Monday 27 February 2017 | Actualizada : 2017-02-03
 
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El único momento histórico en que Europa tuvo su unidad fue con la cristiandad medieval. Era la Europa católica. La cristianitas de la Europa medieval era la patria común. La reforma luterana destruyó todo esto, separó a los países y creó los nacionalismos.


Vittorio Messori; escritor, periodista, comentarista e investigador histórico. 2005.

 

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 El cristianismo fecundó y mejoró las culturas indígenas  -

 No tiene sentido querer volver al pasado pagano por la vía del indigenismo. Las culturas latinoamericanas son fruto de un mestizaje entre el Evangelio y muchos elementos precolombinos. Hay una religiosidad popular sincera y auténtica, por ejemplo ante santos patronales o la Virgen (Guadalupe, Aparecidad, etc...) que la Iglesia ha de "proteger, promover y en casos necesarios, purificar". Va ligado a un amor a la Iglesia Universal.

 

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1484, el 2 de junio - España: Caída de Qasr Bunayra (Casarabonela) en poder de los Reyes Católicos.

 

1537, el 2 de junio - El papa Paulo III decreta la bula Sublimis Deus, promulgada, que concede a los indios la consideración de hombres verdaderos, dotados de alma.

 

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letra C, San Benedicto bendiciendo a San Mauro

tempera proviene del norte de Italia 1420.ca.

 

En el libro que Antonio Rumeu (doctor en historia) dedicó al Tratado de Tordesillas (1494-1497), estudió la rivalidad marítima entre Castilla y Portugal por el dominio del Atlántico, para el que resultaba necesaria la soberanía sobre las islas Canarias, como avanzada que eran en las navegaciones transoceánicas.

Entre las obras de Antonio Rumeu, destacan las que dedicó a la historia de las islas Canarias, ya que las acciones de la Corona en el archipiélago constituyeron el antecedente y hasta el ámbito de experimentación de las actuaciones en América, desde los primeros años del descubrimiento. Así, en sus libros El Obispado de Telde (Madrid, 1960) y La política indigenista de Isabel la Católica (Madrid, 1969), estudió la evolución en el trato que se dio a los indígenas, condicionado por las acciones misionales desde mediados del siglo XIV, en las que son de destacar las de catalanes y mallorquines que, conjuntamente, se fundaron en el respeto a la libertad de los aborígenes.

La evangelización en las islas de Lanzarote, Fuerteventura y el Hierro permitió que, hacia 1420-1425, estuviesen cristianizados todos los nativos. Comenzaba por entonces la predicación del Evangelio en las islas de la Gomera y de Gran Canaria. El Papa Eugenio IV, en la Bula Regimini gregis (1434), proclamó la libertad de los aborígenes en los territorios en los que se evangelizaba. Juan II de Castilla respaldó con su autoridad el mandato pontificio. La Reina Isabel, al ceñir la Corona, reafirmó las actitudes de sus antecesores respecto a la libertad de los aborígenes canarios. Así, el 29 de septiembre de 1477, al recibir la noticia de que había quienes traían esclavos de Canarias, mandó que se les tuviese libres y prohibió que se vendiesen y repartiesen. La Reina aceptó y aplicó, «como artículo de fe», la doctrina pontificia sobre la libertad de los indígenas.

La acción liberadora de la Corona en las islas Canarias prosiguió en América, como muestra la Real Cédula de 2 de diciembre de 1501, por la que los Reyes Católicos mandaron encarcelar al mercader Cristóbal Guerra por haber maltratado y vendido en Andalucía a indios que había traído como esclavos. Además de la prisión, el mercader tuvo que devolver el dinero recibido por la venta. Los indios fueron puestos en libertad y devueltos a sus comunidades.

La experiencia que se tuvo en la colonización y cristianización de las islas Canarias sirvió de fundamento al principio rector formulado por la Reina Isabel en el Codicilo de su testamento, al mandar que en las Indias y Tierra firme del Mar Océano, descubiertas y por descubrir, fuesen cristianizados sus habitantes y que no se consintiese que los indios «vecinos y moradores» recibiesen «agravio alguno en sus personas ni bienes», y que fuesen «bien y justamente tratados». ‘ABC’ 2006-06.29 – Esp.

Autor - Don Gonzalo Anes y Álvarez de Castrillón – Doctor director de la Real Academia de la Historia-

 

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- Es curioso que, siendo Isabel la Católica quien abolió la esclavitud por primera vez en la Historia, haya proliferado después la Leyenda Negra en España, promovida por ingleses y holandeses…


Claro, ellos fueron los que restablecieron la esclavitud. Pero eso sucede mucho con la “memoria histórica”, es decir, el vencedor fabrica después una Historia que no tiene nada que ver con la realidad y atribuye al enemigo, al contrario, todas las cosas malas que él ha hecho.  Dr. Luis Suárez 2009.VIII


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«No se descubrirá nunca nada, si se considera satisfecho de lo ya descubierto». Séneca.

 

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«Así dice el Señor: Paraos en los caminos y mirad, y preguntad por los senderos antiguos, cuál es el camino bueno y andad por él, y encontraréis sosiego para vuestras almas» (Jr 6,16).

 

... ¿ de que los indios fueron esclavizados ?...

"¿Hubo encomenderos brutales? Sí, y esto nos lleva al segundo punto de la Leyenda Negra, a la segunda acusación, que es la de la esclavitud: los españoles esclavizaron a los indios. Que también es falsa. ¿Por qué los españoles no podían esclavizar a los indios? Lo dijo la reina Isabel en su testamento: a los indios había que llevarlos a la fe y tratarlos como a cristianos. Eso sí, pongámonos en la piel de cualquier español del siglo XVI que pasa a América: ha arriesgado su vida, ha conquistado tierras y se encuentra con que no puede tener esclavos. ¿Cómo que no? Todos tienen esclavos: los portugueses, los árabes; pronto los ingleses, los holandeses, los franceses. No valoramos suficientemente el enorme impacto psicológico que debió de ser aquella prohibición en una época donde la esclavitud seguía siendo una institución social vigente. Pero Carlos I lo subrayó con toda claridad en las Leyes de Indias: "Es conformidad de lo que está dispuesto sobre la libertad de los indios, es nuestra voluntad, y mandamos, que ningún Adelantado, Governador, Capitán, Alcaide, ni otra persona de cualquier calidad, en tiempo de paz o de guerra, sea osado de cautivar indios naturales de nuestras Indias y Tierra Firme del Mar Océano, descubiertas o por descubrir..."

Esto no era papel mojado. La crónica está plagada de casos en los que no solo encomenderos, sino también funcionarios reales de alto nivel fueron investigados por la justicia, apresados, conducidos a España, juzgados, encarcelados e incluso ejecutados por los abusos cometidos (...)

Los indios fueron sometidos a un régimen de servidumbre semejante al que se aplicaba en Europa (...) Hoy nos parecería insoportable y seguramente lo era en muchos casos: es difícil saber cuántos indios –seguramente miles– murieron exhaustos en las encomiendas o, después, en las minas. Pero no eran esclavos (...) Precisamente por eso comenzó la importación de esclavos negros, vendidos por los mercaderes árabes y por las tribus africanas. ¿Por qué podía esclavizarse a los negros y no a los indios? De eso hablaremos otro día...

(José Javier Esparza, La gesta española, p. 217-8) 

 

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«El Evangelio dignifica a los indígenas».
SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS, sábado, 29 septiembre 2007- Publicamos el artículo que ha escrito monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de la diócesis mexicana de San Cristóbal de Las Casas, con el título «El Evangelio dignifica a los indígenas».

VER - En Tekax, Yucatán, llevamos a cabo el VII Encuentro Nacional de Laicos Indígenas, con la participación de un centenar de ellos, provenientes de diversas etnias del país. El tema fue: Cristo y las culturas indígenas. El objetivo, elaborado por ellos: Profundizar y compartir la presencia de Cristo en la diversidad cultural para que, como pueblos indígenas, vivamos en el lugar que nos corresponde en la Iglesia universal y en la sociedad.

En
mi ponencia, expuse algo que dijimos en el Documento de Aparecida, y que complementa lo que compartí en mi artículo anterior: «El Evangelio llegó a nuestras tierras en medio de un dramático y desigual encuentro de pueblos y culturas.
Las ‘semillas del Verbo’, presentes en las culturas autóctonas, facilitaron a nuestros hermanos indígenas encontrar en el Evangelio respuestas vitales a sus aspiraciones más hondas: Cristo era el Salvador que anhelaban silenciosamente. La visitación de Nuestra Señora de Guadalupe fue acontecimiento decisivo para el anuncio y reconocimiento de su Hijo, pedagogía y signo de inculturación de la fe, manifestación y renovado ímpetu misionero de propagación del Evangelio» (No. 4).

Salvo algunos casos como en Panamá y en la región amazónica, todos los indígenas de América Latina han aceptado el mensaje liberador de Cristo Jesús y cada día asumen más su lugar en la Iglesia; sin embargo, «en algunos casos, permanece una mentalidad y una cierta mirada de menor respeto acerca de los indígenas. De modo que, descolonizar las mentes, el conocimiento, recuperar la memoria histórica, fortalecer espacios y relaciones interculturales, son condiciones para la afirmación de la plena ciudadanía de estos pueblos» (No. 96).

 

JUZGAR - Como lo habíamos dicho desde 1992, en Santo Domingo, los Pastores reconocemos que «los pueblos indígenas cultivan valores humanos de gran significación; valores que la Iglesia defiende... ante la fuerza arrolladora de las estructuras de pecado manifiestas en la sociedad moderna; son poseedores de innumerables riquezas culturales, que están en la base de nuestra identidad actual; y, desde la perspectiva de la fe, estos valores y convicciones son fruto de ‘las semillas del Verbo’, que estaban ya presentes y obraban en sus antepasados» (No. 92). «Actualmente, el pueblo ha enriquecido estos valores ampliamente por la evangelización, y los ha desarrollado en múltiples formas de auténtica religiosidad popular» (No. 93).

«Como discípulos de Jesucristo, encarnado en la vida de todos los pueblos descubrimos y reconocemos desde la fe las ‘semillas del Verbo’ presentes en las tradiciones y culturas de los pueblos indígenas de América Latina. De ellos valoramos su profundo aprecio comunitario por la vida, presente en toda la creación, en la existencia cotidiana y en la milenaria experiencia religiosa, que dinamiza sus culturas, la que llega a su plenitud en la revelación del verdadero rostro de Dios por Jesucristo» (No. 529).

 

ACTUAR - «Como discípulos y misioneros al servicio de la vida, acompañamos a los pueblos indígenas y originarios en el fortalecimiento de sus identidades y organizaciones propias, la defensa del territorio, una educación intercultural bilingüe y la defensa de sus derechos. Nos comprometemos también a crear conciencia en la sociedad acerca de la realidad indígena y sus valores, a través de los medios de comunicación social y otros espacios de opinión. A partir de los principios del Evangelio apoyamos la denuncia de actitudes contrarias a la vida plena en nuestros pueblos originarios, y nos comprometemos a proseguir la obra de evangelización de los indígenas, así como a procurar los aprendizajes educativos y laborales con las transformaciones culturales que ello implica» (No. 530).

«La Iglesia estará atenta ante los intentos de desarraigar la fe católica de las
comunidades indígenas, con lo cual se las dejaría en situación de indefensión y confusión ante los embates de las ideologías y de algunos grupos alienantes, lo que atentaría contra el bien de las mismas comunidades» (No. 531).

+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las Casas – 2007-IX-29

 

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¿Aún hay tribus sin descubrir?

 

Sin duda alguna, todavía existen pueblos indígenas que no han tenido contacto con el hombre occidental. Se hallan en los densos bosques húmedos  y en las selvas ecuatoriales de la cuenca amazónica, el archipiélago indonesio y, eventualmente, en África central. Mantenidos de la caza y la recolección, estos pueblos forman grupos de 20 a 30 individuos, que pueden llegar a alcanzar un centenar, con una lengua propia. Estas etnias aisladas no sobrepasan el medio centenar en el Amazonas y estarían integradas por unas 7.000 personas de los pueblos avá-canoeiros, katawixi, tupi-guarani, yakarawakta y otros muchos que aún no han sido ni siquiera nombrados. Del mismo modo, los antropólogos estiman que hay 3.000 jarawa en las islas Andaman, en la India, y más de 30.000 toala en las islas Celebes (Indonesia), que no han tenido contacto con el hombre occidental. 2005.






HISTORIA: -Según una definición no menos acertada que otras, la historia es el conjunto de todos los hechos ocurridos en tiempos pasados.

Según otra más prolija, puede considerarse la historia, y es también definición que muchos historiadores consideran válida, como la narración y el estudio de los hechos del pasado, públicos y privados, pero trascendentes, merecedores de recuerdo, y su relación con el hombre civilizado y las sociedades humanas.

