Tuesday 21 February 2017 | Actualizada : 2017-02-03
 
Inicio > Leyendas Negras > Leyendas - 14º Persecuciones religiosas, ayer y hoy, masonería y revolución

Historia, calumnia y la mentira - Abundan aún los ejemplos de casos en que juzgamos y decidimos, tomamos riesgos y los hacemos correr a los demás, convencemos al prójimo y le incitamos a decidirse, fundándonos en informaciones que sabemos que son falsas, o por lo menos sin querer tener en cuenta informaciones totalmente ciertas, de que disponemos o podríamos disponer si quisiéramos. Hoy, como antaño, el enemigo del hombre está dentro de él. Pero ya no es el mismo: antaño era la ignorancia, hoy es la mentira. MMVI.II

 

La intolerancia del iluminismo frente a la libertad, les llevó a destruir el arte cristiano, basta ver los pórticos de las grandes catedrales francesas.


La abadía de Cluny, el templo mayor del mundo hasta que en el siglo XVI se construyó en Roma la basílica de san Pedro, que llegó a ser uno de los más importantes centros religiosos, que preparó decisivamente el camino a la reforma gregoriana y que se convirtió en potente foco de radiación del románico europeo, está convertida hoy en un montón de ruinas sólo recuperadas para la posteridad en el papel y el diseño. Se cerró y arrasó en el 1790 por la Revolución francesa. Se entiende que no todas las revoluciones son respetuosas con la cultura, ni con el arte, ni con la historia… Millares de manuscritos fueron destruidos y robados, perdidos para siempre e irrecuperables al patrimonio de la humanidad.


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NAPOLEÓN – Las tropas napoleónicas en 1798 saquearon de los ‘museos vaticanos’, 546 obras de arte. Fueron destruidas o desaparecidas nueve (9) piezas de gran valor histórico; 248 piezas nunca restituyó la Francia y gran parte de ellas están en las salas del Louvre-Paris con la mofa-etiqueta: adquirido en 1798.

La Francia fue obligada por una Convención de Viena, a restituirlas a sus originarios y verdaderos propietarios, entrega solo 289 obras, las demás siguen siendo robadas.


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La Iglesia ha declarado que no se puede ser católico y masón porque ambas se contradicen en lo esencial. Aquí presentamos las razones. Al mismo tiempo aclaramos que, aunque rechazamos los errores de la masonería, no guardamos animosidad contra los masones. El amor de Cristo nos mueve a amar a todos. Ese mismo amor exige que hablemos la verdad que lleva a la salvación. 

Muchos masones desconocen la ideología de su propia organización. Hay dos razones para esto: Primero, la masonería tienen muchos grados y los secretos de los de arriba son desconocidos por los mas grados inferiores. Segundo, parece que algunas logias modernas han optado por mantenerse al margen de la ideología de su organización.

Para no caer en el anacronismo, es necesario tener la humildad y la inteligencia de leer los hechos del pasado no con las categorías mentales de hoy, más, dentro el marco histórico temporal en que se efectuaron. 


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Los gentiles contra la Iglesia


Antonio Ramón Peña Izquierdo


En esta situación el conflicto del cristianismo con el Estado pagano es en el que nos hayamos en el presente. Parece que los gentiles de compases triangulares con ojeras están ganando una nueva batalla, y puede que pasados los años la ganen del todo y los cristianos, y católicos en especial, tengamos que volver a las catacumbas. 28/06/2009


Hubo un tiempo en que el Cristianismo abandonó su existencia de gueto religioso, intelectual y de vida. Y fue convirtiéndose en una sólida comunión de fe para una gran mayoría de ciudadanos en todo el mundo que -creyesen o no- consideraron como buena, sana, justa y esperanzadora la propuesta de vida cristiana con sus valores, moral y modo de concebir y entender al ser humano, a la sociedad y al Estado.

Un buen día, algunos gentiles, que se creían los más perfectos de la humanidad, observaron que con el triunfo del Cristianismo ellos ya no eran el centro del mundo. Sus propuestas filosóficas, sus construcciones económicas y políticas habían pasado a un segundo plano ante la fuerza de la Fe Cristiana. Además, la Iglesia Católica no cesaba en denunciarles[1]. Con  el paso del tiempo el nerviosismo de los vanidosos,  engreídos y fatuos gentiles fue incrementándose. La respuesta de estos gentiles fue diseñar un proyecto o programa de destrucción de la Iglesia. Proyecto de largo tempo con una serie fases a través de las cuales el ataque fuese incrementándose hasta la destrucción final de la Iglesia.

La primera fase fue de propaganda masiva contra la Iglesia, la moral y la propuesta de vida cristiana. Utilizaron todos los resortes y medios que el control del poder económico y político les permitía así como nuevos medios de comunicación, que pronto pasaron a denominarse “de masas”. Estos gentiles fueron inculcando en el pueblo la idea de que la Iglesia y sus sacerdotes y creyentes eran los culpables del estado de penuria material y cultural en que esos propios gentiles les mantenían. La machacona propaganda dirigida desde las instituciones estatales y paraestatales, acabaron transformando la mentalidad social hacia la Iglesia y los católicos.

Pese a la gran labor social y cultural que durante tantos siglos la Iglesia llevaba realizando, el odio sembrado contra ella en mentes y corazones germinó y maduró, y los gentiles pasaron a la segunda fase del programa. El ataque directo y físico contra la Iglesia y los católicos de cualquier índole (sacerdotes, monjas, hombres, mujeres, niños, ancianos). Fue una fase (en España, 1821-1989) muy intensa de persecuciones y de pruebas y de muestras de fe hasta dar la vida por Jesucristo. También fue una etapa de destrucción del enorme patrimonio cultural realizado y conservado por la Iglesia (bibliotecas y archivos, pinturas y esculturas, templos y edificios de gran valor y belleza).

Los historiadores hemos calculado que en los últimos años de esta fase y sólo en España (1936-1939) unos 8.000 sacerdotes, religiosos y seminaristas fueron asesinados. A estos abría que añadir los católicos laicos que fueron exterminados por su fe en Jesucristo. Pero Dios no abandona y Él siempre acaba triunfando. De esta fase surgió una Iglesia fortalecida en la sangre sacrificial de tantos y tantos mártires que siguieron el ejemplo de Jesucristo.

Ante su derrota los gentiles optaron por cambiar de estrategia: primero, se recluyeron en sus asambleas para reorganizarse y planear el contraataque; segundo, optaron por utilizar los resortes que el sistema democrático dotaba a la comunidad política para volver a la legalidad en todos los países e infiltrarse en las instituciones económicas, culturales, políticas hasta controlarlas y socavarlas desde dentro. La Iglesia no fue ajena a este proceso de infiltración, situación llevó al Papa Pablo VI a determinar que:

"De una fisura el humo de satanás ha entrado en el templo de Dios: la duda, la incertidumbre, lo problemático, la inquietud, el descontento ocurre a diario (...) Nosotros hubiésemos creído que al día siguiente del Concilio hubiese sido un día de sol para la Iglesia.  Pero encontramos nuevas tormentas.  Nosotros buscamos cavar nuevos abismos en lugar de rellenarlos" (29 de Junio, 1972).

El cardenal Virgilio Noé, responsable de la liturgia vaticana durante el pontificado del Pablo VI, en una entrevista al portal Roma Petrus, asegura que el Papa se refería a todos esos sacerdotes, obispos y cardenales que no adoran correctamente a Dios, debido a una interpretación equivocada del Concilio Vaticano II, queriendo distorsionar la figura y mensaje de Jesucristo, la liturgia y la moral y vida cristiana.

Personalmente estoy convencido de que la actual interpretación que se hace del Concilio Vaticano II está, por lo general, equivocada y es la interpretación que esos gentiles nos han impuesto. De momento, la Iglesia no sabe cómo retroceder y desandar lo andado, aunque Benedicto XVI algunos tímidos pasos da en esta línea. Desde este artículo le animo a dejar de lado esa timidez y que vaya ya, del todo, abiertamente, contra esta caterva servidora de satanás infiltrada en nuestra Santa Madre Iglesia.

Una vez retomado el control de las instituciones económicas, políticas, culturales y los medios de comunicación los gentiles reprendieron la estrategia de la propaganda de masas, con técnicas de desinformación (manipulación de datos, estadísticas, propagación de mentiras y falsedades o exageración de los pecados de algunos miembros de la Iglesia).

El objetivo era triple: por un lado, volver a transformar el consciente y subconsciente individual y colectivo de La Christianitas (sobre el hombre y la mujer, su origen, los medios y los fines, la vida y la muerte, la sexualidad, las relaciones humanas, los bienes materiales y espirituales) implantando nuevas valoraciones sobre el ser humano y el mundo que le rodea. Por otro lado, se trataba, de presentar todas estas nuevas valoraciones como buenas, provechosas, coherentes y democráticas. Al mismo tiempo, se preveía la oposición privada y pública de la Iglesia y los católicos a estas nuevas valoraciones por lo que se trataba, también, de presentarles como reaccionarios, retrógrados, obcecados antidemócratas y obstáculos para el progreso de la humanidad.

En esta situación el conflicto del cristianismo con el Estado pagano es en el que nos hayamos en el presente. Parece que los gentiles de compases triangulares con ojeras están ganando una nueva batalla, y puede que pasados los años la ganen del todo y los cristianos, y católicos en especial, tengamos que volver a las catacumbas. Pero debemos tener presente y esos gentiles -de compases y triangulares ojeras- deben también saber, que la guerra que empezó con la sublevación de lucifer contra Dios, esa guerra la tenemos ya ganada y les destruiremos y ellos acabarán con sus almas en el Infierno junto a su adorado satanás.

Antonio Ramón Peña Izquierdo, historiador - infocatolica

Nota: me niego a poner en mayúscula los citados nombres demoníacos.


[1] Por ejemplo, condenas de Benedicto XIV, Providas, 18 mayo, 1751; Pío VII, Ecclesiam a Jesu Christo, 13 septiembre, 1821; León XII, Quo Graviora, 13 marzo, 1825; Pío VIII, Traditi Humilitati, encíclica, 24 mayo, 1829; Gregorio XVI, Mirari Vos, encíclica, 15 agosto, 1832; Pío IX, Qui Pluribus, encíclica, 9 novoviembre, 1846; León XIII, Humanum Genus, encíclica, 20 abril, 1884; León XIII, Dall´alto dell´Apostolico Seggio, encíclica,15 de octubre 1890; León XIII, Inimica Vos, encíclica 8 diciembre, 1892; León XIII, Custodi Di Quella Fede, encíclica 8 diciembre, 1892; Canon 2335 (Código de Derecho Catónico, 1917), Canon 1374 (Código de Derecho Canónico 1983); Documento Declaración de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, el 17 de febrero, de 1981 y de 26 de noviembre, 1983 (firmado, Cardenal José Ratzinger, prefecto); Declaración de 21 julio de 1980 (Conferencia Episcopal Alemana);


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‘Las sectas, falazmente instaladas, complacientes con la mentira-sólo son insensatos disfraces, humos desleales del cristianismo’. - "Como hubo falsos profetas en el pueblo, también entre vosotros habrá falsos maestros que promoverán sectas perniciosas. Negarán al Señor que los rescató y atraerán sobre sí una ruina inminente. Otros muchos se sumarán a sus desvergüenzas, y por su culpa será difamado el camino de la verdad. En su codicia querrán traficar con vosotros a base de palabras engañosas. Pero hace tiempo que está decretada su condena y a punto de activarse su perdición…" 2ª carta de S. Pedro, cap. 2 Y así se cumple el dicho evangélico de: "Por sus frutos los conoceréis".

 

 Infamia e historia - apliquemos en efecto, el mismo rasero y tal vez convengamos en que la historia de la infamia es –como sugirió Borges- universal y de ella no se salva nadie. El hecho de que algunas veces a lo largo de la historia la verdad se haya alzado con aires o con hechos de intolerancia, e incluso que en su error haya llegado a llevar hombres a la hoguera, no es culpa de la verdad sino de quienes no supieron entenderla. Todo, hasta lo más grande, puede degradarse. Es cierto que el amor «malentendido» puede hacer que un insensato cometa un crimen, pero no por eso hay que abominar del amor, ni de la verdad, que nunca dejarán de ser raíces que sostienen la vida humana.

“El ideal o el proyecto más noble puede ser objeto de burla o de ridiculizaciones fáciles. Para eso no se necesita la menor inteligencia” (A. Kuprin).


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Al igual que ocurre con cualquier otra expresión de la mente humana, quizás la objetividad plena es imposible, pero lo que se le pide a cualquier intelectual honrado es que, cuando menos, haga el esfuerzo de buscarla, tenga la valentía de acercarse serena y responsablemente al mayor grado de objetividad histórica posible.


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¡Parece como que los periodistas –gran parte- hayan estudiado algo!...

¿Cuantas verdades supuestamente científicas son bulos divulgados acríticamente por la prensa? Algunas cosas que no están claras deberían revisarse…

“Parece como si los científicos gozaran de cierta inmunidad”


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El valor de la palabra - Cambiar el sentido de las palabras es el primer paso para deformar la realidad. Es una trampa que puede acarrear graves daños para millones de ciudadanos que nos podemos sentir arrastrados por el cambio inadvertido del lenguaje.


