde como procurador legal de los indios continúa luchando contra la pretensión de los encomenderos de perpetuar la encomienda, y recorre todo el territorio desde Lima hasta La Plata. 

 

            En el consistorio que celebra el 6 de julio de 1562, el Papa Pío IV lo nombra Obispo de La Plata, honor que aunque a disgusto termina por aceptar, siendo consagrado el 26 de diciembre de 1563. Se dirige inmediatamente a su sede provincial de las Charcas, la cual reorganiza, y donde concluye su catedral y funda una casa de recogimiento. Como obispo participa en el II Concilio Provincial Limense para aplicar los mandatos del Concilio de Trento. 

 

            Tras más de seis años de fecundo episcopado, y a la edad de 70 años, Fray Domingo fallece el 28 de febrero de 1570, ante el dolor indisimulado de todo el pueblo y sobre todo de los indígenas. Es enterrado en la iglesia Catedral de La Plata. El estudioso peruano Raúl Porras Barrenechea le dará el apelativo del “Nebrija indiano”, en clara alusión a Antonio de Nebrija, redactor de la primera gramática de la lengua española, escrita en 1492. 

 

            Amén de los títulos que ya hemos relacionado, deja una vasta obra literaria que incluye obras como la “Relación a S. M. acerca de los vejámenes que sufren los indios”, la “Plática para todos los Indios”, el “Memorial que junto a Fray Bartolomé de Las Casas, obispo Chiapas, es presentado al Consejo de Indias”, la “Relación del P. Fray Domingo de Sancto Thomas al Reverendo Obispo Don Fray Bartholomé de Las Casas, de lo que conviene proveer para el mejor aumento y conservación de los naturales en los reynos del Perú”, o la “Carta a S.M. sobre diversos asuntos muy importantes al gobierno temporal y espiritual”, así como un amplio epistolario que incluye más de cuarenta cartas. ©L.A. 

http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=36985&mes=&ano= 

Actualizado 2 agosto 2014 

 

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Indios -

 

Lo que no vale decir es que si es legal [el aborto] ya está bien, que es un argumento muy socorrido. Y aquí permítame que le diga la lección de la historia que es tremendamente monumental: la esclavitud era legal, la solución final de los nazis también era legal, el gulag de los soviéticos era legal también. Era legal. ¿Era legal o no era legal? Los espartanos despeñaban a los hijos con apariencia de discapacidad y era legal. Los cartagineses ofrecían sacrificios de niños a los dioses y era legal y moral. Para los romanos, el niño recién nacido no era nada hasta que un ‘pater familias’ lo alzaba y lo introducía en su familia. Hasta ese momento, el niño podía ser asesinado, vendido como esclavo, arrojado a la calle o dado de comer a los leones del circo. Las culturas andinas tenían entre sus rituales legales y morales los sacrificios humanos, a menudo doncellas, mujeres vírgenes y niños”. 

01.2014 

 

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"San Antonio de Béjar".EE.UU. (U.S.A.)  La ciudad tejana se llama San Antonio y está asentada en el condado de Bexar. El nombre de Bexar procede del Duque de Béjar que perteneció a la nobleza que surtía de altos funcionarios a los virreinatos. El nombre de San Antonio es porque el día de su fiesta se celebró aquí la primera misa a la vera del río que fue bautizado así. Se levantó una misión, que era entonces una especie de cooperativa para asentar a los indios nómadas. Lo que queda del Álamo es el resto de esa misión sobre la que se erigió el presidio (= fuerte) de San Antonio. La iglesuca del Álamo fue el último baluarte de la lucha entre los mexicanos y norteamericanos. El edificio más notable de la ciudad, aparte de la Catedral, es el palacio del Gobernador español, una especie de cortijo señorial, bastante humilde, pero con estilo. El río San Antonio fue canalizado en los años treinta (1930) a su paso por la ciudad. Es claramente una de esas obras públicas de la época de F. D. Roosevelt. Es una especie de réplica de Venecia. El guía que lleva a los turistas en una barcaza por el canal observa: "A la derecha verán ustedes la estatua de Saint Anthony de Padua, el santo patrón de San Antonio".

 

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Por ejemplo, en 1432 España había llegado a establecer un sistema de convivencia con los judíos verdaderamente ejemplar, bueno pues lo tiramos por la borda, y aceptamos la fórmula europea de la expulsión de los judíos, la prohibición del judaísmo…

 

Eso sí fue decisión de los Reyes Católicos… Sí, pero venía de fuera, era una imposición que venía de fuera, es un nuncio que viene a España con el encargo, y en España se acepta esa imposición, y aquella ley que se había creado en las Cortes de Valladolid, con don Álvaro de Luna y con representantes de los judíos…, todo eso se va al cuerno. Bueno, qué le vamos a hacer…, y metemos la Inquisición…Ese es el gran error de España.

 

¿La Inquisición? - Claro, pero no porque fuera especialmente cruel, yo creo que eran más crueles los otros sistemas de represión que había en Europa, pero sí porque constituye una equivocación radical. Es decir, la labor de la Iglesia es reconciliar y perdonar, no es castigar. Convertir un órgano de la Iglesia como la Inquisición en un instrumento de represión, es el mayor error que se puede cometer. Si quiere usted castigar a los herejes, que sea el Estado el que lo haga, eso ya es otra cuestión. Pero no mezclada con la Iglesia. Ese es uno de los errores que hemos cometido, al lado de los grandes aciertos, como la decisión de hacer libres a los indios…

 

Un error que, por cierto, la Iglesia sigue pagando aún a día de hoy…

 

Claro, lo sigue pagando, porque los errores se pagan, vamos, esto no cabe duda. Cuando Talleyrand le habla a Napoleón sobre la muerte del Duque de Enghien, y Napoleón dice: “Un crimen, un crimen”. Y Talleyrand dice: “No, algo peor todavía, Señor: un error”. Es verdad, algo peor todavía, un error.

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Los hombres de la Iglesia, cuando se apartan del Evangelio, como hoy apoyar sistemas políticos de dudosa facturación, cometen un error que toda la comunidad, tarde o temprano, paga. Pues a la Iglesia como institución humana, absolutamente nada se le puede aprobar, con el riesgo de ‘descontextualizar’ lo que sucedió y, con ello, ser injusto con los que lo hicieron.  sus enemigos no soportan mácula alguna… mismo si en el contexto histórico, puede serle lícito algunas opciones. Finalmente, todo sirve para deslustrar a la Iglesia Católica.

 

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A propósito de universidad (y de «oscurantismo»): habrá pues un motivo si, a principios del siglo XVII, cuando Galileo tenía unos cuarenta años y se hallaba en plena actividad investigadora, había en Europa 108 universidades -esta típica creación de la Edad Media católica-, algunas más en las Américas españolas y portuguesas y ninguna en territorios no cristianos. Y también habrá una razón si las obras matemáticas y geométricas de la antigüedad (principalmente la obra de Euclides), que han constituido la base fundamental para el desarrollo de la ciencia moderna, nos han llegado sólo gracias a las copias de monjes benedictinos y, una vez inventada la tipografía, gracias a libros impresos siempre por religiosos. Alguien ha señalado incluso que, precisamente a principios de este siglo XVII, un Gran Inquisidor de España creó en Salamanca la Facultad de Ciencias Naturales, donde se enseñaba, apoyándola, la teoría copernicana... Historia compleja, como se puede ver. Mucho más compleja de la que generalmente nos cuentan. Habrá que volver sobre ello. Vittorio MESSORI

 

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Bailando con lobos, la película norteamericana que se pone del lado de los indios, ganó siete Oscars.

Hacia mediados de los años sesenta el western se dispuso a experimentar un cambio; las primeras dudas acerca de la bondad de la causa de los pioneros anglosajones provocaron una crisis del esquema «blanco bueno-piel roja malo». Desde entonces, esa crisis fue en aumento hasta conseguir la inversión del esquema: ahora, las nuevas categorías insisten en ver siempre en el indio al héroe puro y en el pionero al brutal invasor.

Como es lógico, existe el peligro de que la nueva situación se convierta en una especie de nuevo conformismo del hombre occidental PC, politically correct, como se denomina a quien respeta los cánones y tabúes de la mentalidad corriente.

Mientras que antes se producía la excomunión social de todo aquel que no viera un mártir de la civilización y un campeón del patriotismo «blanco» en el coronel George A. Custer, ahora merecería la misma excomunión todo aquel que hablara mal de Toro Sentado y de los sioux, que aquella mañana del 25 de junio de 1876, en Little Big Horn, acabaron con la vida de Custer y con todo el Séptimo de Caballería.


A pesar del riesgo de que aparezcan nuevos eslóganes conformistas, es imposible no acoger con satisfacción el hecho de que se descubran los pasteles de la «otra» América, la protestante, que dio (y da) tantas desdeñosas lecciones de moral a la América católica. Desde el siglo XVI las potencias nórdicas reformadas -Gran Bretaña y Holanda in primis- iniciaron en sus dominios de ultramar una guerra psicológica al inventarse la «leyenda negra» de la barbarie y la opresión practicadas por España, con la que estaban enzarzadas en la lucha por el predominio marítimo.

Leyenda negra que, como ocurre puntualmente con todo lo que no está de moda en el mundo laico, es descubierta ahora con avidez por curas, frailes y católicos adultos en general, quienes, al protestar con tonos virulentos en contra de las celebraciones por el Quinto Centenario del descubrimiento ignoran que, con algunos siglos de retraso, se erigen en seguidores de una afortunada campaña de los servicios de propaganda británicos y holandeses.

