Monday 1 September 2014 | Actualizada : 2014-08-20
 
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Y una media mentira puede ser más dañina que una mentira entera, aunque sólo sea porque tiene más capacidad de seducción.

El demonio es padre de la mentira, de las sectas, división y odio.

 

El término “secta”, según Larousse, significa “un grupo de personas que profesan las mismas doctrinas o enseñanzas, especialmente aquellas que los apartan de la tradicional”.

 

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¿Y las humanas doctrinas de los predicadores protestantes que se multiplican como hongos parasitarios? [bautistas tenemos no menos de 19 y los del norte y los sureños.etc.].¡Que muchos viven a costa ajena y sin mayores escrúpulos!.

 

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"Respice stellam, voca Mariam!".

¡Mira la estrella, invoca a María!

 

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«Somos salvados por la fe y según nuestras obras en caridad, no por los argumentos», no por la literatura, no por la charlatanería, no por la bufonada.

 

SECTAS Y CULTOS SATÁNICOS - 2º

EL JUICIO DE LA IGLESIA SOBRE RITOS SATÁNICOS

 

MONSEÑOR ANGELO SCOLA

 

 

La herencia de la época moderna que ve, si no la derrota, por lo menos una drástica atenuación de la pretensión racionalista, nos presenta una inesperada explosión de lo sacro. La secularización se había anunciado como una reducción a términos "mundanos", "no religiosos", del discurso cristiano. Hoy, en cambio, pululan las más variadas formas de una sacralidad que se podría definir naturalista, pues encuentra respuestas al sentido religioso en una concepción de la naturaleza (del cosmos y del hombre) que -casi al estilo de la era precristiana- vuelve a ser considerada divina en sí misma (theia physis). Dioses y demonios pueblan el universo de este nuevo politeísmo irracional, paradójicamente alimentado por los extraordinarios medios que ofrecen la ciencia y la técnica.

No creer ya en Dios no significa creer en nada; por el contrario, significa creer en todo. Esta conocida intuición de Chesterton describe bien la condición de muchos hombres de hoy, los cuales, tras abandonar la fe cristiana y decepcionados de las pretensiones de la razón iluminista, se encuentran inermes frente a la realidad. No consiguen liberarse de la angustia de su soledad radical frente al mundo y al tiempo. Para dominarla recurren a la magia, que permitiría obtener la protección de poderes ocultos, y no renuncian a buscar una alianza con las mismas potencias del mal.

Por esto proliferan las prácticas mágicas; incluso algunos fieles cristianos participan en grupos satánicos que practican un culto abiertamente contrario a la religión católica. Ante esta situación, la Iglesia -y de modo especial los pastores- está llamada a dar un juicio claro, que se hace posible por el renovado anuncio de la victoria de Cristo sobre Satanás, sobre el pecado y sobre la muerte.

Para poner de relieve la posición de la Iglesia y la enseñanza del Magisterio con respecto al problema de los cultos satánicos -sin dejar de subrayar su peligrosidad e inconciliabilidad con la naturaleza de la fe y de la moral cristiana- desarrollaré el tema en los siguientes puntos: la novedad del culto cristiano; la realidad de Satanás y sus insidias contra los hombres; los ritos satánicos en el juicio de la Iglesia; y posibles consecuencias de la participación en ritos satánicos.

La novedad del culto cristiano

"Os exhorto, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, a que ofrezcáis vuestros cuerpos como una víctima viva, santa, agradable a Dios: tal será vuestro culto espiritual" (RM 12, 1). El culto cristiano, obre de Cristo sacerdote, al que se asocia el hombre, presenta un carácter del todo particular, que lo distingue radicalmente de cualquier otra forma de culto. Jamás puede reducirse a un puro rito o práctica de piedad. En efecto, la adoración a Dios, que culmina con la celebración de los sacramentos, sólo se realiza plenamente con el ofrecimiento de la propia vida como oblación agradable al Padre.

¿Dónde radica la originalidad del culto cristiano? En el acontecimiento de Jesucristo:
"A este Jesús, Dios lo resucitó: de lo cual todos nosotros somos testigos. Y, exaltado por la diestra de Dios, ha recibido del Padre el Espíritu Santo prometido y lo ha derramado, como vosotros veis y oís (...). Sepa, pues, con certeza toda la casa de Israel que Dios ha constituido Señor y Cristo a este Jesús a quien vosotros habéis crucificado" (Hch 2, 32-33). De modo libre y gratuito, el Padre decidió, antes de todos los siglos, hacer partícipe de su vida divina a los hombres, conformándolos con Jesucristo por obra del Espíritu Santo. Para realizar este plan de salvación, dio el ser a todas las cosas, visibles e invisibles, y entre ellas al hombre, creado a su imagen y semejanza y llamado a la vida sobrenatural. Con el pecado de Adán no cambió este "orden original", sino que se manifestó su carácter redentor. El Hijo eterno de Dios se encarnó y, en el misterio pascual (muerte, resurrección, ascensión y don del Espíritu Santo), realizó la obra de la justificación. Ésta llega a los hombres de todo tiempo a través de la Iglesia, mediante los siete sacramentos. La justificación, según la conocida terminología neotestamentaria, engendra hijos en el Hijo: "En efecto, todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Pues no recibistéis un espíritu de esclavos para recaer en el temor; antes bien, recibistéis un espíritu de hijos adoptivos que nos hace exclamar: ¡Abbá, Padre! El Espíritu mismo se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios. Y, si hijos, también herederos" (Rm 8, 14-17). El sacramento del bautismo, intrínsecamente orientado a la Eucaristía, obra en el creyente esta regeneración sobrenatural y lo introduce en la vida nueva en Cristo, haciéndolo capaz de actos meritorios.

Así, la potencia y la belleza de la obra de Cristo se manifiesta, en cierto sentido visiblemente, en la vida nueva del bautizado, caracterizada, ante todo, por las tres virtudes teologales: fe, esperanza y caridad. La adhesión a Jesucristo en la obediencia de la fe, la práctica de una caridad, acompañada de obras, para con Dios y con el prójimo, y la esperanza de que la misericordia de Dios nos dará la plenitud de la vida eterna, que ya es objeto, como prenda, de experiencia presente, son características de la vida de los santos, ejemplos privilegiados de la novedad existencial que Cristo trajo al mundo. La existencia del cristiano
(en Cristo), que en sí misma es el nuevo culto, tiene su expresión culminante en los actos específicos de culto. El concilio Vaticano II, al hablar de la celebración litúrgica, hace referencia a la enseñanza de la Escritura y de la Tradición: "Toda celebración litúrgica, como obra de Cristo sacerdote y de su Cuerpo, que es la Iglesia, es acción sagrada por excelencia cuya eficacia, con el mismo título y en el mismo grado, no iguala ninguna otra acción de la Iglesia" (Sacrosanctum Concilium. 7). En efecto, el acto de culto, que para el cristiano sólo puede dirigirse a Dios, tiene fundamentalmente la forma de una "respuesta" a la iniciativa gratuita del Padre en Jesucristo por obra del Espíritu Santo. En este acto están implicadas las tres virtudes teologales que, a su vez, abarcan todas las dimensiones constitutivas de la persona.

