Monday 27 February 2017 | Actualizada : 2017-02-03
 
Inicio > Leyendas Negras > Savonarola - 1º fraile incómodo a su época; Causa Girolamo de Savonarola

 

MAQUIAVELO: escribió en 1497 una carta en la que refiere, con "amargo y desilusionado sarcasmo", algunas de las homilías de Savonarola. Maquiavelo acusa al dominico de haber querido hacer un partido político a partir de una idea moral, dividiendo a la humanidad en dos bandos: 

"uno que milita con Dios, el suyo; y otro con el Diablo, el de sus adversarios. . .". (Maquiavelo)  además, lo tacha de oportunista y le da, en El Príncipe, el título de "profeta desarmado", incapaz de construir algo durable, justamente porque no quiere afrontar la realidad. Maquiavelo es un teórico del triunfo, no del martirio. Savonarola dice a los hombres cómo deben ser. Maquiavelo tratará de mostrarles cómo son. La Iglesia no reconoció la coincidencia de sus pensamientos teológicos con la doctrina eclesiástica oficial, así como el carisma de su persona y su actividad visionaria, hasta el año 1558. El alemán Johann Wolfgang Goethe lo calificó de "monstruo grotesco" , e historiadores de los siglos XIX y XX vieron Savonarola un lúgubre fanático que pretendía quemar y exterminar los bellos frutos del Renacimiento, el humanismo y las artes. Su figura sigue suscitando polémica, y si bien muchos lo consideran un fanático cegado por la religión otros piensan que fue un genio que abrió nuevas perspectivas. 

 

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 Sin embargo, al primonio cultural de Florencia, con sus fuegos,

gran daño le hizo. Este vaso del 1450 se salvó

 

Voltaire no dijo su frase; Maquiavelo casi -   

Muchas veces hemos oído esa frase de Voltaire, famoso librepensador, provocador y alborotador anticlerical: "No estoy de acuerdo con lo que decís, pero defenderé hasta la muerte vuestro derecho a decirlo".

Según el libro "Grandes Mentiras de la Historia", de Pedro Voltes, parece que esta frase ni la dijo ni se ha encontrado nunca en ningún escrito de Voltaire. Al parecer, aparece por primera vez en "Los amigos de Voltaire", un libro escrito por Beatrice Hall casi 200 años después de su muerte.

Por cierto, que Voltaire es uno de esos personajes anticlericales que se convirtió en el lecho de muerte.

Otro personaje "escandaloso" es Maquiavelo. Algunos comentan que nunca dijo "el fin justifica los medios". Pero repasando el capítulo XVIII de El Príncipe vemos algo que es casi lo mismo: "si [el príncipe] logra con acierto su fin, se tendrán por honrosos los medios que a ello conducen", y sigue "pues el vulgo se fija sólo en exterioridades y se deja seducir por el éxito".

Otra traducción de esa misma frase dice "los medios siempre serán honorables y loados por todos, porque el vulgo se deja engañar por las apariencia y por el éxito".

Repasar El Príncipe e imaginarlo en manos de los gobernantes y políticos españoles da miedo. 2008.05

 

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Abriendo a los estudiosos los ‘Archivos Históricos’, la Iglesia expone los documentos de época para estudiar y así averiguar, por el ejercicio de las facultades intelectuales, la naturaleza, cualidades y relaciones de las cosas. Las fábulas como las leyendas se desmoronan en su propia ignorancia, por falta de ciencias, letras y noticias como de honestidad intelectual.  

 

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"Savonarola: un fraile incómodo para su época" (1452 1498)

 

 

 

 

Alfonso Bailly-Bailliere, Palabra, IX.1997 

Recientemente se ha introducido en el tribunal eclesiástico de la diócesis de Florencia la causa que comenzará a discernir si el polémico fraile dominico Girolamo Savonarola (1452-1498) fue santo o no. La revisión de este difícil caso se produce 499 años después de su muerte en la hoguera, tras la correspondiente sentencia de la justicia civil de Florencia. El Papa Alejandro VI le había excomulgado antes. ??Un análisis histórico de los hechos pone de manifiesto que Savonarola, por tener un temperamento exaltado, no fue prudente en su actuación concreta, sobre todo si se tiene en cuenta las circunstancias de la época y el sumo cuidado con que habría que haber planteado sus reivindicaciones. Su desobediencia al Papa es censurable. A su favor está la atenuante de haber querido reaccionar contra el nuevo paganismo de la época. ??El triste episodio vuelve a mostrar cómo la verdad y la unidad religiosa configuraban el mismo núcleo del estado medieval y cómo el poder civil no toleraba ningún atentado contra estos dos valores. Hoy resulta difícil de comprender esta mezcolanza político religiosa, pero el hecho es que así se organizaba la sociedad de antaño. Posiblemente tampoco se entienda en el futuro cómo la legislación militar castiga hoy con la pena de muerte a un soldado que abandona el puesto de guardia en tiempos de guerra.

 

El caso Savonarola constituye un capitulo interesante dentro del proceso de revisión de los aspectos más confusos de la historia de la Iglesia, que comenzó con el Concilio Vaticano II y que tiene por meta el año 2000.??La excomunión de Girolamo Savonarola ha sido motivo de polémica prácticamente desde el momento en el que le fue impuesta por el Papa Alejandro VI, a finales del 1500. Varios autores que han escrito sobre el célebre dominico italiano creen que no llegó a incurrir subjetivamente en tal excomunión.??

¿VERDADERA EXCOMUNIÓN? ??El Padre Tito S. Centi, en el libro "La scomunica di Girolamo Savonarola", sostiene que esta sanción eclesiástica carecía absolutamente de fundamento teológico-jurídico y que era más un procedimiento para inducir al dominico y a la República florentina a no obstaculizar los planes politices del Papa Borgia a finales del siglo XV.??Savonarola, dice Centi, revela una gran conciencia de asceta y de apóstol, que mantiene vivo el sentido de lo divino y de lo eterno, que se rebela contra el nuevo paganismo, que permanece fiel al ideal evangélico y paulino de cristianismo integral.??Nació en Ferrara el 21 de septiembre de 1452 y murió quemado en la hoguera en Florencia el 23 de mayo de 1498. Creció en una familia que supo educarlo cristianamente. A los 17 años abandonó las doctrinas humanísticas para prepararse en la medicina, y mientras, se aplicó asiduamente a la lógica y a la filosofía; estudió Platón y Aristóteles, pero sobre todo, se dedicó a Santo Tomás de Aquino. Entre sus obras destacan "El Triunfo de la Cruz"; "Tratato divoto e utile della umiltà", y algunos escritos de lógica y filosofía.??

COMBATE LA INMORALIDAD ??Un sueño simbólico y una predicación escuchada en Faenza, le llevaron a tomar una decisión radical en su vida: el claustro. El 24 de abril de 1475 dejó secretamente la casa paterna y viajó a Bolonia, donde pidió ser recibido en el convento de Santo Domingo. En 1479, sus superiores le mandaron a Ferrara para que se perfeccionase en la Facultad teológica de aquella universidad. Se trasladó a Florencia en 1481 y allí se opuso con gran energía a la vida pagana, y con frecuencia inmoral, que prevalecía en muchas clases de la sociedad, y especialmente en la corte de Lorenzo de Medici. ??Predicó en otras ciudades italianas durante los años 1485-89. En Brescia, en 1486, explicó el Libro de la Revelación y desde ese momento se sintió absorbido por las ideas apocalípticas sobre su propia época, el juicio de Dios que la amenazaba y la regeneración de la Iglesia. ??

PRIOR DE SAN MARCOS ??En julio de 1491 pasó a ser prior del convento de San Marcos. Al año siguiente, pensó en restaurar en su convento el antiguo rigor de la Regla. Para ello, defendió sus razones en dos capítulos de la Congregación lombarda. Pero las dificultades encontradas le indujeron a promover la separación entre San Marcos y aquella congregación. La propuesta, que secundaba la politice de Florencia, entonces hostil a Milán, fue apoyada claramente por Pietro y Giovanni de Medici, y obtuvo un pleno éxito con el Breve papal del 22 de mayo de 1493.??La familia de los Medici habla adquirido un gran poder económico durante el siglo XV, y los principales cargos políticos de la República florentina se asignaban a personas cercanas a esta familia o de su total confianza.??Mientras tanto, Savonarola predicó con celo ardiente y se ganó una gran influencia. Atacó con dureza a Lorenzo el Magnifico, que promovió el arte pagano y la vida frívola.??A partir de 1493, el fraile habló con mayor fuerza contra los abusos de la vida eclesiástica, la inmoralidad de una gran parte del clero: sobre todo, contra la vida deshonesta de muchos miembros de la Curia Romana.??

¿HIZO POLÍTICA? ??Tras la caída de los Medici, entró en escena el monarca francés Carlos VIII, deseoso de conquistar Italia. Savonarola lo consideró como instrumento divino de la regeneración de su patria por el castigo, y a él se presentó en Pisa y Florencia, excitándole a cumplir el mandato de la Providencia.??Cuando el rey partió de Nápoles para regresar a Francia, se formó una liga general de los estados italianos contra él, y a pesar de todo, Savonarola hizo lo posible por mantener Florencia en la alianza francesa, aun no obteniendo del monarca más que confirmaciones verbales. En aquella peculiar situación, se estableció en la ciudad una nueva Constitución, un tipo de democracia teocrática basada en doctrinas politices y sociales que habla proclamado Fray Girolamo. Incluso se llegó a formar un gran concilio que fuera representativo de todos los ciudadanos y gobernase la República. ??

LLAMADA AL ORDEN ??Savonarola no interfirió directamente en política y negocios de Estado, pero sus enseñanzas y sus ideas fueron autoritarias. Florencia tenía que ser el punto de partida de la regeneración de Italia y la Iglesia. En este sentido, buscó constantemente la intromisión de Carlos VIII para la reforma de la Iglesia, aunque las ideas extravagantes del monarca no le permitieron emprender esta tarea.??Esta actitud provocó la intervención de Alejandro VI (Rodrigo de Borgia), que con un Breve del 21 de julio le obligó a viajar a Roma para que diera explicaciones sobre sus facultades proféticas. Este respondió diez días más tarde diciendo que no le era posible acudir por los siguientes motivos: primero, porque estaba enfermo; segundo, porque tenía enemigos mortales; y tercero, por el estado critico en que se encontraba la ciudad, que tenía necesidad de su predicación.??El 8 de septiembre, un nuevo Breve papal ordenaba que Savonarola fuese sometido a un juicio, y que el convento de San Marcos se uniese a la Congregación lombarda. Las nuevas justificaciones del dominico y la acción de la Señoría de Florencia, que defendía a Fray Girolamo por haber contribuido a evitar el asalto de la ciudad por parte del rey francés, y de algunos cardenales, condujeron a Alejandro VI a revocar sus decisiones, limitándose con otro Breve del 16 de octubre a prohibirle la predicación hasta que no fuese a Roma.

