Monday 27 February 2017 | Actualizada : 2017-02-03
 
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Derechos - Señor del mundo, Padre de todos los hombres, por medio de tu Hijo nos has pedido amar a los enemigos, hacer bien a los que nos odian y orar por los que nos persiguen. Muchas veces, sin embargo, los cristianos han desmentido el Evangelio y, cediendo a la lógica de la fuerza, han violado los derechos de etnias y pueblos; despreciando sus culturas y tradiciones religiosas: muéstrate paciente y misericordioso con nosotros y perdónanos. Por Cristo nuestro Señor. R. Amén.

 

Quito- Ecuador 2007.XI.

 

Cieza de León 1518?-1560 reconoce que en aquella empresa hubo crueldades, pero asegura que no todos actuaron así, «porque yo sé y vi muchas veces hacer a los indios, buenos tratamientos por hombres templados y temerosos de Dios, que curaban a los enfermos». Sus escritos denotan un hombre de religiosidad profunda, compadecido de los indios al verlos sujetos a los engaños y esclavitudes del demonio...

 

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Gracias a hombres y mujeres obedientes al Espíritu Santo, han surgido en la Iglesia muchas obras de caridad, dedicadas a promover el desarrollo: hospitales, universidades, escuelas de formación profesional, pequeñas empresas. Son iniciativas que han demostrado, mucho antes que otras actuaciones de la sociedad civil, la sincera preocupación hacia el hombre por parte de personas movidas por el mensaje evangélico.

 

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1476 - manuscrito religioso


- Hablando de los Reyes Católicos, la reina Isabel es una figura apasionante y deslumbrante, y el rey Fernando el Católico…

 

Vale más que ella. Políticamente, vale más que ella; religiosamente, no. Religiosamente tiene mucho más valor la reina. Hay que tener en cuenta que la diferencia entre hombre y mujer, que ahora no se quiere admitir, es que el hombre tiene más capacidad racional para la toma de decisiones, pero la mujer tiene más capacidad instintiva, tiene una superioridad en el sentimiento. Y eso se ve en el Descubrimiento de América. Cuando Colón presenta su plan, aquello es un disparate de mil pares de demonios; se reúnen los sabios, y Fernando les da la razón, y dice que eso no tiene pies ni cabeza, y que no podía ser. Y es entonces cuando entra la intuición de Isabel: “Oye, ¿y quién te dice que no hay islas por el Atlántico? Porque éste (Colón) sabe cosas, y si se han descubierto las Canarias, las Azores y Cabo Verde, ¿quién nos dice…? “Ah, bueno, pues sí, es verdad”. Y entonces lo que se pone en marcha es la intuición femenina, que permite descubrir, al principio, islas. Cuando vuelve Colón, ella le dice: “¿Ves?, yo tenía razón”. Nadie sabía que había un continente detrás, pero se siguió con la misión. En el momento de morir, Isabel la Católica, cuando está dictando el Codicilo a un escribano, de repente se interrumpe, y dice: “¿Qué es lo que yo tengo que agradecer a Dios más en este mundo? El marido que me dio”. El mejor rey de España. .  Dr. Luis Suárez 2009.VIII


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«La escritura de la historia se ve obstaculizada a veces por presiones ideológicas, políticas o económicas; en consecuencia, la verdad se ofusca y la misma historia termina por encontrarse prisionera de los poderosos. El estudio científico genuino es nuestra mejor defensa contra las presiones de ese tipo y contra las distorsiones que pueden engendrar» (1999). S.S. JUAN PABLO II – MAGNO

 

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La Casa de Medina-Sidonia está considerada la más importante de España por ser el primer ducado hereditario que se concedió, en el año 1445. La residencia principal de este ducado, que conserva un importante archivo, está situada en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz).

 

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Iglesia – de hombres pecadores. Por desgracia, en el seno de la Iglesia, que está constituida por hombres, no faltan los pecadores, sobre todo cuando no se vive el precepto de la caridad, que es esencial y es el primero para un cristiano. De este modo se produce un antitestimonio de Jesucristo. La muchedumbre inmensa de los mártires testifica con su sangre la fidelidad de la Iglesia a Jesucristo, porque, aunque haya en ella pecadores, es a la vez una Iglesia de mártires, es decir, de cristianos auténticos, que han practicado su fe en Cristo y su caridad hacia los hermanos, incluidos los enemigos, hasta el sacrificio, no sólo de su vida, sino también con frecuencia de su honra, habiendo tenido que soportar humillaciones tremendas, entre otras la de ser tachados de traidores y farsantes.

Faltas del pasado - No podemos ocultar que muchos que profesaban ser discípulos de Jesús han cometido errores a lo largo de la historia. Con frecuencia, ante problemas graves, han pensado que primero se debía mejorar la tierra y después pensar en el cielo. La tentación ha sido considerar que, ante necesidades urgentes, en primer lugar se debía actuar cambiando las estructuras externas. Para algunos, la consecuencia de esto ha sido la transformación del cristianismo en moralismo, la sustitución del creer por el hacer. Por eso, mi predecesor de venerada memoria, Juan Pablo II, observó con razón: «La tentación actual es la de reducir el cristianismo a una sabiduría meramente humana, casi como una ciencia del vivir bien. En un mundo fuertemente secularizado, se ha dado una “gradual secularización de la salvación”, debido a lo cual se lucha ciertamente en favor del hombre, pero de un hombre a medias, reducido a la mera dimensión horizontal. En cambio, nosotros sabemos que Jesús vino a traer la salvación integral»[Enc.Redemptoris missio.]

S.S. Benedicto PP XVI: MMVI.

 

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Petición de perdón - Para concluir, quisiera haceros partícipes de una reflexión, que me interesa particularmente. La petición de perdón, de la que tanto se habla en este período, atañe en primer lugar a la vida de la Iglesia, a su misión de anunciar la salvación, a su testimonio de Cristo, a su compromiso en favor de la unidad, en una palabra, a la coherencia que debe caracterizar a la existencia cristiana. Pero la luz y la fuerza del Evangelio, del que vive la Iglesia, pueden iluminar y sostener, de modo sobreabundante, las opciones y las acciones de la sociedad civil, en el pleno respeto a su autonomía. Por este motivo, la Iglesia no deja de trabajar, con los medios que le son propios, en favor de la paz y de la promoción de los derechos del hombre. En el umbral del tercer milenio, es legítimo esperar que los responsables políticos y los pueblos, sobre todo los que se hallan implicados en conflictos dramáticos, alimentados por el odio y el recuerdo de heridas a menudo antiguas, se dejen guiar por el espíritu de perdón y reconciliación testimoniado por la Iglesia, y se esfuercen por resolver sus contrastes mediante un diálogo leal y abierto. 31. X. 1998 S.S. Juan Pablo II – Magno

 

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HECHOS HISTÓRICOS - Se perfilan así diversos interrogantes: ¿se puede hacer pesar sobre la conciencia actual una culpa vinculada a fenómenos históricos irrepetibles, como las cruzadas o la inquisición? ¿No es demasiado fácil juzgar a los protagonistas del pasado con la conciencia actual (como hacen escribas y fariseos, según Mt 23,29-32), como si la conciencia moral no se hallara situada en el tiempo? ¿Se puede acaso, por otra parte, negar que el juicio ético siempre tiene vigencia, por el simple hecho de que la verdad de Dios y sus exigencias morales siempre tienen valor? Cualquiera que sea la actitud a adoptar, ésta debe confrontarse con estos interrogantes y buscar respuestas que estén fundadas en la revelación y en su transmisión viva en la fe de la Iglesia. La cuestión prioritaria es, por tanto, la de esclarecer en qué medida las peticiones de perdón por las culpas del pasado, sobre todo cuando se dirigen a grupos humanos actuales, entran en el horizonte bíblico y teológico de la reconciliación con Dios y con el prójimo.  

 

La identificación de las culpas del pasado de las que enmendarse implica, ante todo, un correcto juicio histórico, que sea también en su raíz una valoración teológica. Es necesario preguntarse: ¿qué es lo que realmente ha sucedido?, ¿qué es exactamente lo que se ha dicho y hecho? Solamente cuando se ha ofrecido una respuesta adecuada a estos interrogantes, como fruto de un juicio histórico riguroso, podrá preguntarse si eso que ha sucedido, que se ha dicho o realizado, puede ser interpretado como conforme o disconforme con el Evangelio, y, en este último caso, si los hijos de la Iglesia que han actuado de tal modo habrían podido darse cuenta a partir del contexto en el que estaban actuando. Solamente cuando se llega a la certeza moral de que cuanto se ha hecho contra el Evangelio por algunos de los hijos de la Iglesia y en su nombre habría podido ser comprendido por ellos como tal, y en consecuencia evitado, puede tener sentido para la Iglesia de hoy hacer enmienda de culpas del pasado.

 

La relación entre «juicio histórico» y «juicio teológico» resulta, por tanto, compleja en la misma medida en que es necesaria y determinante. Se requiere, por ello, ponerla por obra evitando los desvaríos en un sentido y en otro: hay que evitar tanto una apologética que pretenda justificarlo todo, como una culpabilización indebida que se base en la atribución de responsabilidades insostenibles desde el punto de vista histórico. Juan Pablo II ha afirmado respecto a la valoración histórico-teológica de la actuación de la Inquisición: «El Magisterio eclesial no puede evidentemente proponerse la realización de un acto de naturaleza ética, como es la petición de perdón, sin haberse informado previamente de un modo exacto acerca de la situación de aquel tiempo. Ni siquiera puede tampoco apoyarse en las imágenes del pasado transmitidas por la opinión pública, pues se encuentran a menudo sobrecargadas por una emotividad pasional que impide una diagnosis serena y objetiva... Ésa es la razón por la que el primer paso debe consistir en interrogar a los historiadores, a los cuales no se les pide un juicio de naturaleza ética, que rebasaría el ámbito de sus competencias, sino que ofrezcan su ayuda para la reconstrucción más precisa posible de los acontecimientos, de las costumbres, de las mentalidades de entonces, a la luz del contexto histórico de la época» 

 

La interpretación de la historia

 

¿Cuáles son las condiciones de una correcta interpretación del pasado desde el punto de vista del conocimiento histórico? Para determinarlas hay que tener en cuenta la complejidad de la relación que existe entre el sujeto que interpreta y el pasado objeto de interpretación; en primer lugar se debe subrayar la recíproca extrañeza entre ambos. Eventos y palabras del pasado son ante todo «pasados»; en cuanto tales son irreductibles totalmente a las instancias actuales, pues poseen una densidad y una complejidad objetivas, que impiden su utilización únicamente en función de los intereses del presente. Hay que acercarse, por tanto, a ellos mediante una investigación histórico‑crítica, orientada a la utilización de todas las informaciones accesibles de cara a la reconstrucción del ambiente, de los modos de pensar, de los condicionamientos y del proceso vital en que se sitúan aquellos eventos y palabras, para cerciorarse así de los contenidos y los desafíos que, precisamente en su diversidad, plantean a nuestro presente.

