Thursday 18 September 2014 | Actualizada : 2014-09-14
 
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Admitimos que hubo algunos sacerdotes que sobrepasaron el límite de la prudencia al prohibir la lectura de la Biblia, no con intención de disminuir su importancia, sino para protegerla. Martín Lutero tuvo que admitir que sin la Iglesia católica él no hubiera tenido la Biblia (ver su Comentario sobre San Juan, 16).

 

 

Por siglos, el idioma universal de la Iglesia y del mundo occidental fue el latín. En todas las misas el sacerdote leía la Biblia en este idioma. Cuando el latín dejó de ser el idioma universal en el occidente, 
por tradición, las lecturas de la Biblia quedaron en latín pero los feligreses tenían los misales con la traducción en su propio idioma. 

Los que piensan que antes de Martín Lutero no existían traducciones de la Biblia están equivocados. Antes de que él tradujera la Biblia al alemán, la Iglesia tenía ediciones completas o trozos de ella en 26 diferentes lenguas europeas, y en ruso. Por ejemplo, existía la Biblia Héxapla del año 240, la de Jerónimo, La Vulgata, del 390. Había además 30 ediciones de la Biblia completa en alemán antes de la 
versión de Lutero en 1534(2), nueve antes de que él naciera. Había 62 ediciones de la Biblia, autorizadas por la Iglesia en Hebreo, 22 en griego, 20 en italiano, 26 en francés, 19 en flamenco, dos en español: la Biblia ALFONSINA (de "Alfonso el Sabio", año 1280) y la Biblia De la Casa de Alba (año 1430, AT)(3), seis en bohemio y una en eslavo, catalán y checo.(4) 

La primera Biblia impresa, fue producida bajo los auspicios de la Iglesia católica- impresa por el inventor católico de la imprenta: Johannes (Juan) Gutenberg. La primera Biblia con capítulos y 
versículos numerados fué producida por la Iglesia católica, gracias al trabajo de Esteban Langton, Arzobispo de Canterbury, Inglaterra. A pesar de esto acusan a la Iglesia de haber intentando la destrucción de la Biblia; si hubiera deseado hacer esto, tuvo 1500 años para hacerlo. 

En todo el proceso de completar el canon la lista de libros del NT entendemos mejor que fue la Biblia la que salió de la Iglesia y no la Iglesia de la Biblia. Por eso, verdaderamente no hay separación entre 
"Biblia" y "Tradición". La Biblia forma parte de la Tradición de la Iglesia católica.

 

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La primera vez que los seguidores de Cristo fueron llamados cristianos fue en la comunidad de Antioquia, según nos relata el libro de Los Hechos de los Apóstoles.


La primera vez que los seguidores de Cristo fueron llamados católicos fue en la primera etapa de los Santos Padres, cuando el concepto de Iglesia Católica, igual a universal, se generalizó por toda la cuenca del Mediterráneo.


A partir de aquí, los bautizados en Cristo en la fe de la Iglesia, somos llamados cristianos o católicos. El término más usado en el último siglo es: Católico.


La misma Iglesia ha concedido este apelativo a centros de estudios, asociaciones laicales, y grupos varios.??Ahora el término católico está devaluado debido a grupos que utilizan ese porque les da lustre y pueden seguir vendiendo como católica una doctrina que no lo es.

2012


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Pese a que efectivamente la Biblia Alfonsina es la considerada primera biblia en español, lo cierto es que durante el mismo s. XIII ya se habían llevado a cabo otros trabajo de traducción bíblica, a los que genéricamente se denomina Biblias romanceadas prealfonsinas, de las que se conservan fragmentos en la fabulosa Biblioteca del Monasterio de El Escorial y en otras colecciones, de las que indudablemente se sirvieron los autores de la Biblia Alfonsina.


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LA IGLESIA DEL NUEVO TESTAMENTO 

Y PRE CONSTANTINIANA

 

por Rafael Aguirre Monasterio

Introducción

AL ESTUDIAR otras épocas de la historia de la Iglesia nos encontramos un objeto socialmente preciso y teológicamente reflejo. En el breve espacio del presente estudio no sucede aún así. Vamos a estudiar la época en que el movimiento de Jesús se convierte en la Iglesia cristiana.
El cristianismo primitivo es un movimiento lleno de entusiasmo y que evolucionó muy rápida y pluralmente; pronto surgieron comunidades diferentes en contextos muy distintos y vinculados a tradiciones y personas diversas; los conflictos internos y externos son de enorme virulencia, como corresponde a un movimiento de gran empuje histórico y de una aún incipiente conciencia refleja de sí mismo. 
En medio de este proceso vamos a ver prevalecer una línea, a la que podemos denominar el cristianismo ortodoxo (ortodoxo, porque prevalece). .
No es posible estudiar aquí la relación de Jesús y esta Iglesia que vamos a ver surgir. Pienso que no es acertado un positivismo histórico que pretende deducir del Jesús histórico todas las características de la Iglesia posterior. Pero sí comparto una conciencia histórica para la cual la Iglesia es concreción y desarrollo legítimo y posible, en principio, del proyecto de Jesús de Nazaret.
La consideración de unos documentos fuertemente teológicos como son los escritos del NT requiere unas cautelas críticas a la hora de realizar un estudio crítico como el que pretendo. Obviamente me veré obligado a esquematizar la evolución de la primitiva Iglesia, destacando sus líneas fundamentales. Me voy a fijar preferentemente en el tiempo del NT porque, en mi opinión, fue entonces cuando se realizaron las opciones decisivas que determinaron el proceso posterior. A veces una visión popular y simplista considera que Constantino supuso un corte radical en la historia de la Iglesia y una inversión de lo que ésta había sido hasta ese momento. Pero la verdad es que este emperador confirma y culmina un proceso que estaba en marcha probablemente desde Pablo de Tarso.

De la comunidad primitiva de Jerusalén a la Iglesia de Antioquía

MUY FRECUENTEMENTE los movimientos sociales tienden a idealizar sus orígenes. Sobre todo cuando tienen un agudo sentido histórico suelen considerar que su objetivo final es la recuperación de una edad de oro primigenio corrompida con el paso del tiempo. Así un determinado marxismo hablará del comunismo primitivo, todos los movimientos nativistas están movidos por la nostalgia de la pureza étnica primitiva, los nacionalismos pretenden normalmente recuperar un supuesto espíritu del pueblo corrompido por factores externos. Pues bien, también Lucas presenta en los primeros capítulos de los Hechos de los Apóstoles un cuadro fuertemente idealizado de la comunidad cristiana primitiva. Considera que hay un tiempo apostólico, especie de «edad de oro» por su vinculación a Jesús y a sus testigos históricos que sirve de norma para la Iglesia de los tiempos posteriores. Pero esto no impide que podamos obtener informaciones históricas fidedignas de la obra de Lc, tras una consideración crítica y, sobre todo, contrastándola con las cartas de Pablo.Nuestra consideración tiene que partir de la comunidad cristiana de Jerusalén. ¿Qué podemos decir de ella? La experiencia pascual dio un nuevo impulso a los seguidores de Jesús entre los que destacan sus discípulos, algunas mujeres y sus parientes (Hch 1,12-14). Formaban un grupo reunido precisamente en Jerusalén porque su fe judía vinculaba los sucesos escatológicos, que para ellos eran muy cercanos, con la ciudad santa. El judaísmo de aquel tiempo era muy plural y esta primitiva comunidad de Jerusalén era un grupo judío más con características propias, «la secta de los nazarenos» (Hch 24,5.14; 28,22). Practicaban fielmente la religión judía y frecuentaban el Templo, aunque también tenían sus propias reuniones y ritos (Hch 2,46).


Parece que el grupo de «los doce» tuvo un papel destacado, aunque por breve tiempo y sin que podamos precisar exactamente en qué consistió. A Pedro, que había sido agraciado con la primera aparición del resucitado (1 Cor 15,5; Lc 24,34), le vemos en un lugar preferente en el seno de la comunidad: es el portavoz de los Apóstoles en Pentecostés (Hch 2,14 ss), con él se entrevista Pablo en su primera 
visita a Jerusalén (Gál 1, 18), . tiene una actuación decisiva en la asamblea de Jerusalén (Gál 2,7-9; Hch 15,7 ss). Desde el principio destaca también el papel de Santiago, el hermano del Señor. Aparece asociado con Pedro en su papel de principal responsable de la comunidad (Gál 1,19.2,7-9) e incluso es mencionado en primer lugar por Pablo cuando enumera «las columnas» de la Iglesia primitiva: «y  reconociendo la gracia que me había sido concedida, Santiago, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas, nos tendieran la mano en señal de comunión a mí y a Bernabé» (Gál 2,9). Ciertamente cuando Pedro abandona Jerusalén, después de haber sido encarcelado por Agripa, Santiago fue el líder de la comunidad. Pero quizá antes ya lo fuese (Hch 12,17), y en todo caso ocupó un lugar muy destacado.
En la comunidad de Jerusalén existía la institución de «los presbíteros» (Hch 11,30; 15,2.4.6.22-23), que era una copia de la organización existente en la sinagoga y que rápidamente se introdujo en las iglesias judeocristianas. Pese a la idealización mencionada, el texto de Lc nos permite conocer la existencia en la comunidad cristiana de Jerusalén de fuertes tensiones, concretamente entre los «hebreos» y los «helenistas». Los «hebreos» son judeocristianos de habla y 
cultura semítica. Los «helenistas» son judeocristianos de habla y cultura griega.


