Tuesday 23 May 2017 | Actualizada : 2017-03-29
 
Inicio > Leyendas Negras > Juzgar - 1º a la Iglesia por pecados de sus miembros y el lobby gay; juicio

Una hermosa indicación de Juan Pablo II hablando de la memoria histórica: La memoria se configura como un derecho que corresponde a cada grupo humano (sociedad, Iglesia, partidos y sindicatos) para profundizar en la propia identidad, pero es esencial que esa memoria no sea selectiva y sesgada, ni intente imponer a todos una visión uniforme, sino que se desarrolle a partir de una aproximación «abierta, objetiva y científica» a los hechos.

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…[…]… «¡Sí que reivindicó el derecho de cada colectivo!, ‘la Iglesia católica, una congregación religiosa, un partido político, un sindicato, una institución académica’, a rememorar su historia para profundizar «en su identidad». Monseñor Ricardo Blázquez, Obispo de Bilbao-Esp. 2007.XI.

 

 

Historiadores serios, responsables investigadores, sanos intelectuales deben estudiar la historia. La Iglesia universal está muy por encima de circunstancias coyunturales, y debe ser capaz de transmitir un mensaje de fe y de esperanza. La historia tiene que quedar en manos de los historiadores porque nadie tiene derecho a imponer una «verdad oficial», propia de los sistemas totalitarios. En el marco de la razón y el sentido común, el recuerdo de los antecesores -en este caso, de quienes dieron la vida por la fe ‘mártires de la Iglesia Católica’- refuerza la propia identidad y ayuda a comprender el complejo mundo en que vivimos. 2007-XI

 

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"En los juicios humanos, se castiga al que confiesa su culpa; en el divino, se le perdona... Bendito sea Dios". (Autor desconocido)

 

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Para los que juzgan a la Iglesia por los pecados

 de sus miembros. Como si no tuvieran pecado...

 

 

Lo que sigue es un extracto de las palabras del P. Cantalamessa, durante el retiro anual que le predicara a S.S. Juan Pablo II y miembros de la curia.

 

«Si Cristo amó a la Iglesia a pesar de las iniquidades que ella habría de cometer, haciendo como si no lo viera, ¿quiénes somos nosotros para encontrar en las debilidades y miserias de la Iglesia una razón para no amarla e incluso juzgarla? ¿Precisamente nosotros, que estamos tan llenos de pecado?».
«¿Pensamos que Jesús no conocía mejor que nosotros los pecados de la Iglesia? ¿No sabía Él por quién moría? ¿No sabía que, entre sus discípulos, uno le había traicionado, otro le negaba y todos huían?»


«Pero Él amó esta Iglesia real, no aquella imaginaria e ideal. Murió “para hacerla santa e inmaculada”, no porque ya fuera santa e inmaculada»

«A Lutero, quien le reprochaba su permanencia en la Iglesia católica, a pesar de su “corrupción”, Erasmo de Rotterdam respondió un día: “Soporto esta Iglesia en espera de que se haga mejor, desde el momento en que también ella se ve obligada a soportarme a mí en espera de que yo sea mejor”».


«Todos debemos pedir perdón a Cristo por tantos juicios desconsiderados y por tantas ofensas ocasionadas a su Esposa y, en consecuencia, a Él mismo. La afirmación de la Carta a los Efesios contiene implícita una pregunta: “Cristo amó a la Iglesia, ¿y tú?”».

Finalmente, el predicador del Papa invitó a los presentes a unirse a la oración de Santa Catalina: «Oh, dulcísimo amor, tú viste en ti la necesidad de la Santa Iglesia, y el remedio que necesita, y se lo diste, esto es, la oración de tus siervos, de los cuales tú quieres que se haga un muro en el que se apoye el muro de la Santa Iglesia y a quienes la clemencia de tu Santo Espíritu infunde ardientes deseos para su renovación».

 Tomado de  ZENIT, sábado 5 de marzo de 2003. – Agradecemos a www.apologetica.org  

 

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Lo que nunca se permitió ningún tribunal de la Inquisición, precisamente por ser una justicia que deseaba tener perfecto conocimiento de causa, y llegar a valorar una justa pena y de equidad posible, la más plena…hace varios siglos ya.

Mientras que hoy en el siglo XXI vemos unos ‘Jueces sustitutos’ - jueces sustitutos son simples licenciados en Derecho que ven en esta vía una oportunidad de promoción profesional prescindiendo del principio del mérito y de la capacidad.

En la edición de anteayer 22.IV, este periódico se hizo eco de uno de los graves problemas que sufre nuestra Administración de Justicia y que, sin embargo, pasa desapercibido para la generalidad de los ciudadanos. Me refiero a la existencia de los denominados jueces sustitutos, jueces que no son de carrera pero que cuentan con una previsión legal en la LOPJ para casos extraordinarios de ausencia de titular. Sin embargo, esta figura ha conseguido confundirse en el hábitat natural de los juzgados hasta convertirse en una pieza autóctona. En la mayoría de los casos, estos jueces sustitutos son simples licenciados en Derecho que ven en esta vía una oportunidad de promoción profesional prescindiendo del principio del mérito y de la capacidad, cualidades que sólo poseen quienes ganan una oposición a la carrera judicial tras años de duro esfuerzo y sacrificio. ‘ABC’ 2008-04-23

 

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No lesionar indebidamente el honor y no injuriar ni calumniar.

 

Una ilegal «inquisitio generalis»

Juez y averiguaciones

 

Porque, conforme a Derecho, un proceso penal debe tener como objeto, incluso en su inicial fase de instrucción, (la noticia de) un hecho determinado con apariencia delictiva y merecedor de investigación porque también parezca merecedor de una pena. El hecho puede ser muy simple, simple, complejo o muy complejo, pero ha de estar delimitado. No vale iniciar procesos penales para investigar en general a una persona, un entero ámbito profesional o empresarial o un fenómeno social, por deplorables que sean o parezcan. Con palabras más técnicas, pero inteligibles: las averiguaciones del proceso penal no pueden consistir en lo que hoy, dejando a un lado raíces históricas, denominamos «inquisitio generalis». Y lo que revela la providencia de ‘algún juez’ es que ese Juez no rechaza, sino que admite y promociona una inquisición indudablemente general, aunque de múltiples y poco claras finalidades. MMVIII

 

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LOBBY HOMOSEXUAL CONTRA LA IGLESIA

¿Por qué)

 

 

"Harto de que nos quieran vender más la burra, vamos a poner las cosas claras de una vez por todas en el tema de los abusos sexuales investigados por la Conferencia Episcopal de los EEUU. Según los obispos, es un hecho que durante los últimos 50 años algo más de 4.000 sacerdotes abusaron de  unos 11.000 niños y adolescentes causándoles enormes daños de todo tipo; algo terrible de lo que todos los católicos nos debemos avergonzar. Ahora bien, vamos a analizar con detalle lo que ha pasado.

Han sido los poderosos colectivos gays los que sacaron el tema a la luz y lo han estado utilizando minuciosa y machaconamente para manchar la imagen de la Iglesia Católica de aquel país.  Para ello, han tenido a su servicio numerosos altavoces, sobre todo en prestigiosos periódicos como The Boston Globe y The New York Times, ambos enemigos declarados de la Iglesia y del Papa. Habrá que recordar una vez más el motivo de su inquina: la Iglesia, con Juan Pablo II al frente, es casi la única autoridad moral que queda en el mundo que no se ha doblegado ante la dictadura de las industrias del aborto, los anticonceptivos y la biogenética, ni se han rendido ante el acoso constante de los ejércitos homosexual y feminista.

Pero, si lo pensamos bien, su argumentación se construye sobre una gran mentira. Efectivamente, los abusos fueron cometidos por sacerdotes, pero no porque estos fueran personas de la Iglesia, sino porque eran personas corruptas o enfermas debido, precisamente, a su homosexualidad. Es decir, que el problema no está en la Iglesia, sino en el mismo desorden moral del que los denunciantes hacen gala."

 

Don Antonio SERRANO – MADRID, 2004.

 

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¿Debe la Iglesia pedir perdón a los gays? "No sólo a ellos", dice el Papa. "No sólo Ella", añado yo

 

29.06.2016

 

 

 

Lo conocen bien Vds. porque este mismo medio se ha hecho eco de ello. Preguntado por enésima vez por el tema de los homosexuales, que a veces uno se pregunta si no existen otros temas sobre los que discutir, el Papa ha respondido “Creo que la Iglesia no solo debe pedir perdón a las personas gays que ha ofendido, sino que debe pedir perdón también a los pobres, a las mujeres explotadas, a los niños explotados en el trabajo” etc., etc., etc.. Pues bien, la pregunta que me formulo hoy no es la de si la Iglesia debe o no pedir perdón a tantos colectivos, no, sino una muy diferente: puestos a hacerlo, ¿es la Iglesia la única que debe pedir perdón a los homosexuales? 

 

            El planteamiento según el cual la Iglesia debe estar todo el día pidiendo perdón a uno y otro colectivo parte de un concepto errado que, sin embargo, lo impregna todo en el enfoque que de manera totalmente interesada y falsaria se hace hoy día de esta cuestión y de otras: el que presupone que la Iglesia es el único agente responsable de la Historia y que todo en la Historia ha ocurrido exactamente como Ella lo ha deseado, desde que un buen día del año 29-30 su fundador Jesucristo colocara la primera piedra de la misma sobre los hombros de su discípulo Simón. 

 

            Y la verdad no es esa: la verdad es que, más allá de su fundación por la Segunda Persona de la Trinidad y del patronazgo que sobre ella pueda ejercer la Tercera, la Iglesia es una obra humana, una gigantesca obra humana de colosales dimensiones y de longevísima historia, pero humana, -¡y terriblemente humana!-, al fin y a la postre. Lo que quiere decir que la Iglesia tanto influye en la sociedad en la que convive como se ve influída por ella, y que en dicha sociedad no es sino un agente más, un agente de cierta importancia, sí, pero sólo uno más, de los muchos que contribuyen a conformarla, con sus vicios y con sus virtudes, con sus defectos y con sus aciertos, que a menudo, no son tanto vicios o virtudes como la única manera en la que cada sociedad atina a conformarse a causa de las limitaciones o problemas que le afectan en cada momento. 

 

            Por lo que hace al tema que hoy nos ocupa, no es la Iglesia la que ha discriminado u ofendido a los homosexuales, ¡es la entera sociedad!  Y por cierto, algunas instancias, muchas instancias, casi todas las instancias para ser sinceros, tanto más que la Iglesia. Los homosexuales han sido ofendidos, vilipendiados, atacados en las sociedades judías, en las sociedades islámicas y hasta en las idílicas sociedades indígenas y animistas y en las supuestamente más permisivas orientales. Concretamente, los homosexuales han sido perseguidos por los regímenes comunistas con una saña sólo inferior a aquélla con la que estos mismos regímenes comunistas han perseguido a la propia Iglesia, y todavía no he escuchado a ningún partido comunista del mundo pedirles perdón, ni a nadie pedirles que lo pidan. El famoso proletariado que parece ser “el inocente universal”, el que nunca en la historia ha cometido pecado ni tropelía alguna, ha sido implacable con los homosexuales, y no hace tanto, y cuando digo "tanto" digo no más de una década –¡no más de una década!-, en pocas bocas sonaba un “¡maricón!” tan despectivo y cruel como en boca proletaria, y algunos amables y progresistísimos proletarios eran capaces de echar de sus casas a aquellos de sus hijos que no se caracterizaban precisamente por su afamada heterosexualidad. A los homosexuales los han ofendido y vilipendiado hombres y mujeres, pobres y ricos, laicos y religiosos, patricios y plebeyos, jóvenes y viejos, ateos y creyentes... lo han hecho, y algunos con particular ahínco... ¡¡¡hasta los propios homosexuales!!! 

 

            Es más, puestos a llamar a las cosas por su nombre y a no dejarme nada en el tintero, les diré una cosa no por llamativa menos importante: no son pocos los homosexuales que a lo largo de la Historia, han hallado precisamente en la Iglesia el lugar en el que refugiarse ante la presión inmensa que la sociedad ejercía sobre ellos por su minoritaria afición sexual. Pagando tal o cual precio, no les digo que no, que el de la castidad del clero –homosexual o heterosexual, ojo, heterosexual también- no es poco precio a pagar: pero al menos “una solución habitacional”, como diríamos hoy, en la que vivir con dignidad una condición que la sociedad, todas las sociedades del mundo y de la Historia, han tolerado siempre con mucha dificultad.

 

Luis Antequera

 

http://www.religionenlibertad.com/debe-iglesia-pedir-perdon-los-gays-solo--50523.htm

 

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Agradecería a estos comentaristas tan leídos que me informen sobre sus prioridades. Si la libertad de conciencia es prioritaria, igual que no se puede castigar al adúltero o al homosexual activo por destruir la base de la sociedad que es la familia, no se debería castigar al ladrón porque se apropie de lo ajeno, ni al homicida por destruir a un individuo. Están confundiendo libertad (capacidad para elegir lo bueno) con libertinaje, y cayendo en aquello de que acusaban a la Iglesia hace años, de centrarse en el pecado de la carne. A jaquino, que tanto le gusta la Escritura, le invito a leer St 2,10: "quien observa toda la Ley, pero falta en un solo precepto, se hace reo de todos". Las leyes civiles de una sociedad mayoritariamente católica deben ajustarse a la ley de Dios, ya que convienen a la mayoría de los ciudadanos. Y juzgar a sociedades en las que resultaba imposible mantener el orden sin leyes coercitivas desde la perspectiva del estado moderno es síntoma de orgullo intolerante. La Iglesia, por pedir, que pida perdón a Dios. Nunca a los colectivos lgtb, o progres, de hoy en día, a los que tiene que evangelizar. Y ¿cómo va a convencer de la verdad si parece que pide perdón por defenderla?

 

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La unidad del Decálogo

 

2069 El Decálogo forma un todo indisociable. Cada una de las “diez palabras” remite a cada una de las demás y al conjunto; se condicionan recíprocamente. Las dos tablas se iluminan mutuamente; forman una unidad orgánica. Transgredir un mandamiento es quebrantar todos los otros (cf St 2, 10-11). No se puede honrar a otro sin bendecir a Dios su Creador. No se podría adorar a Dios sin amar a todos los hombres, que son sus creaturas. El Decálogo unifica la vida teologal y la vida social del hombre.

 

 

 

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Homofobia, ¿cuántas injusticias se cometen en tu nombre?

 

Cuando las asociaciones homosexuales se topan con argumentaciones que no pueden discutir, el argumento de propaganda más utilizado es el de la homofobia, una palabra fetiche que impide cualquier reflexión y estigmatiza a quien piensa distinto sobre la homosexualidad.

Por don Jorge Enrique Mújica

 

Ian Wathey y Craig Faunch, una pareja gay, de las primeras en convertirse en “padres” adoptivos en Inglaterra, había logrado obtener en custodia 18 niños en sólo 15 meses, entre 2006 y 2007. La orientación sexual de los “educadores” jamás fue cuestionada como motivo significativo para pensar lo impensable. De hecho, la pareja fue considerada un “matrimonio modelo”. Pero sucedió: una vecina se dio cuenta que las cosas no marchaban bien en la casa de Wathey y Faunch. Los asistentes sociales les visitaron pero se mostraron contentos con las explicaciones de la pareja, incluso con el modo como trataron el síndrome de Asperger de uno de los “hijos” de catorce años, con dosis de pornografía gay. Pero no era lo único. Había abusos sexuales. En noviembre de 2007, ya en el proceso jurídico, salió a la luz que los asistentes sociales de la ciudad de Wakefield no movieron un dedo por miedo a ser tachados de homófobos. De hecho, los diarios británicos como Times, Telegraph, Daily Mail o la BBC, prefirieron ignorar el suceso y dejar pasar cualquier reporte sobre la nota.

Desde los años sesenta la reivindicación homosexual se ha ido afianzado mediante movimientos y organizaciones que han tratado de hacer pasar como normal esta orientación y de darle un estatuto social. Hoy, con el pretexto del “derecho a la diferencia”, grupos de presión con frecuencia muy poderosos, reivindican la homosexualidad. ¿Cuál es su argumento? El de la homofobia, un término aparecido por vez primera en 1985 para estigmatizar a los que cuestionan o no están de acuerdo con la “normalización” de la homosexualidad. De esta manera toda crítica o reflexión se convierte en blasfemia contra lo políticamente correcto sobre este tema.

¿Se pide lo que no se da?

Buena parte de la comunidad gay pide respeto, pero ¿ellos lo dan? Se habla de homofobia pero tal parece que el término se ha convertido en escudo que justifica cualquier acción por parte de estas personas.

En agosto de 2007 cuatro bomberos de San Diego, California, presentaron una demanda por haber sido obligados a participar en la marcha del así llamado “orgullo gay”. Los demandantes sufrieron acoso sexual y agresiones verbales por no corresponder a las provocaciones sexuales de los activistas. En palabras de Charles LiMandri, director en la costa este del Thomas More Law Center y representante de los demandantes, “Lo que sucedió con estos servidores es inexcusable. La ciudad debería saber por las experiencias pasadas la clase de actividades ofensivas que suceden en ese evento. Este ha sido un claro caso de acoso sexual en violación a la ley federal así como al código de conducta de la ciudad”. Sin embargo, para la jefa de bomberos, Tracy Jarman, quien es lesbiana, la marcha es “divertida y todos los empleados son alentados a participar en ella”.

