La horca o el garrote pueden llamarse «interrupción de la respiración» (y con un par de minutos basta); ya no hay problema.

LA consigna goebbelsiana («Una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad») ha sido adoptada por el gobierno socialista como justificaci&oac
ute;n del aborto libre, convenientemente arropada con la coartada emotiva. Y así, mediante la repetición de una consigna falaz y el recurso al aspaviento emotivo, la pobre gente arrasada por el napalm de la propaganda es capaz de comulgar con ruedas de molino. Nos repiten como papagayos los promotores del aborto libre que su propósito no es otro que garantizar la seguridad jurídica de la mujer, evitando su «criminalización». Poco importa que la tozuda realidad nos demuestre que ninguna mujer ha sido «criminalizada» en los últimos veinticinco años por abortar; poco importa que nuestro ordenamiento jurídico establezca todas las garantías jurídicas y procesales exigibles por seguridad jurídica: presunción de inocencia, tutela judicial efectiva, asistencia de letrado, etcétera. El gobierno ha decidido que una mentira repetida mil veces terminará convirtiéndose en verdad; y sabe que el napalm de la propaganda acabará con esa nefasta manía de pensar a la que todavía se aferran algunos recalcitrantes.
Y el napalm de la propaganda pretende que a la impunidad, a la connivencia de la ley con el delito, se le llame «seguridad jurídica». A esto se le llama nominalismo radical: se niega la posibilidad de conocer la naturaleza de las cosas; y el nombre que les damos a las cosas sustituye su verdadera naturaleza, de tal modo que cuando cambiamos su nombre, tal cosa simplemente deja de existir. Así, a la impunidad se le denomina caprichosamente «seguridad jurídica»; y a un delito como el aborto se le llama
uo;derecho». Desde el momento en que se niega la capacidad humana para establecer la naturaleza de las cosas, ya no hay una racionalidad ética que pueda definir objetivamente los derechos humanos. Y así, un delito puede convertirse caprichosamente en «derecho», mediante un mero proceso político. El poder, en fin, se convierte en «creador» de derechos, con la coartada de atender la satisfacción de necesidades, apetencias y anhelos de una sedicente mayoría.
De este proceso, característicamente totalitario, queda excluida la posibilidad del debate, puesto que se niega la esencia misma del concepto de derecho como algo inherente a la propia naturaleza humana, para instaurar un nuevo concepto de «derecho» como producto de una coyuntural voluntad política. De este modo, lo que era algo inscrito en la propia naturaleza humana, pude ser modificado, redefinido, incluso subvertido en su misma esencia (esto es, desnaturalizado) por pura conveniencia. Y lo que era -según se recoge en el preámbulo de la Declaración de Derechos Humanos-«modelo común para todos los seres humanos», válido en cualquier circunstancia y cultura, se convierte en un barrizal nominalista, modelable según la pura conveniencia. Todo ello, por supuesto, bien rebozadito de emotividad.
Por desistimiento acomodaticio o mera pereza para razonar éticamente, no faltan los tontos útiles que aseguran que esta conversión del aborto, mediante la utilización de la consigna goebbelsiana, en «derecho» que otorga «seguridad jurídica» a la mujer no es sino una «cortina de humo» que pretende ocultar los descalabros de la crisis económica. Cuando de lo que en realidad se trata es de la culminación de un proceso de ingeniería social que busca lo que C. S. Lewis llamaba «abolición del hombre». «El sentido del bien y del mal, de lo justo y de lo injusto -escribe Aristóteles en su Política-, es el rasgo exclusivo del hombre». Y lo que esta nueva ley del aborto anhela, pura y simplemente, es que nos despojemos de nuestra racionalidad ética; en definitiva, que dejemos de ser humanos, para aceptar como verdad una mentira repetida mil veces. Juan Manuel de Prada. 2009.V.16 ‘ABC’
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disolver en el nada una vida humana, es crimen
“Una ley abortista no obliga a nadie a abortar”.
Con este argumento pretenden que callemos quienes nos manifestamos en defensa del respeto a la vida de todo ser humano, también del que está en el vientre de su madre.
Ciertamente, esa ley “no obliga” a abortar, pero la existencia de leyes que permiten matar seres humanos impunemente hace que la sociedad, para todos, sea una sociedad criminalizada.
Espero que no me llamen egoísta porque prefiero vivir en una sociedad donde el respeto a la vida humana no sea objeto de trapicheos políticos.
Conviene recordar que la mayoría parlamentaria no otorga a nadie el monopolio de la inmoralidad para imponerla con leyes inicuas".
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«La Iglesia católica está mucho menos obsesionada con el sexo que los medios de comunicación con las enseñanzas católicas al respecto».†
Antiabortistas a la cárcel
JUAN MANUEL DE PRADA Sábado , 19-12-2009- ‘ABC’
PUES ahí lo tenemos: el aborto convertido en derecho; esto es, en bien jurídico amparado por la ley, que a partir de hoy se ocupará de velar por su protección efectiva y de remover cualquier obstáculo que trate de impedir su libre ejercicio. ¿Y qué son los médicos que invocan la objeción de conciencia para negarse a perpetrar un aborto o las universidades que se niegan a enseñar las técnicas para perpetrarlo, sino obstáculos que la ley se encargará de remover? Sospecho que ni siquiera los detractores de la nueva ley son capaces de vislumbrar su verdadero alcance: un médico que, a partir de hoy, rechace su participación en un aborto invocando la libertad de conciencia se convertirá ipso facto en un delincuente; y lo mismo le ocurrirá a una universidad que invoque la libertad de cátedra para excluir de su programa académico la enseñanza de las técnicas abortivas. Porque ni la libertad de conciencia ni la libertad de cátedra pueden ser baluartes contra el ejercicio de un derecho; y eso es el aborto a partir de hoy: el derecho a exterminar vidas inocentes porque nos da la real gana, en un acto de libre disposición. Y quien se oponga a la consecución de ese derecho será llamado, desde hoy, criminal.
Así actúa la lógica del mal: primero encumbra con desfachatez nominalista un crimen a la categoría de derecho; y, después, siguiendo un irreprochable método deductivo, califica de criminales a quienes estorban su libre ejercicio. Con los médicos que se nieguen a perpetrar abortos se elaborarán, por el momento, listas negras que dificulten su traslado y entorpezcan su promoción; pero esto es tan sólo el aperitivo de lo que viene después: en apenas unos años, los médicos antiabortistas -los pocos que para entonces queden- serán reos de delito y conducidos a la cárcel; las universidades que se nieguen a enseñar a sus alumnos cómo se trocea un feto serán clausuradas por orden gubernativa, y sus responsables enviados también a la cárcel. Así se cumplirá lo que Thoreau anticipaba en su opúsculo Desobediencia civil: «Bajo un Estado que encarcela injustamente, el lugar del hombre justo es la cárcel. Es la única casa en la que se puede permanecer con honor». Allí también estaremos, desde luego, quienes nos atrevamos con nuestra pluma a seguir calificando el aborto de crimen; que seremos, por cierto, muy pocos. Y, ante los ojos de la masa cretinizada, apareceremos, en efecto, como criminales que se oponen al progreso de la Humanidad (la mayúscula que no falte); y probablemente, mientras nos lleven esposados ante un juez, o mientras nos introduzcan en el furgón policial que nos conducirá a la celda, seremos vituperados y escupidos, como se suele hacer con los criminales más sórdidos.
