Friday 28 April 2017 | Actualizada : 2017-03-29
 
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Pregunta: Recientemente he leído su libro "El Holocausto". ¿No le parece que ha podido ser parcial al relatar cómo ayudaron protestantes y católicos a los judíos en ese momento de la Historia?

 

Respuesta: No, no lo creo. En realidad, cada vez estoy más convencido de que sin la ayuda de muchos civiles anónimos no hubiera quedado un judío.

Dr.César VIDA-historiador,filósofo,teólogo,abogado,escritor 2005-04-05 Esp.

 

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EL ANTISEMITISMO EN LA EDAD MEDIA:

CRISTIANOS Y MUSULMANES

 

Por Ricardo G. Villoslada

Orígenes del Antisemitismo

Las relaciones entre judíos y cristianos han sufrido muy diversas vicisitudes a lo largo de la Historia. Si en la Edad Antigua existía un judaísmo anticristiano, en cambio en la Edad Media, sin desaparecer aquél, puede hablarse más bien, al menos en determinados casos, de un cristianismo popular antijudío. En seguido veremos las causas.
Ya los antiguos emperadores cristianos, como se ve en el código de Teodosio y en el de Justiniano, trataron de restringir los derechos de los judíos en materia de propiedad, de sucesión y en sus relaciones sociales. Análogas restricciones hallamos en los concilios de la Francia merovingia y de la España visigoda. Porque en estas naciones se tomaban medidas violentas contra los hebreos, oaccionándolos tal vez a
la conversión.
El Papa
Gregorio I, hacia el año 600, expidió un decreto, por el que prohibía terminantemente tales violencias, aunque por otra parte inculcaba la separación de judíos y cristianos. Siguieron a este decreto otras muchas letras pontificias, en que los papas protegían a los judíos, al par de que les garantizaban la libertad de conciencia y los derechos civiles. Básica en este sentido fue la bula Sicut iudaeis, de Calixto II, confirmada por Eugenio III, por Celestino III y especialmente por Clemente III y Gregorio IX. Si este último Papa en la compilación de las Decretales dió nueva fuerza a las antiguas disposiciones, que restringían los derechos de los judíos, no lo hizo sino con el fin de proteger a los cristianos.

Desde el siglo XII, los judíos debían habitar separados de los cristianos en un barrio de los suburbios, que se decía en España judería y en otras naciones ghetto. Para que la distinción fuera más clara y consiguientemente se pudiesen evitar con más facilidad el trato mutuo y los noviazgos de personas de una y otra religión, se les obligaba, máximo desde el Concilio IV de Letrán, a llevar en el traje un distintivo, consistente en un gorro puntiagudo y una franja amarilla o roja cosida al vestido. Prohibíaseles el cohabitar con mujeres cristianas en calidad de mancebas (el matrimonio era nulo) o como criadas, a fin de evitar a éstas el peligro de apostatar; así como el comprar o vender esclavos cristianos y el forzar a nadie a la circuncisión.
No podían desempeñar cargos oficiales, si bien esta ley fue violada frecuentemente por voluntad de los mismos reyes. Lo mismo se diga de la prohibición que tenían los cristianos de consultar a los médicos o cirujanos judíos, a no ser en caso de necesidad. El culto judaico no podía celebrarse en público, ni era lícito construir nuevas sinagogas donde no las hubiese, pero sí restaurar las existentes. Gregorio IX y Honorio IV mandaron recoger los libros del Talmud, por el odio que respiran y las horrendas calumnias que contienen contra Cristo y el cristianismo.

Se ha dicho que los judíos, no pudiendo comprar tierras y así hacerse propietarios, tuvieron que dedicarse al comercio, a los negocios de dinero, al agiotaje; esto no es exacto. Lo que el régimen feudal y corporativo les impedía era llegar a ser grandes propietarios, pero Santo Tomás pensaba que los judíos deberían trabajar en cualquier oficio honesto, y Federico II en 1237 les tuvo que imponer el trabajo agrícola.
En Alemania, desde mediados del siglo XIII, al frente de la tesorería imperial solía estar un judío, y los de su raza y religión disfrutaban de la protección del emperador. En Inglaterra la charta iudaeorum ponía sus personas y propiedades bajo el amparo del rey. En 1205 reconvenía Inocencio III a Alfonso VIII de Castilla, porque parecía amar a la Sinagoga más que a la Iglesia.


Usura y otros crímenes -

Con todo, el pueblo los aborrecía, y en muchas ocasiones se levantó contra ellos y derramó su sangre. Estas persecuciones cruentas tenían por causa unas veces la religión, otras la irritación popular contra la usura, y también la venganza de ciertos crímenes cometidos por aquellos.
La caza feroz contra los judíos comenzó en los momentos de mayor exaltación de las Cruzadas. Así vemos que ocurren grandes matanzas en las regiones del Rhin y del Mosela hacia 1096, cuando la primera Cruzada. Otro tanto acontece en Alemania, con ocasión de la segunda en 1146, y en Inglaterra durante la tercera, en 1190, y en Francia al tiempo de la cuarta, en 1198.

