Monday 27 February 2017 | Actualizada : 2017-02-03
 
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No olvidemos que la igualdad tiene origen cristiano.   San Pablo afirma: No hay aquí judío, ni griego; no hay siervo, ni libre; no hay varón o hembra: porque todos vosotros sois uno en  Cristo Jesús. Pero sucede que de la igualdad actual ha desaparecido su base fundamental: el amor, algo más que la justicia.

 

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Decía Winston Churchill, refiriéndose a la diferencia entre él y Stalin: «Yo moriría para que él pudiera hablar, pero él me mataría para impedirme hablar».

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Habría que reflexionar seriamente por qué los socialistas y comunistas y la extrema izquierda pretenden ser los maestros integérrimos del bien común, cuando históricamente han sido los principales responsables de las modernas tragedias de la humanidad:

Comunismo, desde Octubre de 1917, en Rusia y sus países satélites después de la II guerra mundial, con el final y descalabro ya conocido. Millones de muertos y pobreza generalizada. ¿Qué ocurre hoy en Cuba, Vietnam, Corea del Norte?

Socialismo: Mussolini era socialista; Hitler era socialista. Aunque la propaganda los haya disfrazado de derechistas, eran socialistas, totalitarios, como los comunistas. ¿En qué país gobernado por ellos ha habido libertad? En ninguno.

Por todo ello, no pueden dar lecciones a nadie. 2014

Nacional-socialismo comunista

Nacional socialismo nazista

Nacional socialismo fascista

 

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En el periodo del socialismo y del comunismo, en muchos países del este de Europa había la tendencia según la cual era necesario separar a los obispos del Papa, a los sacerdotes del obispo, a los fieles de los sacerdotes. El objetivo era el siguiente: la necesidad de fragmentar la Iglesia en modo tal que nadie habría podido recomponerla de nuevo. Sin embargo, ello no ha ocurrido. Un papel decisivo lo han desarrollado los obispos. Ellos han sido uno con el Papa, uno con los sacerdotes y uno con el pueblo de Dios, también a costa de ser perseguidos, del sufrimiento ocasionado por largos años de reclusión, a costa del martirio e, incluso, de la muerte.

 

Es justamente este testimonio el que nos vincula a nosotros, actuales obispos, a llevar adelante, en una época de liberalismo, indiferencia, consumismo y hedonismo, a través del servicio magisterial, de la santificación y la pastoral, la misión de "ángel de la Iglesia particular", de la Iglesia en el interior del proprio pueblo, de la Iglesia en Europa, en el mundo (cf. Hch 1, 20).

DEL SÍNODO DE LOS OBISPOS - 30 de settiembre-27 de octubre 2001

"El Obispo: servidor del Evangelio de Jesucristo para la esperanza del mundo"

 

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Andrzej Wajda: «La primera meta de los crímenes soviéticos y nazis fue la clase intelectual». 2009.X


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Manipulan y mienten sistemáticamente, adoctrinan sin fin y controlan totalitariamente: la esencia del socialismo es ocupar hasta el último resorte de la sociedad, nada escapa a su interés, lo invaden todo, nada queda sin regular: socialismo o libertad, hay que elegir.


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"Inglaterra fue la cuna del socialismo utópico. Existen dos causas importantes que dan al socialismo utópico inglés su carácter peculiar: la revolución industrial, con su cortejo de miserias para el naciente Proletariado, y el desarrollo de una nueva rama de la ciencia: la economía política. Recordemos entre los socialistas utópicos a Robert Owen (1771-1858), quien fue el primero en considerar al proletariado como clase independiente con intereses comunes”.


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Cita extraída de la introducción del por entonces cardenal y arzobispo de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio, al libro “El bicentenario de la independencia de los países latinoamericanos", de Guzmán Carriquiry Lecour, secretario de la Pontificia Comisión para América Latina:

Un país es el espacio geográfico, la nación la constituye el andamiaje institucional.

La patria, en cambio, es lo recibido de los padres y lo que hemos de entregar a los hijos. Un país puede ser mutilado, la nación puede transformarse (en las posguerras del siglo XX hemos visto tantos ejemplos de esto), pero la patria o mantiene su ser fundante o muere; patria dice a patrimonio, a lo recibido y que hay que entregar acrecentado pero no adulterado.

Patria dice a paternidad y filiación… patria evoca aquella escena trágica y esperanzadora de Eneas con su padre a babuchas en la tarde de la destrucción de Troya: «et sublato patre montem petivi». Sí, patria supone soportar lo recibido no para guardarlo en conserva sino para entregarlo íntegro en su esencia pero crecido en el camino de la historia.

Patria necesariamente entraña una tensión entre la memoria del pasado, el compromiso con la realidad del presente y la utopía que proyecta hacia el futuro. Y esta tensión es concreta, no sufre intervenciones extrañas, no se extrapola en la confusión de la realidad presente con la memoria y la utopía engendrando fugas ideológicas esencialmente infecundas.

Cardenal Jorge Mario Bergoglio?- Buenos Aires, Argentina

24 de enero de 2011,?Fiesta de Nuestra Señora de la Paz

 

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El socialismo es hijo del racionalismo materialista y este es hijo del Puritanismo. Esto es fácil de comprobar haciendo un simple análisis de la evolución de este “pensamiento” desde la reforma protestante hasta la fecha de hoy...


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En el stalinismo, la falta de criterios económicos y de preocupación por el destino de los seres humanos llevó a la liquidación de grandes masas de población, no sólo por represión, sino por simple cese en la distribución de alimentos. Diversas obras, y especialmente esa grande y terrible síntesis que es Koba el Temible, de Martin Amis, que lleva por subtítulo La risa y los veinte millones (los veinte millones de muertos del terror revolucionario), narran los diversos aspectos de ese proceso, previo y posterior al nazismo. En ese marco general hay que incluir desde la masacre de Katyn, en 1940, donde 22.000 polacos fueron asesinados por los soviéticos, hasta la muerte por hambre de un tercio de la población de Ucrania en 1932-1933, como consecuencia de la colectivización de la tierra y la liquidación fáctica del campesinado tradicional (la deskulakización forzosa).

 

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Hoy, ya iniciado el siglo XXI, las tres plagas son comunismo*, el nazismo, y el islamismo; la insidia mahometana aumenta en crueldad y perfidia.

*nacional socialismo comunista, nazista, islamista.


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Utopías socialistas  - No Nos parece necesario repetir ahora los argumentos que prueban hasta la evidencia lo absurdo del socialismo y de otros semejantes errores. Ya lo hizo sapientísimamente León XIII Nuestro Predecesor, en memorables Encíclicas; y vosotros, Venerables Hermanos, cuidaréis con vuestra diligencia de que tan importantes enseñanzas no caigan en el olvido, sino que sean sabiamente ilustradas e inculcadas, según la necesidad lo requiera, en las asambleas y reuniones de los católicos, en la predicación sagrada y en las publicaciones católicas. Pero de un modo especial, y no dudamos repetirlo, procuraremos con toda suerte de argumentos suministrados por el Evangelio, por la misma naturaleza del hombre, y los intereses públicos y privados, exhortar a todos a que, ajustándose a la ley divina de la caridad, se amen unos a otros como hermanos. La eficacia de este fraterno amor no consiste en hacer que desaparezca la diversidad de condiciones y de clases, cosa tan imposible como el que en un cuerpo animado todos y cada uno de los miembros tengan el mismo ejercicio y dignidad, sino en que los que estén más altos se abajen, en cierto modo, hasta los inferiores y se porten con ellos, no sólo con toda justicia, como es su obligación, sino también benigna, afable, pacientemente; los humildes a su vez se alegren de la prosperidad y confíen en el apoyo de los poderosos, no, de otra suerte que el hijo menor de una familia se pone bajo la protección y el amparo del de mayor edad. BENEDICTO XV, 1 de noviembre de 1914


Laico, ca.(Del lat. la?cus).1. adj. Que no tiene órdenes clericales.

U. t. c. s. 2. adj. Independiente de cualquier organización

o confesión religiosa. Estado laico. Enseñanza laica


Socialista y laicista, dos palabras que terminan en –ista, como ‘comunista, nazista, islamista, fascista’.

Pero, para que quede, aún, más claro, “laico” es algo muy distinto a lo que dice de la Vega*. El número 42 de la Exhortación Apostólica Post-Sinodal “Christifideles Laici” de Juan Pablo II Magno, dice que “Para animar cristianamente el orden temporal —en el sentido señalado de servir a la persona y a la sociedad— los fieles laicos de ningún modo pueden abdicar de la participación en la ‘política’; es decir, de la multiforme y variada acción económica, social, legislativa, administrativa y cultural, destinada a promover orgánica e institucionalmente el bien común”.

Y es que, efectivamente, “laico” no es lo que dice de la Vega porque, en verdad, ella no quería decir eso sino, simplemente, afirmar una manipulación.

 

Muy propio de la tal. (* Vice presidenta del gobierno socialista del Sr. Rodriguez Zapatero. Esp. MMVIII.X.01

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Eleuterio - Creo que todos conocemos la larga tradición de la izquierda en la manipulación de las palabras. Y más en todo lo que se refiere a tergiversar los términos para atacar a la Iglesia.
Como bien señalas, la señora de la Vogue parece no enteder que laico es todo aquel que no ha recibido ordenes ministeriales, es decir, que no es ni sacerdote ni religioso. Y un estado laico es aquel en el que ni los religiosos ni los sacerdotes ejercen algún tipo de poder político.
Pero lo que no se puede pretender es, siguiendo las ideas marxistas, que el estado sea un ente que esté por encima de la libertad de los individuos, que serán ellos los que elijan si son laicos, religiosos, o "mediopensionistas".
Basta ya de querer eliminar a la religión de la vida pública, pues, somos muchos los que siguiendo las enseñanzas de San Josemaría Escrivá de Balaguer pretendemos llevar una vida donde el centro de toda acción es Jesucristo.

 

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Nacional-socialismo bolchevique, nacional socialismo comunista, nacional socialismo nazista, nacional socialismo fascista

 

…laico bolchevique, laico comunista, laico nazista, laico fascista…

 

… ISLAMO-BOLCHEVISMO y LAICO-BOLCHEVISMO…


Se suele identificar el fascismo, entre otras características, por la utilización sistemática de la violencia, muy llamativa desde sus comienzos, como en la Italia y la Alemania de la posguerra de la I Guerra Mundial; así, los "escuadristas" de Mussolini o las SA de Ernst Röhm al servicio del Partido Nazi de Hitler. En ese sentido, al hablar de islamismo yihadista (con históricas connotaciones con el nazismo, como la participación de batallones árabo-musulmanes, en el frente del Este, encuadrados en las SS) se suele hablar de ISLAMO-FASCISMO.


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El comportamiento de "grupos radicales laicistas" evoca ciertamente el de los "squadristi" fascistas y sus homólogos nazis de las SA por lo que, al igual que denominamos, muy adecuadamente, creo, "islamo-fascistas" a los yihadistas (guerra santa por la imposición de su religión islámica), también creo oportuno denominar LAICO-FASCISTAS a estas bandas asaltadoras de iglesias en su guerra santa por imponer su religión laica. 2011


¿Y los otros socialismos?


Pero hay que ser respetuoso con la Historia pues esa violencia intolerante y pro-totalitaria está presente también, y antes, en las filas del socialismo supuestamente internacionalista, como nos lo recuerda Stanley Payne.


Al hablar de la guerra civil finlandesa dice que los fineses fueron "los primeros socialistas en lanzar una insurrección revolucionaria contra un gobierno elegido democráticamente"; "los socialistas españoles serían los segundos".


A la vista de la evidencia histórica podríamos denominar, pues, a esa violencia socialista como "bolchevique" (posición defendida por Lenin, y su émulo en España, Largo Caballero, para la toma violenta del poder constitucional y legítimo).


La denominación alternativa y complementaria a "fascismo" sería, pues, "bolchevismo" y sus manifestaciones más recientes se denominarían, también:

ISLAMO-BOLCHEVISMO y LAICO-BOLCHEVISMO - 2011


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P-Dígame, si es posible resumirlo en una o dos líneas, en que se diferencia para usted el pensamiento liberal del socialista.

 

R-Fundamentalmente en la defensa de la libertad, en la división de poderes, en la resistencia al intervencionismo estatal y en la creencia en la iniciativa privada.

Dr. CÉSAR VIDAL. 05.IX.2006-L.D.ESP.

 

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Sin embargo, son pocos –acaso ninguno– los que caen en la cuenta de que ideologías como el socialismo, que tanto en su vertiente nazi como comunista son radicalmente ateas, han generado hítleres y estálines que han asesinado a millones de personas, y en algunos sitios siguen produciendo muertos y privaciones de libertad de escándalo dados los tiempos que corren.

