Tuesday 21 February 2017 | Actualizada : 2017-02-03
 
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Europa e Iglesia - ¿Subsistirán la libertad, la igualdad, los derechos, la democracia, sin los supuestos cristianos en que descansan y a los que debe la civilización europea el ser la única liberal y universalista que ha existido?. El declive del cristianismo europeo, ¿forma parte de la crisis o decadencia intelectual, moral y política de Europa o se trata de fenómenos independientes? ¿Puede ser la crisis del cristianismo una causa principal de la descivilización europea o es la descivilización de Europa la causa del marasmo a aquel? ¿Qué influencia tiene el estatismo neutral y agnóstico y en buena medida nihilista, acosado por poderes indirectos de toda laya, en la situación del cristianismo? MMVI

 

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Ciertamente desde el siglo V católica ciudad de Oporto-Pt.

 

Europa - Las viejas ideologías se han revelado ineficaces para dar respuesta a los interrogantes más profundos del hombre. El vacío dejado por las ideologías lo ocupa una razón desencantada, que no se atreve a mirar a la verdad de frente, que se contenta con soluciones parciales a los problemas del hombre, y que en definitiva no resuelven nada. En esta encrucijada histórica, el Evangelio se presenta como la única alternativa posible capaz de crear una cultura nueva que responda a las expectativas más hondas del hombre, y por tanto, devolverle la esperanza.
La Universidad, como lugar privilegiado de creación de cultura y de forja de pensamiento, tiene una importancia estratégica para la Iglesia en esta hora. La Iglesia, que ha creado la Universidad, tiene mucho que aportar: un modelo de universidad humanista, que busque no sólo informar, sino formar; no sólo tener más, sino ser mejor; que ofrezca no sólo conocimiento, sino también sabiduría. Una universidad libre de la esclavitud de las ideologías o de la economía, capaz de abrirse al hombre concreto y al mundo.

 

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Nadie tan implacable como los puritanos y jacobinos. Golpean nuestras mentes hasta que penetre en ellas su verdad. Confunden la ética con la legislación, y nos abruman con reglamentos y regulaciones cada vez más capilares. Más les valiera respetar la libertad, de la que toda moral surge y a la que toda moral retorna».

 

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Evangelización para la dignidad de la persona. - En Santo Toribio descubrimos el valeroso defensor o promotor de la dignidad de la persona. Frente a intentos de recortar la acción de la Iglesia en el anuncio de su mensaje de salvación, supo defender con valentía la libertad eclesiástica.

El fue un auténtico precursor de la liberación cristiana en vuestro país. Desde su plena fidelidad al Evangelio, denunció los abusos de los sistemas injustos aplicados al indígena; no por miras políticas nί por móviles ideológicos, sino porque descubría en ellos serios obstáculos a la evangelización, por fidelidad a Cristo y por amor a los más pequeños e indefensos.

Así se hizo el solícito y generoso servidor del indígena, del negro, del marginado. E supo ser a la vez un respetuoso promotor de los valores culturales aborígenes, predicando en las lenguas nativas y haciendo publicar el primer libro en Sudamérica: el catecismo único en lengua española, quechua y aymara.

Es éste un válido ejemplo al que habéis de mirar con frecuencia, queridos hermanos, sobre todo en un momento en el que la nueva evangelización ha de prestar gran atención a la dignidad de la persona, a sus derechos y justas aspiraciones. Febrero 02 del 1985 – S.S. Juan Pablo II – Magno

 

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Es difícil calificar una institución –como la Iglesia Católica que, en sus dos mil años- nos ofrece con sus bibliotecas, monasterios y universidades, nada menos que el ‘patrimonio intelectual de la humanidad’.

 

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Verdades y mentiras de la historia

 

 

 

Luis Fernández Cuervo*

 

Nuestro colaborador Luis Fernández Cuervo escribe en El Diario de Hoy (El Salvador), sobre el tratamiento de la Iglesia que hace el conocido escritor Mario Vargas Llosa con ocasión de la enseñanza del Magisterio sobre la sexualidad y más en concreto sobre la homosexualidad. Siempre resulta interesante conocer las ideas de fondo de los famosos y sobre todo el grado de consistencia (o inconsistencia) de las mismas.

 
El artículo “El pecado nefando”, del novelista Mario Vargas Llosa, publicado en este mismo periódico el domingo 24 de agosto, merece una respuesta serena, no en el tono exaltado y panfletario que utiliza el célebre escritor, sino con la mesura y objetividad que requiere tratar un tema importante y delicado que Vargas Llosa se encarga de tergiversar y oscurecer. He demorado la respuesta hasta poder leer el documento que tanto le enfurece a ese escritor.

Se trata de un reciente documento del Vaticano, donde se advierte que “las presentes consideraciones no contienen nuevos elementos doctrinales, sino que pretenden recordar los puntos esenciales inherentes al problema y presentar algunas argumentaciones” (…) “para proteger y promover la dignidad del matrimonio, fundamento de la familia, y la solidez de la sociedad, de la cual esta institución es parte constitutiva”.

El problema, según el documento, es la homosexualidad, “fenómeno moral y social inquietante”, y el hecho de que se le esté dando en varios países una equiparación legal con el matrimonio y, en algunos casos, incluso el derecho legal de adoptar hijos. El documento tiene también la finalidad de “iluminar la actividad de los políticos católicos, a quienes se indican las líneas de conducta coherentes con la conciencia cristiana”. El documento lo ofrecen “no solamente a los creyentes, sino también a todas las personas comprometidas en la promoción y la defensa del bien común de la sociedad”. ¿Por qué esto último? Sencillamente, porque el matrimonio, sus deberes y derechos, son también un asunto de “ley moral natural” que no necesita de la fe católica, sino, simplemente, de una mente honesta, abierta a los argumentos morales inherentes a la naturaleza humana y al sentido jurídico más elemental.

Vargas Llosa dice que lo que más le sorprende no es la doctrina católica en este documento, sino “la vehemencia con la que en él se exhorta a los parlamentarios y funcionarios católicos a actuar”. Vehemencia, según el diccionario, es algo que supone “ímpetu y violencia”.

Nada de eso hay en el documento denostado. No puede decirse lo mismo del libelo panfletario de Vargas Llosa, donde se emplean contra la Iglesia Católica, su doctrina de siempre y su documento actual, las siguientes lindezas: “feroces diatribas”, “doctrina rígida y cavernícola”, “empecinamiento dogmático”, “filípica anti-homosexual”, “doctrina homofóbica anacrónica”, “viril brutalidad” y donde se usa y abusa del verbo “fulminar”. Dado que el verbo fulminar siempre, según el diccionario, significa, en general, “aniquilar”, “deshacer por completo”, “pulverizar” o, más en concreto, “aniquilar mediante rayos o corriente eléctrica”, no se ve nada de eso en el documento vaticano. En cambio, sí se observa un tono un tanto fulminante en los insultos del escritor.

En el documento papal se dice que: “los hombres y mujeres con tendencias homosexuales ‘deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta’. Tales personas están llamadas, como los demás cristianos, a vivir la castidad. Pero la inclinación homosexual es ‘objetivamente desordenada’, y las prácticas homosexuales ‘son pecados gravemente contrarios a la castidad’”.

Cuando la Iglesia se opone a que a una pareja de homosexuales se les equipare legalmente con un matrimonio, tiene toda la razón y no hacen falta argumentos de fe religiosa, sino simplemente de sentido común y de sentido jurídico. Con esa equiparación, la injusticia no es para las parejas homosexuales, sino para el matrimonio, sus derechos y su importante rol en la sociedad, ya que matrimonio es la unión de un hombre y una mujer que, por la mutua donación, propia y exclusiva de ellos, se complementan y se perfeccionan y, normalmente, procrean, crían y educan a los hijos nacidos de su unión conyugal, contribuyendo con eso a ser base insustituible de la sociedad, de su estabilidad y bondad y de su prolongación a través de los tiempos.

Nada de eso puede decirse de la convivencia de dos homosexuales. Como comentaba a este respecto un abogado y profesor universitario español, “a nadie se ofende si se trata de modo jurídicamente desigual lo que es distinto; al contrario, se ofendería a la justicia tratando igual lo desigual. Pero el sentido común percibe a simple vista que una unión entre dos personas del mismo sexo no es matrimonio, como no lo es una unión de cinco personas, o de una persona sola (recientemente se publicó un suelto sobre una artista que celebró su boda consigo misma, prometiéndose perpetua e indisoluble fidelidad)”.

Vargas Llosa pretende apoyarse para sus ataques en la autoridad de Sigmund Freud, ignorando tal vez que el creador del psicoanálisis calificaba de perversa “toda actividad sexual que, habiendo renunciado a la procreación, busca el placer como un fin independiente de ella”. Después suscribe la declaración del senador Edward Kennedy, diciendo que “la Iglesia Católica debe ocuparse de religión y no de tomas de posición políticas”. Es decir, que tanto Kennedy como Vargas Llosa pretenden que la Iglesia traicione su mandato divino de difundir su doctrina por toda la sociedad, que reniegue de la autoridad que Jesucristo le dio sobre fe y costumbres, y que se recluya en el interior de las conciencias y de los templos: típica mentalidad del oscurantismo anticristiano del Siglo XVIII.

Vivimos unos tiempos en donde, con la complicidad de algunos periodistas ayunos de verdaderas noticias, personajes que tienen prestigio por su competencia en algún campo cultural (la canción, el fútbol, la escena o la literatura) se atreven a opinar con gran desparpajo y solemnidad sobre asuntos sobre los que no tienen suficientemente conocimiento intelectual y/o poca o nula autoridad moral. Vargas Llosa es un ejemplo.

Que escribe bien, es indudable. Que entiende de literatura, también. Pero en este artículo y en otros anteriores, demuestra un conocimiento muy sectario y erróneo de la historia universal, y una verdadera fobia, difícil de explicar, contra el cristianismo en general y contra la Iglesia Católica en particular. Trataré de mostrárselo a los lectores en mi próximo artículo.

Lunes, 1 de septiembre 2003.

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Contestando a Vargas Llosa

Verdades y mentiras en la historia universal

Los países católicos siempre fueron países alegres,
vitales y muy poco reprimidos, también en lo sexual.


(Primera parte)

Terminaba yo mi artículo anterior diciendo que el escritor peruano Vargas Llosa mostraba “un conocimiento muy sectario y erróneo de la historia universal”. Y así es. La verdad histórica es muy diferente a como la presenta el furibundo escritor. Hoy sólo me referiré a dos de sus falsedades:

1) Atribuir a la Iglesia Católica el haber mandado a la hoguera a millares de católicos e infieles en la Edad Media. El tema de la Inquisición merece un comentario más detenido y matizado del que es posible aquí. Remito a estudios serios sobre la Inquisición española como los del historiador inglés Henry Kamen o la española Beatriz Comella. Pero sí hay que saber, por lo menos, que su importancia no fue en la Edad Media, que termina en el Siglo XIV, sino en pleno Renacimiento y más allá, hasta el XVII y XVIII, que es cuando pasó del poder eclesiástico al poder civil.

Inquisiciones hubo tantas como religiones había en esos siglos. Para esa época, un ataque a la religión de un país —ya fuera la católica, la luterana, la anglicana o la calvinista— suponía algo tan importante para la estabilidad de su gobierno, como lo que es el terrorismo o la guerrilla para una democracia actual. En cuanto a la Inquisición española, en su momento de mayor auge, entre 1540 y 1700, los condenados a la hoguera fueron 1.346, que representan un 1,9% de todos los procesados. La Revolución Francesa, tan alabada por los laicistas como Vargas Llosa, en pocos días, llevó a la guillotina cifras posiblemente superiores, exterminó a todos los de la región de la Vandeé y además arrasó con gran cantidad de edificios y objetos de arte religiosos. Y todo eso en nombre de la igualdad, libertad y fraternidad.

2) Atribuir a la Iglesia Católica “la postergación y humillación sistemática de la mujer”. Esta falsedad es todavía más grande, pues una de las causas de la difusión del primitivo cristianismo fue el papel importante que la mujer tuvo en él, muy por encima de la que tenía en el imperio romano. Y fue precisamente en la Edad Media cristiana donde la mujer alcanzó una dignidad y un poder como nunca había tenido.

