Thursday 9 September 2010 | Actualizada : 2010-08-31 
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Cuando Cristo habla del hombre que "mira para desear", no indica sólo la dimensión de la intencionalidad de "mirar", por tanto del conocimiento concupiscente, la dimensión "sicológica", sino que indica también la dimensión de la intencionalidad de la existencia misma del hombre. Ese decir, demuestra quién "es", o más bien, en quién "se convierte", para la hombre, la mujer a la que él "mira con concupiscencia". En este caso la intencionalidad del conocimiento determina y define la intencionalidad misma de la existencia. En la situación descrita por Cristo esa dimensión pasa unilateralmente del hombre, que es sujeto, hacia la mujer, que se convierte en objeto (pero esto no quiere decir que esa dimensión sea solamente unilateral); por ahora no invertimos la situación analizada, ni la extendemos a ambas partes, a los dos sujetos. Detengámonos en la situación trazada por Cristo, subrayando que se trata de un acto "puramente interior", escondido en el corazón y fijo en los umbrales de la mirada.

 

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El porqué de la atracción por

el mismo sexo en el niño

 

En los años que he pasado ofreciendo consejo a mujeres que sentían atracción por el mismo sexo, me he encontrado a un gran número de ellas que creían que dicha atracción se debe principalmente a la relación con su padre. Ambos progenitores tienen una gran influencia en el sentido de identidad de uno mismo. Puede también haber otras experiencias traumáticas fuera de la familia que contribuyen al desarrollo de la atracción por el mismo sexo.

 

ENTREVISTA CON JOHN HARVEY (*)

 

Usted ha mencionado que las situaciones familiares pueden contribuir a la atracción por el mismo sexo. ¿Hay alguna diferencia entre los niños que se encuentran en estas situaciones y los jóvenes que eligen experimentar la homosexualidad por influencia social?

Hay una diferencia significativa entre un niño con atracción por el mismo sexo debido al ambiente familiar y aquel que lo hace por experimentar.

La diferencia es que los jóvenes que eligen experimentar son comparativamente pocos, incluso aunque parezca que se haya convertido en algo «fenomenal» a nivel de instituto (preparatoria) y universidad. Hablando en general, hay una alta probabilidad de que aquellos que lo hagan por experimentar tengan atracción por el mismo sexo y lo expresen en el periodo de la universidad.

No es común que alguien que piense que es heterosexual y venga de una familia sana dé el paso a la experimentación. Un trauma, como la violación de un o una adolescente, puede llevarle a sentir atracción por el mismo sexo en vez de por el opuesto.

Algunas veces hay un periodo en la adolescencia en el que aquellos que no se sienten atraídos por el sexo opuesto intentan una relación con el sexo opuesto, y no funciona. Descubren también que tener sexo con alguien del sexo opuesto no cura la atracción por el mismo sexo.

Algunas de las influencias sociales que llevan a la juventud a engancharse al comportamiento homosexual se pueden remontar al instituto (preparatoria). Muchos se sienten solos porque sienten atracción por el mismo sexo y no tienen buena cabida en el grupo. En la universidad, caen en un grupo de gente con atracción por el mismo sexo, que se consideran unos a otros como compañeros. Llegados a este punto, la experimentación puede darse entre personas que ya estaban predispuestas.

Cuanto más lo estudiamos, más nos percatamos de que la influencia del hogar tiene lugar muy pronto, en la secundaria, e incluso antes.

Pero es importante recordar que los adolescentes que piensan que sienten atracción por el mismo sexo, no están condicionados para el resto de su vida. Dicen que son «gays», pero puede que no lo sean.

Cuando los adolescentes dicen que se sienten incómodos entre sus compañeros del mismo sexo y se sienten atraídos por ellos, suelen también haber tenido dificultades de relación e identificación emocional y psicológica con su progenitor del mismo sexo -- sólo que la realización de esta relación tensa no se manifiesta hasta mucho más tarde.

Debe observarse que la atracción por el mismo sexo puede también generarse por la relación del niño con el progenitor del sexo opuesto.

En los años que he pasado ofreciendo consejo a mujeres que sentían atracción por el mismo sexo, me he encontrado a un gran número de ellas que creían que dicha atracción se debe principalmente a la relación con su padre. Ambos progenitores tienen una gran influencia en el sentido de identidad de uno mismo. Puede también haber otras experiencias traumáticas fuera de la familia que contribuyen al desarrollo de la atracción por el mismo sexo.

Aunque la mayoría de los casos de atracción del mismo sexo comienzan en la niñez, el periodo de la adolescencia se vuelve crítico: o el adolescente se inclina a actuar como homosexual, o el adolescente consigue ayuda y aprende a vivir una vida casta.