La realidad de Satanás y sus insidias contra los hombres

En este marco se puede hablar, con seriedad y sin caer en exageraciones, de los ritos satánicos: un árbol venenoso que crece en el terreno contaminado de la magia. Ante todo, no debemos olvidar que la Iglesia, por una parte, siempre ha rechazado una excesiva credulidad en esa materia, censurando enérgicamente todas las formas de superstición, al igual que la obsesión por Satanás y los demonios y los ritos y modalidades de maléfica adhesión a tales espíritus. Por otra parte, y sabiamente, también ha puesto en guardia contra un enfoque puramente racional de estos fenómenos, que termine por identificarles siempre y sólo con desequilibrios mentales. Una serena posición de fe ha sido la característica de la actitud de la Iglesia a lo largo de los siglos.

Como nos recuerda san Juan Crisóstomo:
"Ciertamente, no es un placer entretenerse con el tema del diablo, pero la doctrina que aquel me ofrece la ocasión de tratar resultará muy útil para vosotros" (Del diablo tentador, homilía II, 1).

Hace veinte años no eran raros los discursos teológicos que negaban la existencia del diablo y de su obra real de insidia contra los hombres. Esto llegó a tal punto, que el Papa Pablo VI sintió la necesidad de recordar la fe de la Iglesia sobre esa materia, en la audiencia general del 15 de noviembre de 1972:
"El mal no es ya sólo una deficiencia, sino una eficiencia, un ser vivo, espiritual, pervertido y pervertidor. Terrible realidad. Misteriosa y pavorosa. Quien rehúsa reconocer su existencia, se sale del marco de la enseñanza bíblica y eclesiástica; como se sale también quien hace de ella un principio autónomo, algo que no tiene su origen, como toda criatura, en Dios; o quien la explica como una pseudo-realidad, una personificación conceptual y fantástica de las causas desconocidas de nuestras desgracias" (L´Osservatore Romano, edición en lengua española, 19 de noviembre de 1972, p. 3). Estas palabras recogieron la enseñanza constante del Magisterio de la Iglesia (siglos V-VI: DS, 286, 291, 325, 457-463; siglo XIII: DS, 797; siglos XV-XVI: DS, 1.349, 1.511; siglo XVII: DS, 2.192, 2.241, 2.243-2.245, 2.251; siglo XX: DS, 3.514), especialmente la del concilio IV de Letrán, celebrado en el año 1215, cuyo contenido ha sido analizado minuciosamente en el documento "Las múltiples formas de la superstición", publicado por la Congregación para la doctrina de la fe (26 de junio de 1975). El pronunciamiento del IV concilio de Letrán, contra los albigenses y los cátaros, afirma: "En efecto, el diablo y los otros demonios fueron creados por Dios con una naturaleza buena, pero ellos se hicieron a sí mismos malos. El hombre, después, pecó por sugerencia del demonio" (DS, 800). Juan Pablo II, en el ciclo de catequesis sobre la creación (9 y 30 de julio, y 13 de agosto de 1986) afirma la misma doctrina y el Catecismo de la Iglesia católica la expresa claramente: "Tras la elección desobediente de nuestros primeros padres se halla una voz seductora, opuesta a Dios que, por envidia, los hace caer en l MUERTE. La Escrutura y la Tradición de la Iglesia ven en este ser un ángel caído, llamado Satán o diablo. La Iglesia enseña que primero fue un ángel bueno, creado por Dios (...). "El diablo y los otros demonios fueron creados por Dios con una naturaleza buena, pero ellos se hicieron a sí mismos malos" (Catecismo de la Iglesia católica, n. 391). Por lo tanto, no se puede negar la existencia real de un ser creado por Dios. Sin embargo, debemos notar que el Catecismo, siguiendo toda la Tradición de la Iglesia, habla del diablo de modo subordinado a la historia de la salvación, en el ámbito de la creación y del pecado original. Esta opción priva de raíz toda posibilidad de dualismo que pretenda poner a Satanás al mismo nivel de Dios. La historia de la salvación no es la lucha, en igualdad de condiciones, entre el Dios de misericordia y el padre de la mentira. Está definida, en cambio, por la omnipotencia del Padre, que ha enviado a su Hijo "para destruir las obras del demonio" (1 Jn 3, 8). No hay más que un principio del ser y, por lo tanto, no hay más que una posibilidad de victoria: toda la obra de Satanás está marcada, desde el comienzo, por las huellas del vencido. "Sin embargo, el poder de Satán no es infinito. No es más que una criatura, poderosa por el hecho de ser espíritu puro, pero sólo criatura: no puede impedir la edificación del reino de Dios. Aunque Satán actúe en el mundo por odio contra Dios y su reino en Jesucristo, y aunque su acción cause graves daños -de naturaleza espiritual e indirectamente incluso de naturaleza física- en cada hombre y en la sociedad, esta acción es permitida por la divina Providencia, que con fuerza y dulzura dirige la historia del hombre y del mundo. El que Dios permita la actividad diabólica es un gran misterio, pero "nosotros sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman" (Rm 8, 28)" (Catecismo de la Iglesia católica, n. 395).

 

 

Aún siendo un vencido, Satanás no cesa de plantear dificultades a los hijos de Dios, porque la victoria de Cristo espera a manifestarse de manera incontrovertible en su parusía. Aquel que es llamado homicida desde el principio (cf. Jn 8, 44) acecha continuamente a los fieles para que se separen de su Redentor. "Sería un funesto error comportarse como si, considerando ya resuelta la historia, la redención hubiera obtenido todos sus efectos, sin que sea ya necesario empeñarse en la licha de la que hablan el Nuevo Testamento y los maestros de la vida espiritual" ("Las múltiples formas de la superstición", op. Cit.). La vida cristiana tiene una dimensión intrínseca de lucha, de la que ninguno se puede ver libre. San Agustín habla de las dos ciudades, contradictorias entre sí; y san Ignacio de Loyola, gran maestro de vida espiritual, en el libro de sus Ejercicios nos ha dejado la famosa meditación de las dos banderas, que expresa con viveza la lucha del cristiano. En efect, la salvación del hombre no puede ser automática, porque tiene en cuenta su libertad. Si no fuera así, consideraríamos la salvación, inevitablemente, como un factor extrínseco, no "conveniente" a nuestra persona, cuyo emblema es, precisamente, la libertad. Pero la experiencia de la libertad finita introduce -en el status viatoris- la posibilidad de error, que puede llegar, a causa del pecado, hasta la rebelión contra el Bien supremo. El hombre, en el ejercicio de su libertad, puede elegir un bien finito, considerándolo Bien absoluto. "El tema de la acción del maligno y sus tentaciones y seducciones se sitúa en el contexto de la naturaleza del hombre, limitada y herida.

Los ritos satánicos en el juicio de la Iglesia

La acción ordinaria de Satanás consiste en inducirnos al pecado, que es un extravío culpable de la libertad. La enseñanza del concilio Vaticano II ilumina esta situación:
"El hombre, al examinar su corazón, se descubre también inclinado al mal e inmerso en muchos males que no pueden proceder de su Creador, que es bueno. Negándose con frecuencia a reconocer a Dios como su principio, rompió además el orden debido con respecto a su fin último y, al mismo tiempo, toda su ordenación en relación consigo mismo, con todos los otros hombres y con todas las cosas creadas. De ahí que el hombre esté dividido en su interior. Por esto, toda vida humana, singular o colectiva, aparece como una lucha, ciertamente dramática, entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas" (Gaudium et spes, 13).

