Saturday 19 April 2014 | Actualizada : 2014-04-18
 
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Oración a Santa Rosa de Lima, patrona de América.

Oración para todos los días

Gloriosa Santa Rosa de Lima, tú que supiste
lo que es amar a Jesús con un corazón tan fino
y generoso. Que despreciaste las vanidades
del mundo para abrazarte a su cruz desde
tu más tierna infancia. Que amaste con filial
devoción a nuestra Madre del Cielo y profesaste
una gran ternura y dedicación a los más
desvalidos, sirviéndoles como el mismo Jesús.

Enséñanos a imitar tus grandes virtudes para que,
siguiendo tu ejemplo, podamos gozar de tu gloriosa protección en el Cielo. Por Nuestro Señor Jesucristo,
que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

 

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…[...]... se lamenta de la frase escolar “Cristóbal Colón descubrió América”. El hecho le parece “incierto”, pues “hubo decenas de personas que visitaron nuestro país [americano] antes que Cristóbal Colón, miles de años antes, como los vikingos o los asiáticos. ¿No estaría mejor dicho Cristóbal Colón redescubrió América?”. En absoluto. Según esa lógica, cada vez que uno hace un viaje a un país americano, desde otro continente, estaría redescubriendo América. Parece un poco absurdo. Como lo es la idea mostrenca de que los auténticos descubridores de América fueron los que Colón llamó “indios” (y así se ha quedado el falso gentilicio). Las visitas de los vikingos escasamente documentadas no tuvieron significación histórica, no transformaron la Historia de América. En cambio, los viajes de Colón y sus sucesores sí incorporaron el continente americano a la Historia. Luego se puede decir con toda propiedad que Colón descubrió América. Fue la ampliación del territorio conocido por los europeos que más importancia ha tenido en la Historia Universal. La Historia es, por definición, la que se escribe. Los navegantes portugueses y los conquistadores españoles solían llevar un escribano o cronista que iba tomando nota de los descubrimientos. Sin esa capacidad reflexiva no hay propiamente descubrimiento. Entiendo la crítica que se puede hacer a mi observación: es “eurocentrista”. Bueno, y qué. Lo que llamamos civilización, con influencia universal, ha partido casi toda ella de Europa, asentada sobre la tradición clásica, el cristianismo y el judaísmo. 2005-07-07 – Amando De Miguel.

 

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Prejuicios anticatólicos que encierra el laicismo.
No es posible un auténtico debate con juicios previos ni con cartas en la manga. Por eso, hay que desenmascarar los prejuicios anticatólicos que encierra el laicismo. En primer lugar no es cierto que la religión sea algo propio de una mente primitiva, poco racional y poco científica e inclinada a la intolerancia y al fundamentalismo. Segundo, en una sociedad democrática y plural nadie se debe atribuir quién tiene protagonismo y quién no tiene en la vida pública. La religión no es una «molestia pública», como el humo, que se tolera en privado, pero en público debe someterse a estrechas limitaciones. Tercero, el ordenamiento civil, para que sea auténticamente democrático, necesita valores, y la religión fomenta e inspira valores idóneos para una convivencia pacífica y auténticamente humana. Cuarto, la Iglesia respeta la sana laicidad del Estado y la autonomía de las realidades terrenas (cf. GS, 76).Quinto, la aportación del cristianismo no es solamente un hecho del pasado, sino que encierra en sí una fuerza generadora que se hace presente en cada momento histórico suscitando los elementos que la democracia necesita. Ser católico no es impedimento para ser un ciudadano democrático, es más, los elementos claves que sustentan las democracias modernas tienen su origen en el hecho cristiano. Por último, el cristianismo ha colaborado de muchas maneras, en la formación de la cultura humana, y por lo tanto no ha de sorprender que la laicidad, correctamente entendida, pueda y deba conjugarse con la cultura cristiana.

 

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Después del nomadismo, los seres humanos pasaron siglos sin moverse de sus lugares de nacimiento. Excepto personajes como mercaderes, navegantes o aventureros, en general, se venía al mundo en una aldea o poblado y quizá nunca se conocía nada más. El sedentarismo facilitó el desarrollo de la agricultura y la ganadería, además de generar culturas. La Historia muestra datos interesantes sobre el tipo de relaciones existentes al interior de comunidades o grupos humanos que operaban en épocas pasadas: cómo se abastecían, cómo sobrevivían o no, invasiones...

El modo de relacionarse, de moverse, de avanzar o retroceder de las personas se corresponde con una concepción concreta de mundo. Así, el hombre y la mujer feudal, lo eran por haber nacido en una hora y lugar y también por entender la vida, su entorno, de una manera. No había, por lo demás muchas más opciones. Pero es interesante imaginarse las conversaciones entre ellos, las aspiraciones en la vida, en ritmo cotidiano...al modo feudal. El feudalismo dio paso al Renacimiento, en gran parte, en los mercados y plazas, lugares donde se intercambiaban bienes y se interactuaba y conocían costumbres y fronteras, así el y la renacentista son personas piensan y se relacionan distintamente al feudal.

Las relaciones comerciales tejidas durante siglos se han fundamentado en códigos de honor, palabras dadas, confianzas y poder que en algunos casos ha traspasado generaciones. La Revolución Industrial en el siglo XIX, con todas sus bondades, dejó sin trabajo a muchos artesanos y conllevaba la sustitución de la fuerza animal por las máquinas y por lo tanto excedentes de animales debieron ser sacrificados. Los procesos siempre tienen unos costos y ganancias aunque muchas veces es difícil conocer toda la parte del proceso.

Por Elisabet Juanola Soria - 2006-09-12

 

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Los primeros pobladores de América

no llegaron por el estrecho de Bering...?

 

J. M. FERNÁNDEZ-RÚA 

MADRID. En la larga controversia científica sobre la llegada a América de los primeros pobladores, se une ahora un nuevo factor de discusión, al concluir un equipo de investigadores estadounidenses y rusos que posiblemente no cruzaron el estrecho de Bering, hace unos doce mil años, desde Siberia, como sostiene una de las teorías más aceptadas.

Hace unos cuarenta mil años el estrecho de Bering, que separa América de Asia, no existía. En su lugar había un «puente intercontinental» de tierra conocido con el nombre de Beringia. A finales del Pleistoceno, este puente se hundió como consecuencia del calentamiento global del planeta y, en consecuencia del derretimiento de los polos, dando lugar al actual estrecho de Bering.

Los profesores Goebel, de la Universidad de Nevada y Dikova, de la Academia de Ciencias de Rusia, aseguran en el órgano de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia que los emplazamientos arqueológicos de Ushki, en la localidad siberiana de Kamtchatka, no fueron el punto de partida de la colonización de América, como se creía hasta ahora. Tradicionalmente se ha considerado a este yacimiento de unos 17.000 años de antigüedad, como el más veterano de toda la Sibera oriental, ya que esa datación encaja con la idea predominante de que las poblaciones que allí habitaban traspasaron el estrecho de Bering para establecerse en Norteamérica.

