Thursday 23 March 2017 | Actualizada : 2017-03-03
 
Inicio > Leyendas Negras > América - 5º 1492 - Europa; viruela terrorismo biológico; Colón o Colombo?

¡Iglesia de América! ¡Iglesia de Cristo en América! Anuncia con ardor y valentía la nueva evangelización para que el mensaje de las Bienaventuranzas se haga vida y cultura entre tus pueblos y tus gentes.

 

 

 

1492 – El 11 de agosto el Cardenal Rodrigo de BORJA es elegido sucesor de Pedro, Papa con el nombre de Alejandro VI, segundo español que sube al solio pontificio.

 

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Pbro. ARENAS (PEDRO DE), natural de Villatobas, España. Fue el primer sacerdote que celebró Misa en el Nuevo Mundo, acompañando á Colón – año 1492

 

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1486, el 5 de junio en España, el ejército de los reinos cristianos hispánicos, reconquista la villa ocupada por los musulmanes: Íllora (Granada), llegando poco después el rey Fernando el Católico.

 

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El 20 de abril de 1586 nace, en el siglo Isabel FLORES, Santa Rosa de Lima.  Rosa de Lima, santa y patrona de América, rezaba: «¡Señor mío y Dios mío! ¿cómo es posible que haya quien deje de amaros?... Pero yo, mi buen Jesús, ¿cuándo comenzaré a amaros como merecéis?... ¡Ay de mí, y qué lejos estoy de aquel amor perfecto, íntimo, robustísimo que os debo! ¡Oh, cómo me avergüenza mi tibieza!

 

¿De qué me sirve este corazón que tengo?, ¿para qué lo quiero si hasta ahora no se ha reducido a cenizas al fuego de tu amor...?».-

 

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1493:  3 de abril en Barcelona, España, los Reyes Católicos reciben con todos los honores a Cristóbal Colón.

 

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Mapa atribuido a Cristóbal Colón (c. 1492). Bibliothèque Nationale de France, París

 

La guerra del cristiano es incesante, porque en la vida interior se da un perpetuo comenzar y recomenzar, que impide que, con soberbia, nos imaginemos ya perfectos.

 

Es inevitable que haya muchas dificultades en nuestro camino; si no encontrásemos obstáculos, no seríamos criaturas de carne y hueso.

 

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Es difícil calificar una institución –como la Iglesia Católica que, en sus dos mil años- nos ofrece con sus bibliotecas, monasterios y universidades, nada menos que el ‘patrimonio intelectual de la humanidad’.

 

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A partir del año 1492, en el continente americano se produce la fusión de elementos nativos y otros?foráneos, procedentes de la Europa bajomedieval y renacentista, que van a ir configurando a lo largo?de cerca de tres siglos la identidad de lo que hoy son las naciones americanas. En esa fusión que origina un continente mestizo, le cabe un papel protagonista a la Iglesia Católica,?configuradora de la identidad española y por tanto, de todo lo que España construye más allá de los?límites reducidos de la Península Ibérica.?La evangelización de la América Española deja una profunda huella en el Nuevo Mundo. Y esa?huella no es solo fruto del trabajo de unos miles de misioneros, sino que es consecuencia de la acción?total de España, puesto que la Monarquía Hispánica asumió, como señal de identidad, como razón?de Estado, precisamente la catolicidad de sus pobladores.?Las manifestaciones de la profunda religiosidad que heredaron los “españoles de América”?y que se manifestaron en múltiples campos de la cultura, el arte y el pensamiento americanos, son dignas del mejor elogio.


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"La importancia histórica del Descubrimiento de América, así como su mérito y su gloria han llenado, seguramente, más páginas que cualquier otro acontecimiento profano, pero sobre todo el polémico origen del descubridor parece haber batido todos los récords biográficos, habiendo  llegado a considerarse su origen casi tradicionalmente genovés, o al menos italiano, concepto casi indiscutido.
   Algunos colombistas le han hecho judío o converso; muy pocos español. El estudio sistemático y detallado de unas y otras fuentes hace patente la inconsistencia de tales hipótesis y descubre la debilidad de las mismas, cuando no los errores de su interpretación o su falsedad total.
   El mismo Pérez de Tudela dice en su obra: "La concepción españolista tuvo muchos menos estímulos para fomentar la línea crítica frente a la glorificación colombina que el entusiasmo del italianismo para sublimar el pedestal de  las glorias personales de Cristóbal Colón.
Y esto será esencial para la trayectoria del colombinismo"
 (María Virginia Martínez, Cristóbal Colón y España,  Prósopon Editores) 2008.IV

 

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María Virginia Martínez Costa de Abaria, autora de estas 800 páginas que, bajo el título Cristóbal Colón y España, ha editado Prósopon Editores, es hija de padre español y madre cubana, descendiente de conquistadores de la Perla de las Antillas, llegados de Santander y de Andalucía, a quienes atribuye su amor a España. Durante 12 años, ha investigado todas las fuentes posibles hasta descubrir en archivos oficiales y particulares documentos desconocidos, relativos a Cristóbal Colón. En este libro presenta el resultado de sus trabajos, según los cuales la tesis del Colón genovés resulta una burda superchería, urdida en Italia. Presenta suficientes razones para refutar las falsedades históricas tejidas intencionadamente en torno a la epopeya del descubrimiento y evangelización de América. Entre los más de 300 documentos que ha investigado, se encuentra el Codicilo inédito, de Diego Colón, Segundo Almirante, que echa por tierra todos los codicilos y testamentos apócrifos en los que ciertos tratadistas basan el genovismo del Descubridor, que no hablaba ni escribía en italiano, pero sí se expresaba en castellano, mallorquín y latín.

 

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-¿Qué ha aportado España a Europa?

-España salva el catolicismo en Europa Y aporta la ciencia, los descubrimientos, la persona, los derechos humanos y el parlamentarismo. Contra lo que se cree, aquí surgieron las primeras Cortes. En el siglo XIII, Simón de Montfort, conde Leicester, descubrió peregrinando a Santiago que aquí se hacía algo importante: a los Concilios -llamados Cortes-, accedían no sólo la nobleza y el clero sino también los procuradores de las ciudades. Después creó la Cámara de los Comunes.

 

-¿Se puede decir que el cristianismo llegó a identificarse con Europa?

-Sin el cristianismo, Europa no sería lo que es. Sus raíces están ahí porque, en lugar de romper con todo lo anterior para imponer lo suyo, supo recoger la herencia grecolatina. No se da un gran salto. El cristiano es Séneca o es Platón y eso es admirable. Eso no pasó a los musulmanes.

 

-¿Y que aportó a América?

-Es fácil constatar lo que España dio a América: el caballo y todos los valores del caballero y la religión. Los Reyes Católicos impiden que el descubrimiento pueda ser únicamente una conquista, sino algo más. No fue colonizada, se convierte en el hermano ganado. España crea naciones, no colonias. En eso se diferencia de lo que hizo después Europa. La labor de Iglesia en América fue enorme.

http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=24708 – Sep.2012

 

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Colón no fue Colombo

 

09 de Octubre de 2007 - 13:42:00 - Pío Moa

Habiendo desaparecido, no de modo casual, todos los documentos que habrían podido aclarar el origen de Colón, se le han atribuido las más variadas patrias, desde Grecia a Noruega. La que ha terminado por imponerse, aunque no del todo, es Génova: según atestiguan algunos documentos, en esta ciudad habría existido, más o menos coetáneamente con Cristóbal Colón, un Christoforo Colombo. Sin embargo es tan sumamente improbable que se traten del mismo personaje que la tesis genovista puede catalogarse junto a la griega o la noruega. En una columna que saldrá el jueves en El Economista , me extiendo un poco al respecto, con motivo de la próxima publicación de un libro de Virginia Martínez Costa de Abaria sobre este tema. 

Lo que resulta más probable, con diferencia, a partir de la documentación, los escritos y los actos del descubridor, es que este era español. No obstante, ello plantea un doble problema: ¿de dónde, en concreto?; y ¿por qué ese empeño por ocultar su origen? Un dato clave, desde luego, reside en el idioma en que se expresó. Prácticamente todos sus escritos, incluso cuatro años antes de trasladarse a España, están en castellano, más algunos en latín. Menéndez Pidal analizó la lengua empleada y concluyó que no correspondía a alguien que tuviera el castellano como lengua materna, pues detectaba en ella cierta torpeza y frecuentes lusismos; pero no italianismos. Esto es muy significativo, y sin embargo el historiador se inclinaba, un poco por las buenas, a favor de la hipótesis genovista. 

Los lusismos podrían indicar un origen portugués o gallego, aunque no vasco, como algunos han reivindicado. Pero Menéndez Pidal no estudió los catalanismos o mallorquinismos presentes en la lengua de Colón (a quien nunca llamaron ni él se llamó Colombo), los cuales abundan, sin embargo, así como otras pistas no desdeñables. Parece una dirección de estudio prometedora. Por otra parte, quizá la investigación del ADN permita esclarecer dentro de unos años la intrigante cuestión.

 

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Colón genovés, Colón español


26 de Abril de 2009 - 07:49:35 - Pío Moa - 

El monasterio de La Rábida se levanta sobre una pequeña altura que domina la desembocadura de los ríos Tinto y Odiel y una gran extensión de mar, bien al oeste de la "Columnas de Hércules", en un paisaje de dunas, desolado y de peculiar dramatismo hoy atenuado por repoblación forestal y la cercanía de industrias. El sugestivo lugar se llamaba antiguamente Peña de Saturno y, según parece, hubo allí en tiempos remotos un altar o templete fenicio a Melkart, dios de Tiro protector de la navegación, sustituido en tiempos de Roma por otro consagrado a Proserpina, la diosa que vivía seis meses al año bajo tierra; Más tarde habría sido un monasterio almorávide de monjes caballeros, de donde le viene el nombre (ribat-rábida), para pasar por breve tiempo a los templarios, y en algún momento, quizá ya en el siglo XV, a los franciscanos. Puede considerarse que allí empieza la historia del descubrimiento de América. Según la leyenda, un día de otoño o invierno de 1485, Cristóbal Colón y su hijo Diego, aún niño, llegaron en condiciones precarias al monasterio, después de huir de Portugal, y allí los frailes Antonio de Marchena, y más tarde Juan Pérez, "estrelleros", es decir, aficionados a la astronomía, les acogieron con interés y congeniaron con los proyectos del hombre.

 

Colón era un personaje singular. No por su vida aventurera, pues había muchos así entre la gente del mar, ni por sus aficiones místicas y espirituales, sino por su magno plan: llegar a Asia a través del Atlántico cuando este océano desafiaba al hombre como una inmensidad enigmática, y las débiles naves preferían no alejarse mucho de la costa.

 

Quizá no llegara Colón a La Rábida en precario ni con su hijo, sino con algunas protecciones, pero lo importante es su proyecto y el apoyo que por primera vez halló. Su idea no era solo aventurada sino mal calculada, pues suponía una distancia varias veces inferior a la real y, desde luego, no contaba con la existencia, entre la costa atlántica europea y Cipango (Japón), de un enorme continente varias veces mayor que Europa. La idea presuponía una Tierra no plana, como creía el vulgo, sino esférica, según pensaban los navegantes y los expertos, aun con problemas como el de unos antípodas andando cabeza abajo, algo difícil de entender por entonces.

 

El proyecto tenía una vertiente económica, pues abriría una nueva ruta comercial seguramente muy provechosa, ya que los otomanos habían cortado el viejo tráfico hacia y desde India y China, por donde llegaban las especias, la seda y otros productos muy apreciados, monopolizados entonces por turcos y sus socios italianos: Portugal, precisamente, buscaba un ruta contorneando África. Este interés utilitario iba mezclado, en realidad supeditado en la mentalidad de Colón, al religioso de cristianizar aquellos territorios, de dar con el reino del "preste Juan", rey sacerdote de un legendario país cristiano aislado por la marea islámica, y que quizá correspondiese a Etiopía; Colón pensaba incluso encontrar el Paraíso terrenal. Y la empresa debía servir de un modo u otro para recuperar Jerusalén, ambición permanente, mística y casi obsesiva en Europa, que había movilizado a varios reyes y emperadores en cruzadas terminadas en fracaso, sin ser nunca olvidada: en su Libro de las profecías, Colón indica que "había de salir de España quien había de reedificar la casa de Sión", en referencia quizá a sí mismo, pues creía que su nombre, Cristóbal, "El que lleva a Cristo", tenía sentido profético.

 

De primera intención, Colón había ido con su proyecto al rey de Portugal, Juan II, dado que su país era entonces el más avanzado en exploraciones atlánticas y progresaba sistemáticamente hacia el sur, siguiendo la costa africana. Los consejeros del rey rechazaron el proyecto por considerar, acertadamente, que los cálculos de Colón eran falsos y la distancia a recorrer mucho mayor, excesiva. Por algún asunto oscuro, Colón tuvo que huir de Portugal y buscar ayuda en Castilla. Los monjes de La Rábida y la abadesa del convento de Santa Clara, en Moguer, Inés Enríquez, tía del rey Fernando, le facilitaron el contacto con la corona, y en 1486 expuso sus planes a los reyes. Un dictamen de los expertos castellanos concluyó lo mismo que los portugueses, por lo que aconsejaron rechazar el proyecto, aparte de que las exigencias de recompensa de Colón en títulos y dinero, parecían excesivas. No obstante, la reina dio esperanzas al aventurero, aunque por entonces la difícil campaña de Granada absorbía su atención y recursos. Cansado de esperar, Colón volvió a probar suerte en Portugal en 1488, sin resultado porque Bartolomé Díaz había llegado al extremo sur de África, abriendo por fin la ansiada vía del Índico. La ruta propuesta por Colón parecía demasiado insegura y Portugal no tendría demasiado problema en cedérsela a Castilla. Colón, a través de su hermano Bartolomé, también buscó patrocinio en Inglaterra y Francia, sin éxito.

 

En 1491, una nueva junta de expertos castellanos rechazó el proyecto, pero el rey Fernando lo hizo consultar a Fray Hernando de Talavera, confesor de Isabel, de familia conversa y opuesto a la Inquisición, y a fray Diego Deza, futuro inquisidor; y con ello el plan de Colón se abrió paso definitivo, máxime cuando el valenciano Luis de Santángel lo vio con interés suficiente para adelantar un millón largo de maravedíes, la mitad del dinero preciso, pues la guerra de Granada había vaciado las arcas reales. Se ha dicho que la empresa de Colón fue solo castellana, pero en ella intervinieron no menos decisivamente el rey Fernando y otros personajes de Aragón, por lo que fue conjunta, precisamente española. Por otra parte, Colón reclamaba el título de virrey de las tierras a descubrir, un título tal vez de origen catalán. Por fin el 17 de abril de 1492, tras las Capitulaciones de Sante Fe, los reyes acordaron la inmediata puesta en marcha de la empresa. Colón obtenía ventajas como el título de almirante de la mar Océana, equivalente al de almirante de Castilla; virrey, un 10% del producto de todas las operaciones mercantiles en los nuevos territorios (un 20% para la corona) y otras.

