Monday 27 February 2017 | Actualizada : 2017-02-03
 
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Historia - "En el siglo que acabamos de dejar atrás hemos visto revoluciones, cuyo programa era de no esperar más la intervención de Dios y tomar en sus manos el destino del mundo (...) La verdadera revolución consiste en acercase sin reservas a Dios que es la medida de lo justo y al mismo tiempo del amor eterno. ¿Qué nos puede salvar si no es el amor?", S. S. Benedicto XVI – P.M. - 2005.08

 

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Apertura de los Archivos Vaticanos - Benedicto XVI ha dado indicaciones –informa Zenit– para que los Archivos Vaticanos, incluido el Archivo Secreto, abran toda su documentación sobre el pontificado de Pío XI, que abarca desde 1922 a 1939. Los investigadores acreditados podrán consultar toda la documentación en el Archivo Secreto Vaticano referida a esas fechas, lo que hará que se comprenda mejor la relación de la Iglesia con los dramáticos totalitarismos del siglo XX: comunismo, nazismo y fascismo, así como nuevos documentos de la relación de la Santa Sede con España, antes y durante la Guerra Civil española. MMVI.VII

 

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Sabios no tan sabios. Otro problema serio es que la enseñanza islámica la llevan a cabo los ulemas (sabios) que en realidad son «sabios» solo en un pequeño ámbito del saber: han aprendido el Corán de memoria, han tomado los viejos dichos atribuidos a Mahoma (Sunna) y centenares de miles de respuestas jurídicas de otros imanes. Pero no han estudiado matemáticas, sociología, psicología; la Historia para ellos se limita al mundo islámico; el estudio de las religiones se hace sólo con función apologética, por si el islam es atacado. Es como si nuestros sacerdotes hubieran estudiado sólo la Biblia y además, partiendo de comentarios antiguos.

 

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Es difícil calificar una institución –como la Iglesia Católica que, en sus dos mil años- nos ofrece con sus bibliotecas, monasterios y universidades, nada menos que el ‘patrimonio intelectual de la humanidad’.

 

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Unknown  - Spanish, about 1290 - 1310 España
Tempera colors and gold leaf on parchment
14 3/8 x 9 7/16 in.  - MS. LUDWIG XIV 6, FOL. 72V

 

Historia - "El cristianismo no teme a la cultura sino a la media cultura. Teme la superficialidad, los eslóganes, las críticas de oídas; pero quien puede hacer la ‘crítica de la cultura puede volverlo a descubrir o seguir siendo fiel" JEAN GUITTON –filósofo fr. 2000.

 

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Comunismo y nazismo - Deseamos recordar. Pero deseamos recordar con una finalidad, a saber, para asegurar que no prevalezca nunca más el mal, como sucedió con millones de  víctimas  inocentes del nazismo. ¿Cómo pudo sentir el hombre un desprecio tan hondo por el hombre? Porque había llegado hasta el punto de despreciar a Dios. Sólo una ideología sin Dios podía planear y llevar a cabo el exterminio de un pueblo entero. Antes, igualmente también el comunismo con más de 100.000.000 de muertes sembró la discordia levantando el odio entre las personas; el silgo XX ha quedado definitivamente manchado de sangre.

 

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Historia - La historia de la Iglesia es una historia de muchos y diversos movimientos de reforma. Ver el libro de san Cipriano, De lapsis, escrito poco después de la persecución de Decio del año 250-251

 

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Historia - «Conocer y profundizar el pasado de un pueblo es afianzar y enriquecer su propia identidad. ¡No rompáis con vuestras raíces cristianas! Sólo así seréis capaces de aportar al mundo». S. S. Juan Pablo II – Madrid. 2003.05

 

Visión objetiva: Con frecuencia en los análisis históricos se peca de falta de objetividad por juzgar con valores actuales los sucesos del pasado. Esto no significa relativizar el juicio valórico de los sucesos, sino extirpar ciertos moralismos actuales que no son reales, que suponen una "moral" moderna y postmoderna que juzga enloquecidamente las cosas. Desde una perspectiva objetiva tenemos que condenar sin reserva los errores ocurridos en l período analizado, pero sin rasgar vestiduras por la "monstruosa" noticia del descubrimiento y civilización europea en América, maldiciendo la hora en que se produjo al estilo del cuestionado activista verde Jacques Cousteau quien declaró en 1992 que la llegada de la Colón a América "fue un desastre peor que la lluvia de meteoritos que acabó con los dinosaurios en la prehistoria".

Aquí la premisa tribalista de "cada uno en su tierra sin invadir otra" queda desvanecida por el absurdo ante el dinamismo y realidad de la historia. Toda civilización es el fruto de una mezcla frecuentemente nada pacífica. La misma epopeya del Pueblo de Dios suponía conquistar una tierra prometida ocupada por tribus locales. Los mismos europeos provienen de invasiones y nuevas invasiones que mezclaron sus sangres e hicieron nacer las distintas culturas que dan alma al Viejo Mundo.

