Wednesday 29 March 2017 | Actualizada : 2017-03-03
 
Inicio > Leyendas Negras > Inquisición - 6º Iglesia, el antisemitismo, judíos Israel Lutero; malas lenguas

 

Lamentablemente es muy necesario repetir nuestra condena absoluta del racismo y del antisemitismo. La violencia en nombre de la religión es  siempre  una profanación de la religión. Para  oponernos  a esta alarmante tendencia, es preciso que juntos destaquemos la importancia de la educación religiosa, que promueve el respeto y el amor a los demás.

 

+++

Rey judío.

 

La tolerancia que emanaba de Roma hacia los judíos no siempre era respetada por muchos obispos y predicadores, que consideraban que la presencia judía no acarreaba ningún bien, y lanzaron contra los judíos toda clase de invectivas. En 1199, Inocencio III publicó la Constitutio contra iudaeis, estableciendo las normas de obligado cumplimiento para los cristianos en relación con los judíos: estancia legal en tierra cristiana, protección de personas y bienes, conservación de la fe mosaica, inviolabilidad de sinagogas y cementerios. Para la Iglesia, el judaísmo se presentaba como el depósito de la revelación de la Verdad hasta la llegada de Jesucristo y, un día, acabarían por llegar al "nuevo" Israel.

 

Lutero, como padre espiritual de la Alemania moderna, tiene una responsabilidad muy grave en el proceso de odio que se desarrolló contra los judíos.

 

+++

 

Ya en 1741 se divulgan con abundancia en las Universidades católicas, las ‘Obras Completas de Galileo’ - "En 1741, ante la prueba óptica, de la rotación de la tierra en torno al Sol, Benedicto XIV hizo conceder al Santo Oficio el Imprimatur a la primera edición de las Obras Completas de Galileo (...).

 

+++

 

Otro detalle —poco conocido— de tolerancia en Castilla: existió en épocas medievales una inquisición judía que entregaba igualmente al brazo secular.

 

+++ 

… Entonces Plutón ya no es más planeta. VIII.2006

… se equivocaría el Tribunal, la ciencia,

o éramos atrasados, o progresa el conocimiento?…

¡Y allí sigue Plutón, entonces!.

-.-

 

 

MALAS LENGUAS - Las etiquetas coladas con astucia tramposa y de mala intención han hecho algunas temáticas históricas algo espinosas, cuando no, muy difíciles de afrontar con limpidez y objetividad.En la muy marrullera transcripción que hacen de aquellos hechos históricos, ponderan más la mentira - complaciéndose en adulaciones con alto rédito inmediato- que molestar con la verdad. ¡Pero no es ésta la que buscan; por supuesto que no! Lo que siguen buscando, y a estas alturas nadie debiera dejarse engañar por sus charlatanerías, es una maniobra para silenciar la voz más influyente y poderosa que hoy defiendela libertad de todos. Y que la defiende a su propio riesgo –cárcel, vida y muerte- por anunciar a Jesucristo, proclamando el perdón e instruyendo a las gentes. Al contrario de quienes, desde su propio bando, intentan socavar su influencia; se llaman de los nuestros y viven haciendo el juego contrario. A la Iglesia, cuánto le deben muchos, y ¡qué poco les deben ellos a los efímeros matones!En la brumade la guerra contra la Iglesia se cuelan pifias, trampas y errores y tantas, tantas mentiras y desinformaciones. Lo grave es la incomprensión con que multitud de medios de comunicación, políticos y comentaristas abordancon insensatez el dramáticopredominio cultural del agnosticismo y del relativismocon el acoso hacia los débiles o desesperados.Ven en los indefensos una incapacidad para “saber hacer”. Quieren pensar por ellos negándoles la libertad y dignidad otorgadas por el creadora cada ser humano, imagen y semejanza de Dios."Todos los hombres —dice el Concilio—, conforme a su dignidad, por ser personas, es decir, dotados de razón y voluntad libre, (...) se ven impulsados, por su misma naturaleza, a buscar la verdad y, además, tienen la obligación moral de hacerlo, sobre todo la verdad religiosa".

 

¿Qué o quién les tiene puesta la mordaza?

 

Sepamos desenmascarar a todos aquellos que se sienten "poseedores de la verdad" (entre otros: el cientificísmo contemporáneo). Y le endilgan "precisamente esa misma actitud a la Iglesia", acusándola de su "dogmatismo" y ellos son los "dogmáticos absolutos" porque ya han definido (¡y no se nos ocurra contradecirles!), Que la realidad se agota en lo que se puede "comprobar" y por ende, todo conocimiento metafísico y de apertura a la Trascendencia, es "puro imaginario supersticioso", el regreso morbo a una época ya superada por las “luces propias del “espíritu positivo”. Además nadie, pero nadie, lo que se dice nadie, recuerda o no quiere recordar que la Iglesia ¡¡ha sido la única institución que -explícita y universalmente- ha pedido perdón por los errores y faltas en el comportamiento de algunos de sus hijos!!

 

¿De qué lado está la soberbia, entonces?

 

La Iglesia Católica es la única instituciónreligiosaen el mundo que tiene unaAcademia de Ciencias’, no sólo de índole internacional, sino de la que puede participar cualquierdoctocientífico (con o sin religión),con tal que goce no sólo de un amor desinteresado por la verdad, sino también de reconocida honestidad intelectual…  Siendo así, volvemos a repetir…y hasta el cansancio:

 

¿De qué lado está la soberbia, entonces?

 

¿Qué o quién les tiene puesta la mordaza?

 

¿De qué lado está la soberbia, entonces?

 

Desmitifiquemos a los grandes monstruos sagrados que el hombre de hoy adora, será una manera más de acercarnos desde una  razón que “no tiene miedo a la verdad” desde el mundo material hasta el Fundamento Último de todo lo real, en la necesaria e íntima vinculación entre las ciencias particulares y la Filosofía. VVV.2006.

 

+++

 

LA GRAN POLONIA SIEMPRE CATÓLICA - La Polonia de los siglos XV y XVI era también un país abierto a las nuevas corrientes religiosas. Al contrario de las otras partes de Europa, aquí no llegaron a estallar guerras religiosas, los disidentes encontraban en Polonia no sólo refugio sino incluso protección por parte de los monarcas católicos y de los magnates. El resultado de esa actitud fue el enriquecimiento de la vida cultural y científica con nuevas ideas y obras literarias, además de crear la imagen de Polonia como un país tolerante. Un destacado ejemplo de esta actitud fue la llamada "Confederación Varsoviana", firmada en 1573, que concedía a los protestantes los mismos derechos que a los católicos. El último rey de la dinastía de los Jaguelones, Zygmunt August (Segismundo Augusto), pronunció en la Dieta la famosa declaración: "No soy rey de vuestras conciencias".
No sin razón, los contemporáneos, y también las generaciones posteriores, denominaron el "Siglo de Oro" a la época de los Jaguelones, y en particular al siglo XVI.

 

+++

 

Iglesia, antijudaísmo, Inquisición

 

 

 A finales del año 1999, en una entrevista realizada al escritor José Luis Sampredro, éste manifestaba públicamente su aversión hacia cualquier religión, y en concreto su repulsa hacia la Iglesia católica, a la que consideraba responsable de ir en contra del progreso; una vez más salía a reducir el nombre de Galileo. Junto con Inquisición, son las palabras mágicas que abren la veda en cualquier ataque contra la Iglesia. No se trataba de un hecho aislado, sino de una postura vital muy arraigada entre el mundo intelectual y las gentes del común, que identifican la Iglesia con el oscurantismo, el terror, el freno al progreso y todo lo que el lector quiera imaginar. Basta ojear la prensa diaria, semanarios y ver las opiniones en torno al aborto, sexualidad, etc. Y de ahí a preguntarse para qué sirven Dios y la Iglesia, en un mundo en que el individuo considera que debe renunciar a cualquier atadura para conseguir su plena libertad, no hay más que un paso.

 

Parece como si la Iglesia fuera la culpable de todos los males que suceden o han acontecido a la humanidad, sobre todo en el terreno de las ideas y la religión: Juan Hus, Galileo, La Inquisición, los judíos entre otros son dardos que continuamente se arrojan contra la Iglesia, con una clara intención de desprestigio que a menudo consigue sus objetivos, sobre todo por la falta de cultura y desconocimiento de las gentes sobre estos temas, la manipulación de los mismos y la falta de información o de la utilización de los cauces adecuados para transmitirla por parte de la propia Iglesia. De ahí la trascendencia que tiene para la humanidad la política del papa Juan Pablo II de reconocer los errores cometidos por la Iglesia, asumirlos y pedir perdón, tal como se expone en los objetivos de la carta apostólica Tertio millenio adveniente, promulgada el 10 de noviembre de 1994, de fomentar la unidad de los cristianos y de mejorar el diálogo Iglesia-mundo.

 

"Así es justo que, mientras el segundo milenio del cristianismo llega a su fin, la Iglesia asuma con una conciencia más viva el pecado de sus hijos recordando todas las circunstancias en las que, a lo largo de la historia, se han alejado del espíritu de Cristo y de su Evangelio, ofreciendo al mundo, en vez de testimonio de una vida inspirada en los valores de la fe, el espectáculo de modos de pensar y actuar que eran verdaderas formas de antitestimonio y de escándalo".

 

Dos son los ámbitos en los que La Iglesia va hacer particular hincapié: el del judaísmo y el de la Inquisición. Temas del pasado en ambos casos, pero también del presente; y mucho nos tememos que del futuro, al menos en lo que a la Inquisición se refiere. Las imágenes negativas transmitidas durante generaciones están tan profundamente arraigadas en el subconsciente de la civilización occidental, que deberá hacerse un gran esfuerzo informativo y educativo, honesto y sin prejuicios, para que la paz y la fraternidad vuelvan a reinar en los espíritus. Pero el primer paso, imprescindible, es acercarnos a la verdad del pasado, en su doble vertiente histórica y teológica, ya que de lo contrario todo se quedará en meras declaraciones sin avances realmente positivos. De la primera nos encargamos los historiadores, de la segunda, los teólogos. Veamos, pues, cuáles fueron las causas que han llevado a la Iglesia a pedir perdón por los errores de sus hijos en el tema del judaísmo y la Inquisición.

 

Las "imposibles" relaciones entre hebreos y cristianos

 

En el Documento de la Comisión vaticana para las Relaciones Religiosas con el Hebraísmo del 16 de marzo de 1998, titulado "Nosotros recordamos: una reflexión sobre la "Shoah", sus autores reconocían que las relaciones entre hebreos y cristianos eran "una historia atormentada", siguiendo la línea emprendida por el Santo Padre Juan Pablo II en sus numerosos llamamientos a los católicos para considerar nuestra actitud de enemistad, odio y enfrentamiento con los judíos; algo, por desgracia, todavía vigente en muchos corazones. Cerrar heridas cuesta, por ambas partes. En este sentido creo que la labor realizada por el Concilio Vaticano II, rechazando las interpretaciones erróneas del Nuevo Testamento sobre el pueblo judío, marcan una inflexión en el tema.

 

El problema es muy antiguo y con muchas ramificaciones. Para empezar, no hay acuerdo en la utilización de la terminología, en la que se mezclan indistintamente dos conceptos, uno religioso y otro étnico, de forma que se identifican antijudaísmo y antisemitismo, algo inadmisible antes del siglo XV. Los autores actuales consideran que un judío es siempre judío si ha nacido en el seno de esta comunidad, aunque no profese la religión mosaica. Para la Iglesia judaísmo era un término religioso, aplicado sólo a aquella parte del pueblo de Israel que había rechazado a Jesús, al Mesías. El bautizado dejaba de ser judío al convertirse en cristiano. Este fenómeno del rechazo al converso que se dio a partir del siglo XV señaló el pasó al antisemitismo, al surgir la teoría "racial". Lo veremos al hablar de la Inquisición. Los conversos pasaron a ser llamados "cristianos nuevos", "lindos" o "marranos", para distinguirlos de los "cristianos viejos", que presumían de no tener mancha judía, de no ser de "nación judía".

