Sunday 19 February 2017 | Actualizada : 2017-02-03
 
Inicio > Leyendas Negras > Iglesia - 11º 1409 Sacerdote crea 1er. hospital psiquiátrico derechos humanos

Año 1201 - Los Obispos favorecen y ayudan a la ejecución de hospitales, hospicios, institutos menores para proteger la población. El ‘hospital viejo’ en Parma-It., fue fundado en el 1201, Posteriormente se le anexaron otros institutos sociales hasta que el 04 de diciembre 1471, recibe el acuerdo de Sisto IV y, en el 1477 se inició a construir una nueve sede por el cual se apeló a los arquitectos Gian Antonio da Erba, Gaspare Fatulli y Bernardino Zaccagni; al escultor Antonio Ferrari d’Agrate. El nuevo hospital de la Misericordia fue inaugurado en el 1512. Papa Julio II, Clemente VII y Paolo III, lo sostuvieron públicamente. Se trataba de curar a todos los enfermos y, en lo posible, sanarles en la nueva concepción renacentista.


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LA IGLESIA CATÓLICA FUNDA PRIMER HOSPITAL PSIQUIÁTRICO 1409 - La primera institución hospitalaria psiquiátrica propiamente dicha fue creada en Valencia (España) en 1409 por el padre mercedario Fray Juan Gilabert Joffré quien desterró el tratamiento de tortura e impulsó la terapia ocupacional.

Una excepcional obra visionaria de la Iglesia Católica al final del medioevo.-

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No existe al momento ningún dato cierto - incuestionable que, en el año 1365 en Granada (bajo el poder musulmán), hubiera un asilo para locos. 2011, mayo.

Que existiera un lugar para locos –para prevenir ataques violentos descontrolados físicos-, es altamente probable y casi obvio. Ello no significa propiamente un lugar de tratamiento psiquiátrico o asilo –lugar para promover una curación o prevenir empeoramiento-.

 

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Iglesia - Cristo nos dijo: «Confiad, yo he vencido al mundo» (Jn 16, 33). «Yo estoy con vosotros hasta el fin del mundo» (Mt 28, 20). «Las puertas del infierno no prevalecerán» (cf. Mt 16, 18). Son estas palabras que las sectas no soportan.

Son palabras de Dios. Son palabras que ningún hombre podrá jamás borrar. Con esta íntima certeza, -en la Iglesia- miremos serenos al futuro, sin dejar de orar y trabajar por un mundo mejor. Ciertamente, en el mundo hay quienes hablan de violencia y de muerte. Pero, juntamente con el Papa, nosotros queremos gritar al mundo: «¡El amor es más fuerte que la muerte!
¡El amor triunfará!».

 

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Capítulo 2 de la Segunda Epístola Católica de San Pedro - Hubo también en el pueblo falsos profetas, como habrá entre vosotros falsos maestros que introducirán herejías perniciosas y que, negando al Dueño que los adquirió, atraerán sobre sí una rápida destrucción. Muchos seguirán su libertinaje y, por causa de ellos, el Camino de la verdad será difamado. Traficarán con vosotros por codicia, con palabras artificiosas; desde hace tiempo su condenación no está ociosa, ni su perdición dormida.

 

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hospital para enfermos mentales, descapacitados


Santa Eduviges  - funda el hospital de Wroclaw para pobres                    

Nació en Andechs, Baviera, hacia el 1174. A los doce años fue dada en matrimonio a Enrique I el Barbudo, duque de Silesia y Polonia, en quien los polacos reconocen a uno de los príncipes más brillantes.  

El hogar de Enrique y Eduviges, a quienes el Señor concedió cuatro hijos y tres hijas, era sólidamente cristiano.

La piedad, el amor y la penitencia reinaban en él, junto con ese sentido de lo absoluto que solía existir en la Edad Media: ayunos prolongados, resistencia al frío, ascesis acuciante aceptada de común acuerdo por ambos esposos en sus relaciones conyugales... Eduvigis era, ante el duque, el abogado de los pobres, de los presos y de todos los humildes.  

A instancias suyas fundó él, en especial, el hospital de Wroclaw. Eduvigis soportó con entereza la viudez (1238) y la muerte de seis de sus hijos. 

  Retirada a la casa de su hija, la abadesa de Trzehnicz, junto a Wroclaw, se sintió especialmente quebrantada por la muerte de su primogénito, el duque Enrique II, caído en el combate contra los tártaros (1241), muriendo ella poco más tarde (1243).

Una de sus sobrinas, Isabel de Hungría, muerta a los veinticuatro años (1231), había sido su émula en santidad.


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Medieval - El único momento histórico en que Europa tuvo su unidad fue con la cristiandad medieval. Era la Europa católica. La cristianitas de la Europa medieval era la patria común. La reforma luterana destruyó todo esto, separó a los países y creó los nacionalismos.

Vittorio Messori; escritor, periodista, comentarista e investigador histórico. MMV.

 

Gracias a la Iglesia Católica, antes del 1300, había fundadas en Europa cuarenta y cuatro Universidades, en las que se forja un individuo especial dotado de cierta uniformidad: homo Scholasticus.

 

La Universidad y, de modo más amplio, la cultura universitaria constituyen una realidad de importancia decisiva. En su ámbito se juegan cuestiones vitales, profundas transformaciones culturales, de consecuencias desconcertantes, suscitan nuevos desafíos. La Iglesia no puede dejar de considerarlos en su misión de anunciar el Evangelio.

La Universidad es, en su mismo origen, una de las expresiones más significativas de la solicitud pastoral de la Iglesia. Su nacimiento está vinculado al desarrollo de escuelas establecidas en el medioevo por obispos de grandes sedes episcopales. Si las vicisitudes de la historia condujeron a la « Universitas magistrorum et scholarium » a ser cada vez más autónoma, la Iglesia continúa igualmente manteniendo aquel celo que dio origen a la institución.3 Efectivamente, la presencia de la Iglesia en la Universidad no es en modo alguno una tarea ajena a la misión de anunciar la fe. « La síntesis entre cultura y fe no es sólo una exigencia de la cultura, sino también de la fe... Una fe que no se hace cultura es una fe que no es plenamente acogida, enteramente pensada o fielmente vivida ».4 La fe que la Iglesia anuncia es una fides quaerens intellectum, que debe necesariamente impregnar la inteligencia del hombre y su corazón, ser pensada para ser vivida. La presencia eclesial no puede, pues, limitarse a una intervención cultural y científica. Tiene que ofrecer la posibilidad efectiva de un encuentro con Jesucristo.


Concretamente, la presencia y la misión de la Iglesia en la cultura universitaria revisten formas diversas y complementarias. Primeramente está la tarea de apoyar a los católicos comprometidos en la vida de la Universidad como profesores, estudiantes, investigadores o colaboradores. La Iglesia se preocupa luego por el anuncio del Evangelio a todos los que en el interior de la Universidad no lo conocen todavía y están dispuestos a acogerlo libremente. Su acción se traduce también en diálogo y colaboración sincera con todos aquellos miembros de la comunidad universitaria que estén interesados por la promoción cultural del hombre y el desarrollo cultural de los pueblos.

 

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"Europa tiene su base en la única fuerza que es capaz de aunar la herencia cultural helénica, el derecho romano y el avance de la Ciencia: el Cristianismo". Esta es la conclusión del historiador Luis Suárez, catedrático emérito de la Universidad Autónoma de Madrid. Suárez recuerda que el progreso europeo fue posible gracias al Cristianismo. En efecto, la creación de bibliotecas en territorio europeo por Isidoro de Sevilla, fueron impulsadas gracias a los padres de la Iglesia como Benito o Alejandro Magno, quienes consideraron que el progreso se basaba en el conocimiento, no en el atesoramiento de riquezas.

 Además, Suárez recordó que los derechos humanos no nacieron con la revolución francesa de 1789, sino que fueron inicialmente formulados por el Papa Clemente VI, quien, en 1346, pronunció por vez primera los derechos humanos de la libertad, la vida y la propiedad. En este contexto, negar las raíces cristianas de Europa, como pretende Francia y Bélgica, en el tratado constitucional parece un intento de construir una Europa de mercaderes, en lugar de una comunidad humana. "El término Europa fue inicialmente pronunciado por San Beda el Venerable en el siglo VII para referirse al territorio en el que el Cristianismo había llegado a arraigarse", concluye Suárez.  2004-02-27 – Agradecemos a Hispanidad.com

 

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Medioevo - La gran figura histórica del emperador Carlomagno evoca las raíces cristianas de Europa, remitiendo a cuantos la estudian a una época que, a pesar de los límites humanos siempre presentes, se caracterizó por un imponente florecimiento cultural en casi todos los campos de la experiencia. Al buscar su identidad, Europa no puede prescindir de un esfuerzo enérgico de recuperación del patrimonio cultural legado por Carlomagno y conservado durante más de un milenio. La educación en el espíritu del humanismo cristiano garantiza la formación intelectual y moral que forma y ayuda a la juventud a afrontar los serios problemas planteados por el desarrollo científico-técnico. En este sentido, también el estudio de las lenguas clásicas en las escuelas puede ser una valiosa ayuda para introducir a las nuevas generaciones en el conocimiento de un patrimonio cultural de inestimable riqueza.

 

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Durante el luminoso medioevo - En términos cuantitativos, las catedrales góticas son tan asombrosas como las Pirámides egipcias. Sólo en Francia, durante noventa años, desde 1180 a 1270, se vio la construcción de 80 catedrales y casi 500 abadías.

 

UNIVERSIDADES - La síntesis del saber teológico, filosófico y de otras ciencias realizada por las Universidades en los siglos XIII y XIV, en que se forma el Humanismo, es impensable sin el cristianismo.

 

Entre 1200 y 1400 se fundaron en Europa 52 universidades, 29 de ellas pontificias. Según orden de antigüedad, no en importancia, puesto que la de París fue la más destacada, las fechas de fundación parecen ser las siguientes: Palencia (1208-12), Oxford (1214), París (1215), Padua (1222), Nápoles (1224), Salamanca (1228), Toulouse (1229), Bolonia (1230). Valladolid fue fundada a mediados del S. XIII (1250).

