Wednesday 29 March 2017 | Actualizada : 2017-03-03
 
Inicio > Leyendas Negras > Pío IX - 1º leyendas sobre el Beato Papa y Juan XXIII; no temer la verdad


Las leyendas negras sobre el Beato Papa Pío IX

La Iglesia no teme la verdad.

Tampoco en este caso.…

 

 

Pío IX, ¿un Papa autoritario y brutal?
Vivía en pobreza y fue un pontífice de gran popularidad.

 

CIUDAD DEL VATICANO, 22 sep -2000-La beatificación del Papa Pío IX (Giovanni Mastai-Ferretti 1792-1878), el pasado 3 de septiembre, ha sido una de las más polémicas de la historia. Juan Pablo II, en la ceremonia, reconoció que ha sido «un Papa muy querido y también muy calumniado».

En general, las polémicas en torno a este obispo de Roma, que gobernó la Iglesia del 6 de junio de 1846 al 7 de febrero de 1878, son fruto de posiciones ideológicas o de interpretaciones de vicisitudes extrapoladas de su contexto histórico. Con el objetivo de ofrecer una contribución lo más objetiva posible en el esclarecimiento de esta figura histórica, que falleció hace 122 años, Zenit ha realizado una investigación en la que se analizan las principales acusaciones lanzadas (y a veces vociferadas) contra Pío IX.

Lo hacemos en el contexto que delimitó el mismo Juan Pablo II en la ceremonia de beatificación de este pontífice: «La santidad vive en la historia y todo santo no está exento de los límites y condiciones propios de nuestra humanidad. Al beatificar a uno de sus hijos, la Iglesia no celebra particulares opciones históricas realizadas por él, más bien lo propone a la imitación y a la veneración por sus virtudes, para alabanza de la gracia divina que en ellas resplandece».

Algunos críticos acusan hoy a Pío IX de haber sido un Papa-Rey, autoritario y brutal. Las crónicas, sin embargo, lo recuerdan como un pontífice justo y bueno con sus súbditos. Lo demuestran algunos hechos.

Los impuestos pagados en aquella época en el Estado Pontificio eran la mitad de los que se exigían en Francia e incluso un cuarto de los que se pagaban en Inglaterra.

Se acusa a Pío IX de ir contra el progreso, sin embargo, en una época en la que viajar en tren era un privilegio para pocos, hizo construir cuatrocientos kilómetros de ferrocarril, emprendió grandes obras públicas, como la aspiración de los terrenos cenagosos de Ostia y Ferrara, bonificó y promovió la agricultura, amplió los principales puertos que se asoman al mar Adriático, promovió desde 1847 la iluminación con gas, dio un impulso decisivo a las excavaciones arqueológicos y a las obras de restauración. Bajo su gobierno, Roma tenía un hospital por cada 9 mil habitantes, mientras que Londres, que entonces se encontraba en la cumbre del Imperio, tenía uno por 40 mil habitantes. Roma disponía de un instituto de beneficencia por cada 2.700 habitantes; Londres uno por cada 7 mil. Entre 1850 y 1870, Pío IX promovió jardines de infancia, dormitorios para las personas sin techo, hornos que vendían pan a precios muy bajos para los indigentes, casas populares, dispensarios médicos gratuitos para los pobres. A partir del 15 de marzo de 1847, Pío IX promulgó en Roma una amplia libertad de prensa, como nunca antes se había visto en un Estado italiano.

Los historiadores, incluso los que no comparten sus ideas, hablan de él como un pontífice bueno y caritativo. 

Cuando era un joven sacerdote, Giovanni Mastai-Ferretti pasó muchos años en el orfelinato romano de Tata Giovanni, centro de formación profesional para muchachos abandonados. Como obispo de Spoleto, más tarde, tras el terremoto que flageló la diócesis, intervino para reconstruir 328 casas, monasterios y conventos. Siendo obispo de Ímola, Para ayudar a los pobres, vendió la cubertería de plata de la diócesis. Vivió siempre en pobreza, incluso cuando fue elegido Papa, que en aquella época era también monarca de los territorios pontificios: redujo el número de sus cortesanos, vendió la mayor parte de sus caballos, hizo disminuir el precio del pan y de la sal, promovió obras públicas para los desempleados, logró que los gastos diarios para comida no superaran nunca las cinco liras. El 17 de julio de 1846 concedió la amnistía para los delitos políticos, liberando a 1.643 encarcelados, muchos de los cuales habían cometido atentados contra la Iglesia. Sacó de la cárcel a muchos prisioneros por deudas pagando con su bolsillo a los acreedores. 

Como el mismo Papa recordó el día de la beatificación y al día siguiente, en Roma se le recuerda por su cercanía a la gente: le gustaba predicar en las parroquias, administrar los sacramentos en las iglesias y en los hospitales, encontrarse con los pobres y necesitados vestido de cura sin ningún tipo de etiqueta. 

En su testamento pidió «no gastar más de 400 escudos para su tumba». Siendo Papa se adeudó personalmente para ayudar a la población romana castigada por una epidemia de cólera. Tras la victoria de las tropas pontificias en Mentana, se encontró con los prisioneros de las tropas de Giuseppe Garibaldi (1807-1882), el general italiano que desempeñó un papel decisivo en la unificación de Italia y conquista de los Estados Pontificios, les ofreció vestidos y les devolvió la libertad.

De familia noble, Giovanni Mastai-Ferretti utilizó todos sus haberes para la caridad. La población era bien consciente de su sensibilidad y, por este motivo, se dirigía a él para pedir ayuda. Por su bondad, era llamado «Papa angélico». (ZS00092203)

 

 

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Pío IX, ¿enemigo de los judíos?

Hablan los documentos históricos

 

CIUDAD DEL VATICANO, 22 sep-2000.- Hoy se dice que Pío IX fue enemigo de los judíos, una acusa que la Iglesia rechaza, pues como ha confirmado José Saraiva Martins, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, «precisamente a Pío IX se debe la liberación de los judíos de Roma, el 17 de abril de 1848».

«La noche de Pascua, por orden del Papa, se echaron por tierra las puertas del ghetto de Roma, con una medida que se adelantó al resto de las legislaciones europeas. El mismo Pío IX decretó la abolición de indignos y humillantes cumplimientos, que gracias a él dejaron de ser considerados como extranjeros en Italia. Hizo concesiones notables a los judíos. Los hizo partícipes de las limosnas papales y los liberó del tributo que todos los años, con un humillante cortejo, debían llevar al Capitolio».

