Monday 27 February 2017 | Actualizada : 2017-02-03
 
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La abadía de Cluny, el templo mayor del mundo hasta que en el siglo XVI se construyó en Roma la basílica de san Pedro, que llegó a ser uno de los más importantes centros religiosos, que preparó decisivamente el camino a la reforma gregoriana y que se convirtió en potente foco de radiación del románico europeo, está convertida hoy en un montón de ruinas sólo recuperadas para la posteridad en el papel y el diseño. Se cerró y arrasó en el 1790 por la Revolución francesa. Se entiende que no todas las revoluciones son respetuosas con la cultura, ni con el arte, ni con la historia… Millares de manuscritos fueron destruidos y robados, perdidos para siempre e irrecuperables al patrimonio de la humanidad.


  

 

 

Los años de los hombres son ante Dios como un instante.

  

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Es difícil calificar una institución –como la Iglesia Católica que, en sus dos mil años- nos ofrece con sus bibliotecas, monasterios y universidades, nada menos que el ‘patrimonio intelectual de la humanidad’. 


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El nombre de ‘leyenda negra’ es relativamente reciente. Pero el nombre es lo de menos. Importa el hecho. Desde el siglo XVI, se desarrolla en muchos países de Europa una campaña de descrédito contra España y, ciertamente, la ofensiva del protestantismo contra la Iglesia Católica. A partir del siglo XVIII, la campaña contra la reputación  de España y de la religión católica, entra a formar parte de la habitual propaganda de las distintas formaciones masónicas, hasta hoy mismo: 2006- 


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  El decreto del Gobierno revolucionario francés del 1 de agosto de 1793 preveía la "destrucción de la Vendée", tras comprobar los jacobinos que la deportación o la condena a la guillotina de 40.000 sacerdotes católicos entre 1791 y 1792 no había bastado para contener el movimiento contrarrevolucionario en la región. El resultado fue la matanza de entre 150.000 y 200.000 hombres. Los sucesivos decretos de esos años habían querido establecer el alcance de la aniquilación, excluyendo a mujeres, niños, ancianos y, finalmente, "hombres desarmados", pero la realidad fue muy otra y, si bien fueron asesinados todos los varones armados, el baño de sangre fue mucho más allá.

  

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En la ciudad de Angers, en Francia, beatos Guillermo Repin y Lorenzo Bâtard, presbíteros y mártires, que fueron decapitados durante la Revolución Francesa por su fidelidad a la Iglesia (año 1794).


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Inmensa e inestimable destrucción del patrimonio histórico cultural de la humanidad por las fuerzas de la revolución francesa; así fue también con la abadía de Beaupré, destruida durante la Revolución en el año 1792. L´abbaye de Beaupré - cette abbaye de moniales cisterciennes, située sur le territoire de la paroisse de La Gorgue, au bord de la Lys, a existé de 1220 à 1792, soit pendant 572 ans. Elle fut détruite en 1792, pendant la Révolution.


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Una monja guillotinada por un tribunal revolucionario francés por no abjurar de su fe, a los altars - de abril de 1794 y guillotinada

 

Un año después de su muerte, el Directorio lamentó que Marguerite Rutan fuera "sacrificada de una forma inhumana por motivos cuya prueba está todavía por adquirir".

 

El prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, el cardenal Angelo Amato, presidirá la beatificación de sor Margarite Rutan, hija de la caridad de San Vicente de Paúl, este domingo 19 de junio en la ciudad de Dax.

La diócesis, situada en el suroeste de Francia, dedicará tres días de fiesta al acontecimiento, del 18 al 20 de junio.

Los fieles podrán seguir un recorrido tras los pasos de Marguerite Rutan por la ciudad de Dax, así como ver una obra de teatro sobre la vida de la nueva beata, “Marguerite Rutan, una nueva flor abierta para nosotros bajo un cielo más bello”.

Este sábado 18 de junio por la tarde se celebrará una vigilia de oración en la catedral con el cardenal Amato, obispos, Hijas de la caridad, miembros de la Familia Vicenciana y peregrinos.

Tras más de cien años de procesos, la beatificación se celebrará el domingo 19 de junio a las tres de la tarde en Les arènes de Dax.

El obispo de Aire y Dax, monseñor Philippe Breton, presidirá la primera misa en honor a la beata el lunes 20 de junio, con la participación de la Familia Vicenciana y de la diócesis.

Pionera de la acción social Margarite Rutan nació en Metz en 1736. Fue la octava de quince hermanos. Su padre era tallador de piedra, maestro albañil y arquitecto. Su madre, profundamente cristiana, proporcionó a cada uno de sus hijos una educación religiosa seria y el ejemplo de una vida entregada.

En 1757, a la edad de 21 años, empezó su noviciado en la casa madre de las Hijas de la caridad en París.

En 1779, tomó, como superiora, la dirección de un hospital en Dax y rápidamente se convirtió en una pionera de la acción social, con la apertura de una escuela, la acogida de niñas abandonadas,...

Al llegar el período del Terror, las monjas del hospital quedaron encarceladas en el convento de Carmas transformado en cárcel para mujeres, mientras el de Capuchinos servía de cárcel para hombres y el palacio episcopal, de tribunal revolucionario, presidido por Pinet.

En 1792, las religiosas fueron acusadas de robo y en 1793, la hermana Rutan finalmente denunciada y encarcelada la víspera de Navidad.

Fue condenada a muerte por el tribunal revolucionario el 9 de abril de 1794 y guillotinada el mismo día por no abjurar de su fe.

Un año más tarde, el Directorio lamentó que esa mujer fuera “sacrificada de una forma inhumana por motivos cuya prueba está todavía por adquirir”.

http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=16067 – CDV 16.VI. MMXI

 

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EL PROTAGONISTA DEL DÍA ES LUIS XVI, QUE FUE GUILLOTINADO EN LA MAÑANA DEL 21 DE ENERO DE 1793 

 

Explicando la Revolución Francesa la ignorancia es así de atrevida 

 

Javier Paredes. El protagonista del día es Luis XVI, que fue guillotinado en la mañana del 21 de enero de 1793. Veamos con detalle todo lo que sucedió. 

 

A las diez y cuarto el condenado llegó a la Plaza de la Revolución. Al bajar de la carroza se quitó la chaqueta, se desabrochó la camisa de lino y se apartó el pañuelo del cuello. Algunos soldados trataron de atarle las manos pero Luis se negó con indignación: «Haréis lo que se os haya mandado hacer, pero no me ataréis nunca».

 

[]Edgeworth –sacerdote que le asistió- le ayudó a subir los empinados peldaños del cadalso y alcanzado el palco, el verdugo Sanson le cortó la coleta y el rey accedió finalmente a que le ataran las manos, después de que Edgeworth le dijera que ese era "el sacrificio final”.[] Tras esto, Luis XVI  preguntó si los tambores redoblarían durante su ejecución.

 

El condenado, logrando apartarse del verdugo, hizo ademán de volverse hacia el pueblo de Francia pero no lo dejaron, llegando a exclamar: «¡Pueblo, muero inocente de los delitos de los que se me acusa! Perdono a los que me matan. ¡Que mi sangre no recaiga jamás sobre Francia!». El verdugo refirió que el rey soportó todo eso con una compostura y una firmeza que nos asombró a todos nosotros. Estoy convencido de que sacó su fortaleza de los principios de la religión, de los que nadie parecía más convencido y afectado que él. Uno o dos minutos después de las diez y veinte, la cuchilla de la guillotina cayó sin piedad sobre el cuello de Luis XVI.

 

Entonces, un joven miembro de la Guardia Nacional cogió la sangrante cabeza y la enseñó al pueblo paseándose por el cadalso. []La muchedumbre estalló gritando ¡Viva la República! Se empezó a cantar La Marsellesa y algunos espectadores se echaron a bailar en círculo alrededor del cadalso. Otros se entretuvieron en recoger la sangre que se había filtrado a través de los maderos del cadalso, otros la probaron. Un ayudante del verdugo subastó las prendas y el pelo del fallecido. Los guardias civiles, mientras tanto pusieron el cadáver y la cabeza en un cesto de mimbre que colocaron en un carro. El carro se dirigió al cementerio de la Magdalena, donde fue enterrado. 

 

 Y al día de hoy en las aulas de nuestros colegios se sigue explicando la Revolución Francesa como el advenimiento de la libertad, la igualdad y la fraternidad… La ignorancia es así de atrevida. 

2014-01-21 /www.diarioya.es 

 

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Gracias a la Revolucion Francesa


por Adriana I. Pena


La Revolución Francesa tuvo en la Iglesia, con toda la persecución y brutalidad a que se sometió, un resultado postivo, que fué eliminar la corrupción que la monarquía borbónica había impuesto a Esta (piénsese en lo que Francia hizo a los jesuítas - no se limitó a expulsarlos, o incautarles los bienes, sino que exigió que el Papa los disolviese como orden -algo que los Estados mas anticlericales hoy en día no soñarían hacer). La Revolución permitió hacer una limpieza a fondo, liberarse del lastre de muchos que nunca debieron usar hábito, y dar un nuevo impulso a la obra de la Iglesia

 

"Bienvenidos sean los tiempos dificiles, porque traerán la depuración de los cobardes"

Jose Antonio Primo de Rivera

"Dependa en ello, señora. La certidumbre de ser ahorcado el día siguiente concentra la mente de la manera más maravillosa" Doctor Johnson


¿Hay algo que celebrar en la Revolución Francesa? Como experimento no podría ser mas desastroso. No sólo no cumplió sus promesas, sino que llevó a un país próspero y tranquilo a la ruina, y lo obligó a saquear sus vecinos para sobrevivir. La palabrería que la acompañó sólo sirvió para acumular cadáveres, y esa palabrería siguió creando estragos muchos años después.

Sin embargo, hay algo que agradecerle.

En el museo de Cluny, en Paris, pueden verse los fragmentos de las estatuas de Notre Dame de Paris, destruídas por los revolucionarios (en Notre Dame se ven restauraciones). Verlas enseña lo que verdaderamente significó la Revolución Francesa, y sus pretensiones de traer la felicidad a la humanidad. Pero no es ésa la la verdadera lección. Esta se halla en los vitrales de Notre Dame. Hermosos vitrales fueron allí destruidos.. Verdaderas joyas de vidrio y luz fueron rotas y reemplazadas por vidrios transparentes.

Pero... el vándalo responsable no fue ningún revolucionario, sino el “muy católico”, Borbón, rey Luis Quince, quién despreció los tesoros tradicionales por ser "toscos" y "anticuados" y los reemplazó con lo que era la última moda. Si hubiesen tenido tiempo, los monarcas borbones que le siguieran hubiesen ellos mismo destruído las estatuas, reemplazándolas con hermosas ninfas desnudas.

La lección es amarga, y dificil de digerir. Los revolucionarios atacan, a sangre y fuego, a una Iglesia francesa, que, humanamente, está podrida por dentro - una Iglesia domada y castrada por los reyes de la dinastía borbónica. El daño que la monarquía borbónica francesa - y otras monarquías de la epoca- infligieron a la Iglesia es inconcebible hoy en día.

Los reyes borbones crearon "la Iglesia de Estado", una iglesia subserviente al poder temporal - que servía a los fines de este, en vez de los de la Religión. Era una Iglesia en la que el rey nombraba a los obispos y los abades y abadesas - raramente personas adecuada para el cargo - para gratificar cortesanos o dar un buen pasar a fieles servidores. Todos, en el fondo, pensaban como Isabel Tudor quien creía que los eclesiásticos eran sus empleados, y que ella podía nombrarlos y echarlos a su gusto

Esa era una época que vió niños de pecho nombrados obispos, y abades de nueve años, sin que nadie se asombrase por ello. Era una época en la que abades nombrados "a dedo" ponían a eclesiástico mal pagado a administrar la abadía, y con las ganancias se iban a París a darse la gran vida -- las grandes abadias de la Edad Media, que habían sido centros de devoción y cultura, fueron convertidas en fuente de recursos para escandalosos libertinos (tal el abate de Choisy, notorio travesti).

Era una época en la que los cardenales y obispos se paseaban en carroza con sus amantes. . Era una época de cardenales políticos, como Richelieu quién, por razones de Estado, se aliaba a protestantes alemanes en contra de la católica Austria. O cardenales como Alberoni, cuya carrera tomó vuelo despues que besó - literalmente - el culo de un influyente noble. Era una época en la que los conventos eran en su gran mayoría pensiones de solteronas de rango y honorable retiros para las ex-favoritas del rey - y la vida mundana que se llevaba allí poco tenía en común con la Regla original. Era un época en que si un Estado tenia una querella con una orden religiosa, como la de los jesuitas, no se limitaba a expulsarla o confiscar sus bienes, sino que exigía - y obtenía - que el Papa la aboliese por completo.

Grandes santos vivieron en aquellos tiempos: Santa María Margarita Alacoque, San Francisco de Sales, Santa Juana de Chantal, San Vicente de Paul, Santa Luisa de Marillac, San Luis de Monfort, Santa Angela Merici, y tantos otros. Pero con todas sus virtudes ellos no podían cambiar una jerarquía corrompida por el poder - y esta jerarquía les puso innmumerables obstáculos en su camino; el más notorio de ellos fué la imposición de la estricta clausura de las ordenes femeninas - una imposición contra la que se estrelló San Francisco de Sales con sus planes para la orden de la Visitación, y fué por fin evadida por San Vicente de Paul , mediante malabarismos legales y semánticos, para mantener activas sus Hijas de la Caridad. Contra esa imposición batallaron Mary Ward, Margarita Bourgeoys y Maria Poussepin, cuando fundaron órdenes activas de mujeres. Aquellos mismos prelados que se paseaban con sus amantes en carroza, haciendo desfilar el vicio por las calles, exigían que las mujeres virtuosas de la iglesia se escondieran y no las viese nadie, como si la virtud fuese una vergüenza.

Los grandes santos no pudieron solucionar del todo los problemas la Iglesia - solo dar una visión de que otra Iglesia era posible. Hay que reconocer que si Voltaire y otros miembros de la Ilustración no respetaban la Iglesia, la Iglesia humana que conocían en Francia no era respetable..

¿No es posible ver la Providencia en la Revolucion Franciesa que destruyó todo eso? Que, gracias a Dios, lo destruyó a tiempo, cuando existían los gérmenes de regeneración? No fué coincidencia que la tragedia de la familia de Luis XVI transcurrió en la prison del Templo. Aunque mucho - y malo - se ha escrito sobre los Templarios y su fin, la verdad es sórdida. El rey de Francia, Felipe el Hermoso, querelló con el Papa, Bonifacio VIII, por cuestiones de impuestos. Felipe invadió Roma, apresó al Papa, y lo ultrajó. Cuando Bonifacio muere poco después, Felipe nombra otro Papa, que será su títere. Y este Papa satisface la codicia de Felipe, montando el proceso por herejía a los Templarios, torturándolos hasta que confiesan los crímenes mas inverosímiles, ejecutándolos, y entregando sus riquezas a Felipe. Con el Templo comenzó la gran corrupción de la parte humana de la Iglesia - y hay cierta simetría en que termine en el Templo.

Los sufrimientos de la Iglesia bajo la Revolución fueron muchos, crueles, e inmerecidos, porque en vez de caer sobre los corruptos, cayeron sobre aquellos que llevaban una verdadera vida cristiana. Pero doloroso como fué, resultó útil para la regeneración.

El cínico, disoluto, Talleyrand cometió un acto de decencia - renunció a su cargo eclesiástico para entregarse por completo a la diplomacia, y esta honestidad suya inaugura la época en que los cargos eclesiásticos y los del Estado dejan de confundirse.

Los ministros de Dios no seran más ministros del Estado. La disolución de los conventos y la expulsión forzosa de sus habitantes asegura que nadie permanezca en el convento que no tenga una verdadera vocación religiosa.

Cuando la tempestad abate, la Regla puede recuperarse, porque no hay allí nadie que desee llevar una vida mundana. Nadie queda de aquellos para quienes la Iglesia es sólo un buen pasar. Solo permancen aquellos que tiene verdadera devoción, y voluntad de sacrificio - hasta niveles heroicos.

La corrupción es difícil de erradicar en una jerarquía, porque todo funcionario corrupto quiere alrededor suyo secuaces como subordinados - no personas honestas y sinceras que les estorben las intrigas. Así la corrupción se propaga hacia abajo. Dado que la subjección al Estado había puesto a personas corruptas en los mas altos niveles: obispos, arzobispos, y cardenales, era muy dificil encontrar un eclesiástico en la jerarquia en quién confiar.

Pero siempre hay reservas morales. En tiempos pasados,cuando la gran Reina Isabel quiso regenerar la Iglesia española no acudió a la jerarquía corrompida, donde sólo se podia encontrar boato y corrupción, sino a una austera celda franciscana, para sacar de allí al Cardenal Cisneros. De igual maneral, hay otra reserva moral que servirá de fuerza regeneradora en el siglo XIX el XX: las órdenes religiosas femeninas activas.

La Iglesia sometida al absolutismo regalista apartaba a las mujeres de las funciones públicas, y a las religiosas de cualquier presencia mundana. Este régimen de purdah resultó en una reserva de energía y fuerza de voluntad a la que la corrupción no había tocado - excepto en lo que tocaba a la relajación de la Regla, un problema resuelto por el éxodo forzado por los revolucionarios.

