Thursday 27 April 2017 | Actualizada : 2017-03-29
 
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…de la invasión musulmana a España…. Corrían los años 711…

 


 

En consecuencia, la caída de España se explica mejor por el debilitamiento del reino causada por las sequías y pestes de la época, al que se añadió  el debilitamiento de la monarquía debido al problema sucesorio. La invasión llegó en el momento más propicio para los invasores y estos supieron verlo. El que un ejército inferior en número venza a otro superior no es caso raro en la historia, y los musulmanes, precisamente, lo habían logrado en muchas ocasiones. En el de España, ello vino favorecido al máximo por la traición de un sector del ejército hispano.

 

Réplica a Joseph Pérez: El porqué de la "pérdida de España" –  Pío MOA 

El relato,  demasiado breve y demasiado trivial, con que J. Pérez despacha la caída del reino hispanogodo merece no obstante atención, porque resume una multitud de tópicos tan extendidos como ilógicos o tendenciosos. Pérez hace una digresión sobre árabes y bereberes, destacando que estos últimos formaban la mayoría de los invasores y olvidando que los primeros constituían el elemento dominante, y “explica” la invasión del modo más favorable a los musulmanes. Estos “derrumbaron rápida y fácilmente la superestructura política y social de la monarquía visigoda” “Parece probable que, en muchos casos, la población primitiva no hiciera nada para ayudar a los visigodos; incluso debieron de producirse en varios casos sublevaciones contra la nobleza y los terratenientes a los que probablemente consideraban opresores, sin hablar de los judíos, quienes, víctimas del odio de los últimos monarcas visigodos, acogieron a los moros como libertadores y les facilitaron la toma de varias ciudades (…) Los nuevos dueños de la tierra exigían impuestos moderados en comparación con los (…) visigodos”. Además, recoge la suposición de que los impuestos en la época española eran muy superiores a los de la época andalusí, argumento clave para “explicar” materialistamente los hechos. Como si dijéramos que los historiadores escriben de un modo u otro según la ganancia económica que esperen obtener de sus libros (cosa cierta en más de un caso, pero que no conviene generalizar).

“Parece probable”, “probablemente”, “consideraban opresores”… ¿Qué le parece al señor Pérez esta descripción de la muchísimo más rápida conquista de Francia por Alemania en la II Guerra Mundial? “Los alemanes derrumbaron con extraordinaria facilidad la superestructura política y social de la III República francesa. La población francesa no hizo nada por ayudar al gobierno y al ejército en derrota, a los que miraba como opresores y explotadores, que la sometían a impuestos excesivos cuyo fruto no percibían. Los socialistas venían propugnando de años atrás el desarme de Francia y los comunistas, resentidos con las represiones e intentos de marginarlos que habían sufrido, recibieron como libertadores a los alemanes y sabotearon los esfuerzos del ejército y las autoridades de la III República. Posteriormente, los nazis encontraron en Francia un grado muy alto de colaboración, de manera que no habrían sido expulsados de no ser por el ejército useño”. Sin duda es una descripción muy tendenciosa, pero desde luego más veraz y atenida a los hechos que los “parece” y “probablemente” con que nos ilustran tantos historiadores banales sobre las causas de la caída del reino godo.

 

?En Nueva historia de España he recordado algunos datos que omite Joseph Pérez, y que no son baladíes:

“La “pérdida de España” dio lugar en su tiempo a especulaciones moralizantes, achacándolo a pecados y maldades que habrían socavado las bases del estado. Sentada la tesis, bastaba abundar en ella, exagerando o inventando todos los pecados precisos. En nuestra época se ha querido explicar el suceso por causas económicas o “sociales”, suponiendo un reino carcomido cuando llegaron los moros; o se ha dicho que no existió invasión, sino “implantación”, ocurrencia pueril, si bien no más que tantas hoy en boga. La tesis más extendida desde Sánchez Albornoz habla de “protofeudalización”, es decir, decaimiento de la monarquía y disgregación en territorios semiindependientes bajo poder efectivo de los magnates, tendencia acentuada a partir de Wamba. A la feudalización o protofeudalización se uniría la decadencia intelectual y moral del clero, una desmoralización popular ligada a una presión fiscal excesiva, e incluso un deseo de la población de “librarse” de una dominación oprimente.

 

A mi juicio, estas teorías recuerdan a las especulaciones moralistas: puesto que el reino se hundió con aparente facilidad, “tenía que” estar ya maduro para el naufragio por una masiva corrosión interna. Pero desastres semejantes no escasean a lo largo de los tiempos. Países al borde de la descomposición se han rehecho en momentos críticos frente a enemigos poderosos; y otros relativamente florecientes han sucumbido de forma inesperada. Así, en nuestro tiempo, Francia y otros países cayeron ante el empuje nacionalsocialista no en cuestión de años, sino de semanas, obteniendo los vencedores amplia colaboración entre franceses, belgas, holandeses, etc.; pero nadie sugiere que esos pueblos vivieran en regímenes carcomidos, estuviesen hartos de su democracia e independencia o deseasen que los alemanes les librasen de impuestos…

 

El éxito musulmán no resulta impensable: pocos años antes, los pequeños ejércitos árabes brotados del desierto habían rematado al Imperio sasánida, ocho o diez veces más extenso que España, y habían arrebatado enormes extensiones a otra superpotencia, el Imperio bizantino. En solo nueve meses habían conquistado Mesopotamia, y en la decisiva batalla de Ualaya la proporción recuerda a la del Guadalete: 15.000 muslimes vencieron a 45.000 persas, sin la fortuna, para los vencedores, de una traición a la witizana. Lo mismo cabe decir de la batalla de Kadisia o Qadisiya, donde quebró el imperio sasánida, o la todavía más desproporcionada de Nijauand. Contra la tosca idea de que la superioridad material decide las guerras y cambios históricos, la derrota del más fuerte dista de ser un suceso excepcional. La caída de España, así, no debiera chocar tanto como se pretende.

 

Las noticias del último período hispano- tervingio son demasiado escasas para sacar conclusiones definitivas, pero los indicios de la supuesta protofeudalización suenan poco convincentes, pues, para empezar, existieron durante todo el reino de Toledo: son factores disgregadores presentes en toda sociedad, que en la Galia — pero no en España– prevalecieron sobre los integradores. Las leyes de Wamba o Ervigio para forzar a los nobles a acudir con sus mesnadas ante cualquier peligro público sugieren una creciente independencia y desinterés oligárquico por empresas de carácter general. Pero siempre, no solo a partir de Wamba, dependieron los reyes de las aportaciones de los nobles, y con seguridad nunca faltaron roces y defecciones en esa colaboración. Tampoco hay constancia de que Wamba o los reyes sucesivos, incluido Rodrigo, encontrasen mayor escollo para reunir los ejércitos precisos ante conflictos internos o externos. Aquellas leyes, como las relativas a la traición, podrían servir de pretexto a los monarcas para perseguir a los potentados desafectos, a lo que replicaron la nobleza y el alto clero con el habeas corpus, innovación jurídica ejemplar e indicio de vitalidad, no de declive.

 

Durante todo el reino de Toledo persistió una pugna, a menudo sangrienta, entre los reyes y sectores de la oligarquía; pero esa pugna, causa mayor de inestabilidad, pudo haber sido más suave en la última época, y no parece agravada desde Wamba. Motivo permanente de conflicto era el nombramiento de los reyes: estos procuraban ser sucedidos por sus hijos, quitando así un poder esencial a los oligarcas, que preferían un sistema electivo que les permitiera condicionar al trono. En principio triunfaron los oligarcas ya en 633, pues el IV Concilio de Toledo estableció por ley la elección, pero solo tres de los once reyes posteriores, Chíntila, Wamba y Rodrigo, subieron al trono según esa ley. Ello podría indicar una victoria de hecho de los reyes, pero tampoco sucedió así: los demás subieron por golpe o por una herencia que nunca pasó de la segunda generación. No llegó a haber un vencedor claro en esta cambiante lucha, salvo el pasajero de Chindasvinto asentado en una carnicería de nobles.

 

Otro factor de putrefacción del sistema, el morbo gótico, es decir, la costumbre de matar a los reyes, descendió notablemente durante la etapa hispano-tervingia. De los catorce monarcas anteriores a Leovigildo, nueve murieron asesinados, dos en batalla y tres en paz. De los dieciocho a partir de Leovigildo solo dos fueron asesinados, Liuva II y Witerico, y justamente al principio y no al final del período, con sospechas sobre otros dos, Recaredo II y Witiza. Tres más fueron derrocados sin homicidio (Suíntila, Tulga y Wamba). La duración media de los reinados, otro dato relacionable con la estabilidad, no disminuye, sino que aumenta desde Wamba: nueve años, si excluimos a Rodrigo, que casi no tuvo tiempo de reinar, frente a siete y pico en el período anterior. Aumenta asimismo la frecuencia de los concilios en la última etapa: uno cada cuatro y pico años de promedio, en comparación con la media anterior de uno cada diez. Estos datos sugieren consolidación institucional, no tambaleo, pues los concilios suponían tanto un principio de poder representativo como un factor de nacionalización. Todo lo cual no apunta a una especial “protofeudalización”, sino más bien a lo contrario.

En cuanto a la corrupción de la jerarquía eclesiástica al compás de su creciente peso político, se aprecia en ella una considerable germanización (hasta un 40% de los cargos), posiblemente acompañada de descenso del nivel moral e intelectual (si bien documentos como Institutionum Disciplinae indican un panorama nobiliario muy distinto de la barbarie originaria). Los cánones de los últimos concilios también indican tirantez entre la oligarquía y los obispos. Los cánones condenaban la sodomía y otros vicios del clero, lo cual puede significar mucho o poco: tales vicios habían existido siempre en algún grado, y no sabemos si aumentaban o si solo se reparaba en ellos, o se los utilizaba por algún motivo político. Respecto al declive intelectual, Julián de Toledo murió en fecha tan avanzada como 690, y nunca sabremos si la posterior falta de figuras relevantes reflejaba decadencia o solo un bache pasajero.

 

Peso mucho más real tienen sucesos como las hambrunas y las pestes. El país parece haber entrado en un ciclo de sequías, que entonces significaban miseria, enfermedades y hambre masivas. Hubo, además, plagas de langosta no menos desastrosas. Según la crónica árabe Ajbar Machmúa, el hambre de 708-9, muy próxima a la invasión musulmana, redujo a la mitad la población de España, dato probablemente exagerado, pero indicativo de una tremenda catástrofe demográfica. Poco antes una peste importada de Bizancio casi había despoblado la Narbonense y afectado al resto. El horror impotente por estos males queda documentado en las homilías: “He aquí, hermanos nuestros, que nos heló de espanto la funesta noticia traída por los mensajeros de que los confines de nuestra tierra están ya infestados por la peste y se nos avecina una cruel muerte”. Las rogativas clamaban a Dios: “¡Aparta ya la calamidad de nuestros confines!; que el azote inhumano de la peste se alivie en aquellos que ya lo padecen y, gracias a tu favor, no llegue hasta nosotros”. No hay modo de comprobarlo, pero la población pudo bajar a menos de cuatro millones de habitantes bajo las desastrosas condiciones de la caída del Imperio romano, y no crecería mucho luego. Sí está claro que en vísperas de la invasión árabe no pudo haberse repuesto de unas catástrofes mucho más aniquiladoras que las guerras. Por esos hechos cabe explicar a su vez fenómenos como la huida, frecuente y quizá masiva, de siervos o esclavos del campo, o la “epidemia” de suicidios causados por la desesperación, referida en los cánones conciliares. A su vez se haría muy difícil la recogida de impuestos y el descontento por ellos, pese a alguna amnistía fiscal, con el consiguiente debilitamiento del estado.

 

Otro factor de debilidad estaría en los judíos. Las primeras disposiciones contra ellos trataban de impedirles una posición social de superioridad sobre cristianos, y hubo resistencia a medidas extremas deseadas por algún papa, pero las leyes persecutorias empeoraron con el tiempo. El XVII Concilio, en 694, solo diecisiete años antes del final del reino, aprobó las medidas más graves, exigidas por el rey Égica, molesto por el poco celo de los obispos en la persecución. Argüía el monarca la existencia de una conspiración judaica para derrocar la monarquía, informes de conversos sobre planes para destruir el cristianismo, y pretendidas rebeliones en curso en algunos países. Quizá se sabía que las comunidades hebreas de Oriente Próximo habían actuado como quinta columna de los sasánidas contra los bizantinos y luego de los árabes contra los sasánidas (en este último caso también habían obrado así las comunidades cristianas de Persia). Égica también acusó a los conversos de practicar clandestinamente su vieja fe. En consecuencia pedía reducir a todos a la esclavitud e impedirles practicar su religión, bajo penas severísimas. El concilio aceptó, de mala gana las propuestas-imposiciones regias. Estas persecuciones, si buscaban neutralizar una posible amenaza interna, exacerbaban al mismo tiempo la deslealtad de ese grupo social.

 

Los judíos componían una exigua minoría que habitaba barrios aparte de las grandes ciudades béticas y algunas del interior y de levante, por lo que choca la obsesión del poder hacia ellos y sus supuestas conjuras. Parte de esa aversión nacía de la riqueza de la oligarquía hebrea, que proporcionaba a esta un poder subterráneo y suscitaba envidias. Además se le consideraba el pueblo deicida, por la frase atribuida a la multitud en el juicio de Cristo: “¡Caiga su sangre sobre nosotros y nuestros hijos!”. La persistencia en su fe se miraba como una ofensa a la verdadera religión, prueba de una maldad porfiada y del deseo de vivir al margen de los demás, cuando los mismos godos arrianos habían dejado sus creencias para integrarse en las mayoritarias. A su vez, la autoconsideración hebrea como pueblo elegido, junto con la permanente repulsa y frecuente persecución sufridas, creaban un comportamiento cerrado, ya atacado por el moralista latino Juvenal: “Desprecian las leyes de Roma, estudian, observan y temen el Testamento judaico que Moisés les otorgó en un documento secreto. Sólo se confían a los de su misma religión, es decir, sólo ayudan a los que, como ellos, son circuncisos”.

 

¿En qué medida se aplicaron las leyes antisemitas? Las leyes, en general, no debieron de aplicarse muy estrictamente — salvo para mantener la unidad del estado– como se aprecia en las referentes a la elección de los monarcas. El grado de cumplimiento de las normas antijudías hubo de ser especialmente bajo, como revela su reiteración a lo largo de decenios. En los mismos tiempos de Égica, ya hacia el final del reino, ni siquiera se habían cumplido los primeros decretos del III Concilio prohibiendo a los judíos tener esclavos cristianos. Aun así, los decretos se aplicarían en alguna medida, y su mera existencia pesaba como una temible amenaza sobre sus destinatarios.

 

En fin, todos los daños mencionados, y más que pudieran aducirse, solo explicarían la caída del reino si hubieran impedido la concentración de un ejército suficiente para afrontar a Tárik, lo cual no ocurrió. Las crónicas y los historiadores están conformes en la superioridad material del ejército hispano-godo sobre el moro, y la causa determinante del desastre no fue una especial corrupción del poder o la traición hebrea, sino la de un sector de la nobleza. Aunque la ley prohibía la alianza con poderes foráneos para alcanzar el poder, este tipo de traición se dio con cierta frecuencia: un grupo visigodo buscó en 552 la ayuda de los bizantinos, los cuales aprovecharon para adueñarse de una considerable porción de la península; y la utilización de francos y de rebeldes vascones en las pugnas internas había sucedido varias veces. Por otra parte, las consecuencias decisivas de Guadalete, con la pérdida del grueso del ejército y la dificultad posterior de organizar la resistencia, apoya la idea de un estado bastante centralizado, como indica el historiador García Moreno, y no tan “protofeudalizado” como suele afirmarse.

 

No tienen más sentido las comparaciones con la invasión romana, cuando poblaciones independientes entre sí — e incapaces de unir sus fuerzas–, armadas y acostumbradas a la guerra, ofrecieron una resistencia a menudo heroica. La larga pax romana habían desarmado y desacostumbrado a la gente de las prácticas guerreras, como se había mostrado cuando las invasiones germánicas. Añádase la influencia del clero, pacifista y conformista con el poder, obstáculo a un espíritu de lucha en la primera etapa de desconcierto. Isidoro había definido una doctrina contradictoria, pues si por una parte rechazaba al tirano (“Serás rey si obras con justicia, en otro caso no lo serás”), por otra definía el poder como enviado por Dios y desaconsejaba la resistencia incluso a la tiranía. Y el poder se estaba trasladando a los musulmanes.

Hablar de una preferencia de la población por los invasores, como hacen algunos, no resulta más adecuado que hablar de una “preferencia” de los franceses por el dominio alemán. La magnificencia que alcanzarían más tarde el emirato y el califato de Córdoba ha creado el espejismo de que los musulmanes llegaban con una civilización superior, cuando se trataba de guerreros del desierto y de las montañas del Atlas, tan bárbaros o más que los suevos, vándalos y alanos de unos siglos antes. La exigüidad de su número, y las disputas entre ellos, les forzaron a cierta tolerancia religiosa y política inicial, pero el poder musulmán había significado en muchos lugares una hecatombe para la civilización. Pasaría algún tiempo hasta que el poder árabe adaptase logros y formas culturales de los pueblos vencidos más civilizados, fueran el persa, el bizantino o el español. Pues España –con Italia– era posiblemente el país más civilizado de Europa occidental, con tradición ya muy larga y profunda. La invasión solo pudo haber sido vista como una nueva plaga por una población que llevaba tiempo soportando muchas”.

En consecuencia, la caída de España se explica mejor por el debilitamiento del reino causada por las sequías y pestes de la época, al que se añadió  el debilitamiento de la monarquía debido al problema sucesorio. La invasión llegó en el momento más propicio para los invasores y estos supieron verlo. El que un ejército inferior en número venza a otro superior no es caso raro en la historia, y los musulmanes, precisamente, lo habían logrado en muchas ocasiones. En el de España, ello vino favorecido al máximo por la traición de un sector del ejército hispano. 2014.V. 17 

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En los orígenes de España: un obispo bravo, un santo apóstol, un rebelde mártir y un rey converso

 

 

 

Carmelo López-Arias / ReL 3 julio 2016 

 

Santiago Cantera, historiador y benedictino, en una de las presentaciones de su libro, clave para entender los sucesos de 585-589. 