Testimonios judíos

Los judíos dieron gracias por todo ello. En signo de gratitud, un judío de Livorno, al morir, dejó al Papa 30 mil escudos, que él entregó a los pobres del ghetto de Roma.

El 21 de septiembre de 1858, las autoridades religiosas judías de Alemania enviaron un mensaje al Vaticano en el que se escribía: «El nombre de Pío IX nos causa respeto y amor, pues conocemos los beneficios que desde el principio de tu reino has ofrecido a nuestros hermanos».

Atestigua también a favor de Pío IX el salmo escrito por Mosè Israel Kazzam, rabino jefe de la Universidad israelita de Roma, escrito en Roma en 1847 (cf. Zenit del 27 julio, ZS00072705).

La comunidad judía de Lugo, en la provincia italiana de Romagna, con motivo de la visita de Pío IX en el verano de 1857 escribió y publicó un himno bilingüe en italiano-hebreo, en el que se decía: «A él le corresponde su nombre; pues es justo en sus caminos, Pío en sus obras... También los hijos de Israel que viven a su sombra, se alegran con su llegada, se regocijan pues también por ellos se conmovieron sus entrañas; dirigió sus ojos al resto de Jacob».

El himno y otros dos documentos editados por judíos de esa misma comunidad han sido republicados por «Il Nuovo Diario- Il messaggero», semanario de Ímola. En estos tres documentos, se puede ver cómo el rabino jefe de Lugo de Romagna, Elia Gallico, compuso el 26 de junio de 1846 un himno con motivo de la elección de Mastai-Ferretti a la sede de Pedro. El segundo documento es un retrato poético de Pío IX escrito por Moisè Leone Finzi de Ferrara. El tercer documento es el himno que acabamos de citar.

Se trata de documentos interesantes que muestran el gran cariño que sentían los judíos por Pío IX. No se han encontrado documentos semejantes con motivo de la elección de otros papas.

Una afirmación distorsionada

Algunas de las críticas de antisemitismo lanzadas contra Pío IX se basan en una frase, sacada de contexto, en la que decía: «Los judíos eran hijos de Dios, pero se convirtieron en perros por su dureza de corazón». 

Para comprender la afirmación, nos hemos remontado al texto original. El 24 de agosto de 1871, un mes antes de que las tropas de los Saboya conquistaran el Estado vaticano, Pío IX se encontró con la Pía Unión de las Mujeres Católicas, a quienes dijo: «Cuando nuestra fe triunfe ante los ataques de éstos, nuestros enemigos, entonces ciertamente tendrá lugar la liberación. Os recomiendo en especial a vosotras, Pías Mujeres, que tengáis esta fe y que, según vuestra fe, trabajéis incansablemente con confianza y fervor, como ya veo que hacéis, y no abandonéis nunca la oración».

«Recordad el ejemplo de la Cananea (Mateo 15, 21-28) --continuó diciendo el pontífice--. La Cananea era una mujer buena, aunque gentil. Pidió a Jesucristo la gracia de la liberación de su hijita, poseída por el demonio que la vejaba. Pero Jesucristo no la escuchó y, al final, como indignado, respondió que no era conveniente tomar el pan de los hijos y dárselo a los perros. "Sí --decía la mujer--; tú has venido para dar el pan también a los perros; pues incluso los mismos perros recogen las migas que caen de la mesa de sus amos". Entonces Jesús se dio la vuelta e hizo una apología de aquella buena mujer y alabó su fe, y la consoló con la gracia liberando a su hijita. De este modo, dejó de ser perro, para convertirse también ella en hija. Pues bien, los judíos, que eran hijos en la casa de Dios, por su dureza e incredulidad, se convirtieron en perros. Y hay muchos de estos perros hoy día en Roma y escuchamos cómo ladran por todas las calles, y nos están molestando en todo lugar. Esperamos que vuelvan a ser hijos. Nosotros, mientras tanto, imitemos la humildad y la constancia de la Cananea y no dudéis que, si se hizo digna de las misericordias de Dios ella, que era gentil, nosotros también seremos dignos, pues somos hijos de Dios (Discursos del Sumo Pontífice Pío IX pronunciados en el Vaticano a los fieles de Roma y del Orbe: desde el inicio de su cautiverio hasta el presente/ recogidos por primera vez y publicados por Pasquale De Franciscis. -- Roma: Tip. G. Aurelj, 1872. 535 p. ; 20 cm.)

Entrevistado sobre el sentido de esta cita por Zenit, monseñor Brunero Gherardini, postulador de la causa de beatificación, ha explicado que «ya después de la muerte de Pío IX, los enemigos de la Iglesia trataron de hacer especulaciones con esta frase, aislando del contexto y sin tener en cuenta la referencia evangélica. Por este motivo, nunca fue interpretada por los historiadores serios como una ataque contra los judíos, y de hecho no se menciona en los 12 volúmenes de la "positio", es decir, la relación en la que se pide la beatificación. En el proceso de beatificación de Pío IX, el defensor de la fe, conocido con el nombre de "abogado del Diablo", planteó 13 oposiciones a la causa sobre cuestiones específicas, pero ninguna de estas refería la frase. Esta frase no aparece ni siquiera en la deposición de los testigos».

Según monseñor Gherardini, la frase incriminada tiene que ser interpretada también en el contexto de la época. Pío IX, «al hablar de los ataques violentos incluso amenazaban a su persona, pretendía reflexionar sobre aquellos a quienes él trató cómo hijos y que se comportaron como perros. Lo dijo con la esperanza de que volvieran a ser hijos».

Por otra parte, diferentes escritores judíos han hablado sin hostilidad de Pío IX. Abraham Berliner, por ejemplo, en su «Historia de los judíos de Roma» («Storia degli ebrei di Roma», Rusconi 1992), escribe que Pío IX era benévolo con los judíos. Nada más ser elegido, «pensó también en los inocentes del ghetto, en los judíos que allí vivían como en una prisión, y dispuso que aquellos que se encontraban en restricciones económicas recibieran las ayudas con las que dio algo de alegría a los pobres de Roma».

