Sunday 21 September 2014 | Actualizada : 2014-09-14
 
Inicio > Islam > Orar - 1º El 'rosario' de los musulmanes; El Rosario de la Virgen María

«Engrandecer a Dios significa darle espacio en el mundo, en la propia vida, dejarlo entrar en nuestro tiempo y en nuestras acciones. Ésta es la esencia más profunda de la verdadera plegaria. Donde Dios es grande, el hombre no se empequeñece, sino que también se vuelve grande y luminoso», S.S.Benedicto XVI. 2006-09-11-Baviera-Alemania.

 

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María vive mirando a Cristo y tiene en cuenta cada una de sus palabras: « Guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón » (Lc 2, 19; cf. 2, 51). Los recuerdos de Jesús, impresos en su alma, la han acompañado en todo momento, llevándola a recorrer con el pensamiento los distintos episodios de su vida junto al Hijo. Han sido aquellos recuerdos los que han constituido, en cierto sentido, el ´rosario´ que Ella ha recitado constantemente en los días de su vida terrenal.

Y también ahora, entre los cantos de alegría de la Jerusalén celestial, permanecen intactos los motivos de su acción de gracias y su alabanza. Ellos inspiran su materna solicitud hacia la Iglesia peregrina, en la que sigue desarrollando la trama de su ´papel´ de evangelizadora. María propone continuamente a los creyentes los ´misterios´ de su Hijo, con el deseo de que sean contemplados, para que puedan derramar toda su fuerza salvadora. Cuando recita el Rosario, la comunidad cristiana está en sintonía con el recuerdo y con la mirada de María.

 

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El Rosario, precisamente a partir de la experiencia de María, es una oración marcadamente contemplativa. Sin esta dimensión, se desnaturalizaría, como subrayó Pablo VI: «Sin contemplación, el Rosario es un cuerpo sin alma y su rezo corre el peligro de convertirse en mecánica repetición de fórmulas y de contradecir la advertencia de Jesús: "Cuando oréis, no seáis charlatanes como los paganos, que creen ser escuchados en virtud de su locuacidad" (Mt 6, 7). Por su naturaleza el rezo del Rosario exige un ritmo tranquilo y un reflexivo remanso, que favorezca en quien ora la meditación de los misterios de la vida del Señor, vistos a través del corazón de Aquella que estuvo más cerca del Señor, y que desvelen su insondable riqueza».

 

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EL "ROSARIO" DE LOS MUSULMANES

 

 Por el R.P. SABINO DE SANDOLI, O.F.M.


Es frecuente encontrar en las ciudades y en las aldeas a hombres musulmanes que los viernes y días de fiesta y, en algunos casos, también días ordinarios, dejan correr entre los dedos un rosario de grandes y lúcidas cuentas. Tal encuentro no escapa a la admiración de los extranjeros, siempre atentos a descubrir cualquier costumbre folclórica, incluso en los viajes con una finalidad religiosa, como son los que hacen a Tierra Santa.
En los países católicos, el rosario es rezado especialmente por las mujeres, en honor a la Virgen, y de un modo más bien limitado a circunstancias públicas o privadas de tiempo y lugar. Aquí en cambio, tanto los peregrinos como los turistas, caen en la cuenta que algunas costumbres no sólo son diferentes, sino incluso opuestas a las de Occidente. En modo particular las personas más impresionadas son las peregrinas y las turistas; quedan asombradas al ver en las aldeas a mujeres musulmanas llevando sobre sus cabezas cestas enormes de frutas o de verduras con perfecto equilibrio, mientras sus esposos las acompañan tranquilamente por la calle, o sentados en el bar manejan entre los dedos un vistoso rosario.
Es natural que los extranjeros averigüen cual es la causa de esta diferencia. Precisamente la intención de este breve artículo es ofrecer un conocimiento sobre el contenido histórico y religioso del así llamado rosario musulmán.

 