 

La expedición debía organizarse en Palos de la Frontera, pero allí no pensaban cumplir la orden real, y fueron los hermanos Pinzón, marinos avezados del lugar, quienes reclutaron tripulación (unos 90 hombres) para tres naves y aportaron dinero. El 3 de agosto zarpaban dos carabelas, Pinta y Niña, capitaneadas por los Pinzón, Martín Alonso y Vicente Yáñez respectivamente, y una nao, la Santa María, por Colón. Tras hacer escala en la isla canaria de La Gomera, se internaron por el mar desconocido. La navegación seguía una rutina religiosa: al amanecer, un grumete entonaba un canto religioso y todos rezaban, y al anochecer volvían a orar y cantaban el Salve Regina. Las muchas singladuras y la inseguridad del objetivo motivaron un conato de motín en la Santa María, abortado en ciernes por la energía de Martín Alonso. La historia ha hecho poca justicia a los hermanos Pinzón, que jugaron un gran papel en el descubrimiento.

 

El 12 de octubre, dos meses largos después de dejar Palos, los expedicionarios avistaron tierra en las islas Bahamas, de las que tomaron posesión en nombre de los reyes. Siguieron explorando, descubrieron Cuba, que tomaron por tierra firme, y una gran isla que llamaron La Española. En esta embarrancó la Santa María, y con sus restos se montó un fuerte, primer asentamiento español en América.

 

A finales del año emprendieron el regreso, muy accidentado por las tormentas, yendo a parar la Pinta a Bayona de Galicia, el 1 de marzo, y la Niña, mandada por Colón, a Lisboa, donde el almirante quizá se libró por poco de ser asesinado. El 15 de marzo volvieron las dos carabelas a Palos, donde murió a los pocos días Martín Alonso, y en abril fue Colón a Barcelona, a dar cuenta de su viaje a los reyes.

 

Después de este viaje, Colón realizó tres más, terminando el último en 1504; en ellos amplió la exploración a gran parte del mar de las Antillas y las actuales Venezuela, Colombia y América central.

 

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Estos hechos básicos y los problemas de Colón en el gobierno de las nuevas tierras son de sobra conocidos. Como también la incertidumbre sobre el nacimiento del descubridor, acerca del que cabe hacer algunas consideraciones. Dado que él y los reyes no pusieron ningún empeño en aclarar su origen, más bien al contrario, se le han atribuido, de modo puramente especulativo, las patrias más diversas, desde Grecia a Noruega, o la condición de judío, siendo la versión más aceptada la de su origen genovés, que parece avalada por bastantes documentos. Sin embargo esta atribución resulta tan difícil como las otras. Con motivo del IV Centenario del Descubrimiento, Italia ofreció una Raccolta de unos 200 documentos sobre una familia Colombo de Génova, parte de ellos referidos a Cristoforo, hijo de Domenico. Pero las fechas concuerdan mal, y la propia abundancia de documentos resulta sospechosa. Y, en fin, solo informan de que Cristóforo era, al menos hasta 1473, un pequeño comerciante lanero con deudas y amenazas de prisión por impago. Que estén tan documentados en Génova estos pequeños sucesos y no, en cambio, referencias a la impresionante gesta posterior del supuesto Colombo, ya es bastante significativo, máxime cuando la ciudad italiana no pensó por entonces reivindicar la gloria de su ilustre y presunto hijo. Un reciente y sugestivo ensayo de María Virginia Martínez Costa de Abaria, Cristóbal Colón y España, incide en muchos aspectos que dificultan la atribución genovesa.

 

Solo tres años después del último documento genovés, Colón aparece en Portugal como un experto navegante, diestro en cosmografía y cartas náuticas, culto y erudito en algunos terrenos, buen conocedor del latín y aún más del castellano, de modales distinguidos y capaz de codearse con la aristocracia y con el mismo rey, y hasta de casarse con una aristócrata local, algo muy poco imaginable para un plebeyo. Suena en extremo inverosímil que aquel humilde lanero genovés lograse casi de pronto tal transformación, por lo que difícilmente puede tratarse de la misma persona. La inverosimilitud se acentúa por la ausencia de cualquier prueba de que la familia genovesa, que vivía con estrechez, pidiera ayuda al almirante en los momentos de poder y riqueza de este. Ni Colón se acordó de ellos, tampoco cuando hizo testamento. Ni utilizó en ningún caso el apellido Colombo (siempre empleó, o se le conoció por, Colom, Colón o Coloma). Tampoco escribió, que se sepa, en italiano, salvo escasas palabras reveladoras de un mal conocimiento del idioma; ni hay indicio de que hablase en él con sus hermanos también supuestos genoveses. Es más, sus cartas a Génova las redactó en castellano, y cuando menciona al patrón de su supuesta ciudad lo escribe mal. Tampoco puso a las tierras descubiertas nombres italianos en homenaje a su supuesta patria, sino españoles, algunos relacionables con Baleares, Levante o Cataluña. Los Reyes Católicos nunca aluden a su supuesto origen genovés, ni le dieron carta de naturalización como hicieron con Américo Vespucio, sino que le trataron como "súbdito y natural", y ampliaron su escudo de armas, señal de que ya tenía uno, cosa muy poco probable en una familia de modestos tratantes (en lana, en queso, taberneros...). Estos datos desfondan casi por completo la tesis genovesa, que se apoya, como todas las demás, en la incertidumbre sobre su origen real.

 

Debemos atenernos, por consiguiente, a los hechos constatables. Ante todo, habló y escribió casi siempre en castellano, algo en latín. Menéndez Pidal creyó encontrar en sus escritos defectos propios de quien no tiene ese idioma por lengua materna, pero sus deficiencias no eran italianismos, sino lusismos, lo cual se explica por sus nueve años de juventud en Portugal. Pero un origen portugués es difícil, porque no existía allí el apellido Colón, e incluso en Portugal escribió en castellano, por otra parte ya lingua franca de la península. También se han detectado en sus escritos giros catalanes. Por otra parte, su patriotismo hispano resalta aquí y allá. Refiriéndose a la cristianización de los pueblos descubiertos habla de "España, a quien todo debe estar sujeto" y anima a los reyes a no consentir "que aquí (las nuevas tierras) faga pie ningun extranjero", idea rara en un genovés. La mayor isla que descubrió en el primer viaje la llamó La Española, y supone reservada a España la recuperación de Jerusalén, ligada para él a sus viajes (España podía incluir Portugal, claro está). El cosmógrafo catalán Jaime Ferrer de Blanes, amigo suyo cuyos servicios fueron requeridos para delimitar los derechos de descubrimiento entre Castilla y Portugal, y que le aconsejó sobre el tercer viaje a América, le habla en una carta, como cosa natural, de "esta nuestra España"...

 

Dentro de la incertidumbre, su cuna española, acaso catalana o, más probablemente, balear, según algunos indicios, parece la más probable. De ser así, queda por aclarar el motivo de esa oscuridad, de aspecto deliberado, como si escondiera algún secreto político o similar. La autora citada cree que pudiera tratarse de un hijo ilegítimo de Carlos de Viana, el preterido hijo de Juan II de Aragón. Esto, y acaso el presunto origen genovés, quizá fuera posible comprobarlo hoy mediante pruebas de ADN, como las que han certificado la autenticidad de los restos del almirante guardados en Sevilla.

 

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Colón y los suyos habían descubierto mucho más de lo que habían pensado: un mundo nuevo del que nadie tenía la menor noticia cierta, ni el propio Colón la tuvo en vida, creyendo haber llegado al oriente asiático, aunque en algún momento sospechó la verdad. Pero la realidad era aquella, y los hechos pronto desplegarían toda su potencia. Han surgido debates poco razonables sobre si hubo descubrimientos anteriores, en particular con referencia a los vikingos. Discusión bizantina: los primeros "descubridores" fueron grupos asiáticos que cruzaron de Siberia a Alaska hace unos quince mil años. Pero ni ellos ni los vikingos tenían la menor noción de dónde estaban realmente en relación con el resto de la tierra. En cambio el descubrimiento coloniano lo fue no solo para los europeos, sino para el resto del mundo, incluyendo los propios aborígenes, pues unos y otros empezaron a entender lentamente lo que era aquel continente, ignorado por la humanidad desde la aparición del hombre sobre la Tierra... aun si algunos sospecharon que aquel mar gigantesco y atemorizante ocultaba grandes secretos, como había escrito Séneca: "Vendrán siglos en que Océano afloje los vínculos de las cosas y aparezca una tierra inmensa, y Tetis abra nuevos mundos, dejando de ser Tule el último confín". El momento llegó cuando se combinaron los conocimientos técnicos (brújula, astrolabio, barcos más adaptados) con la inspiración y osadía de un visionario, el impuso místico y el afán de riquezas de unos pocos hombres, y la intuición política de unos reyes. No fue solo el descubrimiento de América, sino del mundo como tal --de imagen tan imperfecta hasta entonces-- completado con la primera vuelta a la tierra, de Magallanes-Elcano, iniciada veintisiete años después. 

 

El mundo conocido en Europa cuando esta cambiaba de época, era muy diferente del de cinco siglos antes, cuando comenzaba la Edad de Asentamiento europea y solo arribaban a ella noticias vagas de los confines asiáticos. Y más todavía con respecto a la llegada de Escipión a Tarragona con motivo de la II Guerra púnica, fecha en la que hemos datado el origen cultural de España, unos 1.700 años atrás. Desde esta fecha habían perecido civilizaciones como la cartaginesa, la helenística, la romana, varias persas, otras en la India, y otras más menores. La china había permanecido a costa de frecuentes desórdenes internos, invasiones e imposiciones foráneas, que sin embargo no habían logrado destruirla como las invasiones bárbaras lo habían hecho con la civilización romana de Occidente; permanecía la civilización japonesa, en el refugio de sus islas que la habían salvado de los mongoles. Había caído, finalmente la civilización bizantina, originada en el Imperio romano pero harto distinta de este. Se habían formado nuevas civilizaciones, muy particularmente la europea y la islámica. Y se habían desvanecido en el tiempo muchas culturas precivilizadas, como la celta en Europa o la ibérica en España, y la germánica, la de los hunos, la vikinga o la eslava primitiva, unas destruidas y otras absorbidas. Por supuesto, la mayoría de ellas había dejado huellas espirituales mayores o menores en las culturas y civilizaciones posteriores. En Europa, las culturas griega y latina sobrevivían como un poderoso influjo, si bien muy reinterpretado; y la hebrea, pese a carecer de territorio propio, persistía parcial pero nunca completamente asimilada, en numerosas comunidades dispersas por Europa, Asia y África. El tiempo y los movimientos internos y externos de los pueblos habían creado una tierra humana irreconocible diecisiete siglos atrás. En el mundo conocido (pues América todavía no lo era) destacaban cuatro grandes civilizaciones: la china, la india (en gran bajo el islam) la islámica y la europea.

http://blogs.libertaddigital.com/presente-y-pasado/archivo-2009-04.html

 

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SU ORIGEN GALAICO SE DEFENDIÓ POR PRIMERA VEZ A FINALES DEL XIX

 

¿Era gallego Colón?

 

 

 

Arancha Moreno

 

Lunes, 5. Mayo 2014 - 20:20

 

Expertos e historiadores confirman en un documental la tesis del origen pontevedrés del descubridor de América.

 

 

 

Colón no era genovés, sino gallego. Así lo defendían en su tiempo Valle Inclán, Unamuno, Pardo Bazán, Blasco Ibáñez y Wenceslado Fernández Flores, entre otras personalidades, pero la enseñanza no respaldó esta teoría. Ahora, un documental vuelve a poner esta afirmación sobre la mesa: el descubridor de América no sólo no era italiano, sino que era gallego y de Pontevedra. 

 

´La clave de Cristobal Colón, el noble gallego que descubrió América´ es obra de Carlos Vilanova y recupera la teoría que defendió en 1898 Celso García de la Riega, quien aseguraba que el famoso navegante era en realidad el noble gallego Pedro Madruga de Soutomaior. Una teoría que le valió una acusación posterior por falsear documentos, presuntamente. 

 

Hace tres años, Vilanova empezó a trabajar en este documental, paralelo a su libro de nombre homónimo y el cómic ‘Cristobal Pedro de Colón’. En este documento audiovisual, el investigador ha contado con la participación de Xerardo Fernández Albor, expresidente de la Xunta de Galicia, y expertos como el historiador Alfonso Philippot, el teólogo y lingüista José Martinho Montero Santalha, el escritor Manuel Doval y el descendiente del iniciador de la teoría del Colón gallego, Guillermo García de la Rieg.

 

Según este documental, Colón habría nacido en una aldea cercana a la ciudad de Pontevedra, pero ocultó su identidad ante los Reyes Católicos por ser un judío converso. “Creemos que a los jóvenes gallegos se les robó una parte muy importante de sus clases de Historia al no revelarles la existencia de una tesis gallega de Colón”, denuncia Vilanova en la nota de presentación de la pieza. En ella, se incide en las pruebas que avalan este origen gallego, como el hecho de que el léxico de Colón hubiese más de 500 términos gallegos y que bautizase más de 100 lugares con nombres de las Rías Baixas.

 

También se ahonda en el origen familiar del navegante, al descifrar que la firma de Colón contiene el árbol de la familia Soutomaior y los documentos aparecidos en Pontevedra, únicos que mencionan a los Colón.

 

 

 

Este trabajo avala también la tesis que defiende la Asociación Colón Gallego, que derrumba la teoría de su origen genovés, ya que para escribir a personajes italianos de la época utilizaba el gallego-portugués. Además, una de las tres carabelas, la Santa María, se construyó en los astilleros de Pontevedra, y la primera localidad a la que regresó la Pinta a su vuelta de Améria fue Baiona, junto a Vigo.

 

www.gaceta.es/noticias/colon-gallego-05052014-2020#sthash.u8Qv6oZa.dpuf

 

 

 

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Alfonso Enseñat de Villalonga - MMIX

 

COLÓN SE LLAMABA PEDRO SCOTTO

 

Al final de un túnel tan largo alumbra (y sorprende) la revelación de una genealogía coherente de Cristóbal Colón, resultado del minucioso trabajo historiográfico de Alfonso Enseñat de Villalonga en el que se revelan de forma documentada tanto su cuna como su trayectoria hasta los viajes que le llevaron al Descubrimiento de América.

En su nuevo libro, «Cristóbal Colón. Orígenes, formación y primeros viajes» (Ediciones Polifemo), Enseñat ha pretendido desbrozar, sistematizar y simplificar sus anteriores y prolijos trabajos de investigación y trazar con pulso firme y claro la verdadera historia del nauta. Que, para abrir boca, no era hijo de laneros, sino de comerciantes, y no fue bautizado como Cristóbal o Cristoforo, sino como Pedro. Pedro del linaje de los Scotto, adscritos al albergo Colonne. Familia que se llamaba «Scotto» porque procedía de los Douglas de Escocia. De ahí, también, el verdadero aspecto físico de Colón: «Era de ojos claros y pecoso -ilustra Enseñat-. También de pelo rubio, aunque encaneció pronto. Así lo describen sus coetáneos, Nada que ver con la iconografía tradicional, totalmente inventada».

Tenaz en su empeño de desmontar definitivamente la teoría «genovista tradicional» (la más divulgada, según la cual el descubridor era hijo del lanero Domenico Colombo de Quinto y de Susana Fontanarossa), Enseñat concluye que Colón era, en efecto, genovés, pero de otro linaje y de una extracción social más elevada. Son averiguaciones que el autor ya había avanzado en anteriores obras («La vida de Cristoforo Colonne: una biografía documentada» y «El Cristóbal Colón histórico: De corsario genovés a almirante de las Yndias»), y de las que ABC se hizo amplio eco, pero que ahora cobran mayor consistencia y solidez.