 

 

DESOBEDIENCIA Y EXCOMUNIÓN - Después de que la Señoría hubiera insistido para que el Papa anulara la prohibición de predicar, el 11 de febrero de 1496 ordenó a Savonarola que retomase la actividad, y éste inició las prédicas acentuando sus criticas a las jerarquías eclesiásticas. El Papa envió entonces una nueva prohibición e hizo abrir un proceso penal en Roma contra él. Pero al final lo suspendió con la condición de que el dominico utilizase un lenguaje más respetuoso y se abstuviese de la política. ??Sin embargo, el 7 de noviembre, el Papa emanó un Breve pontificio que afectó de lleno al corazón de la Congregación de San Marcos, precisamente en un momento de gran florecimiento. En virtud de santa obediencia y bajo pena de excomunión "latae sententiae" en la que se podio incurrir "ipso facto" el Convento de San Marcos debía unirse a la nueva Congregación Tosco-Romana. La reacción del fraile, igualmente en este caso, fue la de no seguir las indicaciones precisas, incurriendo, por tanto,"ipso facto" en la censura.??Fray Girolamo dejó pasar un tiempo prudencial desde la publicación del último Breve, y escribió el opúsculo Apologeticum Fratrum Congregationis S. Marci", pero no obtuvo ninguna respuesta de Roma. Al llegar la cuaresma, aprovechó las predicaciones de este tiempo litúrgico para descargar todo su enojo y condena por la situación de malestar que estaba viviendo.??Durante los meses de marzo y abril Florencia se hallaba semidestruida por la guerra de Pisa. Hubo una gran carestía, de manera que el malestar general de los habitantes desencadenó continuas protestas. Cuando a finales de abril, Piero Medici intentó reconquistar Florencia con un pequeño ejército, el Papa Borgia decidió asestar un golpe tanto al fraile como al partido político que lo sostenía.??Alejandro VI publicó entonces nuevos Breves de excomunión contra el dominico, alegando los siguientes motivos: predicar doctrina herética y perniciosa; rechazar presentarse a Roma para disculparse; desobedecer la orden de no predicar; rechazar unir la Congregación de San Marcos a la nueva Congregación Tosco-Romana. Pero, antes que la excomunión fuese divulgada en Florencia, Savonarola escribió una sentida carta al Papa pidiendo perdón por eventuales ofensas involuntarias. ??Tras las elecciones que se celebraron en Florencia en la segunda mitad de 1497, la Señoría hizo todo lo posible por lograr la absolución de la excomunión a Savonarola y la licencia para predicar. Sin embargo, la respuesta fue siempre negativa porque Alejandro VI condicionaba la absolución del fraile a la adhesión de los florentinos a la Liga. ??Al Papa Borgia no le importaba en absoluto que la ciudad se siguiera degradando moralmente, cosa que no dejaba indiferente al fraile, quien se preguntaba con frecuencia si podio soportar en conciencia un abuso tal de la autoridad papal. Así, solicitado por sus numerosos seguidores, que al igual que él, sufrían por la desmoralización de los ciudadanos, fray Girolamo decidió ignorar incluso públicamente la injusta censura.

OPOSICIÓN Y MUERTE  - En febrero de 1498, Savonarola volvió a subir al púlpito de Santa Maria del Flore (Catedral de Florencia) para demostrar antes que nada la invalidez de aquella excomunión, y arremetió con mayor violencia contra la corte de Roma y el Papa. La Señoría, asustada ante esta grave situación, recomendó al fraile que interrumpiera definitivamente las predicaciones. La reacción de Savonarola no se hizo esperar: dirigió una carta de desafío a Alejandro VI y proyectó la reunión de un concilio que juzgase y depusiese al Papa.??En Florencia la oposición Savonarola creció. Un adversario suyo de la orden franciscana, Francisco de Puglia, propuso sufrir la prueba del fuego para demostrar que el dominico se encontraba en el error. "Estoy convencido de que arderé-dijo el franciscano-, pero acepto este sacrificio con gusto para librar al pueblo: si Savonarola no arde conmigo, le podréis considerar un verdadero profeta". Los gobernantes de Florencia accedieron a la realización de la prueba para así quitarse de en medio al fraile. Si el dominico fray Domingo-que representaba a Savonarola en este juicio de Dios- se quemaba, fray Girolamo debería abandonar la ciudad.??El Papa censuró el procedimiento, porque -según él una provocación supersticiosa a Dios. Sin embargo, Florencia no cedió, y en la plaza de la Señoría todo estaba listo para el demencial juicio. Se decidió finalmente que el franciscano Juliano Rondinelli y el dominico Domingo tenían que entrar en las llamas. Pero, como consecuencia de una discusión provocada por el dominico -que quería entrar en las llamas de la hoguera mientras llevaba en sus manos el Santísimo Sacramento-, y una tempestad posterior, la gente, cansada de esperar, despejó la plaza y abandonó el espectáculo.??Al día siguiente, tanto la Iglesia como el convento de San Marcos fueron asaltados, y fray Girolamo fue hecho prisionero. Con un Breve pontificio a la Señoría florentina, Alejandro VI expresó su alegría por la captura, absolvió de las censuras a personas consagradas y pidió que se trajera a su presencia al dominico. ??Los delegados papales y el general de los dominicos fueron enviados a Florencia para seguir el proceso. Las pruebas oficiales fueron falsificadas por el notario. El 22 de mayo fue publicada la condena a muerte "por los grandes crímenes de los que habían sido declarados culpables", Fray Girolamo, Fray Domingo y Fray Silvestre. El día 23, después de haber oído Misa en el Palacio de los Señores, fueron conducidos al patíbulo, colgados, y sus cadáveres quemados.

GIORDANO BRUNO:QUEMADO POR HEREJE  - La Comisión teológico-histórica del Comité Central del Jubileo tiene previsto organizar antes del 2000 dos Congresos internacionales de alto valor científico, uno sobre el "antisemitismo" y otro sobre las "inquisiciones". ??Esta iniciativa responde a la petición del Santo Padre de hacer un examen profundo al final del milenio que lleve a poner fin a la labor de revisión histórica ya comenzada por el Concilio Vaticano II, comprometiendo en esta tarea a la Iglesia entera con vistas al Jubileo.??Ya en el Consistorio extraordinario de 1994, el Papa habla hablado de una revisión de los aspectos oscuros de la historia de la Iglesia, como una gracia del próximo Jubileo, que se une a la idea de elaborar un "Martirologio contemporáneo".??Probablemente, durante el Congreso sobre la Inquisición se plantearán y se estudiarán casos como el de Girolamo Savonarola y el del polémico filósofo Giordano Bruno, de quien alguno se ha atrevido a pedir su rehabilitación.

PRIMERAS INFRACCIONES  - Giordano Bruno nació en Nola, en el Reino de Nápoles, en 1548. Diecisiete años más tarde, entró como clérigo en el Convento de Santo Domingo Mayor. Entre 1566 y 1567 incurrió en las primeras infracciones por haber despreciado el culto a Maria y a los santos. En 1572 es ordenado sacerdote, tras haber cumplido 24 años. ??La manifestación de sus dudas acerca del dogma de la Santísima Trinidad, tuvo como consecuencia la instrucción de un proceso, por lo que decidió abandonar el convento y la ciudad. ??A partir de entonces, Bruno decidió recorrer numerosos paises europeos -Inglaterra, Francia, Alemania, Suiza, Checoslovaquia-, para enseñar y exponer sus principales ideas filosófico-teológicas. ??Sostenla entre otras cosas que la unidad absoluta del cosmos exige la identificación de materia y forma. Toda su ética se funda en el sentimiento de identidad del hombre con el cosmos, que le hacer perderse en el latido universal del Todo. ??Fue autor de la Nova de universis philosophia, inspirada en el neoplatonismo y en los escritos herméticos. Pero sus principales obras fueron: Delia Causa, Principio ed Uno; De I´Infinito, Universo e Mondi; La Cena dalle Cineri. ??En 1592 es encarcelado en Venecia, acusado de despreciar las religiones, no admitir la distinción en Dios de tres personas, tener opiniones blasfemas sobre Cristo, no creer en la transubstanciación y sostener que existen mundo infinitos. ??Un año más tarde abandona la cárcel de Venecia y se traslada a la del Santo Oficio de Roma, de la que -tras un largo e intermitente proceso- saldrá siete años después para ser ajusticiado. ??Los episodios del proceso romano se pueden resumir así: imputación de haber sostenido que Cristo pecó mortalmente, que el infierno no existe, que los dogmas de la Iglesia son infundados, que el culto de los santos es reprochable. ??En 1596, la Congregación estableció una comisión con el fin de censurar las proposiciones heréticas contenidas en los libros de Giordano. El 20 de enero de 1600 el Papa que Bruno fuese sentenciado como herético formal, impenitente y pertinaz, y entregado al brazo secular. ??El 8 de febrero es llevado desde la cárcel del Santo Oficio al palacio del Cardenal Madruzzi, situado en la Plaza Navona, donde se leyo públicamente la sentencia, mientras Bruno permanecía arrodillado. de las 30 o más imputaciones contenidas en la sentencia, resultan confirmadas las concernientes a la transubstanciación, la virginidad de Maria, la vida herética, la pluralidad de mundos, el alma humana, la eternidad del mundo. ??Reconocido herético, fue condenado a la degradación de las órdenes, a la expulsión del foro eclesiástico y a ser entregado a la corte secular para el debido castigo. Sus libros debían ser quemados en la Plaza de San Pedro. ??Tras ser trasladado a la cárcel de Tor di Nona, y recibir las visitas de algunos teólogos, la mañana del jueves 17 de febrero del 1600 fue conducido al Campo di Fiori, donde fue quemado.

 

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¿Santo o rebelde agitador?

A las 12:18 AM, por Alberto Royo   11.III.MMX

 

JERÓNIMO SAVONAROLA PROVOCÓ EN SU TIEMPO Y SIGUE PROVOCANDO HOY GRANDES ODIOS Y GRANDES ENTUSIASMOS

 

En el innegable clima de decadencia general que experimenta la Iglesia en los siglos XIV y XV (corrupción de la curia romana, Papado poco ejemplar y más dedicado a la defensa del poder temporal que al bien espiritual de los cristianos, episcopado y clero de bajo nivel intelectual y moral, relajación de la mayoría de las órdenes religiosas, etc), era lógico que apareciesen en distintos países del orbe católico voces críticas, y que algunas tomasen formas proféticas e incluso con tintes apocalípticos anunciando la cólera de Dios, y que predicaran una penitencia capaz de contrarrestar la ruina, reclamando por tanto la conversión de las costumbres. Tales voces se hicieron oír con más intensidad en los llamados sermones penitenciales de la época, y algunos han pasado a la historia por lo fuerte que se escucharon. El caso concreto que hoy nos ocupa, el de fray Jerónimo Savonarola, de la Orden de Predicadores, fue de los más conocidos y a la vez polémicos de la época, y hay que decir que lo sigue siendo incluso en la actualidad.