La marcha gay que se realizó el pasado mes de julio de 2008 en la capital española se definió ya no sólo por su cariz vulgar sino por la agresión anti-católica. Numerosos participantes iban vestidos de sacerdotes, obispos o monjas y portaban anuncios que incitaban al odio y agredían con ofensas. La asociación española Hazte Oír (www.hazteoir.com) fue la única que se atrevió a denunciar ante la fiscalía la denigración de los símbolos e imágenes religiosas.

Crystal Dixon, ex vicepresidenta de Recursos Humanos de la University of Toledo, de Estados Unidos, fue despedida de su trabajo en mayo de 2008 por cuestionar el estilo de vida homosexual cuando afirmó que “Los derechos homosexuales no se pueden poner al mismo nivel de la lucha por los derechos civiles de los ciudadanos negros del país”. Tras escribir una columna en el diario local Toledo Free Press, Dixon fue suspendida, sin derecho a pago, por Lloyd Jacobs, rector de la University of Toledo, quien luego la despidió. Unos días después, el presidente del Thomas More Law Center, Richard Thompson, afirmó que Crystal Dixon fue despedida por ser cristiana.

El lobby gay influye en los gobiernos y promueve la caza de brujas

Los lobbys gay están presentes en las políticas internas de varios países y organizaciones. LifeSiteNews.com denunció en julio de 2007 que el primer ministro británico, Gordon Brown, apoya la agenda gay que promueve el lobby Stonewall y pretende erradicar toda oposición a la homosexualidad, especialmente en las escuelas religiosas. En una columna de Brown publicada en la web pro gay PinkNews, el premier declaró que se debe combatir la homofobia en las escuelas. En el mismo artículo Gordon prometió que la Comisión para la Igualdad y Derechos Humanos, de reciente creación en el Reino Unido, será utilizada para cambiar las actitudes hacia la homosexualidad.

La agenda homosexual también figura en las prioridades de Amnistía Internacional (AI). Después de anunciar que AI defendería el “derecho” al aborto, la organización se ha volcado en presiones hacia gobiernos que no “amparan” los “derechos” de los homosexuales. En septiembre de 2007 AI organizó manifestaciones fuera de las embajadas de Nicaragua en países como Canadá, Islandia, Chile, México, Suecia, Paraguay y Taiwán. Nicaragua mantiene penada la sodomía desde 1992 en el artículo 204 del Código Penal.

La ABGLT de Brasil (asociación que reúne homosexuales, lesbianas y transexuales) ha intentado silenciar a quienes no piensan como ellos. Además de demandar a una serie de organizaciones cristianas, ha puesto en juicio legal a la psicóloga brasileña Rozangela Alves Justino por pretender “curar” homosexuales que así lo deseen, contradiciendo al Consejo Brasileño de Psicólogos que decidió prohibir la terapia que ayuda en estos casos. Ciertamente la doctora Rozangela no es la única. El pastor y psicólogo Silas Malafaia también está en el ojo del huracán por estar en desacuerdo con los actos homosexuales, el aborto y la investigación con células estaminales fetales. En Brasil existe un proyecto de ley que prohibiría las críticas de todo género a la homosexualidad aunque, en opinión de varios, se procede como si ya existiera. De ser aprobada, la doctrina cristiana sobre la homosexualidad quedaría prohibida. En palabras del editor de la revista Medios sin Máscara, los grupos de presión homosexual “quieren mucho poder porque el movimiento homosexual no es independiente. Es parte de la maquinaria izquierdista”.

Lo sucedido en Brasil no es más que una manifestación de la penetración del lobby gay en el gobierno. En diciembre de 2007 el presidente Luis Ignazio Lula da Silva convocó la primera Conferencia Nacional de homosexuales, bisexuales, travestis y transexuales, un polémico evento que se celebró en mayo de 2008. Pero no es todo. El evento fue solo un paso en la implementación de políticas públicas para reforzar el programa “Brasil sin homofobia”; políticas que ya han tomado forma, por ejemplo, con el establecimiento de operaciones para “cambio de sexo” cuyos costos serán asumidos por el Estado brasileño.

La Cruz Roja Internacional también ha estado en la mira del lobby gay. A través de la Comisión de Derechos Humanos de Tailandia, se amenazó con demandar a la Cruz Roja local por discriminación. ¿El motivo? El organismo sanitario anunció rechazar la donación de sangre de varones homosexuales ante eventual peligro de contagio de SIDA. Anteriormente la Cruz Roja había anunciado que contaba con grandes cantidades de sangre contaminada por lo que se veía en la necesidad de adoptar medidas para cuidar la salud de los pacientes. Para Naiyana Supapueng, de la Comisión de Derechos Humanos de Tailandia, la medida fue vista como discriminatoria y motivo suficiente para llevar el caso al Tribunal Constitucional. Según cifras oficiales, en Tailandia el 28% de tailandeses homosexuales tienen el VIH.

En Argentina la Legislatura de Buenos Aires condecoró a 20 mujeres en el día internacional de la mujer, de mayo de 2008. Los reconocimientos hubiesen pasado desapercibidos pero se incluyó entre las 20 mujeres a un activista transexual quien tuvo una operación de “cambio de sexo” y actualmente se desempeña en el área jurídica de la comunidad homosexual de Argentina.

Como informó el periódico La Nación, a inicios del pasado mes de mayo de 2008, en Argentina, un funcionario kirchnerista presentó en el Senado una iniciativa de ley para modificar el código civil y permitir el así llamado “matrimonio” homosexual. Un representante del gobierno socialista español ha estado impulsando la agenda gay en Latinoamérica y, de hecho, estuvo presente en la exposición de la iniciativa e incluso llegó a declarar: “pedimos a la presidenta Kirchner que sea valiente para llevar a la Argentina al futuro”, para, momentos después, señalar: “A esta ley se le van a oponer los mismos que en España no querían que nada cambiara. Pero no me preocupa ver a la derecha y a la Iglesia en la calle”.

Noruega se ha integrado recientemente al grupo de países que han reconocido el así llamado “matrimonio” homosexual y la adopción de niños (los otros son España, Holanda, Bélgica, Canadá y Sudáfrica). Pero no ha sido todo. Dado que hay religión oficial en el reino, cuya máxima cabeza es el rey, el parlamento a través de la ley obliga a los ministros a “casar” personas del mismo sexo. La reglamentación alcanzada en Noruega regula incluso la inseminación artificial de las mujeres lesbianas y los vínculos entre la madre biológica, su mujer y el hijo de ambas.

Otra forma de influencia es la exageración. Hace poco, España fue escenario de los “gay-friendly” o Eurogames 2008. Financiado generosamente por el condado de Barcelona, se habló inicialmente de que los juegos atraerían a 30, 000 visitantes, incluyendo 5,000 atletas y 1,000 jueces. ¿Cuál fue la realidad? La inauguración de los juegos en el palacio de san Jordi contó con apenas 6,000 o 7,000 personas (se había hablado de 12,000), mientras que la clausura apenas si logró congregar 2,000 asistentes y eso que se desarrolló en una plaza pública y de manera gratuita. Los beneficios económicos que se adujeron para Barcelona no existieron y todo corrió, a fin de cuentas, a costa del contribuyente.

Algo similar, en cuanto a inflación de datos, sucedió en 2004, cuando aún se debatía la legalización de las uniones homosexuales en España. La agencia EFE hablaba de 4 millones de homosexuales en el reino ibérico y El Periódico de Cataluña dijo que habría más de cien mil bodas en dos años. La realidad es que, tres años después de aprobado el proyecto socialista, se han ayuntado apenas 5,243 parejas del mismo sexo. No hay duda de que se trató de cifras arbitrarias para hinchar la propaganda.

Daños y perjuicios silenciados por los lobbys

Tal vez uno de los mayores daños sea el silencio. Muchos creen que de la homosexualidad no se puede salir, ¿es correcto? Según algunos estudios no. El profesor de psicología del Wheaton College, Stanton Jones, y el psicólogo y director de Instituto para el Estudio de la Identidad Sexual (www.sexualidentityinstitute.org) de la Regent University, realizaron un análisis que, preliminarmente, muestra cómo la motivación religiosa, de comunidad y de oración ayudan hasta en un 38% a superar la tendencia homosexual.

Hay varios países que permiten la adopción de niños agravando así los daños en terceros. Hansen, una prestigiosa psicóloga clínica estadounidense se ha retirado de la American Psychological Association por apoyar la legalización de uniones de personas del mismo sexo. Según estudios realizados por Hansen, un niño que crece entre parejas del mismo sexo, sufre terribles daños psicológicos.

Pero posiblemente uno de los perjuicios que más se silencian sea el de los daños y riesgos en la salud. Según datos del The Journal of the American Medical Association (JAMA), los casos de contagio por VIH en los últimos 5 años, en varones homosexuales de menos de 30 años, se incrementaron un 32%, mientras que jóvenes de entre 13 y 19 años doblaron el porcentaje. El aumento del VIH en hombres jóvenes, especialmente negros e hispanos, es preocupante. Fue la promiscuidad entre gays jóvenes la que hizo saltar la alarma en enero de 2008 cuando investigadores de la Universidad de California advirtieron que una super-bacteria se estaba extendiendo en la comunidad gay estadounidense.

De dónde sale el dinero

Obviamente sin una fuente de recursos no hay posibilidad de llevar adelante el proyecto de reingeniería social. El 14 de mayo pasado, la American Family Association dio a conocer los resultados de una investigación sobre las empresas que brindan su apoyo al activismo homosexual. ¿Cuáles son? McDonalds, IBM, Procter&Gamble, Motorola, Intel, American Airlines, American Express, Microsft, L´Oreal, Xerox, Kodak, Toyota, etc. (datos obtenidos del estudio de AFA y la revista Fortune 30-11-06). Buena parte de ellas son incluso miembros de la Cámara de Comercio de Gays y Lesbianas de los Estados Unidos en calidad de fundadoras, socios corporativos o aliados y empresas “gay friendly”. Como reportó NoticiasGlobales.com, “no se trata de empresas que evitan cualquier discriminación injusta de los homosexuales, sino que activamente se dedican a impulsar un modo de vida contrario a la naturaleza”.

Los medios de comunicación son otro espacio que los gays han sabido tomar para proseguir en su proyecto de implementación del homosexualismo político. El pasado mes de agosto de 2008 se llevó a cabo en Washington la asamblea nacional de la asociación nacional de periodistas gays y lesbianas. Paradójicamente, los costos del evento no fueron asumidos por la asamblea sino por medios de comunicación afines. La McClatchy Company aportó 25,000 dólares, CBS, CNN, Gannet Foundation (USA Today), ESPN y Hearts Newspapers pusieron 15,000 dólares cada una. Incluso medios como Fox Business, Fox News y The Washington Post pagaron el “impuesto revolucionario” de 10,000 dólares cada una. ¿Total? 150,000 dólares (103,000 euros). Resalta que una de las consignas de esa asamblea haya sido el homosexualizar políticamente el cristianismo.

No son discriminados: una opinión sobre la homosexualidad por parte de la Iglesia católica

La fe católica ciertamente ayuda a llevar y ver de otro modo la homosexualidad. Al conocido director de cine italiano, Franco Zeffirelli, él mismo homosexual y católico, le ha sucedido. En su libro autobiográfico ha declarado: “soy homosexual, pero no gay, una palabra que odio, que es ofensiva y obscena”.

En agosto de 2007 el arzobispo de León, México, promovió el IV retiro nacional de Courage Latino (www.courage-latino.org), la organización católica de origen estadounidense que apoya en la recuperación de personas homosexuales o con tendencia homosexual. Esta misma asociación es la que ha venido promoviendo congresos internacionales para abordar a la luz de la ciencia, el problema de la homosexualidad (en esta línea se ha lanzado también la web www.homosexualidad.com.mx).

Las enseñanzas de la Iglesia sobre la homosexualidad, contrario a lo que muchos piensan, no se apoyan sólo en argumentos religiosos. La postura católica empieza con lo que se puede observar en la naturaleza, en el comportamiento humano y en los que se puede deducir utilizando la razón: la posición de la ley natural. De hecho, es de las pocas instituciones a nivel mundial que estiman el valor de la persona homosexual aunque condene las prácticas homosexuales. La enseñanza católica afirma la dignidad de las personas homosexuales y pide que sean tratadas con respeto. Esto también significa que el Estado puede crear leyes para garantizarles los beneficios sociales comunes a todos (puestos de trabajo, vivienda, salud, etc.). La persona es digna de respeto, de derechos y de deberes, y no una tendencia sexual que puede descansar sobre bases problemáticas.

Según encuestas serias, la homosexualidad afectaría a un 3 o 4% de la población mundial (Cf. encuesta Spira France 1992). Sin embargo, la homosexualidad se ha convertido en un envite político y sus designios una prioridad. Cuando las asociaciones homosexuales se topan con argumentaciones que no pueden discutir, el argumento de propaganda más utilizado es el de la homofobia, una palabra fetiche que impide cualquier reflexión y estigmatiza a quien piensa distinto sobre la homosexualidad. No está de sobra reflexionar en cuántas injusticias se han cometido desde hace tantos años en nombre de la homofobia.

Jorge Enrique Mújica, LC. El MMVIII.IX.XX

http://www.religionenlibertad.com/opiniones/homofobia-cuantas-injusticias-cometen-nombre

 

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Un Papa servidor de Dios y de los hombres

 

Francisco VARO, decano de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra 

 

 

El 16 de octubre de 1978 fue uno de esos días grandes en la historia. A última hora de la tarde, ya anochecido, se asomaba al balcón principal de la Basílica Vaticana para presentarse al pueblo romano Karol Wojtyla, un joven cardenal polaco. Aquel día los pronósticos de los «vaticanistas» también fallaron. Mucho se había escrito y conjeturado sobre quiénes lograrían imponerse en el Cónclave, si los purpurados del ala «tradicional» o los que se esperaba que emprendieran reformas de calado en la línea de lo que se denominaba «espíritu del Concilio Vaticano II». Pero el misterio de la Iglesia y la acción del Espíritu Santo no se dejan encasillar fácilmente en esquemas políticos ni de luchas por el poder, que son ajenos a su realidad más profunda.
   El cardenal de Cracovia no respondía a ningún perfil convencional y desde el comienzo de su pontificado asumió una actitud innovadora y valiente. La pronta decisión de salir al encuentro de la gente con viajes pastorales por todo el mundo constituyó una lección magistral de gobierno. No han faltado voces críticas acerca de la oportunidad o el valor de estos viajes, pero hay una realidad sociológica indiscutible: ni deportistas, ni músicos, ni artistas, ni políticos, ni nadie más que él, ha logrado reunir jamás a mayores multitudes, procedentes de los ámbitos culturales y sociales más variados.
   ¿Cómo y por qué lo ha conseguido una y otra vez? Se podría aducir su inteligencia preclara, fuerte espiritualidad, alegría y buen humor, junto con su capacidad para expresar su pensamiento con sencillez y energía, en muchas lenguas. Durante años tuvo un talante deportivo, y en los últimos tiempos, un tesón y energía espiritual que no se atenúan ni siquiera en los momentos de notoria debilidad física. Son rasgos de una personalidad impresionante que suscita admiración, pero que no bastan por sí solos para explicar su extraordinario atractivo.
   

Fe, valentía, prudencia, cercanía y afecto a todos

Karol Wojtyla asumió el timón de la nave Pedro en un tiempo de cambios culturales, de sucederse de usos, modas, opiniones y estilos de vida. En un mundo donde abundan las convicciones de usar y tirar, sólo merecen verdadero interés aquellos que, con un pensamiento sólido y audaz, llenos de energía interior, se han negado a dejarse arrastrar por las corrientes imperantes en cada momento. Y aún más, los que, además de no plegarse a lo fácil, se empeñaron en abrir caminos alternativos para ejercitar la libertad con coherencia y sacar a flote las energías que toda mujer y todo hombre tienen en su interior. A esta raza de hombres excepcionales pertenece Juan Pablo II.
   Al cabo de un cuarto de siglo, su figura sigue resistiéndose a todo encuadramiento simplista. Un observador superficial podría considerar que hay incoherencias en Juan Pablo II. «Un Papa progresista en lo social pero conservador en lo sexual y lo doctrinal», se ha dicho algunas veces con notoria frivolidad. Pero todo intento de encerrar su pontificado en moldes de izquierdas o derechas, integrismo o progresismo, es jugar con las etiquetas sin contemplar la realidad.
   