 

Ahora que tantos gobiernos están dispuestos a hacer del crimen del aborto y de la eutanasia una actividad pública prioritaria y permanente, lo más importante es no bajar la guardia ni un milímetro en la defensa de la verdad y de la vida. Los grandes exterminios del siglo XX fueron posibles no sólo por la perversión de gobernantes satánicos, sino también por la omisión de quienes no mantuvieron siempre la cabeza bien alta dispuestos a todo menos a transigir con el horror. Ahora más que nunca no podemos permitir que nadie, absolutamente nadie, en nuestras casas, en nuestras escuelas, en nuestros medios de comunicación, pueda lo más mínimo contemporizar con esta barbarie. Porque si lo permitimos, Dios puede que nos lo perdone, pero la historia venidera no nos lo perdonará. MMVIII

 

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«Indudablemente -afirma-, como indicó Platón, la democracia, por su esencia, está ligada a la eunomía, a la validez del buen Derecho, y sólo en tal relación puede permanecer democracia. La democracia, pues, no es nunca mero dominio de la mayoría, y el mecanismo de la creación de la mayoría debe estar subordinado a la medida de la supremacía, válida para todos, del nomos, de lo que es justo por su íntima esencia, o sea, a la condición de dar valor a aquellos valores que son directrices vinculantes también para la mayoría». La experiencia no deja de ratificarlo: sin el bien y la justicia auténticos, en definitiva, sin la Luz que viene de lo Alto, ¿dónde ha quedado la democracia?. 2008

 

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Matar a Dios y al hombre

Cien millones de muertes atribuidas directamente a los regímenes comunistas de todo el mundo, en 90 años de existencia, no han sido suficientes para que los partidos comunistas hayan dejado de existir en las democracias modernas, ni para que la izquierda en su conjunto realice un ejercicio de autocrítica acerca de un elemento que la ha caracterizado siempre: la persecución a la Iglesia

 

Tras la caída del comunismo en la antigua Unión Soviética, se constituyó una Comisión para la rehabilitación de las víctimas de la represión política. Su Presidente, Vladimir Paulovich Naumov, afirmó en 1996:

 

«Ningún estamento como la Iglesia sufrió tanto durante el comunismo. Medio millón de sacerdotes fueron perseguidos, deportados o encerrados en campos de concentración. 200.000 fueron exterminados, por orden de Stalin».


Recientemente, la Facultad de Teología San Dámaso, de Madrid, acogió una conferencia de Adriano Dell´Asta, profesor de Lengua y Literatura rusas en la Universidad Católica del Sacro Cuore, de Milán, titulada Los cristianos en Rusia durante la Revolución. Colaborador de la revista Rusia Cristiana, la actual La Nuova Europa, el profesor Dell´Asta afirmó que «la Iglesia constituía el peor enemigo del poder soviético, porque era el último baluarte de conciencia del pueblo. En la ideología soviética, la realidad fue sustituida por la interpretación de la realidad. El comunismo adolece de una total irresponsabilidad con respecto a lo real. Por eso, la Iglesia fue su enemigo fundamental. El Partido Comunista desencadenó enseguida la lucha contra la Iglesia. No ataca su supuesta ideología religiosa, sino su realidad concreta como institución».
Nikita Struve, primer editor de Archipiélago Gulag, del Premio Nobel Alexander Solzhenitsyn, ha contado a Avvenire : «Si no era conforme a las directrices del Partido, la verdad era sistemáticamente negada. El soviético fue un régimen cuyo objetivo principal era asesinar a Dios. Y ello significa asesinar a los hombres: ninguna ideología ha matado a tantas personas como el comunismo -se calcula que cien millones de personas en todo el planeta, mucho más que Hitler-. Asesinar a Dios: éste fue el sentido del régimen soviético. Y matar a los hombres, no sólo en su cuerpo, sino también en su interior, en el alma».
Fue precisamente Solzhenitsyn uno de los millones de testigos de esta persecución contra los cristianos, cautivo durante años en uno de los campos de trabajo que Stalin construyó para los disidentes soviéticos. El profesor Dell´Asta citó en su conferencia al autor de Archipiélago Gulag : «Los cristianos fueron los únicos que no aceptaron la filosofía del Lager (campo). Morían, sí, pero no se corrompían. Eran   mudos, los más mudos de todos. Su símbolo era el pez, igual que los cristianos antiguos. Preferían la cárcel antes que renegar de su fe».
Y afirma el profesor Dell´Asta: «¿Cómo fue posible vencer esta tragedia? Fue la experiencia de la realidad y de su irreductibilidad, más fuerte que toda reducción ideológica. Si se hubiera opuesto al poder una ideología más inteligente y completa, que incluso dejase espacio a lo espiritual y a Dios, que combinase fuerza, inteligencia y poder, habría sido derrotada, porque el ideólogo te vence desde el momento en que le concedes que lo que cuenta es la fuerza de las ideas, más que la de la realidad».
Alexander Solzhenitsyn recuerda su experiencia en el gulag, para afirmar que esta realidad es el alma : «En nuestra vida cotidiana, donde no había espacio para el misterio, de improviso algo dentro decía: Estoy aquí, no me olvides. Al final, al discurso de la ideología, los cristianos responden con su fe, que no es otro discurso, una doctrina o una moral, sino la experiencia de un encuentro con Dios hecho carne».
Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo – 2007..X.08

 

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“A partir de 1933 el ‘PSOE’ planificó y llevó adelante la guerra civil con ánimo de imponer su propia dictadura marxista” PIO MOA. 2004-10-30

 

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P:¿Me podría decir en qué ramas se divide el socialismo, y en cual de estas se haya el PSOE (España)?

 

R: Tradicionalmente ha habido dos tendencias, la revolucionaria y la reformista, es decir la marxista-leninista y la marxista llamada revisionista, que es la de Kautsky y los partidos que se quedaron en la II Internacional cuando Lenin fundó la III.

2005.Federico Jiménez Lozantos

 

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Verdad y mentira - No siempre es fácil descubrir las tretas del padre de la mentira, pero tenemos la afirmación rotunda de la Luz: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida» [Jn 14, 6]. El Camino se inicia en la humildad de una gruta. En Belén acuden a adorar los Magos, hombres sabios, poderosos, que se postran ante la Verdad [Mt 2, 11].  El diablo no puede postrarse ante la verdad, por la sencilla razón de que «no tiene rodillas». Así se representaba antiguamente al diablo, sin rodillas, según he leído en un artículo del entonces cardenal Ratzinger. El padre de la mentira no tiene rodillas, no es capaz de arrodillarse ante la Verdad. La soberbia es impermeable, finge diálogo, pero no logra más que un monólogo ególatra.

Las verdades parciales, fragmentarias, pueden parecer duras, difíciles de entender, comprender o asimilar, pero la Verdad es siempre luminosa: es la Luz, y la Luz es Vida y la vida es Sabiduría y la Sabiduría es Amor. Desde ella se comprende que toda verdad es un bien que conduce a la vida plena. Juan Pablo II solía utilizar con insistencia la expresión «verdad del hombre», «verdad del mundo», «verdad de Dios», verdad, en fin, de lo que fuera tema de su discurso. Toda verdad conduce a la Verdad Primera, y desde la Verdad Primera se puede volver a contemplar las verdades segundas y entonces se ven con una nueva dimensión, con una nueva belleza, en plenitud de sentido. Conocer y amar no son actividades independientes. El amor a la verdad es, en muchos casos el único recurso para discernir, e identificar –con la mano en el corazón- al padre de la mentira y a la Palabra de la Verdad. Humildad y amor se confabulan en el encuentro luminoso de la Verdad fascinante.

 

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Si el socialismo del siglo XX costó ciertamente no menos de cien millones de muertos, quién sabe cuántos costará el del XXI. Una o varias generaciones de latinoamericanos se ahogarán en ese viscoso torrente de saliva revolucionaria, en el que no faltará el componente racista del indigenismo. Progresivamente, cada vez será mayor la distancia técnica y económica que separará a grandes regiones latinoamericanas del primer mundo, acentuándose un proceso de descivilización que irá desgajando dolorosamente a esta región del tronco al que comenzó a pertenecer desde fines del siglo XV, gracias a España y a la labor intelectual de sacerdotes de la Iglesia Católica. 2006-06-

 

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LAICISMO Y SOCIALISMO REAL

 

«La razón pública no exige erradicar las convicciones religiosas y pensar acerca de cuestiones políticas fundamentales como si partieran de cero, poniendo entre paréntesis las premisas básicas del pensamiento moral» (Rawls).

 

Por Andrés OLLERO TASSARA
Catedrático de Filosofía del Derecho
Colaborador de Arvo Net
En ABC, 10.12.2002

EL fallecimiento de John Rawls ha suscitado una ola de comentarios que subrayan los aspectos de su obra más relevantes desde la óptica y circunstancia de sus autores. Vaya por delante la mía: un profesor de filosofía del derecho que, tras haberle dedicado para bien o para mal algunas páginas, contempla las aguerridas reacciones provocadas en España ante la posible constatación en un futuro tratado de la Unión Europea de su bien conocida herencia cristiana, e incluso de alguna mención a Dios.

Puesto a no reiterar diagnósticos tópicos, me permitiría catalogar a Rawls como uno de los más interesantes autores post-iusnaturalistas del recién acabado siglo. Ciertamente, en su búsqueda de un «pluralismo razonable», expresó la convicción de que no cabría llegar a un acuerdo «respecto de los dictados de lo que algunos consideran como la ley natural»; aunque admitiera a la vez que «instituciones que garantizan para todos los ciudadanos los valores políticos incluidos en lo que Hart llama «el contenido mínimo del derecho natural» pueden estimular también una adhesión generalizada».

Mi catalogación responde al convencimiento de que Rawls -al igual que su obligado contrapunto europeo Habermas- no hace sino abordar problemas a los que, desde sucesivos marcos históricos y filosóficos, se había intentado dar respuesta recurriendo a ese derecho natural que uno y otro no consideran posible fundamentar: qué es la justicia, cómo establecer la frontera entre moralidad privada y deberes públicos o en qué términos llegar a establecer un derecho de gentes interestatal.

Rawls aborda, por ejemplo, el viejo problema de esa adecuada relación entre libertad e igualdad en que toda teoría de la justicia acaba consistiendo. Lo hace apostando por una «igual libertad» de todos los ciudadanos, desde una perspectiva bien distinta a la del socialismo real de cuño marxista. No suscribe una descalificación de las libertades formales, que sólo se convertirían en «reales» una vez eliminada la desigualdad previa. Alineado con el peculiar liberalismo de la izquierda americana, tan diverso del europeo, admite la posibilidad de desigualdades legítimas. Su «principio de diferencia» va, por una parte, más allá de las meras desigualdades sociales, al analizar también las derivadas de la dotación originaria fruto de la «lotería natural»; pero dará luego vía libre a toda desigualdad de la que cupiera derivar ventaja indirecta para los menos favorecidos. Ofrece con ello una aprovechable receta a los que desde la transición nos vienen proponiendo teóricamente, con más que dudosa coherencia práctica, que «socialismo es libertad».

Evita así la rancia querencia a igualar por abajo propia de la izquierda europea, que, al convertir en prioritario el logro de resultados homogéneos para todos, se inclina a expropiar o restar libertad a los más dotados. Buena muestra de ello sería la conversión en quicio del sistema educativo de la «comprensividad», consistente en que todos estudien lo mismo obligatoriamente durante el mayor tiempo posible, para evitar nefandas diferencias por arriba. La receta, tiempo ha abandonada por quienes la experimentaron, fue importada luego entre nosotros con el retraso habitual por los progresistas de turno.

A estrategia no menos periclitada responden los actuales intentos de amalgamar socialismo con laicismo; baste recordar recientes reflexiones de Solé Tura o Barón a propósito de las, para ellos indigestas, raíces cristianas de Europa. También en esto Marx y Rawls van cada uno por su lado. La crítica del primero a las libertades formales se plasma, en «La cuestión judía», en un encadenamiento de paradojas coronado por la oferta de libertad religiosa a quienes necesitaban ser liberados de la religión. Para Rawls, por el contrario, un ámbito público sin religión resulta tan poco pensable como sin filosofía o sin convicciones morales: «doctrinas comprehensivas de todo tipo -religiosas, filosóficas y morales- forman parte de lo que podríamos llamar el «transfondo cultural» de la sociedad civil». Pretender instaurar una «razón pública» depurada de todo elemento de procedencia religiosa sería, pues, tan absurdo como aplicar tal actitud inquisitorial a lo filosófico o a lo moral.

No suscribirá, pues, una posible imposición de la asepsia laicista por esa autoconvencida minoría que la considera condición indispensable de la «libertad real» inseparable del socialismo. El problema consistirá para él, por el contrario, en cómo articular una pluralidad de doctrinas (religiosas, filosóficas o morales...), capaz de englobar de modo no sesgado a los capaces de razonar. Convencido como está de que «todos los ciudadanos abrazan alguna doctrina comprehensiva con la que la concepción política está de algún modo relacionada», parte sin mayor escándalo «del supuesto de que algunas de las principales doctrinas comprehensivas existentes son religiosas». Constatar que determinados ciudadanos secundan en el ámbito público un magisterio de orden religioso, sugeriría sólo una obviedad: «dadas la libertad de culto y la libertad de pensamiento, no puede decirse sino que nos imponemos esas doctrinas a nosotros mismos». «La razón pública no exige a los ciudadanos erradicar sus convicciones religiosas y pensar acerca de cuestiones políticas fundamentales como si partieran de cero, poniendo entre paréntesis lo que en realidad consideran premisas básicas del pensamiento moral». Cuando se opta por la libertad, el problema no es cómo liberar de la religión al ámbito público, sino cómo mantenerlo a salvo de toda inquisición: también la de esa minoría que pretende imponer a la mayoría su exclusión profiláctica.

