Friday 28 April 2017 | Actualizada : 2017-03-29
 
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Ciertamente, a los historiadores no sólo se les pide que apliquen escrupulosamente todos los instrumentos de la metodología histórica, sino también que presten una atención consciente a la ética científica, que debe distinguir siempre sus investigaciones. En su conocido documento Saepenumero considerantes, León XIII dirigió a los estudiosos de la historia una famosa advertencia de Cicerón: "Primam esse historiae legem ne quid falsi dicere audeat, deinde ne quid veri non audeat; ne qua suspicio gratiae sit in scribendo, ne qua simultatis" (Leonis XIII Acta, III, 268).

Estas palabras de gran sabiduría impulsan al historiador a no ser ni acusador ni juez del pasado, sino a esforzarse pacientemente por comprenderlo todo con la máxima penetración y amplitud, para delinear un cuadro histórico lo más fiel posible a la verdad de los hechos.

 

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Un capítulo menos en la leyenda negra, tan falaz como voluminosa, valga la antítesis, pues no siempre una mentira se convierte en realidad, por muchas veces que se repita.... si sabemos desenmascararla.

 

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Quienes investigan sobre las raíces de los conflictos existentes en diversas partes del planeta descubren que incluso en la actualidad siguen experimentándose las consecuencias funestas de hechos que se remontan a los siglos pasados. A menudo -y esto hace que la situación sea más compleja- esos recuerdos "contaminados" se han convertido incluso en puntos de cristalización de la identidad nacional y, en algunos casos, también de la religiosa. Por eso, es preciso renunciar a cualquier instrumentalización de la verdad. El amor de los historiadores a su propio pueblo, a su propia comunidad, incluso religiosa, no debe entrar en competición con el rigor de la verdad elaborada científicamente. A partir de aquí comienza el proceso de purificación de la memoria.

5. La invitación a respetar la verdad histórica no supone, obviamente, que el estudioso abdique de su orientación o abandone su identidad. De él se espera sólo la disponibilidad a comprender y la renuncia a expresar un juicio apresurado o, incluso, partidista.

En efecto, en el estudio de la historia no se pueden aplicar automáticamente al pasado criterios y valores adquiridos sólo después de un proceso secular. Por el contrario, es importante esforzarse ante todo por remontarse al contexto sociocultural de la época, para comprender lo que sucedió a partir de las motivaciones, las circunstancias y las consecuencias del período analizado. Los acontecimientos históricos son el resultado de tramas complejas entre la libertad humana y los condicionamientos personales y estructurales. Es preciso tener presente todo esto cuando se quiere "purificar la memoria".

6. De estas reflexiones, ilustres señores y amables señoras, deriva con claridad que es necesario, en primer lugar, reconciliarse con el pasado, antes de comenzar un proceso de reconciliación con otras personas o comunidades. Este esfuerzo de purificar la propia memoria implica tanto para las personas como para los pueblos el reconocimiento de los errores efectivamente cometidos y por los que es justo pedir perdón:  "No se puede permanecer prisioneros del pasado", advertí en el Mensaje citado (n. 3:  L´Osservatore Romano, edición en lengua española, 20 de diciembre de 1996, p. 10). Esto exige a veces mucha valentía y abnegación. Pero es el único camino por el que los grupos sociales y las naciones, liberados del lastre de antiguos resentimientos, pueden unir sus fuerzas con fraterna y recíproca lealtad, para crear un futuro mejor para todos.

 

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Cristo: en la Nueva Era, la figura histórica de Jesús no es más que una encarnación de una idea, una energía o un conjunto de vibraciones. Para Alice Bailey, hace falta una gran jornada de súplica, en la que todos los creyentes logren crear una concentración de energía espiritual tal que se produzca una nueva encarnación que revelará a los hombres el modo de salvarse... Para muchos, Jesús no es más que un maestro espiritual que, como Buda, Moisés y Mahoma, u otros, ha sido penetrado por el Cristo cósmico. Al Cristo cósmico también se le conoce como la energía crística presente en cada ser y en el ser total. Los individuos necesitan ser iniciados gradualmente en la conciencia de las características crísticas que tienen. Cristo representa –para la Nueva Era– el estado más elevado de perfección del yo.  

 

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El problema de las sectas (cfr. SD nº 139-152). El Evangelio que caló en el alma latinoamericana, está hoy amenazado por las sectas, su enemigo número uno. Las sectas, conociendo la idiosincrasia del latinoamericano, se han disfrazado de cristianismo para poder atrapar a los incautos, carcomiendo con una nueva leyenda negra de la Iglesia Católica y de los abusos cometidos, la fe de los sencillos, que por simple no deja de ser profunda y aquilatada.

Este fenómeno ha hecho que la misma Iglesia Católica advierta la presencia de un vacío que es necesario llenar. Ellas llegan allí donde no hay trabajo pastoral directo con las personas y donde no es posible desenmascarar inmediatamente sus mentiras. Trabajan en los lugares en que por la escasez de los agentes de evangelización la Iglesia se ha visto obligada a dilatar la atención pastoral. Ante ellas están especialmente inermes quienes, siendo bautizados, no han madurado en su fe, por lo que navegan como a la deriva entre las dificultades del momento. Preparar el laicado para afrontar este problema es una tarea inaplazable.