 

En los inicios del verano de 586, justo ahora hace 1530 años, se sitúa el epicentro de los procesos que condujeron a lo que la mayor parte de los estudiosos del periodo consideran el nacimiento de España como nación: la conversión de Recaredo al catolicismo en 589, en el III Concilio de Toledo. En ese momento se logra la simbiosis entre la mayoritaria población hispanorromana, católica, y la minoría gobernante visigoda, arriana, y el reino echa por fin raíces sólidas. 

 

Pero antes de llegar a 589 tuvieron que pasar varias cosas, que detalla el historiador y monje benedictino Santiago Cantera, OSB en Hispania Spania. El nacimiento de España (Actas).

 

 

 

En primer lugar, el martirio de San Hermenegildo el día de Pascua de 585. Tras convertirse al catolicismo, se había rebelado contra su padre arriano, Leovigildo, quien le derrotó y capturó. Estando en prisión, se negó a recibir la comunión de un obispo arriano, alegando que quien no creía que Jesucristo fuese Dios, no podía creer en su presencia real y sustancial bajo las especies eucarísticas. Su carcelero, Sisberto, le mató y le convirtió en mártir por un acto heroico de Fe que lavó lo que muchos contemporáneos, entre ellos San Isidoro de Sevilla, consideraban un ilegítimo intento de usurpación agravado con una falta a la piedad filial. 

 

No así el obispo de Mérida, Másona, quien también gozó en vida de fama de santidad por su resistencia a los halagos y prebendas que le prometió Leovigildo si abjuraba de la verdadera fe. Másona, en medio del conflicto religioso, agitó y apoyó al ya católico Hermenegildo en su rebelión contra su arriano padre, y fue desterrado por eso. 

 

La muerte martirial de San Hermenegildo tuvo un profundo impacto en su padre, Leovigildo, quien murió en mayo de 586. ¿Llegó a convertirse al catolicismo? Hay dudas al respecto. San Gregorio Magno y San Gregorio de Tours apuntan que sí. Y es verdad que había permitido el regreso a sus sedes de Másona y San Leandro de Sevilla. 

 

Un San Leandro que había adoctrinado a San Hermenegildo en la fe y a quien Leovigildo podría haber encomendado también, en esa transformación de sus últimos meses, la formación católica de su hijo menor, Recaredo. Éste había ascendido al trono al morir su padre y lo cierto es que el trato entre ellos se intensifició y se convirtió en los primeros meses de 587. 

 

El hilo histórico (providencial por sus consecuencias) parece, pues, claro:

 

 

 

582, Hermenegildo, convertido al catolicismo por San Leandro, se proclama rey independiente de su padre, animado por Másona, el obispo de Mérida, y dos años después es derrotado y capturado; 

 

585, martirio de San Hermenegildo, lo que convierte en heredero de la corona a su hermano menor, Recaredo; 

 

586, Leovigildo muere, pero antes confía a San Leandro la educación católica de Recaredo; 

 

587, Recaredo se convierte al catolicismo. 

 

Recaredo no obligó a los arrianos a convertirse, pero convocó en 589 el III Concilio de Toledo, donde hizo profesión de fe, anatematizó a Arrio y recibió de los obispos, sacerdotes y próceres godos presentes su libre proclamación de la fe católica: "Prometemos predicarla y enseñarla a los pueblos", afirman. 

 

 

 

La conversión de Recaredo (1888), óleo de Antonio Muñoz Degrain (1840-1924) que se conserva en el Senado de España.

 

 

 

San Leandro clausuró el Concilio con una homilía que exalta el universalismo católico por encima de las diferencias entre pueblos (en este caso, el visigodo y el hispanorromano): "La Iglesia católica, así como se extiende por todo el mundo, así también se compone de la unión de todos los pueblos... El orden natural exige que los que proceden de un solo hombre se amen mutuamente y que no se aparte de la verdad de la fe aquel que no arranca de un tronco distinto. Las herejías y las divisiones brotan de las fuentes de los vicios, por lo que aquel que vuelve a la unidad vuelve del vicio a la naturaleza... Resta tan sólo que todos los que nos hemos convertido en un solo reino, unánimemente acudamos a Dios con preces, suplicando tanto por la exaltación del reino terreno, como por la felicidad del reino futuro. Para que el reino y el pueblo que glorificó a Cristo en la tierra, sea glorificado por Él no sólo en la tierra, sino también en los cielos. Amén".

 

 

 

Acto seguido Recaredo mandó una carta al Papa San Gregorio Magno para reconocer la autoridad de la Sede Apostólica.

 

 

 

Recaredo completó a Leovigildo

 

Se había logrado la unidad del reino con la unidad católica, y eso es lo que, según Cantera, convierte a Recaredo en el artífice de España: "Leovigildo dejó echados los fundamentos políticos para el nacimiento de España, pero le faltó completar los fundamentos sociales y religiosos, aunque lo intentó. Él es el unificador de España en lo territorial (casi por completo) y es un estadista de primera talla, pendiente de los modelos romanos y bizantinos; es el creador del Reino visigodo en cuanto Estado, yendo más allá de las concepciones regias de la jefatura militar germánica. Pero fracasó en su intento de unir la población germánica con la hispanorromana, porque fracasó en su proyecto de lograrlo en la fe arriana. Eso se logró cuando el pueblo visigodo se adhirió a la fe católica en el III Concilio de Toledo, con el abrazo entre las dos poblaciones. La unidad en la fe hizo posible la unidad social del Reino", afirma el autor.

 

 

 

A partir de ahí, el concepto de España es ya unívoco. En Hispania Spania, el padre Santiago Cantera sigue también la pista al concepto posterior de la "pérdida de España", una constante medieval tras la invasión mahomentana hasta el final de la Reconquista en 1492 y la unión de Navarra.

 

 

 

Nace entonces la monarquía española moderna, no España, una realidad que cumplía entonces su primer milenio. Se remontaba a las agitaciones del obispo Másona, al ímpetu apostólico y predicador de San Leandro, al heroísmo en la fe de Hermenegildo, a la humildad de Leovigildo en el último trance y al "sí" de Recaredo a la fe de Cristo.

 

http://www.religionenlibertad.com/los-origenes-espana-obispo-bravo-santo-apostol-50604.htm

 

 

 

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Su libro «Al-Ándalus y la Cruz» cuenta la otra historia de la invasión mahometana

 

 

 

Sánchez Saus, historiador, sobre Al-Ándalus: «No fue otra cosa que invasión, conquista e imposición» 

 

Lucas Haurie / La Razón - 20 febrero 2016 

 

Catedrático de Historia Medieval ejerciente en Cádiz, pero antes que eso español desacomplejado, Rafael Sánchez Saus acaba de publicar Al-Ándalus y la Cruz. La invasión musulmana de Hispania (Stella Maris), un ensayo histórico en el que aborda la vida de los cristianos de la Península bajo la dominación musulmana desde una «perspectiva inusual», porque pretende «desmontar el mito construido alrededor de una conquista que no tuvo nada de multicultural». La actualidad, como no podía ser de otra manera, se entrevera en la conversación. 

 

–¿Convivieron en armonía las tres culturas en Al-Ándalus?

 

–No. Hebreos y, sobre todo, cristianos sufrieron una discriminación que historiadores como Serafín Fanjul han equiparado al régimen del apartheid en Suráfrica. Se montó un sistema legal que buscaba la humillación de los no mahometanos, con medidas sin precedente histórico como la prohibición de no poder llevar armas. En la Edad Media, un hombre era libre en tanto que podía defender a su familia. 

 

–Califica usted en su libro al de Al-Ándalus como un «régimen perverso».

 

–Así es. Las relaciones entre cristianos y musulmanes se regulaban mediante la dimma, que convertía a los infieles en ciudadanos de segunda clase, igual que a las mujeres, cuyo testimonio valía la mitad de lo que valía el de un mahometano. Esto se reflejaba también en las leyes matrimoniales. Los cristianos no podían casarse con las musulmanas y si el matrimonio mixto era al revés, los hijos eran automáticamente musulmanes y los bienes de la esposa cristiana se los quedaba el marido. 

 

–¿No suena muy parecido a la conquista demográfica de Europa que pregonan hoy los islamistas?

 

–Aunque el crecimiento poblacional se ha estancado algo en el mundo árabe en los últimos años, las comunidades musulmanas asentadas en países occidentales mantienen un índice de natalidad muy superior al de los nativos europeos. No hay más que darse un paseo por ciudades de Francia, Alemania o Bélgica para verlo. 

 

–Entonces, ¿no es posible el multiculturalismo?

 

–No ha sido posible en ningún momento de la Historia. Al menos, no desde el punto de vista legendario que pretenden quienes defienden el mito de Al-Ándalus, que se construyó porque, a lo largo del siglo XX, tanto la derecha como la izquierda españolas, en distintos momentos, quisieron acercarse al mundo musulmán y sufrieron esa fascinación retroactiva por un movimiento que no fue otra cosa que invasión, conquista e imposición. Fue una guerra dura, fruto de la agresión del califato omeya de Damasco. Los musulmanes fueron una minoría guerrera que llegó a un territorio y arrasó mediante las armas la civilización preexistente –por ejemplo, no quisieron saber nada de San Isidoro–, sometiendo o forzando a la conversión a la mayoría de la población. Los usos y costumbres de la época, vamos. 

 

–¿Por qué la intelectualidad europea propaga justamente lo contrario?

 

–Por pereza, por miedo a querer enfrentarse a un conflicto que puede tener consecuencias terribles. Es más cómodo cerrar los ojos. También nos confunde el vivir en un contexto de tolerancia que nos puede llevar a pensar erróneamente que el islam de hoy puede adaptarse a las normas del Occidente de tradición cristiana. Por ejemplo, en Ceuta y Melilla se han alcanzado unos niveles muy razonables de convivencia entre comunidades religiosas, pero nadie debe olvidar que se hace bajo una estructura social y jurídica occidental. Se puede construir una mezquita en Melilla pero no es tan fácil levantar una iglesia en Nador, que está a escasos kilómetros de la frontera. 

 

–Y en España, nos encontramos con el mismo problema pero multiplicado.

 

–Desde luego, entiendo que por dos factores. El primero, debido al déficit de identificación de muchos españoles con nuestro propio país, que nos hace denostarlo casi por deporte. Vivimos en una nación consolidada a lo largo de la Historia que, además, goza del respaldo de un Estado fuerte, pero si seguimos sacudiendo al Estado, en uno de estos embates nos quedaremos sin él. El otro factor entronca directamente con la leyenda negra que habla de unos españoles genéticamente intolerantes. Al contrario, yo afirmo que la escasa tolerancia con otras confesiones que se prodigó en España desde los Reyes Católicos fue el reflejo de siete siglos de dominación musulmana. Los españoles nunca habían gobernado sobre minorías religiosas y cuando les tocó hacerlo copiaron el sistema empleado por quienes habían gobernado en esos territorios reconquistados. 

 

–¿Deben tomarse en serio las reclamaciones islamistas sobre Al-Ándalus?

 

–Naturalmente que sí, como cualquier amenaza explícita. Otra cosa es conferirle un ápice de la legitimidad de la que carecen. Es comprensible que algunos musulmanes sientan que aquel Estado llamado Al-Ándalus forma parte de su patrimonio cultural, pero de ese periodo histórico no se puede deducir ningún derecho sobre la España actual. Sería absurdo, tanto como que España reivindicase hoy como suya la Patagonia argentina. Pero esto no significa, cuidado, que debamos restar valor al legado andalusí en muchos aspectos, que fue brillante. 

 

–Pero, ¿no hay una base doctrinaria, no sólo histórica, en esta reivindicación?

 

–Eso redobla el problema, porque, en la ortodoxia islamista, toda tierra que alguna vez fue del islam, debe volver a él. Cuando se pinta Al-Ándalus como un ejemplo de tolerancia y buena vecindad, se está induciendo a pensar a muchos musulmanes que su obligación es devolver ese paraíso perdido al islam. Siempre repito que si algún día lo consiguieran, sería por culpa nuestra, no de ellos. 

 

–En uno de los párrafos finales de Al-Ándalus y la Cruz afirma que «nunca más que ahora, la verdad, frente al mito, ha resultado tan necesaria». ¿Por qué?

 

–Retomo una idea de Serafín Fanjul en su libro Al-Ándalus contra España. Los mitos pseudohistóricos han carcomido en Europa, pero con especial virulencia en España, la idea de nación occidental y cristiana. Pero con cristiana no me refiero a la profesión de una religión, sino a la evolución de unos valores que han permitido que la libertad religiosa se desarrolle en Occidente y no en otras regiones del mundo. Este modelo social, de inspiración cristiana, sustenta nuestro modo de vida. Cuando esta idea se pierda, otros implantarán las suyas y no lo harán de manera pacífica. De eso, justamente, trata mi libro. 

http://www.religionenlibertad.com/sanchez-saus-historiador-sobre-alandalus-no-fue-otra-cosa-que-invasion-47681.htm 

 

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18 diciembre: En 1118, tras trescientos cuatro años gobernada por los musulmanes que la habían conquistado en el 714, Alfonso el Batallador libera Zaragoza, la Caesar Augusta hispanorromana, en el que constituye uno de los grandes hitos de la Reconquista. 

 

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Islam… ese acoso que no cesa. Que el Islam moderado alienta opciones que no sean el odio contra el quehacer de Occidente está por ahora fuera de toda duda, pero al solaparse el terrorismo islamista y cierta complicidad del Islam europeo emergen incertidumbres hondas y desesperanzadas... 2005-07-

 

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La memoria no se opone a la historia. Esto es evidente. Son dos géneros distintos. Primero es la memoria y luego, la historia. La memoria, que radica en la persona, es recuerdo de una familia, una comunidad, una nación o un pueblo y tiene un fuerte componente afectivo y, por lo mismo, es selectiva. En consecuencia, las memorias no siempre coinciden, porque cada grupo social evoca unos sucesos según su origen y su identidad. La historia, en cambio, es una elaboración científica posterior.

 

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¿Podría resumir en una escueta frase por qué la unidad de España es incuestionable?

 

Por razones históricas, políticas, sociales, económicas y constitucionales. Dicho esto, ¿podría usted resumir en una escueta frase porque es cuestionable?

 

¿Porque se ofreció mas resistencia a Roma que a la invasión del Islam? Tengo entendido que la segunda fue muy rápida y que muchos pueblos se unieron a los invasores

 

La verdad es que los musulmanes vieron muy facilitada su labor por las calzadas romanas, por la ayuda de una quinta columna española que no se imaginaba lo que iba a suceder y por el colapso del estado visigodo. Con todo y con eso, tardaron años y algunas zonas no llegaron a dominarlas. En el caso de Roma, hubo que ir eliminando una tras otra distintas unidades políticas. Dr. César VIDAL. 2005-07-05 L.D. ESP.

 

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La invasión propiamente dicha, inicia al romper el alba del 28 de abril de 711. Así comienza la inédita historia de la mozarabía hispana, grupo social de cristianos, que durante la invasión musulmana de la Península Ibérica, no abandonaron sus tierras cristianas. Por su permanencia histórica en sus lares durante siglos, recibieron el mote de ‘mozárabes’. Estos antepasados nuestros, en total soledad e indefensión, afrontaron el riesgo que tal determinación supuso, y al precio de la sangre y el fuego, pagaron. A la mujer le correspondió la peor parte desde el primer momento, agravándose su suerte un siglo más tarde, cuando un buen número de mozárabes «bajo la presión de extorsión, usurpación y vituperios mahometanos», había abrazado forzadamente el islam. Si la ofensiva militar, capitaneada por don Pelayo en defensa de Hispania, fue la réplica simultánea a la invasión sarracena, iniciándose así la Reconquista de nuestro suelo, en Córdoba, más tarde, en el siglo IX, tendrá lugar otra réplica, pero en el campo de las ideas.

Ante el peligro evidente de un sistemático proyecto de siembra de ambigüedades en el terreno metafísico, doctrinal o filosófico, dio mucho que hablar la manifestación cristiana, alentada principalmente por monjes y monjas de los numerosos monasterios cordobeses, cuyo entusiasmo prendió también entre los sacerdotes y fieles comprometidos. La cabeza de esta contestación en defensa de la fe y de la filosofía cristiana, fue san Eulogio. Así, la página martirial cordobesa, es un precioso legado mozárabe de fe cristiana. Una luminosa página de la Iglesia Católica que bajo el martirio y acoso de las fuerzas aterradoras del mahometismo, quedó escrita con sangre y fuego para ejemplo de todos. Y, las tropas sirias comandadas por el jefe Balch Ibn Birhr, fueron entre las más crueles y sanguinarias, como las de Abderramán II, causando millares de mártires entre las vírgenes consagradas; precisamente ellas y los monjes que, en silencio claustral vivían en loas a Dios.

 

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Isidoro de Sevilla habla ya de la nación española formada por la herencia romana, cristiana y germánica

 

A inicios del siglo XXI España, a causa del nacionalismo y socialismo está en un mal momento, sin duda, pero no creamos que sea peor que el de aquella monarquía visigótica enferma de corrupción, antisemitismo y partidismo cuyos súbditos acabaron abriendo las puertas de Europa al Islam.

 

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711, el 27 de abril en la Península Ibérica, mientras Rodrigo se enfrenta a los vascones, Táriq ibn Ziyad llega a Tarifa (Cádiz) con 7000 hombres y derrota a las fuerzas de Sancho, sobrino de Rodrigo, comenzando así la ocupación musulmana desastrosa para el territorio hispánico. 

 

711, el 26 de Julio en la batalla de Guadalete, tropas musulmanas que invadían la Península ibérica derrotan a Rodrigo (rey de los visigodos en Hispania).

 

920, el 26 de Julio cerca de Pamplona (España) los musulmanes ocupantes derrotan en la batalla de Valdejunquera a la alianza cristiana navarro-leonesa.