Creíble por su coherencia

En su trabajo como Romano Pontífice ha dado muestras de fe recia, valentía, prudencia, cercanía y afecto a todos, y especialmente a las víctimas de la violencia y el abandono, a los pobres, a los enfermos y a los necesitados. Quizá nadie haya defendido los derechos humanos y las libertades de los pueblos con más entereza y coherencia que Juan Pablo II. Es conocida su opción por los pobres y su empeño por una liberación integral de todo tipo de explotación o imposición injusta. Su magisterio en cuestiones morales, tan iluminador, está firmemente arraigado en la certeza de que las realidades esenciales de la vida humana sólo encuentran su último fundamento en Cristo, que es el mismo ayer, hoy y siempre. Sus enseñanzas doctrinales, a veces sobre temas difíciles y controvertidos, son actos de servicio a la humanidad, valiosas aportaciones intelectuales a la luz de la fe, que sirven como puntos de referencia para formular juicios según la verdad en medio del temporal ideológico que zarandea un día tras otro las convicciones de tantas personas.
   Ha tomado decisiones ampliamente alabadas y compartidas desde posiciones políticas y religiosas muy diversas, junto con otras muy contestadas, que requerían temple y coraje a sabiendas de que iban a ser blanco de críticas acerbas. Pero en ningún caso las presiones de los poderes fácticos, ni las corrientes contrarias de opinión, por impetuosas que fuesen, lo han obligado a plegarse a sus exigencias.
   Cualquier espectador desapasionado constata que, si en las últimas décadas alguien en el mundo ha demostrado su imparcialidad para buscar la justicia en todo tipo de conflictos, atento sólo a la defensa de los derechos humanos, ése es Juan Pablo II. Con motivo de la reciente guerra de Iraq, por ejemplo, muchas personas y colectivos clamaron por la paz, y también el Papa con una fuerza inconmovible. La preocupación de Juan Pablo II por los males derivados de ésa y de todas las guerras no obedece a estrategias políticas ni a puro sentimentalismo, sino que viene exigido por la justicia y el respeto a la dignidad humana. Cuando Juan Pablo II condena la guerra y clama por la paz, es máximamente creíble porque es máximamente coherente con la verdad. Sus declaraciones nunca son ejercicio de oportunismo, sino reflexiones arraigadas en el mensaje del Evangelio. El que ante la guerra, el terrorismo o toda clase de violencia exige el respeto debido a la vida humana de cada una de las personas, es el mismo que alza su voz por la vida de todo ser humano desde el primer instante de su ser, y condena con energía el aborto.
   Cuando Juan Pablo II ha pedido una y otra vez, y con especial insistencia en los últimos meses, que el proyecto de Constitución Europea reconozca explícitamente las «raíces cristianas», sabe que se trata de un deseo que no es bien recibido por algunos. Insiste porque es consciente de que esa mención constituye una garantía de futuro para que la persona humana y sus derechos inviolables e inalienables ocupen establemente en Europa el lugar primordial que les corresponde.
   Cada ser humano, en lo más hondo de su intimidad, oye una llamada que lo invita a buscar la senda de la felicidad plena y sin fin. Escuchando a Juan Pablo II hablar de Jesucristo que vive y actúa en la Iglesia, muchos millones de personas han percibido una voz que sintoniza con lo más valioso que llevan dentro de sí, han descubierto al único que ¬por encima del bullicio de las modas, las opiniones o las opciones políticas¬ sabe lo que hay dentro del corazón y quita el miedo a abrirlo. Se han encontrado con Jesús. Ha resonado en ellos la voz de la verdad. Tal vez esté aquí el motivo, y no sólo en sus extraordinarias cualidades humanas, de que, incluso ante los que se manifiestan más reticentes frente a su figura y enseñanza, se imponga por los hechos que Juan Pablo II es todo un personaje: el referente ético más universalmente reconocido en los últimos veinticinco años, líder espiritual del mundo, voz de la conciencia moral de la humanidad.

2003-10-16 – 25 aniversario del Pontificado de S.S. JUAN PABLO II – MAGNO + 02.04.2005 LA RAZÓN. ESP.

 

 

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Juan Pablo II, el Papa de la paz - Hoy hace un cuarto de siglo que Karol Wojtyla se convertía en el primer Pontífice no italiano en casi 500 años. El Santo Padre ha sabido conducir a la institución bimilenaria hasta el tercer milenio, y su papado es uno de los más brillantes de la Historia n Aclamado por la mayoría, es la figura de mayor relieve mundial.

Alex Rosal - Madrid.-
Juan Pablo II estaba sentado en su despacho; reclinado sobre sí, concentrado, rezando intensamente. Uno de sus secretarios le interrumpió: «Don Karol, tiene una llamada importante». El Papa le hizo un gesto con la cabeza, como asintiendo, y siguió rezando. A los pocos minutos, volvió el secretario: «Santidad, el presidente Bush a vuelto a llamar, dice que es muy importante». El Papa alzó la vista, y con media sonrisa y cierto tintineo en los ojos, exclamó: «¿Si es importante, conviene que siga rezando!».
   Ésta es, posiblemente, la anécdota que mejor explica la personalidad de Juan Pablo II. Quien quiera conocer a Don Karol ¬como suelen llamarle en la intimidad sus amigos y colaboradores más cercanos¬ y enjuiciar su pontificado a lo largo de estos veinticinco años, no puede olvidar este pequeño detalle: su poder radica en la oración. Para él rezar es como respirar. Es un místico de vida activa. Ya puede tener párkinson y otras diez enfermedades, agotadores viajes por medio mundo o presiones de los mass-media para que dimita... además de otros mil problemas eclesiales. Nada ni nadie le frena si considera en conciencia que debe realizar tal acción para cumplir su misión divina. Por eso es tan extensa la herencia espiritual, humana y política que ha sembrado.
   LA RAZÓN dedica este número especial a Juan Pablo II para resaltar y recordar estos veinticinco años de fructífero pontificado. Algunos analistas consideran que el actual Obispo de Roma pasará a la Historia con el nombre de «El grande»; otros como «El Papa que cambió el mundo» o «El Pontífice que derrotó el comunismo». Sin embargo, el apelativo que mejor le define es el de «Papa de la paz». Y es que Juan Pablo II quiere una paz para todos los hombres y mujeres del mundo, pero no una paz de pandereta, griterio y demagógica, sino una paz profunda que nazca del corazón de toda persona y unida a la transcendencia. Una paz que conlleve la felicidad personal. Juan Pablo II, «El Papa de la paz», ya ha hecho historia con sus veinticinco años de profundo pontificado.

 

2003-10-16 – LA RAZÓN. ESP.

 

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El hombre que derrotó al comunismo - «No tengáis miedo», el mensaje de Juan Pablo II en su primer viaje a Polonia, prendió la mecha que cambió el mundo

La fumata blanca surgió diez minutos antes de las seis de la tarde del 16 de octubre, hoy hace 25 años. El cardenal Felici anuncia la buena nueva: «Habemus Papam: cardinalem Karolum Wojtyla». El primer Papa no italiano en más de cuatro siglos procede de Europa del Este, donde el comunismo lleva varias décadas sometiendo a pueblos bajo un régimen de ferocidad desconocida. Esa misma tarde, Enrico Berlinguer, secretario general del Partido Comunista italiano, exclama: «Era lo peor que nos podía pasar». El viejo zorro se percata de las consecuencias que va a acarrear la elección de Juan Pablo II, un hombre que ya de niño solía guardar unos momentos después de la misa para rezar por la conversión de Rusia.

 

Agustín de Grado - Madrid.-
No fue el humo de una fumata ¬escribió Frossard¬, sino el de un cañonazo que iba a remover la historia y a cuartear las ideologías que dividían al mundo. De la Polonia católica, llega a Roma un cardenal de 58 años que ha sobrevivido a las dos tiranías más salvajes del siglo XX. El joven Wojtyla salva la vida durante la ocupación nazi como picapedrero en una cantera cerca de Cracovia. Después, como sacerdote en un régimen totalitario que persigue la fe, combate la religión y pretende robar el alma a los polacos, tiene tiempo para comprender la dinámica del marxismo tanto intelectual como personalmente. Conoce el nuevo Papa tan bien el comunismo que algunos teólogos izquierdistas llegan a confundir en un principio su familiaridad con la ideología de Marx con una simpatía que podría enriquecer el diálogo entre el cristianismo y el comunismo. Están equivocados.
   Sólo unos meses después, Juan Pablo II viaja a su Polonia natal con un mensaje: «No tengáis miedo». Millones de polacos se echan a la calle. Walesa y los obreros de Gdanks ya no están solos. El movimiento de «Solidaridad» comienza a gestarse y toma impulso. «Las gentes se vieron juntas como una masa enorme y nos dimos cuenta de que éramos capaces de organizarnos solos», recordaría años después Mazowiescki, convertido ya en el primer dirigente polaco no comunista desde la II Guerra Mundial. En Moscú, una camarilla de ancianos estalinistas asiste incrédula a tal demostración de audacia. Lituanos y ucranianos, húngaros y checoslovacos, captan el mensaje del nuevo Papa. Juan Pablo II ha prendido la mecha que terminará por cambiar el mundo tal y como se conoce hasta entonces. «Si los acontecimientos del Este tienen un punto de partida, no es tanto la perestroika como la visita del Papa a Polonia en junio de 1979», escribiría después Guy Sorman.
   El Papa polaco irrumpe en mundo dividido en bloques, donde todo se da por supuesto desde que en 1945 Stalin embaucara a un Roosevelt enfermo que se precipitaba hacia la agonía. A una lado, las democracias liberales con su economía de mercado. Al otro, el bloque soviético y socialismo real impuesto por los tanques, aún en expansión por Asia e Iberoamérica. Es la Guerra Fría, la del miedo a desencadenar el apocalipsis nuclear en un tablero donde cada nación tiene asignado un papel. Juan Pablo II, que ha sufrido en sus carnes la tiranía nazi primero y la «liberación» del Ejército Rojo después, irrumpe en ese «statu quo» que nadie se atreve a cuestionar con la fortaleza que le otorga su fe en el mensaje de Jesús: «La verdad os hará libres». El cristianismo, explica Juan Pablo II a Vittorio Messori, no es solamente una religión del conocimiento, de la contemplación. «Es ¬dice¬ una religión de la acción de Dios y de la acción del hombre». El primer Papa eslavo transmite esa capacidad transformadora de la fe con singular convicción, con una vitalidad y una sencillez que agrieta muros que hasta entonces nadie había imaginado derribar. «Nadie tiene derecho a expulsar a Jesucristo de la historia», proclama. Y la media Europa condenada a vivir bajo regímenes que persiguen el Evangelio empiezan a sentir que la historia juega ahora a su favor.
   ¿Yalta por los aires! Juan Pablo II se gana las iras de Moscú. Las terminales del comunismo en los países libres se ponen manos a la obra para intentar desacreditar al Vicario de Cristo en la Tierra: ¿es un reaccionario! ¿un enemigo de la distensión entre el Este y el Oeste!, gritan.

 

La esperanza de «Solidaridad»

Un año después de su primer viaje a Polonia, «Solidaridad» se ha convertido en la esperanza no sólo de una nación. La Europa sometida por la bota de Moscú sigue con expectación el desafío pacífico de la primera revolución obrera en el paraíso del proletariado, donde los trabajadores comulgan todas las mañanas antes de ocupar sus puestos en la huelga y donde todos reconocen que su fuerza brota de la fe. En las verjas de los astilleros, retratos de Juan Pablo II e imágenes de la Virgen de Czestochowa. «Si se pone mucha atención, se puede sentir cómo late el corazón de la nación en el corazón de la Madre», había explicado el Papa a sus compatriotas en el primer viaje como Pontífice a la colina de Jasna Gora (Montaña clara) donde se encuentra el icono de la patrona de Polonia.
   El 31 de agosto de 1980 las televisiones de todo el mundo ofrecen la misma imagen: la firma de los acuerdos de Gdanks, que convierten a «Solidaridad» en el primer sindicato libre tras el telón de acero. El imperio comunista contempla la primera grieta en el muro... «La enseñanza social de la Iglesia constituye la base sin la cual nada de esto sería posible, ni siquiera imaginable. Sin esta sólida base, la explosiva situación que prevalecía en Polonia habría degenerado en incontrolables conflictos», recuerda Walesa en sus memorias.
   La reacción no se hace esperar. 13 de mayo de 1981. Espléndida tarde de primavera en Roma. Veinte mil peregrinos de los cinco continentes asisten en la Plaza de San Pedro a la audiencia general de los miércoles. Un joven, mal afeitado, de tez oscura, traje gris y camisa blanca se abre paso entre la muchedumbre. Busca situarse cerca de la trayectoria que seguirá el «Toyota» blanco con el escudo pontificio que hace unos segundos salió a la plaza por el Arco de las Campanas.
   El Papa viaja de pie en la parte trasera del descapotable. Le acompañan su secretario, Stanislav Dziwisz, y su ayudante personal, Angelo Gugel. El coche avanza muy despacio. Los fieles se abalanzan para estrechar la mano al Santo Padre. Una mujer le tiende una niña rubia, Juan Pablo II la coge en brazos, la da un beso y la devuelve a su madre.
   El hombre del traje gris ha conseguido situarse a sólo cinco metros de la barrera. Ha visto la escena. Sus ojos oscuros apenas parpadean, no dejan de seguir la figura del Papa. En su bolsillo empuña una «Browning» de mortífera eficacia. Juan Pablo II acaricia a otro niño, hace la señal de la cruz en su frente, y vuelve a incorporarse. Ha llegado el momento. Pasan 19 minutos de las cinco de la tarde. Suenan dos disparos. Todas las palomas del Vaticano alzan el vuelo.
   Juan Pablo II cae sobre su secretario. En su rostro se refleja un intenso dolor. El desconcierto es total. Guardias suizos de paisano suben al coche. El conductor acelera para regresar al interior del Vaticano lo antes posible, de nuevo por el Arco de las Campanas. La faja del Papa se tiñe de rojo. El autor de los disparos huye abriéndose paso a codazos.
   Una ambulancia traslada al herido a la clínica Gemelli. Juan Pablo II no deja de rezar un solo instante. Ingresa en el quirófano en estado muy grave. «Yo sé que disparé bien, miré perfectamente. Sé que el proyectil era devastador y mortal... ¿Por qué entonces usted no ha muerto?». Dos años después, cuando el Papa acudió a la cárcel para perdonar a Alí Agca, éste le reconocería que aquella tarde nunca dudó de que había conseguido su objetivo.

 

El virus polaco

Juan Pablo II salva la vida. Y a esa suerte se suman otras, como la irrupción en la escena internacional de otra figura que iba a convertirse en aliado del Papa para jugar un papel clave en los acontecimientos que habrían de sucederse. Ronald Reagan llega en enero de 1981 a la Casa Blanca compartiendo dos cosas con Juan Pablo II. Una: el argumento a favor de la libertad es un argumento moral, además de político y económico. Dos: en ningún lugar estaba escrito que media Europa tuviera que estar condenada a vivir bajo el comunismo. Ni Juan Pablo II ni Reagan se resignan al fatalismo de tener que considerar esa tiranía como inmutable y trabajan conjuntamente hasta su colapso definitivo, simbolizada en la caída del Muro de Berlín en 1989.
   Apenas cuatro meses antes del atentado, Juan Pablo II había recibido a Walesa por primera vez en el Vaticano. El Papa no habló sólo para los polacos: «El esfuerzo de aquellas semanas de otoño, aquel inmenso esfuerzo que debe proseguir, no ha sido dirigido contra nadie. No se vuelve contra, se orienta hacia: hacia el bien común», dijo. Y añadió: «Este derecho ¬que de hecho es un deber, el de acometer semejante esfuerzo¬, pertenece a cada pueblo, a cada país. Es un derecho reconocido y confirmado por el código de vida de las naciones».
   El virus polaco está inoculado en el resto de los países de Europa del Este. Ya no hay vuelta atrás. Lo que entra en crisis es la legitimidad de los regímenes impuestos por los tanques del Ejército Rojo. Son años en los que todavía una gran mayoría de la clase intelectual en Occidente mantiene una ceguera voluntaria sobre los crímenes del sistema soviético, a los que se considera, en palabras de Sartre, «la enfermedad infantil de una nueva historia, el camino suplementario que la humanidad debe recorrer para acceder un día al humanismo».
   Juan Pablo II conoce la debilidad que deja al comunismo sin futuro: «Los jóvenes ya no le siguen», reconoce en 1985, año en el que un tercer personaje entra en liza: Mijail Gorbachov. Llega para reformar el sistema soviético ¬algo que era inviable, como se demostraría después¬ pero la historia le guarda hoy un lugar privilegiado por ser el hombre que renunció al uso de la fuerza para evitar que el imperio levantado por Stalin se viniera abajo. Visto el comportamiento de sus predecesores en Hungría (1956) y Checoslovaquia (1968), el mérito de Gorbachov no es poco. La transición pacífica del yugo soviético a la democracia en Polonia duró diez años; en Hungría diez meses; en Alemania diez semanas, y en Checoslovaquia, apenas diez días.
   «¿Cuántas divisiones tiene el Papa?», preguntó una vez Stalin para ridiculizar el poder del Vaticano. Diez años de Pontificado habían bastado a Juan Pablo II para responder: él tenía la fe en el mensaje del hijo del carpintero, una fuerza que empleada con audacia había transformado el mundo sin necesidad de movilizar un solo tanque. «Hoy podemos decir que todo lo que ha ocurrido en Europa Oriental no habría sucedido sin la presencia de este Papa», reconocería años después el último presidente de la URSS.

 

 

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Una misión mundial -

Mijail Gorbachov
Durante los últimos años, he mantenido un intenso intercambio de cartas con el Papa Juan Pablo II tras nuestro encuentro en el Vaticano, en diciembre de 1989. Existió entre nosotros un profundo sentimiento de simpatía y de comprensión que, por lo demás, nos testimoniamos mutuamente en cada mensaje. Creo que puedo decir que existió en nosotros la voluntad de llevar adelante y de completar algo que habíamos creado juntos.
   No es fácil describir el tipo de comprensión que se creó entre el Papa y yo, porque existe un aspecto yo diría que instintivo, o intuitivo, ciertamente personal, que tiene una enorme importancia. Simplificando mucho, podría decir que, al estar cerca de él, me di cuenta, y he comprendido, del papel del Papa en la creación de eso que se ha dado en llamar «el nuevo pensamiento político». No tengo la menor dificultad en admitir y reconocer que, en sus discursos, había muchas ideas con las que yo estaba de acuerdo, lo que confirma nuestra sintonía, la cercanía de la que acabo de hablar.
   Aquellas ideas suyas eran muy parecidas a las nuestras. Siempre he apreciado en el pensamiento de este Papa, sobre todo, su contenido y su calidad espiritual, su esfuerzo por contribuir al desarrollo y crecimiento de una nueva civilización en el mundo.
   Además de eso, Juan Pablo II fue, a la vez que el Papa de Roma, un eslavo, y este hecho facilitó seguramente nuestro recíproco entendimiento. Podemos decir que todo lo que ha ocurrido en Europa oriental no habría sucedido sin la presencia de este Papa, sin el gran papel ¬también político¬ que ha sabido jugar en la escena mundial. Más allá de lo que nosotros hayamos podido hacer en mi país, yo sigo convencido de la trascendental importancia de este Papa en estos años.
   Ya he subrayado sus altas cualidades espirituales; debo ahora añadir que nuestro encuentro en Roma me causó un enorme impacto también desde el punto de vista humano.
   En pocas palabras: estamos ante una excepcional personalidad, pues de este hombre emana una energía que hace sentir una honda sensación de confianza hacia él.
   Cuando en la Historia de Europa se ha producido un viraje profundísimo, Juan Pablo II ha jugado un papel decisivo. Nos encontramos en un momento muy delicado de transición, en el que el hombre, la persona, tiene y debe tener un peso determinante. Y todo lo que sirva para reforzar la conciencia del hombre, su espíritu, es más importante que nunca.

