Tuesday 17 January 2017 | Actualizada : 2016-12-24
 
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Ministerio del obispo de Roma, símbolo de unidad para la Iglesia universal.
«Con la unidad, así como con la apostolicidad, está unido el servicio petrino, que reúne visiblemente a la Iglesia en todas las partes y en todos los tiempos, defendiendo de esta manera a cada uno de nosotros para que no resbalemos en falsas autonomías, que demasiado fácilmente se transforman en internos particularismos de la Iglesia y pueden comprometer de esta forma su interna independencia». S. S. Benedicto XVI – P.P.

 

El palio es el signo de la particular unión con la sede de Roma.

«Catolicidad significa universalidad, multiplicidad que se convierte en unidad; unidad que permanece en multiplicidad», afirmó Benedicto XVI. 2005-06.29

 

«La unidad de los hombres en su multiplicidad ha sido posible porque Dios, este único Dios del cielo y de la tierra, se nos ha mostrado», «se ha hecho visible cuando Él se ha mostrado a nosotros y en Jesucristo nos ha hecho ver su rostro, a sí mismo».

«En esta hora del mundo llena de escepticismo y de dudas, paro también rica de deseo de Dios, reconozcamos nuevamente nuestra misión de testimoniar juntos a Cristo Señor y, sobre la base de esta unidad que ya se nos ha dado, de ayudar al mundo para que crea». 

«Y suplicamos al Señor con todo el corazón para nos guíe a la unidad plena de manera que el esplendor de la verdad, que solamente puede crear la unidad, se convierta de nuevo visible en el mundo». S. S. Benedicto XVI – PP. 2005.06.29

 

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Entre el Hijo de Dios encarnado y su Iglesia existe una profunda, inseparable y misteriosa continuidad, en virtud de la cual Cristo está presente hoy en su pueblo. Es siempre contemporáneo nuestro, es siempre contemporáneo en la Iglesia construida sobre el fundamento de los Apóstoles, está vivo en la sucesión de los Apóstoles. Y esta presencia suya en la comunidad, en la que él mismo se da siempre a nosotros, es motivo de nuestra alegría. Sí, Cristo está con nosotros, el Reino de Dios viene.

 

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Iglesia - No hay duda de que también la Iglesia pueda y deba ser más democrática, esto es, que los laicos deban tener más voz en la elección de los pastores y en el modo en que ejercen su función. Pero no podemos reducir, en todo, la Iglesia a una sociedad regida democráticamente. Ella no es decidida desde abajo, no es algo que los hombres ponen en pié por iniciativa propia, para su bien. ¡Si sólo fuera eso, ya no habría necesidad de la Iglesia, bastaría el Estado o una sociedad filantrópica! La Iglesia es institución de Cristo. Su autoridad no viene del consenso de los hombres; es don de lo alto. Por ello, incluso en la forma más democrática que podamos desear para la Iglesia, permanecerá siempre la autoridad y el servicio apostólico, que no es, o no debería ser jamás, superioridad, dominio, sino servicio «gratuito», dar la vida por el rebaño, como dice Jesús hablando del buen pastor.

Evangelio de san Juan habla de «tres obstáculos para el hombre: la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida» y reza para destruir «el poder de las ideologías, para que los hombres puedan reconocer que están entretejidas de mentiras» y para que «el muro del materialismo» no «llegue a ser insuperable». El Cardenal Ratzinger despliega una visión crítica de la labor de ciertos miembros de la Iglesia: «¡Cuánta suciedad en la Iglesia y entre los que, por su sacerdocio, deberían estar completamente entregados a él! ¡Cuánta soberbia, cuánta autosuficiencia!», escribió el purpurado para la novena estación del Vía Crucis, la tercera caída de Jesús. 2005-03-25 Viernes Santo-Colina vaticana, Roma- Italia.

 

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Iglesia - La acogida del Magisterio - El anuncio del Evangelio constituye el primer y fundamental compromiso de la Iglesia. Ciertamente, el testimonio de vida es la primera palabra con la que se anuncia el Evangelio; sin embargo, no es suficiente. El anuncio claro es necesario para mover el corazón a adherirse a la Buena Noticia de la salvación.
Un tema ya afrontado en otras ocasiones es el de la recepción de los documentos magisteriales por parte de los fieles católicos, desorientados con frecuencia, más que informados, a causa de las reacciones e interpretaciones inmediatas de los medios de comunicación.
En realidad, la recepción de un documento, más que un hecho mediático, debe considerarse, sobre todo, como un acontecimiento eclesial de acogida del Magisterio en la comunión. Se trata de una palabra autorizada que arroja luz sobre una verdad de fe o sobre algunos aspectos de la doctrina católica, contestados o mal interpretados por determinadas corrientes de pensamiento. Precisamente, en esta valencia doctrinal se encuentra el carácter profundamente pastoral del documento, cuya acogida se convierte, por tanto, en una ocasión propicia de formación, de catequesis y de evangelización.
Para que la recepción se convierta en un auténtico acontecimiento eclesial, conviene prever maneras oportunas de transmisión y de difusión del mismo documento, que permitan su pleno conocimiento, ante todo, por parte de los pastores de la Iglesia, como enseñanza que contribuye a formar la conciencia cristiana de los fieles ante los desafíos del mundo de hoy.
(6-II-2004)

 

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Iglesia - La Iglesia no se edifica sobre comités, juntas o asambleas. La palabra y la acción de sus miembros salvarán al mundo en la medida en que estén conectados con el sacrificio redentor de Cristo, actualizado en el misterio eucarístico, que aplica toda su fuerza salvífica. Toda palabra que se oye en la Iglesia, sea docente, exhortativa, autoritativa o sacramental, sólo tiene sentido salvífico, y edifica la Iglesia, en la medida en que es preparación, resonancia, aplicación o interpretación de la "protopalabra" [48]: la palabra de la “anamnesis” ("hoc est enim corpus meum...") que hace sacramentalmente presente al mismo Cristo y su acción redentora eternamente actual, al actualizar el sacrificio del Calvario para que se realice la obra de la salvación con la cooperación de la Iglesia, su esposa.

 

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La Iglesia, desde el inicio, es católica, esta es su esencia más profunda, dice Pablo.

“El nuevo pueblo de Dios, la Iglesia, es un pueblo que proviene de todos los pueblos. La Iglesia, desde el inicio, es católica, esta es su esencia más profunda. San Pablo explica y destaca esto en la segunda lectura, cuando dice:  "Porque en un solo Espíritu hemos sido todos bautizados, para no formar más que un cuerpo, judíos y griegos, esclavos y libres. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu" (1 Co 12, 13). La Iglesia debe llegar a ser siempre nuevamente lo que ya es: debe abrir las fronteras entre los pueblos y derribar las barreras entre las clases y las razas. En ella no puede haber ni olvidados ni despreciados. En la Iglesia hay sólo hermanos y hermanas de Jesucristo libres”. S. S. Benedicto XVI – P.P. 2005

 

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Iglesia - Cristo es –piedra angular- origen y principio de donde dimana la luz y santidad que le sirve de base, alimento y razón, a su Iglesia Católica. La Iglesia, madre y maestra, respetuosa con la verdad que Cristo le depositara hace 2.000 años, expone con detalles y datos históricos su trayectoria evangélica. Ininterrumpidamente predica a Jesucristo y las virtudes cristianas. Estas sectas (adventistas, álamos, bautistas, jehovistas, etc.)  inexistiendo durante no menos de 1.600 años, y, sin dicha trayectoria histórica, no pasan de tener algunos aviesos parlanchines. Estos, podrán ser menos honrados y veraces, pero han resultado siempre más hábiles en la manipulación y la maniobra inescrupulosa. Ricos en lisonjear, motes y requiebros, como de dividirse inventando por arte de magia, sectas y más sectas día a día.  Porque tanto da para todos: sola gracia, sola fe, sola escritura, solo Cristo, solo gloria a Dios… solo sectas y más sectas; ¡mala combinación la protesta con el resentimiento! ¡extraña y agria hermandad vomita quien es más etéreo que hombre cabal! Lobos rapaces que hacen -cada día- nacer nuevas sectas y se cumple lo que dice San Pablo sobre el engaño de los seres humanos, sobre la astucia que tiende a llevar al error».

 

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Catecismo de la Iglesia Católica, 858-860


“Creo en la Iglesia ....apostólica”


      Jesús es el enviado del Padre. Desde el comienzo de su ministerio, “llamó a los que él quiso, y vinieron donde él. Instituyó doce para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar.” (Mc 3,13-14). Desde entonces, serán sus “enviados” (es lo que significa la palabra griega ‘apostoloi’). En ellos continúa su propia misión: “Como el Padre me envió, también yo os envío.” (Jn 20,21; cf 13, 20; 17,18). Por tanto su ministerio es la continuación de la misión de Cristo: “Quien a vosotros recibe, a mí me recibe”, dice a los doce. (Mt 10,40).

       Jesús los asocia a su misión recibida del Padre: como “el Hijo no puede hacer nada por su cuenta” (Jn 5,19.30), sino que todo lo recibe del Padre que le ha enviado, así, aquellos a quienes Jesús envía no pueden hacer nada sin El (cf Jn 25,5) de quien reciben el encargo de la misión y el poder para cumplirla. Los apóstoles de Cristo saben por tanto que están calificados por Dios como “ministros de una nueva alianza” (2 Cor 3,5), “ministros de Dios” (2 Cor 6,4), “embajadores de Cristo” (2Cor 5,20), “servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios” (1 Cor 4,1).

       En el encargo dado a los apóstoles hay un aspecto intransmisible: ser los testigos elegidos de la resurrección del Señor y los fundamentos de la Iglesia. Pero hay también un aspecto permanente de su misión. Cristo les ha prometido permanecer con ellos hasta el fin de los tiempos (cf Mt 28,20). “Esta misión divina confiada por Cristo a los apóstoles tiene que durar hasta el fin del mundo, pues el evangelio que tienen que transmitir es el principio de toda la vida de la Iglesia. Por eso los apóstoles se preocuparon de instituir...sucesores” (LG 20).

 

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Iglesia - "Quien no obedezca a Cristo aquí en la tierra, el cual está en el lugar de Cristo en el Cielo, no participa del fruto de la sangre del Hijo de Dios... Para tantos momentos de la historia, que el Diablo se encarga de repetir, me parecía una consideración muy acertada aquella que me escribías sobre lealtad: -llevo todo el día en el corazón, en la cabeza y en los labios una jaculatoria: !Roma!..." [Catalina de Siena (+ 1380)]


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El termino "evangélico" es un termino que adoptaron algunas sectas protestantes [metodistas, bautistas, presbiterianos, etc.] al concluir una propia conferencia, en la ciudad de Panamá en el año de 1906, donde se dieron cuenta del escándalo que producía seguir llamándose cada uno por su nombre, [pentecostales, testigos, adventistas, episcopales, metodistas, bautistas, etc., etc., etc]; complicando con ello a los Latino-Americanos en su proyecto de proselitismo, que veían con sospecha la variedad y la diversidad de doctrinas y creencias entre los protestantes que invadían nuestras tierras desde los USA.

Es como decir "gillette" para denominar una navaja de rasurar; "shampoo" para denominar el liquido con el cual se lava el cabello. ¡Una secta para cada gusto!.

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"Las sectas protestantes dicen que solamente la Biblia es fuente de revelación. ¿Podrían ustedes con la sola Biblia dar el capítulo y versículo donde se afirma que S. Mateo, S. Marcos, S. Lucas y S. Juan son los autores de los Evangelios que llevan su nombre y certificarlo de forma apodíctica, sin tener que recurrir a la Tradición de la Iglesia Católica?. Esto es sumamente importante, ya que más del 90 % de lo que sabemos acerca de Jesús, está en estos cuatro (4) sagrados documentos del origen del cristianismo y –siguiendo vuestra tesis-, no encontrando en la Biblia tal afirmación, no son dignos de considerarlos Palabra Divina con todas sus consecuencias." ¿Hay algún protestante que pueda responder a esta pregunta?

 

Dice Tomás de Aquino que omnis error ex superbia causatur (todo error tiene por causa la soberbia)

 

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María - "No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios: concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará eternamente sobre la casa de Jacob y su Reino no tendrá fin. (Lucas 1:30-33) "

 

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LA IGLESIA FUNDADA POR CRISTO ES UNA, SANTA, CATÓLICA Y APOSTÓLICA - "Existe una única Iglesia de Cristo, que subsiste en la Iglesia católica, gobernada por el Sucesor de Pedro...

