Tuesday 23 May 2017 | Actualizada : 2017-03-29
 
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«La escritura de la historia se ve obstaculizada a veces por presiones ideológicas, políticas o económicas; en consecuencia, la verdad se ofusca y la misma historia termina por encontrarse prisionera de los poderosos. El estudio científico genuino es nuestra mejor defensa contra las presiones de ese tipo y contra las distorsiones que pueden engendrar» (1999).  S.S. JUAN PABLO II – MAGNO

 

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¿Sabía Usted esto? – Año 1480: Los Reyes Católicos promulgan la primera ley reguladora del libro impreso. Por ella queda libre del pago de todo tipo de tributos la introducción en España de libros extranjeros.

 

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Análisis histórico - Con frecuencia en los análisis históricos se peca de falta de objetividad por juzgar con valores actuales los sucesos del pasado. Esto no significa relativizar el juicio valórico de los sucesos, sino extirpar ciertos moralismos actuales que no son reales, que suponen una "moral" moderna y postmoderna que juzga enloquecidamente las cosas. Desde una perspectiva objetiva tenemos que condenar sin reserva los errores ocurridos en l período analizado, pero sin rasgar vestiduras por la "monstruosa" noticia del descubrimiento y civilización europea en América, maldiciendo la hora en que se produjo al estilo del cuestionado activista verde Jacques Cousteau quien declaró en 1992 que la llegada de la Colón a América "fue un desastre peor que la lluvia de meteoritos que acabó con los dinosaurios en la prehistoria"

Aquí la premisa tribalista de "cada uno en su tierra sin invadir otra" queda desvanecida por el absurdo ante el dinamismo y realidad de la historia. Toda civilización es el fruto de una mezcla frecuentemente nada pacífica. La misma epopeya del Pueblo de Dios suponía conquistar una tierra prometida ocupada por tribus locales. Los mismos europeos provienen de invasiones y nuevas invasiones que mezclaron sus sangres e hicieron nacer las distintas culturas que dan alma al Viejo Mundo.

 

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la Inquisición no impidió el espléndido florecimiento cultural de España en el Siglo de oro (ni la abolición de la Inquisición, a principios del siglo XIX determinó nada parecido a un florecimiento intelectual). Pero no solo no lo impidió sino que contribuyó a él. Muchos altos inquisidores se dedicaron a algo más que a perseguir herejes, también promovieron bibliotecas, escuelas, estudios y practicaron el mecenazgo, faceta que no suelen citarse. El Greco y Zurbarán, entre otros, recibieron encargos o fueron protegidos por los dominicos, el oficial valenciano de la Inquisición, Vicente del Olmo, escribió algunos de los infrecuentes libros de geometría en España, Jerónimo Zurita, el célebre historiador aragonés, fue secretario inquisitorial, el padre Mariana, primer historiador español de entonces, fue consejero de la institución. Al revés que en otros lugares, no fueron prohibidos en España pensadores como Giordano Bruno, incluso Hobbes, a quien el Parlamento inglés impidió continuar su obra, por considerarlo ateo.

También se ha querido ver en la Inquisición un precedente del totalitarismo, pero eso es muy difícil de sostener. Tal interpretación aparece, por ejemplo, en el relato "El gran Inquisidor", de Dostoiefski, profético (como su Demonios) pero que confunde al protagonista, a quien describe con un discurso demasiado próximo al de un utópico de los siglos XIX y XX; también la negación de la libertad o libre albedrío, que le achaca, lo asimila más bien al protestantismo.

«La romanización Jurídica de España» rememora el pasado romano de la ciudad con el «Bronce II» de Borrotia, símbolo de la primera querella documentada en la Península Ibérica en al año 87 antes de Cristo.

 

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La España desconocida. Las ciudades españolas en África.

Existe un desconocimiento peligroso de la presencia española en África. Desde el año 42, el norte del vecino continente formó parte del Imperio Romano, y desde el año 285, la parte tingitana dependía de la diócesis Hispaniarum. Después vendrán los vándalos, quienes dieron el nombre a Andalucía, y finalmente los musulmanes, que se enseñorearon de ambas partes del estrecho. Sin embargo, siete siglos después, la decadencia islámica se materializó en un puzzle de estados que fueron sucumbiendo bajo el empuje cristiano.

 

En 1415 Juan I de Portugal recuperaba la antigua ciudad fenicia de Ceuta. Por parte española, tras la unión de las coronas castellana y aragonesa, se liberaba en 1492 Granada, poniendo fin al poder islámico en la península. No obstante, desde los reinos norteafricanos, que dieron refugio a los musulmanes expulsos, la piratería berberisca obligó a la España renacida a seguir una política de aseguramiento de fronteras en el continente vecino. Pedro de Estupiñán iniciaba aquella política con la toma de Melilla en 1497. Será después, el cardenal Cisneros quien la prosiga bajo su regencia, y la de Fernando el Católico, con la ocupación de las plazas piratas de Mazalquivir (1505), Peñón de Vélez de la Gomera (1508), Orán (1509), Bugía (1510) y Trípoli (1510). Quien tomó parte en casi todas aquellas conquistas, fue Pedro Navarro, conde de Oliveto, natural de Navarra, al servicio de España, antes incluso de que el viejo reino pirenaico fuese anexionado. Este hidalgo navarro, es uno de los mayores ingenieros militares y artilleros de la historia militar española. Al cual se le atribuye el éxito de la conquista de aquellos nidos fortificados de piratas.

 

Los acontecimientos posteriores impidieron proseguir el avance africano. Pero las correrías de los piratas berberiscos provocaron la toma del Peñón de Alhucemas en 1673. Para entonces es el nacimiento del reino de Marruecos, cuando en 1660 los alauies, actuales gobernantes marroquíes, unificaron varios de los reinos norteafricanos formando el sultanato marroquí, que ocupaba menos de la mitad del actual reino, sin el Sahara occidental. De aquellos territorios, permanecieron para España, hasta hoy, las ciudades de Ceuta y Melilla, y los dos peñones. La ciudad de Ceuta, pasó a la monarquía española en 1580, como el resto del reino luso, pero cuando se independizó de España en 1640, Ceuta se mantuvo española hasta hoy. A estos territorios metropolitanos se añadirían por razones de seguridad contra la piratería, las islas Chafarinas en 1848 y la de Alborán en 1860.

 

Será a inicios del siglo XX, cuando las grandes potencias europeas se repartan el continente africano, cuando el sultanato de Marruecos quedó bajo protección francesa, excepto el norte rebelde a su dominio, que fue entregado a España. Estos territorios coloniales fueron devueltos en 1956 a Marruecos cuando recobró su independencia de Francia. No así las ciudades de Ceuta y melilla, ni los peñones, ya que nunca formaron parte de Marruecos, siendo españoles siglos antes de la constitución del primer estado marroquí en 1660.

La población de las actuales ciudades autonómicas es española, siendo la religión católica la mayoritaria, siendo su minoría bereber de reciente incorporación. La población de ambas ciudades norteafricanas ronda en torno a las 140.000 personas. En cuanto a los peñones, la población civil era de 300 en cada islote. Sin embargo, las dificultades obligaron a su población a instalarse en Ceuta y Melilla, siendo sus habitantes, personal militar exclusivamente.

 

En la actualidad, el reino de Marruecos mantiene una política de reivindicación de los territorios españoles para poder canalizar contra nuestro país el profundo malestar existente en la sociedad. La fuerte corrupción, el desempleo masivo en la juventud, la ausencia de libertades y un creciente islamismo, son motivos suficientes para que las autoridades marroquíes mantengan viva una reivindicación nacionalista que carece de argumentación histórica. Por el contrario, los saharauis del sur y los rifeños del norte, carecen de las libertades más elementales para poder ejercer el derecho a vivir en la plenitud de su identidad.

José Luis Orella - 2008-07-29 – ‘ABC’. Esp.

 

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Un pueblo cristiano - Para la evangelización de las Indias, Dios formó en la España del XVI un pueblo fuerte y unido, que mostraba una rara densidad homogénea de cristianismo. Y es que, como escribe Mario Hernández Sánchez-Barba, «en la historia del Cristianismo hay épocas en las que el creyente es cristiano con naturalidad y evidencia... Esta es la situación clave para la mayoría de los hombres de la sociedad cristiana latina occidental, durante la Edad Media y siglos después. El individuo crece en un ambiente cristiano unitario y en él inmerge totalmente su personalidad... Este es el concepto eclesial vigente en la época del Descubrimiento (1480-1520) y de la Conquista (1518-1555)» (AV, Evangelización 675).

Si la España del XVI floreció en tantos santos, éstos no eran sino los hijos más excelentes de un pueblo profundamente cristiano. Alturas como la del Everest no se dan sino en las cordilleras más altas y poderosas.

 

 

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La primera institución hospitalaria psiquiátrica propiamente dicha fue creada en Valencia (España) en 1409 por el padre mercedario Fray Juan Gilabert Joffré quien desterró el tratamiento de tortura e impulsó la terapia ocupacional.

Una excepcional obra visionaria de la Iglesia Católica.-

 

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No hay poder político más inquebrantable que el que se asienta sobre la ignorancia ciudadana. …y la burla de la inteligencia.

 

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La Casa de Medina-Sidonia está considerada la más importante de España por ser el primer ducado hereditario que se concedió, en el año 1445. La residencia principal de este ducado, que conserva un importante archivo, está situada en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz).

 

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Salaheddine Mezouar, ha defendido que "Ceuta y Melilla son marroquíes". "Es claro que para Marruecos Ceuta y Melilla son marroquíes" y "no hay que volver a la historia y la geografía" para constatarlo, afirmó el titular de Economía 2008.VII, insistiendo en que "la evidencia es la evidencia". La única evidencia histórica de la cuestión es que tanto Ceuta como Melilla ya eran provincias españolas mucho antes de que existiera Marruecos como país.

 

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Algunas precisiones sobre la bandera nacional española:

Carlos III ordenó (mediados del siglo XVIII) que en todos los navíos de la Armada ondease una bandera que –por su colorido– pudiese distinguirse de los buques de otras naciones. Y eligió los colores rojo y amarillo de la bandera cuatribarrada de la Corona de Aragón (Carlos III vino a reinar a España desde Nápoles, donde reinaba). La bandera española (roja, amarilla y roja, la franja amarilla dos veces la roja) no fue adoptada por el Ejército sino hasta mediados del siglo XIX (¿1843?). Los regimientos de nuestro Ejército utilizaban hasta entonces banderas con distintos colores y en la bandera, como divisa, generalmente las aspas de Borgoña (dos troncos sin desbastar formando la cruz de San Andrés) en recuerdo de Flandes.

Si va usted al Museo de los Inválidos, en París, donde se guardan los trofeos capturados por el ejército napoleónico, verá que no hay banderas españolas (aunque sí las hay británicas, austriacas y prusianas). Y no es porque los franceses no derrotasen a los españoles varias veces en nuestra Guerra de la Independencia (Somosierra, Épila, Espinosa de los Monteros, etc.), sino porque no había entonces banderas españolas que capturar.

 

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"No se oye a ningún musulmán que pida perdón por conquistar España y estar allí ocho siglos". En el Islam no hay una figura que se pueda asimilar a la del sucesor de Pedro, pero no se conoce en ninguno de los más sobresalientes teólogos islamistas ningún pensamiento que se pueda parecer al examen de conciencia, la petición del perdón por los errores propios y el propósito de enmienda. 2006-09-24

 

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Ceuta y Melilla – 1415- Ceuta y Melilla son dos ciudades construidas, habitadas y regidas por España desde hace varios siglos. La primera pasó de iure a nuestra soberanía en 1668 de manos portuguesas, que la habían conquistado en 1415. La segunda fue ocupada en 1497 por tropas españolas. La zona había estado bajo influencia islámica desde la invasión de árabes y bereberes ocurrida el año 711.

1476: Sta. Cruz de Mar Pequeña - Diego García de Herrera, que había recibido unos derechos de posesión de Canarias y que había conquistado Gomera, parajes que transmitió a los Reyes Católicos, fue de Lanzarote a la costa africana, construyendo un torre fuerte que bautizaría como Santa Cruz de Mar Pequeña. Más de tres siglos despuésen 1860, el Sultán, que había perdido la plaza de Tetuán, hubo de aceptar la reclamación española de aquel fuerte.Reunión.

 

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La bandera de Ceuta no es la de Portugal. Es la de Lisboa. El escudo de Ceuta sí es el de Portugal. Los españoles han respetado muy bien la Historia y guardan, en los símbolos de Ceuta, la previa presencia portuguesa.

 

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CEUTA – ESPAÑA - ESTA CIUDAD SE INCORPORÓ A LA CORONA PORTUGUESA  EN 1415 Y QUE ÉSTA SE UNIÓ A LA CASTELLANA EN 1580. DURANTE LA MAYOR PARTE DE LOS SIGLOS XV Y XVI, NI LOS SULTANES BANU WATTAS NI LOS BANU DA´ÁD DE FEZ, EJERCIERON SOBERANÍA SOBRE LAS REGIONES MONTAÑOSAS DEL NORTE. MÁS AÚN, LA MAKHZEN A MEDIADOS DEL SIGLO XVI CONSIDERA PAÍS NO SOMETIDO TODA LA COMARCA DE TETUÁN. A MAYOR ABUNDAMIENTO, LA PRESENCIA IBÉRICA EN CEUTA Y MELILLA, FUE LA MÁS EFICAZ DEFENSA DE LA PRECARIA SITUACIÓN DEL SULTANATO DE FEZ, FRENTE AL IMPERIO OTOMANO, QUE OCUPABA HASTA EL VECINO REINO DE TLEMCEN.-

 

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LA ISLA PEREJIL – 1415 - La Isla del Perejil está situada entre las puntas de Almanza y Leona. Mide más de mil seiscientos metros y está separada del continente por un canal que no llega a un kilómetro. De forma triangular, en ella crecen bastantes arbustos a pesar de ser pedregosa.

Está deshabitada actualmente aunque es visitada por deportistas submarinistas. Puede cobijar pequeños barcos, por lo que a lo largo del tiempo ha sido utilizada por pescadores y contrabandistas.
Sus últimos ocupantes fue en concreto un destacamento español de la Compañía de Mar que se retiró comenzado los años 60.
Entre 1415 y 1581 fue portuguesa pero pasó a España igual que Ceuta, ya que siempre ha sido parte integrante de ésta, tras la separación de Portugal. La posesión fue confirmada en el Tratado Hispanoportugués de 1668. Históricamente ha sido apetecida por distintos países, sobre todo Gran Bretaña, por su posición estratégica.

 

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Francisco Ximénez de Cisneros - (Se puede escribir JIMÉNEZ)

Hacia el año 1504 fundó la Universidad de Alcalá

 

Franciscano, cardenal, y Primado de España, nacido en Torrelaguna en Nueva Castilla, en 1436; murió en Roa, cerca de Valladolid, en 1517. Se educó en Alcalá y Salamanca, y después de graduarse en derecho canónico y civil, fue a Roma en 1459 donde ejerció algunos años como abogado consistorial. Habiendo atraído la atención de Sixto V, este Papa le prometió la primera vacante en su provincia natal. Esta resultó ser en Uceda, donde Carillo, Arzobispo de Toledo, deseaba asignar a uno de sus seguidores. Ximénez reclamó su derecho sobre ella, y por hacerlo así fue encarcelado por el arzobispo, primero en Uceda y después en la fortaleza de Santorcaz. Fue liberado en 1480, después de seis años de confinamiento, y, transferido a la Diócesis de Sigüenza, pasó a ser gran vicario del Cardenal González, obispo de esa diócesis. En 1484 renunció a ella para hacerse Franciscano de la Congregación Observante en la Hermandad de San Juan en Toledo. Desde entonces, hasta su profesión, fue enviado a Salceda, donde posteriormente fue elegido guardián.

En 1492, por recomendación del Cardenal Mendoza, Arzobispo de Toledo, fue nombrado confesor de la Reina Isabel, cargo que aceptó a condición de poder seguir viviendo en el monasterio y seguir la vida religiosa, asistiendo a la Corte únicamente cuando fuera convocado. Por el mismo tiempo fue elegido provincial de su orden en Castilla, cargo en el que permaneció durante tres años. En 1495 fue elegido para suceder a Mendoza como Arzobispo de Toledo, a cuyo cargo se agregó la cancillería de Castilla que le ofrecieron Fernando e Isabel. Ximénez rechazó la dignidad por humildad, y se mantuvo en su negativa durante seis meses, y sólo consintió finalmente aceptar el cargo obedeciendo el pedido expreso del Papa. Como arzobispo continuó viviendo como un simple franciscano, dedicando una gran parte de sus vastos recursos en beneficio de los pobres y a favor de la liberación de los cautivos. Este estilo de vida fue mal interpretado por muchos, y, a consecuencia de informes recibidos por él, el Papa Alejandro VI lo amonestó por descuidar el esplendor externo que correspondía a su rango; pero Ximénez sólo iba a consentir usar la vestidura episcopal dejando ver por debajo su hábito de fraile. Este celo se inscribía en un intento de reforma de los franciscanos y de los cánones de Toledo. Obligaba a sus hermanos religiosos a observar la regla que prohibía la posesión de propiedades, y como resultado muchos frailes se alejaron de España. Como canciller estaba obligado a tener una preponderante participación en los asuntos de Estado, donde su prudencia y sabiduría fueron de gran valor para su país.

Ganó prestigio también como patrocinador de la enseñanza, y hacia el año 1504 fundó la Universidad de Alcalá, para cuyas cátedras profesionales procuró algunos de los más distinguidos académicos de París, Bolonia, y Salamanca. Era tan alta la estima en que se tenía a esta nueva universidad que todas las órdenes religiosas de España, excepto los benedictinos y los jerónimos, establecieron casas en Alcalá vinculadas a ella. El rey Fernando visitó la universidad en 1514, y dio una eminente aprobación a lo realizado por Ximénez. En 1502 el arzobispo comenzó a trabajar en la publicación de la primera Biblia Políglota, llamada Complutense, por ser Complutum el nombre latino de Alcalá. Esta Biblia tuvo una gran influencia en los estudios bíblicos posteriores; fue dedicada a León X, y su compilación le llevó a Ximénez quince años; se terminó en 1517, sólo cuatro meses antes de su muerte, a un costo personal en torno a las £25.000 ($125.000). La restauración del antiguo Rito Mozárabe en Toledo fue otro de sus proyectos. Para su celebración agregó, en el año 1500, una capilla especial a su catedral y estableció un colegio de sacerdotes para su servicio. Posteriormente surgieron instituciones similares en Valladolid y Salamanca; en Toledo continúa en uso hasta nuestros días.

En el año 1499 Ximénez acompañó a Fernando e Isabel en su visita a la recién conquistada provincia de Granada, y sus labores allí en pro de la conversión de los Moros tuvieron un considerable éxito. A la muerte de Isabel (1504) tuvo que actuar nuevamente en política en relación con la disputada sucesión al trono de Castilla. Felipe de Borgoña murió en 1506, y, estando Fernando ausente en Italia, Ximénez fue designado virrey del reino y tutor de Juana, viuda de Felipe, que había perdido la razón. Al año siguiente Fernando pasó a ser regente de Castilla, y uno de sus primeros actos fue obtener del Papa Julio II el capelo cardenalicio para Ximénez, quien simultáneamente fue nombrado Gran Inquisidor de Castilla y León. Erróneamente se le ha adjudicado la instauración de la Inquisición en España, pero ya estaba totalmente establecida diez años antes de su entrada en la Corte. Como gran inquisidor inició varias reformas en su funcionamiento y constantemente se preocupó de reducir el número de casos reservado a este tribunal. Observaba cuidadosamente la actuación de los diversos funcionarios de la Inquisición, para que no abusaran de su poder con violencias u opresiones indebidas, y organizó y circunscribió los límites de su jurisdicción. Salvaguardó a los académicos y a los profesores del examen y de la supervisión de los inquisidores, y emitió beneficiosas reglas relativas a la instrucción y a la dirección de los nuevos conversos, para protegerlos contra la superstición y la blasfemia. La revisión de algunos de los diversos casos investigados y sentenciados por Ximénez ponen de manifiesto el cuidado y la diligencia con que cumplía los deberes de un cargo que ha sido tan calumniado y mal interpretado. Era ciertamente severo, pero siempre franco y justo en el ejercicio de su autoridad como gran inquisidor.

En 1509, ante su insistente pedido, Fernando equipó una expedición contra los Moros, y, añadiendo dos cañones de su catedral, Ximénez en persona encabezó el ejército. Inspirados en su ejemplo y exhortaciones, las fuerzas españolas tomaron por asalto la ciudad de Orán. En su incansable celo por la propagación de la Fe, Ximénez se preocupó de hacer que su victoria fuera religiosa; cantidad de cristianos cautivos fueron liberados, y varias mezquitas se convirtieron en iglesias cristianas. Al volver a España el cardenal fue recibido como un héroe conquistador tanto en Alcalá como en Toledo. Por esta época ocurrió una seria ruptura de relaciones entre Francia y la Santa Sede, debido al creciente poder de Luis XII, que Julio II temía que pudiera poner en peligro la autoridad de la Iglesia. Para contrarrestarla, el Papa tomó parte a favor de la República de Venecia en contra de Francia, a pesar de que poco tiempo antes los venecianos habían tomado posesión de una parte de los Estados Papales, que le fue restituida a la Iglesia con la ayuda de Luis. Por esta ingratitud de parte de Julio, Luis juró venganza y, en lo posible, la caída del Papa. Atacó a las espiritualidades de la Iglesia en relación con los beneficios, y el ejército francés tomó posesión de Bolonia, que pertenecía al Papa. Al mismo tiempo Luis y el Emperador Maximiliano, con el apoyo de siete cardenales, principalmente franceses, se encargaron de organizar un concilio en Pisa, convocando la asistencia de Julio. Lo acusaban de haber perturbado la paz de Europa, de haber llegado al papado por medios corruptos, y de no haber mantenido su promesa de convocar un concilio general de la Iglesia. Julio decidió librar a Italia de los franceses y llamó a Fernando en su ayuda contra Luis. Por consejo de Ximénez, Fernando resolvió suspender las operaciones en Africa y enviar sus fuerzas para ayudar al Papa, y a fines de 1512 los franceses habían sido expulsados de Italia. El Sínodo cismático de Pisa fue inaugurado el 1º de noviembre de 1511, con la presencia de siete cardenales y unos veinte obispos. El clero de Pisa se negó a involucrarse, puesto que Julio los había amenazado con la excomunión si lo hacían. Los prelados reunidos tomaron miedo y se trasladaron a Milán, para estar bajo la protección de Francia. Allí declararon depuesto al Papa. Entretanto, Julio, cuya mala salud lo había demorado, convocó el Quinto Concilio General Lateranense para la Pascua de 1512, declarando al mismo tiempo inválido el Sínodo de Pisa y Milán. Ximénez apoyó al Papa durante todo este asunto, y su actitud sin duda contribuyó mucho a preservar la unidad de la Iglesia en España. También trabajó activamente para obtener la publicación de la Bula de convocatoria del concilio.

