Friday 28 April 2017 | Actualizada : 2017-03-29
 
Inicio > Leyendas Negras > Leyendas - 22º ¿Cómo lo sabe? verdad y mentira; Julián Marías - filósofo

 

Evangelización para la dignidad de la persona. - En Santo Toribio descubrimos el valeroso defensor o promotor de la dignidad de la persona. Frente a intentos de recortar la acción de la Iglesia en el anuncio de su mensaje de salvación, supo defender con valentía la libertad eclesiástica.

El fue un auténtico precursor de la liberación cristiana en vuestro país. Desde su plena fidelidad al Evangelio, denunció los abusos de los sistemas injustos aplicados al indígena; no por miras políticas nί por móviles ideológicos, sino porque descubría en ellos serios obstáculos a la evangelización, por fidelidad a Cristo y por amor a los más pequeños e indefensos.

Así se hizo el solícito y generoso servidor del indígena, del negro, del marginado. E supo ser a la vez un respetuoso promotor de los valores culturales aborígenes, predicando en las lenguas nativas y haciendo publicar el primer libro en Sudamérica: el catecismo único en lengua española, quechua y aymara.

Es éste un válido ejemplo al que habéis de mirar con frecuencia, queridos hermanos, sobre todo en un momento en el que la nueva evangelización ha de prestar gran atención a la dignidad de la persona, a sus derechos y justas aspiraciones. Febrero 02 del 1985 – S.S. Juan Pablo II – Magno

 

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Si hay algo que une a la mayoría de las sectas y grupos religiosos presentes en Iberoamérica es el odio y el ataque a la Iglesia Católica. Son el eje de tantos granujas. No toleran la que es todavía, y con mucho, la religión mayoritaria del continente y, por tanto, el enemigo a batir. Este odio provoca situaciones de tensión entre partidarios de diversos credos e incluso entre miembros de la misma familia. La secta es un ‘sector-división’; divide el demonio, separando las partes, siembra discordias, odio. ¿Qué es lo que más odian las sectas?: la Iglesia fundada por Jesucristo hace dos mil años ‘Una, Santa, Católica y Apostólica’.

 

Para no caer en el anacronismo, es necesario tener la humildad y la inteligencia de leer los hechos del pasado no con las categorías mentales de hoy, más, dentro el marco histórico temporal en que se efectuaron. 

 

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Al igual que ocurre con cualquier otra expresión de la mente humana, quizás la objetividad plena es imposible, pero lo que se le pide a cualquier intelectual honrado es que, cuando menos, haga el esfuerzo de buscarla, tenga la valentía de acercarse serena y responsablemente al mayor grado de objetividad histórica posible.

 

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SUCESOS - Es bueno valorar acontecimientos y hechos que han sucedido en el pasado, reflexionar sobre ellos, para caminar con los talentos de la historia como bastón de guía.

 

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¿Cómo lo sabe?

 

JULIAN MARIAS. FILÓSOFO ESP.

 

Es mi pregunta predilecta: ¿cómo lo sabe? Se dirige a tantas personas, tantas declaraciones, tantos artículos y libros en los que se dicen con extraño aplomo cosas que no se saben ni se pueden saber.

Hay arqueólogos que hablan impávidos de lo que era el hombre hace cientos de miles de años, o acaso millones. No sabemos desde cuándo existe el hombre, algunos millares de años, probablemente no muchos, y desde lo más remoto conocido tenemos la impresión inequívoca de lo humano tal como lo conocemos en la realidad. No hay nada en la existencia que no sea inequívocamente humano o no humano; no existe ningún «eslabón» dudoso. Nos cuentan con pelos y señales cómo eran y vivían esos «hombres» de los que quedan algunos huesos fósiles de desconocida procedencia.

 

Se diagnostican enfermedades de personajes históricos remotos, cuando es tan difícil conocer los padecimientos de los hombres actuales a los que se puede observar y analizar con los fantásticos recursos de nuestra medicina.

 

Muchos libros de historia cuentan minuciosamente conversaciones del pretérito, por ejemplo entre Felipe IV y el Conde Duque de Olivares, con una nota al pie de página en que se expresa que la fuente es una comunicación de un embajador, probablemente veneciano, que evidentemente no estaba allí, lo cual autoriza a un total escepticismo sobre su versión. Los ejemplos se podrían multiplicar y llegan por supuesto al presente.

 

Hay personas que saben «de buena tinta» lo que opinan sobre asuntos varios el Rey y la Reina, a los que nunca han visto, y dan versiones contradictorias. He tenido el honor y el placer de hablar con ambos muchas veces, y no tengo la menor idea de sus opiniones sobre cuestiones de las que nunca hemos hablado. Para muchas personas eso no cuenta y están seguras de algo de lo que no pueden estarlo.

 

La frecuencia de estos usos es tal, que produce una desorientación general, dentro de la cual se desliza el error, aliado con extrema frecuencia a la mentira deliberada. En los medios de comunicación, en el mundo de la política hay una gran desigualdad en el tratamiento de la verdad y la mentira. Si se comparan las diversas versiones que se pueden oír o leer, se descubre que la verdad es por lo menos discutible y más bien escasa. Si se extrajeran las consecuencias de esa experiencia, se produciría un inmenso saneamiento de la vida colectiva. Hay personas en las que se puede confiar, cuyos actos y manifestaciones son coherentes, resisten el paso del tiempo, no se contradicen ni anulan. En otros casos sucede exactamente lo contrario: hechos y dichos son incoherentes, se contradicen, quedan desmentidos apenas transcurren unos días o unas horas. Estoy convencido de que la clave de los increíbles males que padece actualmente la Argentina está en la espesa capa de falsedades, distorsiones y omisiones que han caído sobre ella en los últimos años. Nada se dice de esto, y creo que la salvación de este valioso país, para mí tan admirable y querido, estaría en una implacable afirmación de la verdad y una total descalificación de todas las falsificaciones, distorsiones y ocultaciones que viene padeciendo.

