Friday 26 May 2017 | Actualizada : 2017-03-29
 
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Sin duda, los aportes del cristianismo a la cultura occidental han sido grandiosos a lo largo de sus casi dos mil años de existencia. Sin embargo, solo podemos captar algo de su extraordinaria importancia cuando tratamos de imaginar lo que hubiera sido un mundo sin cristianismo u observamos los resultados obtenidos por otras culturas.

 

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Insólita en su época, la miniatura del folio 5r del Axedrez, Dados et

Tablas de Alfonso X, muestra un grupo de mujeres en el ejercicio

de la actividad intelectual por excelencia: el juego del ajedrez.

 La inteligencia no es prerrogativa de ningún sexo; también

 en esto fue el Rey un adelantado en su tiempo.

 

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Hay que poner de manifiesto que -y no solo- durante la época de Alfonso X, el Sabio, la astrología, rozando o reuniendo diversas disciplinas, gozaba de carácter científico (sabiduría y astrología llegaron a ser sinónimos en su época); ver la obra astromágica del Rey (Lapidario, Picatrix, Liber Racielis, Libro de las Formas, etc.). Alfonso X, el Sabio (1252-1284).

 

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El nombre de ‘leyenda negra’ es relativamente reciente. Pero el nombre es lo de menos. Importa el hecho. Desde el siglo XVI, se desarrolla en muchos países de Europa una campaña de descrédito contra España y, ciertamente, la ofensiva del protestantismo contra la Iglesia Católica. A partir del siglo XVIII, la campaña contra la reputación  de España y de la religión católica, entra a formar parte de la habitual propaganda de las distintas formaciones masónicas, hasta hoy mismo: 2006-

 

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Cómo juzga el papel de la Iglesia a lo largo de la Historia y actualmente? ¿Son justas las críticas que se le hacen referentes al pasado? ¿Le debemos a ella un cierto código moral de respeto a los derechos humanos etc... en la sociedad occidental o sería un análisis un poco ventajista?

 

Si por iglesia entiende usted el cristianismo en general ya he expresado en mi libro "El legado del cristianismo en la cultura occidental" cómo le debemos todo lo bueno que tiene Occidente. Si se refiere a la iglesia católica en particular, sin duda, existen críticas válidas pero aún así el legado positivo es enorme y, desde luego, nos sitúa en una perspectiva incomparable con la que habríamos tenido de continuar, por ejemplo, bajo dominio islámico.

Dr. en historia antigua César VIDAL, filósofo, y teólogo protestante-2005-04-12- L.D.España

 

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¿De que manera influyó el Griego en la expansión del cristianismo? ¿Podría recomendarme algún buen libro sobre la historia del Cristianismo?

 

Sin ninguna duda. El Nuevo Testamento se escribió en koiné lo que implicaba su comprensión en la práctica totalidad del imperio romano.

Dr. en historia antigua César VIDAL, filósofo, teólogo 2005-04-12- L.D.España

 

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Que la cultura europea se ha impuesto en el mundo entero. Pero ese es un hecho. Como lo es que los descubrimientos de los portugueses y los españoles tuvieran significación histórica, mientras que los de los vikingos pasaron sin pena ni gloria.

 

Sostienen que la civilización europea se impuso por “una mejor posición político militar en el momento adecuado”. Sostengo que la hegemonía militar fue una consecuencia de una superioridad cultural. En la Edad Media China tuvo un imperio más desarrollado que el mosaico europeo, pero ese imperio no traspasó sus fronteras. Los chinos no sacaron el rendimiento suficiente a sus innovaciones: el mandarinato, la pólvora, la brújula, la imprenta, el papel, etc. El éxito de Europa (y luego de todo el “occidente”) se debió a una mentalidad, al “espíritu del capitalismo” (Max Weber). Visto así, es evidente que la civilización europea se convirtió en universal porque fue superior a las otras civilizaciones en todos los terrenos. Esta interpretación es ¿“parcial”?. Claro que lo es, pero ¿es que hay alguna que no lo sea? La idea mostrenca de que “todas las civilizaciones son iguales” es tan ingenua como indemostrable.

 

Prefiero la democracia al despotismo, la libertad a la esclavitud y la opresión, la ciencia a la magia, el voluntarismo al fatalismo, la razón al capricho, la igualdad al privilegio. Pero son innúmeros los valores que distinguen a la creación cultural europea. Cierto es que también hay atrasos y crueldades en la Historia europea, pero las pasiones humanas son comunes a la humanidad. Por cierto, la teoría del pecado original esencial a la tradición religiosa europea es una lúcida interpretación de la naturaleza humana. Sin la cual, por ejemplo, no existiría la noción de democracia o la de capitalismo (ahora economía de mercado).

 

No creo que mi argumento signifique llamar “barbarie” a las otras culturas no occidentales para “menospreciarlas”. No entra eso en el espíritu europeo. Para empezar, los “bárbaros” por antonomasia los pueblos germánicos fueron integrados en una entidad que se llamó con acierto “imperio romano-germánico”. España, como tal, como núcleo del Estado posterior, fue sobre todo una creación jurídica y organizativa del reino visigodo. Luego, los españoles desarrollaron un imperio colonial basado en el mestizaje con las culturas indígenas de América.

 

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Año 1673 el día 11 de noviembre, el maestre de campo polaco John SOBIESKI derrota a los turcos mahometanos en Chotin, lo que le llevó al Trono de Polonia en 1674.

 

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Un dato empírico: la ciencia –y la democracia y otras cosas–, se han desarrollado de modo consistente y sistemático en las sociedades occidentales y solo en ellas, aunque haya atisbos considerables en las demás civilizaciones. Las sociedades occidentales han sido y son todavía en gran parte sociedades cristianas. ¿Se han desarrollado la ciencia y demás a partir del cristianismo o a pesar de él? Pregunta no bien planteada en un sentido tan drástico: la historia muestra que se han desarrollado a partir del cristianismo, pero también en conflicto con él. ¿Qué es lo fundamental, el acuerdo o el conflicto?

Desde el siglo XVIII las sociedades occidentales se han ido descristianizando parcialmente. En el siglo XX la descristianización alcanzó su ápice, con una auténtica oposición masiva y radical a la religión; oposición que se autoatribuye, en exclusiva,  la ciencia y la democracia. Tal pretensión no es un dato empírico, sino una especulación harto dudosa, aunque no le falten algunos argumentos. En cambio es un hecho empírico que las corrientes antirreligiosas han protagonizado la mayoría de las matanzas, genocidios y totalitarismos que han conmovido ese siglo. Pero los anticristianos, aquí poco científicos, se resisten con uñas y dientes a analizar esta curiosa coincidencia. 

