Tuesday 23 May 2017 | Actualizada : 2017-03-29
 
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Los derechos superiores de Dios, representan el apoyo primero y último, a la vez que garantía inquebrantable, a los derechos del hombre. S.S. Juan Pablo II – Magno

 

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La primera Carta de Derechos Humanos

 

Además de enseñar al visitante los ingentes tesoros artísticos del mundo persa, la muestra destaca los sobresalientes avances político-sociales de esta civilización, encapsulados en el llamado «Cilindro de Ciro». Para algunos, esta minúscula pieza de barro cocido, encargada por el rey persa tras su conquista de Babilonia en el año 539 aC, contiene la primera Carta de Derechos Humanos de la historia. En ella, Ciro autoriza el retorno de los deportados a sus lugares de origen, como los judíos a Jerusalén, y ofrece autonomía y libertad de culto a los conquistados, que debían limitarse a pagar impuestos y obedecer al gobernante regional.
   Según los organizadores, este tipo de documentos deberían desterrar la noción de los persas como un pueblo tiránico y retrógrado políticamente. De hecho, Persia ideó un embrionario Estado federal, regido por gobernadores provinciales o sátrapas, y permitió unos niveles de tolerancia religiosa desconocidos hasta la fecha, además de desarrollar un complejo sistema de transportes, una moneda única (el darik) y un fiable servicio postal.
   Para Curtis, el origen de este equívoco radica en los historiadores de la Grecia clásica, enemigos ancestrales de los persas que, sin embargo, se han convertido en nuestra principal fuente de conocimientos sobre esta civilización. «En realidad, Persia era un pueblo muy sofisticado, progresista y tolerante, aunque no democrático», aseguró el conservador del departamento de Oriente Medio del museo. L.R. ESP. 2005-09-08

 

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A propósito de universidad (y de «oscurantismo»): habrá pues un motivo si, a principios del siglo XVII, cuando Galileo tenía unos cuarenta años y se hallaba en plena actividad investigadora, había en Europa 108 universidades -esta típica creación de la Edad Media católica-, algunas más en las Américas españolas y portuguesas y ninguna en territorios no cristianos. Y también habrá una razón si las obras matemáticas y geométricas de la antigüedad (principalmente la obra de Euclides), que han constituido la base fundamental para el desarrollo de la ciencia moderna, nos han llegado sólo gracias a las copias de monjes benedictinos y, una vez inventada la tipografía, gracias a libros impresos siempre por religiosos. Alguien ha señalado incluso que, precisamente a principios de este siglo XVII, un Gran Inquisidor de España creó en Salamanca la Facultad de Ciencias Naturales, donde se enseñaba, apoyándola, la teoría copernicana... Historia compleja, como se puede ver. Mucho más compleja de la que generalmente nos cuentan. Habrá que volver sobre ello. Vittorio MESSORI

 

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En cuanto a la Iglesia, cualquier consideración debe tener en cuenta dos hechos sustanciales:

a) su larga duración a través de dos milenios en que ha padecido y superado profundas crisis internas y largas persecuciones de sus enemigos; los cuales una y otra vez han pasado y desaparecido, para resurgir otros nuevos;

b) su inspiración y contribución a la civilización occidental en su arte, pensamiento, ciencia, etc. Esto en gran parte, gracias al monaquismo cristianismo que también colaboró destacadamente en la transmisión de Aristóteles, las artes y diversas ciencias.


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Decía San Agustín: «¿Titubeará la Iglesia si titubea su fundamento, pero podrá quizá Cristo titubear? Visto que Cristo no titubea, la Iglesia permanecerá intacta hasta el fin de los tiempos» («Enarrationes in Psalmos», 103,2,5; PL, 37, 1353.) Así es… y llevamos más de dos mil años de historia.

 

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Iglesia 
y derechos humanos

 

Hablar de Iglesia y derechos humanos –desde la Declaración de 1789- significa afrontar el nudo de la relación de esta institución con la modernidad.

Lo tiene muy presente Daniele Menozzi, que recorre con gran atención las posiciones tomadas sobre la cuestión por la jerarquía eclesiástica en el libro Chiesa e diritti umani (il Mulino), consciente de que sobre este tema se ha abierto desde el inicio un debate.

 

Los Papas del siglo XIX condenaron la Declaración en cuanto que la veían, con buenas razones, como «un camino de emancipación de la institución civil de la dirección de la Iglesia sobre la sociedad». En pocas palabras, pensaban que los derechos de los seres humanos, necesariamente mudables, se oponían a los de Dios, fundados en la verdad y por tanto eternos, de los que era depositaria la Iglesia.

Pero las vejaciones políticas y económicas a las que muchos regímenes laicos habían sometido a la Iglesia impusieron pronto una mayor ductilidad: los derechos comenzaron a ser invocados para obtener la libertad religiosa y de enseñanza. Pero el viraje teórico fundamental es el de León XIII, que abre a  los derechos económico-sociales, pero también a la idea de que los derechos humanos son positivos, porque dependen de la ley natural querida por Dios, custodiada por la Iglesia.

