Tuesday 23 May 2017 | Actualizada : 2017-03-29
 
Inicio > Leyendas Negras > Mentir - 4º no darás falso testimonio; conmovedor testimonio sacerdotal

 

 

«No ceder a las dificultades que se oponen –también en la vida diaria-- a vivir el Evangelio sin concesiones requiere verdaderamente un empeño a veces heroico».

S. S. Juan Pablo II - 2004-08-29

 

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No darás falso testimonio ni mentirás

 

 

Recae sobre todos un deber imperioso de no manipular la realidad, más aun cuando están en juego, el honor, la vida y la muerte de los ciudadanos.

 

No darás falso testimonio ni mentirás

La diferencia entre la verdad y la mentira es en ocasiones tan sutil y delgada como el grueso de un cabello. Resulta obvio que no pocas mentiras saltan a la vista y que, más tarde o más temprano, dejan de manifiesto su carácter de tales y la mayor o menor bajeza moral del que las ha proferido. Sin embargo, al lado de esas rampantes faltas contra la verdad, el lenguaje escrito o hablado nos permite quebrantar este mandamiento de mil y una maneras. Con profunda tristeza hay que reconocer que algunas profesiones –como es el caso del periodismo– se prestan especialmente para incurrir en tamaño pecado. Semejante situación debería llevarnos a realizar un profundo examen de conciencia sobre nuestra acción en la sociedad.

 

La ocultación de la realidad por intereses económicos, empresariales, políticos, corporativos o personales es mentir. La exposición sesgada de la realidad provocando un mayor brillo de lo aparentemente positivo, o ennegreciendo de manera aún más acusada lo supuestamente negativo, es mentir. El silencio frente al mal, a la corrupción, a la inmoralidad o a la injusticia es mentir. El amoldamiento de la opinión o de la información de acuerdo con el beneficio propio es mentir. La promoción de personajes, instituciones o ideologías, no porque se crea en ellos, sino porque de semejante comportamiento pueden derivar prebendas o ventajas personales, es mentir. La práctica del rumor, de la habladuría, de la frivolidad, arrojando irresponsablemente –no digamos ya voluntariamente– lodo y tinieblas sobre la buena fama de alguien, es mentir. La invención o aliño de noticias, hallazgos, descubrimientos y revelaciones sensacionales, simplemente para aumentar la tirada o la audiencia, es mentir.

 
Todas y cada una de esas formas de mentir erosionan la confianza de la gente en los medios de comunicación, en los políticos, en las instituciones y en las fuerzas sociales. Todas y cada una de esas formas de mentir acaban entenebreciendo la conciencia y la profesionalidad de aquellos que las practican, hasta el punto de que no llegan a distinguir, al fin y a la postre, lo verdadero de lo falso. Todas y cada una de esas formas de mentir corroen la convivencia, creando un mundo donde la falsedad es moneda de prudente cambio, y donde cada ser humano acaba encerrado en la engañosa fortificación de su soledad. Pero además de dañinas, todas y cada una son inútiles. Bien lo advirtió Jesús cuando dijo: «Porque no hay nada encubierto, que no haya de ser descubierto; ni nada oculto que no termine por saberse» (Lucas 12, 2).

Don César Vidal – dr. en historia antigua, filosofía y teología. Licenciado en derecho.

ALFA Y OMEGA. 2003-06-15

 

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“Una tentación de la democracia es pretender que aquellas decisiones de un determinado parlamento se conviertan en fuente de verdad”

 

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TESTIMONIO EN EL PRIMER ENCUENTRO

INTERNACIONAL DE SACERDOTES

(Fátima – Portugal -  17-21 junio 1996)

 

María, queridos hermanos sacerdotes, se convierte en "el espejo" de nuestra misión sacerdotal, modelo de cómo vivir nuestra vida sacerdotal, aún en los momentos de dificultad, también cuando la sombra de la cruz, de la prueba, de la soledad se extiende a ella.

 

Bendigo al Señor que a mí, su pobre y débil ministro, me ha dado la gracia de permanecerle fiel durante una vida prácticamente marcada por las cadenas. Solo su gracia podía hacer esto.