El rosario (1) de los musulmanes (2) materialmente se parece a un pequeño collar de treinta y tres granos unidos entre sí. Hasta hace pocos años los granos eran de ámbar (3), materia un poco costosa; hoy en cambio, para hacer la compra del rosario más accesible a los bolsillos de todos, se confeccionan granos de madera de olivo, de plástico, o de algún material semejante al ámbar. Aquí en Tierra Santa también se hacen rosarios con granos de madreperla, accesible en todos los negocios que venden recuerdos turísticos.
Los granos son más bien grandes y de forma redonda u ovalada, con un orificio lo suficientemente grande, para dejar que las cuentas corran con facilidad en el hilo.
El collar termina con un adorno o bien con tres o cuatro cuentas alargadas.
Teóricamente el rosario de los musulmanes debería estar formado por noventa y nueve granos, por cien incluso. Para hacerlo más liviano y llevadero se lo redujo a un tercio, quedando la obligación de repetirlo tres veces para completar el número exacto de noventa y nueve.
Este número, más bien simbólico, significa los noventa y nueve nombres o atributos divinos, además del mismo nombre de Dios. Por tanto, el fiel musulmán al desgranar tres veces su rosario invoca, oral o mentalmente, a su Creador con diversos epítetos, a semejanza de las invocaciones litánicas de los cristianos (4).
Tal práctica religiosa no es obligatoria; solamente es recomendada por el mismo Mahoma, en el capítulo VII del Corán, versículo 180 (5): A Dios pertenecen los nombres más bellos. Invocadlo con ellos; y alejaos de quienes los aplican erróneamente. Serán recompensados de acuerdo a sus méritos (6).
El número de noventa y nueve se encuentra escrito en un Hadît (7) tomado de Abû Huraira con estas palabras: A Dios pertenecen noventa y nueve nombres, (es decir) cien menos uno, porque El es el Incomparable, (o sea, el Unico), ama (el ser cualificado con tales nombres) uno por uno: el que conoce los noventa y nueve nombres, entra en el paraíso (8). En realidad, según el Corán, los atributos divinos son mucho más de noventa y nueve y generalmente se encuentran al final de los versículos coránicos. Algunos son expresados con una palabra; otros -en menor escala-, con dos o tres (9). A menudo son unidos y repetidos de a dos.
El rezo de los nombres y atributos divinos tiene una gran importancia en la religiosidad de los musulmanes (10). Con esta plegaria el fiel manifiesta su fe personal en Dios; busca comprender mejor su grandeza según los distintos aspectos que los nombres le presentan; en fin, manifiesta públicamente el deseo de ser un musulmán sincero y practicante. Es una devoción piadosa sostenida por la autoridad del mismo fundador y del libro santo de la religión musulmana, y al practicarla, provoca en el alma religiosa una cierta franqueza interior que no se limita a tiempos y lugares particulares.
Si bien esta devoción desde sus comienzos no encontró ninguna dificultad, sin embargo en cuanto a la teoría se agitaron interminables disputas acerca de los nombres y atributos divinos entre las distintas escuelas teológicas. Llegó a constituir el único y verdadero problema de la teología musulmana (11). Al principio se discutió sobre el origen y la conveniencia de los nombres y atributos divinos; en segundo lugar acerca de su interpretación.
En la teología cristiana este problema ocupa un puesto marginal; en la teología musulmana tuvo un imprevisible desarrollo e interés, pero quedó reducido a un nivel lingüístico (12). Evitando entrar en su contenido complejo, daremos a conocer los que juzgamos más útiles.


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Los primeros libros históricos y religiosos de los musulmanes fueron escritos en árabe. En esta lengua, los nombres y atributos, divinos o no divinos, tienen una denominación y función gramaticalmente distinta en comparación con las lenguas europeas. Por esto, los nombres de Dios corresponden a nuestros adjetivos, a los participios presentes y pasados (13); por ejemplo: "Dios es fuerte y viviente" equivale a: "Dios es el fuerte y el viviente". Los atributos de la lengua árabe, corresponden a nuestros nombres abstractos, como por ejemplo: "el poder de Dios"; vale decir, "el poder es una cualidad poseída por Dios". De aquí se sigue que los nombres divinos en la lengua árabe tienen una prioridad sobre los atributos, sea porque se encuentran más frecuentemente en e Corán, sea también porque a partir de ellos se forman los atributos divinos.
Naturalmente, al traducir los atributos y los nombres divinos a las lenguas modernas, cada una utiliza aquellos términos o expresiones que tienen y que son los que mejor responden al sentido del texto coránico.

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Para dar una idea de algunos problemas que interesan a la teología musulmana con respecto a los nombres y atributos divinos, planteamos aquí tres cuestiones:
Los teólogos musulmanes se propusieron esta pregunta: si era lícito deducir de los nombres de Dios escritos en el Corán, los correspondientes atributos divinos ausentes en el libro sacro. Las opiniones fueron diferentes, citamos las tres principales escuelas teológicas:
1. Los Janbalitas (14) prohiben absolutamente componer nombres y atributos divinos que nos se encuentran en el Corán, que es palabra de Dios, o en el Jadît que es la palabra de Mahoma.
2. Los Mu‘tazilitas (15), al contrario, admiten el uso de todos los nombres y atributos divinos que están aprobados por la razón y que son necesarios para expresarse; y esto se puede hacer con los nombres o expresiones del Corán, y también de los libros más lejanos al libro sacro.
3. Los Ash‘aritas (16), adoptan una posición intermedia entre las dos escuelas precedentes; atribuyen a Dios los nombres divinos que se encuentran en el Corán y en el Jadît, y agregan que se pueden obtener otros, sea siguiendo las reglas de la lengua árabe como también los sugeridos por al misma razón. Por ejemplo, en el Corán Dios siempre es llamado "sabio"; sin embargo, se le podría aplicar tal nombre, incluso si el Corán no incluyese tal nombre.