El adolescente también puede trabajar de modo gradual para superar o al menos minimizar su atracción homosexual con la ayuda de un buen terapeuta y un director espiritual.

¿Qué se puede hacer por los hijos que tienen vidas familiares estables pero que comienzan a experimentar con la homosexualidad por influencia social?

Si los padres saben que su hijo ha experimentado con actos homosexuales, se le debe ayudar a buscar la terapia de médicos de confianza.

Si hay una vida familiar estable en sentido pleno, donde el niño tiene una buena relación con ambos padres, entonces los padres necesitan simplemente seguir con el desarrollo de un ambiente familiar sano mientras permanecen atentos a la influencia externa sobre la familia, especialmente sobre el niño.

Estas «influencias externas» pueden emerger en la adolescencia y en los primeros años de universidad, cuando los jóvenes se encuentran en el ambiente universitario donde está considerado como algo «fenomenal» ser homosexual o bisexual. Si el individuo ya tiene cierto grado de atracción por el mismo sexo, puede que se deslice hacia actos homosexuales y, de esta manera, verse seducido por una forma homosexual de vivir.

Un ambiente familiar sano presupone que los niños aprenden a relacionarse bien con ambos padres. Si esto no se ve, hay problemas.

La influencia social y las dificultades pueden tener lugar si un adolescente sale con amigos que no están de acuerdo con los padres del adolescente y no tienen valores cristianos. Los padres necesitan hablar con sus hijos, dar a su hijo una cuidadosa instrucción sobre el fin y el significado de la sexualidad humana, y la belleza del matrimonio como unión de un hombre y una mujer. Pocas veces se hace. Pueden ayudar mucho los escritos de Christopher West sobre la «teología del cuerpo» de Juan Pablo II.

Los padres tienen miedo de decir a sus hijos qué hacer, y a los 18 años tienen la libertad de hacer lo que quieran. Los profesores más perniciosos para los jóvenes son los medios de comunicación.

¿Qué ayuda se puede dar a los padres que creen que sus hijos están mostrando signos de atracción por el mismo sexo?

Los padres suelen asustarse de que sus hijos tengan atracción por el mismo sexo pero no quieren buscar ayuda profesional para comprobar las tendencias interiores de su hijo.

El problema es que no se da a los padres un conocimiento real de las señales de inclinaciones homosexuales. Cuando alguien externo --un doctor, un psiquiatra, un sacerdote, un amigo-- dice a los padres que su hijo puede sentirse atraído por el mismo sexo, los padres pasan un momento muy duro. No se lo quieren creer.

Muchos padres no escucharán, pero es necesario que algún adulto les haga darse cuenta de que su hijo está gritando ayuda --es necesario que logren ayuda para su hijo y que consigan informarse en qué es la atracción por el mismo sexo--. Hay libros que serán útiles, por ejemplo, el libro de Don Schmierer, «An Ounce of Prevention», (Una onza de prevención).

Los padres son a veces inasequibles, hay mucho de negativa. Los padres no quieren creer que sus hijos se sientan atraídos por el mismo sexo o que sus hijos llevarán un estilo de vida homosexual si no reciben ayuda.

Los padres que han ido más allá de la propaganda, según la cual un estilo de vida homosexual es normal y aceptable, piensan lo difícil que será para ellos y para su hijo. Piensan que no verán el matrimonio de su hijo y a sus nietos, y se sienten muy preocupados.

La manera de tratar a los padres que no entienden o no están dispuestos a ver las señales de la atracción por el mismo sexo es una cuestión muy difícil de responder, porque es muy duro saber qué hacer. Tras hablar unos meses con esos padres, se podrá considerar la forma de ayudar a los padres y al hijo.

Las señales de la atracción por el mismo sexo a veces están muy ocultas. Hay muchos problemas a la hora de interpretar los signos pero, con mucha frecuencia, se puede determinar por la relación con sus padres, sus hermanos y sus compañeros del mismo sexo.

Es muy difícil, porque el hijo con frecuencia no dirá la verdad, sin embargo algo dará a entender a sus consejeros. Algunas veces los adolescentes que están traumatizados lo guardan dentro de sí mismos. Cuando finalmente lo dicen, no importa la edad, es posible ayudarles.

¿Cómo es el ambiente psicológico sano necesario que los padres necesitan construir en su matrimonio y familia para prevenir o ayudar a afrontar la atracción por el mismo sexo en los hijos?

