Tuesday 2 September 2014 | Actualizada : 2014-08-20
 
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El mal no es una deficiencia, sino una eficiencia, un ser vivo, espiritual, pervertido y pervertidor. Terrible realidad, misteriosa y pavorosa. Quien rehusa reconocer su existencia se sale del marco de la enseñanza bíblica y eclesiástica; como se sale también quien hace de ella un principio autónomo, algo que no tiene su origen, como toda criatura, en Dios; o quien la explica como una pseudo realidad, una personificación conceptual y fantástica de las causas desconocidas de nuestras desgracias” (Pablo VI, 1972).

 

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El demonio tiene fruición en vernos llorar.

 

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¿Sigue la masonería realizando ritos esotéricos y satánicos?

 

El ritual de la masonería es, por definición, esotérico en la medida en que es iniciático. No creo que pueda decirse que la masonería realice ritos satánicos "stricto sensu".

 

¿Cree que la trilateral, los rotarios y entidades similares tienen relación con la masonería?

 

Creo que puede haber miembros de la masonería en ambas organizaciones, pero no que dependan de ella.

César VIDAL. Dr. en historia, filosofía, teología, es abogado. 2005-02-01 LD.Esp.

 

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--¿Ha sentido alguna vez la presencia del diablo? 
  


--Cardenal Dziwisz: Sí, la he sentido. En el modo más fuerte cuando el diablo fue expulsado de una mujer joven. Estaba presente, sé lo que quiere decir. Es terrible advertir la presencia de una fuerza tan grande e incontrolable. He visto cómo la maltrataba físicamente, he oído la voz con la que él le gritaba. Sucedió después de la audiencia general. Juan Pablo II recitó los exorcismos, pero nada. Entonces dijo que al día siguiente celebraría la misa por las intenciones de la joven. Y tras esta misa ella de repente se sintió otra persona, todo había desaparecido. Primero no lo creía, pensaba que se trataba de una enfermedad psíquica. En cambio, Satanás existe. 
  

--¿Y cómo reconocer su presencia en el mundo? 
  


--Cardenal Dziwisz: Satanás existe, aunque la ideología dominante considere que todo son cuentos. Hoy el demonio trabaja para que los hombres crean que él no existe. Es un método cuanto menos pérfido.
El secretario de Juan Pablo II: cardenal Stanislaw Dziwisz CRACOVIA, miércoles, 10 junio 2009


 

"Hay dos errores  iguales y opuestos, en los cuales el género humano puede caer a  propósito de los diablos. Uno es no creer en su existencia. El otro es creer  en ella y sentir un interés excesivo y malsano por ellos. Por su parte, a  ellos les gusta por igual uno y otro error y saludan con idéntico placer al  materialista y al mago" M. Savignon. 2004

 

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Como testimonia el Evangelista Lucas en el momento, en el que los discípulos se reunían de nuevo con el Maestro llenos de gloria por los frutos recogidos en sus primeras tareas misioneras, Jesús pronuncia una frase que hace pensar: "veía yo a Satanás caer del cielo como un rayo" (Lc 10, 18).

Con estas palabras el Señor afirma que el anuncio del reino de Dios es siempre una victoria sobre el diablo, pero al mismo tiempo revela también que la edificación del reino está continuamente expuesta a las insidias del espíritu del mal. Interesarse por esto, como tratamos de hacer con la catequesis de hoy, quiere decir prepararse al estado de lucha que es propio de la vida de la Iglesia en este tiempo final de la historia de la salvación (así como afirma el libro del Apocalipsis. cf. 12, 7). Por otra parte, esto ayuda a aclarar la recta fe de la Iglesia frente a aquellos que la alteran exagerando la importancia del diablo o de quienes niegan o minimizan su poder maligno.


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"El método del diablo es el de mezclar siempre la verdad con el error, revestido éste con las apariencias y colores de la verdad, de manera que pueda seducir fácilmente a los que se dejan engañar. Por eso el Señor sólo habla de la cizaña porque esta planta se parece al trigo. Seguidamente indica cómo lo hace para engañar: «mientras la gente dormía». Por ahí se ve el grave peligro que corren los jefes, sobre todo aquellos a quienes les ha sido confiada la guarda del campo; por otra parte, ese peligro no amenaza sólo a los jefes, sino también a los subordinados. Esto mismo nos enseña que el error viene después de la verdad... Cristo nos dice todo esto para enseñarnos a no dormirnos..., de ahí la necesidad de la vigilancia de un guardia. Y también nos dice: «El que persevere hasta el final, se salvará» (Mt 10, 22).


Considera ahora el celo de los criados: quieren arrancar la cizaña inmediatamente; es cierto que, aunque les falte reflexión, dan pruebas de su solicitud por la simiente. Sólo buscan una cosa que no es vengarse del que ha sembrado la cizaña sino de salvar la cosecha; por eso quieren echar totalmente el mal del campo... ¿Y qué responde el Maestro? Se lo priva por dos razones: la primera el temor de perjudicar el trigo; la segunda, la certeza de que un castigo inevitable se abatirá sobre los que están afectados de esa enfermedad mortal. Si queremos que se les castigue sin que se perjudique la cosecha, debemos esperar el momento conveniente... Por otra parte ¿es posible que una parte de esa cizaña se convierta en trigo? Si lo arrancáis ahora podéis perjudicar la próxima cosecha arrancando a los que podrían llegar a ser mejores."


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DIABLO – DEMONIO - SATANÁS              


En un uno de sus análisis más penetrantes, el Concilio Vaticano II se dedica a desentrañar las causas del ateísmo contemporáneo. Entre ellas, el Concilio señala la existencia de una imagen falsa de Dios: "Algunos se representan a Dios de un modo tal que, al rechazarlo, rechazan un Dios que no es de ninguna manera el del Evangelio" (Gaudium et spes, 19).

Se podría decir analógicamente que algunos se representan al diablo de un modo tal que, al rechazarlo, rechazan a un diablo que no es de ninguna manera el de la Sagrada Escritura, de la Tradición y de Magisterio de la Iglesia.

En la existencia de esta postura es importante la responsabilidad de un cierto tipo de iconografía, remarca el historiador H.I. Marrou: "Estamos demasiado acostumbrados, a partir del arte romántico, a ver aparecer a los demonios como monstruos horribles. Esta tradición iconográfica que, plásticamente, tendrá su apogeo en las creaciones de una inspiración casi surrealista de los pintores flamencos, puede invocar la autoridad de textos que se remontan a la tradición más auténtica de los Padres del desierto, a partir de la primera fuente de toda su literatura, la Vida de San Antonio...".

H.I. Marrou continúa: "Todos los escritos del mismo tipo están llenos de relatos que nos describen a los demonios bajo el aspecto de monstruos y bestias. Pero hay que remarcar con claridad que, en todos estos textos, se trata de apariencias que los diablos revisten momentáneamente para atemorizar a los solitarios. Estas representaciones no son por tanto legítimas en el arte cristiano más que durante la realización de tales tentaciones y no cuando se trata de representar al demonio, independientemente de este papel, momentáneo, de espantapájaros".

Como subraya H.I. Marrou, Satanás es un ángel caído, pero un ángel, es decir, una espléndida criatura salida de las manos de Dios.

Hay una distancia enorme entre un oso, un macho cabrío, una serpiente -bajo cuyas apariencias se representa a veces al demonio- y un ángel, es decir, la más perfecta de las obras salidas de las manos del Creador. Santo Tomás de Aquino, tan mesurado en sus expresiones, remarca que, incluso después de su caída, Satanás conserva integralmente los dones naturales verdaderamente espléndidos recibidos del Creador.

El dominio sigue siendo una maravilla de inteligencia y de voluntad, aunque use muy mal sus dones naturales, incomparablemente superiores a los del hombre. Un atleta gigante sigue siendo un atleta gigante aunque use su fuera y su agilidad para cometer crímenes.