 

 

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EXCARCELACIÓN Y MOTIVOS HUMANITARIOS… En algún momento del proceso de construcción del concepto «motivos humanitarios» a algunos demócratas se les cayó una pieza. Ésa que distinguía entre víctimas y asesinos, entre perseguidos y genocidas, entre demócratas y dictadores, y obligaba a salvar a los primeros de los segundos. Se recuerde cuando justificaron con los «motivos humanitarios» a aquel médico que se fue a Cuba a curar al dictador para que siguiera persiguiendo a los cubanos.

La grandeza moral, habría que explicarles, está en la diferenciación, no en la equiparación.

Porque la caridad mal interpretada hacia sanguinarios y terribles totalitarios como Castro o Sadam Hussein (entre otros), puede llegar a convertirse automáticamente en oprobio y crueldad para con sus víctimas. Mucho más aún cuando los asesinos no muestran el más mínimo arrepentimiento y están dispuestos a seguir matando si les dejan. Esta es la condición sine qua non: arrepentimiento sincero, propósito de enmienda, esfuerzo y abnegación evidente, reparación del mal causado, en lo posible. El perdón no se impone, se implora.

La excarcelación de condenados por «motivos humanitarios», por lo tanto, no sólo plantea una quiebra moral del sentido de la justicia sino que descuida (o puede distraer) la responsabilidad de protección hacia las posibles nuevas víctimas. A los de los motivos humanitarios, no se les puede olvidar si los condenados continúan siendo miembros de una organización terrorista plenamente activa, que tiene en su punto de mira a miles de objetivos y que amenaza con atentar de nuevo bajo el liderazgo moral y el aliento, entre otros, del enfermo que se disponen a salvar.

Por motivos humanitarios y caridad cristiana siempre dispuestos al perdón, pero no imponer nada mientras el beneficiario no haya demostrado su arrepentimiento.

-La grandeza moral está en la diferenciación, no en la equiparación-.

"Hay que sentir indignación contra el mal y estar resuelto a no transigir con él; sin embargo, hay que convivir dulcemente con el prójimo." [San Francisco de Sales, Obispo y doctor de la Iglesia (+ 1622)]

En el atroz momento de la crucifixión, Cristo con su bondad infinita, no impuso su perdón al empedernido criminal, que no lo solicitó.

2007.I.

 

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Los 25 hitos del cuarto Pontífice

más longevo de la Historia

 

 

 

 

 

Un cuarto de siglo en el que se ha renovado la Iglesia

En 25 años de pontíficado, Juan Pablo II ha vivido momentos de lo más variopinto. Algunos duros; otros reconfortantes, pero casi todos inolvidables. Aquí presentamos una cronología de los 25 hechos más importantes de la vida de Karol Wojtyla como Vicario de Cristo en la Tierra.

 

 

José A. Méndez/Álex Navajas - Madrid.-
No son pocos los que consideran que el pontificado de Juan Pablo II se sitúa entre los cinco más fructíferos de la historia de la Iglesia, comparable al de San Pedro y San Gregorio Magno. He aquí los 25 eventos que explican la grandeza de su mandato.

Elección de un Papa eslavo (1978)

Tras la repentina muerte de Juan Pablo I el 22 de octubrre de 1978, Karol Wojtyla, el cardenal de Cracovia, se convertía en el nuevo Sucesor del Primado de Pedro. Por primera vez en más de 400 años, el Santo Padre venía de fuera de Italia. Polonia había sido tierra de dolor y muerte durante la II Guerra Mundial. Se abría una nueva etapa para la Iglesia Universal.

El abrazo de Wiszynsky (1978)

En un bello y significativo gesto, el nuevo Papa abrazó cariñosamente al cardenal Primado de Polonia, Stefan Wiszynsky. El purpurado había sido su superior en el seminario clandestino donde estudió el Pontífice. Arrodillado ante su antiguo subordinado, Wiszynsky le susurró proféticamente al oído: «Llevarás a la Iglesia al Tercer Milenio».

México, su primer viaje (1979)

Si por algo se ha distinguido el papado de Juan Pablo II ha sido por su intensa misión evangélica, llevando por todo el mundo el mensaje de Cristo. El primer viaje fuera de Italia le llevó a México, el país del mundo con mayor número de católicos. En pleno auge de la «Teología de la liberación», el Papa quiso mostrar a la nación azteca el verdadero camino de Jesús de Nazaret.

«Redemptor Hominis» (1979)

La primera de sus 14 encíclicas, «Redemptor Hominis», fue publicada por el Sumo Pontífice el 4 de marzo del 79. Suponía la primera palabra de un discurso nuevo y revolucionario que volvería a dar a la Iglesia la autoridad moral que se había debilitado en las últimas décadas.

El primer consistorio (1979)

Siguiendo las normas de Pablo VI, Juan Pablo II impuso el birrete púrpura a los primeros cardenales de su pontificado. Fue el 30 de junio, y su celebración sentaba las bases que adoptarían los ocho siguientes. Sin embargo, el Santo Padre aún se mantenía fiel a la normativa que establecía un máximo de 120 cardenales electores, y que en los consistorios de 2001 y 2003 elevaría hasta más de 130.

Próxima parada: EE UU (1979)

Después de recorrer parte de Centro América, Juan Pablo II comenzó su visita por los países de habla inglesa. Irlanda y EE UU fueron los destinos de su viaje, y la plataforma que le lanzó a lo más relevante del panorama internacional gracias a su intervención en la sede de Naciones Unidas en Nueva York.

Discurso ante la ONU (1979)

El 2 de octubre de 1979, el Sucesor de Pedro lanzó un contundente mensaje de Paz en uno de los foros internacionales más importantes del momento. La sede de la ONU fue testigo de su petición para terminar con la carrera armamentística y en la que repitió las palabras que ya pronunció allí el Pontífice Pablo VI: «¿No más guerra, no más guerra!».

Atentado en San Pedro (1981)

En medio de la multitud que abarrotaba la plaza de San Pedro y ante la estupefacta mirada de miles de fieles que esperaban para celebrar la festividad de Nuestra Señora de Fátima, un disparo heló el corazón de la Iglesia universal. El turco Alí Agca había atentado contra el Santo Padre, hiriéndole gravemente en el vientre, el codo derecho y el dedo índice. Al borde de la muerte, Juan Pablo II fue operado de urgencia durante más de 5 horas, y perdió tres cuartas partes de su sangre.

Fátima, Señora de la Vida (1982)

Después de reconocer públicamente su honda devoción por María y de asegurar que fue la Virgen de Fátima el día de su festividad quien le salvó la vida en el atentado de Agca, Juan Pablo II realiza una visita de tres días a Portugal. Allí se postra ante la imagen mariana, engarza la bala que traspasó su cuerpo en la corona de la Virgen y consagra el mundo y su pontíficado al Inmaculado Corazón de María.

Kolbe, canonizado (1982)

En octubre de 1982, el primer Papa polaco canoniza a uno de los santos más famosos y con mayor número de devotos de Polonia. San Maximiliano María Kolbe es elevado a los altares como nuevo santo y mártir de la Iglesia. El padre Kolbe ofreció su vida por la de otro preso en el temible campo de concentración nazi de Auschwitz. El hombre que logró salvarse por la mediación del religioso acudió a la ceremonia de canonización en Roma, acompañado por toda su familia.

España, una madre espiritual (1982)

La primera visita de Juan Pablo II a nuestro país fue el 31 de octubre de 1982. La finalidad del viaje es la clausura del IV Centenario de la muerte de Santa Teresa de Ávila. Sin embargo, el Pontífice se queda 10 días en nuestro país, donde recorre numerosas ciudades y es recibido con gran cariño por millones de personas. Tras orar ante la Virgen del Pilar, el Santo Padre afirmó que España se trataba de su «madre espiritual».

El perdón a Alí Agca (1982)

El 27 de diciembre, Juan Pablo II visitó en la cárcel romana de Rebibba a Ahmet Alí Agca, el terrorista turco que a punto estuvo de acabar con su vida. Karol Wojtyla demostraba que, más allá de su cargo, había una persona que deseaba perdonar por verdadero amor a Cristo y a sus hermanos. De hecho, a la semana del atentado y aún en el hospital, el Papa declaró en público que perdonaba al terrorista. Tras la visita, el Vicario de Cristo comenzó una lucha por conseguir el indulto del preso, que concluyó con su excarcelación en el año 2000. La mano oculta del KGB soviético se ocultaba tras el atentado terrorista.

Visita a la sinagoga de Roma (1986)

Una de las ideas que insistentemente ha reiterado Juan Pablo II en estos 25 años, refiriéndose a los «hermanos separados», es que «son más los elementos que nos unen que los que nos separan». En coherencia con este pensamiento, Juan Pablo II ha sido el primer Pontífice de la historia en visitar una sinagoga judía ¬como lo hizo el 13 de abril de 1986¬ y una mezquita ¬como ocurrió en Damasco (Siria) en mayo de 2001.

Santiago de los jóvenes (1989)

«¿Yo creo en la juventud!», ha repetido Juan Pablo II en infinidad de ocasiones. Ya lo puso de relieve cuando apenas se había cumplido un mes del inicio de su pontificado: «El Papa quiere a todos, pero siente especial predilección por los jóvenes». El Domingo de Ramos de 1984 comenzó en Roma una tradición: la de las Jornadas Mundiales de la Juventud. Cinco años después, en Santiago de Compostela, se congregaron medio millón de ellos.

Gorbachov en el Vaticano (1989)

Algo se resquebrajaba irremisiblemente en el temido bloque comunista cuando, en diciembre, se produjo el histórico encuentro en los palacios vaticanos entre el líder soviético Mijail Gorbachov y Juan Pablo II. Tras 80 minutos de reunión ¬un tiempo inusitádamente prolongado para el Papa¬, el dirigente comunista confesó: «Acaba de producirse un acontecimiento extraordinario».

Luchando por la paz en Iraq (1991)

El fantasma de la guerra volvía a planear sobre el mundo tras la invasión por parte de Iraq del endeble aunque opulento emirato de Kuwait. Juan Pablo II tomó rápidamente cartas en el asunto ¬como volvería a hacer este año¬ para mantener la paz, e intercambió numerosas misivas con George Bush y Sadam Husein. Aunque no logró su objetivo, la figura de Juan Pablo II como paladín de la paz se afianzó aún más.

Un nuevo catecismo (1992)

Juan Pablo II estaba dispuesto a una reforma total de la Iglesia. Y no dudó incluso en dar un lavado de cara al catecismo, «el fruto más maduro y completo de la enseñanza conciliar». El compendio de verdades de fe se convirtió en un «best seller» en todo el mundo.

«Hombre del año» (1994)

La influyente revista estadounidense «Time» recogía en la portada de su número del 18 de diciembre una gran foto de Juan Pablo II. La publicación reconocía al Santo Padre como «Hombre del año» por sus innumerables esfuerzos por la paz.

Por la democracia en Cuba (1998)

Cada vez eran menos los países que se oponían a una visita papal. Cuba, uno de los últimos feudos del comunismo mundial, recibía enfervorizada al Santo Padre. «Que Cuba se abra al mundo, y que el mundo se abra a Cuba», exhortó Juan Pablo II ante Fidel Castro.

El Congreso de Movimientos (1998)

Los nuevos movimientos de apostolado, uno de los frutos más maduros del Vaticano II, han tomado una posición cada vez más relevante en el seno de la Iglesia. Juan Pablo II ha sabido verlos como un regalo de Dios para la Iglesia del tercer milenio, y los congregó en la plaza de San Pedro del Vaticano en mayo de 1998. Un millón de personas ¬según algunos, la congregación más numerosa hasta ese momento en Roma¬ tomaron la explanada vaticana en una jornada de oración.

La Iglesia pide perdón (1999)

Juan Pablo II quería que la Iglesia entrara en el tercer milenio libre de ataduras. Por eso pidió perdón por los pecados «que afean el rostro de la Iglesia», un gesto que provocó un cierto rechazo en algunos católicos. Sin embargo, el Papa estaba convencido de que «la Iglesia no puede cruzar el umbral del nuevo milenio sin animar a sus hijos a purificarse a través del arrepentimiento por los errores pasados».

Mensajero de Cristo en Israel (2000)

La atención mundial se volvió a centrar en la figura, cada vez más doliente y menguada, de Juan Pablo II, cuando éste llegó en peregrinación a Tierra Santa. El Santo Padre visitó, en su 91° viaje pastoral fuera de Italia, los santos lugares que recorrió Jesucristo: Belén, Nazaret y Cafarnaun. Celebró una misa en el monte de las Bienaventuranzas, otra en la basílica de la Anunciación y realizó una visita privada al huerto de Getsemaní.

San Josemaría Escrivá (2002)

Uno de los santos españoles más influyentes del siglo XX, Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, alcanzaba la gloria de los altares el 6 de octubre. Más de 300.000 personas venidas de todos los rincones del orbe acudieron a la ceremonia que se celebró en Roma.

«España, Tierra de María» (2003)

¿Sigue España siendo católica? A tenor de las cifras negativas referidas a la Iglesia, proliferaron los escépticos ante la visita que Juan Pablo II realizó a nuestro país entre el 3 y el 4 de mayo. Sin embargo, cerca de un millón de jóvenes abarrotaron el aeródromo de Cuatro Vientos y la plaza de Colón de Madrid.

 

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«A vosotros, los centinelas del mañana...»

Ningún líder político, estrella del pop o deportista ha logrado aglutinar a tantos jóvenes como el Papa

Tenía prisa el Papa en hablar con la juventud. Nada más terminar en la Plaza de San Pedro la solemne ceremonia de inauguración de su pontificado, desde la ventana de su estudio privado y al concluir el rezo del Angelus, se dirigió a los jóvenes de todas las naciones: «Vosotros sois el porvenir del mundo, la esperanza de la Iglesia. ¿Vosotros sois mi esperanza!». Era su primer llamamiento a las nuevas generaciones y el principio de un fenómeno de dimensiones inéditas. Decenas de millones de jóvenes de todo el planeta han acudido en estos 25 años de pontificado a la cita con el 264 Obispo de Roma. Ese don, ese carisma, no se improvisa; tiene su génesis en la Polonia sometida a los dictados de Moscú.

José Joaquín Iriarte - Roma.-
El joven sacerdote Karol Wojtyla, «Lolek» en el apelativo familar, capellán universitario en la parroquia de San Florián de Cracovia, se hacía llamar «wujek» (tío) por los jóvenes con los que se reunía y con los que marchaba de acampada por los montes Tatra o participaba en cometiciones de kayak en el río Dunajec. «Estaba interesado en nosotros como personas», era la forma en que un antiguo alumno resumía el magnetismo de Karol Wojtyla.
   Ya Papa, los contactos con los jóvenes se suceden ininterrumpidamente. En México, su primer periplo internacional, son ellos la nota más alegre y entusiasta de los fieles. Le cantan las «mañanitas» y empiezan a corearle la porra «Juan Pablo II, te quiere todo el mundo». El «ilustre huésped» (no existían aún relaciones diplomáticas entre México y la Santa Sede) se lanza a chapurrear el español.
   En su primer viaje a Polonia (1979), los chavales entonan el célebre canto del «Sto lat» («Que vivas cien años»); recorren a pie varios kilómetros; el Gobierno no les da facilidades para los desplazamientos; el Muro de Berlín no caería hasta diez años después y la patria del Papa sigue siendo un país satélite de la Unión Soviética. En la Plaza de la Victoria de Varsovia, los jóvenes reparten clandestinamente hojas volanderas, mientras los adultos y ancianos aplauden con parsimonia al estilo eslavo. Hay un momento en que es tan numerosa la presencia de jóvenes en el palacio arzobispal donde reside esos días el Papa y tan grande el tumulto que se organiza, que el cardenal Casaroli teme que se produzca un conflicto diplomático.