Todo ello me vino a la cabeza cuando hace unos días, en el variopinto marco del Movimiento Europeo, el Abogado del Estado español ante el Tribunal de Derechos Humanos de Estraburgo tuvo a bien recordar que la bandera europea, a diferencia de la norteamericana, no incrementa sus estrellas cada vez que se integra un nuevo Estado. Continúan siendo siempre las doce que en el Apocalipsis rodean a la mujer vestida de sol, con la luna a sus pies, de obvia referencia mariológica. Pretender, a la vista de tan sospechosa procedencia, que Europa cambie de bandera, sería tan absurdo como exigir a los países escandinavos que eliminen la cruz presente en todas las suyas; pero en España hay quien quiere seguir siendo diferente. Universidad hubo que, movida por «el celo sacerdotal de los incrédulos» que temiera Machado, consideró irracional la presencia en su escudo de la mujer vestida de sol... Por lo visto, la tarea está aún por completar. Con un respeto a la libertad similar al de los fenecidos defensores de la España portadora de valores eternos, algunos pretenden convertirla ahora en su más celosa erradicadora. A Rawls no le habría parecido nada razonable...

 

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“Es curioso que este también llamado progresismo laicista, no quiera saber nada con el cristianismo, aunque luego sean los más entusiastas defensores de la tolerancia, integración y entendimiento con los musulmanes”. 2004

 

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“Estemos alerta, no renunciemos a nuestros derechos fundamentales y, en todo momento, demos con serenidad y confianza razones de nuestra esperanza en Cristo, sabiendo que todo lo podemos en Aquel que nos conforta". 2004

 

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el actual «desprecio» de la ética

 

Constata la ausencia de voces que presenten el cristianismo como alternativa


CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 19 febrero 2004- Tras la caída de las ideologías marxistas, no se ha dado un redescubrimiento de la ética, sino más bien su desprecio y el refugio en el pragmatismo, constata el cardenal Joseph Ratzinger.

El prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe plantea la cuestión en la última edición, recién publicada en Italia, del libro «Introducción al cristianismo» (Editorial Queriniana, pp. 298), en el que se presentan algunas de las clases que ofreció cuando era profesor de Teología en Tubinga (Alemania) en 1967.

El libro, que ha llegado a su duodécima edición, presenta una nueva introducción en la que el purpurado bávaro hace un balance de los últimos treinta años que han marcado la vida de la Iglesia, tras el Concilio Vaticano II.

El cardenal considera que los años 1968 (el año la revolución estudiantil) y 1989 (en el que tuvo lugar la caída del régimen soviético) constituyen una clave de interpretación para comprender lo que sucedió en las últimas décadas del siglo que acaba de concluir.

«El año 1968 está ligado al surgimiento de una nueva generación, que no sólo consideró inadecuada, llena de injusticia, de egoísmo y afán de posesión, la obra de reconstrucción tras la segunda guerra mundial, sino que concibió toda la evolución de la historia, comenzando por la época del triunfo del cristianismo, como un error y un fracaso», recuerda.

«Queriendo mejorar la historia, crear un mundo de libertad, de igualdad y de justicia, estos jóvenes creyeron que habían encontrado el mejor camino en la gran corriente del pensamiento marxista», constata el cardenal.

«El año 1989 asistió al sorprendente derrumbe de los regímenes socialistas en Europa, que dejaron tras de sí una triste huella de tierras y almas destruidas», sigue diciendo.

«La doctrina de salvación marxista --explica Ratzinger--, en definitiva, había nacido en sus numerosas versiones articuladas de diferentes maneras, como una visión única y científica del mundo, acompañada por una motivación ética y capaz de acompañar a la humanidad en el futuro. Así se explica su difícil adiós, incluso después del trauma de 1989».

«Basta pensar en lo discreta que ha sido la discusión sobre los horrores de los "gulags" comunistas, y en lo poco que se ha escuchado la voz de Alexander Solzjenitsin: de todo esto no se habla», afirma.

«El silencio ha sido impuesto por una especie de pudor --denuncia--. Incluso se menciona sólo de vez en cuando al sanguinario régimen de Pol Pot, de pasada. Pero ha quedado el desengaño, junto a una profunda confusión. Ya nadie cree hoy en las grandes promesas morales».

«El marxismo se había concebido en estos términos: una corriente que auspiciaba justicia para todos, la llegada de la paz, la abolición de las injustificadas relaciones de predominio del hombre sobre el hombre, etc.», afirmó.

«Para alcanzar estos nobles objetivos se pensó en que había que renunciar a los principios éticos y que se podía utilizar el terror como instrumento del bien --señala--. En el momento en el que todos pudieron ver, aunque sólo fuera en su superficie, las ruinas provocadas en la humanidad por esta idea, la gente prefirió refugiarse en la vida pragmática y profesar públicamente el desprecio por la ética».

«¿Dónde ha quedado, en todos estos años, la voz de la fe cristiana?», se pregunta el cardenal Ratzinger considerando que la respuesta a la pregunta constituye el desafío cristiano del momento. ZS04021903

* en el siglo S.S. Benedicto PP XVI.

 

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El nacionalismo como ideología.

 


Con la Revolución francesa se trastocan la concepción del hombre y de la sociedad, y como consecuencia aparece también un concepto nuevo de nación. Es característica la voluntad de hacer triunfar una nueva moral que tiene como idea-guía el principio de inmanencia o de autonomía, en contraposición al principio de trascendencia o de heteronomía. Hasta este momento histórico, las sociedades se basan en un sistema de valores derivado de un principio que es a la vez superior y externo a la misma sociedad. De este modo, las normas de la vida individual y social se ordenan a un fin diverso de la misma sociedad y de los individuos que la componen. El fundamento de la sociedad es un hecho religioso, pues la vida humana y su organización social están determinadas por la trascendencia de la divinidad. Éste era el caso, por ejemplo, de los regímenes políticos europeos de la Cristiandad durante los siglos XII y XIII.

A partir del siglo XVI se desarrolla en el seno de estas mismas sociedades un proyecto de autonomía; pero no se concibe sólo en términos de independencia entre poder civil y poder eclesiástico, sino que es la misma sociedad humana la que se constituye en principio y norma de sí misma. Semejante objetivo conllevaba la transición del absoluto religioso trascendente al absoluto sociopolítico inmanente, así como la sustitución de una norma moral fundamentada en Dios, por una norma moral puramente humana, legitimada por la razón individual o por el orden social. Ya Maquiavelo construye su sistema interpretativo de la política basándose en la idea de que la adquisición y la conservación del poder político es el valor supremo y absoluto de la vida. Y, dos siglos más tarde, Jean-Jacques Rousseau sacraliza el poder político como expresión de la voluntad general. Asímismo, Thomas Hobbes, James Mills y los enciclopedistas reducen la moral a la búsqueda del placer sensible y a la huida del dolor. Por último, en el siglo XIX, Fichte, Schelling y Hegel acaban por sacralizar a la sociedad y a sus dirigentes.

 

Como consecuencia de esta transformación de la idea de sociedad y de política, nace lo que Julien Benda y Raymond Aron han denominado «religiones de lo temporal», o «religiones seculares», que son lo que hoy llamamos simplemente «ideologías».

Raymond Aron daba la siguiente definición descriptiva de las religiones seculares: «son doctrinas que ocupan en el ánimo de nuestros contemporáneos el lugar de la fe cuando ésta desaparece, y que sitúan la salvación de la humanidad sobre la tierra en un futuro lejano, bajo la forma de un orden social que hay que construir» (L´âge des empires et l´avenir de la France, París 1945).

 

Esta definición pone bien de relieve los tres elementos básicos de que consta la ideología: sustitución, inmanencia y salvación.

La sustitución se refiere a la voluntad de que la política asuma las funciones de la religión; y supone, implícitamente, el deseo inextinguible que tiene el hombre de un absoluto. La inmanencia es una consecuencia de la sustitución: el horizonte humano se reduce a la vida terrena. Desaparecen los conceptos de eternidad y de más allá. Por ello la salvación, sobre la tierra, estaría intrínsecamente ligada a una realidad histórica. La clave única de la felicidad de la humanidad sería el orden social que el poder político se dispone a realizar.

 

De este paso de la trascendencia a la inmanencia nacen tres ideologías políticas: el liberalismo, el socialismo y el nacionalismo.

 

Igual que el socialismo, el nacionalismo es una ideología colectivista: el individuo está llamado a fundirse con el conjunto de la sociedad y a desaparecer en la colectividad divinizada. De acuerdo con este principio, tanto el socialismo como el nacionalismo buscan conquistar y ejercer el poder político como condición necesaria para la realización de su proyecto. Para lograr este objetivo, se intenta hacer mella en el elemento afectivo. Ésta podría ser la razón del éxito fulgurante del nacionalismo entre las gentes.

Fueron sobre todo en Italia y en Alemania donde la búsqueda del estado en la primera mitad del siglo XIX desembocó en una teorización ideológica del nacionalismo.

Los pensadores más famosos del Risorgimento italiano, Gioberti y Mazzini, están de acuerdo en la idea de que Italia está llamada a una misión histórica de primacía con respecto a las demás naciones. El pueblo italiano sería el «pueblo elegido», objeto de predilección divina, y con una misión de guía universal respecto al resto de la humanidad. Sin embargo, no se trata de un dominio alcanzado por la conquista bélica, sino de una irradiación de civilización, de cultura y de moralidad. Como se ve, no se trata de una sustitución, sino de una integración de la religión, para desembocar en una especie de nacionalismo de derecho divino.

Frente a la tendencia italiana, que supone la confirmación del cristianismo con un papel cultural y moral, en Alemania se propugna un auténtico panteísmo político.

Johann Gottlieb Fichte, uno de los teorizadores más importantes del nacionalismo alemán, pronuncia en Berlín, en el invierno del año 1807 al 1808, las célebres conferencias sobre la excelencia de la nación alemana, a la que asigna atributos propiamente divinos. ¿En qué se basa? Según su concepción, la nación alemana ha conservado una pureza original y un frescor específico, gracias a su lengua y a su cultura, no contaminadas por el mundo latino como en el caso de Francia. Las cualidades eminentes del pueblo alemán se fundan en los conceptos de «sangre» y de «raza». De lo cual se sigue una misión universal, porque el pueblo alemán posee, «de un modo más neto» que todos los demás pueblos modernos, «el germen de la perfectibilidad humana». Por ello, «en la historia de la humanidad, la potencia» pertenece al pueblo alemán. «Si vosotros desaparecierais —escribe Fichte a sus compatriotas— todo el género humano perdería la esperanza de poder salvarse un día de la hondura de sus males» (cf. Jean-Luc Chabot, Le Nationalisme: «Que sais-je?», PUF 1993, pp. 28-31).

Pero más allá de Fichte, es Hegel el que desarrolla un nacionalismo tremendamente estricto. Para él, en cada época histórica hay un Estado predestinado a ponerse a la cabeza de los otros, y a imponerles una civilización, por así decir, más avanzada. Éste sería bien pronto el Estado prusiano, encarnación política del Espíritu del mundo en su estadio dialéctico último. Para este Estado la conquista constituye una obligación, y todas las guerras que emprenda están justificadas por el mismo hecho de acabar en victoria; sus triunfos son al mismo tiempo el triunfo de la humanidad para el progreso de la civilización.

El nacionalismo se refuerza con la unificación de Alemania y la de Italia, pero su influjo no queda limitado de ningún modo a estas naciones. Por diversos motivos se propaga también a Francia y a Inglaterra, apareciendo en el momento de la Revolución. Comienza en este período una política de formación ideológica del pueblo, sobre todo por medio de la escuela, que se generaliza, y del ejército, con el reclutamiento universal y obligatorio. La enseñanza de la historia se convierte en una apología de la nación; se insiste en los héroes y en las batallas, y se ensalza el ejército como instrumento de salvación nacional. La patria se presenta como una divinidad maternal, objeto de piedad religiosa y filial. El símbolo preferencial de esta captación religiosa es, sin lugar a dudas, la bandera, que es objeto de un culto tanto civil como militar.

Esta moral difundida por la ideología condiciona de modo ostensible el comportamiento individual y social. La salvación de la humanidad reside —según esta opinión— en la superioridad de una nación sobre las otras. El corolario es la desigualdad entre los hombres, y la superioridad de los miembros de la propia nación. Dado que esta superioridad no es obvia desde el punto de vista objetivo, y dado que cada nación pretende poseerla desde su punto de vista subjetivo, se sigue como consecuencia una intolerancia recíproca según el criterio de la nacionalidad. Es éste el origen de la xenofobia. El bien supremo reside en la realización histórica de la propia nación; por ello, todo lo que pueda retardar esta plenitud se ve como un mal. Por ejemplo, la concurrencia de otras naciones, o la presencia sobre el suelo patrio de súbditos de otras naciones. De aquí nace una política estatal feroz que pretende asimilar las minorías nacionales.

Entre este amor exclusivo a la propia nación, tan próximo al odio de lo extranjero, y el racismo, no hay más que un paso. El materialismo subyacente agrava aún más la situación, porque las diferencias biológicas, étnicas y culturales se ven como desigualdades esenciales. De este modo, el énfasis se desliza lentamente de la nación a la raza, y de la moral religiosa a la ética del racismo.

3. Dos concepciones de la nación.

Es famoso el debate del siglo XIX sobre el concepto de nación. Se oponen dos tesis antagónicas que podemos denominar «subjetiva» y «objetiva» respectivamente. La primera domina en Francia, mientras que la segunda tiene su fuerte en Alemania y en Europa central.

En una conferencia pronunciada en la Sorbona en 1882, titulada «¿Qué es una nación?», Ernest Renan se erigía en defensor de la concepción «francesa», a saber, la concepción de la libre elección subjetiva, que fundamenta la nación en un conjunto de actos voluntarios expresados por los sujetos libres: «la nación es un alma, un principio espiritual, una conciencia moral creada por un enorme agregado de seres humanos, con un sano juicio y un corazón ardiente. La nación es un plebiscito cotidiano».