 

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Empírico, ca.(Del lat. empirĭcus, y este del gr. μπειρικς, que se rige por la experiencia).1. adj. Perteneciente o relativo a la experiencia.2. adj. Fundado en ella.3. adj. Que procede empíricamente. U. t. c. s.4. adj. Partidario del empirismo filosófico.

 

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HOY COMO AYER Y MAÑANA - Sigue vigente el principio de que sólo delinquen y son responsables criminalmente las personas físicas. Ningún delincuente puede manchar otro honor que no sea el propio.

Hay quienes piensan que la democracia entraña el triunfo de la bondad moral y que, en ella, todos los ciudadanos, o la mayoría de ellos, son justos y benéficos. Es falso. La democracia no cancela la brutalidad ni suprime la barbarie. Por el contrario, nace más bien de la constatación de la existencia del mal. Precisamente por ello instaura los principios de la transparencia y de la libertad de expresión, y los mecanismos de limitación del poder, al que sitúa bajo permanente sospecha. Si la barbarie no fuera posible, acaso cupiera prescindir de los gobiernos y de la fuerza legítima del Derecho. Pero no es así. Si no lo es nunca, perfecta ocasión para la extensión del odio y la barbarie. Lo democracia no imposibilita la existencia de Caín; sólo impide, y no siempre, su impunidad. Dr. Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA. 2004.05. ESPAÑA.

 

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«Pasó lo viejo –escribe san Pablo–, todo es nuevo». Lo viejo son el pecado y las piedras justicieras. Lo nuevo es la misericordia, el perdón y una vida nueva: la que brota de la Pascua.

 

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Influencia del cristianismo en la cultura humana

 

Por César Vidal.

La historia del cristianismo no pudo comenzar bajo peores auspicios. Entroncada de manera directa con la del judaísmo —de la que pretendía ser realización y cumplimiento—, desde el primer momento dejó de manifiesto una clara oposición con este. Jesús no solo predicaba una clara desviación del exclusivismo religioso de Israel llamando a los gentiles para que recibieran el mensaje del Reino del Dios (y anunciando además que muchos lo acogerían con mayor gusto que los judíos a los que estaba destinado), sino que además se manifestaba provocadoramente abierto en su actitud hacia las mujeres y, sobre todo, a los pecadores. En realidad, esta última actitud y sus propias pretensiones lo colocaron desde el principio en un camino que acabó desembocando en su ejecución.

Lejos de creer en la existencia de un grupo que podía ser mejor que otros y cuya afiliación garantizaba el paso a un mundo mejor, Jesús ofreció a sus contemporáneos una relación personal con Dios, una relación, por otra parte, de la que todos estaban necesitados, de la misma manera que un enfermo que requiere la ayuda urgente e imprescindible de un médico. El género humano —pecadores y supuestos justos, hombres y mujeres, judíos y gentiles— era semejante a una oveja perdida que no sabe cómo encontrar el camino para regresar al redil, a una moneda perdida que por sí misma no podrá volver al bolsillo de su dueña, como un hijo pródigo que disipó toda su fortuna y que precisa del perdón generoso de su padre para redimiese. Jesús insistía en que esa salvación era posible porque Dios en Él había salido al encuentro de la Humanidad y bastaba con que esta ahora no rechazara el ofrecimiento. Para aquellos que estuvieran dispuestos a vivir en la nueva relación de Pacto con Dios —un pacto basado en la muerte futura e ineludible de Jesús— se abriría la posibilidad de una nueva vida vivida de acuerdo con unas nuevas condiciones. No solo es que en ella sería posible encontrar la salvación, no solo es que en ella se podría descubrir un sentido que enlazaba con la eternidad, no solo es que en ella se viviría en una nueva comunidad sin barreras raciales, sociales o de género sexual, no solo es que en ella no se repetirían los patrones diabólicos del poder, es que además se encarnaría el ideal de amar al prójimo sin límites ni condiciones, un ideal digno del Dios que se encarnaba para morir en la cruz.

La predicación de Jesús era provocadora y sus afirmaciones de ser el Mesías, el Hijo del hombre e incluso el Hijo de Dios acabaron provocando una reacción combinada que lo llevó a la muerte. Durante la Pascua del año 30 d. C. sus adversarios debieron de respirar tranquilos convencidos de que aquel controvertido personaje dejaría de ser un peligro y una molestia... pero se equivocaron.

A los tres días, los mismos discípulos que lo habían abandonado durante su prendimiento, proceso y ejecución comenzaron a predicar la peregrina doctrina de que Jesús había resucitado y se les había aparecido. Por supuesto, ni las autoridades judías ni las romanas creyeron en aquella afirmación (¿no se habían ellas ocupado de arrancar de Jesús hasta el último hálito de vida?), pero no dejó de resultar preocupante cómo antiguos incrédulos (Santiago) o incluso enemigos (Pablo) se sumaban con fervor a la nueva fe que se negó encarnizadamente a morir.

En el curso de su primera década, el cristianismo —que ya recibía ese nombre de sus adversarios y tal vez en son de burla— había comenzado a dar pasos que evidenciaban la influencia de las enseñanzas de su maestro y fundador. Admitió gentiles en su seno, proporcionó a las mujeres un papel que jamás hubieran soñado en el judaísmo, organizó un sistema de asistencia social en Jerusalén (con prolongaciones en otras ciudades donde se había asentado), se mostró crítico hacia el poder político y extremó los valores contenidos en el judaísmo siguiendo el ejemplo de Jesús.

Antes de cumplir el primer cuarto de siglo de existencia, la nueva fe se había arraigado en Europa e incluso contaba con comunidades en ciudades tan importantes como Atenas, Corinto, Éfeso, Colosas, Tesalónica, Filipos y la misma capital, Roma.

Desde luego su avance no podía atribuirse a la simpatía del imperio. En realidad, el cristianismo era —si cabía— más molesto en sus pretensiones, en sus valores y en su conducta para la gentilidad que para el judaísmo. No solo eliminaba todas las barreras étnicas en un universo donde ser ciudadano romano era una ambición de muchos, sino que, además, desconfiaba del sistema imperial, daba una cabida extraordinaria a la mujer en su seno, sostenía un sentido finalista de la Historia y se preocupaba por los débiles, los marginados, los abandonados, es decir, por aquellos por los que no sentía la más mínima preocupación el imperio.