Pero algunos historiadores prefieren el término investigación a narración. Recogen la opinión de Volney: «La palabra historia parece haber sido empleada por los antiguos en una acepción muy diferente de la de los modernos; los griegos, sus autores, entendían por ella una persquisición, una investigación hecha con cuidado. Y en ese sentido la emplea Herodoto».

Hay otras definiciones del término historia, supongo que muchas, mas para entendernos en la divagación con que hoy pienso perder el tiempo, creo que con estas dos tenemos bastante.

Recientemente ha surgido de manera todavía imprecisa este otro término: retrohistoria, que algunos utilizan humorísticamente y otros, que lo toman más en serio, lo entienden como opuesto a la historia, pero en realidad no es así, sino que significa un modo diferente de describir o investigar -o quizás simplemente de ordenar para su estudio- los acontecimientos históricos.

La retrohistoria es opuesta a la historia, tal como a la historia se la ha entendido hasta ahora, pero no la niega ni la rechaza sino que la complementa. Y pretende dotarla de mayor eficacia. Esta es su intención y lo que impulsa a los historiadores partidarios de esta tendencia.

En la historia destaca, y esta es la voluntad del historiador, la narración (o investigación) de la sucesión de los hechos, de su encadenamiento desde el remoto ayer hasta el presente, sin adentrarse vanamente en las incógnitas del insondable futuro.

Aun siendo opuestas, en algo se asemejan la historia y la retrohistoria: en ambas se trabaja con materiales inexistentes. Inexistentes en el momento en que alguien se dispone a trabajar sobre ellos. No se diferencian en la calidad de dichos materiales sino en el orden en que se narra su aparición y su fugaz existencia.

Puede aceptarse la idea, sostenida por algunos comentaristas actuales, de que el concepto de retrohistoria ha surgido de la necesidad de estudiar no sólo los acontecimientos históricos sino, casi podría afirmarse que muy primordialmente, las respectivas causas de esos acontecimientos.

Poco importa al hombre conocer lo que ha sucedido o lo que está sucediendo, para bien o para mal, si desconoce el porqué del suceso, su causa. Al no conocerse las causas de los acontecimientos la historia pierde lo que puede tener para el ser humano de enseñanza provechosa y quedarse en mero entretenimiento.

Esta causa siempre necesariamente fue anterior al acontecimiento. El investigador histórico debe, por consiguiente, retroceder en el tiempo en vez de avanzar o de quedarse quieto o de saltarse varios siglos de un golpe o de embarcarse con Herbert George Wells en viajes al futuro. Pero he aquí que la causa suele ser al mismo tiempo un acontecimiento y, por lo tanto, el investigador histórico, si es consciente y riguroso, deberá investigar también la causa de este acontecimiento, retrocediendo, por lo tanto, en el tiempo histórico; y al proceder así sucesivamente se hallará inmerso en plena retrohistoria. Y para ello habrá utilizado un cambio radical de perspectiva.

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Una hermosa indicación de Juan Pablo II hablando de la memoria histórica: La memoria se configura como un derecho que corresponde a cada grupo humano (sociedad, Iglesia, partidos y sindicatos) para profundizar en la propia identidad, pero es esencial que esa memoria no sea selectiva y sesgada, ni intente imponer a todos una visión uniforme, sino que se desarrolle a partir de una aproximación «abierta, objetiva y científica» a los hechos.

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…[…]… «¡Sí que reivindicó el derecho de cada colectivo!, ‘la Iglesia católica, una congregación religiosa, un partido político, un sindicato, una institución académica’, a rememorar su historia para profundizar «en su identidad». Monseñor Ricardo Blázquez, Obispo de Bilbao-Esp. 2007.XI.

 

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transportes desde Francia a Castilla

tempera origen Brujas 1480 1483 ca.

 

Historiadores serios, responsables investigadores, sanos intelectuales deben estudiar la historia. La Iglesia universal está muy por encima de circunstancias coyunturales, y debe ser capaz de transmitir un mensaje de fe y de esperanza. La historia tiene que quedar en manos de los historiadores porque nadie tiene derecho a imponer una «verdad oficial», propia de los sistemas totalitarios. En el marco de la razón y el sentido común, el recuerdo de los antecesores -en este caso, de quienes dieron la vida por la fe ‘mártires de la Iglesia Católica’- refuerza la propia identidad y ayuda a comprender el complejo mundo en que vivimos. 2007-XI

 

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AMÉRICA. 2007 - Entre las sectas y el secularismo - "Se percibe un cierto debilitamiento de la vida cristiana en el conjunto de la sociedad y de la propia pertenencia a la Iglesia católica debido al secularismo, al hedonismo, al indiferentismo y al proselitismo de numerosas sectas, de religiones animistas y de nuevas expresiones seudoreligiosas".

 

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Análisis histórico - Con frecuencia en los análisis históricos se peca de falta de objetividad por juzgar con valores actuales los sucesos del pasado. Esto no significa relativizar el juicio valórico de los sucesos, sino extirpar ciertos moralismos actuales que no son reales, que suponen una "moral" moderna y postmoderna que juzga enloquecidamente las cosas. Desde una perspectiva objetiva tenemos que condenar sin reserva los errores ocurridos en l período analizado, pero sin rasgar vestiduras por la "monstruosa" noticia del descubrimiento y civilización europea en América, maldiciendo la hora en que se produjo al estilo del cuestionado activista verde Jacques Cousteau quien declaró en 1992 que la llegada de la Colón a América "fue un desastre peor que la lluvia de meteoritos que acabó con los dinosaurios en la prehistoria"

Aquí la premisa tribalista de "cada uno en su tierra sin invadir otra" queda desvanecida por el absurdo ante el dinamismo y realidad de la historia. Toda civilización es el fruto de una mezcla frecuentemente nada pacífica. La misma epopeya del Pueblo de Dios suponía conquistar una tierra prometida ocupada por tribus locales. Los mismos europeos provienen de invasiones y nuevas invasiones que mezclaron sus sangres e hicieron nacer las distintas culturas que dan alma al Viejo Mundo.

 

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DISCERNIR - A todos se les pide el saber cultivar un atento discernimiento y una constante vigilancia, madurando una sana capacidad crítica ante la fuerza persuasiva de tantos medios de comunicación que no cesan de inventar, suponer o repetir ‘leyendas negras’, difamaciones o mentiras históricas… mienten sabiendo de mentir.

Los que escuchan no deben ser obligados a imposiciones ni compromisos, engaño o manipulación. Jesús enseña que la comunicación es un acto moral “El hombre bueno, del buen tesoro saca cosas buenas y el hombre malo, del tesoro malo saca cosas malas. Os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres darán cuenta en el día del Juicio. Porque por tus palabras serás declarado justo y por tus palabras serás condenado” (Mt 12, 35-37).

“Por tanto, desechando la mentira, hablad con verdad cada cual con su prójimo, pues somos miembros los unos de los otros. […]No salga de vuestra boca palabra dañosa, sino la que sea conveniente para edificar según la necesidad y hacer el bien a los que os escuchen” (Ef 4, 25.29).

 

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Derechos - Señor del mundo, Padre de todos los hombres, por medio de tu Hijo nos has pedido amar a los enemigos, hacer bien a los que nos odian y orar por los que nos persiguen. Muchas veces, sin embargo, los cristianos han desmentido el Evangelio y, cediendo a la lógica de la fuerza, han violado los derechos de etnias y pueblos; despreciando sus culturas y tradiciones religiosas: muéstrate paciente y misericordioso con nosotros y perdónanos. Por Cristo nuestro Señor. R. Amén.

 

Cieza de León 1518?-1560 reconoce que en aquella empresa hubo crueldades, pero asegura que no todos actuaron así, «porque yo sé y vi muchas veces hacer a los indios, buenos tratamientos por hombres templados y temerosos de Dios, que curaban a los enfermos». Sus escritos denotan un hombre de religiosidad profunda, compadecido de los indios al verlos sujetos a los engaños y esclavitudes del demonio...

 

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«Isabel la Católica reconoció a los indígenas

como súbditos, no como esclavos»

 

VALLADOLID. Historiadores y profesores universitarios de España, Portugal y Brasil participan en el tercer simposio sobre Isabel I de Castilla, que se celebra en Medina del Campo (Valladolid), organizado por la universidades de Burgos y Valladolid, y donde se analiza, entre otros asuntos, la protección jurídica que la Corona dio a los indios americanos. La profesora de la UNED Celia Parcero Torre recordó ayer en declaraciones a Efe que la propia Isabel I reconoció el carácter de súbditos de las Indias y no de esclavos de los pobladores de las tierras recién descubiertas en el momento en que Colón se los mostró a la vuelta de uno de sus viajes.

Sin embargo, la profesora Parcero Torre habló de la existencia de dos realidades distintas en el continente americano, por una parte la legislación sobre los indígenas dictada por la Corona de España, y por la otra, el comportamiento de los españoles en las tierras conquistadas. «La distancia permite tergiversar la situación y alimentar la leyenda negra», afirmó la profesora Parcero, quien explicó que los españoles que viajaban a América lo hacían a la búsqueda de una vida mejor, plena de riqueza, y que tras descubrir la realidad, optaban por la explotación de la tierra y las minas, y de ahí, el reparto de los indígenas como mano de obra.

No obstante, Parcero destacó la inmediatez con que la Corona reaccionó ante las denuncias presentadas por la Iglesia ante el trato vejatorio que sufrían los indios, lo que contribuyó a mitigarlo, junto con la rapidez con que se dotó a las tierras conquistadas de una organización estatal, donde regía la autoridad del Rey. ABC. ESP. 2003-07-09


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HECHOS HISTÓRICOS - Se perfilan así diversos interrogantes: ¿se puede hacer pesar sobre la conciencia actual una culpa vinculada a fenómenos históricos irrepetibles, como las cruzadas o la inquisición? ¿No es demasiado fácil juzgar a los protagonistas del pasado con la conciencia actual (como hacen escribas y fariseos, según Mt 23,29-32), como si la conciencia moral no se hallara situada en el tiempo? ¿Se puede acaso, por otra parte, negar que el juicio ético siempre tiene vigencia, por el simple hecho de que la verdad de Dios y sus exigencias morales siempre tienen valor? Cualquiera que sea la actitud a adoptar, ésta debe confrontarse con estos interrogantes y buscar respuestas que estén fundadas en la revelación y en su transmisión viva en la fe de la Iglesia. La cuestión prioritaria es, por tanto, la de esclarecer en qué medida las peticiones de perdón por las culpas del pasado, sobre todo cuando se dirigen a grupos humanos actuales, entran en el horizonte bíblico y teológico de la reconciliación con Dios y con el prójimo.  

 

La identificación de las culpas del pasado de las que enmendarse implica, ante todo, un correcto juicio histórico, que sea también en su raíz una valoración teológica. Es necesario preguntarse: ¿qué es lo que realmente ha sucedido?, ¿qué es exactamente lo que se ha dicho y hecho? Solamente cuando se ha ofrecido una respuesta adecuada a estos interrogantes, como fruto de un juicio histórico riguroso, podrá preguntarse si eso que ha sucedido, que se ha dicho o realizado, puede ser interpretado como conforme o disconforme con el Evangelio, y, en este último caso, si los hijos de la Iglesia que han actuado de tal modo habrían podido darse cuenta a partir del contexto en el que estaban actuando. Solamente cuando se llega a la certeza moral de que cuanto se ha hecho contra el Evangelio por algunos de los hijos de la Iglesia y en su nombre habría podido ser comprendido por ellos como tal, y en consecuencia evitado, puede tener sentido para la Iglesia de hoy hacer enmienda de culpas del pasado.

 

La relación entre «juicio histórico» y «juicio teológico» resulta, por tanto, compleja en la misma medida en que es necesaria y determinante. Se requiere, por ello, ponerla por obra evitando los desvaríos en un sentido y en otro: hay que evitar tanto una apologética que pretenda justificarlo todo, como una culpabilización indebida que se base en la atribución de responsabilidades insostenibles desde el punto de vista histórico. Juan Pablo II ha afirmado respecto a la valoración histórico-teológica de la actuación de la Inquisición: «El Magisterio eclesial no puede evidentemente proponerse la realización de un acto de naturaleza ética, como es la petición de perdón, sin haberse informado previamente de un modo exacto acerca de la situación de aquel tiempo. Ni siquiera puede tampoco apoyarse en las imágenes del pasado transmitidas por la opinión pública, pues se encuentran a menudo sobrecargadas por una emotividad pasional que impide una diagnosis serena y objetiva... Ésa es la razón por la que el primer paso debe consistir en interrogar a los historiadores, a los cuales no se les pide un juicio de naturaleza ética, que rebasaría el ámbito de sus competencias, sino que ofrezcan su ayuda para la reconstrucción más precisa posible de los acontecimientos, de las costumbres, de las mentalidades de entonces, a la luz del contexto histórico de la época» 

 

La interpretación de la historia

 

¿Cuáles son las condiciones de una correcta interpretación del pasado desde el punto de vista del conocimiento histórico? Para determinarlas hay que tener en cuenta la complejidad de la relación que existe entre el sujeto que interpreta y el pasado objeto de interpretación; en primer lugar se debe subrayar la recíproca extrañeza entre ambos. Eventos y palabras del pasado son ante todo «pasados»; en cuanto tales son irreductibles totalmente a las instancias actuales, pues poseen una densidad y una complejidad objetivas, que impiden su utilización únicamente en función de los intereses del presente. Hay que acercarse, por tanto, a ellos mediante una investigación histórico‑crítica, orientada a la utilización de todas las informaciones accesibles de cara a la reconstrucción del ambiente, de los modos de pensar, de los condicionamientos y del proceso vital en que se sitúan aquellos eventos y palabras, para cerciorarse así de los contenidos y los desafíos que, precisamente en su diversidad, plantean a nuestro presente.

