Thursday 23 February 2017 | Actualizada : 2017-02-03
 
Inicio > Temas Católicos > 1 - 2º Ser o no ser católico catolicidad de la Iglesia fundada por Jesucristo?


 

La Iglesia que existe es maravillosa. Verdaderamente es la obra de Dios. Ahora bien, una cosa es la Iglesia que existe, y otra la que hubiera existido si todos se hubieran dejado regenerar por el Evangelio al 100%. Lo que vemos, aun siendo tan grandioso, no es más que la realización de una fracción del plan divino ideal.

 

En realidad, ni siquiera podemos afirmar que la diferencia que existe entre una pequeña ermita decimonónica y una gran catedral gótica, es la diferencia que existiría entre las dos realidades, la real y la ideal. Y no podemos decir eso, porque en realidad siempre podríamos imaginar una Iglesia universal mejor. Una Iglesia en la que los hombres fueran todavía mejores.

 

?Entendiendo esto, vemos que la Iglesia real es la concreción en algún grado de ese ideal. Una concreción a medio camino entre un número infinito de grados superiores, y un número infinito de grados inferiores. Amo a la Iglesia como es.

 

Pero qué distinta hubiera sido una Iglesia en la que todos sus sumos pontífices hubieran sido santos ascetas místicos. Al final, la Humanidad ha conocido el cristianismo en su versión de luz mezclada con sombras.

 

 

 

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LA IGLESIA FUNDADA POR CRISTO ES UNA, SANTA, CATÓLICA Y APOSTÓLICA - "Existe una única Iglesia de Cristo, que subsiste en la Iglesia católica, gobernada por el Sucesor de Pedro...

El Concilio había escogido la palabra "subsistit" precisamente para aclarar que existe una sola "subsistencia" de la verdadera Iglesia, mientras que fuera de su estructura visible existen sólo "elementa Ecclesiae", los cuales —siendo elementos de la misma Iglesia— tienden y conducen a la Iglesia católica...

Por el contrario, las Comunidades eclesiales que no han conservado el Episcopado válido y la genuina e íntegra sustancia del misterio eucarístico, no son Iglesia en sentido propio..." Declaración Dominus Iesus

 

 

 

«En este Año de la Eucaristía los cristianos se han de comprometer más decididamente a dar testimonio de la presencia de Dios en el mundo. No tengamos miedo de hablar de Dios ni de mostrar los signos de la fe con la frente muy alta. La «cultura de la Eucaristía» promueve una cultura del diálogo, que en ella encuentra fuerza y alimento. Se equivoca quien cree que la referencia pública a la fe menoscaba la justa autonomía del Estado y de las instituciones civiles, o que puede incluso fomentar actitudes de intolerancia. Si bien no han faltado en la historia errores, inclusive entre los creyentes, como reconocí con ocasión del Jubileo, esto no se debe a las «raíces cristianas», sino a la incoherencia de los cristianos con sus propias raíces. Quien aprende a decir «gracias» como lo hizo Cristo en la cruz, podrá ser un mártir, pero nunca será un torturador.

27. La Eucaristía no sólo es expresión de comunión en la vida de la Iglesia; es también proyecto de solidaridad para toda la humanidad. En la celebración eucarística la Iglesia renueva continuamente su conciencia de ser «signo e instrumento» no sólo de la íntima unión con Dios, sino también de la unidad de todo el género humano.[25] La Misa, aun cuando se celebre de manera oculta o en lugares recónditos de la tierra, tiene siempre un carácter de universalidad. El cristiano que participa en la Eucaristía aprende de ella a ser promotor de comunión, de paz y de solidaridad en todas las circunstancias de la vida. La imagen lacerante de nuestro mundo, que ha comenzado el nuevo Milenio con el espectro del terrorismo y la tragedia de la guerra, interpela más que nunca a los cristianos a vivir la Eucaristía como una gran escuela de paz, donde se forman hombres y mujeres que, en los diversos ámbitos de responsabilidad de la vida social, cultural y política, sean artesanos de diálogo y comunión.»

Lean los últimos párrafos de la reciente Carta Apostólica "Mane nobiscum Domine" de Juan Pablo II, coherente con la más pura Tradición cristiana; en nuestra sección ‘Eucaristía’ {use nuestro buscador} Gracias. 2004-10-22.

 

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Carta de San Pablo a los Colosenses 1,12-20. - Y darán gracias con alegría al Padre, que nos ha hecho dignos de participar de la herencia luminosa de los santos. Porque él nos libró del poder de las tinieblas y nos hizo entrar en el Reino de su Hijo muy querido, en quien tenemos la redención y el perdón de los pecados. El es la Imagen del Dios invisible, el Primogénito de toda la creación, porque en él fueron creadas todas las cosas, tanto en el cielo como en la tierra los seres visibles y los invisibles, Tronos, Dominaciones, Principados y Potestades: todo fue creado por medio de él y para él. El existe antes que todas las cosas y todo subsiste en él. 18,vs  Él es también la Cabeza del Cuerpo, es decir, de la Iglesia. El es el Principio, el Primero que resucitó de entre los muertos, a fin de que él tuviera la primacía en todo, porque Dios quiso que en él residiera toda la Plenitud. Por él quiso reconciliar consigo todo lo que existe en la tierra y en el cielo, restableciendo la paz por la sangre de su cruz.

 

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La Iglesia católica no es de los hombres, es de Dios y aquí es donde duele: representa la belleza, la verdad, la bondad, la trascendencia de Dios y, aunque está hecha por hombres, no ha sucumbido en estos más de veinte siglos. A los hombres, lo que les ofrece es una versión moral de la existencia y un conjunto de senderos con norte claro para no desorientarse. ¿Por qué? Porque –queramos reconocerlo o no– el suceso de la manzanita de Eva ha dejado herida –no muerta– la naturaleza del hombre. Quizá sea éste el origen de los ataques a la Iglesia católica y a sus instituciones: no querer aceptar que el hombre debe ser sanado con un tratamiento eficaz –por cierto, muy radical, porque afecta a la totalidad del ser humano–, y recetado por los representantes de Dios en la tierra. Y en esa receta mágica se contempla cómo vivir con dignidad, porque estamos hechos a imagen y semejanza de Dios; cómo ser feliz a través de la familia; cómo entender que es más importante ser que hacer o tener; o cómo morir con dignidad de hijo de Dios, entre otras numerosas afirmaciones o vibraciones positivas.
¿Por qué es tan difícil conseguir una convivencia pacífica, basada en el respeto a la libertad de las conciencias, que no es lo mismo que libertad de conciencia? Porque el cristianismo va a la raíz de las cosas, no postula soluciones aguadas, ni banaliza los problemas, ni, mucho menos, trivializa la verdad... Al contrario, ofrece alternativas exigentes, pero basadas en el amor que Dios nos tiene, y con el que podemos afrontar todo aquello que nos parezca un escollo u obstáculo insalvable. Por eso, existen minorías minoritarias incapaces de asumir esta realidad, y, en lugar de respetarla o pasar olímpicamente, se revuelcan, atacan, buscan cómplices, y hacen daño. Lo mejor es ignorarlas, no hacerles propaganda, no colaborar con la mentira y dejar que transcurra el tiempo, ése que coloca las cosas y personas en su sitio.

 

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La Iglesia está extendida por los cinco continentes; pero la catolicidad de la Iglesia no depende de la extensión geográfica, aunque esto sea un signo visible. La Iglesia era Católica ya en Pentecostés; nace Católica del Corazón de Cristo. Ahora, como entonces, extender la Iglesia a nuevos ambientes y a nuevas personas requiere fidelidad a la fe y obediencia rendida al Magisterio de la Iglesia. Desde hace dos mil años, Jesucristo quiso construir su Iglesia sobre una piedra: Pedro, y el Sucesor de San Pedro en la cátedra de Roma es el Vicario de Cristo en la tierra. Hemos de dar gracias a Dios porque ha querido poner al frente de la Iglesia un Vicario que la gobierne en su nombre. En estos días hemos de incrementar nuestra plegaria por el Romano Pontífice y esmerarnos en el cumplimiento de cuanto disponga.
San Pablo, a quien el Señor mismo llamó al apostolado, acude a San Pedro para confrontar su doctrina: “subí a Jerusalén para ver a Cefas, escribe a los Gálatas, y permanecí a su lado quince días”. (I,18).

 

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2000 - A lo largo de los siglos, la Iglesia, bajo la guía de sus pastores, ha vivido en el mundo como misterio de comunión. Las palabras de San Pablo: “la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros”, manifiestan que el don gratuito del amor del Padre en el Hijo se realiza y expresa en la comunión actuada por el Espíritu Santo. Gracia, amor y comunión, son aspectos diversos de la única “economía” de la salvación, que hace de la Iglesia “un pueblo  congregado por la unidad”.

Esta comunión, que se nutre del Pan eucarístico y se expresa en las relaciones fraternas, es verdaderamente la Buena Noticia; el don precioso que nos hace sentir acogidos y amados en Dios. La Iglesia, Pueblo reunido en el nombre de la Trinidad, se revela así como una maravillosa creación de amor, hecha para acercar a Cristo a los hombres.

 

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1 - ¿POR QUÉ SOY CATÓLICO? - La Virgen María ha sido un modelo de fe para la Iglesia a través de toda la historia.

 

"Un solo Cuerpo y un solo Espíritu, como una es la esperanza a la que habéis sido llamados. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre." Efesios 4, 4-5

 

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La Iglesia es la imagen y figura típica de Dios; también es la imagen del universo, constituido de sustancias visibles e invisibles; del mundo sensible puede ser solamente imagen, como es imagen simbólica del hombre y también imagen y tipo del alma, tomada en absoluto, en cuyo caso representa a la inteligencia mediante el santuario y a la razón mediante el templo, a la vez que lo unifica todo en el misterio del altar. Todo aquel que en verdad sepa iniciarse de manera sabia y clara, hará de su alma una Iglesia de Dios. En efecto, cada hombre es una Iglesia mística. San Máximo el Confesor  (580 - 662) Miembro de una conocida y rica familia de Constantinopla, emprendió una feliz carrera en la corte de Constantinopla, llegando a ser  secretario del emperador Heraclio.

 

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Diciendo «Dios sí, o tal vez incluso Cristo sí, Iglesia no» se crea un Dios, un Cristo según las propias necesidades y según la propia imagen. Dios ya no es realmente una instancia que está frente a mí, sino que se convierte en una visión mía, que yo tengo, y por lo tanto responde también a mis ideas. Dios se convierte en una verdadera instancia, un verdadero juez de mi ser, por lo tanto también en la verdadera luz de mi vida, si no es sólo una idea mía, sino si vive en una realidad concreta, si verdaderamente se sitúa ante mí y no es manipulable según mis ideas o deseos. Por eso separar a Dios de la realidad en la que Dios está presente y habla a la Tierra quiere decir no tomar en serio a este Dios, que se hace por lo tanto manipulable según mis necesidades y deseos. Considero por esto un poco ficticia esta distinción. Cardenal Ratzinger 2001.

 

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Otro aspecto del problema actual: se busca algo religioso, algo religioso que dé cierta satisfacción, porque el hombre tiene este deseo de encontrarse con el infinito, de tener esta respuesta de otra dimensión, de un más allá que además le dé también una dulzura, una esperanza que las cosas materiales no pueden dar. Pienso que ésta es realmente una gran tendencia de hoy: separarse de la necesidad de fe, de un sí concreto y pleno de contenidos, por un sentimiento satisfactorio, por una especie de mística anónima que me da un poco de respiro, pero que por otro lado no exige mi compromiso. Por un momento puede ser algo muy bello encontrarse con esta dimensión mística, tener esta especie de ensanchamiento de mi yo, pero sin un compromiso mío, sin una respuesta mía, se transforma también en algo vacío, una auto-satisfacción en la que al final el yo permanece en la cárcel del yo. Cardenal Ratzinger 2001.

 

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“Si vemos a Cristo, el rostro de Cristo, de un Dios que sufre por nosotros y no usa la omnipotencia para regular con un golpe de poder la realidad del mundo, sino que va a nuestro corazón y tiene un amor que incluso se hace matar por nosotros, tenemos una visión de un Dios que excluye todo tipo de violencia; así, el rostro de Cristo me parece la respuesta más adecuada al abuso de un Dios que sería instrumento de nuestro poder”. Cardenal Ratzinger 2001.

 

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“Sí, naturalmente los fundamentalistas son muy diferentes entre sí. Diría que, por ejemplo, entre los evangélicos en los Estados Unidos hay personas que se identifican hasta el final con las palabras de la Sagrada Escritura, y pueden así, si son realmente fieles a la palabra de la Escritura, superar el peligro del fanatismo y de una religión que se hace violencia. Pero en todo caso es importante que la religión no sea definida por nosotros mismos, sino que es un don que nos viene del Señor, y que sea vivido en una realidad viva como la Iglesia, que excluye la manipulación por mi parte y que por otro lado está ligada, vinculada a la palabra de Dios; de esta forma diría que tenemos este equilibrio entre una realidad no manipulable, la Palabra de Dios, y la libertad que vive esta palabra y que la interpreta en la vida”. Cardenal Ratzinger 2001.

 

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Todo aquel que ama a Dios es miembro vivo de la Iglesia - Mélange (Oeuvres, IX, Pág. 328-331)

“Aquel que no está contra nosotros está a favor nuestro” (Mc 9,40)


Todo aquel que ama a Dios es miembro vivo de la Iglesia, esté donde esté, bajo el cielo que esté y en el tiempo que viva...La Iglesia no es sólo la que vemos nosotros. No es sólo la construcción visible con su historia, su autenticidad, su jerarquía, sus virtudes y prodigios deslumbrantes. La Iglesia también está en la penumbra, en las sombras escondidas, en aquello que nadie recuerda ni tiene figura memorable; está en las santidades perdidas a los ojos humanos, pero patentes a los ojos de los ángeles...
Por todas partes donde esté presente el amor de Dios se encuentra Jesucristo. Allí donde está Jesús está la Iglesia. Y si bien es verdad que todo cristiano tiene que estar unido a la Iglesia, desde el momento que sabe de su existencia, es también cierto que la ignorancia invencible no le obliga a ello, ya que Jesucristo mismo lo gobernará sin intermediarios, él que es la cabeza y el único Maestro de los cristianos. La Iglesia se extiende, pues, hasta límites que ninguna mirada humana puede abarcar y los que nos reprochan la estrechez de la Iglesia, según su mirada, no tienen idea de la doble irradiación que existe en su naturaleza y que atrae las almas hacia si desde la salida del sol hasta su ocaso.

 

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Evangelio según San Lucas 9,46-50. - Entonces se les ocurrió preguntarse quién sería el más grande. Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, tomó a un niño y acercándolo, les dijo: "El que recibe a este niño en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe a mí, recibe a aquel que me envió; porque el más pequeño de ustedes, ese es el más grande". Juan, dirigiéndose a Jesús, le dijo: "Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu Nombre y tratamos de impedírselo, porque no es de los nuestros". Pero Jesús le dijo: "No se lo impidan, porque el que no está contra ustedes, está con ustedes".
Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.