Una vez allí se hicieron cazadores y desarrollaron la cultura Clovis. Son muchos los paleoantropólogos estadounidenses que defienden la cultura Clovis -caracterizada por la fabricación de puntas de proyectil lascadas, casi simétricas- como una de las más antiguas y de las que primero se asentaron en América.

Trazas de radiocarbono

Los equipos dirigidos por Goebel y Dikova han llevado a cabo un exhaustivo análisis del complejo Ushki, utilizando trazas de radiocarbono, para determinar cuándo habitaron estos lugares, concluyendo que lo hicieron hace unos 13.000 años, aproximadamente. De esta forma llegan a la conclusión de que los Ushkis fueron contemporáneos de los Clovis y de otras culturas de Alaska y no sus ancestros, como se sostenía hasta ahora.

Estos científicos afirman que los habitantes de Ushki fueron en realidad ancestros de anteriores poblaciones Clovis en América, aunque matizan que esta migración habría sido extremadamente rápida, que tuvo lugar en menos de cuatro siglos. El nuevo estudio aviva la polémica sobre los orígenes de los primeros americanos, sobre los que aún queda mucho por descubrir, como señala Ximena Navarro, profesora de la Universidad chilena de Temuco, sobre todo si se tiene en cuenta que han sido localizados vestigios humanos que datan de hace veinte mil años en Nuevo México y que, de ser aceptados por la comunidad científica, marcarían un retroceso en la fecha en que llegaron los primeros humanos.

Una teoría clásica en antropología es la que defendió en la década de los cuarenta el etnólogo francés Paul Rivet, para quien la población indígena americana es el resultado de determinado número de migraciones, que se materializaron por el estrecho de Bering y a través del océano Pacífico. El profesor Rivet defendía que hubo cuatro migraciones: mongoles y esquimales penetraron por Beringia y australoides y polinesios por el Pacífico.   ABC. ESP. 2003-08-01

 

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«La Iglesia hubo de asumir la tarea de introducir la ley del Evangelio y la ética del sermón de la montaña entre gentes para quienes el homicidio era la más honrosa de las ocupaciones y la venganza era sinónimo de justicia... (Los bárbaros eran pueblos guerreros que asombraban a los romanos por sus costumbres y conductas salvajes)» …[…]… C. Dawson

También lo mismo sucedió con el descubrimiento del ‘nuevo mundo’ frente a las prácticas sanguinarias y antropófagas autóctonas.

 

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LA FAMILIA Y DIOS EN LAS PRECULTURAS

 

Las teorías propuestas por el evolucionismo-empirismo sobre la familia y sobre Dios en las llamadas preculturas de recolectores-cazadores y los descubrimientos de la experiencia científica.

 

Por Luis Fernández Cuervo

 

            Vivimos invadidos por ideas y acciones contra la familia. Hoy quiero señalar cuales son las teorías propuestas por el evolucionismo-empirismo tanto sobre la familia como sobre Dios, para mostrar cómo la realidad experimental ha demostrado hace tiempo su falsedad. La tesis - nunca fundada en estudios científicos sino en ideas preconcebidas -, sostiene que en los pueblos muy primitivos (las preculturas de “recolectores-cazadores”), las relaciones sexuales son de mera promiscuidad; después, ante la falta de claridad sobre quién es el padre de quién, se pasa al matriarcado, ya que sí resulta evidente quién es la madre de quién. Después vino la reacción varonil (el patriarcado) y por último se pasó, por la poligamia, al matrimonio monógamo. Con respecto a las creencias religiosas, admiten sin discusión que primero nada, luego el animismo (según el cual hay espíritus en todo: en animales, vegetales y cosas); después se pasaría al politeísmo (varios dioses) y finalmente al monoteísmo (un solo dios). Ahora bien, ¿responde semejante teoría a la realidad histórica?

           

Los trabajos científicos demostraron su falsedad. El alemán Martín Gusinde se fue a vivir, él sólo, con pueblos de lo más primitivo: los yámana, los alacalufes y los selk’nam de la Patagonia, todos ellos “recolectores-cazadores”, o sea, “preculturales”. Gusinde convivió con estos “fueginos” durante más de dos años y medio, en cuatro viajes que realizó entre 1918 y 1924. Logró vencer su fuerte timidez y se hizo amigo a tal punto que fue admitido en las ceremonias que le convirtieron en un fuegino más. Después estudiaría a otros grupos catalogados también de “preculturas”, conviviendo con ellos: los enanos de la selva del Congo Belga (1934-35) y los indios de las zonas pantanosas del Brasil (1959). A finales del siglo XIX ya se había conmocionado el mundo científico al descubrir que los “alantanjas” australianos eran salvajes ¡monoteístas! Ahora Gusinde comprobaría lo mismo en esas otras "preculturas", con estructura social también claramente matrimonial-familiar. Los tres volúmenes publicados en Viena por Gusinde tienen una versión más resumida en español, publicada por el catedrático Vicente Rodriguez Casado (en Escuela de Estudios Hispano-Americanos de Sevilla, 1951).

 

            En esos fueginos, el elemento básico de la organización social era la familia monógama: padre, madre e hijos. Una monogamia que se rompía únicamente con la muerte. El padre era el responsable de la alimentación de su mujer y sus hijos. Cada uno de ellos gozaba de completa independencia con respecto a sus compañeros de tribu en el cumplimiento de ese deber. Gusinde extendía a todas las “preculturas” el hecho de que “los pueblos salvajes más antiguos están todos de acuerdo sin excepción alguna, en que su continuidad a lo largo del tiempo depende de la fortaleza de la institución de la familia”. El vínculo matrimonial tiene en ellos, como fin principal, tener hijos a los que se mira como el lazo permanente que une a los padres, ya que contribuye al enriquecimiento espiritual de los cónyuges por el estímulo que aportan a la vida. Esa estructura familiar les exigía a los patagones dedicar una parte principal del tiempo a la educación de los hijos para que luego fueran personas independientes, constituir en su momento una familia semejante y mantenerse y mantenerla sin ayuda de nadie. Y esa obligación de los padres, además de sus razones de subsistencia y perpetuidad dinástica, la recibían como un mandato expreso del Ser Supremo.  La ayuda de la tribu en la educación de los hijos sólo llegaba con las “ceremonias de iniciación de la pubertad” que duraban unos tres meses. En ellas se les inculcaba el cumplimiento del deber con pruebas físicas y psíquicas muy duras, entre ellas la resistencia al dolor, al hambre y la sed. El varón y la mujer, en igual dignidad, eran las piedras angulares sobre cuya mutuas fortaleza y espíritu de comprensión, lealtad y nobleza, descansaba la futura familia. Después de esa iniciación, por libre elección, podían contraer matrimonio. 