Fernando murió en 1516, habiendo designado a Ximénez como regente hasta el arribo de Carlos V desde Flandes. Adrián, Deán de Lovaina, también reclamó el nombramiento sobre la autoridad de un documento previamente firmado por Carlos. Los juristas que fueron consultados decidieron a favor de Ximénez, quien magnánimamente propuso que él y Adrián actuaran juntos hasta recibir instrucciones adicionales de Carlos. Sospechando que el cardenal sería mejor aceptado por el pueblo español que un extranjero como Adrián, Carlos confirmó a Ximénez en la regencia, mientras a Adrián le dieron el Obispado de Tortona y el puesto de Gran Inquisidor de Aragón. El importante cargo de regente le brindó una amplia perspectiva a la capacidad administrativa del cardenal y a su solicitud por la paz y la seguridad del reino. Los celos y las intrigas entre los grandes, en detrimento del orden del Estado, lo hicieron trasladar la sede del gobierno de Guadalupe a Madrid, por su ubicación central, y esta elección de capital fue confirmada por los siguientes soberanos. Actuando como regente mejoró mucho la condición del ejército y de la marina, y forzó a varias ciudades y personas rebeldes a reconocer su autoridad como representante de Carlos. Inició un nuevo sistema de impuestos, y realizó varias otras reformas internas. Su diplomacia actuó exitosamente para evitar una pactada alianza entre Francia y Portugal que habría perjudicado a Castilla, y cuando Jean d´Albret, el exiliado rey de Navarra, intentó recuperar su perdido reino, Ximénez juntó fuerzas con Francisco I de Francia y lo venció. Tanto como regente durante la ausencia de Carlos y anteriormente como tutor de Juana, su sabiduría y rectitud así como su fortaleza de carácter ayudaron mucho a mantener la integridad del trono español. Participó preponderantemente en los esfuerzos realizados para el beneficio espiritual de las posesiones españolas en América, y organizó una hueste de misioneros para la evangelización del Nuevo Mundo. Colón se había demostrado inepto para gobernar el territorio recientemente adquirido, al tratar como esclavos a los indios conquistados, y su método de acción mereció la más severa condena de parte de Ximénez. En el período de su regencia, llegó a España mayor información acerca de la esclavitud, y tomó fuertes medidas para reprimirla. Elaboró un código de instrucciones para el bienestar de los nativos y utilizó todos sus esfuerzos para protegerlos de la opresión y convertirlos a la fe cristiana.

La salud quebrantada y la edad avanzada lo obligaron a retirarse de la vida pública, y se dice que su fin lo aceleró la ingratitud de Carlos V ante los muchos servicios que le prestó a España. Tenía ochenta y un años cuando murió, y fue enterrado con grandes honores en Alcalá. Se hicieron varios esfuerzos para su canonización, pero sin éxito, aunque ha sido honrado como santo en mucho lugares de España. La mayor parte de su fortuna la dejó a su querida Universidad de Alcalá. Su carácter, que fue muy mal interpretado, fue notable por su gran versatilidad. Era tanto soldado como sacerdote, como lo demuestra su actuación en la conquista de Orán. Fue estrictamente consciente en su vida pública, sin temor de las consecuencias que pudiera acarrearle la realización de lo que pensaba era su deber, mientras en lo privado llevaba sus austeridades y mortificaciones al extremo de poner en riesgo su salud. Moralmente estaba por encima de todo reproche, y cumplía con exactitud las observancias de su estado religioso.

(Ver también ALCALÁ, UNIVERSIDAD DE; BIBLIAS POLÍGLOTAS.)

Las primeras biografías de Ximénez, en las cuales casi todas las demás se han basado, son las de GOMEZ (Alcalá, 1569), ROBLES (Toledo, 1604), y QUINTANILLA (Palermo, 1633). De las posteriores, merecen mencionarse: FLECHIER, Hist. du Cardinal Ximénez (Paris, 1700); BARRETT, Life of Cardinal Ximénez (London, 1813); HEFELE, Der Cardinal Ximénez (Tubingen, 1844), tr. DALTON (London, 1885). Puede encontrarse información adicional en: WADDING, Annales minorum, XV (Rome, 1736); IDEM, Script. ord. min. (Rome, 1806); JAMES, Lives of Eminent Foreign Statesmen, I (London, 1832); ROBERTSON, Life of Charles V (London, 1856); PRESCOTT, History of the Reign of Ferdinand and Isabella (London, 1849), pero en la lectura de las dos últimas, hay que descontar los prejuicios protestantes.

CYPRIAN ALSTON
Transcrito por Michael T. Barrett
Dedicado a Matthew Bettger
Traducido por Amparo Cabal

 

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ESPAÑA - 1469, EL 19 DE OCTUBREMATRIMONIO EN VALLADOLID DE ISABEL I DE CASTILLA Y FERNANDO V DE ARAGÓN, FUTUROS REYES CATÓLICOS.-

 

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ESPAÑA 18 AGOSTO DE 1480 - CANARIAS - DESEMBARCA EN LA ISLA DE GRAN CANARIA LA EXPEDICIÓN ORGANIZADA POR LOS REYES CATÓLICOS PARA LA CONQUISTA DEL ARCHIPIÉLAGO CANARIO

 

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Ælio Antonio de Nebrija

Salamanca universidad – 1479/80

 

A mediados del siglo XV la situación del reino de Castilla era caótica, lo que tuvo su reflejo en la Universidad de Salamanca, que llegó a contar con tres rectores a un tiempo. En el curso 1479-1480, un bedel se burlaba así de una orden recibida: "... que a ellos les den un Rector en derecho para obedecer...". En 1480 los Reyes Católicos pusieron fin a esta situación ordenando que el arcediano de Toledo, don Tello de Buendía, visitara el Estudio. A partir de su actuación se inició la recuperación y la Universidad se incorporó a las corrientes renacentistas procedentes de Italia.

El humanista Antonio de Nebrija fue el máximo representante de estas corrientes en Salamanca. Preguntado por Isabel la Católica sobre el sentido que tenía componer una gramática castellana, Nebrija destacó la importancia política de la lengua, y añadió: "... que siempre fue la lengua compañera del Imperio...". Si bien la palabra "imperio" presenta hoy evidentes connotaciones negativas, también es hoy evidente la fuerza de una lengua como seña de identidad comunitaria.

 

 

 

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6 de Febrero de 1482 - SEVILLA - Se desarrolla el primer auto de fe de la Inquisición española en Sevilla.

 

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ESPAÑA 1483 – UNIVERSIDAD DE MALLORCA - EL 30 DE AGOSTO DE 1483 LOS REYES CATÓLICOS RECONOCEN Y AMPLÍAN LA UNIVERSIDAD DE MALLORCA.

 

 

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Francisco de Vitoria (1485-1546)-   Francisco de Vitoria, junto con Domingo de Soto, encabeza la renombrada Escuela de Salamanca, que teoriza sobre materia económica desde un punto de vista moral.

El descubrimiento de América acarreó una serie de problemas que, frente a las riquezas y poder que supuso, hubiera sido quizá más cómodo no plantear. Sin embargo, la Universidad de Salamanca supo tomar partido por la justicia en lo referente a las cuestiones morales que suscitaban los abusos de los conquistadores. Así, Francisco de Vitoria , al tener conocimiento en 1536 de las violencias cometidas durante la conquista de Perú, escribe su relección De indis, en la que declara que los indios no son seres inferiores a los que es legítimo esclavizar y explotar sino seres libres, con iguales derechos que los españoles y dueños de sus tierras y bienes. De este modo se inició el derecho de gentes.  La primera reacción del poder, encarnado por Carlos V, es, según la leyenda, un grito airado: "¡Que callen esos frailes!". Sin embargo, la tesis de Vitoria acaba venciendo en la Corte, y en 1542 se promulgaron las Leyes Nuevas que ponen al indio bajo la protección de la Corona.

 

Estas fueron sus palabras: «‘Si los bienes se poseyeran en común serían los hombres malvados e incluso los avaros y ladrones quienes más se beneficiarían. Sacarían más y pondrían menos en el granero de la comunidad».  Francisco de Vitoria 1485 – 1546

  

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Francisco de Vitoria - sacerdote - Teólogo y jurista español del s. XVI. 1. Vida y obras. N. en Burgos, de padre alavés y madre leonesa, en 1483 o en 1492. Ingresó en 1504 en el convento dominico burgalés. En 1509 fue a estudiar Humanidades y Teología a la Univ. de París, doctorándose en 1523, año en el que regresó a España para explicar la Summa aquiniana en el Colegio de S. Gregorio de Valladolid. En 7 sept. 1526 ganó, por oposición, la cátedra de Prima Teología de la Univ. de. Salamanca, enseñando también en la escuela de misioneros que era su convento de S. Esteban. En 1544 un ataque de gota le dejó medio paralítico, y por ello se excusó de asistir al Conc. de Trento. M. el 12 ag. 1546, en su celda salmantina. Con su extraordinaria doctrina y sus nuevos métodos pedagógicos, formó una pléyade de discípulos. No sólo renovó los estudios teológicos, con una orientación humanística, sino los del Derecho Público, siendo el creador de la ciencia del Derecho Internacional y fundador de la Escuela española del XVI. Durante la vida de V. no se imprimió ninguna de sus obras, dejó no obstante numerosos manuscritos y apuntes de clase que luego han sido publicados. Pueden distribuirse en dos grupos: explicación de la obra de s. Tomás de Aquino y relectiones. Las lecciones sobre las obras de S. Tomás fueron dictadas en el siguiente orden: 1526-29, comentario a la 2-2 de la Summa; 1529-31, comentario a la la parte; t533-34, comentario a la 1-2; 1534-37, nuevo comentario a la 2-2; 1537-38, comentario a la 3a parte; 1538-39, comentario al IV Sententiarum: 1539-40, nuevo comentario a la 1 a parte de la Summa. De ellas se conservan varios códices. Los comentarios a la 2-2 de la Summa han sido publicados por Beltrán de Heredia (6 vol., Salamanca-Madrid 1932- 36); el comentario a las cuestiones De sacra doctrina, lo ha publicado C. Pozo en «Archivo Teológico Granadino» 20 (1957) 307-426.

Las relectiones son una especie de lecciones que resumían toda la materia del año académico o trataban algún tema de actualidad en el momento concreto. Eran desarrolladas ante todo el alumnado de la Facultad o incluso de la entera Universidad; de ahí que obligaran a una esmerada preparación, constituyendo tal vez la parte más importante de la obra de V. de entre ellas mencionemos: De potestafe civile (desarrollada en la Navidad de 1528); De matrimonio (epero 1531); De potestate Ecclesiae prior (comienzos de 1532), De potestate Ecclesiae posterior (mayo o junio 1533), De pofestate Papae et Concilii (abril-junio 1534), De Indis prior (junio 1539), De Indis posterior sive de iure belli (junio 1539). Se conservan en total 13 relectiones; han sido objeto de diversas ediciones (Lyon 1557; Salamanca 1565, Ingolstadt 1580, etc.). Modernamente han sido reeditadas por A. Getino (3 vol., Madrid 1933-35) y T. Urdanoz (Madrid 1960).

2. Obra teológica. a) Su empresa renovadora. M. Pelayo afirmó «De Vitoria data la verdadera restauración de los estudios teológicos en España». En la actualidad este aserto ha sido documentalmente comprobado, y se ha puesto en claro la significación de V. en el desarrollo de la Teología. Su temple renovador encontró, durante sus estudios en París, el ambiente que le hizo sentir la urgencia de la restauración de la Teología y le proporcionó los medios para llevarla a cabo. Allí, frente a la escolástica decadente del nominalismo, sus maestros Crockaert y Juan de Fenario iniciaban la restauración tomista, a la que V. se incorporó con entusiasmo. Al mismo tiempo, fue sensible a las aspiraciones del renacimiento humanista, que alcanzaban también a la Teología, trayendo consigo su renovación metodológica. Al regresar a España se enfrentó a una Teología de pocos vuelos, carente de la vida y ajena al humanismo cultural. Ante ella, buscará la revisión del método teológico, la correcta utilización de las fuentes y la preocupación por aquellos temas que interesaban especialmente a los hombres de su época. La argumentación teológica -piensa- debe ensanchar su base positiva estudiando el dato escriturístico, con ayuda de los hallazgos de la ciencia bíblica, e interpretando a la luz de los antiguos Concilios, decretos pontificios y enseñanzas patrísticas. La autoridad tiene, en Teología, la primacía ya que expresa la palabra de Dios; sobre ella, y bajo su guía, se edifica el discurso racional, que tiene una función imprescindible en la elaboración de la ciencia teológica. Con ello se opone a los excesos dialécticos del nominalismo, al abuso del recurso al magister dixit, que ahogaba antes de nacer cualquier progreso de la Teología, y al exclusivismo escriturístico de los reformadores protestantes.

Del interés humanista del Renacimiento, V. asume el empeño de acercarse a las cuestiones humanas, desarrollando la parte práctica de la Teología. Sale al encuentro de los hechos concretos y de las situaciones históricas de la sociedad, para examinarlos desde los principios sapienciales.

Con él se renuevan también los procedimientos de enseñanza: utiliza un lenguaje sobrio y claro, que contrasta con las complicaciones de la escolástica decadente. Contra las costumbres académicas en vigor, implantó el uso de la Suma reológica de S. Tomás como texto base de las explicaciones escolares, sustituyendo al libro de las Sentencias. Este hecho significó una positÍva reforma por las ventajas que la sustitución, puso orden y claridad, rigurosa trabazón sistemática y seguridad doctrinal. También a partir de su enseñanza, y por el interés que suscitó, se hizo común la costumbre de copiar en el aula las explicaciones del profesor. Con ello sus lecciones se perpetuaban y difundían, dando lugar a la formación de una numerosa escuela de discípulos, que hicieron suyas las enseñanzas del maestro. Estos continúan, sobre todo, su espíritu, ya que dan pruebas de una sana independencia de juicio, y en ocasiones retocan posiciones del maestro o formulan explícitamente lo que en él no había pasado de ser una intuición. No menos de 31 discípulos suyos ocuparán´ cátedras en la Universidad de Salamanca, siendo también muy numerosos en los demás centros de la península y en los que surgen en América. Figuras de primera magnitud: Soto, Cano, Vega. Chávez, Ledesma, Báñez, etc., continuaron y desarrollaron la obra renovadora iniciada por Vitoria.

b) Doctrina. Más que referirnos a puntos concretos, lo que no tendría mucho interés, ya que la importancia de V. está n,o tanto en la tesis que sostuvo, cuanto en el movimiento al que dio lugar, preferimos subrayar las constantes fundamentales de su pensamiento. S. Tomás, interpretado por Cayetano, será su inspirador y fuente principal, dentro de una flexibilidad que le permite admitir aportaciones posteriores de Escoto e incluso del nominalismo. Su espíritu abierto le hace a veces correr el riesgo de cierta indecisión y hasta de cierto eclecticismo doctrinal en cuestiones especulativas, a las que dedicó menos atención, ya que imprimió una orientación práctica a su enseñanza, centrándose en los problemas de tipo moral. El contacto con la realidad humana va a ser, en su concepción teológica, una constante que guía la selección de temas y, en ocasiones, condiciona su solución, incluso a costa del rigor lógico en ciertas cuestiones dogmáticas; como las referentes a la atrición, al aumento de la caridad, a la necesidad de la fe, etc., en que será corregido por sus discípulos. La consideración de la dignidad del hombre, en cuanto creado a imagen de Dios, dotado de dominio sobre las cosas y de connatural sociabilidad, gobierna muchas de sus enseñanzas características, en especial la de doctrina jurídica.

En la percepción del orden natural, debidamente discernido del sobrenatural, y con consistencia propia, se cifra el segundo principio inspirador de su teología: evitar la confusión de ambos órdenes y las consecuencias de ello dimanantes, p. ej., en lo referente a la sociedad civil y eclesiástica ya su respectiva autoridad. Al reconocer el valor de lo temporal, se opone a las tendencias teocráticas propias de algunos sectQres de la cristiandad medieval y anticipa y prepara muchos de los planteamientos posteriores.

Digamos, finalmente, qte la figura de V. no quedaría bien perfilada si olvidamos que, en su condición de teólogo de máximo prestigio, ejerció notable inftujo en la vida pública de la Iglesia y de la sociedad de su tiempo. Hubo de dictaminar en importantes consultas: Carlos V requirió varias veces su parecer e iniciativa, intervino en la censura de los escritos de Erasmo; promovió la tarea renovadora de la Iglesia, contribuyendo a la obra del Conc. de Trento, donde la actuación de sus discípulos suplió su personal ausencia, etc.

3. Obra jurídica. a) Su concepción del Derecho Internacional. V. concibió la idea del totus orbis O comunidad universal de todos los pueblos organizados políticamente, fundada en el Derecho natural y basada en el ius societatis et communicationis. Expresó los principios fundamentales del Derecho llamado a regir la comunidad internacional. Fue el primero en definir el moderno Derecho de Gentes: «quod naturalis ratio inter omnes gentes constituit vocatur ius gentium» (lo que la razón natural constituye entre todas las gentes, se llama derecho de gentes) .Cambiando el homines de Gaio por gentes o naciones, abre la vía al Derecho internacional, que no podía ser el que la razón natural estableció entre todos los hombres considerados individualmente, sino agrupados en naciones. El Derecho inter omnes gentes vitoriano es un Derecho universal pero mutable, aunque bastante fijo. Se configura como Derecho positivo, ex communi consensu omnium gentium et nationum; es obligatorio, porque sin él no podría cumplirse debidamente el Derecho natural; su autoridad dimana del «convenio virtual de todo el Orbe» : «El Derecho de gentes no sólo tiene fuerza por el pacto y convenio de los hombres, sino que tiene verdadera fuerza de ley. El Orbe todo, que en cierta manera es una república, tiene poder para dar leyes justas ya todos convenientes, como son las del Derecho de gentes». Esta «autoridad de todo el Orbe» afirmada por V. es la autoridad internacional deseada e intentada en el s. XX, la «autoridad pública universal, reconocida por todos, con poder eficaz para garantizar la seguridad, el cumplimiento de la justicia y el respeto de los derechos» , de que habla el Conc. Vaticano II (Const. Gaudium et spes).

He aquí la gran modernidad del pensamiento jurídico de V ., que no se limitó a concebir un sistema de Estados soberanos sometidos a las normas de un Derecho internacional de coordinación, sino que atisbó la instauración de un orden mundial al que se subordinen las soberanías estatales, y que afirmó un ius inter gentes amparador de los derechos humanos.

b) Su teoría sobre el Derecho de la guerra. En su relección segunda De lndis sive de Jure Belli (1539), y analizando si es lícito para los cristianos el hacer la guerra, mantuvo que su declaración pertenece al Estado, pero sólo cuando tenga justa causa: "La única y sola justa causa para hacer la guerra es la injuria recibida". Ha de ser una iniuria grave y culpable, que sea el único y último medio para reprimirla, con tal que la guerra no signifique un mal mayor para la nación y el universo entero (Relección De potestate civili). En todo caso, el príncipe ha de tener en cuenta tres reglas áureas: 1) No debe buscar ocasión ni pretextos para la guerra, sino que, en cuanto pueda, debe guardar la paz con todos los hombres; 2) Una vez estallada la guerra por alguna justa causa, se debe hacer no para ruina y perdición de la nación a quien se hace, sino para la consecución de su derecho y para defensa de la patria y con el fin de lograr la paz y la seguridad; 3) Obtenida la victoria, debe usar del triunfo con moderación, considerándose como juez entre los ofendidos y los que injuriaron; para satisfacer a los primeros con el menor daño y perjuicio para los segundos.

c) Su doctrina sobre la conquista del Nuevo Mundo. Desde la Junta de Hurgos de 1512 se venía debatiendo en España la licitud de la dominación española en América. Sobre tan magna cuestión habría de pronunciarse V ., sin intervenir directamente en la polémica lascasiana, en sus relecciones De temperantia (1537) y De lndis (1539). En esta última, tras rechazar la usucapión como título justificativo de dominio, afirma que los indios eran verdaderos dueños antes de la llegada de los españoles. Considera también títulos ilegítimos para justificar la soberanía castellana la autoridad universal del emperador, la autoridad temporal del Papa, el descubrimiento, el no recibir los indígenas el Evangelio, los pecados de los indios, la adquisición por enajenación contractual y la ordenación divina. Menciona en cambio siete títulos que justificarían la conquista española: la sociedad y comunicación natural, que comprende el derecho de peregrinación y comercio, la propagación de la religión cristiana, el impedir que los convertidos sean vueltos a la idolatría, dar un príncipe cristiano a los convertidos, evitar la tiranía y las leyes vejatorias, la elección verdadera y voluntaria y la amistad y alianza.

Tal es el esquema, crítico y equilibrado, de la construcción vitoriana. No consideró ilegítima la acción española en América, sino que la depuró, rechazando títulos falsos de dominio, dejando sentado el principio de la libertad e igualdad jurídica de todos los pueblos, y advirtió que aun en el supuesto de que no hubiera habido deficiencias en los títulos que originariamente movieron a la ocupación, los españoles no debían abandonar las Indias: «después que se han convertido allí muchos bárbaros, ni sería conveniente ni lícito al príncipe abandonar por completo la administración de aquellas Provincias» .Esta conclusión fue de gran importancia histórica. Cuando en 1542, ante las alegaciones de Las Casas y otros frailes, que no sólo condenaban ciertos abusos cometidos en el Nuevo Mundo, sino que opinaban que el rey no tenía derecho alguno a conquistar aquellos países y debía restituir el Perú al Inca, la doctrina vitoriana contribuyó a que Carlos V no abandonara la acción indiana. 