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Existió otro problema, también discutido acaloradamente: se trata de establecer si hay distinción o identidad entre los atributos y la divina esencia. También aquí las opiniones de las escuelas teológicas se enfrentan.
1. Los Mu‘tazilitas, preocupados por defender la unicidad absoluta de Dios, niegan que entre la esencia divina y los atributos exista distinción: el conocimiento, la voluntad, etc, de Dios se identifican con su esencia.
2. Los Ash‘aritas sintetizan su doctrina en esta fórmula: los atributos divinos ni se identifican con la divina esencia, ni son distintos de ella. O también dicen: los atributos divinos no son Dios, pero tampoco algo distinto de Dios (17).
3. Abû Hâshim al-Yubbâ’î (18), propuso otra solución: los atributos divinos son modos de ser intermedios entre el ser y el no-ser.
4. Averroes (19) y otros filósofos, son del parecer que en Dios todo se reduce a la unidad; pero nuestro espíritu, siendo limitado, está obligado a multiplicar los nombres y atributos para hablar de Dios, que es un ser infinito. Por tanto, la distinción de los atributos entre sí, y de los atributos con la divina esencia no existe en Dios sino en nosotros; se fundamenta en Dios que contiene todas las perfecciones en grado infinito.
Los teólogos musulmanes se plantearon una tercera cuestión: cuáles son los nombres y atributos divinos más importantes y cuáles menos.
Los Jafanitas (20) y Mâturîditas (21) afirman que todos son iguales en importancia y en excelencia. Los Ash‘aritas sostienen que hay una jerarquía entre los nombres, precedida por el nombre "Dios".
En consecuencia, el orden de los nombres y atributos divinos es variable según las diversas escuelas de teología musulmana. Sin embargo se distinguen cuatro categorías (la segunda dividida en dos) de atributos divinos reconocidas comúnmente por todas las escuelas.
1. Atributo de la esencia divina, que es único, es decir, la existencia de Dios identificada con la esencia.
2. Los atributos esenciales, que son numerosos y cualifican la esencia divina. Se dividen en atributos negativos que interesan a la trascendencia divina (unicidad, eternidad, permanencia, distinción de todo lo que es creado, independencia, subsistencia por sí...); y en atributos positivos, es decir, que agregan un concepto a la esencia (poder, voluntad, ciencia, vida, palabra, oído, vista, percepción...).
3. Los nombres que cualifican (potente, volente, sapiente...).
4. Los atributos de acción (o del acto divino), que se refieren a Dios en su obrar sobre la creatura (cualidad extrínseca), es decir, una posibilidad de Dios, de lo que El puede hacer y de lo que no puede hacer (visibilidad, creación, gobierno, decreto, complacencia...).
La siguiente lista de los atributos divinos (22) es aquella comúnmente admitida por las distintas escuelas teológicas musulmanas. En las notas se agregaron algunas citas del Corán, y, cuando es necesario, algunas explicaciones más amplias, ofrecidas por los teólogos árabes.
Mientras tanto, es preciso tener en cuenta que el sentido de algún atributo divino no es el que se le da actualmente, sino que surgió según el contexto de algún pasaje coránico, o también se lo mira bajo un punto de vista religioso, que culturalmente es diverso del ambiente cristiano; además hay que tener presente que algunas palabras árabes originariamente tenían un sentido distinto al que tiene ahora para nosotros. En consecuencia no debemos asombrarnos si Dios es llamado con epítetos que a nuestra cultura occidental y cristiana parecen extraños, incomprensibles o incluso superfluos.

 

 

LISTA DE LOS NOMBRES Y ATRIBUTOS DIVINOS

 