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Persecuciones religiosas, ayer y hoy

 

Por Arturo Fontangordo

 

Desde el mismo momento del nacimiento de la Iglesia, esa tuvo que enfrentarse con enemigos que, gozando del poder temporal, buscaron su aniquilación, primero por la violencia, y más modernamente combinándola con medios más sutiles. En este artículo se hace un breve recorrido por algunos de los hitos de la persecución contra los cristianos, desde Roma a Sudán, pasando por la Inglaterra del XVI o la Francia revolucionaria, para acabar defendiendo la tesis de que hoy en día, en Occidente, también podemos hablar de una persecución religiosa contra los católicos.


1. Introducción

Como sabiamente intuía Platón, la Verdad existe, y es, además, identificable con el Bien y la Belleza. “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”, así se revela Cristo en el Evangelio de San Juan. Mas la Verdad tiene muchos enemigos, y así se puso de manifiesto desde el mismo comienzo de la andadura de la Iglesia. A lo largo de los siglos el odio se ha manifestado de muchas y variadas formas, y su concreción violenta ha regado de sangre cristiana los cinco continentes. Sea éste un pequeño resumen de una gran epopeya, la epopeya de los mártires que cayeron bajo la espada, la horca o las balas, por el mero hecho de creer en lo que nosotros rezamos cada domingo en el Credo. A algunos de ellos los veneramos en los altares, pero la gran mayoría son desconocidos, son tumbas sin nombre, esqueletos olvidados para la Historia y para los hombres. Para Aquél que todo lo ve, empero, todos ellos sin distinción son los de las vestiduras blancas, los que vienen de la gran tribulación. Que su luz nos guíe si alguna vez debemos transitar los agrestes caminos que ellos desbrozaron, y que su ejemplo nos edifique en los momentos en los que la blandura y el abandono se adueñan de nuestras almas.

 

 

2. La Iglesia primitiva: los primeros mártires

Los primeros cristianos eran de procedencia judía, y, como tales, seguían asistiendo al Templo y respetando las normas judías, reuniéndose para escuchar las prédicas de los apóstoles y para la Santa Misa. Imbuidos del Espíritu Santo, los apóstoles iban haciendo crecer esta primera comunidad cristiana de Jerusalén, despertando las iras del Sanedrín y la “ortodoxia” judaica. San Pedro y San Juan fueron los primeros apóstoles encarcelados, liberados al poco tiempo con la condición de que no siguieran predicando, condición que, evidentemente, no cumplieron. Y al ir extendiéndose en espacio y número la comunidad cristiana, surgió de manera natural la figura del diácono, entre cuyas filas encontramos el primer mártir de la Iglesia naciente: San Esteban. Su martirio fue el detonante de la primera persecución abierta contra el Cristianismo, persecución que se tradujo de manera inmediata en la expansión de la Iglesia por Siria y Anatolia. Es esta una constante de estas primeras persecuciones: las obligadas dispersiones no hacían sino acelerar el conocimiento de Cristo y la conversión de gentes cada vez más alejadas del núcleo original. Como vemos, muy pronto empezó la sangre de los mártires a fertilizar la tierra. Supongo que este bien mayor que supuso para la Iglesia la sangre derramada es la razón por la que nuestros “hermanos mayores en la fe” judíos no piden perdón, como se estila últimamente.

 

98 d.C, Trajano - Roma-Egipto

 

3. El Imperio Romano: las grandes persecuciones

Tras la conversión de San Pablo, y la llegada de la Fe cristiana a Roma, comienzan las persecuciones por antonomasia, las ejercidas por el Imperio. Primero fue el pirómano emperador Nerón, que cargó su propia locura sobre las espaldas de los semidesconocidos cristianos. Dicta un edicto de proscripción (Institutum neronianum) contra los cristianos, a quienes deja fuera de la general tolerancia religiosa. Desde ese momento hasta la proclamación del Edicto de Milán, transcurren dos siglos y medio, en los que se sucedieron a la cabeza del Imperio Romano emperadores de muy diverso espíritu y condición. No fue un tiempo de ininterrumpida persecución, pudiendo hablarse en términos generales de tantos años de persecución como de paz precaria para la Iglesia.

En los dos primeros siglos los cristianos, al menos teóricamente, viven siempre en estado de proscripción continua. En el siglo III la suerte de los cristianos depende del capricho de los sucesivos emperadores. Y al comienzo de la cuarta centuria la persecución es al principio general, y después local, según las provincias.

Así, tras Nerón, Trajano suaviza la legislación, con lo que ya no se actúa de oficio contra los cristianos y se exige para su condena el que hagan profesión pública de fe y se nieguen a realizar acto alguno de idolatría o apostasía. En cualquier caso, lo que sí pone de manifiesto esta ley, mantenida intacta hasta la muerte de Marco Aurelio, es el punto clave de toda persecución religiosa: lo que se castiga es el mero hecho de ser católico, pues, ya sin los pretextos neronianos, el delito es simplemente profesar el cristianismo, reconociéndose implícitamente que ningún otro delito o riesgo para la paz social existe en el condenado, por más que algunos autores sostengan como “fundamento jurídico” el hecho de que los cristianos eran perseguidos en realidad por crimen de lesa majestad. Profesando el cristianismo, en efecto, los fieles rehusaban honores religiosos al emperador, considerándolo un acto de idolatría, y de este modo infringían un derecho común, y se hacían reos de la lex majestatis; sin embargo no era esta la motivación última de la persecución.

A partir del siglo III, cada período persecutorio lleva el sello de un edicto específico; es decir, pasamos de la hostilidad latente a la guerra abierta en intervalos cruentos más o menos largos, alternándose con mandatos de emperadores pro-cristianos, como Maximino, sobre el que hay sospechas de que fuese él mismo cristiano.


En el año 250, el emperador Decio desencadena una persecución que por primera vez será universal. Decio ve a los cristianos como innovadores que ponen en peligro la civilización antigua y el orden romano social y religioso. Por eso es preciso acabar con ellos, por la intimidación que les lleve a la apostasía, o por el exterminio, si se resisten a la obediencia. Por norma imperial, todos los cristianos, hombres, mujeres y niños, en las ciudades y en los campos, en un día determinado han de reunirse para ofrecer sacrificios a los dioses, sea ofreciendo víctimas, haciendo libaciones rituales o comiendo de la carne sacrificada a los ídolos. Toda la población es convocada, y más tarde cada uno debe acreditar, por una especie de certificado, que ha participado en el sacrificio. Los que no puedan acreditarlo, son sometidos a persecución. Si alguno huye o se esconde, sufre la confiscación de sus bienes. Las penas aplicadas consisten en destierro, confiscación de bienes o muerte. Decio, al parecer, no era cruel por temperamento; era un fanático frío, que intentaba abolir del Imperio al cristianismo, por pura “razón de Estado”: él quería, en expresión de San Jerónimo, “matar las almas, no los cuerpos”. La persecución de Decio hizo muchos mártires, y quizá aún más renegados. La mayoría de éstos sucumbían ante la primera prueba, accediendo a sacrificar a los dioses. Pero muy pocos de quienes comparecieron ante los jueces renegaron de su fe, pues por fidelidad a ella, precisamente, habían llegado ante el tribunal. Más tarde llegaría la persecución de Valeriano, en la que hubo una llamativa innovación táctica, pues no era indiscriminada, sino que se dirigía primordialmente contra obispos, sacerdotes y diáconos. Este golpe terrible de persecución mató al Papa Sixto II, a San Cipriano en Cartago, a Fructuoso y a sus diáconos en Tarragona. Con el sucesor de Valeriano, Galieno la Iglesia vivió los momentos de mayor paz en el Imperio hasta ese momento, gozando incluso de derecho reconocido a la propiedad. Sin embargo, y a consecuencia de la atribulada política del siglo, aquello no fue más que una corta tregua, pues Aureliano reanudó la persecución.


            A comienzos del siglo IV la implantación del cristianismo era ya tan grande en el Imperio que muchos funcionarios y magistrados lo profesaban públicamente. En Occidente y en Oriente se construían grandes iglesias y el emperador Diocleciano se mostraba benévolo con los fieles. Pero de pronto, cambia totalmente el ánimo del emperador por influjo de Maximiano Galerio, uno de sus césares, y el viento de la persecución arrecia de nuevo. En los años 303 y 304, varios edictos imperiales desatan la persecución más sangrienta de cuántas había llevado a cabo Roma. Y esta novedad en el odio tiene su explicación. A mediados del siglo III todavía el perseguidor imperial representaba a la mayoría de los ciudadanos. Pero ahora paganos y cristianos son más o menos iguales en número, y en varias provincias de Asia son más los fieles. El paganismo ya no es más que un partido en el poder. Un partido y un poder que sienten amenazada su propia pervivencia.

Después de la abdicación de Diocleciano, se reparte el Imperio, y cesa la persecución en Occidente. Pero en la Europa oriental, en el Asia romana y en Egipto, donde imperan Galerio y Maximino Daia, sigue produciendo estragos. La persecución finaliza con un emperador joven y victorioso, Constantino, hijo de Santa Elena, quien en 312, firmaba en Milán una carta de paz religiosa definitiva. Más que una carta otorgada, de hecho fue un concordato, pues ya por entonces la Iglesia católica se alzaba fuerte y unida en casi todas partes. Aquella carta constantiniana era una reparación tardía, pero absolutamente necesaria, conveniente para el Estado y exigida por gran parte de los ciudadanos. El edicto de Milán, acatado al principio sólo en Europa y provincias africanas, pronto se extendió también como ley en el Oriente.

La orientación pro-cristiana de Constantino se hizo cada vez más patente. Fueron desautorizadas las prácticas paganas cruentas o inmorales y se prohibió a los magistrados participar en los tradicionales sacrificios de culto. Los principios morales del Evangelio inspiraron de modo progresivo la legislación civil, dando así origen al llamado derecho romano-cristiano.

 

 

4. La Alta Edad Media: las herejías

Con Constantino quedaba inaugurada una nueva época para la Iglesia, en la que el poder civil no sólo la iba a respetar, sino que iba a quedar, en muchos casos, como aliado o subordinado. Bien es cierto que el sucesor de Constantino, Julián el Apóstata, restauró el paganismo y retiró momentáneamente el apoyo al cristianismo, pero se trató de una etapa persecutoria efímera y no especialmente sangrienta, pues se trataba fundamentalmente de sanciones de tipo administrativo; a pesar de ello, también hubo algunos mártires, como el obispo Basilio, cruelmente atormentado por orden directa del emperador, cuya muerte predijo al intentar éste convencerle para que apostatara. El fluir de la historia hizo que esta alianza inicial se correspondiese al poco tiempo con la inauguración de una nueva Edad, la Edad Media, en la que la influencia cultural y política del cristianismo alcanzó su mayor cota en Occidente. La escolástica y el Imperio bien podrían simbolizar el ideal cristiano que vertebró en su apogeo bajomedieval la auténtica Europa, muy lejos de la que hoy nos intentan vender: esa Europa que no era sólo Europa, sino que era Cristiandad.

Pero esta primacía europea, no implicó, obviamente una paz universal para la Iglesia en todo tiempo y espacio. Por ejemplo, ya en época de Constantino, se produjeron violentas persecuciones en Persia, contra las que protestó por carta el propio emperador, que consiguiendo detener temporalmente las matanzas.


Además, con la aparición de las sucesivas herejías, se inauguró un nuevo modo de violencia persecutoria, cuando esta era llevada a cabo por los propios herejes en las ocasiones en las que conseguían hacerse con el poder por veleidad o error de los gobernantes. Así sucedió en Oriente, cuando Constantino, hijo de Constantino el Grande, concedió su favor a los arrianos, desterrando al célebre Atanasio y a otros obispos. En el norte de África, la persecución fue especialmente dura, llegando a la cifra de 30 obispos martirizados. La herejía arriana perduró en algunos lugares a lo largo de varios siglos, con especial incidencia en el territorio hispano, que quedó, como sabemos bajo el dominio visigodo. Tenemos el caso de San Hermenegildo, hijo del rey Leovigildo, martirizado por su propio padre al abjurar del arrianismo para retornar a la verdadera Fe; tres años después, España alcanzaba por primera vez la Unidad Católica en el III Concilio de Toledo, cuando el rey Recaredo renunció definitivamente a la herejía. Nuevamente, la sangre vertida fructificaba rápida y esplendorosamente, haciendo nacer para el mundo una Unidad que debería convertirse con el paso de las centurias en la nación evangelizadora de medio orbe y en el último baluarte de la Cristiandad frente al protestantismo, el liberalismo y el marxismo.

Otras herejías como la eutiquiana o la monotelita también llegaron a causar víctimas en este período de los siglos IV a VI. A partir de entonces, no se puede hablar de persecuciones masivas. Al margen de las guerras, el Islam causó algunos mártires en España, en los Balcanes y en Oriente, al igual que las ocasionales invasiones de pueblos nórdicos todavía paganos, o algunas luchas intestinas en Europa del Este, sobre todo en Hungría y Polonia.