El caso Mortara

Otro de los motivos por los que se ha acusado a Pío XII de estar contra los judíos se debe al caso de Edgardo Mortara. Es la historia de un niño que nació en el seno de una familia judía pero que fue bautizado en circunstancias extremas --estaba a punto de morir-- por una persona, sin que lo supieran sus padres. El niño se salvó, pero surgió la pregunta: ¿es posible no educar en la fe a un bautizado? Se trataba de un interrogante dramático en aquella época. Al final, el Papa decidió asignar la educación del niño a instituciones de la Iglesia, quitando la patria potestad a sus padres. Se trata indudablemente de una decisión polémica, que hay que comprender en su contexto histórico. Por este motivo, en lugar de entrar en disquisiciones, Zenit ha preferido que sea la misma historia la que hable y ha traducido al inglés la deposición que presentó Edgardo Mortara, después de la muerte del Papa, en el proceso de su causa de beatificación. El texto en inglés puede consultarse en:

 http://www.zenit.org/english/archive/0009/ZE000920.html

 

Como se puede ver, al final de la misma, Mortara reconoce claramente la santidad de vida del pontífice. Es lógico que su testimonio fue decisivo para que la Santa Sede y el Papa aprobaran su beatificación. 

Gestos de benevolencia a favor de los judíos

 

Entre las diferentes pruebas de benevolencia de Pío IX, en nuestra investigación hemos constatado su decisión de entregar 300 escudos a familias judías pobres y el ofrecimiento de un subsidio de 60 escudos establecido para las familias cristianas con doce hijos. 

Durante la epidemia de cólera que flageló Roma en 1868, Pío IX dispuso particulares ayudas para los judíos afectados y asignó once medallas de plata a los médicos judíos que se habían caracterizado por su abnegación. 

Las aperturas introducidas por Pío IX hacia los judíos fueron tales que, en el Consejo de Administración del Banco del Estado Pontificio, una de las figuras de relieve fue el señor Emanuele Alatri, exponente de la comunidad judía. (ZS00092204)

 

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Pío IX y Juan XXIII, ¿dos Papas contrapuestos?

 

 

El sueño del Papa bueno era beatificar a quien convocó el Vaticano I

 

CIUDAD DEL VATICANO, 22 sep - El intento de contraponer la beatificación de los dos Papas, Juan XXIII y Pío IX, por considerar que tenían dos concepciones diferentes de la Iglesia ha sido totalmente desmentida por los hechos.

Describir a los dos pontífices como el bueno y el malo, el moderno y el antimoderno, el progresista y el retrógrado, parece obedecer más a las leyes del periodismo sensacionalista que a los criterios de análisis serio histórico.

El Papa Juan XXIII fue de hecho el mayor devoto de Pío IX y se inspiró en él a la hora de convocar e inaugurar el Concilio Vaticano II. Juan XXIII expresó públicamente el deseo explícito de beatificar a Pío IX a finales del Vaticano II.

En 1959, el Papa Juan XXIII escribió a monseñor Giuseppe Angrisani, obispo de Casale Monferrato, al final de los ejercicios espirituales que éste último había predicado en el Vaticano: «Siempre me acuerdo de Pío IX, de santa y gloriosa memoria; e imitándole en sus sacrificios, quisiera ser digno de celebrar su canonización».

El 12 de enero de 1959, cuatro meses antes desde su elección como Papa, el cardenal Angelo Roncalli envió una nota a monseñor Alberto Canestri, que entonces era postulador de la causa de beatificación de Pío IX, en la que escribía: «Humilde pero fervorosamente bendigo a su persona y me sentiría muy contento de recibirle en audiencia, y le aliento en su santa empresa que me interesa mucho, la glorificación de Pío IX».

El 22 de agosto de 1962, en audiencia pública, al recordar la fiesta del Corazón Inmaculado de María, Juan XIII, hablando de Pío IX, dijo: «Figura excelsa y noble de pastor, del que se escribió acercándole a la imagen de nuestro Señor Jesucristo, nadie como él fue tan amado y tan odiado al mismo tiempo. Pero sus empresas, su dedicación a la Iglesia brillan hoy más que nunca; la admiración es unánime. Que el Señor me conceda el gran don de poder decretar los honores del altar durante la celebración del XXI Concilio Ecuménico para aquel que convocó y celebró el XX, el Vaticano I » («Discorsi, messaggi, colloqui del santo padre Giovanni XXIII», Tipografia poliglotta Vaticana, Città del Vaticano 1960-1967, vol. IV p.849)

El 8 de diciembre de 1960, Juan XXIII se presentó a sí mismo como un imitador de Pío IX con estas palabras: «¡Su figura se eleva ante nosotros y nos guía! Nos propone el camino justo y nosotros, con la ayuda de Dios, queremos imitarle y le imitaremos siguiendo en nuestro ministerio apostólico: con calma, con mansedumbre, con paciencia inexpugnable, con seguridad, ardor y con la esperanza de la victoria espiritual, independientemente de lo que suceda» («Discorsi, messaggi,
colloqui del santo padre Giovanni XXIII», Tipografia poliglotta Vaticana, Città del Vaticano 1960-1967,volume III p.77).

A diferencia de lo que afirman quienes contraponen el Concilio Vaticano II al Vaticano I, Juan XXIII era un gran defensor del Concilio Vaticano I.

El 24 de noviembre de 1960, comentando las actas del primer Sínodo diocesano romano, Juan XIII, que pronto cumpliría los ochenta años, dijo: «En este día, sintiendo alrededor de nuestra humilde persona el eco de tantas buenas palabras de auspicio para que se prolongue la vida que el Señor nos ha concedido, pensemos en nuestro venerado predecesor, Pío IX, de gloriosísima y santa memoria, que precisamente a nuestra edad, al terminar su 79 año de vida, como nos sucede ahora, se preparó para la apertura inmediata del Concilio Vaticano I, que tanto beneficio debería aportar a la Iglesia en el mundo entero a nivel espiritual y pastoral» («Discorsi, messaggi, colloqui del santo padre Giovanni XXIII», Tipografia poliglotta Vaticana, Città del Vaticano 1960-1967, vol. III pp. 50-51).