¿Fue Savonarola un santo o un rebelde exaltado? La respuesta no es fácil. San Felipe Neri (su compatriota), y por influjo suyo, el Cardenal Newman lo tuvieron por santo, otros lo han tenido por todo lo contrario. En el caso de Felipe Neri, su devoción era sincera, como consecuencia de lo que había oído contar a sus compatriotas, entre los cuales muchos veneraban al Dominico. Lo que está claro es que nunca fue hereje, aunque murió condenado por los legados papales y quemado, por lo que algunos han querido ver paralelismo entre su caso y el de Santa Juana de Arco. Pero la realidad es bien distinta: La cuestión fue de obediencia a la Iglesia, concretamente al Papa, aunque sería demasiado inocente el no tener en cuenta los factores políticos y económicos que estuvieron detrás de su condena por parte del Papa.

 

 

Algunos destacan su carácter temperamentalmente exaltado y presuntuoso, cuyas actuaciones concretas pudieron pecar muchas veces de imprudentes y tercas al no querer enmendarse. Otros destacan su fe enérgica, casi heroica, su religiosidad pura e intachable, su seriedad penitencias y su severa ascética, y ven en él a un hombre de oración, prácticamente un místico. Nacido en 1452 y muerto en la hoguera en 1498, fue conocido sobre todo en su época de prior del convento de San Marcos de Florencia, que comenzó en 1482 y concluyó con su muerte (aunque dejó dicha ciudad del 1487 al 1490 para ser director de estudiantes en Bolonia).

El controvertido religioso vio la luz en Ferrara un 21 de septiembre, tercer hijo de siete hermanos de una familia acomodada, de padre comerciante y madre de nobles orígenes. Su abuelo, médico de profesión y escritor religioso por devoción, se encargó de la educación de Jerónimo, que por tanto recibió una formación sólidamente religiosa, además de humanista. El padre hubiera querido que Jerónimo siguiese el ejemplo del abuelo y se hiciera médico, cosa que en un primer momento él se pensó seriamente, iniciando incluso los estudios de medicina, pero pronto prefirio tomar otro camino en su vida.

 

Ingresó en la orden de Santo Domingo a la edad de 22 años, después de haber estudiado con los Agustinos, y ya en religión combinó su vasta cultura humanista con la lectura asidua de Santo Tomás de Aquino, al que siempre admiró, además de aprender la Sagrada Escritura a la perfección, cosa que admiraron hasta sus peores enemigos. Una vez ordenado, estuvo destinado en Bolonia donde empezó a usar su estilo, que se haría famoso, de críticas subidas de tono contra todo tipo de vicio, sin ahorrar invectivas contra la jerarquía de la Iglesia y contra los mismos Papas, que describía como derrochadores de dinero que gastaban en obras de arte. Este estilo y su limpia retórica hicieron que multitudes asistieran a sus predicaciones.

Pero el escenario de la actuación que le llevó a una fama más extendida fue la Florencia del tiempo de máximo delirio renacentista (1490-1499), la ciudad humanista de las artes, pero también del lujo y los excesos, y la ciudad rebelde que antes y durante la victoriosa expedición de Carlos VIII de Francia por Italia luchó por liberarse de la tiranía de los Medici. En 1492 había muerto Lorenzo el Magnifico. Secomentó entonces que fray Jerónimo fue llamado a la cabecera del moribundo y que se negó a darle la absolución, lo cual es solamente un rumor popular -basado en el hecho que nuestro protagonista era el confesor habitual del noble moribundo- pero muestra el tenor de la fama del fraile.

En realidad, Lorenzo murió lamentando no haber tenido tiempo para completar la biblioteca que hoy lleva su nombre en Florencia. La muerte de Lorenzo sumió a la ciudad en el luto, a pesar de todo, y tuvo como consecuencia que en Italia se rompía el equilibrio logrado por la paciente, sagaz y adinerada diplomacia del Magnífico. Los franceses entraron en Italia con su rey al frente -Carlos VIII- y Pedro, primogénito y sucesor de Lorenzo, cedió y lo dejó ocupar cuatro bastiones toscanos. Los florentinos se enfurecieron por dicha debilidad (no les hacía falta mucho esfuerzo para encontrar una excusa) y expulsaron a los Médici de la ciudad el 9 de noviembre de 1494

Cuando el monarca francés intentó la conquista de Italia en ese año 1494, nuestro protagonista llegó a considerarle como instrumento divino de la regeneración de su patria por el castigo, merecido por las malas costumbres de los Medici y, como consecuencia, de los ciudadanos de Florencia, comenzando por el clero y los religiosos relajados, y a él se presentó en Pisa y en la misma Florencia excitándole a cumplir el mandato de la Providencia. En realidad la tarea inmediata que le habían encomendado a Savonarola sus superiores era la dirección de su convento, pero dicha tarea pronto se le quedó pequeña para su arrolladora personalidad y él la relacionó con una obra de reforma general de la Iglesia y, especialmente, del clero. En su convento pretendió Savonarola restaurar la antigua disciplina, de ahí que promoviese la creación de una congregación de observancia. Llegó así a tal punto su exaltación reformadora que decidió intervenir activamente en la política de Florencia -en la que tuvo gran éxito por su fogosidad y palabra convincente- mezclándola con la moral y la religión. Cuando consiguió llegar al poder espiritual de Florencia, una vez expulsados los Medici, elaboró una Constitución de fuertes tintes religiosos, reformó la justicia, persiguió los vicios, suprimió la usura y proclamó la amnistía general de los condenados por los la anterior familia reinante.

Pero el ardiente fraile no supo calibrar el poder de sus envidiosos y descontentos (los llamados “arrabbiati”, que habían formado un partido contrario al fraile), pues muchos consideraban algunas de sus decisiones como imprudentes y extremosas: Su afán moralizador hizo que llevase a la hoguera algunos objetos de arte y libros antiguos; dicho afán le llevó también a ejercer una vigilancia molesta en la vida de sus conciudadanos, organizando escuadras de jóvenes, que en su celo puritano llagaron a veces incluso a denunciar a sus propios padres. Dichas escuadras organizaban además frecuentes peleas con los “arrabbiati” por las calles de la ciudad.

Si, como queda dicho, estas acciones crearon a su alrededor no pocos descontentos, la cosa llegó su colmo cuando indispuso también contra sí a nuestro compatriota, el ciertamente poco edificante Papa Alejandro VI, el cual apoyaba a los Medici, también ahora que estaban en el exilio, no por gustos personales, sino porque veía en ellos un freno al posible poderío francés en la zona. A dicho Pontífice fray Jerónimo acusó de simoniaco, diciendo en voz alta que había comprado con dinero la Silla de San Pedro, además de chocar con él por la administración de varias casas dominicanas. El Papa aprovechó unas profecías tremendistas que había hecho Savonarola para invitarle a Roma a explicar dicho sensacionalismo, pero el Dominico, aún reconociendo que como religioso debía de obedecer al Santo Padre, se negó a ir alegando enfermedad, que en realidad encubría el miedo que tenía a la acción de sus enemigos políticos si abandonaba la ciudad.

El 8 de septiembre de 1495 el Papa prohibió a Savonarola el predicar, a lo que el religioso respondió que si el Pontífice mandaba algo contra el bien había que desobedecerle, insistiendo en ello además en los sermones cuaresmales del año siguiente, en los que redobló sus críticas al Obispo de Roma y además se cebó en los vicios de la corte romana. Las noticias no tardaron en llegar a Alejandro, el cual respondió en 1497 con la excomunión, ante la cual Savonarola se burló públicamente y siguió celebrando Misa y subiendo al púlpito para declarar nula la excomunión. Llegados a este punto, hay que decir que si Savonarola estaba convencido de buena fe (aconsejado por teólogos) en la invalidez de la elección papal, que estaría viciada de raíz por la simonía, el resto de sus acciones son coherentes con esta convicción fundamental. Olvidar este punto puede llevar a no juzgar objetivamente al polémico religiosos. El Papa amenazó en un Breve a la ciudad de Florencia con el entredicho si la ciudad continuaba apoyando al religioso y al gobierno francés, que era el modo como Savonarola tenía de mantener lejos a los Medici. A esto respondió el interfecto pretendiendo convocar un concilio que depusiese al Papa.

Pero la excomunión de Savonarola y la amenaza de entredicho a la ciudad sirvieron para debilitar el partido de sus seguidores y fortalecer a los Franciscanos, que en cierto modo lideraban la oposición contra él en la ciudad, entre otros motivos porque la popularidad del Dominico y la iglesia de San Marco habían hecho caer en el olvido la de Santa Croce, llevada por ellos. El miembro de esta Orden, Francisco de Puglia retó en marzo de 1498 a Savonarola a pasar en el mes de abril la prueba de fuego junto con él, para ver quién tenía razón y quién estaba equivocado. Esta prueba, que hoy nos puede parecer estrambótica, no era extraña en aquel tiempo, como una especie de duelo en plan religioso, pero no por ello menos inhumano. A defender a nuestro protagonista salió fray Domingo, miembro de su comunidad y uno de sus grandes partidarios, que quiso sustituirle en la prueba, mientras que los Gobernadores de la ciudad accedieron a la prueba con la condición que si el hermano de su comunidad resultaba quemado, en el plazo de tres horas éste debía abandonar la ciudad. A defender al Franciscano (y a sustituirle en las llamas) se ofreció fray Juliano Rondinelli. El Papa condenó el reto, por considerarlo supersticioso, pero la ciudad se negó a cancelarlo y se preparó todo lo necesario para realizarlo en la plaza de la Señoría.

El día fijado, con todo preparado y la multitud expectante, la cosa se complicó, en primer lugar porque el fraile Dominico quería entrar en las llamas llevando el Santísimo Sacramento, lo que provocó una gran discusión, y finalmente no se accedió a su petición, pero mientras tanto sobrevino una tormenta que hizo alejar a la gente de la plaza y que todo quedase en agua de borrajas. Al día siguiente, Savonarola subió al púlpito como siempre a predicar a pesar de que se le había prohibido hasta que se realizase la prueba de fuego. Por la tarde, él y dos colaboradores suyo, fray Domingo y fray Silvestre, fueron arrestados. En la cárcel confesaron y nuestro protagonista, rezando el Miserere, pidió perdón a Dios de sus culpas. En un juicio organizado por dos legados papales, fueron condenados a muerte y ejecutados en la plaza de la Señoría. Los tres fueron colgados con cadenas de una sola cruz. Un fuego enorme fue encendido bajo sus cuerpos. y sus cenizas arrojadas al río Arno. Contaban testigos presenciales que fray Jerónimo tardó varias horas en quemarse.