 

 

5. La Edad Moderna: vuelven las persecuciones

Llegamos, con la caída de Constantinopla y el descubrimiento de América a la Edad Moderna. En esta época, en la que el racionalismo antropocéntrico inicia su labor de demolición de la Iglesia, aparece el protestantismo, y con él, vuelven las persecuciones, circunscritas hasta ese momento a los lugares de misión, a la Vieja Europa. Entrar en el detalle de las guerras de religión llevaría esta exposición demasiado lejos, pero por lo significativo del ejemplo, por su duración en el tiempo y por sus implicaciones en la Historia universal, consideraremos el caso de la persecución contra los católicos desatada en Inglaterra con el fin de imponer el anglicanismo.

El protestantismo no logró tener éxito inicialmente en Inglaterra, pese a que la semilla de la separación entre Inglaterra y la Iglesia católica había sido sembrada hacía años. El creciente poder de los monarcas ingleses había transformado a la Iglesia en Inglaterra en un instrumento en las manos del rey. Por tanto, cuando Enrique VIII decidió casarse con Ana Bolena, divorciándose de su legítima esposa, Catalina de Aragón, pocas fueron las voces levantadas en contra, sí dejamos aparte las de Tomás Moro y Juan Fisher. Así llegó el cisma; pero todavía no había entrado la herejía.


El protestantismo empezó a calar durante el reinado del joven Eduardo VI, introduciéndose primero entre los ministros del rey y, más tarde, apoderándose, sin mucha oposición, de las grandes ciudades y de los condados del este del país. Cuando llegó al trono la reina María, hija legítima de Enrique VIII y Catalina de Aragón, defensora de la verdadera religión y ferviente católica, el protestantismo tenía mucha fuerza en todo el país. Por esta razón el renacimiento del catolicismo durante su reinado duró muy poco, escasamente cuatro años desde su proclamación oficial hecha por el Parlamento.

Después de la muerte de María, heredó el trono Isabel I en el año 1558, que se rodeó nuevamente de consejeros y ministros protestantes, de quienes Guillermo Cecil puede considerarse el jefe y prototipo. La mayoría de los mártires fueron ejecutados durante estos años, siendo relativamente pocos los que murieron durante el período de Carlos I, Jaime I y el protector Cromwell. Sin embargo, la persecución no empezó de una manera abierta y violenta, sino con dos leyes destinadas a consolidar la herejía protestante: el Decreto de Supremacía y el Acta de Uniformidad, en el año 1559. La reina se declaró monarca, no solamente en cuanto a las cosas civiles del país, sino también de las espirituales y religiosas dentro de su reino. La mayoría de sus súbditos resolvieron el problema aceptando con sumisión los decretos reales, viendo en ellos solamente los deseos del rey de enriquecerse mediante una confiscación de los bienes de la Iglesia en el país, especialmente de los grandes monasterios. Otros, y al principio fueron muy pocos, dieron sus vidas antes de ceder al monarca lo que consideraban una prerrogativa del Romano Pontífice. Es decir, éstos vieron en el problema su aspecto teológico, mientras los otros no vieron más que el aspecto político-social.


El levantamiento en el norte de Inglaterra en el año 1569, por motivos puramente religiosos, hizo a Cecil cambiar su política, y desde entonces la persecución de los católicos fue más dura, tanto que, en el año 1570, el papa San Pío V excomulgó a la reina Isabel. En seguida Cecil tomó su revancha. Identificando el protestantismo con el espíritu nacional, empezó a calificar de traidores a todos los que propagaron las noticias de la sentencia papal, a todos los sacerdotes que continuaron en la verdadera fe, juntamente con los que les ayudaran con dinero y les hospedaran en sus casas. Muchos católicos se exiliaron, y se abrieron seminarios católicos ingleses por toda Europa. España puede tener el merecido orgullo de haber dado refugio a muchos de aquellos seminaristas que, en cuanto se ordenaban, volvían a su patria; el Colegio de Valladolid cuenta entre sus alumnos de aquellos tiempos veintitrés mártires, diecinueve de ellos ya beatificados por la Iglesia.

La persecución llegó a su punto más feroz después del decreto del año 1585 contra la misa y los sacerdotes. Según este decreto todos los sacerdotes de la isla tendrían que salir de ella en un plazo de cuarenta días; el mero hecho de ser sacerdotes era un acto de traición a la nación. Los que estaban estudiando en seminarios fuera del país tendrían que volver a él dentro de un período de seis meses y prestar un juramento de fidelidad a la reina como cabeza de la nación y de la Iglesia. Los que rehusaron cumplir estas condiciones fueron declarados traidores, juntamente con todos los que les ayudaron en cualquiera forma, constituyéndose en reos de pena de muerte.


La persecución duró, como decimos, hasta los tiempos de Cromwell y entre sus mártires contamos en primer lugar, por supuesto, a Santo Tomás Moro, patrón de los políticos católicos, íntimo compañero y amigo del rey Enrique VIII, y asesinado por éste al no aceptar el juramento de sumisión como cabeza de la Iglesia en Inglaterra. Muchos otros murieron por ayudar a los sacerdotes en su trabajo como misioneros, ocultándoles en sus casas, preparándoles escondites donde podían refugiarse con sus hábitos y con los ornamentos de misa. Los sacerdotes que volvían disfrazados desde los seminarios en el continente eran en muchos casos hechos prisioneros nada más llegar. Otros conseguían pasar desapercibidos durante años, hasta que algún delator les ponía en manos del poder real. Duramente interrogados y torturados para que revelasen nombres de católicos, acababan en la horca si las condiciones del encierro no les habían hecho ya merecedores de la palma del martirio. Hasta el último momento, eran atosigados por pastores protestantes en un intento vano de hacerles apostatar. A estos héroes, olvidados por la mayor parte de nuestros libros de Historia les debemos que aún queden católicos en Gran Bretaña.

El caso anglicano también tuvo graves repercusiones en Irlanda, colonizada por Inglaterra. La creación de la iglesia anglicana fue rechazada por el pueblo irlandés, evangelizado en el siglo V por San Patricio y reserva de la espiritualidad católica durante el largo período de ocupación bárbara en Europa. En 1569 se celebró la conferencia de Munster, en la que el pueblo irlandés acordó defenderse y defender la religión católica frente a la ocupación inglesa. La respuesta inglesa no se hizo esperar y se ordenó el aplastamiento por las armas de los rebeldes; a la par, surgió la idea de constituir un enclave protestante, principalmente con colonizadores escoceses, en la parte norte de la isla que contaba con las tierras más fértiles, desplazando a la población irlandesa hacia el sur. He aquí el origen del actual conflicto del Ulster, que, como se puede ver, tiene tanto que ver con el origen del terrorismo etarra como un huevo con una castaña; en todo caso, no es este el momento de entrar en un análisis serio de la problemática de Irlanda del Norte.

Las concesiones de tierras a los colonos presbiterianos se realizaron bajo la condición de contratar únicamente mano de obra inglesa o escocesa. Las relaciones entre colonos y nativos estaban mal vistas por la comunidad inglesa, llegando a considerar traidor al muchacho que iniciase una relación amorosa con una católica. Las vejaciones y humillaciones provocan la revuelta de 1641, en la que tras una guerra que dura doce años, se produce la victoria de las tropas invasoras con la muerte de cinco sextas partes de la población irlandesa, la pérdida de los más elementales derechos fundamentales y el reparto del suelo irlandés a manos de los colonos presbiterianos. El intento de liberación por parte del derrocado rey Jacobo II junto con la ayuda del rey de Francia, Luis XIV, fue sofocado por Guillermo de Orange, rey de Inglaterra, que dirigiendo a su ejército, aplastó a las fuerzas de oposición el primero de julio de 1690 en la ciudadela de Derry. La colonización continúa su desarrollo con la llegada de hugonotes franceses, mercenarios, funcionarios rapaces, clérigos fanáticos del anglicanismo, lo que supone que se persiga, aún más, a los católicos irlandeses, prohibiéndoseles la celebración de misas sino realizan antes el juramento de lealtad a la Corona protestante. La situación de los católicos no mejoró gran cosa hasta la independencia de los EEUU, pues la Corona inglesa creyó prudente evitar nuevas revueltas, y realizó una serie de concesiones. El conflicto político subsistió, con claras connotaciones religiosas, hasta la independencia de Irlanda en 1949.

 

 

6. La Masonería y la Revolución Francesa

Damos otro salto en el tiempo para situarnos en el siglo XVIII. En el primer tercio de esta centuria tuvo lugar un hecho de singular importancia para el devenir de Occidente: la fundación en Inglaterra de la Masonería especulativa a partir de los residuos de la Masonería operativa medieval. Cristiana en un principio, deísta después (e incluso atea en algunas de sus variantes), mas hereje siempre, se convirtió pronto en un instrumento al servicio del Imperio Británico. Tras su expansión por el continente, pasó a ser el ariete del liberalismo contra la Iglesia Católica, y enemiga declarada de los defensores de su fe. En este “siglo de las luces”, como se ha venido en llamar (no sé si de las luces o luciferino), el veneno del enciclopedismo anticristiano y del liberalismo comenzó a operar un cambio en la mentalidad de los pueblos que nos ha llevado hasta la situación que vivimos hoy día, y que al final de la exposición trataré. La Masonería fue el ejército silencioso que socavó poco a poco los cimientos de la Cristiandad, y que hoy, manifestada en unas formas distintas, más depuradas, controla los resortes del poder mundial a través de instituciones que, como muchos de ustedes saben, son el poder real en la sombra que maneja como títeres a los gobiernos “libremente elegidos” en las “grandes fiestas de las democracia”.


Y digo esto porque en clave masónica conviene entender la siguiente de las grandes persecuciones que vamos a considerar aquí, la que ocasionó la Revolución Francesa. Desde 1790, el proceso revolucionario se radicalizó, adoptando una actitud cada vez más agresiva hacia la Iglesia. El 13 de febrero se decidió la supresión de los votos monásticos, y el 12 de julio la Asamblea aprobó la Constitución civil del clero, que subvertía de raíz la organización eclesiástica. Surgía una Iglesia galicana, al margen de la autoridad pontificia, de estructura episcopalista y presbiteriana, donde los obispos y los párrocos eran elegidos por el pueblo y los nombramientos episcopales serían solamente notificados a Roma. La Asamblea exigió a los sacerdotes juramento de fidelidad a la Constitución política, dentro de la cual estaba incluida la mencionada constitución civil; el papa Pío VI prohibió el juramento y excomulgó a los sacerdotes que lo prestaran. La Asamblea Legislativa, que sucedió a la Constituyente, decretó el 27 de mayo de 1792 la deportación de los sacerdotes “no juramentados”; en septiembre, la Convención sustituyó a la Asamblea Legislativa y comenzaron las matanzas de sacerdotes. Abolida la Monarquía, se proclamó la República y Luis XVI fue ajusticiado el 21 de enero de 1793.


Los años 1793-1794 representaron la fase más trágica del período revolucionario. Bajo el Terror, la persecución anticatólica alcanzó su punto álgido. Muchos murieron en el patíbulo y se intentó borrar de la vida francesa toda huella cristiana. Hasta el calendario fue sustituido por un calendario republicano. La entronización de la “Diosa Razón” en la catedral de Notre-Dame de París, el 10 de Noviembre de 1793 y la institución por Robespierre del culto al “Ser Supremo” fueron otros tantos episodios de la obra descristianizadota, aún hoy visible en las hermosísimas catedrales francesas, llenas de imágenes descabezadas. Los años siguientes registraron alternativas de distensión y renovada persecución religiosa. Esta se recrudeció bajo el directorio jacobino (1797-1799), cuando los franceses ocuparon Roma y se proclamó la República romana. El papa Pío VI, anciano y enfermo, fue deportado a Siena, Florencia y, finalmente, a Francia. Poco después, en la ciudadela de Valence-sur-Rhone, fallecía  a los ochenta y un años de edad; algunos revolucionarios exaltados proclamaron a los cuatro vientos que había muerto el último papa de la Iglesia.

El 9 de noviembre de aquel mismo año, un golpe de Estado elevó a Napoleón Bonaparte a la magistratura de primer cónsul. Cuatro meses después, el 14 de marzo de 1800, el cónclave reunido en Venecia elegía al cardenal Chiaramonti como papa Pío VII. Dos grandes personalidades irrumpían así en el escenario de la historia, de la que fueron principales forjadores durante los tres primeros lustros del siglo XIX. Napoleón, pragmático y realista, era consciente del arraigo de la fe cristiana en el pueblo francés, que no había logrado destruir la tormenta revolucionaria. Pío VII, por su parte, deseaba ardientemente la normalización de la vida de la Iglesia en Francia. Un nuevo Concordato, firmado el 17 de Julio de 1801, sería el instrumento que regularía las relaciones entre el Pontificado y la República francesa, que pronto se transformaría en Imperio.


El Concordato tuvo, sin duda, consecuencias favorables para la Iglesia: permitió una restauración de la vida cristiana en Francia, favorecida por la renovación del sentimiento religioso. El Concordato hizo también posible la apertura de seminarios sostenidos por el Estado y la consiguiente formación de un nuevo clero; el criterio de Napoleón con respecto a las órdenes religiosas fue en cambio muy restrictivo.

Hay que advertir, por otra parte, que durante la época napoleónica tomó cuerpo en Francia un partido o un grupo de opinión claramente opuesto al Cristianismo y a la Iglesia, integrado por gentes de diversa extracción: propietarios de antiguos bienes eclesiásticos, funcionarios públicos, militares profesionales, intelectuales del Instituto de Francia y obreros del incipiente proletariado urbano.