 

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Iglesia - No dominio, sino servicio «gratuito» es la jerarquía en la santa Iglesia Católica, apostólica y con sede romana desde Pedro muerto mártir bajo Nerón, crucificado cabeza abajo y Pablo decapitado, ambos en Roma.

 

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Iglesia - El cristianismo, como es sabido, no nació en Europa, sino en Asia Menor, en la encrucijada de tres continentes, el asiático, el africano y el europeo. Por este motivo, la interculturalidad de las corrientes espirituales de estos tres continentes pertenece a la forma originaria del cristianismo. Solo la difusión del Islam sustrajo al cristianismo de Oriente próximo gran parte de su fuerza vital, mientras echaba a las comunidades cristianas de Asia; en cualquier caso, a partir de entonces el cristianismo se convirtió en una religión europea. 2003-07-18 Cardenal + Joseph RATZINGER - Al día: S. S. BENEDICTO XVI  - P.M. - 2005

 

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Iglesia - El crecimiento constante de la Iglesia naciente durante los primeros tres siglos hasta el Edicto de Milán a comienzos del cuarto siglo, se produjo por medio del testimonio y la influencia personal de miles de cristianos y sus familias. Al correr de más siglos, los ideales cristianos puestos en práctica por las personas y las familias, fue gradualmente transformando Occidente en una forma de cultura cristiana que conocemos como la Edad Media. En nuestros tiempos, luego de la disolución gradual de dicha cultura, en parte a través de eventos históricos tales como la Reforma, la era de la Ilustración y los conflictos titánicos de ideas e ideologías de los últimos dos siglos (Darwinismo, Marxismo, Freudianismo y otros), nos toca a nosotros hacer lo mismo. El éxito parcial de estas diversas herejías e ideologías en la escena mundial se ha debido en parte al hecho que un porcentaje grande de laicos católicos durante los últimos siglos, han estado ausentes del combate en el sentido apostólico, contentos en su ignorancia y dejando que el clero y los religiosos hicieran el trabajo pesado. Padre John McCloskey – 2005.

 

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"Balance del siglo XX y acción

de la Iglesia en la Historia"

 

«El hombre de hoy proclama la Declaración Dignitatis humanae del Concilio Vaticano II tiene una conciencia cada día mayor de la dignidad de la persona humana». Una dignidad que deriva del hecho mismo de ser persona y que se extiende, por tanto, a todos los hombres. Esta progresiva toma de conciencia ha de estimarse, sin duda, como un paso adelante y un avance de la humanidad en sentido coherente con los designios divinos. El espíritu humano percibe ahora con mayor lucidez determinados aspectos del orden instituido por Dios en la obra de la creación, que pasaban más inadvertidos a la mentalidad colectiva de ayer y no le impresionaban tan vivamente como impresionan al hombre de hoy.
Resulta evidente que a esta toma de conciencia ha contribuido en buena medida la experiencia de la historia más reciente, y en especial la vivida a lo largo del pasado siglo XX. El siglo se inició en Europa y en los demás países del Primer Mundo en un clima de optimismo, que era continuación del que había reinado durante la mayor parte del siglo XIX: un período de relativa paz, comenzado a raíz de la terminación en 1815 del ciclo de las guerras napoleónicas. Esa paz había coincidido con el triunfo del liberalismo en el plano político y económico, el progreso industrial y el auge de los imperialismos, que redujeron vastos espacios de los otros Continentes a colonias, dominios y protectorados de las grandes potencias europeas. El balance final del siglo XX ha resultado como es notorio mucho menos brillante que las expectativas que despertó en sus comienzos.

Es cierto que la última centuria del segundo milenio ha presenciado avances portentosos en diversos campos: el de la ciencia y la técnica, el de las comunicaciones, el de la medicina, que ha conseguido una notable prolongación en la duración de la vida humana. En ese tiempo se ha logrado una drástica reducción del analfabetismo e incluso en los países desarrollados un indudable crecimiento de los niveles de bienestar material del conjunto de la sociedad. Pero el siglo ha estado marcado por la impronta de dos grandes guerras, las mayores conocidas en la historia de la humanidad, y por dos revoluciones la rusa y la china que pretendieron crear un nuevo orden social, al precio de indecibles sufrimientos de sus pueblos. En las guerras, millones de combatientes perdieron la vida, y en la última la Segunda Guerra Mundial el mundo fue testigo de un fenómeno nuevo y cruel: las poblaciones civiles, lejos de quedar al margen de la contienda, fueron tal vez las más duramente castigadas. El caso más clamoroso lo constituyeron los campos de concentración y de exterminio creados por la Alemania nazi, donde fueron sacrificadas muchedumbres humanas: judíos, gitanos,, cristianos... Tampoco deben olvidarse los bombardeos masivos de la aviación aliada contra ciudades alemanas, que causaron decenas de miles de muertos en una sola noche; o las bombas atómicas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki. Es, sin duda, bien comprensible que el hombre del final del siglo XX haya escarmentado de. los optimismos ingenuos de la «Belle époque», aunque haya sido a costa de pagar como precio el sacrificio de millones de víctimas inocentes.