Recientemente, a finales del siglo XX, la Orden de Predicadores pidió a la Santa Sede permiso para comenzar el proceso de Canonización de Savonarola, convencidos que había fundamento para tal proceso. El permiso no fue concedido.

http://infocatolica.com/blog/historiaiglesia.php/1003111218-isanto-o-rebelde-agitador#more7205

 

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Carta XII - Causa de Savonarola

Benito Jerónimo Feijoo 1676 + 1764

 

 

 

1. Muy Señor mío: Ya, con la que acabo de recibir, son tres las Cartas en que Vmd. me estimula a rebatir al Religioso Valenciano, nuevo Apologista de Savonarola: y yo puedo responder a ésta lo mismo que a las dos antecedentes; que ni he visto esa Apología, ni la veré, porque no pienso gastar dinero en su compra, y tiempo en su lectura. Díceme Vmd. acaso para excitar mi sentimiento, y provocarme por este medio al combate, que ese Religioso, en el modo de impugnarme, dista mucho de la moderación, y urbanidad que yo observo en semejantes Escritos. Pero eso está muy lejos de moverme. Si él es destemplado, y yo contenido, tanto peor para él, y tanto mejor para mí. Ya por las noticias, que dan nuestros Diaristas Matritenses, de algunas pendencias literarias, que ha tenido, comprehendo que es de genio algo requemadillo; pero esto, no tanto debe excitar la ira, como la compasión [140] de los mismos con quienes lidia. Algo hará padecer a éstos, pero él padecerá mucho más que ellos. Un natural adusto es un tormento de por vida del sujeto.

2. Aunque he dicho, que puedo responder a la última de Vmd. lo mismo que a las dos antecedentes, en orden a no haber visto esa Apología de Savonarola; puedo, no obstante, decir también, que ya en algún modo la he visto de poco tiempo a esta parte; esto es, no en ella misma, sino en la recopilación que hizo de ella el Reverendísimo, y Doctísimo Padre Maestro Fray Miguel de San José, en el segundo tomo de su Bibliografía Crítica, v. Hieronymus Savonarola. Habiendo el Reverendísimo Padre San José manifestado en varias partes de su Obra, que es muy amigo del Autor de la Apología, se debe creer, que en la recopilación, no sólo no omitió alguno de los fundamentos, que podían hacer alguna fuerza a favor de la opinión de su amigo, mas también los representó con toda la energía, que les pudo dar. Sin embargo, al fin deja la cuestión indecisa, sin atreverse a resolver, ni por la inocencia, ni por la culpa de Savonarola: lo que verisímilmente puedo interpretar a mi favor; porque teniendo la parte contraria ganada la gracia del Juez, sólo la superioridad de mi razón pudo retraerle de pronunciar la sentencia. Y realmente esta indiferencia se debe reputar una mera cortesanía, que observa con el Apologista, pues antes se había explicado contra Savonarola, diciendo, que de derecho se debe presumir la equidad de los Jueces, que le condenaron: aunque no proponerse como irrefragable, o infalible: Quorum aequitas iure praesumi debet, sed non proponi, aut praedicari velut irrefragabilis, aut infallibilis. Desde luego me contento con esta decisión, pues yo nunca he pretendido, que fuese infalible la justicia de aquella sentencia. Fueron hombres los que testificaron la culpa, fueron hombres los que decretaron la pena; por consiguiente no incapaces, ni unos, ni otros de error, o dolo. En toda sentencia contra cualquiera delincuente hay esta absoluta falibilidad. Pero esto no obsta a que todas las que se pronuncian, observando [141] las solemnidades esenciales del Derecho, sean acreedoras a un positivo, prudente, y racional asenso, si contra la justicia de ella no hay por otra parte argumentos concluyentes.

3. ¿Pero qué argumentos hay contra la justicia de la sentencia de Savonarola? Bien lejos de ser concluyentes, los más miserables del mundo. Cita lo primero el nuevo Apologista muchos Escritores, que defienden, o elogian a Savonarola. Esto respecto de otro reo, podría significar algo. Respecto de Savonarola nada. Tenía este Religioso a su favor dos poderosísimos Partidos, el de una gran Religión, y de un gran Reino. Aquel por la profesión, éste por coligación política. Tenía muchos, y poderosos amigos dentro de la misma Italia. Y en fin todos los enemigos del Papa Alejandro VI, que eran innumerables, estaban interesados en la justificación de Savonarola. ¿Cómo a un hombre de tales circunstancias podían faltar defensores, por delincuente que fuese? Es verdad, que el Apologista cita algunos Autores desapasionados a favor de Savonarola, pero ésos son bien pocos; y es verisímil, que aun para juntar estos pocos, por encargo suyo, los que tienen el mismo interés que él, registrasen en varios Lugares, y Provincias muchas Bibliotecas. Yo cité contra Savonarola los Autores que hallé a mano, y ésos son bastantes. Si escribiese a varias partes, como pude, solicitando noticias de otros Autores al mismo fin, creo podría estampar un larguísimo Catálogo. Añádese, que los más de los Escritores, que defienden a Savonarola, siguieron la Apología de Juan Francisco Mirandulano, condenada después por la Inquisición de España.

4. Lo segundo procura el Apologista sostener la legitimidad de la Carta de San Francisco de Paula, que se alega a favor de Savonarola, contra las pruebas de suposición, que propuse en el Prólogo Apologético del tercer Tomo del Teatro, alegando el testimonio de Vicente María Perrimecio, exaltado de la Religión de los Mínimos al Arzobispado Bostrense: el cual certifica, que el original de [142] aquella Carta tiene el sello de la Orden; de quien se infiere, que no es supuesta. Pero un hecho, que al mismo tiempo confiesa, no pudiendo negarle este Autor, arruina enteramente la pretensión del Apologista. Es el caso, que la colección de Cartas de San Francisco de Paula, o atribuidas al Santo, y publicadas por el Padre Francisco de Longobardis el año de 1655, en que está incluida la que se cita en favor de Savonarola, fue condenada por la Santa Congregación del Indice el año de 1659.

5. Para librarse de este mal paso el Autor, dice, que aquella colección de Cartas, fue condenada por el motivo de tener muchas cosas apócrifas, falsas, y fingidas; pero que de esta misma expresión se infiere, que no todas las que hay en ellas son tales; a que añade, que en muchas de aquellas Cartas, esto es, en las originales, se reconoce el sello de la Orden.

6. Pero bien. ¿De qué sirve esa distinción entre las Cartas, que tienen el sello de la Orden, y las que no le tienen, si el sello no sirvió para que la Sagrada Congregación del Indice no envolviese en la condenación unas con otras? O el sello es una especie de salvaguardia, y recomendación, que exime las Cartas, que le tienen, de la nota de contener cosas apócrifas, y falsas, o no. Si lo primero, la Sagrada Congregación debió discernir entre unas, y otras, dejando a salvo las del sello, y no confundirlas en la condenación con las demás. Si lo segundo, carecen de toda autoridad, para determinar por ellas la cuestión en que estamos, y otra cualquiera. Cada Carta es una pieza distinta, que debe examinarse por sí misma, si merece nota, o no; por consiguiente, siendo en aquella colección muchas las Cartas instruidas del sello de la Orden, o éste las hace más respetables que las otras, o no. Si lo primero, no pudo la Congregación menos de hacerlas examinar con particular cuidado; y si habiéndolo hecho, con todo las envolvió en la condenación con las demás, dignas de ella las reconoció sin duda. Si lo segundo, el que tengan el sello ninguna autoridad particular les da para hacer argumento con ellas. [143]

7. Que el que la Sagrada Congregación haya declarado, que en aquella colección de Cartas hay muchas cosas apócrifas, y falsas, no infiere que todo el contenido de ellas lo sea; es muy cierto, pero juntamente muy inútil para la cuestión; porque aunque aquella condenación no falsifique las Cartas en todo, por lo menos las desautoriza para todo. Cuando aquel Santo Tribunal, y otro cualquiera que tiene semejante autoridad, condena en un libro tal, o tal proposición determinada, queda el Libro indemne en todo lo demás, y en aquel grado de aceptación, que los Eruditos dan al ingenio, y doctrina del Autor: y en este grado puede citarse, o alegarse el Libro en todo aquello que no está condenado; pero cuando el Libro se condena por entero con el motivo de que contiene muchas cosas apócrifas, y falsas, así como queda vedada enteramente su lectura, queda también postrada enteramente su autoridad. Es ciertísimo, que no todo lo que escribieron Lutero, y Calvino, y aun el mismo Mahoma, es falso. ¿Sería por esto tolerable, que en una nueva cuestión Teológica, que empezase a agitarse entre nosotros, se alegase como de alguna importancia un pasaje de Mahoma, Lutero, o Calvino?

8. Yo extraño mucho (y al mismo paso lo siento), que por el empeño de defender a Savonarola se arriesgue, o el crédito del Santísimo Patriarca San Francisco de Paula, o el de la Sagrada Congregación del Indice. Una de las dos cosas es precisa; porque si el sello de aquellas Cartas asegura, que fueron obra del Santo; o éste en ellas escribió varias cosas apócrifas, y falsas, o la Sagrada Congregación les impuso esta nota injustamente. ¿No sería más racional, y juntamente más cómodo discurrir, que aquellas Cartas fueron supuestas al Santo, y el sello contrahecho por alguno de tantos impostores como tiene, y tuvo siempre el Mundo, pues con esto quedaría puesto en salvo el crédito del Santo, y el acierto de la Sagrada Congregación? ¿Quién no lo ve? No debe ser harto más precioso, para cualquiera que tenga la piedad cristiana en el punto debido, [144] el honor de aquel ilustre Santo, y de este venerabilísimo Congreso, que el de un Religioso particular, cual fue Savonarola. ¿Qué dictan, pues, la piedad, la razón, la Religión, sino que procuremos salvar aquéllos, y dejemos el crédito de Savonarola a su buena, o mala suerte?

9. Ni se me diga, que la suposición de Carta, y sello es una quimera, o por lo menos un accidente totalmente inverisímil. No lo es. Pues lo que sucedió a San Bernardo pudo suceder muy bien a San Francisco de Paula. ¿A San Bernardo? No hay cosa más cierta. En dos Cartas escritas al Papa Eugenio III, que son la 284, y la 298, según el orden de la edición de Mabillon, testifica el mismo Santo, que un Notario contrahizo su sello, y usó de él para escribir muchas Cartas fingidas, y llenas de patrañas en su nombre a varios sujetos, entre ellos al mismo Papa Eugenio. ¿Por qué no podría, pues, padecer la misma alevosía San Francisco de Paula?