 

En segundo lugar, entre el sujeto que interpreta y el objeto interpretado se debe reconocer una cierta copertenencia, sin la cual no podría existir ninguna conexión y ninguna comunicación entre pasado y presente; esta conexión comunicativa está fundada en el hecho de que todo ser humano, de ayer y de hoy, se sitúa en un complejo de relaciones históricas y necesita, para vivirlas, de una mediación lingüística, que siempre está históricamente determinada. ¡Todos pertenecemos a la historia! Poner de manifiesto la copertenencia entre el intérprete y el objeto de la interpretación, que debe ser alcanzado a través de las múltiples formas en las que el pasado ha dejado su testimonio (textos, monumentos, tradiciones...), significa juzgar si son correctas las posibles correspondencias y las eventuales dificultades de comunicación con el presente, puestas de relieve por la propia comprensión de las palabras o de los acontecimientos pasados; ello requiere tener en cuenta las cuestiones que motivan la investigación y su incidencia sobre las respuestas obtenidas, el contexto vital en que se actúa y la comunidad interpretadora, cuyo lenguaje se habla y a la cual se pretenda hablar. Con tal objetivo es necesario hacer refleja y consciente en el mayor grado posible la precomprensión, que de hecho se encuentra siempre incluida en cualquier interpretación, para medir y atemperar su incidencia real en el proceso interpretativo.

 

Finalmente, entre quien interpreta y el pasado objeto de interpretación se realiza, a través del esfuerzo cognoscitivo y valorativo, una ósmosis («fusión de horizontes»), en la que consiste propiamente la comprensión. En ella se expresa la que se considera inteligencia correcta de los eventos y de las palabras del pasado; lo que equivale a captar el significado que pueden tener para el intérprete y para su mundo. Gracias a este encuentro de mundos vitales, la comprensión del pasado se traduce en su aplicación al presente: el pasado es aprehendido en las potencialidades que descubre, en el estímulo que ofrece para modificar el presente; la memoria se vuelve capaz de suscitar nuevo futuro.

 

A una ósmosis fecunda con el pasado se accede merced al entrelazamiento de algunas operaciones hermenéuticas fundamentales, correspondientes a los momentos ya indicados de la extrañeza, de la copertenencia y de la comprensión verdadera y propia. Con relación a un «texto» del pasado, entendido en general como testimonio escrito, oral, monumental o figurativo, estas operaciones pueden ser expresadas del siguiente modo: «1) comprender el texto, 2) juzgar la corrección de la propia inteligencia del texto y 3) expresar la que se considera inteligencia correcta del texto» 66. Captar el testimonio del pasado quiere decir alcanzarlo del mejor modo posible en su objetividad, a través de todas las fuentes de que se pueda disponer; juzgar la corrección de la propia interpretación significa verificar con honestidad y rigor en qué medida pueda haber sido orientada, o en cualquier caso condicionada, por la precomprensión o por los posibles prejuicios del intérprete; expresar la interpretación obtenida significa hacer a los otros partícipes del diálogo establecido con el pasado, sea para verificar su relevancia, sea para exponerse a la confrontación con otras posibles interpretaciones.

 

Para que la Iglesia realice un adecuado examen de conciencia histórico delante de Dios, con vistas a la propia renovación interior y al crecimiento en la gracia y en la santidad, es necesario que sepa reconocer las «formas de antitestimonio y de escándalo» que se han presentado en su historia, en particular durante el último milenio. No es posible llevar a cabo una tarea semejante sin ser conscientes de su relevancia moral y espiritual. Ello exige la definición de algunos términos clave, además de la formulación de algunas precisiones necesarias en el plano ético. MM.

 

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P-¿A qué cree que puede deberse que la más grande "nación" histórica, y reino además, que ha sido destrozada en cinco jirones, como es Castilla, sea la única que no llora y berrea pidiendo reconocimiento de su hecho diferencial como los de las regiones catalanas, gallegas o las vascongadas, que ni siquiera eran reinos?

 

R-A Dios gracias a que no tiene nacionalistas y a que tiene todo lo que otros quisieran. Dr. CÉSAR VIDAL. 05.IX.2006-L.D.ESP.

 

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ESPAÑA 1492 - Comprendiendo la cultura en que se gestó, llegaremos a una visión más equilibrada para cualificar la gesta hispánica ¡el descubrimiento de América!   

 

Francisco de Vitoria, al tener conocimiento en 1536 de las violencias cometidas durante la conquista de Perú, escribe su relección De indis, en la que declara que los indios no son seres inferiores a los que es legítimo esclavizar y explotar sino seres libres, con iguales derechos que los españoles y dueños de sus tierras y bienes. De este modo se inició el derecho de gentes.

 

El religioso dominico, Fray Domingo de Santo Tomás, segundo Obispo de esta Diócesis de La Plata, en el antiguo Alto Perú, nombrado por Pío IV, fue uno de los primeros europeos que aprendió a la perfección el idioma keschwa (quechua), escribió la primera gramática y el primer vocabulario de esta lengua: "Gramática o arte de la lengua general de los ‘Reynos’ del Perú", publicada en Valladolid en 1560, y el "Vocabulario de la Lengua del Perú", y acabó de edificar la Iglesia Catedral de la ciudad y, sobre todo, "edificó la Catedral del alma de los Indios", como se lee en un escrito de su tiempo, dedicando a ellos la mayor parte de su vida. Asistió al Segundo Concilio Provincial de Lima, cuyo objetivo claro y fundamental fue "la evangelización de los Indígenas", para lo cual dos eran los presupuestos fundamentales que se acordaron y pusieron en práctica: aprender el idioma indígena y promover la formación del clero nativo. Bajo este imperativo, el 13 de enero de 1595, se fundó el actual Seminario Conciliar de San Cristóbal en La Plata (hoy Sucre), con el propósito de formar al clero nativo, propósito y edificio que siguen en pié.

 

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Historia y mentira - Si el historiador falta a la verdad, si cuenta lo que no ha sucedido, o calla lo que efectivamente ha acontecido, o lo desfigura, no es que tenga «poco valor», es que comete un delito intelectual. Lo mismo puede decirse del que extrae consecuencias falsas de un descubrimiento científico, o da por establecido lo que no pasa de ser una hipótesis o toma por incontrovertible lo que no se puede justificar con facilidad.
Estos usos, tan frecuentes, deberían acarrear una inmediata descalificación; no ocurre así. Hay autores que faltan a la verdad sistemáticamente, a lo largo de muchos años, y no pasa nada; quiero decir nada negativo, porque acaso gozan de éxito y fama. Es muy frecuente que dentro de la obra de un autor se prefiera la que es falsa, tal vez porque es la más polémica, porque se ha enzarzado con otros de tal manera que la primera víctima ha sido la verdad. Se olvidan las cosas justas que ha escrito, se retienen las desfiguraciones que se ha permitido para atacar a un adversario que acaso ha hecho lo mismo. Julián Marías, de la Real Academia Española

 

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HISTORIA: -Según una definición no menos acertada que otras, la historia es el conjunto de todos los hechos ocurridos en tiempos pasados.

Según otra más prolija, puede considerarse la historia, y es también definición que muchos historiadores consideran válida, como la narración y el estudio de los hechos del pasado, públicos y privados, pero trascendentes, merecedores de recuerdo, y su relación con el hombre civilizado y las sociedades humanas.

Pero algunos historiadores prefieren el término investigación a narración. Recogen la opinión de Volney: «La palabra historia parece haber sido empleada por los antiguos en una acepción muy diferente de la de los modernos; los griegos, sus autores, entendían por ella una persquisición, una investigación hecha con cuidado. Y en ese sentido la emplea Herodoto».

Hay otras definiciones del término historia, supongo que muchas, mas para entendernos en la divagación con que hoy pienso perder el tiempo, creo que con estas dos tenemos bastante.

Recientemente ha surgido de manera todavía imprecisa este otro término: retrohistoria, que algunos utilizan humorísticamente y otros, que lo toman más en serio, lo entienden como opuesto a la historia, pero en realidad no es así, sino que significa un modo diferente de describir o investigar -o quizás simplemente de ordenar para su estudio- los acontecimientos históricos.

La retrohistoria es opuesta a la historia, tal como a la historia se la ha entendido hasta ahora, pero no la niega ni la rechaza sino que la complementa. Y pretende dotarla de mayor eficacia. Esta es su intención y lo que impulsa a los historiadores partidarios de esta tendencia.

En la historia destaca, y esta es la voluntad del historiador, la narración (o investigación) de la sucesión de los hechos, de su encadenamiento desde el remoto ayer hasta el presente, sin adentrarse vanamente en las incógnitas del insondable futuro.

Aun siendo opuestas, en algo se asemejan la historia y la retrohistoria: en ambas se trabaja con materiales inexistentes. Inexistentes en el momento en que alguien se dispone a trabajar sobre ellos. No se diferencian en la calidad de dichos materiales sino en el orden en que se narra su aparición y su fugaz existencia.

Puede aceptarse la idea, sostenida por algunos comentaristas actuales, de que el concepto de retrohistoria ha surgido de la necesidad de estudiar no sólo los acontecimientos históricos sino, casi podría afirmarse que muy primordialmente, las respectivas causas de esos acontecimientos.

Poco importa al hombre conocer lo que ha sucedido o lo que está sucediendo, para bien o para mal, si desconoce el porqué del suceso, su causa. Al no conocerse las causas de los acontecimientos la historia pierde lo que puede tener para el ser humano de enseñanza provechosa y quedarse en mero entretenimiento.

Esta causa siempre necesariamente fue anterior al acontecimiento. El investigador histórico debe, por consiguiente, retroceder en el tiempo en vez de avanzar o de quedarse quieto o de saltarse varios siglos de un golpe o de embarcarse con Herbert George Wells en viajes al futuro. Pero he aquí que la causa suele ser al mismo tiempo un acontecimiento y, por lo tanto, el investigador histórico, si es consciente y riguroso, deberá investigar también la causa de este acontecimiento, retrocediendo, por lo tanto, en el tiempo histórico; y al proceder así sucesivamente se hallará inmerso en plena retrohistoria. Y para ello habrá utilizado un cambio radical de perspectiva.

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Análisis histórico - Con frecuencia en los análisis históricos se peca de falta de objetividad por juzgar con valores actuales los sucesos del pasado. Esto no significa relativizar el juicio valórico de los sucesos, sino extirpar ciertos moralismos actuales que no son reales, que suponen una "moral" moderna y postmoderna que juzga enloquecidamente las cosas. Desde una perspectiva objetiva tenemos que condenar sin reserva los errores ocurridos en l período analizado, pero sin rasgar vestiduras por la "monstruosa" noticia del descubrimiento y civilización europea en América, maldiciendo la hora en que se produjo al estilo del cuestionado activista verde Jacques Cousteau quien declaró en 1992 que la llegada de la Colón a América "fue un desastre peor que la lluvia de meteoritos que acabó con los dinosaurios en la prehistoria"

Aquí la premisa tribalista de "cada uno en su tierra sin invadir otra" queda desvanecida por el absurdo ante el dinamismo y realidad de la historia. Toda civilización es el fruto de una mezcla frecuentemente nada pacífica. La misma epopeya del Pueblo de Dios suponía conquistar una tierra prometida ocupada por tribus locales. Los mismos europeos provienen de invasiones y nuevas invasiones que mezclaron sus sangres e hicieron nacer las distintas culturas que dan alma al Viejo Mundo.