Es ésta una concepción voluntarista de la nación. En cuanto las personas dejasen de considerarse miembros de la nación, ésta dejaría de existir. Según esto, la nación no tendría ninguna realidad objetiva. Fundar la identidad nacional en la libre elección subjetiva parece que comporta el abandono de toda noción de identidad de grupo que distinga a un grupo dado de todos los demás, permitiendo distinguirlo como nación específica. En último análisis, la idea de Renan no tiene sentido. Una afirmación del tipo «soy francés» estaría vacía de sentido si no estuviera ligada a una noción determinada de qué es lo que significa «ser francés» (cf. John Breuilly, Il nazionalismo e lo stato, Il mulino 1995, p. 22).

Sin embargo, para hacer justicia habría que matizar el pensamiento de Renan. En el mismo discurso citado, apela al pasado común como elemento constitutivo de la nación:

«Una nación [...] es el resultado de un largo pasado de esfuerzos, de sacrificios y de desvelos; es tener unas glorias comunes en el pasado, una voluntad común en el presente; es haber hecho juntos grandes cosas, y tener el deseo de seguir realizándolas. Son éstas las condiciones esenciales de un pueblo» (Encyclopaedia Universalis, «Nation», vol. 11, p. 566).

A la nación fundada sobre el libre consentimiento humano, el pensamiento alemán contrapone una concepción de la nación fundada sobre la historia, la lengua común, y, poco después, la raza. Por tanto se trata de una definición de nación sobre la base de criterios externos que se consideran objetivos porque ponen en evidencia una serie de determinaciones independientes de la voluntad del sujeto.

Durante la guerra franco-prusiana de 1870, se enfrentan las dos concepciones del principio de nacionalidad a propósito de la Alsacia-Lorena, lo cual da pie a una famosa polémica entre dos grandes historiadores, Mommsen y Fustel de Coulanges. Mientras que Mommsen se remite a la geografía histórica, a la raza y a la lengua, Fustel de Coulanges sostiene que la patria es una «comunidad de ideas, de intereses, de afectos y de esperanzas».

Cien años después, las dos concepciones de nacionalidad perduran todavía claramente en la distinta actitud de ambos países ante el problema de la inmigración. Mientras que Alemania rechaza la asimilación de los trabajadores turcos, en Francia se considera que la voluntad de las comunidades musulmanas de desmarcarse del conjunto de la sociedad francesa, atenta contra la identidad nacional. Mientras que el gobierno de la República Federal da la prioridad, frente a los turcos, a los alemanes de Silesia, del Volga y de la Transilvania —es decir, comunidades que con frecuencia ignoran el alemán y tienen una relación arcaica con la «madre patria», Francia en cambio confiere la «nacionalidad» a todos los que se adhieran a los valores lingüísticos y culturales de la nación, independientemente del color de su piel (cf. Sergio Romano, Disegno della storia d´Europa dal 1789 al 1989, Longanesi, Milano 1991, pp. 82-83).

En diciembre de 1993, en el prólogo de la Cartilla de la nacionalidad que el Ministerio de Asuntos Sociales y de la Integración entrega a todos los nacionalizados franceses, el Presidente François Mitterrand escribía las siguientes palabras:

«A lo largo de los siglos, Francia ha acogido sobre su suelo a hombres y mujeres como vosotros, portadores de culturas diversas de la suya propia, que se han reconocido en sus valores y han aceptado sus usos y costumbres. Hoy os unís a nuestra comunidad nacional. En su seno, ejerceréis ahora la plenitud de los derechos civiles, y abrazaréis el conjunto de deberes de todo ciudadano francés».

Pero esta concepción —noble, sin duda, aunque utópica a veces— no era la que prevalecía en Europa a principios del siglo XX. Bajo el influjo del darwinismo, se produce el choque cultural del colonialismo, por el que el hombre europeo se encuentra con pueblos que son inferiores en el aspecto técnico y en el de los medios de producción, con una organización sociopolítica de tipo tribal. Ello produce un cambio en la relación entre nación y raza. A partir de este momento la raza tiende a convertirse en el elemento objetivo étnico-biológico, del cual la nación no seria sino la formulación aproximada. De este modo, el racismo proporciona un fundamento «científico» al nacionalismo ideológico.

El determinismo biológico del racismo encuentra su expresión acabada en el libro de Vacher de Lapouge, L´aryen et son rôle social, aparecido en 1899, que se inspira en el principio darwinista de la lucha por la supervivencia de la especie, y en la dicotomía hegeliana del amo y el esclavo. Según este autor, la raza se define por la morfología física de los individuos que la componen. De este modo, la raza aria, la de los señores, se caracteriza por estatura alta, pelo rubio, y un cráneo dolicocéfalo, mientras que los bajos, morenos y braquiocéfalos forman la raza de los esclavos (cf. Jean Luc Chabot, op. cit., p. 50).

Este tipo de racismo no es privativo de Alemania. Francia misma, a pesar de su concepción no determinista de la nación, no se libra de ella; el ejemplo más manifiesto de ello es el antisemitismo.

Sin embargo, el comunismo representa una excepción notable a esta corriente nacionalista generalizada, pues preconiza la solidaridad obrera por encima de las barreras nacionales. Así, Lenin escribía en 1913 en sus Notas críticas sobre la cuestión nacional: «El marxismo y el nacionalismo son irreconciliables. El marxismo busca la internacionalización, la fusión de todas las naciones en una unidad suprema». Para él el hecho nacional es algo fundamentalmente efímero, destinado a disolverse en el internacionalismo proletario, porque «los obreros no tienen patria». Pero en tanto que la nación siga existiendo, puede ser explotada con fines revolucionarios. De este modo, un militante comunista que pertenezca a una nación oprimida, debe hacer suyas las tesis nacionalistas para obtener la liberación de su país del yugo extranjero; y al revés, si pertenece a una nación imperialista, debe tomar una actitud antinacionalista en contra de su propio país. Pero en cualquier caso se trata de una actitud puramente táctica. Una vez lograda la independencia, el comunista se hace internacionalista, y lucha por la incorporación de su país a la Unión Soviética, la cual, como decía Stalin, es una «notable organización para la colaboración entre los pueblos, prefiguración viva de la unión futura de los pueblos, cuando los agrupe una única economía mundial».

Hoy podemos contemplar el efecto de esta actitud utópica. El comunismo no ha podido suprimir el sentimiento nacional, y no ha podido acercar a las diversas naciones entre sí, a pesar de sus pretensiones de internacionalismo socialista. Es más, su utopismo ha obstaculizado de hecho la creación de vínculos reales de respeto y de amistad entre los pueblos, y ha impedido solucionar los antiguos conflictos desde una base realista. Las consecuencias son, entre otras, la rampante guerra étnica en el corazón de los Balcanes, y la disgregación de la Unión Soviética, de Yugoslavia y de Checoslovaquia.

De este modo, después de la caída del comunismo, se ha hecho sentir de manera espectacular una fuerte necesidad de identidad nacional en toda Europa central y oriental.

Ciertamente, no se puede atribuir este estallido de los Estados solamente a los errores del comunismo. De hecho, pueblos como el esloveno y el croata ya hace mucho tiempo que vienen acariciando la idea de una independencia nacional, de modo que les ha bastado aprovechar los errores del régimen de Belgrado para acceder a un Estado soberano. Así, los errores ideológicos y políticos han servido de mera ocasión para realizar unas aspiraciones mucho más antiguas.

4. La Santa Sede y la cuestión nacional.

La actitud de la Santa Sede ante los movimientos nacionalistas ha seguido la línea definida por los Papas del siglo XX: no incitar lo más mínimo a la independencia y mantener ante estos problemas una prudencia extrema, hasta el punto de dar la impresión de querer mantener, en la medida de lo posible, el statu quo. Pero una vez alcanzada una situación en la que aparece con claridad que diversas gentes no pueden seguir viviendo en un mismo Estado a causa de conflictos sangrantes que se suman a las antiguas recriminaciones mutuas, la Santa Sede ha tomado una actitud valiente de apoyo a la independencia, en el convencimiento de que es la única vía posible para la paz.

Esto es lo que ya declaraba Pablo VI en 1973, a propósito de los conflictos de Angola y Mozambique: «Mientras no se reconozcan y se respeten debidamente los derechos de todos los pueblos, y en especial el derecho a la autodeterminación y a la independencia, no podrá haber una paz auténtica y duradera» (AAS 66 [1974] 21).

De acuerdo con este principio, la Santa Sede fue uno de los primeros estados que reconoció la independencia de Eslovenia y de Croacia —incluso antes que la Comunidad Europea—, un hecho sin precedentes en los anales de la diplomacia Pontificia.

Un significativo paso adelante en el problema de los derechos de las naciones lo representa el discurso del Papa Juan Pablo II en la Sede de las Naciones Unidas, el 5 de octubre de 1995. Es la primera vez que un Papa habla con una tal claridad de los derechos de las naciones, considerándolos como una consecuencia de los derechos del hombre. Hablando de «la Declaración universal de los derechos del hombre, adoptada en 1948», constata el Papa que «todavía no hay un análogo acuerdo internacional que afronte de modo adecuado los derechos de las naciones» (nº 6: L´Osservatore Romano. Edición semanal en lengua española, 27 [1995] 564). Y poco después afirma: «Presupuesto de los demás derechos de una nación es ciertamente su derecho a la existencia: nadie, pues, —un Estado, otra nación, o una organización internacional— puede pensar legítimamente que una nación no sea digna de existir» (ibidem, nº 8).

Es algo evidente, pero nadie hasta ahora lo había formulado con tanta autoridad y de un modo tan claro y preciso. De este derecho fundamental se desprende lógicamente que todo pueblo tiene derecho de dar a su vida socio-política la forma que mejor le convenga, ya sea como estado independiente, ya sea asociado a un grupo más amplio como un estado federal, de una confederación, o de un estado unitario con una amplia autonomía regional.

5. El amor cristiano a la patria.

Una vez establecidas estas premisas, hay que subrayar los deberes de las naciones con respecto a los demás pueblos y al resto de la humanidad.

«El primero de todos —afirma Juan Pablo II en el discurso a la ONU ya mencionado— es, ciertamente, el deber de vivir con una actitud de paz, de respeto y de solidaridad con las otras naciones» (ibidem, nº 8).

«En este contexto —continúa el Papa— es necesario aclarar la divergencia esencial entre una forma peligrosa de nacionalismo, que predica el desprecio por las otras naciones y culturas, y el patriotismo, que es, en cambio, el justo amor por el propio país de origen. Un verdadero patriotismo nunca trata de promover el bien de la propia nación en perjuicio de otras» (ibidem, nº 11).

El verdadero amor a la patria no sólo no debe ir en perjuicio de los demás países, sino que además debe ser exigente, crítico y perspicaz con respecto a su propia patria. Un amor ciego sería la idolatría de la patria, lo cual es inadmisible para un cristiano. Es verdad que el cristiano debe amar a su país, pero con un amor que no puede ser indiferente a los valores, que no acepta a su país tal y como es, con sus manchas y arrugas, sino que tiene la voluntad de transformarlo y de elevarlo. La patria que merece el amor del cristiano es la patria ideal, con los valores humanos y cristianos de los que es portadora la mejor tradición nacional: verdad, libertad, justicia, fraternidad, apertura a lo trascendente, grandeza de espíritu.

«Ninguna patria ha logrado nunca mostrarse digna a diario y en todos los aspectos de la imagen ideal de sí misma. Pero una nación que aceptara ver como se ensancha el foso que separa el ideal de la sórdida realidad, caería en una irremediable degradación. No hay cristiano que pueda aceptar un destino semejante para su patria. Las naciones grandes serán las que hayan sido menos infieles a este ideal inaccesible, por haber sabido rechazar la connivencia con el mal». (cf. Henri-Irénée Marrou, Crise de notre temps et réflexion chrétienne, Beauchesne, París 1978, pp. 186-187)

Es lo mismo que constataba para España Miguel de Unamuno a principios de este siglo: «No tendremos vida exterior poderosa y espléndida y gloriosa y fuerte mientras no encendamos en el corazón de nuestro pueblo el fuego de las eternas inquietudes. No se puede ser rico viviendo de mentira» (Vida de Don Quijote y Sancho: Ensayos 2, Aguilar 1966). Para un cristiano, el verdadero amor a la patria consiste en la lucha contra la mentira, la justicia y el egoísmo; contra la opresión en todas sus formas, contra el encerramiento en un horizonte intramundano; y, sobre todo, consiste en una apertura a Dios, que es el único que puede dar un sentido a la historia de las naciones.

LA FE CRISTIANA, CREADORA DE CULTURA PARA EL TERCER MILENIO

Como introducción al Simposio Regional del Consejo Pontificio de la Cultura «La fe cristiana, creadora de cultura para el tercer milenio» —celebrado en Madrid del 22 al 25 de octubre de 1995, en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense— el Emmo. y Rvmo. Sr. Cardenal Paul Poupard pronunció las siguientes palabras:

PAUL Cardenal POUPARD

 

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Hanna Arendt, una de las voces que con más hondura ha clamado contra los totalitarismos del siglo XX. «El totalitarismo -escribió- busca no la dominación despótica de los hombres, sino un sistema en el que los hombres sean superfluos».