Las fuentes primigenias

Enseñat estima que a lo largo de todos estos años los historiadores han cometido dos pecados capitales que les han apartado de la verdad: el primero, los sucesivos y casi perennes intentos de «apropiación nacionalista» por el que han tratado de convertir (aun «con calzador») a Colón en gallego, catalán, mallorquín o portugués, y, el segundo, el progresivo apartamiento de las fuentes originales; esto es, de los testimonios de los coetáneos del nauta. Así, el autor de esta teoría reivindica el valor extraordinario y la fidelidad a los hechos de la biografía del descubridor escrita por su hijo Hernando, la «Historia de las Indias» de Fray Bartolomé de las Casas y la «Crónica» de Gonzalo Fernández de Oviedo. En el apasionante capítulo V de su nuevo libro, explica Enseñat por qué cambió su nombre de pila el almirante: primero porque fue ordenado clérigo menor y en esa ceremonia recibió otro nombre (el de Cristoforo).

También explica en qué sustenta que originariamente se llamara Pedro: primero lo acreditan los documentos correspondientes al linaje genovés Colonne (en los que «Pietro» aparece como primogénito de Domenico Scotto Colonne) y, después, porque Lucio Marineo Sículo, cronista de los Reyes Católicos, se refirió a él en sus escritos como «Pedro Colón». Pero como en no pocas ocasiones se ha cuestionado el rigor de este personaje, hace constar también que el historiador portugués del siglo XVI Gaspar Frutuoso (tenido por sólido y fiable) relata que en Madeira el nauta era conocido como Pedro Colón.

Enseñat se ha visto obligado a «escarbar» minuciosamente en el Archivio di Stato di Genova, Archivo Histórico Nacional, Real Academia de la Historia y Biblioteca Nacional para aclarar los verdaderos orígenes familiares de Colón. Al desmontar la teoría «genovista tradicional» que coloca la cuna de Colón en el seno de la familia de laneros Colombo de Quinto, el historiador hace notar que «los defensores de esas tesis encajaron a Colón allí donde encontraron una familia con apellido asimilable en la que el progenitor se llamaba Domenico y su primogénito Cristoforo. Como todo lo demás que se fue averiguando de la trayectoria de esos oscuros personajes no encajaba se determinó simplemente que los datos eran falsos». Por ejemplo, «las biografías de los hijos del lanero no pueden en ningún modo asimilarse a las de los hermanos de Colón Diego y Bartolomé».


Sobre la otra teoría genovista

La trayectoria de Colón, en opinión de Enseñat, acredita que de ninguna forma pudo ser el hijo de un humilde tejedor. Hernando Colón recoge en su relato biográfico que el propio descubridor manifestó que no era él el primer almirante de su familia, con lo que un testimonio de primerísima mano (el suyo propio) le aparta de la genalogía «oficial». Enseñat aduce también que, nacido en el seno de los «Colonne» genoveses, trabajó después al servicio del pirata Vincenzo Colombo y en esa etapa de rapiña adoptó tal apellido («Colombo») para no «ensuciar» a sus auténticos allegados. Tan complejo es el auténtico linaje colombino que sólo Enseñat ha tenido la paciencia de tratar de desmadejarlo, mientras otros estudiosos, desalentados o movidos por prejuicios, se enfrascaban en el estudio de las cartas manuscritas del descubridor para intentar acotar sus orígenes en virtud de rasgos lingüísticos relevantes: el principal empeño ha sido el de hallar catalanismos, para afianzar las teorías que asignan esa cuna (Cataluña) al nauta. Aduce ahora Alfonso Enseñat que esas pretensiones «no se han se han saldado con datos concluyentes, y ni siquiera con indicios sólidos. Los catalanismos aparecen en esos escritos en una proporción normal, pues el catalán era idioma fuerte e influyente en navegación».

Hace Enseñat Villalonga la inmensa aportación historiográfica de describir y documentar los viajes de Colón antes del Descubrimiento, como pirata y corsario, por todo el Mediterráneo, el Atlántico norte, la cosa africana y los archipiélagos atlánticos de las Azores, Madeira, Canarias y Cabo Verde. Peripecias del navegante de ojos garzos y pelo rubio que encaneció muy joven. De Pedro Scotto o Cristóbal Colón.

BLANCA TORQUEMADA | MADRID ‘ABC’ ESP. 2009-III-08

 

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«Los pueblos indígenas cultivan valores humanos de gran significación; valores que la Iglesia defiende... ante la fuerza arrolladora de las estructuras de pecado manifiestas en la sociedad moderna; son poseedores de innumerables riquezas culturales, que están en la base de nuestra identidad actual; y, desde la perspectiva de la fe, estos valores y convicciones son fruto de ‘las semillas del Verbo’, que estaban ya presentes y obraban en sus antepasados» (No. 92). «Actualmente, el pueblo ha enriquecido estos valores ampliamente por la evangelización, y los ha desarrollado en múltiples formas de auténtica religiosidad popular»

 

  

 

Viruela y terrorismo biológico

 

Por Santiago Grisolía. Profesor de Bioquímica «ABC. XII.MMI»

CON motivo de la contienda mundial sobre el terrorismo y de las amenazas y temores, se habla de tomar importantes medidas por muchas naciones y organizaciones contra la guerra biológica. Por ello, muy recientemente además de las actuales precauciones con el ántrax, se ha empezado a considerar otros agentes mucho más peligrosos tales como la viruela. Esta enfermedad estaba casi olvidada ya que la mayor parte de adultos a nivel mundial estamos vacunados contra la viruela, por tanto se creía que la enfermedad estaba dominada para siempre. Vale recordar que esta protección global se debe en gran parte a un médico alicantino, el doctor Balmis como después indicaré más en detalle y así en cierta forma compensar el que «en la era de los descubrimientos, la viruela fue introducida en América por la colonización española y portuguesa, convirtiéndose en una de las causas que hizo desaparecer numerosos pueblos indoamericanos.»

Debido al éxito de la vacuna contra la viruela, la organización Mundial de la Salud decidió en 1980 que la enfermedad estaba erradicada, por ello hace unos años un grupo de investigadores propusieron destruir las muestras residuales, lo que produjo acaloradas discusiones. Las únicas muestras remanentes del virus conocidas se encuentran, al parecer, en el Centro de Control y Prevención de Atlanta, Georgia, y en el Centro de Virología y Biotecnología Estatal en Novosibirsk en Siberia. Naturalmente, debido a la evidente desaparición de la viruela, todos los países decidieron acabar con la vacunación rutinaria. Por eso, si se emplease la viruela como arma terrorista, sería muy peligroso ya que, potencialmente, los jóvenes soldados y todos los niños podrían estar expuestos a esta terrible enfermedad.

De acuerdo con mi amigo el brillante historiador de medicina profesor López Piñero «la viruela era una enfermedad antiquísima en Asia oriental, mientras que en Europa no hay pruebas de su presencia hasta la Edad Media. Durante mucho tiempo, tuvo escasa gravedad, como lo demuestran, entre otras pruebas, los estudios a ella dedicados a partir del clásico tratado «Sobre la viruela y el sarampión», del persa Rhazes (siglo IX). A lo largo de los siglos XVII y XVIII se comportó en Europa como una enfermedad muy grave que producía frecuentes brotes epidémicos y era una de las principales causas de la elevadísima mortalidad infantil de la época. Afectaba a todos los estratos sociales, desde los más modestos hasta las familias reales. Muchos niños sin distinción de clases morían a causa de la viruela y, por otra parte, los que sobrevivían quedaban «marcados» por las cicatrices características de la afección.»

Por eso, no es de extrañar que el gran Andrés Piquer, máxima figura médica de la Valencia del siglo XVIII, y sus discípulos defendiesen la vacuna como método preventivo, aunque inicialmente, como con todos los nuevos descubrimientos y tecnologías se produjo una fuerte polémica. Vale recordar que a principios del siglo XVIII, Lady Wortley-Montague, esposa del embajador inglés en Estambul, introdujo la vacunación en Gran Bretaña; fueron inoculados sus hijos y, después de ensayos favorables en seis criminales, los hijos de la Princesa de Gales. El interés de la Familia Real española con la variolización, como comentaré más adelante, no es de sorprender puesto que Andrés Piquer fue, desde 1751, médico de cámara de Fernando VI.

Hace unas semanas, con motivo de la visita de la Infanta Doña Cristina para la entrega de los Premios Rey Jaime I, le recordaba que estos premios se dedican a estimular la ciencia en España pero también, y esto es muy importante, para que se haga conocer la ciencia española a nivel mundial, por eso incluimos en los jurados personalidades internacionales porque uno de nuestros grandes defectos fue y es el no estimar y hacer conocer la ciencia española, que ha sido, y es en muchas ocasiones, mejor de lo que se cree. Por eso, en la conversación con Su Alteza le comenté que un excelente ejemplo, muestra también del interés de la Corona por la Ciencia, fue la Real Expedición Filantrópica de la vacuna. En 1803, poco después de haber usado Jenner para vacunar la linfa de la viruela de la vaca, el doctor Balmis, un metódico médico de Alicante, llevó en la fragata María Pita a 22 niños del hospicio que vacunó sucesivamente; así distribuyó la vacuna de la viruela globalmente. Como hemos dicho, la viruela ha sido y es una enfermedad muy seria que afectó, como ya se ha comentado, a muchos niños que morían o quedaban marcados con cicatrices. Como de costumbre, Jenner es globalmente reverenciado, no así Balmis ni actos importantísimos como fue la Real Expedición cuando España era todavía una gran potencia mundial. Por esto, el Consejo Valenciano de Cultura publicó un libro dentro de la Serie Minor sobre Balmis. En la expedición de Balmis participaron cuatro cirujanos, cuatro enfermeros, varios practicantes y, naturalmente, los niños que eran inoculados con el producto de las póstulas de los vacunados la semana anterior y, con ello, la expedición extendió la vacuna por las Antillas, México, América Central y del Sur, Macao, Cantón, etc. También un grupo de expedicionarios encabezados por el subdirector médico Antonio Salvany la llevó a la América Meridional. Después de varias peripecias, incluida su huida a México como consecuencia de la invasión francesa, el doctor Balmis, al regresar a España, fue nombrado cirujano de Cámara por Fernando VI.

Aunque durante el primer tercio del siglo XIX la actividad científica española especialmente la posición de vanguardia de medicina y tecnología se hundió por completo, no obstante algunos grupos en la mitad del siglo hicieron grandes esfuerzos en reincorporarse a la ciencia europea. Y, así, surgió el Instituto Médico Valenciano que se convirtió durante medio siglo en una institución de gran relieve incluyendo su «Comisión de Vacunación», creada en 1851, que no sólo vacunó a miles de personas sino que organizó una red de depósitos de linfa vacunal para prácticamente toda la península y así lo remitió a varias instituciones incluyendo la Casa Real.

El problema con la viruela como arma biológica es que es relativamente fácil construir aerosoles capaces de distribuir el virus extensivamente, lo que es preocupante. Los Estados Unidos en los últimos años, y desde que el presidente Nixon renunció en 1969 a la guerra biológica, no han sido muy activos en la investigación sobre la guerra biológica. No obstante sí lo fueron durante la segunda guerra mundial. Por ejemplo, en el departamento de química fisiológica, en Madison, en la Universidad de Wisconsin, uno de mis colegas, el doctor Abrams, recibió una excelente beca por cristalizar la toxina del botulismo. La bacteria Clostridium botulinum crece en condiciones anaeróbicas en alimentos mal preparados, y produce una toxina potentísima, que puede producir la muerte con cantidades pequeñísimas del orden de una milésima de miligramo. Es de extrañar que no haya habido antes del 11 de septiembre más preocupaciones en Estados Unidos por estos potenciales agentes, ya que en Irak hacia la mitad de los años 90 encontraron laboratorios con miles de litros de toxina botulínica y creo que en alguna proporción ya estaban introducidos en cabezas de misiles. Sin duda, ahora Estados Unidos tomará precauciones.

 

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El respeto de la salud

2288 La vida y la salud física son bienes preciosos confiados por Dios. Debemos cuidar de ellos racionalmente teniendo en cuenta las necesidades de los demás y el bien común.

El cuidado de la salud de los ciudadanos requiere la ayuda de la sociedad para lograr las condiciones de existencia que permiten crecer y llegar a la madurez: alimento y vestido, vivienda, cuidados de la salud, enseñanza básica, empleo y asistencia social.

2289 La moral exige el respeto de la vida corporal, pero no hace de ella un valor absoluto. Se opone a una concepción neopagana que tiende a promover el culto del cuerpo, a sacrificar todo a él, a idolatrar la perfección física y el éxito deportivo. Semejante concepción, por la selección que opera entre los fuertes y los débiles, puede conducir a la perversión de las relaciones humanas.

2290 La virtud de la templanza conduce a evitar toda clase de excesos, el abuso de la comida, del alcohol, del tabaco y de las medicinas. Quienes en estado de embriaguez, o por afición inmoderada de velocidad, ponen en peligro la seguridad de los demás y la suya propia en las carreteras, en el mar o en el aire, se hacen gravemente culpables.

2291 El uso de la droga inflige muy graves daños a la salud y a la vida humana. Fuera de los casos en que se recurre a ello por prescripciones estrictamente terapéuticas, es una falta grave. La producción clandestina y el tráfico de drogas son prácticas escandalosas; constituyen una cooperación directa, porque incitan a ellas, a prácticas gravemente contrarias a la ley moral.

El respeto de la persona y la investigación científica

2292 Los experimentos científicos, médicos o psicológicos, en personas o grupos humanos, pueden contribuir a la curación de los enfermos y al progreso de la salud pública.

2293 Tanto la investigación científica de base como la investigación aplicada constituyen una expresión significativa del dominio del hombre sobre la creación. La ciencia y la técnica son recursos preciosos cuando son puestos al servicio del hombre y promueven su desarrollo integral en beneficio de todos; sin embargo, por sí solas no pueden indicar el sentido de la existencia y del progreso humano. La ciencia y la técnica están ordenadas al hombre que les ha dado origen y crecimiento; tienen por tanto en la persona y en sus valores morales el sentido de su finalidad y la conciencia de sus límites.

2294 Es ilusorio reivindicar la neutralidad moral de la investigación científica y de sus aplicaciones. Por otra parte, los criterios de orientación no pueden ser deducidos ni de la simple eficacia técnica, ni de la utilidad que puede resultar de ella para unos con detrimento de otros, y, menos aún, de las ideologías dominantes. La ciencia y la técnica requieren por su significación intrínseca el respeto incondicionado de los criterios fundamentales de la moralidad; deben estar al servicio de la persona humana, de sus derechos inalienables, de su bien verdadero e integral, conforme al designio y la voluntad de Dios.

2295 Las investigaciones o experimentos en el ser humano no pueden legitimar actos que en sí mismos son contrarios a la dignidad de las personas y a la ley moral. El eventual consentimiento de los sujetos no justifica tales actos. La experimentación en el ser humano no es moralmente legítima si hace correr riesgos desproporcionados o evitables a la vida o a la integridad física o psíquica del sujeto. La experimentación en seres humanos no es conforme a la dignidad de la persona si, por añadidura, se hace sin el consentimiento consciente del sujeto o de quienes tienen derecho sobre él.