LOS NUEVOS DESAFÍOS

La Iglesia de Cristo tiene larga experiencia en los combates sostenidos a lo largo de veinte siglos, en defensa de la libertad y la dignidad de la persona. Para la Iglesia, el fundamento inconmovible de la dignidad humana es que todo hombre, por el hecho de haber sido creado a imagen y semejanza de Dios, merece respeto, y ese fundamento se reafirma y refuerza tras la Redención operada por Jesucristo, que otorgó a todos cuantos le recibieron la potestad de llegar a ser hijos de Dios y partícipes de la naturaleza divina, divinae naturae consortes (cfr. lo 1, 12 y 2 Petr 1, 4).
El siglo XXI y el tercer milenio de la Era cristiana habrán de afrontar desafíos inéditos, cuyo alcance resulta imposible adivinar. La defensa de la vida humana, la resistencia frente a posibles aberraciones de la ingeniería genética, la lucha contra la corrupción en la vida pública y las clamorosas desigualdades existentes entre los hombres, el esfuerzo por extender el acceso a los bienes de la cultura y un razonable bienestar a todos los pueblos de la tierra, estos y otros muchos campos más serán frentes abiertos a la generosa acción de los cristianos en el mundo. Pero desde ahora, la Iglesia ha de luchar con denuedo en la defensa de la persona, ante la ofensiva bien programada dirigida a degradar su dignidad hasta reducirla a un nivel infrahumano, un tenebroso designio que persiguen tenazmente fuerzas muy poderosas. Y es preciso darse cuenta de que está en juego la salvaguardia de la propia condición humana.

Esta misión en favor del hombre la Iglesia la ha venido cumpliendo desde los comienzos mismos de la Era cristiana. Es cierto que en tan dilatado espacio de tiempo ha habido miembros de la Iglesia que han cometido errores y tuvieron conductas públicas y privadas impropias del nombre de cristianos, y que esa incoherencia entre el Evangelio y su vida se dio incluso en jerarcas y pastores. La raíz de esos errores estuvo de ordinario en la contaminación de mentalidades y formas de cultura prevalentes en determinadas épocas y sociedades.
Tal fue el caso del impacto del régimen señorial de la Edad Media investiduras y patronatos incluidos en las estructuras eclesiásticas; o de la persecución inquisitorial de la herejía, cuando ésta era considerada el peor de los crímenes y se estimaba la unidad religiosa como el supremo bien de una comunidad política; o, todavía, el error del nepotismo, fruto de un desordenado extravío de los afectos familiares. Pero sería obstinación sectaria cerrar los ojos ante la evidencia: es indudable que ninguna institución ha hecho tanto a lo largo de los siglos en favor de la persona humana y de su dignidad, ninguna ha aportado tantos beneficios a las sociedades terrenas, como la Iglesia de Cristo; y eso durante dos milenios y en todos los lugares de la tierra a donde llegó su presencia y su acción apostólica. Y no se olvide por otra parte que el fin primordial de la Iglesia no es mejorar la condición del hombre en el mundo aunque a ello haya contribuido notablemente, sino abrirle el camino que ha de conducirle a la eterna bienaventuranza. Nadie como la Iglesia ha sembrado la paz, el bien y la belleza en el curso de la historia, ni está por tanto más cualificado que ella para asumir la defensa de la dignidad humana en el mundo del tercer milenio.
Precisamente por eso, ningún Poder de la tierra, sólo el Papa Juan Pablo II, ha tenido el valor de pedir perdón públicamente en la Jornada de Perdón del Año del Gran Jubileo del 2000 por los pecados y errores de quienes encarnaron a la Iglesia en las distintas épocas de la historia. «El actual primer Domingo de Cuaresma dijo el Vicario de Cristo en su homilía del 12 de marzo me ha parecido la ocasión apropiada para que la Iglesia, reunida espiritualmente alrededor del sucesor de Pedro, implore el perdón divino por las culpas de todos los creyentes. Perdonamos y pedimos perdón».

LA DEGRADACIÓN DEL AMOR

Parece existir como se dice más arriba una auténtica ofensiva contra la dignidad del hombre, sensiblemente acentuada en el último cuarto del siglo XX y que pone en juego todos los recursos que la amplia gama de los modernos medios de comunicación social ofrece. La meta no confesada, pero apenas disimulada, sería el rebajamiento de la persona hasta la imagen y el rango de aquel prototipo humano qué San Pablo denominó «hombre animal», al que ya antes se hizo referencia (1 Cor 2, 14). Y ya se han levantado voces en algún parlamento, pidiendo la concesión al chimpancé de derechos semejantes a aquellos de que goza la persona. Un paso obligado en este camino es la degradación de la sexualidad humana, que abre la puerta a una cadena de consecuencias perversas, la primera de las cuales es la descomposición de la familia, factor insustituible para la recta ordenación de la sociedad.