Pero el motivo más frecuente de las persecuciones solía ser económico. Eran los judíos, con los templarios y lombardos, los banqueros de Europa. Todo el dinero iba a parar a sus manos, y ejercían la usura de modo escandaloso, arruinando a los que se veían obligados a acudir a ellos. La Iglesia prohibía a los cristianos, como usurario, cualquier préstamo e interés; a los judíos, en cambio, se les toleraba el ejercicio de la usura, y eran los mismos papas y príncipes los que les demandaban empréstitos. A las bolsas de los judíos, repletas de oro, tenían que acudir los que, como Rodrigo Díaz de Vivar, necesitaban seiscientos marcos para pagar el sueldo a sus mesnadas.
Ya era mucho que Felipe Augusto les concediese en 1206 cobrar el 43 por 100; pero sabemos que rara vez se contentaban con eso, sino que exigían el 52, el 86, el 174 por 100; y lo más sorprendente y escandaloso es que un estatuto de Francia les permitía el 170, mientras Ottocar de Bohemia les daba omnímoda libertad de prestar al interés que quisiesen. En Castilla Alfonso el Sabio, por su "Carta pragmática", de 10 de marzo de 1253, les prohibió prestar dinero con lucro superior a "tres por cuatro". Lo mismo se decía en el fuero de Briviesca (F. CANTERA, La usura judía en Castilla en "La Ciencia Tmista" 43 (1931) p. 15).

A la terrible ociosidad que engendraban tan exorbitantes usuras en los pobres esquilmados, añadíase de cuando en cuando el rumor de crímenes espantosos perpetrados por aquellos mismos judíos que chupaban la sangre del pueblo. La mayoría de las veces tal rumor era falso, pero el vulgo es crédulo y fácil en tomar venganza.
En tiempos de peste y epidemia no era raro que las multitudes exasperadas se levantasen contra los judíos, acusándolos de haber envenenado las fuentes públicas. Tan horrendo crimen nunca lo cometieron los judios, pero se daba motivo para sospechar de ellos, y era que, aconsejados por sus médicos, se abstenían en ocasiones de beber en norias, baslsas y cisternas, buscando sólo el agua corriente.
Con mayor fundamento se les acusaba otras veces de mofarse de la religión cristiana, de profanar sacrílegamente las hostias consagradas, de asesinar el Jueves Santo a algún niño cristiano, en sustitución del cordero pascual, o de crucificarlo el Viernes Santo en burla y escarnio de la muerte de Cristo. Sobre el "asesinato ritual" y la historicidad de algunos casos, véase F. VERNET, Juifs et chrétiens, en "Dict. d´Apolog." p. 1704.


Los judíos españoles

Acaso en parte alguna encontraron tanta paz y seguridad como en la península Ibérica, lo mismo en el mediodía, dominado por los moros, que en el norte cristiano. Sabida es la notable participación de los judíos en la ciencia, arte y cultura arábigo-española. Recuérdese al cordobés Maimónides (Moisés ben Maimón, † 1204), uno de los mayores filósofos de la Edad Media, y al no menos célebre malagueño Avicebrón (Yehuda ben Gabirol † 1070); al poeta Abudhassan Yehuda († 1143) y a tantos otros que en las letras y en las ciencias, especialmente en la medicina, dejaron un nombre ilustre.

Cuando en Andalucía los de raza hebrea fueron perseguidos por el fanatismo de almorávides y almohades, hallaron refugio y protección entre los cristianos de Aragón y Castilla. Alfonso VI tenía por consejero al judío Cidelo, y por médico y administrador de sus ejércitos a Abén Xalib. Nada menos que 40,000 luchaban en las haces de aquel monarca en la batalla de Zalaca. Consejero de Alfonso VII y su almojarife o recaudador era el poeta Abén Ezra. Ramón Berenguer IV en 1149 concedió en Tortosa un sitio fortificado para que se estableciesen seseta familias hebreas. La aljama de ciertas ciudades tenía varias sinagogas, como Tudela de Navarra, de donde salió a explorar el mundo el célebre viajero Benjamín de Tudela († 1173). El rey San Fernando favoreció a los judíos, mereciendo que a su muerte el rabí Salomón le hiciera honorífico epitafio, pero aun prosperaron más las aljamas españolas bajo Alfonso el Sabio, en cuya labor científica colaboraron varios hijos de Israel.
No faltaron algunas persecuciones populares; éstas fueron más duras y frecuentes en el siglo XIV. Con todo, es cierto que siempre el nombre de judío era infamante, y en el siglo XII atestigua el converso Pedro Alfonso, de Huesca, que solía decir a la gente cuando juraba no hacer una cosa: "¡Judío seré yo si hago semejante cosa!" (A christianis iurando dicitur, cum aliquid quod nolunt facere rogantur; iudaeus sim ego, si faciam)

Las conversiones al cristianismo en España eran bastante frecuentes. La Iglesia, que los respetaba mientras permanecían fieles a la ley de Moisés, procedía severamente contra ellos, como contra herejes y apóstatas, si, después de convertidos al cristianismo, reincidían en su antiguo error. Y nunca dejó de haber apologetas y teólogos que defendiesen los dogmas católicos contra los prejuicios judíos y demostrasen la mesianidad y divinidad de Jesucristo. De los más notables fueron Pedro Alfonso (antes de la conversión), Moisés Sefardi († 1140), San Martín de León († 1203) y Ramón Martí († 1286).

http://www.luxdomini.com/inquisicion_antisemitismo.htm

Agradcecemos al autor - 2006-12-27

 