 

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‘El mito del Papa de Hitler’, del rabino David G. Dalin. Su subtítulo: Cómo Pío XII salvó a los judíos de los nazis, resume sus 230 sugestivas páginas. El autor demuestra que jamás Pío XII tuvo una alianza con Hitler, y revela que sí hubo un clérigo en alianza con el dictador nazi, el gran Muftí de Jerusalén, Hajj al-Husseini. Son páginas, impactantes por su impresionante documentación, que van desmontando los mitos y falsedades históricas en torno a Pío XII, a la vez que detallan la tradición histórica de los Papas a favor de los judíos desde el año 500. Libro lleno de interés para quien desee conocer la realidad en un momento en el que medios de comunicación en Occidente no dejan de intentar denigrar a Pío XII y a la Iglesia católica, burda campaña que empezó con la propaganda comunista, descalificadora del sólido anticomunismo de aquel gran Pontífice. MMVI.

 

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CARTA ENCÍCLICA - QUADRAGESIMO ANNO

 

DE SU SANTIDAD PÍO PP XI – año 1931

 

 

… Injustas reivindicaciones del trabajo

 

55. Fue debido a esto que se acercaran a los oprimidos trabajadores los llamados "intelectuales", proponiéndoles contra esa supuesta ley un principio moral no menos imaginario que ella, es decir, que, quitando únicamente lo suficiente para amortizar y reconstruir el capital, todo el producto y el rendimiento restante corresponde en derecho a los obreros.

El cual error, mientras más tentador se muestra que el de los socialistas, según los cuales todos los medios de producción deben transferirse al Estado, esto es, como vulgarmente se dice, "socializarse", tanto es más peligroso e idóneo para engañar a los incautos: veneno suave que bebieron ávidamente muchos, a quienes un socialismo desembozado no había podido seducir…

 

Transformación del socialismo

 

111. No menos profundamente que la estructura de la economía ha cambiado, después de León XIII, el propio socialismo, con el cual hubo principalmente de luchas nuestro predecesor.

El que entonces podía considerarse, en efecto, casi único y propugnaba unos principios doctrinales definidos y en un cuerpo compacto, se fraccionó después principalmente en dos bloques de ordinario opuestos y aún en la más enconada enemistad, pero de modo que ninguno de esos dos bloques renunciara al fundamento anticristiano propio del socialismo.

 

Bloque violento o comunismo

112. Uno de esos bloques del socialismo sufrió un cambio parecido al que antes hemos indicado respecto de la economía capitalista, y fue a dar en el "comunismo", que enseña y persigue dos cosas, y no oculta y disimuladamente, sino clara y abiertamente, recurriendo a todos los medios, aun los más violentos: la encarnizada lucha de clases y la total abolición de la propiedad privada.

Para lograr estas dos cosas no hay nada que no intente, nada que lo detenga; y con el poder en sus manos, es increíble y hasta monstruoso lo atroz e inhumano que se muestra. Ahí están pregonándolo las horrendas matanzas y destrucciones con que han devastado inmensas regiones de la Europa oriental y de Asia; y cuán grande y declarado enemigo de la santa Iglesia y de Dios sea, demasiado, ¡oh dolor!, demasiado lo aprueban los hechos y es de todos conocido.

Por ello, aun cuando estimamos superfluo prevenir a los hijos buenos y fieles de la Iglesia acerca del carácter impío e inicuo del comunismo, no podemos menos de ver, sin embargo, con profundo dolor la incuria de aquellos que parecen despreciar estos inminentes peligros y con cierta pasiva desidia permiten que se propaguen por todas partes unos principios que acabarán destrozando por la violencia y la muerte a la sociedad entera; ya tanto más condenable es todavía la negligencia de aquellos que nos e ocupan de eliminar o modificar esas condiciones de cosas, con que se lleva a los pueblos a la exasperación y se prepara el camino a la revolución y ruina de la sociedad.

 

Bloque moderado, que ha conservado el nombre de socialismo

113. Más moderado es, indudablemente, el otro bloque, que ha conservado el nombre de "socialismo".No sólo profesa éste la abstención de toda violencia, sino que, aun no rechazando la lucha de clases ni la extinción de la propiedad privada, en cierto modo la mitiga y la modera.

Diríase que, aterrado de sus principios y de las consecuencias de los mismos a partir del comunismo, el socialismo parece inclinarse y hasta acercarse a las verdades que la tradición cristiana ha mantenido siempre inviolables: no se puede negar, en efecto, que sus postulados se aproximan a veces mucho a aquellos que los reformadores cristianos de la sociedad con justa razón reclaman.

Se aparta algo de la lucha de clases y de la abolición de la propiedad

114. La lucha de clases, efectivamente, siempre que se abstenga de enemistades y de odio mutuo, insensiblemente se convierte en una honesta discusión, fundada en el amor a la justicia, que, si no es aquella dichosa paz social que todos anhelamos, puede y debe ser el principio por donde se llegue a la mutua cooperación "profesional".

La misma guerra contra la propiedad privada, cada vez más suavizada, se restringe hasta el punto de que, por fin, algunas veces ya no se ataca la posesión en sí de los medios de producción, sino cierto imperio social que contra todo derecho se ha tomado y arrogado la propiedad.

Ese imperio realmente no es propio de los dueños, sino del poder público. Por este medio puede llegarse insensiblemente a que estos postulados del socialismo moderado no se distingan ya de los anhelos y postulados de aquellos que, fundados en los principios cristianos, tratan de reformar la humana sociedad.

Con razón, en efecto, se pretende que se reserve a la potestad pública ciertos géneros de bienes que comportan consigo una tal preponderancia, que no pueden dejarse en manos de particulares sin peligro para el Estado.

115. Estos justos postulados y apetencias de esta índole ya nada tienen contrario a la verdad cristiana ni mucho menos son propios del socialismo. Por lo cual, quienes persiguen sólo esto no tienen por qué afiliarse a este sistema.

¿Cabe un camino intermedio?

116. No vaya, sin embargo, a creer cualquiera que las sectas o facciones socialistas que no son comunistas se contenten de hecho o de palabra solamente con esto. Por lo general, no renuncian ni a la lucha de clases ni a la abolición de la propiedad, sino que sólo las suavizan un tanto.

Ahora bien, si los falsos principios pueden de este modo mitigarse y de alguna manera desdibujarse, surge o más bien se plantea indebidamente por algunos la cuestión de si no cabría también en algún aspecto mitigar y amoldar los principios de la verdad cristiana, de modo que se acercaran algo al socialismo y encontraran con él como un camino intermedio.

Hay quienes se ilusionan con la estéril esperanza de que por este medio los socialistas vendrían a nosotros. ¡Vana esperanza! Los que quieran ser apóstoles entre los socialistas es necesario que profesen abierta y sinceramente la verdad cristiana plena e íntegra y no estén en connivencia bajo ningún aspecto con los errores.

Si de verdad quieren ser pregoneros del Evangelio, esfuércense ante todo en mostrar a los socialistas que sus postulados, en la medida en que sean justos, pueden ser defendidos con mucho más vigor en virtud de los principios de la fe y promovidos mucho más eficazmente en virtud de la caridad cristiana.

117. Pero ¿qué decir si, en lo tocante a la lucha de clases y a la propiedad privada, el socialismo se suaviza y se enmienda hasta el punto de que, en cuanto a eso, ya nada haya de reprensible en él? ¿Acaso abdicó ya por eso de su naturaleza, contraria a la religión cristiana?

Es ésta una cuestión que tiene perplejos los ánimos de muchos. Y son muchos los católicos que, sabiendo perfectamente que los principios cristianos jamás pueden abandonarse ni suprimirse, parecen volver los ojos a esta Santa Sede y pedir con insistencia que resolvamos si un tal socialismo se ha limpiado de falsas doctrinas lo suficientemente, de modo que pueda ser admitido y en cierta manera bautizado sin quebranto de ningún principio cristiano.

Para satisfacer con nuestra paternal solicitud a estos deseos, declaramos los siguiente: considérese como doctrina, como hecho histórico o como "acción" social, el socialismo, si sigue siendo verdadero socialismo, aun después de haber cedido a la verdad y a la justicia en los puntos indicados, es incompatible con los dogmas de la Iglesia católica, puesto que concibe la sociedad de una manera sumamente opuesta a la verdad cristiana.

Concibe la sociedad y la naturaleza humana de un modo contrario a la verdad cristiana

118. El hombre, en efecto, dotado de naturaleza social según la doctrina cristiana, es colocado en la tierra para que, viviendo en sociedad y bajo una autoridad ordenada por Dios, cultive y desarrolle plenamente todas sus facultades para alabanza y gloria del Creador y, desempeñando fielmente los deberes de su profesión o de cualquiera vocación que sea la suya, logre para sí juntamente la felicidad temporal y la eterna.

El socialismo, en cambio, ignorante y despreocupado en absoluto de este sublime fin tanto del hombre como de la sociedad, pretende que la sociedad humana ha sido instituida exclusivamente para el bien terreno.

119. Del hecho de que la ordenada división del trabajo es mucho más eficaz en orden a la producción de los bienes que el esfuerzo aislado de los particulares, deducen, en efecto, los socialistas que la actividad económica, en la cual consideran nada más que los objetos materiales, tiene que proceder socialmente por necesidad.

En lo que atañe a la producción de los bienes, estiman ellos que los hombres están obligados a entregarse y someterse por entero a esta necesidad. Más aún, tan grande es la importancia que para ellos tiene poseer la abundancia mayor posible de bienes para servir a las satisfacciones de esta vida, que, ante las exigencias de la más eficaz producción de bienes, han de preterirse y aún inmolarse los más elevados bienes del hombre, sin excluir ni siquiera la libertad.

Sostienen que este perjuicio de la dignidad humana, necesario en el proceso de producción "socializado", se compensará fácilmente por la abundancia de bienes socialmente producidos, los cuales se derramarán profusamente entre los individuos, para que cada cual pueda hacer uso libremente y a su beneplácito de ellos para atender a las necesidades y al bienestar de la vida.

Pero la sociedad que se imagina el socialismo ni puede existir ni puede concebirse sin el empleo de una enorme violencia, de un lado, y por el otro supone una no menos falsa libertad, al no existir en ella una verdadera autoridad social, ya que ésta no puede fundarse en bienes temporales y materiales, sino que proviene exclusivamente de Dios, Creador y fin último de todas las cosas.

Socialista y católico son términos contradictorios

120. Aun cuando el socialismo, como todos los errores, tiene en sí algo de verdadero (cosa que jamás han negado los Sumos Pontífices), se funda sobre una doctrina de la sociedad humana propia suya, opuesta al verdadero cristianismo. Socialismo religioso, socialismo cristiano, implican términos contradictorios: nadie puede ser a la vez buen católico y verdadero socialista.

Socialismo educador

121. Cuanto hemos recordado y confirmado con nuestra solemne autoridad debe aplicarse de igual modo a una nueva forma de socialismo, poco conocido hasta ahora, pero que se está extendiendo entre diferentes núcleos socialistas. Se dedica ante todo a la educación de los espíritus y de las costumbres; se atrae especialmente a los niños, bajo capa de amistad, y los arrastra consigo, pero hace también a toda clase de personas, para formar hombres socialistas, que amolden a sus principios de la sociedad humana.

122. Habiendo tratado ampliamente en nuestra encíclica Divini illius Magistri sobre qué principios descansa y qué fines persigue la pedagogía cristiana, es tan claro y evidente cuán opuesto a ello es lo que hace y pretende este socialismo invasor de las costumbres y de la educación que no hace falta declararlo.

Parecen, no obstante, o ignorar o no conceder importancia a los gravísimos peligros que tal socialismo trae consigo quienes no se toman ningún interés por combatirlo con energía y decisión, dada la gravedad de las cosas. Corresponde a nuestra pastoral solicitud advertir a éstos sobre la inminencia de un mal tan grave; tengan presente todos que el padre de este socialismo educador es el liberalismo, y su heredero, el bolchevismo.

Desertores católicos al socialismo

123. Siendo las cosas así, venerables hermanos, bien podéis entender con qué dolor veremos que, sobre todo en algunas regiones, no pocos de nuestros hijos, los cuales no podemos persuadirnos de que hayan abandonado la verdadera fe ni su recta voluntad, han desertado del campo de la Iglesia y volado a las filas del socialismo: unos, para gloriarse abiertamente del nombre de socialistas y profesar los principios del socialismo; otros, indolentes o incluso contra su voluntad, para adherirse a asociaciones que ideológicamente o de hecho son socialistas.

124. Nos, angustiados por nuestra paternal solicitud, examinamos y tratamos de averiguar qué ha podido ocurrir para llevarlos a tal aberración, y nos parece oír que muchos de ellos responden y se excusan con que la Iglesia y los que se proclaman adictos a ella favorecen a los ricos, desprecian a los trabajadores y que para nada se cuidan de ellos, y que ha sido la necesidad de velar por sí mismos lo que los ha llevado a encuadrarse y alistarse en las filas del socialismo.

125. Es verdaderamente lamentable, venerables hermanos, que haya habido y siga habiendo todavía quienes, confesándose católicos, apenas si se acuerdan de esa sublime ley de justicia y de caridad, en virtud de la cual estamos obligados no sólo a dar a cada uno lo que es suyo, sino también a socorrer a nuestros hermanos necesitados como si fuera al propio Cristo Nuestro Señor, y, lo que es aún más grave, no temen oprimir a los trabajadores por espíritu de lucro.

No faltan incluso quienes abusan de la religión misma y tratan de encubrir con el nombre de ella sus injustas exacciones, para defenderse de las justas reclamaciones de los obreros. Conducta que no dejaremos jamás de reprochar enérgicamente.