Pierre Chaunu, historiador de hoy, fuera de toda duda por ser calvinista, escribió: «La leyenda antihispánica en su versión norteamericana (la europea hace hincapié sobre todo en la Inquisición) ha desempeñado el saludable papel de válvula de escape. La pretendida matanza de los indios por parte de los españoles en el siglo XVI encubrió la matanza norteamericana de la frontera Oeste, que tuvo lugar en el siglo

XIX. La América protestante logró librarse de este modo de su crimen lanzándolo de nuevo sobre la América católica.»

Entendámonos, antes de ocuparnos de semejantes temas sería preciso que nos librásemos de ciertos moralismos actuales que son irreales y que se niegan a reconocer que la historia es una señora inquietante, a menudo terrible. Desde una perspectiva realista que debería volver a imponerse, habría que condenar sin duda los errores y las atrocidades (vengan de donde vengan) pero sin maldecir como si se hubiera tratado de una cosa monstruosa el hecho en sí de la llegada de los europeos a las Américas y de su asentamiento en aquellas tierras para organizar un nuevo hábitat.


En historia resulta impracticable la edificante exhortación de «que cada uno se quede en su tierra sin invadir la ajena». No es practicable no sólo porque de ese modo se negaría todo dinamismo a las vicisitudes humanas, sino porque toda civilización es fruto de una mezcla que nunca fue pacífica. Sin ánimo de incodar a la Historia Sagrada misma (la tierra que Dios prometió a los judíos no les pertenecía, sino que se la arrancaron a la fuerza a sus anteriores habitantes), las almas bondadosas que reniegan de los malvados usurpadores de las Américas olvidan, entre otras cosas, que a su llegada, aquellos europeos se encontraron a su vez con otros usurpadores. El imperio de los aztecas y el de los incas se había creado con violencia y se mantenía gracias a la sanguinaria opresión de los pueblos invasores que habían sometido a los nativos a la esclavitud.

A menudo se finge ignorar que las increíbles victorias de un puñado de españoles contra miles de guerreros no estuvieron determinadas ni por los arcabuces ni por los escasísimos cañones (que con frecuencia resultaban inútiles en aquellos climas porque la humedad neutralizaba la pólvora) ni por los caballos (que en la selva no podían ser lanzados a la carga).

Aquellos triunfos se debieron sobre todo al apoyo de los indígenas oprimidos por los incas y los aztecas. Por lo tanto, más que como usurpadores, los ibéricos fueron saludados en muchos lugares como liberadores. Y esperemos ahora a que los historiadores iluminados nos expliquen cómo es posible que en más de tres siglos de dominio hispánico no se produjesen revueltas contra los nuevos dominadores, a pesar de su número reducido y a pesar de que por este hecho estaban expuestos al peligro de ser eliminados de la faz del nuevo continente al mínimo movimiento. La imagen de la invasión de América del Sur desaparece de inmediato en contacto con las cifras: en los cincuenta años que van de 1509 a 1559, es decir, en el período de la conquista desde Florida al estrecho de Magallanes, los españoles que llegaron a las Indias Occidentales fueron poco más de quinientos (¡sí, sí, quinientos!) por año. En total, 27.787 personas en ese medio siglo.


Volviendo a la mezcla de pueblos con los que es preciso hacer las cuentas de un modo realista, no debemos olvidar, por ejemplo, que los colonizadores de América del Norte provenían de una isla que a nosotros nos resulta natural definir como anglosajona. En realidad, era de los britanos, sometidos primero por los romanos y luego por los bárbaros germanos -precisamente los anglos y los sajones- que exterminaron a buena parte de los indígenas y a la otra la hicieron huir hacia las costas de Galia donde, después de expulsar a su vez a los habitantes originarios, crearon la que se denominó Bretaña. Por lo demás, ninguna de las grandes civilizaciones (ni la egipcia, ni la romana, ni la griega, sin olvidar nunca la judía) se creó sin las correspondientes invasiones y las consiguientes expulsiones de los primeros habitantes.

Por lo tanto, al juzgar la conquista europea de las Américas será preciso que nos cuidemos de la utopía moralista a la que le gustaría una historia llena de reverencias, de buenas maneras, y de «faltaba más, usted primero».

Aclarado este punto, es preciso que digamos también que hay conquistas y conquistas (y en películas como la muy premiada Bailando con lobos se empieza a entender) y que la católica fue ampliamente preferible a la protestante.

Como escribió Jean Dumont, otro historiador contemporáneo: «Si, por desgracia, España (y Portugal) se hubiera pasado a la Reforma, se hubiera vuelto puritana y hubiera aplicado los mismos principios que América del Norte ("lo dice la Biblia, el indio es un ser inferior, un hijo de Satanás"), un inmenso genocidio habría eliminado de América del Sur a todos los pueblos indígenas. Hoy en día, al visitar las pocas "reservas" de México a Tierra del Fuego, los turistas harían fotos a los supervivientes, testigos de la matanza racial, llevada a cabo además sobre la base de motivaciones "bíblicas".»

Efectivamente, las cifras cantan: mientras que los pieles rojas que sobreviven en América del Norte son unos cuantos miles, en la América ex española y ex portuguesa, la mayoría de la población o bien es de origen indio o es fruto de la mezcla de precolombinos con europeos y (sobre todo en Brasil) con africanos.

Vittorio MESSORI

 

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Evo Morales [boliviano] sostiene que él desciende de los pobladores originales de América. ¿Se puede excluir de la identidad americana a los blancos, mestizos, negros y mulatos que llevan también siglos allí o acaban de llegar?

¿Y a quién se refiere cuando habla de los pobladores originales de América? Porque, en último término, el primitivo habitante de América es fruto de una inmigración procedente de Asia. En sentido estricto, no existe población autóctona americana. El empleo de estos términos podría ser calificado de frivolidad, si no fuera porque están cargados de intencionalidad manipuladora y engañosa, tremendamente peligrosa cuando salen de los labios de un gobernante. MMVI.II.

 

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1560 - El religioso dominico, Fray Domingo de Santo Tomás, segundo Obispo de esta Diócesis de La Plata, en el antiguo Alto Perú, nombrado por Pío IV, fue uno de los primeros europeos que aprendió a la perfección el idioma keschwa (quechua), escribió la primera gramática y el primer vocabulario de esta lengua: "Gramática o arte de la lengua general de los ‘Reynos’ del Perú", publicada en Valladolid en 1560, y el "Vocabulario de la Lengua del Perú", y acabó de edificar la Iglesia Catedral de la ciudad y, sobre todo, "edificó la Catedral del alma de los Indios", como se lee en un escrito de su tiempo, dedicando a ellos la mayor parte de su vida. Asistió al Segundo Concilio Provincial de Lima, cuyo objetivo claro y fundamental fue "la evangelización de los Indígenas", para lo cual dos eran los presupuestos fundamentales que se acordaron y pusieron en práctica: aprender el idioma indígena y promover la formación del clero nativo. Bajo este imperativo, el 13 de enero de 1595, se fundó el actual Seminario Conciliar de San Cristóbal en La Plata (hoy Sucre), con el propósito de formar al clero nativo, propósito y edificio que siguen en pié.

 

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Perú es un país grande (un millón trescientos mil kms. cuadrados y 18.230.000 habitantes), constituido por tres regiones geográficas (costa, sierra y selva) y no menos compleja étnicamente. En tiempos estuvo aquí el Imperio de los Incas y buena parte de la población habla todavía sus lenguas (quechua, aymara y otras). Al mismo tiempo toda la nación es católica y la Iglesia constituye un vínculo particular entre todos los habitantes del país. Asimismo existe "el problema social" en gran escala y la responsabilidad de la Iglesia en solucionarlo adecuadamente. [1985]

 

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 El cristianismo fecundó y mejoró las culturas indígenas  -

 No tiene sentido querer volver al pasado pagano por la vía del indigenismo. Las culturas latinoamericanas son fruto de un mestizaje entre el Evangelio y muchos elementos precolombinos. Hay una religiosidad popular sincera y auténtica, por ejemplo ante santos patronales o la Virgen (Guadalupe, Aparecidad, etc...) que la Iglesia ha de "proteger, promover y en casos necesarios, purificar". Va ligado a un amor a la Iglesia Universal.

 

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Evangelización para la dignidad de la persona. - En Santo Toribio descubrimos el valeroso defensor o promotor de la dignidad de la persona. Frente a intentos de recortar la acción de la Iglesia en el anuncio de su mensaje de salvación, supo defender con valentía la libertad eclesiástica.

El fue un auténtico precursor de la liberación cristiana en vuestro país. Desde su plena fidelidad al Evangelio, denunció los abusos de los sistemas injustos aplicados al indígena; no por miras políticas n? por móviles ideológicos, sino porque descubría en ellos serios obstáculos a la evangelización, por fidelidad a Cristo y por amor a los más pequeños e indefensos.

Así se hizo el solícito y generoso servidor del indígena, del negro, del marginado. E supo ser a la vez un respetuoso promotor de los valores culturales aborígenes, predicando en las lenguas nativas y haciendo publicar el primer libro en Sudamérica: el catecismo único en lengua española, quechua y aymara.

Es éste un válido ejemplo al que habéis de mirar con frecuencia, queridos hermanos, sobre todo en un momento en el que la nueva evangelización ha de prestar gran atención a la dignidad de la persona, a sus derechos y justas aspiraciones. Febrero 02 del 1985 – S.S. Juan Pablo II – Magno

 

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«El Evangelio dignifica a los indígenas».
SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS, sábado, 29 septiembre 2007- Publicamos el artículo que ha escrito monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de la diócesis mexicana de San Cristóbal de Las Casas, con el título «El Evangelio dignifica a los indígenas».

VER - En Tekax, Yucatán, llevamos a cabo el VII Encuentro Nacional de Laicos Indígenas, con la participación de un centenar de ellos, provenientes de diversas etnias del país. El tema fue: Cristo y las culturas indígenas. El objetivo, elaborado por ellos: Profundizar y compartir la presencia de Cristo en la diversidad cultural para que, como pueblos indígenas, vivamos en el lugar que nos corresponde en la Iglesia universal y en la sociedad.

