Tuesday 23 May 2017 | Actualizada : 2017-03-29
 
Inicio > Leyendas Negras > Mentir - 1º confundir la mentira de la Historia y la historia de las mentiras

 

"Las fuentes" pueden dar "frases" que hay que interpretar en el contexto y con sus consecuencias a tenor de la Historia que solo años después se pueden ver en contexto.

 

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La mentira y el error están en desacuerdo con la realidad. Cuando un mundo se construye contra la realidad, ese mundo está abocado a la ruina, y mientras ésta llega va arruinando a los hombres.

 

 

P: ¿Cómo es posible que se justificara la esclavitud de los negros, incluso por personas que, por ejemplo, respetaban a los indios centro/sudamericanos como personas con derechos inviolables? Yo no lo puedo entender.

 

R: Se lo tendría que explicar fray Bartolomé de las Casas que era uno de los que sostenía tan peregrina tesis o Voltaire que hizo una fortuna personal con el tráfico de negros. Generalmente, se racionalizaba la contradicción señalando que los negros eran seres más fuertes que los indios e inferiores a los blancos a los que la esclavitud podía incluso beneficiar al sacarlos del salvajismo africano... al menos así lo afirmaba la Enciclopedia – Dr. CÉSAR VIDAL. 2003-10-21 L.D. ESP.

 

P: Según usted, decir que los españoles cometieron un genocidio en América es una estupidez porque se ven ahora muchos indígenas. Según su maravillosa teoría, ¿quién se atreve a hablar de genocidio judío a manos de los nazis? Fíjese la cantidad de judíos que hay en Alemania...

 

R: Hay diferencias fundamentales: 1. Los nazis tuvieron la intención de acabar con los judíos pero los españoles no abrigaron esas intenciones con los indios; 2. los reyes españoles dictaron disposiciones favoreciendo a los indios e igualándolos con sus súbditos de la Península lo que no se parece a la posición de los nazis; 3. Si los nazis hubieran tenido más de cuatro siglos para acabar con los judíos por supuesto que no hubiera quedado ni uno.

 

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Lo peor no es la mentira. Lo peor es instalarse en la confusión mental y difundir alrededor esa neblina de la inteligencia en la cual ya no hay ni verdad ni error. Y es que, donde no hay error, tampoco hay verdad. Si no se admite que hay juicios falsos, tampoco se sabe ya qué podrán significar los ciertos. Pero quien denuncie que algo oficialmente establecido no es verdadero, será acusado de derrotismo. Y muchos se sentirán obligados a creer tal censura, porque viene marcada por el solemne sello de la autoridad. Tal es la estrategia del totalitarismo. Consiste en mantener que todo es política, en excluir cualquier ámbito de la realidad que no esté sometido a la aspiración de dominio. Nada queda fuera de una retórica hecha de apelaciones a la emotividad, de gestos y sonrisas, más que de argumentos. Pero ya Platón hizo ver que, cuando la retórica se convierte en la más alta instancia, lo que se busca con ella no es el conocimiento, sino el poder. Ya no se trata de hacer verosímil lo verdadero, sino de hacer verosímil lo que interese en cada caso a los poderosos. Lo cual ni siquiera merece el nombre de retórica: es sofística. Quienes no se sometan a los lugares comunes establecidos por este simulacro de razonamiento, quedarán fuera del discurso dominante y se verán excluidos de una cultura tan superficial como fácil de digerir. 2008

 

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«No olvidemos que la violencia no existe ni puede existir por sí sola: está infaliblemente entrelazada con la mentira. Unen a ambos los lazos familiares y más profundamente naturales: la violencia no puede encubrirse con nada, salvo con la mentira; y el único sostén de la mentira es la violencia. Todo aquél que una sola vez ha proclamado como método la violencia, inexorablemente deberá elegir como principio la mentira» Solzhenitsyn – 1973

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Poco más tarde, en un artículo titulado «¡Rechacemos la mentira», difundido contemporáneamente a su detención, febrero de 1974, advertía Solzhenitsyn:
«No cada día, ni en cada hombro, posa la violencia su pesada zarpa: sólo exige de nosotros sumisión a la mentira [...] Aquí yace precisamente la clave que despreciamos. La más sencilla, la más asequible para nuestra liberación: ¡la no participación personal en la mentira! [...] Cuando las gentes se apartan de la mentira, ésta sencillamente, deja de existir
»
Comentando estos párrafos el argentino Luis María Sandoval apostilla: «es de recordar que Cristo Nuestro Señor no llamó al Demonio «padre de la violencia», sino padre de la mentira (Jn 8, 44)» ("Cuando se rasga el telón", Speiro, 1992, pág. 220)

 

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Una hermosa indicación de Juan Pablo II hablando de la memoria histórica: La memoria se configura como un derecho que corresponde a cada grupo humano (sociedad, Iglesia, partidos y sindicatos) para profundizar en la propia identidad, pero es esencial que esa memoria no sea selectiva y sesgada, ni intente imponer a todos una visión uniforme, sino que se desarrolle a partir de una aproximación «abierta, objetiva y científica» a los hechos.

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…[…]… «¡Sí que reivindicó el derecho de cada colectivo!, ‘la Iglesia católica, una congregación religiosa, un partido político, un sindicato, una institución académica’, a rememorar su historia para profundizar «en su identidad». Monseñor Ricardo Blázquez, Obispo de Bilbao-Esp. 2007.XI.

 

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Historiadores serios, responsables investigadores, sanos intelectuales deben estudiar la historia. La Iglesia universal está muy por encima de circunstancias coyunturales, y debe ser capaz de transmitir un mensaje de fe y de esperanza. La historia tiene que quedar en manos de los historiadores porque nadie tiene derecho a imponer una «verdad oficial», propia de los sistemas totalitarios. En el marco de la razón y el sentido común, el recuerdo de los antecesores -en este caso, de quienes dieron la vida por la fe ‘mártires de la Iglesia Católica’- refuerza la propia identidad y ayuda a comprender el complejo mundo en que vivimos. 2007-XI

 

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Confundir la mentira de la Historia

y la historia de las mentiras

 

Umberto Eco presenta al mal tan imaginario como real

 

El genial semiólogo nos arrastra con Baudolino a confundir la mentira de la Historia y la historia de las mentiras

Alfonso Carlos Amaritriain, periodista07/03/2002

A lo largo del pasado año una novela ha ocupado el primer lugar en el número de ventas. Su autor Umberto Eco, ya nos tiene acostumbrados al protagonismo del best-seller. La novela en cuestión es Baudolino y, desde la inolvidable El nombre de la rosa, quizá es su obra de ficción mejor elaborada. En comparación, Baudolino se nos presenta más rica en temas, aunque menos fresca y ágil que El nombre de la rosa. Algunos críticos la encuentran excesivamente recargada, capaz de abrumar al lector por sus excesos. Aunque otros aseveran que es en este barroquismo donde reside su encanto.