Preámbulo penoso de este proceso demoledor ha sido el envilecimiento del amor. El amor divino y el humano puede reducirse en fin de cuentas a una sola y noble realidad. «Dios es amor», escribió el apóstol San Juan (11º 4, 16), y puesto que el corazón es el foco del amor, el papa Juan Pablo 11 no dudó en llamar a Dios « el gran corazón». «Que os améis los unos a los otros» fue el mandamiento nuevo dado por Jesús a sus discípulos (1º 15, 12). El amor está radicado en el corazón del hombre, y desde un mismo corazón se proyecta hacia Dios y hacia el prójimo. El amor hacia el prójimo presenta una amplia gama de modalidades entre las que sobresalen el amor paternal, el amor filial, el amor conyugal y el amor de amistad.
La degradación del amor ha supuesto el envilecimiento del propio significado del término. Una expresión tan corriente como «hacer el amor» es ahora entendida por muchos en un sentido muy distinto del que se le atribuía hace sólo algunas décadas: el noviazgo, las relaciones entre un chico y una chica encaminadas a facilitar el mutuo conocimiento, y que se prolongaban durante un tiempo más o menos largo antes del matrimonio. En nuestros días, tanto en el lenguaje coloquial como en el de los medios de comunicación, «hacer el amor» con otra persona se interpreta casi siempre en un sentido meramente carnal de acción dirigida sobre todo a la consecución de una satisfacción fisiológica y sensual. Es, justamente, lo contrario del verdadero amor: « el amor hacia una persona ha escrito Juan Pablo 11 excluye la posibilidad de tratarla como objeto de placer». Y un documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe resalta que la castidad « es una virtud que hace honor al ser humano y que le capacita para un amor verdadero, desinteresado, generoso y respetuoso con los demás» (Pers. hum., 12).

EL CLIMA MORAL DE LA ANTIGÜEDAD PAGANA

El falseamiento del amor atenta de modo directo contra la dignidad de la persona y constituye un factor de distorsión de la vida social. La lectura del primer capítulo de la Carta a los Romanos, donde San Pablo trazó un cuadro tremendo de los vicios de la sociedad pagana, en los tiempos que fueron testigos de la primera expansión del Cristianismo, resulta todavía impresionante, no sólo como página de la historia del mundo de hace veinte siglos, sino también por las resonancias actuales «modernas» que aquellas páginas siguen teniendo.

«Dios escribió el Apóstol los abandonó a los malos deseos de sus corazones, a la impureza con que deshonran ellos sus propios cuerpos...; los entregó a pasiones deshonrosas, pues sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contrario a la naturaleza, y del mismo modo los varones, dejando el uso natural de la mujer, se abrasaron en deseos. de unos por otros... Dios los entregó a un perverso sentir que les lleva a realizar acciones indignas, colmados de toda iniquidad, malicia, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidio, riñas, engaño, malignidad; chismosos, calumniadores, enemigos de Dios, insolentes, soberbios, fanfarrones, inventores de maldades, rebeldes con sus padres, insensatos, desleales, desamorados, despiadados» (Rom 1, 24, 26, 30). Este era el espectáculo que ofrecía la sociedad pagana del siglo I, cuando el Cristianismo iniciaba su andadura, a contracorriente del ambiente dominante en un mundo, que tenía la misión de encauzar por caminos de salvación.

EL HECHO DIFERENCIAL CRISTIANO

Es cierto que la Roma de tiempos de Cristo trató de reaccionar frente a ciertos males muy extendidos con leyes en favor del matrimonio y la familia, como la Lex Julia de maritandis ordinibus. Es justo también reconocer que en el mundo gentil era posible encontrar personalidades fuera de lo común, capaces de resistir el clima dominante en un entorno. «Soy demás categoría escribió Lucio Anneo Séneca y nacido para algo más importante que para ser esclavo de mi cuerpo». Pero se trataba de casos excepcionales, de hombres eminentes que no se dejaban arrastrar por la conducta de las muchedumbres altas y bajas y eran capaces de dejarse guiar por las luces de la razón natural. Séneca no se olvidepudo incluso tener algún contacto con el Cristianismo, y hay razones suficientes para sospechar la existencia de una relación epistolar entre él y el Apóstol San Pablo. Pero fue el Cristianismo la doctrina de Jesucristo y la existencia real de los primeros cristianos la gran novedad que configuró el perfil de un hombre que, a los ojos de sus contemporáneos, era a la vez igual a ellos y, sin embargo, profundamente distinto: un hombre que, por otra parte, se presentaba ante los otros, no como un superhombre, sino como un ejemplo para todos.