El señor Vargas Llosa debería leer, al menos, los libros de la medievalista francesa Règine Pernoud para salir de su error. Sin una serie de mujeres descollantes —Genoveva, Juana de Arco, Catalina de Siena, Eloisa, Hildegarda de Bingen, Leonor de Aquitania, Blanca de Castilla, etc.—, que eran admiradas y respetadas por las autoridades civiles y religiosas de su tiempo, incluido el Papa, posiblemente la civilización europea habría sido imposible. Cualquier mujer podía entonces establecer un negocio o adquirir una propiedad sin autorización de su marido. Y fueron las damas del medioevo las que educaron y afinaron a los hombres, crearon el amor cortés, la galantería y el honor de servir el hombre a la mujer. ¿Donde está, pues, la “postergación y humillación sistemática de la mujer”? Fue con el Renacimiento y el nuevo auge del Derecho Romano cuando la mujer perdió los derechos que había ganado en la Edad Media.

3) Vargas Llosa acusa también al catolicismo de “distorsiones y represiones de la vida sexual en nombre de una supuesta normalidad”, que sería la relación heterosexual. Pretende ignorar que, mientras la religión y la moral católica fueron fuertes en cualquier país, las anormalidades y delitos sexuales fueron mínimos. Confunde puritanismo con catolicismo. Los países católicos siempre fueron países alegres, vitales y muy poco reprimidos, también en lo sexual.

En cuanto a si lo heterosexual es normal o no, la voz de la historia es muy clara. En las más variadas culturas, lo constante es que, llegada a la edad núbil, y siempre con un cierto sentido religioso, se celebra el matrimonio natural de un hombre y una mujer y con ello se obtiene, como derecho matrimonial, la unión conyugal y se constituye la familia con la crianza y educación de los hijos resultantes de esa unión. Eso no es un invento del cristianismo. Eso ocurre incluso en pueblos muy primitivos, desconocedores de la agricultura, la ganadería y la religión, tal como demostró el antropólogo alemán Gusinder con los fueginos de la Patagonia.

En cualquier tiempo y cultura, cuando la institución matrimonial entra en crisis y crecen el libertinaje y las aberraciones sexuales, todo conocedor de la historia universal puede decretar sin equivocarse que esa cultura está decayendo y, de un modo u otro, desaparecerá. No siempre es bajo un fuego del cielo que los aniquile, como en Sodoma y Gomorra.

Otras veces es por la conquista de un pueblo más austero, así Roma conquistando una Hélade en franca decadencia intelectual y moral. Y Roma, después de su esplendor imperial, ofrecerá esos mismos síntomas que ahora consideran algunos —no sólo Vargas Llosa— progreso cultural: ateísmo, escepticismo y relativismo en el área intelectual; el lujo, el placer y el ocio como metas vitales; la decadencia del matrimonio con el divorcio y los adulterios; la caída de la natalidad con los abortos o el abandono de los recién nacidos y las aberraciones sexuales crecientes, como testimoniaba Pablo de Tarso en su Epístola a los Romanos: “Se envanecieron con sus razonamientos y se oscureció su insensato corazón: presumiendo de sabios se hicieron necios (…) Por eso Dios los abandonó a los malos deseos de sus corazones, a la impureza con que entre ellos deshonran sus propios cuerpos (…) pues sus mujeres hasta cambiaron el uso natural por el que es contrario a la naturaleza, e igualmente los varones, habiendo dejado el uso natural de la mujer, se abrasaron en los deseos impuros de unos por otros: cometiendo torpezas varones con varones y recibiendo en sí mismos el pago merecido por su maldad”.

El pago actual de esos mismos vicios antiguos ahora ha sido peor: el aumento increíble de las enfermedades de transmisión sexual y el SIDA, “hijo de la píldora anticonceptiva”, como dijo el descubridor del virus causante de esa inmunodeficiencia, el Dr. Montagnier. El SIDA entró en EE.UU., en El Salvador, en España y en otros países, por los homosexuales. ¿Buen motivo para el “orgullo gay”?

Lunes 8 de septiembre.

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Para entender el presente
Verdades y mentiras de la historia

Si uno estudia el papel del cristianismo sin prejuicios
se observa que sin él no existiría nuestra civilización.


(Segunda parte)

La historia es maestra de vida. No se puede conocer bien el presente ni el mundo que nos ha tocado vivir si no se conoce o se conoce mal el pasado. Por eso la cultura histórica de un pueblo es de suma importancia. Pero ocurre que por ser ésta una ciencia no sujeta a la comprobación físico-matemática, está siempre expuesta a una fácil manipulación con fines sectarios.

A nivel de los cultivadores honestos de esta ciencia, puede haber ciertas divergencias de interpretación de los hechos, pero nuevos estudios y el hallazgo de nuevos documentos van despejando incógnitas y depurando interpretaciones y así, poco a poco, se va haciendo mayor claridad y mejores perfiles de las realidades pasadas. Pero ¿llegan los nuevos descubrimientos y las verdaderas certezas históricas con suficiente información al público en general?

Lamentablemente, no. Con frecuencia, a través de los medios para masas lo que le llega al gran público es una serie de estereotipos hechos con medias verdades abultadas y dejando verdades importantes silenciadas. En nuestro medio, gran parte de los docentes, los estudiantes universitarios y los periodistas tienen visiones muy insuficientes de la historia universal y de la historia de El Salvador.

Los hechos históricos que me ha tocado vivir más directamente, cuando después los he encontrado en versiones para el mundo lejano a esos hechos, casi siempre han estado fuertemente distorsionadas por un raro prejuicio de falsa neutralidad o por un abierto sectarismo. Una vez más, a nivel universal, se cumple en este terreno la sentencia evangélica de que “el diablo es el padre de la mentira” y que “los hijos de las tinieblas son más avisados que los hijos de la luz”.

De la Historia Universal es frecuente en nuestro medio unas simplificaciones donde se valoran la Grecia clásica, la Roma imperial, el Siglo XVIII, la Revolución Francesa y la Independencia de los países latinoamericanos muy positivamente y, en cambio, el “mono de hule” que se gana todos los palos es la Iglesia Católica. Se le echa la culpa de casi todo lo malo y muy en especial del oscurantismo medieval, de la destrucción de espléndidas culturas indoamericanas; se la acusa de ser enemiga de la ciencia y del progreso y se la adorna con las hogueras inquisitoriales e incluso con la mentira absoluta de la tortura y muerte en una de ellas, del astrónomo Galileo. Estos mismos detractores están ahora felices publicando una y otra vez, corregido y aumentado, el escándalo de los curas homosexuales y aplaudiendo en cambio, como un progreso cultural y científico, la homosexualidad de los que no son sacerdotes.

La realidad histórica es más matizada y bastante diferente. A lo largo de la historia, los pueblos y sus culturas, nacen, crecen, llegan a un máximo esplendor y después decaen y desaparecen. Pero hay dos excepciones misteriosas. Una es el pueblo de Israel; otra, la Iglesia Católica.

Por supuesto, en la historia de ambos no sólo hay luces, sino que también sombras y a veces hasta un punto que parecen haber perdido su identidad y que van a desaparecer. Sin embargo, no es así. Han pasado siglos y siglos y ahí están.

Si uno estudia el papel del cristianismo sin prejuicios se observa que sin él no existiría nuestra civilización, ni la ciencia, ni la técnica ni cosas más importantes como son los valores y virtudes morales. El concepto de persona es de origen cristiano y de él se derivan la igualdad esencial de todos los seres humanos y su intrínseca dignidad que hace que no puedan ser considerado como una cosa y eso es lo que permitió que se aboliera la esclavitud y la existencia de la democracia igualitaria —la de Grecia fue exclusivista, sólo para determinados “ciudadanos”, y con Pericles fue una dictadura disfrazada de democracia—.

La dignidad e igualdad de la mujer, como escribí en mi ar-tículo anterior, parte del cristianismo primitivo y tiene su auge en el catolicismo medieval. El oscurantismo con que comenzó la Edad Media no fue, porque los medievales apagaran la luz, sino que lo heredaron del desastre del hundimiento del Imperio Romano causado por su propia corrupción. Y en cambio fueron prendiendo luces, sacando de esos escombros culturales todo lo que pudieron recuperar de la cultura grecolatina con la paciente copia, a mano, de sus escritos en la tranquilidad y perseverancia de los monasterios.

A ella le debemos también la invención del libro y de las universidades, de la burguesía, de los hospitales, de la banca, la maravilla increíble de las catedrales románicas y góticas y un montón de cosas más en una época alegre y vital, de inseguridad física pero de gran seguridad psicológica, pues la vida tenía el sentido claro de terminar en una nueva vida feliz y eterna si cada cual cumplía con su papel social y moral.

Por eso, cuando ahora se trata una vez más, desde distintos puntos, de descristianizar a nuestra cultura, atacando a la Iglesia, al matrimonio, a la natalidad como males sociales y cuando, en cambio, se presenta al laicismo, al escepticismo, al ateísmo, al consumismo y a todos los viejos vicios de la Roma decadente, corregidos y aumentados, como un progreso social, es que se está completamente ciego.

Ernesto Sábato, escritor no cristiano, medio ciego de sus ojos físicos, no lo está en cambio de los ojos del espíritu cuando recientemente ha dicho: “Que estamos frente a una de las crisis más graves por las que ha pasado la humanidad es una evidencia que no necesita demostración. El ser humano siente que todos aquellos valores que albergaron la vida durante generaciones hoy ya no cuentan, como bien vaticinó Nietzsche, y en su lugar sufrimos una sociedad donde lo único que parece contar es la eficiencia y el dinero. ¿Le parece poco abismo? Y, sin embargo, creo, a pesar del como usted bien dice infatigable olor de la guerra, que un tiempo predominantemente espiritual puede estar a las puertas”. Yo también lo creo.

15 de septiembre 2003

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*Dr. en Medicina y columnista de El Diario de Hoy. Colaborador de Arvo Net. 
 

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DE LA MENTIRA NECESARIA

 

Jean-François Revel (nacido el 19 de enero de 1924 en Marsella, Francia) es filósofo, escritor, periodista y miembro de la Academia francesa.

 

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El autor hace referencias a VARGAS LLOSA (peruano)

Es desolador comprobar que el sistema explicativo que emplean, en los países libres, personalidades políticas y periódicos que no tienen nada de comunistas coincide frecuentemente con el que emplean los gobiernos de Maputo, Luanda, Addis-Abeba o Hanoi para disculparse del hambre que reina en sus países. ¿De qué han servido los frutos intelectuales del estudio de setenta años de carestía o de penuria alimentaria crónica bajo los regímenes comunistas? ¿De qué modo la documentación que demuestra que las raíces de esas penurias se encuentran, en gran parte, en la organización socialista de la economía sirve para guiar el juicio de los comentaristas que tienen la suerte de disponer de esa masa de informaciones? En abstracto y en bloque, esas informaciones están homologadas. Hay más gente a finales de siglo que al principio que, gracias a ellas, tienen por cierta la esterilidad del socialismo. Pero en la práctica, cuando se trata de apreciar un caso particular, casi no sirven ya para nada. Sin embargo esto es lo que cuenta, pues es a propósito de los casos particulares, y cuando todavía hay tiempo para actuar, interesa que no se vuelvan a cometer los mismos errores. Y se vuelven a cometer.