 

BIBL. : L. A. GETINO, El Maestro Fr. Francisco de Vitoria. Su vida, su doctrina e influencia, Madrid 1930; V. BELTRÁN DE HE- REDIA, Francisco de Vitoria, Madrid 1939; F. STEGMÜLLER, Fran- cisco de Vitoria y la doctrina de la gracia, Barcelona-España 1934; V. BELTRÁN DE HEREDIA, Orientación humanística de la teología vito- riana, «Ciencia Tomista» 72 (1947), 7-27; V. D. CARRO, Los funda- mentos teológico-jurídicos de la doctrina de Vitoria, ib. 95-122; C. BARCIA TRELLES, Francisco de Vitoria, Fundador del Derecho internacional moderno, Valladolid 1928; J. BROWN Scorr, The Spanish origin of International Law. Francisco de Vitoria and his Law of Nations, Oxford 1934; VARIOS, Anuario de la Asociación Francisco de Vitoria, Madrid 1929 ss. Elencos bibliográficos am- plios en A. NUSSBAUM, Historia del Derecho internacional, Madrid 1949; 393-396, L. GARCÍA ARIAS, La reciente bibliografía sobre la Escuela española de Derecho internacional del siglo XVI, «Anuario Hispano-luso-americano de Derecho internacional», 3, Zaragoza 1967. JESÚS CORDERO L. GARCfA ARIAS. L. GARCIA ARIAS.

Cortesía de Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991

 

 

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Francisco de Vitoria, lo que separa

y lo que une a los hombres: 1539

 

La alegoría de la guerra y la esperanza de la paz. Las pinturas representan la victoria del hombre sobre los males del mundo. Lo que separa a los hombres es la guerra, el odio, la crueldad, la venganza, la injusticia, la esclavitud. Lo que los une es la paz, la liberación de la esclavitud, el espíritu de igualdad y de concordia.

Código de verdades fundamentales, principios jurídicos y conclusiones morales, la conferencia de Francisco de Vitoria sobre el derecho de guerra, pronunciada en la Universidad de Salamanca el 19 de junio de 1539, es el documento más representativo de su doctrina de paz, por su perfección técnica, por su influencia histórica y por su proceso de reflexión académica sobre la política del emperador Carlos V. Su teoría de la guerra justa se integra en este código moral de paz:

 

- El concepto de paz dinámica: la paz es el fin natural de la Humanidad. Todos los hombres y todos los pueblos tienen derecho a vivir en paz. Es un fin en sí mismo, tiene un valor absoluto. Pero Vitoria no reducía la paz a simple ausencia de guerra, a pura combinación de intereses nacionales, o a frágil equilibrio de alianzas diplomáticas y militares. De acuerdo con el concepto agustiniano define la paz por la tranquilidad en el orden de la justicia y la libertad, pero en cuanto posibles. Las condiciones de paz pueden ser distintas, según sean distintas sus condiciones históricas.

 

- La paz esencialmente es dinámica. Y su dinamismo exige la revisión constante de opciones y actitudes; es el resultado de la justicia y de la equidad, de la moderación y de la prudencia política. Hay que saber ceder de sus propios derechos en bien de la paz, «porque muchas leyes justas en sí mismas no son convenientes en razón del bien común», no sólo del Estado sino también de la Comunidad internacional. Las leyes de la Comunitas Orbis son universales y obligan por igual a todos sus miembros con independencia de su poder, religión o cultura.

 

- La guerra, en cambio, no es un fin en sí misma; es justa en cuanto puede ser un medio necesario de paz; su legitimidad y validez moral deriva de la necesidad, a veces, de recurrir a las armas para defender o restablecer la justicia internacional. La guerra por naturaleza es una institución histórica sometida a las normas generales del derecho natural y de gentes. Y, en virtud de este derecho, la competencia legítima para hacer la guerra corresponde, en última instancia, a la autoridad del Orbe. Por voluntad o común acuerdo de las naciones, Vitoria preveía la posibilidad de llegar a la derogación de la guerra como medio legítimo en la solución de conflictos.
- La causa de la guerra justa trasciende los intereses privativos del monarca y aun del propio Estado, ya que dice relación al bien común de la comunidad política, y por solidaridad natural al bien común de la Comunidad del Orbe, de la que el Estado forma parte. Vitoria había excluido ya como causas de guerra la diversidad de religión, la expansión territorial del imperio y la gloria o el interés personal del Príncipe. La injuria, recibida, realizada y consumada, dice Vitoria, es la única causa justa de guerra. Se hace la guerra para castigar el crimen del agresor actualmente culpable. Es inicua, por tanto, la guerra preventiva contra un agresor meramente posible.

 
- Por razones de paz y por el bien común de la Humanidad reconoce, sin embargo, la legitimidad de la guerra en defensa de la patria, para el castigo de los criminales y para venganza y satisfacción de la injuria recibida. Los príncipes o Jefes de Estado tienen el deber de garantizar la paz y seguridad de sus pueblos. Vitoria reconoce a todo pueblo el derecho a su propia existencia y a vivir en paz; el derecho a defender su propio territorio y a la seguridad de fronteras. Sin embargo, «si para recuperar un territorio han de seguirse mayores males para el bien común, es indudable que el gobernante está obligado a ceder de sus derechos y aun abstenerse de recurrir a la guerra».
- En virtud de la solidaridad universal, un Estado tiene derecho a intervenir en defensa de los aliados, víctimas de la agresión injusta, cuando expresamente ellos lo pidan. En el caso, sin embargo, de que sean lesionados derechos fundamentales de las personas, lícitamente cualquier Estado puede intervenir, aun contra la voluntad de los oprimidos. Pero sólo para defenderlos y protegerlos hasta su liberación y seguridad futura.

 
- «Supuesto que los príncipes son quienes tienen autoridad para hacer la guerra, el primero de sus deberes consiste en no andar buscando ocasiones y pretextos para la guerra, sino desear, en cuanto puedan, vivir en paz con todos los pueblos. Porque es de extremo salvajismo buscar motivos, y alegrarse de que existan, para matar y destruir a los hombres que Dios creó y por los que murió Cristo. Por fuerza y contra su voluntad los príncipes deben sentirse obligados a acudir a la guerra».

 
- Vitoria reconoce la moralidad de la guerra, a condición de que la gravedad del crimen sea proporcional a la gravedad de los males que necesariamente desencadena la guerra; cuando la guerra sea un medio indispensable contra la agresión, se hayan agotado previamente los caminos posibles de solución pacífica; se utilice únicamente para garantizar la paz y la seguridad; y exista esperanza razonable de victoria, capaz de restablecer y garantizar una paz justa. No basta la justicia de la causa; es necesario también la utilidad del sacrificio.

 
- Los gobernantes o Jefes de Estado que se creen víctimas de la agresión están obligados a examinar diligentemente los motivos que les inducen a tomar las armas, a escuchar los argumentos y razones del adversario, y, si ellos lo piden, están obligados a celebrar congresos y conferencias para discutir cara a cara el litigio en cuestión. No basta que la guerra pueda ser legítimamente declarada por la autoridad competente del Estado agredido, no basta que esa guerra sea un medio necesario, en cuanto que no hay otro remedio para contener la agresión. No se crea que una vez estallada la guerra, ya por lo mismo todo es lícito entre los beligerantes. La potencia de las armas no legitima cualquier uso para fines políticos y militares.

 
- «Declarada ya por causas justas la guerra, es preciso emprenderla no para exterminio del pueblo contra el que se lucha, sino para la recuperación del propio derecho y para defensa de la patria, de suerte que de esa guerra el resultado final sea la paz y la seguridad». Nadie puede ser excusado de violar las normas del Derecho natural por cualquier razón que sea. Las autoridades subalternas y hasta los simples soldados tienen el deber se negarse a colaborar en una guerra claramente injusta.

 - «Terminada la guerra se debe usar de la victoria con moderación y prudencia cristiana». Es superinicuo que pague el pueblo los delirios de sus gobernantes.
Luciano Pereña. VII. MMII.   ALFA Y OMEGA – Esp.

 

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ESPAÑA 1486 - CONQUISTA DE LOJA, GRANADA - CONQUISTA DE LOJA – GRANADA – A LOS ÁRABES POR FERNANDO EL CATÓLICO, ACCIÓN EN LA QUE SE DISTINGUIÓ GONZALO FERNÁNDEZ DE CÓRDOBA, EL «GRAN CAPITÁN»

 

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2 de Enero de 1492Tras la rendición de Boabdil, los Reyes Católicos entran en Granada.

 

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31 de Mayo de 1492Los Reyes Católicos, firman en Granada el edicto de expulsión de España de los judíos que no se conviertan al cristianismo.


1492. 12. 10 - DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA POR MARINEROS ESPAÑOLES MANDADOS POR CRISTÓBAL COLÓN, QUIEN PUSO PIE EN LA ISLA DE GUANAHANÍ, A LA QUE LLAMÓ SAN SALVADOR.

 

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2007 - La Casa de Alba conmemora el quinto centenario del nacimiento

del Gran Duque de Alba, Fernando Álvarez de Toledo + 1507 -

 

Juan II - Toro 1405 - Valladolid 1454 - Rey 1419 – 1454 - Castilla

 

 

Nacido en Toro, es hijo de Enrique III y Catalina de Láncaster. Su madre y su tío Fernando, futuro rey de Aragón, asumirán la Regencia hasta su mayoría de edad. Durante esta etapa, se reanudarán las hostilidades con el reino nazarí de Granada. La doble regencia supone una fuente permanente de conflictos que obligará a dividir el reino en dos circunscripciones. Fernando adquiere un sólido prestigio como gobernante al tomar Antequera en 1410 y una posición de fuerza que resultará decisiva para ser nombrado rey de Aragón (Caspe, 1412). En las Cortes de Madrid (1419), Fernando asume plenos poderes, tras haber casado con María de Aragón. Una constante de su reinado será la pugna con la nobleza por establecer el papel que la corona y el estamento nobiliario juegan en el seno del Estado. La aparición de las ciudades como tercer elemento en juego prefigura ya un conflicto plenamente moderno. Las disensiones interiores tendrán repercusión además en el ámbito externo. Así, Aragón y Navarra, gobernados por los infantes de Aragón, serán rivales permanentes de Castilla, mientras que Portugal y, sobre todo, Francia, serán aliados de la corona castellana. Otro elemento a tener en cuenta será la figura del valido, representante del poder real, que adquirirá gran importancia en la persona de Álvaro de Luna. Éste, condestable y maestre de Santiago, representará la fortaleza de la corona frente a las pretensiones de la nobleza y defenderá los intereses de Castilla contra la corona de Aragón. La derrota de aragoneses y navarros en la batalla de Olmedo sitúa a la monarquía castellana en su punto álgido, debilitando al mismo tiempo la disensión interna representada por el estamento nobiliario. No obstante, la nobleza castellana no cesará de enfrentarse al poder del valido, considerado excesivo. Así, en 1453 Álvaro de Luna es depuesto por el rey, en una caída promovida por Enrique, príncipe de Asturias, y la segunda esposa del rey, Isabel de Portugal (madre de Isabel la Católica). En otro orden de cosas, Castilla vive unos años de esplendor demográfico y económico, facultado por el incremento de las exportaciones (lana, hierro, vino) a los mercados europeos. Esta buena situación permite el desarrollo de instituciones que prefiguran el Estado moderno. El interés del monarca por la cultura permite el surgimiento de poetas y literatos cortesanos, protegidos personalmente por el rey. Juan II murió en 1454 en Valladolid.

  

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ESPAÑA FRENTE AL ISLAM

 

 

 «La historia de España rebosa de contactos con el Islam que fueron encrespados y duros, bélicos y agresivos. La historia de España es verdaderamente incomprensible sin referencia a su enfrentamiento multisecular, a vida o muerte, con el Islam»: así escribe César Vidal en España frente al Islam, editado por La Esfera de los Libros. Más de 500 páginas, con un interesante cuadernillo de mapas, que el propio autor define como «un ensayo histórico en el que se ha intentado trazar ese enfrentamiento no sólo desde la perspectiva del relato descriptivo, sino, fundamentalmente, del deseo y del intento de comprender lo que el Islam ha significado, significa y puede significar para la nación española». César Vidal, doctor en Historia y acreditado historiador, no engaña a nadie. Recuerda y se identifica con la frase de Abraham Lincoln: «Podemos hacer cualquier cosa con la Historia, salvo escapar de ella». Puede ser escamoteada, ocultada u opacada con creaciones tan estúpidamente falsas como la de la supuesta convivencia de las tres culturas en la España medieval: semejantes juegos de ilusionismo histórico y político resultan, a la postre, inútiles. Digamos lo que digamos del pasado, siempre emergerá, y lo hará de la peor manera si, en vez de haber aprendido sus lecciones, nos empecinamos en contarlo no como aconteció efectivamente, sino como nos hubiera gustado que sucediera.


2004-III-05 – ALFA Y OMEGA. ESP.

 


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Escudo 1492. 

 

 

Muhammad VIII – GRANADA

 

1409 – 1431 - Rey 1417 – 1431 Granada

 

Primogénito de Yusuf III, heredó el trono a la muerte de su padre el 9 de noviembre de 1417, a los ocho años de edad. Las luchas intestinas le obligaron a perder el trono, que recuperará poco después. Así, en 1417, su corta edad le hace delegar en el visir ´Ali al-Amin, período que es aprovechado por la familia Banu Sarray (los abencerrajes) para disputar el poder. Da comienzo entonces una guerra civil de funestas consecuencias para el reino, al apoyar estos y poner en 1419 en el trono nazarí a un nieto de Muhammad V, Muhammad ben Nasr, como Muhammad IX. Si bien Muhammad VIII se ve obligado a huir tras la muerte de ´Ali al-Amin, en octubre de 1427 recupera el poder y perdona a los abencerrajes para lograr su apoyo. Muhammad IX se refugió en Túnez y logró el apoyo del sultán, gracias a quien conquistó Almería y Guadix. Pretendió renovar por dos veces la tregua con Castilla (1421 y 1424), pero Juan II se decantó por apoyar a Muhammad IX gracias a la intervención de Yusuf ben al-Sarray, quien medió en favor de éste ante el regidor Lope Alonso de Lorca. Con ayuda del rey castellano y del sultán hafsida de Túnez, Mohammed IX se hizo con el trono nuevamente en 1429, aprisionando a Muhammad VIII en el Castillo de Salobreña y ordenando su ejecución a finales de marzo de 1431.


 

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El ejército en la cultura del siglo de oro

 

En España, en sus épocas de plenitud, como dijo el clásico

"Nunca la Pluma estuvo reñida con la Espada"

 

Desde los primeros tiempos los hombres de la milicia han dejado testimonio de tener aficiones complementarias a las artes de Marte.


En la Grecia clásica, Tucidides y Jenofonte escribieron las crónicas militares de su tiempo aprovechando el protagonismo que ellos tuvieron en ellas, consiguiendo ser los pioneros en la salvaguarda de nuestra historia. Del mismo modo, en Roma el ejemplo griego se prolongó en los latinos, Quinto Horacio, contemporáneo de Virgilio y estudiante de filosofía en Atenas, fue soldado a las órdenes de Augusto, del cual se hizo amigo. Las obras de Horacio teñidas de consejos morales y su lírica serena, clara y elegante denotan la austeridad y sencillez de las cualidades militares del legionario romano. Su influjo se hizo notar en el Renacimiento, época donde otros soldados siguieron su ejemplo.

Con los reyes Católicos, se inicia el inicio del florecimiento de los literatos que llenaran el siglo XVI.

Jorge Manrique (1440-1479), poeta de carácter cortesano y famoso por su obra "Coplas por la muerte de su padre", participó activamente en las guerras civiles de Castilla en el bando de Isabel la Católica. Murió combatiendo en el campo de Calatrava, frente al castillo conquense de Garci-Muñoz, luchando contra el marqués de Villena.

En la vecina Corona de Aragón, el valenciano Ausias March (1397-1459), nacido en una familia de poetas, recibió una severa formación de caballería, y sirvió de halconero al rey Alfonso V, participando en sus campañas de Córcega y Cerdeña. Su lírica en valenciano, funde la técnica trovadesca provenzal con la filosofía escolástica y el humanismo renacentista. Su vida amorosa fue tumultuosa y le creó problemas, y fue antecedente de los grandes poetas españoles del XVI.

Juan Boscán (fines del XV-1542), barcelonés, acompañó en calidad de ayo al duque de Alba en diferentes hechos de armas, y se hizo famoso por su introducción del endecasílabo en el castellano y su habilidad en la técnica de las formas octosilábicas, fue el precursor de la perfección de Garcilaso.

El toledano Garcilaso de la Vega (1501-1536), fue el símbolo más representativo de la simbiosis armas y letras, siendo un héroe de la milicia y el mejor poeta de su tiempo. Participó en las campañas de Túnez, Rodas, defensa de Navarra, Florencia y murió en el asalto al castillo de Le Muey en Fréjus. Junto con el catalán Boscán introdujo los metros italianos en el castellano. Su idealismo en el amor a Isabel, fue el cenit de la poesía humanista del Renacimiento. Garcilaso fue un hábil militar, poeta, políglota (latín, griego y francés) y tañedor del arpa y la vihuela.

Distinto Garcilaso es el llamado el Inca, hijo de una princesa india y un conquistador, participante en la campaña de las Alpujarras y en la Armada Invencible, humanista, traductor e historiador es representante del intelectual del momento y está dentro de la corriente universalizadora y católica en que estaba situada la vida española de la época. Así debate la conveniencia de cristianizar la Florida e incorporarla al Imperio Español, pues concibe a España como el brazo de la Providencia en el mundo. En su prosa histórica, abundante, clara y expresiva, mezcla datos de economía política, problemas de cronología, concordancia de fuentes orales y escritas y aporta documentos de primera mano.

Otro de los principales humanistas guerreros fue Diego Hurtado de Mendoza (1503-1575), sobrino del marqués de Santillana, también recibió una esmerada educación en Granada y Salamanca. Estuvo combatiendo en Italia (Pavía) a las órdenes del emperador Carlos V, donde en los descansos invernales aprovechó para frecuentar las academias renacentistas italianas. Experto en lenguas muertas, numismática, traductor de Cicerón, arabista, mecenas, poeta y autor religioso. Su papel posterior fue en la diplomacia, pero entre sus obras destacó La guerra de Granada hecha por el rey don Felipe II contra los moriscos. Juan de Herrera, el genial arquitecto de El Escorial, también participó como soldado en las duras campañas del Piamonte y Flandes, y formó parte de la guardia personal del emperador Carlos V a su vuelta a España.

Alonso de Ercilla y Zúñiga, cortesano, soldado, viajero, lector de los clásicos y poeta, su vida sintetiza las características principales del hombre ideal del Siglo de Oro. Participó en diversas campañas por América y en especial en la de los Araucanos, en Chile, donde compuso el poema épico La Araucana exaltando el valor y nobleza de los caudillos indígenas. Caballero de Santiago y Gentilhombre de Felipe II tuvo importantísimas misiones diplomáticas. Entre los soldados anónimos, tenemos a Miguel de Cervantes (1547-1616) quien combatió en Lepanto contra el turco y participó en la expedición de Túnez, aunque fue apresado y llevado a Argel. Después fue el genial escritor de El Quijote, la mejor obra de nuestra lengua.

En la decadencia, Calderón de la Barca (1600-1681), fue uno de los últimos príncipes de las letras que simultaneó por un corto período el arte de las armas y las letras. Estuvo en Italia y en Flandes, y como miembro de la orden de Santiago, combatió contra los franceses en la liberación de Cataluña de su poder. Después, el autor de La vida es sueño, El Alcalde de Zalamea y El gran teatro del mundo entró en la vida religiosa abandonando su vida militar.

Estos son solo algunos ejemplos destacados entre la multitud de soldados ilustrados

Nunca como entonces fue cierto el contenido que expresaba D. Quijote en su "discurso de las armas y las letras", donde nos cuenta como los soldados defienden y extienden la civilización y la cultura.
Jose Luis Orella * ARBIL.2000.-

 

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Jorge Manrique (1440-1479)

 

La voz de las coplas poéticas.

Cortesano y guerrero, tiene una obra magnífica estética y formalmente, pero sobre todo de gran profundidad filosófica, tratando la preocupación por la transcendencia.

 

Este poeta cortesano tuvo un momento de intensa inspiración al ocurrir la muerte de su padre, a quien dedicó una soberbia elegía en la que se aúnan la piedad filial, la fe religiosa, el sentido de la vanidad y brevedad de las cosas humanas y el temor a la muerte. Estos temas habían sido tratados por otros poetas, eran un lugar común del siglo: Jorge Manrique debe su fama inmarcesible a la expresión de estos tópicos en forma sencilla, sincera, profunda y majestuosa como el tema. Sus cuarenta coplas de pie quebrado están inundadas por un caudal poético de gran riqueza.

Nacido hacia 1440 en Paredes de Nava, Palencia, Miembro de una de las familias más poderosas de la corte castellana, se hallaba emparentado con Santillana, los Lara e incluso con la casa reinante. Hijo del maestre de Santiago don Rodrigo Manrique y sobrino de Gómez Manrique, es un ejemplo de noble que participa en las luchas de la época, y compone poemas artificiosos de amor cortesano y logra en un momento de inspiración la mejor elegía con que cuenta nuestra literatura. Se casó con doña Guiomar de Castañeda. Fue el 11de noviembre de 1476 cuando murió don Rodrigo, a causa de esta muerte surgen las Coplas. Este guerrero de profesión que luchó en las banderías de Fernando e Isabel contra los partidarios de doña Juana la Beltraneja, murió en su juventud peleando contra el rebelde marqués de Villena, ante el castillo de Garcimuñoz, Cuenca, en 1479, en que le es encontrado en su pecho ensangrentado, entre sus ropas, el poema moral ¡Oh mundo!, pues que no matas..., que dejó inconcluso y que seguramente componía por aquellos días, alternando el ejercicio de la guerra con el de la poesía. El poeta llevaba sobre su pecho la banda en que con letras de oro estaba bordada su famosa divisa "Ni miento ni me arrepiento". Y así lo cumplió siempre.

Los poemas menores de Jorge Manrique son de elegante factura, "más que a la historia de la poesía -escribía Menéndez Pelayo- interesan a la de las costumbres y del trato cortesano". Ente ellos destacan: Castillo de amor, Escala de amor, canciones como Es una muerte escondida, Sin Dios y sin Vos y mí, Quien no estuviera en presencia, Porque estando él durmiendo le besó su amiga, No tardes, Muerte, que muero, y las composiciones burlescas Un convite que hizo a su madrastra y A una beoda que empeñó el brial en la taberna. A raíz del fallecimiento de su padre compuso la famosa elegía conocida como Coplas por la muerte de su padre, publicada por primera vez en Sevilla en 1494. Están compuestas en estrofas llamadas de pie quebrado o manriqueñas, metro que se consideraba muy adecuado para la expresión de un sentimiento profundo. Pocas veces un ritmo métrico se ha ceñido con tanta precisión al espíritu de la poesía.

