Wednesday 29 March 2017 | Actualizada : 2017-03-03
 
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P: Mi hijo tiene que hacer un trabajo para el colegio sobre Rigoberta Menchú. ¿Qué opinión le merece esta persona? ¿Es verdad que se estuvo pensando quitarle el premio Nobel de la Paz por falsaria?

 

 

Las sectas utilizan y auspician, porque necesitan la manipulación histórica. Las instituciones de la Iglesia ‘sin complejos’ están contra la desmemoria impuesta desde el poder de turno; el periodismo independiente cuando no fundamenta lo que escribe o dice, fomentando embustes y falacias. Deseando, con buena voluntad se puede, asombrosamente, resumir complicadísimos pasajes históricos con toda sencillez. Solo se requiere: amor a la verdad y objetividad histórica. Contra la manipulación histórica, el rigor de los que saben, ¿verdad señora Rigoberta Menchú?

 

 

 

R: Es una farsante. Ha quedado archidemostrado que su autobiografía –en la que se basó la concesión del Nobel– está plagada de mentiras. Ahora, que bien ha sabido colocarse en el mercado internacional de la progresía...

 

2004-01-27 – César Vidal, Dr. en historia antigua, dr. en filosofía, dr. en teología y licenciado en derecho, comentarista, articulista, escritor y autor de más de 100 libros. Esp.

 

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Hacer el bien es mucho más atractivo, aunque no siempre más fácil. «Vencer el mal con el bien» es una consigna que empalma a san Pablo (siglo I) con Juan Pablo II (siglo XXI). Veinte siglos de sabiduría cristiana coexistiendo con la estupidez no ajena al cristiano (nada humano nos es ajeno). Sigue siendo verdad. El bien es más poderoso, más atractivo, más apasionante que el mal. El bien es lo estrictamente verdadero, bueno y bello. Jesucristo nos exhorta a interesarnos por el bien, al menos igual que otros se interesan por el mal. Es decir, nos alienta a pensar en el bien, en lo bueno que es hacer el bien; a indagar constantemente en el modo de hacerlo. Y hacerlo. Y hacerlo cada vez mejor.

 

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Desde que Gertrude Stein escribiera al jurado noruego del Premio Nobel de la Paz, pidiendo que se lo otorgaran, allá por los años treinta, a Adolfo Hitler, se puede esperar cualquier cosa del jurado de aquel premio, que parece ser una sucursal de Amnistía Internacional o del Grupo Prisa. Por ejemplo, el último se lo han dado a una señora cuyo nombre no recuerdo ni me importa, la cual además de ser perito forestal, declaró que los judíos propagaban adrede el Sida en África, declaración que no se ha logrado ocultar del todo. 2005.01

 

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...de la banalidad, futilidad y evidentes intereses tendenciosos…

 

UNA REFLEXIÓN SOBRE EL PREMIO NOBEL...

Todos los escritores, incluso los más malos, piensan que algún día podrían ganar el premio Nobel. Es lógico que esto sea así, dado que el Nobel es el premio más prestigioso del mundo y que aquellos que lo reciben entran en una especie de Olimpo terreno. Ganar el premio Nobel quiere decir lograr no sólo la fama, sino la gloria, y lo que es más, la inmortalidad. Sería absurdo ser escritor (novelista, poeta, dramaturgo, o incluso ensayista o historiador), contar por tanto con la posibilidad de lograr la inmortalidad, nada menos, y no pensar en ello aunque sea alguna vez.

Sin embargo, si repasamos la lista de los premios Nobel de Literatura desde su creación en 1901, veremos que la inmortalidad no está ni mucho menos asegurada. ¿Sabe usted, amable lector, quién es Rudolph Christoph Eucken? ¿Y Henrik Pontoppidan? ¿Y Johannes Vilhelm Jenssen? ¿Y Carl Spitteler? Seguramente no. Y usted se preguntará si ese olvido no será tremendamente injusto. Quizá lo sea en algunos casos, pero he leído recientemente Imago de Carl Spitteler (por poner un ejemplo), en la preciosa edición de Nórdica Libros, y me ha parecido un libro curioso, interesante, pero nada más. No, no pienso que el olvido en que ha quedado sumido Spitteler después de su premio Nobel sea una tremenda injusticia.

No resulta fácil, por otra parte, decidir cuál es la tendencia de los Nobel. Así como los Oscar (¿y qué son los premios Nobel más que una especie de Oscar de la Política, la Ciencia y la Literatura, aunque con menos bellezas, sin presentador humorístico y sin canciones?), así como los Oscar, digo, se orientan claramente a un cine de tipo convencional que cuenta una historia con mensaje, los Nobel han recaído en escritores de corte tradicional como Pearl S. Buck y en experimentalistas como Faulkner, en poetas exquisitos como Yeats y en conjuradores de multitudes como Neruda. ¿Qué criterio ético, estético, político o de cualquier otra clase puede ser el que una a autores como Sartre y Saint-John Perse, Coetzee y Dario Fo, Derek Walcott y Camilo José Cela, Joseph Brodsky y Orham Pamuk?

Habría que decidir, de cualquier modo, si esta aparente falta de prejuicios de los sucesivos jurados del Nobel, si esta amplitud de miras de los que que un año otorgan el galardón a un autor simpático pero claramente menor (2006) y otro a un genio deslumbrante (2003), un año a un maestro del relato y de la imagen (1982) y otro a un tedioso pergeñador de abstracciones (1985) no será, en realidad, una muestra de total indiferencia estética.

Y es que esa variedad de tendencias y estilos que encontramos en la lista de los premiados con el Nobel no es realmente una muestra de apertura mental, sino el efecto de un procedimiento lleno de intereses (como lo es todo premio) y que arroja el resultado de una absoluta y lamentable arbitrariedad.

POR ANDRÉS IBÁÑEZ – ‘ABC’ Esp. Viernes, 10-10-2008

 

 

PREMIO NÓBEL = {FRAUDES, MENTIRAS, ASTUCIAS Y ENGAÑOS DE LA RIGOBERTA MENCHÚ}

 

 

 

 

 

 

P: Mi hijo tiene que hacer un trabajo para el colegio sobre Rigoberta Menchú. ¿Qué opinión le merece esta persona? ¿Es verdad que se estuvo pensando quitarle el premio Nobel de la Paz por falsaria?

 

 

R: Es una farsante. Ha quedado archidemostrado que su autobiografía –en la que se basó la concesión del Nobel– está plagada de mentiras. Ahora, que bien ha sabido colocarse en el mercado internacional de la progresía...

 

 

 

2004-01-27 – César Vidal, Dr. en historia antigua, filosofía, teología y licenciado en derecho, comentarista, articulista y autor de más de 100 libros. Esp.

 

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Análisis histórico - Con frecuencia en los análisis históricos se peca de falta de objetividad por juzgar con valores actuales los sucesos del pasado. Esto no significa relativizar el juicio valórico de los sucesos, sino extirpar ciertos moralismos actuales que no son reales, que suponen una "moral" moderna y postmoderna que juzga enloquecidamente las cosas. Desde una perspectiva objetiva tenemos que condenar sin reserva los errores ocurridos en l período analizado, pero sin rasgar vestiduras por la "monstruosa" noticia del descubrimiento y civilización europea en América, maldiciendo la hora en que se produjo al estilo del cuestionado activista verde Jacques Cousteau quien declaró en 1992 que la llegada de la Colón a América "fue un desastre peor que la lluvia de meteoritos que acabó con los dinosaurios en la prehistoria"

Aquí la premisa tribalista de "cada uno en su tierra sin invadir otra" queda desvanecida por el absurdo ante el dinamismo y realidad de la historia. Toda civilización es el fruto de una mezcla frecuentemente nada pacífica. La misma epopeya del Pueblo de Dios suponía conquistar una tierra prometida ocupada por tribus locales. Los mismos europeos provienen de invasiones y nuevas invasiones que mezclaron sus sangres e hicieron nacer las distintas culturas que dan alma al Viejo Mundo.

 

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La Menchú es una farsante

 

 

 

NOBEL - Premios cuestionados

 

El caso de Rigoberta Menchú no es el único en el que ha sido cuestionado un Premio Nobel. De hecho, las revelaciones que la han afectado ocurrieron tres meses después de que otros laureados han sido examinados con la lupa. Se trata de los Nobel de Economía de 1997, Robert Merton y Myron Scholes. En septiembre, ambos especialistas comenzaron a recibir fuertes críticas luego de que quebrara el Fondo de Inversiones, LTCM, con motivo de la crisis económica en Rusia. El resultado fueron pérdidas de más de US$ 3 mil 500 millones. Merton y Scholes habían recibido el Nobel, precisamente por elaborar un sistema que permitía medir los riesgos, de manera de poder proteger las inversiones de mercados a futuro.

En 1986, se produjo otro escándalo, cuando se descubrió que el Nobel 1975 de Medicina, David Baltimore, había falseado un experimento con la inmunóloga brasileña Thereza Imanishi. Ello le valió perder su cargo en la Rockefeller University y el financiamiento de sus investigaciones. Dos años atrás, el Departamento de Salud de Estados Unidos le levantó las sanciones que pesaban en su contra.

 

 

 

 

http://www.quepasa.cl/revista/1446/12.html

 

 

 

 

 

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Libertad digital:

 

 

Germán Yanke

Todo lo de la ONU resulta vergonzoso. Sobre su inutilidad, no insistiré porque ya lo ha dejado claro en Libertad Digital Alberto Míguez con más autoridad y más conocimientos que yo. Pero, al menos, podría guardar las apariencias.

 
Ya que no ha sido capaz de resolver nada ni de denunciar con eficacia la represión y los asesinatos legalizados de la dictadura de Castro, podría la ONU despojar del lacerante título de “embajadora de la ONU” a
Rigoberta Menchú, que es uno de los casos más palmarios de desvergüenza internacional de los últimos decenios. Si hay que lamentar su sufrimiento, incluso el que ella misma exageró mintiendo sobre su pasado, no hay por qué soportar la indignidad de defender, en nombre de la ONU, cualquier dictadura y casi todas las agresiones a los derechos humanos que vienen disfrazas de progresismo e indigenismo. Ahora ha sido Cuba, en donde la dictadura le hace fiestas mientras empareda a los disidentes. Antes fueron las organizaciones del entorno de ETA, a las que este mequetrefe del mangoneo internacional, apoyó sin recato con la monserga del diálogo y la negociación. Lo que entiende por tales se ha visto estos días en La Habana.

 

LIBERTAD DIGITAL. MARTES 22 DE ABRIL DEL 2003.-

 

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Las mentiras de Menchú

 

 

 

http://www.quepasa.cl/revista/1446/12.html - fuente del 2004-01-28

 

 

Tras recibir el Premio Nobel de la Paz en 1992, la guatemalteca Rigoberta Menchú es cuestionada por haber falseado datos claves en un libro autobiográfico que la lanzó a la fama mundial.

 

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En Me llamo Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia, la Premio Nobel describe toda una historia de sufrimiento, incluyendo el asesinato de sus padres y un hermano, antecentes que fueron claves para otorgarle el laurel.

 

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Cuando América Latina celebraba, en octubre de 1992, los 500 años del descubrimiento del continente, la Academia de Oslo decidió otorgar el Premio Nobel de la Paz a una figura de la región, que representara el sufrimiento vivido en todo ese tiempo por la población indígena de la región. El 16 de octubre de ese año, el laurel recayó en Rigoberta Menchú (39). De ascendencia maya-quiché, durante la década de los ´80, Menchú se había destacado por defender en distintos foros internacionales los derechos humanos de sus compañeros de etnia.

Desde que las fuerzas armadas asumieron el poder en 1954, diversas juntas militares se turnaron en el gobierno, lo que motivó que se desatara una de las guerras de guerrillas más antiguas de América Central. El saldo de más de 40 años de conflicto ha sido la muerte de cerca de 100 mil personas. En su mayoría, las víctimas eran indígenas, lo que no es de extrañar en un país en el cual el 60 % de la población pertenece a los pueblos originarios.

Al acceder al Nobel de la Paz, Menchú se inscribió en una larga lista de laureados, la que ha incluido a nombres de la talla de Martin Luther King, el Dalai Lama y la Madre Teresa de Calcuta, por mencionar sólo a algunos. Su premio fue posible, en gran parte, gracias a un libro autobiográfico publicado en 1983, que lleva por título: Me llamo Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia.

Desde entonces, el texto ha sido traducido a 12 idiomas y ha tenido numerosas reediciones, antecedentes que fueron considerados al momento de decidir su premiación. Con posterioridad al reconocimiento, Menchú ha adquirido fama mundial, llegando a ser designada por las Naciones Unidas como embajadora especial para asuntos indígenas. Como tal, ha tenido un lugar destacado en su país, a partir del proceso de paz iniciado en 1996 y supervisado por la organización internacional.

En su camino hacia la notoriedad, Me llamo Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia jugó un papel clave. En el texto describe toda una historia de sufrimiento, miseria, violencia y explotación, vivida por ella, sus familiares y su pueblo en el período más álgido de la guerra civil. Especialmente recuerda el asesinato de sus padres y uno de sus hermanos, cometidos por los militares guatemaltecos, a raíz de su activa militancia en organizaciones campesinas indígenas.

Hasta la semana pasada, nadie ponía en duda el testimonio de Menchú. Pero todo comenzó a derrumbarse cuando uno de los principales periódicos estadounidenses, The New York Times, cuestionó gran parte de los dichos de la activista contenidos en el libro. Para llegar a esa conclusión, además de recopilar antecedentes de manera independiente, un periodista de ese medio se basó en el trabajo del antropólogo David Stollman, quien realizó durante una década más de 100 entrevistas a conocidos y parientes de Menchú.

Según el especialista, "el libro de Menchú no puede ser el testigo que pretende, porque describe experiencias que simplemente no vivió".

Varios de los recuerdos centrales del texto son desmentidos por Stollman y el articulista del New York Times. Así, en las primeras páginas, Menchú afirma que nunca fue al colegio y que ni siquiera sabía hablar español o leer y escribir. De acuerdo con la dirigenta, sus primeros encuentros con las letras se produjeron poco antes de que la antropóloga venezolana Elizabeth Burgos le hiciera las 26 horas de entrevistas que sirvieron como base del libro.

Otro aspecto que es refutado es la afirmación de que los Menchú, durante décadas, sufrieron la persecución de ciertos terratenientes de su pueblo natal, San Miguel de Uspatán. Esto, a raíz de que la familia había ocupado pacíficamente ciertas tierras abandonadas y sin dueño, cosa que habría molestado a los latifundistas locales, quienes incluso habrían recurrido a los militares para desalojarla.

Quizás una de las revelaciones más impactantes de Menchú, contenidas en el libro, está relacionada con la muerte de dos de sus hermanos, uno de los cuales habría muerto de desnutrición y el otro, quemado vivo por los uniformados. Hecho este último que ella y sus padres habrían sido obligados a presenciar.

Todos estos episodios, de acuerdo con Stollman y The New York Times, no corresponderían a la verdad. Así, Menchú habría sido educada en un colegio internado perteneciente a una congregación de monjas belgas. Las persecuciones sufridas por los latifundistas, en tanto, más bien habrían sido disputas territoriales entre el padre de Rigoberta, Vicente Menchú, y algunos familiares de su mujer.

Según los nuevos antecedentes, la muerte por desnutrición de uno de sus hermanos nunca existió, mientras respecto del fallecimiento de un segundo, éste habría ocurrido en circunstancias completamente distintas.

Esto ha llevado a Geir Lundestad, director del Instituto Noruego del Nobel, a decir que "todas las autobiografías, de una manera u otra, están más o menos embellecidas". Agregó que la decisión de otorgarle el Premio Nobel de la Paz a Menchú no estuvo basada "exclusiva o primariamente" en la autobiografía, concluyendo que de ninguna manera "se revocará la decisión de habérselo concedido".

Las revelaciones de Stoll y del New York Times inmediatamente causaron revuelo en Guatemala. El diario Prensa Libre entrevistó a Menchú, quien acusó de ser víctima de una "provocación política". Junto con negar la veracidad de los nuevos antecedentes, anunció que "la mejor manera de responder era hacerlo desde una perspectiva académica", encargando una profunda investigación científica.

Además, estimó que siempre ha sido blanco de los antropólogos, ya que desde la década de los ´80 ha denunciado a ciertas corrientes de esa disciplina, que han tratado de forma "grosera y arrogante a los indígenas". "Ellos interponen una realidad o su imaginación sobre la palabra de un indígena", contraargumentó.

Junto con ello, aseguró que ya tenía noticias sobre el trabajo de Stoll, contenido en un nuevo libro (Rigoberta Menchú y la historia de todos los guatemaltecos pobres). Expresó que cuando el obispo Juan Gerardi fue asesinado, en el pasado mes de abril, "inmediatamente se intensificaron anuncios y rumores de que saldría un libro en el que se desprestigiaría mi testimonio".

Para apoyar las refutaciones en contra de Menchú, Stoll y The New York Times se basaron en los relatos de parientes de la dirigenta, entre otros testigos. Así, Nicolás y Rosa Menchú recuerdan que las monjas belgas, de los seis hermanos, escogieron a Rigoberta para ser educada en un internado, ya que pensaron que era "inusualmente brillante y despierta".

Además, aseguran que de niños Rigoberta se enorgullecía por el hecho de que era capaz de corregirles su rudimentario manejo del castellano y se ufanaba de que era "la única en la casa que sabía leer y escribir".

En su libro, Rigoberta también describe la muerte por malnutrición de uno de sus hermanos ocurrida en 1967. Sin embargo, vecinos de Ustapán y algunos de sus familiares, según el periódico estadounidense, no tienen recuerdos de que ello haya ocurrido. Según la Premio Nobel, se habría tratado del menor de los Menchú. Pero resulta que Nicolás (49) aún está con vida y es dueño de una pequeña parcela. Tanto Nicolás como Rosa Menchú niegan que algún miembro de su familia haya muerto de hambre.

Las mismas persona citadas por Stoll presentan dudas acerca de las circunstancias que rodearon la muerte de otro de los hermanos, Petrocinio. En el texto, Rigoberta asegura que ella y su familia fueron llevados a un pueblo vecino, Chajul, donde su hermano junto a otros prisioneros, habían sido detenidos por los militares. Al llegar a la plaza del lugar, se encontraron con que éstos estaban alineados contra una pared y que fueron rociados con bencina, para luego quemarlos vivos.

Si bien la represión fue muy dura en la zona -incluyendo a muchísimas víctimas civiles-, los testimonios citados, incluyendo el de Nicolás Menchú, aseguran que no existen recuerdos de que los militares hayan procedido de esa forma en la región. "No sé qué pasó exactamente con Petrocinio, sólo supimos que fue secuestrado por el Ejército y que luego su cuerpo fue encontrado en un hoyo, con disparos en el cuerpo". Fueron algunos vecinos de Chajul quienes luego habrían avisado a la familia Menchú de la muerte de Petrocinio, después de haber identificado su cadáver.

 

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La verdad acerca de Rigoberta Menchú


 

Peter Canby

Cuando estuve en Guatemala, a pesar de que le solicité en repetidas ocasiones que me concediera una entrevista, Rigoberta se negó a hablar conmigo. Sin embargo, después de que el libro de David Stoll apareció en la primera plana de The New York Times, Rigoberta dio conferencias de prensa, primero en la ciudad de México y luego en Nueva York, en donde habló de varios asuntos mencionados por Stoll. En enero, en la ciudad de México, explicó que su madre le había contado la historia de la muerte de Petrocinio que había incluido en su libro. Ignorando las pruebas de los testigos de Stoll, dijo que si tenía que escoger entre aceptar la historia de Stoll y la de su madre, escogía la versión de su madre.

 

Rigoberta también dijo que había estado en el Colegio Belga bajo un acuerdo especial en donde, a cambio de cuatro horas de enseñanza por semana (lo llamó "alfabetización") trabajaba limpiando los dormitorios y los salones de clase. En parte con el fin de proteger a las monjas en una época en que era buscada por la policía, dijo que había usado esa experiencia como base para su capítulo en donde dice haber trabajado como sirvienta. Rigoberta también insistió en que tuvo un hermano que había muerto de desnutrición en una finca costera; era una coincidencia que se llamara igual que el hermano sobreviviente con quien Stoll había hablado. En este caso, mostró el certificado de nacimiento del hermano muerto, aunque resultó ser diez años mayor que ella y no menor.


A mediados de febrero, en Nueva York, asistí a la conferencia de prensa que Rigoberta ofreció en la torre de oficinas de las Naciones Unidas. Es tan bajita que, cuando se sentó en la silla, sus pies apenas tocaban el suelo. El efecto combinado de su cabeza grande y del traje típico que vestía le daba el desconcertante aspecto de una muñeca. Parecía incontrolablemente locuaz y curiosa acerca de su auditorio y, también, en vista de su difícil situación, sorprendentemente despreocupada por los detalles. Dijo que la campaña contra su libro era una campaña para "descontextualizarlo" de la historia de Guatemala. Dijo que cuando lo escribió, había estado completamente sola -una sobreviviente que intentaba convencer al mundo de que prestara atención a las atrocidades que ella y los demás mayas habían sufrido-. Ahora, su testimonio se había fusionado con el de miles de otras personas que habían contado historias igualmente horribles a los integrantes de Remhi y que ella buscaba centrar la atención del público en donde debía estar, en la guerra sucia que había tenido lugar en Guatemala.