2296 El trasplante de órganos no es moralmente aceptable si el donante o sus representantes no han dado su consentimiento consciente. El trasplante de órganos es conforme a la ley moral y puede ser meritorio si los peligros y riesgos físicos o psíquicos sobrevenidos al donante son proporcionados al bien que se busca en el destinatario. Es moralmente inadmisible provocar directamente para el ser humano bien la mutilación que le deja inválido o bien su muerte, aunque sea para retardar el fallecimiento de otras personas.

El respeto de la integridad corporal

2297 Los secuestros y el tomar rehenes hacen que impere el terror y, mediante la amenaza, ejercen intolerables presiones sobre las víctimas. Son moralmente ilegítimos. El terrorismo, que amenaza, hiere y mata sin discriminación es gravemente contrario a la justicia y a la caridad. La tortura, que usa de violencia física o moral, para arrancar confesiones, para castigar a los culpables, intimidar a los que se oponen, satisfacer el odio, es contraria al respeto de la persona y de la dignidad humana. Exceptuados los casos de prescripciones médicas de orden estrictamente terapéutico, las amputaciones, mutilaciones o esterilizaciones directamente voluntarias de personas inocentes son contrarias a la ley moral (cf DS 3722).

2298 En tiempos pasados, se recurrió de modo ordinario a prácticas crueles por parte de autoridades legítimas para mantener la ley y el orden, con frecuencia sin protesta de los pastores de la Iglesia, que incluso adoptaron, en sus propios tribunales las prescripciones del derecho romano sobre la tortura. Junto a estos hechos lamentables, la Iglesia ha enseñado siempre el deber de clemencia y misericordia; prohibió a los clérigos derramar sangre. En tiempos recientes se ha hecho evidente que estas prácticas crueles no eran ni necesarias para el orden público ni conformes a los derechos legítimos de la persona humana. Al contrario, estas prácticas conducen a las peores degradaciones. Es preciso esforzarse por su abolición, y orar por las víctimas y sus verdugos.

 

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En estas pocas palabras se compendia lo que fue aquella memorable efemérides que, en el cuadrante de la historia está ligada a una fecha simbólica: 12 de octubre de 1492, si bien la grandiosa y admirable aventura del descubrimiento y de la primera evangelización del Nuevo Mundo se desarrolló en los años sucesivos, cubriendo un arco de tiempo —algo más de un siglo—en el que cambió de rumbo la trayectoria de la Humanidad.

2. En efecto, las carabelas del Almirante Cristóbal Colón zarparon del Puerto de Palos, España, bajo la égida de los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, el 3 de agosto de 1492 y el 12 de octubre arribaron a las tierras del nuevo continente, que después se llamaría América.

El primer encuentro de los europeos con los pueblos del Continente americano tuvo lugar en la isla de Guanahaní, situada en el actual archipiélago de Las Bahamas y que Colón llamó San Salvador, nombre cargado de profundo significado cristiano y que dejaba entrever el proyecto de la futura inmediata evangelización. En efecto, ésta comenzó propiamente con el segundo viaje de Colón, en el que ya algunos misioneros formaban parte de la expedición. Y así, el día 6 de enero de 1494, Fray Bernardo Boyl, designado Vicario Apostólico del Nuevo Mundo, celebró la primera Misa solemne en América.

Estas noticias, que nos dan las crónicas con datos precisos, son parte de una historia fascinante. Compete a los historiadores el seguir profundizando sobre unos acontecimientos que han marcado un hito importante en la vida de la humanidad. Si bien, por encima de estos datos, la Iglesia proclama siempre que Jesucristo es el Señor de la Historia: «Cristo ayer y hoy. Principio y Fin. Alfa y Omega. Suyo es el tiempo y la eternidad. A Él la gloria y el poder por los siglos de los siglos», palabras que hemos pronunciado en la liturgia de la Vigilia Pascual.

3. Como Sucesor de Pedro, deseo proclamar hoy delante de ustedes que la historia está dirigida por Dios. Por ello, los diversos «eventos» pueden convertirse en «oportunidades salvíficas» (kairós), cuando en el curso de los siglos Dios se hace presente de un modo especial. Ante los nuevos horizontes que se abrieron el 12 de octubre de 1492, la Iglesia, fiel al mandato recibido de su divino Fundador (Cf. Mt 28, 19), sintió el deber perentorio de implantar la Cruz de Cristo en las nuevas tierras y de predicar el Mensaje evangélico a sus moradores. Esto, lejos de ser una opción aventurada o un cálculo de conveniencia, fue la razón del comienzo y desarrollo de la Evangelización del Nuevo Mundo. 14 Mayo 1992- S.S.Juan Pablo II

 

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Dios se nos ha dado en Jesucristo.

Jesucristo, salvador y evangelizador, es la plena revelación del Padre.

Él es el rostro humano de Dios y el rostro divino del hombre.

Él ha dado también un rostro concreto, cultural y religioso, a Hispanoamérica: a este conjunto de naciones profundamente cristianas que hoy necesitan evangelizadores -sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos-, así como abundantes medios materiales, para mantener y acrecentar su fe.

3. Desde la primera evangelización de aquellos pueblos, iniciada en 1492, cuando Cristóbal Colón plantó la cruz de Cristo en las tierras del nuevo mundo, España ha sido siempre muy generosa en ayuda apostólica a esas naciones hermanas, a las que durante cinco siglos ha enviado millares de misioneros.

 

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Oración a Santa Rosa de Lima, patrona de América.

Bendita y amada del Señor, y gloriosa Santa Rosa,
por aquella felicidad que recibisteis de poder uniros a Dios
y prepararos para una santa muerte, alcanzadme
de su divina Majestad la gracia de que purificando
mi conciencia, con los sufrimientos de la enfermedad
y con la confesión de mis pecados, merezca disponer
mi alma, confortarla con el viático santísimo del cuerpo
de Jesucristo a fin de asegurar el trance terrible de lo muerte, y poder volar por ello o la eterna bienaventuranza de
la gloria. Así sea.

 

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Conocer tanto la cultura europea de la época en la que vivió Cristóbal Colón como la cultura táina que se encontró el descubridor cuando puso pie por primera vez en tierra firme en la isla caribeña de La Española. Gracias a este esfuerzo por comprender mejor las dos realidades, se puede desgranar cómo se produjo el encuentro entre dos mundos absolutamente dispares.

 

Una vida de tranquilidad

«Era placer ver las labores que tenían y su hermosura», escribía Colón haciendo referencia a los numerosos abalorios con los que se adornaban hombres y mujeres, hechos de madera, concha, oro, alfarería y hueso. Y es que, según el Almirante, el pueblo taíno era un pueblo pacífico y sereno. De hecho, le sorprende que no tengan armas, salvo unas pequeñas flechas que utilizan para cazar y pescar. «Ellos no traen armas ni las conocen –relata Colón–, porque les mostré espadas y las tomaban por el filo, y se cortaban con ignorancia. No tienen algún hierro. Sus azagayas (flechas) son unas varas sin hierro, y algunas de ellas tienen al cabo un diente de pece, y de otras cosas».

 

Colón lo dejó todo escrito

Posiblemente, mientras Colón tomaba sus numerosas anotaciones que han permitido conocer de primera mano la impresión de los descubridores, no era consciente de que aquellos primeros contactos con los taínos eran el principio de una impresionante transformación del mundo tal y como hasta entonces se conocía. Asombrado por el paisaje que encontró en las islas caribeñas y por las gentes que allí habitaban, dejó escrito de ellos: «Son gentes de amor y sin codicia, y convenibles para toda cosa, que certifico a Vuestras Altezas que en el mundo creo que no hay mejor gente ni mejor tierra; ellos aman a sus prójimos como a sí mismos, y tienen un habla la más dulce del mundo, y mansa, y siempre con risa. Ellos andan desnudos, hombres y mujeres, como sus madres los parieron. Mas crean Vuestras Altezas que entre sí tienen costumbres muy buenas».

 

Una tierra rica y fértil

Las Antillas, término que procede de la legendaria Antila, mencionada por los antiguos cosmógrafos, sorprendieron a Colón por su riqueza y su belleza. Un cronista de la época dice que Colón había conseguido «la mayor cosa después de la creación del mundo, sacando la encarnación y la muerte del que lo creó». No encontró demasiados animales: «Bestias en tierra no vide ninguna de ninguna manera, salvo papagayos y lagartos. Un mozo me dijo que vio una gran culebra. Ovejas ni cabras ni otra ninguna bestia vide…» Pero le sorprendió la facilidad con la que crecía el algodón, en grandes árboles. Era uno de los materiales que se utilizaba para confeccionar tejidos en la cultura taína.

 

El descubrimiento de la yuca y el maíz

La introducción de la patata en Europa fue una de las grandes revoluciones generadas a raíz de la llegada a América. Sin embargo, no fue hasta la colonización de las tierras andinas cuando se produjo este feliz acontecimiento. Pero en el Caribe descubrió Colón nuevos productos que él mismo comenzó a utilizar en la alimentación de sus compañeros de viaje. Destacaba el maíz, que el hijo de Colón describió como «otro grano, como panizo, llamado por ellos míz, que cocido es de buenísimo sabor, o tostado y molido en puchas». Y la yuca, con la que se elaboraba el pan de casabe, y que se conservaba fresco durante cerca de 20 días, con lo cual sirvió de alimento a los españoles en el Nuevo Mundo.

 

La sencillez de las viviendas

La belleza de las piezas de madera labradas, como sillas y mesas, sorprendió a Colón en sus primeras incursiones en la cultura taína. De las casas escribía el Almirante que «parecían tiendas en real, sin concierto de calles, sino una acá y otra acullá, y de dentro muy barridas y limpias, y sus aderezos muy compuestos». Don Fernando Colón describió las hamacas en las que dormían: «Eran sus lechos como una red colgada, en forma de honda, en medio de la cual se echaban y ataban los cabos a dos postes de la casa».

 

Prácticas religiosas y chamanes

Quería Colón conocer las prácticas religiosas de los taínos para poder así comprenderlos e iniciar mejor el proceso de evangelización, objetivo principal de los Reyes Católicos cuando se embarcaron en la arriesgada aventura que les llevó al Nuevo Mundo. Y se encontró a una sociedad organizada alrededor de pequeños reyes, caciques o chamanes que vivían en casas diferenciadas de las del resto del pueblo. En esas casas «no hay más que algunas imágenes en madera hechas en relieve, a las que llaman cemíes. En aquella casa no se trabaja para más efecto que para el servicio de los cemíes, con cierta ceremonia y oración que ellos hacen allí, como nosotros en las iglesias. (...) Con una caña de dos ramos que se meten en la nariz, aspiran un polvo. Con estos polvos se ponen fuera de tino, delirando como borrachos». Los chamanes taínos utilizaban drogas que fabricaban con plantas machacadas en un mortero durante sus rituales. Consideraban que las alucinaciones, consecuencia del consumo de estupefacientes, les permitían ponerse en contacto con el más allá.

 

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«Mientras los eruditos europeos aprendieron griego para leer los textos originales, los árabes los tradujeron a su lengua. El cristianismo es la única religión que conozco que ha respetado las demás tradiciones y las ha integrado como distintas». Cita del filósofo francés Rémi Brague; pronunció una conferencia en la Universidad de Navarra – 2005

 

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El 26 de octubre de 1546 se pronunció uno de los discursos más importantes, en la historia de la humanidad, sobre la libertad y la dignidad humanas. Fue el teólogo español Diego Laínez, que luego llegaría a ser Prepósito General de la Compañía de Jesús, quien con sus palabras marcaría esa sesión del Concilio de Trento, hasta el punto de que, en las actas de este sínodo, este discurso es el único que se conserva íntegro junto a las decisiones de los padres conciliares.

Curiosamente la propaganda de la cultura dominante de los últimos siglos machaconamente insiste en hacer pasar al Concilio tridentino como algo represor y contrario a la libertad humana, cuando en realidad fue todo lo contrario. Difícilmente se encontrarán afirmaciones más tajantes y contundentes en la afirmación de la libertad, dignidad y destinos del hombre. La lástima es que nos tragamos la propaganda y ahí está su fuerza, en nuestra irreflexión.

 

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Por la libertad, el saber, la razón y la fe. A propósito de universidad (y de «oscurantismo»): habrá pues un motivo si, a principios del siglo XVII, cuando Galileo tenía unos cuarenta años y se hallaba en plena actividad investigadora, había en Europa 108 universidades -esta típica creación de la Edad Media católica-, algunas más en las Américas españolas y portuguesas y ninguna en territorios no cristianos. Y también habrá una razón si las obras matemáticas y geométricas de la antigüedad (principalmente la obra de Euclides), que han constituido la base fundamental para el desarrollo de la ciencia moderna, nos han llegado sólo gracias a las copias de monjes benedictinos y, una vez inventada la tipografía, gracias a libros impresos siempre por religiosos. Alguien ha señalado incluso que, precisamente a principios de este siglo XVII, un Gran Inquisidor de España creó en Salamanca la Facultad de Ciencias Naturales, donde se enseñaba, apoyándola, la teoría copernicana... Historia compleja, como se puede ver. Mucho más compleja de la que generalmente nos cuentan. Habrá que volver sobre ello. Vittorio MESSORI

 

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¡Omitir voluntariamente la realidad, es peor que la ignorancia!

 

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Un corsario llamado Cristóbal Colón

 

El historiador Alfonso Enseñat de Villalonga sigue investigando la biografía del Almirante, al que llama «nuestro hérore», y despeja incógnitas que cubrían de sombras la vida del descubridor de América


MADRID. Alfonso Enseñat de Villalonga ha adosado su vida a la de Cristóbal Colón. En 1988 estableció el primer contacto con el Gran Almirante y fue en 1999 cuando publicó su primer libro «La vida de Cristoforo Colonne», editada por el Seminario Americanista de la Universidad de Valladolid y del que dio extensa cuenta ABC. Mantenía que Colón había nacido en Génova y daba pruebas en palabras del nauta. Además, hacía la luz sobre los primeros 40 años de la vida del Descubridor, amén de despejar incógnitas que cubrían de sombras la biografía de quien él llama nuestro héroe. Dijo entonces: «Todo lo que se ha escrito desde que nació en 1446 hasta su llegada a Castilla en 1484 es discutible». Alfonso Enseñat (Mallorca, 1928) no es partidario de las teorías oficialistas procedan de Génova, Barcelona, Galicia, Ibiza, o Mallorca. Si diez años de investigación dedicó a su primera obra, la segunda se presentará el próximo 4 de mayo en Valladolid, en la XXXIX Feria del Libro. Don Alfonso se muestra muy satisfecho, porque su nueva obra coincide con la Conmemoración del V Centenario de la muerte de Colón (1506-2006). La ha trabajado desde que terminó la anterior. La actual se titula «El Cristóbal Colón histórico: de corsario genovés a Almirante Mayor de las Yndias».

Es consciente de que su teoría, tan elaborada y detallada, no ha calado aún. De hecho, la Real Academia de la Historia no se ha pronunciado todavía, pero este historiador, que estudió ingeniería industrial, es paciente: «Hace poco he leído que Einstein vivió muchos años sin que nadie lo comprendiera. De todos formas, que resulte difícil atacar lo que afirmo es prueba de que no es fácil encontrar un punto débil». Cuenta que ni Menéndez Pidal tan concienciado en «la lengua de Colón» se atrevió a negar la teoría oficial, mientras que Ángel de Altolaguirre, académico de la Historia, entre 1920 y 1930, sí criticó algunos documentos de la teoría genovista».