En efecto, los discípulos de Cristo no estaban llamados a vivir al margen de la sociedad, como los miembros de la comunidad de « Qumran» o de la secta de los «esenios». El Señor había rogado por ellos al Padre: « no te pido que los saques del mundo sino que los guardes del maligno» (lo 17, 15). La tan conocida epístola a Diogneto ofrece una imagen fidedigna de hasta qué punto los discípulos habían cumplido la voluntad del Maestro, y la doctrina evangélica había ya generado, en los siglos II o in, un sorprendente fenómeno social. «Los cristianos dice la carta no se diferencian de los demás hombres ni por su país, ni por su lengua, ni por su modo de vivir; pues no habitan en ciudades propias, ni hablan un lenguaje insólito, ni llevan una vida extraña... Morando en ciudades griegas o bárbaras, según a cada uno le tocó en suerte, y siguiendo las costumbres de los naturales de cada lugar en el vestido y la comida, presentan ante los ojos de los demás un género de vida admirable y, a los ojos de todos, increíble».
Por lo que toca en concreto a la moral sexual; la epístola añadía estas palabras, no exentas de ironía: «Como todos, toman esposas y engendran hijos, pero no practican el aborto. Tienen en común la mesa, pero no el lecho».

EXIGENCIA Y MISERICORDIA

Las exigencias de Jesús sobre la moral personal de sus discípulos fueron severas y alcanzan también al fuero interno de la conciencia: «todo aquel que mira a una mujer deseándola ya cometió adulterio en su corazón», dijo el Maestro (Mt 5, 28). La doctrina de Cristo sobre el matrimonio y la continencia sorprendió a los Apóstoles por su rigor (cfr. Mt 19, 112). Los requisitos exigidos a las viudas « dedicadas a Dios» en las primeras comunidades cristianas casadas una sola vez (I Tim 910) o la necesidad, según el mismo San Pablo, de que los varones llamados al presbiterado y diaconado fueran maridos de una sola mujer constituyen una buena prueba del valor que el primer Cristianismo atribuyó a la castidad y la continencia (I Tim 3, 113; Tit 1, 59). La alabanza paulina de la virginidad (I Cor 7, 2528) suena con parecido acento que el «cántico nuevo» de que habla San Juan en el Apocalipsis (Apoc 14, 14).

La historia misma de la Iglesia es una hermosa epopeya que pone bien de manifiesto el auténtico heroísmo de una incontable multitud de discípulos de Cristo, que han encarnado en sus vidas las exigencias del Maestro. Esos cristianos que abrazaron la castidad «por amor del Reino de los Cielos» (Mt 19, 12) y cumplieron su compromiso de amor, los sacerdotes fieles a la ley del celibato eclesiástico siempre vigente en la Iglesia latina, a pesar de las flaquezas y errores de algunos son un ejemplo admirable de la más genuina dignidad humana. Lo mismo cabe decir de los esposos cristianos que, venciendo mil dificultades, fueron a la vez capaces de guardar continencia, cuando hizo falta, y de « no cegar las fuentes de la vida» en palabras del Beato Josemaría Escrivá, cumpliendo generosamente su misión de cooperadores de Dios en la obra de la Creación, engendrando hijos e hijas destinados a ser ciudadanos de las sociedades terrenas y, en la vida eterna, del Reino de Dios.
Las enseñanzas del Nuevo Testamento podrán parecer exageraciones en una época de la historia del Primer Mundo tan hedonista y sexualizada como la actual, en que se critica a la Iglesia por haber hecho en un pasado todavía reciente tanto hincapié sobre el sexto Mandamiento de la Ley de Dios. Pero, aunque así hubiera sido, no es menos cierto que ahora hay más riesgo de caer en el error opuesto, y que esa doctrina cristiana, que es preciso recordar, se integra de modo coherente en el conjunto del mensaje evangélico. Un mensaje impregnado a la vez de amor y piedad hacia los pecadores, en el que también se dice que los publicamos y meretrices precederán en el Reino de los cielos a los escribas y fariseos hipócritas (cfr. Mt 21, 31). Un mensaje en el que la misericordia de Jesús reluce cuando se dejó ungir por una pecadora arrepentida (cfr. Lc 7, 3650) y no condena a la mujer adúltera, aunque le manda que no peque más (cfr. lo 8, 3).

La limpieza en la conducta moral es, en consecuencia, requisito esencial de la dignidad del cristiano y, más todavía, de toda persona humana. Así lo proclamaba el papa San León Magno en su primer sermón sobre la Natividad del Señor, un texto que la liturgia invita a releer todos los años: «Reconoce, ¡oh cristiano!, tu dignidad y, hecho partícipe de la naturaleza divina, no caigas ya más en la vieja vileza. Acuérdate de quién es tu cabeza, y de qué cuerpo eres miembro».

