Tuesday 23 May 2017 | Actualizada : 2017-03-29
 
Inicio > Leyendas Negras > Isabel la Católica - 11º reforma de Reyes Católicos conquista de América

"Trastámara" o "Trastamara". Décadas atrás, la dinastía castellana se decía Trastamara, pero es esdrújula. La dinastía fue instaurada por Enrique II de Castilla, hijo bastardo de Alfonso XI y de Leonor de Guzmán. Fue prohijado por Rodrigo Álvarez, conde de Trastámara. De ahí le vino el nombre a la dinastía.

-.-

1366, era el 25 de marzo: Enrique de Trastámara se proclama rey de Castilla en Calahorra. El 5 de abril es coronado en Burgos y el 1 de mayo entra victorioso en Toledo.

-.-

1366: el 8 de mayo,  Pedro IV de Aragón dona a D. Pedro Jordán de Urriés el castillo y villa de Ayerbe y sus términos.


+++


1369: Enrique de Trastámara mata a su hermano Pedro I      

 

22 de Marzo de 2011 - 09:10:13 - Pedro García Luaces -

El 22 de marzo de 1369 Enrique de Trastámara mataba a su hermano Pedro I en Montiel y encontraba vía libre para ocupar el trono de Castilla. Lo que así contado puede parecernos la historia de una usurpación fue, sin embargo, una jugada que habría de aportar enormes beneficios a la corona castellana. Cuando el gran rey Alfonso XI moría a causa de la peste en 1350, dejaba un hijo legítimo, Pedro, y una extensa prole de hijos bastardos fruto de sus amoríos con una dama sevillana, Leonor de Guzmán. A Pedro I se le apodaba El Cruel pero hay quien ha querido verlo como un justiciero por su oposición a la nobleza en favor del pueblo. Cierto es que convocó las Cortes de Valladolid tomando medidas muy adelantadas a su época, pero también aplicó castigos desmedidos tendentes al ensañamiento. Su reinado creó una gran división entre la nobleza y llevó a Castilla a la guerra civil, imponiéndose en ella la casa Trastámara.

Enrique de Trastámara era, junto a su hermano gemelo Fadrique, el mayor de los hijos naturales de Alfonso. Desde pequeño gozó de privilegios nobiliarios y pudo casar con doña Juana Manuel, hija del ilustre literato y sobrina nieta de Alfonso X el Sabio, lo que le abría una nueva línea de derecho al trono. Enrique se perfiló pronto como el principal aspirante al trono de Pedro I, capitalizando todo el descontento que generaba su sangrienta política. Con todo, Pedro fue un excelente militar que supo contrarrestar su escasa habilidad política con la fuerza de sus armas. Enrique no andaba muy a la zaga en argumentos militares, pero era además mucho mejor diplomático. Su triple «entente» con Francia, Aragón y el Vaticano inclinaría de forma decisiva el signo de la contienda, aunque Pedro, casi por descarte, se alineara con Eduardo III de Inglaterra.

La guerra castellana llegará a su fin en los campos de Montiel. Las huestes de Pedro hincan por fin la rodilla y el monarca debe refugiarse. Se encuentra cercado y sin escapatoria. Entonces trata de pactar su huida con el jefe militar de Enrique, Bertrand du Guesclin, que finge aceptar y le cita en su tienda. Allí le espera su hermanastro. Pedro y Enrique se enfrentan cuerpo a cuerpo ante la mirada del francés, que finalmente decide participar, al parecer justificándose: «Ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor». Enrique II fue desde entonces un notable monarca, capaz de pacificar el país ligando la nobleza al desarrollo económico por encima de confabulaciones políticas y sentando las bases del glorioso proyecto que Castilla sería capaz de comandar en el futuro.

http://blogs.libertaddigital.com/

CDV 25 III.MMXI


+++


1456: el 8 de mayo,  En España, las tropas cristianas del rey Enrique IV de Castilla arrebatan a los invasores y ocupantes mahometanos (musulmanes o islámicos) la villa de Estepona (Málaga) España.


 

 

Historia - Iglesia y la libertad - ¿O de los mártires de la persecución religiosa en España de 1936 a 1939; o del totalitarismo nazi? No está de más recordar lo que de éste escribió el judío Albert Einstein, en el Time Magazine de diciembre de 1940: «Por ser un amante de la libertad, cuando tuvo lugar la revolución en Alemania (la llegada de Hitler) miré con confianza hacia las universidades, sabiendo que siempre se habían enorgullecido de su devoción a la causa de la verdad. Pero las universidades permanecieron en silencio. Entonces miré a los grandes editores de periódicos que en ardientes editoriales proclamaban su amor por la libertad. Pero también ellos, como las universidades, se redujeron al silencio, sofocados en el curso de pocas semanas. Solamente la Iglesia se opuso plenamente a la campaña de Hitler que pretendía suprimir la verdad. Nunca había tenido un interés especial por la Iglesia, pero ahora siento por ella un gran amor y admiración, porque solamente la Iglesia tuvo el coraje y la perseverancia de defender la libertad intelectual y la libertad moral. Debo confesar que aquello que antes había despreciado, ahora lo admiro incondicionalmente». Albert Einstein 

 

+++

 

 

 

Testamento de Isabel la Católica, donde la reina castellana reflexiona sobre los motivos que le condujeron a aceptar la misión propuesta por el Papa:
 

«Concedidas que nos fueron por la Santa Sede Apostólica las islas y la
tierra firme del mar Océano, descubiertas y por descubrir, nuestra
principal intención fue la de tratar de inducir a sus pueblos que
abrazaran nuestra santa fe católica (...) suplico (...) recomiendo (...)
y ordeno (...) que no consientan que los nativos y los habitantes de
dichas tierras conquistadas y por conquistar sufran daño alguno en sus
personas o bienes, sino que hagan lo necesario para que sean tratados
con justicia y humanidad y que si sufrieren algún daño lo repararen»
.
 

Esto, dictado tres días antes de morir en Medina del Campo, a la altura de 1504, nos honra a todos y mitiga el dolor unamuniano, si es que sentimos algo por nuestra historia patria.

 

+++


 

Cardenal Cisneros: Llegar a la cúspide muy a su pesar


Javier Paredes. Desgraciadamente, aunque no son frecuentes, tampoco  faltan en todos los tiempos los clérigos que anteponen a su vocación y entrega sacerdotal el afán por hacer carrera eclesiástica, lo que suelen complementar con politiqueos de todo tipo… Y en contraste hay otros que llegan a la cúspide muy a su pesar, como es el caso de nuestro protagonista de hoy, el Cardenal Cisneros, que falleció el 8 de noviembre de 1517.

Contra todo pronóstico, en febrero de 1495 fue propuesto para ocupar el arzobispado de Toledo. Era entonces un fraile asceta de vocación eremítica. Por esos días, como era cuaresma, fray Francisco se había retirado al convento franciscano de Ocaña. Y allí recibió la orden de acudir a la Corte con urgencia. Fue tal su sorpresa, que cuando en presencia de la reina leyó las primeras líneas del nombramiento referido a él, se enajenó momentáneamente y se le cayó el pergamino al suelo.

La reina acudió en su ayuda, recogió el documento y continuó ella leyendo. A pesar de todo se resistió, hasta que uno de los consejeros reales, el doctor Hernando, le tocó su fibra mariana: “Como María, debería decir ahora, hágase en mí según tu palabra”. Sólo entonces cedió y fray Francisco se convirtió en Primado de España, para prestar altísimos servicios a nuestra patria y a la Iglesia.

 

EL CARDENAL CISNEROS.
Nacido en 1436, durante su regencia gobernó siguiendo dos caminos: uno, más pragmático, por el que tuvo que enfrentarse a las presiones de la nobleza local; otro, en el que afirmó la nueva monarquía española..

 

SALAMANCA.
Ciudad de dos catedrales, libro abierto de arquitectura y sede universitaria de primer orden, en sus calles se cruzan lazarillos con estudiantes, ante la atenta mirada del tiempo y la evocación que grandes escritores del siglo pasado hicieron de ella.

CLAVIJO.
Entre las batallas legendarias de España, sobresale la que en el siglo IX enfrentó a Ramiro I de Asturias y Abderramán III, con la milagrosa aparición del Apóstol Santiago.

+++


El cuerpo de normas que regló la vida en las colonias de América supuso el origen de lo que hoy conocemos como Derechos Humanos

 

T. DE BRY

Theodore de Bry ilustró la antiespañola Leyenda Negra

«Y no consientan ni den lugar que los indios reciban agravio alguno en sus personas y sus bienes, mas manden que sean bien y justamente tratados, y si algún agravio han recibido, lo remedien». Esta es la última voluntad que la Reina Isabel la Católica dirigió a sus súbditos en su testamento. Se trata sin duda de un deseo que choca con la imagen cruel que la Leyenda Negra ha propagado del Imperio español por todo el mundo.

 

Tal y como defiende Juan Sánchez Galera en su último libro «Vamos a Contar mentiras», y mal que les pese a los seguidores de la propaganda antiespañola, los monarcas hispanos no consolidaron la conquista de América a sablazo limpio, sino gracias a un ejército de maestros y curas. Frente a quienes presentan a los descubridores y conquistadores del Nuevo Mundo como crueles genocidas, el historiador afirma que Leyes de Indias que reglaron la vida en aquellas colonias supusieron el origen de lo que hoy conocemos como Derechos Humanos.

 

España consolidó la conquista de América con un ejército de maestros y curas

En 1493 el Papa Alejandro VI reconoce mediante la bula «Inter Caetera» la propiedad de la recién descubierta «terra nullis» (tierra de nadie) a los Reyes Católicos, a condición de que evangelicen a los nuevos súbditos. Pero muy pronto surge un debate en la intelectualidad española, alentado por la misma Corona, acerca de la licitud de obligar a todo el continente a pertenecer a un imperio con el que no había mantenido antes ninguna relación. Los españoles empiezan a hacerse preguntas incómodas. «Se parte completamente de cero con la premisa de establecer unas nuevas normas de convivencia entre los hombres, basadas no ya en lo que se entendía hasta ese momento como cierto en Europa, sino unos valores comunes a todos los hombres de todos los tiempos», explica Sánchez Galera.

Isabel la Católica fue la primera persona que se preocupó por los derechos de los indios: determinó que seguirían siendo los propietarios de las tierras que les pertenecían con anterioridad a la llegada de los españoles y, en el año 1500, dictó un decreto que prohibió la esclavitud. Nace así un nuevo derecho que, en palabras del autor, «reconoce que las libertades de los hombres y de los pueblos son algo inherente a ellos mismos, y que por tanto, les pertenecen por encima de las consideraciones de cualquier príncipe o Papa». Aquellas normas supusieron el punto de partida de la Leyes de Indias.