Muchas veces son motivaciones políticas las que se esconden detrás del fenómeno de las sectas. Pero no hay que olvidar que son muchos los problemas que han vivido los pueblos latinoamericanos en los últimos años, que los han arrastrado con frecuencia a situaciones límite. En estas circunstancias, el refugio que se encuentra en las prácticas de religiosidad popular es completamente insuficiente, especialmente ante la avalancha de algunas denominaciones que fraudulentamente se hacen pasar por cristianas, pero que no reconocen la divinidad de Jesús, como pueden ser los Mormones o los Testigos de Jehová (cfr. SD nº 147).

 

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Para no caer en el anacronismo, es necesario tener la humildad y la inteligencia de leer los hechos del pasado no con las categorías mentales de hoy, más, dentro el marco histórico temporal en que se efectuaron. 

 

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Al igual que ocurre con cualquier otra expresión de la mente humana, quizás la objetividad plena es imposible, pero lo que se le pide a cualquier intelectual honrado es que, cuando menos, haga el esfuerzo de buscarla, tenga la valentía de acercarse serena y responsablemente al mayor grado de objetividad histórica posible.

 

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La complacencia en la mentira

 

Por Julián Marías, de la Real Academia Española

 

Publicado en el diario ABC de Madrid, el 18 de marzo de 1999

La mentira, que se debe distinguir pulcramente del error, es uno de los mayores males de la humanidad, quizá el más importante, junto a la falta de amor -o esa variante suya que es el desamor-. Por diversas causas, siempre ha abundado; una de ellas la señaló perspicazmente Antonio Machado: «Se miente más de la cuenta -por falta de fantasía; -también la verdad se inventa». La falta de imaginación lleva a mentir; es una forma de carencia.

 

Hay tiempos y lugares en que la mentira se hace especialmente frecuente. Es uno de los hechos más inquietantes -y para mí más repulsivos-. Si se tiene experiencia de la vida, lo que no es seguro, ni se adquiere automáticamente con la edad, el aumento de la «densidad» de la mentira es motivo de preocupación: «Algo pasa», se piensa; o, con mayor zozobra: «Algo va a pasar».

 

Brindo a los historiadores -que los hay, y muy buenos, y algunos admirablemente veraces- la investigación, desde este punto de vista, de lo que sucedió en España entre el otoño de 1933 y el verano de 1936. Sería todavía más apasionante indagar el florecimiento de la mentira en Alemania, mejor en toda Europa, por las mismas fechas, quizá un poco antes. Creo que la espesa cortina de mentiras oscureció la realidad, cerró el horizonte, produjo alteraciones en los que las recibieron, hizo posibles los grandes desastres, que acaso se hubiesen podido evitar, si esas mentiras se hubieran descubierto y mostrado.

 

Pero se miente de muchas maneras. El estilo «literario» -llamémoslo así- es revelador; la televisión, fantástico difusor de las mentiras, es a la vez un instrumento para descubrirlas y filiarlas, si se presta atención a lo que se ve y oye. Hay quien miente a pesar de que sabe que lo que dice es falso; hay quien lo hace «porque» sabe que es falso, precisamente por eso. A veces lo hace con malhumor, con ira, más o menos disimulada, a sabiendas de que se está envileciendo para envilecer a los demás, y da el propio envilecimiento por bien empleado. Hay, sin embargo otra forma de mentir que me parece todavía más peligrosa: aquella que va acompañada de complacencia. Hay personas a quienes «les gusta» mentir. Mienten no sólo por conveniencia, o porque se les ordena, sino «por vocación». La mentira, en estos casos, suele ir acompañada de una sonrisa.

 

Siempre se ha dicho que la risa es lo más propio del hombre, y la sonrisa es lo más refinado de ella. Pero hay muchas variedades. «Reírse de» alguien no es nada simpático; «reírse con» alguien es noble y confortador. A la risa y a la sonrisa les pertenece un ingrediente de alegría, y es inquietante que falte. La sonrisa hostil -que nuestra lengua llama certeramente «sonrisilla»- es reveladora.

 

¿De qué? Por lo pronto, del descontento del que la usa. Y de ese descontento profundo, que no afecta a la «situación» -cómo le va a uno-, sino a la «condición» -quién se es-. Este descontento es sumamente peligroso, sobre todo si se tiene fama, o más aún, poder.

 

No es difícil descubrirlo en la mayoría de los ejemplos de monstruosidad en la historia. Y es curioso que en algunos casos, en que ha sido menor ese descontento, han resultado monstruos «veniales».

La historia es un asombroso muestrario que nos ofrece amplísimo campo. Con tal de que se tenga prudencia y modestia, es decir, la convicción de que se sabe poco de quiénes eran las figuras del pasado, la inseguridad de ese conocimiento, la probabilidad del error.

 

El presente tiene la ventaja de la realidad, la posibilidad de comprobación, de reiteración, de contraste. Lo malo es que no se utilicen demasiado los instrumentos de orientación. El afán de notoriedad, de «fama» de muchos hombres dedicados a la investigación y el estudio -lo que en otras épocas no era frecuente- hace que hagan constantemente declaraciones, exhiban sus «desubrimientos», predigan sus inmensas consecuencias.