Soy Albanés y todos Ustedes saben que mi país apenas ha salido de las tinieblas de una dictadura comunista entre las más crueles e insensatas, que ha dirigido todo el odio contra todo aquello que podía, en cualquier modo, hablar de Dios. Muchos de mis hermanos en el sacerdocio murieron mártires: a mi al contrario me ha tocado vivir. Me arrestaron en el 1947, después de un proceso falso e injusto: apenas había terminado mi formación. He vivido 17 años como prisionero y otros de trabajos forzados. Prácticamente he conocido la libertad a los 80 años, cuando en el 1989 he podido celebrar la primera misa en medio a la gente. Humanamente hablando fui depredado del derecho de vivir.

Pero hoy, recorriendo con mi pensamiento mi propia existencia, me doy cuenta de que la misma ha sido un milagro de la gracia de Dios y me sorprendo de haber podido soportar tanto sufrimiento, con una fuerza que no era la mía, conservando una serenidad que no podía tener otra fuente que el corazón de Dios.

Me han oprimido con toda clase de torturas: cuando me arrestaron la primera vez me hicieron permanecer 9 meses en un baño: me tenia que acurrucar por tierra encima de los excrementos endurecidos sin lograr jamás extenderme completamente, tan estrecho era el sitio. La Noche de Navidad de aquel primer mes, siempre en este lugar, me hicieron desvestir y me ataron con una cuerda a una viga, en modo tal que podía tocar el piso sólo con la punta de los pies. Hacia frío. Sentía el hielo que subía a lo largo de mi cuerpo: era como una muerte lenta. Cuando el hielo estaba para llegar al pecho grité como desesperado. Mis guardias corrieron, me golpearon y luego me tiraron al piso. Con mucha frecuencia me torturaban con la corriente eléctrica: me metían dos alambres a los oídos: era una cosa horrible, horrenda. Por un periodo usaban amarrarme las manos y los pies con alambres, extendido por tierra en un local oscuro lleno de grandes ratas que me pasaban por encima sin que yo pudiera hacer nada. Llevo todavía en mis puños las cicatrices de los alambres que se me enterraban en la carne. Vivía con la tortura de permanentes interrogatorios, que eran siempre acompañados de violencia física: recordaba entonces la violencia sufrida por Jesús cuando era interrogado delante del Sumo Sacerdote.

Una vez me colocaron delante un papel y un estilógrafo y me dijeron: "Escribe una confesión de tus crímenes y si eres sincero podríamos hasta mandarte a casan. Para evitar golpes y bastonazos empecé a llenar alguna página con los nombres de los muertos o de los fusilados con los cuales nunca tuve nada que ver. Al final agregué: "Todo lo que he escrito no es verdadero, pero lo he escrito porque me obligaron. El oficial empezó la lectura con una sonrisa de satisfacción, seguro de haber logrado su objetivo, pero cuando leyó los últimos renglones, me golpeó y blasfemando invitó los policías a llevarme fuera gritando: "Sabemos como hacer hablar esta carroña".

Cuando me hicieron salir de la prisión he tenido que trabajar como agricultor en una Hacienda del Estado: me pusieron a trabajar en la recuperación de los pantanos.. Era un trabajo fatigoso y con la poca alimentación que teníamos se nos reducía a gusanos humanos: cuando uno de nosotros caía le dejaban morir en los pantanos. Pero en aquel periodo lograba decir la misa, aunque de manera clandestina, solo desde el ofertorio hasta la comunión. Lograba procurarme un poco de vino y de hostias: pero no podía confiar en ninguno porque si me descubrían me habrían fusilado. Permanecí así con este trabajo por un periodo de once años.

El 30 de abril de 1979 me arrestaron por la segunda vez, me llevaron a Scurati y me requisaron. No tenia más que el Rosario, un cortaplumas y el reloj. Después de la requisa abrieron una puerta y me tiraron dentro, a una celda. Sabia que me estaba dirigiendo hacia un nuevo calvario. Pero fué precisamente en aquella ocasión en la que tuve una experiencia extraordinaria, que me recuerda en cualquier modo la "transfiguración" de Jesús, en la cual El tomó la fuerza mientras se daba inicio a su sufrimiento. El subió a la montaña, yo me sentía al inicio como sepultado en lo profundo de la tierra. Pero al improviso la desconsolación cedió el puesto a una extraordinaria experiencia del Señor. Era como si El estuviera allí presente, de frente a mi, y yo le pudiera hablar. Fue determinante para mi aquel momento porque iniciaron con las torturas y con un nuevo proceso. El 6 de noviembre de 1979 me condenaron a muerte por fusilación. La acusa: sabotaje, propaganda antigobernativa.... Pero, dos días después, la pena de muerte fue conmutada en 25 años de prisión.