 

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Historia - La conciencia renacentista e ilustrada era mucho menos cristiana que la conciencia medieval. La conciencia de aquellos cristianos toleró la esclavitud más o menos como la conciencia actual de muchos cristianos e ilustrados filántropos ha resistido que el comunismo haya matado más de cien millones de hombres, sin mayores aspavientos, o como tolera que la matanza de los niños inocentes, por el aborto, se haya hecho legal y subsidiada.

 

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Isabel de Castilla, mujer y reina

 

Francesco Pappalardo y otros-Arbil, 25.V.2002

 

Isabel de Castilla (1451-1504). Isabel, cuyo proceso de beatificación está en camino, es modelo de vida para los regidores de los Estados, a los que muestra el camino de la caridad política; para los laicos, a los que enseña cómo perseguir el reino de Dios tratando las cosas temporales; para las familias y para las mujeres, como hija, hermana, esposa, madre cuidadosa y atenta de cinco hijos, en los que se volcó sin descuidar los asuntos de gobierno.

Los primeros años de reinado

Isabel de Castilla nace en Madrigal de las Altas Torres, en las cercanías de Ávila, el 22 de abril de 1451, hija del rey Juan II (1405-1454) y de Isabel de Portugal (m. 1496), su segunda mujer. Desde los tres hasta los diez años de edad vive en Arévalo, también en las cercanías de Ávila, educada con amor por su madre y guiada espiritualmente por los franciscanos. Llamada a la corte de Segovia por su hermano, el nuevo soberano Enrique IV (1425-1474), da pruebas de madurez solicitando y consiguiendo el permiso de vivir en casa propia para escapar de la vida licenciosa de la Corte. A la edad de diecisiete años demuestra tener un carácter enérgico y decidido, rechazando las propuestas de los partidarios de su hermano menor Alfonso (1453-1468), fallecido prematuramente, para ser proclamada reina en lugar del rey Enrique, cuya política había suscitado la oposición armada de una parte de la nobleza y del país.

El 19 de octubre de 1469, tras haber rechazado numerosos pretendientes propuestos por el soberano, se casa con don Fernando (1452-1516), príncipe heredero de Aragón y rey de Sicilia, que se compromete a llevar a su fin junto con su consorte, apenas fuera posible, la Reconquista. Finalmente, a la muerte de su hermano Enrique, es coronada reina de Castilla y León el 13 de diciembre de 1474, en Segovia, donde consagra el reino a Dios, jura fidelidad a las leyes de la Iglesia y se compromete a respetar la libertad y los privilegios del Reino y a que reine la justicia.

La joven reina se encuentra a la cabeza de una sociedad rica en vitalidad y energía, pero debilitada por conflictos internos y por la administración poco diligente de sus predecesores. Desde el principio de su reinado convoca a toda la nación a asambleas generales para la elaboración del programa de gobierno y varias veces reúne las Cortes de Castilla, formadas por los representantes de la nobleza y del clero y por los delegados de las ciudades, a las que pide auxilium y consilium antes de tomar las decisiones más importantes. Gracias a la participación de la nación en la actividad reformadora y al respeto por las libertades regionales y por los fueros, Isabel goza de un amplio consenso, que le permite alcanzar en un tiempo breve la pacificación del país. Además ordena la redacción de un código válido para todo el Reino, que es publicado en 1484 con el título de Ordenanzas Reales de Castilla; preside casi semanalmente las sesiones de los tribunales y otorga pública audiencia a quienquiera que lo solicite. Su sentido de la justicia y su clemencia conquistan rápidamente el país.

Isabel contribuye también de manera importante a la reforma de la Iglesia en Castilla, merced al apoyo del Papa Alejandro VI (1492-1503), que le concede amplios poderes, y a la ayuda del franciscano Francisco Jiménez de Cisneros (1436-1517), su confesor y luego arzobispo de Toledo. La reforma del clero y de las órdenes religiosas favorece la formación de un episcopado muy preparado y a la altura de los servicios universales a los que la Iglesia española será muy pronto llamada, como también la aparición de una legión de santos -entre ellos san Ignacio de Loyola (1491-1556) y santa Teresa de Ávila (1515-1582)- y de misioneros, que alcanzarán notoriedad especialmente en la evangelización de las Canarias, del emirato musulmán de Granada, de las Américas y de las Filipinas.

Isabel promociona también los estudios eclesiásticos, fundando numerosas universidades -primero la de Alcalá de Henares, que se convierte en el centro más importante de estudios bíblicos y teológicos del Reino-, y creando colegios y academias para laicos de ambos sexos, que dan a España una clase dirigente bien preparada y una nómina de hombres de vasta cultura y de profunda religiosidad que en los años venideros ofrecerán contribuciones importantes al Renacimiento español, que será ampliamente cristiano, a la Reforma católica y al Concilio de Trento (1545-1563).

La Inquisición y la expulsión de los judíos

La defensa y la difusión de la fe constituyen la preocupación principal de Isabel, que para conseguirlo solicita y obtiene del Pontífice la creación de un tribunal de la Inquisición, considerada necesaria para encarar la amenaza representada por las falsas conversiones de judíos y de musulmanes.

En los reinos de la península ibérica los judíos, muy numerosos, tenían desde siglos un estatuto no escrito de tolerancia y gozaban de una protección particular por parte de los soberanos. En cambio, las relaciones a nivel popular entre judíos y cristianos eran muy difíciles, sobre todo porque a los primeros no sólo se les consentía tener abiertas las tiendas en ocasión de las numerosas festividades religiosas, sino también efectuar préstamos con intereses, en una época en la que el dinero no era considerado como un medio para conseguir la riqueza. La situación se complicaba aún más por la presencia de numerosos conversos, o sea, de judíos convertidos al catolicismo, que dominaban la economía y la cultura, pero que a veces mostraban una adhesión puramente formal a la fe católica y celebraban en público ritos inequívocamente judaicos. Cuando Isabel asciende al trono la convivencia entre judíos y cristianos está muy deteriorada y el problema de los falsos conversos -según el autorizado historiador de la Iglesia Ludwig von Pastor (1854-1928)- era de una dimensión tal que incluso llegaba a cuestionar la existencia o no de la España cristiana.

Solicitado por Isabel y por su marido Fernando de Aragón -que inútilmente habían impulsado una campaña pacífica de persuasión para con los judaizantes- el 1 de noviembre de 1478 el Papa Sixto IV (1471-1484) crea la Inquisición en Castilla, con jurisdicción solamente para los cristianos bautizados. Por lo tanto, ningún judío fue jamás condenado como tal, mientras que fueron condenados los que se fingían católicos para conseguir ventajas. La Inquisición, arremetiendo sobre un porcentaje reducido de conversos y moriscos, acredita que todos los demás eran verdaderos conversos y que nadie tenía el derecho de discriminarlos o de atacarles con la violencia.

En los años posteriores a la creación de la Inquisición es de todas formas necesario proceder al alejamiento de los judíos de Castilla y de Aragón. Preocupados por la creciente infiltración de los falsos conversos en los altos cargos civiles y eclesiásticos y por las graves tensiones que debilitan la unidad del país, el 31 de marzo de 1492 Isabel y Fernando se ven obligados a revocar el derecho de residencia a los judíos no conversos. Los dos soberanos, esperando la conversión de la gran mayoría de los judíos y la permanencia en sus lugares, hacen preceder la medida por una gran campaña de evangelización.

De Granada a San Salvador

La tensión hacia la unidad religiosa, mucho más comprensible en una época en la que la adhesión de los ciudadanos a la misma fe era el elemento fundante de los Estados, alienta también la lucha plurisecular por la liberación del territorio ibérico de la dominación musulmana. La definitiva conquista de los últimos baluartes andaluces es gloria de todos los españoles, pero en particular de Isabel, que por llevar a buen término la Reconquista entrega todas sus energías y su dinero, manda construir carreteras y ciudades, recluta tropas de élite, atiende a la asistencia de heridos y de enfermos.

La victoria sobre los musulmanes, sancionada por la capitulación de Granada el 2 de enero de 1492, tras diez años de combates, es el acontecimiento más importante de la política europea de su tiempo y provoca gran júbilo en todo el mundo cristiano. El entusiasmo religioso y nacional que sostiene la empresa explica también el hecho de que los soberanos acojan el proyecto, aparentemente irrealizable, de Cristóbal Colón (1451-1506): las Capitulaciones de Santa Fe, el documento en el que se ponía en marcha su expedición, son, justamente, firmadas en el cuartel general de Granada, dos meses después de la reconquista de la ciudad.

La esperanza de Isabel es la de conducir a otros pueblos a la verdadera fe y no repara ni en gastos ni en dificultades para honrar los compromisos con Alejandro VI, que había concedido a los soberanos el derecho de patronazgo sobre las nuevas tierras a cambio de precisas obligaciones de evangelización. La reina, que ya en 1478 había hecho liberar a los esclavos de los colonos en las Canarias, prohíbe enseguida la esclavitud de los indígenas en el Nuevo Mundo y la decisión es respetada por todos sus sucesores. Merced al compromiso de Isabel y de sus sucesores el encuentro entre pueblos tan distintos, como los ibéricos y los indios americanos, es muy fecundo, alienta una auténtica integración racial -que se realiza bajo el signo del catolicismo, sin encontrar las dificultades típicas de la colonización de tipo protestante- y establece el nacimiento de una nueva y original civilización cristiana.

A finales de 1494 el Papa Alejandro VI concede a Fernando y a Isabel el título de Reyes Católicos como recompensa por sus virtudes, por el celo en defensa de la fe y de la Sede Apostólica, por las reformas aportadas en la disciplina del clero y de las órdenes religiosas, y por el sometimiento de los moros.

La reina, no obstante las graves desventuras familiares que afligen los últimos años de su vida -el fallecimiento de su único hijo varón, Juan (1478-1497), de su joven hija Isabel (1470-1498), de su nieto Miguel, además de la ofuscación mental de su hija Juana (1479-1555)-, jamás falta a sus obligaciones. Combativa hasta el final y animada por una fe heroica, muere en Medina del Campo el 26 de noviembre de 1504.

La causa de beatificación

A pesar de que entre sus contemporáneos fuera casi unánime la aprobación de las virtudes de Isabel y la admiración por su vida ejemplar, la difusión de una "leyenda negra" sobre la España católica, las guerras de religión y la dificultad de consultar los documentos retrasan abundantemente la apertura de la causa de beatificación. Pero la fama de santidad de la reina crece con el paso de los siglos y con el proceder de la investigación histórica, hasta que en 1958 se abre en la diócesis de Valladolid la fase preliminar del proceso de canonización, con la constitución de una comisión de expertos llamada a examinar más de cien mil documentos conservados en los archivos de España y del Vaticano. El 26 de noviembre de 1971 se instruye el proceso ordinario diocesano, que concluye tras la celebración de ochenta sesiones; el proceso apostólico en Roma se abre el 18 de noviembre de 1972 y, tras catorce años de trabajos, se lleva a cabo la composición de la Positio historica super vita, virtutibus et fama sanctitatis de la sierva de Dios, de la cual seis consultores de la Congregación de las Causas de los Santos, en la reunión del 6 de noviembre de 1990, expresan un juicio positivo. Los actos son trasladados a una comisión teológica para que se pronuncie sobre el mérito de la causa, pero el íter recibe un frenazo con ocasión del quinto centenario del descubrimiento y evangelización de América, que asistió al desencadenamiento de polémicas instrumentales por parte de cuantos consideran que la beatificación de la reina perjudicaría al espíritu ecuménico y que la creación del tribunal de la Inquisición y la "conquista" de América son obstáculos insuperables para el reconocimiento de la santidad de Isabel.

