Thursday 27 April 2017 | Actualizada : 2017-03-29
 
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"Una fe que no puede chocar con la historia tampoco tiene nada que decir a la historia" Joseph Ratzinger

 

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Historia - La tolerancia que emanaba de Roma hacia los judíos no siempre era respetada por muchos obispos y predicadores, que consideraban que la presencia judía no acarreaba ningún bien, y lanzaron contra los judíos toda clase de invectivas. En 1199, Inocencio III publicó la Constitutio contra iudaeis, estableciendo las normas de obligado cumplimiento para los cristianos en relación con los judíos: estancia legal en tierra cristiana, protección de personas y bienes, conservación de la fe mosaica, inviolabilidad de sinagogas y cementerios. Para la Iglesia, el judaísmo se presentaba como el depósito de la revelación de la Verdad hasta la llegada de Jesucristo y, un día, acabarían por llegar al "nuevo" Israel.

 

Lutero, como padre espiritual de la Alemania moderna, tiene una responsabilidad muy grave en el proceso de odio que se desarrolló contra los judíos.

 

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Se escuchan voces que se auto-llaman ‘progresistas’ y piden que se olvide lo que Colón logró hacer porque a esta conquista le siguieron las acciones feroces de algunos conquistadores; como siempre, los hombres son capaces de lo mejor y lo peor. No puede negarse y es verdad que algunos comportamientos fueron deplorables, pero tampoco puede negarse la grandeza de la Roma antigua y la necesidad que tenemos de la Grecia clásica. La espléndida aventura de Colón tuvo su saldo altamente positivo: rompió una lanza en favor de nuestra autoestima. Ya está bien de que nos flagelemos y de que siempre tengamos que pedir perdón. Podemos avergonzarnos de algunos excesos-comportamientos de la justicia de la Inquisición como de la Justicia de nuestros días y en todos los países del mundo, pero no de lo que logró Colón. La acertada y gran aventura de Cristóbal Colón enciende luces y alarga sombras: Colón fue un magnífico navegante y un pésimo gobernante, pero ahí estaba la Reina Isabel para frenar sus intentos de sometimientos exagerados o esclavitud. Fue la gran Reina Isabel la Católica su protectora al cien por cien. Colón es el primer navegante que se atreve a penetrar en el mar ignoto, en el mar Tenebroso para alcanzar las Indias Orientales, que resultan ser las tierras del Nuevo Continente. Esa es la magnífica aventura de Colón de la que nadie puede negar y enorgullece el coraje de las generaciones futuras, hace suntuoso el anhelo de descubrir respetando la vida. Como decía Séneca: ««No se descubrirá nunca nada, si se considera satisfecho de lo ya descubierto».

 

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"La primera ley de la historia es no atreverse a mentir; la segunda, no temer decir la verdad" (León XIII)

 

«Juan Pablo II estuvo a punto de beatificar a Isabel, pero Lustiger se opuso decisivamente»

14 marzo 2014

 

Ya está en la calleIsabel íntima (Planeta), el nuevo libro de José María Zavala, centrado esta vez en un personaje clave de la Historia universal, como es Isabel la Católica. Su popularidad reciente, a raíz del éxito de la serie de televisión de RTVE, va pareja con la persistencia de la vieja leyenda negra contra ella, tejida de falsedades y desenfoques a los que el autor no rehúye enfrentarse.

 

Cuenta para ello, como explica a ReL, con un documento de excepcional importancia que esperaba en los archivos vaticanos el examen de su mirada escrutadora: la Positio o documento de beatificación de la Reina Católica.

 

-¿Está usted preparado para la polémica?

-Si por polémica se entiende desmontar la falsa “leyenda negra” contra la mujer y reina más célebre de la Historia de España, ya lo creo que estoy preparado. Aunque en el fondo no debiera haberla para quien examine, sin prejuicios, el proceso de beatificación de Isabel la Católica. Puedo asegurar que el arsenal de documentos que respalda las principales decisiones de su reinado es abrumador.

 

-No sólo la defiende la "leyenda negra", usted es partidario de que la Iglesia reconozca sus virtudes...

-Ojalá que este libro se convierta en un eficaz instrumento para reabrir el proceso de beatificación de Isabel. Recordemos que el cardenal Rouco Varela impulsó ya dicho proceso en diciembre de 2002, durante una conferencia en la Embajada española ante la Santa Sede en la que calificó a la reina de “gran cristiana” y de precursora de la defensa de los derechos humanos.

 

-¿Ha habido posibilidades reales de esa beatificación?

-Juan Pablo II estuvo a punto de beatificar a Isabel. Creía en la vida de santidad de esta mujer y reina que vivió en grado heroico todas las virtudes, según se desprende de los más de 100.000 documentos examinados, de los que finalmente se escogieron 3.160 documentos repartidos en 27 tomos (el primero de ellos con dos volúmenes) que conforman la Positio a la que he tenido acceso.

 

-¿Por qué se le dio carpetazo entonces?

-Cuando la beatificación estaba a punto de salir adelante, el cardenal francés Jean Marie Lustiger, amigo del Papa Wojtyla y defensor del diálogo hebreo-católico como judío converso que era, se opuso de forma decisiva.

 

-¿Quién fue en realidad Isabel la Católica?