 

En segundo lugar, entre el sujeto que interpreta y el objeto interpretado se debe reconocer una cierta copertenencia, sin la cual no podría existir ninguna conexión y ninguna comunicación entre pasado y presente; esta conexión comunicativa está fundada en el hecho de que todo ser humano, de ayer y de hoy, se sitúa en un complejo de relaciones históricas y necesita, para vivirlas, de una mediación lingüística, que siempre está históricamente determinada. ¡Todos pertenecemos a la historia! Poner de manifiesto la copertenencia entre el intérprete y el objeto de la interpretación, que debe ser alcanzado a través de las múltiples formas en las que el pasado ha dejado su testimonio (textos, monumentos, tradiciones...), significa juzgar si son correctas las posibles correspondencias y las eventuales dificultades de comunicación con el presente, puestas de relieve por la propia comprensión de las palabras o de los acontecimientos pasados; ello requiere tener en cuenta las cuestiones que motivan la investigación y su incidencia sobre las respuestas obtenidas, el contexto vital en que se actúa y la comunidad interpretadora, cuyo lenguaje se habla y a la cual se pretenda hablar. Con tal objetivo es necesario hacer refleja y consciente en el mayor grado posible la precomprensión, que de hecho se encuentra siempre incluida en cualquier interpretación, para medir y atemperar su incidencia real en el proceso interpretativo.

 

Finalmente, entre quien interpreta y el pasado objeto de interpretación se realiza, a través del esfuerzo cognoscitivo y valorativo, una ósmosis («fusión de horizontes»), en la que consiste propiamente la comprensión. En ella se expresa la que se considera inteligencia correcta de los eventos y de las palabras del pasado; lo que equivale a captar el significado que pueden tener para el intérprete y para su mundo. Gracias a este encuentro de mundos vitales, la comprensión del pasado se traduce en su aplicación al presente: el pasado es aprehendido en las potencialidades que descubre, en el estímulo que ofrece para modificar el presente; la memoria se vuelve capaz de suscitar nuevo futuro.

 

A una ósmosis fecunda con el pasado se accede merced al entrelazamiento de algunas operaciones hermenéuticas fundamentales, correspondientes a los momentos ya indicados de la extrañeza, de la copertenencia y de la comprensión verdadera y propia. Con relación a un «texto» del pasado, entendido en general como testimonio escrito, oral, monumental o figurativo, estas operaciones pueden ser expresadas del siguiente modo: «1) comprender el texto, 2) juzgar la corrección de la propia inteligencia del texto y 3) expresar la que se considera inteligencia correcta del texto» 66. Captar el testimonio del pasado quiere decir alcanzarlo del mejor modo posible en su objetividad, a través de todas las fuentes de que se pueda disponer; juzgar la corrección de la propia interpretación significa verificar con honestidad y rigor en qué medida pueda haber sido orientada, o en cualquier caso condicionada, por la precomprensión o por los posibles prejuicios del intérprete; expresar la interpretación obtenida significa hacer a los otros partícipes del diálogo establecido con el pasado, sea para verificar su relevancia, sea para exponerse a la confrontación con otras posibles interpretaciones.

 

Para que la Iglesia realice un adecuado examen de conciencia histórico delante de Dios, con vistas a la propia renovación interior y al crecimiento en la gracia y en la santidad, es necesario que sepa reconocer las «formas de antitestimonio y de escándalo» que se han presentado en su historia, en particular durante el último milenio. No es posible llevar a cabo una tarea semejante sin ser conscientes de su relevancia moral y espiritual. Ello exige la definición de algunos términos clave, además de la formulación de algunas precisiones necesarias en el plano ético. MM.

 

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ESPAÑA 1492 - Comprendiendo la cultura en que se gestó, llegaremos a una visión más equilibrada para cualificar la gesta hispánica ¡el descubrimiento de América!   

 

Francisco de Vitoria, al tener conocimiento en 1536 de las violencias cometidas durante la conquista de Perú, escribe su relección De indis, en la que declara que los indios no son seres inferiores a los que es legítimo esclavizar y explotar sino seres libres, con iguales derechos que los españoles y dueños de sus tierras y bienes. De este modo se inició el derecho de gentes.

 

El religioso dominico, Fray Domingo de Santo Tomás, segundo Obispo de esta Diócesis de La Plata, en el antiguo Alto Perú, nombrado por Pío IV, fue uno de los primeros europeos que aprendió a la perfección el idioma keschwa (quechua), escribió la primera gramática y el primer vocabulario de esta lengua: "Gramática o arte de la lengua general de los ‘Reynos’ del Perú", publicada en Valladolid en 1560, y el "Vocabulario de la Lengua del Perú", y acabó de edificar la Iglesia Catedral de la ciudad y, sobre todo, "edificó la Catedral del alma de los Indios", como se lee en un escrito de su tiempo, dedicando a ellos la mayor parte de su vida. Asistió al Segundo Concilio Provincial de Lima, cuyo objetivo claro y fundamental fue "la evangelización de los Indígenas", para lo cual dos eran los presupuestos fundamentales que se acordaron y pusieron en práctica: aprender el idioma indígena y promover la formación del clero nativo. Bajo este imperativo, el 13 de enero de 1595, se fundó el actual Seminario Conciliar de San Cristóbal en La Plata (hoy Sucre), con el propósito de formar al clero nativo, propósito y edificio que siguen en pié.

 

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La legitimidad de un pluralismo político entre los cristianos no debe conducir a una especie de «liberalismo» por el que se pueda llegar a pensar que cualquier opción política es compatible con la fe cristiana. Del evangelio se desprende no sólo impulso, sino también dirección y criterios teóricoprácticos que limitan este pluralismo y que contribuyen eficazmente a la elaboración de una política solidaria con los más pobres, que tiene que ser siempre la finalidad última de los cristianos en el compromiso político.

 

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El indígena americano, sujeto y proyección

de la modernidad castellana

 

Por María Saavedra Inaraja - 2004.09

El descubrimiento más importante no fue de carácter geográfico, sino el humano, las gentes, los pobladores de las tierras descubiertas que tenían que ser encajados en ese proyecto histórico, coherente, que iniciaban los Reyes Católicos

 

 

Introducción

Como ha señalado Julián Marías, la primera Nación Moderna de la Historia fue España. Este autor indica que antes existieron “otras cosas”: Imperios, ciudades- estado, reinos... más o menos grandes, pero no pueden considerarse propiamente “naciones”[1].

Entre los aspectos de la Modernidad, señalados por J. Marías, destacaré dos:

a)      Presencia de una monarquía que establece un poder efectivo. Los reyes consolidan su soberanía, sin intermediarios entre ellos y sus súbditos.

b)      Existencia de un proyecto histórico coherente, que se manifiesta en empresas que van más allá de los asuntos locales[2].

Estos dos aspectos se manifiestan y se ponen en práctica de modo singular en la América española. Y será así bajo el impulso directo de la Corona.

La proyección ultramarina, ¿fue una necesidad castellana? ¿correspondía así al impulso aragonés por el Mediterráneo? ¿era una necesaria continuidad del proceso reconquistador, que había configurado la realidad y la esencia española a lo largo de 8 largos siglos?

En cualquier caso, la proyección española en América supuso por encima de todo un RETO. España no buscaba América, se lo encontró, y lo que encontró fue un terreno “virgen” desde el punto de vista político, para construir allí algo auténticamente “moderno”. No había que derribar viejas estructuras medievales, ni luchar contra hábitos señoriales que dificultaban la actividad directa del monarca para implantar su soberanía. Tierras nuevas pero, sobre todo, gentes nuevas sobre las que crear las bases de un Estado Moderno.

Porque el descubrimiento más importante no fue de carácter geográfico, sino el humano, las gentes, los pobladores de las tierras descubiertas que tenían que ser encajados en ese proyecto histórico, coherente, que iniciaban los Reyes Católicos.

 

Castilla, España, aceptó ese reto que se le venía encima, y desempeñó su tarea lo mejor que supo, rompiendo moldes muy arraigados en la época.

¿Cómo es la Castilla que llega a América? ¿es un reino medieval, o es ya el Estado Moderno? Es la Nación renacentista que se revuelve para terminar de encajarse en un molde creado por ella misma, liberado de vestigios medievales. Y lo que proyecta en América es precisamente ese molde, y así la América española apenas participa de alguna forma medieval. Es una creación moderna, es la “modernidad” querida y creada por loe Reyes Católicos, que en Ultramar no tiene que enfrentarse a viejas resistencias aún operantes en toda Europa.

 

El súbdito americano

Varios son los problemas que se planteaban con la expansión atlántica castellana, y que no encontrarán respuesta hasta el definitivo asentamiento y posesión castellana de América. Los principales fueron el de la población aborigen (su naturaleza), la soberanía de los reyes en las tierras descubiertas y conquistadas, y el de la condición ética que debía aplicarse a la soberanía monárquica[3].

A finales de la Edad Media, dos eran las principales corrientes acerca de la dignidad de la persona humana que afectaban a la concepción del infiel. La tradición más extendida era aquella que afirmaba que el infiel, al no participar de la Gracia, tampoco tenía en plenitud la condición humana. Por tanto, si el derecho natural era una participación en el orden de la gracia querido por Dios, aquellos que no vivían en la comunidad de los creyentes no poseían en plenitud esa naturaleza: no tenían derecho a los dones de la vida, libertad y propiedad, y como consecuencia eran susceptibles de ser esclavizados. Esta teoría era defendida, entre otros, por Enrique de Susa, cardenal de Ostia.

En cambio, a partir del siglo XIII se desarrolló otra línea de pensamiento que afirmaba que todo hombre, por el hecho de serlo, había merecido la redención, y por tanto participaba plenamente de los derechos inherentes a la naturaleza humana: libertad, vida y propiedad. Entre otros, desarrolla este planteamiento Tomás de Aquino. Esta será la corriente que, frente a las opiniones generalizadas de la época, se empeñarán en practicar y difundir los Reyes Católicos entre sus nuevos súbditos americanos.

Por otra parte, la necesidad de buscar el BIEN COMÚN, uno de los principios cristianos del orden político practicados por Isabel I, que ve y siente la necesidad de extenderlo a los aborígenes de América (una vez resuelta la duda acerca de su verdadera condición humana). Y la reina Católica lo hace en un momento en que en Europa predominaba la doctrina citada anteriormente, que justificaba la esclavitud. Esto ya implica una gran modernidad para su tiempo, como señaló Mario Hernández Sánchez - Barba[4].

El planteamiento pues, era muy distinto al que representaban otros soberanos. En el caso de los Reyes Católicos (y pienso que con mayor fuerza debe aplicarse esta postura a la reina Isabel) era el siguiente: los vasallos de las monarquías no son esclavos cuya sujeción es servil, sino súbditos de una sujeción civil en la que el príncipe debe mirar al bien común de aquellos sobre quienes gobierna[5].

Dos aspectos que están directamente relacionados: la principal obligación de los Reyes españoles en América es difundir el evangelio en aquellas tierras. De hecho, la primera legitimación de su soberanía se pide precisamente al Papa. Pero si estos pobladores son susceptibles de recibir la fe Católica y ser por tanto incorporados a la Iglesia Católica, por el mismo motivo han de ser de pleno derecho súbditos libres de la corona castellana, y como a tales se les debe tratar.

 

Las Leyes de Indias

Las consecuencias derivadas de estos planteamientos son de una enorme trascendencia, y se plasmarán, entre otras cosas, en el gran monumento levantado por los españoles en América: el Derecho Indiano. Las Leyes de Indias, dirigidas a reglamentar toda la vida en la América española según el criterio y la voluntad de los soberanos, serán, junto con la religión católica y la lengua castellana, los grandes legados de la Corona española en América.

Cada comportamiento negativo que llegaba a conocimiento de la Corona era respondido por la misma con una norma, una ley o una sentencia condenatoria. De este modo, las leyes para las Indias se construyeron sobre el conocimiento de la realidad americana, y muchas de ellas para evitar o condenar los posibles –o reales y constatados- abusos de los colonos. Tal es el caso de una Real Cédula publicada el 5 de febrero de 1504 para Venezuela, en la que se declaraba que Alonso de Ojeda había hecho la guerra injusta a indios pacíficos, y por tal la reina le condenaba a pérdida de todos sus bienes. Más tarde Ojeda sería absuelto por falta de pruebas, pero ahí quedaba el testimonio del profundo rechazo de la Corona a los medios ilícitos para imponer su soberanía o promover la expansión de la fe.

