Monday 27 March 2017 | Actualizada : 2017-03-03
 
Inicio > Leyendas Negras > Roma - 1º restauran túnel de Papas; luteranos y Carlos V saqueo 1527


Como escribió Erasmo de Rótterdam: Roma no era sólo la fortaleza de la religión cristiana, la sustentadora de los espíritus nobles y el más sereno refugio de las musas; era también la madre de todos los pueblos. Porque para muchos Roma era más querida, más dulce, más bienhechora que sus propios países.


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¡Paz a los de cerca y a los de lejos!
Paz a ti, Jerusalén,
¡ciudad amada por el Señor!
Paz a ti, Roma,
ciudad de muchos mártires,
raíz de la civilización cristiana.


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Roma - Durante el período real y toda la época republicana, el territorio de la orilla derecha del Tíber era conocido como Ager Vaticanus y se extendía al norte hasta la desembocadura del Cremera y al sur, por lo menos hasta el Gianicolo. En época imperial, a partir del s. II d.C., se atestigua la presencia del topónimo Vaticanum que incluía una zona que corresponde, aproximadamente, a la del actual Estado de la Ciudad del Vaticano. En época romana dicha zona se hallaba fuera de la ciudad, ocupada por villas, los jardines de Agripina - madre del Emperador Calígula (37-41 d.C.) - y por amplias necrópolis ubicadas a lo largo de las principales calles. En los jardines de la madre, Calígula construyó un circo (Gaianum), más tarde reestructurado por Nerón (54-68 d.C.). A lo largo de la Via Trionfale, que desde Plaza San Pedro se dirige en dirección norte hacia Monte Mario, han sido excavados varios núcleos de tumbas. A lo largo de la Via Cornelia, que se dirigía en cambio en dirección oeste, surgía la necrópolis donde también se encuentra la tumba del apóstol Pedro, muerto durante la persecución de Nerón y sepultado en ese lugar. Su tumba fue meta de peregrinaciones y objeto de veneración desde el s. II d.C. La necrópolis fue luego sepultada durante la construcción de la basílica dedicada al apóstol según los deseos del Emperador Constantino (306-337 d.C.), y actualmente se puede visitar sólo parcialmente.

 

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Roma fue saqueada y destruida por los mahometanos que la ocuparon sangrientamente en el 846.

La antigua Basílica de San Pedro fué profanada, depradada y pillada por los musulmanes; parte del patrimonio cultural de la humanidad en escritos, papiros, etc. fue destruido y perdido. !oh sí, irremediablemente!

 

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HAVE ROMA MATER

HAVE DOMINA MUNDI


Roma - "Roma tiene un influjo importante en la concepción y desarrollo del Pontificado, la Roma martirial e imperial". Por eso varios títulos la califican: "Roma mártir", "Roma artista", "Roma pecadora", “Roma cristiana”, “Roma santa”, “Roma docta” “Roma petrina”, “Roma crucificada”, “Roma victoriosa”, “Roma evangélica”, “Roma evangelizante”, “Roma depositaria de la fe cristiana”, “Roma católica”, “Roma apostólica”, “Roma universal”, “Roma materna”, “Roma bondadosa”, “Roma protectora”, “Roma clemente”, “Roma donde guarecerse”, “Roma casa común”, “Roma, princeps urbium” (decía Horacio- Odas, 3,29),  “Roma locuta est, causa finita est” San Agustín, Sermo 131-Roma habló, la causa terminó-, “Roma communis patria clericorum” clérigos sometidos al Derecho canónico, eximidos del civil del estado, “Roma caput mundi, regit orbis frena rotundi (Lucano, Farsalia, 2, 655), Roma una ciudad llamada a ser, también en el tercer milenio [III], ‘faro de civilización’, «discípula de la verdad» (san León Magno, Tract. septem et nonaginta), y «madre acogedora de pueblos» (Prudencio, Peristephanon, carmen 11, 191); ¡“Roma eterna”! etc.   Roma, al revés, significa: amor-Roma.

 

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 ...[...]... En la p. 61 escribes que Julio César redujo el Senado a asamblea consultiva.  El Senado nunca era otro que asamblea consultativa.  Leyes (leges) solo podían votarse por una asamblea de ciudadanos.  El poder del Senado bajo la República se apoyaba en su auctoritas, poder no definido en ningún texto pero muy real.  El Senado interpretaba las leyes y dirigía a los magistrados elegidos (cónsules, pretores) mediante declaraciones más o menos formales.  La más formal era el senatus consultum, determinando cómo se debía aplicar la ley.

 Lo que hicieron César y Augusto era  reducir aquel poder tradicional casi a nada.  Los emperadores no aceptaban consulta y no reconocían poder asesor alguno.

 En la misma p. 61 escribes que Octavio venció a Antonio en 30 a.C.  Era en 31 a.C.

 En la p. 91 hablas de una dinastia Antonina que empezó en 96 con Nerva.  Lo que no es estrictamente preciso.  Los emperadores Nerva, los españoles Trajano y Hadriano, Antonino Pío y Marco Aurelio suelen llamarse los emperadores adoptivos, porque se sucedían no por ascendencia familiar sino por adopción.  Las experiencias de Nerón y Domiciano habían convencido a los romanos de no permitir dinastías en el cargo supremo del imperio.  Marco Aurelio demostró lo acertado de este juicio cuando permitió que su hijo Cómodo le sucedió a él.

 Dinastía Antonina o Antoniniana puede llamarse la secuencia de emperadores desde Antonino, quien adoptó a Marco Aurelio, haciéndolo un Antonino de apellido, hasta Cómodo quien murió asesinado el 31 de diciembre de 192 por mano de una esclava cristiana según la tradición.

 Pues bien, tal era el prestigio de los Antoninos que los emperadores siguientes también tomaban este apellido.  Por eso, el decreto imperial haciendo ciudadanos a todos los habitantes libres del imperio en 212, promulgado por el emperador Caracalla, hijo de Lucio Septimio Severo, se llamaba oficialmente Constitutio Antoniana.

 

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Islam… ese acoso que no cesa. Que el Islam moderado alienta opciones que no sean el odio contra el quehacer de Occidente está por ahora fuera de toda duda, pero al solaparse el terrorismo islamista y cierta complicidad del Islam europeo emergen incertidumbres hondas y desesperanzadas... 2005-07-

 

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El 21 de mayo de 1527 nace Felipe II, Rey de España y de las indias.

 

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Roma-Santa María la Mayor.

 

Siguen cayendo los mitos de Roma:

la Loba Capitolina tiene 1.400 años menos

 

JUAN VICENTE BOO CORRESPONSAL ROMA.

Primero cayeron Rómulo y Remo. Ayer le tocó el turno a la Loba Capitolina. Los arqueólogos no dejan títere con cabeza pero, como siempre, Roma seguirá fiel a sus símbolos, aunque sean falsos.

El año pasado se confirmó que la ciudad es muy anterior al 21 de abril del año 753 antes de Cristo, fecha de su legendaria fundación, que fue punto de partida del calendario durante muchos siglos. El descubrimiento dejaba sin el mérito fundacional a los míticos gemelos Rómulo y Remo, que se lo habían apuntado durante dos milenios.

Ayer, los gemelos se quedaron, además, sin la loba que los amamantaba. Se la quitó el ex superintendente arqueológico de Roma, Adriano La Regina, que ha protegido durante treinta años el mayor yacimiento arqueológico del mundo. Ningún otro se hubiera atrevido a hacerlo, por miedo a que el «Senatus PopulusQue Romanus», SPQR, el Ayuntamiento, le arrojase desde la roca Tarpeya. Se aceptaba, eso sí, que los gemelos regordetes habían sido un añadido del año 1471.

En un largo artículo periodístico, Adriano La Regina, que es además profesor de Etruscología, afirma lo que los expertos sabían: la Lupa Capitolina no es una escultura etrusca del siglo V antes de Cristo sino una obra medieval, documentada en el siglo IX después de Cristo. Se supo ya en el 2000 cuando, al restaurarla, se descubrió que había sido fundida en una pieza mediante la técnica del vaciado de cera. Pero nadie tuvo el coraje de decírselo a los romanos. Hasta ayer.

2006-11-18-ABC.ESP.

 

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Roma - 20 - 10 a. Cristo


…[…]…

El mito fundacional de la "Ciudad Eterna"


El origen misterioso de Roma radica en su mito fundacional donde historia y leyenda se entrelazan por medio de símbolos y ritos.


El nacimiento de Roma está vinculado a la existencia de la ciudad de Alba Longa fundada por Ascanio, hijo del príncipe Eneas >salido -por fortuna- vivo de Troya después de su caída.


En Alba Longa -capital, en el siglo VIII antes de Cristo, de las comunidades pastorales y agrícolas de la volcánica llanura del Lacio- la princesa Rea Silvia, virgen consagrada a la diosa Vesta, da a luz unos gemelos: Rómulo y Remo, hijos del dios Marte.


El rey de Alba Longa, Amulio, encarcela a la princesa para castigarla de haber violado su castidad y ordena además que los gemelos sean abandonados en la ribera del Tíber para  morir con la crecida del río. Pero los niños son hallados por una loba que los ama manta, hasta que un pastor Jos lleva para su choza. Cuando llegan a hombres, los gemelos deciden fundar una nueva ciudad sobre el Tíber y Rómulo traza los lindes de Roma, después de una disputa mortal con el hermano.


Esta narración de Tito Livio sobre el origen de Roma -cuestionada  como fantasía  arbitraria y  supersticiosa por  los modernos historiadores progresistas- recobra su sentido más profundo cuando es analizada según el discernimiento  simbólico practicado por la escuela metafísica del mito, puesto que - como nos enseña Mircea Eliade - el pensamiento simbólico permite al hombre circular libremente a través de todos los niveles de lo real, identificando, asimilando, unificando realidades heterogéneas y aparentemente inconciliables". [3]


La narración de Tito Livío, entonces, constituye el hilo áureo que amarra la historia a la leyenda y al mito: la primera procede por el camino de la exteriorización de los hechos y de los eventos históricos visibles; los segundos proceden por medio de la interiorización de las fuerzas formadoras de imágenes que constituyen las raíces invisibles de la historia.


En el nacimiento de Roma -según esta perspectiva- se condensan elementos de la mitología de la estirpe aria; entre los cuales se destaca el "origen divino" del fundador de la Ciudad, entrelazado con los temas de "los rescatados de las aguas", del "lobo", de la pareja "antagonista" de los gemelos.


Emerge de inmediato en el mito fundacional de Roma, el principio de "virilidad guerrera" implícito en el rango de "héroes divinos" asignado a los fundadores de la Ciudad, en cuanto hijos de Marte y de una Virgen de Vesta (Rea Silvia).


De aquí que Roma sea definida en ciertas tradiciones de la era republicana, "hija de Marte", dios guerrero misteriosamente asociado -en una aparente contradicción- a una vestal, guardiana del fuego sagrado de la Vida.


Rómulo y Remo -"rescatados de las aguas"- simbolizan al héroe dominador de las aguas: expresión, a su vez, del fluir del tiempo; es decir del elemento fugaz, contingente, mortal de la vida. Pero, según una antigua tradición védíca, sólo domina las aguas quien posee una dignidad divina.


Los gemelos -símbolos de la pareja antagonista – representan al principio telúrico del kaos encarnado por Remo (que intenta violar el limes sagrado del pomoerium), opuesto al principio sobrenatural del kosmos restaurado por Rómulo mediante un dramático fratricidio. Esta lucha antagónica de los hermanos gemelos parece < además la oposición entre el elemento solar de una espiritualidad olímpica y el elemento telúrico de una religiosidad pelásgica; oposición que Roma resumirá en el imperium: síntesis entre el poder guerrero-aristocrático y elementos del sacerdocio sagrado.


Animal consagrado a Marte-Ares, el lobo - rey de los bosques amparados por el dios Silvano - es otro símbolo misterioso del origen de Roma.


Según Franz Spunda - autor de la novela Rómulus - la presencia de este símbolo en el nacimiento de Roma delinea la evolución desde un dominio temporal (la loba) hacia un dominio eterno (el águila), mediante una dinámica simbólica que culmina en la fulguración legendaria de Rómulo, sustraído por un evento misterioso a la vida perecedera y restituido al cielo como dios Quirino, después que el fuego de un rayo divino ha deshecho el involucro mortal de su cuerpo.


Los símbolos de la Loba, del Águila, del Rayo divino están vinculados desde el principio al fatum, al destino superior asignado por la mens divina a la Ciudad Eterna.


Al respecto Franz Spunda ha clausurado su novela escribiendo:


"La divina fuerza romúlea traspasó en su estirpe; y en cada romano relumbró su espíritu de águila. Las retumbantes legiones llevaron el águila hasta los límites extremos del disco terrestre, así como la Sibila lo había predicho entre el resplandor de las cenizas ardientes; hasta la irrupción de los verdaderos hijos de Roma en el cerco aquilino. Pero Roma, la ciudad de Rómulo, de varias formas siempre resurge desde sus cenizas, como si de su suelo brotara una fuerza divina. La lucha por Roma será siempre la lucha por el mundo [4] .


Tradición religiosa de los romanos


  La historia cíe Roma presenta un desarrollo sui generis que descansa sobre una peculiar tradición religiosa indo-europea.


Entre los romanos la divinidad tiene dos nombres: numen y deus. La palabra numen designa desde un principio la voluntad particular del dios, y a partir de la época de Augusto, la misma palabra constituirá el nombre poético de la divinidad. El vocablo deus - de transparente origen indoeuropeo - indica a su vez la divinidad personal de la tríada arcaica Júpiter, Marte, Quirino, que - según Georges Dumezil - constituye la expresión romana de la doctrina teológica de las tres funciones que sustentan todas las estructuras de la sociedad romana: soberanía, fuerza, fecundidad.


La religión romana está constituida por un conjunto de creencias, ritos e instituciones que la vinculan estrechamente sea a la vida doméstica como aquella pública de Roma en toda su trayectoria histórica.


Dumezil destaca además una constante en la densidad religiosa romana, representada por Júpiter Óptimo Máximo: divinidad central que detenta el dúplice dominio de la soberanía: el celeste y el jurídico[5] .


El homo romanas consideraba  la religio como la vía más adecuada para alcanzar una perfecta conformidad con la voluntad divina que le permite manifestar veneración y respeto a todas las tradiciones que lo conectan al mos maiorum, es decir a sus raíces ancestrales.


Los romanos perciben la dignidad religiosa de lo "sagrado" hasta en la naturaleza y denominan la tierra sacra parens porque - como bien destaca Mircea Eliade - es sagrado todo lo que existe, todo lo que "es real”[6] .