A pesar de las idealizaciones que a posteriori se puedan hacer del mismo, lo cierto es que el imperio romano era una firme encarnación del poder de los hombres sobre las mujeres, de los libres sobre los esclavos, de los romanos sobre los otros pueblos, de los fuertes sobre los débiles. No debe extrañarnos que Nietzsche lo considerara un paradigma de su filosofía del "superhombre" porque efectivamente así era.

Frente a ese imperio el cristianismo predicó a un Dios encarnado que había muerto en la cruz para la salvación del género humano, permitiendo a este alcanzar una vida nueva. En esta resultaba imposible mantener la discriminación que oprimía a las mujeres condenándolas a la muerte o al matrimonio impúber, el culto a la violencia que se manifestaba en los combates de gladiadores, la práctica de conductas inhumanas como el aborto o el infanticidio, la justificación de la infidelidad masculina y la deslealtad conyugal, la participación en la guerra, el abandono de los desamparados o la ausencia de esperanza.

A lo largo de tres siglos, el imperio desencadenó sobre los cristianos distintas persecuciones que cada vez fueron más violentas y que no solo no lograron su objetivo de exterminar a la nueva fe, sino que mostraron la incapacidad de alcanzarlo. Al final, el cristianismo se impuso no solo porque entregaba —el mismo Juliano el Apóstata lo reconoció— un amor que en absoluto podía nacer del seno del paganismo, sino también porque proporcionaba un sentido de la vida y una dignidad incluso a aquellos a los que nadie estaba dispuesto a otorgar un mínimo de respeto. Constantino no le otorgó el triunfo. Más bien se limitó a reconocerlo —y, quizá, a intentar instrumentarlo— y a levantar acta de que el paganismo ya no se recuperaría del proceso de decadencia en que había entrado siglos atrás.

Nunca existió un imperio cristiano (a pesar de que el cristianismo fue declarado religión oficial durante un espacio breve de tiempo), pero sí es verdad que algunos de sus principios quedaron recogidos, en mayor o menor medida, en la legislación bajoimperial. Sin embargo, el gran aporte que el cristianismo proporcionaría a Roma no sería ese.

A partir del siglo III la penetración de los bárbaros en el limes romano se hizo incontenible. Durante algunas décadas se pensó en la posibilidad de asimilarlos convirtiéndolos en aliados. Los resultados de esta política fueron efímeros. En el 476 el imperio romano de Occidente dejó formalmente de existir, aunque, en realidad, estaba enfermo de muerte desde mucho tiempo atrás. Pese a todo, aun con el efecto letal de aquellas invasiones, la cultura clásica no desapareció. El cristianismo —especialmente a través de los monasterios— la preservó. Pero no se limitaron a ello. También salvaguardaron valores cristianos en medio de un mundo que se había colapsado por completo y cuyo futuro era siempre incierto e inseguro. Así, al cultivo del arte se sumó el respeto y la práctica del trabajo del tipo que fuera, a la defensa de los débiles se unió la práctica de la caridad, al esfuerzo misionero se vinculó la asimilación y culturización de pueblos pujantes pero que, a medio plazo, también se rindieron como antaño el imperio al cristianismo.

En el siglo VIII, Occidente se vio acosado por una terrible y nueva amenaza, la del Islam, que aniquiló a su paso todas las sociedades que intentaron defender su libertad frente a él. Durante el siglo siguiente, el cristianismo proporcionó el entramado de una breve reconstrucción del imperio, ahora sobre principios como la preservación de la cultura clásica, la popularización de la educación, la promulgación de leyes sociales o la articulación del principio de legitimidad política. Sin embargo, se trató de una creación que vino a desplomarse ante el empuje de unas nuevas invasiones más letales que las sufridas durante los siglos III-V. Se produjo entonces una nueva Edad Oscura de consecuencias aún peores y Occidente quedó embotellado entre los asaltos islámicos en el sur —detenidos por los resistentes españoles que desangraron las aceifas islámicas llegadas al sur de Francia— y las incursiones bárbaras procedentes del norte (vikingos) y del este (magiares). En el curso de unas décadas, todos los logros de siglos anteriores desaparecieron convertidos en humo y cenizas. Una vez más, empero, el cristianismo se mostró mucho más vigoroso que sus enemigos. Cuando estos eran más fuertes, cuando no necesitaban pactar, cuando podían imponer su voluntad valiéndose solo de la espada, acabaron aceptando la enorme fuerza espiritual del cristianismo y lo asimilaron en sus territorios. Al llegar el año 1000, el cristianismo se extendía hasta el Volga.

 


Las sociedades nacidas de aquella aceptación del cristianismo en su seno no llegaron a incorporar todos los principios de la nueva fe en su existencia. De hecho, en buena medida eran reinos nuevos sustentados sobre el culto a la violencia necesaria para la conquista o para la simple defensa frente a las invasiones. Sin embargo, el cristianismo ejerció sobre ellos una influencia fecunda. La reforma del siglo XI volvió a sentar las bases de un principio de la legitimidad del poder alejado de la arbitrariedad guerrera de los bárbaros, buscó de nuevo la defensa y la asistencia de los débiles, y continuó un esfuerzo artístico y educativo que ya contaba con más de medio milenio de existencia. Además, dulcificó la violencia bárbara implantando las primeras normas del derecho de guerra —la Paz de Dios y la Tregua de Dios—, supo recibir la cultura de otros pueblos, creó un sistema de pensamiento como la Escolástica y, sobre todo, abrió las primeras universidades. Es cierto que el aumento del poder temporal de los papas acabó siendo nefasto para la institución, que durante el siglo XIV esta se desacreditó sobremanera con episodios como el Papado de Aviñón o el Gran Cisma de Occidente y que la Escolástica acabó convirtiéndose en un sistema muerto que frenaba más que alentaba el saber. Sin embargo, el cristianismo logró despegar de esas lamentables circunstancias y de esa manera abrió las puertas a la Modernidad.

En el curso de los siglos siguientes, el cristianismo alcanzó grandes logros artísticos, culturales y caritativos, así como el desarrollo económico, científico, educativo, cultural e incluso político. Causas como la defensa de los indígenas, la lucha contra la esclavitud, las primeras leyes sociales contemporáneas o la denuncia del totalitarismo no hubieran sido nunca iniciadas sin el impulso cristiano. No debe por ello sorprender que el siglo XX haya sido el que ha contemplado un número mayor de encarcelamientos, maltratos y ejecuciones de cristianos por encima de cualquier otro periodo de la Historia. Tanto los campos de exterminio de Hitler como el gulag soviético intentaron, aunque en vano, acabar con una fe a la que veían con razón como un oponente radical de sus respectivas cosmovisiones.