Llegó pronto la hora en que Napoleón intentó hacer de la Iglesia y del propio Pontificado instrumentos al servicio de sus intereses políticos, y entonces tropezó con la serena, pero resuelta, resistencia del papa. El conflicto con Pío VII surgió cuando el emperador quiso que el papa se uniera al bloqueo continental contra Inglaterra, decretado en noviembre de 1806. Ante la negativa del pontífice, Napoleón reaccionó con violencia: los Estados Pontificios fueron anexionados y se declaró a Roma segunda capital del Imperio. Pío VII, reducido a prisión, fue deportado a Savona y, ante su negativa a sancionar los decretos de un pseudoconcilio reunido en París en 1811, Napoleón ordenó su traslado a Francia, donde se le asignó como residencia el palacio de Fontainebleau. En 1814, el Papa recuperó la libertad y el 7 de junio de 1815 retornaba definitivamente a Roma. Once días más tarde, el 18 de junio, acontecía la batalla de Waterloo.

Mas Waterloo llegaba ya demasiado tarde. Las guerras napoleónicas sirvieron para extender por toda Europa las ideas liberales y laicistas. Napoleón no fue la contrarrevolución, al contrario. Fue el asentamiento de la Revolución, y el que posibilitó su desarrollo práctico por el resto de Europa. Como digo, más adelante explicaré cómo esto es germen de la persecución religiosa silenciosa del presente.

 

Armenios y cristianos camino a la muerte, mártires del odio mahometano

 

7. Una tragedia olvidada: Armenia

En estas pinceladas de las principales persecuciones religiosas contra el Cristianismo, no podemos olvidar una cuya tragedia no comportó ríos de sangre, sino auténticos océanos. La matanza, el genocidio, el auténtico e indiscutible (este sí) holocausto de los cristianos armenios a manos de los musulmanes turcos. Todo comenzó con el fracaso de los esfuerzos de la reforma otomana del Tanzimat de mediados del siglo XIX. Tales reformas, iniciadas por el decadente Imperio Otomano entre 1839 y 1856, presionado intensamente por las potencias europeas, estaban pensadas para suprimir las leyes represivas de la dhimmitud, que habían sometido a las minorías no musulmanas (sobre todo a los cristianos), incluyendo a los armenios, durante siglos. Estas reformas fueron duramente criticadas por importantes sectores de las altas jerarquías turcas, embebidas de superioridad islámica, con desprecio manifiesto hacia los “infieles”.

Dirigidos por su patriarca, los armenios se sintieron animados por el plan de reformas del Tanzimat, y comenzaron a inundar a la Puerta (sede del gobierno otomano) con quejas y peticiones, buscando en primer lugar protección del gobierno frente a una multitud de abusos, sobre todo en las provincias remotas. Entre 1850 y 1870 solamente, 537 notas fueron enviadas a la Puerta por el patriarca armenio describiendo numerosos casos de robo, rapto, asesinato, impuestos confiscatorios y fraude cometidos por funcionarios. Estas quejas fueron ignoradas en gran medida, y perversamente fueron consideradas incluso como signos de rebelión, idea totalmente alejada del pensamiento de los humildes campesinos armenios. Así pues, una reforma inicialmente llevada a cabo para resolver una injusticia contra los cristianos, se transformó en una persecución de intensidad creciente que culminaría décadas después en una matanza de muchísimo cientos de miles de de personas y la deportación de otro millón más.


Durante el reinado del sultán Abdul Hamid, los turcos otomanos aniquilaron más de 200.000 armenios entre 1894 y 1896. La ausencia de consecuencias adversas para las matanzas de Abdul Hamid de esos años permitió a los Jóvenes Turcos proceder más tarde sin limitaciones. En 1909, por ejemplo, ya tuvieron lugar las matanzas de Adana, que ocasionaron 25.000 víctimas.

El régimen de los “Jóvenes Turcos”, bastante lejos de su supuesto ideal modernizador y reformista adoptó pronto una actitud discriminatoria, antirreformista para con los cristianos del Imperio Otomano. Nos llevaría muy lejos, conectando con lo dicho al inicio de la parte referida a la Revolución Francesa, tratar acerca de la filiación masónica de varios de esos “Jóvenes Turcos”, o el curiosísimo hecho de que su revolución fue financiada y promovida, como está históricamente demostrado, por un extraño grupo de judíos falsamente convertidos al Islam en el siglo XVI, y que conservaron en la intimidad de sus hogares la religión mosaica dando al exterior una imagen de perfectos musulmanes. El 24 de abril de 1915, el ministerio turco del interior publicó una orden que autorizaba el arresto de todos los dirigentes políticos y sociales armenios sospechosos de anti-Ittihad (gobierno de los “Jóvenes Turcos”), o de sentimientos nacionalistas armenios. Solamente en Estambul, más de 2000 supuestos dirigentes fueron capturados y encarcelados, y la mayoría de ellos ejecutados posteriormente. La mayoría no eran nacionalistas, ni siquiera eran políticos. Ninguno fue acusado de sabotaje, espionaje ni ningún otro delito, ni juzgados apropiadamente. En el plazo de un mes, la fase definitiva del proceso que redujo a la población armenia a la total impotencia, es decir, la deportación masiva, iba a comenzar. En el primer genocidio formal del siglo XX, fueron ejecutados de 600.000 a 800.000 armenios más.


Así pues la igualdad pregonada por el nuevo régimen se transformó en una turquificación sin paliativos. Los relatos contemporáneos de los diplomáticos europeos precisan que esas brutales matanzas fueron perpetradas en el contexto de una yihad formal contra los armenios, amparada desde un punto de vista islámico por el hecho de que la petición armenia de reformas invalidaba su “estatuto legal”, que implicaba un “contrato” (con sus gobernantes turcos musulmanes). Esta quiebra devolvía a la umma (comunidad musulmana) su derecho inicial de matar a la minoría subyugada, y apoderarse de sus propiedades. Es decir, no cabe hablar de persecución política o de represión de una corriente nacionalista, sino de guerra santa contra los infieles sometidos, por el hecho de ser infieles. Las cuatro fases de la liquidación (deportación, esclavitud, conversión forzosa y matanza) reproducían las condiciones históricas de la yihad llevada a cabo desde el siglo séptimo en adelante. La quema de iglesias, el asesinato preferente de los ministros sagrados, la eliminación de los niños varones de más de doce años y el hecho de que ningún no-musulmán tomase parte en el exterminio, atestiguan el carácter religioso de la persecución. En el fondo fue la realización de una política que ya había intentado seguir el imperio turco contra los cristianos eslavos y griegos, y de la que al final había cedido por presiones de las potencias europeas.

 

 

 

8. En América y en nuestra lengua: los cristeros

Avanzamos ahora un par de décadas en el tiempo, pero cambiamos de continente y llegamos a América, a ese medio mundo evangelizado por España. En el período de 1914 a 1934, el más cruento de la persecución religiosa en México, sacerdotes, laicos, hombres y mujeres, ofrecieron sus vidas al grito de “¡Viva Cristo Rey!” De ahí el nombre de “cristero”, inicialmente despectivo y que ahora resuena en nuestros oídos con un inconfundible aire martirial.

Una tensa conciliación entre la Iglesia y el Estado se había mantenido a partir de la promulgación de la Constitución de 1917. La Iglesia había recuperado el poder espiritual perdido durante la guerra de reforma, y ejercía gran influencia en la formación de sindicatos obreros y campesinos. Durante el gobierno de Álvaro Obregón, tuvo lugar en 1923 el primer conflicto grave que auguraba cómo serían las relaciones en los años posteriores. A la llegada del delegado apostólico Filippi para bendecir el cerro del Cubilete en Silao, donde sería erigido el monumento a Cristo Rey, el pueblo acude en masa para venerarlo; la respuesta del gobierno es expulsar al delegado del país. A partir 1925, con Calles en el poder, a la cabeza de los anticlericales del norte, las posiciones se polarizan. La persecución religiosa tuvo su punto culminante de 1926 a 1929, cuando Calles promulgó una ley sobre el culto, que llevase a la práctica las disposiciones de la constitución de 1917. Estas disposiciones, conocidas como “Ley Calles”, establecían el número de ministros sagrados por localidad, prohibían la presencia de sacerdotes extranjeros en el país, limitaban el ejercicio de los actos de culto y, entre otras disposiciones más, prohibían los seminarios y conventos; salen del país 183 sacerdotes extranjeros y son cerrados 74 conventos. Ante estas restricciones, y tras frustrantes negociaciones por parte de los obispos mexicanos con las autoridades del Gobierno, la Iglesia de México, en señal de protesta, decidió suspender los actos de culto.


Sin embargo, la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa decide asumir la responsabilidad de organizar la resistencia. En los primeros días de enero de 1927, después de brotes espontáneos de rebelión y de violentas represiones por parte del ejército, el pueblo se subleva al grito de “¡Viva Cristo Rey!” en la parte occidental de México (especialmente en Jalisco, Aguascalientes, Michoacán, Guanajuato y Colima). Algunos sacerdotes, aunque en número exiguo, se unieron a ellos; pero la mayor parte optó por una resistencia pacífica.

El número de cristianos que ofrecieron sus vidas a Cristo es amplísimo, con muchos mártires anónimos. Entre todos destacan veintidós sacerdotes diocesanos y tres jóvenes laicos, que ya han sido canonizados. El primero de estos mártires es el párroco don Cristóbal Magallanes. Un caso aparte, pero del mismo período, es el jesuita Miguel Agustín Pro Juárez. Encarcelado después de un atentado contra el general Álvaro Obregón, sucedido el 13 de noviembre de 1927, el sacerdote fue fusilado en la comisaría de policía. Su nombre se encuentra ahora en el elenco de los beatos.

La lucha fue un enfrentamiento desigual. El ejército, bien armado y equipado, se encontraba al mando del Secretario de Guerra y Marina Joaquín Amaro, conocido como el "Comecuras" por su postura anticlerical. En 1927 el ejército contaba con 80000 hombres; pero la desigualdad de hombres y armas no detuvo a los cristeros: donde la insurrección parecía ser aplastada, a los pocos días resurgía. La ferocidad de la milicia y el ensañamiento con la población civil hizo que los cristeros fueran apoyados por la población y las autoridades políticas de las localidades. Tácticamente, el movimiento cristero superaba a las milicias regulares: organizados en pequeños grupos, por falta de medios y armas, atacaban intempestivamente, y después se retiraban a la sierra, en donde su profundo conocimiento del terreno y su condición de excelentes jinetes, les permitía huir rápidamente; el ejército, más desarrollado en la infantería, se veía imposibilitado para proseguir la persecución.

Ante la imposibilidad de controlar la rebelión, el general Amaro organizó las "concentraciones", en las cuales se obligaba a los campesinos de la zona a reunirse en poblados determinados, en una fecha señalada; si esto no sucedía, las gentes que eran encontradas lejos de las zonas de concentración eran fusiladas sin previo juicio, lo que significó pérdida de cosechas, hambre y enfermedades para la población civil. Otro factor importante en el desarrollo de la lucha cristera, fue la formación de las Brigadas Femeninas Santa Juana de Arco. Su labor consistía en procurar dinero, provisiones, informes, refugio, cura y protección a los combatientes, y guardaban voto de silencio, lo que permitió un trabajo más efectivo. En marzo de 1928, las Brigadas Femeninas se calculaban en 10.000 militantes.


A finales de 1928 la guerra estaba en su apogeo y los cristeros contaban con 30.000 hombres. Las "concentraciones" solo provocaban el aumento de los levantamientos entre la población pacífica, y además los cristeros se organizaron para que los campesinos concentrados no perdieran sus cosechas, recolectando el maíz y guardándolo en espera de sus dueños. La falta de municiones impidió que se obtuvieran mayores victorias, pero la rebelión ya no podía ser contenida y la victoria para los cristeros parecía próxima.

En 1929 la cercanía de las elecciones presidenciales dio lugar a la coyuntura política que resolvió el conflicto. Durante los años de lucha, el Estado y la Iglesia habían mantenido negociaciones secretas. La Santa Sede encargó a monseñor Ruiz y Flores las negociaciones, y por intermedio del embajador norteamericano Morrow, se establecieron una serie de convenios con Calles. En junio de 1929 llega Ruiz y Flores a México y entre el 12 y el 21 de ese mes se conjura la guerra. Morrow redacta el memorándum y al día siguiente se publican los “arreglos”: la ley de Calles era suspendida, pero no derogada; se otorgaba amnistía a los rebeldes; se restituían los templos y la Iglesia podía realizar nuevamente los cultos. Muchos, entre ellos el que había llegado a ser el jefe de los sublevados, el general Gorostieta, muerto en extrañas circunstancias en aquellas fechas, vieron en los “arreglos” una claudicación de la causa cristera. La guerra se daba por terminada sin el consentimiento de los que intervinieron en la lucha, pero que aceptaban las órdenes de la jerarquía eclesiástica. Y la realidad fue que, una vez entregadas las armas, los cristeros inermes y sus familias fueron sistemáticamente aniquilados por las fuerzas gubernamentales. Decenas de miles de gargantas que ya no podían gritar “¡Viva Cristo Rey!” en el campo de batalla lo hicieron de espaldas al paredón.