 

El objetivo propuesto a los católicos, sin embargo, no es la realización de los derechos, sino la realización, incluso en el ámbito social, del reino de Cristo, proyecto que por desgracia va acompañado a menudo por posiciones hostiles respecto de los judíos, para los que se pide sí la suspensión de toda violencia, pero no la igualdad. Un conflicto entre verdad y libertad, por consiguiente, que de hecho cae ante las grandes dictaduras. Estas hacen redescubrir a los opositores católicos –como el obispo Clemens August von Galen-  la importancia de los derechos humanos. Pero es también su desprecio por parte de las mismas dictaduras ateas lo que contribuye a reforzar, en la cultura católica, la idea de que sólo la fundación trascendente de la persona da la posibilidad de atribuir al hombre el valor absoluto que está en la base de los derechos. Y lo vemos –pero Menozzi no lo nota-  ya en la condena de la eugenesia, contenida en la encíclica Casti connubii (1930), única entre las voces autorizadas de esa época.

 

Las posiciones católicas a favor de los derechos humanos –la más notable fue sin duda la de Jacques Maritain-  se multiplican durante y después de la segunda guerra mundial, y desempeñarán un papel no secundario en la redacción de la Carta de 1948. Pero el verdadero escollo a la aceptación total por parte de la Iglesia es la libertad de conciencia, que sólo será aceptada por Juan XXIII con la encíclica Pacem in terris (1963): los derechos humanos se aprecian en ella como una «etapa de acercamiento», válida a nivel planetario, al «modelo ideal de organización de la sociedad civil» propuesto por los católicos.

 

Desde ese momento, también gracias a la aportación decisiva de Pablo VI, la Iglesia sostiene con sinceridad los derechos humanos, considerados «punto de referencia esencial para tutelar la dignidad de la persona». Menozzi, sin embargo, reprocha a Juan Pablo II y a Benedicto XVI una involución eclesiocéntrica testimoniada, según él, por el recurso cada vez más fuerte a la ley natural, de la que sólo la Iglesia es intérprete. Acusada en definitiva de falta de actualización y por tanto de un «invasivo regreso (…) a la ley natural en perjuicio de los derechos humanos».

 

El historiador olvida que, en estos años, precisamente los derechos humanos han cambiado, abriéndose a una extensión sin límites de la libertad individual, comenzando por los así llamados derechos reproductivos, que comprenden también el aborto. Ampliación en la que la Iglesia ve una violación del primer derecho, el derecho a la vida. Esta presunta involución, por consiguiente, depende de razones perfectamente comprensibles.

 

Muy polémico es también Menozzi hacia una reconstrucción histórica, que considera apologética -el estudioso define de este modo cualquier posición no crítica- ,  que ve a los católicos, incluido Benedicto XVI, atribuir la génesis de los derechos a la tradición cristiana. Olvidando que esta tesis ya la sostuvieron intelectuales que difícilmente pueden considerarse apologetas, desde Alexis de Tocqueville hasta Marcel Gauchet.

  Lucetta Scaraffia

15 de junio de 2012

 

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La ‘dignidad humana’ es el principio básico de la fe cristiana, ende, de los derechos humanos.

“El Discípulo debe proclamar la Buena Nueva de la dignidad humana:

…la persona humana ha sido creada (por Dios) a su imagen y semejanza.

Nos ha creado libres,

Y nos ha hecho sujetos de derechos y deberes en medio de la creación.

…nos asoció al perfeccionamiento del mundo,

dándonos inteligencia y capacidad de amar.

Por esta dignidad… tenemos también la tarea de protegerla cultivarla y amarla.

…Nos dio el don de la Fe, que nos permite vivir en Alianza con El…

… nos ha hecho hijas e hijos suyos en Cristo,

por haberos redimido con el precio de su sangre…

 

Si el pecado ha deteriorado la imagen de Dios en el hombre,

y ha herido su condición, la Buena Nueva (que es Cristo!) lo ha redimido y restablecido en la Gracia (gratuitamente: sin mérito alguno de parte nuestra!)”. (Documento  Conclusivo de Aparecida, Nª 104) – Brasil 2007.

 

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Ya en 1741 se divulgan con abundancia en las Universidades católicas, las ‘Obras Completas de Galileo’ - "En 1741, ante la prueba óptica, de la rotación de la tierra en torno al Sol, Benedicto XIV hizo conceder al Santo Oficio el Imprimatur a la primera edición de las Obras Completas de Galileo (...).

 

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Unknown  - French, Paris or Sens, about 1170 - 1180
Tempera colors and gold leaf on parchment
17 7/16 x 11 7/16 in.  - MS. LUDWIG XIV 2, FOL. 8V


 

La vida - Fue en Europa donde se formuló por primera vez la noción de derechos humanos. El derecho humano fundamental, el presupuesto de todos los demás derechos, es el derecho a la vida misma. Esto vale para la vida desde el momento de la concepción hasta la muerte natural. En consecuencia, el aborto no puede ser un derecho humano; es exactamente lo opuesto. Es una "profunda herida social", como destacaba continuamente nuestro difunto hermano el cardenal Franz König.