 

Más adelante, una junta de la Universidad de Salamanca convocada por el emperador Carlos V en 1540 concluye que «tanto el Rey, como gobernadores y encomenderos, habrían de observar un escrupuloso respeto a la libertad de conciencia de los indios, así como la prohibición expresa de cristianizarlos por la fuerza o en contra de su voluntad», cuenta Sánchez Galera. Con el tiempo se va formando un cuerpo de normas, las Leyes de Indias, que recogen, entre otros, los siguientes derechos para los indios: la prohibición de injuriarlos o maltratarlos, la obligación de pagarles salarios justos, su derecho al descanso dominical, la jornada laboral máxima de ocho horas y un grupo de normas protectoras de su salud, especialmente de la de mujeres y niños.

 

La esclavitud y las encomiendas

Aunque la Reina Isabel la Católica había prohibido la esclavitud, algunos colonos se ampararon en las encomiendas para sortear las leyes que llegaban desde la España europea y obligar a los indios a realizar trabajos forzados. Con todo, Sánchez Galera defiende la institución: «Los indios, fuera de ser unos desposeídos, son propietarios de pleno derecho de aquellas tierras que trabajan, y del rendimiento de las mismas pagan un tributo o servicio a su encomendero, quien a su vez tiene obligación de protegerlos y cristianizarlos. Como toda institución humana, la encomienda dio lugar a ciertos abusos, y en contados casos, incluso degeneró en una especie de esclavitud encubierta».

 

 

J. VAN MEURS

Grabado de 1671

Ya en 1518 una ley establece ya «que sólo podrán ser encomendados aquellos indios que no tengan recursos suficientes para ganarse la vida, así como que en el momento en que fuesen capaces de valerse por sí mismos habrían de cesar» en este régimen. De todos modos, Carlos V da una estocada mortal a la institución con sus Leyes Nuevas de 1542, que limitan sobremanera las situaciones en que se podía poner en práctica.

 

En cualquier caso, la actitud de los monarcas españoles contra la esclavitud fue decidida. Isabel la Católica y el Emperador Carlos V promulgaron decretos que vedaban esa práctica y, «si bien es cierto que Felipe II se deja presionar por los colonos del Caribe haciendo concesiones especiales para Puerto Rico y La Española, poco más tarde vuelve a dejar clara su repulsa hacia este tipo de institución, prohibiendo una vez más la esclavitud, e incluso haciendo extensiva dicha prohibición a la incipiente importación de esclavos negros», explica el autor.

 

Frailes y maestros

La Leyenda Negra que pesa sobre España también acusa a sus colonizadores del Nuevo Mundo de haber cometido allí un genocidio contra la población indígena. Pero si el Imperio español pudo consolidar su conquista de América no fue gracias a las armas, sino, fundamentalmente, gracias a su clero y educadores. Ciertamente, si bien los primeros escritos de los descubridores españoles describían a los habitantes de aquellas tierras como «pueblo angelical» cuya «aparente ingenuidad hacía presagiar una fácil y pronta civilización y evangelización», pronto aquellas poblaciones resistieron armadas a los abusos de los primeros colonos, estallando así los enfrentamientos bélicos.

 

«Su aparente ingenuidad presagiaba una pronta civilización y evangelización»

Fernando el Católico encarga entonces un estudio jurídico-teológico al dominico Matías de Paz y al jurista Juan López de Palacios, quienes concluyen que la guerra contra los indígenas sólo será justa «cuando sus caciques y jefes prohíban la libre conversión de sus súbditos, o bien sea menester el desterrar inhumanas costumbres que se niegan a abandonar», como el canibalismo o los sacrificios de personas a los dioses. Pero dado que, pese a las limitaciones fijadas desde España, en muchas ocasiones se recurría a las armas sin que hiciese falta, una Real Orden de 1526 impuso en todas las expediciones militares la compañía de sacerdotes con el fin de poner fin a aquellos abusos.

Pacificado ya el continente, en 1573 Felipe II pone fin a la lucha armada en América, «y confía sus mayores y más ricas posesiones a un nuevo ejército compuesto, esta vez, a base de frailes y maestros. Comienza la verdadera y definitiva conquista de América», concluye Sánchez Galera.

 

La «Leyenda Blanca» estadounidense

G. LLONAMADRID

«Si en el siglo XVI los grabados de Theodore de Bry sirvieron para condenar como criminales de guerra a los descubridores y conquistadores españoles, en el siglo XX una nueva técnica de comunicación, el cine, sirvió para darles el título de héroes a los anglosajones que exterminaron a las poblaciones indias de América de Norte», denuncia en «Vamos a contar mentiras» el historiador Juan Sánchez Galera. En su opinión, no todos los colonizadores de aquellas tierras se comportaron igual.

De acuerdo con el autor, los conquistadores al servicio del césar Carlos V fusionaron en el Nuevo Mundo las culturas europea e indígenas, en muchas ocasiones mediante matrimonios mixtos, dando lugar a una sociedad mestiza. Por su parte, los colonos anglosajones formaron comunidades donde regía una especie de apartheid que separaba a británicos de indígenas. «No crearon nada, simplemente aniquilaron a los indios y sus culturas, para más tarde reocupar sus territorios, a los cuales trasladaron sus formas europeas de vida», acusa Sánchez Galera. Si los españoles conquistaban para expandir su cultura y su fe, los ingleses lo hacían, sobre todo, por motivos puramente mercantiles.

Por otra parte, y entrando en el terreno de lo religioso, «para los colonos protestantes los indios no eran unas almas esperando recibir la fe, sino unos ingratos pecadores que no habían sabido rentabilizar las tierras y talentos que Dios les había dado. Así, Dios, dolorido por tan ingrata actitud, había decidido readjudicarlas a sus fieles hijos anglosajones» que, con el tiempo, «consiguieron hacer realidad lo que siglos más tarde no pudo el mismísimo Hitler: exterminar, literalmente, razas enteras», concluye el historiador.

03.03.MMXIII

http://www.abc.es/sociedad/20130303/abci-leyes-indias-derechos-humanos-201303012122.html

 

+++

 

 

 

Tras el descubrimiento del nuevo mundo, la gran cuestión que surgió y que los entendidos discutieron fue:  "Dime qué es un hombre. ¿Los indios tienen alma?". Hoy, recorriendo el mundo entero, ¿quién podría pretender que no se formule aún con tanta urgencia, con tanta extrañeza? Frente a los puntos de referencia que se desplazan o se esfuman, el hombre moderno titubea, duda de sí mismo, y el combate antirracista llega a un punto muerto. Este combate es como una guerra de desgaste; es, sin duda alguna, el más duro de todos los combates por los derechos del hombre.
Tiene por objeto la igualdad fundamental de todos los hombres, y constituye una especie de desafío del espíritu contra la naturaleza, puesto que en los hombres se acentúa más la diversidad que la igualdad. Reconocer que el otro, en su diversidad, es verdaderamente igual a mí, resulta difícil y entraña innumerables consecuencias. Nada más natural que decir "todo hombre es mi hermano", y vivir esta fraternidad, sobre todo cuando la Biblia, en el relato de Caín y Abel, revela nuestro origen:  todos somos descendientes de un criminal fratricida.

 

+++

 

HISTORIA: -Según una definición no menos acertada que otras, la historia es el conjunto de todos los hechos ocurridos en tiempos pasados.

Según otra más prolija, puede considerarse la historia, y es también definición que muchos historiadores consideran válida, como la narración y el estudio de los hechos del pasado, públicos y privados, pero trascendentes, merecedores de recuerdo, y su relación con el hombre civilizado y las sociedades humanas.

Pero algunos historiadores prefieren el término investigación a narración. Recogen la opinión de Volney: «La palabra historia parece haber sido empleada por los antiguos en una acepción muy diferente de la de los modernos; los griegos, sus autores, entendían por ella una persquisición, una investigación hecha con cuidado. Y en ese sentido la emplea Herodoto».

Hay otras definiciones del término historia, supongo que muchas, mas para entendernos en la divagación con que hoy pienso perder el tiempo, creo que con estas dos tenemos bastante.

Recientemente ha surgido de manera todavía imprecisa este otro término: retrohistoria, que algunos utilizan humorísticamente y otros, que lo toman más en serio, lo entienden como opuesto a la historia, pero en realidad no es así, sino que significa un modo diferente de describir o investigar -o quizás simplemente de ordenar para su estudio- los acontecimientos históricos.

La retrohistoria es opuesta a la historia, tal como a la historia se la ha entendido hasta ahora, pero no la niega ni la rechaza sino que la complementa. Y pretende dotarla de mayor eficacia. Esta es su intención y lo que impulsa a los historiadores partidarios de esta tendencia.

En la historia destaca, y esta es la voluntad del historiador, la narración (o investigación) de la sucesión de los hechos, de su encadenamiento desde el remoto ayer hasta el presente, sin adentrarse vanamente en las incógnitas del insondable futuro.

Aun siendo opuestas, en algo se asemejan la historia y la retrohistoria: en ambas se trabaja con materiales inexistentes. Inexistentes en el momento en que alguien se dispone a trabajar sobre ellos. No se diferencian en la calidad de dichos materiales sino en el orden en que se narra su aparición y su fugaz existencia.

Puede aceptarse la idea, sostenida por algunos comentaristas actuales, de que el concepto de retrohistoria ha surgido de la necesidad de estudiar no sólo los acontecimientos históricos sino, casi podría afirmarse que muy primordialmente, las respectivas causas de esos acontecimientos.

Poco importa al hombre conocer lo que ha sucedido o lo que está sucediendo, para bien o para mal, si desconoce el porqué del suceso, su causa. Al no conocerse las causas de los acontecimientos la historia pierde lo que puede tener para el ser humano de enseñanza provechosa y quedarse en mero entretenimiento.

Esta causa siempre necesariamente fue anterior al acontecimiento. El investigador histórico debe, por consiguiente, retroceder en el tiempo en vez de avanzar o de quedarse quieto o de saltarse varios siglos de un golpe o de embarcarse con Herbert George Wells en viajes al futuro. Pero he aquí que la causa suele ser al mismo tiempo un acontecimiento y, por lo tanto, el investigador histórico, si es consciente y riguroso, deberá investigar también la causa de este acontecimiento, retrocediendo, por lo tanto, en el tiempo histórico; y al proceder así sucesivamente se hallará inmerso en plena retrohistoria. Y para ello habrá utilizado un cambio radical de perspectiva.

+++

 

...[...]...

Le pondré otro ejemplo: la caída, aparentemente fácil, del reino hispanogodo. Es un hecho indudable que España fue entonces conquistada por los musulmanes en tres a cinco años. De ahí han concluido numerosos historiadores que el hecho solo pudo deberse a que el reino estaba carcomido por dentro, que la población detestaba a los gobernantes y prefería a los musulmanes, que aquel reino no tenía nada que ver con lo que sería España y que esta se habría forjado durante la Reconquista desde la nada, como quien dice…

   Pero esas conclusiones no se apoyan realmente en nada, son simples lucubraciones muy poco refinadas a partir del hecho del derrumbe relativamente rápido del reino de Toledo. No toman en consideración el dato de que los musulmanes, en plena fase expansiva, habían derrotado a reinos y ejércitos mucho más poderosos que el visigodo y conquistado, con relativamente pocas fuerzas materiales,  países más extensos, poblados y ricos. O no quieren valorar un factor esencial: la traición de una parte del ejército godo, por disputas internas y que puede darse y se da a menudo sin necesidad de que exista una descomposición acentuada. Otros datos  importantes nada tenían que ver con la descomposición política: pestes y sequías arrasadoras que debilitaban inevitablemente la capacidad de resistencia del país.  Por otra parte, en el siglo XX hemos visto cómo un país tan grande y poderoso como Francia caía en manos de Alemania no en cuestión de años, sino de meses. Y a nadie se le ha ocurrido, que yo sepa, concluir de ahí que los franceses estaban hartos de su independencia y de sus gobiernos y deseaban el yugo alemán.