La Iglesia sobrevive la tempestad revolucionaria gracias a las mujeres. Hay algunas órdenes femeninas activas, como las Hermanas de Caridad, o las Hermanitas de San José, o las Hijas de la Sabiduría, o las órdenes que se dedican a la educación - y estas órdenes prueban su valer cuando el Cristianismo es proscripto y se vueve a la Iglesia de las catacumbas. Véase esta descripcion de las actividades de las Hermanitas de San José:

"Cristo, hostilizado en sus sacerdotes no encuentra Martas más devotas que las Hijas de San José. Ellas le dan asilo en sus casas, ellas lo conducen al lado de lo moribundos, ellas convocan los fieles a las misas clandestinas, ellas preparan las primeras comuniones, ellas obtienen la bendición nupcial a los que se casan. Su contacto permanente con la población les permiten llevar de puerta en puerta las consignas del obispo legítimo o los documentos pontificios; son ellas, con muchachas piadosas y con "beatas", con cristianos intrépidos, quienes reparten las circulares del 10 de marzo y del 13 de abril de 1791 en las que Pío VI condena la Constitución Civil del clero, y vuelve a traer al seno de la iglesia muchos equivocados..."

(Y un diputado de la Haute Loire se queja así de ellas en 1792 por su obstinación en la "superstición" ---- "Hay ciertas congregaciones de mujeres, bajo el vocablo de San José... que se han hecho charlatanas; unas son abogadas, otras médicas farmaceúticas y hasta cirujanas. Dejaríais entonces subsistir en los campos estas alimañas que las devoran, y conservaríais sus establecimienos que son el reparo y el impuro refugio de los curas refractarios?").

Las órdenes contemplativas dan mártires, de gran coraje y fé, pero faltas de contactos con la población general, no pueden participar en la iglesia de las catacumbas, como hacen mujeres que sí tienen ese contacto.

La Revolución es la gran forja donde se revela heroísmo inusitado. Basta rehusarse a abandonar el hábito religioso para ser condenada a muerte. O continuar obras de caridad.

Julia Billiart, inválida, da lecciones de catecismo y aconseja a los fieles. Por eso debe escaparse de las autoridades, escondida en un carro de heno. Marie Rivier ve la escuela, donde ella educaba niños gratuitamente, disuelta por "supersticiosa". Ella no se amedentra y guía a los fieles a misas clandestinas, celebradas por sacerdotes fugitivos. Julia Postel, es otra maestra que no se amedrenta. Tal es su actividad que los sacerdotes le confían la Eucaristía, con autorización para administrarla a enfermos y moribundos. Otras maestras, como la laica Francoise Mezière, pagan con su vida el seguir eseñando. También pagan junto a ella las Hermanas del la Caridad Françoise Trehet y Jeanne Veron, a la par que Marie Lhuilier canóniga hospitalaria de la Misericordia de Jesús. La intrépida Catherine Jarrige (conocida como Catinon Menette) es una verdadera Pimpinela Escarlata - esconde sacerdotes y los ayuda a trasladarese dondes se los necesita - de tal manera que según ella ningún fiel donde ella vivía se vio privado de los servicios de la Iglesia.

Otras mujeres que se ilustrarán mas tarde tienen en la Revolución el momento definitivo de su vida - sea Claudine Thevenet que a los 15 años ve a sus hermanos llevados a la guillotina, sea Rose Philippine Duchêsne, tratando de rehacer una vida religiosa despuer de ser obligada a dejar su covento, sea Emilie de Rodat haciendo su primera comunión en la Iglesia clandestina, o sea Juana Elizabeth Bichier des Ages que debe representarse a sí misma en las cortes para reclamar su herencia confiscada, y que pasada la tormenta, organiza reuniones de plegarias y lecturas de las Escrituras donde no hay sacerdotes.

Acabado el Terror, hay que reconstruir. Se reorganizan las Hermanitas de San José bajo la Madre Fontbonne. Ella recibe en la Hermanitas un grupo de jóvenes que llevaban vida contemplativa, y al aceptarlas les hace entregar sus cilicios y otros instrumentos de mortificación. El tiempo de la vida contemplativa ha pasado. Es preciso ser activa en el mundo, y bastantes mortificaciones les traerá el servicio al prójimo . Julia Billiart se convierte en una educadora notable.. Julia Postel, educará niños y cuidará cuidar enfermos. Marie River fundará escuela tras escuela. Rosa Philippine Duchêsne ingresa en una orden educacional, y es enviada a América a fundar escuelas mientras trata de alcanzar su sueño de envagelizar indígenas. Claudine Thevenet recoge muchachas desamparadas y les enseña un oficio que les permita ganarse la vida honestmente. Emilie de Rodat funda escuelas gratuitas, al alcance de los más pobres. Juana Elizabeth Bichier des Ages educa muchachas pobres, les ofrece refugio para no caer en la mala vida, y además cuida enfermos terminales.

Todas estas mujeres empezaron lentamente, atendiendo a las necesidades inmediatas más cercanas, y atrajeron otras mujeres a colaborar y continuar su obra - creando así órdenes religiosas. Y tras ellas muchas otras (algunos nombres, al azar, son Maria Teresa Haze, Maria de Mattias, Pauline von Mallinckrodt, Eugenia Milleret de Brou, Teresa de Jesus Gerhardinger, Anne Marie Jahouvey, Caterina de Santa Rosa de Viterbo...) Eran mujeres indomables, de coraje a toda prueba, y genio organizador - las mujeres que siguen su liderazgo, con incesante labor de hormiga, crean escuelas, hospitales, asilos de ancianos, orfanatos, casas de rescate para prostitutas, fondos para liberar esclavos, universidades - su alcance parece infinito. Con ellas renace el espíritu de las grandes abadesas de la Edad Media :Walburga, Lioba, Ita, Brígida, Hilda, Gertrude, Hildegarde. Y tambien el de Fabiola de Roma, la inventora de los hospitales y hosteles para peregrinos.

La tradición contemplativa no sufre por esto. Al contrario, al no tener que ejercer más de pensionados de solteronas, los conventos de siglos XIX y XX albergan místicas dignas de los mejores tiempos de la Iglesia. Las Hijas de Santa Teresa ofrecen Teresa de Lisieux -, Doctora de la Iglesia, Isabel de la Trinidad, María de Jesus Crucificado, Teresa de los Andes, Teresa Benedicta de la Cruz- patrona de Europa, y la Madre Maravillas. A ellas hay que agregar Faustina Kowalska, tan querida por Juan Pablo II. También se encuentran místicas en las órdenes activas, la alemana María del Corazon Divino une a su apostolado una rica mística que sólo conoce su confesor, y la zapatera española Angela de la Cruz, a pesar de sus pocos estudios, deja una obra escrita que se compara con los clásicos de Santa Teresa de Avila y de San Juan de la Cruz..

La faz de la Iglesia cambia gracias a ellas, y cambia también la actitude de la gente hacia ella. Por ejemplo, Bertilla Boscardin trabaja junto a un médico escéptico. En otros tiempos, este médico hubiese creído las calumnias más inverosímiles sobre monjas - pero cuando la conoce a ella, se vuelve creyente y más tarde testificará en su juicio de canonización.

La jerarquía es más lenta en recuperarse, por la razón citada, y porque con reyes y sin ellos, en muchos lugares los obispos son nombrados por el gobierno de turno - consultando al Vaticano como gran concesión. Muchas veces son ministros anticlericales - algunos de ellos verdaderos furibundos al respecto - quienes deciden quién puede o no puede ser obispo. En estas circunstancias, los eclesiásticos desarrollan sus dotes de cortesanos e intrigantes, y se prestan a juegos políticos y conspiraciones de poca sabiduría - con resultados que que ponen a prueba la fé de los fieles.

Pero esto no importa - el gran paso se ha dado. Cuando María Micaela Desmaisieres, con el coraje de Juana de Arco invade un antro de vicio para rescatar una víctima de sus garras, ella pone las cosas en su sitio. El vicio no se paseará mas en carroza mientras la virtud debe esconderse tras altos muros y rejas. A la virtud le corresponde campear abiertamente por las calles, pregonando su ejemplo, mientras que el vicio debe esconderse siempre, porque es vergonzoso..

Así la Iglesia recupera su independencia y su fuerza moral. Un gran trecho ha transcurrido desde los tristes días de la subjeccion a los monarcas, y todavía hay camino que transcurrir.

Por todo esto hay que "dar gracias" a la Revolución Francesa. Cruel y sanguinaira como fué, llevó a cabo una cirugía más que necesaria. Lo intentaron para mal, pero el Señor hizo que se hiciera para bien.

·- ·-· -······-·?Adriana I. Pena

2009.XII. http://www.arbil.org/117revo.htm


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NAPOLEÓN – Las tropas napoleónicas en 1798 saquearon de los ‘museos vaticanos’, 546 obras de arte. Fueron destruidas o desaparecidas nueve (9) piezas de gran valor histórico; 248 piezas nunca restituyó la Francia y gran parte de ellas están en las salas del Louvre-Paris con la mofa-etiqueta: adquirido en 1798.

La Francia fue obligada por una Convención de Viena, a restituirlas a sus originarios y verdaderos propietarios, entrega solo 289 obras, las demás siguen siendo robadas.


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Descontando la pompa gabacha, en su opinión ¿el balance histórico de la Revolución Francesa es positivo o negativo para la Cultura Occidental? 

  

Creo que es negativo a corto plazo - guerras napoleónicas - y a largo plazo - confianza sagrada en la revolución, uso del terror como arma, etc - y además innecesario porque casos como los de Estados Unidos e Inglaterra demuestran que se podía avanzar hacia la democracia sin necesidad de chapotear sobre la sangre. 

Este Diálogo ‘L.D.’ con César Vidal tuvo lugar el martes 20 de diciembre entre las 17:00 y las 18:00 horas. España. 


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Europa - tiene su base en la única fuerza que es capaz de aunar la herencia cultural helénica, el derecho romano y el avance de la Ciencia: el Cristianismo". Esta es la conclusión del historiador Luis Suárez, catedrático emérito de la Universidad Autónoma de Madrid. Suárez recuerda que el progreso europeo fue posible gracias al Cristianismo. En efecto, la creación de bibliotecas en territorio europeo por Isidoro de Sevilla, fueron impulsadas gracias a los padres de la Iglesia como Benito o Alejandro Magno, quienes consideraron que el progreso se basaba en el conocimiento, no en el atesoramiento de riquezas.  

 Además, Suárez recordó que los derechos humanos no nacieron con la revolución francesa de 1789, sino que fueron inicialmente formulados por el Papa Clemente VI, quien, en 1346, pronunció por vez primera los derechos humanos de la libertad, la vida y la propiedad. En este contexto, negar las raíces cristianas de Europa, como pretende Francia y Bélgica, en el tratado constitucional parece un intento de construir una Europa de mercaderes, en lugar de una comunidad humana. "El término Europa fue inicialmente pronunciado por San Beda el Venerable en el siglo VII para referirse al territorio en el que el Cristianismo había llegado a arraigarse", concluye Suárez.  2004-02-27 – Agradecemos a Hispanidad.com


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“Los griegos nos inventaron en buena medida. Sobre todo al definir un tipo de vida colectiva, un tipo de actitud religiosa y también una forma de pensamiento , de inteligencia, de la que somos en gran parte deudores. La historia de Occidente comienza con ellos”. Juan Pierre VERNANT.

“El libro de cristiandad es como el agua, como la sangre: riega la vida del alma”.  Monique DOSDAT.


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Medioevo - La gran figura histórica del emperador Carlomagno evoca las raíces cristianas de Europa, remitiendo a cuantos la estudian a una época que, a pesar de los límites humanos siempre presentes, se caracterizó por un imponente florecimiento cultural en casi todos los campos de la experiencia. Al buscar su identidad, Europa no puede prescindir de un esfuerzo enérgico de recuperación del patrimonio cultural legado por Carlomagno y conservado durante más de un milenio. La educación en el espíritu del humanismo cristiano garantiza la formación intelectual y moral que forma y ayuda a la juventud a afrontar los serios problemas planteados por el desarrollo científico-técnico. En este sentido, también el estudio de las lenguas clásicas en las escuelas puede ser una valiosa ayuda para introducir a las nuevas generaciones en el conocimiento de un patrimonio cultural de inestimable riqueza.


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Durante el luminoso medioevo - En términos cuantitativos, las catedrales góticas son tan asombrosas como las Pirámides egipcias. Sólo en Francia, durante noventa años, desde 1180 a 1270, se vio la construcción de 80 catedrales y casi 500 abadías.


UNIVERSIDADES - La síntesis del saber teológico, filosófico y de otras ciencias realizada por las Universidades en los siglos XIII y XIV, en que se forma el Humanismo, es impensable sin el cristianismo.


Iglesia - entre 1200 y 1400 se fundaron en Europa 52 universidades, 29 de ellas a carácter «pontificias». Según orden de antigüedad, no en importancia, puesto que la de París fue la más destacada, las fechas de fundación parecen ser las siguientes: Palencia (1208-12), Oxford (1214), París (1215), Padua (1222), Nápoles (1224), Salamanca (1228), Toulouse (1229), Bolonia (1230). Valladolid fue fundada a mediados del S. XIII (1250).


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“Las doctrinas centrales del cristianismo fueron capaces de inspirar y sostener relaciones sociales y organizaciones atractivas, liberadoras y eficientes”. Fueron las doctrinas de la Iglesia las que permitieron que el cristianismo se encontrara “entre los movimientos de revitalización más formidables y de mayor éxito en la historia”. Con los cristianos aparece un Dios que, de hecho —algo nunca visto hasta entonces—, se preocupa por todos los seres humanos, que los ama con locura y que pide y espera de sus seguidores un amor semejante entre ellos y fuera de ellos, incluso a sus enemigos y a quienes no les entienden. La Buena Nueva del cristiano,  era dos veces buena y nueva, pues al dar a la humanidad un Dios amoroso y misericordioso daba también a los hombres y a las mujeres su auténtica humanidad.


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500 años de cultura - Los Museos Vaticanos surgieron hace quinientos años en los jardines vaticanos, cuando el Papa Julio II colocó el grupo de mármol del Laocoonte, descubierto el 14 de enero de 1506, en un viñedo cerca al Coliseo. «Se trata de un aniversario que quiere recordar la historia de siglos de cultura y de arte que los pontífices romanos promovieron con constancia y competencia, recogiendo las obras del pasado para preservarlas del olvido y de la destrucción, destinándolas a las generaciones sucesivas». ?«En momentos en que se habla de los museos como lugares de encuentro, de contacto y diálogo, de madurez y de reflexión entre religiones, culturas, experiencias y distintas concepciones del mundo, los Museos Vaticanos interpretan hoy, más que nunca y de manera ejemplar, este papel»

Por este motivo, recordó, S. S. Juan Pablo II los definía «una de las más significativas puertas de la Santa Sede abiertas al mundo». MMVI.II


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Transcribiendo manuscritos, almacenando códices, propulsando el saber, acumulando ciencias y libros, creando las Universidades y protegiendo el arte, las instituciones de la Iglesia asientan bases contra la ignorancia ciudadana... y la burla de la inteligencia. Papa Nicolás V* (1397 † 1455), indicaba tal finalidad con las palabras: "Pro communi doctorum virorum commodo", "Para la utilidad y el interés común de los hombres de ciencia". Análogamente subrayada por el Papa Sixto IV** al nacer el Renacimiento: "Ad decorem militantis Ecclesiae et fidei augmentum", "Para decoro de la Iglesia militante y para la difusión de la fe".

*Al siglo Tommaso Parentucelli, nacido en Sarzana-It. el 15 de noviembre de 1397 y † Roma el 24 de marzo de 1455 (PP. entre 1447 y 1455).

**Al siglo Francesco Della Rovere, nacido en Albisola-Savona-It. el 21 de Julio de 1414 y † Roma, 12 de Agosto de 1484 (PP. Entre 1471 y 1484).


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«No hay poder político más inquebrantable que el que se asienta sobre la ignorancia ciudadana. …y la burla de la inteligencia».


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 REVOLUCIÓN FRANCESA E HISTORIA DE ESPAÑA

 

  La revolución francesa, al contrario que la norteamericana, invocó los derechos humanos para aplastar los derechos de los ciudadanos, alzó la bandera de la tolerancia para destruir a los discrepantes, y la de la libertad para practicar el terror y el genocidio. Así lo vieron Burke o el intelectual alemán F. Von Gentz, cuyo estudio comparativo saludó calurosamente el presidente norteamericano. J.Q. Adams, porque anulaba la "infortunada imputación" de una identidad básica entre ambas revoluciones. Basta considerar la historia convulsa del continente europeo en los siglos XIX y XX y la mucho más estable y productiva de los países anglosajones, para apreciar la diferencia.


Suele llamarse a la revolución francesa cuna del orden democrático actual, pero también se la puede considerar fuente del desorden de los revolucionarismo totalitarios y los hipernacionalismos, hijos del jacobinismo galo. El terror, el genocidio, la guerra total, rasgos del siglo XX, se cocieron en la teoría y la práctica jacobinas.