Un Comité Promotor de la Causa ha sido creado por alrededor de cincuenta cardenales, arzobispos y obispos de varias nacionalidades y por personajes ilustres del mundo católico para solicitar la beatificación de la sierva de Dios que -como afirma el canonista claretiano argentino Anastasio Gutiérrez Poza (1911-1998), postulador de la causa- es modelo de vida para los regidores de los Estados, a los que muestra el camino de la caridad política; para los laicos, a los que enseña cómo perseguir el reino de Dios tratando las cosas temporales; para las familias y para las mujeres, como hija, hermana, esposa, madre cuidadosa y atenta de cinco hijos, en los que se volcó sin descuidar los asuntos de gobierno. No obstante, su principal enseñanza consiste en el cuidado por el empeño misionero, que anima todas sus grandes empresas y que insta a proponerla como modelo de la primera y de la nueva evangelización del mundo en general y de Europa en particular.

Por Francesco Pappalardo, T. Angel Expósito y Jorge Soley Climent

Para profundizar: Joseph Pérez, Isabella e Ferdinando, trad. It., SEI, Turín 1991; A. Gutiérrez Poza C.M.F., La serva di Dio Isabella la Cattolica, modello per la nuova evangelizzazione, entrevista realizada por el que suscribe, en Cristianità, año XX, n. 204, abril 1992, págs.
11-16; y Jean Dumont, Il Vangelo nelle Americhe. Dalla barbarie alla civiltà. Con un´appendice sul processo di beatificazione della regina Isabella la Cattolica, trad. It., con un prefacio de Marco Tangheroni, Effedieffe, Milán 1992.


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Isabel de Castilla y Fernando II de Aragón

 

Cita y recoge un manual escolar de Vicens Vives un texto de Andrés Bernáldez de su «Historia de los Reyes Católicos don Fernando y doña Isabel» escrita por el bachiller en el que se afirma que «Reinó esta muy noble y muy bienaventurada reina con el rey don Fernando su marido en Castilla veintinueve años y diez meses. En el cual tiempo fue en España la mayor empinación, triunfo y honra y prosperidad que nunca España tuvo después de convertida a la fe católica. La cual prosperidad alcanzó por el precioso matrimonio del rey don Fernando y de la reina doña Isabel, por el cual se juntaron tanta multitud de reinos y de señoríos, como dice el dicho título, los que trajeron al matrimonio y los que ellos ganaron, mediante Dios que siempre los ayudó. Y así fueron infinitamente poderosos y floreció por ellos España infinitamente en su tiempo, y fue en mucha paz y concordia y justicia. Y ellos fueron los más altos y más poderosos que nunca en ellos fueron reyes».


   Afirmando seguidamente junto a dicho texto el mismo manual de Vicens Vives que «Los Reyes Católicos Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón formaban, por la apariencia, una pareja desigual; el era más bien bajo y robusto; ella era muy religiosa, tenaz y decidida.


   El título de Reyes Católicos se lo concedió el Papa Alejandro VI, cuando les encomendó la evangelización de las nuevas tierras que acababa de descubrir Cristóbal Colón».


   Un manual de SM incluye dos textos de Hernando del Pulgar en el que se asevera que «D. Fernando tenía una gracia tan singular, que cualquiera que con él hablase, luego lo amaba y lo deseaba y lo deseaba servir, porque tenía la comunicación amigable. Era asimismo inclinado al consejo, en especial de su mujer, porque conocía su gran suficiencia. Era hombre de fiar en sus tratos, aunque las necesidades grandes en que lo pusieran las circunstancias, lo hacían algunas veces variar» y que «Isabel amaba mucho a su marido, y cuidábale fuera de toda medida.


   Era muy aguda y discreta, se dio al trabajo de aprender las letras latinas, y alcanzó en tiempo de un año saber de ellas tanto, que entendía cualquier habla y escritura latina. Era muy inclinada a tener justicia, tanto que le era imputado seguir más la línea de rigor que de la piedad. Era católica, devota y mujer de gran corazón».


   Un manual de H.S.R. asevera que «reunidos en los Reyes Católicos los reinos de Castilla y Aragón, podía surgir la discordia al pretender Fernando gobernar sólo en Castilla alegando la legislación aragonesa que excluía del trono a las mujeres.


   Por eso, la participación que en el gobierno había de corresponder a cada uno de los esposos, fue regulada en la Concordia de Segovia, por la que se convino que:


   ¬la justicia se administraría en común por Doña Isabel y Don Fernando cuando estuviesen juntos, e idependientemente cuando se hallaran separados.
   ¬las cartas y reales provisionales habían de llevar las firmas de ambos, y las monedas, sus bustos.
   ¬se pondrían unidas las armas de Castilla y las de Aragón.
   Símbolo del pacto fue el lema Tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando, unido al yugo y al haz de flechas, que significan: la unión hace la fuerza.


   Con eso no se produjo ninguna alteración sustancial en el estado político particular de Castilla y de Aragón.

 

Los Reyes Católicos: organización del Estado

Un manual de Anaya afirma que «Dentro de cada Corona (que permanecen separadas), los Reyes Católicos se procurarán de la unidad de todas las fuerzas políticas, sociales, religiosas y económicas al servicio del Estado y la monarquía. Es el nuevo concepto renacentista del Estado nacional.


   La unidad social. Se conseguirá sometiendo a la nobleza al servicio de la corona. Estableciendo funcionarios reales en cada Ayuntamiento (los corregidores) y dando libertad a los siervos y campesinos que, arrancados del dominio jurídico de la nobleza, se unirán a los reyes. Al propio tiempo, una serie de guerras y conquistas dan un contenido nacional a la Corona española.


   La unidad política. Será forjada sometiendo a las poderosas Órdenes Militares; creando la Santa Hermandad, milicia voluntaria que vigila pueblos y caminos, y creando los Consejos (el de Hacienda, el de Indias, el de Castilla, el de Aragón) base de la organización del Estado, con una poderosa burocracia. Desde el punto de vista jurídico, se establecen unos Tribunales Supremos (las Chancillerías) para impartir justicia, además de diversas Audiencias.


   La unidad económica. Se logrará protegiendo a la industria, sobre todo la textil, a la Mesta, poderosa asociación de ganaderos, base de la exportación de lana, y favoreciendo las ferias, la construcción de barcos y el mercado exterior.


   La Iglesia. Se verá igualmente protegida con la creación del Tribunal de la Santa Inquisición que persigue a los falsos católicos, y con la expulsión de los judíos (en 1492) para lograr la unificación religiosa. Hay también una protección clara a la cultura (se imprime en Valencia el primer libro español) y el arte.


   La unidad del Estado. Junto a ello, los reyes finalizan la reconquista de la corona con la toma de Granada en 1492, con la posesión de las Canarias, a finales de siglo, y con la anexión de Navarra, en 1512. Aragón y Castilla, por otro lado, viven una época de hermandad y de unión social en torno a Isabel y Fernando.

 

Muerte de la Reina Isabel

Afirma un manual de Sánchez Rodrigo que «cuando Isabel la católica murió en el castillo de la Mota (Medina del Campo), en el año 1504, dejó un testamento lleno de sabiduría política y de amor y respeto hacia sus vasallos. Como herdera de la corona de Castilla dejó a su hija doña Juana, llamada la Loca debido a su incapacidad mental, y encargaba como regente a su marido, don Fernando, hasta que su nieto Carlos, hijo de Juana y de Felipe el Hermoso, cumpliera los veinte años.


   Así han reflejado los manuales de Ciencias Sociales la figura de «la muy noble y muy buenaventurada» reina doña Isabel de Castilla y del reinado de los Reyes Católicos durante 27 años. Ahora sólo cabe preguntarnos: ¿cuántos alumnos y alumnas de la época se acuerdan hoy de lo estudiado o han profundizado personalmente o en posteriores estudios sobre la figura de tan singular reina?


   En todo caso, hemos de aplaudir el Cielo de Conferencias sobre la figura de Isabel la Católica y su época, organizado por la Fundación Marcelino Botín en los próximos meses de abril y mayo de 2004 con motivo del citado V Centenario, en la que se analizarán diversos temas de gran interés como son «Los Reyes Católicos y la leyenda de la Edad de Oro en España», «Judíos y judeoconversos en la época de los Reyes Católicos»; «Napoles y Sicilia en la época del Renacimiento»; «Cultura del Renacimiento en España»; «Los Reyes Católicos, América y el dominio del mundo» y «El gobierno de la doble Monarquía».


   Una manera más de revisar nuestra historia, de la que un gran número de españoles tienen conocimiento a partir del primer sustrato histórico de lo aprendido en la Enseñanza General Básica.

 Juan Carlos Corniera Lera es presidente de la Asociación de Becarias de la Fundación Marcelino Botín - 2004-01-23 – LA RAZÓN ESP.

 

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ARAGÓN / LAS TENSIONES INDEPENDENTISTAS

La historia de la Corona de Aragón, «cocinada» por el nacionalismo catalán

La idea del «Reino de Cataluña» o el rey aragonés rebautizado a la catalana, algunas de las polémicas de los últimos años

ROBERTO PÉREZ / ZARAGOZA

Día 20/11/2012 - 09.15h

http://www.abc.es/local-aragon/20121119/abci-historia-corona-aragon-adaptada-201211190934.html


La historia de la Corona de Aragón es una de las materias que vienen saliendo damnificada por la «construcción nacional» del independentismo catalán. A lo largo de los años, Aragón se ha quejado de la insistente voluntad de reescribir la historia para acomodarla a las tesis independentistas de Cataluña. Uno de los episodios más recientes ha sido la difusión, a través de un portal oficial vinculado a la Generalitat, de la idea del «Reino de Cataluña», obviando que en realidad fue un territorio más dentro de la Corona de Aragón. Pero ha sido un episodio más dentro de una ya larga lista de polémicas históricas que, en Aragón, son sentidas como agravio a la memoria de la Corona de Aragón y, por extensión, a la historia del propio Reino de España.

«Reino de Cataluña»

Mes pasado, mediados de octubre: en una página web turística vinculada a la Generalitat (cataloniatours.cat), se difunden ante todo el mundo varias rutas turísticas ligadas al pasado de esa región. Y una de ellas se basa en la «casa real catalana». Hasta ahora, el nacionalismo vecino solía hablar de la «Corona catalano-aragonesa», un concepto que historiadores e instituciones aragonesas han insistido desde hace años en denunciar como una falsedad histórica de asombroso calibre.