En mi ponencia, expuse algo que dijimos en el Documento de Aparecida, y que complementa lo que compartí en mi artículo anterior: «El Evangelio llegó a nuestras tierras en medio de un dramático y desigual encuentro de pueblos y culturas.
Las ‘semillas del Verbo’, presentes en las culturas autóctonas, facilitaron a nuestros hermanos indígenas encontrar en el Evangelio respuestas vitales a sus aspiraciones más hondas: Cristo era el Salvador que anhelaban silenciosamente. La visitación de Nuestra Señora de Guadalupe fue acontecimiento decisivo para el anuncio y reconocimiento de su Hijo, pedagogía y signo de inculturación de la fe, manifestación y renovado ímpetu misionero de propagación del Evangelio» (No. 4).

Salvo algunos casos como en Panamá y en la región amazónica, todos los indígenas de América Latina han aceptado el mensaje liberador de Cristo Jesús y cada día asumen más su lugar en la Iglesia; sin embargo, «en algunos casos, permanece una mentalidad y una cierta mirada de menor respeto acerca de los indígenas. De modo que, descolonizar las mentes, el conocimiento, recuperar la memoria histórica, fortalecer espacios y relaciones interculturales, son condiciones para la afirmación de la plena ciudadanía de estos pueblos» (No. 96).

 

JUZGAR - Como lo habíamos dicho desde 1992, en Santo Domingo, los Pastores reconocemos que «los pueblos indígenas cultivan valores humanos de gran significación; valores que la Iglesia defiende... ante la fuerza arrolladora de las estructuras de pecado manifiestas en la sociedad moderna; son poseedores de innumerables riquezas culturales, que están en la base de nuestra identidad actual; y, desde la perspectiva de la fe, estos valores y convicciones son fruto de ‘las semillas del Verbo’, que estaban ya presentes y obraban en sus antepasados» (No. 92). «Actualmente, el pueblo ha enriquecido estos valores ampliamente por la evangelización, y los ha desarrollado en múltiples formas de auténtica religiosidad popular» (No. 93).

«Como discípulos de Jesucristo, encarnado en la vida de todos los pueblos descubrimos y reconocemos desde la fe las ‘semillas del Verbo’ presentes en las tradiciones y culturas de los pueblos indígenas de América Latina. De ellos valoramos su profundo aprecio comunitario por la vida, presente en toda la creación, en la existencia cotidiana y en la milenaria experiencia religiosa, que dinamiza sus culturas, la que llega a su plenitud en la revelación del verdadero rostro de Dios por Jesucristo» (No. 529).

 

ACTUAR - «Como discípulos y misioneros al servicio de la vida, acompañamos a los pueblos indígenas y originarios en el fortalecimiento de sus identidades y organizaciones propias, la defensa del territorio, una educación intercultural bilingüe y la defensa de sus derechos. Nos comprometemos también a crear conciencia en la sociedad acerca de la realidad indígena y sus valores, a través de los medios de comunicación social y otros espacios de opinión. A partir de los principios del Evangelio apoyamos la denuncia de actitudes contrarias a la vida plena en nuestros pueblos originarios, y nos comprometemos a proseguir la obra de evangelización de los indígenas, así como a procurar los aprendizajes educativos y laborales con las transformaciones culturales que ello implica» (No. 530).

«La Iglesia estará atenta ante los intentos de desarraigar la fe católica de las comunidades indígenas, con lo cual se las dejaría en situación de indefensión y confusión ante los embates de las ideologías y de algunos grupos alienantes, lo que atentaría contra el bien de las mismas comunidades» (No. 531).
+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las Casas – 2007-IX-29

 

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Bolivia es un país en el cual la mayoría de la población (el 65 por ciento) está formada por descendientes de los primeros habitantes, los indios. Su presencia en esta tierra, en las condiciones difíciles de la montaña y de la llanura, se remonta a miles de años atrás. Igualmente antigua es su tradición cultural, que ellos han conservado, al acoger el Evangelio hace 450 años. Como seguidores de Cristo, las poblaciones indias han encontrado un apoyo también para su moralidad tradicional, a la que han permanecido fieles en la vida personal, familiar y social. Parece que se puede referir a ellos, de manera particular, el tema evangélico de los "pobres", no sólo en su significado material, sino también espiritual: "pobres de espíritu". Mi encuentro con ellos queda grabado profundamente en mi memoria. Una parte especial de esta "impresión" —impresión que la sociedad boliviana entera me ha dejado, en todas las etapas de mi visita— la constituyen los aymara, los quechua, los uru, los cipaya, poblaciones que defienden su identidad étnica y antropológica.

25 Mayo 1988 - S.S. Juan Pablo II – Magno

 

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México - distintas lenguas indígenas, como son: zapoteco, mixteco, náhuatl, mazateco, mixe, maya y purépecha.

 

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América constituye una unidad humana y geográfica que va del Polo norte al Polo sur. Aunque su pasado ahonda sus raíces en culturas ancestrales -como la maya, la olmeca, la azteca o la inca-, al entrar en contacto con el viejo continente y también con el cristianismo, desde hace más de cinco siglos se ha convertido en una unidad de destino, singular en el mundo. América es por eso mismo un espacio particularmente apropiado para promover valores comunes capaces de asegurar una conversión eficaz de las mentes, en especial de quienes tienen responsabilidades nacionales e internacionales.

6. Este Continente podrá ser el "Continente de la esperanza" si las comunidades humanas que lo integran, así como sus clases dirigentes, asumen una base ética común. La Iglesia católica y las demás grandes confesiones religiosas presentes en América pueden aportar a esta ética común elementos específicos que liberen las conciencias de verse limitadas por ideas nacidas de meros consensos circunstanciales. América y la humanidad entera tienen necesidad de puntos de referencia esenciales para todos los ciudadanos y responsables políticos. "No matar", "No mentir", "No robar ni codiciar los bienes ajenos", "respetar la dignidad fundamental de la persona humana" en sus dimensiones físicas y morales son principios intangibles, sancionados en el Decálogo común a hebreos, cristianos y musulmanes, y cercanos a las normas de otras grandes religiones. Se trata de principios que obligan tanto a cada persona humana como a las diversas sociedades.

1999 - S.S. Juan Pablo II – Magno

 

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ESPAÑA 1492 - Comprendiendo la cultura en que se gestó, llegaremos a una visión más equilibrada para cualificar la gesta hispánica ¡el descubrimiento de América!   

 

Francisco de Vitoria, al tener conocimiento en 1536 de las violencias cometidas durante la conquista de Perú, escribe su relección De indis, en la que declara que los indios no son seres inferiores a los que es legítimo esclavizar y explotar sino seres libres, con iguales derechos que los españoles y dueños de sus tierras y bienes. De este modo se inició el derecho de gentes.

 

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Amplia y generosa ha sido la aportación de la Iglesia en estos casi quinientos años de su presencia en el Perú, anunciando la Buena Nueva a todos sus habitantes. Este servicio al hombre peruano aparece reconocido incluso por la Constitución que, en su artículo 50, proclama que la Iglesia ha tenido un papel "importante en la formación histórica, cultural y moral del Perú". En efecto, no es difícil descubrir estos rasgos en los momentos significativos de la historia peruana. 16 Feb. 2001

 

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Estos son los ideales que quiero servir con mi visita, y que desearía se tradujesen en una ayuda al robustecimiento de la fe del pueblo peruano y en una promoción de la causa de su paz, de la convivencia en el mutuo respeto, de la reivindicación del derecho de cada uno por vías de diálogo y no de violencia.

Los quinientos años de la evangelización de estas tierras —fecha para nosotros tan cercana— son una exigencia de construcción urgente de un hombre latinoamericano y peruano más recio en su fe, más justo, más solidario, más respetuoso del derecho ajeno al defender y reivindicar el propio, más cristiano y más humano.

Que la Virgen Santísima, tan venerada en toda la nación, nos alcance en estos días abundancia de luz y gracia. Y que el Señor de los Milagros aumente en cada peruano la fe, la unión, la fraternidad. Con gran confianza, bendigo desde ahora a cada hijo del Perú. 01 febrero 1985 . S.S. Juan Pablo II – Magno

 

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P:¿Cuántos indígenas mataron a grosso modo los españoles después de la conquista de América? ¿Qué valoración hace de la conquista española de América?

 

R:1. Es imposible de saber. Desde luego no fueron millones y tampoco se trató de matanzas sistemáticas. 2. Ecuánime. Tuvo cosas óptimas, buenas, regulares y malas.

 

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«La razón es que la libertad religiosa encarna los valores trascendentales, que son los fundamentos de la fe y de nuestra humanidad: el carácter sagrado de la vida y la dignidad de la persona». También son los valores de la democracia. Cuando se violan, sea por regímenes teocráticos, comunistas, o por Gobiernos formalmente democráticos, entonces se debilita la libertad política general».

 

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La Polinesia, una de las grandes subdivisiones geográficas de Oceanía, abarca, además de numerosos archipiélagos diseminados en la vastísima zona del Pacífico, Nueva Zelanda, la Isla de Pascua (Rapa Nui) y numerosas otras pequeñas islas. Muchos elementos culturales, junto con la pertenencia de los idiomas polinesios a la familia lingüística maleo-polinesia, indican que los Polinesios llegaron del sureste asiático. Hábiles navegadores, enfrentaban el océano gracias a una atenta observación y un profundo conocimiento de la astronomía y de los elementos naturales. Preparaban "mapas" detallados sobre los cuales se señalaban las corrientes con ramitas y las islas con conchas. El sistema social polinesio se basa en la transmisión hereditaria de los "rangos" que indican el grado de descendencia más o menos próximo con las divinidades y, por consiguiente, la posesión de un mana más potente. El sistema religioso tradicional se articula alrededor del culto de los antepasados y de las divinidades de un panteón muy numeroso.