 

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Moyen Age - Nos ancêtres n´étaient pas nécessairement meilleurs que nous au point de vue moral. Ils pouvaient même manifester des faiblesses qui nous laissent croire que nous serions meilleurs. Mais ils vivaient assurément le mystère du Christ avec plus de profondeur et d´intensité que nous ne le faisons. Surtout, leur univers intérieur était tout baigné de la lumière de la foi. Le monde de la foi, pour eux, était aussi réel que le monde matériel qui les entourait. D´où une joie et une espérance, nourries par la contemplation des vérités de la foi, qui se traduisaient naturellement dans l´expression de la beauté.

 

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La tradición occidental desde las antiguas Atenas, Jerusalén y Roma, no se ha movido entre la represión o la descarga del impulso, sino que ha peleado por la libertad interior, que pasa por el dominio de sí, pues sin ésta difícilmente el hombre puede hablar de libertad, ya que no se trata simplemente de la ausencia de coacción externa, sino de capacidad para poder determinarse en orden al bien.

 

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Nietzsche desdeñaba el cristianismo, por considerarlo una religión de débiles. No entendía que en esa debilidad sufriente reside su fuerza.

 

El Papa Wojtyla nos demuestra que existe dentro de nosotros un yacimiento de inexpugnable entereza que vence la fragilidad de nuestra envoltura mortal.

 

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SACERDOTE FUNDA 1er.

HOSPITAL PSIQUIÁTRICO

 

 

 

La primera institución hospitalaria psiquiátrica propiamente dicha fue creada en Valencia (España) en 1409 por el padre mercedario Fray Juan Gilabert Joffré quien desterró el tratamiento de tortura e impulsó la terapia ocupacional.

 

Una excepcional obra visionaria auspiciada por la Iglesia Católica al final del medioevo.-

 

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Los primeros hospitales que tuvo Valencia (España), datan del siglo XIII.  Así,  el  de San  Vicente   Mártir, fundado por Jaime I; el S. Juan de Jerusalem de los  caballeros de la Orden de San Juan; el de San Lázaro, para leprosos que ya existía en 1254; el de San Guillem,  instituido por Guillem Escrivá; el de San Antonio,   de   los   Padres  Antonianos;  el  de  Roncesvalles,  perteneciente  a  los religiosos   de   esta   orden,   y   el   de   La  Reina o de Santa Lucía, fundado por Doña Constanza, viuda del rey Pedro lII de Aragón,   con   destino   a   enfermos,  huérfanos y expósitos.

   En el siglo XIV se fundan otros cinco establecimientos de la misma clase, como el de Clapers,   fundado por Bernardo den Clapers, para enfermos pobres y necesitados; el  de   Santa  María  dels Baquins, que tiene su origen en el ano 1333, merced a Ramón  Guillem Catalá, que lo constituyó para albergar a los Hombres de Penitencia, que eran los  Hermanos   Terciarios   de  San  Francisco; el de Pobres Sacerdotes, debido a la Cofradía de Nuestra Señora de la Seo,  en 1356; el de En Conill, destinado por Pedro Conill en 1397 a los peregrinos; y el de   En   Bou,  que   había  de cobijar a los pobres pescadores enfermos, según dispuso Pedro Bou en 1399.    

   Estos  hospitales tenían hacia finales del siglo XIV las características necesarias para  continuar su  proceso evolutivo que desembocara en el proceso de unificación. Por un lado "presentaban una estructura laica y civil apta para los poderes públicos, superando los problemas políticos, económicos e interhospitalarios, lograran la unificación paulatina", y por otro lado "la propia municipalización y secularización de estos centros va unida a la toma de conciencia por parte de la sociedad y los poderes públicos que comienzan a entender la sanidad como una función social. Esta situación conlleva  la responsabilidad de estos mismos poderes, no solo respecto a la creación, organización y mantenimiento de  los hospitales, sino también  respecto a la mejor dotación de medios y a una mayor especialización de los profesionales" (M. Gallent y Marco en Historia de la  Medicina Valenciana).


   Es a  comienzos del siglo XV cuando tiene lugar la primera mención  sobre  la  necesidad  de la creación de un Hospital  General.  El  Padre  fray  Juan Gilabert  Jofré, impresionado por el lamentable espectáculo que, poco antes de su sermón en la  Catedral,  había  presenciado por las calles de Valencia, en el que un grupo de mozalbetes maltrataba cruelmente a un loco, expuso desde el púlpito, el 24 de febrero de 1409, la necesidad de crear un Hospital donde  pudieran  ser acogidos todos los "folls e ignoscentes, de forma que no fueran por la ciudad y ni pudiesen hacer daño ni a ellos les pudiese inferir ..." .

Estas palabras  impresionaron a un escribiente llamado Lorenzo Salom, quien supo presentar la idea y lograr el pleno apoyo de diez ciudadanos mercaderes cuyos nombres aparecen

 en  privilegio real de la fundación que obtuvieron la aprobación de los Jurados de la Ciudad. A favor de este Hospital, el rey Martín el Humano otorgó dos privilegios;  uno fechado en 1409, aprobando el comienzo de las obras, y otro expedido en Barcelona-España en marzo de 1410, verdadero documento fundacional del Hospital de Ignoscents, Foll e Orats que   perfila su entidad jurídica, social, médica, benéfica y las normas por las que debía seguirse. La aspiración de Valencia por poseer  un Hospital que correspondiera a la importancia creciente de la población, viene expresado en el laudo o sentencia  dictado  el 17 de abril de  1512 por los Jueces árbitros que habían sido designados por la ciudad de Valencia, el Cabildo Eclesiástico y los diez ciudadanos Diputados del hospital General, en el cual se llevaban a vías de realidad la supresión de los hospitales independientes y particulares,  anteriormente   enumerados,  para constituir con sus bienes, limosnas y servicios, uno  general, más poderoso y  firme, sobre la base del que se había comenzado a construir, y que abrió camino al nuevo concepto  de  asistencia sanitaria renacentista. Este carácter  laico de la propuesta fundacional,  será  seña de identidad de la nueva institución; otro hecho notable es que su gobierno  está  en manos de la burguesía urbana, no existiendo  ninguna participación del clero ni de la nobleza. Desde un punto de vista médico  es  la   primera   vez   que  en  el  mundo  aparece con carácter de continuidad  un  establecimiento  donde  se  da  asistencia  hospitalaria  a  los  dementes.  Esta  denominación  de General, aplicada al Hospital de Valencia, era consecuencia  de que se habían reunido en uno de los diversos hospitales existentes: La Reina, En Clapers, S. Lázaro, S. Vicente, En Conill, En Bou, etc.

http://www.reuma-osteoporosis.com/hguv/reuma_historia.html

 

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El éxito de la Nueva Era presenta un desafío a la Iglesia. Muchos piensan que la religión cristiana ya no les ofrece –o tal vez nunca les proporcionó– algo que necesitaran realmente. La búsqueda que con frecuencia conduce a una persona a la Nueva Era es un anhelo auténtico: de una espiritualidad más profunda, de algo que les toque el corazón, de un modo de hallar sentido a un mundo confuso y a menudo alienante. Hay algo de positivo en las críticas que la Nueva Era dirige al-materialismo de la vida cotidiana, de la filosofía e incluso de la medicina y de la psiquiatría; al reduccionismo, que se niega a tener en cuenta las experiencias religiosas y sobrenaturales; a la cultura industrial de un individualismo desenfrenado, que inculca el egoísmo y se despreocupa de los demás, del futuro y del medio ambiente’.8 Los problemas que plantea la Nueva Era nacen más bien de lo que propone como respuestas alternativas a las cuestiones vitales. Si no queremos que la Iglesia sea acusada de permanecer sorda a los anhelos de los hombres, sus miembros deben hacer dos cosas: afianzarse con mayor firmeza aún en los fundamentos de su fe y escuchar el clamor, con frecuencia silencioso, del corazón de los hombres, que les lleva a alejarse de la Iglesia cuando no encuentran en ella respuestas satisfactorias. En todo ello hay también una llamada a acercarse a Jesucristo y a estar dispuestos a seguirle, ya que Él es el verdadero camino hacia la felicidad, la verdad sobre Dios y la plenitud de vida para cuantos estén dispuestos a responder a su amor. 

 

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Cuando se habla de psicoanálisis se piensa sobre todo en el método terapéutico empleado por S. Freud para la solución de los conflictos psicológicos, originados según él como expresión de deseos inconscientes, de pulsiones afectivas, de traumatismos psíquicos sufridos en los primeros períodos de la infancia del individuo, con sus procesos de condenación, represión, desplazamiento y figuración simbólica. Más allá de las fronteras de la terapia, el psicoanálisis de Freud quiso ser, sin embargo, un método de interpretación de otros hechos culturales, en los que veía ciertas analogías con la histeria, la paranoia o la neurosis obsesiva: la poesía, la novela el drama, el arte, el chiste, la biografía y -¿cómo no?- la religión. La religión no sería más que la represión ilusoria de unos instintos básicos del ser humano: una ilusión como la de la proyección vacía de los anhelos del hombre (Feuerbach) o el opio servido por las clases dirigentes para la resignación de las masas (Marx). En el terreno moral, Freud diluía en el inconsciente gran parte de la responsabilidad humana: denunciaba la (" falsa conciencia» que promovía según él una ética basada en el miedo y el disimulo; denunciaba a la autoridad religiosa que se complacía en fomentar los tabúes sexuales, para manejar de este modo las conciencias y sus decisiones. Finalmente, la exégesis psicoanalítica de los textos bíblicos (gran parte de los discípulos de Freud eran judíos como su maestro, aficionados a la lectura de la Biblia) desconcertaba a los biblistas, acostumbrados a una lectura muy distinta de la Escritura, y escandalizaba a los teólogos que veían sus dogmas tachados de ser productos neuróticos de un psiquismo habitado por deseos inconscientes de poder, de sexo o de tener.