 

 

9. El Comunismo: el ejemplo de Polonia

Y como última consideración histórica, nos queda un recuerdo ineludible: la persecución llevada a cabo por las hordas marxistas. El comunismo ha causado decenas de millones de víctimas en todo el mundo, y en España sufrimos como pocos la ferocidad de sus golpes en el sangriento período de 1931 a 1939. En esta exposición, no entraré en el detalle del caso español, de escaso parangón en la historia por su intensidad y características, y que tantos miles de mártires dio a la Iglesia; el lector medianamente avisado conoce a estas alturas sobradamente los pocos trazos que podría apuntar por razones de espacio.

Hablando genéricamente de la Europa del Este surgida de la Segunda Guerra Mundial, bien podemos decir que fue una tierra sin libertad, donde el Cristianismo y la Iglesia vivieron en  un estado de opresión. Los nombres de los cardenales Mindszenty, Stepinac, Wyszynski, Beran o Tomaseck simbolizan el heroísmo de los grandes defensores de la fe en el mundo contemporáneo. La persecución religiosa en los países de régimen comunista ha tenido períodos de abierta violencia; pero de ordinario se ha preferido, por más eficaz, una acción solapada bajo la forma de medidas administrativas, destinada a conseguir, a medio o largo plazo, la extinción de la Religión. Los católicos del este de Europa, fieles a su fe, sufrieron, dentro de su país, una clara discriminación: se convirtieron en ciudadanos de rango inferior y tuvieron que renunciar a cualquier aspiración de mejora en la escala social o política. Y prestemos atención a este dato, porque fundamentará la tesis que voy a mantener a la hora de hablar de la persecución religiosa oculta que existe hoy en día e Occidente.


La expansión del comunismo afectó también a los continentes asiático y africano. En la China comunista, donde el cristianismo tenía una vida floreciente, se prohibió a los católicos toda comunicación con la Santa Sede y se les impuso una iglesia cismática, separada de Roma. Por no mencionar casos como Vietnam, que tantos mártires ha dado, o Cuba, donde aún hoy el pleistocénico régimen castrista continúa acosando a la Iglesia con mil artimañas. Sin embargo, y puestos a tomar un caso pardigmático de esa doble vía persecutoria a través de la violencia y la sutileza legal que nos permita acercarnos brevemente a la realidad de la persecución del comunismo en el poder, consideraremos uno especialmente querido por mí, el de Polonia, por lo que ha representado y representa esa nación, baluarte de la fidelidad a Roma entre el protestantismo y el cisma oriental.

En la Polonia ocupada por el Ejército Rojo, hipócritamente entregada a la URSS por las potencias occidentales en Yalta, tras una guerra iniciada en nombre de su libertad, redactó una nueva constitución el 13 de febrero de 1947. En 1948 el presidente Bierut afianzó la línea dura del comunismo y encarceló a Gomulka, jefe de los comunistas moderados. Ese mismo año, la figura emblemática del cardenal Wyszynski sucedía al anterior jefe de la Iglesia polaca el cardenal Hlond. Monseñor Wyszynski afrontó con realismo la situación: no se opuso a las reformas económicas, ni a la colectivización de la agricultura, ni reaccionó fuertemente contra las limitaciones de la libertad. En la catedral habló con extrema claridad, defendió a los obispos y sacerdotes, animó a los fieles a perseverar en la fe y a preparar tiempos mejores para la patria y para la Iglesia; esa claridad le ocasionó una primera amenaza de arresto.

En 1950 el gobierno comunista desmanteló Cáritas acusándola de socorrer a los pobres con ayudas provenientes de los católicos americanos. A lo largo del año fueron nacionalizadas las propiedades de la Iglesia; el filósofo y obispo de Chelmno fue condenado a 6 semanas de cárcel especial que le llevaron al borde de la muerte. El 14 de abril de 1951, en nombre del episcopado, Monseñor Wyszynski concertó un acuerdo con el gobierno de la República, creando un modus vivendi entre el Estado y la Iglesia, en un intento de encontrar una base legal para defender a los católicos. Papel mojado, pues, poco después, en noviembre de 1952 algunos sacerdotes de Cracovia fueron arrestados por ser "espías del Vaticano y de Estados Unidos". Las sentencias oscilaron entre 10 y 15 años para algunos, para otros cadena perpetua, y para dos la pena de muerte.

El 5 de marzo de 1953 murió Stalin; en el bloque comunista brotó, por un momento, la esperanza de volver a la libertad, mas pronto se recrudeció el terror. La noche del 25 de septiembre el cardenal Wyszynski fue arrestado. En cuatro prisiones distintas permanecería tres años encerrado de forma consecutiva, tras renunciar en una ocasión a la libertad a cambio de la renuncia a su cargo. En febrero de 1956, durante el XX congreso del PCUS, Nikita Kruschev denunció los crímenes cometidos por Stalin. El 28 de junio, en Poznan, 15 mil obreros polacos iniciaron una huelga a la que se sumaron los intelectuales y estudiantes; los tanques aplastaron la manifestación. Poco después, desde la cárcel, el cardenal Wyszynski concibió la idea de celebrar la Gran Novena de Años de preparación a la solemnidad del milenio del bautismo de Polonia. La Gran Novena dio inicio el 26 de agosto cuando el obispo de Klepacz, en calidad de presidente de la Conferencia Episcopal, pronunció en el simbólico santuario mariano de Czestochowa los votos de la nación. El 23 de octubre estalló en Budapest (Hungría) una gran batalla por la libertad. Polonia se hizo eco: en Varsovia, Cracovia y Poznan los estudiantes organizaron una cadena de solidaridad y recogieron víveres, medicinas, plasma y ropa; pronto partieron los vagones hacia Budapest. La agitación antistalinista hizo caer a Ochab y le sucedió Gomulka, que salió de la cárcel. Pero la libertad en Hungría fue sofocada a sangre y fuego y Gomulka recibió un crudo mensaje de Kruschev: si Polonia no obedecía, sería aplastada como Budapest. Para evitar un baño de sangre, Gomulka liberó al cardenal, que serenó los ánimos en su primer discurso público, reconoció los derechos fundamentales de la Iglesia y aceptó hacer una reparación de los daños. Semanas después, Gomulka firmó un acuerdo con los obispos. Sacó de las cárceles a los intelectuales católicos, a los sacerdotes y religiosos; toleró la enseñanza religiosa fuera del horario escolar, y permitió que reaparecieran las publicaciones católicas semanales.


Sin embargo, no era nada más que una colaboración estratégica; en el fondo, la persecución seguía. En 1961, el gobierno detuvo en la frontera los 50 mil ejemplares de la Biblia que Juan XXIII había regalado al pueblo polaco. En 1964 se publicó en Francia un informe secreto del subsecretario de los asuntos religiosos de Polonia donde se recogían los puntos de la táctica anti-católica, puntos de inolcutable raíz gramsciana: aprovechar las divergencias internas para debilitar a la Iglesia y corroer su cohesión, valerse de colaboradores secretos para dificultar las directrices de los obispos, orientar los mayores esfuerzos para debilitar las parroquias, e introducir informadores en cada actividad parroquial para obtener los datos que permitan obstaculizar las principales iniciativas.

En el año del milenario, 3 de mayo de 1966, el cardenal Wyszynski pronunció los solemnes votos por los que Polonia quedaba bajo la protección materna de María. Con tal motivo organizó una serie de magnas celebraciones que movilizaron al país entero. Como signo de gratitud a Dios, durante el novenario de años se levantaron mil nuevas iglesias. Para las conmemoraciones del milenario estaba previsto el viaje de Pablo VI a Polonia, pero el gobierno se opuso.

En 1979 Polonia recibió la visita del Papa Juan Pablo II. Si para los líderes comunistas de la entonces Unión Soviética y de Polonia representó una amenaza, para los futuros líderes del sindicato Solidaridad, serviría como fuente de inspiración y apoyo para poder movilizar a toda la nación. Se calcula que unas dos terceras partes de los polacos salieron a saludar al Papa durante la semana que duró su visita. Diez minutos de aplausos atronadores llenaron la plaza donde su Santidad estaba al pie de una gigantesca cruz, plaza en la que los dirigentes comunistas, que pusieron todos los impedimentos posibles a esa visita, llegaron al mayor de los desprecios volviendo la espalda al Santo Padre en el momento en el que adoró la cruz. Juan Pablo II conocedor a fondo de cómo enfrentar a sus adversarios, no dijo una sola palabra que pudiera llevar a una confrontación directa entre la Iglesia y el Estado comunista. Sin embargo todo cuando dijo significó un giro para su iglesia, no sólo en su Polonia natal, sino en todos los países situados tras Telón de Acero. Su Santidad abogó por un nuevo espacio para la Iglesia y respeto para la autonomía del hombre como individuo, algo imposible dentro de los cánones de la idelogía marxista leninista. En el verano de 1980 comienzan las huelgas que luego dieron lugar al sindicato Solidaridad en los astilleros de Gdansk; esta vez los huelguistas no llevaban los carteles acostumbrados, sino retratos del Papa y de la Virgen. Sacerdotes católicos se encargaban de confesar y dar aliento a los obreros. Una década después, el comunismo caía; pero no se abrió precisamente con ello un horizonte de esperanza para la Iglesia polaca. Como me confesó hace poco tiempo un sacerdote polaco con el que tuve la ocasión de conversar, diez años de régimen liberal han hecho muchísimo más daño a la espiritualidad polaca que cincuenta de comunismo.

 

 

10. La persecución violenta hoy: el Islam

Aunque los medios de comunicación masivos corran un tupido y colorido velo en torno a la realidad, y gusten más de emitir documentales sobre las supuestas atrocidades de la Inquisición en el siglo XVI (otro tema del que habría que hablar, y mucho) que de informar sobre la realidad de las persecuciones hoy en día, cabe decir que el odio a Cristo y a su Iglesia sigue manifestándose de modo violento en todo el orbe. He aquí una lista no exhaustiva de lugares del mundo donde hay persecución declarada y violenta contra los cristianos: islas Molucas, China, Sudán, Ruanda, Filipinas, Yemen, Arabia Saudí (un queridísimo aliado de ese gran cristiano que se llama George W. Bush), India (donde se llega a quemar vivos a sacerdotes que trabajan en leproserías), Nigeria, Pakistán, Indonesia, Mauritania, Argelia, Islas Comores, Libia, Egipto, Vietnam, Laos, Corea del Norte y Líbano, país cristiano bajo la bota militar siria. Por no hablar de países con una legislación claramente restrictiva, como nuestros amigos que graciosamente nos perdonan de Israel, o Rusia, Rumanía y Ucrania, que apoyan a la Iglesia Ortodoxa marginando administrativamente a la Católica.

Extendámonos en algún ejemplo, como el sudanés. Sudán es un país de casi 30 millones de habitantes, de los que casi dos millones son cristianos. Desde 1983 el Gobierno ha impuesto la sharia, por presiones de Arabia Saudí y otras naciones, a toda la población, y los cristianos son obligados a convertirse, sus poblaciones bombardeadas, detenidos arbitrariamente, condenados a la hambruna o simplemente convertidos en esclavos. El sur del país, de mayoría cristiana y animista, se levantó en armas, y desde entonces ya han muerto, según Ayuda a la Iglesia Necesitada, alrededor de tres millones de personas y el número de desplazados ronda los cinco millones.


 Aunque en la Constitución sudanesa se prevé la libertad religiosa para las confesiones distintas del Islam, el Gobierno sudanés limita gravemente este derecho y tiene en marcha un proceso de radical arabización e islamización de todo el territorio como uno de sus mayores objetivos. Los no musulmanes no pueden hacer proselitismo y la apostasía es considerada un delito gravísimo. Los obispos católicos sudaneses han condenado en repetidas ocasiones al Gobierno por su campaña de islamización impuesta; en Sudán la guerra es una llamada para defender el Islam: es la Yihad, la Guerra Santa, como afirma el obispo de Torit, monseñor Paride Taban.

El jefe del régimen de Jartum, el jeque Hassan el Tourabi, manifestó bien a las claras los motivos que animan a esta cruenta persecución: “La era del cristianismo se acabó. El siglo XXI es la era del Islam”. Y, entre tanto, en España los gobiernos regionales y locales financian la construcción de mezquitas…

Efectivamente, en el principio del nuevo siglo uno de los factores que están detrás del aumento de la persecución es el incremento de la agresividad de los musulmanes. Ha habido un aumento en el número de ataques a las minorías religiosas, en su mayor parte cristianas, a través del cinturón islámico que va desde el este de Marruecos hasta el sur de Filipinas. En países en los que hay una abierta persecución estatal, está prohibida toda expresión religiosa no islámica y cualquier disidencia.


Por ejemplo, las reuniones de cristianos están fuera de la ley en Arabia Saudí y los servicios de culto fuera de las embajadas de los países más poderosos son perseguidos por la mutawa, la policía religiosa. Cualquier saudí que intente abandonar el Islam corre un riesgo real de muerte. Esto vale también para los estados del Golfo y del norte de África. Se ha extendido también la violencia popular contra las minorías, provocada a menudo por líderes radicales islámicos. Es el caso de Egipto, donde la Iglesia Copta es víctima de quemas de iglesias y masacres locales o de Pakistán, donde en 1997, una ciudad cristiana, Shantinagar, fue prácticamente arrasada.