Cierto que las leyes no consiguieron que desapareciera la violencia en las actitudes de los colonos, pero sí al menos lograron mitigarla, y quedan como huella de la profunda preocupación de los soberanos por mantener la legitimidad en el ejercicio de su soberanía en ultramar.

 

La modernidad en el Sistema Indiano de gobierno

Como señalaba J. Manuel Pérez Prendes, el Estado Moderno resultó particularmente acelerado e intensificado en el sistema indiano de gobierno[6].

Esta radicalización vino principalmente favorecida, como ya apuntábamos antes, por la exitosa lucha iniciada por los Reyes Católicos para eliminar las instancias intermedias que sustrajesen súbditos a su poder directo. El punto de partida era el convencimiento de que el realengo era manifestación de lo moderno, mientras que lo señorial era resquicio de lo medieval, y por tanto, arcaico.

En este sentido, y siguiendo a Pérez Prendes, es en el que podemos afirmar que el sistema indiano actuó como motor de aceleración del Estado Moderno, en cuanto que fomentó y disciplinó unos cuadros y aparatos de actuación jurídico-política que se acostumbraron a tener por completo bajo su acción directa a tierras, gentes y asuntos sin asomo de competencias o rivalidades con otros poderes, si de naturaleza distinta y número menor, no por ellos menos ralentizadores, si se los hubiera dejado existir, de semejante fábrica y talante de oficiales regios[7].

Además, esta manera de gobernar en la que la presencia del rey se hace sentir en cada uno de sus funcionarios, y a través de las leyes continuamente emanadas desde la península, vino a ser favorecida por determinadas actuaciones que en absoluto perseguían este objetivo. Tal es el caso de las continuas disposiciones nacidas en España como consecuencias de las críticas acerca del comportamiento de los españoles en tierras americanas.


El proceso de autocrítica de la conquista, único por sus características y dimensiones, tendrá diferentes etapas y son varios los nombres que pueden señalarse como protagonistas e impulsores de dicho proceso. Señalemos dos que a mi modo de ver lograron un significativo cambio de rumbo en la labor española en América, y determinaron de alguna manera la orientación de la misma:

a)      Fray Antonio de Montesinos, fraile dominico que con su famosos sermón en el domingo de Adviento de 1511 en la iglesia mayor de la Española logró arrancar del regente Fernando las famosas Leyes de Burgos de 1512.

b)      Fray Bartolomé de las Casas, dominico igualmente, nombrado Protector de Indios, y que con sus alarmantes escritos a punto estuvo de conseguir que el emperador más poderoso de la Historia Moderna renunciara a continuar con la presencia española en América, movido por un serio problema de conciencia. Quizá el fruto más llamativo de su acción fueron las controvertidas Leyes Nuevas de 1542.

La labor española en América fue, como todas las empresas llevadas a cabo por el hombre, una tarea plena de contrastes, dando lugar a la “realidad dual” señalada por Pérez Prendes[8]. Una cosa es la voluntad de los soberanos, y las disposiciones que se ordenan para que se cumpla tal voluntad, y otra – a veces muy diferente- son los comportamientos particulares. Cierto que hubo funcionarios corruptos, conquistadores con afán insaciable de oro, encomenderos cuyo comportamiento era el menos adecuado para quien debe preocuparse de la cristianización de los indios que tiene bajo su cuidado.

Pero no es menos cierto que por parte de la Corona se procuró desde el principio evitar estos abusos, corregir los errores. No siempre fue fácil, y la distancia no era la menor dificultad. Son muy grandes las distancias y mucho el tiempo que se empleaba en atravesar el Atlántico. En España se conocía con retraso cuál era la realidad americana, y las disposiciones creadas para corregir los defectos de la administración o determinadas actitudes podían llegar a las autoridades americanas cuando ya un comportamiento delictivo se había generalizado, y era difícil rectificarlo.

La dispersión de los españoles por el continente americano fue la causa de que se desarrollaran comportamientos incontrolados. La Corona creo una red de funcionarios gobernada por el rigor de la ley para proteger al indio. Pero es necesario afirmar que la fuerza que asumió con mayor firmeza la defensa del indio fue sin duda la Iglesia[9].

En cualquier caso, junto a las graves alteraciones demográficas, el afán de lucro satisfecho gracias al trabajo del indio y del negro, el tremendo descenso demográfico provocado por los nuevos hábitos laborales y la expansión de enfermedades nuevas en América, es necesario señalar que se ganó la batalla por la proclamación de la dignidad y libertad del ser humano, en la que desde el principio se empeñó la Corona y de manera muy personal Isabel la Católica.

En esta batalla, la Corona contó con el apoyo y el estímulo de aquellas voces que se alzaban en América tratando de defender los derechos de los indígenas frente a los desmanes de algunas de las autoridades locales y su permisión de determinados comportamientos en absoluto acordes con la voluntad de los monarcas.

 

Las normas e instrucciones de la primera hora española en América

Destacaremos a continuación algunas de las actuaciones legislativas que emanaron de la Corona durante el reinado de los Reyes Católicos, y en las que se percibe claramente el interés de los monarcas por defender y proteger a sus nuevos súbditos[10].

 

Instrucciones a Colón para el segundo viaje (29 de mayo de 1493)

En estas Instrucciones se encuentran ya dos objetivos de los Reyes Católicos que nada tenían que ver con los descubrimientos y mucho con la colonización:

a)      Inicio de la evangelización. Como responsable de la misma irá Fray Bernardo Boyl

b)      Organización de establecimientos permanentes desde los que se pudiera practicar el comercio[11].

En todo momento, los reyes recomendaban al Almirante dar buen trato a los indios. De hecho, cuando a su regreso, y como consecuencia de la falta de oro y la necesidad de hacer negocio, Colón decida traer 500 indios para vender como esclavos, provocará la cólera de la reina. Además, de los 500, fueron 200 los muertos como consecuencia de las inhumanas condiciones del viaje. Isabel insistía en que su gobierno tenía que hacer cristianos y no otra cosa, y por tanto no podía tolerar que los nuevos súbditos fueran así maltratados[12].

 

 

Real Cédula prohibiendo esclavitud de los indios (20 de junio de 1500)

El 12 de abril de 1495, los reyes enviaban a Juan Rodríguez de Fonseca un Cédula en la que ordenaban vender los esclavos que Colón les había enviado. Pero días más tarde, el 16 del mismo mes, se produce una rectificación. Dudas de conciencia obligan a los reyes a aplazar esa venta hasta recibir el parecer de teólogos, letrados y canonistas sobre el carácter ético de esa decisión. Cinco años tardarán en decidir y cambiar el destino de aquellos indios.

Una nueva Cédula, dirigida al contino Pedro de Torres con fecha 20 de junio de 1500 obliga a restituir la libertad a aquellos indígenas, que serán trasladados a tierras americanas por el pesquisidor Francisco de Bobadilla.

A partir de ahora, los reyes se convertirán en celosos defensores de la libertad de los indios, sus nuevos súbditos, personas libres, vasallos de la Corona de Castilla.

 

Instrucciones a Ovando (16 de septiembre de 1501)

Tras el fracaso del gobierno de Colón en la Española, los reyes deciden nombrar gobernador a Frey Nicolás de Ovando, Comendador de la Orden de Alcántara y hombre honesto de su total confianza.

En las instrucciones que proporcionan al gobernador, que debe acabar también con el régimen de Bobadilla se encuentran los siguientes objetivos[13]:

-         Velar por la evangelización de los indígenas

-         Establecer un régimen de autoridad, que acabe con los distintos partidos españoles

-         Procurar el buen orden entre los indios, evitando abusos tanto por parte de españoles como de los antiguos caciques.

-         Acrecentar la rentabilidad de La Española, impulsando especialmente la minería (necesidad de oro para pagar las empresas en el Mediterráneo, tanto en Nápoles como frente a los turcos)

Acerca de la mano de obra, se insistía en que los indios debían percibir un salario por su trabajo por trabajar al servicio de los españoles. Además, y quizá esta es una de las características peculiares de esta labor, se debía incentivar la iniciativa de los propios indígenas, para que buscaran minas y las trabajaran por su cuenta.

En la primera etapa ovandina, las cosas no fueron favorables para los intereses españoles ni indígenas. Casi el la mitad de los 2.500 españoles que llegaron en la expedición de Ovando murieron víctimas de enfermedades, dentro del primer año. Por otra parte, la actitud hostil de los indígenas de algunas zonas de la isla provocó una respuesta excesivamente brutal por parte del gobernador, que aplicó el sistema de castigo habitual en las rebeliones.

 

Nuevas instrucciones de 29 de marzo de 1503: el primer proyecto indigenista[14]

En marzo de 1503, desde la Corte se despachan a Ovando nuevas instrucciones, que incluyen ampliaciones dedicadas a los naturales.

Se habla en ellas de la necesidad de establecer a los indígenas en pueblos que habrían de fundarse, en los que vivirían ellos con sus familias. Además, se pondría en cada pueblo un “juez-protector” de plena confianza del gobernador. Estos indios trabajarían para los españoles, pero cobrando un jornal.

Se promoverían matrimonios mixtos entre indígenas y españoles, para favorecer la integración y asimilación.

Donde fuera necesario se establecerían hospitales para pobres, dirigidos tanto a indígenas como a españoles.

Para beneficio de todos, los españoles deberían procurar la formación laboral del indígena, lo que redundaría en mayor beneficio económico de ambas comunidades.

Se ha llegado a hablar, haciendo referencia a estas Instrucciones, de la “PRIMERA UTOPÍA EN AMÉRICA”, orientada a la creación de una sociedad de integración muy peculiar[15].

 

Últimas Instrucciones a Ovando (20-12-1503)

Pero esta utopía no llegaría a realizarse cumplidamente en América. Por una parte, el enfrentamiento de algunos indios contra los españoles provocó guerras en las que murieron muchos indígenas y generó tremenda desconfianza entre el resto, que no veían atractivo reintegrarse en esa nueva sociedad, evitando en la medida que podían el contacto.

Además, al no querer los indios entrar en el plan tan “idealmente” creado por la Corona, los colonos exigieron de la reina una rectificación. Y en Cédula dictada por la reina el 20 de diciembre de 1503, se insta a forzar a los indios a trabajar, a cambio de un jornal y de la comida.

La presión de los colonos, por tanto, modifica la primera postura de la reina Isabel. El Gobernador de la Española, Ovando, le aseguró que los indios gozaban de excesiva libertad, y dificultaban su conversión. Entonces Isabel ordena que los colonos les obliguen a congregarse y a trabajar para ellos en sus haciendas y en la extracción del oro a cambio de un jornal. Esto traerá consecuencias adversas para los indígenas, no previstas ni deseadas por la reina, la cual ya no dispuso de tiempo para evitarlas, por su pronto fallecimiento.

Con esta medida se abría la mano a la posibilidad de establecer una esclavitud, si no de derecho, sí al menos de hecho.

 

El codicilo de la Reina

Como señala Luis Suárez, tiene toda la lógica el pensar que en los últimos días en la tierra de Isabel la Católica pasaran por su mente, dejando profundo daño en su conciencia las negras páginas de la Española[16]. Y la repuesta, enérgica a pesar del lamentable estado de la reina, fue ese bello documento que es el Codicilo firmado muy poco antes de su fallecimiento. En él se insiste en lo que había sido el deseo de la reina desde que tuvo cierto conocimiento de la realidad americana. Si la principal justificación de la presencia española en América es la evangelización de sus pobladores, los españoles deben crear las condiciones necesarias para que aquellos, que son súbditos libres de la Corona, sean protegidos y defendidos en todos sus derechos. Triunfa en el pensamiento de la reina Católica, hasta el último de sus días, el imperativo de la justicia y del bien común.

 

Las Leyes de Burgos (27-12-1512)

Las protestas airadas de personas como Antonio de Montesinos provocaron una reacción decidida a favor de la persona del indio. En la práctica, la respuesta se materializó nuevamente en un documento jurídico, las leyes de Burgos de 1512, esta vez bajo el impulso de Fernando, pues la reina había fallecido años antes.

Cierto que estas leyes reconocieron y reglamentaron las encomiendas, que tan tristes consecuencias tendrían para muchos indígenas, pero el punto de partida era un avance: el reconocimiento de la libertad y la dignidad del indio, como ser racional.

 

Conclusiones

Pérez Prendes[17] afirma que, siendo prudentes a la hora de enjuiciar el sistema indiano, no se puede afirmar con rotundidad que constituyera propiamente un Estado de derecho, pero sí que contenía elementos vertebradores y esenciales de este. Estos elementos por él señalados, y que aprovecho para terminar este trabajo son los siguientes:

1.- Existencia de la garantía del súbdito para reclamar, respecto de actuaciones administrativas exorbitantes, a la ley.