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Dabru Emet (Decid la verdad)

 

ANTISEMITISMO

Aparecido en The New York Times del 10 de septiembre un comprometido llamamiento firmado por 176 representantes del judaísmo en EEUU, Gran Bretaña e Israel. Un testimonio ejemplar de una sincera voluntad de diálogo

 

El pasado 10 de septiembre publicaba a toda página The New York Times, el periódico norteamericano más importante e influyente, un documento sobre cristianos y cristianismo, suscrito por 176 rabinos e intelectuales judíos de Estados Unidos, Gran Bretaña y Israel. Entre los firmantes están el profesor Neil Gillman, que en 1999 participó en la presentación en la ONU del libro de don Giussani At the Origin of the Christian Claim, y David Rosen, el rabino de Jerusalén que ha participado en dos ocasiones en el Meeting de Rímini (y al que ya conocen los lectores de Huellas).

 

El manifiesto judío se inicia con un reconocimiento que abre una puerta hacia el futuro: «En tiempos recientes se ha producido un cambio dramático y sin precedentes en las relaciones entre judíos y cristianos. Creemos que ha llegado el momento de que los judíos conozcan los esfuerzos de los cristianos por hacer honor al judaísmo».

 

De forma significativa The New York Times publicó este texto el domingo después de la beatificación de Juan XXIII y de Pío IX, y a los pocos días de la difusión del documento vaticano, Dominus Iesus. Los 176 firmantes manifiestan en este documento una sincera voluntad de diálogo, planteando como condición fundamental la conciencia y el respeto a las identidades recíprocas. Lo recuerdan los mismos estudiosos judíos: «Sólo si conservamos nuestras tradiciones llevaremos adelante con integridad estas relaciones».

 

Publicamos el manifiesto judío, agradecidos por el ejemplo de ecumenismo que este supone. Somos conscientes de algo que don Giussani repite a menudo acerca de nuestra relación con el pueblo que Dios se escogió para ser su mensajero en la historia del mundo: «Nosotros somos espiritualmente judíos». Y esto expresa la devoción que nos anima en cuanto cristianos.

 

En tiempos recientes se ha producido un cambio dramático y sin precedentes en las relaciones entre judíos y cristianos. En el curso de casi dos mil años de exilio de los judíos, los cristianos han considerado tendencialmente al judaísmo como una religión frustrada o, en la mejor de las hipótesis, una religión que ha preparado el camino al cristianismo, en el que encuentra su cumplimiento. En los decenios siguientes al Holocausto, sin embargo, la cristiandad ha cambiado radicalmente. Un número siempre creciente de miembros oficiales de la Iglesia, tanto católica como protestante, ha expresado públicamente su remordimiento por el maltrato hacia los judíos y el judaísmo por parte de los cristianos. En estas afirmaciones se declara además que la enseñanza y la oración cristianas pueden y deben ser reformadas de forma que valoren la alianza eterna de Dios con el pueblo de Israel y que aprecien la contribución del judaísmo a la civilización del mundo y a la misma fe cristiana.

 

Consideramos que estos cambios merecen una respuesta ponderada por parte de los judíos. Hablando a título personal - somos un grupo interconfesional de estudiosos judíos - creemos que ha llegado la hora de que los judíos conozcan los esfuerzos de los cristianos por hacer honor al judaísmo. Creemos que ha llegado la hora de que los judíos reflexionen sobre lo que puede decir ahora el judaísmo a propósito del cristianismo. Como primer paso, proponemos ocho breves afirmaciones sobre cómo judíos y cristianos pueden relacionarse los unos con los otros.

 

Judíos y cristianos adoran al mismo Dios

 

Antes de la llegada del cristianismo los judíos eran los únicos adoradores del Dios de Israel. Pero también los cristianos adoran al Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, creador del cielo y de la tierra. Aunque la fe cristiana no sea una opción religiosa que los judíos puedan adoptar, como teólogos nos alegramos de que, a través del cristianismo, centenares de millones de personas hayan entrado en contacto con el Dios de Israel.

 

Judíos y cristianos reconocen la autoridad del mismo libro, la Biblia (a la que los judíos llaman "tanakh" y los cristianos "antiguo testamento")

 

Recurriendo a la Biblia como guía religiosa para el enriquecimiento del espíritu y la educación comunitaria, extraemos de ella enseñanzas similares: Dios ha creado y sostiene el universo; Dios ha establecido una alianza con el pueblo de Israel; el verbo revelado de Dios guía a Israel por un camino de rectitud; Dios salvará a Israel y al mundo entero en el último día. Sin embargo, judíos y cristianos interpretan muchos pasajes de la Biblia de forma distinta. Estas diferencias deben ser siempre respetadas.

 

Los cristianos pueden secundar la reivindicación judía del Estado de Israel

 

El evento más importante para los judíos desde los tiempos del Holocausto fue la restauración de un Estado judío en la Tierra Prometida. Como miembros de una religión basada en la Biblia, los cristianos reconocen que Israel fue prometida - y dada - a los judíos como lugar físico de la alianza entre ellos y Dios. Muchos cristianos apoyan el Estado de Israel por razones que van mucho más allá de la pura política. Como judíos apreciamos este apoyo. Reconocemos además que la tradición judía prevé justicia para todos los no judíos que residan en un Estado judío.