El Papa Roncalli no se cansó nunca de indicar a Pío IX como ejemplo: «Oh grande Pío IX --dijo al inicio del Concilio Vaticano II--, amable y fuerte, custodio inflexible de la verdad y previdente apóstol de los tiempos modernos! ¡Qué ejemplo sigue dándonos de auténtica grandeza, de constancia tenaz, de luminosa prudencia, de consuelo y aliento en nuestras humildes pero generosas empresas!»
(«Discorsi, messaggi, colloqui del santo padre Giovanni XXIII», Tipografia poliglotta Vaticana, Città del Vaticano 1960-1967, vol. I pp. 9-10). (ZS00092206) 2002.

 

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El grabado reproduce el túmulo de Pio IX. Resulta interesante,

históricamente hablando, ver qué se hacía hace un siglo. VII. MMXII

 

S. S. Pío P.P. IX habrá perdonado...

 

Aburridísima, muy, pero que muy aburrida...! Porque lo mínimo que se puede esperar de una campaña es que sus autores le echen una pizca de imaginación. Lo que se ha montado con Pío IX, por más que hayan tratado de denigrarle, no merece tal nombre. Eso del Papa bueno y el malo o lo de su antisemitismo es demasiado simple para que me incite a entrar al debate; si al menos se hubieran atrevido a acusarle de haber lanzado la bomba atómica... Pero no; han optado por agitar los viejos y polvorientos tópicos tan sabidos. Y con tan grande polvareda, se nos ha perdido don Beltrán.

 

¡Lástima que se haya desaprovechado esta oportunidad para conocer a uno de los grandes protagonistas del mundo contemporáneo, como Pío IX (16-VI-18467-II-1878), el Sumo Pontífice que tiene el récord de permanencia en la cátedra de San Pedro, el Papa que, entre sus muchas realizaciones, después de que la Iglesia pasase cuatro siglos sin celebrar un concilio ecuménico, convocó el Concilio Vaticano I... Por cierto, no han contado que casi toda la documentación preparada para este Concilio tuvo que ser desarrollada en pontificados posteriores, porque el Vaticano I fue interrumpido contra la voluntad de los padres conciliares. El 20 de septiembre de 1870, en plena celebración del Concilio, el general Pelloux se acercó a las murallas de Roma con una columna, sin que nadie porque nadie había le saliera al encuentro. A unos cincuenta metros se detuvo, apuntó el cañón y consiguió hacer blanco sobre la Porta Pía, por cuya brecha hizo su entrada triunfal el general Cadorna. Frente a tanto ardor guerrero, Pío IX expidió un documento, en el que se podía leer: Se aplaza ésa fue la palabra, que no suspensión el Concilio Vaticano I, sine die, en espera de una época más oportuna y propicia. Por entonces había muchos católicos en los Gobiernos de los distintos países, pero la pasividad de las naciones ante la ocupación de Roma fue casi unánime: sólo se registró la protesta del Presidente de Ecuador. Nada nuevo bajo el sol.

 

CARIDAD ADMIRABLE

 

Como Pío IX había adquirido las virtudes en grado heroico se ha demostrado en su proceso, pudo hacer gala de una caridad admirable a la par que de una paciencia no menos extraordinaria, y siguió manteniendo buenas relaciones con el rey de Italia. Gracias a Pirri historiador, no confundir con el gran jugador que fue del Real Madrid, que publicó en cinco volúmenes su Pio IX e Vittorio Emanuele del loro cartegio privato, se puede conocer qué es eso del amor cristiano incluso a los enemigos. Como los reyes, además de corona, también tienen alma, a Pío IX le preocupaba la salvación eterna de Víctor Manuel, que los tronos siempre hay quien los ocupe. El rey y el Papa tenían algo en común: andaban los dos muy mal de salud. Al meterse el invierno de 1877 el Papa empeoró, y es que con los 86 años que tenía entonces no era para menos. Los heraldos del laicismo una vez más, sin novedad bajo sol pregonaron su inminente fallecimiento, pero como si les molestase que un Papa viejo y enfermo no se muriese ya de una vez. Pero había más, todavía, en el ánimo de los liberales italianos más radicales. Su agnosticismo era incompatible con la creencia de que las puertas del infierno no prevalecerán contra la Iglesia. Al fin y al cabo eran los herederos culturales de la generación liberal anterior, que en 1799 anunció en sus periódicos la muerte de Pío VI con este titular: Pío VI y último. Y claro, ahora no podían fallar, porque sin Estados Pontificios... el fin de la Iglesia tenía que estar al caer. Pero las cosas son lo que son y no lo que nos gustaría que fuesen.

 

Todavía aguantó unos meses más. Justo para sobrevivir en 29 días al rey de Italia. Al saber que el rey se encontraba gravemente enfermo, Pío IX se ocupó personalmente de enviarle un sacerdote con el encargo de que le levantara la excomunión. Gracias a ello, Víctor Manuel pudo recibir los últimos sacramentos, que tanta falta hacen en ese trance, y pudo ser enterrado como cristiano. Lo que nunca se olvida, por muy incoherente que uno sea, es el carácter maternal de la Iglesia, y, como es sabido, a poco que uno se deje, las madres y la Iglesia lo es lo perdonan todo.

 

¿Y qué decir de la condena que hizo del comunismo años antes de que se publicara el Manifiesto Comunista de 1848? Ya comprendo que es mucho pedir un reconocimiento del carácter profético de esta condena, pero al menos, y ahora que ya nadie quiere ser comunista, se podía haber hecho una mención de este tipo: Pío IX nos aventajó en cien años, porque cuando se gestaba el comunismo ya las veía venir... Por ejemplo. Es lo mínimo que podían hacer los intelectuales marxistas de Occidente integrados en el capitalismo vigente. Pero claro, resulta comprensible que los que ayer fueron marxistas y hoy se han vuelto liberales tampoco pueden hacer buenas migas con el Papa que condenó el liberalismo, o mejor con lo que ellos piensan que condenó en la encíclica Quanta cura, en 1864. Hace ya tiempo que René Remond escribió que el liberalismo también es una filosofía, un modo de comprender al hombre como ser autónomo que no admite ninguna ley de nadie, ni siquiera del Creador. Ése es el núcleo del magisterio de Pío IX. Menos mal que Pío IX, como además de muy santo tenía muy buen sentido del humor, habrá perdonado desde el Cielo, con una sonrisa, tanta pereza mental. Javier PAREDES- nº225 alfayomega.