Los padres que trabajan junto con sus hijos crean un sano ambiente psicológico. Un hogar en el que a los padres y a los hijos les gusta estar juntos, beneficiará a los hijos -independientemente de que sean heterosexuales o de que sientan atracción por el mismo sexo-.

Al mismo tiempo, los padres necesitan tener claro que se necesita tiempo para estar juntos, para mantener su matrimonio. Los pequeños necesitan ver que su padre y su madre se abrazan a menudo. Con frecuencia, niños con atracción por el mismo sexo vienen de un hogar donde no han visto a sus padres abrazarse.

Si un niño viene de un hogar sin signos de afecto entre sus padres o hermanos, es difícil que el niño con atracción por el mismo sexo pueda poner en orden sus afectos y atracciones.

Usted no puede hablar solo con sus chicos sobre homosexualidad, necesita un trasfondo. Primero, usted tiene que hablarles sobre teología y el plan de Dios para la persona humana, luego sobre la heterosexualidad, y después sobre la homosexualidad.

El mejor acercamiento para los padres que están solos es encontrar a alguien en la familia que dé al niño cierto compañerismo e instrucción, y desempeñe un papel de modelo. Una madre que esté sola necesita encontrar a un tío o alguien en la familia para relaciones con su hijo. Lo mismo sucede con un padre sólo en la relación con su hija. Es prerrogativa y privilegio de los progenitores hacer esto por sus hijos.

Curar la identidad sexual es un proceso largo. No tiene lugar de una vez. Puede comenzar a los 3 ó 4 años --cuando los niños comienzan a mostrar signos de atracción por el mismo sexo-- y puede llegar a los años de la adolescencia y la mayoría de edad. Tiene que proponerse en una perspectiva más larga.

Hay dos factores útiles para los adolescentes: terapia profesional con un buen terapeuta que sea fiel a las enseñanzas de la Iglesia; y dirección espiritual y oración.

 

 

El Catecismo de la Iglesia Católica (número 2358) dice que las personas con atracción por el mismo sexo no eligen su condición homosexual. Desde su punto de vista, ¿esto significa que no es un comportamiento aprendido?

Una de las formas para «aprender» la actividad homosexual es cuando una persona es introducida en dicha forma de actividad por otra. Hay otras formas por las que uno puede aprender la actividad homosexual, como por ejemplo a través de las cosas que ve o lee. Sin embargo, la condición homosexual en sí misma se desarrolla generalmente de forma involuntaria.

No creo que ninguna persona elija sentirse atraído por el mismo sexo. La condición homosexual tiene raíces emocionales y es influenciada por actitudes mentales que tienen lugar debido a diversos acontecimientos externos.

No es una elección auténtica porque la persona normalmente no tiene control sobre las circunstancias y traumas que han influido en el desarrollo de su atracción por el mismo sexo. Una elección verdadera implica pleno conocimiento y advertencia en la mente y libertad en la voluntad.

La evidencia se inclina de modo evidente por el hecho de que las atracciones por el mismo sexo se deben en gran parte por causas de ambiente. No hay evidencias de homosexualidad innata --no existe--. Hay cientos de años de evidencias de que la atracción por el mismo sexo tiene relación con factores de ambiente e influencias psicológicas. Todas las evidencias anteriores a 1973 apuntan a factores de ambiente. Después vino la idea de que estaba relacionada con la genética. Hasta ahora, no hay evidencia de que sea genético.

Las personas que tienen atracción por el mismo sexo suelen concluir que ésa es su identidad. Pero la identidad está siempre en desarrollo, la maduración de las personas en su identidad lleva mucho tiempo.

Nuestra verdadera identidad es que somos criaturas de Dios, hombres y mujeres con inteligencia y voluntad libre. Y cuando somos bautizados, nos hacemos hermanos y hermanas de Jesucristo.

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(*)El padre John Harvey, Oblato de San Francisco de Sales, es el fundador de Courage, un apostolado católico parar adultos que se sienten atraídos por el mismo sexo, y co-editor de «Same-Sex Attraction: A Parent’s Guide» (Ignatius) – (Atracción por el Mismo Sexo: Una Guía para los Padres).

Ha compartido con Zenit.org la forma en que los padres pueden educar a sus hijos en una sana sexualidad humana.