 

Judíos y cristianos aceptan los principios morales de la Torah

 

El centro de los principios morales de la Torah es la inalienable santidad y dignidad de todo ser humano. Todos hemos sido creados a imagen de Dios. Compartir este subrayado moral puede ser la base de una mejora en las relaciones entre nuestras comunidades. Puede también constituir un poderoso testimonio para toda la humanidad que dignifique la vida de nuestros hermanos y se alce contra la inmoralidad y las idolatrías que nos amenazan y nos degradan. Hay una especial necesidad de este testimonio después de los horrores sin precedentes a los que hemos asistido en los últimos siglos.

 

El nazismo no fue un fenómeno cristiano

 

Sin la larga historia del antisemitismo cristiano y de la violencia cristiana contra los judíos la ideología nazi no habría arraigado, ni hubiera podido ser perseguida. Demasiados cristianos participaron o aprobaron las atrocidades nazis contra los judíos. Otros no protestaron suficientemente contra tales horrores. Pero el nazismo en cuanto tal no fue una consecuencia inevitable del cristianismo. Si el exterminio de los judíos hubiese sido llevado hasta el final, el nazismo habría dirigido su rabia homicida contra los cristianos. Estamos agradecidos a aquellos cristianos que arriesgaron o sacrificaron su vida para salvar a los judíos durante el régimen nazi. Pensando en ellos, animamos a los teólogos cristianos a continuar rechazando sin equívoco el desprecio hacia el judaísmo y hacia el pueblo judío. Alabamos a aquellos cristianos que no aceptan este desprecio, y no les condenamos por las culpas de sus antepasados.

 

Muchas diferencias irreconciliables entre judíos y cristianos no se resolverán hasta que Dios salve al mundo entero, como ha prometido en la Escritura

 

Los cristianos conocen y sirven a Dios a través de Jesucristo y de la tradición cristiana. Los judíos conocen y sirven a Dios a través de la Torah y de la tradición judía. Esta diferencia no se resolverá sólo porque una comunidad insista en afirmar que ha interpretado la Escritura más exactamente que la otra; ni tampoco porque una ejerza presiones políticas sobre la otra. Los judíos pueden respetar la fidelidad de los cristianos a su revelación del mismo modo en que nosotros esperamos que los cristianos respeten nuestra fidelidad a nuestra revelación. Ni los judíos ni los cristianos deberían ser empujados a compartir los preceptos de la otra comunidad.

 

Una nueva unidad entre judíos y cristianos no debilitará la fe judía

 

La mejora de las relaciones no acelerará esa asimilación cultural y religiosa que los judíos temen de forma razonable. No cambiarán las tradicionales formas de culto judío, no aumentarán los matrimonios entre judíos y no judíos, no será mayor el número de judíos decididos a convertirse al cristianismo ni se creará una falsa mezcla entre judaísmo y cristianismo. Respetamos el cristianismo como hecho que ha tenido su origen dentro del judaísmo y que todavía tiene contactos significativos con él. No lo consideramos una extensión del judaísmo. Sólo si conservamos nuestras tradiciones podremos proseguir estas relaciones en su integridad.

 

Judíos y cristianos deben colaborar con los ideales de la justicia y de la paz

 

Judíos y cristianos reconocen, aunque de formas distintas, que el estado de irredención del mundo se refleja en la persistencia de persecuciones y de pobreza, y en la miseria y degradación de los hombres. Aunque la justicia y la paz pertenecen en última instancia sólo a Dios, nuestros esfuerzos conjuntos, unidos a los de otras comunidades religiosas, pueden ayudar a la realización del Reino de Dios que aguardamos con esperanza. Por separado y conjuntamente debemos trabajar para llevar la justicia y la paz a nuestro mundo. En esta empresa somos guiados por la visión de los profetas de Israel:

 

«Sucederá en días futuros que el monte de la Casa de Yahveh será asentado en la cima de los montes y se alzará por encima de las colinas. Confluirán a él todas las naciones, y acudirán pueblos numerosos. Dirán: "Venid, subamos al monte de Yahveh, a la Casa del Dios de Jacob, para que él nos enseñe sus caminos y nosotros sigamos sus senderos"». (Is 2,2-3)

 

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La frase "Dabru Emet" procede del versículo: «He aquí las cosas que debéis hacer: Decid verdad unos a otros: juicio de paz juzgad en vuestras puertas» (Za 8,16). Para una profundización mayor en el argumento del Dabru Emet puede consultarse Christianity in Jewish Terms, a cargo de Tikva Frymer-Kensky, David Novak, Peter Ochs, David Sandmel y Michael Signer, Westview Press 2000 (www.westviewpress.com/christianityinjewishterms). Podéis leer las opiniones sobre Dabru Emet y discutirlas con otros en Beliefnet (www.belief.net.com).

Deseamos expresar nuestro agradecimiento al Institute for Christian & Jewish Studies por haber proporcionado las premisas educativas gracias a las cuales se ha podido desarrollar el trabajo de este proyecto. Para ulteriores informaciones contactar con el Rabino David Fox Sandmel, Institute for Christian & Jewish Studies, 1316 Park Avenue, Baltimore, MD 21210. 410-523-7227, statement@icjs.org.