 

Pierdo toda confianza, dejo de interesarme, y esta actitud acaba por desteñir sobre algunas disciplinas en que esto se generaliza.

 

En el ámbito de la política la cosa es más clara aún, y debería ser más eficaz. Si alguien miente, dejo absolutamente de confiar en él y no pongo la menor esperanza en lo que significa. Se dirá -se dice siempre- que «los políticos mienten». No es absolutamente cierto, y mis preferencias van a los que no lo hacen. En alguna medida casi todos caen en formas «reducidas» de mentira, por ejemplo la exageración o la simple ocultación de parte de la verdad.

 

Uno de los defectos constitutivos de la democracia es que el poder se consigue mediante elecciones, es decir, logrando gran número de votos, y estos suelen responder a las promesas que los políticos hacen, con mayor o menor responsabilidad y fundamento. Siempre he pensado que la democracia no será sana hasta que algunos partidos se atrevan a «no prometer» lo que no se puede, a declarar que no lo hacen porque no quieren engañar; es una táctica arriesgada, pero aplicada con talento y energía puede ser salvadora.

 

Esta posibilidad es estrictamente lo inverso de la complacencia en la mentira, que para mí entraña la máxima descalificación. Con el que miente con deleite, gozando con ello, no se puede ni cruzar la calle. Lo probable es que lo empuje a uno debajo del primer camión que pase -y tales caminos nunca faltan-.

No comparto la visión desoladora del hombre, que goza de tanto favor y tan buena prensa. Creo que la mayoría de las personas son bastante «decentes» -palabra gastada, poco usada, que habrá que rehabilitar-; he encontrado a lo largo de mi vida muchas personas decididamente buenas -sin duda más mujeres que hombres, y conviene decirlo y sacar las consecuencias-. A la mayoría de esas personas les gusta lo bueno, aunque acepten pasivamente la bazofia bien aliñada y ensalzada; en su vida real, prefieren lo mejor. Son capaces de admiración, y siente repulsión ante lo que la merece, aunque muchas veces no se atrevan a decirlo, por la presión de lo que oyen, ven o leen. Pero, como dice la graciosa expresión de nuestra lengua, «otra les queda dentro».

Con esos elementos se podría eliminar la mentira y avanzar confiada, esperanzadamente, acaso ilusionadamente, en el porvenir.

(c) 1999 Prensa Española S.A.

 

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«La escritura de la historia se ve obstaculizada a veces por presiones ideológicas, políticas o económicas; en consecuencia, la verdad se ofusca y la misma historia termina por encontrarse prisionera de los poderosos. El estudio científico genuino es nuestra mejor defensa contra las presiones de ese tipo y contra las distorsiones que pueden engendrar» (1999).
S.S. JUAN PABLO II

 

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A la hora de enseñar la verdad de la fe y desvelar las mentiras, todos los obispos de la Iglesia necesitan tener coraje y un pensamiento unitario, lo que ayudará a proteger eficazmente los oprimidos y los débiles. La conciencia y el corazón del obispo no pueden ser influenciados por la opinión pública.

 

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La deontología del juez tiene su criterio inspirador en el amor a la verdad. Así pues, ante todo debe estar convencido de que la verdad existe. Por eso, es preciso buscarla con auténtico deseo de conocerla, a pesar de todos los inconvenientes que puedan derivar de ese conocimiento. Hay que resistir al miedo a la verdad, que a veces puede brotar del temor a herir a las personas. La verdad, que es Cristo mismo (cf. Jn 8, 32 y 36), nos libera de cualquier forma de componenda con las mentiras interesadas.

El juez que actúa verdaderamente como juez, es decir, con justicia, no se deja condicionar ni por sentimientos de falsa compasión hacia las personas, ni por falsos modelos de pensamiento, aunque estén difundidos en el ambiente. Sabe que las sentencias injustas jamás constituyen una verdadera solución pastoral, y que el juicio de Dios sobre su proceder es  lo que cuenta para la eternidad.

 

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Ante todo, la lucha contra la calumnia y la difamación secreta, un compromiso fundamental en una sociedad de tradición oral*, que atribuía gran importancia a la función de la palabra en las relaciones interpersonales. El rey, que ejerce también la función de juez, anuncia que en esta lucha empleará la más rigurosa severidad:  hará que perezca el calumniador (cf. v. 5). Asimismo, se rechaza toda arrogancia y soberbia; se evita la compañía y el consejo de quienes actúan siempre con engaño y mentiras. Por último, el rey declara el modo como quiere elegir a sus "servidores" (cf. v. 6), es decir, a sus ministros. Los escoge entre "los que son leales". Quiere rodearse de gente íntegra y evitar el contacto con "quien comete fraudes" (cf. v. 7).

* el salmo 100

 

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Un antiguo escritor cristiano, Eusebio de Cesarea, en sus Comentarios a los Salmos, subraya la primacía del amor sobre la justicia, aunque esta sea también necesaria:  "Voy a cantar tu misericordia y tu juicio, mostrando cómo actúas habitualmente:  no juzgas primero y luego tienes misericordia, sino que primero tienes misericordia y luego juzgas, y con clemencia y misericordia emites sentencia. Por eso, yo mismo, ejerciendo misericordia y juicio con respecto a mi prójimo, me atrevo a cantar y entonar salmos en tu honor. Así pues, consciente de que es preciso actuar así, conservo inmaculadas e inocentes mis sendas, convencido de que de este modo te agradarán mis cantos y salmos por mis obras buenas" (PG 23, 1241).