En Marruecos, por ejemplo, la creciente influencia de los radicales islámicos supone una grave presión sobre la monarquía alauita. Yo mismo tuve la oportunidad de comprobar el clima de tensión que se vivía en el país en vísperas del día de Año Nuevo de 2003, con un masivo despliegue policial para evitar que se consumasen los atentados anunciados para aguar las celebraciones correspondientes a un calendario “infiel”; atentados que se consumaron poco después en el ataque a la Casa de España en Casablanca. El ya famoso conflicto del Perejil ha de entenderse precisamente en esa clave política; el gobierno de Mohammed VI dio un giro nacionalista para atraerse el favor de un sector importante de la población susceptible de ser seducido por el integrismo. La contigüidad geográfica del polvorín argelino hace que debamos observar con suma atención cualquier movimiento, que podría convertirse con relativa facilidad en una sublevación a gran escala de consecuencias gravísimas para los cristianos que viven en Marruecos y para España. No duden de que, si este movimiento fuese de la suficiente intensidad, un ataque desesperado sobre Ceuta y Melilla sería el último cartucho del monarca marroquí para preservar el trono.

 

 

  

11. Occidente, siglo XXI: ¿hay persecución?

¿Cabe realmente hablar de persecución religiosa en Occidente o, más concretamente, en España, hoy? En sentido estricto, la respuesta parece que ha de ser negativa. No hay legislación persecutoria, ni hay atentados terroristas contra los católicos por el hecho de serlo, al margen de actos vandálicos esporádicos. Pero toca ahora rescatar los hilos que en el desarrollo que nos ocupa habíamos prometido reunir y relacionar al final. En primer lugar, el daño superior que hace el liberalismo a la espiritualidad respecto al que causa la persecución violenta. Sobre todo, cuando ese liberalismo agrede zafiamente con su mejor arma, los medios de comunicación, a todo lo que huela a sagrado. ¿Quién se extraña hoy en día de ver en la televisión ridiculizada una sotana? ¿Quién se sorprende de ver ninguneado al Papa en artículos de prensa? ¿Quién de que el cine trate al clero con desprecio, crueldad o con los más rancios hedores del anticlericalismo decimonónico y marxistoide? ¿Se pierde en algún momento la oportunidad de recalcar en los noticiarios la “normalidad” de los comportamientos morales condenados por la Iglesia? ¿Se puede o no se puede hablar de persecución cuando los poderes públicos utilizan cuantas artimañas legales son posibles para clausurar, asfixiar o degradar la calidad de la enseñanza de los centros educativos religiosos?


Y en asuntos más corrientes, y que nos pueden afectar a cualquiera de nosotros. ¿No se tiene la sensación de que el hecho de que se le pueda reconocer a uno como católico puede suponer una traba en el desarrollo profesional, por ejemplo? ¿No son corrientes desgraciadamente hoy en día los respetos humanos (más bien inhumanos) a la hora de reconocer abiertamente la condición de católico en un foro en el que no haya una gran confianza? ¿Cuántos católicos reaccionan hoy en día públicamente ante una blasfemia? O simplemente, en una distendida conversación con algún conocido, ¿cuántos son capaces de manifestar su desacuerdo con determinadas palabras o actitudes en clara oposición con la doctrina de la Iglesia? ¡Cuánto silencio! ¡Cuánta autocensura! ¿Cómo explicarlos, si realmente no ocurriese nada por el hecho de ser católico?

En relación directa con esto, veamos otro signo, a mí entender, persecutorio: la insistencia de que las manifestaciones religiosas deben circunscribirse al ámbito privado. Actitud esta que es no sólo asumida, sino promovida, por importantes figuras públicas que se autodenominan católicas, no sé si por autoengaño o por un puñado de votos. Hay que decir alto y claro que esa afirmación es absolutamente contraria a la doctrina de la Iglesia, de ayer, de hoy y de siempre. Invito a revisar la nota doctrinal de la Congregación para la Doctrina de la Fe de agosto de 2003 respecto al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política, o la encíclica Motu Proprio dada para la proclamación de Santo Tomás Moro Patrón de gobernantes y políticos de Juan Pablo II de 2001. Y si a alguno le quedasen dudas, le remito a las diáfanas encíclicas Quanta Cura de Pío IX, Immortale Dei y Rerum Novarum de León XIII, o Quas Primas y Divini Redemptoris de Pío XII.

            Desde luego la sibilina persecución del sistema liberal, tranquila, callada, constante pero sin estridencias, ha causado mucha más apostasía que la de Decio, la de la Convención o la del Frente Popular. Obvio ha sido para el enemigo: si la sangre de los mártires fertiliza la tierra, no derramemos sangre y la tierra quedará estéril.

            Y en cuanto al futuro, intentemos enmarcarlo en la Unión Europea y su Constitución. Me decía hace algunos meses una voz muy sabia: “si Dios sobra en la Constitución europea, entonces los creyentes también sobrarán”. Sinceramente, ¿es impensable suponer, por ejemplo, que en un futuro más o menos próximo el entrañable sonido de los campanarios se convierta en fuente de molestia y escándalo para los ayatollahs de la tolerancia? ¿Y qué es eso de las procesiones, que interrumpen el tráfico de las calles? No, no, las manifestaciones religiosas deben permanecer en un ámbito que no ofendan a quienes no profesen la Fe católica. Claro, el siguiente paso quizás sea la multa si a uno se le escapa la cadena con el crucifijo por el exterior del cuello de la camisa…

            Y, entre tanto, la labor de minado de la New Age y el mundialismo continuará. El lavado de cerebro de nuestros niños y adolescentes para que sus esquemas mentales sean incapaces de tolerar algo que no sea el sincretismo aguado a caballo entre el deísmo masónico y el panteísmo spinoziano se hará cada vez más intenso. El pensamiento único se impondrá irremediablemente; este es el panorama más creíble.

            ¿Aún hay margen de maniobra? En los tiempos de tribulación, la Iglesia convocaba Cruzadas para combatir al infiel. Sin embargo, la táctica masónica-sionista iniciada a finales del XIX y luego cínicamente explicitada por Gramsci ha cambiado radicalmente la situación, anulando buena parte de los reactivos temporales de la Iglesia. ¿Será capaz la Iglesia de hoy, autodemolida, infiltrada, postrada y rota de reaccionar una vez más? Sólo nos queda recurrir al “ora et labora” benedictino para que así sea.

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Arturo Fontangordo - 2004-02-10 – REVISTA ‘ARBIL’ Nº 77


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… que China tenga mucho que ver con su civilización milenaria, sino más bien con lo peor de la occidental, después de ser pasada a sangre y fuego por la revolución cultural, el gran salto, etc.:

“En el verano de 1966, los Guardias Rojos saquearon todas las ciudades y pueblos, además de algunas aldeas rurales. El “hogar”, junto con los libros y cualquier otra cosa asociada con la cultura, se convirtió en algo peligroso. Temiendo que los Guardias Rojos irrumpieran en sus casas y les torturaran si encontraban algo de “cultura”, los amedrentados ciudadanos quemaron sus libros o los vendieron como papel al peso y destruyeron sus propios objetos de arte. De esta manera, Mao conseguía borrar la cultura de los hogares chinos, además de cumplir con su viejo objetivo de borrar el pasado de China de las mentes de sus súbditos. Un gran número de monumentos históricos, la manifestación más visible de la civilización del país, que hasta ahora habían sobrevivido al odio de Mao, fueron demolidos. En Pekín, de los 6,843 monumentos que seguían en pie en 1958, 4,922 fueron ahora eliminados. Al igual que la lista de personas indultadas, la de los monumentos a conservar era breve.
(…)
En contra de la creencia general, la mayor parte de la destrucción no fue espontánea sino que estuvo patrocinada por el Estado. Antes de que Mao reprendiera a los Guardias Rojos el 23 de agosto por ser “demasiado civilizados”, no se habían producido actos vandálicos contra monumentos históricos.
(…)
Fue en la oficina de Mao, el Pequeño Grupo, el que ordenó la profanación del hogar de una figura histórica cuyo nombre era sinónimo de la cultura china: Confucio. Su casa, situada en Shandong, constituía un valiosos museo, , que atesoraba monumentos y obras de arte encargados y donados por los emperadores y artistas que habían acudido allí a rendirle homenaje. Su destrucción se le había encomendado a los vecinos del lugar, pero dado que su respuesta había sido demasiado lenta, se envió a los Guardias Rojos desde Pekín. Antes de partir, proclamaron al sabio como “enemigo a muerte del Pensamiento de Mao Zedong”, Mao, en efecto, odiaba a Confucio, porque el confucionismo sostenía que un gobernante tenía que cuidar de sus súbditos y, en palabras del propio Mao. “Confucio es humanismo … es decir, populocentrismo.”
Jung Chang y Jon Halliday, “Mao, la historia desconocida”.


“Sabido es que fue nuestro Vives el primero en emplear la palabra “cultura” en el sentido actual, haciendo de la labranza campesina metáfora para decir cultura animi, es decir, cultivo del espíritu.”
Ortega y Gasset, “Una interpretación de la historia universal”.

“Los pueblos son juzgados por la historia de acuerdo con su aportación a la cultura de otros pueblos que florecieron contemporáneamente y de acuerdo con su aportación a las culturas surgidas con posterioridad.”
T. S. Eliot, “Notas para la definición de la cultura”.

 

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La Masonería no es en todo caso una religión, por cuanto no se presenta como un camino de salvación, sino como un método de crecimiento personal y de aumento de la conciencia, en la búsqueda de una plenitud como diría el filósofo masón Krause "del hombre en cuanto hombre". La masonería no es en última instancia sino una forma colegiada de reflexión filosófica, y hoy a nadie se le ocurre plantear una contradicción entre filosofía y teología ya que se reconocen como jurisdicciones diferentes. La masonería propone un esfuerzo de autoconciencia y de autenticidad personal que está por supuesto abierta a cualquier interpretación confesional y en esa libertad, naturalmente todas las opciones son posibles para el masón. Decir que por esa garantía de libertad la masonería es incompatible con el catolicismo sería como venir a decir que la Historia de las Religiones es una asignatura anticatólica porque estudia el fenómeno religioso poniendo a todas las religiones en el mismo plano, o que la filosofía es anticristiana por el hecho de no ser ya "sierva de la teología" 
-Javier Otaola, Pasado Gran Maestro de la Gran Logia Simbólica Española. Carta del 26 de Abril, 2001 a la revista "Alfa y Omega".

Respondemos: La historia indica otra cosa.

Las palabras de la propia masonería la delatan: La masonería dice no ser religión pero da culto al Gran Arquitecto del Universo y ha formulado sus propias doctrinas, tiene templos, altares, oraciones, un código moral, vestimentas rituales, días festivos, la promesa de retribución después de la muerte, jerarquía, ritos de iniciación y ritos fúnebres propios.

La filosofía y la teología son jurisdicciones diferentes pero no aisladas. Por ejemplo, cuando el gran maestro de la Gran Logia de Chile, Jorge Carvajal, atacó a la iglesia católica (El Mercurio, 11 XI, 2001) por su intervención en materias como el aborto y la "píldora del día después", demostró tener una moral relativiza la vida humana. Esta moral es contraria a la doctrina católica.


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Incompatibilidad entre fe cristiana y masonería es total como definitiva.


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CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE

DECLARACIÓN SOBRE LA MASONERÍA - 1983

 

Se ha presentado la pregunta de si ha cambiado el juicio de la Iglesia respecto de la masonería, ya que en el nuevo Código de Derecho Canónico no está mencionada expresamente como lo estaba en el Código anterior.

Esta Sagrada Congregación puede responder que dicha circunstancia es debida a un criterio de redacción, seguido también en el caso de otras asociaciones que tampoco han sido mencionadas por estar comprendidas en categorías más amplias.

Por tanto, no ha cambiado el juicio negativo de la Iglesia respecto de las asociaciones masónicas, porque sus principios siempre han sido considerados inconciliables con la doctrina de la Iglesia; en consecuencia, la afiliación a las mismas sigue prohibida por la Iglesia. Los fieles que pertenezcan a asociaciones masónicas se hallan en estado de pecado grave y no pueden acercarse a la santa comunión.

No entra en la competencia de las autoridades eclesiásticas locales pronunciarse sobre la naturaleza de las asociaciones masónicas con un juicio que implique derogación de cuanto se ha establecido más arriba, según el sentido de la Declaración de esta Sagrada Congregación del 17 de febrero de 1981 (cf. AAS 73, 1981, págs. 230-241; L’Osservatore Romano, Edición en Lengua Española, 8 de marzo de 1981, pág. 4).

 

El Sumo Pontífice Juan Pablo II, en la audiencia concedida al cardenal Prefecto abajo firmante, ha aprobado esta Declaración, decidida en la reunión ordinaria de esta Sagrada Congregación, y ha mandado que se publique.

 

Roma, en la sede de la Sagrada Congregación para la Dotrina de la Fe, 26 de noviembre de 1983.

Cardenal Joseph RATZINGER
Prefecto

+ Fr. Jean Jerôme HAMER, O.P.
Arzobispo titular de Lorium
Secretario.