Al afirmar esto, no expreso solamente una preocupación de la Iglesia. Más bien, quiero actuar como abogado de una petición profundamente humana y portavoz de los niños por nacer, que no tienen voz. No cierro los ojos ante los problemas y los conflictos que experimentan muchas mujeres, y soy consciente de que la credibilidad de mis palabras depende también de lo que la Iglesia misma hace para ayudar a las mujeres que atraviesan dificultades.

En este contexto, hago un llamamiento a los líderes políticos para que no permitan que los hijos sean considerados una especie de enfermedad, y para que en vuestro ordenamiento jurídico no sea abolida, en la práctica, la calificación de injusticia atribuida al aborto. Lo digo impulsado por la preocupación por los valores humanos. Pero este es sólo un aspecto de lo que nos preocupa. El otro es la necesidad de hacer todo lo posible para que los países europeos estén nuevamente dispuestos a acoger a los niños. Impulsad a los jóvenes a fundar nuevas familias en el matrimonio y a convertirse en madres y padres. De este modo, no sólo les haréis un bien a ellos mismos, sino también a toda la sociedad. También apoyo decididamente vuestros esfuerzos políticos por fomentar condiciones que permitan a las parejas jóvenes criar a sus hijos. Pero todo ello no serviría de nada si no logramos crear nuevamente en nuestros países un clima de alegría y confianza en la vida, en el que los niños no sean considerados una carga, sino un don para todos.

Otra gran preocupación que tengo es el debate sobre lo que se ha llamado "ayuda activa a morir". Existe el temor de que, algún día, sobre las personas gravemente enfermas se ejerza una presión tácita o incluso explícita para que soliciten la muerte o se la procuren ellos mismos. La respuesta adecuada al sufrimiento del final de la vida es una atención amorosa y el acompañamiento hacia la muerte —especialmente con la ayuda de los cuidados paliativos— y no la "ayuda activa a morir".

Sin embargo, para realizar un acompañamiento humano hacia la muerte hacen falta reformas estructurales en todos los campos del sistema sanitario y social, y la organización de estructuras para los cuidados paliativos. También se deben tomar medidas concretas para el acompañamiento psicológico y pastoral de las personas gravemente enfermas y de los moribundos, de sus parientes, de los médicos y del personal sanitario. En este campo el "Hospizbewegung" está realizando una buena labor. Sin embargo, la totalidad de esas tareas no puede delegarse solamente a ellos.
Muchas otras personas deben estar dispuestas —o ser impulsadas a esa disponibilidad— a dedicar tiempo e incluso recursos a la asistencia amorosa de los enfermos graves y de los moribundos Todos deben tener la preocupación de no permitir que un día en este país sólo las piedras hablen del cristianismo. Sin una intensa fe cristiana, Austria ya no sería Austria. …[…]… Viena-Austria-21.IX.2007 Benedicto PP. XVI.

 

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El diálogo de la razón
Por
último, también forma parte de la herencia europea una tradición de pensamiento que considera esencial una correspondencia sustancial entre fe, verdad y razón. Aquí, en definitiva, se trata de ver si la razón está al principio de todas las cosas y en su fundamento, o si no es así. Se trata de ver si la realidad tiene su origen en la casualidad y la necesidad y, por tanto, si la razón es un producto casual secundario de lo irracional y si, en el océano de la irracionalidad, se convierte, en fin de cuentas, en algo sin sentido; o si es verdad, en cambio, lo que constituye la convicción de fondo de la fe cristiana: "In principio erat Verbum", "En el principio era la Palabra", es decir, en el origen de todas las cosas está la Razón creadora de Dios, que decidió comunicarse a nosotros, los seres humanos.

Permitidme citar, en este contexto, a Jürgen Habermas, un filósofo que no profesa la fe cristiana, el cual afirma: "Para la auto-conciencia normativa del tiempo moderno, el cristianismo no ha sido solamente un catalizador. El universalismo igualitario, del que brotaron las ideas de libertad y de convivencia solidaria, es una herencia directa de la justicia judía y de la ética cristiana del amor. Esta herencia, sustancialmente inalterada, ha sido siempre hecha propia de modo crítico y nuevamente interpretada. Hasta hoy no existe una alternativa a ella". Todos deben tener la preocupación de no permitir que un día en este país sólo las piedras hablen del cristianismo. Sin una intensa fe cristiana, Austria ya no sería Austria. …[…]… Viena-Austria-21.IX.2007 Benedicto PP. XVI.

 

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‘Cuando se encasquilla la razón se disparan las sectas’.