Está comprobada la existencia en Jerusalén de una fuerte colonia de judíos helenistas, muchos de ellos procedentes de la diáspora, que habían podido cumplir su viejo sueño de instalarse en la ciudad, al menos los últimos años de su vida. Tenían su propia sinagoga y una interpretación de la religión judía influenciada por su cultura griega. 
En el seno de la comunidad cristiana hubo pronto judíos de procedencia semita y habla aramea y judíos de cultura helenista y habla griega. Y surgieron los conflictos: «al multiplicarse los discípulos, hubo quejas de los helenistas contra los hebreos, porque sus viudas eran desatendidas en la asistencia cotidiana» (Hch 6, 1).
Las mismas palabras de los Hechos dejan suponer que la raíz del conflicto no fue meramente cultural sino socio-económica. En efecto, los helenistas solían ser de una posición social más elevada y con frecuencia vivían de sus rentas obtenidas en la diáspora. Sabemos de uno de ellos, Bernabé, que tenía propiedades que puso a disposición 
de la comunidad (Hch 4,36-37). Juan Marcos, su sobrino, probablemente era también helenista y su casa, lugar de reunión de la comunidad o de parte de ella, parece amplia y situada en el barrio aristocrático (Hch 12,12-17). Por eso, cuando los helenistas abandonaron Jerusalén, la comunidad pasó grandes apuros económicos 
y tuvo que ser socorrida con limosnas enviadas desde fuera.
La solución del conflicto arbitrada por los Apóstoles fue la de dar a los helenistasuna organización propia y aparte de los hebreos, 
poniendo a su frente a siete personas, todas con nombre griego, a los que impropiamente se denomina diáconos, entre los que Esteban ocupa el primer lugar. La función de estos personajes no se limitaba «a servir a las mesas» (Hch 6,2-3), sino que era respecto de los helenistas de la misma naturaleza que la de los apóstoles respecto a los hebreos.
El cristianismo de los helenistas se caracterizaba por una actitud más crítica y libre con el Templo de Jerusalén y con las costumbres judías en general. Esto provocó la hostilidad de los judíos. Esteban fue el primer mártir cristiano (Hch 6-7) y la primera persecución se dirigió solo contra ellos que tuvieron que huir de Jerusalén, mientras que los apóstoles permanecieron en la ciudad sin ser molestados.
Estos helenistas tienen una importancia enorme para el desarrollo de la iglesia. En su huida se convirtieron en los primeros misioneros, que llevaron el evangelio a Samaria (Hch 8,4-25) y a las ciudades helenistas de la costa en las que se implantaron importantes comunidades cristianas (Hch 8,26-40; 9,32-43; 21,78.16).
Pero lo que iba a ser decisivo fue la constitución por los helenistas de la comunidad cristiana de Antioquía en Siria (Hch 1 1, 19-30). Allí por vez primera se abren las puertas de la comunidad a los paganos. «En Antioquía fue donde, por primera vez, los discípulos recibieron el nombre de ´cristianos´» (11,26), lo cual indica que la iglesia empieza a distinguirse claramente de la sinagoga. Los creyentes se separan de las leyes rituales del judaísmo (Gal 2,11-14) y 
la organización de la comunidad es diferente a la judeocristiana típica, sin presbíteros y con mayor relieve del elemento profético. Pablo vivió en Antioquía antes de sus grandes viajes misioneros y en esta comunidad formó su pensamiento teológico sobre la fe, la ley y la libertad.
Los helenistas de Antioquía y Pablo constituyen el hilo de¡ cristianismo y de la iglesia que prevaleció históricamente. Pero antes de seguirlo vamos a preguntarnos: ¿qué sucedió con el judeo cristianismo de Jerusalén? Es una pregunta pertinente porque, aunque sea de forma muy sumaria, conviene no perder de vista la complejidad y riqueza del cristianismo primero.
En Jerusalén subsistió un judeocristianismo de tipo dinástico presidido por parientes de Jesús, el primero de los cuales es Santiago y cuya lista entera nos da Eusebio de Cesarea. Parece que el año 70, con motivo de la primera guerra judía, los cristianos huyeron a Pella, al oriente del Jordán, regresando poco después. El año 135 terminó la segunda guerra judía y Adriano fundó la Aelia Capitolina prohibiendo a los judíos la entrada en la ciudad. A partir de este momento, encontramos una comunidad cristiana de origen pagano, que tiene su centro en el Santo Sepulcro, cuyos obispos son también conocidos por Eusebio. Sin embargo -dato frecuentemente ignorado- hay muchos testimonios de que subsistió en Jerusalén otra comunidad judeocristiana, que tenía su sede en el barrio de Sión, en las afueras 
de la ciudad. Incluso parece que la rivalidad y las querellas entre ambas comunidades fueron notables. Aún en el siglo IV hay testimonios de la pervivencia de esta iglesia judeocristiana de Jerusalén.

 

 


Pablo - EL CRISTIANISMO y la iglesia de la tradición paulina prevalecieron. Otras formas entraron en vía muerta y acabaron por desaparecer. Es clave comprender la función histórica de Pablo en el desarrollo de la iglesia. Es esto lo que vamos a examinar ahora interrelacionando el acercamiento teológico con el sociológico, lo cual nos permitirá captar la función del Pablo teólogo y la del Pablo organizador, que son inseparables a  Pablo y la modificación de los factoressocio-económicos, ecológicos e ideológicos del movimiento de Jesús

DESDE un punto de vista sociológico Pablo propició una profunda 
transformación de los factores socio-económicos, socio-ecológicos y socio-culturales del cristianismo naciente.

En primer lugar se verificó un proceso de urbanización. El movimiento de Jesús tuvo unas características acusadamente rurales. 
Sus portadores procedían de este ambiente y evitaban la predicación y la estancia en las grandes ciudades de Palestina, excepto en Jerusalén. Sus oyentes más entusiastas se encontraban entre las masas campesinas de Galilea. Además Jesús y sus discípulos tienen características de predicadores ambulantes. Pablo transformó este movimiento en urbano y sedentario. Estaba personalmente capacitado para ello ya que procedía de la importante ciudad de Tarso y era fariseo, grupo que ejercía su influencia fundamentalmente en ambientes urbanos.
Pablo tiene una estrategia apostólica muy clara: fundar iglesias en las ciudades importantes y estratégicamente bien situadas para, a partir de ellas, influir en toda una región. Lo dice claramente en sus cartas: Filipo representa a Macedonia (Fil 4,15); Tesalónica a Macedonia y Acaya (1 Ts 1,7 s); Corinto a Acaya (1 Cor 16,15; 2 Cor 1, 1); Efeso a Asia (Rom 16,15; 1 Cor 16,19; 2 Cor 1,8). Al final de su vida todo el interés de Pablo era llegar a Roma, capital del imperio En segundo lugar, Pablo introdujo entre las capas bien situadas de la población lo que había comenzado como un movimiento de gente pobre. Existe un consenso creciente entre los estudiosos para 
desechar la imagen proletaria y depauperizada del primitivo cristianismo. Más bien parece que reflejaba en su seno el pluralismo social, con una presencia relevante de gente acomodada. A este grupo pertenecen los primeros convertidos en los Hechos de los Apóstoles. En los cuatro casos en que se nos informa de la conversión de un hombre (oikodespotes) con toda su casa se trata de gente de buena situación social (10,22; 11, 14; 16,15; 16,31; 18,8).

Reiteradamente se dice que se convirtieron «mujeres ricas». Un estudio detallado de los 16 nombres que se conocen de la comunidad de Corinto concluye que los 9 en que es posible determinar su situación, ésta es elevada. Y no deja de ser significativo que Pablo afirme que él en Corinto no bautizaba y que sólo lo ha hecho en tres casos excepcionales,  precisamente con personas de rango alto y cabeza de casas importantes (1 Cor 1,14-16); Crispo, el jefe de la sinagoga (Hch 18,8); Gayo, propietario de una casa amplia que podía hospedar a toda la iglesia (Rom 16,23), y Estéfano,jefe de la comunidad. Los primeros paganos que entraron en la iglesia fueron «los temerosos de Dios» que simpatizaban con el judaísmo y que normalmente se reclutaban entre la gente pudiente. En resumen: aunque es difícil saber la procedencia de la mayoría de la comunidad, sin embargo por los casos que conocemos, que probablemente son de miembros destacados, parece que cinco sectores sociales mostraban una cierta proclividad a hacerse cristianos: miembros de la casa del César, artesanos y negociantes de buena posición, mujeres de dinero, judíos acomodados de habla griega y los temerosos de Dios. Todos ellos coinciden en haber alcanzado una situación relativamente alta pero sin poseer un prestigio social reconocido. Pertenecen a las categorías que se suelen llamar «criss-crossing»

Pablo, que probablemente pertenecía a una familia bien situada de Tarso como lo indica su ciudadanía, romana, estaba bien capacitado para abrir el cristianismo a estos nuevos sectores sociales. En tercer lugar, Pablo fue también decisivo para la inculturación del cristianismo en el mundo griego: Esto es más sabido y me ahorra mayores explicaciones. Su procedencia de Tarso, ciudad puente entre el mundo griego y el semita y su misma participación de ambas culturas, le capacitaban particularmente para esta tarea. De todas formas, hay que recordar -como ya hemos visto al hablar de la comunidad de Jerusalén- que la penetración del helenismo en Palestina era notable, de modo que el proceso no fue brusco y ya estaba en marcha antes de Pablo.b) Aceptación de «la casa» como estructura base de la iglesia.

 

"La mies es mucha", dice el Señor. Y cuando dice "es mucha" no se refiere sólo a aquel momento y a aquellos caminos de Palestina por los que peregrinaba durante su vida terrena; sus palabras valen también para nuestro tiempo. Eso significa:  en el corazón de los hombres crece una mies. Eso significa, una vez más:  en lo más profundo de su ser esperan a Dios; esperan una orientación que sea luz, que indique el camino. Esperan una palabra que sea más que una simple palabra. Se trata de una esperanza, una espera del amor que, más allá del instante presente, nos sostenga y acoja eternamente. La mies es mucha y necesita obreros en todas las generaciones. Y para todas las generaciones, aunque de modo diferente, valen siempre también las otras palabras:  "Los obreros son pocos".

 

 

CASA / ESTRUCTURA- BASE: HAY un hecho básico cuya importancia no se suele valorar suficientemente: la asunción en las comunidades paulinas de «la casa», que era la estructura básica de aquella sociedad. Fue una opción de transcendentales consecuencias eclesiológicas.
La casa es la forma social y económica elemental no sólo de la antigüedad y del NT, sino probablemente de toda cultura sedentaria preindustrial. Más exacto que hablar de «sociedad esclavista» o de «sociedad de clases» sería probablemente hablar de «sociedad basada en la casa». No es casualidad que la palabra economía etimológicamente signifique «regla de la casa» (nomos de la oikos). La figura central de la casa era su jefe o señor, el oikodespotes. La casa 
englobaba a la mujer, los hijos, los criados, los esclavos, las propiedades y, eventualmente, los huéspedes.

En la antigüedad la casa tenía una dimensión cultural y religiosa. 
En el judaísmo la casa era el primer lugar de transmisión de la fe y en su marco se celebraban determinadas festividades religiosas, especialmente la solemne cena pascual. También en el mundo greco-romano existían toda una serie de dioses y cultos domésticos, además de la religiosidad oficial.
En el NT se nos dice varias veces que la conversión de un jefe de familia arrastraba la de toda su casa. Esto provoca el que en las primeras comunidades cristianas se encuentren amos y esclavos, por ejemplo. Sin embargo, ésta no es la única razón del interclasismo de las comunidades. También hay que contar con conversiones individuales. En la 1 Cor Pablo da normas para los casos en que un cónyuge se convierta y el otro no (7,12-16). A veces la conversión implicaba la ruptura con la propia casa, pero para ser admitido en otra cristiana: «Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa (casa es el englobante de lo que sigue)... quedará sin recibir el ciento por uno: ahora, al presente,casas ... » (Mc 10,29 s).