Ellos son la causa, en efecto, de que la Iglesia, aunque inmerecidamente, haya podido parecer y ser acusada de favorecer a los ricos, sin conmoverse, en cambio, lo más mínimo ante las necesidades y las angustias de aquellos que se veían como privados de su natural heredad.

La historia entera de la Iglesia demuestra claramente que tal apariencia y tal acusación es inmerecida e injusta, y la misma encíclica cuyo aniversario celebramos es un testimonio elocuentísimo de la suma injusticia con que esas calumnias y ofensas se dirigen contra la Iglesia y su doctrina.

 

128. Y ciertamente, venerables hermanos y amados hijos, hemos examinado la economía actual y la hemos encontrado plagada de vicios gravísimos. Otra vez hemos llamado a juicio también al comunismo y al socialismo, y hemos visto que todas sus formas, aun las más moderadas, andan muy lejos de los preceptos evangélicos…..

 

Dada en Roma, junto a San Pedro, a 15 de mayo de 1931, año décimo de nuestro pontificado. - PÍO PP. XI

 

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El Sr. Zapatero induce a error - 2004

 

 

El pasado día 4´2004´, Rodríguez Zapatero, secretario general del PSOE en la apertura de las sesiones de la Internacional Socialista de Mujeres, volvió a manipular las enseñanzas de los Obispos españoles, quienes el pasado 23 de noviembre hicieron público un extenso Directorio de la Pastoral Familiar de la Iglesia en España. De sus numerosas páginas, el Sr. Zapatero extrae una expresión, «revolución sexual», y la une con las palabras «causa» y «violencia de género», también presentes en el Directorio y con ello atribuye a los obispos una sentencia de este estilo: «la "revolución sexual" es la causa de la violencia de género», lo cual lleva a Zapatero a la siguiente exhortación: «Su doctrina, señores Obispos, es inasumible. La causa de la muerte violenta cada año de cien mujeres en nuestro país, no es la revolución sexual; es el machismo criminal». Acto seguido «arremete contra la Iglesia» (en términos del periódico "La Razón") y pide «que no inculque el "machismo y la sumisión" a los niños». Por eso exigirá que no haya clase de religión obligatoria (cosa superflua, porque no la hay).


¿Le parece, señor Zapatero, que hagamos un pequeño repaso y usted nos contesta «sí» o «no»? Repasemos, si le parece bien, los párrafos del documento episcopal que ha desatado su indignación y reforzado su enemistad con las clases de religión en la escuela. Comprendemos que usted se sienta en campaña electoral, pero no compartimos la tesis maquiavelotiernogalvanista de que en esa circunstancia sea lícito mentir.
Vayamos al número 11 del Directorio:


La “revolución sexual” ha separado la sexualidad
del matrimonio, de la procreación y del amor


11. Así hemos de interpretar la llamada “revolución sexual” que tuvo su estallido en los años 60 del siglo XX y que, aunque fracasada en sus mensajes y sus propuestas, ha alcanzado su éxito en la ruptura que ha producido con los significados intrínsecos sobre la sexualidad humana, conforme a la tradición cristiana. [¿sí o no?] Ha generado en consecuencia una mentalidad difusa que conforma en gran medida el modo como se vive actualmente la relación hombre-mujer. Ha sido el resultado de una lenta evolución de determinadas corrientes de pensamiento que han nacido de un rechazo de una moral no siempre presentada adecuadamente, pero que, privadas de una visión íntegra de la persona humana, han conducido a un progresivo empobrecimiento de la concepción de la dimensión sexual humana.[Esta sería una cuestión para nota]

Se puede describir brevemente el recorrido que ha realizado: primero, la sexualidad se separa del matrimonio, por una absolutización del amor romántico que huye de todo compromiso. [¿sí o no?] Posteriormente, en una cultura hedonista se desvincula de la procreación. [¿sí o no?] Con esta ruptura de los significados de la sexualidad, ésta queda afectada por un proceso de banalización hedonista [¿sí o no?]. El último paso ha sido separarla del mismo amor y convertirla en un elemento de consumo [¿sí o no?] [16]. A este fin conducía sin remedio la denominada “ideología del género” [¿sí o no?] [17] que considera la sexualidad un elemento absolutamente maleable cuyo significado es fundamentalmente de convención social. [¿sí o no?] El significado del sexo dependería entonces de la elección autónoma de cada uno sobre cómo configurar su propia sexualidad. [¿sí o no?] ]

Sus frutos amargos:
violencia doméstica, abusos sexuales, hijos sin hogar

12. El tiempo ha mostrado lo infundado de los presupuestos de esta revolución y lo limitado de sus predicciones, pero, sobre todo, nos ha dejado un testimonio indudable de lo pernicioso de sus efectos. Es cierto que la sociedad, cada vez más farisaica en este punto, ha querido ocultar la multitud de dramas personales que se han producido por la extensión de las ideas anteriores. A pesar de ello, es manifiesto que nos hallamos ante una multitud de hombres y mujeres fracasados en lo fundamental de sus vidas que han experimentado la ruptura del matrimonio como un proceso muy traumático que deja profundas heridas. [¿sí o no?] Del mismo modo nos hallamos ante un alarmante aumento de la violencia doméstica; ante abusos y violencias sexuales de todo tipo, incluso de menores en la misma familia [[¿sí o no?] ]; ante una muchedumbre de hijos que han crecido en medio de desavenencias familiares, con grandes carencias afectivas y sin un hogar verdadero [¿sí o no?]. La Iglesia es consciente de esta desastrosa situación y, por ello, tiene la obligación de denunciarla y acudir en ayuda de todos los que la padecen [¿sí o no?] [18].
Presión de los grupos homosexuales
y sus pretendidos derechos

13. Silenciar esta realidad del sufrimiento de tantas personas por el recurso de la proclamación de la abundancia de unos medios materiales que nos ofrece la sociedad de consumo es una ignorancia culpable que daña gravemente la dignidad del hombre. [¿sí o no?] Esto se evidencia de modo flagrante cuando los medios de comunicación y la comunidad política, en vez de escuchar los lamentos de este inmenso drama humano, hacen de altavoz a determinados grupos de presión, como por ejemplo los “lobbies” homosexuales, que reclaman a modo de privilegio unos pretendidos “derechos” de unos pocos, erosionando elementos muy significativos de construcción de la sociedad que afectan a todos [¿sí o no?]. Los mismos poderes públicos se han visto infeccionados por estas pretensiones; y se han dado iniciativas que han querido equiparar al matrimonio legítimo o a la familia natural, realidades que no lo son, con la evidente injusticia que esto supone y que los obispos hemos denunciado repetidamente [¿sí o no?] [19].

Así se puede ver hasta qué punto afectan a las personas las concepciones sobre los elementos fundamentales del hombre que una determinada cultura superficial pretende ocultar. No se puede ser “neutral” en este campo porque está en juego la vida y el destino de tantas personas, así como el derecho que tienen las jóvenes generaciones a conocer la verdad del amor y de la sexualidad humana. [¿sí o no?]

¿Este texto inculca el machismo a nuestros niños [¿sí o no?] , señor Zapatero
¿Justifica esta doctrina la sumisión de la mujer [¿sí o no?] , señor Zapatero.

No sé porque se me viene al recuerdo unas palabras de la Escritura: se puede uno burlar de mucha gente, pero «de Dios nadie se burla». Lo cual vale también por los demás políticos y periodistas, de izquierdas o derechas, que han tergiversado, unas veces más (como LLamazares, por ejemplo), otras menos que Zapatero, el documento episcopal.

Por cierto que algunos medios han sugerido que los obispos «han matizado» posteriormente a las críticas, lo dicho en el Directorio: no es verdad, si por «matizar» se entiende «modificar»; sencillamente, han enseñado a leer a los que no saben (gran obra de misericordia) o no quieren aprender a leer lo escrito y bien escrito. Esto no es «matizar», esto es decir lo que se dijo tal como se dijo y que dijeron mal algunos como el señor Zapatero y demás laicistas militantes. Pero no ha faltado alguien que haya dicho algo sensato, la ministra de Educación: «que se debe leer el documento con serenidad».
Agradecemos al autor -
Jorge Balvey - Arvo Net, 5.II.2004

 


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...Católico y socialista...?

 

¿Es posible ser católico y socialista? Piense antes de decidir y sea coherente-

En su intervención del pasado viernes ante los periodistas, la vicepresidenta del Gobierno dijo, entre otras cosas, dos sobre las que merece la pena reflexionar con calma. Una de ellas fue que a los funcionarios públicos les estaba prohibida la objeción de conciencia para negarse a aplicar la ley en casos como el del matrimonio de parejas gay. Y si no cabe la objeción de conciencia, como después se ha sabido, a esas personas –jueces o concejales– les espera la pérdida del puesto de trabajo, multas o incluso un juicio por prevaricación. La vicepresidenta nos hizo el favor a todos de poner las cartas sobre la mesa, dejando bien clara su postura, y eso es siempre de agradecer.
   La otra cosa que dijo, también muy valiosa, es que el Gobierno, con esta ley, lo único que ha hecho es aplicar su programa electoral. Por lo tanto, la responsabilidad no es tanto de ellos como de los votantes. Así las cosas, hay que ir directamente a los responsables de los hechos: los que votan a unos partidos que no sólo aprueban leyes inicuas –desde el punto de vista cristiano y desde la ley natural–, sino que muestran su intolerancia y sus rasgos dictatoriales impidiendo ejercer el derecho a la objeción de conciencia a los que se sienten incapaces de aplicar esas leyes.
   Comprendo que habrá votantes de esos partidos que no tendrán ninguna dificultad en seguir dándoles su apoyo. Al contrario, se sentirán reforzados en sus convicciones y contentos con el comportamiento de un Gobierno que ellos contribuyeron, con su voto, a nombrar. Pero ¿y los católicos? O, al menos, ¿qué piensan los católicos practicantes? ¿Qué piensan, no sólo del hecho de que se aprueben esas leyes inicuas sino del gesto dictatorial de castigar a los que reclaman la objeción de conciencia? No entiendo cómo se puede ir a misa y comulgar –estar en comunión– con Cristo y con el Papa y, a la vez, convertirse en uno de los apoyos de la dictadura del relativismo recientemente denunciada por Benedicto XVI. Apelo a su conciencia, porque en sus manos está conseguir que el Gobierno modifique en parte sus posturas. Si los votantes católicos socialistas fueran primero católicos y luego socialistas, estoy seguro de que el Gobierno no actuaría así. No pido que dejen de ser socialistas, sino que sean primero católicos. La solución del problema pasa por ellos. 2005.04.27
Santiago Martín – es presbítero – España

“Conocereisdeverdad.org” no se identifica necesariamente con todas las opiniones y matices vertidos por los autores en los artículos aquí publicados, sin embargo, estima que son dignos de consideración en su conjunto.

 

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PSOE: 125 años de historia

 

 