 

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El pecado de "adulterio cometido en el corazón"

1. Durante la última reflexión nos preguntamos que es el "deseo", del que hablaba Cristo en el sermón de la montaña (Mt 5, 27-28). Recordemos que hablaba de él refiriéndose al mandamiento "No cometerás adulterio". El mismo "desear" (precisamente "mirar para desear") es definido un "adulterio cometido en el corazón". Esto hace pensar mucho. En las reflexiones precedentes hemos dicho que Cristo, al expresarse de este modo, quería indicar a sus oyentes el alejamiento del significado esponsalicio del cuerpo, que experimenta el hombre (en este caso, el varón) cuando secunda a la concupiscencia de la carne con el acto interior del "deseo". El alejamiento del significado esponsalicio del cuerpo comporta, al mismo tiempo, un conflicto con su dignidad de persona: un auténtico conflicto de conciencia.

Aparece así que el significado bíblico (por lo tanto, también teológico) del "deseo" es diverso del puramente psicológico. El psicólogo describirá el "deseo" como una orientación intensa hacia el objeto, a causa de su valor peculiar: en el caso aquí considerado, por su valor "sexual". Según parece, encontraremos esta definición en la mayor parte de las obras dedicadas a temas similares. Sin embargo, la descripción bíblica, aún sin infravalorar el aspecto psicológico, pone de relieve sobre todo el ético, dado que es un valor que queda lesionado. El "deseo", diría, es el engaño del corazón humano en relación a la perenne llamada del hombre y de la mujer —una llamada que fue revelada en el misterio mismo de la creación— a la comunión a través de un don recíproco. Así, pues, cuando Cristo en el sermón de la montaña (Mt 5, 27-28), hace referencia al "corazón" o al hombre interior, sus palabras no dejan de estar cargadas de esa verdad acerca del "principio", con las que, respondiendo a los fariseos (Cf. Mt 19, 8), había vuelto a plantear todo el problema del hombre, de la mujer y del matrimonio.

2. La llamada perenne, de la que hemos tratado de hacer el análisis siguiendo el libro del Génesis (sobre todo Gen 2, 23-25) y, en cierto sentido, la perenne atracción recíproca por parte del hombre hacia la feminidad y por parte de la mujer hacia la masculinidad, es una invitación por medio del cuerpo, pero no es el deseo en el sentido de las palabras de Mateo 5, 27-28. El "deseo", como actuación de la concupiscencia de la carne (también y sobre todo en el acto puramente interior), empequeñece el significado de lo que eran —y que substancialmente no dejan de ser— esa invitación y esa recíproca atracción. El eterno "femenino" ("das ewig Weibliche"), así como, por lo demás, el eterno "masculino", incluso en el plano de la historicidad tiende a liberarse de la mera concupiscencia, y busca un puesto de afirmación en el nivel propio del mundo de las personas. De ello da testimonio aquella vergüenza originaria, de la que habla el Génesis 3. La dimensión de la intencionalidad de los pensamientos y de los corazones constituye uno de los filones principales de la cultura humana universal. Las palabras de Cristo en el sermón de la montaña confirman precisamente esta dimensión.

3. No obstante, estas palabras expresan claramente que el "deseo" forma parte de la realidad del corazón humano. Cuando afirmamos que el "deseo", con relación a la originaria atracción recíproca de la masculinidad y de la feminidad, representa una "reducción", pensamos en una "reducción intencional", como en una restricción que cierra el horizonte de la mente y del corazón. En efecto, una cosa es tener conciencia de que el valor del sexo forma parte de toda la riqueza de valores, con los que el ser femenino se presenta al varón, y otra cosa es "reducir" toda la riqueza personal de la feminidad a ese único valor, es decir, al sexo, como objeto idóneo para la satisfacción de la propia sexualidad. El mismo razonamiento se puede hacer con relación a lo que es la masculinidad para la mujer, aunque las palabras de Mateo 5, 27-28 se refieran directamente sólo a la otra relación. La "reducción" intencional, como se ve, es de naturaleza sobre todo axiológica. Por una parte, la eterna atracción del hombre hacia la feminidad (cf. Gen 2, 23) libera en el —o quizá debería liberar— una gama de deseos espirituales-carnales de naturaleza sobre todo personal y "de comunión" (cf. el análisis de "principio"), a los que corresponde una proporcional jerarquía de valores. Por otra parte, el "deseo" limita esta gama, ofuscando la jerarquía de los valores que marca la atracción perenne de la masculinidad y de la feminidad.