 

Año 713, un 5 de Abril: Primer pacto de sometimiento de la historia de Al-Ándalus entre Abd-Al-Aziz, hijo de Musa, y el conde visigodo Teodomiro. La terrible invasión mahometana en tierras de Hispania sembró muerte y despojos, expoliaciones y saqueos a los hispanos cristianos que desde casi 700 años allí vivían.

 

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Ninguna religión en la historia de la humanidad ha producido tanto arte y tanta belleza, como el cristianismo.

 

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España en pintura a igual que Italia, son nº 1 mundial en el arte pictórico; ambos países de la más grandiosa tradición católica y, las mil obras iconográfica-representativas, lo evidencian.

 

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La idea de España por encima de diferencias regionales ha sido muy fuerte desde el reino hispanogótico y fundamentó el proceso básicamente unitario de la Reconquista, que de otro modo habría concluido en un mapa peninsular semejante al de los Balcanes. La unión de las distintas regiones ha sido voluntaria y sin guerras de invasión, salvo contra el enemigo común islámico. Castilla desempeñó un papel crucial durante una larga etapa de la Reconquista, pero sin comparación posible, en ningún sentido, con Inglaterra en las Islas Británicas, y su papel de eje de la nación durante un tiempo ha terminado por diluirse completamente. 

 

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Los españoles podemos contar una larga historia de invasiones sangrientas, de las feroces aceifas de Al Ándalus, la captura y tráfico de cautivos practicado durante siglos por turcos y berberiscos (todos ellos eran musulmanes), los sangrientos ataques piráticos sobre todo los provenientes de la Argelia musulmana… etc.

 

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En otoño de 1609 se cumple el decreto de Felipe III para la expulsión de los moriscos, quinta columna en el interior de España, y posibles aliados de los piratas berberiscos y del Turco. Los primeros moriscos en salir de la península fueron los del reino de Valencia. Inmediatamente después del bando dictado por el virrey marqués de Caracena, el 22 de septiembre de 1609. Una cédula real del 28 de diciembre de 1609 decretó la partida de los moriscos de Castilla. En Andalucía y Murcia ordenó la expulsión el marqués de San Germán, el 12 de enero de 1610. Finalmente el virrey de Aytona fue el encargado de ejecutar el edicto expulsión en Aragón, que fue publicado el 29 de mayo de 1610, que también afectaba a los que residían en Cataluña.

 

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‘El caso andalusí’ - Al Andalus fue un periodo, obviamente por ser de imposición y ocupación musulmana, entra como otro ejemplo más de intolerancia islámica. No es verdad que fue siempre una convivencia serena o pacífica entre gentes de religiones diversas; nada más lejos de la realidad histórica apodíctica, demostrada y enseñada por los escritos –a todos conocidos- de tal época. También las mujeres mahometanas ‘siervas coránicas, sumisas musulmanas’ bajo el mismo Corán, sufrieron.

En lo femenino, los poemas de la princesa omeya Wallada o los de Hind, conocida como ‘la divina doctora’ son bellos, pertenecen a esa literatura que se hace amar. Pero nunca, imposible en contenido, tenor y, por la altísima calidad en la escritura femenina teresiana, cabría intentar compararlos a los de la Wallada. Teresa de Ávila, con sus rasgos ascéticos, aplicados al dominio radiante de la lengua, hace de sus propios versos carmelitanos, insuperables e incomparables hasta en nuestros días. En la excelsa poesía mística universal, es el exceso de belleza y experiencia de lo divino que nos ofrece esa excepcional mujer ‘Teresa de Ávila’. A su lado, también fuera de la regla común, aparece otro hijo de la Iglesia Católica: su gran amigo el doctor San Juan de la Cruz. Ambos descubren en la arquitectura de las letras, sublimes senderos celestiales. Ambos exquisitos literatos españoles, bienaventurados en el deleite místico del trazar signos, fueron conocedores de la contrariedad que significaba el yugo moro, ese constante acoso musulmán, sea proveniente desde el norte africano, sea desde el imperio otomano, también musulmán. ¡Y en Lepanto vencido!

 

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Dentro de la artificiosa controversia sobre la cultura árabe y España se confunde a menudo el reconocimiento de diversos logros culturales árabes o musulmanes, que, obviamente, nadie niega, con la pretensión castrista de que la cultura española es semítica en sus elementos más valiosos, lo cual, como pone de relieve Serafín Fanjul, constituye una enorme sandez. La cultura árabe, desde el momento en que tomó elementos de las culturas persa, bizantina, española o india, alcanzó un nivel notable –si bien quedó estancada hace muchos siglos– e influyó en la cultura europea. Pero esa influencia, comparada con el tronco cristiano-greco-latino, es muy secundaria, y básicamente se trata de algunos préstamos tomados por una cultura, la occidental, no solo muy distinta de la musulmana, sino que se consideraba opuesta y enemiga de ella, sentimiento ampliamente correspondido entre los musulmanes. 

Los islamómanos hispanos tendrían que expresarse en árabe para que los entendiéramos mejor, porque aquí todo el mundo habla árabe desde la invasión aquella; pero no, se obstinan en expresarse en un idioma latino, y estoy por apostar a que se hartan de vino y de jamón.
Apenas se descubre bajo su manía la tosca vanidad de imaginarse más cultos y refinados, un poco como nuestros anglómanos, empeñados en relegar el español como idioma de cultura superior e figurándose que así se anglosajonizan ellos mismos un poco. Curiosamente en España suelen ir juntos anglómanos e islamómanos: les une su aversión a lo español y su complicada ignorancia.  MMVIII. IX

 

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Causas de la derrota hispanogoda  (en "Nueva historia de España")

El derrumbe de España en 711  dio lugar en su tiempo a especulaciones moralizantes, achacándolo a pecados y maldades que habrían socavado las bases del estado. Sentada la tesis, bastaba abundar en ella, exagerando o inventando lo que fuera preciso. En nuestra época se ha querido explicar el suceso por causas económicas o “sociales”, suponiendo un reino carcomido  cuando llegaron los moros (…) La tesis más extendida desde Sánchez Albornoz habla de protofeudalización, es decir, decaimiento de la monarquía y disgregación  en territorios semiindependientes bajo el poder efectivo de los magnates, tendencia acentuada a partir de Wamba. Se habla también de una desmoralización del clero y del pueblo, ligada esta a una presión fiscal excesiva, e incluso un deseo de la población de “librarse” de una dominación opresora.

   A mi juicio, estas teorías recuerdan a las especulaciones moralistas: puesto que el reino se hundió con aparente facilidad, “tenía que” estar ya maduro para el naufragio por una masiva corrosión interna. Pero desastres semejantes acaecen a lo largo de los tiempos. Países al borde de la descomposición se han rehecho en momentos críticos frente a enemigos poderosos; y otros relativamente florecientes han sucumbido de forma inesperada. Así, en nuestro tiempo, Francia y otros países cayeron ante el empuje nacionalsocialista no en cuestión de años, sino de semanas, obteniendo los vencedores amplia colaboración de franceses, belgas, holandeses, etc.; pero nadie sugiere que esos pueblos vivieran en regímenes carcomidos, estuviesen hartos de su democracia e independencia y deseasen que los alemanes les librasen de impuestos.

  El éxito musulmán no resulta impensable. Antes habían derrotado, con fuerzas materialmente muy inferiores, a imperios y reinos mucho más extensos y poblados que España, y sin contar con la ventaja de la traición de una fracción de esos reinos, como ocurrió en España (…)     

   Las noticias del último período hispanotervingio son demasiado escasas para sacar conclusiones definitivas, pero los indicios de la supuesta protfeudalización suenan poco convincentes, pues, para empezar, durante todo el reino de Toledo existieron: son factores centrífugos presentes en toda sociedad, que en la Galia –pero no en España—prevalecieron sobre los centrípetos. Las leyes de Wamba o de Ervigio para forzar a los nobles a acudir con sus mesnadas ante cualquier peligro público sugieren una creciente independencia y desinterés oligárquico por empresas de carácter general. Pero siempre, y no solo a partir de Wamba, dependieron los reyes de las aportaciones de los nobles, y con seguridad nunca faltaron roces y defecciones en esa colaboración. Tampoco hay constancia de que  Wamba o los reyes sucesivos, incluido Rodrigo, encontrasen mayor escollo para reunir los ejércitos precisos ante conflictos internos o externos.  Aquellas leyes, como las relativas a la traición, podrían servir de pretexto a los monarcas para perseguir a los potentados desafectos, a lo que replicaron la nobleza y el alto clero con el habeas corpus, innovación jurídica ejemplar e indicio de vitalidad, no de declive.

   Durante todo el reino de Toledo persistió una pugna, a menudo sangrienta, entre los reyes y sectores de la oligarquía; pero esa pugna, causa mayor de inestabilidad, pudo haber sido más suave en la última época, y no parece agravada desde Wamba (…) En realidad los datos sobre monarcas asesinados y elegidos, sobre la duración media de los reinados o la frecuencia de los concilios  indican todo lo contrario (…)

 Peso mucho más real tienen sucesos como las hambrunas y las pestes. El país parece haber entrado en un ciclo de sequías, que entonces significaban miseria, enfermedades y hambre masivas. Huido además plagas de langosta no menos desastrosas. Según la crónica árabe Ajbar Machmúa, el hambre de 708 y 709, muy próxima a la invasión musulmana, redujo a la mitad la población de España, dato probablemente muy exagerado, pero indicativo de una tremenda catástrofe demográfica. Poco antes, una peste importada de Bizancio casi había despoblado la Narbonense y afectado al resto.  (…)

   En fin, todos los daños mencionados, y más que pudieran aducirse, solo explicarían la caída del reino si hubieran impedido la concentración de un ejército suficiente para afrontar a Tárik, lo cual no ocurrió. Las crónicas y los historiadores están conformes en la superioridad material del ejército hispanogodo sobre el moro, y no fue una especial corrupción del poder o la traición hebrea, sino la de un sector de la nobleza, la causa determinante del desastre. Aunque la ley prohibía la alianza con poderes foráneos para alcanzar el poder, este tipo de traición se dio con cierta frecuencia (…) (Nueva historia de España)

Pío MOA. V.MMXI

http://blogs.libertaddigital.com/presente-y-pasado/

 

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1485 el 20 de mayo en España, los cristianos re-conquistan la ciudad de Ronda (Málaga), ocupada por los mahometanos, el más importante punto de resistencia nazarí de la frontera occidental.

 

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P: ¿Qué monarca en la historia de España le ha parecido más beneficioso para el país? ¿Amadeo I, Carlos III, Juan Carlos I...? ¿Y el más pernicioso?

 

R: Con los matices que se quiera, los reyes católicos lo hicieron muy bien. La candidatura de peor rey está más reñida, pero me inclino por los partidarios de Witiza que entregaron España al islam para ocupar el trono.

Este diálogo con el doctor historiador y filósofo don César Vidal tuvo lugar entre las 17.00 y las 18.00 del martes 09 de enero 2007. L.D. Esp.

 

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Su Eminencia, el Cardenal Arzobispo de Toledo y Primado de España, Antonio Cañizares Llovera leyó (2008.II.24) un discurso sobre el esplendor visigótico como «momento clave para la edificación de España y su futuro». El purpurado rememoró el III Concilio de Toledo, que arrancó un 8 de mayo, en 589, y con él «una trayectoria histórica de unidad que, aún con sus dificultades y momentos críticos en el tiempo, no ha visto interrumpida España hasta nuestros días». Tras citar a Julián Marías -«La España «perdida» o destruida por los árabes «se convierte en empresa». España se ve como «perdida» y al mismo tiempo «buscada»-, Cañizares consideró que «así también se vive hoy en la conciencia de la mayoría de nosotros, y así lo afirmó, tan inteligente como vigorosamente, nuestro querido Rey Don Juan Carlos al apelar a todos a la unidad de España».

Aquel Concilio de Toledo fundó y marcó «el esplendor visigótico, olvidado por completo para muchos y borrado de los libros de Historia de la escuela -donde se debería enseñar a ser lo que somos como pueblo-». Para Cañizares, «prescindir del legado en el que está entrañada la gran Tradición cristiana, perder esta memoria histórica, es exponernos a hacer una historia contra nosotros -contra el hombre mismo- o a que nos la hagan otros, o a que nos la impongan, en la ejecución de «su proyecto», quienes detenten el poder o estén cercanos a él».

El Cardenal Arzobispo de Toledo -que advirtió que «relegar a Dios al ámbito de lo privado pone en peligro la supervivencia de Europa, de una sociedad democrática, de un Estado de derecho»- se preguntó en voz alta: ¿Será cristiana la España del mañana? «Lo será -contestó- en cuanto se mantenga en sus raíces, en cuanto mantenga viva su memoria y su identidad. ¿Será España si deja de ser cristiana? Si deja de ser cristiana, si sucumbe a fuerzas disgregadoras, y olvida o, peor, suprime las raíces cristianas que le dan unidad e identidad -cosa posible como en otros lugares sucedió-, España dejará de ser España, dejará sencillamente de ser». Menos apocalíptico, Cañizares concluyó que «la herencia del «esplendor visigótico» y el rostro que lo identifica, la memoria y la identidad de lo que allí nace -España-, se quiera o no son inseparables de la cristianía que la han hecho posible. Esta es una verdad histórica que tal vez la cultura dominante del momento trata de relegar al olvido y fuerza a ignorarla, o superarla». Y concluyó recordando las palabras dirigidas a Europa que Juan Pablo II esculpió en Compostela: «España, ¡vuelve a encontrarte! Sé tú misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces. Revive aquellos valores auténticos que hicieron gloriosa tu historia y benéfica tu presencia en otros continentes. Reconstruye tu unidad espiritual, en un clima de pleno respeto a las otras religiones y a las genuinas libertades. Da al César lo que es del César y a Dios lo que es Dios».

 

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El pasado es un país extraño y la historia una ciencia humana y por eso mismo limitada. Su capacidad para distinguir lo verdadero de lo falso, en especial en estos tiempos en que algunos pretenden que la historia se corresponde con la memoria -cuando esta se acuerda sólo de lo que quiere, o de lo que conviene, pero nunca de narrar los hechos en su totalidad y su complejidad, como sí hace la primera- se pone en duda por los cultivadores de la «política de la historia» y otras supercherías populistas.

Pero también existe una historia que narra cómo los historiadores se han opuesto a la invención del pasado en nombre de la búsqueda de la verdad. Gracias a sus trabajos, sabemos que la falda de los escoceses es una invención moderna; que los africanos no eran por naturaleza «tribales y atrasados»; que los museos a veces guardan falsificaciones como las espadas de Luigi Parmiggiani; que el barrio medieval de Carcasona es bastante posterior; que no hubo donación de Constantino (un decreto imperial -falso- atribuido a Constantino el Grande, donde se reconocía al papa Silvestre soberano de Roma); o plomos del Sacromonte (veinte planchas de plomo grabadas en árabe antiguo donde se «certificaba» la presencia árabe en España antes de la invasión de 711 (¿?) etc. etc.; o Protocolos de los Sabios de Sión (un programa imaginario para la conquista del mundo para los judíos). Falsedades históricas, mentiras y bulos, engaños y embustes, falacias y falsificaciones.

Quizás desentrañar estas mentiras no tiene el glamour de lo falso, pero ya se sabe que la peor verdad es mucho mejor que la mejor de las mentiras.

 

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La invasión musulmana de Hispania. De Guadalete a Covadonga (711-722)

 

por José Fermín Garralda Arizcun

 

El artículo valora la importancia histórica del tema, su marco histórico y el desgarro interior de Hispania como causa de la invasión musulmana, las cuatro primeras expediciones, deteniéndose en el misterioso “conde don Julián”, la expedición de contacto de Tarif y la expedición de invasión, la batalla de Guadalete y la expedición de conquista por Musa. Y termina con una reflexión sobre la “Pérdida y recuperación de España”.

 

1. Importancia histórica de un gran tema

 

Llama la atención –introduzcamos- que, en este año de 2011, se guarde silencio sobre el 1.300 aniversario de la invasión de Hispania por los musulmanes. No se trata de una conmemoración, sino de un recuerdo que por varios motivos no puede dejarse de hacer.

 

No preguntemos el por qué de este silencio. Las Armas del Gobierno español están hoy combatiendo en la Libia de Gadafi, con sus bien buscados aliados. No sabemos si el motivo del silencio es no querer excitar a los musulmanes recordándoles su invasión de Hispania, convertida hoy en un lugar de reciente e intensa emigración, mientras España combate en Libia en apoyo a los rebeldes al Gobierno constituido. No creemos que recordar aquella invasión de 711 implique, sin más, poner hoy guardia a unos u otros, pues ello mostraría una escasa madurez personal y social por una u otra parte. Ahora bien, creo que “la cosa” no va por ahí. Es mejor pensar que el silencio sobre el significado del año 711 es porque Guadalete supone hablar de Covadonga (722).

 

 

Este tema, es uno de los principales de la historia de la Cristiandad occidental, Según el historiador José Orlandis:

 

“(…) el dramático y repentino final del Reino visigodo español fue una catástrofe histórica tan absoluta y de tal magnitud que resulta comprensible que, a lo largo de doce siglos, las generaciones sucesivas no hayan cesado de plantearse interrogantes y proponer respuestas que pueden dar la clave de un acontecimiento que todavía hoy sigue resultando sorprendente”.

 

Este acontecimiento conlleva muchas sorpresas. Sorpresas sobre quienes trajeron a los norteafricanos, sobre la enorme ingenuidad política de aquellos agentes, sobre los aliados internos de los musulmanes (un vasto clan nobiliario, algunos clérigos politizados, y la minoría hebrea), sobre lo que se pudo hacer por parte de los hispano visigodos y no se hizo como fue una sana reacción, y sobre la reacción final de una minoría cristiana que, si bien estaba interinamente vencida, no se dejaba derrotar. Tras un grano como semilla –la Fe religiosa- salieron cinco Reinos hispánicos y, al fin, la corona de las Españas, o de España, según se prefiera.

 

Sorprende la rapidez y contundencia como los musulmanes subordinados al califato Omeya de Damasco se impusieron a la monarquía visigoda, que daba una imagen de poder. Sorprende cómo los invasores provocaron el hundimiento, por arte de ensalmo, de una monarquía hispano goda, que parecía consolidada después de tres siglos. Sorprende el final de toda la estructura política, social, cultural y económica de un reino como el visigodo, que junto con el reino Franco y quizás el reino Ostrogodo, fue uno de los pocos reinos importantes que configuraron los germanos tras invadir el Imperio romano.