10. Finalmente, yo en ningún modo me intereso en la cuestión de si esas Cartas son, o no son del Santo. Para mi intento basta que estén condenadas por la Santa Congregación. Sean de quien fueren, pues con ese gran borrón sobre sí ya no sirven, ni pueden alegarse, ni para la defensa de Savonarola, ni para otro algún asunto. Los hijos de aquel Santo Patriarca verán si deben tolerar, que el honor de su Fundador se exponga por salvar la fama de un particular de otra Orden.

11. Opóneme lo tercero el Apologista, como argumento ad hominem, que la confesión, que hizo Savonarola en la tortura, no le prueba delincuente; pues yo tengo escrito, y probado en el Tomo sexto del Teatro Crítico, Disc. 1, que la tortura es un medio sumamente falible para la averiguación de los delitos. Pero esta objeción sería del caso, si yo hubiese probado los delitos de Savonarola con la confesión que él hizo en la tortura. No habiendo alegado tal prueba, el argumento es totalmente fuera de propósito.

12. Finalmente, pretende, que los que fueron depurados [145] para examinar la causa de Savonarola, eran enemigos suyos. Yo no sé si por estos examinadores entiende los mismos Jueces que pronunciaron la sentencia; y parece que así debe ser, porque en todo Tribunal examinan el delito los mismos que han de juzgar al reo. Ahora bien. Los jueces deputados por el Papa para la causa de Savonarola fueron el General de su Orden, y el Obispo Romulino. Creo que a favor de éste la dignidad Episcopal basta para fundar un prudente juicio de que por ninguna pasión humana incurriría en la horrenda iniquidad de condenar a muerte a un inocente. Pero sea lo que fuere de éste, ¿a quién se hará creer, que su proprio General cometió tan grave maldad? Pudieron a la verdad, los testigos, por enemistad que tuviesen con Savonarola, deponer contra él falsamente. ¿Pero no le darían en ese caso los Jueces lugar a la recusación, y no la admitirían siendo legítima?

13. ¿Mas para qué me canso en satisfacer objeciones vanas? Es evidente, que cuanto se ha dicho hasta ahora en favor de Savonarola, cuanto se dice, y cuanto se podrá decir en adelante, todo es querer con un puño de polvo obscurecer la luz meridiana en todo un hemisferio. Hablo con toda esta satisfacción, porque a lo menos dos delitos gravísimos de Savonarola fueron de pública notoriedad; y así, ni sus mismos defensores se atreven a negarlos. Uno fue su inobediencia, y desprecio al precepto, y Censuras Pontificias con que se le había mandado abstenerse de la predicación. Otro, haber solicitado ardientemente, que el Rey de Francia Carlos VIII entrase con Ejército en Italia a subyugar sus Provincias con el pretexto de reformar la Corte de Roma, y costumbres de los Eclesiásticos. De este segundo, y enormísimo delito, cuando no constase por otra parte, hace entera fe Felipe de Comines, que vale en esta materia por mil testigos, por su acreditadísima sinceridad, y porque siendo de la íntima confianza del Rey Carlos, no pudo padecer error en el asunto. Así, pues, pudo ser, que los enemigos de Savonarola falsamente le imputasen otros delitos; pero los dos expresados están puestos [146] fuera de toda duda. El primero convengo en que no mereció el acerbo castigo, que se le aplicó. Del segundo júzguenlo los Legistas. Quedo a la obediencia de Vmd. &c.

{Benito Jerónimo Feijoo (1676-1764), Cartas eruditas y curiosas (1742-1760), tomo tercero (1750). Texto tomado de la edición de Madrid 1774 (en la Imprenta Real de la Gazeta, a costa de la Real Compañía de Impresores y Libreros), tomo segundo (nueva impresión), páginas 139-146.}

 

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La caridad en Florencia:
La Florencia del siglo XV era famosa por su tolerancia intelectual y religiosa. Se valoraba mucho la devoción practicada en comunidad, por ello se hacían promesas por cualquier propósito imaginable, se mandaba a colgar exvotos en las iglesias y se realizaban generosos donativos. Sin embargo, lo más habitual era ingresar en una de las dos grandes congregaciones florentinas, la Arciconfraternitá della misericordia, que se ocupaba del ciudadano y el entierro de los pobres, o la Compagnia di Santa Maria del Bigallo, dedicada sobre todo a los huérfanos y los expósitos. Los miembros de las congregaciones provenían de todos los estratos sociales. Los fabricantes textiles y los banqueros acaudalados se complacían practicando de forma anónima la caridad con los necesitados, quizá en el afán de compensar las grandes ganancias que obtenían con la usura; además de preocuparse por el provecho propio, no había que escatimar esfuerzos por el bien común. Detrás de todo ello estaba el ideal cristiano de la caridad. La clase media y alta florentina han mantenido este compromiso social hasta nuestros días, puesto que forma parte de la fiorentinità, del carácter de los florentinos. Puede que sigan siendo ricos, que todavía posean el antiguo palacio familiar, quizás incluso la villa en el campo, pero ocultan esa riqueza material y tan sólo muestran los rasgos ideales de la discreción, la modestia, el ahorro y la caridad.
(Ruth Strasser)

 

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Cristal veneciano del 1500

 

G.Papini. Juicio Universal. Savonarola:
ANGEL:
Muchos hombres de tu tiempo te juzgaron un maniático exaltado o un santo simulador; muchos de los tiempos siguientes un profeta mártir, digno de ser colocado en los altares. Quisiste tentar a Dios con la prueba del fuego y al final te retrajiste, pero el fuego, por mano de tus enemigos, quemó igualmente tu cuerpo. Amenazaste a los hombres con las llamas del cielo y luego no supiste huir de la pira. Elegiste a Cristo rey de tu pueblo, pero con el tácito acuerdo de que tú sólo habías de ser su virrey. Pareciste a los hombres, en vida y en muerte, un enigma. Tú solo, con tu plena confesión, puedes descifrarlo.
SAVONAROLA:
Fui misterio también para mí mismo hasta el día del fuego y ahora estoy dispuesto a decir la verdad sobre mi ser. Había nacido con ánimo ávido y encendido, deseoso de sobresalir y de mandar. En mis tiempos y en mi patria todos aspiraban a conquistar o aumentar su dominio, por cualquier medio, legítimo o no, con tal que fuese apto para ese fin. Se veían todos los días hombres carentes, pero sagaces y atrevidos, convertirse en señores de tierras y de ciudades, a veces hasta de reinos. Capitanes de bandas mercenarias, mercaderes astutos y liberales, señorcillos de provincia, aventureros de toda procedencia y de toda ralea habían logrado, en aquel siglo, hacerse jefes y regidores de casi todos los estados italianos. Yo vi, desde joven, que por dos caminos llegaban estos a la señoría: por la fuerza de las armas ayudada por la del engaño o con la fuerza del oro ayudada por la del engaño. Yo no tenía oro para pagar soldados o para corromper ciudades. Y, sin embargo, en mi ánimo ambicioso, exaltado por la vehemencia de una voluntad firme, sentía urgir aquella ansia de imperio que poseía a tantos corazones de mi siglo. Y me di cuenta de que quedaba abierta una tercera vía para el dominio de los pueblos: la palabra. Pero ¿qué palabra? No, en verdad, una elocuencia puramente humana que no habría sabido conquistar a los futuros súbditos. Una oratoria poética y enteramente retórica como la de los humanistas podía hacer que se adquiriese gracia ante un mecenas, pero no dar el poder sobre las ciudades. Y como un juvenil desilusión de amor, unida a la pasión del estudio y de la perfección, me habían impulsado a hacerme fraile, me di cuenta de que la palabra inspirada por Dios, anunciada y proclamada en nombre de Dios, podía ser un medio para la adquisición de un poder absoluto sobre las almas de los hombres, es decir, de orientar su querer hacia nuestro intento. Pero no bastaba para esto la dulzura de la palabra evangélica, que, por sí misma, es renuncia al dominio de este mundo. Vi, por experiencia, que algunos pueblos son llevados a obedecer más con la amenaza y con el terror que con las suaves caricias de la esperanza; y en mis sermones y en mis cuaresmales tomé como texto y modelo los profetas del Antiguo Testamento, que tan a menudo recriminaban y maldecían a los pueblos y anunciaban azotes y desventuras. También yo con el correr del tiempo me hice semejante a un profeta de la antigua ley y logré con lo terrible de mi palabra brillante arrastrar detrás de mí a las gentes, primero al pueblo sencillo y a las mujeres y luego a todos los demás, hasta los poetas y los filósofos. No pudiendo tener lanzas o florines para apoderarme de la ciudad, usé armas todavía más seguras: la profecía y el espanto. Fui un profeta en apariencia inerme, pero mis violentas y convincentes profecías de desgracias, de calamidades y de llantos fueron mis verdaderas armas y, por lo menos durante algún tiempo, armas victoriosas. Se dijo que yo era el rival del
Magnífico, que entonces mandaba en Florencia, pero en verdad, más que rival yo quería ser su sucesor en el dominio y me hice tal. No hablaba en mi nombre, sino en nombre de Dios. Dios era el emperador del Universo, Cristo rey de la ciudad y yo, en aquella ciudad, el virrey de Cristo. Por eso dije al pueblo, aterrorizado a causa de las desventuras por mí anunciadas, que para sustraerse a los castigos que se preparaban no había más que un solo camino: la conversión perfecta a las leyes divinas, el desprecio de las vanidades y de las diversiones mundanas, el retorno a la antigua pureza cristiana. Y como yo era el verdadero suministrador de tales remedios en aquella ciudad, pude, durante algunos años, ejercitar en ella un poder como no habían tenido mis predecesores, mercaderes enriquecidos que hablaban en nombre del hombre, mientras que yo hablaba en nombre de un Señor mucho más poderoso: en nombre de Dios. Advierte, sin embargo, que yo no era en aquella predicación hipócrita y simulador, como dijo alguno. Creía firmemente que la palabra de Dios era palabra de verdad y su ley la verdadera ley. Pero, además, presumía que Dios me inspiraba a semejanza de sus profetas antiquísimos y que por esto podía prever con certeza y desviar con autoridad los castigos que se preparaban contra mi patria. Sólo en este orden hubo abuso y presunción por mi parte, mas no engaño, pues creía con toda el alma lo que afirmaba. Pero ahora reconozco que a esta firme creencia en mis virtudes proféticas y políticas me impulsaba secretamente aquella ansia de dominio que he confesado al principio. Si yo hubiese sido más cristiano, esto es, despojado de todo deseo de poder terreno e inclinado a la humanidad, muy distinta hubiera sido mi vida y mi suerte. Pero llevado del prepotente estímulo de ser el dueño y rector -aunque fuera en nombre de Cristo- de una ciudad, imaginé que en pocos años se podría reducir a vida piadosa y pura un pueblo acostumbrado al lucro, al lujo, al arte, al placer. Allí se hubiera querido un santo y yo no era un santo, y por eso, después de un breve triunfo, la empresa fracasó y fui vencido. Había hecho quemar las vanidades, pero entre aquellas vanidades estaba también la belleza y la sabiduría, y por aquella culpa contra el espíritu fui, también, castigado con el fuego. Logré hacerme príncipe también a mí, pero como los demás príncipes nuevos acaban, de ordinario, bajo el hierro de los conjurados, yo, aunque príncipe cristiano, acabé mi vida entre aquellas llamas con las que tantas veces había amenazado a la ciudad pecadora. Y mi esperanza está toda en Aquel a quien, aunque con demasiado orgullo, quise servir.
Giovanni Papini. Guiudizio Universale. Apóstoles y profetas. Escrito entre 1940 y 1956.