En España podemos observar la diferencia entre el liberalismo conservador, promotor de una convivencia aceptable y de casi toda la construcción de un estado moderno como ha mostrado el historiador Seco Serrano en un reciente libro, y el liberalismo jacobino, siempre epiléptico, capaz de poner en peligro la propia subsistencia de la nación. Lo último queda probado por las dos grandes ocasiones del jacobinismo: el sexenio inaugurado con la revolución de 1868 y la II República. Paradójicamente, muchas de las medidas propugnadas por los jacobinos (exaltados, progresistas, republicanos) eran razonables y sensatas, pero el espíritu violento, irrealista hasta la alucinación, con que las aplicaban término por justificar los peores recelos de la sociedad hacia la democracia, en cuya bandera se envolvían con desparpajo los exaltados. Las experiencias jacobinas han contribuido siempre a retrasar el reloj de la historia española.


Hace unos años, Julio Cerón escribía sobre la transición posfranquista, que fue una obra maestra de consenso y sensatez en muchos aspectos. Él se quejaba, supongo que en broma, por la pérdida de la tradición política española de arrebato, alucinación y chifladura. No es una tradición española, sino jacobina. Opino que la diferenciación entre liberalismo conservador y jacobino nos da una clave fundamental de la historia de España en los siglos XIX y XX, idea intuida por algunos, pero aún no desarrollada como merece.

Pío Moa. Libertad Digital  29.I.2001


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La abadía de Cluny, , está convertida hoy en un montón de ruinas sólo recuperadas para la posteridad en el papel y el diseño. Se cerró y arrasó en el 1790 por la Revolución francesa, tras sus ataques destructivos hacia todo lo que era cultura y belleza, tradición y cristianismo.-

  

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1792- Una muestra de la decapitación artístico-cultural

  

¿Comparte usted las opiniones de Furet y Chaunu sobre la Revolución Francesa? ¿Que fue violenta y totalitaria desde el principio? Esa era también la posición de Burke.


Seguramente hubo quien no lo vio así pero el enorme peso de la masonería garantizaba que ese fuera el desenlace. ¿Qué se puede esperar de las acciones de una sociedad secreta? Este diálogo con César Vidal tuvo lugar entre las 17.00 y las 18.00 del martes 10 de octubre 2006. L.D.ESP.


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La Abadía de Cluny fue fundada por Guillermo I El Piadoso, duque de Aquitania, en el año 909, en favor de una primera comunidad benedictina regida por Bernón. El segundo abad fue san Odón.


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San Mayolo 906 + 994

«Dilexit Ecclesiam» amó a la Iglesia Católica




Mayolo o también Mayeul nació en el año 906, en la pequeña villa de Valenzola. Sus padres murieron pronto, cuando Mayolo era aún muy joven. Le obligan a salir de sus tierras los sarracenos que van haciendo incursiones desde España.-

Termina sus estudios en la escuela de Lyon de donde regresa para instruir en filosofía y teología al clero local, recibir el diaconado. Como el ministerio del diaconado lleva consigo preparar la mesa a los pobres.

Cluny la abadía recientemente fundada -en el 910, bajo la advocación de san Pedro apóstol, será su casa desde entonces.Se observa estrictamente la Orden de San Benito de Arriano.-

Con el abad Mayolo es cuando la abadía más resplandece por su rectitud, disciplina y espíritu de reforma, volviéndose hacia ella los ojos de los príncipes, emperadores y papas. La reforma propugnada por Cluny pasa a los monasterios de Alemania a petición del emperador Otón I y de la emperatriz Adelaida.-

Las abadías de Marmontier de Turena, San German de Auxerre, Moutier-San-Juan, San Benito de Dijon y San Mauro de las Fosas, en las proximidades de París, conocen la reforma cluniacense en Francia. El mismo papa Benedicto VII encomienda al abad Mayolo la reforma del monasterio de Lerins.-

Cansado de trabajos y pensando que su misión estaba concluida, propone se elija a su fiel discípulo Odilón para sucederle y renuncia a ser abad. Pero, aunque anciano ya, le queda todavía una última aventura reformadora.-

Hugo, el fundador de la dinastía de los Capetos, le pide como rey de Francia que regrese a París para introducir la reforma en la abadía de san Dionisio; se puso en camino pero muere en el intento generoso de mejorar ese monasterio; en Souvigni, el 11 de Mayo del año 994, casi nonagenario, muere el reformador Mayolo, uno de los hombres más eminentes de la cristiandad del siglo X, organizador insigne que preparó el estallido de vitalidad del siglo XI

La abadía de Cluny, , está convertida hoy en un montón de ruinas sólo recuperadas para la posteridad en el papel y el diseño. Se cerró y arrasó en el 1790 por la Revolución francesa.



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CLUNY Y EL MOVIMIENTO CLUNIACENSE



            Cluny es fundado como monasterio en una villa, de una gran propiedad cercana a la ciudad de Mâcon. El fundador y propietario de aquella villa era Guillermo, Conde de Mâcon, que se hacía llamar Duque de Aquitania. La fecha de la fundación fue el 11 de septiembre del 909/910. Guillermo ha recordado esta fundación en un solemne y largo documento de extraordinaria importancia en la historia de la vida monástica. En él se nos informa sobre los motivos de la fundación, dentro de la "arenga". (El documento ha sido traducido al italiano por Glaudo María Cantarella).


            Podemos señalar algunos pasajes del texto:

                        En la "arenga" podemos leer:


            "Esta claro para todos los que tienen la capacidad de considerar sanamente las cosas, que la disposición de Dios ha decidido para los ricos, que de los bienes que poseen transitoriamente, de ellos harán buen uso y así puedan conseguir los bienes que siempre permanecerán... Por ello yo, Guillermo, por el don de Dios, Conde y Duque, considerando con solicitud, y queriendo proveer para mi salvación, e considerado bien hecho y también absolutamente necesario confiar para provecho de mi alma una parte de los bienes que me han sido otorgados temporalmente. El que no se veo como se pueda de ninguna manera o de ningún modo hacer más justamente, sino según el precepto de Cristo: "me haré amigo de sus pobres", y con el fin de que tal acción no temporalmente, sino continuamente sea desarrollada, sustentaré con mis riquezas a aquellos que se recojan en profesión monástica". (No nos habla del lugar dónde se puedan encontrar los monjes, ya que en la Edad Media, primero se funda el monasterio y luego los monjes se encuentran fácilmente, ya que no había falta de vocaciones).


            A continuación sigue la "dispositio", que es la parte más importante del documento:


      "Por lo tanto a todos los que viven en la unidad de la fe y esperan la misericordia de Cristo, y se sucederán unos a otros, y vivirán hasta la consumación del siglo, sea sabido que por amor de Dios y de Nuestro Salvador Jesucristo, los siguientes bienes de mi legítima propiedad transmito de mi señoría a la de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, es decir, la Villa de Cluny "cum cortile et manso indominicato" (cortile quiere decir el centro de un poder "fundiario", es decir, casa y jardín, la hacienda que el señor tiene bajo control propio, pero no sólo consiste en una hacienda, sino que es también el centro administrativo de toda una villa, de toda la propiedad) y la capilla que allí está en honor de la Santa Madre de Dios, María y de San Pedro, Príncipe de los Apóstoles, con todas las pertenencias, valga decir villas, capillas, siervos de los dos sexos , viñas, campos, prados bosques, agua y cursos de agua, molinos, vías de acceso y de salida, culto e inculto, en toda su integridad. Todos estos bienes se encuentran en la corte de Mâcon y en sus contornos y cada uno tiene sus precisos límites.

Guillermo hace una extensa relación de todo lo que puede donar, que no es sólo el terreno, que de suyo es muy extenso, sino incluso los habitantes que viven en este terreno. Todos los siervos de la gleba que viven allí no pueden sin más dejar este territorio, sino que son regalados al futuro monasterio. De gran importancia son los molinos que dona, como las vías de acceso y salida, ya que en este momento las vías de comunicación eran muy escasas. Tras la descripción llegamos a la decisiva intención de Guillermo  : la fundación debía asegurar a un cierto número determinado de personas la salvación eterna, lo cual es un ejemplo que se repetirá en otras fundaciones.

 Todas estas cosas a los sobredichos Apóstoles, yo Guillermo y mi mujer Ingelberga, dono antes que nada por amor de Dios y después por el alma del Señor mío el Rey Otón, (era el Rey Franco Occidental del 888-898, que fue el primer intento de los Robertini de acceder a la dignidad de Rey, que fue un intento fallido ya que Otón en realidad no superó nunca la oposición de los demás nobles, pero no obstante Guillermo lo recuerda en el acto de la fundación de Cluny.) de mi padre y mi madre, por mi mi mujer, es decir por la salvación de nuestras almas y cuerpos, y no menor por la salvación de Avana (la hermana del Conde Guillermo) que estos bienes me ha concedido por derecho testamentario... (recuerda a toda la gran familia) y por nuestros fieles que son devotos en nuestro servicio (son los vasallos, o mejor los vasallos del vasallo, ya que Guillermo es también vasallo del Rey Franco Occidental, aunque se comporta como un Señor autónomo e independiente que ha sometido a otros vasallos y que son sus fieles y le prestan un juramento de fidelidad) por la estabilidad e integridad de la religión católica... Establezco con este don, que en Cluny sea construido un monasterio con regla (el texto latino dice  : monasterium regularis, pero Cantarello ha traducido mal, diciendo monasterio de regulares, pero no es exacto que el autor del documento haya querido decir esto, sino que habla de un monasterio que siga una regla, la cual se especifica más tarde al hablar de la de San Benito) en honor de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, y que allí se congregen monjes que vivan según la Regla de San Benito, que posean los sobredichos bienes a perpetuidad, tengan, lleven y organicen  ; para que allí haya un venerable asilo de oración con oraciones y súplicas sea frecuentado (se espera también la visita de gente laica) y se busque y elija con todo deseo e íntimo ardor la vida celeste, y asiduamente oraciones, invocaciones y súplicas sean dirigidas al Señor, tanto por mi como por todos aquellos que más arriba se ha hecho memoria."

            La novedad del documento la encontramos en la parte siguiente, dentro de la "dispositio"  :

      "Y estén estos monjes con todos los bienes supraescritos bajo el poder y la señoría del Abad Bernón, que mientras viva, decidirá él según cuanto sepa y pueda, y tras su muerte tienen los monjes licencia y potestad de elegir como su abad y rector a cualquiera de su rango(el texto latino dice ordine, pero en este momento no existe ninguna orden, sino sólo monasterios individuales) según lo que agrada a Dios y según la Regla de San Benito, sin que sean impedidos en tal religiosa elección por ninguna contrariedad de nuestro poder o de cualquier otra persona. (por tanto una libre elección abacial, que estaba prevista en la Regla de San Benito, pero en la gran mayoría de los monasterios de la Edad Media era casi siempre un privilegio, ya que los monjes no tenían la posibilidad de elegir al propio abad según su parecer, sino que recibían un abad de afuera, impuesto en general por el señor al que pertenecía el monasterio, ya sea un laico, un obispo o en el caso de los monasterios imperiales era el emperador o el rey el que nombraba al abad) Cada cinco años los monjes paguen a Roma para la iluminación de los sepulcros de los Apóstoles diez sueldos y tengan la protección de los propios Apóstoles y la defensa del Romano Pontífice".

   Después el fundador induce a los monjes de tener cuidado hacia los mendigos, necesitados  y peregrinos, y subraya que "los monjes no se den al juego, ni nuestro ni de nuestros parientes, ni de cualquier potestad terrena y tampoco a los fastos de la regia majestad, ni alguno de los príncipes seculares, algún conde, ni algún obispo, ni del Pontífice de la supradicha Sede Romana, para invadir los bienes de estos siervos de Dios."

            De la lectura del documento podemos concluir algunos elementos fundamentales  :

            1.- Cluny se convierte en propiedad de los Apóstoles Pedro y Pablo, no es un don al Papa. Se excluyen todos los derechos de la familia del fundador. Se renuncia incluso a los derechos de la iglesia privada.

            2.- El monasterio deberá pagar una pequeña cantidad cada año a San Pedro y San Pablo, como reconocimiento de su propiedad, pasando a ser el vasallo de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo.

            3.- Libertad de toda ingerencia de la parte laica y también episcopal, que es la famosa "libertas romana".

            4.- La fuerza dada a la "potestas et dominatio" del abad, como nuevo lugarteniente de S. Pedro.

            Cluny desde el comienzo tiene la gran ventaja de crecer dentro de un movimiento político, en una zona protegida de las grandes tempestades políticas. El fundador Guillermo de Aquitania era también conde del condado de Mâcon, en el cual se encontraba Cluny. Este condado de Mâcon teóricamente pertenecía al reino de Francia, pero el rey franco occidental de este momento (909-910), era un carolingio, Carlos III el simple, un rey lejano y débil que ni siquiera es mencionado en el documento de donación. Además este condado se encontraba en el ducado de Borgoña, que como tal pertenecía al reino franco occidental, pero el rey francés que vivía en la zona de L´Ille de France, era muy débil y debía nombrar a Vicardo, conde de Auxerre, ya que no podía él directamente esta zona. Así mismo se encuentra cerca de la Burgundia superior y de la Provenza o Burgundia inferior. Los primeros monjes de Cluny venían de la Burgundia superior, Borgoña. En esta zona, que no era muy fuerte, Cluny se podrá desarrollar libremente.

            El papel del abad de Cluny era muy importante. El primer abad que viene mencionado en el documento de donación era Vernone, abad de la abadía de Baume, que se encontraba en Borgoña, morirá en el 926, trasfiere de su monasterio una observancia a Cluny que estaba modelada según la observancia de Aniano del tiempo carolingio. Después de Vernone vendrán una serie de abades muy longevos  :

1.- Odón (927-942).

2.- Aimardo (942-954).

3.- Magiolo (954-994)

4.- Odilón (994-1049)

5.- Hugo I (1049-1109).

            Los abades eran designados por los predecesores, y después viene la ratificación por parte de la comunidad.

            En los siglos X y XI se produce una rápida e imprensionante expansión del monacato cluniacense contemporáneamente al influjo político y social en toda Europa. Las principales causas de esto son  :

1.1.-Organización  :

Cluny es el primer intento, todavía imperfecto, de la formación de un orden religioso en occidente. El modelo al cual Cluny se inspiraba era el de un monasterio principal al cual se unían conventos dependientes. Cluny ha desarrollado consecuentemente este modelo bastante conocido en la época carolingia. La finalidad era tener en dependencia todos los monasterios que aceptaban la forma impuesta por Cluny, no sólo reformar en el sentido de la propia forma, sino hacerles depender del monasterio central. Por eso abadías que fueron reformadas por Cluny, en general perdieron el rango abacial y pasan a ser simples prioratos. A la cabeza de estos prioratos figuraban los cinco hijos de Cluny, que son los grandes monasterios y prioratos de  :

1)    Souvigny (921).

2)    Sauxillanges (950)

3)    La Charité-Sur-Loire (1059).

4)    Lewes (1078).

5)    Saint Martin-Des-Champs. (1079).

            Estos grandes prioratos tenían a la cabeza un gran prior y podían tener bajo su responsabilidad otros prioratos que eran dependientes de Cluny. Estos prioratos eran nunmerosos, por ejemplo la Charité tenía 52 prioratos dependientes en varios países. Cuando se trataba de monasterios muy famosos Cluny hacía compromisos y se conformaba con el reconocimiento de una supremacía del abad de Cluny, que podía supervisar la elección del abad de las abadías dependientes que poseían su propio abad o prior

1.2.-Ideal eclesiológico  :

Desde el siglo XI la expresión Clunyacensis ecclesia designa la totalidad de todos los profesos cluniacenses, todos los que han hecho profesión monástica bajo el monasterio de Cluny, sin tener en cuenta su residencia o su carrera eclesiástica. Su jefe era el abad de Cluny.

            Ordo Clunyacensis debemos distinguirlo de la Cluniacensis ecclesiae. No significa orden de Cluny, sino que quiere decir la forma de vida monástica practicada en Cluny y fijada en la costumbre, que se desarrolló en varias etapas hasta el año 1000, el 1015 y posteriormente. El ordo cluniacensis no estaba unido a la misma cogregación sino que podía ser asumido por otros. Era algo que podía ser enseñado, no era una organización sino el modo de vivir. De este modo encontramos muchos cluniacenses que no pertenecían a la congregación de Cluny, los llamados neo-cluniacensis, siendo uno de sus representantes más conocidos el abad Guillermo de Dijon, fundador del monasterio de Fructuaria próximo a Turín.

            El centro de la vida cluniacense era la liturgia solemne, la cual poco a poco suplantó a todas las demás actividades de los monjes. Al comienzo era una liturgia similar a la de los monjes carolingios, pero a partir del año 980, Cluny comienza a aumentar las oraciones litúrgicas, de modo que 100 años después los monjes cantaban durante el invierno cada día por lo menos 215 salmos. Podemos decir que en general el oficio divino ocupaba más de 7 horas al día, con dos misas cantadas al día, además de las numerosas misas privadas de los monjes sacerdotes, frecuentes procesiones. Donde más se engrandecía la liturgia era en las principales solemnidades del año.

            El ideal de iglesia que Cluny quiere representar se refiere expresamente a representar un ideal eclesiológico, la oración por la iglesia, sino la representación de la oración de la iglesia. Esta imagen no era triunfalista sino escatológica. El pensar en el juicio final estaba muy presente en Cluny.