Analicemos el modus operandi de la lógica del mal: un médico que se opusiera a que sus pacientes reciban una transfusión de sangre sería apartado de su puesto y conducido a la cárcel, pues estaría negándoles el derecho a la salud; lo mismo le ocurriría a un profesor que desde la cátedra se declarase contrario al acceso de las mujeres al mercado laboral. Ni la objeción de conciencia ni la libertad de cátedra pueden alegarse para amparar la conculcación de derechos. Y, desde el momento en que la ley institucionaliza el crimen, encumbrando el aborto a la categoría de derecho, el médico que se niega a perpetrarlo es como el médico que se niega a realizar una transfusión de sangre; el profesor que se niega a enseñar cómo se practica es como el profesor que se declara contrario al acceso de las mujeres al mercado laboral: criminales confesos sobre quienes debe caer el peso de la ley. Así ocurrirá, más temprano que tarde; y las cárceles se convertirán, como intuyó Thoreau, en la casa de los justos; de los pocos justos que, para entonces, aún no hayan flojeado en sus convicciones.
www.juanmanueldeprada.com
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Las clínicas baten el récord de abortos y ganancias -en España (2003/4) - al practicar un asesinato cada seis minutos. Continuando incrementadas sus entradas hasta hoy XI.2006
Ya no pensaremos que la democracia basada exclusivamente en el número de votos sustituye a la sabiduría.
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La vida y la muerte en duro combate: vence la vida porque Tú Señor de la Vida, estás en ella, y nosotros vencemos contigo.
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“Una eminente forma de caridad es la actividad política vivida como servicio a la polis, a la ‘cosa pública’, en la perspectiva del bien común”. Papa Benedicto XVI – 2006.IX.30
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El cristianismo es directo responsable de algunos de los conceptos que hoy nos parecen irrenunciables: la dignidad y la igualdad de todos los seres humanos, y el derecho a la vida de todos y cada uno de ellos, desde el vientre materno a la muerte natural.
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STOJAN ADASEVIC, MÉDICO EX ABORTISTA
«Continué apretando hasta estar seguro de que aquello era una pasta»
Stojan Adasevic mató a más de 55.000 niños cuando practicaba abortos, hasta que vió cómo el latido del corazón de uno de los niños se iba apagando en medio de una masa de tejidos que extrajo con sus pinzas.
Actualizado 11 octubre 2009
«Corté el vientre, abrí la placenta y el líquido amniótico se derramó. Agarré al niño, forcejeé un poco y, tras extraerle, lo puse sobre un paño. De pronto miré y vi una mano, algo grande. El niño tenía tres meses y medio, tal vez cuatro. No tenía una cinta métrica a mano para medirla. Había salpicaduras de yodo en la mesa y las terminaciones nerviosas de la mano entraron en contacto con el yodo. ¿Y qué ocurrió? Miré y dije: “Dios mío, la mano se está moviendo”. Sin embargo, continué trabajando con mis pinzas y de nuevo cogí algo. Lo sujeté y lo extraje. Me dije a mí mismo: “Que no sea una pierna”. Tras extraerlo, lo miré: una pierna. Quise poner la pierna en otra mesa cuidadosamente, para que no estuviera al lado de la mano. Ya la había dejado, cuando escuché un golpe detrás de mí. Me sobresalté, se me escaparon las pinzas y la pierna cayó junto a la mano. Y vi que tanto la pierna como la mano se movían. Pero de nuevo introduje las pinzas en el vientre y apreté todo lo que había dentro. Pensé que lo que necesitaba para acabar con aquello era extraer el corazón del niño. Continué apretando y apretando y apretando… Hasta que estuve seguro de que había convertido aquello en una pasta. Y una vez más forcejeé con las pinzas… Cuando saqué una masa pensando que serían fragmentos de hueso, la llevé hasta el baño y vi un corazón humano latiendo y latiendo. Pensé que me iba a volver loco. El latido era cada vez más y más lento hasta que finalmente se detuvo. Nadie pudo ver lo que yo vi con mis propios ojos. Acababa de asesinar a un ser humano».
Quien describe este horror es el doctor Stojan Adasevic, de Belgrado (Serbia). En toda su vida, debió realizar unos 55.000 abortos, con jornadas intensivas en las que acababa con la vida de unos 35 o 40 niños. Desde hace años, es uno de los más importantes defensores de la vida. El día antes de realizar este aborto, soñó con santo Tomás de Aquino que se le presentaba vestido de blanco y negro en medio de unos niños. El sueño se había repetido otras veces, pero no fue hasta ese día cuando le «preguntó» quién era.
Después de realizar ese aborto, comunicó a las autoridades comunistas de la antigua Yugoslavia que no volvería a realizar más abortos, le redujeron el salario a la mitad, echaron a su hija del trabajo y no permitieron a su hijo ir a la Universidad.
El relato es parte de un DVD que la Asociación Ayuda a la Iglesia Necesitada va a regalar a toda persona que lo quiera en el marco de la campaña «La vida es un regalo» que pone en marcha a partir del día 13 de octubre con el objetivo de «apoyar la defensa de la vida desde su concepción hasta su muerte natural». El DVD, que se puede conseguir llamando al 902 636 737, contiene dos documentales. Uno centrado en el aborto y otro en la eutanasia.
Ambos están elaborados por la delegación de AIN en Alemania y en ellos se reflejan testimonios de impacto de médicos y personas relacionadas con el aborto y la eutanasia en varios países.
http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=4862
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El respeto a la vida humana no es algo que se impone a los cristianos solamente; basta la razón para exigirlo, basándose en el análisis de lo que es y debe ser una persona. Constituido por una naturaleza racional, el hombre es un sujeto personal, capaz de reflexionar por sí mismo, de decidir acerca de sus actos y, por tanto, de su propio destino. Es libre; por consiguiente es dueño de sí mismo, o mejor, puesto que se realiza en el tiempo, tiene capacidad para serlo, ésa es su tarea. Creada inmediatamente por Dios, su alma es espiritual y, por ende, inmortal. Está abierto a Dios y solamente en él encontrará su realización completa. Pero vive en la comunidad de sus semejantes, se enriquece en la comunión interpersonal con ellos, dentro del indispensable medio ambiente social. De cara a la sociedad y a los demás hombres, cada persona humana se posee a sí misma, posee su vida, sus diversos bienes, a manera de derecho; esto lo exige de todos, en relación con ella, la estricta justicia.

Muchos requieren ayuda, pero ninguno es tan indefenso como el niño no nacido
Hipócrates, antes de Cristo, ya veía que el aborto no es salud sino homicidio
Amar a todas las personas es el núcleo mismo de la vida cristiana. Es nuestro distintivo, la invitación, el mandato imperativo de Cristo.
Pero el amor es ordenado. Amamos a todos, pero empezando por los más próximos, los familiares, los amigos, los compañeros, y como las olas circulares que se van creando tras caer una piedra en el agua iremos ampliando a más y más. Amamos a las personas, como tales, reconociendo su dignidad, sin sumergirnos en una entrega a una genérica “humanidad”.
Casi todas las ideologías y los personajes que han amado por encima de todo a la “humanidad” se han convertido en verdugos de las personas, o, como mínimo, han permanecido indiferentes a sus necesidades, preocupaciones, sufrimientos. Y, al final, han destrozado a la propia “humani
dad”.