 

Dr. Tikva Frymer-Kensky
The Divinity School,
Universidad de Chicago
Chicago, IL
Dr. Peter W. Ochs
Universidad de Virginia
Charlottetsville, VA
Dr. David Novak
Universidad de Toronto
Toronto, Canadá
Dr. Michael A. Signer
Universidad de Notre Dame
South Bend, IN


«He aquí las cosas que debéis hacer: Decid verdad unos a otros: juicio de paz juzgad en vuestras puertas» (Za 8,16)

 Alberto Savorana. huellas-cl  octubre de 2000

 

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SAN AGUSTÍN COMENTA Ef. 5,15-20

 

Ef 5,15-20: La maldad y la miseria humana hacen los días malos

 

En la lectura del Apóstol oísteis o, mejor, oímos todos que nos decía: Estad atentos a vivir cautamente, no como necios, sino como sabios, rescatando el tiempo porque los días son malos. Se habla de días malos a causa de la maldad y miseria de los hombres. Por lo demás, en cuanto respecta al correr del tiempo, estos días son ordinarios: se suceden, constituyen el tiempo, sale el sol, se pone, pasan los días. ¿A quién molestaría el tiempo, si los hombres no se molestasen entre sí? Como dije, dos cosas hacen los días malos: la miseria y la malicia de los hombres. La miseria es común a todos, pero no debe serlo la malicia. Desde que pecó Adán y fue expulsado del paraíso, nunca hubo días buenos, sólo malos. Preguntemos a los niños que nacen por qué comienzan llorando, dado, que también pueden reír. Nada más nacer, lloran; después, ignoro cuántas veces reirán. Al llorar en el momento de nacer, el niño se convierte en profeta de su calamidad, pues las lágrimas son el testimonio de su miseria. Aún no habla y ya profetiza. ¿Qué? Que ha de vivir en medio de fatigas o de temores. Y aunque viva santamente, siendo justo, con toda certeza temerá siempre, puesto que se halla en medio de tentaciones.

 

Rescatemos el tiempo, porque los días son malos. Quizá esperéis saber de mí en qué consiste el rescatar el tiempo. Voy a decir lo que pocos escuchan, pocos soportan, a lo que pocos se comprometen y pocos realizan; no obstante lo diré, porque incluso esos pocos que me han de escuchar viven en medio de los malos. Rescatar el tiempo consiste en que, si alguien te provoca a litigar, pierdas algo a fin de vacar para Dios, no para las contiendas. Pierde pues; de lo que pierdes obtienes el precio del tiempo. Cuando tus necesidades te obligan a ir al mercado público, das monedas y compras pan, o vino, o aceite, o madera, o algún utensilio; das y recibes; pierdes algo para conseguir otra cosa; eso es comprar. Pues si posees algo que antes no poseías sin perder nada, o lo encontraste, o te lo regalaron o lo recibiste en herencia. Cuando pierdes una cosa para adquirir otra es cuando compras; a lo que pierdes se le llama precio. Del mismo modo, pues, que pierdes monedas para comprar algo, pierde también monedas para comprarte el reposo. Eso es rescatar el tiempo.

 

Hay un célebre proverbio púnico, que os diré en latín, porque no todos conocéis aquella lengua. Es ya muy antiguo: «La peste busca una moneda; dale dos, y que se vaya». ¿No da la impresión de que el proverbio ha nacido del evangelio? Pues ¿qué otra cosa sino rescatando el tiempo dijo el Señor con estas palabras: Si alguien quiere litigar judicialmente contigo para quitarte la túnica, déjale también el manto? (Mt 5,40). Con el litigar judicialmente contigo para quitarte la túnica quiere apartarte de tu Dios mediante disputas: estará inquieto tu corazón, tu ánimo no quedará tranquilo, te alejarás de tus pensamientos y te irritarás contra tu mismo adversario. Advierte cómo perdiste el tiempo. ¡Cuánto mejor es que pierdas una moneda y rescates el tiempo!

 

Hermanos míos, cuando venís a que haga de juez en vuestros juicios y en vuestros negocios, al cristiano acostumbro a decirle que pierda algo de lo suyo para rescatar el tiempo. ¡Con cuánto mayor cuidado y con cuánta mayor confianza debo decirle que devuelva lo ajeno! Escucho a dos que son cristianos. El fraudulento, el que quiere enjuiciar al otro y quitarle algo, aunque sea mediante arreglos, se pone eufórico ante estas palabras. Dijo el Apóstol: Rescatando el tiempo porque los días son malos. «Levanto, pues, una calumnia contra aquel cristiano; dado que oyó al obispo, algo me dará para rescatar el tiempo». Dime, si a él he de decirle: «Pierde, para ganar tiempo», ¿no he de decirte a ti: «calumniador; hijo perdido del diablo, por qué te esfuerzas por quitar las cosas ajenas? No tienes razón y rebosas calumnia». Si le digo a él: «Dale algo, para que cese en su calumnia», ¿te hallarás presente tú, que te sirves de la calumnia para obtener dinero? Tolera los días malos quien, para evitar la calumnia, rescata el tiempo de ti; tú, en cambio, que te alimentas de calumnias, tendrás días malos y en el día del juicio, los tendrás peores. Quizá te rías hasta de esto, porque con la rapiña te llenas de dinero. Ríe, sigue riendo y despreciándome; yo seguiré dando; ya llegará quien pida cuentas.

Sermón 167,1.3-4

 

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LOS RABINOS Y LAS PELUCAS.