Así ha transcurrido mi vida. Pero jamás he albergado en mi corazón, sentimientos de odio. Encontrando un día, después de la amnistía, a uno de mis torturadores sentí el impulso interior de saludarlo y lo besé. La formación de la Compañía me había acostumbrado a la idea de que la fidelidad a Jesús es lo más importante en la vida del Jesuita y que esa algunas veces debe pagarse a caro precio. También a precio de la misma vida.

Pero hoy, contemplando la gloria de María en el cielo, y pensando que también a nosotros se nos ofrece esta gloria futura con Dios, no puedo hacer otra cosa que dirigirme a vosotros, queridos hermanos sacerdotes, con las palabras de San Pablo: "Porque estimo que los sufrimientos del mundo presente no son comparables con la gloria que ha de manifestarse en nosotros" (Roma. 8,18). Contemplamos la gloria de María en el cielo, permanecemos fieles, en pie, con fuerza y dignidad cerca de la cruz de Jesús, sin importarnos el modo en que esa cruz se presente en nuestra vida. Nosotros somos personas que nos entregamos al amor de Cristo. Quién nos podrá separar de este amor?. Este es el verdadero mensaje de mi experiencia de vida: en todos los momentos de sufrimiento y de dificultad "nosotros salimos vencedores gracias a aquel que nos amó" (Rom. 8,37).

Virgen María, Reina de los Ángeles y de los Santos, Reina de los mártires, conocidos y desconocidos, ruega por nosotros, fortalécenos y permítenos llegar a Ti, en la plenitud de la vida y de la gloria que Jesús nos ha prometido. Amén.

Marie, mes très chers frères prêtres, devient «le miroir» de notre mission sacerdotale, modèle pour la façon de vivre notre vie, y compris quand l´ombre de la croix, de l´épreuve, de la solitude, s´étend sur elle.

 

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1. Significación y uso de la palabra «católico»

a) La palabra «católico», compuesta de las griegas kato y holon significa general, universal, total (lat. secundum totum: San Agustín). En el griego clásico los filósofos llamaban katholikon a una proposición universal. También los universales se llamaron katholika. Los dioses astrales sirios fueron llamados katholikoi (véase H. de Lubac, Katholizismus, 44).

 

Ignacio de Antioquía fue el primero que usó la palabra katholikos para la Iglesia de Cristo (Carta a los Esmirnotas 8, 2). Dice: «Donde está Jesucristo, está la Iglesia católica.» La palabra significa, evidentemente, en este texto lo mismo que universal. En el mismo sentido es usada tres veces en el Martirio de San Policarpo (Introducción; 8, 1; 19, 2). En este escrito aparece una vez en el sentido de la Iglesia que cree rectamente (16, 2). Desde fines del siglo ii la palabra aparece con las dos significaciones. Desde el siglo iii es usada también como nombre propio a modo de sustantivo. Este uso parece haber sido normal hasta el siglo vri. Incluso en Bernardo de Claraval es llamada a veces la Iglesia de Cristo la Católica sin más (Explicación del Cantar de los Cantares 64, 8; PL 183, 1068).

 

b) La palabra implica varias significaciones. Se puede distinguir una catolicidad externa y otra interna. La catolicidad externa se refiere tanto al espacio como al tiempo. Respecto al espacio quiere decir que la Iglesia de Cristo está destinada a todo el mundo, a todos los pueblos y a todos los hombres de todos los tiempos. Por tanto, la catolicidad externa se puede llamar también personal (que afecta a las personas que pertenecen a la Iglesia). La interna se refiere a la plenitud de la verdad y de los bienes de salvación. Se la puede llamar también salvífico-ontológica..

 

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La democracia permite, ciertamente, la expresión del embuste, y los embaucadores utilizando la Biblia, siempre gritando, comercializando, siempre intimidando, han llenado –sobretodo América- de su basura. Pero una cosa es el derecho a la mentira, inevitable dada la naturaleza humana, y que no deja de convertirse en camino a la difícil verdad si encuentra la crítica y la aclaración correspondientes; y otra cosa muy distinta, que lo único que permita la democracia sea precisamente la mentira, como quieren cada día más radicalizados tantos falsos pastores, prevaliéndose de la inexperiencia o candor del engañado.