Detrás de Rigoberta estaba sentado un hombre alto con una barba oscura, un traje oscuro y una camisa de color azul marino. Era Gustavo Meoño, un antiguo radical cristiano, el antiguo jefe de las "organizaciones masivas" del EGP, el grupo guerrillero al que Rigoberta se había afiliado y del que Meoño salió en 1993; éste era ahora el director de la Fundación Rigoberta Menchú. Mientras Rigoberta contestaba a las preguntas y a veces se equivocaba con los detalles, Meoño la corregía en voz baja. "No -decía-, el hermano que murió en la finca costera nació en 1949, no en 1959" o "no, a Rigoberta le pagaban 20 quetzales al mes, no diario, cuando trabajó como sirvienta en el Colegio Belga". Mientras la corregía, Rigoberta explicó con una sonrisa que su fundación estaba investigando las afirmaciones de Stoll y que los reporteros debían hablar con Meoño acerca de los detalles. Pero muchos de los hallazgos de Stoll no han sido refutados.


En la Ciudad de Guatemala, varias personas me dijeron que si me interesaban las controversias que giraban alrededor del libro de Rigoberta, debía hablar con Arturo Taracena, un historiador guatemalteco que había participado en la publicación del mismo. En 1981, Taracena había sido estudiante de doctorado en la Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales en París y también había sido el director del EGP en Europa. Gustavo Meoño, su viejo amigo y colega del EGP, se puso en contacto con él y le habló de una refugiada maya llamada Rigoberta Menchú que había huido de Guatemala y a quien Meoño había conocido cuando ella estuvo en el estado mexicano de Chiapas. En ese entonces, ella se había hospedado con Samuel Ruiz García, el obispo de la Diócesis de San Cristóbal de las Casas y defensor de la teología de la liberación.


Meoño había conocido antes al padre de Rigoberta. De hecho, en Ciudad de Guatemala me dijeron que él había llevado en auto al padre de Rigoberta y a otros manifestantes a la embajada de España, la cual ocuparon antes de morir quemados. Meoño había quedado muy impresionado por la asombrosa capacidad de Rigoberta de pararse frente a una muchedumbre y describir de manera gráfica la violencia perpetrada contra los indios de Guatemala. Lo dispuso todo para que Rigoberta participara en una gira por Europa para difundir su sufrimiento y le preguntó a Taracena si podía hospedar a Rigoberta durante su estancia en París.


Gracias a sus contactos académicos, Arturo Taracena conocía a una candidata doctoral, una antropóloga venezolana llamada Elisabeth Burgos, quien estaba interesada en escribir una historia para una revista acerca de la violencia contra los mayas de Guatemala. Burgos es la antigua esposa de Régis Debray, el periodista francés que fue capturado y encarcelado en Bolivia algunos años antes, cuando trataba de llevar un mensaje del grupo del Che Guevara que pronto sería exterminado. Burgos, quien había sido la compañera de Debray durante varios años y recibió entrenamiento militar con él en Cuba, se casó con él mientras estaba en la cárcel y dirigió una exitosa campaña internacional para obtener su liberación. Además, en Cuba Burgos hizo amistad con Ricardo Ramírez, un exiliado guatemalteco y amigo del Che Guevara, quien fundó el EGP. Pronto, Burgos quedó fascinada con Guatemala, aunque nunca había ido allá, como me contó durante una entrevista telefónica. A Taracena le pareció que Burgos era la persona ideal para escribir sobre Rigoberta.


Taracena dice que, poco después de que Rigoberta llegó a París, él y una psiquiatra canadiense llamada Cécile Rousseau (Rousseau también era una simpatizante de los guerrilleros y usaba el nombre de Marie Tremblay) llevaron a Rigoberta al apartamento de Burgos y hablaron sobre cómo podían ayudarla. Sin embargo, en el relato que Burgos hace de su primer encuentro con Rigoberta, publicado en la introducción de I, Rigoberta, no menciona ni a Taracena ni a Rousseau y simplemente describe que Rigoberta llamó a la puerta de su casa una tarde fría de enero, vestida con el traje típico de Guatemala. Burgos reconoció que Rousseau sí acompañó a Rigoberta en su primera visita, pero afirma que Taracena no se apareció sino hasta que Rigoberta fue a verla por segunda vez. "El estaba muy preocupado con su tesis -me dijo-. Además, su familia corría peligro en Guatemala. No quería aparecerse por aquí. No quería quemarse".


Sin importar quién hubiera presentado en realidad a Rigoberta y Burgos, las dos simpatizaron de inmediato y Rigoberta se mudó al apartamento de Burgos mientras ésta llevaba a cabo las entrevistas. Rigoberta se quedó durante una semana y grabó 18 horas de conversación.


Según el relato de Burgos, sólo hablaron ellas dos -nadie más participó en ello-. Todos los días empezaban cuando Rigoberta hacía tortillas a mano, lo cual le recordaba a Burgos haber visto cómo se preparaban las arepas de su juventud en Venezuela. Después, Rigoberta le narraba la destrucción de su pueblo y de su familia. Al igual que casi todo el mundo, ella le pareció fascinante a Burgos. Esta escribió en su introducción a I, Rigoberta que, al escuchar a Rigoberta, "cada gesto tiene un propósito preestablecido y... todo tiene un significado... Mientras escuchamos su voz, tenemos que mirar en lo profundo de nuestra alma pues despierta sentimientos y sensaciones que nosotros, atrapados como estamos en un mundo inhumano y artificial, creíamos haber perdido para siempre".


Después de que Rigoberta Menchú se fue de París para irse de gira, Burgos tomó las cintas de Rigoberta y las convirtió en un libro del que ella fue la autora y, así, la poseedora de los derechos del mismo. Durante años, le envió las regalías a Rigoberta pero, cuando ésta comenzó su campaña por el Nobel, le pidió a Burgos no sólo que quitara su nombre del libro y lo sustituyera con el suyo, sino que también la dejara firmar nuevos contratos para escribir otros libros. Burgos se negó. Las dos dejaron de hablarse y, en 1993, Burgos dejó de enviarle regalías a Rigoberta. Esta, cuando empezaron a aparecer las primeras declaraciones de Stoll, acusó a Burgos de haber inventado los pasajes que Stoll ponía en tela de juicio, una acusación que Burgos rechaza. Stoll, por su parte, dijo que viajó a Madrid (en donde Burgos vivía en ese entonces) y escuchó las dos primeras horas de las cintas de Burgos; en su opinión, eso bastó para convencerlo de que el libro era un reflejo fidedigno de lo que Rigoberta le había contado a Burgos.


Conocí a Taracena una mañana en ACIES, un centro de estudios ubicado en los elegantes suburbios de la Ciudad de Guatemala. Taracena me dijo que se había salido del EGP en 1993 debido en parte a "ciertas diferencias" (no quiso dar mayores explicaciones, salvo que él y el EGP no concordaban del todo a nivel ideológico) pero, sobre todo, porque quería reanudar su vida como historiador. Me llevó a la biblioteca del ACIES y me mostró con orgullo un libro que acababa de publicar acerca de una región montañosa alrededor de Quetzaltenango que, durante el siglo XIX, estableció brevemente su propia república independiente. "Uno de mis ancestros paternos fue jefe de Estado", me dijo.


Taracena y yo fuimos a desayunar a un restaurante cercano. Parecía nervioso, formal, profesoral. Recordé haber escuchado que él provenía de una familia próspera pero que había sido desheredado al unirse a los guerrilleros.


"Mire -me dijo en cuanto tomamos asiento-, me he quedado callado durante 16 años, pero todo tiene sus límites. Cécile Rousseau y yo le presentamos a Rigoberta a Burgos. En ese momento, Burgos no sabía nada sobre Guatemala. Planeamos la agenda junto con ella y participamos en los dos primeros días de las entrevistas. Nos marchamos el tercer día sólo porque pudimos darnos cuenta de que todo iba muy bien. Al final de la semana, regresé al apartamento de Burgos y recogí a Rigoberta. Más tarde, cuando el manuscrito estuvo listo, lo edité, uní los temas e hice algunos cambios en los hechos y en la gramática. Hice un glosario de palabras guatemaltecas y sugerencias para los cortes de los capítulos."

Taracena me dijo que, después de editar el manuscrito, se fue a Nicaragua. A su regreso, se enteró de que Burgos había mandado traducir el libro al francés y había firmado un contrato con Gallimard en donde ella, y no Rigoberta, aparecía como la autora. Después de que apareció la edición de Gallimard, Taracena descubrió que no había un reconocimiento para él ni para las demás personas que participaron en el proyecto. "Ella quiso -me explicó- borrar toda huella de cualquiera que la hubiera ayudado con el libro". Taracena dijo que tuvo una "gran polémica" con Burgos y, como resultado de ello, su nombre, así como el de Rousseau y el de varias personas más, se añadió a los agradecimientos de la edición española cuando ésta se publicó a finales de ese mismo año.


Por su parte, Burgos afirma que Taracena estuvo presente sólo al final de varias de las entrevistas y que él leyó el manuscrito y preparó el glosario y no hizo gran cosa más. También afirma que Gallimard omitió los agradecimientos del manuscrito original en español sin consultarla. (Gallimard publicó una edición de libro de bolsillo este invierno en donde, a petición de Burgos, incluyó dichos agradecimientos por primera vez.) Por motivos desconocidos, los agradecimientos no aparecieron en las ediciones al inglés ni al alemán ni en la mayor parte de las demás lenguas a las que el libro fue traducido.


En opinión de Taracena, Burgos y Stoll tenían intereses convergentes. "Ella estaba en el proceso de romper con la izquierda latinoamericana y él quería demostrar su tesis a cualquier precio -que Rigoberta mintió y que detrás de ella existía una conspiración comunista-. Ella era una mujer india manipulada por fuerzas comunistas y, en este caso, el político comunista soy yo". Se señaló el pecho con el dedo. "Uno no ve a nadie más atacar una autobiografía de este modo; existe un racismo oculto. Si Stoll es un antropólogo y no sabe que los indios hablan de manera colectiva, que ella expresó la voz de la conciencia colectiva, entonces no sé qué sabe él. Si tiene un punto de vista sobre Guatemala, debería escribirlo".


Su comentario sobre la conciencia colectiva suscitó una pregunta evidente: "¿Quiere usted decir que las afirmaciones que Stoll hizo acerca de que Rigoberta no vivió en carne propia todo lo que afirma haber vivido son ciertas?".


"Por supuesto", dijo. Hizo un ademán restando importancia al asunto. "Ella fue a Europa, sola, cuando tenía 22 años. La magia de su libro es la narrativa en primera persona. Hay cosas que ella oyó de boca de otros militantes, cosas que no vio, cosas que expresó con su propia voz. Lo que ella narró -me dijo- fue la vida de los mayas".

 

 

 

Notas

1. Para mayor información sobre la investigación del asesinato del obispo, ver Francisco Goldman, "Murder comes for the bishop", The New Yorker, 15 de marzo de 1999.

2. Susanne Jonas, The battle for Guatemala: Rebels, death squads, and US power, Westview, 1991.

Peter Canby, jefe del Departamento de Verificación de Hechos de The New Yorker, es autor del libro The Heart of the Sky: Travels Among the Maya.

Este texto apareció en "The New York Review of Books". vol.XLVI, núm. 6, abril de 1999.©NYREV, Inc

La edición en español, Me llamo Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia, fue publicada en México por la editorial siglo XXI, 1985.

 2004-01-28 fuentes: http://www.etcetera.com.mx/1999/344/ensayo4.html

 

 

 

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el catoblepas. Revista crítica del presente.

 

Nº 6 – agosto 2002. página 13.

 

comentarios

 

http://www.nodulo.org/ec/2002/n006p13.htm

 

 

 

Rigoberta Menchú: el fraude antihispano

Francisco Díaz de Otazu Güerri

Con ocasión de la edición en español del libro de David Stoll sobre Rigoberta Menchú se comenta el papel político jugado por la teología de la liberación 

 

La premio Nobel de la Paz en 1992, Rigoberta Menchú Tum, nació en la aldea de Chimel, Departamento del Quiché, Guatemala, en el año de 1959. En Guatemala, aparte del español, existen otros veinte lenguajes de origen maya con sus respectivas etnias, aparte del idioma xinca (indígena, no maya) y del garífuna. Rigoberta Menchú pertenece a la etnia maya-quiché. Su libro Me llamo Rigoberta Menchú es uno de los libros guatemaltecos más conocido en el mundo. Salió a luz en 1983, y desde entonces ha sido reeditado varias veces y traducido a más de doce idiomas. En este libro, del género «testimonial», falsamente biográfico como veremos, Rigoberta Menchú relata las atrocidades que fueron perpetradas en contra de su familia, cinco asesinados, entre ellos su padre, quien murió en el asalto de la embajada española, con sorprendente complicidad del embajador, en 1980, por las fuerzas gubernamentales, y su madre, secuestrada por el ejército y luego asesinada después de haber sido torturada. Aunque el libro en sí se pretende autobiográfico, es más bien un «testimonio», pero de ficción, con el propósito de relatar las atrocidades que se cometieron en contra del pueblo «maya», figura tan anacrónica como denominar tartésico al andaluz, durante la década de los años ochenta por los gobiernos militares de Romeo Lucas García, Efraín Ríos Montt (además de general, un iluminado predicador evangelista que pretendió enseñar teología al Papa y que todavía preside la cámara legislativa) y Oscar Mejía Víctores. A lo largo de su libro se puede percibir lo importante de lo religioso en todo el conflicto. En 1998 publicó su último libro, Rigoberta: la nieta de los Mayas, con la colaboración del escritor guatemalteco Dante Liano y el periodista italiano Gianni Minà.


Gracias a www.nodulo.orgacaba de aparecer ahora el revelador libro de David Stoll, Rigoberta Menchú y la historia de todos los guatemaltecos pobres, inédito hasta ahora en español por la presión poderosa de los medios catoprogresistas, que se ofrece en http://www.nodulo.org/bib/stoll/rmg.htm y que sin duda está llamado a conocer una gran difusión: el medio hispano marxista www.lainsignia.org ha reproducido un capítulo y en el medio radical www.rebelion.org también aparece un enlace, en su sección Libros libres.


David Stoll afirma, por ejemplo, que la lucha por la tierra –eje de la autobiografía– no fue –como sostiene Menchú– una batalla contra terratenientes adinerados de descendencia europea que manipularon a las agencias del gobierno para desterrar a los campesinos indígenas de sus parcelas; sino un conflicto familiar en el que el padre de la Menchú, el terrateniente acomodado Vicente Menchú Pérez, se enfrentó a su familia política por la posesión de un feudo. Vicente perdió el conflicto y debió entregar la tierra. «Los Tum eran nuestros enemigos», dijo Rosa Menchú Calám, media hermana de Rigoberta –entrevistada por Stoll– en alusión a la familia política de los Menchú, y afirmó que «siempre cortaban los alambrados para que los animales comieran la cosecha y no tuviéramos suficiente que comer».


Los recuerdos de la hermana están respaldados por cientos de páginas de los archivos gubernamentales del Instituto de Transformación Agraria Nacional de Guatemala, donde no hay una sola referencia sobre terratenientes ladinos o españoles.

 

En otra página del libro-entrevista, Menchú afirmó que vio cómo su hermano Nicolás moría de hambre. Sin embargo, según el testimonio de otros hermanos de la Nobel, el único hermano llamado así es un hombre de 49 años de edad que está vivo hoy. Además, en el libro se nombra a otro hermano, Petrocinio, que supuestamente habría sido quemado vivo junto a otros campesinos por el ejército frente a toda la familia. Sin embargo, los residentes de San Miguel Uspantán, donde ocurrieron los hechos, no recuerdan ningún asesinato de esa clase. Aunque no guardan simpatía por el ejército, los campesinos afirman que «por aquí, nadie fue quemado vivo». «Fue una guerra sucia –admite un vecino de Rigoberta–, a uno lo secuestraban y luego lo mataban. Así fue como murió Petrocinio.»

«Nunca fui a la escuela», dijo también Menchú en su libro, quien además relata que no podía leer, escribir ni hablar el castellano sino hasta poco antes de dictar su autobiografía. Sin embargo, Rigoberta fue educada por religiosas belgas que hoy la recuerdan como «una alumna ejemplar».


Además, Stoll afirma que este hecho hace imposible aceptar la versión de la Premio Nobel de que fue, desde joven, organizadora de un movimiento político clandestino y de que trabajó en las plantaciones de café y algodón como describe con gran detalle en su biografía. Por todo ello, afirma Stoll, «el libro de la señora Menchú no puede ser el relato-testimonio que pretende ser», porque la Premio Nobel de la Paz repetidamente describe «experiencias que nunca vivió».


La polémica, surgida tras las noticias difundidas por The New York Times y la BBC de Londres, llevó a que incluso se estudiara la posible revocación del Premio Nobel. Sin embargo, desde Oslo, el director del organismo, Geir Lundestad, dijo que está al tanto del manuscrito de Stoll, pero que «no hay ninguna posibilidad de revocar el Premio». En efecto, utilizando los datos ofrecidos por Stoll y con fuentes propias, un periodista del The New York Times llevó a cabo varias entrevistas que también contradicen el relato de Menchú. Dicha indígena presumió de haber aprendido español recientemente, pese a que fue alumna brillante de monjas hispano-franco-belgas. Para Rigoberta, la responsabilidad final de los contenidos del libro debe recaer sobre la antropóloga venezolana Elisabeth Burgos, que publicó la biografía de Menchú a partir de varias horas de grabaciones magnetofónicas. Como aseguró Burgos a un periodista español, «cada frase en el libro viene de lo que Menchú dijo en las cintas». La circunstancia de que Burgos era entonces esposa de Regis Debray, íntimo colaborador de Fidel Castro, y la publicación inicial del libro en La Habana, son indicativos de la paradójica confluencia de la izquierda con elementos católicos, protestantes carismáticos e intereses norteamericanos, para utilizar el indigenismo, la religión y el premio Nobel, así como la papanatería española, siempre dispuesta digerir la «Leyenda Negra», como arma contra lo unitivo del hispanismo, en un fecha tan señalada como fue el Quinto Centenario.


No se puede entender todo este conflicto en claves laicas y europeas, de clase, con el viejo paradigma «derecha-izquierda». Hay que sumergirse en la problemática religioso-filosófico-política que confluye en la «Teología de la liberación», y que ha sido estudiada sistemáticamente, desde el derechismo más clásico por Ricardo de la Cierva, y desde el materialismo filosófico por Eliseo Rabadán. La derecha suele significar que se trata de la infiltración del marxismo en la Iglesia, a partir del movimiento «Pax», con una financiación que partiría del este europeo en plena guerra fría. La izquierda, la no contaminada por querencias religiosizantes, a la inversa, señala un tentáculo eclesiástico para corromper el marxismo, el internacionalismo, e incluso una penetración cultural de financiación alemana. En ambos casos, los jesuitas, y su experimento de tibetanización atberzale vasco. No es anecdótico el papel geográfico y experimental de Chiapas, la diócesis de fray Bartolomé de las Casas, que con el obispo Samuel Ruiz fue confusa probeta para catequistas y subcomandantes marxistas, con el visto bueno de las prospecciones petrolíferas yanquis.


Cuando tenemos que tratar de la teología de la liberación, como de la teología política, habitualmente comenzamos hablando de lo que es un mero revestimiento de la misma, y una mera consecuencia de sus principios más internos: tanto el encarnacionismo, el indigenismo o la práxis marxista no son de suyo los fundamentos inspiradores de la teología de la liberación sino más bien su manifestación en la práxis y su instrumento de análisis. Sus raíces son otras; definir la teología de la liberación como el «cristianismo socialista» o el «cristianismo político-populista», sin dejar de ser un poco cierto, no deja de ser una mera valoración descriptiva, que no da cuenta completa de todo lo que la ha inspirado, y por lo tanto, la ha llevado a tal análisis de la realidad.