Centrando ahora nuestra atención en el fenómeno de los ritos satánicos, conviene recordar que son muy variadas las circunstancias que pueden llevar a un hombre a tales prácticas, así como son diversas las formas y denominaciones que éstas asumen, según las corrientes y medios a los cuales están vinculadas. Actualmente, incluso en ámbito católico, existe literatura que describe este fenómeno de la forma más completa posible. Nuestro objetivo se limita, simplemente, a recordar el juicio de la fe y de la moral de la Iglesia acerca de los cultos satánicos.

Las advertencias de la sagrada Escritura sobre el carácter ilícito de los cultos a Satanás son constantes, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. El punto central de la condena de la Biblia es la conciencia de que estos cultos implican un rechazo del único y verdadero Dios. Efectivamente, lo que está en juego es el señorío de Dios sobre su pueblo:
"Yo, yo soy el Señor, y fuera de mí no hay salvador" (Id 43, 11). Al establecer su alianza con el pueblo de Israel, el Señor le había mandado: "Al Señor tu Dios temerás, a él le servirás, por su nombre jurarás. No vayáis en pos de otros dioses, de los dioses de los pueblos que os rodean, porque un Dios celoso es el Señor tu Dios que está en medio de ti. La ira del Señor tu Dios se encendería contra ti y te haría desaparecer de la luz de la tierra. No tentaréis al Señor vuestro Dios como le habéis tentado en Massá" (Dt 6, 13-16). La historia de la salvación sitúa a Israel en una relación totalmente particular con el Señor: se ha revelado como el verdadero Dios, el único capaz de liberar y de salvar al hombre.

La condena veterotestamentaria permanece intacta en el Nuevo Testamento. Más aún, precisamente al comienzo de la misión de Jesús, es recordada con fuerza:
"Dícele entonces Jesús: "Apártate, Satanás, porque está escrito: Al Señor tu Dios adorarás, sólo a él darás culto" (Mt 4, 10). La lucha de Jesús contra Satanás y contra el pecado, sus curaciones y milagros, su muerte y resurrección libran al hombre de las potencias demoníacas, del mal y de la muerte. Los escritos apostólicos recogen con fuerza la condena de las brujerías: "Las obras de la carne son conocidas: fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, odios, discordias, celos, iras, rencillas, divisiones, disensiones, envidias, embriagueces, orgías y cosas semejantes, sobre las cuales os prevengo, como ya os previne, que quienes hacen tales cosas no heredarán el reino de Dios" (Ga 5, 19-21).

Es unánime al respecto la doctrina de los Padres de la Iglesia, sobre todo de los primeros siglos del cristianismo, cuando abundaban los ritos mágicos y satánicos. Podemos recordar las palabras de Tertuliano:
"De astrólogos, brujos, charlatanes de cualquier clase, ni siquiera se debería hablar. Y sin embargo, recientemente, un astrólogo que se declara cristiano ha tenido la desfachatez de hacer la apología de su trabajo (...). La astrología y la magia son torpes invenciones de los demonios" (De idolatría, IX, 1); así como las de san Cirilo de Jerusalén: "Algunos han tenido la osadía de despreciar al creador del paraíso, adorando la serpiente y el dragón, imágenes de aquel que hizo expulsar al hombre del paraíso" (Sexta Catequesis Bautismal, n. 10).

En ninguna época de la historia del cristianismo ha cambiado el juicio de la Iglesia sobre los cultos satánicos. Éstos entran en la categoría de la idolatría, porque atribuyen poderes a características divinas a un ser que no es Dios y que es el "enemigo del género humano". Por lo tanto, son actos que apartan radicalmente de la comunión con Dios, ya que conllevan en el hombre una libre opción por Satanás en lugar de por el único Señor. Nos encontramos frente a un pecado contra el primer mandamiento de la ley de Dios (cf.
Catecismo de la Iglesia católica, n. 2.110 ss). El anuncio de la potencia redentora del Resucitado, contenido esencial del Kerygma apostólico, es sustituido por "técnicas" y "ritos" con los cuales se pretende obtener, para sí o para otros, la protección del maligno. El Catecismo de la Iglesia católica dice: "Todas las formas de adivinación deben rechazarse: el recurso a Satán o a los demonios, la evocación de los muertos, y otras prácticas que equivocadamente se supone "desvelan" el porvenir. La consulta de horóscopos, la astrología, la quiromancia, la interpretación de presagios y de suertes, los fenómenos de visión, el recurso a "mediums" encierran una voluntad de poder sobre el tiempo, la historia y, finalmente, los hombres, a la vez que un deseo de granjearse la protección de poderes ocultos. Están en contradicción con el honor y el respeto, mezclados de temor amoroso, que debemos solamente a Dios" (n. 2.116).

Hay otro aspecto de los cultos satánicos que no podemos olvidar. No sería difícil descubrir, en el universo conceptual de las personas que practican estos ritos, cierta visión maniquea de la realidad, tal vez inconsciente. Atribuir a Satanás algo que sólo pertenece a Dios implica, por lo menos de hecho, poner dos principios como fundamento del mundo y del tiempo, luchando entre sí y en busca de adoradores. Nada es más extraño a la fe católica que ese maniqueísmo. Las repetidas declaraciones del Magisterio de la Iglesia (baste recordar la polémica con el gnosticismo o, en el medioevo, la sostenida con los cátaros y los albigenses), han reafirmado siempre el carácter de criatura propio del diablo y el origen del mal en su voluntad y en la libertad de los hombres.

Además, con esas prácticas no solamente se perjudica la fe. También sufre radicalmente la esperanza cristiana, porque quien lleva a cabo tales actos, confía su salvación, presente y eterna, a las potencias demoníacas y no a Dios. Tampoco podemos olvidar que los que rinden culto a Satanás, al ponerse al servicio de su obra de destrucción, actúan contra la caridad: baste pensar en las degradaciones morales que normalmente acompañan los ritos satánicos. Tratándose de culto, está en el juego todo el hombre, con su fisonomía cristiana, que se apoya en las virtudes teologales. En este caso no nos encontramos frente a una simple debilidad humana, sino frente a una opción libre y radical contra Dios, que debe ser considerada, en su aspecto objetivo, como pecado mortal.

Y de paso conviene recordar, dejando el juicio jurídico a los canonistas, que los ritos satánicos contienen muchas veces, como parte integrante de su desarrollo, el sacrilegio (particularmente de la Eucaristía), por lo cual es necesario advertir que
"quien arroja por tierra las especies consagradas, o las lleva o retiene con una finalidad sacrílega, incurre en excomunión "latae sententiae" reservada a la Sede apostólica" (Código de derecho canónico, c. 1.367). También esto puede ayudar a descubrir la gravedad de tales prácticas. Lo cual no significa que, en condiciones precisas, no se pueda obtener el perdón.

 

 

Posibles consecuencias de la participación en ritos satánicos

La participación en sectas y en cultos satánicos deja al hombre cada vez más inerme frente a Satanás. Aún convencidos por la fe de que el diablo no tiene poder sobre la salvación eterna del hombre si éste no se lo permite, no podemos considerar que la libertad (de modo particular, la libertad en estado de pecado) es omnipotente frente a las insidias del diablo. Cuanto más participa una persona en las prácticas aludidas, tanto más débil e indefensa se encuentra.