 

En una época en que el poder de los medios de comunicación y la organización son enormes, esta situación se convierte en el peligro más grave de la convivencia y la posible prosperidad de un mundo complejísimo y lleno de dificultades.

 

Existe una aterradora facilidad para admitir lo que «se dice» y darlo por bueno, aunque un examen fugaz basta para comprender que eso que se dice no se sabe ni se puede saber. Lo que en otros tiempos no tenía demasiada importancia porque el poder de la comunicación era incomparablemente menor, se ha convertido en un rasgo absolutamente decisivo del mundo en que vivimos.

 

Esto sirve para medir las exigencias y las posibilidades de la libertad. En la época romántica, se entendía por libertad la de poder hablar en los cafés o publicar artículos en periódicos de limitadísima circulación; ahora se trata más bien de disponer de tiempo en las principales cadenas de televisión y sus equivalentes.

 

Sería muy aleccionadora la comparación de lo que se dice y aquello de que no se habla. Si se comparan dos periódicos o emisoras de radio o cadenas de televisión, se descubre la curiosa selección de lo real que representan; antes de entrar en el detalle de lo que dicen, es revelador de qué se ocupan, qué comentan o qué callan. También es interesante la titulación de las informaciones en los periódicos. Tengo la impresión de que hay encargados de ella, que orientan al lector, el cual muchas veces se contenta con leer los títulos. Es usual la desfiguración que representan respecto del texto que se imprime a continuación; a veces se trata de diversas interpretaciones de hechos, que pueden ser estadísticos, consistentes en cifras, en sí mismas concluyentes y claras, presentadas hábilmente de manera que resulten informaciones distintas e inconciliables.

 

Una de las «destrezas» más usadas consiste en la selección de un hecho muy limitado, que afecta a una mínima proporción de la realidad de un mes particular, con deliberado olvido de esa misma realidad en unos cuantos años, de signo contrario y volumen centenares de veces mayor. Con el apoyo de un dato numérico se induce a un error inmenso, pero que viene a apoyar una tesis consistente en la falsificación general.

 

Algo semejante significan las atribuciones a «la gente» o «el pueblo», o inmensos grupos sociales, de las actitudes, palabras y gestos de grupos limitados, organizados, aleccionados, a los que se concede la importancia de que absolutamente carecen.

 

Estos fenómenos explican gran parte de lo que parece incomprensible en la historia reciente. La fascinación que indudablemente produjo en Alemania el nacionalsocialismo llevó a este país a una etapa de locura colectiva que no se puede negar y que fue de atroz eficacia. Algo análogo ha ocurrido con la inmensa estafa que ha significado hasta hace muy poco tiempo la realidad soviética, que ha llevado a inmensos pueblos no sólo a la más absoluta carencia de libertad, sino al empobrecimiento, a la miseria, a diversas formas de degradación que se van descubriendo y que parecen perdurables. En la China se va reconociendo que la «revolución» de Mao fue destructora y funestísima; pero no puedo olvidar la extraña fascinación que Mao y su librito rojo produjeron en gran parte del mundo y en personas que por lo demás eran muy civilizadas.

 

Es fácil ver todo esto una vez que ha pasado. Con algún esfuerzo se puede reconocer la situación del presente y los peligros y esperanzas para el futuro previsible.

10.01.2002. ABC. ESP.

 

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VERDAD Y MENTIRA - 1999 Julián MARÍAS

 

Cada vez me parece más evidente que hay muchas cosas que no tienen arreglo -o remedio, que no es exactamente lo mismo, y es aún más grave-. Pienso en los Balcanes, en la casi totalidad de África, que tuvo un "respiro", imperfecto, durante un siglo, desde mediados del siglo XIX hasta 1960. En otro orden de cosas, tienen difícil remedio la soledad, la decadencia, la muerte. Y hay que añadir que esas cosas que no tienen arreglo o remedio, sin perder esa condición, pueden ser aceptables, llevaderas, si se toma ante ellas la actitud adecuada. Las situaciones lamentables tienen su valor cuando se enfrenta uno con ellas empleando todos los recursos disponibles, el último de los cuales es la resignación; se entiende, la resignación activa, esforzada, que viene a ser lo contrario de la entrega y el desaliento. Por otra parte, cuando se dice de algo que no tiene arreglo, ¿se está seguro? A veces se decreta así porque "se dice" y se ha oído, por pereza, por cobardía. He dicho que hay que enfrentarse con los males de este mundo "con todos los recursos disponibles".

¿Se hace así? El recurso más importante y eficaz, el gran instrumento que posee el hombre, es el pensamiento. Quiero decir algo más que la inteligencia, la razón, que busca y encuentra las conexiones de la realidad. Sorprende lo poco que se usa, incluso en los gremios que se consideran intelectuales. Todos los días oigo o leo afirmaciones estupendas, ante las cuales solo se me ocurre una pregunta: ¿Cómo lo sabe? Buen número de hombres de ciencia dicen cosas incomprobables, referentes a remotísimos pasados o al futuro, con apoyo de la estadística. Muchos actúan como profetas, combinados con "estrellas" del espectáculo, en lo cual se asemejan a otra estirpe de hombres tradicionalmente severos y modestos: los jueces. Son legión los que aspiran a dar sorpresas diarias, o por lo menos semanales, con descubrimientos o hallazgos físicos, biológicos, paleontológicos o jurídicos. Valdría la pena indagar el influjo de la prensa y la televisión en estos campos, normalmente oscuros.