-Antes que nada, fue una mujer ejemplar como hija, esposa y madre. Una mujer y reina con un sentido trascendente de la vida. Católica no de boquilla, como tantos otros de hoy, sino convencida de que Dios ocupa siempre el primer lugar en la vida y de que todo lo demás debe subordinarse a la Suprema Voluntad.

 

-¿Incluso la expulsión de los judíos?

-Una reina católica como ella, en el siglo XV, creía a pies juntillas que la religión cristiana era una verdad absoluta que debía protegerse a toda costa. Incluso, en efecto, prescindiendo de los falsos judíos conversos que ejercían un pernicioso proselitismo para la fe cristiana. ¡Y ojo, porque la Iglesia pensaba como ella! Juzgar por eso la expulsión de los judíos con criterios actuales constituye un craso error.

 

-¿Qué quiere decir exactamente?

-Pues que en la expulsión, a diferencia de lo que sostienen algunos, no existió motivo alguno racista o antisemita; sencillamente, porque el racismo como tal no existía entonces sino que es un fenómeno actual. Tampoco hubo codicia alguna de riqueza, puesto que para la corona la medida supuso la pérdida de ingresos para sus arcas. Además, la situación legal de los judíos de Castilla era la de “extranjeros tolerados”, de modo que no fue propiamente una expulsión.

 

-Si no fue una expulsión, ¿qué fue entonces?

-Estrictamente, una suspensión del permiso de permanencia en España, a modo de pasaporte actual, sin que ello representase injuria alguna, tal y como sostiene el postulador de la causa de beatificación, Anastasio Gutiérrez. En el mismo decreto de los reyes se apelaba exclusivamente al “gran daño, detrimento y oprobio de nuestra santa fe católica”. Recordemos que a Isabel, en el momento de su proclamación, se le tomó juramento en presencia del nuncio apostólico para mantener a sus súbditos “como Dios mejor le diese a entender”. Poco después, ella consagró su reino a Dios en la iglesia de San Miguel de Segovia, de modo que con el decreto de expulsión no hizo sino obedecer un deber de Estado y cumplir un juramento. Podríamos estar hablando largo y tendido sobre este controvertido asunto, pero invito al lector a despejar sus incertidumbres en mi libro.

 

-¿Y qué les puede decir a quienes condenan la Inquisición por considerarla un instrumento represor y cruel para los no cristianos?

-Los historiadores han centrado su atención en los aspectos secundarios e intrascendentes, pasando por alto la verdadera razón que puso en marcha todo el aparato inquisitorial del reino de Castilla: el fenómeno religioso de los “conversos”. Me refiero a los judíos que abandonaban externamente su religión mosaica y recibían incluso el bautismo cristiano, pero seguían siendo en secreto tan judíos como antes, tratando incluso de arrastrar a los demás a sus ritos mosaicos. Por otra parte, el nacimiento del Santo Oficio en Castilla no fue un invento de los Reyes Católicos. El antecedente más importante se remonta a la delegación del Papa Nicolás V al rey Juan II de Castilla, en 1451. Remito al lector de nuevo a mi libro, porque es imposible ventilar este asunto con tanta premura.

 

-Ahora que algunos pretenden expropiar a la Iglesia nada menos que la catedral de Córdoba, ¿qué puede objetar sobre la tan vituperada reconquista del reino de Granada?

-La reconquista de Granada fue, antes que nada, la culminación de un largo proceso de recuperación del suelo patrio, basada en el ideal renacentista de la unidad nacional bajo un Estado de corte moderno. Con la recuperación de Granada, Isabel y Fernando no hicieron sino coronar una empresa comenzada en el año 718 en Covadonga y continuada durante casi ocho siglos. La Reconquista fue acordada por iniciativa de Isabel ya en las capitulaciones matrimoniales y decretada en las Cortes de Toledo de 1480.

 

-Y como colofón a la “leyenda negra” contra Isabel no podía faltar el Descubrimiento y evangelización de América. ¿Qué puede alegar ante quienes aseguran que el principal móvil de la expedición de Colón fue la consecución de riquezas para la corona?

-Del arsenal documental de la Positio emerge la principal razón del Descubrimiento: la expansión de la fe de Cristo. Nada, por tanto, de cálculos crematísticos futuros en esta empresa. Es más: la reina llegó a ofrecer sus propias joyas como garantía de un préstamo para financiar la expedición. Podemos afirmar así con el postulador de la causa de beatificación, que a Isabel se debe la incorporación de América a la civilización occidental y la impronta de la cristianización del Nuevo Mundo, sólo comparable a los otros dos hechos misioneros trascendentales: la evangelización de los pueblos del Mediterráneo y la de los pueblos bárbaros de Europa. Casi nada.

http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=34409

14 marzo 2014

 

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DISCERNIR - A todos se les pide el saber cultivar un atento discernimiento y una constante vigilancia, madurando una sana capacidad crítica ante la fuerza persuasiva de tantos medios de comunicación que no cesan de inventar, suponer o repetir ‘leyendas negras’, difamaciones o mentiras históricas… mienten sabiendo de mentir.