En primer lugar, la pregunta básica que se hacen los teólogos de la liberación, en especial Gutiérrez, que es el más puro representante de esta corriente es: ¿Cuál es la relación entre liberación humana y salvación cristiana? Esta es la pregunta básica y fundamental de la teología de la liberación, sin la cual nunca se podrá entender ni analizar integralmente tal fenómeno. La pregunta es lícita de por sí, porque conocemos todos lo enraizada que está la liberación humana en la salvación cristiana. La cuestión está en la respuesta que se va a dar. En primer lugar hay todo un planteamiento de la Teología de la gracia: para la Teología de la liberación la realidad sobrenatural de la gracia creada no tiene entidad propia, real, sino que no es otra cosa que los impulsos humanos hacia una mayor autonomía. Por tal razón, la construcción del Reino de Dios, no puede estar sólo en la mirada a lo trascendente, ni siquiera en la edificación de la ciudad terrena como reflejo de lo trascendente, sino que más bien, la gracia estaría presente en todo impulso, en todo fenómeno, todo movimiento de liberación humana (por tal razón no pocos teólogos han visto en la teología de la liberación una manifestación del viejo pelagianismo: la gracia no es más que el esfuerzo humano hacia su plena autonomía personal y social). Al pelagianismo extremo se contrapone la doctrina de la gracia protestante, que acentúa a San Agustín, de tal modo que nada valdría el esfuerzo y el mérito humanos, y todo estaría predestinado desde la omnisciencia divina. Las implicaciones de esta otra doctrina las estudia Max Weber para la ética del capitalismo. A nosotros nos basta saber que el catolicismo ortodoxo vendría a ocupar una posición intermedia.


Ello implicará necesariamente una deficiente concepción cristológica: ¿cuál es el motivo de la encarnación de Jesucristo? La teología de la liberación lo que hace es desdivinizar a Cristo para mostrar que el mensaje evangélico consiste en que Dios tiene su proyecto en la liberación social y nacional de los desheredados: así, la muerte de Cristo no es un acto redentor, sino el asesinato político de un hombre que lucha por llevar a su pueblo a la liberación social, oponiéndose a un pueblo opresor, tiránico y «capitalista». Así, la soteriología que nos presentarán estos autores se ve desposeída de todo aliento espiritual, y es únicamente causa ejemplar, no causa eficiente de nuestra liberación. Es lo que nos mueve a luchar por el que muere así, el proletario, el indígena y el desheredado. Por esta razón la teología de la liberación aplica el análisis marxista: la gracia está en todo proceso humano de liberación, y por lo tanto el cristiano debe apoyar todo proceso de liberación humano, tanto personal como social: así, dado el auge del socialismo en los 60-70, estos autores identifican tal movimiento como otro impulso liberador, ¿y cómo lo justifican? Sencillo: aunque se niegue a Dios materialmente, formalmente se le afirma, porque se defiende su causa. Esos impulsos renovadores son cíclicos, surgen a través de la historia, y ha de descubrirse a Dios en ellos; de hecho, para la teología de la liberación el hecho clave hermenéutico es el éxodo israelita: a través de un hecho liberador de la esclavitud, de la pobreza y del imperialismo, los israelitas descubren en tales impulsos liberadores la presencia de Dios. Tal análisis después lo aplicarán a las modernas circunstancias históricas, con nombres y apellidos: El Salvador, Nicaragua, Méjico. Esto es lo que lleva a aplicar el análisis marxista: La cuestión de por qué los grandes teólogos de la liberación han renunciado ya al estricto análisis marxista es harina de otro costal. Aunque para el general jesuita Arrupe, «el método de análisis contamina las conclusiones», parece que tanto el catolicismo como el marxismo son aquí un barniz, una impostura, que oculta un proyecto divisorio del tipo tribal, antihistórico, un «regreso a la tribu», que diría Joaquín Estefanía, a la pluma y a la chapela, sea ésta «maya» o euzkadia.


Por ultimo, esto tiene serias implicaciones eclesiológicas: frente al intento de una organización sacramental y jerárquica, que es lo que ha sido –según estos– la Iglesia, el proyecto originario de Dios es el de la fraternidad universal que se proyecta hacia su liberación social y política. (Eclesiogénesis, «cuando la Iglesia se hizo pueblo», Leonardo Boff). Pero esta fraternidad universal es una «plataforma fantasma, a saber, la idea de un proletariado mundial, como contrafigura actual del capitalismo universal; una plataforma que no existe en ninguna parte y que sólo sirve para llenar la boca de algunos revolucionarios utópicos» (Gustavo Bueno, «Dialéctica de clases y dialéctica de estados», El Basilisco, nº 30). Esta utopía troskista, dotada al menos de cierta grandeza de miras contrasta con la sabiniana menchuana, del regreso a la microtribu, de un ideal infantil tipo Asterix, que sólo puede hacer sonreír al imperio globalizador yanqui, que financia, particularmente en su «patio trasero», la idea del «divide et impera».


Como alternativa, también en palabras de Bueno, sólo nos queda reparar en los elementos unitivos, «los témpanos flotantes y activos de un imperio desaparecido, como fue el imperio español». La lengua española, frente al disparate de los mil dialectos y a la uniformidad inglesa. El rigor en la ortodoxia católica, para quien es creyente, en todo caso, con más acento en la teología y la filosofía que en el carismatismo protestantizante, y en la tradición católica que en el pelagianismo liberacionista. Méjico, Brasil, España..., no merecen la partición folklórico-tribal, sino apoyar planes y programas políticos en una nueva Comunidad Hispánica.

 

 

 

 

La construcción de Me llamo Rigoberta Menchú

 

 

 

 

 

• Mario Roberto Morales:
- La invención de la memoria (I)
- La invención de la memoria (II)

David Stoll


Nódulo Materialista. España, julio del 2002.

Texto completo:
Rigoberta Menchú y la historia
de todos los guatemaltecos pobres

 

«París les sirve de caja de resonancia. Todo lo que se hace en París
alcanza una repercusión mundial.»
-Elisabeth Burgos-Debray, Me llamo Rigoberta Menchú, pág. 15 (ed. Arcoiris).-

 

En enero de 1982 Rigoberta salió a su primera gira por Europa, como representante del Frente Popular 31 de Enero. Su primera parada fue París, donde contó la historia que se convirtió en Me llamo Rigoberta Menchú. Estaba bien y mal preparada para la labor que se puede colegir del mismo libro. Estaba poco preparada ya que, a pesar de lo rápido que absorbía el léxico revolucionario, su experiencia política era escasa. Estaba bien preparada ya que las monjas católicas la habían distanciado de la vida rural de un modo que es difícil alcanzar sin escolarización. Aún estando lo bastante cerca de sus orígenes como para hablar de ellos elocuentemente, se encontraba en el umbral entre el analfabetismo de la sociedad campesina y el mundo más amplio abierto por la escolarización. Desde ese umbral, podía retroceder al pasado y recrearlo para los extranjeros que labrarían su futuro.

 

A pesar de que la experiencia escolar de Rigoberta le privó la libertad de hacerse activista del CUC antes de su huida del país en 1980, la colocó en la cresta de la ola revolucionaria de esa época, y no sólo en Guatemala. Su educación católica la sitúa entre los estudiantes que eran un componente fundamental para las organizaciones guerrilleras latinoamericanas. Sin embargo, si la escolarización fue una experiencia central para Rigoberta, si su familia la valoraba, y si ésta le ayudó a hablar en nombre de su pueblo, ¿por qué negarla? La pregunta más básica es: ¿por qué transformó tantos aspectos de su experiencia? Se puede encontrar una pista en el estilo lleno de acción de su historia. La narradora de Me llamo Rigoberta Menchú pasa hasta ocho meses del año trabajando en las fincas, además de un difícil periodo como criada en la Ciudad de Guatemala. Sin embargo, le sobra tiempo para interludios felices de infancia en una aldea del altiplano. Acompaña a su padre en sus peregrinajes al INTA, después se hace catequista, ayuda a defender su aldea contra el ejército y se convierte en organizadora itinerante del Comité de Unidad Campesina. Ella nos dice que ésta fue la última vez que vio a su familia, hasta que se incorpora a una repentina reunión familiar para presenciar la muerte de Petrocinio. La historia incluye tantas experiencias que Rigoberta siempre parece estar corriendo de un compromiso a otro, como si estuviera narrando una vida demasiado ajetreada para una sola persona. O como si estuviera tratando de ser más representativa de su pueblo que lo que nadie podría llegar a ser.

 

¿Pero es Me llamo Rigoberta Menchú su verdadera voz? Puesto que sus historias grabadas fueron editadas por la antropóloga Elisabeth Burgos-Debray, ¿es posible que fueran gravemente distorsionadas? Da la impresión que Rigoberta quiso confirmar exactamente eso cuando en diciembre de 1997 le dijo a un periodista que el libro era de Elisabeth, y no suyo. «No me pertenece ni moralmente ni políticamente ni económicamente. Yo lo he respetado mucho porque jugó un inmenso papel para Guatemala. Pero yo no tuve derecho de decir si el texto me gustaba o no, si era fiel a los datos de mi vida. Ahora mi vida es mía, por lo tanto creo que ya es oportuno decirlo, que no es mi libro... Pienso que todos aquellos que tengan sus dudas sobre la obra deben acudir a ella, porque incluso, legalmente, yo no tengo derechos de autor ni regalías ni nada de eso».{1} Son acusaciones serias. Debemos preguntarnos, ¿quién es Elisabeth Burgos-Debray, cuál fue su papel en la creación de Me llamo Rigoberta Menchú y de quién es la historia? Una semana con Elisabeth Burgos-Debray

 

Cuando Rigoberta llegó por primera vez a Europa en enero de 1982 no era una figura pública. En su pueblo fue una estudiante, y en San Cristóbal, una vivaz refugiada. Ahora tenía la tarea de representar al movimiento revolucionario ante los grupos de solidaridad. Estaba acompañada por un sindicalista llamado Mazariegos que, según sus propias palabras, era el que más hablaba.{2} Al principio de la gira, en París, alguien tuvo la ocurrencia de presentársela a Elisabeth Burgos. La mujer que convertiría las historias de Rigoberta en un libro era una vieja amiga de la guerrilla guatemalteca. Procedente de una familia de clase alta venezolana, Elisabeth era conocida como la esposa del hombre de letras francés más aventurero, el filósofo Régis Debray.{3} Al igual que su también notorio mentor, Louis Althusser, el joven y apuesto Régis había alcanzado la cresta del marxismo de los 60, convirtiéndose en una figura intelectual mundial. Su trabajo más conocido, ¿Revolución en la Revolución? promovió la teoría cubana de la lucha armada para liberar a América Latina del imperialismo norteamericano.

 

A causa de su famoso esposo, los escépticos han menospreciado a Elisabeth como una izquierdista de la alta sociedad. Pero ella misma era exiliada política, con una larga historia de activismo que se remontaba a su juventud en Venezuela bajo el dictador Pérez Jiménez. Durante las manifestaciones que llevaron a su caída en 1958, Elisabeth se afilió al Partido Comunista. Cinco años después, cuando los comunistas venezolanos libraban una guerrilla -de moda ideológicamente, y también autodestructiva- contra un gobierno electo, Elisabeth conoció a Régis durante uno de sus viajes como reportero. Cuando la policía descubrió sus relaciones con la guerrilla, escaparon del país, viajaron por Colombia y Ecuador, fueron arrestados en Perú, deportados a Chile, y terminaron en Bolivia, donde Elisabeth se quedó trabajando para el gobierno hasta que fue derrocado por un golpe de estado. Luego de ser arrestada de nuevo, esta vez en Venezuela, cuando trataba de visitar a su familia, se reunió con Régis en Francia.

 

En 1966 la pareja fue a La Habana para la Conferencia Tricontinental, una asamblea internacional de latinoamericanos, africanos y asiáticos, que lanzó una declaración de guerra revolucionaria en todo el Tercer Mundo. Invitados por los cubanos a quedarse, Elisabeth y Régis recibieron entrenamiento militar. La idea era unirse al Che Guevara en un lugar secreto, donde, con una pequeña banda de revolucionarios, desencadenarían «dos, tres o muchos Vietnam». El lugar resultó ser Bolivia, donde el Che estuvo a punto de convertirse en el Cristo de la izquierda latinoamericana. Mientras que él y su columna estaban atrapados por el ejército boliviano y sus asesores estadounidenses, Régis cayó en manos del ejército. Poco después el Che estaba muerto y Régis era sentenciado a treinta años de prisión. A fin de tener derecho a visitarlo, Elisabeth se casó con él entre las rejas, y durante los siguientes tres años dirigió la campaña internacional que logró su libertad. Con su instinto para la historia, Elisabeth siguió la revolución hasta Chile, para una lección acerca de las limitaciones del cambio democrático. Había sido electo presidente un marxista llamado Salvador Allende que, a la cabeza de una coalición de la izquierda chilena, juró construir el socialismo democráticamente. Elisabeth figuraba entre los miles de militantes extranjeros que llegaron a ayudar. Una de las presuposiciones para el experimento de Allende era la tradición constitucional de los militares chilenos.

 

Presumiblemente, los militares no lo destituirían. Tal y como resultó, Allende murió en los escombros del palacio presidencial. Afortunadamente para Elisabeth, su amplia experiencia en golpes militares la convencieron de irse justo antes de la llegada de la contrarrevolución apoyada por la CIA que cobró las vidas de tantos jóvenes de izquierdas como ella.

 

A lo largo de quince años, la vida de Elisabeth había personificado las aspiraciones, estrategias y derrotas de la izquierda latinoamericana. El destino de Allende sugiere por qué era difícil concebir una alternativa. En cuanto la izquierda empezaba a competir con éxito en la arena democrática, era reprimida por el ejército local y sus aliados norteamericanos. ¿Quizás la lucha armada era el único modo de avanzar? Es por ello que Elisabeth y Régis estaban lejos de ser renegados, especialmente en la Europa social demócrata. A principios de los 80, Régis era asesor de política exterior de su amigo el Presidente François Miterrand. A pesar de seguir manteniendo buenas relaciones con los líderes guerrilleros, había rechazado las teorías del Che por impracticables. En lugar de promover nuevas guerras de liberación, estaba tratando de guiar a la guerrilla de El Salvador hacia un acuerdo negociado y la social democracia.{4}

 

Al igual que otros marxistas, Régis consideraba que la clase social era una categoría más fundamental que la etnicidad. Obviamente, los grupos indígenas tenían que ser integrados a los movimientos revolucionarios, pero no se podía esperar de ellos que adoptaran un rol de vanguardia, al menos no sin un liderazgo considerable por parte de otros sectores de la sociedad. Siendo poco lo existente en cuestión de organizaciones políticas indígenas, los marxistas no habían realizado grandes esfuerzos para tomarlos en cuanta. En comparación con su esposo, Elisabeth se interesaba más por los pueblos indígenas y defendía su importancia, como quedó subrayado por la incapacidad del Che de comunicarse con los campesinos entre los que trataba de implantar su última columna guerrillera. Por enero de 1982 los mayas de Guatemala estaban en el centro de la revolución centroamericana, y Elisabeth se vio en una posición estratégica para ayudarlos.

 

Elisabeth estaba viviendo en París, criando a su hija y escribiendo una tesis doctoral, cuando le pidieron que entrevistara a una joven refugiada maya. Ella ya había organizado un acto de solidaridad con Guatemala en la Casa de América Latina del estado francés. Sus vínculos con el país se remontaban a Cuba en los 60, donde había hecho amistad con guatemaltecos que recibían entrenamiento militar para liberar su patria. Entre ellos había algunos que darían sus vidas, incluyendo a Luis Turcios Lima, el teniente del ejército que se hizo comandante, y al poeta Otto René Castillo. Otros amigos de Cuba sobrevivieron hasta la actualidad, incluidos Ricardo Ramírez (Rolando Morán), el futuro fundador del Ejército Guerrillero de los Pobres, y su compañera de muchos años, la antropóloga Aura Marina Arriola, con la que Elisabeth colaboró para establecer estructuras de solidaridad.{5}

 

Rigoberta pasó una semana con Elisabeth en su apartamento parisino. «Lo que me sorprendió a primera vista fue su sonrisa franca y casi infantil. Su cara redonda tenía forma de luna llena. Su mirada franca era la de un niño, con labios siempre dispuestos a sonreír. Despedía una asombrosa juventud. Más tarde pude darme cuenta de que aquel aire de juventud se empañaba de repente, cuando le tocaba hablar de los acontecimientos dramáticos acaecidos a su familia». Siguiendo un paradigma antropológico, Elisabeth elaboró primero «un esquema rápido, estableciendo un hilo conductor cronológico: infancia, adolescencia, familia, compromiso con la lucha», antes de encender la grabadora.{6} Pero las historias de Rigoberta fluían con tanta libertad que dominaron todo el proceso y Elisabeth tuvo que hacer pocas preguntas. Al final, las grabaciones se prolongaron hasta dieciocho horas y media. Después de la partida de Rigoberta, Elisabeth transcribió las cintas en un manuscrito de casi quinientas páginas; readaptó el material para mantener el orden cronológico, lo dividió en capítulos; omitió sus propias preguntas; y convirtió el material en un monólogo, como si fuera una narración continua.

 

Elementos inconexos en el testimonio de Rigoberta han suscitado acusaciones en contra de su editora. Algunos sospechan que Elisabeth fue la responsable de introducir errores en la historia, es decir, de intervenir demasiado en ella. Otros la critican por no haber intervenido suficiente, es decir, por no arreglar las inconsistencias que resultan evidentes para un lector atento. Desde un punto de vista académico, basar un libro en una relación de una semana y doce cassettes era algo precipitado. Tampoco hubo suficiente revisión de hechos (en la primera página identifica Uspantán como cabecera del departamento de El Quiché). Pero hubiera sido imposible verificar las historia de Rigoberta con otros sobrevivientes. En 1982 muchos seguían ocultos y otros podían morir por el mero hecho de hablar con un investigador. Dada la urgencia de hacer un llamado a la opinión internacional, resulta difícil culpar a Elisabeth por publicarlo tan pronto como pudo.

 

¿Quién es la autora de Me llamo Rigoberta Menchú?

«No es la historia de su vida, no es su autobiografía, no encaja con su tipo de persona. Uno pronto se da cuenta de que ella es una persona muy estudiada, que no tiene sólo hasta el tercer año, que habla muy bien el castellano, mejor que si lo hubiera aprendido como dice que lo aprendió. Pero el libro representa la vida de otras personas, aunque no la suya. Muchas personas tienen una vida así.» -Norteamericano que trabajó en El Quiché antes de la violencia, 1992. Recientemente la autoría de los testimonios orales como Me llamo Rigoberta Menchú son tema de debate. Ahora que los pueblos nativos insisten en la igualdad, no están tan dispuestos a permitir que sus palabras sean difundidas por extranjeros. Esto incluye a los antropólogos, acostumbrados a hablar y publicar en su nombre. En mi propio caso, he sacado provecho de veinticuatro años de estudios, incluyendo generosos aportes a mis investigaciones, y puedo comunicar con algunos de los medios de información más influyentes del mundo. El prototipo de persona que yo suelo entrevistar tiene pocos años de escolarización, le cuesta descifrar un periódico y a duras penas puede escribir una nota sencilla. Esto es todo un desequilibrio de fuerzas. A medida que más personas indígenas aprenden a leer lo que se publica acerca de ellos, crecen sus críticas sobre lo que consideran incorrecto o inapropiado. Mientras tanto, en las revistas académicas abundan los debates sobre la representación antropológica, es decir, cómo comunicamos los pensamientos y las vidas de nuestros sujetos.

 

Entonces, ¿quién es el autor de una historia de vida grabada y transcrita como Me llamo Rigoberta Menchú? ¿La persona que la cuenta o el intermediario que la adapta para su publicación? La respuesta obvia parece ser el narrador, puesto que se trata del equivalente oral de una autobiografía, un género conocido en América Latina como testimonio. Pero el narrador no está capacitado para producir el libro por sí mismo. Las múltiples funciones del intermediario -plantear las preguntas que se deben responder, transcribir las respuestas de una grabación, reordenarlas para comunicárselas a una audiencia extranjera, editar las pruebas, corregir la gramática y firmar un contrato para su publicación- complican la cuestión de los derechos de autor. En el peor de los casos, el intermediario puede tomarse tantas libertades que resulta siendo el autor. Aun un intermediario fidedigno tiene que tomar tantas decisiones que adquiere ciertos atributos de autor.

 

En el caso de Me llamo Rigoberta Menchú, la persona que hizo el contrato con Ediciones Gallimard de París para administrar los derechos mundiales fue Elisabeth Burgos. Su nombre no aparece en la portada de la edición actual en inglés, apareciendo sólo como editora, aunque figura prominentemente en ediciones anteriores. Quién escribió el libro es un tema que ha sido debatido por los académicos y que ha hecho reflexionar a los lectores. También a la premio Nobel, que a veces afirma haber ejercido control editorial sobre el texto así como sobre el testimonio, y que a veces lo niega.