No veo, pues, que haya sido superado el prejuicio que concede a los regímenes definidos, en pura teoría, como progresistas, una inmunidad especial, que les dispensa, a la vez, de la democracia, del respeto de los derechos del hombre y de asegurar la subsistencia de sus súbditos. Ni tampoco el prejuicio complementario según el cual todo liberal o «conservador» en una civilización democrática se distingue poco, o nada en absoluto, de un derechista. La izquierda no comunista se jacta de haber comprendido que la economía de mercado, ajustada con todas las correcciones que se quieran, ha resultado ser la única vía posible. Y, sin embargo, ante cada situación concreta todos sus reflejos la impulsan en el sentido opuesto de esa pretendida convicción. Se comporta como un médico que asegurara haber asimilado bien el principio de que el arsénico hace más bien daño al organismo humano y que, ante cada paciente, insistiera en prescribirlo en dosis masivas, tratando de envenenadores públicos a los que intentaran impedírselo. Generalmente se critica el socialismo generador de hambre y represivo, y se alaba a las democracias, porque han creado las sociedades más ricas y menos injustas de la historia, sean cuales fueren sus imperfecciones. En la realidad del diagnóstico individual y concreto, una vez tras otra, son los diligentes elegidos de las sociedades democráticas prósperas a quienes toda una izquierda califica de reaccionarios, y son los tiranos totalitarios a quienes ella se obstina en tener por filántropos progresistas.

Por ejemplo, leí, en 1986, con una indignación felizmente atemperada por la diversión que proporciona siempre un buen espectáculo cómico, el informe aparecido en el International Herald Tribune del 14 de enero (y publicado originalmente en el New York Times) del desarrollo del 48° Congreso Internacional del PEN-Club en Nueva York. El día siguiente, el mismo periódico reproducía las invectivas dirigidas por Günter Grass a Saúl Bellow, que había tenido la audacia de no considerar a los Estados Unidos totalmente reaccionarios. Que autores y directores literarios se levanten y abandonen la sala por la simple aparición del secretario de Estado George Shultz, invitado a hablar, como si fuera ministro en un gobierno totalitario, me parece que sólo puede explicarse por una mezcla de incompetencia política y de falta de honradez intelectual; sobre todo cuando el mismo auditorio invita y escucha con respeto a Amadou Mahtar M´Bow, el causante del naufragio de la UNESCO. Que sesenta y seis escritores, expresando, al parecer, el sentimiento de muchos otros participantes, hayan, en una carta abierta, calificado de «inapropriate» (desplazada, indecente) la invitación enviada al representante de un Estado democrático, Shultz, y ello, en un país en que el poder es concedido por los ciudadanos, me parece una necedad, cuando se considera la situación del mundo en su conjunto, hoy. «Su administración -escribían los firmantes de esa carta- apoya a gobiernos que reducen al silencio, encarcelan e incluso torturan a sus ciudadanos a causa de sus convicciones.» ¿Qué gobiernos? ¿Sudáfrica? Es evidentemente el caso más candente en 1986. ¿Pero puede decirse que la administración estadounidense «apoye» a Botha y defienda el apartheid? Es manifiestamente falso. Como los gobiernos europeos, Washington quisiera desembarazarse del apartheid evitando al mismo tiempo el derrumbamiento económico de Sudáfrica en beneficio de una fórmula de «socialismo a la africana» cuyos daños ya se han visto en el resto del continente en el capítulo precedente.

Numerosos firmantes de esta carta y varios escritores norteamericanos muy conocidos, Norman Mailer, William Styron, habían aceptado en 1983 la invitación de Jack Lang, entonces ministro francés de Cultura, y de François Mitterrand para venir a participar en festividades culturales en la Sorbona. Sin embargo, en esa época, la Francia socialista había reanudado las ventas de armas y de centrales nucleares a Sudáfrica. No por ello esos escritores norteamericanos dejaron de venir a París a aclamar al presidente de la república, viajando, es cierto, en el Concorde y siendo hospedados en el Ritz a expensas de los contribuyentes franceses, lo que puede incitar a la indulgencia. ¿Qué otros gobiernos «torturadores», en el momento de esa conferencia del PEN-Club, sostenía la administración estadounidense? ¿Chile? No. No apoyaba en absoluto a Pinochet. Y el conjunto de la América Latina es, desde 1983, más democrático de lo que lo había sido desde hace un cuarto de siglo. ¿El Salvador? Pero Napoleón Duarte era un democratacristiano de izquierdas, elegido democráticamente, a pesar de todos los esfuerzos de una guerrilla, que se reconocía minoritaria, para ganar unas elecciones. ¿Turquía? Ciertamente, pero ¿había que dejar que Turquía cayera bajo control soviético expulsándola de la OTAN? Se podía considerar indispensable mantenerla en la OTAN sin por ello alegrarse de que se hubiera apartado del camino democrático. Recuerdo, por otra parte, que Turquía no había sido excluida del Consejo de Europa y que por consiguiente los gobiernos europeos observaban, ante ella, una actitud tan ambigua o embarazosa como la de la administración Reagan. ¿Acaso los escritores norteamericanos invitados a París se fueron cuando François Mitterrand penetró en el gran anfiteatro de la Sorbona en 1983? Por otra parte, Turquía volvió, en 1983, al campo de la democracia, lo que no es el caso de ninguno de los países «progresistas» generalmente mimados por los «liberales» norteamericanos. En cuanto al señor M´Bow, ha sido uno de los más grandes adversarios de la libertad de expresión y de creación que hayan jamás estado al frente de una organización internacional. Ha intentado en varias ocasiones, a partir de 1976, hacer adoptar por la UNESCO un tristemente célebre «orden internacional de la información» que de hecho no buscaba más que establecer un sistema de censura generalizada en provecho de los peores dictadores del Tercer Mundo. Cuando se conoce un poco el estado de la información en el planeta es risible ver al PEN-Club, en ese congreso, proponer seriamente una investigación sobre una mítica «censura en los Estados Unidos» y al mismo tiempo rendir homenaje al señor M´Bow, cuyos esfuerzos han favorecido incansablemente la búsqueda de una censura a escala planetaria. Los términos de los ataques de Günter Grass contra los Estados Unidos traducen la misma inversión de valores y de hechos. Porque, en fin, un poco de pudor debiera recordar a Grass que somos nosotros, los europeos, quienes hemos inventado el nazismo, el fascismo, el estalinismo, el franquismo, el pétainismo, el antisemitismo. No son los Estados Unidos. En cuanto al Acta McCarran-Walter, de 1952, puesta en acusación en el congreso, se puede pedir, ciertamente, su anulación, pero haciendo constar que los Estados Unidos no son la única democracia que se reserva el derecho de conceder o no visados a propagandistas que, con razón o sin ella, parecen peligrosos para las instituciones. Por otra parte, la ley McCarran-Walter nunca ha impedido a Georgi Arbátov y a otros portavoces soviéticos o comunistas publicar libros y artículos en los Estados Unidos o hacer giras de conferencias. Además, ha sido abrogada en 1987, pero ese acontecimiento no armó ningún alboroto...

Si hubiera habido que buscar una manifestación de espíritu totalitario en 1986, en los Estados Unidos, me temo que se hubiera encontrado, no en la administración, sino en el PEN-Club norteamericano, por lo menos, tal como se expresó en ese congreso. Éste tenía por tema, creo, la alienación. En electo, ilustró perfectamente la alienación de una gran parte de la clase intelectual norteamericana con relación a su propio pueblo y a la mayoría del mundo democrático. La intolerancia y el sectarismo que se manifestaron en esas sesiones hacen de él la encarnación de lo contrario de los valores que pretende defender.

¿De qué sirve alegrarse de la decadencia electoral de los partidos comunistas occidentales, si su culto del error y del terror, su intolerancia, su desprecio por la persona humana se han transmitido a amplias capas de la izquierda no comunista? ¿Y cómo explicar que esta izquierda que se pretende no totalitaria se obstine en defender, durante los años ochenta, diga ella lo que quiera, a regímenes totalitarios? Porque el principio de la equidad aritmética entre totalitarismo de derecha y de izquierda, del que ya he demostrado el carácter intrínsecamente engañoso, no se aplica siquiera en la realidad. Así, en abril de 1986 se celebra en París, en el hotel Lutétia, una reunión en el curso de la cual prestan testimonio antiguos presos políticos cubanos, liberados después de haber sido víctimas de torturas y malos tratos. Las personas presentes en la tribuna, entre ellas Yves Montand, Jorge Semprún, Bernard-Henri Lévy y yo mismo, se limitan a hacer preguntas a los testigos, hombres y mujeres, que presenta, uno tras otro, Armando Valladares, organizador del encuentro, con la Internacional de la Resistencia. La fórmula está tomada del «tribunal» Sajárov, a su vez tomada del «tribunal» Russell de los años sesenta. En la sala asiste a la sesión un público que yo calculo en unas doscientas personas, del que salen también preguntas a los torturados. Igualmente se hallan presentes unos diez periodistas, tanto de agencias como de la prensa, escrita o audiovisual. Pero hay que preguntarse qué habían ido a hacer, puesto que la mayor parte de la prensa no dijo una palabra de la manifestación. Sin embargo, las frases que se habían pronunciado no tenían nada de ideológico; consistían en relatos de experiencias vividas y en descripción de hechos precisos.

En el caso de que la prensa hubiera querido poner en duda la veracidad de los testigos, tenía toda la posibilidad de hacerlo, sometiéndolos a contrainterrogatorios. No lo hizo. Los periodistas no tuvieron, pues, en ese caso, ninguna prisa en usar ese «sagrado derecho a la información», que enarbolan con tanto énfasis cuando se trata de otros asuntos. En erecto, se puede imaginar sin dificultad qué abundancia de informes habríamos visto en los periódicos franceses y extranjeros, si los presos políticos y víctimas de la tortura prestando testimonio en la reunión hubieran sido víctimas de la policía de Sudáfrica. Con lo que se demuestra una vez más que la izquierda no comunista no se ha corregido en absoluto de su parcialidad en favor de los totalitarismos marxistas. Sin duda su silencio unilateral se explica más por una especie de parálisis intelectual que por opción deliberada. Contra su gusto, debe, para continuar siendo creíble, admitir ciertas realidades indiscutibles. Pero no ha cambiado de opinión sobre el fondo de las cosas, ni sobre el lugar por el que pasa la verdadera línea divisoria entre reaccionarios y progresistas. Tal vez, por efecto de la inercia, Castro está, para ellos, en el lado bueno de esa línea, y Valladares se colocó en el lado malo, incluso si el segundo no ha cometido otro crimen más que hacerse meter en la cárcel por el primero.[39]

Además, yo soy injusto cuando digo que no se produjo ninguna reacción tras nuestra reunión. Realmente se produjo una, en forma de una campaña de calumnias y de difamación contra Valladares. Documentos falsos, fabricados por los servicios cubano-soviéticos, circularon en Occidente, de los cuales resultaba que el poeta había sido... un agente de la policía del dictador Batista (derribado por Castro). Aparte de que la juventud de Valladares en los años cincuenta hace inverosímil esa actividad por su parte, su falsa «placa» de policía adolecía de groseros errores, cometidos por los «órganos»: se adornaba con una foto demasiado reciente, y, además, la talla del agente estaba indicada en el sistema métrico, cuando, en tiempos de Batista, ¡Cuba utilizaba todavía el sistema de los pies y las pulgadas! La calumnia fue introducida en el circuito en Grecia, por el diario de izquierdas Pontiki, que se jacta de situarse bajo la bandera del «periodismo investigador», etiqueta provista, en su origen, de un sentido profesional preciso, pero que termina por tener las espaldas anchas y ahora sirve demasiado a menudo de salvaconducto a la mentira. Por parte de Pontiki el «reportaje de investigación» y el «deber de informar» consistieron en tratar a Valladares de «fascista, asesino, torturador, humanoide (sic), falso poeta inventado por la CÍA». Ante estos insultos «investigadores», Armando Valladares promovió un proceso contra el periódico griego. En ese proceso, observé que un ministro del gobierno socialista de Andreas Papandreu fue a prestar testimonio en favor del periódico insultante, difamador y calumniador.