Sin duda, los aportes del cristianismo a la cultura occidental han sido grandiosos a lo largo de sus casi dos mil años de existencia. Sin embargo, solo podemos captar algo de su extraordinaria importancia cuando tratamos de imaginar lo que hubiera sido un mundo sin cristianismo u observamos los resultados obtenidos por otras culturas.

 


Un mundo que se hubiera limitado a continuar la herencia clásica no solo habría resultado en una sociedad despiadada, en la que los fuertes y los violentos se sabían protagonistas, sino que además habría perecido ante el empuje de los bárbaros en los siglos III-V sin dejar nada en pos de sí. Durante varios siglos, los reinos bárbaros hubieran combatido de manera infructuosa entre ellos para no poder sobrevivir al empuje conjunto de las segundas invasiones y del avance árabe, suponiendo que este se hubiera dado sin un Islam cuya existencia presupone por obligación la del cristianismo.

Durante los siglos de lo que ahora conocemos como Medievo, Europa hubiera sido albergue de oleada tras oleada de invasores, sin excluir a los mongoles contenidos por Rusia, de las que no hubiera surgido nada perdurable como no surgió en otros contextos. Ni la cultura clásica, ni la Escolástica, ni las universidades, ni el pensamiento científico habrían aparecido como no aparecieron en otras culturas. Además, sin los valores bíblicos se hubieran perpetuado —como así sucede en algunas naciones hasta el día de hoy— fenómenos como la esclavitud, la arbitrariedad del poder político, el anquilosamiento de la educación en manos de una escasa casta tradicional o la ausencia de desarrollo científico.

Basta echar un vistazo a las culturas informadas por el Islam, el budismo, el hinduismo o el animismo —donde siguen considerándose legítimas conductas degradantes para el ser humano— para percatarse de lo que podría haber sido un mundo sin la influencia civilizadora del cristianismo. Y aun así nuestro juicio no se corresponde con toda la dureza de lo que serían esas situaciones. A fin de cuentas, hoy día, hasta la sociedad más apartada puede beneficiarse de aspectos emanados de la influencia cristiana en la cultura occidental, desde el progreso científico a la persecución de un sistema de asistencia social, por citar solo dos ejemplos.

Incluso en el siglo XX, el olvido de principios de origen cristiano —un origen que suele olvidarse casi siempre— hubiera sumido a la Humanidad en una era de barbarie sin precedentes, bien a causa del triunfo del marxismo o del fascismo-nazismo. Pretender, pues, construir el futuro sin recurrir a sus principios solo puede interpretarse como una muestra fatal de terrible arrogancia, de profunda ignorancia o de crasa maldad. Hacerlo implicaría, además, correr el riesgo nada ficticio de ver la resurrección de formas de neopaganismo no inferiores en la gravedad de sus manifestaciones a las que ya conocemos históricamente.

Asimismo, el cristianismo no ha logrado a lo largo de casi dos mil años imponer sus puntos de vista de una manera total. En unas ocasiones esto se ha debido a su propio distanciamiento de la pureza original de su enseñanza —y debemos enfatizar el hecho de que cuanto más se ha acercado al mensaje bíblico mayores han sido sus resultados—. En otras, a que a vivencia de una ética tan elevada no puede esperarse del conjunto de una sociedad ni tampoco imponerse como se ha creído por error más de una vez. Con todo, su influencia humanizadora, civilizadora, no cuenta con paralelos de ningún tipo a lo largo de la Historia universal. Sin él, el devenir humano hubiera sido un fluir continuo de violencia y barbarie, de guerra y destrucción, de calamidades y sufrimiento. Con él, el gran drama de la condición humana se ha visto acompañado de progreso y justicia, de compasión y cultura.

Todas estas circunstancias, al fin y a la postre, hallan su explicación en las peculiares características del cristianismo como religión que le diferencian de manera ostensible de las otras. El filósofo español Manuel García Morente lo expresó de manera elocuente al describir su visión, repentina e inesperada, de Jesús: "Ese es Dios, que entiende a los hombres, que vive con los hombres, que sufre con ellos, que los consuela, que les da aliento y les trae la salvación. Si Dios no hubiera venido al mundo, si Dios no se hubiera hecho hombre en el mundo, el hombre no tendría salvación, porque entre Dios y el hombre habría siempre una distancia infinita que jamás podría el hombre franquear... Dios hecho hombre, Cristo sufriendo como yo, más que yo, muchísimo más que yo, a ese sí que lo entiendo y ese sí que me entiende" (El Hecho extraordinario). Juan lo había expresado de forma más sencilla veinte siglos antes al escribir que Dios había amado tanto al mundo que había enviado a Su Hijo para que el que en Él creyera no se perdiera, sino que tuviera vida eterna (Juan 3, 16). Lo que, por último, ha hecho diferente al cristianismo a lo largo de veinte siglos, lo que le ha convertido en base sólida y fecunda de desarrollo y progreso, de libertad y amparo de los desfavorecidos, de cultura y ciencia es la propia persona de Jesús. Precisamente por eso, el cristianismo no ha proporcionado solo sentido para la vida presente, sino que es también una garantía de esperanza futura.
Tomado de "El legado del cristianismo en la cultura occidental", Espasa, 2000, pp. 237-246.

 

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El caso de los sacerdotes «colaboracionistas»

con el régimen comunista en Polonia


Entrevista al historiador Peter Raina
VARSOVIA, martes, 18 julio 2006.- El historiador Peter Raina aclara en esta entrevista concedida a Zenit --realizada por Włodzimierz Redzioch-- las condiciones en las que vivía el clero polaco bajo el régimen comunista y explica cómo se ha orquestado la campaña de calumnias desencadenada contra el mismo tras la muerte de Juan Pablo II.

El profesor Raina estudió en Oxford, obtuvo el doctorado en la Universidad de Varsovia y enseñó Historia Contemporánea en la Universidad de Berlín.

Es autor de numerosos libros sobre Historia Moderna de la Iglesia y ha publicado 13 volúmenes sobre la historia del Primado polaco, cardenal Stefan Wyszyński.

Se ha ocupado además, con ensayos y artículos, de la historia del padre Jerzy Popieluszko, asesinado por el régimen comunista, y del padre Konrad Hejmo, acusado por la prensa de ser un espía ruso en el Vaticano.