   

En los fueginos no existían ni jefes, ni diferencias de clase o posición económica, pero sí respetaban la propiedad privada. No tenían sacerdotes, ni ritos sagrados, ni ritos mágicos. El curandero, o chamán de estos indios, curiosamente era más bien un pre-psiquiatra, que se preocupaba principalmente de los sufrimientos anímicos, muy lógico en tan duro clima, pobreza y soledad. En cuanto a Dios, las tres tribus patagónicas creían en un único Ser Supremo, Creador de todo, distinto del mundo y de pura naturaleza espiritual. Creían también en la inmortalidad del alma, el “espíritu”, que seguía viviendo junto al Ser Supremo después de separarse del cuerpo, con la muerte. Dios tenía distinto nombre según la tribu. Para los yámanas era “Wataninéiwa”; pero, por respeto, procuraban no mencionarlo así y lo nombran sólo como “Abailákin” (el Poderoso) y también, con gran confianza, “Hidabuán”  (nuestro Padre). Además Hidabuán estaba cercano, interviniendo en las labores diarias de cada uno y con él hablaban en oraciones íntimas y de infantil sencillez: “Sé bueno con nosotros hoy, padre mío.” “Gracias te doy, padre mío, por el buen tiempo que hubo hoy”, “Salva mi canoa, dame buena pesca”. Y ese trato directo y confiado con ese Padre-Dios reafirmaba las enseñanzas morales recibidas, tales como: “ Si dejas de practicar hoy una buena costumbre, abandonarás después una segunda y una tercera y rápidamente olvidarás todo”.“Cuando alguno te dirija palabras fuertes y te insulte retírate y no digas nada a nadie. Después habla a solas con aquel que te insultó, cuando los dos estéis tranquilos.”

 

            Con razón Malinowski dice que la familia es la cúspide de la civilización, que matrimonio y familia, según la conciencia de los pueblos, son “de derecho divino”, y que los dioses protegen el matrimonio, castigan su vulneración y premian su conservación.

 

            ¿Nosotros, en qué creemos, en qué estamos?

L. F. C. - lfcuervo@telemovil.net - 2005-08-31 Agradecemos al autor.

www.arvo.net.

 

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Al venir al mundo, el hombre no dispone de todo lo que es necesario para el desarrollo de su vida corporal y espiritual. Necesita de los demás. Ciertamente hay diferencias entre los hombres por lo que se refiere a la edad, a las capacidades físicas, a las aptitudes intelectuales o morales, a las circunstancias de que cada uno se pudo beneficiar, a la distribución de las riquezas (GS 29, 2). Los ‘talentos’ no están distribuidos por igual (cf Mt 25, 14-30, Lc 19, 11-27).

Estas diferencias pertenecen al plan de Dios, que quiere que cada uno reciba de otro aquello que necesita, y que quienes disponen de ‘talentos’ particulares comuniquen sus beneficios a los que los necesiten. Las diferencias alientan y con frecuencia obligan a las personas a la magnanimidad, a la benevolencia y a la comunicación. Incitan a las culturas a enriquecerse unas a otras:

 

Yo no doy todas las virtudes por igual a cada uno... hay muchos a los que distribuyo de tal manera, esto a uno, aquello a otro... A uno la caridad, a otro la justicia, a éste la humildad, a aquél una fe viva... En cuanto a los bienes temporales las cosas necesarias para la vida humana las he distribuido con la mayor desigualdad, y no he querido que cada uno posea todo lo que le era necesario para que los hombres tengan así ocasión, por necesidad, de practicar la caridad unos con otros... He querido que unos necesitasen de otros y que fuesen mis servidores para la distribución de las gracias y de las liberalidades que han recibido de mí. (S. Catalina de Siena, dial. 1, 7).

 

Existen también desigualdades escandalosas que afectan a millones de hombres y mujeres. Están en abierta contradicción con el Evangelio:

 

La igual dignidad de las personas exige que se llegue a una situación de vida más humana y más justa. Pues las excesivas desigualdades económicas y sociales entre los miembros o los pueblos de una única familia humana resultan escandalosas y se oponen a la justicia social, a la equidad, a la dignidad de la persona humana y también a la paz social e internacional (GS 29, 3).

 

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Desde la primera evangelización de aquellos pueblos, iniciada en 1492, cuando Cristóbal Colón plantó la cruz de Cristo en las tierras del nuevo mundo, España ha sido siempre muy generosa en ayuda apostólica a esas naciones hermanas, a las que durante cinco siglos ha enviado millares de misioneros.

 

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"La identificación de la conciencia con el conocimiento superficial y la reducción del hombre a la subjetividad no liberan, sino que esclavizan; nos hacen completamente dependientes de las opiniones dominantes y reducen día a día el nivel de las mismas opiniones dominantes." (Ratzinger, Verdad, 55) S.S. Benedicto XVI - P. P.

 

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P:¿Cuántos indígenas mataron a grosso modo los españoles después de la conquista de América? ¿Qué valoración hace de la conquista española de América?

 

R:1. Es imposible de saber. Desde luego no fueron millones y tampoco se trató de matanzas sistemáticas. 2. Ecuánime. Tuvo cosas óptimas, buenas, regulares y malas.

 

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«La razón es que la libertad religiosa encarna los valores trascendentales, que son los fundamentos de la fe y de nuestra humanidad: el carácter sagrado de la vida y la dignidad de la persona». También son los valores de la democracia. Cuando se violan, sea por regímenes teocráticos, comunistas, o por Gobiernos formalmente democráticos, entonces se debilita la libertad política general».

 

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Un continente pluriétnico y pluricultural (cfr. SD nº 244). La inmensa extensión territorial y el número de habitantes de América Latina hacen imposible unificar las culturas que, a lo largo y ancho de este continente, se extienden desde México hasta la Patagonia. Partiendo de la definición de cultura de Santo Domingo —«el cultivo y expresión de todo lo humano en relación amorosa con la naturaleza y en la dimensión comunitaria de los pueblos» (cfr. SD 228)— hay que decir que lo que caracteriza al continente latinoamericano es una enorme diversidad cultural dentro de una cierta unidad. Sin olvidar los elementos comunes que encontramos presentes por doquier, lo que salta a la vista es la pluralidad. Así, en todo el continente encontramos presentes, en mayor o menor proporción, indígenas, negros y mestizos. Y, con todo, son diversas sus culturas (¡no es lo mismo un maya que un inca!). Las culturas autóctonas sufrieron en primer lugar el profundo influjo de las migraciones españolas y portuguesas en el tiempo de la conquista, así como el vasto tráfico de esclavos negros africanos. Más recientemente, el marco cultural se diversifica con las migraciones de grandes contingentes, especialmente de italianos, alemanes y japoneses, que en el transcurso de este siglo, teniendo como telón de fondo los acontecimientos de las dos guerras mundiales, buscaron nuevos horizontes y mayor tranquilidad en América Latina.