La Providencia utiliza la malicia de los demonios

La grandeza natural de los ángeles caídos está presente también en el papel que Dios les asigna en la historia de la salvación. No es un papel de comparsa como se podría pensar, sino de protagonistas. Santo Tomás de Aquino lo explica en estos términos: "Por su naturaleza los ángeles están entre Dios y los hombres. Ahora bien, el plan de la Providencia consiste en curar el bien de las criaturas inferiores por medio de los seres superiores. El bien del hombre lo procura la Providencia de una manera doble. O bien directamente, induciendo al hombre al bien y alejándolo del mal, y conviene que esto se haga por el ministerio de los ángeles buenos, o bien indirectamente, cuando el hombre es probado y combatido por los asaltos del adversario. Y conviene que se confíe esta manera de procurar el bien a los ángeles malvados, para que después del pecado no pierdan su utilidad en el orden de la naturaleza".

Así, añade Santo Tomás, un doble lugar de castigo se atribuye a los demonios: uno, por su falta, es el infierno; el otero, por las pruebas que hacen sufrir a los hombres, es el aire "aire tenebroso", es decir, la atmósfera terrestre de la que habla la Sagrada Escritura (cfr Ef 2, 2; 6, 12 y 1 P 5, 8).

¡Lenguaje ciertamente misterioso para el hombre moderno! El Cardenal Charles Journet intenta explicar asó los "lugares" habitados por los demonios: "las dos sedes del demonio se indican una por el infierno, la otra por el aire, la estratosfera, los lugares celestes. La primera sede es la de su infortunio; la segunda la de sus amenazas".

"hablar de la presencia del demonio en el aire, en la estratosfera, en los ligares celestes, es servirse de una imagen para decir que además de su presencia en el infierno donde está encadenado, el demonio está también presente en el lugar donde vivimos para tentarnos."

Después de su pecado Dios habría podido precipitar a todos los ángeles rebeldes en las profundidades del infierno, pero corresponde al sabio utilizar los males para fines superiores, observa Santo Tomás.

Mientras el Señor precipita en el infierno a una parte de los ángeles malvados, encierra la otra parte en la atmósfera terrestre para tentar a los hombres.

Dios se servirá de su malicia, perfectamente controlada, para poner a prueba a los hombres y para darles de este modo la ocasión de purificarse y de elevarse espiritualmente. Así, los ángeles rebeldes se convierten a pesar suyo en los servidores del Señor o más bien en sus esclavos. Como los presos del Antiguo Régimen eran condenados a remar en las galeras del Estado, así los demonios están condenados a obrar, a pesar suyo, para la salvación de las almas y para la gloria de Dios.

Por lo que se refiere a la duración del ministerio de los ángeles buenos y de las pruebas infligidas por los malos, Santo Tomás escribe: "Hasta el día del juicio final hay que procurar la salvación de los hombres. Hasta entonces, por lo tanto, debe proseguir tanto el ministerio de los ángeles buenos son enviados aquí abajo, cerca de nosotros, mientras que los demonios residen en el aire tenebroso para probarnos. Sin embargo, algunos de ellos se encuentran ya en el infierno para torturare a aquellos que son inducidos al mal; de igual modo que algunos ángeles buenos están en el cielo con las almas santas. Pero después del último juicio, todos los malos, hombres y ángeles, estarán en el infierno; todos los buenos, en el cielo".

Se trata de una visión cósmica de la historia de la salvación: de un lado millones y millones de ángeles fieles a Dios velan guardando a los hombres en marcha hacia su destino eterno; del otro, legiones y legiones de ángeles rebeldes se esfuerzan por perder a esos mismos hombres.

"El mundo cambia de aspecto, escribía René Bazin, cuando se considera a los hombres sólo como almas en camino hacia su destino eterno". La historia de la humanidad, se podría decir, cambia de aspecto, cuando se la considera el teatro del encuentro entre dos ejércitos de ángeles que se disputan el espíritu y el corazón de los hombres. Habría que poder considerar este espectáculo con "los ojos de Dios", es decir, con una mirada de fe viva, para medir un poco sus dimensiones apocalípticas. "Sobre la escena del mundo, escribe un autor espiritual, la vida de las almas puede aparecer circundada de banalidad. En realidad, esta vida está dominada por un invisible y grandioso altercado entre Dios y el demonio".

María enfrentada a la serpiente

El Concilio Vaticano II recuerda estas verdades profundas de la Revelación cristiana. "Un duro combate contra las potencias de las tinieblas tiene lugar a través de toda la historia de los hombres; comenzada al inicio, durará, como el Señor lo ha dicho (cfr Mt 24, 13; 13, 24-30 y 36, 43) hasta el último día. Ocupado en esta batalla el hombre debe combatir sin pausa para conseguir el bien. Y sólo a través de grandes esfuerzos, con la gracia de Dios, logra realizar su unidad interior por su unión a Dios" (Gaudium et spes, 37.

"Los demonios, nuestros enemigos, son fuertes y temibles, poseen un ardor invencible y están animados por un odio furioso e inimaginable contra nosotros. De igual modo nos hacen guerra sin descanso, sin paz y sin tregua posible. Su audacia es increíble..." (Catecismo de Trento, cap. 41, par. III).

María, Madre de la Iglesia, juega un papel decisivo en este "duro combate" contra los ángeles de la tiniebla. Juan Pablo II lo revela en su encíclica sobre la Bienaventurada Virgen María en la Iglesia en marcha (Redemptoris Mater, n. 47), que se inspira en el Génesis y el del Apocalipsis. "Merced a este vínculo especial, que une a la Madre de Cristo con la Iglesia, escribe el Papa, se aclara mejor el misterio de aquella "mujer" que, desde los primeros capítulos del Libro del Génesis hasta el Apocalipsis, acompaña la revelación del designio salvífico de Dios respecto a la humanidad. María, en efecto, presente en la Iglesia como Madre del Redentor, participa maternalmente en aquella "dura batalla contra el poder de las tinieblas" (cfr Gaudium et spes, 37) que se desarrolla a lo largo de toda la historia humana".

Las dos ciudades

Hemos oído a León XIII recordamos "que, por la envidia del demonio, el género humano se ha dividido en dos campos opuestos, que no cesan de combatir: uno por la verdad y la virtud, el otro por todo aquello que es contrario a estos valores". León XIII precisa: "El primero es el reino de Dios sobre la tierra, es decir la Iglesia de Jesucristo cuyos miembros deben servir a Dios. El segundo es el reino de Satanás. Bajo su imperio y su poder se encuentran todos aquellos que, siguiendo los funestos ejemplos de su jefe y de nuestros primeros padres, rechazan obedecer a la ley divina y multiplican sus esfuerzos, aquí para prescindir de Dios y allí para actuar directamente contra Dios" (Encíclica Humanum genus, 20-IV-1884).

"San Agustín ha captado y descrito estos dos reinos con una gran perspicacia bajo la forma de dos ciudades opuestas entre sí... tanto por las leyes que las rigen como por el ideal que persiguen."

"La ciudad terrestre procede del amor de sí llevado hasta el desprecio de Dios, mientras que la ciudad celeste procede del amor de Dios llevado hasta el desprecio de sí" según la famosa máxima del obispo de Hipona.

León XIII continúa: "Con el paso de los siglos las dos ciudades no han cesado de luchar la una contra la otra, empleando todo tipo de tácticas y las armas más diversas, aunque no siempre con el mismo ardor ni con el mismo ímpetu" (Encíclica Humanum genus).

Nota digna de relieve, hecha por el autor de un documento publicado en 1975 bajo los auspicios de la Congregación para la Doctrina de la Fe, con el título: Fe cristiana y demonología: San Agustín muestra al demonio actuando en las dos ciudades, que tienen su origen en el cielo, en el momento en el que las primeras criaturas de Dios, los ángeles, se declararon fieles o infieles a su Señor. En la sociedad de los pecadores, San Agustín discernió un "cuerpo" místico del diablo que se encontrará más tarde en las Moralia in Job de San Gregorio Magno.