En 1999, Enseñat, tras recorrer archivos de Génova, Madrid, Barcelona y Mallorca, dijo que «pese a que los cronistas colombianos nos ilustran sobre las actividades de Colón y su padre, no se ha encontrado ningún documento que los respalde». Dedujo que saber tan poco del niño y el joven que llegaría a ser el Descubridor por excelencia no era lógico puesto que antes de llegar a ese punto culminante de su biografía, se había relacionado con los reyes de Portugal, Castilla, Inglaterra y Francia y con el Dogo de Génova. ¿Quién era pues aquel hombre?

El historiador descubre que en la Génova del siglo XV era corriente entre los mercaderes cambiar el nombre familiar al afiliarse a los albergos genoveses, encargados de los préstamos, la Banca, y las compañías de seguros. Dedujo entonces que el nauta podía tener un apellido que no fuera Colombo. Dicho y hecho. Investigación al canto y el hallazgo de que Domenico Scotto, el padre de Colón no era, como asegura la teoría genovista, un humilde tejedor llamado Domenico Colombo, ni su hijo Cristóforo, lanero. Para empezar, esta familia no es compatible con las señas de identidad que proporcionan Bartolomé de las Casas y Hernando Colón, que se refieren a la familia como de mercaderes. La misma teoría indica que Colón no salió a la mar hasta 1473, cuando tenía 22 años, mientras que según el propio nauta, al llegar a Castilla llevaba navegando 23. Enseñat afirma, entre otras cosas, que la familia era de rico linaje y rechaza el apellido Colombo y lo sustituye por Colonne, además de asegurar que dejaron Génova cuando Colón era muy niño hasta el punto de que nunca habló bien la lengua del lugar y tampoco la escribía. El apellido Colonne nace del albergo al que la familia, como muchas otras, se unió. Los albergos poseían flotas propias y sus miembros cambiaban, como queda dicho, sus apellidos y blasones por los del albergo. Una de las grandes sorpresas que el investigador mallorquín vivió en los archivos de Génova era que la familia Colombo no aparecía ni en manuscritos ni en genealogías. Sin embargo, Enseñat, en escritos de Hernando Colón ha podido saber que Domenico a su llegada a España limó su apellido y lo dejó en Colon. Castellanizó. así, su apellido, que en genovés resultó ser Colonne. En cuanto al nacimiento del nauta en Genova, él mismo se encarga de dar cuenta. La familia se asentó en Lisboa allá por 1451, cuando Cristoforo tendría unos cinco años. Todo lo que ha escrito don Alfonso está documentado. En su nuevo volumen, consta que el padre de Colón nació en 1414 en el Piamonte y ha encontrado su testamento y el del abuelo del navegante.

Enseñat sitúa los estudios del joven Colón en Pavía y Génova, descartando la Pavía portuguesa. Navegó, por vez primera, a los 14 años, en la fusta de su tío Imperiale Doria. Años después, el hombre que pasaría a la historia para cambiarla, fue pirata y corsario, si bien también figura en su biografía haber pertenecido a la Orden Tercera de San Francisco de Asís, algo que explica que en España encontrara cobijo en el monasterio franciscano de La Rábida. Que practicó el corsarismo consta en textos de su hijo Fernando y De las Casas. De hecho se asoció con el pirata Vicenzo Colombo, que, curiosamente,acabó sus días en el patíbulo en 1492. Entre las aportaciones de don Alfonso en su nuevo libro figura la identificación y documentación de todos los corsarios que se relacionaron con Colón: Vicenzo Colombo, Maorizio Cattaneo, Cristoforo Salvago, Guillaume de Casenove alias Coullon «el Viejo», Jean de Casenove conocido como Coullon «el Joven», y Zorzi, «el Griego», que resulta ser Giovanni Zorzi, hermano del último Barón de Karystos. «De todos ellos he logrado construir sus genealogías», comenta.

Sociedad mercantil con Berardi

La célebre carta naútica que llevó a Colón desde Occidente a las Yndias forma parte también de lo que narra Enseñat. Para empezar menciona a Consuelo Varela, una de las más prestigiosas estudiosas del navegante, que descubrió la existencia de una sociedad mercantil entre el nauta y Lorenzo Berardi. La copia de la carta naútica que el navegante empleó para su viaje tiene su martingala. Entre la correspondencia entre Juan II de Portugal y Paolo del Pozzo Toscanelli, hubo una carta naútica que exponía al Rey la ruta a seguir desde Occidente hasta las Yndias. La correspondencia tenía un destinatario intermedio, un canónigo llamado Martins. Pero esta de la que se habla fue copiada a medio camino y he aquí que Berardi es el mensajero de la carta de Toscanelli. Al descubrir su importancia, la copia, y sabedor de que Colón planteba ese viaje, él y un grupo de florentinos le proponen finaciar la expedición, pidiendo a cambio Berardi el monopolio de las mercancías.

Cuenta don Alfonso que a los ultradefensores de Colón les cae muy mal esta historia, como si significara un desprestigio para el Almirante que él tanto admira. La carta naútica autógrafa de Colón se encuentra en la catedral de Sevilla; la original, se perdió. De las Casas menciona la carta copiada y su uso por Colón. La financiación del viaje fue de 2.000.000 de maravedís. La Corona puso 1.400.000; Colón, ni que decir tiene que el dinero era de Berardi, el doble de lo que el contrato le obligaba, 500.000, mientras que los restantes, corrieron a cargo de los paleños. Destaca el historiador que cuando Cristóbal Colón regresa a España tras su gesta, Berardi aparece siempre a su lado, incluso en Granada cuando el Descubridor se encuentra con los Reyes Católicos.

Agradecemos a:TEXTO: TRINIDAD DE LEÓN-SOTELO- Jueves 27.04.2006

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Europa y América - A un honesto y serio historiador nunca le interesan solo los colores blancos y negros, sino los matices grises. Al desdramatizar la historia de ambos imperios y las respectivas sociedades coloniales y buscar ante todo ‘los matices’, aparece al mismo tiempo lo positivo y lo negativo. Es muy importante que los lectores tomen conciencia de que no todo es blanco o negro, que el mundo tiene muchos colores y muchos matices grises. Si ello disgusta a algunos, qué le vamos a hacer.

 

Las Américas siempre han sido una proyección de Europa, que presentó unos espacios enormes, donde existió la posibilidad de crear una mejor civilización, realizar sueños, crear nuevas utopías. América fue la gran esperanza, lo que quería ser Europa y no podía ser, representaba una extensión de Europa, pero de una ‘Europa imaginada’. Como tantas veces sucede, se movilizan los escenarios pero no mudan los artistas. Las inquietudes continentales de aquí fueron para las continentales de allá. Eso explica que desde el siglo XVI la preocupación por la justicia de la Conquista fuera tan fundamental para los españoles, o que las independencias de la América británica y luego de la española pretendieran recuperar ese componente utópico.

-Especialmente en América del Norte, donde las ideas de la libertad, el desarrollo del individuo, la búsqueda de la felicidad, como dice la Declaración de Independencia norteamericana, la posibilidad de un nuevo mundo, mejor y más justo, fueron fundamentales.

-Pero ese proyecto de libertad también era muy visible en la América española, donde se difundía, como en el caso del mexicano Clavigero o el chileno Molina, el sentido de una libertad americana distinta de la europea.

-Hubo un rechazo fuerte de la corrupción europea en aquel momento de fundación de los Estados Unidos y las repúblicas hispanoamericanas, pero aquella era, a fin de cuentas, una tradición del Nuevo Mundo. Ya en el siglo XVI había frailes españoles que «fueron a México huyendo del escándalo de la guerra entre príncipes cristianos y la corrupción de tantos hijos (consagrados y legos) de la Iglesia», querían edificar una sociedad inocente. Sin embargo, en las nuevas repúblicas hispanoamericanas aparecían tintas masónicas, litigios odiosos, divisiones prepotentes y lastres ya conocidos en Europa; reforzados todos por la leyenda negra y los estereotipos sobre el mundo hispánico habituales entre los angloparlantes.

 

-Europa y su historia imperial. ¿Es posible hacer una historia de Europa que no contemple la historia de los europeos acontecida en ultramar?

-No, en absoluto, se trata de una dimensión histórica importantísima, escondida porque estamos en un momento de auto-culpabilización. Culparnos a nosotros mismos también es deformar la historia, Europa hizo enormes contribuciones a otras partes del mundo y cometió enormes atrocidades. Hay que tomar en cuenta los dos aspectos de la expansión europea. Siempre los humanos somos capaces de lo mejor y lo peor.

 

-Existen nacionalismos emergentes -el escocés en Gran Bretaña, el catalán o el vasco en España- que parecen querer obviar este aspecto imperial de su historia.

-Es algo absurdo. En el imperio británico, los escoceses mandaron en todos lados. El imperio español en América fue mucho más un imperio castellano, pero en el siglo XVIII catalanes y vascos fueron muy importantes, como en la Cuba del XIX.

 

-Hemos vivido demasiado tiempo con modelos deterministas prestados especialmente de las ciencias sociales, que prescinden de las personalidades. La nueva generación de historiadores está descubriendo, de nuevo, la importancia de las personas, su influencia en los acontecimientos. Es importantísimo, por ejemplo, que Washington o San Martín renunciaran al poder, lo que en cambio no hizo Bolívar. De ahí la trascendencia de ese factor humano, libre, personal e intransferible. MMVI.

 

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 PASAJES DE LA HISTORIA DE ESPAÑA-¡América!

 

Por Fernando Díaz Villanueva

 

En 1485 un genovés errante abandonaba Lisboa desasosegado y en secreto, acompañado de su hijo pequeño. Dejaba el reino vecino porque se había quedado viudo y, sobre todo, porque Juan II no había accedido a financiar su gran proyecto náutico. Algo nunca visto, revolucionario; un plan secreto que llevaría las carabelas portuguesas hasta el otro lado del mundo en un santiamén. Su nombre era Cristóbal Colón, era marino y estaba, sin saberlo, a punto de convertirse en el europeo más universal de la Historia.

 

Pero no adelantemos acontecimientos. En aquel momento de desventura Cristóbal era un trotamundos anónimo y se encontraba en la ruina más absoluta. Se dirigió a Palos, donde vivía su cuñada, para que se hiciese cargo del niño y, ya de paso, para entrevistarse con Antonio Marchena, un monje franciscano aficionado a la geografía que profesaba en el monasterio de La Rábida. Trabó contacto con el religioso y le expuso el plan con todo lujo de detalles. Marchena se convenció rápidamente de lo prometedor que era aquello y puso su nutrida agenda al servicio del marino.

 

Si hoy, para prosperar en la vida, hay que estar a buenas con los políticos, en el siglo XV había que estarlo con la Iglesia. Colón se percató de este detalle a la primera. El franciscano de La Rábida puso la máquina de recomendaciones a funcionar. Eso de recomendar no ha cambiado en cinco siglos. Pesa más una recomendación a tiempo que una vida de sacrificio y méritos. A la vuelta de dos cartas el genovés se encontró a solas con el confesor de la reina, otro fraile, Hernando de Talavera. Sus buenos oficios le abrieron las puertas de la Corte, que en aquel momento se encontraba en Sevilla. Ya se sabe: más vale ser oportuno que rondar un año.

 

El 20 de enero de 1486 Isabel y Fernando accedieron a escuchar lo que el oscuro marino venido de Portugal les ofrecía. La reina se mostró interesada y resolvió que la propuesta fuese estudiada a fondo por un comité de sabios. A finales de ese año, ya designados los miembros de la comisión, citaron a Colón en Salamanca para escudriñar el plan y sacarle los defectos pertinentes. No salió adelante. Los cosmógrafos y astrólogos reunidos concluyeron que, aunque no dudaban que Colón fuese un consumado lobo de mar, se había equivocado en los cálculos. El océano era mucho más ancho. Eso es lo que decían Eratóstenes, Ptolomeo y otros tantos genios de la Antigüedad. No iba a venir ahora un pelagatos a enmendarles la plana.

 

El dictamen fue remitido a los reyes, que llamaron de nuevo a Colón para comunicárselo. No iban a pagarle el capricho, pero le permitirían quedarse en Castilla, asistido por una pequeña subvención real. Así las cosas, rechazado en Portugal y en Castilla, Cristóbal se resignó a su aciago destino, pero sin renunciar a llevar adelante sus planes. Envió a su hermano a Londres para que tantease a Enrique VII, sin demasiada fortuna. El inglés no quiso saber nada. Si portugueses y españoles, verdaderos expertos en la materia, lo habían desechado no era por casualidad.

 

Los inquietos lusos, sin embargo, no terminaban de encontrar el deseado camino a la India, por lo que Juan II volvió a fijarse en Colón. Pero la antojadiza suerte del navegante italiano quiso que, justo ese año de 1488, Bartolomé Díaz regresase a Lisboa asegurando haber dado con el fin del calvario africano: el Cabo de Buena Esperanza, que ponía punto y final a siglo y pico de navegar sin descanso hacia el sur, siempre hacia el sur.

 

 

Los años pasaban y nadie se acordaba de Colón, que malvivía con lo puesto y con los cuatro reales que recibía de Isabel la Católica. Desilusionado y harto de la vida perra que llevaba, decidió largarse de España para ver si Francia, la única puerta que le quedaba por llamar, se animaba a patrocinar la expedición. Al enterarse los frailes de La Rábida de sus intenciones le suplicaron que pidiese una última audiencia a la reina, que a punto se encontraba de rematar la guerra de Granada y estaría más dispuesta a escucharle.

 

Así fue. A finales de 1491 Colón se presentó en la ciudad-campamento de Santa Fe. Isabel y Fernando le concedieron audiencia y nombraron una nueva comisión, aunque esta vez prescindieron de los sabios, que eran un incordio, y pusieron contables que arreglasen los pormenores económicos. El genovés, sorprendido por la determinación de los monarcas, pensó que lo mejor era aprovechar el momento y pidió todo lo que pudo. Estaba tan convencido de su descubrimiento que no consintió rebajar un maravedí del premio que ya casi tenía al alcance de sus dedos. Fernando se resistió y le dio puerta, pero, al poco de marcharse, mandó que le trajesen de nuevo a su presencia. Lo aceptaba todo, hasta la última exigencia. Si Colón regresaba ya habría tiempo de no cumplir lo pactado, que en eso el Católico se las pintaba solo.

 

Capitularon solemnemente en la misma Santa Fe. Cristóbal Colón, el buscavidas que llevaba siete años vagabundeando por Castilla, viviendo de prestado, y que se había ganado cierta fama de chiflado, sería en adelante Almirante de la Mar Océana, una merced del mismo rango que la de Almirante de Castilla. Además, pasaría a ser Virrey y Gobernador General de todo lo que descubriese, que, fuese lo que fuese, le haría un hombre riquísimo, porque se llevaría un diezmo de la mercadería "comprada, ganada, hallada o trocada dentro de los límites de su Almirantazgo". Un dineral, vamos.

 

Las capitulaciones se firmaron el 30 de abril de 1492. Colón cerró satisfecho su cartapacio, se ajustó el bombacho y salió de la sala con la cabeza bien alta, diciéndose a sí mismo: "Si ya lo sabía yo; el que la sigue la consigue".