Ahora, la Generalitat dirigida por CiU -partido entre cuyas cabezas visibles se cuenta al oscense, de Alcampell, Josep Antoni Duran i Lleida- da un paso más y habla abiertamente de la «casa real catalana». Obvia por completo el nombre de Aragón, y no parece un olvido sin más. Así lo hace cuando, en esta web, al referirse a finales del siglo XV apunta que «es en aquella época esplendorosa que nace la concepción de la nación catalana como una unidad territorial y lingüística, entre países hermanos y de igual a igual, que reúne el Principado de Andorra, el Principado de Cataluña, el País Valenciano y las Islas Baleares». Ni mención a Aragón, pese a que la realidad de aquel momento era que la actual Cataluña era un territorio más de la Corona de Aragón, junto a lo que hoy son la Comunidad Valenciana y Baleares.

Como ha recordado en reiteradas ocasiones el historiador Domingo Buesa, nunca existió un Reino de Cataluña, sino un Condado de Barcelona. Y éste accedió a la condición de territorio real en el siglo XII, «cuando la reina Petronila de Aragón se casó con el conde Ramón Berenguer IV de Barcelona, y el hijo de ambos, Alfonso II, fue el primer rey de la Corona de Aragón».

El rey Pedro III, «rebautizado»

Más episodios. Año 2009: Cataluña provoca otra disputa con Aragón a vueltas con la historia, cuando la Generalitat «rebautizó» al rey Pedro III de Aragón como «Pere II». Tampoco era una mera catalanización del nombre del rey aragonés. Tras la maniobra había un objetivo más amplio, que engarza con la vocación nacionalista por ir construyendo su relato de la inexistente Corona catalana: «encontrado» un rey por la vía de la catalanización de su nombre y del ordinal (Pedro segundo, en vez de Pedro tercero, para engarzarlo con el orden del supuesto linaje real catalán), quedaría argumentada la existencia de una Corona a la catalana. En aquel momento surgió en Aragón un amplio movimiento de contestación social y política. El PAR acusó al nacionalismo catalán de «profanar» la historia de Aragón y, por ende, la de España.

Archivo de la Corona

Sin embargo, la insistencia con la que el nacionalismo catalán trata de ningunear su pasado como un territorio más de la Corona de Aragón contrasta con el especial celo que, a lo largo de los años, los sucesivos gobiernos nacionalistas de la Generalitat han puesto para blindar y cerrar el paso a la gestión compartida del Archivo de la Corona de Aragón, que tiene su sede física en Barcelona.

El Archivo de la Corona de Aragón es de titularidad estatal. Hace tiempo se instauró una fórmula de gestión compartida, para que Cataluña no tuviera sobre dicho archivo más voz que cualquier otro de los territorios que formaron parte de la Corona aragonesa. Se creó elpatronato del Archivo de la Corona de Aragón, órgano del que forman parte los actuales gobiernos autonómicos de las comunidades cuyos territorios formaron parte en la histórica Corona: Aragón, Cataluña, Comunidad Valenciana y Baleares. Pero quedó en papel mojado. La Generalitat ha presionado, y conseguido, para mantener bloqueado ese patronato.

Lo cierto es, sin embargo, que los sucesivos gobiernos centrales han preferido aparcar la polémica con una salomónica decisión: no convocar al patronato del Archivo de la Corona de Aragón. Y así se está desde hace años.

El Principado de Gerona, aragonés

La historia, eso sí, deja datos curiosos. Por ejemplo, el hecho de que el título de Príncipe de Gerona -que ostentan los herederos al trono de España, actualmente Don Felipe- es un título nacido y perteneciente a la historia de la Corona de Aragón, no de Cataluña.

El Principado de Girona remonta su origen al año 1351. Fueinstituido inicialmente como Ducado por el rey Pedro IV de Aragón en el año 1351. Medio siglo después, Fernando I de Antequera, primer rey de Aragón de la dinastía de los Trastámaras, elevó la categoría a la dignidad de Principado en 1416 con el que distinguir al heredero a la Corona de Aragón. El infante Don Alonso (futuro rey Alfonso V) fue el primer en recibir el título de Príncipe de Gerona. Desde entonces, la tradición se mantuvo, con la celebración de la ceremonia en la que se juraba al heredero al trono y se le investía con el título de Príncipe de Gerona. La ceremonia, por cierto, siempre se hacía en Zaragoza en primer lugar, y luego solía repetirse en otros territorios que formaban parte de la Corona de Aragón.

Hay quienes abogan, caso concreto del PAR, por que las Cortes aragonesas aprueben una ley de derechos históricos que, entre otras cosas, recoja aspectos como el título del Príncipe de Gerona ligado, como lo estuvo, a la honda historia de la Corona de Aragón. Una pretendida ley de derechos históricos que el PAR también cree que serviría para plantar cara a la persistente «manipulación» de la historia por parte del nacionalismo catalán.


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Nuestra revisión a las nuevas naciones de América estaría incompleta si no analizamos a los dos países que, en diferentes circunstancias, nacieron a la vida independiente sin ruptura ni desgarramientos significativos. En el sur del Continente, el Brasil, y en el norte, Canadá.

 

La famosa “línea alejandrina” con la cual el Papa Alejandro VI solucionó la disputa entre las Coronas Portuguesa y Española sobre el Descubrimiento del Nuevo Mundo, dejó a los portugueses la exploración, conquista y evangelización de los territorios que existieran hacia el oriente de esa línea situada “a cien leguas de las islas Azores” y que por el Tratado de Tordesillas (1494) fue corrida otras doscientas leguas más. La primera expedición colonizadora de las Indias portuguesas estuvo compuesta por trece navíos ampliamente pertrechados, y llegaron a las costas de Brasil el Domingo de Pascua del año 1500, celebrándose una misa en la Bahía de la Vera Cruz. Inexplicablemente, diez días después la expedición zarpó de regreso a Portugal.

No fue sino hasta 1530 que los portugueses iniciaron un tímido poblamiento con la fundación del Puerto de San Vicente. Pasarían aún otros diecinueve años para que Martín de Sousa emprendiera un poblamiento más enérgico a partir de la fundación de la ciudad de Bahía (1549). Los indígenas del Brasil (tupies en la costa, chavanes en el interior y guaraníes en el sur) vivían en condiciones similares a la de los caribes en medio de selvas interminables.

Un gran pensador e historiador brasileño, José Pedro Galvao de Sousa escribía: “Cuando Martín de Sousa llega al litoral de lo que hoy es el Estado de Sao Paulo (…) ahí funda la villa de San Vicente, «célula mater» de la gran nación que se va a constituir. Traza el plano de la ciudad, hace erigir una capilla, manda construir dos fortines, surgen las primeras edificaciones, y por último, como símbolo de la autonomía municipal, indica desde luego que el régimen de los Consejos de los Municipios portugueses serán también para el Brasil. En las ciudades más importantes, gran poder tendrán los llamados «Senados de Cámara», enfrentando a los gobernadores y llegando a levantar su voz en la cara de la Metrópoli.

El Brasil, en cuanto unidad política ya constituida, no era propiamente una colonia, utilizándose este término para designar la ocupación y el fomento de las regiones sin cultivo. La parte del Continente Americano que integraba al Reino de Portugal lo fue como Algarbe de la Península Ibérica.”6

De las posesiones que Portugal tenía en el África negra trasladaron al Brasil a miles de esclavos para trabajar las feraces tierras; pero lo mismo en la América española que en Brasil, la esclavitud tuvo en la Iglesia un poderoso freno que aminoró las crueldades de ese “negro baldón de la humanidad”. El mestizaje de portugueses y españoles con los negros, la vida de tantos religiosos como San Pedro Claver “el esclavo de los esclavos”, que dedicaron su vida a aliviar la de los negros, o las facilidades que las leyes lusitanas e hispánicas daban a los negros para alcanzar su libertad, son manifestaciones de condiciones más humanas para la terrible realidad de la esclavitud en la cual, como recordaba Juan Pablo II en Senegal, “participaron bautizados que no vivieron su fe.”

Pero a diferencia de la independencia de Hispanoamérica, el Brasil surgió como Nación independiente en paz, sin antagonismo con su identidad y sin el traumatismo de la ruptura. Las tropas de Napoleón originalmente entraron a España con el consentimiento del inepto Carlos IV para invadir Portugal, y cuando los estandartes franceses eran ya visibles desde Lisboa, el Rey de Portugal Juan VI abordó el barco que lo trasladó a Río de Janeiro donde quedó instalada la Corte Portuguesa.

Tras el ocaso de Napoleón en Europa y el regreso de Juan VI a Lisboa, éste dejó en Río de Janeiro a su hijo Don Pedro, quien fue proclamado “Emperador de Brasil” el 12 de Octubre de 1822. “La continuidad monárquica y dinástica, perdida en la América española, aseguró al Brasil sesenta años de paz interior, orden, equilibrio político y estabilidad económica.”7

Antes del Descubrimiento de América, en el Norte del Continente y a semejanza del Brasil, los inmensos territorios del Canadá se encontraban también casi inhabitados, pero no a causa de las impenetrables selvas sino del clima polar que por largos meses persiste en las tundras canadienses. Las tribus indígenas que la habitaban, algonquines y athabascos, así como otros pequeños grupos indígenas eran todos nómadas, viviendo de la caza, la pesca y la recolección de frutos.

Las costas del Canadá en el Océano Pacífico fueron exploradas por los españoles en los primeros años del siglo XVI, pero sin realizar alguna acción de poblamiento, pues Mesoamérica y Sudamérica consumían todas sus energías. Fue el francés Jaime Cartier el primer europeo quien, tras la exploración del río San Lorenzo, fundó en sus márgenes Nueva Francia en 1534. Pero, a semejanza de lo ocurrido con los portugueses sobre el Brasil, también los franceses demostraron muy poco interés por Canadá durante más de setenta años.

No fue sino hasta 1628 en que, con la fundación de Québec por Samuel Champlain, la colonización francesa en Canadá recibió un impulso más enérgico. La vida de las poblaciones francesas en Canadá durante el siglo XVII tuvo dos características relevantes: la evangelización de los pocos indígenas que la habitaban y las guerras contra los ingleses que buscaban apoderarse del territorio de los franceses. La victoria de los ingleses en Québec en 1754 y los tratados de 1759 establecieron el dominio definitivo de Inglaterra en todo el Canadá. De inmediato los ingleses decretaron la exclusión de la Iglesia Católica, provocando un gran descontento entre la población francesa, la cual era obviamente mayoría. No fue sino hasta 1774 cuando Inglaterra accedió a permitir la libertad religiosa mediante el “Acta de Québec”. Al estallar la guerra de Independencia de las Trece colonias, los canadienses permanecieron fieles al Rey Jorge III.

Por el “Tratado del Escorial” de 1785, España cedió los derechos que tenía en las costas del Pacífico canadiense. Entonces, en 1791 Inglaterra dividió el Canadá en dos grandes regiones: el “Alto Canadá” con la población de habla inglesa, y el “Bajo Canadá” con la población de habla francesa.

Viendo que ésta división podría desembocar en una ruptura (de hecho las tensiones entre los francófonos y los anglófonos persisten hasta el día de hoy), en 1840 con el “Acta de Unión”, Inglaterra estableció la “Confederación de Canadá”, agregándole los territorios de Brunswick, Nueva Escocia, Mantoba y la Columbia Británica. En 1923 Canadá fue ya un Estado autónomo miembro de la Commonwhealth, y finalmente en 1982 y con la anuencia de Inglaterra, Canadá acabó con cualquier dependencia del Parlamento Británico. Su Independencia fue, pues, el resultado de una evolución normal, tranquila y en paz.