En este sentido se puede suponer que los afiliados a sectas satánicas corren el riesgo de convertirse más fácilmente en víctimas de realidades como el "hechizo", el "mal de ojo", las "vejaciones diabólicas" y las "posesiones demoníacas". En efecto, tanto en el hechizo como en el mal de ojo, no podemos excluir cierta participación del gesto maléfico en el mundo de lo demoníaco, o viceversa (cf. Conferencia episcopal toscana,
"A propósito di magia e demonologia. Nota pastorale", 1 de junio de 1994, n. 13).

De diversa naturaleza son las acciones extraordinarias de Satanás contra el hombre, permitidas por Dios por razones que sólo él conoce. Entre éstas podemos citar: trastornos físicos o externos (basta recordar el testimonio de la vida de tantos santos); o intervenciones locales sobre casas, objetos o animales; obsesiones personales, que ponen al sujeto en estados de desesperación; vejaciones diabólicas, que se manifiestan en trastornos y enfermedades que llegan a hacer perder el conocimiento, a realizar acciones o a pronunciar palabras de odio contra Dios, Jesús y el Evangelio, la Virgen y los santos; finalmente, la posesión diabólica, que es la situación más grave porque, en este caso, el diablo toma posesión del cuerpo de una persona y lo pone a su servicio sin que la víctima pueda resistirse /cf.
Ib., n. 14). Todas estas formas por misteriosas que sean, no pueden considerarse sólo situaciones de tipo patológico, como si fueran todas y siempre formas de alteración mental o de histerismo. La experiencia de la Iglesia nos muestra la posibilidad real de estos fenómenos.

Frente a estos casos, la santa Iglesia, siempre que haya certeza de la presencia de Satanás, recurre al exorcismo. El Catecismo nos recuerda esta praxis eclesial:
"El exorcismo intenta expulsar a los demonios o liberar del dominio demoníaco gracias a la autoridad espiritual que Jesús ha confiado a su Iglesia. Muy distinto es el caso de las enfermedades, sobre todo psíquicas, cuyo cuidado pertenece a la ciencia médica. Por tanto, es importante asegurarse, antes de celebrar el exorcismo, de que se trata de una presencia del maligno y no de una enfermedad" (Catecismo de la Iglesia católica, n. 1.673). La celebración de este sacramental, reservado al obispo o a ministros elegidos por él para ese fin, consiste en la reafirmación de la victoria del Resucitado sobre Satanás y sobre su dominio (Código de derecho canónic, c. 1.172).

Junto con los exorcismos, el nuevo Ritual incluye también bendiciones que manifiestan el esplendor de la salvación del Resucitado, ya presente en la historia como un principio nuevo de transfiguración de la vida del hombre y del cosmos. Estas bendiciones son apropiadas para confortar y ayudar a los fieles, sobre todo cuando no se tenga certeza de una acción satánica sobre ellos. Se incluyen, por lo tanto, en la práctica normal de oración de la comunidad cristiana.

Pero no olvidemos que el recurso fundamental contra las asechanzas de Satanás es la vida cristiana en su realidad diaria: la pertenencia fiel a la comunidad eclesial; la celebración frecuente de los sacramentos (sobre todo de la penitencia y de la Eucaristía); la oración; la caridad acompañada de obras y el testimonio gozoso frente a los demás. Estos son los instrumentos principales a través de los cuales el cristiano abre plenamente su corazón al Resucitado, para asemejarse a él. Son los signos tangibles de la misericordia de Dios hacia su pueblo y tienen el poder de redimir al hombre arrepentido, cualquiera que sea su pecado.

Contra la acción del maligno, que lleva a perder la esperanza de la salvación, el Padre jamás niega su perdón a quien se lo pide con corazón sincero. Cuanto mas fiel es la comunidad cristiana a su misión evangelizadora, tanto menos el cristiano deberá temer al maligno. Su libertad podrá confiar plenamente en Aquel que ha vencido a Satanás. Quien ha descubierto a Jesucristo no necesita buscar la salvación en otra parte. Él es el único y auténtico Redentor del hombre y del mundo.

‘humanitas’ nº 21

 

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Un hombre tiene que tener siempre el nivel de la dignidad por encima del nivel del miedo.
 
La ignorancia es madre del miedo.

 

 

SECTAS Y CULTOS SATÁNICOS - 2º

JUICIO DE LA IGLESIA SOBRE RITOS SATÁNICOS

 

El exorcista Francesco Bamonte desaconseja el «juego» de la «ouija»

 

L «ouija» no es un juego banal. «La superstición ofende a Jesucristo porque significa que no se confía suficientemente en Él», afirma el exorcista italiano Francesco Bamonte, autor de un libro sobre la acción oculta del Maligno y las presuntas comunicaciones con el más allá. El volumen, aparecido por el momento en italiano, y pronto en otros idiomas, lleva por título «Los daños del espiritismo» («I danni dello spiritismo»).

 

A. G. - Roma.-
El padre Bamonte, religioso de los Siervos del Corazón Inmaculado de María, dedica su labor pastoral a ayudar a personas que han caído en las redes de magos o de un supuesto médium. Según el exorcista, «las prácticas de espiritismo generalmente no son más que trucos que en algunas ocasiones hacen entrar en contacto con el propio inconsciente. En otros casos, sin embargo, se entra en contacto con espíritus demoníacos que fingen ser almas de difuntos». «Los casos de infestación y de posesión diabólica, en los cuales los sacerdotes exorcistas han tenido que intervenir después de una sesión de espiritismo, demuestran claramente cómo esta práctica es una vía privilegiada para una acción destructiva del demonio sobre personas», afirma.
   Según el religioso, el espiritismo puede acarrear molestias físicas sobre quienes lo practican, como «dolores fuertes de barriga, en la frente, huesos, vómitos, ataques epilépticos, hormigueo en las piernas, ataques repentinos de calor o frío, sensación de angustia creciente, depresiones, continuos tics nerviosos, la imposibilidad de ingerir comida...». «Pero hay todavía muchas más: no dormir ni de noche ni de día, no poder estudiar o trabajar. Estar agitado, tener pesadillas, miedo a lugares oscuros, sensación de ser agarrados por los brazos o como si alguien se nos sentara en las rodillas. También se experimentan bofetadas invisibles o mordeduras que no se ven, así como golpes en el cuerpo», añade.
   «En relación a los daños sobre los lugares, se dan fenómenos de movimiento de objetos sin ninguna causa sensible, timbres de puertas o instrumentos musicales que suenan solos de repente. También hay golpes en el tejado, en las paredes o en el suelo, gritos y voces en el aire y ruido de pasos», concluye.
Zenit - 2003-11-13 – LA RAZÓN. ESP.

 

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Notamos, antes que nada, que el fenómeno de las sectas, su aparición y florecimiento, no es un hecho meramente sociológico o de orden histórico y psicológico, sino que ha de ser visto y valutado desde la óptica teológica.

 Las sectas constituyen como tal un problema teológico pastoral. El estudio de las mismas no debe reducirse, por lo tanto, al campo fenomenológico y al cuadro de las estadísticas, así como tampoco ha de ser absorbido por el sensacionalismo. Si así lo hiciéramos, este problema irá en aumento, mientras que el interés por su estudio y análisis pasará de moda.