1. ALLÂH: DIOS.
2. ar-Rajmân: el Benefactor, el Misericordioso.
3. ar-Rajîm: el Compasivo.
4. al-Malik: el Rey.
5. al-Quddûs: el Santo.
6. as-Salâm: la Paz.
7. al-Mu’min: el Creyente.
8. al-Muhaimin: el Vigilante.
9. al-‘Azîz: el Poderoso, el Precioso.
10. al-Yabbâr: el Fortísimo.
11. al-Mutakabbir: el Soberbio, el Supremo.
12. al-Khâliq: el Creador.
13. al-Bâri’: el Hacedor de las cosas.
14. al-Musawwir: el Organizador, el Formador.
15. al-Ghaffâr: el Indulgente, el Perdonador por excelencia.
16. al-Qahhâr: el Dominador, el Irresistible.
17. al-Wahhâb: el Donador Perenne, el Donador Generoso.
18. al- Razzâq: el Dispensador de los bienes materiales y espirituales.
19. al-Fattâj: el Victorioso, el Juez, el Revelador.
20. al-‘Alim: el Conocedor de todo lo que es cognoscible.
21. al-Qâbid: Aquel que tiene en su puño todas las cosas.
22. al-Bâsit: el Dilatador de la vida y de los corazones de sus siervos.
23. al-Khâfid: Aquel que abaja y humilla.
24. ar-Rafî‘: Aquel que eleva en dignidad, el Elevado, el Excelso, el Sublime. En la lista de al-Gazâli se lee: ar-Râfi‘.
25. al-Mu‘izz: Aquel que da honor y fuerza.
26. al-Mudhill: Aquel que abaja y envilece.
27. as-Samî‘: el Escuchador.
28. al-Basîr: el Vidente.
29. al-Jakam: el que juzga, el Arbitro.
30. al-‘Adl: el Justo, Aquel que es la justicia suprema.
31. al-Latîf: el Benevolente, el Gracioso, el Sutil.
32. al-Khabîr: el Sagaz, el Bieninformado. Aquel que conoce los secretos más íntimos de las creaturas.
33. al-Jalîm: el Manso, lento para castigar.
34. al-‘Azîm: el Inaccesible, el Grandioso, el Magnífico.
35. al-Ghafûr: el Muy Indulgente, Aquel que perdona mucho.
36. ash-Shakûr: el Muy Reconocente, el Muy Agradecido.
37. al-‘Aliyy: el Alto, el Excelso.
38. al-Kabîr: el Grande, el Alto, el Inaccesible.
39. al-Jafîz: el Guardián Vigilante, el Custodio.
40. al-Muqît: el Alimentador, el Vigilante.
41. al-Jasîb: el Calculador, Aquel a quien se debe rendir cuenta.
42. al-Yalîl: el Majestuoso, el Digno de veneración.
43. al-Karîm: el Generoso.
44. ar-Raqîb: el Guardián Celoso, Aquel que observa y controla a todos y todo.
45. al-Muyîb: Aquel que recibe las plegarias y las escucha.
46. al-Wâsi‘: el Inmenso, Aquel que abraza todas las cosas.
47. al-Jakîm: el Sabio, el Prudente.
48. al-Wadûd: el Amabilísimo.
49. al-Mayîd: el Glorioso.
50. al-Bâ‘ith,: el Resucitador, el Revivificador, Aquel que hace revivir el día de la resurrección.
51. ash-Shahîd: el Testigo.
52. al-Jaqq: el Real,
la Verdad Suprema.
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3. al-Wakîl: el Gerente, el Confidente.
54. al-Qawiyy: el Fuerte.
55. al-Matîn: el Indestructible.
56. al-Waliyy: el Amigo, el Protector, el Ayudante.
57. al-Jamid: el Digno de alabanza.
58. al-Mujsî: Aquel que conoce todas las cosas enumerándolas y que tiene poder sobre ellas.
59. al-Mubdi’: el Innovador.
60. al-Mu‘îd: Aquel que hace retornar a la existencia las creaturas ya aniquiladas.
61. al-Mujiî: Aquel que hace vivir.
62. al-Mumît: Aquel que hace morir.
63. al-Jayy: el Viviente.
64. al-Qai-iûm: el Subsistente.
65. al-Wâyid: el Opulento, el Perfecto, Aquel que no le falta nada y que no tiene necesidad de nada.
66. al-Mâyid: el Noble, el Alto, al que pertenece la soberanía y el poder.
67. al-Ajad: el Uno.
68. as-Samad: el Impenetrable, el Inmutable, el Eterno.
69. al Qâdir: el Potente.
70. al-Muqtadir: el Omnipotente.
71. al-Muqaddim: Aquel que acerca a quien quiere.
72. al-Mu’akhkhir: Aquel que aleja a quien quiere.
73. al-Awwal: el Primero.
74. al-Akhîr: el Último.
75. az-Zâhir: el Manifiesto.
76. al-Bâtin: el Escondido, el Intimo, el Inmanente.
77. al-Wâlî: el Reinante.
78. al-Muta‘âlî: el Altísimo, el Exaltado en triunfo, el Trascendente.
79. al-Barr: el Benéfico, Aquel que obra la piedad en los corazones y que es fuente de beneficios.
80. at-Tawwâb: Aquel que se arrepiente, que puede retornar sobre sus juicios.
81. al-Muntaqim: Aquel que se venga.
82. al-‘Afû: el Perdón, Aquel que perdona.
83. ar-Ra’ûf: el Compasivo.
84. Mâlik al-mulk: el Rey del reino del mundo y de las creaturas.
85. Dhû al-Yalâl wa-l-ikrâm: Aquel que tiene la majestad y la generosidad.
86. al-Muqsit: el Equitativo, el Justo en el día del Juicio.
87. al-Yâmi‘: el Reunificador.
88. al-Ghaniyy: el Rico, el Independiente de todos y de todo.
89. al-Mughnî: Aquel que enriquece las creaturas y las embellece con toda clase de perfecciones.
90. al-Mâni‘: el Defensor tutelar.
91. ad-Dârr: Aquel que puede herir.
92. an-Nâfi‘: Aquel que puede ser útil.
93. an-Nûr: la Luz.
94. al-Hâdî: Aquel que guía por el recto camino.
95. al-Badî‘: el Creador-Inventor.
96. al-Bâqî: Aquel que permanece, el Eterno que dura sin fin.
97. al-Wârith: el Heredero, a quien retorna todo lo que poseen las creaturas.
98. ar-Rashîd: el Conductor, Aquel que dirige al bien, que conduce con justicia y anda por la vía del bien.
99. as-Sabûr: el Pacientísimo.
Debido a la gran religiosidad de los musulmanes, se puede pensar que cada hombre tenga, al menos en su casa, uno o dos rosarios, que desgrana caminando por la calle, o sentado en los negocios, o en un bar, en las mezquitas, en las salas de recepción, en las manifestaciones civiles y religiosas... Naturalmente la inmensa mayoría no conoce los numerosos problemas de naturaleza lingüística, filosófica o teológica; pero con fe sencilla y operante se complace de recitar, a menudo en los días de reposo, los nombres y atributos divinos con la ayuda del rosario.
Puede ser que algunos no sepan los atributos de memoria; en la práctica lo sustituyen recitando treinta y tres veces uno de aquellos atributos, o bien otras fórmulas religiosas breves y significativas, como por ejemplo Allâhu Akbar: (Dios es grande); al-jamdu li-l-Lâh: (Dios sea alabado); Allâh ‘azîm: (Dios es magnífico). Ia Latîf: (Gracioso), etc.
Generalmente el rosario concluye recitando en la centésima cuenta la profesión de fe lâ ilâha illâ-l-Lâh : no hay otros dioses más que el único Dios.
Traducción realizada del italiano por el R.P. Lic. Pablo Bonello, V.E