Valladares vio su demanda desestimada... El tribunal, en sus considerandos, juzga que el redactor del artículo no había obedecido «a ninguna animosidad personal contra el demandante y no había tenido intención de ofenderle» (!). No me consta que esta extraña decisión de la «justicia», ampliamente difundida por las agencias, haya suscitado la indignación de la prensa de izquierdas, en Europa occidental. Valladares, es cierto, asume la vicepresidencia de la organización Resistencia Internacional, que patrocinaba el coloquio de París que pasa, a los ojos de la izquierda, por reaccionario. ¿Por qué? Pues, a fin de cuentas, ya no se sabe lo que hay que hacer ni en qué punto de vista situarse para criticar el totalitarismo comunista sin pasar por reaccionario. Es falso que todo lo que la izquierda no comunista pida sea que se critique al totalitarismo desde el punto de vista democrático. Porque, cuando es esto lo que se hace, ello no basta. Lo que ella pide es que no se le critique en absoluto, o por lo menos que no se le critique más que por su pasado, añadiendo que ya se ha vuelto la página, que el presente no ofrece más que perspectivas de mejoría. Parcialidad debida, tal vez, menos a una opción voluntaria que a una barrera psicológica; pero para los que son sus víctimas, el resultado es el mismo.

Se ve, pues, muy claro: en todo este debate, pequeño ejemplo entre miles, lo que gobernó el comportamiento de la mayoría de los profesionales de la información no fue, en absoluto, la información. La posibilidad de adquirir o de completar un conocimiento preciso del sistema represivo de Cuba, aunque lucra sometiendo a una comprobación minuciosa los elementos suministrados, desempeñó un papel completamente marginal en la acogida reservada a la reunión del Lutétia. Las únicas preguntas que se plantearon a la izquierda fueron: ¿quiénes son los organizadores y a que molino van a aportar agua los testimonios? Este último punto fue sin duda, y lo continúa siendo, desde siempre, el más importante. Trasciende ampliamente la preocupación de la falsedad o de la autenticidad de las nociones comunicadas. La horrible expresión inquisitorial, corriente, durante un tiempo, en la izquierda francesa: «¿Desde qué lugar habla usted?», de atroz vulgaridad, de tanto desear ser elegantemente críptica, no ha sido nunca más que una manera de declarar que la verdad va después de las colusiones y que se deben preferir las alianzas a las informaciones. Como se sabe, la amalgama es un procedimiento que consiste en acusaros de aprobar el conjunto de las ideas y los actos de un personaje o de un partido, por odioso que sea, porque resulta que vuestras opiniones coinciden con las suyas en un punto particular. Como Hitler nacionalizó amplios sectores de la industria alemana, yo me dedico a la amalgama si, por ejemplo, digo que François Mitterrand, dado su programa de nacionalizaciones masivas de 1981, es, en el fondo, un adepto del nazismo. Pero, una vez más, la amalgama no causa estragos más que en un solo sentido: si habláis mal, por ejemplo, de Castro, os encontráis al lado de Pinochet, que también habla mal de él, luego esto os desacredita; pero encontraros inevitablemente al lado de Castro porque habláis mal de Pinochet no os deshonrará en absoluto. Sin embargo, los dos dictadores tienen tanta sangre en sus manos, el uno como el otro. Aunque ella pretende lo contrario, la izquierda no comunista utiliza sin vergüenza, constantemente, la amalgama, es decir, reemplaza la discusión intelectual por el exterminio moral de las personas.

A la izquierda moderna no se le ocurre que la sociedad perfecta que ella quiere construir y, entretanto, la mediocre democracia de que, gracias al Cielo, gozamos aún en algunos sitios, no pueden existir sin, por lo menos, un poco de sinceridad, de probidad y de respeto a la verdad. No concibe que la libertad de expresión destruye a la democracia cuando se convierte en libertad de mentir y de difamar. Permanece fiel al viejo principio del fanatismo, el de que una causa justa -¿y qué causa no lo es a los ojos de sus propios partidarios?- justifica procedimientos injustos. ¿Ha comprendido, comprenderá alguna vez, que la democracia es el régimen en el que no hay ninguna causa justa, y sólo métodos justos?

¿Es, por ejemplo, justo titular un artículo sobre el Perú: «Mario Vargas Llosa, campeón de la campaña de la nueva derecha»? Se sabe qué resonancias evoca en un lector francés la expresión «nueva derecha» y a qué se refiere. Ya he hablado de ello en otro capítulo. Resulta que, en ese artículo de su corresponsal en Lima, Le Monde[40] insinúa, pues, que Vargas Llosa se acercaría a una posición fascistoide. El periódico tiende a sugerir a su público, que es no solamente francés, sino muy ampliamente europeo y latinoamericano, que el escritor apoyaría, eventualmente, soluciones autoritarias y favorables a los ricos, en todo caso «reaccionarias».

¿De qué se trata, en este asunto? Creyendo deshacerse del peso de la deuda exterior mediante una hazaña, el presidente peruano Alan García anuncia, en septiembre de 1987, su intención de nacionalizar, de una vez, todos los bancos del país. Se puede muy bien, me parece, oponerse a esa medida sin ser fascista, y hasta porque se es demócrata. Las nacionalizaciones en América Latina nunca han enderezado la economía ni han ayudado a los pobres, tanto si eran llevadas a cabo por dictaduras militares como por dictaduras marxistas. En el Perú, en particular, una dictadura a la vez militar y marxista procedió, en once años, desde 1969 hasta 1980, a nacionalizaciones masivas que dejaron a la población un amargo recuerdo, puesto que, durante ese período, el nivel de vida descendió a la mitad, lo que, allí también, como siempre, afectó a los más pobres. Igualmente nefastas fueron las consecuencias de la experiencia mexicana, sobre la que parece normal que todo latinoamericano reflexione: la nacionalización de los bancos, en 1982, por el presidente José López Portillo, verdadero desastre para la economía y para el nivel de vida del pueblo pobre. Si se quiere preservar una democracia frágil, es muy natural, dejando aparte toda consideración económica, desconfiar de la hipertrofia del sector estatal, sobre todo en América Latina, donde reina una tradición de corrupción y donde la clase política conoce el arte de manipular en su provecho la economía y de falsear, para ello, los procedimientos democráticos. La historia del PRI (Partido «Revolucionario» Institucional), en México, precisamente, en el poder desde 1929, lo demuestra abundantemente. El mismo precedente del Perú, arruinado por la estatificación desenfrenada de los militares, marxistas, no impide a la corresponsal de Le Monde escribir: «Si el Estado ha ampliado su campo de acción, en estos últimos veinte años, ha sido precisamente para tratar de poner remedio a la injusta distribución de la renta.» Pero intentar no es conseguir, y «la ampliación del campo de acción» del Estado no ha conseguido más que empobrecer más a los más pobres. En vez de estudiar los hechos y de informarnos, el autor del articulo se limita, pues, a recitar el catecismo «progresista» más trasnochado.

No nos dice tampoco que los oponentes a las nacionalizaciones proceden, en muy amplia medida, de los electores que votaron a Alan García. Pues, ¿a qué partido pertenece Alan García? Al APRA (Alianza Popular Revolucionaria Americana). ¿Qué es el APRA? Es una unión de partidos latinoamericanos, fundada en 1924 por un peruano, precisamente, Víctor Raúl Haya de La Torre (1895-1979), unión que en Europa se corresponde con lo que se llama la socialdemocracia. En otras palabras, el APRA nació de la negativa de toda una corriente socialista a adherirse a la III Internacional, negativa y ruptura con Moscú idénticas a las que marcaron cuatro años antes el congreso de Tours en Francia, y que imitarían los demás partidos socialistas en todo el mundo, para llegar a la Internacional socialista, de la que forma parte el APRA. Esta corriente del socialismo democrático sigue, pues, una larga tradición de hostilidad al colectivismo comunista. En el asunto de la estatalitación de los bancos peruanos, se puede, pues, considerar que fue Vargas Llosa quien se mostró fiel a la tradición del socialismo democrático en América Latina y que fue Alan García quien se separó de ella.

Por desgracia, ninguna de esas informaciones económicas, políticas e históricas figura en el artículo llevado al conocimiento de los lectores de Le Monde. Una puesta en perspectiva los conduciría, según toda verosimilitud, a dudar del «fascismo», supuestamente de estilo «nueva derecha», de Mario Vargas Llosa. ¿Porqué ese escamoteo? Porque el objetivo del artículo es desacreditar al escritor haciendo creer que se ha unido, pura y simplemente, a la «reacción». Desde hace años Vargas Llosa es, con Octavio Paz, el anticastrista, el anticomunista, el antitercermundista, el contrario de García Márquez, el abogado de la democracia política en América Latina. Conviene, pues, confinarlo en la derecha, e incluso en la «nueva» derecha. No se tiene derecho a ser demócrata si no se es marxista en América Latina. Es tanto más absurdo cuanto que, por otra parte, Le Monde se ha alegrado, según parece, en esos mismos años, del retorno a la democracia de Argentina, de Brasil o de Bolivia, que se han dotado de gobiernos bien decididos a desestatificar sus economías. Si se preguntara al director del periódico o al jefe de la sección de política extranjera, si, dada la orientación de la mayoría de sus artículos sobre América Latina, preconizan en ese continente el retorno a políticas de tipo castrista o allendista, se indignaría, protestando vigorosamente que no se trata de eso. Numerosos periódicos de izquierda, en todos los países, atacan sin consideraciones al liberalismo, pero no desean en absoluto, salvo raras excepciones, la victoria del socialismo. Sin embargo, al mismo tiempo, se dedican a demoler insidiosamente a los hombres que lo critican.

Así, la corresponsal de Le Monde en Lima escribe, en el mismo artículo: «La nueva derecha está representada por el Instituto Libertad y Democracia, fundado hace siete años -en realidad en 1979- por Mario Valgas Llosa. Su filosofía es resumida por el economista Hernando de Soto en su obra titulada El otro sendero, un ensayo sobre la economía informal.» Bajo el ángulo del «deber» de informar, todo es maravilloso en este párrafo. Para empezar, no fue Vargas Llosa quien fundó el Instituto Libertad y Democracia. Fue Hernando de Soto, de quien Vargas Llosa es amigo. Él, simplemente, prologó su libro, publicado en 1986. Además, el instituto no se adhiere en absoluto a la ideología de la nueva derecha. Los colaboradores de las revistas Éléments, Nouvelle École o del GRECE no han sido nunca, que yo sepa, invitados. El Instituto Libertad y Democracia quiere situarse en la tradición de Tocqueville, Montesquieu, Locke, Adam Smith, Von Mises, Schumpeter, Aron, Hayek, lo que -nos atrevemos a esperar- no ha constituido nunca una presunción de simpatías por el fascismo. No creo que América Latina haya sufrido por un exceso de esa tradición tolerante y liberal ni que los intelectuales que la apoyan merezcan ser difamados. La periodista de Le Monde tiene, ciertamente, derecho a criticar las ideas de esos intelectuales. Pero eso no es lo que ella hace. Ella les atribuye ideas que no son suyas. Y finalmente omite informarnos sobre el contenido de la obra de Hernando de Soto, El otro sendero[41] Como no se ha traducido al francés, raros serán, pues, los lectores que podrán saber lo que contiene ese trabajo de investigación (y no de «filosofía») y que comprenderán lo que el autor entiende por economía «informal». Los lectores, sobre todo, ignorarán por completo que el trabajo dirigido y firmado por Hernando de Soto concierne a la economía de los más pobres y describe la manera en que sobreviven, a pesar de un sistema estatal organizado en interés de los ricos, y menos de los capitalistas que de la clase política, burocrática y sindical, como siempre ha sido en la América Latina.

Leyendo El otro sendero, desde el primer vistazo a las cifras principales, uno se siente invadido por un intenso estupor. Pues el sector informal, en ese inmenso país, no se compone solamente de lo que en Europa llamamos «los pequeños trabajos» o el trabajo clandestino.