 

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La aportación de la Iglesia

 

178. La Iglesia pertenece por derecho divino a todas las naciones. Su universalidad está probada en realidad por el hecho de su presencia actual en todo el mundo y por su voluntad a acoger a todos los pueblos.

179. Ahora bien, la Iglesia, al ganar a los pueblos para Cristo, contribuye necesariamente a su bienestar temporal, así en el orden económico como en el campo de las relaciones sociales. La historia de los tiempos pasados y de nuestra propia época demuestran con plenitud esta eficacia. Todos los que profesan en público el cristianismo aceptan y prometen contribuir personalmente al perfeccionamiento de las instituciones civiles y esforzarse por todos los medios posibles para que no sólo no sufra deformación alguna la dignidad humana, sino que además se superen los obstáculos de toda clase y se promuevan aquellos medios que conducen y estimulan a la bondad moral y a la virtud.

180. Más aún, la Iglesia, una vez que ha inyectado en las venas de un pueblo su propia vitalidad, no es ni se siente como una institución impuesta desde fuera a dicho pueblo. Esto se debe al hecho de que su presencia se manifiesta en el renacer o resucitar de cada hombre en Cristo; ahora bien, quien renace o resucita en Cristo no se siente coaccionado jamás por presión exterior alguna; todo lo contrario, al sentir que ha logrado la libertad perfecta, se encamina hacia Dios con el ímpetu de su libertad, y de esta manera se consolida y ennoblece cuanto en él hay de auténtico bien moral.

181. «La Iglesia de Jesucristo —enseña acertadamente nuestro predecesor Pío XII—, como fidelísima depositaria de la vivificante sabiduría divina, no pretende menoscabar o menospreciar las características particulares que constituyen el modo de ser de cada pueblo; características que con razón defienden los pueblos religiosa y celosamente como sagrada herencia. La Iglesia busca la profunda unidad, configurada por un amor sobrenatural, en el que todos los pueblos se ejerciten intensamente; no busca una uniformidad absoluta, exclusivamente externa, que debilite las propias fuerzas naturales. todas las normas y disposiciones que sirven para el desenvolvimiento prudente y para el aumento equilibrado de las propias energías y facultades —que nacen de las más recónditas entrañas de toda estirpe—, la Iglesia las aprueba y favorece con amor de madre, con tal que no se opongan a las obligaciones que impone el origen común y el común destino de todos los hombres» (Encíclica Summi Pontificatus; cf. Acta Apostolicae Sedis 31 (1939) p. 428-429).

182. Vemos, por tanto, con gran satisfacción de nuestro espíritu cómo los ciudadanos católicos de las naciones subdesarrolladas no ceden, en modo alguno, a nadie el primer puesto en el esfuerzo que sus países verifican para progresar, de acuerdo con sus posibilidades, en el orden económico y social.

183. Por otra parte, observamos cómo los católicos de los Estados más ricos multiplican sus iniciativas y esfuerzos para conseguir que la ayuda prestada por sus países a las naciones económicamente débiles facilite lo más posible su progreso económico y social. Dignas de aplauso son, en este aspecto, la múltiple y creciente asistencia que vienen dispensando a los estudiantes afroasiáticos esparcidos por las grandes Universidades de Europa y de América para su mejor formación literaria y técnica, y la atención que dedican a la formación de individuos de todas las profesiones para que estén dispuestos a trasladarse a las naciones subdesarrolladas y ejercer allí sus actividades técnicas y profesionales.

184. A estos queridos hijos nuestros, que en toda la tierra demuestran claramente la perenne eficacia y vitalidad de la Iglesia con su esfuerzo extraordinario en promover el genuino progreso de las naciones e inspirar la fuerza saludable de la auténtica civilización, queremos expresar nuestro aplauso y nuestro agradecimiento.

… Miembros vivos del Cuerpo místico de Cristo

258. No queremos, sin embargo, concluir esta nuestra encíclica sin recordaros, venerables hermanos, un capítulo sumamente trascendental y verdadero de la doctrina católica, por el cual se nos enseña que somos miembros vivos del Cuerpo místico de Cristo, que es la Iglesia: «Porque así como, siendo el cuerpo uno, tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, con ser muchos, son un cuerpo único, así es también Cristo» (1Cor 12, 12).

259. Exhortamos, pues, insistentemente a nuestros hijos de todo el mundo, tanto del clero como del laicado, a que procuren tener una conciencia plena de la gran nobleza y dignidad que poseen por el hecho de estar injertados en Cristo como los sarmientos en la vid: «Yo soy la vid, vosotros los sarmientos» (Jn 15, 5), y porque se les permite participar de la vida divina de Aquél.


De esta incorporación se sigue que, cuando el cristiano está unido espiritualmente al divino Redentor, al desplegar su actividad en las empresas temporales, su trabajo viene a ser como una continuación del de Jesucristo, del cual toma fuerza y virtud salvadora: «El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto» (Ibíd.). Así el trabajo humano se eleva y ennoblece de tal manera que conduce a la perfección espiritual al hombre que lo realiza y, al mismo tiempo, puede contribuir a extender a los demás los frutos de la redención cristiana y propagarlos por todas partes. Tal es la causa de que la doctrina cristiana, como levadura evangélica, penetre en las venas de la sociedad civil en que vivimos y trabajamos.

260. Aunque hay que reconocer que nuestro siglo padece gravísimos errores y está agitado por profundos desórdenes, sin embargo, es una época la nuestra en la cual se abren inmensos horizontes de apostolado para los operarios de la Iglesia, despertando gran esperanza en nuestros espíritus.

261. Venerables hermanos y queridos hijos hemos deducido una serie de principios y de normas a cuya intensa meditación y realización, en la medida posible a cada uno, os exhortamos insistentemente. Porque, si todos y cada uno de vosotros prestáis con ánimo decidido esta colaboración, se habrá dado necesariamente un gran paso en el establecimiento del reino de Cristo en la tierra, el cual «es reino de verdad y de vida, reino de santidad y de gracia, reino de justicia, de amor y de paz » (Prefacio de la festividad de Cristo Rey); reino del cual partiremos algún día hacia la felicidad eterna, para la que hemos sido creados por Dios y a la cual deseamos ardientemente llegar.