 

«Atleta de Dios»

En Irlanda, el «Atleta de Dios», como entonces le llamaban en los reclamos periodísticos, hace abierta profesión de fe en las nuevas generaciones: «Yo creo en la juventud. Creo en la juventud con todo mi corazón y con toda la fuerza de mi convencimiento». En el Madison Square Garden de Nueva York, las porras de la juventud mexicana se «americanizan» con un «John Paul two, we want you», que se repetirá en todos los países de habla inglesa. Los veranos en Castelgandolfo son también ocasión para que jóvenes de diversos países le visiten en la villa pontificia. Habla el Papa, comparte con sus visitantes rezos y canciones. «Las comunidades juveniles ¬afirma una noche¬ tienen el derecho y el deber de expresarse con el canto, y esto ya es un gran valor cultural».
   En Zaragoza, al pie del Pilar, cuando le bailan una jota aragonesa, Juan Pablo II comenta la conocida expresión de Santo Tomás «Quién bien canta reza dos veces» y apostilla: «¿Y quién baila?, ¿cuántas veces reza quien baila? He aquí un problema para los teólogos».
   Domingo de Resurreción de 1980. Han acabado todas las ceremonias de Semana Santa, es de noche, y un grupo numero de jóvenes no se resigna a volver a sus lugares de origen sin que el Papa les dé su bendición. Aplauden sin cesar y vitorean al Pontífice para que salga a la ventana de su estudio privado... y el Papa les invita a entrar en su casa. La voz corre de grupo en grupo. «¿Que pasemos al patio de San Dámaso!». Y allí se le ve al Papa con manteo negro, como un párroco, preguntando a los jóvenes, sobre el congreso que han celebrado en Roma. Cantan, bailan, cuentan chistes, el Papa se parte de risa, y le preguntan: «¿Cómo amar más a la Virgen?, ¿cómo servir mejor a la Iglesia?, ¿qué problemas le preocupan al Papa...». Juan Pablo II oye cada una de las preguntas y las responde en bloque: «Quien sabe amar como vosotros no necesita muchas explicaciones, sabe muy bien lo que ha de hacer porque el amor es la fuente del conocimiento más profundo».

 

 

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«Los jóvenes sois nuestra esperanza.

¿Apostad vuestra vida por Cristo!»

«El Papa es un joven de 83 años», exclamó Juan Pablo II ante casi un millón de personas que ocuparon el aeródromo de Cuatro Vientos el pasado tres de mayo. Y no es una frase cargada de retórica. Ningún otro líder político, religioso o cultural posee el magnetismo que el Santo Padre demuestra cuando reúne a los jóvenes. Tal vez hastiados de una sociedad materialista, ellos encuentran en el Papa un referente seguro.

Álex Navajas - Madrid.-
Nunca se ha ganado este Papa a los jóvenes con demagogia y palabras que halagan el oído. Los mensajes de Juan Pablo II a la juventud rezuman motivación y un profundo cariño, pero también exigencia y compromiso. Estos son algunos de los pensamientos que han llegado más hondo en el corazón de los jóvenes.
    Felicidad. «El "espíritu del mundo" ofrece muchos espejismos, muchas parodias de la felicidad. Quizá no haya tiniebla más densa que la que se introduce en el alma de los jóvenes cuando falsos profetas apagan en ellos la luz de la fe, de la esperanza y del amor. El engaño más grande, la mayor fuente de infelicidad es el espejismo de encontrar la vida prescindiendo de Dios, de alcanzar la libertad excluyendo las verdades morales y la responsabilidad personal».
    Testigos. «Lo que heredaréis es un mundo que tiene necesidad urgente de un renovado sentido de fraternidad y solidaridad humana. Es un mundo que necesita ser tocado y curado por la belleza y la riqueza del amor de Dios. El mundo actual necesita testigos de ese amor. Necesita que vosotros seáis la sal de la tierra y la luz del mundo».
   «De este testimonio tiene necesidad urgente nuestra sociedad, de él necesitan más que nunca los jóvenes, tentados a menudo por los espejismos de una vida fácil y cómoda, por la droga y el hedonismo, que llevan después a la espiral de la desesperación, de la violencia».
    Iglesia. «Una llama ligera que arde rompe la pesada cubierta de la noche. ¿Cuanta más luz podréis producir vosotros, todos juntos, si os unís en la comunión de la Iglesia! Si amáis a Jesús, amad a la Iglesia. No os desalentéis por las culpas y faltas de alguno de sus hijos. El daño que han hecho algunos sacerdotes y religiosos a personas jóvenes o frágiles nos llena a todos de un profundo sentido de tristeza y vergüenza. Pero pensad en la gran mayoría de sacerdotes y religiosos generosamente comprometidos, cuyo único deseo es servir y hacer el bien».
    Santidad. «En los momentos difíciles de la historia de la Iglesia el deber de la santidad resulta aún más urgente. Y la santidad no es cuestión de edad. Es vivir en el Espíritu Santo».
    Esperanza. «Vosotros sois nuestra esperanza, los jóvenes son nuestra esperanza. No dejéis que muera esa esperanza. Apostad vuestra vida por ella. Nosotros no somos la suma de nuestras debilidades y nuestros fracasos; al contrario, somos la suma del amor del Padre a nosotros y de nuestra capacidad real de llegar a ser imagen de su Hijo».
    Matrimonio. «Pensáis en vuestra elección afectiva e imagino que estaréis de acuerdo: lo que verdaderamente cuenta en la vida es la persona con la que uno decide compartirla. Pero, ¿atención! Toda persona es inevitablemente limitada, incluso en el matrimonio más encajado se ha de tener en cuenta una cierta medida de desilusión. Pues bien, queridos amigos: ¿no hay en esto algo que confirma lo que hemos escuchado al apóstol Pedro? Todo ser humano, antes o después, se encuentra exclamando con él: ¿A quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna . Sólo Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios y de María, la Palabra eterna del Padre, que nació hace dos mil años en Belén de Judá, puede satisfacer las aspiraciones más profundas del corazón humano».
    Amor de Dios. «Sí, queridos amigos, ¿Cristo nos ama y nos ama siempre! Nos ama incluso cuando lo decepcionamos, cuando no correspondemos a lo que espera de nosotros. Él no nos cierra nunca los brazos de su misericordia. ¿Cómo no estar agradecidos a este Dios que nos ha redimido llegando incluso a la locura de la Cruz?».
    Eucaristía. «Queridos jóvenes, poned la Eucaristía en el centro de vuestra vida personal y comunitaria: amadla, adoradla y celebradla, sobre todo el domingo, día del Señor. Vivid la Eucaristía dando testimonio del amor de Dios a los hombres».
    Vocación. «Si alguno de vosotros, queridos jóvenes, siente en sí la llamada del Señor a darse totalmente a Él para amarlo con corazón indiviso, que no se deje paralizar por la duda o el miedo. Que pronuncie con valentía su propio sí sin reservas, fiándose de Él que es fiel en todas sus promesas».
    Sed de Dios. Aunque no sea siempre consciente y clara, en el corazón del hombre existe una profunda nostalgia de Dios, que san Ignacio de Antioquía expresó elocuentemente con estas palabras: «Un agua viva murmura en mí y me dice interiormente: ¿Ve al Padre! ».

 

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Las catorce encíclicas de un mensajero de Cristo

El Papa propone una Iglesia comprometida, cercana y para todos

Juan Pablo II ha sido, sin duda, el Pontífice que más ha extendido el mensaje del Evangelio a lo largo y ancho del mundo. En sus 14 encíclicas han quedado plasmadas las ideas y reflexiones que ha querido transmitir a los fieles de toda la Tierra. Casi 1800 páginas que se resumen y recogen en los siguientes puntos, y que vienen a cristalizar la controvertida y apasionante personalidad de un siervo de Dios y de los hombres.

 

«Redemptor hominis»
El Dios cercano de un nuevo Papa

La primera encíclica de Juan Pablo II es una declaración de intenciones. El nuevo Papa se proponía llevar a cada uno de los hombres la imagen cercana y el sentimiento amoroso de Dios Encarnado. Y la Iglesia, guiada por el Pontífice, debía tener como misión esencial hacer que cada persona pudiera enontrarse y sentir la paz de Cristo.

«Dives in misericordia»
La misericordia que devuelve la vida al espíritu

El hombre contemporáneo se siente asfixiado y víctima de sus propias prisas. La vida se mide por la efectividad y no se permiten errores. Entre tanta presión surge la misericordia del Señor como redentora del alma humana. Cristo nos tiende una mano de esperanza y paz, y acoge al hombre a pesar de haber pecado. Los pecados existen, pero la fe verdadera abre las puertas a la reconciliación con el Padre.

«Laborem execerns»
Los trabajadores no son simple mercancía

Esta es la primera encíclica social del Papa, y al tiempo, una llamada a los trabajadores para integrarse en el seno de una sociedad justa. El hombre debe ser considerado como el valor supremo en las relaciones laborales. Por eso, el Sucesor de Pedro arremete contra el materialismo y el marxismo que cosifican al hombre y posponen los valores humanos a los económicos.

«Slavorum apostoli»
Católicos y ortodoxos, juntos en el Señor

La cuarta encíclica de Juan Pablo II conicidió con el MC aniversario de la muerte de San Metodio, evangelizador de los pueblos eslavos. Aunque abogaba por la unidad entre ortodoxos y católicos, el contexto de la época, con un marxismo intransigente y un islam cada vez más integrista, debilitó mucho la misión de la encíclica. El hermanamiento entre unos y otros tendría que esperar.

«Dominum et vivificatem»
El Espíritu Santo, motor de la Iglesia

Esta encíclica cierra la serie dedicada a la Santísima Trinidad que completan «Redemptor Hominis» y «Dives in Misericordia». La dimensión espiritual del hombre debe luchar contra el materialismo y el marxismo y apoyar su ánimo y esperanza en el Espíritu. Dios envuelve nuestro corazón con Él y en Él.

«Redemptoris mater»
Madre del Redentor, Madre de sus hermanos

El Hijo de Dios se hace carne y hermano de los hombre. Por Él tenemos un solo Padre y una sola Madre. María es modelo de resignación y fidelidad, de amor y sacrificio, de unidad con Dios y con el prójimo.

«Sollicitudo rei socialis»
Una denuncia valiente ante la explotación social

Este es, probablemente, el más importante de sus textos sociales. El Papa no duda en analizar, evaluar y crititcar los sistemas politico-económicos imperantes por orpimir la libertad del hombrey acentuar las diferencias Norte-Sur. La Tierra pertenece a todos los hombres y todos deben vivir en libertad y armonía fraternal. «Sollicitudo rei socialis» es un llamamiento a los gobernantes para que se respete la dignidad humana, al tiempo que ofrece alternativas viables de justicia e igualdad.

«Redemptoris missio»
Misionero de Cristo en la esquina de tu calle

La creciente falta de vocaciones y la ausencia de voluntades misioneras en Occidente llevaron a Juan Pablo II a redactar «Redemptoris Missio». Desde esta encíclica se hace un llamamiento a todos los bautizados para anunciar el Evangelio allá donde estuvieren y dar testimonio de Jesús en la sociedad actual. Además, el Pontífice ansía relanzar la actividad misionera de la Iglesia en los países pobres, proclamando que a los misioneros católicos les mueve Cristo, y no simple solidaridad de ONG.

«Centesimus annus»
Cien años desde «Rerum Novarum»

El centenario de la primera encíclica social, «Rerum Novarum» de León XIII, y la caída del comunismo motivaron la redacción de esta encíclica. En ella se señala que la democracia es el mejor sistema político, y que el beneficio privado debe usarse para el bienestar social. Además, la Iglesia tiene que defender al hombre como individuo y ante el neocapitalismo que le utiliza y humilla.

«Veritatis splendor»
La libertad del hombre descansa en Cristo

Juan Pablo II presenta una exposición que revitaliza la visión de la espiritialidad del cristiano moderno. Nos muestra que la vida moral es el crecimiento del hombre en la libertad. El motivo del escrito es «recordar verdades fundamentales de la doctrina católica, que en el contexto actual corren el riesgo de ser deformadas o negadas». Este peligro hemos de vencerlo con la libertad que Dios nos confía.

«Evangelium vitae»
Jesús nos descubre el camino hacia la Vida

Supone el anuncio de cómo el seguimiento fiel a Jesús nos conduce a la Vida, frente a los obstáculos que encontramos en la sociedad contemporánea. El mayor peligro para el hombre es el de creernos dueños de nuestra existencia. Esto tiene hoy su reflejo en el aborto, la pena de muerte, la manipulación de embriones y otras corrupciones morales. Y es Jesucristo quien, mediante la Verdad de su Evangelio, nos hace reparar en el gran Don de la Vida.

«Ut unum sint»
Una senda hacia el movimiento ecuménico

«Ut unum sint» («que sean uno») pretende ser un reflejo del movimiento ecuménico. El ecumenismo no debe ser un «añadido» a la fe, sino algo esencial para la vida y la acción de la Iglesia. Se necesita de una Iglesia que huya de la desunión. Además se realiza una invitación a las otras Iglesias cristianas para dialogar sobre un modo nuevo de ejercer el papado ante el jubileo del 2000. Es la primera encíclica que un Papa dedica al ecumenismo.

«Fides et ratio»
Fe y razón, dos realidades compatibles

«La fe y la razón son dos alas con las que el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad». Esta frase sintetiza el mensaje de la úlima encíclica de Juan Pablo II: la cuestión de la verdad es la cuestión esencial para la vida y la historia de la humanidad. El Papa defiende la capacidad de la razón para conocer la verdad, y pide que fe y filosofía vuelvan a encontrar su unidad profunda y compatible.

 

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Juan Pablo II es el líder con mayor autoridad moral 

 

 

 

 

Gustavo VILLAPALOS, ex Rector de la Universidad Complutense. Presidente de la Fundación Universitaria Española
De Lord Byron decía Goethe que reunía la característica esencial del genio: «No es el pasado ni el futuro; es el presente». Según el escritor de Frankfurt, en efecto, George Gordon había acertado a encarnar el conjunto de características denotativas de su tiempo, y eso le hacía genial.
   Existen personalidades históricas, sin embargo, cuyo aliento supera el presentismo, e invierten la relación entre el hombre y el tiempo. Porque cuando la historia recuerde el siglo XX y rememore la cultura de la muerte que se instaló en la conciencia de los seres humanos durante decenios, tendrá que evocar también a un hombre que, en pleno último recrudecimiento de la Guerra Fría, llevó el mensaje emancipador y solidario de Jesús a todos los continentes; denunció el materialismo y el hedonismo, y recordó a todos los seres humanos su grandeza. Ese hombre es el Papa Juan Pablo II.
   El Papa es «un joven de ochenta y tres años», y lo es a pesar de cargar con la cruz desde su infancia: a los ocho años perdió a su madre; a los doce a su hermano Edmund; a los veinte a su padre. Como católico, seminarista y sacerdote, hubo de enfrentarse al totalitarismo, primero al nazi, y después al stalinista. Su vida y su testimonio cristianos se han forjado en la adversidad.
   Padeció un terrible atentado, y después se ha enfrentado a un proceso de envejecimiento acentuado por su dedicación infatigable a la Iglesia católica, es decir, a todos nosotros. Y, sin embargo, ha decidido seguir el ejemplo de Jesús hasta el final, y con ello es la luz y la esperanza de cuantos sufren o padecen enfermedad en el mundo, y ha mostrado la dignidad de la condición humana en cualquier circunstancia.
   ¿Qué sostiene a este anciano? ¿Qué le convierte en el ídolo de millones de jóvenes? ¿Por qué motivo tantos cristianos rezamos por su salud con verdadera devoción e intensidad? ¿Por qué Juan Pablo II ha cambiado nuestras vidas? ¿Por qué el Papa ha cambiado el mundo? Yo creo que la respuesta se denomina fe, y quien tiene fe tiene a Dios, y quien tiene a Dios lo tiene todo.
   En la fe y desde la fe, el Papa ha renovado la vocación de trascendencia del cristiano, superando dudas o miedos. Ha afirmado con resolución el papel de la mujer dentro de la Iglesia, ha desarrollado una renovada teología del matrimonio, y ha convocado de forma constante y coherente al compromiso social de los cristianos, y singularmente con los más necesitados.
   En la fe y desde la fe, ha llamado a la conciliación con los universos de la cultura y de la creación, de la ciencia y de la investigación. En la fe y desde la fe, ha propugnado un catolicismo más abierto, más dialogante, más caritativo, más ecuménico. En la fe y desde la fe se ha mostrado singularmente sensible hacia los jóvenes, y al mismo tiempo exigente y confiado, sabedor de que disfrutamos de la mejor juventud de la Historia, la más generosa y la más preparada.
   En la fe y desde la fe, nos ha convocado a la prodigiosa y cotidiana experiencia del encuentro con Jesús en la Eucaristía. Hacia el final de la todavía reciente y conmovedora Exhortación Apostólica «Ecclesia in Europa», Juan Pablo II envía al católico europeo tres mensajes que resonarán durante mucho tiempo, y que representan el auténtico renacimiento a un siglo XXI denotado por la nueva evangelización de un continente viejo: «¿No temas!; ¿ten confianza!; ¿ten seguridad!». El propio Papa añade una consideración particular a cada una de esas afirmaciones: «El Evangelio no está contra tí, sino en tu favor; en el Evangelio, que es Jesús, encontrarás la esperanza firme y duradera a la que aspiras; el Evangelio de la esperanza no defrauda».
   Los cristianos, en efecto, no somos ni más ni menos que los seguidores de Jesús. Creemos en Él, en sus Palabras de Vida Eterna. Queremos estar con Él. Estar siempre. Y, cuando escuchamos a Juan Pablo II, esa fidelidad se afirma. Y en esa fidelidad radica nuestra alegría y nuestras esperanza.
   En «Un hombre para la Eternidad», la gran película de Fred Zinnemann sobre santo Tomás Moro, el brillante humanista inglés le propone al ambicioso Robert Rich que se convierta en maestro, y cuando éste le hace ver que nadie sabrá entonces de su existencia, la respuesta de Moro es terminante: «Lo sabrán tus discípulos, lo sabrás tú, y lo sabrá Dios».
   El Papa Juan Pablo II ha sido ese verdadero maestro, el maestro de la Verdad, que necesitaba un mundo fracturado y atribulado. Eso lo sabemos ya todos nosotros, pero sólo Dios sabe hasta qué punto. La medida de Juan Pablo II no se confunde ya con el siglo, sino con la Eternidad, la Eternidad que nos prometió Jesús, la Eternidad que hemos podido presentir, casi adivinar, gracias a él.