 

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Lo cierto es que debemos prestar mucha atención, en nuestra vida y nuestro ministerio, para que no nos encontremos alejados de la Cruz de Cristo, que es el manantial de nuestra identidad cristiana. De otra forma, corremos el riesgo de encontrar a otros maestros como la Rosacruz, la masonería, la magia, la brujería....

 


Lo que la Iglesia dice sobre la masonería

 

Otra vez recogemos un envió de Noticias Globales. En España, la masonería se encuentra en alza, especialmente en el mundo económico y político próximo al PP (al parecer, el PSOE no merece su tiempo). Hablamos de masonería y hablamos de organizaciones próximas, como los Rosacruces y los Notarios. En la Argentina debe ocurrir lo mismo, dado que Noticias Globales se ve en la necesidad de recordar la doctrina pontificia. Léanlo, tiene todo el interés del mundo:

Nos han llegado numerosas consultas acerca de las actividades de ciertas organizaciones de la cultura de la muerte en conjunto con organismos de la Iglesia Católica; su publicidad en impresos religiosos; participación de sus funcionarios en eventos de instituciones educativas católicas, etc.

Es bien sabido que, por ejemplo, UNESCO, UNICEF, la Organización Panamericana de la Salud (OPS), la Organización Mundial de la Salud (OMS) usan para limpiar su imagen abortista convenios con instituciones de la Iglesia.

En concreto, respondiendo a nuestros suscriptores que nos han preguntado sobre las actividades de conocidos masones en ámbitos educativos católicos, reproducimos un documento de la Santa Sede que sigue en vigencia y que se debe tener presente a la hora de juzgar esos acontecimientos.

 

DECLARACIÓN SOBRE LA MASONERÍA

Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe.

Se ha solicitado que se altere el juicio de la Iglesia sobre la masonería por el hecho de que en el nuevo Código de Derecho  Canónico no se hace mención explícita de ésta, tal como se hacía en el Código anterior.

Esta S. Congregación juzga a bien responder que tal circunstancia se ha debido a un criterio ´redaccional´ seguido también para las otras asociaciones igualmente no mencionadas por el hecho de estar incluidas en categorías más amplias.

Se mantiene, por tanto, inmutable el juicio negativo de la Iglesia respecto a las asociaciones masónicas, ya que sus principios han sido considerados siempre inconciliables con la doctrina de la Iglesia y por ello la adscripción a las mismas permanece prohibida. Los fieles que pertenecen a las asociaciones masónicas están en estado de pecado grave y no pueden acceder a la Santa Comunión.

No le compete a las autoridades eclesiásticas locales pronunciarse sobre la naturaleza de las asociaciones masónicas, con un juicio que implique la derogación de cuanto ha sido arriba establecido, según el parecer de la declaración de esta Congregación dada el 17 de febrero de 1981.

El Sumo Pontífice Juan Pablo II, en el curso de la audiencia concedida al infrascrito Cardenal Prefecto, ha aprobado la presente declaración, formulada en la reunión ordinaria de esta S. Congregación, y ha ordenado su publicación.

Roma, en la sede de la S. Congregación para la Doctrina de la Fe, 26 de noviembre de 1983. Joseph + Card. Ratzinger, Prefecto; Fr. Jérôme Hamer, O.P., Secretario.

2004-I-08 – www.hispanidad.com

 

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La Masonería tomó su nombre del antiguo gremio de los masones. Éstos eran los artesanos que trabajaban la piedra en la construcción de grandes obras. Con el declive de la construcción de las grandes catedrales en Europa y la propagación del Protestantismo, los gremios de masones comenzaron a decaer y para sobrevivir comenzaron a recibir miembros que no eran masones de oficio. Con el tiempo, estos últimos se hicieron mayoría y los gremios perdieron su propósito original. Pasaron a ser fraternidades con el fin de hacer contactos de negocios y discutir las nuevas ideas que se propagaban en Europa.

 

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“¿Cómo es posible imaginar un consejo o una confederación mundial cristiana, en la que cada uno de sus miembros pueda, hasta en materia de fe, conservar su sentir y juicio propio aún estos contradigan al juicio y sentir de los demás?... Entre tan grande diversidad de opiniones, no sabemos cómo se podrá abrir camino para conseguir la unidad de la Iglesia, unidad que no puede nacer más que de un solo magisterio, de una sola ley de creer y de una sola fe de los cristianos... De esa diversidad de opiniones es fácil es fácil el paso al menosprecio de toda religión, o "indiferentismo", y al llamado "modernismo", con el cual los que están desdichadamente inficionados, sostienen que la verdad dogmática no es absoluta sino relativa, o sea, proporcionada a las diversas necesidades de lugares y tiempos, y a las varias tendencias de los espíritus, no hallándose contenida en una revelación inmutable, sino siendo de suyo acomodable al a vida de los hombres... Porque la unión de los cristianos no se puede fomentar de otro modo que procurando el retorno de los disidentes a la única y verdadera Iglesia de Cristo, de la cual un día desdichadamente se alejaron; a aquella única y verdadera Iglesia que todos ciertamente conocen y que por la voluntad de su Fundador debe permanecer siempre tal cual EL mismo la fundó para la salvación de todos... No puede adulterar la Esposa de Cristo; es incorruptible y fiel. Conoce una sola casa y custodia con casto pudor la santidad de una sola estancia... Vuelvan los hijos disidentes, no ya con el deseo y al esperanza de que La Iglesia de Dios vivo, la columna y el sostén de la verdad, abdique de la integridad de su fe, y consienta los errores de ellos, sino para someterse al magisterio y al gobierno de ella...” [“Mortalium Animos”, ¿cómo fomentar la verdadera unidad de los cristianos?, de S.S. Pió XI, 1928]


 

Iglesia - La Iglesia no se edifica sobre comités, juntas o asambleas. La palabra y la acción de sus miembros salvarán al mundo en la medida en que estén conectados con el sacrificio redentor de Cristo, actualizado en el misterio eucarístico, que aplica toda su fuerza salvífica. Toda palabra que se oye en la Iglesia, sea docente, exhortativa, autoritativa o sacramental, sólo tiene sentido salvífico, y edifica la Iglesia, en la medida en que es preparación, resonancia, aplicación o interpretación de la "protopalabra" [48]: la palabra de la “anamnesis” ("hoc est enim corpus meum...") que hace sacramentalmente presente al mismo Cristo y su acción redentora eternamente actual, al actualizar el sacrificio del Calvario para que se realice la obra de la salvación con la cooperación de la Iglesia, su esposa.

 

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La Iglesia, desde el inicio, es católica, esta es su esencia más profunda, dice Pablo.

“El nuevo pueblo de Dios, la Iglesia, es un pueblo que proviene de todos los pueblos. La Iglesia, desde el inicio, es católica, esta es su esencia más profunda. San Pablo explica y destaca esto en la segunda lectura, cuando dice:  "Porque en un solo Espíritu hemos sido todos bautizados, para no formar más que un cuerpo, judíos y griegos, esclavos y libres. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu" (1 Co 12, 13). La Iglesia debe llegar a ser siempre nuevamente lo que ya es: debe abrir las fronteras entre los pueblos y derribar las barreras entre las clases y las razas. En ella no puede haber ni olvidados ni despreciados. En la Iglesia hay sólo hermanos y hermanas de Jesucristo libres”. S. S. Benedicto XVI – P.P. 2005

 

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Iglesia - Cristo es –piedra angular- origen y principio de donde dimana la luz y santidad que le sirve de base, alimento y razón, a su Iglesia Católica. La Iglesia, madre y maestra, respetuosa con la verdad que Cristo le depositara hace 2.000 años, expone con detalles y datos históricos su trayectoria evangélica. Ininterrumpidamente predica a Jesucristo y las virtudes cristianas. Estas sectas (adventistas, álamos, bautistas, jehovistas, etc.)  inexistiendo durante no menos de 1.600 años, y, sin dicha trayectoria histórica, no pasan de tener algunos aviesos parlanchines. Estos, podrán ser menos honrados y veraces, pero han resultado siempre más hábiles en la manipulación y la maniobra inescrupulosa. Ricos en lisonjear, motes y requiebros, como de dividirse inventando por arte de magia, sectas y más sectas día a día.  Porque tanto da para todos: sola gracia, sola fe, sola escritura, solo Cristo, solo gloria a Dios… solo sectas y más sectas; ¡mala combinación la protesta con el resentimiento! ¡extraña y agria hermandad vomita quien es más etéreo que hombre cabal! Lobos rapaces que hacen -cada día- nacer nuevas sectas y se cumple lo que dice San Pablo sobre el engaño de los seres humanos, sobre la astucia que tiende a llevar al error».

 

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Protestantismo - Si vamos a la raíz de lo que origina estos desacuerdos [con evangélicos diversos protestantes y evangelistas], vemos que ocurren cuando cada persona al estar convencida de que su interpretación de la Biblia es la correcta, simplemente la del otro es una herejía. Para este tipo de Iglesias y personas que no aceptan que lo que la Biblia dice “puede” ser diferente a los que ellos interpretan, nunca será posible reconocer que la otra parte puede tener argumentos bíblicos para pensar lo que piensa, y nunca buscará conciliar diferencias como lo hacían los primeros cristianos en la Iglesia primitiva (Hechos 15) deliberando unidos en Concilio.

Mientras la Iglesia Católica siempre ha seguido el modelo bíblico y ha tomado sus decisiones en conjunto y dichas decisiones han sido acatadas por los fieles, para las iglesias protestantes las decisiones tomadas por la Iglesia en concilio son “palabras de hombre”, les importa “un pepino” y se ven obligadas a reinterpretar todas las Escrituras una y otra vez, generación tras generación, basándose en la interpretación humana de su fundador. Cosa que es mucho peor porque es la interpretación de un individuo versus la interpretación de la Iglesia entera.

Scoth Hann un Ex–pastor presbiteriano ahora convertido al catolicismo resume esto en una frase que dice: “Mientras los protestantes están discutiendo el menú, nosotros estamos disfrutando el banquete”.

Por eso dice la Escritura:

“Pero, ante todo, tened presente que ninguna profecía de la Escritura puede interpretarse por cuenta propia; porque nunca profecía alguna ha venido por voluntad humana, sino que hombres movidos por el Espíritu Santo, han hablado de parte de Dios.” 2 Pedro 1,20-21

“Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos.»” Mateo 16,17-18

 

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Una sociedad sin valores profundos es pasto para todo género de sectas y violencias.

 

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Sectas - “El irracionalismo actual no es más que el desarrollo de la irracionalidad que lleva en sus entrañas todo racionalismo. El irracionalismo no es la simple irracionalidad, sino la tesis de que en el saber todo da lo mismo. He ahí el origen de tantas religiones, sectas y nuevos movimientos religiosos: La Nueva Era”.

 

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“Cuando Pedro, lleno de audacia, anda sobre el mar, sus pasos tiemblan, pero su afecto se refuerza...; sus pies se hunden, pero él se coge a la mano de Cristo. La fe le sostiene cuando percibe que las olas se abren; turbado por la tempestad, se asegura en su amor por el Salvador. Pedro camina sobre el mar movido más por su afecto que por sus pies...  No mira donde pondrá sus pies; no ve más que el rastro de los pasos de aquel que ama. Desde la barca, donde estaba seguro, ha visto a su Maestro y, guiado por su amor, se pone en el mar. Ya no ve el mar, ve tan sólo a Jesús.  San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte) y doctor de la Iglesia”.  Sermón que se le atribuye, Apéndice nº 192; PL 39, 2100


Cuiden de sí mismos y de todo el rebaño en el que el Espíritu Santo les ha colocado como Obispos [“episkopos”]: pastoreen la Iglesia del Señor, que ÉL [Jesucristo] adquirió con su propia sangre. 29Sé que después de mi partida se introducirán entre ustedes lobos voraces que no perdonarán al rebaño [y querrán acabar con La Iglesia]. 30De entre ustedes mismos surgirán hombres que enseñarán doctrinas falsas [deformarán la sana doctrina cristiana] e intentarán arrastrar a los discípulos tras sí. 31Estén, pues, atentos, y recuerden que durante tres años no he dejado de aconsejar a cada uno de ustedes noche y día, incluso entre lágrimas.” [San Pablo - Hechos Cap. 20]


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«La historia no está en manos de potencias oscuras, del azar o de opciones humanas» S. S. Benedicto XVI P.P.

«Ante el desencadenamiento de energías malvadas, ante la irrupción vehemente de Satanás, ante tantos azotes y males, se eleva el Señor, árbitro supremo de las vicisitudes de la historia». 

«Dios no es indiferente ante las vicisitudes humanas, sino que penetra en ellas realizando sus "caminos", es decir, sus proyectos y sus "obras" eficaces».

«Esta intervención divina tiene un fin preciso: ser un signo que invita a todos los pueblos de la tierra a la conversión. Las naciones deben aprender a "leer" en la historia un mensaje de Dios». 

Para S. S. Benedicto XVI «la aventura de la humanidad no es confusa y carente de significado, ni está sometida a la prevaricación de los prepotentes y perversos» y, de hecho, «existe la posibilidad de reconocer la acción de Dios en la historia». 