2.- Legitimación constitucional de la iniciativa crítica respecto a los principios o la práctica de la gobernación y la justicia.

3.- Eliminación de la plena autonomía de la voluntad de la parte más poderosa en el contrato de trabajo.

4.- Fomento de la comunicación directa entre el Rey sus súbditos sobre toda clase de temas.

5.- (y a mi juicio el aspecto más destacable): Afirmación de la dignidad de la persona humana, considerada anterior a cualquier reconocimiento hecho de ella por la ley y por tanto, superior a la norma misma.

Por tanto, percibimos de manera clara que en América se dieron, bajo el impulso directo de la Corona, y con mayor o menor fortuna, los principales pilares que constituyeron el Estado Moderno, con unas peculiaridades que lo diferencian de otras realidades, también modernas, pero que aún arrastraban el peso de reminiscencias de corte medieval y con elementos de primacía señorial.

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María Saavedra Inaraja

Bibliografía

ESTEVA FABREGAT, C: La Corona Española y el indio americano. Asoc. López de Gómara. 1989.

HERNÁNDEZ SÁNCHEZ BARBA, Mario: “Conciencia moral y dominio soberano: Isabel la Católica y la dignidad del súbdito americano”. Mar Oceana. Madrid 2001.

LUCENA SALMORAL, M (Coord): “Descubrimiento y fundación de los reinos ultramarinos”. En Historia general de España y América. Rialp. Madrid, 1982

MARÍAS, Julián: España inteligible. Alianza ed. Madrid, 2000

PEREZ PRENDES, J. Manuel: La Monarquía Indiana y el Estado de Derecho. Asoc. López de Gómara. Madrid, 1989

RUMEU DE ARMAS, Antonio: Política indigenista de Isabel la Católica. Instituto “Isabel la Católica de Historia Eclesiástica”. Valladolid, 1969

SUÁREZ FERNÁNDEZ, L.: Isabel I, Reina. Ariel. Barcelona, 2001

SUÁREZ FERNÁNDEZ, L: Los Reyes Católicos. La expansión de la fe. Rialp. Madrid, 1990

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[1]MARÍAS, Julián: 2000. pp. 151-152

[2] “La visión de conjunto, el ensanchamiento del horizonte, es la característica de la nación española creada por los Reyes Católicos” Ib, p. 163

[3] HERNÁNDEZ SÁNCHEZ – BARBA, M: 2001

[4] Ib.

[5] Ib.

[6] PEREZ PRENDES, J. Manuel: 1989

[7] Ib. p. 20.

[8] Ib

[9] ESTEVA FABREGAT, C: 1989.

[10] Los textos completos de las leyes que se van a comentar pueden consultarse en RUMEU DE ARMAS, A: política indigenista de Isabel la Católica. Instituto “Isabel la Católica de Historia Eclesiástica”. Valladolid, 1969

[11] SUÁREZ FERNÁNDEZ, L: 1990.

[12] Ib.

[13] LUCENA SALMORAL, M (Coord): 1982

[14] Ib.

[15] Ib.

[16] SUÁREZ FERNÁNDEZ, L.: 2001

[17] o.c. pag. 22



 

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P: Ha dicho que los Reyes Católicos han sido los mejores monarcas que ha tenido España. De estas decisiones: ocupación de un continente entero que no nos pertenecía, asesinato de millones de indígenas, esclavización de otros tantos, imposición de nuestra cultura y religión, expulsión de los judíos, ¿cuál es que más le ha gustado?

R: El trato a los indígenas como súbditos y no como esclavos (a diferencia de otras potencias), la prohibición de la esclavitud de aquellos que habían sido reducidos a ese estado por Colón, la unificación de la cultura de casi todo un continente en el que las luchas tribales eran feroces, la inclusión de ese continente en la esfera occidental, la consumación victoriosa de la lucha secular contra el Islam... hay más pero me falta espacio. 2003-03-27 DR. César VIDAL.historiador-Esp.


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P: ¿Cree que Expaña debe pedir perdón por la actuación de la Inquisición al pueblo judío, como ya han hecho el Vaticano y países como Francia e Italia por la colaboración de sus gobiernos y parte de su población en el Holocausto? ¿Fue derogada explícitamente la pragmática de los Reyes Católicos de 1492 que expulsaba a los judíos?

 


R: He perdido la cuenta de las veces que se ha pedido perdón y se ha derogado explícitamente el decreto de marras pero, como mínimo, mínimo, han sido tres. Ya está bien, ¿no le parece? Porque Inglaterra no ha armado tanto jaleo y expulsó a los judíos antes.

 



P: Me gustaría saber si las fuentes judías confirman la intervención de los mandatarios judíos en la condena a muerte de Jesucristo. Gracias

 


R: Sí, incluso existe alguna fuente talmúdica que les atribuye en exclusiva la condena. El dato no es correcto pero sí significativo.



2004-01-27 – Dr. César Vidal, en historia antigua; dr. en filosofía; licenciado en derecho.

 



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HISTORIA - Para adentrarse en la época de la gran gesta hispánica [1492-1592] y analizar la magnitud del descubrimiento, es necesario penetrarlo estudiando el contexto histórico; solo así podremos llegar a un discernimiento moderado y con el sentimiento sano del deber o de una conciencia objetiva. Con este objetivo presentamos tantos temas y acontecimientos -aparentemente- en discontinuidad.

 

Para no caer en el anacronismo, es necesario tener la humildad y la inteligencia de leer los hechos del pasado no con las categorías mentales de hoy, más, dentro el marco histórico temporal en que se efectuaron. 

 

Al igual que ocurre con cualquier otra expresión de la mente humana, quizás la objetividad plena es imposible, pero lo que se le pide a cualquier intelectual honrado es que, cuando menos, haga el esfuerzo de buscarla, tenga la valentía de acercarse serena y responsablemente al mayor grado de objetividad histórica posible.

 

¿Quién ignora, que son innumerables las personas de uno, y otro sexo, a quienes contiene, para que no suelten la rienda a sus pasiones el temor del qué dirán? Este temor ya no subsistirá en el caso de que no haya murmuradores en el mundo, que son los que dicen, los que hablan, y aun los que acechan los pecados ajenos. Luego esos innumerables de uno, y otro sexo, faltando el freno de la infamia, o descrédito a que los expone la murmuración, desenfrenadamente se darán a saciar sus criminales pasiones.

 

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SUCESOS - Es bueno valorar acontecimientos y hechos que han sucedido en el pasado, reflexionar sobre ellos, para caminar con los talentos de la historia como bastón de guía.

 

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La historia no puede hacerse sin acudir a las fuentes. Estas fuentes son testimonios, y, como tales testimonios, pueden ser parciales. Para el estudio de los tres primeros siglos del cristianismo, las fuentes son escasas. Pero en este período que estudiamos —especialmente en el siglo IV— son muy numerosas. La abundancia de los escritos de este período se debe probablemente al hecho de que en él la educación retórica era tenida en grandísima consideración y permitía subir fácilmente en la escala social. Hablar hoy de retórica presenta una gran carga peyorativa, mas en aquella época no era así. De hecho, la educación que se recibía entonces se dividía en dos grandes momentos: gramática —correspondería a la escuela media— y retórica —estudios ya universitarios—. Había no sólo que decir las cosas, sino decirlas bien. Y para expresarse bien había que tener un buen conocimiento de los clásicos. Los hombres eminentes tenían la posibilidad de llegar muy alto en la escala social. Esto ocurría así hasta que, a causa de las reformas de Diocleciano y de Constantino, se impuso un orden social más estable para garantizar las ganancias fiscales.

Naturalmente las obras de mayor interés para la historia de la Iglesia son aquéllas de carácter religioso. Mas conviene tener presente la importancia que para el mismo propósito revisten también los autores paganos: en primer lugar, ellos nos permiten conocer mejor el contexto histórico-político y cultural en el cual se desarrollan los acontecimientos de la Iglesia; en segundo lugar, a tales acontecimientos los mismos autores hacen a veces referencia, revelando así su punto de vista diverso. Cultura profana y cultura cristiana, en cambio, fueron tal vez muy cercanas entre ellas: el filósofo pagano Temistio, por ejemplo, estuvo al servicio de emperadores cristianos; y Juliano, antes de volverse pagano, había recibido una educación cristiana.

 

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Historia – Inquisición - En efecto, la imposibilidad de acceder a la totalidad de la verdad partiendo de una disciplina particular es una convicción hoy ampliamente compartida. Por consiguiente, es necesaria la colaboración entre representantes de las diversas ciencias. Además, en cuanto se afronta un asunto complejo, los investigadores sienten la necesidad de aclaraciones recíprocas, respetando obviamente las competencias de cada uno. Por este motivo, la Comisión histórico-teológica para la preparación del gran jubileo con razón ha considerado que no podía reflexionar de modo adecuado sobre el fenómeno de la Inquisición sin escuchar antes a expertos en las ciencias históricas, cuya competencia fuera reconocida universalmente.

 

La cuestión, que guarda relación con el ámbito cultural y las concepciones políticas del tiempo es, en su raíz, exquisitamente teológica y supone una mirada de fe a la esencia de la Iglesia y a las exigencias evangélicas, que regulan su vida. Ciertamente, el Magisterio de la Iglesia no puede proponerse realizar un acto de naturaleza ética, como es la petición de perdón, sin antes informarse exactamente sobre la situación de ese tiempo. Pero tampoco puede apoyarse en las imágenes del pasado transmitidas por la opinión pública, ya que a menudo tienen una sobrecarga de emotividad pasional que impide un diagnóstico sereno y objetivo. Si no tuviera en cuenta esto, el Magisterio faltaría a su deber fundamental de respetar la verdad. Por eso, el primer paso consiste en interrogar a los historiadores, a los que no se les pide un juicio de naturaleza ética, que sobrepasaría el ámbito de sus competencias, sino que contribuyan a la reconstrucción lo más precisa posible de los acontecimientos, de las costumbres y de la mentalidad de entonces, a la luz del marco histórico de la época.

Sólo cuando la ciencia histórica haya podido reconstruir la verdad de los hechos, los teólogos y el mismo Magisterio de la Iglesia estarán en condiciones de dar un juicio objetivamente fundado.

En el umbral del tercer milenio, es legítimo esperar que los responsables políticos y los pueblos, sobre todo los que se hallan implicados en conflictos dramáticos, alimentados por el odio y el recuerdo de heridas a menudo antiguas, se dejen guiar por el espíritu de perdón y reconciliación testimoniado por la Iglesia, y se esfuercen por resolver sus contrastes mediante un diálogo leal y abierto.

Confío este deseo mío a vuestra consideración y a vuestra oración. Y, al tiempo que invoco sobre cada uno la constante protección divina, os aseguro mi recuerdo en la oración y de buen grado os imparto a vosotros y a vuestros seres queridos una especial bendición apostólica. 31.10.1998 S. S. Juan Pablo II . Magno

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Se perfilan así diversos interrogantes: ¿se puede hacer pesar sobre la conciencia actual una culpa vinculada a fenómenos históricos irrepetibles, como las cruzadas o la inquisición? ¿No es demasiado fácil juzgar a los protagonistas del pasado con la conciencia actual (como hacen escribas y fariseos, según Mt 23,29-32), como si la conciencia moral no se hallara situada en el tiempo? ¿Se puede acaso, por otra parte, negar que el juicio ético siempre tiene vigencia, por el simple hecho de que la verdad de Dios y sus exigencias morales siempre tienen valor? Cualquiera que sea la actitud a adoptar, ésta debe confrontarse con estos interrogantes y buscar respuestas que estén fundadas en la revelación y en su transmisión viva en la fe de la Iglesia. La cuestión prioritaria es, por tanto, la de esclarecer en qué medida las peticiones de perdón por las culpas del pasado, sobre todo cuando se dirigen a grupos humanos actuales, entran en el horizonte bíblico y teológico de la reconciliación con Dios y con el prójimo.  

 

Recomendamos vivamente: EDICIONES RIALP, MADRID, Beatriz Comella,

La Inquisición española, 1998. Con este libro la autora sintetiza la historia y el funcionamiento de la Inquisición española con rasgos esenciales del contexto religioso, social y económico.

 

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Eliminar la calumnia de nuestra lengua, evitar toda acción que pueda causar daño a nuestro hermano, no difamar a los que viven a nuestro lado cada día.

 

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DIGRESIONES HISTÓRICAS - IMPERIO


 Pero Grullo y varios enigmas históricos

 


El libro Imperio, del historiador británico Henry Kamen, deja bastante que desear en cuanto al método investigador utilizado por su autor. No obstante, merece la pena si buscamos, al menos, una visión diferente, aunque hay que leerlo con espíritu crítico, desde luego.