Con ocasión del XV centenario de la muerte de San Agustín, el Papa XI recordó la actualidad de la doctrina del santo Doctor sobre la lucha encontrada que se libra a lo largo de los siglos entre la ciudad de Dios y la ciudad de Satanás (Encíclica Ad salutem humani, 20-IV-1930).

Otra concordancia significativa: también los escritos de Qumrân presentan al mundo dividido en dos campos opuestos: de un lado el campo de los ángeles de la luz; del otro el campo de los ángeles de las tinieblas.

Según el padre Auvray, exegeta, "para San Juan, la Pasión de Jesús es una lucha contra el demonio, a lo largo de la cual éste será vencido (Jn 12, 31; 14, 30); toda la predicación de los Apóstoles será la continuación de esta lucha entre el reino de Dios y el del demonio" (Hch 26, 18).

¿No presenta el Apocalipsis, por otra parte, la historia de la Iglesia como una lucha entre Satanás y sus demonios y Dios y sus fieles? Esta lucha se terminará con el triunfo del Cordero y de aquellos que le habrán seguido.

¿Es necesario recordar una vez más, en apoyo de esta contemplación teologal de la humanidad en marcha hacia Dios, las meditaciones clásicas de San Ignacio de Loyola sobre los dos estándares, el de Cristo y el de Satanás?

¡He aquí una visión de la historia que eleva nuestra miradas muy por encima de los pequeños y grandes sucesos de la vida política, económica, social y cultural de cada día y por encima de nuestras mezquinas querellas entre cristianos!

http://www.conoze.com/doc.php?doc=2752

 

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El demonio: su culto y su obra indirecta

 

En su reflexión semanal en el programa televisivo “Claves para un Mundo Mejor” Mons. Héctor Aguer –Arzobispo de La Plata-, realizó una catequesis sobre la acción del demonio, en este tiempo, a partir de la noticia, que se dio en Italia, “sobre el el esclarecimiento de una serie de crímenes perpetrados por una banda de jóvenes denominada “Las Bestias de Satanás”.

 

Por Mons. Héctor Aguer
Arzobispo de La Plata
Argentina

 

“Hace casi un mes, Italia se vio conmovida por el esclarecimiento de una serie de crímenes perpetrados por una banda de jóvenes denominadas “Las Bestias de Satanás” y que se trató, como en ocasiones anteriores ya había ocurrido, de un caso típico de derivaciones del satanismo”

“Aunque parezca mentira a esta altura de los tiempos, el satanismo existe. Por satanismo se entiende una idolatría, una perversión del sentido religioso innato en el hombre, el culto de Satanás. ¿Dónde existen estos fenómenos. En Europa es bastante conocido el caso de clubes donde se practican perversiones sexuales, de bandas juveniles, discotecas, una especie de cultura más o menos subterránea donde reina la “Dark Way” que es la onda tenebrosa de una música pesada donde se exhorta precisamente a un encuentro con el Demonio

El satanismo apunta, hoy, hacia todo aquello que puede destrozar la imagen de Dios en el hombre, en la criatura humana echa a semejanza del Creador. Esto parece, digo, cosa de otros tiempos pero es una realidad actual, actualísima.

Es que el demonio esta siempre activo, él es el tentador desde el principio, el que procura hacer que el hombre se aparte de Dios y que en el fondo se aparte de su verdadero destino que es el estar con Dios y el vivir en la eternidad con él.

El mismo nombre Satanás significa el acusador, el adversario y el mismo nombre Diablo significa aquel que se atraviesa en el designio de Dios y en la obra redentora cumplida en Cristo. A nosotros nos asombran estas diabluras mayúsculas que llegan a la sangre y a la muerte, pero en realidad el Diablo no necesita disfrazarse de diablo para obrar y para hacer que le hombre se aparte de Dios y caiga en el pecado.

Se ha dicho, con razón, que la victoria principal del demonio es hacer como que no existe. Mas allá de estos fenómenos satánicos incluso habría que pensar en un satanismo mas refinado y culto en círculos ocultistas, en lo espiritista o cosas por el estilo.

Creo que la presencia del Diablo, hoy, debe ser contemplada en esa obra indirecta que él realiza manejando por decirlo así ciertos fenómenos colectivos, que es lo que induce hoy a tanta gente a pecar, a apartarse de Él, a vivir entregada a los placeres, a concebir los proyectos mas alocados y muchas veces son las modas”.

Son modas que se difunden globalmente, son esa difusión masiva del error, de la mentira que se impone con prepotencia, la confusión del bien y del mal, el que se promuevan actitudes totalmente contrarias a la naturaleza humana. Todo eso que va cobrando aceptación está haciendo la obra del Diablo, está sirviendo a los designios del Diablo y, en general, podríamos decir que el Demonio en su acción va ocupando sitios vacíos.

“Allí donde Cristo no esta presente, allí se le ofrece el campo orégano y esa es la cuestión: el demonio no es omnipotente ni mucho menos y aquello que puede detenerlo es sencillamente Cristo, la cruz de cristo, su gracia y su amor.

Mons. Héctor Aguer
Arzobispo de La Plata - 2004 - Argentina

 

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Tomar al demonio en serio

 

ENTREVISTA CON EL CARDENAL COTTIER, TEÓLOGO DEL PAPA: «DEBEMOS TOMAR AL DEMONIO MUY EN SERIO»

 

CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 29 julio 2004 (ZENIT.org-Avvenire).- Por su acción contra el hombre «debemos tomar al demonio muy en serio», pero sin olvidar en nuestro camino la confianza en el amor de Dios --un amor «más fuerte que todo»--, cuya misericordia «vence todo obstáculo», explica el cardenal Georges-Joseph Marie Martin Cottier, O.P, teólogo de la Casa Pontificia.

Sucesos como el del pasado 24 de julio –en la catedral de Santiago de Chile el padre Faustino Gazziero fue asesinado nada más celebrar la Eucaristía por un joven que profería gritos satánicos— suscitan la cuestión de la influencia maligna en la persona y la sociedad.

En esta entrevista, el Cardenal Cottier aborda la acción real del demonio en el mundo, sus causas, sus consecuencias y el motivo de esperanza para el hombre.

--¿En el gran misterio del mal cuánto cuenta la acción del diablo y qué parte tiene en cambio la responsabilidad del hombre?

--Cardenal Cottier: El diablo es sin más ni más el gran seductor porque intenta llevar al hombre al pecado presentando el mal como el bien. Pero la caída lleva nuestra responsabilidad porque la conciencia tiene capacidad de distinguir lo que es bueno de lo que es malo.

--¿Por qué el diablo quiere inducir al hombre al pecado?

--Cardenal Cottier: Por envidia y celos. El diablo quiere arrastrar consigo al hombre porque él mismo es un ángel caído. La caída del primer hombre estuvo precedida por la caída de los ángeles.

--¿Es una herejía afirmar que también el diablo forma parte del proyecto de Dios?

--Cardenal Cottier: Satanás fue creado por Dios como ángel bueno porque Dios no crea el mal. Todo lo que sale de la mano creadora de Dios es bueno. Si el demonio se ha convertido en malo es por su culpa. Es él quien haciendo mal uso de su libertad se ha hecho malo.

--¿Habrá alguna vez redención para el demonio, como afirma algún teólogo?

--Cardenal Cottier: Planteemos una premisa: el hombre ha caído en el pecado porque el primer pecador, o sea el demonio, le ha arrastrado a su abismo de mal. ¿De qué se trata en sustancia? Del rechazo de Dios y, sobre todo, de la oposición al Reino de Dios como proyecto de providencia sobre el mundo. Este rechazo que nace de la libertad de una criatura del todo espiritual como el diablo es un rechazo total, irremediable y radical, como se dice también en el catecismo de la Iglesia católica.

--¿Entonces ninguna esperanza de que al final la misericordia de Dios pueda vencer el odio del diablo?