José Orlandis - Extracto del libro de JOSÉ ORLANDIS, "La vida cristiana en el siglo XXI", Ed. Rialp, Madrid 2001. Tomado de www.arvo.net – Nuestro agradecimiento al autor. MMIII

 

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Instrumentos musicales del siglo XV - La formación valenciana dedicada a la interpretación de música antigua «Capella de Ministrers» y el Cor de la Generalitat Valenciana, dirigidos por Carles Magraner fueron los músicos que interpretaron ayer el «Canto de la Sibila» ante el Papa Benedicto XVI. En esta actuación en honor del Santo Padre, Capella de Ministrers utilizó una réplica de los instrumentos que ha fabricado un grupo de prestigiosos luthiers a partir de los frescos renacentistas hallados en la cúpula barroca y recién restaurados. Estos instrumentos, que en los frescos de Paolo de San Leocadio y Francesco Pagano aparecen de la mano de unos ángeles, fueron pintados en la cúpula del altar mayor de la sede catedralicia entre 1472 y 1481 y han sido redescubiertos en 2004. En las pinturas, que representan unos ángeles tocando diversos instrumentos, once en total, entre los que se encuentran la chirimía, la dulcema, la trompeta, la flauta doble, la vihuela y la vihuela de arco, el laúd, el arpa, el aro de sonajas, la cítara y el órgano portátil. Todos ellos, en perfecta réplica sonaron ayer para el Papa en el interior de la catedral valenciana. 2006-07-08

 

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"La inteligencia consiste no sólo en el conocimiento, sino también en la destreza de aplicar estos conocimientos en la práctica." (Aristóteles)

 

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Hay que poner de manifiesto que -y no solo- durante la época de Alfonso X, el Sabio, la astrología, rozando o reuniendo diversas disciplinas, gozaba de carácter científico (sabiduría y astrología llegaron a ser sinónimos en su época); ver la obra astromágica del Rey (Lapidario, Picatrix, Liber Racielis, Libro de las Formas, etc.). Alfonso X, el Sabio (1252-1284).

 

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El nombre de ‘leyenda negra’ es relativamente reciente. Pero el nombre es lo de menos. Importa el hecho. Desde el siglo XVI, se desarrolla en muchos países de Europa una campaña de descrédito contra España y, ciertamente, la ofensiva del protestantismo contra la Iglesia Católica. A partir del siglo XVIII, la campaña contra la reputación  de España y de la religión católica, entra a formar parte de la habitual propaganda de las distintas formaciones masónicas, hasta hoy mismo: 2006-

 

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Dios, que es el árbitro último de la historia, sabrá comprender y acoger según su justicia también el grito de las víctimas, por encima de los graves acentos que a veces asume. S. S. Benedicto XVI – P.M - MMV. XI

 

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Trata a una persona como parece que es y seguirá siendo como siempre ha sido. Trátala como puede llegar a ser y se convertirá en quien realmente es.

 

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El Evangelio de Cristo del siglo I al XXI la Iglesia Católica fielmente proclama.

 

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Es preciosa la homilía de Benedicto XVI en la apertura del Sínodo sobre la Eucaristía, con su diagnóstico certero sobre el mundo moderno: “queremos poseer el mundo de manera ilimitada, Dios nos estorba y hacemos de Él una simple frase devota, o lo desterramos de la vida pública… Pero donde el hombre se convierte en el único dueño del mundo y en propietario de sí mismo, no puede haber justicia”. Varios medios han tildado esta afirmación, tan evangélica y tan realista, de apocalíptica, cuando se trata de una lectura inteligente de la historia del mundo, y especialmente del siglo que acabamos de dejar atrás. Es una advertencia especialmente adecuada para esta hora que nos toca vivir, aunque provoque sarpullido a los bienpensantes de turno. 2005-10-10

 

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Del Diario de Santa Faustina Kowalska: “Escribe, habla de mi Misericordia. Di a las almas en donde deben buscar el consuelo, es decir, en el tribunal de la Misericordia, allí suceden los más grandes milagros que se repiten continuamente. Para obtener este milagro no es necesario hacer peregrinaciones a tierras lejanas, ni celebrar solemnes ritos exteriores, basta ponerse con fe delante de un representante mío y confesarle la propia miseria y el milagro de la Divina Misericordia se manifestará en toda su plenitud. Aún cuando un alma estuviera en descomposición como un cadáver y humanamente no hubiera ninguna posibilidad de resurrección y todo estuviera perdido, para Dios no lo sería así: un milagro de la Divina Misericordia resucitará a esta alma en toda su plenitud. ¡Infelices de aquellos que no se aprovechan de este milagro de la Divina Misericordia! ¡Lo invocareis en vano, cuando sea demasiado tarde!” (Palabras de Jesús sobre la Confesión Sacramental. Diario.)

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Cantemos al Señor el cántico del amor 

"Cantad al Señor un cántico nuevo, resuene su alabanza en la asamblea de los fieles. Se nos exhorta a cantar al Señor un cántico nuevo. El hombre nuevo sabe lo que significa este cántico nuevo. Un cántico es expresión de alegría y, considerándolo con más atención, es una expresión de amor. Por esto, el que es capaz de amar la vida nueva es capaz de cantar el cántico nuevo. Debemos, pues, conocer en qué consiste esta vida nueva, para que podamos cantar el cántico nuevo. Todo, en efecto, está relacionado con el único reino, el hombre nuevo, el cántico nuevo, el Testamento nuevo. Por ello el hombre nuevo debe cantar el cántico nuevo porque pertenece al Testamento nuevo. 