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Tu, divinidad más importante del panteón de la isla Mangareva

 

 

Antes de 1835.
Madera esculpida.
Islas Gambier, Isla Mangareva.
Inv. 100189

La escultura representa a la divinidad más importante del panteón de Mangareva. En la genealogía de los seres sobrehumanos, Tu se ubica como el hijo mayor, generado de dos divinidades definidas "no creadas", las cuales, aunque siempre presentes en las oraciones de los isleños, no interactuaban con el mundo de los hombres. Considerado el benefactor de la humanidad, garante del crecimiento de los frutos del árbol del pan (alimento base de los isleños), a Tu se dedicaban dentro de un rico sistema ceremonial, numerosas oraciones y fiestas. Los sacerdotes, que las presidían, eran escogidos sólo entre los miembros de linaje real. La escultura, única en su género, ha sido donada por los misioneros de la Congregación del Sagrado Corazón y de la Adoración (PICPUS) al Museo Borgia de Propaganda Fide de Roma, y desde allí fue trasladada, tras la Exposición Misionera de 1925, al Museo Misionero-Etnológico.

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Figura de antepasado Moai Kavakava

 

 

Antes de 1924.
Madera esculpida.
Isla de Pascua (Rapa Nui).
Inv. 100200

Según los mitos sobre el origen, estas esculturas esqueléticas representan a los Moai Kavakava, seres ancestrales deificados, portadores de conocimiento, dispensadores del saber y las técnicas. Los hombres que participaban en las danzas rituales durante las ceremonias públicas las llevaban colgadas al cuello y eran mostradas a todos con gran orgullo. Cuando no se usaban, se envolvían en la tapa y se conservaban en casa. El objeto aquí representado fue prestado por el Museo Borgia de Propaganda Fide de Roma para la Exposición Misionera de 1925 y más tarde fue regalado al Museo Misionero-Etnológico.

 

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ORÍGENES DE LA MORAL

 

Los actos morales de altruismo, simpatía o cooperación favorecieron la supervivencia de los primates y de los homínidos que vivían en las duras condiciones de la prehistoria.

 

Orígenes de la moral

Los códigos éticos son preceptos a los que se llega por consenso bajo la guía de reglas innatas de desarrollo mental. Las investigaciones de los últimos años en campos que van desde la etología a la antropología pasando por la psicología evolutiva indican que nuestros impulsos morales se deben más a nuestro «cableado» biológico que a una elección consciente. Durante la mayor parte de la historia

evolutiva del Homo sapiens y de las especies antecesoras, Homo habilis, Homo erectus y Homo ergaster, la evolución cultural era lo bastante lenta como para permanecer estrechamente emparejada con la evolución genética. Probablemente, durante todo este tiempo, tanto la cultura como los genes que subyacen a la naturaleza humana eran genéticamente aptos. A lo largo de decenas de miles de años en el Pleistoceno,

 

POR UN HUMANISMO SECULAR

TERESA GIMÉNEZ BARBAT

 

Teresa Giménez Barbat es Promotora del Foro Pensamiento Crítico y escritora.

OCTUBRE / DICIEMBRE 2005 191

«Si Dios no existe, todo está permitido». Si no existe una autoridad superior

impulsora de una ética que nos indique dónde está el bien y dónde está el mal, si no existe un árbitro más allá de la vida con capacidad de impartir una justa retribución, el ser humano carece de motivos para frenar  el lado más oscuro y asocial de su naturaleza. Si Dios no existiera,  habría que inventarlo pues no hallaríamos otro lugar donde «colgar» el concepto de Ética. ¿Es esto así? la evolución de artefactos permaneció casi estática, y presumiblemente lo mismo ocurrió con la organización social básica de las bandas de  cazadores-recolectores que los usaban. Hubo el tiempo suficiente, a medida que un milenio sucedía a otro, para que los genes y las reglas epigenéticas evolucionaran al unísono con la cultura. Los actos morales

de altruismo, simpatía o cooperación favorecieron la supervivencia de los primates y de los homínidos que vivían en las duras condiciones de la prehistoria.

Esto está profundamente arraigado en el cerebro humano y se manifiesta incluso antes de que nuestros pequeños hayan sido socializados.

La idea de justicia y de equidad parece ser consustancial en el hombre, y todos hemos sido testigos de cómo niños que apenas andan son perfectamente conscientes de ella cuando valoran si están tomando  una porción justa de un pastel de cumpleaños o de cualquier golosina que se reparta. Lo mismo sucede con nuestros parientes los primates. También en todas las culturas la gente siente vergüenza por

casi las mismas cosas en casi las mismas circunstancias, o tiene un profundo sentido de la justicia de manera que axiomas tales como «Quien a hierro mata, a hierro muere» y «Ojo por ojo, diente por diente» modelan la vida humana en cualquier lugar del planeta.

No siempre nos ha parecido tan obvio. Hemos dado por descontado elementos básicos fundamentales como la gratitud, el remordimiento, el orgullo, la vergüenza, el honor, el justo castigo o el justo premio, la empatía, el amor, etc. Pero eso no tendría que ser así necesariamente.

Si todo fuera una cuestión cultural, de roles, como se sigue sosteniendo, la gente podría sentir algunos de esos rasgos pero no los otros. Y no es así. Por ello ya no es creíble lo que viene a llamarse «modelo estándar de las ciencias sociales», que otorga todo el peso a la cultura y supone al hombre y a sus sociedades como una arcilla infinitamente moldeable.

 

EL HOMBRE ENCUENTRA A DIOS

Las emociones morales –la culpa, el orgullo, la vergüenza, el altruismo,

el sentido de justicia e injusticia– evolucionaron genéticamente

en pequeñas bandas de 100 a 200 individuos como forma de control

Cuadernos de pensamiento político

TERESA GIMÉNEZ BARBAT

 

192 POR UN HUMANISMO SECULAR / social y de cohesión del grupo. Cuando la agricultura permitió la explosión demográfica de lo que durante 90.000 años habían sido estas bandas, se plantearon nuevos retos. Somos capaces de engaño a la vez que de lealtad, pero los acuerdos informales y los contratos sociales de aquellas épocas dejaron de ser fiables. Y esto sucedió porque el altruismo recíproco funciona sólo cuando uno sabe con exactitud quién va a cooperar y quién nos la puede jugar. En una palabra: cuando conocemos personalmente a la gente. El origen primario de los sentimientos morales es la relación dinámica entre la cooperación y la deserción. Esto lo saben también nuestros primos los póngidos y el resto de los primates. Es «sabiduría ancestral»: el sentido de lo justo es un profundo sentimiento evolutivo que se estableció porque era bueno para el grupo.

Así evolucionó la moralidad, pero allí, en aquellas pequeñas bandas de cazadores-recolectores, se detuvo y, en los últimos 10.000 años, las tribus se convirtieron en «jefaturas» de decenas de miles de individuos; éstas en Estados de cientos de miles y, ahora, en imperios de millones. Durante todo este tiempo hemos tenido que ir creando sistemas para su gobierno y para la resolución de conflictos, como la

política y la religión, que se convirtió en la principal institución social para resaltar los valores que mejor funcionaban en la comunidad. Se  animaron el altruismo y la generosidad, se castigaron la excesiva codicia y el egoísmo y se puso de manifiesto el nivel de compromiso al grupo a través de acontecimientos sociales y rituales religiosos. Como dice Michael Shermer (2004) «si se te ve cada semana participando

en las actividades religiosas y siguiendo los ritos prescritos, eso indica que eres una persona en la que se puede confiar».

 

AHORA - Las religiones han provisto a la humanidad de principios, valores,

objetivos y códigos restrictivos y funcionaron bastante bien en tiempos en que la mayor parte de ella no se comunicaba más que con gentes de su propia cultura. Ahora, en el mundo globalizado de las sociedades occidentales, son fuente de fricciones. Los códigos morales fundamentados en la religión son, por su propia naturaleza, incompatibles los unos con los otros. Toda religión importante es una ganadora en la lucha que se traba entre culturas, y ninguna de ellas floreció

tolerando a sus rivales. Por otro lado, la razón y el pensamiento crítico que floreció a partir sobre todo de la Ilustración han aportado grandes avances en el campo de la ciencia, pero hacen retroceder cada día el ámbito de lo misterioso e inefable, territorios de la religión. El resultado es una sociedad donde crece el número de los no creyentes y de  personas con una idea laxa y, a veces, cínica del concepto de ética. Sin embargo, seguimos siendo criaturas que dejaron de evolucionar moralmente y que tienen que tratar con unos impulsos básicos para mentir,

engañar, murmurar, robar o agredir si permiten un atajo para la consecución

de los deseos. Tenemos, a la vez que unos impulsos positivos, una habilidad inherente para excusar nuestros propios fines inmorales: sabemos racionalizar cualquiera de nuestras conductas egoístas e,  incluso, convencernos de que realmente merecemos romper las reglas. Es más: se considera un mérito hacerlo cuando la víctima de nuestro comportamiento es ajena al grupo, como veremos más adelante.

Estas son desagradables conductas con las que hemos de aprender a vivir mientras seamos seres humanos. Y no parece que la evolución nos vaya a ayudar a refinar nuestro sentido del bien y del mal. Afortunadamente, estamos programados por la cultura, la historia y la evolución para resistir la persecución de nuestra propia felicidad a expensas de la de otros.