 

Era natural que ante este nuevo " maestro de la sospecha» se levantara el recelo de los teólogos y del Magisterio eclesial, recelo que ha durado hasta fechas muy recientes: todavía en 1972, Pablo VI consideraba el psicoanálisis tan peligroso como las drogas o la pornografía, "fango que amenaza con contaminar al hombre de nuestro tiempo». Las cosas han ido cambiando poco a poco. Las teorías freudianas más radicales han sido duramente criticadas, no sólo en el terreno terapéutico, sino en el ideológico: se ha denunciado la ilegitimidad de extrapolar la visión psicoanalítica a terrenos que no eran de su competencia; se ha redimensionado el papel del inconsciente en el psiquismo humano; se ha superado en gran parte la obsesión npansexualista»» del freudismo Y se ha reconocido el valor de otras fÚerzas instintivas positivas, especialmente en el inconsciente colectivo (Jung). Por su parte, muchos cristianos han experimentado en su propia vida, no sólo la posibilidad de ser al mismo tiempo creyentes y personas psicoanalizadas, sino el gozo de saborear una vivencia religiosa más limpia y sin sospechas después de haber pasado por el crisol del psicoanálisis. En este nuevo clima se comprende que algunos teólogos hayan visto la posibilidad de recurrir a las legítimas adquisiciones del psicoanálisis para la comprensión de una verdad venida de Dios, pero transmitida y acogida por personas en las que el inconsciente ejerce una influencia que hoy todos reconocen Y que por ello han podido desvirtuar y falsear la verdad que acogían. Si con K. Rahner se ha podido hablar de una "precomprensión» que hace al hombre oyente virtual de la Palabra, ¿por que no de una «subcomprensión»» que impone a la Palabra de Dios unos módulos hermenéuticos inadecuados? La misma Pontificia Comisión Bíblica, en un documento del 15 de abril de 1993, reconoce además que el psicoanálisis aporta " una nueva comprensión del símbolo", que «ayuda a descodificar el lenguaje humano de la revelación».

 

Se abren entonces dos caminos de colaboración entre el psicoanálisis y la teología. El primero, de revisión de algunos conceptos teológicos, que convendrá "psicoanalizar» y purificar de toda posible ganga humana para que se adecuen a la verdad de Dios. El campo de trabajo en este sentido es abundante : habrá que pensar en un « Dios diferente » del Dios paternalista, celoso, masculino, aplastante; el misterio trinitario no se presentará tanto como algo "fascinosum et tremendum »», sino como el seno en que vivimos nuestra existencia de hijos; la concepción virginal de Jesús no será sólo un hecho biológico, sino la expresión del «hombre nuevo», el «inconsciente» de Jesús, su vivencia de la paternidad y de la maternidad, su peculiar « soliaaridad »" con los huérfanos, será también objeto de la atención del teólogo: la tríada culpa-pecado-salvación tendrá que analizarse según los nuevos planteamientos; habrá que integrar el inconsciente de la visión cristiana del hombre: los temas de la sexualidad, de la bisexualidad, del Npecado original »» como instinto de mal y de muerte, del mal como patología, de la «redención»» por el sacrificio del Hijo, no podrán estudiarse ya sin tener en cuenta los datos del psicoanálisis; habrá que revisar hasta qué punto hemos hecho del cristianismo una religión del miedo, del pecado, en lugar de una religión del gozo y de la realización del hombre: como hemos hecho de la eucaristía más un « sacrificio »» que una «comunión») o del sacramento de la «penitencia»" Y de la ("confesión» algo muy distinto del sacramento de la "(reconcíliación»»: habrá que hacer una interpretación psicoanalítica de la historia de la Iglesia; habrá que ver hasta qué punto la autoridad en la Iglesia ha acudido a los métodos de represión para imponerse: será interesante definir en su verdadero significado la religiosidad popular...

 

El segundo camino de colaboración entre la teología y el psicoanálisis, de carácter más positivo Y en contacto especialmente con las Concepciones de G. Jung, buscará en el inconsciente colectivo, oculto e inaccesible, los arquetipos que dan origen a los mitos Y a los símbolos a los que apela el hombre para acercarse al misterio de Dios. Es el terreno en el que deberá moverse la teología de los sacramentos, por una parte, y la exégesis bíblica, por otro. La Biblia, como cualquier texto literario, puede ser objeto de una lectura psicoanalítica. En la Biblia hay mitos, poesía, símbolos apocalípticos, imágenes arquetípicas, que encuentran su explicación en el recurso al inconsciente individual o colectivo.

Más en general hemos de comprender que el psicoanálisis es toda una nueva ideología que impregna nuestra cultura: todos sabemos hasta qué punto el inconsciente, fuera de nuestra voluntad, de nuestro conocimiento Y de nuestro control, nos habita y nos determina. Hoy no podemos pensar en el hombre como se pensaba antes de Freud. El teólogo ha de ser consciente de que hace teología bajo la influencia de todo un mundo de prejuicios y conflictos interiores, que condicionan su manera de pensar. Su hermenéutica del texto bíblico Y del pensamiento teológico a lo largo de la historia deberá tener en cuenta ese substrato inconsciente sobre el hagiógrafo o el teólogo de profesión han levantado su interpretación de la Palabra de Dios. Unos ´ejemplos: el autor yahvista y el autor sacerdotal escriben- movidos- no tanto por opciones ideológicas, sino por motivos preconceptuales; será preciso tener en cuenta el psicoanálisis del convertido a la hora de captar la postura de Pablo o de Agustín; la teología de Orígenes se comprende mejor al recordar su autocastración; el vacío del sentimiento familiar de Francisco de Asís explica su especial afecto por « el hermano sol» o «el hermanolobo»; el estudio psicoanalítico que ha hecho recientemente de K. Barth el doctor Schildmann ha puesto en evidencia el trasfondo demasiado «temperamental» de sus posiciones.

Muchos de estos puntos y . a han sido tratados, con mayor o menor profundidad, por teólogos y por psicoanalistas. Pero todavía queda un gran espacio en el que el diálogo psicoanálisis-teología puede resultar fecundo.

A. Ortiz García

Bibl.: H. Zahrnt (ed.), Jesús de Nazaret y Sigmund Freud, Verbo Divino, Estella 1974; A. Ple, Freud y la religión, BAC, Madrid 1970; P. F Villamarzo, Psicoanálisis: religión y moral, Madrid 1977; C. Domínguez Moreno, El psicoanálisis freudiano de la religión, San Pablo, Madrid 1991; A. Vergote, Psicología religiosa, Taurus, Barcelona-España 1969,

 

 

 

Frente a los fenómenos religiosos (creencias y prácticas, símbolos y ritos...), la psicología de la religión (no la «psicología religiosa»), que puede definirse como ciencia del alma o de los comportamientos humanos y de sus significados, ocupa un lugar concreto entre las diversas ciencias que por diversos títulos se interesan por la religión. Ya en la doble acepción a la que hemos aludido se vislumbra una diferente actitud de fondo codificada teóricamente por Ch. Wolf (Psychologia empírica, 1732; Psychologia rationalis, 1734) en el curso de una larga reflexión que continúa todavía y que implica los conceptos de inmanencia y trascendencia, sensible e inteligible, material y espiritual... Es decir, se comprende que la psicología de la religión se inscribe en un contexto científico que, por una parte, debe tener en cuenta los problemas del lenguaje, de la tradición, de la educación individual y social, de la ambigüedad de la experiencia, y por otra parte, el riesgo siempre amenazante de caer en la metafísica y en la ideología.

En el fondo se trata siempre del problema de la salvación, individual y comunitaria, absoluta en el tiempo y en el espacio, que constituye el horizonte del fenómeno religioso, a partir del mito y de lo irracional, y que permanece también a su modo incluso en un mundo secularizado o desmitificado y que reivindica la autonomía de los valores «humanos». La «reserva» metafísica kantiana (igualmente metafísica) del noúmenon inaccesible que encierra a un Dios inaccesible y todo lo que se escapa de la «pura razón», la solución fisiológica de Feuerbach, el vitalismo irracionalista de Schopenhauer y Nietzsche, la Enttremung (alienación) marxiana y la Versagung (ftiustración) freudiana, la reducción a superstición y fanatismo del natural belief de Hume, las «exigencias» ateas de cierto existencialismo (Sartre, Camus...), nada de esto explica la aparición y la permanencia de la fe del hombre en Dios y hay que ver en ellas tan sólo unas respuestas parciales e inadecuadas, francamente insatisfactorias.


Renunciando a una visión ingenua de una armonía preestablecida, así como a teorías absolutamente innatistas o genético-evolutivas, en la religión encuentran espacio (sin hablar de las patologías siempre posibles, a las que de todas formas es indebido reducir toda la fenomenología religiosa) los sentimientos y las experiencias más variadas: la esperanza y el temor (también «la angustia que salva mediante la fe», como dice Kierkegaard), la ley y Dios Padre, la resistencia y la conversión, el sentimiento de culpa y el sacrificio y la penitencia (hasta el sacramento cristiano de la reconciliación).

La relación del hombre con sus valores religiosos (la « experiencia religiosa») es un equilibrio inestable, una realidad dinámica que resulta de muchos y diversos factores que no pueden reducirse «ad unum». La interioridad agustiniana conoce «el temor y el ardor» (Confes.l 1,9,1 1) frente a lo numinoso de la Trinidad que en otro contexto se convertirá en el «tremendum et fascinans» (R. Otto, Lo santo) y en la inquietud de la búsqueda que llega hasta la Verdad que habita en el hombre (De vera religione 39 72), cultivada por Anselmo (Monologzum, Proslogium} y por Buenaventura (Itinerarium mentis in Deum).

Pascal recoge la invitación agustiniana a trascender una interioridad que reclama ella misma la trascendencia; no así la teología liberal y el modernismo, a los que se reprocha la inmanentización de la religión en el sentimiento.

Problemas análogos se plantean para Bergson (Les deux sources de la morale et de la religion, 1932) y para Blondel (L´Action, 1893), que en sus «Cartas» sobre apologética ( 1896) tuvo ocasión de precisar cómo «la apologética de la inmanencia no es inmanentismo».

También la lectura tomista de la predisposición humana a la religión (De veritate, 11) y el camino de la razón que llega «naturalmente» a Dios (S. Th. 11-11, 85,1 -3) es una hipótesis que ha conocido diversos éxitos tanto en filosofía como en teología.

Entre las aportaciones modernas más interesantes en torno a la psicología de la religión hay que mencionar las de W James, The varieties of religious experience ( 1902), a las que nos hemos referido ampliamente, y las de T Flournoy, Les principes de la psychologie religieuse, en «Archives de Psychologien 11 (1902) 33-57 que subraya la exigencia de una « exclusión metodológica de lo trascendente» en el análisis de los fenómenos religiosos. Esta comprensible epoché, para evitar la transformación de la psicología de la religión en teología o filosofía de la religión, no resuelve el carácter abstracto de la suspensión del «valor de realidad» de las experiencias de vida.