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Loas a la Madre de Nuestro Salvador.

 

El Rosario de la Virgen María, difundido gradualmente en el segundo Milenio bajo el soplo del Espíritu de Dios, es una oración apreciada por numerosos Santos y fomentada por el Magisterio. En su sencillez y profundidad, sigue siendo también en este tercer Milenio apenas iniciado una oración de gran significado, destinada a producir frutos de santidad. Se encuadra bien en el camino espiritual de un cristianismo que, después de dos mil años, no ha perdido nada de la novedad de los orígenes, y se siente empujado por el Espíritu de Dios a «remar mar adentro» (duc in altum!), para anunciar, más aún, ´proclamar´ a Cristo al mundo como Señor y Salvador, «el Camino, la Verdad y la Vida» (Jn14, 6), el «fin de la historia humana, el punto en el que convergen los deseos de la historia y de la civilización».[1]

El Rosario, en efecto, aunque se distingue por su carácter mariano, es una oración centrada en la cristología. En la sobriedad de sus partes, concentra en sí la profundidad de todo el mensaje evangélico, del cual es como un compendio.[2] En él resuena la oración de María, su perenne Magnificat por la obra de la Encarnación redentora en su seno virginal. Con él, el pueblo cristiano aprende de María a contemplar la belleza del rostro de Cristo y a experimentar la profundidad de su amor. Mediante el Rosario, el creyente obtiene abundantes gracias, como recibiéndolas de las mismas manos de la Madre del Redentor.

Los Romanos Pontífices y el Rosario

2. A esta oración le han atribuido gran importancia muchos de mis Predecesores. Un mérito particular a este respecto corresponde a León XIII que, el 1 de septiembre de 1883, promulgó la Encíclica Supremi apostolatus officio,[3] importante declaración con la cual inauguró otras muchas intervenciones sobre esta oración, indicándola como instrumento espiritual eficaz ante los males de la sociedad. Entre los Papas más recientes que, en la época conciliar, se han distinguido por la promoción del Rosario, deseo recordar al Beato Juan XXIII[4] y, sobre todo, a PabloVI, que en la Exhortación apostólica Marialis cultus, en consonancia con la inspiración del Concilio Vaticano II, subrayó el carácter evangélico del Rosario y su orientación cristológica. 

Yo mismo, después, no he dejado pasar ocasión de exhortar a rezar con frecuencia el Rosario. Esta oración ha tenido un puesto importante en mi vida espiritual desde mis años jóvenes. Me lo ha recordado mucho mi reciente viaje a Polonia, especialmente la visita al Santuario de Kalwaria. El Rosario me ha acompañado en los momentos de alegría y en los de tribulación. A él he confiado tantas preocupaciones y en él siempre he encontrado consuelo. Hace veinticuatro años, el 29 de octubre de 1978, dos semanas después de la elección a la Sede de Pedro, como abriendo mi alma, me expresé así: «El Rosario es mi oración predilecta. ¡Plegaria maravillosa! Maravillosa en su sencillez y en su profundidad. [...] Se puede decir que el Rosario es, en cierto modo, un comentario-oración sobre el capítulo final de la Constitución Lumen gentium del Vaticano II, capítulo que trata de la presencia admirable de la Madre de Dios en el misterio de Cristo y de la Iglesia. En efecto, con el trasfondo de las Avemarías pasan ante los ojos del alma los episodios principales de la vida de Jesucristo. El Rosario en su conjunto consta de misterios gozosos, dolorosos y gloriosos, y nos ponen en comunión vital con Jesús a través –podríamos decir– del Corazón de su Madre. Al mismo tiempo nuestro corazón puede incluir en estas decenas del Rosario todos los hechos que entraman la vida del individuo, la familia, la nación, la Iglesia y la humanidad. Experiencias personales o del prójimo, sobre todo de las personas más cercanas o que llevamos más en el corazón. De este modo la sencilla plegaria del Rosario sintoniza con el ritmo de la vida humana ».[5]

Con estas palabras, mis queridos Hermanos y Hermanas, introducía mi primer año de Pontificado en el ritmo cotidiano del Rosario. Hoy, al inicio del vigésimo quinto año de servicio como Sucesor de Pedro, quiero hacer lo mismo. Cuántas gracias he recibido de la Santísima Virgen a través del Rosario en estos años: Magnificat anima mea Dominum! Deseo elevar mi agradecimiento al Señor con las palabras de su Madre Santísima, bajo cuya protección he puesto mi ministerio petrino: Totus tuus!