4. El deseo ciertamente hace que en el interior, esto es, en el "corazón", en el horizonte interior del hombre y de la mujer, se ofusque el significado del cuerpo, propio de la persona. La feminidad deja de ser así para la masculinidad sobre todo sujeto; deja de ser un lenguaje específico del espíritu, pierde el carácter de signo. Deja, diría, de llevar en sí el estupendo significado esponsalicio del cuerpo. Deja de estar situado en el contexto de la conciencia y de la experiencia de este significado. El "deseo" que nace de la misma concupiscencia de la carne, desde el primer momento de la existencia en el interior del hombre —de la existencia en su "corazón"—, pasa en cierto sentido junto a este contexto (se podría decir, con una imagen, que pasa sobre las ruinas del significado esponsalicio del cuerpo y de todos sus componentes subjetivos), y en virtud de la propia intencionalidad axiológica tiende directamente a un fin exclusivo: a satisfacer solamente la necesidad sexual del cuerpo, como objeto propio.

5. Esta reducción intencional y axiológica puede verificarse, según las palabras de Cristo (cf. Mt 5, 27-28), ya en el ámbito de la "mirada" (del "mirar") o más bien, en el ámbito de un acto puramente interior expresado por la mirada. La mirada (o más bien, el "mirar"), en sí misma, es un acto cognoscitivo. Cuando en la estructura interior entra la concupiscencia, la mirada asume un carácter de "conocimiento deseoso". La expresión bíblica "mira para desear" puede indicar tanto un acto cognoscitivo, del que "se sirve" el hombre deseando (es decir, confiriéndole el carácter propio del deseo que tiende hacia un objeto), como un acto cognoscitivo, que suscita el deseo en el otro sujeto y sobre todo en su voluntad y en su "corazón". Como se ve, es posible atribuir una interpretación intencional a un acto interior teniendo presente el uno y el otro polo de la psicología del hombre: el conocimiento o el deseo entendido como appetitus. (El appetitus es algo mas amplio que el "deseo", porque indica todo lo que se manifiesta en el sujeto como "aspiración", y como tal, se orienta siempre hacia un fin, esto es, hacia un objeto conocido bajo el aspecto del valor). Sin embargo, una interpretación adecuada de las palabras de Mateo 5, 27-28 exige que —a través de la intencionalidad propia del conocimiento o del "appetitus"— percibamos algo más, es decir, la intencionalidad de la existencia misma del hombre en relación con el otro hombre; en nuestro caso: del hombre en relación con la mujer y de la mujer en relación con el hombre.

Nos convendrá volver sobre este tema. Al finalizar la reflexión de hoy es necesario añadir aún que en ese "deseo", en el "mirar para desear", del que trata el sermón de la montaña, la mujer, para el hombre que "mira" así, deja de existir como sujeto de la eterna atracción y comienza a ser solamente objeto de concupiscencia carnal. A esto va unido el profundo alejamiento interno del significado esponsalicio del cuerpo, del que hemos hablado ya en la reflexión . 17.IX.1980

 

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Un antiguo escritor cristiano, Eusebio de Cesarea, subraya la primacía del amor por encima de la necesaria justicia: «No juzgues primero y después ofreces misericordia; sino que primero ten misericordia y después juzgas; con clemencia y con misericordia emite sentencias».

 

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Dirijamos la mirada al rostro sereno del hombre fiel que «reparte limosna a los pobres» y encomendemos nuestra reflexión final a las palabras de Clemente de Alejandría, el Padre de la Iglesia del siglo III, que ha comentado una afirmación difícil de comprender del Señor. En la parábola sobre el administrador injusto, aparece la expresión según la cual, tenemos que hacer el bien con el «dinero injusto». De ahí surge la pregunta: el dinero, la riqueza, ¿son en sí injustos o qué quiere decir entonces el Señor?

Clemente de Alejandría explica muy bien esta parábola en su homilía: «¿Qué rico podrá salvarse?», y afirma: con esta afirmación, Jesús «declara injusta por naturaleza toda posesión que uno posee por sí misma, como bien propio, y no la pone en común con los necesitados; pero declara también que de esta injusticia es posible hacer una obra justa y benéfica, ofreciendo alivio a alguno de esos pequeños que tienen una morada eterna ante el Padre (Cf. Mateo 10, 42; 18,10)» (31,6: «Colección de Textos Patrísticos» --«Collana di Testi Patristici»--, CXLVIII, Roma 1999, pp. 56-57).

Y dirigiéndose al lector, Clemente advierte: «Ten en cuenta, en primer lugar, que él no te ha ordenado hacerte de rogar o esperar a recibir una súplica, sino que tienes que buscar tú mismo a quienes son dignos de ser escuchados, en cuanto que son discípulos del Salvador» (31,7: ibídem, p. 57).

Después, citando otro texto bíblico, comenta: «Por tanto, es bello lo que dice el apóstol: "Dios ama al que da con alegría"» (2 Corintios 9, 7), al que disfruta dando y no siembra parcamente, para no cosechar del mismo modo, Dios ama al que comparte sin lamentarse, sin distinciones ni pesar, y esto es hacer el bien auténticamente » (31,8: ibídem).
Clemente de Alejandría, obispo de la Iglesia católica en África, 150ca. + 215 ca.