 

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Faenza italiana del 1480

  

LA SANTA SEDE ABRE LOS ARCHIVOS DEL

EX SANTO OFICIO - Recoge los dossieres de

Galileo Galilei y de Girolamo Savonarola

 

CIUDAD DEL VATICANO, 11 enero 1998(ZENIT)- Después de cuatro siglos y medio, uno de los tribunales más importantes de la historia, el Santo Oficio, abre las puertas de su archivo.

Este órgano, que al ser creado por Pablo en 1542 llevaba el nombre de Sagrada Congregación de la Inquisición Universal y Romana (comúnmente llamada Santo Oficio), fue convertido, después del Concilio Vaticano II en un dicasterio con un nombre más sencillo y sereno: Congregación para la Doctrina de la Fe. Su función siempre ha consistido en promover y tutelar la doctrina que afecta a la fe y a la moral en todo el mundo católico. Pablo VI la liberó de su riguroso carácter jurídico, haciéndolo más pastoral. Su última reforma fue realizada por Juan Pablo II en 1988. En la constitución «Pastor Bonus», el actual pontífice establece que esta Congregación, dirigida por el cardenal Joseph Ratzinger, sirve de ayuda a los obispos en el desempeño de su tarea de «maestros y doctores de la fe».

El anuncio oficial de la apertura de los archivos hasta el año 1903 será dado por el cardenal Ratzinger el 22 de enero, con motivo de una jornada organizada por la Academia de los Lincei. En esa ocasión, el jefe del archivo, el español Alejandro Giménez Cifres, presentará el primer volumen de una colección de textos de archivo que ofrecerá nuevos detalles sobre los intentos de León XIII de superar el obstáculo ecuménico de las ordenaciones de los sacerdotes anglicanos en tiempos de Enrique VIII, consideradas como inválidas por la Iglesia católica.

«Esta apertura -explica Giménez Cifres- permitirá conocer una parte importante de la historia de la Iglesia. Los archivos han quedado cerrados hasta hoy, pues la primera apertura que se decidió hace cinco o seis años no había sido hecha pública y era sólo conocida por pocos expertos. El 22 de enero haremos público el contenido del archivo. No es muy consistente en cuanto al número de los volúmenes, pero realmente precioso desde el punto de vista de su calidad».

A partir de ahora, los historiadores podrán comprender mejor casos como el de Galileo Galilei, Girolamo Savonarola o Giordano Bruno. Es importante tener en cuenta que la Sagrada Congregación de la Romana y Universal Inquisición no tenían nada que ver ni con la Inquisición de España ni con los demás tribunales de la Inquisición que existieron en otros países. En este mismo año, la Santa Sede organizará un simposio internacional sobre el verdadero papel histórico de las diferentes inquisiciones. 11 enero 1998.

 

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Martirio del Beato Adriano Fortesque 1476+1539

 

¿Cómo Dios permite tantos errores?

 

 

    En los años siguientes a la Primera Guerra Mundial –cuenta José Orlandis–, un joven llamado Gétaz, que ocupaba un alto cargo dentro del socialismo suizo, recibió de su partido el encargo de elaborar un dossier con vistas a una campaña que se pretendía lanzar contra la Iglesia católica.

    Gétaz puso manos a la obra, con la seriedad propia de un político helvético: recogió multitud de testimonios, estudió la doctrina católica y la historia del cristianismo desde sus primeros siglos, y en poco tiempo logró reunir una amplísima documentación.

    El resultado que se siguió de todo aquello, sin embargo, no pudo ser más sorprendente. Paso a paso, el joven político llegó al convencimiento de que la Iglesia católica no podía ser invención de hombres.

    Dos mil años de negaciones, sacudidas, cismas, conflictos internos, herejías, errores y transgresiones del Evangelio, habían dejado a la Iglesia, si no intacta, sí al menos en pie.

    Las propias deficiencias humanas que en ella se advertían a lo largo de veinte siglos –mezcladas siempre con ejemplos insignes de heroísmo y de santidad– fueron para él un claro argumento a favor de su divinidad. Si esa iglesia no fuera divina –vino a concluir en buena lógica– habría tenido que desaparecer mil veces de la faz de la tierra.

    El desenlace de todo aquel episodio no pudo ser más distinto de lo que se había previsto: Gétaz se convirtió al catolicismo, se hizo fraile dominico, y en su cátedra del Angelicum, en Roma, enseñó durante muchos años, precisamente, el tratado acerca de la Iglesia. Sus clases tenían el interés de ser, en buena medida, como un relato autobiográfico: como el eco del itinerario de su propia conversión.

—De todas formas, la reacción de muchos otros ante las miserias de los miembros de la Iglesia es bien distinta. Me pregunto si no habría sido mejor, ya que Dios es todopoderoso, que al menos los ministros de su Iglesia hubieran estado exentos de tantos vicios...

    Comprenderás que si Jesucristo, como dices, hubiera tenido que valerse sólo de ministros total y permanentemente buenos, se habría visto obligado a estar realizando continuamente milagritos, y no parece que eso sea lo mejor. De entrada, porque tendría que estar interviniendo cada vez que una de esas personas fuera a cometer cualquier error o imperfección, y eso les privaría de la debida libertad.

    Por otra parte, aunque es cierto que a lo largo de los siglos los hombres que han compuesto la Iglesia no han estado exentos de deficiencias humanas, hay que decir que la Iglesia católica es una institución de reconocido prestigio moral en todo el mundo.

    Y aunque es verdad que ese prestigio se ve a veces empañado por las debilidades de algunos de sus miembros, habría que contar –por si alguno quisiera hacer cálculos de porcentajes estadísticos de actuaciones desafortunadas– con que hay que dividir entre casi mil millones de católicos, y casi un millón doscientos mil sacerdotes y religiosos (y eso, contando sólo los actualmente vivos).

    Para ser justos, habría que mirar un poco más a esa ingente multitud de católicos que a lo largo de veinte siglos se ha esforzado diariamente por vivir cabalmente su fe y ayudar a los demás. Y habría que fijarse en todos esos curas de pueblo que permanecen en lugares de los que ha huido casi todo el mundo. Y ver también el sacrificio de tantísimos religiosos y religiosas que han dejado todo para ir a servir a los desheredados de la fortuna, tanto en lejanas tierras de misión como en esos otros lugares, olvidados de todos, pero dramáticamente cercanos, y cuyo esfuerzo quizá sólo es observado por Dios.

 

¿Y el poderío temporal de la Iglesia?

    —Bueno, ¿y qué dices del poder temporal de la Iglesia, tan activo durante algunos siglos...?

    Antes de nada, es preciso reconocer que ha habido actuaciones y mentalidades erradas en pueblos cristianos, y que con frecuencia han caído también en ellas algunos personajes eclesiásticos. Eso es algo que a ningún cristiano le ha de costar admitir. Sin embargo, me parece que, para ser justos, conviene enmarcar el fenómeno del poderío temporal de la iglesia en sus adecuadas coordenadas históricas, valorando todos los condicionantes de cada época. De lo contrario, es fácil caer en una visión anacrónica, puesto que no se puede pretender que los hombres del siglo XVI pensaran como los hombres del siglo XX o XXI.

   La única época que no criticamos –señala Jean-Marie Lustiger– es la nuestra, porque nos parece evidente. Nuestra referencia actual es lo que a nosotros nos parece más acertado y sensato, pero basta una perspectiva de cincuenta o cien años para que salte a la vista la relatividad de esos puntos de vista, aun los considerados en aquel momento como más razonables.

    Por eso sería un anacronismo que juzgáramos una sociedad, una época anterior, desde una óptica que nos parece la ideal hoy, sin hacernos cargo del diferente marco histórico, como si nosotros estuviéramos al margen de la historia y fuéramos sus jueces.

    Hecha esta salvedad, sólo me queda insistir en que no se caiga en una visión simplista de la historia. Es triste que haya habido cobardías, errores y pecados, pero es que la vida de los hombres es una historia de pecado y de perdón de la que nadie ha quedado exento, y tampoco los hombres sinceramente creyentes y deseosos de santidad. Y eso son cosas de la vida, no de la Iglesia.

 

La historia de las misiones

—Hay bastantes movimientos críticos contra el modo en que se desarrollaron las misiones. Parece que la Iglesia lleva con esto un lastre importante.

Ha habido con esto muchos juicios sumarios y apresurados que no responden a la verdad de la historia. No pretendo disculpar los fallos, grandes o pequeños, que seguro que habrá habido a lo largo de todos estos siglos de trabajo en las misiones de tantísimas personas en tantísimos lugares del mundo. Pero hay cada vez más estudios históricos serios sobre este tema, y las nuevas investigaciones dejan al descubierto que la fe, y la propia Iglesia, realizaron una gran tarea de servicio y de protección de las personas y de la cultura frente al impulso de aplastamiento que muchas veces tuvieron los conquistadores o las potencias coloniales.

En el caso concreto de América Latina, el papa Pablo III y sus sucesores intercedieron con firmeza a favor de los derechos de los indígenas, y dictaron disposiciones jurídicas bien claras. La corona española también promulgó leyes que protegían los derechos de los nativos, y fue en aquel siglo de oro español cuando los teólogos y canonistas católicos dieron origen a la idea de los derechos humanos. Todo aquello constituyó un auténtico valladar contra el exterminio de las poblaciones indígenas, tristemente habitual en otro tipo de colonizaciones.