S. Spera

Bibl.: G, Zunini, Psicología de la religión, en DTI, 111, 961-962; A. Godin, Religión (Psicología de la}, en DTF 1 199-1210; A. Vergote. Psicología religiosa, Taurus, Madrid 1969; A, Godin, La incógnita religiosa del hombre, Sígueme, Salamanca 1969; W Poll, Psicología de la religión, Herder, Barcelona 1969,España.-

 

 

 

La relación entre psicología y ética puede considerarse desde diversos puntos de vista. La psicología puede ayudar al estudioso de la ética a conocer de qué manera se sedimentan en la intimidad de la persona las convicciones morales, como conocimientos y como praxis, hasta qué punto la ética sigue estando condicionada por la sociedad o por la cultura en que vive o cómo la cercanía de los demás puede influir en el comportamiento del individuo.

Desde este punto de vista la psicología permite conocer una de aquellas realidades a las que se refiere el lenguaje moral cuando utiliza el término conciencia. Entre las diversas funciones que se atribuyen a la conciencia o entre las funciones semánticas que posee este término en el contexto filosófico o en el literario, así como en el teológico, siempre es posible encontrarse con afirmaciones que remiten a concepciones sólo psicológicas de la conciencia.

Psicológicamente considerada, la conciencia puede también representarse en términos de super-ego freudiano.

El planteamiento psicológico no sólo no constituye problema si se le considera como -relectura de una de las diversas res a las que remite el término, sino que era conocido igualmente por la teología moral tradicional. El superego freudiano juega efectivamente un papel muy decisivo en la actuación de la vida moral, ya que vivir moralmente presupone siempre la adquisición por el sujeto de una madurez plena precisamente en la esfera psicológica, emotiva y volitiva, es decir, en aquellas esferas que constituyen también el ámbito operativo de la psicología.

En este sentido, por ejemplo, resulta a menudo difícil al sujeto moral realizar el examen de conciencia, y sobre todo conocer y valorar la propia actitud, más que el propio comportamiento. En efecto, hay que tener presente que la asunción del punto de vista moral o de su opuesto (egoísmoaltruismo) no necesariamente determina variaciones radicales en la estructura epistémica de la ética y en los resultados normativos, y, por consiguiente, siempre resulta difícil, incluso para el propio sujeto moral, leer en el propio yo volitivo.

El problema puede plantearse también como problema de libertad, del uso que se ha hecho de ella y de la conciencia que se tiene de la misma. Precisamente dentro de esta perspectiva es donde debe colocarse la relación que la ética tendrá que establecer con la psicología.

S. Privitera

Bibl.: A. Plé, Freud y la moral. Studium, Madrid 1974; F, Villamarzo, Psicoanálisis de la experiencia ético-religiosa, Marova, Madrid 1979; Y Frankl. El hombre en busca de sentido, Barcelona España 1980; J De Finance, ENsayo sobre el obrar humano, Gredos, Madrid 1966.

 

 

 

La vocación a la vida religiosa se entiende aquí como la respuesta que el hombre da libremente a la invitación que Dios le dirige para que se consagre a él en una especial forma de vida. De esta indicación se deduce que la vocación presenta dos dimensiones: la divina (invitación de Dios) y la humana (respuesta por parte del hombre).

Entre las dos dimensiones se da una continua interacción, de la que sólo pueden verificarse los dinamismos psicológicos. Esto justifica el recurso a las ciencias humanas para valorar la autenticidad de la respuesta a la invitación de Dios, para promover el proceso de maduración humana y espiritual en armonía con el ideal religioso, a fin de sugerir métodos y orientaciones para la formación tanto inicial como permanente, a fin de intervenir con una acción terapéutica en los casos difíciles.

La psicología puede llevar a cabo un servicio particular a la vida religiosa, ofreciendo a los responsables de la formación y de las comunidades informaciones relativas al desarrollo psicológico en las diversas etapas de la edad y en las posibles alteraciones o desviaciones en el comportamiento; ilustrando los dinamismos que intervienen en las relaciones interpersonales, tanto entre los miembros de la comunidad como en las relaciones con los de fuera; ayudando a plantear los encuentros de familia como una «revisión de vida´, animada por los principios de dinámica de grupo.

La sugerencia de la necesidad de tomar en cuenta los datos psicológicos en el planteamiento de la vida religiosa aparece también en el Decreto conciliar Perfectae caritatis: «El modo de vivir, de orar y de obrar tiene que adaptarse convenientemente a las condiciones físicas y psíquicas actuales de los religiosos» (PC 3). También el decreto sobre la formación sacerdotal Optatam totius insiste en que los educadores de los seminarios tengan «una especial formación espiritual y pedagógica » (0T 5). Junto a las exhortaciones de recurrir a la ayuda de un especialista para valorar mejor los requisitos de madurez humana y afectiva de los candidatos, la Congregación para los religiosos exige una norma prudencial: hay que dirigirse a « un psicólogo verdaderamente experto, prudente y estimado por sus principios morales » (RG 11).

Con el deseo de concretar esta sabia advertencia, podemos decir que el psicólogo llamado a colaborar en el ámbito de la vida religiosa debería presentar las siguientes condiciones de base : rectitud personal y honestidad profesional; formación específica en línea con la antropología cristiana; metodología de intervención inspirada en un concepto «positivo y abierto» de la persona humana; suficiente conocimiento de la doctrina cristiana y de los deberes propios de la vida religiosa.

B. Giordani

Bibl.: R. Zavalloni, Psicología y espiritualidad, en NDE, 1 189-1204; Íd., pSicología pastoral, Studium, Madrid 1967; L, M. Rulla, Psicologia profunda y vocación, 2 vols., Atenas, Madrid 1984- 1985; L. Beirnaert. Experiencia cristiana y psicologia, Estela, Barcelona,España 1966.

 

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Carl Gustav Jung (1875-1961)

 

Por Ermanno Pavesi y T. Jorge Soley Climent

Breve reseña sobre la biografía y teorías de un psicólogo que creó escuela


 

 

Su vida

Carl Gustav Jung nace el 26 de julio de 1875 en un pequeño pueblo sobre la costa suiza del lago de Constanza, Kesswil, donde su padre era pastor protestante. Estudia medicina en Basilea, se doctora en 1900 y el mismo año entra como asistente en la clínica psiquiátrica de la universidad de Zurich, distinguiéndose con sus investigaciones incluso a nivel internacional.

En 1907 Jung conoce a Sigmund Freud (1859-1939), convirtiéndose en estrecho colaborador del mismo, constituyéndose de este modo el primer contacto entre psicoanálisis y ambiente universitario. En 1909 renuncia a la carrera académica para dedicarse totalmente a la investigación psicológica; dos años después será nombrado presidente de la Sociedad psicoanalítica internacional, pero la publicación, en 1912, de la primera edición de su obra Símbolos de transformación, en la que formula una teoría de la libido que se aleja de la psicoanalítica, le lleva a la ruptura con Freud y a la elaboración de su propio sistema: la psicología analítica.

El psiquiatra suizo agrupa en torno a su figura un grupo inicialmente pequeño de colaboradores con los que, en 1916, constituye el Club Psicológico de Zurich. De 1933 a 1942 es profesor en el Politécnico federal de esa ciudad y de 1944 a 1945 en la universidad de Basilea. Con el fin de organizar la enseñanza y la investigación de la psicología analítica, en 1948, en Küsnacht, ciudad a pocos kilómetros de Zurich, junto al lago homónimo, es fundado el Instituto Carl Gustav Jung. Y en Küsnacht muere Jung el 6 de junio de 1961.

Su formación

En su autobiografía -Recuerdos, Sueños, Pensamientos, publicada en 1961- el psiquiatra suizo recuerda haber tenido un precoz interés por las cuestiones existenciales y religiosas y haberse apasionado en la universidad con el tema de lo irracional, tratado por varios autores románticos alemanes como Carl Gustav Carus (1789-1869), y con el espiritismo: "[...] a pesar de lo bizarras y discutibles que me parecieron las observaciones de los espiritistas, fueron el primer testimonio que jamás tuve de fenómenos psíquicos objetivos. [...] virtualmente leí toda la literatura sobre el tema entonces disponible [...] y leí siete volúmenes de Swedenborg [Emanuel, 1688-1772]". En esos años participa en tenidas espiritistas, recogiendo experiencias que posteriormente utiliza en su tesis de doctorado, Psicología y patología de los llamados fenómenos ocultos, de 1902. La profundización en el psicoanálisis constituye un cambio fundamental, permitiéndole encuadrar de manera nueva los fenómenos paranormales en los que se había interesado. En el prefacio a la obra El psicoanálisis de Wolfgang Müller Kranefeldt (1892- 1974), de 1930, Jung postula la existencia de un filón que va desde la alquimia hasta el magnetismo animal, la filosofía romántica y el psicoanálisis, considerado como la forma más moderna de psicología: "Un día aparecerá claramente por qué tortuosos senderos la psicología moderna y modernísima ha encontrado el camino que la ha conducido fuera de los oscuros laboratorios alquimistas, a través de los estadios intermedios del mesmerismo y del magnetismo [...] hacia las anticipaciones filosóficas de Schopenhauer [Arthur, 1788-1860], de Carus y Hartmann [Eduard von, 1842-1906], y cómo, del oscuro terreno materno de las experiencias prácticas cotidianas de un Liébeault [Auguste Ambroise, 1823-1904] y del aún más antiguo Quimby [Phineas Parkhurst, 1802-1866] (el padre espiritual de la Christian Science), a través de las teorías sobre la hipnosis de la escuela francesa, se ha llegado a Freud".