Tres, hasta hoy, habían sido las novelas publicadas por Umberto Eco. Fue, sin embargo, El nombre de la rosa (1980) la que le catapultó a la fama. Menos éxito consiguieron El péndulo de Foucault (1988) y La isla del día de antes (1994). La novela que nos ocupa se sitúa en la Edad Media. Baudolino cuenta su historia en voz alta, corriendo el año 1204. Responde, por tanto, a los cánones de la novela histórica, pese a que Eco -sospechamos- nos conduce a lo más accidental del mundo medieval: la capacidad imaginativa e inventiva que demostraron los medievales, recogida en sus crónicas de falsos países e historias increíbles. Abundan referencias a los Bestiarios medievales o a los planos inventados de tierras y geografías imposibles. Las excelentes referencias a la teología, la dialéctica, la ciencia, la filosofía, las artes y hasta los oficios medievales, son la excusa perfecta para disimular la tesis de la obra: que en el mundo medieval lo imaginativo dominó al realismo. Lejos queda, entonces, la magnífica novela histórica de Chesterton, Santo Tomás de Aquino, en la que el autor inglés señala la quintaesencia del hombre medieval: la necesidad de afirmar la filosofía del ser, esto es, el realismo. 

Por eso, esta versión -y visión- del mundo medieval de Eco, nos presenta a Baudolino como el inventor de la leyenda de los doce Reyes Magos o quien confecciona el mítico Santo Grial con la escudilla de su padre campesino. Eco, con intencionalidad clara, otorga una capacidad fabuladora sin límites a su personaje, que llega a definirse como mentiroso: "Decidí que si aquél era mi destino [...]. Estaba consagrado ya a la mentira. Me decía: mientras inventabas, inventabas cosas que no eran verdaderas, pero verdaderas se volvían". Este es el maquiavélico juego del semiólogo más famoso de Europa: presentarnos la realidad como fruto de la ficción; como connatural, la existencia de la verdad y la mentira, de la fabulación y de la realidad; donde la atmósfera del romanticismo contagiante y embriagador, arrastra al lector a una percepción decimonónica del Medioevo. Nos recuerda, así, la reinterpretación de la Edad Media que realizaron los románticos del XIX que, bajo apariencia de exaltación, procedieron a la liquidación del medioevo a través de la estética. Y como no hay interpretación falsa sin maniqueísmo, la novela de Eco nos presentará el mal tan imaginario como real. El monje Zósimo, maligno, enredador y falso practicante de magia negra será el contrapunto de Baudolino.
El nombre de la rosa acaba con la afirmación nominalista de que Dios es el Ser que no puede existir. El péndulo de Foucault concluye que el orden es una ilusión generada por el caos Baudolino nos arrastra mansamente a confundir la mentira de la Historia y la historia de las mentiras, para que el lector acabe deduciendo que no puede haber verdades en la historia ni la Historia de la Verdad.

FICHA BIBLIOGRÁFICA:ECO, Humberto. Baudolino. Editorial Lumen. Barcelona España, 2001. 531 páginas. Traducción de Helena Lozano

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El nombre de ‘leyenda negra’ es relativamente reciente. Pero el nombre es lo de menos. Importa el hecho. Desde el siglo XVI se desarrolla en muchos países de Europa una campaña de descrédito contra España y, ciertamente, la ofensiva del protestantismo contra la Iglesia Católica. A partir del siglo XVIII, la campaña contra la reputación  de España y de la religión católica, entra a formar parte de la habitual propaganda de las distintas formaciones masónicas, hasta hoy mismo: 2006-

 

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El valor de una sociedad se define por el de sus instituciones, sobre todo las educativas. Y la Iglesia desde los albores de la edad media, instituye escuelas y universidades, después.

 

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Cuando nació el cristianismo en la primera mitad del siglo I hubiera sido difícil imaginar qué pasaría de ser un reducido movimiento judío. Sin embargo, ofreció esperanza a sectores sociales como las mujeres, los esclavos, los desposeídos o los enfermos. Durante la Edad Media, creó la Universidad y sentó las bases de la revolución científica. En el siglo XVI la Reforma proporcionó el concepto de libertades políticas, la recuperación del papel del individuo o la necesidad de controlar públicamente al poder mediante resortes democráticos. Durante los siglos siguientes combatió la esclavitud, defendió a los indígenas y apuntó hacia los peligros de un capitalismo salvaje o de la utopía marxista. Así fue modelando un ámbito de justicia y libertad a lo largo de la Historia.

 

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La honradez intelectual

 

Por Federico Suárez Verdaguer (*)
La mentira y el error están en desacuerdo con la realidad. Cuando un mundo se construye contra la realidad, ese mundo está abocado a la ruina, y mientras ésta llega va arruinando a los hombres.

 

Una definición evidente

Debió ser hacia el final de la década de los veinte, cuando un filósofo francés recientemente fallecido, Etienne Gilson, pronunció en la Universidad de Harvard una conferencia dirigida a los postgraduados en Artes y Ciencias. Versó sobre la Ética de los Estudios Superiores, y en el curso de la exposición habló de la honradez intelectual diciendo que no era otra cosa sino «un respeto escrupuloso por la verdad».

Es muy probable que los postgraduados en Ciencias asimilaran más fácilmente que los de Letras esta afirmación. Para los cultivadores de las ciencias de la Naturaleza (físicos, químicos, biólogos, astrónomos, botánicos, etc.) esta definición de la honradez intelectual se les debe aparecer casi como evidente. Dado su modo de trabajar les resulta muy difícil exponer opiniones falsas e infundadas, pues cualquier ligereza en este tipo de ciencias es detectada con rapidez. La realidad del mundo físico, el ser propio de las cosas y las leyes que rigen sus relaciones no se prestan fácilmente a tergiversaciones, ni tampoco a ser objeto de manipulación, dado que su veracidad puede ser comprobada sin grandes dificultades. Así, el fraude intelectual en este campo es poco duradero incluso en las condiciones óptimas (en caso de «doctrina oficial»), y cuando es descubierto suele terminar con el prestigio de quien lo sostuvo por prestar mayor crédito a las ideas inventadas por un hombre que a las pruebas de la experiencia. El conocido fracaso del biólogo soviético Lyssenko es una manifestación de hasta qué punto esto es así.

Las palabras y los hechos

Y hasta parece como si entre los hombres de ciencia este su particular modo de trabajar creara ciertos hábitos favorables a la honradez intelectual. Es significativa a este respecto la respuesta de un científico, Alexander Weissberg, en una situación comprometida y peligrosa. Weissberg era un físico alemán que por convicción ideológica o por su filiación comunista fue a trabajar a la Unión Soviética; detenido en una de las «purgas» de Stalin, en 1937 o 1938, un compañero de celda le instó a que dejara de razonar con conceptos burgueses tales como «verdad» o «mentira», no acabándose de explicar por qué se resistía a afirmar la confesión que le presentaban. Weissberg lo explicó diciendo lacónicamente: «Me he negado, simplemente, a suscribir cualquier palabra que no se corresponda con los hechos».

Supongo que no es tan fácil para los hombres de letras filósofos, historiadores, periodistas, escritores, economistas, sociólogos, etc. este «escrupuloso respeto a la verdad», probablemente porque en este campo la verdad no es comprobable de modo tan evidente como sucede en las ciencias de la Naturaleza. Sería necesario un valor muy grande para escribir que la velocidad de la luz es de 600 km. por hora, porque aun cuando se tolerara sin protesta la publicación de semejante disparate, no parece probable que tal error pudiera generalizarse, y menos todavía influir en la vida de un nombre o de una nación. Por el contrario, no se necesita un valor especial para dar una versión de un acontecimiento (o de un período) en la que un veinte por ciento sean datos seguros y el ochenta restante interpretaciones, comentarios, supuestos, valoraciones y deducciones a partir de los datos y en torno a ellos. Y esto sí que puede influir, y de hecho influye, en la vida de los hombres, y también en la de los pueblos.