En los surcos donde nos habíamos esforzado por echar la simiente de la verdadera paz, otros esparcieron —como el inimicus homo de la Sagrada Escritura (Mt 13, 25)— la cizaña de la desconfianza, del descontento, de la discordia, del odio, de la difamación, de la hostilidad profunda, oculta o manifiesta, contra Cristo y su Iglesia, desencadenando una lucha que se alimentó en mil fuentes diversas y se sirvió de todos los medios. Crean expectativas apocalípticas del fin del mundo, regularmente desmentido por los hechos. La batalla hodierna de las sectas bautistas, jehovistas, etc., continua violenta contra la Iglesia, sin economizar recursos, métodos, antifaces y procedimientos. ¿Ignorancia o engaño ¿Se puede confiar en quien que ha mentido en algo tan fundamental? No! Las sectas con sus predicadores bíblicos, interpretando según sus conveniencias, mienten y no merecen nuestra confianza. Y así se cumple el dicho evangélico de: "Por sus frutos los conoceréis". Que una persona en una secta, esté errada doctrinalmente no prejuzga nada de su condición moral.


 

"Los derechos humanos se basan en la ley natural, una ley que está inscrita en el corazón del hombre, en las diferentes culturas y civilizaciones", dijo el Cardenal Juan Luis Cipriani Thorne, Arzobispo de Lima-Perú. "Todo hombre los recibe por naturaleza, por el hecho de ser persona, porque están en nuestra propia identidad; y no los da las Naciones Unidas, ni una ley o una ONG", subrayó. El Purpurado advirtió que el esfuerzo por crear nuevos "derechos" para supuestas "minorías" "corremos el gran riesgo de relativizar y quitarle validez a la expresión ´derechos humanos´".

"Cuando se intentan separar de su origen y reducir a un determinado derecho, hay el gravísimo riesgo de que empiece la manipulación. Esto es lo que a mí me preocupa cuando veo que determinadas instituciones, con el título de derechos humanos, limitan su accionar exclusivamente a derechos políticos de determinado ´color´ o ideología. De esta forma están deformando y confundiendo a la gente, porque todos defendemos los derechos humanos", advirtió.El Arzobispo limeño destacó especialmente el reclamo del llamado "derecho al propio cuerpo", argumentado actualmente por organismos feministas para justificar la legalización del aborto.

"Ese no es un derecho natural, la mujer no se dio por sí sola su cuerpo", dijo el Purpurado, al explicar que la vida humana en el cuerpo de la mujer no forma parte de su cuerpo. "Lo que hay es un derecho a la salud y la integridad física".

El Cardenal Cipriani recordó también que "a muchos derechos humanos corresponden unos deberes humanos y que van unidos; pues muchas veces escuchamos una queja por los derechos que no tenemos y un silencio a los deberes que no cumplimos".El Arzobispo de Lima señaló que hay existe el derecho a la huelga y a la organización sindical; pero "no existe el derecho a actuar con violencia, maltratando a los demás, interrumpiendo las calles y destrozando la propiedad privada, porque eso no está en ningún derecho humano".

El Arzobispo de Lima afirmó que estas precisiones "buscan definir los principios de una sana convivencia, de un sano pluralismo y de una sana tolerancia, que supone de lado todo lo que sea arbitrariedad o descalificación. Hablo con la Doctrina Social de la Iglesia y con las palabras recientes del Papa Benedicto XVI en Estados Unidos, 2008.IV.en las Naciones Unidas", concluyó.

Publicado el Mié, 05/07/2008 - 00:54

 

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Uno de los rasgos esenciales y menos comprendidos en la Iglesia es el perdón. Y es que hay una diferencia enorme entre defender y perdonar. Defender se puede interpretar como justificación de las malas acciones y eso no es lo que hace la Iglesia. Perdonar es ofrecer la posibilidad de arrepentimiento y conversión; es ayudar a la recuperación del culpable, “no dejarlo abandonado en el infierno”, como declaró hace poco el cardenal Bertone, y eso sí es lo que busca la Iglesia. El perdón es misión de la Iglesia, uno de los sacramentos dejado por Jesucristo. La Iglesia es dispensadora del perdón a aquellos que quieren y necesitan ser perdonados. Aun más: está llamada a convertir al pecador, a fomentar su conversión. Bien lo expresa la Sagrada Escritura: “No quiero la muerte del pecador sino que se arrepienta y viva”. 2008-05-

 

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 "El progreso de la historia"

 

José Antonio Marina, El Mundo 29.XII.2000

Hablar del progreso no está de moda. El pesimismo tiene un prestigio intelectual que no merece. Piensa mal y acertarás: no me parece un dogma de recibo. Estoy harto de los que están de vuelta de todo sin haber ido a ninguna parte. Los predicadores de la decadencia adolecen de una nostalgia injustificada. Nadie que desconociera la situación social que le iba a corresponder, es decir, que no supiera si le iba a tocar ser esclavizador o esclavo, negro o blanco, hombre o mujer, desearía volver a ese pasado oscuro y selvático. O sea, que el elogio del pasado es una astucia de aspirantes a privilegiados.