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La Iglesia de Cristo, que en el Símbolo confesamos una, santa, católica y apostólica, es la Iglesia universal, es decir, la universal comunidad de los discípulos del Señor [Cfr. Mt 16, 18; 1 Cor 12, 28; etc.]. Que se hace presente y operativa en la particularidad y diversidad de personas, grupos, tiempos y lugares. Entre estas múltiples expresiones particulares de la presencia salvífica de la única Iglesia de Cristo, desde la época apostólica se encuentran aquellas que en sí mismas son Iglesias(32), porque, aun siendo particulares, en ellas se hace presente la Iglesia universal con todos sus elementos esenciales(33). Están por eso constituidas "a imagen de la Iglesia universal"(34), y cada una de ellas es "una porción del Pueblo de Dios que se confía al Obispo para ser apacentada con la cooperación de su presbiterio"(35).

8. La Iglesia universal es, pues, el Cuerpo de las Iglesias(36), por lo que se puede aplicar de manera analógica el concepto de comunión también a la unión entre las Iglesias particulares, y entender la Iglesia universal como una Comunión de Iglesias. A veces, sin embargo, la idea de "comunión de Iglesias particulares", es presentada de modo tal que se debilita la concepción de la unidad de la Iglesia en el plano visible e institucional. Se llega así a afirmar que cada Iglesia particular es un sujeto en sí mismo completo, y que la Iglesia universal resulta del reconocimiento recíproco de las Iglesias particulares. Esta unilateralidad eclesiológica, reductiva no sólo del concepto de Iglesia universal sino también del de Iglesia particular, manifiesta una insuficiente comprensión del concepto de comunión. Como la misma historia demuestra, cuando una Iglesia particular ha intentado alcanzar una propia autosuficiencia, debilitando su real comunión con la Iglesia universal y con su centro vital y visible, ha venido a menos también su unidad interna y, además, se ha visto en peligro de perder la propia libertad ante las más diversas fuerzas de sometimiento y explotación(37).

9. Para entender el verdadero sentido de la aplicación analógica del término comunión al conjunto de las Iglesias particulares, es necesario ante todo tener presente que éstas, en cuanto "partes que son de la Iglesia única de Cristo"(38), tienen con el todo, es decir con la Iglesia universal, una peculiar relación de "mutua interioridad"(39), porque en cada Iglesia particular "se encuentra y opera verdaderamente la Iglesia de Cristo, que es Una, Santa, Católica y Apostólica"(40). Por consiguiente, "la Iglesia universal no puede ser concebida como la suma de las Iglesias particulares ni como una federación de Iglesias particulares"(41). No es el resultado de la comunión de las Iglesias, sino que, en su esencial misterio, es una realidad ontológica y temporalmente previa a cada concreta Iglesia particular.

En efecto, ontológicamente, la Iglesia-misterio, la Iglesia una y única según los Padres precede la creación(42), y da a luz a las Iglesias particulares como hijas, se expresa en ellas, es madre y no producto de las Iglesias particulares. De otra parte, temporalmente, la Iglesia se manifiesta el día de Pentecostés en la comunidad de los cientoveinte reunidos en torno a María y a los doce Apóstoles, representantes de la única Iglesia y futuros fundadores de las Iglesias locales, que tienen una misión orientada al mundo: ya entonces la Iglesia habla todas las lenguas(43).

De ella, originada y manifestada universal, tomaron origen las diversas Iglesias locales, como realizaciones particulares de esa una y única Iglesia de Jesucristo. Naciendo en y a partir de la Iglesia universal, en ella y de ella tienen su propia eclesialidad. Así pues, la fórmula del Concilio Vaticano II: la Iglesia en y a partir de las Iglesias (Ecclesia in et ex Ecclesiis)(44), es inseparable de esta otra: Las Iglesias en y a partir de la Iglesia (Ecclesiae in et ex Ecclesia)(45). Es evidente la naturaleza mistérica de esta relación entre Iglesia universal e Iglesias particulares, que no es comparable a la del todo con las partes en cualquier grupo o sociedad meramente humana.

10. Cada fiel, mediante la fe y el Bautismo, es incorporado a la Iglesia una, santa, católica y apostólica. No se pertenece a la Iglesia universal de modo mediato, a través de la pertenencia a una Iglesia particular, sino de modo inmediato, aunque el ingreso y la vida en la Iglesia universal se realizan necesariamente en una particular Iglesia. Desde la perspectiva de la Iglesia considerada como comunión, la universal comunión de los fieles y la comunión de las Iglesias no son pues la una consecuencia de la otra, sino que constituyen la misma realidad vista desde perspectivas diversas.

Además, la pertenencia a una Iglesia particular no está nunca en contradicción con la realidad de que en la Iglesia nadie es extranjero(46): especialmente en la celebración de la Eucaristía, todo fiel se encuentra en su Iglesia, en la Iglesia de Cristo, pertenezca o no, desde el punto de vista canónico, a la diócesis, parroquia u otra comunidad particular donde tiene lugar tal celebración. En este sentido, permaneciendo firmes las necesarias determinaciones de dependencia jurídica(47), quien pertenece a una Iglesia particular pertenece a todas las Iglesias; ya que la pertenencia a la Comunión, como pertenencia a la Iglesia, nunca es sólo particular, sino que por su misma naturaleza es siempre universal(48).

 

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2 - ¿POR QUÉ SOY CATÓLICO?

 

La fe vale más que el oro. Por ello, si dudas, cerciórate antes; si estás cierto, compártela; si la perdiste, recupérala.

Yo antes era católico pero ahora soy...

Yo no apruebo, pero respeto tu decisión de cambiar la fe que Dios te dio por la que a ti te gusta. Pero permíteme decirte al menos, por qué soy católico, y por qué quiero seguirlo siendo.

1. Yo soy católico porque es la Iglesia que Cristo fundó.

 

2. Yo soy católico porque mi Iglesia es una familia.

¡Así de fácil y así de sencillo! Todo lo que hace Cristo, lo hace para nuestra salvación. Si Cristo fundó una Iglesia, lo hizo para salvarnos, y todos debemos adherirnos a ella. Lumen Gentium14. Si Cristo no fundó ninguna, entonces todas las iglesias son falsas y no debemos pertenecer a ninguna.

Por ello, a pesar de que reconocemos los muchos elementos de santidad y verdad en otras iglesias, para el católico no tiene sentido ni razón el dejar la Iglesia de Cristo para pasarse a otra fundada por un hombre, por más inteligente y famoso que éste sea.

Cristo nuestro único Salvador instituyó a su Iglesia Santa... Esta única Iglesia subsiste en la Iglesia católica. (Lumen Gentium n. 8). Esto es lógico, si hay un único Salvador, debe haber una única Iglesia. Yo respeto y reconozco las muchas cosas buenas que hay en otras iglesias cristianas pero yo quiero vivir y morir en la Iglesia que Cristo fundó.
Hay quien afirma: "Yo soy Cristiano de la Biblia y no necesito de la Iglesia". Pero esto es un error, porque ser cristiano es vivir en comunión con los demás, Dios quiere que nos ayudemos unos a otros en el camino de salvación.

Yahvé mandó construir una barca a Noé y se salvaron todos los que estaban dentro. Lee: 1Pedro 3,21 Noé se salvó en familia. Por eso la barca es símbolo de la Iglesia.

Los israelitas se salvaron juntos, con Moisés como su jefe y guía. La Iglesia es el nuevo pueblo de Dios. Si tú crees que puedes recorrer solo el desierto usando como mapa tu propia interpretación de la Biblia, no culpes a Dios si te pierdes. Lee: CIC = Catecismo de la Iglesia Católica 781 ss. Por eso Cristo no escribió un libro, sino fundó una Iglesia. CIC 108 y por eso S. Pablo no llama a la Iglesia "club de Jesús", sino "cuerpo de Cristo" para que entiendas que al separarte de su Iglesia te separas de Cristo. Lee: Juan 15, 1-6.

3. Yo soy católico porque en la Iglesia conozco con certeza y totalidad la doctrina de Cristo.

Cristo mandó a sus apóstoles enseñar toda su doctrina, a todos, todo el tiempo. Lee: Mateo 28, 16-20. Y a nosotros escucharles a ellos: "quien a vosotros oye a mí me oye, quien a vosotros rechaza a mí me rechaza". Lee: Lucas 10,16.

Hoy hay muchos que predican a Cristo, y como S. Pablo nos alegramos, pero nosotros queremos escuchar sólo a quienes Cristo envió. Estos son los apóstoles y sus legítimos sucesores. Estudia: Lumen Gentium n. 8.

4. Mi Iglesia es la Casa de Dios.

 

5. Yo soy católico porque es la única Iglesia que me ofrece a Cristo como Pan de Vida.

Yo conozco iglesias protestantes muy grandes y bonitas y ahí Cristo puede hacerse presente si se reúnen en su nombre. Mateo 18,20...Pero no las cambio por la silenciosa, pobre y pequeña iglesia de mi pueblo, porque ahí está Cristo realmente presente, bajo las especies Eucarísticas. Lee: Sacrosantum Concilium n.14. Ahí puedo hablar con Dios como con un amigo. Lee: Éxodo 33,11.

Hay quien dice que todas las iglesias son iguales y es verdad, pero sólo por fuera. Por dentro, en mi Iglesia siempre está la lámpara encendida en el santuario, símbolo de la presencia de Dios. Lee: 1 Samuel 3,3. Con razón dice S. Pablo que la Iglesia es la casa de Dios vivo. Lee: 1 Timoteo 3,15. Yo no estoy dispuesto a dejar la casa de Dios para irme a la casa del vecino.
Yo no quiero que Cristo me reproche a mí: "Vosotros escudriñáis las Escrituras...pero no queréis venir a mí para tener vida." Lee: Juan 5,39-40. Él me invita: "Yo soy el pan de vida,... el que viene a mí no lo echaré fuera". Lee: Juan 6, 34 y 37.

Todas las iglesias cristianas escudriñan las Escrituras, es verdad, pero sólo la Iglesia Católica me ofrece a Cristo: el Pan de Vida eterna. Lee: Juan 6, 55-58.

Si Cristo me dejó la Eucaristía como memorial de su amor, ¿cómo me voy a olvidar de su amor? Lee: CIC 1380.

No hay duda que en todas las iglesias se predican cosas bonitas de Cristo, pero ¿qué me pueden dar a cambio de recibir en mi corazón a Cristo realmente presente en la Eucaristía?

6. Yo soy Católico por que Cristo me encomendó a su Madre.

El discípulo amado al pie de la cruz representaba a todos los cristianos. Si Cristo me dice: "Ahí tienes a tu Madre" ¿Cómo me voy a ir a una iglesia que me dice: "No, María no es tu madre"? Si S. Juan se la llevó a su casa ¿cómo me voy a ir a otra iglesia que ni siquiera me deja tener un cuadro de María?

7. Yo soy católico por amor a la Verdad.

8. Yo soy católico porque me entusiasma el testimonio de sus santos, el heroísmo de sus mártires, la multitud de sus vírgenes, el celo de sus predicadores, el ardor de sus misioneros.

Según el principio protestante de la interpretación privada de la Escritura, cada quien puede enseñar su opinión. Yo respeto la opinión de los demás, pero Cristo es la Verdad y no la opinión. La opinión lleva a la confusión y división, la verdad a la unidad y certeza.

Cristo erigió a su Iglesia como columna y fundamento de la verdad. Lee: 1 Timoteo 3,15. Por eso "La Iglesia Católica es la maestra de la verdad, y su misión es exponer y enseñar auténticamente la Verdad que es Cristo." Dignitatis Humanae n14.

Nosotros no negamos que en otras iglesias cristianas haya muchos elementos de verdad. Un trozo de espejo puede muy bien reflejar la luz del sol, pero no por eso voy a dejar al sol para quedarme con su reflejo.
Hay quien pretende confundirnos mencionando los malos Papas, los malos sacerdotes, la Inquisición, etc. Yo les respondo así: "A mí enséñame una Iglesia que tenga más mártires que hayan dado su vida por Cristo, más misioneros que hayan predicado el Evangelio, más mujeres consagradas al servicio de los más pobres, y yo me voy con ella". Su silencio es elocuente.

Sí, es en la Iglesia Católica donde yo veo el poder de Cristo más fuerte, la gracia de Cristo más abundante, su santidad más atractiva, su caridad más eficiente, por eso soy y quiero seguir siendo católico.

9. Yo soy católico porque a Cristo no le gustan las divisiones y quiere que todos unidos formemos un solo rebaño bajo un solo pastor.

Jesucristo quiere la unidad. Lee: Juan 17,21. El sectario primero siembra duda y desconfianza, después corta y separa, y por último acapara.

Jesucristo quiere que en su Iglesia haya un solo rebaño y un solo pastor. Lee: Juan 10,16. Cristo desea que estemos unidos y no divididos en multitud de iglesias al gusto del consumidor. Lee: CIC 820.

Los apóstoles nos exhortan a la unidad. "Un solo cuerpo y no miembros divididos, un solo Espíritu y no muchos espíritus, una sola esperanza, un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre." Lee: Efesios 4,4.

Hay algunos cristianos que dicen que ellos sólo aceptan la Biblia, y se auto nombran pastores con derecho a formar su propio rebaño, fundar su propia esperanza, inventar su propia fe y establecer su propio bautismo y, en definitiva, no aceptan otro señorío que el de su propia razón y juicio para interpretar la Biblia.

10. Porque mis padres me bautizaron.

Yo soy católico porque mis padres me bautizaron, es verdad, y no me avergüenzo, porque un padre quiere siempre lo mejor para sus hijos. A otros les heredan dinero, a mí me heredaron la fe, y no la cambio por todo el oro del mundo.

11. Soy católico por la gracia de Dios.

La fe católica es un talento que Dios te dio y te va a pedir cuentas de él. Tú eres culpable si lo pierdes por tu negligencia. Lee: Mateo 25, 24-28. Por eso dice Jesús: "el que perseverare hasta el fin, ése se salvará." Lee: Mateo 10,22.

El Papa lo decía hace poco con estas palabras: ‘La enseñanza de las sectas y de los nuevos movimientos religiosos,... se opone a la doctrina de la Iglesia católica; por eso, la adhesión a ellos significaría renegar de la fe en que habéis sido bautizados y educados". (J. Pablo II al Emigrante).

Si la fe es un talento de Dios, entonces tengo el compromiso de conservar, fortalecer y multiplicar mi fe evangelizando a los demás. Esto me ayuda además, a entender que no basta tener argumentos, es necesaria la luz de Dios para acercar a otros a la fe. Por ello te voy a dar varios consejos:

* Estudia tu fe.