¿Abaratar la verdad?

Unos pocos datos pueden no ser todos los datos, y siendo ciertos pueden dar lugar a una visión falsa; la urgencia de dar una noticia antes de que deje de serlo puede llevar a su publicación sin verificarla, o una escueta información se puede comentar o interpretar de tal modo que induzca al lector a formar una idea equivocada. El deseo de vender un producto puede llevar a engañar al público mediante anuncios no del todo verdaderos en lo que afirman; la conveniencia de abaratar un género puede llevar a adulterarlo.

Salvo en algún caso muy especial, difícilmente podrán influir en el trabajo de un hombre de ciencia los intereses del partido a que pertenece, sus ideas políticas, el afán de éxito o de originalidad: ninguno de estos factores puede empañar la pureza de la verdad que resulta de un experimento cien veces repetido y comprobado. Pero todos los factores mencionados, y algunos otros, se infiltran sutilmente en el trabajo del hombre de letras, y en ocasiones desfiguran de tal modo la verdad que resulta una mentira. Los hombres de ciencia escriben menos libros que los hombres de letras, porque sólo escriben lo que saben, lo que está ciertamente averiguado. Pero los hombres de letras escriben lo que opinan y, desgraciadamente, no siempre se molestan en fundar su opinión sobre algún cimiento sólido, lo suficientemente sólido para merecer crédito. Por eso es un error creer que la cultura de un pueblo se mide por el número de títulos que anualmente se editan.

Un mundo real

Hay una notable diferencia entre los que hacen afirmaciones porque tienen argumentos ciertos y aquellos que no tienen otros argumentos que sus propias afirmaciones. Llama la atención ver el cuidado que ponía Tomás de Aquino en examinar las opiniones ajenas para incorporar lo que de verdadero encontrara en ellas, al tiempo que rechazaba con argumentos lo que era falso. Lo mismo hacía Aristóteles, y no en vano ambos han venido siendo ejemplos de honradez intelectual, es decir, de un escrupuloso respeto a la verdad. Pues no es lo mismo exponer lo que después de un paciente trabajo y un examen detenido hemos hallado como cierto, que afirmar sin argumentos, como si fuera una verdad comprobada, lo que tan sólo es una opinión todavía no fundada.

Lo que no es verdadero no es real. La mentira y el error (más aún la primera que el segundo), por estar en desacuerdo con la realidad, con lo que es, acaban provocando daños a la corta o a la larga. Y cuando un mundo se construye contra la realidad, sin tener en cuenta el ser de las cosas, ese mundo está abocado a la ruina, y mientras ésta llega va arruinando a los hombres. Mentiras (o sea, violencia al ser de las cosas) como el divorcio, el aborto, el ateísmo y tantas otras nunca pueden servir para edificar una sociedad, toda vez que edificar sobre una mentira es edificar sobre arena.

El valor que nos falta

Quizá lo que nos falta para ser intelectualmente honrados, para respetar la verdad dondequiera que la encontremos, es tan sólo valor moral. No tener miedo a las consecuencias, no querer convertir la historia, el periódico, las ideas, las estadísticas, la filosofía, en herramientas para edificar tal o cual modelo de sociedad que se piensa- va a resolverlo todo. Basta sólo el valor moral (¡si lo tuviéramos...!) que Solzhenitsyn pedía a la juventud de su patria cuando, preguntado por la revista Time en 1974 cómo creía él que podrían ayudarle en su empeño los jóvenes, replicó: «Con acciones físicas no. Tan sólo negándose a mentir, no participando personalmente en la mentira. Que cada uno deje de colaborar con la mentira en todos los sitios donde la vea, le obliguen a decirla, escribirla, citarla o firmarla, o sólo a votarla o leerla». Claro que esto no es una idea nueva: es lo que manda el octavo Mandamiento de la Ley de Dios.

Ceder ante la verdad

Pienso que, teniendo en cuenta que la Universidad tiene como objeto el cultivo y la enseñanza de las ciencias, y que todas las ciencias decía Cicerón «tienen por objeto el hallazgo de la verdad», quizá el mayor servicio que hoy podrían prestar nuestras universidades, ya que la masificación está haciendo prácticamente imposible tanto cultivar las ciencias como enseñarlas, acaso fuera el hacer de sus alumnos hombres intelectualmente honrados. O lo que es lo mismo: hombres que profesaran un tan escrupuloso respeto a la verdad que no se dejaran torcer por ideologías ni por intereses. Y como la verdad hace libre al hombre, acertó E. Gilson cuando a sus oyentes de Harvard les dio este consejo: «estad siempre prestos a ceder ante la verdad, resueltos a adheriros a ella; y ella os ahorrará la pesadumbre de ceder ante cualquier otra persona o cosa».

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Federico Suárez Verdaguer (1917) –colaborador de Arvo- es catedrático de Historia Moderna y Contemporánea, autor de numerosas obras de su especialidad y de espiritualidad.

 

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Mentiras

 

Siempre y nunca: mentiras

Por José Francisco Sánchez

El profesor novel es uno de los seres más indigentes, inermes y desamparados que pueda encontrarse sobre la tierra. Si es profesor de bachillerato, más. Yo no era profesor de bachillerato, pero sí novel, y se me ocurrieron varios sistemas para paliar un poco esa indefensión en la que me veía sumido: enfrentarme todos los días a ciento cincuenta estudiantes de quinto de Periodismo. Una de las artimañas que desplegué resultaba verdaderamente innovadora, o al menos eso pensaba. Dije a mis alumnos el primer día de curso que no me vinieran con cuentos de terror ni con certificados médicos en el caso de que hubieran faltado a alguna de las inevitables prácticas: "Yo les creo siempre", añadí. Pensaba que así defendía mi debilidad de carácter, esa enfermiza propensión a comprender demasiado que me lleva, como consecuencia, a pasar por tonto o por primo. "Si les crees siempre por norma -me decía-, nadie podrá atribuirse el mérito de haberte burlado".

Una mañana recibía a mis alumnos en la puerta de cristal del aula informatizada. Una chica se paró para contarme una historia absolutamente inverosímil que pretendía explicar su ausencia continuada en las clases prácticas. La atajé:

-Vale, no te preocupes. No hace falta que me cuentes más. Está claro. Tranquila.

Lejos de tranquilizarse, para mi espanto, rompió a llorar. Y entre sollozos dijo entrecortadamente una frase que no se me olvidará mientras viva:

-Sí, sí. Usted, con eso de que nos cree siempre, no nos cree nunca.

Sentí un trallazo durísimo en algún lugar del alma. Una confusión de sentimientos encontrados. Se adensó en mi mente como una bola de mercurio deslizante. La garganta se me llenó de pequeños cristales rotos y no supe responder. Pensaba: "Es cierto, no le estoy creyendo. Sabe que no le creo y quiere que le crea y no sólo que le diga que le creo, a pesar de que ni siquiera ella cree su historia. Si al menos le dijese la verdad, podría mostrarse ofendida. Así no le queda nada. Sólo la angustia de nadar entre mentiras".

Todo era cierto: que yo no la creía, que a veces necesitamos alimentarnos de falsedades socialmente reconocidas para seguir viviendo y que la chica había dicho una gran verdad para replicar a una gran mentira. No se puede ir por la vida diciendo que todo el mundo es bueno o que todo vale: equivaldría a decir que todo el mundo es malo y que nada vale. No son dos visiones del hombre distintas, una alentada por corazones benevolentes y tolerantes, y la otra, por corazones sucios y abyectos. Son, simplemente, la misma mentira.