 

Para evitar problemas, Isabel quería que la expedición partiese de un puerto real, cosa bastante difícil, pues Andalucía se encontraba enfeudada en su práctica totalidad. De los pocos que pertenecían a la Corona el más indicado era Palos, un puertecito cercano a Huelva casi tan familiar para Colón como su Génova natal. A los lugareños, sin embargo, la idea de embarcarse en una aventura de incierto futuro al mando de un pirado no les parecía demasiado halagüeña. Intervino entonces la Providencia, de la mano, una vez más, de Antonio Marchena, que presentó a Colón un acreditado marino onubense: Martín Alonso Pinzón. El genovés expuso su plan y Pinzón, que era tanto o más ambicioso que Colón, se apuntó de mil amores; y apuntó a su hermano Vicente como capitán del tercer barco.

 

 

A primeros de agosto estaba todo listo para zarpar. Habían reclutado a unos 90 marineros para la gran expedición hacia lo desconocido. La mayoría eran andaluces y vascos; también estaba el montañés Juan de la Cosa, armador de la nao capitana, el veedor real, que era de Segovia, y un judío converso que haría las veces de traductor cuando llegasen a la corte del Gran Khan. Hablaba "hebreo, caldeo y aun diz que arábigo". No es necesario precisar que el buen hombre ni se estrenó. Se embarcaron también un portugués y, cómo no, tres italianos; ubicua nacionalidad, ésta: no hay episodio de nuestra historia en que un natural de la Bota no esté enredado.

 

El 2 de agosto la flotilla se hizo a la mar. La componían tres naves; una nao, la Santa Maria, y dos carabelas, la Pinta y la Niña. La primera escala eran las Islas Canarias. Entre la Península y el archipiélago se extendía un ancho mar, conocido como el "de las Damas" porque era tan calmo y llevadero que hasta las señoras podían gobernar los barcos. Un cobarde resabio machista que hoy sería tan insolente que ya habrían prohibido su uso. Aguaron en La Gomera y no, como cabría pensar, en Tenerife. La Achinet de los guanches no estaba en aquel entonces conquistada. Le quedaba, no obstante, un mal suspiro. Ese mismo mes, Alonso de Lugo desembarcó en La Palma para lanzarse sobre su vecina. Le costaría tres años rendirla, bastantes más que a Colón cruzar el Atlántico y volver.

 

Se cuenta que, durante el mes que pasó la flota colombina en La Gomera, su almirante, que dejaba novia formal en España, encontró tiempo para un amorío. Si es que de los marinos nadie puede fiarse. Se trataba de Beatriz de Peraza, gobernadora de la isla, una mujerona casquivana y revoltosa que Isabel había alejado de Castilla porque sospechaba que se entendía con su marido. Y la reina era católica, sí, pero tan celosa y desconfiada como lo sería su hija Juana, la que de celos se volvió loca.

 

El 6 de septiembre largaron velas, bordearon la isla del Hierro, despidiéndose, ya de paso, del último confín conocido, y descendieron hasta el paralelo 27. Aquí comenzaba la odisea. Sobre el mapa parecía fácil, pero ¿cómo se cruzaba el Atlántico? No había costas que sirviesen como guía, ni islas que marcasen la derrota. Más allá de ese punto, de la enigmática isla que hoy marca el extremo meridional de España, no había nada seguro, sólo océano, cielo azul y un insondable misterio, que se atornilló en forma de congoja en las gargantas de los marineros.

 

 

Los portugueses habían descubierto una corriente que soplaba durante todo el año en dirección a Poniente, una suerte de autopista de viento que esperaba a que alguien con suficientes arrestos la tomase. Eso hizo Colón: enfiló con decisión sus tres barquitos por ese bien venteado pasillo. Noventa hombres sin afeitar y con las ropas ajironadas estaban cruzando una sima abisal que se había formado millones de años atrás, separando irremediablemente los seres vivos de ambas orillas. La curiosidad, la perseverancia y, por qué no, la codicia de los europeos lo habían hecho posible; la testarudez de un simple hombre lo estaba convirtiendo en realidad.

 

Durante todo septiembre navegaron sin pausa, hasta que, a finales de mes, se encontraron con el Mar de los Sargazos, rodeados por un océano de repelentes algas que presagiaban entre la marinería una ineluctable catástrofe. Colón tranquilizó a la tripulación. Él sabía lo que se hacía, pero no era ajeno al miedo y las supersticiones de su tripulación. Llevaba doble contabilidad, una para sí mismo y otra para los pilotos de las tres naves. La suya era ligeramente mayor. Rebasadas las 750 leguas, cuando pensaba dar con Cipango, el nombre que Marco Polo había dado a Japón, empezó a escamarse. ¿Dónde estaba la tierra prometida?

 

Martín Alonso y el Almirante se reunieron para estudiar la derrota. El español propuso virar hacia el sur, pero Colón se negó: estaba persuadido de que se encontraba ya en aguas asiáticas y de que habían sobrepasado las costas de Cipango sin advertirlo, probablemente de noche.

 

La tripulación se impacientaba, y el 6 de octubre estalló un motín en la Santa María. Los marineros vascos exigían volver a Canarias. Martín Alonso hizo entrar en razón a los vizcaínos y le pasó la factura al Capitán: se viraría hacia el sur. Tres días después estalló un nuevo motín, esta vez en las tres naves. De nuevo el Pinzón terció, llegando a un comprometido acuerdo: si no avistaban tierra en tres días regresarían a casa.

 

El 11 de octubre Colón se retiró a su camarote angustiado: el siguiente sería el último día: o veían tierra o se acababa la aventura. Esa misma madrugada, en la espesura de la noche, el grumete de la Pinta, un sevillano llamado Juan Rodríguez Bermejo, infló sus pulmones y gritó: "¡Tierra!". Martín Alonso saltó del catre y oteó el oscuro horizonte en busca de la irregular línea parda que delata la presencia de la costa por las noches. Ahí estaba. Habían llegado al otro lado del mundo.

 

 

Por la mañana se acercaron cautelosamente a la costa, para no desgraciar las naves con algún arrecife traicionero. El Almirante se vistió para la ocasión, abordó un bote y se dirigió a la playa con la bandera real en la mano. Los Pinzones hicieron lo propio con los pendones de la Cruz Verde. Ya en tierra, se hizo llamar al escribano, Rodrigo de Escobedo, y al veedor real, Rodrigo Sánchez, para que tomasen buena nota del histórico momento. Él, Cristóbal Colón, Almirante de la Mar Océana, hacía dueños y señores de todo lo que abarcaban sus ojos a Isabel de Castilla y a Fernando de Aragón. Era 12 de octubre de 1492, y aunque Colón seguía empeñado en que había llegado a la India, se hallaba en una remota playa de un nuevo continente que no salía en los mapas: América.

 

Hechos los honores, prosiguió el viaje saltando de isla en isla, sin olvidarse de bautizarlas todas. A la que había contemplado su desembarco la llamó San Salvador, porque la tenue silueta de su costa había salvado por los pelos a su empresa de un estrepitoso fracaso. A las siguientes les fue poniendo nombres más o menos previsibles: Santa María, Fernandina, Isabela, Juana o La Española, que es donde terminó fundando el primer asentamiento europeo en América, el fuerte Navidad. A los aborígenes los llamó "indios" desde que puso sus ojos en el primero de ellos. A fin de cuentas, estaba en la India, o muy cerca, por lo que esos infelices que "andan todos desnudos como su madre los parió" y que eran "de la color de los canarios, ni negros ni blancos", tenían, por fuerza, que ser indios. Súbditos lejanos del Gran Khan, cuyos dominios presumía cercanos.

 

El 16 de enero, con un barco menos y un magro botín en la bodega, ordenó el regreso a España. Si llegar había sido difícil, ¿cómo volver? Colón lo sabía. Navegó hacia el norte unos cientos de leguas hasta que otra autopista de viento, los alisios septentrionales, hincharon sus velas en dirección a Europa. Por esas latitudes, sin embargo, el océano no es tan apacible como en los trópicos. Un mes después de abandonar La Española, un temporal sorprendió a las dos carabelas y las separó. Una, la de Martín Alonso Pinzón, iría a parar al puerto de Bayona, en Galicia. La otra, la del Almirante, a las Azores primero y a Lisboa después.

 

El 4 de marzo la Niña entraba, lenta y fatigosamente, en las aguas del Tajo. Era el fin del viaje. Otros habían llegado a América, pero ninguno había vuelto para contarlo.

 

Los Reyes Católicos recibieron a Colón un mes más tarde en Barcelona. Les ofrecía algo que ningún monarca de la Cristiandad estaba en disposición de poseer: un nuevo mundo. Inexplorado y exótico, tan virgen e inocente como los seis indios que le acompañaban.

 

El Almirante, colmado de parabienes, realizó tres viajes más. Meses después de regresar del último, en 1506, murió solo y olvidado en Valladolid, convencido de que había llegado a la India, de que la siguiente isla sería la definitiva. Para entonces el Caribe era ya un lago español, y los exploradores se aventuraban intrépidos en el continente.

 

En los albores del siglo XVI, los nombres de España y América habían quedado, para lo bueno y para lo malo, indisolublemente unidos.

 

2006-05-13 – Agradecemos al autor - www.diazvillanueva.com

 

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Quizá uno de los pocos acontecimientos políticos positivos para Occidente en aquella época fue la reunificación de los reinos peninsulares con los Reyes católicos y la conclusión de la Reconquista en España en 1492.

No resulta extraño que el Viejo Mundo, desgarrado en sus luchas internas y amenazado por su implacable enemigo islámico, deseara encontrarse a sí mismo. Intentó lograrlo cruzando los océanos, y lo hizo casi con ritmo febril. Durante el siglo XV se mejoró la cartografía, se perfeccionaron la brújula y el sextante, se pasó de la navegación de cabotaje a la de alta mar. De 1419, en que llegaron al archipiélago de Madeira, a 1487, en que Bartolomé Díaz dobló el cabo de Buena Esperanza, los portugueses marcharon en cabeza de ese esfuerzo exploratorio. A partir de 1492 y del descubrimiento de América, ese puesto fue ocupado por los españoles, y de él no se verían desalojados hasta, como mínimo, el siglo XVIII.

 

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Un genocidio ful (y una figura extraordinaria: Motolinia)

1998/05/26
es.charla.religion

N.  escribió:

> Miguel, en Latinoamérica se mataron entre 55 y 65 millones de indiosdurante el colonialismo (no me acuerdo de la fuente, pero podríabuscarla) español y portugués, ambos con la aprobación e inclusoparticipación de la Iglesia. Tiene gracia que se hable de explotaciónindígena después de la independencia de estos países. Por cierto, sicomparamos este número de asesinatos y la población de esa época con el
> de los asesinatos perpretados según el "Libro Negro del Comunismo" con lapoblación de la época en que se hicieron, no sabría decirte qué es más horrible.

Buen amigo, N.:
Tú no me das fuentes, pero yo sí que las voy a aportar. Y de primera mano.

Pierre CHAUNU, historiador francés protestante, bastante placeado, y que en la actualidad es catedrático emérito de La Sorbona:
 

La leyenda antihispánica en su versión norteamericana (la europea hacehincapié sobre todo en la Inquisición) ha desempeñado el saludable papelde válvula de escape. La pretendida matanza de los indios por parte delos españoles en el siglo XVI encubrió la matanza norteamericana de lafrontera Oeste, que tuvo lugar en el siglo XIX. La América protestantelogró librarse de este modo de su crimen lanzándolo de nuevo sobre la
América católica.
 

¿Te sientes a gusto en ese papel, N.? Pues te paso con otro ilustre historiador galo, Jean DUMONT:
 

Si, por desgracia, España (y Portugal) se hubiera pasado a la Reforma,se habría vuelto puritana y habría aplicado los mismos principios queAmérica del Norte ("lo dice la Biblia, el indio es un ser inferior, unhijo de Satanás"), un inmenso genocidio habría eliminado de América delSur a todos los pueblos indígenas. Hoy en día, al visitar las pocas ´reservas´ de México a Tierra del Fuego, los turistas harían fotos a lossupervivientes, testigos de la matanza racial, llevada a cabo ademássobre la base de motivaciones "bíblicas".
 

Todos esos asesinatos sólo están en tu mente. Son pura fabulación y pertenecen al acervo de iniquidades que, desde tiempo ha, baraja el discurso dominante para estrangular (con poco éxito, todo sea dicho) a la Iglesia y a un país que, con sus defectos, ha impregnado del mensaje de Cristo a todo un continente como el americano. Me refiero a España.

Qué duda cabe que se cometieron injusticias en la colonización de América. Y crímenes. También se perpetraron en la romanización y nadie en su sano juicio renegaría de esa herencia civilizadora y culta.  Pero nada de genocidios de medio pelo. Hoy todo el mundo sabe que el fallecimiento de la mitad de la población autóctona de América en los primeros años de la colonización del Nuevo Mundo se debió a causas microbianas y virales.

Ya hace algún tiempo que los expertos de la Universidad de Berkeley establecieron con detalle este proceso:  Un fenómeno comparable a la peste negra europea del siglo XIV, que vino de China y la India. Tuberculosis, pulmonía, gripe, sarampión y viruela, enfermedades desconocidas en el ecosistema americano y para cuyo freno los indios carecían de defensas inmunológicas. Muchos europeos, por su parte, sucumbieron también ante las fiebres tropicales.  El apasionado Bartolomé de las Casas, que no había oído hablar nunca de Pasteur, achacó la mortandad que produjeron los virus a la acción criminal de sus compatriotas. Recientemente, este contagio masivo y mortal se ha constatado entre las tribus secularmente aisladas de la Guayana francesa y de las regiones amazónicas del Brasil. Una curiosidad: al parecer, la costumbre de decir "¡Jesús!" tras el estornudo proviene de América. Los resfriados solían ser mortales entre los indígenas.

Un tratamiento original, científico y riguroso de este asunto lo ofrece en nuestra lengua el Prof. Dr. Francisco GUERRA en "La influenza, y no los españoles, acabó con los indios americanos" publicado en la revista El Médico, vol.32, n.159 (4-10 de octubre de 1985) y que también publicó el Consejo Superior de Investigaciones Científicas en 1988 (Misterio y Realidad, estudios sobre la enfermedad humana):
 

La población indígena americana sufrió un enorme desastre demográficotras el Descubrimiento del Nuevo Mundo en 1492. Se ha culpado de ello,sobre todo, a la viruela, pero esta enfermedad no fue introducida enSanto Domingo hasta 1518 y para entonces ya había pasado su población de1.100.000 en 1492 a apenas 10.000 en 1517. Es decir, en un cuarto desiglo había prácticamente desaparecido la población precolombina deaquella isla y las Antillas. (...) La gran mortalidad de los indios, ypreviamente de los españoles, se debe a una epidemia de influenza suinao gripe del cerdo.
 

También el prof. CÉSPEDES (Historia de América Latina, Tomo I. Alianza Editorial, 1988):
 

Los aborígenes americanos, por el hecho de haber vivido aislados,recibieron en muy pocos años el impacto combinado de todos los agentespatógenos difundidos por los buques europeos, sus cargamentos,tripulaciones y pasajeros.
 