--Algunas semanas después de la muerte del siervo de Dios Juan Pablo II empezó una gran campaña de denigración del clero polaco, acusado de haber colaborado con los Servicios de Seguridad del régimen comunista. El primer sacerdote que fue objeto de tales acusaciones fue el padre Konrad Hejmo, persona conocidísima en Polonia y en el Vaticano porque durante 20 años dirigió el centro para los peregrinos polacos en Roma, y acompañó a los grupos de peregrinos que visitaban al Papa. Los títulos de los diarios de todo el mundo fueron tremendos («El espía comunista en la corte de Juan Pablo II», por citar uno de los más difundidos). Usted ha calificado el asunto Hejmo como «un linchamiento del sacerdote». ¿Podría explicarnos qué hay detrás de este linchamiento?

--Raina: He descrito detalladamente «el asunto Hejmo» en mi libro publicado en polaco, titulado «La Anatomía del Linchamiento» (Editorial Von Borowiecky), pero puedo brevemente recordar esta triste historia. Ni siquiera dos semanas después de la muerte de Juan Pablo II, el doctor Kieres, director del Instituto de la Memoria Nacional (IPN), dio la noticia de que uno de los sacerdotes cercano al Santo Padre proporcionaba información a los Servicios de Seguridad. Como el director no reveló el nombre del presunto espía, en un primer momento todos pensaban que se tratase de un viejo amigo del cardenal Wojtyła, el padre Mieczysław Maliński. En los días siguientes, Maliński tenía que repetir a los medios que no se trataba de él.

Algunos días después, Kieres reveló además de modo espectacular ante los periodistas el nombre del padre Hejmo. Pero lamentablemente, desde el inicio las noticias difundidas por el director eran dudosas o falsas. Antes que nada, informó a los periodistas que había recibido el dossier del padre Hejmo del Ministerio del Interior sólo el 14 de abril de 2005 (luego se descubrió que estaba en posesión del material ya desde el 2 de diciembre de 2004). Nacen entonces las preguntas: ¿por qué el Ministerio del Interior mandó el material relativo al padre Hejmo en diciembre de 2004? ¿Quién pidió este material? Según las normas establecidas por el Parlamento polaco sobre el funcionamiento del Instituto de la Memoria Nacional, los órganos del Estado pueden pedir al Instituto que controle si una persona que debe ocupar un puesto en la Administración del Estado colaboró con los Servicios comunistas. ¡Pero el padre Hejmo no pretendía ocupar ningún puesto en el aparato del Estado!

¿Por qué entonces decidieron ocuparse de su caso? Además, el director Kieres no podía revelar públicamente, lo dice el estatuto del Instituto, el nombre de la persona verificada. ¿Por qué entonces decidió hacerlo, atrayendo sobre sí incluso las críticas del Garante de los Derechos de los Ciudadanos? El «caso Hejmo» es sólo uno de tantos. Luego le tocó al padre Drozdek, rector del famosísimo santuario mariano de Zakopane, y a los otros.

--¿Cómo estaba organizado en Polonia el aparato de la represión del clero?

--Raina: Uno de los objetivos principales del totalitarismo comunista era la destrucción psicológica o la eliminación física de los opositores. La persecución física consistía en el uso de la violencia, incluido el asesinato. El terror psicológico servía para destruir la personalidad del hombre. Para esto servía la reclusión durante largos años en las prisiones, a menudo en completo aislamiento. Cada ciudadano podía encontrarse en la situación «sin salida». Todos debían ser conscientes de que su vida privada, la carrera profesional y el futuro dependían de los Servicios de Seguridad (en polaco «Służby Bezpieczeństwa» o SB). El aparato de seguridad formaba parte de la estructura del Ministerio del Interior (MSW), donde existía un departamento especial, el llamado Departamento IV, que se ocupaba específicamente de la lucha contra la Iglesia (entonces se hablaba de la lucha contra el «clero reaccionario»). Existía también un despacho de investigación especial («biuro C») que recogía todas las informaciones relativas a las personas «sospechosas».

Hay que decir que a pesar de las persecuciones, que se prolongaron durante largos años, las autoridades comunistas no lograron ni destruir la Iglesia Católica ni romper sus lazos con el pueblo, como han hecho muchas otras organizaciones no comunistas. La razón de este fracaso era la profunda raíz de la Iglesia en la sociedad polaca. Los comunistas fracasaron también porque a la cabeza de la Iglesia en Polonia en esos años difíciles había un gran pastor y estadista –el Primado de Polonia, el cardenal Stefan Wyszyński. Su postura hacia el totalitarismo se convirtió en el símbolo de la lucha contra el comunismo.

--¿Cómo lograban obligar los funcionarios de los Servicios de Seguridad a los sacerdotes a colaborar, y en qué consistía esta colaboración?

--Raina: Los Servicios de Seguridad usaban dos métodos. El primero, era la política anti-eclesial de las autoridades; por ejemplo: la abolición de las clases de religión en las escuelas, las prohibiciones de organizar ceremonias religiosas, obstaculizar el uso de los medios de comunicación por parte de la Iglesia. El segundo método, el terrorismo psicológico, era mucho más pérfido. Los modos de aterrorizar a los sacerdotes eran múltiples y vale la pena enumerar algunos: los sacerdotes más celosos eran acusados de actividades contra el Estado y de servicio al enemigo imperialista. Eran procesados en espectaculares procesos-farsa que acababan con la pena capital o largas penas de detención. Ciertos sacerdotes, como por ejemplo el reverendo Kaczyński, murieron extenuados en las prisiones. Se trataba de comprometer al sacerdote para poderle chantajear. Era una praxis común recoger todas las informaciones posibles sobre las costumbres de cada sacerdote: si le gustaba el alcohol o las mujeres, si estaba frustrado en el trabajo. A menudo, se empleaban agentes-mujer para crear alguna situación comprometedora para el sacerdote; se hacían fotografías a escondidas o la agente informaba que estaba embarazada. Entonces, pudiendo chantajear al sacerdote, se le hacía una propuesta de colaboración con los Servicios. La colaboración con el SB consistía en proporcionar información sobre la situación de la parroquia, la actividad del párroco, el comportamiento y las convicciones del obispo, etc.