Esa ingente actividad misionera se transformó en un gran movimiento defensor de la dignidad y los derechos del hombre. Y si los indígenas acogieron enseguida el cristianismo fue en gran parte porque comprendieron su enorme fuerza protectora y su valor liberador (liberador también del culto que muchos de ellos habían tenido hasta entonces). Los obispos, sacerdotes y misioneros se convirtieron en los principales defensores con que podían contar los débiles y los oprimidos. Y de modo semejante a como había sucedido en la Edad Media en la vieja Europa, actuaron también como educadores, como fundadores de universidades, como desbrozadores de terrenos baldíos, como estudiosos de aquellas culturas indígenas, como promotores de formas de vida que no concluyeran con el exterminio de una raza por otra, sino con el mestizaje. Si las etnias y las culturas indígenas no desaparecieron fue debido a esa fecunda labor que hizo prevalecer los principios cristianos sobre la codicia de los conquistadores.

 

La abolición de la esclavitud

—Pero así como la defensa de los indígenas americanos tuvo desde el principio sus principales valedores en el cristianismo, no puede decirse lo mismo de la esclavitud.

Es un asunto más complejo, y habría que analizar su evolución a lo largo de la historia. En el mundo antiguo se consolidó la idea aristotélica de que algunos hombres habían nacido para ser esclavos. Esto, unido a la piedad con los prisioneros de guerra, para los que ser esclavo era mejor que la muerte, hizo que el fenómeno de la esclavitud estuviera presente en todas las civilizaciones de la antigüedad. Entre las sociedades esclavistas estaban la griega y la romana. El derecho romano, por ejemplo, consideraba al esclavo una cosa –res–, sin ningún derecho, a disposición total de su amo.

Con la llegada del cristianismo se proclama la igualdad absoluta de todos los hombres ante Dios. Sin embargo, tardará siglos en llegarse a la abolición de la esclavitud, pero el punto de partida estaba puesto ya. La Iglesia desde el principio consideró a los esclavos como personas, los admitió a los sacramentos, se preocupó de su instrucción e impulsó a los amos a tratarlos con la mayor consideración. Pese a eso, el fenómeno de la esclavitud vino a ser en todo el mundo una de las más grandes lacras sociales y una ofuscación que pervivió durante siglos y ensombreció verdades que estaban contenidas en el mensaje cristiano.

Pero la lucha contra la esclavitud
surgió poco a poco
en el seno del cristianismo,
y sólo bastante después
recibió el respaldo de otras culturas
y otros modos de pensar.

—¿No fue algo que impulsó más bien la Ilustración?

Coincidió en el tiempo, pero no siempre en las ideas. Si examinamos las páginas de la Enciclopedia –el máximo exponente de la Ilustración–, puede verse que los ilustrados no sólo no eran contrarios a la esclavitud, sino que veían como natural considerar que unas razas eran superiores y otras inferiores, y que las primeras dominaran a las segundas "por su bien, pues –afirmaba la Enciclopedia– los negros se encontrarán mejor bajo el dominio de un amo blanco en América que en libertad en África".

No resulta difícil imaginar lo que hubiera sido de esos hombres si, frente a la visión de los conquistadores, frente al pensamiento ilustrado y frente a las concepciones islámica y pagana de la esclavitud, no se hubiera alzado una recuperación del concepto cristiano acerca de la dignidad de todo hombre.

—¿Y cuál fue el proceso de la abolición?

El inicio de la trata de esclavos a gran escala comenzó en el siglo XV en diferentes puntos de la costa africana. Durante más de un siglo, Portugal casi monopolizó ese tráfico gracias a la colaboración de los comerciantes árabes del norte de África, que ya enviaban esclavos de África central a los mercados de Arabia, Irán y la India. El descubrimiento de América llevó a otras naciones a sumarse a esa práctica tan denigrante. Ni siquiera la Revolución americana de 1776 cambió la situación, y la Constitución norteamericana admitió también la esclavitud.

La idea de abolir la esclavitud surgió en el seno del cristianismo, a medida que se fue tomando mayor conciencia de que se oponía a los principios del Evangelio. No fue una tarea fácil, ya que chocaba con intereses económicos obvios, pero finalmente, y gracias sobre todo al empeño de William Wilberforce, Inglaterra prohibió en 1807 el comercio de esclavos, y en 1833 declaró la abolición de la esclavitud en la totalidad de los territorios británicos. El único país que se adelantó fue Dinamarca, en 1792, y lo hizo también apelando directamente a valores cristianos. A lo largo del siglo XIX la esclavitud fue abolida sucesivamente en el resto de los países de tradición cristiana.

Hoy día, a pesar de las normas antiesclavistas de la legislación internacional, la esclavitud sigue siendo una triste realidad fuera de Occidente y afecta a no menos de cien millones de personas. En algunos países islámicos y budistas cuenta incluso con una cobertura legal. De no haber sido por la influencia del cristianismo, tal vez tendríamos ese mismo panorama en las sociedades occidentales.

 

Las riquezas de la Iglesia

Vittorio Messori, al comentar las frecuentes habladurías sobre supuestas riquezas vaticanas, recomienda fijarse en algunos datos, pequeños pero bastante significativos.

El presupuesto de la Santa Sede, es decir, de todo un Estado que entre otras cosas ha de sostener más de cien embajadas –nunciaturas– en todo el mundo, además de sus propios órganos de administración y de gobierno, seguridad y servicios, todo ese presupuesto es inferior a la mitad del coste que tiene el Parlamento italiano. Tan sólo los diputados y senadores que acuden a dos edificios romanos cuestan a los contribuyentes italianos más del doble de lo que cuesta todo el Estado Vaticano a la generosidad de los mil millones de católicos de todo el mundo.

 

Preocupación por los que sufren

Por otra parte, hay que decir que la influencia de la fe cristiana en la lucha por aliviar el sufrimiento humano ha sido decisiva a lo largo de la historia. Ya en el imperio romano, el cristianismo se preocupó por los débiles, los marginados, los abandonados, es decir, por aquellos por los que el imperio no sentía apenas preocupación. También dio una acogida extraordinaria a la mujer, y contribuyó a suavizar las barreras étnicas entonces tan marcadas. El cristianismo predicaba a un Dios ante el cual no cabía mantener la discriminación que oprimía a las mujeres, el culto a la violencia que se manifestaba en los combates de gladiadores, la práctica del aborto o el infanticidio, la justificación de la infidelidad masculina, el abandono de los desamparados, etc., y su influencia fue enorme.

En los siglos siguientes, el cristianismo fue también decisivo para preservar la cultura y extender la educación. Impulsó la defensa y la asistencia de los débiles y se preocupó por quienes nadie parecía tener interés. Baste citar, por poner un ejemplo, la aportación de San Juan de Dios, que fundó una orden dedicada a la atención de los enfermos mentales (verdaderos olvidados de la sociedad durante siglos); o el esfuerzo de innumerables instituciones católicas dedicadas durante siglos a atender leproserías, dispensarios, personas pobres o abandonadas, niños huérfanos, etc.

"Ahora –ha escrito Tomás Alfaro–, o en cualquier otro momento de la historia de los últimos veinte siglos, si buscamos un grupo de personas miserables, abandonadas por todos, marginadas por la sociedad, con los que nadie querría pasar una hora, es casi seguro que a su lado encontremos a alguien que se considera hijo de la Iglesia, y que hace lo que hace precisamente por ser seguidor de Cristo".

 

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1) Atribuir a la Iglesia Católica “la postergación y humillación sistemática de la mujer”. Esta falsedad es todavía más grande, pues una de las causas de la difusión del primitivo cristianismo fue el papel importante que la mujer tuvo en él, muy por encima de la que tenía en el imperio romano. Y fue precisamente en la Edad Media cristiana donde la mujer alcanzó una dignidad y un poder como nunca había tenido.??El señor escritor Vargas Llosa debería leer, al menos, los libros de la medievalista francesa Règine Pernoud para salir de su error. Sin una serie de mujeres descollantes —Genoveva, Juana de Arco, Catalina de Siena, Eloisa, Hildegarda de Bingen, Leonor de Aquitania, Blanca de Castilla, etc.—, que eran admiradas y respetadas por las autoridades civiles y religiosas de su tiempo, incluido el Papa, posiblemente la civilización europea habría sido imposible. Cualquier mujer podía entonces establecer un negocio o adquirir una propiedad sin autorización de su marido. Y fueron las damas del medioevo las que educaron y afinaron a los hombres, crearon el amor cortés, la galantería y el honor de servir el hombre a la mujer. ¿Donde está, pues, la “postergación y humillación sistemática de la mujer”? Fue con el Renacimiento y el nuevo auge del Derecho Romano cuando la mujer perdió los derechos que había ganado en la Edad Media.

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2) Atribuir a la Iglesia Católica el haber mandado a la hoguera a millares de católicos e infieles en la Edad Media. El tema de la Inquisición merece un comentario más detenido y matizado del que es posible aquí. Remito a estudios serios sobre la Inquisición española como los del historiador inglés Henry Kamen o la española Beatriz Comella. Pero sí hay que saber, por lo menos, que su importancia no fue en la Edad Media, que termina en el Siglo XIV, sino en pleno Renacimiento y más allá, hasta el XVII y XVIII, que es cuando pasó del poder eclesiástico al poder civil.??Inquisiciones hubo tantas como religiones había en esos siglos. Para esa época, un ataque a la religión de un país —ya fuera la católica, la luterana, la anglicana o la calvinista— suponía algo tan importante para la estabilidad de su gobierno, como lo que es el terrorismo o la guerrilla para una democracia actual. En cuanto a la Inquisición española, en su momento de mayor auge, entre 1540 y 1700, los condenados a la hoguera fueron 1.346, que representan un 1,9% de todos los procesados. La Revolución Francesa, tan alabada por los laicistas como Vargas Llosa, en pocos días, llevó a la guillotina cifras posiblemente superiores, exterminó a todos los de la región de la Vandeé y además arrasó con gran cantidad de edificios y objetos de arte religiosos. Y todo eso en nombre de la igualdad, libertad y fraternidad.

  

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Él es la piedra angular (Efesios 2, 21; 1 Pedro 2:4-8); y la cabeza del cuerpo, que es la Iglesia  (Colosenses 1, 18).«Duc in altum» (Lc 5,4) dijo Cristo al apóstol Pedro en el Mar de Galilea

 

El mayor extravío de la mente humana es creer algo porque uno desee que sea así. Pasteur 

 

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El ideal o el proyecto más noble puede ser objeto de burla o de ridiculizaciones fáciles. Para eso no se necesita la menor inteligencia.  Alexander Kuprin

 

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«Usted no debe decirnos lo que dijo el soldado ni ninguna otra persona, señor», respondió el Juez: «Esto no es evidencia.»

 

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Es difícil calificar una institución –como la Iglesia Católica que, en sus dos mil años- nos ofrece con sus bibliotecas, monasterios, universidades y archivos, nada menos que el ‘patrimonio intelectual de la humanidad’.

La Iglesia Católica es la comunidad religiosa más organizada del mundo; cuenta, además, con más de seiscientos [600] Universidades o Institutos superiores de investigación.