 

Este desplome fue sorprendente e inesperado tanto para los cristianos como para los musulmanes, y, lógicamente, también para los traidores al último rey hispanogodo, Rodrigo. Pues bien, esta larga y ardua página preparatoria que se abrirá de ocho siglos de historia de España, la continuarán la labor de España en la Cristiandad europea durante los 200 años posteriores, y la recreación de toda América, inmenso continente de inconmensurable espacios y grandiosa belleza, con una población sinceramente católica e hispánica al menos hasta hoy.

 

Sorprende que un reducido o discreto Ejército musulmán, tuviese tan buenos resultados, y ocasionase el hundimiento de su enemigo, el reino visigodo. De por sí, la invasión sólo podía producir algún quebranto, ya por el número de los combatientes, ya porque su retaguardia estaba muy alejada de la península, ya porque el nexo de unión de ambos lados del Estrecho era tan frágil como la inexperiencia naval de los musulmanes.

 

En conclusión: las razones del hundimiento de la monarquía visigoda hay que buscarlas sobre todo en el lado hispano. Por eso, hay que explicar previamente la crisis de la monarquía goda.

 

Ahora bien, a pesar de la crisis interna y global de Hispania, lo decisivo para el hundimiento del reino de Toledo fue la invasión del Islam. Lejos de la hipótesis estructural, afirmará Orlandis:

 

“Esta crisis intestina, que le restó capacidad de resistencia (al reino visigodo), facilitó el hundimiento de la Monarquía visigoda ante el empuje musulmán. Pero hay que reconocer que la invasión árabe fue el factor capital en la desaparición del Reino de Toledo y que el curso de los acontecimientos hubiera sido, con toda probabilidad, completamente distinto, de no haberse producido el asalto procedente del exterior”.

 

 

Veremos que la derrota visigoda frente al Islam se debió particularmente a los aspectos siguientes: a la división entre la nobleza goda, a la decadencia moral del rey Witiza, la traición del clan de los witizanos una vez fallecido el rey Witiza, y a las agitadas actividades de la minoría judía, que tanto había sufrido durante algunos reinados godos, aunque hubiese prosperado mucho en el último gobierno del rey Witiza. Es decir, el reino visigodo cayó por la sorpresa de los hispanogodos y no darse cuenta de lo que estaba ocurriendo, por la división política, por el juego del invasor de presentarse como aliado de una facción nobiliaria, por la falta de jefes naturales, por la incapacidad para unirse frente a un enemigo común, por la falta de una reacción a tiempo confiando en que “no pasaba nada” esencialmente diferente a lo vivido hasta entonces, por la crisis que atravesaban no pocos eclesiásticos, la inmoralidad de costumbres en las élites, y las complicidades interiores con los invasores.

 

Sabemos que el año 711 fue el comienzo de una larga invasión, pues durante 800 años se sucedieron las invasiones islámicas de la península Ibérica desde el Norte de África. Si bien comenzaron con el conde don Julián, Tariq y Musa, después llegarán aportes sirios y árabes y, sobre todo, numerosas oleadas musulmanas, norteafricanas y guerreras hasta el fanatismo, de almorávides (siglo XII), almohades (siglo XIII, con las Navas de Tolosa en 1212) y los benimerines (siglo XIV). Ahí está también la amenaza turca sobre la Granada de Boabdil, amenaza continuada en los siglos XVI y comienzos del XVII. Incluso Felipe V de Borbón, llevó sus Armas al Norte de África a comienzos del s. XVIII.

 

Conocíamos las responsabilidades del conde don Julián, pero no creíamos que fuesen tantas. No obstante, como no hay mal que por bien no venga, al fin se formó España, dominadora del Orbe, cuna de San Ignacio, espada de Roma, cuya constitución y grandeza fue la unidad católica, pues, como decía Menéndez y Pelayo sobre la unidad de España, España no tiene otra unidad.

 

2. Marco Histórico y desgarro interior de Hispania como causa de la invasión musulmana

 

2.1. Desgarro Interior

 

En la monarquía hispano goda se había roto el espíritu público, esto es, el concepto de pueblo y de monarquía para el bien común. ¿Por qué? Citemos varios motivos:

 

1º Las clientelas nobiliarias originaron fuertes clanes político-familiares, y a menudo estos se enfrentaron entre sí por el poder del trono. La aristocracia visigoda, antaño guerrera, originó enfrentamientos en su seno. Incluso politizó a los obispos de Sevilla y Toledo, que eran del clan witizano. Los visigodos habían perdido sus virtudes castrenses. Debido a esta división, las resistencias que los hispanogodos presentaron a los islamitas fueron aisladas; de ofrecer un frente común, los musulmanes no podían haber aguantado debido a su escaso número y al ir desplazándose hacia el norte lejos de sus bases de abastecimiento.

 

2º La desmoralización popular se refleja en la excesiva carga fiscal y la desmovilización militar del pueblo. Aumentó mucho el número de siervos fugitivos, así como el de suicidios, que llegó a preocupar a los obispos hispanogodos, lo que muestra el desequilibrio psíquico de muchos individuos. Por su parte, el holandés Dozy ha pintado un oscuro retrato de la sociedad hispano visigoda y de la Iglesia en Hispania, debido quizás a su fanatismo anticlerical. Más bien habrá que señalar que dicha Iglesia ofreció resistencia al nuevo estado de cosas y que estimulará los núcleos de resistencia en las montañas del norte de Hispania.

 

3º La crisis económica se expresó en el envilecimiento de la moneda, y el enrarecimiento del comercio exterior. Ahora bien -y fruto de un inmoderado afán de acumular síntomas de decadencia-, no se debe incidir demasiado en ella, porque también existieron otras crisis –hambres y pestes- durante las dos centurias anteriores, por ejemplo en los reinados de Ervigio y Egica (Orlandis). Si hubo hambres en los años 707 y 709, en 710 hubo una estupenda cosecha.

 

4º Fue continuo el conflicto con los judíos debido a las prevaricaciones de los falsos conversos. Ello hizo que los Concilios XII, XIII y XVI de Toledo decretasen unos cánones restrictivos para su libertad. A ello los hebreos sumaron diversas conspiraciones, sobre todo la del año 694, fraguada entre los hebreos hispanos y los de Ultramar, provocando así la singular dureza en los cánones del Concilio XVII de Toledo. En este punto, observo una dicotomía entre la prudencia de Orlandis y lo que recogen otros autores. Para Orlandis: “Es imposible comprobar lo que pudiera haber de verdad en estas noticias, aunque la conducta observada por los judíos españoles cuando se produjo la invasión islámica obliga –dice- a no descartarlas a priori como una pura invención”. Por otra parte, ¿no es difícil que todo un concilio inventase semejante conspiración? Menéndez y Pelayo da por cierta dicha conspiración “contra la seguridad del Estado”. También la afirma el holandés Dozy, aportando interesantes detalles, confirmados por la Enciclopedia Judaica Castellana. Dozy señala que:

 

“(…) hacia 694 (…) proyectaron una sublevación general, de acuerdo con sus correligionarios de allende del Estrecho, donde varias tribus beréberes profesaban el Judaísmo y donde los judíos desterrados de España habían encontrado refugio. La rebelión probablemente debía estallar en varios lugares a la vez, en el momento en que los judíos de África hubiesen desembarcado en las costas de España (…)”.

 

También será muy importante la aportación de los hebreos en la preparación y desarrollo de la invasión islamita, desde alentar a los islamitas a realizar la invasión, y darles medios, hasta ayudarles a mantener con guarnición las ciudades que los islamitas y witizanos conquistaban

 

5º La crisis eclesiástica afectó al clero y sobre todo al episcopado, lo que choca con la labor de los 17 concilios toledanos, y las grandes figuras de la Iglesia hispanogoda, por ejemplo san Julián de Toledo que convocó el XV Concilio y, san Félix, arzobispo de Toledo, que convocó el XVII Concilio en esta ciudad. Así pues, entre los obispos hubo una progresiva germanización y una cada vez mayor presencia aristocrática. Que hubiese más talante señorial que espíritu eclesiástico, lo muestran don Oppas, arzobispo de Sevilla, y Sisberto, obispo de Toledo.

 

6º Es muy posible que los witizanos creyesen al comienzo que los musulmanes iban únicamente a apoyarles para que accediesen al trono, y que luego tendrían que darles la recompensa. Esta bien podría ser la plaza de Ceuta, tesoros, o bien una parte del sur de España como Atanagildo hizo y entregó a los bizantinos por el apoyo prestado.

 

7º Es muy probable que los hispanogodos no advirtiesen el peligro que suponía la presencia y correría islamita. Quizás creyesen que los witizanos debían seguir apoyándose en los musulmanes al no haber vencido totalmente a los partidarios de Rodrigo, o bien porque este último estaba vivo.

 

A ello se suma el empuje de la guerra santa de los islamitas dispuesta en el Corán y seguida literalmente durante los primeros siglos. En realidad, el Corán no admite interpretaciones. Esta nueva y joven religión ofrecía una mística de combate superior al espíritu desprevenido de los hispanos, y sobre todo al hecho de que estos no advertían el peligro que suponían los invasores.

 

2.2. Marco Histórico

 

El marco fue el siguiente. El rey Egica (687-702), que fue un monarca enérgico, quiso garantizar la sucesión al trono asociando a él a su hijo Witiza, que por vía de aprendizaje y cooptación fue enviado a gobernar el antiguo reino de los suevos, allá en Galicia. Witiza fue ungido rey de Gallecia en el año 700. Ambos, Egica y Witiza -padre e hijo- hicieron frente a varias sublevaciones nobiliarias, que reprimieron con dureza, apartando a los culpables de cargos del oficio palatino y confiscándoles sus bienes. Seguramente fue Egica quien de ambos más decisión mostró en la represión de los rebeldes.

 

Muerto Egica, su hijo Witiza fue el único rey (702-710). Witiza inició una política de atracción de los nobles desobedientes pero sin resultado alguno. Si inicialmente dio pruebas de ser un buen rey, al poco tiempo mostró una gran debilidad política, corrupción moral, anuló la legislación antijudía para a continuación favorecer mucho a los hebreos. A pesar de ello, Witiza sufrió la sublevación de un tal Pelayo, hijo del Fafila que había muerto en sus manos por ser responsable de una anterior sublevación. Pues bien, parece que este Pelayo fue el caudillo e Covadonga, el primer caudillo o príncipe –no rey- de Asturias.

 

Según Albanés, el despotismo de Witiza hizo que el célebre Eudon (algún autor dice que seguramente hebreo) provocase una conjura, de modo que la nueva junta o senado creado pensó como rey en Rodrigo, nieto de Receswinto. En breve, en el año 710 murió Witiza, joven, con menos de 30 años. Dejó tres hijos: Akhila, Olmundo y Ardabastro. ¿Quién ocupará un trono ambicionado por los linajes o clanes? Según unos, la mayoría de los nobles legalizó el reinado de Rodrigo, y según otros –los que omiten la conjura de Eudon- la aristocracia rechazó los intentos de poner a Akhila, “y procedió a la designación de un sucesor a la corona, sistema raramente aplicado en la práctica, pero (…) legal” (Orlandis). A efectos prácticos era lo mismo. Ocupó el trono un nuevo rey, Rodrigo. Aunque este era, sin duda, el rey legítimo, sufrirá la sublevación de los seguidores de los hijos de Witiza, que se apoyarán en los islamitas (y hebreos, que habían sufrido la legislación y política hispano goda) para ser después conquistados por los guerreros del Islam. El clan witizano dirigido por los hermanos del difunto Witiza –don Oppas obispo de Sevilla y Sisberto arzobispo de Toledo- “no se resignará a su derrota y planeó la conquista del trono con ayuda extranjera” (Orlandis). No obstante, la ayuda exterior no era algo nuevo, pues Atanagildo había logrado ser rey con auxilio de Bizancio en el año 555, y Sisenando con apoyo del reino franco en el 631.

 

Al otro lado del estrecho, aunque todavía no alzado el poder musulmán, los witizanos podían apoyarse en los muslines. Por su parte, independientemente o de forma coordinada, también podían actuar los hebreos favorecidos por Witiza entre los no pocos hebreos expulsados de Hispania. Es ahora cuando entra en escena el conde don Julián, que introdujo a los musulmanes en España.

 

3. Las cuatro primeras expediciones

 

3.1. El misterioso Conde D. Julián

 

El llamado conde don Julián era -al parecer- de origen bizantino, aunque pudiera ser godo o tener otro origen. Recordemos que Bizancio estuvo presente en el Norte de África, desde Cartago a Ceuta, desde el s. VI. Don Julián –la leyenda le llamará “conde don Julián”- era tributario o “cliente” de Witiza. Existen relatos legendarios que nos refieren los ultrajes que recibió del rey don Rodrigo, de los que prescindimos además de no ser creíbles. Mandaba el presidio de Ceuta, que quizás fuese el refugio más perfecto para los witizanos ansiosos de la revancha contra Rodrigo. Fue el intermediario del grupo witizano. Pues bien, ¿de qué fue responsable ante la Historia el conde don Julián, si prescindimos de la fantástica reivindicación de don Julián por el novelista Juan Goytisolo (México, 1966)?

 

El conde entró en contacto con el gobernador árabe de la zona occidental de África del Norte, llamado Musa-ben-Nusayr, que buscaba consolidar el dominio musulmán en la zona de Magreb. Recordemos el escaso éxito que tuvo la religión islámica entre los beréberes. Musa residía en Trípoli, y tenía su segundo, un tal Tarik, gobernando el Magreb (Marruecos) con sede en Tánger.

 

Las primeras proposiciones de don Julián a Tarik inspiraron a los musulmanes serios recelos. A ello se añadía la gran dificultad de los musulmanes para cruzar el estrecho, debido al hecho de desconocer del arte de la navegación, a carecer de barcos, y a convertirse el Estrecho en un mar bravío por la confluencia de las aguas atlánticas y mediterráneas.

 

Don Julián quiso convencer a los musulmanes ofreciéndoles hechos y no sólo palabras. Así, hizo una expedición de sondeo dirigida contra la península, formada sólo por cristianos. Esta expedición regresó a Ceuta a finales de 709 con mucho botín y la importante información de la falta de resistencia visigoda. La noticia llegó a Musa y, después, al califa de Damasco. Interesa saber que el califa omeya estaba al tanto de estos asuntos. Los musulmanes mostraron suspicacias, además del temor del califa porque las recientes conquistas musulmanas todavía no se habían consolidado. Crecer en territorios y población sin consolidar la ocupación del lugar podía ser muy contraproducente.

 

Por parte musulmana todo eran suspicacias, incapacidades y temores, mientras que por parte de don Julián, los witizanos y los hebreos, todo era allanar caminos, dar apoyos, y mostrar facilidades de botín.

 

En efecto, los muslines no actuaban solos. Según Sánchez-Albornoz:

 

“Tariq y Muza contaron enseguida con dos formidables quintas columnas: los witizanos, que constituían una facción nobiliaria y poderosa, y los judíos, hasta allí perseguidos, y en tres años conquistaron raudos Hispania” (Sánchez-Albornoz, “El drama de la formación…”).

 

3.2. La expedición de contacto de Tarif

 

En julio de 710, un puñado de 400 hombres al mando de Tarif-ben-Malluk, que era un liberto, embarcaron en cuatro navíos proporcionados, al parecer y de nuevo, por el conde don Julián. Los 400 hombres se distribuían en 300 infantes y 100 caballeros. Desembarcaron en Tarifa, lugar que recibió el nombre del jefe musulmán. La expedición de saqueo (gazúa) fue un éxito, pues, sin encontrar resistencia alguna, se tomó un abundante botín, del que destacaban bellas mujeres. La codicia del desierto parecía insaciable: disminuyeron los recelos y los magrebíes decidieron emprender campañas más potentes, con idea incluso de intervenir en la península de una forma sólida y efectiva. La expedición fue de contacto y una tentativa exitosa.

 

3.3. Tarik y la expedición de Invasión. La Batalla de Guadalete (711-714)

 

Debido al botín recogido, Muza envió una nueva expedición de invasión y conquista. La dirigió un guerrero diferente al anterior: Tarik ben Ziyad (Tariq o Taric). Para unos autores era una persona de oscuro origen. Manuel Riu señala que era persa de Hamadán. Ello no impide que según el rabino Jacob S. Raisin, Tarik era “un judío de la Tribu de Simeón”, hijo de Cahena, converso al Islam. Tarik gobernaba Tánger a las órdenes de Musa. Debido al éxito de la anterior expedición, la nueva gazúa la componían las cuatro naves ya utilizadas, más otras nuevas, buscando con ellas mantener un tráfico fluido entre las dos columnas de Hércules, a ambos lados del estrecho. De nuevo intervino el conde don Julián para asesorar sobre el terreno y para aportar la colaboración de sus partidarios.

 

Según el rabino Raisin, la invasión de la España goda la realizaron “doce mil judíos y moros”. La expedición estuvo bien preparada porque aprovechó la ocasión de que el rey Rodrigo estaba muy ocupado combatiendo una rebelión al Norte de España, al parecer contra los vascones sublevados en Pamplona. Según R. C. Albanés, esta sublevación la promovió la comunidad hebrea de dicha Pompaelo.

 

¿La fecha de la invasión?: el 27-IV-711. La expedición llegó a Calpe, que luego se llamará Gibraltar (de Yabal Tarik o montaña de Tarik). Con la retaguardia en Gibraltar, Tarik se dirigió a la bahía de Algeciras, que llamarán “Isla Verde”. Como sólo tenía 7.000 hombres y todavía muchos recelos hacia la oferta de don Julián, debía tener precauciones. Entre dichos hombres había una gran mayoría de berberiscos y libertos, y sólo unos 50 árabes. Pensó ir a Sevilla, para lo cual solicitó refuerzos. A pesar de que su superior Musa le envió 5.000 beréberes –lo que indica que estaba muy comprometido-, y los witizanos le apoyaron fuertemente, estos 12.000 hombres todavía no eran suficientes para que Tarik tomase la iniciativa. Esto es significativo de la insuficiencia y escaso número de musulmanes llegados de África durante mucho tiempo, lo que refleja los graves errores de los hispanogodos.