 

Ahora bien, el antijudaísno no nació en el seno de la Iglesia, como pensaban autores como James Parkes o E. H. Flanery, sino que, en opinión de Benzion Netanyahu, surge en el Egipto faraónico y se difunde más tarde por el mundo griego. Para este autor, la pregunta clave es: ¿cuándo se produjo la total separación entre cristianismo y judaísmo en cuanto religión, culto y forma de vida?. Esta tendencia a la separación entre ambos la había iniciado ya Pablo, al liberar a los gentiles del lastre de los preceptos judíos haciéndoles más fácil aceptar su versión de un judaísmo cristianizado. Pero la ruptura radical se detecta en el Evangelio según Juan (hacia el 125), en el que "se reemplazó la idea judía de Dios con la concepción básica de la Trinidad, la visión judía del Mesías (hijo de David) con la noción del logos encarnado y el programa paulino de su misión universal, con una orientación revisada que no otorga al judío preferencia en ningún aspecto".

 

No voy a entrar en detalles del proceso de escisión y ruptura total del cristianismo respecto al judaísmo, bien conocido, que le proporcionó unas claras señas de identidad que cortaron toda conexión con la raíz judía. El esfuerzo de los pensadores cristianos por eliminar del cristianismo todo lo judío se tradujo en una animosidad al judaísmo y al pueblo judío visible ya desde el 125 d.C. "El instinto de odio se solidificó en una doctrina que constituye la base del nuevo edificio religioso" (Netanyahu).

 

La Iglesia veía al judío como "aquél que todavía no era cristiano", aquel cuya ceguera le impedía conocer al verdadero Mesías (cecitate iudaica, en la terminología de la época), y si se le permitía vivir en territorio cristiano era para que siguiendo la doctrina agustiniana pudiera llegar a la verdad, recibir el mensaje cristiano y, por fin, convertirse. Algo a lo que no parecían muy dispuestos los judíos.

 

La hostilidad contra los judíos por parte cristiana comenzó ya en el mundo romano, apoyándose en interpretaciones erróneas e injustas del Nuevo Testamento, y ya no cesaron en el futuro en todo Occidente. Merece especial atención el caso español, donde el judaísmo alcanzó una de las más brillantes etapas de su historia, además de ser la parte que más directamente atañe a la Iglesia y a nuestro pasado.

 

Ahora bien, antes de este breve repaso histórico, conviene dejar claro un punto respecto a la presunta convivencia entre cristianos, judíos y musulmanes en la España medieval, que en nuestros días, por razones políticas, se ha calificado de "ejemplar". Nada más lejos de la realidad. Los historiadores preferimos hablar de "coexistencia", y no siempre pacífica, lo que no excluye que en determinados momentos hubiera buenas relaciones personales, a nivel individual, entre cristianos y judíos. Lo habitual fue la tolerancia de los monarcas, respaldada por el mensaje de la Iglesia, a la espera de su conversión.

 

La situación socio-histórica de las tres religiones (cristianismo, judaísmo, islam) cambió a lo largo de casi un milenio, entre el año 589 (IIIer concilio de Toledo, con graves medidas políticas y religiosas contra los judíos) y 1492, en que fueron obligados a convertirse o partir camino del exilio. Hay dos periodos con predominancia política cristiana (la etapa visigoda y los reinos cristianos) y uno con dominante musulmana (Al-Andalus). En ellos encontramos tres religiones, pero nunca tres culturas o tres grupos sociorreligiosos que vivan en un pie de igualdad. No hay, en cada época y lugar, más que una cultura dominante y un solo grupo dominante, el que ostenta el poder político, con dos subculturas o minorías, basadas en su religión (judaísmo, cristianismo e islam).

 

Los judíos no podían formar parte de la comunidad política ni considerarse súbditos de los reyes, porque dicha comunidad era la proyección de la Cristiandad en el orden temporal, de modo que sólo los que estaban bautizados podían participar en ella. Por tanto la permanencia de los judíos en territorio cristiano tendría su base en aquella figura del Derecho romano que era la "hospitalitas": habitaban en el territorio, pagando por ello a cambio una compensación económica, pudiendo disfrutar del ejercicio de su religión ("su ley", como se decía en los documentos), el uso de su lengua, jueces y leyes propias, posesión de casas de oración y enseñanza y cementerios propios.

 

Ni los reyes ni la Iglesia pensaron en España en su expulsión o en su conversión forzosa. Los judíos, a pesar de la legislación restrictiva contra ellos, les eran muy útiles en numerosos aspectos de la vida cotidiana y, sobre todo, eran una fuente regular de ingresos, por lo que no había razón para expulsarlos. Eso sí, tanto los monarcas como los judíos tenían clara la idea de que los primeros podían prohibir su residencia en determinados lugares o en todo el reino, si lo consideraban oportuno. La situación de inferioridad del judío fue clara en todo momento y, de forma más o menos rigurosa según las épocas, se les obligaba a vivir en barrios especiales (kahal, call, judería). Para los dirigentes cristianos, del Estado o de la Iglesia, el judaísmo era en sí mismo un mal, llamado a desaparecer, y como tal fue definido en la sentencia de la Universidad de París, que condenó a la hoguera el Talmud en 1248.

 

Aunque el recelo y el desprecio era mutuo entre los sabios judíos y cristianos, éstos eran conscientes de que los judíos se hallaban en posesión del texto fidedigno de la Escritura en su original hebreo, conocida como "hebraica veritas", y en más de una ocasión los eclesiásticos hubieron de acudir a los rabinos y sabios hebreos en busca de versiones fiables de textos de la Escritura, que sustituyesen las deformadas versiones cristianas.

 

El resentimiento entre cristianos y judíos en nuestras tierras era muy viejo, de época visigoda. Los judíos asentados en Hispania eran en su mayoría de origen oriental, como en el resto del Imperio romano, aunque no pueda excluirse la existencia de algunos convertidos, indígenas o gentes de origen helenístico oriental. Ya en el concilio de Elvira, de los años 303 y 309, se prohibían los matrimonios mixtos o las relaciones sexuales entre los miembros de las dos comunidades religiosas, prohibiciones de bendiciones de frutas y de comidas compartidas, etc. Estas medidas de segregación, que buscaban impedir las influencias mutuas, habían sustituido a los códigos de diferenciación de las comunidades cristianas primitivas y preparaban medidas más estrictas, en un contexto de propaganda religiosa donde las autoridades cristianas intentaban impedir el proselitismo judío, a la vez que buscaban las conversiones de los judíos al cristianismo. El fondo del problema se encuentra, con todo, en la búsqueda de una unidad diferenciada del cristianismo como elemento fundamental del Estado visigodo, y en la búsqueda, por parte de ese Estado, de una unificación de su poder político, también en el campo religioso, mediante la eliminación de las disidencias.

 

Los rasgos diferenciales de los judíos hacían de éstos las víctimas más visibles de esta política religiosa, por su vida regida por la Biblia, por los preceptos rabínicos y su modo de vida oriental. A ello se añadían las condenas de los teólogos cristianos, entre ellos San Isidoro, obispo de Sevilla, que hacían una simplista lectura antijudía de los textos del Nuevo Testamento cristiano y de las polémicas de los Padres de la Iglesia, orientales y occidentales.

 

El resultado final de estas premisas teológicas fue una persecución política que pretendía eliminar el judaísmo, forzándoles a la conversión al cristianismo. Ningún medio se ahorró para ello, a partir de una legislación que seguía precedentes bizantinos. Incluso se preveía separar a los niños de sus padres, para educarlos como a los cristianos.

 

Este odio y persecución de los visigodos a los judíos explica por qué los judíos acogieron a los invasores musulmanes (711) como libertadores y colaboraron militarmente con ellos en el momento de la conquista de la península. Ello les acarrearía graves consecuencias para el futuro, pues los cronistas medievales se encargaron de difundir la imagen del judío como colaborador en la "pérdida de España", como traidor, lo que se añadió al cúmulo de calumnias que tuvieron que padecer en el futuro.

 

La instalación del islam en la Península Ibérica (Al-Andalus) modificó radicalmente la situación social de los cristianos y los judíos hispanos. La conversión de la mayoría de los cristianos al islam hizo que los que quedaron pasaran a ser una minoría, los mozárabes, tolerados por el poder musulmán, igual que los judíos, por su condición de "portadores de Libro Revelado". Los judíos se adaptaron a la legislación referente a las minorías religiosas y formaron comunidades locales regidas por sus tradiciones. El califato de Córdoba, en el siglo X, será un momento de gran esplendor de las comunidades y de la cultura judía en Al-Andalus, que se mantuvo en el siglo XI en algunos de los reinos de taifas en que se fragmentó el califato. Pero en los siglos XII y XIII la toma del poder en Al-Andalus por dos potentes dinastías reformistas lo que hoy calificamos como "integristas", los almorávides y los almohades, hizo que los judíos fueran perseguidos y obligados a convertirse, lo que les forzó a emigrar a los territorios cristianos de la Península o al Próximo Oriente, como hizo Maimónides.

 

Durante la etapa de nacimiento de los Estados cristianos los judíos eran pocos y no hubo fobia contra ellos. Los ataques eran doctrinales, repetición de los textos clásicos del cristianismo, en particular los de San Agustín y San Isidoro.

 

La interrelación entre las tres religiones se puso de manifiesto en muchas ciudades, pero quizá Toledo ha sido la más ensalzada por la historia en esta faceta. Alfonso VII de Castilla no dudó en llamarse "emperador de las tres religiones". Todas ellas invocan a Abraham como padre común y todas se consideran en posesión de la verdad, mientras que las demás se equivocan. Los judíos lo reflejaron en el cuento de los tres anillos. Un rey tenía tres hijas a las que quería mucho, pero una de ellas era la preferida. A ésta quería dejarle un anillo de mucho valor que poseía, pero sin provocar el disgusto de sus hermanas. Llamó a un orfebre y le encargó que elaborara dos anillos tan semejantes al primero que nadie pudiera descubrir la diferencia: así, sólo la poseedora del secreto sabría que el suyo era el anillo legítimo. Los tres anillos son las tres religiones, y que el pueblo predilecto disfruta del privilegio de la legitimidad. Por supuesto, también los judíos pensaban que los cristianos vivían en el error y consideraban que "Jesús defraudó a Israel, pretendió ser Dios y negó la esencia de la fe" (rabino Yehiel, en París, siglo XIII).

 

Reyes, nobles, la propia Iglesia, protegían a los judíos, pero las relaciones con el pueblo cristiano las horizontales estaban cargadas de odio, tanto por razones religiosas como de orden económico, dado su papel de arrendadores y recaudadores de impuestos, excelentes artesanos y, sobre todo, usureros. La herida nunca se pudo cerrar; al contrario, a partir del siglo XIII no hizo sino agrandarse, hasta culminar con la expulsión de 1492. Los reyes y la Iglesia defendían la permanencia de los judíos en sus tierras por razones económicas y para que un día descubrieran su error y se convirtiesen. Los judíos eran "propiedad del rey", igual que en Alemania lo eran de la Cámara imperial, no del emperador. La prohibición del judaísmo hubiera resultado un grave perjuicio económico en los países cristianos.