Jung critica la pretensión de Freud de construir una teoría del inconsciente y de la psique partiendo de la patología psíquica en cuanto, como afirma en la edición definitiva de la obra Símbolos de transformación, de 1952, "un poco de patología y de teoría de la neurosis no bastan en absoluto en este caso; este tipo de conocimiento médico consiente únicamente el ser informado sobre una enfermedad, pero lo ignora todo del alma que está enferma". Jung por el contrario se siente atraído por la complejidad de la psique humana y de sus misteriosas profundidades. Ya en su tesis de doctorado subraya la sorprendente semejanza entre el sistema descrito como trance por una medium y algunos sistemas gnósticos de la antigüedad. Si Freud interpreta la religión como una neurosis, Jung constata la existencia de semejanzas entre el material producido por los pacientes y los temas de la mitología e intenta captar el elemento profundamente existencial, y en última instancia religioso, de las alteraciones psíquicas. En el curso de los años se dedica al estudio del gnosticismo, de la alquimia y de la mitología de los pueblos antiguos y primitivos, considerados come proyección múltiple de los arquetipos, esto es, de los contenidos inconscientes comunes a toda la humanidad.


Inconsciente colectivo y arquetipos

La psicología analítica formula una teoría del inconsciente más compleja que la psicoanalítica.

En el libro La estructura de la psique, de 1931, Jung distingue "[...] en la psique tres estratos: 1) la conciencia; 2) el inconsciente personal [...]; 3) el inconsciente colectivo, que es un patrimonio hereditario de posibilidad representativa no individual, sino común a todos los hombres y quizás a todos los animales, y constituye la verdadera y propia base de la psique individual".

En el libro Instinto e inconsciente, de 1919, describe el inconsciente colectivo como la suma de los instintos, esto es, de las "formas típicas del actuar" y de los arquetipos, "formas típicas de la comprensión": los instintos determinan las constantes del comportamiento, y los conocimientos singulares son enmarcados sobre la base de formas preexistentes. Por ejemplo, Jung considera que el modo en que cada individuo vive su relación con su madre depende de un arquetipo inconsciente, el de la "gran madre". Los arquetipos no son de naturaleza espiritual, sino formas inmanentes a la materia en la que se han desarrollado en el curso primero de la evolución y después de la historia, y están contenidos en el patrimonio genético del hombre: "En mi opinión — sostiene en el libro Psicología del inconsciente, de 1943 — su origen no es explicable si no se supone que son sedimentos de experiencias repetidas continuamente por la humanidad".

La teoría de la persona

Para la psicología analítica no existe un alma individual: los elementos individuales del alma son efímeros y perecederos, mientras que la parte impersonal de la psique pone en relación al singular con un alma única, común no sólo a los hombres sino también a la naturaleza: "¡El alma no ha nacido hoy! — se lee en Símbolos de transformación — Tiene muchos millones de años. La conciencia individual es solamente la flor y el fruto de una estación, germinada en el perenne rizoma subterráneo". En el libro El problema psíquico del hombre moderno, de 1931, Jung retoma algunas de las teoría del teósofo sueco Swedenborg: "En cierto modo somos parte de una gran alma unitaria, o, para expresarnos con Swedenborg, de un único, inmenso ser humano".

La dimensión personal del hombre no es considerada autónoma y real, sino artificial, una especie de interfaz entre el inconsciente colectivo y la sociedad, un rol que la sociedad impone al individuo, una máscara que deja manifestarse algunos contenidos del inconsciente colectivo, pero que esconde la mayor parte. La identificación con una determinada personalidad resulta limitativa y reductiva, impide la completa autorrealización y causa conflictos, en cuanto que llevaría a una cierta polarización entre los contenidos inconscientes aceptables y aquellos por el contrario inconciliables con los principios de la sociedad y destinados a permanecer inconscientes, formando — según una expresión junguiana — la "sombra" de la personalidad consciente. Uno de los objetivos de la terapia consiste en la superación de tal unilateralidad y de la pretensión de alcanzar la perfección, buscando preferiblemente la totalidad a través de la integración de la "sombra".


La religión

La psicología analítica, por una parte, tiene una gran consideración por la religión, considerada como expresión y formulación de arquetipos, y reconoce la importancia de los ritos religiosos, que permitirían a todos, independientemente de sus propias capacidades, vivir ciertos arquetipos; pero por otra parte es crítica frente a las formas religiosas institucionalizadas, en la medida en que limitan la realización de los arquetipos.

La crítica más severa se refiere no obstante a las pretensiones metafísicas de las religiones: para Jung la experiencia religiosa es de naturaleza psíquica, una hierofania, dentro de la psique, de arquetipos y de potencias externas al Yo consciente pero intrapsíquicas. En el libro Psicología y religión, de 1940, considera la fe en la existencia real de seres espirituales sólo como proyección al exterior de potencias interiores de naturaleza meramente psicológica: "[...] no se puede ni siquiera sostener una doctrina de la deidad en el sentido de una existencia no psicológica". Esto vale también para la existencia de Dios: en el ensayo Die Psychologie der unbewussten Prozesse, "La psicología de los procesos inconscientes", de 1917, Jung definió el problema de la existencia de Dios incluso como "[...] uno de los problemas más estúpidos que se puedan plantear". La psicología analítica puede únicamente demostrar la presencia de una imagen arquetípica de la divinidad en el inconsciente.


Cristianismo y Era de Acuario

Jung subraya que el inicio del periodo cristiano corresponde aproximadamente al inicio de la astrológica Era de Piscis, con una duración de cerca de dos mil años, a la que sigue la Era de Acuario. La Era de Piscis se caracterizaría por la contraposición entre dos principios diferentes, aparentemente inconciliables: bien y mal, Cristo y Satanás, mientras que la Era de Acuario se caracterizaría por la superación de las contraposiciones, por su síntesis y en consecuencia también por el ineluctable declinar del cristianismo.

En el Occidente cristiano la polarización de la Era de Piscis habría provocado la remoción en el inconsciente, tanto del individuo como de los pueblos, de los contenidos no conciliables con el cristianismo, formando una "sombra" pagana y anticristiana. Pero con el avecinarse de la nueva era disminuiría progresivamente la capacidad de la civilización cristiana de mantener reprimidos los elementos paganos, que tienden a emerger con fuerza siempre mayor en la conciencia del individuo y de los pueblos ya cristianizados. En la fase de paso a la Era de Acuario Jung considera necesario prestar atención a estos contenidos emergentes e intentar integrarlos en la vida consciente.

Con este esquema Jung interpreta también los fenómenos políticos de nuestro tiempo, vislumbrando los albores de la nueva era en la afirmación del neopaganismo nacionalsocialista en la Alemania de los años 1930.


Conclusión

La psicología analítica de Jung se distingue netamente del psicoanálisis por su actitud positiva frente a la religión, gracias a la cual ha conquistado muchas simpatías en ambientes religiosos. De hecho, la afirmación de la existencia, si bien solamente psicológica, de ciertos arquetipos religiosos puede constituir la base para un diálogo interdisciplinario, ya que el estudio comparado de diversas formas de espiritualidad ofrece ideas estimulantes, pero no se debe olvidar que Jung considera la metafísica únicamente como una proyección y profesa una religiosidad inmanente. El intento de fundar su sistema sobre la experiencia religiosa personal, independientemente de codificaciones teológicas, corresponde a ciertas exigencias de la cultura del siglo XX y en consecuencia no sorprende el hecho de que Jung sea uno de los autores más apreciados en el ámbito de la nueva religiosidad de la New Age..

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Ermanno Pavesi y T. Jorge Soley Climent

Para profundizar: la rica producción escrita del psiquiatra suizo está recogida en los dieciocho volúmenes de las Opere de C. G. Jung, trad. it., Boringhieri, Turín 1969-1991 (trad. esp. Editorial Trotta); sobre el personaje véase también Ricorde, sogni, riflessioni de C. G. Jung, recogidos y editados por Aniela Jaffé, trad. it., Biblioteca Universale Rizzoli, Milán 1997; y Jolande Jacobi (1890-1983), La psicologia de Carl Gustav Jung, trad. it., Bollati Boringhieri, Turín 1997.

2003-10-25 - http://www.revistaarbil.tk/

 

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Decálogo de la madurez y de la salud psíquica

 

Bernabé Tierno

Diez requisitos que muestran que una persona es madura en lo mental, psíquico y afectivo

 

En la cultura occidental, una persona es madura en el plano de lo mental, psíquico y afectivo en la medida en que haya logrado un buen nivel en los siguientes pasos:

 

Actitud flexible, serena y tolerante ante las nuevas situaciones y circunstancias y capacidad de cambiar cuando sea lo más razonable y conveniente

 

Ser “uno mismo” y tener criterio firme y claro ante las personas, situaciones y cosas, pero sin tozudez y con buena disposición para admitir los propios errores.

 

Capacidad para pensar y obrar con absoluta independencia y aceptar la realidad por dura que sea, con presencia de ánimo y sin recurrir a lamentaciones inútiles ni a escenas melodramáticas.

 

Semblante y aspecto exterior ecuánime y gozoso, irradiando alegría y felicidad, sintiéndose un ser privilegiado de la vida aunque sólo sea por vivir y no perder el sentido del humor.

 

Aceptación de sí mismo en todos los aspectos; alto nivel de autoestima y auto-amor; capacidad para perdonarse a sí mismo y perdonar. Buen amigo de sí y de los demás. Disfruta de relaciones afectuosas, emocionales y altruistas con sus semejantes.

 

Capacidad para disfrutar de todo en cualquier momento y lugar y de las cosas más corrientes y sencillas, pero día a día, minuto a minuto.

 

Gran amplitud de conciencia, generosidad, preocupación por el prójimo, por sus necesidades y carencias. Deseo de sentirse útil y permanente actitud de servicio para la sociedad en que vive.

 

Estar bien dotado para tolerar ciertas dosis de soledad y desamparo y bien entrenado para superar dificultades, problemas y frustraciones sin dejarse abatir por el desaliento.

 

Capacidad de empatía, de ver las cosas desde la óptica de la persona que tiene delante, teniendo en cuenta las circunstancias que le impulsan a obrar de esta o aquélla manera.

Finalmente, todo persona madura tiene un proyecto de vida que le autorrealiza y le proporciona verdadera felicidad y satisfacciones. Tal proyecto es diseñado teniendo como referencia una escala de valores morales, dando prioridad al respeto, la honradez, la solidaridad, la tolerancia y el objetivo de pasar por la vida haciendo el bien en lo posible.