 

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Esa enigmática atracción de un Papa enfermo

 

Vittorio MESSORI
La espera hasta las once de la mañana. Luego llegaron en directo las palabras del Secretario general del Nobel, en el difícil noruego. La Rai News 24 las emitía en directo, sin ningún apunte de traducción ni siquiera cuando el secretario se pasó al inglés, y sin el más mínimo comentario que ayudase a comprender. De todos modo, una vez que comprendimos, a pesar de la Rai, en quién había recaído la elección de los jueces escandinavos, empezó el trabajo en las redacciones. Cuando todo, o casi, parecía ya colocado dentro de las columnas, un despacho de agencia (¿una hospitalización?, ¿un arrechucho?, ¿una diálisis de urgencia?) ponía todo en entredicho, provocaba revoluciones tipográficas. Por lo que sabemos mientras escribimos, la alarma, si no era injustificada, sí que desde luego se sobredimensionó: un cuadro clínico como el de Juan Pablo II muy bien puede prever más o menos periódicamente diálisis que aligeren el trabajo de los órganos internos, sometidos a un sobreesfuerzo también a causa de la ingesta de fuertes fármacos.
   Con todo, esa especie de descarga eléctrica que sacudió las redacciones no hizo más que confirmar una polarización de la atención sobre un Anciano enfermo que va más allá de los acostumbrados cánones periodísticos. Hacia este hombre, tan débil y al mismo tiempo tan indómito, se dirigen sentimientos que parecen mostrar una enigmática atracción. Como si el mundo «laico» se percatara ¬incluso inconscientemente¬ del sufrimiento de una paternidad que se apaga, del crepúsculo doloroso de una vida que, se reconozca o no, en el fondo tiene que ver con todos. Una vida que, incluso en esta fase final, muestra su excepcionalidad con paradojas continuas. La última, el viernes pasado, ante la perspectiva del Nobel, por lo que todos se alegraban públicamente: políticos izquierdosos, ateos confesos, agnósticos irredentos, judíos, musulmanes, budistas. Pues bien, precisamente entre cristianos, es más, precisamente entre aquellos que se consideran más «católicos» que nadie, estaban los que deseaban, e incluso rezaban para que el prestigioso reconocimiento no fuese a parar a Juan Pablo II. «Una vez más Jesucristo ha preservado a su Vicario en la tierra de una desventura, evitándole convertirse en colega de Darío Fo, de comunistas fracasados como Gorbachov, de agentes del mundialismo como Kissinger, de sionistas como Begin, Peres, Rabin. El Nobel lo habría equiparado a éstos y a otros señores, con desastrosos efectos para su prestigio. Agradecemos a Dios que el peligro haya pasado».
   Como es su estilo, los sacerdotes de la «Fraternidad San Pío X» ¬los lefebvrianos para entendernos¬ desdeñan los tonos diplomáticos. Y fieles a esta Tradición que defienden con obstinación y hasta en las minucias, recuerdan que hasta hace medio siglo habría sido inconcebible que un Papa aceptase un premio, aunque fuera el más prestigioso. Como mucho, el Papa daba premios, y también concedía menciones honoríficas y condecoraciones, pero no las recibía. «¿Qué pueden añadir los hombres a quien es representante de Dios mismo entre ellos? Y, ¿qué significan todos esos doctorados honoris causa a Juan Pablo II, como si quien está asistido por el Espíritu Santo y representa la cumbre de su magisterio, tuviera necesidad de títulos?», se pregunta con aire afligido un reconocido teólogo de la Fraternidad que tiene en Êcone el mayor de sus seminarios, por lo demás desbordante de jóvenes. Alberto Melloni ha recordado con razón desde estas columnas, que el Nobel de la Paz de 1947 debería habérsele entregado a Pío XII. Sin embargo hay que añadir que la Comisión de Oslo dio marcha atrás ¬y se volcó a toda velocidad sobre la organización caritativa protestante «The Friends´ s Service»¬ cuando la Secretaría de Estado hizo saber, discretamente, que, aun agradeciéndolo, el Pontífice no podía aceptar.
   Por lo que respecta al Premio Balzan, Juan XXIII lo recogió personalmente y pronunció un importante discurso: parece cierto que Roncalli fue persuadido por la Curia para que rompiera un poco la Tradición aceptando el Premio (en aquel tiempo dotado con una cantidad multimillonaria, que obviamente se destinó a beneficencia) con el fin de tratar de crear una especie de «Nobel católico», un altar alternativo al de Estocolmo y Oslo, tan sospechoso para Roma. De hecho, los lefebvrianos suspiran de alivio al no habérsele entregado a Juan Pablo II, no sólo por razones de oportunidad («el Papa premia, pero no es premiado más que por Dios») sino también, y quizá sobre todo, porque la Comisión encargada por el Parlamento noruego es la quintaesencia de lo que más detestan, es la expresión de ese humanismo «políticamente correcto» que remite, según aseguran, a la perspectiva masónica. Una perspectica que sobre todo en Escandinavia le habría arrebatado el puesto al protestantismo oficial, que ya no tenía ni fe ni fieles. Más allá de cualquier polémica, con realismo objetivo, hay que reconocer que en Noruega, como en el resto de Escandinavia, aquellos que aún frecuentan la Iglesia de Estado ¬la que desde hace siglos unifica en la misma persona al rey y al Papa¬ representan un porcentaje de risa, como diría alguno. Los pastores son funcionarios públicos, pagados por el Estado, sometidos incluso en lo teológico al Parlamento, al Gobierno, al rey y, quitando algunas excepciones, se limitan a gestionar la maquinaria eclesiástica con espíritu rutinario. Los sermones de sus semidesiertos servicios dominicales normalmente subrayan el conformismo bienpensante de la vulgata dominante en los medios. Parece que la Reforma paga aquí, y desde hace mucho, la herida de su imposición, que unió violencia y engaño. Como reconocen los mismo historiadores locales, la Iglesia escandinava en tiempos de Lutero, todavía era entusiasta, y el pueblo se distinguía por el fervor de las devociones, la afluencia a los santuarios, la confianza en sus pastores. No parecía necesaria «reforma» alguna. La decisión de seguir el ejemplo de los príncipes alemanes que habían apoyado a Lutero, se tomó en Escandinavia con frialdad, por puras razones políticas y económicas: juntar en el rey todos los poderes, incluido el religioso, y adueñarse de los bienes de las diócesis, de las abadías, de las órdenes. Por tanto, se desató la violencia contra la jerarquía, que llegó hasta el martirio y el exilio de los obispos, sacerdotes y laicos que no querían renunciar a la fe de sus padres. En cambio, con el pueblo se usó el engaño: temiendo la reacción de las masas, la protestantización se hizo gradualmente, de forma ambigua, incluso haciendo creer a los fieles que se obedecían leyes llegadas de la misma Roma. Fue particularmente difícil de errradicar la devoción mariana de noruegos y suecos: de modo que la vitalidad de los santuarios se sofocó poco a poco, antes de adoptar medidas draconianas. Como la hoguera ¬sobre la que efectivamente subieron algunos campesinos¬ para quien fuera sorprendido rezando el rosario. O como la pena de muerte para los sacerdotes católicos que pusieran el pie en Escandinavia: ley que sólo se mitigó hacia finales del siglo XIX. Pero las discriminaciones anticatólicas no se abortaron hasta hace unos decenios, y todavía hoy subsisten algunos restos. Es un hecho que el vacío religioso ¬que una Iglesia de Estado, impuesta por motivos mundanos, cada vez consiguió culminar menos¬ se llenó o bien con un regreso al paganismo (san Olav, padre de la patria noruega, se le identificó con el dios Tor del WalhallaI, o con prácticas exotéricas como el espiritismo (quizá Escandinavia sea la capital mundial del mismo), o, en el nivel de las elites, con la fe masónica en el hombre. Por tanto, ¿cómo aceptar un Premio ¬denuncian los lefebvrianos¬ expresión de una cultura semejante? No parece que Juan Pablo II lo piense así. Es verdad que en su visita a Escandinavia le trataron de una forma gélida, incluso, maleducada. Pero todo hace pensar que habría aceptado el premio, con serena simplicidad, y no con el espíritu de «quien pone la otra mejilla», sino con el de quien pone todo al servicio de su misión de paz. Es el «hacerse todo a todos, con tal de que Cristo se anunciado», como exhorta San Pablo, y que representa una de las claves de este increíble pontificado.

 

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Un hombre de Dios -

Santiago MARTÍN
Veinticinco años son muchos años para estar al frente de la Iglesia. Es algo que no es normal. Por eso, cuando ocurre, hay que pensar que aquel que lleva cuenta de todo y de quien depende todo, Dios, ha decidido mantener en su puesto a esa persona por algún motivo especial. No me cabe duda de que no sólo actuó la Divina Providencia el día de la elección de Juan Pablo II, o el día en que Alí Agca intentó asesinarle, sino que sigue actuando para que pueda seguir siendo el siervo de los siervos de Dios.
   ¿Y cuál es el servicio que ha prestado y sigue prestando este Papa a la comunidad católica y a la humanidad? Ante todo, uno: hacer que la Iglesia sea lo que quiso su fundador: una religión, una «religación» de los hombres con Dios, un puente que comunique la orilla divina con la humana. Creo que ésta ha sido la gran aportación de Juan Pablo II: situar la espiritualidad en el corazón de la vida de la Iglesia. Porque, gracias a esa espiritualidad, los polacos tuvieron fuerza para derribar el comunismo; gracias a esa espiritualidad, los jóvenes se sienten atraídos por la religión y están aumentando las vocaciones; gracias a esa espiritualidad, los misioneros han vuelto a recuperar el sentido religioso y no sólo social de su labor; gracias a esa espiritualidad, los nuevos movimientos están abriendo brecha en los muros de la indiferencia y la increencia; gracias a esa espiritualidad, la opción por los pobres se ha mantenido sin ser devorada por la demagogia ni convertirse en una aliada de la violencia. Este Papa es sobre todo un santo. Es un hombre de Dios. Es un creyente. Es auténtico. Por eso le queremos los católicos y le respetan incluso sus adversarios. Ese es su principal legado y eso es lo que habrá que buscar, ante todo, en el que tenga la difícil tarea de sucederle.

2003-10-16 – 25 aniversario del pontificado de S.S. JUAN PABLO II – MAGNO

 

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Ignorancia de la historia - Muchos errores se cometen por ignorancia de la historia y esa ignorancia sirve también de arma tanto defensiva como ofensiva de quienes no están interesados en el conocimiento de la verdad sino en la confusión entre verdad y error, entre el bien y el mal.

 

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PASADO - El gran Montalembert escribía: «Para juzgar el pasado deberíamos haberlo vivido; para condenarlo no deberíamos deberle nada». Todos, creyentes o no, católicos o laicos, nos guste o no, tenemos una deuda con el pasado y todos, en lo bueno y en lo malo, estamos comprometidos con él.

 

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La mentira y el error están en desacuerdo con la realidad. Cuando un mundo se construye contra la realidad, ese mundo está abocado a la ruina, y mientras ésta llega va arruinando a los hombres.

 

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Historia, calumnia e ignorancia - Abundan aún los ejemplos de casos en que juzgamos y decidimos, tomamos riesgos y los hacemos correr a los demás, convencemos al prójimo y le incitamos a decidirse, fundándonos en informaciones que sabemos que son falsas, o por lo menos sin querer tener en cuenta informaciones totalmente ciertas, de que disponemos o podríamos disponer si quisiéramos. Hoy, como antaño, el enemigo del hombre está dentro de él. Pero ya no es el mismo: antaño era la ignorancia, hoy es la mentira. MMVI

 

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PASADO HISTORIA - La inscripción del templo de Delfos, que inspiró a Sócrates: conócete a ti mismo. Se trata de una verdad fundamental: conocerse a sí mismo es típico del hombre. En efecto, el hombre se distingue de los demás seres creados sobre la tierra por su capacidad de plantearse la cuestión del sentido de su propia existencia. Gracias a lo que conoce del mundo y de sí mismo, el hombre puede responder a otro imperativo que nos ha transmitido también el pensamiento griego: llega a ser lo que eres.

Por tanto, el conocimiento tiene una importancia vital en el camino que el hombre recorre hacia la realización plena de su humanidad: esto es verdad de modo singular por lo que atañe al conocimiento histórico. En efecto, las personas, como también las sociedades, llegan a ser plenamente conscientes de sí mismas cuando saben integrar su pasado.

 

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Historia y libertad - “La libertad que Dios al hombre dio, no la quite el hombre en nombre de Dios”.

 

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Historia - Para conocer una historia es necesario, pero no suficiente, conocer los hechos, pues es preciso también conocer el espíritu, o si se quiere la intención que animó esos hechos, dándoles su significación más profunda.

 

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HISTORIA - Para adentrarse en la época de la gran gesta hispánica [1492-1592] y analizar la magnitud del descubrimiento, es necesario penetrarlo estudiando el contexto histórico; solo así podremos llegar a un discernimiento moderado y con el sentimiento sano del deber o de una conciencia objetiva. Con este objetivo presentamos tantos temas y acontecimientos -aparentemente- en discontinuidad.

 

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Historia - El cristiano está advertido de que es necesario conocer la historia para distinguir los hechos. El cristiano a sus hermanos advierte que es imprescindible estudiar la historia para comprender el contexto histórico de los hechos. El cristiano nota que conociendo la historia, se percibe la riqueza de la Tradición, repara la grandeza del Magisterio y la magnanimidad de la salvación en la Escritura enseñada por la Iglesia.

 

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Historia - La historia de la Iglesia es una historia de muchos y diversos movimientos de reforma. Ver el libro de san Cipriano, De lapsis, escrito poco después de la persecución de Decio del año 250-251

 

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Historia - «Conocer y profundizar el pasado de un pueblo es afianzar y enriquecer su propia identidad. ¡No rompáis con vuestras raíces cristianas! Sólo así seréis capaces de aportar al mundo». S. S. Juan Pablo II – Madrid. 2003.05

 

Visión objetiva: Con frecuencia en los análisis históricos se peca de falta de objetividad por juzgar con valores actuales los sucesos del pasado. Esto no significa relativizar el juicio valórico de los sucesos, sino extirpar ciertos moralismos actuales que no son reales, que suponen una "moral" moderna y postmoderna que juzga enloquecidamente las cosas. Desde una perspectiva objetiva tenemos que condenar sin reserva los errores ocurridos en l período analizado, pero sin rasgar vestiduras por la "monstruosa" noticia del descubrimiento y civilización europea en América, maldiciendo la hora en que se produjo al estilo del cuestionado activista verde Jacques Cousteau quien declaró en 1992 que la llegada de la Colón a América "fue un desastre peor que la lluvia de meteoritos que acabó con los dinosaurios en la prehistoria".

Aquí la premisa tribalista de "cada uno en su tierra sin invadir otra" queda desvanecida por el absurdo ante el dinamismo y realidad de la historia. Toda civilización es el fruto de una mezcla frecuentemente nada pacífica. La misma epopeya del Pueblo de Dios suponía conquistar una tierra prometida ocupada por tribus locales. Los mismos europeos provienen de invasiones y nuevas invasiones que mezclaron sus sangres e hicieron nacer las distintas culturas que dan alma al Viejo Mundo.

 

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Frente a la historia - «La fe y la razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad». (VIS, 8.I.2004)) S.S. Juan Pablo II.

 

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Historia - «Una investigación histórica, libre de prejuicios y vinculada únicamente con la documentación científica es insustituible para derrumbar las barreras entre los pueblos» (S. S. Juan Pablo II – P.P.)

 

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Historia - Al estudiar la historia, se suele hacer desde los prejuicios de la mentalidad actual, cosa que esteriliza la  labor principal del historiador. No podemos dar a conocer unos hechos del pasado sin antes reflejar el imaginario colectivo de la época donde tuvieron lugar.

 

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Historia - “La Iglesia es siempre joven y el futuro siempre pertenece a la Iglesia. Todos los otros regímenes que parecían muy fuertes han caído, ya no existen, sobrevive la Iglesia; siempre un nuevo nacimiento pertenece a las generaciones. Confianza, ésta es realmente la nave que lleva a puerto”. Cardenal Ratzinger 2001.

 

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«La escritura de la historia se ve obstaculizada a veces por presiones ideológicas, políticas o económicas; en consecuencia, la verdad se ofusca y la misma historia termina por encontrarse prisionera de los poderosos. El estudio científico genuino es nuestra mejor defensa contra las presiones de ese tipo y contra las distorsiones que pueden engendrar» (1999). S.S. JUAN PABLO II – MAGNO

 

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Historia - Iglesia y la libertad - ¿O de los mártires de la persecución religiosa en España de 1936 a 1939; o del totalitarismo nazi? No está de más recordar lo que de éste escribió el judío Albert Einstein, en el Time Magazine de diciembre de 1940: «Por ser un amante de la libertad, cuando tuvo lugar la revolución en Alemania (la llegada de Hitler) miré con confianza hacia las universidades, sabiendo que siempre se habían enorgullecido de su devoción a la causa de la verdad. Pero las universidades permanecieron en silencio. Entonces miré a los grandes editores de periódicos que en ardientes editoriales proclamaban su amor por la libertad. Pero también ellos, como las universidades, se redujeron al silencio, sofocados en el curso de pocas semanas. Solamente la Iglesia se opuso plenamente a la campaña de Hitler que pretendía suprimir la verdad. Nunca había tenido un interés especial por la Iglesia, pero ahora siento por ella un gran amor y admiración, porque solamente la Iglesia tuvo el coraje y la perseverancia de defender la libertad intelectual y la libertad moral. Debo confesar que aquello que antes había despreciado, ahora lo admiro incondicionalmente». Albert Einstein

 

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HISTORIA: -Según una definición no menos acertada que otras, la historia es el conjunto de todos los hechos ocurridos en tiempos pasados.