262. Se trata, en efecto, de la doctrina de la Iglesia católica y apostólica, madre y maestra de todos los pueblos, cuya luz ilumina, enciende, inflama; cuya voz amonestadora, por estar llena de eterna sabiduría, sirve para todos los tiempos; cuya virtud ofrece siempre remedios tan eficaces como adecuados para las crecientes necesidades de la humanidad y para las preocupaciones y ansiedades de la vida presente.

Con esta voz concuerda admirablemente la antigua palabra del Salmista, la cual no cesa de confirmar y levantar los espíritus: «Yo bien sé lo que dirá Dios: que sus palabras serán palabras de paz para su pueblo y para sus santos y para cuantos se vuelven a El de corazón. Sí, su salvación está cercana a los que le temen, y bien pronto habitará la gloria en nuestra tierra. Se han encontrado la benevolencia y la fidelidad, se han dado el abrazo la justicia y la paz. Brota de la tierra la fidelidad, y mira la justicia desde lo alto de los cielos. Sí; el Señor nos otorgará sus bienes, y la tierra dará sus frutos. Va delante de su faz la justicia, y la paz sigue sus pasos» (Sal 85 (84), 9-14).

263. Estos son los deseos, venerables hermanos, que Nos formulamos al terminar esta carta, a la cual hemos consagrado durante mucho tiempo nuestra solicitud por la Iglesia universal; los formulamos, a fin de que el divino Redentor de los hombres, «que ha venido a ser para nosotros, de parte de Dios, sabiduría, justicia, santificación y redención» (1Cor 1, 30), reine y triunfe felizmente a lo largo de los siglos, en todos y sobre todo; los formulamos también para que, restaurado el recto orden social, todos los pueblos gocen, al fin, de prosperidad, de alegría y de paz.

264 Sea presagio de estas deseables realidades y prenda de nuestra paterna benevolencia la bendición apostólica que a vosotros, venerables hermanos; a todo los fieles confiados a vuestra vigilancia, y particularmente a cuantos responderán con generosa voluntad a nuestras exhortaciones, impartimos de corazón en el Señor.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el día 15 de mayo del año 1961, tercero de nuestro pontificado.

JUAN PP. XXIII - «MATER ET MAGISTRA»DE SU SANTIDAD JUAN XXIII

 

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Stalin no ha muerto. En Francia, curiosamente…

«contra S. S. PÍO XII »

 

Desde luego, Costa-Gavras, su productor Claude Berri, y su guionista Jean-Claude Grumberg se estarán frotando alegremente las manos por el escándalo que se ha creado en Francia. Pero no solamente en torno a su película Amen con un cartel donde la cruz cristiana se convierte en cruz gamada nazi. Supera probablemente todas sus esperanzas. Publicidad masiva, negocio redondo. La mentira comunista sigue siendo archirrentable. En Francia, curiosamente, se ha vuelto a la "guerra religiosa" de hace decenios: la izquierda apoyando la película e insultando al Papa Pío XII y a la Iglesia católica y la derecha, defendiéndoles.

Tratándose de una película, los ánimos están desorbitados absurdamente, pero bueno, la película es lo de menos, salvo en cuestión de beneficios. Detrás de esta polémica se disimulan mal muchas cosas. No pienso bajar a las alcantarillas para discutir detalles soeces de todo este asunto. Apuntaré dos palabras, sin embargo. ¿Quién de Roosevelt, Churchill y no hablemos ya de Stalin, sería siniestramente cómico, denunció de forma tajante el Holocausto durante la Segunda Guerra Mundial? Sin embargo, ellos tenían potentes ejércitos. El escándalo se produjo esencialmente después de la guerra, cuando el horror (negado, ocultado o desconocido) resultó evidente. Pío XII tampoco protestó, o no suficientemente, se nos dice. Pero resulta que Golda Meier, que fue primera ministra de Israel, rindió homenaje a Pío XII en la ONU, en 1958. Y leo en Le Figaro del 26 de febrero: "En el memorial de Yad Vachem, en el Valle de los Justos (en Israel, claro) se ha plantado un árbol con el nombre de Pío XII". Lo cual demuestra que las cosas no son tan negras, ni tan simplistas, como dicen Costa-Cavras y sus innumerables hinchas. Me resulta bastante curioso, siendo ateo, sentirme obligado a defender a la Iglesia católica y a Pío XII. Pero es que para mí la verdad lo supera todo. Podré equivocarme, pero no quiero mentir.


Evidentemente, como ya dije, la historia de la Iglesia católica y de sus papas conlleva intolerancia y acciones repelentes, como la Inquisición o su antisemitismo evidente en el pasado, también podría remontarme más lejos y hablar de las guerras de religión y de las masacres de protestantes, etc, pero todo ello la propia Iglesia lo ha criticado abiertamente (demasiado, según algunos católicos) y ha cambiado mucho. No siempre para bien si pensamos en esos nuevos engendros del cura-guerrillero, el cura-comunista o en muchos aspectos mortíferos de la "teoría de la liberación" y otros aquelarres.

Pero esto no es lo esencial. En la polémica actual, algunos, más sinceros o más ingenuos, proclaman que el pecado mortal de Pío XII y de la Iglesia católica es el de haber sido anticomunistas. Y aquí está el meollo de la cuestión y de la, hasta cierto punto, misteriosa influencia de la ideología totalitaria, después del rotundo y sangriento fracaso del comunismo. Al Papa actual, Juan Pablo II, intentaron asesinarle mediante un joven turco, manipulado por los servicios búlgaros a las órdenes del KGB, por su anticomunismo, pero a finales de la II Guerra Mundial e inicios de la guerra fría, el movimiento comunista internacional, (estados y partidos, primera potencia mundial) lanzó la idea sencilla, en seguida popular y totalmente embustera, de que no se podía ser anticomunista sin ser nazi o fascista. "Los anticomunistas son unos perros", afirmaba el políticamente imbécil Sartre. Pío XII al ser anticomunista solo podía ser un nazi y un antisemita, y se lanzó una campaña de infundios, mentiras y exageraciones, recogidas ahora en Amén, inspirada en El Vicario.