 

La tolerancia que emanaba de Roma hacia los judíos no siempre era respetada por muchos obispos y predicadores, que consideraban que la presencia judía no acarreaba ningún bien, y lanzaron contra los judíos toda clase de invectivas. En 1199, Inocencio III publicó la Constitutio contra iudaeis, estableciendo las normas de obligado cumplimiento para los cristianos en relación con los judíos: estancia legal en tierra cristiana, protección de personas y bienes, conservación de la fe mosaica, inviolabilidad de sinagogas y cementerios. Para la Iglesia, el judaísmo se presentaba como el depósito de la revelación de la Verdad hasta la llegada de Jesucristo y, un día, acabarían por llegar al "nuevo" Israel.

 

Esta doctrina oficial fue tergiversada en la vida diaria por los ministros de la Iglesia, que no entendían como los judíos permanecían aferrados a su ceguera, al no querer reconocer al auténtico Mesías en Jesús, y desde el púlpito se recordaba continuamente a los fieles que los judíos crucificaron a Dios, que eran el pueblo deicida. No hace falta insistir en el odio que latía entre ambas comunidades. A pesar de todo, la Península era un remanso de paz para los judíos, en comparación con otros países, como Inglaterra, Francia o Alemania, donde fueron perseguidos y expulsados.

 

 

Las leyes, sin embargo, aunque reconocían jurídicamente a los judíos, les impusieron severas restricciones: prohibición de convivir con los cristianos o de contactos sexuales, ningún judío podía ostentar cargo u oficio que tuviera poder sobre un cristiano, la conversión al judaísmo era castigada con la pena de muerte, los judíos no podían formar parte de las corporaciones de oficios, obligación de vivir en barrios separados, de llevar señales distintivas, etc. Medidas que la Iglesia había aprobado en el IV concilio de Letrán (1215) y los Estados pusieron en práctica con mayor o menor celo, según el interés personal de los monarcas y la presión social y de la Iglesia. También los judíos se vieron muchas veces obligados a asistir a las predicaciones cristianas en sus sinagogas. Disputas públicas entre teólogos cristianos no era raro que fueran conversos y rabinos organizadas en presencia de las autoridades: Barcelona en 1263, Ávila en 1375, Tortosa en 1413, etc. A pesar de los peligros de estas reuniones, los dirigentes judíos no dejaban de responder a las interpretaciones cristianas de la Biblia y de defender el Talmud, que siempre salía derrotado. Los judíos se defendían atacando a la creencia fundamental del cristianismo, la figura de Jesús, originando una abundante literatura. La respuesta de los cristianos fue que Dios castigaba a los judíos su "perfidia" resistencia a la fe pues habiendo enviado a su Hijo en cumplimiento de la Promesa, le habían rechazado y llevado a la muerte. Por ello son acreedores del desprecio en el exilio y el desarraigo, condenados a vivir sin tierra propia, a errar por el mundo. La sentencia de la Universidad de París en 1248 que condenó el Talmud como herético y peligroso, dejó claro que el judaísmo era una perversión, principio que se mantuvo firme en obras de gran difusión como el Pugio fidei de Ramón Martínez y el Fortalitium fidei de fray Alonso de Espina.

 

Fueron precisamente las acusaciones procedentes de la esfera religiosa las que desencadenaron las más graves consecuencias. Se aplicó a todos los judíos la condición de usureros, actividad que sólo practicaban unos pocos, y en el siglo XIV, procedentes de centroeuropa, llegaron a España las dos grandes calumnias: se acusó a los judíos de rememorar, sacrílegamente, la Crucifixión, asesinando ritualmente a un niño para preparar con su sangre el matzot de la Pascua; también se dijo que compraban o robaban Formas consagradas para profanarlas. El pueblo creyó, sin más, tales calumnias.

 

Se fue creando la conciencia de una "solución final" para el problema judío, cuyo primer paso sería la práctica de su religión, mientras que otros, como Ramón Llull, aconsejaban la predicación y la conversión, o de persistir en el error judío, la expulsión. Pero la expulsión no fue una decisión tomada por el papado, sino por las monarquías europeas, que identificaron el reino con la comunidad política, a la que se reconocía una esencial dimensión religiosa. La paradoja se dio a finales del siglo XV y principios del XVI, cuando los judíos expulsados de todo Occidente encontraron refugio en los Estados pontificios.

 

Durante el siglo XIV, y a partir del concilio de Vienne (1311), se aceleró el antijudaísmo en la sociedad, tanto teórico como práctico, sobre todo desde mediados de siglo en cuya trayectoria no me voy a detener en el que intervinieron factores religiosos, sociales, políticos y económicos. La hostilidad contra los judíos alcanzó su punto culminante con las predicaciones incendiarias del arcediano de Écija, Ferrán Martínez, que provocó el saqueo y la destrucción de numerosas juderías hispanas, comenzando por la de Sevilla y siguiendo por Andalucía, Valencia, Cataluña, etc., con el resultado de la muerte y conversión de millares de judíos. A este duro golpe siguió la "era bautismal", con las predicaciones de San Vicente Ferrer y la disputa de Tortosa (1413) y las leyes de Ayllón de Benedicto XIII (1411). Con todo, una vez vueltas las aguas a su cauce, la comunidad judía hispana comenzó a reconstruirse, sobre todo en Castilla, y reyes y nobles le brindaron su apoyo. La situación se complicó, sin embargo, con el problema converso, su imparable ascenso social y las sospechas de judaizar, lo que despertó el recelo y el odio de los cristianos viejos. Todo ello, mezclado con la compleja situación política de Castilla y la propaganda antijudía de un buen número de eclesiásticos muchos de origen judío, como el Fortalitium fidei, llevó hacia la solución final: la introducción en Castilla del procedimiento inquisitorial, para castigar a los culpables de judaizar, es decir de ser herejes, y la resolución del problema judío.

 

El judaísmo era un mal que los Reyes Católicos soportaban por utilidad; pero, salvo excepciones, la población y las autoridades, sobre todo las urbanas, odiaban a los judíos; lo cual facilitó el decreto de 31 de marzo de 1492, redactado por Torquemada, prohibiendo la estancia en Castilla y la Corona de Aragón de cuantos profesaran la religión judía, salvo el caso de que se convirtieran. Era el triunfo del principio monárquico: "cuius regio eius religio", identificando comunidad política y religión, a la vez que daba al príncipe poder absoluto para imponer la religión de sus súbditos. Había triunfado el principio propuesto por la Inquisición de que era imposible alcanzar la unidad mientras los judíos permaneciesen en nuestro suelo (en base a las acusaciones de usura y "herética pravedad"), principio que más tarde se aplicó a los musulmanes. La Iglesia acogió la medida con gran alegría y el papa celebró festejos, en tanto que la Universidad de París felicitaba a los monarcas, que, no en vano, han pasado a la posteridad como "Reyes Católicos".

 

La expulsión fue interpretada por cristianos y judíos desde una óptica religiosa. Para los primeros era resultado de la terquedad judía en reconocer al verdadero Mesías; para los segundos una prueba más enviada por Dios por el incumplimiento de la Ley, mediante la cual se avanzaba hacia la Purificación de Israel.

 

En el futuro, el antijudaísmo, transformado en antisemitismo, no hizo sino crecer con el transcurso del tiempo, y la historia de los judíos está llena de persecuciones, matanzas, vejaciones y discriminación de todo tipo, hasta culminar con "la Shoah", el exterminio final del régimen nazi, en el que por desgracia no todos los católicos mostraron la sensibilidad acorde con la doctrina que profesaban. Razones todas ellas que llevan a la Iglesia del presente a pedir el perdón por tanto odio y tantas injusticias.

 

EL PESO DE LA INQUISICIÓN

 

Savonarola, Huss, Galileo, la Inquisición, son nombres que pesan como una losa sobre la Historia de la Iglesia, sobre todo a nivel popular y en determinados ámbitos intelectuales, que pretenden hacer a la Iglesia responsable de todos los males del pasado, depósito de oscurantismo y rémora para el progreso. El caso de la Inquisición es el más llamativo, porque casi doscientos años después de su supresión sigue siendo objeto de apasionados debates y encontradas posturas entre historiadores, habiéndose convertido en símbolo de fanatismo e intolerancia, en un mito en el que lo más difícil, como siempre, es encontrar la verdad. El propio Juan Pablo II, en 1998, no ha dudado en referirse a la "atormentada historia de la Inquisición" y en calificar el periodo de su actuación sobre todo los siglos XIII al XVII como una fase atormentada de la historia de la Iglesia, de la que hay que arrepentirse y pedir perdón. Pero, ¿qué fue lo que llevó a la Iglesia a crear un tribunal inquisitorial, que acabó convirtiéndose en un auténtico instrumento de terror?.

 

La bibliografía sobre la Inquisición es tanta y tan diversa que no voy a entrar en detalles sobre las corrientes historiográficas en torno al tema ni hacer un análisis detallado del funcionamiento del tribunal. Simplemente hay que recordar que el Tribunal de la Santa Inquisición era el organismo eclesiástico encargado de la represión de la herejía y demás delitos contra la fe cristiana (superstición, brujería, iluminismo, apostasía, etc.) establecido por el papado a mediados del siglo XIII 1233en diversos países de Europa occidental. El nombre de Inquisición (inquisitio) venía dado por el procedimiento procesal que informaba su actuación, distinto del usual, que sólo actuaba a instancia de parte. En el sistema inquisitivo, era el juez el que procedía a buscar los herejes, para ser juzgados y sentenciados por dicho tribunal.

 

Hay que distinguir en este tribunal dos manifestaciones distintas: la llamada Inquisición medieval o Inquisición papal que funcionó en algunos países de Occidente entre los siglos XIII y XV, bajo la dependencia directa del Papa, y la Inquisición española o Tribunal del Santo Oficio, la que conocemos vulgarmente como Inquisición, creada por los Reyes Católicos, con la aprobación del papa Sixto IV. Aunque los principios que las inspiraban eran los mismos, presentan diferencias externas: más eclesiástica y universal la primera, más nacional y sometida a la autoridad civil, la segunda.

 

La Inquisición medieval fue creada para combatir la herejía de los cátaros o albigenses, la segunda para combatir la herejía judía que supuestamente practicaban en el siglo XV los conversos del judaísmo en la Península Ibérica. Recordemos, y esto es algo muy importante que se olvida cuando se escribe sobre la Inquisición o que la gente ignora que la Inquisición no podía actuar contra los judíos, que tenían reconocida la libre práctica de su religión igual que los musulmanes, ni lo hizo de forma habitual, sólo en algún caso excepcional. Lo que se trataba de perseguir era a los judaizantes, los falsos cristianos. Este era el problema, los conversos, sobre todo en la Corona de Castilla.

 

Sobre los conversos hay dos puntos de vista, opuestos: uno, representado por buena parte de la historiografía clásica y de la judía actual, que opina que su cristianismo era fingido: judíos en la práctica que durante el siglo XV siguieron practicando el rito judío, de forma más o menos pública. La otra corriente histórica, que tiene su máximo representante en Benzon Netanyahu, y cada vez con más adeptos, considera que éstos hacia 1480 eran cristianos con apenas rescoldos de judaísmo residual. La Inquisición operaría, desde su punto de vista, sobre una auténtica ficción. Sostiene el citado autor que al principio los conversos trataron de vivir secretamente como judíos, pero pronto comenzaron a sentir la dificultad de llevar una doble vida. Gradualmente fueron abandonando en número creciente las costumbres y leyes judías, y comenzaron a vivir como verdaderos cristianos. La falta generalizada de esperanza sobre el futuro del judaísmo aceleró ese proceso, así como el deseo de librar a los hijos de una crisis de identidad. Por eso los hijos se educaron como cristianos y a partir de la segunda generación la mayor parte no sabía nada del judaísmo. Cuando se creó la Inquisición, aunque había criptojudíos en España esto nadie lo niega eran pocos.