El Concilio había escogido la palabra "subsistit" precisamente para aclarar que existe una sola "subsistencia" de la verdadera Iglesia, mientras que fuera de su estructura visible existen sólo "elementa Ecclesiae", los cuales —siendo elementos de la misma Iglesia— tienden y conducen a la Iglesia católica...

Por el contrario, las Comunidades eclesiales que no han conservado el Episcopado válido [1] y la genuina e íntegra sustancia del misterio eucarístico [2], no son Iglesia en sentido propio..." Declaración Dominus Iesus

 

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IGLESIA - Experta en humanidad, la Iglesia ha estado siempre interesada en todo lo que se refiere al hombre y a la mujer. En estos últimos tiempos se ha reflexionado mucho acerca de la dignidad de la mujer, sus derechos y deberes en los diversos sectores de la comunidad civil y eclesial. Habiendo contribuido a la profundización de esta temática fundamental, particularmente con la enseñanza de S. S. Juan Pablo II Pont.Max., la Iglesia se siente ahora interpelada por algunas corrientes de pensamiento, cuyas tesis frecuentemente no coinciden con la finalidad genuina de la promoción de la mujer. MM.

 

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Las palabras siempre actuales de Gen 1,26-27: "Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza" han orientado desde el inicio a quienes buscan la verdad sobre el hombre. Entre los teólogos medievales que se ocuparon con más detenimiento de este tema destaca, Tomás de Aquino.

 

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Iglesia - Jesucristo, al momento en que envía a los apóstoles a predicar el evangelio a todo el mundo, desea que su Iglesia sea universal (en griego ‘católicos’), es decir: en plena catolicidad hasta al final de los tiempos, la designa Jesucristo.

 

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Iglesia - La universalidad salvífica de Jesucristo hace a su Iglesia ‘Católica’, porque católico es su anuncio cristiano y salvífico, propuesto a todo el universo.

 

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Iglesia - «¿No es una arrogancia hablar de verdad en cosas de religión y llegar a afirmar haber hallado en la propia religión la verdad, la sola verdad, que por cierto no elimina el conocimiento de la verdad en otras religiones, pero que recoge las piezas dispersas y las lleva a la unidad?». Card. + Joseph Ratzinger - Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe - Fragmento de «La Unicidad y la Universalidad salvífica de Jesucristo y de la Iglesia»

 

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Iglesia - P. He escuchado que la palabra ‘Católica’ no fue usada sino hasta cientos de años después de que Jesucristo fundó Su Iglesia.

 

R. No es cierto. El primer indicio del uso de la palabra que pude encontrar está en la carta a los ’Smymeans’, de San Ignacio de Antioquía (del 106 D.C.), párrafo 8: "Cuando el arzobispo aparece, deja ser a la gente como es, donde está Jesucristo, allí está la Iglesia Católica."

Indudablemente la palabra se utilizaba antes de la época de esta escritura.

 

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Iglesia - "Obedecer al Obispo y al clero con mentes sin divisiones y compartir el pan -la medicina de la inmortalidad- y el remedio soberano para escapar la muerte y vivir en Jesucristo para siempre... La única Eucaristía que deben apreciar como válida es una que es celebrada por Obispo mismo o por una persona autorizada por él. Donde está el Obispo, ahí debe estar su gente, al igual que donde estaba presente Jesucristo, ahí está la Iglesia católica..."

[San Ignacio de Antioquía, discípulo de San Juan Evangelista, (+ 107)] Ignacio nació en los días en que Cristo era crucificado. Conoció a San Pedro y a San Pablo.

 

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Iglesia - El pueblo de Dios, movido por la fe, que le impulsa a creer que quien lo conduce es el Espíritu del Señor, que llena el universo, procura discernir en los acontecimientos, exigencias y deseos, de los cuales participa juntamente con sus contemporáneos, los signos verdaderos de la presencia o de los planes de Dios. La fe todo lo ilumina con nueva luz y manifiesta el plan divino sobre la entera vocación del hombre. Por ello, orienta la mente hacia soluciones plenamente humanas. El Concilio se propone, ante todo, juzgar bajo esta luz los valores que hoy disfrutan de máxima consideración y enlazarlos de nuevo con su fuente divina. Estos valores, por proceder de la inteligencia que Dios ha dado al hombre, poseen una bondad extraordinaria; pero, a causa de la corrupción del corazón humano, sufren con frecuencia desviaciones contrarias a su debida ordenación. Por ello, necesitan purificación. ¿Qué piensa del hombre la Iglesia? ¿Qué criterios fundamentales deben recomendarse para levantar el edificio de la sociedad actual? ¿Qué sentido último tiene la acción humana en el universo? He aquí las preguntas que aguardan respuesta. Ésta hará ver con claridad que el pueblo de Dios y la Humanidad, de la que aquél forma parte, se prestan mutuo servicio, lo cual demuestra que la misión de la Iglesia es religiosa y, por lo mismo, plenamente humana.
Constitución Gaudium et spes, 11 – VATICANO II

 

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Iglesia - Cristo Señor, Hijo de Dios vivo, que vino a salvar de los pecados a su pueblo y a santificar a todos los hombres, a la manera que Él fue enviado por el Padre, así envió también a sus Apóstoles, a los que santificó dándoles el Espíritu Santo, a fin de que también ellos glorificaran al Padre sobre la tierra y salvaran a los hombres para edificación del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia.
En esta Iglesia de Cristo, como sucesor de Pedro, a quien Cristo confió apacentar a sus ovejas y corderos, el Romano Pontífice goza, por institución divina, de potestad suprema, plena, inmediata y universal para el cuidado de las almas. Él, por tanto, como quiera que ha sido enviado como pastor de todos los fieles para procurar el bien común de la Iglesia universal y de cada Iglesia, tiene el primado de la potestad ordinaria sobre todas las Iglesias. Mas también los obispos, puestos por el Espíritu Santo, son sucesores de los Apóstoles como pastores de las almas, y, juntamente con el Sumo Pontífice y bajo su autoridad, han sido enviados para perpetuar la obra de Cristo, Pastor eterno. Porque Cristo dio a los Apóstoles y a sus sucesores mandato y poder para enseñar a todas
Las gentes para que santificaran a todos los hombres en la verdad y los apacentaran. Los obispos, consiguientemente, han sido constituidos por el Espíritu Santo, que les ha sido dado, verdaderos y auténticos maestros de la fe, pontífices y pastores.
Este oficio episcopal suyo, que recibieron por la consagración episcopal, lo ejercen los obispos, partícipes de la solicitud de todas las Iglesias, en comunión y bajo la autoridad del Sumo Pontífice por lo que atañe al magisterio y gobierno pastoral, unidos todos en colegio o cuerpo por lo que atañe a la Iglesia de Dios universal.
Decreto Christus Dominus, 1-3 – VATICANO II

 

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Monasterio Sta.Caterina-Sinai- Egipto-Fotografía de nuestro equipo 2003

 

Cristianismo, ¿religión europea?

 

Valores para tiempos de crisis. Aceptar el desafío del futuro es el título del último libro de Benedicto XVI, publicado en Alemania en enero de 2005, y en Francia el 23 de junio, por la editorial Parole et silence. Ofrecemos un fragmento del mismo

 

En las discusiones sobre la historia de la misión cristiana, es corriente hoy en día decir que, por medio de la misión, Europa (Occidente) impuso su religión al mundo: habría ejercido un colonialismo religioso, parte del sistema colonial en general. La renuncia al eurocentrismo debería implicar, entonces, renunciar a la actividad misionera.
Esta tesis merece, para empezar, algunas observaciones de orden histórico. Como sabemos, el cristianismo no nació en Europa, sino en Asia, en el Próximo Oriente, punto de contacto de los tres grandes continentes que son Asia, África y Europa. Un contacto que nunca fue exclusivamente geográfico; Asia Menor fue el lugar de encuentro de las corrientes de pensamiento de los tres continentes. En ese sentido, la interculturalidad forma parte del cristianismo desde sus propios orígenes. Durante varios siglos, la actividad misionera se extendió tanto hacia el Este como hacia el Oeste. El cristianismo, que tenía su cuna en el Próximo Oriente, en seguida penetró en la India; la misión nestoriana llegó hasta China, y en cuanto al número de fieles el cristianismo asiático y el europeo iban más o menos a la par. Fue la expansión del Islam la que, en gran medida, redujo la vitalidad del cristianismo en el Próximo Oriente y aisló a las comunidades cristianas de India y Asia de los centros de Siria, Palestina y Asia Menor, contribuyendo así de forma decisiva a su desaparición.
¿Puede decirse que el cristianismo se hizo europeo a partir de entonces? La respuesta es, a la vez, sí y no. En efecto, la herencia de los orígenes, que se había constituido fuera de Europa, seguía siendo la raíz vital del conjunto, y por ello seguía constituyendo la crisis y la crítica de lo puramente particular, de lo europeo. Lo que llamamos europeo no es una masa monolítica, sino que forma temporalmente y culturalmente un conjunto muy complejo y heterogéneo.
En primer lugar, hubo un proceso de inculturación en el mundo griego y romano, seguido por la inculturación en el mundo germánico, en el mundo eslavo y en los nuevos pueblos latinos. Todas esas culturas han recorrido un largo camino desde la antigüedad, pasando por la Edad Media y la Edad Moderna, hasta la Edad contemporánea. En cada etapa de la Historia, el cristianismo tenía que nacer de nuevo; y no era cada vez más que sí mismo. Puede resultar útil observar algunos ejemplos.
Podemos recordar la historia de la conversión de san Agustín: la lectura del libro Hortensius, de Cicerón, había abierto en él como una brecha de nostalgia de la belleza eterna, nostalgia del encuentro y del contacto con Dios. A causa de la educación que había recibido, estaba claro para él que la respuesta a esa nostalgia despertada por la filosofía había de encontrarse en el cristianismo. Pasó, pues, del Hortensius a la Biblia, y sufrió un choque cultural. Cicerón y la Biblia –dos mundos tan diferentes– entraron en colisión, dos culturas chocaron. «No, no puede ser eso», tal fue la experiencia de san Agustín. La Biblia le pareció pura barbarie que no podía llegar a la altura de las exigencias espirituales derivadas de la filosofía romana. Podemos considerar el choque cultural sufrido por san Agustín como la expresión sintomática de la novedad y de la alteridad del cristianismo: este último no surgió de lo propio del espíritu latino, que no obstante manifestaba una espera latente de Cristo. Para hacerse cristiano, san Agustín –el mundo grecorromano– tuvo que proceder a un éxodo, durante el cual, finalmente, le fue dado de nuevo lo que había perdido.
El éxodo, la ruptura cultural, el muere y transfórmate que implica, es el esquema fundamental del cristianismo. Su historia comienza con Abraham, que recibe esta llamada de Dios: «Vete de tu tierra, de tu patria y de la casa de tu padre» (Gen 12,1). El éxodo de Israel al salir de Egipto, auténtico acontecimiento fundador del pueblo de Israel, estaba anticipado en el éxodo de Abraham, que fue también una ruptura cultural. En la línea de la fe de Abraham, podemos decir de la fe cristiana que nadie la encuentra sencillamente como se encuentra algo que ya nos pertenecía. Es algo que irrumpe desde fuera. Y siempre será así. La venida al cristianismo no puede ser cada vez sino un nacer de nuevo.
Romano Guardini ha subrayado un aspecto importante de este esquema fundamental del cristianismo y de la fe cristiana, que no brota de nuestra propia interioridad, sino que nos llega desde fuera. El cristianismo, la fe cristiana –dice–, no son un producto de nuestra experiencia íntima, sino un acontecimiento que, desde fuera, viene a nuestro encuentro. La fe reposa sobre la irrupción de algo –o de alguien– que nuestra experiencia nunca podría alcanzar por sí misma. Tal es el sentido de la noción de Revelación: algo que no es mío, algo que no existe en mí, viene hacia mí y me arranca a mí mismo, me arrastra más allá de mí mismo, crea algo nuevo. Este movimiento implica también la historicidad del cristianismo, que se funda en acontecimientos, no en una percepción de las profundidades de mi propio mundo interior a la que después llamaríamos iluminación. La Trinidad no es objeto de nuestra experiencia; es algo que se nos dice desde fuera y viene a nosotros como Revelación. De igual forma, la encarnación del Verbo es un acontecimiento cuya noticia no procede de una experiencia íntima. Esta venida desde fuera escandaliza al hombre en busca de autonomía y autosuficiencia; es, para todas las culturas, un escándalo. Cuando san Pablo dice que el cristianismo es un escándalo para los judíos, una locura para las naciones paganas, quiere expresar así la particularidad de la fe cristiana que, a todos, llega desde fuera. Pero precisamente esa irrupción novedosa, al atravesar el ámbito de nuestra experiencia, al sobrepasar nuestra conciencia de la identidad de las cosas, nos hace remar mar adentro, en una realidad dilatada, y nos abre de esa manera la posibilidad de unirnos unos con otros, más allá del pluralismo.