El mismo tipo de propaganda gigantesca y mentirosa había comenzado antes, por los años treinta, época de los Frentes Populares y de nuestra guerra civil, en la que los trotsquistas eran "hitlerianotrotsquistas" y el POUM, como trotsquista, no lo era, pero dicha propaganda no se detenía en esos detalles, merecían sus dirigentes ser fusilados como agentes de la "quinta columna". Cosa que no lograron, salvo en el caso del valiente y mediocre Andrés Nin, torturado a muerte. Pero sus compañeros fueron detenidos y su partido disuelto. Inmediatamente después vino el Pacto nazi-soviético, que no fue un pacto de no agresión, sino de colaboración activa en Polonia, en los países bálticos, en infinidad de acciones represivas llevadas a cabo conjuntamente con la movilización de los PC a favor del nazismo (detalle muy olvidado). Así, hasta que la locura guerrera de los nazis, y de Hitler en primer lugar, les lanzara a la conquista de la URSS, en junio de 1941.

Todas las operaciones de agit-prop contra el Papa, y contra todos los anticomunistas (fueran estos católicos o ateos, de cierta ultra izquierda o demócratas liberales) tenían también como objetivo borrar esa activa colaboración entre la Alemania nazi y la URSS, que duró de 1937 (entonces aún solapada) hasta 1941. Después de la guerra, el prestigio de la URSS, y del propio Stalin, fueron tremendos, muy pocos se atrevían a denunciar la realidad del totalitarismo y su Gulag, y era relativamente fácil por entonces denunciar a los anticomunistas como nazis, cuando el nazismo había sido liquidado militarmente. Así también podía escamotearse el verdadero antisemitismo de Stalin y de un sector considerable del movimiento comunista que no se manifestaba "de boquilla", como uno lo verifica a diario, sino con dura represión policíaca y deportaciones masivas.

Otro detalle ocultado: en la URSS, como en la Europa del Este sojuzgada por Moscú, se borró toda memoria del Holocausto. Oficialmente, la masacre de millones de judíos no había existido. La asignatura pendiente seria entender por qué hoy, cuando la URSS se ha hundido, el nazismo ha sido radicalmente aplastado y la Iglesia católica ha pronunciado su "mea culpa", vuelven, no sólo Costa-Gavras, sino casi toda la prensa de izquierdas, a la vieja propaganda de la Internacional Comunista, rebautizada por Stalin como Kominform con la antigua estafa según la cual no se puede ser anticomunista sin ser fascista. Ni siquiera le veo un interés partidista electoral, ya que en eso se está en Francia, porque son muchos los católicos que votan à gauche

Carlos Semprún MAURA – revista digital. 2.III.MMII

 

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Fe y alegría - En la vida de la Iglesia, la fe tiene una importancia fundamental, pues es fundamental el don que Dios hace de sí mismo en la Revelación, y esta autoentrega de Dios es acogida en la fe. Cuando la fe pierde este carácter central, también el tejido de la vida eclesial pierde su vivacidad original y se deteriora, cayendo en un activismo estéril y reduciéndose a habilidad política de estilo mundano. Si la verdad de la fe se pone con sencillez y decisión en el centro de la existencia cristiana, la vida del hombre queda vivificada por un amor que no conoce pausas ni confines, como he podido recordar en mi reciente Carta encíclica Deus caritas est.
Jesús es la estrella polar de la libertad humana: sin Él pierde su orientación, pues sin el conocimiento de la verdad la libertad se degenera, se aísla y se reduce a libre albedrío estéril. Con Él, la libertad recupera su razón de ser, se reconoce como hecha para el bien y se expresa en acciones y comportamientos de caridad. Jesucristo, que es la plenitud de la verdad, atrae hacia sí el corazón de todo hombre, lo dilata, lo llena de alegría. Sólo la verdad es capaz de invadir la mente del hombre y de hacerle gozar plenamente. Esta alegría ensancha las dimensiones del espíritu humano, levantándole de las angustias del egoísmo, haciéndole capaz de amor auténtico.
Por este motivo, el servicio a la fe, que es testimonio de Quien es la verdad entera, es también un servicio a la alegría, y es ésta la alegría que Cristo quiere difundir en el mundo: ¡es la alegría de la fe en Él, de la verdad que, por medio de Él, se comunica, de la salvación que viene de Él! ¡Ésta es la alegría que experimenta el corazón cuando nos arrodillamos para adorar en la fe a Jesús!

(9-II-2006) S.S. Benedicto P.P. XVI -

 

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Decálogo de Tales de Mileto

Tales de Mileto, uno de los Siete Sabios Filósofos y estadistas griegos, de los siglos VII y VI a. C.; el primero en explicar los eclipses de sol; el que ideó las estaciones del año y asigno a éste 365 días; el primero en defender la inmortalidad del alma... Sus discípulos le formularon las siguientes preguntas :
   1.- Qué era lo difícil. Respondió: «Conocerse a sí mismo».
   2.- Qué era lo fácil. Confesó: «Dar consejos a los demás».
   3.- Qué era lo más placentero.. Manifestó: «El éxito».
   4.- Qué era gobernar. Enseñó: «Nunca gobernarás bien a los demás... si no empiezas por gobernarte bien a ti mismo».
   5.- Preguntado sobre la belleza dijo: «Si la belleza de tu rostro te abre las puertas… la belleza de tu interior, de tus costumbres... te las mantendrá siempre abiertas».
   6.- Sobre el dominio de la lengua y de las palabras solía repetir: «Cuida tus palabras... que ellas no levanten jamás un muro entre ti y los que contigo viven».
   7.- Añadía con singularidad: «Muchas palabras... nunca indican mucha sabiduría».
   8.- Sobre la esperanza proclamaba: «La esperanza representa el único bien que es común a todos los hombres... e incluso en aquellos que no sienten ninguna esperanza... aunque la tienen todavía».
   9.- Sobre la familia exponía: «Feliz la familia que sin poseer grandes riquezas... no sufre, sin embargo, la pobreza».
   10.- Sobre el tiempo declaraba: «Si buscas una buena solución y no la encuentras, consulta al tiempo. El tiempo... es la máxima sabiduría».

J. Mª ALIMBAU -2006.II.22

 

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San Siloán (1866-1938) monje ortodoxo - Escritos espirituales

 

“¿De qué discutíais por el camino?” (Mc 9,33)


       ¡O humildad de Jesucristo! Tú proporcionas al alma un gozo inefable. Tengo sed de ti porque en ti el alma olvida la tierra y tiende más ardientemente hacia Dios. Si el mundo conociera el poder de las palabras de Cristo: “Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón” (Mt 11,29), dejaría de lado  toda otra ciencia para adquirir este conocimiento celestial.