La Iglesia Católica no tiene miedo de la verdad, lo único que teme es la ignorancia.

Martín vendía piedras del desierto para coleccionistas. Un día, un geólogo entró a su tienda para comprar un recuerdo para sus hijos. Tomó una que le llamó la atención y preguntó: "¿Cuánto vale esta?" - "Todas valen 20 dólares, pero como esa no es muy bonita se la dejo en 10". El cliente pagó el precio y de ahí se dirigió al Banco a depositarla: Era un zafiro en bruto que valía más de un millón de dólares, pero Martín ignoraba su valor.

 

* Practícala.

Muchos cambian su fe porque nunca la practicaron. La fe no entusiasma sino al que la vive.

En esa misma línea el Papa decía hace poco: "Uno de los motivos que pueden llevar a acoger las proposiciones de esos nuevos movimientos religiosos es la poca coherencia con que algunos cristianos viven su compromiso cristiano, y también el deseo de una vida cristiana más fervorosa, que se espera experimentar en determinada secta, cuando la comunidad que se frecuenta está poco comprometida.

Pero se trata de un engaño. Del malestar interior antes mencionado, se sale mediante una verdadera conversión interior, según el evangelio y no afiliándose irreflexivamente a esa clase de grupos".(J. Pablo II, Jornada Mundial del Emigrante).

* Compártela.

La fe se fortalece dándola.

La fuerza de las sectas está en el silencio y en la inacción de los católicos. La verdad no necesita ni de gritos ni de alharacas, se impone por sí misma, basta predicarla con claridad y vigor. Cumple tu deber de evangelizar repartiendo los folletos de Fe y Evangelio y ora antes de hacerlo para que Cristo bendiga tu trabajo.

 

EL CONCILIO NOS HABLA.
El Concilio reconoce que fuera de la Iglesia Católica se encuentran muchos elementos de santidad y verdad, y nos sentimos unidos a esos hermanos en Cristo (Lumen Gentium n. 8.) Pero con igual firmeza afirma que la plenitud de gracia y de verdad fue confiada a la Iglesia Católica, y a esta Iglesia el Señor confió todos los bienes de la Nueva Alianza (Unitatis redintegratio n. 3.)

Todos enseñan verdades, unos menos, otros más, pero la Iglesia Católica es la que me guía a toda la verdad (Lumen Gentium n. 4.) Ella, por voluntad de Cristo, es maestra de la verdad (Dignitatis humanae n. 14.)

La Iglesia reconoce que hay muchos que honran la Sagrada Escritura como norma de fe y vida (Lumen gentium n. 15), pero afirma que a esa escritura va unida la Tradición y el Magisterio de modo que ninguno puede subsistir sin los otros. (Dei Verbum n. 10)

Como las grandes obras maestras, a la Iglesia de Cristo todos la imitan, pero ninguno la iguala ni supera, porque es obra de Cristo.

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Católica y catolizante - La carta a los Efesios nos presenta a la Iglesia como un edificio construido "sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, siendo la piedra angular Cristo mismo" (Ef 2, 20). Jesús es el pastor escatológico, que reúne a  las ovejas perdidas de la casa de Israel y va en busca de ellas, porque las conoce y las ama (cf. Lc 15, 4-7 y Mt 18, 12-14; cf. también la figura del buen pastor en Jn 10, 11 ss). A través de esta "reunión" el reino de Dios se anuncia a todas las naciones:  "Manifestaré yo mi gloria entre las naciones, y todas las naciones verán el juicio que voy a ejecutar y la mano que pondré sobre ellos" (Ez 39, 21). Y Jesús sigue precisamente esta línea profética. El primer paso es la "reunión" del pueblo de Israel, para que así todas las naciones llamadas a congregarse en la comunión con el Señor puedan ver y creer.
De este modo, los Doce, elegidos para participar en la misma misión de Jesús, cooperan con el Pastor de los últimos tiempos, yendo ante todo también ellos a las ovejas perdidas de la casa de Israel, es decir, dirigiéndose al pueblo de la promesa, cuya reunión es el signo de salvación para todos los pueblos, el inicio de la universalización de la Alianza.
Lejos de contradecir la apertura universalista de la acción mesiánica del Nazareno, la limitación inicial a Israel de su misión y de la de los Doce se transforma así en el signo profético más eficaz. Después de la pasión y la resurrección de Cristo, ese signo quedará esclarecido:  el carácter universal de la misión de los Apóstoles se hará explícito. Cristo enviará a los Apóstoles "a todo el mundo" (Mc 16, 15), a "todas las naciones" (Mt 28, 19; Lc 24, 47), "hasta los confines de la tierra" (Hch 1, 8).* Y esta misión continúa. Continúa siempre el mandato del Señor de congregar a los pueblos en la unidad de su amor. Esta es nuestra esperanza y este es también nuestro mandato:  contribuir a esta universalidad, a esta verdadera unidad en la riqueza de las culturas, en comunión con nuestro verdadero Señor Jesucristo.

*[Así es la Iglesia de Cristo ‘católica y catolizante’ cuya ‘catolicidad y apostolicidad’ salva al mundo bajo orden y protección de Cristo].

 

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"La luz de Cristo es el gran candelero. Quien quiera dar luz, que no se avergüence del candelero de madera". San Agustín.

 

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Iglesia – “Cada cual mira a la Iglesia según el estado de su propio corazón: Unos ven en la Iglesia solo pecadores y la condenan. Otros miran a sus santos con la esperanza de llegar a ser como ellos. Prefiero mirar a los santos, sabiendo que, de pecadores que eran, Cristo los transformó en hombres nuevos. Esa es la grandeza incomparable de la Iglesia”. Pbro. Jordi Rivero

 

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Iglesia - San Agustín a sus fieles: «Los santos mismos no están libres de pecados diarios. La Iglesia entera dice: Perdónanos nuestros pecados. Tiene, pues, manchas y arrugas (Ef 5,27). Pero por la confesión se alisan las arrugas, por la confesión se lavan las manchas. La Iglesia está en oración para ser purificada por la confesión, y estará así mientras vivieren hombres sobre la tierra» (Sermo 181, 5,7 en PL 38, 982)

 

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Historia e Iglesia - Lo que tiene lejos a ciertas personas de la Iglesia institucional son, en la mayoría de las ocasiones, los defectos, las incoherencias, los errores de los líderes: inquisición, procesos, mal uso del poder y del dinero, escándalos. Todas cosas, lamentablemente, ciertas, si bien frecuentemente exageradas y contempladas fuera de todo contexto histórico. Los sacerdotes somos los primeros en darnos cuenta de nuestra miseria e incoherencia y en sufrirla.

Los ministros de la Iglesia son «elegidos entre los hombres» y están sujetos a las tentaciones y a las debilidades de todos. Jesús no intentó fundar una sociedad de perfectos. ¡El Hijo de Dios –decía el escritor escocés Bruce Marshall-- vino a este mundo y, como buen carpintero que se había hecho en la escuela de José, recogió los pedacitos de tablas más descoyuntados y nudosos que encontró y con ellos construyó una barca –la Iglesia-- que, a pesar de todo, resiste el mar desde hace dos mil años!

Hay una ventaja en los sacerdotes «revestidos de debilidad»: están más preparados para compadecer a los demás, para no sorprenderse de ningún pecado ni miseria, para ser, en resumen, misericordiosos, que es tal vez la cualidad más bella en un sacerdote. A lo mejor precisamente por esto Jesús puso al frente de los apóstoles a Simón Pedro, quien le había negado tres veces: para que aprendiera a perdonar «setenta veces siete».

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Universalidad y catolicidad

del único Pueblo de Dios

 

13. Todos los hombres son llamados a formar parte del Pueblo de Dios. Por lo cual este Pueblo, siendo uno y único, ha de abarcar el mundo entero y todos los tiempos para cumplir los designios de la voluntad de Dios, que creó en el principio una sola naturaleza humana y determinó congregar en un conjunto a todos sus hijos, que estaban dispersos (cf. Jn., 11,52). Para ello envió Dios a su Hijo a quien constituyó heredero universal (cf. Hebr., 1,2), para que fuera Maestro, Rey y Sacerdote nuestro, Cabeza del nuevo y universal pueblo de los hijos de Dios. Para ello, por fin, envió al Espíritu de su Hijo, Señor y Vivificador, que es para toda la Iglesia, y para todos y cada uno de los creyentes, principio de asociación y de unidad en la doctrina de los Apóstoles y en la unión, en la fracción del pan y en la oración (cf. Act., 2,42).

Así, pues, de todas las gentes de la tierra se compone el Pueblo de Dios, porque de todas recibe sus ciudadanos, que lo son de un reino, por cierto no terreno, sino celestial. Pues todos los fieles esparcidos por la haz de la tierra comunican en el Espíritu Santo con los demás, y así "el que habita en Roma sabe que los indios son también sus miembros". Pero como el Reino de Cristo no es de este mundo (cf. Jn., 18,36), la Iglesia, o Pueblo de Dios, introduciendo este Reino no arrebata a ningún pueblo ningún bien temporal, sino al contrario, todas las facultades, riquezas y costumbres que revelan la idiosincrasia de cada pueblo, en lo que tienen de bueno, las favorece y asume; pero al recibirlas las purifica, las fortalece y las eleva. Pues sabe muy bien que debe asociarse a aquel Rey, a quien fueron dadas en heredad todas las naciones (cf. Sal., 2,8) y a cuya ciudad llevan dones y obsequios (cf. Sal., 71 [72], 10; Is., 60,4-7; Ap., 21,24). Este carácter de universalidad, que distingue al Pueblo de Dios, es un don del mismo Señor por el que la Iglesia católica tiende eficaz y constantemente a recapitular la Humanidad entera con todos sus bienes, bajo Cristo como Cabeza en la unidad de su Espíritu.

En virtud de esta catolicidad cada una de las partes presenta sus dones a las otras partes y a toda la Iglesia, de suerte que el todo y cada uno de sus elementos se aumentan con todos lo que mutuamente se comunican y tienden a la plenitud en la unidad. De donde resulta que el Pueblo de Dios no sólo congrega gentes de diversos pueblos, sino que en sí mismo está integrado de diversos elementos, Porque hay diversidad entre sus miembros, ya según los oficios, pues algunos desempeñan el ministerio sagrado en bien de sus hermanos; ya según la condición y ordenación de vida, pues muchos en el estado religioso tendiendo a la santidad por el camino más arduo estimulan con su ejemplo a los hermanos. Además, en la comunión eclesiástica existen Iglesias particulares, que gozan de tradiciones propias, permaneciendo íntegro el primado de la Cátedra de Pedro, que preside todo el conjunto de la caridad, defiende las legítimas variedades y al mismo tiempo procura que estas particularidades no sólo no perjudiquen a la unidad, sino incluso cooperen en ella. De aquí dimanan finalmente entre las diversas partes de la Iglesia los vínculos de íntima comunicación de riquezas espirituales, operarios apostólicos y ayudas materiales. Los miembros del Pueblo de Dios están llamados a la comunicación de bienes, y a cada una de las Iglesias pueden aplicarse estas palabras del Apóstol: "El don que cada uno haya recibido, póngalo al servicio de los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios" (1Pe., 4,10).

Todos los hombres son llamados a esta unidad católica del Pueblo de Dios, que prefigura y promueve la paz y a ella pertenecen de varios modos y se ordenan, tanto los fieles católicos como los otros cristianos, e incluso todos los hombres en general llamados a la salvación por la gracia de Dios.

 

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3 - ¿POR QUÉ SOY CATÓLICO?

 

Porque “La debilidad de Dios es más fuerte que la fuerza de los hombres.” (cf 1Cor 1,25) Si no ¿cómo hubiese sido posible que doce pecadores, pobres e ignorantes hubieran imaginado semejante empresa?

 

Evangelio según San Lucas 9,1-6.

Jesús convocó a los Doce y les dio poder y autoridad para expulsar a toda clase de demonios y para curar las enfermedades. Y los envió a proclamar el Reino de Dios y a sanar a los enfermos, diciéndoles: "No lleven nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni tampoco dos túnicas cada uno. Permanezcan en la casa donde se alojen, hasta el momento de partir. Si no los reciben, al salir de esa ciudad sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos". Fueron entonces de pueblo en pueblo, anunciando la Buena Noticia y curando enfermos en todas partes.

 

Homilía 4 sobre la Primera carta a los Corintios; PG 61, 34-36)

“Tu majestad se alza por encima de los cielos. De la boca de los niños de pecho has sacado una alabanza.” (cf Sal 8,3)


Por medio de predicadores ignorantes, el mensaje de la cruz penetró los corazones en el mundo entero. No era cuestión de banalidades sino de Dios y de la verdadera fe, del camino según el evangelio, y del juicio final. La cruz transformó a la gente ignorante e iletrada en filósofos, porque “lo que en Dios parece locura, es más sabio que los hombres; y lo que en Dios parece debilidad, es más fuerte que los hombres.” (1Cor 1,25)

¿Cómo es posible que la debilidad de Dios sea más fuerte? Se ha extendido sobre toda la tierra, ha sometido a los hombres a su poder y ha resistido a los innumerables adversarios que querían hacer desaparecer el nombre del Crucificado. Al contrario, este nombre se extendió y se propagó por todo el universo. Sus enemigos han sido aniquilados, han desaparecido aquellos que combatían contra un muerto, han quedado reducidos a la impotencia... En efecto, aquello que los publicanos y pecadores (los doce apóstoles) alcanzaron, por gracia de Dios, los filósofos, los retóricos, los reyes, en fin: toda la tierra en toda sus extensión, no son capaces de imaginar... Pensando en todo esto, dijo Pablo: “La debilidad de Dios es más fuerte que la fuerza de los hombres.” (cf 1Cor 1,25) Si no ¿cómo hubiese sido posible que doce pecadores, pobres e ignorantes hubieran imaginado semejante empresa?

 

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“Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”

 

San Juan Crisóstomo (345 - 407), obispo de Antioquia y de Constantinopla, doctor de la Iglesia - Homilía sobre San Pedro y San Elias, 1


Pedro debía recibir las llaves de la iglesia, más todavía las llaves de los cielos, y el gobierno de un pueblo numeroso le había sido a él confiado... Si Pedro con su tendencia severa, quedaba sin pecado, ¿cómo sería prueba de misericordia para sus discípulos? Por una disposición de la gracia divina, el ha caído en el pecado, bien es que después de haber tenido el mismo experiencia de su miseria, ha podido mostrarse bien hacia los otros.
Rinde cuentas tú: el que ha cedido al pecado, es Pedro, el jefe de los Apóstoles, fundamento sólido, la roca indestructible, el guía de la Iglesia, puerto asegurado, la torre inigualable, que había dicho a Cristo: “Aunque tenga que morir no renegaré de ti”( Mt 26,35); él que, por una divina revelación, había confesado la verdad: “Tu eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”.