 

   Por otra parte no se puede disociar, como a menudo se pretende, la Reconquista del previo reino hispano-godo. La Reconquista fue emprendida desde el principio como reivindicación de la España perdida. Digo desde el principio porque, aunque los primeros documentos conocidos que lo plantean así son de algunos años después de Covadonga, tampoco muchos, la rebelión asturiana tuvo desde el primer momento un carácter muy distinto de las antiguas correrías, prácticamente de bandidaje, realizadas por la población local en tiempos de Roma y del propio reino de Toledo. Sin este, resulta muy difícil imaginar la Reconquista.

http://blogs.libertaddigital.com/presente-y-pasado/yave-prometeo-y-naturaleza-humana-manifiesto-gibraltar-es-arbitraria-la-historia-9328/

http://blogs.libertaddigital.com/ - Pio MOA, prestigioso historiador y escritor.

CDV. 25. III.MMXI Festividad del Verbo encarnado, Anunciación a la Stma. Virgen

 

+++

Santiago de Compostela- España

 

Análisis histórico - Con frecuencia en los análisis históricos se peca de falta de objetividad por juzgar con valores actuales los sucesos del pasado. Esto no significa relativizar el juicio valórico de los sucesos, sino extirpar ciertos moralismos actuales que no son reales, que suponen una "moral" moderna y postmoderna que juzga enloquecidamente las cosas. Desde una perspectiva objetiva tenemos que condenar sin reserva los errores ocurridos en l período analizado, pero sin rasgar vestiduras por la "monstruosa" noticia del descubrimiento y civilización europea en América, maldiciendo la hora en que se produjo al estilo del cuestionado activista verde Jacques Cousteau quien declaró en 1992 que la llegada de la Colón a América "fue un desastre peor que la lluvia de meteoritos que acabó con los dinosaurios en la prehistoria"

Aquí la premisa tribalista de "cada uno en su tierra sin invadir otra" queda desvanecida por el absurdo ante el dinamismo y realidad de la historia. Toda civilización es el fruto de una mezcla frecuentemente nada pacífica. La misma epopeya del Pueblo de Dios suponía conquistar una tierra prometida ocupada por tribus locales. Los mismos europeos provienen de invasiones y nuevas invasiones que mezclaron sus sangres e hicieron nacer las distintas culturas que dan alma al Viejo Mundo.

 

+++

 

Historia - La conciencia renacentista e ilustrada era mucho menos cristiana que la conciencia medieval. La conciencia de aquellos cristianos toleró la esclavitud más o menos como la conciencia actual de muchos cristianos e ilustrados filántropos ha resistido que el comunismo haya matado más de cien millones de hombres, sin mayores aspavientos, o como tolera que la matanza de los niños inocentes, por el aborto, se haya hecho legal y subsidiada.

 

+++

 

Madrigal de Las Altas Torres 1441 – Medina del Campo 1504 - Isabel la Católica, primera de España, fue una extraordinaria mujer con un gran carácter e inteligencia, con una vida cargada de sufrimientos, luchas, decepciones y triunfos. Tuvo que tomar muy difíciles decisiones y lo hizo. Fue reina sin ser la sucesora debido a una serie de circunstancias externas a ella.

Entre los doce y dieciséis años se enfrenta a duras luchas por esta sucesión, debe defender lo estatuido por su padre, Juan II, en su testamento, incluida una guerra que durará mucho más de lo deseado.

Sufrió las humillaciones y afrentas de su hermanastro Enrique IV (quizá uno de sus enemigos más pertinaces) y de su valido Pacheco.
Hija de una mujer loca y madre de otra, su espíritu tuvo que soportar grandes tensiones. Pero, a pesar de todo ello, llegó a ser uno de los personajes más importantes del Renacimiento gracias a los trabajos llevados a cabo como reina: final de la guerra contra los moros, unificación de los territorios de España, consolidación de la sociedad civil y religiosa, mejora de la economía, descubrimiento de América, acabar con el poder de la nobleza, etc.

2006-II-09-Agradecemos a: Rafael Osset y Manso de Zúñiga - Octubre 2004

 

+++

Isabel la Católica - Para comprender los problemas sucesorios conviene examinar el árbol genealógico que se adjunta a continuación:

 

 

1457 siendo su primer acto como tal el de restituir a su hermana la villa de Medina del Campo a fin de cumplir con una de las mandas del testamento de su padre. Esta ciudad, en la que al final moriría Isabel, junto con las de Arévalo, Madrigal de las Altas Torres y Segovia, sería de gran importancia en la vida de la futura reina durante su juventud.

Entre los avatares de esta guerra civil no declarada y sin batallas, la ciudad de Toledo pasa del bando de Alfonso al de Enrique por lo que el primero tiene que abandonar la ciudad que será rápidamente ocupada por su hermanastro. Alfonso, desde Ávila, intentará recobrar la ciudad del Tajo. Sin embargo no consiguió cumplirlo porque, enfermó repentinamente muriendo en Cardeñosa en julio de 1468. Se perdía el heredero nato a la corona y desaparecía uno de los protagonistas de las peleas por la sucesión.


Estos enfrentamientos hicieron que los grandes nobles trataran de tener en su poder rehenes de la familia real para tener argumentos de trueque o, simplemente, para conseguir prebendas; así Fonseca y el Duque de Alba tenían a Isabel y Alfonso mientras que Pacheco y otros, tenían a Juana y a su madre Juana de Aviz, esposa (ilegítima) de Enrique.

Algunos historiadores mantienen que Isabel se proclamó reina a la muerte de su hermano pero lo único que hizo fue manifestar por escrito que ella era la sucesora legítima. Ella no podía nombrarse reina ya que esto se hacía por aclamación que tenían que pronunciar los estamentos eclesiástico, nobleza y caballeros y ratificado luego por las Cortes. Además era necesario que Enrique renunciara a la corona que legítimamente llevaba puesto, que la hija de su mujer, Juana, había sido declarada ilegítima y porque Isabel constaba en el testamento de Juan II como su heredera. Al no ser Juana la Beltraneja hija suya y no ser su madre verdadera esposa de Enrique (al no estar divorciado de Blanca de Navarra), era necesario que la Santa Sede se pronunciará sobre estos dos hechos y que el rey declarara a Isabel como su heredera. Era preciso llegar a un acuerdo que satisficiera los intereses de cada una de las partes.

1468 Enrique firmó un memorando en el que reconocía a Isabel como primera en la línea de sucesión, se reconciliaba con ella, se firmaba una especie de paz entre los dos bandos y el sometimiento de todos ellos (especialmente los nobles y el alto clero) a la autoridad de Enrique. Esto quedó firmado por ambos, en Guisando, el 19 de septiembre de ese año y las cláusulas más importantes del mismo son las siguientes:

• Terminar la guerra entre los dos bandos.
• Isabel era reconocida como heredera y se trasladaría a la Corte.
• En el plazo de cuarenta días sería reconocida como Princesa por las Cortes y la Junta de la Hermandad.
• El rey debía encargarse de la nulidad de su segundo matrimonio.
• Isabel recibe el Principado de Asturias y las rentas de varias ciudades.
• Isabel se compromete a casarse con quién “el rey acordara y determinare, de voluntad de dicha Señora Infanta, con el acuerdo y consejo de los dichos arzobispos, Maestre y conde y no con otra persona alguna”
• Juana de Aviz sería llevada a Portugal pero su hija debía permanecer en la Corte.

La penúltima cláusula quiere decir, ni más menos, que el candidato propuesto debe ser aceptado por ella.

Pero a Pacheco le importaban poco los pactos y acuerdos por lo que empezó a ver la manera de no cumplir el de Guisando para lo que dio los siguientes pasos: Juana no se fue a Portugal; algunas de las ciudades que se habían dado a Isabel, las atrajo al bando de Enrique; estudió la posibilidad de casar a la Infanta con Alfonso V de Portugal (tío de Juana la Beltraneja) para alejarla de España. Isabel, previendo este tipo de cosas, hizo que se elevara a documento público el acuerdo de Guisando y se negó, en redondo, a casarse con el rey portugués, diciendo claramente que, en dicho acuerdo, ella tenía el derecho de elegir esposo (¿había ya elegido a Fernando, último descendiente de los Trastamara y primo suyo?).


En las Cortes de 1469, con ausencia de los representantes de seis de las dieciséis ciudades con derecho a voto, no se procedió al juramento de fidelidad a Isabel. Pacheco se apuntó un nuevo triunfo amparándose en que la Infanta había roto el acuerdo de Guisando al negarse a casarse con el rey de Portugal.

2006-02-09-Agradecemos a: Rafael Osset y Manso de Zúñiga - Octubre 2004

 

+++

 

LA REFORMA DE LOS REYES CATÓLICOS

 

1.- La leyenda negra.

 

Hay una leyenda negra en la conquista de América Latina, y otra para la historia moderna de España, que se refleja sobre el catolicismo en general. Esta tiene un nombre: La Inquisición.

Los factores que han contribuido a esta leyenda son varios:

1)  La propia Inquisición, que rodeándose de silencio, ha contribuido a nutrir las más graves sospechas y a leyendas fantásticas.

2)  Los reformadores protestantes, que como respuesta a las acusaciones de ser .renovadores., y de no gozar de la autoridad de la tradición, sostenían que sólo ellos habían retornado a la Iglesia Apostólica. La Iglesia Católica a su vez, con la Inquisición había perseguido las voces libres del medievo.

3)  Un papel importante también jugó la propaganda antiespañola de los Países Bajos en el siglo XVI. Se hicieron propaganda en contra del rey de España, sobre todo a través de los libros, que en esta época se escriben con toda libertad.

4)  La Ilustración divulgó la imagen de una Iglesia católica que había reprimido la libertad y había cortado al hombre la capacidad de usar la razón.

5)  El anticlericalismo del 800 y el marxismo continuaron con la polémica. El catolicismo fue expuesto como un oscurantismo, que se impuso gracias a la Inquisición, impidiendo la evolución de la sociedad, y que no supo manifestar la solidez de los calvinistas.

2.- El desarrollo de la sociedad española del XVI.

En el siglo XVI España era un país de fronteras. Estaba dividida en reinos: Castilla y León, Aragón, Navarra y Granada, este último bajo la soberanía árabe. Por lo tanto no era un país homogéneo desde el punto de vista religioso, cultural, legislativo. A los ojos de los europeos no era admitido la presencia de mudéjares y judíos, de viejos y nuevos católicos.