Pero tal como están las cosas, afirmar que existe un progreso moral en la Humanidad parece una provocación o un disparate. Sin embargo, es la tesis principal de La lucha por la dignidad, el libro que hemos escrito la profesora María de la Válgoma y yo. Está claro que para hablar de progreso necesitamos precisar los valores cuya realización nos parece buena. Para alguien que piense que la religión y la familia patriarcal son la medida de la perfección, una situación laica en que la familia sufre graves deterioros se considerará un retroceso o una degradación. Para quienes defiendan una aristocracia del status, todos los movimientos igualitarios les parecerán una degradación masificadora.

Hay al menos tres criterios que nos sirven para justificar que una situación, una institución o un modo de vida constituyen un progreso:

1º.- Cuando satisface más plenamente que otras las aspiraciones legítimas de todos los seres humanos; por ejemplo, su deseo de autonomía, de seguridad, de bienestar.

2º.- Cuando ningún ciudadano que haya experimentado esa situación y esté libre de miedo o de superstición desearía perderla.

3º.- Cuando su negación o pérdida conduce al terror. La negación de cualquier garantía procesal en los países bajo dictadura es un buen ejemplo.

En el libro que les mencionaba antes nos hemos atrevido a enunciar una ley del devenir histórico que nos parece bien confirmada: «Cuando una sociedad se libera de la miseria, de la ignorancia, del miedo, del dogmatismo y del odio, evoluciona hacia la racionalidad, los derechos individuales, la democracia, las seguridades jurídicas y las políticas de solidaridad».

Esta ley me parece esperanzadora y exigente. Señala con claridad los puntos donde debemos actuar para acelerar el progreso. No siempre son los mismos o no se dan a la vez. (...) ¿A qué llamo dogmatismo? A un sistema de ideas que no resulta afectado por la experiencia ni por las razones, sino que pone en funcionamiento métodos de inmunización para salir incólume de cualquier crítica. Hay un caso paradigmático que puede servirnos como ejemplo. Las religiones adventistas americanas habían predicho que Cristo descendería a la Tierra el 22 de octubre de 1844. No sucedió, pero, tras las acomodaciones pertinentes, sus sucesores, los Testigos de Jehová, predijeron que ocurriría en 1914. Tampoco sucedió. Lo pospusieron hasta 1975. Y, según dicen los que saben de esto, por fin ocurrió lo esperado y ese año terminó la existencia humana. Yo, desde luego, no me he dado cuenta. En resumen: una teoría o una creencia se inmuniza cuando se niega a aceptar cualquier información que socavaría su integridad y cuando introduce cambios cosméticos para anular las evidencias en contra.

La Historia reciente confirma la ley del progreso que hemos enunciado. A principios del siglo XX sólo había nueve naciones con regímenes democráticos. En la actualidad hay más de 160. Ya sé que muchas de esas naciones no cumplen rigurosamente las normas democráticas, pero aun así el hecho de que quieran ser reconocidas como democracias me parece un avance. Incluso en países musulmanes obstinadamente teocráticos como Irán, la democracia se abre paso. En la actualidad, ninguna nación admite legalmente la esclavitud. El último país en abolirla fue Mauritania en 1980, es decir, ayer. Es verdad que han aparecido nuevas formas de esclavitud -lean el libro de Kevin Bales La nueva esclavitud en la economía global-, pero que tengan que mantenerse en la ilegalidad es ya un progreso. También lo es el que, a pesar de las reticencias de los países orientales y africanos acerca de los derechos humanos, cada vez sea mayor el número de países que los ratifican. Conviene no olvidar que, como escribió el prestigioso filósofo del Derecho Norberto Bobbio, la historia de los derechos del hombre es «un signo del progreso moral de la Humanidad».

¿Quién puede negar que un sistema de seguridad jurídica, en el que una persona sólo pueda ser acusada de lo que ha hecho de forma consciente y voluntaria y donde la prueba se establezca por procedimientos racionales y no mágicos, es más deseable que la arbitrariedad? ¿Quién querría ser castigado por una falta cometida por su vecino o por su antepasado? ¿Quién querría tener que demostrar su inocencia metiendo la mano en el fuego? También es un progreso el paso de un régimen de status, donde los derechos se tienen por la situación social, por el nacimiento, la clase o la raza, a un régimen de igualdad donde los derechos se tienen por la simple condición de persona. Y también es un progreso el paso de la magia a la Ciencia y de la creencia coaccionada a la libertad de conciencia.

Sin embargo, tras haber hecho esta enumeración de progresos, no alcanzamos la tranquilidad. Las guerras no terminan, la distancia entre países ricos y países pobres se agranda, las economías del Tercer Mundo están siendo asfixiadas por las deudas y, en parte, por la globalización. ¿Cómo puedo entonces hablar de progreso?

La navegación a vela nos proporciona una bella metáfora del progreso de la Historia. Parece increíble que un velero pueda navegar a barlovento, avanzando contra el mismo viento que le impulsa. Así lo hace la Humanidad: avanza contra la miseria, la desigualdad, la ignorancia, la tiranía. La Historia y la embarcación usan el mismo método: avanzar en zigzag. Esta técnica produce en muchas ocasiones una impresión confundente. Cuando se está en un extremo de la línea, antes de invertir la marcha, se está muy lejos del rumbo, y además en la mala dirección, de modo que si el timonel no diera un golpe de timón lo perdería irremediablemente.