Los informales peruanos no se contenían con hacer trabajos sin declararlos o con pintar techos los domingos. Son mucho más que vendedores ambulantes no autorizados: el volumen de negocio global de sus actividades comerciales sobrepasa al de todas las grandes áreas reunidas. Sólo en la capital, el comercio informal, que emplea a 439 000 personas, hace funcionar al 83 % de los mercados, cubiertos o al aire libre. La industria informal fabrica casi todos los productos manufacturados: muebles, televisores, lavadoras, vestidos, utensilios de cocina, ladrillos, cemento, material eléctrico, zapatos, herramientas diversas. Más aún: los informales dominan la industria de la construcción, los transportes públicos. Han edificado barrios enteros, centenares de miles de viviendas, primero para ellos mismos, luego para los demás: y no hablo de chabolas, sino de inmuebles normales. La mitad de la población de Lima vive en casas construidas por informales. En cuanto a los transportes públicos, desde el taxi colectivo hasta el minibús e incluso el autobús, si Lima debiera limitarse, bruscamente, a los únicos transportes municipales oficiales, las nueve décimas partes (exactamente el 95 %) de los habitantes deberían desplazarse a pie. En total, aproximadamente el 60 % de las horas de trabajo efectuadas se hacen en el sector informal. Y no vayáis a comparar ese sector con los talleres clandestinos en los que un patrón cabo de varas explota a un proletariado infrapagado. Son los mismos pobres del Tercer Mundo quienes edifican la economía informal, pues es la única manera, para ellos, de sobrevivir.

Hernando de Soto y su equipo han hecho de ello la demostración práctica y la comprobación experimental. Han invitado a un compadre, modesto ciudadano, representativo del pueblo llano, a que presentara una demanda de autorización para abrir, en conformidad con todas las normas legales, un pequeño taller de confección. Para obtener su autorización, ese hombre debió presentar su demanda y seguirla en once departamentos ministeriales o municipales sucesivos y diferentes. Diez funcionarios de cada once exigieron de él un bakchich (propina), llamada mordida en el español de aquella zona. El postulante debía rehusar pagar, para que se pudiera ver cuánto retrasaría esa negativa la conclusión. En dos casos, no obstante, hubo necesidad de proceder, sin lo cual el dossier habría sido definitivamente enterrado. En última instancia, el pretendido aspirante a sastre necesitó doscientos ochenta y nueve días de trabajo intensivo para llevar a cabo sus gestiones, y sumando los gastos y lo que dejó de ganar, un desembolso de 1 231 dólares. Cuando se sabe que esta suma, por el número de días despilfarrados, equivale exactamente a treinta y dos veces el salario mínimo del Perú en 1986, se comprenderá que, para la casi totalidad de la población activa, es imposible crear una empresa artesanal en condiciones legales. Esto es lo que la señora Bonnet[42] bautiza como «ampliación del campo de acción del Estado para remediar la injusta distribución de la renta».

Otras experiencias del mismo género han confirmado la primera: cuarenta y tres días de gestiones y 590,56 dólares para obtener legalmente un modesto emplazamiento de venta de frutas y legumbres en la calle. Y el colmo: para un grupo de familias deseosas de adquirir un terreno sin dueño para construir en él sus viviendas, seis años y once meses de gestiones... De ahí el ascenso imparable de las empresas «salvajes» y del mercado informal. No hace más que traducir la famosa tendencia de toda criatura a perseverar en el ser.

De ahí, también, la vanidad de las charlas teóricas. El liberalismo es, en primer lugar, un comportamiento espontáneo, lo que no implica que sea en todas las circunstancias una garantía de éxito. Pero lejos de ser una visión del espíritu, es, en el punto de partida, la reacción natural del hombre en sociedad ante los problemas materiales que se le plantean. Es su conducta económica de base. A partir de ahí, se puede reflexionar sobre todas las modalidades de intervención destinadas a optimar esta conducta. A veces la mejorarán, muy a menudo la estorbarán, pero no la reemplazarán nunca.

Los hechos nos lo demuestran. Contrariamente a los tópicos machacados sobre este tema sin examen, la libertad de emprender es, ante todo, el medio de defensa de los pequeños contra los grandes y de los débiles contra los fuertes. E, inversamente, el Estado, que se presenta como corrector de las injusticias, acaba, la mayoría de las veces, por usar toda su fuerza contra los pequeños y los débiles para proteger a los grandes y los fuertes: la clase política, la clase burocrática, las grandes empresas, el ejército, los poderosos sindicatos. Para soslayar esas murallas, a los desamparados no les queda más recurso que lanzarse a la economía paralela, es decir, la economía real.

Esto es así en el Tercer Mundo, pero no sólo en el Tercer Mundo. Echemos, también, una ojeada en derredor nuestro, muy cerca de nosotros, en los países desarrollados. La importancia de la economía subterránea italiana es conocida, incluso está catalogada y calculada en los muy oficiales informes periódicos de la CENSIS (Centro Studi investimenti sociali). El caso español no es menos claro. El gobierno de Felipe González hizo establecer en 1986 un informe reagrupando los resultados de investigaciones llevadas a cabo a petición suya por cinco institutos privados de investigación social y económica. Esa tarea exigió 64 000 entrevistas individuales. De ella resulta que en España había entonces por lo menos 300 000 pequeñas empresas clandestinas, cuya cifra de negocio anual podía evaluarse en tres billones de pesetas, es decir, la cuarta parte del producto nacional bruto real. En ciertas regiones -Andalucía, Levante- la economía sumergida alcanza el 40 % de la producción. Estas cifras indican que el paro real es afortunadamente inferior al 21,5 % de las estadísticas oficiales. Además, desde el momento en que el sector informal asegura el 25 % del PNB, y hasta el 60 % y el 70 % en el Tercer Mundo, ya no se le puede atribuir exclusivamente a las maniobras de los grandes capitalistas y al deseo de algunos pequeños tramposos de defraudar al fisco y de eludir las cargas sociales. Es irresponsabilidad intelectual, periodística y política negligir estudiar las causas profundas de esa economía clandestina y sus consecuencias positivas para los más desfavorecidos, que el Estado abandona. Ciertamente, la economía subterránea española debería pagar teóricamente centenares de miles de millones de pesetas al fisco cada año. Falta de ingresos terrible, pues, para las finanzas públicas. Pero, como deja entender el informe, tanto en España como en Perú e Italia, si se gravara normalmente a las empresas frágiles del sector subterráneo, no pagarían: desaparecerían. El fisco y la Seguridad Social no ganarían, pues, nada con ello, y la sociedad saldría perdiendo en proporciones trágicas. Por consiguiente, la verdadera pregunta que debe plantearse el legislador es saber por qué razón hay unas leyes y una reglamentación tales que una parte considerable de la producción nacional estaría condenada a muerte si se aplicaran. ¿Qué es lo que está mal, en este caso, y qué es lo que debe cambiar? ¿La realidad o la ley?

¿Por qué, pues, en el artículo de una simple corresponsal, que no es ni una editorialista, ni una propagandista, ni una personalidad política, se encuentran apreciaciones calumniosas sobre un escritor desinteresado? ¿Y de todo, salvo información sobre Perú? ¿De dónde procede esa represión de la verdad? ¿Del deseo de defender el mito según el cual el liberalismo es la derecha y el socialismo la izquierda? La lectura de los clásicos del liberalismo y la experiencia histórica nos llevan a reconsiderar esas ecuaciones simplonas. He aquí por qué, sin duda, los socialistas prefieren abstenerse de saberlo. No consideran sin dolor que el socialismo pueda agravar la pobreza, las desigualdades, la arbitrariedad estatal. El actual sistema de defensa socialista consiste en decir: el liberalismo suprime toda solidaridad social. Lo que es falso: ¿qué sociedades han inventado los medios perfeccionados y costosos de protección social de que gozamos, sino las sociedades liberales? A continuación los socialistas distinguen: sí al liberalismo político, no al liberalismo económico.

Esto ya no es solamente falso, es absurdo. Basta, además, con leer a Marx para comprenderlo. Porque, ¿cómo se puede retirar, ya la totalidad, ya la mayor parte del poder económico a la sociedad civil para entregarla al Estado y, sin embargo, esperar que los ciudadanos resistirán a los abusos del poder político? ¿De dónde iban a sacar los medios cuando se los acaba de desalojar precisamente de las plazas fuertes de su autonomía? Así, los autores liberales han sostenido siempre (¿es ése el secreto vergonzoso que los socialistas quieren a toda costa esconder?) que la verdadera frontera entre izquierda y derecha pasa entre los sistemas en que los ciudadanos conservan lo esencial de la decisión económica y los sistemas en que la pierden. El intervencionismo económico reduce siempre las libertades políticas, aunque sean las simples «franquicias» del Antiguo Régimen.

…[…]…

Notas

[39] El Guardian (6 de febrero de 1986) llama con desprecio Internacional de la Resistencia «a strongly anticommunist organization». Como sus fundadores son Boukoski, Valladares y otros fugitivos del gulag, parece difícil, indeed, O dear, pedirles que sean procomunistas.

[40] 30 de septiembre de 1987.

[41] El otro sendero, Editorial El Barranco, 1986. El GRECE (Grupo de Civilización y de Estudio para la Civilización Europea, fundado en 1969), es un movimiento cultural que depende de la nueva derecha.

[42] Es el nombre de la corresponsal de Le Monde ya citada.

http://www.conoze.com/doc.php?doc=7039

 

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El mayor extravío de la mente humana es creer algo porque uno desee que sea así. Pasteur

 

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El ideal o el proyecto más noble puede ser objeto de burla o de ridiculizaciones fáciles. Para eso no se necesita la menor inteligencia.  Alexander Kuprin

 

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Hay toda la diferencia del mundo entre que pongamos la verdad en primer lugar o en el segundo.  Whateley

 

Ignorancia de la historia - Muchos errores se cometen por ignorancia de la historia y esa ignorancia sirve también de arma tanto defensiva como ofensiva de quienes no están interesados en el conocimiento de la verdad sino en la confusión entre verdad y error, entre el bien y el mal.

 

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PASADO - El gran Montalembert escribía: «Para juzgar el pasado deberíamos haberlo vivido; para condenarlo no deberíamos deberle nada». Todos, creyentes o no, católicos o laicos, nos guste o no, tenemos una deuda con el pasado y todos, en lo bueno y en lo malo, estamos comprometidos con él.

 

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La mentira y el error están en desacuerdo con la realidad. Cuando un mundo se construye contra la realidad, ese mundo está abocado a la ruina, y mientras ésta llega va arruinando a los hombres.

 

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Historia, calumnia e ignorancia - Abundan aún los ejemplos de casos en que juzgamos y decidimos, tomamos riesgos y los hacemos correr a los demás, convencemos al prójimo y le incitamos a decidirse, fundándonos en informaciones que sabemos que son falsas, o por lo menos sin querer tener en cuenta informaciones totalmente ciertas, de que disponemos o podríamos disponer si quisiéramos. Hoy, como antaño, el enemigo del hombre está dentro de él. Pero ya no es el mismo: antaño era la ignorancia, hoy es la mentira. MMVI

 

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PASADO HISTORIA - La inscripción del templo de Delfos, que inspiró a Sócrates: conócete a ti mismo. Se trata de una verdad fundamental: conocerse a sí mismo es típico del hombre. En efecto, el hombre se distingue de los demás seres creados sobre la tierra por su capacidad de plantearse la cuestión del sentido de su propia existencia. Gracias a lo que conoce del mundo y de sí mismo, el hombre puede responder a otro imperativo que nos ha transmitido también el pensamiento griego: llega a ser lo que eres.

Por tanto, el conocimiento tiene una importancia vital en el camino que el hombre recorre hacia la realización plena de su humanidad: esto es verdad de modo singular por lo que atañe al conocimiento histórico. En efecto, las personas, como también las sociedades, llegan a ser plenamente conscientes de sí mismas cuando saben integrar su pasado.

 

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Historia y libertad - “La libertad que Dios al hombre dio, no la quite el hombre en nombre de Dios”.

 

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Historia - Para conocer una historia es necesario, pero no suficiente, conocer los hechos, pues es preciso también conocer el espíritu, o si se quiere la intención que animó esos hechos, dándoles su significación más profunda.

 

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HISTORIA - Para adentrarse en la época de la gran gesta hispánica [1492-1592] y analizar la magnitud del descubrimiento, es necesario penetrarlo estudiando el contexto histórico; solo así podremos llegar a un discernimiento moderado y con el sentimiento sano del deber o de una conciencia objetiva. Con este objetivo presentamos tantos temas y acontecimientos -aparentemente- en discontinuidad.