Este amor, por ser ordenado, otorga un lugar prioritario al más débil, al más necesitado. Por ello es tan importante acudir en ayuda de las personas del Tercer, del Cuarto Mundo. Y de muchos otros a quienes las estadísticas y rankings no incluyen entre los necesitados materiales pero que sufren tanto como ellos.
¡Cuántos ancianos no sujetos a graves estrecheces materiales padecen el dolor de la soledad!. Y de manera similar cuántos niños sin cariño por su familia rota, cuántos enfermos olvidados o mujeres maltratadas, cuántos marginados por la incomprensión, cuántos inmigrantes sin nadie que les atienda o les dé su amistad. El sufrimiento moral es a menudo superior al físico.
Asistir al débil, sea cual fuere la faceta o vertiente de su debilidad, formará parte de las prioridades de un cristiano consciente y consecuente, que contribuirá a paliar el mal de acuerdo con sus posibilidades.
En unos casos la atención al necesitado será directa, personal. En otros, ayudando a instituciones que se encargan de ello. Y no puede faltar la lucha para un mundo más justo, por unas estructuras, unas leyes, que faciliten un mayor respeto a la dignidad de la persona humana.
Son muchos los débiles del planeta, también de este Primer Mundo, de este país, pero ninguno tan indefenso como el niño todavía no nacido, aún en el seno de su madre. Y, sin embargo, su eliminación se ha convertido en una práctica habitual, en la mayor de las plagas del mundo occidental. El aborto causa más muertes que ninguna guerra.
En España ya supera los 100.000 al año. En nuestra sociedad está instalada la injusticia máxima del aborto.
La gravedad se acentúa al haberlo convertido en legal, presentado como un derecho de la mujer. Se aplaude e incluso muchos lo consideran progresista. Han convertido en ley y presentan como avance lo que sólo es una locura irracional.
Por si fuera poco, entre las prioridades del Gobierno español está la ampliación del aborto. También el tripartito catalán está en la misma línea. Ya era vergonzosa, indigna, la ley que hasta ahora permitía la interrupción del embarazo con algunas restricciones, aunque era sistemáticamente incumplida mientras las autoridades miraban hacia otro lado.
Por si no les bastara ahora quieren su ampliación, la liberalización prácticamente total. Poderosos grupos presionan para lograrlo.
En la misma línea de proyectos gubernamentales está abrir la vía de la eutanasia, el suicidio asistido. Otro paso más para eliminar a los débiles. Ya lo hicieron los nazis. Nueva vuelta de tuerca contra la dignidad de la persona aunque lo presenten como “muerte digna”.
No es una cuestión únicamente cristiana. Hipócrates, cuatro siglos antes de Cristo, ya tenía claro que el aborto no tiene que ver con la salud, sino con el homicidio.
Lo que cabe preguntarse es si los cristianos, si cualquier persona de buena voluntad puede permanecer indiferente, pasivo, ante esta enorme injusticia del aborto y ante los planes de quienes quieren ampliarlo. Ante los que quieren introducir la eutanasia. Ante la cultura de la muerte.
Daniel ARASA - 2008-09-24
http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=11856#
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En 2002 hubo más abortos
que muertos en carretera en diez años
Cada seis minutos en alguna clínica española se practica un aborto legal
El número de abortos en España sufre una escalada imparable. Sólo en 2002 hubo más interrupciones voluntarias de embarazos que fallecidos en accidente en diez años. Los últimos datos del Ministerio de Sanidad cifran en 77.125 los abortos legales que se practicaron en 2002, un diez por ciento más que el año anterior y casi un 50 por ciento más que hace una década. La mayoría de mujeres que optan por interrumpir su gestación son solteras, menores de 24 años, y embarazadas de menos de ocho semanas. Recurren a clínicas privadas especializadas en esta práctica por la que pagan 300 euros de media.
Rocío Ruiz - Madrid.-
Cada seis minutos en alguna clínica española se practica un aborto legal. Sólo en 2002 se atendieron 77.125, un diez por ciento más que el año anterior, según los últimos datos de que dispone el Ministerio de Sanidad, unas cifras que confirman la escalada imparable del número de interrupciones de embarazo que se producen en España.
El 98 por ciento de las intervenciones se hicieron en centros privados y a mujeres que en la mayoría de los casos se encontraban embarazadas de ocho semanas o menos y tenían menos de 24 años.
¿El motivo principal que se alega? El «peligro físico o psíquico» que la gestación puede conllevar para la madre, uno de los supuestos que contempla la ley. Sólo se requiere un informe psiquiátrico previo que puede firmar un especialista de la misma clínica a la que se acuda. En el caso de las privadas, el coste por extraer un embrión de pocas semanas cuesta una media de 300 euros y la intervención no dura más de diez minutos. «Se extrae por medio de un aspirador y va a parar a una gran cámara frigorífica que es evacuada por una empresa dos veces por semana y luego se encarga de incinerar los restos », según detalló un portavoz de una clínica madrileña especializada en abortos. Los centros han empezado a apreciar la afluencia cada vez mayor de mujeres inmigrantes con residencia en España y que ya tienen muchos hijos.
Por comunidades autónomas, Andalucía, Madrid y Cataluña acaparan la mitad de las interrupciones de embarazo que se producen.
El Foro Español de la Familia criticó ayer, por boca de su presidente, Eduardo Hertfelder, el «gran negocio de las clínicas abortistas» y la «desacertada» política de Sanidad en materia de educación sexual. «Está actuando como un bombero pirómano: te dicen que hagas lo que quieras, con quien quieras y como quieras, siempre que uses preservativo, y luego el aborto se resume a una cuestión de dinero». Hertfelder pidió un cambio en la política del Gobierno y centros para que las mujeres embarazadas puedan tener a sus hijos. 2004-02-14 – L. R. ESP.
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La cultura de la muerte –sobre todo ‘aborto’- gana terreno y la Iglesia no puede callar. Hoy se puede ciertamente comprar la tolerancia contra esta lacra con la que hubo durante siglos la esclavitud.
"La Iglesia sale en defensa del hombre amenazado, en defensa de la vida despreciada y de la dignidad humana preterida o violada" y "clama por el hombre inocente, da la cara por el indefenso con energía, apuesta fuerte por la vida, por toda vida humana".
"La Iglesia no puede callar y dejar de anunciar este Evangelio". Si al final del siglo XIX la Iglesia no podía callar ante los abusos sociales existentes, menos aún puede callar hoy, cuando a las injusticias sociales del pasado tristemente no superadas, se añaden en tantas partes del mundo injusticias y opresiones incluso más graves, consideradas como progreso".
"Sólo el respeto a la vida puede fundamentar y garantizar los bienes más preciosos y necesarios de la sociedad, como la democracia y la paz". "La injusticia y opresión más grave que corroe el momento presente es esa gran multitud de seres humanos débiles e indefensos que están siendo aplastados en su derecho fundamental a la vida".
"Una de las más decisivas causas en que se va a jugar el futuro de la humanidad y la salvación del hombre en este siglo y milenio va a ser la causa de la vida", y la Iglesia no cesará "en la defensa del hombre amenazado" para que "resuene en nuestra sociedad el Evangelio, confirmación del valor de la vida humana y de su carácter inviolable". El Sr. Cardenal Arzobispo de Toledo y Primado de España, don Antonio Cañizares -2008
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"Quien trabaja tiene poder sobre su propia obra. La materia en sí es inerte. Pilato dijo a Jesús de Nazaret tener algún poder sobre su vida.