 

«El libro fue idea de Arturo Taracena, un amigo muy querido, un historiador latinoamericano», explicó cuando recibió el premio de la paz. «Él me animó a escribirlo. Para mí fue una tarea dolorosa, después de haber tenido unas experiencias tan horribles revivirlas para contarlas. Además tenía miedo de que nuestras historias terminaran siendo un panfleto, que fueran publicadas durante un tiempo y olvidadas después. Por eso decidimos trabajar con Elisabeth Burgos-Debray, una mujer maravillosa con un nombre muy conocido. En realidad, el libro es el resultado de un trabajo colectivo. El primer paso fue grabar durante doce días, doce días muy difíciles. Por aquel tiempo, mi español era muy malo. Apenas podía hablarlo, mucho menos leerlo. Con el apoyo de muchos amigos de los grupos de Solidaridad con Guatemala, se hicieron las transcripciones y me volvieron a leer el texto. De este modo pude oír lo que estaba escrito. Por supuesto, dejamos fuera muchos testimonios, testimonios que yo pensé que podríamos guardar para el futuro en lugar de publicarlos en aquel momento. Y además yo estaba inhibida porque nuestros padres nos dicen que hay cosas que es mejor no decirlas».{7}

 

Esta versión de los acontecimientos es muy diferente a la de Elisabeth, y también difiere de otras dos explicaciones que ha dado Rigoberta. A raíz de su historia de vida de 1997, La nieta de los mayas, la laureada reiteró que había ayudado a redactar el texto final de Me llamo Rigoberta Menchú. Sin embargo, poco antes de que apareciera su nuevo libro, se enojó durante el transcurso de una entrevista y acusó a Elisabeth de haberla excluido de la redacción del testimonio de 1982.{8} Una tercera versión de Rigoberta acusa a Elisabeth de sustituir las historias de vida de otras personas por la suya propia. Esta última explicación, inédita, era la que proporcionaba el personal de Rigoberta en 1993. Según esta versión, Elisabeth no había entrevistado únicamente a Rigoberta, sino a cuatro o cinco exilados mayas más. Presuntamente, Elisabeth unificó después todas las historias bajo el nombre de Rigoberta, para tener un testimonio más dramático. A pesar de que Rigoberta y los demás habían aceptado esta decisión, ahora, al parecer, no estaban conformes con ella.

 

Esta última versión de los hechos, la hipótesis de los múltiples narradores, explicaría la amplia gama de experiencias personales recogidas en Me llamo Rigoberta Menchú. Un grupo de personas expresando sus testimonios podía proporcionar experiencias que Rigoberta no tenía. Después Elisabeth pudo haber destilado el testimonio de cuatro o cinco personas en la historia de una sola, sobreviviente y militante. Sin embargo el libro no sólo es un compendio de demasiados episodios como para haber sido vividos por una sola persona. Capítulo tras capítulo, integra también paradigmas revolucionarios, substrayendo los elementos que los contradicen. Para satisfacer las expectativas de que los conflictos de tierra son entre los virtuosos campesinos mayas y los maléficos finqueros ladinos, alguien exageró los problemas de Vicente Menchú con los finqueros ladinos de Soch mientras que omitió los que tenía con sus parientes políticos k´iche´s de Laguna Danta. ¿Quién fue este alguien? Parece inverosímil que fueran los otros presuntos colaboradores mayas, lo que nos deja con una de las dos personas con las que empezamos. Pudo ser Elisabeth la que decidió omitir toda referencia con el pleito con los Tum, el Cuerpo de Paz y el internado. Pudo haber sido Elisabeth la que convirtió a Vicente Menchú en el fundador del Comité de Unidad Campesina. Pero si fue Elisabeth la que inventó el inolvidable testimonio sobre cómo murió Petrocinio en Chajul, o el inexorable retrato de Vicente en la clandestinidad defendiendo sus derechos, entonces Rigoberta perdería la autoría de su historia y del texto final. En vez de ello, se convertiría en el simple instrumento de una escritora extranjera, lo que desacreditaría Me llamo Rigoberta Menchú profundamente. No sólo no reflejaría su vida y la de su aldea tal como la recuerdan muchos otros, ni siquiera sería Rigoberta quien contó la historia.

 

Dados los dones obvios de la premio Nobel como oradora y protagonista, la explicación de los múltiples narradores es condescendiente. Tampoco es plausible. Aparte de las cassettes, que aún existen, las cuales demuestran que fue Rigoberta quien contó la historia, ya la estaba contando con su estilo característico antes de conocer a Elisabeth. Encontrar una narración anterior a la visita a París no fue fácil, pero finalmente apareció una. En un boletín revolucionario fechado el 2 de diciembre de 1981 Rigoberta describe cómo su padre soportó años de heroica resistencia ante «los atropellos constantes de los terratenientes»; cómo su hermano Petrocinio fue secuestrado el 9 de diciembre de 1979, torturado durante varios días, luego fue llevado a Chajul con otros veinte hombres para ser quemados vivos; y cómo su madre fue secuestrada, torturada durante doce días y después abandonada en «un monte cerca de la comunidad» hasta que sus restos fueron devorados por los animales. También anticipa la declaración clave de su testimonio de París: «Mi dolor y mi lucha es también el dolor y la lucha de todo un pueblo oprimido que lucha por su liberación».{9} A pesar de las declaraciones ocasionales de la laureada en las que afirma lo contrario, todo parece indicar que Me llamo Rigoberta Menchú es el propio testimonio de su vida.

 

¿Qué dice hoy Elisabeth Burgos?

A medida que surgían más problemas con Me llamo Rigoberta Menchú resultaba obvio que debería hablar con la editora del libro. Lo que no resultaba tan obvio es que Elisabeth quisiera hablar conmigo. A principios de los 80 era partidaria del movimiento revolucionario, al igual que yo mismo y que muchos otros horrorizados por la brutalidad del ejército guatemalteco. Desde entonces mi pensamiento cambió debido a mis conversaciones con los campesinos, incluidos muchos que en su momento apoyaron a la guerrilla. Elisabeth no tenía la misma experiencia, la de haber oído tantos testimonios que contradecían el de Rigoberta. Si para algunos de mis colegas era difícil cuestionar la veracidad de Me llamo Rigoberta Menchú, ¿qué podía esperar de la persona que había convertido la historia de Rigoberta en un libro famoso?

 

Tal y como resultó, una viejo amigo de Elisabeth, un antropólogo que la había conocido en Bolivia, me aseguró que se prestaría al encuentro. Cuando llegué a su apartamento, en Madrid en 1995, recibió las malas noticias que yo traía con aparente ecuanimidad. Si yo hubiera estado en su lugar, escuchando nuevas informaciones que arrojaban dudas sobre uno de los proyectos más importantes de mi vida, dudo que hubiera reaccionado con tanta calma. También es posible que no hubiera estado dispuesto a presentar mi versión de los hechos a alguien que estaba en condiciones de dañar mi reputación. Acerca de cómo había surgido el libro, Elisabeth me contó esencialmente la misma historia que aparece en la introducción de 1982, añadiendo algunos detalles fascinantes. Una médica canadiense que vivía bajo el nombre de Marie Tremblay le había pedido que entrevistara para una revista a una persona interesante. A pesar del frío invierno, Rigoberta apareció en la puerta de su casa acompañada por Tremblay y vestida con la misma ropa ligera que usaba en su país natal. Iba de viaje a una conferencia en Holanda, no había planificado nada para París, y demostró estar absolutamente dispuesta para lo que resultó ser, a medida que la historia fluía día a día, una inesperada semana de grabaciones. Al final de la semana, Arturo Taracena, el historiador guatemalteco que estaba acabando su doctorado en París, recogió a Rigoberta.

 

«La tenían cocinando en México, los mismos guatemaltecos no se interesaban por ella porque era indígena», me dijo Elisabeth. «Rigoberta Menchú estaba angustiada, no tenía la menor idea de dónde estaba. Lo que yo detecté es que quería expresarse ya, superar sus experiencias y llegar a un campo más amplio que aquel donde la tenían. Por primera vez, no estaba en casa de guatemaltecos, y yo la escuchaba con atención. Pienso que para ella era un placer hablar con alguien que se tomaba interés en ella».

 

Gracias a su trabajo con el antropólogo George Devereux y su enfoque etnopsiquiátrico, Elisabeth fue capaz de escucharla largo rato, sin interrumpirla con preguntas. Había estudiado psicología clínica en la Universidad de París VII, así como etnología en la Escuela de Ciencias Sociales de París, y a la sazón estaba escribiendo una tesis sobre la etnopsiquiatría de las mujeres francesas y latinoamericanas. «Sin esta enseñanza, no podría haber hecho las entrevistas», me dijo. «Hay que empaparse con el entrevistado. Sólo se hacen preguntas cuando hay bloqueo, cuando el entrevistado se repite mucho, por ejemplo». Las preguntas que planteó giraban principalmente en torno a la cultura, porque Rigoberta estaba más interesada en hablar de la opresión. En su introducción de 1982, Elisabeth atribuía el nacimiento del libro a una activista canadiense de París, la doctora Marie Tremblay. Trece años más tarde, Elisabeth me dijo que Tremblay sólo había sugerido una entrevista para una revista, que pronto sería publicada en el influyente semanario Le Nouvel Observateur, desde donde reverberó en seguida a América Latina.{10}

 

Elisabeth me dijo que hasta después de haberse ido Rigoberta, no se había percatado de que tenía suficiente material para un libro. Puesto que nadie más había abordado la idea durante la semana que Rigoberta estuvo en París, nunca había podido hablarlo con ella. No pudo haber sabido que la historia que estaba contando adquiriría el peso y la influencia de un libro.

 

Como no tenía un empleo en aquel momento, Elisabeth podía dedicar todas sus energías al proyecto. Sólo tenía que posponer temporalmente su tesis doctoral. De modo que diariamente llevaba a su hija a la escuela, regresaba a la casa y trabajaba en la transcripción, ayudada por una amiga chilena. Aunque el español de Rigoberta era elocuente, al igual que el de algunos campesinos que oí en el norte de El Quiché, su gramática no era la que los lectores esperan en un página impresa. «Su español era muy básico. Traducía mentalmente de su propio idioma; eso fue lo que más me costó», dijo Elisabeth. «Sí, yo corregí tiempos verbales y géneros de sustantivos, ya que de lo contrario no habrían tenido sentido, pero siempre traté de conservar su poderosa forma de expresión. La narración de Rigoberta se saltaba la cronología. Tuvo que ser ordenada. Y los pasajes que yo extraje sobre la cultura tenían que ser incorporados a la narración de su vida».

 

«Tuve que volver a ordenarlo muchas veces para que siguiera un hilo, para darle un sentido de vida, de modo que llegara a todo el público. Lo hice a través de un archivo de fichas. Lo más difícil fue darle un sentido de continuidad con las mismas palabras de Rigoberta. Esto es un reto mucho más complicado que limitarse a citar a una persona como parte de tu propia narración. Si hubiera querido hacerlo como una publicación profesional, incluyendo mis preguntas, lo hubiera hecho así, pero ese no era mi objetivo». Después de finalizar el manuscrito, Elisabeth le dio una copia a Arturo Taracena, para que él la mandara a la organización de Rigoberta para su revisión. Cuando regresó el manuscrito, iba acompañado de una carta pidiendo que se omitieran tres pasajes, dos de los cuales ahora parecen tener poca importancia. Los tres se referían a la participación de los niños en la autodefensa comunitaria, la relación entre el Frente Popular 31 de enero y las fuerzas guerrilleras, y las declaraciones del embajador español atribuyendo a los manifestantes el incendio de la embajada. La razón para esta última omisión, según la carta, era que las declaraciones del embajador habían sido distorsionadas por el gobierno. Fechada el 8 de agosto de 1982, la carta iba firmada por un seudónimo, «Vicente». Gracias a referencias personales, Elisabeth supo (y lo ha confirmado desde entonces) que se trataba del líder del EGP, Ricardo Ramírez, un amigo desde sus días de Cuba.

 

Lo que Elisabeth se negó a quitar fueron los epígrafes que había incluido en cada capítulo. Esta fue una petición adicional de Arturo Taracena, que resultó ser sobrino de la compañera de Ricardo Ramírez, Aura Marina Arriola. Arturo se opuso a los pasajes bíblicos que Elisabeth había elegido, y aún más a seis epígrafes del premio Nobel de Literatura, el novelista guatemalteco Miguel Angel Asturias. Su razonamiento era que puesto que el hijo de Miguel Angel, Rodrigo Asturias, era el fundador de un grupo guerrillero rival llamado la Organización del Pueblo en Armas, las citas podían llevar a pensar a los lectores entendidos que Rigoberta pertenecía al ORPA y no a su verdadera organización. Aunque la médica canadiense que arregló el encuentro entre Rigoberta y Elisabeth trabajaba con el ORPA, Arturo se reportaba con el EGP.{11}

 

La persona que llevó la carta de Ramírez y el manuscrito corregido desde México hasta París fue Rigoberta, a la que la carta también autorizaba a participar en un documental que aparecería en la televisión francesa un año después.{12} No estando segura de cómo iba a resultar el manuscrito y no queriendo perder el control de sus esfuerzos, Elisabeth no contactó ninguna editorial hasta que el manuscrito estuvo terminado, hacia setiembre de 1982. La editorial Gallimard fue la primera en responder con un contrato, que ella firmó. El libro apareció al año siguiente en español, en 1984 en francés y en inglés (las dos ediciones de las que más ejemplares se han vendido), luego en alemán, italiano, holandés, japonés, danés, sueco, noruego y ruso, además de una edición pirata en árabe.

 

Rigoberta rompe con Elisabeth

 

Las dos mujeres nunca volvieron a revivir la intimidad de aquella semana de enero de 1982. Fueron pocos los encuentros posteriores. Según Elisabeth, cuando Rigoberta pasó por París en 1984, no quería hablar del tema de los indígenas, hasta el extremo que rechazó un ejemplar del Popol Vuh que le regaló Marie Tremblay. Durante otra breve visita a París, en 1985-1986, la actitud de Rigoberta había cambiado de nuevo. «Parece que nosotros los indígenas tenemos que pagar muy caro para aprender», dijo mientras iban caminando hacia una reunión con Danielle Miterrand, la primera dama de Francia. «¿Por qué?», le preguntó Elisabeth. «Porque hemos tenido que pagar muchos muertos».

 

«Hablaba muy alegóricamente», observó Elisabeth. «Yo podía ver que estaba bajo mucha presión. Luego de aquel primer instante de apertura, se veía que no podía hablar. Puesto que yo había tenido noticias de ejecuciones dentro del EGP, supuse que su reticencia se relacionaba con las divisiones internas». Indudablemente Rigoberta también se sentía incómoda por el dilema al que inconscientemente la había llevado la editora de su testimonio. La historia que ella contó en 1982, la que lanzó su carrera, había sido narrada con el fervor de una conversa. Ahora ella era famosa, pero el fervor había pasado, y las palabras transformadas en un libro la definían, aparentemente para siempre, como alguien que no era.{13}

 

En 1989 Elisabeth fue nombrada directora del Instituto Francés de Sevilla, España, alejándose de los círculos parisinos en los que acostumbraba a tratar con personajes públicos. Éste también fue el año en el que escribió una carta a Fidel Castro pidiéndole que perdonara la vida del general Arnaldo Ochoa, un héroe de la expedición cubana a Angola, que repentinamente fue acusado de tráfico de drogas y otros crímenes contra el estado, sentenciado a muerte y ejecutado, todo en el intervalo de un mes. Junto con su ex marido, Régis, que también trató de salvar a Ochoa, Elisabeth había sido amiga del condenado y de Fidel. Ellos no creían que Ochoa hubiera hecho algo a espaldas de su jefe, que aparentemente estaba liquidando a un rival potencial.

 

Elisabeth atribuye su exclusión posterior de la campaña de Rigoberta para el premio de la paz al hecho de que había apelado por la vida de Ochoa. Para algunos lectores, la explicación de Elisabeth implica una visión excesivamente centralizada de las relaciones entre el régimen castrista, el Ejército Guerrillero de los Pobres (el preferido de la URNG para los cubanos), y los comités de solidaridad en Europa. O por lo menos, una sorprendente lealtad a Fidel en la red de apoyo de Rigoberta. Invocando tres décadas de experiencia con el movimiento revolucionario latinoamericano, Elisabeth insiste que fue eso lo que la convirtió en una paria.{14}

 

Hay indudablemente una segunda razón por la que Elisabeth fue excluida de la campaña del Nobel, una que complementa la primera. Resulta evidente en cómo respondió Rigoberta a una pregunta, en 1991, sobre su relación con Elisabeth y cómo había influido esta relación en el texto final. Tras oponerse a la sugerencia de que el testimonio pudiera ser de alguien más que suyo propio, Rigoberta reconoce que «lo que sí efectivamente es un vacío en el libro es el derecho de autor, ¿verdad? Porque la autoría del libro, efectivamente, debió ser más precisa, compartida, ¿verdad?... Por un lado es también producto del desconocimiento de hacer un libro. Se necesitaba un autor y ella es autora».{15} El deseo de Rigoberta de reclamar la autoría también se sugiere en su curriculum vitae para el premio Nobel, donde figura como ganadora del premio Casa de las Américas de 1983 en La Habana, cuando en realidad lo ganó Elisabeth Burgos como editora.

 

En cualquier caso, Elisabeth nunca fue invitada a ninguna de las ocasiones asociadas con el Nobel. La ausencia fue ampliamente notada. Su única contribución fue un nuevo prólogo para la edición en español, así como comentarios de apoyo en la prensa. La última reunión entre las dos mujeres ocurrió pocos meses después de la concesión del Nobel, en febrero de 1993. Rigoberta pidió a Elisabeth que renunciara a los derechos de autor para que ella pudiera hacer sus propios contratos. «Antes las cosas eran distintas», explicó. Pero según Ediciones Gallimard, Rigoberta no podía tener los derechos debido a los numerosos contratos que la editorial había hecho por todo el mundo. Elisabeth también temía que su nombre fuera borrado de las nuevas ediciones, así como había sido excluida de la campaña para el Nobel. Posteriormente, Rigoberta se quejó a la editorial Siglo Veintiuno, de que Elisabeth había dejado de entregarle el cincuenta por ciento de los derechos económicos. Según Elisabeth, siempre mandó a Rigoberta la totalidad de los derechos económicos (menos los impuestos) a través de un arreglo con Danielle Miterrand y la Fundación Miterrand.{16} Indignada por las acusaciones de Rigoberta, interrumpió las remesas.

 

Cuando estuve en Madrid, Elisabeth sacó de un ropero una caja de cassettes. Eran las grabaciones de la voz de Rigoberta, trece años atrás. De no ser por una mala planificación por mi parte, hubiera podido oír toda la secuencia. Aun así, pude escuchar las dos primeras horas y me causaron una gran impresión. Desde sus primeras palabras, Rigoberta parece dominar la situación. Habla lenta, atenta y claramente, con el compás característico de los mayas, haciendo pausas para buscar las palabras. En ningún momento vacila con «uhs» o «ehs». Es muy clara: Esto sucedió cuando yo tenía cinco años, esto cuando tenía ocho, o doce. También establece un estilo de contar su historia que se comunica sin esfuerzo a los extranjeros, enmarcada en amplias categorías tales como «nuestra cultura» y «nuestro pueblo» .

 

Durante las dos primeras horas de grabación apenas oí interrupciones de Elisabeth. Su pregunta inicial es: «Su vivencia, su vida, ¿cómo es la vida de los indígenas?». Sus únicas intervenciones son para aclarar detalles. Elisabeth no sugiere nuevos temas, no cambia la dirección de la entrevista, ni presiona para seguir hablando de un tema renuente. En cuanto a Rigoberta, comienza con la famosa línea de apertura del texto publicado: que no se trata sólo de su vida, sino de la de todos los guatemaltecos pobres; que creció sin pasar por la escuela, en las fincas de la costa, donde trabajaba hasta ocho meses al año. Desde el inicio de la sesión, Rigoberta crea para sí el personaje de la guatemalteca universal, con poco estímulo por parte de su entrevistadora. Después de oír mis descubrimientos, tales como la probabilidad de que nunca trabajara en las fincas cuando era niña, Elisabeth recordó cuan convincentemente su interlocutora había detallado la vida allá, cómo cosechaban los granos del café («como tratar a un herido»).{17} No, me dijo Elisabeth, ella nunca puso en duda la historia de Rigoberta. Después de escuchar las primeras dos horas, yo podía entender el porqué. Rigoberta era totalmente convincente. Bajo el hechizo de su voz serena, yo también habría creído todo lo que decía.{18}

 

Notas

(*) Capítulo XIII del libro «Rigoberta Menchú y la historia de todos los guatemaltecos pobres», de David Stoll. Reproducido en La Insignia por cortesía de Nódulo Materialista.