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Este decálogo fue entregado por el Dr. Bernabé Tierno a los asistentes del II Congreso Internacional Educación y Familia (2-4 de diciembre 2004, en al Universidad Católica San Antonio de Murcia)

 

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El Papa y la monja

 

 

Por Juan Manuel de Prada
En ABC, 15.09.2003

 

El Papa Wojtyla nos demuestra que existe dentro de nosotros un yacimiento de inexpugnable entereza que vence la fragilidad de nuestra envoltura mortal


ENTREVISTABA ayer en «Los Domingos de ABC» Álvaro Ybarra a Sor Brígida, una monja carmelita que hace veintiséis años viajó a Malawi, siguiendo el llamado de su vocación. Sor Brígida era entonces una joven que acababa de consagrarse a Cristo; y entendió que el mejor modo de demostrar a su Esposo su amor incondicional consistía en entregarse sin reticencias a sus criaturas más dolientes. Hay un pasaje evangélico en el que se nos recuerda que Dios habita en el hambriento, en el sediento, en el desnudo, en el peregrino, en el preso; Sor Brígida acató esta misión inabarcable y decidió sacrificarse por amor a los hombres que sufren, que es la forma más divina de amor. Durante años, trabajó en pleno corazón de la selva, en un hospital alejado de la civilización, sin luz ni agua corriente. Luego, cuando el sida empezó a diezmar el país, se trasladó a otro hospital donde se hacinaban los enfermos desahuciados. Sin dinero ni medicinas con que hacer frente a la enfermedad, Sor Brígida se dedica desde entonces a hacer más llevadera la agonía de quienes tienen los días contados, velando sus noches que quizá nunca vean la salida del sol. Allá donde la medicina no ofrece esperanzas, Sor Brígida ofrece otra esperanza más eficaz y consoladora, que es la que proporciona saber que existe una persona a nuestra vera dispuesta a entregar hasta su último hálito por nuestra salvación. Imagino a Sor Brígida cincuentona y enjuta, trabajada por las arrugas y expoliada por el cansancio; la belleza de la juventud habrá desertado de sus facciones, pero la sostiene una gasolina espiritual que la convierte en la mujer más hermosa del mundo a los ojos de sus enfermos, cuando se acerca a su lecho y los arrulla con voz balsámica y les borra la fiebre con un beso y les tiende una mano para ayudarlos a ascender su calvario, para morir con ellos -carne de su carne--, un día tras otro.


The Hospital Orderly
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Oil on panel, 56 x 45 cm
Koninklijk Museum voor Schone Kunsten, Antwerp

VREL, Jacobus - Dutch painter (active 1654-62 in Delft and Haarlem)


Mientras Sor Brígida alumbra las tinieblas de la muerte en un hospital de Malawi, un viejo viejísimo recorre Eslovaquia. El polvo del camino ha cegado su voz; las muchas leguas han desgastado sus sandalias, hasta dejarlo tullido. Podría refugiar su decrepitud en la molicie de un palacio vaticano, pero entiende que la misión que le ha sido confiada exige apurar hasta las heces el cáliz del dolor, convertir sus achaques en una eucaristía que alivie y reconforte a los de quebrantado corazón. En su Polonia natal, el Papa Wojtyla saboreó las hieles de la vesania nazi y la brutalidad comunista; es un hombre curtido en el dolor, que ha visto morir a sus compatriotas inmolados en las hogueras de las ideologías represoras. Ahora, en su vejez, quiere consumirse en la propagación de un mensaje liberador; como a Sor Brígida, lo empuja una gasolina espiritual que se sobrepone a los quebrantos de la carne. Y, así, su sufrimiento cada vez más lacerante se convierte en testimonio: al tomar sobre sus hombros la cruz que lo extenúa, el Papa Wojtyla nos demuestra que existe dentro de nosotros un yacimiento de inexpugnable entereza que vence la fragilidad de nuestra envoltura mortal. La época que nos ha tocado vivir prefiere que sepultemos ese yacimiento, porque sabe que así podrá mantenernos encerrados en una cárcel de hedonismo; pero ante la visión de ese viejo viejísimo que no vacila en calcinar su vida para extender su mensaje de liberación, algo se remueve dentro de nosotros. Es como si la gasolina que sostiene en pie a Sor Brígida y empuja al Papa Wojtyla por los arrabales del atlas nos incendiase también a nosotros, invitándonos a despojarnos de las vestiduras del hombre viejo.

Nietzsche desdeñaba el cristianismo, por considerarlo una religión de débiles. No entendía que en esa debilidad sufriente reside su fuerza.

 

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El historiador Luis Suárez muestra las

evidencias de las raíces cristianas de Europa

 

 

Derechos humanos proclamados por la Iglesia Año 1346

 

"Europa tiene su base en la única fuerza que es capaz de aunar la herencia cultural helénica, el derecho romano y el avance de la Ciencia: el Cristianismo". Esta es la conclusión del historiador Luis Suárez, catedrático emérito de la Universidad Autónoma de Madrid. Suárez recuerda que el progreso europeo fue posible gracias al Cristianismo. En efecto, la creación de bibliotecas en territorio europeo por Isidoro de Sevilla, fueron impulsadas gracias a los padres de la Iglesia como Benito o Alejandro Magno, quienes consideraron que el progreso se basaba en el conocimiento, no en el atesoramiento de riquezas.

 

Además, Suárez recordó que los derechos humanos no nacieron con la revolución francesa de 1789, sino que fueron inicialmente formulados por el Papa Clemente VI, quien, en 1346, pronunció por vez primera los derechos humanos de la libertad, la vida y la propiedad. En este contexto, negar las raíces cristianas de Europa, como pretende Francia y Bélgica, en el tratado constitucional parece un intento de construir una Europa de mercaderes, en lugar de una comunidad humana. "El término Europa fue inicialmente pronunciado por San Beda el Venerable en el siglo VII para referirse al territorio en el que el Cristianismo había llegado a arraigarse", concluye Suárez.  

2004-02-27 – Agradecemos a: Hispanidad.com

 

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Beato Carlos de Foucauld (1858-1916) ermitaño de la Iglesia Católica, [asesinado por un fanático mahomento], misionero del Sahara argelino
Meditaciones sobre los evangelios

 

“Os aseguro que esa viuda pobre ha echado más que todos los demás..” (Lc 21,3)


      “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.” (Lc 23,46) Esta es la última oración de nuestro Maestro, nuestro Amado. ¡
Ojalá sea también la nuestra! No sólo la oración de nuestro último instante sino la de todos los instantes; “Padre mío, en tus manos me encomiendo, Padre mío, me confío a ti, Padre mío, me abandono a ti. Padre mío, haz de mí lo que quieras. Sea lo que sea, te doy gracias, de doy gracias por todo. Estoy dispuesto a todo, acepto todo, os doy gracias por todo, con tal que se haga en mí tu voluntad, Oh Dios, con tal que se haga tu voluntad en todas tus criaturas, en todos tus hijos, en todo lo que tú amas. No anhelo nada más, Dios mío. Entrego mi espíritu a tus manos, te lo doy, Dios mío, con todo el amor de mi corazón, porque te quiero y me lo exige el amor que te tengo: abandonar todo, sin medida, entre tus manos. Me confío a ti con inmensa confianza porque tú eres mi Padre.

 

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Del Diario de Santa Faustina Kowalska: “Escribe, habla de mi Misericordia. Di a las almas en donde deben buscar el consuelo, es decir, en el tribunal de la Misericordia, allí suceden los más grandes milagros que se repiten continuamente. Para obtener este milagro no es necesario hacer peregrinaciones a tierras lejanas, ni celebrar solemnes ritos exteriores, basta ponerse con fe delante de un representante mío y confesarle la propia miseria y el milagro de la Divina Misericordia se manifestará en toda su plenitud. Aún cuando un alma estuviera en descomposición como un cadáver y humanamente no hubiera ninguna posibilidad de resurrección y todo estuviera perdido, para Dios no lo sería así: un milagro de la Divina Misericordia resucitará a esta alma en toda su plenitud. ¡Infelices de aquellos que no se aprovechan de este milagro de la Divina Misericordia! ¡Lo invocareis en vano, cuando sea demasiado tarde!” (Palabras de Jesús sobre la Confesión Sacramental. Diario.)

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La tradición occidental desde las antiguas Atenas, Jerusalén y Roma, no se ha movido entre la represión o la descarga del impulso, sino que ha peleado por la libertad interior, que pasa por el dominio de sí, pues sin ésta difícilmente el hombre puede hablar de libertad, ya que no se trata simplemente de la ausencia de coacción externa, sino de capacidad para poder determinarse en orden al bien.

 

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El Evangelio de Cristo del siglo I al XXI la Iglesia Católica fielmente proclama.

 

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Es preciosa la homilía de Benedicto XVI en la apertura del Sínodo sobre la Eucaristía, con su diagnóstico certero sobre el mundo moderno: “queremos poseer el mundo de manera ilimitada, Dios nos estorba y hacemos de Él una simple frase devota, o lo desterramos de la vida pública… Pero donde el hombre se convierte en el único dueño del mundo y en propietario de sí mismo, no puede haber justicia”. Varios medios han tildado esta afirmación, tan evangélica y tan realista, de apocalíptica, cuando se trata de una lectura inteligente de la historia del mundo, y especialmente del siglo que acabamos de dejar atrás. Es una advertencia especialmente adecuada para esta hora que nos toca vivir, aunque provoque sarpullido a los bienpensantes de turno. 2005-10-10

 

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“El Señor me ha dicho: Tu eres mi hijo, yo te he engendrado hoy”. Con estas palabras del Salmo segundo, la Iglesia inicia la Santa Misa de la vigilia de Navidad, en la cual celebramos el nacimiento de nuestro Redentor Jesucristo en el establo de Belén. En otro tiempo, este Salmo pertenecía al ritual de la coronación del rey de Judá. El pueblo de Israel, a causa de su elección, se sentía de modo particular hijo de Dios, adoptado por Dios. Como el rey era la personificación de aquel pueblo, su entronización se vivía como un acto solemne de adopción por parte de Dios, en el cual el rey estaba en cierto modo implicado en el misterio mismo de Dios. En la noche de Belén, estas palabras que de hecho eran más la expresión de una esperanza que de una realidad presente, han adquirido un significado nuevo e inesperado. El Niño en el pesebre es verdaderamente el Hijo de Dios. Dios no es soledad eterna, sino un círculo de amor en el recíproco entregarse y volverse a entregar. Él es Padre, Hijo y Espíritu Santo. 