En cada provincia, funcionaban las Oficinas para las Confesiones Religiosas (Urzad ds. Wyznań) ligadas a los Servicios Secretos, que controlaban las actividades de las organizaciones eclesiásticas. Cada vez que el episcopado polaco publicaba una carta pastoral conteniendo una crítica al sistema comunista, cada obispo local era llamado por el presidente de la provincia para un encuentro en el que debía dar explicaciones y aclaraciones sobre tal carta. En aquellas ocasiones, los funcionarios estatales usaban el método del «palo y la zanahoria»: pasaban de las amenazas a las ofertas de ayuda (por ejemplo en la construcción de una nueva iglesia), si el obispo hubiera prometido tomar distancia del Primado. Normalmente, los obispos rechazaban toda colaboración y por este motivo las iglesias no se construían, la policía financiera controlaba con malicia las cuentas y las tasas de las parroquias, los seminaristas eran maltratados durante el servicio militar obligatorio.

La censura del Estado normalmente se limitaba a la tirada de revistas eclesiásticas. El aumento de la tirada dependía de la decisión del empleado de la Oficina para las Confesiones Religiosas, que colaboraba con los Servicios Secretos. Con los sacerdotes directores o secretarios de revistas se usaba el método que llamaría: «Algo a cambio de algo». Se prometía dar permiso para aumentar la tirada o proporcionar más papel (entonces la distribución del papel estaba completamente en manos del estado) si los responsables de las revistas se comprometían a proporcionar informaciones respecto a los miembros de la Redacción. Ciertos responsables, con el permiso verbal de los superiores, aceptaban tales chantajes porque la posibilidad de aumentar la tirada de la prensa religiosa era percibida como prioritaria.

Una de las armas de chantaje más usadas por los Servicios Secretos era la concesión de un pasaporte para poder viajar al exterior. Cada ciudadano que hacía solicitud de pasaporte era invitado a un encuentro en las oficinas del SB. También en estos casos valía la regla «Algo a cambio de algo»: al ciudadano se le daba el pasaporte si prometía proporcionar información, y los Servicios querían saber todo sobre la gente. Obviamente esta regla valía también para los sacerdotes que, para poder ir a estudiar al exterior (muchos sacerdotes soñaban con visitar Roma y seguir los estudios en las universidades pontificias) o para ser misioneros, debían pedir el pasaporte. Normalmente los sacerdotes contaban hechos sin ningún significado para satisfacer de alguna manera al funcionario de los Servicios, que tomaba nota de todo.

--Tras la caída del comunismo, ¿los miembros del viejo aparato de represión fueron juzgados por sus delitos?

--Raina: Lamentablemente no. Fue condenado algún criminal del periodo estalinista (años ‘50) pero casi ninguno del periodo siguiente (de los años ‘60 a los ‘80). Esta impunidad es culpa de los gobiernos que se han sucedido en el periodo post-comunista.

--¿Qué ha pasado con los enormes archivos de los Servicios de Seguridad comunistas?

--Raina: Todo lo que sucedía y sucede en los viejos archivos de los Servicios comunistas es una cosa extraña y fuera de toda norma. Le doy un ejemplo, empezando por el primer gobierno post-comunista de Tadeusz Mazowiecki. El primer ministro nombró ministro del Interior a su colega Kozłowski, subredactor jefe del semanario «Tygodnik Powszechny» de Cracovia. Con el permiso del ministro Kozłowski, cuatro personas, entre ellos dos activistas de la vieja oposición política, un historiador y un periodista, escudriñaron en los archivos durante seis semanas. El solo hecho de que Kozłowski permitiera a extraños tener acceso a los archivos con los secretos de Estado es un gesto ilegal, que en el Estado de Derecho sería castigado. Oficialmente estas personas «ordenaban» los archivos del Ministerio del Interior, pero un funcionario del propio Ministerio privadamente dijo que «ciertas personas» destruyeron sus dossier. Además el mismo historiador ha admitido recientemente haber colaborado con los Servicios Secretos en los años ‘70 durante su estancia como estudiante en la Alemania Federal.

No se sabe nada en cambio sobre lo que haya hecho en los archivos el periodista. El hecho es que, mientras tanto, se descubrió que personas de la redacción de «Tygodnik Powszechny» colaboraban con los Servicios. El tema es mucho más desagradable si se piensa en lo relativo al ambiente que hoy a menudo se yergue como “voz libre” de la nación. La gente tiene derecho a saber la verdad sobre estos personajes. Según la decisión del Parlamento polaco (Sejm) los archivos de los Servicios Secretos deberían ya desde hace tiempo estar en los fondos del llamado Instituto de la Memoria Nacional (en polaco «Instytut Pamięci Narodowej» – IPN), pero no es así. Una parte de los archivos ha sido retenida en el Ministerio y, paradójicamente, para ordenar los archivos se emplea a ex funcionarios del Servicio. Podemos sólo imaginar los resultados de tal trabajo.

--¿Qué fuerzas y qué razones están detrás de este linchamiento mediático hacia el clero en Polonia?

--Raina: No tengo duda alguna: detrás de este linchamiento están ciertos ambientes ex comunistas junto a los cosmopolitas ambientes liberales que quieren comprometer a la Iglesia a los ojos de los ciudadanos. No por casualidad han elegido a personas que tienen un cierto prestigio moral en la sociedad. El momento obviamente no es casual: los antes citados ambientes han esperado la muerte del Papa que temían, para desencadenar un ataque frontal contra la Iglesia Católica.

--Las acusaciones contra los sacerdotes se basan en informes escritos por los miembros de los Servicios de Seguridad. ¿Qué valor tienen estos documentos?

--Raina: Los documentos de los Servicios que yo pude consultar personalmente son creíbles, pero cada documento hay que leerlo atentamente y hay que saberlo valorar. No debemos olvidar cómo fueron redactados estos informes. A menudo los funcionarios en sus informes añadían siempre algo para hacer ver que trabajaban bien. Ocurría que los funcionarios declaraban haber pagado a un agente, pero no era verdad, porque el dinero acababa en su bolsillo. Hay que subrayar que encontrarse con los funcionaros de los Servicios no quiere decir ser un colaborador; entonces antes de acusar a alguien, hay que estar seguros de que había firmado el documento de colaboración o que recibía dinero. No se puede declarar públicamente que alguien era un agente, un espía sólo porque se encontraba con los funcionarios de los servicios. Esto quiere decir denigrar a la persona.