El Concilio Ecuménico Vaticano II, en la constitución pastoral «Gaudium et spes», invita al creyente «a escrutar, a la luz del Evangelio, los signos de los tiempos para ver en ellos la manifestación de la acción misma de Dios». 

«Esta actitud de fe lleva al ser humano a reconocer la potencia de Dios que actúa en la historia, y a abrirse así al temor del nombre del Señor», «temor» que no es «miedo», sino «el reconocimiento del misterio de la trascendencia divina». 

«Gracias al temor del Señor no se tiene miedo del mal que irrumpe en la historia y se retoma con vigor el camino de la vida», repitiendo las últimas palabras de Jesús sobre la tierra: «¡Ánimo! yo he vencido al mundo». 

Papa Juan XXIII, solía repetir: «el que cree no tiembla, pues el que cree no debe tener miedo del mundo ni del futuro».

S. S. Benedicto XVI P.P. 2005-05-11 – Vat. Roma – Italia


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Cuando nació el cristianismo en la primera mitad del siglo I hubiera sido difícil imaginar qué pasaría de ser un reducido movimiento judío. Sin embargo, ofreció esperanza a sectores sociales como las mujeres, los esclavos, los desposeídos o los enfermos. Durante la Edad Media, creó la Universidad y sentó las bases de la revolución científica. En el siglo XVI la Reforma proporcionó el concepto de libertades políticas, la recuperación del papel del individuo o la necesidad de controlar públicamente al poder mediante resortes democráticos. Durante los siglos siguientes combatió la esclavitud, defendió a los indígenas y apuntó hacia los peligros de un capitalismo salvaje o de la utopía marxista. Así fue modelando un ámbito de justicia y libertad a lo largo de la Historia.


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“Las Escrituras no se pueden interpretar solo con los instrumentos de la ciencia de la exégesis –como hacen los protestantes-, mas va leída a la luz de la Tradición del Magisterio”. “En la Iglesia, las Sagradas Escrituras, cuya comprensión crece bajo la inspiración del Espíritu Santo, y el misterio de la interpretación auténtica, dado a los apóstoles, pertenecen el uno al otro en modo indisoluble. Y entonces, allí donde la Sagrada Escritura viene separada de la voz viviente de la Iglesia, vemos que esa cae prisionera a las disputas de los expertos”.  2005-V-07 – S. S. Benedicto XVI – San Juan de Letrán.


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Evangelio de san Juan habla de «tres obstáculos para el hombre: la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida» y reza para destruir «el poder de las ideologías, para que los hombres puedan reconocer que están entretejidas de mentiras» y para que «el muro del materialismo» no «llegue a ser insuperable». El Cardenal Ratzinger despliega una visión crítica de la labor de ciertos miembros de la Iglesia: «¡Cuánta suciedad en la Iglesia y entre los que, por su sacerdocio, deberían estar completamente entregados a él! ¡Cuánta soberbia, cuánta autosuficiencia!», escribió el purpurado para la novena estación del Vía Crucis, la tercera caída de Jesús. 2005-03-25 Viernes Santo – Colina vaticana, Roma- Italia.


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La Divina Providencia no niega los auxilios necesarios para la salvación a los que sin culpa por su parte no llegaron todavía a un claro conocimiento de Dios, y sin embargo se esfuerzan ayudados por la gracia divina, en conseguir una vida recta (GS 16).


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Si camino por la calle y de pronto tropiezo, pierdo el equilibrio e involuntariamente arrojo al suelo a un transeúnte, lo que procede es pedirle una disculpa. Si la víctima de mi accidente se da cuenta de que mi acción ha sido, en efecto, involuntaria, me dis-culpará, es decir, reconocerá que no fui culpable. En cambio, si ese mismo transeúnte, al llegar a su casa, insulta a su esposa, no bastará con que posteriormente solicite ser dis- culpado: deberá pedir perdón, porque ha sido culpable de la ofensa cometida. Por tanto, se disculpa al inocente y se perdona al culpable.


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Qué bueno eres, Dios mío, cómo te apresuras a levantar a los pecadores, a gritarles: “¡Esperanza!” ¡Cómo te muestras, desde las primeras páginas del evangelio como Buen Pastor, Padre del hijo pródigo, médico divino para los enfermos!


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“Es curioso que este también llamado progresismo laicista, no quiera saber nada con el cristianismo, aunque luego sean los más entusiastas defensores de la tolerancia, integración y entendimiento con los musulmanes”. 2004


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IGLESIA - Experta en humanidad, la Iglesia ha estado siempre interesada en todo lo que se refiere al hombre y a la mujer. En estos últimos tiempos se ha reflexionado mucho acerca de la dignidad de la mujer, sus derechos y deberes en los diversos sectores de la comunidad civil y eclesial. Habiendo contribuido a la profundización de esta temática fundamental, particularmente con la enseñanza de S. S. Juan Pablo II Pont.Max., la Iglesia se siente ahora interpelada por algunas corrientes de pensamiento, cuyas tesis frecuentemente no coinciden con la finalidad genuina de la promoción de la mujer. MM.

 

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Las palabras siempre actuales de Gen 1,26-27: "Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza" han orientado desde el inicio a quienes buscan la verdad sobre el hombre. Entre los teólogos medievales que se ocuparon con más detenimiento de este tema destaca, Tomás de Aquino.

 

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Iglesia - Jesucristo, al momento en que envía a los apóstoles a predicar el evangelio a todo el mundo, desea que su Iglesia sea universal (en griego ‘católicos’), es decir: en plena catolicidad hasta al final de los tiempos, la designa Jesucristo.

 

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"El cielo proclama la gloria de Dios y el firmamento pregona la obra de sus manos" (Sal 18/19, 2; cf. Sal 8, 2), "Alabad al Señor en el cielo alabadlo en su fuerte firmamento... Alabadlo sol y luna, alabadlo estrellas radiantes" (Sal 148 1. 3).



“La Tierra es un don precioso del Creador”. Benedicto PP XVI. VIII.2009   

 

De la carta de san Clemente primero, Pont. Papa [años 88-97ca.Roma], a los Corintios - (Caps. 19, 2-20, 12: Funk 1, 87-89)

 

Dios ha creado el mundo con orden y sabiduría
y con sus dones lo enriquece

 

No perdamos de vista al que es Padre y Creador de todo el mundo, y
tengamos puesta nuestra esperanza en la munificencia y exuberancia del don de la paz que nos ofrece. Contemplémoslo con nuestra mente y pongamos los ojos de nuestra alma en la magnitud de sus designios, sopesando cuán bueno se muestra él para con todas sus criaturas.

Los astros del firmamento obedecen en sus movimientos, con exactitud y orden, las reglas que de él han recibido; el día y la noche van haciendo su camino, tal como él lo ha determinado, sin que jamás un día irrumpa sobre otro. El sol, la luna y el coro de los astros siguen las órbitas que él les ha señalado en armonía y sin transgresión alguna. La tierra fecunda, sometiéndose a sus decretos, ofrece, según el orden de las estaciones, la subsistencia tanto a los hombres como a los animales y a todos los seres vivientes que la habitan, sin que jamás desobedezca el orden que Dios le ha fijado.

Los abismos profundos e insondables y las regiones más inescrutables obedecen también a sus leyes. La inmensidad del mar, colocada en la concavidad donde Dios la puso, nunca traspasa los límites que le fueron impuestos, sino que en todo se atiene a lo que él le ha mandado. Pues al mar dijo el Señor: Hasta aquí llegarás y no pasarás; aquí se romperá la arrogancia de tus olas. Los océanos, que el hombre no puede penetrar, y aquellos otros mundos que están por encima de nosotros obedecen también a las ordenaciones del Señor.

Las diversas estaciones del año, primavera, verano, otoño e invierno, van sucediéndose en orden, una tras otra. El ímpetu de los vientos irrumpe en su propio momento y realiza así su finalidad sin desobedecer nunca; las fuentes, que nunca se olvidan de manar y que Dios creó para el bienestar y la salud de los hombres, hacen brotar siempre de sus pechos el agua necesaria para la vida de los hombres; y aún los más pequeños de los animales, uniéndose en paz y concordia, van reproduciéndose y multiplicando su prole.

Así, en toda la creación, el Dueño y soberano Creador del universo ha querido que reinara la paz y la concordia, pues él desea el bien de todas sus criaturas y se muestra siempre magnánimo y generoso con todos los que recurrimos a su misericordia, por nuestro Señor Jesucristo, a quien sea la gloria y la majestad por los siglos de los siglos. Amén.

 

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De los sermones de san Atanasio, obispo de la Iglesia Católica [años 295-373], contra los arrianos - (Sermón 2, 78. 79: PG 26, 311. 314)

 

Las obras de la creación, reflejo de la Sabiduría eterna

 

En nosotros y en todos los seres hay una imagen creada de la Sabiduría eterna. Por ello, no sin razón, el que es la verdadera Sabiduría de quien todo procede, contemplando en las criaturas como una imagen de su propio ser, exclama: El Señor me estableció al comienzo de sus obras. En efecto, el Señor considera toda la sabiduría que hay y se manifiesta en nosotros como algo que pertenece a su propio ser.

Pero esto no porque el Creador de todas las cosas sea él mismo creado, sino porque él contempla en sus criaturas como una imagen creada de su propio ser. Ésta es la razón por la que afirmó también el Señor: El que os recibe a vosotros me recibe a mí, pues, aunque él no forma parte de la creación, sin embargo, en las obras de sus rnanos hay como una impronta y una imagen de su mismo ser, y por ello, como si se tratara de sí mismo, afirma: El Señor me estableció al principio de sus tareas, al comienzo de sus obras.

Por esta razón precisamente, la impronta de la sabiduría divina ha quedado impresa en las obras de la creación para que el mundo, reconociendo en esta sabiduría al Verbo, su Creador, llegue por él al conocimiento del Padre. Es esto lo que enseña el apóstol san Pablo: Lo que puede conocerse de Dios lo tienen a la vista: Dios mismo se lo ha puesto delante. Desde la creación del mundo, sus perfecciones invisibles son visibles para la mente que penetra en sus obras. Por esto, el Verbo, en cuanto tal, de ninguna manera es criatura, sino el arquetipo de aquella sabiduría de la cual se afirma que existe y que está realmente en nosotros.

Los que no quieren admitir lo que decimos deben responder a esta pregunta: ¿existe o no alguna clase de sabiduría en las criaturas? Si nos dicen que no existe, ¿por qué arguye san Pablo diciendo que, en la sabiduría de Dios, el mundo no lo conoció por el camino de la sabiduría? Y, si no existe ninguna sabiduría en las criaturas, ¿cómo es que la Escritura alude a tan gran número de sabios? Pues en ella se afirma: El sabio es cauto y se aparta del mal y con sabiduría se construye una casa.

Y dice también el Eclesiastés: La sabiduría serena el rostro del hombre; y el mismo autor increpa a los temerarios con estas palabras: No preguntes: «,,Por qué los, tiempos pasados eran mejores que los de ahora?» Eso no lo pregunta un sabio.

Que exista la sabiduría en las cosas creadas queda patente también por las palabras del hijo de Sira: La derramó sobre todas sus obras, la repartió entre los vivientes, según su generosidad se la regaló a los que lo temen; pero esta efusión de sabiduría no se refiere, en manera alguna, al que es la misma Sabiduría por naturaleza, el cual existe en sí mismo y es el Unigénito, sino más bien a aquella sabiduría que aparece como su reflejo en las obras de la creación. ¿Por qué, pues, vamos a pensar que es imposible que la misma Sabiduría creadora, cuyos reflejos constituyen la sabiduría y la ciencia derramadas en, la creación, diga de sí misma: El Señor me estableció al comienzo de sus obras? No hay que decir, sin embargo, que la sabiduría que hay en el mundo sea creadora; ella, por el contrario, ha sido creada, según aquello del salmo: El cielo proclama la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos.

 

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¡Gloria al Jesucristo, base y fundamento de su Iglesia!

¡Buenaventura eres Tú, Oh María, Madre de mi Maestro!

 

“Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones” Biblia. Evangelio según San Lucas Cap.1º vs. 48. La Iglesia, hace XXI siglos fundada por Tu Hijo, te alaba, ¡Oh Madre plena de dicha y felicidad!

 

 

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La Iglesia testimonia el Evangelio por los caminos del mundo, ¡por eso es católica!; desde que Cristo la fundara, hace dos milenios.

El que a vosotros escucha, a mí me escucha” (Lc 16,10).

Si la presencia de Cristo es la que hace sentirse de veras en casa, es precisamente porque impulsa la libertad del cristiano más allá de los muros de la casa, pues es consciente de que el horizonte de su casa es el mundo-global-universalidad-catolicidad. Por el camino de cada día, vivamos el Evangelio que la Iglesia propone.

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La Hora de la Misericordia - Las Tres de la Tarde (cuérdalo).

Oraciones - 
"Expiraste, Jesús, pero la fuente de vida brotó inmensamente para las almas, y el océano de Misericordia se abrió por todo el mundo. O fuente de Vida, Oh Misericordia Infinita, abarca el mundo entero y derrámate sobre nosotros".

"Oh Sangre y Agua, que brotaste del Corazón de Jesús como una Fuente de Misericordia para nosotros, en Vos confío".

la cruz es un símbolo de paz, de amor y de sacrificio por los demás.

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).