 

POR PÍO MOA. 2003-06-01

 

Henry Kamen termina su libro Imperio con la siguiente reflexión: “Fue, más allá de toda duda, una inmensa y gloriosa epopeya para muchos, pero para muchos otros estuvo teñida de una irreparable desolación”. Pero Grullo podría haberse sentido orgulloso de tal corolario. Incluso podría haberlo ampliado al conjunto de los empeños humanos, pues, por ejemplo, ¿no fue el final de la guerra mundial una irreparable desolación para millones de nazis? Y la ciencia, ¿no ha facilitado los peores crímenes? La misma medicina, que ha permitido rebajar la mortalidad infantil en muchos países pobres, ¿no ha multiplicado una población condenada, al parecer, a la miseria extrema? Y así sucesivamente. Uno se pregunta si para llegar ahí habrán hecho falta casi 600 páginas.

Tampoco es muy alentador el comienzo del libro, con una cita de las Preguntas de un obrero que lee, de Bertholt Brecht: “El joven Alejandro conquistó la India. ¿Él solo? César venció a los galos. ¿No tenía siquiera un cocinero con él?” Tales reflexiones, nuevamente, son perogrulladas, y en lo que dejan de serlo, sandeces. Cien mil cocineros no habrían vencido a los galos o conquistado la India, y un Ejército mal mandado habría probablemente perecido en la empresa, como tantas veces ha pasado. Y no son preguntas de ningún obrero, claro, sino del propio Brecht, que, como buen marxista, toma a los obreros por tontos y les instruye en tales “profundidades”. Pero Kamen parece impresionado por Bertoldo, uno de los falsarios intelectuales más distinguidos del siglo XX. Supongo que quiere indicar que al Imperio español contribuyeron muchas más personas que los hispanos normalmente citados en primer plano.

Esto es bien sabido. Aquel imperio atrajo a todo tipo de extranjeros, buenos y malos, como ahora mismo ocurre con USA, si bien no conviene llevar la analogía demasiado lejos. Lo nuevo es el énfasis puesto en ese hecho, al cual considera Kamen definitorio: “El imperio español era una empresa internacional en la que participaban muchos pueblos”, y no fue “la creación de un pueblo, sino la relación entre muchos pueblos, el producto final de muchas contingencias históricas entre las cuales la contribución española no siempre fue la más significativa”.

¿No siempre? Aquí es Kamen inconsecuente consigo mismo, pues tendría que haber dicho “nunca”. Para empezar, “la expansión europea (…) estaba en función de las mejoras tecnológicas (…) Y por lo general la tecnología era, como sabemos, más europea que española”. Aun así, España podría haber sido un país rico, pero tampoco. Critica Kamen, no sin un fondo de razón, las jeremiadas tópicas de cierta historiografía hispana sobre el “despilfarro de la riqueza y el potencial humano” español durante los siglos XVI y XVII: “España tenía muy poco de ambas cosas, y habría sido difícil despilfarrar ese poco que tenía”. Pero su salida no es menos sorprendente: “En realidad, España era un país pobre que dio el salto a la condición imperial porque a cada paso recibió la ayuda del capital, la experiencia, los conocimientos y la mano de obra de otros pueblos asociados”. ¿La ayuda? Fue algo más, según aclara en otras páginas, pues siempre hubo en los hispanos dura resistencia a salir de su tierra, y el imperio “no fue consecuencia de la voluntad de poder deliberada por parte de los españoles, que fueron –con gran sorpresa por su parte– presionados a desempeñar el papel de hacedores del imperio”. Peor aún, “Los castellanos se mostraron más que satisfechos de dejar que otros construyeran el imperio por ellos”.

Al parecer hubo una especie de acuerdo internacional para obligar a los españoles a moverse, o para sustituirlos incluso, en la construcción imperial ¿Quiénes presionaron así a los españoles? “Las grandes familias de banqueros –los Fugger, los Welser, los Spinola– se ocuparon de asegurarse de que su inversión se administraba con eficacia”. “Las riquezas y el poder humano pertenecían en gran medida a aquellos que no eran españoles”. Los mismos ingleses y holandeses habrían estado interesados, salvo en algunos momentos de histeria, en mantener el imperio español. Fue una empresa general europea, y todos “invertían ambas cosas [capital y hombres] en el negocio en curso del imperio y recogían la recompensa correspondiente. Los españoles (…) aportaron su propia y singular contribución y gozaron del honor de ser los gestores de la empresa. Pero la empresa pertenecía a todos”. ¿A todos? Aquí Kamen vuelve a mostrarse inconsecuente, pues debiera haber dicho “a otros”.

Así pues, España apenas aportó capitales, ni tecnología, ni hombres –y mucho menos hombres preparados o cultos–, y ni siquiera voluntad, para colmo. Pero entonces, ¿cómo habría podido ser ella la “gestora” de aquella descomunal empresa? ¿Y por qué, con generosidad difícil de entender, todos se han mostrado de acuerdo en llamar “imperio español” a la magna obra común? Resulta arduo de explicar, y Kamen no lo consigue ni, en rigor, lo intenta. Además, ¿cómo fue posible durante tanto tiempo mantener tan diversos y contrapuestos intereses operando armónicamente, como dirigidos por una batuta, en torno a España? ¿Quizá aquellos españoles, tan pocos, tan pobres, tan atrasados y desganados, poseían en cambio un auténtico genio político y diplomático, capaz de hacer que los demás sirvieran así a sus intereses? Por desgracia, tampoco encuentra el historiador británico rastro de tal cosa: el talento político hispano rondaba la nulidad.

Una muestra: los españoles creían universal su lengua, pero, nos informa Kamen, se trataba de una vanidosa ilusión. Así, “para los españoles, el problema era cómo comunicarse con fluidez con las naciones políglotas que deseaban dominar. Durante la gran época del imperio, a la elite castellana le resultó difícil afrontar el problema del lenguaje. Esto afectó profundamente a su relación con todos los pueblos que iba encontrando. Durante el siglo largo en que la política castellana dictó la vida política y militar de los Países Bajos, era raro encontrar un noble castellano con nociones de holandés”. Lo mismo ocurría con el árabe o con las lenguas americanas. En conclusión, “dominadores y dominados se movían en universos separados que no se comprendían entre sí; los gobernantes se apartaban del pueblo al que gobernaban”. Nuevo enigma, porque si España no podía despilfarrar riquezas y hombres que no tenía, ¿cómo pudo resultar “dominadora” o “dictar la vida” de otros? Menos aún podría haber durado aquel extraño imperio nada menos que tres siglos, por lo demás comparativamente muy pacíficos fuera de Europa. ¿Y cómo explicar que tantos países de América hablen español, queden restos de él en Filipinas y otras islas del Pacífico, y topónimos españoles se encuentren todavía por medio mundo, desde Australia a algunos lugares de África? Kamen no cree importantes estas dificultades y contradicciones, pero al dejarlas de lado sólo encontramos otro éxito de Pero Grullo. El problema del lenguaje lo han tenido todos los imperios, y por lo común lo han resuelto utilizando el idioma de la metrópoli. Así llegó a hablarse latín en España o el inglés se ha hecho el idioma de comunicación en la India, por poner dos casos típicos.

Y de este modo progresa Kamen, entre perogrulladas y enigmas históricos que dejan pequeños al de Sánchez Albornoz. En realidad, su línea recoge una interpretación de la historia como desarrollo tecnológico, para la cual lo que no entra en sus esquemas simplemente no existe. En rigor, no pudo existir imperio español porque la misma España no habría existido, propiamente hablando, aunque nos valgamos del término por costumbre o comodidad. Por eso incluye a los catalanes entre las naciones sometidas al imperio, o nos explica cómo, en su libro, “los ciudadanos de los reinos peninsulares son identificados a menudo por su lugar de origen, a fin de no sembrar confusión mediante el uso impreciso del adjetivo español”. Esto ayuda a entender por qué todo el mundo ha llamado siempre español a aquel imperio. Se trata, simplemente, de una “imprecisión”, a corregir en lo sucesivo. Una fuente de esta visión es el nacionalismo catalán, cuya influencia en el buen Kamen salta a la vista. “Bien mirados los hechos –decía Prat de la Riba–, no hay pueblos emigrados, ni bárbaros conquistadores, ni unidad católica, ni España, ni nada”. El autor británico determina que, “bien mirados los hechos”, lógicamente, tampoco pudo haber imperio “español”.

El método de Imperio es simple. En la historia, se ha dicho, encontramos de todo, por lo que siempre se pueden buscar citas o datos en apoyo de cualquier tesis, por disparatada que sea. Para pasarla por buena basta omitir los datos contradictorios y el análisis crítico de ellos. Como he venido mostrando, es el método privilegiado de muchos historiadores-propagandista hoy día en relación con nuestra guerra civil. Parece haber una decadencia en la historiografía británica, al menos en la referida a España, porque encontramos en varios autores muy publicitados, como Preston o Carr, las mismas incoherencias, contradicciones y desdén por abordar los problemas que sus mismas interpretaciones crean.

Pero el libro de Kamen no deja de tener interés como un reto a la historiografía española, algo pesada y a ras de suelo –no siempre, pero sí a menudo–, con escasa visión de conjunto y tendencia a la lamentación. Lo cierto es que la España de entonces, un país efectivamente pobre y no muy poblado, extendió su poder por mundos hasta entonces desconocidos en Europa, contuvo la expansión del Islam y del protestantismo, y creó al mismo tiempo una gran cultura. No es nada fácil explicar un hecho tan inusitado, sobre todo a la vista de su decadencia posterior, a veces abyecta. La dificultad de explicarlo hace que algunos prefieran negarlo, pero la realidad sigue ahí, desafiando a los historiadores. PÍO MOA. LIBERTAD DIGITAL. 2003-06-01

 


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Iglesia - San Agustín a sus fieles: «Los santos mismos no están libres de pecados diarios. La Iglesia entera dice: Perdónanos nuestros pecados. Tiene, pues, manchas y arrugas (Ef 5,27). Pero por la confesión se alisan las arrugas, por la confesión se lavan las manchas. La Iglesia está en oración para ser purificada por la confesión, y estará así mientras vivieren hombres sobre la tierra» (Sermo 181, 5,7 en PL 38, 982)

 

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Historia e Iglesia - Lo que tiene lejos a ciertas personas de la Iglesia institucional son, en la mayoría de las ocasiones, los defectos, las incoherencias, los errores de los líderes: inquisición, procesos, mal uso del poder y del dinero, escándalos. Todas cosas, lamentablemente, ciertas, si bien frecuentemente exageradas y contempladas fuera de todo contexto histórico. Los sacerdotes somos los primeros en darnos cuenta de nuestra miseria e incoherencia y en sufrirla.

Los ministros de la Iglesia son «elegidos entre los hombres» y están sujetos a las tentaciones y a las debilidades de todos. Jesús no intentó fundar una sociedad de perfectos. ¡El Hijo de Dios –decía el escritor escocés Bruce Marshall-- vino a este mundo y, como buen carpintero que se había hecho en la escuela de José, recogió los pedacitos de tablas más descoyuntados y nudosos que encontró y con ellos construyó una barca –la Iglesia-- que, a pesar de todo, resiste el mar desde hace dos mil años!

Hay una ventaja en los sacerdotes «revestidos de debilidad»: están más preparados para compadecer a los demás, para no sorprenderse de ningún pecado ni miseria, para ser, en resumen, misericordiosos, que es tal vez la cualidad más bella en un sacerdote. A lo mejor precisamente por esto Jesús puso al frente de los apóstoles a Simón Pedro, quien le había negado tres veces: para que aprendiera a perdonar «setenta veces siete».

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La Iglesia "...no tiene miedo a la verdad que emerge de la historia y está dispuesta a reconocer equivocaciones allí donde se han verificado, sobre todo cuando se trata del respeto debido a las personas y a las comunidades. Pero es propensa a desconfiar de los juicios generalizados de absolución o de condena respecto a las diversas épocas históricas. Confía la investigación sobre el pasado a la paciente y honesta reconstrucción científica, libre de prejuicios de tipo confesional o ideológico, tanto por lo que respecta a las atribuciones de culpa que se le hacen como respecto a los daños que ella ha padecido". Juan Pablo II, discurso del 1 de Septiembre 1999

 

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Durante la reunión que celebramos los capellanes de aeropuertos en Loreto, del 25 al 27 de abril de 1995, una asistente francesa, manifestó que la Iglesia debía de pedir perdón por la pobreza que existe en el tercer mundo. Mons. Sergio Sebastiani, entonces Secretario General del Jubileo 2000, que desarrollaba una ponencia, y que había trabajado muchos años en Mozambique, le contestó: “Usted y yo sí que debemos pedir perdón por lo que no hacemos, pero no la Iglesia. Puedo asegurarle que en Mozambique está el cuarto o el quinto mundo y hay muchísimas zonas a las que no llegan los organismos internacionales ni las ongs. Allí sólo he encontrado sacerdotes, religiosos y religiosas, que comparten la pobreza, el hambre y las enfermedades con los nativos”.