«LOS NUESTROS» - Evolucionamos en el Paleolítico cuando nuestros vecinos eran nuestra misma familia, la familia extensa o miembros de una pequeña comunidad

en la que todo el mundo se conocía. Ayudarles era como ayudarse a sí mismo. Los miembros de otros grupos no estaban incluidos.

Podemos verlo en los relatos antiguos de gestas y batallas y constatamos esa doble moral en la misma Biblia, en el Antiguo Testamento, donde a la vez que se exalta el «no matarás» en una página, en la siguiente el Señor puede lanzar a los israelitas contra los enemigos paganos. La exclusión y el fanatismo surgen del tribalismo, la creencia en la superioridad innata y la categoría especial de los que pertenecen

al grupo. Los sentimientos morales evolucionaron para ser selectivos y son los más fáciles de manipular.

 

Cuadernos de pensamiento político

194 POR UN HUMANISMO SECULAR / TERESA GIMÉNEZ BARBAT

LA CIENCIA

¿Es posible una ética laica, fundamentada en la razón y la ciencia, que podamos compartir todos los humanos independientemente de nuestras particularidades confesionales en el caso de tenerlas? Algunos creemos que esto es posible y necesario. La Ilustración del siglo XVIII abrió las puertas a la emancipación del Hombre de las cadenas del oscurantismo y de la superstición, pero su visión de la Razón era absolutista debido a las limitaciones del conocimiento de la época.

Sin embargo, su convicción de que las ciencias, la razón, la democracia, la educación y los valores humanos pueden lograr el progreso y la libertad sigue vigente.

Hay quien insiste en repetir la famosa sentencia de Malraux: «el siglo XXI será religioso o no será». La frase es enigmática y posiblemente vacía. Es sólo una frase, por más que haya acabado siendo un fetiche.

Se puede vivir sin Dios o sin religión, pero de ninguna manera es posible un mundo que no se rija por unos códigos éticos. Pero estos códigos éticos han de estar fundamentados en una comprensión de la verdadera naturaleza del hombre. En el siglo XX hemos asistido a desafortunados experimentos sociales y al intento de sustitución de determinados pilares tradicionales de nuestras instituciones en base a

teorías y conjeturas con escaso soporte empírico. Esas corrientes, que fueron favorables a la idea de una supuesta «Tabla Rasa» de la mente del hombre, aún tienen vigencia en la intelectualidad occidental a pesar de los muchos avances que las disciplinas de carácter darvinista están en condición de ofrecernos. El resultado es de una gran confusión en la adecuación de los preceptos éticos a los nuevos retos de una sociedad científica y tecnológicamente avanzada. A principios del siglo XXI la psicología evolutiva está más cercana, en determinado sentido, a los presupuestos tradicionales de la derecha que a los de la izquierda, como bien resalta Peter Singer en su libro Una izquierda darviniana.

Thomas Sowell (1994), politólogo conservador y religioso, pero con  posturas más cercanas que la izquierda al sentido común, dice: «De cada 100 ideas 99 serán seguramente inferiores a las respuestas tradicionales que se proponen reemplazar. No existe hombre, por brillante o bien informado que sea, capaz en una sola vida de llegar a la plenitud de conocimiento necesario para juzgar y descartar las costumbres o instituciones de su sociedad, ya que son la sabiduría de generaciones en cientos de años de experimentación en el laboratorio de la historia».

Por tanto, se impone una vía menos megalómana y más basada en la evidencia a la hora de proponer cualquier reforma social. El cambio por el cambio no conduce necesariamente a ningún progreso. Ni la moral es «moralina», ni toda moral es moral sexual. Cualquier reforma ha de empezar por el reconocimiento de las causas. La resolución de los problemas vendrá a través de la acción social que nos permiten

los mecanismos de la democracia. Es un largo camino pero, si no tenemos  claros unos principios, si no defendemos con rigor el bien por encima del mal, nos veremos abocados al nihilismo destructor, reverso de la religión, que ya ha probado sus terribles efectos en la historia más reciente de la humanidad. Siempre será mejor un mundo con valores religiosos que un mundo sin valores de ningún tipo.

¿Por qué es necesario el Humanismo Secular? Cada vez somos más las personas que abandonamos la religión porque no podemos creer que Dios exista. La ciencia, el sentido crítico, el afinamiento de los instrumentos de la razón nos impide a muchos creer en dogmas o en mitos indemostrables. El entramado religioso donde encontrábamos la orientación sobre cómo actuar ya no nos resulta válido. La mayor

parte de las visiones del mundo aceptadas aún hoy tuvieron sus orígenes en el mundo preurbano, nómada y agrícola del pasado. El cerebro humano evolucionó para asegurar la supervivencia del cazador-recolector y no del individuo de las modernas sociedades industriales o posindustriales que se han de enfrentar a la emergencia de una cultura global. El multiculturalismo, como paisaje en el que distintas culturas compiten en pie de igualdad, no ha sido más que un sueño. Esa

cultura global está destinada a ser la única cultura posible, pues es la que se va a construir entre todos a partir de una competencia de visiones en la que resultarán triunfadoras aquellas que proporcionen en la práctica una superior calidad de vida al ciudadano, y no podrá ser independiente de los logros más importantes del intelecto humano: los derechos y libertades del individuo recogidos en la carta de los derechos

humanos; el legado de la ciencia y de la razón crítica; el único sistema que ha demostrado ser capaz de crear y distribuir riqueza: el capitalismo liberal.

 

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196 POR UN HUMANISMO SECULAR / TERESA GIMÉNEZ BARBAT

El naturalismo científico, pilar del humanismo secular, está vinculado a un conjunto de prescripciones metodológicas: todas las hipótesis y teorías deben estar comprobadas experimentalmente con referencia explícita a causas y sucesos naturales. Para el Humanismo Secular es inadmisible introducir causas ocultas o explicaciones transcendentales.

Por ello el espacio público de la cultura planetaria emergente no podrá contar con los sistemas de valores y creencias de las culturas tradicionales, puesto que requerirá de un panorama universal basado en hipótesis y teorías ya comprobadas. Se tratará de un espacio de consenso que no acudirá a la religión, la poesía, la literatura o las artes, por más que tales actividades sean importantes expresiones de intereses humanos, sino a un materialismo no reduccionista, puesto que los procesos y sucesos naturales están mejor documentados cuando van referidos a causas materiales. Los métodos de las ciencias no son infalibles, no nos colocan en presencia de verdades absolutas e inamovibles. Bien al contrario, ponen el acento en el proceso, en el feedback con la realidad, se modifican a medida que llega información más perfecta y, por ello, constituyen los métodos más fidedignos para

aumentar el conocimiento y resolver los problemas humanos. El método científico, que ha tenido un poderoso efecto en la transformación de la civilización mundial, puede ser universalmente comprendido, ya que los más amplios sectores de la población aceptan hoy la utilidad de las ciencias y reconocen sus consecuencias positivas. Desgraciadamente, su aplicación ha sido con frecuencia confinada a estrechas especialidades, y se han ignorado sus más amplias implicaciones para nuestra visión de la realidad. Es hora de dirigirnos hacia una «Consiliencia», como propone E.O. Wilson (1999), a una reunión entre la ciencia y las humanidades. Como dice este autor «El raciocinio moral, así lo creo, es en todos los niveles intrínsecamente «consiliente» con las ciencias naturales». De ello surgirá la nueva ética humanista.

El Humanismo Secular acoge a un universo pluralista en el que el consenso es posible sea cual sea el origen cultural e, incluso, religioso de cada uno. No trata de sustituir ninguna creencia privada, sólo busca el territorio común de la razón y de lo objetivo, pues sólo es posible el consenso desde lo que todos podemos acceder y comprender.

Este consenso es universal y transciende los grupos humanos convirtiéndolos en humanidad compartida. Como dijo Richard Feynman (1999) «si existe una forma independiente de juzgar la verdad, las relaciones humanas pueden llegar a estar libres de enfrentamientos». El corpus mysticum pagano del nazismo y la doctrina de la lucha de clases del marxismo-leninismo, ambos esencialmente dogmas de religiones sin Dios, fueron puestos al servicio del tribalismo, no al revés. La ética

secular, la ética naturalista es la superación de la moral «in-group», puesto que no se restringe a ninguna religión, nación o pueblo. Es ajena a las diferencias que desde los albores de la humanidad han destruido tantas vidas humanas únicas e irremplazables y que en esta era de sofisticada tecnología para la agresión nos ponen en peligro a todos en conjunto. En resumen, esta ética consensuada nos convierte a todos en pertenecientes al mismo grupo solidario: el del Homo Sapiens.

El siglo XXI, al igual que el XXII y todos los que sigan, «será ético o no será». Básicamente porque si el siglo XXI no lo fuera ya no habría ningún siglo XXII esperándonos. Cuadernos de pensamiento político.

198 POR UN HUMANISMO SECULAR / TERESA GIMÉNEZ BARBAT Feynman, R. (1999): ¿Qué significa todo esto?, ed.Crítica. Kurtz, P. (1994): Toward a new enlightenment, Transaction Publishers. Shermer, M. (2004): The Science of Good and Evil: Why People Cheat, Gossip, Care, Share and Follow the Golden Rule, Times Books. Sowell, T. (1994): Race&Culture. Basic Books. Wilson, E.O. (1999): Consilience, la unidad del conocimiento, Galaxia Gutemberg/Círculo de lectores. Wright, R. (1994): The moral animal. Vintage Books. Agradecemos al autor – Forumlibertas.Esp. MMVI.II.03

 

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La caridad en la Iglesia - «La naturaleza de la Iglesia se expresa en una triple tarea: anuncio de la Palabra de Dios, celebración de los sacramentos y servicio de la caridad. Son tareas que se implican mutuamente».

 

Sufrimiento y solidaridad - «El amor siempre será necesario, incluso en la sociedad más justa. Siempre habrá sufrimiento que necesite consuelo y ayuda. Siempre habrá soledad».