I/CASA: La casa, estructura básica de aquella sociedad, se convirtió en la estructura básica de la primera iglesia. Conocemos la iglesia de la casa de Filemón (Fil 2), la iglesia que se reúne en casa de Aquila y Priscila (Rom 16,3; 1 Cor 16,19); Gayo hospedaba a toda la iglesia de Corinto (Rom 16,22). Pablo predicaba y enseñaba en público y por las casas (Hch 20,20), es decir, instruía en las reuniones domésticas de la comunidad además de la predicación pública a todo el pueblo. Se entiende lo que quiere decir Tit 1, 11 cuando lamenta que los herejes seduzcan y trastornen «casas enteras».
La aceptación de «la casa» condiciona decisivamente la actitud práctica de Pablo. En 1 Cor 7 se muestra partidario, en principio, de no alterar «la casa» incluso en el caso de que uno de los cónyuges no se convierta a la fe cristiana. La misma aceptación de la esclavitud es una consecuencia de su aceptación de «la casa». Implicaba aceptar el orden constituido y el sistema social vigente. Lo contrario hubiese resultado intolerable a los ojos de los oikodespotes, fundamento básico de la comunidad, pues su adhesión a la iglesia acarreaba la de todos sus allegados. Más aún: una comunidad local normalmente no constaba de una sola casa, sino de varias. La comunidad local en su conjunto se podía comparar a las asociaciones o corporaciones greco-romanas (thiasoi, hetairiai, collegia), que eran agrupaciones 
voluntarias con diferentes objetivos, a veces profesionales, y que contaban con culto particular y cementerio propio. Estas asociaciones tenían sus patronos, oikodespotes de buena posición, que sufragaban los gastos y ponían a disposición una casa como lugar de culto y de reunión. Los patronos recibían honores y gozaban de cierta autoridad.
Pues bien, las comunidades cristianas locales tienen una indudable semejanza con estas corporaciones e incluso en algún momento recibieron una misma consideración jurídica. Se entiende que el apoyo material de los oikodespotes de buena situación les era a las comunidades cristianas no menos imprescindible que el de sus patronos a las corporaciones paganas.
En Pablo hay una tensión entre sus principios teóricos, con enorme carga de renovación, y sus normas prácticas 
fundamentalmente conservadoras del sistema social. Su teoría dice: «Ya no hay judío ni griego; ni esclavo ni libre, ni hombre ni mujer, ya que todos sois uno en Cristo Jesús» (Gal 3,28; cfr 1 Cor 12,13). Sin embargo, su actitud práctica no se propone la transformación de la realidad social, sino que insta su aceptación: «Que permanezca cada cual tal como los halló la llamada de Dios. ¿Eran esclavo cuando fuiste llamado? No te preocupes. Y aunque puedas hacerte libre, aprovecha más bien tu condición de esclavo... permanezca cada cual ante Dios en el estado en que fue llamado» (1 Cor 7,20-24). «La cabeza de la mujer es el hombre... No fue creado el hombre por razón de la mujer, sino la 
mujer por razón del hombre» (1 Cor 11,3.9). Esta tensión se da también entre, por una parte, un lenguaje que subraya la cohesión interna del grupo y su diferencia respecto del mundo «santos», 
«elegidos», «hermanos» ... ) y, por otra parte, la abolición de las fronteras simbólicas (la circuncisión y las normas de pureza ritual que podrían dificultar la relación con el mundo).
En resumen, Pablo aceptó la encarnación en la sociedad greco-romana a través de la asunción en la comunidad cristiana de la estructura fundamental de la casa y con ello evitó la reclusión en la secta y abrió la posibilidad de la iglesia posterior. Pablo acepta el sistema social y pretende imbuirlo de espíritu cristiano. De esta forma 
la fe cristiana no es directamente un principio de transformación social, pero sí desarrolla su capacidad de innovación histórica en el seno de las relaciones intracomunitarlas. Esto supuso una indiscutible moderación de la radicalidad cristiana de la primera hora. Solo así el cristianismo era socialmente viable y no es exagerado decir que la labor de Pablo fue decisiva para la misma existencia de la iglesia posterior.

 

 

c) El conflicto con los judeocristianos

 

A esta luz hay que entender lo que constituye el corazón del pensamiento paulino. El apóstol lo sitúa explícitamente como un problema teológico: la salvación viene por la fe en Cristo y no por las obras de la ley; vincular la salvación a la circuncisión es declarar inútil la obra de Cristo.
Pero en el fondo subyace una preocupación sociológica del que está organizando la iglesia. En efecto, la proclamación de la no necesidad de la circuncisión era la condición de posibilidad para que el 
cristianismo pudiese ser una religión universal y para todos. La abolición de las normas de pureza ritual del AT era imprescindible para que fuese posible la convivencia de judeocristianos y paganocristianos.
En otras palabras, en el problema teológico de la gracia y de la ley lo que estaba en juego era la persistencia del cristianismo como religión étnica judía o la posibilidad de convertirlo en un proyecto universal.
La decisión de la asamblea de Jerusalén que zanjó teóricamente esta cuestión fue, sin duda, la más importante de los 20 siglos de historia cristiana21

 

 

 

 

Sectas que dejan espacio a visionarios anunciadores de la fin del mundo ‘errando siempre’…; maníacos puros de la casta de los intocables blanqueados, sospechosos, oscuros y dudosos charlatanes; propicios al negocio fácil, con la Biblia como zotal.

 

 

 

d) Iglesia versus secta y versus misticismo

PUEDE ayudarnos a comprender la opción que el cristianismo tomó por obra de Pablo el contrastarla con otras posibilidades que se aprecian, de hecho, en aquel momento y que fueron seguidas por grupos que acabaron por resultar marginales. Evidentemente esta comparación implica una esquematización de la realidad, pero no su falsificación.
La dinámica de la encarnación de Pablo se afirmó eclesiológicamente contra la secta judeocristiana y contra el misticismo pre-gnóstico22 Pablo evitó el camino de la secta que se separa del mundo y crea su propio sistema de convivencia, como hicieron, por ejemplo, los esenios del Qumran. Si llega a prevalecer el judeocristianismo el cristianismo hubiese sido una secta (ligada al sistema social del AT) en el mundo greco-romano. La misión hubiese consistido, en este caso, no en ir al mundo sino en invitar a que vengan al propio mundo de la secta.
También evitó Pablo el camino de la radicalidad para muy pocos, al modo del espiritualismo entusiasta de los pre-gnósticos. Si llegan a prevalecer los grupos que adoptaron esta actitud el cristianismo hubiese sido cosa de «los puros», de una élite espiritual, de los que tienen un «conocimiento superior». Misionar hubiese sido dirigirse a los selectos.
Pablo optó por un proyecto universal (contra la religión étnica judeocristiana) y socialmente viable (contra la aristocracia espiritual). 
No se separa del mundo ni por un sistema legal propio (exclusivo de un pueblo) ni por una ascesis radical (exclusiva de unos selectos). Acepta el sistema social vigente y pretende vivir la fe cristiana en su seno. Misionar es dirigirse a todos sin distinción.
Prevaleció la línea de orientación paulina, que se convirtió en el cristianismo ortodoxo. Las cosas hubiesen podido discurrir de otra manera. Hubiesen no podido cuajar el paulinismo y durar, por el contrario, el judeocristianismo o el pregnosticismo. En este caso, con toda probabilidad, el cristianismo hubiese sido un fenómeno históricamente marginal y teológicamente más radical. Pablo puso las bases para que el cristianismo fuese una ideología universal, se convirtiese en la religión oficial del imperio y en la matriz cultural de Europa. Aunque, evidentemente, no sea ésta la única evolución posible de la obra de Pablo.
Este proceso de encarnación, germinalmente paulino, se concretó en el arte, en las costumbres, en la aceptación de la filosofía griega, en la organización eclesiástica, etc. Época decisiva fueron los inicios del siglo III.

Es muy significativa la CARTA-A-DIOGNETO, de fines del siglo lI: «Los cristianos no se distinguen de los demás hombres ni por su tierra, ni por su hablar, ni por sus costumbres... se adaptan en vestido, comida y demás género de vida a los usos y 
costumbres de cada país... se casan como todos; como todos engendran hijos... » (V, 1-6). Tenemos aquí una especie de programa de los diversos ámbitos en que se expresa la encarnación del cristianismo en la vida: el lenguaje, el vestido, el alimento, la vida familiar. Pero encarnación no es simplemente mundanización. Los 
cristianos pretenden vivificar con su fe el mundo en el que viven. «Lo que es el alma en el cuerpo, eso son los cristianos en el mundo... los cristianos habitan en el mundo, pero no son del mundo», dice la misma Epístola a Diogneto (VI, l).
La tarea de los grandes moralistas de inicios del siglo III en particular de Clemente de Alejandría y de Tertuliano, fue saber qué conservar y qué rechazar de las costumbres de esa sociedad. En sus obras tratan del matrimonio, de los problemas morales de los cristianos funcionarios públicos o metidos en asuntos económicos, de los alimentos, de las diversiones, de los baños, del vestido y del lujo, etc. 
Es un gigantesco esfuerzo por penetrar de espíritu cristiano las costumbres familiares y sociales que, en principio, se respetan y admiten. Constantino no hará sino sancionar oficialmente como civilización cristiana un proceso que ya estaba en marcha antes de él.

 

 

La barca de Pedro, para que pueda avanzar con seguridad, necesita numerosas tareas escondidas que, junto con otras más visibles, contribuyen al desarrollo regular de la navegación. Ahí se nos recuerda (9) que «El tiempo de la actividad misional discurre entre la primera y la segunda venida del Señor, en que la Iglesia, como la mies, será recogida de los cuatro vientos en el Reino de Dios». Por tanto, es ahora mismo cuando nos toca, a cada uno de nosotros, y cada cual en la medida de sus posibilidades, en su vida ordinaria, el hacer ese apostolado básico y transmisor de la Palabra de Dios. Sin embargo, no vaya a creerse que esto es labor, sólo, de la Iglesia en cuanto institución sino que la Esposa de Cristo, formada por todos los hijos de Dios, piedras vivas de la misma, ha de encontrar respuesta en todos esos mismos hijos. Así se nos recuerda, para aquellos que entiendan que su función en la Iglesia es de mero asistente sacramental, que «Los laicos cooperan a la obra de evangelización de la Iglesia y participan de su misión salvífica a la vez como testigos y como instrumentos vivos, sobre todo si, llamados por Dios, son destinados por los Obispos a esta obra» (41): Decreto Ad Gentes (Sobre la actividad misionera de la Iglesia) firmado por Pablo VI el 7 de diciembre de 1965 en el marco del Concilio Vaticano II.

 

 

 

La tradición paulina

EL PENSAMIENTO y la actitud de Pablo ofrecían diversas posibilidades de desarrollo. Vamos a ver como fue, de hecho, continuado en la tradición paulina, primero en las cartas a los Efesios y a los Colosenses, a las que podemos añadir la 1 Paz, y después en las Pastorales.
Las Deuteropaulinas (Ef, Col) continúan la afirmación de la casa como fundamento de la comunidad en los famosos «sumarlos domésticos» (Col 3,18-4,1; Ef 5,21-6,9; 1 Pd 2,18-3,7), que inculcan los deberes mutuos de padre-hijos, marido-mujer, amo-esclavos. Se acentúa la actitud socialmente conservadora. No es extraño que la 1 Pd inmediatamente antes del sumario doméstico legitime teológicamente a las autoridades del estado e inculque la obediencia a ellas (2,13-17), con lo que, por lo demás, no hace sino continuar la actitud de Pablo (Rom 13,1-7).
Las cartas pastorales responden a unas comunidades grandes en medio del imperio romano y con complejos problemas. Su preocupación preponderante es defender la ortodoxia doctrina¡ y consolidar la organización. Su ideal de que «podamos vivir una vida tranquila y apacible con toda piedad y dignidad» (1 Tm 2,2), justifica la opinión de Dibelius de que nos encontramos aquí con el «aburguesamiento» del cristianismo.
Los preceptos comunitarios son una aplicación y una extensión de los sumarlos domésticos (1 Tm 2,815; 6,1-2; Tit 2,1-10) y comprenden la comunidad cristiana en analogía con la oikos 23. Por eso hay que elegir para dirigir la comunidad, como episcopos pero también como diáconos, oikodespotes de cierto relieve, incluso ricos pero ante todo probados en el gobierno asentado de su propia casa (1 Tm 3,1-1e; Tit 1,7-9). Estas cartas subrayan el aspecto jerárquico de la 
iglesia, pero no conocen aún el episcopado monárquico ni diferencian entre obispos, presbíteros y diáconos.
No nos puede extrañar encontrarnos en las pastorales, en continuidad con Rom 13,1-7 y 1ª Pd 2,13 ss, el deber de obedecer a las autoridades del estado e incluso de orar por ellas (1 Tm 2,1-2; Tit 3,1). La pretensión política del cristianismo de la tradición paulina se va perfilando.