La vida es frágil, se puede tener poder para destruirla.
Pero más grande y noble es el poder de una madre que decide colaborar con Dios para hacer que en ella crezca una nueva vida."
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LA HORCA ES UN SISTEMA NO DESPRECIADO
POR TANTOS ABORTEROS.
Tenemos una idea muy reductiva y jurídica de persona que genera mucha confusión en el debate sobre el aborto. Parece como si un niño adquiriera la dignidad de persona desde el momento en que ésta le es reconocida por las autoridades humanas. Para la Biblia persona es aquél que es conocido por Dios, aquél a quien Dios llama por su nombre; y Dios, se nos asegura, nos conoce desde el seno materno, sus ojos nos veían cuando éramos aún embriones en el seno de nuestra madre. La ciencia nos dice que en el embrión existe, en desarrollo, todo el hombre, proyectado en cada mínimo detalle; la fe añade que no se trata sólo de un proyecto inconsciente de la naturaleza, sino de un proyecto de amor del Creador. La misión de San Juan Bautista está toda trazada, antes de que nazca: «Y tú, niño, serás llamado profeta del Altísimo, pues irás delante del Señor para preparar sus caminos...».
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‘ALGO MÁS QUE PALABRAS
LA HORCA PARA NADIE’
Estoy en contra de cualquier sentencia de muerte, por muchos crímenes que una persona haya realizado. Ejecutarle me parece una idea absurda y torpe. Creo que es posible corregir el comportamiento del ser humano y compensar el desorden introducido, con otro tipo de sanciones. Considero que nadie puede autorizar la muerte de ningún ser humano. En mi opinión, pienso que hemos de buscar otras soluciones para defender a la sociedad de las agresiones de ciudadanos que han perdido todo juicio, lo que no significa que nosotros hagamos lo mismo. Pasarle al reo la factura del odio y la venganza, sin pensar en su dignidad, es colocarnos a su misma altura y convertirlo en un mártir. Además, para en justicia reparar el daño, se precisa que el criminal viva. En consecuencia, la pena capital dista mucho de ser una sanción ejemplarizante.
La medida y la calidad de la condena impuesta, estimo que deben ser valoradas y decididas objetivamente, para huir de irracionales exterminios. Servidor, no ve la necesidad, por muy criminal que sea la persona, de eliminarlo. Deben apuntalarse otros caminos, distintos a su destrucción, para neutralizar las hazañas del malhechor. Desde luego, el recurso a la pena de muerte, para empezar nos encamina a una pérdida de sensibilidad moral, cuestión que agrava los valores de la convivencia. Juzgo, pues, que debe ser lo último de lo último a tener en cuenta. Quitar al penado de la faz de la tierra, es una acción absolutamente innecesaria y una reacción mezquina, porque a nada conduce. Más bien nos desautoriza, puesto que el distintivo de la barbarie no cesa, continua; en vez de reflejarnos que es posible la paz sin el ojo por ojo y diente por diente. Sería un buen testimonio para que los asesinos también abolieran la pena de muerte de su agenda diaria.
Observo que las sanciones han de ser más reparadoras que vengativas. Si detesto cuando se aplica la máxima pena capital a la persona, también censuro cuando directa o indirectamente se castiga a individuos próximos, a poblaciones enteras. Por ejemplo, no me parece equitativo aplicar sanciones económicas o embargos, sin antes haberlo ponderado y sometido a criterios éticos, los efectos injustos que estas medidas pueden ocasionar. Cuando se oprime a los pueblos y se les sentencia con la horca, resulta bastante difícil poner justicia después en el camino. Así, el reclutamiento de los criminales, es más fácil en los contextos sociales donde los derechos son conculcados y las injusticias se toleran. No debemos perder de vista el principio de humanidad, algo que todos llevamos en el alma, y que hemos de regenerar. Estimo necesario lograr la abolición total de la pena de muerte en el mundo, creo que es fundamental para avivar el compromiso de un nuevo consenso basado en los principios humanitarios, reforzando el lenguaje de la verdad; única lengua que puede impedir nuevos crímenes contra la humanidad.
Vivimos una época de desprecio total a la vida, lo que engendra violencia, desconfianza y exclusión. A diario se producen demasiados crímenes contra la humanidad; conductas tipificadas como asesinato, exterminio, deportación o desplazamiento obligado, encarcelación, tortura, violación, prostitución impuesta, esterilización impulsada, persecución por motivos políticos, religiosos, ideológicos, raciales, étnicos u otros definidos expresamente, desaparición forzada y tantos otros actos inhumanos que causan graves sufrimientos o atentan contra la salud mental o física de quién los sufre. Qué hacemos, ¿le aplicamos a todos la horca? ¿O será mejor buscar las causas y sus motivos? La búsqueda de soluciones a estos conflictos pasa por analizar las motivaciones que originan estos comportamientos. Sería una incorrecta resolución al problema aplicar la pena capital, porque no eliminaría estas perturbadas conductas. Habría que ver la manera de que cada cual reconozca, los derechos que le son propios y los deberes que tiene para con los demás.
Nadie en el mundo se merece la horca como castigo. Lo entenderíamos mejor si nos moviera el amor de sentir como nuestras las necesidades de los demás. Mucho más todavía, si aspiramos a vivir unidos, a convivir en una misma dirección, al bien de todos en un mundo globalizado en el que para hacer familia hay que dialogar antes. Un diálogo que no significa hacer la vista gorda ante el diluvio de crímenes contra la humanidad, sino que implica un compromiso de respeto por la dignidad de cada persona, incluida la de los criminales. Nos faltan expertos en humanidad capaces de reeducar a los violadores de los derechos humanos y nos sobran charlatanes de plazuela*. Esta plaga no es un asunto interno de una nación. Todos tenemos el deber y el derecho de poner orden, porque en el desorden todo el planetario pierde.
Que nadie se haga ilusiones de que con la pena de muerte se da un escarmiento para acrecentar la paz. La verdadera armonía no se consigue con la horca. La concordia se desmorona con las injusticias, con la falta de libertades y solidaridad, con las desigualdades excesivas de carácter económico o social que existen entre los seres humanos y las naciones. Se ha perdido la gramática del espíritu humano y así no es posible dar asistencia humanitaria al que lo pide, vivir la vocación a ser una sola familia, cambiar el modo de actuar de los escandalizadores del mundo, reorientar la economía en la solidaridad… Esto pasa por derogar la ley natural y dejar que se promulgue, ratifique e implante la maldad humana, como ley de vida.
Agradecemos a nuestro colaborador: Víctor Corcoba Herrero / Escritor – España .2006-XI-05
* La puesta en relieve es de CDV. Gracias.
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“El aborto procurado por una mujer posee características que lo convierten en un delito muy grave. No obstante, la percepción de su gravedad se ha debilitado progresivamente en la conciencia colectiva. La aceptación del aborto en la mentalidad, las costumbres y en la misma ley señalan obviamente a una peligrosísima crisis en el sentido moral, cada vez más incapaz de distinguir entre el bien y el mal, incluso cuando está en juego el derecho fundamental a la vida. El aborto procurado es y será siempre la eliminación deliberada y directa, como quiera que se realice, de un ser humano en la fase inicial de su existencia, que va de la concepción al nacimiento”.