 

{1} «La conciencia de Rigoberta», El Periódico (Ciudad de Guatemala), 14 de diciembre de 1997. En El Periódico del 9 de diciembre apareció un reportaje anterior, seguido por la reacción horrorizada de su aliada y líder indígena Rosalina Tuyuc («¡Qué Dios la perdone!») el 10 de diciembre, y una carta aclaratoria el 12 de diciembre en la que Rigoberta reiteró que Elisabeth la había despojado de su testimonio, lo había editado sin consultarla y nunca le había pagado derechos económicos.
{2} Menchú et al. 1998:253.
{3} De quien se divorciaría más tarde.
{4} Castañeda 1993:129-132.
{5} Canteo 1998. Cuando Régis publicó una valoración de las perspectivas de la lucha armada en varios países, el capítulo sobre Guatemala fue un esfuerzo común con Ramírez (Debray 1974), que murió de un ataque al corazón cuando este libro entraba en imprenta.
{6} Burgos-Debray 1984:xiv, xix (Arcoiris: 16).
{7} Juana Ponce de León. «Mission of Peace: Winner of 1992 Nobel Peace Prize Speaks for Native People Everywhere», Vista (New York), diciembre de 1992, págs. 6-ss. Compárese con Brittin y Dworkin 1993:216-218.
{8} En su historia de vida de 1997, la laureada describe a Arturo Taracena como uno de sus asesores más importantes y le otorga, así como a ella misma, un papel importante en la redacción de Me llamo Rigoberta Menchú. «La grabación de mi testimonio duró alrededor de doce días. Después, existía en París un colectivo de solidaridad con Guatemala que ayudó a la transcripción. Allí conocí a Juan Mendoza, entrañable amigo hasta la fecha. El doctor Taracena participó bastante en ordenar el libro, junto con Elizabeth Burgos. Al final, también hicieron la selección de los capítulos juntos. Quiero decir con esto que Arturo Taracena tiene una parte significativa en el libro... Después vino el texto ya ordenado. Yo, como por dos meses o más, dediqué tiempo para entenderlo. Es muy distinto lo que uno siente hablando que cuando ya está en papel. Reconozco que en esos años yo era muy tímida... inocente e ingenua. Simplemente no conocía las reglas comerciales cuando escribí esa memoria. Solo daba gracias al creador por estar viva y no tenía ninguna idea de mis derechos de autor. Tuve que acudir a compañeros, en la ciudad de México, donde vivía en ese entonces, para tratar de entender el texto. Fue muy doloroso volver a vivir el contenido del libro. Censuré varias partes que me parecieron imprudentes. Quité las partes que se referían a la aldea, mucho detalle de mis hermanitos, mucho detalle de nombres.» (Menchú et al. 1998:252-255).
Algunos meses después, Rigoberta acusó a Elisabeth de impedir que Arturo y ella desempeñaran las funciones anteriormente descritas: «Todas esas cintas fueron transcritas por otras personas que quisieron colaborar de esa manera con nuestra causa... Arturo Taracena con su sabiduría y paciencia revisó y corrigió los errores que yo cometí en el uso del idioma español... Elizabeth Burgos tomó esos manuscritos, los ordenó según su criterio y agregó y suprimió lo que le pareció conveniente. Le puso subtítulos e incluyó breves citas de otros libros al principio de cada capítulo... Jamás permitió que yo o el doctor Taracena conociéramos la versión final y mucho menos que pudiéramos hacer observaciones o correcciones al texto. Supimos que la señora Burgos me había despojado de mi testimonio cuando apareció la primera edición en idioma francés, con su nombre como única autora». («Carta de Rigoberta Menchú», El Periódico, 12 de diciembre de 1997).
{9} Esto quiere decir que la aspiración de Rigoberta en el testimonio, en el sentido de querer hablar por toda una clase de gente, anticipa su encuentro con Elisabeth. Una referencia a su inminente gira sugiere que era la tarea que le había asignado su organización. La descripción detallada de la inmolación de su hermano en Chajul sugiere que ella era consciente de la necesidad de dramatizar su historia de modo que llamara la atención. El artículo de setecientas palabras no incluye referencia alguna a haber trabajado en las fincas, a su padre y ella misma como miembros del CUC, o a haber presenciado la masacre de su hermano en Chajul. Pero sí hace un énfasis en como han sido expulsados de sus tierras los campesinos, sugiriendo que los llamamientos revolucionarios no logran satisfacer las necesidades reales de los campesinos. (Noticias de Guatemala, 1981).
{10} Burgos 1982.
{11} Entrevistas del autor y Canteo 1998.
{12} El documental, que retrata a Elisabeth y Rigoberta en París, reitera los puntos clave del testimonio de enero de 1982 (Burgos y Romero 1983). En una versión anterior de este capítulo, yo declaré que nunca se recibió ningún comentario de Rigoberta, que nunca mostró interés en el manuscrito, y que nunca dio su permiso a Elisabeth para publicarlo (Stoll 1997:36). Ahora que tengo una copia de la carta de dos páginas mecanografiadas, fechada el 8 de agosto (no el 9, como se afirma por error), dirigida a la «Compañera Elisabeth» y firmada «Hasta la victoria siempre. Vicente», es evidente que, por lo menos, Rigoberta sirvió de correo en el proceso editorial.
{13} Las recriminaciones por parte de personajes de libros como Me llamo Rigoberta Menchú no son insólitas. Otro ejemplo es Phoolan Devi, una esposa impúber de la India que huyó de un marido abusivo para convertirse en delincuente y, por último, en «la reina de los bandidos» (Shears y Gidley 1984). Desde la prisión, Devi logró sacar clandestinamente un diario en el que describía todas las violaciones a las que había sido sometida. Este diario se convertiría en la base del libro Bandit Queen, del escritor Mala Sen; de la película de Shekhar Kapur sobre su vida; y de la fructífera campaña para su liberación. Aunque Devi había firmado un contrato aceptando que se utilizara su historia, recurrió a los tribunales para impedir que se proyectara la película, alegando que violaba sus derechos personales, distorsionaba los hechos sobre su vida, ponía en peligro su defensa legal contra cargos de homicidio y fomentaba el odio entre las castas (Hamish Mc Donald, «Queens´ Gambit», Far Eastern Economic Review, 3 de noviembre de 1944, pág. 29; «Hands Up», Economist, 12 de noviembre de 1994, págs. 116-117). En ocasiones Devi reconocía su responsabilidad en la masacre de veintidós miembros de una casta que habían abusado de ella; otras veces lo negaba. En 1996 el Partido Socialista la eligió para el parlamento nacional, donde formó parte de una coalición para impedir que el gobierno cayera en manos de los nacionalistas hindúes.
{14} La revolución cubana todavía considera que la crítica es traición, como lo ilustra la reacción ante las críticas de Régis hacia su antiguo camarada Che Guevara. El contraataque fue capitaneado por la hija del Che, Aleida Guevara, que acusó a Régis de entregar información a sus captores bolivianos y, por lo tanto, de compartir la responsabilidad por la muerte de su padre (Vilas 1996). Mientras tanto, Elisabeth ha redactado una segunda historia de vida, la de uno de los sobrevivientes de la expedición boliviana del Che. Corroborando testimonios anteriores, Benigno dice que la columna del Che fue delatada por campesinos desconfiados y por un miembro boliviano reclutado a la ligera que resultó ser un ex policía (Alarcón Ramírez 1997:138-143).
{15} Brittin y Dworkin 1993:218, tal y como está traducido en Brittin 1995:110-111, excepto por la frase «derecho del autor».
{16} En mayo de 1998 Elisabeth me envió fotocopias de correspondencia que incluyen:
- una nota mecanografiada, con el membrete del CUC, en la que dice: «A quien interese: La que firma abajo, Rigoberta Menchú, miembro del Comité de Unidad Campesina -CUC- por este medio hace constar que acepta la suma que le corresponde a Elisabeth Burgos por derechos de autor. Atentamente, (firmado) Rigoberta Menchú. Guatemala, Junio de 1982.»
- una nota mecanografiada dirigida a Elisabeth en París, con fecha 24 de setiembre de 1986, diciendo: «Estimada señora: Me dirijo a usted con un saludo fraternal y respetuoso. De acuerdo con nuestra última conversación, del 22 de setiembre de 1986, usted me cede los derechos económicos del Libro ´Me llamo Rigoberta Menchú´, los que, por el momento, ascienden a la suma de 74.335,98 francos, conforme al cheque extendido por las ediciones Gallimard, el 7 de marzo del año en curso. Por medio de la presente quiero dejar constancia que el beneficiario de dichos derechos económicos será el Collectif Guatemala (Asociación 1901), con sede en Rue du Theatre, París 75015. Me despido de usted agradeciendo su fina atención y espero volver a verla pronto. Atentamente, (firmado) Rigoberta Menchú Tum».
- una nota escrita a mano, fechada en París el 25 de setiembre de 1986, en la que Rigoberta y Juan Mendoza reconocen haber recibido los 74.335,98 francos anteriormente mencionados en nombre del Collectif Guatemala.
- cuatro notas mecanografiadas, con el membrete de Ediciones Gallimard, fechadas entre el 26 de mayo de 1989 y el 18 de diciembre de 1992, reportando el envío de un total de 221.466,80 francos a la Fundación France-Libertés, que estaba asociada con la Fundación Danielle Miterrand.
{17} Burgos-Debray 1984:35. Acerca de esta frase, frecuentemente citada, un finquero comenta: «Son pendejadas eso de que el trabajador tenga que tratar un grano de café como si fuera una persona herida. Está rodeado de una corteza dura, de modo que se trata de despojar una rama de todos sus granos maduros, y que quede intacta con los granos verdes».
{18} En mayo de 1999 pude oír otras dieciséis horas de cassettes en el apartamento de Elisabeth en París. Al igual que las recientes declaraciones de la propia Rigoberta, corroboran mi conclusión anterior, que ella es la única narradora de Me llamo Rigoberta Menchú.

© 1999-2002 David Stoll o © 2002 www.nodulo.org

http://www.lainsignia.org/2002/julio/dial_008.htm

 

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La verdad acerca de Rigoberta Menchú, 1º

 

Peter Canby

Hace unos meses, el antropólogo David Stoll publicó el libro Rigoberta Menchú and the story of all poor guatemalans, en el que examina aspectos que le parecían confusos con respecto a la vida de la Nobel de la Paz. Según Stoll, muchos de los acontecimientos que se mencionan en el libro de Rigoberta (I, Rigoberta, publicado en 1983) están distorsionados, fueron inventados o se presentan como relatos de un testigo ocular de sucesos que la guatemalteca no pudo haber presenciado.

Tras las discusiones que provocó Stoll con sus hallazgos, Peter Canby emprendió sus propias indagaciones: leyó, viajó, se entrevistó con personas que tuvieron relación directa con Rigoberta Menchú, la guerrilla y organizaciones políticas guatemaltecas y concluye, por un lado, que Stoll ha hecho aseveraciones muy a la ligera; por otro, que si bien Rigoberta no vio ni sufrió muchas de las atrocidades que cuenta en su libro, lo que ha narrado es la vida de los mayas.

En 1983, ediciones Gallimard sacó a la venta en París la edición francesa original de un libro que, al año siguiente, se publicó en inglés con el título I, Rigoberta Menchú: An indian woman in Guatemala.* I, Rigoberta es la historia narrada en primera persona de Rigoberta Menchú Tum, una joven maya cuya familia y cuyo pueblo quedaron virtualmente destruidos por la violencia que entonces asolaba a Guatemala. El libro pronto se tradujo a 12 lenguas y desde entonces se han vendido más de medio millón de ejemplares.

Guatemala es un país de 11 millones de personas en donde existía una guerra civil intermitente desde 1954, cuando el gobierno electo de Jacobo Arbenz fue derrocado por un golpe militar de derecha. Durante este periodo, se calcula que 200 mil guatemaltecos fueron asesinados a causa de la violencia política. Al contar su historia con fuerza y en primera persona, Rigoberta Menchú (conocida en todo el mundo como Rigoberta) hizo mucho por dar a conocer la violencia en Guatemala, sobre todo a finales de la década de los 70 y a principios de los 80, cuando dicha violencia se dirigió en gran parte contra la población maya del país. Finalmente, en diciembre de 1996, el gobierno y cuatro grupos guerrilleros de oposición (que para entonces ya se habían unido en la organización conocida como la URNG) firmaron un acuerdo de paz. El libro de Rigoberta y la atención internacional que atrajo contribuyeron en gran medida a provocar este resultado.

Lo que le dio tanta importancia al mensaje de Rigoberta fue que ella era una india maya. La mitad de la población guatemalteca es maya y, a finales de los 70 y a principios de los 80 (el periodo que sirve de marco para el libro de Rigoberta) los mayas fueron víctimas de una violencia inaudita. Como parte de los acuerdos de paz, el gobierno y los guerrilleros establecieron una Comisión de Aclaración Histórica, comúnmente llamada comisión de la verdad, la cual entregó su informe hace unos meses. Compilado bajo la supervisión de un distinguido jurista alemán, el informe, presentado en febrero, describió la política gubernamental de contrainsurgencia como "genocida", así como "racista", y señaló que "las matanzas, las operaciones de tierra arrasada, las desapariciones forzadas y las ejecuciones de las autoridades, los líderes y los guías espirituales mayas no sólo fueron un intento por destruir la base social de los guerrilleros sino, sobre todo, por destruir los valores culturales que aseguraban la cohesión y la acción colectiva en las comunidades mayas".

La mayor parte de los mayas de Guatemala viven en las tierras altas y montañosas del país, en donde hablan varias lenguas, íntimamente relacionadas entre sí pero mutuamente ininteligibles; los mayas dependen de una economía agrícola desesperadamente pobre, basada en el maíz, el frijol y la calabaza. A finales de los 70, muchos mayas se volvieron activistas sociales -fundaron cooperativas, crearon sindicatos, exigieron tierras-. El gobierno se sintió lo suficientemente amenazado por estos movimientos como para comenzar a asesinar de manera sistemática a los líderes. Al mismo tiempo, varios grupos guerrilleros antigubernamentales se establecieron en las montañas y, cuando grandes cantidades de mayas empezaron a unirse a los guerrilleros (con frecuencia, esta adhesión se debió menos a la simpatía política, aunque muchos congeniaban con los guerrilleros, que a la necesidad de salvar la vida), el gobierno incrementó aún más su violencia.

A principios de 1980 el gobierno puso en marcha una política para "drenar el mar en donde nadan los guerrilleros", sacando a la gente de extensas regiones de las montañas de los mayas, matando a decenas de miles de indios, desplazando a cientos de miles más y erradicando por completo varios cientos de pueblos -incluyendo el de Rigoberta-. Todo esto acabó por separar a los guerrilleros de su base social y, así, por debilitarlos tanto a nivel político como militar. Mas el costo que esto representó para los mayas fue inimaginable y, debido a la lejanía de las regiones afectadas con mayor brutalidad, pocos, fuera de Guatemala, se enteraron de esta política despiadada. Rigoberta, quien entonces tenía 23 años de edad, fue uno de los pocos indios que estuvieron dispuestos a hablar de la violencia sufrida en carne propia y de pronto se convirtió en la vocera de las víctimas.

En su libro, Rigoberta se describió a sí misma como una mujer que había crecido en un pueblo lejano, que no tenía ninguna educación formal y que hacía poco tiempo había aprendido a hablar el español. Sin embargo, resultó ser una oradora asombrosamente eficaz. Marcia Mersky, quien hoy forma parte de la comisión de la verdad de Guatemala y quien alguna vez ayudó a organizar las primeras giras de conferencias que Rigoberta llevó a cabo en Estados Unidos, recuerda que "Rigoberta tenía una capacidad sobrenatural para pararse en un estrado y deducir quién era su público. Daba su testimonio como si lo estuviera viviendo. Hacía que todos acabaran llorando, se echaba a todos a la bolsa".

Las aterradoras experiencias que Rigoberta relataba se volvían más vívidas por su pequeña estatura, su sonrisa abierta y el hecho de que siempre se vestía con el colorido traje típico de su región. Describió la muerte de su padre, un organizador campesino muy conocido que fue quemado vivo cuando las fuerzas de seguridad guatemaltecas irrumpieron en la embajada española que él y otras 26 personas habían ocupado a modo de protesta por la militarización de las regiones montañosas indias. Contó cómo después su madre fue arrestada por el ejército, torturada, violada y abandonada en la sierra para que muriera. "La dejaron allí, moribunda, durante cuatro o cinco días", escribió, "soportando el sol, la lluvia y la noche. Mi madre estaba cubierta de gusanos porque en las montañas hay una mosca que se mete adentro de cualquier herida".

Finalmente, habló del secuestro de Petrocinio, su hermano de 16 años de edad, atrapado por el ejército cuando se dirigía al mercado a comprar azúcar, acusado injustamente de ser un guerrillero, luego torturado, bañado en gasolina y quemado vivo junto con otros prisioneros del ejército frente a un grupo de indios a quienes se había obligado a presenciar la escena. ("Esto es lo que hemos hecho con todos los subversivos que atrapamos", escribió Rigoberta citando las palabras de un soldado, "porque tienen que morir por la violencia".) Paul Goepfert, un periodista estadounidense, recuerda a Rigoberta conmoviendo hasta las lágrimas a un auditorio en California al narrar la muerte de Petrocinio. Después de escucharla, Goepfert viajó a Guatemala a hacer reportajes sobre la violencia, se casó con una guatemalteca y hoy sigue viviendo allá. "Eso cambió mi vida", me dijo. "Toda una generación vinimos aquí por Rigoberta".

En 1992, el año del quinto centenario de la llegada de Colón al Nuevo Mundo, a Rigoberta se le dio el Premio Nobel de la Paz. Fue la segunda guatemalteca en recibir un Premio Nobel (el primero, de literatura, le fue otorgado al novelista Miguel Angel Asturias en 1967) y convirtió a Rigoberta en una figura poderosa y controvertida dentro de Guatemala. Este ha sido un país en donde desde hace mucho tiempo los indios mayas son tratados con desprecio por la población no india del país. Así, el hecho de que Rigoberta alcanzara dicho reconocimiento internacional fue algo que avergonzó a muchos guatemaltecos. Al principio, el Presidente se negó a reunirse con ella y de inmediato comenzaron a circular bromas racistas por la Ciudad de Guatemala. (Por ejemplo: Un día, Rigoberta va al cielo y llama a la puerta. "Oye, Jesús -grita San Pedro-, ¡ya llegaron las tortillas!".)

Dina Fernández, columnista de Prensa Libre, uno de los principales diarios de Guatemala, me dijo que piensa que Guatemala está cambiando poco a poco su actitud hacia los indios. Cuando le mencioné que yo había visto el nombre de Rigoberta en los periódicos por una u otra razón casi todos los días que he estado en Guatemala, me contestó: "Mi madre está a cargo de la sección de modas y sociales de Prensa Libre. Hace uno o dos años, pidió que se llevara a cabo una encuesta que mostró que Rigoberta era la mujer más reconocida en Guatemala. En las clases medias la gente está empezando a aceptar que Rigoberta tiene derecho a reunirse con los líderes y los miembros de la realeza europeos. Uno no podía decir lo mismo de la gente de las clases altas pero, poco a poco, los mayas están empezando a integrarse".

Sin embargo, a raíz de los acuerdos de paz, lo que Guatemala parece estar viviendo no es tanto una integración sino una extraña especie de explosión de postguerra -económica, psicológica, política, una sucesión de cambios que parecen ser simultáneamente emocionantes y aterradores-. Alvaro Arzú, el actual Presidente, fue electo en 1996 y es el líder del PAN, el partido de los grandes negocios. Bajo su gobierno, Guatemala ha experimentado no sólo inversiones extranjeras considerables sino también lo que la gente llama con nerviosismo una apertura del "espacio político". No obstante, como conviene a un país en donde se considera que fue inventado el concepto de "desaparecer" personas con fines políticos y en donde hasta hace poco tiempo los escuadrones de la muerte, patrocinados por el gobierno, cometían asesinatos con total impunidad, esto parece ser algo tentativo y es muy posible que sea temporal, algo así como una flor que sólo se abre una vez en varias décadas.

Además, resulta irónico que muchos guatemaltecos estén exigiendo aquello que al parecer estrecharía ese espacio político -una rendición de cuentas que muestre quién provocó las muertes y de qué manera-. Quizá un extranjero se pregunte por qué los guatemaltecos no pueden olvidar el pasado; en Guatemala, a muchos les queda claro que examinar el pasado es la única forma de dejarlo atrás. Como me lo explicó un activista de derechos humanos: "La guerra creó miedo, una falta de comunicación, una falta de confianza, una incapacidad para resolver los conflictos. No puedes reconciliarte con los vivos si no puedes reconciliarte con los muertos".

El asesinato del obispo Juan Gerardi Conedera, cometido durante la primavera del año pasado, demuestra cuán peligrosa puede ser semejante empresa. El obispo Gerardi era el principal patrocinador del informe de derechos humanos que contaba con el apoyo de la Iglesia católica y que fue elaborado por un grupo llamado Remhi o Recuperación de la Memoria Histórica. Remhi recopiló el testimonio de alrededor de 55 mil víctimas de la violencia política, tres cuartas partes de las cuales eran mayas. Muchas de estas declaraciones fueron recogidas por los entrevistadores mayas en sus lenguas nativas; los organizadores esperaban que la experiencia catártica del recuerdo ayudara a restablecer la unidad en las comunidades destrozadas.