 

"Las sectas protestantes dicen que solamente la Biblia es fuente de revelación. ¿Podrían ustedes con la sola Biblia dar el capítulo y versículo donde se afirma que S. Mateo, S. Marcos, S. Lucas y S. Juan son los autores de los Evangelios que llevan su nombre y certificarlo de forma apodíctica, sin tener que recurrir a la Tradición de la Iglesia Católica?. Esto es sumamente importante, ya que más del 90 % de lo que sabemos acerca de Jesús, es en estos cuatro (4) sagrados documentos del origen del cristianismo y siguiendo vuestra tesis-, no encontrando en la Biblia tal afirmación, no son dignos de considerarlos Palabra Divina con todas sus consecuencias." ¿Hay algún protestante que pueda responder a esta pregunta?

 

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"El informador religioso debe ser un servidor de la verdad, de la libertad, de la comunión, un hombre de diálogo; puede comprender tanto, justificar poco y nunca  pacta con la mentira".

 

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 ... Toda indignación, toda impaciencia, toda grandeza contraria a la suavidad del Dios de la paciencia y de la consolación, es un rigor fariseo. No temáis al punto de caer en el relajamiento imitando a Dios, en quien “la misericordia se eleva por encima del juicio” (Jc3, 13). Fenelón (1651- 1715), arzobispo de Cambrai

 

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‘Una de las primeras y más nobles funciones de las cosas pocas serias es de tirar una sombra de desconfianza sobre las cosas muy serias’ Chesterton.

 

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Iglesia y Estado - No se puede acusar a la Iglesia de invadir la esfera pública. El cardenal Newman escribió: «El mundo se contenta con caminar sobre la superficie de las cosas, mientras que la Iglesia busca regenerar la profundidad misma del corazón». Por eso, la Iglesia reivindica la libertad de expresar su juicio moral sobre las realidades humanas, porque su misión las abraza a todas. Si por influencia se entiende el hecho de que el magisterio de la Iglesia entra profundamente en el mismo vivir del hombre, entonces sí: la Iglesia debe estar presente. Y se trata de un bien, ya que Occidente se enfrenta a un peligro que no había conocido hasta ahora: la posibilidad de redefinir los contenidos esenciales de la misma naturaleza humana, defendiendo incluso que no existe ninguna verdad sobre el bien del hombre que no sea producto del consenso social. Pensar que debe existir una separación entre religión y vida pública, encerrando la fe en la conciencia privada de los creyentes, no es más que un residuo del pasado.
Se sostiene que, en la esfera privada, cada uno puede hacer lo que quiera, mientras que en la esfera pública valen sólo las reglas basadas en principios de justicia formal y procedimental. No estoy de acuerdo; la comunidad civil y política no se sustenta sólo en normas racionales obtenidas por consenso, sino también –y sobre todo– por una concepción compartida de una vida nueva. Negar esto es una prueba de ingenuidad. No creo que haya una sola persona que atribuya al bien humano una relevancia puramente subjetiva; existe un universo de valores morales que precede a las normas públicas. El progreso en el bien común sólo es alcanzable a través de la confrontación entre argumentos, que es algo serio si todos –la Iglesia incluida– pueden participar, y si existe la certeza de que existe una verdad acerca del bien común. Si, en lugar de esto, la condición suficiente para determinar las normas de la sociedad fuese sólo el consenso, el diálogo se convertiría en voluntad de imponer el propio punto de vista.

+ Carlo Caffarra - arzobispo de Bolonia, ITALIA. MMV. XII en una entrevista.

 

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Los frutos del Espíritu son perfecciones que forma en nosotros el Espíritu Santo como primicias de la gloria eterna. La tradición de la Iglesia enumera doce: ‘caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia, castidad’ (Ga 5,22-23, vg.).

 

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No existe la libertad absoluta; además, la libertad no es un instrumento para usarlo contra los demás, sino para favorecer a los demás y para crecer.
La prensa necesita comprender que el espacio disponible para ejercitar la libertad está limitado por el respeto a los demás, no sólo como personas, sino también a sus creencias y a su fe. El derecho a la libertad de pensamiento y expresión «no puede implicar el derecho a ofender el sentimiento religioso de los creyentes». Pero igualmente deplorables, son las reacciones violentas de protesta: «La intolerancia real o verbal, no importa de donde venga, sea como acción o como reacción, siempre es una grave amenaza a la paz».