 

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Elredo de Rielvaux (1110-1167) monje cisterciense de la Iglesia católica

Homilía sobre el Éxodo – Somos templos santos de Dios. 
      “El templo de Dios es santo, y ese templo sois vosotros.” (1Cor 3,17).
Muchas veces hemos oído decir que Moisés, después de haber sacado a Israel de Egipto, construyó en el desierto un tabernáculo, una tienda del santuario, gracias a los dones de los hijos de Jacob. Démonos cuenta de que el apóstol Pablo dice que todo esto fue un símbolo. (cf 1Cor 3,17).
       Vosotros, hermanos, sois ahora el templo, el tabernáculo de Dios, como lo explica el apóstol: “El templo de Dios sois vosotros.” Templo donde Dios reinará eternamente, sois su tienda porque él os acompaña en el camino. Tiene sed en vosotros, tiene hambre en vosotros (Mt 25,35) Esta tienda, hermanos, sois vosotros mismos en el desierto de esta vida, hasta que lleguéis a la tierra prometida. Entonces tendrá lugar la verdadera dedicación, entonces será edificada la auténtica Jerusalén, no ya bajo la forma de una tienda sino de una ciudad.
       Pero ya ahora, si somos verdaderos hijos de Israel según el Espíritu, si hemos salido de Egipto en espíritu, ofrezcamos todos nuestros bienes a la construcción del tabernáculo: “A cada cual se le concede la manifestación del Espíritu para el bien de todos...” (cf 1Cor 12,4ss) ¡Que todo sea común para todos! ¡Que nadie considere como bien propio el carisma que haya recibido de Dios! ¡Que nadie tenga envidia de un carisma otorgado a otro hermano, sino que esté convencido de que el suyo sirve para bien de todos y no dude que el bien de su hermano es también su propio bien. Dios actúa de manera que cada uno necesite al otro. Lo que uno no tiene, lo puede encontrar en el hermano. Así se guarda la humildad, la caridad aumentará y la unidad será manifestada en el Cuerpo del Cristo total.

 

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La dignidad regia del hombre

"A la manera que, en las cosas humanas, los artífices dan a los instrumentos que fabrican aquella forma que parece ser la más idónea al uso a que se destinan, así el Artífice sumo fabricó nuestra naturaleza como una especie de instrumento, apto para el ejercicio de la realeza; y para que el hombre fuera completamente idóneo para ello, le dotó no sólo de excelencias en cuanto al alma, sino en la misma figura del cuerpo. Y es así que el alma pone de manifiesto su excelsa dignidad regia, muy ajena a la bajeza privada, por el hecho de no reconocer a nadie por señor y hacerlo todo por su propio arbitrio. Ella, por su propio querer, como dueña de sí, se gobierna a sí misma. .¿Y de quién otro, fuera del rey, es propio semejante atributo?

Según la costumbre humana, los que labran las imágenes de los emperadores tratan primeramente de reproducir su figura y, revistiéndola de púrpura, expresan juntamente la dignidad imperial. Es ya uso y costumbre que a la estatua del emperador se le llame emperador; así, la naturaleza humana, creada para ser señora de todas las otras criaturas, por la semejanza que en sí lleva del Rey del universo, fue levantada como una estatua viviente y participa de la dignidad y del nombre del original primero. No se viste de púrpura, ni ostenta su dignidad por el cetro y la diadema, pues tampoco el original lleva esos signos. En vez de púrpura se reviste de virtud, que es la más regia de las vestiduras; en lugar de cetro se apoya y estriba sobre la bienaventuranza de la inmortalidad; y en el puesto de la diadema se ciñe la corona de la justicia; de suerte que, reproduciendo puntualmente la belleza del original, el alma ostenta en todo la dignidad regia."

San Gregorio de Nisa, La creación del hombre, 4

 

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Lo que no sería en absoluto democrático sería negar a los creyentes el derecho a hacer valer en el juego político su sentido de lo que es acorde con la dignidad humana, por el hecho de que tal sentido pueda sustentarse de alguna manera en una creencia religiosa. En fin, un creyente demócrata está dispuesto a no hacer valer la voluntad de Dios a toda costa, pero no renuncia, como tampoco renuncia quien no tiene ningún credo religioso, a que de alguna manera –mediante las reglas del juego democrático- su concepción del bien se imponga en la sociedad.