Joseph Cardenal Ratzinger, traducción del francés de Teresa Martín- 2005-10-21

 

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Inquisiciones - Los historiadores distinguen tres inquisiciones: la medieval, ejercida por los obispos locales, o por la Santa Sede con carácter puntual y esporádico (por ejemplo, la Cruzada contra los Albigenses); la española (y más tarde, por imitación, la portuguesa), creada a finales de 1400 por los Reyes Católicos con el beneplácito y bulas papales, con actuación restringida al territorio de la Corona española (y Portuguesa), o sea, también en América y en los territorios europeos (en particular italianos) dependientes de ella; y una tercera inquisición, la romana, la más moderna, fundada por el Papa Pablo III en 1542 e inspirada en el modelo centralista español, pero con ámbito teóricamente universal.

Y permanecen todas las otras ‘inquisiciones’ ejercidas por poderes - político como religioso - a ejemplo, la protestante, tan cruel en algunas zonas de Europa.

 

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A los católicos nos asiste la convicción de que los Cardenales no atribuyen ningún poder al Papa. Es Dios mismo quien se sirve de la mediación de un procedimiento electoral y comunica la gracia y la potestad del pontificado romano al nuevo sucesor de San Pedro, éste, enterrado en la colina vaticana, mártir crucificado año 64/67.

 

Iglesia de Cristo: “norma, normans non normanda” norma que impone norma y no sufre norma.

 

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El Papa, obispo de Roma y sucesor de San Pedro, “es el principio y fundamento perpetuo y visible de unidad, tanto de los obispos como de la muchedumbre de los fieles”. LUMEN GENTIUM, 23

En el ejercicio supremo, pleno e inmediato de su poder sobre toda la Iglesia, el Romano Pontífice se sirve de los dicasterios de la Curia Romana, que, en consecuencia, realizan su labor en su nombre y bajo su autoridad, para bien de las Iglesias y servicio de los sagrados pastores.
CHRISTUS DOMINUS, 9

 

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Obispo - En efecto, cada obispo, legítimamente consagrado en la Iglesia católica, participa de la plenitud del sacramento del orden. Como ministro del Señor y sucesor de los apóstoles, con la gracia del Paráclito, debe obrar para que toda la Iglesia crezca como familia del Padre, cuerpo de Cristo y templo del Espíritu, en la triple función que está llamado a desarrollar, o sea la de enseñar, la de santificar y la de gobernar.

 

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Cromacio de Aquilea (hacia 407) obispo de la Iglesia Católica
Tratado 5 sobre San Mateo, 1, 3-4; CCL 9, 405-406.407)

 

“Vosotros sois luz del mundo”

 

 

San Juan, en su carta dice: “Dios es luz.” (1Jn 1,5) Aquel que permanece en Dios está en la luz como Dios es luz. Ya que tenemos el gozo de haber sido liberados de las tinieblas del error, debemos caminar siempre en la claridad, como hijos de la luz...Por esto el apóstol dice: “...brilláis como lumbreras en medio del mundo, manteniendo con firmeza la palabra de vida...” (cf Flp 2,15-16) Si no lo somos, seremos considerados como aquellos que por causa de su infidelidad, por desgracia nuestra y de los demás, oscurecen con un velo una luz tan necesaria y tan bienhechora...

Por esto, esta lumbrera encendida a favor de nuestra salvación tiene que brillar sin cesar. Poseemos, de hecho, la lámpara de la ley celestial y de la gracia espiritual de la que decía David: “Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero.” (Sal 118,105)... No debemos, pues, cubrir con un velo esta lámpara de la ley y de la fe, sino colocarla en la Iglesia sobre un candelabro, para que podamos alegrarnos con la luz de la Verdad misma, y para que todos los creyentes sean iluminados.

 

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San Agustín (354-430) obispo de Hipona, doctor de la Iglesia Católica
Sermón 34 sobre el Antiguo Testamento 1,6, CCL 41, 423-426

 

“Padre, proclamo tu alabanza.”

 

Se nos exhorta a cantar al Señor un cántico nuevo (Sal 149,1) El hombre nuevo conoce este cántico nuevo. El canto es expresión de alegría y, si nos fijamos más detenidamente, cantar es expresión de amor. De modo que quien ha aprendido a amar la vida nueva sabe cantar el cántico nuevo. De modo que el cántico nuevo nos hace pensar en lo que es la vida nueva. El hombre nuevo, el cántico nuevo, el Testamento nuevo: todo pertenece al mismo y único reino. Por esto, el hombre nuevo cantará el cántico nuevo, porque pertenece al Testamento nuevo.

“Ya estamos cantando”, decís. Cantáis, sí, cantáis, Ya os oigo. Pero procurad que vuestra vida no dé testimonio contra lo que vuestra lengua canta. Cantad con vuestra voz, cantad con vuestro corazón, cantad con vuestra boca, cantad con vuestras costumbres: “Cantad al Señor un cántico nuevo.” Preguntáis ¿qué es lo que vais a cantar de aquel a quién amáis? Ya lo habéis oído: “Cantad al Señor un cántico nuevo”. Preguntáis ¿qué alabanzas debéis cantar? “Resuene su alabanza en la asamblea de los fieles.” La alabanza del canto reside en el mismo cantor. ¿Queréis rendir alabanzas a Dios? Sed vosotros mismos el canto que vais a cantar. Vosotros mismos seréis su alabanza, si vivís santamente.

 

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San Jerónimo (347-420) presbítero, traductor de la Biblia,doctor de la Iglesia Católica - Carta 53 a Paulino

 

“Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida.”

 

Leemos las Sagradas Escrituras. A mí me parece que el cuerpo de Jesús es el evangelio y las Sagradas Escrituras son su doctrina. Sin duda, el texto: “Quien como mi cuerpo y bebe mi sangre” (Jn 6,56) encuentra su total aplicación en el misterio eucarístico. Pero el verdadero cuerpo de Cristo y su verdadera sangre es también la Sagrada Escritura, la doctrina divina. Cuando acudimos a los sagrados misterios, si cae una partícula, nos inquietamos. Cuando escuchamos la Palabra de Dios, si nos distraemos y pensamos en otra cosa mientras entra por nuestros oídos ¡qué responsabilidad!

La carne del Señor es verdadero manjar y su sangre verdadera bebida. Nuestro único bien consiste en comer su cuerpo y beber su sangre, no únicamente en el misterio eucarístico sino también en la lectura de las Escrituras.

  

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Misericordia - Un antiguo escritor cristiano, Eusebio de Cesarea, subraya la primacía del amor por encima de la necesaria justicia: «No juzgues primero y después ofreces misericordia; sino que primero ten misericordia y después juzgas; con clemencia y con misericordia emite sentencias».

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“La misericordia de Dios no supone la banalidad del mal” S.S. Benedicto XVI

 

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Convicción -«Apelar a la tolerancia para desacreditar la posibilidad de convicciones fuertes es un error de bulto, pues la tolerancia se apoya y alimenta de una convicción. La tolerancia no implica relativismo, más bien al contrario.» MMV

 

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Convivencia - El problema de la convivencia cívica, y el de la convivencia entre personas de diferentes creencias religiosas, tradiciones culturales, etc., es un problema real, en todo tiempo y de modo especial en la época contemporánea. Pretender resolverlo postulando la separación programática entre política y religión es condenarse a hacerlo insoluble, ya que es .precisamente el reconocimiento de la dimensión religiosa del hombre lo que lleva a fundamentar radicalmente la trascendencia de la persona y, por tanto, a poner de relieve la necesidad del respeto a la intimidad de las conciencias y los consiguientes límites de toda autoridad estatal (cfr. Conc. Vaticano II, Declaración Dignitatis humanae, 1-3).´

 

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Iglesia - Descartemos cualquier tentación de pura autodefensa, porque la comunicación de la fe se dirige “no sólo a los que escuchan al mensajero, sino también a los que lo ignoran o rechazan”. MMVI

 

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Iglesia - Un cristiano que vive y se alimenta del anuncio evangélico dentro de la Iglesia fundada por Cristo, debe saber siempre que el otro, aunque sea un adversario temible, lo es sólo coyunturalmente, porque es destinatario del mismo tesoro de vida que él ya ha encontrado. Y por eso Benedicto XVI subraya la profunda unidad entre la fe y el amor, porque sin éste, cualquier apostolado se vuelve estéril y vacío. 2005.

 

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La Iglesia vive por y para la misión, y en nuestro caso, la debe llevar a cabo consciente de que la sociedad a la que se dirige sufre profundas divisiones y fracturas, pero también está sedienta de auténticos valores. Y aquí el Papa introduce otra carga de profundidad, al afirmar que “la caridad es ante todo la comunicación de la verdad”. No bastan (aunque sean necesarias) la movilización social y la batalla política, es necesario comunicar la verdad sobre el hombre, en un proceso que llegue a sanar el desvarío de la razón y de la libertad que tantas veces podemos observar. La tarea educativa, en el sentido más hondo y extenso del término, es la que debe consumir nuestras mayores energías, porque sin ella el desierto moral y cultural no cesará de ganar kilómetros en nuestra sociedad: sin la luz del mensaje de Cristo, no conseguiremos comunicar el sentido de la vida, de la familia y de la convivencia civil.

 

Creo que el Papa se ha colocado ya en el punto exacto y desnudo en que nos encontramos, querámoslo o no: el de una sociedad profundamente secularizada, en buena medida indiferente, cuando no hostil al anuncio cristiano, pero que al mismo tiempo manifiesta un cansancio profundo y una sed a las que debemos aprender a responder. Porque si nuestro pueblo continúa alejándose de la raíz cristiana que alimentó a tantas generaciones, tendremos que contemplar el derrumbe social de muchos valores hasta ahora socialmente compartidos. Por eso el punto radical del discurso de Benedicto XVI es la pasión misionera de la Iglesia, que se conmueve por el extravío de un mundo al que ama incondicionalmente, y que no desdeña salir a los caminos (por ásperos y oscuros que sean) para ofrecer a todos el regalo de la vida de Cristo. Eso es lo único que puede cambiar la mente y el corazón de los hombres y mujeres de nuestra época, lo único que a la larga puede sanar el tejido social y recuperar los valores que ahora se difuminan ante nuestros ojos. 2005-07-LD.Esp.

 

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Iglesia - Nuestra reflexión es con una oración de alabanza y de acción de gracias por la redención que Cristo ha obrado en nosotros. Lo hacemos con las palabras de un texto de la Iglesia católica, conservado en un antiguo papiro del siglo IV.
"Nosotros te invocamos, Señor Dios. Tú lo sabes todo, nada se te escapa, Maestro de verdad. Has creado el universo y velas sobre cada ser. Tú guías por el camino de la verdad a aquellos que estaban en tinieblas y en sombras de muerte. Tú quieres salvar a todos los hombres y darles a conocer la verdad. Todos juntos te ofrecemos alabanzas e himnos de acción de gracias". El orante prosigue:  "Nos has redimido, con la sangre preciosa e inmaculada de tu único Hijo, de todo extravío y de la esclavitud. Nos has liberado del demonio y nos has concedido gloria y libertad.
Estábamos muertos y nos has hecho renacer, alma y cuerpo, en el Espíritu. Estábamos manchados y nos has purificado. Te pedimos, pues, Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo: confírmanos en nuestra vocación, en la adoración y en la fidelidad". La oración concluye con la invocación: ”Oh Señor benévolo, fortalécenos, con tu fuerza. Ilumina nuestra alma con tu consuelo... Concédenos mirar, buscar y contemplar los bienes del cielo y no los de la tierra. Así, por la fuerza de tu gracia, se dará gloria a la potestad omnipotente, santísima y digna de toda alabanza, en Cristo Jesús, el Hijo predilecto, con el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén" (A. Hamman, Preghiere dei primi cristiani, Milán 1955, pp. 92-94).

 

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Historia - "El cristianismo no teme a la cultura sino a la media cultura. Teme la superficialidad, los eslóganes, las críticas de oídas; pero quien puede hacer la ‘crítica de la cultura puede volverlo a descubrir o seguir siendo fiel" JEAN GUITTON –filósofo fr. Muerto en + 2000.