 

JUDAÍSMO – THE NEW YORK TIMES. 2004.05

La práctica habitual del uso de pelucas entre las mujeres judías se ha visto paralizada por la condena de un grupo de rabinos de Israel. Según informa The New York Time, que da cuenta del desconcierto en los barrios judíos de Manhattan, la decisión se relaciona con el «made in India» de la mayor parte de las prótesis capilares del mercado y la eventualidad de que el pelo usado en ellas pudiera haber sido antes utilizado en ceremonias hindúes, idolátricas para la ortodoxia judía. El integrismo sin fronteras, incapaz de distinguir lo religioso de lo profano, perpetra otra redada en el mundo de la alimentación y de la moda. ABC. 2004-05-15. Esp.

 

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La calumnia

 

Rubén Darío

 

Puede una gota de lodo
sobre un diamante caer;
puede también de este modo
su fulgor obscurecer;
pero aunque el diamante todo
se encuentre de fango lleno,
el valor que lo hace bueno
no perderá ni un instante,
y ha de ser siempre diamante
por más que lo manche el cieno.

 

 

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"Si no aprendemos a limitar drásticamente nuestros deseos y demandas y subordinar nuestros intereses a criterios morales, nosotros, la humanidad, sencillamente nos desgarraremos, ya que los peores aspectos de la naturaleza humana sacarán a relucir sus colmillos; en las circunstancias cada vez más complejas de nuestra modernidad, el imponernos límites a nosotros mismos es la única senda que verdaderamente hará posible nuestra preservación," afirmaba Solyenitsin 1993

 

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P:… ¿Cree usted que la acusación de deicidio es la base histórica de la judeofobia que tradicionalmente hemos tenido en Europa?

 

 

R:  … No, el antisemitismo es muy anterior a la aparición del cristianismo y aparece en egipcios como Manetón o autores clásicos como Cicerón, Tácito o Juvenal. A decir verdad, yo sostengo la tesis de que es esa herencia clásica la que acabó tiñendo de antisemitismo a algunos autores cristianos. 2004-03-30. César VIDAL. Esp.

 

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P: Siempre he creído que Jesucristo fue condenado a crucifixión por haberse arrogado la condición de Rey de los judíos. Sin embargo, en el libro de Alexander Demandt “Los grandes procesos de la historia” se concluye que la razón de su condena fue “contumacia”, al negarse a responder a las preguntas de Poncio Pilatos. ¿Qué cree usted? ¿Qué culpa tuvo el pueblo judío en la condena?

 

R: 1. La condena no tiene nada que ver con la contumacia y sí, el "titulus" colocado en su cruz indica que la condena derivó de su identificación con el rey de los judíos. En cualquier caso me acaban de otorgar el Premio Espiritualidad por una obra que, Dios mediante, saldrá en septiembre donde abordo ese tema entre otros. 2. Algunas de las autoridades judías sin duda tuvieron parte notable en impulsar la condena de Jesús. La opinión del pueblo era mucho más variada siquiera porque Jesús era judío como lo eran a la sazón todos sus discípulos.

César VIDAL. Dr. en historia, filosofía, teología. 2004-06-29 - España

 

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Sigue vigente el principio de que sólo delinquen y son responsables criminalmente las personas físicas. Ningún delincuente puede manchar otro honor que no sea el propio.

Hay quienes piensan que la democracia entraña el triunfo de la bondad moral y que, en ella, todos los ciudadanos, o la mayoría de ellos, son justos y benéficos. Es falso. La democracia no cancela la brutalidad ni suprime la barbarie. Por el contrario, nace más bien de la constatación de la existencia del mal. Precisamente por ello instaura los principios de la transparencia y de la libertad de expresión, y los mecanismos de limitación del poder, al que sitúa bajo permanente sospecha. Si la barbarie no fuera posible, acaso cupiera prescindir de los gobiernos y de la fuerza legítima del Derecho. Pero no es así. Si no lo es nunca, perfecta ocasión para la extensión del odio y la barbarie. Lo democracia no imposibilita la existencia de Caín; sólo impide, y no siempre, su impunidad. Dr. Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA. 2004.05. ESPAÑA.

 

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La guerra del cristiano es incesante, porque en la vida interior se da un perpetuo comenzar y recomenzar, que impide que, con soberbia, nos imaginemos ya perfectos.

 

Es inevitable que haya muchas dificultades en nuestro camino; si no encontrásemos obstáculos, no seríamos criaturas de carne y hueso.

 

Siempre tendremos pasiones que nos tiren para abajo, y siempre tendremos que defendernos contra esos delirios más o menos vehementes.

Advertir en el cuerpo y en el alma el aguijón de la soberbia, de la sensualidad, de la envidia, de la pereza, del deseo de sojuzgar a los demás, no debería significar un descubrimiento.

 

Es un mal antiguo, sistemáticamente confirmado por nuestra personal experiencia; es el punto de partida y el ambiente habitual para ganar en nuestra carrera hacia la casa del Padre, en este íntimo deporte.

 

Por eso enseña San Pablo: yo voy corriendo, no como quien corre a la ventura, no como quien da golpes al aire, sino que castigo mi cuerpo y lo esclavizo, no sea que habiendo predicado a los otros, venga yo a ser reprobado.

El cristiano no debe esperar, para iniciar o sostener esta contienda, manifestaciones exteriores o sentimientos favorables.