Nadie hay que no ame, pero lo que interesa es cuál sea el objeto de su amor. No se nos dice que no amemos, sino que elijamos a quien amar. Pero, ¿cómo podremos elegir, si antes no somos nosotros elegidos? Porque, para amar, primero tenemos que ser amados. Oíd lo que dice el apóstol Juan: El nos amó primero. Si buscamos de dónde le viene al hombre el poder amar a Dios, la única razón que encontramos es porque Dios lo amó primero. Se dio a sí mismo como objeto de nuestro amor y nos dio el poder amarlo. El apóstol Pablo nos enseña de manera aún más clara cómo Dios nos ha dado el poder amarlo: El amor de Dios dice ha sido derramado en nuestros corazones. ¿Por quién ha sido derramado? ¿Por nosotros, quizá? No, ciertamente. ¿Por quién, pues? Por el Espíritu Santo que se nos ha dado. 

Teniendo, pues, tan gran motivo de confianza, amemos a Dios con el amor que de él procede. Oíd con qué claridad expresa San Juan esta idea: Dios es amor y quien permanece en el amor permanece en Dios, y Dios en él. Sería poco decir: El amor es de Dios. Y ¿quién de nosotros se atrevería a decir lo que el evangelista afirma: Dios es amor? Él lo afirma porque sabe lo que posee. 

Dios se nos ofrece en posesión. Él mismo clama hacia nosotros: «Amadme y me poseeréis, porque no podéis amarme si no me poseéis.» 

¡Oh, hermanos! ¡Oh, hijos de Dios! Germen de universalidad, semilla celestial y sagrada, que habéis nacido en Cristo a una vida nueva, a una vida que viene de lo alto, escuchadme, mejor aún, cantad al Señor, junto conmigo, un cántico nuevo. «Ya lo canto», me respondes. Sí, lo cantas, es verdad, ya lo oigo. Pero, que tu vida no dé un testimonio contrario al que proclama tu voz. 

Cantad con la voz y con el corazón, con la boca y con vuestra conducta: Cantad al Señor un cántico nuevo. ¿Os preguntáis qué alabanzas hay que cantar de aquel a quien amáis? Porque, sin duda, queréis que vuestro canto tenga por tema a aquel a quien amáis. ¿Os preguntáis cuáles son las alabanzas que hay que cantar? Habéis oído: Cantad al Señor un cántico nuevo. ¿Os preguntáis qué alabanzas? Resuene su alabanza en la asamblea de los fìeles. Su alabanza son los mismos que cantan. ¿Queréis alabar a Dios? Vivid de acuerdo con lo que pronuncian vuestros labios. Vosotros mismos seréis la mejor alabanza que podáis tributarle, si es buena vuestra conducta." 

De los Sermones de San Agustín, obispo (Sermón 34, 1-3.5-6; 41, 424-426)  

 

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La tradición occidental desde las antiguas Atenas, Jerusalén y Roma, no se ha movido entre la represión o la descarga del impulso, sino que ha peleado por la libertad interior, que pasa por el dominio de sí, pues sin ésta difícilmente el hombre puede hablar de libertad, ya que no se trata simplemente de la ausencia de coacción externa, sino de capacidad para poder determinarse en orden al bien.

 

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Nada perturba tanto la vida humana como la ignorancia del bien y el mal.
Cicerón


Toda persona tiene derecho a la libertad religiosa (...) de tal manera que, en materia religiosa, ni se obligue a nadie a obrar contra su conciencia, ni se le impida que actúe conforme a ella en privado y en público, solo o asociado con otros.
Concilio Vaticano II

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Un gran hombre demuestra su grandeza por el modo en que trata a los que son o tienen menos que él.

 

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El mundo no está amenazado por las malas personas, sino por aquellos que permiten la maldad. Albert Einstein. Físico estadounidense de origen alemán.

 

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Siempre que alguien afirma que dos más dos son cuatro, y un ignorante le responde que dos más dos son seis, surge un tercero que, en pro de la moderación, la tolerancia y el diálogo, acaba concluyendo que dos más dos son cinco".

 

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La laicidad está para asegurar a libertad religiosa, y no para imponer la ausencia de religiosidad. Jesús Sanz Rioja

 

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Por la calle del "ya voy", se va a la casa del "nunca".
Miguel de Cervantes Saavedra. Escritor español.

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Si la escalera no está apoyada en la pared correcta, cada peldaño que subimos es un paso más hacia un lugar equivocado. Stephen Covey

 

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“Alegraos en el Señor siempre; lo repito: alegraos. Que vuestra bondad sea notoria a todos los hombres. El Señor está cerca. No os inquietéis por cosa alguna, sino más bien en toda oración y plegaria presentad al Señor vuestras necesidades con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa toda inteligencia, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Por lo demás, hermanos, considerad lo que hay de verdadero, de noble, de buena fama, de virtuoso, de laudable; practicad lo que habéis aprendido y recibido, lo que habéis oído y visto en mí, y el Dios de la paz estará con vosotros.” San Pablo en su carta a los Filipenses 4, 4-9vs.