Hay que señalar además cómo en los últimos tiempos las culturas latinoamericanas han sido transportadas, por las migraciones, a América del Norte, engendrando una nueva cultura que se percibe, de manera particular, al sur del territorio de los Estados Unidos. Es ésta una cultura, que poco o nada tiene que ver con la cultura anglosajona de los conquistadores del Norte o con las tribus indígenas del territorio norteamericano; pero tampoco pertenece a las genuinas culturas latinoamericanas. A su vez, la presencia de tanto latinoamericano en los Estados Unidos, es una de las causas de la transformación cultural de la América hispánica y portuguesa, como canal del profundo influjo de la cultura norteamericana, amplificado por los medios de comunicación y los fenómenos de la migración e inmigración.

Esta pluralidad de culturas hace difícil una presentación concisa de los retos pastorales hoy existentes. Al no existir unidad de culturas, no puede existir unidad de acción. En América Latina podemos hablar al menos de tres grandes zonas, de acuerdo con la situación geográfica, y su influjo en los intercambios culturales. Serían, primera, México, el Caribe y los países centroamericanos; segunda, los así llamados países bolivarianos; y tercera, el Cono Sur. La pluralidad de estas diversas zonas —que a su vez se podrían subdividir hasta la saciedad— encierra grandes valores que la Iglesia respeta, y de los cuales se quiere enriquecer y servir. Muchos de los elementos de estas culturas están en plena consonancia con el Evangelio, y son una ayuda inestimable para que la Iglesia cumpla su misión; a saber: la de llevar al hombre de estas latitudes al amor en que se resume toda la Revelación, el amor a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo (cfr. SD nº 245-247).

2. Las raíces profundas del Evangelio. En la primera evangelización la Iglesia llegó al corazón de los pueblos indígenas, al de los criollos, al de los mulatos, al de los negros, y al de todas las razas que surgieron de la mezcla de las diversas culturas. Huelga un juicio de valor sobre los métodos, las expresiones o el ardor de esta primera misión eclesial, queriendo justificar si fueron o no los más adecuados. Pero es útil constatar que esta primera evangelización llegó en profundidad al espíritu de los pobladores. Hoy muchos han querido acabar con esta siembra; pero han encontrado oposición, porque se han encontrado con valores culturales, enraizados grandemente en las entrañas de los pueblos, que surgieron precisamente de este primer anuncio evangélico.

El sentimiento religioso de los pueblos nativos, iluminado por la predicación del Evangelio, hizo surgir una serie de expresiones culturales en todos los países latinoamericanos, de norte a sur, y de oriente a occidente. El tiempo de la colonización está marcado por obras en todos los niveles que reflejan una cultura llegada a las entrañas del pueblo (cfr. SD nº 16-21; 247). La riqueza de entonces perdura aún hoy en las obras de arte colonial y en la literatura de la época. El influjo de presbíteros y laicos convencidos de su cristianismo se plasmó en expresiones culturales que eran manifestación del primer contacto de los pueblos nativos con el mensaje de Jesús (cfr. SD nº 245). Las grandes catedrales y templos levantados con base en el esfuerzo y la fe así lo atestiguan. Se puede hablar pues de una verdadera inculturación, aunque aún no se hubiera acuñado el término como tal, en cuanto que se trata de un proceso que refleja las maneras de ser y de actuar de la gran mayoría de los habitantes y el influjo de la acción evangelizadora.

 

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Es necesario evitar los peligros de una actividad excesiva,

independientemente de la condición y el oficio que se desempeña,

pues las muchas ocupaciones llevan con frecuencia a la

"dureza del corazón", "no son más que sufrimiento para el espíritu,

pérdida de la inteligencia, dispersión de la gracia" (II, 3).

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La Iglesia, que ha recibido de Jesús la misión de enseñar a todas las gentes, no ha dejado de difundir la fe en Jesucristo y ha actuado como uno de los fermentos civilizadores más activos de la historia. Ha contribuido así al nacimiento de culturas muy ricas y originales en tantas naciones. Porque, como dije ante la UNESCO hace dos años, el vínculo del Evangelio con el hombre es creador de cultura en su mismo fundamento, ya que enseña a amar al hombre en su humanidad y en su dignidad excepcional.

03.IX.1982 s.s. Juan Pablo II ‘Magno’

 

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Vuestros intelectuales (españoles), escritores, humanistas, teólogos y juristas han dejado huellas en la cultura universal y han servido a la Iglesia de manera eminente. ¿Cómo no evocar a este respecto la influencia excepcional de centros universitarios como Alcalá y Salamanca? Pienso sobre todo en esos grupos de investigadores que han contribuido admirablemente a la renovación de la teología y de los estudios bíblicos; que han fundado sobre bases duraderas los principios del derecho internacional; que han sabido cultivar con tanto esplendor el humanismo, las letras, las lenguas antiguas; que han podido producir sumas, tratados, monumentos literarios, uno de cuyos símbolos más prestigiosos es la Políglota Complutense.

A la luz de esta noble tradición hemos de pensar en las condiciones permanentes de la creatividad intelectual.

 

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El rápido establecimiento de universidades de alto prestigio calcadas en la de Salamanca, de las que llegarán a implantarse hasta treinta en las nacientes Américas, es otra prueba del universalismo que durante largo tiempo ha caracterizado a vuestra cultura, enriquecida por tantos descubrimientos y descubridores, y por la influencia profunda de tantos misioneros en el mundo entero.

El papel que vuestro país ha reconocido a la Iglesia, ha dado a vuestra cultura una dimensión especial. La Iglesia ha estado presente en todas las etapas de la gestación y del progreso de la civilización española.

Vuestra nación ha sido el crisol donde tradiciones muy ricas se han fundido en una síntesis cultural única. Los rasgos característicos de las colectividades hispánicas se han enriquecido con aportaciones históricas del mundo árabe —vuestra armoniosa lengua, arte y toponimia dan prueba de ello— fusionándose en una civilización cristiana ampliamente abierta a lo universal. Tanto dentro como fuera de sus fronteras, España se ha hecho a sí misma, acogiendo la universalidad del Evangelio y las grandes corrientes culturales de Europa y del mundo.