Según otra más prolija, puede considerarse la historia, y es también definición que muchos historiadores consideran válida, como la narración y el estudio de los hechos del pasado, públicos y privados, pero trascendentes, merecedores de recuerdo, y su relación con el hombre civilizado y las sociedades humanas.

Pero algunos historiadores prefieren el término investigación a narración. Recogen la opinión de Volney: «La palabra historia parece haber sido empleada por los antiguos en una acepción muy diferente de la de los modernos; los griegos, sus autores, entendían por ella una persquisición, una investigación hecha con cuidado. Y en ese sentido la emplea Herodoto».

Hay otras definiciones del término historia, supongo que muchas, mas para entendernos en la divagación con que hoy pienso perder el tiempo, creo que con estas dos tenemos bastante.

Recientemente ha surgido de manera todavía imprecisa este otro término: retrohistoria, que algunos utilizan humorísticamente y otros, que lo toman más en serio, lo entienden como opuesto a la historia, pero en realidad no es así, sino que significa un modo diferente de describir o investigar -o quizás simplemente de ordenar para su estudio- los acontecimientos históricos.

La retrohistoria es opuesta a la historia, tal como a la historia se la ha entendido hasta ahora, pero no la niega ni la rechaza sino que la complementa. Y pretende dotarla de mayor eficacia. Esta es su intención y lo que impulsa a los historiadores partidarios de esta tendencia.

En la historia destaca, y esta es la voluntad del historiador, la narración (o investigación) de la sucesión de los hechos, de su encadenamiento desde el remoto ayer hasta el presente, sin adentrarse vanamente en las incógnitas del insondable futuro.

Aun siendo opuestas, en algo se asemejan la historia y la retrohistoria: en ambas se trabaja con materiales inexistentes. Inexistentes en el momento en que alguien se dispone a trabajar sobre ellos. No se diferencian en la calidad de dichos materiales sino en el orden en que se narra su aparición y su fugaz existencia.

Puede aceptarse la idea, sostenida por algunos comentaristas actuales, de que el concepto de retrohistoria ha surgido de la necesidad de estudiar no sólo los acontecimientos históricos sino, casi podría afirmarse que muy primordialmente, las respectivas causas de esos acontecimientos.

Poco importa al hombre conocer lo que ha sucedido o lo que está sucediendo, para bien o para mal, si desconoce el porqué del suceso, su causa. Al no conocerse las causas de los acontecimientos la historia pierde lo que puede tener para el ser humano de enseñanza provechosa y quedarse en mero entretenimiento.

Esta causa siempre necesariamente fue anterior al acontecimiento. El investigador histórico debe, por consiguiente, retroceder en el tiempo en vez de avanzar o de quedarse quieto o de saltarse varios siglos de un golpe o de embarcarse con Herbert George Wells en viajes al futuro. Pero he aquí que la causa suele ser al mismo tiempo un acontecimiento y, por lo tanto, el investigador histórico, si es consciente y riguroso, deberá investigar también la causa de este acontecimiento, retrocediendo, por lo tanto, en el tiempo histórico; y al proceder así sucesivamente se hallará inmerso en plena retrohistoria. Y para ello habrá utilizado un cambio radical de perspectiva.

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Análisis histórico - Con frecuencia en los análisis históricos se peca de falta de objetividad por juzgar con valores actuales los sucesos del pasado. Esto no significa relativizar el juicio valórico de los sucesos, sino extirpar ciertos moralismos actuales que no son reales, que suponen una "moral" moderna y postmoderna que juzga enloquecidamente las cosas. Desde una perspectiva objetiva tenemos que condenar sin reserva los errores ocurridos en l período analizado, pero sin rasgar vestiduras por la "monstruosa" noticia del descubrimiento y civilización europea en América, maldiciendo la hora en que se produjo al estilo del cuestionado activista verde Jacques Cousteau quien declaró en 1992 que la llegada de la Colón a América "fue un desastre peor que la lluvia de meteoritos que acabó con los dinosaurios en la prehistoria"

Aquí la premisa tribalista de "cada uno en su tierra sin invadir otra" queda desvanecida por el absurdo ante el dinamismo y realidad de la historia. Toda civilización es el fruto de una mezcla frecuentemente nada pacífica. La misma epopeya del Pueblo de Dios suponía conquistar una tierra prometida ocupada por tribus locales. Los mismos europeos provienen de invasiones y nuevas invasiones que mezclaron sus sangres e hicieron nacer las distintas culturas que dan alma al Viejo Mundo.

 

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Historia - La conciencia renacentista e ilustrada era mucho menos cristiana que la conciencia medieval. La conciencia de aquellos cristianos toleró la esclavitud más o menos como la conciencia actual de muchos cristianos e ilustrados filántropos ha resistido que el comunismo haya matado más de cien millones de hombres, sin mayores aspavientos, o como tolera que la matanza de los niños inocentes, por el aborto, se haya hecho legal y subsidiada.

 

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Historia - La tolerancia que emanaba de Roma hacia los judíos no siempre era respetada por muchos obispos y predicadores, que consideraban que la presencia judía no acarreaba ningún bien, y lanzaron contra los judíos toda clase de invectivas. En 1199, Inocencio III publicó la Constitutio contra iudaeis, estableciendo las normas de obligado cumplimiento para los cristianos en relación con los judíos: estancia legal en tierra cristiana, protección de personas y bienes, conservación de la fe mosaica, inviolabilidad de sinagogas y cementerios. Para la Iglesia, el judaísmo se presentaba como el depósito de la revelación de la Verdad hasta la llegada de Jesucristo y, un día, acabarían por llegar al "nuevo" Israel.

 

Lutero, como padre espiritual de la Alemania moderna, tiene una responsabilidad muy grave en el proceso de odio que se desarrolló contra los judíos.

 

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DISCERNIR - A todos se les pide el saber cultivar un atento discernimiento y una constante vigilancia, madurando una sana capacidad crítica ante la fuerza persuasiva de tantos medios de comunicación que no cesan de inventar, suponer o repetir ‘leyendas negras’, difamaciones o mentiras históricas… mienten sabiendo de mentir.

Los que escuchan no deben ser obligados a imposiciones ni compromisos, engaño o manipulación. Jesús enseña que la comunicación es un acto moral “El hombre bueno, del buen tesoro saca cosas buenas y el hombre malo, del tesoro malo saca cosas malas. Os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres darán cuenta en el día del Juicio. Porque por tus palabras serás declarado justo y por tus palabras serás condenado” (Mt 12, 35-37).

“Por tanto, desechando la mentira, hablad con verdad cada cual con su prójimo, pues somos miembros los unos de los otros. […]No salga de vuestra boca palabra dañosa, sino la que sea conveniente para edificar según la necesidad y hacer el bien a los que os escuchen” (Ef 4, 25.29).

 

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Derechos - Señor del mundo, Padre de todos los hombres, por medio de tu Hijo nos has pedido amar a los enemigos, hacer bien a los que nos odian y orar por los que nos persiguen. Muchas veces, sin embargo, los cristianos han desmentido el Evangelio y, cediendo a la lógica de la fuerza, han violado los derechos de etnias y pueblos; despreciando sus culturas y tradiciones religiosas: muéstrate paciente y misericordioso con nosotros y perdónanos. Por Cristo nuestro Señor. R. Amén.

 

Cieza de León 1518?-1560 reconoce que en aquella empresa hubo crueldades, pero asegura que no todos actuaron así, «porque yo sé y vi muchas veces hacer a los indios, buenos tratamientos por hombres templados y temerosos de Dios, que curaban a los enfermos». Sus escritos denotan un hombre de religiosidad profunda, compadecido de los indios al verlos sujetos a los engaños y esclavitudes del demonio...

 

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Iglesia – de hombres pecadores. Por desgracia, en el seno de la Iglesia, que está constituida por hombres, no faltan los pecadores, sobre todo cuando no se vive el precepto de la caridad, que es esencial y es el primero para un cristiano. De este modo se produce un antitestimonio de Jesucristo. La muchedumbre inmensa de los mártires testifica con su sangre la fidelidad de la Iglesia a Jesucristo, porque, aunque haya en ella pecadores, es a la vez una Iglesia de mártires, es decir, de cristianos auténticos, que han practicado su fe en Cristo y su caridad hacia los hermanos, incluidos los enemigos, hasta el sacrificio, no sólo de su vida, sino también con frecuencia de su honra, habiendo tenido que soportar humillaciones tremendas, entre otras la de ser tachados de traidores y farsantes.

Faltas del pasado - No podemos ocultar que muchos que profesaban ser discípulos de Jesús han cometido errores a lo largo de la historia. Con frecuencia, ante problemas graves, han pensado que primero se debía mejorar la tierra y después pensar en el cielo. La tentación ha sido considerar que, ante necesidades urgentes, en primer lugar se debía actuar cambiando las estructuras externas. Para algunos, la consecuencia de esto ha sido la transformación del cristianismo en moralismo, la sustitución del creer por el hacer. Por eso, mi predecesor de venerada memoria, Juan Pablo II, observó con razón: «La tentación actual es la de reducir el cristianismo a una sabiduría meramente humana, casi como una ciencia del vivir bien. En un mundo fuertemente secularizado, se ha dado una “gradual secularización de la salvación”, debido a lo cual se lucha ciertamente en favor del hombre, pero de un hombre a medias, reducido a la mera dimensión horizontal. En cambio, nosotros sabemos que Jesús vino a traer la salvación integral»[Enc.Redemptoris missio.]

S.S. Benedicto PP XVI: MMVI.

 

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La interpretación de la historia

 

¿Cuáles son las condiciones de una correcta interpretación del pasado desde el punto de vista del conocimiento histórico? Para determinarlas hay que tener en cuenta la complejidad de la relación que existe entre el sujeto que interpreta y el pasado objeto de interpretación; en primer lugar se debe subrayar la recíproca extrañeza entre ambos. Eventos y palabras del pasado son ante todo «pasados»; en cuanto tales son irreductibles totalmente a las instancias actuales, pues poseen una densidad y una complejidad objetivas, que impiden su utilización únicamente en función de los intereses del presente. Hay que acercarse, por tanto, a ellos mediante una investigación histórico?crítica, orientada a la utilización de todas las informaciones accesibles de cara a la reconstrucción del ambiente, de los modos de pensar, de los condicionamientos y del proceso vital en que se sitúan aquellos eventos y palabras, para cerciorarse así de los contenidos y los desafíos que, precisamente en su diversidad, plantean a nuestro presente.

 

En segundo lugar, entre el sujeto que interpreta y el objeto interpretado se debe reconocer una cierta copertenencia, sin la cual no podría existir ninguna conexión y ninguna comunicación entre pasado y presente; esta conexión comunicativa está fundada en el hecho de que todo ser humano, de ayer y de hoy, se sitúa en un complejo de relaciones históricas y necesita, para vivirlas, de una mediación lingüística, que siempre está históricamente determinada. ¡Todos pertenecemos a la historia! Poner de manifiesto la copertenencia entre el intérprete y el objeto de la interpretación, que debe ser alcanzado a través de las múltiples formas en las que el pasado ha dejado su testimonio (textos, monumentos, tradiciones...), significa juzgar si son correctas las posibles correspondencias y las eventuales dificultades de comunicación con el presente, puestas de relieve por la propia comprensión de las palabras o de los acontecimientos pasados; ello requiere tener en cuenta las cuestiones que motivan la investigación y su incidencia sobre las respuestas obtenidas, el contexto vital en que se actúa y la comunidad interpretadora, cuyo lenguaje se habla y a la cual se pretenda hablar. Con tal objetivo es necesario hacer refleja y consciente en el mayor grado posible la precomprensión, que de hecho se encuentra siempre incluida en cualquier interpretación, para medir y atemperar su incidencia real en el proceso interpretativo.

 

Finalmente, entre quien interpreta y el pasado objeto de interpretación se realiza, a través del esfuerzo cognoscitivo y valorativo, una ósmosis («fusión de horizontes»), en la que consiste propiamente la comprensión. En ella se expresa la que se considera inteligencia correcta de los eventos y de las palabras del pasado; lo que equivale a captar el significado que pueden tener para el intérprete y para su mundo. Gracias a este encuentro de mundos vitales, la comprensión del pasado se traduce en su aplicación al presente: el pasado es aprehendido en las potencialidades que descubre, en el estímulo que ofrece para modificar el presente; la memoria se vuelve capaz de suscitar nuevo futuro.

 

A una ósmosis fecunda con el pasado se accede merced al entrelazamiento de algunas operaciones hermenéuticas fundamentales, correspondientes a los momentos ya indicados de la extrañeza, de la copertenencia y de la comprensión verdadera y propia. Con relación a un «texto» del pasado, entendido en general como testimonio escrito, oral, monumental o figurativo, estas operaciones pueden ser expresadas del siguiente modo: «1) comprender el texto, 2) juzgar la corrección de la propia inteligencia del texto y 3) expresar la que se considera inteligencia correcta del texto» 66. Captar el testimonio del pasado quiere decir alcanzarlo del mejor modo posible en su objetividad, a través de todas las fuentes de que se pueda disponer; juzgar la corrección de la propia interpretación significa verificar con honestidad y rigor en qué medida pueda haber sido orientada, o en cualquier caso condicionada, por la precomprensión o por los posibles prejuicios del intérprete; expresar la interpretación obtenida significa hacer a los otros partícipes del diálogo establecido con el pasado, sea para verificar su relevancia, sea para exponerse a la confrontación con otras posibles interpretaciones.

 

Para que la Iglesia realice un adecuado examen de conciencia histórico delante de Dios, con vistas a la propia renovación interior y al crecimiento en la gracia y en la santidad, es necesario que sepa reconocer las «formas de antitestimonio y de escándalo» que se han presentado en su historia, en particular durante el último milenio. No es posible llevar a cabo una tarea semejante sin ser conscientes de su relevancia moral y espiritual. Ello exige la definición de algunos términos clave, además de la formulación de algunas precisiones necesarias en el plano ético. MM.

 

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Europa - Las viejas ideologías se han revelado ineficaces para dar respuesta a los interrogantes más profundos del hombre. El vacío dejado por las ideologías lo ocupa una razón desencantada, que no se atreve a mirar a la verdad de frente, que se contenta con soluciones parciales a los problemas del hombre, y que en definitiva no resuelven nada. En esta encrucijada histórica, el Evangelio se presenta como la única alternativa posible capaz de crear una cultura nueva que responda a las expectativas más hondas del hombre, y por tanto, devolverle la esperanza.
La Universidad, como lugar privilegiado de creación de cultura y de forja de pensamiento, tiene una importancia estratégica para la Iglesia en esta hora. La Iglesia, que ha creado la Universidad, tiene mucho que aportar: un modelo de universidad humanista, que busque no sólo informar, sino formar; no sólo tener más, sino ser mejor; que ofrezca no sólo conocimiento, sino también sabiduría. Una universidad libre de la esclavitud de las ideologías o de la economía, capaz de abrirse al hombre concreto y al mundo.

 

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Evangelización para la dignidad de la persona. - En Santo Toribio descubrimos el valeroso defensor o promotor de la dignidad de la persona. Frente a intentos de recortar la acción de la Iglesia en el anuncio de su mensaje de salvación, supo defender con valentía la libertad eclesiástica.

El fue un auténtico precursor de la liberación cristiana en vuestro país. Desde su plena fidelidad al Evangelio, denunció los abusos de los sistemas injustos aplicados al indígena; no por miras políticas n? por móviles ideológicos, sino porque descubría en ellos serios obstáculos a la evangelización, por fidelidad a Cristo y por amor a los más pequeños e indefensos.

Así se hizo el solícito y generoso servidor del indígena, del negro, del marginado. E supo ser a la vez un respetuoso promotor de los valores culturales aborígenes, predicando en las lenguas nativas y haciendo publicar el primer libro en Sudamérica: el catecismo único en lengua española, quechua y aymara.

Es éste un válido ejemplo al que habéis de mirar con frecuencia, queridos hermanos, sobre todo en un momento en el que la nueva evangelización ha de prestar gran atención a la dignidad de la persona, a sus derechos y justas aspiraciones. Febrero 02 del 1985 – S.S. Juan Pablo II – Magno

 

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HISTORIA - Para adentrarse en la época de la gran gesta hispánica [1492-1592] y analizar la magnitud del descubrimiento, es necesario penetrarlo estudiando el contexto histórico; solo así podremos llegar a un discernimiento moderado y con el sentimiento sano del deber o de una conciencia objetiva. Con este objetivo presentamos tantos temas y acontecimientos -aparentemente- en discontinuidad.

 

Para no caer en el anacronismo, es necesario tener la humildad y la inteligencia de leer los hechos del pasado no con las categorías mentales de hoy, más, dentro el marco histórico temporal en que se efectuaron. 

 

Al igual que ocurre con cualquier otra expresión de la mente humana, quizás la objetividad plena es imposible, pero lo que se le pide a cualquier intelectual honrado es que, cuando menos, haga el esfuerzo de buscarla, tenga la valentía de acercarse serena y responsablemente al mayor grado de objetividad histórica posible.