 

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Comunismo y nazismo - Deseamos recordar. Pero deseamos recordar con una finalidad, a saber, para asegurar que no prevalezca nunca más el mal, como sucedió con millones de  víctimas  inocentes del nazismo. ¿Cómo pudo sentir el hombre un desprecio tan hondo por el hombre? Porque había llegado hasta el punto de despreciar a Dios. Sólo una ideología sin Dios podía planear y llevar a cabo el exterminio de un pueblo entero. Antes, igualmente también el comunismo con más de 100.000.000 de muertes sembró la discordia levantando el odio entre las personas; el silgo XX ha quedado definitivamente manchado de sangre.

 

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San Pedro, primer Obispo de Roma, mártir en el 64/67ca.

 

Testimonio - “Muchos escuchan más a gusto a los que dan testimonio, que a los que enseñan, y si escuchan a los que enseñan es porque dan testimonio.” [Pablo VI]

 

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Fe y razón - «La fe y la razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad». (VIS, 8.I.2004)) S.S. Juan Pablo II - Magno

 

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Alegría - "El sufrimiento no me es desconocido. En él encuentro mi alegría, pues en la cruz se encuentra Jesús y Él es amor. Y ¿qué importa sufrir cuando se ama?" . (Teresa de Los Andes, carta 14)

 

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Alegría - “Alegraos en el Señor siempre; lo repito: alegraos. Que vuestra bondad sea notoria a todos los hombres. El Señor está cerca. No os inquietéis por cosa alguna, sino más bien en toda oración y plegaria presentad al Señor vuestras necesidades con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa toda inteligencia, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Por lo demás, hermanos, considerad lo que hay de verdadero, de noble, de buena fama, de virtuoso, de laudable; practicad lo que habéis aprendido y recibido, lo que habéis oído y visto en mí, y el Dios de la paz estará con vosotros.” San Pablo en su carta a los Filipenses 4, 4-9vs.”

 

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Felicidad - “Nunca podemos ser felices los unos contra los otros”. S.S. J. Pablo II

 

Dolor - El dolor abrazado con amor purifica y nos hace humildes frente a Dios y al prójimo.

 

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Diálogo - Como escribió J. Lacroix, «toda auténtica actividad humana es diálogo: diálogo con el mundo, que es poesía, diálogo con los demás, que es amor; diálogo con Dios, que es plegaria. La tentación peculiar del pensamiento es el monólogo: basta encerrarse en el propio sistema y negar otro para aniquilarse a sí mismo. El pensamiento verdadero, en cambio, es diálogo; es, como Platón dice, el diálogo del alma consigo misma».

 

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Tradición - El salmo 115, siempre se ha utilizado en la tradición cristiana, desde san Pablo, el cual, citando su inicio según la traducción griega de los Setenta, escribe así a los cristianos de Corinto:  "Teniendo aquel espíritu de fe conforme a lo que está escrito:  "Creí, por eso hablé", también nosotros creemos, y por eso hablamos" (2 Co 4, 13).

 

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Tradición – “Así pues, hermanos, manteneos firmes y conservad las tradiciones que habéis aprendido de nosotros, de viva voz o por carta”.
San Pablo -II Tesalonicenses 2,15

 

TradiciónYa Atanasio se vio muchas veces obligado a recurrir a la historia y a la tradición para defenderse contra las calumnias. Pero más de una vez en estos escritos histórico-polémicos no se contenta con justificar su propia conducta y condenar la de sus enemigos, sino que ataca y expone también positivamente.

A Alejandro le sucedió el año 328 una de las figuras más importantes de toda la historia de la Iglesia y el más eminente de todos los obispos de Alejandría, San Atanasio. De indomable valor, firme ante el peligro o la adversidad, a quien ningún hombre era capaz de intimidar, fue el denodado campeón y gran defensor de la fe de Nicea, "la columna de la Iglesia," como le llama San Gregorio Nacianceno (Or. 21,26). Los arrianos veían en él a su principal enemigo e hicieron cuanto pudieron para destruirlo. Para reducirlo al silencio, se procuraron el favor del poder civil y corrompieron a la autoridad eclesiástica. Por cinco veces fue expulsado de su sede episcopal y pasó más de diecisiete años en el destierro. Pero todos estos sufrimientos no consiguieron romper su resistencia. Estaba convencido de que luchaba por la verdad y empleó todos los medios a su alcance para combatir a sus poderosos enemigos. A pesar de su irreconciliable hostilidad para con el error y no obstante el ardor con que le hacia frente, poseía la cualidad, rara en semejante carácter, de ser capaz, aun en lo más arduo del combate, de usar de tolerancia y moderación con los que se habían descarriado de buena fe. Muchos obispos orientales habían rechazado el homoousios por no comprenderlo, y Atanasio da pruebas de gran comprensión y paciencia para ganarlos nuevamente a la verdad. La Iglesia griega le llamó más tarde "Padre de la Ortodoxia", y la Iglesia romana le cuenta entre los “Cuatro grandes Padres del Oriente”. Murió el 2 de mayo del año 373. La Iglesia en sus dos pulmones –Oriente y Occidente-al unísono le llama católicamente “PADRE”

 

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BIBLIA: Admitimos que hubo algunos sacerdotes que sobrepasaron el límite de la prudencia al prohibir la lectura de la Biblia, no con intención de disminuir su importancia, sino para protegerla. Martín Lutero tuvo que admitir que sin la Iglesia católica él no hubiera tenido la Biblia (ver su Comentario sobre San Juan, 16). 

Por siglos, el idioma universal de la Iglesia y del mundo occidental fue el latín. En todas las misas el sacerdote leía la Biblia en este idioma. Cuando el latín dejó de ser el idioma universal en el occidente, por tradición, las lecturas de la Biblia quedaron en latín pero los feligreses tenían los misales con la traducción en su propio idioma. 

Los que piensan que antes de Martín Lutero no existían traducciones de la Biblia están equivocados. Antes de que él tradujera la Biblia al alemán, la Iglesia tenía ediciones completas o trozos de ella en 26 diferentes lenguas europeas, y en ruso. Por ejemplo, existía la Biblia Héxapla del año 240, la de Jerónimo, La Vulgata, del 390. Había además 30 ediciones de la Biblia completa en alemán antes de la 
versión de Lutero en 1534(2), nueve antes de que él naciera. Había 62 ediciones de la Biblia, autorizadas por la Iglesia en Hebreo, 22 en griego, 20 en italiano, 26 en francés, 19 en flamenco, dos en español: la Biblia ALFONSINA (de "Alfonso el Sabio", año 1280) y la Biblia De la Casa de Alba (año 1430, AT)(3), seis en bohemio y una en eslavo, catalán y checo.(4) 

La primera Biblia impresa, fue producida bajo los auspicios de la Iglesia católica- impresa por el inventor católico de la imprenta: Johannes (Juan) Gutenberg. La primera Biblia con capítulos y versículos numerados fue producida por la Iglesia católica, gracias al trabajo de Esteban Langton, Arzobispo de Canterbury, Inglaterra. A pesar de esto acusan a la Iglesia de haber intentando la destrucción de la Biblia; si hubiera deseado hacer esto, tuvo 1500 años para hacerlo. 

"Las sectas protestantes dicen que solamente la Biblia es fuente de revelación. ¿Podrían ustedes con la sola Biblia dar el capítulo y versículo donde se afirma que S. Mateo, S. Marcos, S. Lucas y S. Juan son los autores de los Evangelios que llevan su nombre y certificarlo de forma apodíctica, sin tener que recurrir a la Tradición de la Iglesia Católica?. Esto es sumamente importante, ya que más del 90 % de lo que sabemos acerca de Jesús, está en estos cuatro (4) sagrados documentos del origen del cristianismo y –siguiendo vuestra tesis-, no encontrando en la Biblia tal afirmación, no son dignos de considerarlos Palabra Divina con todas sus consecuencias." ¿Hay algún protestante que pueda responder a esta pregunta?

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En todo el proceso de completar el canon la lista de libros del NT entendemos mejor que fue la Biblia la que salió de la Iglesia y no la Iglesia de la Biblia. Por eso, verdaderamente no hay separación entre "Biblia" y "Tradición". La Biblia forma parte de la Tradición de la Iglesia católica. No es cuestión de fe, de historia es materia.-

La Tradición engendra la Escritura: “Así pues, hermanos, manteneos firmes y conservad las tradiciones que habéis aprendido de nosotros, de viva voz o por carta”.
-II Tesalonicenses 2,15

 

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BIBLIA E IGLESIA: La Iglesia es una comunidad que escucha y anuncia la Palabra de Dios. La Iglesia no vive de sí misma sino del Evangelio y encuentra siempre y de nuevo su orientación en él para su camino. Es algo que tiene que tener en cuenta cada cristiano y aplicarse a sí mismo: sólo quien escucha la Palabra puede convertirse después en su anunciador. No debe enseñar su propia sabiduría, sino la sabiduría de Dios, que con frecuencia parece necedad a los ojos del mundo (Cf. 1 Corintios 1, 23).

La Iglesia sabe bien que Cristo vive en las Sagradas Escrituras. Precisamente por este motivo, como subraya la Constitución dogmática «Dei Verbum»,, siempre ha tributado a las Escrituras divinas una veneración parecida a la dedicada al mismo Cuerpo del Señor (Cf. «Dei Verbum», 21). Por esta razón, san Jerónimo decía con razón algo que cita el documento conciliar: la ignorancia de las Escrituras es ignorancia de Cristo (Cf. «Dei Verbum», 25).

Iglesia y Palabra de Dios están inseparablemente unidas entre sí. La Iglesia vive de la Palabra de Dios y la Palabra de Dios resuena en la Iglesia, en su enseñanza y en toda su vida (Cf. «Dei Verbum», 8). Por este motivo, el apóstol Pedro nos recuerda que «ninguna profecía de la Escritura puede interpretarse por cuenta propia; porque nunca profecía alguna ha venido por voluntad humana, sino que hombres movidos por el Espíritu Santo, han hablado de parte de Dios» (2 Pt 1, 20).

Damos gracias a Dios porque en estos últimos tiempos, gracias también al impulso dado por la constitución dogmática «Dei Verbum», se ha reevaluado más profundamente la importancia fundamental de la Palabra de Dios. De esto se ha derivado una renovación en la vida de la Iglesia, sobre todo en la predicación, en la catequesis, en la teología, en la espiritualidad y en el mismo camino ecuménico. La Iglesia debe renovarse siempre y rejuvenecer y la Palabra de Dios, que no envejece nunca ni se agota, es el medio privilegiado para este objetivo. De hecho, la Palabra de Dios, a través del Espíritu Santo, nos guía siempre de nuevo hacia la verdad plena (Cf. Juan 16, 13).

En este contexto, querría evocar particularmente y recomendar la antigua tradición de la «Lectio divina»: la lectura asidua de la Sagrada Escritura acompañada por la oración permite ese íntimo diálogo en el que, a través de la lectura, se escucha a Dios que habla, y a través de la oración, se le responde con una confiada apertura del corazón (Cf. «Dei Verbum», 25). Si se promueve esta práctica con eficacia, estoy convencido de que producirá una nueva primavera espiritual en la Iglesia. Como punto firme de la pastoral bíblica, la «Lectio divina» tiene que ser ulteriormente impulsada, incluso mediante nuevos métodos, atentamente ponderados, adaptados a los tiempos. No hay que olvidar nunca que la Palabra de Dios es lámpara para nuestros pasos y luz en nuestro camino (Cf. Salmo 118/119, 105).

…«que la Palabra del Señor siga propagándose» (Cf. 2 Tesalonicenses 3, 1) hasta los confines de la tierra para que, a través del anuncio de la salvación, el mundo entero, oyendo, crea el anuncio de la salvación; creyendo, espere, y esperando, ame (Cf.
«Dei Verbum»1). De todo corazón, ¡gracias! S. S. Benedicto XVI – P.M. 2005-09-16-
ZS05091620

 

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Biblia – “La palabra de Dios, que es fuerza de Dios para la salvación del que cree, se encuentra y despliega su fuerza de modo privilegiado en el Nuevo Testamento. Cuando llegó la plenitud de los tiempos, la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros llena de gracia y de verdad. Cristo estableció en la tierra el reino de Dios, se manifestó a sí mismo y a su Padre con obras y palabras, llevó a cabo su obra muriendo, resucitando y enviando al Espíritu Santo. Levantado de la tierra, atrae a todos hacia Sí, pues es el único que posee palabras de vida eterna. A otras edades no fue revelado este misterio, como lo ha revelado ahora el Espíritu Santo a los apóstoles y profetas para que prediquen el Evangelio, susciten la fe en Jesús Mesías y Señor y congreguen la Iglesia. De esto dan testimonio divino y perenne los escritos del Nuevo Testamento.
Todos saben que entre los escritos del Nuevo Testamento sobresalen los evangelios, por ser el testimonio principal de la vida y doctrina de la Palabra hecha carne, nuestro Salvador. La Iglesia, siempre y en todas partes, ha mantenido y mantiene que los cuatro evangelios son de origen apostólico. Pues lo que los Apóstoles predicaron por mandato de Jesucristo, después ellos mismos con otros de su generación lo escribieron por inspiración del Espíritu Santo y nos lo entregaron como fundamento de la fe: el Evangelio cuádruple, según Mateo, Marcos, Lucas y Juan”.