Octubre 2002 - Octubre 2003: Año del Rosario

3. Por eso, de acuerdo con las consideraciones hechas en la Carta apostólica Novo millennio ineunte, en la que, después de la experiencia jubilar, he invitado al Pueblo de Dios « a caminar desde Cristo »,[6] he sentido la necesidad de desarrollar una reflexión sobre el Rosario, en cierto modo como coronación mariana de dicha Carta apostólica, para exhortar a la contemplación del rostro de Cristo en compañía y a ejemplo de su Santísima Madre. Recitar el Rosario, en efecto, es en realidad contemplar con María el rostro de Cristo. Para dar mayor realce a esta invitación, con ocasión del próximo ciento veinte aniversario de la mencionada Encíclica de León XIII, deseo que a lo largo del año se proponga y valore de manera particular esta oración en las diversas comunidades cristianas. Proclamo, por tanto, el año que va de este octubre a octubre de 2003 Año del Rosario.

Dejo esta indicación pastoral a la iniciativa de cada comunidad eclesial. Con ella no quiero obstaculizar, sino más bien integrar y consolidar los planes pastorales de las Iglesias particulares. Confío que sea acogida con prontitud y generosidad. El Rosario, comprendido en su pleno significado, conduce al corazón mismo de la vida cristiana y ofrece una oportunidad ordinaria y fecunda espiritual y pedagógica, para la contemplación personal, la formación del Pueblo de Dios y la nueva evangelización. Me es grato reiterarlo recordando con gozo también otro aniversario: los 40 años del comienzo del Concilio Ecuménico Vaticano II (11 de octubre de 1962), el «gran don de gracia» dispensada por el espíritu de Dios a la Iglesia de nuestro tiempo.[7]

Objeciones al Rosario

4. La oportunidad de esta iniciativa se basa en diversas consideraciones. La primera se refiere a la urgencia de afrontar una cierta crisis de esta oración que, en el actual contexto histórico y teológico, corre el riesgo de ser infravalorada injustamente y, por tanto, poco propuesta a las nuevas generaciones. Hay quien piensa que la centralidad de la Liturgia, acertadamente subrayada por el Concilio Ecuménico Vaticano II, tenga necesariamente como consecuencia una disminución de la importancia del Rosario. En realidad, como puntualizó Pablo VI, esta oración no sólo no se opone a la Liturgia, sino que le da soporte, ya que la introduce y la recuerda, ayudando a vivirla con plena participación interior, recogiendo así sus frutos en la vida cotidiana.

Quizás hay también quien teme que pueda resultar poco ecuménica por su carácter marcadamente mariano. En realidad, se coloca en el más límpido horizonte del culto a la Madre de Dios, tal como el Concilio ha establecido: un culto orientado al centro cristológico de la fe cristiana, de modo que «mientras es honrada la Madre, el Hijo sea debidamente conocido, amado, glorificado».[8] Comprendido adecuadamente, el Rosario es una ayuda, no un obstáculo para el ecumenismo.

Vía de contemplación

5. Pero el motivo más importante para volver a proponer con determinación la práctica del Rosario es por ser un medio sumamente válido para favorecer en los fieles la exigencia de contemplación del misterio cristiano, que he propuesto en la Carta Apostólica Novo millennio ineunte como verdadera y propia ´pedagogía de la santidad´: «es necesario un cristianismo que se distinga ante todo en el arte de la oración».[9] Mientras en la cultura contemporánea, incluso entre tantas contradicciones, aflora una nueva exigencia de espiritualidad, impulsada también por influjo de otras religiones, es más urgente que nunca que nuestras comunidades cristianas se conviertan en «auténticas escuelas de oración».[10]

El Rosario forma parte de la mejor y más reconocida tradición de la contemplación cristiana. Iniciado en Occidente, es una oración típicamente meditativa y se corresponde de algún modo con la «oración del corazón», u «oración de Jesús», surgida sobre el humus del Oriente cristiano.

Oración por la paz y por la familia

6. Algunas circunstancias históricas ayudan a dar un nuevo impulso a la propagación del Rosario. Ante todo, la urgencia de implorar de Dios el don de la paz. El Rosario ha sido propuesto muchas veces por mis Predecesores y por mí mismo como oración por la paz. Al inicio de un milenio que se ha abierto con las horrorosas escenas del atentado del 11 de septiembre de 2001 y que ve cada día en muchas partes del mundo nuevos episodios de sangre y violencia, promover el Rosario significa sumirse en la contemplación del misterio de Aquél que «es nuestra paz: el que de los dos pueblos hizo uno, derribando el muro que los separaba, la enemistad» (Ef 2, 14). No se puede, pues, recitar el Rosario sin sentirse implicados en un compromiso concreto de servir a la paz, con una particular atención a la tierra de Jesús, aún ahora tan atormentada y tan querida por el corazón cristiano.