La situación de los reinos de Castilla y León, bajo Enrique IV (1454-74), y de Aragón, bajo Juan II (1458-1479), era penosa, porque ambos reinos estaban en una lucha constante.

El nacimiento de la heredera, Juana la Beltraneja, fruto de un adulterio de la reina con Beltrán de la Cueva, hace explotar la guerra civil y la anarquía.

A la muerte del rey, el reino pasó a su hermana Isabel, que en 1469 se había casado con Fernando de Aragón. Así en 1479 se unieron los reinos de Castilla y Aragón. Los Reyes Católicos llevaron a cabo la unión de España, que se completó en el 1492 con la conquista de Granada, y en el 1413 se unió el reino de Navarra. Con los Reyes, España se abrió al humanismo, a la Devotio Moderna y conquistó el Nuevo Mundo, pero el precio fue la .desmitificación..

A la vigilia de la toma de Granada, el problema religioso era muy grave:

a)   Estaban los musulmanes (mudéjares, moros), que en 1482 constituían el 10% de la población. En los estados existía libertad de costumbre y de culto, a cambio de un tributo. La mayoría eran campesinos, que vivían en pueblos, y que su presencia creaba grandes problemas. Con las Capitulaciones de Santa Fe en 1492, los Reyes querían garantizar la conservación de las costumbres y de la religión. Fue nombrado arzobispo Hernando de Talavera, que trató de convertir a los mahometanos, pero sin éxito. Entre 1499 y 1501, Cisneros fue encargado de una doble misión en Granada.

?Una inquisitorial, para los helches (personas que antes eran cristianas).

?Una misionera, para la conversión de los mudéjares.

El primer dilema era si se le consideraban infieles o renegados. En el segundo caso no existía remisión, en el primero había esperanza. Muchos habían renegado de la fe bajo tortura, después de ser prisioneros. El cardenal optó por reconciliarlos. Los demás fueron puestos ante dos alternativas: conversión o exilio. Sobre 50.000 decidieron convertirse, el resto marchó al exilio.

b)  Los hebreos eran sobre 350.000 en 1478. A diferencia de los moros, vivían en la ciudad, en las cuales tenían puestos de prestigios y tenían contactos con la aristocracia, sobre todo por medio de los matrimonios. También existían los judíos conversos, que eran acusados de mantener sus creencias y de practicar los ritos judíos en las sinagogas, o en las casas. Esto sucedía porque nadie les había enseñado el catolicismo o porque pertenecían a comunidades clandestinas. Provocaban la envidia de los católicos por sus riquezas, por esto hubo una gran violencia contra ellos.

Los tipos eran muy variados. Había personas como Talavera, hostiles a los métodos inquisitoriales, pero también personas como Alfonso de Espina, que para hacerse perdonar el pasado, eran favorables a las medidas represivas. El 31 de marzo de1492 la monarquía trató de resolver el problema de los hebreos de una forma radical con un procedimiento de expulsión.

3.- La Inquisición.

3.1.- Bibliografía:

La bibliografía es muy grande. En el 800 fueron publicados sobre 629 obras específicamente sobre el tema; entre el 1900 y el 1961 las publicaciones fueron 739, con una media anual de 12 volúmenes.[1]

3.2.- La introducción de la Inquisición:

En Castilla no existía la Inquisición, las causas de herejías eran demandadas al obispo. Pero ésta si existía en Aragón, aunque era ineficaz.

Se introdujo para evitar los tumultos populares ocasionados con los conversos. Por esto los Reyes Católicos obtuvieron de Sixto IV (1-11-1478) una bula que concedía la nomina de los inquisidores.

Desde este momento la Inquisición es un órgano legal de la monarquía española, subordinada totalmente a Roma. Ésta tenía jurisdicción sólo sobre los católicos, y las investigaciones se apuntaron sobre los conversos.

La Inquisición constituía uno de los cinco consejos del reino:

CONSEJOS

            ESTADO        CASTILLA     FINANZAS    INQUISICIÓN           ARAGÓN

 

3.3.- La organización:

La inquisición dependía totalmente de la monarquía, que nombraba el gran inquisidor, con jurisdicción sobre todo el reino. El primero fue el dominico Tomás Torquemada. El consejo, en el cual participaba dos miembros del consejo de Castilla, de forma permanente, tenía el cometido de vigilar los consejos provinciales de la Inquisición. Periódicamente ordenaba las inspecciones para controlar el estado de las celdas, la salud de los encarcelados, la alimentación, y otras veces los archivos y el personal de la inquisición. Se informaba con asiduidad y las competencias de los inquisidores, sobre su nivel cultural, así de como seguían las instrucciones, como se comportaban con los acusados, que debían ser .honestamente tratados.. En particular los inspectores debían verificar si los juicios podían ser sospechosos de indulgentes, de parciales o de crueles.

¿Habían controlado los testimonios?; ¿Habían usado la tortura sin indicios suficientes? ¿Había relaciones con los prisioneros, con las mujeres de los reclusos, con las prostitutas? ¿Eran corruptos?; ¿Visitaban regularmente sus distritos?.

Como jefes del consejo supremo estaban los prelados. El personal que juzgaba en la provincia estaba compuesto por personas preparadas, con estudios universitarios y con experiencia jurídica y de gobierno.

Como ayudantes en su trabajo tenían un personal con varias funciones, para la policía y para la burocracia.

3

.4.- Las acciones de la Inquisición:

Los autores dividen en cuatro periodos la actividad de la Inquisición:

·      Primera fase (1483-1525): El objeto son los conversos del judaísmo.

·      Segunda fase (1525-1590) : La Suprema tiene en el punto de mira a los viejos católicos; escasa la actividad antiprotestante........................

·      Tercera fase (1590-1725): con la expulsión de Portugal, llegarán muchas personas que son procesadas por costumbres judaizantes.......

·      Cuarta fase (1725-1834): periodo de declive.......................................

El periodo que nos interesa es el primero, que fue el periodo en que los inquisidores hicieron el mayor número de visitas a los territorios.

Cuando llegaban los inquisidores proclamaban un <> de carácter temporal. En este periodo los judíos podían autodenunciarse. En tal caso había <>. La pena era la confiscación de un tercio de los bienes.

Después se procedía sobre la base de las denuncias. La tortura en esta primera fase fue poco usada. Debemos hacer notar que la tortura constituía una garantía para un proceso más correcto.

Las causas sobre las cuales la Inquisición era llamada eran muy variadas:

?      Causas de fe: judaísmo, islamismo, protestantismo, alumbrados, delitos contra el Santo Oficio, bestialismo y sacrilegio.

?      Causas morales: bigamia, sodomía, bestialismo.

?      Otras causas: Contrabando de caballos.

La conclusión del proceso podía ser para los inquisidores:

?      absueltos;

?      reconciliados con penas;

?      .relajados., esto es la hoguera:

?      o con una efigie (para los ausentes o los muertos);

?      o en persona.

El 6 de febrero de 1481, se llevó a cabo el primer auto de fe, en el cual fueron quemados seis personas. Desde esta fecha hasta el 1525 fueron condenadas a muerte sobre 5.000 personas, siendo otros varios millares los condenados en rebeldía o con la exhumación del cuerpo. Este fue el periodo más cruel. Pero podemos preguntarnos en el mismo periodo cuantos fueron procesados por causas religiosas. Por ejemplo en Inglaterra ¿Fue Enrique VIII más comedido en este periodo?. Pero nuestra pregunta sería otra: ¿Fue la Inquisición la que mantuvo católica a España?.

4.- La reforma de los reyes católicos.

Isabel fue una mujer verdaderamente religiosa. Era firme y enérgica. Tenía el temperamento de una estadista de raza. Tenía conciencia de las prioridades: la reunificación del Reino, y la Reforma de la Iglesia. Su marido era diferente, pero colaboró lealmente con ella.

La situación de la Iglesia era muy diferente a la de otros países de la Cristiandad. En esta reforma los Reyes Católicos buscaron:

?      el acuerdo con Roma;

?      la colaboración de los mismos eclesiásticos.

4.1.- La reforma del episcopado:

Los criterios para la elección de los obispos fueron:

?      deben ser españoles;

?      no deben pertenecer a familias muy importantes;

?      debían llevan una vida ejemplar;

?      debían ser eruditos;

?      debían dedicarse con todas las fuerzas al servicio pastoral.

Eran príncipes muy coherentes. Se evitaba dar diócesis a los ausentes, a imposibilitados para ejercer un eficaz gobierno pastoral. En 1462 los canónigos de Valencia se lamentaban que hacía 30 años que no tenían un obispo. Diócesis como Barcelona o Salamanca estaban vacantes por años. Por otro lado conceder sedes a los Grandes de España podía ser un obstáculo, porque los nobles no daban garantía de cualidades morales ni intelectuales.

La vida ejemplar y la cultura era un soporte para una pastoral de renovación. No se trataba de volver al medievo y edificar una Iglesia con un estructura melancólica, sino de dialogar con los nuevos tiempos y de construir una Iglesia de proa.

Para poder realizar esto era necesario obtener los medios para la elección de los obispos. Para el caso de las elecciones de los trabajos de los canónigos, ya Eugenio IV había concedido en 1436 el privilegio que los capítulos no podían proceder a la elección sin haber consultado al soberano. Hubo un largo periodo de negociaciones, hasta que en 1486 Inocencio VIII concede el derecho de patronazgo y de presentación para todas las catedrales, monasterios o prioratos del reino de Granada y Canarias. Las personas elegidas, salvo algunas excepciones, debido sobre todo a Fernando, fueron de un alto perfil.

Podemos decir que Hernando de Talavera (1428-1507) jerónimo, representa ya el obispo nuevo. Había sido maestro en Salamanca, confesor de la reina, que lo elige primero como obispo de Avila y de Granada.

Era un prelado consciente. Confesaba, visitaba las diócesis, predicaba, organizaba encuentros formativos para el clero. Para catequizar la diócesis buscó sacerdotes y religiosos que hablasen el árabe. En Granada se preocupó de la formación del clero y fundó un colegio para 25 alumnos entre 15 y 25 años que aspiraban a las órdenes sagradas. Fue el preludio del seminario tridentino y fue una forja de buenos obispos.

Diego de Deza (1443-1523) era dominico, también fue profesor universitario. Tiene en Sevilla en 1512 un importante concilio provincial en el cual esbozó un completo programa de reforma pastoral. Los decretos los podemos dividir en dos partes:

?unos miraban a corregir las costumbres: así los pecadores públicos debían ser castigados; los que no seguían el precepto pascual debían se excomulgados y multados, a los blasfemos les imponían penas, y también a los clérigos que no vistiesen correctamente.

?en otros se nota el ansia de construir un estilo pastoral: deseaba que los párrocos predicaran todos los domingos, y que enseñaran el Catecismo, exigía la residencia y la visita anual a sus iglesias de parte de los obispos y archidiáconos. También fundó un colegio eclesiástico, dedicado a Sto. Tomás para 20 colegiales con lecciones de S. Escritura, Sto. Tomás y lecciones de teología escolástica, moral y filosofía.