Constitución Dei Verbum, 17-18 –  CONCILIO Vaticano II

 

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 CATOLICIDAD: La finalidad de la misión es una humanidad transformada en una glorificación viva de Dios, el culto verdadero que Dios espera: este es el sentido más profundo de la catolicidad, una catolicidad que ya nos ha sido donada y hacia la cual, sin embargo, debemos avanzar siempre de nuevo. Catolicidad no sólo expresa una dimensión horizontal, la reunión de muchas personas en la unidad; también entraña una dimensión vertical: sólo dirigiendo nuestra mirada a Dios, sólo abriéndonos a él, podemos llegar a ser realmente uno. Como san Pablo, también san Pedro vino a Roma, a la ciudad a donde confluían todos los pueblos y que, precisamente por eso, podía convertirse, antes que cualquier otra, en manifestación de la universalidad del Evangelio. Al emprender el viaje de Jerusalén a Roma, ciertamente sabía que lo guiaban las palabras de los profetas, la fe y la oración de Israel.

En efecto, la misión hacia todo el mundo también forma parte del anuncio de la antigua alianza: el pueblo de Israel estaba destinado a ser luz de las naciones. El gran salmo de la Pasión, el salmo 21, cuyo primer versículo "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" pronunció Jesús en la cruz, terminaba con la visión: "Volverán al Señor de todos los confines del orbe; en su presencia se postrarán las familias de los pueblos" (Sal 21, 28). Cuando san Pedro y san Pablo vinieron a Roma, el Señor, que había iniciado ese salmo en la cruz, había resucitado; ahora se debía anunciar a todos los pueblos esa victoria de Dios, cumpliendo así la promesa con la que concluía el Salmo.
Catolicidad significa universalidad, multiplicidad que se transforma en unidad; unidad que, a pesar de todo, sigue siendo multiplicidad. Las palabras de san Pablo sobre la universalidad de la Iglesia nos han explicado que de esta unidad forma parte la capacidad de los pueblos de superarse a sí mismos para mirar hacia el único Dios.

El fundador de la teología católica, san Ireneo de Lyon, en el siglo II, expresó de un modo muy hermoso este vínculo entre catolicidad y unidad: "la Iglesia recibió esta predicación y esta fe, y, extendida por toda la tierra, con esmero la custodia como si habitara en una sola familia. Conserva una misma fe, como si tuviese una sola alma y un solo corazón, y la predica, enseña y transmite con una misma voz, como si no tuviese sino una sola boca. Ciertamente, son diversas las lenguas, según las diversas regiones, pero la fuerza de la tradición es una y la misma. Las Iglesias de Alemania no creen de manera diversa, ni transmiten otra doctrina diferente de la que predican las de España, las de Francia, o las del Oriente, como las de Egipto o Libia, así como tampoco las Iglesias constituidas en el centro del mundo; sino que, así como el sol, que es una criatura de Dios, es uno y el mismo en todo el mundo, así también la luz de la predicación de la verdad brilla en todas partes e ilumina a todos los seres humanos que quieren venir al conocimiento de la verdad" (Adversus haereses, I, 10, 2).

La unidad de los hombres en su multiplicidad ha sido posible porque Dios, el único Dios del cielo y de la tierra, se nos manifestó; porque la verdad esencial sobre nuestra vida, sobre nuestro origen y nuestro destino, se hizo visible cuando él se nos manifestó y en Jesucristo nos hizo ver su rostro, se nos reveló a sí mismo. Esta verdad sobre la esencia de nuestro ser, sobre nuestra vida y nuestra muerte, verdad que Dios hizo visible, nos une y nos convierte en hermanos. Catolicidad y unidad van juntas. Y la unidad tiene un contenido: la fe que los Apóstoles nos transmitieron de parte de Cristo.

Hemos dicho que catolicidad de la Iglesia y unidad de la Iglesia van juntas. El hecho de que ambas dimensiones se nos hagan visibles en las figuras de los santos Apóstoles nos indica ya la característica sucesiva de la Iglesia: apostólica. ¿Qué significa?

El Señor instituyó doce Apóstoles, como eran doce los hijos de Jacob, señalándolos de esa manera como iniciadores del pueblo de Dios, el cual, siendo ya universal, en adelante abarca a todos los pueblos. San Marcos nos dice que Jesús llamó a los Apóstoles para que "estuvieran con él y también para enviarlos" (Mc 3, 14). Casi parece una contradicción. Nosotros diríamos: o están con él o son enviados y se ponen en camino.

El Papa san Gregorio Magno tiene un texto acerca de los ángeles que nos puede ayudar a aclarar esa aparente contradicción. Dice que los ángeles son siempre enviados y, al mismo tiempo, están siempre en presencia de Dios, y continúa: "Dondequiera que sean enviados, dondequiera que vayan, caminan siempre en presencia de Dios" (Homilía 34, 13). El Apocalipsis se refiere a los obispos como "ángeles" de su Iglesia; por eso, podemos hacer esta aplicación: los Apóstoles y sus sucesores deberían estar siempre en presencia del Señor y precisamente así, dondequiera que vayan, estarán siempre en comunión con él y vivirán de esa comunión.

La Iglesia es apostólica porque confiesa la fe de los Apóstoles y trata de vivirla. Hay una unicidad que caracteriza a los Doce llamados por el Señor, pero al mismo tiempo existe una continuidad en la misión apostólica. San Pedro, en su primera carta, se refiere a sí mismo como "co-presbítero" con los presbíteros a los que escribe (cf. 1 P 5, 1). Así expresó el principio de la sucesión apostólica: el mismo ministerio que él había recibido del Señor prosigue ahora en la Iglesia gracias a la ordenación sacerdotal. La palabra de Dios no es sólo escrita; gracias a los testigos que el Señor, por el sacramento, insertó en el ministerio apostólico, sigue siendo palabra viva.

Con esto no queremos olvidar que el sentido de todas las funciones y los ministerios es, en el fondo, que "lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud", de modo que crezca el cuerpo de Cristo "para construcción de sí mismo en el amor" (Ef 4, 13. 16).

En este momento de la historia, lleno de escepticismo y de dudas, pero también rico en deseo de Dios, reconocemos de nuevo nuestra misión común de testimoniar juntos a Cristo nuestro Señor y, sobre la base de la unidad que ya se nos ha donado, de ayudar al mundo para que crea. Y pidamos con todo nuestro corazón al Señor que nos guíe a la unidad plena, a fin de que el esplendor de la verdad, la única que puede crear la unidad, sea de nuevo visible en el mundo.

El evangelio de este día nos habla de la confesión de san Pedro, con la que inició la Iglesia: "Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo" (Mt 16, 16). He hablado de la Iglesia una, católica y apostólica, pero no lo he hecho aún de la Iglesia santa; por eso, quisiera recordar en este momento otra confesión de Pedro, pronunciada en nombre de los Doce en la hora del gran abandono: "Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios" (Jn 6, 69). ¿Qué significa? Jesús, en la gran oración sacerdotal, dice que se santifica por los discípulos, aludiendo al sacrificio de su muerte (cf. Jn 17, 19). De esta forma Jesús expresa implícitamente su función de verdadero Sumo Sacerdote que realiza el misterio del "Día de la reconciliación", ya no sólo mediante ritos sustitutivos, sino en la realidad concreta de su cuerpo y su sangre.

En el Antiguo Testamento, las palabras "el Santo de Dios" indicaban a Aarón como sumo sacerdote que tenía la misión de realizar la santificación de Israel (cf. Sal 105, 16; Si 45, 6). La confesión de Pedro en favor de Cristo, a quien llama "el Santo de Dios", está en el contexto del discurso eucarístico, en el cual Jesús anuncia el gran Día de la reconciliación mediante la ofrenda de sí mismo en sacrificio: "El pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo" (Jn 6, 51).

Así, sobre el telón de fondo de esa confesión, está el misterio sacerdotal de Jesús, su sacrificio por todos nosotros. La Iglesia no es santa por sí misma, pues está compuesta de pecadores, como sabemos y vemos todos. Más bien, siempre es santificada de nuevo por el Santo de Dios, por el amor purificador de Cristo. Dios no sólo ha hablado; además, nos ha amado de una forma muy realista, nos ha amado hasta la muerte de su propio Hijo. Esto precisamente nos muestra toda la grandeza de la revelación, que en cierto modo ha infligido las heridas al corazón de Dios mismo. Así pues, cada uno de nosotros puede decir personalmente, con san Pablo: "Yo vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó a sí mismo por mí" (Ga 2, 20).

Pidamos al Señor que la verdad de estas palabras penetre profundamente, con su alegría y con su responsabilidad, en nuestro corazón. Pidámosle que, irradiándose desde la celebración eucarística, sea cada vez más la fuerza que transforme nuestra vida. S. S. BENEDICTO XVI – P.P.  2005-06.29 - ZS05070104

 

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San Cipriano (hacia 200-258) obispo de la Iglesia católica en Cartago - África, mártir - De la unidad de la Iglesia católica

 

“...la paz de vuestro saludo se quedará con ellos.” (Mt 10,13)


        El Espíritu Santo nos advierte: “Busca la paz y corre tras ella.” (Sal 33,12) El hijo de la paz tiene que buscarla y seguirla. El que conoce y ama los lazos de la caridad tiene que guardar su lengua del pecado de la discordia. El Señor, entre sus prescripciones divinas y mandatos para nuestra salvación, la vigilia de su pasión, añadió esto: “Os dejo la paz, os doy mi propia paz.” (Jn 14,27) Esta es la herencia que nos dejó. Todos los dones, todas las recompensas que nos promete dependen de la conservación de la paz. Si somos los herederos de Cristo, permanezcamos en la paz de Cristo. Si somos hijos de Dios, seamos pacíficos: “Dichosos los pacificadores” (Mt 5,9). Conviene que los hijos de Dios sean pacíficos, humildes de corazón, simples en sus palabras, unidos por el afecto, de acuerdo entre si, unánimes.

        Esta unanimidad existía ya entre los apóstoles. Así, el nuevo pueblo de creyentes, fieles a los mandatos del Señor, mantuvo la unidad en el amor. De allí la eficacia de su oración: podían estar seguros de obtener lo que pedían a la misericordia de Dios.

 

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Ubi Petrus, Ibi Ecclesia - Ubi Ecclesia,

Ibi Christus - Extra ecclesiam, nulla salus

 

1. Significación y uso de la palabra «católico»

a) La palabra «católico», compuesta de las griegas kato y holon significa general, universal, total (lat. secundum totum: San Agustín). En el griego clásico los filósofos llamaban katholikon a una proposición universal. También los universales se llamaron katholika. Los dioses astrales sirios fueron llamados katholikoi (véase H. de Lubac, Katholizismus, 44).

 

Ignacio de Antioquía fue el primero que usó la palabra katholikos para la Iglesia de Cristo (Carta a los Esmirnotas 8, 2). Dice: «Donde está Jesucristo, está la Iglesia católica.» La palabra significa, evidentemente, en este texto lo mismo que universal. En el mismo sentido es usada tres veces en el Martirio de San Policarpo (Introducción; 8, 1; 19, 2). En este escrito aparece una vez en el sentido de la Iglesia que cree rectamente (16, 2). Desde fines del siglo II la palabra aparece con las dos significaciones. Desde el siglo III es usada también como nombre propio a modo de sustantivo. Este uso parece haber sido normal hasta el siglo VII. Incluso en Bernardo de Claraval es llamada a veces la Iglesia de Cristo la Católica sin más (Explicación del Cantar de los Cantares 64, 8; PL 183, 1068).