No obstante, por el simple hecho de ofrecer un foro en donde las víctimas del pasado tuvieran una oportunidad de hablar, Remhi se adentró en un terreno peligroso. Presentó su informe el 24 de abril de 1998. Dos días más tarde, el obispo Gerardi sufrió una emboscada en la cochera de la casa parroquial y fue asesinado al ser golpeado repetidas veces con un bloque de concreto. "Nunca esperamos una reacción tan fuerte", me dijo Edgar Gutiérrez, un antiguo economista, quien es el actual coordinador del proyecto de Remhi. "Esperábamos que hubiera un esfuerzo por desacreditar el informe a nivel psicológico, pero nunca esto. Esto tuvo un gran impacto, fue un golpe muy duro para nosotros. Pero también nos hizo darnos cuenta de que el informe era importante para el país, que nosotros teníamos que seguir adelante aun si el costo de ello fuera la vida humana".

La idea del informe de Remhi surgió en 1994, durante una de las primeras etapas de las negociaciones entre el ejército y la guerrilla. Cuando las organizaciones de derechos humanos en Guatemala propusieron que se estableciera una comisión de la verdad para investigar la violencia, se enfrentaron a la oposición tanto del ejército como de los guerrilleros. "Observamos las negociaciones y no nos mostramos optimistas respecto de la comisión de la verdad", me dijo Edgar Gutiérrez. "Ninguna de las partes quería eso. Nosotros queríamos abrir el camino". Ante la insistencia de las organizaciones de derechos humanos, la comisión de la verdad quedó establecida. No obstante, el gobierno consintió a ello sólo con la condición de que su informe incluyera una amnistía general (salvo en los casos en donde quedara legalmente establecido el genocidio) y de que no incluyera nombres específicos. En otras palabras, como me dijo Marcie Mersky, el contenido del informe no podía usarse para procesar crímenes individuales.

Por el contrario, Remhi no estaba atada por semejantes restricciones. Aunque su informe menciona sólo algunos de los nombres de los responsables de los crímenes, sus archivos están abiertos. En efecto, una de las razones que se adelantaron para explicar el asesinato del obispo es que, al regresar a su casa, él descubrió a alguien buscando los archivos de computadora no publicados del proyecto. De haberlos encontrado, el esfuerzo habría sido en vano. "Nosotros ya habíamos enviado el material más delicado al extranjero -me dijo Edgar Gutiérrez-. Pero si la gente quiere abrir juicios, Remhi abrirá sus archivos".

A pesar de la investigación casi cómicamente inepta que llevó a cabo el gobierno sobre el asesinato del obispo, la mayor parte de la gente en Guatemala cree que el ejército fue responsable de ello. Gutiérrez concuerda con esto y siente que el mensaje que el ejército envió fue que los militares sólo estaban dispuestos a aceptar la comisión de la verdad, con todas sus restricciones sobre el procesamiento de los crímenes. "El ejército estaba diciendo que ya se ha negociado el modelo en el cual se basa la paz", me dijo. "La comisión de la verdad era el límite. Si quieren ir más allá de ese límite, el castigo es la muerte".1

De ser así, el ejército estaba a punto de recibir una gran sorpresa. Cuando la comisión de la verdad presentó su informe a finales de febrero, concluyó que las "numerosas matanzas y otras violaciones a los derechos humanos", cometidas en contra de la población maya entre 1981 y 1983, constituyeron una política gubernamental deliberada de genocidio tal y como lo define una convención de las Naciones Unidas, organización a la que el gobierno guatemalteco ingresó en 1949. (También concluía que Estados Unidos apoyó a las fuerzas guatemaltecas que habían cometido los actos de genocidio.) Esto, en esencia, cancelaba la amnistía no sólo para los soldados sino también para los miembros del alto comando guatemalteco y para los colaboradores civiles y dejaba abierta en el caso de todos ellos la posibilidad de ser enjuiciados en el futuro.

 

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La verdad acerca de Rigoberta Menchú, 2º

 

Peter Canby

No obstante, no sólo los militares están en la mira. Las acusaciones contra la propia Rigoberta han provocado cada vez más consternación. A finales de los 80, el antropólogo David Stoll, profesor en el Middlebury College de Vermont y autor de un libro sobre Guatemala publicado en 1983 con el título Between two armies: In the Ixil towns of Guatemala, estaba recabando relatos sobre la violencia en el pueblo de Chajul, ubicado en la sierra a poca distancia del poblado de Chimel, en donde Rigoberta creció. Stoll le hizo preguntas a uno de los informantes de Chajul acerca del relato de Rigoberta sobre cómo ella y otros miembros de su familia fueron obligados a observar en silencio cómo su hermano menor Petrocinio fue torturado, bañado en gasolina y quemado vivo.

Para su sorpresa, este informante (al igual que muchos otros más de Chajul a quienes Stoll entrevistó después) le dijo que no recordaba que hubiera tenido lugar dicho acontecimiento. Finalmente, Stoll llegó a su propia conclusión de lo que creyó que ocurrió y la presenta en su libro de reciente publicación, Rigoberta Menchú and the story of all poor guatemalans. Según él, un grupo de prisioneros de la región de Rigoberta (que al parecer incluía a Petrocinio) fueron llevados allá en un helicóptero. El ejército vistió a los prisioneros con uniformes de color verde olivo para hacerlos parecer como soldados de la guerrilla, los hizo caminar por un sendero hacia Chajul y los mató en una emboscada. Acto seguido, los soldados aventaron viejos rifles cerca de los cuerpos y les mostraron los cadáveres a los residentes de Chajul como un ejemplo de lo que les sucedería a los guerrilleros que se atrevieran a desafiar al ejército. Los cadáveres se quedaron bajo el sol durante varias horas antes de que uno de ellos fuera quemado y luego todos fueron enterrados en una fosa común en el cementerio del pueblo.

Stoll se dispuso a examinar otros aspectos del libro de Rigoberta y pronto encontró otras afirmaciones que no eran ciertas. En su libro, Rigoberta se describe como una campesina sin educación. No obstante, en entrevistas con parientes y antiguos compañeros de clase, Stoll descubrió que ella había pasado varios años en escuelas de conventos; primero en el Colegio Belga de la Ciudad de Guatemala y luego en el Colegio Básico Nuestro Señor de la Candelaria en Chiantla, Huehuetenango, en donde terminó el séptimo grado -un nivel de educación notablemente elevado para una niña india de Guatemala-. Además, debido a que ella había asistido a la escuela conventual, Stoll arguye que Rigoberta no puede haber trabajado (como ella lo afirma) como sirvienta para una familia rica en la Ciudad de Guatemala y que no puede haber trabajado en condiciones abusivas en las plantaciones costeras, en donde ella sostiene que uno de sus hermanos menores, Nicolás, murió de desnutrición. De hecho, Stoll encontró a un hermano vivo, Nicolás, quien logró restablecer la tierra de la familia mucho después de que la guerra terminó.

La historia central de I, Rigoberta gira alrededor de la lucha del padre de Rigoberta por defender la tierra de su comunidad en contra de los reclamos de sus ambiciosos y corruptos vecinos no indios. De hecho, al investigar las peticiones que archivó el padre de Rigoberta en la oficina gubernamental de reclamos agrarios, Stoll descubrió que la lucha del padre de Rigoberta no se libró principalmente contra los ladinos, como se conoce a los guatemaltecos que descienden de ancestros mestizos, sino más bien contra otro grupo de mayas dirigidos por los suegros del propio padre de Rigoberta. Stoll también descubrió, a partir de lo que había investigado, que el ejército no fue el responsable de iniciar el ciclo de la violencia en la región de Rigoberta, sino una fuerza guerrillera que asesinó a dos ladinos vecinos, uno de los cuales era muy estimado por los trabajadores agrícolas del señor Menchú. El ejército comenzó entonces a llevar a cabo ataques de carácter vengativo contra el pueblo de Rigoberta debido a que los guerrilleros estuvieron allí unos meses antes.

Stoll no niega que el pueblo de Rigoberta haya sido destruido y que la mitad de su familia haya sido asesinada, incluyendo a su padre, su madre y su hermano Petrocinio. Pero señala que muchos de los otros acontecimientos que se mencionan en el libro de Rigoberta están distorsionados, fueron inventados o se presentan como los relatos de un testigo ocular de ciertos sucesos que la misma Rigoberta en realidad no puede haber presenciado. Stoll argumenta que el motivo de ello es que, después de que Rigoberta huyó a México en 1980, se alió con los grupos guerrilleros que estaban allá y que "drásticamente corrigió la experiencia de preguerra de su pueblo para adaptarla a las necesidades de la organización revolucionaria a la que se había unido". En otras palabras, cuando escribió su libro, Rigoberta actuó en esencia como una propagandista.

La misma Rigoberta ha aclarado que se unió a las organizaciones del frente popular que simpatizaban con los guerrilleros. En 1980, después de que el ejército mató a su padre, a su madre y a Petrocinio (los militares mataron a otro hermano unos años más tarde, después de que él se rindió para impedir que sus tres hijos murieran de hambre), su pueblo fue atacado y destruido y ella huyó a México con la ayuda de las monjas. Allí se reunió finalmente con dos de sus hermanas menores, quienes se habían unido a los guerrilleros. A principios de 1981 se hizo miembro del FP-31, una organización del frente popular de la guerrilla, llamada así por el día en que el padre de Rigoberta murió en el incendio de la embajada española.

Lo que incomoda a Stoll en relación con Rigoberta no es que ella se haya unido a los guerrilleros -en un momento, sugiere que ella puede haber "reaccionado a la pérdida de su familia refugiándose en un nuevo sistema de coherencia"- sino que la historia inventada en su libro la haya convertido en lo que él llama una "maya compuesta", un estereotipo guerrillero propagandista creado para ilustrar lo que Stoll considera como una explicación simplista y conveniente de la violencia. La historia real de Rigoberta -en donde su padre se peleó con otros mayas, los guerrilleros iniciaron los asesinatos y Rigoberta estaba a salvo en una escuela conventual- no hubiera demostrado ninguno de estos puntos y, por lo tanto, no habría sido útil.

Stoll afirma que para los guerrilleros era esencial que la gente considerara que ellos respondían a las necesidades locales de los indios y a su deseo de resistirse a la opresión; querían que la gente viera que representaban las aspiraciones populares en una época cuyas circunstancias económicas empeoraban cada vez más. Sin embargo, Stoll no está en absoluto impresionado por esa situación. Sostiene que, antes de la violencia, las condiciones de los mayas de las montañas estaban mejorando y lo que desencadenó las matanzas fue la presencia misma de los guerrilleros, una presencia que provocó una reacción brutal, opresiva y racista por parte de las fuerzas armadas de Guatemala. Stoll afirma que los guerrilleros siguieron una estrategia desastrosa al obligar a los campesinos a escoger a qué bando pertenecían, infiltrándose en sus movimientos, movilizándolos contra el ejército y creando las condiciones para una venganza feroz por parte de los militares. "Las columnas guerrilleras se engrosaron temporalmente con los supervivientes de los pueblos que ya no tenían a dónde ir", escribe Stoll, "pero quedó destruida la `base popular` de la que esperaban un flujo constante de maíz y de jóvenes".

Este argumento presenta algunas dificultades. Stoll no apoya, con datos estadísticos o siquiera con información anecdótica, su afirmación de que las cosas estaban mejorando para los mayas antes de que llegaran los guerrilleros. Su punto de vista contradice los estudios cuidadosamente documentados de historiadores como Susanne Jonas, quien describe de manera convincente la escasez cada vez mayor de tierras entre los mayas y una dependencia creciente de los trabajadores temporales mayas, mal pagados, en relación con las prósperas plantaciones costeras. Además, Stoll parece creer que, debido a que ha encontrado pruebas de que los guerrilleros iniciaron la violencia en la región de Rigoberta, debieron haber hecho lo mismo en todas partes. Este puede haber sido el caso o no. En el libro, esa cuestión no se explora en absoluto.

Naturalmente, Stoll tiene razón en insistir en que los guerrilleros acepten su parte de responsabilidad por haber iniciado los asesinatos; mas el hecho de establecer con seguridad quién inició la violencia no es tan simple como él lo hace creer. Por ejemplo, si bien la comisión de la verdad reconoce la existencia de la táctica guerrillera de la provocación armada, concluye que la respuesta del gobierno fue "totalmente desproporcionada respecto de la fuerza militar de la insurgencia". Más importante aún, la comisión argumenta que el gobierno metió "a todos los opositores bajo una misma bandera, democrática o no, pacifista o guerrillera, legal o ilegal, comunista o no" y, de manera deliberada, exageró la amenaza que representaban los guerrilleros para justificar el "aniquilamiento físico o la intimidación absoluta de esta oposición".

Por ejemplo, durante la dictadura del general Fernando Romeo Lucas García, entre 1978 y 1982, los escuadrones de la muerte patrocinados por el gobierno mataron a muchos miembros sindicales, organizadores campesinos y "catequistas" católicos o activistas. Con el fin de protegerse, algunos de los opositores del gobierno se unieron a lo que había sido, hasta ese entonces, una fuerza guerrillera insignificante. No obstante, parece estar claro que un ejército que ya había estado asesinando a sus opositores políticos durante más de una década no habría vacilado en atacar a los miembros de semejantes grupos de oposición aun si los guerrilleros nunca hubieran aparecido en la sierra. Además de su explicación para la región de Rigoberta, Stoll no presenta ninguna prueba que demuestre lo contrario.

En la Ciudad de Guatemala me reuní con Frank LaRue, un importante abogado de derechos humanos y antiguo activista sindical, quien apenas escapó a la muerte en 1980, cuando llegó tarde a una reunión en donde 27 colegas suyos fueron secuestrados y desaparecieron. "Durante el gobierno de Lucas García -me dijo LaRue- fueron asesinados 300 catequistas, 14 sacerdotes, una monja, ocho periodistas y cinco profesores de mi propia facultad de leyes. ¿Cómo puede uno decir que los guerrilleros fueron responsables de esto? ¿Cómo explica uno que el ejército los haya matado? ¿Qué tenían que ver ellos con los guerrilleros? El ejército simplemente no podía tolerar ningún pensamiento independiente, eso es todo. Tenían que aplastarlo".

Además, mientras Stoll establecía que la versión que hizo Rigoberta de la violencia no correspondía a lo que realmente sucedió, se topó una y otra vez con guatemaltecos, a quienes no les importaron las imprecisiones ni los inventos de Rigoberta, pues pensaban que su libro presenta una imagen esencialmente correcta de los horrores que experimentaron los mayas de Guatemala. Concluye que la historia de Rigoberta "satisface tan bien ciertas necesidades que el hecho de que sea verdadera o no es algo casi irrelevante". Escribe que tal vez ella haya narrado en primera persona historias que escuchó con el fin de "representar a la mayor cantidad posible de su gente". Un hombre oriundo de la región de Rigoberta le dijo a Stoll: "Hay muchas cosas que ella se apropió y que les sucedieron a los demás. Ella escribió lo que le sucedió a la gente como si... le hubiera pasado a ella... Ella habla de la realidad. Habla de cosas reales, de las matanzas, de las torturas. Supongo que si le dan el premio (Nobel), no lo tomará para ella... sino para su gente".

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La verdad acerca de Rigoberta Menchú, 3º

 

Peter Canby

No obstante, la verdad es que, incluso sin Stoll, los guerrilleros se han convertido en el blanco de las críticas en Guatemala. La URNG, organización compuesta por los cuatro grupos guerrilleros anteriormente independientes, ha formado un partido político pero, dos años después del acuerdo de paz, aún no ha anunciado un programa ni ha elegido a un solo representante al Congreso. La URNG no parece ser capaz de participar en una democracia electiva. Un miembro del Frente Democrático Nueva Guatemala, el partido de izquierda de los "grupos populares" que ha formado alianzas con los antiguos guerrilleros, me dijo que los líderes del FDNG no tienen ninguna diferencia ideológica con la URNG, pero intuyen que podrían tener diferencias en la práctica. "Tenemos una experiencia distinta de los liderazgos político-militares. Tenemos que organizarnos desde la base hacia arriba, no al revés".

Los guerrilleros negociaron los acuerdos finales de paz con el PAN, el partido del neoliberalismo y de los grandes negocios. Los dos grupos pudieron trabajar juntos en parte debido a que el secretario privado del presidente Arzú, un antiguo guerrillero llamado Gustavo Porras, pudo fungir como un intermediario. Así, los guerrilleros han terminado por formar lo que a muchos guatemaltecos les parece una alianza contradictoria con los defensores del capitalismo internacional a quienes solían denunciar. "Los guerrilleros hicieron lo correcto dada su debilidad militar", me dijo Frank LaRue. "Querían entrar por la puerta grande, no como suplicantes harapientos. Pero básicamente están caminando detrás del PAN. Uno pensaría que, después de 36 años de conflicto, ellos mostrarían un poco más de iniciativa política".

Otros guatemaltecos con quienes hablé argumentan que, después de todos los llamados para el sacrificio; después de toda la lucha, los guerrilleros no sólo no lograron obtener gran cosa en lo que a reparaciones se refiere, sino que también parecieron preocuparse demasiado por proteger sus propios intereses. Por ejemplo, la comisión de la verdad concluye que, en los casos en donde pueden identificarse las fuentes de las violaciones de derechos humanos, alrededor de 93% de ellas pueden atribuirse al ejército y sólo 3% a los guerrilleros. (Las cifras de Remhi son casi idénticas.) No obstante, los guerrilleros no han buscado exponer ese 3% más de lo que los soldados han querido poner al descubierto su 93%. "Su reacción ante la comisión de la verdad fue muy negativa", me dijo Edgar Gutiérrez. "Eso me demostró que no tenían fuerza moral. Y cuando Remhi comenzó a trabajar, cooperaron tan poco como lo hizo el ejército. No les gustó que no pudieran controlar los resultados. Siempre han tenido una visión de la sociedad en donde ellos están arriba de los demás".

Sin embargo, nada les ha dado a los guerrilleros una reputación peor que lo que se conoce como el caso Mincho. A finales de agosto de 1996, después de años de delicadas negociaciones y sólo cuatro meses antes de que se firmaran los acuerdos de paz, la señora Olga Alvarado de Novella, la matriarca de 86 años de una rica familia guatemalteca dedicada al ramo de la construcción, fue secuestrada al salir de la misa del domingo, afuera de una iglesia en uno de los suburbios de la Ciudad de Guatemala. Al principio, los guerrilleros negaron cualquier participación en el asunto pero, a mediados de octubre, un antiguo médico y prominente comandante guerrillero, conocido como Isaías, fue capturado por las fuerzas de seguridad del gobierno mientras trataba de recoger un rescate de seis millones de dólares.

Las fuerzas de seguridad (miembros de la Guardia Presidencial) golpearon severamente a Isaías, le rompieron las clavículas y luego lo intercambiaron por la señora Alvarado y lo deportaron a México. Isaías pertenecía a la Organización del Pueblo en Armas u ORPA, uno de los cuatro grupos guerrilleros que constituían a la URNG y se sabía que tenía una relación cercana con Rodrigo Asturias, el jefe de la ORPA. Empezaron a circular rumores de que Asturias había ordenado el secuestro para poder recabar dinero para el partido de la URNG, el cual estaba a punto de entrar en la política electiva. Asturias y los otros guerrilleros afirmaron que Isaías actuó por su propia cuenta y que ellos no tenían nada que ver con el secuestro.

No obstante, a raíz de la captura de Isaías, corrieron muchos rumores de que otro guerrillero llamado "Mincho" había sido capturado por las fuerzas de seguridad durante el intercambio y que había "desaparecido". El gobierno, el comando guerrillero e incluso los representantes de las Naciones Unidas que patrocinaban las pláticas de paz negaron la existencia de Mincho. Sin embargo, los reporteros de Guatemala pronto publicaron una foto del cadáver de Mincho en una morgue y lo identificaron como un militante de bajo nivel en la ORPA. Al parecer, fue golpeado con un bat de beisbol en la cabeza y murió en el acto. Jean Arnault, el jefe de la misión del equipo negociador de las Naciones Unidas, pronto fue acusado de haber tratado de ocultar el asesinato de Mincho. Fue difícil resistirse a la conclusión de que la ORPA y Asturias, no Isaías, habían tramado en realidad el secuestro y de que, por el bien de los acuerdos, todas las partes habían conspirado para encubrirlo. El público guatemalteco se quedó con la impresión de que la verdad iba a ser una víctima del proceso de paz.