 

Proselitismo - «La caridad no ha de ser un medio para el proselitismo. El amor es gratuito: no se practica para obtener otros objetivos. El cristiano sabe cuándo es tiempo de hablar de Dios y cuándo es oportuno callar sobre Él».

 

Respuesta a las necesidades- «La caridad cristiana es la respuesta a una necesidad inmediata: los hambrientos han de ser saciados, los desnudos vestidos, los enfermos atendidos, los prisioneros visitados…».

 

Profesionalidad y humanidad - «Un requisito fundamental es la competencia profesional, pero por sí sola no basta. Se trata de seres humanos, que necesitan humanidad y atención cordial-amorosa, esto no lo da la solidaridad, sí la caridad».

 

Únicamente en Dios que es amor se resuelven todas las dicotomías artificiales de los últimos siglos. Dios es amor; y el amor une, nunca separa. Y cuando el hombre hace algo que divide, no actúa como Dios que une en el amor; actúa como el diablo que divide lo que Dios une.

 

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"La lucha contra la esclavitud"

 

La defensa de los indios contó con exponentes claros tanto en el seno del catolicismo como del protestantismo. No sucedió lo mismo, sin embargo, en relación con la esclavitud, otra de las grandes lacras que experimentaron un extraordinario desarrollo con ocasión del descubrimiento y colonización de nuevos mundos. De hecho, el mismo padre Las Casas llegó a considerar que la utilización de esclavos de origen africano podría paliar el triste destino de los indígenas americanos.

La lucha contra la esclavitud fue una causa que derivó de una cosmovisión bíblica, que se extendió a lo largo de varios siglos y que, de hecho, solo mucho después recibió el respaldo de ideologías distintas del cristianismo. Basta examinar las páginas de la Enciclopedia, el máximo monumento de la Ilustración, para percatarse de que los ilustrados no solo no eran contrarios a la esclavitud, sino que incluso la consideraban natural, dada la inferioridad racial de los esclavizados. Por ejemplo, en la voz "Negros, considerados como esclavos en las colonias de América", el texto dice:

Estos hombres negros, nacidos vigorosos y acostumbrados a una alimentación burda, encuentran en América dulzuras que les hacen la vida animal mucho mejor que en su país.

Desde luego, resulta más que dudoso que la esclavitud en las colonias americanas pudiera ser calificada de "dulzuras" y que la vida de los negros pudiera ser por definición calificada de animal, hasta el punto de que el hecho de ser esclavos la mejorara. Sin embargo, eso y no otra cosa afirma el citado artículo de la Enciclopedia, y no resulta mejor la descripción que aparece en relación con esta población negra:

Estos negros son idólatras, su lengua es difícil de pronunciar, saliendo la mayoría de los sonidos de la garganta con esfuerzo... Estos negros, se les llame como se les llame, hablan todos la misma lengua sobre poco más o menos.

Por si fuera poco, el ilustrado autor del artículo de la Enciclopedia indicaba que algunos negros logran superar sus defectos propios y se convierten en buenas personas cuya característica fundamental es, nada menos que, la sumisión a su dueño:

Los defectos de los negros no se encuentran extendidos de manera tan universal que no se encuentren muy buenos sujetos. Varios habitantes poseen familias enteras compuestas de gente muy honrada y muy unida a su amo.

Partiendo de esa base, no resulta extraño que se afirmara que encontrar negros buenos era un fruto más de la casualidad que de la probabilidad:

Si por azar se encuentra gente honrada entre los negros de Guinea, en su mayoría son durante todo el tiempo viciosos. En su mayor parte están inclinados al libertinaje, a la venganza, al robo y a la mentira.

Las consecuencias de semejante discurso no podían resultar más obvias. La esclavitud era censurable, pero los "salvajes" actuales habían caído tan por debajo del imaginario nivel en que se encontraba el "buen salvaje" primitivo que no cabía sino emprender su educación. Era obvio que unas razas eran superiores y otras claramente inferiores. Esa circunstancia obligaba a las primeras a dominar a las segundas por su bien. Que el resultado no podía sino ser positivo lo demostraba el que, hasta reducidos a la esclavitud, los negros se encontraran mejor bajo el dominio de un amo blanco en América que en libertad en África.

No resulta muy difícil imaginar lo que hubiera sido la suerte de estos desdichados si, frente a la visión de los conquistadores, al pensamiento ilustrado y, por supuesto, a las concepciones islámica y pagana de la esclavitud, no se hubiera alzado una recuperación del concepto bíblico acerca de esta institución. En realidad, basta con examinar lo que fue la trayectoria de la trata antes del movimiento emancipador.

El inicio de la trata se debió a los portugueses, que la comenzaron en 1444, y que unos quince años después importaban cada año poco menos de un millar de esclavos procedentes de diferentes puntos de la costa africana. Durante más de un siglo, Portugal monopolizó el comercio gracias a la colaboración indispensable de los comerciantes árabes del norte de África, que enviaban esclavos de África central a los mercados de Arabia, Irán y la India.

El descubrimiento de América llevó a otras naciones a sumarse a tan vergonzosa y denigrante institución. Como ya hemos indicado, incluso los defensores de los indígenas de América no encontraron censurable —en ocasiones les pareció un remedio— el recurrir a la esclavitud de los africanos. En 1517, por ejemplo, Carlos I estableció un sistema de concesiones a particulares para introducir y vender esclavos africanos en América. A finales de ese mismo siglo, Inglaterra comenzó a competir por el derecho a abastecer de esclavos a las colonias españolas, detentado hasta entonces por Portugal, Francia, Holanda y Dinamarca. De hecho, la Paz de Utrecht, que se tradujo para España en la pérdida del territorio español de Gibraltar, significó también que la British South Sea Company consiguiera el derecho exclusivo de suministro de esclavos a estas colonias. Pero para entonces hacía ya casi un siglo que habían llegado a las colonias inglesas de América del Norte los primeros esclavos africanos, y este tráfico se incrementaría sobremanera con el desarrollo del sistema de planificaciones.

Ni siquiera la Revolución americana de 1776 cambió la situación de los esclavos. El liberalismo había podido tomar de la fe cristiana algunos de sus principios políticos esenciales, pero no estaba dispuesto a disminuir sus beneficios por razones éticas. Si la Ilustración había justificado —sobre el papel, claro está— la esclavitud, la Constitución norteamericana sentenció el triste destino de los esclavos sancionando la existencia de la institución que los mantenía sometidos a tan lamentable estado. No era extraño si se tiene en cuenta que algunos de los Padres fundadores, como Thomas Jefferson, eran pingües propietarios de esclavos.

El enfrentamiento con la esclavitud surgió en el seno del cristianismo y por razones enraizadas directamente en las Escrituras. Durante el siglo XVII, los cuáqueros (...) y en el siglo siguiente, los metodistas (..), hombres como William Knibb (...) y William Wilberforce, un hombre piadoso que (...) en su calidad de miembro del Parlamento, se dedicó a tareas de profundo contenido social. Así, Wilberforce —al que se llegó a denominar la conciencia del primer ministro— fomentó la educación de los necesitados y, sobre todo, desarrolló una extraordinaria labor para lograr la erradicación de la esclavitud. No fue una tarea fácil, ya que chocaba con intereses económicos obvios, pero en 1807 consiguió la prohibición británica del comercio de esclavos y en 1833 se declaró la abolición de la esclavitud en la totalidad de los territorios británicos. El único país que se había adelantado a Inglaterra en la abolición de la trata había sido Dinamarca, en 1792, y también apelando directamente a los principios contenidos en la Biblia.

A lo largo del siglo XIX la emancipación de los esclavos se convirtió en una bandera utilizada en la lucha contra el poder colonial —México abolió la esclavitud en 1813; Venezuela y Colombia, en 182 l—, pero no siempre con convicción. La explicación de este comportamiento no podía ser más obvia: el proceso de abolición chocaba con los intereses de la burguesía. De hecho, Uruguay mantuvo la esclavitud hasta 1869; España, en Cuba, hasta 1886; y Brasil, hasta 1888. Cualquiera de estos procesos emancipatorios es dudoso incluso que hubiera comenzado sin los precedentes del mundo anglosajón, puesto que fue Inglaterra la que durante el Congreso de Viena instó a las otras potencias europeas a adoptar medidas similares a las aprobadas por su Parlamento.

A finales del siglo XX, y a pesar de la incorporación de normas antiesclavistas en la legislación internacional, la esclavitud sigue siendo una realidad fuera de Occidente y afecta a no menos de cien millones de personas. En algunos países islámicos y budistas incluso cuenta con una existencia legal. De no haber sido por la influencia del cristianismo, tal vez ese también sería el panorama en las sociedades occidentales. Sin embargo, el triunfo de la lucha contra la esclavitud durante el siglo XIX no significó que la causa de la libertad humana quedara salvada y asegurada para el siglo siguiente. En realidad, iba a enfrentarse durante este con los peores desafíos que había experimentado a lo largo de la Historia humana, y de nuevo el papel del cristianismo resultaría esencial.

Tomado de "El legado del cristianismo en la cultura occidental", Espasa, 2000, pp. 208-214. Dr. César Vidal.