Los que escuchan no deben ser obligados a imposiciones ni compromisos, engaño o manipulación. Jesús enseña que la comunicación es un acto moral “El hombre bueno, del buen tesoro saca cosas buenas y el hombre malo, del tesoro malo saca cosas malas. Os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres darán cuenta en el día del Juicio. Porque por tus palabras serás declarado justo y por tus palabras serás condenado” (Mt 12, 35-37).

“Por tanto, desechando la mentira, hablad con verdad cada cual con su prójimo, pues somos miembros los unos de los otros. […]No salga de vuestra boca palabra dañosa, sino la que sea conveniente para edificar según la necesidad y hacer el bien a los que os escuchen” (Ef 4, 25.29).

 

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Derechos - Señor del mundo, Padre de todos los hombres, por medio de tu Hijo nos has pedido amar a los enemigos, hacer bien a los que nos odian y orar por los que nos persiguen. Muchas veces, sin embargo, los cristianos han desmentido el Evangelio y, cediendo a la lógica de la fuerza, han violado los derechos de etnias y pueblos; despreciando sus culturas y tradiciones religiosas: muéstrate paciente y misericordioso con nosotros y perdónanos. Por Cristo nuestro Señor. R. Amén.

 

Cieza de León 1518?-1560 reconoce que en aquella empresa hubo crueldades, pero asegura que no todos actuaron así, «porque yo sé y vi muchas veces hacer a los indios, buenos tratamientos por hombres templados y temerosos de Dios, que curaban a los enfermos». Sus escritos denotan un hombre de religiosidad profunda, compadecido de los indios al verlos sujetos a los engaños y esclavitudes del demonio...

 

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Iglesia – de hombres pecadores. Por desgracia, en el seno de la Iglesia, que está constituida por hombres, no faltan los pecadores, sobre todo cuando no se vive el precepto de la caridad, que es esencial y es el primero para un cristiano. De este modo se produce un antitestimonio de Jesucristo. La muchedumbre inmensa de los mártires testifica con su sangre la fidelidad de la Iglesia a Jesucristo, porque, aunque haya en ella pecadores, es a la vez una Iglesia de mártires, es decir, de cristianos auténticos, que han practicado su fe en Cristo y su caridad hacia los hermanos, incluidos los enemigos, hasta el sacrificio, no sólo de su vida, sino también con frecuencia de su honra, habiendo tenido que soportar humillaciones tremendas, entre otras la de ser tachados de traidores y farsantes.

Faltas del pasado - No podemos ocultar que muchos que profesaban ser discípulos de Jesús han cometido errores a lo largo de la historia. Con frecuencia, ante problemas graves, han pensado que primero se debía mejorar la tierra y después pensar en el cielo. La tentación ha sido considerar que, ante necesidades urgentes, en primer lugar se debía actuar cambiando las estructuras externas. Para algunos, la consecuencia de esto ha sido la transformación del cristianismo en moralismo, la sustitución del creer por el hacer. Por eso, mi predecesor de venerada memoria, Juan Pablo II, observó con razón: «La tentación actual es la de reducir el cristianismo a una sabiduría meramente humana, casi como una ciencia del vivir bien. En un mundo fuertemente secularizado, se ha dado una “gradual secularización de la salvación”, debido a lo cual se lucha ciertamente en favor del hombre, pero de un hombre a medias, reducido a la mera dimensión horizontal. En cambio, nosotros sabemos que Jesús vino a traer la salvación integral»[Enc.Redemptoris missio.]

S.S. Benedicto PP XVI: MMVI.

 

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Petición de perdón - Para concluir, quisiera haceros partícipes de una reflexión, que me interesa particularmente. La petición de perdón, de la que tanto se habla en este período, atañe en primer lugar a la vida de la Iglesia, a su misión de anunciar la salvación, a su testimonio de Cristo, a su compromiso en favor de la unidad, en una palabra, a la coherencia que debe caracterizar a la existencia cristiana. Pero la luz y la fuerza del Evangelio, del que vive la Iglesia, pueden iluminar y sostener, de modo sobreabundante, las opciones y las acciones de la sociedad civil, en el pleno respeto a su autonomía. Por este motivo, la Iglesia no deja de trabajar, con los medios que le son propios, en favor de la paz y de la promoción de los derechos del hombre. En el umbral del tercer milenio, es legítimo esperar que los responsables políticos y los pueblos, sobre todo los que se hallan implicados en conflictos dramáticos, alimentados por el odio y el recuerdo de heridas a menudo antiguas, se dejen guiar por el espíritu de perdón y reconciliación testimoniado por la Iglesia, y se esfuercen por resolver sus contrastes mediante un diálogo leal y abierto. 31. X. 1998 S.S. Juan Pablo II – Magno

 

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«No se descubrirá nunca nada, si se considera satisfecho de lo ya descubierto». Séneca.

 

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‘Las indias no eran colonias’

Ricardo Levene y el concepto de colonia

 

 

LEVENE, RICARDO, Las indias no eran colonias, Espasa-Calpe, Madrid, 3ª edición: 1973, pp. 153 y 154) y resaltando que la “investigación histórica moderna ha puesto en evidencia los altos valores de la civilización española y su transvasamiento en el Nuevo Mundo” (Ibíd., p. 153).