Con razón el  tradicionalista  italiano Attilio Mordini  escribiendo sobre el “sentido de Roma” (en la revista  Pagine Libere, agosto 1956), observaba al respeto: “La civilización de Roma fue la primera en unir sacralmente, desde los orígenes,  al combatiente y el trabajador en el cives . Ya en el surco de Rómulo se encuentra el presagio de Cincinnato y de otros innumerables que alternaron el arado con la espada, la tierra con la cosa pública. El veintiuno de abril el sol hace su ingreso en la constelación de Tauro, y el mito de Roma nos recuerda cómo el arado de Rómulo fue tirado por dos bueyes y no por otros animales. Simbólicamente el toro se vincula con el elemento tierra, y hacia la tierra se nos aparece dirigida la civilización del pueblo romano, totalmente entregado al tranajo y a la conquista”


Lo "sagrado" remonta al vocabulario del mundo indoeuropeo que desde la India, a través de los etruscos, trasmite la palabra sakros a los romanos. A lo largo de la historia de Roma, el vocablo sacer designa el conjunto de las relaciones entre el mundo de los hombres con el mundo de los dioses y la escrupulosa atención del civis romanus para adecuar la voluntad humana a la divina.


Huguette Fugier, después de haber investigado el origen y la trayectoria semántica del vocablo sakros, ha concluido que para el hombre romano lo "sagrado" constituye la condición esencial para organizar el mundo y situarse en su espacio[7] .


En su investigación, Huguette Fugier ha encontrado que en la historia de Roma el sentido de lo "sagrado" está corroborado semánticamente por los vocablos fas y nefas, el primero con sentido positivo y el segundo con sentido negativo.


En la lengua latina la palabra fas designa todo aquello que se conforma a los preceptos religiosos. Por lo tanto es faustus es decir: propicio, favorable) todo aquello que trae alegría y felicidad por ser conforme a la estructura religiosa, fundamental y primaria, del "cosmos". Por el contrario es ne-faustus (es decir "negativo" porque trae daño o riesgo grave) todo aquello que cae bajo la prohibición divina.


Por lo tanto estaba prohibido en el mundo romano ofrecer sacrificios a los dioses, administrar justicia o emprender alguna actividad en los "días nefastos".


Huguette Fugier destaca además una significativa relación simétrica entre fas y jus; pero mientras que el "jus" se separa en jus divinum y jus humanum, el "fas" expresa siempre la adecuación de las acciones humanas a los preceptos divinos en una constante aspiración hacia el orden universal.


Cabe aquí una observación: el vocablo "fas" constituye también la raíz de la palabra del latín clásico fascis (fascium en latín vulgar) que designa el símbolo romano del imperium.


El fascis romano, constituido por el antiguo símbolo del hacha labris que domina las doce varas del haz (expresión de la esfera zodiacal) amarradas por una cinta roja - según Guido De Giorgio - indica la inserción de lo espiritual y de lo temporal sobre el tronco único de todas las fuerzas tradicionales[8] .


Ezra Pound a su vez percibe en el mismo símbolo el equivalente semántico de la religio, es decir la expresión del "re-ligare" en su sentido sagrado y jurídico. En el ámbito sagrado, el hacha labris constituye, en efecto el lugar emblemático donde confluyen el acto espiritual de la contemplación y el acto temporal de la acción; mientras que en el ámbito jurídico, el fascio expresa la equidad entre la realidad metafísica del hombre y el vigor de la ley que regula las modalidades y la calidad de su accionar cívico-social, asignando a cada cual lo propio (unicuique suum), porque el civis romanus puede vislumbrar en los demás aquello que falta a sí mismo para poder aspirar a la universalidad del ser, participando de este modo de la polifacética armonía del mundo.


En el haz de varas, el hacha labris constituye también el punto de apoyo de dos cuñas: una superior que representa el descenso de lo divino en lo humano, una inferior que representa el ascenso de lo humano hacia lo divino. El eje del hacha guarda, a su vez, el sentido misterioso del destino central de Roma velado en el templo del dios Jano.


El fascio resume, entonces, un simbolismo que re-vela - en  el doble sentido de "esclarecer" y "ocultar"- una concepción cósmica existencia! que aspira a la suprema armonía entre cielo y tierra.


La Re-velación mistérica del nombre oculto de Roma


Roma guarda en el misterio sacro de su nombre la re-velación de su destino desde el acto mismo de su fundación. Ubicada en el centro del Lacio, la presencia de Roma está ligada a la existencia del río Tíber denominado antiguamente también Rúmon. El río, con sus alrededores, constituye el lugar de aquella geografía sagrada donde Roma nace, crece, triunfa sobre la Gens Itálica primero y después sobre todo el Orbe entonces conocido.


La similitud semántica del Tíber romano remonta a la raíz arcaica Tebe que corresponde a la Tebád del texto bíblico (es decir: el "Arca"), como al Tibet sagrado que vigila los hielos del Himalaya; y nos vuelve al mismo tiempo a la solitaria Thebais helénica donde se retiraban los eremitas para hundirse en la meditación y la penitencia.


Según una interpretación corriente, el nombre de Roma procedería de Ruma: palabra que en el latín arcaico designaba la mama de la mujer y, al mismo tiempo, denominaba el cerro Palatino por su semejanza con la forma del seno materno.


Vladimir Soloviev, en su magna obra Rusia y la Iglesia universal nos ofrece una versión distinta, afirmando que si el nombre vulgar de Roma en griego significaba "fuerza", los ciudadanos romanos leyendo el nombre de la Ciudad Eterna a la manera semítica (es decir, desde la derecha hacia la izquierda.) descubrirían su verdadero místico significado: Amor.


Este verdadero significado guardaba el sentido futuro del destino de Roma, consistente en una transformación de principios. La pietas - principal título de gloria de los romanos y fundamento de su grandeza - constituía un sentimiento de sincera religiosidad hacia dioses falsos. Roma por lo tanto encontraría su auténtico destino sólo cuando el imperio de la fuerza se transformara en imperio de armonía universal amparado por el principio de Amor: nombre místico de la Ciudad Eterna y esencia de la suprema Verdad sancionada en los alrededores de la Tiber-íade evangélica por el único y verdadero Rex regum et Dominus dominantium.


De hecho, cuando la roca del Capitolio - Capitolii immobile saxum - fue consagrada por la piedra bíblica, el Imperio Romano se transformó en el gran monte que, según la visión profética de Daniel, se había levantado desde esta piedra. Ahora bien, como observa al respecto el pensador italiano Silvano Panunzio, el mismo nombre del Capitolio está compuesto por la palabra latina Caput y por el vocablo griego Olos; por lo tanto el nombre Capitolium en su raíz semántica evoca también la palabra catholicus que a su vez resume el sentido universal del hombre y de la tierra.[9]


Según una antigua tradición itálica, el Capitolium, representaría  además simbólicamente la cabeza - el caput - del Adán primigenio, es decir: del “Hombre Universal".


En tal sentido el Papa León Magno - Pontifex Catholicus - definirá después Roma como "Caput Mundi": cabeza de todo el cuerpo del mundo.


Si la versión de Soloviev, como aquella de Panunzio, nos acercan a la posibilidad de descifrar el significado profundo del nombre de Roma, es - sin duda, en mi opinión - Guido De Giorgio quien, en su obra magna La Tradizione Romana, nos ofrece la clave para abrir el cofre simbólico que oculta el sentido metapolítico del secreto nombre de Roma, guardado -según De Giorgio- en el templo romano de Jano bifronte,


De Giorgio destaca, desde un principio, que Jano es un dios exclusivamente itálico (nam tibi par nullam Graecia numen habet). Un dios que por su indeterminación permite cualquiera determinación y por lo tanto va concebido como el principio y el fundamento más profundo de la tradición romana.


La duplicidad de este dios -cualquiera sean sus formas (oriente-occidente; pasado-futuro; paz-guerra; abertura-clausura; noche-día)- nunca descompone la unidad substancial de su divinidad porque sus dos caras representan la equipolencia y equipotencia de los contrarios expresados en su invisible unidad divina.


Bastante poco se sabe de este dios Jano que, amparando en su ambivalencia el ciclo inicial y terminal de cada año y de cada ciclo de la vida, representa la universalidad dinámica del universo. Pero Guido De Giorgio cree que en el eje by frontal de este dios, está grabado el nombre secreto de Roma conocido exclusivamente por algunos antiguos sacerdotes que lo podían pronunciar sólo en ciertas circunstancias y según ritos específicos.


Este nombre secreto sería aquel de la tercera cara de Jano que se oculta entre las otras dos: nombre que hay que descubrir y a la vez re-velar como símbolo oculto de Roma Invicta.


Grabado en la tercera cara invisible de Jano, el nombre oculto de Roma resume entonces el punto crucial entre el Oriente y el Occidente que coincide además  con la intersección del  eje Nord-Sur: "centro estático en la evolución cíclica entre la noche y el día. de Dios, entre el nacer y el morir de los mundos, mediador entre la muerte y la vida, entre el tiempo y la eternidad"[10]


En la interpretación de De Giorgio, el nombre oculto de Roma recoge el misterio de la transhumanación, en un rito de pasaje, de muerte y resurrección desde una época a la otra: desde la Roma idólatra nacida el 21 de abril del año 754 antes de Cristo, que prepara con la universalidad del Imperio la Roma que renace el 25 de diciembre del año cero de la Pax Augustea, en el signo de la universalidad del Dios verdadero que vence la muerte y afirma su inmortalidad.


Cuando la Pax Romana parece llegar a todos los pueblos recogidos en la unidad de su imperio, Rutilio Namaciano anota: "fecisti patriam diversis gentibus unam" (De red. suo I, 62-65).


Virgilio a su vez canta: "La edad de la profecía cumana por fin se ha cumplirlo. He aquí que renace en su integridad el gran orden de los siglos. Regresa la Virgen, regresa Saturno y una nueva generación desciende desde las alturas de los cielos: Iam nova, progenie coelo demittitur alto" (Églog. IV) .


El sentido metapolítico del nombre oculto de Roma se devela entonces por la fe positiva en el destino superior de la Ciudad Eterna: aquella fe que induce a Constantino Magno a escuchar - por instinctu divinitatis- la voz del Christus, Sol Invictus y a grabar su monograma en el signum de sus legiones que en la batalla de Saxa Rubra abren paso a la renovación del Imperio.


Hoy en día el Sol Invictusque resplandeció sobre Saxa Rubra parece estar oscurecido por el fulgor falaz de ídolos de barro. Las puertas del templo de Jano están nuevamente abiertas en estos tiempos de guerra interior y exterior y de convulsiones últimas. Pero el hombre contemporáneo, confundido por falsos maestros, no sabe penetrar el misterio metapolítico de la tercera cara del dios; y en las dos caras conocidas ya no vislumbra la fuerza dinámica y creadora del universo. Sólo ve en ellas el espejo donde se refleja la doblez embustera del poder criptopolítico que domina tanta parte del mundo: un poder profano, impuro, antitradicional que,  olvidándose   del  magisterio solar  de Roma Caput Mundi, se arrodilla ante un nuevo Becerro de Oro: emblema sombrío de la globalización de los mercados y del poder corruptor del dinero .


 Al hombre tradicional contemporáneo, heredero del magisterio universal de Roma queda todavía el extremo recurso de la fe antigua y nueva propiciada por< la Ciencia Sagrada del verdadero Dios Uno y Trino, prefigurado misteriosamente en el rostro de Jano.


Sólo por esta fe positiva, la Roma eterna podrá restaurar nuevamente la Pax Augustea de la tradición hiperbórea.


Entonces las puertas del templo de Jano serán selladas y su misterioso legado estará custodiado por ángeles armados de espadas.

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Primo Siena -  arbil.org 123 – CDV. 2009.XI.20


[3] M. Eliade, Trattato di storia delle religioni, Torino, 1976,. p. 473. Además de M. Eliade,  en la escuela metafísica del mito se pueden asignar los contemporáneos Karl Kereny, Franz Altheim, Walter F.Otto, Georges Dumezil, James Frazer, Boris de Rachewíltz, Julius Evola, entro otros

[4] F.Spunda, escritor austríaco citado por J.Evola en La Tradizione di Roma, Padova, 1997, pp.59-63

[5] G.Dumezil, La religion romaine archaique, Paris, 1974.

[6] M.Eliade, Il sacro e il profano (ed.italiana), Torino, 1973.

[7] H.Fugier,  Recherches sur l’espression de sacré dans la langue latine, Paris, 1956.

[8] G.De Giorgio, La tradizione romana, Milán, 1973

[9] S. Panunzio, Metapolitica: La Roma Eterna e la Nuova Gerusalemme, Roma, 1979, vol.1º, p.206.

[10] G. De Giorgio, obra citada, p.167-171.


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Restauran el túnel que los Papas usaban para huir


 Zenit - Roma.-
Las obras de restauración del pasadizo que comunica el Vaticano con el castillo de Sant’Angelo en Roma comenzaron en el año 2000, con motivo del Gran Jubileo. Y desde ayer, por fin, los visitantes de la ciudad pueden recorrer ochocientos metros de este pasadizo, conocido como «El Corredor del Borgo», debido al nombre del barrio que atraviesa. Formaba parte de una muralla que rodeaba la originaria basílica de San Pedro para proteger la tumba del santo en los primeros tiempos del cristianismo. Después fue utilizado durante siglos por los pontífices para escapar de los invasores. En 1527, Clemente VII se refugió en el castillo de Sant’Angelo para huir de las tropas del rey español Carlos V. 2002.-

 

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IGLESIA 1527: LUTERANOS ATACAN

Y SAQUEAN EN ROMA.


 


En mayo del 1527 tocó a Roma. La ciudad eterna fue puesta a sangre y fuego por los «lanzichenecchi», por los españoles y por cerca de 15.000 luteranos en su fanatismo impulsivo anti-papal. Las tropas invadieron el “burgo” matando todas las personas que encontraban. Un sacerdote, se cuenta, fue masacrado por haber rechazado de administrar la santa Comunión a un asno perteneciente a los soldados españoles. El Papa, Clemente VII, logró refugiarse en el castillo Sant’Angelo de Roma. CORRIERI DELLA SERA. SABATO 12 APRILE 2003.-

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¿Qué fue el Saqueo de Roma? El Saqueo de Roma fue uno de los episodios más sangrientos del renacimiento.
El día 6 de Mayo de 1527 los miembros de las legiones del ejercito Imperial de Carlos V se sublevaron y tomaron por asalto la Ciudad de Roma. Unos 18.000 Lansquenetes se lanzaron durante semanas a la mas viciosa de las represiones generando una orgía de sangre por la que, ‘obcecadamente’ olvidan los historiadores –más de chusma que de esmero- sin prestar la debida atención.
Un texto veneciano dice de este saqueo “El infierno no es nada si se le compara con la visión de la Roma Actual”. Los soldados Luteranos declararon a Lutero “Papa de Roma” esto son los algunos resultados ante los cuales la historia de algunos “eruditos” calla cobardemente. Entre tantas y vergonzantes barbaridades que cometieron: todos los enfermos del Hospital romano Espíritu Santo fueron masacrados en sus camas.


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Ya en 1741 se divulgan con abundancia en las Universidades católicas, las ‘Obras Completas de Galileo’ - "En 1741, ante la prueba óptica, de la rotación de la tierra en torno al Sol, Benedicto XIV hizo conceder al Santo Oficio el Imprimatur a la primera edición de las Obras Completas de Galileo (...).