 

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Nada impide superar las inexactitudes y mentiras que muy a menudo se aducen con el fin de «justificar» programas, políticas y otras cosas, totalmente incompatibles con el respeto a los derechos fundamentales del hombre.

 

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VÍA CRUCIS ESCUELA VENECIANA – S. XVIII
CATEDRAL PADUA

 

Señor Jesucristo, has llevado nuestro peso y continúas llevándolo. Es nuestra carga la que te hace caer. Pero levántanos tú, porque solos no podemos reincorporarnos. Líbranos del poder de la concupiscencia. En lugar de un corazón de piedra danos de nuevo un corazón de carne, un corazón capaz de ver. Destruye el poder de las ideologías, para que los hombres puedan reconocer que están entretejidas de mentiras. No permitas que el muro del materialismo llegue a ser insuperable. Haz que te reconozcamos de nuevo. Haznos sobrios y vigilantes para poder resistir a las fuerzas del mal y ayúdanos a reconocer las necesidades interiores y exteriores de los demás, a socorrerlos. Levántanos para poder levantar a los demás. Danos esperanza en medio de toda esta oscuridad, para que seamos portadores de esperanza para el mundo.

 

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Jesús define "levadura de los fariseos" la dureza del corazón que no quiere reconocer las propias culpas y la incapacidad para acoger el don de Dios:  "Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía" (Lc 12, 1). Con estas palabras, Jesús no sólo condena la actitud de falsedad y el afán de hacerse notar, sino también la presunción de creerse justos, que excluye toda posibilidad de auténtica conversión y de fe en Dios.

 

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En la vida corriente el hombre no vive bastante “interiormente”. Jesucristo indica claramente que también los actos de devoción y de penitencia (como el ayuno, la limosna, la oración) que por su finalidad religiosa son principalmente “interiores”, pueden ceder al “exteriorismo” corriente, y por lo tanto pueden ser falsificados. En cambio la penitencia, como conversión a Dios, exige sobre todo que el hombre rechace las apariencias, sepa liberarse de la falsedad y encontrarse en toda su verdad interior. Hasta una mirada rápida, breve, en el fulgor divino de la verdad interior del hombre, es ya un éxito. Pero es necesario consolidar hábilmente este éxito mediante un trabajo sistemático sobre sí mismo. Tal trabajo se llama “ascesis” (así lo llamaban ya los griegos de los tiempos de los orígenes del cristianismo). Ascesis quiere decir esfuerzo interior para no dejarse llevar y empujar por las diversas corrientes “exteriores”, para permanecer así siempre ellos mismos y conservar la dignidad de la propia humanidad.

 

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Demonio padre de la mentira - Quisiera subrayar que el influjo nefasto del demonio y de sus secuaces es habitualmente ejercitado a través del engaño, la mentira y la confusión. Así como Jesús es la Verdad (cf. Jn 8, 44), el diablo es el mentiroso por excelencia. Desde siempre, desde el inicio, la mentira ha sido su estrategia preferida. No hay lugar a dudas de que el diablo tiene la capacidad de atrapar a muchas personas en las redes de las mentiras, pequeñas o grandes. Engaña a los hombres haciéndoles creer que no tienen necesidad de Dios y que son autosuficientes, sin necesitar ni la gracia ni la salvación. Logra engañar a los hombres amortiguando en ellos, e incluso haciendo desaparecer, el sentido del pecado, sustituyendo la ley de Dios como criterio de moralidad por las costumbres o consensos de la mayoría. Persuade a los niños para que crean que la mentira constituye una forma adecuada para resolver diversos problemas, y de esta manera se forma entre los hombres, poco a poco, una atmósfera de desconfianza y de sospecha. Detrás de las mentiras, que llevan el sello del gran mentiroso, se desarrollan las incertidumbres, las dudas, un mundo donde ya no existe ninguna seguridad ni verdad, y en el cual reina, en cambio, el relativismo y la convicción de que la libertad consiste en hacer lo que da la gana. De esta manera no se logra entender que la verdadera libertad consiste en la identificación con la voluntad de Dios, fuente del bien y de la única felicidad posible.

 

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A un mundo mejor se contribuye solamente haciendo el bien ahora y en primera persona, con pasión y donde sea posible”». «Deus caritas est» - Encíclica de Benedicto P.P. XVI - MMVI

 

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En realidad, Cristo es el primer mártir. Dio su vida en un contexto de odio y de falsedad, pero transformó esta pasión —y así también este contexto— en la Eucaristía:  en una fiesta de acción de gracias. La Eucaristía es acción de gracias:  "Alzaré el cáliz de la salvación" .