 

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Evangelio de Ntro. Señor Jesucristo según S.Mateo

(20,1-16) XXV del tiempo ordinario (año A)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: «El Reino de los Cielos es semejante a un propietario que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña. [...] Pero el propietario contestó a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No te ajustaste conmigo en un denario? Pues toma lo tuyo y vete. Por mi parte, quiero dar a este último lo mismo que a ti. ¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O vas a ser envidioso porque yo soy bueno? Así, los últimos será primeros y los primeros, últimos”».

Id a mi viña

La parábola de los obreros enviados a trabajar en la viña en horas diferentes, que reciben todos, la misma paga de un denario, ha plantado siempre problemas a los lectores del Evangelio. ¿Es aceptable el modo de actuar del propietario? ¿No viola el principio de la recompensa justa? Los sindicatos se sublevarían al unísono si alguien actuara como ese propietario.

La dificultad nace de un equívoco. Se considera el problema de la recompensa en abstracto, o bien en referencia a la recompensa eterna. Vista así, el tema contradiría en efecto el principio según el cual Dios «dará a cada cual según sus obras» (Rm 2,6). Pero Jesús se refiere aquí a una situación concreta. El único denario que se da a todos es el Reino de los Cielos que Jesús ha traído a la tierra; es la posibilidad de entrar a formar parte de la salvación mesiánica. La parábola comienza: «El Reino de los Cielos es semejante a un propietario que salió a primera hora de la mañana...». Es el Reino de los Cielos por lo tanto el tema central y el fondo de la parábola. El problema es, una vez más, el de la postura de judíos y paganos, o de justos y pecadores, frente a la salvación anunciada por Jesús. Si bien los paganos (respectivamente los pecadores, los publicanos, las prostitutas, etc.) sólo ante la predicación de Jesús se decidieron por Dios, mientras que antes estaban lejanos («ociosos»), no por esto ocuparán en el Reino una posición de segunda clase. También ellos se sentarán en la misma mesa y gozarán de la plenitud de los bienes mesiánicos.

Más aún, puesto que los paganos se muestran más dispuestos a acoger el Evangelio que los llamados «justos» (los fariseos y los escribas), se realiza aquello que Jesús dice como conclusión de la parábola: «Los últimos serán primeros y los primeros, últimos». Una vez conocido el Reino, esto es, una vez abrazada la fe, entonces sí que hay lugar para las diferenciaciones. No es idéntica la suerte de quien sirve a Dios toda la vida, haciendo rendir al máximo sus talentos, respecto a quien da a Dios sólo las sobras de la vida, con una confesión reparadora, en cierto modo, en el último momento.

Aclarado este punto central, es legítimo sacar a la luz las otras enseñanzas de la parábola. Una es que Dios llama a todos y a todas horas. ¡Existe una llamada universal a la viña del Señor! Se trata, en resumen, del problema de la llamada más que del de la recompensa. Este es el modo en que nuestra parábola es utilizada en la exhortación de Juan Pablo II «sobre vocación y misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo» («Christifideles laici»): «Los fieles laicos pertenecen a aquel Pueblo de Dios representado en los obreros de la viña... "Id también vosotros a mi viña"» (n. 1-2).

La parábola evoca también el problema del desempleo: «¡Nadie nos ha contratado!»: esta respuesta desconsolada de los obreros de la última hora podrían hacerla propia millones de desempleados. Todos sabemos lo que significa estar desempleado para quien tiene familia o para un joven que quiere casarse y no puede porque falta trabajo y con él la mínima garantía de poder mantener dignamente a la familia. Si falta trabajo para muchos, uno de los motivos (no el único, no el principal, pero ciertamente relevante) es que algunos tienen demasiado. Acumulando diferentes trabajos, todos, en modo distinto, retribuidos.