Ahora bien, el evangelio añade que la noche misma en que Cristo fue entregado..., una joven mujer dice a Pedro: “Tú también, ayer, estabas con ese hombre, y Pedro le responde: “Yo no conozco a este hombre”( Mt 26,69-72)...El, la columna, la muralla, se libra de las sospechas de una mujer...Jesús fija su mirada sobre él... Pedro ha comprendido, se arrepiente de su falta y se pone a llorar. Pero el Señor misericordioso le concede su perdón...

El ha sido sometido al pecado pero la conciencia de su falta y el perdón recibido del Señor le conducen a perdonar a los otros por amor. El ha cumplido así una disposición providencial conforme a la manera de actuar de Dios. El ha hecho que Pedro, a quien la iglesia debía ser confiada, columna de las Iglesias, puerto de la fe, doctor del mundo, se muestre débil y pecador. Era en verdad, para que él pudiese encontrar en su debilidad una razón al ejercer su bondad hacia los otros hombres.

 

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Evangelio según San Mateo 16,13-23.

Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: "¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?". Ellos le respondieron: "Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas". "Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?". Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo". Y Jesús le dijo: "Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo". Entonces ordenó severamente a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías. Desde aquel día, Jesús comenzó a anunciar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén, y sufrir mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar al tercer día. Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo, diciendo: "Dios no lo permita, Señor, eso no sucederá". Pero él, dándose vuelta, dijo a Pedro: "¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres".

 

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La Iglesia "...no tiene miedo a la verdad que emerge de la historia y está dispuesta a reconocer equivocaciones allí donde se han verificado, sobre todo cuando se trata del respeto debido a las personas y a las comunidades. Pero es propensa a desconfiar de los juicios generalizados de absolución o de condena respecto a las diversas épocas históricas. Confía la investigación sobre el pasado a la paciente y honesta reconstrucción científica, libre de prejuicios de tipo confesional o ideológico, tanto por lo que respecta a las atribuciones de culpa que se le hacen como respecto a los daños que ella ha padecido". Juan Pablo II, discurso del 1 de Septiembre 1999

 

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La Iglesia llama a todos a encarnar la fe en la propia vida, como el mejor camino para el desarrollo integral del ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios, y para alcanzar la verdadera libertad, que incluye el reconocimiento de los derechos humanos y la justicia social. A este respecto, los laicos católicos, salvaguardando su propia identidad para poder ser "sal y fermento" en medio de la sociedad de la que forman parte, tienen el deber y el derecho de participar en el debate público en igualdad de oportunidades y en actitud de diálogo y reconciliación. Asimismo, el bien de una nación debe ser fomentado y procurado por los propios ciudadanos a través de medios pacíficos y graduales. De este modo cada persona, gozando de libertad de expresión, capacidad de iniciativa y de propuesta en el seno de la sociedad civil y de la adecuada libertad de asociación, podrá colaborar eficazmente en la búsqueda del bien común.

 

La Iglesia, inmersa en la sociedad, no busca ninguna forma de poder político para desarrollar su misión, sino que quiere ser germen fecundo de bien común al hacerse presente en las estructuras sociales. Mira en primer lugar a la persona humana y a la comunidad en la que vive, sabiendo que su primer camino es el hombre concreto en medio de sus necesidades y aspiraciones. Todo lo que la Iglesia reclama para sí lo pone al servicio del hombre y de la sociedad. En efecto, Cristo le encargó llevar su mensaje a todos los pueblos, para lo cual necesita un espacio de libertad y los medios suficientes. Defendiendo su propia libertad, la Iglesia defiende la de cada persona, la de las familias, la de las diversas organizaciones sociales, realidades vivas, que tienen derecho a un ámbito propio de autonomía y soberanía (cf. Centesimus annus, 45). En este sentido, "el cristiano y las comunidades cristianas viven profundamente insertados en la vida de sus pueblos respectivos y son signo del Evangelio incluso por la fidelidad a su patria, a su pueblo, a la cultura nacional, pero siempre con la libertad que Cristo ha traído... La Iglesia está llamada a dar su testimonio de Cristo, asumiendo posiciones valientes y proféticas ante la corrupción del poder político o económico; no buscando la gloria o los bienes materiales; usando sus bienes para el servicio de los más pobres e imitando la sencillez de la vida de Cristo" (Redemptoris missio, 43). Esta es una continua y permanente enseñanza del Magisterio social, de la así llamada Doctrina social de la Iglesia.

 

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¡Rememos mar adentro! Esa es nuestra respuesta como cristianos: "remar mar adentro", confiando en la palabra y en la presencia vivificante de Jesús,

a ejemplo de Pedro y Pablo. La Iglesia por Cristo fundada está segura en su Señor y, a pesar de las adversidades, calumnias y faltas en la conducta de muchos cristianos, solo ella transporta dos mil años y es faro seguro.

 

Iglesia - En realidad no existe otro debate de mayor calado para la Iglesia en este cambio de siglo. No se discute su aportación humanitaria para aliviar las diversas penalidades de los hombres, ni la legitimidad de sus posibles consuelos, ni la utilidad social de su educación, sino su pretensión de dirigirse a la razón del hombre, de ponerse en juego en el ámbito de lo que el hombre puede reconocer como verdadero. Sin embargo la Iglesia no puede renunciar a esta pretensión, pues "la cuestión de la verdad es la cuestión esencial de la fe cristiana", como afirmó Su Eminencia Joseph Ratzinger en Madrid. Ahí radica la incomprensión de una parte de la cultura moderna; ahí radica también la fundamental novedad del cristianismo y su capacidad para responder a la espera del hombre. 2000

 

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IGLESIA Y JESÚS- . No podemos encontrar a Jesús sin la realidad que Él creó y en la que se comunica. Entre Cristo y la Iglesia no hay contraposición: son inseparables, a pesar de los pecados de los hombres que componen la Iglesia. Por tanto, no puede conciliarse con las intenciones de Cristo un eslogan que hace unos años estaba de moda: -Jesús sí; Iglesia no-”.
El pontífice Benedicto XVI  basó su meditación en el primer capítulo del Evangelio según san Marcos en el que se presenta el llamamiento de Jesús a los doce apóstoles. “La Iglesia -aclaró- comenzó a constituirse cuando unos pescadores de Galilea encontraron a Jesús, se dejaron conquistar por su mirada, por su voz, por su invitación cálida y fuerte: «Venid conmigo, y os haré llegar a ser pescadores de hombres»”. “Precisamente, la luz de ese Rostro se refleja en el rostro de la Iglesia, a pesar de los límites y de las sombras de nuestra humanidad frágil y pecadora”.
”El Jesús individualista es un Jesús de fantasía-añadió-. No podemos encontrar a Jesús sin la realidad que Él creó y en la que se comunica, la Iglesia”.
”Entre el Hijo de Dios, hecho carne y su Iglesia, se da una continuidad profunda, inseparable y misteriosa, en virtud de la cual Cristo se hace presente hoy en su pueblo. Por este motivo, Jesús siempre es nuestro contemporáneo, contemporáneo en la Iglesia, construida sobre el fundamento de los apóstoles, está vivo en la sucesión de los apóstoles. Y esta presencia suya en la comunidad, en la que Él mismo siempre se nos da, es el motivo de nuestra alegría. Sí, Cristo está con nosotros, el Reino de Dios viene” concluyó el Santo Padre una intervención en la que en varios momentos dejó a un lado los papeles para explicar mejor su pensamiento.
CIUDAD DEL VATICANO- Benedicto XVI comenzó en la audiencia general de este miércoles un nuevo ciclo de catequesis dedicado a explicar. 2006-03-15

 

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4 - ¿POR QUÉ SOY CATÓLICO?

 

En que año fueron llamados Católicos los primeros Cristianos

P. ¿De dónde viene el origen de la palabra?
R. Viene del griego Katholikos, que luego se latinizó en Catholicus.

P. ¿Cuál es el significado de la palabra?
R. Significa ´Universal´, que en sí misma significa ´en relación a, o que afecta al mundo entero y a toda la gente en él´. Esto quiere decir: abarcando todo, amplitud de comprensión, general, y el contener todo lo que es necesario. En fin, significa toda la gente en todos los lugares, teniendo todos lo necesario, y por todo el tiempo.

P. ¿Pero es Bíblica?
R. Si lo es. Está en Mateo 28:19-20, "Vayan y hagan discípulos en todas las naciones...enséñenles a cumplir todo lo que les he ordenado; además yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo."
Esta es una declaración de la Universalidad, Katholicos, Catholicus, Católica.

P. He escuchado que la palabra ´Católica´ no fue usada sino hasta cientos de años después de que Jesucristo fundó Su Iglesia.
R. No es cierto. El primer indicio (prueba cierta-apodíctica) del uso de la palabra que pude encontrar está en la carta a los ´Smymeans´, de San Ignacio de Antioquía (del año 106 D.C.), párrafo 8: "Cuando el arzobispo aparece, deja ser a la gente como es, donde está Jesucristo, allí está la Iglesia Católica."
Indudablemente la palabra se utilizaba antes de la época de esta escritura.

P. Algunos dicen que la Iglesia Católica terminó con Constantino (285-337), con el ´Edicto de Milán´ el cual se publicó en el año 313, donde permitía a la Iglesia practicar abiertamente. Otros dicen que es cuando la Iglesia comenzó. ¿Quién dice la verdad?
R. Ninguno tiene la razón. La Iglesia Católica es la verdadera Iglesia fundada por Jesucristo y El garantizó su eternidad, Mateo 28:20, y es sin duda la verdad, 1Timoteo 3:15. Ahora, si alguno de los argumentos en cuestión fuera verdadero, ¿no crees que los Padres de la Iglesia lo hubieran mencionado en algún sitio? Pregúntales a quienes dicen esas cosas que te muestren un documento que lo pruebe.

Interroga y exige a los miembros de las sectas acosantes que presenten documentos históricos para demostrar su existencia. Pues ninguna los tiene porque ninguna existía; fueron todas inventadas posteriormente por los personajes de turno y, algunos muy audaces por cierto en su empeño que, por otro lado, el Señor ya nos advirtió de sus presencias para estar atentos.

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Aquí está lo que los Padres de la Iglesia han dicho. En cada caso la palabra ‘Católica’ es utilizada. Nótese las fechas, atraviesan un siglo antes y después de Constantino. En cada caso la palabra ‘Católica’ es utilizada. El JXXXX refiere a los números de párrafo en "La Fe de los Padres de nuestros tiempos", Por William A. Jurgens.

Iglesia Católica...

Ignacio, Carta a los Smyrneans 8:1-2. J 65. año 106 DC  ca.
Martirio de San Policarpio16:2. J77, 79,80a, 81a, año 155DC
Clemente de Alejandría, Stromateis 7:17:107:3. J435, año 202DC
Cipriano, Unidad de la Iglesia Católica 4-6. J555-557, año 251DC
Cipriano, Carta a Florentino 66:69:8. J587, año 254DC
Lactantius, Instituciones Divinas 4:30:1. *J637, año 304DC
Alejandro de Alejandría, Cartas 12. J680, año 324DC
Anastasio, Carta en el Concilio de Nicea 27. J757, año 350DC
Anastasio, Carta a Serapio 1:28. J782, año 359DC
Anastasio, Carta al Concilio de Rimini 5. J785, año 361DC
Cirilo de Jerusalén, Lecturas Catequéticas 18:1. J836-*839, año 350DC
Dámaso, Decreto de Dámaso 3. J910u, año 382DC
Serapio, El Sacramental13:1. J1239a, año 350DC
Pacian de Barcelona, Carta a Sympronian 1:4 J1243, año 375DC
Agustín, Carta a Vicente el Rogatist 93:7:23. J1422, año 408DC
Agustín, Carta a Vitalis 217:5:16. J1456, año 427DC
Agustín, Salmos 88:2:14, 90:2:1. J1478-1479, año 418DC
Agustín, Sermones 2, 267:4. *J1492, *J1523, año 430DC
Agustín, Sermón a los Catecúmenos en el Credo 6:14. J1535, año 395DC
Agustín, La verdadera Religión 7:12+. *J1548, *J1562, J1564, año 390DC
Agustín, Contra la Carta de Mani 4:5. *J1580-1581, año 397DC
Agustín, Instrucción Cristiana 2:8:12+. *J1584, J1617, año 400DC
Agustín, Bautismo 4:21:28+. J1629, J1714, J1860a, J1882, año 411DC
Agustín, Contra los Pelagians 2:3:5+. *J1892, *J1898, año 421DC
Inocencio I, Carta a Probus 36. J2017, año 417DC
Fulgencio de Ruspe, Perdón de los Pecados 1:19:2, J2251-2252, año 517DC

Las siguientes escrituras atestiguan la antigüedad de la Iglesia Católica

Antigüedad de la Iglesia...

Hermas, El Pastor Vis 2:4:1. J82 año 141-155 DC.
Anónimo Segunda Carta de Clemente a los Corintios 14:2. J105
Clemente de Alejandría, Stromateis 7:17:107:3. J435
Agustín, Carta a Deogratias 102:15. J1428
Agustín, Salmos 90:2:1. J1479
Agustín, Predestinación de Santos 9:18. J1985
Gregorio I, Carta a Juan 5:44:18. J2295 595DC

Los siguientes escritos apoyan la perpetualidad de la Iglesia Católica

Pedro está extenuado, desanimado. Ya ha pasado la noche y el Señor dice a los discípulos, cansados de bregar y decepcionados por no haber pescado nada:  "Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis" (Jn 21, 6). Normalmente los peces caen en la red durante la noche, cuando está oscuro, y no por la mañana, cuando el agua ya es transparente. Con todo, los discípulos se fiaron de Jesús y el resultado fue una pesca milagrosamente abundante, hasta el punto de que ya no lograban sacar la red por la gran cantidad de peces recogidos (cf. Jn 21, 6).

 

La Iglesia por siempre...

Clemente, Carta a los Corintios 42:1,64. J20,29ª - año 80DC ca.
Anónimo, Segunda Carta de Clemente a Roma 14:2. J105
Cipriano, Unidad de la Iglesia Católica 4. J555-556
Cipriano, Carta al Lapsed 33:27:1. J571
Hilario, La Trinidad 7:4. J865 Agustín, Salmos 90:2:1. J1479
Agustín, Sermón a Catecúmenos 6:14. J1535

Los siguientes escritos hablan sobre la fundación de la Iglesia Católica.

Fundación de la Iglesia...

Clemente, Carta a los Corintios 42:1. J20 – año 80 DC ca.
Hermas, El Pastor Vis 2:4:1-3:5:1. J82-84 140DC
Anónimo, Carta de Clemente 14:2. J105
Ireneo, Contra Herejes 3:16:6. J217a
Tertullian, Demurrer Contra los Herejes 9:3. J289
Clemente of Alejandría, Stromateis 7:17:107:3. J435 202DC
Cirpiano, Unidad de la Iglesia Católica 4. J555-556
Cipriano, Carta al Lapsed 33:27:1. J571
Hilario de Poitiers, La Trinidad 7:4. J865
Agustín, Homilías sobre Juan 9:10. J1814

Las siguientes escrituras atestiguan el hecho de que la Iglesia Católica fue asentada en Roma.