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(Nuestro Tiempo) - Arvo Net, domingo, 12 de octubre 2003

 

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Un genocidio ful (y una figura extraordinaria: Motolinia)

1998/05/26
es.charla.religion

N.  escribió:

> Miguel, en Latinoamérica se mataron entre 55 y 65 millones de indios durante el colonialismo (no me acuerdo de la fuente, pero podría buscarla) español y portugués, ambos con la aprobación e incluso participación de la Iglesia. Tiene gracia que se hable de explotación indígena después de la independencia de estos países. Por cierto, si comparamos este número de asesinatos y la población de esa época con el
> de los asesinatos perpretados según el "Libro Negro del Comunismo" con la población de la época en que se hicieron, no sabría decirte qué es más horrible.

Buen amigo, N.:
Tú no me das fuentes, pero yo sí que las voy a aportar. Y de primera mano.

Pierre CHAUNU, historiador francés protestante, bastante placeado, y que en la actualidad es catedrático emérito de La Sorbona:
 

La leyenda antihispánica en su versión norteamericana (la europea hace hincapié sobre todo en la Inquisición) ha desempeñado el saludable papel de válvula de escape. La pretendida matanza de los indios por parte de los españoles en el siglo XVI encubrió la matanza norteamericana de la frontera Oeste, que tuvo lugar en el siglo XIX. La América protestante logró librarse de este modo de su crimen lanzándolo de nuevo sobre la
América católica.
 

¿Te sientes a gusto en ese papel, N.? Pues te paso con otro ilustre historiador galo, Jean DUMONT:
 

Si, por desgracia, España (y Portugal) se hubiera pasado a la Reforma, se habría vuelto puritana y habría aplicado los mismos principios que América del Norte ("lo dice la Biblia, el indio es un ser inferior, un hijo de Satanás"), un inmenso genocidio habría eliminado de América del Sur a todos los pueblos indígenas. Hoy en día, al visitar las pocas ´reservas´ de México a Tierra del Fuego, los turistas harían fotos a los supervivientes, testigos de la matanza racial, llevada a cabo además sobre la base de motivaciones "bíblicas".
 

Todos esos asesinatos sólo están en tu mente. Son pura fabulación y pertenecen al acervo de iniquidades que, desde tiempo ha, baraja el discurso dominante para estrangular (con poco éxito, todo sea dicho) a la Iglesia y a un país que, con sus defectos, ha impregnado del mensaje de Cristo a todo un continente como el americano. Me refiero a España.

Qué duda cabe que se cometieron injusticias en la colonización de América. Y crímenes. También se perpetraron en la romanización y nadie en su sano juicio renegaría de esa herencia civilizadora y culta.  Pero nada de genocidios de medio pelo. Hoy todo el mundo sabe que el fallecimiento de la mitad de la población autóctona de América en los primeros años de la colonización del Nuevo Mundo se debió a causas microbianas y virales.

Ya hace algún tiempo que los expertos de la Universidad de Berkeley establecieron con detalle este proceso:  Un fenómeno comparable a la peste negra europea del siglo XIV, que vino de China y la India. Tuberculosis, pulmonía, gripe, sarampión y viruela, enfermedades desconocidas en el ecosistema americano y para cuyo freno los indios carecían de defensas inmunológicas. Muchos europeos, por su parte, sucumbieron también ante las fiebres tropicales.  El apasionado Bartolomé de las Casas, que no había oído hablar nunca de Pasteur, achacó la mortandad que produjeron los virus a la acción criminal de sus compatriotas. Recientemente, este contagio masivo y mortal se ha constatado entre las tribus secularmente aisladas de la Guayana francesa y de las regiones amazónicas del Brasil. Una curiosidad: al parecer, la costumbre de decir "¡Jesús!" tras el estornudo proviene de América. Los resfriados solían ser mortales entre los indígenas.

Un tratamiento original, científico y riguroso de este asunto lo ofrece en nuestra lengua el Prof. Dr. Francisco GUERRA en "La influenza, y no los españoles, acabó con los indios americanos" publicado en la revista El Médico, vol.32, n.159 (4-10 de octubre de 1985) y que también publicó el Consejo Superior de Investigaciones Científicas en 1988 (Misterio y Realidad, estudios sobre la enfermedad humana):
 

La población indígena americana sufrió un enorme desastre demográfico tras el Descubrimiento del Nuevo Mundo en 1492. Se ha culpado de ello, sobre todo, a la viruela, pero esta enfermedad no fue introducida en Santo Domingo hasta 1518 y para entonces ya había pasado su población de 1.100.000 en 1492 a apenas 10.000 en 1517. Es decir, en un cuarto de siglo había prácticamente desaparecido la población precolombina de aquella isla y las Antillas. (...) La gran mortalidad de los indios, y previamente de los españoles, se debe a una epidemia de influenza suina o gripe del cerdo.
 

También el prof. CÉSPEDES (Historia de América Latina, Tomo I. Alianza Editorial, 1988):
 

Los aborígenes americanos, por el hecho de haber vivido aislados, recibieron en muy pocos años el impacto combinado de todos los agentes patógenos difundidos por los buques europeos, sus cargamentos, tripulaciones y pasajeros.
 

[A mediados de 1995, el investigador de la Universidad Estatal de Nueva York Dean SNOW dio a conocer desde las páginas de la revista Science un estudio en el que afirma y fundamenta que no fueron los españoles los que introdujeron las grandes epidemias (en especial, escarlatina, tosferina, peste y viruela) que diezmaron las poblaciones indias de Norteamérica, dado que a su entender éstas enfermedades entraron 150 ó 200 años después de lo que se creía. Si el elemento clave para la introducción y el contagio de enfermedades se halla en la llegada de colonos con niños, los niños españoles , según Snow, no entraron en contacto con los indígenas que se hallaban fuera del área española. En el caso de los colonos franceses, ingleses y holandeses, esto se produjo bien entrado el siglo XVII, lo que invalida la cifra generalmente admitida de 18 millones de indígenas habitando Norteamérica (él la rebaja a apenas 2 millones), para los que ni siquiera había asentamientos suficientes. Las conclusiones del prof. Snow se basan en exhaustivos estudios hechos sobre la tribu Mohawk]
 

 

Respecto a la pretendida bendición de crímenes o cooperación en ellos por parte de la Iglesia que evangelizó América, yo toda esta propaganda la contrarresto con ejemplos reales. Uno tras otro. El otro día le tocó a fray Bernardino de Ruibeira, cuando B. aventaba la acusación de esclavismo. Ahora, ajústate los machos, Niebla, le toca a Fray Toribio de Benavente, alias Motolinia. Lo evoca maravillosamente don Ramón Menéndez Pidal, frente a la inconsistencia evidente de la figura del padre Las Casas.

Motolinia llegó a Veracruz, con sus compañeros de la expedición franciscana llamada de los doce apóstoles, en mayo de 1524. Emprendieron descalzos el camino hacia la ciudad de México (veinticinco ríos en sólo dos leguas, según describió el propio Fray Toribio una etapa de su itinerario). Los indios a su paso exclamaban admirados motolinia (pobrecitos), apodo que acabó adoptando Fray Toribio. Fueron recibidos por Cortés en Tenochtitlán, quien -considerado en México como un dios- se arrodilló ante los frailes.