1.3.- Cluny y el mundo del feudalismo :

Si bien tenia el privilegio de la libertad romana, Cluny no pensó desvincularse de la mentalidad del feudalismo. En el interior de la organización utilizaba conceptos feudales. La relación de cada monje con el abad de Cluny seguía el modelo del vasallaje. El señor del monasterio era el abad. Cada monje en el momento de la profesión ofrecía también el homenaje al abad. La mayor parte de los monjes procedía de la nobleza, de la cual también provenían los "oblatii", que después de alguna experiencia desagradable Cluny disminuyó su número para evitar la afluencia de gente que no tuvieran una verdadera vocación. El peligro de una merma del nivel espiritual viene desviado mediante el derecho del abad de designar al propio sucesor y mediante la posibilidad de mandar a los monjes impíos a los prioratos aislados. El propio monasterio de Cluny era grandísimo, pero muchos monasterios dependientes en Francia Italia y España eran muy pequeños y muy aislados con 3-5 monjes.

            Cluny también tenía relaciones con los señores laicos de casi toda Francia y de otros países. Al mundo laico Cluny ofrecía no sólo el sercicio de la oración por los benefactores sino también el nuevo ideal de santidad, que fue presentado por el abad Odón en la "Vita del Santo conde Gerardo de Aurillac" muerto en el 909, en ella afirma que no sólo la vida en un monasterio era una vía segura para la santidad, sino que un caballero también podía llegar a ser santo si sigue en cuanto le es posible el ideal monástico. Este era el primer paso hacia una espiritualidad laica que se va a desarrollar durante los primeros siglos posteriores a la edad media.


2.- CONCIENCIA COMUNITARIA Y CUIDADO DE LOS POBRES EN CLUNY.

            Comprendemos en este epígrafe la asistencia comunitaria y social. Según la concepción de Cluny, no sólo los vivos pertenecían a la CLUNIACENSIS ECCLESIAE, sino también los miembros difuntos: sus nombres fueron registrados escrupulosamente en los libros necrológicos. También los no monjes podían ser admitidos en tales listas como hermanos asociados; era una gracia que ambicionaban incluso los príncipes y obispos, para lo cual daban ricos dones al monasterio. Los sufragios por los hermanos difuntos no eran sólo una característica de Cluny, sino que se hacía en todos los monasterios de la época, pero en Cluny la memoria de los muertos tomaba una forma única en la historia del monacato. El abad Odilón introdujo para la salvación eterna de los monjes difuntos la siguiente práctica: después de la fiesta de todos los santos, el 2 de Nov. , la conmemoración de los difuntos. Al comienzo era sólo una memoria de los monjes difuntos de Cluny, no para todos los cristianos, pero luego este día se extendió a todos los fieles difuntos. Más importante eran los sufragios que se hacían en el aniversario de la muerte de un monje. Las oraciones rituales para la salvación de su alma eran completadas con ricas limosnas que se daban a los pobres.

            En el siglo XII encontramos 18 nombres en las necrologías, lo cual quiere decir que al menos se daban durante ese año 18 comidas, aunque en realidad eran muchas más. Por ejemplo, cuando moría un monje, durante treinta días seguidos, su ración de comida se daba a un pobre. Las dimensiones de esa asistencia social han sido descubiertas en los estudios recientes.

            Cluny en este siglo XII, a pesar de sus vastas propiedades, se encontraba en una seria crisis financiera porque el número de difuntos aumentaban constantemente y a la par el número de comidas se tenía que repartir a los pobres. El abad Pedro el Venerable, en tiempos de S. Bernardo, limitó el número de comidas diarias a 50.


3.- REFORMA MONÁSTICA DE LORENA EN EL SIGLO X.

            Hasta los años 50 en nuestro siglo, se pensaba por los estudiosos que Cluny había sido la cuna de todas las reformas monásticas del siglo X que encontramos en varios países occidentales. Tras los estudios de Casius Hallinger esta afirmación no se puede sostener. Junto a Cluny e independientemente surgían otros centros de renovación monástica, pudiendo hablarse de un poligenismo de las reformas monásticas del siglo X, que al principio eran independientes, pero que en una segunda fase de su desarrollo se encontraron y opusieron, aprendiendo unas de otras. El movimiento más influyente fue la reforma LORENENSE, así llamada por Hallinger o reforma de GOTZ, nombre del  monasterio más importante.

            El monasterio de san Gorgonio en Gotz, está situado en el ducado de la Lorena superior. Fue fundado en tiempos carolingios, antes del 757, por el obispo Crodegando de Metz, un contemporáneo de S. Bonifacio, colaborador del rey Pipino I. desde el inicio era un monasterio propio del obispo de Metz. Después de un primer florecimiento en el siglo VIII, decaerá en el IX a causa de la injerencia de la nobleza lorenesa, la cual disponía del monasterio imponiendo abades laicos. Este decaimiento fue detenido por otro obispo de Metz, el enérgico Adalberone I, el cual ofreció el monaterio a un grupo de clérigos que deseaba una vida ascética común. En la primavera del 934 comienzan su vida en común tomando como base la regla de S. Benito y las Consuetudines Carolingias, haciéndose una comunidad benedictina. En este mismo momento, otro obispo de Lorena, Dauselino de Tours, ciudad vecina a Metz, renovó un monasterio propio, el monasterio de Saint Evre. Poco después lo hará el obispo de Verdum con un programa semejante. Incluso en la ciudad de Treveris se sintió la necesidad de renovación, allí será el monasterio de S. Maximino el que se abra a tal impulso poniéndose en contacto con el grupo de Gotz. Por lo tanto tendremos algunos intentos de restauración, que al inicio eran más o menos independientes, pero que después serán un gran impulso común que llegará a todo el imperio otoniano. Entre los primeros que se abrieron a estos impulsos de renovación podemos señalar el monasterio de S. Pantaleón en Colonia, fundación del duque Bruno, hermano de Otón I; otro en Ratisbona, en Fulda, etc. . Toda esta corriente de renovación llegará a través del monasterio de S. Maximino de Treveris. En general tomaran las Consuetudines de este monasterio, después pedirán abades y monjes del mismo para una renovación interna de la comunidad. Todos aquellos monasterios reformados o nuevamente fundados gozarán de la protección y de la benevolencia de los otones. Otón I madó en el 953 a uno de los fundadores de Gotz, al abad Juan de Vandieres, a la corte del califa Abderramán III de Córdoba.

            Los monasterios pertenecientes a la reforma lorenense no pretendían una organización congregacional, como en Cluny, sino que insistían en su propia autonomía. Esta es ya una gran diferencia con Cluny; por ello no tuvieron dificultad de colaborar con el rey y con los obispos. No tenían aquella Libertas romana que tuvo Cluny y por ello tenían que colaborar con el rey y los obispos locales. Las Consuetudines eran comunes a todos: el estilo de vida y la memoria litúrgica por los monjes difuntos (incluyendo las de otros monasterios reformados). Consecuencia de la hermandad de oración era que se intercambiaban entre los monasterios las listas de los difuntos.

            Una segunda ola de la reforma lorenense se constata a partir del 996, cuando los obispos de Metz y Tours encargan a un cluniacense, Guillermo de Dijon, fundador del monasterio de Fruttuaria (Italia), una nueva reforma de los monasterios de sus diócesis. No se sabe si los monasterios lorenenses tuvieron en ese momento una necesidad de reforma, probablemente no, pero Cluny era tan conocido que los obispos querían abrir sus monasterios también a las Consuetudini de Cluny, sin confiarlos a Cluny, pudiendo así retenerlos como propios, pero que fueran influenciados por ese espíritu. Guillermo introdujo usos cluniacenses que se sobreponían a las más antiguas Consuetudines lorenenses. Esta reforma es denominada Reforma Neogotziense. Influyó mucho en la iglesia imperial por medio de Ekberto, monje de Gotz, muerto sobre el 1076, que llegará a ser abad al menos de un monasterio (Schwarzach), que se convertirá en el centro de irradiación de la reforma neogotzciense y que llegará hasta Austria y el Norte de Alemania. En la segunda mitad del siglo XI se habla de Gotz como la fuente de religio monástica. El influjo de Gotz en el  imperio termina en la segunda mitad del siglo XII.

            Otro centro de reforma monástica en Lorena fue el iniciado por Gerardo de Brognes cerca de Namur en el 923. Gerardo era un señor feudal de Lorena que funda en Brognes (919) un monasterio que al inicio era una comunidad de canónigos, pero que después, tomando el propio fundador el hábito benedictino en la abadía de Saint Denis, cerca de París, se transformará en una abadía benedictina de la que llegará a ser su abad. Gerardo pronto mostró su capacidad de organizador y reformador y se puso al servicio de príncipes que deseaban reformar los monasterios que estaban bajo sus dominios: el duque Hiselberto de Lorena y el conde Arnolfo I de Bélgica. El centro de irradiación se centró en el monasterio de S. Pedro de Gante; este lugar pertenecía al reino franco occidental pero se encontraban tan lejano que había llegado a ser prácticamente un principado o condado independiente. Este monasterio de S. Pedro extiende su importancia más allá del horizonte local ya que uno de los reformadores ingleses, Dunsatano, abad de Glawsgory, encontró refugio al huir de Inglaterra (955-59), siendo su estancia en el monasterio una de las raíces de la reforma monástica anglosajona de la segunda mitad del siglo X.


4.- RESTAURACIÓN DE LA VIDA MONÁSTICA EN INGLATERRA.

            A causa de las incursiones vikingas la vida monástica, que hasta finales del VIII era muy floreciente, desapareció casi completamente en el IX. El mérito de haber promovido valerosamente unas narración de la vida monástica en Inglaterra se debe al rey Edgar (959-975). El gobierno de Edgar era la edad de oro de la Inglaterra anglosajona. En su política se empeñó en incluir a los escandinavos y a los vikingos que se habían establecido definitivamente en algunas partes de Inglaterra, en medio del pueblo sajón original. Este era el primer objetivo de Edgar que llegó a conseguir, siendo el paso preliminar para la extensión de la Iglesia en Inglaterra y Escandinavia.

            También se ocupó de una restauración de los monasterios. La renovación monástica del s. X se debe a la colaboración del rey con tres famosos monjes:

            1.- Dunstano, luego arzobispo de Canterbury

            2.- Ethelwold, más tarde obispo de Winchester.

            3.- Oswald, que llegó a ser obispo de Münster.

            Todos ellos conocían los monasterios reformados en el continente, por lo que la reforma inglesa es la transposición de varios impulsos de la reforma continental a la Isla. Dunstano además de Gante conocía Fleury, muy fiel al programa de Benedicto de Anniane, que no quiso nunca aceptar del todo la reforma cluniacense para poder permanecer autónomo e independiente de todo influjo externo. Por todo ello Fleury será la segunda fuente de la reforma inglesa. También recibirán otros influjos procedentes de Lorena.

            El rey Edgar hizo posible la transformación de tres catedrales importantes de Inglaterra en monasterios benedictinos, conservando su carácter de catedral: Canterbury, Winchester y Münster. Esto significa que en ellas el cabildo era un monasterio benedictino y su abad era el obispo de la diócesis. Esta es una situación única en occidente y continuará en Inglaterra hasta 1539, cuando Enrique VIII suprime de un golpe todos los monasterios. Al fin de la vida del rey Edgar unos 30 monasterios masculinos y femeninos se habían fundado o renovado. El objetivo era una observancia monástica estrecha con exclusión de cualquier influjo de patrones laicos y fundadores. Esto fue posible porque en Inglaterra el rey era muy fuerte, más que en todos los territorios y zonas de Europa. En torno al 970 convocó el rey un sínodo en Winchester y pidió a los obispos, abades y abadesas presentes que se pusieran de acuerdo sobre un modo uniforme de vida monástica que vinculase a todos. El resultado es un famoso texto Regularis Concordia Anglicae Nationis, que es un códice de Consuetudines promulgado por el sínodo de Winchester y por el rey Edgar

            Una particularidad inglesa era la relación establecida por la Regularis Concordia con el rey y la familia real. En los monasterios masculinos se oraba regularmente por el rey y en los femeninos por la reina. El rey Edgar logró cubrir toda Inglaterra con una red de monasterios que estaban libres de toda dependencia feudal, sometidos sólo al rey. Esta legislación daba al rey un gran número de personas obligadas a orar por la familia real y le garantizaban un poderoso apoyo eclesiástico como soberano. Esta reforma terminará con la invasión de los normandos en el 1066, entrando así el monacato cluniacense en Inglaterra.

 

5.- ACTIVIDAD MISIONERA DE LA IGLESIA IMPERIAL OTONONIANA.

            A veces se piensa que la iglesia del medievo no estaba interesada en la misión, y que esto es algo más propio de la iglesia del siglo XIII, pero esto no es cierto. La iglesia hizo grandes esfuerzos misioneros, primero con la evangelización de los germanos y luego, celtas, y también comenzó a trabajar con los pueblos eslavos. Lo mismo ocurre con la Iglesia bizantina, que hizo esfuerzos misioneros en los Balcanes y hasta Rusia. Entonces la Iglesia medieval, de la época, tenía gran conciencia de deber trasmitir el mensaje cristiano a otros pueblos. Hay que tener en cuenta que el mundo medieval era un mundo muy pequeño. El mundo musulmán estaba fuera de su alcnace, incluso muchas zonas eran totalmente desconocidas.

            Podemos decir que una de las preocupaciones de Otón I era la difusión de la fe cristiana. Él volvió su atención hacia el Norte, Dinamarca, Polonia y Hungría y hasta Rusia. Pero el centro de sus intereses estaban los pueblos eslavos que habitaban entre el Elba y el Oder.

            El pueblo más septentrional eslavo, al confín con el imperio, eran los abodriti, que ya habían tenido relación con los francos desde tiempos de Carlomagno. Más al Este, siempre bajando, estaban los Vilzi o Lutizi ; no se trata en este caso de pueblos uniformes, sino más bien de confederaciones de tribus eslavas ; también estos eran conocidos por los francos y habían reconocido en el 812 la hegemonía del imperio franco. Finalmente, más al sur, los Sorvi, y todavía hoy existe una pequeña parte de este pueblo en Alemania, que ha conservado a través de los siglos la lengua eslava : se llaman sorvi (serbios). Estos son los primeros que se han sometido a los sajones ya en tiempos del rey Enrique I en los años 20-30 del siglo X. Otón I, luego del ascenso al trono había continuado la política de conquista de aquel pueblo iniciada por su padre y por este motivo, Otón I instaló una serie de marcas : es la misma política de los carolingios que Carlomagno había seguido no sólo en el este del imperio carolingio, sino también en España. La instalación de marcas como un primer paso para una integración de estas zonas, de estas regiones del mismo imperio. Aquí hay varias marcas que Otón I instaló. Una marca en Turingia ; luego una oriental, un término muy genérico. Una marca del norte, y finalmente, cerca del mar Báltico, que no tenía un nombre y que había sido confiada a un conde de su familia, el conde Billung.

            Como en el caso de Carlomagno, también bajo Otón I no faltaron los fracasos y sobre todo la confederación eslava de los lutizi se mostró agresiva con respecto a la propia independencia, rechazando el cristianismo ; pues el cristianismo era para ellos la religión del vencedor.

            Debemos decir que los medios que dispuso Carlomagno para la conquista y evangelización de Sajonia, eran mucho mayores de los que tenía Otón I. Este se podía apoyar sólo en los sajones, mientras Carlomagno tenía tras de sí todo el imperio franco. Los sajones, el pueblo más importante bajo los otones, no estaban interesados en cristianizar a los pueblos vecinos eslavos ; su motivo era que mientras los pueblos vecinos eran paganos, podían hacer incursiones y traer el botín, con la excusa del paganismo, si se convertían, eran hermanos, y entonces tales expediciones no serían ya posibles, y por lo mismo la nobleza sajona no tenía gran interés por cristianizarlos.

            A pesar de que los sajones no están dispuestos a colaborar en la evangelización de los eslavos, sin embargo bajo Otón I se dieron pasos adelante en ese campo de la misión. Según él mismo no bastaba un reconocimiento de soberanía sajona ante los pueblos eslavos, el soberano, según Otón I es también responsable de la salvación eterna de sus súbditos, no sólo es un político que cuida del buen orden del imperio sino también una persona que guía hacia el cielo, y por lo mismo su trabajo miraba a la misión y al dominio. Según una declaración solemne de Otón I, el aumento de la veneración de Dios garantiza la salvación y la estabilidad del reino.

 

6.- FUNDACIÓN DE LA ARCHIDIOCESIS DE MAGDEBURGO.

            Se encuentra junto al Elba, sobre la frontera. El nacimiento de esta diócesis es el fruto de una colaboración de muchos intereses, no sólo del emperador, o del Papa, sino sobre todo de los Obispos de la región. Es un proceso que duró 30 años, pues ni él ni el Papa lograron doblegar la oposición de los obispos interesados. Sólo cuando, todos aquellos obispos que se oponían, murieron, pudo al final erigir la diócesis

            La primera etapa de la fundación de Magdeburgo comienza en el año 937. Otón I funda en Magdeburgo un nuevo monasterio benedictino y hace venir par este, monjes de la abadía de san Maximino de Treveris. Aquel monasterio que era una de las fuentes de la reforma monástica lorenense. Otón I dedica este nuevo monasterio de Magdeburgo a San Mauricio, un santo guerrero. Desde el inicio este monasterio había sido dotado de ricos dones; esto hace pensar que Otón I al fundar este monasterio, tenía ya en mente una segunda etapa, la actividad misionera desde este monasterio, no un monasterio cualquiera, mirando hacia los pueblos eslavos (este). Un decenio después, en el 948, Otón I comienza a fundar obispados en esta zona intermedia, no insertadas todavía en el imperio:  Brademburgo; al inicio eran prácticamente diócesis sin fieles. Eran puntos de apoyo para una evangelización posterior. Al mismo tiempo Otón I promueve la fundación de los primeros obispados en Dinamarca. Son tres:

            1.- Ribe.