 

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Historia y pasado - «La dominante cultura cínica de la amnesia se mueve en la abstracción de prescindir sistemáticamente del pasado, de la realidad, de la Historia y de la tradición, lo que le confiere empero un falso carácter innovador. Es una cultura neutral en la que está ausente la imaginación creadora. Ésta se suple, justamente, con el olvido o el rechazo de la realidad y de la tradición, para que parezca nuevo todo lo que produce. Y eso explica los absurdos proyectos y programas educativos vigentes, que parten del supuesto de que toda la cultura anterior carece de valor y debe ser desechada. Trátase de una inane y pervertida reproducción de la eterna polémica entre los antiguos y los modernos en la que el Estado como tal no solía tomar parte y que, por ende, impulsaba la cultura».

 

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Historia - I.- Los contemporáneos no tenemos ninguna culpa de los males acaecidos en la Historia, por la sencilla razón de que no existíamos.

II.- ¿Por qué, pues, debemos tener y alimentar resentimientos unos contra otros si no tenemos ninguna responsabilidad de lo acontecido en la Historia?

III.- Eliminados estos absurdos resentimientos, ¿por qué no ser amigos y así poder trabajar juntos para construir globalmente un mundo más solidario y gratificante para nuestros hijos y nosotros mismos?

IV.- Es fructuoso conocer la Historia lo más posible. Pero vemos que no podemos volverla hacia atrás. Vemos, también, que si la Historia hubiera sido distinta -mejor o peor-, el devenir habría sido diferente. Se habrían producido a lo largo de los tiempos otros encuentros, otros enlaces; habrían nacido otras personas, nosotros no. Ninguno de los que hoy tenemos el tesoro de existir, existiríamos. Esto no quiere insinuar en absoluto que los males desencadenados por nuestros antepasados no fueran realmente males. Los censuramos, repudiamos y no hemos de querer repetirlos.

La sorpresa de existir facilitará que los presentes nos esforcemos con alegría para arreglar las consecuencias actuales de los males anteriores a nosotros.

V.- Los seres humanos, por el mero hecho de existir -pudiendo no haber existido-, tenemos una relación fundamental: ser hermanos en la existencia. Si no existiéramos, no podríamos siquiera ser hermanos consanguíneos de nadie. Percibir esta fraternidad primordial en la existencia, nos hará más fácilmente solidarios al abrirnos a la sociedad.

VI.- Al organizar en la actualidad las nuevas estructuras sociales que se consideran oportunas para construir una sociedad más firme y en paz, es peligroso, muchas veces, basarlas sobre otras estructuras antiguas, aunque en su momento las vieran convenientes. Es más sólido fundamentar las nuevas estructuras sobre unidades geográficas humanas. Sin embargo, evitando el riesgo de que éstas se encierren en sí mismas, ya que ello desemboca, casi siempre, en desavenencias de toda índole y hasta en guerras.

VII.- El ser humano es libre, inteligente y capaz de amar. El amor no se puede obligar ni imponer, tampoco puede existir a ciegas sino con lucidez. Surge libre y claramente o no es auténtico. Siempre que coartemos la libertad de alguien o le privemos de la sabiduría, estaremos impidiendo que esta persona pueda amarnos. Por consiguiente, defender, favorecer, desarrollar la genuina libertad de los individuos -que entraña en sí misma una dimensión social corresponsable- así como su sabiduría, es propiciar el aprecio cordial entre las personas y, por tanto, poder edificar mejor la paz.

 

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Medieval - El único momento histórico en que Europa tuvo su unidad fue con la cristiandad medieval. Era la Europa católica. La cristianitas de la Europa medieval era la patria común. La reforma luterana destruyó todo esto, separó a los países y creó los nacionalismos.

Vittorio Messori; escritor, periodista, comentarista e investigador histórico. MMV.

 

La síntesis del saber teológico, filosófico y de otras ciencias realizada por las Universidades en los siglos XIII y XIV, en que se forma el Humanismo, es impensable sin el cristianismo.

Quién, sino la Iglesia, a través de los monasterios, salvó la ciencia de los clásicos y la transmitió para el futuro; quién creó las universidades, sino la Iglesia; quién fue mecenas del arte y de la mejor cultura de Europa, sino la Iglesia; quién lo sigue siendo.

 

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Gracias a la Iglesia Católica, antes del 1300, había fundadas en Europa cuarenta y cuatro Universidades, en las que se forja un individuo especial dotado de cierta uniformidad: homo Scholasticus.

 

La Universidad y, de modo más amplio, la cultura universitaria constituyen una realidad de importancia decisiva. En su ámbito se juegan cuestiones vitales, profundas transformaciones culturales, de consecuencias desconcertantes, suscitan nuevos desafíos. La Iglesia no puede dejar de considerarlos en su misión de anunciar el Evangelio.

La Universidad es, en su mismo origen, una de las expresiones más significativas de la solicitud pastoral de la Iglesia. Su nacimiento está vinculado al desarrollo de escuelas establecidas en el medioevo por obispos de grandes sedes episcopales. Si las vicisitudes de la historia condujeron a la « Universitas magistrorum et scholarium » a ser cada vez más autónoma, la Iglesia continúa igualmente manteniendo aquel celo que dio origen a la institución.3 Efectivamente, la presencia de la Iglesia en la Universidad no es en modo alguno una tarea ajena a la misión de anunciar la fe. « La síntesis entre cultura y fe no es sólo una exigencia de la cultura, sino también de la fe... Una fe que no se hace cultura es una fe que no es plenamente acogida, enteramente pensada o fielmente vivida ».4 La fe que la Iglesia anuncia es una fides quaerens intellectum, que debe necesariamente impregnar la inteligencia del hombre y su corazón, ser pensada para ser vivida. La presencia eclesial no puede, pues, limitarse a una intervención cultural y científica. Tiene que ofrecer la posibilidad efectiva de un encuentro con Jesucristo.

Concretamente, la presencia y la misión de la Iglesia en la cultura universitaria revisten formas diversas y complementarias. Primeramente está la tarea de apoyar a los católicos comprometidos en la vida de la Universidad como profesores, estudiantes, investigadores o colaboradores. La Iglesia se preocupa luego por el anuncio del Evangelio a todos los que en el interior de la Universidad no lo conocen todavía y están dispuestos a acogerlo libremente. Su acción se traduce también en diálogo y colaboración sincera con todos aquellos miembros de la comunidad universitaria que estén interesados por la promoción cultural del hombre y el desarrollo cultural de los pueblos.

 

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"Europa tiene su base en la única fuerza que es capaz de aunar la herencia cultural helénica, el derecho romano y el avance de la Ciencia: el Cristianismo". Esta es la conclusión del historiador Luis Suárez, catedrático emérito de la Universidad Autónoma de Madrid. Suárez recuerda que el progreso europeo fue posible gracias al Cristianismo. En efecto, la creación de bibliotecas en territorio europeo por Isidoro de Sevilla, fueron impulsadas gracias a los padres de la Iglesia como Benito o Alejandro Magno, quienes consideraron que el progreso se basaba en el conocimiento, no en el atesoramiento de riquezas.

 Además, Suárez recordó que los derechos humanos no nacieron con la revolución francesa de 1789, sino que fueron inicialmente formulados por el Papa Clemente VI, quien, en 1346, pronunció por vez primera los derechos humanos de la libertad, la vida y la propiedad. En este contexto, negar las raíces cristianas de Europa, como pretende Francia y Bélgica, en el tratado constitucional parece un intento de construir una Europa de mercaderes, en lugar de una comunidad humana. "El término Europa fue inicialmente pronunciado por San Beda el Venerable en el siglo VII para referirse al territorio en el que el Cristianismo había llegado a arraigarse", concluye Suárez.  2004-02-27 – Agradecemos a Hispanidad.com

 

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Medioevo - La gran figura histórica del emperador Carlomagno evoca las raíces cristianas de Europa, remitiendo a cuantos la estudian a una época que, a pesar de los límites humanos siempre presentes, se caracterizó por un imponente florecimiento cultural en casi todos los campos de la experiencia. Al buscar su identidad, Europa no puede prescindir de un esfuerzo enérgico de recuperación del patrimonio cultural legado por Carlomagno y conservado durante más de un milenio. La educación en el espíritu del humanismo cristiano garantiza la formación intelectual y moral que forma y ayuda a la juventud a afrontar los serios problemas planteados por el desarrollo científico-técnico. En este sentido, también el estudio de las lenguas clásicas en las escuelas puede ser una valiosa ayuda para introducir a las nuevas generaciones en el conocimiento de un patrimonio cultural de inestimable riqueza.

 

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Durante el luminoso medioevo - En términos cuantitativos, las catedrales góticas son tan asombrosas como las Pirámides egipcias. Sólo en Francia, durante noventa años, desde 1180 a 1270, se vio la construcción de 80 catedrales y casi 500 abadías.

 

UNIVERSIDADES - La síntesis del saber teológico, filosófico y de otras ciencias realizada por las Universidades en los siglos XIII y XIV, en que se forma el Humanismo, es impensable sin el cristianismo.

 

Iglesia - entre 1200 y 1400 se fundaron en Europa 52 universidades, 29 de ellas a carácter «pontificias». Según orden de antigüedad, no en importancia, puesto que la de París fue la más destacada, las fechas de fundación parecen ser las siguientes: Palencia (1208-12), Oxford (1214), París (1215), Padua (1222), Nápoles (1224), Salamanca (1228), Toulouse (1229), Bolonia (1230). Valladolid fue fundada a mediados del S. XIII (1250).

 

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Quién, sino la Iglesia, a través de los monasterios, salvó la ciencia de los clásicos y la transmitió para el futuro; quién creó las universidades, sino la Iglesia; quién fue mecenas del arte y de la mejor cultura de Europa, sino la Iglesia; quién lo sigue siendo.

 

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Moyen Age - Nos ancêtres n´étaient pas nécessairement meilleurs que nous au point de vue moral. Ils pouvaient même manifester des faiblesses qui nous laissent croire que nous serions meilleurs. Mais ils vivaient assurément le mystère du Christ avec plus de profondeur et d´intensité que nous ne le faisons. Surtout, leur univers intérieur était tout baigné de la lumière de la foi. Le monde de la foi, pour eux, était aussi réel que le monde matériel qui les entourait. D´où une joie et une espérance, nourries par la contemplation des vérités de la foi, qui se traduisaient naturellement dans l´expression de la beauté.

 

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Reforma protestante - Entre las religiones cristianas, originadas en la Reforma Protestante están: la Luterana (fundada por Lutero), la Reformada (por Calvino), la Presbiteriana (por John Knox). Luego fueron fundadas la Anglicana (por Enrique VIII), la Bautista (por John Smith), de donde se derivan las Evangélicas. Existen muchas, tantas más sectas y asociaciones, todas fundadas por hombres, y en gran parte de origen americano. Ninguna fundada por Cristo, siendo sólo la Iglesia Católica a la que Cristo le prometió –hace 2000 años- asistencia hasta el final de los tiempos.

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El lunes [2005-08-08] en EWTN en el programa de Marcus Grodi [USA.] se mencionó la cifra: 30.000 denominaciones protestantes y se dijo que surgen cinco nuevas denominaciones por semana. Pero la verdad es que nadie sabe ya cuantas hay... la estimación cauta de las Naciones Unidas hace ya un tiempo era de mas de 20.000 (hace ya casi veinte años). Los protestantes no se ponen de acuerdo o mejor dicho, no logran controlar las apariciones de nuevos sectas para saber exactamente cuántas  hay actualmente [2006], dando lugar a un panorama variadísimo de denominaciones y tendencias. ¿Es que existe algún registro protestante mundial indicando cuántas sectas aparecen y desaparecen anualmente?. Pero, por ahora, baste lo dicho para mostrar claramente por cuántos caminos el modernismo conduce al ateísmo y a suprimir toda religión. El primer paso lo dio el protestantismo; el segundo corresponde al modernismo; muy pronto hará su aparición el ateísmo… y lo tenemos ya bajo un relativismo y su parafernalia de sectas que impregna todas las capas de la sociedad.

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De acuerdo a los datos vistos 2006.01 al sitio protestante en Internet «sectas» www.christianitytoday.com; la lista “crece vertiginosamente” para incluir hoy a más de doce mil denominaciones distintas de grupos protestantes en los Estados Unidos, desde donde vienen todas ellas a granel.

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“Al fin y al cabo, desde que el hombre habitaba en cavernas, hasta que se asomó al espacio, los historiadores y antropólogos han censado más de de 100.000 religiones. Se afirma, incluso, que existe un gen que predispone a los humanos a buscar a Dios”
Carlos Alberto MONTANER. ‘ABC’ III.XII.MMV – ESP.

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Todas las religiones buscan a partir del hombre hacia Dios; en Cristo, es Dios quien se rebaja a la nturaleza humana y va al encuentro del hombre. Cristo acoge al hombre en su Iglesia.