Más aún, en Jesucristo, el Hijo de Dios, Dios mismo se ha hecho hombre. El Padre le dice: “Tu eres mi hijo”. El eterno hoy de Dios ha descendido en el hoy efímero del mundo, arrastrando nuestro hoy pasajero al hoy perenne de Dios. Dios es tan grande que puede hacerse pequeño. Dios es tan potente que puede hacerse inerme y venir a nuestro encuentro como niño indefenso, a fin de que podamos amarlo. Es tan bueno que puede renunciar a su esplendor divino y descender a un establo para que podamos encontrarlo y, de este modo, su bondad nos toque, nos sea comunicada y continúe actuando a través de nosotros. Esto es la Navidad: “Tu eres mi hijo, hoy yo te he engendrado”. Dios se ha hecho uno de nosotros, para que podamos estar con Él, llegar a ser semejantes a Él. Ha elegido como signo suyo al Niño en el pesebre: Él es así. De este modo aprendemos a conocerlo. Y sobre todo niño resplandece algún destello de aquel hoy, de la cercanía de Dios que debemos amar y a la cual hemos de someternos; sobre todo niño, también sobre el que aún no ha nacido. 

S..S. Benedicto P.P. XVI – MMV.XII. Misa del gallo-Basílica vaticana sobre la tumba del mártir San Pedro crucificado cabeza abajo bajo Nerón en el 64/67ca.

 

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Tenemos una Cabeza divina, tenemos a Dios como Cabeza."

"Preocupaos más, hermanos míos, preocupaos más, por favor, de lo que dijo el Señor, extendiendo la mano sobre sus discípulos: Esta es mi madre y mis hermanos; y quien hiciere la voluntad de mi Padre, que me envió, es para mí un hermano, hermana y madre (Mt 12,49-50). ¿Acaso no hacía la voluntad del Padre la Virgen María, que en la fe creyó, en la fe concibió, elegida para que de ella nos naciera la salvación entre los hombres, creada por Cristo antes de que Cristo fuese en ella creado? Hizo sin duda Santa María la voluntad del Padre; por eso más es para María ser discípula de Cristo que haber sido madre de Cristo. Más dicha le aporta el haber sido discípula de Cristo que el haber sido su madre. Por eso era María bienaventurada, pues antes de dar a luz llevó en su seno al maestro. Mira si no es cierto lo que digo. Mientras caminaba el Señor con las turbas que le seguían, haciendo divinos milagros, una mujer gritó: ¡Bienaventurado el vientre que te llevó! Más, para que no se buscase la felicidad en la carne, ¿qué replicó el Señor? Más bien, bienaventurados los que oyen la palabra de Dios y la guardan (Lc 11,27-28). Por eso era bienaventurada María, porque oyó la palabra de Dios y la guardó: guardó la verdad en la mente mejor que la carne en su seno. Verdad es Cristo, carne es Cristo; Cristo Verdad estaba en la mente de María, Cristo carne estaba en el seno de María: más es lo que está en la mente que lo que es llevado en el vientre. Santa es María, bienaventurada es María, pero mejor es la Iglesia que la Virgen María. ¿Por qué? Porque María es una porción de Iglesia, un miembro santo, un miembro excelente, un miembro supereminente, pero al fin miembro de un cuerpo entero. Si es parte del cuerpo entero, más es el cuerpo que uno de sus miembros. El Señor es Cabeza y el Cristo total es cabeza y cuerpo. ¿Qué diré? Tenemos una Cabeza divina, tenemos a Dios como Cabeza."

San Agustín, Sermón 72/A, 7 

 

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 "Obras todas del Señor, bendecid al Señor".

 

Alégrese la madre naturaleza
con el grito de la luna llena:
que no hay noche que no acabe en día,
ni invierno que no reviente en primavera,
ni muerte que no dé paso a la vida;
ni se pudre una semilla
sin resucitar en cosecha.

 

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“Cuando contemplo el cielo, obra de tus manos, 
la luna y las estrellas que has creado, 
¿qué es el hombre para que te acuerdes de él, 
el ser humano, para darle poder? 
Lo hiciste poco inferior a los ángeles, 
lo coronaste de gloria y dignidad”(Ps. 8).   

 

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El respeto de la integridad de la creación

Catecismo de la Iglesia Católica

 

2415 El séptimo mandamiento exige el respeto de la integridad de la creación. Los animales, como las plantas y los seres inanimados, están naturalmente destinados al bien común de la humanidad pasada, presente y futura (cf Gn 1, 28-31). El uso de los recursos minerales, vegetales y animales del universo no puede ser separado del respeto a las exigencias morales. El dominio concedido por el Creador al hombre sobre los seres inanimados y los seres vivos no es absoluto; está regulado por el cuidado de la calidad de la vida del prójimo incluyendo la de las generaciones venideras; exige un respeto religioso de la integridad de la creación (cf CA 37-38).

2416 Los animales son criaturas de Dios, que los rodea de su solicitud providencial (cf Mt 6, 16). Por su simple existencia, lo bendicen y le dan gloria (cf Dn 3, 57-58). También los hombres les deben aprecio. Recuérdese con qué delicadeza trataban a los animales san Francisco de Asís o san Felipe Neri.

2417 Dios confió los animales a la administración del que fue creado por él a su imagen (cf Gn 2, 19-20; 9, 1-4). Por tanto, es legítimo servirse de los animales para el alimento y la confección de vestidos. Se los puede domesticar para que ayuden al hombre en sus trabajos y en sus ocios. Los experimentos médicos y científicos en animales, si se mantienen en límites razonables, son prácticas moralmente aceptables, pues contribuyen a cuidar o salvar vidas humanas.

2418 Es contrario a la dignidad humana hacer sufrir inútilmente a los animales y sacrificar sin necesidad sus vidas. Es también indigno invertir en ellos sumas que deberían remediar más bien la miseria de los hombres. Se puede amar a los animales; pero no se puede desviar hacia ellos el afecto debido únicamente a los seres humanos.

 

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Consecuencias ambientales

21. Las desigualdades en la distribución de la propiedad de las tierras desencadenan un proceso de degradación del medio ambiente difícilmente reversible,(15) a lo que se añade el deterioro del suelo, la disminución de su fertilidad, el riesgo de inundaciones, la disminución de la capa freática, el aterramiento de los ríos y de los lagos y otros problemas ecológicos.

A menudo se fomenta, con facilidades fiscales y de crédito, la deforestación de amplios territorios para dejar sitio a la cría extensiva del ganado, a las actividades mineras o el manufacturado de las maderas, pero sin prever planes de rehabilitación del medio ambiente y si están previstos no se aplican.

La pobreza también está vinculada al deterioro medio ambiental en un círculo vicioso cuando los pequeños agricultores, expropiados del latifundio, y los pobres sin tierra, en busca de nuevas tierras, se ven obligados a ocupar las tierras estructuralmente frágiles, como por ejemplo los terrenos pendientes y a erosionar el patrimonio forestal para poder cultivar.

 

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El mensaje biblico - El cuidado de la creación

22. La primera página de la Biblia relata la creación del mundo y de la persona humana: « Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya: a imagen de Dios le creó; macho y hembra los creó » (Gn 1, 27). Palabras solemnes expresan la tarea que Dios les confía: « Sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla; mandad en los peces del mar y en las aves de los cielos y en todo animal que serpea sobre la tierra » (Gn 1, 28).

La primera tarea que Dios les encomienda —es evidente que se trata de una tarea fundamental— se refiere a la actitud que deben tener con la tierra y con todos los seres vivientes. « Henchir » y « dominar » son dos verbos que se pueden malentender con facilidad e incluso pueden parecer una justificación de ese dominio despótico y desenfrenado que no se preocupa por la tierra y por sus frutos y hace estragos con ella a su propio favor. En realidad « henchir » y « dominar » son verbos que, en el lenguaje bíblico, sirven para describir la dominación del rey sabio que se preocupa por el bienestar de todos sus súbditos.

 

El hombre y la mujer tienen que cuidar la creación, para que ésta les sirva y para que esté a disposición de todos y no sólo de algunos.

23. La naturaleza profunda de la creación es la de ser un don de Dios, un don para todos, y Dios quiere que se quede así. Por eso la primera orden que Dios da es la de conservar la tierra respetando su naturaleza de don y bendición, y de no transformarla en instrumento de poder o motivo de conflictos.

El derecho-deber de la persona humana de dominar la tierra nace del hecho de ser imagen de Dios: corresponde a todos y no sólo a algunos la responsabilidad de la creación. En Egipto y en Babilonia este privilegio era sólo de algunos. En la Biblia, en cambio, el dominio pertenece a la persona humana por ser tal y, por lo tanto a todos. Es más, es la humanidad conjuntamente la que se debe sentir responsable de la creación.

Dios deja al hombre en el jardín para que lo labre y lo cuide (cf. Gn 2, 15) y para que se alimente de sus frutos. En Egipto y en Babilonia el trabajo es una dura necesidad impuesta a los hombres en beneficio de los dioses: en realidad, en beneficio del rey, de los funcionarios, de los sacerdotes y de los terratenientes. En la narración bíblica, en cambio, el trabajo es algo para la realización de la persona humana.

 

La tierra es de Dios quien la ofrece a todos sus hijos

24. El israelita tiene el derecho de propiedad de la tierra, que la ley protege de muchas formas. El Decálogo prescribe: « no codiciarás la casa de tu prójimo, su campo, su siervo o su sierva, su buey o su asno: nada que sea de tu prójimo » (Dt 5, 21).

Se puede decir que el israelita se siente verdaderamente libre y plenamente israelita sólo cuando posee su parcela de tierra. Pero la tierra es de Dios, insiste el Antiguo Testamento, y Dios la ha dado en herencia a todos los hijos de Israel. Se debe por lo tanto repartir entre todas las tribus, clanes y familias. Y el hombre no es el verdadero dueño de su tierra sino que es más bien un administrador. El dueño es Dios. Se lee en el Levítico: « La tierra no puede venderse para siempre, porque la tierra es mía, ya que vosotros sois para mí como forasteros y huéspedes » (25, 23).

En Egipto la tierra pertenecía al faraón y los campesinos eran sus esclavos y de su propiedad. En Babilonia había una estructura feudal: el rey entregaba las tierras a cambio de servicios y de fidelidad. No hay nada parecido en Israel. La tierra es de Dios que la ofrece a todos sus hijos.