 

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HOMILÍA DEL CARDENAL ANGELO SODANO
EN LA MISA DE LA FIESTA NACIONAL ARGENTINA

Iglesia nacional argentina en Roma
Lunes 25 de mayo de 1998

 

Señor embajador;
queridos hermanos y hermanas en el Señor:

El 25 de mayo de cada año, en coincidencia con su fiesta nacional, nos invita a rezar por la República Argentina, y así en esta celebración, pedimos a Dios que acompañe y bendiga el caminar de esta nación. La historia de los últimos cinco siglos de esas tierras nos ofrece el testimonio de la presencia permanente de Cristo en medio de sus habitantes, pues el Evangelio fue sembrado en esa «terra argentea» a los pocos años del descubrimiento de América, con las expediciones de Magallanes, Caboto, Mendoza, Almagro, Núñez del Prado y otros. Por medio de la acción de los numerosos misioneros y evangelizadores, la palabra y los sacramentos de Cristo no han cesado de edificar la Iglesia en Argentina, en cuyas costas patagónicas se celebraron en 1519, durante el viaje de Magallanes, las primeras misas.

En los años de la presencia española, la religión católica fue consolidándose como parte sustancial del alma de los argentinos y así, a las puertas de la revolución de mayo de 1810, leemos en un Memorial del Comisionado de la Junta Suprema de Sevilla en Buenos Aires, don Joaquín de Molina: «La religión católica domina los corazones de estos habitantes» (Carta a S.M., Santiago de Chile, 19 de marzo de 1809, AGI, Aud. de Bs. As., 155). En los casi dos siglos de vida nacional independiente, la evangelización se ha afianzado en el país, abarcándolo todo, desde el extremo norte hasta la Patagonia. Las grandes corrientes migratorias, provenientes de España, Italia, Alemania, Francia, Suiza, Polonia, Ucrania, la antigua Yugoslavia, Armenia, el Líbano, Siria, Turquía, sin olvidar algunos miembros de comunidades hebreas del Este y del Centro de Europa, sumándose a los «criollos», no sólo han aportado su riqueza cultural y su trabajo, sino que han dado una fisonomía cosmopolita a la nación, confirmando su identidad cristiana, nacida de la fe bautismal de la mayoría de los que han venido a habitar en el suelo argentino.

En consonancia con su espíritu católico, Argentina ha mantenido siempre relaciones muy cordiales con la Santa Sede. Sería muy prolijo recordar tantos hechos significativos que han demostrado la permanente y cálida relación de los argentinos con el Papa. No puedo, sin embargo, dejar de evocar el entusiasmo y la adhesión con que las autoridades y la nación entera acogieron al Santo Padre Juan Pablo II en sus dos memorables visitas al país en 1982 y 1987.

Hoy el futuro de la evangelización en Argentina exige, como en todos los lugares, una conversión continua a Cristo de los hijos de Dios que forman parte de esta nación. Para afrontar los grandes retos de la hora presente están llamados a participar cada vez más hondamente en los misterios de Cristo, muerto y resucitado por la salvación de los hombres.

En las postrimerías del tiempo pascual, la Iglesia, que nos transmite fielmente la buena nueva de Jesucristo, nos recuerda hoy, en el evangelio que hemos escuchado hace unos momentos, la condición para participar en el misterio de Cristo. Son sus mismas palabras las que nos lo presentan: «permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor» (Jn 15, 10). Y el mandamiento del Señor, necesario para permanecer en él, no es otro que el del amor, que Jesús mismo, al inicio del discurso (cf. Jn 13, 34) califica como «nuevo». «Ámense los unos a los otros como yo los he amado» (Jn 15, 12). ¿En dónde está la novedad de este mandamiento? En la antigüedad las personas se amaban porque había un vínculo entre ellas, que podía ser de sangre, de amistad, de clase. Con Jesús el término «otros» se alarga hasta comprender no sólo al cercano, aquel con quien hay un vínculo, sino a todos, incluso al enemigo o al que nos causa el mal. Es, pues, un mandamiento nuevo porque es nuevo su contenido.

Pero es también nuevo porque Jesús posibilita, con su gracia y con su ejemplo, el que lo podamos cumplir. Es posible amarnos porque Jesús nos ha amado primero y nos ha enseñado cómo hay que amar. Jesús, habiendo amado a cada hombre y mujer de todos los tiempos los ha hecho amables, es decir, dignos de ser amados. De ahí nace el deber de amar y el derecho a ser amado. Para los cristianos, unidos a Jesús por medio de la observancia de su mandamiento, el amor es una regla de vida en la que está en juego el propio destino.

En tercer lugar diría que el mandamiento de Jesús es nuevo porque renueva, es decir, cambia la faz de la tierra, modifica las relaciones entre los hombres, crea una nueva civilización, la civilización del amor y de la vida, de la paz y la justicia, de la vida y de la verdad. (...)

El amor al que Cristo nos llama tiene una de sus manifestaciones, aunque no sea única ni exclusiva, en el amor a la propia patria. (...). El amor al prójimo, a todo prójimo, que junto con el amor a Dios sobre todas las cosas, constituye el núcleo de los mandamientos divinos, lleva así a ser solidarios con todos los hombres, a comprometerse con las justas causas de la humanidad, a empeñarse para que la patria sea cada vez más una tierra donde se viva la fraternidad y la acogida. Por eso, quiero repetir hoy las palabras del Papa en Tucumán: «¡Creced en Cristo! ¡Amad a vuestra patria! Cumplid con vuestros deberes profesionales, familiares y ciudadanos con competencia y movidos por vuestra condición de hijos adoptivos de Dios... Argentina, que quiere abrirse a un futuro luminoso, cuenta con la promesa de sus jóvenes, con el trabajo de sus hombres y mujeres, con las virtudes de sus familias, alegría en sus hogares, el ferviente deseo de paz, solidaridad y concordia entre todos los componentes de la gran familia argentina » (Homilía, 8 de abril de 1987).

Vuestra bandera, que se alzó por vez primera en 1812 en la ciudad de Rosario por el general Belgrano, se distingue por los colores azul y blanco, los de la Inmaculada Concepción, los de la Santísima Virgen de Luján. A ella, Madre de todos los argentinos, presento los nobles anhelos y las legítimas aspiraciones de todos los que trabajan por una nación mejor, más próspera, más solidaria, empeñada en defender la paz, la concordia entre los ciudadanos, el progreso y el bienestar integral de todos los argentinos.

 

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TURISMO: UN DESAFÍO ACTUAL

PARA NUESTRO TIEMPO

 

 S.E. Mons. Rubén Oscar FRASSIA

Vicepresidente de la Comisión Episcopal

para la Migración y el Turismo, Argentina

 

Aprovechando este espacio que generosamente me han concedido los organizadores de este VI Congreso Mundial de la Pastoral del Turismo en Bangkok para expresarme en relación al Turismo, quisiera, antes de comenzar con esta relación, presentarles brevemente a mi tierra de origen, la Argentina.