 

Para reconstruir la identidad de aquellos conversos, Netanyahu se sumergió en las fuentes hebreas de la época, especialmente en los responsa rabínicos, y estas fuentes demuestran que los citados conversos eran considerados por las autoridades judías como apóstatas, gentiles o renegados, pero en ningún caso criptojudíos. Ello forma parte de una corriente historiográfica judía minoritaria (a la que se sumó Cecil Roth antes de morir) que replanteaba su propio devenir histórico. No se trataba de llorar las penas de lo que fue el holocausto español, sino de deslegitimar desde el principio todo el discurso represivo, subrayando la paradoja de que no fue la Inquisición la culpable del exterminio judío, sino al revés, la provocadora de que la identidad judía, prácticamente residual, resurgiera de sus cenizas como reacción a la propia represión inquisitorial.

 

El problema es por qué la Inquisición atacó tan duramente a una comunidad que ya existía desde 1391, era esencialmente cristiana y en la no existía el problema religioso.

 

Netanyahu sitúa los orígenes de la Inquisición en el Toledo de 1449 como un proyecto "urdido por los racistas eclesiásticos dirigidos por el vicario de la diócesis toledana". El proyecto se aparcó momentáneamente, Alonso de Espina con su Fortalitium fidei desarrolló una campaña de relanzamiento de la idea, secundado por franciscanos, jerónimos y dominicos, y los Reyes Católicos en 1480, legitimados por la bula de Sixto IV de 1478, nombraron los primeros inquisidores de Sevilla.

 

¿Por qué la Inquisición? Por supuesto que hace tiempo que quedó abandonada la teoría de Menéndez y Pelayo, quien vio la amenaza de que toda España se volviera judía a causa de la influencia de los conversos sobre toda la cristiandad peninsular; o la de aquellos que la atribuían al deseo de los Reyes Católicos de quedarse con las riquezas de los conversos. Para Netanyahu la clave está en el racismo (obsesión por la conspiración y la amenaza de contaminación), que traslada el odio hacia los judíos existente en la sociedad española a los conversos, acrecentado por el éxito de éstos en la vida social. También los matrimonios mixtos entre conversos y cristianos viejos, en particular en la nobleza eran vistos como una amenaza. El racismo tendría un substrato de factores socioeconómicos (la competencia por el poder en el seno de la oligarquías urbanas) y político-nacionales (configuración de los conversos como elemento étnico aparte en un momento de formación de la identidad española). Los Reyes Católicos crearían la Inquisición como concesión a los racistas del partido anticonverso. Al mismo tiempo tendría un sentido pragmático y no se violaría el sistema legal, permitiendo discriminar convenientemente a los conversos auténticos de los herejes, desviando la atención de unas masas que podían haber puesto en peligro a la propia monarquía. La Inquisición sería el resultado de la combinación de un fondo ideológico racial con una estratégica maniobra política de los Reyes Católicos. El citado autor compara el racismo español con el nazismo alemán ("En Alemania, como en España cuatro siglos antes, la teoría racial reemplazó ampliamente a la doctrina religiosa para justificar la discriminación de los judíos") y fustiga a la Inquisición más que por la crueldad, por los "falsos pretextos" y por la hipocresía que alimentaba su "impulso destructivo".

 

El planteamiento es arriesgado y rompe los clásicos esquemas en torno a la Inquisición. Se le ha acusado de hacer historia desde la catástrofe por esa identificación del nazismo alemán con la España del siglo XV, es decir la tesis del eterno antisemitismo, y de tener una perspectiva monolítica del cristianismo hispano del Cuatrocientos.

 

Hay quien sugiere que el problema de los orígenes de la Inquisición 1478/1481 es el de un cristianismo diversificado y tensionado quizá hasta el límite de la ruptura, al que venía a superponerse, con la cristianización de los conversos, un entendimiento de la Ley Nueva como cumplimiento pero no necesariamente abrogación de la Ley Vieja: cristianos de Israel, capaces de autoidentificarse como nación. Nación, esto es, "pueblo mesiánico", no necesariamente "raza", concepto diferente al actual. La situación en el siglo XV sería de larvada guerra de religión, que las partes contendientes estarían dispuestas a decidir mediante una "inquisición" acerca de los fundamentos de la fe. Se enfrentaba en suelo castellano dos entendimientos distintos y distantes de la Ley.

 

El problema de la herejía, real o supuesta, de los conversos fue la justificación que utilizaron los Reyes Católicos para la creación de la Inquisición, habida cuenta que la herejía era entonces no sólo una cuestión religiosa, que solo afectaba al que caía en ella, sino que concernía a toda la comunidad al desestabilizar la armonía del cuerpo social. Era un pecado y un delito político, y como tal había de ser castigado. Y Fernando el Católico, por cuyas venas corría sangre judía (su tatarabuela fue la amante de don Fadrique, hijo bastardo de Alfonso XI de Castilla), se encontró con un nuevo poder político institucional, la Inquisición, que no tenía fronteras entre Castilla y la Corona de Aragón, y serviría no sólo para erradicar la herejía sino también para afianzar el autoritarismo monárquico. La inútil oposición foral al rey de Aragón, Valencia y Cataluña fue acallada con la fuerza del temor, y la Inquisición desplegó su máquina represiva durante siglos contra conversos, moriscos, homosexuales, iluminados, protestantes y cualquier desviacionismo de la ortodoxia.

 

Antijudaísmo, envidias y recelos por el ascenso social, odio y fanatismo, autoritarismo regio, etc. Factores todos ellos que propiciaron la creación de la Inquisición y hacen muy difícil conocer la verdad histórica, porque la recta visión de la misma se ha visto enturbiada por los prejuicios ideológicos, políticos y religiosos. La leyenda negra española y los enciclopedistas franceses la utilizaron para atacar a España y a la Iglesia, mecanismo que sigue funcionando, aunque a distintos niveles, en nuestros días. Los historiadores debaten su contenido histórico, intentando aproximarse o encontrar la verdad, en tanto que la Iglesia analiza "si la teología cristiana rectamente entendida, pudo ser la base lícita de la creación de este tribunal, o si su origen está en razones de mera política eclesiástica, en cuyo caso la Iglesia habría traicionado las bases mismas en que se apoya su existencia histórica" (Ecclesia, nº 2.918, 7111998, p. 23). La opinión del cardenal Roger Etchegaray y del Santo Padre es muy clara: asumir las culpas por el antijudaísmo y la Inquisición entre otros temas y entonar el "mea culpa" en el jubileo del año 2000, pidiendo perdón por sus culpas a Dios y a los hermanos. No es un acto de fingida humildad, ni se trata de dar la razón a los enemigos de la Iglesia ni de rechazar su bimilenaria historia: responde a la irrenunciable exigencia de la verdad, una verdad que nos libera del error y que nos libera para amar. Se podrá estar o no de acuerdo con estos perdones y su oportunidad, pero creemos que la reconciliación, el perdón, es el camino hacia la unión auténtica con Cristo, con nuestros hermanos de fe y con nuestros hermanos judíos.

 

 

Para saber más

ALCALÁ, Angel y otros, Inquisición española y mentalidad inquisitorial, Ariel, Barcelona,España 1984.

BAER, Yitzhak, Historia de los judíos en la España cristiana, edición original, Tel-Aviv, 1945. 2ª edición: Barcelona,España 1998.

MARTINEZ SARRADO, Sergio, "Las formas de antitestimonio y la Historia de la Iglesia", en VV.AA., Qué es la Historia de la Iglesia, Actas del XVI Simposio Internacional de Teología de la Universidad de Navarra, Eunsa, Pamplona, 1996, pp. 671-687.

NETANYAHU, Benzon, Los orígenes de la Inquisición, Crítica, Barcelona,España 1999.

SUÁREZ FERNANDEZ, Luis, La expulsión de los judíos de España, Mapfre, Madrid, 1991.

José Hinojosa Montalvo. almudi.org   nº 166

 

+++

 

«La fe tiene necesidad de la razón para no caer en la superstición. La razón tiene necesidad de la fe para no caer en la desesperación». Juan Pablo II – Magno.

 

+++

 

"Conviene no erigirse con arrogancia en juez de las generaciones precedentes, que vivieron en otros tiempos y en otras circunstancias. Es necesaria una humildad sincera para no negar los pecados del pasado y no caer en fáciles acusaciones en ausencia de pruebas reales o ignorando las diferentes circunstancias de la época", S.S. Benedicto PP. XVI –Varsovia 2006-05-25

 

+++

 

Porque la Iglesia "no puede convertirse en el tribunal del presente sobre los pecados del pasado, lo que tiene que hacer es confesar de manera franca y con confianza los pecados presentes y pasados".

Ello significa -precisó entonces- que no se debe negar todo el mal hecho por los hijos de la Iglesia, pero tampoco atribuirse pecados sobre los que no existe una certeza histórica.

La Iglesia es santa, pero en ella hay pecadores, y que hay que rechazar el deseo de identificarse sólo con aquellos que no tienen pecados.

Tras animar a la penitencia, el Papa dijo que la confesión de los pecados debe estar acompañada de la confesión de las gracias, "ya que pidiendo perdón por el mal cometido en el pasado debemos también recordar el bien realizado con la ayuda de la gracia divina". S.S. Benedicto PP. XVI –Varsovia 2006-05-25

 

+++

 

"Al sacerdote no se le pide que sea un experto en economía o en política. Se espera que sea experto en vida espiritual y frente a las tentaciones del relativismo o del permisivismo no es necesario que conozca todas las actuales y cambiante corrientes de pensamiento, de él se espera que sea testimonio de sabiduría eterna, contenida en la palabra revelada",.

Aseguró que Cristo necesita sacerdotes que sean "maduros, viriles, capaces de cultivar una auténtica espiritualidad". "Servid a todos, sed accesibles, ayudad a las familias, a los jóvenes, a los pobres y a los abandonados".

¡Hay sacerdotes que los fieles critican por ser arrogantes y no tener en cuenta las necesidades de su contorno!. S.S. Benedicto PP. XVI –Varsovia 2006-05-25

 

+++ 

 

Inquisición. (Del lat. inquisit?o, -?nis).1. f. Acción y efecto de inquirir.

Inquirir. (Del lat. inquir?re).1. tr. Indagar, averiguar o examinar cuidadosamente algo.

Inquisición proviene precisamente de inquirir, función primordial, como lo es hoy, de un tribunal.

El comisario de la Inquisición en España, podía ser un comisario político-regio como en otros casos un religioso; el Consejo de la Inquisición podía estar compuesto por religiosos pero no necesariamente todos y, según los períodos, estaba encaminado -bajo las directivas reales- para controlar al máximo las estructuras del Santo Oficio, con normativas a fines políticos o privilegios reales.

 

+++

 

Inquisición - “Criticar a la Iglesia actual con el viejo argumento de la Inquisición es igual que atacar a los indígenas de México por sacrificios humanos de hace más de 500 años.

En el caso de la Inquisición hay que decir que instituciones semejantes hubo tantas como religiones había. No sólo hubo una Inquisición católica. Además, para esas épocas, un ataque a la religión de un país -sea católica, luterana, anglicana o calvinista- suponía un acto de desestabilización del gobierno, como hoy pueden serlo el terrorismo o las guerrillas.

En cuanto a la Inquisición española, considerada la más terrible, en su momento de mayor auge, entre 1540 y 1700, los condenados a la hoguera fueron 1.346, que representan un 1,9% de todos los procesados (investigación de Heningsen y Contreras). En cambio, la Revolución Francesa, tan alabada hasta el día de hoy, en pocos días, llevó a la guillotina cifras muy superiores al período citado; además, por ejemplo, exterminó a prácticamente todos los habitantes de la región de la Vandeé y arrasó con gran cantidad de edificios y objetos de arte religiosos de enorme valor cultural. Todo eso en nombre de la libertad, igualdad y fraternidad.