César Vidal es historiador
Hace 125 años, el PSOE nació como un partido marxista que propugnaba la lucha de clases y la implantación de la dictadura del proletariado. Sin embargo, a diferencia de sus homólogos inglés, francés o alemán, fue durante décadas una formación insignificante. De hecho, aunque el PSOE de Pablo Iglesias se autoproclamó representante de los trabajadores españoles, éstos no le evitaron una verdadera cascada de derrotas electorales. No era de extrañar ya que el espacio de izquierdas lo ocupaban los republicanos y el de la lucha obrera, los anarquistas. Por si fuera poco, en aquellos primeros años, el único intelectual digno de ese nombre que pasó por el PSOE fue Miguel de Unamuno, que los abandonó calificando a los socialistas españoles de «fanáticos necios de Marx, ignorantes, ordenancistas, intolerables, llenos de prejuicios...». En 1909, Iglesias llegó a un acuerdo con los republicanos para crear una conjunción electoral. Con todo, el 12 de julio de 1910 afirmó que lo único que le movía a esa alianza era «derribar el régimen». Durante los siguientes años, ya convertido en el primer y único diputado socialista, no perdería ocasión de intentarlo. Por ejemplo, el 7 de julio de 1910, amenazó con que el PSOE recurriría al «atentado personal» si Maura llegaba al poder pero también hizo todo lo que estuvo en sus manos para impedir que el liberal Canalejas pudiera llevar a cabo reformas que tenían como finalidad mejorar la suerte de los trabajadores. Desde las Cortes, Iglesias clamó que su partido buscaba «la supresión de la Magistratura, la supresión de la Iglesia, la supresión del Ejército y la supresión de otras instituciones» ya que los socialistas estarían «en la legalidad mientras la legalidad les permita adquirir lo que necesitan; fuera de la legalidad... cuando ella no les permita realizar sus aspiraciones». Durante los años siguientes, Iglesias y el PSOE siguieron punto por punto sus planes para acabar con el sistema parlamentario e implantar la dictadura del proletariado. Con el respaldo de algunos medios de comunicación y el apoyo de personajes tan dudosos como Ducazcal, el creador de la famosa «banda de la porra», el PSOE prosiguió su actividad anti-sistema. Haciendo gala de un acentuado oportunismo, en 1917, intentó, junto a los nacionalistas catalanes, acabar con el sistema parlamentario; y en 1922 decidió colaborar con la dictadura de Primo de Rivera. No pensaba integrarse en el sistema como habían hecho sus homólogos alemanes y como esperaba Primo de Rivera sino porque deseaba privar de peso entre los obreros a la CNT y porque soñaba con la caída de la monarquía parlamentaria. Durante aquellos años, el PSOE medró a la sombra de la dictadura. Dirigentes socialistas como Largo Caballero, Cordero, Lucio Martínez o Wenceslao Carrillo ¬padre del futuro secretario general del PCE¬ obtuvieron puestos en la Junta de subsistencias, el consejo de administración de información telegráfica o el consejo interventor de cuentas. En octubre de 1924, Largo Caballero incluso fue nombrado miembro del consejo de estado del dictador. En diciembre de 1925, falleció Pablo Iglesias pero sus sucesores mantuvieron el guión. En 1930, se sumaron a un intento de golpe de Estado para derribar la monarquía parlamentaria y en abril de 1931 lograron que se proclamara la república tras unas elecciones en que de las votaciones habían salido 5.775 concejales republicanos y 22.150 monárquicos. Nunca en la Historia de España se había falseado tan escandalosamente un proceso electoral pero el PSOE, una vez más, se consideraba hiperlegitimado para hacerlo. Durante el bienio de 1931 a 1933 en que compartió el poder con otras fuerzas de izquierda, el PSOE buscó aislar a los anarquistas y empujar a la nación hacia un proceso que algunos socialistas sensatos calificaron de bolchevización. En 1933, las derechas ganaron las elecciones y de manera inmediata el PSOE comenzó a fraguar un golpe de Estado que le permitiera recuperar el poder perdido en las urnas. En octubre de 1934, el PSOE y la Ezquerra catalana se alzaban en armas contra el Gobierno legítimo de la nación. El golpe fracasó en toda España salvo en Asturias, donde se llevó a cabo una revolución socialista con su secuela de excesos, quemas de iglesias y asesinatos. Aquel golpe fallido de 1934, a decir de Salvador de Madariaga, deslegitimó a las izquierdas para atacar el de julio de 1936. Pero en aquellos momentos, nadie pensaba en una sublevación de las derechas. En 1935, el PSOE fue parte decisiva en la creación del Frente Popular y su dirigente máximo en el curso de una violenta campaña electoral dejó de manifiesto que su meta era instaurar la dictadura del proletariado y que «la conquista del poder no puede hacerse por la democracia burguesa». En febrero de 1936, el Frente Popular se hizo con la mayoría en las cortes mediante un fraude electoral que sería denunciado por el presidente de la república Niceto Alcalá Zamora. Desde entonces hasta el estallido de la Guerra Civil, España viviría una evolución que las cancillerías extranjeras, empezando por la británica, asemejarían a la de la revolución rusa de 1917 y que incluyó el asesinato de Calvo Sotelo, el jefe de la oposición de derechas, por miembros del PSOE. Cuando en julio de 1938 estalló la guerra, el PSOE se lanzó, como otras fuerzas frentepopulistas, a una política de represión que iría de la creación de checas y de la práctica de fusilamientos a la incautación de los pisos de Madrid no para entregárselos a los inquilinos sino para cobrarles los alquileres. En el curso de los años siguientes, sería un socialista, el doctor Negrín, el mismo que había enviado las reservas de oro del Banco de España a la URSS, el que pactaría con Stalin la transformación final de España en una dictadura de izquierdas. La derrota frustró esos planes y también llevó al PSOE al borde de su aniquilación. Ni siquiera la firme alianza con la masonería evitó a sus dirigentes en el exilio languidecer y perder el control del partido en manos de un grupo encabezado por Felipe González. Con todo, hasta finales de los setenta, el PSOE no perdió su radicalismo. Rechazó el referéndum de la ley de reforma política e incluso defendió la república durante el debate constitucional. Pero González era consciente de que su llegada al poder pasaba por asemejarse lo más posible al SPD alemán y, primero, renunció al marxismo y, luego, decidió permanecer en la OTAN. Fueron sus mayores logros porque durante la casi década y media que estuvo en La Moncloa, España alcanzó cotas de desempleo y de corrupción realmente históricas mientras la sombra del crimen de estado se cernía sobre él. Ni siquiera la derrota electoral a mediados de los años noventa y todavía menos los éxitos del PP en su gestión económica e internacional llevaron al PSOE a reflexionar sobre las consecuencias de su dogmático sentimiento de hiperlegitimidad. Hoy, el PSOE tiene con todos los españoles la obligación moral de no reescribir su historia en términos rosados y falsos, sino de reflexionar sobre ella, de recordar que por dos ocasiones aniquiló irresponsablemente sendos sistemas parlamentarios y de comprometerse humildemente a no reandar caminos pasados.

2004-05-06 - L.R. ESPAÑA

 

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¿Es el PSOE un partido democrático?

 

Por Pío Moa

Uno de los errores más comunes de la historiografía hegemónica hasta hace poco, era la consideración del PSOE como partido democrático en los años 30. Un error de este calibre nada tiene que ver con los fallos parciales que siempre se cuelan incluso en las investigaciones más cuidadosas: es uno de esos errores que desenfocan por completo la visión del pasado y que estragan desde el comienzo incontables estudios

 

 

El marxismo había orientado siempre la política del PSOE, haciendo de él un poderoso ariete contra el régimen liberal de la Restauración y protagonista clave de la violenta huelga revolucionaria de 1917. En todo el período previo a la república, el partido sólo tuvo un comportamiento moderado y socialdemócrata durante la dictadura de Primo de Rivera, y ello forzado por las circunstancias y por la oportunidad de desbancar a la CNT, su rival anarquista. Y hoy sabemos sin asomo de duda, por sus documentos tanto públicos como privados, que a partir de 1933 el PSOE planificó y llevó adelante la guerra civil con ánimo de imponer su propia dictadura marxista, bautizada "del proletariado". La voz contraria a ese proyecto, la de Besteiro, fue acallada por la alianza de Largo Caballero y Prieto.

 

Después de perder la guerra que había provocado, el Partido Socialista continuó en el exilio con la misma ideología, bien es verdad que ya inoperante por la fuerza de los hechos. Ello y el anticomunismo inducido por la guerra fría, pudieron democratizar al partido, pero no fue así. El PSOE cobró un tono más bien jacobino, debido a la confusa ideología de Prieto ("socialista a fuer de liberal", se proclamaba sin saber, evidentemente, lo que decía) y a la influencia masónica (Llopis, etc.), pero la doctrina oficial continuó siendo la marxista.

 

Y por otra parte Prieto, que ha disfrutado de la máxima comprensión y simpatía incluso entre los falangistas, nunca fue un demócrata. Su trayectoria difícilmente habría podido causar más daño a las libertades en España. Participante en el golpe de 1917, fue uno de los principales enemigos del liberalismo de la Restauración, contra el que empleó la más irresponsable demagogia. Promotor también del golpe militar con que los republicanos intentaron imponerse en 1930, sólo en el primer bienio republicano manifestó una relativa moderación. Se identificó con Azaña, y precisamente en lo que de menos demócrata tenía éste: en la pretensión de impedir a toda costa un gobierno de derecha, y de hacer de la república un régimen forzosamente izquierdista. Luego se alió con Largo, como dije, para laminar a Besteiro y emprender la guerra civil.

 

 

 

Fracasada la intentona guerracivilista de 1934, Prieto rompió a su vez con Largo Caballero y volvió con Azaña, pero su historial no mejora gran cosa. Intrigó exitosamente con Azaña y con un delincuente holandés (Strauss) para destruir al partido centrista de Lerroux, radicalizando así el ambiente político en España. Y, sobre todo, incidió con todas sus fuerzas en la campaña de falsedades sobre la represión derechista de Asturias en octubre de 1934. La trascendencia histórica de esta intensísima campaña fue decisiva: dio la victoria al Frente Popular en 1936 y creó el ambiente popular de rencor y odio que estallaría furiosamente en julio de ese año.

 

Vuelta al poder la izquierda revolucionaria, en febrero, Prieto dirigió la maniobra ilegítima para destituir a Alcalá-Zamora como presidente de la república, y organizó la gangsteril campaña electoral en la provincia de Cuenca, entre otras hazañas. Y los indicios que apuntan a él como inductor de los asesinatos de Calvo Sotelo y el frustrado de Gil-Robles no son ciertamente baladíes. Durante la guerra fue uno de los responsables del enfeudamiento con Stalin, se alió con los comunistas para defenestrar a Largo, y luego, probablemente, intentó seducir a los ingleses ofreciéndoles trozos del territorio español (lo que puede considerarse alta traición), para que les librasen a su vez de los comunistas. Su carrera es la de un intrigante compulsivo, inescrupuloso y totalmente irresponsable. Sólo manifestaba una muy relativa moderación y capacidad constructiva cuando disfrutaba del poder.

 

Al terminar el franquismo el nuevo PSOE no reivindicó abiertamente a Largo y su dictadura proletaria, entre otras cosas porque sólo pudo reorganizarse con permiso de la dictadura, y porque sus mentores extranjeros esperaban de él que cortara el paso al PCE, la fuerza hegemónica de la oposición antifranquista. Pero, significativamente, los nuevos socialistas no hicieron el menor examen de la historia del partido, y el espíritu de Besteiro quedó una vez más relegado, ganando la partida el de Prieto, es decir, el de la intriga y la demagogia. El PSOE resurgía con una mezcolanza adolescente de marxismos y populismos, cocida en el brillante caletre de Alfonso Guerra, si hemos de hacer caso a sus memorias, y el partido jugó durante una temporada a superar en izquierdismo a los comunistas y en nacionalismo a los nacionalistas vascos y catalanes. Esta conducta poco prometedora pareció enmendarse cuando, debido quizá a la presión de sus protectores alemanes, los jefes del partido abandonaron el marxismo, fuente principal de su larga historia antidemocrática y desestabilizadora.

 

Dicho abandono supuso en principio, un enorme paso en la consolidación del nuevo sistema democrático. Pero, significativamente, ese paso se dio en el estilo de Prieto, ajeno por completo a la honestidad intelectual (y personal) de Besteiro; es decir, no hubo debate ideológico ni examen en profundidad del pasado y de la significación del marxismo en la historia del propio partido, historia perfectamente desconocida para la gran mayoría de los militantes. El cambio se produjo a través de algunas frases más o menos ocurrentes, maniobras burocráticas y actos de picaresca, como encerrar a Tierno Galván en un ascensor para impedirle el uso de la palabra.

 

 

 

De ahí que la democratización del PSOE se haya producido muy a medias, permaneciendo en él con fuerza los resabios totalitarios unidos al "estilo Prieto". La experiencia socialista en el poder, aun sin ser toda ella negativa, no robusteció a la democracia, sino al contrario. Baste recordar su decisión de "matar a Montesquieu", como vino a decir expresivamente Alfonso Guerra, es decir, de suprimir la independencia del poder judicial; o sus ataques a la prensa "desafecta", hundiendo diversos periódicos y Antena 3 de radio; o su concepción de la lucha antiterrorista como mezcla de claudicación y de crimen de estado; más la utilización de los medios y fondos públicos para crear amplias redes de electorado cautivo, o la tremenda corrupción de la época.

 

Y tampoco ha analizado el partido la experiencia de esos sus largos años de gobierno. De ellos no parece haber quedado a sus jefes otra cosa que una muy prietista "sed infinita" de recuperar a cualquier coste las prebendas del poder, con la única innovación de la vacua sonrisa fijada en el rostro de Rodríguez.

 

Muchos se llevan las manos a la cabeza ante la irresponsabilidad y demagogia del PSOE actual, su complicidad con el terrorismo islámico y con los separatismos negociantes con la ETA, su manipulación de la opinión pública y su incapacidad para aprender de la experiencia. Estos hechos no se entienden sin constatar el carácter abiertamente antidemocrático de dicho partido a lo largo de casi toda su historia, y su insuficiente enmienda durante la transición posfranquista. Dentro de él ha habido una pugna que podemos simbolizar en Besteiro y en Prieto. Pero siempre ha perdido el primero de manera absoluta. ¿Hay esperanzas de que ahora gane Besteiro? Tras el desbancamiento de Redondo Terreros no se aprecian siquiera síntomas de lucha. La tradición de Prieto ha triunfado, al parecer absolutamente, y eso augura lo peor: la "segunda transición", un nuevo salto al vacío.

L.D. 2004-10-31- ESP.

 

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“Inglaterra fue la cuna del socialismo utópico. Existen dos causas importantes que dan al socialismo utópico inglés su carácter peculiar: la revolución industrial, con su cortejo de miserias para el naciente Proletariado, y el desarrollo de una nueva rama de la ciencia: la economía política. Recordemos entre los socialistas utópicos a Robert Owen (1771-1858), quien fue el primero en considerar al proletariado como clase independiente con intereses comunes”.