 

 

La tradición judeocristiana

NO SÓLO subsistió durante siglos la comunidad judeocristiana de Jerusalén, a la que antes me he referido.Junto al judeocristianismo ortodoxo e incorporado al NT 
(Apocalipsis de Juan y carta de Santiago), existió otro que acabó desapareciendo y que, sin embargo, produjo una abundante literatura y cuyos restos arqueológicos e históricos se conocen y se estudian cada vez más. Algunas de las iglesias más antiguas, por ejemplo, la etíope y la copta, conservan restos inequívocos de la herencia judeocristiana para nosotros desconocidos.
El cristianismo que nos ha llegado ha sido el paulino, aclimatado en la cultura griega y en la cuenca del Mediterráneo. En cambio, el judeocristianismo que se extendió preferentemente por las regiones más orientales (Asia Menor, Siria, Irán ... ), por razones diversas, languideció en sectas y acabó desapareciendo. En buena medida el nacimiento y el auge del islam se explican por el fracaso del cristianismo en esa cultura. Incluso está comprobada la influencia que sobre Mahoma ejercieron determinados grupos judeocristianos vivos aún en su tiempo 26
Normalmente la historia la escriben los vencedores. Pero es hora de recuperar la historia de los vencidos. Hay virtualidades cristianas en el judeocristianismo que tenemos que recuperar para enriquecer lo que ha resultado como cristianismo ortodoxo. El estudio -y pienso que también la fe- son una exigencia continua por recuperar dimensiones olvidadas.

Conflictos exteriores

PARA comprender la historia posterior de la iglesia es útil presentar esquemáticamente los conflictos tanto externos como internos en los que se vio envuelta y que fueron la ocasión para que adquiriese conciencia de sí misma y configurase su organización

a) Conflictos con los judíos

LA PRIMITIVA comunidad cristiana no tuvo dificultades por parte de los romanos, a quienes no preocupaba un fenómeno tan insignificante. En general también las relaciones con las autoridades y el pueblo judío fueron buenas 28. El prestigio de Santiago entre los judíos era muy grande. La primera persecución en regla afectó sólo a los helenistas (Hch 8 ss). Poco antes del 44, en tiempo de Agripa, fue ajusticiado Santiago Zebedeo y Pedro fue encarcelado, pero la borrasca pasó pronto. El año 62 fue ajusticiado el jefe de la comunidad, Santiago, en un exceso de autoridad del Sumo Sacerdote, aprovechando que estaba vacante el puesto de procurador 30.Pronto empezó en la diáspora la ofensiva de los judíos contra los 
cristianos por diversos medios (acción directa cuando tenían poder para ello, presión en las autoridades romanas, etc.) (Hch 14,19; 17,5 ss; 18,12-17). SINAGOGA/EV-MT: El conflicto alcanzó una extremada virulencia a partir del año 70. Con la destrucción del Templo el judaísmo entró en una dramática crisis de identidad. En medio de polémicas durísimas judíos y cristianos se disputaban ser los auténticos herederos de la ley, del AT, de la elección divina. Esta polémica se refleja en nuestros evangelios, especialmente en el de Juan y en el de Mt, escrito justo en el momento en que la iglesia se separa de la sinagoga. En la iglesia surgen expresiones anti-judías. En la sinagoga se introduce una maldición contra los cristianos. Este 
conflicto fue decisivo para que la iglesia adquiriese conciencia de su función en la historia de la salvación, como nuevo Israel, y se fuese organizando independientemente del judaísmo.


 

 

Anillo romano del 390 d. C.


b) Conflicto con el imperio

DURANTE la primera generación, el cristianismo tuvo grandes problemas con la autoridad imperial. Era aún demasiado pequeño para suscitar su preocupación.


PERSECUCIÓN ROMANA: Sin embargo el conflicto tenía que surgir inevitablemente porque el carácter exclusivista y universal del cristianismo le convertía en un rival de la ideología imperial. Los cristianos pronto fueron acusados de «Odio al género humano» (es decir, desmarcarse de las costumbres tradicionales) y de «ateísmo» (es decir, no admitir a los dioses oficiales). A partir del año 64, con Nerón, cambian las cosas. Empieza una época de persecuciones 
esporádicas, en la que se aplica a los cristianos la legislación penal vigente y la vía «coercitio». Desde ahora los momentos de persecución se van a alternar con los de tolerancia, pero la situación de los cristianos será siempre insegura.
A principios del siglo III el emperador Severo da el primer edicto dirigido ex professo contra los cristianos. Pero la crisis se hace especialmente aguda en la segunda mitad. de este siglo. Es el momento en que el imperio atraviesa una crisis profundísima, sobre todo por la presión exterior de una serie de pueblos. Las grandes persecuciones de mediados del siglo III e inicios del siglo IV (Decio, Valeriano, Diocleciano) son la última y desesperada reacción de un imperio pagano en crisis contra una iglesia, que ha conseguido una gran penetración social, se ha convertido en la fuerza ideológica hegemónica y aparece dispuesta a sustituir al antiguo paganismo y a animar la nueva civilización que se está fraguando.
Poco tiempo después, Constantino iba a asumir políticamente a la iglesia y al cristianismo como la ideología que haría posible el robustecimiento del imperio sobre bases nuevas ante un paganismo decadente. ¿Cuál fue la reacción de la iglesia ante la persecución? Se distingue una doble actitud. Una primera reacción acentúa el sentido escatológico, insiste en la total incompatibilidad entre la iglesia y la sociedad pagana, es ideológicamente muy beligerante, se separa del mundo y mira al más allá. Es la respuesta del Apocalipsis de Juan, en la tradición de Asia, tradición judía, mesiánica y milenarista.
La otra reacción considera que el estado romano cumple un papel positivo en el plan de Dios, es respetuosa con las autoridades y ora por ellas, minimiza los conflictos y no se entrega a una hostilidad abierta. Es la respuesta de la tradición paulina y la de los primeros apologetas, y responde en general a una actitud más positiva con la cultura greco-romana. Ciertamente esta actitud marcó la historia posterior de la iglesia, pero sin eliminar nunca del todo la otra.


 


El cristianismo ortodoxo como iglesia

EL CONFLICTO con el judaísmo y con el imperio ocasiona un proceso interno al cristianismo, también profundamente conflictivo, en el que se perfila la teología y la organización de la iglesia. Es una especie de tiempo constituyente en el que la iglesia construye su identidad y elabora la norma de la fe. Aparece el concepto de tradición y, más tarde, el de canon del NT. Ligados con ellos están los conceptos de sucesión apostólica y la organización jerárquica de la iglesia, con los tres órdenes de obispo, presbíteros, y diáconos, que no aparecen antes de Ignacio de Antioquía y que, poco a poco, irán imponiéndose en todas las iglesias. Asimismo se robustece la comunión universal de las iglesias y el lugar destacado de la iglesia de Roma.
Es decir, se va poniendo en pie una normatividad cristiana específica y social. Como específica se diferencia de los judeocristianos radicales para quienes la normatividad seguía vinculada al judaísmo. Como normatividad social se diferencia de los agnósticos que no admiten como norma de verdad más que su propia y personal experiencia religiosa.
Es el triunfo de los intereses institucionales sobre la nostalgia tradicional y sobre la utopía elitista y espiritualista. Sociológicamente es el triunfo de la iglesia sobre la pura secta y la pura mística 32. La institución se va a acreditar como un proyecto socialmente viable, va a garantizar la permanencia y extensión del cristianismo, va a encarnarse en la sociedad, va a desarrollar diferentes roles sociales, sobre todo el de cohesión y legitimación social.
Esto tiene peligros obvios. Los intereses de la institución siempre tienden a prevalecer sobre sus fines teológicos. La encarnación rápidamente puede convertirse en mundanización. La institución en vez de vehicular, con frecuencia, sofoca el mesianismo inicial. 


CONFLICTOS: Por eso, en toda esta época se asiste a conflictos muy agudos que surgen en nombre de la radicalidad cristiana a medida que la iglesia se va institucionalizando. Recordemos los nombres de Orígenes en Alejandría, Tertuliano en África, Hipólito y Novaciano en Roma... Los radicales juzgarán duramente lo que consideran debilitamiento de la fe, relajación de las costumbres, excesivas 
facilidades en la concesión de los sacramentos, desearán una iglesia más minoritaria pero más pura. Los obispos representarán el punto de vista de una institución más amplia y flexible, con mayor capacidad de integración, menos exigente. Con frecuencia, los puros o radicales acaban fuera de la iglesia, como es el caso de Tertuliano y de Novaciano.
Toda esta historia nos enseña que la encarnación implica necesariamente la aceptación de muchas leyes sociológicas de las instituciones humanas. Para un creyente la iglesia expresa la salvación en la historia y a través de la historia. Con el curso del tiempo la Iglesia ha llegado a una autocomprensión muy elaborada y refleja que debe permitir desde dentro de ella misma, precisamente para afirmarse  como cristiana, la recuperación de esas dimensiones de radicalidad evangélica y de capacidad socio-crítica, tan pronto olvidadas por casi todos, sofocadas con frecuencia por el poder eclesiástico, malogradas, a veces, por sus más apasionados defensores.
No es exagerado afirmar que el modelo constantiniano ha completado su ciclo. Nos deja un sentido realista y encarnacional de Iglesia. Pero el agotamiento del modelo exige potenciar desde la Iglesia lo mejor de la secta (su radicalidad evangélica y su capacidad socio-crítica) y lo mejor de la mística (su libertad y su pasión del Espíritu), para ser creyentes en una sociedad laica y responder a los clamores de justicia de los pobres de la tierra.RAFAEL AGUIRRE MONASTERIO
LA IGLESIA DEL NT Y PRECONSTANTINIANA
Cátedra de Teología Contemporánea
Colegio Mayor CHAMINADE. Madrid 1984. Págs. 7-45

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21. La zanjó teóricamente porque los problemas prácticos subsistieron, a veces gravemente, como en el incidente de Antioquía que enfrentó a Pablo con Pedro y Bernabé (Gál 2,11-14). El decreto de Hch 15,20.29 parece que no se promulgó en la asamblea a la que asistieron Pablo y Bernabé, sino que emanó más tarde de la iglesia de Jerusalén, con el objetivo de regular la convivencia práctica de judeocristianos y paganocristianos: Cfr. M. DE BURGos, La comunidad 
de Antioquía.... 59-62; H. CONZELMANN, Geschichie..., 71-73. 
22. No es mi intención entrar en el complejo problema de gnosticismo. Han aparecido recientemente dos libros interesantes en castellano sobre el tema: H. 
C. PUECH, En torno a la gnosis I, Madrid 1982; E. PAGELS, Los evangelios gnósticos, Barcelona 1982; es de mención obligada las obras de A. Orbe, uno de los grandes especialistas en el tema. Muy probablemente el gnosticismo tiene raíces en el judeocristianismo como ha demostrado en numerosas obras Danielou; también L. GOPPELT, Les origines.... 124-138.
23. W. SCHOTRROFF-W. STEGEMANN, ed.), Traditionen der Befreiung, 
München 1980, 77s: "Las cartas pastorales exigen que los servicios ministeriales sean configurados en analogía a la dominante estructura familiar de tipo patriarcal».26. Cfr. la introducción de J. JOMIER a El Corán (Ed. Nacional), Madrid 1980. 
28. La historicidad de los incidentes de los capítulos 4 y 5 de Hch es 
problemática y, en cualquier caso, no fueron de importancia.
30. FLAVIO JOSEFO, Aj XX, 197-203; EUSEBIO, HE II, 23,4-18; para una discusión de este hecho y de las diversas tradiciones que nos lo transmiten puede verse mi artículo: Los poderes del Sanedrín y notas de crítica histórica sobre la muerte de Jesús, en Estudios de Deusto 2 vol. 1982.