        Los hombres desconocen el poder de la humildad de Cristo, desean las cosas de la tierra. Pero el hombre no puede llegar a comprender las palabras del Señor sin el Espíritu Santo. Quien las penetra no las abandona jamás, ni a cambio de todos los tesoros de la tierra... El que ha saboreado este amor de Dios infinitamente suave ya no puede soñar con poseer las cosas del mundo; se siente atraído sin cesar por este amor.

        Con todo, nos lo perdemos por culpa de nuestro orgullo y nuestra vanidad, por nuestras enemistades y juicios hacia nuestros hermanos. Abandonamos este amor por nuestros pensamientos ávidos de poder y por nuestra inclinación hacia las cosas de la tierra. Entonces, la gracia nos abandona y el alma es turbada, deprimida, desea a Dios y lo invoca, como Adán una vez expulsado del paraíso. Mi alma languidece y te busca entre lágrimas.¡Mira mi aflicción, ilumina mis tinieblas para que mi alma se alegre! Señor ¡dame tu humildad para que tu amor esté en mí y me vivifique el santo temor!

 

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 La Iglesia no se edifica sobre comités, juntas o asambleas. La palabra y la acción de sus miembros salvarán al mundo en la medida en que estén conectados con el sacrificio redentor de Cristo, actualizado en el misterio eucarístico, que aplica toda su fuerza salvífica. Toda palabra que se oye en la Iglesia, sea docente, exhortativa, autoritativa o sacramental, sólo tiene sentido salvífico, y edifica la Iglesia, en la medida en que es preparación, resonancia, aplicación o interpretación de la "protopalabra" [48]: la palabra de la “anamnesis” ("hoc est enim corpus meum...") que hace sacramentalmente presente al mismo Cristo y su acción redentora eternamente actual, al actualizar el sacrificio del Calvario para que se realice la obra de la salvación con la cooperación de la Iglesia, su esposa.

 

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“El gran problema de nuestro tiempo es que el hombre quiere experimentar la salvación y la plenitud pasando por encima de la verdad y queriendo realizarse a sí mismo a través de una libertad desconectada de esa verdad”. 2004

 

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“Lo único que busco es a Dios en Cristo Jesús por el Espíritu Santo en la Iglesia católica; en obediencia incondicional al Vicario de Cristo en la tierra, el Sumo Pontífice, sirviendo a todos los seres humanos por igual.” [San Ignacio de Loyola]

 

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"Sed maestros de la verdad, de la verdad que el Señor quiso confiarnos no para ocultarla o enterrarla, sino para proclamarla con humildad y coraje, para potenciarla, para defenderla cuando está amenazada." [S.S. Juan Pablo II]

 

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«Una investigación histórica, libre de prejuicios y vinculada únicamente con la documentación científica es insustituible para derrumbar las barreras entre los pueblos» (Juan Pablo II)

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

…Por tanto, el hombre reconoce dentro de sí el reflejo de la luz divina:  purificando su corazón, vuelve a ser, como al inicio, una imagen límpida de Dios, Belleza ejemplar (cf. Oratio catechetica 6:  SC 453, 174). De este modo, el hombre, al purificarse, puede ver a Dios, como los puros de corazón (cf. Mt 5, 8):  "Si con un estilo de vida diligente y atento lavas las fealdades que se han depositado en tu corazón, resplandecerá en ti la belleza divina. (...) Contemplándote a ti mismo, verás en ti a aquel que anhela tu corazón y serás feliz" (De beatitudinibus, 6:  PG 44, 1272 AB). Por consiguiente, hay que lavar las fealdades que se han depositado en nuestro corazón y volver a encontrar en nosotros mismos la luz de Dios. (29 de agosto de 2007-Benedicto PP. XVI comentado a san Gregorio de Nisa 335ca † 394).

 

 

Por venir a visitarnos, os agradecemos.-


Benedicto PP XVI: 2008.I.01 ‘Día mundial de la paz’ como cada primero de enero. Familia humana: comunidad de paz’ lema 01 enero para el 2008. 40 aniversario de la celebración de la primera Jornada Mundial de la Paz (1968-2008) ‘la celebración de esta Jornada, fruto de una intuición providencial del Papa Pablo VI’.-

Anno Domini 2008 - Mane nobiscum, Domine! ¡Quédate con nosotros, Señor!.

En el frontispicio de todas las iglesias de los jesuitas, en innumerables libros, en los anuncios de sus disputationes y en sus programas catequéticos, campea siempre el lema que resume lacónicamente los fines de la Orden: O.A.M.D.G. (Omnia ad maiorem Dei gloriam: «todo a mayor gloria de Dios»).

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Recomendamos vivamente:

1º ‘Jesús, el Evangelio de Dios’ Edibesa - editorial. Es, sin lugar a dudas, una obra madura de un experimentado pastor y teólogo y un libro oportuno sobre Jesucristo, el protagonista de máxima trascendencia y de permanente actualidad. 2008.-

2º ‘Identidad cristiana’ - La bandera del logos - Coloquios universitarios - Autor: Antonio Aranda (ed.) - Editorial: EUNSA – 2008 - Estamos en el tiempo de la dialéctica: Logos frente a ideología; palabra frente a sistema; razón frente a voluntad de pasión, de sentimiento, de poder público y privado; realidades básicas frente a necesidades sometidas a la pulsión freudiana. Benedicto XVI ha asumido una responsabilidad histórica, en un mundo en que la palabra debe recuperar su dignidad básica, siempre en relación con la realidad y en referencia con el pensamiento. Uno de los problemas acuciantes del pensamiento cristiano, y de la necesaria pregunta por la identidad, es lo fragmentario y lo especializado. La praxis existencial de un cristiano, y de una institución cristiana, es la de la contribución a que los demás descubran la importancia de mantener una relación positiva con la verdad.

3º Jesús de Nazaret– al siglo, Joseph Cardenal Ratzinger: ‘Benedicto XVI’. 2007

Ser cristiano’- al siglo, Joseph Cardenal Ratzinger: ‘Benedicto XVI’- dedicó «a Romano Guardini, con gratitud y admiración». Editor: Desclée De Brouwer.

‘Te ergo, quaesumus tuis famulis subveni, quos pretioso sanguine redemisti’, ‘Socorre, Señor, te rogamos, a tus hijos, a los que has redimido con tu sangre preciosa’. +

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).