El pensamiento de Levene queda claro, resumidamente, en la advertencia con que da comienzo a su famosa obra Las indias no eran colonias, publicada por vez primera en 1951. Nos permitimos transcribir el siguiente texto:

Las indias no eran colonias, según expresas disposiciones de las leyes:

Porque fueron incorporadas a la Corona de Castilla y León, conforme a la concesión pontificia y a las inspiraciones de los reyes católicos y no podían ser enajenadas;

Porque los naturales eran iguales en derecho a los españoles europeos y se consagró la legitimidad de los matrimonios entre ellos;

Porque los descendientes de los españoles europeos o criollos, y en general los beneméritos de Indias, debían ser preferidos en la provisión de oficios;

Porque los Consejos de Castilla y de Indias eran iguales como altas potestades políticas;

Porque las instituciones provinciales o regionales de Indias ejercían la potestad legislativa;

Porque siendo de una Corona los reinos de Castilla y León y de Indias, las leyes y orden de gobierno de los unos y los otros debían ser los más semejantes que se puedan;

Porque en todos los casos que no estuviese decidido lo que se debía proveer por las Leyes de Indias, se guardarían las de Castilla conforme al orden de prelación de las Leyes de Toro;

Porque, en fin, se mandó excusar la palabra conquista como fuente de derecho, reemplazándola por la de población y pacificación (Ibíd., pp. 10 y 11).

Agradecemos al autor – Sr. Don Gonzalo Verbal
Dirección: Santiago, Chile - 2006-09-14
Información personal: Estudiante de Historia en la Universidad de los Andes. http://www.apologeticahistorica.blogspot.com/

 

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Si Isabel es santa, es problema de la Iglesia

 

 

Jesús Sanz - PUP, 4.III.2002

 

Tal como informaba en ABC César Alonso de los Ríos, ha vuelto a ponerse sobre el tapete la canonización de Isabel la Católica. Hace poco tuve que reírme porque alguien dijo que la educación en España acusaba una excesiva influencia del cristianismo. Pero es cierto que, si no en la educación, en otros aspectos de nuestra sociedad lo cristiano mantiene aún un peso considerable. Es lógico, pues quince siglos de historia no se borran así como así. Pero choca que sean a veces los enemigos de la Iglesia quienes contribuyen a hacer notorio ese peso. Lo digo por lo a pecho que se suelen tomar este asunto de las canonizaciones. Lo lógico sería que si la Iglesia es, como ellos pretenden, una entidad anacrónica y totalmente en declive, les importara bastante poco que canonizasen a Isabel la Católica o a Paulino Uzcudun: allá los curas con sus cosas. Y, sin embargo, su grito en el cielo viene a confirmar que, de algún modo, el dictamen de la Iglesia tiene aún una relevancia no pequeña: vamos, que va a misa.

Personalmente, me encantaría tener una reina santa. Y más si no hubiese sido una simple "esposa de rey", sino una competente administradora de la cosa pública. Pero sé también que en esto de las canonizaciones interviene también el factor de la oportunidad: durante mucho tiempo se paralizó la causa de los mártires españoles de la guerra civil, para evitar que fuesen instrumentados políticamente. Y los Reyes Católicos, a pesar del tiempo transcurrido, son aún signo de contradicción. Y está, claro, la cuestión de los judíos: ¿hasta qué punto merece la pena hurgar en una herida como esa y romper puentes hacia el diálogo?

Desde luego, no creo que el asunto de la expulsión de los judíos merme un ápice la potencial santidad de la reina Isabel. No por lo que dice Alonso de los Ríos de que hay que tratar ese caso "a partir de los valores culturales de su tiempo": lo que era pecado en el siglo XV lo es en el XXI, y si hay un episodio que haría dudar de la santidad de alguien en nuestra época, cabría dudar igualmente si sucede hace cinco siglos. Hitler y Stalin habrían sido igual de canallas en la edad del bronce.

Pero una cosa es llevar a cabo una acción de gobierno de todo punto inicua y otra tomar una decisión de Estado que, causando grandes incomodidades a una serie de personas, se estima en conciencia digna de ejecutarse por el bien de los más. Si yo pensara, con bastante fundamento, que una minoría escasamente integrada en la nación y con unas fuertes señas de identidad conspira contra la seguridad del Estado, probablemente también me sintiera urgido a adoptar medidas drásticas. Por ejemplo, a exigirles fidelidad a las normas del juego democrático: que no de modo diferente se consideraba el cristianismo en la Europa del siglo XV, es decir, como un sistema de valores incuestionable. No sé cómo se juzgarán al cabo de cinco siglos las leyes restrictivas sobre inmigración o las expulsiones de los ilegales, que me imagino deben de causarles bastante trastorno. Pero no veo impedido de llegar a los altares a quien ha de tomar esas medidas.

En fin, como dice Alonso de los Ríos, si la Iglesia canoniza o no a la reina Isabel, "es su facultad. Ella administra la política de ejemplaridad católica". Y si la reina forma ya en la Iglesia triunfante, creo que le importará bastante poco figurar o no en una lista.