32. Estos son los tres tipos sociológicos que descubre E. TROELTSCH a lo largo de la historia del cristianismo. Una buena discusión sobre estos modelos sociológicos en M. HILL, Sociología de la Religión, Madrid 1976, 71-98.

  

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Iglesia de Cristo - ¿Por qué decimos que la Iglesia es Romana?

Un hecho histórico vino a poner esta nota en la Iglesia de Cristo: San Pedro, el primero entre los Apóstoles, fue a Roma y ahí murió, crucificado en cruz invertida*.

En los Evangelios aparece San Pedro con un lugar muy importante entre sus compañeros apóstoles, esta primacía es confirmada por Cristo resucitado. En los Hechos es quien tiene la dirección principal de la Iglesia naciente. Así se le consideró como signo de ser la Iglesia de Cristo el estar en comunión con Pedro. San Pablo mismo que tiene una parte tan importante en la propagación del cristianismo primitivo, confiesa que después de su conversión fue a estar unos 15 días con Pedro, no fuera a suceder que su mensaje no estuviera de acuerdo con él.

Este puesto importante de Pedro en toda la Iglesia lo sigue teniendo el sucesor de Él, en Roma, porque ahí murió en el año 64/7ca. dando su vida por Cristo como testimonio final de su amor al Maestro. Fue enterrado en la colina vaticana de la ciudad de Roma-Italia, bajo Nerón. Conocemos los nombres de todos los sucesores de Pedro hasta el presente. Hoy también los cristianos conservamos la comunión con la Iglesia de Roma. Por eso decimos que la Iglesia es Romana, siendo este un dato únicamente histórico y establecido por la evidencia cronológica irrefutable.

*[Siglo II o III]: Este escrito apócrifo pertenece a ambientes católicos; en muchas iglesias de la antigüedad se leía durante las celebraciones, pero nunca formó parte de los libros canónicos. La datación no es exacta, los estudiosos proponen distintas fechas. Se conoce con certeza citaciones de este libro hechas en el año 235. Allí se lee lo siguiente:

"Y Pedro, habiéndose acercado a la cruz, dijo: ‘Dado que mi Señor Jesús, quien bajó del cielo a la tierra, fue elevado en una cruz de pie, y quien decidió llamarme a mí, que soy terreno, a los cielos, mi cruz debe plantarse cabeza abajo, con mis pies hacia arriba, porque no soy digno de ser crucificado como mi Señor’. De modo que dieron vuelta la cruz y lo clavaron con los pies hacia arriba."Desde hace ininterrumpidos 2000 años «La eficacia de la Iglesia no depende de su inteligencia, sino del Espíritu Santo que la conduce». «A diferencia de lo que sucedió con la torre de Babel, cuando los hombres que querían construir con sus manos un camino hacia el cielo acabaron destruyendo su misma capacidad de comprenderse recíprocamente, en Pentecostés el Espíritu muestra con el don de las lenguas que su presencia une y transforma la confusión en comunión», subrayó S.S. Benedicto XVI. «Permanecer juntos fue la condición que puso Jesús para acoger el don del Espíritu Santo; el presupuesto de su concordia fue la oración prolongada. De este modo se nos ofrece una formidable lección para cada comunidad cristiana». Menos programa y más Espíritu. «A veces se piensa que la eficacia misionera depende principalmente de una programación atenta y de su sucesiva aplicación inteligente a través de un compromiso concreto», continuó el Papa. «Ciertamente el Señor pide nuestra colaboración, pero antes de cualquier otra repuesta se necesita su iniciativa: su Espíritu es el verdadero protagonista de la Iglesia. Las raíces de nuestro ser y de nuestro actuar están en el silencio sabio y providente de Dios», afirmó el Pontífice Benedicto PP XVI. 2006-06-04.-

 

 

 

LA IGLESIA QUE ESTABLECIÓ

EL NUEVO TESTAMENTO

 

Daniel Gagnon

A menos que se indique lo contrario, todas las citas bíblicas están tomadas de la Santa Biblia, Antiguo y Nuevo Testamentos. Antigua Versión de Casiodoro de Reina (1569), Revisada por Cipriano de Valera (1602) [Reina-Valera]. Revisión de 1960, Con referencias. Texto © Sociedades Bíblicas Unidas 1960.
Porque los labios del sacerdote han de guardar la sabiduría, y de su boca el pueblo buscará la ley; porque mensajero es de Jehová de los ejércitos (Mal 2, 7).  
Cuando Pablo escribió a Timoteo: desde la niñez has sabido las 
Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la 
salvación por la fe que es en Cristo Jesús (2 Ti 3, 15), él estaba 
hablando de la Sagradas Escrituras que hoy conocemos como el AT. 
En ese tiempo todavía no se habían escrito todo los libros del NT. 

Jesús no escribió ningún libro. Si hubiera querido que la Fe viniera 
por la lectura solamente, Él nos lo hubiera dicho. Si poder leer hubiera 
sido el requisito para la salvación, habrían sido muchos los perdidos en 
la historia de la cristiandad, porque hasta este siglo la lectura había 
sido privilegio de unos pocos. Jesús no mandó a sus discípulos a 
escribir algo, sino que les mandó a predicar la Buena Nueva (Mt 
28,20). 
Algunos de los Apóstoles (Pedro, Pablo, Santiago, Juan, Mateo, y 
Judas) escribieron parte de las enseñanzas de Jesucristo; ninguno de 
los otros escribió cosa alguna, por lo menos no lo sabemos por los 
datos que existen. Si la interpretación particular de la Biblia fuera una 
regla divina, como enseñó Lutero, parece que fueron muy remisos los 
Apóstoles en su obligación, porque varios de ellos se contentaron con 
predicar, y no hubo ni uno que escribiera todas las cosas que enseñó y 
mandó Cristo (Mt 28, 20). ¿Cómo cumplieron el mandato de Cristo 
entonces? 

Los primeros cristianos siguieron el mandato de id y haced discípulos, luego comenzaron a poner por escrito "la tradición" que recibieron, es decir, lo que se iba predicando: la variedad de las comunidades, la necesidad de la comunicación y de un texto o textos comunes, etc, lo iban exigiendo. Además, iban desapareciendo los testigos oculares y convenía redactar recuerdos y esquemas de predicación. El Espíritu Santo inspiró a Pablo y a los demás autores del NT a escribir para el bien de la Iglesia. 
Primero coleccionaron las cartas de Pablo en diferentes ciudades. 
Algunas cartas se perdieron como la carta a Laodicea mencionada en 
Col 4,16. 

Marción, un gnóstico, escribió en el año 110 d.C. que deberían los 
cristianos rechazar el AT y todo lo que era "judío" en los demás 
escritos cristianos, los obispos lo condenaron y reconocieron que las 
Escrituras Hebreas continuaban siendo revelación. Luego, un hombre 
llamado Tacio trató de unir los distintos evangelios en uno sólo, 
quitando lo repetido en ellos, pero no fue una idea aceptada por 
muchos. 
En los primeros siglos de la Iglesia aún no se había determinado 
cuáles libros formarían el "canon" de la Biblia, que es la lista de los 
libros inspirados. Había mucha variedad en lo que se creía era 
inspirado. En algunas ciudades del Medio Oriente rechazaban la carta 
a los Hebreos. Además, en este tiempo, había muchos escritos falsos. 
En Antioquía, en el año 200, se utilizaba el llamado "Evangelio de 
Pedro" (considerado actualmente uno de los evangelios apócrifos). 
Enemigos de la Iglesia trataron de sembrar confusión y promover 
herejías a través de evangelios y epístolas falsas como por ejemplo el 
"Evangelio de Tomás" (promovido por los gnósticos), el "Evangelio de 
Maria Magdalena", cartas de San Pablo no escritas verdaderamente 
por él. 
La primera lista de libros compilados, un primer intento de decidir el 
canon, conocida como "la Lista Muratoriana" (170-180 d. C.) contenía 
los cuatro Evangelios, el Apocalipsis de Juan, trece cartas de Pablo y 
Sabiduría, pero omitía la Epístola a los Hebreos y las Epístolas de 
Pedro, etcétera. 

Durante el período de 140 a 220 d. C., había dudas sobre Hebreos, 
Santiago, 2 Pedro, 2-3 de Juan y el Libro del Apocalipsis. Muchos 
creían en la inspiración de la "Didajé" y de "El Pastor" de Hermas. 
Clemente de Alejandría en Stromata 3 aceptó como escritura inspirada 
la "Carta a Bernabé" y "El Pastor" de Hermas. Incluso citó "El 
Apocalipsis de Pedro" como si fuera Escritura. 
Según Orígenes, se discutía Hebreos, Santiago, Segunda de Pedro, 
2 y 3 de Juan, Judas en el período de 220 a 400(1). Serapión (obispo 
de Antioquía, 190 d. C.) Prohibió a su diocesis leer el Evangelio de 
Pedro, sin embargo la gente seguía apreciando este libro. 

Hacia fines del tercer siglo, salieron otras listas diferentes por 
ejemplo de Mileto, Obispo de Sardis. Ireneo, Obispo de Lyon en Adv. 
Haeres II, no reconoció la carta a Filemón; Tampoco Eusebio, Obispo 
de Cesarea . En el Oriente, Juan Crisóstomo no dudaba de Segunda 
de Pedro, Tercera de Juan, Judas y Apocalipsis. Sin embargo, poco a 
poco, el Espíritu Santo guió a la Iglesia para discernir cuáles libros 
debían ser aceptados. En el Concilio Romano, bajo la autoridad del 
Papa Dámaso (366 - 384 d.C.), aparece la primera lista de la Iglesia 
Universal (católica). 
El Concilio de Hipona (393 d.C.), convocado por el Papa Dámaso 
durante el sínodo de Roma en 382 d.C., representa la primera 
confirmación oficial del canon. En adelante, en las actas de los 
sínodos, lo mismo de los orientales que de los occidentales, y en los 
decretos de los Papas (ejemplo Inocencio I) aparecen los libros del NT. 
En el Concilio de Cártago (397) se ratificaron las decisiones de los 
concilios anteriores. Aún se necesitó otro concilio (Cártago II en 419) 
para reafirmar el canon porque todavía había dudas sobre las cartas 
de Santiago, Judas y Hebreos. Encontramos la lista de los 46 libros del 
AT (Biblia católica) en el Decreto Número 36 de este concilio. Todo 
esto ocurrió más de tres siglos después de la muerte de Jesús. 