Manrique vivió inmerso en la plena tradición poética de su tiempo y en un ambiente favorable para la carrera de las armas y de las letras. Considera el amor un dios y hace profesión en la orden del amor, detallando sus promesas de pobreza, obediencia y ser subiecto / al amor y a su servicio... La doctrina amorosa medieval se ha construido con materiales tomados de la religión y ese origen se transparenta en las formas y en el lenguaje. Las expresiones de la poesía erótica están muy cerca de las de la poesía mística, y sus razonamientos son también cercanos a los del proceso ascético. Jorge Manrique permanece fiel a los cánones de la Edad Media y nos dará una visión compendiadora de los estados de amor con locuras, enojos, placeres, tristuras y dolencias mortales.

La celebridad de las Coplas por la muerte de su padre, don Rodrigo Manrique, Maestre de Santiago es justa y por derecho propio figura entre las obras eternas. La naturalidad y la sencillez de este poema son encantadoras, su arte es elemental sin perder en profundidad y trascendencia y su forma poética es de una expresión pocas veces igualadas -nunca superada- en cuanto a pureza y eficacia estéticas. La fama y el éxito de tal composición poética provocaron el interés de traductores y glosadores, constituyendo una de las obras poéticas más importante de la literatura universal.

El acierto de este poema que coloca en la cúspide a la expresión lírica de Medievo español no lo es de motivo, ni de interpretación, sino que dicho acierto estriba en el logro de la expresión equilibrada del dolor sereno. Los lugares comunes -que realmente existen- tornan a su hondura poética original y las expresiones manriqueñas vienen, como lluvia primaveral, a reverdecer un brío oculto que yace inerte en el virtuosismo literario.

¿Cómo puede ser antológico un poema tan elemental y sencillo? Precisamente ahí radica lo grandioso de las Coplas en que Jorge Manrique -usando un lenguaje claro y sencillo para cualquier lector de entonces y de hoy- ha sabido subyugarnos con elementos (lenguaje, pensamiento, métrica) tan elementales. Ese es el secreto de que algo tan añejo como son estas Coplas no envejezcan nunca: su sobriedad y esencial profundidad castellana.

Jorge Manrique en las Coplas perfila primeramente el marco filosófico donde ha de desarrollarse la elegía, sin enunciados completos asumidos de la filosofía perenne o de la teología (la poesía no se hace con ideas, según dijo Malllarmé), pero no se puede decir que las Coplas carecen de filosofía (la poesía no se hace sin ideas). El didactismo ético del poema de Manrique toca con equilibrio reflexiones profundas sin caer en la prosaica moralidad de la hoja de calendario. Manrique canta en sus inmortales versos lo que siempre pasó y pasará y está pasando ahora mismo. Por eso consigue darnos no una visión histórica y añorante de lo que fue, sino el tremendo escalofrío del fluir permanente y del tiempo que camina sin detenerse. El genio manriqueño dirá para la Historia: "Nuestras vidas son los ríos / que van a dar en la mar / que es el morir..."
Francisco Arias Solis.

ARBIL. II. MMII

 

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Los Reinos Ibéricos – 1450

 

En la segunda mitad del siglo XV los reinos peninsulares experimentaron graves crisis políticas derivadas de la lucha entre monarquía y nobleza en Castilla, Portugal, Navarra y Granada y de la concepción del gobierno en la Corona de Aragón. Estos conflictos acabaron en guerras civiles, especialmente graves en Cataluña (1462-1472), Castilla (1465-1479), Granada (1478-1492) y Navarra (1447-1512). Finalmente, el autoritarismo real se impuso de una forma u otra en todos los reinos, aunque sin modificar sus diferentes estructuras políticas. La unión personal de los Reyes Católicos permitirá la consolidación de un aparato estatal monárquico capaz de absorber a los reinos más pequeños -Granada, Navarra- y de preparar el camino a la futura monarquía hispánica. El gran poder de Castilla y el declive de la Corona de Aragón explican el carácter marcadamente castellanizante de la España Moderna. El turbulento reinado de Enrique IV (1454-1474) culmina el proceso de asalto a las instituciones monárquicas por parte de la nobleza surgida de la revolución trastamarista. A ello contribuyó la debilidad de carácter del monarca, deslegitimado para imponer su autoridad a la nobleza que le había apoyado contra Juan II y Álvaro de Luna, y sin el apoyo de las ciudades, aristocratizadas e impotentes ante el poder nobiliario y la consolidación del sistema monárquico de corregidores. Con todo, la crisis de este reinado fue sobre todo política: Castilla prosiguió un fortalecimiento económico y monárquico que explica la expansión castellana a partir del reinado de los Reyes Católicos. Al principio (1454-1465) el gobierno quedó en manos de Juan Pacheco, marqués de Villena, cabeza de una nobleza cuyo único objetivo político era el incremento indiscriminado de poderes y rentas a costa de la debilidad monárquica. Con todo, los primeros años del reinado fueron esperanzadores debido a la recuperación económica, la paz exterior inspirada en Álvaro de Luna (alianzas con Francia y Portugal; neutralización de Navarra; paz con Aragón) y la actitud pacífica de la nobleza. Siguiendo a Fernando de Antequera y a Álvaro de Luna, Enrique IV tradujo seguridad exterior y estabilidad interior en una nueva ofensiva contra Granada. La guerra (1455-1457) fue muy favorable, ya que apuntó al desgaste económico y político del emirato, modelo seguido después por los Reyes Católicos. Sin embargo, el coste de las campañas, su carácter anticaballeresco y una mala coyuntura económica provocaron el descontento de la nobleza (Mendoza, Alba, Manrique) que se organizó en una liga al mando del arzobispo de Toledo Alonso Carrillo. La nobleza abortó la guerra (1457) e inició una serie de maniobras contra el valimiento de Juan Pacheco. El matrimonio de Enrique IV con Juana de Portugal hizo que la nobleza postergada buscara el apoyo de Juan I de Navarra (rey de Aragón desde 1458), cuyos problemas internos -lucha con Carlos de Viana y crisis de Cataluña- se sumaron a los conflictos castellanos. Contra la nobleza levantisca Enrique IV encumbró a Beltrán de la Cueva y contra Juan II (1458-1479) apoyó a Carlos de Viana, los beamonteses navarros y la Diputación catalana, que le ofreció el Principado al comenzar la guerra civil de Cataluña (1462). La peligrosa alianza Enrique IV-Diputación fue neutralizada por el doble juego del marqués de Villena -dispuesto a cambiar de bando para mantener su privanza-, la debilidad del rey y la pérdida de sus bazas exteriores. Tras la muerte de Carlos de Viana (1461), Enrique IV se dejó engañar por sus nobles en la cuestión catalana al aceptar el arbitraje de Luis XI (aliado de Juan II y Villena). El rey acató la decisión del francés y abandonó a la Diputación (1463). Juan Pacheco y el arzobispo Carrillo mantuvieron su poder en Castilla. Beltrán de la Cueva se alzó con la privanza del rey frente a ambos apoyado por sus parientes los Mendoza, principal apoyo nobiliario de la monarquía. El favorito y el obispo Pedro González de Mendoza pidieron al débil Enrique IV la guerra contra los rebeldes, pero el monarca aceptó sus humillantes condiciones: entre otras, el reconocimiento como heredero de su hermanastro Alfonso y el matrimonio de éste con su hija Juana. Al rechazar poco después lo pactado, el rey provocó la guerra en forma de rebelión nobiliaria. La nobleza alcanzó entonces su apogeo, mientras la anarquía se extendía por el reino y las ciudades resucitaban las Hermandades. En 1465 la nobleza levantisca depuso simbólicamente a Enrique IV y entronizó al manejable infante Alfonso, de sólo once anos, al tiempo que difundía el rumor de que la infanta Juana era hija de Beltrán de la Cueva. La humillación de la "Farsa de Ávila" aglutinó a los realistas y a las ciudades en una nueva Hermandad General. Estas fuerzas derrotaron a la nobleza en la segunda batalla de Olmedo (1467), pero Enrique IV no quiso explotar su victoria y se enajenó el apoyo de los Mendoza. En un clima de desorden -revuelta de los "irmandiños" en Galicia (1467)-, la muerte del infante Alfonso en 1468 transformó el panorama. Los rebeldes quedaron deslegitimados, por lo que ofrecieron el trono a la infanta Isabel, nueva candidata de la nobleza aunque no dispuesta a dejarse manejar por los nobles. La cuestión sucesoria fue solucionada finalmente en el tratado de los Toros de Guisando (septiembre-1468): la infanta Isabel era considerada la única heredera a costa de los derechos de la infanta Juana, a la que no se reconocía como bastarda. Juan Pacheco había conseguido la herencia para su representante, pero ahora hacía falta un marido conveniente para sus intereses. Los candidatos eran el pronobiliario y anciano Alfonso V de Portugal, el duque de Guyena, hermano de Luis XI, y el infante Fernando, hijo de Juan II de Aragón. Este último necesitaba a Castilla para liquidar la guerra civil catalana y supo convencer a Isabel gracias a los rescoldos del antiguo partido aragonés (Manrique, Enríquez). En octubre de 1469 se celebró el matrimonio semiclandestino de Isabel y Fernando, lo que modificó totalmente el juego de alianzas. Enrique IV y la liga nobiliaria que le dominaba se desligaron de lo acordado en Guisando y proclamó la legitimidad de Juana, mientras que los Mendoza pasaron al bando de Isabel, que explotó la propaganda que deslegitimaba a Juana la Beltraneja. El enfrentamiento sucesorio se hizo inevitable. Isabel sintetizó los intereses del antiguo partido de los Infantes de Aragón y las directrices autoritarias de Álvaro de Luna, proponiendo a la alta nobleza la sujeción a una autoridad monárquica superior a cambio del mantenimiento de su preeminencia social y económica y de sus aspiraciones de poder dentro de ese marco. También las ciudades apoyaron a los infantes confiando en el apoyo de la monarquía a sus reivindicaciones. Los infantes fueron respaldados por el papa valenciano Alejandro VI -el papa Borja- y por Aragón. En este contexto de acumulación de fuerzas murieron Juan Pacheco y Enrique IV (1474), iniciándose la Guerra de Sucesión entre 1474-1479. A la muerte de su hermano, Isabel I (1474-1504) se proclamó reina, desatándose una nueva guerra civil de dimensiones internacionales. Los derechos de Juana fueron apoyados por la liga nobiliaria acaudillada por Juan Pacheco y el arzobispo Carrillo con respaldo de Luis XI (enemigo de Juan II), los Lancaster y Alfonso V de Portugal, casado con Juana (1475) y temeroso del potente bloque castellano-aragonés. Isabel y Fernando, delimitado su poder en la "Sentencia de Segovia" (1475), fueron apoyados por parte de la nobleza (Mendoza, Alba...), Aragón, Borgoña y los York. 

A los tres años de lucha la guerra quedó decantada a favor de Isabel I tras la retirada de Luis XI (1478), la derrota de Alfonso V en la batalla de Toro (marzo-1476) y las graves pérdidas portuguesas en el Atlántico sur. El contencioso con Portugal fue resuelto en el tratado de Alcaçovas (1479), por el que Isabel I fue reconocida como reina de Castilla y Juana quedó marginada de sus derechos -ingresó en un convento en 1480-. La primogénita castellana Isabel casó con el heredero portugués Alfonso. Además, Castilla retuvo las Canarias y Portugal se garantizó con éxito el estratégico monopolio comercial al sur del Cabo Bogador. La muerte de Juan II de Aragón (1479) convirtió al esposo de Isabel I en Fernando II de Aragón (1479-1516), lo que reforzó la unidad personal de los reinos y el autoritarismo regio ejercido hasta entonces. Respecto al Reino de Aragón Juan II, monarca capaz, experto y autoritario, tuvo que enfrentarse al envenenado legado catalán de su hermano Alfonso V, complicado por la disputa con su hijo Carlos de Viana y por los conflictos en Castilla. Entre 1458-1462 se desarrollan los preludios del enfrentamiento. Juan II comenzó perdonando a su hijo, pero en 1460 le apresó de nuevo en Lérida acusado falsamente de negociar con Castilla. En una Cataluña muy agitada, esta imprudente decisión permitió a la Diputación aglutinar a los catalanes en torno al heredero y justificar la rebelión contra el rey "no para destronarlo sino para imponerle sus puntos de vista, es decir, las ideas de los privilegiados sobre la organización socio-económica de Cataluña". La Diputación formó un "Consell representant lo Principat de Catalunya" que exigió al rey la libertad del heredero y su reconocimiento. El autoritario Juan II se negó y el Consell le declaró la guerra en conjunción con Castilla y los beamonteses navarros. Ante esta alianza el rey tuvo que aceptar las condiciones exigidas en la "Capitulación de Vilafranca del Penedés" (1461), es decir, su alejamiento de Cataluña y la instauración del gobierno oligárquico del Consell presidido por Carlos de Viana como "llochtinent". 


Al morir éste en 1461 fue reemplazado por su hermano Fernando bajo la tutela de su madre Juana Enríquez. En Barcelona la "Biga" fortaleció sus posiciones entre 1461-1462, lo que se tradujo en la expulsión y persecución de "remensas" y "buscaires", que buscaron amparo en la reina. Mientras los payeses se levantaban en armas, la aproximación del rey a "remensas" y "buscaires" provocó la guerra civil de Cataluña entre 1462-1472. Los orígenes de la guerra se sitúan en el agravamiento de los antiguos problemas de los payeses de remensa y en la lucha entre Biga y Busca, manifestaciones de la pugna entre autoritarismo monárquico y pactismo como formas de gobierno de Cataluña. El conflicto civil polarizó el Principado: de un lado, el patriciado urbano -Biga- y la baja nobleza, aspirantes a gobernar con una presencia real mínima mediante las Cortes y la Generalitat (pactismo); de otro, la alta nobleza, el clero, buena parte de los payeses de remensa y los menestrales y artesanos urbanos -Busca-, quienes veían solución a sus reivindicaciones en el poder regio. La guerra se internacionalizó rápidamente. Contra los rebeldes catalanes Juan II buscó la ayuda de Luis XI y frente a los beamonteses navarros desheredó a su hija Blanca y dio el reino a Gastón IV de Foix, marido de su hija menor Leonor, apoyado por agramonteses y franceses. 


La Diputación reprimió a remensas y buscaires y buscó ayudas exteriores contra la presión francesa y la neutralidad o el apoyo al rey de Valencia, Aragón y Mallorca. Los rebeldes catalanes ofrecieron el Principado a Enrique IV de Castilla, en condiciones de derrotar a Juan II, a cambio de respetar los "Usatges" y las Capitulaciones. El rey aceptó el trono y envió tropas castellanas a Cataluña, pero Juan II neutralizó esta ayuda en connivencia con el marqués de Villena y Luis XI, que falló en su contra en la Sentencia de Bayona (1463). La Diputación perdió su aliado y los beamonteses debieron someterse. A cambio de su colaboración, Juan II cedió a Luis XI los condados de Rosellón y Cerdaña (1462-1463). Los rebeldes ofrecieron entonces el Principado al condestable Pedro de Portugal, quien, aun sin posibilidades de éxito, murió combatiendo en la guerra (1466). Pese a los victorias realistas y las deserciones en el Consell, los radicales de la Generalitat eligieron a Renato de Anjou, respaldado por Luis XI, lo que modificó totalmente las alianzas. Contra su antiguo aliado francés, Juan II se alió con Borgoña e Inglaterra, prefigurando la política de contrapeso a Francia que continuarían los Reyes Católicos. En esta coyuntura, el peso de Castilla era decisivo para el final del conflicto, por lo que Juan II se garantizó su colaboración ofreciendo el matrimonio de su hijo Fernando tanto a la hija de Juan Pacheco, verdadero dueño de Castilla, como a la infanta Isabel, heredera del reino tras los tratados de Guisando (1468). En 1469 las maniobras del catalano-aragonés fructificaron en el matrimonio de Isabel y Fernando. Asegurada la alianza castellana, Juan II se afianzó en Navarra. Allí Gastón de Foix y Leonor, lugartenientes y herederos, estaban enfrentados al monarca con apoyo francés y beamontés. Al morir el heredero de ambos (1470), Juan II aceptó la regencia de Leonor, que se prolongó en un contexto de guerra civil hasta la muerte del rey (1479). Sin apoyo exterior, casi el único que mantenía la lucha (1470), la revuelta catalana fue sofocada (1472). Por la Capitulación de Pedralbes (1472) Juan II pacificó Cataluña con una amnistía general y el retorno a la situación de 1462. La guerra civil arruinó el Principado, agravando la crisis económica que arrastraba desde el siglo XIV: "La guerra de 1462-1472 apartó a Cataluña del papel activo que pudo haber desempeñado en la España de los Reyes Católicos y de los Austrias -para pérdida de Cataluña como de España en general, hasta los tiempos modernos- (J. N. Hillgarth). Desde 1472 Juan II sostuvo a Fernando e Isabel I en la guerra sucesoria de Castilla. 


El monarca dejó abiertos el problema remensa y la ocupación francesa de Rosellón y Cerdaña, asuntos resueltos por Fernando el Católico en la Sentencia arbitral de Guadalupe (1486) -tras la segunda guerra remensa (1484-1485)- y en el Tratado de Barcelona (1493). En cuanto a Navarra, la regente Leonor murió al tiempo que su padre Juan II y el reino pasó a su nieto Francisco Febo (1479-1483), apoyado por los agramonteses. Los beamonteses se situaron entonces tras Fernando el Católico, artífice de un protectorado militar castellano sobre Navarra para evitar una posible intervención francesa. Francisco fue sucedido por su hermana Catalina (1483-1512), casada con el francés Juan de Albret en 1494. Su minoría y la guerra civil permanente acentuaron la influencia castellana. En el contexto de las Guerras de Italia, los reyes navarros parecieron inclinarse hacia Francia. Fernando el Católico aprovechó entonces la acusación de cismáticos que pesaba sobre los franco-agramonteses para ocupar Navarra con apoyo de los beamonteses (1512). En 1515 Navarra fue anexionada a Castilla "guardando los fueros e costumbres del dicho regno", que seguirían vigentes hasta el siglo XIX. En Portugal, tras derrotar al regente Pedro de Coimbra, Alfonso V (1438-1481) gobernó en solitario siguiendo las directrices nobiliarias marcadas por los infantes Enrique el Navegante y Alfonso, conde de Barcelos y duque de Braganza. La política atlántica proburguesa del condestable fue reorientada hacia el Magreb por la alta nobleza terrateniente que dirigía Alfonso de Braganza -conquistas de Alcácer Seguer (1458), Arcila y Tánger (1471)-. Entre 1449 y 1460 el Navegante lideró la expansión conquistadora frente a la mercantil, aunque nobles, burgueses y Corona prosiguieron la vía marítima al calor de la favorable coyuntura económica europea, dando a la monarquía portuguesa una peculiar condición empresarial. Estas operaciones quedaron detenidas cuando Alfonso V intervino en la crisis de Castilla. El monarca fue candidato a la mano de la infanta Isabel, pero desde 1469 apoyó a la nobleza castellana partidaria de Juana la Beltraneja, con la que casó en 1475. Derrotado en la guerra, acordó con los Reyes Católicos el tratado de Alcaçovas (1479), donde se fijaron las futuras líneas de expansión portuguesa ante la creciente presión de la marina andaluza: las islas Canarias quedaron para Castilla y las Azores, Madeira y la costa surafricana bajo la órbita portuguesa. La inclinación pronobiliaria de Alfonso V no fue seguida por su hijo Juan II (1481-1495), monarca enérgico cuyo gobierno ha sido comparado al de los Reyes Católicos. Con los beneficios de la expansión africana, Juan II impuso su autoridad sobre la nobleza. La última rebelión nobiliaria, dirigida por los duques de Braganza y Viseo, fue reprimida duramente en 1484. 


La monarquía gobernó desde entonces con el apoyo de la baja nobleza y de las burguesías atlánticas. El reforzamiento de la autoridad real, el sometimiento de la nobleza y la paz con Castilla impulsaron de nuevo la expansión atlántica portuguesa, que culminó durante este reinado: exploración de Angola y el río Zaire (1482-83); Bartolomé Dias dobla el cabo de Buena Esperanza (1488); se acelera la carrera hacia la India tras los viajes de Colón (1492); reparto del Atlántico en el tratado de Tordesillas (1494) con los Reyes Católicos; llegada de Vasco de Gama a la India (1498); arribada de Pedro Alvares Cabral a Brasil (1500). Juan II convirtió el comercio atlántico portugués en monopolio de la Corona, que lo dirigió y estimuló desde la "Casa da Mina" (1482) y la "Casa da India" (1492), precedentes de la Casa de Contratación de Sevilla (1503). La expansión marítima portuguesa permitió el acceso a nuevos mercados y recursos exóticos y ricos con la consiguiente reactivación del comercio europeo, pero también la aparición de una nueva perspectiva del mundo imprescindible en el camino hacia los posteriores descubrimientos españoles iniciados en 1492. El reino de Granada experimentó en esta etapa una efímera recuperación para caer enseguida en nuevas luchas sucesorias bajo la creciente presión de Castilla. Tras numerosas luchas internas, Muhammad IX el Zurdo recuperó el trono en 1453. Durante su última etapa de gobierno alternó el poder con Sa´d (1454-1462) y tuvo afrontar la guerra de desgaste de Enrique IV (1455-1457) y las conquistas castellanas de Archidona y Gibraltar (1462). Este año Muhammad IX fue destronado por el breve Yusuf V (1462), sucedido por su hijo Abul-Hasán Alí o Muley Hacen (1464-85) con ayuda de los Abencerrajes. Muley Hacen se impuso a sus aliados y a su hermano Muhammad ibn Sa´d (el Zagal) e inició un paréntesis de paz y prosperidad al calor del apoyo de sus súbditos y de la guerra civil de Castilla. Sin embargo, el final de la crisis castellana coincidió con la decadencia de Muley Hacen, preludio del fin. En las Cortes de Toledo (1480) los Reyes Católicos decidieron reiniciar la guerra contra Granada siguiendo la vieja pauta de Fernando de Antequera, Álvaro de Luna y Enrique IV. La empresa, de características tanto medievales como modernas, tuvo causas religiosas (fue una Cruzada teñida de mesianismo), políticas (ocupar a la nobleza, aunar a Castilla y Aragón en una empresa común) y económicas (golpear el comercio genovés, fácilitar la navegación en el Estrecho...). La conquista de Granada (1480-1492), planteada como una guerra de desgaste, fue desde el primer momento la empresa prioritaria de los reyes, que estrangularon económicamente al emirato y se beneficiaron de la constante guerra civil por el trono entre Muley Hacen (hasta 1485), su hermano El Zagal (hasta 1489) y su hijo Muhammad XII llamado Boabdil (1482-1492). Las campañas contra Granada comenzaron con la toma de Alhama en respuesta a la conquista nazarí de Zahara (1482). Hasta 1485 los Reyes Católicos explotaron la rebelión de Boabdil y los Abencerrajes y ocuparon Álora y Setenil (1484). A la muerte de Muley Hacen (1485), los cristianos conquistaron la región occidental del reino (Ronda, Loja, Illora). Se produjo entonces la usurpación de El Zagal, que fue derrotado por Boabdil con ayuda castellana. En 1487 las tropas cristianas conquistaron Málaga tras un duro asedio. En los dos años siguientes los castellano-aragoneses ocuparon la zona oriental del emirato (Vera, Mojácar, Níjar, Vélez Blanco y Vélez Rubio, Tabernas, Purchena; Guadix, Almería), destacando la conquista de Baza, la campaña más aura de toda la guerra. El Zagal se retiró entonces de la guerra (1489) y Boabdil quedó reducido a Granada, la Vega y las Alpujarras. En situación agónica la población de la capital se negó a rendirse, mientras los Reyes Católicos construyeron el campamento de Santa Fe como símbolo de su determinación. Tras llegar a un acuerdo con Boabdil, los cristianos entraron en Granada el 2 de enero de 1492. La población mudéjar conservó vidas, religión y posesiones, pero desde 1500 debió optar entre la conversión o el exilio, convirtiéndose en la minoría morisca presente en la Península hasta el siglo XVII. 