 

25. De ahí derivan varias consecuencias. Por un lado, nadie tiene el derecho de quitar la tierra a la persona que la cultiva, en caso contrario se viola un derecho divino; ni siquiera el rey puede hacerlo.(16) Por otro lado, se prohibe toda forma de posesión absoluta y arbitraria a propio favor: no se puede hacer lo que se quiere con los bienes que Dios ha dado para todos.

Sobre esta base la legislación ha ido añadiendo, impulsada siempre por situaciones concretas, muchas restricciones al derecho de propiedad. Algunos ejemplos: la prohibición de recoger los frutos de un árbol durante los cuatro primeros años (cf. Lv 19, 23-25), la invitación a no cosechar la miés hasta el borde del campo y la prohibición de recoger los frutos y las espigas olvidados o caídos, porque pertenecen a los pobres (cf. Lv 19, 9-10; 23, 22; Dt 24, 19-22).

A la luz de esta visión de la propiedad se entiende la severidad del juicio moral expresado por la Biblia sobre los abusos de los ricos, que obligan a los pobres y a los campesinos a ceder sus fundos familiares. Los Profetas son los que más condenan estos abusos. « ¡Ay, los que juntáis casa con casa, y campo con campo anexionáis! » grita Isaías (5, 8). Y su contemporáneo Miqueas añade: « Codician campos y los roban, casas, y las usurpan; hacen violencia al hombre y a su casa, al individuo y a su heredad » (2, 2).

 

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De la carta de san Clemente primero, Pont. Papa [años 88-97ca.Roma], a los Corintios - (Caps. 19, 2-20, 12: Funk 1, 87-89)

 

Dios ha creado el mundo con orden y sabiduría
y con sus dones lo enriquece

 

No perdamos de vista al que es Padre y Creador de todo el mundo, y
tengamos puesta nuestra esperanza en la munificencia y exuberancia del don de la paz que nos ofrece. Contemplémoslo con nuestra mente y pongamos los ojos de nuestra alma en la magnitud de sus designios, sopesando cuán bueno se muestra él para con todas sus criaturas.

Los astros del firmamento obedecen en sus movimientos, con exactitud y orden, las reglas que de él han recibido; el día y la noche van haciendo su camino, tal como él lo ha determinado, sin que jamás un día irrumpa sobre otro. El sol, la luna y el coro de los astros siguen las órbitas que él les ha señalado en armonía y sin transgresión alguna. La tierra fecunda, sometiéndose a sus decretos, ofrece, según el orden de las estaciones, la subsistencia tanto a los hombres como a los animales y a todos los seres vivientes que la habitan, sin que jamás desobedezca el orden que Dios le ha fijado.

Los abismos profundos e insondables y las regiones más inescrutables obedecen también a sus leyes. La inmensidad del mar, colocada en la concavidad donde Dios la puso, nunca traspasa los límites que le fueron impuestos, sino que en todo se atiene a lo que él le ha mandado. Pues al mar dijo el Señor: Hasta aquí llegarás y no pasarás; aquí se romperá la arrogancia de tus olas. Los océanos, que el hombre no puede penetrar, y aquellos otros mundos que están por encima de nosotros obedecen también a las ordenaciones del Señor.

Las diversas estaciones del año, primavera, verano, otoño e invierno, van sucediéndose en orden, una tras otra. El ímpetu de los vientos irrumpe en su propio momento y realiza así su finalidad sin desobedecer nunca; las fuentes, que nunca se olvidan de manar y que Dios creó para el bienestar y la salud de los hombres, hacen brotar siempre de sus pechos el agua necesaria para la vida de los hombres; y aún los más pequeños de los animales, uniéndose en paz y concordia, van reproduciéndose y multiplicando su prole.

Así, en toda la creación, el Dueño y soberano Creador del universo ha querido que reinara la paz y la concordia, pues él desea el bien de todas sus criaturas y se muestra siempre magnánimo y generoso con todos los que recurrimos a su misericordia, por nuestro Señor Jesucristo, a quien sea la gloria y la majestad por los siglos de los siglos. Amén.

 

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De los sermones de san Atanasio, obispo de la Iglesia Católica [años 295-373], contra los arrianos - (Sermón 2, 78. 79: PG 26, 311. 314)

 

Las obras de la creación, reflejo de la Sabiduría eterna

 

En nosotros y en todos los seres hay una imagen creada de la Sabiduría eterna. Por ello, no sin razón, el que es la verdadera Sabiduría de quien todo procede, contemplando en las criaturas como una imagen de su propio ser, exclama: El Señor me estableció al comienzo de sus obras. En efecto, el Señor considera toda la sabiduría que hay y se manifiesta en nosotros como algo que pertenece a su propio ser.

Pero esto no porque el Creador de todas las cosas sea él mismo creado, sino porque él contempla en sus criaturas como una imagen creada de su propio ser. Ésta es la razón por la que afirmó también el Señor: El que os recibe a vosotros me recibe a mí, pues, aunque él no forma parte de la creación, sin embargo, en las obras de sus rnanos hay como una impronta y una imagen de su mismo ser, y por ello, como si se tratara de sí mismo, afirma: El Señor me estableció al principio de sus tareas, al comienzo de sus obras.

Por esta razón precisamente, la impronta de la sabiduría divina ha quedado impresa en las obras de la creación para que el mundo, reconociendo en esta sabiduría al Verbo, su Creador, llegue por él al conocimiento del Padre. Es esto lo que enseña el apóstol san Pablo: Lo que puede conocerse de Dios lo tienen a la vista: Dios mismo se lo ha puesto delante. Desde la creación del mundo, sus perfecciones invisibles son visibles para la mente que penetra en sus obras. Por esto, el Verbo, en cuanto tal, de ninguna manera es criatura, sino el arquetipo de aquella sabiduría de la cual se afirma que existe y que está realmente en nosotros.

Los que no quieren admitir lo que decimos deben responder a esta pregunta: ¿existe o no alguna clase de sabiduría en las criaturas? Si nos dicen que no existe, ¿por qué arguye san Pablo diciendo que, en la sabiduría de Dios, el mundo no lo conoció por el camino de la sabiduría? Y, si no existe ninguna sabiduría en las criaturas, ¿cómo es que la Escritura alude a tan gran número de sabios? Pues en ella se afirma: El sabio es cauto y se aparta del mal y con sabiduría se construye una casa.

Y dice también el Eclesiastés: La sabiduría serena el rostro del hombre; y el mismo autor increpa a los temerarios con estas palabras: No preguntes: «,,Por qué los, tiempos pasados eran mejores que los de ahora?» Eso no lo pregunta un sabio.

Que exista la sabiduría en las cosas creadas queda patente también por las palabras del hijo de Sira: La derramó sobre todas sus obras, la repartió entre los vivientes, según su generosidad se la regaló a los que lo temen; pero esta efusión de sabiduría no se refiere, en manera alguna, al que es la misma Sabiduría por naturaleza, el cual existe en sí mismo y es el Unigénito, sino más bien a aquella sabiduría que aparece como su reflejo en las obras de la creación. ¿Por qué, pues, vamos a pensar que es imposible que la misma Sabiduría creadora, cuyos reflejos constituyen la sabiduría y la ciencia derramadas en, la creación, diga de sí misma: El Señor me estableció al comienzo de sus obras? No hay que decir, sin embargo, que la sabiduría que hay en el mundo sea creadora; ella, por el contrario, ha sido creada, según aquello del salmo: El cielo proclama la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos.

 

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¿Dedico algunos minutos a contemplar lo bello en la naturaleza?. ¿La reconozco como obra amorosa del Creador?. ¿Yo mismo me reconozco como obra del corazón y de las manos de Dios?. ¿Le doy gracias a Dios?. ¿Cuántas veces elevo mi corazón a Dios con jaculatorias de loas y gratitud?

 

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Gracias por visitarnos


VERITAS OMNIA VINCIT

LAUS TIBI CHRISTI.

 

Debido a la existencia de páginas excelentes sobre apologética y formación,  lo que se pretende desde aquí es contribuir muy modestamente y sumarse a los que ya se interesan por el Evangelio de Cristo de manera mucho más eficaz.

 

En caso de hallar un documento en desacuerdo con las enseñanzas de la Iglesia Católica, notifíquenos por E-Mail, suministrándonos categoría y URL, para eliminarlo. Queremos proveer sólo documentos fieles al Magisterio".

 

Recomendamos vivamente:

1º Jesús de Nazaret – Al siglo Joseph Cardenal Ratzinger ‘Benedicto XVI’. 2007

2º ‘CÓMO LA IGLESIA CONSTRUYÓ LA CIVILIZACIÓN OCCIDENTAL’. Ninguna institución ha hecho más para dar forma a la civilización occidental que la Iglesia Católica, y en modos que muchos de nosotros hemos olvidado o nunca sabido. Como la Iglesia construyó la civilización occidental es una lectura esencial para redescubrir esta relegada verdad. De un modo senillo y muy atractivo. 2007.

Autor: Thomas E. WOODS Jr.-Editorial: CIUDADELA. 

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Recomendamos: ‘Desafíos cristianos de nuestro tiempo’, editado por Rialp. El autor, sacerdote, repasa algunos de los problemas más habituales a los que se enfrentan los cristianos hoy. Toca, por ejemplo, la cuestión del evolucionismo y el creacionismo para explicar de qué manera son complementarios, apoyándose en el magisterio de los distintos Papas. Otro tema de actualidad que no soslaya es la presencia del mal en el mundo. Y tampoco evita el cómo enfrentarse al dolor y a la muerte.  En opinión del autor, «la crisis del amor constituye el mar de fondo de las tormentas que agitan las aguas del Primer Mundo», y corresponde a los cristianos retomar el mandamiento nuevo del Señor. El laicismo intransigente en que vivimos anima a tomar ejemplo de los mártires y a hacernos presentes en la vida pública. 2007


“El aborto no es un derecho, es un negocio” ‘la legislación abortista la introdujo Hitler para las razas que consideraba inferiores’ y la solidaridad característica de la militancia obrera de izquierdas, pide luchar para evitar que el seno de una madre no sea para su hijo: el lugar más peligroso de la tierra.

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).