--Desde que el cardenal Stanisław Dziwisz se ha convertido en arzobispo de Cracovia, también en esta ciudad han empezado a acusar a los sacerdotes de ser colaboradores de los Servicios Secretos comunistas. Estas acusaciones han sido movidas también por un sacerdote, el padre Isakowski-Zalewski, el cual, sin permiso del arzobispo y sin ninguna preparación científica, ha empezado a escudriñar entre los documentos de los Servicios. Este sacerdote ha convocado luego una rueda de prensa para distribuir el elenco de los presuntos «espías». Así el cardenal Dziwisz se opuso para evitar denigrar a sacerdotes. La decisión del purpurado ha sido ásperamente criticada por ciertos medios italianos. ¿Cómo valora la decisión del cardenal Dziwisz?

--Raina: La decisión del cardenal Dziwisz es justísima, porque el padre Isakowski-Zalewski no se ha comportado correctamente ni según la ley. Si ha logrado obtener su dossier del Instituto de la Memoria Nacional, es libre de difundir su contenido. Pero ¿por qué amenaza con publicar los nombres de los otros sacerdotes? ¿Y cómo es posible que el Instituto le haya dado los dossier relativos a otras personas? Según la ley, el Instituto puede dar tales dossier sólo a los historiadores para su investigación, pero el padre Zalewski no hace investigaciones históricas, busca más bien suscitar clamor en torno a su caso. El control de los ciudadanos para verificar si colaboraban con el régimen comunista debe ser hecho con mucha responsabilidad. Por ello la iniciativa del cardenal Dziwisz de crear una comisión especial diocesana para estudiar el fenómeno de colaboracionismo entre los sacerdotes es importante y loable.

--La mayoría de los polacos está desilusionada porque en la Polonia democrática no se ha logrado procesar a los criminales del pasado régimen comunista, a los organizadores y a los ejecutores del sistema de terror. Además, se somete a las víctimas, es decir a los sacerdotes, a la pública condena de los medios de comunicación, haciéndoles víctimas por segunda vez. Y algo todavía más extraño: no se ha logrado procesar a los periodistas ni a los jueces que fielmente servían al Estado dictatorial comunista. ¿Por qué todo esto?

--Raina: Es verdad que en Polonia funcionan las instituciones democráticas, pero Polonia no ha alcanzado todavía la condición en la que rige un verdadero Estado de Derecho. Lamentablemente, la lucha política mira a los sillones y a los intereses privados, y no al interés y el bien de la nación. Ha prevalecido el oportunismo. Los medios se caracterizan por su extremismo y no por su imparcialidad. Diría que ésta es una nueva forma de totalitarismo y en este clima se lincha por segunda vez a las víctimas del totalitarismo comunista. Zenit.ZS06071801

 

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Dicen los marinos que nadie es ateo en una fuerte marejada. Y Platón sentencia en su libro “Las Leyes”: “Puedo asegurarte, por haberlo observado en no pocos individuos, que ni uno sólo de aquellos que en su juventud alardearon de no creer en la existencia de Dios, se mantuvieron en esta posición hasta la vejez”.

Además ¿qué pasa cuando el ateísmo afecta a gran parte de una población y a los que detentan el poder sobre ella? Lo estamos viendo en el aumento de crímenes, corrupción moral y suicidios de nuestra decadente civilización.

 

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¿POR QUÉ ATACAN AL CRISTIANISMO?

 

Se ha provocado y se provoca una ruda oposición de sectores sociales que se enfrentan vehemente al mensaje evangélico. Sospecho que lo hacen, en parte, por motivos similares a los que Nietzsche apelaba para atacar al cristianismo.

 

ENCARNACIÓN Y ANTICONCEPCIÓN

Por José Ignacio Moreno Iturralde

Al pasear tranquilo por destacados museos y pinacotecas se redescubre la repetición creativa de los motivos artísticos de los principales misterios revelados del cristianismo. Siglo tras siglo los más agudos ingenios han intentado, desde la fe, apresar en lienzos o esculturas los momentos más decisivos de la historia. Sorprende una vez más el mensaje: Dios se hace niño en el seno de una mujer muy joven; corre la misma suerte que cualquier persona de condición humilde, aprende de José un oficio de artesano, anuncia que viene a salvarnos de los pecados, muere en una cruz por afirmar su condición de Hijo de Dios y resucita tal y como había predicho. Es algo tan insondablemente sublime como sencillo. Lo hemos escuchado cientos de veces pero lo asimilamos con una lentitud e ineptitud digna de perplejidad. Siendo la explicación más sencilla, profunda y satisfactoria para el ser humano observamos, con sorpresa, la tremenda falta de confianza que nos invade para sumergirnos en este Bautismo.

En las circunstancias históricas, que aquí no se analizan, se ha provocado y se provoca una ruda oposición de sectores sociales que se enfrentan vehemente al mensaje evangélico. Sospecho que lo hacen, en parte, por motivos similares a los que Nietzsche apelaba para atacar al cristianismo. Ven en la Iglesia Católica abnegación, tristeza, opresión, angustia; en definitiva, un ataque a la vida. Si a esto añadimos la falta de virtud de los cristianos, tenemos la coartada perfecta para segregar las ideas religiosas que, para colmo, -piensan- intentan seguir instalándose en un podio social.

Como es lógico hablo desde el más respetuoso respeto al derecho de libertad religiosa pero quisiera intentar aclarar algo que me parece de interés. Muchos de los que atacan a la religión católica no lo hacen, como pretenden, porque esta religión ame poco a la vida sino porque la ama muchísimo. Los lobbys anticristianos consideran a la familia "como un confortable campo de concentración"-en expresión de una feminista pionera norteamericana- sin darse cuenta de que el campo de concentración es el necio planteamiento de considerar que el amor es algo confortable. Al admirar la genial frescura con la que pintores cristianos han representado a la Madre de Jesús dándole el pecho y al Niño pocholo con todos sus graciosos atributos físicos nos damos cuenta de que el cristianismo es un canto a la vida. No me extrañaría que por este motivo se representara a muchos de los ángeles como infantes juguetones.

Los opositores al cristianismo atacan a la vida con dureza: difunden la anticoncepción y el aborto de un modo tan convulso que llega a causar extrañeza. Desean sacrificar embriones humanos con un afán que dudo que ellos mismos sepan explicar. Dicen hacerlo por aumentar la calidad de vida; sin percatarse de que la vida humana es un valor incondicional; piedra angular no democrática de cualquier democracia que pretenda ser civilizada. Estos pseudo-apóstoles de la depresión crean sociedades cada vez más viejas e insostenibles demográficamente.