La República Argentina está ubicada en el extremo austral de América del Sur. Es un basto triángulo apoyado en la Cordillera de los Andes que cuenta con una superficie continental de 2.800.000 Km., casi nueve veces el territorio de Italia. Es el más extenso de los países de habla hispana. Lo pueblan 36.2 millones de habitantes, de los cuales 11.5 millones (el 32%) se concentran en la Capital Federal y en el conglomerado urbano que rodea a esta Capital. El 85% de la población es de ascendencia europea, en especial española e italiana, urbana en casi el 90%, con un grado de alfabetización del 96.5% y una esperanza de vida de 73 años.

Nuestro país está excepcionalmente bien dotado para el turismo. Por su extensión de norte a Sur (3.800 Km.), por su diversidad geográfica y climática, por las distintas formas como el hombre se asienta en las diferentes regiones, la Argentina posee una gran variedad de paisajes naturales y culturales. En términos turísticos, presenta una muy rica oferta de productos que abarcan desde el tango hasta una rica variedad de fauna, pasando por la pesca, el ecoturismo, el turismo religioso, arqueológico, étnico, cultural, la gastronomía, los sitios del Patrimonio Mundial, los Parques Nacionales, los centros de deportes invernales, entre muchas otras propuestas.

Para señalar lo principales centros turísticos podemos mencionar, en el Noroeste del país, las provincias de Salta y Jujuy, con su rico patrimonio histórico, cultural y religioso; más al sur, sobre la cordillera de los Andes, encontramos la zona de viñedos, comprendiendo Mendoza y San Juan. En el Noreste se sitúa la provincia de Misiones, en la zona denominada “triple frontera”, donde se encuentran las cataratas del Iguazú y las reducciones jesuíticas. En la zona central está la Ciudad de Buenos Aires, ciudad portuaria y de tango, rica en oferta hotelera, gastronómica, cultural y artística; sobre la costa atlántica se encuentran las conocidas playas de Mar del Plata. Un poco más al norte se hallan las Sierras de Córdoba y Rosario de la Frontera. En el sur se localiza una región que es particularmente conocida en el mundo: la Patagonia. Se caracteriza por sus bellos paisajes, lagos, montañas y bosques, destacándose la ciudad de San Carlos de Bariloche, el Glaciar Perito Moreno y Ushuaia, la ciudad “más austral del mundo”.

El gobierno nacional le asigna al turismo un carácter estratégico para impulsar un crecimiento socioeconómico sostenible. El turismo es hoy, en la Argentina, política de estado. 

En tal sentido la Secretaría de Turismo de la Nación ha encarado la elaboración de un Plan Nacional de Desarrollo Turístico Sustentable con el principal objetivo de hacer de la Argentina un destino turístico de excepción en cuanto a la calidad, jerarquía y originalidad de su propuesta, posicionándolo en un lugar importante frente a los principales mercados emisores del mundo.

No se ha logrado todavía la necesaria coordinación de una política consensuada entre la Nación, las Provincias, los Municipios y la Empresa Privada. Es necesario reconocer que la potencialidad de la Argentina para desarrollar su turismo está inadecuadamente aprovechada, debido principalmente a la ausencia de programas técnicamente bien planteados. 

Habiendo hecho esta breve y general descripción de la realidad turística de la Argentina, quisiera ahora compartir con ustedes una reflexión nacida de mi actividad en la Comisión Episcopal para las Migraciones y el Turismo de la Argentina sobre cómo experimento la relación del Turismo con el hombre de nuestro tiempo.

Hablar sobre turismo significa hablar sobre la movilidad humana. Tiene como centro al hombre, por lo tanto, la misión del turismo puede vincularse con la misión de la Iglesia, ya que el “hombre es el primer camino que la Iglesia debe recorrer en el cumplimiento de su misión” (JUAN PABLO II, Centesimus Annus, N°. 53).

Este hombre no se puede bastar a sí mismo, es necesario que se abra a la trascendencia, que inevitablemente está dada por su apertura hacia lo otro. Así, lo propio de la persona humana es la relación, la apertura y la receptividad.

Frente a una sociedad individualista y globalizada, estos valores están notoriamente en crisis, que no se circunscribe a una época de cambios sino que inevitablemente estamos en el centro de un cambio de época (crisis de la civilización). 

Esta realidad, creo, afecta considerablemente el equilibrio de la persona humana. Estamos frente a una cultura de la muerte instalada en diferentes ámbitos; puedo señalar como signos de esta cultura la fragmentación vivida en todos los niveles de sociedad; la vivencia de lo instantáneo, que produce una acentuación del vivir sin ningún proyecto que sepa otear un horizonte más amplio; la exaltación del placer y el consecuente hedonismo; la aceptación de la imagen virtual como sustituto de lo real, y de la copia como reemplazo de lo original; etc. Todo esto lleva consigo graves consecuencias en el comportamiento humano y ocasiona tremendos problemas. La inseguridad mundial debido al terrorismo aumenta esta ansiedad, llevando al hombre al consumismo.

En este marco, pienso que el turismo puede aportar un bien enorme al hombre. Así, el turismo puede acercarlo al sentido original de las cosas, a la contemplación y admiración de la naturaleza como “vestigio e imagen de Dios”, al descanso como necesaria y oportuna pausa merecida al que ha trabajado y a la ocasión inigualable de encuentro con uno mismo, con los otros, con la naturaleza y con Dios. 

Esta consideración no es meramente subjetiva. Todo lo contrario, afirmo que es objetiva y un camino concreto hacia el bien. Desde luego implica, como toda acción humana, una decisión.

La contemplación, la belleza, la capacidad de admiración, la experiencia del silencio, la vivencia de la alegría y de la vida lúdica no son para nada aspectos que puedan ser omitidos para alcanzar un sano equilibrio. Debemos reconocer que la ansiedad, la angustia y el consumismo llevan inevitablemente a la depreciación de los otros y de las cosas, trayendo consigo la frustración, la falta de alegría y la pérdida del sentido de la propia vida.

La pastoral del turismo debería poner el acento no solo en el beneficio que el turismo acerca a la región, sino que además tendría que esforzarse en aportar, ayudar y beneficiar al visitante, haciendo más habitable y confortable esta “gran aldea” que es nuestra tierra y que hemos recibido. La responsabilidad sobre su cuidado nos compete. Así, habrá que subrayar la importancia de lo ecológico como salvaguarda de nuestros ambientes, en el presente y en un futuro no tan lejano.