Como gran inquisidor (1498-1507) cometió el error de dar fe al inquisidor de Córdoba, Diego Rodriguez Lucero, llamado, por su extrema dureza, .el tenebroso., los dos fueron destituidos.

4.2.- Francisco Jiménez de Cisneros:

Gonzalo Jiménez de Cisneros nació en el año 1436 en Torrelaguna. Estudió derecho en Salamanca; en Roma obtiene un beneficio que el arzobispo Carrillo no quería concederle. Lo hizo encarcelar, lo que permitió a Gonzalo estudiar S. Escritura y respirar un clima de oración. Liberado obtuvo el beneficio que deseaba y lo permutó con otro en Sigüenza. Aquí estudió con un rabino el hebreo y el caldeo. A los 48 años entró en los franciscanos en el monasterio toledano de San Juan de los Reyes y tomó el nombre de Francisco.

El cardenal Mendoza lo promovió como un sucesor válido de Talavera como confesor de la reina. Fue encargado de la visita y de la reforma de los conventos de los mendicantes, en los cuales introduce con autoridad la observancia. Donde no era aceptada de buen grado la impuso.

Desde aquel momento su carrera fue rápida y fulgurante. Arzobispo de Toledo en 1495, sucediendo al cardenal Mendoza, regente por dos veces, cardenal (1507). La cultura le debe mucho. Restauró la liturgia mozárabe. Su intervención más importante fue la fundación de la Universidad de Alcalá de Henares. Promueve la elaboración de la Biblia Poliglota Complutense.

5.- La reforma del clero.

La reforma de la vida religiosa y del episcopado no era suficiente sino estaba acompañada de una reforma del clero secular. Era necesaria una nueva dimensión pastoral para el clero secular, que se llevará a cabo con dos medios: los sínodos y los colegios. Ya señalado en el sínodo de Aranda de 1473 y en el de Sevilla de 1478, en el que se impone la obligación de la residencia.

Las Constitutiones cisnerianas imponían: la celebración anual del sínodo diocesano; la obligación para todos los sacerdotes de tener un confesor con el que confesarse; todo párroco, bajo pena de dos reales debía explicar la doctrina cristiana a los niños y el evangelio a los parroquianos todos los domingos; la Eucaristía debía ser reverenciada y adorada con la máxima diligencia; ninguna devoción, ningún treintanario podía autorizar la omisión de la celebración de la misa pro populo; se debe facilitar la absolución de la excomuniones; los clérigos no residentes debían ser castigados, porque de este abuso derivan .la disminución del culto divino y el daño de las almas.. Un importante procedimiento se refería a la obligación, para toda parroquia, de tener un registro de los bautizados, y otro en el cual consignar a los que no cumplían el precepto pascual. Los arciprestes y vicarios debían hacer una relación de los incumplimientos de todos los beneficios de la zona encargada.

El otro medio utilizado por Cisneros para reformar al clero fue el de los colegios, llenando así una laguna fundamental. No bastaba mandar y prohibir, era necesario formar. Proyectó 18 colegios para Alcalá, después reducido a 7. En diversas diócesis se crearon buenos colegios, como en Sigüenza, Toledo, Granada, Sevilla. Siguieron los colegios de Salamanca, de Todos los Santos o Monte de los Olivos, de San Millán y del Salvador de Oviedo.

 

+++

 

 

ROMA - La Plaza Navona, con la Iglesia de Santiago de los Españoles, era uno de los puntos neurálgicos durante los dos siglos de predominio político de nuestro país, junto con la Plaza de España, donde reside la Embajada más antigua del mundo, creada en el año 1480 por el rey Fernando de Aragón para coordinar su política mediterránea frente a los Estados Pontificios.

-.-

Ya en 1533 –en México- los franciscanos tenían una escuela pública para la población. El colegio sirvió para educar a generaciones de nobles indígenas mexicanos en humanidades, arte y filología.

 

«Mientras los eruditos europeos aprendieron griego para leer los textos originales, los árabes los tradujeron a su lengua. El cristianismo es la única religión que conozco que ha respetado las demás tradiciones y las ha integrado como distintas». Cita del filósofo francés Rémi Brague; pronunció una conferencia en la Universidad de Navarra – 2005

 

+++

 

 

 

La Iglesia, ante la difamación histórica
Leyendas negras de ayer, hoy y mañana

 

Por Alejandro Rodríguez de la Peña*
Alfa y Omega

C
uando se aborda la historia de la Iglesia católica, tarde o temprano nos encontraremos con el fenómeno historiográfico que se ha dado en llamar leyenda negra. Ésta consiste en una labor de propaganda, de desinformación, que, a través de la presentación tendenciosa de los hechos históricos, bajo la apariencia de objetividad y de rigor histórico o científico, procura crear una opinión pública, bien anticlerical, bien anticatólica. Por eso se aparta de lo que podría aceptarse como una simple crítica, una denuncia honesta y rigurosa de los errores cometidos por los miembros de la Iglesia, dando en cambio una imagen voluntariamente distorsionada del pasado de la Iglesia, para convertirla en una descalificación global de una misión milenaria, tanto antes como, sobre todo, en la actualidad.
La leyenda negra de la Iglesia no es un asunto baladí que deba ser objeto de preocupación sólo para los historiadores. Lo cierto es que todos los católicos nos jugamos mucho en la lucha contra sus manipulaciones. Y es que la descalificación global de esta institución religiosa a largo de toda su historia compromete seriamente ante la opinión pública su legitimidad social y moral de cara al futuro. Un fenómeno reciente como la polvareda social levantada por la novela El Código Da Vinci resulta ser un magnífico ejemplo del peligro que la manipulación de la historia de la Iglesia entraña para su acción pastoral actual.


Los ataques, desde antiguo

En realidad, los ataques demagógicos y panfletarios contra el pasado y el presente de la Iglesia datan de muy antiguo. En efecto, podemos encontrar diatribas furibundas contra el cristianismo católico por parte de autores paganos grecorromanos (Celso, Zósimo, Juliano el Apóstata…), de los diferentes heresiarcas medievales y de los polemistas judíos y musulmanes. Pero la polémica anticatólica se acentuó y cobró una especial virulencia en la segunda mitad del siglo XVI, cuando las discusiones entre católicos y protestantes invadieron también el campo historiográfico y literario, surgiendo entonces todo un modelo de difamación sistemática de la Iglesia.
Más en concreto, encontramos el origen del discurso anticatólico actual en la llamada leyenda negra, un conjunto de acusaciones contra la Iglesia y la monarquía hispánica que se generó y se desarrolló en Inglaterra y Holanda, en el curso de la lucha entre Felipe II y los protestantes.
El anticatolicismo llegó a ser, con el tiempo, parte integral de la cultura inglesa, holandesa o escandinava. Escritores y libelistas se esforzaron por inventar mil ejemplos de la vileza y perfidia papista, y difundieron por Europa la idea de que la Iglesia católica era la sede del Anticristo, de la ignorancia y del fanatismo. Tal idea se generalizó en el siglo XVIII, a lo largo y ancho de la Europa iluminista y petulante de la Ilustración, señalando a la Iglesia como causa principal de la degradación cultural de los países que habían permanecido católicos.
En los prejuicios difundidos sobre la historia de la Iglesia se observan dos elementos básicos y, en no pocas ocasiones, íntimamente entremezclados: la visión de la Iglesia medieval y moderna como una institución oscurantista, reaccionaria y enemiga de todo progreso intelectual o social; y su caricaturización como una fuerza represiva e intolerante, enemiga de los derechos humanos y promotora de las Cruzadas y la Inquisición.
Se suele afirmar, por ejemplo, que las Cruzadas fueron guerras de agresión provocadas contra un mundo musulmán pacífico. Esta afirmación es completamente errónea. Ahora mismo tenemos en nuestras pantallas una película, El reino de los cielos, bastante proclive a esta angelización de los musulmanes del medievo. Pero lo cierto es que, desde los mismos tiempos de Mahoma, los musulmanes habían intentado conquistar el mundo cristiano. E incluso habían obtenido éxitos notables. Tras varios siglos de continuas conquistas, los ejércitos musulmanes dominaban todo el norte de África, Oriente Medio, Asia Menor y gran parte de España. En otras palabras, a finales del siglo XI, las fuerzas islámicas habían conquistado dos terceras partes del mundo cristiano: Palestina, la tierra de Jesucristo; Egipto, donde nace el cristianismo monástico; Asia Menor, donde san Pablo había plantado las semillas de las primeras comunidades cristianas... Estos lugares no estaban en la periferia de la cristiandad, sino que eran su verdadero centro.


¡Así se escribe la Historia!

Otro lugar común de la leyenda negra anticatólica es –no podía ser de otro modo– la acción de la Inquisición en la Edad Media y la Moderna. Por ejemplo, todo el mundo ha oído hablar del caso de Galileo Galilei, casi siempre de modo deformado, ya que no se suele explicar que el sabio italiano apenas sufrió otro castigo que un cómodo arresto domiciliario en un palacio cardenalicio. Por el contrario, son pocos los colegiales que saben que Antoine Lavoisier, uno de los fundadores de la Química, fue guillotinado a causa de sus ideas políticas, por un tribunal durante el Terror jacobino, al grito de ¡La Revolución no necesita científicos! No olvidemos tampoco que, en Ginebra –la Meca del protestantismo–, Juan Calvino no dudó en mandar a la hoguera al ilustre descubridor de la circulación de la sangre, nuestro compatriota Miguel Servet. El científico aragonés fue tan sólo una de las quinientas víctimas de diez años de intolerancia calvinista en una ciudad con apenas diez mil habitantes. Con esta proporción brutal de represaliados, la Inquisición española habría debido quemar ¡un millón de personas cada siglo! –en realidad, fueron tres mil en trescientos años–. Aun así, Torquemada ha pasado al argot popular como sinónimo de intolerancia, y Calvino es ponderado por muchos como uno de los padres de las democracias liberales del norte de Europa.
Un ejemplo reciente de cómo la leyenda negra ha cobrado nuevos bríos últimamente lo hallamos en el ya mencionado Código Da Vinci. Su autor, Dan Brown, deja caer que la Iglesia habría quemado a cinco millones de brujas (p. 158), cuando todos los especialistas, con Brian Pavlac a la cabeza, limitan la cifra a 30.000, a lo sumo, para el período 1400-1800 (por cierto, el 90% víctimas de la Inquisición protestante, y no de la católica).
Esto conecta con el ominoso concepto de Gendercide (genocidio de las mujeres), que han acuñado el feminismo y el lesbianismo radicales en las universidades norteamericanas. Esto es, la criminalización de la Iglesia católica, que cargaría con una mancha histórica tan negra como el Holocausto nazi. De la misma forma que el nazismo ha quedado desacreditado para siempre jamás por su ejecutoria asesina contra los judíos, la Iglesia carecería de toda legitimidad como institución por su pasado criminal en relación a las mujeres. Barbaridades como ésta se leen y se escuchan en algunos departamentos de Gender studies de los Estados Unidos.
No en vano, el Código Da Vinci se basa en una serie de absurdas creencias neo-gnósticas y feministas que entran en oposición directa no sólo con el cristianismo, sino con la Historia académica tal y como es enseñada en todas las universidades respetables del mundo. Mucho se ha hablado de la inverosímil hipótesis de Dan Brown de que Cristo y María Magdalena estaban casados y tuvieron descendencia, pero eso sólo es la punta de un iceberg de disparates. Convenientemente camufladas tras la atractiva trama narrativa propia de un thriller policíaco, el autor va deslizando aquí y allá ideas propias de una cosmovisión que enseña que el cristianismo es una mentira violenta y sangrienta, que la Iglesia católica es una institución siniestra y misógina, y que la verdad es, en última instancia, creación y producto de cada persona.