 

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Pontífice - En la homilía de San Juan de Letrán, S. S. Benedicto XVI - P. P. explicó de manera insuperable el ministerio del Papa y de los obispos como garantía de que esa red de testigos que es la Iglesia, extendida en el espacio y en el tiempo, permanece fiel a su origen y fuente que es Cristo. Ninguna comunidad (tampoco la Iglesia), ningún hombre (tampoco el Papa) “posee la Verdad”, ni puede imponerla a persona alguna. Y sin embargo los cristianos sabemos que la Verdad no es una idea, sino el Misterio de Dios que se ha revelado en la carne y ha montado su tienda entre nosotros, para ser accesible a todos los hombres. Para la Iglesia, Cristo no es una posesión que se defiende, sino la presencia viva de Dios que continuamente le da forma, le mueve a cambiar, le saca de la tentación de fosilizarse, le llama a una conversión muchas veces dolorosa, y le urge a comunicar su tesoro a los hombres de todo tiempo y lugar. 2005-04

 

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El Papa no es un soberano absoluto que lo que piensa y quiere es ley. Al contrario, su ministerio es garantía de la obediencia hacia Cristo y a su Palabra. Él no debe proclamar sus propias ideas, mas debe vincularse constantemente él propio y la Iglesia a la obediencia hacia la Palabra de Dios, en frente a todos los tentativos de acomodamientos y diluentes, como así también afrontar cualquier oportunismo”. 

2005-05-07 – S. S. Benedicto XVI – San Juan de Letrán.

 

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IGLESIA… La Apostolicidad de la Iglesia – Obispo de Roma.

Para poder poner de relieve la relación de apostolicidad y Eucaristía, se debe colocar al inicio una reflexión sobre la apostolicidad de la Iglesia. A causa de la mediación histórica de la revelación es la Iglesia en su doctrina, en su vida sacramental y en su constitución como realidad social a lo largo del tiempo y en el cambio de generaciones, idéntica, realmente con la Iglesia de todos los tiempos y de todos los lugares ; pero en especial con su origen histórico en la Iglesia primitiva de los apóstoles, es decir, del grupo prepascual y postpascual de los doce junto con los otros testigos de la resurrección y los más importantes misioneros de la Iglesia primitiva.

El origen del episcopado de los apóstoles pertenece también, según la interpretación católica, a la apostolicidad de la enseñanza y de la vida sacramental. Los obispos son, en el servicio de la dirección de la Iglesia confiada a ellos y en su testimonio autoritativo de la resurrección, sucesores de los apóstoles.

El ministerio apostólico de la Iglesia primitiva se prolonga, mediante la sucesión apostólica en el sacramento del orden, en continuidad del colegio apostólico en el colegio de los obispos, en una unidad histórica; y así la Iglesia posee un signo efectivo de su realidad apostólica.

En este sentido la constitución de la Iglesia descansa, especialmente el ministerio eclesial, en la “institución divina” (DH 101; 1318; LG 20).

El obispo de Roma es, como sucesor del apóstol Pedro, cabeza del colegio de los obispos y principio y fundamento de su unidad en la doctrina y la comunión (LG 18).

“Ustedes han sido edificados sobre el fundamento de los apóstoles” (Ef 2,20).

Bajo estas premisas y presupuestos eclesiológicos hay que considerar la relación entre Eucaristía y Apostolicidad. La Iglesia se edifica de la celebración de la Eucaristía y la Iglesia realiza la Eucaristía. Por lo cual es muy estrecha la relación entre la una y la otra (ver, EE 26).

Esta interacción permite hablar también de la Eucaristía como “una, santa, católica y apostólica”.

El Catecismo de la Iglesia Católica aclara –como la Encíclica lo retoma- en qué medida la Iglesia puede ser llamada apostólica en un triple sentido. En primer lugar la Iglesia está apoyada sobre el fundamento de los Apóstoles. Ella descansa sobre los apóstoles, a los que Cristo mismo ha elegido y enviado como sus testigos para anunciar la fe en la buena nueva que realiza la salvación.

Del mismo modo se encuentra la Eucaristía en sus manos protectoras, porque Cristo mismo les ha confiado a ellos el santísimo sacramento y estos, por su parte, han entregado con responsabilidad a sus sucesores. Así resulta una continuidad entre el obrar de los primeros apóstoles - nombrados por Cristo-y los portadores de la autoridad apostólica, los obispos, hasta hoy. A través de todos los siglos obedecieron ellos el encargo de Cristo: “Hagan esto en mi memoria ».

La Encíclica recuerda también el segundo sentido de la apostolicidad de la Iglesia fijado por el Catecismo: “Ella guarda y transmite, con la ayuda del Espíritu Santo que habita en ella, la enseñanza, el buen depósito, las sanas palabras oídas a los apóstoles » (Catecismo de la Iglesia Católica, 857). Decisiva, a este respecto es la profunda conexión con el origen apostólico, que está más allá de tiempos y lugares.

Lo que hicieron los Apóstoles, como ellos han celebrado la Eucaristía, de acuerdo a su contenido, fue conservado a lo largo de la historia de la Iglesia. “Según la fe de los Apóstoles” (EE 27) se celebra también hoy la Eucaristía. Inclusive fue el magisterio eclesial el que ha profundizado en los dos mil años de historia, cada vez más a fondo en el misterio de la Eucaristía, y ha precisado con estos conocimientos la doctrina sobre la Eucaristía.

Terminologías e interpretaciones teológicas fueron en cierto modo apoyadas como resultado de una intensa meditación, por el magisterio, por los concilios y escritos doctrinales y encíclicas pontificias, como resultado que permite comprender, cada vez más profundamente el sublime misterio de la Eucaristía.

De singular significado es también el tercer sentido de la apostolicidad de la Iglesia y de la Eucaristía, como la presenta la Encíclica en el número 28. A semejanza de la conexión con los orígenes, que es al mismo tiempo fundamente de la Iglesia, la presencia de los primeros apóstoles aparece como presencia perdurable en la Iglesia. Ella sigue siendo instruida, santificada y dirigida por los apóstoles, por aquellos mismos que en su ministerio pastoral les suceden : el colegio de los obispos en unidad con el sucesor de Pedro, el pastor supremo de la Iglesia.

La misión pastoral de los obispos se funda sobre el colegio apostólico instituido por Cristo. Esto implica necesariamente el sacramento del orden, es decir, la serie interrumpida que se remonta hasta los orígenes, de ordenaciones episcopales válidas. “La sucesión es esencial, para que haya Iglesia en sentido propio y pleno” (EE 28).

La sucesión apostólica sirve como prueba de identidad para la auténtica transmisión de la fe. Ella es el garante para la autenticidad de la doctrina autoritativamente presentada. Con ello se menciona el criterio esencial de una transmisión autorizada de la fe, porque la interna identificación con la fe de los Padres, con la doctrina de la Iglesia y con el Papa como pastor supremo de la Iglesia, sin la sucesión sería solo un mecanismo vacío. La esencia de la sucesión (la única dotada de todo poder), se fundamenta en la aceptación íntima de la fe que cada uno ha recibido de la Iglesia y que está dotada de todo poder….

Conferencia de Mons. Gerhard Ludwig Müller
Obispo de Regensburg, Alemania
Guadalajara, México - Jueves 7 de octubre de 2004

 

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Iglesia - ¡La Iglesia fundada por Jesucristo, lleva 2.000 años siendo Madre y Maestra!“. Desde el Gólgota en Jerusalem como desde la crucifixión en cruz invertida de San Pedro en el gólgota vaticano -esa admirable colina romana-, somos trayectoria evangélica y evangelizante.

 

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La única Iglesia fundada por Cristo sigue viva y presente en el tiempo y el espacio de la historia.

H. U. von Balthasar - El genial teólogo suizo sostiene que "cada nueva humillación infligida opera una purificación y una clarificación del ministerio" y nos advierte que la Iglesia "puede huir cabizbaja de la cruz y lanzarse al activismo... pero dichosamente para ella, la cruz volverá a atraparle para que no se pierda en abstracciones".

No me extrañaría que, en sus paseos a la sombra de los Dolomitas, el Papa Ratzinger haya pensado en la profecía de su buen amigo de Basilea. Porque ¿cómo ha de sentirse un amante apasionado de Cristo, que es además uno de los más grandes intelectuales de esta época, al verse retratado en las tribunas del gran mundo como un inquisidor sin alma, como el mezquino administrador de un poder eclesiástico venido a menos? Quizás entre las cuentas del rosario se deslice aquella medio queja de su amigo Agustín: "predicar continuamente, discutir, reprender, edificar, estar a disposición de todos, es una carga enorme, un gran peso, un trabajo inmenso".

 

Pero también es posible que Benedicto XVI haya sacado a relucir esa dosis de ironía que no le falta, esa disposición para la batalla que hubo de desplegar durante largos años al frente del negociado más duro de la Curia Romana. Claro que entonces estaba su buen amigo Juan Pablo II para parar los golpes... y ahora él ha quedado en primera línea de fuego. ¿Acaso es tan extraño? No vendría mal revisar las hemerotecas para descubrir cómo se las gastaba la "prensa sensata" en aquellos primeros ochenta, cuando se hizo casi un latiguillo aquello de la "restauración" que traía consigo el Papa polaco, lo del "invierno eclesial" y otras tantas cantinelas.

Así que quizás no deberíamos asustarnos tanto cuando El País titula con su habitual vacuidad que el Benedicto XVI "rectifica de nuevo al Concilio" o cuando el moderado Le Monde habla de "glaciación vaticana" y da por cancelada la tregua de un par de años con el intelectual germano que un día fascinó a los alumnos de La Sorbona. Y todo por recordar hasta el último suspiro que la única Iglesia fundada por Cristo sigue viva y presente en el tiempo y el espacio de la historia, que no hay corte ni refundación posible entre aquel inicio al pie de la cruz y la hora que marcan nuestros relojes digitales. Y todo por abatir con el cayado de Pedro la falsa tramoya de una Iglesia postconciliar, que ahora sí, por fin, estaría abierta al mundo para superar antiguas lacras y pecados, democrática y popular, libre de resabios ministeriales y sacramentales. Ahora sí es la Iglesia de Jesús, proclaman: aunque dé la espalda a la continuidad histórica en la que solamente pueden encontrarse los gestos y palabras verdaderos de aquel Jesús que murió y resucitó, y que dejó a sus apóstoles el fardo inenarrable de que cuanto atasen en la tierra, quedaría atado en el cielo.

A Benedicto XVI le cae ahora la consabida ración de pedrisco, por atreverse a sostener lo que en su día cambió el rumbo de dos cristianos geniales, Newman y Soloviev. El primero procedía del mundo anglicano, conectado con la Reforma, y el segundo de la gran Iglesia Ortodoxa Rusa. Ambos descubrieron que la plenitud de la forma eclesial, con todos los dones y carismas vertidos por el Espíritu de Cristo, sólo podía encontrarse contemporáneamente en la Iglesia Católica. Amaron apasionadamente la tierra cristiana en la que habían crecido respectivamente, pero aceptaron la marginación y el escarnio por proclamar la verdad que ahora Benedicto XVI ha querido recordar, humilde y sencillamente. Por suerte siempre está Pedro, para atraer sobre sí la tempestad. 2007-07-19

 

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La Ciudad Eterna es también la Ciudad de los Obeliscos (Roma y sus trece obeliscos), pues custodia en sus espléndidas plazas la mayor colección, traída a Roma por sucesivos emperadores para gloria propia y de la Urbe. Pero la presencia de Egipto en Roma es mucho más profunda. En el subsuelo de la ciudad hay grandes templos de Isis y de Serapis, mientras que las esfinges y las estatuas de divinidades fluviales, sobre todo el Nilo y el Tíber, se encuentran por doquier. En Castel Sant´Angelo, el colosal mausoleo de Adriano a orillas del Tíber, se encontrará una gratísima sorpresa: la exposición «La Loba y la Esfinge» sobre el extraordinario impacto del arte y la religión egipcias en la cultura clásica romana y, a través de ella, en la cultura occidental.

Cuando un turista entra en la Piazza Navona no piensa en Egipto, pero la Fuente de los Cuatro Ríos sostiene un gran obelisco que Domiciano se trajo de Assuan, y Bernini esculpió al Nilo como el personaje de rostro cubierto pues todavía no se había explorado su nacimiento.

El peregrino que llega a la Plaza de San Pedro dirige su mirada a la basílica, y casi no se da cuenta de que en el centro de la plaza hay un altísimo obelisco que se apropió Augusto el año 30 antes de Cristo cuando conquistó Egipto al derrotar a los legendarios Marco Antonio y Cleopatra. Augusto se lo llevó hasta Alejandría, y allí permaneció en el puerto hasta que Calígula lo trajo a Roma en una enorme galera construida especialmente para esa tarea.

Las afiladas agujas egipcias, símbolo del contacto entre la tierra y el cielo, presiden grandes plazas como la Piazza del Popolo, y otras más pequeñas como la del Panteón o la de Santa Maria Sopra Minerva, donde Bernini dejó un obelisco a lomos de un simpático elefante. Los monolitos custodian algunas de las grandes basílicas -el más alto de Roma está frente a San Juan de Letrán-, pero también iglesias menores como la Trinitá dei Monti, en la cima de las grandiosas escaleras que suben desde la Plaza de España. Hay obeliscos frente al Palacio del Quirinal -sobre las espaldas de Cástor y Pólux- y en la cumbre del mirador del Pincio, así como en tantos otros lugares de la ciudad.

Quien camine por Roma con ojos «egipcios» se encontrará con las estatuas de dos divinidades fluviales recostadas en la Plaza del Capitolio. Son el Nilo y el Tíber, esculpidos también, con su cornucopia de flores y frutos, en la Villa de Adriano, la residencia más bella jamás construida por un emperador, y que ahora han vuelto a acompañarle en su mausoleo. MMVIII.VII

 

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puente romano


Iglesia - No dominio, sino servicio «gratuito» es la jerarquía en la santa Iglesia Católica, apostólica y con sede romana desde Pedro muerto mártir bajo Nerón, crucificado cabeza abajo y Pablo decapitado, ambos en Roma.

 

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Iglesia - El cristianismo, como es sabido, no nació en Europa, sino en Asia Menor, en la encrucijada de tres continentes, el asiático, el africano y el europeo. Por este motivo, la interculturalidad de las corrientes espirituales de estos tres continentes pertenece a la forma originaria del cristianismo. Solo la difusión del Islam sustrajo al cristianismo de Oriente próximo gran parte de su fuerza vital, mientras echaba a las comunidades cristianas de Asia; en cualquier caso, a partir de entonces el cristianismo se convirtió en una religión europea. 2003-07-18 Cardenal + Joseph RATZINGER - Al día: S. S. BENEDICTO XVI  - P.M. - 2005



Intervención de soldados catalanes en el Saqueo de Roma


Por Cesar Alcalá

En el Saco de Roma, frente a la barbarie lansquenete, la única iglesia que no saqueada fue San Juan de Letrán. Esta se salvo gracias a la intervención de unos soldados catalanes, según el testimonio de Rafael de Llanza. En este trabajo vamos a intentar dar luz al suceso y las repercusiones éste tuvo. Es una página de la historia de España que ha pasado desapercibida y que merece ser relatada


Introducción

Uno de los acontecimientos históricos que más repercutieron en la política española con el Vaticano, durante el reinado de Carlos V, fue el Saqueo de Roma. Tropas comandadas por el condestable de Borbón, asaltaron y saquearon la ciudad de Roma. Como escribió Erasmo de Rótterdam: Roma no era sólo la fortaleza de la religión cristiana, la sustentadora de los espíritus nobles y el más sereno refugio de las musas; era también la madre de todos los pueblos. Porque para muchos Roma era más querida, más dulce, más bienhechora que sus propios países. En verdad, este episodio no constituyó sólo el ocaso de esta ciudad, sino el del mundo. La única iglesia que no saqueada fue San Juan de Letrán. Esta se salvo gracias a la intervención de unos soldados catalanes, según el testimonio de Rafael de Llanza. En este trabajo vamos a intentar dar luz al suceso y las repercusiones éste tuvo. Es una página de la historia de España que ha pasado desapercibida y que merece ser relatada.