 

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La veracidad

 

28, 1. "Me dice de nuevo: «Ama la verdad, y que de tu boca salga toda verdad para que el espíritu, que Dios hizo habitar en esa carne, sea hallado verdadero delante de todos los hombres, y de esa forma sea glorificado el Señor que habita en ti. Porque el Señor es verdadero en todas sus palabras, y en Él no hay engaño ninguno. 2. Así pues, los mentirosos reniegan del Señor y defraudan al Señor pues no le devuelven el depósito que recibieron. Pues de Él recibieron un espíritu que no engaña. Si le devuelven uno embustero, violaron el mandamiento del Señor y se hicieron estafadores». 3. Cuando escuché esto, rompí a llorar con fuerza. Al ver que lloraba, me dice: «¿Por qué lloras?». Contesto: «Señor, porque no sé si podré salvarme». Dice: «¿Por qué?». Respondo: «Señor, porque en mi vida todavía no he dicho una palabra verdadera, sino que siempre conviví con todos de una manera astuta y a todos les presenté mi mentira como verdad. Y nadie me contradijo jamás, sino que se dio fe a mi palabra. Así pues, señor, ¿cómo podré vivir después de haberme comportado así?».4. Dice: «Piensas bien y con verdad. Convenía que, como siervo de Dios, hubieses caminado en la verdad, y que una conciencia mala no habitase con el espíritu de la verdad, y que no hubieses llevado la tristeza al espíritu santo y verdadero».Digo: «Señor, nunca escuché palabras tan acertadas».5. Me dice: «Así pues, ahora las escuchas. Guárdalas para que las mentiras, que dijiste antes en tus negocios, sean dignas de fe al ver que estas palabras de ahora son verdaderas. Si las guardas y desde este momento hablas toda verdad, podrás procurarte la vida. También el que escuche este mandamiento y se aparte de la perversísima mentira, vivirá para Dios."

  El Pastor de Hermas, Mand.II, 27 – Mand. III, 28.   

 

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La palabra de la cruz es fuerza de Dios para los que se salvan - "Jesucristo me ha mandado a evangelizar, pero no con la sabiduría de palabras, es decir, con la sabiduría del mundo (1 Co 1, 17). Por sabiduría de palabras entiende el apóstol el arte de la retórica que enseña a hablar de una manera atrayente hasta el punto de inducir a los hombres a asentir a errores y falsedad. Pero desde el momento en que el texto griego se encuentra el término « Logos », que significa « razón » y palabra, aquí se podría entender más convenientemente como dicho de la razón humana, la cual es siempre desproporcionada para evangelizar, ya que los contenidos de la fe la trascienden. Sin embargo, cabe notar que usa legítimamente de la razón humana el que poniendo a la base los fundamentos de la verdadera fe, toma a servicio de la fe aquellas verdades que pueden a veces encontrarse en las doctrinas filosóficas. Ya san Agustín dice: «La técnica de la elocuencia es indiferente en cuanto a inducir al bien o al mal ya que, ¿no la aprenden sea los buenos con el estudio y ejercicio para ponerla al servicio de la bondad, cuanto también los malos la usurpan para su iniquidad?»

Algunas veces el modo de enseñar no es acomodado al argumento, sobre todo cuando no es adecuado para exponer las verdades principales de esa materia, como, por ejemplo, sucedería a quien quisiere avanzar con demostraciones de tipo intelectual mediante metáforas que no sobrepasan el nivel de la imaginación y que, por tanto, por si mismas no expresan un contenido intelectual y abstracto. Lo que es central en la religión cristiana es la salvación por la cruz de Cristo, por lo que dice el Apóstol: Nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna sino a Jesucristo y éste crucificado (1 Co 2, 2). Quien enseñando el cristianismo se apoya sobre todo en la sabiduría humana, por lo que a él mismo respecta, hace ineficaz la cruz de Cristo. Por lo tanto, el enseñar con sabiduría de solas palabras humanas no es un modo conveniente a la catequesis cristiana. Por ello dice el Apóstol: Para no hacer ineficaz la cruz de Cristo (1 Co 1, 17), es decir, para que no disminuya la confianza en la cruz de Cristo al ser oscurecida por medios de sabiduría humana.

El mensa/e de la cruz —es decir, el anuncio de la cruz de Cristo— es necedad, —algo que parece necio— para los que están en vías de perdición, es decir, para los infieles que se creen sabios según los criterios del mundo, por el hecho de que la predicación de la cruz de Cristo contiene tantas cosas que a la luz de la sabiduría humana parecen imposibles. Por ejemplo: el hecho que un Dios muera y que el omnipotente perezca a manos de los violentos. La misma predicación, además, presenta algunos elementos que parecen contrarios a la sabiduría humana; por ejemplo: que alguien, pudiéndolo, no huya de las humillaciones. Es lo que el mismo Festo hizo notar a Pablo cuando éste le anunciaba el poder de la cruz: Estás loco, Pablo, las muchas letras te hacen perder la cabeza, (Hch 26, .24) y Pablo confirma en una de sus cartas: Nosotros unos locos por Cristo (1 Co 4, 10).

Pero para que no parezca que la palabra de la cruz contiene en sí verdaderamente necedades, añade: Para nosotros, es decir, los fieles de Cristo que hemos sido salvados por él, es fuerza de Dios, (1 Co 1, 18), ya que por medio de la cruz de Cristo se manifiesta un anonadamiento divino que tiene el poder de vencer al demonio y al mundo: Ha vencido el león de la tribu de Judá. (Ap 5, 5).