 

La vida interior no es cosa de sentimientos, sino de gracia divina y de voluntad, de amor. Todos los discípulos fueron capaces de seguir a Cristo en su día de triunfo en Jerusalén, pero casi todos le abandonaron a la hora del oprobio de la Cruz.

Para amar de verdad es preciso ser fuerte, leal, con el corazón firmemente anclado en la fe, en la esperanza y en la caridad.

Sólo la ligereza insubstancial cambia caprichosamente el objeto de sus amores, que no son amores sino compensaciones egoístas.

 

Cuando hay amor, hay entereza: capacidad de entrega, de sacrificio. de renuncia. Y, en medio de la entrega, del sacrificio y de la renuncia, con el suplicio de la contradicción, la felicidad y la alegría.

 

Una alegría que nada ni nadie podrá quitarnos.

En este torneo de amor no deben entristecernos las caídas, ni aun las caídas graves, si acudimos a Dios con dolor y buen propósito en el sacramento de la Penitencia.

 

El cristiano no es un maníaco coleccionista de una hoja de servicios inmaculada.

 

Jesucristo Nuestro Señor se conmueve tanto con la inocencia y la fidelidad de Juan y, después de la caída de Pedro, se enternece con su arrepentimiento. Comprende Jesús nuestra debilidad y nos atrae hacia sí, como a través de un plano inclinado, deseando que sepamos insistir en el esfuerzo de subir un poco, día a día.

 

Nos busca, como buscó a los dos discípulos de Emaús, saliéndoles al encuentro; como buscó a Tomás y le enseñó, e hizo que las tocara con sus dedos, las llagas abiertas en las manos y en el costado.

 

Jesucristo siempre está esperando que volvamos a El, precisamente porque conoce nuestra debilidad.

 

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Hay una lema en el que deberían apoyarse todas las parroquias:  en los tres pilares básicos de nuestra fe que son: EL SANTÍSIMO SACRAMENTO, LA SANTÍSIMA VIRGEN, EL SANTO PADRE.  Cuando estuve en el Líbano en el año 1998 dando ejercicios espirituales, conocí providencialmente a un padre monje maronita muy sabio y santo que me dijo: “El pueblo Libanes se ha mantenido fiel, a pesar de las dificultades y vicisitudes históricas gracias a las tres cosas blancas: la Hostia Blanca, la Virgen Blanca y el Papa Blanco”.  Esto fue para mi una enseñanza.   San Juan Bosco habla en sus sueños maravillosamente de estas verdades.  (Fátima). N.N.

 

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OBISPO – MAESTRO DE LA FE - «Como sucesores de los apóstoles, sois "doctores fidei", doctores auténticos que ante todo anuncian al pueblo con la misma autoridad de Cristo, la fe que hay que vivir y creer».

«Tenéis que hacer redescubrir a los fieles confiados a vuestras atenciones pastorales la alegría de la fe, la alegría de ser amados personalmente por Dios, que entregó a su Hijo Jesús por nuestra salvación», fue el consejo que dejó el obispo de Roma a los nuevos obispos.

«Como bien sabéis --añadió--, creer significa sobre todo fiarse de Dios que nos conoce y nos ama personalmente y acoger la Verdad que ha revelado en Cristo con esa actitud confiada que nos lleva a confiar en él, revelador del Padre».

«A pesar de nuestras debilidades y pecados, él nos ama y su amor da sentido a nuestra vida y a la del mundo», subrayó.

«La respuesta a Dios exige ese camino interior que lleva al creyente a encontrarse con el Señor. Este encuentro sólo es posible si el hombre es capaz de abrir su corazón a Dios, que habla en la profundidad de la conciencia», afirmó el Santo Padre.

«Esto exige interioridad, silencio, vigilancia, actitudes que os invito a vivir en primera persona y a proponer también a vuestros fieles, tratando de disponer oportunas iniciativas que ayuden a descubrir la primacía de la vida espiritual», recalcó S.S. Benedicto XVI – P. P. 2005-09-19 Castelgandolfo – It.

 

Para el Obispo, «la "lex credendi" [ley de la fe] se convierte en "lex orandi"[ley de la oración]».

 

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   Los herreros no dan abasto en la fragua de la calumnia, pero no hay peligro de que se pare el fuelle. Lo dijo Karol Wojtyla cuando aún no era Juan Pablo II, pero entonces ya lo sabía: la antipalabra tiene un programa, que es el de nuestro tiempo. Avanza hacia las tinieblas y lo oscurece todo a su paso: la dignidad del hombre, la naturaleza del matrimonio, el bien de la familia, la libertad en la educación... Pero cuando la noche es más cerrada y parece dominarlo todo, sucede algo que atraganta la risa sardónica del demonio.
   La Iglesia también lo sabe, pero es respetuosa con los plazos. Sábado Santo, tiempo de espera al lado de la Virgen. Aún no es el tercer día; hay que tener paciencia. Mirad a los guardias junto a la tumba. Mañana tendrán que inventar una historia porque la muerte ha sido vencida.
   La vía dolorosa que conduce al Calvario es el camino de la historia. Una mujer lo recorre. Cada día le dan muerte y cada día se la encuentran de nuevo. Sufre persecución y le tienden trampas. No saben qué hacer con ella: es la Iglesia.
2005.03 - David AMADO – Esp.