Con la conquista de Granada los Reyes Católicos pusieron fin a ocho siglos de dominio político musulmán en la Península, concluyendo el proceso secular que se conoce como Reconquista, definidor en gran medida de la evolución política, económica, social y cultural de los reinos ibéricos durante toda la Edad Media. La unión personal de las Coronas de Castilla y Aragón fue obra de las hábiles maniobras de Juan II de Aragón. Aunque tenía un precedente en la unidad dinástica de ambas coronas en manos de los Trastámara desde el Compromiso de Caspe (1412), la unidad castellano-aragonesa de los Reyes Católicos fue consecuencia de la coyuntura política especifica de la Península Ibérica entre 1460 y 1480. Esta unión personal estuvo muy lejos de formar una entidad política centralizada o una "unidad nacional española, y debe considerarse el comienzo de una fase de unificación histórica... dirigida desde y por Castilla, el reino más importante y con mayores recursos humanos y económicos..., cuya suerte dependerá del juego de fuerzas existentes, de la voluntad de quienes en adelante integren el nuevo Estado y de la habilidad de sus dirigentes" (J. L. Martín). En la fortuna de esta marcha hacia la unidad pudieron tener una mayor o menor influencia factores ideológico-historiográfico-políticos como la idea medieval de España -común a todos los hispano-cristianos pero asumida políticamente por Castilla como heredera de la idea imperial leonesa y, más tarde, como potencia hegemónica peninsular- o "la definición del ámbito español como unidad política por la dinastía Trastámara" (M. A. Ladero). Pero fue la comunidad de intereses y enemigos de la monarquía hispánica desde finales del siglo XV lo que permite decir que "tal unión dio paso en la Historia a la España moderna" (J. Vicens). Los Reyes Católicos dieron el impulso definitivo a la construcción de la monarquía moderna en Castilla y Aragón. Tras pacificar sus reinos, impusieron la autoridad regia a partir de las líneas políticas heredadas de sus antepasados y de los aparatos estatales de Castilla (en mayor medida), y sobre una estructura socio-económica apenas modificada. Con ello sentaron las bases del futuro absolutismo real. Como forma de consolidar la hegemonía regia y para desviar el potencial bélico hasta entonces empleado en guerras civiles, los Reyes Católicos abordaron una amplia política exterior. Después de iniciar una nueva etapa de alianza con Portugal (1479), la monarquía se volcó en la empresa conquistadora de Granada (1482-1492), culminación de la Reconquista y laboratorio del que surgirá la poderosa maquina bélica de la monarquía hispánica. 


El año 1492 no sólo vio la definitiva desaparición del Islam andalusí. También entonces los reyes procedieron a la expulsión de los judíos de Castilla y Aragón (31-marzo-1492), consecuencia de la política de homogeneización religiosa derivada de un ambiente social radicalizado y un autoritarismo monárquico que exigía la uniformización político-religiosa. La precaria situación de la población musulmana de Granada desde 1500 respondió a la misma presión social, religiosa y política. Por último, en 1492 la monarquía hispánica alcanzó una nueva dimensión transoceánica cuando el viaje de Cristóbal Colón incorporó el continente americano a la historia de España y de Europa. Desde el trascendente 1492 la monarquía de los Reyes Católicos, heredera de la política exterior de Juan II de Aragón, se erigió en el rival europeo de la poderosa Francia, con quien disputara en Italia la hegemonía en Europa. Consecuencia imprevista de esta pugna contra Francia será la gran herencia de Carlos V, nieto de Fernando e Isabel. La muerte de la reina Católica abrió un agitado periodo conocido como "Época de las regencia"s (1504-1516). Durante estos años la unidad castellano-aragonesa pasará de la crisis a la consolidación de la mano de Fernando el Católico y el cardenal Cisneros, protagonistas de las campanas españolas en el norte de África (1497-1510). Con la incorporación a Castilla del reino de Navarra (1512), la monarquía hispánica alcanzó los perfiles propios de la España moderna.

 

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Martín Alonso [Yáñezº] Pinzón, (c.1440-1493)

 

Marino, navegante y descubridor español, uno de los protagonistas del primer viaje descubridor de América llevado a cabo por Cristóbal Colón.

Martín Alonso Yáñez Pinzón nació en el pueblo andaluz de Palos de la Frontera (Huelva) hacia 1440. Era el hijo mayor de una rica familia de larga tradición marinera, y propietario de un barco con el que hacía frecuentes viajes comerciales por los mares entonces navegables del Mediterráneo y del Atlántico. Junto con su hermano y socio Vicente Yáñez Pinzón, ejerció alguna vez de corsario, cosa por otro lado nada extraña.

En los años que precedieron al descubrimiento de América no había en toda la comarca del Tinto-Odiel un armador y navegante más famoso que Martín Alonso Pinzón, por lo que conseguir su apoyo y participación era imprescindible para el éxito de la empresa colombina. El encargado de convencer a Martín Alonso Yáñez Pinzón para que acompañase a Colón fue el guardián del monasterio de La Rábida, lo que hizo durante el verano de 1492. Cuando se propagó por toda la zona que Martín Alonso iba a participar en el viaje como capitán de la carabela Pinta y su hermano Vicente como capitán de la Niña, muchos amigos y familiares se enrolaron inmediatamente y pudieron completarse las tripulaciones. A Colón nadie le conocía, en cambio la sabiduría náutica y la experiencia marinera de los Pinzón eran el mejor aval.

Puesto en marcha el viaje descubridor, Martín Alonso asumió el mando de la Pinta y llevó consigo a su otro hermano Francisco como maestre. Su hermano Vicente iba como capitán de la carabela Niña. Durante la travesía, demostró sus habilidades de marinero cuando resolvió el problema de la rotura del timón y pudo seguir navegando, y sus dotes de mando al imponer su autoridad a los amotinados vizcaínos o cántabros de la nao Santa María entre el 6 y el 7 de octubre. Durante este percance, Martín Alonso amenazó con aplastar a cualquiera que se atreviera a amotinarse. En el siguiente motín, ya más serio, del 9 y 10 de octubre, cuando habían fallado ya todos los cálculos de distancias que había dicho Colón, los que dudaron fueron los Pinzón. Éstos aplacaron los ánimos de la tripulación poniendo una condición a Colón: navegarían con el mismo rumbo tan sólo tres días más; si durante ese tiempo no encontraban tierra volverían a España.


Tras el descubrimiento de las islas Lucayas o Bahamas, divisaron Cuba. Mientras recorrían la costa oriental de Cuba, Martín Alonso, al frente de la Pinta, abandonó al almirante el 21 de noviembre de 1492 y continuó navegando por su cuenta. Colón nunca se lo perdonó. El 6 de enero se volvieron a encontrar en la costa norte de La Española. Las circunstancias y motivaciones de la deserción de Martín Alonso no están claras: quizá intentara descubrir por su cuenta el oro que tanto buscaban. Pero sea cual fuese la causa de la separación, aquí comenzaron sus desavenencias con Colón, que llegó a acusar de traición a Martín Alonso. De nuevo juntos, emprendieron viaje de regreso a España en la Pinta y la Niña, pero una tormenta, no muy lejos de las Azores, las volvió a separar y la Pinta llegó primera a Bayona, en las costas de Galicia, antes de que Colón arribara a Lisboa. Desde Bayona envió un informe de lo acontecido en el descubrimiento a los Reyes Católicos y se dirigió ya gravemente enfermo a Palos, donde entró, el 15 de marzo de 1493, pocas horas después de que lo hubiera hecho Colón.

Martín Alonso Yáñez Pinzón falleció alrededor del 31 de marzo de 1493 en el monasterio de La Rábida (Huelva), donde fue llevado por sus familiares y, según un testigo, también enterrado. Esto sucedió pocos días después de su llegada a España, tras el viaje en el que tuvo lugar el descubrimiento del Nuevo Mundo, y en cuya empresa le cabe figurar en un lugar destacado.

º[Sobre Martín Alonso Pinzón, añadiéndole "Yáñez", es probable que no sea correcto: Yañez era el sobrenombre de Vicente.

JULIO IZQUIERDO LABRADO

Palos de la Frontera, 1985 - http://es.geocities.com/julioil/pepi.html ]

 

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PALOS – PALOS DE MOGUER – PALOS DE LA FRONTERA.

Sobre la ciudad de donde salió Colón comoPalos de moguer’, es de precisar que tal denominación se debe a un error histórico que viene de los primeros cronistas de Indias, cuando al referirse a las localidades que aportaron marineros, creyeron que Palos y Moguer era un solo pueblo cuando esto no ha sido así.

 

En lo referente al descubrimiento de América, Palos, solo se la llamado Palos, hasta el 1642, año en que el concejo de Palos adopta el nombre de Palos de la Frontera.

(El topónimo de Palos de la Frontera es la denominación oficial de esta localidad onubense. Esta denominación fue establecida en el año 1642. Anteriormente se llamaba únicamente Palos o Villa de Palos.

Etimológicamente, el topónimo Palos puede proceder del latín palus-paludis, que significa "laguna" o "pantano"[1], que es la hipótesis más común, o tal vez de la raíz prerromana pal-, pala- que se traduciría como "ladera de inclinación muy acentuada"[2]. Ambos accidentes geográficos están presentes en la localidad.

Historia del topónimo

El topónimo Palos se recoge documentalmente por primera vez en 1322, cuando Alfonso XI, después de la reconquista de Niebla, lo dona a Don Alonso Carro y Doña Berenguela Gómez. En 1379, Juan I volvió a entregarlo a Don Álvar Pérez de Guzmán, verdadero padre y fundador de la villa palerma,[3] que se ocupó de repoblarla con 50 familias [4]. En esta documentación antigua, es comprobable que normalmente se refieren a Palos como el "Lugar de Palos".

En los diferentes archivos históricos de España, se encuentran abundantes documentos que mencionan a la localidad, siempre bajo las denominaciones de "Palos", "Lugar de Palos" o "Villa de Palos". Uno de los mas importantes, por su transcendencia, es la Real Provisión que los Reyes Católicos remitieron el 30 de abril de 1492, a Diego Rodríguez Prieto y a otros vecinos de Palos en la que se les pedía que tuvieran preparadas dos carabelas aprovisionadas para el que sería el primer viaje de Cristóbal Colón : Real Provisión de los Reyes Católicos

DIRIGIDA A CIERTOS VECINOS DE PALOS PARA QUE ENTREGUEN A CRISTOBAL COLON DOS CARABELAS

Granada, 30 de Abril de 1492.
Don Fernando e Doña Ysabel por la gracia de dios Rey e Reyna de Castilla, de León, de Aragón, de Secilia, de Granada .... A vos, Diego Rodríguez Prieto, e a todas las otras personas vuestros compañeros e otros vezinos de la villa de Palos e a cada uno de vos, salud e gracia. Vien sabedes como por algunas cosas fechas e cometidas por vosotros en desserbicio nuestro, por los del nuestro Consejo fuistes condenados a que fuésedes obligados a nos serbir dos meses con dos carabelas armadas a vuestras propias costas .... E agora, por quanto nos avemos mandado a Christoval Colón que vaya con tres carabelas de armada, como nuestro capitán de las dichas tres carabelas, para ciertas partes de la mar océana sobre algunas cosas que cunplen a nuestro servicio e nos queremos que llebe consigo las dichas dos carabelas con que asy nos aveis de servir.

Archivo General de Indias. Signatura: PATRONATO, 295, N.3.[5]

 

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Juan de la Cosa, (c. 1449-1510)

 

Marino, conquistador y cartógrafo español. Nacido en Santoña (Cantabria), debió adquirir su experiencia como navegante en el mar Cantábrico y realizó varias travesías recorriendo la costa occidental de África.

 

Primeros viajes

Desde 1492 participó en siete viajes y expediciones al Nuevo Mundo. Cuando Cristóbal Colón preparaba su primer viaje conoció a De la Cosa y le ofreció que participara con su nave La Gallega, que fue rebautizada como Santa María y utilizada como nao capitana. Descubiertas las nuevas tierras, la Santa María se hundió y Colón le acusó de impericia; sin embargo, la Corona le indemnizó por la pérdida. En su segundo viaje (1493-1496) Colón volvió a contar con De la Cosa, esta vez con el cargo de piloto mayor y la misión de trazar el mapa de las tierras que visitaran. En este viaje, que partió de la bahía de Cádiz, De la Cosa navegaba a bordo de la carabela Santa Clara. Se descubrieron las islas Dominica, San Juan de Puerto Rico, Montserrat, Guadalupe y otras. De regreso a España estuvo recorriendo las costas del Cantábrico, para fijar poco después su residencia definitiva en el Puerto de Santa María. El tercer viaje (1499-1500) lo hizo en calidad de primer piloto de la expedición de Alonso de Ojeda, en la que participaba también Américo Vespucio. Desembarcaron en la isla Margarita y recorrieron el litoral de Venezuela desde Paria hasta el cabo de la Vela. De regreso a España realizó el primer mapamundi en el que aparecían las tierras descubiertas. En el cuarto viaje (1501-1502) partió como primer piloto de la flota mandada por Rodrigo de Bastidas. Recorrieron las costas de Tierra Firme, llegaron al golfo de Urabá, al puerto de Retrete y a Nombre de Dios, en el istmo de Panamá.

De regreso a España, en 1502, por haber sido arrestado Bastidas, la reina Isabel premió sus servicios nombrándole alguacil mayor de Urabá, por Real Cédula de 2 de abril de 1503. En ese mismo año permaneció un breve tiempo encarcelado en Portugal, ante cuya corte presentó la reclamación española por la actuación de los barcos portugueses fuera de su demarcación. El quinto viaje (1504-1506) lo hizo al mando de una expedición de cuatro buques para vigilar las costas de tierra firme hasta el golfo de Urabá. Cumplió perfectamente su misión, evitando las incursiones portuguesas y estudiando con detalle aquellas costas. De regreso a España, en 1507, se le encargó la vigilancia de las costas españolas desde el cabo de San Vicente hasta Cádiz, para apresar cualquier navío portugués que volviera de América. Dicha misión no dio resultado.


Últimos viajes

El sexto viaje (1507-1508) lo realizó con Bastidas. Viajaron a América para obtener beneficios, consiguiendo 300.000 maravedíes. A su vuelta, la reina Juana I la Loca le confirmó en su empleo de alguacil mayor de Urabá, a título hereditario.

En 1509 emprendió el séptimo y último viaje, en el que encontró la muerte. Partió al mando de un navío y dos bergantines rumbo a Santo Domingo, al encuentro de Alonso de Ojeda, que había sido nombrado gobernador de la Nueva Andalucía. Tuvo que mediar como árbitro entre Ojeda y Diego de Nicuesa, que se disputaban los límites de sus gobiernos en tierra firme, aceptándose su propuesta de fijar como límites ambas orillas del río Grande del Darién.

Inició una expedición de conquista con Ojeda, a quien propuso la fundación de una colonia en la costa del golfo de Urabá sin hostigar a una tribu asentada en el emplazamiento de la actual Cartagena de Indias. Ojeda, desoyendo el consejo, optó por atacar a los indios y se internó hasta una ranchería en la que se habían hecho fuertes y se defendieron con gran ferocidad, llegando a rodear a Ojeda, quien salvó su vida por la valiente intervención de De la Cosa, que cayó abatido por las flechas envenenadas de los indios. Poco después, Ojeda y Nicuesa vengaron su muerte con una feroz carga sobre la tribu, en la que centenares de indígenas fueron degollados. Su viuda recibió la generosa suma de 45.000 maravedíes, en reconocimiento a los servicios prestados por el esforzado marino. Se desconoce cuál fue la suerte de su hijo, que hubiera heredado el título de alguacil mayor de Urabá.

Eminente cartógrafo

El nombre de Juan de la Cosa ha pasado a la posteridad sobre todo, por su Carta de Marear o Mapamundi realizado en el Puerto de Santa María en 1500, según figura en una inscripción de esta joya de la cartografía que se conserva en el Museo Naval de Madrid después de numerosos avatares, ya que, en principio, fue archivado en la Casa de Contratación de Sevilla de donde fue robada y posteriormente vendida al barón Walcknaer en 1832. A la muerte de éste fue subastado y adquirido por el gobierno español por 4.200 pesetas. El mapamundi está trazado en una hoja grande de pergamino de forma ovalada. Su gran mérito es el representar las Indias Occidentales en el momento en que fueron reconocidas. Es admirable la semejanza con la realidad del trazado de las Antillas y de tierra firme, desde el Amazonas hasta Panamá. Supone el reconocimiento de la independencia del Nuevo Mundo respecto de Asia, y representa el enlace entre la vieja tradición medieval de elaboración de portulanos y el nacimiento de la nueva cartografía. Se sabe que Juan de la Cosa elaboró otros mapas importantes, entre ellos los de la costa Cantábrica, pero no han llegado hasta nosotros.

 

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Alonso de Ojeda (c.1466-c.1515)

 

Navegante, descubridor y conquistador español. Nacido en Cuenca entre 1466 y 1470, estuvo al servicio del duque de Medinaceli y fue protegido del obispo Juan Rodríguez de Fonseca, por cuya mediación logró embarcarse a finales de 1493 con Cristóbal Colón en su segundo viaje.

 

En la isla de La Española

En la isla de Guadalupe, Colón le confió la búsqueda del veedor Diego Márquez que con otros compañeros se habían internado en la isla y no regresaban a la flota. Ya en la isla de La Española Colón le encargó dominar a uno de los señores más aguerridos y opuestos a los españoles, de origen caribe, que reinaba en la zona central de la isla y en las minas de Cibao: Caonabo. Ojeda, en un alarde de temeridad, logró presentarse en el lugar de Caonabo, ganar su confianza y apresarlo. Tomó parte igualmente en la batalla de la Vega Real, frente a un numeroso ejército de indios que fray Bartolomé de Las Casas cifró exageradamente en cien mil.

Nuevos viajes a América

De regreso en España, asistió a una política de cambios y novedades en materia descubridora, que comenzó en 1499. Fruto de esta política fue la firma de una serie de capitulaciones (contratos con los reyes) en las que no se tenía en cuenta a Colón. Ojeda fue el primero en inaugurar lo que se ha dado en llamar ´viajes menores´ o ´viajes andaluces´. La primera expedición de Ojeda, tras formar sociedad con Juan de la Cosa y Amerigo Vespucci, zarpó del Puerto de Santa María el 18 de mayo de 1499. Siguieron la ruta del tercer viaje colombino: Trinidad, Margarita —costa de las Perlas—, Curaçao y península de Coquibacoa o Goajira. La expedición estaba de regreso en Cádiz un año después y resultó poco rentable.

Para una segunda expedición a la misma zona, Ojeda firmó una nueva capitulación con los reyes el 8 de junio de 1501 y fue nombrado gobernador de Coquibacoa. Formó compañía con Juan de Vergara y García de Campos y fletaron cuatro carabelas. Partiendo del cabo Verde, llegó a la isla Margarita, y recorrió la costa de Curiana hasta llegar a Paraguana. Durante el viaje cometió algunos excesos con los portugueses y con los indios, hasta el punto de ser encarcelado. En 1504 quedó libre con la ayuda de Fonseca. En 1508 recibió el nombramiento de gobernador de Urabá. Partió de La Española al año siguiente pero volvió a fracasar. En esta expedición perdió la vida Juan de la Cosa en un enfrentamiento con los indios. Tras este fracaso, Ojeda volvió a Santo Domingo, donde murió.

 

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Cristóbal Colón (c. 1451-1506)

 

Navegante y descubridor, tal vez de origen genovés, al servicio de España, hombre polémico y misterioso, autodidacta y gran observador, descubrió el Nuevo Mundo el 12 de octubre de 1492, fue el primer almirante, virrey y gobernador de las Indias, y enseñó a los hombres de mar de su tiempo el camino a seguir para ir y volver de América.

 

Cristóbal Colón nació el año 1451 en Génova. Algunos autores, sin embargo, defienden que era catalán, mallorquín, judío, gallego, castellano, extremeño, corso, francés, inglés, griego y hasta suizo. Siguiendo la tesis genovesa, sus padres fueron Doménico Colombo, maestro tejedor, lanero o tabernero, y Susana Fontanarrosa. De los cinco hijos del matrimonio, dos, Cristóbal y Bartolomé, tuvieron pronto vocación marinera; el tercero fue Giácomo (Diego Colón), que aprendió el oficio de tejedor; y de los dos restantes, Giovanni murió pronto, y la única mujer no dejó rastro. Recordando estos primeros años, Cristóbal escribía en 1501: "De muy pequeña edad entré en la mar navegando, e lo he continuado fasta hoy… Ya pasan de cuarenta años que yo voy en este uso. Todo lo que fasta hoy se navega, todo lo he andado".