La pastoral reconoce en las Escrituras la fuente inagotable de su vitalidad. Tomando contacto con la divina palabra y los testimonios de la Iglesia apostólica salta a la vista el profundo amor a la Iglesia y la firmeza en la fe de los primeros cristianos. Una Fe que les hacia exclamar «¡Ay de mi si no evangelizo!», y que llegaba hasta la donación de la propia vida en el martirio. Lecciones éstas particularmente necesarias en un mundo que pierde el gozo de la verdad, ahogado en las garras del agnosticismo relativista.

El problema de las sectas es vasto y complejo, lo sabemos; y por ende las propuestas y metodologías pastorales a proponer son numerosas. Sin embargo, estos programas pastorales no nos deben hacer perder de vista las fuentes perennes de la espiritualidad, por cuanto que es allí donde radica la solución básica y el fundamento ultimo de los medios pastorales por utilizar. La comunidad creyente que vive el misterio de Jesucristo y que irradia la verdad del Evangelio, desmantela y detiene por sí misma la invasión de las sectas. Hemos de retomar con fuerza las fuentes de la vida divina: la Santísima Eucaristía, la devoción mariana y la familiaridad con la palabra de Dios. La caridad brotará de esta fuente inagotable de vida, siendo de este modo las obras de misericordia el distintivo que muestre la imagen de Cristo ante los demás.

Algunas veces pretendemos grandes infraestructuras y medios gigantescos y complejos para hacer frente a un problema que parece superarnos con el riesgo de minimizar u omitir lo fundamental. Esto nos recuerda a Naamán el sirio (2 Re. 5) que pretendía algo distinto y original cuando el profeta le mandaba simplemente bañarse en el Jordán. El agua de la vida brota de Dios (cf. Jn. 4, 14), y el mal se vence a fuerza de bien (cf. Rom. 12, 21). No se descartan —obviamente— las investigaciones ni la implementación de nuevos programas pastorales, pero estamos convencidos que su eficacia dependerá de la vida espiritual de los creyentes y la autenticidad evangélica de la comunidad. «El que permanece en mí —dice el Señor— como yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada» (Jn. 15, 5). Es desde una comunidad viva de fe y caridad que obtendrá eficacia cualquier medio pastoral concreto que se aplique para hacer frente al proselitismo sectario y avance de estos grupos. «Si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros? ... En todo esto salimos completamente vencedores gracias a aquél que nos amó» (Rom. 8, 31. 37).

El Papa Juan Pablo II lo expresaba ante la IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Santo Domingo: «Al preocupante fenómeno de las sectas hay que responder con una acción pastoral que ponga el centro de todo a la persona, su dimensión comunitaria y su anhelo de una relación personal con Dios. Es un hecho que allí donde la presencia de la Iglesia es dinámica, como es el caso de las parroquias en las que se imparte una asidua formación en la Palabra de Dios, donde existe una liturgia activa y participada, una sólida piedad mariana, una efectiva solidaridad en el campo social, una marcada solicitud pastoral por la familia, los jóvenes y los enfermos, vemos que las sectas o movimientos para-religiosos no logran instalarse o avanzar» (Discurso inaugural, IV Conferencia General del Episcopado latinoamericano, Santo Domingo, Conclusiones, Buenos Aires, 1993, pág. 15).

 

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Cae secta satánica italiana autora

de varios asesinatos “rituales”

 

ROMA, 07 Jun. 2004 (ACI).-La policía italiana conmovió al país este lunes al anunciar el descubrimiento de una secta satánica que asesinó al menos a tres jóvenes entre 1998 y enero pasado en la provincia de Varese, en el extremo norte del país.Según fuentes oficiales, la secta, denominada “Bestias de Satanás”, estaba compuesta por unos diez jóvenes de Milán y Somma Lombardo dedicados a ritos satánicos, la música heavy metal y el consumo de cocaína.Durante uno de estos ritos fue consumado, el 17 de enero de 1998, el “sacrificio” a martillazos de Favio Tollis y Chiara Marino, cuyos restos fueron encontrados la semana pasada a dos metros de profundidad en un bosque.Ambos, que eran novios, habían desaparecido hacía seis años sin dejar rastros, pero el padre del muchacho sospechaba de la secta, frecuentada por su hijo, y continuó investigando.Fue justamente por su interés que los investigadores siguieron esa pista tras el asesinato en la misma localidad de otra joven de 26 años, Mariangela Pezzota, el 24 de enero pasado. A ella la mataron de un tiro en la cabeza y luego la enterraron en el jardín de una casa de campo en los alrededores de Varese.Por la muerte de la joven fue acusado el novio, Andrea Volpe. En la casa de Volpe fueron encontrados numerosos instrumentos destinados a los ritos satánicos y símbolos típicos de este tipo de sectas, activas sobre todo en el norte de Italia.Las investigaciones revelaron que Fabio y Chiara, su novia, fueron llevados a un bosque con la excusa de un rito satánico sin saber que ellos mismos serían las víctimas.Al parecer, la única víctima iba a ser Chiara, pero Fabio fue asesinado por intentar defenderla. Los integrantes de la secta abusaron sexualmente de la joven, antes de pegarle martillazos y rematarla con un cuchillo.Las autoridades no descartan que el grupo satánico, que se reunía de manera regular para celebrar “misas negras”, esté además relacionado con el suicidio de dos personas en los últimos años y la desaparición de otra pareja de jóvenes en la zona.En Italia hay registrados cerca de 250 miembros de grupos satanistas organizados, aunque se calcula que los seguidores de este tipo de sectas pueden ascender a unos 5.000.

 

 

 

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¿Qué diferencia hay entre religión, culto y secta?

 

Responde el P. Jon Mikel de Arza Blanco, IVE

 

Pregunta:

Ante mi reciente actividad en esta area, desearia conocer que se considera: A.-Religion.- B.-Culto.- C.-Secta gracias.
José Luis (Argentina)

 

Respuesta:

Estimado José Luis:

Santo Tomás de Aquino, dice en
la Suma Teológica, II-II, 81, 1, que

a)«conforme escribe San Isidoro en el libro Etymol., llamamos religioso, palabra derivada, según dice Cicerón, de re-lección, a quien repasa y como que relee lo referente al culto divino. Así, pues, la palabra religión proviene, según parece, de
releer lo concerniente al culto divino, por el hecho de que a estas materias hay que darles muchas vueltas en nuestro interior, según se nos manda en Prov 3,6: En todos tus caminos, piensa en El.

b)Aunque también pudiéramos suponer que se llama así a la religión por nuestra
obligación de reelegir a Dios, a quien por negligencia hemos perdido, como dice San Agustín en el X De Civ. Dei .

c)O puede asimismo pensarse que la palabra religión se
deriva de religar, y de ahí la frase de San Agustín en el libro De vera relig. : La religión nos religa al Dios único y omnipotente.