            2.-

            3.-

            Son fundados con la ayuda de Otón I (948). Es interesante que la fundación de estos obispados daneses habían sido posibles, pues el nuevo rey danés Araldo, mostraba simpatías hacia el cristianismo y de hechos se convirtió después del 960. Este era un primer paso para la cristianización de Dinamarca. Estas tres diócesis danesas queridas por Otón I estaban bajo el arz. de Bremen-Hamburgo, pero Otón I no tenía el dominio sobre Dinamarca y no aspiraba a conquistarla, pero se interesaba por la difusión del cristianismo. Estos tres obispados daneses no se trataba todavía de una organización de una iglesia local; sino que eran núcleos misionales para la penetración de la fe cristiana.

            Si quisieramos hablar de una estrategia eclesiástica de Otón I en aquel momento, deberíamos decir que la expansión de la fe cristiana, por medio de las nuevas diócesis, dependía de dos arzobispados : Bremen-Hamburgo para todo el norte de Europa y Maguncia para todo el Este. Esta era la idea de los años 40-50 de Otón I. Estos dos deberían sentirse responsables de la misión: uno hacia el norte y otro hacia el este.

            La tensión de otón se extendió enseguida hacia el sudeste, es decir el territorio de los sorbi. Y entre ellos trabajaba ya desde tiempo atrás como misionero un monje bávaro de nombre Ozone. Trabajaba con gran dedicación pero con un éxito muy modesto, cuando trató de convertir a los sorbi al cristianismo. Había hecho de todo. Al fin había traducido en lengua eslava las principales oraciones litúrgicas. Había vuelto a hacer la experiencia de los hermanos Cirilo y Metodio un siglo antes, pero el fracaso de este misionero refleja las acostumbradas dificultades de una misión desde abajo. Que se trata de ganar a la gente con la convicción. Este modo de hacer la misión no funcionó. Ya habían hecho intentos en este sentido los monjes iro-escoceses, sin el apoyo de la política de un principado o un rey. Simplemente con la predicación y el convencimiento. Los éxitos eran siempre muy modestos, prácticamente nulos. Desde el principio los misioneros sajones se basaban en el poder franco. En el caso de los otones vemos de nuevo como es difícil llevar un testimonio cristiano al pueblo eslavo. Se necesitaba de hecho una misión venida desde arriba. Sabiendo esto podemos entender la gran rebelión de los eslavos del Elba (983) bajo Otón II, que va junto con la destrucción de las iglesias y la expulsión de los misioneros. Exactamente lo mismo que habían hecho los sajones bajo Carlomagno. Pero durante el gobierno de Otón I todo parecía caminar bien. Poco antes de la batalla del río Lech (955) contra los húngaros, Otón había proemtido solemnemente la erección de un monasterio o de una diócesis, en honor del santo del día (10 agosto), San Lorenzo, y quería fundar este monasterio o diócesis, como centro misionero en Meersburg. Este proyecto estaba visto no sólo como centro de misión entre los eslavos, sino como un paso de una organización más amplia. Si bien la iniciativa era de Otón, colaboró con el Papa. En vísperas de la victoria sobre los húngaros parece que Otón propuso al Papa Agapito II erigir el monasterio de Magdeburgo, en metrópoli de una provincia eclesiástica, que abrazara todos los obispados de la región eslava.

            En una segunda etapa después de la batalla del 955 el Papa dio una respuesta positiva a la erección de Magdeburgo como metrópoli misionera, pero este proyecto es rechazado por dos obispos;

1-    El obispo de Halbestadt, donde se encontraba la diócesis de Magdeburgo.

2-    El arzobispo de Magdeburgo Guillermo, hijo de Otón I

            Estos dos obispos no habían sido consultados previamente por Otón antes de acudir al Papa. La oposición fue tan fuerte que Otón tuvo que desistir por el momento de su plan.

            La tercera etapa fue en el 962 después de su coronación imperial en Roma por Juan XII. El Papa dio autorización a Otón para erigir el monasterio de Magdeburgo en archidiócesis y de erigir Meersburg como diócesis, comunicando el Papa al pueblo no sólo la coronación del emperador sino también las disposiciones de las nuevas diócesis. Pero ni siquiera el Papa pudo imponer su proyecto por la negativa del obispo de Halbestadt, que no estaba dispuesto a ceder, y sin la autorización del obispo al que se le lesiona sus derechos, no se podía erigir una diócesis ni siquiera el Papa. Otón demostró paciencia en vez de cólera, siguió esperando.

            La cuarta etapa en el 967 con ocasión de un viaje de Otón a Italia por una rebelión antipapal, se vuelve a encontrar con el Papa (Juan XIII) en Rávena para discutir los problemas políticos y eclesiásticos de entonces. Magdeburgo llega a ser sede metropolitana con Branderburgo y Halvelberg como sedes sufragáneas. El Papa autoriza al nuevo metropolita y a sus sucesores para nombrar otros obispos, cuando y donde sea necesario. En particular son mencionados tres lugares:

1-    Meersburg.

2-    Zeitz.

3-    Meissen.

            Este privilegio prevee una provincia eclesiástica nueva, con una circunscripción bien precisa, que comprende cinco sedes sufragáneas. Es interesante comparar al respecto, las decisiones de Juan XII (tercera etapa) y Juan XIII (sólo cinco años después), pero se puede constatar como el papado toma en sus manos el asunto.

            En el 963, bajo Juan XII, es Otón el que lleva la misión, en el 967 el Papa quiere que la propagación de la fe llegue en nombre de un mandato pontificio. El derecho de fundar otros obispados es delegado al arzobispo respectivo y no más al emperador, y la archidiócesis al Papa.

            En todo esto podemos ver como el papado bajo los otones crece y es una autoridad supranacional, no es sólo obispo de Roma, sino que asume de nuevo la autoridad de la iglesia occidental y latina.

            La ejecución del mandato viene apoyada porque poco después (968) mueren los dos grandes opositores del proyecto: el arz. Guillermo de Magunzia y el obispo Bernardo de Halvestadt, que hasta el último momento era contrario a una disminución de los propios derechos, para ceder terreno en favor de una nueva archidiócesis.

            Esta erección ofrecía al emperador la posibilidad de elegir personar de su confianza como arzobispo. Escogió a un monje benedictino que ya era obispo (abad del monasterio de Weissemburg), Adalberto. Este tenía ya experiencia misionera, ya que fue mandado por Otón a Rusia cuando la gran duquesa de Rusia Olga pidió a Otón misioneros y un obispo para el principado. Adalberto fue mandado por Otón en el 961 a Kiev, pero su misión falló, quizás porque el monje consideró la misión como un castigo.

            En la quinta etapa, y definitiva, de erección de Magdeburgo como sede, Adalberto es nombrado arzobispo pero tenía la necesidad del palio, y Otón lo manda a Italia para recibirlo (Oct. 968 lo recibe de Juan XIII).

            Hubo diferencias entre el Papa y el emperador en todo este asunto. Otón nombró a Adalberto metropolitano de toda aquella zona de los eslavos y todas aquellas gentes convertidas y por convertirse. El debía de ser, en la mente de Otón, el centro misionero, responsable de toda la población eslava más allá del Elba. En cambio el Papa en su decreto sólo habla de los eslavos recién convertidos. Se impuso la decisión papal, aunque Magdeburgo se convirtió en la sexta sede metropolita del reino teutónico:

1-    Maguncia.

2-    Treveris.

3-    Colonia.

4-    Salisbrugo.

5-    Bremen.

6-    Magdeburgo.

 

7.- IGLESIA DE BOHEMIA

            En el 950 el duque Woleslao I se convirtió en vasallo del imperio y como tal tomó parte en la batalla del río Lech contra los húngaros. Su hijo Woleslao II continuó esta política filo-germáncia. La cristianización del país comenzó en el siglo IX; es poco probable que la misión de los apóstoles eslavos Cirilo y Metodio hayan tenido algún efecto también sobre Bohemia. Ellos habían trabajado en Moravia. Los primeros indicios de una presencia cristiana en Bohemia indican más bien a  Baviera como la fuente del cristianismo, especialmente el monasterio de la catedral de Ratisbona, san Everardo. La misión debía hacerse desde arriba, no era posible desde abajo.

            El centro de la familia noble era la ciudad de Praga; desde el 928-29 Bohemia dependía prácticamente, como reino vasallo de Alemania (Sajonia). El príncipe bohemo que se había sometido al rey sajón enrique I, había sido Wenceslao I. Este fue asesinado por su hermano Woleslao probablemente en el 935. Wenceslao llega a ser el primer santo eslavo, es el patrón de la Bohemia y más tarde llega a ser el símbolo de la nación checa, sobre todo contra los alemanes y más tarde contra los austríacos.

            La administración eclesiástica de Bohemia continuó confiada a la diócesis de Ratisbona. Pero aquel duque Woleslao I, quería un obispo propio, no dependiente de Ratisbona y así Otón I en cuanto señor del reino vasallático, fundó en el 975 la diócesis de Praga y puso como primer obispo un monje sajón. El patrón de la catedral de Praga era san Vito. La nueva diócesis de praga fue agregada a la provincia eclesiástica de Magonza, y no a Salzburgo que era la más cercana, hay dos hipótesis de porque fue así: una priemra que nos dice que el duque de Bohemia quería una cierta autonomía y Salzburgo estaba demasiado cercana, y una segunda que habla de compensación por la pérdida de parte del territorio al fundarse la diócesis de Magderburgo.

            El resultado de la evangelización, a pesar de la creación de la diócesis de Praga, al principio era muy modesto. Más importante es el hecho, que el sucesor de este primer obispo era un eslavo Adalberto Voitech. Este había estudiado en Magdeburgo, fue obispo en 983. Llegó a ser el segundo obispo de Praga, pero su episcopado fue muy infeliz. Era un hombre muy rígido, que en vano luchó contra las deficiencias morales de su clero, contra sus fieles, medio paganos, quiso por encima de todo aplicar las leyes canónicas, además era representante de la segunda más grande familia de Bohemia: los Slavnik, que por su rivalidad con otra familia preponderante provocaban una situación llena de dificultades. De hecho muy pronto el duque Woleslao se decidió a no apoyar los intentos separatistas de los Slavnik, que vivían más al este de Bohemia. Para comprender porque aceptó a Adalberto como obispo podemos pensar que lo que buscaba era un compromiso con su familia para así poder dominar mejor todo el país. La posición de Adalberto como obispo no era del todo clara: o era obispo de una iglesia territorial bohemia o era un obispo imperial como el resto. Él se consideró obispo imperial, simplemente no quiso estar bajo el duque bohemio, prefiriendo someterse al emperador ante quien quería responder. Todo ello hizo que Adalberto fallara como obispo y dejase el país encaminándose hacia Roma. Allí ingresa en el monasterio de S. Bonifacio en el 990, donde hubiera quedado feliz sino llega a ser que su metropolita, el arzobispo de Maguncia, no le hubiera exigido enérgicamente el regreso a Praga. Así Adalberto retornará a su diócesis de la que una vez fracasado volverá de nuevo a Roma, donde presencia la coronación de Otón III (Mayo 997). Tras la coronación se celebrará un sínodo del que obtiene como única concesión convertirse en misionero, si su grey de Praga verdaderamente no lo quería como obispo. Toda su familia será asesinada salvándose sólo él y su hermano que se encontraban casualmente en Polonia. Un regreso a Bohemia era imposible por lo que en el 996 aceptará la invitación del duque polaco, Woleslao Chrobry para trabajar como misionero en los confines septentrionales de Polonia. Su labor misional será muy breve ya que morirá martirizado el 23 de Abril del 997 por mano de paganos prusianos. El duque Woleslao buscará el cuerpo de Adalberto trasladándolo a la ciudad de Gniezno, pues presentía el valor de tal reliquia para su reino. Adalberto fue canonizado en el 999 por el Papa Silvestre II a instancias de Otón III, Polonia tenía desde el principio de la evangelización un santo mártir conocido en todo el occidente.

 

8.- LA CRISTIANIZACIÓN DE POLONIA Y HUNGRÍA

8.1.- POLONIA

            Como en casi todos los casos del Este de Europa la formación de estado propio y la cristianización están intimamente unidas. La formación estatal de Polonia parte del territorio de Gniezno . El primer duque polaco aceptado históricamente es Mieszko, hombre de suma importancia para la cristianización del país, con él comienza el gobierno de la familia Piasti. Este duque estaba en contacto con Otón I, lo cual fue muy importante para la formación del estado polaco y la cristianización de Polonia.

            Mieszko I se casa en el 966-67 con la hija del duque Woleslao de Bohemia y se hace bautizar en el 966-7 en rito latino, lo cual es de suma importancia y significa que el influjo del cristianismo bizantino permanece excluido. Los primeros misioneros de Polonia no provienen de Alemania, la iglesia de Polonia no era una fundación de Magdeburgo, sus primeros misioneros vienen de Bohemia, por causa del matrimonio de Mieszko.

            En el 968 o más tarde fue elegido en Polonia un obispo en  Poznan, que era una diócesis de misión para promover la cristianización del pueblo y era la primera piedra de la fundación de la iglesia de Polonia. El primer obispo del que tenemos noticias, Jordano, era bohemio, pero el segundo fue un sajón llamado Unger. Este hecho demuestra que Mieszko después de los primeros pasos de cristianización procedentes de Bohemia, la primera estabilización de su estado, alcanzó buenas relaciones con el imperio, sus vecinos sajones. En qué medida Magdeburgo en este proceso de estabilización estuvo implicado y discutido. Para Widmaro Poznan era una diócesis sufraganea de Magdeburgo, pero el privilegio del Papa Juan XIII del 967 para la diócesis de Magdeburgo no hace mención de Poznan, lo cual corresponde probablemente a la realidad.

            Según todo lo anteriormente expuesto Poznan no era sufraganea de Magdeburgo siendo una diócesis todavía en el aire sin una pertenencia clara a ninguna otra organización eclesial.

            Un segundo hecho bastante olvidado es que Miezsko I mantuvo relaciones directas con Roma. Poseemos sólo una fuente, bastante discutida y a su vez muy curiosa muy citada por los historiadores polacos, llamada Dagome iudex. Se trata de un regesto de un documento perdido, dentro de una colección canónica. Según este regesto un cierto Dagome iudex había transferido a S. Pedro la ciudad de Schinesne, con todas sus pertenencias; la autenticidad de esta donación de la colonia a S. Pedro hoy es aceptada por todos, a pesar de que algunos detalles son todavía inciertos. El regesto sitúa la donación en tiempos del Papa Juan XV (991-2). Es la primera vez que un príncipe y todo su pueblo se someten bajo la especial protección de S. Pedro y de su vicario, declarándose propiedad de S. Pedro. Esta sumisión expresa el deseo de otros príncipes neoconversos de tener una provincia eclesiástica sometida directamente a la Santa Sede, siendo expresión de la voluntad de independencia y de la propia autonomía. Probablemente el donante, Dagome iudex sea el propio Mieszko. Por otro lado también Roma estaba interesada en tener un reino perteneciente a S. Pedro y una zona donde misioneros bizantinos habían tenido un resultado espectacular en el 987 con el bautismo de Rusia.

            La segunda fase de la cristianización de Polonia con el hijo de Mieszko, Woleslao Chrobry (992-1025). Woleslao colaboró fielmente con Otón III, que preservó el movimiento de independencia de Polonia de cualquier sometimiento de la iglesia alemana. Esta política de Otón III culminó en el famoso acto de Gniezno en Marzo del año 1000. A finales del 999 Otón III acompañado de otros invitados se pone en camino de Roma a Gniezno para visitar la tumba de su amigo martirizado Adalberto de Praga. Durante esta visita el emperador erige Gniezno como archidiócesis con tres sedes sufraganeas:

            1.- Kolberg/Kotobrzeg

           2.- Cracovia.

           3.- Breslavia.

            En este acto se erige por tanto una provincia eclesiástica, pero no se hace ninguna mención de Poznan que todavía existía. El reino de Woleslao Chrobry recibe así una organización eclesiástica propia sin dependencia de Magdeburgo, lo cual va contra el proyecto de Otón I. La mayoría de las fuentes que nos relatan este acto vienen del imperio o de Sajonia, y no mencionan elementos importantes o son netamente hostiles a la decisión del emperador. La única fuente polaca es la crónica anónima del llamado Dagnus anonimus, es muy estricta siendo escrita 100 años después del acontecimiento. Lo que si es cierto es que Otón III no había respetado los derechos del obispo de Poznan que le había acompañado hasta Gniezno, y que se consideraba responsable de toda Polonia. La situación era similar a la ocurrida anteriormente con Magdeburgo. Ningún precepto papal o imperial, ningún sínodo podía obligar al obispo Unger de Poznan a dar su consentimiento a la erección de la nueva archidiócesis, sólo una decisión voluntaria había creado las condiciones jurídicas necesaria para dicha erección, pero sin su consentimiento nada se hubiera podido hacer. Lo cierto es que nunca dio su consentimiento hasta su muerte en el 1012. Todo esto significa que la archidiócesis fundada por el emperador permanece como una cosa híbrida entre proyecto y realidad porque faltaba la última convalidación que no la daba el Papa sino el obispo. Otón III había previsto también para Gniezno un obispo, bien el hermano de Adalberto de Praga, Gaudencio, el cual en esta situación canónicamente insegura no tenía ningún poder jurisdiccional.