--¿Pero es el aborto objetivamente más grave que otras injusticias sociales a las que la Iglesia también presta atención? ¿Una ética consistente de la vida no va más allá del aborto?
--Padre Williams: La defensa de la Iglesia de la justicia social abarca todos los temas clave de la vida y la atención a uno no resta importancia a los otros. El aborto, sin embargo, sobresale sobre ellos como un caso único que merece singular atención.
Para enumerar rápidamente las razones de esta singularidad, debemos mirar primero a la simple magnitud del problema: millones y millones de abortos legales cometidos, más que la suma de todas las víctimas en todas las guerras de la historia humana.
Segundo, implica la muerte de los más inocentes y vulnerables miembros de la sociedad.
Tercero, perpetra este mal sistemática y legalmente, de modo que da al aborto un barniz de legitimidad moral. Dado que la ley informa la conciencia de la gente, la legalidad del aborto perpetúa la mentalidad anti-vida y la separa de otros crímenes contra la vida como el terrorismo, asesinato en serie, tráfico de seres humanos, y así sucesivamente.
Cuarto, el aborto repite el error histórico de tomar a toda una categoría de seres humanos y devaluarlos a un estatus de segunda clase, privados de dignidad humana básica y de los derechos que se derivan de ella.
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Aborto: esas vidas humanas asesinadas en los aborteros atizados por las -falsas católicas con derecho a decidir-. Sí, decidir matar ‘legalmente’ con satánica crueldad, al más pobre e indefenso de los humanos: ‘el niño viviente en el dulce vientre de su propia madre’.
¡¿Acaso no eran legales los GULAGS donde millones de vidas humanas murieron por no aceptar el ‘homus sovieticus’… los lagers nazistas… o aún hoy bajo la ‘sharia’ islamofascista, impuesta con sarcasmo e indiscriminadamente por secuaces del guerrero Mahoma?!. 2006-IX-
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Julián Marías: «Es una hipocresía llamar al
aborto interrupción voluntaria del embarazo»

Filósofo y escritor
José Joaquín Iriarte - Madrid.-
El filósofo Julián Marías, discípulo de Ortega y autor de más de medio centenar de libros, no vacila en su condena enérgica sobre el aborto, al que considera «el máximo desprecio de la vida humana en toda la historia conocida».
¬ 60 millones de abortos al año en el mundo, ¿qué reflexión le sugiere este dato?
¬ Que se ha extendido de manera aterradora la aceptación social del aborto, el máximo desprecio de la vida humana en toda la historia conocida, y a la vez la negación de la condición personal.
¬ ¿Y qué le parece que se le llame «interrupción voluntaria del embarazo»?
¬ Me parece una expresión de refinada hipocresía. Los partidarios de la pena de muerte tienen resueltas sus dificultades. ¿Para qué hablar de tal pena, de tal muerte? La horca o el garrote pueden llamarse «interrupción de la respiración» (y con un par de minutos basta); ya no hay problema. Cuando se provoca el aborto o se ahorca no se interrumpe el embarazo o la respiración; en ambos casos «se mata a alguien». Y, por supuesto, es una hipocresía más considerar que hay diferencia según en qué lugar del camino se encuentre el niño que viene, a qué distancia de semanas o meses de esa etapa de la vida que se llama nacimiento va a ser sorprendido por la muerte.
¬ Usted no plantea el problema desde la fe o desde la ciencia. ¿Qué planteamiento falta?
¬ Uno elemental, ligado a la mera condición humana, accesible a cualquiera, independiente de conocimientos científicos o teológicos, que pocos poseen. Esta visión no puede ser otra que la antropología, fundada en la mera realidad del hombre tal como se ve, se vive, se comprende a sí mismo. Hay, pues, que intentar retrotraerse a lo más elemental, que por serlo no tiene supuestos de ninguna ciencia o doctrina, que apela únicamente a la evidencia y no pide más que una cosa: abrir los ojos y no volverse de espaldas a la realidad.
¬ Las feministas dicen que el cuerpo es suyo
¬ Pero es falso. Cuando se dice que el feto es «parte» del cuerpo de la madre, se dice una insigne falsedad, porque no es parte: está «alojado» en ella, mejor aún, implantado en ella (en ella, y no meramente en su cuerpo). Una mujer dirá: «Estoy embarazada», nunca «mi cuerpo está embarazado».
¬ ¿Qué es el niño aún no nacido?
¬ Una realidad «viniente», que llegará si no lo paramos, si no lo matamos en el camino.
¬ Algunos afirman la licitud del aborto cuando se cree que probablemente el que va a nacer sería anormal, física o psíquicamente.
¬ Pero esto implica que el que es anormal no debe vivir, ya que esa condición no es probable, sino segura. Y habría que extender la misma norma al que llega a ser anormal, por accidente, enfermedad o vejez. Si se tiene esa convicción, hay que mantenerla con todas sus consecuencias Hay quienes no se atreven a herir al niño más que cuando está oculto ¬se pensaría que protegido¬ en el seno materno; lo cual añade gravedad al hecho: en una época en que cuando se encuentra a un terrorista con una metralleta en la mano, todavía humeante, junto al cadáver de un hombre acribillado a balazos, se dice que es «el presunto asesino», la mera probabilidad de una anormalidad se considera suficiente para decretar la muerte del que está expuesto al riesgo de ser más o menos anormal.
¬ ¿Cree que la injusticia mayor que se puede cometer con un hombre es despojarlo de su esperanza?
¬ Siempre me han conmovido esos hombres o mujeres que, al final de su vida, rezan en la iglesia y se acercan al altar para recibir una comunión que en el antiguo rito recordaba la promesa de la vida eterna; es decir, la esperanza Hoy son muchos los que se dedican a minar esa esperanza. Lo grave es que a veces lo hacen en nombre de la «justicia social», cometiendo la más aterradora injusticia que puedo imaginar.
¬ Buen tema para el mes de difuntos.
¬ Se han debilitado las vigencias religiosas, incluso dentro del cristianismo; se ha atenuado la conciencia del dramatismo de la vida humana, de la posibilidad de salvación o condenación. Con ello, en grandes multitudes, se ha disipado la esperanza en la vida perdurable después de la muerte.
¬¿Siempre se ha sentido católico?
¬ Tengo el más vivo recuerdo de haberme sentido «mal», aunque siempre «dentro» de la Iglesia. Ningún «malestar» es suficiente. En todo caso, y si el malestar es muy grave, siempre me he sentido más inclinado a «que se vayan ellos» que a irme yo de aquello a que radicalmente pertenezco.
LA RAZÓN. 2003-11-27 – Esp.
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Como rechazar el aborto con sus mismos argumentos
por Max Silva Abbott
Reconociendo que es a partir de una calidad ontológica que deriva a su vez la calidad de persona, de ser coherentes, también es necesario concluir que es el voto (la base del consenso) lo que depende de la persona, y no lo contrario. Esto es, que para que haya votos, medio a través del cual se posibilita el consenso, se requiere de ¡a existencia previa de personas, puesto que son los votos los que dependen de la persona, y no la persona de los votos.