Ahora bien: sea que la religión se llame así por la repetida lectura, por la reelección de lo que por negligencia hemos perdido o por la religación, lo cierto es que
propiamente importa orden a Dios. Pues a El es a quien principalmente debemos ligarnos como a principio indeficiente, a El debe tender sin cesar nuestra elección como a fin último, perdido por negligencia al pecar, y El es también a quien nosotros debemos recuperar creyendo y atestiguando nuestra fe». Santo Tomás añade que “La religión se acerca a Dios más que las otras virtudes morales, en cuanto que se ocupa de cosas que directa e inmediatamente están ordenadas al honor divino; y por lo mismo, la religión sobresale entre las otras virtudes morales”(II-II, 81, 6). Y dice también en qué consiste: “la religión consiste en el acto por el cual el hombre rinde culto a Dios, sometiéndose a Èl”.

El culto, por su parte, es la correcta relación del hombre con Dios. Deriva de colere, cultum, es decir, cultivo. Cultivar es una acción que implica una cierta frecuencia, un cuidado, una repetición, una “cultura”. El hombre cultiva su cuerpo, cultiva el oído, cultiva sus talentos, cultiva su inteligencia por el estudio, su voluntad por la repetición de actos buenos, sus relaciones con los demás (cultiva la amistad), y su relación con Dios (culto), es decir, cultiva su vida espiritual. El hombre, por ser espiritual y libre, es un ser “cultual” por naturaleza, inclinado a la adoración del Ser Supremo, de aquello que lo trasciende(“trans-scandere”). Cuando Dios creó al hombre, dice el Génesis,
plantó un jardín en Edén, al oriente, donde colocó al hombre que había creado (Gn 2, 8), para que lo cultivase y lo cuidase (Gn 2, 15).

Etimológicamente, la palabra española "secta", en latín, era el femenino del participio del verbo "seco, secare": "cortar, desprender". Designa la entidad separada de otra realidad mayor y más antigua como la rama desgajada de un árbol.
Realmente, por su definición descriptiva o sus rasgos definitorios, "secta es un grupo autónomo, no cristiano, fanáticamente proselitista, exaltador del esfuerzo personal y expectante
de un inminente cambio maravilloso, ya colectivo, ya individual" (según Luis Moya, tomado de
www.unav.es). Puede ver ese link para una ampliación del tema. 2008-11-15

http://www.teologoresponde.com.ar/respuesta.asp?id=528

 

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Vaticanista hace un escalofriante recuento

del avance del satanismo en el mundo

 

ROMA, 11 Junio 2004 (ACI).-A raíz del descubrimiento de los brutales asesinatos perpetrados en el norte de Italia por la secta satánica “Bestias de Satanás”, el vaticanista del semanario L’Espresso, Sandro Magister, ha hecho un escalofriante recuento del avance del satanismo en el mundo.

En su habitual columna de análisis, Magister señala que existen actualmente dos formas de satanismo, el “alto” y el “bajo”.

El primero de ellos, explica Magister, es el formal, registrado públicamente y organizado con publicaciones y bastante controlable por las autoridades. Este satanismo “oficial” y público, tiene a Aleister Crowley como inspirador y al cineasta frustrado Anton Szandor LaVey como su fundador.

Charles Manson, el asesino en serie que dio muerte en California a la actriz Sharon Tate, es uno de los máximos representantes de esta corriente que busca la publicidad.

Pero según explica el vaticanista italiano, “no es el satanismo alto, sino el bajo, el que más preocupa a la Iglesia: el satanismo desordenado y salvaje que no tiene organizaciones, ni direcciones, ni ideologías, pero penetra en circuitos de pedófilos, organizaciones criminales, clubes sadomasoquistas, y sobre todo bandas juveniles”.

“No es el satanismo de Charles Manson, sin más bien de su casi homónimo Marilyn Manson. No es de las misas negras, sino el de la música ‘black metal’”.

“El satanismo salvaje –explica Magister- no sabe nada de las complicaciones del ocultismo. Navega en Internet, habita en las discotecas, consume droga, escucha y reproduce una música muy particular. Es la música del ‘Dark Wave’: la ola tenebrosa, ‘gótica’, surgida en los años setenta en Inglaterra y Estados Unidos con Alice Cooper y Black Sabbath y rápidamente convertida en una subcultura embarrada de sangre, de muerte, de lo macabro…”.

El análisis completo de Magister, incluyendo una entrevista con el exorcista más famoso del mundo, el P. Gabriele Amorth, puede leerse en italiano e inglés en: www.chiesa.espressonline.it.

 

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El P. Gabriele Amorth, famoso exorcista,

reflexiona sobre la nueva ola satánica

 

ROMA, 11 Jun. 2004 (ACI).-Con ocasión de la captura de los miembros de la secta satánica “Bestias de Satanás”, responsable de numerosos asesinatos rituales en el norte de Italia, el vaticanista del semanario L’Espresso, Sandro Magister,  entrevistó esta semana al más famoso exorcista del mundo, el P. Gabriele Amorth, quien a sus ochenta años de edad evalúa la creciente acción de Satanás en formas culturales de hoy.

Magister pregunta al P. Amorth sobre los crímenes del norte de Italia, y luego examina la situación del satanismo y la acción del demonio en la cultura actual. Aunque con algunas duras generalizaciones, el exorcista italiano, quien confiesa que se encomienda a la Virgen María “para que me proteja bajo su manto” antes de cada exorcismo, explica cómo la principal victoria del demonio es la de hacer creer que no existe.Padre Amorth, primero las tres niñas de Chiavenna, después Erica y Omar,  y ahora la banda juvenil de Somma Lombardo. ¿Es Satanás quien actúa en ellos? 

Seguramente sí, los dos primeros casi los he estudiado bien. Esos muchachos estaban entregados al demonio, leían libros satánicos. ¡Y qué ferocidad inaudita en sus actos! Cuando una hija da noventa y siete cuchilladas a su propia madre no se puede no ver en acción al príncipe de las tinieblas. 

¿Existen momentos en que está más activo que en otros? 

En términos generales Satanás está siempre activo. Es el tentador desde el principio. Hace de todo para que el hombre peque y cada vez que se realiza el mal, él está detrás, dejando en claro que es el hombre quien decide libremente sus actos. Pero también existe una acción extraordinaria del maligno: y ésta es la posesión diabólica. 

¿Son frecuentes los actos de posesión? 

No, son raros. Me es imposible dar cifras precisas. Los casos de verdadera posesión diabólica que yo atiendo son numerosos, pero es porque a mí llegan los casos más difíciles, no resueltos por otros exorcistas. En los primeros años de mi actividad, cuando acogía a todos sin filtro, la gran mayoría eran enfermos psíquicos, sin el demonio de por medio. 

¿Cómo se da cuenta que alguien está endemoniado? 

Lo sé durante la curación, no antes. Un síntoma inequívoco es la violentísima, visceral aversión a todo lo que es sagrado. Recuerdo un padre que temía que su hijo estuviera poseído por el demonio y un día, mientras estábamos juntos en la mesa, dije mentalmente por él un Ave María. El muchacho prorrumpió en un grito: ¡Papá, no, cállate!’. Después está el hablar en lenguas desconocidas, la explosión de una fuerza sobrehumana, la levitación: todas son cosas que suceden durante los exorcismos. 

¿Entre una crisis y otra cómo vive un endemoniado? 

De manera normal. Va a su trabajo y ninguno lo sabe. Tiene bien escondido su estado. Cuando siente que le llega una crisis se aleja, se encierra en el baño, se descarga, y luego regresa impasible a su lugar. Esto sucede con mayor razón con los endemoniados en curación, a los cuales el exorcismo da la fuerza para regresar plenamente a una vida normal. Una cosa debe destacarse: la posesión diabólica no es ni hereditaria ni contagiosa. 