La Iglesia asentada en Roma...

Clemente, Carta a los Corintios, Direcciones. J10a año 80DC ca.
Ignacio, Carta a los Romanos, J52
Ireneo, Contra Herejes 3:3:3. J210-211
Cirpiano, Carta a Cornelio 59:55:14. J580
Concilio de Constantinopla, Canon3. J910d
Dámaso, Decreto de Dámaso 3. J910u
Optatus de Melvis, Cisma de Donatists 2:2. J1242

Las siguientes escrituras hablan sobre la Unidad de la Iglesia Católica

Unidad de la Iglesia...

Didache 4:3. J1b Ignacio, Carta a los Filipenses 3:2. J56
Tertullian, Demurrer Contra Herejes 20:4. J292
Cirpiano, Unidad de la Iglesia Católica 4. J555-556

Las siguientes escrituras atestiguan la ´Universalidad´ de la Iglesia Católica.
La Iglesia Católica es verdaderamente ´Universal´ como su nombre implica.

Iglesia Universal...

Didache, 9:1,10:1. J6,7
Clemente, Carta a los Corintios 5:1. J11
Ignacio, Carta a los Efesios 3:2. J38
Martirio de San Policarpio, Direcciones. J77,79,81a
Hermas, El Pastor Par 9:17:4. J93
Anónimo, Carta a Diogenetus 6:1. J97a
Arístides of Atenas, Apología 15. J112
Justino Mártir, Dialogo con Trypho 110. J144
Ireneo, Contra Herejías 1:10:1. J191,192,215,257
El Muratorian Fragmento. J268
Tertullian, Contra los Judíos 7:4. J320a
Clemente de Alejandría, Exhortación a los Griegos10:110:1. J405
Cirilo de Jerusalem, Lecturas Catequéticas 18:23. J838
Dámaso, Decreto de Dámaso 3. J910u

Escrito por Bob Stanley, 9 de octubre de 1998´- PATRIARCA - 2003-07-20

 

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Iglesia evangelizante-2000 años que en catolicidad propone al Cristo Eterno. Dos mil años han pasado desde que "la Palabra se hizo carne, y puso su morada entre nosotros; hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad" (Jn 1, 14). Por eso, elevamos en coro el canto de nuestra alabanza y acción de gracias:  Te Deum laudamus.

Te alabamos, Dios de la vida y de la esperanza.

Te alabamos, Cristo, Rey de la gloria, Hijo eterno del Padre.

Tú, nacido de la Virgen Madre, eres nuestro Redentor; te has convertido en hermano nuestro para la salvación del hombre y vendrás en la gloria a juzgar el mundo al final de los tiempos.

Tú, Cristo, fin de la historia humana, eres el centro de las expectativas de todo ser humano.

A ti te pertenecen los años y los siglos. Tuyo es el tiempo, oh Cristo, que eres el mismo ayer, hoy y siempre. Amén. 31.12.1999

 

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Pablo. Obispo de la Iglesia Católica

 

Amar a Cristo es amar a la Iglesia 

"¿Cómo es posible separar nuestro amor por Jesucristo del que debemos a su Iglesia?

Jesucristo había asociado místicamente en sí a los hijos de los hombres para formar con ellos una única cosa, aun dejando subsistir la personalidad propia de todos aquellos que se unirían a él. Y como en Jesucristo hay una sola persona, así todos los cristianos tienen que formar con El un solo cuerpo. El será la cabeza y ellos los miembros.

La Iglesia es el precio de la sangre de Jesucristo y el objeto de su amor infinito por los hombres. La ha amado más que a su propia vida y, a través de él, es querida por Dios Padre que desde toda la eternidad la había amado hasta dar por ella a su único Hijo:

“Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único” (Io 3,16). 

También el Espíritu Santo, prometido por el Divino Salvador, ha venido para unirse a ella y no separarse nunca más, para ser como su alma, para inspirarla, iluminarla, dirigirla, sostenerla y cumplir en ella las grandes obras de Dios (cfr. Act 2,11).

Todos aquellos que son miembros de la Iglesia viven en la casa espiritual de Dios o, mejor, son ellos mismos la casa, un inmenso templo en el que todo el universo debe entrar y cuyas piedras están todas vivas. (...) Dios mismo ha construido esta casa con cemento divino.

Ahora, queridos hermanos, os preguntamos: no amar con amor filial a la Esposa de Jesucristo que El nos ha dado como Madre, no amar a la familia del Hombre-Dios, su casa viviente, su templo santo, su ciudad terrena, imagen de la ciudad eterna, su reino, su rebaño, la sociedad que ha fundado, en una palabra la obra que ha sido el objeto de toda su actividad y que es el objeto de todas sus complacencias aquí abajo ¿No es cómo no querer amarle?

¿No es un desconocimiento de los planes de su misericordia, de los derechos de su amor y aquellos de su potencia?

¿No es un desconocimiento de él mismo como Salvador, como Redentor de los hombres, como vencedor del infierno y de la muerte, y como el soberano Señor al cual han sido dadas en herencia todas las naciones de la tierra? (cfr. Sal. 2, 8)."

De la “Lettera pastorale” de sant’Eugenio de Mazenod para la cuaresma del 1860.

 

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Iglesia misionera - Durante la reunión que celebramos los capellanes de aeropuertos en Loreto, del 25 al 27 de abril de 1995, una asistente francesa, manifestó que la Iglesia debía de pedir perdón por la pobreza que existe en el tercer mundo. Mons. Sergio Sebastiani, entonces Secretario General del Jubileo 2000, que desarrollaba una ponencia, y que había trabajado muchos años en Mozambique, le contestó: “Usted y yo sí que debemos pedir perdón por lo que no hacemos, pero no la Iglesia. Puedo asegurarle que en Mozambique está el cuarto o el quinto mundo y hay muchísimas zonas a las que no llegan los organismos internacionales ni las ‘ongs’. Allí sólo he encontrado sacerdotes, monjas, religiosos y religiosas, que comparten la pobreza, el hambre y las enfermedades con los nativos”.

 

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La Iglesia es la Iglesia de Jesucristo porque Él es su cabeza. Es la Iglesia que él ha querido y fundado y en la cual él está presente.; la historia de 2000 años ininterrumpidos, habla de Él. Y la quiso católica-universal-global para que todos sean salvados por el amor de Dios.
Precisamente en cuanto cada acto humano pertenece a quien lo hace, cada conciencia individual y cada sociedad elige y actúa en el interior de un determinado horizonte de tiempo y espacio.
Para comprender de verdad los actos humanos y los dinamismos a ellos unidos, deberemos entrar, por tanto, en el mundo propio de quienes los han realizado; solamente así podremos llegar a conocer sus motivaciones y sus principios morales. Y esto se afirma sin perjuicio de la solidaridad que vincula a los miembros de una específica comunidad en el discurrir del tiempo. MM.

 

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Iglesia: domicilio público y sede apostólica en Vaticano - Situado cerca de la orilla derecha del Tíber, corresponde a la Colina Vaticana, el antiguo Ager Vaticanus, en el que se construyeron residencias veraniegas durante la era republicana. Calígula edificó aquí su circo privado, en el que, así como en lo jardines adyacentes, parecen haber sido martirizados los primeros cristianos.  Al norte del circo, en una carretera secundaria, se encontraba una necrópolis en la que estuvo enterrado San Pedro.  Entre los años 324 y 326, Constantino erigió sobre el lugar de la tumba del primer Papa una imponente basílica que fue reemplazada por la actual construida entre los siglos XVI y XVII.

 

El entero territorio del Estado de la Ciudad del Vaticano se encuentra bajo la protección del Tratado de La Haya, del 14 de marzo de 1954, relativo a la salvaguardia de los bienes culturales en caso de conflicto armado.  La Ciudad del Vaticano está reconocida por lo tanto – también en ámbito de la disciplina internacional – como patrimonio moral, artístico y cultural digno de ser respetado y protegido como un tesoro para toda la humanidad.  Desde 1984 el Estado de la Ciudad del Vaticano forma parte de la lista de lugares reconocidos como Patrimonio de la Humanidad.

 

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La Iglesia cree que Cristo, muerto y resucitado por todos, da al hombre luz y fuerzas por su Espíritu, para que pueda responder a su máxima vocación.

 

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5 - ¿POR QUÉ SOY CATÓLICO?

 

La Cabeza de la Iglesia.

El servicio jerárquico en la Iglesia es reconocido por los católicos, los ortodoxos orientales separados de Roma desde el 1054, y muchos protestantes. Sólo lo rechazan los racionalistas.
Además de jerárquica, Cristo la quiso también monárquica, ya que Jesús confirió la plenitud de poderes pastorales (el primado de jurisdicción) a un apóstol determinado, a Pedro, constituyéndolo cabeza visible de la Iglesia fundada por El.

El problema del primado de Pedro se centra en la interpretación del famosísimo pasaje del Evangelio de San Mateo (16, 13-20):

"Al llegar Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos: ¿Quien dice la gente que es el Hijo del hombre? Ellos dijeron: Unos, que Juan Bautista; otros que Elías; otros, que Jeremías o uno de los profetas. El les dijo: Vosotros, ¿quien decís que soy yo? Tomando la palabra Simón, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo. Jesús le respondió: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Juan, porque no te lo ha revelado la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Yo te digo que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Te daré las llaves del reino de los cielos, y lo que atares en la tierra será atado en los cielos, y lo que desatares en la tierra, será desatado en los cielos.

Entonces ordenó a sus discípulos que no dijesen a nadie que El era el Cristo".
Pocos textos de la literatura universal han sido sometidos a crítica más severa y apasionada que este, ya que interpretarlo en un sentido o en otro repercute en su significado doctrinal y práctico. Para desvalorizar el texto la crítica acatólica ha tratado de negar su autenticidad o de darle una interpretación que no tuviese nada que ver con el primado de jurisdicción.

Hasta finales del siglo pasado ningún exegeta protestante o racionalista había puesto en duda la autenticidad literaria del texto de Mateo; ni Lutero, ni Calvino, ni racionalistas tan radicales como Strauss, o Baur. Solamente hacia finales del siglo XIX y primeros decenios del siglo XX Grill, Schnitzer, Guignebert, Loisy y Buonaiuti comenzaron a hablar de interpolación. Según su opinión una competente mano cristiana había añadido al texto al evangelio de Mateo entre el año 130 y 190 para justificar el primado de la Iglesia romana, atribuyéndolo después a Cristo. Fundamentaron su tesis en la imposibilidad del hecho mismo, ya que Jesús no podía pensar en una iglesia monárquica porque creía que el fin del mundo era inminente. También era difícil creer que Jesús confiara tal misión a un hombre tan débil como Pedro. Confirmaron además su sentencia en el hecho que Marcos y Lucas nada dicen en su evangelio de la promesa del primado de Pedro en el mismo episodio de Cesarea de Filipo.

Esta teoría no es válida porque este texto del primado de Pedro no falta en ninguno de los 4000 códices anteriores al siglo IX; ni en los códices de las versiones hechas durante los primeros siglos, ni en la primera "Armonía Evangélica" de Taciano (70), ni en los Padres de la Iglesia anteriores al siglo IV. Además en la antigua iconografía cristiana y en la liturgia siempre se representa a Pedro con las llaves, alusión clara del texto de Mateo.

Otro argumento para desmentir la teoría racionalista es que resulta incomprensible que una interpolación hecha con fines propagandísticos se haya realizado sólo en el primer evangelio y no en los otros dos sinópticos también. Una armonía en este sentido hubiera dado al truco mayor credibilidad y más colaboración al fin que se pretendía alcanzar.

Ante tal evidencia la crítica protestante ha perdido mucha de su seguridad aunque subsiste todavía la objeción ciertamente consistente del silencio de los sinópticos en los lugares paralelos.

¿Por que no aparece el texto en Marcos y Lucas? El historiador Eusebio (siglo IV) resolvió esta duda recurriendo a un sentido de modestia de Pedro, quien, al predicar en Roma, pasó por alto, por motivos de humildad, un episodio tan honorífico. Esta es la razón por la que Marcos, que transcribe la predicación de Pedro, no lo registra y consiguientemente tampoco Lucas que sigue el orden de Marcos.

Así, podemos señalar que el silencio de uno o más evangelistas no quitan valor a las afirmaciones del otro.

Una vez desmentida la teoría de la interpolación, otros eruditos protestantes y racionalistas usan las hipótesis de las evoluciones espirituales que les sugieren los principios del "método de la historia de la forma". Según esto, el texto es original de Mateo, quien envuelve a Pedro en una aureola de preeminencia que fácilmente la conciencia cristiana transformó en primado de autoridad.

Mateo escribe lo que le sugiere la evolución espiritual producida en su alma; ya que Cristo no tenía intención de fundar una Iglesia pero esta estaba surgiendo de sus doctrinas espontáneamente al momento en que se escribía este evangelio.

Según el presupuesto racionalista, Jesús, un israelita, no podía concebir una sociedad distinta de la sinagoga de la que era hijo. Esto significa negar su divinidad. Además, ¿cómo podrían haber concebido la Iglesia los primeros apóstoles, especialmente San Pablo, que eran también hebreos y muy simpatizantes de sus instituciones nacionales?

Mateo no idealiza la figura de Pedro, ya que nos relata que inmediatamente después de la gran confesión de la divinidad de Jesús que da ocasión al Maestro de proclamarlo fundamento de la Iglesia lo llama también "Satanás" porque intentó disuadirlo de la pasión y muerte (Mt. 16, 23). Nos da a conocer también la triple negación de Pedro mostrando que era un hombre débil (Mt. 26, 69-75).

Asimismo, la crítica protestante ha querido interpretar el texto de Mateo excluyendo la persona de Pedro. Una exégesis semejante falsifica por completo su sentido, ya que Jesús repite dos veces:

"Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificare mi Iglesia". El texto aramaico del que depende la traducción griega de Mateo debía emplear el mismo termino (Kefa) en el primero y segundo miembro de la proposición para indicar la identidad de personas. Para indicar que se trata de la persona de Pedro Jesús menciona incluso el nombre del padre del apóstol: “Bienaventurado eres, Simón, hijo de Juan ..."

Tampoco es convincente el motivo aducido por los racionalistas, es decir, la imposibilidad de elegir como fundamento de la Iglesia a una persona tan débil como Pedro. Jesús no escogió a Pedro por sus cualidades naturales. Será la gracia de Cristo quien lo convierta en roca inconmovible y segura. No es pues extraño que Jesús, consciente de ser el Mesías, el Hijo del hombre profetizado por Daniel (Dan.7, 13) pudiese pensar en una comunidad, la Iglesia, y fundamentarla sobre Pedro.