Otro ámbito crucial de nuestro tiempo, que requiere una urgente atención y oración, es el de la familia, célula de la sociedad, amenazada cada vez más por fuerzas disgregadoras, tanto de índole ideológica como práctica, que hacen temer por el futuro de esta fundamental e irrenunciable institución y, con ella, por el destino de toda la sociedad. En el marco de una pastoral familiar más amplia, fomentar el Rosario en las familias cristianas es una ayuda eficaz para contrastar los efectos desoladores de esta crisis actual.

« ¡Ahí tienes a tu madre! » (Jn 19, 27)

7. Numerosos signos muestran cómo la Santísima Virgen ejerce también hoy, precisamente a través de esta oración, aquella solicitud materna para con todos los hijos de la Iglesia que el Redentor, poco antes de morir, le confió en la persona del discípulo predilecto: «¡Mujer, ahí tienes a tu hijo!» (Jn 19, 26). Son conocidas las distintas circunstancias en las que la Madre de Cristo, entre el siglo XIX y XX, ha hecho de algún modo notar su presencia y su voz para exhortar al Pueblo de Dios a recurrir a esta forma de oración contemplativa. Deseo en particular recordar, por la incisiva influencia que conservan en el vida de los cristianos y por el acreditado reconocimiento recibido de la Iglesia, las apariciones de Lourdes y Fátima,[11] cuyos Santuarios son meta de numerosos peregrinos, en busca de consuelo y de esperanza.

Tras las huellas de los testigos

8. Sería imposible citar la multitud innumerable de Santos que han encontrado en el Rosario un auténtico camino de santificación. Bastará con recordar a san Luis María Grignion de Montfort, autor de un preciosa obra sobre el Rosario[12] y, más cercano a nosotros, al Padre Pío de Pietrelcina, que recientemente he tenido la alegría de canonizar. Un especial carisma como verdadero apóstol del Rosario tuvo también el Beato Bartolomé Longo. Su camino de santidad se apoya sobre una inspiración sentida en lo más hondo de su corazón: « ¡Quien propaga el Rosario se salva! ».[13] Basándose en ello, se sintió llamado a construir en Pompeya un templo dedicado a la Virgen del Santo Rosario colindante con los restos de la antigua ciudad, apenas influenciada por el anuncio cristiano antes de quedar cubierta por la erupción del Vesuvio en el año 79 y rescatada de sus cenizas siglos después, como testimonio de las luces y las sombras de la civilización clásica.

Con toda su obra y, en particular, a través de los «Quince Sábados», Bartolomé Longo desarrolló el meollo cristológico y contemplativo del Rosario, que ha contado con un particular aliento y apoyo en León XIII, el «Papa del Rosario».

 

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S. S. Juan Pablo II: "Cualquiera que, conociendo el Antiguo y el Nuevo Testamento, lee el Corán, ve con claridad el proceso de reducción de la Divina Revelación que en él se lleva a cabo. Es imposible no advertir el alejamiento de lo que Dios ha dicho de Sí mismo, primero en el Antiguo Testamento por medio de los profetas y luego de un modo definitivo en el Nuevo Testamento por medio de su Hijo. Toda esa riqueza de la autorrevelación de Dios, que constituye el patrimonio del Antiguo y del Nuevo Testamento, en el islamismo ha sido de hecho abandonada.

 

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"Mientras el Evangelio nos obliga a los cristianos a amar y a perdonar. No nos obliga a ser ingenuos"

 

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Encuentros marcados por el miedo. Una pesadilla que anida en el ánimo y la mente de quienes nacieron bajo el signo de Alá y su profeta Mahoma pero han decidido seguir a Cristo. Son conscientes de que la apostasía en el Islam no es un simple sustantivo, sino la posibilidad de una condena a muerte, pero hay quien está decidido a desafiar al terror. Son fieles cristianos y ciudadanos europeos que se sienten discriminados y temen por su vida. Hasta hoy han sobrevivido huyendo de cualquier manifestación pública de su fe. Ahora reivindican su derecho a vivirla abiertamente. Magdi Allam /Mar Velasco - Roma.- 2003-10-29

 

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Como escribe el Papa Juan Pablo II a los obispos de Asia. “Aunque la Iglesia reconoce con gusto cuanto hay de verdadero y de santo en las tradiciones religiosas del Budismo, del Hinduismo y del Islam -reflejos de aquella verdad que ilumina a todos los hombres-, sigue en pie su deber y su determinación de proclamar sin titubeos a Jesucristo, que es “el camino, la verdad y la vida”... El hecho de que los seguidores de otras religiones puedan recibir la gracia de Dios y ser salvados por Cristo independientemente de los medios ordinarios que Él ha establecido, no quita la llamada a la fe y al bautismo que Dios quiere para todos los pueblos”.

La Virgen nos asista en esta misión a nosotros encomendada.