 

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Moneda con escritura árabe hallada en España

 

Isabel la Católica - Fernando de Aragón firma en secreto, en Cervera, el 7 de marzo de 1469 las capitulaciones matrimoniales con Isabel a la espera de la dispensa eclesiástica del Papa por razón de su parentesco. Por este motivo su padre le da el reino de Sicilia y, a su nuera, con la posibilidad de titularse princesa y reina, los señoríos de Borja, Magallón, Crevillente, Siracusa y Catania amén de 100.000 florines de oro. Esta, por su parte, puso a su esposo la condición de reconocer a Enrique IV como único y verdadero rey de Castilla.

El matrimonio tomó enseguida la determinación de rodearse de consejeros procedentes, la mayor parte de ellos, de la Universidad como personas más preparadas para los negocios de la política y mucho menos ambiciosos que los grandes nobles.

Por otra parte Pacheco, actuando casi como rey, (en realidad el rey de verdad era enormemente débil) seguía intentando poner a favor de Enrique a la nobleza terrateniente mientras que Isabel y Fernando se atraían a las ciudades y las regiones.

Fernando ya había establecido sustituir a los validos por Consejos para el trabajo cotidiano y por Secretarios para la ejecución de los acuerdos, con ello garantizaba las libertades de regiones como Asturias y los Señoríos de Álava y Vizcaya. Pare conseguir esto, Fernando envió emisarios a Borgoña e Inglaterra para garantizarse de que los privilegios y ventajas que tenían los marinos vascos en aquellas costas les serían respetados. Agradecidos, los procuradores de Vizcaya prometieron a Isabel, de la manera más solemne, “antes morir que abandonar su obediencia”.

En 1471, con fecha 9 de noviembre, el Papa, por fin, firma la bula por la que se les otorga la dispensa matrimonial legalizando su matrimonio. También nombra cardenal a Pedro González de Mendoza y envía a España a Rodrigo de Borja para conseguir de los príncipes su ayuda en la guerra contra los turcos.

Este Rodrigo, que en Italia cambió su apellido por el de Borgia, había nacido en Játiva y era, por tanto aragonés (sería Papa con el nombre de Alejandro VI) se puso desde el primero momento a favor de Isabel por lo que la familia Mendoza hizo lo mismo.

El 27 de diciembre de 1473, en el Alcázar de Segovia se reconcilió Isabel con Enrique gracias a los esfuerzos, empeño y eficiencia de Cabrera y su mujer Beatriz de Bobadilla. En ese tiempo Pacheco estaba mal de salud y, aunque quiso poner a Segovia a su favor, con esta reconciliación no pudo lograrlo. Enrique también estaba enfermo de forma que muere un año después, el 12 de diciembre de 1474 en Madrid con mucho sufrimiento por lo que, algunos, hablaron de envenenamiento como Juana la Beltraneja y, en nuestras días, Gregorio Marañón. Sorprendentemente muere sin dejar testamento alguno lo que dejaba sin determinar la sucesión a la corona.

Isabel acude a Madrid para asistir a las exequias por su hermano pero, al salir de la Iglesia de San Martín donde se celebró el funeral, salió a la plaza y quitándose los lutos que llevaba sobre vestiduras ceremoniales, se presentó ante el pueblo que la aclamó como reina así como a Fernando su marido. Sabido es que los reyes en Castilla lo eran no por coronación ni por consagración sino por aclamación y esto es lo que se hizo en la plaza Mayor de Madrid; Fernando estaba en Cataluña para frenar la conquista del Rosellón por parte del rey francés. Inmediatamente después el acto de la plaza Mayor, se dio cuenta de tal hecho a las ciudades en las que, en las siguientes fechas, se procedió a la aclamación y declaración de reconocimiento.

El arzobispo de Toledo y cardenal, Carrillo, siguiendo su costumbre de oponerse a Isabel por todos los medios, propagó la teoría de que esta había actuado sin esperar a Fernando arrogándose todos los poderes. Por ello envío a este, de camino a Segovia, personas de su confianza para que le pusieran en antecedentes de lo que había hecho su mujer sin consultarle. La llagada del marido a Segovia hizo que se aclarase todo al asegurar Isabel que había actuado en nombre de los dos.

Consecuencia de esto fue la redacción de un documento arbitral, firmado por los cardenales Mendoza y Carillo en el que se establecía que los dos reinarían al unísono con preferencia, en algunas cuestiones, para Isabel (tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando). Este documento tiene de positivo el reconocimiento de que la mujer podía ser reina y, además, gobernar; esto es, que tiene la capacidad de tomar decisiones y de mandar ejecutarlas. Se firmó el día 15 de enero de 1475. El documento establece pormenorizadamente cuales son las funciones de la reina.

El 28 de abril del mismo año, teniendo los reyes que actuar por separado, Isabel entregó a su marido un documento por el que delegaba en él sus poderes, sin renunciar a ninguno de ellos y Fernando hizo lo mismo cuando fue nombrado rey de Aragón, a la muerte de su padre, el 14 de abril de 1481.

2006-02-09-Agradecemos a: Rafael Osset y Manso de Zúñiga - Octubre 2004

 

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La esperanza en el bien, aunque sea incomprendida y suscite oposición, al final llega siempre a una meta de luz, de fecundidad, de paz. S. S. Benedicto XVI – 2005.08

Es lo que recordaba san Pablo a los Gálatas: «El que siembre en el espíritu, del espíritu cosechará vida eterna. No nos cansemos de obrar el bien, que a su tiempo nos vendrá la cosecha, si no desfallecemos» (Gálatas 6, 8-9).