Así como un ser humano alcanza una auténtica madurez y un uso pleno de su libertad tras un crecimiento normal, aunque no siempre exento de vicisitudes, el Brasil y Canadá son naciones que llegaron a la vida independiente sin el trauma de una ruptura con sus raíces ni con su identidad.

MMVI. Agradecemos al autor - Juan LOUVIER CALDERÓN

Director del Instituto de Investigaciones Humanísticos de la
Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP)

 

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Tordesillas y el reparto del mundo

 

PASAJES DE LA HISTORIA DE ESPAÑA

Aunque hoy parezca mentira, hubo un día en que españoles y portugueses nos repartimos el mundo, al menos sobre el papel. Como buenos hermanos, la mitad para cada uno. Fue en Tordesillas, hace más de quinientos años. El estupor que semejante acuerdo provocó en Europa fue sonado. En París, el rey Carlos VIII exclamó, indignado: "Antes de aceptar el reparto, quiero que me muestren en qué cláusula del testamento de Adán se estipula que el mundo pertenezca a los españoles y a los portugueses".

 

No existía esa cláusula, claro, pero sí un puñado de capitanes valientes que, al frente de sus carabelas, habían llegado donde nadie lo había hecho antes y, lo más importante, habían regresado para contarlo. Esto, a nuestros entrañables vecinos del norte, aún les escuece.

 

España y Portugal o, mejor dicho, Castilla y Portugal no se llevaban bien. Compartían una larga y permeable frontera, hablaban casi el mismo idioma y a los dos se les había acabado el poderoso estímulo de la Reconquista. Los portugueses terminaron antes. Al llegar a las playas del Algarve se encontraron frente a un inmenso océano que, a diferencia del Mediterráneo, estaba sin explorar. El Atlántico era un misterio: peligrosas criaturas lo poblaban y los navíos que se aventuraban en sus aguas no volvían jamás a puerto.

 

Como los lusos son gente perseverante y venían muy motivados después de guerrear cinco siglos contra los moros, se pusieron manos a la obra. Dieron el salto a África y comenzaron a bajar lentamente por sus costas, sin alejarse demasiado de ellas, que luego no sabían como volver. Para ponerle remedio, sus marinos descubrieron cómo funcionan los vientos, trazaron los primeros mapas de navegación oceánica, cartografiaron la costa africana y fundaron factorías comerciales, de las que traían oro, marfil y esclavos. Durante el siglo XV, Lisboa fue la Florencia del mar.

 

El pastel era demasiado apetitoso como para dejar que sólo lo degustasen los portugueses. Castellanos, catalanes, mallorquines e italianos, que siempre están en todos los guisos, se aprestaron a hacerse con su porción. El problema es que, a excepción de Castilla, el resto se encontraba demasiado lejos del Atlántico. Los reyes, además, desconfiaban de aventuras mercantiles de incierto desenlace, y más teniendo a mano un Mediterráneo cruzado por mil rutas comerciales, por mucho que los piratas berberiscos las esquilmasen. Ya se sabe: más vale malo conocido que bueno por conocer.

 

Castilla se incorporó tarde y sin demasiado entusiasmo a la carrera atlántica, pero se llevó la parte del león: las Canarias, el único archipiélago poblado y de cierto fuste de cuantos se hallaban a una distancia prudencial del continente.

 

Y aquí surgió el conflicto. A los portugueses no les sentaba nada bien que, después de un siglo jugándose el pellejo, llegasen los de al lado y se quedasen con lo mejor. Las cosas de casa, es decir, las dinásticas, se complicaron y Castilla, partida en dos, llegó a las manos con Portugal. Al final, el rey Alfonso V por un lado y los Reyes Católicos por otro alcanzaron un acuerdo entre caballeros, el de Alcaçovas, firmado en 1479.

 

Alcaçovas dividía el Atlántico en dos. Al norte de las Canarias los castellanos podían seguir buscando tesoros, si es que quedaba alguno, porque Madeira y las Azores se las reservaba el astuto Alfonso. Al sur, todo para Portugal, hasta donde fuesen capaces de llegar sus intrépidos marinheiros. No estaba mal del todo. Los portugueses se quitaban a un incómodo competidor en su camino a la India, y los castellanos podrían finalizar la conquista de las Canarias sin más contratiempos que los que los aguerridos guanches pusiesen a sus soldados.

 

Entonces sucedió lo que nadie esperaba. Colón volvió del Caribe asegurando que había llegado a la India o, al menos, a sus inmediaciones. Esto echaba por tierra el arreglo de Alcaçovas. Por si colaba, Lisboa reclamó para sí los territorios descubiertos por Colón, esgrimiendo el tratado de 1479. No coló, naturalmente. Para no volver a armarla recurrieron al Papa, que era, en última instancia, el dueño del mundo en su calidad de vicario de Cristo.

 

Y es aquí donde Fernando el Católico estaba esperando al portugués con la daga detrás de la espalda; la jugada tenía truco. En 1492 ascendió al solio pontificio Alejandro VI, un valenciano de armas tomar cuyo nombre de civil era Rodrigo de Borja; o sea, un Borgia. No es necesaria mucha más presentación. Sin dudarlo un instante, se apresuró a satisfacer a su antiguo señor, el rey de Aragón.

 

En la primavera de 1493, con Colón deshaciendo el equipaje, extendió una bula, la Inter Caetera, en virtud de la cual todo lo que había descubierto el genovés pertenecía a los reyes de Castilla y Aragón. El único requisito para formalizar la donación era que los monarcas se comprometiesen a evangelizar a las gentes que se encontrasen en aquellas tierras, para que "la fe católica y la religión cristiana sean exaltadas, y que se amplíen y dilaten por todas partes, y que se procure la salvación de las almas, y que las naciones bárbaras sean abatidas y reducidas a dicha fe". Casi nada.

 

Juan II de Portugal, viendo que el combate estaba amañado, protestó enérgicamente ante la curia, que no le hizo ni caso. Meses más tarde Alejandro VI dio un nuevo apretón de tuercas a Lisboa. En otra bula delimitó las áreas de influencia de España y Portugal, o, acercándonos al alambicado lenguaje vaticano, fijó qué tierras habrían de evangelizar los españoles y a cuáles llevarían la buena nueva los capellanes de las carabelas portuguesas. Porque, claro, el Papa no sabía de imperios, y mucho menos del oro y las especias que los pizpiretos marinos ibéricos andaban buscando como locos.

 

El problema es que ni el Santo Padre, por muy vicario de Cristo que fuese, ni nadie sabían a ciencia cierta qué era lo qué había más allá del océano, por lo que el Pontífice, hombre práctico por encima de todo, trazó una línea imaginaria de polo a polo que quedaba a unas cien leguas de las Azores y Cabo Verde. A la izquierda de la raya los españoles podrían navegar, colonizar y, sobre todo, bautizar a los infieles, que, a juicio de Alejandro VI, "parecen suficientemente aptos para abrazar la fe católica y para ser imbuidos en las buenas costumbres". Si lo sabría él. A la derecha los portugueses tenían franquicia para hacer lo propio.

 

El caso es que en el lado español no se sabía lo que había, pero en el portugués sí: agua salada y tempestades. Esto colmó la paciencia de Juan II, y le puso de uñas contra sus tramposos e intrigantes vizinhos.

 

La disyuntiva era o callar y tragarse lo que había dicho el Papa –un Papa, dicho sea de paso, muy casero– o liarse la manta a la cabeza y declarar la guerra a Fernando, que era quien andaba detrás de todo el enredo. Si lo primero era malo, lo segundo era aún peor. A esas alturas los portugueses no podían ya ni soñar con medir sus armas con las de castellanos y aragoneses. A Fernando tampoco le venía bien una guerra con Portugal. Estaba ocupado en echar de Nápoles a los franceses y no quería verse envuelto en una reyerta peninsular. Portugal ya caería por su propio peso, o por algún matrimonio afortunado, que de esto los Reyes Católicos sabían un rato.

 

La única solución factible para remendar el entuerto era sentarse a negociar y pactar una nueva línea de demarcación. Una vez conseguido el acuerdo, se lo presentarían al Papa y asunto zanjado: cada uno en su casa y Dios en la de todos.

 

Las dos delegaciones decidieron reunirse en Tordesillas, una próspera ciudad a orillas del Duero, no muy lejos de Valladolid. El documento de partida fue la bula papal que establecía la línea en mitad del Atlántico, o lo que hoy sabemos es la mitad del Atlántico, porque en 1494 sólo se conocía de América las cuatro islas en que había recalado la expedición colombina.

 

La primera idea de los portugueses era volver al orden de Alcaçovas, definiendo un paralelo y no un meridiano, como había hecho el Papa, y que Portugal se quedase con toda la parte austral y España con la boreal.

 

Parecía atractiva la propuesta, pero a los castellanos no les convenció. Para llegar a América había que tomar los alisios del nordeste, que soplan hacia el sur, y regresar a Europa con los vientos que impulsan la corriente del Golfo de México. Esa fue la derrota de todas las travesías atlánticas hasta la irrupción de la navegación a vapor, en el siglo XIX. Esto obligaba a Fernando a entregar el Caribe a Portugal, y hurtaba a los navegantes españoles la posibilidad de explorar el sur, que era lo más interesante, condenándoles a internarse en las traicioneras aguas del norte.

 

Rechazada de plano la opción del paralelo, los delegados portugueses se concentraron en mover el meridiano papal hacia el oeste. Era su obsesión, y durante toda la negociación no cejaron en su empeño. Los castellanos, representados por el mayordomo real Enríquez de Guzmán, accedieron a ampliarla 150 leguas, luego 250, pero no era suficiente para el delegado de Juan II, Ruy de Sousa: la raya tenía que ir más allá, siempre un poco más allá.

 

Semejante testarudez en trasladar una simple línea unas cuantas leguas a poniente en medio de lo que, supuestamente, no era más que una enorme masa de agua da que pensar. ¿Acaso para entonces Juan II ya sabía, gracias a un viaje secreto, que Brasil está donde está? Oficialmente, Brasil se descubrió seis años más tarde, en 1500, en el viaje de Pedro Alvares Cabral, que tomó posesión de aquella tierra por encontrarse, precisamente y por muy poco, en el lado portugués de la línea de demarcación pactada en Tordesillas. No se sabe ni se sabrá nunca; el hecho es que, gracias a la terquedad de Sousa, el plenipotenciario castellano consintió mover la dichosa línea 270 leguas desde el punto fijado en las bulas alejandrinas, ni un palmo más. Entonces los portugueses esbozaron una lusitana sonrisa y aceptaron.

 

El tratado se firmó el 7 de junio de 1494, y se enviaron sendas copias a los reyes de España y Portugal. Los primeros lo ratificaron en Arévalo un mes más tarde. El segundo puso su real sello en Setúbal a finales del verano. El mundo quedaba, por vez primera en la historia, dividido en dos. Buena parte de la Creación tenía, por fin, dueño y señor. La línea de Tordesillas sirvió para que, sin pelearse, los marinos ibéricos largasen velas a placer durante dos generaciones. Sirvió también para delimitar las áreas de conquista y colonización.