 

¿Quién ignora, que son innumerables las personas de uno, y otro sexo, a quienes contiene, para que no suelten la rienda a sus pasiones el temor del qué dirán? Este temor ya no subsistirá en el caso de que no haya murmuradores en el mundo, que son los que dicen, los que hablan, y aun los que acechan los pecados ajenos. Luego esos innumerables de uno, y otro sexo, faltando el freno de la infamia, o descrédito a que los expone la murmuración, desenfrenadamente se darán a saciar sus criminales pasiones.

 

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SUCESOS - Es bueno valorar acontecimientos y hechos que han sucedido en el pasado, reflexionar sobre ellos, para caminar con los talentos de la historia como bastón de guía.

 

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La historia no puede hacerse sin acudir a las fuentes. Estas fuentes son testimonios, y, como tales testimonios, pueden ser parciales. Para el estudio de los tres primeros siglos del cristianismo, las fuentes son escasas. Pero en este período que estudiamos —especialmente en el siglo IV— son muy numerosas. La abundancia de los escritos de este período se debe probablemente al hecho de que en él la educación retórica era tenida en grandísima consideración y permitía subir fácilmente en la escala social. Hablar hoy de retórica presenta una gran carga peyorativa, mas en aquella época no era así. De hecho, la educación que se recibía entonces se dividía en dos grandes momentos: gramática —correspondería a la escuela media— y retórica —estudios ya universitarios—. Había no sólo que decir las cosas, sino decirlas bien. Y para expresarse bien había que tener un buen conocimiento de los clásicos. Los hombres eminentes tenían la posibilidad de llegar muy alto en la escala social. Esto ocurría así hasta que, a causa de las reformas de Diocleciano y de Constantino, se impuso un orden social más estable para garantizar las ganancias fiscales.

Naturalmente las obras de mayor interés para la historia de la Iglesia son aquéllas de carácter religioso. Mas conviene tener presente la importancia que para el mismo propósito revisten también los autores paganos: en primer lugar, ellos nos permiten conocer mejor el contexto histórico-político y cultural en el cual se desarrollan los acontecimientos de la Iglesia; en segundo lugar, a tales acontecimientos los mismos autores hacen a veces referencia, revelando así su punto de vista diverso. Cultura profana y cultura cristiana, en cambio, fueron tal vez muy cercanas entre ellas: el filósofo pagano Temistio, por ejemplo, estuvo al servicio de emperadores cristianos; y Juliano, antes de volverse pagano, había recibido una educación cristiana.

 

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Historia – Inquisición - En efecto, la imposibilidad de acceder a la totalidad de la verdad partiendo de una disciplina particular es una convicción hoy ampliamente compartida. Por consiguiente, es necesaria la colaboración entre representantes de las diversas ciencias. Además, en cuanto se afronta un asunto complejo, los investigadores sienten la necesidad de aclaraciones recíprocas, respetando obviamente las competencias de cada uno. Por este motivo, la Comisión histórico-teológica para la preparación del gran jubileo con razón ha considerado que no podía reflexionar de modo adecuado sobre el fenómeno de la Inquisición sin escuchar antes a expertos en las ciencias históricas, cuya competencia fuera reconocida universalmente.

 

La cuestión, que guarda relación con el ámbito cultural y las concepciones políticas del tiempo es, en su raíz, exquisitamente teológica y supone una mirada de fe a la esencia de la Iglesia y a las exigencias evangélicas, que regulan su vida. Ciertamente, el Magisterio de la Iglesia no puede proponerse realizar un acto de naturaleza ética, como es la petición de perdón, sin antes informarse exactamente sobre la situación de ese tiempo. Pero tampoco puede apoyarse en las imágenes del pasado transmitidas por la opinión pública, ya que a menudo tienen una sobrecarga de emotividad pasional que impide un diagnóstico sereno y objetivo. Si no tuviera en cuenta esto, el Magisterio faltaría a su deber fundamental de respetar la verdad. Por eso, el primer paso consiste en interrogar a los historiadores, a los que no se les pide un juicio de naturaleza ética, que sobrepasaría el ámbito de sus competencias, sino que contribuyan a la reconstrucción lo más precisa posible de los acontecimientos, de las costumbres y de la mentalidad de entonces, a la luz del marco histórico de la época.

Sólo cuando la ciencia histórica haya podido reconstruir la verdad de los hechos, los teólogos y el mismo Magisterio de la Iglesia estarán en condiciones de dar un juicio objetivamente fundado.

En el umbral del tercer milenio, es legítimo esperar que los responsables políticos y los pueblos, sobre todo los que se hallan implicados en conflictos dramáticos, alimentados por el odio y el recuerdo de heridas a menudo antiguas, se dejen guiar por el espíritu de perdón y reconciliación testimoniado por la Iglesia, y se esfuercen por resolver sus contrastes mediante un diálogo leal y abierto.

Confío este deseo mío a vuestra consideración y a vuestra oración. Y, al tiempo que invoco sobre cada uno la constante protección divina, os aseguro mi recuerdo en la oración y de buen grado os imparto a vosotros y a vuestros seres queridos una especial bendición apostólica. 31.10.1998 S. S. Juan Pablo II . Magno

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Se perfilan así diversos interrogantes: ¿se puede hacer pesar sobre la conciencia actual una culpa vinculada a fenómenos históricos irrepetibles, como las cruzadas o la inquisición? ¿No es demasiado fácil juzgar a los protagonistas del pasado con la conciencia actual (como hacen escribas y fariseos, según Mt 23,29-32), como si la conciencia moral no se hallara situada en el tiempo? ¿Se puede acaso, por otra parte, negar que el juicio ético siempre tiene vigencia, por el simple hecho de que la verdad de Dios y sus exigencias morales siempre tienen valor? Cualquiera que sea la actitud a adoptar, ésta debe confrontarse con estos interrogantes y buscar respuestas que estén fundadas en la revelación y en su transmisión viva en la fe de la Iglesia. La cuestión prioritaria es, por tanto, la de esclarecer en qué medida las peticiones de perdón por las culpas del pasado, sobre todo cuando se dirigen a grupos humanos actuales, entran en el horizonte bíblico y teológico de la reconciliación con Dios y con el prójimo.  

 

Recomendamos vivamente: EDICIONES RIALP, MADRID, Beatriz Comella,

La Inquisición española, 1998. Con este libro la autora sintetiza la historia y el funcionamiento de la Inquisición española con rasgos esenciales del contexto religioso, social y económico.

 

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Eliminar la calumnia de nuestra lengua, evitar toda acción que pueda causar daño a nuestro hermano, no difamar a los que viven a nuestro lado cada día.

 

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Iglesia – “Cada cual mira a la Iglesia según el estado de su propio corazón: Unos ven en la Iglesia solo pecadores y la condenan. Otros miran a sus santos con la esperanza de llegar a ser como ellos. Prefiero mirar a los santos, sabiendo que, de pecadores que eran, Cristo los transformó en hombres nuevos. Esa es la grandeza incomparable de la Iglesia”. Pbro. Jordi Rivero

 

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Iglesia - San Agustín a sus fieles: «Los santos mismos no están libres de pecados diarios. La Iglesia entera dice: Perdónanos nuestros pecados. Tiene, pues, manchas y arrugas (Ef 5,27). Pero por la confesión se alisan las arrugas, por la confesión se lavan las manchas. La Iglesia está en oración para ser purificada por la confesión, y estará así mientras vivieren hombres sobre la tierra» (Sermo 181, 5,7 en PL 38, 982)

 

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Historia e Iglesia - Lo que tiene lejos a ciertas personas de la Iglesia institucional son, en la mayoría de las ocasiones, los defectos, las incoherencias, los errores de los líderes: inquisición, procesos, mal uso del poder y del dinero, escándalos. Todas cosas, lamentablemente, ciertas, si bien frecuentemente exageradas y contempladas fuera de todo contexto histórico. Los sacerdotes somos los primeros en darnos cuenta de nuestra miseria e incoherencia y en sufrirla.

Los ministros de la Iglesia son «elegidos entre los hombres» y están sujetos a las tentaciones y a las debilidades de todos. Jesús no intentó fundar una sociedad de perfectos. ¡El Hijo de Dios –decía el escritor escocés Bruce Marshall-- vino a este mundo y, como buen carpintero que se había hecho en la escuela de José, recogió los pedacitos de tablas más descoyuntados y nudosos que encontró y con ellos construyó una barca –la Iglesia-- que, a pesar de todo, resiste el mar desde hace dos mil años!

Hay una ventaja en los sacerdotes «revestidos de debilidad»: están más preparados para compadecer a los demás, para no sorprenderse de ningún pecado ni miseria, para ser, en resumen, misericordiosos, que es tal vez la cualidad más bella en un sacerdote. A lo mejor precisamente por esto Jesús puso al frente de los apóstoles a Simón Pedro, quien le había negado tres veces: para que aprendiera a perdonar «setenta veces siete».

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La Iglesia "...no tiene miedo a la verdad que emerge de la historia y está dispuesta a reconocer equivocaciones allí donde se han verificado, sobre todo cuando se trata del respeto debido a las personas y a las comunidades. Pero es propensa a desconfiar de los juicios generalizados de absolución o de condena respecto a las diversas épocas históricas. Confía la investigación sobre el pasado a la paciente y honesta reconstrucción científica, libre de prejuicios de tipo confesional o ideológico, tanto por lo que respecta a las atribuciones de culpa que se le hacen como respecto a los daños que ella ha padecido". Juan Pablo II, discurso del 1 de Septiembre 1999

 

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Durante la reunión que celebramos los capellanes de aeropuertos en Loreto, del 25 al 27 de abril de 1995, una asistente francesa, manifestó que la Iglesia debía de pedir perdón por la pobreza que existe en el tercer mundo. Mons. Sergio Sebastiani, entonces Secretario General del Jubileo 2000, que desarrollaba una ponencia, y que había trabajado muchos años en Mozambique, le contestó: “Usted y yo sí que debemos pedir perdón por lo que no hacemos, pero no la Iglesia. Puedo asegurarle que en Mozambique está el cuarto o el quinto mundo y hay muchísimas zonas a las que no llegan los organismos internacionales ni las ongs. Allí sólo he encontrado sacerdotes, religiosos y religiosas, que comparten la pobreza, el hambre y las enfermedades con los nativos”.

 

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Cuando se encasquilla la razón se disparan las sectas. Personajes y grupos que dejan espacio a visionarios anunciadores de la fin del mundo ‘errando siempre’…; maníacos puros de la casta de los intocables ‘blanqueados’, sospechosos, oscuros y dudosos charlatanes; propicios al negocio fácil, con la Biblia como zotal.

El tiempo, que suele ser tozudo, inapelable e inmisericorde, sin duda, ya da testimonio de ello. Que una persona en una secta, esté errada doctrinalmente no prejuzga nada de su condición moral.

 

 

Historia, perdón reconciliación - El compromiso por la verdad abre el camino al perdón y a la reconciliación. Surge una objeción ante la conexión indispensable entre el compromiso por la verdad y la paz: las diferentes convicciones sobre la verdad dan lugar a tensiones, a incomprensiones, a debates, tanto más fuertes cuanto más profundas, son las convicciones mismas. A lo largo de la historia, éstas también han dado lugar a violentas contraposiciones, a conflictos sociales y políticos, e incluso a guerras de religión. Esto es verdad, y no se puede negar; pero esto ha ocurrido siempre por una serie de causas concomitantes, que poco o nada tenían que ver con la verdad y la religión, y siempre porque se quiere sacar provecho de medios realmente irreconciliables con el puro compromiso por la verdad y con el respeto de la libertad requerido por la verdad. Por lo que concierne específicamente a la Iglesia católica, ella condena los graves errores cometidos en el pasado, tanto por parte de sus miembros como de sus instituciones, y no ha dudado en pedir perdón. Lo exige el compromiso por la verdad.

La petición de perdón y el don del perdón, igualmente debido - porque para todos vale la advertencia de Nuestro Señor: “¡el que esté sin pecado, que tire la primera piedra!” (cf. Jn 8,7) - son elementos indispensables para la paz. La memoria queda purificada, el corazón apaciguado, y se vuelve pura la mirada sobre lo que la verdad exige para desarrollar pensamientos de paz. No puedo dejar de recordar las iluminadoras palabras de Juan Pablo II: “No hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón” (01 enero 2002).

El compromiso por la paz abre camino a nuevas esperanzas. Es como una conclusión lógica de lo que he tratado de ilustrar hasta ahora. ¡Porque el hombre es capaz de verdad! Lo es tanto sobre los grandes problemas del ser, como sobre los grandes problemas del obrar: en la esfera individual y en las relaciones sociales, en el ámbito de un pueblo como de la humanidad entera. La paz, hacia la que debe y puede llevarla su compromiso, no es sólo el silencio de las armas; es, más bien, una paz que favorece la formación de nuevos dinamismos en las relaciones internacionales, dinamismos que a su vez se transforman en factores de conservación de la paz misma. Y sólo lo son si responden a la verdad del hombre y a su dignidad. Y por esto no se puede hablar de paz allá donde el hombre no tiene ni siquiera lo indispensable para vivir con dignidad. Pienso ahora en las multitudes inmensas de poblaciones que padecen hambre. Aunque no estén en guerra, la suya no se puede llamar paz: más aún, son víctimas inermes de la guerra. Vienen también espontáneamente a mi mente las imágenes sobrecogedoras de los grandes campos de prófugos o de refugiados –en muchas partes del mundo– acogidos en precarias condiciones para librarse de una suerte peor, pero necesitados de todo. Estos seres humanos, ¿no son nuestros hermanos y hermanas? ¿Acaso sus hijos no vienen al mundo con las mismas esperanzas legítimas de felicidad que los demás? Mi pensamiento se dirige también a todos los que, por condiciones de vida indigna, se ven impulsados a emigrar lejos de su País y de sus seres queridos, con la esperanza de una vida más humana. Ni podemos olvidar tampoco la plaga del tráfico de personas, que es una vergüenza para nuestro tiempo. Lunes 9 de enero de 2006 – S.S. Benedicto P.P. XVI

 

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La Iglesia es la Iglesia de Jesucristo, es la Iglesia que él ha querido y fundado y en la cual él está presente.; la historia de 2000 años ininterrumpidos, habla de Él. Y la quiso católica-universal-global para que todos sean salvados por el amor de Dios.
Precisamente en cuanto cada acto humano pertenece a quien lo hace, cada conciencia individual y cada sociedad elige y actúa en el interior de un determinado horizonte de tiempo y espacio.
Para comprender de verdad los actos humanos y los dinamismos a ellos unidos, deberemos entrar, por tanto, en el mundo propio de quienes los han realizado; solamente así podremos llegar a conocer sus motivaciones y sus principios morales. Y esto se afirma sin perjuicio de la solidaridad que vincula a los miembros de una específica comunidad en el discurrir del tiempo. MM.

 

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Historia y pasado - «La dominante cultura cínica de la amnesia se mueve en la abstracción de prescindir sistemáticamente del pasado, de la realidad, de la Historia y de la tradición, lo que le confiere empero un falso carácter innovador. Es una cultura neutral en la que está ausente la imaginación creadora. Ésta se suple, justamente, con el olvido o el rechazo de la realidad y de la tradición, para que parezca nuevo todo lo que produce. Y eso explica los absurdos proyectos y programas educativos vigentes, que parten del supuesto de que toda la cultura anterior carece de valor y debe ser desechada. Trátase de una inane y pervertida reproducción de la eterna polémica entre los antiguos y los modernos en la que el Estado como tal no solía tomar parte y que, por ende, impulsaba la cultura».

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

…El hombre fue honrado por Dios y situado por encima de toda criatura:  "El cielo no fue hecho a imagen de Dios, ni la luna, ni el sol, ni la belleza de las estrellas, ni nada de lo que aparece en la creación. Sólo tú (alma humana) has sido hecha a imagen de la naturaleza que supera toda inteligencia, semejanza de la belleza incorruptible, huella de la verdadera divinidad, receptáculo de vida bienaventurada, imagen de la verdadera luz, al contemplar la cual te conviertes en lo que él es, pues por medio del rayo reflejado que proviene de tu pureza tú imitas a quien brilla en ti. Nada de lo que existe es tan grande que pueda ser comparado a tu grandeza" (Homilia in Canticum 2:  PG 44, 805 D). Meditemos en este elogio del hombre. Veamos también cómo el hombre se ha degradado por el pecado. Y tratemos de volver a la grandeza originaria:  el hombre sólo alcanza su verdadera grandeza si Dios está presente. (29 de agosto de 2007-Benedicto PP. XVI comentado a san Gregorio de Nisa 335ca † 394).

 

 

 

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Recomendamos vivamente: ‘Historia de la Inquisición en España y América’ – El conocimiento científico y el proceso histórico de la Institución (1478-1834). Obra dirigida por don Joaquín PÉREZ VILLANUEVA y Bartolomé ESCANDELL BONET. Es una elevada tarea historiográfica con planteamientos científicos, bases documentales, tratamiento y lenguaje actuales. Y:La inquisición española - Editorial: BAC- Centro de estudios inquisitoriales- Madrid-España. Autora:(Comella Beatriz.- Rialp, Madrid) Breve-óptimo libro.  

Recomendamos vivamente: MI QUERIDA IGLESIA SANTA Y PECADORA - Decía José Luis Martín Descalzo que «nuestros pecados manchan tan poco la Iglesia como las manchas al sol». En este espíritu ha escrito Mariano Purroy Mi querida Iglesia, santa y pecadora (Edibesa), una mirada positiva y realista sobre los pecados de los cristianos y el perdón de Cristo. 

† San Pablo: “no eres tú quien sostiene la raíz, sino la raíz la que sostiene a ti”. (Rom 11,18). †

Dios el juez supremo y al que no podremos nunca engañar. +

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).