 

Una reflexión de san Beda el Venerable (672/3-735) sobre el salmo 125 en la que comenta las palabras con las que Jesús anunciaba a sus discípulos la tristeza que le esperaba y al mismo tiempo la alegría que surgiría de su aflicción (Cf. Juan 16, 20).

Beda recuerda que «lloraban y se lamentaban los que amaban a Cristo cuando le vieron apresado por los enemigos, atado, llevado a juicio, condenado, flagelado, ridiculizado, por último crucificado, atravesado por la lanza y sepultado. Gozaban sin embargo quienes amaban al mundo…, cuando condenaban a una muerte vergonzosa a quien les resultaba molesto sólo con verle. Se entristecieron los discípulos por la muerte del Señor, pero, al recibir noticia de su resurrección, su tristeza se convirtió en alegría; al ver después el prodigio de la ascensión, con una alegría aún mayor alababan y bendecían al Señor, como testimonia el evangelista Lucas (Cf. Lucas 24,53). Pero estas palabras del Señor se adaptan a todos los fieles que, a través de las lágrimas y las aflicciones del mundo, tratan de llegar a las alegrías eternas y que, con razón, ahora lloran y están tristes, pues no pueden ver todavía al que aman y, porque mientras están en el cuerpo, saben que están lejos de la patria y del reino, aunque estén seguros de llegar a través de los cansancios y las luchas al premio. Su tristeza se convertirá en alegría cuando, terminada la lucha de esta vida, reciban la recompensa de la vida eterna, según dice el salmo. “Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares” » («Homilías sobre el Evangelio» - «Omelie sul Vangelo», 2,13: Colección de Testos Patrísticos, XC, Roma 1990, pp. 379-380).

 

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Los adultos suelen denunciar que un amplio sector de los jóvenes viven hoy sólo para la satisfacción inmediata de sus deseos. Sólo les interesa el disfrute de lo instantáneo, lo que ocurre en cada instante, de lo que sólo dura un momento. De ese modo reducen la temporalidad al tiempo presente, a lo fugaz, a lo que dura apenas un relámpago en el cielo: el pasado ya no existe; el futuro todavía no es. Luis Olivera, es periodista 2005-06-26

 

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Un filósofo joven, Daniel Innerarity, lo ha descrito así: “Hay en nuestra civilización una ocupación completa con el tiempo presente, un instantaneísmo huérfano de memoria y de proyecto. Una detención del presente fijado en sí mismo desencadena el miedo, que es propio de toda carencia de memoria y previsión. De ese presente desmemoriado se apodera un miedo difuso, pues no recuerda nada similar ni ha previsto cómo afrontar lo imprevisible. El miedo es la sensación habitual de quien no tiene experimentos ni confianza; es decir, pasado y futuro”. Para ellos, hay rumor de fantasmas a su alrededor. Luis Olivera, es periodista 2005-06-26

 

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Estos jóvenes que reducen la poliédrica y rica temporalidad sólo al presente, reducen –a su vez—el presente al presente placentero. Eso muestra que han nacido y crecido en la civilización del placer. “Viven en una sociedad en la que el placer sensible es considerado como el bien supremo de la vida”, según Gerardo Castillo. Y, por lo mismo, el dolor es el mayor de los males: algo que hay que evitar como sea. Y todo lo que exija esfuerzo debe ser eliminado, como ahora sucede con la reválida del bachillerato que se anuncia. Aunque todo lo que tiene algún valor ha supuesto antes y durante un esfuerzo para alcanzarlo, lo que hace valorarlo más. Ser notario o ingeniero aeronáutico no está al alcance de cualquiera. De otra manera, todos tendríamos la misma titulación. Luis Olivera, es periodista 2005-06-26

 

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Una persona que rige su vida sólo por el deseo, atenta seriamente contra su forma de entender y de vivir la libertad. Es una persona que no es libre, porque no elige; simplemente se deja llevar, como las veletas, por el viento que sopla, venga de donde venga. En el mejor de los casos es víctima de una deformación de la libertad, porque no tiene ninguna restricción. Allan Bloom considera en ella varias consecuencias preocupantes: “La pérdida de todo sentido de que yo deba dar cuenta a alguien de lo que hago, o de que yo deba sentirme vinculado esencialmente hacia ese alguien. La gente joven de hoy tiene miedo a estar comprometida”. Y menos a compromisos que alcancen toda la vida, que son los que construyen personalidades fuertes y coherentes, que edifican los sillares de una biografía que realmente valga la pena ser vivida. Luis Olivera, es periodista 2005-06-26

 

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La fe que ha transformado al mundo