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   En el libro de los Proverbios (14,30) leemos:
   –«Una mente en paz –un interior alegre– es vida para el cuerpo».

 

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«El más popular de todos los seres es Dios. El pobre lo llama, el moribundo lo invoca, el pecador le teme, el hombre bueno le bendice. No hay lugar, momento, circunstancia, sentimiento, en que Dios no se halle y sea nombrado. La cólera cree no haber alcanzado su expresión suprema, sino después de haber maldecido este Nombre adorable; y la blasfemia es asimismo el homenaje de una fe que se rebela al olvidarse de sí misma. »

Henri Lacordaire - Fraile dominico francés

 

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La Iglesia es santa. En Ella «todos, ya pertenezcan a la Jerarquía, ya pertenezcan a la grey, son llamados a la santidad según aquello del Apóstol: Porque esta es la voluntad de Dios, vuestra santificación (I Tes 4, 3; cfr Ef 1, 4)» (LG, 39). Esta misma y única santidad de la vocación cristiana es, por tanto, también propia de aquellos fieles que en el Pueblo de Dios reciben el sacramento del matrimonio. « El amor, con que el Esposo ‘amó hasta el extremo’ a la Iglesia, hace que ella se renueve siempre y sea santa en sus santos, aunque no deja de ser una Iglesia de pecadores» (Gratissimam sane -Carta a las Familias-, 19).

 

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"La comunidad cristiana tiene que mostrar la belleza del Amor al mundo"

 

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“El alma sola sin maestro, que tiene virtud, es como el carbón encendido que está solo; antes se irá enfriando que encendiendo” (SAN JUAN DE LA CRUZ, Dichos de luz y de amor)

 

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Algunos piensan, no sin razones que la cultura europea está en decadencia y puede llegar a desaparecer. No es imposible si se toma en el sentido estricto de europeo-occidental, pero en cambio no es posible si se refiere al fondo o núcleo esencial de la misma, el cristianismo, que primero fue judío, luego romano, bárbaro, feudal, europeo, americano y después africano y asiático. El cristianismo no está hecho para lograr una cultura propia, cerrada y perecedera, sino para ser la sal y la luz de cualquiera de las civilizaciones que vayan apareciendo y que quieran llevar en ellas algo de eternidad.

 

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"El hombre prehistórico también tiene un sitio en la Historia de la Salvación"

 

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Chesterton: “Estoy orgulloso de verme atado por dogmas anticuados, como dicen mis amigos periodistas, porque sólo el dogma razonable vive lo bastante para que se le llame anticuado”.

 

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Sobre los altares es suficiente con que brille la Hostia Sagrada. Sino, como dijo san Hilario + 367 ca., construiríamos iglesias para destruir la fe.

 

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Carta I de San Pablo a los Corintios 15,1-8. - Hermanos, les recuerdo la Buena Noticia que yo les he predicado, que ustedes han recibido y a la cual permanecen fieles. Por ella son salvados, si la conservan tal como yo se la anuncié; de lo contrario, habrán creído en vano. Les he trasmitido en primer lugar, lo que yo mismo recibí: Cristo murió por nuestros pecados, conforme a la Escritura. Fue sepultado y resucitó al tercer día, de acuerdo con la Escritura. Se apareció a Pedro y después a los Doce. Luego se apareció a más de quinientos hermanos al mismo tiempo, la mayor parte de los cuales vive aún, y algunos han muerto. Además, se apareció a Santiago y de nuevo a todos los Apóstoles. Por último, se me apareció también a mí, que soy como el fruto de un aborto.

 

"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

Dios confió los animales a la administración del que fue creado por él a su imagen (cf Gn 2, 19-20; 9, 1-4). Por tanto, es legítimo servirse de los animales para el alimento y la confección de vestidos. Se los puede domesticar para que ayuden al hombre en sus trabajos y en sus ocios. Los experimentos médicos y científicos en animales, si se mantienen en límites razonables, son prácticas moralmente aceptables, pues contribuyen a cuidar o salvar vidas humanas.

 

 

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Recomendamos: “INTRODUCCIÓN AL CRISTIANISMO”*, por Joseph RATZINGER, al día S. S. Benedicto XVI. ¿Qué es el cristianismo? Responder a esta pregunta constituye el objetivo fundamental de este libro. Para ello, nada mejor que centrarse en uno de sus textos fundamentales, el credo, en el que la comunidad cristiana ha sintetizado su fe y a través del cual la proclama cada vez que lo recita. Siendo un texto que se quedó fijado en los albores del cristianismo, se hace necesario, por una parte, entender bien qué se quiso decir y cuáles fueron el contexto y el trasfondo en los que nace. Pero, por otra parte, por ser expresión viva de la fe, ha de ser sometido a una constante reinterpretación, para que sus fórmulas sean inteligibles a los creyentes de cada momento histórico. El equilibrio entre la fidelidad a algo recibido en el seno de la Iglesia y la actualización de su contenido es una exigencia que atañe no sólo a la teología, sino a la vida de la fe de todo creyente. Joseph Ratzinger ha sabido responder a este reto, prestando especial atención a los problemas que la cultura moderna ha planteado a la fe. *Ed. SIGUEME.

Recomendamos: “DIOS Y EL MUNDO Joseph Ratzinger. Ed. Galaxia Gutemberg-

 

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).