Efectivamente, muriendo junto con Cristo a los vicios y a la concupiscencia experimentan en sí mismos una fuerza superior, según cuanto está escrito: Y los que son de Cristo Jesús han crucificado su carne con sus pasiones y sus deseos (Ga 5, 24), y es esa fuerza de la que habla el evangelista: Porque salía de él una fuerza queloscuraba a todos (Lc 6,19)."


Del Comentario a la primera Carta a los Corintios de santo Tomás de Aquino, (Cap. 1, lect. III, nn., 41. 43. 45. 47, « Super Epistolas S. Pauli lectura », Torino 1953, vol. I, pp. 240-241)

 

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VÍA CRUCIS ESCUELA VENECIANA – S. XVIII
CATEDRAL PADUA

 

Jesús, condenado por declararse rey, es escarnecido, pero precisamente en la burla emerge cruelmente la verdad. ¡Cuántas veces los signos de poder ostentados por los potentes de este mundo son un insulto a la verdad, a la justicia y a la dignidad del hombre! Cuántas veces sus ceremonias y sus palabras grandilocuentes, en realidad, no son más que mentiras pomposas, una caricatura de la tarea a la que se deben por su oficio, el de ponerse al servicio del bien. Jesús, precisamente por ser escarnecido y llevar la corona del sufrimiento, es el verdadero rey. Su cetro es la justicia (Sal 44, 7). El precio de la justicia es el sufrimiento en este mundo: él, el verdadero rey, no reina por medio de la violencia, sino a través del amor que sufre por nosotros y con nosotros. Lleva sobre sí la cruz, nuestra cruz, el peso de ser hombres, el peso del mundo. Así es como nos precede y nos muestra cómo encontrar el camino para la vida eterna.

 

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La mentira consiste en decir falsedad con intención de engañar’ (S. Agustín, mend. 4, 5). El Señor denuncia en la mentira una obra diabólica: ‘Vuestro padre es el diablo... porque no hay verdad en él; cuando dice la mentira, dice lo que le sale de dentro, porque es mentiroso y padre de la mentira’ (Jn 8, 44).

2483 La mentira es la ofensa más directa contra la verdad. Mentir es hablar u obrar contra la verdad para inducir a error al que tiene el derecho de conocerla. Lesionando la relación del hombre con la verdad y con el prójimo, la mentira ofende el vínculo fundamental del hombre y de su palabra con el Señor.

2484 La gravedad de la mentira se mide según la naturaleza de la verdad que deforma, según las circunstancias, las intenciones del que la comete, y los daños padecidos por los que resultan perjudicados. Si la mentira en sí sólo constituye un pecado venial, sin embargo llega a ser mortal cuando lesiona gravemente las virtudes de la justicia y la caridad.

2485. La mentira es condenable por su misma naturaleza. Es una profanación de la palabra cuyo objeto es comunicar a otros la verdad conocida. La intención deliberada de inducir al prójimo a error mediante palabras contrarias a la verdad constituye una falta contra la justicia y la caridad. La culpabilidad es mayor cuando la intención de engañar corre el riesgo de tener consecuencias funestas para los que son desviados de la verdad.

2486 La mentira, por ser una violación de la virtud de la veracidad, es una verdadera violencia hecha a los demás. Atenta contra ellos en su capacidad de conocer, que es la condición de todo juicio y de toda decisión. Contiene en germen la división de los espíritus y todos los males que ésta suscita. La mentira es funesta para toda sociedad: socava la confianza entre los hombres y rompe el tejido de las relaciones sociales.

2487 Toda falta cometida contra la justicia y la verdad entraña el deber de reparación, aunque su autor haya sido perdonado. Cuando es imposible reparar un daño públicamente, es preciso hacerlo en secreto; si el que ha sufrido un perjuicio no puede ser indemnizado directamente, es preciso darle satisfacción moralmente, en nombre de la caridad. Este deber de reparación se refiere también a las faltas cometidas contra la reputación del prójimo. Esta reparación, moral y a veces material, debe apreciarse según la medida del daño causado. Obliga en conciencia

 

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IL BUGIARDO SISTEMATICO

 

Da un tempo in qua io non dico mai quello che io credo, né credo mai quel che io dico e, se pure mi vien detto qualche volta il vero, io lo nascondo fra tante bugie, che è difficile a ritrovarlo.
Così, senza nessun pudore, Machiavelli scriveva all´amico Francesco Guicciardini, quasi vantandosi di essere un bugiardo sistematico. La sua, d´altronde, era un´attitudine che nasceva da un pessimismo radicale nei confronti dell´umanità e da una conseguente spregiudicatezza ammantata di realismo. Certo è che la calda protezione della menzogna nei momenti di paura può essere una forte tentazione, tenendo comunque ben conto del famoso detto sulle pentole e i coperchi del diavolo o più lapidariamente del verso di Corneille nel suo dramma Il bugiardo: «Il faut bonne mémoire, après qu´on a menti», bisogna essere dotati di buona memoria, dopo aver mentito!
La civiltà dell´immagine e dell´apparenza ci induce, comunque, all´inganno, fino a giungere all´estremo di mentire a se stessi. Ci sono persone (e non solo alcuni politici) che si convincono delle menzogne che propinano agli altri, a furia di sfornarne e di renderle sempre più raffinate. Come è remoto il "sì, sì; no, no" evangelico, nella certezza che ormai è l´alterazione della verità ad avere successo! Ritrovare la via della sincerità è, dunque, arduo, anche perché essa è coperta di ortiche ed è scambiata per ingenuità e persino per stupidità. Trovare il coraggio dell´onestà intellettuale e pratica è un esercizio degno dell´uomo, anche se costoso.