 

b) La palabra implica varias significaciones. Se puede distinguir una catolicidad externa y otra interna. La catolicidad externa se refiere tanto al espacio como al tiempo. Respecto al espacio quiere decir que la Iglesia de Cristo está destinada a todo el mundo, a todos los pueblos y a todos los hombres de todos los tiempos. Por tanto, la catolicidad externa se puede llamar también personal (que afecta a las personas que pertenecen a la Iglesia). La interna se refiere a la plenitud de la verdad y de los bienes de salvación. Se la puede llamar también salvífico-ontológica..

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Y CATOLICISMO - "Católico" se deriva de la lengua griega como término compuesto de la preposición kata (desde, según, hacia), construida generalmente con genitivo, y del término holon, que designa siempre un «todo" respecto a sus partes, o bien un "todo" en sentido cualitativo o cuantitativo. En teología el término designa, junto con la unidad, la santidad y la apostolicidad, una propiedad esencial de la Iglesia. El primero que unió el término «católica" a la mención de la Iglesia fue san Ignacio de Antioquía: "Donde aparece el obispo, allí está reunida la comunidad, lo mismo que donde está Cristo, allí está la Iglesia católica" (Smim. 8, 2). La expresión parece tener [da a entender] aquí el sentido de «verdadera Iglesia", ya que Ignacio se propone prioritariamente afirmar que sólo es legítima la comunidad que está reunida en torno a su obispo. En los símbolos de la fe este término no aparece hasta más tarde, pero de todos modos ya en el s. II (papiro de DerBalyzeh). En el llamado "símbolo niceno-constantinopolitano" la catolicidad se enumera sin más entre las cuatro propiedades esenciales de la Iglesia.

 

En la tradición romana se encuentra ya en el comentario al símbolo llamado "apostólico" de Nicetas de Remesiana. San Cipriano, en su  De catholicae Ecclesiae unitate, describe la catolicidad de la Iglesia como fuerza interior de expansión universal. Después de él san Agustín, en polémica contra los donatistas, señalará precisamente en la "universalidad" (esta vez en sentido no sólo cualitativo, sino también cuantitativo) el carácter de la verdadera Iglesia frente a las pretensiones de la secta donatista. Así pues, cuando se le aplica a la Iglesia, el termino "católico " no designa tanto la autenticidad y la verdad (con la que va unida la afirmación de su necesidad salvífica para la humanidad) como su expansión universal.

 

Además de utilizarse para indicar una propiedad esencial de la Iglesia, el atributo de " católico" se usa también como distintivo confesional de la Iglesia recogida en la unidad bajo el papa, obispo de Roma y sucesor de Pedro, En este sentido se habla de "catolicismo". En un sentido más amplio, el atributo indica también las Iglesias que, en virtud de la sucesión apostólica, conservan íntegro el oficio episcopal y admiten valor a la mediación salvífica de los sacramentos.

 

Siempre que se quiera ver dónde se manifiesta la catolicidad de la Iglesia, se atenderá sobre todo a su misionalidad, innata a la universalidad de la misión de la Iglesia, claramente atestiguada en los escritos del Nuevo Testamento. Hoy, en el contexto de la catolicidad -de la Iglesia, se subraya también su capacidad de participar en las riquezas culturales de los hombres, a los que se anuncia el Evangelio (cf LG 13). En este significado aparece de nuevo el sentido profundo del katholon, es decir, en la «perspectiva del todo".

M. Semeraro- Bibl.: y Congar, Propiedades esenciales de La Iglesia, en MS IV/l, 492-546.

 

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"Por qué pertenezco a la Iglesia"

Podemos pensar en la iglesia católica comparándola con la luna: por la relación luna-mujer (madre) y por el hecho de que la luna no tiene luz propia, sino que la recibe del sol sin el cual sería oscuridad completa. La luna resplandece, pero su luz no es suya sino de otro. La sonda lunar y los astronautas descubrieron que la luna es solo una estepa rocosa y desértica, como montañas y arena, vieron una realidad distinta a la de la antigüedad: no como luz. Y efectivamente la luna es en sí y por sí misma lo desierto, arena y rocas. Sin embargo, es también luz y como tal permanece incluso en la época de los vuelos espaciales.

¿No es ésta una imagen exacta de la Iglesia? Quien la explora y la excava con la sonda, como la luna, descubrirá solamente desierto, arena y piedras, las debilidades del hombre y su historia a través del polvo, los desiertos y las montañas. El hecho decisivo es que ella, aunque es solamente arena y rocas, es también luz en virtud de otro, del Señor.

Yo estoy en la iglesia porque creo que hoy como ayer e independientemente de nosotros, detrás de nuestra iglesia vive su iglesia y no puedo estar cerca de Él si no es permaneciendo en su iglesia. Yo estoy en la Iglesia porque a pesar de todo creo que no es en el fondo nuestra sino suya.

La Iglesia es la que, no obstante todas las debilidades humanas existentes en ella, nos da a Jesucristo; solamente por medio de ella puedo yo recibirlo como una realidad viva y poderosa, aquí y ahora. Sin la Iglesia, Cristo se evapora, se desmenuza, se anula. ¿Y qué sería la humanidad privada de Cristo?

Si yo estoy en la Iglesia es por las mismas razones porque soy cristiano. No se puede creer en solitario. La fe es posible en comunión con otros creyentes. La fe por su misma naturaleza es fuerza que une. Esta fe o es eclesial o no es tal fe. Además así como no se puede creer en solitario, sino sólo en comunión con otros, tampoco se puede tener fe por iniciativa propia o invención.

Yo permanezco en la Iglesia porque creo que la fe, realizable solamente en ella y nunca contra ella, es una verdadera necesidad para el hombre y para el mundo.

Yo permanezco en la Iglesia porque solamente la fe de la iglesia salva al hombre. El gran ideal de nuestra generación es uno, sociedad libre de la tiranía, del dolor y de la injusticia. En este mundo el dolor no se deriva sólo de la desigualdad en las riquezas y en el poder. Se nos quiere hacer creer que se puede llegar a ser hombres sin el dominio de sí, sin la paciencia de la renuncia y la fatiga de la superación, que no es necesario el sacrificio de mantener los compromisos aceptados, ni el esfuerzo para sufrir con paciencia la tensión de lo que se debería ser y lo que efectivamente se es.

En realidad el hombre no es salvado sino a través de la cruz y la aceptación de los propios sufrimientos y de los sufrimientos mundo, que encuentran su sentido liberador en la pasión de Dios. Solamente así el hombre llegará a ser libre. Todas las demás ofertas a mejor precio están destinadas al fracaso.

El amor no es estético ni carente de crítica. La única posibilidad que tenemos de cambiar en sentido positivo a un hombre es la de amarlo, trasformándolo lentamente de lo que es en lo que puede ser. ¿Sucedería de distinto modo en la Iglesia?
Conferencia-Testimonio, Alemania (1971) Joseph Ratzinger, 1971 – al día S. S. Benedicto XVI – P.M.

 

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Iglesia y tradición - “El que os escucha a vosotros me escucha a mí; y el que os rechaza a vosotros me rechaza a mi; y el que me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado. Biblia – Evangelio según S. Lucas-10- v.16

 

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“Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cuál es Jesucristo"  (1° Corintios 3:11) Así siempre nos enseña la Iglesia.

 

“Por consiguiente, la fe proviene de la predicación, y la predicación es el mensaje de Cristo”. San Pablo en ‘Romanos 10:17’. “El que os escucha a vosotros me escucha a mí; y el que os rechaza a vosotros rechaza a mí; y el que rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado” Dice Jesús en el evangelio según San Lucas 10,16. La Iglesia –solo ella- en la sucesión apostólica predica a Jesucristo hace 2000 años.

 

Recomendamos: ROMA, DULCE HOGAR, Scott Hahn y su esposa Kimberly cuentan el largo viaje que les llevó de evangélicos calvinistas, hasta la casa paterna en la Iglesia Católica. Un camino erizado de dificultades, pero recorrido con gran coherencia y docilidad a la gracia, y cuyo motor era el amor a Jesucristo y a su Palabra en la Sagrada Escritura.

 

Recomendamos: LO PRIMERO ES EL AMOR”, Scott Hahn muestra de nuevo una de sus mejores cualidades como autor: su gran capacidad para explicar las verdades esenciales de la Iglesia Católica fundada por Jesucristo, de un modo accesible y atrayente. En esta obra el incentivo es esta pregunta: ¿Qué clase de amor y qué clase de familia satisfacen nuestros más íntimos anhelos?. Con su clara prosa desarrolla una idea central de la fe cristiana: Dios, la Trinidad de Personas Divinas, es una familia que vive en una comunión de amor. Expone también Hahn la íntima conexión entre la familia divina, la familia de la fe, que es la Iglesia, y las familias de la tierra formadas por un hombre y una mujer. Ed. Patmos – Libros de espiritualidad-225.-

 

Recomendamos: DIOS Y EL MUNDO Joseph Ratzinger. Ed. Galaxia Gutemberg-

 

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Tradición y libertad - La tradición occidental desde las antiguas Atenas, Jerusalén y Roma, no se ha movido entre la represión o la descarga del impulso, sino que ha peleado por la libertad interior, que pasa por el dominio de sí, pues sin ésta difícilmente el hombre puede hablar de libertad, ya que no se trata simplemente de la ausencia de coacción externa, sino de capacidad para poder determinarse en orden al bien.

 

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LA IMITACIÓN DE CRISTO - ‘Tomás de KEMPIS’

 

1) Muchos a pesar de oír con frecuencia el Evangelio, no sienten el deseo de unirse a Dios, porque no tienen el espíritu del Señor (Cfr. I, 68).

 

2) El que quiera entender las palabras de Cristo es preciso que trate de conformar con Él toda su vida (Cfr. I, 68).

 

3) Vanidad es desear una vida larga sin cuidar de que sea buena a los ojos del Señor (Cfr. I, 69).

 

4) Si quieres aprender y saber algo que te sea provechoso, trata de ser desconocido y reputado en nada (Cfr. I, 74).

 

5) El mayor combate es empeñarse en vencerse a sí mismo (Cfr. I, 79).

 

6) La persona que no ha muerto del todo a sí misma, pronto se siente tentada y vencida en cosas insignificantes y vanas (Cfr. I, 89).

 

7) No te hagas centro de ti mismo, apoyándote en tu propia suficiencia, sino deposita tu confianza en Dios. Haz cuanto esté de tu parte, y Dios secundará con creces tu buena voluntad (I, 91).

 

8) Evitemos la superficialidad en las palabras. Evitemos las conversaciones inútiles e insustanciales (Cfr. I, 99).

 

9) Evitemos los juicios temerarios (Cfr. I, 119).

 

10) Es duro renunciar a lo que ya estamos avezados; pero más duro es aún ir contra la propia voluntad. Pero si no vences las cosas pequeñas y fáciles, ¿cuándo y cómo podrás superar las difíciles? (I, 106).

 

11) Todas nuestras acciones deben estar motivadas por la caridad (Cfr. I, 122).

 

12) Trata de sufrir con paciencia los defectos y debilidades de los demás; y no olvides que tú también tienes muchos defectos que los demás deben tolerar (Cfr. I, 126).

 

13) El hombre propone y Dios dispone (I, 140).

 

14) El mundo pasa y con él sus concupiscencias (I, 151).

 

15) Amigo, ¿a qué has venido? (I, 185).

 

16) Hazte con frecuencia esta pregunta: "¿a qué has venido y para qué has dejado el mundo?" ¿No fue acaso con objeto de vivir para Dios y llegar a ser un hombre de espíritu? (I, 185).

 

17) Trata de evitar y vencerte en aquellas cosas que más suelen desagradarte en los demás que te rodean (I, 188).

 

18) Cristo basta: confía en Él (Cfr. I, 202).

 

19) Cuando Jesús está presente, todo es más fácil; pero cuando está ausente, todo resulta más difícil (Cfr. I, 232).

 

20) Trata de no apegarte a ninguna cosa de este mundo, porque puedes quedar aprisionado en ella y perecer. Únete al Señor (Cfr. I, 204).

 

21) No te preocupes tanto por saber quién está a favor tuyo o contra ti. Preocúpate más bien de que Dios esté contigo en todo lo que haces (Cfr. I, 210).

 

22) "Guarda una conciencia buena, y Dios será tu apoyo y defensa" (I, 210).

 

23) "Ten una conciencia recta, y tendrás siempre alegría. Una conciencia justa puede soportar muchas cosas en medio de la adversidad" (I, 226).

 

24) "Fácilmente estará contento y en paz el que tiene limpia la conciencia" (I, 226).

 

25) Dios protege al humilde y lo salva, lo ama, lo consuela y le da su gracia (Cfr. I, 211).