Lo que no tiene arreglo es así dados ciertos supuestos. Pero éstos acaso no son absolutamente válidos. Con los recursos dados, no tienen arreglo algunos problemas que he mencionado al principio; pero ¿no hay otros? Son muchos los problemas que no se resuelven, sino se "disuelven" si se los plantea mejor. Tengo la impresión de que los problemas económicos, sociales, políticos se plantean de manera inadecuada, con lo cual se asegura que no tengan arreglo. Haría falta ponerse a pensar a fondo, examinar las situaciones, hacer ingresar a cada una de ellas en su contexto real, en relación con los factores que intervienen en el asunto. El caso de los Balcanes es ejemplar. No he visto nada que se parezca a esa operación que se llama pensar, aplicar la razón al problema. Unos y otros se disponen a "hacer" diversas cosas, sin pensar previamente y el tiempo necesario. Cuando hay una epidemia, se pide a los biólogos y patólogos que investiguen, no que se pongan a actuar; no se les exige que tengan una solución al día siguiente, sino cuando la encuentren -si la hallan, porque todo es inseguro.

El primer paso, el decisivo, es no engañarse ni engañar a los demás. El error es posible, hay "derecho" a él, con la condición de que se reconozca y rectifique. Lo que es intolerable es la mentira. Y se la aplica de un modo aterrador -nada me aterra más que eso-. Hay grupos, partidos, publicaciones, emisoras, personas individuales, que mienten sistemáticamente. Quizá no sean demasiados, pero "cunden" mucho -precioso verbo español, difícil de traducir a otras lenguas-. Los medios de comunicación les dan una difusión y una eficacia que multiplican el desastroso efecto.

 

La mentira debe producir el desprestigio, la descalificación inmediata e inapelable. Para ello es menester que "conste", que sea puesta de manifiesto; que el que miente sea enfrentado con su mentira, actual o pretérita. De ella se puede y debe "pedir cuentas". Esto, por supuesto, no se hace, y a nadie se obliga a justificar lo dicho o aceptar las consecuencias. Nada perjudica más a la salud de una sociedad que la impunidad de la mentira. Los que han recibido y aceptado de buena fe las mentiras, se sentirían estafados, burlados, despreciados por los mendaces. La reacción normal sería: ¿por quién me toman? La represalia sería automática y de efecto decisivo. No hay que buscar al monedero falso, porque está ahí, presente, y se lo puede sorprender cuando intenta pasar otra moneda recién acuñada, otro billete recién impreso. Basta con recordar lo que se ha dicho, reimprimir el texto pertinente, hacer revivir la escena en que se escarneció a la verdad y se violó el derecho a ella del lector, el espectador o el oyente. Hay mucha gente que vive angustiada temiendo que le citen lo que alguna vez dijo. Solo se puede conjurar ese temor reconociéndolo y restableciendo la verdad.

¿Para qué leer al que miente? ¿Vale la pena escuchar al que tiene ya preparada la próxima mentira? A veces se ve -es un mérito de la televisión- que alguien se dispone a mentir; en su expresión se dibuja ya el gesto que la anuncia. Pero son pocos los que atienden a lo que dice una cara. ¿Cómo votar al que miente, cómo poner la propia vida en manos expertas en ello, dispuestas a manipularla y servirse de ella con desprecio? La contrapartida es que los que no hacen profesión de la mentira, los que tienen voluntad habitual de ser veraces, lo sean implacablemente. Quiero decir que extremen esa condición sin excepciones; que no se permitan ni la menor mentira. Y si acaso se les desliza un error, no digamos si ceden alguna vez a la tentación de falsear algo, se apresuren a reconocerlo, rectificar, purificarse de tal mancha.

 

Me preocupa indeciblemente que, a los sesenta años del final de la guerra civil, se siga mintiendo sobre ella, sus orígenes o sus consecuencias. Y no se olvide que, al lado de las falsedades expresas, hay las de omisión, la mutilación de la verdad exigida. Veo con sorpresa y honda preocupación que muchos no tienen reparo en callar, omitir, poner silencio en lo que es menester decir. Se dan casos extremos entre los que no se atreven ni a citar lo que otros han dicho o escrito, simplemente porque es verdad, y eso parece espantarlos.

Partiendo de la más escrupulosa exigencia de verdad, de la eliminación de la mentira culpable, del reconocimiento de la realidad en toda su complejidad y con su trabazón, se podría ejercitar el pensamiento y plantear rectamente los problemas. Acaso se encontraría que pueden tener arreglo algunas cosas que sin ello ciertamente no lo pueden tener. No se me ocurre otro camino para intentar el saneamiento del mundo.

 

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Historia y libertad - “La libertad que Dios al hombre dio, no la quite el hombre en nombre de Dios”.

 

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Historia - Para conocer una historia es necesario, pero no suficiente, conocer los hechos, pues es preciso también conocer el espíritu, o si se quiere la intención que animó esos hechos, dándoles su significación más profunda.