¿Por qué se tardó tanto la iglesia en decidir el canon de la Biblia? 
Había persecuciones violentas en contra de la Iglesia, y éstas impedían 
que los obispos, presbíteros, diáconos, y laicos pudieran decidir y 
autenticar los libros y juntarlos en una sola obra. (En un clima de 
persecución reunirse todos hubiera sido demasiado riesgoso.) Pero 
cuando el Emperador Constantino dió paz al mundo cristiano se 
emprendió la obra de juntar las varias partes de las Escrituras, todo 
con el empuje del Papa. 
El argumento de que la Iglesia manifestaba odio en contra de la 
Biblia no es cierto. La verdad es que la Iglesia quiso proteger a los 
fieles de traducciones alteradas y corrompidas de la Biblia; de aquí la 
oposición que se hizo contra los Valdenses, Albigenses y los 
partidarios de Wycliff y Tyndale. 

Las autoridades de la Iglesia en el Sínodo de Oxford (1408) 
prohibieron a los laicos leer traducciones de la Bilbia no autorizadas. 
Es decir, la Iglesia prohibió aceptar como las Escrituras LO QUE DE 
VERAS NO ERA LA PALABRA DE DIOS. Por ejemplo, los albigenses 
del siglo XIII hicieron una traducción de la Biblia que correspondía con 
sus enseñanzas (ver Carta a mis amigos no católicos, p. 24). Y Tomás 
Moro dijo que "Wycliff tradujo la Biblia por sí mismo. Y que en esta 
traducción, él, a propósito, corrompió el texto sagrado agregando 
palabras para aportar las enseñanzas erróneas que sembraba". Los 
1olardos cambiaron aún más el texto e hicieron que la Biblia apoyara la 
anarquía que luego predicaron en Inglaterra. 
El NT de Tyndale fue publicado bajo el amparo del Rey Enrique VIII; 
la "Biblia del Obispo", en 1568; la "Biblia del rey Jacobo" o "la Versión 
Revisada", en 1881. Cada una de éstas se publicó porque la anterior 
estaba llena de errores. En el De Sacramentis, Zwinglio condenó 
fuertemente a Lutero por la corrupción de su traducción de la Biblia al 
alemán. Le dijo: "Usted ha corrompido la palabra de Dios". Un ejemplo: 
Lutero añadió la palabra "solamente" (sólo) en Romanos 3, 28. 

Admitimos que hubo algunos sacerdotes que sobrepasaron el límite 
de la prudencia al prohibir la lectura de la Biblia, no con intención de 
disminuir su importancia, sino para protegerla. Martín Lutero tuvo que 
admitir que sin la Iglesia católica él no hubiera tenido la Biblia (ver su 
Comentario sobre San Juan, 16). 
Por siglos, el idioma universal de la Iglesia y del mundo occidental 
fue el latín. En todas las misas el sacerdote leía la Biblia en este 
idioma. Cuando el latín dejó de ser el idioma universal en el occidente, 
por tradición, las lecturas de la Biblia quedaron en latín pero los 
feligreses tenían los misales con la traducción en su propio idioma. 

Los que piensan que antes de Martín Lutero no existían traducciones de la Biblia están equivocados. Antes de que él tradujera la Biblia al alemán, la Iglesia tenía ediciones completas o trozos de ella en 26 diferentes lenguas europeas, y en ruso. Por ejemplo, existía la Biblia Héxapla del año 240, la de Jerónimo, La Vulgata, del 390. Había además 30 ediciones de la Biblia completa en alemán antes de la versión de Lutero en 1534(2), nueve antes de que él naciera. Había 62 ediciones de la Biblia, autorizadas por la Iglesia en Hebreo, 22 en 
griego, 20 en italiano, 26 en francés, 19 en flamenco, dos en español: la Biblia ALFONSINA (de "Alfonso el Sabio", año 1280) y la Biblia De la Casa de Alba (año 1430, AT)(3), seis en bohemio y una en eslavo, catalán y checo.(4) 


La primera Biblia impresa, fue producida bajo los auspicios de la 
Iglesia católica
- impresa por el inventor católico de la imprenta: 
Johannes (Juan) Gutenberg. La primera Biblia con capítulos y 
versículos numerados fué producida por la Iglesia católica, gracias al 
trabajo de Esteban Langton, Arzobispo de Canterbury, Inglaterra. A 
pesar de esto acusan a la Iglesia de haber intentando la destrucción de 
la Biblia; si hubiera deseado hacer esto, tuvo 1500 años para hacerlo. 

En todo el proceso de completar el canon la lista de libros del NT entendemos mejor que fue la Biblia la que salió de la Iglesia y no la Iglesia de la Biblia. Por eso, verdaderamente no hay separación entre "Biblia" y "Tradición". La Biblia forma parte de la Tradición de la Iglesia católica. 
Del libro No todo el que dice Señor, Señor
Paulinas, 2a ed., México - ·Gagnon-Daniel

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1. ¿Por qué no había acuerdo sobre la Carta a los Hebreos? Por sus orígenes desconocidos. Se cuestionaba el origen de la Carta a Santiago, de la Segunda y Tercera de Juan y Segunda de Pedro (porque además esta es semejante a Judas capítulo dos). "El Pastor" de Hermas fue considerado como inspirado por su contenido edificante, y "Didajé" por sus orígenes apostólicos. 
2. Expertos bíblicos más tarde encontraron más de 3,000 errores en su traducción. 
3. Del libro evangélico: La Biblia. Cómo se convirtió en libro, por Terry Hall (Ediciones Las Américas, 1991, p.178). "El venerable Beda, historiador inglés del siglo octavo, comenzó a traducir la Vulgata al inglés" (p. 116). Ver también el fanal (revista presbiteriana) jul-ag, 1991, p. 148. 
El problema con el libro de los Sres. Hall y Lloyd es que por ser anticatólicos en su posición tienen que manipular los hechos históricos en tal forma que llegan a contradecirse. Por un lado dicen que la Iglesia católica reconoció por primera vez (y por supuesto añadió) los siete libros en el Concilio de Trento en 1546 (p. 77). Pero luego dicen que fueron aceptados en los concilios de Hipona, 393, d.C. y Cártago, 397 d.C. (p. 159). Es que Hipona y Cártago sí aceptaron no solamente los 66 sino los 73 libros. También estos autores rechazan los siete libros porque no dicen: "Así dice Jehová, Habló Jehová" (p. 152) pero anteriormente admitieron que el libro de Ester ni siquiera menciona la palabra" Dios" (p. 75). Se podría mencionar también un malentendido (¿mentira?) sobre la doctrina católica en la página 152 (que la Iglesia tiene dos grados de canonicidad). 
4. Ibid., p. 131. Checo desde el Siglo XV.

 

 

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El gran poeta calagurritano Prudencio compone a caballo de los siglos IV y V, una obra de extraño nombre, Dicchotaeum, "doble alimento", que es en realidad una breve ilustración de pasajes históricos de toda la Biblia.

 

HISTORIA DE LA BIBLIA EN ESPAÑA

 

A mediados del s. III ya hay una compleja organización eclesiástica en Hispania y unos años después encontramos el primer testimonio directo de lectura de la Biblia en España. Aparece en las actas auténticas del martirio del obispo de Tarragona, Fructoso, y sus diáconos Augurio y Eulogio, que mueren mártires en la hoguera el año 259. En este documento, escrito probablemente por un militar de la Legio VII Gemina, testigo presencial de los hechos, se nos dice que ya existe el oficio eclesiástico de "lector" de la Escritura en las celebraciones litúrgicas ... Nuestros cristianos del siglo III, al menos los pertenecientes al clero, leían la Biblia, lo hacían en los actos litúrgicos y el texto que usaban era el conocido como Vetus Latina versio, una de las antiguas traducciones latinas hechas desde el griego..
Siglo IV. 


El poeta y escritor cristiano Juvenco elabora un poema entre la armonía evangélica y el relato de la vida de Jesús. ·   El gran poeta calagurritano Prudencio compone a caballo de los siglos IV y V, una obra de extraño nombre, Dicchotaeum, "doble alimento", que es en realidad una breve ilustración de pasajes históricos de toda la Biblia, ·   Prisciliano fue un laico intelectual y bien preparado, ordenado luego en circunstancias no claras obispo de Ávila. Reivindicaba la libertad de leer e interpretar la Biblia sin atenerse a las estrecheces del canon comúnmente recibido y sin aceptar que el libro santo fuese leído e interpretado sólo por los obispos y el clero.      Lucinio Bético y su mujer Teodora habían oído que la mejor traducción latina del momento era la que estaba realizando Jerónimo, conocido presbítero sabio y políglota, residente por aquellos tiempos en Belén. Lucinio puso en marcha todos sus recursos para conseguir el objetivo. "Con qué afán —dice el mismo San Jerónimo— solicitó mis propias obras, hasta el punto de mandarme aquí seis amanuenses ... que trasladaran todo lo que he dictado desde mi mocedad hasta el día de hoy". Así fue como llegó a España por primera vez la versión latina de la Biblia, que, con el correr del tiempo, sería la más conocida y divulgada, la Vulgata.
Todos estos casos nos hablan siempre de personas cultas y, en general, pertenecientes a lo que hoy llamaríamos clase más que acomodada. Los demás no leían la Biblia, no podían leerla. Mejor dicho, no podían leerla al modo como nosotros entendemos hoy la lectura, en voz baja y como para sí mismos. Su leer era casi siempre un oír, y el modo de conocer la Escritura, casi exclusivamente el de escucharla en la celebración litúrgica, cuando se proclamaban los textos sagrados, comentándose después. Nada tenía esto de extraño, pues formaba parte de la cultura general. De hecho, el latín legere significa con frecuencia y en la mayoría de los casos "leer en voz alta, proclamar", tanto en época clásica, como en tiempos del latín cristiano.

 

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CATOLICIDAD: La finalidad de la misión es una humanidad transformada en una glorificación viva de Dios, el culto verdadero que Dios espera: este es el sentido más profundo de la catolicidad, una catolicidad que ya nos ha sido donada y hacia la cual, sin embargo, debemos avanzar siempre de nuevo. Catolicidad no sólo expresa una dimensión horizontal, la reunión de muchas personas en la unidad; también entraña una dimensión vertical: sólo dirigiendo nuestra mirada a Dios, sólo abriéndonos a él, podemos llegar a ser realmente uno. Como san Pablo, también san Pedro vino a Roma, a la ciudad a donde confluían todos los pueblos y que, precisamente por eso, podía convertirse, antes que cualquier otra, en manifestación de la universalidad del Evangelio. Al emprender el viaje de Jerusalén a Roma, ciertamente sabía que lo guiaban las palabras de los profetas, la fe y la oración de Israel.