No se trata de pueblos viejos por sus cuerpos sino por sus espíritus. Los espíritus jóvenes aportan vida; los espíritus viejos muerte. Esta es una prueba tangible de la superioridad del espíritu sobre la materia. Los materialistas dicen amar la vida pero lo que aman es, sólo, sus condiciones físicas; por esto su amor es pasajero; es decir: no es amor, sino deseo. La materia humana, dejada a sí misma, se convierte en una cárcel y termina en la ruina biológica. El cuerpo humano traspasado por el alma en gracia aspira a la gloria. Una gloria que ya empieza aquí, con un sólido motivo para el buen humor -cuando se puede- y para el buen amor, que es el único móvil digno para vivir.

La sinuosa trayectoria de la injusticia, de la maldad y del dolor, que fustiga a la vida humana diariamente puede convertirse en un canal por donde fluye un agua eterna que reconforta ya ahora. Por este motivo la Cruz de Cristo, en el misterio de su libre aceptación por el hombre, es la única que puede justificar el sentido de la existencia de la humanidad y de cada una de nuestras pasajeras vidas personales. La Cruz cristiana es la apuesta de Dios por la vida y por la fiesta; porque si no hay cruz no hay fiesta sino estupidez. Este es el motivo de que los cristianos coherentes celebren sus días más señalados participando en la Eucaristía.

Dicen que una gota de rocío refleja toda la bóveda del cielo y, por esto, el cielo –reflejado- está en cada gota de rocío…¡Cuánto más en cada ser humano! Si olvidamos esto y reducimos la vida a un segmento de existencia que vale la pena mientras aporte un mínimo de confort, hemos renegado de nosotros mismos. Un hombre bueno puede no ser cristiano pero no puede rechazar a su semejante; es decir: no puede dejar de religarse, de ser religioso. Así mismo, un cristiano al que no le preocupe la suerte de sus próximos es una especie de abortista.

El cristianismo habla de fidelidad, de sacrificio, de esperanza; pero también de alegría, de amor apasionado y de juego. Dicho esto y dada mi limitación patente les agradezco su atención y, por ser cristiano, les animo a tomarse un helado o un café, a jugar con su perro o a escuchar su canción favorita cuando les sea posible. 2005-08-14 Arvo.net

 

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«Despierta, oh hombre, y reconoce la dignidad de tu naturaleza. Recuerda que fuiste hecho a imagen de Dios; esta imagen, que fue destruida en Adán, ha sido restaurada en Cristo. Haz uso como conviene de las criaturas visibles, como usas de la tierra, del mar, del cielo, del aire, de las fuentes y de los ríos; y todo lo que hay en ellas de hermoso y digno de admiración conviértelo en motivos de alabanza y gloria del Creador» (LEON MAGNO, Sermón 7 en la Navidad del Señor, 2.6; LIT HOR VIERNES V T.O.)

 

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La Enciclopedia francesa, vademécum de la ilustración, recordaba que Europa era un continente pequeño, pero el faro del mundo debido a su cultura, su historia, su arte y, "sobre todo", su religión{la Iglesia Católica fundada por Jesucristo - Dios nuestro}

 

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El mayor extravío de la mente humana es creer algo porque uno desee que sea así. Pasteur

 

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El ideal o el proyecto más noble puede ser objeto de burla o de ridiculizaciones fáciles. Para eso no se necesita la menor inteligencia.  Alexander Kuprin

 

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"Se recurre con frecuencia a la calumnia, la mentira, el infundio, sin preocuparse de contrastar la información para comprobar su veracidad. Ello obedece a la táctica de que se sabe que una vez vertida una información negativa sobre algo o alguien, cosa que es muy fácil, demostrar la verdad requiere un gran esfuerzo y tiempo y gran parte del daño queda hecho de todas maneras." (Jesús Sáiz Luca de Tena y Mercedes Soto Falcó)

 

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«Usted no debe decirnos lo que dijo el soldado ni ninguna otra persona, señor», respondió el Juez: «Esto no es evidencia.»

 

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Recomendamos vivamente:

1º ‘CÓMO LA IGLESIA CONSTRUYÓ LA CIVILIZACIÓN OCCIDENTAL’. Ninguna institución ha hecho más para dar forma a la civilización occidental que la Iglesia Católica, y en modos que muchos de nosotros hemos olvidado o nunca sabido. Como la Iglesia construyó la civilización occidental es una lectura esencial para redescubrir esta relegada verdad. De un modo senillo y muy atractivo. 2007.

Autor: Thomas E. WOODS Jr. -  Editorial: CIUDADELA. 

 

 

"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

Es contrario a la dignidad humana hacer sufrir inútilmente a los animales y sacrificar sin necesidad sus vidas. Es también indigno invertir en ellos sumas que deberían remediar más bien la miseria de los hombres. Se puede amar a los animales; pero no se puede desviar hacia ellos el afecto debido únicamente a los seres humanos.

 

 

 gracias por venir a visitarnos

 

Hoy en día se persigue y fustiga a los católicos con impunidad escandalosa. Y se les condena a tener que aceptar ‘en silencio y de manos atadas’ toda calumnia, injuria y sospecha. No sea que además de todas sus afrentas se les acuse de prepotentes por replicar conforme al derecho de toda persona a defender su honra.

 

Las sectas y su invasión del mundo hispánico: una guía  (2003) también por Manuel Guerra Gómez, editada por Eunsa. - Sinopsis. - Para visitar con provecho a una ciudad desconocida, aconsejan el uso de una Guía con su plano, la descripción de sus monumentos, etc. Esta obra pretende prestar un servicio similar con respecto a las sectas implantadas en el mundo hispano. Para no correr el riesgo de extraviarse entre las más de 30.000 sectas inventariadas hasta el momento, para poder recorrer sus nombres que cambian con frecuencia y para ni acumular más inseguridad e inquietud, se presenta esta Guía en el mercado. El autor trata de reflejar la realidad de cada secta con la mayor objetividad posible y de perfilar sus señales de identidad de acuerdo con los datos -no siempre completos- que facilitan su identificación

 

Recomendamos vivamente:

1ª) LEYENDAS NEGRAS DE LA IGLESIA. Autor Vittorio MESSORI – Editorial “PLANETA-TESTIMONIO” 10ª EDICIÓN – Óptimo libro para defenderse del cúmulo de opiniones arbitrarias, deformaciones sustanciales y auténticas mentiras que gravitan sobre todo en lo que concierne a la Iglesia.

Vivir amando... para encontrar el Tesoro.

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).