El aprendizaje colombino se debió hacer en galeras genovesas primero, como grumete; como marinero, desde los 15 años, y con mando en barco desde los 20 o 22 años. Entre 1470 y 1476 recorrió todas las rutas comerciales importantes del Mediterráneo, desde Quíos, en el Egeo, hasta la península Ibérica, al servicio de las más importantes firmas genovesas. También participó en empresas bélicas, como el enfrentamiento entre Renato de Anjou y el rey de Aragón, Juan II, por la sucesión a la Corona de Nápoles. Se afirma que, al amparo de tantas guerras y conflictos como entonces había, ejerció de corsario, actividad muy lucrativa y reconocida hasta en los tratados internacionales de la época.


Colón y Portugal

Según cronistas contemporáneos, Colón llegó a las costas del sur de Portugal (Lagos), cerca de Sagres, tras un durísimo combate naval acaecido cerca del cabo de San Vicente, el 13 de agosto de 1476. Incendiado su barco, Colón salvó su vida agarrándose a un remo y nadando hasta la costa. Empezaba la estancia colombina en Portugal, que duró casi diez años, tan importantes y decisivos como misteriosos. Fue en el pequeño reino ibérico, y de la mano de portugueses, donde aprendió a conocer el océano, a frecuentar las rutas comerciales que iban desde Islandia a Madeira, a tomar contacto con la navegación de altura, con los vientos y corrientes atlánticos y a navegar hasta Guinea. Dicen los cronistas que Colón, una vez repuesto, marchó de Lagos a Lisboa, donde se dedicó al comercio. En 1477 viajó hasta Inglaterra e Islandia, y en 1478 se movía entre Lisboa y el archipiélago de Madeira con cargamentos de azúcar. Hacia 1480, parece que se casó con Felipa Moñiz, quien le ayudó a acreditarse y restaurarse y a moverse como vecino y cuasi natural de Portugal. De este matrimonio, nació hacia 1482 en la isla de Porto Santo, del archipiélago de Madeira, su sucesor Diego Colón.


¿Conocía Colón antes de 1492 las tierras de América?

Hay grandes indicios y alguna prueba razonable, como el preámbulo de las Capitulaciones, de que Colón, cuando elaboró su plan descubridor, sabía más de lo que decía. Tal convencimiento, que se extendió ya desde el principio entre los primeros pobladores y cronistas, se corresponde con el llamado "Predescubrimiento de América". Parece que, entre los años 1477 y 1482, en que Colón no dejó de realizar frecuentes viajes a las islas Madeira, Azores y Canarias, algo trascendental, que él califica de "milagro evidentísimo", le sucedió, si hacemos caso a sus palabras: "Me abrió Nuestro Señor el entendimiento con mano palpable a que era hacedero navegar de aquí a las Indias, y me abrió la voluntad para la ejecución de ello. Y con este fuego vine a Vuestras Altezas".

Los defensores del predescubrimiento de América sostienen que ese algo trascendental, repentino y milagroso que le sucede a Colón en cualquier momento de estos años fue que alguien, con conocimiento de lo que decía, le informó de la existencia de unas tierras al otro lado del océano. Tal información aportaba detalles bastante ajustados sobre algunas islas y sus naturales, sobre ciertos parajes y, especialmente, acerca de las distancias. Ese alguien fue, según unos, un piloto portugués o castellano (la conocida como "leyenda del piloto anónimo") que al regresar de Guinea se vio impulsado por alguna tormenta hasta las Antillas. Tras un tiempo allí, regresó, se encontró con Colón, le informó y murió. Según otra teoría, la información colombina procedería, no de un europeo, sino de algún grupo indígena que en un desplazamiento por las Antillas se vio obligado a desviarse océano adentro hasta encontrarse con Colón. Ambas teorías coinciden en señalar que tal encuentro debió producirse a bastantes leguas al Oeste de las Canarias, Azores o Madeira, en una zona que por aquel entonces frecuentaba. Cristóbal Colón se sintió elegido por la Providencia para descubrir aquellas tierras, y, a partir de ahí, comenzó a elaborar su proyecto, sabiendo que la mayor dificultad que iba a tener era cómo articularlo teóricamente para defenderlo ante los mayores expertos del momento: portugueses y castellanos.


El proyecto descubridor colombino

Por los años 1480-1482, Cristóbal Colón era un buen navegante, un hombre práctico y autodidacta, pero carecía de ciencias y saberes teóricos: "En la marinería me hizo abundoso; de astrología me dio lo que abastaba, y ansí de geometría y aritmética". Para elaborar su plan descubridor, Colón, que era más medieval que moderno, y se sentía instrumento de la Providencia, utilizó varias fuentes informativas: la Historia rerum ubique gestarum del papa Pío II; la Imago Mundi del cardenal francés Pierre d´Ailly; y la Correspondencia y Mapa que, en 1474, el sabio florentino Paolo del Pozzo Toscanelli había hecho llegar al rey de Portugal a través de su amigo, el canónigo lisboeta Fernando Martins.

De las dos primeras obras, que eran como enciclopedias del saber del momento y que estudió muy detenidamente, como demuestran las casi 1.800 apostillas o anotaciones al margen, extrajo referencias muy concretas sobre parajes bíblicos, situados en el fin del Oriente, como el Paraíso Terrenal, los Jardines del Edén, Tarsis y Ofir, el reino de Saba, los montes de Sophora, la isla de las Amazonas, que pronto situaría en distintas zonas de las Indias, porque para él allí estaba el extremo de Asia. De Toscanelli, que seguía a Marco Polo, recogió Colón todo lo relativo al gran kan, a la tierra firme asiática (Catay, Mangi y Ciamba) y sobre todo al Cipango, isla distante 1.500 millas del Continente y famosa por su riqueza. Sin embargo, hay un punto en el que Colón discrepaba del sabio florentino: las distancias entre ambos extremos del Océano. Toscanelli asignaba al mismo 120 grados de la esfera terrestre (casi el doble de la que en realidad tiene), y, aunque situaba algunas islas en el camino, la empresa resultaba muy arriesgada. Por esta razón, los portugueses, tras estudiar el plan, lo rechazaron y archivaron. Colón, sin embargo, sabía que, en el capítulo de las distancias, Toscanelli estaba equivocado: al empezar el viaje descubridor, anunció que las primeras tierras se encontrarían a 800 leguas de las islas Canarias.

Para defender su proyecto ante los expertos, tenía que entrar en mediciones sobre el grado y la esfera terrestres. Coincide con Alfragano: 1 grado = 56 millas y 2/3 (milla árabe de casi 2.000 metros); por tanto, la circunferencia del ecuador era igual a 20.400 millas. Esto daría 40.000 kilómetros para la circunferencia del ecuador (prácticamente la medida real). Sin embargo, Colón achica la esfera terrestre y da al ecuador una medida de unos 30.000 kilómetros, es decir una cuarta parte menos, porque está manejando la milla itálica, de unos 1500 metros. Hacia 1483 o 1484 defendió este proyecto ante los portugueses, que lo rechazaron. De mediciones, cálculos y Toscanelli, ellos sabían más que Colón. No les aportaba nada nuevo y además exigía mucho.


Colón en Castilla

A finales de 1484 o principios de 1485 dejó Portugal lo más secretamente que pudo y entró en Castilla: "Siete años estuve yo en su real corte, que a cuantos se habló de esta empresa todos a una dijeron que era burla", recordaría después. Tras arribar con su hijo Diego a algún puerto del golfo de Cádiz, quizá Palos de la Frontera, visitó el monasterio franciscano de Santa María de La Rábida, en donde siempre halló Colón ayuda material, amigos y conversación.

El 20 de enero de 1486, los Reyes Católicos recibieron por primera vez a Colón en Alcalá de Henares (Madrid), y a continuación nombraron una junta de expertos para valorar el proyecto colombino. La voz de la ciencia, al igual que en Portugal, le fue contraria.

A pesar de que muchos no daban crédito a lo que prometía, nunca faltaron protectores a Colón. Algunos de los más constantes fueron frailes con influencia ante los Reyes, como el incondicional, buen astrólogo y entendido en navegación, fray Antonio de Marchena. Otro religioso influyente, maestro del príncipe don Juan, y siempre favorable a Colón fue fray Diego de Deza. Es posible que el futuro descubridor revelase a ambos sus conocimientos en secreto de confesión. Un tercer religioso, decisivo en 1491 y 1492, fue el fraile de La Rábida, Juan Pérez. En la última fase de la negociación, además de hombres de religión, el genovés contó con el apoyo de algunos cortesanos distinguidos, como fue el caso de Luis de Santángel, Juan Cabrero o Gabriel Sánchez.

Entre los años de 1487 y 1488, mientras esperaba en Córdoba la decisión de los Monarcas, conoció a Beatriz Enríquez de Arana, una joven de humilde procedencia, que el 15 de agosto de 1488 le dio un hijo: Hernando Colón. Para hacer frente a sus necesidades, trabajó con sus manos pintando mapas de marear o portulanos que vendía después a los navegantes, e hizo de mercader de libros de estampa. En 1488, invitado sorprendentemente por el rey portugués Juan II, parece que hizo un viaje rápido a Portugal. Poco después, se movía por Andalucía y visitaba a los duques de Medinasidonia y a los de Medinaceli, mientras llegaba a su fin la guerra de Granada, que tenía ocupados a los Reyes Católicos.

 

Las Capitulaciones de Santa Fe

 

Después de muchas tentativas de que intercediera favorablemente de nuevo el monasterio de La Rábida y fray Juan Pérez, los Reyes Católicos, en un acto personal, no científico, decidieron respaldar el plan colombino. El 17 de abril de 1492 se firmaron las Capitulaciones de Santa Fe o documento-contrato, que estipulaba las condiciones en que Cristóbal Colón haría el viaje descubridor. El documento tiene dos partes, un preámbulo sorprendente que dice así: "Vuestras Altezas dan e otorgan a don Cristóbal Colón en alguna satisfacción de la que ha descubierto en las Mares Océanas y del viaje que agora, con el ayuda de Dios ha de fazer por ellas en servicio de Vuestras Altezas, son las que se siguen". Ese "ha descubierto" es, para los partidarios de la teoría del Predescubrimiento, la prueba documental decisiva, ya que Colón se atribuye, antes de 1492, descubrimientos en el océano que ahora transfiere a los Reyes Católicos, en virtud de lo cual estos le corresponden dándole una serie de privilegios, que forman la segunda parte del documento:

1º) El oficio de almirante de la Mar Océana, vitalicio y hereditario, en todo lo que descubra o gane, y según el modelo del almirante mayor de Castilla.

2º) Los oficios de virrey y gobernador en todo lo que él descubra o gane. No se habla de hereditariedad. Para cubrir los cargos en las Indias, puede proponer terna a los reyes para que estos escojan.

3º) La décima parte de todas las ganancias que se obtengan en su almirantazgo.

4º) Que todos los pleitos relacionados con las nuevas tierras los pueda resolver él o sus justicias. Este punto nunca se cumplió porque estaba condicionado a los precedentes castellanos.

5º) El derecho a participar con la octava parte de los gastos de cualquier armada, recibiendo a cambio la octava parte de los beneficios.

Con este documento capital y otras mercedes, se dirigió a la villa de Palos a preparar la flota descubridora.

 

El gran viaje

 

 Tres embarcaciones, Pinta, Niña y Santa María; un presupuesto de unos dos millones de maravedises; y alrededor de 90 hombres, reclutados con la ayuda inestimable de los hermanos Martín Alonso y Vicente Yáñez Pinzón, formaron la flota descubridora más trascendental de la historia. El 2 de agosto de 1492, Cristóbal Colón mandó embarcar a toda su gente, y al día siguiente, antes de salir el sol, dejaba el puerto de Palos.

La primera escala fueron las Canarias, donde tuvieron que arreglar el timón de la Pinta. El 6 de septiembre con el alisio ventando a favor, Colón marcó rumbo al oeste. Comenzaba la gran travesía. Su objetivo era el Cipango (la actual India), y advirtió a la tripulación que nadie se inquietase hasta haber navegado 700 leguas. A partir de esa distancia, no habría que navegar por la noche. Por si fallaba algo, sin embargo, decidió llevar dos cuentas sobre las distancias recorridas: una secreta o verdadera (sólo para él), y otra pública o falsa, en la que contaría de menos. El día 13 de septiembre, descubrió la declinación magnética de la tierra; y el 16 llegaron al mar de los Sargazos. A partir del 1 de octubre se da cuenta de que algo falla. El 6, ya han sobrepasado las 800 leguas y no hay indicios de tierra. Durante la noche del 6 al 7 de octubre, se produjo el primer motín entre los marineros de la Santa María. Los hermanos Pinzón apoyaron a Colón y lo sofocaron. Sin embargo, en la noche del 9 al 10 de octubre el malestar se extendió a todos, incluidos los propios Pinzón. Acordaron navegar tres días más y al cabo de ese tiempo si no encontraban tierra regresarían. No hizo falta: en la noche del 11 al 12 de octubre el marinero Rodrigo de Triana lanzó el grito esperado: "¡tierra!".


Al día siguiente desembarcaron en la isla de Guanahaní (que ellos bautizaron como San Salvador), actual isla de Watling, en el archipiélago de las Bahamas, y tomaron posesión de la nueva tierra en nombre de los Reyes Católicos. El 28 de octubre, arribaron a Cuba, y el 21 de noviembre se apartó de la flota Martín Alonso Pinzón. El 6 de diciembre llegaron a la isla de La Española; y el 24 encalló la Santa María, con cuyos restos y la ayuda del cacique de la zona, Guacanagarí, construyeron el fuerte de la Navidad. Tras dejar a 39 españoles ahí, siguieron la costa, encontraron a Martín Alonso Pinzón (6 de enero), y navegaron hasta la costa de Samaná. Desde esta zona, el 16 de enero de 1493, el almirante dio la orden de regresar a España. El viaje fue tranquilo hasta llegar a las Azores, donde sobrevino una fuerte tormenta (12-15 de febrero) que forzó a la Pinta a separarse del almirante y arribar a Bayona (Pontevedra). Otra tempestad, cerca de Lisboa (4 de marzo) obligó al descubridor a desembarcar en Portugal. El 15 de marzo, don Cristóbal, al mando de la Niña, entraba triunfal en Palos. Martín Alonso lo hacía con la carabela Pinta pocas horas después. Llegaba muy enfermo, y a los pocos días murió. Tras el éxito descubridor, don Cristóbal informó a los Reyes, que estaban en Barcelona, se dirigió a su encuentro y fue recibido por ellos con todos los honores. Para anunciar el acontecimiento a toda la Cristiandad, escribió la famosa Carta de Colón.


El segundo viaje

El 25 de septiembre de 1493, el almirante zarpó de Cádiz al mando de 17 navíos y unos 1.200 hombres, portando las primeras simientes y ganados. Al salir de las Canarias, Colón puso rumbo más al sur que en el primer viaje para llegar al paraje que denominó la entrada de las Indias, en las pequeñas Antillas. Después de descubrir la isla de Puerto Rico, llegó hasta el fuerte de la Navidad y comprobó que había sido destruido y los españoles muertos. Fundó la primera ciudad de América, la Isabela. Recorrió la costa sur de Cuba, llegó a Jamaica, y a finales de 1494 descubría América del Sur (Cumaná), aunque lo ocultó hasta el tercer viaje. Comenzaba el poblamiento de La Española, las diferencias entre españoles y los levantamientos de los indios. A partir de 1495 empezaba el desprestigio del Nuevo Mundo, siendo el grito más escuchado entre españoles: "Así Dios me lleve a Castilla". El 11 de junio de 1496 arribó a Cádiz con la intención de contrarrestar la mala propaganda de las Indias. Llegaba vestido con un sayal de fraile franciscano.


El tercer viaje

Costó mucho organizar la tercera flota colombina. Las Indias ya no atraían tanto y faltaban tripulantes. Incluso se dio poder a Colón para que embarcara a delincuentes. Ocho navíos y 226 tripulantes componían la flota, que dejó Sanlúcar de Barrameda entre febrero y el 30 de mayo de 1498. Desde Canarias, siguió a Cabo Verde y una latitud más al sur que las anteriores navegaciones, lo que le hizo sufrir una zona de calmas. Descubrió la isla de Trinidad; recorrió la costa de Paria, donde situó solemnemente el entorno del Paraíso Terrenal. Camino de La Española divisó la isla Margarita, donde se pescaban las perlas, para llegar el 20 de agosto a la nueva capital de las Indias, Santo Domingo.

La situación en que encontró a la colonia era grave: la mayoría de los españoles, encabezados por Francisco Roldán, se había rebelado contra la autoridad de los Colón. La llegada del virrey no resolvió el problema. Las quejas contra la familia Colón, agravadas con algún que otro proceder dudoso del Almirante, como ocultar el criadero de perlas de Margarita y Cubagua, llegaron a la corte y los reyes decidieron destituirlo. El 23 de agosto de 1500, Francisco de Bobadilla entraba en el puerto de Santo Domingo para sustituir al virrey y gobernador. Hubo cierta resistencia por parte de los Colón, lo que explica algo la dureza de Bobadilla. A primeros de octubre de 1500, Cristóbal, Bartolomé y Diego Colón regresaban a España cargados de cadenas.


Cuarto viaje

Los monarcas sintieron el mal trato dado a su almirante, algo lo desagraviaron, pero no lo repusieron en sus oficios perdidos. Prometieron que lo harían, mientras le encargaban el cuarto viaje. Con cuatro navíos y 150 hombres partió de Cádiz el 11 de mayo de 1502. El objetivo era encontrar un paso que permitiera llegar a la Especiería ya que Colón seguía creyendo que la zona antillana era la antesala de Asia. Para atravesar el Océano, siguió una ruta parecida al segundo viaje. Llevaba orden de no detenerse en Santo Domingo. Atravesó el Caribe hasta el cabo de Honduras; siguió hasta el de Gracias a Dios y recorrió la costa de Panamá. No encontró lo que buscaba: ni paso, ni oro, ni especias, pero en cambio sí tuvo muchas penalidades y sufrió la pérdida de dos barcos. El 1 de mayo de 1503 ponía rumbo a La Española, pero se vio obligado a recalar en Jamaica, en la bahía de Santa Ana, donde tuvo que encallar los dos barcos y esperar. La hazaña de Diego Méndez y Bartolomé Fiesco logrando llegar en dos canoas desde Jamaica a La Española logró salvarlos. El 28 de junio de 1504, dejaban Jamaica y el 12 de septiembre, en dos navíos, se dirigían a España. Después de arribar a Sanlúcar de Barrameda el 7 de noviembre de 1504, fracasado y enfermo, siguió hasta la corte y reclamó infructuosamente sus derechos. Murió el 20 de mayo de 1506 en Valladolid.

 

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20 de Enero de 1486 Cristóbal Colón

se presenta en Córdoba a los Reyes

 

Católicos y entra a su servicio.

 

Cristóbal Colón estuvo en Salamanca entre noviembre de 1486 y enero de 1487, siguiendo a los Reyes Católicos y su Corte. Los maestros del Estudio seguían con interés los avances de los portugueses en la costa atlántica, y entre ellos destacaba el astrónomo Abraham Zacut, de cuya obra Almanaque Perpetuo se sabe que Colón disponía de un ejemplar. Bajo la inspiración de Zacut empezó a pintar Fernando Gallego las figuras del zodiaco representadas en el Cielo de Salamanca, hoy en el Museo Universitario.

 

Diego de Torres, colaborador de Zacut, catedrático de Astrología entre 1482 y 1496 y asesor de los Reyes en la negociación del Tratado de Tordesillas, en 1494, formó parte de la Comisión designada por los Reyes para dictaminar sobre la viabilidad del proyecto de Colón. Otro miembro de la Comisión, el doctor Talavera, declararía después sobre las Indias Occidentales: "... e que este deponente tiene por cierto que si el dicho Almirante non porfiara, que estovieran hasta hoy sin hallar e descobrir". Hay que tener en cuenta que el propósito de Colón era alcanzar las costas orientales de Asia (Cipango), lo que era en efecto imposible debido a la poca autonomía de las naves de la época.

 

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ESPAÑA. 1455

 

EN EL MES DE ABRIL EL DÍA 9, ES ELEGIDO PAPA, EL CARDENAL ESPAÑOL ALONSO DE BORJA, CON EL NOMBRE DE CALIXTO III.

 

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Juan Ponce de León

 

Explorador, nació en San Servas en la provincia de Campos en 1460; murió en Cuba, en 1521. Fue descendiente de una familia noble y ancestral; el apellido de León fue a través del matrimonio de uno de los Ponces y Doña Aldonza de León, una hija de Alfonso IX.

 

Cuando mozo Ponce de León sirvió como paje a Pedro Núñez de Guzmán, posteriormente Tutor del hermano de Carlos V, el Infante Don Fernando. En 1493 Ponce embarcó a la Española (Sto. Domingo) con Colón en su segundo viaje, una expedición que incluyó muchos jóvenes aristocráticos y nobles aventureros quienes habían quedado sin ocupación después de la caída de Granada. Cuando Nicolás de Ovando llegó a la Española en 1502 como gobernador, encontró a los nativos en un estado de rebelión, y en la guerra que siguió Ponce rindió tan valiosos servicios que fue nombrado lugarteniente de Ovando con cuartel General en un pueblo en el lado Este de la Isla. Mientras aquí, escuchó de los Indios que había mucha abundancia en la Isla vecina de Boriquien /Puerto Rico), y pidió y obtuvo permiso para visitarla en 1508, donde descubrió muchos tesoros valiosos; por su trabajo en ésta expedición fue nombrado Adelantado o Gobernador de Boriquien. Habiendo sometido a los nativos, fue poco después removido de su oficina, pero no hasta que hubo acumulado una fortuna considerable. En ese tiempo historias del Este de Asia estuvieron muy generalizadas las cuales hablaban de una famosa agua de manantial la cual tenía la maravillosa virtud de restaurar la juventud y vigor a aquellos que la bebieran. Probablemente los Españoles escucharon de los Indios que recordaron a ellos de ésta Fuente de la Juventud y tuvieron la idea que ésta fuente estaba situada en una isla llamada Bimini que se asienta en el norte de la Española.