La Historia también tiene este carácter de precariedad, de no estar nunca a salvo. La amenaza nazi o la amenaza soviética ahora han desaparecido, pero cuando estaban en pleno vigor no había garantía alguna de que no triunfaran. Tengo la convicción de que antes o después la Humanidad vuelve al rumbo debido, pero, si se retrasa, ¡cuánta tragedia inútil, cuánto dolor sin sentido, cuánta desdicha injustificable!

La comparación entre la navegación y la Historia parece que se rompe en un punto. La Historia no tiene timonel, y mejor que no lo tenga, porque cuando alguien ha pretendido serlo se le ha subido indefectiblemente el cargo a la cabeza y ha pretendido convertirse en salvador. El único timonel posible es la inteligencia compartida, un cambio generalizado de creencias, la lenta liberación de los obstáculos que impiden el progreso, unos movimientos sociales lúcidos y tenaces que trabajen por la felicidad social. Ahora, después de tantas aventuras desgraciadas, sabemos dónde está la solución de nuestros problemas: en el reconocimiento universal de los derechos individuales previos a la ley.

Esta
última frase parece muy sencilla, pero necesita una explicación. La solución de nuestros conflictos pasa por el reconocimiento eficaz de los derechos personales, no colectivos. La Historia nos dice que cada vez que una entidad supraindividual se ha arrogado derechos la seguridad del individuo entra en crisis. En la autobiografía de Koestler que acaba de ser publicada en castellano, se expone con patética claridad cómo la dictadura del proletariado implicaba el sacrificio del individuo en favor de una sedicente Humanidad futura. Los nazis decían lo mismo, el régimen chino actual sostiene algo semejante, los fanáticos religiosos insisten en una idea parecida. Pero además, esos derechos individuales tienen que ser universalmente reconocidos porque cualquier discriminación se basa siempre en la violencia. Por último, han de ser previos a la ley y no ser conferidos por ella, porque sólo así protegen al ciudadano de la tiranía.

(...)

Defendiendo los derechos individuales políticos, culturales, religiosos, étnicos. Así es como la defensa de la autonomía, de la cultura, de la religión, de la etnia se convierte en tarea que todos pueden compartir, incluso los que pertenecen a otras colectividades. ¿Por qué? Porque al defender los derechos individuales de los demás estoy también defendiendo los míos propios.
Y esto nos interesa a todos.


 

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«Derechos humanos»

 proclamados por la Iglesia Año 1346

 

«Europa» pronunciada por vez primera por

San Beda, sc. VII

 

El historiador Luis Suárez muestra las

 evidencias de las raíces cristianas de Europa

 

 "Europa tiene su base en la única fuerza que es capaz de aunar la herencia cultural helénica, el derecho romano y el avance de la Ciencia: el Cristianismo". Esta es la conclusión del historiador Luis Suárez, catedrático emérito de la Universidad Autónoma de Madrid. Suárez recuerda que el progreso europeo fue posible gracias al Cristianismo. En efecto, la creación de bibliotecas en territorio europeo por Isidoro de Sevilla, fueron impulsadas gracias a los padres de la Iglesia como Benito o Alejandro Magno, quienes consideraron que el progreso se basaba en el conocimiento, no en el atesoramiento de riquezas.

 

Además, Suárez recordó que los derechos humanos no nacieron con la revolución francesa de 1789, sino que fueron inicialmente formulados por el Papa Clemente VI, quien, en 1346, pronunció por vez primera los derechos humanos de la libertad, la vida y la propiedad. En este contexto, negar las raíces cristianas de Europa, como pretende Francia y Bélgica, en el tratado constitucional parece un intento de construir una Europa de mercaderes, en lugar de una comunidad humana. "El término Europa fue inicialmente pronunciado por San Beda el Venerable en el siglo VII para referirse al territorio en el que el Cristianismo había llegado a arraigarse", concluye Suárez. 2004-02-27 – www.hispanidad.com 

 

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La pretensión, cada vez mayor, de los Gobiernos occidentales de legislar sobre asuntos que afectan directamente a la familia –como su propia constitución, la educación de sus miembros, o el inicio y el fin de la vida de las personas– recuerda una estremecedora imagen de la mitología clásica, llevada a la pintura por Goya o Rubens: Saturno devorando a sus hijos. La declaración de intenciones del nuevo nacional laicismo acerca de la familia está orientada a la formación de un ordenamiento legislativo que recuerda el de los regímenes totalitarios del pasado siglo, y no puede tener otra consecuencia que la crisis del propio Estado. Si la familia es anterior a éste, además de su base y su garantía de supervivencia, el Estado está obligado, hasta por su propio bien, a protegerla. 2004

 

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LOS DERECHOS HUMANOS NACEN DE LA CULTURA JUDEO-CRISTIANA, PERO ESTO NOSE PUEDE DECIR... 