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En pocas palabras: si Cristo fundó una Iglesia y el diablo la corrompió y luego tuvo que venir Lutero para "reformarla"; ¿Qué papel hace Cristo prometiendo una Iglesia invencible? Y si eso fuera posible; ¿Cuál de las miles de divisiones del protestantismo heredó el "Espíritu de Verdad" del que Cristo habla y que promete con tanta certeza.

 

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El Renacimiento y la Reforma han configurado el individuo occidental moderno, que no se siente agobiado por cargas externas, como la autoridad meramente extrínseca y la tradición. Hay muchos que sienten cada vez menos la necesidad de «pertenecer» a las instituciones (pese a lo cual, la soledad sigue siendo en gran medida un azote de la vida moderna), y no se inclinan a dar a las opiniones «oficiales» mayor valor que a las suyas propias. Con este culto a la humanidad, la religión se interioriza, de manera que se va preparando el terreno para una celebración de la sacralidad del yo; en el plano del análisis histórico, se cultiva el caldo del relativismo atenuando las responsabilidades importantes. Lo que importa señalar aquí y ahora es que, en ciertas prácticas de algunos grupos protestantes y la masonería en general, gustan recurrir constantemente a la mentira, a la desfiguración de los hechos quitándoles del contexto, o insisten recurrir llana y repetitivamente «sin vergüenza alguna» a las conocidas ‘leyendas negras’.

 

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“Ser bueno no es aburrido” e instó a rechazar la idea de que se están perdiendo algo si no pecan. “Pensamos que tratar con el diablo reservándonos una pequeña autonomía frente a Dios es, después de todo, bueno o incluso necesario. Pero mirando al mundo alrededor nuestro podemos ver que no es así”: S. S. Benedicto XVI. El MMV.XII.VIII. Piazza Spagna-Roma.Italia.

 

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El que no ama no puede evangelizar; el que por imprudencia miente, no sabe amar.

 

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No puede haber un diálogo al precio de la verdad.

 

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Quien recorre el camino sembrando solo dudas no es capaz de hablar una certeza.

 

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La verdad no acepta de vivir concordemente con la mentira, su esencia es proclamar ante todos los hombres a quien es la Verdad: Cristo Jesús.

 

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“No os fiéis del que nada se fía”. A. Graf

 

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“No lo hagas si no conviene. No lo digas si no es verdad”. Marco Aurelio

 

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“La esperanza es el sueño del hombre despierto”. Aristóteles

 

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«...Vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo.» (Jn 16,20) -   El Salvador dice a los discípulos que el se va por un tiempo, que ellos se entristecerán y que el mundo se alegrará. Pero esto es bueno para ellos. Su apego humano a la persona de Jesús era demasiado grande, él tenía que separarse de ellos para que pudieran recibir interiormente su Espíritu. Así, también, es bueno para nosotros, si se nos quita el consuelo humano, el apoyo por medio de un representante humano, y hasta si ese nos quitan siempre consuelos para que se reciban acciones espirituales más profundas. Podemos entristecernos de la ausencia del Señor y de que el «modicum» se nos haga largo, pero debemos estar seguros de que el no nos deja solos.  


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Himno de adoración y alabanza - Queridos hermanos y hermanas: 

1. 
Breve y solemne, incisivo y grandioso en su tonalidad es el cántico que acabamos de escuchar y de hacer nuestro, elevándolo como himno de alabanza al "Señor, Dios todopoderoso" (Ap 15, 3). Se trata de uno de los muchos textos de oración insertados en el Apocalipsis, el último libro de la sagrada Escritura, libro de juicio, de salvación y, sobre todo, de esperanza.

En efecto, la historia no está en las manos de potencias oscuras, de la casualidad o únicamente de las opciones humanas. Sobre las energías malignas que se desencadenan, sobre la acción vehemente de Satanás y sobre los numerosos azotes y males que sobrevienen, se eleva el Señor, árbitro supremo de las vicisitudes históricas. Él las lleva sabiamente hacia el alba del nuevo cielo y de la nueva tierra, sobre los que se canta en la parte final del libro con la imagen de la nueva Jerusalén (cf. Ap 21-22).

Quienes entonan este cántico, que queremos meditar ahora, son los justos de la historia, los vencedores de la bestia satánica, los que a través de la aparente derrota del martirio son en realidad los auténticos constructores del mundo nuevo, con Dios como artífice supremo.

2. Comienzan ensalzando las "obras grandes y maravillosas" y los "caminos justos y verdaderos" del Señor (cf. v. 3). En este cántico se utiliza el lenguaje característico del éxodo de Israel de la esclavitud de Egipto. El primer cántico de Moisés —pronunciado después del paso del mar Rojo— celebra al Señor "terrible en prodigios, autor de maravillas" (Ex 15, 11). El segundo cántico, referido por el Deuteronomio al final de la vida del gran legislador, reafirma que "su obra es consumada, pues todos sus caminos son justicia" (Dt 32, 4).

Así pues, se quiere reafirmar que Dios no es indiferente a las vicisitudes humanas, sino que penetra en ellas realizando sus "caminos", o sea, sus proyectos y sus "obras" eficaces.
3. Según nuestro himno, esta intervención divina tiene una finalidad muy precisa:  ser un signo que invita a todos los pueblos de la tierra a la conversión. Por consiguiente, el himno nos invita a todos a convertirnos siempre de nuevo. Las naciones deben aprender a "leer" en la historia un mensaje de Dios. La aventura de la humanidad no es confusa y sin sentido, ni está sin remedio a merced de la prevaricación de los prepotentes y de los perversos.

Existe la posibilidad de reconocer la acción divina oculta en la historia. También el concilio ecuménico Vaticano II, en la constitución pastoral
Gaudium et spes, invita a los creyentes a escrutar, a la luz del Evangelio, los signos de los tiempos para encontrar en ellos la manifestación de la acción misma de Dios (cf. nn. 4 y 11). Esta actitud de fe lleva al hombre a descubrir la fuerza de Dios que actúa en la historia y a abrirse así al temor del nombre del Señor.

En efecto, en el lenguaje bíblico este "temor" de Dios no es miedo, no coincide con el miedo; el temor de Dios es algo muy diferente:  es el reconocimiento del misterio de la trascendencia divina. Por eso, está en la base de la fe y enlaza con el amor. Dice la sagrada Escritura en el Deuteronomio:  "El Señor, tu Dios, te pide que lo temas, que lo ames con todo tu corazón y con toda tu alma" (cf. Dt 10, 12). Y san Hilario, obispo del siglo IV, dijo:  "Todo nuestro temor está en el amor".

En esta línea, en nuestro breve himno, tomado del Apocalipsis, se unen el temor y la glorificación de Dios. El himno dice:  "¿Quién no temerá, Señor, y glorificará tu nombre?" (Ap 15, 4). Gracias al temor del Señor no se tiene miedo al mal que abunda en la historia, y se reanuda con entusiasmo el camino de la vida. Precisamente gracias al temor de Dios no tenemos miedo del mundo y de todos estos problemas; no tememos a los hombres, porque Dios es más fuerte.

El Papa Juan XXIII dijo en cierta ocasión:  "Quien cree no tiembla, porque, al tener temor de Dios, que es bueno, no debe tener miedo del mundo y del futuro". Y el profeta Isaías dice:  "Fortaleced las manos débiles, afianzad las rodillas vacilantes. Decid a los de corazón intranquilo:  ¡Ánimo, no temáis!" (Is 35, 3-4).

4. El himno concluye con la previsión de una procesión universal de los pueblos, que se presentarán ante el Señor de la historia, revelado por sus "justos juicios" (cf. Ap 15, 4). Se postrarán en adoración. Y el único Señor y Salvador parece repetirles las palabras que pronunció  en  la  última tarde de su vida terrena, cuando dijo a sus Apóstoles:  "¡Ánimo!  Yo  he  vencido  al mundo" (Jn 16, 33).

Queremos concluir nuestra breve reflexión sobre el cántico del "Cordero victorioso" (cf. Ap 15, 3), entonado por los justos del Apocalipsis, con un antiguo himno del lucernario, es decir, de la oración vespertina, ya conocido por san Basilio de Cesarea. Ese himno dice:  "Al llegar al ocaso del sol, al ver la luz de la tarde, cantamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo de Dios. Eres digno de que te cantemos en todo momento con voces santas, Hijo de Dios, tú que das la vida. Por eso, el mundo te glorifica" (S. Pricolo-M. Simonetti, La preghiera dei cristiani, Milán 2000, p. 97).
¡Gracias! S. S. BENEDICTO XVI -
  P.P.  2005

 

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¡Rememos mar adentro! Esa es nuestra respuesta como cristianos:

«Duc in altum» (Lc 5,4) dijo Cristo al apóstol Pedro en el Mar de Galilea

 

La fe que ha transformado al mundo


Cardenal Ricardo Mª CARLES, Barcelona - ESPAÑA

De nuevo he visitado una de mis montañas favoritas. Contemplando sus paredes tan verticales, largas y esbeltas, y las paredes de la montaña vecina, «el León dormido», pensaba lo que alguna vez se ha dicho: que el universo, antes de la creación del hombre, era un grandioso concierto sin auditorio. No había quien lo admirara, agradeciera y, con fe, adorara, es decir, llegara al autor. Lo contrario es quedarse en el equilibrio inestable de admirar la creación sin alcanzar el horizonte de admirar a quien la hizo. Sería tanto como aplaudir las vibraciones musicales en un concierto, prescindiendo de quienes las han realizado y de quien compuso aquellos bellísimos sonidos.
   Nunca me pareció acertado hablar de la «sabia naturaleza», porque no es sino reflejo del «Sabio-Dios» que la creó. Esa contemplación de la naturaleza me convierte a mí en creyente, no sólo en admirador.
   Puedo ser contemplativo en mi contacto con cuanto me rodea, pero también en la contemplación de mi propia alma, de mi vida interior, en la que contemplo mi alma en su acción de vivir. Así la vida no es pura exterioridad, sino enriquecimiento interior. Pues, en la vida humana, no basta el mero transcurrir del tiempo, si no hay conciencia de cómo se vive en el hondón del alma: si adelantando o retrocediendo, y no arriesgando matar la vida interior. Esa atención conduce a saber que el mundo no llega a su plenitud, en tanto no es tal como Dios lo ha querido, sentido y amado. Es decir, el mundo me concierne, porque la fe conduce al último perfeccionamiento del mundo, tal como el Creador lo ha concebido. Así, por la libertad sagrada de la voluntad divina, mi pobre existencia humana está indisolublemente unida a Él. Por un acto de fe yo lo reconozco como a Aquél que me ha creado, rescatado y santificado. Y creo ser amado por Dios en mayor medida con que yo mismo le amo. Así, pues, creer no es un sentimiento pasivo, estático, sino de acción hacia el interior y hacia el mundo, que no está acabado, sino en continuo devenir, en continua realización, que confiere a la vida esfuerzo y grandeza. MMV. XII.VII. L.R.ESP.

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

¡Gloria y alabanza a ti, Santísima Trinidad, único y eterno Dios!

San Juan Crisóstomo (†14 de septiembre de 407) meditando el libro del Génesis, guía a los fieles de la creación al Creador, que es el Dios de la condescendencia, y por eso llamado también «padre tierno», médico de las almas, madre y amigo afectuoso. Une a Dios Creador y Dios Salvador, ya que Dios deseó tanto la salvación del hombre que no se reservó a su único Hijo. Comentando los Hechos de los Apóstoles propone el modelo de la Iglesia primitiva, desarrollando una utopía social, casi una «ciudad ideal». Trataba de dar un rostro cristiano a la ciudad, afrontando los principales problemas, especialmente las relaciones entre ricos y pobres, a través de una inédita solidaridad.
 

 

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Santa Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein (1891-1942) carmelita descalza, mártir, co-patrona de Europa 
Cuadernos de Notas personales, Ejercicios 1937, Obras completas, EE.VV. Burgos 2004, pag. 846-847 

«boom» de Benedicto XVI. Especialmente significativo es el ascenso que han experimentado los libros escritos por el cardenal Ratzinger antes de ser nombrado Pontífice. Desde el momento de su elección, el pasado 19 de abril, las librerías de todo el mundo llenaron los estantes con los libros publicados por el purpurado. Nueve meses después, sus obras siguen siendo éxitos de venta en todo el mundo, también en nuestro país.

   Entre sus libros más destacados se encuentran «Dios y el mundo» (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores) y «La sal de la tierra» (Ediciones Palabra), ambos escritos en colaboración con el periodista Peter Seewald. El escritor va presentando distintas preguntas sobre un mundo alejado de la fe, a las que Benedicto XVI responde con meridiana claridad. El tercer libro del Papa que ha triunfado estas semanas en las librerías religiosas españolas es «Mi vida» (Ediciones Encuentro), una obra en la que el cardenal Ratzinger abre su corazón al lector para contarle sus distintas experiencias vitales…


(1Th 4,9): Dios mismo nos ha enseñado a amarnos los unos a los otros.

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).