¿Qué cosa une a los endemoniados con los satanistas? 

Sucede frecuentemente que un endemoniado se convierta en tal después de haber ingresado a una secta espiritista o satánica. Entre aquellos que estoy tratando hay pocos de esos, porque quienes vienen a pedir el exorcismo son los satanistas arrepentidos. Pero pienso que entre los satanistas existan muchos más. A las sectas satánicas es muy fácil entrar pero muy difícil salir. En algunos casos se arriesga la vida. 

¿Y qué vínculo tienen los satanistas con el demonio? 

Hay de dos tipos: aquellos que adoran al demonio, celebrando misas satánicas,  tienes sus sacerdotes y su jerarquía; y aquellos que no creen en la existencia personal de Satanás,  pero se entregan a acciones torpes y contra natura. Este otro satanismo es el más peligroso. 

Juan Pablo II realizó exorcismos sobre tres endemoniadas. ¿Se curaron? 

La tercera no. La vengo tratando desde 1998 y es un caso verdaderamente doloroso. 

Aparte del Papa, ¿Cómo está en la Iglesia la creencia en el demonio? 

Muy en descenso. Y el demonio está contentísimo, porque así tiene las manos libres para hacer su trabajo. La Iglesia ha pasado de un exceso a otro. Para remediar la locura de la caza de brujas, que en vez de ser exorcizadas eran quemadas, ha cancelado todo, diablo y exorcismos. El resultado es regiones católicas enteras que no tienen más exorcistas: España (En España sí existe un conocido exorcista, el P. Fortea –nota del traductor-), Portugal, Alemania, Austria, Suiza. Yo admiro a los obispos italianos. No comprenden nada, pero al menos nombran a los exorcistas. El año pasado nosotros los (exorcistas) italianos nos reunimos: éramos ciento setenta. 

Explíquese mejor, ¿En qué sentido los obispos “no entienden nada”? 

Porque también ellos, como todos los sacerdotes, han estudiado en el seminario. Y desde hace tiempo en el seminario no se enseña nada de los ángeles y los demonios, nada de los exorcismos, nada de los pecados contra el primer mandamiento, “No tendrás otro Dios fuera de mí: magia, espiritismo y satanismo”. 

¿Y la curia vaticana? 

La misma incompetencia. Ha aprobado un nuevo ritual que para nosotros los exorcistas es un desastre. Prohíbe actuar en caso de maleficio, cuando el 90 por ciento de los casos de posesión derivan precisamente de allí. Prohíbe actuar si no se tiene la certeza previa de la acción diabólica, cuando eso sólo se puede comprender cuando se está actuando. Por suerte sigue valiendo el viejo ritual. Yo uso ese, de otra formar tendría que renunciar. 

 

 

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Cerca de 2.000 personas están integradas en más de cien sectas satánicas en España 

 

Internet se convierte en la gran puerta de acceso de los adolescentes al espiritismo y el satanismo

 

La trampa de las sectas y el culto al diablo ha encontrado un fantástico caldo de cultivo en Internet, el medio favorito de los adolescentes españoles. Las web y los foros de contenido satánico se han convertido, según los expertos, en lugar de encuentro para los jóvenes, que pueden «bajarse» información sobre cómo hacer un pacto con el diablo, realizar un ritual de misa negra o establecer contacto con gente afín y terminar por dar el paso hacia el satanismo, convirtiéndose en víctimas de pequeñas sectas que acabarán por anular su mente, su cuerpo y su futuro.

 

Mar Velasco - Madrid. «Una ex compañera de clase decía que estaba enamorada de Satán, llenaba las paredes con su nombre y algunas veces puedo aseguraros que parecía poseída. Una vez, en clase de religión, mordiendo un pilot de color azul se tiñó toda la lengua y daba voces diciendo: ¿Satán me ama, me ha dado un morreo! Fue expulsada de la clase...»
   No ha sido necesario ir muy lejos para encontrar un texto como éste en internet. Está recogido de un foro al que cualquiera puede tener acceso desde un buscador. Los mensajes continúan: «Busco un grupo de personas que son de una secta llamada SDD Seguidores Del Diablo...»; «Estoy buscando músicos para formar banda de rock belzebúzica. Con actitud y sin temor a la autoflagelacion pública. Proyecto serio». Son mensajes que distan mucho de tratarse de una verdadera «amenaza satánica», pero sirven al menos para hacerse una idea de cómo está la situación.
   Ritos en grupo. El padre Jose Antonio Fortea, sacerdote y especialista en demonología, explica a LA RAZÓN: «Los chicos suelen comenzar con el espiritismo, y siempre en grupo. Muchos empiezan incluso en primaria. Más adelante se animan a comprar algún libro que les interesa, sobre ocultismo o esoterismo. El último grado es el satanismo, que por supuesto no se encuentra en la esquina del barrio, pero sí en internet», asegura. «No existe una gran secta satánica, pero sí pequeños grupos. En ellos aprenden cómo hacer ritos, y terminan dando el paso. Sobre todo les gusta pedir favores sexuales, y acaban haciendo alguna barbaridad», asegura.
   El fenómeno del satanismo entre los adolescentes parte de una mezcla entre esoterismo y un tipo de música rock (Black Death, también «Metal Anticristiano» o «Metal Blasfemo»). Estos grupos se rodean de una toda una parafernalia satánico-sangrienta que en ocasiones haría palidecer al mismísimo Marilyn Manson. Ellos aseguran que se trata simplemente de una «cuestión de estética». «Desde luego ¬continúa el padre Fortea¬ el efecto de esas letras es claramente negativo, incita al odio y a la violencia. Quienes las escriben suelen mantener esas ideas. Y a veces los chicos pueden estar cerca de cuatro horas diarias escuchando esas consignas; es normal que acaben por aceptarlas», sostiene.
   Afortunadamente, hace tiempo que la situación no llega a los extremos de lo que ocurrió en Noruega en los años 90, cuando una serie de bandas satánicas provocaron la quema sistemática de las «Starvkirker», iglesias de madera y auténticas joyas del país, además del intento de asesinato de sacerdotes y los suicidios y homicidios entre ellos. Pero este mundo oscuro parece fascinar a toda una horda de adolescentes, que empiezan por escuchar a un determinado grupo de rock, siguen por hacer «kedadas» a través de internet y acaban por acudir a ritos de misas negras y convirtiéndose en víctimas de sectas satánicas que les dejan el cuerpo roto, la mente anulada a base de drogas y consignas y el futuro en punto muerto. 2004-07-15

 

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las sectas satánicas, en este inicio del siglo XXI están en gran aumento

 

El término “secta”, según Larousse, significa “un grupo de personas que profesan las mismas doctrinas o enseñanzas, especialmente aquellas que los apartan de la tradicional”.