En efecto, la misión hacia todo el mundo también forma parte del anuncio de la antigua alianza: el pueblo de Israel estaba destinado a ser luz de las naciones. El gran salmo de la Pasión, el salmo 21, cuyo primer versículo "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" pronunció Jesús en la cruz, terminaba con la visión: "Volverán al Señor de todos los confines del orbe; en su presencia se postrarán las familias de los pueblos" (Sal 21, 28). Cuando san Pedro y san Pablo vinieron a Roma, el Señor, que había iniciado ese salmo en la cruz, había resucitado; ahora se debía anunciar a todos los pueblos esa victoria de Dios, cumpliendo así la promesa con la que concluía el Salmo.
Catolicidad significa universalidad, multiplicidad que se transforma en unidad; unidad que, a pesar de todo, sigue siendo multiplicidad. Las palabras de san Pablo sobre la universalidad de la Iglesia nos han explicado que de esta unidad forma parte la capacidad de los pueblos de superarse a sí mismos para mirar hacia el único Dios.

El fundador de la teología católica, san Ireneo de Lyon, en el siglo II, expresó de un modo muy hermoso este vínculo entre catolicidad y unidad: "la Iglesia recibió esta predicación y esta fe, y, extendida por toda la tierra, con esmero la custodia como si habitara en una sola familia. Conserva una misma fe, como si tuviese una sola alma y un solo corazón, y la predica, enseña y transmite con una misma voz, como si no tuviese sino una sola boca. Ciertamente, son diversas las lenguas, según las diversas regiones, pero la fuerza de la tradición es una y la misma. Las Iglesias de Alemania no creen de manera diversa, ni transmiten otra doctrina diferente de la que predican las de España, las de Francia, o las del Oriente, como las de Egipto o Libia, así como tampoco las Iglesias constituidas en el centro del mundo; sino que, así como el sol, que es una criatura de Dios, es uno y el mismo en todo el mundo, así también la luz de la predicación de la verdad brilla en todas partes e ilumina a todos los seres humanos que quieren venir al conocimiento de la verdad" (Adversus haereses, I, 10, 2).

La unidad de los hombres en su multiplicidad ha sido posible porque Dios, el único Dios del cielo y de la tierra, se nos manifestó; porque la verdad esencial sobre nuestra vida, sobre nuestro origen y nuestro destino, se hizo visible cuando él se nos manifestó y en Jesucristo nos hizo ver su rostro, se nos reveló a sí mismo. Esta verdad sobre la esencia de nuestro ser, sobre nuestra vida y nuestra muerte, verdad que Dios hizo visible, nos une y nos convierte en hermanos. Catolicidad y unidad van juntas. Y la unidad tiene un contenido: la fe que los Apóstoles nos transmitieron de parte de Cristo.

Hemos dicho que catolicidad de la Iglesia y unidad de la Iglesia van juntas. El hecho de que ambas dimensiones se nos hagan visibles en las figuras de los santos Apóstoles nos indica ya la característica sucesiva de la Iglesia: apostólica. ¿Qué significa?

El Señor instituyó doce Apóstoles, como eran doce los hijos de Jacob, señalándolos de esa manera como iniciadores del pueblo de Dios, el cual, siendo ya universal, en adelante abarca a todos los pueblos. San Marcos nos dice que Jesús llamó a los Apóstoles para que "estuvieran con él y también para enviarlos" (Mc 3, 14). Casi parece una contradicción. Nosotros diríamos: o están con él o son enviados y se ponen en camino.

El Papa san Gregorio Magno tiene un texto acerca de los ángeles que nos puede ayudar a aclarar esa aparente contradicción. Dice que los ángeles son siempre enviados y, al mismo tiempo, están siempre en presencia de Dios, y continúa: "Dondequiera que sean enviados, dondequiera que vayan, caminan siempre en presencia de Dios" (Homilía 34, 13). El Apocalipsis se refiere a los obispos como "ángeles" de su Iglesia; por eso, podemos hacer esta aplicación: los Apóstoles y sus sucesores deberían estar siempre en presencia del Señor y precisamente así, dondequiera que vayan, estarán siempre en comunión con él y vivirán de esa comunión.

La Iglesia es apostólica porque confiesa la fe de los Apóstoles y trata de vivirla. Hay una unicidad que caracteriza a los Doce llamados por el Señor, pero al mismo tiempo existe una continuidad en la misión apostólica. San Pedro, en su primera carta, se refiere a sí mismo como "co-presbítero" con los presbíteros a los que escribe (cf. 1 P 5, 1). Así expresó el principio de la sucesión apostólica: el mismo ministerio que él había recibido del Señor prosigue ahora en la Iglesia gracias a la ordenación sacerdotal. La palabra de Dios no es sólo escrita; gracias a los testigos que el Señor, por el sacramento, insertó en el ministerio apostólico, sigue siendo palabra viva.

Con esto no queremos olvidar que el sentido de todas las funciones y los ministerios es, en el fondo, que "lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud", de modo que crezca el cuerpo de Cristo "para construcción de sí mismo en el amor" (Ef 4, 13. 16).

En este momento de la historia, lleno de escepticismo y de dudas, pero también rico en deseo de Dios, reconocemos de nuevo nuestra misión común de testimoniar juntos a Cristo nuestro Señor y, sobre la base de la unidad que ya se nos ha donado, de ayudar al mundo para que crea. Y pidamos con todo nuestro corazón al Señor que nos guíe a la unidad plena, a fin de que el esplendor de la verdad, la única que puede crear la unidad, sea de nuevo visible en el mundo.

El evangelio de este día nos habla de la confesión de san Pedro, con la que inició la Iglesia: "Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo" (Mt 16, 16). He hablado de la Iglesia una, católica y apostólica, pero no lo he hecho aún de la Iglesia santa; por eso, quisiera recordar en este momento otra confesión de Pedro, pronunciada en nombre de los Doce en la hora del gran abandono: "Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios" (Jn 6, 69). ¿Qué significa? Jesús, en la gran oración sacerdotal, dice que se santifica por los discípulos, aludiendo al sacrificio de su muerte (cf. Jn 17, 19). De esta forma Jesús expresa implícitamente su función de verdadero Sumo Sacerdote que realiza el misterio del "Día de la reconciliación", ya no sólo mediante ritos sustitutivos, sino en la realidad concreta de su cuerpo y su sangre.

En el Antiguo Testamento, las palabras "el Santo de Dios" indicaban a Aarón como sumo sacerdote que tenía la misión de realizar la santificación de Israel (cf. Sal 105, 16; Si 45, 6). La confesión de Pedro en favor de Cristo, a quien llama "el Santo de Dios", está en el contexto del discurso eucarístico, en el cual Jesús anuncia el gran Día de la reconciliación mediante la ofrenda de sí mismo en sacrificio: "El pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo" (Jn 6, 51).

Así, sobre el telón de fondo de esa confesión, está el misterio sacerdotal de Jesús, su sacrificio por todos nosotros. La Iglesia no es santa por sí misma, pues está compuesta de pecadores, como sabemos y vemos todos. Más bien, siempre es santificada de nuevo por el Santo de Dios, por el amor purificador de Cristo. Dios no sólo ha hablado; además, nos ha amado de una forma muy realista, nos ha amado hasta la muerte de su propio Hijo. Esto precisamente nos muestra toda la grandeza de la revelación, que en cierto modo ha infligido las heridas al corazón de Dios mismo. Así pues, cada uno de nosotros puede decir personalmente, con san Pablo: "Yo vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó a sí mismo por mí" (Ga 2, 20).

Pidamos al Señor que la verdad de estas palabras penetre profundamente, con su alegría y con su responsabilidad, en nuestro corazón. Pidámosle que, irradiándose desde la celebración eucarística, sea cada vez más la fuerza que transforme nuestra vida. S. S. BENEDICTO XVI – P.P.
 2005-06.29 - ZS05070104

 

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Pedro, primado de la Iglesia - La voluntad de Cristo de atribuir a Pedro un especial relieve dentro del Colegio Apostólico se manifiesta con numerosos indicios. Por otra parte, el mismo Pedro es consciente de esta posición particular que tiene. De este modo, cuando Jesús, dolido por la incomprensión de la muchedumbre tras el discurso sobre el Pan de vida, pregunta: «También vosotros queréis marcharos?», la respuesta de Pedro es perentoria: «Señor, ¿con quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna».

Jesús pronuncia entonces la declaración solemne que define, de una vez por todas, el papel de Pedro en la Iglesia: «Y yo, a mi vez, te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del reino de los cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».

Las tres metáforas a las que recurre Jesús son en sí muy claras: Pedro será el cimiento de roca sobre el que basará el edificio de la Iglesia; tendrá las llaves del reino de los cielos para abrir y cerrar a quien le parezca justo; por último, podrá atar o desatar, es decir, podrá establecer o prohibir lo que considere necesario para la vida de la Iglesia, que es y seguirá siendo de Cristo. Es siempre la Iglesia de Cristo y no de Pedro. Describe con imágenes plásticas lo que la reflexión sucesiva calificará con el término primado de jurisdicción.

(07-VI-2006)

 

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Nuestra reflexión de hoy se centra en el apóstol san Andrés, el segundo entre los Doce. Su nombre griego es signo de una cierta apertura cultural de su familia. Fue el primero en ser llamado por Jesús. Después condujo ante Él a su hermano Simón Pedro diciéndole “Hemos encontrado al Mesías”, lo que demuestra su gran espíritu apostólico. Gozó de preciosos momentos de intimidad con Jesús.

Los evangelios lo citan particularmente en tres ocasiones: en la multiplicación de los panes, donde destaca por su  realismo, al indicar la insuficiencia de los pocos recursos de que disponían; escuchando las palabras del Maestro sobre el fin del mundo ante la vista de los muros del templo de Jerusalén; y antes de la Pasión, cuando con Felipe, hace de intérprete de la profecía sobre la extensión del Evangelio a los paganos, a un pequeño grupo de griegos.

La tradición relata su muerte en Patrás, donde sufrió el suplicio de la cruz, pidiendo al igual que Pedro, ser crucificado de manera diversa al Maestro, en una cruz en aspa, que por eso se llama cruz de San Andrés. Miércoles 14 de junio de 2006 S.S. Benedicto PP XVI

 

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Los Apóstoles y sus sucesores, heraldos del Evangelio - Dispuso Dios benignamente que todo lo que había revelado para la salvación de los hombres permaneciera íntegro para siempre y se fuera transmitiendo a todas las generaciones. Por ello Cristo Señor, en quien se consuma la revelación total del Dios sumo, mandó a los Apóstoles que predicaran a todos los hombres el Evangelio, comunicándoles los dones divinos. Este Evangelio, prometido antes por los Profetas, lo completó El y lo promulgó con su propia boca, como fuente de toda la verdad salvadora y de la ordenación de las costumbres. Lo cual fue realizado fielmente, tanto por los Apóstoles, que en la predicación oral comunicaron con ejemplos e instituciones lo que habían recibido por la palabra, por la convivencia y por las obras de Cristo, o habían aprendido por la inspiración del Espíritu Santo, como por aquellos Apóstoles y varones apostólicos que, bajo la inspiración del mismo Espíritu, escribieron el mensaje de la salvación.