Gianfranco Ravasi . 30 Aprile 2003 - MATTUTINO

 

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¿Cómo es posible imaginar un consejo o una confederación mundial cristiana, en la que cada uno de sus miembros pueda, hasta en materia de fe, conservar su sentir y juicio propio aún estos contradigan al juicio y sentir de los demás?... Entre tan grande diversidad de opiniones, no sabemos cómo se podrá abrir camino para conseguir la unidad de la Iglesia, unidad que no puede nacer más que de un solo magisterio, de una sola ley de creer y de una sola fe de los cristianos... De esa diversidad de opiniones es fácil es fácil el paso al menosprecio de toda religión, o "indiferentismo", y al llamado "modernismo", con el cual los que están desdichadamente inficionados, sostienen que la verdad dogmática no es absoluta sino relativa, o sea, proporcionada a las diversas necesidades de lugares y tiempos, y a las varias tendencias de los espíritus, no hallándose contenida en una revelación inmutable, sino siendo de suyo acomodable al a vida de los hombres... Porque la unión de los cristianos no se puede fomentar de otro modo que procurando el retorno de los disidentes a la única y verdadera Iglesia de Cristo, de la cual un día desdichadamente se alejaron; a aquella única y verdadera Iglesia que todos ciertamente conocen y que por la voluntad de su Fundador debe permanecer siempre tal cual EL mismo la fundó para la salvación de todos... No puede adulterar la Esposa de Cristo; es incorruptible y fiel. Conoce una sola casa y custodia con casto pudor la santidad de una sola estancia... Vuelvan los hijos disidentes, no ya con el deseo y al esperanza de que La Iglesia de Dios vivo, la columna y el sostén de la verdad, abdique de la integridad de su fe, y consienta los errores de ellos, sino para someterse al magisterio y al gobierno de ella...[“Mortalium Animos”, ¿cómo fomentar la verdadera unidad de los cristianos?, de S.S. Pió XI, 1928]

 

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Cuiden de sí mismos y de todo el rebaño en el que el Espíritu Santo les ha colocado como Obispos [“episkopos”]: pastoreen la Iglesia del Señor, que ÉL [Jesucristo] adquirió con su propia sangre. 29Sé que después de mi partida se introducirán entre ustedes lobos voraces que no perdonarán al rebaño [y querrán acabar con La Iglesia]. 30De entre ustedes mismos surgirán hombres que enseñarán doctrinas falsas [deformarán la sana doctrina cristiana] e intentarán arrastrar a los discípulos tras sí. 31Estén, pues, atentos, y recuerden que durante tres años no he dejado de aconsejar a cada uno de ustedes noche y día, incluso entre lágrimas.” [San Pablo - Hechos Cap. 20]

 

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«La historia no está en manos de potencias oscuras, del azar o de opciones humanas» S. S. Benedicto XVI P.P.
«Ante el desencadenamiento de energías malvadas, ante la irrupción vehemente de Satanás, ante tantos azotes y males, se eleva el Señor, árbitro supremo de las vicisitudes de la historia».
«Dios no es indiferente ante las vicisitudes humanas, sino que penetra en ellas realizando sus "caminos", es decir, sus proyectos y sus "obras" eficaces».

«Esta intervención divina tiene un fin preciso: ser un signo que invita a todos los pueblos de la tierra a la conversión. Las naciones deben aprender a "leer" en la historia un mensaje de Dios».
Para S. S. Benedicto XVI «la aventura de la humanidad no es confusa y carente de significado, ni está sometida a la prevaricación de los prepotentes y perversos» y, de hecho, «existe la posibilidad de reconocer la acción de Dios en la historia».
El Concilio Ecuménico Vaticano II, en la constitución pastoral «Gaudium et spes», invita al creyente «a escrutar, a la luz del Evangelio, los signos de los tiempos para ver en ellos la manifestación de la acción misma de Dios».
«Esta actitud de fe lleva al ser humano a reconocer la potencia de Dios que actúa en la historia, y a abrirse así al temor del nombre del Señor», «temor» que no es «miedo», sino «el reconocimiento del misterio de la trascendencia divina».
«Gracias al temor del Señor no se tiene miedo del mal que irrumpe en la historia y se retoma con vigor el camino de la vida», repitiendo las últimas palabras de Jesús sobre la tierra: «¡Ánimo! yo he vencido al mundo».

Papa Juan XXIII, solía repetir: «el que cree no tiembla, pues el que cree no debe tener miedo del mundo ni del futuro».