--Cardenal Cottier: El carácter perfecto de la libertad del ángel caído hace que su elección sea definitiva. Esto no significa poner un límite a la misericordia de Dios, que es infinita. El límite está constituido por el uso que el diablo hace de la libertad. Es él quien impide a Dios cancelar su pecado.

--¿Por qué el diablo, que es espíritu inteligentísimo, usa de esta manera esa libertad, que es en cualquier caso siempre un don de Dios?

--Cardenal Cottier: Aquí estamos ante el misterio. El misterio del mal es ante todo el misterio del pecado. Somos golpeados, justamente, por los males físicos, pero existe un mal mucho más radical y más triste que es el mal del pecado. El diablo se ha establecido en su rechazo. Además el pecado del ángel es siempre más grave que el del hombre. El hombre tiene tantas debilidades en sí que de alguna manera su responsabilidad puede resultar velada; el ángel, siendo espíritu purísimo, no tiene excusas cuando elige el mal. El pecado del ángel es una elección tremenda.

--Parece imposible que un ángel creado en la luz de Dios haya podido elegir el mal...

--Cardenal Cottier: Cuando hablamos de un ángel caído a causa del pecado afrontamos un tema muy grave y por lo tanto debemos tratarlo con gran seriedad. En la tentación del hombre tenemos casi un reflejo de lo que fue el pecado mismo del ángel. He aquí la seducción suprema: ponerse en el lugar de Dios. Incluso Satanás no reconoció su condición de criatura.

--¿Por qué el demonio es llamado príncipe de este mundo?

--Cardenal Cottier: Es una expresión del Evangelio de Juan. Significa que el mundo, cuando olvida a Dios, es dominado por el pecado. La acción del demonio está guiada por el odio hacia Dios y puede hacer graves daños cuando seguimos sus tentaciones. El mal principal del demonio es el mal espiritual, el del pecado. Esta acción toca tanto al individuo como a la sociedad.

--¿Dios no habría podido impedir todo esto?


--Cardenal Cottier: Sí, pero ha permitido que tanto el demonio como el hombre tuvieran la libertad de actuar y, a veces, de pecar. Es un misterio tremendo. San Pablo dice: «Todo es para bien de los que aman a Dios». Cuando por lo tanto estamos con Dios, incluso el mal contribuye a nuestro bien.

--Difícil de aceptar...

--Cardenal Cottier: Pensemos en los mártires. En el extraordinario bien espiritual que, a la luz de la fe, se deriva de una tragedia como un martirio. San Agustín, comentando a Pablo, dice: «Dios no habría permitido el mal si no hubiera querido hacer de este mal un bien mayor». Hay bienes que la humanidad no habría conocido si no hubiera estado la presencia del pecado y del mal. Es difícil afirmar esto, pero es la verdad.

--¿Cómo actúa el diablo en la realidad de todos los días?

--Cardenal Cottier: Lo podemos comprender por algunas expresiones del Evangelio de Juan, allí donde se dice que el demonio es homicida desde el principio. O sea, es destructor y hace morir, tanto en sentido propio como espiritualmente. Por esto es llamado el gran tentador.

--¿Nos referimos al diablo cuando en el «Padre Nuestro» decimos «no nos dejes caer en tentación»?

--Cardenal Cottier: Sí, pedimos a Dios resistir la tentación. Es erróneo pensar que toda tentación venga del demonio, pero las más fuertes y más sutiles, las más espirituales, tienen ciertamente su impronta. Y son tanto tentaciones individuales como colectivas. El demonio actúa sobre la historia humana. Su influencia es negativa. La muerte, el pecado, la mentira son signos de su presencia en el mundo.

--Dice que no todas las tentaciones vienen del demonio. ¿De qué otra cosa debemos guardarnos entonces?

--Cardenal Cottier: La tradición cristiana nos dice que las fuentes de tentaciones son tres. La más terrible, cierto, es la del demonio. Después está el mundo, la sociedad, los «otros» en la acepción joánica. Y finalmente está la «carne», esto es, nosotros mismos. San Juan de la Cruz dice que de estas tres tentaciones la más peligrosa es la última, o sea nosotros mismos. Para cada uno de nosotros el enemigo más pérfido es uno mismo. Antes de atribuir las tentaciones al demonio y al mundo, pensemos en nosotros mismos. Aquí encontramos también la importancia de la humildad y del discernimiento. El Espíritu Santo nos da el don del discernimiento y nos preserva de la soberbia de confiar demasiado en nosotros mismos.

--¿Cuál es la actitud más correcta que el cristiano debería observar frente al misterio del maligno?

--Cardenal Cottier: No olvidar jamás que la pasión y la muerte de Jesús han triunfado para siempre sobre el demonio. Esto es una certeza. Lo dice San Pablo. La fe es la victoria sobre el padre del pecado y de la mentira. Esto quiere decir que el demonio, siendo una criatura, no tiene un poder infinito. A pesar de todos sus esfuerzos el demonio nunca podrá impedir la edificación del Reino de Dios, que crece pese a todas las persecuciones. El cristiano, gracias a la fidelidad en la fe, vence el mal.

--En conclusión...

--Cardenal Cottier: Debemos tomar al demonio muy en serio, pero no debemos pensar que sea omnipotente. Hay gente que tiene un miedo irracional al demonio. La confianza cristiana, que se alimenta de oración, humildad y penitencia, debe ser sobre todo confianza en el amor del Padre. Y este amor es más fuerte que todo. Debemos tener conocimiento de que la misericordia de Dios es tan grande como para vencer todo obstáculo.

 

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Vencer al Diablo

 

La cultura atea del Occidente moderno vive todavía gracias a la liberación del miedo a los demonios que ha traído el cristianismo.

Por Jesús Ortiz

La escatología es el estudio teológico de la consumación y plena realización del hombre y del mundo en Cristo, por ser Él la personificación del Reino de Dios, que crece en la historia hasta el cumplimiento al fin de los tiempos. La escatología ofrece el marco de referencia para tener una completa visión cristiana de la historia y del hombre, fundamenta el sentido de la esperanza, y da perspectiva a la moral y a la espiritualidad cristiana. Como es sabido los temas capitales son la resurrección de la carne, el juicio de Dios, el infierno con Satanás, y el Cielo o su antesala en el Purgatorio. Aquí sólo nos referimos al Demonio presente y olvidado en nuestro tiempo.

En el desierto de la Cuaresma Jesucristo permite ser tentado por el Diablo pero le vence hasta que llegue su hora ante la Cruz, y de nuevo lo vencerá definitivamente. Si todavía actúa en la historia contra la Iglesia es por permisión divina, porque los cristianos peregrinamos hacia la Morada definitiva luchando con la esperanza de los vencedores. A través de varios capítulos nos acercaremos al misterio de iniquidad que es el Demonio y sus ángeles pervertidos, viendo sus orígenes, sus ataques a la Iglesia y a los hombres, para terminar considerando cómo vencer a los demonios pervertidores. Se trata de una victoria asegurada porque el cristiano está inmerso en el misterio de amor de Jesucristo.

Los capítulos llevan por título: 1) El Diablo anda suelto, 2) El misterio de los orígenes, 3) El Diablo frente a Cristo y su Iglesia , 4) El Diablo frente a los hombres, 5) Cómo vencer al Diablo.

EL DIABLO ANDA SUELTO

«La cultura atea del Occidente moderno vive todavía gracias a la liberación del miedo a los demonios que ha traído el cristianismo. Pero si esta luz redentora de Cristo llegara a extinguirse, el mundo recaería en el terror y la desesperación con toda su tecnología, no obstante su gran saber. Existen ya signos de este regreso de fuerzas oscuras, mientras en el mundo secularizado aumentan los cultos satánicos» (Card. J. Ratzinger).

Cultos demoníacos

El creciente interés por el ocultismo, la aparición de sectas satánicas, las noticias de lamentables sucesos en Norteamérica, Inglaterra o Alemania, Norte de Italia o Sur de España parecen ser síntomas de una intensa actividad diabólica en nuestra época.