Testimonio de Rafael de Llanza y de Valls

Rafael de Llanza de Valls Perpintiey Hurtado de Mendoza, nació en Can Mayans, casa pairal de la familia Llanza situada en Vilassar de Mar (Barcelona), en 1772. Fue el hijo mayor del matrimonio formado por Rafael de Llanza Perpintiey y Catalina de Valls y Hurtado de Mendoza. En el año 1786, cuando contaba solamente catorce años, solicitó y obtuvo la plaza de cadete de infantería, ingresando en el regimiento de Guadalajara. En octubre de 1787 obtuvo el ascenso a subteniente de bandera. En agosto de 1791 ascendió a segundo teniente. En noviembre de 1793 ascendió a segundo teniente de granaderos del regimiento de Guadalajara.

El 7 de marzo de 1793, la Convención francesa declaró la guerra a España. La conocida como Gran Guerra, al menos en Cataluña, se convirtió en un movimiento anti-francés. El ejército español, dirigido por el capitán general de Cataluña Antonio Ricardos[1], inició las operaciones militares el 17 de abril de 1793. Cruzó la frontera francesa y avanzó por la Cataluña norte, esto es, por el Rosellón. Ahora bien, sin los efectivos y sin los recursos suficientes, no pudo atacar Perpinyà. Una vez pasado el invierno, el contraataque del ejército francés, les permitió a estos recuperar no sólo los territorios ocupados, sino que cruzaron la frontera y ocuparon la Vall d’Aran, la Cerdaña, el Alto Urgell y el Ampurdán.

Manuel Godoy no hizo ningún esfuerzo para ayudar a Cataluña en su lucha contra los ejércitos franceses. Podemos decir que dejó a Cataluña a su suerte. Esto hizo que el pueblo catalán se movilizara, creándose la Junta General del Principado. Gracias al cuerpo de voluntarios, se pudieron recuperar los territorios conquistados por el ejército francés. La guerra acabó con la paz de Basilea, firmado en el año 1795.

Rafael de Llanza, con una columna de granaderos, operó en Cataluña durante la guerra con los franceses. Debemos destacar su ejemplar intervención en la acción de Bañuls, donde sostuvo la retirada de la columna, por lo que fue citado en la orden general del ejército. Ascendido a primer teniente con el grado de capitán, en el año 1795 fue ascendido a sargento mayor de un tercio de voluntarios que se organizó en Berga, el cual mandó durante todas las operaciones emprendidas para recobrar la Cerdaña española y conquistar la francesa. El tercio comandado por Llanza se distinguió en la toma de Puigcerdá.

La paz de Basilea, en vez de pacificar los ánimos, provocó que Cataluña se enfrentara, en dos ocasiones, 1796-1801 y 1804-1808, con Inglaterra. El regimiento mandado por Rafael de Llanza fue designado a incorporarse al ejército de Galicia, tomando parte en la defensa de El Ferrol. En 1801 pasó, con su regimiento, a Portugal donde, sucesivamente, ascendió a primer teniente de granaderos, ayudante mayor y, en noviembre de 1805, a capitán de granaderos.

Con el regimiento de Guadalajara marchó, en 1806, hacia el reino de Etruria. En 1807 se unió a la división española del Elba mandada por el capitán general de los Reales ejércitos Pedro Caro y Sureda, marqués de la Romana. Con ella tomó parte en la conquista de la Pomerania sueca y asistió al sitio de Stralsund, donde tuvo el mando de la tropa española que abrió la trinchera en la noche del 15 de agosto de 1807.

Una vez finalizado el sitio de Stralsund, se trasladó con todo el regimiento a la isla de Zeeland. En julio de 1808, estando todavía en Zeeland, recibieron la noticia del levantamiento de España contra los franceses. Después de negarse a jurar fidelidad a José Bonaparte, José I, al igual que todos sus compañeros de regimiento, trató de volver a España para tomar parte en la guerra de la Independencia. El regimiento fue perseguido por las tropas danesas. Fueron hechos prisioneros y conducidos a Francia, donde, después de disolverse el regimiento, los encarcelaron.

Napoleón Bonaparte formó un cuerpo de voluntarios, con la división española del Elba mandada por el marqués de la Romana, obligándolos a tomar parte en la campaña de Rusia. Sobre las vicisitudes vividas en Rusia hablaremos posteriormente.

Finalizada la campaña de Rusia, con el grado de comandante, confirmado por real decreto de 6 de agosto de 1816 por Fernando VII, Rafael de Llanza decidió dejar las armas y volver a su hogar. Tenía, por aquel entonces, 41 años. Era el año 1813. Tres años después, como hemos visto, le fue ratificado el grado de comandante y, en agosto de 1819 se le concedió el retiro militar. A lo largo de sus años como militar le fue concedida la cruz de San Hermenegildo y la Estrella del Norte, distinción creada para premiar a todos los oficiales y soldados que tomaron parte en la expedición del marqués de la Romana.

Instalado, de nuevo, en Can Mayans, contrajo matrimonio con María de los Dolores Esquivel y Hurtado de Mendoza. Rafael de Llanza heredó Can Mayans en el año 1820. Del matrimonio nacieron tres hijos: Rafael, Benito y María de los Dolores de Llanza y Esquivel. Su mujer, doña María de los Dolores, falleció como consecuencia del tercer parto. Rafael de Llanza falleció en Can Mayans en 1833, como atestigua su partida de defunción: D. Rafael de Llanza y de Valls, Tinent Coronel dels Reals exercits, ed. 62 anys, Vdo. De Dª Dolores Esquivel, fill de D. Rafel y de Dª Catarina, morí a 26 de Maig de 1833 havent rebut los Sants Sagraments; lo dia següent se celebrà un Ofici Doble major, tot a veus, ab absolta a la casa. Son cadàver fou enterrat en Vilassar de Dalt[2].

El 11 de febrero de 1807 escribe en su Diario, con relación a San Juan de Letrán, lo siguiente:

Vi la basílica de St. Juan Letrán situada al levante de Roma, que fue la primera Iglesia fundada de la Cristiandad... Vi en un patio de dicha Basílica unas tablillas llenas de blasones de armas de las cuales salían unos nombres y apellidos Catalanes que eran los de los oficiales de los Tercios de dicha Provincia que se opusieron a que el Templo fuese robado por el Ejército del Duque de Borbón, que asaltó y saqueó Roma, cuyos nombres y apellidos irán a continuación de éste Diario.

Y el 30 de marzo de 1807 escribe:

Hoy pasé a St. Juan Letrán, afín de copiar a la letra los nombres que insinué en uno de los días pasados, de los Oficiales de los Tercios Catalanes los cuales salvaron el Templo de ser saqueado cuando esta Ciudad fue asaltada por el Ejército del Duque de Borbón, cuyos nombres y apellidos son los siguientes:

Corellá Governador de la Región de Valencia
Francº Soler
Guillén Ramón
Francº Alós
Ripoll Pere
Narciso de St. Díonis
Villamaría Rumá
Martín Tolá
Dn. Civere
Guillén Ramón
Francº Ferrer
Juan Martorell
Pere de Corellá
Bartolomé Ferrer
Francº de Soler
Galcerán Mercader
Calatayu
Luis de Soler
Romeo Yac

Inmediato a estas tablas que contienen estos nombres y apellidos, acompañado cada uno de su blasón o escudo de armas, se encuentra una tablilla cuyo contenido es el siguiente:

Renovóse esta memoria por mandato del Ilmo. Señor Don Luis de Requesens Comendador Mayor de Castilla Embajador de la M. C. en el mes de Agosto de 1564.


El Saqueo de Roma

El rey de Francia, Francisco I, conquisto Milán, cercando el ejército imperial en Pavía. Para socorrer esta invasión acudió, por mandato de Carlos V, el condestable de Borbón, gran feudal francés agraviado por Francisco I. El ejercito fue derrotado y el rey preso. Esto ocurría en enero de 1525. El rey de Francia fue conducido a Madrid. Allí tuvo que firmar un tratado. En el, Francisco I renunciaría a los estados italianos y la Artois y el Hainaut, casaría con doña Leonor, hermana de Carlos V y viuda del rey Manuel de Portugal, restituiría al duque de Borbón sus estados y rentas, entregaría a Carlos V el ducado de Borgoña a las seis semanas que estuviera libre en su reino, trataría de que Enrique de Albert renunciara al titulo de rey de Navarra. Asimismo Francisco I tenia que entregar a sus hijos -Enrique y Francisco de Valois- en calidad de rehenes, para salvaguardar el tratado. Esto es, tanto el Delfin como el duque de Orleáns serian rehenes de España hasta que el rey de Francia no cumpliera estrictamente el tratado. Al no cumplirlo, los herederos al trono de España permanecieron retenidos en el castillo de Pedraza (Segovia) durante cuatro años. El conocido como Tratado de Madrid fue firmado el 14 de enero de 1526.

Después de ser liberado, Francisco I siguió con sus esfuerzos para hacerse con Italia. Con tal motivo firmo, el 22 de mayo de 1526, el Tratado de Cognac. El tratado era una alianza con el Papado, con Francisco Sforza -duque de Milán- y la Señoría de Venecia. Esta alianza fue conocida como Liga Clementina. Una de las cláusulas del tratado era que España liberara a los hijos de Francisco I. El rey de Francia alego a sus aliados que el tratado de Madrid lo había firmado bajo coacción. Por su parte, Clemente VII desconfiaba de Carlos V, al no querer convertir el Vaticano en “los capellanes del rey de España”.

Carlos V, ante la traición, le envió refuerzos al condestable de Borbón, Carlos de Borbón, y buscar alianzas para salvaguardar su hegemonía en Europa. Se unió a Carlos V la familia Colonna.

La primera acción llevada a cabo por Francisco I fue mandar una flota, al mando de Pedro Navarro, con naves venecianas y del papado, para bloquear la ciudad de Génova. Por tierra esta ciudad estaba siendo sitiada por el duque de Urbino, jefe de las fuerzas confederadas de Clemente VII y Venecia. El condestable de Borbón, que a la sazón había recibido un contingente de 12.000 lansquenetes, ataco las fuerzas de Urbino, el cual tuvo de desistir del sitio de Génova. Por su parte, el embajador de Carlos V ante el Papa, Hugo de Moncada, apoyado por el cardenal Pompeyo Colonna, organizó un batallón de 3.000 hombres, formado por soldados españoles y napolitanos. Con una marcha rápida desde Nápoles asalto Roma, al estar esta desprotegida. Clemente VII tuvo que refugiarse en el castillo de Sant’Angelo. Mientras tanto los soldados mandados por Pompeyo Colonna saquearon el Vaticano y la Basílica de San Pedro. Hugo de Moncada se entrevistó con Clemente VII. A cambio de su libertad, el Papa se comprometió a abandonar la Liga Clementina, levantar la excomunión a la familia Colonna y pagar un elevado rescate. Hugo de Moncada, dándose por satisfecho, se retira de Roma, llevándose como rehenes a dos cardenales, sobrinos del Papa. Pero Clemente no respetó la tregua.

A finales de enero de 1527 el condestable de Borbón dejo Milán en manos de Antonio de Leiva, y abandono la ciudad con un ejercito de 26.000 hombres. Con él iban el capitán Jorge de Frundsberg con sus tropas alemanas, los lansquenetes, unos 18.000 hombres, entre los que no faltaban muchos luteranos, gentes para quienes el Papa era el mismísimo Anticristo. Junto a los 10.000 españoles, los 6.000 italianos, los 5.000 suizos y los 6.500 jinetes que integraban las fuerzas de caballería. Se dirigieron, en primer lugar, a Florencia, ciudad que no fue perturbada por dichas tropas. De ahí partieron hacia Roma. El Papa Clemente VII dialogo con el virrey de Nápoles, Lannoy, para que convenciera al condestable y que depusiera su marcha hacia Roma. Lannoy fracaso en su empeño. Como había ocurrido meses atrás, la defensa de Roma era mínima. El Papa Clemente VII solo tuvo tiempo de organizar un pequeño ejército -con los soldados suizos- y excomulgar a todos aquellos que se acercaban a Roma. Las palabras de Clemente VII fueron desoídas por las tropas al mando del condestable, que no les importaba haber sido excomulgados por el Papa.

El motivo por el cual el condestable de Borbón avanzó fue porque la soldadesca quería resarcirse de las penalidades sufridas con el botín que le esperaba en las ricas ciudades de Italia. Intentando frenar el alud, Clemente VII ofreció a Borbón 60.000 ducados. Borbón, presionado por las tropas, pidió 240.000 El Papa regateó y el condestable respondió subiendo su propuesta a 300.000 ducados. Clemente no estaba en condiciones de ofrecer aquella suma, y el pueblo romano mucho menos aún, desconfiando más incluso que sus enemigos de la palabra del Papa. Con relación a la Roma de la época escribió Gregorovius: En 1527 los descendientes de aquellos romanos que en un tiempo habían rechazado desde sus murallas a poderosos emperadores, no conservaban ya nada del amor por la libertad y de las viriles virtudes de sus progenitores. Aquellas cuadrillas de siervos del clero, de delatores, de escribas y fariseos, la plebe nutrida en el ocio, la burguesía refinada y corrompida, privada de vida política y de dignidad, la nobleza inerte y los millares de sacerdotes viciosos eran semejantes al pueblo romano de los tiempos en que Alarico había acampado ante Roma.

El 6 de mayo de 1527 el ejercito comandado por el condestable de Borbón ataco Roma. Las tropas españolas entraron por la Porta Sancti Spiritu y las alemanas por la Porta San Pancracio. En el momento de escalar las murallas que defendían la ciudad, un disparo acabo con la vida del condestable. La autoría del disparo que acabo con la vida de Carlos de Borbón se la atribuyo el artista Benvenuto Celini. Con referencia a éste suceso escribió Cellini: Vuelto mi arcabuz donde yo veía un grupo de batalla más nutrido y cerrado, puse en medio de la mira precisamente a uno que yo veía levantado entre los otros; la niebla no me dejaba comprobar si iba a caballo o a pie. Me volví inmediatamente a Lessandro y a Cecchino, les dije que disparasen sus arcabuces... Hecho esto por dos veces cada uno, yo me asomé a las murallas prestamente, y vi entre ellos un tumulto extraordinario. Fue que uno de nuestros golpes mató a Borbón; y fue aquel primero que yo veía elevado por los otros, según lo que después comprendí.