Hasta el caso Mincho, Rodrigo Asturias parecía ser el único líder guerrillero que podía tener un futuro en la política nacional. Miembro de una familia socialmente prominente, había ayudado a fundar y administrar Siglo XXI, una exitosa casa editorial, durante su exilio en México. Además, el padre de Asturias era Miguel Angel Asturias, el novelista guatemalteco que ganó el Premio Nobel de Literatura en 1967 y cuyo interés por la herencia india de Guatemala era conocido por todos. Su hijo Rodrigo no sólo había tomado su nom de guerre "Gaspar Ilom" del nombre de un héroe maya de una de las novelas de su padre, sino que la ORPA, el grupo de Rodrigo Asturias, se había esforzado con éxito por incorporar a miembros mayas. No obstante, después de que se hizo evidente la participación de la ORPA en el secuestro, las negociaciones de paz se suspendieron durante tres semanas y, para que se reanudaran, Asturias tuvo que dejar de formar parte del equipo guerrillero.

La sede del partido de la URNG se encuentra en un suburbio de clase media a orillas del centro de la ciudad, en un vecindario de casas limpias, pintadas de colores pastel, con pequeños jardines y amplias aceras. Cuando fui allí a ver a Asturias, no vi ningún letrero en el edificio de la sede, sólo una pesada puerta de metal con una pequeña ventana a través de la cual un guardia me miró. Adentro, el guardia, un joven maya, trataba de vigilar la calle al mismo tiempo que miraba en una televisión portátil una versión doblada al español del programa Power Rangers.

Asturias es un hombre alto de 60 años y aspecto juvenil, con cabello blanco y largo, tiene la indolencia de un atleta y una sonrisa cautivadora. Vestía jeans y una camisa de cuadros blancos y rojos. Una pluma Mont Blanc salía de su bolsillo. Cuando me dio su tarjeta decía, "Rodrigo Asturias Amado" y, debajo, "Gaspar Ilom". "He legalizado a `Gaspar Ilom` - dijo-. Ahora tengo dos nombres".

Asturias me contó que, después de que sus padres se separaron cuando él tenía ocho años, su padre se volvió diplomático y se mudó a Argentina, dejando al joven Rodrigo a cargo de sus abuelos. Asistió a escuelas católicas con sacerdotes a quienes describió como "franquistas y prácticamente fascistas" y se rebeló a temprana edad; siempre le interesó más la "lucha política" que la literatura. En marzo de 1962 participó en una insurrección guerrillera en la zona este del país, la cual acabó de manera desastrosa. Su grupo sufrió una emboscada. De los 23 guerrilleros, 13 fueron asesinados y dos escaparon. Los demás fueron encarcelados, incluyendo a Asturias. Poco después, Asturias fue deportado a México, en donde pasaría los siguientes siete años. La policía lo condujo a un río que marcaba la frontera y le ordenó que lo cruzara a nado.

Según Asturias, la ORPA se oponía a la idea marxista tradicional de que los indios eran atrasados y les dio posiciones de alta responsabilidad a los mayas, incluyendo a Efraín Bamaca, quien fue capturado después y quien al parecer fue asesinado por el ejército. En cuanto a los acuerdos, él argumentó que era lo mejor que la URNG pudo obtener después de diez años de negociaciones, sobre todo con el PAN, que él consideraba como "una expresión de la derecha, pero mucho más moderna". Asturias me dijo que la URNG no planeaba proponer un candidato presidencial para las elecciones de 1999 pero a mí me pareció que, a pesar de su desastrosa entrada a la política civil, el propio Asturias estaba contemplando la idea de contender para las elecciones del 2003.

"¿Y qué opina de Mincho?", le pregunté. De pronto, la expresión de su cara cambió. "Yo no participé en el secuestro -dijo-, aunque sí lo hicieron ciertas personas de mi organización. Asumo la responsabilidad política, mas no la responsabilidad personal".

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Fuente: http://www.etcetera.com.mx/1999/344/ensayo.html - 2004-01-28

 

 

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David Stoll, profesor en Middlebury College en Connecticut escribió libro, Rigoberta Menchu and the Story of All Poor Guatemalans examinando lo que dijo rigoberta en su testimonio hace 17 años. Cada persona que gana el premio Nobel de la Paz es investigada, dijo él.


Según el libro de Stoll, Rigoberta tuvo educación formal cuando trabajó con monjas. El dijo que Petrocinio no es su hermano y que ella fabricó otros muertes para crear una pintura más dramática. También dijo que Rigoberta no habló igualmente sobre la acciones militares por los indígenas como los del gobierno de Guatemala. Es decir que ella habla mucho sobre lo malo del gobierno, pero no dice nada de las acciones de su propio pueblo.

 

Rigoberta dijo que trabajó en la escuela, pero nunca asistió a clases y que el gobierno es culpable del sufrimiento de los indígenas. Pero admitió que estaba escribiendo un testimonio historical, como si fuera la voz de todos los indios. Usó la palabra "nosotros" en vez de yo en el libro.


En mi opinión no hay una verdad, sino muchos lados de una verdad. Es importante que Rigoberta diga su verdad y no importa so sea la verdad de todos los indios o solamente de ella. Una persona puede leer el testimonio de Rigoberta y puede encontrar información del gobierno y decidir quien está diciendo la verdad.

 

http://www.vignette.org/rigoberta/controversia.html

  

« Los que mienten no sólo humillan a las victimas, sino que procuran aún nuevas victimas; recuérdelo siempre Sra. Menchú»

 

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Rigoberta Menchú

"Los que me atacan humillan a las víctimas"

 

JUAN JESÚS AZNÁREZ
Hace apenas unas semanas sobrevino el escándalo que afecta la imagen de la premio Nobel de la Paz de 1992. El antropólogo norteamericano David Stoll, y un reportaje de The New York Times, que utilizó el trabajo escrito por aquél como guión, imputaron al libro Me llamo Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia, escrita en el año 1983, exageraciones, invenciones o falsedades. Stoll, en noviembre, y el periodista Larry Rotehr, el 15 de diciembre, afirman que el texto de Menchú no es el relato de un testigo, como pretende, y que el recuento de los hechos no se corresponde con la realidad. Los episodios de la controversia se enmarcan en los 36 años de guerra interna de Guatemala, cuyo saldo es terrible: 100.000 personas muertas, 40.000 desaparecidas, 200.000 huérfanos y una errante legión de 100.000 viudas.

 

La disputa de tierras que la Nobel atribuye a una batalla contra terratenientes de apellidos españoles, uno de los fundamentos de su libro, fue, de hecho, una pelea familiar entre su padre y parientes, señalan el antropólogo y el Times; no existió un hermano menor que murió de desnutrición porque Nicolás Tum, hermano de Rigoberta Menchú , vive, sano y salvo, en San Miguel Uspatán, y no parece cierto que otro de sus hermanos, Patrocinio, muriera quemado vivo a manos de los soldados mientras sus familiares eran obligados a presenciarlo.

 

Por otra parte, escribieron, no responde a la verdad que la Nobel apenas haya asistido a la escuela, y apenas supiera leer y escribir, porque cursó estudios en un colegio de monjas belgas de la Sagrada Familia. Es acusada también de aprovechar como propias experiencias ajenas. "Ella intentó ser todo para todos", concluyen los autores. La Fundación Rigoberta Menchú reaccionó la tarde del miércoles subrayando que ninguna de las imputaciones atribuidas a la Nobel por el autor de Rigoberta Menchú y la historia de los pobres guatemaltecos resta méritos ni debilita un testimonio que "tiene la parcialidad y el coraje de una víctima que, además de lo que tuvo que sufrir en carne propia, se vio obligada a asumir como historia personal las atrocidades que vivió su pueblo". Ella defiende el derecho a su propia memoria histórica, a narrar los hechos en función de lo que vivió o le contaron, y de la percepción que de ellos tiene. "¿Pido perdón porque mataron a mi padre? ¿Pido perdón porque mataron a mi hermano? ¿O pido perdón porque masacraron la aldea completa donde yo nací? Yo, Rigoberta Menchú no fue una autobiografía, sino un testimonio", precisa. "Tengo mi verdad de lo que viví durante 20 años. La historia de mi comunidad es mi propia historia".

 

Pregunta. ¿Es cierto que su libro omite hechos e inventa o exagera otros?

 

Respuesta. Reconozco, porque no lo digo en el libro, que había sido sirvienta en el [colegio] belga. No lo dije para proteger mi relación con las hermanas en aquellos años. ¡Cuánto hubiera querido yo contar todas las experiencias que he tenido, no sólo con las hermanas de la Sagrada Familia del belga, sino mi papel, mi trabajo pastoral, mi trabajo de catequista con comunidades religiosas.

 

¿Fue alumna de ese colegio?

Se les olvidó preguntar qué hacía. Era sirvienta. Yo ganaba 12 quetzales al mes [12 dólares en esos años] trabajando en el colegio. Uno se lo daban al Instituto del Seguro Social, y recibía en efectivo 11. Es otra parte de mi vida que no conté en mi libro porque lo que menos hubiera querido en esos años es asociar el [colegio] belga conmigo, porque un programa de las hermanas llevaba a las señoritas [estudiantes], por supuesto de familias muy acomodadas, a hacer un trabajo de campo, que era vivir dos o tres días en una comunidad, conocer a gente, la sensación de un pueblo capitalino, y así se completaba la educación. Muchas de esas señoritas han muerto. Tenían otros conventos que fueron destruidos totalmente. ¿Cómo iba a asociar el belga conmigo cuando decían de mí que era subversiva, comunista, etcétera? Si hubiera vivido en Guatemala me hubieran matado.

 

¿Cursó estudios allí?

Teníamos dos clases por semana, tres horas cada día, a partir de las tres de la tarde. No estudiábamos con el resto de las alumnas, teníamos una maestra contratada para que nos diera alfabetización; después, costura y cocina, los sábados y domingos. Lo llamaban educación para el hogar. Nuestra obligación era limpiar antes de la alfabetización y, después de eso, limpiar hasta las once de la noche.

 

¿No participaba en el curso normal?

No, no. Cuánto daría yo por haber tenido esa grandiosa oportunidad. Después gané una beca para un programa de educación para adultos.

 

¿Cómo murió su hermano Patrocinio?

Por muchos años yo no pude incluso decir que mi madre contó la verdad de mi hermano Patrocinio, y asumirlo yo, es porque nunca quise que mi madre estuviera en boca de nadie más. A los muertos hay que dejarlos en paz. Lo que más ofende es decir: "Bueno, el hermano de Rigoberta no murió quemado allí, fue a una fosa común". Es una verdad de tantas víctimas en Guatemala, donde la incertidumbre está en que hay fosas comunes.

 

¿Vio su asesinato?

Mi madre lo vio. Y ella no puede hablar de esto. Y cómo hubiera yo jalado [presentado] a mi madre de testigo número uno, si a muchos de los testigos se les ha matado para que no hablen. Ésa era la práctica en Guatemala. Eso es una verdad, es la verdad de mi madre. Y si yo creo a Stoll o creo a mi madre, es obvio que creo a mi madre.

 

¿La muerte de Patrocinio se la contó su madre?

Claro. Ella fue a ver todos los rostros de todos los cadáveres que producían en la zona, tratando todavía de dudar eso, de que aquel muchacho hubiera muerto. Ella no quería creerlo, y más bien tenía que ir a ver cada muerto si acaso existía la esperanza de que no fuera él. Yo puedo decir que si mi hermano no fue ese muchacho, y que fue una fantasía de una madre loca buscando a su hijo en cada panteón, que fue una fantasía de mi madre. Que me enseñen dónde está la fosa común donde está enterrado. Si alguien me entrega su cuerpo cambiaré mi punto de vista. Mi verdad es que Patrocinio fue quemado vivo.

 

Disputas por la tierra

 

¿Y las disputas de tierras? ¿Fue algo contra terratenientes o riña familiar?

Éste es un problema que tiene 50 años. Desde el año 52 hemos rescatado de los expedientes de mi padre para obtener esas tierras. Toda una vida luchó mi padre allí. Se supone que mi abuelo, Nicolás Tum, que murió en los ochenta, mucho antes de que empezaran los problemas, supuestamente vendió a otro ladino [mestizo] que vive en otro pueblo. Y nosotros en el año 96 tuvimos que negociar con ese ladino para que nos vuelva vender la tierra donde mi padre hizo su vida, donde yo nací, donde yo crecí. Yo compré de nuevo la propiedad de mi papá. Mi abuelo nunca hubiera vendido esas tierras y él [Stoll] lo reduce todo a un simple pleito familiar. Todo el mundo sabe que el tema de la tierra fue uno de lo temas más discutidos en los acuerdos de paz.

 

¿Por qué?

Porque llevaba un presupuesto millonario, mucho más alto que cualquier tema de los acuerdos de paz para cumplirlo. Primero, porque había que hacer un catastro de la tierra. El Banco Mundial tenía que comprometer una contribución millonaria. La tierra no sólo tiene el grave problema de los litigios, que hay varios dueños y el más listo se hace dueño de la tierra. Había que impulsar una negociación política entre las partes. En esto están involucradas comunidades de vecinos, terratenientes, madereros y cualquier tipo de negociantes. Hay mucha especulación.

 

Dicen que su hermano Nicolás no murió.

Le quiero ser muy sincera. Tengo un hermano Nicolás primero, que es el que murió, y otro Nicolás segundo, que es el que vive. Eso muy normal en Guatemala, que en nuestras familias se repitan los nombres.

 

¿Y en la suya?

Él [Stoll] se supone que es un antropólogo que ha estudiado la cosmovisión indígena. Y eso, la repetición de nombres, es una generalidad en el llamado mundo maya, y en todas las comunidades indígenas de toda América Latina. Esa repetición es un tema que nos ha llevado mucha discusión en la clasificación de los informes que hizo la Recuperación de la Memoria Histórica, donde también se repiten los nombres. Un investigador tiene que entender esa lógica y decir que en una misma familia hay tres o cuatro miembros que se llaman igual. En mi familia hubo dos, y no tres y cuatro. Tengo dos hermanos Nicolases. Si hubieran estado los dos vivos, tendríamos que hablar del Nicolás grande y el Nicolás chiquito. Murió el Nicolás grande, el mayor, el primer hijo de mi madre.

 

2DA.

¿Es cierto que murió por desnutrición?

Sí, exactamente. La incoherencia en esto es que en el libro Nicolás quedó como si fuera mi hermano chiquito. Fue tan fácil de un plumazo borrar la historia de dos indios (sus hermanos) que si hubieran estado vivos ¡qué indignación sentirían por ser hombres utilizados de esta manera! Cuando ellos no tienen nada que ver ni con mi convicción, ni con mi lucha ni con las decisiones que yo adquiero porque soy mayor de edad.

 

Le reprochan asumir experiencias ajenas como propias

No les puedo obligar a entender. Todo, para mí, lo que fue historia de mi comunidad es mi propia historia. No salí del aire, no soy un pajarito que viene de las montañas solito, de una pareja de padres aislados del mundo. Yo soy producto de una comunidad, y no sólo la comunidad guatemalteca. Y sobre si mis hermanos, mi padre, eran ricos, vaya a Chimel y constatará que no hay luz eléctrica en ese pueblo, que este año podría entrar en función la primera escuela.

 

Hay quienes piden que le quiten el Nobel.

Están confundiendo las cosas. El Premio Nobel de la Paz no es Premio Nobel de Literatura. Éste se lo dan a alguien que escribe libros. A mí no me lo dan por un libro. El de la paz es un premio simbólico por el papel jugado en el proceso de paz.

 

La antropóloga venezolana Elizabeth Burgos, coautora de su libro, se duele de que usted ocultara las barbaridades cometidas por la guerrilla.

Primero hay que pararse en Guatemala en medio de los años ochenta. Cualquiera que se asemejara a oposición, no digamos a guerrillero, seguramente sería perseguido inmediatamente. Ha sido una historia pavorosa. No había espacios, no había intermedios. Esto no lo he dicho nunca y se lo voy a decir a usted: el hecho es que sólo pertenecer al CUC (Comité Unidad Campesina) era interpretado como si se perteneciera a la guerrilla guatemalteca. Había vínculos con la guerrilla. Muchos exiliados tenían vínculos con la guerrilla. El [actual] viceministro de Asuntos Exteriores de Guatemala era el delegado que yo conocí del Partido Guatemalteco del Trabajo, que era el partido comunista, el más conocido. Al canciller me lo presentaron como experto con una estrecha relación con el movimiento insurgente de Guatemala y Centroamérica. Y podría seguir. Al secretario privado del señor presidente Arzú, todavía lo conocí como alto dirigente de la guerrilla. No hay una agenda oculta. Algunos piensan que tengo una agenda oculta, una verdad oculta, y por lo tanto hay que sacar esa verdad. Hoy puedo decir todo esto porque nadie va a ser asesinado mañana.

 

El caso es que hay personas que afirman: "Rigoberta miente".

Ni siquiera el libro del señor Stoll dice que sea mentirosa. Qué casualidad que se diga eso ahora, que Rigoberta miente, a secas. Entonces mintieron los 25.000 testigos que entrevistó monseñor Gerardi antes de su muerte [Juan Gerardi, obispo auxiliar de Guatemala, asesinado el pasado 26 de abril, dos días después de presentar el informe Guatemala nunca más], y que afirman y reafirman y requeteafirman lo mismo o más de lo que yo hablo en mi testimonio Me llamo Rigoberta Menchú. Qué casualidad que se diga que Rigoberta miente cuando la Comisión de Esclarecimiento Histórico ha recorrido las comunidades y ha encontrado no sólo esa verdad, sino que ha podido contactarse con todos los delitos de lesa humanidad.

 

Pero Stoll cuestiona su biografía, no niega las atrocidades de Guatemala.

Claro. Mentimos todas las víctimas. Él tiene ya una conclusión de antemano y todo lo adorna para llegar a esa conclusión. Y lo más aberrante: no sólo somos ignorantes, como dice el señor Stoll, que nos manipularon el cerebro el comunismo y la Teología de la Liberación, y que nos fabricaron y nos hicieron mito, y a mí en particular me hicieron un mito bárbaro, fantasma misterioso. Está diciendo también que somos mentirosos, no sólo ignorantes y salvajes. Eso es una cosa que por nada del mundo voy a aceptar.

 

Stoll, la CIA y el ´New York Times´

 

¿Estaría dispuesta a un careo con él?

Mi problema no es con un individuo, o dos. No es mentira que estoy esperando ansiosamente una fotografía para hacerme una idea de cómo es un adversario que no conozco. No soy rencorosa. El día en que me tomé una foto con las Fuerzas Armadas de Guatemala y con sus comandantes en jefe sabía que era un mensaje rotundo al mundo porque nada menos que son los victimarios de los míos, de mi aldea, de mi gente. Y el día en que sembramos un árbol juntos, con el ministro de la Defensa, y un comandante de la guerrilla sentía que por nuestras vidas pasaba un mensaje rotundo y contundente. Mis razones y mi causa son contundentes.

 

¿Qué sabe sobre la obra de David Stoll?

En el primer libro él mantiene una tesis verdaderamente aberrante en relación a Guatemala. Él dice que nunca existió el conflicto armado interno como tal, que sólo lo inflaron los comunistas de una manera desmesurada y que convencieron a mucha gente. El dice que Efraín Ríos Montt [general que fue presidente guatemalteco en el bienio 1982-1983] nunca fue responsable de las masacres, sino que él era más bien un señor fuera del poder, que no tenía control sobre las fuerzas de seguridad ni la represión. Trata de adornar la historia de Ríos Montt.

 

¿Le ha dolido mucho todo este escándalo?

Sí, porque era un acto de humillación a las víctimas. No bastaba con matar a los muertos. No bastaba que hubiera sido muerta mi mamá, mi papá, mis hermanos, sino que se quiere polemizar con los muertos.

 

¿Piensa que alguien trata de conseguir algo dañándola?

No me gusta especular hasta no juntar algunos otros datos. No vamos a decir que es la CIA, pero tampoco creo que esté ausente.

 

¿Qué interés tendría The New York Times para manipular su historia? Larry Rotehr está considerado un profesional con años de experiencia en Centroamérica.

Es muy temprano para sacar una conclusión. No tengo elementos. Estamos tratando de contar con el punto de vista de varios amigos en los propios Estados Unidos. Yo lo asumo como el reportaje del New York Times. Eso es lo que sé. No tengo ningún elemento. Lo que a mí me causa un impacto tremendo es que el reportaje no incluye los matices del propio libro del señor Stoll. Es algo muy raro para mí.

 

¿Tiene medios para apoyar la veracidad de su relato?