La realidad, como es

Volviendo al espinoso asunto de la Inquisición, si queremos ser rigurosos, hay que señalar que el Santo Oficio era un tribunal dedicado a investigar si entre los católicos había herejes, un tema gravísimo entonces, al que ahora no se da importancia porque las sociedades no son confesionales. Pero es que entonces las disputas teológicas daban lugar a guerras y conmociones sin cuento (las guerras de religión en Europa provocaron un millón de muertos entre 1517 y 1648). Por consiguiente, la Inquisición era un instrumento básico para el mantenimiento de la paz en un reino. Por otro lado, un hecho no suficientemente conocido es que la Inquisición no tenía jurisdicción alguna sobre los no bautizados. Por tanto, ni judíos ni musulmanes podían ser juzgados, detenidos o acosados por la Inquisición.
Ciertamente, el Santo Oficio usaba el tormento como todos los tribunales de la época, pero generalmente con mayores garantías procesales, ya que se realizaba siempre en presencia del notario, los jueces y un médico, y sin que se pudieran causar al reo mutilaciones, quebrantamiento de huesos, derramamiento de sangre ni lesiones irreparables. Finalmente, hay que llamar la atención sobre el hecho de que la mayoría de las penas eran de tipo canónico, como oraciones o penitencias. Las condenas a muerte fueron rarísimas, y sólo en casos muy graves sin arrepentimiento, pues si había arrepentimiento había indulgencia con el reo. Como ya se ha dicho, en sus tres siglos de historia, la Inquisición ajustició a unos 3.000
reos (de un total de 200.000 procesados). Esta cifra, con ser alta, representa tan sólo la décima parte de los asesinados en Francia por el régimen del Terror jacobino en el periodo 1792-1795. Es decir, en tan sólo tres años, los hijos de la Ilustración iluminista habían multiplicado por diez las víctimas fruto de trescientos años de actuación de la Inquisición católica. ¿Y quien se atreve hoy en día a mentarle este hecho a un defensor de la democracia liberal, cuyos fundamentos mismos sentó la Revolución Francesa? ¿Porqué, entonces, tenemos los católicos que aguantar día sí día también que algunos sectarios nos recuerdan la Inquisición cada vez que nos identificamos como hijos de la Santa Madre Iglesia?

-.-

* Manuel Alejandro Rodríguez de la Peña, profesor de Historia Medieval, de la Universidad San Pablo-CEU y Secretario Nacional de Jóvenes de la Asociación Católica de Propagandistas - 2005-06-

 

+++

 

Lo que va de ayer a hoy

 

Por JULIÁN MARÍAS. De la Real Academia Española - filósofo

 

El paso por España de Juan Pablo II y las reacciones que ha suscitado, todo ello me ha hecho pensar en el enorme cambio favorable que se ha producido desde el decenio de 1930. Fue un tiempo, no tan lejano, en que imperaba un tono de violencia, agresividad, enfrentamientos. Recuerdo muy bien el tono agresivo, casi bélico, de las actitudes, desde las canciones políticas hasta la consideración como enemigos de los partidos que hoy parecen simplemente distintos, objetables, tal vez erróneos, pero no enemigos.

 

No había ninguna guerra; pero ahora se ve que aquel clima las estaba incubando. Primero la guerra civil en España; empalmando con ella la guerra mundial. Antes de que se produjeran dominaba un temple de hostilidad más o menos larvada, dentro de cada uno de los países europeos y entre ellos. Se ve que se estaba gestando en las conciencias, en las actitudes, en el temple de la vida, lo que había de llevar a la guerra civil española y, apenas terminada esta, a la guerra mundial. Pienso que si se hubiera auscultado la actitud en que se vivía desde comienzos del decenio se hubiera podido prever lo que se produjo, innecesariamente, un poco después. Un clima de enemistad dominó en España desde esas fechas; también en la mayoría de los países europeos, en la época de Hitler, que inició una era de gran violencia y cuya presión radicalizó enormemente al relativamente pacífico fascismo italiano. Fue la época en que la Unión Soviética era una constante amenaza exterior y en la que dentro de ella se producían los atroces procesos y purgas de Moscú.

 

En España y en Francia los frentes populares se oponían con manifiesta hostilidad a movimientos que tenían semejanzas con el fascismo. No había ninguna guerra, ni motivos serios para que la hubiera. En España estalló la guerra civil, y hoy es difícil comprender cómo pasó aquello. Hace ya veintitrés años, en 1980, escribí un artículo titulado «Cómo pudo ocurrir», donde traté de examinar los pasos por los que se llegó a aquella atrocidad. La responsabilidad correspondió en gran parte al imperio de la mentira, una de las potencias más destructoras del mundo. Hoy mismo he leído en periódicos recuerdos de aquella época, de la guerra misma, de sus consecuencias, consistentes en una sarta de falsedades, de verdades parciales, incompletas, que por supuesto impiden toda comprensión de la realidad efectiva. No se mide el inmenso poder destructor de la mentira, sobre la que nada se puede edificar, mientras que la verdad es coherente, consistente, la tierra firme sobre la que se puede caminar, por dura y lamentable que sea.

 

«No hay que intentar contentar a los que no se van a contentar», he dicho desde hace mucho tiempo. Son incapaces de enterarse los que no quieren enterarse, y así se arrastran las falsedades, con la consecuencia de que se transmiten a generaciones más jóvenes, que no han vivido los sucesos, los dichos y los hechos, y están inermes frente a la falsificación. Los que vivieron otros tiempos pueden intentar engañar a los demás y hasta a sí mismos, pero saben que lo están haciendo. Los que han venido después reciben versiones fraudulentas del tiempo pasado, todavía reciente, y quedan afectados por ello.

 

Los errores cometidos en el pretérito todavía próximo, no solo en España, sino en casi toda Europa, pueden superarse, pero solamente con la verdad, con el reconocimiento de los errores propios y ajenos, lo único que permite el propósito de enmienda y la probabilidad de no recaer en males que ya acontecieron.

 

Si se tuviera una idea clara de los cambios acontecidos desde aquel decenio se sentiría una dosis de optimismo, aliento, acaso entusiasmo, que da a la vida europea actual un sentido incomparablemente superior al de aquel decenio que he evocado.

 

La inmensa mayoría de los hombres y mujeres que viven hoy no han conocido aquellos tiempos; solo cierto número de personas vivas han pasado por ellos, y no todos tienen una imagen viva y fiel de lo que significaron, lo cual encierra un riesgo, por remoto que parezca, de que vuelvan a repetirse en otra forma los viejos errores. El olvido es sumamente peligroso; por desgracia el conocimiento de la historia del siglo XX es muy imperfecto, a causa de la ignorancia generalizada y de diversas falsificaciones interesadas.

 

Se da por supuesto que todo el mundo sabe lo que pasó en el siglo XX, pero la realidad es muy distinta; no son muchos los supervivientes de los decenios pasados, y ni siquiera la visión de ellos suele ser completa y acertada, y los que han nacido después tienen una idea muy vaga de lo que fueron aquellos decenios desde 1930 en adelante.

 

Los nombres más significativos del siglo XX, los que fueron famosos para bien o para mal, son prácticamente desconocidos por los hombres actuales, que no tienen una idea clara de su significación y para quienes son meramente nombres, acaso ya olvidados. En conjunto la situación europea es incomparablemente mejor; ni se puede imaginar la posibilidad de guerras nacionales; tampoco parecen posibles situaciones como el desgarramiento de España en la guerra civil. Si se tiene conciencia de la nueva situación, se siente alegría, confianza, esperanza. Pero si no existe el término de comparación, si no se compara la bondad de lo que se posee con aquello de que se carecía no hace tanto tiempo, se corre el peligro de no estimar, aprovechar, cultivar lo que se posee, y exponerse a malbaratarlo, desdeñarlo o perderlo.
Los que han vivido desde hace ya muchos decenios no se dan cuenta por lo general de que son una minoría y que el mundo actual está compuesto de personas a las que hay que transmitir ese conocimiento para hacerles adquirir una experiencia histórica preciosa, que supla la vivida que no han alcanzado.

 

No se puede dar por supuesto que lo que uno sabe muy bien lo saben los demás; hay que imaginar y pensar qué mundo han encontrado los que han venido después, qué noticias les han llegado de lo que aconteció antes de su vida consciente; hay que facilitarles un suplemento de esta que se remonte por lo menos unos cuantos decenios atrás. Solo así podrán vivir instalados realmente y con claridad en este tiempo que es propiamente el suyo.
ABC. ESP. 2003-05-22

 

+++

 

 

JUAN PABLO II – Magno – AUDIENCIA

 

Miércoles 28 de abril de 1999

El diálogo con los judíos

1. El diálogo interreligioso que la carta apostólica Tertio millennio adveniente impulsa como aspecto característico de este año dedicado en especial a Dios Padre (cf. nn. 52-53), atañe ante todo a los judíos, «nuestros hermanos mayores», como los llamé con ocasión del memorable encuentro con la comunidad judía de la ciudad de Roma, el 13 de abril de 1986 (cf. L´Osservatore Romano, edición en lengua española, 20 de abril de 1986, p. 1). Reflexionando en el patrimonio espiritual que tenemos en común, el concilio Vaticano II, especialmente en la declaración Nostra aetate, dio una nueva orientación a nuestras relaciones con la religión judía. Es preciso profundizar cada vez más esa doctrina, y el jubileo del año 2000 podrá representar una ocasión magnífica de encuentro, posiblemente en lugares significativos para las grandes religiones monoteístas (cf. Tertio millennio adveniente, 53).

Es sabido que, por desgracia, la relación con nuestros hermanos judíos ha sido difícil desde los primeros tiempos de la Iglesia hasta nuestro siglo. Pero en esta larga y atormentada historia no han faltado momentos de diálogo sereno y constructivo. Conviene recordar, al respecto, el hecho significativo de que el filósofo y mártir san Justino, en el siglo II, dedicó su primera obra teológica, que lleva por título precisamente «Diálogo», a su confrontación con el judío Trifón. Asimismo, hay que señalar que la perspectiva del diálogo se halla muy presente en la literatura neo-judía contemporánea, la cual ha ejercido gran influjo en el pensamiento filosófico y teológico del siglo XX.