 

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450 Aniversario – BOLIVIA, PERÚ Y ARGENTINA -  Con el encuentro en la Ciudad de Sucre, la Fundación quiso unirse al gozoso 450 Aniversario de la creación de la Iglesia Particular de La Plata, hoy Sucre. El 27 de Junio de 1552, el Papa Julio III, mediante la Bula "Super Specula", dispuso la erección canónica de la Diócesis de La Plata, a petición del Emperador Carlos I de España y V de Alemania, dando lugar sucesivamente a numerosas otras iglesias particulares en Argentina, Bolivia, Chile y Perú. Pasó a ser Arzobispado de La Plata, el 20 de Julio del año 1609, con las sufragáneas de La Paz, Santa Cruz de la Sierra, Paraguay, Tucumán y Buenos Aires. Este nombre se mantuvo hasta que, a partir del 11 de noviembre de 1924, se denominó Arzobispado de Sucre, abarcando la casi totalidad del Departamento de Chuquisaca. La diócesis de La Plata tuvo también el nombre de Charcas, por ser el centro de los habitantes "charcas" que vivían en esta zona, aunque este nombre se utilizó más para referirse a los habitantes y a toda la región de lo que hoy constituye el territorio boliviano.

 

 En la "implantatio" de esta Iglesia particular, cuando en Europa se celebraba el concilio de Trento, se dieron algunos datos que configuran y encuadran el estilo de aquella seria y profunda evangelización: siete años después de la creación de la Diócesis,  el 12 de junio de 1559, Felipe II creó la Audiencia Real en La Plata; la creación de la Diócesis se adelantó, pues, a la del gobierno civil. Ese mismo año de 1559, la Diócesis de La Plata creaba el "Hospital Santa Bárbara", que ahora cumple 443 años de vida, confirmándose que la Diakonía acompañó a la acción evangelizadora de la Iglesia, en este caso para ayudar y confortar a los seres humanos en sus enfermedades. Junto a estas instituciones, en el año 1624, se fundó la Universidad Real Mayor y Pontificia San Francisco Xavier de Chuquisaca, por bula de Gregorio XV, culminando la evolución del Colegio que los Jesuitas crearon en 1581, base de esta Universidad de la Compañía de Jesús. Pronto, el Domingo siguiente a la fiesta de Reyes del año 1602, se entronizó solemnemente en la Diócesis la imagen de la Virgen de Guadalupe, pintada expresamente por Fray Diego de Ocaña, en una réplica de la Virgen extremeña. La organización eclesial, el ejercicio de la caridad, la educación e instrucción de la gente y la Virgen fueron los pilares, que aún perduran, de aquella evangelización.

 A esto se añade una profunda inculturación: El religioso dominico, Fray Domingo de Santo Tomás, segundo Obispo de esta Diócesis de La Plata, en el antiguo Alto Perú, nombrado por Pío IV, fue uno de los primeros europeos que aprendió a la perfección el idioma keschwa (quechua), escribió la primera gramática y el primer vocabulario de esta lengua: "Gramática o arte de la lengua general de los ´Reynos´ del Perú", publicada en Valladolid en 1560, y el "Vocabulario de la Lengua del Perú", y acabó de edificar la Iglesia Catedral de la ciudad y, sobre todo, "edificó la Catedral del alma de los Indios", como se lee en un escrito de su tiempo, dedicando a ellos la mayor parte de su vida. Asistió al Segundo Concilio Provincial de Lima, cuyo objetivo claro y fundamental fue "la evangelización de los Indígenas", para lo cual dos eran los presupuestos fundamentales que se acordaron y pusieron en práctica: aprender el idioma indígena y promover la formación del clero nativo. Bajo este imperativo, el 13 de enero de 1595, se fundó el actual Seminario Conciliar de San Cristóbal en La Plata (hoy Sucre), con el propósito de formar al clero nativo, propósito y edificio que siguen en pié.

1992

 

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Los movimientos indigenistas, con toda su carga de racismo, nacen en la segunda mitad del siglo XX y son directamente promovidos por los ideólogos de orientación marxista-leninista ¿Qué trato han recibido los indios en las épocas virreinal e independiente?

Durante la época de los Virreinatos, el indio recibía exactamente el mismo trato que el resto de los súbditos de la Corona: es decir, un indígena americano recibía la misma consideración que un campesino de Castilla. Con una salvedad: durante años se les consideró “menores de edad” y, por tanto, menos responsables de sus acciones que los nacidos en Europa. Esta situación, lejos de perjudicar al nativo, generó actitudes que, en ocasiones, pudieron pecar de paternalistas, pero que, en todo caso, favorecían en el trato a los nuevos súbditos.

Por otra parte, uno de los grandes monumentos levantados por España en América es el ingente cuerpo legislativo creado para las Indias. Desde las primeras disposiciones de Isabel la Católica, hasta las últimas leyes redactadas por sus sucesores en el Trono (especialmente los monarcas de la dinastía Habsburgo), queda reflejada esa preocupación por el trato favorable que debía recibir el indígena. De hecho, durante años se castigaba con mayor dureza la falta cometida por un español que la del indígena, precisamente por considerar que aún no estaban preparados para asumir en plenitud las cargas derivadas de su incorporación la Corona.

¿A qué atribuye que el movimiento indigenista esté apoyado por la izquierda, que en su origen quería diluir las diferencias sociales y establecer la igualdad absoluta entre la personas?

Más que apoyado, pienso que es un movimiento inventado por la izquierda. El indigenismo no tiene su huella (aunque muchos lo quieran ver así) en las malas condiciones de vida de los nativos en tiempo virreinal. No, los movimientos indigenistas, con toda su carga de racismo, nacen en la segunda mitad del siglo XX y son directamente promovidos por los ideólogos de orientación marxista-leninista empeñados en crear un caldo de cultivo social en el que prendan unas tendencias que ya no se prolongarían mucho en Europa.

Los Estados iberoamericanos vivieron en aquellas décadas serias crisis políticas acompañadas de situaciones sociales realmente injustas y denunciables. Esta realidad fue aprovechada, repito, por grupos marxistas para promover su praxis de lucha contra el capitalismo. La ‘bestia negra’ eran los Estados Unidos, pero realmente estos son simplemente el blanco más cercano para aquellos intelectuales. Algunos de estos movimientos promovieron grupos guerrilleros (terroristas) que han asolado las regiones campesinas andinas y selváticas durante años, como Sendero Luminoso, responsable de casi 30.000 muertes. MMVI.II

 

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En pocas palabras: si Cristo fundó una Iglesia y el diablo la corrompió y luego tuvo que venir Lutero para "reformarla": ¿Qué papel hace Cristo prometiendo una Iglesia invencible? Y si eso fuera posible: ¿Cuál de las miles de divisiones del protestantismo heredó el "Espíritu de Verdad" del que Cristo habla y que promete con tanta certeza?.

 

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"El relativismo es una auténtica dictadura que no conoce nada como definitivo, y deja como última medida ´el falso yo´ y sus pasiones"

 

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San Agustín (354-430) obispo de Hipona, doctor de la Iglesia Católica
Sobre la santa virginidad,5

María, madre de Cristo, madre de la Iglesia.

Aquel que es fruto de las entrañas de una única Virgen es la gloria y el honor de todas las demás vírgenes santas, porque ellas son también, como María, madres de Cristo si cumplen la voluntad de su Padre. La gloria y la dicha de ser la madre de Jesucristo resaltan en las palabras del Señor: “Quien cumple la voluntad de mi Padre que está en los cielos, éste es mi hermano, mi hermana y mi madre.” (Mt 12,50)     Así indica el parentesco espiritual que los incluye en el pueblo que ha sido rescatado. Sus hermanos y sus hermanas son los hombres y las mujeres santos que participan con él en la herencia celestial. Su madre es la Iglesia entera, porque ella, por la gracia de Dios, engendra los miembros de Cristo, es decir, a los que le son fieles. Su madre es también cada alma santa que cumple la voluntad de su Padre y cuya caridad fecunda se manifiesta en aquellos que ella engendra para él, hasta que Cristo quede formado en ellos. (cf Gal 4,19)...

María es, ciertamente, la madre de los miembros del Cuerpo de Cristo, de todos nosotros, porque por su caridad ella ha cooperado en la generación de los fieles en la Iglesia, que son miembros de la cabeza divina, Cristo, de manera que ella es verdaderamente mi madre según la carne.

 

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El respeto de la integridad de la creación

Catecismo de la Iglesia Católica

 

2415 El séptimo mandamiento exige el respeto de la integridad de la creación. Los animales, como las plantas y los seres inanimados, están naturalmente destinados al bien común de la humanidad pasada, presente y futura (cf Gn 1, 28-31). El uso de los recursos minerales, vegetales y animales del universo no puede ser separado del respeto a las exigencias morales. El dominio concedido por el Creador al hombre sobre los seres inanimados y los seres vivos no es absoluto; está regulado por el cuidado de la calidad de la vida del prójimo incluyendo la de las generaciones venideras; exige un respeto religioso de la integridad de la creación (cf CA 37-38).

2416 Los animales son criaturas de Dios, que los rodea de su solicitud providencial (cf Mt 6, 16). Por su simple existencia, lo bendicen y le dan gloria (cf Dn 3, 57-58). También los hombres les deben aprecio. Recuérdese con qué delicadeza trataban a los animales san Francisco de Asís o san Felipe Neri.

2417 Dios confió los animales a la administración del que fue creado por él a su imagen (cf Gn 2, 19-20; 9, 1-4). Por tanto, es legítimo servirse de los animales para el alimento y la confección de vestidos. Se los puede domesticar para que ayuden al hombre en sus trabajos y en sus ocios. Los experimentos médicos y científicos en animales, si se mantienen en límites razonables, son prácticas moralmente aceptables, pues contribuyen a cuidar o salvar vidas humanas.

2418 Es contrario a la dignidad humana hacer sufrir inútilmente a los animales y sacrificar sin necesidad sus vidas. Es también indigno invertir en ellos sumas que deberían remediar más bien la miseria de los hombres. Se puede amar a los animales; pero no se puede desviar hacia ellos el afecto debido únicamente a los seres humanos.