 

Treinta años más tarde hubo que revisarlo, porque tanto habían progresado que unos y otros se encontraron de nuevo cara a cara en los antípodas. El contrameridiano del Pacífico se fijó en Zaragoza, en 1529. Para entonces América ya era América, y la India se había convertido en un emporio portugués. Los efectos del tratado de Tordesillas se dejaron sentir durante siglos, y aún hoy marcan las fronteras entre la Hispanidad y la Lusofonía, entre el castellano y el portugués, dos lenguas hermanas que, con 600 millones de hablantes en cuatro continentes, conforman la primera comunidad lingüística de ámbito global. Pocos acuerdos han logrado tanto con tan poco.

Agradecemos al autor: Por Fernando Díaz Villanueva-LD-ESP. 2006-03-06

 

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Isabel la Católica - Como ya hemos visto en el apartado dedicado a la política exterior, los años entre 1490 y 1500 fueron especialmente duros para Isabel la católica al fracasar la política matrimonial y por tanto de alianzas tejida por los Reyes. Los últimos años de Isabel giran en torno a la figura del heredero de la Corona, Carlos, y sucesivos juegos de alianzas.

El Consejo de Borgoña, sabiendo que los Reyes Católicos habían asumido que el hijo de Juana y Felipe era el heredero de la corona de España, ofreció a los reyes una propuesta a este efecto que era la de casar a su nieto Carlos con Claudia la hija del Rey de Francia, Luis XII, con lo que conseguiría, por un lado la unión de Borgoña con Francia y, por otro, la certeza que con esto se terminaría la enemistad entre los dos países y las correspondientes guerras.

Mientras tanto Isabel escribía una larga carta a su hija instándola a venir a España ya que no se podía demorar más su juramento como heredera del trono de España delante de las Cortes. No puso reparos a que Carlos se casara con Claudia.

Felipe comentaba a Fuensalida (embajador de España) que para hacer el viaje, estando Juana preñada, necesitaba un gran séquito por lo que era necesario que se le facilitasen 26 millones de maravedíes. En aquella época, como en la actual, todo tenía un precio ya fuera un pacto matrimonial, un viaje político, un cargo público, etc. Como ejemplo valga el hecho de que la ciudad de Bruselas ofreció a Felipe el Hermoso 5.000 florines para que el hijo que esperaban naciera en esa ciudad. Así se hizo, el Conde cobró y la niña Isabel nació donde querían las autoridades de la ciudad.

Isabel seguía empeorando y todos estos acontecimientos la debilitaban cada vez más. La enfermedad de Juana le era de sobra conocida y la pudo comprobar en ella misma por las durísimas palabras que le dedicó la Infanta con motivo de alguna de sus crisis, en el transcurso de una de sus visitas a España con motivo del nacimiento de su hijo Fernando. Así llegó el día 26 de noviembre de 1504 en que muere Isabel apaciblemente habiendo tenido tiempo de redactar su testamento (uno de los documentos históricos más importantes) y un codicilo anejo. Pudo reinar gracias a la sentencia arbitral de Segovia de 1475 que permitía reinar a las mujeres.
2006-02-09-Agradecemos a: Rafael Osset y Manso de Zúñiga - Octubre 2004

http://www.educahistoria.com/reportajes/isacat/index.php

 

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Ortega decía que Castilla hizo a España y Castilla la deshizo. Sánchez Albornoz dijo que Castilla hizo a España y España deshizo a Castilla. Julián Marías dice que Castilla se hizo España. ¿Con qué frase se queda usted? ¿Cuál cree que define mejor el proceso histórico de Castilla y España?

Con Sánchez Albornoz... como casi siempre. Dr.C.VIDAL.2005.07.12

 

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Medioevo: un jeme es la medida que establece la distancia entre el dedo índice y el pulgar, separados todo lo posible. Así es en las Vegas Bajas del Guadiana y en toda tierra de garbanzos. No se debe confundir con el palmo, la distancia entre el meñique y el pulgar, con la mano abierta todo lo posible. Aproximadamente, un jeme = 17 cm., un palmo = 22 cm. Antes de esa gran invención que fue el metro, la gente se entendía con mediciones corporales como pulgadas (la falangeta del dedo gordo), jemes, palmos, pies, codos, pasos (yardas). Una legua = 5,5 kilómetros, 6.000 pasos o 20.000 pies. Es la distancia que recorre caminando un hombre en una hora. Cinco leguas es lo que se recorre usualmente en una jornada. Por esa razón es la distancia convencional entre dos ciudades. Por ejemplo, entre Medina del Campo y Tordesillas, entre Tordesillas y Toro, entre Toro y Zamora, etc.

 

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Medina del Campo - España

Isabel de Castilla, reina de la libertad

 

Isabel nació un día de Jueves Santo, como si la fecha significara una especie de predestinación. Fue educada en términos profundamente religiosos que la hicieron enfocar su existencia dentro de esta línea; destaca su principal adhesión a los jerónimos, dominicos y franciscanos, Órdenes con las cuales tuvo una especial vinculación. De Beatriz de Silva, santa canonizada, obtuvo la devoción a la Inmaculada, y de Teresa Enríquez, esposa de Cárdenas, una muy especial vinculación a la Eucaristía. En Guadalupe disponía de una celda, un paraíso según la calificaba, frente al altar mayor. Ahora bien, parece muy significativo que, precisamente, en Guadalupe se firmaron las leyes que acabaron con las últimas reliquias de servidumbre. En adelante, los súbditos iban a constituir una comunidad de bautizados, a quienes se dotaba de libertad.
Apoyada en todo por Fernando, sin el cual su obra resulta incomprensible, remató un proceso constitucional de la monarquía que, en la misma línea que adoptaría Martín Lutero, aunque en sentido opuesto, sometía el Estado naciente a los principios morales de la religión católica. Cuius religio eius regio, podría decir en vez de cuius regio eius religio, como sostendría el reformador alemán. Es cierto que esto llevaría a algunas decisiones no aceptables como la Inquisición –que complicaba a la Iglesia en una labor de represión–, o la suspensión del status de los judíos, pero significaba un salto adelante de extraordinarias consecuencias. Se iniciaba el camino que, muy pronto, iba a permitir enunciar el Derecho de gentes.
De acuerdo con la doctrina cristiana, y así lo había explicitado Clemente VI en 1347, la persona humana era concebida como criatura a quien el mismo Dios ha proporcionado capacidad racional, que no se limita al conocimiento experimental, y libre albedrío, que significa el ejercicio de la voluntad. En consecuencia, esa misma naturaleza aparece como portadora de tres derechos naturales que no son consecuencia revisable de un consenso como ahora los entendemos: vida, libertad y propiedad resultan inalienables. Y así lo exigió. Cuando se prohibió el judaísmo, los hebreos, tras haber ejercido su voluntad, convertirse o permanecer, pudieron irse disponiendo de todos sus bienes. Y en el momento de suscribir su Testamento, Isabel reconoció que esos derechos alcanzaban también a los moradores de las islas y tierra descubiertas, a los que llamaba vecinos, como si fueran ciudadanos en Castilla.
Agradecemos al autor: Luis Suárez Fernández 2004.11. ALFA Y OMEGA. ESP.

 

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Asistimos
a la sustitución
de la verdad
por el mero interés inmediato;
a la de lo sólido
y riguroso por
lo cómodo o fácil;
y a la de lo correcto por lo que
se presume directamente rentable.

MMV

 

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Los adultos suelen denunciar que un amplio sector de los jóvenes viven hoy sólo para la satisfacción inmediata de sus deseos. Sólo les interesa el disfrute de lo instantáneo, lo que ocurre en cada instante, de lo que sólo dura un momento. De ese modo reducen la temporalidad al tiempo presente, a lo fugaz, a lo que dura apenas un relámpago en el cielo: el pasado ya no existe; el futuro todavía no es. Luis Olivera, es periodista 2005-06-26

 

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Un filósofo joven, Daniel Innerarity, lo ha descrito así: “Hay en nuestra civilización una ocupación completa con el tiempo presente, un instantaneísmo huérfano de memoria y de proyecto. Una detención del presente fijado en sí mismo desencadena el miedo, que es propio de toda carencia de memoria y previsión. De ese presente desmemoriado se apodera un miedo difuso, pues no recuerda nada similar ni ha previsto cómo afrontar lo imprevisible. El miedo es la sensación habitual de quien no tiene experimentos ni confianza; es decir, pasado y futuro”. Para ellos, hay rumor de fantasmas a su alrededor. Luis Olivera, es periodista 2005-06-26

 

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Estos jóvenes que reducen la poliédrica y rica temporalidad sólo al presente, reducen –a su vez—el presente al presente placentero. Eso muestra que han nacido y crecido en la civilización del placer. “Viven en una sociedad en la que el placer sensible es considerado como el bien supremo de la vida”, según Gerardo Castillo. Y, por lo mismo, el dolor es el mayor de los males: algo que hay que evitar como sea. Y todo lo que exija esfuerzo debe ser eliminado, como ahora sucede con la reválida del bachillerato que se anuncia. Aunque todo lo que tiene algún valor ha supuesto antes y durante un esfuerzo para alcanzarlo, lo que hace valorarlo más. Ser notario o ingeniero aeronáutico no está al alcance de cualquiera. De otra manera, todos tendríamos la misma titulación. Luis Olivera, es periodista 2005-06-26

 

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Una persona que rige su vida sólo por el deseo, atenta seriamente contra su forma de entender y de vivir la libertad. Es una persona que no es libre, porque no elige; simplemente se deja llevar, como las veletas, por el viento que sopla, venga de donde venga. En el mejor de los casos es víctima de una deformación de la libertad, porque no tiene ninguna restricción. Allan Bloom considera en ella varias consecuencias preocupantes: “La pérdida de todo sentido de que yo deba dar cuenta a alguien de lo que hago, o de que yo deba sentirme vinculado esencialmente hacia ese alguien. La gente joven de hoy tiene miedo a estar comprometida”. Y menos a compromisos que alcancen toda la vida, que son los que construyen personalidades fuertes y coherentes, que edifican los sillares de una biografía que realmente valga la pena ser vivida. Luis Olivera, es periodista 2005-06-26

 

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Pero no. Ahora, el verdadero estilo de vida consistiría en elegir lo que más me apetezca en cada momento, pero sin que eso tenga consecuencias: se abdica de la responsabilidad por los propios actos. Eso es lo que afirma un reciente estudio de la sociedad americana, país incubadora donde nacen todos los estilos de vida. Este último es “la moral de la tolerancia”. El ‘life-style’ justifica cualquier modo de vida. “Proporciona una garantía moral a la gente para vivir exactamente como quieren. (..) Esta moral establece que cualquier cosa que yo haga es buena, porque yo la quiero. Lo que le da garantía de bondad es que emana de mi deseo”. Sólo por eso queda justificada en sí misma, sin que sea necesario un contraste con alguna norma moral. “Precisamente la norma moral que hay que respetar es la espontaneidad de mi deseo, que pueda fluir sin trabas ni imposiciones. La norma es la ausencia de toda norma”, como lo explica el filósofo Ricardo Yepes. Luis Olivera, es periodista 2005-06-26

 

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Beato Gerric d’Igny (hacia 1080-1157) monje cisterciense de la Iglesia Católica - Tercer sermón para el Adviento, 2; SC 166, pag. 123


“Un centurión del ejército romano se le acercó suplicándole...” (Mt 8,5)

   ¡O verdadero Israel, estate preparado para salir al encuentro del Señor! No sólo estate a punto para abrirle cuando llame a la puerta sin sal alegremente a su encuentro mientras esté todavía lejos, y con plena confianza ante el día del juicio, pide de todo corazón que venga su reino.... Que tu boca pueda cantar: “Mi corazón está firme, Dios mío, mi corazón está firme.” (Sal 56,8)....
      ¡Y tu Señor, ven a mi encuentro, yo que te voy buscando! Porque, a pesar de todos mis esfuerzos no me podré levantar hasta ti si tú no te inclinas, me tiendes tu derecha ya que es obra de tus manos. (cf Job 14,15) Sal a mi encuentro y ve que no hay impiedad en mí. Y si encuentras en mí un camino de maldad que yo desconozco, apártalo de mí y ten misericordia de mí, condúceme por el camino eterno,(cf Sal 138,24) es decir, Cristo, ya que él es el camino por donde llegar a la eternidad, sendero inmaculado y morada de los santos.