Madrid- El encuentro entre el cardenal Ratzinger y el historiador italiano –«el más laico de todos»– Ernesto Galli della Loggia tuvo lugar hace unos días en Roma en el ámbito del convenio anual promovido por el Centro de Orientación Política. Allí se habló de la Europa que ha evitado mencionar sus propias raíces cristianas, confiándose a una suerte de «patriotismo constitucional», idea del filósofo Jürgen Habermas. Pero también de la importancia de que la cultura laica esté atenta «a la sabiduría que se oculta en las tradiciones religiosas», necesaria en un mundo donde el extraordinario poder de la técnica está llevando al hombre a ser verdugo de su propia generación. Según el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, «ha crecido de un modo inimaginable el poder del hombre», capaz de autoreproducirse en el laboratorio. Esto genera la idea del ser humano como producto, como mercancía, «y la sociedad que ha olvidado que la persona viene de Dios está enferma». Como historiador («no sé si el más laico», ha bromeado) Galli della Loggia habló en su discurso de la «ruptura» que ha producido la globalización, barriendo ideología y nacionalismo, «los dos grandes sucedáneos de la fe religiosa tradicional atravesada por la secularización». Asistimos, en cambio a una fuerte ideologización de los temas sobre derechos humanos y sobre la paz, fruto del «vacío identitario» que se ha creado. Pero, «¿de dónde nacen los derechos humanos?», se preguntó el purpurado alemán: «De la cultura judeocristiana, pero claro, esto no se puede decir», afirmó. «El puro positivismo de los derechos humanos –retomó el cardenal– es quizá suficiente para una Constitución, pero no lo es para nuestro debate cultural». Un positivismo que lleva al relativismo y que «si se convierte en un absoluto, se vuelve contradictorio y destruye el actuar humano». Ratzinger afirmó que la libertad es entendida hoy en sentido individualista: «En cambio el hombre ha sido creado para convivir. Y existe una libertad compartida que garantiza para todos la libertad contra la absolutización» de la misma, afirmó.
   Según Ratzinger, no mencionar las raíces cristianas de Europa deriva de una «hostilidad al catolicismo» facilitada por el hecho de que éste ha asumido una «preeminencia» respecto a las demás confesiones cristianas. «No nos podemos detener –argumentó Della Loggia– en una libertad delimitada solo por el neminem leadere (no hacer daño a los demás), para una sociedad es muy importante establecer una verdad». Como verdades se presentaron las religiones monoteístas y el laicismo, definido como una «ideología parcial que no puede responder a los desafíos decisivos para el hombre». «La razón no es enemiga de la fe», aseguró el purpurado bávaro: «El problema viene cuando llega el desprecio de Dios y de lo sagrado», que ofendería a las demás religiones en el nuevo orden europeo. Ratzinger recordó, en fin, que Europa ha traído como regalo al mundo la racionalidad, «querida por los cristianos y querida por la fe». «No se trata de crear un imperio de poder», concluyó el cardenal, sino al contrario, de «comunicar el verdadero tesoro de verdad y de amor» que es propio del cristianismo. 2004.11.Mar Velasco .-

 

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Cardenal John Henry Newman (1801-1890), presbitero, cardenal, fundador de comunidad vida religiosa, teólogo - PPS, vol2, no.7

 

"La tradición y la voluntad de Dios" - No importa mucho la manera por la que aprendemos a conocer la voluntad de Dios. Puede ser por la Sagrada Escritura, por la tradición apostólica, o bien por lo que San Pablo llama la “naturaleza”. Lo que importa es que estemos seguros que es la voluntad de Dios. En realidad, Dios nos revela el contenido de la fe por la inspiración, es un asunto de orden sobrenatural. Pero nos ilumina sobre las cuestiones prácticas de la moral a través de nuestra propia conciencia, guiada por Dios mismo.

Las cuestiones formales, nos las revela por la tradición de la Iglesia, para ponerlas en práctica, aunque no deriven de la Sagrada Escritura. Lo digo para responder a las preguntas que nosotros mismos nos podemos hacer: “¿Porqué observar ritos y formas que no son prescritos por la Escritura?” La Escritura nos prescribe lo que hay que creer, aquello hacia lo cual hay que tender, lo que hay que mantener. Pero no nos habla de la manera concreta de hacerlo. Dado que no podemos hacerlo más que de esta o de aquella manera, forzosamente añadiremos algo a lo que la Sagrada Escritura nos dice. Nos recomienda, p. e. reunirnos para la oración, relaciona su eficacia (de la oración) a la unión de corazones. Pero la Escritura no indica ni el momento ni el lugar de la oración, la Iglesia tiene que completar lo que la Escritura simplemente prescribe de forma general...

Se puede decir que la Biblia nos da el espíritu de nuestra religión; la Iglesia, en cambio, modela el cuerpo donde este espíritu se encarna. La gente que intenta adorar a Dios de una manera, digamos “puramente espiritual”, acaban por no adorarlo en absoluto. Es un hecho corriente. Cada uno puede verlo por su propia experiencia... No, la Escritura no nos tiene que revelar todo; nos da los medios para descubrir todas las cosas. Dios nos ha prometido su luz, pero a su manera, no a la nuestra.