 

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HISTORIA - Para adentrarse en la época de la gran gesta hispánica [1492-1592] y analizar la magnitud del descubrimiento, es necesario penetrarlo estudiando el contexto histórico; solo así podremos llegar a un discernimiento moderado y con el sentimiento sano del deber o de una conciencia objetiva. Con este objetivo presentamos tantos temas y acontecimientos -aparentemente- en discontinuidad.

 

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Historia - El cristiano está advertido de que es necesario conocer la historia para distinguir los hechos. El cristiano a sus hermanos advierte que es imprescindible estudiar la historia para comprender el contexto histórico de los hechos. El cristiano nota que conociendo la historia, se percibe la riqueza de la Tradición, repara la grandeza del Magisterio y la magnanimidad de la salvación en la Escritura enseñada por la Iglesia.

 

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Historia - La historia de la Iglesia es una historia de muchos y diversos movimientos de reforma. Ver el libro de san Cipriano, De lapsis, escrito poco después de la persecución de Decio del año 250-251

 

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Historia - «Conocer y profundizar el pasado de un pueblo es afianzar y enriquecer su propia identidad. ¡No rompáis con vuestras raíces cristianas! Sólo así seréis capaces de aportar al mundo». S. S. Juan Pablo II – Madrid. 2003.05

 

Visión objetiva: Con frecuencia en los análisis históricos se peca de falta de objetividad por juzgar con valores actuales los sucesos del pasado. Esto no significa relativizar el juicio valórico de los sucesos, sino extirpar ciertos moralismos actuales que no son reales, que suponen una "moral" moderna y postmoderna que juzga enloquecidamente las cosas. Desde una perspectiva objetiva tenemos que condenar sin reserva los errores ocurridos en l período analizado, pero sin rasgar vestiduras por la "monstruosa" noticia del descubrimiento y civilización europea en América, maldiciendo la hora en que se produjo al estilo del cuestionado activista verde Jacques Cousteau quien declaró en 1992 que la llegada de la Colón a América "fue un desastre peor que la lluvia de meteoritos que acabó con los dinosaurios en la prehistoria".

Aquí la premisa tribalista de "cada uno en su tierra sin invadir otra" queda desvanecida por el absurdo ante el dinamismo y realidad de la historia. Toda civilización es el fruto de una mezcla frecuentemente nada pacífica. La misma epopeya del Pueblo de Dios suponía conquistar una tierra prometida ocupada por tribus locales. Los mismos europeos provienen de invasiones y nuevas invasiones que mezclaron sus sangres e hicieron nacer las distintas culturas que dan alma al Viejo Mundo.

 

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Frente a la historia - «La fe y la razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad». (VIS, 8.I.2004)) S.S. Juan Pablo II.

 

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Historia - «Una investigación histórica, libre de prejuicios y vinculada únicamente con la documentación científica es insustituible para derrumbar las barreras entre los pueblos» (S. S. Juan Pablo II – P.P.)

 

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Historia - Al estudiar la historia, se suele hacer desde los prejuicios de la mentalidad actual, cosa que esteriliza la  labor principal del historiador. No podemos dar a conocer unos hechos del pasado sin antes reflejar el imaginario colectivo de la época donde tuvieron lugar.

 

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Historia - “La Iglesia es siempre joven y el futuro siempre pertenece a la Iglesia. Todos los otros regímenes que parecían muy fuertes han caído, ya no existen, sobrevive la Iglesia; siempre un nuevo nacimiento pertenece a las generaciones. Confianza, ésta es realmente la nave que lleva a puerto”. Cardenal Ratzinger 2001.

 

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«La escritura de la historia se ve obstaculizada a veces por presiones ideológicas, políticas o económicas; en consecuencia, la verdad se ofusca y la misma historia termina por encontrarse prisionera de los poderosos. El estudio científico genuino es nuestra mejor defensa contra las presiones de ese tipo y contra las distorsiones que pueden engendrar» (1999). S.S. JUAN PABLO II – MAGNO

 

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Historia - Iglesia y la libertad - ¿O de los mártires de la persecución religiosa en España de 1936 a 1939; o del totalitarismo nazi? No está de más recordar lo que de éste escribió el judío Albert Einstein, en el Time Magazine de diciembre de 1940: «Por ser un amante de la libertad, cuando tuvo lugar la revolución en Alemania (la llegada de Hitler) miré con confianza hacia las universidades, sabiendo que siempre se habían enorgullecido de su devoción a la causa de la verdad. Pero las universidades permanecieron en silencio. Entonces miré a los grandes editores de periódicos que en ardientes editoriales proclamaban su amor por la libertad. Pero también ellos, como las universidades, se redujeron al silencio, sofocados en el curso de pocas semanas. Solamente la Iglesia se opuso plenamente a la campaña de Hitler que pretendía suprimir la verdad. Nunca había tenido un interés especial por la Iglesia, pero ahora siento por ella un gran amor y admiración, porque solamente la Iglesia tuvo el coraje y la perseverancia de defender la libertad intelectual y la libertad moral. Debo confesar que aquello que antes había despreciado, ahora lo admiro incondicionalmente». Albert Einstein

 

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HISTORIA: -Según una definición no menos acertada que otras, la historia es el conjunto de todos los hechos ocurridos en tiempos pasados.

Según otra más prolija, puede considerarse la historia, y es también definición que muchos historiadores consideran válida, como la narración y el estudio de los hechos del pasado, públicos y privados, pero trascendentes, merecedores de recuerdo, y su relación con el hombre civilizado y las sociedades humanas.