 

A las dos o tres semanas de la invasión, la noticia llegó al monarca don Rodrigo. Conocedor de lo que ocurría en la Bética, el rey se trasladó con rapidez a Córdoba, donde organizó un ejército de 40.000 soldados. Una pregunta surge ahora: ¿es que el monarca visigodo era un simple sargento al ir de aquí para allá, en vez de tener un Ejército organizado con unos mandos capaces de todo?

 

Inicialmente, los musulmanes eran colaboradores de una insurrección witizana contra el rey legítimo que era Rodrigo.Pero pronto fue al revés. No obstante, las dudas de Tarik no eran infundadas debido a los escasos apoyos que recibían los witizanos por parte de la población. Como los refuerzos recibidos de África no eran tan elevados, y quizás porque los beréberes habían sido convertidos al Islam recientemente, Tarik solicitó ayuda por segunda vez.

 

Rodrigo, reunió en Córdoba a los nobles hispanogodos, y quizás pensó que la rapidez sería su mejor aliada, para que los refuerzos africanos no se uniesen con los witizanos de Sevilla. En Sevilla estaba don Oppas y en Toledo don Sisberto, con sus tropas, ambos arzobispos traidores y hermanos de Witiza.

 

La batalla de Guadalete. Sánchez Albornoz ha estudiado con detalle la localización del lugar de la batalla y las primeras actuaciones de los invasores. El lugar de la batalla fue la orilla del río Guadalete (Wadi-Lakka), cerca de Arcos de la Frontera. Riu señala que fue a orillas del río Guadarranque, entre la Torre de Cartagena y Gibraltar. Los árabes hablan de cien mil cristianos, pero es una cifra exagerada para magnificar la victoria de los invasores. Tarik tenía unos 17.000 beréberes y africanos, a los que se sumaron los witizanos.

 

La batalla de Guadalete se desarrolló entre el 19 al 26 de julio, quizás el día 23. El factor decisivo fue la formación del Ejército de don Rodrigo, pues las alas estaban dirigidas por los partidarios de Akhila -hijo del difunto rey Witiza-, concretamente por los witizanos el arzobispo de Sevilla, don Oppas, y Sisberto, arzobispo de Toledo ya citados. La batalla duró dos días, con ventaja inicial para los visigodos debido a la caballería de la que carecían los berberiscos. Ahora bien, en el momento en el que los islamitas quisieron retroceder ya en lo más duro del combate, las alas del ejército con el arzobispo Oppas se retiraron y cambiaron sus armas de dueño, dejando solo a don Rodrigo en el centro del ataque general. Don Julián también estaba ahí. El rey visigodo fue incapaz de frenar el choque en condiciones tan desiguales, y fue derrotado.

 

Al parecer, Rodrigo murió en la batalla y su cadáver fue río abajo, pues se encontró a su caballo, sólo, junto a la orilla. Ahora bien, es posible que el cadáver no encontrado fuese recogido por los fieles o “gardingos” del séquito del rey, pues según la “Crónica Rotense” (s. IX), en la población portuguesa de Viseo se encontró un sepulcro con la inscripción: “Aquí yace Rodrigo, el último rey de los Godos” (Orlandis). Los restos del Ejército hispanogodo se retiraron hacia Córdoba. La derrota visigoda permitió a los musulmanes reforzar su caballería, facilitando su movilidad y haciendo posible la dispersión de sus tropas. Sin embargo, Tarik les persiguió, les dio alcance, y les derrotó de nuevo en Astiog (Écija). Como prueba de la traición de los witizanos, Sánchez-Albornoz cita, entre otros testimonios, el del Ibn al Qutiya -descendiente de Sara, nieta de Witiza-, quien dejó escrito con orgullo que sus abuelos habían traído consigo el Islam a la península.

 

Las cifras de las tropas de ambos bandos no son seguras. Hemos dicho que las fuentes islámicas citan 100.000 cristianos, y las cristianas un total de 187.000 enemigos del rey Rodrigo. Dichas fuentes no son creíbles. Ambas cifras son exageradísimas. Por su parte, Collins menciona 2.500 cristianos y 1.900 invasores. Lewis hace ascender el número a 33.000 y 12.000 respectivamente. Al fin, lo más probable es que fuesen 40.000 del rey Rodrigo frente a 25.000 musulmanes, witizanos y hebreos. Luego vino la traición en plena batalla, que ha quedado viva en el recuerdo de los españoles.

 

A continuación, Tarik dividió sus tropas en tres secciones. La primera sitió Córdoba, que fue ocupada antes del 20 de agosto. La segunda fue hacia Granada y Málaga, con el objeto de recibir el apoyo en nombre de los witizanos o bien que se rindiesen los rodriguistas leales. La tercera, con él al frente, se dirigió hacia Toledo, para impedir que los realistas se reorganizasen. Los signos de descomposición interna anteriores al 711 se mostraron a la luz. Incluso el arzobispo de Toledo, Sinderedo, abandonó la defensa del Reino y huyó a Roma. Muchos otros le imitaron. Este es un elemento más para hacernos cargo de la situación. El 11 de noviembre del 711 la fuerte capital del Reino hispano visigodo se rindió a la Media Luna porque los hebreos abrieron las puertas de la ciudad. Tarik encontró una gran parte del inmenso botín que el rey godo Alarico tomó cuando saqueó Roma hacía 300 años, antes de llegar a Francia.

 

La táctica de Tarik era evitar que los hispanogodos se agrupasen. Tenía que perseguirlos. En la rapidez estaba su éxito. Por eso, siguió hacia el Noroeste: Guadalajara, Osma, Castrogeriz y Amaya (al Norte de Palencia). Musa, desde la actual Libia, estaba al corriente de estos éxitos, pero la envidia le corroía. Tarik hacía su campaña, su guerra, se separaba de sus propias directrices, ganaba oro, y mostraba una espectacular empresa a los ojos del mundo conocido. ¿Qué directrices tenía Tarik? Tras Guadalete, Tarik debía detenerse a la espera de instrucciones. Pero él siguió adelante, hacia el Norte. Esto, además de una desobediencia a Musa, era imprudente porque se iba separando de sus bases y debilitando sus fuerzas. Desde luego, cualquier apoyo de la minoría judía era inestimable. De nuevo Tarik pidió tropas auxiliares a Musa. La política de Musa tenía que cambiar, pues inicialmente estaba encaminada a consolidar su posición en el Norte de África y ampliar sus dominios hacia en Atlántico, no hacia el Norte. Desde Amaya, Tarik fue a Astorga y de ahí se volvió a Toledo, agotado.

 

Según numerosos autores de origen musulmán, hebreo, y otros nada sospechosos de antisemitismo como Amador de los Ríos, o bien cristianos, los hebreos patrocinaron la invasión con hombres y dinero, con dirigentes; no pocos hebreos del norte de África entraron con los islamitas, los que estaban en Hispania abrieron las puertas de las principales ciudades (por ejemplo Toledo), y en todas partes aportaron piquetes de tropas y guarniciones para custodiar las ciudades que los islamitas no podían proteger. Seguramente los hebreos se consideraron vencedores. Esto continuó en tiempos de Musa. Ya hemos citado el motivo: la legislación de los Concilios de Toledo contraria a los judaizantes, y los cánones del XVII Concilio toledano, que fueron muy perjudiciales para los hebreos debido a la conspiración ocurrida contra la seguridad del Reino. Aunque apoyaron a los muslines, con el tiempo serán mal tratados por ellos al igual que los cristianos.

 

3.4. Expedición de conquista por Musa (712-714), “Pérdida y recuperación de España”

 

De nuevo estamos ante una expedición de conquista, pero también fue de consolidación. Musa organizó un ejército de alta calidad: no lo formaban beréberes sino 18.000 árabes, sirios y las nuevas aristocracias musulmanas. Era junio de 712. Casi un año de Guadalete. Musa llegó a Algeciras. El nuevo jefe quería plantear la campaña de una manera diferente a la de Tarik, para mostrar así que era él quien mandaba. De esta manera, se propuso consolidar su dominio sobre el Sur peninsular. Reconquistó Medina Sidonia, Alcalá de Guadaira y Carmona. El hecho que Medina Sidonia se hubiera perdido antes, significa que los hispano visigodos del lugar no querían entregarse. Llega a Sevilla, que puso una débil resistencia. La guarnición visigoda de Sevilla se retiró voluntariamente a la próxima región de Niebla, en la actual Jaén.

 

Musa puso la mirada en Mérida. Esta ciudad era una de las más importantes de Hispania por su raigambre, su población, su riqueza comercial, la pluralidad de gentes y su situación. Los principales partidarios del rey Rodrigo se habían refugiado en ella. Si Mérida aguantaba –y a ello estaban dispuestos sus jefes y su población-, los moros se detendrían y además verían cómo otras ciudades les podían imitar.

 

Mérida significó el primer descalabro de Musa. Esta ciudad aguantó desde los inicios del invierno de 712 hasta final de mes de junio de 713. Incluso Sevilla se sublevó. Musa envió a su hijo a sofocar la rebelión de Sevilla con gran dureza, lo que hizo, además de controlar los focos rebeldes de Niebla, Beja y Ossonoba, y dominar Andalucía hasta Murcia. Mientras Musa mantenía el sitio a Mérida, su hijo Adb-al-Aziz-ibn-Muza logró la capitulación del conde godo Teodomiro de Murcia, con capital en Orihuela, en abril de 713. Teodomiro fue sometido sin lucha y pactó con el islamita. En el pacto se reconoce a Tudmir ibn Gandaris (Teodomiro), a su familia y a la población de siete ciudades (Balantala, Elche, Iyih, Locant, Lorca, Mula, Oriola), la protección de Alá y su profeta, su libertad y la de sus gentes, y poder seguir siendo cristianos y conservar sus iglesias. A cambio, Teodomiro debería comunicar cualquier noticia que afectase a la seguridad de los musulmanes, y su pueblo debía abonar fuertes tributos, es decir, cada hombre un dinar, cuatro almudes de trigo, cuatro de cebada, cuatro medidas de vinagre, una medida de miel y otra de aceite, mientras que el esclavo abonaría la mitad de esto. Estos tributos eran muy fuertes. Dichas capitulaciones fueron revalidadas más adelante por el califa Marwan. Todo ello indica cierta autonomía en el “Estado” de Teodomiro, valorado por los historiadores de manera diferente (Valdeavellano, Ubieto, Sanchis y Guarner, Soldevila, Lacarra etc.). Esta autonomía más adelante se oscurecerá para de nuevo reaparecer cuando una de las divisiones administrativas del emirato independiente de Córdoba sea la cora o provincia de Teodomiro.

 

Mientras tanto, el sitio de Mérida se prolongaba, aunque fue ocupada el 30-VI-713. Estos éxitos, más el tesoro encontrado en Mérida, permitió a Musa llegar a Toledo para que Tarik le rindiera cuentas. La entrevista, realizada en Almaraz (el Encuentro), en la confluencia del Tiétar con el Tajo, fue turbulenta. Tarik fue humillado, siendo uno de los motivos de la ira de Musa la forma como este había repartido los tesoros.

 

Musa llegó a Toledo y aquí estuvo el invierno del 713 al 714. Desde la antigua capital hispanogoda, se encargó de dominar el sur de Hispania, informar al califa de Damasco, y darle cuenta de las abundantes riquezas.

 

Ya con el buen tiempo, pues los ejércitos lo necesitaban para las campañas, Musa y Tarik se dirigieron con éxito hacia Zaragoza (714) y Medinacelli, mientras el conde visigodo Casius (iniciará la familia Banu Quasi de Tudela), que gobernaba Borja y Tarazona, apostató al convertirse al Islam para conservar su gobierno. En Zaragoza, Musa recibió un primer mensaje del califa para que viajase a Damasco. No se sabe a ciencia cierta cómo Musa ocupó Cataluña, pues discrepan la Crónica del Moro Rasis y las investigaciones de los historiadores Claudio Sánchez-Albornoz y de Abadal.

 

En realidad, en Cataluña gobernaba uno de los hijos de Witiza, Akhila, que era un firme aliado de los musulmanes. Ya no sabemos si ellos eran aliados de aquel o, más bien, aquel de ellos. El hecho es que Akhila y sus hermanos, Olmondo y Ardabastro, estaban en Damasco, “negociando con el califa las condiciones de un acuerdo que les permitiera mantener en España la situación de privilegio que ansiaban y que les indujo a buscar el apoyo árabe” (Luis V. Díaz Martín). Asegurada Cataluña por Musa debido a no temer nada de este lugar, y además sin llegar a ocuparla –salvo Tarragona-, se dirigió al Oeste: hacia Bribiesca y Astorga. Se discute su Musa entró en Asturias; Sánchez Albornoz afirma que pudo enviar una pequeña tropa pero sin consecuencias. Ya estaban por aquí los partidarios de Rodrigo. De Astorga, fue a Galicia, logrando la conquista de la fortificada ciudad de Lugo como límite Norte máximo de su expansión por la península. 

 

Estando en Lugo, Musa recibe un segundo mensaje del califa para que viajase a Damasco. Después de dejar todo bien seguro, y a su hijo Abd al-Aziz al cargo de Sevilla en calidad de gobernador (amir), Musa, acompañado de Tarik, fue a Damasco, poco antes del fallecimiento del califa al-Walid. La llegada a Damasco se realizó con mucho botín y hasta 30.000 prisioneros (Riu). El nuevo califa, Sulayman, dejó de lado a Musa, quien al pronto falleció en el más completo olvido. 

 

No sólo interesa la rápida conquista de Hispania, sino que a pesar de la debilidad musulmana los hispanogodos no se rebelaron. Aceptaron de hecho la situación. Divididos entre witizanos y rodriguistas, sin verdaderas élites y sin rey, no sólo fueron vencidos sino que fueron derrotados por decadentes. Una parte de los visigodos, los witizanos, se habían entregado al vencedor, aunque inicialmente creían que iban a servirse del musulmán. Esperaban su recompensa, que no fue el trono sino los 3.000 fundos patrimoniales del rey visigodo. Así, “A la traición de los hijos y fieles de Witiza siguió la de los generales vencedores. En lugar de entregar el reino a quienes les habían llamado y auxiliado, proclamaron la soberanía del califa de Damasco” (Sánchez-Albornoz, “El drama de la formación…”). 

 

Pero no toda Hispania estaba ocupada por los musulmanes: sólo había en ella un reducido ejército islamita y en lugares concretos. Sobre todo había sumisión en muchos gobernadores territoriales, entre ellos Teodomiro de Murcia y Casio del Alto Ebro. En muchas zonas, sobre todo las rurales –la población por entonces era predominantemente rural- la presencia musulmana era escasísima. En muchas ciudades y fortificaciones los efectivos islamitas no eran suficientes. Las élites visigodas y los obispos hispano visigodos parece que habían desaparecido. Los witizanos podían haber abandonado a los musulmanes, aunque los hebreos quizás siguiesen apoyando a estos últimos. Los musulmanes junto con los hebreos no eran más poderosos que los hispano visigodos unidos. En absoluto. Hubo resistencias locales o parciales, pero fracasaron por la desunión; muy diferente se hubiera escrito la historia si los hispanogodos hubiesen presentado batalla todos juntos. Por otra parte, y como aporte demográfico, a mediados del siglo VIII “no sobrepasarían la cifra de treinta mil las gentes llegadas a las playas hispanas desde el otro lado del Mediterráneo (Sánchez-Albornoz). Según Riu, cuando en el 741, con ocasión del alzamiento de los beréberes contra los árabes, lleguen entre 7.000 y 12.000 sirios, el total de musulmanes llegan a Hispania oscilaría entre los 21.000 y 36.000 islamitas, que estaban establecidos al sur y conservaron su agrupación por tribus, distribuidas por distritos militarizados. Otros autores señalan 35.000 invasores, procedentes de los 17.000 de Tarik y 18.000 de Musa. Una vez repuestos de la sorpresa de la invasión, y debido a las posteriores guerras civiles entre los musulmanes, los cristianos hubieran podido expulsar en poco tiempo a los islamitas. Ahora bien, una vez perdidas las diversas ocasiones, fue la fundación del dominio Omeya independiente en Hispania lo que perdió la península para los cristianos, exigiéndoles una costosa reconquista.

 

Es muy posible que la vida ordinaria de campesinos, artesanos y pequeños comerciantes hubiese seguido igual que antes, que la Iglesia mantuviese intacto su ministerio y su organización, y que los jefes anteriores mantuviesen sus puestos aunque subordinados a los islamitas. Quizás los witizanos, sin reconocimiento alguno por parte de los invasores, considerasen reyes a los hijos de Witiza, pues una crónica mozárabe señala los nombres de “Achila regnavit annos III, Ardobastus regnavit annos VI”. No obstante, al no serles reconocido poder político alguno por los islamitas, los sucesores de Witiza se fusionaron con la aristocracia árabe. 

 

Muchos nobles visigodos se habían rendido a los musulmanes, que ocuparon la península más por capitulación y pacto que por victoria militar. Estos nobles siguieron gobernando sus territorios. A unos se les exigía la sumisión completa a las autoridades musulmanas por haber opuesto alguna resistencia (capitulación), como hacían los romanos con las ciudades estipendiarias. A otros, los gobernadores los musulmanes les reconocían cierta autonomía política mediante pacto, como es el caso de Teodomiro. Algunos nobles no tuvieron reparo en islamizarse como el citado conde Casius del Ebro. En ambos casos, los cristianos podrían seguir siéndolo siempre que pagasen el impuesto de capitación (yizya), es decir, un impuesto personal o per capita, así como el tributo de la contribución territorial (jaray). Estos tributos eran muy onerosos para muchos pobladores y “seguidores del Libro” en la península. Esta era la proclamada tolerancia hacia los cristianos. Añadamos a ello las persecuciones en Córdoba (San Eulogio, s. IX) y otros lugares. Muchos siervos y colonos que estaban bajo la jurisdicción pre-feudal de un señor visigodo, ahora cambiarán de señor y será un musulmán, lo que no significo “una renovación general de la agricultura, ni del sistema de propiedad agraria” (Riu). 