Motolinia se dejó imbuir de cultura indígena, aprendió sus lenguas, trató de penetrar y comprender las costumbres. Ilustraba a los indios, les hablaba desde su mentalidad, organizaba poblados, redactaba catecismos. Les defendió valerosamente de la explotación de los encomenderos, pero no montaba numeritos. Usaba de un pragmatismo realista y a la vez cristiano que fundaba sobre su propio sacrificio. Compuso su Historia de las Indias de Nueva España, en que, junto a las denuncias de los abusos se recoge la generosidad y el pulcro proceder de muchos españoles; lamenta el atraso de los indios, pero valora a su vez su capacidad de aprender y la rapidez de su inteligencia. Ejecuta, en fin, una pintura realista, pero a la vez esperanzada de la epopeya española y de la gran aventura evangelizadora en América.

Miguel Ángel. 
 
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Re: Un genocidio ful

1998/05/28

A. V. escribió:
 
> Miguel Ángel, sigues con tu técnica del "y tú mas" -que aplicas sin cesar cada vez que se sacan a colación los millones de muertos causados por la religión-.

¿¿¿¿¿Por la religión?????   A. V., tú deliras.

> Como de costumbre, te olvidas de las circunstancias históricas que marcaron las diferencias entre ambos métodos de conquista, y que no se basaban en si España se hubiera unido a la Reforma -cosa inimaginable- o no.

Las circunstancias históricas en buena medida las hacen también los hombres. Y eso de inimaginable... ¿Por qué razón si no, les iba a caer a los hoy rehabilitados reyes Carlos I y Felipe II, en especial a este último, el secular mochuelo de intolerantes? Por su firme propósito de poner freno a los agentes propagadores de la marea reformista, que todo lo iba anegando.

> Se trata de que los anglosajones iban alli para vivir y tener su propia tierra, que rapidamente vallaban, vivir con su mujer -anglosajona también- y dedicarse a cultivar trigo o a la cria de oveja, con lo que los indios, directamente sobraban. Los españoles iban allí a sacar lo que pudieran para llevarselo a la metrópoli y volver ellos a España si podían.

El fenómeno de los indianos, que parece que es al que tú aludes e bastante tardío en la historia de la colonización.

> Precisaban de mujeres, de trabajadores, etc., sin contar
> que el potencial demográfico de los españoles era mucho mejor.

Cualquiera diría leyéndote que los españoles tenían más prisa en llegar, besar el santo y largarse que el mismísimo Alejandro en sus conquistas asiáticas. La relación que haces no se parece en nada a la colonización española de América.

> Si tan buenos fueron los españoles, ¿por qué en
> Argentina y en Chile se cargaron a los indios?

¿Para qué te voy a refutar, A. V.? ¿para que luego hagas mutis por el foro?
Anda, no fabules y disfruta con la memorable jornada de Pedro de Valdivia en Chile.  Por cierto ¿sabías la peripecia del asentamiento español de Real Felipe, situado en lo más inhóspito del estrecho de Magallanes?

Fundado en 1583 con finalidades estratégicas, sus pobladores no lo abandonaron ni siquiera después del apresamiento por los ingleses del alma de la expedición, el gran marino Pedro Sarmiento de Gamboa. Así, fueron muriendo uno por uno, cortados los suministros, de hambre y penurias. En 1587, un pirata inglés visitó el Real Felipe y lo bautizó como Ciudad del Hambre. Sólo uno de sus habitantes se embarcó con él. Los que aún quedaban, once hombres y tres mujeres, siguieron aguantando en su puesto hasta que no pudieron más y, tras enterrar sus escasas pertenencias, trataron de llegar al río de la Plata. Ninguno lo consiguió. Perecieron todos en el intento.

Gente así no va por la vida exterminando indios por placer. Un escritor y diplomático culto y progresista como Abel Posse, argentino por demás, definió perfectamente a los indómitos conquistadores españoles: "Una nueva estirpe de romanos".

Miguel Ángel.

1998/05/30

M.  escribió:

> Lo que de verdad me toca las pelotas de ti, Miguel, es tu verborrea barata cuando de hablar de monjes y misioneros se trata. Mira, santurrón; esos amigos tuyos monjes jesuitas, capuchinos, etc. Fuesen descalzos o con zapatillas de goma, fuesen a esclavizar (que lo hicieron) o como apostoles de la auténtica Verdad, en cualquiera de los casos fueron a
> donde no les llamaron. Fueron a lugares donde existian tradiciones, religiones, normas... CULTURA. Y las pisotearon, las destruyeron

¿Qué sabrás tú de esa cultura? Tú no te leíste de la colonización de América ni lo que decía el libro de Anaya de 6º de EGB, porque con la parte de las culturas precolombinas hiciste bolas y estuviste jodiendo al maestro cada vez que se volvía a escribir en la pizarra...

A ver si te enteras, espabilao, los pueblos de América Central estaban siendo pisoteados por el salvaje imperio azteca, cultivador de una religión sangrienta que se alimentaba de víctimas humanas cobradas a los enemigos e inmoladas a toscos y oscuros dioses. Las nuevas guerras eran emprendidas por la necesidad de más víctimas. En la época de la irrupción de los conquistadores llegaron a sacrificar hasta 80.000 jóvenes de una sola tacada en sus pirámides, que hacían las veces de altares.

A ver cómo, si no, por muy valerosos que fueran, un puñado de españoles (porque no se si sabrás que eran cuatro monos) iba a doblegar a un imperio guerrero y sangriento: pues con la ayuda inestimable de las naciones indias oprimidas.
Mira la cultureta de la que hablas:

AZTECAS:

    • La ofrenda de corazones humanos debía ser ininterrumpida, los niños eran lanzados al abismo de Pantilán, las mujeres no vírgenes eran decapitadas, los hombres adultos, desollados vivos y rematados con flechas.

INCAS:

    • Esclavizaron a los indios del sur (que resultaron ser voluntariosos colaboradores de los españoles también), a lo largo de la cordillera de los Andes .
    • Víctimas humanas estranguladas o degolladas y, aunque en menos ocasiones, se le arrancaba el corazón a la manera azteca.
    • Tenían prohibida la propiedad privada. No existía el dinero, ni el comercio.
    • Prohibida la iniciativa individual y sobre la vida privada recaía una dura reglamentación estatal.
    • Leyes eugenésicas para evitar la contaminación racial.

TODA LA AMÉRICA PRECOLOMBINA:

    • No se conocía el uso de la rueda.
    • No se conocía el uso del hierro.
    • No se sabía utilizar el caballo (que ya existía en América, ojo) y tampoco se servían de mulas ni asnos.

Imagínate en esas condiciones quién y de qué manera construía los palacios, templos, pirámides y demás.

> Esos "santos" han destruido el patrimonio cultural de etnias enteras

Menudo patrimonio. Patrimonio CULTUAL, NO CULTURAL. Aunque para ti habrá que decir kultural.

> Así que no me vengas ahora con buenas palabras de evangelización y ayuda
> a los indigenas, cuando lo que se hizo fue joderlos bien.

Jodidos iban ya (el que lo contaba...).

> Además ellos jamás pidieron ayuda a nadie.

En eso aciertas, más bien la prestaron: los oprimidos, a los españoles. Y de mil amores.