Lamentablemente, en Argentina con frecuencia se oye que ocuparse del turismo es una pérdida de tiempo, o peor aún, que constituye una frivolidad, ya que es un lujo al cual pocos pueden acceder. Pensar así, creo, es entender el turismo desde una visión reducida, no comprendiendo su alcance social.

Así, se debe procurar que el alcance social del turismo llegue a todos, para que muchos tengan acceso a gozar y a disfrutar de los atractivos naturales, culturales y religiosos.

Resta considerar, todavía, un elemento fundamental del turismo: la apertura hacia la diversidad de culturas, de pensamientos, de razas y de religiones. De este modo, la apertura es una ayuda para que, sin perder la propia identidad, aprendamos a convivir, a respetar y a considerar a los otros, en sus diferentes realidades, sea cual fuere su dimensión. Como decía el Papa Pablo VI, de feliz memoria: “todo hombre es mi hermano”, puesto que todos somos hijos del mismo Dios Padre. Teniendo en cuenta esta dimensión podemos desarrollar y cultivar una verdadera actitud ecuménica.

Juan Pablo II recientemente afirmaba que, ante la inmigración, Europa se plantea la “capacidad para encontrar formas de acogida y hospitalidad inteligentes. Lo exige la visión universal del bien común: hace falta ampliar las perspectivas hasta abarcar las exigencias de toda la familia humana. El fenómeno mismo de la globalización reclama apertura y participación, si no quiere ser origen de exclusión y marginación sino más bien de participación solidaria de todos en la producción e intercambio de bienes” (JUAN PABLO II, Ecclesia in Europa, N° 101). Estas palabras dirigidas a Europa competen a todas las naciones.

Por lo tanto, el desafío que nos plantea la Pastoral del Turismo es un reto tanto para los de afuera de la Iglesia como para los de adentro. Es de desear que este Congreso Mundial nos ayude a estar convencidos del profundo servicio encomendado al Turismo y así seamos auténticos mensajeros de la misión que se nos ha confiado.

Finalmente, el Turismo, una vez que se ha captado su valor y su dimensión en profundidad, consiste realmente en una actividad “al servicio del encuentro entre los pueblos”. Deseo que todos los que trabajamos en turismo podamos ser, entonces, instrumentos y puentes en la construcción de una nueva civilización. MMIV

 

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Los malos pastores: aseglarados, no aman, como esposa su breviario -

"¡Oh hija queridísima! Estos miserables de los que he hablado no tienen para consigo mismos ninguna consideración. Si la tuviesen, no caerían en tantos vicios, sino que vivirían como los que viven virtuosamente, que prefieren la, muerte antes que ofenderme y manchar su alma o disminuir la dignidad en que yo los he puesto, sino que aumentan la dignidad y belleza de sus almas. No que la dignidad del sacerdote en sí pueda crecer por la virtud o menguar por algún pecado, como te he dicho. Pero las virtudes son un adorno y una dignidad para el alma encima de la belleza que el alma tiene desde su principio, cuando yo la creé a imagen y semejanza mía. Los que así viven, conocen la verdad de mi bondad, su belleza y dignidad, porque la soberbia y el amor propio no los han ofuscado ni quitado la luz de la razón. Por no tener este amor propio, me aman a mí y desean la salud de las almas. Pero estos desgraciados, privados totalmente de la luz, van de vicio en vicio tranquilamente, hasta que caigan en el hoyo.

Del templo de su alma y de la santa Iglesia, que es un jardín han hecho establo de animales. ¡Oh carísima hija! ¡ Cuán abominable es en mi presencia que sus casas, que deberían ser hospedaje de mis siervos y de los pobres, tener en ellas como esposa a su breviario, y por hijos los libros de la santa Escritura, y deleitarse en ellos para exhortar a su prójimo a emprender una santa vida, las hayan convertido en guarida de personas inmundas y malvadas !

Su esposa no es el breviario. Más bien trata a esta esposa del breviario como a adúltera. Es un demonio en cuerpo de mujer la que inmundamente vive con él. Sus libros los constituyen la manada de sus hijos, y sin ninguna vergüenza se deleita con los hijos que ha tenido con tanta deshonestidad y maldad.

Las pascuas y días solemnes, en los que debería dar gloria y alabanza a mi Nombre con el Oficio divino y ofrecerme el incienso de humildes y devotas acciones, los pasa en el juego y entretenimiento con estas criaturas del demonio y se divierte con los seglares cazando, como si fuese un seglar más o un señor de corte.

¡ Oh hombre miserable, a qué estado has llegado ! Lo que tú debes cazar son las almas para gloria y alabanza de mi Nombre y estar en el jardín de la santa Iglesia, y no andar de caza por los bosques. Pero te has hecho bestia ; dentro de ti tienes los animales de muchos pecados mortales. Por esto eres cazador de bestias y el huerto de tu alma está lleno de maleza y de espinas, porque has tomado el gusto de ir por lugares desiertos buscando las bestias salvajes. Avergüénzate y considera tus pecados. Motivo tienes para avergonzarte a cualquier parte que te vuelvas. Pero tú no te avergüenzas, porque has perdido el santo y verdadero temor de mí. Como la mujer pública, que ha perdido el pudor, te vanagloriarás de tener inmejorable posición en el mundo, de tener mucha familia y muchos hijos.

Y, si no los tienes, procuras tenerlos para que sean tus herederos. Eres salteador y ladrón, porque tú sabes perfectamente que no les puedes dejar tus bienes; tus herederos son los pobres y la santa Iglesia.

i Oh demonio encarnado, espíritu sin luz ! Buscas lo que no debes buscar. Te precias y vanaglorias de lo que debería ser para ti motivo de confusión y de vergüenza delante de mí, que veo lo más íntimo de tu corazón, y delante de las criaturas. Estás ciego en verdad, y los cuernos de tu soberbia no te permiten ver tu misma ceguera.

i Oh queridísima hija ! Yo te he puesto sobre el puente de la doctrina de mi verdad para que os sirviera a vosotros, peregrinos, y os administrara los sacramentos de la santa Iglesia, mas él permanece en el río miserable debajo del puente y en el río de los placeres y miserias del mundo. Allí ejerce su ministerio, sin percatarse de que le llega la ola que le arrastra a la muerte y se va con los demonios, señores suyos, a los que ha servido y de los que se ha dejado guiar, sin recato alguno, por el camino del río. Si no se enmienda, llegará a la condenación eterna, con tan gran reprensión y reproche, que tu lengua no sería capaz de referirlo. Y él, por su oficio de sacerdote, mucho más que cualquier otro seglar. Por donde una misma culpa es más castigada en él que en otro que hubiera permanecido en el mundo. Y en el momento de la muerte, sus enemigos le acusarán más terriblemente, como te he dicho."

Santa Catarina de Siena, Doctor de la Iglesia: El Diálogo, CXXX.