El mando de las tropas, tras la muerte del condestable, la adquirió Filiberto de Chalons, príncipe de Orange. Sin grandes resistencias consiguieron derrotar las fuerzas suizas reunidas por el Papa y penetrar en la ciudad. En un primer momento el Papa, los cardenales y varios embajadores extranjeros se refugiaron en la basílica de San Pedro. Ahora bien, al ver como evolucionaba la invasión, decidieron refugiarse en el castillo de Sant’Angelo. Las tropas comandadas por el príncipe de Orange saquearon toda la ciudad. El Saqueo de Roma fue presentado por la propaganda imperial como un castigo divino por la resistencia que las altas jerarquías eclesiásticas oponían para llevar a cabo una reforma de la Iglesia católica.

Respecto del saqueo escribió Pedro Mexía: Detrás de ellos las otras naciones hicieron lo mismo. La victoria es cosa cruel y desenfrenada; pero ésta fue lo más que otra, porque la indignación de la gente de guerra contra el papa y cardenales era grande por las ligas pasadas, e por el quebrantamiento de la tregua de D. Hugo, por los grandes trabajos que en el camino habían pasado, e sobre todo por faltarle el Capitán General, que pudiera templar la furia de los soldados e poner orden en las cosas. De manera que, indignados y desenfrenados, sin piedad mataban y herían a cuantos pudieron alcanzar, siguiendo el alcance hasta las puentes del río Tíber, que divide el burgo donde está el palacio sacro y la iglesia de San Pedro, de la ciudad, asta se apoderar de todo él; lo cual hicieron en muy breve espacio. Y lo saquearon y robaron todo. Y a continuación escribe: Y tras esto, sin hacer diferencia de lo sagrado ni profano, fue toda la ciudad robada y saqueada, sin quedar casa ni templo alguno que no fuese robado, ni hombre de ningún estado ni orden que no fuese preso y rescatado. Duró esta obra seis o siete días, en que fueron hechas mayores fuerzas de insultos de lo que yo podía escribir. Y de esta manera fue tomada y tratada la ciudad de Roma, permitiéndolo Dios por sus secretos juicios; verdaderamente, sin lo querer ni mandar el Emperador, ni pasarle por el pensamiento que tal pudiera suceder. Y éste fue el fruto que sacó el papa Clemente, por la pertinencia y dureza que tuvo en ser su enemigo.

De los cincuenta y cinco mil habitantes que Roma contaba, sólo quedó poco más de la mitad. El resto logró escapar o fue asesinado. El total de las pérdidas materiales sufridas alcanzó la cifra, astronómica en aquellos tiempos, de diez millones de ducados. Los palacios de los grandes fueron saqueados, tanto los de la nobleza como los de los eclesiásticos. Los que ofrecieron resistencia fueron borrados con minas o flanqueados a cañonazos. Algunos se salvaron del saqueo pagando fortísimo su rescate. Pero los palacios respetados por los alemanes fueron saqueados por los españoles, y viceversa. No se respetaron los de los próceres partidarios del emperador, que habían permanecido en Roma pensando que nadie les molestaría. La iglesia nacional de los españoles (Santiago, en la plaza Navona) y la de los alemanes (Santa María del Ánima) fueron saqueadas. Se violaron las tumbas en busca de joyas. La de Julio II fue profanada. Las cabezas de los apóstoles San Andrés y San Juan, la lanza Santa, el sudario de la Verónica, la Cruz de Cristo, la multitud de reliquias que custodiaban las iglesias de Roma..., todo desapareció. Los eclesiásticos fueron sometidos a las más ultrajantes mascaradas. El cardenal Gaetano, vestido de mozo de cuerda, fue empujado por la ciudad a puntapiés y bofetadas. El cardenal Ponzetta, partidario del emperador, también fue robado y escarnecido. Otro, Numalto, tuvo que hacer el papel de cadáver en el macabro entierro que organizaron los lansquenetes. Las religiosas corrieron la misma suerte de muchísimas otras mujeres, e incluso niñas de diez años, en manos de la soldadesca lasciva. Muchos sacerdotes, vestidos con ropas de mujer, fueron pasados y golpeados por toda la ciudad, mientras los soldados, vestidos con los ornamentos litúrgicos, jugaban a los dados sobre los altares o se emborrachaban en unión de las prostitutas de la ciudad.

Ante la impotencia de poder ser liberado por el ejército comandado por Urbino, Clemente VII capitulo el 6 de junio de 1527. Al conocer Carlos V los sucesos ocurridos en Roma, manifestó su profundo pesar y le escribió manifestándole sus condolencias. Asimismo, el 31 de junio de 1527 dio a conocer un manifiesto a los príncipes cristianos, en el cual protestaba sobre los hechos allí cometidos, condenaba los crímenes cometidos y se exculpaba de todo ello. La paz entre España y Francia se produjo en el Tratado de Combai o de las Damas - por haberla negociado la gobernadora de Flandes, Margarita de Borgoña, tía paterna de Carlos, y Luisa de Saboya, madre de Francisco I-, por el cual Francisco I renunciaba a Italia y Carlos V a Borgoña.


Sobre la defensa de San Juan de Letrán

Los acontecimientos fueron los descritos anteriormente. Ahora bien, vamos a profundizar un poco más en la intervención de los soldados catalanes. Como hemos podido leer hubo dos asaltos a la ciudad de Roma. La primera llevada a cabo por Hugo de Moncada y Pompeyo Colonna y la segunda por el Condestable de Borbón.

Felíu de la Peña en Anales de Cataluña, Libro III, páginas 168 a 169, publicado en 1709 narra así los sucesos ocurridos en Roma después de la marcha, de Madrid, de Francisco I:

Mal cumplió el francés lo que había ofrecido en las Paces que firmó en Madrid, al primero de Julio: rompió el comercio con Cataluña, no dejaba pasar a Nápoles fu Virrey, que fe hallaba en Paris, solicitó prender a Don Hugo de Moncada, que hubo de pasar disimulado, y disfrazado por Francia, para ejecutar el orden del Cesar en la Embajada extraordinaria al Papa, por ocasión de la guerra que comenzaba Su Santidad en Italia, coligado con los Enemigos de Noyon: dio su Parlamento por nula la de Madrid, y determinose a faltar a la obligación que debía a Carlos V.

Pasó con harto peligro Don Hugo de Moncada a Roma, halló al Duque de Sesa ya fuera de la Corte Romana: entró Moncada, propuso al Papa los medios de Paz, que no admitió; y desconfiando templar en ánimo del Pontífice, y reducirle a la Concordia que deseaba el César, partió de roma; agregándose al Duque de Cesa, y al Cardenal Pompeo Colona, y determinó con las armas buscar los medios de la Paz de Italia. Juntó mil y quinientos soldados, todos, o los más españoles, y otros tantos Caballos del Reino de Nápoles, y juntándose con ellos la gente del Cardenal colona, formó un mediano ejército. Partió con esta gente Moncada a Roma: entró después de poca resistencia la Ciudad, apoderase del Barrio, o Burgo, que llaman Vaticano, y del Sacro Palacio, al cual entraron los soldados, robándole sin atención alguna: determinaron proseguir el sacrilegio, o ejecutar otro mayor, entrando en lo Sagrado de la Iglesia de San Juan de Letrán, para profanarla, y hurtar la riqueza que había ofrecido la devoción de los Fieles a aquel Santuario, y tan célebre, y venerado Templo. No lo permitió el celo Católico de los Catalanes, gobernados por sus Capitanes Don Hugo de Moncada, Don Felipe, Don Juan de Cervelló, N. de Corbera, y n. Burell, pues intrépidos algunos de ellos apartándose de los demás soldados, le opusieron incontrastables muros a la defensa de la Iglesia, y consiguieron guardarla, a todo el tropel del ejército. De cuya acción gloriosa agradecidos los romanos, mandaros esculpir, o pintar las Armas, divisas, y nombres de los defensores en la misma Iglesia, como de presente se hallan, habiéndoles vuelto a pintar después de haber limpiado, o blanqueado la Iglesia; de donde hizo copiar sus nombres, hallándose en Roma el Canónigo y Arcediano de Barcelona Don Francisco Senjust, a quien se debe dar todo crédito, por ser sujeto bien conocido, y son los siguientes: Bartolomé de Ferrer, Francisco de Soler, Guillen Mercader, Romeo de Iac, N. de Calatayud, Luis de Soler, Martín de Tolá, N. de Civere, Guillen Ramon, N. de Cruilles, N. Ferrer, Martorell de Juan, Pedro de Corella, N. de Corella Gobernador de Valencia, Guillen Ramón Vilafranca, N. Alós, Pedro de Ripoll, Narciso de Santonís, Vilamarí Ramon.

Esta es la descripción de la defensa de San Juan de Letrán hecha por Felíu de la Peña. No es cierto que Hugo de Moncada entrara en Roma junto con las tropas del Cardenal Colonna. Roma ya estaba sitiada por Colonna y Moncada, en una jugada estratégica, se presentó, ante la ciudad y ante Clemente VII, como el liberador de aquella ciudad del asedio. Más adelante escribe: Proseguía su camino a Florencia el duque de Borbón, determinado de pasar a Roma. Temió el Papa más al enemigo, que al ejército, solicitó que Don Hugo de Moncada saliese al paso a Borbón, para detenerle: hizo la diligencia Don Hugo con toda verdad, y Borbón el viaje con toda prisa; pero lo cierto es, que ni uno, ni otro pudieron detener el coraje del ejército: llegó Borbón sobre Roma a 25 de Mayo, sucedió el asalto, muerte de Borbón, y saco de Roma, no aprobado, antes sentido del César.

Felíu de la Peña se equivoca de fecha. Como hemos visto el saqueo de Roma fue el 6 de mayo y no el 25 de mayo. Si bien puede ser un error de imprenta, todo lo demás se ajusta a la verdad.


Luis de Requesens

En el Diccionario Enciclopédico Espasa-Calpe se puede leer, al tratar la biografía de Luis de Requesens: siendo en 1564 Embajador en Roma, hizo renovar a sus expensas el monumento dedicado a los catalanes que en 1527, durante el asalto y saqueo de la Ciudad Eterna, impidieron que fuese saqueada la Basílica de San Juan de Letrán. La verdad es que no fue una etapa fácil para Requesens. En 1561 fue designado embajador en el Vaticano. Requesens embarcó a comienzos de 1563 dirección a Roma. A su llegada se produjeron graves divergencias con el embajador de Francia y los cardenales franceses del Sacro Colegio cardenalicio. Francia exigió que si Pío IV no restablecía el derecho de preferencia en las funciones públicas, su embajador retiraría su obediencia al Pontífice. Pío IV, ante las presiones, decidió dar preferencia al embajador francés.

Requesens se presentó ante Pío IV y reclamó enérgicamente a favor de Felipe II. Requesens le dijo: Que si España llegaba a retirar a su embajador, no sería como embajador de la Santa Sede, sino de Pío IV como príncipe.

Enterado Felipe II del suceso, mandó que Requesens dejara la embajada y saliera de Roma. Requesens marchó a finales de agosto de 1564. De roma marchó a Florencia y, de allí a Génova. Allí permaneció un año y medio, bajo el pretexto de esperar el posible fallecimiento de Pío IV. Si esto ocurrí, según las órdenes de Felipe II, regresaría inmediatamente a Roma, para retomar su cargo de embajador. Pío IV murió el 10 de diciembre de 1565 y Requesens regresó a Roma el mismo día que se cerraban las puertas del cónclave. Al frente de la embajada en Roma permaneció hasta 1567.

Así pues, Requesens renovó el monumento a los soldados catalanes mientras preparaba su marcha de la ciudad. Posiblemente, a su regreso, en 1565, pudo ver el trabajo de restauración realizado, aunque no haya constancia. Lo que resulta curioso del hecho es que, a pesar de las divergencias con Pío IV y Francia, Requesens tuviera no ya tiempo, sino ganas de renovar un monumento que, a pesar de tratarse de unos soldados catalanes, significaba una menudencia si lo comparamos con los avatares políticos del momento.


Conclusiones

Los hechos son concluyentes con respecto a la intervención catalana en la defensa de San Juan de Letrán. Ahora bien, en los documentos incluidos más arriba hay un error de localización. El primer de ellos es el de Rafael de Llanza, al afirmar que: Vi en un patio de dicha Basílica unas tablillas llenas de blasones de armas de las cuales salían unos nombres y apellidos Catalanes que eran los de los oficiales de los Tercios de dicha Provincia que se opusieron a que el Templo fuese robado por el Ejército del Duque de Borbón, que asaltó y saqueó Roma. El segundo error es el que da el Diccionario Enciclopédico Espasa-Calpe, al afirmar que: siendo en 1564 Embajador en Roma, hizo renovar a sus expensas el monumento dedicado a los catalanes que en 1527, durante el asalto y saqueo de la Ciudad Eterna, impidieron que fuese saqueada la Basílica de San Juan de Letrán.

Las tropas de Cardenal Colonna entraron en Roma el 20 de septiembre de 1526. Al llegar Hugo de Moncada se percató que los soldados de Colonna ya habían asaltado y saqueado el Vaticano y la Basílica de San Pedro. Como hemos dicho, Moncada se presentó ante la ciudad y ante clemente VII como el liberador de la ciudad. Por eso Clemente VII trata la paz con Hugo de Moncada y por esto éste capitula, comprometiéndose a abandonar la Liga Clementina, levantar la excomunión a la familia Colonna y pagar un elevado rescate. Gracias a esta circunstancia se debe el reconocimiento del pueblo romano. Moncada es considerado un libertador y los catalanes que defendieron San Juan de Letrán unos héroes. De ahí que, tiempo después les fuera erigido un monumento. Así pues, no es el 6 de mayo de 1527 cuando se produjo la defensa, sino ocho meses antes, durante el primer saqueo que sufrió Roma.

Los soldados catalanes no saquearon San Juan de Letrán porque se presentaron como liberadores. Mal hubiera hecho un liberador empezar su misión saqueando una Iglesia.

En la descripción de Rafael de Llanza y Felíu de la Peña existe una diferencia. Llanza no nombra a N. de Cruïlles y, en cambio, Peña sí. Tal vez la tablilla que se reproduce en el gráfico, que tiene divisa pero no nombre, perteneciera originalmente a Cruïlles. Esta posibilidad no es ilógica porque, entre la descripción de Peña y la de Llanza transcurrió un siglo.

En ambas descripciones no aparece el nombre de Hugo de Moncada. Resulta curioso que el capitán del tercio de soldados catalanes no fuera homenajeado al lado de sus hombres, teniendo en cuenta la dimensión de su cargo y la trascendencia que tuvo su actuación. En la época de Llanza el nombre no estaba grabado en la pared de San Juan de Letrán. Felíu de la Peña transcribe unos nombre que, en su momento, hizo copiar Francisco Sentjust: “de donde hizo copiar sus nombres, hallándose en Roma el Canónigo y Arcediano de Barcelona Don Francisco Senjust, a quien se debe dar todo crédito, por ser sujeto bien conocido, y son los siguientes”. Parece como si Francisco Sentjust estuviera en Roma al inaugurarse el monumento y que, durante el acto copiara el nombre de todos aquellos catalanes que defendieron San Juan de Letrán. De ahí que Peña nombre a Cruïlles i Llanza no. Pues bien, ¿cuándo estuvo en Roma Francisco Sentjust? Celestino Fernández, en Reflexión ante el III Centenario de la llegada de los Paúles a España, escribe lo siguiente: En 1680, el Papa Inocencio XI dio una norma por la que obligaba a todos los candidatos a las sagradas órdenes a hacer varios días de ejercicios espirituales.