 

El hijo de Musa se dedicó a una labor de pacificación. Se acercó a los seguidores de don Rodrigo, y quizás se casase con la viuda de Rodrigo, llamada Ailo o Egilona. Temeroso el califa del acercamiento del hijo de Musa a los vencidos, en marzo de 716 ordenó su decapitación. Esto indica que todo lo ocurrido en España interesaba directamente al califa. Quizás fuese el momento de la rebelión, pero ningún hispanogodo se movió. 

 

Del 716 al 719, el nuevo gobernador al-Hurr puso en práctica el acuerdo firmado entre el califa de Damasco y los hijos de Witiza. Estos renunciaban al título de rey, de manera que toda la península estaba bajo el poder del califa. También renunciaban a cargo y rango alguno independiente o al margen del dominio musulmán. A cambio de ello, el califa les reconocía la propiedad de tres mil fundos, que eran los bienes patrimoniales de la corona visigótica. Sin embargo, la nobleza de Cataluña y Septimania no aceptó la renuncia de Akhila, hijo de Witiza, y nombró como rey a Ardón, que fue el último monarca godo. Este rey estableció su capital en Narbona, hasta que el emir al-Samh conquiste esta ciudad (720). Hemos dicho que en Hispania aún quedaba al Islam mucho territorio y población por dominar, a lo que añadía el hecho que los musulmanes preferían la conquista de otras tierras para tomar botín, al esfuerzo de asentarse, trabajar y consolidarse en la península. El Islam penetró en las Galias, por Aquitania en el año 721, Provenza, Borgoña (725) y Gascuña (Poitiers, 732), pero fracasó. Súmese a esto las guerras civiles entre los árabes, sirios y beréberes en la Hispania dominada.

 

Más adelante, el dominio islamita de la península oscurecerá la presencia de los cristianos en ella, a pesar de la resistencia de san Eulogio y otros muchos en Córdoba y otros lugares. Los hebreos no seguirán mejor suerte, a pesar del apoyo prestado a los islamitas durante la invasión. 

 

Resistencia y triunfo de Covadonga de los cristianos. El Islam fracasó en Poitiers (732) y en Covadonga (722). Pelayo no fue un invento posterior, sino que existió. Hay que decir esto ante algunos intencionados escritores amigos de la negación. Al parecer, fue hijo del tal Fafila ya mencionado, gobernador de Tuy, muerto por Witiza por una conspiración. De ahí que Pelayo pudiera ser partidario del rey Rodrigo. También pudo ser un “espatiario” o miembro de la guardia real de Toledo. Eso sí, era noble de origen, pues de otra manera no hubiera tenido poder de convocatoria entre los refugiados godos, ni hubiera sido un jefe indiscutido. Al parecer, inicialmente colaboró con Munuza, gobernador islamita de Gijón, y luego fue a Córdoba de donde se escapó. Su oposición a los musulmanes no fue casual, sino intencionada. Las circunstancias la hicieron posible, y hasta le pudo mover el hecho de que el gobernador de Gijón había incluido a su hermana en su harén. Perseguido por Munuza, Pelayo se propuso levantarse contra la dominación musulmana. Muchos cristianos habían huido a Asturias, lo que explica que al llegar los islamitas a varias ciudades estas estuviesen desiertas. 

 

En 718 había un foco de inquietud en Asturias, mientras los islamitas estaban en Cataluña y la Septimania. Covadonga no fue un invento posterior, sino que también existió. Hubo combate. En 722 los islamitas hicieron retroceder a Pelayo, para luego enviar un destacamento que, como ha demostrado Sánchez-Albornoz, fue derrotado en Covadonga -“Cova Dominica”- el 28-V-722. (Hace 1.289 años… y ¡todavía seguimos hablando de este magno hecho!). El metropolitano de Toledo, esto es, el witizano don Oppas que de nuevo aparece en escena, iba en la expedición del Islam “con la intención de convencer a los insurrectos de lo insensato de su tentativa, (y) es hecho prisionero” (Díaz Martín). Aunque en la escaramuza de Covadonga sólo fue vencida la vanguardia o un destacamento de las tropas de Munuza, esta victoria se convirtió en un símbolo y en una gran gesta. Las cifras de mil cristianos contra veinte mil musulmanes son fantásticas. La proyección moral del hecho fue incalculable. Según Díaz Martín:

 

“los restos de la vanguardia que, después del choque, huían, se despeñaron o se ahogaron en las agrestes tierras de los Picos de Europa; el resto del ejército, con el que Munuza, temeroso, abandonaba la región, fue sorprendido por los astures en Olalies”.

 

Años después, es probable que Pelayo tuviese una “decidida voluntad de mantener una postura hostil frente a los invasores”, lo que se consolidará más adelante. Cuando Pelayo muera en 737, le sucederá su hijo Favila o Fafila “como si de un rey godo se tratara”. Según varios historiadores, sería alzado al estilo godo, por el pequeño ejército que era el pueblo armado. Diez años después de la victoria de Covadonga, el ejército franco derrotó a los musulmanes en Poitiers (732). Dos batallas decisivas: Covadonga fue una brillante escaramuza con una proyección de 800 años… hasta hoy, y Poitiers fue una gran batalla que dejó en manos de los hispanos la expulsión de los islamitas del resto de la Cristiandad. Y lo hicieron en la forja del espíritu. En las Navas de Tolosa de 1212 la Cruzada en Hispania se convertirá en Cruzada de toda la Cristiandad. El peligro almohade era muy grave, límite. Y los cristianos cumplieron con creces. Para la toma de Granada en 1492, España ya estaba formada, a la espera del ingreso de Navarra como Reino “por si” en 1513 y 1515, la que ya estaba en alma como lo demostró Sancho VII el Fuerte en las Navas de Tolosa trescientos años antes.

Al terminar el siglo XV: “Pronto iba a resucitar el clima bélico y religioso tradicional de nuestra Edad Media y, por él dominados, íbamos a enfrentar las tormentas de la Modernidad” (Sánchez Albornoz). De nuevo para el homo hispanicus, “Donde una puerta se cierra otra se abre”: mantener y recobrar la Cristiandad, vencer al Turco en Lepanto, conquistar Túnez, y descubrir y civilizar América dando todo un continente, la inmensidad de América y Filipinas, a la Iglesia y la civilización cristiana.

 

 

Fuentes:

Cristianas: Chronicon Moissiacense (s. IX), Chronicón de Isidoro Pacense, Crónica de Alfonso III, De Rebus Hispaniae del arzobispo Rodericus Toletanus (Rodrigo de Toledo) (s. XIII), Chronicon del obispo Lucas Tudensis (Lucas de Tuy) (Era 733), Cristiano anónimo mozárabe (754), Ximénez de Rada; Chronicon Sebastián de Salamanca,

Musulmanas: Ibn al-Athir, Crónica El Kamel; Al – Himiyari; Al-Nuwayri, Historia de los musulmanes de España y África, escrita hacia 1320; Al-Makkari; Abjar Machmua, Crónica anónima del s. XI; Crónica anónima de Abderramán III, escrita hacia 1010; Fath Al-Andalus; Ibn – Khaldoun (s. XIV), Historia de los berberes ; Ibn abd-Hakam, Historia de la conquista del al-Andalus; Abdalá, las “Memorias del último rey zirí de Granada, escritas hacia 1095, editadas por Lévi-Provençal y E. García Gómez en 1980; Isa Ben Ahamad al Razí, Anales palatinos del califa Alhakam II, escritos hacia 990; Sa’id al-Andalusí, Libro de las categorías de las naciones, escrito hacia 1070.

 

Bibliografía:

Además de autores como A. Ballesteros Beretta, Lacarra, J. Mª. Font-Ruis, Emilio García Gómez, Z. García Villada, García Tolsá, Ramón Menéndez-Pidal, Sanchis y Guarner, Soldevila, Antonio Ubieto, Luis G. de Valdeavellano, Historia de España, José Vicens Vives, Lévi-Provençal, citemos los siguientes:

ALBANÉS, Ricardo, Los judíos a través de los siglos, México, 1939

AMADOR DE LOS RÍOS, José, Historia de los judíos de España y Portugal, Madrid, 1875.

DÍAZ MARTÍN, Luis Vicente, “Constitución de la Monarquía asturiana (711-822)”, en Historia General de España y América, Madrid, Rialp, tomo III: El fallido intento de un Estado hispánico musulmán (711-1085), 1991, 658 pp., p. 3-38.

DOZY Reinhart, Histoire des musulman d’Espagne, Leiden, 1932.

Enciclopedia judaica castellana, México, 1948, 4 vols.

GARCÍA MORENO, L. A., El fin del Reino visigodo de Toledo, Madrid, 1975

MARIANA, Juan de, Historia General de España, diferentes ediciones.

MARQUÉS DE LOZOYA, Historia de España, Barcelona, Salvat, v. I, 1977, 434 pp., pág. 217-238.

MENÉNDEZ Y PELAYO, Marcelino, Historia de los heterodoxos españoles. Las ediciones son numerosas.

ORLANDIS, José, Historia de España. La España visigótica, Madrid, Gredos, 1977, 331 pp. Las citas recogidas en estas páginas, proceden del anterior libro de síntesis. ÍDEM. El poder real y la sucesión al trono en la monarquía visigoda, El cristianismo en la España visigoda etc.

RIU, Manuel, Lecciones de Historia medieval, Barcelona, Ed. Teide, 4ª ed. actualizada 1975, 686 pp.

SÁNCHEZ-ALBORNOZ, Claudio, Orígenes de la Nación española. Estudios críticos sobre la Historia del reino de Asturias, Oviedo, Tomo I, 1972-1975; España, un enigma histórico, Barcelona, EDHASA, 1977, 2 vols., vid. Tomo I, 720 pp.; El drama de la formación de España y los españoles, Madrid, 2003, 67 pp.; “El Senatus visigodo. Don Rodrigo rey legítimo de España, Rev. “Cuadernos de Historia de España” (CHE), VI (1946), p. 5-99; “Otra vez Guadalete y Covadonga”, CHE, I y II (1944) p. 11-114; “Dónde y cuándo murió don Rodrigo, último Rey de los Godos”, CHE, III (1945), p. 5-105.

También pueden añadirse los historiadores hebreos Graetz, Learssi, Kastein, Pessin, Sachar, Raisin, que explican el apoyo de los judíos a los musulmanes durante la invasión.

·- ·-· -······-·?José Fermín Garralda Arizcun

Arbil  127  - V-MMXII

 

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HISTORIA - RECONQUISTA

 

Batallas con mucha leyenda

 

LOS MUSULMANES invadieron la Península por una ofensa sexual cometida por el rey Rodrigo y don Pelayo ganó la batalla de Covadonga gracias a la ayuda de fenómenos naturales. ¿Qué hay de verdad en los grandes mitos de La Reconquista?

  

CÉSAR VIDAL

La Literatura y el imaginario colectivo están repletos de episodios en los que la leyenda a adquirido carta de realidad indiscutible.Muchas veces, contra lo que pueda pensarse, esas leyendas se asientan en hechos históricos. Así lo deja de manifiesto Margarita Torres en Las batallas legendarias, de próxima publicación. La Reconquista es posiblemente una de las eras históricas más pródigas en leyendas cuyo sustrato real no siempre resulta fácil de determinar.Relatos que no pocas veces giran en torno a encuentros armados.De hecho, toda esta fase de la Historia de España comienza con una batalla librada en el año 711, llamada de Guadalete por el río en cuyas proximidades tuvo lugar.

La leyenda relacionada con este combate señala que el origen de la invasión islámica estuvo en una ofensa sexual cometida por el rey visigodo Rodrigo a la hija del conde don Julián, un noble que realizaba el cometido de defender el Estrecho de posibles agresiones. Don Julián concibió un comprensible odio hacia Rodrigo y llegó al extremo de pedir ayuda a los musulmanes para derrocar al aborrecido monarca.

Fue así como Tariq ibn Ziyad cruzó el Estrecho y tocó tierra en un lugar que llevaría su nombre (Gibraltar significa la «roca de Tariq»). El ejército invasor y el visigodo se enfrentaron a orillas del Guadalete, donde, gracias a la traición de buena parte de las huestes godas, Rodrigo fue derrotado por completo.En las semanas siguientes, los musulmanes se dirigirían hacia el norte y se apoderarían con relativa facilidad del país. La Hido en la leyenda. Ciertamente, don Julián traicionó a Rodrigo e hizo de quinta columna a favor de los musulmanes. Pero las causas fueron más políticas que sexuales. Dentro de la inestable monarquía visigoda los partidarios de un rey anterior, Witiza, veían con malos ojos a Rodrigo y pensaron que los musulmanes serían magníficos aliados para apartarlo del trono.

La apuesta acabó teniendo un precio muy alto y, finalmente, no se produjo únicamente un cambio de monarca dentro de la nobleza visigoda sino el inicio de una dominación extranjera que duraría siglos. Como enseña repetidamente la Historia, se sabe cómo empiezan las guerras pero rara vez se puede intuir la manera en que acabarán.

¿Cuánto tiempo tardaron los cristianos en organizar la resistencia La leyenda señala que muy poco e indica que Pelayo, un espatario visigodo, los derrotó al año siguiente de Guadalete en Covadonga.La victoria fue providencial y estuvo acompañada de hechos sobrenaturales como el desbordamiento de un río en el que se ahogó una multitud de invasores o el aplastamiento de éstos por una montaña.

BAILE DE FECHAS
De esta manera, no sólo quedó detenido el avance musulmán sino que también se estableció el primer núcleo político de oposición armada a los invasores. La Historia corrobora sustancialmente estos datos. Aunque no es fácil fechar la batalla de Covadonga (las estimaciones van del año 721 propuesto por Sánchez-Albornoz al 737 de L. A. García Moreno pasando por el 718 defendido por Arcadio del Castillo y Julia Montenegro), está fuera de duda que a inicios del siglo VIII los cristianos acaudillados por Pelayo que, efectivamente, era un espatario visigodo contuvieron el avance islámico en algún lugar próximo a Covadonga.

Las fuentes islámicas minimizan el episodio pero no se atreven a negarlo e incluso reconocen que aquel triunfo fue el inicio de un reino, el asturleonés, que se resistiría fieramente a sus intentos de dominio. Determinados detalles, como los relativos al río o al desplome de la montaña, pudieran tener incluso una base real que podría ser la de un desbordamiento o un desprendimiento de rocas que causaran daños a los invasores musulmanes. También entretejido con elementos legendarios ha llegado hasta nosotros el relato de la batalla de Clavijo. Presuntamente librada en 844, en ella Ramiro I se habría enfrentado a los moros para acabar de una vez por todas con el vergonzoso pago anual del tributo de las 100 doncellas. Aunque el combate habría resultado inicialmente desfavorable a los cristianos, finalmente se habría saldado a su favor gracias a la intervención in extremis del apóstol Santiago que habría irrumpido en medio de las filas musulmanas sembrando el pánico.

El episodio, de manera fácilmente comprensible, tendría una influencia enorme en la ideología y la simbología de la Reconquista. Sin embargo, ¿qué hay de cierto en él? El elemento del tributo de mujeres entregadas a los musulmanes tiene, desde luego, una sólida base real aunque, seguramente, no estuviera cifrado en 100 doncellas ni tampoco fuera la causa inmediata de la batalla. En realidad, el encuentro que pudo librarse el 25 de mayo de 834 constituyó un enfrentamiento entre asturleoneses y musulmanes que, en sus primeros momentos, resultó favorable a éstos últimos.

El rey Ramiro no tuvo entonces más remedio que retirarse hacia el collado de Clavijo con la intención de resistir y evitar el desastre. Lo consiguió seguramente en medio de circunstancias desesperadas, lo que condujo a atribuir la victoria a una especial intervención del apóstol Santiago. Sin embargo, no puede negarse que su éxito fue indiscutible, ya que pudo avanzar ulteriormente y tomar Calahorra.

En algunos casos, la leyenda ha ido creciendo con el paso del tiempo e incluso adquiriendo notas bien diversas que han obedecido a muy distintos intereses. Un ejemplo significativo es la batalla de Roncesvalles. De acuerdo con la versión francesa recogida en el Cantar de Roldán, Carlomagno habría cruzado los Pirineos con la intención de enfrentarse con las fuerzas musulmanas de Zaragoza. Tras conseguir un triunfo notorio, el ejército carolingio habría emprendido el regreso. Precisamente cuando su retaguardia se hallaba asentada en el desfiladero de Roncesvalles, los musulmanes habrían atacado traicioneramente a los francos. Pero la oportuna intervención de Roldán, el sobrino de Carlomagno, tocando su cuerno u olifante habría avisado a las fuerzas del emperador carolingio. El valiente caballero habría pagado con su vida el acto de valor.

Con el paso del tiempo, la versión francesa encontraría una opuesta nacida en suelo español. En ella, Carlomagno no habría sido sino un invasor que, tras atacar Pamplona, decidió regresar a Francia.Durante su retirada, sus fuerzas habrían sido atacadas y derrotadas por los españoles. Roldán no habría muerto abrumado por un aplastante número de enemigos sino luchando en combate singular con el español Bernardo del Carpio. Éste llegaría a tener tanta repercusión en la literatura posterior que, por citar un ejemplo significativo, cuando Cervantes murió estaba preparando una novela sobre sus hazañas.

Posteriormente aparecería una tercera versión legendaria presentada con pretensiones de realidad histórica. La derrota de Carlomagno habría sido ocasionada por los vascos ya entonces deseosos de vivir una existencia política independiente y enfrentada con Francia.

RONCESVALLES
Pero, ¿qué sucedió, en realidad, en Roncesvalles? Que hubo una batalla en este enclave está fuera de duda e incluso puede señalarse su fecha en el año 778, también que vino precedida por una incursión de Carlomagno, que intentaba fortalecer los límites de la denominada marca hispánica, y que en el curso de ella se atacó Pamplona. Tras obtener este éxito, el emperador se retiró hacia Francia.

Entonces los navarros atacaron la retaguardia carolingia en el paso de Roncesvalles. No parece que el encuentro tuviera una especial trascendencia estratégica y, muy posiblemente, no pasó de ser una escaramuza que los franceses interpretaron como un triunfo y los hispanos como una victoria.