Otra enseñanza se puede sacar de la parábola. Aquel propietario sabe que los obreros de la última hora tienen las mismas necesidades que los demás, tienen también sus niños que alimentar, como los de la primera hora. Dando a todos la misma paga, el propietario muestra no tener en cuenta tanto el mérito como la necesidad. Muestra ser no sólo justo, sino también «bueno», generoso, humano.
ZS05091601

 

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La dignidad regia del hombre - "A la manera que, en las cosas humanas, los artífices dan a los instrumentos que fabrican aquella forma que parece ser la más idónea al uso a que se destinan, así el Artífice sumo fabricó nuestra naturaleza como una especie de instrumento, apto para el ejercicio de la realeza; y para que el hombre fuera completamente idóneo para ello, le dotó no sólo de excelencias en cuanto al alma, sino en la misma figura del cuerpo. Y es así que el alma pone de manifiesto su excelsa dignidad regia, muy ajena a la bajeza privada, por el hecho de no reconocer a nadie por señor y hacerlo todo por su propio arbitrio. Ella, por su propio querer, como dueña de sí, se gobierna a sí misma. .¿Y de quién otro, fuera del rey, es propio semejante atributo?

Según la costumbre humana, los que labran las imágenes de los emperadores tratan primeramente de reproducir su figura y, revistiéndola de púrpura, expresan juntamente la dignidad imperial. Es ya uso y costumbre que a la estatua del emperador se le llame emperador; así, la naturaleza humana, creada para ser señora de todas las otras criaturas, por la semejanza que en sí lleva del Rey del universo, fue levantada como una estatua viviente y participa de la dignidad y del nombre del original primero. No se viste de púrpura, ni ostenta su dignidad por el cetro y la diadema, pues tampoco el original lleva esos signos. En vez de púrpura se reviste de virtud, que es la más regia de las vestiduras; en lugar de cetro se apoya y estriba sobre la bienaventuranza de la inmortalidad; y en el puesto de la diadema se ciñe la corona de la justicia; de suerte que, reproduciendo puntualmente la belleza del original, el alma ostenta en todo la dignidad regia."

San Gregorio de Nisa + 394 ca. La creación del hombre, 4

 

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La vida del hombre es la visión de Dios - "Y la claridad de Dios da la vida: es decir, quienes ven a Dios tienen parte en la vida. Por eso el que no puede ser abarcado, comprendido ni visto, concede a los seres humanos que lo vean, lo comprendan y abarquen, a fin de darles la vida una vez que lo han visto y comprendido. Así como su grandeza es insondable, así también es inefable su bondad, por la cual da la vida a quienes lo ven: porque vivir sin tener la vida es imposible, la vida viene por participar de Dios, y participar de Dios es verlo y gozar de su bondad.

Pues los hombres verán a Dios para vivir, haciéndose inmortales por la visión, por la que se aproximarán a Dios. Y, como antes dije, los profetas explicaban por medio de figuras que verían a Dios todos los hombres portadores de su Espíritu, que sin desmayar esperan su venida. Así como enseña Moisés en el Deuteronomio: En aquel día veremos que Dios hablará al hombre, y éste vivirá (Dt 5,24).

[...]

Pero, puesto que es Dios quien obra todo en todos, el saber cómo o cuán grande sea, es invisible e inefable para todas sus criaturas; mas no es en modo alguno desconocido: pues todas ellas aprenden por el Verbo, que hay un Dios Padre, que contiene todas las cosas y a todas les da el ser, como está escrito en el Evangelio: Nadie vio jamás a Dios; el Hijo unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha revelado (Jn 1,18).

El Hijo habla del Padre desde el principio, porque desde el principio está con el Padre, y comunica al género humano, para su utilidad, las visiones proféticas, la repartición de los carismas y sus ministerios, y en forma continuada y al mismo tiempo la glorificación del Padre, en el tiempo oportuno. Pues donde hay continuidad hay constancia, y donde hay constancia hay desarrollo en el tiempo, y donde hay desarrollo en el tiempo hay utilidad: por eso el Verbo fue hecho dispensador de la gracia del Padre para utilidad de los hombres, por los cuales ordenó toda esta economía, para mostrar a Dios a los hombres y presentar el hombre a Dios. De esta manera custodió la invisibilidad del Padre, por una parte para que el hombre nunca despreciase a Dios y para que siempre tuviese en qué progresar; y por otra parte para revelar a Dios a los hombres mediante una rica economía, a fin de que el hombre no cesase de existir faltándole Dios enteramente. Porque la gloria de Dios es el hombre viviente: y la vida del hombre es la visión de Dios. Si la manifestación de Dios por la creación da vida en la tierra a todos los vivientes, mucho más la manifestación por el Verbo del Padre da vida a aquellos que contemplan a Dios."