 

26) El humilde, cuando ha recibido una ofensa, sigue en paz, porque descansa en Dios y no en el mundo (Cfr. I, 211).

 

27) Busca siempre el último lugar (Cfr. I, 248).

 

28) Se agradecido en lo poco, y serás digno de recibir mayores gracias (Cfr. I, 249).

 

29) El que tiene paz pacifica el mundo (Cfr. I, 213).

 

30) Ponte primero a ti mismo en paz, y luego podrás pacificar a los demás (I, 213).

 

31) Con dos alas se levanta el hombre por encima de las cosas de la tierra: la simplicidad y la pureza (Cfr. I, 217).

 

32) Por la sencillez tiende el alma hacia Dios y por la pureza lo alcanza y gusta de Él (Cfr. I, 217).

 

33) Si fueses en tu corazón bueno y puro, verías sin dificultad el bien que hay en todas las cosas (Cfr. I, 218).

 

34) Nunca serás una persona virtuosa si no pones un candado en tu boca cuando se trate de las cosas de tu prójimo y no pones especial atención en ti mismo (Cfr. I, 221).

 

35) Pocos son los amantes de la cruz de Jesús (I, 251).

 

36) Pocos son los amantes desinteresados (I, 252).

 

37) A muchos se les hace duro este lenguaje: niégate a ti mismo, toma tu cruz y sigue a Jesús (Cfr, I, 256).

 

38) "En la cruz está la salvación, en la cruz está la vida" (I, 257).

 

39) La capacidad de sufrir nos viene de Dios (I, 263).

 

40) Cuando llegues al punto de que el sufrimiento te es dulce en Cristo, serás dichoso, porque has hallado el paraíso en la tierra (Cfr. I, 265).

 

41) La vida del cristiano es un vivir muriendo (I, 266).

 

42) Vivamos en la presencia de Dios con verdad y humildad (I, 288).

 

Fuente:

I: Imitación de Cristo, Tomás de Kempis, Barcelona  - España 1974.

 

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La alegría de la buena conciencia.


Por Tomás de Kempis

 

La gloria del hombre bueno, es el testimonio de la buena conciencia. Ten buena conciencia, y siempre tendrás alegría. La buena conciencia muchas cosas puede sufrir, y muy alegre está en las adversidades. La mala conciencia siempre está con inquietud y temor. Suavemente descansarás, si tu corazón no te reprende. No te alegres sino cuando obrares bien. Los malos nunca tienen alegría verdadera ni sienten paz interior; porque dice el Señor: No tienen paz los malos. Y si dijeren: En paz estamos, no vendrá mal sobre nosotros: ¿quién se atreverá a ofendernos? No los creas, porque de repente se levantará la ira de Dios, y pararán en nada sus obras, y perecerán sus pensamientos.

2. No es dificultoso el que ama gloriarse en la tribulación; porque gloriarse de esta suerte, es gloriarse en la cruz del Señor. Breve es la gloria que se da y recibe de los hombres. La gloria del mundo siempre va acompañada de tristeza. La gloria de los buenos está en sus conciencias, y no en la boca de los hombres. La alegría de los justos es de Dios, y en Dios, y su gozo es la verdad. El que desea la verdadera y eterna gloria, no hace caso de la temporal. Y el que busca la gloria temporal, o no la desprecia de corazón, señal es que ama menos la celestial. Gran quietud de corazón tiene el que no se le da nada de las alabanzas ni de las afrentas.

3. Fácilmente estará contento y sosegado el que tiene la conciencia limpia. No eres más santo porque te alaben, ni más vil porque te desprecien. Lo que eres, eso eres; y por más que te estimen los hombres, no puedes ser, ante Dios, más grande de lo que eres. Si miras lo que eres dentro de ti, no tendrás cuidado de lo que de ti hablen los hombres. El hombre ve lo de fuera, mas Dios el corazón. El hombre considera las obras, y Dios pesa las intenciones. Hacer siempre bien, y tenerse en poco, señal es de un alma humilde. No querer consolación de criatura alguna, señal de gran pureza y de cordial confianza.

4. El que no busca la aprobación de los hombres, claramente muestra que se entregó del todo a Dios. Porque dice San Pablo: No el que se alaba a sí mismo es aprobado, sino el que Dios alaba. Andar en lo interior con Dios, y no embarazarse de fuera con alguna aflicción, estado es de varón espiritual.

Beato Tomás de Kempis - Autor de La Imitación de Cristo, 30 de Agosto 1471

 

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SAN JUAN DE LA CRUZ – 1542 - 1591

 

Dichos de luz y amor1:

 

1) A la tarde te examinarán en el amor. Aprende a amar como Dios quiere ser amado.

 

2) Más agrada a Dios una obra, por pequeña que sea, hecha a escondido, no teniendo voluntad de que se sepa, que mil hechas con ganas de que la sepan los demás.

 

3) ¿Qué aprovecha dar tú a Dios una cosa, si Él te pide otra? Considera lo que Dios quiere y hazlo que por ahí satisfarás mejor tu corazón que con aquello a que tú te inclinas.

 

4) Más quiere Dios en ti el menor grado de obediencia y sujeción, que todos esos servicios que le piensas hacer.

 

5) Más quiere Dios de ti el menor grado de pureza de conciencia, que cuantas obras puedes hacer.

 

6) El alma dura en su amor propio se endurece.

 

7) Dios sólo reina en el alma pacífica y desinteresada.

 

8) Quien supiere morir a todo, tendrá vida en todo.

 

9) Bástele Cristo crucificado, y con él descanse.

 

10) El que no busca la cruz de Cristo, no busca la gloria de Cristo.

 

11) Dios para enamorarse del alma, no pone los ojos en su grandeza, sino en la grandeza de su humildad.

 

12) El amor no consiste en sentir grandes cosas, sino en tener grande sencillez y padecer por el Amado.

 

13) Quien huye de la oración, huye de todo lo bueno.

 

14) Mejor es vencerse en el hablar que ayunar a pan y agua.

  

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1San Juan de la Cruz. Doctor de la Iglesia. Obras completas. Edición crítica, notas y apéndices por Lucino RUANO DE LA IGLESIA. BAC, Madrid 101982.

  

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Reconocer a Dios

 

(Lit. Hor., II Semana de Cuaresma, Del libro de San Teófilo de Antioquía, obispo, a Antólico, Lib. 1, 2.7: Pe 6, 1026, 1027.1035) Siria + 180 ? ca.


Si tú me dices: Muéstrame a tu Dios; yo te diré a mi vez: Muéstrame tú a tu hombre y yo te mostraré a mi Dios. Muéstrame, por tanto, si los ojos de tu mente ven y si oyen los oídos de tu corazón.

Pues de la misma manera que los que ven con los ojos del cuerpo, con ellos perciben las realidades de esta vida terrena y advierten las diferencias que se dan entre ellas, por ejemplo, entre la luz y las tinieblas, lo blanco y lo negro, lo deforme y lo bello, lo proporcionado y lo desproporcionado, lo que está bien formado y lo que no lo está, lo que existe de superfluo y de carencia en las cosas; y lo mismo se diga de lo que cae bajo el dominio del oído: sonidos agudos, graves o agradables; eso mismo hay que decir de los oídos del corazón y de los ojos de la mente, en cuanto a su poder para captar a Dios.

Porque a Dios le ven los que son capaces de mirarle, porque tienen abiertos los ojos del espíritu. Porque aunque todo el mundo tiene ojos, algunos los tienen oscurecidos y no ven la luz del sol. Y no porque los ciegos no vean ha de decirse que el sol ha dejado de lucir, sino que esto hay que atribuírselo a sí mismos y a sus propios ojos. De la misma manera tienes tú los ojos de tu alma oscurecidos a causa de tus pecados y malas acciones.

El alma del hombre tiene que ser pura, como un espejo brillante. Cuando en el espejo se produce el orín, no se puede ver el rostro de una persona; de la misma manera cuando el pecado está en el hombre, el hombre ya no puede contemplar a Dios. Pero puedes sanar, si quieres. Ponte en manos del médico, y él punzará los ojos de tu alma y de tu corazón. ¿Qué médico es éste? Dios, que sana y vivifica mediante su Palabra y su sabiduría. Pues «por medio de la Palabra» y de la sabiduría «se hizo todo». Efectivamente, «la palabra del Señor hizo el cielo, el aliento de su boca, sus ejércitos». Su sabiduría está por encima de todo. Dios con su sabiduría puso el fundamento de la tierra; con su inteligencia preparó los cielos; con su voluntad rasgó los abismos y las nubes derramaron su rocío. Si entiendes todo esto, y vives pura, santa y justamente, podrás ver a Dios; pero la fe y el temor de Dios han de tener la absoluta preferencia en tu corazón y entonces entenderás todo esto. Cuando te despojes de lo mortal y te revistas de la inmortalidad, entonces verás a Dios de manera digna. Dios hará que tu carne sea inmortal con su alma, y entonces, convertido en inmortal, verás al que es inmortal, con tal de que ahora creas en él.

Gentileza de http://www.arvo.net/
para la BIBLIOTECA CATÓLICA DIGITAL

 

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El aborto es un homicidio en el vientre
de la madre. Una criatura es un regalo
de Dios. Si no quieren a los niños,
dénmelos a mí.
Madre Teresa de Calcuta

 

No hay mayor pobreza que la soledad.
Madre Teresa de Calcuta

 

Muchas veces basta una palabra, una
mirada, para llenar el corazón
de un niño.
Madre Teresa de Calcuta

 

Cuando no puedas trotar, camina.
Cuando no puedas caminar, usa el bastón.
Pero nunca te detengas!
Madre Teresa de Calcuta

 

Que Dios te recompense en amor todo el
amor que hayas dado y toda la alegría y
paz que hayas sembrado a tu alrededor,
en todas partes del mundo.
La Madre Teresa de Calcuta

 

Lo importante no es cuanto hacemos, sino
cuanto amor, cuanta honestidad y cuanta
fe ponemos en lo que hacemos.
Madre Teresa de Calcuta

 

No hay una gran diferencia en la realidad
de un país o de otro, porque son siempre
personas las que encontramos en todas partes.
Pueden verse diferentes o llevar otros
trajes, tener una educación o posición
distinta. Pero todas son iguales. Son
personas a quienes amar. Todas están
hambrientas de amor.
Madre Teresa de Calcuta

 

Haz las cosas pequeñas con gran amor.
Madre Teresa de Calcuta

 

El fruto del silencio es la oración.
El fruto de la oración es la fe. El fruto
de la fe es el amor. El fruto del amor es
el servicio. El fruto del servicio es la paz.
Madre Teresa de Calcuta

 

Tu espíritu es el plumero de cualquier tela
de araña. Detrás de cada línea de llegada,
hay una de partida Detrás de cada logro, hay
otro desafío. Mientras estés vivo, siéntete
vivo. Si extrañas lo que hacías vuelve a
hacerlo. No vivas de fotos amarillas.
Madre Teresa de Calcuta

 

La vida sin amor no vale nada;
la justicia sin amor te hace duro,
la inteligencia sin amor te hace cruel,
la amabilidad sin amor te hace hipócrita,
la fe sin amor te hace fanático.

Sed bondadosos, generosos, comprensivos.
Que todos los que se acerquen a
vosotros sean mejores y más felices.
Sed la expresión viva de la bondad de Dios:

bondad en la cara,
bondad en los ojos,
bondad en la sonrisa,
bondad en vuestro saludo,
cordial y afectuoso.
Madre Teresa de Calcuta

 

Para Padres

Enseñarás a volar,
pero no volarán tu vuelo.

Enseñarás a soñar,
pero no soñarán tu sueño.

Enseñarás a vivir,
pero no vivirán tu vida.

Sin embargo...
en cada vuelo,
en cada vida,
en cada sueño,
perdurará siempre la huella
del camino enseñado.


La Vida

La vida es una oportunidad, aprovéchala.
La vida es belleza, admírala.
La vida es beatitud, saboréala.
La vida es un sueño, hazlo realidad.

La vida es un reto, afróntalo.
La vida es un juego, juégalo.
La vida es preciosa, cuídala.
La vida es riqueza, consérvala.
La vida es un misterio, descúbrelo.

La vida es promesa, cúmplela.
La vida es amor, gózalo.
La vida es tristeza, supérala.
La vida es un himno, cántalo.
La vida es una tragedia, domínala.