Esta tendencia a legendarizar lo acontecido realmente está presente también en el relato de Las siete mancas (que dieron origen al nombre de Simancas) o en El cantar de los siete infantes de Lara.Quizá por eso no debería extrañar que el cine haya preferido no pocas veces la leyenda a la hora de reflejar determinados episodios históricos. Películas como Amaya, basada en la novela de Navarro Villoslada, donde se narra la invasión islámica y la batalla de Covadonga; El valle de las espadas sobre el poema de Fernán González o El Cid, más dependiente del Cantar y de otros textos poéticos que de la investigación histórica ulterior, son prueba de ello. Esta tendencia también la observamos en las referencias sobre la batalla de Calatañazor. De acuerdo con la leyenda, en 1002 el invencible Almanzor fue derrotado en este enclave por Bermudo II de León y su vasallo el conde castellano García Fernández.

La batalla habría tenido una enorme importancia porque significó el final del poder omnímodo de los ejércitos musulmanes en la Península; la limitación de unas correrías que se saldaban uniformemente con la captura de esclavos cristianos y la destrucción y el incendio de sus poblaciones, iglesias y monasterios; y el inicio de una serie de avances cristianos que se irían sucediendo hasta la caída de Granada en 1492.

Como en otros casos, la leyenda difiere en algunos detalles de la realidad histórica. De entrada, Almanzor no pudo ser derrotado por Bermudo II porque éste había muerto tres años antes ni por García Fernández que había sido sepultado siete años atrás. Aún más. El inicio de su campaña encaminada a destrozar totalmente a Castilla estuvo acompañada por el éxito. Las tropas musulmanas arrasaron el Monasterio de San Millán de la Cogolla y asolaron despiadadamente las tierras ribereñas del Duero. A pesar de todo, precisamente en el momento más brillante de la campaña, Almanzor se encontró con que el conde de Castilla le esperaba con sus mesnadas en Calatañazor.

Esta circunstancia cogió desprevenido a Almanzor hasta tal punto que la batalla que se entabló le costó pérdidas considerables.Si realmente no la perdió, lo que es cuando menos dudoso, debió de tratarse de una victoria pírrica. Cuando, retirándose de aquellas tierras, llegó a Medinaceli expiró por las heridas recibidas o quizá de alguna enfermedad que desconocemos.

Los cristianos cantarían después que en Calatañazor Almanzor había perdido el tambor. Con ello indicaban no que la retirada hubiera sido tan desastrosa que hubiera tenido que abandonar ese instrumento de percusión sino que, a partir de ese momento, el extraordinario militar islámico se había visto privado de la alegría y el entusiasmo. Como en tantas ocasiones, la leyenda no traicionaba la Historia. Más bien ayudaba a convertirla en más comprensible.

Margarita Torres es la autora de Las batallas legendarias, obra de próxima publicación en Plaza&Janés.

 

 

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«No se descubrirá nunca nada, si se considera satisfecho de lo ya descubierto». Séneca.

 

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P: ….¿Cómo definiría en tres palabras la moralidad de los enviados de Allah a lo largo de los ocho siglos de presencia en España? ¿Tres palabras que les definan actualmente a los Shahids que dan su vida por Allah?

 

 

R: 1. Creo que era una moral sustancialmente islámica aunque vinculada a dosis de racismo muy acentuado que hicieron imposible la convivencia pacífica incluso entre los mismos musulmanes (no digamos ya los pobres judíos o cristianos). 2. Creo que también siguen una moral medularmente islámica, es esa moral la que alaba el yihad, la muerte en combate y el atentado individual.

 

Dr. en historia y filosofía don César VIDAL. ESP. L.D. 2004-03-09

 

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P: ¿No cree usted que al tener Cataluña unas instituciones propias desde la Edad Media, una lengua propia y una cultura la conforman como nación? ¿Por qué?

 

 

R: También las tiene Aragón, y de mayor rango. La lengua propia de Aragón es la castellana, que por ser aragonesa merece llamarse española muy pronto. Y además era reino, no un conjunto de condados. Pero la nación española como sujeto político se produce por acumulación o aglomeración de pequeños estados en búsqueda de la recuperación de la España cristianorromanovisigoda. La reconquista, vamos. Sin eso, no se entiende lo demás. Antes de que existiesen Aragón, Castilla y , por supuesto, Cataluña, ya existía una Hispania independiente.  2004-11-04. L.D. Federico Jiménez Losantos. Esp.

 

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ESPAÑA 1492 - Comprendiendo la cultura en que se gestó, llegaremos a una visión más equilibrada para cualificar la gesta hispánica ¡el descubrimiento de América!   

 

Francisco de Vitoria, al tener conocimiento en 1536 de las violencias cometidas durante la conquista de Perú, escribe su relección De indis, en la que declara que los indios no son seres inferiores a los que es legítimo esclavizar y explotar sino seres libres, con iguales derechos que los españoles y dueños de sus tierras y bienes. De este modo se inició el derecho de gentes.

 

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HISTORIA - Para adentrarse en la época de la gran gesta hispánica [1492-1592] y analizar la magnitud del descubrimiento, es necesario penetrarlo estudiando el contexto histórico; solo así podremos llegar a un discernimiento moderado y con el sentimiento sano del deber o de una conciencia objetiva. Con este objetivo presentamos tantos temas y acontecimientos -aparentemente- en discontinuidad.

 

Para no caer en el anacronismo, es necesario tener la humildad y la inteligencia de leer los hechos del pasado no con las categorías mentales de hoy, más, dentro el marco histórico temporal en que se efectuaron. 

 

Al igual que ocurre con cualquier otra expresión de la mente humana, quizás la objetividad plena es imposible, pero lo que se le pide a cualquier intelectual honrado es que, cuando menos, haga el esfuerzo de buscarla, tenga la valentía de acercarse serena y responsablemente al mayor grado de objetividad histórica posible.

 

¿Quién ignora, que son innumerables las personas de uno, y otro sexo, a quienes contiene, para que no suelten la rienda a sus pasiones el temor del qué dirán? Este temor ya no subsistirá en el caso de que no haya murmuradores en el mundo, que son los que dicen, los que hablan, y aun los que acechan los pecados ajenos. Luego esos innumerables de uno, y otro sexo, faltando el freno de la infamia, o descrédito a que los expone la murmuración, desenfrenadamente se darán a saciar sus criminales pasiones.

 

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Aquella España liberada -sólo en parte- de los moros en el 1492

 

SUCESOS - Es bueno valorar acontecimientos y hechos que han sucedido en el pasado, reflexionar sobre ellos, para caminar con los talentos de la historia como bastón de guía.

 

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Medieval - El único momento histórico en que Europa tuvo su unidad fue con la cristiandad medieval. Era la Europa católica. La cristianitas de la Europa medieval era la patria común. La reforma luterana destruyó todo esto, separó a los países y creó los nacionalismos.

Vittorio Messori; escritor, periodista, comentarista e investigador histórico. MMV.

 

Gracias a la Iglesia Católica, antes del 1300, había fundadas en Europa cuarenta y cuatro Universidades, en las que se forja un individuo especial dotado de cierta uniformidad: homo Scholasticus.

 

La Universidad y, de modo más amplio, la cultura universitaria constituyen una realidad de importancia decisiva. En su ámbito se juegan cuestiones vitales, profundas transformaciones culturales, de consecuencias desconcertantes, suscitan nuevos desafíos. La Iglesia no puede dejar de considerarlos en su misión de anunciar el Evangelio.

La Universidad es, en su mismo origen, una de las expresiones más significativas de la solicitud pastoral de la Iglesia. Su nacimiento está vinculado al desarrollo de escuelas establecidas en el medioevo por obispos de grandes sedes episcopales. Si las vicisitudes de la historia condujeron a la « Universitas magistrorum et scholarium » a ser cada vez más autónoma, la Iglesia continúa igualmente manteniendo aquel celo que dio origen a la institución.3 Efectivamente, la presencia de la Iglesia en la Universidad no es en modo alguno una tarea ajena a la misión de anunciar la fe. « La síntesis entre cultura y fe no es sólo una exigencia de la cultura, sino también de la fe... Una fe que no se hace cultura es una fe que no es plenamente acogida, enteramente pensada o fielmente vivida ».4 La fe que la Iglesia anuncia es una fides quaerens intellectum, que debe necesariamente impregnar la inteligencia del hombre y su corazón, ser pensada para ser vivida. La presencia eclesial no puede, pues, limitarse a una intervención cultural y científica. Tiene que ofrecer la posibilidad efectiva de un encuentro con Jesucristo.

Concretamente, la presencia y la misión de la Iglesia en la cultura universitaria revisten formas diversas y complementarias. Primeramente está la tarea de apoyar a los católicos comprometidos en la vida de la Universidad como profesores, estudiantes, investigadores o colaboradores. La Iglesia se preocupa luego por el anuncio del Evangelio a todos los que en el interior de la Universidad no lo conocen todavía y están dispuestos a acogerlo libremente. Su acción se traduce también en diálogo y colaboración sincera con todos aquellos miembros de la comunidad universitaria que estén interesados por la promoción cultural del hombre y el desarrollo cultural de los pueblos.

 

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Cuando se encasquilla la razón se disparan las sectas’.

Pues como testifica Agustino, «si se da una razón contra la autoridad de las Divinas Escrituras, por más aguda que sea, engañará con la semejanza de verdad, pero no puede ser verdadera» (Epist. 143 (al 7) ad Marcellin, n. 7). Engaños con las mismas Escrituras, como lo hizo el demonio tentando a Cristo. Como Cristo, la Iglesia responde a las sectas con la misma Escritura… no está sosegado el demonio.

 

Medioevo - La gran figura histórica del emperador Carlomagno evoca las raíces cristianas de Europa, remitiendo a cuantos la estudian a una época que, a pesar de los límites humanos siempre presentes, se caracterizó por un imponente florecimiento cultural en casi todos los campos de la experiencia. Al buscar su identidad, Europa no puede prescindir de un esfuerzo enérgico de recuperación del patrimonio cultural legado por Carlomagno y conservado durante más de un milenio. La educación en el espíritu del humanismo cristiano garantiza la formación intelectual y moral que forma y ayuda a la juventud a afrontar los serios problemas planteados por el desarrollo científico-técnico. En este sentido, también el estudio de las lenguas clásicas en las escuelas puede ser una valiosa ayuda para introducir a las nuevas generaciones en el conocimiento de un patrimonio cultural de inestimable riqueza.

 

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Durante el luminoso medioevo - En términos cuantitativos, las catedrales góticas son tan asombrosas como las Pirámides egipcias. Sólo en Francia, durante noventa años, desde 1180 a 1270, se vio la construcción de 80 catedrales y casi 500 abadías.

 

UNIVERSIDADES - La síntesis del saber teológico, filosófico y de otras ciencias realizada por las Universidades en los siglos XIII y XIV, en que se forma el Humanismo, es impensable sin el cristianismo.

 

Entre 1200 y 1400 se fundaron en Europa 52 universidades, 29 de ellas pontificias. Según orden de antigüedad, no en importancia, puesto que la de París fue la más destacada, las fechas de fundación parecen ser las siguientes: Palencia (1208-12), Oxford (1214), París (1215), Padua (1222), Nápoles (1224), Salamanca (1228), Toulouse (1229), Bolonia (1230). Valladolid fue fundada a mediados del S. XIII (1250).

 

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Moyen Age - Nos ancêtres n´étaient pas nécessairement meilleurs que nous au point de vue moral. Ils pouvaient même manifester des faiblesses qui nous laissent croire que nous serions meilleurs. Mais ils vivaient assurément le mystère du Christ avec plus de profondeur et d´intensité que nous ne le faisons. Surtout, leur univers intérieur était tout baigné de la lumière de la foi. Le monde de la foi, pour eux, était aussi réel que le monde matériel qui les entourait. D´où une joie et une espérance, nourries par la contemplation des vérités de la foi, qui se traduisaient naturellement dans l´expression de la beauté.

 

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La honestidad histórica debe ser recíproca y los mahometanos saben que la invasión a la península ibérica, no fue ajena a las mayores barbaridades, incluyendo el martirio a cristianos. Hans T.Z.W.Esp.

 

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Una escasa aportación islámica - El islam español aguantó tanto tiempo en la península, en opinión de Vidal, por las sucesivas invasiones de oleadas integristas procedentes del Norte de África como almoravides, almohades y benimerines y, cuando surgieron los reinos de taifas, los dirigentes fueron no sólo árabes, sino andalusíes, bereberes y eslabones.

La aportación de los árabes a la cultura española fue escasa, según el autor, pues los baños, las casas y los regadíos son de origen romano y también los elementos arquitectónicos como el arco de herradura.

Dr. César VIDAL. DR. EN HISTORIA ANTIGUA, FILOSOFÍA, TEOLOGÍA. 2004-04-09

 

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Historia - «Conocer y profundizar el pasado de un pueblo es afianzar y enriquecer su propia identidad. ¡No rompáis con vuestras raíces cristianas! Sólo así seréis capaces de aportar al mundo». S. S. Juan Pablo II – Madrid. 2003.05

 

Visión objetiva:Con frecuencia en los análisis históricos se peca de falta de objetividad por juzgar con valores actuales los sucesos del pasado. Esto no significa relativizar el juicio valórico de los sucesos, sino extirpar ciertos moralismos actuales que no son reales, que suponen una "moral" moderna y postmoderna que juzga enloquecidamente las cosas. Desde una perspectiva objetiva tenemos que condenar sin reserva los errores ocurridos en l período analizado, pero sin rasgar vestiduras por la "monstruosa" noticia del descubrimiento y civilización europea en América, maldiciendo la hora en que se produjo al estilo del cuestionado activista verde Jacques Cousteau quien declaró en 1992 que la llegada de la Colón a América "fue un desastre peor que la lluvia de meteoritos que acabó con los dinosaurios en la prehistoria".

Aquí la premisa tribalista de "cada uno en su tierra sin invadir otra" queda desvanecida por el absurdo ante el dinamismo y realidad de la historia. Toda civilización es el fruto de una mezcla frecuentemente nada pacífica. La misma epopeya del Pueblo de Dios suponía conquistar una tierra prometida ocupada por tribus locales. Los mismos europeos provienen de invasiones y nuevas invasiones que mezclaron sus sangres e hicieron nacer las distintas culturas que dan alma al Viejo Mundo.

 

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Historia - "El cristianismo no teme a la cultura sino a la media cultura. Teme la superficialidad, los eslóganes, las críticas de oídas; pero quien puede hacer la ‘crítica de la cultura puede volverlo a descubrir o seguir siendo fiel" JEAN GUITTON –filósofo fr. 2000.

 

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El moro Muza, o cómo se perdió España

 

 

En el año 711, al otro lado del Estrecho ya no mandaban los refinados bizantinos del general Belisario, sino unos bárbaros venidos de Arabia que tenían intención de comerse el mundo. En sólo un siglo, estos árabes fanatizados por una nueva religión habían puesto Oriente Medio patas arriba y, como andaban sobrados de fuerzas, conquistaron todo el norte de África. Fue entonces, al llegar a las costas del Rif, cuando echaron el ojo sobre la verde azulada costa de Hispania, de nuestra Hispania. El rey godo no lo vio venir y pasó lo que pasó.

 

Por Fernando Díaz Villanueva

Los visigodos, una tribu de bárbaros que había atravesado el Imperio Romano en una veloz cabalgada y se había dado el gustazo de saquear Roma, se asentaron en la Península en el siglo V. No lo hicieron porque Hispania les gustase, sino porque los francos, otros bárbaros aún más bárbaros, les habían largado de las Galias. No habían sido los primeros. Antes habían venido los vándalos, los alanos y los suevos. Los dos primeros, que iban en busca de botín, pasaron de largo tras el saqueo. Los últimos, más pacíficos y hogareños, se quedaron para fundar su propio reino, en lo que es hoy Galicia y el norte de Portugal.

 

Los visigodos eran un pueblo peculiar, muy belicoso y dado a derramar sangre por cualquier nimiedad. Es lo que se llamaba el morbus gothorum o morbo gótico, por el cual los reyes eran asesinados sin piedad y sucedidos por algún espadón del reino que contase con suficientes apoyos entre la aristocracia. Nada que ver con el refinamiento de los hispanos de entonces, a los que seis siglos de intensiva colonización romana les habían quitado el pelo de la dehesa. A pesar de eso, y de que eran muchos más, los godos les convirtieron en ciudadanos de segunda con los que, durante mucho tiempo, ni siquiera se dignaban casarse. Inexplicable.

 

Con el tiempo, los visigodos terminaron fundiéndose con el paisaje, se romanizaron, aprendieron latín y hasta se hicieron católicos. No aportaron mucho más. Alguna iglesuela y mucha orfebrería fina, que enterraban en tesoros que todavía hoy siguen saliendo a la luz. La capital la situaron en Toledo, una antigua ciudad romana que no era ni muy grande ni muy importante, pero estaba en el centro y bien comunicada con todos los rincones del país.

 

Durante los tres siglos que pervivió su reino anduvieron sus monarcas obsesionados con unificarlo. En el noroeste, los suevos les fueron esquivos hasta que el rey Leovigildo los atrajo a la casa común del godo. En el norte, los vascones eran aún más rebeldes, e hicieron la vida imposible a los reyes visigodos durante trescientos años. En el sur se habían establecido los bizantinos de Justiniano, herederos del Imperio Romano, entre cuyos planes se encontraba revivir la gloria de los antiguos tiempos del César. En definitiva, guerras, guerras y más guerras. Le pusieron tanto ahínco que, al final, consiguieron poner toda la península a sus pies... y entonces vinieron otros y se la quitaron.

 

Mientras en las fronteras guerreaban sin tregua, en la corte las intrigas eran el plato de todos los días. Una auténtica merienda de negros. Es normal que, en tan poco tiempo, tuviesen tantos reyes: 34, para ser exactos. Traiciones, asesinatos y degollinas que terminaron como siempre terminan estas cosas.