Mi intención con esta carta no es exculpar a la Inquisición de nada y a modo de “empate” condenar la Revolución Francesa; sólo pongo algunos hechos sobre la mesa para hacer ver que fácil es lanzar frases fuera de contexto y condenar ciertas épocas e instituciones; y, al mismo tiempo, pasar por alto otros períodos más afines desde un punto de vista ideológico”.
Gonzalo Verbal Stockmeyer - Estudiante de Licenciatura en Historia
Universidad de los Andes. Chile - Lunes, abril 24, 2006

-.-

“La Ilustración procuró entender y definir las normas morales fundamentales desde la afirmación de que tales normas serían válidas «etsi Deus non daretu» aun en el caso de que Dios no existiera... Llevar al extremo nuestro intento de comprender al hombre prescindiendo totalmente de Dios nos conduce cada vez más al borde del abismo, o sea, a prescindir completamente del hombre. Por tanto, tendremos que dar la vuelta al axioma de los ilustrados y afirmar que aun el que no logra encontrar el camino de la libre aceptación de Dios debería tratar de vivir y organizar su vida «veluti si Deus daretur», como si Dios existiera. Que ése es el consejo que da Pascal a su amigo agnóstico: empieza con la locura de la fe, y terminarás en el conocimiento”.

 

+++

 

Medioevo - Se podría decir que, en cierto modo, la Edad Media sí estaba sumida en la oscuridad; pero no porque fuese oscura en sí misma, sino por lo poco que de ella se sabía. Entre los siglos XVII y XIX comenzó una lenta pero progresiva valorización del Mundo Medieval, a medida que se publicaban grandes colecciones de fuentes y documentos (las Acta Sanctorum, la Monumenta Germaniae Historica, el Rerum Italicarum Scriptorum, el Corpus Scriptorum Historiae Byzantinae, o las Patrología Griega y Latina, entre otras).
En los últimos años los estudios históricos de la época que cubre desde el siglo V al XV han hecho progresos notables; aplicando nuevas metodologías de estudio y recurriendo a ciencias auxiliares de la historia (arqueología y filología, entre otras), los estudiosos Marc Bloch, Henri Pirenne, Louis Halphen, Georges Duby, Régine Pernoud, Jacques Le Goff, por nombrar algunos, y, en nuestro país, los trabajos de Héctor Herrera Cajas- han develado ante nuestros ojos un mundo enteramente nuevo, donde no solamente comparecen hechos de carácter político, sino también de índole social o económica, un mundo lleno de matices, aproximándose a la vida cotidiana y a la mentalidad de la época.
Hoy podemos comprender los tiempos medievales como una rica etapa histórica durante la cual se formó nuestra Civilización Cristiana Occidental a partir de diversos aportes culturales del Mundo Antiguo, del judeo-cristianismo y, por cierto, del Mundo Bárbaro (germanos, esteparios, musulmanes, etc.).

El concepto de Edad Media según José Marín - domingo, mayo 07, 2006

Apologética Histórica

"Afortunadamente, el cristianismo, a diferencia de las ideologías, tiene siempre una doctrina buena, cierta y definitiva que le permite rectificar los errores prácticos en los que pueden incurrir algunos de sus miembros: el Evangelio". Beatriz Comella.

 

+++ 

 

 

P: Se dice que a Servet le quemó la ciudad de Ginebra, no Calvino. ¿No es esto como el argumento de que la Iglesia no quemaba herejes sino que los entregaba al brazo secular?

  

R: La decisión de quemar herejes sí la adoptaba el tribunal de Justicia del momento “la inquisición” aunque luego –es cierto– los entregara al brazo secular para que ejecutara la sentencia. Quepa recordar que en periodos hubo paralelamente, una inquisición dependiendo del poder real y otra del poder eclesiástico. En el caso de Servet, la decisión también la tomaron las autoridades calvinistas-civiles de Ginebra aplicando el derecho romano, por cierto, y con la firma de Calvino. Siglos después, el ayuntamiento ginebrino colocó una piedra y placa en el lugar de la hoguera, pidiendo perdón por lo sucedido. No se puede decir lo mismo de lo que aconteció con las víctimas de tantos otros tribunales inquisitoriales protestantes… … Es cuestión de sentido común y de honradez intelectual, constatarlo.

Vale la pena recordar que, en 1572 los miembros de la inquisición protestante capitanada por Calvino, ahorcaron en Gorkum , Suiza, a 19 sacerdotes y religiosos a causa de su fe católica. Once mártires eran frailes menores de la Observancia, entre ellos se contaban San Nicolás Pieck, guardián del convento de Gorkum y San Jerónimo Weerden, su vicario. Junto con ellos fueron ejecutados Juan Van Oosterwyk, canónigo regular de San Agustín, los sacerdotes diocesanos Leonardo Vechel, Nicolás Janssen y Godofredo Van Fuynen.
Luego que, el destacamento calvinista conocido con el nombre de la "armada de los piratas" se apoderó de la ciudad de Gorkum, sometió al grupo religioso con vejaciones y estos quedaron a merced de los soldados, sometiéndoles a vejámenes y crueles tratos, como consecuencia del odio que movía a la ‘inquisición protestante’  contro todo lo
que se llamaba ‘católico’- sinónimo de sometimiento a la Iglesia fundada por Jesús.

 

Y mientras las hogueras se encendían en Alemania con 25000 brujas quemadas con una población de 16.000.000, Suiza 4000 quemadas con población de 1.000.000 habitantes, Portugal con 7 quemadas y población de 1.000.000, y España 300 con población de 8.100.000 habaitantes; la diferencia de los países totalmente católicos, es evidente. Por otro lado, en el mismo contexto histórico de otro país católico, una actitud diferente y con profundo respeto lo manifestó, por ejemplo, el último rey polaco de la estirpe de los Jagelloni. En los tiempos en que en Occidente tenían lugar los procesos de la Inquisición y se encendían hogueras para los herejes, este rey dio pruebas de la tolerancia cuando aseguró a sus súbditos: “No soy rey de vuestras conciencias.” Corría el siglo XVI…

[Al principio, España siguió a la zaga de otros países. De 1498 a 1522, el Santo Oficio condenó a once brujas a la hoguera. Mas en 1526, la élite de teólogos española se reunió en Granada para elaborar unas nuevas instrucciones con respecto a la brujeria. Dichas instrucciones no tuvieron su igual en otras partes. ¿Dónde en el resto de Europa encontramos paralelos a ordenanzas como las siguientes?:

Cualquier bruja que voluntariamente confiese y muestre señales de arrepentimiento, será reconciliada sin confiscación de bienes, y recibirá penas salutarias para sus almas.

Nadie será arrestado en base de las confesiones de otras brujas.

Los Jueces averiguarán si las personas por ellos detenidas, ya han sido anteriormente sometidas a tortura por otras justicias.

Preguntando a los demás residentes de la casa os enteraréis de si dichas personas, en la noche que aseguran haber asistido a la junta de brujas, realmente se ausentaron de casa, o si, por el contrario, estuvieron en ella toda la noche sin salir.

Las instrucciones contenían también un párrafo, según el cual, todos los casos referentes a tan complicada materia, deberían siempre ser remitidos al Inquisidor General y su Consejo.

Con las instrucciones de 1526, se consiguió librar a España de la quema de brujas durante la mayor parte del siglo XVII.

Influída por Francia, en 1610, la Inquisición española volvió a introducir en el norte de España la pena de la hoguera. En total 7000 personas fueron acusadas de brujería. Todo ello podría haber terminado en un auténtico holocausto. Más, por suerte, el inquisidor Salazar, encargado de las pesquisas, se había comprometido a conseguir pruebas sobre la existencia de la temida secta diabólica.

En su informe al Inquisidor General, Salazar concluye: "No hubo brujos ni embrujados hasta que se empezó a hablar y escribir de ellos." Dicha investigación contribuyó a la definitiva abolición de las quemas de brujas en todo el Imperio Español]. 2006-03-02

 

+++

 

La Iglesia Católica – ha declarado solemnemente el Concilio Vaticano II – deplora todas las manifestaciones de antisemitismo de que han sido objeto los Judíos de cualquier tiempo y por parte de cualquier persona (Nostra Aetate, n. 4), condena la discriminación y advierte que se ha de huir también de la intolerancia, que casi siempre se transforma en limitación de los derechos y libertades, y que puede llegar incluso a la marginación y la opresión de la persona humana y de las comunidades a las que pertenece. 09 junio MMV.

 

+++

 

 

Aclarando algunos conceptos –

expulsión de los judíos España

 

Pío Moa

 

El señor Alex Baer ha escrito una carta sugiriendo mi exclusión de Libertad Digital por antisemita. Creo que este señor confunde algunas cosas elementales, y no estará de más aclararlas, porque no sólo a él le pasa.

 

– Lo que llama revisionismo es un fundamento del “Discurso del método” cartesiano y una norma elemental en el trabajo científico. Negarlo es tratar de imponer el dogmatismo.

 

– Sobre el Holocausto hay material de sobra. Estoy seguro de que cualquier revisión honrada no hará sino confirmar el horror o añadirle más. 

 

– El hecho de que millones de judíos hayan sido asesinados por los nazis no quiere decir que  los judíos en bloque pasen a ser santos o libres de crítica. Entre ellos, como en cualquier otro pueblo, ha habido también criminales.

 

– Creo que el estado de Israel tiene derecho a existir. Soy consciente de que ha cometido y comete algunas brutalidades, pero también de que no se le puede juzgar desde la comodidad de Europa. Es un país acosado sin piedad, al que cualquier claudicación o error puede conducir a la catástrofe. Si Israel dependiera de la actitud falsamente humanitaria de Europa, habría sufrido ya un segundo holocausto.

 

– Las atrocidades del franquismo no tienen nada en absoluto que ver con el Holocausto. Los judíos, como pueblo, no habían hecho nada contra Alemania, más bien al contrario, y por eso su exterminio tiene un aspecto especialmente siniestro. En España había mediado una guerra civil en la que los dos bandos cometieron atrocidades, y en que hubo las consiguientes venganzas, como las hubo en Alemania o Italia según terminaba la guerra.

 

– Sobre las atrocidades del franquismo, el señor Baer, como judío, podía recordar que su pueblo tiene una importante deuda de gratitud con Franco.

 

– Equiparar la expulsión de los judíos de España en el siglo XV con el Holocausto, como hace Wisenthal, es como igualar un desahucio injusto con un asesinato. Es tan absurdo que habría que pensar en los motivos de semejante comparación.

 

– Decir que con la expulsión de los judíos España perdió  sus mejores elementos humanos, como hacen Américo Castro o Goytisolo, es, aparte de una notable tontería, una idea claramente racista.

 

– La expulsión de los judíos por los Reyes Católicos sí puede compararse a la expulsión de palestinos por los judíos en tiempos recientes. Es cierto que muchos palestinos salieron porque sus líderes se lo pidieron, para volver en tromba y en plan exterminador, pero otros muchos huyeron por el terror. Decir esto no es hacer antisemitismo, sino señalar un hecho cierto. Entre los judíos, como en cualquier otro pueblo, no faltan los fanáticos, y la frase de Wisenthal es propia de un fanático. 