Se dice, por parte de los defensores del aborto, que el resultado de la concepción no sería de inmediato un ser humano, sino sólo a partir de un momento determinado posterior. ¿Qué momento sublime y misterioso es aquél? Parece algo que sólo la ley —curiosamente— está en condiciones de resolver, justificada por ciertos veredictos “científicos” altamente cuestionables. El punto es que, cualquiera sea la fecha en que “surge” un ser humano —diríamos que por una inexplicable “generación espontánea”—, la frontera entre lo “humano” y lo “prehumano” —sin saber en definitiva qué es esto último— resulta una arbitrariedad absoluta e indesmentible. A este respecto surgen dos problemas.
El primero es el fundamento de la fecha fronteriza, sea tal o cual. Recalcando nuevamente que siempre se trata de una arbitrariedad, pareciera imponerse la idea de que sería a partir del día 14° que el producto de la concepción se transformaría en un ser humano, debido a tener ya visible o identificable el sistema nervioso. Pero tal como esta “justificación”, cabe cualquier otra, igualmente removible. Pendería así de un elemento muy frágil y cambiante el momento en que se empieza a ser sujeto de derechos: el acuerdo manifestado a través de la ley. Curioso que sea precisamente la ley la que graciosamente “con- ceda” la calidad de persona, siendo que los Derechos Humanos justamente pretenden imponerse o estar por encima de ella con el fin de evitar sus posibles arbitrariedades. Es decir, nos encontramos frente a una situación circular, en que aquello que existe y se invoca para proteger de la ley abusiva —los Derechos Humanos— tiene su punto de nacimiento en esa misma ley. Así, entonces, ¿quién está realmente a un nivel más alto? El asunto es importante porque, con igual facilidad, podría esa misma ley convertirse en el “certificado de defunción” de los Derechos Humanos, como en el caso de la eutanasia.
Pero la segunda cuestión es la que constituye el fondo del problema: si sólo a partir —por poner cualquier fecha— del día 14° el producto de la concepción es un hombre, ¿qué era antes de ese instante misterioso y de transformación radical? La pregunta no es nada de absurda y, por el contrario, es una valla ineludible si se pretende justificar “racionalmente” al aborto, en vez de reconocer abiertamente y sin piruetas semánticas, que obedece a una decisión arbitraria e inhumana.
En efecto, siguiendo con el planteamiento dado, habría que concluir que como antes del día no era un ser humano, estábamos en presencia de otra cosa: una planta, una piedra, un gusano, simplemente células, etc. ¿Parece aceptable? Francamente no, porque es obvio que en todo su proceso de desarrollo existe algo que inequívocamente lo dirige, cual es que se trata de un ser humano y no de otra cosa. Y esto se confirma incluso con el mismo argumento de los que ponen el día 14° como el de la aparición de un hombre.
En efecto, si resulta —por decir algo— que es el sistema nervioso lo que haría surgir a un hombre, ¿por qué aparece o se desarrolla ese sistema nervioso? No puede deberse a un azar, porque, en caso contrario, ello podría ocurrir en cualquier otro ser vivo, como por ejemplo un perro. ¿Podría decirse, en consecuencia, que en un lapso cualquiera, un embrión de perro pueda convenirse en hombre por aparecer un sistema nervioso, no cualquiera sino que específicamente humano? La respuesta es, obviamente, negativa. ¿Por qué? Porque era un perro, con padres caninos y, por tanto, con una naturaleza de perro que tiene desde el instante mismo de su concepción y que guía su desarrollo, haciéndola —aunque parezca una perogrullada— ser lo que es.
Con el hombre ocurre lo mismo: desde su concepción es un ser humano, porque todo su desarrollo posee ya una esencia que lo dirige. Negar esta naturaleza implicaría introducir el caos en todo lo que existe, cosa que precisamente la ciencia ha tratado de desmentir. Por eso, ella se traiciona a sí misma si pretende usar argumentos “científicos” para demostrar la justificación del aborto, porque negaría ese orden lógico.
Por tanto, forzoso es concluir que los padres humanos engendran un ser humano desde el primer momento, lo que es una regla lógica de cada género. Así, entonces, en caso de que el aborto tuviera argumentos razonables —y racionales—, se daría el absurdo de que el hombre sería el único ser que no podría dar origen a una descendencia de su misma especie.
Más aún, todos estos casos nos pondrían en presencia de un ente indeterminado, si cabe la expresión; una materia sin forma, siguiendo a Aristóteles; pura potencialidad de ser, pero sin la especificidad necesaria para que realmente sea; una especie de “materia prima”, nadie sabe exactamente de qué.
Lo anterior también puede abordarse desde otro ángulo: si se llegara a aceptar que antes de algún momento el producto de la concepción no es un ser determinado en el caso del hombre, lo mismo debiera aplicarse a todo animal. De esta manera, si bien los plazos serían diferentes según el tipo de embarazo, cada especie tendría un momento de preespecie o de preexistencia en que no era lo que actualmente es, pero que, pese a ello, por algún motivo resultó ser lo que ahora es (?).
Pero el absurdo podría llegar aún más lejos. Supóngase, por ejemplo, que en el campo de la ingeniería genética se consiguiera el máximo avance posible y se pudieran introducir muchos cambios en el embrión, cualquiera que fuese. Si se tomaran de esta manera —para seguir con el ejemplo— dos embriones, uno de un futuro hombre y otro de un futuro pero antes de que se “conviertan” en hombre y en perro (?) —si es que así las cosas se los pudiera diferenciar según esta teoría—, ¿cabría, mediante la genética, transformar el embrión “prehumano” en perro y el “preperro” en un ser humano? Nuevamente respondemos que no; porque, por mucho avance que se consiga en este campo, no se puede convertir una cosa en algo que no es. Y ello debido a que no existe un momento en que el feto no sea un hombre o un perro, y, por el contrario, siempre lo ha sido.
Por tanto, el producto de la concepción es desde su primer instante un ser humano; y lo anterior se confirma incluso con su nombre: “producto de la concepción”. En efecto, si “concebir” quiere decir dar origen a algo nuevo, cabría preguntarse: concepción, sí; pero, ¿de qué?
Las bases y límites del Consenso
Quizás una de las características más llamativas dentro del amplio espectro de doctrinas englobadas bajo el rótulo “positivismo jurídico” es la neta y tajante división entre el mundo del ser y del deber ser, entre el ámbito del Sein y del So/len, siendo sólo posible desde su perspectiva arribar a datos racionales o “científicos” en el primero de ellos. Por el contrario, a su juicio, el mundo de los valores pertenece al ámbito de lo ¡rracional, motivo por el cual queda sujeto a los pareceres y sentimientos más dispares que debe ‘asumir’ cada cual a su manera.
Lo anterior se une además a otra premisa fundamental, como es sabido: una marcada autonomía moral del sujeto, esto es, que cada individuo, dentro de su más amplia esfera de libertad, es quien determina su propia moralidad, siendo así absolutamente soberano para dar la orientación que estime conveniente a sus propias acciones, supuestamente —así suele decirse— de un modo responsable. De esta manera, respecto del ámbito moral, se unen irracionalidad y autonomía, lo que en verdad resulta bastante llamativo, si se toma en cuenta la importancia fundamental de este orden de cosas para la vida humana.