            Lo mismo ocurre con la elevación del rango de Woleslao. Muchos sajones estaban furiosos. Tal incerteza sobre la validez del acto de Gniezno ha llevado a quitar importancia sobre la validez del Dagnus anonimus pero no obstante hoy es tenida como válida. Esta incerteza ha dado pie al sucesor de Otón III, Enrique II un pretexto para desdeñar desde lejos lo que había sido hecho, sea la elevación de Woleslao a rey, sea la erección de la archidiócesis de Gniezno. No obstante existe desgraciadamente. En todo este acto Otón III seguía las directrices de su madre Teofane, siendo así el constructor de la iglesia polaca desde sus inicios.

8.2.- HUNGRÍA.

            La cristianización de los húngaros comienza antes de la batalla a orillas del río Lieche en Agosto del 955. Desde el 940 llegó a ser evidente para los príncipes húngaros que la aceptación del cristianismo era el mejor medio para afirmarse dentro de la familia de los pueblos europeos y para defenderse en el futuro de las presiones que provenían de Alemania.

En la primera fase buscaban una solución similar a la búlgara donde el zar Boris I había recibido juntamente con el bautismo en el 965 de parte de los bizantinos una autonomía eclesiástica. El primer contacto, viendo la cristianización de Bulgaria, los húngaros lo hicieron de cara a Bizancio.

Dos nobles húngaros se trasladaron a Constantinopla en el 948 y fueron bautizados siendo su padrino el propio emperador Constantino VII (913-59), demostrándose así la importancia que para la corte de Bizancio tenían estos bautismos. El emperador se empeñó activamente en colaborar a la misión entre los húngaros. Un obispo griego volvió con los neobautizados a Hungría y comenzó con la cristianización de la familia más importante de la aristrocracia húngara y otros grandes. Hungría pareció llegar a ser parte de la cristiandad bizantina. Esta evolución fue bruscamente interrumpida por la batalla del río Lieche del 955. Esta derrota produce en el emperador bizantino la sensación de que los húngaros no son tan temibles como él pensaba, y por ello suspende los tributos que solía dar cada año a los húngaros para impedir las incursiones de estos en los Balcanes y en el imperio Bizantino. La supresión del pago a los húngaros coincide con la visita de la gran duquesa rusa Olga que llega en el 957 a Constantinopla esperando del emperador bizantino tales regalos para impedir invasiones de Rusia. Esta decisión del emperador ha influido en los acontecimientos de Europa hasta hoy. Por un lado legó Rusia a la iglesia ortodoxa y por otra parte lo hace de modo que los húngaros dieron la espalda al cristianismo griego.

 En esta situación la cristianización de Hungría pasa a la Iglesia imperial otoniana. Esta cristianización comienza con una embajada del príncipe Géza al rey Otón I en el 972 para comunicarle la disponibilidad de los húngaros de aceptar el cristianismo. Este mismo año se produce el matrimonio del hijo de Otón I con la princesa Teofane. Géza debía tener la impresión de encontrarse en medio de dos potencias aliadas, ambas peligrosas para la seguridad de su reino. En esta situación decide aceptar el cristianismo latino ya que nada esperaba de Bizancio. Sobre los pasos de la misión en Hungría carecemos de fuentes, sabemos que Otón I manda pronto un monje, Bruno de San Gallo, como obispo misionero de Hungría. Este monje bautiza al príncipe Géza, el cual obliga a sus súbditos a aceptar la religión cristiana. A su iniciativa se debe la fundación del primer monasterio de Hungría, la abadía de Panonalma antes del 997.

La segunda fase de la cristianización latina está unida al obispo de Pasavia, Pilgrim. Este obispo había ayudado a Bruno como sacerdote pero no de una manera desinteresada ya que quería extender su poder hasta Hungría, soñando llegar a ser arzobispo de Hungría y por ello no sólo reclamó a uno de los primeros sacerdotes latinos a Hungría, el monje Wolgango que llegaría a ser obispo de Ratisbona, hoy canonizado, sino que pone en escena una gran impostura falsificando no menos de 8 bulas pontificias que sostenían que el obispo de Pasavia fuera el heredero de una antigua archidiócesis romana, Lauriacum, a la cual había estado sometida toda la Panonia. El competidor de Pilgrim era el obispo de Salzsburgo, Federico, que para defender sus derechos falsificó otros tantos documentos.

Entre otras personas importantes de la misión en Hungría hemos de mencionar a San Adalberto de Praga, que tuvo contactos personales con Géza y su familia, bautizando al hijo de Géza, el futuro S. Esteban rey de los húngaros

            San Esteban entrará en relación con Otón III y el Papa Silvestre II, y como en Polonia se somete a la protección de San Pedro y fue coronado rey con el consenso papal e imperial en la ciudad de Esztergom en Enero del año 1001 con una corona regalada por el Papa Silvestre II (conservada hoy en Budapest y que ha llegado a ser el símbolo de la nación húngara, pero es una réplica de la original cuya fecha de fabricación es muy discutida, aunque es muy posterior al año 1000 ; en la primavera de 1945 fue secuestrada por las tropas americanas y llevada a EEUU, siendo restituida por Carter en 1978 al gobierno de Hungría). Se producen también otros acontecimientos muy semejantes a los de Polonia : Otón III regaló una copia de la Santa Lanza como la de Polonia.

            Pocos meses después de la coronación San Esteban comunica al Papa la fundación de una archidiócesis en Esztergom y solicita el permiso de Silvestre II. En conjunto, Esteban, ha fundado diez diócesis en su país. Solicitó en todo momento la autonomía tanto para la Iglesia como para el reino de Hungría. Si San Esteban es tenido como el fundador de la Iglesia de Hungría hemos de añadir que sin el apoyo de los otones esta cristianización no se hubiera producido tan rápidamente. Por último decir que como en Polonia no faltaron retrocesos, pero la inclusión de ambos reinos en la familia de los pueblos occidentales permanece como un hecho importante lleno de resonancias históricas que se hacen sentir hasta nuestros días.

 

 

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REVOLUCIÓN FRANCESA

 

 

Detrás del mito

 

Por Fernando Díaz Villanueva

 

La Revolución francesa es uno de los referentes inmortales para los progresistas de los dos últimos siglos. La romántica y arrebatadora imagen de la toma de la Bastilla o de las masas tomando las Tullerías se ha hecho dueña de conciencias y ha movido voluntades. No hay político de izquierdas que no se haya sentido heredero directos de aquellos gallardos revolucionarios franceses que hace más de doscientos años, a golpe de guillotina, acabaron con el Antiguo Régimen.

 

 

Lo cierto es que la Revolución francesa tiene mucho de admirable, especialmente en su primera etapa. Esta fase moderada siguió en lo esencial un esquema revolucionario clásico y sus logros bien podrían estar a la altura de lo que los pioneros norteamericanos habían conseguido en las colonias británicas sublevadas. Sin embargo, pronto se pervirtió. En 1790, un año después de estallar la revuelta parisina, la situación se había estabilizado. Monarquía y Revolución habían llegado a una acuerdo por el cual la primera aceptaba las imposiciones de la segunda y ésta se legitimaba a través de la corona, que servía como engarce con el pasado.

 

La fuga del monarca a Varennes fue la coartada perfecta para que los agitadores jacobinos hiciesen su agosto a costa del descontento popular. La cosecha de 1791 había sido escasa y el alza de precios que le siguió creó el caldo de cultivo adecuado para que las manifestaciones callejeras y los desmanes se propagasen como la pólvora. La Revolución, que venía incubando el virus jacobino desde los primeros días, dio el giro de tuerca definitivo y sus destinos quedaron en manos de una minoría. Siguiendo un diseño que, en revoluciones posteriores se demostraría tremendamente efectivo, los jacobinos se hicieron con todo el poder con la excusa de liquidar al "enemigo interior". El partido jacobino era el modelo de minoría autolegitimada y radical que utiliza el sistema para dinamitarlo desde dentro. Marat y Robespierre, sus más conspicuos líderes, una vez se sintieron fuertes acusaron a todos sus rivales políticos de ser contrarrevolucionarios y procedieron a su eliminación inmediata. Las purgas se sucedieron. En septiembre de 1792 mil doscientos prisioneros fueron ejecutados sin juicio. Era sólo el principio. Marat proclamaba desde las tribunas que la Revolución necesitaba 100.000 sacrificios en su altar para librarse del fantasma de la contrarrevolución. Meses después París se había convertido en un inmenso tribunal jacobino por el que desfilaron miles de inocentes ante una multitud enfervorecida. La revolución devorándose a sí misma. Robespierre instituyó un abstruso Comité de Seguridad que se hizo tristemente famoso por sus atropellos y por un celo homicida no conocido hasta la fecha.

 

El asalto sobre la economía nacional no se hizo esperar. Conforme fue avanzando el proceso, los revolucionarios trataron de parchear sus desmanes con cada vez mayores interferencias en la economía. Un poder absoluto precisaba de un control también absoluto sobre las finanzas públicas. Recurrieron a prácticas como la emisión masiva de papel moneda que desató una inflación feroz y empobreció sin remedio a casi todos los franceses. Se expropiaron los bienes eclesiásticos en un postrer intento de dotar de capital a un Estado que lo devoraba todo. De nada sirvió. Conforme los abastos de las ciudades comenzaron a escasear los revolucionarios impusieron controles de precios que, en lugar de garantizar el abastecimiento, trajeron aún más escasez y dio lugar a que las transacciones más comunes se sumergiesen en el mercado negro. En 1794 la economía francesa estaba devastada y la población al borde del motín de subsistencia.

 

Las alarmas se encendieron en toda Europa. La primera revolución liberal del continente había acabado ahogada en sangre, concluyeron muchos. Los partidarios del Antiguo Régimen y el absolutismo miraron con resquemor y desdén hacía Francia augurando el fin de la experiencia revolucionaria. Sin embargo, nada de esto había sucedido en Norteamérica, muy al contrario. Los colonos nunca habían puesto en entredicho la propiedad. El espíritu de la Revolución Americana, era, esencialmente, descentralizador y profundamente desconfiado del Estado. En Francia, algunos revolucionarios, los de la primera hora, lo compartieron, de hecho, al principio muchos veían en la caída del Antiguo Régimen el fin de la vieja burocracia y el ocaso no sólo de los privilegios estamentales, sino también de los abusos de la monarquía. En los recién nacidos Estados Unidos no se desafió ni al derecho natural ni, naturalmente, a la tradición. Paul Johnson asegura que la principal diferencia entre las revoluciones francesa y americana es el carácter religioso de la primera y el sesgo anticristiano de la segunda. En las colonias emancipadas el individuo se convirtió en el centro del quehacer político mientras que en Francia el nuevo Estado se arrogó la exclusiva de la moral y hasta de la vida íntima de sus sufridos súbditos.

 

Mientras que la primera enmienda de la Constitución norteamericana, ratificada en 1791, garantizaba la libertad de culto y negaba la posibilidad de que la Unión se dotase de una confesión oficial, en el reino del terror de Robespierre y sus sans culottes el Estado invadió todas las esferas de la vida privada. Se impuso el uso del "tu" y se procuró erradicar el lenguaje formal por considerarlo las autoridades contrarrevolucionario. Los dialectos regionales fueron perseguidos y se promovió el uso exclusivo del francés como lengua de la revolución. El culto católico llegó incluso a ser abolido y reemplazado por una nueva deidad, la diosa razón, a la que se le llegó a dedicar la catedral de Notre Dame en una ceremonia grotesca, digna de un carnaval, en la que la divinidad era representada por una prostituta. Los desvaríos de los revolucionarios llegaron a todos los rincones, incluido el de la medición del tiempo. Robespierre inauguró una cronología revolucionaria destinada a regular la vida de todos los franceses. Los meses fueron rebautizados y la semana dejó de tener siete días. Todas las festividades tradicionales fueron eliminadas en el nuevo calendario. A cambio, los miembros de la Convención, establecieron cinco fiestas ideológicas. Y todo por evitar una supuesta contraofensiva revolucionaria y construir una sociedad que presumían perfecta.

 

Los asesinatos políticos, la ruina económica y los extravíos en materia moral y social de los jacobinos condujeron a su irremediable final. La revolución volvió a transformarse en Saturno y tanto Robespierre como Marat fueron devorados por el monstruo que ellos mismos habían creado. En Norteamérica, sin embargo, los paladines de la rebelión contra los ingleses pasaron a formar parte del panteón político de la patria y hoy son justamente reconocidos como los Founding Fathers o Padres Fundadores. George Washington, símbolo vivo de la liberación, una vez conseguida la victoria, se retiró a su casa hasta que fue reclamado por el Congreso para presentarse a las primeras elecciones.

 

A poco que se aplique una mirada juiciosa sobre el proceso revolucionario francés sus carencias y excesos saltan a la vista. La Revolución Francesa no fue la primera revolución liberal y, en todo caso, le cabe el dudoso orgullo de ser la primera vez en la que una minoría se hizo dueña absoluta del destino de millones de personas defendiendo un ideal radicalmente distinto del que aplicaba en la práctica. No es extraño que pensadores como Albert Mathiez considerase a la francesa la precursora de la revolución bolchevique en 1917, o que los socialistas del siglo XX viesen en ella el debut histórico de su pretendida lucha de clases.

 

El resultado final de la Revolución francesa fue que, tras años de caos y luchas por el poder, un militar, Napoleón Bonaparte, se hiciese con el control del país y lo transformase en un imperio de talante tanto o más absoluto que la monarquía borbónica. Habría de pasar casi una centuria para que en Francia se consolidase el sistema republicano de corte liberal, inspirado en la democracia representativa, el respeto a la ley, la libre empresa y el gobierno limitado. Para entonces, para finales del siglo XIX, los Estados Unidos habían emprendido ya el camino que los llevaría a situarse como potencia hegemónica tras la primera guerra mundial. Hacia 1870, cuando París se despertaba de la traumática experiencia liberticida de la Comuna, Estados Unidos se extendía imparable hacia el oeste basándose en las misma ideas que profesaban sus fundadores, es decir, libertad, imperio de la ley y soberanía del individuo. La revolución francesa o, mejor dicho, las experiencias revolucionarias inspiradas en la Convención republicana, han cambiado el mundo ciertamente, pero para peor. La revolución americana y sus epígonos han contribuido, en cambio, a hacer de los países donde se han aplicado sus recetas, lugares más pacíficos, más prósperos y, sobre todo, más libres.

2004-12-30 – L.D. ESP.

 

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P: Y sobre el apoyo de los protestantes a la Revolución Francesa por anticatolicismo, ¿ha leído usted la biografía de Edmund Burke de Conor Cruise O´Brien donde explica que fue debido a esas reacciones protestantes que Burke escribió su famoso panfleto?

R: El protestantismo simpatizó muy en su fase inicial con la revolución no por su tono anticatólico –que no existía en esos momentos– sino por la emancipación que significaba para protestantes y judíos. Luego los juicios fueron muy negativos en general y creo que no sin razón. La revolución francesa me parece un mito siniestro.

Dr. César VIDAL-historiador y filósofo. 2002.10.01 L.D. ESP.

 

 

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P: Di como fecha “fundacional” de España la muerte de Fernando el Católico. Al morir sin hijos. Juana I era la reina del conjunto llamado España. Me lo negaron, me dijeron de todo.... En su faceta de historiador.... ¿Qué fecha pondría como la fundacional de España? ¿Cuál sugiere usted?

R: No es fácil. De entrada yo creo que la mayoría de las naciones tan antiguas como España no pueden señalar ese hecho como pueden hacerlo, por ejemplo, Estados Unidos o Argentina. Desde luego, la Hispania a la que se refirieron los romanos, San Pablo o Alfonso III de León fue muy anterior al s. XV.

P: ¿Cuándo apareció Hispania o España en el mundo?

R: Como mínimo estamos hablando del s. III a. de C. y eso sobre la base de que no aceptemos ese genérico en textos que pudieran incluirlo. Por ejemplo: el libro del profeta Jonás en torno al s. VIII a. de C.

Dr. César VIDAL-historiador y filósofo. 2002.10.01 L.D. ESP.

 

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25. Los regicidas


Noche entre el 16 y 17 de mayo de 1793: la Convención Nacional vota la condena a muerte del rey Luis XVI. Los votantes (con llamada nominal, por lo tanto de forma manifiesta) son 721. De ellos, 361 dicen «sí» a la guillotina, 360 dicen «no». La diferencia es de un solo voto, pero para el rey y la monarquía es el fin. Ilustran bien el clima en que se desarrollaron la discusión y el voto, declaraciones como la del diputado jacobino Legendre, quien dijo estar convencido de la necesidad de «degollar al puerco» y enviar luego un trozo a cada departamento, como advertencia a los reaccionarios y exhortación para los revolucionarios. Danton recuerda en la Convención: «No queremos juzgar al rey, queremos matarlo.» Y Robespierre: «Ustedes no son jueces, no hay que hacer ningún proceso. Decapitar al rey es una medida indispensable para la salud pública.» El abbé Grégoire, el obispo líder de la Iglesia cortesana, quien ha jurado fidelidad al nuevo régimen, truena: «Los reyes son, en el orden espiritual, lo que la gangrena es en el orden material.»