Más, para que el Evangelio se conservara constantemente íntegro y vivo en la Iglesia, los Apóstoles dejaron como sucesores suyos a los Obispos, "entregándoles su propio cargo del magisterio". Por consiguiente, esta sagrada tradición y la Sagrada Escritura de ambos Testamentos son como un espejo en que la Iglesia peregrina en la tierra contempla a Dios, de quien todo lo recibe, hasta que le sea concedido el verbo cara a cara, tal como es (cf. 1 Jn., 3,2).

La historia de la salvación consignada en los libros del Antiguo Testamento.

Dios amantísimo, buscando y preparando solícitamente la salvación de todo el género humano, con singular favor se eligió un pueblo, a quien confió sus promesas. Hecho, pues, el pacto con Abraham y con el pueblo de Israel por medio de Moisés, de tal forma se reveló con palabras y con obras a su pueblo elegido como el único Dios verdadero y vivo, que Israel experimentó cuáles eran los caminos de Dios con los hombres, y, hablando el mismo Dios por los Profetas, los entendió más hondamente y con más claridad de día en día, y los difundió ampliamente entre las gentes.

La economía, pues, de la salvación preanunciada, narrada y explicada por los autores sagrados, se conserva como verdadera palabra de Dios en los libros del Antiguo Testamento; por lo cual estos libros inspirados por Dios conservan un valor perenne: "Pues todo cuanto está escrito, para nuestra enseñanza, fue escrito, a fin de que por la paciencia y por la consolación de las Escrituras estemos firmes en la esperanza" (Rom. 15,4).


Importancia del Antiguo Testamento para los cristianos

15. La economía del Antiguo Testamento estaba ordenada, sobre todo, para preparar, anunciar proféticamente y significar con diversas figuras la venida de Cristo redentor universal y la del Reino Mesiánico. mas los libros del Antiguo Testamento manifiestan a todos el conocimiento de Dios y del hombre, y las formas de obrar de Dios justo y misericordioso con los hombres, según la condición del género humano en los tiempos que precedieron a la salvación establecida por Cristo. Estos libros, aunque contengan también algunas cosas imperfectas y adaptadas a sus tiempos, demuestran, sin embargo, la verdadera pedagogía divina. Por tanto, los cristianos han de recibir devotamente estos libros, que expresan el sentimiento vivo de Dios, y en los que se encierran sublimes doctrinas acerca de Dios y una sabiduría salvadora sobre la vida del hombre, y tesoros admirables de oración, y en los que, por fin, está latente el misterio de nuestra salvación.


El Señor Jesús nos dijo: “Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” (Jn 8, 32). Tenemos la certeza de conocer la verdad. Ella nos ha sido dada por Jesús y comunicada por la Santa Iglesia Católica. Lo que Ella nos enseña –desde hace 2000 años- en la ininterrumpida sucesión apostólica acerca de Jesús, es la Verdad. Nosotros también podemos decir, al igual que San Pablo: “Sé de quién me he fiado” (2 Tim 1, 12). Es posible extraer un proyecto para nuestro tiempo de la gran tradición de la Iglesia, del saber de sus Padres, de las meditaciones de los santos. La religión católica da respuestas que hablan a los tiempos modernos, porque el mensaje de Cristo es perenne y universal. No nos podemos hacer ilusiones, es duro poner fin a una cultura que está bastante alejada del contenido y la conciencia del cristianismo. Vivimos una gran ofensiva, diría que contra Jesucristo. Se cuestiona el Evangelio, no sólo que fuera el Hijo de Dios, sino también su figura histórica, y con ello, también el saber de la Iglesia y su misión.ºº

¡Pero si es imposible saber cuál es la Iglesia de Cristo partiendo de los cientos de miles de nombres de las denominaciones protestantes!. Entonces, ¿cómo podremos saberlo? (En la edición de 1986 del conocido libro de referencia protestante "The Christian Source Book" -New York: Ballantine Books- se nos dice que existen más de 21,000 denominaciones y sectas, según el último recuento, y que aparecen – anualmente - unas 270 nuevas). Pues bien, la respuesta es que podremos saber cuál es la Iglesia fundada por Cristo examinando las características de una determinada iglesia. Las características que la Iglesia Católica puede ofrecer son las así llamadas "cuatro notas". UNA, SANTA, CATÓLICA Y APOSTÓLICA. Y 2000 años de historia con domicilio ´Sede apostólica´ física sobre la tumba del apóstol Pedro, crucificado en cruz invertida en el 64/67ca.bajo Nerón, y enterrado a la orilla derecha del rio Tiber, en la colina vaticana de la ciudad de Roma,Italia. (Allí también decapitado Pablo, murió mártir de la Iglesia Católica).ºº


La horrible palabra dogma - Es bastante típico de nuestra época confusa, llena de fuegos fatuos irreflexivos, el hecho de que la palabra dogma se haya convertido para muchos casi-casi en un improperio. Se habla de postura dogmática y con ello se quiere decir postura ergotista. Se califica a una persona de dogmática y con ello se pretende expresar que es un testarudo obstinado. Se proclama con indignación que en la época actual no queda ya lugar para dogmas. Pero el mayor reproche va dirigido a las iglesias, acusándolas de dogmatismo extremado en sus doctrinas.  El maestro que nos enseña que dos por dos son cuatro nos está enseñando un dogma, un dogma aritmético. Naturalmente soy muy libre de desconfiar de él considerándole un testarudo obstinado y ergotista. Pero si quiero llegar a algún resultado en aritmética, no tendré más remedio que aceptar su dogma globalmente. Claro que en este caso resulta fácil de comprobar. En otros terrenos es a veces más difícil. Pero el concepto de dogma no queda agotado con la traducción de la palabra griega. Un dogma es un artículo de fe o de doctrina, que es obligatorio aceptar si se desea pertenecer al credo o doctrina correspondiente, y la aceptación del dogma o de los dogmas es lo que constituye la calidad de socio. Y no existe ninguna doctrina -tanto si es religiosa como política o científica- que no tenga dogmas: No existe, ni puede tampoco existir, pues la falta de dogmas sería la libertad sin límites, y la libertad sin límites es la anarquía, es decir, lo contrario de una doctrina. Toda doctrina establece límites. El liberal tiene que creer en los principios del liberalismo, pues de lo contrario no será liberal. El cristiano, cualquiera que sea su confesión, deberá creer en Cristo, pues de lo contrario no será cristiano. Los cristianos, los judíos y los mahometanos creen en el dogma: «NO hay más que un solo Dios». Quien cree en quince dioses o en dos o en setecientos, no podrá ser ni cristiano, ni judío, ni mahometano. En todas las doctrinas existen cuestiones facultativas, que pueden aceptarse, pero que no es obligatorio aceptar. Los dogmas son simplemente aquellas cosas que estamos obligados a aceptar si queremos «pertenecer a ello», son el hueso duro del fruto y sin él no puede haber fruto. La sangre es líquida, los tendones y músculos son elásticos, los tejidos son blandos, pero los huesos tienen que ser duros, si queremos caminar derechos.

 

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Remar mar adentro ¿para ir a dónde? La respuesta es clara:  para ir al encuentro del hombre, misterio insondable; y para ir a todos los hombres, océano ilimitado. Esto es posible en una Iglesia misionera, capaz de hablar a la gente y, sobre todo, capaz de llegar al corazón del hombre porque allí, en ese lugar íntimo y sagrado, se realiza el encuentro salvífico con Cristo. Remar en la barca de Pedro: ¡pescador de hombres!

 

Ser pescadores de hombres (cf. Mc 1, 17), sin dejarse vencer por el cansancio o el desánimo producidos por el vasto campo de trabajo apostólico, debido al reducido número de sacerdotes y a las muchas necesidades pastorales de los fieles que abren su corazón al Evangelio. Proseguir acogiendo la invitación del Señor a trabajar por el Reino de Dios y su justicia, que lo demás vendrá por añadidura (cf. Lc 12, 31).

 

En los misteriosos designios de su sabiduría, Dios sabe cuándo es tiempo de intervenir. Y entonces, como la dócil adhesión a la palabra del Señor hizo que se llenara la red de los discípulos, así también en todos los tiempos, incluido el nuestro, el Espíritu del Señor puede hacer eficaz la misión de la Iglesia en el mundo.

 

 

"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

¡Gloria y alabanza a ti, Santísima Trinidad, único y eterno Dios!

San Juan Crisóstomo (†14 de septiembre de 407) meditando el libro del Génesis, guía a los fieles de la creación al Creador, que es el Dios de la condescendencia, y por eso llamado también «padre tierno», médico de las almas, madre y amigo afectuoso. Une a Dios Creador y Dios Salvador, ya que Dios deseó tanto la salvación del hombre que no se reservó a su único Hijo. Comentando los Hechos de los Apóstoles propone el modelo de la Iglesia primitiva, desarrollando una utopía social, casi una «ciudad ideal». Trataba de dar un rostro cristiano a la ciudad, afrontando los principales problemas, especialmente las relaciones entre ricos y pobres, a través de una inédita solidaridad.

 

 

Por venir a visitarnos, nuestro agradecimiento.


Anno Domini 2012 - "In Te, Domine, speravi; non confundar in aeternum!".

Mane nobiscum, Domine! ¡Quédate con nosotros, Señor!

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La belleza de ser cristiano y la alegría de comunicarlo - «Nada hay más hermoso que haber sido alcanzados, sorprendidos, por el Evangelio, por Cristo. Nada más bello que conocerle y comunicara los otros la amistad con Él» (Benedicto XVI,).

Dar razón de la belleza de Cristo en los escenarios del mundo contemporáneo.

2000 años en que la Iglesia-cuna de Cristo, muestra su belleza al mundo.

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 “El que a vosotros escucha, a mí me escucha” (Lc 16,10).

"Marana tha, ven, Señor Jesús" (Ap 22, 20).

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In Obsequio Jesu Christi.


 

Recomendamos vivamente: La vida cotidiana de los primeros cristianos
Adalbert G. Hamman
Trad. Manuel Morera - Ediciones Palabra, 1999 - Colección Arcaduz - 294 pág.

Iglesia católica, sus casi 300 antes de Constantino - En ese salto que va de "Hechos de los Apóstoles" a esa "iglesia oficial y corrupta" que algunos protestantes y neo-gnósticos sitúan en el 325, con Constantino, pasan unos 250 años de vida cotidiana, de los que sabemos bastantes cosas; las suficientes, al menos, para desmontar historietas neopaganas, gnosticoides y demás morralla en la estela de El Código da Vinci y otras revisiones fantasiosas de los evangelios apócrifos.

 

1º ‘HISTORIA DE LA IGLESIA ANTIGUAJosé María Magaz Fernández –

Facultad de Teología San Dámaso - Madrid 2007 - 430 páginas

Un manual para tener una idea ordenada de los primeros siglos cristianos, hasta Agustín y la herejía pelagiana.

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).