 

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La misión de la Iglesia su orden de Cristo, es anunciar la salvación a la ‘nación’ de los pobres, marginados, excluidos y manipulados, primeramente.

 

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La luz del crepúsculo llama al hombre a la plegaria

 

--¿Por qué los benedictinos han tenido esta influencia tan fuerte en la arquitectura, el arte y la cultura europea?

--López-Tello: Los benedictinos, nacidos en el ocaso de la cultura romana (siglo VI), recibieron la herencia espiritual de ese mundo que sucumbía y supieron conservarla y recrearla para hacer de ella un vehículo de expresión de cómo el hombre puede hablar del Dios infinito a través de una variedad y pluralidad siempre limitada de lenguajes artísticos.

Dado que los monjes tuvieron un papel fundamental en la evangelización de Europa (por ello san Benito es el patrón principal de todo el continente), su presencia llevó a numerosas áreas del viejo mundo la posibilidad de usar las artes figurativas de un modo creativo para transmitir el Evangelio.

--Es fácil asociar benedictinos con abadías medievales, pero no con el arte moderno. ¿Es un prejuicio? --López-Tello: Esa posibilidad expresiva no se encuentra limitada al medioevo, como muchos pueden creer, sino que, sobrepasando el barroco y los historicismos del siglo XIX, usa las posibilidades expresivas de la arquitectura, pintura, escultura o, incluso, fotografía, del siglo XX. Es un reflejo de cómo el hombre de todos los tiempos puede hablar de Dios con el lenguaje del arte. 09.I.2008

 

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 Cristus vincit, Cristus regnat, Cristus imperat

 

«Despierta, oh hombre, y reconoce la dignidad de tu naturaleza. Recuerda que fuiste hecho a imagen de Dios; esta imagen, que fue destruida en Adán, ha sido restaurada en Cristo. Haz uso como conviene de las criaturas visibles, como usas de la tierra, del mar, del cielo, del aire, de las fuentes y de los ríos; y todo lo que hay en ellas de hermoso y digno de admiración conviértelo en motivos de alabanza y gloria del Creador» (LEON MAGNO, Sermón 7 en la Navidad del Señor, 2.6; LIT HOR VIERNES V T.O.)

 

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La Enciclopedia francesa, vademécum de la ilustración, recordaba que Europa era un continente pequeño, pero el faro del mundo debido a su cultura, su historia, su arte y, "sobre todo", su religión{la Iglesia Católica fundada por Jesucristo - Dios nuestro}

 

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"En caso de hallar un documento en desacuerdo con las enseñanzas de la Iglesia Católica, notifíquenos por E-Mail, suministrándonos categoría y URL, para eliminarlo. Queremos proveer sólo documentos fieles al Magisterio."

 

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1) Atribuir a la Iglesia Católica “la postergación y humillación sistemática de la mujer”. Esta falsedad es todavía más grande, pues una de las causas de la difusión del primitivo cristianismo fue el papel importante que la mujer tuvo en él, muy por encima de la que tenía en el imperio romano. Y fue precisamente en la Edad Media cristiana donde la mujer alcanzó una dignidad y un poder como nunca había tenido.??El señor escritor Vargas Llosa debería leer, al menos, los libros de la medievalista francesa Règine Pernoud para salir de su error. Sin una serie de mujeres descollantes —Genoveva, Juana de Arco, Catalina de Siena, Eloisa, Hildegarda de Bingen, Leonor de Aquitania, Blanca de Castilla, etc.—, que eran admiradas y respetadas por las autoridades civiles y religiosas de su tiempo, incluido el Papa, posiblemente la civilización europea habría sido imposible. Cualquier mujer podía entonces establecer un negocio o adquirir una propiedad sin autorización de su marido. Y fueron las damas del medioevo las que educaron y afinaron a los hombres, crearon el amor cortés, la galantería y el honor de servir el hombre a la mujer. ¿Donde está, pues, la “postergación y humillación sistemática de la mujer”? Fue con el Renacimiento y el nuevo auge del Derecho Romano cuando la mujer perdió los derechos que había ganado en la Edad Media.

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2) Atribuir a la Iglesia Católica el haber mandado a la hoguera a millares de católicos e infieles en la Edad Media. El tema de la Inquisición merece un comentario más detenido y matizado del que es posible aquí. Remito a estudios serios sobre la Inquisición española como los del historiador inglés Henry Kamen o la española Beatriz Comella. Pero sí hay que saber, por lo menos, que su importancia no fue en la Edad Media, que termina en el Siglo XIV, sino en pleno Renacimiento y más allá, hasta el XVII y XVIII, que es cuando pasó del poder eclesiástico al poder civil.??Inquisiciones hubo tantas como religiones había en esos siglos. Para esa época, un ataque a la religión de un país —ya fuera la católica, la luterana, la anglicana o la calvinista— suponía algo tan importante para la estabilidad de su gobierno, como lo que es el terrorismo o la guerrilla para una democracia actual. En cuanto a la Inquisición española, en su momento de mayor auge, entre 1540 y 1700, los condenados a la hoguera fueron 1.346, que representan un 1,9% de todos los procesados. La Revolución Francesa, tan alabada por los laicistas como Vargas Llosa, en pocos días, llevó a la guillotina cifras posiblemente superiores, exterminó a todos los de la región de la Vandeé y además arrasó con gran cantidad de edificios y objetos de arte religiosos. Y todo eso en nombre de la igualdad, libertad y fraternidad.

 

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El mayor extravío de la mente humana es creer algo porque uno desee que sea así. Pasteur

  

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El ideal o el proyecto más noble puede ser objeto de burla o de ridiculizaciones fáciles. Para eso no se necesita la menor inteligencia.  Alexander Kuprin

  

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«Usted no debe decirnos lo que dijo el soldado ni ninguna otra persona, señor», respondió el Juez: «Esto no es evidencia.»

 

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Es difícil calificar una institución –como la Iglesia Católica que, en sus dos mil años- nos ofrece con sus bibliotecas, monasterios, universidades y archivos, nada menos que el ‘patrimonio intelectual de la humanidad’.

La Iglesia Católica es la comunidad religiosa más organizada del mundo; cuenta, además, con más de seiscientos [600] Universidades o Institutos superiores de investigación.

 

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La misión de la Iglesia su orden de Cristo, es anunciar la salvación a la ‘nación’ de los pobres, marginados, excluidos y manipulados, primeramente.

 

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--¿Por qué los benedictinos han tenido esta influencia tan fuerte en la arquitectura, el arte y la cultura europea?

--López-Tello: Los benedictinos, nacidos en el ocaso de la cultura romana (siglo VI), recibieron la herencia espiritual de ese mundo que sucumbía y supieron conservarla y recrearla para hacer de ella un vehículo de expresión de cómo el hombre puede hablar del Dios infinito a través de una variedad y pluralidad siempre limitada de lenguajes artísticos.

Dado que los monjes tuvieron un papel fundamental en la evangelización de Europa (por ello san Benito es el patrón principal de todo el continente), su presencia llevó a numerosas áreas del viejo mundo la posibilidad de usar las artes figurativas de un modo creativo para transmitir el Evangelio.

--Es fácil asociar benedictinos con abadías medievales, pero no con el arte moderno. ¿Es un prejuicio? --López-Tello: Esa posibilidad expresiva no se encuentra limitada al medioevo, como muchos pueden creer, sino que, sobrepasando el barroco y los historicismos del siglo XIX, usa las posibilidades expresivas de la arquitectura, pintura, escultura o, incluso, fotografía, del siglo XX. Es un reflejo de cómo el hombre de todos los tiempos puede hablar de Dios con el lenguaje del arte. 09.I.2008

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

«Tenemos que defender la creación no sólo pensando en su utilidad para nosotros, sino por sí misma, como mensaje del Creador, como don de belleza, que es promesa y esperanza».  «El hombre tiene necesidad de la trascendencia»- Decía Sta. Teresa de Ávila: «Sólo Dios basta».  «Si Él falta, entonces el hombre tiene que tratar de superar con sus propias fuerzas los confines del mundo, de abrirse camino ante si en el espacio sin fronteras para el que ha sido creado».  En este contexto, «la droga se convierte casi en una necesidad», pero «muy pronto descubre que es una liberación ilusoria, podría decirse una burla que le hace el diablo al hombre».

 

 

Por venir a visitarnos, os agradecemos.-

 

Benedicto PP XVI: 2008.I.01 ‘Día mundial de la paz’ como cada primero de enero. Familia humana: comunidad de paz’ lema 01 enero para el 2008. 40 aniversario de la celebración de la primera Jornada Mundial de la Paz (1968-2008) ‘la celebración de esta Jornada, fruto de una intuición providencial del Papa Pablo VI’.-

Anno Domini 2008 - Mane nobiscum, Domine! ¡Quédate con nosotros, Señor!.

En el frontispicio de todas las iglesias de los jesuitas, en innumerables libros, en los anuncios de sus disputationes y en sus programas catequéticos, campea siempre el lema que resume lacónicamente los fines de la Orden: O.A.M.D.G. (Omnia ad maiorem Dei gloriam: «todo a mayor gloria de Dios»).

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Recomendamos vivamente:

1º ‘Jesús, el Evangelio de Dios’ Edibesa - editorial. Es, sin lugar a dudas, una obra madura de un experimentado pastor y teólogo y un libro oportuno sobre Jesucristo, el protagonista de máxima trascendencia y de permanente actualidad. 2008.-

2º ‘Identidad cristiana’ - La bandera del logos - Coloquios universitarios - Autor: Antonio Aranda (ed.) - Editorial: EUNSA – 2008 - Estamos en el tiempo de la dialéctica: Logos frente a ideología; palabra frente a sistema; razón frente a voluntad de pasión, de sentimiento, de poder público y privado; realidades básicas frente a necesidades sometidas a la pulsión freudiana. Benedicto XVI ha asumido una responsabilidad histórica, en un mundo en que la palabra debe recuperar su dignidad básica, siempre en relación con la realidad y en referencia con el pensamiento. Uno de los problemas acuciantes del pensamiento cristiano, y de la necesaria pregunta por la identidad, es lo fragmentario y lo especializado. La praxis existencial de un cristiano, y de una institución cristiana, es la de la contribución a que los demás descubran la importancia de mantener una relación positiva con la verdad.

3º Jesús de Nazaret– al siglo, Joseph Cardenal Ratzinger: ‘Benedicto XVI’. 2007

Ser cristiano’- al siglo, Joseph Cardenal Ratzinger: ‘Benedicto XVI’- dedicó «a Romano Guardini, con gratitud y admiración». Editor: Desclée De Brouwer.

‘Te ergo, quaesumus tuis famulis subveni, quos pretioso sanguine redemisti’, ‘Socorre, Señor, te rogamos, a tus hijos, a los que has redimido con tu sangre preciosa’.

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).