Lea el informe sobre la recuperación de la memoria histórica, que recoge la verdad de 25.000 víctimas en Guatemala. Y también basta con ir a Guatemala y pararse en una finca agroexportadora para ver cuántos niños trabajan en esas fincas cortando cañas. Son realidades espeluznantes que no son del pasado. No se trata de si usted cree en mi verdad o en la de otro, sencillamente estoy diciendo que tengo derecho a mi memoria como lo tiene mi gente.

 http://www.upaz.edu.uy/protag/menchu1a.htm

12 FEBRERO 1999. FUENTE: http://www.upaz.edu.uy/protag/menchu1b.htm

 

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NO DARÁS FALSO TESTIMONIO NI MENTIRÁS

 

La diferencia entre la verdad y la mentira es en ocasiones tan sutil y delgada como el grueso de un cabello. Resulta obvio que no pocas mentiras saltan a la vista y que, más tarde o más temprano, dejan de manifiesto su carácter de tales y la mayor o menor bajeza moral del que las ha proferido. Sin embargo, al lado de esas rampantes faltas contra la verdad, el lenguaje escrito o hablado nos permite quebrantar este mandamiento de mil y una maneras. Con profunda tristeza hay que reconocer que algunas profesiones –como es el caso del periodismo– se prestan especialmente para incurrir en tamaño pecado. Semejante situación debería llevarnos a realizar un profundo examen de conciencia sobre nuestra acción en la sociedad.

 


La ocultación de la realidad por intereses económicos, empresariales, políticos, corporativos o personales es mentir. La exposición sesgada de la realidad provocando un mayor brillo de lo aparentemente positivo, o ennegreciendo de manera aún más acusada lo supuestamente negativo, es mentir. El silencio frente al mal, a la corrupción, a la inmoralidad o a la injusticia es mentir. El amoldamiento de la opinión o de la información de acuerdo con el beneficio propio es mentir. La promoción de personajes, instituciones o ideologías, no porque se crea en ellos, sino porque de semejante comportamiento pueden derivar prebendas o ventajas personales, es mentir. La práctica del rumor, de la habladuría, de la frivolidad, arrojando irresponsablemente –no digamos ya voluntariamente– lodo y tinieblas sobre la buena fama de alguien, es mentir. La invención o aliño de noticias, hallazgos, descubrimientos y revelaciones sensacionales, simplemente para aumentar la tirada o la audiencia, es mentir.


Todas y cada una de esas formas de mentir erosionan la confianza de la gente en los medios de comunicación, en los políticos, en las instituciones y en las fuerzas sociales. Todas y cada una de esas formas de mentir acaban entenebreciendo la conciencia y la profesionalidad de aquellos que las practican, hasta el punto de que no llegan a distinguir, al fin y a la postre, lo verdadero de lo falso. Todas y cada una de esas formas de mentir corroen la convivencia, creando un mundo donde la falsedad es moneda de prudente cambio, y donde cada ser humano acaba encerrado en la engañosa fortificación de su soledad. Pero además de dañinas, todas y cada una son inútiles. Bien lo advirtió Jesús cuando dijo: «Porque no hay nada encubierto, que no haya de ser descubierto; ni nada oculto que no termine por saberse» (Lucas 12, 2).

Agradecemos al autor - César Vidal. Alfa y omega 2003-06-15.

 

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Astucia

 

Hoy leo en Lucas 16, 1-13 unas palabras a la vez tristes y estimulantes de la Sabiduría hecha hombre: «los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz».

Por Antonio Orozco-Delclós


¿Cómo es que los hijos de las tinieblas son más astutos con su gente, con sus negocios, con sus cosas, que los hijos de la luz para las suyas, que son de Dios? La respuesta quizá hubiera de ser compleja. Pero sin duda debe de haber algo en ellos que les «agudice» la mente para el mal. La cuestión está en el qué es eso que les afila la inteligencia para un determinado orden –o desorden- de asuntos. Seguramente se trata de una combinación de interés y ejercicio. El ejercicio físico pone en forma los músculos del cuerpo. El ejercicio intelectual pone en forma la musculatura de la mente. Si a uno le interesa lo malo, se ejercita en procurarlo una vez y otra, adquiere habilidad para hacer y conseguir el mal. Si no media ese ejercicio se suele hacer mal el mal, no sale bien, te agarra la policía con las manos en la masa.

Si los pillos, los ladrones, los agentes de las cosas malas, consiguen con facilidad el mal, si les sale a veces tan bien el mal, no es porque resulte más atractivo o más fácil, es porque ponen más interés, piensan –quizá en nada más-, están más en ello y así al cabo de un tiempo les resulta fácil conocer los vericuetos por los que se puede alcanzar lo perverso. También es verdad que a veces el mal está más a mano, de entrada. Basta abandonarse, permitir que desmaye la dignidad personal. Pero no siempre es así. Lo decisivo es el interés, el ejercicio reiterado, la costumbre, el hábito.

Hacer el bien es mucho más atractivo, aunque no siempre más fácil. «Vencer el mal con el bien» es una consigna que empalma a san Pablo (siglo I) con Juan Pablo II (siglo XXI). Veinte siglos de sabiduría cristiana coexistiendo con la estupidez no ajena al cristiano (nada humano nos es ajeno). Sigue siendo verdad. El bien es más poderoso, más atractivo, más apasionante que el mal. El bien es lo estrictamente verdadero, bueno y bello. Jesucristo nos exhorta a interesarnos por el bien, al menos igual que otros se interesan por el mal. Es decir, nos alienta a pensar en el bien, en lo bueno que es hacer el bien; a indagar constantemente en el modo de hacerlo. Y hacerlo. Y hacerlo cada vez mejor. Si los que, contracorriente de políticas políticamente correctas, seguimos empeñados en hablar y discernir el bien del mal, nos entretenemos en ponderar lo bueno, en darle vueltas con insistencia, y pensamos creativamente en cómo llevarlo a cabo en nuestra vida corriente, privada y pública, el mal perderá a partir de ahora muchas batallas. Y al final… la victoria será como en las antiguas películas de la época dorada de Hollywood: de «los buenos». No lo digo yo, es palabra de Dios.

Es cierto que ha habido y hay un maniqueísmo irrealista que cree que la gente de este mundo se divide en buenos absolutos y malos absolutos. No, no es así. Pero al final será así. No lo digo yo. Es palabra de Dios. Lo sabe quien conoce el Evangelio y sabe que es palabra de Dios.

Más vale, pues, «apuntarse» sin complejos al lado del bien, que todos sabemos por dónde suele andar. Pero dando vueltas al magín para vencer un día y otro el mal con el bien, con la justicia, con la caridad, con la paz, es decir, luchando con uno mismo y sirviendo a los demás (no al revés). Con astucia. Fíjense en el abuelo lo que es capaz de hacer para divertir al nietecillo. Conviene tomar alguna dosis de autoestima cada mañana.
Agradecemos al autor  - Arvo Net, 19/09/2004.

 

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Recae sobre todos un deber imperioso de no manipular la realidad, más aun cuando están en juego, el honor, la vida y la muerte de los ciudadanos.

 

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La calumnia es tan oportunista, sustituye la inteligencia, demuestra una ausencia del pensamiento y se encuadra en un raciocinio avieso, con la finalidad vil de ser «autosuficiencia sobre los otros», engendrando preconceptos  y regateando nobles aspiraciones.

 

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Una de las necesidades más básicas para manipular, no es encontrar una mentira que divulgar, sino contar con verdades útiles.

 

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El ideal o el proyecto más noble puede ser objeto de burla o de ridiculizaciones fáciles.  Para eso no se necesita la menor inteligencia.

Alexander Kuprin
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Hay toda la diferencia del mundo entre que pongamos la verdad en primer lugar o en el segundo. Whateley

 

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Varios tópicos interesantes sobre «LEYENDAS NEGRAS» pueden verse en: www.apologetica.org - www.conoze.com    2004-01-28 –

 

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Ignorancia de la historia - Muchos errores se cometen por ignorancia de la historia y esa ignorancia sirve también de arma tanto defensiva como ofensiva de quienes no están interesados en el conocimiento de la verdad sino en la confusión entre verdad y error, entre el bien y el mal.

 

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PASADO - El gran Montalembert escribía: «Para juzgar el pasado deberíamos haberlo vivido; para condenarlo no deberíamos deberle nada». Todos, creyentes o no, católicos o laicos, nos guste o no, tenemos una deuda con el pasado y todos, en lo bueno y en lo malo, estamos comprometidos con él.

 

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La mentira y el error están en desacuerdo con la realidad. Cuando un mundo se construye contra la realidad, ese mundo está abocado a la ruina, y mientras ésta llega va arruinando a los hombres.

 

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Historia, calumnia e ignorancia - Abundan aún los ejemplos de casos en que juzgamos y decidimos, tomamos riesgos y los hacemos correr a los demás, convencemos al prójimo y le incitamos a decidirse, fundándonos en informaciones que sabemos que son falsas, o por lo menos sin querer tener en cuenta informaciones totalmente ciertas, de que disponemos o podríamos disponer si quisiéramos. Hoy, como antaño, el enemigo del hombre está dentro de él. Pero ya no es el mismo: antaño era la ignorancia, hoy es la mentira. MMVI

 

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PASADO HISTORIA - La inscripción del templo de Delfos, que inspiró a Sócrates: conócete a ti mismo. Se trata de una verdad fundamental: conocerse a sí mismo es típico del hombre. En efecto, el hombre se distingue de los demás seres creados sobre la tierra por su capacidad de plantearse la cuestión del sentido de su propia existencia. Gracias a lo que conoce del mundo y de sí mismo, el hombre puede responder a otro imperativo que nos ha transmitido también el pensamiento griego: llega a ser lo que eres.

Por tanto, el conocimiento tiene una importancia vital en el camino que el hombre recorre hacia la realización plena de su humanidad: esto es verdad de modo singular por lo que atañe al conocimiento histórico. En efecto, las personas, como también las sociedades, llegan a ser plenamente conscientes de sí mismas cuando saben integrar su pasado.

 

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No existe la libertad absoluta; además, la libertad no es un instrumento para usarlo contra los demás, sino para favorecer a los demás y para crecer.
La prensa necesita comprender que el espacio disponible para ejercitar la libertad está limitado por el respeto a los demás, no sólo como personas, sino también a sus creencias y a su fe. El derecho a la libertad de pensamiento y expresión «no puede implicar el derecho a ofender el sentimiento religioso de los creyentes». Pero igualmente deplorables, son las reacciones violentas de protesta: «La intolerancia real o verbal, no importa de donde venga, sea como acción o como reacción, siempre es una grave amenaza a la paz».

 

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«No olvidemos que la violencia no existe ni puede existir por sí sola: está infaliblemente entrelazada con la mentira. Unen a ambos los lazos familiares y más profundamente naturales: la violencia no puede encubrirse con nada, salvo con la mentira; y el único sostén de la mentira es la violencia. Todo aquél que una sola vez ha proclamado como método la violencia, inexorablemente deberá elegir como principio la mentira» Solzhenitsyn – 1973

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Poco más tarde, en un artículo titulado «¡Rechacemos la mentira», difundido contemporáneamente a su detención, febrero de 1974, advertía Solzhenitsyn:
«No cada día, ni en cada hombro, posa la violencia su pesada zarpa: sólo exige de nosotros sumisión a la mentira [...] Aquí yace precisamente la clave que despreciamos. La más sencilla, la más asequible para nuestra liberación: ¡la no participación personal en la mentira! [...] Cuando las gentes se apartan de la mentira, ésta sencillamente, deja de existir
»
Comentando estos párrafos el argentino Luis María Sandoval apostilla: «es de recordar que Cristo Nuestro Señor no llamó al Demonio «padre de la violencia», sino padre de la mentira (Jn 8, 44)» ("Cuando se rasga el telón", Speiro, 1992, pág. 220)

 

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“A un mundo mejor se contribuye solamente haciendo el bien ahora y en primera persona, con pasión y donde sea posible”». «Deus caritas est» - Encíclica de Benedicto P.P. XVI - MMVI

 

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Iglesia y Estado - No se puede acusar a la Iglesia de invadir la esfera pública. El cardenal Newman escribió: «El mundo se contenta con caminar sobre la superficie de las cosas, mientras que la Iglesia busca regenerar la profundidad misma del corazón». Por eso, la Iglesia reivindica la libertad de expresar su juicio moral sobre las realidades humanas, porque su misión las abraza a todas. Si por influencia se entiende el hecho de que el magisterio de la Iglesia entra profundamente en el mismo vivir del hombre, entonces sí: la Iglesia debe estar presente. Y se trata de un bien, ya que Occidente se enfrenta a un peligro que no había conocido hasta ahora: la posibilidad de redefinir los contenidos esenciales de la misma naturaleza humana, defendiendo incluso que no existe ninguna verdad sobre el bien del hombre que no sea producto del consenso social. Pensar que debe existir una separación entre religión y vida pública, encerrando la fe en la conciencia privada de los creyentes, no es más que un residuo del pasado.
Se sostiene que, en la esfera privada, cada uno puede hacer lo que quiera, mientras que en la esfera pública valen sólo las reglas basadas en principios de justicia formal y procedimental. No estoy de acuerdo; la comunidad civil y política no se sustenta sólo en normas racionales obtenidas por consenso, sino también –y sobre todo– por una concepción compartida de una vida nueva. Negar esto es una prueba de ingenuidad. No creo que haya una sola persona que atribuya al bien humano una relevancia puramente subjetiva; existe un universo de valores morales que precede a las normas públicas. El progreso en el bien común sólo es alcanzable a través de la confrontación entre argumentos, que es algo serio si todos –la Iglesia incluida– pueden participar, y si existe la certeza de que existe una verdad acerca del bien común. Si, en lugar de esto, la condición suficiente para determinar las normas de la sociedad fuese sólo el consenso, el diálogo se convertiría en voluntad de imponer el propio punto de vista.

+ Carlo Caffarra - arzobispo de Bolonia, ITALIA. MMV. XII en una entrevista.

 

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Si leemos más libros llegaremos a ser más libres: leer ensancha nuestro vivir, porque amplia nuestras vidas con la inteligencia y la sensibilidad de los demás.

 

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Un país no puede ni debe estar en manos de, mal les pese, personajes que fabrican aparentes democracias con materiales falsos. Tales personajes, que además ignoran que la legitimidad democrática no procede sólo de los votos, sino ante todo el respeto a la Constitución, del compromiso de cumplir y hacer cumplir la ley. Ley que nunca puede estar contrapuesta a la Ley natural, la Ley moral.

 

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«Una concepción  moderna del Estado de Derecho y de los derechos humanos, afirma que cualquier principio jurídico que eventualmente se reconozca en una constitución, está absolutamente subordinado a los derechos humanos.»

 

«Lo primario es reconocer que toda persona humana, por el mero hecho de ser persona, debe de ser respetado su derecho a la libertad religiosa, y sólo de manera posterior, concebir la manera en la que el Estado y las iglesias deben relacionarse.»

 

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«Aquí está la mayor paradoja del hombre. La felicidad no se alcanza en el afán de hacer lo que uno quiere, sino al contrario, olvidándose de ello, para darse a los demás. Tomás de Aquino reconduce las virtudes cardinales al amor del fin último y éste al amor de Dios, y lo hace de modo sorprendente y también paradójico. El hombre, dice el santo de Aquino, por su misma naturaleza, está ordenado a amar a Dios más que a sí mismo. De manera que cuando se ama a sí mismo sobre todas las cosas, sucede que fracasa en la realización de su ser, no se ama adecuadamente a sí mismo.»

 

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La ‘catolicidad’ la decretó Cristo, el ‘catolicismo’ va mucho del interés personal.

 

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Sin una considerable dosis de bondad se puede ser listo, pero no inteligente.
La bondad es una de las raíces morales de la inteligencia, que consiste en abrirse a la realidad y que la realidad penetre en nuestras mentes, y eso es bueno por definición.

 

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«Una investigación histórica, libre de prejuicios y vinculada únicamente con la documentación científica es insustituible para derrumbar las barreras entre los pueblos» (Juan Pablo II)

 

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Eusebio de Cesarea (hacia 265-340) obispo de la Iglesia Católica, teólogo e historiador  -  Comentario sobre Isaías 40; PG 24, 365-368

 

“¿Qué habéis ido a ver al desierto?” (Lc 7,24) -   “Voz del que clama en el desierto: Preparad una ruta al Señor, allanad los caminos de nuestro Dios.” (Is 40,3) Esta palabra muestra claramente que los acontecimientos profetizados no se cumplieron en Jerusalén sino en el desierto. La gloria del Señor aparecerá en el desierto. Allí todo el mundo conocerá la salvación de Dios. (cf Is 40,5) Esto es lo que aconteció realmente, literalmente cuando Juan Bautista proclamó en el desierto del Jordán que la salvación de Dios se iba a manifestar. Ahí apareció la salvación de Dios. En efecto, Cristo en su gloria se dio a conocer a todos cuando fue bautizado en el Jordán...
       El profeta hablaba de esta manera porque Dios tenía que residir en el desierto, este desierto que es inaccesible al mundo. Todas las naciones paganas eran desiertos del conocimiento de Dios, inaccesibles a los justos y a los profetas de Dios. Por esto, la voz clama para preparar el camino a la Palabra de Dios, de allanar la ruta inaccesible y pedregosa para que nuestro Dios que viene a habitar entre nosotros pueda avanzar por ella...
       “Súbete a un monte elevado, mensajero de Sión; alza tu voz con brío, mensajero de Jerusalén...” (Is 40,9) ¿Quién es esta Sión,...la que los antiguos llamaron Jerusalén?...¿No es, más bien, una manera de designar al grupo de los apóstoles, escogidos de entre el pueblo?  No es la que le tocó en herencia la salvación de Dios,...ella misma, situada en lo alto de la montaña, es decir, fundada sobre el Verbo único de Dios?  A ella encomienda...anunciar a todos los hombres la Buena Noticia de la salvación.

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

Aquí estoy, Señor,

con hambre y sed de vida.

Pero acostumbrado a lo light

lo auténtico sólo entra con filtros.

Demasiado educado para ser blasfemo.

Demasiado tradicional para ir más allá de lo legal.

Demasiado cauto para saborear triunfos.

Demasiado razonable para correr riesgos.

Demasiado acomodado para empezar de nuevo...

y mi hambre y sed no desaparecen.

Esto ya no es vida sino simulacro,

una vida sin calidad de vida.

 

Aquí estoy, Señor,

con hambre y sed de vida.

Mas sin pedirte mucho, paro no desatar tu osadía;

amando sólo a sorbos, para no crear lazos;

rebajando tu evangelio, para hacerlo digerible;

soñando utopías sin realidades;

caminando tras tus huellas sin romper lazos anteriores...

y mi hambre y sed no desaparecen.

Esto ya no es vida sino simulacro,

una vida sin calidad de vida.

 

 

Por venir a visitarnos, os agradecemos.-

Benedicto PP XVI: 2008.I.01 ‘Día mundial de la paz’ como cada primero de enero. Familia humana: comunidad de paz’ lema 01 enero para el 2008. 40 aniversario de la celebración de la primera Jornada Mundial de la Paz (1968-2008) ‘la celebración de esta Jornada, fruto de una intuición providencial del Papa Pablo VI’.-

Anno Domini 2008 - Mane nobiscum, Domine! ¡Quédate con nosotros, Señor!.

En el frontispicio de todas las iglesias de los jesuitas, en innumerables libros, en los anuncios de sus disputationes y en sus programas catequéticos, campea siempre el lema que resume lacónicamente los fines de la Orden: O.A.M.D.G. (Omnia ad maiorem Dei gloriam: «todo a mayor gloria de Dios»).

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Recomendamos vivamente:

1º ‘Jesús, el Evangelio de Dios’ Edibesa - editorial. Es, sin lugar a dudas, una obra madura de un experimentado pastor y teólogo y un libro oportuno sobre Jesucristo, el protagonista de máxima trascendencia y de permanente actualidad. 2008.-

2º ‘Identidad cristiana’ - La bandera del logos - Coloquios universitarios - Autor: Antonio Aranda (ed.) - Editorial: EUNSA – 2008 - Estamos en el tiempo de la dialéctica: Logos frente a ideología; palabra frente a sistema; razón frente a voluntad de pasión, de sentimiento, de poder público y privado; realidades básicas frente a necesidades sometidas a la pulsión freudiana. Benedicto XVI ha asumido una responsabilidad histórica, en un mundo en que la palabra debe recuperar su dignidad básica, siempre en relación con la realidad y en referencia con el pensamiento. Uno de los problemas acuciantes del pensamiento cristiano, y de la necesaria pregunta por la identidad, es lo fragmentario y lo especializado. La praxis existencial de un cristiano, y de una institución cristiana, es la de la contribución a que los demás descubran la importancia de mantener una relación positiva con la verdad.

3º Jesús de Nazaret– al siglo, Joseph Cardenal Ratzinger: ‘Benedicto XVI’. 2007

Ser cristiano’- al siglo, Joseph Cardenal Ratzinger: ‘Benedicto XVI’- dedicó «a Romano Guardini, con gratitud y admiración». Editor: Desclée De Brouwer.

‘Te ergo, quaesumus tuis famulis subveni, quos pretioso sanguine redemisti’, ‘Socorre, Señor, te rogamos, a tus hijos, a los que has redimido con tu sangre preciosa’.

† San Pablo, Obispo de la Iglesia Católica: “no eres tú quien sostiene la raíz, sino la raíz la que sostiene a ti” (Rom 11,18). †

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).