El presbítero D. Francisco Sentjust y Pagés, arcediano de la Catedral de Barcelona, quiso llevar a la práctica esta norma y pensó crear una nueva Congregación para este fin. Pero no encon­tró quien quisiera colaborar en esta obra.

En un viaje que hizo a Roma, se hospedó en la casa que allí tenía la Congregación de la Mi­sión. Y ahí encontró lo que estaba buscando. Cuando regresó a Barcelona, el sacerdote D. Jerónimo Enveja le ofreció sus bienes para que llamase a 10 sacerdotes de la Misión y pudiera proceder a la fundación. Y cumplidos todos los trámites legales, tanto eclesiásticos como civiles, escribió al Superior de la Comunidad de Misioneros de Roma y le rogó que aceptase la fundación.

Y así, el referido día 8 de julio de 1704 llegaron a Barcelona los primeros Misioneros paúles. Dos italianos (los PP. Juan Domingo Orsese y Juan Bautista Balcone), un español (el P. Luis Narváez, cordobés) y un hermano coadjutor también español (el Hno. Antonio Camino, gallego de Santiago de Compostela). Estos dos eran los primeros misioneros españoles de la Congregación, en la que habían ingresado y emitido los votos en Roma.

La evidencia es clara. Francisco Sentjust estuvo en Roma a comienzo del siglo XVIII. Esto significa que, si Requesens restauró el monumento en 1564, Sentjust lo vio unos ciento treinta años después de esta restauración. ¿Por qué decimos esto? Todo esto viene a colación de la descripción hecha por Vincenzo Forcella en el libro Iscrizioni delle chiese e d’altri edifici di Roma dal secolo XI fino ai giorni nostri, publicado en Roma en 1876, página 33 del volumen octavo, del memorial a los soldados catalanes y que reproducimos en estas páginas y la no aparición del nombre de Hugo de Moncada.

Si nos fijamos en las tablillas, encima de cada una de ellas hay un número. Desde el 64 al 83, todos los escudos están numerados. En total 20 escudos. Esto equivale a 20 nombres. Ahora bien, en la defensa de San Juan de Letrán, ¿sólo hubo veinte soldados? ¿Por qué la numeración empieza por el 64? Consideramos que 20 hombres era un número muy reducido de soldados para defender una Iglesia. Habida cuanta que tenían que retener a unos soldados, los del Cardenal Colonna, fuera de control después de saquear el Vaticano y San Pedro, veinte hombres poco hubieran podido hacer. Caso contrario es que, en la defensa de San Juan de Letrán hubieran participado 83 soldados catalanes. De ahí que se numeren los escudos, para que quede para la posteridad el número de defensores de la citada Iglesia.

No tenemos referencia clara de cómo era el monumento en el momento de la inauguración. Sólo sabemos que Requesens lo restauró en 1564 y que, a comienzos del siglo XVIII Sentjust hizo copiar los nombres que en él aparecían. Es posible que el paso de los años hubiera sesgado el monumento. Como dice Peña: habiéndoles vuelto a pintar después de haber limpiado, o blanqueado la Iglesia. Esto significa que, Sentjust estaba en Roma cuando se volvió a restaurar el monumento. Tenemos una primera restauración en 1564 y una segunda a comienzos del siglo XVIII. Son más de ciento treinta años. Demasiado tiempo para que, de haberse borrado parte de las inscripciones, se volvieran a recuperar.

Con lo cual se puede decir que, teniendo en cuenta lo dicho anteriormente, cabe suponer que el paso de los años sesgó el monumento original y que, cuando Francisco Sentjust y Rafael de Llanza vieron el monumento a los soldados catalanes, sólo apreciaron una parte de él pues, el resto, con el paso de los años, se borró. Por eso no se nombra a Hugo de Moncada. Su nombre, como el de los otros sesenta y tres soldados que no aparecen nombrados, se perdió. Si tenemos en cuenta que hoy en día no se tiene constancia que una vez existió dicho monumento, no nos ha de extrañar que, en el momento de la restauración, se omitieran escudos, divisas y nombres pues, ya en aquella época se desconocía quienes fueron los soldados catalanes que lucharon en la defensa de San Juan de Letrán.

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Cesar Alcalá

Notas

[1] Antonio Ricardos. Nació en Barbastro en 1727 y murió en Madrid en 1794. Fue encargado por Carlos III de la reforma del ejército de Nueva España. Participó en la comisión de límites hispano-francesa (1768). En 1793-1794 dirigió la victoriosa campaña del Rosellón contra la Revolución francesa.

[2] D. Rafael de Llanza y de Valls, Teniente Coronel de los Reales ejércitos, ed. 62 años, Vdo. De Dª Dolores Esquivel, hijo de D. Rafael y de Dª Catalina, murió el 26 de mayo de 1833 habiendo recibido los Santos sacramentos; al día siguiente se celebró un Oficio Doble Mayor, todo a voces, con responso en su casa. Su cadáver fue enterrado en Vilassar de Dalt

«ARBIL Nº85 - 2004-10-05


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antiguo plano de la ciudad de Roma


La gota de Carlos V


N. RAMÍREZ DE CASTRO. MADRID.

Cinco siglos después de su muerte, la Ciencia ha podido confirmar que Carlos I de España y V de Alemania padeció unos terribles ataques de gota y una severa artritis que influyeron decisivamente en su reinado. Sus médicos diagnosticaron su mal a los 28 años, aunque nunca pasó de una mera sospecha clínica. Un equipo de investigadores del Hospital Clínico de Barcelona ha confirmado que el gran emperador tuvo gota en su forma más severa, un mal que pudo acelerar la abdicación de Carlos V y su retiro al monasterio de Yuste, en Cáceres.

La demostración se ha realizado con modernas técnicas paleopatológicas que han analizado un dedo del poderoso emperador, tal y como escriben hoy los investigadores españoles en la revista científica «New England Journal of Medicine». La falange, momificada de forma natural, se encontraba en una pequeña caja en la Sacristía del Monasterio de El Escorial, en Madrid. A su muerte, Carlos V fue enterrado en el Monasterio de Yuste como era su deseo, pero en 1574 sus restos fueron trasladados al monasterio madrileño, y su dedo apartado del resto del cuerpo.

Al conocer la existencia de ese pequeño cofre, los investigadores del Clínico emprendieron los trámites para realizar los análisis que les permitieran confirmar si el emperardor fue gotoso, asmático, tuvo diabetes o murió de malaria, como afirman sus historiadores. La falange del quinto dedo de una de las regias manos viajó de Madrid a Barcelona en el cofre original de terciopelo rojo para someterse a las técnicas más modernas de análisis. El estudio que se publica ahora es el primero de una serie de trabajos con los que los investigadores catalanes quieren conocer los padecimientos del emperador. Una información que ayudará a comprender mejor algunos de los acontecimientos históricos de aquella época.

De la falange no se pudo obtener ADN, sí se realizaron estudios con microscopía electrónica, rayos X y métodos bioquímicos hasta descubrir los cristales de ácido úrico, característicos de la gota. El hallazgo fue «excepcional», cuenta Jaume Ordi, investigador de Anatomía Patológica del Clínico de Barcelona. «Cuando se estudian restos tan antiguos se puede deducir la presencia de problemas como la gota por las alteraciones producidas en el hueso; lo difícil es encontrar los cristales de ácido úrico, la evidencia directa», explica.

Articulaciones muy dañadas

El dolor no abandonó a Carlos V. Sufrió con intensidad y ese dolor marcó muchas de sus decisiones . «La articulación de la falange básicamente no existía y los daños se habían extendido a los tejidos blandos cercanos. Apenas podría mover el dedo y es más que probable que los depósitos de ácido úrico estuvieran en otras articulaciones», asegura Ordi.

El estudio español recuerda que el poderoso monarca se veía obligado a permanecer en una silla, especialmente diseñada para apaciguar los dolores de sus articulaciones. En una de las cartas dirigidas a su hija María de Hungría, fechada en 1532, ya le describe sus «ataques de gota» y en 1553 es incapaz de escribir a Felipe II de su puño y letra. «Esta carta no está escrita por mí... los pequeños agujeros -probablemente úlceras- de mi pequeño dedo se han abierto de nuevo», escribió a su heredero. ‘ABC’ 2006.VIII.03-ESP.


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Un informe revela que policía y ejército británicos conspiraron con paramilitares protestantes para matar católicos en el Ulster. 2003-04-17.

Belfast. Agencias

La Policía norirlandesa y el Ejército británico conspiraron con los paramilitares protestantes para matar a católicos en la década de los ochenta en Irlanda del Norte, según una investigación interna que se dará a conocer hoy.


El jefe de la Policía Metropolitana de Londres, John Stevens, presentará esta tarde un polémico informe que refleja ese "chocante" grado de colaboración, tras cuatro años de pesquisas para aclarar la muerte, en 1989, del abogado católico Pat Funicane. Funicane, de 38 años, fue asesinado por un pistolero de la Asociación para la Defensa del Ulster, paramilitares leales, en su casa de Belfast delante de su familia.


La prensa británica adelanta hoy el contenido del documento, que cae como un chorro de agua fría sobre el Gobierno del Reino Unido y los líderes unionistas del Ulster en un momento en que se intenta reactivar el estancado proceso de paz en la provincia. La conmoción es aún mayor si se tiene en cuenta que ambas partes acusan al partido Sinn Fein -brazo político del Ejército Republicano Irlandés (IRA)- de entorpecer el proceso y de falta de compromiso con la paz.


El informe, que también implica a los servicios de inteligencia del Estado, hará aumentar la presión internacional para que, al fin, se lleve a cabo una investigación judicial sobre el caso Funicane. Según la prensa, el fiscal Alasdair Fraser está ya examinando las acusaciones contra unos veinte oficiales de la Policía y el Ejército británico que, de acuerdo con Stevens, estuvieron involucrados en la trama.

Sin embargo, la familia de Funicane, que desde el principio pidió una pesquisa judicial, considera que el nuevo informe es parcial. "Representa un conjunto de compromisos no respetados y promesas rotas.


Lleva el sello del trabajo de Stevens en Irlanda del Norte: secretismo y represión", declaró el hijo del asesinado, Michael Funicane, también abogado. En su opinión, este informe del comisario -el tercero- es "papel mojado" porque, pese a sus denuncias, asume que "nada fue mal", sino que las fuerzas del orden actuaron como se esperaba de ellas en esa época de máxima violencia sectaria. "La Policía en Irlanda del Norte existía -y quizás aún sea así- para enfatizar el potencial asesino de los paramilitares leales, proporcionándoles recursos adicionales, como armas e información, y señalándoles a las víctimas, para que el Gobierno quedara libre de sus enemigos", argumentó.


Defensores de los derechos humanos han criticado que sólo se vaya a hacer pública una parte del informe, que tiene 3.000 páginas y ha costado seis millones de euros. Amnistía Internacional, entre otras organizaciones, ha pedido a las autoridades que impulsen de una vez la investigación judicial. Los detectives bajo el mando de Stevens han interrogado a 15.000 personas, catalogado 4.000 pruebas, tomado 5.500 declaraciones y confiscado 6.000 documentos en los últimos catorce años. Esp. ABC- 2003-04-17


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El mayor extravío de la mente humana es creer algo porque uno desee que sea así. Pasteur


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El ideal o el proyecto más noble puede ser objeto de burla o de ridiculizaciones fáciles. Para eso no se necesita la menor inteligencia.  Alexander Kuprin


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Hay toda la diferencia del mundo entre que pongamos la verdad en primer lugar o en el segundo.  Whateley


"Se recurre con frecuencia a la calumnia, la mentira, el infundio, sin preocuparse de contrastar la información para comprobar su veracidad. Ello obedece a la táctica de que se sabe que una vez vertida una información negativa sobre algo o alguien, cosa que es muy fácil, demostrar la verdad requiere un gran esfuerzo y tiempo y gran parte del daño queda hecho de todas maneras." (Jesús Sáiz Luca de Tena y Mercedes Soto Falcó)


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«Usted no debe decirnos lo que dijo el soldado ni ninguna otra persona, señor», respondió el Juez: «Esto no es evidencia.»

 

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«La escritura de la historia se ve obstaculizada a veces por presiones ideológicas, políticas o económicas; en consecuencia, la verdad se ofusca y la misma historia termina por encontrarse prisionera de los poderosos. El estudio científico genuino es nuestra mejor defensa contra las presiones de ese tipo y contra las distorsiones que pueden engendrar» (1999). S.S. JUAN PABLO II


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"Gloria a Dios por todo esto". San Juan Crisóstomo, sus últimas palabras. 


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¡Rememos mar adentro! Esa es nuestra respuesta como cristianos:

«Duc in altum» (Lc 5,4) dijo Cristo al apóstol Pedro en el Mar de Galilea


“Las doctrinas centrales del cristianismo fueron capaces de inspirar y sostener relaciones sociales y organizaciones atractivas, liberadoras y eficientes”. Fueron las doctrinas de la Iglesia las que permitieron que el cristianismo se encontrara “entre los movimientos de revitalización más formidables y de mayor éxito en la historia”. Con los cristianos aparece un Dios que, de hecho —algo nunca visto hasta entonces—, se preocupa por todos los seres humanos, que los ama con locura y que pide y espera de sus seguidores un amor semejante entre ellos y fuera de ellos, incluso a sus enemigos y a quienes no les entienden. La Buena Nueva del cristiano,  era dos veces buena y nueva, pues al dar a la humanidad un Dios amoroso y misericordioso daba también a los hombres y a las mujeres su auténtica humanidad.


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"Europa tiene su base en la única fuerza que es capaz de aunar la herencia cultural helénica, el derecho romano y el avance de la Ciencia: el Cristianismo". Esta es la conclusión del historiador Luis Suárez, catedrático emérito de la Universidad Autónoma de Madrid. Suárez recuerda que el progreso europeo fue posible gracias al Cristianismo. En efecto, la creación de bibliotecas en territorio europeo por Isidoro de Sevilla, fueron impulsadas gracias a los padres de la Iglesia como Benito o Alejandro Magno, quienes consideraron que el progreso se basaba en el conocimiento, no en el atesoramiento de riquezas.

 Además, Suárez recordó que los derechos humanos no nacieron con la revolución francesa de 1789, sino que fueron inicialmente formulados por el Papa Clemente VI, quien, en 1346, pronunció por vez primera los derechos humanos de la libertad, la vida y la propiedad. En este contexto, negar las raíces cristianas de Europa, como pretende Francia y Bélgica, en el tratado constitucional parece un intento de construir una Europa de mercaderes, en lugar de una comunidad humana. "El término Europa fue inicialmente pronunciado por San Beda el Venerable en el siglo VII para referirse al territorio en el que el Cristianismo había llegado a arraigarse", concluye Suárez.  2004-02-27 – Agradecemos a Hispanidad.com


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El mayor extravío de la mente humana es creer algo porque uno desee que sea así. Pasteur


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El ideal o el proyecto más noble puede ser objeto de burla o de ridiculizaciones fáciles. Para eso no se necesita la menor inteligencia.  Alexander Kuprin


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Evangelio según San Lucas 12,54-59.
Dijo también a la multitud: "Cuando ven que una nube se levanta en occidente, ustedes dicen en seguida que va a llover, y así sucede.
Y cuando sopla viento del sur, dicen que hará calor, y así sucede.
¡Hipócritas! Ustedes saben discernir el aspecto de la tierra y del cielo; ¿cómo entonces no saben discernir el tiempo presente?
¿Por qué no juzgan ustedes mismos lo que es justo?
Cuando vas con tu adversario a presentarte ante el magistrado, trata de llegar a un acuerdo con él en el camino, no sea que el adversario te lleve ante el juez, y el juez te entregue al guardia, y este te ponga en la cárcel.
Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo".