 

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Historia - El cristiano está advertido de que es necesario conocer la historia para distinguir los hechos. El cristiano a sus hermanos advierte que es imprescindible estudiar la historia para comprender el contexto histórico de los hechos. El cristiano nota que conociendo la historia, se percibe la riqueza de la Tradición, repara la grandeza del Magisterio y la magnanimidad de la salvación en la Escritura enseñada por la Iglesia.

 

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Historia - La historia de la Iglesia es una historia de muchos y diversos movimientos de reforma. Ver el libro de san Cipriano, De lapsis, escrito poco después de la persecución de Decio del año 250-251

 

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Historia - «Conocer y profundizar el pasado de un pueblo es afianzar y enriquecer su propia identidad. ¡No rompáis con vuestras raíces cristianas! Sólo así seréis capaces de aportar al mundo». S. S. Juan Pablo II – Madrid. 2003.05

 

Visión objetiva: Con frecuencia en los análisis históricos se peca de falta de objetividad por juzgar con valores actuales los sucesos del pasado. Esto no significa relativizar el juicio valórico de los sucesos, sino extirpar ciertos moralismos actuales que no son reales, que suponen una "moral" moderna y postmoderna que juzga enloquecidamente las cosas. Desde una perspectiva objetiva tenemos que condenar sin reserva los errores ocurridos en l período analizado, pero sin rasgar vestiduras por la "monstruosa" noticia del descubrimiento y civilización europea en América, maldiciendo la hora en que se produjo al estilo del cuestionado activista verde Jacques Cousteau quien declaró en 1992 que la llegada de la Colón a América "fue un desastre peor que la lluvia de meteoritos que acabó con los dinosaurios en la prehistoria".

Aquí la premisa tribalista de "cada uno en su tierra sin invadir otra" queda desvanecida por el absurdo ante el dinamismo y realidad de la historia. Toda civilización es el fruto de una mezcla frecuentemente nada pacífica. La misma epopeya del Pueblo de Dios suponía conquistar una tierra prometida ocupada por tribus locales. Los mismos europeos provienen de invasiones y nuevas invasiones que mezclaron sus sangres e hicieron nacer las distintas culturas que dan alma al Viejo Mundo.

 

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Frente a la historia - «La fe y la razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad». (VIS, 8.I.2004)) S.S. Juan Pablo II.

 

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Historia - «Una investigación histórica, libre de prejuicios y vinculada únicamente con la documentación científica es insustituible para derrumbar las barreras entre los pueblos» (S. S. Juan Pablo II – P.P.)

 

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Historia - Al estudiar la historia, se suele hacer desde los prejuicios de la mentalidad actual, cosa que esteriliza la  labor principal del historiador. No podemos dar a conocer unos hechos del pasado sin antes reflejar el imaginario colectivo de la época donde tuvieron lugar.

 

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Historia - “La Iglesia es siempre joven y el futuro siempre pertenece a la Iglesia. Todos los otros regímenes que parecían muy fuertes han caído, ya no existen, sobrevive la Iglesia; siempre un nuevo nacimiento pertenece a las generaciones. Confianza, ésta es realmente la nave que lleva a puerto”. Cardenal Ratzinger 2001.

 

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«La escritura de la historia se ve obstaculizada a veces por presiones ideológicas, políticas o económicas; en consecuencia, la verdad se ofusca y la misma historia termina por encontrarse prisionera de los poderosos. El estudio científico genuino es nuestra mejor defensa contra las presiones de ese tipo y contra las distorsiones que pueden engendrar» (1999). S.S. JUAN PABLO II – MAGNO

 

 

Análisis histórico - Con frecuencia en los análisis históricos se peca de falta de objetividad por juzgar con valores actuales los sucesos del pasado. Esto no significa relativizar el juicio valórico de los sucesos, sino extirpar ciertos moralismos actuales que no son reales, que suponen una "moral" moderna y postmoderna que juzga enloquecidamente las cosas. Desde una perspectiva objetiva tenemos que condenar sin reserva los errores ocurridos en l período analizado, pero sin rasgar vestiduras por la "monstruosa" noticia del descubrimiento y civilización europea en América, maldiciendo la hora en que se produjo al estilo del cuestionado activista verde Jacques Cousteau quien declaró en 1992 que la llegada de la Colón a América "fue un desastre peor que la lluvia de meteoritos que acabó con los dinosaurios en la prehistoria"

Aquí la premisa tribalista de "cada uno en su tierra sin invadir otra" queda desvanecida por el absurdo ante el dinamismo y realidad de la historia. Toda civilización es el fruto de una mezcla frecuentemente nada pacífica. La misma epopeya del Pueblo de Dios suponía conquistar una tierra prometida ocupada por tribus locales. Los mismos europeos provienen de invasiones y nuevas invasiones que mezclaron sus sangres e hicieron nacer las distintas culturas que dan alma al Viejo Mundo.

 

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Historia - La conciencia renacentista e ilustrada era mucho menos cristiana que la conciencia medieval. La conciencia de aquellos cristianos toleró la esclavitud más o menos como la conciencia actual de muchos cristianos e ilustrados filántropos ha resistido que el comunismo haya matado más de cien millones de hombres, sin mayores aspavientos, o como tolera que la matanza de los niños inocentes, por el aborto, se haya hecho legal y subsidiada.

 

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Historia - La tolerancia que emanaba de Roma hacia los judíos no siempre era respetada por muchos obispos y predicadores, que consideraban que la presencia judía no acarreaba ningún bien, y lanzaron contra los judíos toda clase de invectivas. En 1199, Inocencio III publicó la Constitutio contra iudaeis, estableciendo las normas de obligado cumplimiento para los cristianos en relación con los judíos: estancia legal en tierra cristiana, protección de personas y bienes, conservación de la fe mosaica, inviolabilidad de sinagogas y cementerios. Para la Iglesia, el judaísmo se presentaba como el depósito de la revelación de la Verdad hasta la llegada de Jesucristo y, un día, acabarían por llegar al "nuevo" Israel.

 

Lutero, como padre espiritual de la Alemania moderna, tiene una responsabilidad muy grave en el proceso de odio que se desarrolló contra los judíos.

 

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DISCERNIR - A todos se les pide el saber cultivar un atento discernimiento y una constante vigilancia, madurando una sana capacidad crítica ante la fuerza persuasiva de tantos medios de comunicación que no cesan de inventar, suponer o repetir ‘leyendas negras’, difamaciones o mentiras históricas… mienten sabiendo de mentir.

Los que escuchan no deben ser obligados a imposiciones ni compromisos, engaño o manipulación. Jesús enseña que la comunicación es un acto moral “El hombre bueno, del buen tesoro saca cosas buenas y el hombre malo, del tesoro malo saca cosas malas. Os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres darán cuenta en el día del Juicio. Porque por tus palabras serás declarado justo y por tus palabras serás condenado” (Mt 12, 35-37).

“Por tanto, desechando la mentira, hablad con verdad cada cual con su prójimo, pues somos miembros los unos de los otros. […]No salga de vuestra boca palabra dañosa, sino la que sea conveniente para edificar según la necesidad y hacer el bien a los que os escuchen” (Ef 4, 25.29).

 

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Derechos - Señor del mundo, Padre de todos los hombres, por medio de tu Hijo nos has pedido amar a los enemigos, hacer bien a los que nos odian y orar por los que nos persiguen. Muchas veces, sin embargo, los cristianos han desmentido el Evangelio y, cediendo a la lógica de la fuerza, han violado los derechos de etnias y pueblos; despreciando sus culturas y tradiciones religiosas: muéstrate paciente y misericordioso con nosotros y perdónanos. Por Cristo nuestro Señor. R. Amén.

 

Cieza de León 1518?-1560 reconoce que en aquella empresa hubo crueldades, pero asegura que no todos actuaron así, «porque yo sé y vi muchas veces hacer a los indios, buenos tratamientos por hombres templados y temerosos de Dios, que curaban a los enfermos». Sus escritos denotan un hombre de religiosidad profunda, compadecido de los indios al verlos sujetos a los engaños y esclavitudes del demonio...

 

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Iglesia – de hombres pecadores. Por desgracia, en el seno de la Iglesia, que está constituida por hombres, no faltan los pecadores, sobre todo cuando no se vive el precepto de la caridad, que es esencial y es el primero para un cristiano. De este modo se produce un antitestimonio de Jesucristo. La muchedumbre inmensa de los mártires testifica con su sangre la fidelidad de la Iglesia a Jesucristo, porque, aunque haya en ella pecadores, es a la vez una Iglesia de mártires, es decir, de cristianos auténticos, que han practicado su fe en Cristo y su caridad hacia los hermanos, incluidos los enemigos, hasta el sacrificio, no sólo de su vida, sino también con frecuencia de su honra, habiendo tenido que soportar humillaciones tremendas, entre otras la de ser tachados de traidores y farsantes.

Faltas del pasado - No podemos ocultar que muchos que profesaban ser discípulos de Jesús han cometido errores a lo largo de la historia. Con frecuencia, ante problemas graves, han pensado que primero se debía mejorar la tierra y después pensar en el cielo. La tentación ha sido considerar que, ante necesidades urgentes, en primer lugar se debía actuar cambiando las estructuras externas. Para algunos, la consecuencia de esto ha sido la transformación del cristianismo en moralismo, la sustitución del creer por el hacer. Por eso, mi predecesor de venerada memoria, Juan Pablo II, observó con razón: «La tentación actual es la de reducir el cristianismo a una sabiduría meramente humana, casi como una ciencia del vivir bien. En un mundo fuertemente secularizado, se ha dado una “gradual secularización de la salvación”, debido a lo cual se lucha ciertamente en favor del hombre, pero de un hombre a medias, reducido a la mera dimensión horizontal. En cambio, nosotros sabemos que Jesús vino a traer la salvación integral»[Enc.Redemptoris missio.]

S.S. Benedicto PP XVI: MMVI.

 

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Iglesia y Estado - - No se puede acusar a la Iglesia de invadir la esfera pública. El cardenal Newman escribió: «El mundo se contenta con caminar sobre la superficie de las cosas, mientras que la Iglesia busca regenerar la profundidad misma del corazón». Por eso, la Iglesia reivindica la libertad de expresar su juicio moral sobre las realidades humanas, porque su misión las abraza a todas. Si por influencia se entiende el hecho de que el magisterio de la Iglesia entra profundamente en el mismo vivir del hombre, entonces sí: la Iglesia debe estar presente. Y se trata de un bien, ya que Occidente se enfrenta a un peligro que no había conocido hasta ahora: la posibilidad de redefinir los contenidos esenciales de la misma naturaleza humana, defendiendo incluso que no existe ninguna verdad sobre el bien del hombre que no sea producto del consenso social. Pensar que debe existir una separación entre religión y vida pública, encerrando la fe en la conciencia privada de los creyentes, no es más que un residuo del pasado.
Se sostiene que, en la esfera privada, cada uno puede hacer lo que quiera, mientras que en la esfera pública valen sólo las reglas basadas en principios de justicia formal y procedimental. No estoy de acuerdo; la comunidad civil y política no se sustenta sólo en normas racionales obtenidas por consenso, sino también –y sobre todo– por una concepción compartida de una vida nueva. Negar esto es una prueba de ingenuidad. No creo que haya una sola persona que atribuya al bien humano una relevancia puramente subjetiva; existe un universo de valores morales que precede a las normas públicas. El progreso en el bien común sólo es alcanzable a través de la confrontación entre argumentos, que es algo serio si todos –la Iglesia incluida– pueden participar, y si existe la certeza de que existe una verdad acerca del bien común. Si, en lugar de esto, la condición suficiente para determinar las normas de la sociedad fuese sólo el consenso, el diálogo se convertiría en voluntad de imponer el propio punto de vista.

+ Carlo Caffarra - arzobispo de Bolonia, ITALIA. MMV. XII en una entrevista.