Con frecuencia aparecen, en los periódicos, historias como la de una mujer muerta tras la práctica de un exorcismo, de unos niños maltratados para expulsar los demonios del cuerpo, o la aparición de restos de animales utilizados en algún aquelarre o reunión de culto al diablo.

¿Qué hay en la raíz de estos sucesos? De una parte hay mucho engaño y superchería sobre personas ignorantes o incultas, pero de otra se puede advertir un agrave deformación de la fe, atribuyendo a los demonios autonomía y poderes que no tienen. Se llega a este culto supersticioso cuando se acentúan los aspectos sentimentales y emotivos de los religioso; y también por carecer de buena doctrina, cuando en vez de formar la inteligencia con las enseñanzas de la Iglesia se alimenta con increíbles doctrinas.

A los temas demoníacos y de ocultismo se dedica hoy parte de la literatura, música, teatro, cine, etcétera, y no faltan grupos y sectas demoníacos que suponen algo más que un juego. Novelas y películas llenas de escenas de crueldad, de perversiones, de pseudo religión, de blasfemias, etc., permiten pensar que responden a un odio por lo sagrado –típico pecado de Satanás-, a un derribo de la inteligencia para encerrarse en el mundo de los sentidos, que bien pudieran será una verdadera “autopista para el infierno”, rememorando el título de una canción de rock duro.

Mons. Corrado Balducci, experto vaticano en cuestiones sobre demonología, destacaba algunos síntomas de esta ofensiva mundial del diablo. Cómo en capitales importantes del mundo occidental, hay tiendas donde se vende todo lo necesario para los ritos satánicos: velas, iconografía demoníaca, paramentos, amuletos, etc.; y también cómo en muchos países ha crecido una ola de violencia y locura en forma de sectas sanguinarias que ejercen su violencia sobre animales e incluso sobre niños indefensos. En declaraciones a la prensa afirmaba que: «El fenómeno del satanismo va in crescendo y la razón está en la crisis religiosa, en la crisis de valores, en la difusión del escepticismo y la desesperanza (...). Al agravarse una profunda crisis ética y religiosa, hace que se busque, se adore, se crea en el diablo, que se le considere capaz de donar riquezas, sexo, siempre que nos entreguemos a él. Los individuos plegados por ese mito satánico terminan por ser operadores del mal para sí y para los otros. A todo ello suele ir unido un abuso del alcohol, de las drogas, y contribuye no poco en este culto al demonio el llamado “rock satánicos»(1).

Advertencia de Pablo VI

El año 1972 el Papa VI nos alertó con gran claridad sobre el activismo del demonio en estos años, afirmando que la defensa contra el demonio es una clara necesidad de la Iglesia actual. Por ello será oportuno releer juntos ahora algunas de sus palabras.

«Se sale del cuadro de la enseñanza bíblica y eclesiástica quien se niega a reconocer su existencia; o bien quien hace de ella un principio que existe por sí y que no tiene, como cualquier otra criatura, su origen en Dios; o bien la explica como una pseudorealidad, una personificación conceptual y fantástica de las causas desconocidas de nuestras desgracias. El problema del mal, visto en su complejidad, y en su absurdidad respecto a nuestra racionalidad unilateral, se hace obsesionante. Constituye la más fuerte dificultad para nuestra comprensión religiosa del cosmos. No sin razón sufrió por ello durante años San Agustín: Quaereban unde malum, et non erat exitus, buscaba de dónde procedía el mal, y no encontraba explicación (Confes. VII, 5, 7, 11, etc., P.L., 22, 736, 739).

»Y he aquí, pues, la importancia que adquiere el conocimiento del mal para nuestra justa concepción cristiana del mundo, de la vida, de la salvación. Primero en el desarrollo de la historia evangélica al principio de su vida pública: ¿Quién no recuerda la página densísima de significados de la triple tentación de Cristo? Después, en los múltiples episodios evangélicos, en los cuales el demonio se cruza en el camino del Señor y figura en sus enseñanzas (Mt 12, 43). ¿Y cómo no recordar que Cristo, refiriéndose al demonio en tres ocasiones, como a su adversario, lo denomina como “príncipe de este mundo”? (Jn 12, 31; 14, 30; 16, 11). Y la incumbencia de esta nefasta presencia está señalada en muchísimos pasajes del Nuevo Testamento. San Pablo lo llama el “dios de este mundo” (2 Co 4, 4), y nos pone en guardia sobre la lucha a oscuras, que nosotros cristianos debemos mantener no con un solo demonio, sino con una pluralidad pavorosa: “Revestíos, dice el Apóstol, de la coraza de Dios para poder hacer frente a las asechanzas del Diablo, pues toda vez que nuestra lucha no es (solamente) con la sangre y con la carne, sino contra los principados y las potestades, contra los dominadores de la tinieblas, contra los espíritus malignos del aire” (Ef 11, 12).

»Y que se trata no de un solo demonio, sino de muchos, diversos pasajes evangélicos no los indican (Lc 11, 21; Mc 5, 9); pero uno es el principal: Satanás, que quiere decir el adversario, el enemigo; y con él muchos, todos criaturas de Dios, pero caídas, porque fueron rebeldes y condenadas (Cfr Denz., Sch., 800-428); todo el mundo misterioso, revuelto por un drama desgraciadísimo, del que conocemos muy poco.

»Conocemos, sin embargo, muchas cosas de este mundo diabólico, que afectan a nuestra vida y a toda la historia humana. El demonio está en el origen de la primera desgracia de la Humanidad; él fue el tentador engañoso y fatal del primer pecado, el pecado original (Gn 3; Sb 1,24). Por acuella caída de Adán, el demonio adquirió un cierto dominio sobre el hombre, del que sólo la Redención de Cristo nos pudo liberar. Es una historia que sigue todavía: recordemos los exorcismos del Bautismo y las frecuentes alusiones de la Sagrada Escritura y de la liturgia a la agresiva y opresora “potestad de las tinieblas” (cfr Lc 22,53; Col 1, 3). Es el enemigo número uno, es el tentador por excelencia. Sabemos también que este ser oscuro y pertubador existe de verdad y que con alevosa astucia actúa todavía; es el enemigo oculto que siembra errores e infortunios en la historia humana. Debemos recordar la parábola reveladora de la buena semilla y de la cizaña, síntesis y explicación de la falta de lógica que parece presidir nuestras sorprendentes visicitudes: Inimicus homo hoc fecit (Mt 13,28). El hombre enemigo hizo esto. Es “el homicida desde el principio... y padre de toda mentira” como lo define Cristo (cfr Jn 8, 44-45); es el insidiador sofístico del equilibrio moral del hombre. Es el pérfido y astuto encantador, que sabe insinuarse en nosotros por medio de los sentidos, de la fantasía, de la concupiscencia, de la lógica utópica, o de los desordenados contactos sociales en el juego de nuestro actuar, para introducir en él desviaciones. Mucho más nocivas, porque en apariencia son conformes a nuestras estructuras físicas o psíquicas, o a nuestras instintivas y profundas aspiraciones.

» (...) ¿Qué defensa, qué remedio oponer a la acción del demonio? La respuesta es más fácil de formularse, si bien sigue siendo difícil actualizarla. Podremos decir; todo lo que nos defiende del pecado nos defiende por ello mismo del enemigo invisible. La gracia es la defensa decisiva. La inocencia adquiere un aspecto de fortaleza. U. Asimismo, cada uno recuerda hasta qué punto la pedagogía apostólica ha simbolizado en la armadura de un soldado las virtudes que pueden hacer invulnerable al cristiano (cfr Rm 13, 12: Ef 5, 11, 14, 17; 1 Ts 5, 8). El cristiano debe ser militante; debe ser vigilante y fuerte ( 1 Pe 5, 8); y debe a veces recurrir a algún ejercicio ascénito especial para alejar ciertas incursiones diabólicas; Jesús lo enseña indicando el remedio “en la oración y en el ayuno” (Mc 9, 29). Y el Apóstol sugiere la línea maestra a seguir: “No os dejéis vencer por el mal, sino venced el mal en el bien” (Rm 12, 21; Mt 13, 29)»(2).