Resuelto el problema sobre la persona de Pedro, veremos ahora el del primado que Cristo le prometió. Para definirlo Cristo empleó tres metáforas:

Metáfora del Fundamento.- Jesús compara a Pedro a los cimientos de una casa, los cuales dan cohesión y estabilidad a las diversas partes entre sí. Si son sólidos, la casa será compacta y firme; si son débiles, la derribará la primera tempestad. El mismo Jesús recordó esta función del fundamento en la parábola del hombre que edificó su casa sobre piedra; mientras la casa fundamentada en la arena se abate ante el empuje de la tempestad la construida en piedra resiste firme (Mt. 7, 24-27). Si Pedro es el fundamento de la Iglesia debe ser la causa de su unidad y estabilidad. Por lo tanto, tiene la autoridad o potestad de jurisdicción.
Metáfora de las Llaves.- La potestad de jurisdicción de Pedro también está en la segunda metáfora: "Te daré las llaves del Reino de los cielos" (Mt. 16, 19). Las llaves en lenguaje bíblico y profano son el símbolo del dominio. El que tiene las llaves de una sociedad posee la potestad de jurisdicción. Otros ejemplos en la Biblia son:
Cuando Isaías quiere expresar la substitución de Sobna que ocupaba un alto cargo administrativo en la corte de Ezequías por Eliaquim emplea la metáfora de las llaves (Is. 22,19-22)
En el Apocalipsis se aplica la metáfora al mismo Cristo para indicar su dominio soberano (Ap. 3, 7).
Metáfora de Atar y Desatar.- Esta imagen significa también la misma potestad de jurisdicción, ya que atar y desatar es lo mismo que poner o quitar un lazo. En nuestro caso significa abolir las leyes que obligan en conciencia, porque las leyes son.
El único vínculo moral que aprisiona a los hombres. La potestad de jurisdicción es monárquica sobre Pedro porque Cristo se dirige a el y no a los otros apóstoles. Su poder es ilimitado porque no da cuentas más que a Dios. En esta potestad está implícita la infalibilidad.

Ante la teoría protestante de los extractos (Schichtentheorie), que concibe la Iglesia como era el día de Pentecostés, algo incompleto, rudimentario, que va construyéndose poco a poco, y donde Pedro es el principio, el punto de arranque de un edificio, la Iglesia, que se va construyendo en el curso de los siglos hasta que llegue la segunda venida de Cristo. Por eso el poder que se le confiere no es de jurisdicción. Esta teoría no es válida porque la Iglesia desde el primer día de su existencia aparece ya como un organismo viviente que, aunque crece y se desarrolla, es, sin embargo completa en sus partes, como es completo el cuerpo de un adolescente que tiende a la juventud y madurez.

Cristo lo confirma después de su resurrección cuando se aparece a los discípulos en el lago de Tiberiades. Le pregunta a Pedro si lo ama tres veces y le dice que apaciente sus ovejas (Jn.. 21, 15-18) .

Le deja ver sus tres negaciones la noche de la Pasión, que ahora Jesús quiere borrar con esta triple afirmación de fe y de amor. El apóstol ha cambiado; la presunción e impetuosidad han desaparecido: ahora Pedro es humilde y desconfía de sí mismo. Es "pastor" de un rebaño confiado a el por Dios. El sentido bíblico de "apacentar" y de "pastor" es el de una prerrogativa del rey, es decir, a aquél que tiene el poder de jurisdicción. Ejemplos:

El Antiguo Testamento llama a Dios "pastor" (Sal. 23, 1) y los reyes son los representantes.
"Así habla Yahvé, Dios de Israel, sobre los pastores que guían a mi pueblo: "Vosotros habéis dispersado mi rebaño..." (Jer.23,2)
"Yo les suscitare un pastor que los apaciente, mi siervo David" (Ez. 34, 23).
Jesús se llama el "buen pastor" (Jn.. 10, 11).
Incluso en el mundo profano, Homero llama a Menelao "pastor de pueblos".
Por eso Jesús, constituyendo a Pedro pastor de su rebaño, de los hombres redimidos por El, le entrega el poder de jurisdicción sobre ellos, ilimitado en su orden. Así pues Pedro es el vicario de Cristo en el sentido pleno de la palabra.

Pedro ocupa una posición preeminente en el Nuevo Testamento. Encontramos su nombre 114 veces en los cuatro evangelios y 57 en los Hechos de los Apóstoles. Jesús pone de relieve la figura de su futuro vicario:
Lo elige después de hacer ante el un gran milagro (Lc. 5, 1-11).
Se sirve de su barca para predicar a las gentes (Lc. 5, 3).
Se hospeda en su casa (Mc. 1, 29).
Sana a su suegra (Mt. 8, 15).
Lo asocia en el pago al tributo (Mt. 17, 24-27).
Lo elige con Santiago y Juan para asistir a la resurrección de
la hija de Jairo (Mc. 5, 37), a la transfiguración (9, 2) y a
la agonía en el Getsemaní (14, 33).
Es al primero que lava los pies en la última cena (Jn.13,6). 8) Es al que primero se aparece resucitado (Lc. 24, 34).
Es al único de los doce que nombra para que se le comunique el
mensaje de Pascua (Mc. 16, 7).
La importancia que Jesús concede a Pedro se manifiesta particular mente en el hecho de cambiarle de nombre: "Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú serás llamado Cefas (que significa piedra) (Jn.1,42).

El hecho lo recoge también Marcos (3,16). El cambio de nombre entre los hebreos tenía un carácter simbólico. Como Abram fue llamado Abraham porque sería padre de muchos pueblos (Gen. 17, 5), así a Simón se le llama Pedro porque sería la piedra angular de la Iglesia, el apoyo de sus hermanos en la fe (Lc. 22, 31-32).

Por su parte Pedro durante la vida pública del Maestro se da cuenta de su importancia aún cuando no había comprendido todavía la misión a que estaba destinado. Es el intérprete ante Jesús de los sentimientos de los otros apóstoles. Después de la pesca milagrosa es el que expresa el asombro de todos (Lc. 5, 8) ; cuando Jesús promete la Eucaristía muchos son los discípulos que lo abandonan pero Pedro se encarga de ratificar al Maestro su solidaridad y la de los doce (Jn. 6, 68) . Si en la pequeña comitiva asoma una duda Pedro la expone a Jesús (Lc. 12, 41; Mt. 15, 15).

Y hay que notar que no es únicamente Mateo, el evangelista del primado, el que subraya la importancia de Pedro sino que son todos los sinópticos. Juan se ocupa menos de Pedro, pero es por el carácter peculiar de su evangelio. No obstante recuerda el cambio de nombre (1, 42) y la entrega del primado (21, 2 ss.).

Después de la Ascensión de Jesús y la venida del Espíritu Santo, Pedro se dedica por completo al ejercicio de sus funciones:

Propone completar el colegio de los doce con la elección de Matías (He. 1, 15 ss.).
El día de Pentecostés habla en nombre de los otros apóstoles (2, 14 ss.).
Defiende ante las autoridades judías el derecho que tienen a predicar (4,8 ss.).
Condena a Ananías y Safira (5,1-11).
Inicia la conversión de los paganos admitiendo a Cornelio en la Iglesia (10,47).
Preside el concilio de Jerusalén (15,11 ss.).
San Pablo en sus cartas atribuye suma importancia al jefe de los apóstoles:

Después de los años pasados en Arabia viene a Jerusalén para ver a Pedro (Gál.1,18) .
Reconoce que es una de las columnas de la Iglesia (Gál.2, 9).
Lo coloca el primero en las apariciones de Cristo resucitado (I .15,5).
Incluso en el incidente de Antioquía donde Pablo censura el comportamiento de Pedro (Gál.2,11ss.), confirma el primado de este, ya que reconoce su autoridad.
El problema de la sucesión de Pedro es la gran controversia que desde hace 900 años divide la cristiandad occidental de la oriental (ortodoxa) y desde hace 400 a los católicos de los protestantes.

Jesús no habló explícitamente de los sucesores de Pedro pero el motivo de este silencio se debe buscar en el hecho que Jesús quería tener oculto el día de la parusía. Si hubiese hablado claramente de los sucesores se habría visto obligado a decir que la parusía no vendría tan pronto, mientras prefería dejar la cosa en suspenso.

Recordemos una vez más las palabras de Jesús: "Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificare mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella..." (Mt. 16, 18) .¿ La expresión "contra ella" se refiere a la piedra sobre la que la Iglesia está fundada o a la misma Iglesia? ¿Contra quien no prevalecerán las puertas del infierno, las potencias del mal, contra la piedra o contra la Iglesia? Cualquiera que sea la respuesta el sentido viene a ser el mismo en los dos casos. Si se refiere a la piedra entonces debemos concluir que esta y, por consiguiente Pedro con quien se identifica, no podrá morir ni sucumbir ante ninguna potencia del mal. De ser así el apóstol tendrá necesariamente sucesores, pues, su persona física morirá dentro de pocos años y Jesús lo conoce tan bien que predice incluso el modo (Jn.. 21, 18) .

Pero Pedro debe tener sucesores aun en el supuesto que "contra ella" se refiere a la Iglesia. ¿Por que las potencias del mal no podrán destruir la Iglesia? La respuesta nos la da el contexto: porque está fundada en una roca bien firme, Pedro. En un cierto sentido el es la causa que impedirá toda destrucción en la Iglesia. Por tanto si Pedro es un hombre destinado a morir después de unos años de haber recibido la promesa de Cristo mientras la Iglesia continuará hasta el fin de los tiempos, significa que la piedra fundamental que garantiza su unidad y solidez no es Pedro en cuanto persona física sino en cuanto revestido de una autoridad que se continuará en sus sucesores cuando el desaparezca. La Iglesia no está fundada sobre una persona sino sobre un oficio encarnado en una persona determinada y destinado a persistir en una serie indefinida de eslabones hasta el día que Jesús vuelva a juzgar vivos y muertos. Por tanto Pedro continuará viviendo en sus sucesores, desempeñando su oficio de roca incluso cuando su persona física haya dejado la escena del mundo.

Para determinar quien es el sucesor de Pedro debemos fijarnos en la historia. Si debe existir un sucesor de Pedro no puede ser otro que el obispo de Roma, el Papa, la única persona en el mundo que se proclama sucesor de Pedro desde hace veinte siglos y por consiguiente vicario de Cristo. La sede es Roma debido a que Pedro después de haber gobernado las sedes episcopales de Jerusalén y Antioquía eligió a Roma como sede definitiva, determinando así que quien le sucediese en la Iglesia de Roma le sucedería también en el gobierno de la Iglesia universal.

La estancia de Pedro en Roma es uno de los hechos más ciertos y al mismo tiempo más discutidos de la historia eclesiástica. En el Nuevo Testamento no indica claramente que Pedro haya estado en Roma, quizá por precaución por la persecución existente, pero tampoco la excluye. Después de la persecución de Herodes los Hechos de los Apóstoles dicen que Pedro marchó a "otro lugar" (12, 18) , sin precisar más, pero sabemos por la antigua tradición que este "otro lugar" fue Roma, aunque desconozcamos los motivos que indujeron a Lucas a ocultarlo.

Sin embargo, hay varios testimonios históricos demostrados

que confirman la estancia de Pedro en Roma:

El mismo apóstol en su primera carta escribe: “Os saluda la Iglesia de Babilonia" (I Pe. 5, 13). Babilonia es un nombre alegórico para la ciudad de Roma en la literatura apocalíptica de entonces. El Apocalipsis llama a Babilonia ciudad emborrachada de la sangre de los santos y de los mártires de Jesús (17, 5 ss.).
Clemente Romano (96), obispo de Roma, en su carta a los Corintios recuerda el martirio de Pedro y Pablo en Roma.
Ignacio de Antioquía en su carta a los Romanos (107) recuerda expresamente a Pedro y Pablo: "NO os mando como Pedro y Pablo".
Dionisio de Corinto en un fragmento de la "Historia Eclesiástica" de Eusebio, alude al martirio de Pedro y Pablo en Italia y por consiguiente en Roma.
El presbítero Cayo, escribiendo contra el montanista Proclo que exaltaba Hierápolis por tener la tumba del diácono Filipo, ensalza la autoridad e importancia de Roma porque en el Vaticano y en la vía Ostiense se encuentran los "trofeos", es decir las tumbas, de los apóstoles.
San Ireneo, obispo de Lión (hacia el 200), alaba la iglesia de Roma porque la habían fundado y organizado Pedro y Pablo (Adversus Haereses III,3, 2).
A partir del siglo tercero los testimonios abundan en toda la cristiandad sin que aparezca nunca quien contradiga esta opinión. No obstante la importancia de Pedro, ninguna ciudad antigua, ni siquiera Antioquía, intentó nunca el honor de ser el lugar del martirio y de su sepultura. Hasta las exuberantes leyendas de los evangelios apócrifos no colocan nunca a Pedro actuando en otra ciudad distinta de Roma.

Pedro escogió Roma para sede episcopal determinando así que el que le sucediese en Roma le sucedería también en la dirección de toda la Iglesia. El hecho de la venida del príncipe de los apóstoles a la ciudad eterna y de su episcopado romano son el fundamento histórico del primado del Papa en la Iglesia Universal. Jesús no precisó ni el lugar, ni el modo, ni la sucesión, así que Pedro era libre de determinar en este sentido.

La historia confirma el primado de Pedro en la Iglesia Universal. Las otras iglesias siempre se dirigen a Roma cuando surgen problemas o es necesario hacer aclaraciones:

Clemente, obispo de Roma y tercer sucesor de Pedro, a finales del siglo I, habla a los Corintios sublevados contra sus presbíteros y obtiene su obediencia aún siendo una iglesia oriental fundada por Pablo. Tenían más cerca en Éfeso a Juan Evangelista y, sin embargo, se dirigen a Roma. Clemente escribe no como mediador sino como superior.
El Papa Víctor hacia el 190 amenaza con excomunión a las iglesias de occidente y oriente que no acataran su mandato sobre el día en que se debía celebrar la Pascua del Señor. Nadie discute su autoridad.
El Papa Esteban (siglo III) apela a la tradición y logra la obediencia de todas las iglesias y logra la unidad cuando se presenta el problema de la validez del bautismo conferido por los herejes.
Durante los tres primeros siglos todos recurren a Roma para cualquier problema:

Herejes como Marción, Cerdón, Proclo de Hierápolis, acuden al Papa para que apruebe sus ideas.
Obispos como Basílides y Marcial de España, Faustino de Lión, Felicísimo, Pedro de Alejandría y en el siglo IV Atanasio, piden ayuda al Papa cuando ven en peligro sus derechos.
Grandes figuras como Ignacio de Antioquía y San Irineo saludan a Roma como la "que preside".
De todo esto podemos sacar una conclusión sencilla y a la vez importantísima:

«Jesus Christus, unus mundi Salvator, heri et hodie idem et in saecula» proclama la Iglesia de Jerusalén en sus primerísimos pasos apostólicos y católicos, según el mandato de Jesus Christus.