Pero algunos historiadores prefieren el término investigación a narración. Recogen la opinión de Volney: «La palabra historia parece haber sido empleada por los antiguos en una acepción muy diferente de la de los modernos; los griegos, sus autores, entendían por ella una persquisición, una investigación hecha con cuidado. Y en ese sentido la emplea Herodoto».

Hay otras definiciones del término historia, supongo que muchas, mas para entendernos en la divagación con que hoy pienso perder el tiempo, creo que con estas dos tenemos bastante.

Recientemente ha surgido de manera todavía imprecisa este otro término: retrohistoria, que algunos utilizan humorísticamente y otros, que lo toman más en serio, lo entienden como opuesto a la historia, pero en realidad no es así, sino que significa un modo diferente de describir o investigar -o quizás simplemente de ordenar para su estudio- los acontecimientos históricos.

La retrohistoria es opuesta a la historia, tal como a la historia se la ha entendido hasta ahora, pero no la niega ni la rechaza sino que la complementa. Y pretende dotarla de mayor eficacia. Esta es su intención y lo que impulsa a los historiadores partidarios de esta tendencia.

En la historia destaca, y esta es la voluntad del historiador, la narración (o investigación) de la sucesión de los hechos, de su encadenamiento desde el remoto ayer hasta el presente, sin adentrarse vanamente en las incógnitas del insondable futuro.

Aun siendo opuestas, en algo se asemejan la historia y la retrohistoria: en ambas se trabaja con materiales inexistentes. Inexistentes en el momento en que alguien se dispone a trabajar sobre ellos. No se diferencian en la calidad de dichos materiales sino en el orden en que se narra su aparición y su fugaz existencia.

Puede aceptarse la idea, sostenida por algunos comentaristas actuales, de que el concepto de retrohistoria ha surgido de la necesidad de estudiar no sólo los acontecimientos históricos sino, casi podría afirmarse que muy primordialmente, las respectivas causas de esos acontecimientos.

Poco importa al hombre conocer lo que ha sucedido o lo que está sucediendo, para bien o para mal, si desconoce el porqué del suceso, su causa. Al no conocerse las causas de los acontecimientos la historia pierde lo que puede tener para el ser humano de enseñanza provechosa y quedarse en mero entretenimiento.

Esta causa siempre necesariamente fue anterior al acontecimiento. El investigador histórico debe, por consiguiente, retroceder en el tiempo en vez de avanzar o de quedarse quieto o de saltarse varios siglos de un golpe o de embarcarse con Herbert George Wells en viajes al futuro. Pero he aquí que la causa suele ser al mismo tiempo un acontecimiento y, por lo tanto, el investigador histórico, si es consciente y riguroso, deberá investigar también la causa de este acontecimiento, retrocediendo, por lo tanto, en el tiempo histórico; y al proceder así sucesivamente se hallará inmerso en plena retrohistoria. Y para ello habrá utilizado un cambio radical de perspectiva.

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Análisis histórico - Con frecuencia en los análisis históricos se peca de falta de objetividad por juzgar con valores actuales los sucesos del pasado. Esto no significa relativizar el juicio valórico de los sucesos, sino extirpar ciertos moralismos actuales que no son reales, que suponen una "moral" moderna y postmoderna que juzga enloquecidamente las cosas. Desde una perspectiva objetiva tenemos que condenar sin reserva los errores ocurridos en l período analizado, pero sin rasgar vestiduras por la "monstruosa" noticia del descubrimiento y civilización europea en América, maldiciendo la hora en que se produjo al estilo del cuestionado activista verde Jacques Cousteau quien declaró en 1992 que la llegada de la Colón a América "fue un desastre peor que la lluvia de meteoritos que acabó con los dinosaurios en la prehistoria"

Aquí la premisa tribalista de "cada uno en su tierra sin invadir otra" queda desvanecida por el absurdo ante el dinamismo y realidad de la historia. Toda civilización es el fruto de una mezcla frecuentemente nada pacífica. La misma epopeya del Pueblo de Dios suponía conquistar una tierra prometida ocupada por tribus locales. Los mismos europeos provienen de invasiones y nuevas invasiones que mezclaron sus sangres e hicieron nacer las distintas culturas que dan alma al Viejo Mundo.

 

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Historia - La conciencia renacentista e ilustrada era mucho menos cristiana que la conciencia medieval. La conciencia de aquellos cristianos toleró la esclavitud más o menos como la conciencia actual de muchos cristianos e ilustrados filántropos ha resistido que el comunismo haya matado más de cien millones de hombres, sin mayores aspavientos, o como tolera que la matanza de los niños inocentes, por el aborto, se haya hecho legal y subsidiada.

 

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Historia - La tolerancia que emanaba de Roma hacia los judíos no siempre era respetada por muchos obispos y predicadores, que consideraban que la presencia judía no acarreaba ningún bien, y lanzaron contra los judíos toda clase de invectivas. En 1199, Inocencio III publicó la Constitutio contra iudaeis, estableciendo las normas de obligado cumplimiento para los cristianos en relación con los judíos: estancia legal en tierra cristiana, protección de personas y bienes, conservación de la fe mosaica, inviolabilidad de sinagogas y cementerios. Para la Iglesia, el judaísmo se presentaba como el depósito de la revelación de la Verdad hasta la llegada de Jesucristo y, un día, acabarían por llegar al "nuevo" Israel.

 

Lutero, como padre espiritual de la Alemania moderna, tiene una responsabilidad muy grave en el proceso de odio que se desarrolló contra los judíos.