Por tanto, la existencia del mundo demoníaco se revela como una verdad dogmática en la doctrina del Evangelio vivida por los cristianos en cualquier época y no sólo en el medievo.

No ser supersticiosos

«A lo largo de los siglos la Iglesia ha reprobado las diversas formas de superstición, la preocupación excesiva acerca de Satanás y de los demonios, los diferentes tipos de culto y de apego morboso a estos espíritus, etc; sería por eso injusto afirmar que el cristianismo ha hecho de Satanás el argumento preferido de su predicación, olvidándose del señorío universal de Cristo y transformando la Buena Nueva del Señor resucitado en un mensaje de terror»(3).

Como enseña la teología moral, a la fe se oponen por exceso: la credulidad y la superstición, p. Ej., atribuyendo al demonio un poder al margen de la Providencia Divina del que ciertamente carece. Por defecto también se oponen a la fe: la infidelidad, la apostasía, la herejía, la duda y la ignorancia.

Sobre esta última es preciso saber que tenemos obligación de aprender las cosas necesarias para la Salvación o indicadas por precepto divino a través de la Iglesia, y junto a ellas las verdades que son necesarias para llevar una vida auténticamente cristiana y para el recto desempeño de los deberes del propio estado. Por eso, el que descuida por culpable negligencia estos deberes, pone en peligro la fe recibida y comete un grave pecado de ignorancia voluntaria.

La superstición es un vicio por el que la persona ofrece culto divino a quien no se debe –cualquier criatura de dios- o a quien se debe –a Dios, y proporcionalmente a los santos- pero de modo indebido. Por ejemplo hay superstición cuando se atribuye al demonio, a los muertos o a la naturaleza poderes efectivos que no poseen según los sabios designios del Creador. La gravedad de este pecado viene del ultraje que se hace a Dios por dar un honor indebido a los espíritus.

La Sagrada Escritura y la Tradición de la Iglesia admiten la intervención de los ángeles buenos y malos sobre este mundo, y la posibilidad de que influyan sobre el cuerpo; pero siempre será permitido estrictamente por Dios en el ámbito de su Providencia y Gobierno del universo.

La adivinación como pecado es la superstición que trata de averiguar las cosas futuras o que están ocultas por medios indebidos o desproporcionados, pro ej., los naipes, las líneas de la mano, los astros, la invocación de los demonios, etc. Este pecado es de suyo mortal contra la religión.

El espiritismo tiene afinidad con la adivinación pues consiste en técnicas para mantener comunicación con los espíritus, principalmente de los difuntos conocidos, para averiguar de ellos cosas ocultas. Hoy día los estudios más serios y documentados sobre el espiritismo llegan a la conclusión de que la mayor parte de los casos se deben a puros y simples fraudes. Sin embargo consideran que un porcentaje mínimo se debe a verdadero trato con los espíritus malignos (magia diabólica), mientras que un porcentaje de casos se explican por los fenómenos metapsíquicos, cuyas posibilidades naturales son amplias y no totalmente conocidas aun por la ciencia (parapsicología).

La asistencia a las reuniones espiritistas está gravemente prohibida por la Iglesia. Se comprende que sea así por ser cooperación a una cosa pecaminosa, por el escándalo de los demás y por los graves peligros para la propia fe.

La vana observancia es el uso de medios desproporcionados para obtener efectos naturales, aunque no pretende averiguar las cosas ocultas o futuras, por ej., miedo a ciertos números o animales, uso de amuletos, curaciones, etc. Estas vanas observancias son de suyo pecado mortal por la grave injuria que se hace a Dios atribuyendo cosas vanas a la Omnipotencia exclusiva de Dios, y también por pretender gobernar la propia vida al margen de las leyes divinas.

A este orden pertenece la magia o arte de realizar cosas maravillosas por causas ocultas. La magia diabólica o negra solicita la intervención del demonio, y tiene la malicia de la adivinación y de la vana observancia. En cambio, nada tiene de malo la magia blanca, prestidigitación o ilusionismo, que obedece a causas naturales como la habilidad o destreza del que actúa.

Los pecados contra la religión que acabamos de ver –superstición, adivinación, espiritismos, vana observancia, magia- suelen atraer la atención de gentes sencillas y de jóvenes. Cuanto menor es la fe y la formación cristiana de una persona, más posibilidades tiene de caer en prácticas supersticiosas; por eso es preciso conocer bien la doctrina de la Iglesia acerca de las verdades de la fe –mediante el estudio y la meditación- y poner los medios para adquirir una recta conciencia en cuestiones morales que dependen de la fe.

No debe extrañar que la inteligencia diabólica, su odio contra Dios y su envidia a los hombres lleven al demonio a servirse torpemente de la natural curiosidad humana. Algunas personas no se contentan con saber lo que Dios ha revelado ni con lo descubierto por las ciencias; no parecen admitir su limitada condición de criaturas ni creen en dios y en cambio son crédulas para los horóscopos o las cartas. La verdad es que no salen ganando.

Todos estos pecados contradicen abiertamente el amor a Dios y tienen algo de idolatría, pues como enseña el Catecismo de la Iglesia Católica: «La idolatría no se refiere sólo a los cultos falsos del paganismo. Es una tentación constante de la fe. Consiste en divinizar todo lo que no es Dios. Hay idolatría desde el momento en que el hombre honra y reverencia a una criatura en lugar de Dios»(4).
Notas

(1) Mick Jagger, Los AC-DC. Nina Hagen, Lucifer’s Friend. Black Sabbath, Rolling Stones, Led Zappelin..., son algunos grupos representativos de este tipo de rock satánico. Highway to hell, Príncipe de la oscuridad, Simpatía por el diablo, Cantaré porque vivio en Satanás..., son títulos de algunas canciones.
(2) Pablo IV, Audiencia general, 15-XI-1972, en “Ecclesia”, 1972, pp. 1065 ss.
(3) Fe cristiana y demonología, Doc. Recomendado por la Congr. para la Doctrina de la fe, en “Ecclesia”, 1975, pp. 1037 ss.
(4) Catecismo de la Iglesia Católica, 1992, n. 2113.

 

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diablo. (Del lat. diabŏlus, y este del gr. διάβολος).1. m. En la tradición judeocristiana, cada uno de los ángeles rebelados contra Dios y arrojados por Él al abismo.

demoníaco, ca o demoniaco, ca.(Del lat. daemoniãcus, y este del gr. δαιμονιακός).1. adj. Perteneciente o relativo al demonio.2. adj. endemoniado (ǁ poseído). U. t. c. s.

 

¿El diablo aparece poco en la Biblia?

 

Responde el P. Miguel Ángel Fuentes, I.V.E. 2008.X.

Pregunta:

Sus respuestas a diferentes preguntas me han aclarado muchas dudas en forma muy completa. Por ello pregunto lo siguiente: A mi modesto entender en el Antiguo Testamento y en la religión Judaica se menciona poco al ángel caído (diablo) y sus huestes de ángeles rebeldes; no encuentro su descripción en el Génesis. En los artículos que he leído de la Torah y sus comentarios tampoco he encontrado referencias claras. En la Biblia para niños que es católica, sale cada sección con su referencia al Antiguo o Nuevo Testamento, sin embargo al exponer este tema no tiene referencia. En la Biblia de Jerusalén tampoco me queda claro el por qué no es mencionado en el Antiguo Testamento. Quisiera que me ilustrara más en qué momento la Iglesia elaboró y en base a qué antecedentes o revelaciones se sabe que lucifer y sus ángeles se rebelaron contra nuestro Señor.
Lo saludo atentamente.

 

Respuesta:

Estimado:

Tal vez usted no haya leído detenidamente la Sagrada Escritura, pues tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, el demonio o diablo es frecuentemente mencionado. Le envío el siguiente artículo escrito hace ya varias décadas por el eminente biblista Francesco Spadafora que confirma lo que le estoy diciendo.