> Nota:  ¿Te has planteado tú cómo habrías actuado
> de estar en el pellejo de alguno de esos indios?

¿Has dicho "pellejo"?

AZTECAS:

    • Cuatro sacerdotes aferraban a la víctima y le arrojaban sobre la piedra de los sacrificios.
    • El Gran Sacerdote le clavaba el cuchillo debajo del pezón izquierdo, abría la caja torácica con las manos y depositaba el corazón palpitante en una copa.
    • Los cuerpos eran arrojados por las escaleras de la pirámide.
    • Al pie esperaban otros sacerdotes que practicaban una incisión en cada cuerpo desde la nuca a los talones para arrancar la piel en una sola pieza.
    • Cada cuerpo DESPELLEJADO era cargado por un guerrero que se lo llevaba a su casa para disfrutar comiéndolo con familia y amigos.
    • Una vez curtidas las PIELES, con ellas se confeccionaban las vestimentas de los sacerdotes.

[En mayo de 1993, los arqueólogos del área de Tecoaque, en el Estado de Tlaxcala (México), hallaron una ofrenda con catorce cráneos: doce de españoles, depositados en un brasero y los restantes, apartados, pues correspondían a nativos considerados traidores. Todos presentaban trepanación parietal, lo que indica que fueron sacrificados en honor a Ehécatl, dios del viento, con motivo del triunfo de los acolhuas sobre las tropas españolas a principios de 1521. Un año después del hallazgo, ya durante la cuarta fase del proyecto Tecoaque, se descubrieron restos óseos correspondientes a tres caballos y un jaguar, a escasos 50 m. del templo circular donde se encontraron los cráneos, y ocultos, debido a que, al parecer, los acolhuas quisieron esconder a Cortés lo sucedido con los hombres de Mendoza y Pánfilo Narváez. La Tercera Carta de Relación de Hernán Cortés a Carlos V ya dejaba constancia de estos hechos y de los escabrosos detalles de la ofrenda a Ehécatl, dios del viento (extracción del corazón, decapitación, separación de la piel y cocción posterior de los cráneos, exhibición en hilera de cráneos o "tzompantli", ingestión de la carne del cuerpo por parte de los guerreros y ofrenda de las pieles de los caballos en los templos de Texcoco), que el hallazgo confirma punto por punto]

Miguel Ángel GARCIA OLMO.

 

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Mentiras piadosas


¿Es válido decirlas? ¿Es lo mismo mentir que ocultar la verdad? Conoce los principios fundamentales del octavo mandamiento.
Por Ricardo Sada Fernández

 

Mucha gente no tiene inconveniente en pensar que, en ciertas circunstancias, lo mejor que puede hacer es mentir. Engañar sobre una enfermedad grave, inventar el motivo de haber llegado tarde a la cita, atribuirnos méritos inexistentes, modificar las cifras a las notas de consumo y mil situaciones más. Pero los moralistas dicen de modo categórico que “nunca es lícito mentir”. ¿Nunca? ¿Ni para evitar daños mayores? ¿Ni para salvar a la humanidad con una pequeña mentira? Así parece, pues el adverbio “nunca” no admite excepciones. Pero vendrán de nuevo los moralistas en nuestra ayuda para tranquilizarnos: “de que nunca sea lícito mentir, no se sigue que haya siempre obligación de decir la verdad”. Ocultar la verdad es a veces no sólo conveniente, sino incluso obligatorio, por ejemplo, cuando se debe guardar un secreto.

Dejemos por el momento lo anterior e intentemos profundizar sobre la importancia de la veracidad. Esta virtud lleva a manifestar, con las palabras o los hechos, aquello que el individuo piensa en su interior. Sabemos que “la palabra es la expresión oral de la idea”. De ahí que, por ley natural, aquello que yo expreso es algo que debe coincidir con lo que pienso. Si mi palabra no refleja la idea, estoy violentando el orden natural de las cosas, voy contra la ley de Dios. Por eso se dice que la mentira es intrínsecamente mala, es decir, no es mala porque alguien la prohíba, sino que es mala en sí misma. Y algo de suyo malo no puede producir nada bueno, aunque sean muy buenas las intenciones de quien actúa.

Pero aún podemos profundizar en nuestro razonamiento sobre la veracidad, hasta que alcancemos su razón más alta: la verdad es algo divino, un atributo de Dios. “Yo soy la verdad”, dijo Jesucristo (Jn. 14, 6). No sólo “anuncia” la verdad, no sólo explica lo verdadero -que también lo hace- sino que por Sí y en Sí “es” la verdad misma: posee la verdad en la totalidad de su plenitud. Y, a partir de ahí, el contrapunto: Jesús dice que Satanás es “el padre de la mentira” (Jn. 8, 44), pues en sí mismo niega a Dios-Verdad y todo en su actuación tiende a oscurecer o a apartar de la verdad.

Quizá lo anterior nos aclare por qué no existen “mentiras piadosas”, ni mentiras inocuas. Un mal moral, aun el mal moral de un pecado venial, es mayor que cualquier mal físico. No es lícito cometer un pecado venial ni siquiera para salvar de su destrucción un país entero. Mentir es ir contra Dios.

Sin embargo, decíamos que, con la restricción mental, puedo no decir la verdad cuando injustamente traten de averiguar algo de mí. Lo que diga en ese caso podrá ser una respuesta no exacta, evasiva o confusa, con un sentido verdadero y otro falso, pero no una mentira. Podríamos decir que la restricción mental es un medio lícito de autodefensa cuando no queda otra salida. El político que sabe cómo esquivar a los periodistas que buscan acorralarlo es prototipo de quienes practican este difícil arte.

Todos sabemos que en este mundo hay demasiados entrometidos que preguntan lo que no tienen derecho a saber. Es del todo válido dar a tales individuos una respuesta evasiva. Si un oliscón me pregunta cuánto dinero traigo, y yo le respondo que traigo mil pesos cuando, en realidad, llevo diez mil, no miento. Tengo mil pesos, pero no menciono los otros nueve mil que también tengo. Pero sería una mentira, claro está, afirmar que tengo diez mil pesos cuando sólo tengo mil.

En ese mismo sentido, hay frases que al parecer son mentiras, pero no lo son en realidad, pues se usan convencionalmente en sentido ambiguo. “No está” es un ejemplo de esas frases. Cualquier persona medianamente perspicaz sabe que decir “no está” cuando preguntan por alguien en el teléfono puede significar “no está para usted”, o “no está disponible en este momento”, pues la niña no tiene por qué manifestar que mamá se está arreglando o haciendo la sopa. Quien piensa que le mienten si le contestan con frases como ésta (u otras parecidas de uso corriente) se equívoca: es un convencionalismo social que resulta para todos un valor entendido.

Igual principio se aplica al que acepta como cierto un relato que se cuenta en plan de broma, o una frase que se dice con manifiesta exageración. Por ejemplo, si afirmo que el jabón que yo fabrico es el mejor del mundo, quien lo tome literalmente se está engañando a sí mismo. Sin embargo, esas afirmaciones pueden hacerse verdaderas mentiras si no aparece claramente ante el auditorio que lo que cuento es un chiste o una exageración. 2003-07-20 ENCUENTRA.COM

 

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No existe la libertad absoluta; además, la libertad no es un instrumento para usarlo contra los demás, sino para favorecer a los demás y para crecer.
La prensa necesita comprender que el espacio disponible para ejercitar la libertad está limitado por el respeto a los demás, no sólo como personas, sino también a sus creencias y a su fe. El derecho a la libertad de pensamiento y expresión «no puede implicar el derecho a ofender el sentimiento religioso de los creyentes». Pero igualmente deplorables, son las reacciones violentas de protesta: «La intolerancia real o verbal, no importa de donde venga, sea como acción o como reacción, siempre es una grave amenaza a la paz».