Ponce obtuvo de Carlos V, el 23 de Febrero de 1512, una autorización pública para descubrir y poblar la Isla de Bimini, dándole jurisdicción sobre la Isla de por vida, y confiriéndole el titulo de Adelantado. El 3 de Marzo de 1513, Ponce partió de San Germán (Puerto Rico) con tres embarcaciones, habilitadas por su propio egreso. Tomando su curso en una dirección hacia el noroeste, once días después llegó a Guanahani, donde Colón vio tierra por primera vez. Continuando su viaje, en Domingo de Resurrección (Pascua de las Flores), el 27 de Marzo estuvo incluido en la escena de la costa la cual llamó Florida en honor del día y a cuenta de la exuberante vegetación. En Abril 2 tocó tierra en un paraje un poco al norte del lugar actual de San Agustín y formalmente tomó posesión en el nombre de la Corona. Regresó enseguida, siguiendo la costa oeste a la Latitud 27º 30`, y luego regresó a Puerto Rico. Durante este viaje tuvo varios encuentros con los nativos, quienes mostraron gran coraje y determinación en sus ataques, lo cual probablemente cuenta por el hecho que Ponce no intentó encontrar un poblado o penetrar al interior en busca del tesoro que se creía estaba escondido allá. No obstante en su primer travesía había estado sin resultado hasta la adquisición de oro y esclavos, y el descubrimiento de la "Fuente de la Juventud" estuvieron comprometidos, Ponce determinó asegurar posesión de su nuevo descubrimiento. A través de su amigo, Pedro Núñez de Guzmán, aseguró un segundo acuerdo fechado el 27 de Septiembre de 1514, el cual le dio el poder para establecer la Isla de Bimini y la Isla de Florida, así él meditó al estar en Florida. En 1521 equipado con dos embarcaciones y llegando hasta la costa de Florida, exactamente donde no era conocido, fue furiosamente atacado por los nativos mientras estaba construyendo casas para sus colonizadores. Finalmente forzado a reembarcar, zarpó para Cuba donde murió por las lesiones que había recibido.

HERRARA, Primera Década (Madrid 1726); OVIEDO, Historia General y Natural de la Indias (Madrid, 1851); SHEA, La Iglesia Católica en días de la Colonia (Nueva York, 1886); SHEA, Ancient Florida in Narr and Crit Hist.Am. (Nueva York, 1889); HARRISSE, Descubrimiento de Norteamérica (Londres, 1892); FISK, Descubrimiento de América (Nueva York, 1892); LOWERY, Colonizadores Españoles en E. U. (Nueva York, 1901).

VENTURA FUENTES
Transcrito por WG Kofron
Traducido por Ramón Terrazas

 

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Diego Méndez (c.1472-1536)

 

Navegante y conquistador español. Nació en Castilla, probablemente en Zamora, de donde era natural su padre, entre los años 1470 y 1475. De muy niño marchó con su padre a Portugal, a la casa del conde de Penamacor, que lo educó con sus hijos. En 1484 regresó a España con el conde y lo acompañó por Francia, Inglaterra, Flandes, Noruega y Dinamarca. En 1492 llegó a Barcelona donde permaneció hasta la muerte del conde en 1494.

Entre 1502 y 1504 participó como escribano de la Armada, en el cuarto viaje de Cristóbal Colón. Cuando la expedición se encontraba en Jamaica rumbo a La Española encallaron en la actual bahía de Santa Ana. Colón propuso a Méndez que se aventurase en canoa a pasar a la isla Española para comprar una nao en la que pudieran seguir. Méndez realizó dos tentativas. En la primera, con una sola canoa, fracasó. Durante la segunda (1503) empleó dos canoas al mando de Méndez y Bartolomé Fiesco, cada una con seis españoles y diez indios. Después de 72 horas y haber recorrido unas 100 millas de mar recalaron en una isleta de La Española llamada Navasa. Fiesco quiso regresar a Jamaica pero no encontró a nadie dispuesto a repetir la hazaña. Méndez informó al gobernador Ovando, el cual lo recibió pero tardó incomprensiblemente varios meses antes de darle la licencia para que intentara rescatar a los que habían quedado en Jamaica.

Un año más tarde, en 1504, Méndez pudo fletar un navío y acudió a salvarlos. Esta hazaña de la canoa fue tan señalada que mandó que se dibujara en la losa de su sepultura y en su escudo de armas.

En 1508 fue armado caballero de las espuelas doradas por el rey Fernando el Católico, en la villa de Fuente de Cantos, Badajoz. En 1509 pasó a Indias como secretario y contador del segundo almirante Diego Colón, de quien recibiría al año siguiente una encomienda de 80 indios. También recibió indios en el repartimiento de 1514. Diego Méndez demostró siempre ser un fiel criado de la familia Colón. En 1517 casó con Francisca de Ribera que le dio dos hijos legítimos y ese mismo año visitó la corte de Carlos I en Flandes para tratar algunos asuntos colombinos. Finalmente, en 1522 alcanzó uno de sus sueños: ser alguacil mayor de La Española. Falleció el 8 de diciembre de 1536 en Valladolid.

 

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Concilio de Aranda - 1473 - Convocado en Aranda en la provincia de Burgos en España, en 1473, por Alfonso Carillo, Arzobispo de Toledo, para combatir la ignorancia y las malas vidas de algunos eclesiásticos. Entre los veintinueve cánones del Concilio existe uno que afirma que las órdenes no deben ser conferidas a personas que no hablen Latín. Algunos cánones tratan acerca de los matrimonios clandestinos.

HARDUIN, Coll. Conc. (Paris, 1700-16), IX, 1501.

Traducido por Carlos Augusto Claux

 

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ESPLENDOROSO CONVENTO DEL 1475 - ESPAÑA - El Convento de Santa Paula – SEVILLA. Se encuentra en la calle del mismo nombre. Cercano a las Parroquias de San Julián, San Román y San Marcos, y al Convento de Santa Isabel.

El horario de apertura es de lunes a domingo de 10.30 a 12.30 horas y de 16.30 a 18.30 horas.

La entrada es gratuita, pero las monjas agradecen una propina para el mantenimiento del Museo.

Los grupos deben concertar previamente su visita al teléfono 442.13.07.

La fundación de este convento de religiosas jerónimas se realizó en el año 1.475.

Las obras de la Iglesia se realizaron entre 1.483 y 1.489. La portada de la misma, fechada en 1.503, constituye un magnífico ejemplo del estilo llamado Reyes Católicos, que se desarrolló en España en el último cuarto del siglo XV, en la que se unen estructuras góticas, técnica constructiva mudéjar y decoración renacentista.

En esta fachada colaboraron el escultor Pedro Millán y el ceramista Niculoso Pissano.

La Iglesia presenta una sola nave cubierta por un artesonado obra de Diego López de Arenas de 1.623.

El presbiterio ligeramente más elevado, se cubre con bóvedas de nervaduras.

El retablo mayor es obra barroca de 1.730 realizada por José Fernando de Medinilla. La imagen de Santa Paula se atribuye a Andrés de Ocampo de finales del siglo XVI y podría proceder del antiguo retablo.

En el muro de la izquierda figura el enterramiento de Isabel Enríquez bajo cuyo patrocinio fue construida la Iglesia y en el de la derecha su marido D. Juan Condestable de Portugal y marqués de Montemayor, las figuras yacentes son obra de principio del siglo XVI.

En los muros laterales del presbiterio aparecen dos grandes lienzos en los cuales se representan episodios de la vida de Santa Paula. son obra de Domingo Martínez realizadas hacia 1.730. Al mismo pintor pertenecen las pinturas al temple que adornan las bóvedas y que entre elementos vegetales representan ángeles.

De la primera mitad del siglo XVII es el retablo de San Juan Evangelista realizado por Alonso Cano, la imagen del Santo titular se debe a Martínez Montañés.

El retablo de San Juan Bautista fue realizado en 1.637 por Felipe de Rivas. el Santo titular situado en la hornacina central es obra de Martínez Montañés.

El Convento de Santa Paula ha sido el primero en crear un Museo donde exponen al público obras de arte antes relegadas en la clausura.

El Museo se dispone en varias dependencias altas a las que se accede desde el compás interior por una escalera que aunque moderna ha sido realizada con una perfecta adecuación al espíritu histórico del edificio.

En el museo se guardan diversas obras pictóricas y escultóricas correspondientes a los siglos XVI al XVIII.

Una mención especial merece la colección de orfebrería entre las que destaca la pieza más antigua datable en el siglo XV y el relicario regalado por Mariana de Austria en 1.694.

Desde la ventana de la Sala San Isidoro puede admirarse el claustro principal del convento, obra de principios del siglo XVII.

El recorrido del Museo finaliza en el coro cubierto por una artesonado mudéjar, prolongación del de la Iglesia.

La comunidad religiosa elabora dulces, especialmente mermelada muy estimados por su cuidada elaboración que pueden adquirirse en el mismo convento

 

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Fernando de Rojas - (1473/1476 - 1541)

 

Fernando de Rojas debió nacer entre 1473 y 1476 en La Puebla de Montalbán (Toledo). Sus antepasados fueron judíos hasta que uno de ellos -acaso su bisabuelo- se convirtió al cristianismo, por lo que Fernando perteneció a una familia de conversos.

Hacia 1488 se trasladó a Salamanca, en cuya Universidad estudiaría latín, filosofía y otras materias necesarias para obtener el título de bachiller en leyes, tras, al menos, seis años de estudios de Derecho. Durante estos años, redactaría los quince últimos actos de su única obra conocida, que apareció impresa en 1499 con el nombre de Comedia de Calisto y Melibea. Más tarde reconocería ser un mero continuador de poco más del primer acto, que atribuyó a Juan de Mena o Rodrigo de Cota. En los siguientes años, se ampliarían a veintiuno los dieciséis actos de la edición original y pasaría a conocerse como Tragicomedia de Calisto y Melibea.

En 1507, por un altercado fiscal con un vecino, se traslada a Talavera de la Reina, donde ejerce su profesión hasta el final de sus días. También ahora contrae matrimonio con Leonor Álvarez de Montalbán, hija, igualmente, de conversos. De ella tuvo siete hijos que alcanzaran la madurez, el primogénito de los cuales continuó la carrera de su padre. En 1525 fracasó al intentar representar a su suegro en un proceso inquisitorial, debido a su condición de converso. Hacia 1538 debió ser Alcalde de Talavera, y, quizá lo había sido ya antes.

Murió el año de 1541 sin hacer la menor alusión a su obra -que pronto se conoció como La Celestina-. Se discute que su situación haya sido la que se suele esperar en un converso, es decir, la de alguien acosado por una sociedad cruel. Su testamento refleja el estado de un hombre respetado y dotado de un considerable patrimonio.

 

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Juan Sebastián Elcano, (1476-1526)

 

Navegante y descubridor español que consiguió dar la primera vuelta al mundo y demostrar así la esfericidad de la Tierra. Elcano nació en Guetaria (Guipúzcoa). Enrolado desde su juventud en barcos pesqueros y comerciales, tenía una gran experiencia marinera. En 1509 tomó parte en la expedición militar dirigida por el cardenal Francisco Jiménez de Cisneros contra Argel. A su regreso se estableció en Sevilla, donde tuvo conocimiento del proyecto del portugués Fernando de Magallanes para descubrir una ruta por occidente, a través de un paso o estrecho por el sur de América, que llevara a las islas de las especias sin atravesar por dominios portugueses.

Elcano se alistó en 1519 como contramaestre de la nave Concepción con la expedición de Magallanes. 

Con toda la Armada, cruzó el océano Atlántico y se dirigió a Sudamérica. Invernó en la bahía de San Julián, en la Patagonia, donde hubo un intento de sublevación cuya causa apoyó Elcano. El 21 de octubre de 1520 se adentraron en el deseado estrecho al que Magallanes bautizó de Todos los Santos. El 28 de noviembre salieron al mar del Sur, al que denominaron con el nombre de mar Pacífico o mar de las Damas por los suaves vientos alisios que soplaban. Por él navegaron durante tres meses en condiciones calamitosas al carecer la tripulación de agua y provisiones frescas y, en consecuencia, padecieron de escorbuto. El 24 de enero de 1521 llegaron a las islas Marianas* o de los Ladrones. Muerto Magallanes en las Filipinas, Elcano, al mando de la expedición, se dirigió a las Molucas, a donde llegó a finales de 1521. Allí, en la isla de Tidore, cargó un importante cargamento de especias, con lo que se cumplió el objetivo del viaje. La proximidad de los portugueses, dueños comerciales de la zona, le hizo poner rumbo al oeste. Arribó a la isla de Timor (1522) donde supo de la existencia de otras tierras e islas, las actuales China, Java e Indonesia. Ya sólo con la nave Victoria cruzó el océano Índico, dobló el cabo de Buena Esperanza (mayo de 1522) en el sur de África y, poniendo rumbo al norte, llegaron a las islas de Cabo Verde, que pertenecían a la Corona portuguesa. Aquí supieron que llevaban un día de retraso como consecuencia de haber navegado de Este a Oeste, dando la vuelta a la Tierra. Por fin, después de tres años y catorce días de navegación, el 6 de septiembre de 1522 la expedición al mando de Elcano, tras recorrer 14.000 leguas, entraba en el Puerto de Santa María con sólo 18 hombres y la nave Victoria, la única que quedaba, cargada de especias. El emperador Carlos V (Carlos I de España) recibió a los supervivientes en Valladolid y concedió a Elcano una renta anual de 500 ducados en oro y un escudo de armas, cuya cimera era un globo terráqueo con la leyenda Primus circumdedisti me (El primero que me rodeaste). En un segundo viaje a las Molucas, Elcano murió el 4 de agosto de 1526 durante la travesía del Pacífico.

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Encuentran la cabeza del jesuita mártir que evangelizó las Islas Marianas en el s.XVII

           

Actualizado 31 octubre 2013

Manuel de Solórzano y Escobar, jesuita nacido en Fregenal de la Sierra en 1649, participó en la evangelización de las Islas Marianas, en el Pacífico, y murió en las revoluciones de los nativos.

 

Tras ser degollado en la isla de Guam, su cabeza fue enviada a España y guardada como reliquia en Fregenal de la Sierra hasta finales del siglo XIX, para pasar después a Segura de León y otras poblaciones bajoextremeñas. Se dio por perdida en un momento dado hasta que, recientemente, se reencontraba, en Segura de León.

 

Ello ha motivado una comunicación sobre la colonización y evangelización de las Marianas, así como sobre los avatares de la reliquia y su urna a cargo de los estudiosos de origen segureño, Andrés Oyola Fabián y Manuel López Casquete. El trabajo de ambos se sustancia en una interesantísima ponencia, que muestra la dimensión histórica de este Jesuita, presente en la Galería de Hombres Ilustres de Fregenal.


 

Los investigadores extremeños con la calavera del padre Solórzano

 

Las reliquias del padre Solórzano

«El reencuentro de las reliquias del Padre Solórzano, supone un hallazgo de interés histórico, religioso, arqueológico e incluso anatómico forense, habiendo despertando una atención muy especial entre los jesuitas de la antigua provincia Bética y en los de la isla de Guam», tal y como expresan los autores de este trabajo.

Comienza el estudio con claras referencias al descubrimiento de las Marianas, hasta la llegada a Filipinas de los primeros Jesuitas en 1581.

 

Un siglo más tarde, en 1680, llega a la isla de Guam el Padre Solórzano.

 

Primogénito de familia noble

Manuel de Solórzano y Escobar, según relatan Andrés Oyola y Manuel López, era el primogénito de una familia de la nobleza frexnense y tuvo que vencer la oposición familiar para ingresar en la Compañía de Jesús.

 

Tras su llegada a la isla de Guam estudió la lengua de aquellas tierras y bautizó a más de trece mil nativos.

La Compañía de Jesús lo nombró provincial de las Marianas.

 

Le mataron cuando decía misa

El 23 de julio de 1684, tras la derrota de la guarnición española en un ataque a la misión de Agaña, encuentran al Padre Solórzano, diciendo misa y tras asestarle varios golpes terminan cortándole la cabeza.

 

Tras su muerte, los jesuitas recogen la cabeza, considerándola desde ese momento reliquia del martirio del jesuita frexnense pasando desde la isla de Guam por Madrid, Fregenal de la Sierra, Villafranca, Badajoz y Segura de León, donde actualmente se encuentra guardada.

http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=31959

 

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Imperio Timúrida - Época: Asia y África -

 

Poco después de la caída de la dinastía Yüan en China y de la expulsión de los mongoles del Celeste imperio, la nobleza turca también arrebató el poder a los mongoles en el khanato del Turquestán. Pero aquí un personaje turco-mongol, llamado Tamerlán, lograría en poco tiempo crear el llamado segundo Imperio mongol. Tamerlán (Timur Leng o Timur el Cojo) nació en 1336 en Transoxiana, cerca de Samarcanda, en el seno de una familia noble del clan mongol turco de los Barlas. Su sobrenombre de el Cojo le vino a raíz de que una ballesta atravesara su pierna. Las fuentes historiográficas timúridas lo han querido hacer descender de un compañero de Gengis-Khan, si bien era de origen turco. De extraordinarias dotes militares, pero sin ninguna clase de escrúpulos, sabe cómo ampliar rápidamente su poder aprovechando la desintegración del khanato de Yagathai y encauzando el espíritu de conquista de las tribus turcas, a las que había forzado ya antes a someterse a su poder como visir del khan de Yagathai. 

Tamerlán fue un ferviente musulmán que aglutinó en torno a su originario Turquestán un inmenso Imperio que tuvo como capital Samarcanda. Su política económica fue muy distinta de la tradicional de los mongoles, ya que interrumpió la habitual ruta comercial que iba desde Europa hasta China, a la vez que prohibió en sus dominios la acción de los misioneros cristianos, que hasta entonces habían sido respetados. Fue un conquistador nato en la línea destructora de los turco-mongoles, y su gran imperio se mantuvo únicamente por sus continuas guerras y por la ocupación militar. Primero sometió Persia y parte de Asia Menor. De 1376 a 1378 luchó contra la Horda Blanca de Siberia occidental y en 1391-1395 contra la Horda Amarilla. En 1397 sometió Jorezm y en los años 1398-99 emprendió una campaña contra la India, destruyendo Delhi. 


En 1400 conquista Siria, un año después tomó Bagdad y en 1402 venció al ejército otomano del sultán Bayaceto en la batalla de Angora (Ankara). Su obsesión fue la conquista de China, preparando una gran campaña militar contra ella en 1404, pero apenas iniciada murió a los setenta y un años. La grandiosidad territorial del imperio de Tamerlán careció de la más mínima homogeneidad institucional y administrativa, le faltó la faceta de hombre de Estado que tuvo en cierta manera Gengis-Khan. Al vencer a los turcos otomanos su figura despertó gran admiración en Occidente, que le vio como un valedor de la Cristiandad frente al poderío más próximo y peligroso de los sultanes otomanos de Bursa. En este contexto admirativo hay que situar la embajada de Ruy González de Clavijo que en nombre de Enrique III de Castilla se presentó en su corte, y que nos ha dejado uno de los documentos más interesantes del último gran conquistador turco-mongol. Samarcanda, capital del imperio timúrida, se convirtió en una esplendorosa y rica metrópoli. Gracias a su posición se convirtió en el principal mercado y nudo caravanero de Asia, que Tamerlán embelleció con la construcción de la gran mezquita, que siguió el modelo de la mezquita de las Mil Columnas de Delhi; el mausoleo de Bibi Khnaum, su primera mujer; la calle funeraria de Shah Zinde, en la que están enterrados los miembros más destacados de su familia, y, finalmente, su propio mausoleo. Del rico y enorme palacio de Tamerlán en Samarcanda nada se ha conservado, a excepción de lo que nos han dejado los testimonios literarios y las miniaturas persas. Siguiendo la costumbre de los pueblos de la estepa, Tamerlán dividió sus conquistas entre sus hijos y nietos, aunque dejó a uno de ellos, Xahruj, la supremacía sobre los demás. Samarcanda continuó hasta principios del siglo XV como una gran capital comercial y artística, si bien políticamente, a la muerte de Xahruj, en 1447, el imperio timúrida se fraccionó hasta desaparecer, disperso entre los Estados rivales más próximos.

 

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Antón de Alaminos (1482-1520)

 

Marino español, grumete en el tercer y cuarto viaje de Cristóbal Colón y piloto en los realizados a México por Fernández de Córdoba, Grijalva y Hernán Cortés. Nació en Palos de Moguer y desde muy joven se sintió atraído por el mar. Tras haber participado en los referidos viajes colombinos, pasó algún tiempo en la isla Española y de allí se trasladó a Cuba. Hallándose en ésta fue como, en calidad ya de piloto, jugó papel importante en las tres expediciones que tuvieron como consecuencia el descubrimiento y la ulterior conquista de México.

Una vez que Cortés se estableció en Veracruz y erigió allí el primer ayuntamiento que le confería plena autoridad, con independencia del gobernador de Cuba, Diego Velázquez, decidió el conquistador informar al emperador Carlos V (I de España). Dispuso así en julio de 1519 el envío de dos procuradores suyos que llevaran la llamada Carta del Cabildo, así como ricos presentes para el soberano y algunos regalos para don Martín, su propio padre. Teniendo como piloto a Antón de Alaminos, partieron como procuradores, Francisco de Montejo y Alonso Hernández Portocarrero.

Alaminos descubrió en ese viaje la corriente del golfo de México. Aunque tenía instrucciones de no acercarse a la isla de Cuba, Montejo persuadió a Alaminos de que hiciera un alto en el lugar conocido como Marién, donde él tenía una estancia pretextando que allí había de surtirse de provisiones. Diego Velázquez, que recibió de Montejo información acerca de esto, envió dos navíos ligeros para detener a la embarcación piloteada por Alaminos. Ésta logró escapar y llegó a Sanlúcar de Barrameda en octubre de 1519. El capellán de Diego Velázquez, Benito Martín, que se hallaba por ese tiempo en Sevilla, al conocer el arrivo de los procuradores de Cortés, logró que la Casa de Contratación los apresara y confiscara los presentes que enviaba el conquistador a Carlos V y a su padre. Hernández Portocarrero murió en prisión, en tanto que Francisco de Montejo regresó algún tiempo después a la Nueva España. Antón de Alaminos, según parece, murió poco tiempo después en España.

 

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Primitiva evangelización de Iberoamérica

y Filipinas 1492-1600".