 

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Salva la fe, no los argumentos -

 

Jose Mª ALIMBAU
Claudio Magris, Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2004, cuenta que: «Un verano, con mi esposa Marisa, fuimos a encontrarnos con el escritor ¬Premio Nobel de Literatura 1978¬ Isaac Bashevis Singer, en Wengen, en los Alpes suizos, donde pasaba las vacaciones con su esposa Alma. No sé cómo me encontré contándole también muchas cosas de mi vida, que confío a muy pocas personas. Singer sabía escuchar. Al llegar a cierto punto, después de haber hablado de la horrible enfermedad que había maltratado a una niña, sobrina mía, el escritor, ensartando con su bastón una hoja caída de un árbol, murmuró: «¿Sabe? La literatura sirve de tan poco...».
   Magris también añade: «Jamás olvidaré el tono, único e irrepetible, con el que me hizo una pregunta que sólo se puede hacer en aquel tono y que nadie me ha hecho jamás de esa manera: ¿Cree usted en Dios? »
   Creer, depositar la fe y la esperanza en Dios... ¿cuánta fuerza genera! ¿Cuánta ayuda se recibe! ¿Cuánto empuja a seguir en medio de las dificultades, de las enfermedades, de las cruces!
   J. H. Newman, convertido al catolicismo, rector de la Universidad de Dublín, fundador del Oratorio de san Felipe Neri en Londres, elevado a cardenal, escribía: «Somos salvados por la fe, no por los argumentos», no por la literatura.
   Tan sólo aquellos que han sufrido, han estado gravemente enfermos y han tenido fe y esperanza saben lo que queremos decir.
   Quienes no creen en Dios y no han sufrido problemas difíciles no lo pueden comprender. 2004-07-15

 

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Jesucristo:
1. Hijo, pon tu corazón fijamente en Dios, y no temas los juicios humanos cuando la conciencia no te acusa. Bueno es, y dichoso también padecer de esta suerte; y esto no es duro al corazón humilde que confía más en Dios que en sí mismo. Los más hablan demasiadamente, y por eso se les debe poco crédito. Y también satisfacer a todos no es posible. Aunque San Pablo trabajó en contentar a todos en el Señor, y fue para todos; sin embargo, en nada tuvo el ser juzgado del mundo.
2. Mucho hizo por la salud y edificación de los otros trabajando cuanto pudo y estaba de su parte; pero no se pudo librar de que le juzgasen y despreciasen alguna veces. Por eso lo encomendó todo a Dios, que le conoce todo, y con paciencia y humildad se defendía de las malas lenguas y de los que piensan vanidades y mentiras, y las dicen como se les antoja. Y también respondió algunas veces, porque no se escandalizasen algunas almas débiles en verle callar.

3. ¿Quién eres tú para que temas al hombre mortal? Hoy es, y mañana no parece. Teme a Dios, y no te espantes de los hombres. ¿Qué te puede hacer el hombre con palabras o injurias? Más bien se daña a sí mismo que a ti; y cualquiera que sea, no podrá huir el juicio de Dios. Ten presente a Dios, y no contiendas con palabras de queja. Y si ahora quedas debajo, al parecer, y sufres la humillación que no mereciste, no te indignes por eso, ni por la impaciencia disminuyas tu victoria. Sino mírame a Mí en el cielo, que puedo librar de toda confusión e injuria, y dar a cada uno según sus obras.

 

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Él está en la barca; Él nunca se ha ido, ni se va,

ni se irá de la barca de su Iglesia 

 

 

 

San Isaac de Siria (siglo VII) monje de Ninive, actual Mossoul (Iraq)
Discursos espirituales, primera serie, Nº 20

 

Herodes quería ver a Jesús -       ¿Cómo pueden los seres creados contemplar a Dios? La visión de Dios es tan terrible que el mismo Moisés dice que tiembla de temor. En efecto, cuando la gloria de Dios aparece en la tierra, en el monte Sinaí (Ex 20) la montaña echa humo y tiembla ante la inminente revelación. Los animales que se acercan a la falda de la montaña morían. Los hijos de Israel se habían preparado: se habían purificado durante tres días según la orden de Moisés, para ser dignos de oír la voz de Dios y de ver su manifestación. Cuando llegó el tiempo no pudieron ni asumir la visión de su luz ni soportar el trueno de su voz terrible.
         Pero ahora, cuando Dios ha derramado su gracia en su venida, ya no es a través de un terremoto, ni en el fuego, ni en la manifestación de una voz terrible y fuerte que ha bajado, sino como el rocío sobre el orvalle. (Jue 6,37), como un gota que cae suavemente sobre la tierra. Ha venido a nosotros de manera diferente. Ha cubierto su majestad con el velo de nuestra carne. Ha hecho de ella un tesoro. Ha vivido entre nosotros en esta carne que su voluntad se había formado en el seno de la Virgen María, Madre de Dios, para que, viéndolo de nuestra raza y viviendo entre nosotros, no nos quedáramos turbados contemplando su gloria. Por esto, los que se han revestido con el vestido con que el Creador apareció entre nosotros, se han revestido de Cristo mismo. (Gal 3,27) Han deseado llevar en su persona interior (Ef 3,16) la misma humildad con la que Cristo se manifestó a su creación y ha vivido en ella, como se manifiesta ahora a sus servidores. En lugar del vestido de honor y de gloria exteriores, éstos se han revestido de su humildad.

 

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Dios ‘eterna alegría’ es alfa y omega de nuestra vida.

 

 

“Alegraos en el Señor siempre; lo repito: alegraos. Que vuestra bondad sea notoria a todos los hombres. El Señor está cerca. No os inquietéis por cosa alguna, sino más bien en toda oración y plegaria presentad al Señor vuestras necesidades con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa toda inteligencia, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Por lo demás, hermanos, considerad lo que hay de verdadero, de noble, de buena fama, de virtuoso, de laudable; practicad lo que habéis aprendido y recibido, lo que habéis oído y visto en mí, y el Dios de la paz estará con vosotros.” San Pablo en su carta a los Filipenses 4, 4-9vs.

 

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¡Que tu conducta nunca de motivos de injustificada inquietud

a la creación, en la que tú eres el rey!

 

 

 

Dijo Dios: «Produzca la tierra animales vivientes según su especie: ganados, reptiles y bestias salvajes según su especie». Y así fue. Dios hizo las bestias de la tierra, los ganados y los reptiles campestres, cada uno según su especie. Vio Dios que esto estaba bien. Gen. 1, 24-25

 

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“Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones” Biblia. Evangelio según San Lucas Cap.1º vs. 48. La Iglesia, hace XXI siglos fundada por Tu Hijo, te alaba, ¡Oh Madre plena de dicha y felicidad!

 

 

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LAUS TIBI CHRISTI.

 

Debido a la existencia de páginas excelentes sobre apologética y formación,  lo que se pretende desde aquí es contribuir muy modestamente y sumarse a los que ya se interesan por el Evangelio de Cristo de manera mucho más eficaz.


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Recomendamos vivamente: ‘Historia de la Inquisición en España y América’ – El conocimiento científico y el proceso histórico de la Institución (1478-1834). Obra dirigida por don Joaquín PÉREZ VILLANUEVA y Bartolomé ESCANDELL BONET. Es una elevada tarea historiográfica con planteamientos científicos, bases documentales, tratamiento y lenguaje actuales. Y:

La inquisición española - Editorial: BAC- Centro de estudios inquisitoriales- Madrid-España. Autora:(Comella Beatriz.- Rialp, Madrid) Breve-óptimo libro.


(Ga 6,10): Así que, mientras tengamos oportunidad, hagamos el bien a todos, pero especialmente a nuestros hermanos en la fe.

 

 

 

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).