S. S. Benedicto XVI P.P. 2005-05-11 – Vat. Roma – Italia

 

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Cuando nació el cristianismo en la primera mitad del siglo I hubiera sido difícil imaginar qué pasaría de ser un reducido movimiento judío. Sin embargo, ofreció esperanza a sectores sociales como las mujeres, los esclavos, los desposeídos o los enfermos. Durante la Edad Media, creó la Universidad y sentó las bases de la revolución científica. En el siglo XVI la Reforma proporcionó el concepto de libertades políticas, la recuperación del papel del individuo o la necesidad de controlar públicamente al poder mediante resortes democráticos. Durante los siglos siguientes combatió la esclavitud, defendió a los indígenas y apuntó hacia los peligros de un capitalismo salvaje o de la utopía marxista. Así fue modelando un ámbito de justicia y libertad a lo largo de la Historia.

 

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“Las Escrituras no se pueden interpretar solo con los instrumentos de la ciencia de la exégesis –como hacen los protestantes-, mas va leída a la luz de la Tradición del Magisterio”. “En la Iglesia, las Sagradas Escrituras, cuya comprensión crece bajo la inspiración del Espíritu Santo, y el misterio de la interpretación auténtica, dado a los apóstoles, pertenecen el uno al otro en modo indisoluble. Y entonces, allí donde la Sagrada Escritura viene separada de la voz viviente de la Iglesia, vemos que esa cae prisionera a las disputas de los expertos”.

2005-05-07 – S. S. Benedicto XVI – San Juan de Letrán.

 

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Evangelio de san Juan habla de «tres obstáculos para el hombre: la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida» y reza para destruir «el poder de las ideologías, para que los hombres puedan reconocer que están entretejidas de mentiras» y para que «el muro del materialismo» no «llegue a ser insuperable». El Cardenal Ratzinger despliega una visión crítica de la labor de ciertos miembros de la Iglesia: «¡Cuánta suciedad en la Iglesia y entre los que, por su sacerdocio, deberían estar completamente entregados a él! ¡Cuánta soberbia, cuánta autosuficiencia!», escribió el purpurado para la novena estación del Vía Crucis, la tercera caída de Jesús. 2005-03-25 Viernes Santo – Colina vaticana, Roma- Italia.

 

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Si camino por la calle y de pronto tropiezo, pierdo el equilibrio e involuntariamente arrojo al suelo a un transeúnte, lo que procede es pedirle una disculpa. Si la víctima de mi accidente se da cuenta de que mi acción ha sido, en efecto, involuntaria, me dis-culpará, es decir, reconocerá que no fui culpable. En cambio, si ese mismo transeúnte, al llegar a su casa, insulta a su esposa, no bastará con que posteriormente solicite ser dis- culpado: deberá pedir perdón, porque ha sido culpable de la ofensa cometida. Por tanto, se disculpa al inocente y se perdona al culpable.

 

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«Cristo es el criterio, base y columna fundamental de verdad, porque Él es la Verdad. No olvidemos que Cristo dijo esto en un momento central de su vida, en el corazón de la realización del misterio pascual, trámite por el cual el Padre dará al hombre su amor que es el Espíritu Santo.
Cristo, siendo el Señor de la Iglesia –y la Iglesia ofreciendo esta verdad que es Cristo–, permite al hombre adherirse a esta verdad, en la cual se realiza en plenitud la libertad, siendo ésta un al amor de Dios. Así, la Iglesia es la instancia por excelencia de la verdadera libertad.»

 

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Dijo Jesús: Quien sacrifica su vida por mí, la ganará para la vida eterna.

 

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La sencillez es el sello de la verdad. No hay mayor verdad que esta. La verdad es uno de los valores fundamentales de la vida y de la convivencia entre los hombres. Para ser auténtico hay que irradiar la luz de la verdad.

 

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En el campo del cristianismo la autenticidad tiene otros ribetes. En su libro ‘‘Camino de mi Fe’’, Louis Evely señala, que hemos entrado en la era de la interrogación. Vivimos en una época en que toda doctrina queda relativizada al ser comparada con las que compiten con ella. Por esto, ser discípulo de Cristo es atreverse a inventar lo adecuado para nuestro tiempo como él se atrevió a inventar lo adecuado para el suyo.

 

De modo, que el compromiso con la verdad nos libera de la hipocresía. Cuando se silencia la verdad nos hacemos cómplices de lo mal hecho, y ese encubrimiento atenta contra nuestra capacidad de llenarnos del amor de Dios.
Hoy día, si algo se valora más que ninguna otra cosa es la sinceridad de las personas, porque el mundo está lleno de simuladores, que no hacen nada que no sea con la atención puesta en la propia persona. La falta de autenticidad que pulula por doquier, que se traduce en insinceridad, demuestra lo poco que interesan los problemas del prójimo. La sinceridad es un imperativo moral; pero es también una manifestación real del verdadero amor. Es un gran error, traicionar la propia verdad, es el gran problema que enfrenta la humanidad en estos momentos.

 

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Sobre los altares es suficiente con que brille la Hostia Sagrada. Sino, como dijo san Hilario + 367 ca., construiríamos iglesias para destruir la fe.

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

Es contrario a la dignidad humana hacer sufrir inútilmente a los animales y sacrificar sin necesidad sus vidas. Es también indigno invertir en ellos sumas que deberían remediar más bien la miseria de los hombres. Se puede amar a los animales; pero no se puede desviar hacia ellos el afecto debido únicamente a los seres humanos.

 

 

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).