 

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La Iglesia, desde el inicio, es católica,

esta es su esencia más profunda, dice Pablo.  

El nuevo pueblo de Dios, la Iglesia, es un pueblo que proviene de todos los pueblos. La Iglesia, desde el inicio, es católica, esta es su esencia más profunda. San Pablo explica y destaca esto en la segunda lectura, cuando dice:  "Porque en un solo Espíritu hemos sido todos bautizados, para no formar más que un cuerpo, judíos y griegos, esclavos y libres. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu" (1 Co 12, 13). La Iglesia debe llegar a ser siempre nuevamente lo que ya es: debe abrir las fronteras entre los pueblos y derribar las barreras entre las clases y las razas. En ella no puede haber ni olvidados ni despreciados. En la Iglesia hay sólo hermanos y hermanas de Jesucristo libres. S. S. Benedicto XVI – P.P. 2005

 

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Dios creó el mundo para manifestar y comunicar su gloria. La gloria para la que Dios creó a sus criaturas consiste en que tengan parte en su verdad, su bondad y su belleza.

 

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“Contemplando la creación, llegamos al conocimiento de la Trinidad como una sola sustancia. Captamos un solo Dios: Padre, de quien somos, Hijo, por quien somos, Espíritu Santo, en quien somos. Principio al cual recorremos; modelo que seguimos, gracia que nos reconcilia” San Antonio de Padua (hacia 1195 + 1231),

 

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Toda criatura posee su bondad y su perfección propias. Para cada una de las obras de los "seis días" se dice: "Y vio Dios que era bueno". "Por la condición misma de la creación, todas las cosas están dotadas de firmeza, verdad y bondad propias y de un orden" (GS 36, 2). Las distintas criaturas, queridas en su ser propio, reflejan, cada una a su manera, un rayo de la sabiduría y de la bondad Infinitas de Dios. Por esto, el hombre debe respetar la bondad propia de cada criatura para evitar un uso desordenado de las cosas, que desprecie al Creador y acarree consecuencias nefastas para los hombres y para su ambiente.

 

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“Cuando contemplo el cielo, obra de tus manos, 
la luna y las estrellas que has creado, 
¿qué es el hombre para que te acuerdes de él, 
el ser humano, para darle poder? 
Lo hiciste poco inferior a los ángeles, 
lo coronaste de gloria y dignidad”(Ps. 8).   

 

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Un cuadro, el que se abre con la proclamación de la realeza del Señor (cf. vv. 10-13); quien canta aquí es el universo, incluso en sus elementos más misteriosos y oscuros, como el mar, según la antigua concepción bíblica:  "Alégrese el cielo, goce la tierra, retumbe el mar y cuanto lo llena; vitoreen los campos y cuanto hay en ellos, aclamen los árboles del bosque, delante del Señor, que ya llega, ya llega a regir la tierra" (vv. 11-13).

Como dirá san Pablo, también la naturaleza, juntamente con el hombre, "espera vivamente (...) ser liberada de la servidumbre de la corrupción para participar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios" (Rm 8, 19. 21).

Aquí quisiéramos dejar espacio a la relectura cristiana de este salmo que hicieron los Padres de la Iglesia, los cuales vieron en él una prefiguración de la Encarnación y de la crucifixión, signo de la paradójica realeza de Cristo.

5. Así, san Gregorio Nacianceno, al inicio del discurso pronunciado en Constantinopla en la Navidad del año 379 o del 380, recoge algunas expresiones del salmo 95:  "Cristo nace:  glorificadlo. Cristo baja del cielo:  salid a su encuentro. Cristo está en la tierra:  levantaos. "Cantad al Señor, toda la tierra" (v. 1); y, para unir a la vez los dos conceptos, "alégrese el cielo, goce la tierra" (v. 11) a causa de aquel que es celeste pero que luego se hizo terrestre" (Omelie sulla natività, Discurso 38, 1, Roma 1983, p. 44).

 

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El orden en el universo

1. La paz en la tierra, suprema aspiración de toda la humanidad a través de la historia, es indudable que no puede establecerse ni consolidarse si no se respeta fielmente el orden establecido por Dios.

2. El progreso científico y los adelantos técnicos enseñan claramente que en los seres vivos y en las fuerzas de la naturaleza impera un orden maravilloso y que, al mismo tiempo, el hombre posee una intrínseca dignidad, por virtud de la cual puede descubrir ese orden y forjar los instrumentos adecuados para adueñarse de esas mismas fuerzas y ponerlas a su servicio.

3. Pero el progreso científico y los adelantos técnicos lo primero que demuestran es la grandeza infinita de Dios, creador del universo y del propio hombre. Dios hizo de la nada el universo, y en él derramó los tesoros de su sabiduría y de su bondad, por lo cual el salmista alaba a Dios en un pasaje con estas palabras: ¡Oh Yahvé, Señor nuestro, cuán admirable es tu nombre en toda la tierra! Y en otro texto dice: ¡Cuántas son tus obras, oh Señor, cuán sabiamente ordenadas! De igual manera, Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, dotándole de inteligencia y libertad, y le constituyó señor del universo, como el mismo salmista declara con esta sentencia: Has hecho al hombre poco menor que los ángeles, 1e has coronado de gloria y de honor. Le diste el señorío sobre las obras de tus manos. Todo lo has puesto debajo de sus pies.

 

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Las sectas y su invasión del mundo hispánico: una guía  (2003) también por Manuel Guerra Gómez, editada por Eunsa. - Sinopsis. - Para visitar con provecho a una ciudad desconocida, aconsejan el uso de una Guía con su plano, la descripción de sus monumentos, etc. Esta obra pretende prestar un servicio similar con respecto a las sectas implantadas en el mundo hispano. Para no correr el riesgo de extraviarse entre las más de 20.000 sectas inventariadas hasta el momento, para poder recorrer sus nombres que cambian con frecuencia y para ni acumular más inseguridad e inquietud, se presenta esta Guía en el mercado. El autor trata de reflejar la realidad de cada secta con la mayor objetividad posible y de perfilar sus señales de identidad de acuerdo con los datos -no siempre completos- que facilitan su identificación

 

Recomendamos vivamente:

1ª) LEYENDAS NEGRAS DE LA IGLESIA. Autor Vittorio MESSORI – Editorial “PLANETA-TESTIMONIO” 10ª EDICIÓN – Óptimo libro para defenderse del cúmulo de opiniones arbitrarias, deformaciones sustanciales y auténticas mentiras que gravitan sobre todo en lo que concierne a la Iglesia. 

2º ‘LA LEYENDA NEGRA’, de PHILIP W. POWELL (1913-1987), publica la editorial Áltera en su colección ‘Los Grandes Engaños Históricos’. 2008 –

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).