 

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“A un mundo mejor se contribuye solamente haciendo el bien ahora y en primera persona, con pasión y donde sea posible”». «Deus caritas est» - Encíclica de Benedicto P.P. XVI - MMVI

 

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Iglesia y Estado - No se puede acusar a la Iglesia de invadir la esfera pública. El cardenal Newman escribió: «El mundo se contenta con caminar sobre la superficie de las cosas, mientras que la Iglesia busca regenerar la profundidad misma del corazón». Por eso, la Iglesia reivindica la libertad de expresar su juicio moral sobre las realidades humanas, porque su misión las abraza a todas. Si por influencia se entiende el hecho de que el magisterio de la Iglesia entra profundamente en el mismo vivir del hombre, entonces sí: la Iglesia debe estar presente. Y se trata de un bien, ya que Occidente se enfrenta a un peligro que no había conocido hasta ahora: la posibilidad de redefinir los contenidos esenciales de la misma naturaleza humana, defendiendo incluso que no existe ninguna verdad sobre el bien del hombre que no sea producto del consenso social. Pensar que debe existir una separación entre religión y vida pública, encerrando la fe en la conciencia privada de los creyentes, no es más que un residuo del pasado.
Se sostiene que, en la esfera privada, cada uno puede hacer lo que quiera, mientras que en la esfera pública valen sólo las reglas basadas en principios de justicia formal y procedimental. No estoy de acuerdo; la comunidad civil y política no se sustenta sólo en normas racionales obtenidas por consenso, sino también –y sobre todo– por una concepción compartida de una vida nueva. Negar esto es una prueba de ingenuidad. No creo que haya una sola persona que atribuya al bien humano una relevancia puramente subjetiva; existe un universo de valores morales que precede a las normas públicas. El progreso en el bien común sólo es alcanzable a través de la confrontación entre argumentos, que es algo serio si todos –la Iglesia incluida– pueden participar, y si existe la certeza de que existe una verdad acerca del bien común. Si, en lugar de esto, la condición suficiente para determinar las normas de la sociedad fuese sólo el consenso, el diálogo se convertiría en voluntad de imponer el propio punto de vista.

+ Carlo Caffarra - arzobispo de Bolonia, ITALIA. MMV. XII en una entrevista.

 

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Si leemos más libros llegaremos a ser más libres: leer ensancha nuestro vivir, porque amplia nuestras vidas con la inteligencia y la sensibilidad de los demás.

 

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Un país no puede ni debe estar en manos de, mal les pese, personajes que fabrican aparentes democracias con materiales falsos. Tales personajes, que además ignoran que la legitimidad democrática no procede sólo de los votos, sino ante todo el respeto a la Constitución, del compromiso de cumplir y hacer cumplir la ley. Ley que nunca puede estar contrapuesta a la Ley natural, la Ley moral.

 

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«Una concepción  moderna del Estado de Derecho y de los derechos humanos, afirma que cualquier principio jurídico que eventualmente se reconozca en una constitución, está absolutamente subordinado a los derechos humanos.»

 

«Lo primario es reconocer que toda persona humana, por el mero hecho de ser persona, debe de ser respetado su derecho a la libertad religiosa, y sólo de manera posterior, concebir la manera en la que el Estado y las iglesias deben relacionarse.»

 

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«Aquí está la mayor paradoja del hombre. La felicidad no se alcanza en el afán de hacer lo que uno quiere, sino al contrario, olvidándose de ello, para darse a los demás. Tomás de Aquino reconduce las virtudes cardinales al amor del fin último y éste al amor de Dios, y lo hace de modo sorprendente y también paradójico. El hombre, dice el santo de Aquino, por su misma naturaleza, está ordenado a amar a Dios más que a sí mismo. De manera que cuando se ama a sí mismo sobre todas las cosas, sucede que fracasa en la realización de su ser, no se ama adecuadamente a sí mismo.»

 

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La ‘catolicidad’ la decretó Cristo, el ‘catolicismo’ va mucho del interés personal.

 

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Sin una considerable dosis de bondad se puede ser listo, pero no inteligente.
La bondad es una de las raíces morales de la inteligencia, que consiste en abrirse a la realidad y que la realidad penetre en nuestras mentes, y eso es bueno por definición.

 

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«Una investigación histórica, libre de prejuicios y vinculada únicamente con la documentación científica es insustituible para derrumbar las barreras entre los pueblos» (Juan Pablo II)

 

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Eusebio de Cesarea (hacia 265-340) obispo de la Iglesia Católica, teólogo e historiador  -  Comentario sobre Isaías 40; PG 24, 365-368

 

“¿Qué habéis ido a ver al desierto?” (Lc 7,24) -       “Voz del que clama en el desierto: Preparad una ruta al Señor, allanad los caminos de nuestro Dios.” (Is 40,3) Esta palabra muestra claramente que los acontecimientos profetizados no se cumplieron en Jerusalén sino en el desierto. La gloria del Señor aparecerá en el desierto. Allí todo el mundo conocerá la salvación de Dios. (cf Is 40,5) Esto es lo que aconteció realmente, literalmente cuando Juan Bautista proclamó en el desierto del Jordán que la salvación de Dios se iba a manifestar. Ahí apareció la salvación de Dios. En efecto, Cristo en su gloria se dio a conocer a todos cuando fue bautizado en el Jordán...
       El profeta hablaba de esta manera porque Dios tenía que residir en el desierto, este desierto que es inaccesible al mundo. Todas las naciones paganas eran desiertos del conocimiento de Dios, inaccesibles a los justos y a los profetas de Dios. Por esto, la voz clama para preparar el camino a la Palabra de Dios, de allanar la ruta inaccesible y pedregosa para que nuestro Dios que viene a habitar entre nosotros pueda avanzar por ella...
       “Súbete a un monte elevado, mensajero de Sión; alza tu voz con brío, mensajero de Jerusalén...” (Is 40,9) ¿Quién es esta Sión,...la que los antiguos llamaron Jerusalén?...¿No es, más bien, una manera de designar al grupo de los apóstoles, escogidos de entre el pueblo?  No es la que le tocó en herencia la salvación de Dios,...ella misma, situada en lo alto de la montaña, es decir, fundada sobre el Verbo único de Dios?  A ella encomienda...anunciar a todos los hombres la Buena Noticia de la salvación.

 

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«La belleza podrá cambiar el mundo si los hombres consiguen gozar de su gratuidad» Susana Tamaro – católica, escritora - 2004.12.

 

¡Oh galaxias de los cielos inmensos, alabad a mi Dios porque es omnipotente y bueno! ¡Oh átomos, protones, electrones! ¡Oh canto de los pájaros, rumor de las hojas, silbar del viento, cantad, a través de las manos del hombre y como plegaria, el himno que llega hasta Dios!»