 

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HECHOS HISTÓRICOS - Se perfilan así diversos interrogantes: ¿se puede hacer pesar sobre la conciencia actual una culpa vinculada a fenómenos históricos irrepetibles, como las cruzadas o la inquisición? ¿No es demasiado fácil juzgar a los protagonistas del pasado con la conciencia actual (como hacen escribas y fariseos, según Mt 23,29-32), como si la conciencia moral no se hallara situada en el tiempo? ¿Se puede acaso, por otra parte, negar que el juicio ético siempre tiene vigencia, por el simple hecho de que la verdad de Dios y sus exigencias morales siempre tienen valor? Cualquiera que sea la actitud a adoptar, ésta debe confrontarse con estos interrogantes y buscar respuestas que estén fundadas en la revelación y en su transmisión viva en la fe de la Iglesia. La cuestión prioritaria es, por tanto, la de esclarecer en qué medida las peticiones de perdón por las culpas del pasado, sobre todo cuando se dirigen a grupos humanos actuales, entran en el horizonte bíblico y teológico de la reconciliación con Dios y con el prójimo.  

 

La identificación de las culpas del pasado de las que enmendarse implica, ante todo, un correcto juicio histórico, que sea también en su raíz una valoración teológica. Es necesario preguntarse: ¿qué es lo que realmente ha sucedido?, ¿qué es exactamente lo que se ha dicho y hecho? Solamente cuando se ha ofrecido una respuesta adecuada a estos interrogantes, como fruto de un juicio histórico riguroso, podrá preguntarse si eso que ha sucedido, que se ha dicho o realizado, puede ser interpretado como conforme o disconforme con el Evangelio, y, en este último caso, si los hijos de la Iglesia que han actuado de tal modo habrían podido darse cuenta a partir del contexto en el que estaban actuando. Solamente cuando se llega a la certeza moral de que cuanto se ha hecho contra el Evangelio por algunos de los hijos de la Iglesia y en su nombre habría podido ser comprendido por ellos como tal, y en consecuencia evitado, puede tener sentido para la Iglesia de hoy hacer enmienda de culpas del pasado.

 

La relación entre «juicio histórico» y «juicio teológico» resulta, por tanto, compleja en la misma medida en que es necesaria y determinante. Se requiere, por ello, ponerla por obra evitando los desvaríos en un sentido y en otro: hay que evitar tanto una apologética que pretenda justificarlo todo, como una culpabilización indebida que se base en la atribución de responsabilidades insostenibles desde el punto de vista histórico. Juan Pablo II ha afirmado respecto a la valoración histórico-teológica de la actuación de la Inquisición: «El Magisterio eclesial no puede evidentemente proponerse la realización de un acto de naturaleza ética, como es la petición de perdón, sin haberse informado previamente de un modo exacto acerca de la situación de aquel tiempo. Ni siquiera puede tampoco apoyarse en las imágenes del pasado transmitidas por la opinión pública, pues se encuentran a menudo sobrecargadas por una emotividad pasional que impide una diagnosis serena y objetiva... Ésa es la razón por la que el primer paso debe consistir en interrogar a los historiadores, a los cuales no se les pide un juicio de naturaleza ética, que rebasaría el ámbito de sus competencias, sino que ofrezcan su ayuda para la reconstrucción más precisa posible de los acontecimientos, de las costumbres, de las mentalidades de entonces, a la luz del contexto histórico de la época» 

 

La interpretación de la historia

 

¿Cuáles son las condiciones de una correcta interpretación del pasado desde el punto de vista del conocimiento histórico? Para determinarlas hay que tener en cuenta la complejidad de la relación que existe entre el sujeto que interpreta y el pasado objeto de interpretación; en primer lugar se debe subrayar la recíproca extrañeza entre ambos. Eventos y palabras del pasado son ante todo «pasados»; en cuanto tales son irreductibles totalmente a las instancias actuales, pues poseen una densidad y una complejidad objetivas, que impiden su utilización únicamente en función de los intereses del presente. Hay que acercarse, por tanto, a ellos mediante una investigación histórico‑crítica, orientada a la utilización de todas las informaciones accesibles de cara a la reconstrucción del ambiente, de los modos de pensar, de los condicionamientos y del proceso vital en que se sitúan aquellos eventos y palabras, para cerciorarse así de los contenidos y los desafíos que, precisamente en su diversidad, plantean a nuestro presente.

 

En segundo lugar, entre el sujeto que interpreta y el objeto interpretado se debe reconocer una cierta copertenencia, sin la cual no podría existir ninguna conexión y ninguna comunicación entre pasado y presente; esta conexión comunicativa está fundada en el hecho de que todo ser humano, de ayer y de hoy, se sitúa en un complejo de relaciones históricas y necesita, para vivirlas, de una mediación lingüística, que siempre está históricamente determinada. ¡Todos pertenecemos a la historia! Poner de manifiesto la copertenencia entre el intérprete y el objeto de la interpretación, que debe ser alcanzado a través de las múltiples formas en las que el pasado ha dejado su testimonio (textos, monumentos, tradiciones...), significa juzgar si son correctas las posibles correspondencias y las eventuales dificultades de comunicación con el presente, puestas de relieve por la propia comprensión de las palabras o de los acontecimientos pasados; ello requiere tener en cuenta las cuestiones que motivan la investigación y su incidencia sobre las respuestas obtenidas, el contexto vital en que se actúa y la comunidad interpretadora, cuyo lenguaje se habla y a la cual se pretenda hablar. Con tal objetivo es necesario hacer refleja y consciente en el mayor grado posible la precomprensión, que de hecho se encuentra siempre incluida en cualquier interpretación, para medir y atemperar su incidencia real en el proceso interpretativo.

 

Finalmente, entre quien interpreta y el pasado objeto de interpretación se realiza, a través del esfuerzo cognoscitivo y valorativo, una ósmosis («fusión de horizontes»), en la que consiste propiamente la comprensión. En ella se expresa la que se considera inteligencia correcta de los eventos y de las palabras del pasado; lo que equivale a captar el significado que pueden tener para el intérprete y para su mundo. Gracias a este encuentro de mundos vitales, la comprensión del pasado se traduce en su aplicación al presente: el pasado es aprehendido en las potencialidades que descubre, en el estímulo que ofrece para modificar el presente; la memoria se vuelve capaz de suscitar nuevo futuro.

 

A una ósmosis fecunda con el pasado se accede merced al entrelazamiento de algunas operaciones hermenéuticas fundamentales, correspondientes a los momentos ya indicados de la extrañeza, de la copertenencia y de la comprensión verdadera y propia. Con relación a un «texto» del pasado, entendido en general como testimonio escrito, oral, monumental o figurativo, estas operaciones pueden ser expresadas del siguiente modo: «1) comprender el texto, 2) juzgar la corrección de la propia inteligencia del texto y 3) expresar la que se considera inteligencia correcta del texto» 66. Captar el testimonio del pasado quiere decir alcanzarlo del mejor modo posible en su objetividad, a través de todas las fuentes de que se pueda disponer; juzgar la corrección de la propia interpretación significa verificar con honestidad y rigor en qué medida pueda haber sido orientada, o en cualquier caso condicionada, por la precomprensión o por los posibles prejuicios del intérprete; expresar la interpretación obtenida significa hacer a los otros partícipes del diálogo establecido con el pasado, sea para verificar su relevancia, sea para exponerse a la confrontación con otras posibles interpretaciones.

 

Para que la Iglesia realice un adecuado examen de conciencia histórico delante de Dios, con vistas a la propia renovación interior y al crecimiento en la gracia y en la santidad, es necesario que sepa reconocer las «formas de antitestimonio y de escándalo» que se han presentado en su historia, en particular durante el último milenio. No es posible llevar a cabo una tarea semejante sin ser conscientes de su relevancia moral y espiritual. Ello exige la definición de algunos términos clave, además de la formulación de algunas precisiones necesarias en el plano ético. MM.

 

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"Se recurre con frecuencia a la calumnia, la mentira, el infundio,sin preocuparse de contrastar la información para comprobar su veracidad. Ello obedece a la táctica de que se sabe que una vez vertida una información negativa sobre algo o alguien, cosa que es muy fácil, demostrar la verdad requiere un gran esfuerzo y tiempo y gran parte del daño queda hecho de todas maneras." (Jesús Sáiz Luca de Tena y Mercedes Soto Falcó)

 

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«Usted no debe decirnos lo que dijo el soldado ni ninguna otra persona, señor», respondió el Juez: «Esto no es evidencia.»

 

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La verdad nos hace libres, la mentira nos esclaviza y nos hunde en el rencor. Por eso es imprescindible revisar sin imposturas, todas las falsificaciones que nos han venido sirviendo en estos años los historieteros de turno y charlatanes con poses y mohines.

 

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Los frutos del Espíritu son perfecciones que forma en nosotros el Espíritu Santo como primicias de la gloria eterna. La tradición de la Iglesia enumera doce: ‘caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia, castidad’ (Ga 5,22-23, vg.).

 

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Eusebio de Cesarea (hacia 265-340) obispo de la Iglesia Católica, teólogo e historiador  -  Comentario sobre Isaías 40; PG 24, 365-368

 

“¿Qué habéis ido a ver al desierto?” (Lc 7,24) - “Voz del que clama en el desierto: Preparad una ruta al Señor, allanad los caminos de nuestro Dios.” (Is 40,3) Esta palabra muestra claramente que los acontecimientos profetizados no se cumplieron en Jerusalén sino en el desierto. La gloria del Señor aparecerá en el desierto. Allí todo el mundo conocerá la salvación de Dios. (cf Is 40,5) Esto es lo que aconteció realmente, literalmente cuando Juan Bautista proclamó en el desierto del Jordán que la salvación de Dios se iba a manifestar. Ahí apareció la salvación de Dios. En efecto, Cristo en su gloria se dio a conocer a todos cuando fue bautizado en el Jordán...
       El profeta hablaba de esta manera porque Dios tenía que residir en el desierto, este desierto que es inaccesible al mundo. Todas las naciones paganas eran desiertos del conocimiento de Dios, inaccesibles a los justos y a los profetas de Dios. Por esto, la voz clama para preparar el camino a la Palabra de Dios, de allanar la ruta inaccesible y pedregosa para que nuestro Dios que viene a habitar entre nosotros pueda avanzar por ella...
       “Súbete a un monte elevado, mensajero de Sión; alza tu voz con brío, mensajero de Jerusalén...” (Is 40,9) ¿Quién es esta Sión,...la que los antiguos llamaron Jerusalén?...¿No es, más bien, una manera de designar al grupo de los apóstoles, escogidos de entre el pueblo?  No es la que le tocó en herencia la salvación de Dios,...ella misma, situada en lo alto de la montaña, es decir, fundada sobre el Verbo único de Dios?  A ella encomienda...anunciar a todos los hombres la Buena Noticia de la salvación.

 

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El termino "evangélico" es un termino que adoptaron algunos protestantes [metodistas, bautistas, presbiterianos, etc.] al concluir una propia conferencia, en la ciudad de Panamá en el año de 1906, donde se dieron cuenta del escándalo que producía seguir llamándose cada uno por su nombre, «pentecostales, testigos, adventistas, episcopales, metodistas, bautistas, etc., etc., etc.», complicando con ello a los Latino-Americanos en su proyecto de proselitismo, que veían con sospecha la variedad y la diversidad de doctrinas y creencias entre los protestantes que invadían nuestras tierras desde los USA.

Es como decir "gillette" para denominar una navaja de rasurar, "shampoo" para denominar el liquido con el cual nos lavamos el pelo.

 

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Ministerio del obispo de Roma, símbolo de unidad para la Iglesia universal.

«Con la unidad, así como con la apostolicidad, está unido el servicio petrino, que reúne visiblemente a la Iglesia en todas las partes y en todos los tiempos, defendiendo de esta manera a cada uno de nosotros para que no resbalemos en falsas autonomías, que demasiado fácilmente se transforman en internos particularismos de la Iglesia y pueden comprometer de esta forma su interna independencia». S. S. Benedicto XVI – P.P.

 

El palio es el signo de la particular unión con la sede de Roma.

«Catolicidad significa universalidad, multiplicidad que se convierte en unidad; unidad que permanece en multiplicidad», afirmó Benedicto XVI. 2005-06.29


«La unidad de los hombres en su multiplicidad ha sido posible porque Dios, este único Dios del cielo y de la tierra, se nos ha mostrado», «se ha hecho visible cuando Él se ha mostrado a nosotros y en Jesucristo nos ha hecho ver su rostro, a sí mismo».