 

– Dice que mis libros  son  antiprogresistas. Está claro que lo que el señor Baer y yo consideramos progresista no coincide. Nunca me parecerá progresista una “democracia” compuesta por comunistas, socialistas marxistas, anarquistas, racistas y republicanos que intentaban golpes de estado al perder las elecciones. El señor Baer tiene, por supuesto, derecho a pensar de otro modo, pero no a querer imponer su punto de vista y sugerir que quien no piensa como él debería ser excluido de Libertad digital.

 

– Dice el señor Baer que yo falseo la realidad histórica al negar la matanza de Badajoz o rebajar sus cifras. También él está en su derecho de creerse panfletos basados en la metodología de la “lucha de clases”, como el del señor Espinosa. Pero no tanto derecho a retorcer mi punto de vista. Que la matanza de la plaza de toros con toda aquella parafernalia de la leyenda fue un invento de la propaganda, no hay la menor duda de ello, y el propio Espinosa se ve obligado a reconocerlo, con sumo pesar. Yo no niego que hubiera otras matanzas, como en tantos otros lugares. ¿Cuánta gente murió? Las cifras de Espinosa deben ser indudablemente revisadas, ya que su metodología marxistoide arroja sobre ellas la mayor sospecha de propaganda. Él simplemente junta todos los nombres de muertos izquierdistas, cayeran en combate, en fusilamientos o por otras causas, en muchos lugares y ocasiones, y deja que el lector, como el señor Baer, se los imagine juntos en la famosa “matanza de Badajoz”. La experiencia de falseamiento de la historia por historiadores tipo “lucha de clases” es tan abrumadora, que nadie medianamente serio puede aceptar sus tesis sin una fuerte dosis de escepticismo. Los mismos nombres ofrecidos por Espinosa tendrían que ser revisados a fondo para creérselos. No sería la primera vez que se ofrecen víctimas con la ideología cambiada.

 

– El revisionismo histórico del que me acusa es, repito, una virtud y una necesidad científica, aunque al dogmático señor Baer le moleste. Y la acusación de antisemitismo que también me hace es sólo una falsedad interesada, para apoyar sus pretensiones dogmáticas y censoras. Utiliza el término en el mismo sentido en que los comunistas el de “antisoviético”. Ya conocemos esas cosas. 

2003-12-03 – Esp.

 

+++

 

Como es, por consiguiente, tan grande el patrimonio espiritual común a cristianos y judíos, este Sagrado Concilio quiere fomentar y recomendar el mutuo conocimiento y aprecio entre ellos, que se consigue sobre todo por medio de los estudios bíblicos y teológicos y con el diálogo fraterno.

 

Aunque las autoridades de los judíos con sus seguidores reclamaron la muerte de Cristo, sin embargo, lo que en su Pasión se hizo, no puede ser imputado ni indistintamente a todos los judíos que entonces vivían, ni a los judíos de hoy. Y, si bien la Iglesia es el nuevo Pueblo de Dios, no se ha de señalar a los judíos como reprobados de Dios ni malditos, como si esto se dedujera de las Sagradas Escrituras. Por consiguiente, procuren todos no enseñar nada que no esté conforme con la verdad evangélica y con el espíritu de Cristo, ni en la catequesis ni en la predicación de la Palabra de Dios.

 

Además, la Iglesia, que reprueba cualquier persecución contra los hombres, consciente del patrimonio común con los judíos, e impulsada no por razones políticas, sino por la religiosa caridad evangélica, deplora los odios, persecuciones y manifestaciones de antisemitismo de cualquier tiempo y persona contra los judíos.

 

Por los demás, Cristo, como siempre lo ha profesado y profesa la Iglesia, abrazó voluntariamente y movido por inmensa caridad, su pasión y muerte, por los pecados de todos los hombres, para que todos consigan la salvación. Es, pues, deber de la Iglesia en su predicación el anunciar la cruz de Cristo como signo del amor universal de Dios y como fuente de toda gracia.

 

+++

 

Ilustre rabino jefe;
queridos amigos:

¡Shalom!

"El Eterno es mi fortaleza y mi canción. Él es mi salvación" (Ex 15, 2): así cantó Moisés con los hijos de Israel, cuando el Señor salvó a su pueblo a través del mar. Del mismo modo cantó Isaías: "He aquí a Dios mi Salvador: estoy seguro y sin miedo, pues el Señor es mi fuerza y mi canción, él es mi salvación" (Is 12, 2). Vuestra visita me da gran alegría y me impulsa a renovar con vosotros este mismo cántico de acción de gracias por la salvación obtenida. El pueblo de Israel fue liberado varias veces de las manos de sus enemigos, y durante los siglos del antisemitismo, en los momentos dramáticos de la Shoah, la mano del Omnipotente lo sostuvo y guió. Siempre lo ha acompañado la predilección del Dios de la Alianza, dándole fuerza para superar las pruebas. De esta amorosa atención divina puede dar testimonio también vuestra comunidad judía, presente en la ciudad de Roma desde hace más de dos mil años.



La Iglesia católica está a vuestro lado y es vuestra amiga. Sí, nosotros os amamos y no podemos dejar de amaros, a causa de los Padres: para ellos sois hermanos nuestros amadísimos y predilectos (cf. Rm 11, 28). Después del concilio Vaticano II, ha ido creciendo esta estima y confianza recíproca. Se han desarrollado contactos cada vez más fraternos y cordiales, que se intensificaron durante el pontificado de mi venerado predecesor Juan Pablo II.



En Cristo, nosotros participamos en vuestra misma herencia de los Padres, para servir al Omnipotente "bajo un mismo yugo" (So 3, 9), injertados en el único tronco santo (cf. Is 6, 13; Rm 11, 16) del pueblo de Dios. Esto nos hace conscientes a los cristianos de que, juntamente con vosotros, tenemos la responsabilidad de cooperar al bien de todos los pueblos, en la justicia y en la paz, en la verdad y en la libertad, en la santidad y en el amor. A la luz de esta misión común no podemos por menos de denunciar y combatir con decisión el odio y las incomprensiones, las injusticias y las violencias que siguen sembrando preocupaciones en el corazón de los hombres y de las mujeres de buena voluntad. En este contexto, ¿cómo no sentirnos dolidos y preocupados por las renovadas manifestaciones
de antisemitismo que se producen a veces?

Distinguido señor rabino jefe, recientemente se le ha encomendado la guía espiritual de la comunidad judía romana; usted ha asumido esta responsabilidad con su experiencia de estudioso y de médico, que ha compartido alegrías y sufrimientos de mucha gente. Le expreso de corazón mis mejores deseos para su misión, y le aseguro mi estima y mi amistad cordial, así como las de mis colaboradores. Además, son muchas las urgencias y los desafíos, en Roma y en el mundo, que nos impulsan a unir nuestras manos y nuestros corazones en iniciativas concretas de solidaridad, de tzedek (justicia) y de tzedekah (caridad). Juntos podemos colaborar para pasar a las generaciones jóvenes la antorcha del Decálogo y de la esperanza.


Que el Eterno vele sobre usted y sobre toda la comunidad judía de Roma. En esta singular circunstancia, hago mía la oración del Papa Clemente I, invocando las bendiciones del cielo sobre todos vosotros: "Dona la concordia y la paz a todos los habitantes de la tierra, como las has dado a nuestros padres, cuando te invocaban devotamente en la fe y en la verdad" (Carta a los Corintios 60, 4). ¡Shalom!

Biblioteca privada del apartamento pontificio.

16 Enero MMVI. S.S. Benedicto P:P: XVI – Roma,

 

+++

 

La nueva inquisición ‘progre’ debe saber que en Grecia y Roma -mal que le pese al lobby gay- la homosexualidad estaba penada.

 

+++

 

Saber el origen de la expresión “colgar el sambenito” y si tiene algo que ver con el Papa Benedicto XVI. El nombre del Papa viene de San Benito, el fundador de la orden del mismo nombre (los benedictinos), realmente el patrono y fundador de Europa. El sambenito era una especie de capotillo (capa con caperuza), que la Inquisición ponía sobre los reos para provocar el ridículo. Semejaba al hábito de los benedictinos y más propiamente al traje típico de los sayagueses. Llevar o colgar el sambenito es hoy, por analogía, tener mala fama o descrédito por alguna mala acción, muchas veces simplemente presunta.

 

+++

 

P:… ¿Cree usted que la acusación de deicidio es la base histórica de la judeofobia que tradicionalmente hemos tenido en Europa?

 

R:  … No, el antisemitismo es muy anterior a la aparición del cristianismo y aparece en egipcios como Manetón o autores clásicos como Cicerón, Tácito o Juvenal. A decir verdad, yo sostengo la tesis de que es esa herencia clásica la que acabó tiñendo de antisemitismo a algunos autores cristianos. 2004-03-30. Dr. en historia antigua, don César VIDAL. Esp.

 

+++

 

Iglesia – de hombres pecadores. Por desgracia, en el seno de la Iglesia, que está constituida por hombres, no faltan los pecadores, sobre todo cuando no se vive el precepto de la caridad, que es esencial y es el primero para un cristiano. De este modo se produce un antitestimonio de Jesucristo. La muchedumbre inmensa de los mártires testifica con su sangre la fidelidad de la Iglesia a Jesucristo, porque, aunque haya en ella pecadores, es a la vez una Iglesia de mártires, es decir, de cristianos auténticos, que han practicado su fe en Cristo y su caridad hacia los hermanos, incluidos los enemigos, hasta el sacrificio, no sólo de su vida, sino también con frecuencia de su honra, habiendo tenido que soportar humillaciones tremendas, entre otras la de ser tachados de traidores y farsantes.

Faltas del pasado - No podemos ocultar que muchos que profesaban ser discípulos de Jesús han cometido errores a lo largo de la historia. Con frecuencia, ante problemas graves, han pensado que primero se debía mejorar la tierra y después pensar en el cielo. La tentación ha sido considerar que, ante necesidades urgentes, en primer lugar se debía actuar cambiando las estructuras externas. Para algunos, la consecuencia de esto ha sido la transformación del cristianismo en moralismo, la sustitución del creer por el hacer. Por eso, mi predecesor de venerada memoria, Juan Pablo II, observó con razón: «La tentación actual es la de reducir el cristianismo a una sabiduría meramente humana, casi como una ciencia del vivir bien. En un mundo fuertemente secularizado, se ha dado una “gradual secularización de la salvación”, debido a lo cual se lucha ciertamente en favor del hombre, pero de un hombre a medias, reducido a la mera dimensión horizontal. En cambio, nosotros sabemos que Jesús vino a traer la salvación integral»[Enc.Redemptoris missio.]

S.S. Benedicto PP XVI: MMVI.

 

+++

 

 

INQUISICIÓN MAHOMETANA

contra judíos y cristianos.

Islam radical y libertad de expresión

 

Algunas de las reacciones a la publicación por el periódico danés “Jyllands-Posten” de unas caricaturas de Mahoma. Sin duda, los medios de comunicación deben reflexionar en profundidad sobre los límites de la libertad de expresión.

 

Por Iván Jiménez-Aybar *
Arvo Net, 6 de febrero 2006

Febrero de 2006: incendio de embajadas, amenazas de bomba, agresiones físicas, banderas pisoteadas ardiendo, sermones que incitan a degollar a los infieles, llamamientos generalizados al boicoteo a gran escala. Éstas son algunas de las reacciones a la publicación por el periódico danés “Jyllands-Posten” de unas caricaturas de Mahoma. En una de ellas aparecía ataviado con un turbante en forma de bomba.