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El reformismo frente al laicismo hostil del PSOE

[socialismo español]

 

 

José Manuel González Páramo


Los 30 puntos de acopio ideológico PP versus PSOE se pueden formular en telegramas cortos:
   1.- El hombre, la persona, por su dignidad, para su plenitud, es el centro de cuanto existe. De él nacen derechos y deberes, libertad y responsabilidad. La persona para el socialismo es el agente de la lucha social que busca el paraíso en la tierra como sea.
   2.- El ser humano y la sociedad en la cual se integra tienen intereses personales y colectivos, espirituales y materiales que configuran la calidad de la vida. El socialismo está interesado en lo material y lo político y niega los sentimientos personales y espirituales, sean burgueses o no.
   3.- Los intereses biológicos, materiales y espirituales pueden conciliarse hacia la excelencia o contraponerse, cuando no se atienen a las normas de autorrealización. La visión socialista de los intereses se concentra en conseguir el poder, no protege el esfuerzo, la excelencia y la plenitud más que cuando se orienta a un maravilloso edén aquí abajo.
   4.- El «otro», por activa y por pasiva, es conformante de la personalización-socialización y la plenitud. El grupo de iguales deben de ser de un ámbito de igualdad de oportunidades, no de resultados. En el socialismo, el «otro» debe ser socializado, igualitario, laico, con frecuencia hostil al espíritu y a la religión.
   5.- La propiedad privada es estímulo y garantía de la libertad, la responsabilidad, la seguridad, la realización personal. Tiene una función social que admite la expropiación y la fiscalidad, la requisa y otras limitaciones.
   6.- La familia constituye el ámbito normal de acogimiento, de amor, de transmisión de valores. Las formas no equivalentes de emparejamiento no pueden ser idénticas en derecho. La petición de ayuda a la familia es incompatible con el ataque indirecto a su duración. Necesita seguridad personal y familiar, vivienda grata en un ambiente sano, servicios próximos al hogar, una política demográfica, apoyo a las clases marginadas y medias... El socialismo deteriora la familia al igualar la pareja de lesbianas y gays al matrimonio.
   7.- La educación, la cultura y el deporte. Ha de fomentarse el conocimiento, los valores, la madurez, las profesiones y multiplicar los acicates hacia la excelencia. Debe mejorar la igualdad, el humanismo y las religiones.
   8.- La libertad y la responsabilidad son valores inseparables. El socialismo omite la insuprimible vinculación de derechos y deberes.
   9.- El trabajo es dignidad e integración social. En el trabajo el hombre recibe el trato justo o injusto de la sociedad. Es menester un salario justo, creación de empleo, Seguridad Social para todos... El socialismo coincide en este punto aunque no siempre aplique las técnicas que hacen posible el éxito.
   10.- Para el progreso son falsos dilemas de la Ilustración elegir entre lo objetivo-subjetivo, razón-vida, ethos-logos, interior-exterior. Para el socialismo es una apropiación monopolista de las izquierdas. Su eslogan.
   11.- Religión y tolerancia implican la creencia en el espíritu, la responsabilidad y la libertad. La libertad religiosa implica respeto, ausencia de hostilidad y tolerancia. La secularización al cien por cien es un fundamentalismo laico, máxime en países mayoritarios de una confesión. La secularidad es de talibanes. Los socialistas son laicos hasta en las tomas de posesión donde prometen y no juran.
   12.- La solidaridad con los pobres en recursos, en moral, en cultura. Es necesario reducir la marginalidad y la explotación humana. El socialismo insiste más en el cambio de estructuras que de mentalidad.
   13.- La subsidiariedad. El hombre debe resolver sus problemas, asociarse cuando él solo no pueda. El Gobierno y el Estado deben intervenir sin solicitud en los asuntos que afecten al interés general.
   14.- La justicia social es la justicia de la persona y de sus grupos para que todos consigan el conjunto de condiciones en que la propia plenitud puede alcanzarse. No es tan clara en el socialismo.
   15.- La justicia debe ser objetiva, vinculada al derecho natural. El socialismo no acepta en la práctica el derecho natural; utiliza la moral de situación, el positivismo y lo rentable electoralmente.
   16.- El derecho y la ley. La ley ha de ser confeccionada por la representación auténtica y no manipulada de los ciudadanos. El reformismo exige la adecuación y perfeccionamiento continuo del derecho y la ley. La democracia exige una opinión pública auténtica, no manipulada ni fraudulenta.
   17.- El Estado, en el reformismo, debe someterse a la propia ley y a los acuerdos con otros estados. Debe revisarse la llamada «razón de Estado». El socialismo da la impresión de estar de acuerdo, pero juega con el engaño y no respeta siempre el proceso.
   18.- El interés general: la salud, el territorio e infraestructuras, la comunicación... erigen y conquistan «la calidad de vida».
   19.- Deberes y derechos de los hombres y los grupos son exigibles. Para el socialismo derechos y deberes no están compenetrados ni son correlativos, complementarios o exigibles por razones electorales.
   20.- La sociedad no es el Estado (socialización). La sociedad la forman los hombres cuando se reúnen para sus fines y deberes privados. El Estado lo constituyen los mismos hombres y ciudadanos cuando se unen para resolver los intereses políticos. La idea popular y reformista es «Toda la sociedad posible, todo el Estado necesario». El socialismo tiene más inclinación al primer concepto, manipula el segundo.
   21.- El Estado para la libertad y la responsabilidad en orden a la personalización, la autorrealización, antropológicamente correcta, psicológicamente satisfactoria, socialmente deseable y biológicamente sana, constituyen los pilares materiales de la personalización sin olvido de los intereses espirituales y de la socialización. El socialismo se divide entre los que están de acuerdo o no con este concepto.
   22.- Las otras naciones y el bien común. La solidaridad y la ayuda internacional en catástrofes, ayudas para el desarrollo y apertura de fronteras. Todos los partidos aceptan prácticamente esto pero no se exceden por el bien común internacional.
   23.- Autoridad en interés de todos, para el orden público, para la convivencia y todas las actividades ciudadanas. El socialismo acepta esto pero ofrece transgresiones.
   24.- El pluralismo es un test de las libertades y responsabilidades. Si es excesivo puede ser un mal, si es muy escaso no resulta positivo. El socialismo suele aceptar este punto.
   25.- La economía social de mercado y la libre empresa son parte importante del reformismo. La economía social exige medidas nacionales y multinacionales contra el monopolio, el «holding», el derroche y la explotación humana. Y, sobre todo, la creación de controles mundiales, respaldados por un poder mundial. Los socialistas están en contra de la mundialización.
   26.- La opinión pública auténtica es necesaria para una convivencia en la cual puedan todos realizarse. El socialismo conserva hábitos marxistas y gramscianos de manipulación y concentra reiterativamente aquello que consigue que lo falso se convierta en verdadero.
   27.- Los valores de los medios de información. Los medios «amarillos», manipuladores, partidistas, con personal poco preparado, poco culto, pueden impedir o deteriorar la mejora de la convivencia. El socialismo en costumbres es disfuncional para la democracia.
   28.- La democracia es el menos malo de los regímenes políticos, si el poder usa sus posibilidades para la convivencia. El socialismo parece estar de acuerdo.
   29.- La madurez y la plenitud. El reformismo y la democracia exigen una mayoría de personalidades adultas y buscar el estímulo de la madurez y la plenitud en los seres humanos. En una sociedad de masas, nos parece que no puede pensarse en las facilidades de un partido laico como el socialista.
   30.- La trascendencia y el futuro nacional. El PSOE niega la trascendencia con su laicismo militante.
José Manuel González Páramo es escritor 2004-06-26 LA RAZÓN. ESP.

 

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“Es curioso que este también llamado progresismo laicista, no quiera saber nada con el cristianismo, aunque luego sean los más entusiastas defensores de la tolerancia, integración y entendimiento con los musulmanes”. 2004

 

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el crepúsculo da un aire de misterio al ambiente - Y el hombre se dirige a Dios en la plegaria

 

"Darse del todo al Todo, sin hacernos partes"

 

"Juntos andemos Señor, por donde fuisteis, tengo que ir;
por donde pasastes, tengo que pasar".
 

"Todo el daño nos viene de no tener puestos los ojos en Vos,
que si no mirásemos otra cosa que el camino, pronto llegaríamos..." 
 

"Es imposible... tener ánimo para cosas grandes, quien no entiende que está favorecido de Dios"

TERESA DE JESÚS – doctora e hija fiel de la Iglesia Católica.

 

Maestro Eckhart (hacia 1260-1327) teólogo de la Iglesia católica, dominico - Sermón 1 (Mt 21)

 

“Quitad esto de aquí” (Jn 2,16) - “Quitad esto de aquí” dice Nuestro Señor a los cambistas. Jesús no echó a la gente; no los riñe mucho. Incluso les habla con benevolencia: “Quitad esto de aquí”, como si quisiera decir: “No está mal, pero esto crea obstáculos a la verdad pura.” Toda esta gente es gente de bien, realizan sus actividades únicamente por Dios. En principio, no buscan su propio provecho. Pero están atados a su propio yo, al tiempo, a la cantidad, a circunstancias diversas... En sus obras hay un obstáculo que se opone a la verdad suprema: deberían estar libres, desprendidos de todo, como está libre y desprendido de todo Nuestro Señor Jesucristo, que en el tiempo y más allá del tiempo se recibe a sí mismo de manos del Padre celestial...
El hombre debería también ser libre si quiere llegar a la suprema verdad y establecerse en ella, libre de todo condicionamiento, no trabado por las obras y la imágenes de su conocimiento; capaz de recibir de nuevo el don de Dios para ofrecérselo luego, en la luz de Nuestro Señor Jesucristo, entre acción de gracias y alabanzas. “Quitad esto de aquí” dice Jesús con bondad. Como si quisiera decir: “Está bien, pero crea obstáculos.” Cuando el templo (que sois vosotros) se haya liberado de todos estos obstáculos, es decir, de sus apegos y de la ignorancia, entonces brillará en una belleza perfecta, con tanto más de pureza y claridad que todo lo que Dios ha creado y más allá de todo lo que ha creado, de manera que solo Dios mismo, el increado, puede tener más esplendor. “Quitad esto de aquí” y Jesús sólo estará en el templo Y empezará a hablar. Y hay que callar para poder oírle.

 

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Pero lo verdaderamente importante es que la Iglesia renueva sin cesar su fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Porque de eso estamos hablando: de una persona, de un ser vivo, y no de una cosa o una idea. La Eucaristía es Él. Y todos, en la Iglesia, vivimos por Él, con Él y gracias a Él, y soñando con unirnos algún día plenamente a Él. O al menos, así debería ser.

 

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la barca de la Iglesia que Cristo fundó, triunfará…, portae inferi non praevalehunt) (Matth. 16,18) las puertas del infierno no prevalecerán, le dijo Cristo a su Iglesia Católica - «Duc in altum» (Lc 5,4) dijo Cristo al apóstol Pedro en el Mar de Galilea 

 

«Sobre el misterio eucarístico se funda el celibato que los presbíteros han recibido como don precioso y signo del amor indiviso hacia Dios y hacia el prójimo».

 

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Benedicto XVI animó a los laicos a hacer de la Eucaristía el «motor interior de toda actividad» y recordó que «ninguna dicotomía es admisible entre la fe y la vida». 2005-10-23, al cerrar el Sínodo de los Obispos y el año de la Eucaristía.

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

“¡Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!” (Sal 8, 2).

 

Frente a una miseria que el mundo nos presenta en sus catástrofes, toda apoteosis sentimental de la naturaleza se redimensiona: no se pueden elevar, a través de los nuevos místicos de la “New Age”, cantos a la “Madre Tierra”. Este romanticismo molesta. La naturaleza en la historia de la salvación refleja la relación entre el hombre y Dios: el diluvio como castigo por los pecados del hombre y el arco iris como un signo de la fidelidad de Dios. La tierra puede ser muy hostil al hombre y, por consiguiente, un culto a la tierra no sólo es supersticioso, también poco realístico.

 

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Dijo Dios: «Produzca la tierra animales vivientes según su especie: ganados, reptiles y bestias salvajes según su especie». Y así fue. Dios hizo las bestias de la tierra, los ganados y los reptiles campestres, cada uno según su especie. Vio Dios que esto estaba bien. Gen. 1, 24-25

 

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“Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones” Biblia. Evangelio según San Lucas Cap.1º vs. 48. La Iglesia, hace XXI siglos fundada por Tu Hijo, te alaba, ¡Oh Madre plena de dicha y felicidad!

 

VERITAS OMNIA VINCIT

LAUS TIBI CHRISTI.

 

 

Gracias de la visita

 

Recomendamos 4 libros : Joseph +cardenal Ratzinger, al día S. S. BENEDICTO XVI P.M.: Fe, verdad y tolerancia; Introducción al cristianismo; La fraternidad de los cristianos; Un canto nuevo para el Señor; Ediciones SIGUEME -


Porque la verdadera catolicidad es pluriforme: ‘unidad en la multiplicidad y multiplicidad en la unidad’ S. S. Benedicto XVI – P. P.


La fraternidad entre los cristianos no es simplemente un vago sentimiento y ni siquiera nace de una forma de indiferencia hacia la verdad. La fraternidad está fundada sobre la realidad sobrenatural del único bautismo, que nos incluye a todos en el único cuerpo de Cristo (cfr. 1 Cor 12,13; Gal 3, 28; Col 2,12).-

S. S. Benedicto XVI – P. P.


Debido a la existencia de páginas excelentes sobre apologética y formación,  lo que se pretende desde aquí es contribuir muy modestamente y sumarse a los que ya se interesan por el Evangelio de Cristo de manera mucho más eficaz.


 

Recomendamos vivamente:

1º ‘CÓMO LA IGLESIA CONSTRUYÓ LA CIVILIZACIÓN OCCIDENTAL’. Ninguna institución ha hecho más para dar forma a la civilización occidental que la Iglesia Católica, y en modos que muchos de nosotros hemos olvidado o nunca sabido. Como la Iglesia construyó la civilización occidental es una lectura esencial para redescubrir esta relegada verdad. De un modo senillo y muy atractivo. 2007.

Autor: Thomas E. WOODS Jr. -  Editorial: CIUDADELA. 

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2º ‘LEYENDAS NEGRAS DE LA IGLESIA’. Autor Vittorio MESSORI – Editorial “PLANETA-TESTIMONIO” 10ª EDICIÓN – Óptimo libro para defenderse del cúmulo de opiniones arbitrarias, deformaciones sustanciales y auténticas mentiras que gravitan sobre todo en lo que concierne a la Iglesia.

In Obsequio Jesu Christi.

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).