 

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De los sermones de san Atanasio, obispo de la Iglesia Católica [años 295-373], contra los arrianos - (Sermón 2, 78. 79: PG 26, 311. 314)

 

Las obras de la creación, reflejo de la Sabiduría eterna

 

En nosotros y en todos los seres hay una imagen creada de la Sabiduría eterna. Por ello, no sin razón, el que es la verdadera Sabiduría de quien todo procede, contemplando en las criaturas como una imagen de su propio ser, exclama: El Señor me estableció al comienzo de sus obras. En efecto, el Señor considera toda la sabiduría que hay y se manifiesta en nosotros como algo que pertenece a su propio ser.

Pero esto no porque el Creador de todas las cosas sea él mismo creado, sino porque él contempla en sus criaturas como una imagen creada de su propio ser. Ésta es la razón por la que afirmó también el Señor: El que os recibe a vosotros me recibe a mí, pues, aunque él no forma parte de la creación, sin embargo, en las obras de sus rnanos hay como una impronta y una imagen de su mismo ser, y por ello, como si se tratara de sí mismo, afirma: El Señor me estableció al principio de sus tareas, al comienzo de sus obras.

Por esta razón precisamente, la impronta de la sabiduría divina ha quedado impresa en las obras de la creación para que el mundo, reconociendo en esta sabiduría al Verbo, su Creador, llegue por él al conocimiento del Padre. Es esto lo que enseña el apóstol san Pablo: Lo que puede conocerse de Dios lo tienen a la vista: Dios mismo se lo ha puesto delante. Desde la creación del mundo, sus perfecciones invisibles son visibles para la mente que penetra en sus obras. Por esto, el Verbo, en cuanto tal, de ninguna manera es criatura, sino el arquetipo de aquella sabiduría de la cual se afirma que existe y que está realmente en nosotros.

Los que no quieren admitir lo que decimos deben responder a esta pregunta: ¿existe o no alguna clase de sabiduría en las criaturas? Si nos dicen que no existe, ¿por qué arguye san Pablo diciendo que, en la sabiduría de Dios, el mundo no lo conoció por el camino de la sabiduría? Y, si no existe ninguna sabiduría en las criaturas, ¿cómo es que la Escritura alude a tan gran número de sabios? Pues en ella se afirma: El sabio es cauto y se aparta del mal y con sabiduría se construye una casa.

Y dice también el Eclesiastés: La sabiduría serena el rostro del hombre; y el mismo autor increpa a los temerarios con estas palabras: No preguntes: «,,Por qué los, tiempos pasados eran mejores que los de ahora?» Eso no lo pregunta un sabio.

Que exista la sabiduría en las cosas creadas queda patente también por las palabras del hijo de Sira: La derramó sobre todas sus obras, la repartió entre los vivientes, según su generosidad se la regaló a los que lo temen; pero esta efusión de sabiduría no se refiere, en manera alguna, al que es la misma Sabiduría por naturaleza, el cual existe en sí mismo y es el Unigénito, sino más bien a aquella sabiduría que aparece como su reflejo en las obras de la creación. ¿Por qué, pues, vamos a pensar que es imposible que la misma Sabiduría creadora, cuyos reflejos constituyen la sabiduría y la ciencia derramadas en, la creación, diga de sí misma: El Señor me estableció al comienzo de sus obras? No hay que decir, sin embargo, que la sabiduría que hay en el mundo sea creadora; ella, por el contrario, ha sido creada, según aquello del salmo: El cielo proclama la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos.

 

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¿Dedico algunos minutos a contemplar lo bello en la naturaleza?. ¿La reconozco como obra amorosa del Creador?. ¿Yo mismo me reconozco como obra del corazón y de las manos de Dios?. ¿Le doy gracias a Dios?. ¿Cuántas veces elevo mi corazón a Dios con jaculatorias de loas y gratitud?

 

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¡Que tu conducta nunca de motivos de injustificada inquietud a la creación, de la que tú eres el rey!

 

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Dijo Dios: «Produzca la tierra animales vivientes según su especie: ganados, reptiles y bestias salvajes según su especie». Y así fue. Dios hizo las bestias de la tierra, los ganados y los reptiles campestres, cada uno según su especie. Vio Dios que esto estaba bien. Gen. 1, 24-25

 

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“Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones” Biblia. Evangelio según San Lucas Cap.1º vs. 48. La Iglesia, hace XXI siglos fundada por Tu Hijo, te alaba, ¡Oh Madre plena de dicha y felicidad!

 

 

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VERITAS OMNIA VINCIT

LAUS TIBI CHRISTI.

 

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Recomendamos vivamente:

1ª) LEYENDAS NEGRAS DE LA IGLESIA. Autor Vittorio MESSORI – Editorial “PLANETA-TESTIMONIO” 10ª EDICIÓN – Óptimo libro para defenderse del cúmulo de opiniones arbitrarias, deformaciones sustanciales y auténticas mentiras que gravitan sobre todo en lo que concierne a la Iglesia. 

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).