Pero a veces los historiadores son indiscretos. Y alguien se ha molestado en mirar qué ocurrió con los 361 que votaron la guillotina para el que llamaban, despectivamente, «el ciudadano Luis Capeto». De ellos 74 murieron de forma violenta: casi todos, a su vez, degollados. Es la revolución que, como se sabe, siempre devora a sus propios padres e hijos. Otros murieron por otras causas. Pero de los supervivientes, 121 buscaron y obtuvieron cargos públicos, a veces de mucha responsabilidad, bajo el imperio de Napoleón.


Se habían llamado a sí mismos, con orgullo, «regicidas»; y en la petición de condena a muerte para Luis XVI habían visto (eso dijeron) el fin de todos los privilegios, los derechos divinos, las desigualdades, las autoridades que no derivaban del pueblo. Mataron pues a un rey tal vez inepto, pero pacífico; y pocos años más tarde se pusieron al servicio de un emperador feroz que había querido ser coronado por el Papa (lo que nunca pretendió la antigua dinastía), e intentaba restaurar los fastos monárquicos del Roi Soleil.

Cosas que es preciso recordar. Pero que no sorprenden a quien conoce un poco a los hombres. A partir, obviamente, de sí mismo.

Los regicidas, por Vittorio Messori, historiador y escritor.


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Justicia para el pasado


Nos preocupamos mucho por la justicia en el presente, aquí y ahora. Pero mucho menos por la justicia en el futuro y el pasado.

Justicia para el futuro es respetar los derechos de los que vendrán después de nosotros, sentir la responsabilidad de entregarles un mundo que no esté completamente devastado y envenenado, que todavía conserve algunos de sus dones originarios de belleza y fecundidad.

Pero también existe una justicia para el pasado, hacia los que vivieron antes de nosotros: una justicia que ni siquiera los creyentes respetan del todo.

En el año del segundo centenario de la Revolución francesa, por ejemplo, muchos católicos -entre ellos algún obispo- se olvidaron, con embarazoso silencio, de los tres mil curas asesinados, de la multitud de religiosas violadas y a menudo torturadas hasta la muerte, de las decenas de campesinos descuartizados en las provincias que se sublevaban en nombre de una religión a la que no querían renunciar.

No sólo existen los horrores de la Vendée, respecto a cuyo exterminio sistemático los historiadores hablan de primer genocidio de la historia moderna, y donde los jacobinos anticiparon, contra aquellos campesinos firmes en su fe, los intentos de «solución final» de los nazis contra los judíos. En todas partes hubo masacres y persecuciones de creyentes: primero en Francia, y después en otros países, incluso en Italia, allá donde llegó la Revolución. Pero que la Vendée resultara tan indómita también se debe a que había sido teatro de predicaciones de uno de los santos más apreciados por Juan Pablo II, que, dicen, considera la posibilidad de proclamarlo doctor de la Iglesia: Louis-Marie Grignion de Montfort.

 

Según el esquema comúnmente aceptado, el oeste de Francia se sublevaría contra el París de los jacobinos, empujado por los aristócratas y el clero que querían mantener sus privilegios. Es una mistificación, desenmascarada ya desde hace algún tiempo, pero todavía presentada en los manuales de escuela, frente a la evidencia de los documentos: éstos de­muestran, sin que pueda haber dudas, que la sublevación empezó desde abajo, desde el pueblo, que a menudo, con su iniciativa, arrolló los titubeos del clero y de los nobles (muchos de los cuales prefirieron huir al extranjero en lugar de asumir sus responsabilidades). Insurrección popular, pues, y no «política» -aunque acompañada de contradicciones y errores, como todo lo humano-, y ni siquiera «social», sino fundamentalmente religiosa, contra los intentos de descristianización que una minoría de fe­roces ideólogos realizaba en la capital.

Ninguna de las ideologías modernas ha tenido una base popular: el marxismo nunca ha llegado al poder a través de elecciones libres y, allá donde estaba en el poder, ha caído sin que nadie moviera un dedo para defenderlo; el 25 de julio de 1943, para acabar con el fascismo bastó un anuncio en la radio y un cartel en las esquinas de las calles; con la caída de Berlín, el nazismo desapareció. Por otro lado (esto tampoco hay que olvidarlo, a pesar de las retóricas), el pueblo tampoco se había levantado para defender el liberalismo cuando Mussolini y Hitler acabaron con él. Y, para quedarnos en la Revolución francesa, el pueblo acogió sin chistar el autoritarismo napoleónico que sofocó los «inmortales» principios de 1789. La insurrección de las masas en defensa del cristianismo en el oeste de Francia (y más tarde en Italia, en Tirol y en la España invadida por Napoleón) es por lo tanto un hecho único y sorprendente para los historiadores. En todo caso es justo no olvidarlo, como en cambio se ha hecho durante demasiado tiempo en nombre del conformismo de algunos, que temen estar en la parte «equivocada» de la historia. Además, hoy en día, incluso los laicos más honestos están cada vez menos seguros de que fuera realmente « equivocada ».

Por Vittorio Messori, historiador y escritor.


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Abriendo a los estudiosos los ‘Archivos Históricos’, la Iglesia

expone los documentos de época para estudiar y así averiguar,

por el ejercicio de las facultades intelectuales, la naturaleza,

cualidades y relaciones de las cosas. Las fábulas como las

leyendas se desmoronan en su propia ignorancia, por falta de

ciencias, letras y noticias como de honestidad intelectual.  


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 SAN LEÓN IX, PAPA Y CONFESOR † 1054 - francés

«Dilexit Ecclesiam» (amó a la Iglesia Católica).

 

León IX (1048-1054) es, indudablemente, uno de los más insignes papas. Su gloria principal consiste, además de la santidad y virtudes personales que le distinguían desde su juventud, en haber sacado a la Iglesia del estado de decadencia general en que se  encontraba a mediados del siglo XI y haber iniciado el movimiento de reforma, que culminó poco después con Gregorio VII (1073-1085) y los papas que le siguieron.

 

 Llamábase Bruno, de la familia de los condes de Alsacia, y estaba emparentado con los emperadores alemanes Conrado II y Enrique III. Nacido en junio de 1002, estudió en la escuela episcopal de Toul al lado de su primo Adalberon, que fue largo tiempo obispo de Metz. Ya en su juventud dio pruebas de las excelentes cualidades de su espíritu, y después de una enfermedad, cuya curación atribuyeron todos a un milagro de San Benito, decidió entregarse de lleno al servicio de Dios en el estado eclesiástico. Cursados brillantemente y con extraordinario fruto los estudios eclesiásticos, bien pronto se ganó la confianza del nuevo obispo Hermann de Toul, y ya desde entonces comenzó a manifestar la gran estima que tenía de la obra reformadora realizada por los cluniacenses y las Ordenes monásticas.

 

 Con el ascendiente de su familia ante el emperador Conrado II se obtuvo sin dificultad para él un alto cargo eclesiástico en la corte imperial; pero él por su parte, lejos de dejarse llevar de ninguna clase de ambiciones, encontraba su complacencia en los empleos más humildes y ansiaba ponerse al servicio de la iglesia más pobre. Su sencillez, amabilidad y virtud le conquistaron rápidamente una gran popularidad, por lo cual era comúnmente llamado el buen Bruno.

 Pero Dios le tenía destinado para las más elevadas dignidades. Al morir poco después el obispo Hermann, los eclesiásticos y el pueblo reclamaron a Bruno para sucederle. Así, pues, sin dificultad ninguna fue nombrado obispo de Toul, dignidad que él aceptó por tratarse de una iglesia pobre, donde él podía ejercitar su celo apostólico. Así lo hizo, en efecto, desde un principio, entregándose con su alma joven y ardiente amor de Dios a fomentar en todas partes la reforma eclesiástica. Siendo, como era, hombre de acción y con las excelentes cualidades que le adornaban, ganose rápidamente las simpatías de todos. Su humildad y paciencia, unidas a su energía de carácter y decisión en sus empresas, se manifestaron en multitud de ocasiones. Así supo defender con firmeza, pero sin herir susceptibilidades, los derechos de su iglesia frente a su metropolitano de Worms. Vencer el mal por medio del bien: tal era el secreto que aprendió del divino Maestro, y que él tomó como lema de toda su actuación.

 Sobre estas bases se fue desarrollando su gobierno desde el año 1026, en que fue consagrado obispo, hasta el 1048, en que fue elevado al solio pontificio. Sabemos que celebró con gran fruto diversos sínodos diocesanos; que se mantuvo en íntima unión con los obispos vecinos y que asistió a los concilios provinciales de Tréveris de 1030 y 1037; que promovió con energía los estudios eclesiásticos, y, sobre todo, fue en todas partes el más decidido impulsor de la reforma eclesiástica. En íntima relación con esto debe ponerse el interés que mostró siempre en mantener buenas relaciones con las Ordenes monásticas. Así, ya desde el principio de su gobierno, manifestó sus sentimientos favorables a Cluny, procurando que se le agregaran las dos abadías de Saint-Mansuy y Moyenmontier.

 De este modo, ya durante estos años mantenía relaciones y trabajaba en íntima colaboración con los prohombres del movimiento reformador de la Iglesia, por lo cual se había conquistado un renombre de gran prelado y gran amigo de la reforma. Por esto no es de sorprender que el año 1048, en momentos bien decisivos para la Iglesia, fuera él escogido para gobernarla desde Roma. En efecto, después de resuelto el cisma que desgarraba a la Iglesia el año 1046, Clemente II (1046-1047) apenas tuvo tiempo para iniciar la obra reformadora que entonces se necesitaba, y su sucesor Dámaso II (1047-1048) fue rápidamente arrebatado por la muerte. En estas circunstancias se presentó ante el emperador Enrique III una embajada de Roma con la súplica de que fuera elevado al solio pontificio el arzobispo Halinard, de Lyon; pero éste rechazó decididamente la propuesta.

 Entonces, pues, Enrique III el Negro reunió una Dieta en Worms en diciembre de 1048, donde fue proclamado Bruno de Toul, que había acudido a la misma. Sorprendido y profundamente contrariado ante esta elección, pidió Bruno que se le concedieran tres días para dar su respuesta definitiva; pero, una vez transcurridos éstos, viendo en ello claramente expresada la voluntad de Dios, aceptó aquella dignidad, que él consideraba como la mayor carga que podían imponerle, pero añadiendo como expresa condición, que no consideraría como válida aquella elección hasta que fuera confirmada por el clero y pueblo de Roma. En efecto, llegado a Roma y presentado en la basílica de San Pedro por el metropolitano de Tréveris como el candidato del emperador, fue aclamado de nuevo por el clero y pueblo allí presentes. Ante una manifestación tan evidente de la voluntad divina Bruno se inclinó humildemente y tomó el nombre de León IX.

 Y, en verdad, León IX, hombre de eminentes cualidades personales, dotado de gran energía de voluntad, partidario decidido de la reforma e inflamado en todos sus actos del más vivo amor de Dios y de la Iglesia, era, indudablemente, el Papa que ésta necesitaba en aquellos momentos. Uno de sus principales méritos fue el haberse mantenido desde el principio en contacto con los más insignes promotores de la reforma y haber llamado junto a sí a los más significados entre ellos. Así se mantuvo siempre unido con San Hugo de Cluny y con él tuvo a su disposición el vigoroso movimiento cluniacense. Asimismo, con el poderoso arzobispo Halinard, de Lyon, uno de los mejores representantes de las corrientes reformadoras de Francia, y ,con San Pedro Damiano, que, aunque se hallaba en el retiro de Fonte-Avellana, ya había comenzado a llamar la atención por sus valientes escritos polémicos y sus exhortaciones a la reforma, dirigidas a Clemente II.

 Pero no contento con esto, teniendo presente que en la curia romana hacían falta hombres eminentes y decididos, rodeóse rápidamente de los que con más eficacia le podían servir. Así, llamó ante todo al valiente y decidido Hildebrando, quien desde la muerte de Gregorio VI, cuyo secretario había sido, quedaba enteramente libre. León IX le consagró como archidiácono y le elevó al rango de secretario pontificio. Igualmente creó cardenal obispo de Silva Cándida al monje borgoñón Humberto, al monje Hugo Cándido, procedente del monasterio de Remiremont, de la Lorena, y asimismo a otros varios. De este modo el Colegio Cardenalicio alcanzó un carácter universal y fue en adelante un instrumento eficaz y dócil en manos del Papa.

 Apoyado en estas fuerzas y en estos hombres eminentes, desarrolló León IX una maravillosa actividad, enderezada a sanar a la Iglesia de las dos llagas que la corroían: la simonía y el concubinato de los eclesiásticos. El primer medio que empleó fue el que le ofrecía la costumbre eclesiástica entonces en uso, es decir, los sínodos y concilios. Comenzando por la Pascua de 1049, comenzó a celebrar en Roma con gran solemnidad los sínodos cuaresmales, y rápidamente procuró que se celebraran otros semejantes en diversas provincias eclesiásticas. En todos ellos se renovaban y proclamaban con la mayor decisión las disposiciones contra la simonía y el concubinato de los eclesiásticos, señalándolos como los abusos fundamentales, de los que dependían los demás. Movido del mas ardiente celo de la gloria de Dios y del bien de las almas, emprendió una vida de peregrinación de un territorio a otro, por Italia, Alemania y Francia, celebrando sínodos y alentando en todas partes a las fuerzas de reforma. De esta manera se ha podido afirmar que León IX llegó a hacer comprender prácticamente a todo el mundo cristiano que el Papa era quien gobernaba la Iglesia. El Papado, que hasta entonces era sólo un concepto más o menos elevado, se convirtió en una fuerza eficaz y tangible.

 

 

Particularmente significativa fue la campaña o peregrinación emprendida por León IX el primer año, 1049, de su pontificado, que tuvo como coronamiento los dos grandes concilios presididos por él, en Reims y en Maguncia. Después de celebrar el sínodo de Roma en la dominica de Quasimodo, y otro en Pavía por Pentecostés, donde proclamó las bases de la reforma, atravesó Ios Alpes y se reunió con el emperador Enrique III, pariente e íntimo amigo suyo, y junto con él se dirigió a Colonia, donde celebró la fiesta de San Pedro y San Pablo. De allí pasó, con el mismo Enrique III, a Aquisgrán y Maguncia, y luego se detuvo en su amada diócesis de Toul, donde fue objeto de la más cariñosa acogida, El 14 de septiembre celebró en su catedral la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz.

 Entretanto se había anunciado el gran sínodo que debía celebrarse próximamente en Reims, y, no obstante las dificultades que fue oponiendo el rey de Francia Enrique I, el 14 de septiembre publicaba desde Toul una encíclica, por la que convocaba el gran concilio. Efectivamente, el 29 de septiembre llegaba el Papa a Reims: el 1º de octubre consagraba la iglesia abacial de San Remigio, y al día siguiente daba comienzo al gran concilio, uno de los más célebres en la historia de la Iglesia de Francia y de Europa. En nombre del Papa, su canciller, Hildebrando, anunciaba a Francia y al mundo que la intención del Papa era procurar un remedio eficaz a los males de la Iglesia: "a la simonía, a la usurpación por los laicos de los cargos y rentas eclesiásticas, al desprecio de las más sagradas leyes del matrimonio, etc. El invitaba a todos a reflexionar delante de Dios acerca de los diversos artículos del programa que les proponía". El efecto de esta intimación pontificia fue, en realidad, grandioso. Naturalmente, ya en el concilio, y sobre todo después de él, tropezó con la enconada oposición de muchos, que no se avenían a entrar por el camino de la reforma. Pero el Papa, uniendo la energía con la habilidad y prudencia, y contando siempre con la ayuda de Dios, cuya causa sostenía, logró en este concilio y después de él innumerables éxitos.

 Terminado el concilio de Reims, se encaminó de nuevo a Alemania, pasando por Verdún y Metz, donde consagró sendas iglesias, y llegó a Maguncia, donde celebró otro gran sínodo, en que renovó la proclamación realizada en Reims. Hecho esto, atravesando de nuevo la Alsacia y luego Ausburgo y Constanza, celebró las Navidades en Verona. A primeros de 1050 se hallaba de vuelta en Roma. Semejantes peregrinaciones por el sur y norte de Italia y por el centro de Europa las repitió durante los años siguientes.

 Indudablemente, la actividad eclesiástica de León IX fue beneficiosa y muy significativa para la iglesia, en la que se observa durante su pontificado un principio de resurgimiento. Y, aunque es verdad que debe atribuirse una parte importante del cambio iniciado a su archidiácono Hildebrando y a los demás colaboradores del Papa, debe reconocerse que el mérito principal recae sobre la egregia figura de León IX.

 

 Sin embargo, no fue tan afortunado en los asuntos temporales y en el desarrollo de la cuestión oriental. Efectivamente, a principios del siglo XI, los normandos se habían fijado en el sur de Italia, y en sus luchas contra los griegos y los musulmanes habían ido extendiendo progresivamente el área de sus dominios, destruyendo en su avance iglesias y monasterios y devastando los territorios eclesiásticos. El Papa intentó primero entenderse con los griegos para oponerse al avance de tan terribles enemigos; mas, como fracasara en este intento, acudió entonces a Enrique III en demanda de socorro. Este exigió algunas concesiones del Papa, y, en efecto, envió un fuerte socorro, mas, por diversas circunstancias, la mayor parte de las tropas auxiliares enviadas por Enrique III se vieron obligadas a retirarse y volver a Alemania.