La vida es aventura, vívela.
La vida es felicidad, merécela.
La vida es vida, defiéndela.
Beata Madre Teresa de Calcuta

He nacido en Albania. Ahora soy una ciudadana de la India. También soy una monja de la Iglesia católica. En mi trabajo pertenezco a todo el mundo. Pero en mi corazón sólo pertenezco a Cristo.
Beata Madre Teresa de Calcuta

 

En el momento de la muerte, no se nos
juzgará por la cantidad de trabajo que
hayamos hecho, sino por el peso de amor
que hayamos puesto en nuestro trabajo.
Este amor debe resultar del sacrificio de
sí mismos y ha de sentirse hasta que haga daño.
Madre Teresa de Calcuta

 

¿El día más bello? Hoy
¿El obstáculo más grande? El miedo.
¿La cosa más fácil? Equivocarse.
¿La raíz de todos los males? El egoísmo.
¿La distracción más bella? El trabajo.
¿La peor derrota? El desaliento.
¿Los mejores maestros? Los niños.
¿La primera necesidad? Comunicarse.
¿Lo que me hace más feliz? Ser útil a los demás.
¿El peor defecto? El mal humor.
¿El sentimiento más ruin? El rencor.
¿El regalo más bello? El perdón.
¿Lo más imprescindible? El hogar.
¿La sensación más grata? La paz interior.
¿El mayor remedio? El optimismo.
¿La mayor satisfacción? El deber cumplido.
¿La fuerza más potente del mundo? La fe.
¿Las personas más necesarias? Los padres.
¿La cosa más bella del mundo? ¡El Amor!
Madre Teresa de Calcuta

Tómate Tiempo

Tómate tiempo para pensar,
es la fuente de poder.

Tómate tiempo para rezar,
es el mayor poder de la tierra.

Tómate tiempo para reír,
es la música del alma.

Tómate tiempo para jugar,
es el secreto de la perpetua juventud.

Tómate tiempo para amar y ser amado,
es el privilegio que nos da Dios.

Tómate tiempo para dar,
el día es demasiado corto
para ser egoísta.

Tómate tiempo para leer,
es la fuente de la sabiduría.

Tómate tiempo para trabajar,
es el precio del éxito.

Tómate tiempo para hacer caridad,
es la llave del Cielo.
Madre Teresa de Calcuta.

 

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- El compromiso por la verdad es el alma de la justicia
- El compromiso por la verdad da fundamento y vigor al derecho a la libertad
- El compromiso por la verdad abre el camino al perdón y a la reconciliación
- El compromiso por la paz abre camino a nuevas esperanzas.

 

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Como María enseña: «Haced lo que Él os diga», pedimos: «Domine, quid me vis facere?», Señor, ¿qué quieres que yo haga? ¿Qué propósitos tengo que hacer? ¿En qué debo luchar más? ¡Que lo vea, que lo haga!

 

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No te dejes vencer por el mal, antes bien, vence al mal con el bien. Repetía nuestro amado y recordado Juan Pablo II - Magno.

 

 

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«El terrorismo, el fundamentalismo y el nihilismo son los enemigos de la paz»

S. S. Benedicto XVI – P.P. MMVI. I. I. ‘En la verdad, la paz’ Día de la paz.

 

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Recomendamos vivamente: Título: ¿Sabes leer la Biblia? Una guía de lectura para descifrar el libro sagrado-Autor: Francisco Varo-Editorial: Planeta Testimonio-2006

 

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Ahora estos ataques se llaman de manera puntual Código da Vinci –toda una burda farsa, en la que se combinan aspectos que pueden parecer verdad con otros que no lo son–, pero en otras ocasiones han recibido otros nombres en forma de libros, películas, obras de arte o similares; es un ingrediente más de toda una dieta anticátolica basada en una receta que llena de oro los bolsillos de algunos y de confusión a bastantes más: recoge muchas falsedades que agitan algunas conciencias, al disfrazar de verosimilitud verdades a medias y presentar en formato caricatura otras verdades que aglutinan tradiciones, iconos religiosos o fundamentos culturales. En el fondo, es una estrategia mediática de desinformación-pseudoinformación-deformación, repleta de disfraces, que no convence a la mayoría por más que se empeñen algunos, pero, eso sí, hay que quitar todos y cada uno de esos disfraces para llegar a desenmascarar tanta falacia.

 

La Iglesia católica no es de los hombres, es de Dios y aquí es donde duele: representa la belleza, la verdad, la bondad, la trascendencia de Dios y, aunque está hecha por hombres, no ha sucumbido en estos más de veinte siglos. A los hombres, lo que les ofrece es una versión moral de la existencia y un conjunto de senderos con norte claro para no desorientarse. ¿Por qué? Porque –queramos reconocerlo o no– el suceso de la manzanita de Eva ha dejado herida –no muerta– la naturaleza del hombre. Quizá sea éste el origen de los ataques a la Iglesia católica y a sus instituciones: no querer aceptar que el hombre debe ser sanado con un tratamiento eficaz –por cierto, muy radical, porque afecta a la totalidad del ser humano–, y recetado por los representantes de Dios en la tierra. Y en esa receta mágica se contempla cómo vivir con dignidad, porque estamos hechos a imagen y semejanza de Dios; cómo ser feliz a través de la familia; cómo entender que es más importante ser que hacer o tener; o cómo morir con dignidad de hijo de Dios, entre otras numerosas afirmaciones o vibraciones positivas.
¿Por qué es tan difícil conseguir una convivencia pacífica, basada en el respeto a la libertad de las conciencias, que no es lo mismo que libertad de conciencia? Porque el cristianismo va a la raíz de las cosas, no postula soluciones aguadas, ni banaliza los problemas, ni, mucho menos, trivializa la verdad... Al contrario, ofrece alternativas exigentes, pero basadas en el amor que Dios nos tiene, y con el que podemos afrontar todo aquello que nos parezca un escollo u obstáculo insalvable. Por eso, existen
minorías minoritarias incapaces de asumir esta realidad, y, en lugar de respetarla o pasar olímpicamente, se revuelcan, atacan, buscan cómplices, y hacen daño. Lo mejor es ignorarlas, no hacerles propaganda, no colaborar con la mentira y dejar que transcurra el tiempo, ése que coloca las cosas y personas en su sitio. MMVI.III

 

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La obra maestra de la Creación, el ser humano. Dios le presta una particular atención ya desde su primer momento de vida, cuando le “tejía en el seno materno”, como dice el salmista. Ya entonces, Dios se fija en él con amor para completar su designio en esta obra prodigiosa que es el hombre. De cada uno conoce todo, su pasado y su futuro, sin descuidar nada ni a nadie. Por eso, como decía san Gregorio Magno, por pequeños e informes que sean, no se apartan del amor a Dios y al prójimo según sus posibilidades, contribuyendo a su modo a la edificación de la Iglesia. Este es, pues, un mensaje de esperanza, que se dirige también a los que aún son débiles en la vida espiritual. S. S. Benedicto P.P. XVI – MMV.XII.XXVIII

 

El creyente es animado a ver la gloria de Dios en el mundo creado, una gloria que eleva una naturaleza que ha sido redimida. Además, el cristianismo, tanto en la teología oriental como occidental, anima a la humanidad a encontrar el amor y la bondad de Dios en el orden creado.

Esta visión, no obstante, no lleva a una suerte de optimismo fácil sobre la naturaleza y la economía de la vida y la muerte. El cristiano contemplaría el mundo con ojos imbuidos de amor. Esta visión va más allá de la elaborada máquina de los deístas o de la visión mecanicista de la modernidad. Un cristiano ve el mundo en su belleza y terror, y en su primera y última verdad: no sólo naturaleza, sino creación.

En cuanto al mal y al sufrimiento, que también producen las catástrofes como los sucesos infaustos de la naturaleza, el pensamiento cristiano da otra dimensión a estos acontecimientos. Dios puede hacerlos ocasiones para cumplir sus fines buenos, aunque no sean en sí bienes morales. Además, el Evangelio enseña que Dios no puede ser derrotado y que la victoria sobre el mal y la muerte ya ha sido ganada. Pero es una victoria que no ha alcanzado su cumplimiento, debemos esperar hasta la venida final de Dios.

Para los cristianos que realmente tienen fe en esta promesa, la realidad de la muerte y el sufrimiento no debería presentarse como un obstáculo insuperable. Es, de hecho, mucho más que una piedra de tropiezo para un optimismo superficial o un fatalismo pagano. Los creyentes cristianos, por el contrario, abrazan la esperanza en la victoria final de Dios.

 

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A ti, Padre omnipotente,
origen del cosmos y del hombre,
por Cristo, el que vive,
Señor del tiempo y de la historia,
en el Espíritu que santifica el universo,
alabanza, honor y gloria
ahora y por los siglos de los siglos. Amén.

 

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El respeto de la integridad de la creación

Catecismo de la Iglesia Católica

 

2415 El séptimo mandamiento exige el respeto de la integridad de la creación. Los animales, como las plantas y los seres inanimados, están naturalmente destinados al bien común de la humanidad pasada, presente y futura (cf Gn 1, 28-31). El uso de los recursos minerales, vegetales y animales del universo no puede ser separado del respeto a las exigencias morales. El dominio concedido por el Creador al hombre sobre los seres inanimados y los seres vivos no es absoluto; está regulado por el cuidado de la calidad de la vida del prójimo incluyendo la de las generaciones venideras; exige un respeto religioso de la integridad de la creación (cf CA 37-38).

2416 Los animales son criaturas de Dios, que los rodea de su solicitud providencial (cf Mt 6, 16). Por su simple existencia, lo bendicen y le dan gloria (cf Dn 3, 57-58). También los hombres les deben aprecio. Recuérdese con qué delicadeza trataban a los animales san Francisco de Asís o san Felipe Neri.

2417 Dios confió los animales a la administración del que fue creado por él a su imagen (cf Gn 2, 19-20; 9, 1-4). Por tanto, es legítimo servirse de los animales para el alimento y la confección de vestidos. Se los puede domesticar para que ayuden al hombre en sus trabajos y en sus ocios. Los experimentos médicos y científicos en animales, si se mantienen en límites razonables, son prácticas moralmente aceptables, pues contribuyen a cuidar o salvar vidas humanas.

2418 Es contrario a la dignidad humana hacer sufrir inútilmente a los animales y sacrificar sin necesidad sus vidas. Es también indigno invertir en ellos sumas que deberían remediar más bien la miseria de los hombres. Se puede amar a los animales; pero no se puede desviar hacia ellos el afecto debido únicamente a los seres humanos.

 

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Recomendamos vivamente: PATROLOGÍA –

Domingo RAMOS-LISSON. Editorial EUNSA-Es. 2006

Profesor de patrología e Historia de la Iglesia (edad antigua) en la Universidad de NAVARRA-España. La aportación de los Padres de la Iglesia a la historia del pensamiento que va gestando la humanidad a través de los siglos, representa un legado riquísimo que las nuevas generaciones deben conocer. La valoración de esta herencia es ya un motivo más que suficiente para iniciar la lectura de las obras patrísticas. La motivación se acrecienta si es lector es cristiano y tiene interés por conocer las raíces del mensaje de Jesús, puesto que los escritores cristianos de los primeros siglos de la Iglesia son órganos vivos de la transmisión de la fe revelada.

Fe custodiada fielmente por la Iglesia católica y sólo ella hace dos mil años, desde el mismo Pentecostés.

 

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Recomendamos vivamente: Filología e historia de los textos cristianos.

Giovanni María Vian – Editorial Ediciones Cristiandad – 2006. Este libro dibuja por primera vez una historia general de los textos cristianos y de su significado en la historia de la cultura, desde los orígenes de la Biblia al sc. XX, pasando por la confrontación con el judaísmo y el helenismo, el nacimiento de la filología cristiana con Orígenes, Eusebio y Jerónimo, la Edad Media entre el Oriente bizantino y el Occidente latino, el esplendor del humanismo, la gran erudición entre los siglos XVI y XVIII, la relación problemática de la tradición cultural cristiana con la modernidad.

 

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Autor: Joseph Ratzinger – en el siglo: S.S. BENEDICTO XVI

“La fraternidad de los cristianos” Joseph Ratzinger Ediciones ‘sígueme’

“Verdad, valores, poder” Joseph Ratzinger. Editorial Rialp

“Principios de moral cristiana”         98 p.p.     6,00 € editorial EDICEP

“Evangelio, catequesis, catecismo”  80 p.p.     4,75 € “

“La eucaristía, centro de vida”        170 p.p.  10,00 € “

“En el principio creó Dios”              128 p.p.    7,25 € “

“La provocación del discurso sobre Dios”  - Editorial TROTTA

“Dios y el mundo” Editorial Galaxia Gutenberg

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).