 

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Europa y el club cristiano
Se ha discutido mucho sobre si Europa es o no es un club cristiano, elemento común a todos los actuales miembros de la Unión Europea. Para don Ramón de Miguel, «Europa no es un club cristiano, porque el cristianismo no es un club. Pero nadie puede negar que el concepto que ha florecido en Europa en el último milenio está conformado por unas ideas de libertad, de respeto y de tolerancia que son totalmente cristianas». Al final, el Tratado constitucional se quedó sin la mención al cristianismo y con un somero recuerdo sobre el papel de las religiones en la construcción comunitaria. Pero basta un breve repaso histórico para descubrir hasta qué punto Europa está ligada al cristianismo. Fue con Carlomagno, proclamado emperador, cuando comienza realmente la vinculación entre Europa y el cristianismo. Algunos historiadores apuntan a que, con las guerras de religión, este vínculo por Cristo se rompe, pero no es así. La Reforma y la Contrarreforma son parte esencial de la historia del Continente y han marcado fuertemente su cultura y el ritmo de su evolución posterior. Aun hoy, esos valores que el primer mundo se esfuerza por exportar, no son los valores de Occidente, sino los valores que Occidente ha hecho suyos tras veinte siglos de cristianismo.

 

La cuestión geográfica
Turquía tiene en territorio europeo un 3% de su superficie y un 11% de su población. Es difícil afirmar que esta mínima presencia en suelo del Viejo Continente conviertan al país en europeo. Considerar esta opción sería como suponer que España es africana porque tiene Ceuta, Melilla y las Canarias en el continente africano. Geográficamente, Turquía no es Europa, aunque Europa tampoco es claramente un continente porque parece más bien una península de Asia, según explica la profesora doña Araceli Mangas, catedrática de Derecho Internacional en la Universidad de Salamanca. En su opinión, «el concepto de europeo que se maneja en el artículo I-58.1 del Tratado constitucional no se refiere a la pertenencia a una cultura ni a una estricta noción geográfica», y se plantea situaciones como la de Chipre que, por su emplazamiento, debería considerarse asiática. Sin embargo, la cultura chipriota, a diferencia de la turca, es la misma que la de Europa Occidental. Tradicionalmente se ha situado la frontera europea en los Urales y la línea que une el Mar Caspio y el Mar Negro con el mar Mediterráneo. Ucrania sí forma parte del continente europeo, así como un buen porcentaje de Rusia. Pero Turquía no.

 

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La Iglesia a la que todos hemos sido llamados en Cristo Jesús y en la cual, por la gracia de Dios, conseguimos la santidad, no será llevada a su plena perfección sino "cuando llegue el tiempo de la restauración de todas las cosas" (Act 3,21) y cuando, con el género humano, también el universo entero, que está íntimamente unido con el hombre y por él alcanza su fin, será perfectamente renovado (cf. Ef 1,10; Col 1,20; 2 Pe 3,10-13).

Porque Cristo levantado en alto sobre la tierra atrajo hacia Sí a todos los hombres (cf. Jn 12,32); resucitando de entre los muertos (cf. Rom 6,9) envió a su Espíritu vivificador sobre sus discípulos y por El constituyó a su Cuerpo que es la Iglesia, como Sacramento universal de salvación; estando sentado a la diestra del Padre, sin cesar actúa en el mundo para conducir a los hombre a su Iglesia y por Ella unirlos a Sí más estrechamente, y alimentándolos con su propio Cuerpo y Sangre hacerlos partícipes de su vida gloriosa. Así que la restauración prometida que esperamos, ya comenzó en Cristo, es impulsada con la venida del Espíritu Santo y continúa en la Iglesia, en la cual por la fe somos instruidos también acerca del sentido de nuestra vida temporal, en tanto que con la esperanza de los bienes futuros llevamos a cabo la obra que el Padre nos ha confiado en el mundo y labramos nuestra salvación (cf. Flp 2,12).

La plenitud de los tiempos ha llegado, pues, hasta nosotros (cf. 1 Cor 10,11), y la renovación del mundo está irrevocablemente decretada y empieza a realizarse en cierto modo en el siglo presente, ya que la Iglesia, aun en la tierra, se reviste de una verdadera, si bien imperfecta, santidad. Y mientras no haya nuevos cielos y nueva tierra, en los que tenga su morada la santidad (cf. 2 Pe 3,13), la Iglesia peregrinante, en sus sacramentos e instituciones, que pertenecen a este tiempo, lleva consigo la imagen de este mundo que pasa, y Ella misma vive entre las criaturas que gimen entre dolores de parto hasta el presente, en espera de la manifestación de los hijos de Dios (cf. Rom 8,19-22).

Unidos, pues, a Cristo en la Iglesia y sellados con el sello del Espíritu Santo, "que es prenda de nuestra herencia" (Ef 1,14), somos llamados hijos de Dios y lo somos de verdad (cf. 1 Jn 3,1); pero todavía no hemos sido manifestados con Cristo en aquella gloria (cf. Col 3,4), en la que seremos semejantes a Dios, porque lo veremos tal cual es (cf. 1 Jn 3,2). Por tanto, "mientras habitamos en este cuerpo, vivimos en el destierro lejos del Señor" (2 Cor 5,6), y aunque poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior (cf. Rom 8,23) y ansiamos estar con Cristo (cf. Flp 1,23). Ese mismo amor nos apremia a vivir más y más para Aquel que murió y resucitó por nosotros (cf. 2 Cor 5,15). Por eso ponemos toda nuestra voluntad en agradar al Señor en todo (cf. 2 Cor 5,9), y nos revestimos de la armadura de Dios para permanecer firmes contra las asechanzas del demonio y poder resistir en el día malo (cf. Ef 6,11-13). Y como no sabemos ni el día ni la hora, por aviso del Señor, debemos vigilar constantemente para que, terminado el único plazo de nuestra vida terrena (cf. Hb 9,27), si queremos entrar con El a las nupcias merezcamos ser contados entre los escogidos (cf. Mt 25,31-46); no sea que, como aquellos siervos malos y perezosos (cf. Mt 25,26), seamos arrojados al fuego eterno (cf. Mt 25,41), a las tinieblas exteriores en donde "habrá llanto y rechinar de dientes" (Mt 22,13-25,30). En efecto, antes de reinar con Cristo glorioso, todos debemos comparecer "ante el tribunal de Cristo para dar cuenta cada cual según las obras buenas o malas que hizo en su vida mortal (2 Cor 5,10); y al fin del mundo "saldrán los que obraron el bien, para la resurrección de vida; los que obraron el mal, para la resurrección de condenación" (Jn 5,29; cf. Mt 25,46). Teniendo, pues, por cierto, que "los padecimientos de esta vida presente son nada en comparación con la gloria futura que se ha de revelar en nosotros" (Rom 8,18; cf. 2 Tim 2,11-12), con fe firme esperamos el cumplimiento de "la esperanza bienaventurada y la llegada de la gloria del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo" (Tit 2,13), quien "transfigurará nuestro pobre cuerpo en un cuerpo glorioso semejante al suyo" (Flp 3,21) y vendrá "para ser" glorificado en sus santos y para ser "la admiración de todos los que han tenido fe" (2 Tes 1,10).

 

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Jesús decía: «Yo soy la luz del mundo, quien me sigue no camina en tinieblas». Si su luz nos ilumina, no sólo iluminará toda situación, aunque sea la más trágica, sino que además nosotros, como decía Él siempre, seremos luz. La luz tenue de una vela ilumina una casa, una lámpara apagada deja todo en la oscuridad. Que Él brille en nosotros con su palabra, con su Espíritu, con la savia de sus santos. Que nuestra vida sea la cera que se consuma con total disponibilidad.. 

 

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Compendio del Catecismo de la Iglesia católica
La fe de los sencillos -
Una síntesis fiel y segura del Catecismo de la Iglesia católica. Contiene, de modo conciso, todos los elementos esenciales y fundamentales de la fe de la Iglesia. 2005. ¡No falte en la bolsa de mano de cada cristiano para aprenderlo!

Creer, celebrar, vivir y orar, esta y no más es la fe cristiana desde hace 2000 años, enseñada por la Iglesia Católica sin error porque Cristo la ilumina y sólo Él la guía.

 

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La unión de la familia humana se fortalece mucho y se completa con la unidad, fundada en Cristo, de la familia de los hijos de Dios. Ciertamente, la misión propia que Cristo confió a su Iglesia no es de orden político, económico o social, pues el fin que le asignó es de orden religioso. Pero precisamente de esta misma misión religiosa fluyen tareas, luz y fuerzas que pueden servir para constituir y fortalecer la comunidad de los hombres según la ley divina.
Además, en virtud de su misión y su naturaleza, no está ligada a ninguna forma particular de cultura humana o sistema político, económico o social. Por ello, la Iglesia, desde esta su universalidad, puede ser un vínculo muy estrecho entre las diferentes comunidades humanas y naciones, a condición de que éstas confíen en ella y reconozcan realmente su verdadera libertad para cumplir esta misión suya. Por esta razón, la Iglesia aconseja a sus hijos, pero también a todos los hombres, que, en este espíritu familiar de hijos de Dios, superen todas las desavenencias entre naciones y razas, y den firmeza interior a las asociaciones humanas justas. El Concilio considera con gran respeto todo lo verdadero, bueno y justo que se encuentra en las variadísimas instituciones que el género humano ha fundado para sí y continúa fundando sin cesar. Declara, además, que la Iglesia quiere ayudar y promover todas estas instituciones, en la medida que esto dependa de ella y pueda conciliarse con su misión. Nada desea más ardientemente que poder desarrollarse libremente al servicio del bien de todos bajo cualquier régimen que reconozca los derechos fundamentales de la persona y de la familia y los imperativos del bien común.

Constitución Gaudium et spes, 42 – VATICANO II

 

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BIBLIA: Admitimos que hubo algunos sacerdotes que sobrepasaron el límite de la prudencia al prohibir la lectura de la Biblia, no con intención de disminuir su importancia, sino para protegerla. Martín Lutero tuvo que admitir que sin la Iglesia católica él no hubiera tenido la Biblia (ver su Comentario sobre San Juan, 16). 

Por siglos, el idioma universal de la Iglesia y del mundo occidental fue el latín. En todas las misas el sacerdote leía la Biblia en este idioma. Cuando el latín dejó de ser el idioma universal en el occidente, por tradición, las lecturas de la Biblia quedaron en latín pero los feligreses tenían los misales con la traducción en su propio idioma. 

Los que piensan que antes de Martín Lutero no existían traducciones de la Biblia están equivocados. Antes de que él tradujera la Biblia al alemán, la Iglesia tenía ediciones completas o trozos de ella en 26 diferentes lenguas europeas, y en ruso. Por ejemplo, existía la Biblia Héxapla del año 240, la de Jerónimo, La Vulgata, del 390. Había además 30 ediciones de la Biblia completa en alemán antes de la 
versión de Lutero en 1534(2), nueve antes de que él naciera. Había 62 ediciones de la Biblia, autorizadas por la Iglesia en Hebreo, 22 en griego, 20 en italiano, 26 en francés, 19 en flamenco, dos en español: la Biblia ALFONSINA (de "Alfonso el Sabio", año 1280) y la Biblia De la Casa de Alba (año 1430, AT)(3), seis en bohemio y una en eslavo, catalán y checo.(4) 

La primera Biblia impresa, fue producida bajo los auspicios de la Iglesia católica- impresa por el inventor católico de la imprenta: Johannes (Juan) Gutenberg. La primera Biblia con capítulos y versículos numerados fue producida por la Iglesia católica, gracias al trabajo de Esteban Langton, Arzobispo de Canterbury, Inglaterra. A pesar de esto acusan a la Iglesia de haber intentando la destrucción de la Biblia; si hubiera deseado hacer esto, tuvo 1500 años para hacerlo. 


En todo el proceso de completar el canon la lista de libros del NT entendemos mejor que fue la Biblia la que salió de la Iglesia y no la Iglesia de la Biblia. Por eso, verdaderamente no hay separación entre "Biblia" y "Tradición". La Biblia forma parte de la Tradición de la Iglesia católica. 

 

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Autenticidad. La palabra "autenticidad" es una palabra evidentemente de origen helénico – y en griego, otra palabra es estlom. Estlom es una palabra que ha quedado confinada a la lengua: es interesante porque actualmente la palabra está ocupada, diríamos, por la idea de etimología. La etimología es el origen verdadero de las palabras; es naturalmente lo que muestra de dónde proceden las palabras que se usan en una lengua determinada, en el presente. Pero originariamente no es solamente esto: hay textos remotísimos, incluso homéricos, en que aparece la palabra estlom como "lo verdadero". Hace ya muchísimos años, yo encontré unos textos en Hesíodo, en la Teogonía de Hesíodo, en la cual se hace una contraposición: las musas dicen: sabemos decir cosas falsas, pero también cuando queremos podemos decir cosas verdaderas. Y en Homero se habla de palabras falsas semejantes a las verdaderas. Y más: alguna vez he dicho que la ontología se podría llamar etimología; sería el logos, la ciencia, de lo auténtico, de lo verdaderamente auténtico. Pero, claro, la palabra ya está ocupada por la lingüística y no podemos usarla más que, diríamos un poco entre comillas y para explicar simplemente su origen.

 

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TU ES PETRUS ET SUPER HANC PETRAM

AEDIFICABO ECCLESIAM MEAM ET

TIBI DABO CLAVES REGNI COELORUM.

 

En pocas palabras: si Cristo fundó una Iglesia y el diablo la corrompió y luego tuvo que venir Lutero para "reformarla"; ¿Qué papel hace Cristo prometiendo una Iglesia invencible? Y si eso fuera posible; ¿Cuál de las miles de divisiones del protestantismo heredó el "Espíritu de Verdad" del que Cristo habla y que promete con tanta certeza.

 

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CATOLICIDAD: La finalidad de la misión es una humanidad transformada en una glorificación viva de Dios, el culto verdadero que Dios espera: este es el sentido más profundo de la catolicidad, una catolicidad que ya nos ha sido donada y hacia la cual, sin embargo, debemos avanzar siempre de nuevo. Catolicidad no sólo expresa una dimensión horizontal, la reunión de muchas personas en la unidad; también entraña una dimensión vertical: sólo dirigiendo nuestra mirada a Dios, sólo abriéndonos a él, podemos llegar a ser realmente uno. Como san Pablo, también san Pedro vino a Roma, a la ciudad a donde confluían todos los pueblos y que, precisamente por eso, podía convertirse, antes que cualquier otra, en manifestación de la universalidad del Evangelio. Al emprender el viaje de Jerusalén a Roma, ciertamente sabía que lo guiaban las palabras de los profetas, la fe y la oración de Israel.