 

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Tras veinte siglos de vida de la Iglesia, algunos todavía no creen que la promesa de Jesús de estar con la Iglesia «cada día, hasta el fin de los tiempos», no sólo es fe, sino historia, pues ésta demuestra que ideologías, imperios y fuerzas políticas de todo tipo han pasado a ser una página de la historia, y que la Iglesia sigue, no sólo existiendo, sino creciendo.

 

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Dos mil años de evangelización - En el monte de los Olivos, el día de la Ascensión, antes de subir al Padre, Jesús pronunció la profecía de la evangelización: «Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura» (Mc 16, 15).

«En estas palabras está contenida la proclama solemne de la evangelización» Juan Pablo II. Los discípulos del divino Redentor acogieron esta consigna y desde entonces, a lo largo de la historia y en todos los meridianos del orbe, la Iglesia se torna católica catolizando, y no ha hecho otra cosa que ejecutar el mandato de su Señor: evangelizar. «Evangelizare Iesum Christum»: «Anunciar a Jesucristo» (cf. Ga 1, 16), como se expresa san Pablo con frase lapidaria y emblemática.

 

La Iglesia es en la historia una anticipación del reino de Dios, y lo demuestra también por ser católica, es decir, universal.

La Iglesia es tan bíblica como "eclesiástica" es la Biblia: universal-católica como la Iglesia. La Iglesia es notablemente lógica y notablemente bíblica: En tanto que su razón de existir, su composición, sus funciones y su papel son enseñados y defendidos por la Escritura.
Es bíblica en tanto que ENSEÑA la doctrina cristiana basándose en la Escritura.
La Biblia es "eclesiástica": En tanto que (el N.T.) fue escrito por Apóstoles y maestros de la Primitiva Iglesia Cristiana. Es "eclesiástica" en tanto que es compilada, ordenada, traducida, preservada y difundida por la Iglesia Cristiana. Y es "eclesiástica" en tanto que reconoce y somete la interpretación de sus textos a la Iglesia, el instrumento de Dios para enseñar la fe, en la naciente y para siempre ‘Iglesia católica’, hoy peregrina en un valle de lágrimas, mañana triunfante en Cristo.

No impulsa a la Iglesia ambición terrena alguna. Sólo desea una cosa: continuar, bajo la guía del Espíritu, la obra misma de Cristo, quien vino al mundo para dar testimonio de la verdad, para salvar y no para juzgar, para servir y no para ser servido.

 

Entre el Hijo de Dios encarnado y su Iglesia existe una profunda, inseparable y misteriosa continuidad, en virtud de la cual Cristo está presente hoy en su pueblo. Es siempre contemporáneo nuestro, es siempre contemporáneo en la Iglesia construida sobre el fundamento de los Apóstoles, está vivo en la sucesión de los Apóstoles. Y esta presencia suya en la comunidad, en la que él mismo se da siempre a nosotros, es motivo de nuestra alegría. Sí, Cristo está con nosotros, el Reino de Dios viene. S.S.Benedicto PP XVI-2006.03.15, en San Pedro-Vat.

 

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Iglesia de Cristo - ¿Por qué decimos que la Iglesia es Romana?

Un hecho histórico vino a poner esta nota en la Iglesia de Cristo: San Pedro, el primero entre los Apóstoles, fue a Roma y ahí murió, crucificado en cruz invertida.

En los Evangelios aparece San Pedro con un lugar muy importante entre sus compañeros apóstoles, esta primacía es confirmada por Cristo resucitado. En los Hechos es quien tiene la dirección principal de la Iglesia naciente. Así se le consideró como signo de ser la Iglesia de Cristo el estar en comunión con Pedro. San Pablo mismo que tiene una parte tan importante en la propagación del cristianismo primitivo, confiesa que después de su conversión fue a estar unos 15 días con Pedro, no fuera a suceder que su mensaje no estuviera de acuerdo con él.

Este puesto importante de Pedro en toda la Iglesia lo sigue teniendo el sucesor de Él, en Roma, porque ahí murió en el año 64/7ca. dando su vida por Cristo como testimonio final de su amor al Maestro. Fue enterrado en la colina vaticana de la ciudad de roma-Italia, bajo Nerón. Conocemos los nombres de todos los sucesores de Pedro hasta el presente. Hoy también los cristianos conservamos la comunión con la Iglesia de Roma. Por eso decimos que la Iglesia es Romana.

 

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Iglesia – de hombres pecadores. Por desgracia, en el seno de la Iglesia, que está constituida por hombres, no faltan los pecadores, sobre todo cuando no se vive el precepto de la caridad, que es esencial y es el primero para un cristiano. De este modo se produce un antitestimonio de Jesucristo. La muchedumbre inmensa de los mártires testifica con su sangre la fidelidad de la Iglesia a Jesucristo, porque, aunque haya en ella pecadores, es a la vez una Iglesia de mártires, es decir, de cristianos auténticos, que han practicado su fe en Cristo y su caridad hacia los hermanos, incluidos los enemigos, hasta el sacrificio, no sólo de su vida, sino también con frecuencia de su honra, habiendo tenido que soportar humillaciones tremendas, entre otras la de ser tachados de traidores y farsantes.

Faltas del pasado - No podemos ocultar que muchos que profesaban ser discípulos de Jesús han cometido errores a lo largo de la historia. Con frecuencia, ante problemas graves, han pensado que primero se debía mejorar la tierra y después pensar en el cielo. La tentación ha sido considerar que, ante necesidades urgentes, en primer lugar se debía actuar cambiando las estructuras externas. Para algunos, la consecuencia de esto ha sido la transformación del cristianismo en moralismo, la sustitución del creer por el hacer. Por eso, mi predecesor de venerada memoria, Juan Pablo II, observó con razón: «La tentación actual es la de reducir el cristianismo a una sabiduría meramente humana, casi como una ciencia del vivir bien. En un mundo fuertemente secularizado, se ha dado una “gradual secularización de la salvación”, debido a lo cual se lucha ciertamente en favor del hombre, pero de un hombre a medias, reducido a la mera dimensión horizontal. En cambio, nosotros sabemos que Jesús vino a traer la salvación integral»[Enc.Redemptoris missio.]

S.S. Benedicto PP XVI: MMVI.

 

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Ministerio del obispo de Roma, símbolo de unidad para la Iglesia universal.
«Con la unidad, así como con la apostolicidad, está unido el servicio petrino, que reúne visiblemente a la Iglesia en todas las partes y en todos los tiempos, defendiendo de esta manera a cada uno de nosotros para que no resbalemos en falsas autonomías, que demasiado fácilmente se transforman en internos particularismos de la Iglesia y pueden comprometer de esta forma su interna independencia». S. S. Benedicto XVI – P.P.

 

El palio es el signo de la particular unión con la sede de Roma.

«Catolicidad significa universalidad, multiplicidad que se convierte en unidad; unidad que permanece en multiplicidad», afirmó Benedicto XVI. 2005-06.29

 

«La unidad de los hombres en su multiplicidad ha sido posible porque Dios, este único Dios del cielo y de la tierra, se nos ha mostrado», «se ha hecho visible cuando Él se ha mostrado a nosotros y en Jesucristo nos ha hecho ver su rostro, a sí mismo».

«En esta hora del mundo llena de escepticismo y de dudas, paro también rica de deseo de Dios, reconozcamos nuevamente nuestra misión de testimoniar juntos a Cristo Señor y, sobre la base de esta unidad que ya se nos ha dado, de ayudar al mundo para que crea». 

«Y suplicamos al Señor con todo el corazón para nos guíe a la unidad plena de manera que el esplendor de la verdad, que solamente puede crear la unidad, se convierta de nuevo visible en el mundo». S. S. Benedicto XVI – PP. 2005.06.29

 

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Iglesia - No hay duda de que también la Iglesia pueda y deba ser más democrática, esto es, que los laicos deban tener más voz en la elección de los pastores y en el modo en que ejercen su función. Pero no podemos reducir, en todo, la Iglesia a una sociedad regida democráticamente. Ella no es decidida desde abajo, no es algo que los hombres ponen en pié por iniciativa propia, para su bien. ¡Si sólo fuera eso, ya no habría necesidad de la Iglesia, bastaría el Estado o una sociedad filantrópica! La Iglesia es institución de Cristo. Su autoridad no viene del consenso de los hombres; es don de lo alto. Por ello, incluso en la forma más democrática que podamos desear para la Iglesia, permanecerá siempre la autoridad y el servicio apostólico, que no es, o no debería ser jamás, superioridad, dominio, sino servicio «gratuito», dar la vida por el rebaño, como dice Jesús hablando del buen pastor.

Evangelio de san Juan habla de «tres obstáculos para el hombre: la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida» y reza para destruir «el poder de las ideologías, para que los hombres puedan reconocer que están entretejidas de mentiras» y para que «el muro del materialismo» no «llegue a ser insuperable». El Cardenal Ratzinger despliega una visión crítica de la labor de ciertos miembros de la Iglesia: «¡Cuánta suciedad en la Iglesia y entre los que, por su sacerdocio, deberían estar completamente entregados a él! ¡Cuánta soberbia, cuánta autosuficiencia!», escribió el purpurado para la novena estación del Vía Crucis, la tercera caída de Jesús. 2005-03-25 Viernes Santo-Colina vaticana, Roma- Italia.

 

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Iglesia -La acogida del Magisterio - El anuncio del Evangelio constituye el primer y fundamental compromiso de la Iglesia. Ciertamente, el testimonio de vida es la primera palabra con la que se anuncia el Evangelio; sin embargo, no es suficiente. El anuncio claro es necesario para mover el corazón a adherirse a la Buena Noticia de la salvación.
Un tema ya afrontado en otras ocasiones es el de la recepción de los documentos magisteriales por parte de los fieles católicos, desorientados con frecuencia, más que informados, a causa de las reacciones e interpretaciones inmediatas de los medios de comunicación.
En realidad, la recepción de un documento, más que un hecho mediático, debe considerarse, sobre todo, como un acontecimiento eclesial de acogida del Magisterio en la comunión. Se trata de una palabra autorizada que arroja luz sobre una verdad de fe o sobre algunos aspectos de la doctrina católica, contestados o mal interpretados por determinadas corrientes de pensamiento. Precisamente, en esta valencia doctrinal se encuentra el carácter profundamente pastoral del documento, cuya acogida se convierte, por tanto, en una ocasión propicia de formación, de catequesis y de evangelización.
Para que la recepción se convierta en un auténtico acontecimiento eclesial, conviene prever maneras oportunas de transmisión y de difusión del mismo documento, que permitan su pleno conocimiento, ante todo, por parte de los pastores de la Iglesia, como enseñanza que contribuye a formar la conciencia cristiana de los fieles ante los desafíos del mundo de hoy.
(6-II-2004)

 

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Iglesia -La Iglesia no se edifica sobre comités, juntas o asambleas. La palabra y la acción de sus miembros salvarán al mundo en la medida en que estén conectados con el sacrificio redentor de Cristo, actualizado en el misterio eucarístico, que aplica toda su fuerza salvífica. Toda palabra que se oye en la Iglesia, sea docente, exhortativa, autoritativa o sacramental, sólo tiene sentido salvífico, y edifica la Iglesia, en la medida en que es preparación, resonancia, aplicación o interpretación de la "protopalabra" [48]: la palabra de la “anamnesis” ("hoc est enim corpus meum...") que hace sacramentalmente presente al mismo Cristo y su acción redentora eternamente actual, al actualizar el sacrificio del Calvario para que se realice la obra de la salvación con la cooperación de la Iglesia, su esposa.

 

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Cristo vive en su Iglesia 

"No hay duda, amadísimos hermanos, que el Hijo de Dios, habiendo tomado la naturaleza humana, se unió a ella tan íntimamente, que no sólo en aquel hombre que es el primogénito de toda creatura, sino también en todos sus santos, no hay más que un solo y único Cristo; y, del mismo modo que no puede separarse la cabeza de los miembros, así tampoco los miembros pueden separarse de la cabeza. 

Aunque no pertenece a la vida presente, sino a la eterna, el que Dios sea todo en todos, sin embargo, ya ahora, él habita de manera inseparable en su templo, que es la Iglesia, tal como prometió él mismo con estas palabras: Mirad, yo estaré siempre con vosotros hasta el fin del mundo. Por tanto, todo lo que el Hijo de Dios hizo y enseñó con miras a la reconciliación del mundo no sólo lo conocernos por el relato de sus hechos pretéritos, sino que también lo experimentamos por la eficacia de sus obras presentes. 

Él mismo, nacido de la Virgen Madre por obra del Espíritu Santo, es quien fecunda con el mismo Espíritu a su Iglesia incontaminada, para que, mediante la regeneración bautismal, una multitud innumerable de hijos sea engendrada para Dios, de los cuales se afirma que traen su origen no de la sangre, ni del deseo carnal, ni de la voluntad del hombre, sino del mismo Dios. Es en él mismo en quien es bendecida la posteridad de Abrahán por la adopción del mundo entero, y en quien el patriarca se convierte en padre de las naciones, cuando los hijos de la promesa nacen no de la carne, sino de la fe. Él mismo es quien, sin exceptuar pueblo alguno, constituye, de cuantas naciones hay bajo el cielo, un solo rebaño de ovejas santas, cumpliendo así día tras día lo que antes había prometido: Tengo otras ovejas que no son de este redil; es necesario que las recoja, y oirán mi voz, para que se forme un solo rebaño y un solo pastor. 

Aunque dijo a Pedro, en su calidad de jefe: Apacienta mis ovejas, en realidad es él solo, el Señor, quien dirige a todos los pastores en su ministerio; y a los que se acercan a la piedra espiritual él los alimenta con un pasto tan abundante y jugoso, que un número incontable de ovejas, fortalecidas por la abundancia de su amor, están dispuestas a morir por el nombre de su pastor, como él, el buen Pastor, se dignó dar la propia vida por sus ovejas. 

Y no sólo la gloriosa fortaleza de los mártires, sino también la fe de todos los que renacen en el bautismo, por el hecho mismo de su regeneración, participan en sus sufrimientos. Así es como celebramos de manera adecuada la Pascua del Señor, con ázimos de pureza y de verdad: cuando, rechazando la antigua levadura de maldad, la nueva creatura se embriaga y se alimenta del Señor en persona. La participación del cuerpo y de la sangre del Señor, en efecto, nos convierte en lo mismo que tomamos y hace que llevemos siempre en nosotros, en el espíritu y en la carne, a aquel junto con el cual hemos muerto, bajado al sepulcro y resucitado." 