Aunque sea un sofisma muy extendido, no deja de ser un sutil camelo la pretensión de que la democracia se sustenta en unos pretendidos valores neutros, supuestamente válidos para todos y que, al final, suelen acabar consistiendo en rechazar una visión del hombre inspirada en la trascendencia.

 

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Dirijamos la mirada al rostro sereno del hombre fiel que «reparte limosna a los pobres» y encomendemos nuestra reflexión final a las palabras de Clemente de Alejandría, el Padre de la Iglesia del siglo III, que ha comentado una afirmación difícil de comprender del Señor. En la parábola sobre el administrador injusto, aparece la expresión según la cual, tenemos que hacer el bien con el «dinero injusto». De ahí surge la pregunta: el dinero, la riqueza, ¿son en sí injustos o qué quiere decir entonces el Señor?

Clemente de Alejandría explica muy bien esta parábola en su homilía: «¿Qué rico podrá salvarse?», y afirma: con esta afirmación, Jesús «declara injusta por naturaleza toda posesión que uno posee por sí misma, como bien propio, y no la pone en común con los necesitados; pero declara también que de esta injusticia es posible hacer una obra justa y benéfica, ofreciendo alivio a alguno de esos pequeños que tienen una morada eterna ante el Padre (Cf. Mateo 10, 42; 18,10)» (31,6: «Colección de Textos Patrísticos» --«Collana di Testi Patristici»--, CXLVIII, Roma 1999, pp. 56-57).

Y dirigiéndose al lector, Clemente advierte: «Ten en cuenta, en primer lugar, que él no te ha ordenado hacerte de rogar o esperar a recibir una súplica, sino que tienes que buscar tú mismo a quienes son dignos de ser escuchados, en cuanto que son discípulos del Salvador» (31,7: ibídem, p. 57).

Después, citando otro texto bíblico, comenta: «Por tanto, es bello lo que dice el apóstol: "Dios ama al que da con alegría"» (2 Corintios 9, 7), al que disfruta dando y no siembra parcamente, para no cosechar del mismo modo, Dios ama al que comparte sin lamentarse, sin distinciones ni pesar, y esto es hacer el bien auténticamente » (31,8: ibídem).
Clemente de Alejandría, obispo de la Iglesia católica en África, 150ca. + 215 ca.

 

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San Gregorio de Nacianceno (330-390) obispo, doctor de la Iglesia Cat
Del amor a los pobres, 4-6; PG 35, 863

 

“Al actuar así enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser compasivo.” (Sab 12,19).       El primer mandamiento y el mayor, el fundamento de la Ley y de los profetas (Mt 22,40) es el amor que, según mi parecer, da la mayor prueba de sí mismo en el amor a los pobres, en la ternura y la compasión por el prójimo. Nada honra tanto a Dios como la misericordia porque nade se le asemeja tanto. “La justicia y el derecho sostienen su trono...” (Sal 88,15) Prefiere la misericordia al juicio (Os 6,6). Nada como la benevolencia hacia los hombres atrae tanto la benevolencia de Dios, amigo de los hombres. (Sap 1,6) Su recompensa es justa, mide con la medida de la misericordia. 
       Hay que abrir nuestro corazón a todos los pobres, a todos los desgraciados, sea cual fuera su sufrimiento. Este es el sentido del mandamiento que nos exhorta a “alegrarnos con los que están alegres y entristecernos con los que lloran.” (Rm 12,15) Siendo nosotros también humanos, ¿no nos conviene ser misericordiosos con nuestros semejantes?

 

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Es oportuno hacer notar a los lectores que los que se oponen a la infalibilidad papal tienen en general la idea de que es una infalibilidad cuasi-divina. No es así, la infalibilidad que esta doctrina reclama, es muy limitada y NO incluye la posibilidad de revelar NUEVAS doctrinas, tan solo de ampliar el entendimiento del depósito apostólico de la fe. [Es el progreso de la verdad que Cristo prometió a su Iglesia con el Paráclito]

Lo anterior es una gran verdad: Se niega un dogma por que, o se entiende mal o se desconoce por completo.

He aquí como el Sagrado Concilio Vaticano I, en la sesión IV, Constitución Dogmática Pastor aeternus, capítulo 4, define, bajo inspiración del Espíritu Santo, el dogma:
Por esto, adhiriéndonos fielmente a la tradición recibida de los inicios de la fe cristiana, para gloria de Dios nuestro salvador, exaltación de la religión católica y salvación del pueblo cristiano, con la aprobación del Sagrado Concilio, enseñamos y definimos como dogma divinamente revelado que:

"Así el Espíritu Santo fue prometido a los sucesores de Pedro, no de manera que ellos pudieran, por revelación suya, dar a conocer alguna nueva doctrina, sino que, por asistencia suya, ellos pudieran guardar santamente y exponer fielmente la revelación transmitida por los Apóstoles, es decir, el depósito de la fe....