 

Dentro de la gesta que supuso la cristianización de Hispanoamérica éste es un manual excelente sobre la evangelización del Perú de Fernández García editado por la PUCP en Lima.

 

La presentación corre a cargo del académico de la Historia del Perú y maestro de los historiadores de la Iglesia en Perú: P. Armando Nieto, S.J., recientemente investido como doctor "honoris causa" -el primero en 10 años- de la Universidad "Marcelino Champagnat". Como aval para el autor nos recuerda que el P. Enrique Fernández, filósofo y teólogo, cursó el postgrado de Historia en la prestigiosa Universidad de Comillas y ejerció en el Instituto Histórico de la Compañía de Jesús, al lado del P. Antonio de Egaña, con quien publicó el acreditado volumen VII Monumenta Peruana (Roma 1981, 1066 pp) referido al trienio 1600-1602. En solitario preparó el tomo VIII de Monumenta Peruana (Roma 1986, 680 pp) correspondiente a los años 1603 y 1604. Nacido en La Coruña en 1922, pertenece a la provincia jesuítica del Perú desde 1940, o sea hace 60 años, pasando por los prestigiosos colegios de la Compañía como el de la Inmaculada de Lima (donde tuvo como alumno al llorado maestro Dr. Franklin Pease, quien siempre que acudía a Arequipa le visitaba) y el de San José de Arequipa. Desde 1988 enseña Historia de la Iglesia en el Seminario Arquidiocesano de Arequipa. Fruto de su concienzudo trabajo de investigación en Roma y este rico magisterio, empapado de la más selecta bibliografía, es este enjundioso tratado, tan denso y ameno a un tiempo.

Los historiadores, estudiantes y hombres de a pie agradecemos al P. Enrique el que haya leído tanta documentación con calma y hondura, libándonos -cual buen catador- el elixir quintaesenciado de las obras -en este orden- de Fernando Armas Medina, P. Calancha, Monseñor Lissón y, sobre todo, del P. R. Vargas Ugarte, para ofrecernos un didáctico compendio o manual sobre la evangelización. Precisamente cuando estaba redactando este comentario, en el Archivo "Vargas Ugarte", he ubicado el manuscrito del "Plan de Estudios de la Universidad de San Marcos", redactado por D. Toribio Rodríguez de Mendoza, artífice del Convictorio San Carlos, quien centra su plan de reforma en la elaboración de compendios y manuales: "Yo bien veo que esto exige de los maestros mucho estudio, muchas fatigas y esfuerzo. Es verdad, pero eso es lo que, puntualmente se intenta. Ellos deben llevar la carga y sufrir el trabajo como el labrador para que al corto esfuerzo de los (escolares) logren éstos brotar, crecer y dar el fruto a su tiempo". Manuscritos XI n.178)

El subtítulo nos indica bien a las claras el ambicioso contenido: "Primitiva evangelización de Iberoamérica y Filipinas, 1492-1600- Historia de la Iglesia en el Perú, 1532-1900".

450 páginas articuladas en 6 apartados con 95 capítulos y 642 apartados, de diferente extensión, oscilando entre los 10 de la parte tercera (Iglesia en la órbita de Lima y más allá, 1534-1600) y los 22 de la segunda (Cristianización del Perú, 1532-1600). Exhaustivo índice complexivo (onomástico, topográfico y temático) de más de 2660 voces (137 de Lima, 81 de "Arequipa", 37 Perú), en cuanto a las Órdenes 72 veces los franciscanos, 66 jesuitas, 52 los dominicos, 33 los agustinos, 29 los mercedarios; los valiosos apéndices (glosario de voces indígenas y términos eclesiásticos, papas de 1492 a 1903, reyes españoles, virreyes y presidentes de la República de Perú, arzobispos de Lima y obispos del Perú), 9 fragmentos históricos, 27 mapas... La misma portada sugiere la cruz -al autor le habría gustado que tuviese a Cristo- sobre ruinas prehispánicas.

Si queremos penetrar en el punto de vista, mentalidad, o, mejor, en la actitud cordial del autor hacia el tan controvertido contenido tratado, la evangelización del Perú, podemos ir directamente y consultar la página 75: "la cristianización del Perú fue rápida -70 años- y fulminante (por el establecimiento de parroquias, conventos, doctrinas, cofradías)... El Perú se cristianizó además externamente con la erección de cruces en cerros y encrucijadas, con capillas y templos que muy pronto llenaron el paisaje. Pero no menos ideológicamente por la predicación apostólica y la catequesis incesante a todos los niveles". Nuestro autor abre su obra ("dentro del mundo católico que reza en castellano, el Perú, con casi 25 millones de habitantes, figura entre los más importantes" (p.17)) donde concluye Manuel M. Marzal su estudio "Un siglo de investigación de la religión en Perú" Antropológica 14 PUCP, Lima 1998: "El Perú sigue siendo un país básicamente creyente. Los censos hablan de un ligero aumento de la increencia. Así en la Gran Lima (provincias de Lima y Callao), que deben tener la mayor increencia, hay estos porcentajes: 1920 (1,28), 1940 (0,19), 1961 (0,23), 1972 (0,63), 1981 (0,33) y 1992 (1,45)". Los dos constatan idéntica realidad, la misma que ofrecía la edición estadística de Datum Internacional de El Comercio :"el Perú es el país donde más se cree en un Dios (80%), reafirmando así una tradición católica que no ha perdido vigencia" ("La Encuesta del Milenio: Religión" Lima 19 marzo 2000, p.5).

Como puede observarse, se desmarca completamente de las tesis que consideran la evangelización como un barniz o un aspecto externo, cultual, concluyendo de sus 10 largos años de estudio y 60 de pastoral que impresiona a cualquier observador la huella profunda que dejaron impresa los misioneros en el Perú en catedrales, templos y capillas, pero sobre todo en el cálido fervor de la fe entre nosotros" p.17. Vemos, por tanto, que es el contrapunto de la tesis de Mariátegui -compartida aún hoy por algunos sociólogos y antropólogos- de que no se dio cristianización, pues los misioneros no impusieron el evangelio, sino el culto, la liturgia, adecuándolos sagazmente a las costumbres indígenas, y que el paganismo indígena subsistió bajo el culto católico. Lo explica diciendo que desaparece la religión incaica junto con el imperio, se implanta el culto católico y persisten los ritos agrarios, lo cual, en su opinión, es una forma de religión panteísta, tesis no compartida por la mayoría de los estudiosos. Tales afirmaciones fueron refutadas, entre otros, para quien el culto católico simplemente se yuxtapuso al fetichismo primitivo, penetrando el espíritu católico en las masas indígenas, alejando sus dioses definitivamente. Por los cambios psicológicos, la idea de un Dios paternal se extendió a todos los indios, y por los ambientales, o mejor culturales, aparece el templo como hogar religioso, la vida del pueblo se regula por la liturgia y los grupos familiares se prolongan en la cofradía (1965: 236-237). En síntesis, se da una real transformación cultural, tal como demuestra M. Marzal, tras recoger la información en archivos peruanos y españoles y de analizar, en el contexto histórico-colonial del primer siglo y medio de ocupación, el sistema de creencias, de ritos, de organización y de ética de la religión prehispánica y del catolicismo español del siglo XVI; concluyendo que, hacia la segunda mitad del siglo XVII, la mayoría de los indios acaba aceptando el catolicismo, aunque muchos de ellos, sobre todo del sur andino, hayan conservado e integrado elementos de su viejo sistema religioso andino, para conformar un sistema más o menos sincrético.

Me atrevo a escribir que será de obligada lectura para cuantos quieran adentrarse en la sugestiva historia de la evangelización. Historia, por otra parte, que es, especialmente, sin soslayar el mundo de pecado y miseria -como recuerda Juan Pablo II- historia de santidad. En este sentido, el autor no oculta su profundo estupor por la magnitud de la empresa evangelizadora: "Impresiona a cualquier observador la huella profunda que dejaron impresa los misioneros en el Perú" (p.17).

A pesar de que predomina el estilo analítico, descriptivo, de acciones y personas, se concede especial relieve a las comparaciones y síntesis. No oculta sus simpatías por personajes controvertidos como el P. Valverde y lo que escribe el P. Fernández podíamos considerarlo como auténtica reivindicación del personaje, tanto de su vida como de su obra, sin dejar de lado la importantísima carta-informe de 20 de marzo de 1539. Se trata de un documento de 12 folios por ambas caras dirigida al emperador Carlos I, en el que se informa detalladamente de los primeros siete años de conquista y evangelización, con un Cuzco semidestruido.

Hay ponderadas síntesis de "grandes" protagonistas como sucede con Loaisa (p.138), Lartaún (p.152) Mogrovejo (154-162), Villagómez (259ss, 276ss) Arriaga, a quien en la escueta semblanza le libera un tanto de la obsesión de algunos historiadores en reducirle a "extirpador" de idolatrías (p.242)... Pero nos da luz para rescatar del olvido a "pequeños" protagonistas como Pedro de Añasco (p.166), Gregorio de Cisneros (p.167), Gonzalo Báez, el santo portero jesuita portugués afincado en Arequipa (p.273), los mártires (unos 20 indios cristianos y los franciscanos Antonio Cabello y Francisco Francés) del S. XVIII en las Misiones de Cajamarquilla y Pataz.

Hay que destacar también, la buena vista para "acercar la lente" a hechos decisivos como fue el Tercer Concilio Limense al que nos acerca magistralmente. Primero nos sitúa en el contexto, a continuación nos habla de los participantes. En segundo término se ocupa de describirnos esta magna asamblea sinodal: Primera Acción: inauguración, intermedio borrascoso, oposición cerrada, receso y apertura; Segunda Acción: concilios pasados, catequesis, sacramentos (matrimonio, confesión, eucaristía, varia del culto, extremaunción, orden sagrado, matrimonio de nuevo, gratuidad, doctrinas); Tercera Acción: obispos-selección, clérigos-reforma, pueblo fiel; Cuarta Acción: visitas y visitadores, trato con los indios, culto y liturgia, doctrinas, régimen diocesano; Quinta Acción: miscelánea, un solo Perú. En tercer lugar se centra en los "complementos pastorales", impresos en 1584 y 1585 por Antonio Ricardo, quien inaugura la imprenta en Perú con los tres catecismos trilingües -castellano, quechua y aimara- (Doctrina cristiana, Catecismo breve, Catecismo Mayor para los que son más capaces), el Confesionario para los curas de indios y el Sermonario -Tercer Catecismo- "para que los curas y otros ministros prediquen y enseñen a los Indios y demás personas". Como complemento de este exhaustivo análisis, se citan las apelaciones y aprobación de los decretos, así como un juicio crítico del quisquilloso obispo de Cuzco, Lartaún. El autor, acertadamente, nos ofrece una rápida visión de los concilios limenses IV (1591) y V (1602), frustrados en la práctica, y nos recuerda que habría que esperar 171 años para la celebración del VI en 1772, con tinte regalista y que no contó con la aprobación papal (330-332).

Particularmente me ha sido grato encontrarme con elementos de la vida cotidiana como el recuerdo de los "ciegos repetidores", "estantes y ambulantes que se sabían de memoria la doctrina y la repetían a los indios", el sistema mnemotécnicos de quipus y el método coral (p,118); el que Fray Domingo de Santo Tomás, primer egresado de la Universidad de San Marcos de Lima y autor de la primera gramática quechua, viniese con 1.500 ejemplares impresos en Valladolid; la numerosísima familia Oré que pobló varios conventos con las cinco clarisas y los cuatro franciscanos, entre los que descuella la figura señera de Fray Luis Jerónimo; el P. Alonso de Barzana, "en la huella de San Juan de Ávila", quien logró dominar las lenguas quechua (en el Cercado de Lima y Huarochirí; catequizó a Túpac Amaru I), aymara (Juli), puquina (Arequipa), tonocoté y cacán (Tucumán), natija y avipona (entre los Calchaquíes) y "fue muy buen teólogo, extraordinario lingüista, un espíritu dócil, cordial, sumiso como un niño a sus superiores y hermanos, pero sobre todo muy siervo de Dios, de gran oración y un celo apostólico contagioso", tal como revelan las 30 cartas conservadas de él (p.166).

Como en toda obra que no se basa directamente en las fuentes, se pueden deslizar algunos errores, que vienen arrastrados por la bibliografía consultada. Indico alguno por coincidir con asuntos que he debido investigar directamente. Es el caso de hacer al Deán Valdivia párroco de Paucartambo (p.381) (en Cuzco) por Paucarpata (junto a Arequipa), o señalar Rubialejos (p.334) como patria de Abad Illana cuando fue Valladolid capital. Otros pueden ser problemas de imprenta como el baile de números sobre el Seminario de Santo Toribio de Lima: en la página 120 se dice que fue fundado en 1584 con 24 alumnos y en la p. 231 se da la fecha de 1591 (correcta) y con 28 alumnos.

Si en la reciente compilación La construcción de la Iglesia en los Andes PUCP, Lima 1999, F. Armas Asín anuncia que es la respuesta de un "sólido grupo de estudios referentes a la Iglesia peruana, desde una perspectiva histórica[...] estudios científicamente rigurosos y académicos [...] desde una determinada mirada extraeclesial sobre el fenómeno religioso"(p.19), acá podríamos afirmar lo mismo pero cambiando "extraeclesial" por "intraeclesial". Con esta "opera magna" de la historia de la evangelización en el Perú, se reaviva la tradición historiográfica religiosa de la mano de cultos eclesiásticos peruanos, tanto los que escriben desde Arequipa (V. Travada, F.J. Echevarría, J.D. Zamácola, E. Passarell, Víctor M. Barriga, E. Alarcón, Santiago Martínez...) como desde Lima (Alonso de la Cueva, M. Tovar, P. García Sanz, E. Lisson, L. Lituma, R. Vargas Ugarte).

Ignora las polémicas ideológicas y se atiene pulcra y fielmente a los datos obtenidos, que zurce armónica y coherentemente, deduciendo del estudio del análisis de la trayectoria histórica de la evangelización las raíces de la fe en Dios del pueblo peruano, su adhesión a la persona de Cristo, su devoción a la Eucaristía, el culto a la Virgen María, su afecto a la Cruz, a los santos y a los sacerdotes, la construcción de catedrales, templos y capillas, y, sobre todo en el cálido fervor de la fe.

Ojalá esta obra se difunda y aproveche como se merece. Será el mejor homenaje a su generoso autor a quien agradecemos su empeño y felicitamos por su publicación en la aurora del tercer milenio cristiano. De igual modo, le animamos a que en una segunda edición se amplíe el estudio al presente siglo, con lo que el manual quedaría completo.
Agradecemos al autor - José Antonio Benito. «FORO ARBIL»

 

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De hombres, hechos, notas y acontecimientos de tal época para comprender, alumbrar e ilustrar el contexto... años 1520...:

 

Familias que matan
Cuando Felipe II tomó en matrimonio, en cuartas nupcias, a su sobrina Ana de Austria en 1570, no sabía que la carga genética del futuro Felipe III tendría el mismo nivel de consanguinidad que si lo hubiera engendrado con una de sus hijas. Lo mismo le pasó, años más tarde, a Felipe IV cuando se casó con su segunda mujer, Mariana de Austria, también sobrina: el ADN del futuro Carlos II tenía niveles similares al de cualquier fruto de un incesto.
Así lo confirma el estudio «El papel de la endogamia en la extinción de la dinastía española de los Habsburgo», que será publicado hoy a nivel mundial por la revista estadounidense «Plos One». El trabajo, dirigido por Gonzalo Suárez, catedrático y responsable del departamento de Genética de la Universidad de Santiago de Compostela, conduce a una fatal conclusión: los repetidos casos de problemas de crecimiento, enfermedades mentales y proclividad a la enfermedad de muchos de los Austrias a raíz de su elevada endogamia se encarnaron en 1665 en el último monarca de la dinastía, Carlos II «El Hechizado».
¿Hechizado? De eso nada. «La configuración de sus genes alcanza los niveles de un cruce entre hermanos, incestuoso. Eso nos da pie para explicar muchas de las enfermedades que tuvo: de pequeño sufrió raquitismo, no habló hasta los seis años, no tuvo hijos, a los treinta parecía un viejo... Seguramente, Carlos II era homocigótico para dos enfermedades que podrían haber provocado esa sintomatología», explica Suárez. De este modo, los genes recesivos habrían provocado en el último de los Austrias un déficit de hormonas en la glándula pituitaria (raquitismo) y acidosis tubular renal. También los problemas de impotencia y estirilidad del monarca, que finalmente desembocaron, como ya se sabe, en la llegada de los Borbones.
La investigación del equipo gallego no tiene nada que ver con la profanación de tumbas reales. «No hemos cogido el ADN de nadie: habría que ir a El Escorial para secuenciar un genoma muy degradado. Siemplemente, hemos recabado información fiable de las genealogías de los Austrias, de forma extensísima, con más de tres mil personajes a lo largo de dieciséis generaciones». Un programa informático determinó, durante más de un año, el coeficiente de consanguinidad de cada una de las piezas del puzzle «con mucha exactitud». Aun teniendo en cuenta los previsibles engaños matrimoniales, las cifras son alarmantes: «El veinticinco por ciento de los genes de Carlos II llevaba la misma secuencia en un crosmosoma que en el otro homólogo. Hay que tener en cuenta que si dos primos tienen un hijo a día de hoy, no pasaría del seis por ciento», explica el catedrático. La razón de ello están en la denominada «consanguinidad ancestral»: «Todas las dinastías europeas de aquella época estaban emparentadas e interconectadas. Así arreglaban sus guerras y alianzas».
Actualmente, el equipo trata de reproducir el estudio para los Habsburgo de Centroeuropa, tras desistir de realizar una comparación con la Familia Real británica. También interesa a Suárez el caso de los faraones egipcios, «que tenían un nivel de consanguinidad mucho más alto: se casaban entre hermanos, e incluso entre padre e hija». «Pero la información de los egiptólogos no permite establecer la uniones con total certeza», lamenta. «El caso de Cleopatra es precioso: estuvo con su hermano mayor, y con el pequeño. Su padre y su madre eran hermanos... Pero no se tiene la seguridad total de que fuera hija de la hermana del faraón; podría serlo de una concubina».


El papel del Arte
Los cuadros de la época han sido de gran ayuda a la hora de visionar algunos de los problemas físicos de los Austrias. También sus temores. Y supersticiones. «En alguno de esos cuadros, como uno de una de las infantitas hijas de Felipe III, ves el retrato lleno de amuletos que las protegían de males. Lo mismo pasa con uno de los retratos de Velázquez, en los que hay una garra de tejón. En la propia Corte eran conscientes de que ahí ocurría algo», relata el genetista, que esgrime antes de finalizar un dato de peso: «La mortalidad infantil en los Habsburgo era más alta que en las familias pobres de la época. Cuando cogimos los datos de mortalidad, vimos que las familias de mayor coeficiente de consanguinidad tienen un mayor coeficiente de mortalidad infantil».
Los enlaces entre parientes cercanos, tabú en la visión cristiana de la existencia —el Papa puso reparos al enlace entre Felipe II y Ana de Austria—, se dan con frecuencia en Asia y África. Por ejemplo, en zonas del Sur de la India. «Allí, por motivos socioeconómicos, muchas chicas se casan con sus tíos. Pero la mortalidad infantil es de por sí tan elevada...». EVARISTO AMADO | SANTIAGO DE COMPOSTELA Actualizado Martes, 21-04-2009a las 13,32
 
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Mosaicos en Volubilis (Mauritania Tingitana)

 

La historia de la España africana se remonta cuando menos a tiempos del gran Imperio Romano, cuando en el año 69 d.C. el emperador Otón agregó la provincia imperial de la Mauritania Tingitana, que tenía su capital en Tánger (Tingis), a la provincia Bética de la Hispania Ulterior y al convento jurídico de Cádiz, llamándola Hispania Transfretana (más allá del fretum -estrecho-).
Tras la desaparición del poder romano (430), la Mauritania Tingitana siguió formando parte de Hispania, con la Monarquía hispano-goda, hasta la invasión agarena.
Es comprensible por tanto, que la posterior Reconquista no sólo se dirigiera a recuperar la España peninsular, sino también la provincia hispánica de la Tingitania como muestra, por ejemplo, el Testamento de Isabel la Católica.

 

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Señor del mundo, Padre de todos los hombres, por medio de tu Hijo nos has pedido amar a los enemigos, hacer bien a los que nos odian y orar por los que nos persiguen. ?Muchas veces, sin embargo, los cristianos han desmentido el Evangelio y, cediendo a la lógica de la fuerza, han violado los derechos de etnias y pueblos; despreciando sus culturas y tradiciones religiosas: muéstrate paciente y misericordioso con nosotros y perdónanos. Por Cristo nuestro Señor. R. Amén.

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

“¡Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!” (Sal 8, 2).-

Comentando la creación del hombre, ‘Gregorio De Nisa’ (doctor de la Iglesia del siglo IV) subraya que Dios, «el mejor de los artistas, forja nuestra naturaleza de manera que sea capaz del ejercicio de la realeza. A causa de la superioridad del alma, y gracias a la misma conformación del cuerpo, hace que el hombre sea realmente idóneo para desempeñar el poder regio» («De hominis opificio» 4: PG 44,136B).

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Recomendamos vivamente:

1ª) LEYENDAS NEGRAS DE LA IGLESIA. Autor Vittorio MESSORI – Editorial “PLANETA-TESTIMONIO” 10ª EDICIÓN – Óptimo libro para defenderse del cúmulo de opiniones arbitrarias, deformaciones sustanciales y auténticas mentiras que gravitan sobre todo en lo que concierne a la Iglesia.

 2ª) NUEVE SIGLOS DE CRUZADAS. Autor el argentino-español Luis María SANDOVAL PINILLOS – Editorial CRITERIO-LIBROS. Idóneo para denunciar o aclarar invenciones contra la Iglesia, como para hacer, junto a una necesaria crítica, una apología sin complejos del derecho que asistía a los cristianos de defenderse.

 3ª) AL-ANDALUS CONTRA ESPAÑA – LA FORJA DEL MITO. Autor Serafín FANJUL – Editorial SIGLO VEINTIUNO DE ESPAÑA EDITORES. Apto para deshacer los tópicos, falsedades y supercherías de diverso género sobre la herencia islámica y convivencia de cristianos en el suelo peninsular. MMII.

 

"Señor Jesús, protégenos de la sabiduría que no llora, de la filosofía que no ríe y de la grandeza que no se inclina ante los más pequeños". 

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).