 Esto no obstante, decidióse el Papa a proseguir su campaña contra los normandos; pero bien pronto, el 18 de junio de 1053, sus fuerzas fueron completamente aniquiladas en Civitate, y el mismo León IX quedaba prisionero. El resultado fue que, para resolver tan delicada situación, el Papa entregó a los normandos aquellos territorios en calidad de feudos y obtuvo su libertad; pero, consumido de tantos trabajos y emociones, murió poco después en Roma, en abril de 1054.

 No fue más afortunado en el asunto de las Iglesias orientales, pues en su tiempo se maduró y realizó la separación definitiva de Roma de aquellas Iglesias. Indudablemente, el odio a los occidentales del patriarca Miguel Cerulario y la falta de táctica de los legados pontificios, sobre todo del cardenal Humberto, tuvieron una culpa decisiva en la separación definitiva, pero ciertamente no puede decirse que la debilidad del Romano Pontífice o la situación de decadencia de los papas hubiera sido la causa u ocasión del cisma. Porque, siendo así que durante todo el siglo X y principios del XI, en que llegó el Papado Y la Iglesia occidental a su mayor depresión y abatimiento, no se verificó tal separación; vino ésta a realizarse cuando, en el pontificado de León IX, la Iglesia y el Papado habían realizado ya un avance notabilísimo en su reforma y rehabilitación.

 La verdadera causa fue la oposición latente desde antiguo de la Iglesia oriental frente a la occidental, que fue constantemente en aumento, y así bastó una ocasión para que estallara en la forma violenta del cisma. El mismo resurgimiento de la Iglesia occidental, promovido por la reforma cluniacense y la enérgica actividad de León IX, aumentó la oposición existente, de la que se aprovechó el patriarca Miguel Cerulario para realizar aquella separación, que le colocaba a él a la cabeza de la Iglesia griega. León IX no pudo impedir el curso de los acontecimientos, que entristecieron los últimos momentos de su vida, y tres meses después de su muerte se realizó la separación definitiva (16 de julio de 1054).

 Durante los últimos meses de su vida, sintiéndose herido de muerte, dio los más insignes ejemplos de piedad y de resignación cristiana. El pueblo romano, que le profesaba un amor entrañable, sintió profundamente su muerte, ocurrida en la plenitud de su edad viril, contando cincuenta y dos años. Sobre su tumba se esculpió este epitafio:

 Roma vencedora está dolida al quedar viuda de León IX, segura de que, entre muchos, no tendrá un padre como él.

 Su pontificado fue realmente lleno. Por su celo infatigable y su incesante actividad, movida por el más puro amor de Dios, inició eficazmente aquel movimiento de reforma que luego continuó hasta llegar a su más perfecto desarrollo.

 Agradecemos al autor -  BERNARDINO LLORCA, S. I.

 

 

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Concluyamos nuestra reflexión con una oración de alabanza y de acción de gracias por la redención que Cristo ha obrado en nosotros. Lo hacemos con las palabras de un texto conservado en un antiguo papiro del siglo IV.

"Nosotros te invocamos, Señor Dios. Tú lo sabes todo, nada se te escapa, Maestro de verdad. Has creado el universo y velas sobre cada ser. Tú guías por el camino de la verdad a aquellos que estaban en tinieblas y en sombras de muerte. Tú quieres salvar a todos los hombres y darles a conocer la verdad. Todos juntos te ofrecemos alabanzas e himnos de acción de gracias". El orante prosigue:  "Nos has redimido, con la sangre preciosa e inmaculada de tu único Hijo, de todo extravío y de la esclavitud. Nos has liberado del demonio y nos has concedido gloria y libertad.
Estábamos muertos y nos has hecho renacer, alma y cuerpo, en el Espíritu. Estábamos manchados y nos has purificado. Te pedimos, pues, Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo: confírmanos en nuestra vocación, en la adoración y en la fidelidad". La oración concluye con la invocación: ”Oh Señor benévolo, fortalécenos, con tu fuerza. Ilumina nuestra alma con tu consuelo... Concédenos mirar, buscar y contemplar los bienes del cielo y no los de la tierra. Así, por la fuerza de tu gracia, se dará gloria a la potestad omnipotente, santísima y digna de toda alabanza, en Cristo Jesús, el Hijo predilecto, con el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén" (A. Hamman, Preghiere dei primi cristiani, Milán 1955, pp. 92-94).

 

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‘Donde no hay Dios, despunta el infierno, y el infierno persiste sencillamente a través de la ausencia de Dios’. Cardenal de la Iglesia Católica + J. Ratzinger.

 

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La Iglesia de Cristo, fundada sobre una piedra inconmovible, nada tiene que temer por sí, puesto que sabe ciertamente que jamás las puertas del infierno prevalecerán contra ella (Mt 16,18); antes bien, por la experiencia de todos los siglos, tiene claramente demostrado que siempre ha salido más fuerte de las mayores borrascas y coronado por nuevos triunfos. Simón responde: "Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra, echaré las redes" (Lc 5, 4-5).

 

Reforma protestante - Entre las religiones cristianas, originadas en la Reforma Protestante están: la Luterana (fundada por Lutero), la Reformada (por Calvino), la Presbiteriana (por John Knox). Luego fueron fundadas la Anglicana (por Enrique VIII), la Bautista (por John Smith), de donde se derivan las Evangélicas. Existen muchas, tantas más sectas y asociaciones, todas fundadas por hombres, y en gran parte de origen americano. Ninguna fundada por Cristo, siendo sólo la Iglesia Católica a la que Cristo le prometió –hace 2000 años- asistencia hasta el final de los tiempos.

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El lunes [2005-08-08] en EWTN en el programa de Marcus Grodi [USA.] se mencionó la cifra: 30.000 denominaciones protestantes y se dijo que surgen cinco nuevas denominaciones por semana. Pero la verdad es que nadie sabe ya cuantas hay... la estimación cauta de las Naciones Unidas hace ya un tiempo era de mas de 20.000 (hace ya casi veinte años). Los protestantes no se ponen de acuerdo o mejor dicho, no logran controlar las apariciones de nuevos sectas para saber exactamente cuántas  hay actualmente [2006], dando lugar a un panorama variadísimo de denominaciones y tendencias. ¿Es que existe algún registro protestante mundial indicando cuántas sectas aparecen y desaparecen anualmente?. Pero, por ahora, baste lo dicho para mostrar claramente por cuántos caminos el modernismo conduce al ateísmo y a suprimir toda religión. El primer paso lo dio el protestantismo; el segundo corresponde al modernismo; muy pronto hará su aparición el ateísmo… y lo tenemos ya bajo un relativismo y su parafernalia de sectas que impregna todas las capas de la sociedad.

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De acuerdo a los datos vistos 2006.01 al sitio protestante en Internet «sectas» www.christianitytoday.com; la lista “crece vertiginosamente” para incluir hoy a más de doce mil denominaciones distintas de grupos protestantes en los Estados Unidos, desde donde vienen todas ellas a granel.

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“Al fin y al cabo, desde que el hombre habitaba en cavernas, hasta que se asomó al espacio, los historiadores y antropólogos han censado más de de 100.000 religiones. Se afirma, incluso, que existe un gen que predispone a los humanos a buscar a Dios”
Carlos Alberto MONTANER. ‘ABC’ III.XII.MMV – ESP.

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Todas las religiones buscan a partir del hombre hacia Dios; en Cristo, es Dios quien se rebaja a la nturaleza humana y va al encuentro del hombre. Cristo acoge al hombre en su Iglesia.

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En pocas palabras: si Cristo fundó una Iglesia y el diablo la corrompió y luego tuvo que venir Lutero para "reformarla"; ¿Qué papel hace Cristo prometiendo una Iglesia invencible? Y si eso fuera posible; ¿Cuál de las miles de divisiones del protestantismo heredó el "Espíritu de Verdad" del que Cristo habla y que promete con tanta certeza.

 

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El Renacimiento y la Reforma han configurado el individuo occidental moderno, que no se siente agobiado por cargas externas, como la autoridad meramente extrínseca y la tradición. Hay muchos que sienten cada vez menos la necesidad de «pertenecer» a las instituciones (pese a lo cual, la soledad sigue siendo en gran medida un azote de la vida moderna), y no se inclinan a dar a las opiniones «oficiales» mayor valor que a las suyas propias. Con este culto a la humanidad, la religión se interioriza, de manera que se va preparando el terreno para una celebración de la sacralidad del yo; en el plano del análisis histórico, se cultiva el caldo del relativismo atenuando las responsabilidades importantes. Lo que importa señalar aquí y ahora es que, en ciertas prácticas de algunos grupos protestantes y la masonería en general, gustan recurrir constantemente a la mentira, a la desfiguración de los hechos quitándoles del contexto, o insisten recurrir llana y repetitivamente «sin vergüenza alguna» a las conocidas ‘leyendas negras’.

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".

 

Dijo Dios: «Produzca la tierra animales vivientes según su especie: ganados, reptiles y bestias salvajes según su especie». Y así fue. Dios hizo las bestias de la tierra, los ganados y los reptiles campestres, cada uno según su especie. Vio Dios que esto estaba bien. Gen. 1, 24-25

 

La naturaleza canta las glorias del Creador y el hombre sepa gozar en armonía con todo lo creado.

 

¡Hoy la tierra y los cielos me sonríen
hoy llega hasta el fondo de mi alma el sol
hoy la he visto... la he visto y me ha mirado
Hoy creo en Dios!

 

¡Que tu conducta nunca sea motivo de injustificada inquietud a la creación, en la que tu eres el rey!

 

El ecologismo espiritual nos enseña a ir más allá de la pura «protección» y del «respeto» de la creación; nos enseña a unirnos a la creación en la proclamación de la gloria de Dios.

 

«La belleza podrá cambiar el mundo si los hombres consiguen gozar de su gratuidad» Susana Tamaro – católica, escritora - 2004.12.

 

¡Oh galaxias de los cielos inmensos, alabad a mi Dios porque es omnipotente y bueno! ¡Oh átomos, protones, electrones! ¡Oh canto de los pájaros, rumor de las hojas, silbar del viento, cantad, a través de las manos del hombre y como plegaria, el himno que llega hasta Dios!»

 

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Señor Jesús, queremos recoger la lección de S. Francisco que aprendió de la Iglesia.
Como él queremos verte en tus obras y a través de ellas llegar a Ti.
Que todo el universo sea para nosotros un cántico de alabanza en tu honor.
Que a través de nuestras buenas obras, los demás también Te glorifiquen y juntos construyamos esa fraternidad universal, de la cual el mundo entero está necesitado. AMÉN.

 

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«Decálogo católico» sobre ética y ambiente

 

Presentado por el Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz- ROMA, 08.11.2005  expresa la enseñanza –síntesis- de la doctrina social de la Iglesia católica sobre el ambiente.
 
1) La Biblia tiene que dictar los principios morales fundamentales del designio de Dios sobre la relación entre hombre y creación.

2) Es necesario desarrollar una conciencia ecológica de responsabilidad por la creación y por la humanidad.

3) La cuestión del ambiente involucra a todo el planeta, pues es un bien colectivo.

4) Es necesario confirmar la primacía de la ética y de los derechos del hombre sobre la técnica.

5) La naturaleza no debe ser considerada como una realidad en sí misma divina, por tanto, no queda sustraída a la acción humana.

6) Los bienes de la tierra han sido creados por Dios para el bien de todos. Es necesario subrayar el destino universal de los bienes.

7) Se requiere colaborar en el desarrollo ordenado de las regiones más pobres.

8) La colaboración internacional, el derecho al desarrollo, al ambiente sano y a la paz deben ser considerados en las diferentes legislaciones.

9) Es necesario adoptar nuevos estilos de vida más sobrios.

10) Hay que ofrecer una respuesta espiritual, que no es la de la adoración de la naturaleza.

 

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“De la grandeza y hermosura de las criaturas se llega, por analogía, a contemplar a su Autor”. S. S. Benedicto XVI. P.M. – MMV.XI.X.

 

“Dios no aparece en la Biblia como un Señor impasible e implacable, ni es un ser oscuro e indescifrable, como el hado, con cuya fuerza misteriosa es inútil luchar”.

 

Dios se manifiesta «como una persona que ama a sus criaturas, que vela por ellas, les acompaña en el camino de la historia y sufre por la infidelidad de su pueblo «a su amor misericordioso y paterno».

«El primer signo visible de esta caridad divina hay que buscarlo en la creación»: «los cielos, la tierra, las aguas, el sol, la luna y las estrellas».

«Incluso antes de descubrir a Dios que se revela en la historia de un pueblo, se da una revelación cósmica, abierta a todos, ofrecida a toda la humanidad por el único Creador»

«Existe, por tanto, un mensaje divino, grabado secretamente en la creación», signo de «la fidelidad amorosa de Dios que da a sus criaturas el ser y la vida, el agua y la comida, la luz y el tiempo».

«De las obras creadas se llega a la grandeza de Dios, a su amorosa misericordia».


El Papa acabó su discurso, dejando a un lado sus papeles, comentó un pensamiento de san Basilio Magno, doctor de la Iglesia, obispo de Cesárea de Capadocia, quien constataba que algunos, «engañados por el ateísmo que llevaban dentro de sí, imaginaron el universo sin un guía ni orden, a la merced de la casualidad».

«Creo que las palabras de este padre del siglo IV son de una actualidad sorprendente», reconoció S. S. Benedicto XVI preguntándose: «¿Cuántos son estos "algunos" hoy?».

«Engañados por el ateísmo, consideran y tratan de demostrar que es científico pensar que todo carece de un guía y de orden».

«El Señor, con la sagrada Escritura, despierta la razón adormecida y nos dice: al inicio está la Palabra creadora. Al inicio la Palabra creadora --esta Palabra que ha creado todo, que ha creado este proyecto inteligente, el cosmos-- es también Amor».

El Papa concluyó exhortando a dejarse «despertar por esta Palabra de Dios» e invitando a pedirle que «despeje nuestra mente para que podamos percibir el mensaje de la creación, inscrito también en nuestro corazón: el principio de todo es la Sabiduría creadora y esta Sabiduría es amor y bondad». S. S. Benedicto XVI. P.M. MMV.XI.X.

 

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El creyente es animado a ver la gloria de Dios en el mundo creado, una gloria que eleva una naturaleza que ha sido redimida. Además, el cristianismo, tanto en la teología oriental como occidental, anima a la humanidad a encontrar el amor y la bondad de Dios en el orden creado.

Esta visión, no obstante, no lleva a una suerte de optimismo fácil sobre la naturaleza y la economía de la vida y la muerte. El cristiano contemplaría el mundo con ojos imbuidos de amor. Esta visión va más allá de la elaborada máquina de los deístas o de la visión mecanicista de la modernidad. Un cristiano ve el mundo en su belleza y terror, y en su primera y última verdad: no sólo naturaleza, sino creación.

En cuanto al mal y al sufrimiento, que también producen las catástrofes como los sucesos infaustos de la naturaleza, el pensamiento cristiano da otra dimensión a estos acontecimientos. Dios puede hacerlos ocasiones para cumplir sus fines buenos, aunque no sean en sí bienes morales. Además, el Evangelio enseña que Dios no puede ser derrotado y que la victoria sobre el mal y la muerte ya ha sido ganada. Pero es una victoria que no ha alcanzado su cumplimiento, debemos esperar hasta la venida final de Dios.

Para los cristianos que realmente tienen fe en esta promesa, la realidad de la muerte y el sufrimiento no debería presentarse como un obstáculo insuperable. Es, de hecho, mucho más que una piedra de tropiezo para un optimismo superficial o un fatalismo pagano. Los creyentes cristianos, por el contrario, abrazan la esperanza en la victoria final de Dios.



 

todo encomio a Dios eterno creador del cosmos 

 

 

 

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Si alguna frase o proposición se hubiere deslizado en la presente Web, no del todo conforme a la fe católica, la reprobamos, sometiéndonos totalmente al Supremo Magisterio del Papa, jefe venerado de la Iglesia universal, en comunión con todos los Obispos del mundo entero –efectiva catolicidad, universalidad tal como el Cristo pidió.


Recomendamos vivamente:

1ª) LEYENDAS NEGRAS DE LA IGLESIA. Autor Vittorio MESSORI – Editorial “PLANETA-TESTIMONIO” 10ª EDICIÓN – Óptimo libro para defenderse del cúmulo de opiniones arbitrarias, deformaciones sustanciales y auténticas mentiras que gravitan sobre todo en lo que concierne a la Iglesia.

 2ª) NUEVE SIGLOS DE CRUZADAS. Autor el argentino-español Luis María SANDOVAL PINILLOS – Editorial CRITERIO-LIBROS. Idóneo para denunciar o aclarar invenciones contra la Iglesia, como para hacer, junto a una necesaria crítica, una apología sin complejos del derecho que asistía a los cristianos de defenderse.

 3ª) AL-ANDALUS CONTRA ESPAÑA – LA FORJA DEL MITO. Autor Serafín FANJUL – Editorial SIGLO VEINTIUNO DE ESPAÑA EDITORES. Apto para deshacer los tópicos, falsedades y supercherías de diverso género sobre la herencia islámica y convivencia de cristianos en el suelo peninsular. MMII.

«Bendigan a los que los persiguen, bendigan y no maldigan nunca». Pablo, apóstol de la Iglesia Católica a los romanos. Cap.12 vers.14 †


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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).