En hebreo recibe el nombre de has-satán ´el adversario´ (Job 1,6. 9. 12; 2, 3.4.6. 7; 1 Par 21, 1; Zac 3, 1. 2), término que, sin artículo, indica un enemigo humano (1 Sam 29, 4; 2 Sam 19, 22; etc.). En el griego de los Setenta se lee diabolos, de diabaloo, ´acusador´ ´calumniador´ para traducir el hebreo has-satán y también sar y sorer, ´enemigo´ (en Est 7, 4; 8, 1); hállanse los términos daímon y daimonion, con los cuales los griegos denominaban principalmente a la divinidad que dirige los destinos humanos, el genio tutelar inferior a los dioses, a las almas de los difuntos; pero los Setenta los emplean para nombrar al diablo, traduciendo los nombres hebreos se´îrìm (Lev 17, 7; 16, 8. 10; 2 Par 11, 15; Is 13, 21; 34, 14); sedîm (Dt 32, 17; Sal 106, 37; acadio Sidu); elîlîm (Sal 96, 5), Siyyîm (Is 34, 14).

Como principal responsable de la caída y de la consiguiente privación de los dones espirituales y preternaturales que sufrieron nuestros primeros padres (Gén 3, 1 ss.; cf. Sab 2, 24; Jn 8, 44; Heb 2, 14; Ap 12, 9; 20, 2) concíbese a este enemigo invencible como omnipresente y como espía que acusa a los hombres ante Dios y los tienta para lograr su condenación (Job 1, 6 ss.; 1 Par 21, 1; Zac 3, 1 s.). Al diablo de la lujuria, al que se vence con la mortificación y la oración, llámasele Asmodeo en Tob 3, 8; 6, 8 ss.; 12, 3. 14. Según cierta opinión rabínica seguida por Orígenes (PG 11, 1364) y renovada por los modernos, el Azazel de que se habla en Lev 16, 8, ss. para el día de la expiación, sería un diablo y precisamente el príncipe de los diablos. Pero probablemente Azazel no es más que un nombre del macho cabrio expiatorio, lanzado al desierto.

En el Nuevo Testamento, el diablo o satanás (frecuentemente singular colectivo, por los ángeles rebeldes en general) es el jefe de los ángeles rebeldes que fomentan el mal y la perdición (Ap 9, 11; 12, 7-9). El término en singular (ho diabolos) es empleado 39 veces en este sentido técnico de enemigo de Dios y de sus fieles; en plural es empleado en tres casos como atributivo ´acusador´ (1 Tim 3, 11; 2 Tim 3, 3; Ju 2, 3). Aparece también 36 veces ó satanás, sin contar las voces afines oi daimones (Mt 8, 31) y tò daimonion (63 veces, 27 en singular y 36 en plural). En Ap 12, 9 y 20, 2 el diablo o satanás es identificado con el dragón. Llámasele también el ´tentador´ ó peirázon: Mt 4, 3); el ´maligno´ (ponerós: Act 19, 12; 1 Jn 2, 13); el ´espíritu inmundo´) tò àkazarton: Mt 12, 43); en Ap 12, 10 se le da el calificativo de ´acusador de nuestros hermanos (los cristianos) que les acusa ante Dios día y noche´, y en relación con el juicio que nos espera, se le llama también ´el adversario en el tribunal´ (ho antidikos: 1 Pe 5, 8).

El diablo es un ángel pecador y castigado. La antigua tradición religiosa hebrea relacionada con el pecado de los ángeles está expuesta por San Pedro (2 Pe 2, 4) y por San Judas (1, 6). También alude a ella Jesucristo cuando dice: ´Él era homicida desde el principio y no perseveró en la verdad, porque la verdad no está en él´ (Jn 8, 44), y San Juan en las palabras: ´Peca el diablo desde el principio´ (1 Jn 3, 8). En cuanto a determinar la especie de pecado, se da la preferencia al de soberbia, por estar más en consonancia con la naturaleza espiritual del ángel. Habiendo sido confinados en los abismos tenebrosos (2 Pe 2, 4; Jds 1, 6) y castigados con el fuego eterno creado para ellos (Mt 25, 41), estos ángeles caídos, que son muy numerosos (Mc 5, 9; cf. Lc 8, 30), tienen un poder limitado sobre los hombres (1 Pe 5, 8) hasta que se dé la sentencia de condenación en el juicio final (II Pe 2, 4; Jds 1, 6).

Como ´príncipe de este mundo´ (Jn 12, 31; 14, 30; 16, 11), ´dios de este siglo´ (2 Cor 4,4) y ´señor´ (Mt 4, 9; Lc 4, 6) manifiesta su poder entre las tinieblas de la idolatría (Act 26,18; Col 1, 13). La lucha diabólica va principalmente dirigida contra Cristo: después de las primeras tentaciones, de carácter mesiánico, lo acosó hasta la muerte sugiriendo a Judas Iscariote la traición (Jn 13, 2; cf. 6, 71) y tomando entera posesión de su espíritu (Lc 22, 3; Jn 13, 27; cf. Lc 22, 53). La lucha contra la Iglesia de Cristo está delineada en las parábolas del sembrador y de la cizaf´ia (Mt 13, 19. 25. 39; Mc 4, 15; Lc 8, 12).

Después de Cristo son tentados los cristianos (4ct 5, 3) con grande astucia (1 Cor 7, 5; 2 Cor 2, 11; 1 Tes 3, 5; etc.), por el diablo que se transforma en ángel de luz (2 Cor 11, 14), como promotor de falsas doctrinas (1 Tim 4, 1). Son especial objeto del odio diabólico los propagadores del cristianismo (Lc 22, 31; 2 Cor 12, 7; 1 Tes 2, 18). Pero Cristo infligió al diablo la primera y gran derrota cuando hizo realidad la profecía del Génesis (Gén 3, 5; Lc 10, 18; Jn 12, 31; 14, 30, 16, 11; 1 Jn 3, 8), destruyendo con su muerte al dominador de la muerte (Heb 2, 14) y libertando a los que estaban subyugados por el terror de la muerte (Heb 2, 15; Col 2, 14 s.). Pero como la derrota definitiva no tendrá lugar hasta el fin del mundo, la resistencia de los cristianos a sus ataques ha de ser de todos los días (1 Pe 5, 8. 9), con la sobrenatural ´armadura completa´ (Ef 6, 16; 2 Cor 12, 7 ss.; Rom 16, 20). Y no será raro el buen éxito del diablo: hay fieles seguidores del diablo en tiempo de Cristo (Jn 8, 41. 44); en la edad apostólica son abandonados, en castigo, al poder de Satanás el incestuoso de Corinto y los apóstatas Himeneo y Alejandro (1 Cor 5, 5; 1 Tim 1, 20). Habrá oposición entre ´los hijos de Dios´ y ´los hijos del diablo´ (Jn 8, 44-47; 1 Jn 3, 8. 10), los cuales practican ´obras del diablo´ (Act 13, 10) que se resumen en la impostura y en la seducción (Jn 8, 44; 1 Tim 4, 2; Ap 12, 9; 20, 9) por medio de las cuales se sustituyen la verdad y la justicia por el pecado (Rom 1, 25 ss.; Sant 5,19).

BIBLIOGRAFÍA.

KAUPEL, Die dämonen im A. T., Augsburg 1930: A. BROCK-UTNE. Der Fend. en Klio, 28 (1935) 219-227; M. 2. GRUENTHANER. The Demology of the O. T., en CatBibO, 6 (1944) 6-27; U. NOACK, Satanas und Soteria. Kopenhagen 1948; F. ZEMÁN, Indoles daemonum tn scriptis prophetarum, en DV 27 (1949) 270-77; 321-35; 28 (1950) 18-28; 89-97- P. VAN IMSCHOT, Théologie de l´Ancien Testament. I, Paris-Tournai 1954, pp. 130-141.

Tomado de: Francesco Spadafora, Diccionario Bíblico, Barcelona, España 1968, pp. 154-155.