Ireneo de Lyon + 202 ca. Contra los herejes, 4,20,5-7

 

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«Una investigación histórica, libre de prejuicios y vinculada únicamente con la documentación científica es insustituible para derrumbar las barreras entre los pueblos» (Juan Pablo II)

 

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Eusebio de Cesarea (hacia 265-340) obispo de la Iglesia Católica, teólogo e historiador  -  Comentario sobre Isaías 40; PG 24, 365-368

 

“¿Qué habéis ido a ver al desierto?” (Lc 7,24) -       “Voz del que clama en el desierto: Preparad una ruta al Señor, allanad los caminos de nuestro Dios.” (Is 40,3) Esta palabra muestra claramente que los acontecimientos profetizados no se cumplieron en Jerusalén sino en el desierto. La gloria del Señor aparecerá en el desierto. Allí todo el mundo conocerá la salvación de Dios. (cf Is 40,5) Esto es lo que aconteció realmente, literalmente cuando Juan Bautista proclamó en el desierto del Jordán que la salvación de Dios se iba a manifestar. Ahí apareció la salvación de Dios. En efecto, Cristo en su gloria se dio a conocer a todos cuando fue bautizado en el Jordán...
       El profeta hablaba de esta manera porque Dios tenía que residir en el desierto, este desierto que es inaccesible al mundo. Todas las naciones paganas eran desiertos del conocimiento de Dios, inaccesibles a los justos y a los profetas de Dios. Por esto, la voz clama para preparar el camino a la Palabra de Dios, de allanar la ruta inaccesible y pedregosa para que nuestro Dios que viene a habitar entre nosotros pueda avanzar por ella...
       “Súbete a un monte elevado, mensajero de Sión; alza tu voz con brío, mensajero de Jerusalén...” (Is 40,9) ¿Quién es esta Sión,...la que los antiguos llamaron Jerusalén?...¿No es, más bien, una manera de designar al grupo de los apóstoles, escogidos de entre el pueblo?  No es la que le tocó en herencia la salvación de Dios,...ella misma, situada en lo alto de la montaña, es decir, fundada sobre el Verbo único de Dios?  A ella encomienda...anunciar a todos los hombres la Buena Noticia de la salvación.

 

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Es bueno darte gracias, Señor, de corazón,

y cantarte con gozo cada día.

Es bueno proclamar por la mañana tu lealtad

y por la noche decirte de verdad que me has querido.

Es bueno decir que tus acciones, Señor,

son mi alegría y mi esperanza.

Es bueno decirte que las obras de tus manos

son júbilo y fiesta para mí.

 

Te doy gracias y me alegro

por el don maravilloso de la vida.

Te doy gracias y me alegro

por el don entrañable del bautismo.

Te doy gracias y me alegro

por el don precioso del Espíritu.

Te doy gracias y me alegro

por el don precioso de tu Palabra.

Te doy gracias y me alegro

por el don único de tu Pan de vida.

 

 

Por venir a visitarnos, os agradecemos.-

Benedicto PP XVI: 2008.I.01 ‘Día mundial de la paz’ como cada primero de enero. Familia humana: comunidad de paz’ lema 01 enero para el 2008. 40 aniversario de la celebración de la primera Jornada Mundial de la Paz (1968-2008) ‘la celebración de esta Jornada, fruto de una intuición providencial del Papa Pablo VI’.-

Anno Domini 2008 - Mane nobiscum, Domine! ¡Quédate con nosotros, Señor! "Marana tha, ven, Señor Jesús" (Ap 22, 20). - Ad maiorem Dei gloriam.

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Recomendamos vivamente:

1º ‘Jesús, el Evangelio de Dios’ Edibesa - editorial. Es, sin lugar a dudas, una obra madura de un experimentado pastor y teólogo y un libro oportuno sobre Jesucristo, el protagonista de máxima trascendencia y de permanente actualidad. 2008.-

2º ‘María mujer, madre, amiga’ Edibesa – editorial - Monseñor Francisco Cerro Cháves, obispo de Coria-Cáceres-España escribió estas deliciosas 346 págs.2008

3º Jesús de Nazaret– al siglo, Joseph Cardenal Ratzinger: ‘Benedicto XVI’. 2007

Ser cristiano’- al siglo, Joseph Cardenal Ratzinger: ‘Benedicto XVI’- dedicó «a Romano Guardini, con gratitud y admiración». Editor: Desclée De Brouwer.

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).