 

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por faenar por Cristo, Pedro deja su trabajo en el mar de Galilea

 

Benedicto PP. XVI: «La verdad se demuestra a sí misma en el amor».

 

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«El amor a Dios genera mártires, no violencia».

 

Humilde y reconciliadora actitud
El que ama con Cristo ve al hombre, al otro joven, de un modo radicalmente nuevo, que el mundo no conoce, ni enseña, ni es capaz de vivenciar ni de comunicar. Se dice, y se pretende mostrar, con un acercamiento superficial y supuestamente neutral y objetivo al fenómeno de las religiones, que la fe en Dios y que el amor a Dios genera violencia. Lo que es verdad y ha sido verdad a lo largo de toda la Historia, muy especialmente la del siglo XX, es todo lo contrario: el amor a Dios, presentado, encarnado y entregado en Jesucristo, lo que produce es amor misericordioso, ofrecido en total gratuidad al hombre. ¡Produce mártires! No es extraño, por tanto, que los detentadores del poder humano pretendan, y traten por todos los medios, de hacer comprender a las jóvenes generaciones lo contrario. ¿Es posible que nos hayamos olvidado tan pronto de las más horrendas tragedias de la Humanidad, las del siglo pasado, con sus dos Guerras Mundiales y con dos regímenes políticos que, negando explícita y militantemente a Dios, despreciaron al hombre y lo humillaron hasta los extremos más inconcebibles del genocidio y de su eliminación por millones? Al que no era de su raza , se le calificaba de Untermensch -de infrahombre-, indigno de vivir; y, al que no pertenecía a su clase, se le declaraba enemigo del pueblo y destinado al gulag y al exterminio. Y ciertamente los actuales fanatismos religiosos no se curarán negando la verdad y el amor de Dios, a través de fórmulas criptorreligiosas de un laicismo radical y autosuficiente, sino buscándola y encarnándola lo más auténticamente posible. ...[…]… 2007-IX.
+Antonio Mª Rouco Varela – Esp.

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

¡Gloria y alabanza a ti, Santísima Trinidad, único y eterno Dios!

“¡Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!” (Sal 8, 2).-

“En la grandeza y hermosura de las criaturas, proporcionalmente se puede contemplar a su Hacedor original… Y si se admiraron del poder y de la fuerza, debieron deducir de aquí cuánto más poderoso es su plasmador...; si fueron seducidos por su hermosura, ... debieron conocer cuánto mejor es el Señor de ellos, pues es el autor de la belleza quien hizo todas estas cosas”.

Gloria y alabanza a ti, oh Cristo, ahora y por siempre: ‘alfa y omega’

 

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Por venir a visitarnos, nuestro agradecimiento.


Anno Domini 2007 - "In Te, Domine, speravi; non confundar in aeternum!".

Mane nobiscum, Domine! ¡Quédate con nosotros, Señor!

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«’El cristianismo desvelado’» La editorial Edaf presenta el nuevo libro de Luis Antequera: Respuesta a las 103 preguntas más frecuentes sobre el cristianismo», se presenta como un compendio útil y necesario frente a las preguntas más habituales sobre la inagotable herencia cristiana de la sociedad occidental.
Este tratado de tipo histórico, sin ninguna pretensión teológica, aporta luz y datos sobre la figura de Jesús, el Papado, la Iglesia, los dogmas y ritos cristianos. Antequera da respuestas a cuestiones tales como cuándo nació Jesús, si tuvo hermanos y novia, si fue su madre una virgen y otras como quiénes son los ortodoxos, en qué se diferencian de los católicos, por qué los sacerdotes no se casan y si existen los ángeles y el demonio. Según el autor: «Un libro de consulta, de lectura no lineal, dirigido a cualquiera que quiera conocer la religión cristiana, sin ser necesariamente creyente». 2008

Título: ‘Educar en la verdad’ Diálogo entre la fe y la razón .

Autor: Javier Prades y Eduardo Toraño (eds.)
Editorial: Facultad de Teología San Dámaso - 2008-01-

¿Por qué repetimos y recomendamos algunos libros? - No responde esta habitual insistencia a ningún imperativo ni legal, ni moral, ni de compromiso alguno. El único compromiso es el del servicio a la conformación de una cultura católica que hoy es más necesaria que nunca.

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La belleza de ser cristiano y la alegría de comunicarlo - «Nada hay más hermoso que haber sido alcanzados, sorprendidos, por el Evangelio, por Cristo. Nada más bello que conocerle y comunicara los otros la amistad con Él» (Benedicto XVI,).

Dar razón de la belleza de Cristo en los escenarios del mundo contemporáneo.

2000 años en que la Iglesia-cuna de Cristo, muestra su belleza al mundo.

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 “El que a vosotros escucha, a mí me escucha” (Lc 16,10).

"Marana tha, ven, Señor Jesús" (Ap 22, 20).

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In Obsequio Jesu Christi.





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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).