[A mediados de 1995, el investigador de la Universidad Estatal de Nueva York Dean SNOW dio a conocer desde las páginas de la revista Science un estudio en el que afirma y fundamenta que no fueron los españoles los que introdujeron las grandes epidemias (en especial, escarlatina, tosferina, peste y viruela) que diezmaron las poblaciones indias de Norteamérica, dado que a su entender éstas enfermedades entraron 150 ó 200 años después de lo que se creía. Si el elemento clave para la introducción y el contagio de enfermedades se halla en la llegada de colonos con niños, los niños españoles , según Snow, no entraron en contacto con los indígenas que se hallaban fuera del área española. En el caso de los colonos franceses, ingleses y holandeses, esto se produjo bien entrado el siglo XVII, lo que invalida la cifra generalmente admitida de 18 millones de indígenas habitando Norteamérica (él la rebaja a apenas 2 millones), para los que ni siquiera había asentamientos suficientes. Las conclusiones del prof. Snow se basan en exhaustivos estudios hechos sobre la tribu Mohawk] 

 

Respecto a la pretendida bendición de crímenes o cooperación en ellos por parte de la Iglesia que evangelizó América, yo toda esta propaganda la contrarresto con ejemplos reales. Uno tras otro. El otro día le tocó a frayBernardino de Ruibeira, cuando B. aventaba la acusación de esclavismo. Ahora, ajústate los machos, Niebla, le toca a Fray Toribio de Benavente, alias Motolinia. Lo evoca maravillosamente donRamón Menéndez Pidal, frente a la inconsistencia evidente de la figura del padre Las Casas.

Motolinia llegó a Veracruz, con sus compañeros de la expedición franciscana llamada de losdoce apóstoles, en mayo de 1524. Emprendieron descalzos el camino hacia la ciudad de México (veinticinco ríos en sólo dos leguas, según describió el propio Fray Toribio una etapa de su itinerario). Los indios a su paso exclamaban admirados motolinia(pobrecitos), apodo que acabó adoptando Fray Toribio. Fueron recibidos por Cortés en Tenochtitlán, quien -considerado en México como un dios- se arrodilló ante los frailes.

Motolinia se dejó imbuir de cultura indígena, aprendió sus lenguas, trató de penetrar y comprender las costumbres. Ilustraba a los indios, les hablaba desde su mentalidad, organizaba poblados, redactaba catecismos. Les defendió valerosamente de la explotación de los encomenderos, pero no montaba numeritos. Usaba de un pragmatismo realista y a la vez cristiano que fundaba sobre su propio sacrificio. Compuso su Historia de las Indias de Nueva España, en que, junto a las denuncias de los abusos se recoge la generosidad y el pulcro proceder de muchos españoles; lamenta el atraso de los indios, pero valora a su vez su capacidad de aprender y la rapidez de su inteligencia. Ejecuta, en fin, una pintura realista, pero a la vez esperanzada de la epopeya española y de la gran aventura evangelizadora en América.

Miguel Ángel.
 

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Re: Un genocidio ful

1998/05/28

A. V. escribió:
 
> Miguel Ángel, sigues con tu técnica del "y tú mas" -que aplicas sin cesar cadavez que se sacan a colación los millones de muertos causados por la religión-.

¿¿¿¿¿Por la religión?????   A. V., tú deliras.

> Como de costumbre, te olvidas de las circunstancias históricas que marcaronlas diferencias entre ambos métodos de conquista, y que no se basabanen si España se hubiera unido a la Reforma -cosa inimaginable- o no.

Las circunstancias históricas en buena medida las hacen también los hombres. Y eso de inimaginable... ¿Por qué razón si no, les iba a caer a los hoy rehabilitados reyes Carlos I y Felipe II, en especial a este último, el secular mochuelo de intolerantes? Por su firme propósito de poner freno a los agentes propagadores de la marea reformista, que todo lo iba anegando.

> Se trata de que los anglosajones iban alli para vivir y tener su propiatierra, que rapidamente vallaban, vivir con su mujer -anglosajona también-y dedicarse a cultivar trigo o a la cria de oveja, con lo que los indios,directamente sobraban. Los españoles iban allí a sacar lo que pudieranpara llevarselo a la metrópoli y volver ellos a España si podían.

El fenómeno de los indianos, que parece que es al que tú aludes e bastante tardío en la historia de la colonización.

> Precisaban de mujeres, de trabajadores, etc., sin contar
> que el potencial demográfico de los españoles era mucho mejor.

Cualquiera diría leyéndote que los españoles tenían más prisa en llegar, besar el santo y largarse que el mismísimo Alejandro en sus conquistas asiáticas. La relación que haces no se parece en nada a la colonización española de América.

> Si tan buenos fueron los españoles, ¿por qué en
> Argentina y en Chile se cargaron a los indios?

¿Para qué te voy a refutar, A. V.? ¿para que luego hagas mutis por el foro?
Anda, no fabules y disfruta con la memorable jornada de
Pedro de Valdivia en Chile.  Por cierto ¿sabías la peripecia del asentamiento español de Real Felipe, situado en lo más inhóspito del estrecho de Magallanes?

Fundado en 1583 con finalidades estratégicas, sus pobladores no lo abandonaron ni siquiera después del apresamiento por los ingleses del alma de la expedición, el gran marino Pedro Sarmiento de Gamboa. Así, fueron muriendo uno por uno, cortados los suministros, de hambre y penurias. En 1587, un pirata inglés visitó el Real Felipe y lo bautizó como Ciudad del Hambre. Sólo uno de sus habitantes se embarcó con él. Los que aún quedaban, once hombres y tres mujeres, siguieron aguantando en su puesto hasta que no pudieron más y, tras enterrar sus escasas pertenencias, trataron de llegar al río de la Plata. Ninguno lo consiguió. Perecieron todos en el intento.

Gente así no va por la vida exterminando indios por placer. Un escritor y diplomático culto y progresista como Abel Posse, argentino por demás, definió perfectamente a los indómitos conquistadores españoles: "Una nueva estirpe de romanos".

Miguel Ángel.

 

1998/05/30

M.  escribió:

> Lo que de verdad me toca las pelotas de ti, Miguel, es tu verborreabarata cuando de hablar de monjes y misioneros se trata.Mira, santurrón; esos amigos tuyos monjes jesuitas, capuchinos, etc. Fuesendescalzos o con zapatillas de goma, fuesen a esclavizar (que lo hicieron) ocomo apostoles de la auténtica Verdad, en cualquiera de los casos fueron a
> donde no les llamaron. Fueron a lugares donde existian tradiciones,religiones, normas... CULTURA. Y las pisotearon, las destruyeron

¿Qué sabrás tú de esa cultura? Tú no te leíste de la colonización de América ni lo que decía el libro de Anaya de 6º de EGB, porque con la parte de las culturas precolombinas hiciste bolas y estuviste jodiendo al maestro cada vez que se volvía a escribir en la pizarra...

A ver si te enteras, espabilao, los pueblos de América Central estaban siendo pisoteados por el salvaje imperio azteca, cultivador de una religión sangrienta que se alimentaba de víctimas humanas cobradas a los enemigos e inmoladas a toscos y oscuros dioses. Las nuevas guerras eran emprendidas por la necesidad de más víctimas. En la época de la irrupción de los conquistadores llegaron a sacrificar hasta 80.000 jóvenes de una sola tacada en sus pirámides, que hacían las veces de altares.

A ver cómo, si no, por muy valerosos que fueran, un puñado de españoles (porque no se si sabrás que eran cuatro monos) iba a doblegar a un imperio guerrero y sangriento: pues con la ayuda inestimable de las naciones indias oprimidas.
Mira la cultureta de la que hablas:

AZTECAS:

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    • La ofrenda de corazones humanos debía ser ininterrumpida, los niños eran lanzados al abismo de Pantilán, las mujeres no vírgenes eran decapitadas, los hombres adultos, desollados vivos y rematados con flechas.

INCAS:

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    • Esclavizaron a los indios del sur (que resultaron ser voluntariosos colaboradores de los españoles también), a lo largo de la cordillera de los Andes .
    • Víctimas humanas estranguladas o degolladas y, aunque en menos ocasiones, se le arrancaba el corazón a la manera azteca.
    • Tenían prohibida la propiedad privada. No existía el dinero, ni el comercio.
    • Prohibida la iniciativa individual y sobre la vida privada recaía una dura reglamentación estatal.
    • Leyes eugenésicas para evitar la contaminación racial.

TODA LA AMÉRICA PRECOLOMBINA:

  •  
    • No se conocía el uso de la rueda.
    • No se conocía el uso del hierro.
    • No se sabía utilizar el caballo (que ya existía en América, ojo) y tampoco se servían de mulas ni asnos.

Imagínate en esas condiciones quién y de qué manera construía los palacios, templos, pirámides y demás.

> Esos "santos" han destruido el patrimonio cultural de etnias enteras

Menudo patrimonio. Patrimonio CULTUAL, NO CULTURAL. Aunque para ti habrá que decir kultural.

> Así que no me vengas ahora con buenas palabras de evangelización y ayuda
> a los indigenas, cuando lo que se hizo fue joderlos bien.

Jodidos iban ya (el que lo contaba...).

> Además ellos jamás pidieron ayuda a nadie.

En eso aciertas, más bien la prestaron: los oprimidos, a los españoles. Y de mil amores.

> Nota:  ¿Te has planteado tú cómo habrías actuado
> de estar en el pellejo de alguno de esos indios?

¿Has dicho "pellejo"?

AZTECAS:

  •  
    • Cuatro sacerdotes aferraban a la víctima y le arrojaban sobre la piedra de los sacrificios.
    • El Gran Sacerdote le clavaba el cuchillo debajo del pezón izquierdo, abría la caja torácica con las manos y depositaba el corazón palpitante en una copa.
    • Los cuerpos eran arrojados por las escaleras de la pirámide.
    • Al pie esperaban otros sacerdotes que practicaban una incisión en cada cuerpo desde la nuca a los talones para arrancar la piel en una sola pieza.
    • Cada cuerpo DESPELLEJADO era cargado por un guerrero que se lo llevaba a su casa para disfrutar comiéndolo con familia y amigos.
    • Una vez curtidas las PIELES, con ellas se confeccionaban las vestimentas de los sacerdotes.

[En mayo de 1993, los arqueólogos del área de Tecoaque, en el Estado de Tlaxcala (México), hallaron una ofrenda con catorce cráneos: doce de españoles, depositados en un brasero y los restantes, apartados, pues correspondían a nativos considerados traidores. Todos presentaban trepanación parietal, lo que indica que fueron sacrificados en honor a Ehécatl, dios del viento, con motivo del triunfo de los acolhuas sobre las tropas españolas a principios de 1521. Un año después del hallazgo, ya durante la cuarta fase del proyecto Tecoaque, se descubrieron restos óseos correspondientes a tres caballos y un jaguar, a escasos 50 m. del templo circular donde se encontraron los cráneos, y ocultos, debido a que, al parecer, los acolhuas quisieron esconder a Cortés lo sucedido con los hombres de Mendoza y Pánfilo Narváez. La Tercera Carta de Relación de Hernán Cortés a Carlos V ya dejaba constancia de estos hechos y de los escabrosos detalles de la ofrenda a Ehécatl, dios del viento (extracción del corazón, decapitación, separación de la piel y cocción posterior de los cráneos, exhibición en hilera de cráneos o "tzompantli", ingestión de la carne del cuerpo por parte de los guerreros y ofrenda de las pieles de los caballos en los templos de Texcoco), que el hallazgo confirma punto por punto]

Miguel Ángel. 
 
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Miguel Ángel García Olmo

  

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Sigue vigente el principio de que sólo delinquen y son responsables criminalmente las personas físicas. Ningún delincuente puede manchar otro honor que no sea el propio.

Hay quienes piensan que la democracia entraña el triunfo de la bondad moral y que, en ella, todos los ciudadanos, o la mayoría de ellos, son justos y benéficos. Es falso. La democracia no cancela la brutalidad ni suprime la barbarie. Por el contrario, nace más bien de la constatación de la existencia del mal. Precisamente por ello instaura los principios de la transparencia y de la libertad de expresión, y los mecanismos de limitación del poder, al que sitúa bajo permanente sospecha. Si la barbarie no fuera posible, acaso cupiera prescindir de los gobiernos y de la fuerza legítima del Derecho. Pero no es así. Si no lo es nunca, perfecta ocasión para la extensión del odio y la barbarie. Lo democracia no imposibilita la existencia de Caín; sólo impide, y no siempre, su impunidad.

 

 

Dr. Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA. 2004.05. ESPAÑA.

 

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Los análisis genéticos autentifican que los huesos

de Cristóbal Colón reposan en la Catedral de Sevilla

 

José Antonio Lorente, director del Laboratorio de Identificación Genética de la Universidad de Granada, se centra ahora en esclarecer el origen del Almirante

 

JESÚS GARCÍA CALERO

MADRID. En el quinto centenario de la muerte de Cristóbal Colón, la investigación de su ADN realizada por el equipo del eminente genetista José Antonio Lorente, sigue su curso. A falta del último y fundamental estudio genético de los orígenes del almirante, Lorente ha dado cuenta -en una conferencia pronunciada en la Fundación Juan March- de los últimos avances en su investigación, que arrojan una nueva y llamativa conclusión. Aunque en 2004 ya se había apuntado que la comparación de los restos de Cristóbal y Diego Colón mostraba compatibilidad con su condición de hermanos, al profundizar en este estudio del ADN mitocondrial, un material que todos heredamos de nuestra madre, esa primera impresión se ha consolidado.

«En los fragmentos de ADN mitocondrial de Diego Colón que hemos podido analizar -en una región que se denomina HV1 y en otra región de referencia que se denomina HV2-, hay una identidad absoluta, lo cual es propio de una relación maternofilial, es decir de dos hermanos», afirmó Lorente en dicha conferencia.

Los datos antropológicos de los restos de Sevilla, donde no hay un esqueleto completo, apuntaban ya a que podrían pertenecer a Cristóbal Colón. Pero ahora, las investigaciones del ADN mitocondrial certifican esa hipótesis que autentifica los huesos de Colón conservados en Sevilla. Los análisis completados a día de hoy en las regiones HV1 y HV2, que son lugares estándar en estos casos, no dejan mucho lugar a dudas.

De ese modo se expresó Lorente en la conferencia de la Fundación March: «La conclusión que tenemos en este momento es que lo que hay en Sevilla es [de] Cristóbal Colón. Ahora bien, como no está el esqueleto completo, hay una gran parte de sus restos en algún otro lugar, posiblemente la República Dominicana. Si se pudiese hacer el estudio científico, podríamos corroborar que lo que hay allí es también [de] Cristóbal Colón; o lo contrario, de ahí las dudas». La República Dominicana ha autorizado en dos ocasiones, y suspendido después, esta investigación.

El rompecabezas de las fuentes

Pero el equipo de Lorente trabaja ahora en esclarecer los orígenes del almirante, con el fin de discriminar con pruebas científicas la validez de las teorías hasta ahora puestas en liza por los historiadores. Para ello, tanto en Baleares como en Cataluña se están recogiendo muestras de ADN, lo mismo que en Génova, uno de los orígenes colombinos con más defensores en la historiografía. En este caso no se trata de ADN mitocondrial, sino del cromosoma Y que se transmite de padres a hijos (se han recogido muestras de Colón y de su hijo y se contrastarán incluso con muestras del Príncipe de Viana).

En concreto, en Génova se investiga la familia Colombo, según explicó Lorente. Por su parte, Marcial Castro, colaborador del genetista afirma que estas investigaciones pueden dar resultados rápidos siempre que el apellido Colombo venga de un sólo tronco, pero también pueden dar como resultado un caos imposible de ordenar si se da el caso contrario. En definitiva, recuerda Marcial Castro, en el caso de los Colombo, tendríamos un rompecabezas con el que habría que encajar el análisis de ADN, las edades de fallecimiento de cada personaje de la familia y los estudios antropológicos realizados en 1959, 1960 y 2003 a ambas orillas del Atlántico. Todo queda pendiente de cómo se resuelva la investigación de José Antonio Lorente. Tal vez en pocos meses, o tal vez en muchos años (Lorente no quiere apresurarse y prefiere llegar a conclusiones firmes).