 

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DISCERNIR - A todos se les pide el saber cultivar un atento discernimiento y una constante vigilancia, madurando una sana capacidad crítica ante la fuerza persuasiva de tantos medios de comunicación que no cesan de inventar, suponer o repetir ‘leyendas negras’, difamaciones o mentiras históricas… mienten sabiendo de mentir.

Los que escuchan no deben ser obligados a imposiciones ni compromisos, engaño o manipulación. Jesús enseña que la comunicación es un acto moral “El hombre bueno, del buen tesoro saca cosas buenas y el hombre malo, del tesoro malo saca cosas malas. Os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres darán cuenta en el día del Juicio. Porque por tus palabras serás declarado justo y por tus palabras serás condenado” (Mt 12, 35-37).

“Por tanto, desechando la mentira, hablad con verdad cada cual con su prójimo, pues somos miembros los unos de los otros. […]No salga de vuestra boca palabra dañosa, sino la que sea conveniente para edificar según la necesidad y hacer el bien a los que os escuchen” (Ef 4, 25.29).

 

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Derechos - Señor del mundo, Padre de todos los hombres, por medio de tu Hijo nos has pedido amar a los enemigos, hacer bien a los que nos odian y orar por los que nos persiguen. Muchas veces, sin embargo, los cristianos han desmentido el Evangelio y, cediendo a la lógica de la fuerza, han violado los derechos de etnias y pueblos; despreciando sus culturas y tradiciones religiosas: muéstrate paciente y misericordioso con nosotros y perdónanos. Por Cristo nuestro Señor. R. Amén.

 

Cieza de León 1518?-1560 reconoce que en aquella empresa hubo crueldades, pero asegura que no todos actuaron así, «porque yo sé y vi muchas veces hacer a los indios, buenos tratamientos por hombres templados y temerosos de Dios, que curaban a los enfermos». Sus escritos denotan un hombre de religiosidad profunda, compadecido de los indios al verlos sujetos a los engaños y esclavitudes del demonio...

 

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Iglesia – de hombres pecadores. Por desgracia, en el seno de la Iglesia, que está constituida por hombres, no faltan los pecadores, sobre todo cuando no se vive el precepto de la caridad, que es esencial y es el primero para un cristiano. De este modo se produce un antitestimonio de Jesucristo. La muchedumbre inmensa de los mártires testifica con su sangre la fidelidad de la Iglesia a Jesucristo, porque, aunque haya en ella pecadores, es a la vez una Iglesia de mártires, es decir, de cristianos auténticos, que han practicado su fe en Cristo y su caridad hacia los hermanos, incluidos los enemigos, hasta el sacrificio, no sólo de su vida, sino también con frecuencia de su honra, habiendo tenido que soportar humillaciones tremendas, entre otras la de ser tachados de traidores y farsantes.

Faltas del pasado - No podemos ocultar que muchos que profesaban ser discípulos de Jesús han cometido errores a lo largo de la historia. Con frecuencia, ante problemas graves, han pensado que primero se debía mejorar la tierra y después pensar en el cielo. La tentación ha sido considerar que, ante necesidades urgentes, en primer lugar se debía actuar cambiando las estructuras externas. Para algunos, la consecuencia de esto ha sido la transformación del cristianismo en moralismo, la sustitución del creer por el hacer. Por eso, mi predecesor de venerada memoria, Juan Pablo II, observó con razón: «La tentación actual es la de reducir el cristianismo a una sabiduría meramente humana, casi como una ciencia del vivir bien. En un mundo fuertemente secularizado, se ha dado una “gradual secularización de la salvación”, debido a lo cual se lucha ciertamente en favor del hombre, pero de un hombre a medias, reducido a la mera dimensión horizontal. En cambio, nosotros sabemos que Jesús vino a traer la salvación integral»[Enc.Redemptoris missio.]

S.S. Benedicto PP XVI: MMVI.

 

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El hombre es el único entre todos los seres animados que puede gloriarse de haber sido digno de recibir de Dios una ley: animal dotado de razón, capaz de comprender y de discernir, regular su conducta disponiendo de su libertad y de su razón, en la sumisión al que le ha entregado todo. (Tertuliano, Marc. 2, 4). 

 

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HUMILDAD - Lo primero que hay que decir sobre la humildad es que no se trata de apocamiento, o, como diría Clive Lewis, no se tata de hombres inteligentes intentando creer que son tontos y mujeres bellas haciendo ímprobos esfuerzos por creerse feas. La humildad -Santa Teresa dixit- es la verdad. Un hombre no es soberbio por el hecho de considerarse el mejor de su círculo social (si en verdad lo es). Es más, puede ser un gran humilde si está convencido de su superioridad y, a renglón seguido, deja de pensar en ello.

 

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“Den y se les dará”

 

Fco. José Arnaiz S.J. – MMV.XII

 