2. Esta actitud de diálogo entre cristianos y judíos no sólo expresa el valor general del diálogo entre las religiones, sino también la participación en el largo camino que lleva del Antiguo Testamento al Nuevo. Hay un largo tramo de la historia de la salvación que los cristianos y los judíos contemplan juntos. «A diferencia de otras religiones no cristianas, la fe judía ya es una respuesta a la revelación de Dios en la antigua alianza» (Catecismo de la Iglesia católica, n. 839). Esta historia se halla iluminada por una inmensa multitud de personas santas, cuya vida testimonia la posesión, en la fe, de lo que se espera. La carta a los Hebreos pone de relieve precisamente esta respuesta de fe a lo largo de la historia de la salvación (cf. Hb 11).

El testimonio valiente de la fe debería marcar también hoy la colaboración de cristianos y judíos para proclamar y actuar el designio salvífico de Dios en favor de la humanidad entera. El hecho de que ese designio sea interpretado de forma diversa con respecto a la aceptación de Cristo, implica evidentemente una divergencia decisiva, que está en la raíz misma del cristianismo, pero eso no quita que muchos elementos sigan siendo comunes.

Sobre todo tenemos el deber de colaborar para promover una condición humana más acorde con el designio de Dios. El gran jubileo, que se remonta precisamente a la tradición judía de los años jubilares, indica la urgencia de ese compromiso común para restablecer la paz y la justicia social. Reconociendo el señorío de Dios sobre toda la creación, y en particular sobre la tierra (cf. Lv 25), todos los creyentes están llamados a traducir su fe en un compromiso concreto para proteger el carácter sagrado de la vida humana en todas sus formas y defender la dignidad de todo hermano y hermana.

3. Meditando en el misterio de Israel y en su «vocación irrevocable» (cf. Discurso a la comunidad judía de Roma: L´Osservatore Romano, edición en lengua española, 20 de abril de 1986, p. 1), los cristianos investigan también el misterio de sus raíces. En las fuentes bíblicas, que comparten con sus hermanos judíos, encuentran elementos indispensables para vivir y profundizar en su misma fe.

Se ve, por ejemplo, en la liturgia. Como Jesús, a quien san Lucas nos presenta mientras abre el libro del profeta Isaías en la sinagoga de Nazaret (cf. Lc 4, 26 ss), también la Iglesia aprovecha la riqueza litúrgica del pueblo judío. Ordena la liturgia de las Horas, la liturgia de la Palabra e incluso la estructura de las Plegarias eucarísticas según los modelos de la tradición judía. Algunas grandes fiestas, como Pascua y Pentecostés, evocan el año litúrgico judío y constituyen ocasiones excelentes para recordar en la oración al pueblo que Dios eligió y sigue amando (cf. Rm 11, 2). Hoy el diálogo implica que los cristianos sean más conscientes de estos elementos que nos acercan. De la misma manera que tomamos conciencia de la «alianza nunca revocada» (cf. Discurso a los representantes de la comunidad judía, en Maguncia, 17 de noviembre de 1980, n. 3: L´Osservatore Romano, edición en lengua española, 23 de noviembre de 1980, p. 15), debemos considerar el valor intrínseco del Antiguo Testamento (cf. Dei Verbum, 3), aunque cobra su sentido pleno a la luz del Nuevo y contiene promesas que se cumplen en Jesús. ¿No fue la lectura actualizada de la sagrada Escritura judía, hecha por Jesús, la que hizo arder el corazón de los discípulos de Emaús (cf. Lc 24, 32), permitiéndoles reconocer al Resucitado al partir el pan?

4. No sólo la historia común de cristianos y judíos, sino particularmente el diálogo debe orientarse al futuro (cf. Catecismo de la Iglesia católica, n. 840), convirtiéndose, por decirlo así, en «memoria del futuro» (Nosotros recordamos: una reflexión sobre la Shoa: L´Osservatore Romano, edición en lengua española, 20 de marzo de 1998, p. 11). El recuerdo de los hechos tristes y trágicos del pasado puede abrir el camino a un renovado sentido de fraternidad, fruto de la gracia de Dios, y al esfuerzo por lograr que las semillas infectadas del antijudaísmo y el antisemitismo nunca más echen raíces en el corazón del hombre.

Israel, pueblo que construye su fe sobre la promesa hecha por Dios a Abraham: «Serás padre de una multitud de pueblos» (Gn 17, 4; Rm 4, 17), señala al mundo Jerusalén como lugar simbólico de la peregrinación escatológica de los pueblos, unidos en la alabanza al Altísimo. Ojalá que, en el umbral del tercer milenio, el diálogo sincero entre cristianos y judíos contribuya a crear una nueva civilización, fundada en el único Dios, santo y misericordioso, y promotora de una humanidad reconciliada en el amor.

 

+++

 

¿Cuánto habrá pasado desde que por primera vez un hombre opinó de distinta manera a otro y argumentó? Aunque hoy día más interesante sería ¿cuánto queda hasta que esto deje de suceder? ¿Por qué tantos gobiernos detestan la filosofía?

¿No será para mejor dominar al hombre bajo un neo-totalitarismo? 2005.

 

+++

 

“Jamás lo antiguo por antiguo ha sido bueno, como lo nuevo por nuevo, mejor.” S.S. Benedicto XVI.

 

+++

 

La Oración debe ir acompañada de obras


"Cuando yo veo almas muy diligentes a entender la oración que tienen y muy encapotadas cuando están en ella, que parece no se osan bullir ni menear el pensamiento porque no se les vaya un poquito de gusto y devoción que han tenido, háceme ver cuán poco entienden del camino por donde se alcanza la unión, y piensan que allí está todo el negocio. Que no, hermanas, no; obras quiere el Señor, y que si ves una enferma a quien puedes dar algún alivio, no se te dé nada de perder esa devoción y te compadezcas de ella; y si tiene algún dolor, te duela a tí; y si fuere menester, lo ayunes, porque ella lo coma, no tanto por ella, como porque sabes que tu Señor quiere aquello. Esta es la verdadera unión con su voluntad, y que si vieres loar mucho a una persona te alegres más mucho que si te loasen a tí. Esto, a la verdad, fácil es, que si hay humildad, antes tendrá pena de verse loar. Mas esta alegría de que se entiendan las virtudes de las hermanas es gran cosa, y cuando viéremos alguna falta en alguna, sentirla como si fuera en nosotras y encubrirla.

Mucho he dicho en otras partes (Camino de la Perfección 6.4/ 7) de esto, porque veo, hermanas, que si hubiese en ello quiebra vamos perdidas. Plega al Señor nunca la haya, que como esto sea, yo os digo que no dejéis de alcanzar de Su Majestad la unión que queda dicha. Cuando os viéreis faltas en esto, aunque tengáis devoción y regalos, que os parezca habéis llegado ahí, y alguna suspensioncilla en la oración de quietud (que algunas luego les parecerá que está todo hecho), creedme que no habéis llegado a unión, y pedid a nuestro Señor que os dé con perfección este amor del prójimo, y dejad hacer a Su Majestad, que El os dará más que sepáis desear, como vosotras os esforcéis y procuréis en todo lo que pudiereis esto; y forzar vuestra voluntad para que se haga en todo la de las hermanas, aunque perdáis de vuestro derecho, y olvidar vuestro bien por el suyo, aunque más contradicción os haga el natural; y procurar tomar trabajo por quitarle al prójimo, cuando se ofreciere. No penséis que no ha de costar algo y que os lo habéis de hallar hecho. Mirad lo que costó a nuestro Esposo el amor que nos tuvo, que por librarnos de la muerte, la murió tan penosa como muerte de cruz."
 

Santa Teresa de Jesús, doctora de la Iglesia: Castillo interior, Moradas V,3.11
 

Oración: - Señor Dios, Tú nos has hecho ver, a través del ejemplo de santa Teresa de Jesús, cuánto te agrada la oración humilde y la caridad operante; concédenos servirte con una oración fervorosa y una solicitud llena de amor hacia nuestros hermanos de cualquier raza y continente. Te lo pedimos por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

 

+++

su lago de Tiberiades queda atrás, y Pedro sigue a Cristo en su iglesia Católica

 

 

San Juan Crisóstomo (hacia 345) obispo de Antioquia

y Constantinopla, doctor de la Iglesia Católica

 

Homilía sobre el salmo 49 - Las dos venidas de Cristo

        En su primera venida, Dios llegó sin esplendor alguno, desconocido de la mayoría, prolongando durante largos años el misterio de su vida oculta. Cuando descendió de la montaña de la Transfiguración, Jesús encargó a los discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías. Jesús venía, como un pastor, a buscar a su oveja descarriada, y, para recoger al animal indócil, hizo falta ocultarse. Como un médico que se guarda de espantar al enfermo en un primer momento, el Salvador evita darse a conocer desde el principio de su misión. Lo hace poco a poco, casi insensiblemente.
       El profeta anunció esta venida sin gloria en estos términos: “que sea como lluvia para el retoño, como aguacero que riega la tierra. (Sal 71,6) No ha rasgado el firmamento para venir sobre las nubes, sino que vino en silencio, encerrado en el seno de una Virgen durante nueve meses. Nació en un pesebre, como hijo de un humilde artesano...Se mueve de aquí para allá como un hombre cualquiera, sus vestidos son simples, su mesa frugal. Camina sin cesar, hasta cansarse,  por los caminos de la vida.
      Pero su segunda venida no será así. Llegará con tanto esplendor que no hará falta anunciarla: “...como el relámpago sale de oriente y brilla hasta occidente, así será la venida del Hijo del hombre.” (Mt 24,27) Será el tiempo del juicio y de la sentencia pronunciada. Entonces, el Señor aparecerá no como un médico sino como un juez. El profeta Daniel ha visto su trono, la corriente de aguas al pie de su asiento en el tribunal y el fuego alrededor, el carro y las ruedas (cf Dn 7,9-10)... David, el rey-profeta, no habla más que de esplendor, de gloria, de fuego resplandeciente: “...delante de él viene un fuego devorador, en torno suyo ruge la tormenta...” (cf Sal 49,3) Todas estas comparaciones tiene por objeto de presentarnos la soberanía de Dios, la luz esplendorosa que lo envuelve y su naturaleza inaccesible.

 

+++

 

Y una media mentira puede ser más dañina que una mentira entera, aunque sólo sea porque tiene más capacidad de seducción.

+++

 

 

Joseph Ratzinger, "Fe, verdad, tolerancia", Alfa y Omega, 11.IX.2003

Nuevo libro del cardenal Ratzinger Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe

 

En un mundo globalizado, multicultural, el diálogo entre las religiones se ha convertido en el punto más candente para la teología», reconocía el cardenal Joseph Ratzinger en su última visita a España, hablando desde la Universidad Católica San Antonio, de Murcia. En el nuevo contexto, se ha extendido la opinión, según la cual, todas las religiones no son más que variaciones de un único e idéntico tema, que asume formas diferentes según la cultura y la historia. Surge entonces la pregunta: ¿es posible proponer hoy el cristianismo como verdad, como camino de salvación? ¿No constituye un gesto de arrogancia intolerante? Las religiones, ¿son todas iguales?