Septiembre de 1988: la aparición de “Los Versos Satánicos” de Salman Rushdie desencadenó fanáticas e irracionales protestas en buena parte del mundo islámico y en diversas ciudades europeas. En Bradford, el mismo “Consejo de Mezquitas” que aboga de modo incesante por el respeto al derecho de libertad religiosa de los musulmanes en ese país, escenificó la quema del libro de Rushdie mientras se animaba a acabar con su vida. Un mes después, el ayatolá Khomeiní emitió su célebre “fatua” (edicto) condenando a muerte al escritor y a todos los que habían participado en la publicación y difusión de su libro. Y, precisamente, a esta “fatua” se ha referido recientemente Hassan Nasrala, líder de Hezbolá, afirmando que, si se hubiera cumplido a su debido tiempo, nadie se atrevería ahora a ultrajar el nombre del profeta. Quizá se dirigía a esas decenas de personas que se manifestaban –algunas con el rostro cubierto? portando pancartas donde se decía: «¡Decapitad a quienes insultan al islam!» «¡Liberalismo al infierno!» «¡Europa, tú te arrastrarás cuando los mujadiyines vengan rugiendo!». Pero, no crean que esos fanáticos paseaban sus sanguinarios mensajes por Teherán, Ammán o Damasco. No, lo hacían tranquila y descaradamente por Londres, a la salida del rezo del viernes en la mezquita de Regent’s Park, aprovechando los resquicios de la libertad de expresión que en Europa defendemos con pasión.

Por supuesto, la libertad de expresión tiene sus límites. Y, en mi opinión, en este caso se han sobrepasado. Dibujar al profeta con una bomba atada a la cabeza a modo de turbante atenta gravemente contra los sentimientos religiosos del pueblo musulmán. En este sentido, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha reconocido que dichos sentimientos pueden actuar como límite de la libertad de expresión (sentencia 20-9-92, caso Otto-Preminger-Institut contra Austria). Lo ha dicho muy bien Joseph Sitruk, el gran rabino de Francia: “el derecho a la sátira se acaba cuando se trata de una provocación o un desprecio del otro”. Y además es, como mínimo, imprudente. Se ha regalado a los más radicales una excusa perfecta para mostrar una vez más su odio a Occidente y a los valores que nos sustentan. Así lo ha avisado el presidente egipcio Mubarak. Además, flaco favor se ha hecho a los musulmanes de bien que defienden con ardor que el Islam es una religión de paz, a riesgo en ocasiones de su propia vida. Por todo ello, los responsables del periódico danés hicieron bien en pedir disculpas.

Pero esto no bastó a los radicales. Pretendían que el país entero se doblegara y solicitara el perdón de los ofendidos. Y, como no podía ser de otra manera, su primer ministro Rasmussen les contestó con mucha educación que su Gobierno no controla a los medios de comunicación, que existe libertad de prensa y que, por tanto, no podía atender su petición. El resultado: más ira, más fanatismo, más sinrazón. Y la tensión fue en aumento cuando las viñetas de la discordia fueron posteriormente difundidas en medios de comunicación de diversos países (France Soir, Die Welt, Corriere Della Sera, ABC y El País, entre otros), con la mera intención de ilustrar la noticia. Diversos sectores del mundo musulmán no aciertan a entender por qué los gobiernos europeos no han censurado de inmediato dichos medios, cerrándolos y encarcelando a sus responsables, como se hace en sus países. Que se lo digan si no a Jihad Momani, director del semanario jordano “Shihane”, el cual se atrevió a publicar las caricaturas. Al día siguiente el semanario fue clausurado, y él llevado a prisión. Y no nos olvidemos del periodista marroquí Alí Lmrabet, que fue encarcelado por supuestas injurias al rey.

No lo entienden porque no comprenden el verdadero significado de la democracia, de la libertad, de los derechos humanos. Y no lo comprenden porque estas palabras retratan a Europa, paradigma de todo aquello que detestan. El islamismo radical propone una religión sin razón, una fe de autómatas creyentes sin el menor apego a la vida (ni la propia ni, lo que es peor, la ajena), donde la ley islámica todo lo gobierna y bajo la que todo queda subyugado. Bajo estas premisas, pretender explicarles el alcance del derecho a la libertad de expresión es un esfuerzo inútil.

Y esto lo digo desde la firme defensa del derecho de libertad religiosa de los musulmanes en Europa, dentro del marco establecido por los distintos ordenamientos jurídicos. Ahí están mis publicaciones para atestiguarlo. Yo me dirijo a los musulmanes que apuestan por una concepción del Islam compatible con la democracia, con el respeto escrupuloso de los derechos humanos y basada en el principio de igualdad entre el hombre y la mujer. Deben dar un paso adelante y, condenando sin reservas las reacciones tan violentas que se han producido a propósito de las caricaturas, contribuir a la difusión de la verdadera imagen del Islam, a un mejor entendimiento entre todas las culturas y religiones y a un mayor respeto hacia las creencias de los ciudadanos.

Sin duda, los medios de comunicación deben reflexionar en profundidad sobre los límites de la libertad de expresión, para así moverse con mayor soltura sobre la delgada línea que a veces separa una saludable crítica caricaturesca de la ofensa a los sentimientos más íntimos de las personas (en este caso los religiosos). Pero ello debe hacerse sin ceder en la defensa de nuestros derechos y libertades. Las libertades de prensa y de expresión son innegociables. “Prefiero el exceso de caricatura que el de censura”, ha dicho Sarkozy. De acuerdo; pero respeto, prudencia y sentido común que no falten. Por favor.

_____________________

* Doctor europeo en Derecho. Abogado, consultor en inmigración y profesor de Universidad. Autor, entre otros, de “El Islam en España: aspectos institucionales de su estatuto jurídico”

 

+++

 

El antisemitismo es una plaga cultivada en el odio

 

LIBROS: Degli ebrei e delle loro menzogne

 

Lutero, Martín: Degli ebrei e delle loro menzogne, trad. it. ed. II. Prosperi. Turín, 2000, 230 págs.

 

En 1523, treinta años antes de morir, Lutero imprime un ensayo, Von den Juden und ihren Lügen, publicado ahora en italiano con el título Degli ebrei e delle loro menzogne (De los judíos y sus mentiras). El libelo, de cuyos contenidos las comunidades protestantes actuales se han disociado resueltamente, es de una violencia incomparable. «Son estos judíos seres muy desesperados, malos, venenosos y diabólicos hasta la médula, y en estos mil cuatrocientos años han sido nuestra desgracia, peste y desventura, y siguen siéndolo». Son «venenosas, duras, vengativas, pérfidas serpientes, asesinos e hijos del demonio, que muerden y envenenan en secreto, no pudiéndolo hacer abiertamente».

La única terapia posible es una «áspera misericordia» (scharfe Barmherzigkeit), una dureza sin piedad que se traduce, al final del libelo, en «sin misericordia alguna». Las medidas drásticas que el reformador solicita de las autoridades civiles y religiosas para limpiar Alemania de la «calamidad» judía prevén una serie de puntos. «En primer lugar, hay que quemar sus sinagogas o escuelas; y lo que no arda ha de ser cubierto con tierra y sepultado, de modo que nadie pueda ver jamás ni una piedra ni un resto». En segundo lugar, «hay que destruir y desmantelar de la misma manera sus casas, porque en ellas hacen las mismas cosas que en sus sinagogas. Métaseles, pues, en un cobertizo o en un establo, como a los gitanos». En tercer lugar, «hay que quitarles todos sus libros de oraciones y los textos talmúdicos en los que se enseñan tales idolatrías, mentiras, maldiciones y blasfemias». En cuarto lugar, «hay que prohibir a sus rabinos -so pena de muerte- que sigan enseñando». En quinto lugar «no hay que concederles a los judíos el salvoconducto para los caminos, porque no tienen nada que hacer en el campo, visto que no son ni señores, ni funcionarios, ni mercaderes o semejantes. Deben quedarse en casa». En sexto lugar «hay que prohibirles la usura, confiscarles todo lo que poseen en dinero y en joyas de plata y oro, y guardarlo». En séptimo lugar «a los judíos y judías jóvenes y fuertes, se les ha de dar trillo, hacha, azada, pala, rueca, huso, para que se ganen el pan con el sudor de la frente». A estas medidas Lutero añade la prohibición de pronunciar el nombre de Dios en presencia de cristianos: «Los cristianos no debemos considerar las bocazas de los judíos, dignas de pronunciar el nombre de Dios en nuestra presencia; todo el que lo oiga decir a un judío, que lo señale a la autoridad, o le tire estiércol de cerdo, si lo ve, y lo expulse. Y en este caso que nadie sea misericordioso ni benévolo».

Lutero insiste varias veces en el hecho de que no hay que ser misericordiosos con los judíos. Estos seres «venenosos y diabólicos» han de ser evitados: «Haced de modo que no tengan ninguna protección ni defensa, ningún salvoconducto, ni vida en común con nosotros». El objetivo, evidente, es hacerles la vida imposible para que se vayan. Para Lutero el remedio efectivo es el que ha puesto en práctica la «sabiduría común de otras naciones, como Francia, España, Bohemia», es decir, su expulsión definitiva del país. «Yo pienso esto: si queremos seguir siendo inmunes a la impiedad de los judíos y no ser partícipes, entonces debemos separarnos y deben ser expulsados de nuestra tierra, que se acuerden de su patria». Deben ser expulsados como «perros rabiosos». «Yo», escribe Lutero, «he hecho mi deber: ahora que otros hagan el suyo. Yo no tengo culpas». Es una absolución cargada de infaustos presagios.

Lutero, como padre espiritual de la Alemania moderna, tiene una responsabilidad muy grave en el proceso de odio que se desarrolló contra los judíos. Las páginas «siniestras» de su panfleto, sus palabras «indefendibles», justifican la llamada a capítulo que hizo en el proceso de Núremberg el nazi Julius Streicher, para el cual Martín Lutero «hoy estaría seguramente en mi lugar en el banquillo de los acusados». Una denuncia confirmada por William Shirer, uno de los más ilustres historiadores del nazismo, así como, indirectamente, por el hecho de que «hoy los escritos polémicos de Lutero contra los judíos no aparecen en ninguna de las ediciones en alemán contemporáneo». En verdad -supuesto que fueran necesarios otros elementos para juzgar mal a Lutero- estas páginas son vergonzosas.

 

+++

 

El mayor extravío de la mente humana es creer algo porque uno desee que sea así. Pasteur

 

 

+++

 

 

El ideal o el proyecto más noble puede ser objeto de burla o de ridiculizaciones fáciles. Para eso no se necesita la menor inteligencia.  Alexander Kuprin

 

 

+++

 

 

Hay toda la diferencia del mundo entre que pongamos la verdad en primer lugar o en el segundo.  Whateley

 

 

+++ 

 

 

El despotismo perfecto parte de convertir la verdad en mentira y la mentira en verdad.

 

 

 

+++

 

"Se recurre con frecuencia a la calumnia, la mentira, el infundio, sin preocuparse de contrastar la información para comprobar su veracidad. Ello obedece a la táctica de que se sabe que una vez vertida una información negativa sobre algo o alguien, cosa que es muy fácil, demostrar la verdad requiere un gran esfuerzo y tiempo y gran parte del daño queda hecho de todas maneras."  (Jesús Sáiz Luca de Tena y Mercedes Soto Falcó)

 

+++

 

 

«Usted no debe decirnos lo que dijo el soldado ni ninguna otra persona, señor», respondió el Juez: «Esto no es evidencia.»

 

+++

 

La verdad nos hace libres, la mentira nos esclaviza y nos hunde en el rencor. Por eso es imprescindible revisar sin imposturas, todas las falsificaciones que nos han venido sirviendo en estos años los historieteros de turno y charlatanes con poses y mohines.

 

+++

 

 

 

"Por el amor que se tengan los unos a los otros reconocerán todos que son discípulos míos" (Jn 14, 35).