 

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Capítulo 2 de la Segunda Epístola Católica de San Pedro:
”Hubo también en el pueblo falsos profetas, como habrá entre vosotros falsos maestros que introducirán herejías perniciosas y que, negando al Dueño que los adquirió, atraerán sobre sí una rápida destrucción.
Muchos seguirán su libertinaje y, por causa de ellos, el Camino de la verdad será difamado. Traficarán con vosotros por codicia, con palabras artificiosas; desde hace tiempo su condenación no está ociosa, ni su perdición dormida”. Las sectas, contrarias todas a la Santa Biblia, evidentemente mienten. Y el padre del engaño es el ‘demonio’.

 


Reflexiones de un ex-protestante que, orando y

reflexionando, descubre en relación a la Iglesia.

 

Según y manifiestamente, lo indica la Biblia - La Iglesia debe ser, como lo indica la Escritura: Apostólica, con autoridad, perpetua e infalible, tendiente en la unidad completa (espiritual y visible), como demuestran desde época de los Santos Padres a nuestros días, en la sucesión de Pedro.

 

…[…]… Me concentré en la oración y el estudio profundo de la Biblia y la historia y ví que teníamos que actuar conforme a la Iglesia que descubrí en la Biblia; una Iglesia apostólica (Jn 15, 16; 20, 21; Lc 22, 29-30; Mt 16, 18; Jn 10, 16; Lc 22, 32 [Jn 21, 17]; Ef 4, 11; 1 Ti 3, 1.8; 5, 17),  con autoridad (Mt 28, 18-20; Jn 20, 23; Lc 10, 16; Mt 28, 20), perpetua (Is 9, 6-7; Dan 2, 44; 7, 14; Lc 1, 32-33; Mt 7, 24; 13, 24-30; 16, 18; Jn 14, 16; Mt 28, 19-20, infalible (Jn 16, 13; 14, 26; 1 Ti 3, 15; 1 Jn 2, 27; Hch 15, 28; Mt 16, 19).  Otra idea bíblica que me martillaba la cabeza constantemente era la unidad completa (espiritual y visible) de esa Iglesia (Jn 10, 16; 17, 17-23; Ef 4, 3-6 [cf 3, 21; 4, 14]; Rm 16, 17; 1 Co 1, 10; Flp 2, 2; Rm 12, 5; Col 3, 15). Y ni se diga la contrariedad que me quitó el sueño por mucho tiempo cuando me confronté con el testimonio acerca de la Iglesia Católica de los llamados Padres de la Iglesia, en los primeros siglos de la era cristiana: San Clemente Romano (97 d.C.), San Justino Mártir (155), San Ignacio de Antioquía (165), Tertuliano (197), San Cipriano (250) y San Agustín (397), entre otros. 

Cuando constaté el fondo eclesial de la Biblia y del cristianismo primitivo, se me comenzó a aparecer la Iglesia Católica como la verdadera Iglesia de Jesucristo.

Mi optimismo inicial en el Colegio Bíblico se convirtió en una profunda tristeza. Sabía que era responsable del destino eterno de muchas almas.  Sabía que un ministro mal formado o con distorsiones éticas era un peligro.  La desilusión fue inminente; yo me mortificaba señalándole a todos lo que decía la Biblia, Jesucristo, sus apóstoles y los Padres de la Iglesia, y ellos insistían en suspirar por ministerios deslumbrantes, construcciones majestuosas y exposición en los medios.

Así que me concentré en la oración y el estudio profundo de la Biblia y la historia.  En medio de esta búsqueda se hizo evidente que el problema radicaba, a la luz de la Iglesia que constatamos en la Biblia y los Padres, en cuál de las pretendidas iglesias se encontraba la plenitud de la gracia y del conocimiento divino (cf. Mt 28, 19-20; Jn 20, 30; Ga 1, 9; Ef 1, 22; 2, 21; 1 Ts 2, 7; 2 Ts 2, 15; 1 Ti 3, 15; y 1 Jn 2, 19; 4, 6).

…[…]…

Vez tras vez, evidencia tras evidencia, me indicaban una realidad que me obligó a reconocer que era muy probable que la Iglesia Católica fuera la Iglesia de Jesucristo, y que era muy improbable que nuestras diversas iglesias (¡más de 30,000 en 1999!) fuesen esa única Iglesia del Señor, con todas las notas que correspondían al pueblo de Dios en el nuevo testamento.

 

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 Gracias, Juan Pablo II, por no bajarte de la cruz. Gracias por demostrar al mundo que lo que vale es el amor y que nadie puede privarle a un anciano enfermo de amar. Gracias por conducirnos a María. Como tú, yo también le digo «Totus tuus».

Santiago MARTÍN – ESPAÑA 2005.03.01

 

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Hay que tener en cuenta de que la Iglesia no es nuestra; es de Dios. Fíjese hermano: no había nadie más incapacitado que Pedro. Era impetuoso, violento y, sin embargo, el Espíritu Santo hizo de él el primer Papa; cuya tumba está en la colina vaticana desde hace 2000 años.

 

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«Mientras que el pobre te ofrece todo, el rico te lo enseña todo»... ¡Qué ostentación!

 

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Cristo cambia la vida. El encuentro con Cristo cambia radicalmente la vida de una persona, la lleva a la «metánoia» o conversión profunda de la mente y del corazón y establece una comunión de vida que se convierte en seguimiento. En los Evangelios, el seguimiento se expresa con dos actitudes: la primera consiste en «hacer camino» con Cristo; la segunda, en «caminar detrás» de Él, auténtico guía.

 

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"La ignorancia es el peor enemigo de Dios sobre la tierra" San Josemaría Escrivá.

 

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Saber más que los otros es fácil; lo difícil es saber algo mejor que los otros. Lucio Anneo Séneca, (4 a.C.-65 d.C.)

 

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“Las doctrinas centrales del cristianismo fueron capaces de inspirar y sostener relaciones sociales y organizaciones atractivas, liberadoras y eficientes”. Fueron las doctrinas de la Iglesia las que permitieron que el cristianismo se encontrara “entre los movimientos de revitalización más formidables y de mayor éxito en la historia”. Con los cristianos aparece un Dios que, de hecho —algo nunca visto hasta entonces—, se preocupa por todos los seres humanos, que los ama con locura y que pide y espera de sus seguidores un amor semejante entre ellos y fuera de ellos, incluso a sus enemigos y a quienes no les entienden. La Buena Nueva del cristiano,  era dos veces buena y nueva, pues al dar a la humanidad un Dios amoroso y misericordioso daba también a los hombres y a las mujeres su auténtica humanidad.

 

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¡No tengas miedo! ¡Dios no se deja vencer en generosidad! S.S. Juan Pablo II – 2004.06.06 Berna - Suiza

 

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Los cristianos deben defender sus convicciones “sin arrogancia pero sin pusilanimidad”. Un requisito fundamental para el cristiano del siglo XXI, es tener: "una conciencia moral recta, bien formada, fiel al magisterio de la Iglesia".

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

“¡Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!” (Sal 8, 2).

 

Que el ‘domingo’ sea un aliciente para recobrar el sosiego interior que nos permite descubrir con mayor nitidez la hermosura de los muchos dones que hemos recibido de Dios a través de la naturaleza y contemplarlos en familia y con los demás en espíritu de amistad.

 

Que nos guíe y acompañe siempre con su intercesión, la Santísima Madre de Dios.

Su fe indefectible que sostuvo la fe de Pedro y de los demás Apóstoles, durante más de dos mil años, siga sosteniendo la de las generaciones cristianas, aquella y siempre misma fe. Reina de los Apóstoles, ruega por nosotros. Amen

 

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gracias por venir a visitarnos

Mane nobiscum, Domine! ¡Quédate con nosotros, Señor!

† La Iglesia que fundó Cristo es ‘una, santa, católica y apostólica’ y los evangelistas siendo ya ellos ‘Iglesia Católica desde Pentecostés’, así de claro lo escribieron en las Sagradas Escrituras. †

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).