 

Los últimos tres monarcas fueron un desastre. Egica la tomó con los judíos, y se consagró a asesinarlos con singular dedicación. La judeofobia, desgraciadamente, es una tara que arrastramos desde antiguo. Su sucesor, Witiza, reinó poco tiempo y fue derrocado por las armas. Entonces, para no perder las buenas costumbres, se armó la marimorena entre los partidarios de su hijo, un niño llamado Agila, y los de un noble de nombre Rodrigo que se había pasado la vida dándole estopa a los vascones. Rodrigo se salió con la suya y le nombraron rey. De Hispania, claro, o, mejor, de lo que quedaba de ella.

 

En el año 711, al otro lado del Estrecho ya no mandaban los refinados bizantinos del general Belisario, sino unos bárbaros venidos de Arabia que tenían intención de comerse el mundo. En sólo un siglo, estos árabes fanatizados por una nueva religión habían puesto Oriente Medio patas arriba y, como andaban sobrados de fuerzas, conquistaron todo el norte de África. Fue entonces, al llegar a las costas del Rif, cuando echaron el ojo sobre la verde azulada costa de Hispania, de nuestra Hispania. El rey godo no lo vio venir y pasó lo que pasó.

 

Los documentos de la época se contradicen muchas veces, y los historiadores se las ven negras para averiguar las causas por las que Rodrigo lo perdió todo en un suspiro. A cambio tenemos las leyendas, esos pedazos de sabiduría popular que siempre han hecho las delicias de propios y extraños. La pérdida de España, como no podía ser de otro modo, tiene la suya.

 

Cuentan que el señor godo de Ceuta, el conde Don Julián, estaba resentido con Rodrigo porque éste había seducido a su hija Florinda, una doncella que se encontraba en Toledo para aprender los distinguidos usos de la corte. Rodrigo, que en asuntos de amor no era menos arrojado que en la guerra, arrebató la virtud a Florinda. Enterado el padre de la felonía, se la juró en secreto a Rodrigo. Esperó durante años y en cuanto pudo se la devolvió, con intereses y mucha mala sombra. Primero prestó su apoyo a los partidarios de Agila, y cuando vio que eran unos incompetentes redomados se buscó como aliados a los musulmanes que habían llegado de Arabia con la lengua fuera. Les ofreció transportar a sus soldados hasta la Península para que diesen un escarmiento a Rodrigo. Todo por vengar la virginidad perdida de Florinda. Fascinante esta leyenda. En España, digan lo que digan las feministas, siempre hay una mujer de por medio.

 

El caudillo de los moros era un tal Tarik, lugarteniente del gobernador musulmán de África, que se llamaba Muza –en adelante el Moro Muza, que es como ha pasado a la historia–. No sabemos el momento exacto en que Tarik cruzó el Estrecho, ni los motivos que le llevaron a hacerlo; por no saber, no sabemos ni cuántos guerreros trajo consigo en esta primera expedición. Lo que sí sabemos es cruzó ayudado por los partidarios de Agila, y que acampó junto al Monte de Calpe, que es como se llamaba entonces el peñón de Gibraltar.

 

El cambio de nombre le vino dado por el propio Tarik: Gebel al Tarik, o la roca de Tarik, con el tiempo devino en el Gibraltar de nuestras entretelas. Pocos pedazos de tierra nos han dado tantos disgustos como éste.

 

Ya en la Península, se encontró con un ejército visigodo y lo venció sin contemplaciones en la batalla de Guadalete, donde, además de perder el reino, Rodrigo perdió la vida. Luego todo fue muy rápido. Siguiendo las vías romanas, el ejército triunfante se dirigió a Toledo, donde, según cuentan las crónicas de la época, el moro se encontró con la mesa del rey Salomón. Las conquistas había que adornarlas con estas mentirijillas para dotarlas de cierta épica. La gente del común, los aperreados hispanorromanos, no opuso demasiada resistencia. A fin de cuentas, se trataba de cambiar a un señor por otro.

 

El moro Muza, entretanto, escribió a Bagdad para poner los dientes largos al Califa con las incontables riquezas de Hispania, a la que, ya puestos, le cambiaron el nombre por "Al Andalus". Denominación ésta que ha pervivido hasta nuestros días en su preciosa forma de "Andalucía", acaso uno de nuestros topónimos mejor traídos.

 

El ejército de Tarik era insuficiente para dominar el inmenso reino godo, por lo que pidió ayuda al jefe. Al año siguiente, el moro Muza acudió en su auxilio con las tropas de refresco. Juntos terminaron el trabajo, conquistaron el valle del Ebro, Cataluña y los confines de la meseta. Tres años después, toda Hispania, perdón, Al Andalus, formaba parte del imperio de los Omeyas.

 

¿Toda? No. En el profundo norte, entre las nieblas de las montañas cantábricas, resistían los últimos godos, los que se habían salvado de la quema. Los moros, ahítos de gloria y conquista, no les concedieron demasiada importancia. Esa sería su ruina. MMV. XI.XIII

 

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Tradición y libertad - La tradición occidental desde las antiguas Atenas, Jerusalén y Roma, no se ha movido entre la represión o la descarga del impulso, sino que ha peleado por la libertad interior, que pasa por el dominio de sí, pues sin ésta difícilmente el hombre puede hablar de libertad, ya que no se trata simplemente de la ausencia de coacción externa, sino de capacidad para poder determinarse en orden al bien.

 

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ISLAM:lo que lo define es la conquista del poder mezclado con un elemento religioso. La ideología marxista hacía lo mismo, sólo que ésta rechazaba a Dios.

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Biblia - Un libro histórico -como son Los Evangelios por ejemplo- merece credibilidad cuando reúne tres condiciones básicas: ser auténtico, verídico e íntegro.Es decir, cuándo el libro fue escrito en la época y por el autor que se le atribuye (autenticidad), cuando el autor del libro conoció los sucesos que refiere y no quiere engañar a sus lectores (veracidad), y, por último, cuando ha llegado hasta nosotros sin alteración sustancial (integridad).

 

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Sabios no tan sabios.Otro problema serio es que la enseñanza islámica la llevan a cabo los ulemas (sabios) que en realidad son «sabios» solo en un pequeño ámbito del saber: han aprendido el Corán de memoria, han tomado los viejos dichos atribuidos a Mahoma (Sunna) y centenares de miles de respuestas jurídicas de otros imanes. Pero no han estudiado matemáticas, sociología, psicología; la Historia para ellos se limita al mundo islámico; el estudio de las religiones se hace sólo con función apologética, por si el islam es atacado. Es como si nuestros sacerdotes hubieran estudiado sólo la Biblia y además, partiendo de comentarios antiguos.

 

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Historia - Es preciosa la homilía de Benedicto XVI en la apertura del Sínodo sobre la Eucaristía, con su diagnóstico certero sobre el mundo moderno: “queremos poseer el mundo de manera ilimitada, Dios nos estorba y hacemos de Él una simple frase devota, o lo desterramos de la vida pública… Pero donde el hombre se convierte en el único dueño del mundo y en propietario de sí mismo, no puede haber justicia”. Varios medios han tildado esta afirmación, tan evangélica y tan realista, de apocalíptica, cuando se trata de una lectura inteligente de la historia del mundo, y especialmente del siglo que acabamos de dejar atrás. Es una advertencia especialmente adecuada para esta hora que nos toca vivir, aunque provoque sarpullido a los bienpensantes de turno. 2005-10-10

 

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INVASIÓN MAHOMETANA AÑO 707, 710, 711

 

Conrad, Philippe: Histoire de la Reconquista, ed. Presses Universitaires, París 1997, 128 págs.

Dentro de la popular colección "Que sais-je ?", el profesor Conrad aborda un capítulo de la historia de España que se inicia con la caída del reino visigodo y la invasión norteafricana hasta la definitiva expulsión de los últimos moriscos en 1609.

A pesar de la resistencia de los bereberes, el primer califa omeya terminó su conquista de lo que hoy es Marruecos,
el año 707, y un trienio después una pequeña hueste de reconocimiento (400 hombres) cruzó el estrecho sin encontrar resistencia. El 711, el gobernador de Tánger con unos diez mil hombres invadió la península y venció en el Guadalete al último rey visigodo, Rodrigo. Vino instigado y apoyado por los witizianos, partidarios de los hijos del monarca anterior; pero también por los judíos, punto éste que apunta aunque no desarrolla Conrad. Así los hebreos se vengaron de la persecución sufrida durante el periodo visigodo y obtuvieron del invasor un trato benigno, al menos hasta la oleada de los fundamentalistas almorávides y almohades. La importante complicidad hebrea ha sido estudiada, entre otros, por el máximo especialista español en el periodo, el prof. Orlandis. Conrad equipara la traición judeo-witiziana con la apelación de Atanagildo a los bizantinos y la de Sisenando a los francos; pero estos últimos se dirigieron a cristianos sin las dramáticas consecuencias de la ocupación islámica de la península como ampliación de la ya realizada en la mayor parte de la cuenca mediterránea.

Las poco numerosas tropas norteafricanas, compuestas en su mayoría por reclutas bereberes, ocupan la península en una guerra relámpago. ¿Cómo se explica este hundimiento visigodo? Conrad insinúa que para los hispanos aquello fue un "cambio de dinastía" relativamente "normal". No. La rapidez de la ocupación solo puede explicarse por la interna descomposición de los visigodos, empeñados en una guerra civil, minados por los judíos, y con algunos condes como Teodomiro y Casio, dispuestos a convertirse en dóciles feudatarios del Islam.

¿Se arabizó España? Sánchez Albornoz ha demostrado que la influencia islámica fue muy superficial; pero el autor, sin sumarse al ya refutado extremismo de Américo Castro, se adhiere a una tesis intermedia, fundada en la presunta expansión lingüística del árabe y en una presencia étnica. Ahora bien, la lengua hispano-romana nunca dejó de dominar en la Península (sólo unas cuantas decenas de vocablos españoles tiene raíz semítica), y la aportación de sangre árabe fue insignificante. La huella de la islamización es definitiva en el norte de África, en Turquía y en algunas áreas balcánicas; pero es mínima en el sur de Italia, en Portugal y en España. Esa es la prueba definitiva de la superficialidad de la arabización.

¿Por qué se prolongó la ocupación hasta 1492? Principalmente a causa de las rivalidades entre los reinos cristianos. Sólo la unidad nacional lograda por los Reyes Católicos permitió desalojar a los invasores: los que no quisieron convertirse al cristianismo fueron expulsados en 1525. El autor justifica esta medida contra una minoría cultural y políticamente inasimilable; también rechaza la versión tremendista de la Inquisición, pieza esencial de la Leyenda Negra.

Apoyado en una selecta bibliografía, en la que destacan las investigaciones del profesor Luis Suárez, el autor, con erudita claridad, reconstruye el lento y alternante proceso de la reconquista, convertida en cruzada en los siglos XII y XIII y, luego, debilitada hasta el impulso final en 1492. Este libro es una seria revisión académica de los tópicos que ciertos anacrónicos manuales franceses aún arrastran sobre la historia de España.
Diego Arnedo - LIBROS: Histoire de la Reconquista

http://galeon.hispavista.com/razonespanola/re91-con.htm

 

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¿Por qué gran parte de la autoridad mahometana casi nunca denuncia las posibles – y muchas veces tan evidentes - actividades de terrorismo en las mezquitas italianas, españolas y del orbe?

 

¿Por qué hay tantos imanes al servicio del terrorismo islamista?

 

¿Qué tiene el islamismo tan atrayente al homicidio, terrorismo y crimen?

 

¿Qué hay en el trasfondo del islam tan fértil para atraer al desprecio de la propia vida y obsesionarse para matar la ajena en nombre de Dios?   

 

¿Qué nutre – detrás de las apariencias e intenciones – el islam para tener dificultades en condenar siempre y abiertamente el islamismo terrorista?

 

¿Por qué la clerecía islámica condena ‘a pena de muerte’ sin tapujos ni disfraces, a quien blasfema contra Dios o minimiza al señor Mahoma, o cuestiona al ambiguo Corán como libro iluminado, y no emana ‘fatwas’ contra quienes indiscriminada y bestialmente matan a seres humanos?

 

¡Buenos, caritativos y sinceros musulmanes – amantes de la vida, la paz y de la libertad – a menudo se muestran reticentes en denunciar y limpiar las mezquitas de las actividades terroríficas, tráficos no siempre lícitos y personas implicadas en obras impropias a un lugar de culto!

 

«Y quien calla consiente - o quien consiente, suele callar»

«Hay silencios que matan»

 

“Hoy no es aceptable para quien quiere participar verdaderamente en la sociedad de las Naciones en sentido pleno, y no sólo fingir que reconoce principios para después pensarse si éstos no son conformes al Corán.”

2004.05.

 

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Todas las acciones de terroristas islamistas degradan y corrompen el débil tejido en el que se basa la civilización; el que diferencia civiles de militares, iglesias y campos de batalla.

 

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PNo hace mucho leí a cierto historiador (García Carcel) decir que las loas a España de Alfonso X el Sabio no se puede determinar rasgo alguno de nacionalidad o algo relacionado con lo que sería la "nación española", ya que, según él, son meras alabanzas a la propia tierra, no a España como comunidad nacional o concepto unitario. ¿Qué opina?

 

Que anda muy, pero que muy equivocado. Basta leer el libro para ver hasta qué punto Alfonso X sí que creía en esa nación y hasta qué punto la identificaba con la totalidad de la Península Ibérica. Por cierto, que no era original. Isidoro de Sevilla pensaba lo mismo.

César VIDAL-Dr.historia antigua, filosofía, teología; es abogado,escritor-2005.01.18

 

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El calvario de los cristianos españoles bajo la persecución mahometana, fue bárbaro, persistente e insidioso.

 

 

Algunos comentaristas hablan del Islam calificándolo de religión pacifista, cuando en realidad su extensión por el mundo no se efectuó mediante un proselitismo misionero pacífico, sino con guerras sangrientas; y su intransigencia hacia otras creencias, o la falta de ellas, es una realidad histórica que continúa en nuestros días, como puede comprobarse con sólo visitar cualquier país musulmán.

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Que María, "mujer eucarística" y Madre de la Sabiduría, os ayude en vuestro caminar, ilumine vuestras decisiones y os enseñe a amar lo que es verdadero, bueno y bello. Que Ella os conduzca a su Hijo, el único que puede satisfacer las esperanzas más íntimas de la inteligencia y del corazón del hombre. ¡Con mi bendición!  S. S. Juan Pablo II – 2004.10. Vat.

 

 

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Pedro dejó el lago de Tiberíades para faenar en la iglesia de Cristo

 

San Cipriano (hacia 200-258) obispo de la Iglesia católica en Cartago - África, mártir - De la unidad de la Iglesia católica 

 

“...la paz de vuestro saludo se quedará con ellos.” (Mt 10,13).         El Espíritu Santo nos advierte: “Busca la paz y corre tras ella.” (Sal 33,12) El hijo de la paz tiene que buscarla y seguirla. El que conoce y ama los lazos de la caridad tiene que guardar su lengua del pecado de la discordia. El Señor, entre sus prescripciones divinas y mandatos para nuestra salvación, la vigilia de su pasión, añadió esto: “Os dejo la paz, os doy mi propia paz.” (Jn 14,27) Esta es la herencia que nos dejó. Todos los dones, todas las recompensas que nos promete dependen de la conservación de la paz. Si somos los herederos de Cristo, permanezcamos en la paz de Cristo. Si somos hijos de Dios, seamos pacíficos: “Dichosos los pacificadores” (Mt 5,9). Conviene que los hijos de Dios sean pacíficos, humildes de corazón, simples en sus palabras, unidos por el afecto, de acuerdo entre si, unánimes.
        Esta unanimidad existía ya entre los apóstoles. Así, el nuevo pueblo de creyentes, fieles a los mandatos del Señor, mantuvo la unidad en el amor. De allí la eficacia de su oración: podían estar seguros de obtener lo que pedían a la misericordia de Dios.

 

 

 

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

«La crisis medioambiental es un desafío moral». «Están emergiendo signos alentadores de una mayor conciencia pública de la interconexión de los desafíos que afrontamos --observó--. Y «el malestar provocado por las previsiones de las consecuencias catastróficas de los cambios climáticos despertó a individuos y a países a la necesidad de cuidar el medio ambiente». La delegación vaticana auspició por tanto que estos signos positivos puedan llevar a la «consolidación de una visión del progreso humano compatible con el respeto a la naturaleza, y a una mayor solidaridad internacional en la que la responsabilidad por el cuidado del medio ambiente sea compartida de modo equitativo y proporcional entre los países desarrollados y los que están en vías de desarrollo, entre ricos y pobres». Corresponde a las autoridades asegurar que estos signos prometedores se traduzcan en políticas públicas capaces de detener, invertir el sentido y prevenir la degradación medioambiental, persiguiendo el objetivo del desarrollo sostenible para todos».
Arzobispo Celestino Migliore, observador permanente de la Santa Sede ante Naciones Unidas. 2007.X.31

  

gracias por venir a visitarnos

 

‘CÓMO LA IGLESIA CONSTRUYÓ LA CIVILIZACIÓN OCCIDENTAL’

Ninguna institución ha hecho más para dar forma a la civilización occidental que la Iglesia Católica, y en modos que muchos de nosotros hemos olvidado o nunca sabido. Como la Iglesia construyó la civilización occidentales una lectura esencial para redescubrir esta relegada verdad. De un modo senillo y muy atractivo. 2007.

Autor: Thomas E. WOODS Jr. - Editorial: CIUDADELA. 

 

 

Recomendamos vivamente:

2º ‘Europa y la Fe’. Editor: Ciudadela Libros. Autor: Hilaire Belloc.
Páginas: 237 - ISBN: 978-84-96836-23-5 -

En esta obra se trata con un realismo histórico apabullante el tema de Europa y su relación con la fe católica. No se debería desconocer este ensayo histórico admirable en que su autor explica cómo la Iglesia católica ayudó a salvar a Occidente, en las Edades oscuras, preservando lo mejor de la civilización griega y romana, y cómo los europeos, todavía hoy, nos beneficiamos de instituciones sociales y de forma políticas de indudable origen católico como los Parlamentos. Es muy posible que no se haya escrito una mejor visión de conjunto de la civilización occidental que este libro.

 

¡Laudetur Iesus Christus!

 

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).