 

+++

 

Eliminar la calumnia de nuestra lengua, evitar toda acción que pueda causar daño a nuestro hermano, no difamar a los que viven a nuestro lado cada día.

 

+++

 

El virus de la calumnia se origina en mentes que viven fuera del Evangelio, en fuentes incapaces de ofrecer el agua del amor (St 3,10-18).

 

+++

 

Como María enseña: «Haced lo que Él os diga», pedimos: «Domine, quid me vis facere?», Señor, ¿qué quieres que yo haga? ¿Qué propósitos tengo que hacer? ¿En qué debo luchar más? ¡Que lo vea, que lo haga!

 

+++

 

Dios es alegría infinita" Santa Teresa de los Andes

 

+++

 

LA IGLESIA DEFENDIENDO LA MUJER AFRICANA: Según el dossier de Fides, los primeros que se opusieron a las mutilaciones genitales femeninas fueron – hacia los años 1600 - los jesuitas del siglo XVII. Sin embargo, el problema no se afrontó seriamente por los europeos hasta inicios del siglo XX. [2005.08.22]

Existen aún hoy autoridades religiosas mahometanas –sobre todo en África-, que exigen su aplicación, ignorando que es una aberración contra la mujer como una desviación de lo que hoy significa «la dignidad de toda persona». 2006.

 

+++

 

 

La inclinación de la cabeza puede ser interpretada como un gesto de humillación y de resignación. La inclinación de la cabeza ante Dios es signo de humildad. Pero la humildad no se identifica con la humillación o resignación. No es igual que la pusilanimidad. Todo lo contrario. La humildad es sumisión creativa a la fuerza de la verdad y del amor. La humildad es rechazo de las apariencias y de la superficialidad; es la expresión de la profundidad del espíritu humano; es condición de su grandeza.

Nos lo recuerda también San Agustín que en un sermón dice así: "¿Quieres ser grande? Comienza por lo más pequeño. ¿Piensas construir un gran edificio que se eleve mucho? Piensa antes en el fundamento de la humildad" (San Agustín, Serm. 64, 2; PL 38, 441).

 

+++

 

LA IMITACIÓN DE CRISTO

 

‘Tomás de KEMPIS’*

 

1) Muchos a pesar de oír con frecuencia el Evangelio, no sienten el deseo de unirse a Dios, porque no tienen el espíritu del Señor (Cfr. I, 68).

 

2) El que quiera entender las palabras de Cristo es preciso que trate de conformar con Él toda su vida (Cfr. I, 68).

 

3) Vanidad es desear una vida larga sin cuidar de que sea buena a los ojos del Señor (Cfr. I, 69).

 

4) Si quieres aprender y saber algo que te sea provechoso, trata de ser desconocido y reputado en nada (Cfr. I, 74).

 

5) El mayor combate es empeñarse en vencerse a sí mismo (Cfr. I, 79).

 

6) La persona que no ha muerto del todo a sí misma, pronto se siente tentada y vencida en cosas insignificantes y vanas (Cfr. I, 89).

 

7) No te hagas centro de ti mismo, apoyándote en tu propia suficiencia, sino deposita tu confianza en Dios. Haz cuanto esté de tu parte, y Dios secundará con creces tu buena voluntad (I, 91).

 

8) Evitemos la superficialidad en las palabras. Evitemos las conversaciones inútiles e insustanciales (Cfr. I, 99).

 

9) Evitemos los juicios temerarios (Cfr. I, 119).

 

10) Es duro renunciar a lo que ya estamos avezados; pero más duro es aún ir contra la propia voluntad. Pero si no vences las cosas pequeñas y fáciles, ¿cuándo y cómo podrás superar las difíciles? (I, 106).

 

11) Todas nuestras acciones deben estar motivadas por la caridad (Cfr. I, 122).

 

12) Trata de sufrir con paciencia los defectos y debilidades de los demás; y no olvides que tú también tienes muchos defectos que los demás deben tolerar (Cfr. I, 126).

 

13) El hombre propone y Dios dispone (I, 140).

 

14) El mundo pasa y con él sus concupiscencias (I, 151).

 

15) Amigo, ¿a qué has venido? (I, 185).

 

16) Hazte con frecuencia esta pregunta: "¿a qué has venido y para qué has dejado el mundo?" ¿No fue acaso con objeto de vivir para Dios y llegar a ser un hombre de espíritu? (I, 185).

 

17) Trata de evitar y vencerte en aquellas cosas que más suelen desagradarte en los demás que te rodean (I, 188).

 

18) Cristo basta: confía en Él (Cfr. I, 202).

 

19) Cuando Jesús está presente, todo es más fácil; pero cuando está ausente, todo resulta más difícil (Cfr. I, 232).

 

20) Trata de no apegarte a ninguna cosa de este mundo, porque puedes quedar aprisionado en ella y perecer. Únete al Señor (Cfr. I, 204).

 

21) No te preocupes tanto por saber quién está a favor tuyo o contra ti. Preocúpate más bien de que Dios esté contigo en todo lo que haces (Cfr. I, 210).

 

22) "Guarda una conciencia buena, y Dios será tu apoyo y defensa" (I, 210).

 

23) "Ten una conciencia recta, y tendrás siempre alegría. Una conciencia justa puede soportar muchas cosas en medio de la adversidad" (I, 226).

 

24) "Fácilmente estará contento y en paz el que tiene limpia la conciencia" (I, 226).

 

25) Dios protege al humilde y lo salva, lo ama, lo consuela y le da su gracia (Cfr. I, 211).

 

26) El humilde, cuando ha recibido una ofensa, sigue en paz, porque descansa en Dios y no en el mundo (Cfr. I, 211).

 

27) Busca siempre el último lugar (Cfr. I, 248).

 

28) Se agradecido en lo poco, y serás digno de recibir mayores gracias (Cfr. I, 249).

 

29) El que tiene paz pacifica el mundo (Cfr. I, 213).

 

30) Ponte primero a ti mismo en paz, y luego podrás pacificar a los demás (I, 213).

 

31) Con dos alas se levanta el hombre por encima de las cosas de la tierra: la simplicidad y la pureza (Cfr. I, 217).

 

32) Por la sencillez tiende el alma hacia Dios y por la pureza lo alcanza y gusta de Él (Cfr. I, 217).

 

33) Si fueses en tu corazón bueno y puro, verías sin dificultad el bien que hay en todas las cosas (Cfr. I, 218).

 

34) Nunca serás una persona virtuosa si no pones un candado en tu boca cuando se trate de las cosas de tu prójimo y no pones especial atención en ti mismo (Cfr. I, 221).

 

35) Pocos son los amantes de la cruz de Jesús (I, 251).

 

36) Pocos son los amantes desinteresados (I, 252).

 

37) A muchos se les hace duro este lenguaje: niégate a ti mismo, toma tu cruz y sigue a Jesús (Cfr, I, 256).

 

38) "En la cruz está la salvación, en la cruz está la vida" (I, 257).

 

39) La capacidad de sufrir nos viene de Dios (I, 263).

 

40) Cuando llegues al punto de que el sufrimiento te es dulce en Cristo, serás dichoso, porque has hallado el paraíso en la tierra (Cfr. I, 265).

 

41) La vida del cristiano es un vivir muriendo (I, 266).

 

42) Vivamos en la presencia de Dios con verdad y humildad (I, 288).

 

Fuente:

La Imitación de Cristo, Tomás de Kempis, Edición: Barcelona - ESPAÑA, 1974.

*Tomás de Kempis (1380+1471), el gran escritor y místico alemán, autor de uno de los libros de espiritualidad más traducidos y leídos de todos los tiempos –«La imitación de Cristo»–.

 

+++

 

Cardenal John Henry Newman (l801-1890) presbítero, teólogo, fundador del Oratorio de S. Felipe Neri en Inglaterra,
“The christian ministry”

 

“Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia.” (Mt 16,18)


       El ministerio de Pedro permanece siempre en la Iglesia en la persona de aquellos que le suceden. Hay, pues, que admitir que la bendición del Señor, pronunciada primero sobre Pedro, desciende también sobre sus siervos, por pequeños que sean, si “guardan lo que les ha sido confiado”. (Cf 1Tim 6,20) San Pedro es el símbolo y el representante de todos ellos.
      “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y el poder del abismo no la hará perecer.” (Mt 16,18) “Te daré las llaves del reino de los cielos.” (Mt 16,19) ¡Una promesa sagrada y gloriosa! ¿Sería posible que esta promesa se agotara enteramente en la persona de Pedro? ¿Está contenida en el evangelio únicamente para dar testimonio a favor de alguien que ya ha desaparecido hace mucho tiempo? ¿Es una característica de la Palabra inspirada ensalzar a las personas? De este modo ¿no se quedaría la riqueza de esta promesa y de la bendición de Cristo en una interpretación minimalista? ¿No desborda esta promesa cualquier interpretación minimalista, hasta que nuestra falta de fe sea vencida por la bondad de Aquel que se comprometió en ella? En resumen ¿no es un conjunto de prejuicios que impide a tanta gente acoger esta promesa de Cristo, hecha a Pedro, según la plenitud de la gracia que la acompaña?... Si las promesas de Cristo a los apóstoles no se cumplen en la Iglesia a lo largo de los siglos ¿cómo podríamos entender la eficacia de los sacramentos más allá de los tiempos del comienzo de la Iglesia?

 

+++

 

 

«En la creación no hay nada aislado, y el mundo es, junto a la Sagrada Escritura, una Biblia de Dios», nos enseña San Efrén de Siria (306-373).

 

 

Gracias por visitarnos

VERITAS OMNIA VINCIT

LAUS TIBI CHRISTI.

 

Recomendamos vivamente: EUROPA - Raíces, identidad y misión
Autor: Benedicto XVI (Joseph Ratzinger)
Editorial Ciudad Nueva.
124 págs., 9 € - MMVI.

 

 

El desarrollo y consolidación de la Unión Europea plantea cuestiones de gran trascendencia que, sin embargo, parecen quedar al margen de los planteamientos habituales. En el presente volumen el cardenal Ratzinger, hoy Benedicto XVI, afronta algunos de estos temas de fondo. Entre ellos: ¿Cómo se originó Europa y cuáles son sus fronteras? ¿Quién tiene derecho a llamarse europeo y a entrar en la nueva Europa?. Ante estas preguntas se comprende el sentido de insistir en las raíces espirituales de Europa, el fundamento moral de la política de la Unión y su responsabilidad en la paz de la propia Unión y del mundo. De otro modo prevalece exclusivamente la razón económica, una política interna ocasional y una política exterior oscilante. De la respuesta a estas preguntas dependen, como dice Joseph Ratzinger, el presente y el futuro de Europa.

 

Recomendamos vivamente: ‘Historia de la Inquisición en España y América’ – El conocimiento científico y el proceso histórico de la Institución (1478-1834). Obra dirigida por don Joaquín PÉREZ VILLANUEVA y Bartolomé ESCANDELL BONET. Es una elevada tarea historiográfica con planteamientos científicos, bases documentales, tratamiento y lenguaje actuales.

Editorial: BAC- Centro de estudios inquisitoriales- Madrid-España.

 

La Inquisición – la institución, quizás más polémica de cuantas han existido –porque el formidable proceso de secularización moderna la fue convirtiendo paulatinamente en una de las muestras de la mentalidad pretérita más incomprensibles para nuestra sociedad, de valores normativos antitéticos a los de aquella lógica histórica, y porque, por otra parte, ha sido siempre el arma preferida para la batalla ideológica contra determinadas realidades históricas-, no había sido objeto de una Historia amplia, por parte de los españoles, desde la obra del afrancesado José Antonio Llorente, aparecida en los primeros lustros del siglo XIX. +

Imprimir   |   ^ Arriba

'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).