Cardenal Ricardo Mª CARLES, Barcelona - ESPAÑA

De nuevo he visitado una de mis montañas favoritas. Contemplando sus paredes tan verticales, largas y esbeltas, y las paredes de la montaña vecina, «el León dormido», pensaba lo que alguna vez se ha dicho: que el universo, antes de la creación del hombre, era un grandioso concierto sin auditorio. No había quien lo admirara, agradeciera y, con fe, adorara, es decir, llegara al autor. Lo contrario es quedarse en el equilibrio inestable de admirar la creación sin alcanzar el horizonte de admirar a quien la hizo. Sería tanto como aplaudir las vibraciones musicales en un concierto, prescindiendo de quienes las han realizado y de quien compuso aquellos bellísimos sonidos.
   Nunca me pareció acertado hablar de la «sabia naturaleza», porque no es sino reflejo del «Sabio-Dios» que la creó. Esa contemplación de la naturaleza me convierte a mí en creyente, no sólo en admirador.
   Puedo ser contemplativo en mi contacto con cuanto me rodea, pero también en la contemplación de mi propia alma, de mi vida interior, en la que contemplo mi alma en su acción de vivir. Así la vida no es pura exterioridad, sino enriquecimiento interior. Pues, en la vida humana, no basta el mero transcurrir del tiempo, si no hay conciencia de cómo se vive en el hondón del alma: si adelantando o retrocediendo, y no arriesgando matar la vida interior. Esa atención conduce a saber que el mundo no llega a su plenitud, en tanto no es tal como Dios lo ha querido, sentido y amado. Es decir, el mundo me concierne, porque la fe conduce al último perfeccionamiento del mundo, tal como el Creador lo ha concebido. Así, por la libertad sagrada de la voluntad divina, mi pobre existencia humana está indisolublemente unida a Él. Por un acto de fe yo lo reconozco como a Aquél que me ha creado, rescatado y santificado. Y creo ser amado por Dios en mayor medida con que yo mismo le amo. Así, pues, creer no es un sentimiento pasivo, estático, sino de acción hacia el interior y hacia el mundo, que no está acabado, sino en continuo devenir, en continua realización, que confiere a la vida esfuerzo y grandeza. MMV. XII.VII. L.R.ESP.

 

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«Apelar a la tolerancia para desacreditar la posibilidad de convicciones fuertes es un error de bulto, pues la tolerancia se apoya y alimenta de una convicción. La tolerancia no implica relativismo, más bien al contrario.» 2005

 

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Carta I de San Pablo a los Corintios 15,1-8.

Hermanos, les recuerdo la Buena Noticia que yo les he predicado, que ustedes han recibido y a la cual permanecen fieles. Por ella son salvados, si la conservan tal como yo se la anuncié; de lo contrario, habrán creído en vano. Les he trasmitido en primer lugar, lo que yo mismo recibí: Cristo murió por nuestros pecados, conforme a la Escritura. Fue sepultado y resucitó al tercer día, de acuerdo con la Escritura. Se apareció a Pedro y después a los Doce. Luego se apareció a más de quinientos hermanos al mismo tiempo, la mayor parte de los cuales vive aún, y algunos han muerto. Además, se apareció a Santiago y de nuevo a todos los Apóstoles. Por último, se me apareció también a mí, que soy como el fruto de un aborto.

 

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El «boom» de Benedicto XVI. Especialmente significativo es el ascenso que han experimentado los libros escritos por el cardenal Ratzinger antes de ser nombrado Pontífice. Desde el momento de su elección, el pasado 19 de abril, las librerías de todo el mundo llenaron los estantes con los libros publicados por el purpurado. Nueve meses después, sus obras siguen siendo éxitos de venta en todo el mundo, también en nuestro país.
   Entre sus libros más destacados se encuentran «Dios y el mundo» (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores) y «La sal de la tierra» (Ediciones Palabra), ambos escritos en colaboración con el periodista Peter Seewald. El escritor va presentando distintas preguntas sobre un mundo alejado de la fe, a las que Benedicto XVI responde con meridiana claridad. El tercer libro del Papa que ha triunfado estas semanas en las librerías religiosas españolas es «Mi vida» (Ediciones Encuentro), una obra en la que el cardenal Ratzinger abre su corazón al lector para contarle sus distintas experiencias vitales…2006.I

 

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Rana - especie descubierta 2006.II - Borneo

El Sabbat, culminación de la obra de los "seis días". El texto sagrado dice que "Dios concluyó en el séptimo día la obra que había hecho" y que así "el cielo y la tierra fueron acabados"; Dios, en el séptimo día, "descansó", santificó y bendijo este día (Gn 2, 1-3). Estas palabras inspiradas son ricas en enseñanzas salvíficas:

346 En la creación Dios puso un fundamento y unas leyes que permanecen estables (cf Hb 4, 3-4), en los cuales el creyente podrá apoyarse con confianza, y que son para él el signo y garantía de la fidelidad inquebrantable de la Alianza de Dios (cf Jr 31, 35-37, 33, 19-26). Por su parte el hombre deberá permanecer fiel a este fundamento y respetar las leyes que el Creador ha inscrito en la creación.

347 La creación está hecha con miras al Sabbat y, por tanto, al culto y a la adoración de Dios. El culto está inscrito en el orden de la creación (cf Gn 1, 14). "Operi Dei nihil praeponatur" ("Nada se anteponga a la dedicación a Dios"), dice la regla de S. Benito, indicando así el recto orden de las preocupaciones humanas.

348 El Sabbat pertenece al corazón de la ley de Israel. Guardar los mandamientos es corresponder a la sabiduría y a la voluntad de Dios, expresadas en su obra de creación.