De los Sermones de San León Magno, papa (Sermón 12, Sobre la pasión del Señor, 3, 6-7; PL 54, 355-357)  

 

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"Por qué pertenezco a la Iglesia" -

Podemos pensar en la iglesia católica comparándola con la luna: por la relación luna-mujer (madre) y por el hecho de que la luna no tiene luz propia, sino que la recibe del sol sin el cual sería oscuridad completa. La luna resplandece, pero su luz no es suya sino de otro. La sonda lunar y los astronautas descubrieron que la luna es solo una estepa rocosa y desértica, como montañas y arena, vieron una realidad distinta a la de la antigüedad: no como luz. Y efectivamente la luna es en sí y por sí misma lo desierto, arena y rocas. Sin embargo, es también luz y como tal permanece incluso en la época de los vuelos espaciales.

¿No es ésta una imagen exacta de la Iglesia? Quien la explora y la excava con la sonda, como la luna, descubrirá solamente desierto, arena y piedras, las debilidades del hombre y su historia a través del polvo, los desiertos y las montañas. El hecho decisivo es que ella, aunque es solamente arena y rocas, es también luz en virtud de otro, del Señor.

Yo estoy en la iglesia porque creo que hoy como ayer e independientemente de nosotros, detrás de nuestra iglesia vive su iglesia y no puedo estar cerca de Él si no es permaneciendo en su iglesia. Yo estoy en la Iglesia porque a pesar de todo creo que no es en el fondo nuestra sino suya.

La Iglesia es la que, no obstante todas las debilidades humanas existentes en ella, nos da a Jesucristo; solamente por medio de ella puedo yo recibirlo como una realidad viva y poderosa, aquí y ahora. Sin la Iglesia, Cristo se evapora, se desmenuza, se anula. ¿Y qué sería la humanidad privada de Cristo?

Si yo estoy en la Iglesia es por las mismas razones porque soy cristiano. No se puede creer en solitario. La fe es posible en comunión con otros creyentes. La fe por su misma naturaleza es fuerza que une. Esta fe o es eclesial o no es tal fe. Además así como no se puede creer en solitario, sino sólo en comunión con otros, tampoco se puede tener fe por iniciativa propia o invención.

Yo permanezco en la Iglesia porque creo que la fe, realizable solamente en ella y nunca contra ella, es una verdadera necesidad para el hombre y para el mundo.

Yo permanezco en la Iglesia porque solamente la fe de la iglesia salva al hombre. El gran ideal de nuestra generación es uno, sociedad libre de la tiranía, del dolor y de la injusticia. En este mundo el dolor no se deriva sólo de la desigualdad en las riquezas y en el poder. Se nos quiere hacer creer que se puede llegar a ser hombres sin el dominio de sí, sin la paciencia de la renuncia y la fatiga de la superación, que no es necesario el sacrificio de mantener los compromisos aceptados, ni el esfuerzo para sufrir con paciencia la tensión de lo que se debería ser y lo que efectivamente se es.

En realidad el hombre no es salvado sino a través de la cruz y la aceptación de los propios sufrimientos y de los sufrimientos mundo, que encuentran su sentido liberador en la pasión de Dios. Solamente así el hombre llegará a ser libre. Todas las demás ofertas a mejor precio están destinadas al fracaso.

El amor no es estético ni carente de crítica. La única posibilidad que tenemos de cambiar en sentido positivo a un hombre es la de amarlo, trasformándolo lentamente de lo que es en lo que puede ser. ¿Sucedería de distinto modo en la Iglesia?
Conferencia-Testimonio, Alemania (1971) Joseph Ratzinger, 1971 – al día S. S. Benedicto XVI – P.M.

 

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Iluministas, biblistas, Jehová ‘jehovistas’, mormones, algunos grupos bautistas,

asambleas americanistas, brasileros, etc. = Varios miles de sectas con

tanta engañifa, o sea, engaño artificioso con apariencia de utilidad.

Todas sin excepción, fueron fundadas por extraños personajes. Sectas que dejan espacio a visionarios, maníacos, místicos, sospechosos, oscuros y dudosos charlatanes como ambiguos sectarios, o hábiles comerciantes. Y así se cumple el dicho evangélico de. "Por sus frutos los conoceréis".

 

¡Pero si es imposible saber cuál es la Iglesia de Cristo partiendo de los cientos de miles de nombres de las denominaciones protestantes!. Entonces, ¿cómo podremos saberlo? (En la edición de 1986 del conocido libro de referencia protestante "The Christian Source Book" -New York: Ballantine Books- se nos dice que existen más de 21,000 denominaciones y sectas, según el último recuento, y que aparecen – anualmente - unas 270 nuevas). Pues bien, la respuesta es que podremos saber cuál es la Iglesia fundada por Cristo examinando las características de una determinada iglesia. Las características que la Iglesia Católica puede ofrecer son las así llamadas "cuatro notas". UNA, SANTA, CATÓLICA Y APOSTÓLICA. Y, desde que Cristo la fundara, 2000 años de historia con domicilio-Sede Apostólica física sobre la tumba del apóstol Pedro, crucificado en cruz invertida en el 64/67ca.bajo Nerón, y enterrado a la orilla derecha del rio Tiber en la colina vaticana de la ciudad de Roma,Italia. (Allí en Roma también decapitado Pablo, murió martir de la Iglesia Católica-Apostólica-Una y Santa).

 

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La limosna evangélica no es simple filantropía: es más bien una expresión concreta de la caridad, la virtud teologal que exige la conversión interior al amor de Dios y de los hermanos, a imitación de Jesucristo, que muriendo en la cruz se entregó a sí mismo por nosotros. ¿Cómo no dar gracias a Dios por tantas personas que en el silencio, lejos de los reflectores de la sociedad mediática, llevan a cabo con este espíritu acciones generosas de ayuda al prójimo necesitado?».

Dar limosna de lo que tenemos y de lo que somos. Sin otra mirada atenta que la de Dios, de cuya mano tomamos lo que compartimos con los hermanos.

 

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Decía el escritor inglés Gilbert K. Chesterton que «la idea que no trata de convertirse en palabra es una mala idea, y la palabra que no trata de convertirse en acción es una mala palabra».  

 

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La Iglesia católica ayudó a salvar a Occidente, en las Edades oscuras, preservando lo mejor de la civilización griega y romana, y cómo los europeos, todavía hoy, nos beneficiamos de instituciones sociales y de forma políticas de indudable origen católico como los Parlamentos.

La Iglesia no es enemiga de la historia, ni mucho menos. Es, si acaso en estos momentos de memorias como amnesias y de amnesias como memorias, la institución que, una vez más, está empeñada en salvar la historia, preservar la historia. A este paso, la verdad de la historia terminará por refugiarse entre los muros de lo sagrado, como aquel tiempo en el que el saber clásico greco-latino se refugió entre las tapias de las abadías y de los monasterios. 2008-02-29

 

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La Iglesia no es enemiga de la historia, ni mucho menos. Es, si acaso en estos momentos de memorias como amnesias y de amnesias como memorias, la institución que, una vez más, está empeñada en salvar la historia, preservar la historia. A este paso, la verdad de la historia terminará por refugiarse entre los muros de lo sagrado, como aquel tiempo en el que el saber clásico greco-latino se refugió entre las tapias de las abadías y de los monasterios.

 

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«Es fuerte la tentación del hombre de construirse un sistema de seguridad ideológico: también la misma religión puede convertirse en elemento de este sistema, como el ateísmo o el laicismo. Cuando se incurre en esa tentación, se "permanece cegado por el egoísmo" y, para evitar caer en ella, animémonos a seguir el Evangelio.

¡Dejémonos curar por Jesús, que puede y quiere darnos la luz de Dios! Confesemos nuestra ceguera, nuestra miopía y, sobre todo, aquello que la Biblia llama el ´gran pecado´: el orgullo». Benedicto P.M. XVI. 2008.III.

 

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Ante Dios uno vale lo que ama. Es una auténtica revolución. En el mundo se usan otros criterios de valoración. Ante Dios existe sólo un valor: el amor.

Al final de la vida se pesará a todos con la balanza de la caridad y cada uno valdrá lo que ha amado (Cf. Mateo 25).

La madre Teresa de Calcuta, resumiendo el Evangelio, decía: «El Evangelio está todo en cinco dedos: lo habéis hecho a mí».

Pero ¿por qué cuenta sólo la caridad?. La respuesta es, una vez más, la revolución del cristianismo: porque Dios es amor. Si tu estás en el amor tienes a Dios contigo, y si tienes a Dios contigo estás ya en el paraíso; por el contrario, si te falta Dios, no tienes nada».

El pasaje de la mujer pecadora que lava los pies a Jesús y los seca con sus cabellos en la casa de un notable fariseo, muestra esta mujer, en aquel momento, y declara con su gesto: yo creo que tú eres el amor. Yo tengo el amor, no lo había encontrado hasta hoy, pero ahora que te he encontrado he comprendido que Dios es amor.

Y Jesús dice a Simón que le había invitado: tú eres aparentemente bueno pero tu corazón es de hielo, tú ante Dios no vales nada. Esta mujer en cambio ha comprendido, ha encontrado el amor. Y bien, esta mujer es más grande que tú.

Nosotros vamos el templo, escuchamos la palabra de Dios, recibimos la Eucaristía, pero ¿cuántas veces no entra en nosotros la caridad?». Porque lo único cierto es que, cada uno vale lo que ama. 2008.III.

 

"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

“¡Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!” (Sal 8, 2).

La belleza de la naturaleza nos recuerda que Dios nos ha encomendado la misión de "labrar y cuidar" este "jardín" que es la tierra (cf. Gn 2, 8-17).

 

 

Por venir a visitarnos, os agradecemos


Benedicto PP XVI: 2008.I.01 ‘Día mundial de la paz’ como cada primero de enero. Familia humana: comunidad de paz’ lema 01 enero para el 2008. 40 aniversario de la celebración de la primera Jornada Mundial de la Paz (1968-2008) ‘la celebración de esta Jornada, fruto de una intuición providencial del Papa Pablo VI’.-

Anno Domini 2008 - Dominus illuminatio mea - "The Lord is my light"
El Señor es mi luz, Salmo 27.

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¿Por qué repetimos y recomendamos algunos libros? - No responde esta habitual insistencia a ningún imperativo ni legal, ni moral, ni de compromiso alguno. El único compromiso es el del servicio a la conformación de una cultura católica que hoy es más necesaria que nunca.

Recomendamos vivamente:

1º ‘HISTORIA DE LA IGLESIA ANTIGUA’ José María Magaz Fernández –

Facultad de Teología San Dámaso - Madrid 2007 - 430 páginas

Un manual para tener una idea ordenada de los primeros siglos cristianos, hasta Agustín y la herejía pelagiana.

2º ‘El origen de la vida’ - Título: ‘Origen del hombre’ Ciencia, filosofía y Religión
Autor: Mariano Artigas-Daniel Turbón - Editorial: EUNSA – 2008.
Este libro es el ejemplo de una sencilla y comprensible presentación del estado actual de la investigación  sobre los orígenes de la vida que no esconde, ni mutila, ni cercena, los datos de la realidad objeto de estudio. Es una magnífica síntesis que debe ser tenida en cuenta.

3º ‘Europa y la Fe’. Editor: Ciudadela Libros. Autor: Hilaire Belloc.
Páginas: 237 - ISBN: 978-84-96836-23-5 -

En esta obra se trata con un realismo histórico apabullante el tema de Europa y su relación con la fe católica. No se debería desconocer este ensayo histórico admirable en que su autor explica cómo la Iglesia católica ayudó a salvar a Occidente, en las Edades oscuras, preservando lo mejor de la civilización griega y romana, y cómo los europeos, todavía hoy, nos beneficiamos de instituciones sociales y de forma políticas de indudable origen católico como los Parlamentos. Es muy posible que no se haya escrito una mejor visión de conjunto de la civilización occidental que este libro.

4º ‘Jesús de Nazaret’ – ‘Benedicto XVI’. 2007;al siglo: Joseph Cardenal Ratzinger

5º ‘El Libro negro de las nuevas persecuciones anticristianas’, Thomás Grimaux es el autor - Favre, 160 páginas. Valeurs Actuelles, 2008 -. Todo un acierto.

6º ‘LA LEYENDA NEGRA’, de PHILIP W. POWELL (1913-1987), publica la editorial Áltera en su colección ‘Los Grandes Engaños Históricos’. 2008 – Como también:

‘LEYENDAS NEGRAS DE LA IGLESIA’. Autor Vittorio MESSORI – Editorial “PLANETA-TESTIMONIO” 10ª EDICIÓN – Óptimo libro para defenderse del cúmulo de opiniones arbitrarias, deformaciones sustanciales y auténticas mentiras que gravitan sobre todo en lo que concierne a la Iglesia.

Grüss Gott. Salve, oh Dios.

Las ilustraciones que adornan un expuesto, no son obligatoriamente alusivas al texto. Estando ya públicas en la red virtual, las miramos con todo respeto y sin menoscabo debido al ‘honor y buena reputación de las personas’. De allí, hayamos acatado el derecho a la intimidad, a la dignidad-mérito-honra-respetabilidad-pundonor, a la propia imagen y a la protección de datos. Tomadas de Internet, las estampas, grabados o dibujos que adornan o documentan este sitio web ‘CDV’, no corresponden ‘necesaria e ineludiblemente’ al tema presentado; sino que tienen por finalidad –a través del arte- hacer agradable la presentación. Tributamos homenaje de sumisión y respeto a todas las personas, particularmente cuyas imágenes aparecen publicadas, gracias.-

Si de manera involuntaria se ha incluido algún material protegido por derechos de autor, rogamos que se pongan en contacto con nosotros a la dirección electrónica, indicándonos el lugar exacto- categoría y URL- para subsanar cuanto antes tal error. Gracias. ‘CDV’.-

"En caso de hallar un enlace o sub-enlace en desacuerdo con las enseñanzas de la Iglesia Católica, notifíquenos por e-mail, suministrándonos categoría y URL, para eliminarlo. Queremos proveer sólo sitios fieles al Magisterio". Gracias.-

“Conocereisdeverdad.org = CDV” no necesariamente se identifica con todas las opiniones y matices vertidos por autores y colaboradores en los artículos publicados; sin embargo, estima que son dignos de consideración en su conjunto. ‘CDV’ Gracias.-

CDV” intenta presentar la fe cristiana para la gente más sencilla (catequistas, etc.), en especial para los estratos aparentemente más bajos. ¿La razón? Simple: «Son ellos quienes más necesitan conocer la alegría de Cristo».-

Debido a la existencia de páginas excelentes sobre apologética y formación, lo que se pretende desde ‘CDV’ es contribuir muy modestamente, y sumarse a los que ya se interesan por el Evangelio de Cristo de manera mucho más eficaz. ‘CDV’ Gracias.-

Grüss Gott. Salve, oh Dios.

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).