«En esta hora del mundo llena de escepticismo y de dudas, paro también rica de deseo de Dios, reconozcamos nuevamente nuestra misión de testimoniar juntos a Cristo Señor y, sobre la base de esta unidad que ya se nos ha dado, de ayudar al mundo para que crea». 

«Y suplicamos al Señor con todo el corazón para nos guíe a la unidad plena de manera que el esplendor de la verdad, que solamente puede crear la unidad, se convierta de nuevo visible en el mundo». S. S. Benedicto XVI – PP. 2005.06.29

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".

 

Alégrese la madre naturaleza
con el grito de la luna llena:
que no hay noche que no acabe en día,
ni invierno que no reviente en primavera,
ni muerte que no dé paso a la vida;
ni se pudre una semilla
sin resucitar en cosecha.

 

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“Cuando contemplo el cielo, obra de tus manos, 
la luna y las estrellas que has creado, 
¿qué es el hombre para que te acuerdes de él, 
el ser humano, para darle poder? 
Lo hiciste poco inferior a los ángeles, 
lo coronaste de gloria y dignidad”(Ps. 8).   

 

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Dijo Dios: «Produzca la tierra animales vivientes según su especie: ganados, reptiles y bestias salvajes según su especie». Y así fue. Dios hizo las bestias de la tierra, los ganados y los reptiles campestres, cada uno según su especie. Vio Dios que esto estaba bien. Gen. 1, 24-25

 

La naturaleza canta las glorias del Creador y el hombre sepa gozar en armonía con todo lo creado.

 

¡Hoy la tierra y los cielos me sonríen
hoy llega hasta el fondo de mi alma el sol
hoy la he visto... la he visto y me ha mirado
Hoy creo en Dios!

 

¡Que tu conducta nunca sea motivo de injustificada inquietud a la creación, en la que tu eres el rey!

 

El ecologismo espiritual nos enseña a ir más allá de la pura «protección» y del «respeto» de la creación; nos enseña a unirnos a la creación en la proclamación de la gloria de Dios.

 

«La belleza podrá cambiar el mundo si los hombres consiguen gozar de su gratuidad» Susana Tamaro – católica, escritora - 2004.12.

 

¡Oh galaxias de los cielos inmensos, alabad a mi Dios porque es omnipotente y bueno! ¡Oh átomos, protones, electrones! ¡Oh canto de los pájaros, rumor de las hojas, silbar del viento, cantad, a través de las manos del hombre y como plegaria, el himno que llega hasta Dios!»

 

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Señor Jesús, queremos recoger la lección de S. Francisco que aprendió de la Iglesia.
Como él queremos verte en tus obras y a través de ellas llegar a Ti.
Que todo el universo sea para nosotros un cántico de alabanza en tu honor.
Que a través de nuestras buenas obras, los demás también Te glorifiquen y juntos construyamos esa fraternidad universal, de la cual el mundo entero está necesitado. AMÉN.

 

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«Las catástrofes naturales nos sitúan en la verdad. A pesar de tantos progresos, no estamos en grado de poder gobernar la realidad en su totalidad. No encontramos respuesta a estos hechos porque hemos perdido el sentido de la grandeza de Dios»

 

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‘Si la técnica no se reconcilia con  la naturaleza, ésta se rebelará’ 12 nov.2000 S. S. Juan Pablo II - Magno

 

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San Pedro Crisólogo (380 ca. 450 ca.) en el Segundo discurso sobre el ayuno: "Son grandes las obras del Señor". Pero esta grandeza que vemos en la grandeza de la creación, este poder, es superado por la grandeza de la misericordia. En efecto, el profeta dijo:”Son grandes las obras de Dios"; y en otro pasaje añade:”Su misericordia es superior a todas sus obras". La misericordia, hermanos, llena el cielo y llena la tierra. (...) Precisamente por eso, la grande, generosa y única misericordia de Cristo, que reservó cualquier juicio para el último día, asignó todo el tiempo del hombre a la tregua de la penitencia. (...) Precisamente por eso, confía plenamente en la misericordia el profeta que no confiaba en su propia justicia:  "Misericordia, Dios mío —dice— por tu bondad" (Sal 50, 3)" (42, 4-5:  Discursos 1-62 bis, Scrittori dell area santambrosiana, 1, Milán-Roma 1996, pp. 299. 301).
Así decimos también nosotros al Señor:  "Misericordia, Dios mío, por tu bondad".

 

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«Decálogo católico» sobre ética y ambiente

 

Presentado por el Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz- ROMA, 08.11.2005  expresa la enseñanza –síntesis- de la doctrina social de la Iglesia católica sobre el ambiente.
 
1) La Biblia tiene que dictar los principios morales fundamentales del designio de Dios sobre la relación entre hombre y creación.

2) Es necesario desarrollar una conciencia ecológica de responsabilidad por la creación y por la humanidad.

3) La cuestión del ambiente involucra a todo el planeta, pues es un bien colectivo.

4) Es necesario confirmar la primacía de la ética y de los derechos del hombre sobre la técnica.

5) La naturaleza no debe ser considerada como una realidad en sí misma divina, por tanto, no queda sustraída a la acción humana.

6) Los bienes de la tierra han sido creados por Dios para el bien de todos. Es necesario subrayar el destino universal de los bienes.

7) Se requiere colaborar en el desarrollo ordenado de las regiones más pobres.

8) La colaboración internacional, el derecho al desarrollo, al ambiente sano y a la paz deben ser considerados en las diferentes legislaciones.

9) Es necesario adoptar nuevos estilos de vida más sobrios.

10) Hay que ofrecer una respuesta espiritual, que no es la de la adoración de la naturaleza.

 

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En la creación del mundo y del hombre, Dios ofreció el primero y universal testimonio de su amor todopoderoso y de su sabiduría, el primer anuncio de su "designio benevolente" que encuentra su fin en la nueva creación en Cristo.

316 Aunque la obra de la creación se atribuya particularmente al Padre, es igualmente verdad de fe que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son el principio único e indivisible de la creación.

317 Sólo Dios ha creado el universo, libremente, sin ninguna ayuda.

318 Ninguna criatura tiene el poder Infinito que es necesario para "crear" en el sentido propio de la palabra, es decir, de producir y de dar el ser a lo que no lo tenía en modo alguno (llamar a la existencia de la nada) (cf DS 3624).

319 Dios creó el mundo para manifestar y comunicar su gloria. La gloria para la que Dios creó a sus criaturas consiste en que tengan parte en su verdad, su bondad y su belleza.

320 Dios, que ha creado el universo, lo mantiene en la existencia por su Verbo, "el Hijo que sostiene todo con su palabra poderosa" (Hb 1, 3) y por su Espirita Creador que da la vida.

321 La divina providencia consiste en las disposiciones por las que Dios conduce con sabiduría y amor todas las criaturas hasta su fin último.

322 Cristo nos invita al abandono filial en la providencia de nuestro Padre celestial (cf Mt 6, 26-34) y el apóstol S. Pedro insiste: "Confiadle todas vuestras preocupaciones pues él cuida de vosotros" (I P 5, 7; cf Sal 55, 23).

323 La providencia divina actúa también por la acción de las criaturas. A los seres humanos Dios les concede cooperar libremente en sus designios.

324 La permisión divina del mal físico y del mal moral es misterio que Dios esclarece por su Hijo, Jesucristo, muerto y resucitado para vencer el mal. La fe nos da la certeza de que Dios no permitiría el mal si no hiciera salir el bien del mal mismo, por caminos que nosotros sólo coneceremos plenamente en la vida eterna.

 

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“De la grandeza y hermosura de las criaturas se llega, por analogía, a contemplar a su Autor”. S. S. Benedicto XVI. P.M. – MMV.XI.X.

 

“Dios no aparece en la Biblia como un Señor impasible e implacable, ni es un ser oscuro e indescifrable, como el hado, con cuya fuerza misteriosa es inútil luchar”.

 

Dios se manifiesta «como una persona que ama a sus criaturas, que vela por ellas, les acompaña en el camino de la historia y sufre por la infidelidad de su pueblo «a su amor misericordioso y paterno».

«El primer signo visible de esta caridad divina hay que buscarlo en la creación»: «los cielos, la tierra, las aguas, el sol, la luna y las estrellas».

«Incluso antes de descubrir a Dios que se revela en la historia de un pueblo, se da una revelación cósmica, abierta a todos, ofrecida a toda la humanidad por el único Creador»

«Existe, por tanto, un mensaje divino, grabado secretamente en la creación», signo de «la fidelidad amorosa de Dios que da a sus criaturas el ser y la vida, el agua y la comida, la luz y el tiempo».

«De las obras creadas se llega a la grandeza de Dios, a su amorosa misericordia».


El Papa acabó su discurso, dejando a un lado sus papeles, comentó un pensamiento de san Basilio Magno, doctor de la Iglesia, obispo de Cesárea de Capadocia, quien constataba que algunos, «engañados por el ateísmo que llevaban dentro de sí, imaginaron el universo sin un guía ni orden, a la merced de la casualidad».

«Creo que las palabras de este padre del siglo IV son de una actualidad sorprendente», reconoció S. S. Benedicto XVI preguntándose: «¿Cuántos son estos "algunos" hoy?».

«Engañados por el ateísmo, consideran y tratan de demostrar que es científico pensar que todo carece de un guía y de orden».

«El Señor, con la sagrada Escritura, despierta la razón adormecida y nos dice: al inicio está la Palabra creadora. Al inicio la Palabra creadora --esta Palabra que ha creado todo, que ha creado este proyecto inteligente, el cosmos-- es también Amor».

El Papa concluyó exhortando a dejarse «despertar por esta Palabra de Dios» e invitando a pedirle que «despeje nuestra mente para que podamos percibir el mensaje de la creación, inscrito también en nuestro corazón: el principio de todo es la Sabiduría creadora y esta Sabiduría es amor y bondad».
S. S. Benedicto XVI. P.M. MMV.XI.X.

 

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Alabemos con las poéticas palabras del teólogo san Gregorio Nacianceno, doctor de la Iglesia Católica, año 330+390:

 

« Gloria a Dios Padre y al Hijo,
Rey del universo.
Gloria al Espíritu,
digno de alabanza y santísimo.
La Trinidad es un solo Dios
que creó y llenó cada cosa:
el cielo de seres celestes
y la tierra de seres terrestres.
Llenó el mar, los ríos y las fuentes
de seres acuáticos,
vivificando cada cosa con su Espíritu,
para que cada criatura honre
a su sabio Creador,
causa única del vivir y del permanecer.
Que lo celebre siempre más que cualquier otra
la criatura racional
como gran Rey y Padre bueno ».

(9) Poemas dogmáticos, XXXI, Hymnus alias: PG 37, 510-511

 

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“Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones” Biblia. Evangelio según San Lucas Cap.1º vs. 48. La Iglesia, hace XXI siglos fundada por Tu Hijo, te alaba, ¡Oh Madre plena de dicha y felicidad!

 

VERITAS OMNIA VINCIT

LAUS TIBI CHRISTI.

 

 

Gracias por venir a visitarnos

 

Recomendamos vivamente:

1º Jesús de Nazaret– al siglo, Joseph Cardenal Ratzinger: ‘Benedicto XVI’. 2007

Ser cristiano’- al siglo, Joseph Cardenal Ratzinger: ‘Benedicto XVI’- dedicó «a Romano Guardini, con gratitud y admiración». Editor: Desclée De Brouwer.

-.-

Recomendamos vivamente, al autor Fernando Pascual, pbro.

"Educación y comunicación en Platón" (Barcelona –España 1996);

"Manual de historia de la filosofía antigua" (Roma 1999);

"Abrir ventanas al amor" (México 2000);

"La vida como don" (México 2002);

"Notas de metodología" (Roma, 2005);

"Modelos de bioética" (Roma 2005, 2007);

"El amor como aventura" (Roma 2007).

 

 

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).