Ahora bien, el problema se presenta de inmediato debido al carácter social del ser humano; o, si se prefiere, razones mínimas de convivencia hacen aconsejable al menos proporcionar algún marco normativo para la interacción mutua, a fin de evitar una especie de “estado de naturaleza” al estilo hobbesiano. Mas, este mecanismo es sólo formal, no sustancial, hablándose en no pocas oportunidades de meras “reglas del juego”, sobre todo a propósito del sistema democrático. Es por este motivo que aun cuando se hayan planteado algunos caminos para intentar dotar de ciertas ‘reglas mínimas’ a la discusión ética, por lo general, se las concibe como meras pautas procedimentales, que a lo sumo pretenden impedir el uso de la violencia —al menos de manera no regulada—, pero que en ningún caso dan alguna pista sobre el fondo de dicha discusión o, si se prefiere, que no arriban a contenido material alguno a este respecto.
Sin embargo, todas estas “reglas” se justifican, aún sin saberlo, en un dato bastante más real y “objetivo” o, si se prefiere, bastante menos “irracional” o meramente “asumido” de lo que se cree. Este dato no es otro que la consideración de la persona como un ser digno, que merece respeto y, por tanto, que no puede ser tratado de cualquier manera. Sólo este sustrato implícito explica por qué se considera ilegítimo el uso de la fuerza —al menos de una manera no regulada— o, también, la imposición de unos sobre otros o, si se prefiere, por qué son defendidos el diálogo y la tolerancia, tenidos como valores absolutos. Dicho de otro modo: el contenido de la moral, sea individual o social, puede ser cualquiera —en virtud de su supuesta irracionalidad y la autonomía de los sujetos—, con excepción de la tolerancia y del consenso. En estos aspectos se impone, por así decir, un curioso dogmatismo o, si se prefiere, un llamativo “objetivismo moral”: todo es discutible, excepto que tenemos que discutir (debido a lo cual resulta inaceptable que unos intenten imponerse a otros por la fuerza) para llegar a determinar lo que se considera bueno o malo. Mas aún cuando se trata de un objetivismo moral meramente procedimental, a fin de cuentas descansa sobre la misma convicción —no importa si es más ‘racional’ o ‘sentimental’—: la consideración del sujeto (o al menos de algunos sujetos) como dignos de respeto o, si se prefiere, se manifiesta en un curioso consenso (que incluso podría asimilarse a un ‘dogma’, desde estas mismas premisas) en cuanto a la condena del uso de la violencia.
Se podrá decir que esta conclusión (preferir el acuerdo a la violencia) resulta evidente, y así es. Mas, el problema de su ‘evidencia’, desde la perspectiva que se está comentando, radica en que para ella esta conclusión arranca o de valores ‘preasumidos’ (motivo por el cual resulta impropio hablar de ‘evidencias’, porque lo ‘evidente’ no sólo alude a un dato real y objetivo, sino, además, indubitable), o de los hechos, esto es, de las consecuencias o resultados —también evidentes— que origina acudir al consenso por un lado, y a la violencia por otro. En este último evento, no cabe duda de que es mejor el primer resultado que el segundo; mas, de ser coherentes con estas premisas, se estarían desprendiendo valores a partir de meros hechos, o si se prefiere, se estaría concluyendo lo positivo o benéfico del consenso en vez de la violencia, por los resultados a los que conduce una y otra forma de proceder. Mas, esos resultados son simples hechos, datos, un Sein; comprobables, pero absolutamente independientes del mundo de los valores, un Sollen. En consecuencia, y de acuerdo a la llamada ‘falacia naturalista’ —otro lugar común de la epistemología positivista—, se estaría dando un salto lógico, a partir—se insiste nuevamente— de las premisas manejadas por estas corrientes (y no de la realidad de las cosas, evidentemente).
También existe otra premisa más fundamental todavía, sobre la cual se ha construido este sistema de acuerdos procedimentales que parte del ‘dogma’ según el cual, el acuerdo es mejor que la violencia (‘dogma’, se insiste, porque no se puede demostrar racionalmente en el plano de los valores, ni desprenderse de los meros hechos, de acuerdo a estas premisas). Este ‘dato’ es absolutamente obvio, pero por lo mismo, muchas veces es pasado por alto. Consiste en que los sujetos que actúan en el acuerdo, son capaces de ponerse de acuerdo. O, si se prefiere, se está partiendo de la base de que los sujetos intervinientes son racionales, motivo por el cual pueden intercambiar ideas, visiones del mundo. Lo anterior no deja de tener su importancia. En efecto, puesto que el carácter de ‘persona’ es un atributo que de acuerdo al positivismo jurídico kelseniano es ‘dado’ u ‘otorgado’ a los sujetos por el ordenamiento jurídico (al punto que aquellos a los que no se les atribuya este carácter, no serían ‘personas’), da la impresión de que es la ley positiva la que determina con absoluta autonomía quiénes son y quiénes no son ‘persona’. Mas, de existir realmente esta autonomía, esto es, si en verdad la ley positiva pudiera determinar quiénes son o no ‘persona’, no sólo podría quitarle dicho carácter a ciertos miembros de la especie humana (como ocurre, por ejemplo, muchas veces con los no nacidos), sino que, además, podría otorgárselo a otras clases de seres de tipo no humano, como animales, plantas o incluso cosas. Es decir, de ser coherentes con este planteamiento, la calidad de persona sería algo absolutamente accidental o artificial (creado por el hombre) y, por lo mismo, no dependiente de calidad ontológica alguna: cualquier cosa, cualquier ente podría ser ‘persona’, calidad que sería, en definitiva, otorgada o quitada libérrimamente por medio de la ley positiva. Con todo, debe recordarse que esta ley positiva emana, a su vez, de otras ‘personas’, cuya calidad de tal también tendría el mismo origen. Así las cosas, y como puede verse sin mucha dificultad, el círculo vicioso resulta manifiesto.
Lo anterior es, evidentemente, imposible: la calidad de persona depende de algo previo a la mera calificación jurídica: o si se prefiere, hay que tener cierta calidad ontológica para poder ser persona, porque como es sabido, ‘nadie puede dar lo que no tiene’. Mas, con esto se está reconociendo que el normativismo (esto es, la capacidad, en teoría omnímoda de la norma jurídica para determinar qué es Derecho y qué no, para el positivismo) posee límites, que no es absolutamente arbitraria y autónoma. Significa, en suma, que la calidad de persona no es algo a otorgar o quitar arbitrariamente, sino un atributo que debe reconocerse, porque en caso contrario —se insiste— podría ser otorgada a cualquier ente. De este modo, pareciera que el mundo del ser y del deber ser no resultan tan independientes el uno del otro, porque lo establecido por la norma (un Sollen) depende de un dato previo (un Sein).
En consecuencia, reconociendo que es a partir de una calidad ontológica que deriva a su vez la calidad de persona, de ser coherentes, también es necesario concluir que es el voto (la base del consenso) lo que depende de la persona, y no lo contrario. Esto es, que para que haya votos, medio a través del cual se posibilita el consenso, se requiere de ¡a existencia previa de personas, puesto que son los votos los que dependen de la persona, y no la persona de los votos. Esto no deja de tener nuevamente su importancia, porque si el voto (un accidente) es sólo un efecto de algo previo (una sustancia, la persona), dicho efecto no puede desentenderse de o ir contra su causa. De esta manera, los votos, como manifestaciones de la persona, no pueden quitarle dicho carácter (el de persona) a nadie, a ningún ser humano, como tampoco dárselo a un ente distinto del hombre mismo
Agradecemos al autor: Max Silva Abbott 2006-10-05
http://www.arbil.org/107abor.htm
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Descansen en paz
+ 200 NIÑOS NO NACIDOS
MUEREN TODOS LOS DÍAS EN ESPAÑA
ANTES DE PODER VER LA LUZ DEL SOL.