La historia moderna ha demostrado hasta con excesiva claridad que el verdadero éxito de los pueblos no está en los gobiernos -sobre todo absorbentes y sobrecargados de funciones-, sino en una sociedad civil orgánica, dinámica, bien estructurada, sabia, responsable y creativa.
En una sociedad así el elemento clave es el ser humano. Pero no un grupito privilegiado sino todos. Al menos la inmensa mayoría.
El individuo concreto, que por culpa propia o ajena no es positivo y constructivo, se torna necesariamente carga y rémora para todos. Mayor carga y mayor rémora a medida que el número de tales individuos crezca y se amplíe.
Al no estar restringido el genio y la habilidad a un grupo privilegiado de la humanidad, es evidente que cuantas más cabezas piensen y organicen, más corazones se enardezcan con la virtud y el bien, y más manos se muevan diestramente en un conglomerado humano, mayor será el orden, la organización, la producción, el rendimiento, la riqueza, el bienestar y la paz.
El saber, sin embargo, el hacer cualificado y eficiente y la superación humana no son un resultado connatural del ser humano. Es el fruto de una fuerte inversión en él. Inversión de tiempo, personas, conocimientos, aprendizajes, experiencias y por supuesto dinero.
Japón fue el ejemplo espectacular en nuestro tiempo. Perdida la guerra, destruida su industria y oscuro el horizonte, Japón apostó valientemente por el fortalecimiento del recurso humano, consciente de que el verdadero tesoro de un pueblo es el cerebro y corazón de sus hijos e invirtió abundantemente en la formación y capacitación excelentes de sus niños y niñas y de sus jóvenes. ¿Resultado? En 1945 su renta per cápita era de 20 dólares. En 1967 de mil. En 1970 de 1.800 y en 1980 de 12.000 por encima de los Estados Unidos.
No hay duda que una de las raíces profundas del subdesarrollo de América Latina y de su dificultad de despegue está en la debilidad y precariedad del recurso humano.
Enfrentar este problema en los países rezagados no es sólo deber de los que rigen los destinos de los pueblos -los gobiernos- son incompetentes, insuficientes o miopes en esta responsabilidad.
La creación, entonces, de Fundaciones privadas con este objetivo arguye no sólo responsabilidad cívica sino sagacidad y visión.
Es mucho más rentable gastar abundantemente en formar y capacitar seres humanos; en elevarlos y potenciarlos que sostener después, sin beneficio alguno, un peso muerto de incapacitados, inempleables y proclives o metidos en toda clase de delitos.
En cambio, del ingenio y destreza adquirida de todos los que componen una sociedad o pueblo surge la producción abundante, la riqueza, el bienestar y la paz de esa sociedad de la que todos salen beneficiados. Surge así la verdad del dicho: “Den y se les dará”.
Hay otro fenómeno en nuestro mundo moderno, que no es justo olvidarlo: gente con legítimas aspiraciones de superación personal y profesional o técnica, pero sin posibilidad real de acceso a la financiación formal, que necesitan de medios económicos para arrancar y consolidarse; organizaciones beneméritas de increíble generosidad y entrega, pero que se sienten frenadas o languidecen por no poder desplegar toda su potencialidad por carencia de recursos económicos; y necesidades básicas, insuperables para sus fuerzas que repercuten gravemente en todas las dimensiones de la vida en los que las padecen.
Es aquí también donde las Fundaciones de ayuda o apoyo deben volcar sabiamente su generosidad y solidaridad.
En un período histórico de grandes brechas entre pueblos ricos y pobres, y nacionalmente entre grupos extensos debatiéndose en la pobreza y aun miseria y grupos disfrutando de la mayor opulencia, providencialmente se han ido multiplicando las Fundaciones de apoyo y ayuda al desarrollo integral. Este hecho arguye y prueba creciente sensibilidad socios de los individuos de los individuos y de pueblos y toma de conciencia de la necesidad imperiosa de la solidaridad.
Han contribuido a ello eficazmente los poderosos Medios de Comunicación Social que nos han metido por ojos y oídos dantescos cuadros de la humanidad actual.
El sentido globalizante de nuestro planeta, que se ha ido imponiendo poco a poco, ha favorecido también la multiplicación de instituciones de apoyo o ayuda. La ha favorecido también la búsqueda e integración de bloques supranacionales camino de una integración total, que es intuición y consecuencia de que objetivamente es mínimo lo que nos separa a los individuos y a los pueblos en comparación de lo que nos une e identifica.
Disgregados y, mucho más, enfrentados nos empequeñecemos y destruimos. Uniéndonos y fundiéndonos nos potenciamos y agigantamos.
La humanidad, siendo múltiple y diversificada, es una y necesariamente vinculada entre sí. La solidaridad no es otra cosa que la percepción sentida de la real dependencia de unos con otros y de la interrelación ineludible de todos los seres humanos.
Un común origen, naturaleza y destino nos une aunque después nos diferenciemos en realidades secundarias. El ser humano sin los que le rodean y precedieron no es viable. Y cuanto más uno sea y posea mayor es su deuda con los demás, pues es más lo que de ellos ha recibido. Y naturalmente cada uno será más y poseerá más, cuantos más sean y más posean los que le rodean.
El ser humano nace, crece, se desarrolla y perfecciona gracias al auxilio de los demás. Favorecer, engrandecer y enriquecer al prójimo es favorecer, engradecer y enriquecerse a sí mismo.
Hay quienes raquíticamente tienen la falsa concepción de que todo el dinero adquirido por ellos es para su exclusivo disfrute. Lamentablemente estos individuos olvidan su compromiso con la sociedad a la que tanto deben y sin la cual no serían lo que son ni tendrían lo que tienen. Olvidan gravemente su responsabilidad y las obligaciones con el desarrollo y perfección progresiva de los que le rodean: y olvidan su responsabilidad y obligaciones con la naturaleza que, sabia y hábilmente dominada por el ser humano, debe ser puesta al servicio de toda la humanidad.
El fin, según esto, de todo capital bien adquirido es no sólo atender a las necesidades y conveniencias propias sino también, al mismo tiempo, compartirlo, sobre todo con los necesitados, e invertirlo productivamente para aumentar la riqueza disponible y crear nuevos puestos de trabajo en un mundo crecientemente marcado por el desempleo. Uno de los grandes dramas actuales.
Un acaudalado comercio puertorriqueño, de origen asturiano, fundador del Auxilo Mutuo de la isla vecina, dijo no hace mucho una impresionante verdad con ribetes de aforismo: “El dinero que demos a los demás, sobre todo a los necesitados y marginados, será el que hará que disfrutemos con satisfacción y gozo el dinero que reservemos para nosotros mismos”.
Es evidente que no raras veces en el amasamiento de ciertos caudales o fortuna ha andado por medio el inicuo expolio ajeno, quedando de este modo la justicia y la equidad mal heridas.
Una manera de devolver la salud y brillo a la noble justicia y equidad o más en general, de volver a distribuir la riqueza lograda con mayor equidad es destinar honestamente partes notables de nuestras disponibilidades económicas a favor de los demás, a favor del desarrollo integral del pueblo en que estamos insertos y de la comunidad de pueblos a la que indefectiblemente pertenecemos.
Me viene a la mente y memoria un pasaje evangélico.
Había oído hablar de Jesús de Nazaret y sentía una gran admiración hacia él. Era de espíritu muy alto pero muy bajo de estatura. Vivía en Jericó. Era muy rico y se llamaba Zaqueo.
De improviso oyó que el Maestro, Jesús de Nazaret venía a Jericó. Corrió y para verlo mejor se subió a las ramas de un árbol. Al pasar por debajo de él, Jesús levantó los ojos y , clavándoles en él, le dijo: Zaqueo, baja de ahí pues quiero que me recibas en tu casa. Zaqueo bajó y fue rápidamente a su casa.
Ya en ella, al entrar Jesús, Zaqueo, emocionado le dijo: Señor, la mitad de mis bienes se la voy a dar a los pobres. Y si defraudé a alguno le voy a devolver cuatro veces más.
Jesús lo miró fijamente y le dijo: “Zaqueo, hoy ha entrado la salvación a tu casa” (Lc 19, 1-10).