 

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Consecuencias ambientales

21. Las desigualdades en la distribución de la propiedad de las tierras desencadenan un proceso de degradación del medio ambiente difícilmente reversible,(15) a lo que se añade el deterioro del suelo, la disminución de su fertilidad, el riesgo de inundaciones, la disminución de la capa freática, el aterramiento de los ríos y de los lagos y otros problemas ecológicos.

A menudo se fomenta, con facilidades fiscales y de crédito, la deforestación de amplios territorios para dejar sitio a la cría extensiva del ganado, a las actividades mineras o el manufacturado de las maderas, pero sin prever planes de rehabilitación del medio ambiente y si están previstos no se aplican.

La pobreza también está vinculada al deterioro medio ambiental en un círculo vicioso cuando los pequeños agricultores, expropiados del latifundio, y los pobres sin tierra, en busca de nuevas tierras, se ven obligados a ocupar las tierras estructuralmente frágiles, como por ejemplo los terrenos pendientes y a erosionar el patrimonio forestal para poder cultivar.

 

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El mensaje biblico - El cuidado de la creación

22. La primera página de la Biblia relata la creación del mundo y de la persona humana: « Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya: a imagen de Dios le creó; macho y hembra los creó » (Gn 1, 27). Palabras solemnes expresan la tarea que Dios les confía: « Sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla; mandad en los peces del mar y en las aves de los cielos y en todo animal que serpea sobre la tierra » (Gn 1, 28).

La primera tarea que Dios les encomienda —es evidente que se trata de una tarea fundamental— se refiere a la actitud que deben tener con la tierra y con todos los seres vivientes. « Henchir » y « dominar » son dos verbos que se pueden malentender con facilidad e incluso pueden parecer una justificación de ese dominio despótico y desenfrenado que no se preocupa por la tierra y por sus frutos y hace estragos con ella a su propio favor. En realidad « henchir » y « dominar » son verbos que, en el lenguaje bíblico, sirven para describir la dominación del rey sabio que se preocupa por el bienestar de todos sus súbditos.

 

El hombre y la mujer tienen que cuidar la creación, para que ésta les sirva y para que esté a disposición de todos y no sólo de algunos.

23. La naturaleza profunda de la creación es la de ser un don de Dios, un don para todos, y Dios quiere que se quede así. Por eso la primera orden que Dios da es la de conservar la tierra respetando su naturaleza de don y bendición, y de no transformarla en instrumento de poder o motivo de conflictos.

El derecho-deber de la persona humana de dominar la tierra nace del hecho de ser imagen de Dios: corresponde a todos y no sólo a algunos la responsabilidad de la creación. En Egipto y en Babilonia este privilegio era sólo de algunos. En la Biblia, en cambio, el dominio pertenece a la persona humana por ser tal y, por lo tanto a todos. Es más, es la humanidad conjuntamente la que se debe sentir responsable de la creación.

Dios deja al hombre en el jardín para que lo labre y lo cuide (cf. Gn 2, 15) y para que se alimente de sus frutos. En Egipto y en Babilonia el trabajo es una dura necesidad impuesta a los hombres en beneficio de los dioses: en realidad, en beneficio del rey, de los funcionarios, de los sacerdotes y de los terratenientes. En la narración bíblica, en cambio, el trabajo es algo para la realización de la persona humana.

 

La tierra es de Dios quien la ofrece a todos sus hijos

24. El israelita tiene el derecho de propiedad de la tierra, que la ley protege de muchas formas. El Decálogo prescribe: « no codiciarás la casa de tu prójimo, su campo, su siervo o su sierva, su buey o su asno: nada que sea de tu prójimo » (Dt 5, 21).

Se puede decir que el israelita se siente verdaderamente libre y plenamente israelita sólo cuando posee su parcela de tierra. Pero la tierra es de Dios, insiste el Antiguo Testamento, y Dios la ha dado en herencia a todos los hijos de Israel. Se debe por lo tanto repartir entre todas las tribus, clanes y familias. Y el hombre no es el verdadero dueño de su tierra sino que es más bien un administrador. El dueño es Dios. Se lee en el Levítico: « La tierra no puede venderse para siempre, porque la tierra es mía, ya que vosotros sois para mí como forasteros y huéspedes » (25, 23).

En Egipto la tierra pertenecía al faraón y los campesinos eran sus esclavos y de su propiedad. En Babilonia había una estructura feudal: el rey entregaba las tierras a cambio de servicios y de fidelidad. No hay nada parecido en Israel. La tierra es de Dios que la ofrece a todos sus hijos.

 

 

De los sermones de san Atanasio, obispo de la Iglesia Católica [años 295-373], contra los arrianos - (Sermón 2, 78. 79: PG 26, 311. 314)

 

Las obras de la creación, reflejo de la Sabiduría eterna

 

En nosotros y en todos los seres hay una imagen creada de la Sabiduría eterna. Por ello, no sin razón, el que es la verdadera Sabiduría de quien todo procede, contemplando en las criaturas como una imagen de su propio ser, exclama: El Señor me estableció al comienzo de sus obras. En efecto, el Señor considera toda la sabiduría que hay y se manifiesta en nosotros como algo que pertenece a su propio ser.

Pero esto no porque el Creador de todas las cosas sea él mismo creado, sino porque él contempla en sus criaturas como una imagen creada de su propio ser. Ésta es la razón por la que afirmó también el Señor: El que os recibe a vosotros me recibe a mí, pues, aunque él no forma parte de la creación, sin embargo, en las obras de sus rnanos hay como una impronta y una imagen de su mismo ser, y por ello, como si se tratara de sí mismo, afirma: El Señor me estableció al principio de sus tareas, al comienzo de sus obras.

Por esta razón precisamente, la impronta de la sabiduría divina ha quedado impresa en las obras de la creación para que el mundo, reconociendo en esta sabiduría al Verbo, su Creador, llegue por él al conocimiento del Padre. Es esto lo que enseña el apóstol san Pablo: Lo que puede conocerse de Dios lo tienen a la vista: Dios mismo se lo ha puesto delante. Desde la creación del mundo, sus perfecciones invisibles son visibles para la mente que penetra en sus obras. Por esto, el Verbo, en cuanto tal, de ninguna manera es criatura, sino el arquetipo de aquella sabiduría de la cual se afirma que existe y que está realmente en nosotros.

Los que no quieren admitir lo que decimos deben responder a esta pregunta: ¿existe o no alguna clase de sabiduría en las criaturas? Si nos dicen que no existe, ¿por qué arguye san Pablo diciendo que, en la sabiduría de Dios, el mundo no lo conoció por el camino de la sabiduría? Y, si no existe ninguna sabiduría en las criaturas, ¿cómo es que la Escritura alude a tan gran número de sabios? Pues en ella se afirma: El sabio es cauto y se aparta del mal y con sabiduría se construye una casa.

Y dice también el Eclesiastés: La sabiduría serena el rostro del hombre; y el mismo autor increpa a los temerarios con estas palabras: No preguntes: «,,Por qué los, tiempos pasados eran mejores que los de ahora?» Eso no lo pregunta un sabio.

Que exista la sabiduría en las cosas creadas queda patente también por las palabras del hijo de Sira: La derramó sobre todas sus obras, la repartió entre los vivientes, según su generosidad se la regaló a los que lo temen; pero esta efusión de sabiduría no se refiere, en manera alguna, al que es la misma Sabiduría por naturaleza, el cual existe en sí mismo y es el Unigénito, sino más bien a aquella sabiduría que aparece como su reflejo en las obras de la creación. ¿Por qué, pues, vamos a pensar que es imposible que la misma Sabiduría creadora, cuyos reflejos constituyen la sabiduría y la ciencia derramadas en, la creación, diga de sí misma: El Señor me estableció al comienzo de sus obras? No hay que decir, sin embargo, que la sabiduría que hay en el mundo sea creadora; ella, por el contrario, ha sido creada, según aquello del salmo: El cielo proclama la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos.

  

 

 

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Recomendamos: ‘Europa y la Fe’. Editor: Ciudadela Libros. Autor: Hilaire Belloc.  Páginas: 237 - ISBN: 978-84-96836-23-5 -

En esta obra se trata con un realismo histórico apabullante el tema de Europa y su relación con la fe católica. No se debería desconocer este ensayo histórico admirable en que su autor explica cómo la Iglesia católica ayudó a salvar a Occidente, en las Edades oscuras, preservando lo mejor de la civilización griega y romana, y cómo los europeos, todavía hoy, nos beneficiamos de instituciones sociales y de forma políticas de indudable origen católico como los Parlamentos. Es muy posible que no se haya escrito una mejor visión de conjunto de la civilización occidental que este libro.

 

Recomendamos: “ROMA, DULCE HOGAR”, Scott Hahn y su esposa Kimberly cuentan el largo viaje que les llevó de evangélicos calvinistas, hasta la casa paterna en la Iglesia Católica. Un camino erizado de dificultades, pero recorrido con gran coherencia y docilidad a la gracia, y cuyo motor era el amor a Jesucristo y a su Palabra en la Sagrada Escritura.

Recomendamos:“LO PRIMERO ES EL AMOR”, Scott Hahn muestra de nuevo una de sus mejores cualidades como autor: su gran capacidad para explicar las verdades esenciales de la Iglesia Católica fundada por Jesucristo, de un modo accesible y atrayente. En esta obra el incentivo es esta pregunta: ¿Qué clase de amor y qué clase de familia satisfacen nuestros más íntimos anhelos?. Con su clara prosa desarrolla una idea central de la fe cristiana: Dios, la Trinidad de Personas Divinas, es una familia que vive en una comunión de amor. Expone también Hahn la íntima conexión entre la familia divina, la familia de la fe, que es la Iglesia, y las familias de la tierra formadas por un hombre y una mujer. Ed. Patmos – Libros de espiritualidad-225.- 

 

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In Obsequio Jesu Christi.

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).