En efecto, la misión hacia todo el mundo también forma parte del anuncio de la antigua alianza: el pueblo de Israel estaba destinado a ser luz de las naciones. El gran salmo de la Pasión, el salmo 21, cuyo primer versículo "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" pronunció Jesús en la cruz, terminaba con la visión: "Volverán al Señor de todos los confines del orbe; en su presencia se postrarán las familias de los pueblos" (Sal 21, 28). Cuando san Pedro y san Pablo vinieron a Roma, el Señor, que había iniciado ese salmo en la cruz, había resucitado; ahora se debía anunciar a todos los pueblos esa victoria de Dios, cumpliendo así la promesa con la que concluía el Salmo.
Catolicidad significa universalidad, multiplicidad que se transforma en unidad; unidad que, a pesar de todo, sigue siendo multiplicidad. Las palabras de san Pablo sobre la universalidad de la Iglesia nos han explicado que de esta unidad forma parte la capacidad de los pueblos de superarse a sí mismos para mirar hacia el único Dios.

El fundador de la teología católica, san Ireneo de Lyon, en el siglo II, expresó de un modo muy hermoso este vínculo entre catolicidad y unidad: "la Iglesia recibió esta predicación y esta fe, y, extendida por toda la tierra, con esmero la custodia como si habitara en una sola familia. Conserva una misma fe, como si tuviese una sola alma y un solo corazón, y la predica, enseña y transmite con una misma voz, como si no tuviese sino una sola boca. Ciertamente, son diversas las lenguas, según las diversas regiones, pero la fuerza de la tradición es una y la misma. Las Iglesias de Alemania no creen de manera diversa, ni transmiten otra doctrina diferente de la que predican las de España, las de Francia, o las del Oriente, como las de Egipto o Libia, así como tampoco las Iglesias constituidas en el centro del mundo; sino que, así como el sol, que es una criatura de Dios, es uno y el mismo en todo el mundo, así también la luz de la predicación de la verdad brilla en todas partes e ilumina a todos los seres humanos que quieren venir al conocimiento de la verdad" (Adversus haereses, I, 10, 2).

La unidad de los hombres en su multiplicidad ha sido posible porque Dios, el único Dios del cielo y de la tierra, se nos manifestó; porque la verdad esencial sobre nuestra vida, sobre nuestro origen y nuestro destino, se hizo visible cuando él se nos manifestó y en Jesucristo nos hizo ver su rostro, se nos reveló a sí mismo. Esta verdad sobre la esencia de nuestro ser, sobre nuestra vida y nuestra muerte, verdad que Dios hizo visible, nos une y nos convierte en hermanos. Catolicidad y unidad van juntas. Y la unidad tiene un contenido: la fe que los Apóstoles nos transmitieron de parte de Cristo.

Hemos dicho que catolicidad de la Iglesia y unidad de la Iglesia van juntas. El hecho de que ambas dimensiones se nos hagan visibles en las figuras de los santos Apóstoles nos indica ya la característica sucesiva de la Iglesia: apostólica. ¿Qué significa?

El Señor instituyó doce Apóstoles, como eran doce los hijos de Jacob, señalándolos de esa manera como iniciadores del pueblo de Dios, el cual, siendo ya universal, en adelante abarca a todos los pueblos. San Marcos nos dice que Jesús llamó a los Apóstoles para que "estuvieran con él y también para enviarlos" (Mc 3, 14). Casi parece una contradicción. Nosotros diríamos: o están con él o son enviados y se ponen en camino.

El Papa san Gregorio Magno tiene un texto acerca de los ángeles que nos puede ayudar a aclarar esa aparente contradicción. Dice que los ángeles son siempre enviados y, al mismo tiempo, están siempre en presencia de Dios, y continúa: "Dondequiera que sean enviados, dondequiera que vayan, caminan siempre en presencia de Dios" (Homilía 34, 13). El Apocalipsis se refiere a los obispos como "ángeles" de su Iglesia; por eso, podemos hacer esta aplicación: los Apóstoles y sus sucesores deberían estar siempre en presencia del Señor y precisamente así, dondequiera que vayan, estarán siempre en comunión con él y vivirán de esa comunión.

La Iglesia es apostólica porque confiesa la fe de los Apóstoles y trata de vivirla. Hay una unicidad que caracteriza a los Doce llamados por el Señor, pero al mismo tiempo existe una continuidad en la misión apostólica. San Pedro, en su primera carta, se refiere a sí mismo como "co-presbítero" con los presbíteros a los que escribe (cf. 1 P 5, 1). Así expresó el principio de la sucesión apostólica: el mismo ministerio que él había recibido del Señor prosigue ahora en la Iglesia gracias a la ordenación sacerdotal. La palabra de Dios no es sólo escrita; gracias a los testigos que el Señor, por el sacramento, insertó en el ministerio apostólico, sigue siendo palabra viva.

Con esto no queremos olvidar que el sentido de todas las funciones y los ministerios es, en el fondo, que "lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud", de modo que crezca el cuerpo de Cristo "para construcción de sí mismo en el amor" (Ef 4, 13. 16).

En este momento de la historia, lleno de escepticismo y de dudas, pero también rico en deseo de Dios, reconocemos de nuevo nuestra misión común de testimoniar juntos a Cristo nuestro Señor y, sobre la base de la unidad que ya se nos ha donado, de ayudar al mundo para que crea. Y pidamos con todo nuestro corazón al Señor que nos guíe a la unidad plena, a fin de que el esplendor de la verdad, la única que puede crear la unidad, sea de nuevo visible en el mundo.

El evangelio de este día nos habla de la confesión de san Pedro, con la que inició la Iglesia: "Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo" (Mt 16, 16). He hablado de la Iglesia una, católica y apostólica, pero no lo he hecho aún de la Iglesia santa; por eso, quisiera recordar en este momento otra confesión de Pedro, pronunciada en nombre de los Doce en la hora del gran abandono: "Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios" (Jn 6, 69). ¿Qué significa? Jesús, en la gran oración sacerdotal, dice que se santifica por los discípulos, aludiendo al sacrificio de su muerte (cf. Jn 17, 19). De esta forma Jesús expresa implícitamente su función de verdadero Sumo Sacerdote que realiza el misterio del "Día de la reconciliación", ya no sólo mediante ritos sustitutivos, sino en la realidad concreta de su cuerpo y su sangre.

En el Antiguo Testamento, las palabras "el Santo de Dios" indicaban a Aarón como sumo sacerdote que tenía la misión de realizar la santificación de Israel (cf. Sal 105, 16; Si 45, 6). La confesión de Pedro en favor de Cristo, a quien llama "el Santo de Dios", está en el contexto del discurso eucarístico, en el cual Jesús anuncia el gran Día de la reconciliación mediante la ofrenda de sí mismo en sacrificio: "El pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo" (Jn 6, 51).

Así, sobre el telón de fondo de esa confesión, está el misterio sacerdotal de Jesús, su sacrificio por todos nosotros. La Iglesia no es santa por sí misma, pues está compuesta de pecadores, como sabemos y vemos todos. Más bien, siempre es santificada de nuevo por el Santo de Dios, por el amor purificador de Cristo. Dios no sólo ha hablado; además, nos ha amado de una forma muy realista, nos ha amado hasta la muerte de su propio Hijo. Esto precisamente nos muestra toda la grandeza de la revelación, que en cierto modo ha infligido las heridas al corazón de Dios mismo. Así pues, cada uno de nosotros puede decir personalmente, con san Pablo: "Yo vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó a sí mismo por mí" (Ga 2, 20).

Pidamos al Señor que la verdad de estas palabras penetre profundamente, con su alegría y con su responsabilidad, en nuestro corazón. Pidámosle que, irradiándose desde la celebración eucarística, sea cada vez más la fuerza que transforme nuestra vida. S. S. BENEDICTO XVI – P.P.  2005-06.29 - ZS05070104

 

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«Duc in altum» (Lc 5,4) dijo Cristo al apóstol Pedro en el Mar de Galilea.

 

Es oportuno hacer notar a los lectores que los que se oponen a la infalibilidad papal tienen en general la idea de que es una infalibilidad cuasi-divina. No es así, la infalibilidad que esta doctrina reclama, es muy limitada y NO incluye la posibilidad de revelar NUEVAS doctrinas, tan solo de ampliar el entendimiento del depósito apostólico de la fe. [Es el progreso de la verdad que Cristo prometió a su Iglesia con el Paráclito]

Lo anterior es una gran verdad: Se niega un dogma por que, o se entiende mal o se desconoce por completo.

He aquí como el Sagrado Concilio Vaticano I, en la sesión IV, Constitución Dogmática Pastor aeternus, capítulo 4, define, bajo inspiración del Espíritu Santo, el dogma:
Por esto, adhiriéndonos fielmente a la tradición recibida de los inicios de la fe cristiana, para gloria de Dios nuestro salvador, exaltación de la religión católica y salvación del pueblo cristiano, con la aprobación del Sagrado Concilio, enseñamos y definimos como dogma divinamente revelado que:

"Así el Espíritu Santo fue prometido a los sucesores de Pedro, no de manera que ellos pudieran, por revelación suya, dar a conocer alguna nueva doctrina, sino que, por asistencia suya, ellos pudieran guardar santamente y exponer fielmente la revelación transmitida por los Apóstoles, es decir, el depósito de la fe....


El ‘Romano Pontífice*, cuando habla ex cathedra, esto es, cuando en el ejercicio de su oficio de pastor y maestro de todos los cristianos, en virtud de su suprema autoridad apostólica, define una doctrina de fe o costumbres como que debe ser sostenida por toda la Iglesia, posee, por la asistencia divina que le fue prometida en el bienaventurado Pedro, aquella infalibilidad de la que el divino Redentor quiso que gozara su Iglesia en la definición de la doctrina de fe y costumbres. Por esto, dichas definiciones del Romano Pontífice son en sí mismas, y no por el consentimiento de la Iglesia, irreformables. De esta manera si alguno, no lo permita Dios, tiene la temeridad de contradecir esta nuestra definición: sea anatema."

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* Obispo primus inter-pares’

 

La intervención del carisma de infalibilidad se da sólo en circunstancias concretas. Según la definición del Concilio Vaticano I, la tarea del Papa no es manifestar nuevas doctrinas, sino conservar, exponer y defender lo que ya está contenido, si bien de manera implícita, en las verdades reveladas, objeto de fe. Y la Revelación se cumplió con la muerte del último apóstol. En esta exposición fiel de la fe de los apóstoles, la asistencia del Espíritu Santo es absoluta y garantiza la infalibilidad de las definiciones. El Papa no declara infalibles sus ideas u opiniones personales. Hay definiciones infalibles sólo en materia de fe y de moral. Si, por ejemplo, el Papa hace un diagnóstico sobre un problema que atañe a la cultura o a la política, la infalibilidad, por supuesto, no tiene nada que ver. En el mudable flujo de las circunstancias históricas, una decisión que puede parecer oportuna, algún tiempo después quizá puede dejar de serlo. Algunos deducen que la Iglesia se contradice. Pero la mayor parte de las veces se ve el deseo de los pastores de descifrar eso que también La Pira, después del Papa Juan y el Concilio, llamaba los signos de los tiempos.

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Dijo Dios: «Produzca la tierra animales vivientes según su especie: ganados, reptiles y bestias salvajes según su especie». Y así fue. Dios hizo las bestias de la tierra, los ganados y los reptiles campestres, cada uno según su especie. Vio Dios que esto estaba bien. Gen. 1, 24-25

 

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“Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones” Biblia. Evangelio según San Lucas Cap.1º vs. 48. La Iglesia, hace XXI siglos fundada por Tu Hijo, te alaba, ¡Oh Madre plena de dicha y felicidad!

 

VERITAS OMNIA VINCIT

LAUS TIBI CHRISTI.

 

 

Gracias de la visita

 

Unos jóvenes de una parroquia escribieron el siguiente manifiesto: «Nosotros que vamos a recibir el sacramento de la Confirmación, denunciamos:
   –Un mundo corrompido por el odio, el egoísmo, la violencia...
   –El racismo y la opresión ejercida por los más fuertes.
   –La melancolía, la tristeza y la apatía que restan calidad de vida.
   –La negatividad y la manipulación de medios de comunicación.
   –La falta de espíritu de sacrificio y de esperanza frente a la comodidad.
   –La carencia de fe, que si se posee puede «mover montañas».
   Por lo tanto, deseamos:
   –Encontrar la verdadera luz... que guíe nuestras vidas.
   –Defender la libertad y nuestros derechos para que lo sean también de otros.
   –Ser alegres y serviciales... para los que están a nuestro lado.
   –Una vida de manos tendidas, corazón abierto y deseos nobles.
   –Queremos una Iglesia amiga que nos dé a Jesús, que ayuda y salva.
   –Amar, compartir, sentirnos útiles... porque ello transmite vida y felicidad.
   –Que las personas vivan la Paz en su interior y que sepan manifestarla en su exterior.
   Para conseguir todo esto, nos comprometemos a:
   – Compartir la alegría, el gran secreto de los cristianos.
   –Escuchar, aceptar y ayudar a quienes nos topamos.
   –Defender la verdad y no dejar que nos laven el cerebro.
   –Aunque tropecemos y caigamos, nos levantaremos.
   –Transmitir el mensaje de Jesús que no es otro que nos amemos, el amor.

 

Pero lo verdaderamente importante es que la Iglesia renueva sin cesar su fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Porque de eso estamos hablando: de una persona, de un ser vivo, y no de una cosa o una idea. La Eucaristía es Él. Y todos, en la Iglesia, vivimos por Él, con Él y gracias a Él, y soñando con unirnos algún día plenamente a Él. O al menos, así debería ser.

 

«Sobre el misterio eucarístico se funda el celibato que los presbíteros han recibido como don precioso y signo del amor indiviso hacia Dios y hacia el prójimo».

 

Benedicto XVI animó a los laicos a hacer de la Eucaristía el «motor interior de toda actividad» y recordó que «ninguna dicotomía es admisible entre la fe y la vida». 2005-10-23, al cerrar el Sínodo de los Obispos y el año de la Eucaristía.

 

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Recomendamos 4 libros : Joseph +cardenal Ratzinger, al día S. S. BENEDICTO XVI P.M.: Fe, verdad y tolerancia; Introducción al cristianismo; La fraternidad de los cristianos; Un canto nuevo para el Señor; Ediciones SIGUEME -

 

"Darse del todo al Todo, sin hacernos partes"

 

"Juntos andemos Señor, por donde fuisteis, tengo que ir;
por donde pasastes, tengo que pasar"

 

"Todo el daño nos viene de no tener puestos los ojos en Vos,
que si no mirásemos otra cosa que el camino, pronto llegaríamos..."

 

"Es imposible... tener ánimo para cosas grandes, quien no entiende que está favorecido de Dios"


TERESA DE JESÚS de Ávila – doctora e hija fiel de la Iglesia Católica.


"El arte y los santos son la más grande apología de nuestra fe". S.S.Benedicto XVI. 

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).