349 El octavo día. Pero para nosotros ha surgido un nuevo día: el día de la Resurrección de Cristo. El séptimo día acaba la primera creación. Y el octavo día comienza la nueva creación. Así, la obra de la creación culmina en una obra todavía más grande: la Redención. La primera creación encuentra su sentido y su cumbre en la nueva creación en Cristo, cuyo esplendor sobrepasa el de la primera (cf MR, vigilia pascual 24, oración después de la primera lectura).

 

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Creemos firmemente que Dios es el Señor del mundo y de la historia. Pero los caminos de su providencia nos son con frecuencia desconocidos. Sólo al final, cuando tenga fin nuestro conocimiento parcial, cuando veamos a Dios "cara a cara" (1 Co 13, 12), nos serán plenamente conocidos los caminos por los cuales, incluso a través de los dramas del mal y del pecado, Dios habrá conducido su creación hasta el reposo de ese Sabbat (cf Gn 2, 2) definitivo, en vista del cual creó el cielo y la tierra.

 

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La obra maestra de la Creación, el ser humano. Dios le presta una particular atención ya desde su primer momento de vida, cuando le “tejía en el seno materno”, como dice el salmista. Ya entonces, Dios se fija en él con amor para completar su designio en esta obra prodigiosa que es el hombre. De cada uno conoce todo, su pasado y su futuro, sin descuidar nada ni a nadie. Por eso, como decía san Gregorio Magno, por pequeños e informes que sean, no se apartan del amor a Dios y al prójimo según sus posibilidades, contribuyendo a su modo a la edificación de la Iglesia. Este es, pues, un mensaje de esperanza, que se dirige también a los que aún son débiles en la vida espiritual. S. S. Benedicto P.P. XVI – MMV.XII.XXVIII

 

El creyente es animado a ver la gloria de Dios en el mundo creado, una gloria que eleva una naturaleza que ha sido redimida. Además, el cristianismo, tanto en la teología oriental como occidental, anima a la humanidad a encontrar el amor y la bondad de Dios en el orden creado.

Esta visión, no obstante, no lleva a una suerte de optimismo fácil sobre la naturaleza y la economía de la vida y la muerte. El cristiano contemplaría el mundo con ojos imbuidos de amor. Esta visión va más allá de la elaborada máquina de los deístas o de la visión mecanicista de la modernidad. Un cristiano ve el mundo en su belleza y terror, y en su primera y última verdad: no sólo naturaleza, sino creación.

En cuanto al mal y al sufrimiento, que también producen las catástrofes como los sucesos infaustos de la naturaleza, el pensamiento cristiano da otra dimensión a estos acontecimientos. Dios puede hacerlos ocasiones para cumplir sus fines buenos, aunque no sean en sí bienes morales. Además, el Evangelio enseña que Dios no puede ser derrotado y que la victoria sobre el mal y la muerte ya ha sido ganada. Pero es una victoria que no ha alcanzado su cumplimiento, debemos esperar hasta la venida final de Dios.

Para los cristianos que realmente tienen fe en esta promesa, la realidad de la muerte y el sufrimiento no debería presentarse como un obstáculo insuperable. Es, de hecho, mucho más que una piedra de tropiezo para un optimismo superficial o un fatalismo pagano. Los creyentes cristianos, por el contrario, abrazan la esperanza en la victoria final de Dios.

 

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A ti, Padre omnipotente,
origen del cosmos y del hombre,
por Cristo, el que vive,
Señor del tiempo y de la historia,
en el Espíritu que santifica el universo,
alabanza, honor y gloria
ahora y por los siglos de los siglos. Amén.

 

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VERITAS OMNIA VINCIT

LAUS TIBI CHRISTI.

 

 

Gracias por venir a visitarnos

 

Las sectas y su invasión del mundo hispánico: una guía  (2003) también por Manuel Guerra Gómez, editada por Eunsa. - Sinopsis. - Para visitar con provecho a una ciudad desconocida, aconsejan el uso de una Guía con su plano, la descripción de sus monumentos, etc. Esta obra pretende prestar un servicio similar con respecto a las sectas implantadas en el mundo hispano. Para no correr el riesgo de extraviarse entre las más de 20.000 sectas inventariadas hasta el momento, para poder recorrer sus nombres que cambian con frecuencia y para ni acumular más inseguridad e inquietud, se presenta esta Guía en el mercado. El autor trata de reflejar la realidad de cada secta con la mayor objetividad posible y de perfilar sus señales de identidad de acuerdo con los datos -no siempre completos- que facilitan su identificación

 

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Recomendamos vivamente:

LEYENDAS NEGRAS DE LA IGLESIA. Autor Vittorio MESSORI – Editorial “PLANETA-TESTIMONIO” 10ª EDICIÓN – Óptimo libro para defenderse del cúmulo de opiniones arbitrarias, deformaciones sustanciales y auténticas mentiras que gravitan sobre todo en lo que concierne a la Iglesia.

 

Recomendamos vivamente: Cristóbal Colón y el descubrimiento de América

Autores: Florentino Perez-Embid / Charles Verlinden

Esta pequeña obra maestra es uno de los trabajos más certeros sobre la vida y personalidad de Colón, y sobre el descubrimiento de América. Ofrece un enfoque realista, preciso, completo y esclarecedor de todos esos importantes hechos históricos. Ediciones ‘RIALP’


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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).