El ‘Romano Pontífice*, cuando habla ex cathedra, esto es, cuando en el ejercicio de su oficio de pastor y maestro de todos los cristianos, en virtud de su suprema autoridad apostólica, define una doctrina de fe o costumbres como que debe ser sostenida por toda la Iglesia, posee, por la asistencia divina que le fue prometida en el bienaventurado Pedro, aquella infalibilidad de la que el divino Redentor quiso que gozara su Iglesia en la definición de la doctrina de fe y costumbres. Por esto, dichas definiciones del Romano Pontífice son en sí mismas, y no por el consentimiento de la Iglesia, irreformables. De esta manera si alguno, no lo permita Dios, tiene la temeridad de contradecir esta nuestra definición: sea anatema."

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* Obispo primus inter-pares’

 

La intervención del carisma de infalibilidad se da sólo en circunstancias concretas. Según la definición del Concilio Vaticano I, la tarea del Papa no es manifestar nuevas doctrinas, sino conservar, exponer y defender lo que ya está contenido, si bien de manera implícita, en las verdades reveladas, objeto de fe. Y la Revelación se cumplió con la muerte del último apóstol. En esta exposición fiel de la fe de los apóstoles, la asistencia del Espíritu Santo es absoluta y garantiza la infalibilidad de las definiciones. El Papa no declara infalibles sus ideas u opiniones personales. Hay definiciones infalibles sólo en materia de fe y de moral. Si, por ejemplo, el Papa hace un diagnóstico sobre un problema que atañe a la cultura o a la política, la infalibilidad, por supuesto, no tiene nada que ver. En el mudable flujo de las circunstancias históricas, una decisión que puede parecer oportuna, algún tiempo después quizá puede dejar de serlo. Algunos deducen que la Iglesia se contradice. Pero la mayor parte de las veces se ve el deseo de los pastores de descifrar eso que también La Pira, después del Papa Juan y el Concilio, llamaba los signos de los tiempos.

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La Iglesia, desde el inicio, es católica,

esta es su esencia más profunda, dice Pablo.

 

El nuevo pueblo de Dios, la Iglesia, es un pueblo que proviene de todos los pueblos. La Iglesia, desde el inicio, es católica, esta es su esencia más profunda. San Pablo explica y destaca esto en la segunda lectura, cuando dice:  "Porque en un solo Espíritu hemos sido todos bautizados, para no formar más que un cuerpo, judíos y griegos, esclavos y libres. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu" (1 Co 12, 13). La Iglesia debe llegar a ser siempre nuevamente lo que ya es: debe abrir las fronteras entre los pueblos y derribar las barreras entre las clases y las razas. En ella no puede haber ni olvidados ni despreciados. En la Iglesia hay sólo hermanos y hermanas de Jesucristo libres. S. S. Benedicto XVI – P.P. 2005

 

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Dijo Dios: «Produzca la tierra animales vivientes según su especie: ganados, reptiles y bestias salvajes según su especie». Y así fue. Dios hizo las bestias de la tierra, los ganados y los reptiles campestres, cada uno según su especie. Vio Dios que esto estaba bien. Gen. 1, 24-25

 

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“Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones” Biblia. Evangelio según San Lucas Cap.1º vs. 48. La Iglesia, hace XXI siglos fundada por Tu Hijo, te alaba, ¡Oh Madre plena de dicha y felicidad!

 

VERITAS OMNIA VINCIT

LAUS TIBI CHRISTI.

 

 

Gracias de la visita

 

Porque la verdadera catolicidad es pluriforme: ‘unidad en la multiplicidad y multiplicidad en la unidad’ S. S. Benedicto XVI – P. P.

 

La fraternidad entre los cristianos no es simplemente un vago sentimiento y ni siquiera nace de una forma de indiferencia hacia la verdad. La fraternidad está fundada sobre la realidad sobrenatural del único bautismo, que nos incluye a todos en el único cuerpo de Cristo (cfr. 1 Cor 12,13; Gal 3, 28; Col 2,12).-

S. S. Benedicto XVI – P. P.

 

Debido a la existencia de páginas excelentes sobre apologética y formación,  lo que se pretende desde aquí es contribuir muy modestamente y sumarse a los que ya se interesan por el Evangelio de Cristo de manera mucho más eficaz.


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