MMV. XII

 

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El obispo, cualificado por la plenitud del sacramento del Orden, es el administrador de la gracia del sumo sacerdocio, sobre todo en la Eucaristía que él mismo celebra o manda celebrar, por la que la Iglesia vive y se desarrolla sin cesar. Esta Iglesia de Cristo está verdaderamente presente en todas las legítimas comunidades locales de fieles, unidas a sus pastores. Éstas, en el Nuevo Testamento, reciben el nombre de Iglesias, ya que son, en efecto, en su lugar el nuevo pueblo que Dios llamó en el Espíritu Santo y en todo tipo de plenitud. En ellas se reúnen los fieles por el anuncio del Evangelio de Cristo y se celebra el misterio de la Cena del Señor, para que por el alimento y la sangre del Señor quede unida toda la fraternidad del cuerpo. En toda comunidad en torno al altar, presidida por el ministerio sagrado del obispo, se manifiesta el símbolo de aquel gran amor y de la unidad del Cuerpo místico sin la que no puede uno salvarse. En estas comunidades, aunque muchas veces sean pequeñas y pobres o vivan dispersas, está presente Cristo, quien con su poder constituye a la Iglesia una, santa católica y apostólica. En efecto, la participación en el cuerpo y la sangre de Cristo hace precisamente que nos convirtamos en aquello que recibimos.
Constitución Lumen gentium, 26 – VATICANO II

 

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"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"

Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo.

(Sano Tomás de Aquino)

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Pero lo verdaderamente importante es que la Iglesia renueva sin cesar su fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Porque de eso estamos hablando: de una persona, de un ser vivo, y no de una cosa o una idea. La Eucaristía es Él. Y todos, en la Iglesia, vivimos por Él, con Él y gracias a Él, y soñando con unirnos algún día plenamente a Él. O al menos, así debería ser.

 

«Sobre el misterio eucarístico se funda el celibato que los presbíteros han recibido como don precioso y signo del amor indiviso hacia Dios y hacia el prójimo».

 

Benedicto XVI animó a los laicos a hacer de la Eucaristía el «motor interior de toda actividad» y recordó que «ninguna dicotomía es admisible entre la fe y la vida». 2005-10-23, al cerrar el Sínodo de los Obispos y el año de la Eucaristía.

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

…Por tanto, el hombre reconoce dentro de sí el reflejo de la luz divina:  purificando su corazón, vuelve a ser, como al inicio, una imagen límpida de Dios, Belleza ejemplar (cf. Oratio catechetica 6:  SC 453, 174). De este modo, el hombre, al purificarse, puede ver a Dios, como los puros de corazón (cf. Mt 5, 8):  "Si con un estilo de vida diligente y atento lavas las fealdades que se han depositado en tu corazón, resplandecerá en ti la belleza divina. (...) Contemplándote a ti mismo, verás en ti a aquel que anhela tu corazón y serás feliz" (De beatitudinibus, 6:  PG 44, 1272 AB). Por consiguiente, hay que lavar las fealdades que se han depositado en nuestro corazón y volver a encontrar en nosotros mismos la luz de Dios. (29 de agosto de 2007-Benedicto PP. XVI comentado a san Gregorio de Nisa 335ca † 394).

 

 

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Recomendamos 4 libros : Joseph +cardenal Ratzinger, al día S. S. BENEDICTO XVI P.M.: Fe, verdad y tolerancia; Introducción al cristianismo; La fraternidad de los cristianos; Un canto nuevo para el Señor; Ediciones SIGUEME - 

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).