 

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Señor Jesús, queremos recoger la lección de S. Francisco que aprendió de la Iglesia.
Como él queremos verte en tus obras y a través de ellas llegar a Ti.
Que todo el universo sea para nosotros un cántico de alabanza en tu honor.
Que a través de nuestras buenas obras, los demás también Te glorifiquen y juntos construyamos esa fraternidad universal, de la cual el mundo entero está necesitado. AMÉN.

 

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«Las catástrofes naturales nos sitúan en la verdad. A pesar de tantos progresos, no estamos en grado de poder gobernar la realidad en su totalidad. No encontramos respuesta a estos hechos porque hemos perdido el sentido de la grandeza de Dios»

 

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‘Si la técnica no se reconcilia con  la naturaleza, ésta se rebelará’ 12 nov.2000 S. S. Juan Pablo II - Magno

 

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San Pedro Crisólogo (380 ca. 450 ca.) en el Segundo discurso sobre el ayuno: "Son grandes las obras del Señor". Pero esta grandeza que vemos en la grandeza de la creación, este poder, es superado por la grandeza de la misericordia. En efecto, el profeta dijo:”Son grandes las obras de Dios"; y en otro pasaje añade:”Su misericordia es superior a todas sus obras". La misericordia, hermanos, llena el cielo y llena la tierra. (...) Precisamente por eso, la grande, generosa y única misericordia de Cristo, que reservó cualquier juicio para el último día, asignó todo el tiempo del hombre a la tregua de la penitencia. (...) Precisamente por eso, confía plenamente en la misericordia el profeta que no confiaba en su propia justicia:  "Misericordia, Dios mío —dice— por tu bondad" (Sal 50, 3)" (42, 4-5:  Discursos 1-62 bis, Scrittori dell area santambrosiana, 1, Milán-Roma 1996, pp. 299. 301).
Así decimos también nosotros al Señor:  "Misericordia, Dios mío, por tu bondad".

 

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Alabemos con las poéticas palabras del teólogo san Gregorio Nacianceno, doctor de la Iglesia Católica, año 330+390:

 

« Gloria a Dios Padre y al Hijo,
Rey del universo.
Gloria al Espíritu,
digno de alabanza y santísimo.
La Trinidad es un solo Dios
que creó y llenó cada cosa:
el cielo de seres celestes
y la tierra de seres terrestres.
Llenó el mar, los ríos y las fuentes
de seres acuáticos,
vivificando cada cosa con su Espíritu,
para que cada criatura honre
a su sabio Creador,
causa única del vivir y del permanecer.
Que lo celebre siempre más que cualquier otra
la criatura racional
como gran Rey y Padre bueno ».

(9) Poemas dogmáticos, XXXI, Hymnus alias: PG 37, 510-511

 

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«Cuando digo a un joven: mira, allí hay una estrella nueva, una galaxia, una estrella de neutrones, a cien millones de años luz de lejanía. Y, sin embargo, los protones, los electrones, los neutrones, los mesones que hay allí son idénticos a los que están en este micrófono (...). La identidad excluye la probabilidad. Lo que es idéntico no es probable (...). Por tanto, hay una causa, fuera del espacio, fuera del tiempo, dueña del ser, que ha dado al ser, ser así. Y esto es Dios (...). «El ser, hablo científicamente, que ha dado a las cosas la causa de ser idénticas a mil millones de años-luz de distancia, existe. Y partículas idénticas en el universo tenemos 10 elevadas a la 85a potencia... ¿Queremos entonces acoger el canto de las galaxias? Si yo fuera Francisco de Asís proclamaría: ¡Oh galaxias de los cielos inmensos, alabad a mi Dios porque es omnipotente y bueno! ¡Oh átomos, protones, electrones! ¡Oh canto de los pájaros, rumor de las hojas, silbar del viento, cantad, a través de las manos del hombre y como plegaria, el himno que llega hasta Dios!» Por Enrico Medi  2005.

 

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“Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones” Biblia. Evangelio según San Lucas Cap.1º vs. 48. La Iglesia, hace XXI siglos fundada por Tu Hijo, te alaba, ¡Oh Madre plena de dicha y felicidad!

 

VERITAS OMNIA VINCIT

LAUS TIBI CHRISTI.

 

 

Gracias por venir a visitarnos


Recomendamos vivamente:

1º Jesús de Nazaret – Al siglo Joseph Cardenal Ratzinger ‘Benedicto XVI’. 2007

2º ‘CÓMO LA IGLESIA CONSTRUYÓ LA CIVILIZACIÓN OCCIDENTAL’. Ninguna institución ha hecho más para dar forma a la civilización occidental que la Iglesia Católica, y en modos que muchos de nosotros hemos olvidado o nunca sabido. Como la Iglesia construyó la civilización occidental es una lectura esencial para redescubrir esta relegada verdad. De un modo senillo y muy atractivo. 2007.

Autor: Thomas E. WOODS Jr.-Editorial: CIUDADELA. 

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Recomendamos: ‘Desafíos cristianos de nuestro tiempo’, editado por Rialp. El autor, sacerdote, repasa algunos de los problemas más habituales a los que se enfrentan los cristianos hoy. Toca, por ejemplo, la cuestión del evolucionismo y el creacionismo para explicar de qué manera son complementarios, apoyándose en el magisterio de los distintos Papas. Otro tema de actualidad que no soslaya es la presencia del mal en el mundo. Y tampoco evita el cómo enfrentarse al dolor y a la muerte.  En opinión del autor, «la crisis del amor constituye el mar de fondo de las tormentas que agitan las aguas del Primer Mundo», y corresponde a los cristianos retomar el mandamiento nuevo del Señor. El laicismo intransigente en que vivimos anima a tomar ejemplo de los mártires y a hacernos presentes en la vida pública. 2007

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: ‘Inquisición’  historia crítica - Autores: Catedrático e historiador ‘Ricardo García Cárcel’ y la licenciada en Historia por la Universidad Autónoma de Barcelona-España ‘Doris Moreno Martínez’, investigadora. (Editado por Ediciones Temas de Hoy. Esp.). Cerca de doscientos años después de que Juan Antonio Llorente redactara su clásica ‘Historia crítica de la Inquisición’, los autores de este libro han querido escribir una nueva historia crítica del Santo Oficio, elaborada con la intención de huir del resentimiento, del morbo, los sectarismos, pero con fiel memoria –racional y sentimental- de las victimas de aquella institución, que fue muchas cosas al mismo tiempo: tribunal con jurisdicción especial, empresa paraestatal, instrumento aculturador, símbolo de representación y de identificación ideológica, arma en manos de otros poderes, poder en sí mismo. En este libro se examina la poliédrica identidad de la Inquisición y se responde a muchas preguntas que han inquietado a los historiadores: ¿por qué y para qué se creó el Santo Oficio?. ¿Por qué duro tanto? ¿Fueron los inquisidores hombres o demonios? Los procedimientos penales de la Inquisición ¿fueron normales o excepcionales?. ¿Cuántas víctimas hubo?. ¿Fue la Inquisición culpable del atraso cultural español respecto a Europa?. ¿Gozó de la complicidad o del rechazo de la sociedad?.

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5º: ‘LEYENDAS NEGRAS DE LA IGLESIA’. Autor Vittorio MESSORI – Editorial “PLANETA-TESTIMONIO” 10ª EDICIÓN – Óptimo libro para defenderse del cúmulo de opiniones arbitrarias, deformaciones sustanciales y auténticas mentiras que gravitan sobre todo en lo que concierne a la Iglesia.

In Obsequio Jesu Christi. +

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).