Finalmente, si ninguna de las investigaciones en curso arrojase resultados, habría que seguir con los Colonne, otra genealogía genovesa defendida con pasión por Alfonso Enseñat de Villalonga desde sus estudios en los archivos genoveses, como bien saben los lectores de ABC.

ABC.CULURA- 2006-03-25-Esp.

 

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Del mal menor al bien posible

 

La doctrina moral sobre el mal menor afirma que el acto moral más plausible es elegir el mal menor entre varios males existentes, siendo que la elección es necesaria y obligatoria. No existe alternativa. Sin embargo, los mal llamados "posibilistas" han utilizado la doctrina del mal menor para evitar arriesgar su decisión por el bien posible. Porque el Bien existe, ¿saben?

De esta forma, cuando la elección del bien es posible, es moralmente obligatorio apostar por él. Aunque cueste esfuerzo, dinero, imagen, o incluso peso electoral. Conformarnos con el "mal menor" no sólo es un ejercicio de mediocridad, sino que termina dejando el corazón insatisfecho. Porque el corazón del hombre está hecho para el Bien, como sabiamente sentenciaba San Agustín.

 

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P: ¿De verdad nos quiere hacer creer que el anticlericalismo surge por generación espontánea?¿No tendrá algo que ver la Inquisición, las matanzas de indígenas americanos, la obligación a aceptar sus creencias o lo que le hicieron a científicos como Kepler o Galileo?

 

R: Yo no creo que nada surja por generación espontánea. Ahora bien, los indígenas americanos fueron defendidos por cristianos y no por una izquierda que no existía y la Inquisición - a la que he dedicado alguna novela - a pesar de que me repugna profundamente fue una excursión de jesuitinas comparada con las matanzas perpetradas por la Revolución francesa en la Vendée, las realizadas por Lenin y sus acólitos en Rusia o las del Frente Popular en España. El anticlericalismo fundamentalmente nace del odio a un adversario al que se desea aniquilar y para ello se recurre a mentiras como las de decir que daban caramelos envenenados a los niños, que envenenaban las fuentes o que disparaban desde los conventos. A fin de cuentas es una muestra más del espíritu ilustrado de la izquierda...

 

P: Siendo el comunismo algo tan despreciable y que ha causado tanto mal en el mundo, ¿cuál es la causa para que socialmente no sea tan despreciable como el nazismo? ¿por qué no se declaran en ningún país ilegales a los partidos comunistas como sí sucede con los de tendencia nazi?

 

R: 1. La batalla de la propaganda siempre la han llevado muy bien los comunistas. La prueba es que asesinando decenas de millones más que los nazis aún tienen su público. 2. En algunos países ha sucedido así, como en la antigua Alemania federal. 2004.

 

P: Sus trabajos históricos me parecen muy interesantes pero, ¿cómo es posible que una persona tan rigurosa con la historia y con las fuentes como usted siga creyendo en la religión tal como se describe en la Biblia? ¡Pero si no hay más que ver las continuas contradicciones que aparecen en el Nuevo Testamento para concluir que es una manipulación! Y qué decir del Antiguo Testamento...

 

R: Pues a lo mejor precisamente porque soy riguroso no veo contradicciones en el Nuevo Testamento. En realidad, me pasa como le pasó a Ramsay en su día, que cuanta más historia iba aprendiendo más cuenta me daba de lo sólido históricamente que era el Nuevo Testamento.

DR. (en historia, filosofía, teología) CESAR VIDAL es abogado. 2004-07-13,España.

 

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De unos años a esta parte, se contempla sin escándalo, incluso con un cierto regocijo, la falsificación del pasado. El nacionalismo rampante inició esta labor mistificadora; la corrección política, que es el cáncer de las sociedades débiles, se suma ahora con alborozo al desbarajuste, aprovechándose de la confusión y la ignorancia imperantes. Pero quien falsea el pasado está adulterando el presente. Sin duda, nuestra Historia alberga muchos episodios que, vistos a la luz contemporánea, no promueven precisamente el orgullo, pero forman parte del barro del que estamos hechos. En la remoción de esos moros decapitados del escudo de Aragón, que conmemoran la toma de Huesca, se adivina, más allá del melindre oportunista, un intento de vaciar de contenido la Historia. Aunque muchos prefieran silenciarlo, Aragón -como Castilla- se forjó en el designio de ser un reino cristiano, y no musulmán. Y la Reconquista, con sus batallas contra el moro, fue el aglutinante de un deseo colectivo que a la larga acabaría fundando una idea llamada España. Quizá en la ocurrencia en apariencia banal de limpiar de moros decapitados un escudo heráldico subyazca cierta vergüenza de ser españoles. 2004-10-23

 

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«El más popular de todos los seres es Dios. El pobre lo llama, el moribundo lo invoca, el pecador le teme, el hombre bueno le bendice. No hay lugar, momento, circunstancia, sentimiento, en que Dios no se halle y sea nombrado. La cólera cree no haber alcanzado su expresión suprema, sino después de haber maldecido este Nombre adorable; y la blasfemia es asimismo el homenaje de una fe que se rebela al olvidarse de sí misma. »
Henri Lacordaire - Fraile dominico francés

 

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"Las sectas protestantes dicen que solamente la Biblia es fuente de revelación. ¿Podrían ustedes con la sola Biblia dar el capítulo y versículo donde se afirma que S. Mateo, S. Marcos, S. Lucas y S. Juan son los autores de los Evangelios que llevan su nombre y certificarlo de forma apodíctica, sin tener que recurrir a la Tradición de la Iglesia Católica?. Esto es sumamente importante, ya que más del 90 % de lo que sabemos acerca de Jesús, es en estos cuatro (4) sagrados documentos del origen del cristianismo y siguiendo vuestra tesis-, no encontrando en la Biblia tal afirmación, no son dignos de considerarlos Palabra Divina con todas sus consecuencias." ¿Hay algún protestante que pueda responder a esta pregunta?

 

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Vivir en consonancia con la propia verdad: siempre. Juan Pablo II – Magno

 

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El irracionalismo actual no es otra cosa que el desarrollo de la irracionalidad que lleva en sus entrañas todo racionalismo. El irracionalismo no es la simple irracionalidad, sino la tesis de que en el saber todo da lo mismo. ¡He aquí las sectas!

 

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"Erit enim tempus cum sanam doctrinam non sustinebunt sed ad sua desideria coacervabunt sibi magistros prurientes auribus, et a veritate quidem auditum avertent ad fabulas autem convertentur" (2 ad Thimoteum 4, 3-4).

 

"Pues vendrá un tiempo en que no soportarán la sana doctrina, sino que de acuerdo con sus pasiones se rodearán de maestros que halaguen sus oídos, y apartarán, por una parte, el oído de la verdad, mientras que, por otra, se volverán a los mitos". San Pablo que, con otros apóstoles siendo Iglesia Católica, también escribieron la Biblia.

 

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Él está en la barca; Él nunca se ha ido, ni se va,

ni se irá de la barca de su Iglesia 

  

La Iglesia primitiva, en el siglo II, tomó tres decisiones:  ante todo establecer el canon, subrayando así la soberanía de la Palabra y explicando que no sólo el Antiguo Testamento es "hai grafai", sino que, juntamente con él, el Nuevo Testamento constituye una sola Escritura y de este modo es para nosotros nuestro verdadero soberano. Pero, al mismo tiempo, la Iglesia formuló la sucesión apostólica, el ministerio episcopal, consciente de que la Palabra y el testigo van juntos, es decir, que la Palabra está viva y presente sólo gracias al testigo y, por decirlo así, recibe de él su interpretación, y que recíprocamente el testigo sólo es tal si da testimonio de la Palabra. Y, por último, la Iglesia añadió un tercer elemento:  la "regula fidei", como clave de interpretación.

 

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«La Iglesia, por una tradición apostólica, que trae su origen del mismo día de la Resurrección de Cristo, celebra el misterio pascual cada ocho días, en el día que es llamado con razón "día del Señor" o domingo. En este día los fieles deben reunirse a fin de que, escuchando la palabra de Dios y participando en la Eucaristía, recuerden la Pasión, la Resurrección y la gloria del Señor Jesús y den gracias a Dios, que los “hizo renacer a la viva esperanza por la Resurrección de Jesucristo de entre los muertos" (I Pe, 1,3). Por esto el domingo es la fiesta primordial, que debe presentarse e inculcarse a la piedad de los fieles, de modo que sea también día de alegría y de liberación del trabajo. No se le antepongan otras solemnidades, a no ser que sean de veras de suma importancia, puesto que el domingo es el fundamento y el núcleo de todo el año litúrgico».

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Santa Teresa del Niño Jesús (1873-1897) carmelita descalza, doctora de la Iglesia - Manuscrito B, 4rº

 

El buen uso de las riquezas -     ¡Oh Jesús! Sé que el amor sólo con amor se paga. Por eso, he buscado, he hallado el modo de desahogar mi corazón devolviéndote amor por amor. “Emplead las riquezas que hacen al hombre injusto en granjearos amigos que os reciban en las moradas eternas.”(Lc 16,9) Este es, Señor, el consejo que das a tus discípulos después de haberles dicho que “los hijos de las tinieblas son más sagaces en sus negocios que los hijos de la luz..”.  
      Hija de la luz, comprendí que mis deseos de serlo todo, de abrazar todas las vocaciones, eran las riquezas que podrían hacerme injusta. Por eso las he empleado en granjearme amigos...
      Acordándome de la súplica de Eliseo a su Padre Elías, cuando se atrevió a pedirle su doble espíritu, me presenté ante los ángeles y los santos, y les dije: “Soy la más pequeña de las criaturas. Conozco mi miseria y mi debilidad. Pero sé también cuánto gustan los corazones nobles y generosos de hacer el bien. Os suplico, pues, oh, bienaventurados moradores del cielo, os suplico que me adoptéis por hija. Sólo vuestra será la gloria que me hagáis adquirir, pero dignaos escuchar mi súplica. Es temeraria, lo sé; sin embargo, me atrevo a pediros que me obtengáis: vuestro doble amor.

 

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En el siglo XVI, mientras los colonos franceses e ingleses intentaban comprar pieles a los indios norteamericanos, en América-hispánica se edificaban universidades: Santo Domingo (1538), San Marcos de LIma (1551), México (1551), La Plata (1552), Santiago de la Paz (1558), Santa Fe de Bogotá (1580), San Fulgencio de Quito (1586)... En el siglo XVII, una mexicana como sor Juana Inés de la Cruz o el obispo Palafox de Puebla tenían bibliotecas con más de 4.000 volúmenes. Gramáticas, evangelios y otros libros se editaban e imprimían en latín, español o lenguas indígenas y las órdenes religiosas se planteaban una y otra vez el aislar a los indígenas de los colonos, considerados un mal ejemplo que impedían la evangelización. Es la historia de un Nuevo Mundo que nace con imparable originalidad en el periodo llamado "del Imperio Hispánico" aunque otros prefieren la denominación, más exacta, de Monarquía Hispánica, de 1474 a 1700.

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

“¡Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!” (Sal 8, 2).-

Comentando la creación del hombre, ‘Gregorio De Nisa’ subraya que Dios, «el mejor de los artistas, forja nuestra naturaleza de manera que sea capaz del ejercicio de la realeza. A causa de la superioridad del alma, y gracias a la misma conformación del cuerpo, hace que el hombre sea realmente idóneo para desempeñar el poder regio» («De hominis opificio» 4: PG 44,136B).

 

¡Gloria al Jesucristo, base y fundamento de su Iglesia!

 

¡Buenaventura eres Tú, Oh María, Madre de mi Maestro!

 

“Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones” Biblia. Evangelio según San Lucas Cap.1º vs. 48. La Iglesia, hace XXI siglos fundada por Tu Hijo, te alaba, ¡Oh Madre plena de dicha y felicidad!

 

 

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Carta I de San Pablo a los Corintios 15,1-8. - Hermanos, les recuerdo la Buena Noticia que yo les he predicado, que ustedes han recibido y a la cual permanecen fieles. Por ella son salvados, si la conservan tal como yo se la anuncié; de lo contrario, habrán creído en vano. Les he trasmitido en primer lugar, lo que yo mismo recibí: Cristo murió por nuestros pecados, conforme a la Escritura. Fue sepultado y resucitó al tercer día, de acuerdo con la Escritura. Se apareció a Pedro y después a los Doce. Luego se apareció a más de quinientos hermanos al mismo tiempo, la mayor parte de los cuales vive aún, y algunos han muerto. Además, se apareció a Santiago y de nuevo a todos los Apóstoles. Por último, se me apareció también a mí, que soy como el fruto de un aborto.

 

Recomendamos vivamente:‘Filología e historia de los textos cristianos’.

Giovanni Maria Vian-Ediciones Cristiandad – MMVI.

 

Recomendamos: “INTRODUCCIÓN AL CRISTIANISMO”*, por Joseph RATZINGER, al día S. S. Benedicto XVI. ¿Qué es el cristianismo? Responder a esta pregunta constituye el objetivo fundamental de este libro. Para ello, nada mejor que centrarse en uno de sus textos fundamentales, el credo, en el que la comunidad cristiana ha sintetizado su fe y a través del cual la proclama cada vez que lo recita. Siendo un texto que se quedó fijado en los albores del cristianismo, se hace necesario, por una parte, entender bien qué se quiso decir y cuáles fueron el contexto y el trasfondo en los que nace. Pero, por otra parte, por ser expresión viva de la fe, ha de ser sometido a una constante reinterpretación, para que sus fórmulas sean inteligibles a los creyentes de cada momento histórico. El equilibrio entre la fidelidad a algo recibido en el seno de la Iglesia y la actualización de su contenido es una exigencia que atañe no sólo a la teología, sino a la vida de la fe de todo creyente. Joseph Ratzinger ha sabido responder a este reto, prestando especial atención a los problemas que la cultura moderna ha planteado a la fe. *Ed. SIGUEME.

Recomendamos: “DIOS Y EL MUNDO Joseph Ratzinger. Ed. Galaxia Gutemberg-

 

Recomendamos vivamente:

LEYENDAS NEGRAS DE LA IGLESIA. Autor Vittorio MESSORI – Editorial “PLANETA-TESTIMONIO” 10ª EDICIÓN – Óptimo libro para defenderse del cúmulo de opiniones arbitrarias, deformaciones sustanciales y auténticas mentiras que gravitan sobre todo en lo que concierne a la Iglesia.

 

Recomendamos vivamente: Cristóbal Colón y el descubrimiento de América

Autores: Florentino Perez-Embid / Charles Verlinden

Esta pequeña obra maestra es uno de los trabajos más certeros sobre la vida y personalidad de Colón, y sobre el descubrimiento de América. Ofrece un enfoque realista, preciso, completo y esclarecedor de todos esos importantes hechos históricos. Ejemplares en: Ediciones ‘RIALP’.


Promover la traducción católica de la Biblia a los diversos idiomas de los pueblos originarios, como un derecho de ellos a experimentar el amor del Padre que nos manifiesta su Palabra, en el propio idioma". 

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).