 

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Concilio Vaticano II - Declaración sobre la Iglesia y las religiones no cristianas, “Nostra Aetate” 1-2 

 

“La mujer era pagana.” (Mc 7,26) -    En nuestra época, en la que le género humano se une cada vez más estrechamente y las relaciones entre los diferentes pueblos aumenta, la Iglesia considera más atentamente cuál ha de ser su relación con las religiones no cristianas. En su misión de fomentar la unidad y la caridad entre los hombres y también entre los pueblos, considera aquí, ante todo, aquello que tiene en común y les conduce a la mutua solidaridad.
       Todos los pueblos forman una única comunidad y tienen un mismo origen, puesto que Dios hizo habitar a todo el género humano sobre la entera faz de la tierra; tienen también un único fin último, Dios, cuya providencia, testimonio de bondad y designios de salvación se extienden a todos hasta que los elegidos se unan en la Ciudad Santa, que el resplandor de Dios iluminará y en la que los pueblos caminarán a su luz.
       Los hombres esperan de las diferentes religiones una respuesta a los enigmas recónditos de la condición humana que, hoy como ayer, conmueven íntimamente sus corazones... Las religiones, en contacto con el progreso de la cultura, se esfuerzan por responder a estas cuestiones con nociones más precisas y un lenguaje más elaborado...proponiendo caminos, es decir, doctrinas y normas de vida y ritos sagrados. 
       La Iglesia católica no rechaza nada de lo que en estas religiones es verdadero y santo. Considera con sincero respeto los modos de obrar y de vivir, los preceptos y doctrinas que, aunque discrepen mucho de los que ella mantiene y propone, no pocas veces reflejan, sin embargo, un destello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres. Anuncia, y tiene la obligación de anunciar sin cesar a Cristo, que es camino, verdad y vida (Jn 14,5) en quien los hombres encuentran la plenitud de la vida religiosa, en quien Dios reconcilió consigo todas las cosas.

 

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«Apelar a la tolerancia para desacreditar la posibilidad de convicciones fuertes es un error de bulto, pues la tolerancia se apoya y alimenta de una convicción. La tolerancia no implica relativismo, más bien al contrario.» 2005

 

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"No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios: concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará eternamente sobre la casa de Jacob y su Reino no tendrá fin. (Lucas 1:30-33) "

 

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“La profesión de fe más bella es la que, en el relampaguear de la tormenta, te levanta y conduce a Dios”. (Santo Padre Pio de Pietrelcina)

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".

 



Alégrese la madre naturaleza
con el grito de la luna llena:
que no hay noche que no acabe en día,
ni invierno que no reviente en primavera,
ni muerte que no dé paso a la vida;
ni se pudre una semilla
sin resucitar en cosecha.

 

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“Cuando contemplo el cielo, obra de tus manos, 
la luna y las estrellas que has creado, 
¿qué es el hombre para que te acuerdes de él, 
el ser humano, para darle poder? 
Lo hiciste poco inferior a los ángeles, 
lo coronaste de gloria y dignidad”(Ps. 8).   

 

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Dijo Dios: «Produzca la tierra animales vivientes según su especie: ganados, reptiles y bestias salvajes según su especie». Y así fue. Dios hizo las bestias de la tierra, los ganados y los reptiles campestres, cada uno según su especie. Vio Dios que esto estaba bien. Gen. 1, 24-25

 

La naturaleza canta las glorias del Creador y el hombre sepa gozar en armonía con todo lo creado.

 

¡Hoy la tierra y los cielos me sonríen
hoy llega hasta el fondo de mi alma el sol
hoy la he visto... la he visto y me ha mirado
Hoy creo en Dios!

 

¡Que tu conducta nunca sea motivo de injustificada inquietud a la creación, en la que tu eres el rey!

 

El ecologismo espiritual nos enseña a ir más allá de la pura «protección» y del «respeto» de la creación; nos enseña a unirnos a la creación en la proclamación de la gloria de Dios.

 

«La belleza podrá cambiar el mundo si los hombres consiguen gozar de su gratuidad» Susana Tamaro – católica, escritora - 2004.12.

 

¡Oh galaxias de los cielos inmensos, alabad a mi Dios porque es omnipotente y bueno! ¡Oh átomos, protones, electrones! ¡Oh canto de los pájaros, rumor de las hojas, silbar del viento, cantad, a través de las manos del hombre y como plegaria, el himno que llega hasta Dios!»

 

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Señor Jesús, queremos recoger la lección de S. Francisco que aprendió de la Iglesia.
Como él queremos verte en tus obras y a través de ellas llegar a Ti.
Que todo el universo sea para nosotros un cántico de alabanza en tu honor.
Que a través de nuestras buenas obras, los demás también Te glorifiquen y juntos construyamos esa fraternidad universal, de la cual el mundo entero está necesitado. AMÉN.

 

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«Las catástrofes naturales nos sitúan en la verdad. A pesar de tantos progresos, no estamos en grado de poder gobernar la realidad en su totalidad. No encontramos respuesta a estos hechos porque hemos perdido el sentido de la grandeza de Dios»

 

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‘Si la técnica no se reconcilia con  la naturaleza, ésta se rebelará’ 12 nov.2000 S. S. Juan Pablo II - Magno

 

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San Pedro Crisólogo (380 ca. 450 ca.) en el Segundo discurso sobre el ayuno: "Son grandes las obras del Señor". Pero esta grandeza que vemos en la grandeza de la creación, este poder, es superado por la grandeza de la misericordia. En efecto, el profeta dijo:”Son grandes las obras de Dios"; y en otro pasaje añade:”Su misericordia es superior a todas sus obras". La misericordia, hermanos, llena el cielo y llena la tierra. (...) Precisamente por eso, la grande, generosa y única misericordia de Cristo, que reservó cualquier juicio para el último día, asignó todo el tiempo del hombre a la tregua de la penitencia. (...) Precisamente por eso, confía plenamente en la misericordia el profeta que no confiaba en su propia justicia:  "Misericordia, Dios mío —dice— por tu bondad" (Sal 50, 3)" (42, 4-5:  Discursos 1-62 bis, Scrittori dell area santambrosiana, 1, Milán-Roma 1996, pp. 299. 301).
Así decimos también nosotros al Señor:  "Misericordia, Dios mío, por tu bondad".

 

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«Decálogo católico» sobre ética y ambiente

 

Presentado por el Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz- ROMA, 08.11.2005  expresa la enseñanza –síntesis- de la doctrina social de la Iglesia católica sobre el ambiente.
 
1) La Biblia tiene que dictar los principios morales fundamentales del designio de Dios sobre la relación entre hombre y creación.

2) Es necesario desarrollar una conciencia ecológica de responsabilidad por la creación y por la humanidad.

3) La cuestión del ambiente involucra a todo el planeta, pues es un bien colectivo.

4) Es necesario confirmar la primacía de la ética y de los derechos del hombre sobre la técnica.

5) La naturaleza no debe ser considerada como una realidad en sí misma divina, por tanto, no queda sustraída a la acción humana.

6) Los bienes de la tierra han sido creados por Dios para el bien de todos. Es necesario subrayar el destino universal de los bienes.

7) Se requiere colaborar en el desarrollo ordenado de las regiones más pobres.

8) La colaboración internacional, el derecho al desarrollo, al ambiente sano y a la paz deben ser considerados en las diferentes legislaciones.

9) Es necesario adoptar nuevos estilos de vida más sobrios.

10) Hay que ofrecer una respuesta espiritual, que no es la de la adoración de la naturaleza.

 

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VERITAS OMNIA VINCIT

LAUS TIBI CHRISTI.

 

 

Gracias por venir a visitarnos

 

Carta I de San Pablo a los Corintios 15,1-8. - Hermanos, les recuerdo la Buena Noticia que yo les he predicado, que ustedes han recibido y a la cual permanecen fieles. Por ella son salvados, si la conservan tal como yo se la anuncié; de lo contrario, habrán creído en vano. Les he trasmitido en primer lugar, lo que yo mismo recibí: Cristo murió por nuestros pecados, conforme a la Escritura. Fue sepultado y resucitó al tercer día, de acuerdo con la Escritura. Se apareció a Pedro y después a los Doce. Luego se apareció a más de quinientos hermanos al mismo tiempo, la mayor parte de los cuales vive aún, y algunos han muerto. Además, se apareció a Santiago y de nuevo a todos los Apóstoles. Por último, se me apareció también a mí, que soy como el fruto de un aborto.

 

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Recomendamos vivamente:

1º Jesús de Nazaret – Al siglo, Joseph Cardenal Ratzinger: ‘Benedicto XVI’. 2007

2º ‘CÓMO LA IGLESIA CONSTRUYÓ LA CIVILIZACIÓN OCCIDENTAL’. Ninguna institución ha hecho más para dar forma a la civilización occidental que la Iglesia Católica, y en modos que muchos de nosotros hemos olvidado o nunca sabido. Como la Iglesia construyó la civilización occidental es una lectura esencial para redescubrir esta relegada verdad. De un modo senillo y muy atractivo. 2007.

Autor: Thomas E. WOODS Jr.-Editorial: CIUDADELA. 

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Recomendamos: ‘Desafíos cristianos de nuestro tiempo’, editado por Rialp. El autor, sacerdote, repasa algunos de los problemas más habituales a los que se enfrentan los cristianos hoy. Toca, por ejemplo, la cuestión del evolucionismo y el creacionismo para explicar de qué manera son complementarios, apoyándose en el magisterio de los distintos Papas. Otro tema de actualidad que no soslaya es la presencia del mal en el mundo. Y tampoco evita el cómo enfrentarse al dolor y a la muerte.  En opinión del autor, «la crisis del amor constituye el mar de fondo de las tormentas que agitan las aguas del Primer Mundo», y corresponde a los cristianos retomar el mandamiento nuevo del Señor. El laicismo intransigente en que vivimos anima a tomar ejemplo de los mártires y a hacernos presentes en la vida pública. 2007

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).