SON ABORTADOS: ELIMINADOS, simplemente asesinados en las carnicerías del aborto
D.E.P. - descansen en paz
Las Asociaciones Pro Vida de toda España, los Centros de Acogida a la Vida, el Partido Familia y Vida, la Asociación de Víctimas del Aborto y todos aquellos que sabemos que la vida comienza en el mismo momento de la concepción.
ROGAMOS una oración por sus almas
Nadie celebrará ninguna misa por ellos en ninguna parroquia. Nadie enterrará a estos difuntos en ningún cementerio. Nadie les visitará en ningún tanatorio. Sus cuerpos irán a parar a la investigación, a la fabricación de cosméticos o al cubo de la basura.
2004-04-13
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"El aborto no es una cuestión religiosa, sino moral y jurídica. No enfrenta a los católicos y a quienes no lo son, sino a posiciones divergentes en cuanto a la naturaleza y los límites de la protección de la vida humana. Por lo tanto, en torno a su valor y dignidad. No es un asunto de sacristías y catequesis, sino que afecta al cimiento moral de la sociedad" Dr. Ignacio Sánchez-Cámara. 2004.06.
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"La proscripción del aborto no es asunto de fe" y que "otra cosa es que la doctrina moral de la Iglesia católica haya sido, y siga siendo, contundente".
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como Pedro y Pablo, bregar los mares para anunciar al Cristo
"Existen normas que obligan a los católicos, y sólo a ellos, en cuanto tales. Por ejemplo, la obligación de asistir a la Misa dominical. Imponerla a toda la sociedad sería lesivo para la libertad religiosa (y para el sentido común). Pero nadie rechaza o discute la conveniencia de castigar el homicidio porque lo repudie la Iglesia católica".
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"La creciente aceptación social del aborto es uno de los más graves síntomas de la perturbación moral de nuestro tiempo", si se tiene en cuenta que "el aborto entraña la eliminación de una vida humana" y que "la protección de la vida humana es uno de los fines fundamentales del Derecho".
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Los derechos superiores de Dios, representan el apoyo primero y último, a la vez que garantía inquebrantable, a los derechos del hombre. S.S. Juan Pablo II – Magno
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La hipocresía es una característica humana bien común. La propia educación nos impele a ser hipócritas en muchas ocasiones, aun a regañadientes. Pero hay muchos que no necesitan aprender, que son hipócritas de nacimiento, por instinto parasitario de conservación, por miedo y cobardía, por rencor, envidia o ambición.
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Padre Fray Benito Jerónimo Feijoo {1676-1764} nos decía: «El valor de las opiniones se ha de computar por el peso, no por el número de las almas. Los ignorantes, por ser muchos, no dejan de ser ignorantes
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Por eso es tan importante el valor de las opiniones que deben generarse en una información veraz. «El derecho a la verdad ¬según las palabras de Juan XXIII a los juristas católicos¬ es anterior y superior a todo otro derecho y exigencia». Y otro Papa de la Iglesia, Pío XII, nos dijo: «Ninguno hoy, cualquiera que sea el campo o partido social o político a que pertenezca... tiene derecho a enmascarar su rostro, a aparecer como no es, a recurrir a la estrategia de la mentira». Estas máximas jurídico-morales deberían figurar obligatoriamente en el frontis de todos los foros.
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Rudyard Kipling del poema «If»: «Si pones en ti mismo una fe que te niegan/ y no desprecias nunca las dudas que ellos tengan/ si te acosa el engaño y en ti no deja huella/ si eres blanco del odio y al odio no das paso/ y además no alardeas ni presumes de ser santo/ Si tropiezas al triunfo, si llega tu derrota/ y a los dos impostores tratas de igual forma/ si puedes escuchar la verdad que has hablado/ hecha trampa de pícaros para engañar incautos/ si arriesgas en un golpe y lleno de alegría tus ganancias de siempre a la suerte de un día/ y pierdes y te lanzas de nuevo a la pelea/ sin decir nada a nadie de lo que es y lo que era».

"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-
“¡Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!” (Sal 8, 2).-
Preguntaba el monje: "Todas estas montañas y pájaros, y estos ríos y la tierra
y las estrellas… ¿de dónde vienen?".
Y preguntó el maestro: "Y de dónde viene tu pregunta?":¡Busca en tu interior!
La belleza de la naturaleza nos recuerda que Dios nos ha encomendado
la misión de "labrar y cuidar" este "jardín" que es la tierra (cf. Gn 2, 8-17).
En el ‘Magnificat’ María nos habla también de sí, de su glorificación ante todas las generaciones futuras: «Ha puesto sus ojos en la humildad de su sierva. Por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada. Porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí». De esta glorificación de María nosotros mismos somos testigos «oculares». ¿Qué criatura humana ha sido más amada e invocada, en la alegría, en el dolor y en el llanto, qué nombre ha aflorado con más frecuencia que el suyo en labios de los hombres? ¿Y esto no es gloria? ¿A qué criatura, después de Cristo, han elevado los hombres más oraciones, más himnos, más catedrales? ¿Qué rostro, más que el suyo, han buscado reproducir en el arte? «Todas las generaciones me llamarán bienaventurada», dijo de sí María en el Magnificat (o mejor, había dicho de ella el Espíritu Santo); y ahí están veinte siglos para demostrar que no se ha equivocado.
Su fe indefectible que sostuvo la fe de Pedro y de los demás Apóstoles, durante más de dos mil años, siga sosteniendo la de las generaciones cristianas, aquella y siempre misma fe. Reina de los Apóstoles, ruega por nosotros. Amen ¡Gracias!
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Si eres cristiano se tiene que ver tu fe.
Defiende la vida, desenmascara las carnicerias del aborto.
Es vuestra visita la que nos honora y agradecemos.
Quepa claro: "hablamos no solo para comunicarnos, sino para distinguirnos". Por lo mismo, nos vestimos no solo para evitar el frío, sino para reafirmar nuestra personalidad. Publicamos porque creemos en la verdad y solo ella nos hace libres.
Pedimos disculpas por los errores que tantas veces cometemos. No son por mala voluntad, ni por ignorancia, sino por no saber. No está mal recordar que una cosa es la ignorancia (= no saber lo que a uno no se le alcanza) y la nescencia (= no saber lo que uno debería saber).
Dice un bello espiritual negro: ‘You can have all this world, but give me Jesus’ (‘puedes tener el mundo entero, pero dame a Jesús’).
Jesús misericordia : Kyrie eleison. Christe eleison. Kyrie eleison.
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Título: ‘Históricamente incorrecto. Para acabar con el pasado único’.
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De San Anselmo de Aosta, se ha tornado célebre la expresión: "Non quæro intelligere ut credam, sed credo ut intelligam", no busco entender para creer, sino que creo para entender. Vox fidei, semper! La voz de la fe, siempre firmes! †