Quienes conocen al Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, su espíritu inquieto y su disponibilidad para afrontar sin tapujos los interrogantes que afectan más de lleno a nuestros contemporáneos, han visto en su último libro su contribución personal y lógica al debate.

En realidad Fe, verdad, tolerancia - El cristianismo y las religiones del mundo, volumen de algo menos de 300 páginas, que acaba de publicarse en italiano (Fede, verità, tolleranza - Il cristianesimo e le religioni del mondo, editorial Cantagalli), es una colección reeditada de conferencias que el cardenal bávaro ha ido pronunciando sobre el argumento en la última década. Con una excepción: la primera contribución constituye un artículo publicado en 1964, en el que, tras hacer un estudio fenomenológico de las religiones, presenta con un lenguaje sorprendentemente actual la diferencia específica del cristianismo.

En el fondo, el libro no hace más que responder a los interrogantes más comunes que se plantea toda aquella persona que hoy día es capaz de trascender los condicionamientos de la sociedad consumista y tecnicista. He aquí algunos de ellos y, en pinceladas, las respuestas que ofrece Ratzinger:

La diferencia cristiana

El cristianismo, ¿no es en el fondo una religión como cualquier otra? ¿No es más que una visión de Dios a la europea? Recordando que el cristianismo no nació en Europa, ni está ligado exclusivamente a Europa, el cardenal comienza demostrando cómo en realidad el cristianismo se diferencia radicalmente del resto de las religiones. De hecho, aclara que no todas las religiones son iguales (ni mucho menos). En el fondo, esta afirmación surge de la ignorancia de quien desconoce de la manera más elemental qué era la religión de los antiguos aztecas, el voodoo, el budismo, el hinduismo, o las religiones monoteístas.

En el monoteísmo (en particular el judaísmo y el cristianismo) –demuestra–, Dios aparece como persona, en contraposición a las religiones asiáticas (místicas), en las que se anula la diferencia entre los seres. En el monoteísmo el fundamento es el tú de Dios y el yo de la criatura, que crea una relación personal, única e irrepetible. En las primeras, el único camino posible es el de la búsqueda interior, el de los iniciados. En el segundo, Dios se revela. En las primeras, sólo los iniciados alcanzan la experiencia de lo divino. El resto reciben la religión de segunda mano. En el judaísmo y el cristianismo el encuentro con Dios es de primera mano.

«Para la fe cristiana –concluye–, la historia de las religiones no es el cíclico retorno de lo que siempre es igual, de lo que nunca llega a la verdad, que permanece fuera de la Historia. Quien es cristiano considera que la historia de las religiones es una historia real, una senda cuya dirección significa progreso, y cuyo camino significa esperanza. Éste debe desempeñar su servicio como quien espera, sabe imperturbablemente que el final de la Historia, si bien está atravesado por todos los fracasos y contiendas de los hombres, se realiza».

Pluralismo religioso

Si no todas las religiones son iguales, entonces surge la pregunta: ¿cuál es la relación entre el cristianismo y el resto de las religiones con las que convive? Tres respuestas se han dado a este interrogante, como recoge Ratzinger.

Ante todo, destaca el exclusivismo, según el cual sólo la fe cristiana puede salvar: las religiones no serían caminos de salvación. Ahora bien –aclara Ratzinger–, exponentes de esta respuesta distinguen entre religión y fe, y conciben únicamente el cristianismo como fe, dejando a un lado la religión, es decir, las manifestaciones externas de la relación con Dios. «Desde mi punto de vista –explica en el libro–, el concepto de un cristianismo sin religión es contradictorio e irreal. La fe debe expresarse también como religión y en la religión, aunque obviamente no puede quedar reducida a ésta».

Otra respuesta para explicar la relación entre el cristianismo y las religiones es el inclusivismo, según el cual el cristianismo estaría presente en todas las religiones, o viceversa, todas las religiones, sin saberlo, estarían orientadas hacia el mismo. Según esta visión, Cristo es el único salvador. Ahora bien, reconoce en las religiones un valor de salvación, en la medida en que es tomado en préstamo de Cristo. Esta visión justifica la misión, aunque de manera menos radical que la primera, pues Cristo sería quien purifica las religiones y las lleva a alcanzar su más íntima aspiración.

Por último, se da la respuesta pluralista, sumamente actual, según la cual la diversidad de religiones ha sido querida por el mismo Dios. Todos son caminos de salvación, aunque ciertamente el de Cristo desempeña un papel privilegiado (no exclusivo).

Ratzinger considera que estas respuestas a la pregunta por la relación entre cristianismo y religiones constituyen un camino equivocado. En realidad –explica–, se basan en una comprensión superficial de las religiones, «que en realidad no conducen ni mucho menos al hombre hacia la misma dirección y que, incluso en sí mismas, no son uniformes». Pone, como ejemplo, el Islam, en el que conviven «formas destructivas y otras en las que nos parece reconocer una cierta cercanía al misterio de Cristo». Además, «¿debemos encontrar una teoría sobre el modo en que Dios salva sin dañar la unicidad de Cristo?», pregunta. El hombre, «¿no debe ponerse en búsqueda, empeñarse por tener una conciencia purificada y de este modo acercarse –¡al menos esto!– a las formas más puras de religión?»

El dogma del relativismo

En el nuevo mundo sin dogmas, hay un dogma que se impone, el del relativismo, según el cual todas las opiniones son verdaderas (aunque sean contrapuestas) y, por tanto, todas las religiones son verdaderas (o lo que es lo mismo, si se es lógico, todas son falsas). «Este relativismo, que hoy, como sentimiento fundamental de la persona iluminada se extiende ampliamente incluso dentro de la teología, es el problema más grande de nuestra época», considera Ratzinger. Desde esta perspectiva, la época moderna sería la del fin de las religiones.

«Las religiones, en un mundo históricamente en movimiento, no pueden quedarse simplemente como eran o son. La fe cristiana lleva consigo la herencia de las religiones y, al mismo tiempo, la abre al Logos. La auténtica razón podría conferirle a su más profunda naturaleza una nueva consistencia y, al mismo tiempo, hacer posible esa auténtica síntesis entre racionalidad técnica y religión, que puede lograrse no huyendo en lo irracional, sino sólo a través de la apertura de la razón en toda su auténtica extensión».

Según el cardenal, aquí se encuentran «las grandes tareas del momento histórico presente. Sin duda, la misión cristiana debe comprender las religiones y acogerlas de manera más profunda de lo que ha hecho hasta ahora, pero las religiones, para que siga viviendo lo mejor de ellas, tienen necesidad a su vez de reconocer su carácter de Adviento, que les refiere a Cristo. En este sentido, si seguimos las huellas interculturales en la búsqueda de la verdad, una y común, tendrá lugar algo inesperado».

Esto –explica– ilustra mejor el desafío lanzado por Juan Pablo II en su encíclica Fides et ratio. Citando un artículo publicado por el semanario alemán Die Zeit –en general, alejado de la Iglesia–, el cardenal explica que sin teología y metafísica, el pensamiento se ha hecho «no sólo más libre, sino también más restringido», es más, habla de «abobamiento por incredulidad o falta de fe». Y afirma: «En el momento en que la razón se ha alejado de las cuestiones últimas, se ha hecho indiferente y aburrida, se ha convertido en incapaz de afrontar las cuestiones vitales del bien y del mal, de la muerte y la inmortalidad».

Inculturación

¿Cómo anunciar el cristianismo a personas de cultura en los que éste no ha echado raíces? Éste es otro de los grandes debates de la teología contemporánea. Con frecuencia, se responde a esta pregunta con el confuso término de inculturación. En realidad –constata el cardenal Ratzinger–, «no existe una fe sin cultura y, a excepción de la moderna civilización técnica, no existe una cultura sin religión. Pero sobre todo no se logra comprender cómo dos organismos, en sí mismos totalmente extraños, pueden en un determinado momento convertirse en una totalidad vital, en un trasplante que les mutila a los dos». Ratzinger propone más bien hablar de encuentro de las culturas. «Cuanto más es conforme una cultura a la naturaleza humana, cuanto más elevada es, más aspirará a la verdad, que hasta un cierto momento le había sido cerrada, será capaz de asimilar esa verdad y de ensimismarse en ella». Y añade: «Esto no significa uniformidad; por el contrario, sólo cuando tiene lugar la oposición puede convertirse en complementariedad». Con toda claridad, se expresa así el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe: «Ésta es la gran pretensión con la que entró en el mundo la fe cristiana: implica la obligación moral de poner a todos los pueblos en la escuela de Cristo, dado que Él es la verdad en persona y por ello el camino para ser hombres».
Jesús Colina. Roma - Revista Alfa y Omega, Nº 367/11-IX-2003

 

+++

 

 

"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

“¡Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!” (Sal 8, 2).

 

La belleza de la naturaleza nos recuerda que Dios nos ha encomendado la misión de "labrar y cuidar" este "jardín" que es la tierra (cf. Gn 2, 8-17).

 

La señal luminosa de la Virgen María elevada al cielo brilla aún más cuando parecen acumularse en el horizonte sombras tristes de dolor y violencia. Tenemos la certeza de que desde lo alto María sigue nuestros pasos con dulce preocupación, nos tranquiliza en los momentos de oscuridad y tempestad, nos serena con su mano maternal. Sostenidos por esta certeza, prosigamos confiados nuestro camino de compromiso cristiano adonde nos lleva la Providencia. Sigamos adelante en nuestra vida guiados por María Madre de nuestro Salvador.

Su fe indefectible que sostuvo la fe de Pedro y de los demás Apóstoles, durante más de dos mil años, siga sosteniendo la de las generaciones cristianas, aquella y siempre misma fe. Reina de los Apóstoles, ruega por nosotros. Amen ¡Gracias!

 

+++

 

 

Gracias por venir a visitarnos

 

El «boom» de Benedicto XVI. Especialmente significativo es el ascenso que han experimentado los libros escritos por el cardenal Ratzinger antes de ser nombrado Pontífice. Desde el momento de su elección, el pasado 19 de abril, las librerías de todo el mundo llenaron los estantes con los libros publicados por el purpurado. Nueve meses después, sus obras siguen siendo éxitos de venta en todo el mundo, también en nuestro país.
   Entre sus libros más destacados se encuentran «
Dios y el mundo» (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores) y «La sal de la tierra» (Ediciones Palabra), ambos escritos en colaboración con el periodista Peter Seewald. El escritor va presentando distintas preguntas sobre un mundo alejado de la fe, a las que Benedicto XVI responde con meridiana claridad. El tercer libro del Papa que ha triunfado estas semanas en las librerías religiosas españolas es «Mi vida» (Ediciones Encuentro), una obra en la que el cardenal Ratzinger abre su corazón al lector para contarle sus distintas experiencias vitales…

 

Buscar la auténtica alegría en Jesucristo, Camino, Verdad y Vida. Él posee la llave: saberse amados por Dios, que nos quiere gozosos y esperanzados.   

 

Imprimir   |   ^ Arriba

'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).