S. S. JUAN PABLO II – MAGNO  -  2003.

 

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El cristianismo, como es sabido, no nació en Europa, sino en Asia Menor, en la encrucijada de tres continentes, el asiático, el africano y el europeo. Por este motivo, la interculturalidad de las corrientes espirituales de estos tres continentes pertenece a la forma originaria del cristianismo. Solo la difusión del Islam sustrajo al cristianismo de Oriente próximo gran parte de su fuerza vital, mientras echaba a las comunidades cristianas de Asia; en cualquier caso, a partir de entonces el cristianismo se convirtió en una religión europea.

2003-07-18 Cardenal + Joseph RATZINGER

 

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El mundo islámico se hace presente en el escenario mundial. Palabras como yihâd, sari´a o umma, dejan de ser términos lejanos y exóticos y empiezan a gravitar sobre nuestras vidas. La guerra santa, yo no es solo un problema localizado entre judíos y palestinos sino un proyecto mundial que ha empezado a afectarnos, la sari´a, legislación basada en el Corán no solo algo que se aplica en determinados países islámicos, sino que quiere regular la conducta de los musulmanes que viven en occidente. La umma deja de ser un término retórico referido a una comunidad inexistente, para poner en pie a todos los pueblos musulmanes frente a Occidente.

¿Por qué esta situación? Buscamos con urgencia explicaciones y se nos dan de todo tipo. La explosión anti-occidental es la manifestación del odio que sienten al verse pobres, frente a un Occidente rico; el odio a los Estados Unidos por su ayuda al pueblo judío, el resultado de los abusos de los países ricos que saquean los recursos de los pobres. Estas y otras explicaciones con su parte de verdad y de falsedad se prodigan en todos los medios, pero el hecho de que el motor de este impulso agresivo sea la religión demanda también alguna explicación. Y continúan a llamar

frecuentemente puercos a los judíos y epítetos semejantes a los cristianos, como a la mujer en posible falta. En muchos griteríos elucubran sobre la teología mahometana, en la que todo ocurre por voluntad de Alá y que la voluntad de Alá es que todo el mundo se someta al Islam. Afirman con rotundidad que Alá ha ofrecido a los infieles repetidamente la ocasión de convertirse y someterse. Aquellos que no han aceptado tal ofrecimiento divino son culpables y no merecen otra cosa que la muerte.- Lo dice el Corán: en la sura 4 se explica que hay que golpear a las mujeres tan sólo por la sospecha de que no se comporten bien. Las instrucciones sobre cómo hacerlo son un desarrollo posterior. 2007 

 

 

En el Islam no hay clérigos –aunque la inmensa mayoría de los periodistas repita la palabra con tozudez digna de mejor causa– , ni los así denominados están consagrados, ni administran sacramentos (que tampoco hay), ni pertenecen a un aparato jerárquico equiparable al nuestro de presbíteros, párrocos, coadjutores, obispos, etc. En el Islam no hay sacerdotes, vaya. Por favor, entérense. Y la consideración como tales de los imanes (no faltan cursis, que por lo general no saben árabe, que los llaman imames, como si con el término castellano no bastase) sólo es una simplificación, por oportunismo de unos y desconocimiento de otros.

 

Lo que se está pretendiendo es adjudicar un salario (siempre los dineros detrás de estos agravios religiosos) a un musulmán cualquiera por el solo hecho de serlo, porque ésa es la verdad: cualquier muslim puede ejercer de imán en cualquier tiempo y lugar, con el único y obvio requisito de conocer el ritual de rezo. El imán es quien dirige la oración colectiva. Y nada más. F.M. Pareja lo aclara de forma meridiana: "Técnicamente no hay cargo profesional de imán: sólo durante la oración se es imán y se deja de serlo cuando ésta se termina" (Islamología, p. 534). El empeño por considerar al imán como una especie de párroco y por consiguiente con derecho a emolumentos es mero oportunismo, mera ignorancia, mera desvergüenza. 2004.11.11 - Serafín Fanjul  - L.D.ESP.

 

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Conocidas autoridades religiosas mahometanas africanas y algunas en Europa, aprueban, consienten, solicitan u obligan la “ablación del clítoris”. Y, por ejemplo, en la Literatura oficial, en lugar de “ablación del clítoris” se dice “mutilación genital”. ¡Como si el clítoris tuviera alguna función genital! 2005.

 

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No se trata de que cohabiten musulmanes y cristianos en un mismo territorio, sino si es posible una sociedad democrática con una numerosa población musulmana. 2004 Alfonso García Nuño.

 

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Es indispensable que los mahometanos miren con respeto lo que los cristianos miramos con fe; y es indispensable que los cristianos miremos con respeto lo que los mahometanos miran con fe; esto no significa tener que aceptar lapidación contra la mujer, amputación al ladrón, superioridad del hombre sobre la mujer u otras formas aberrantes de la ley islámica ‘sharía’ que violan los «derechos humanos».

 

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P.Entonces, ¿cabría pensar en el Islam como en un colectivismo, con todo lo que han conllevado los colectivismos en la historia (especialmente la del siglo pasado: comunismo, fascismo, nazismo...)?

 

R.En buena medida, sí; de ahí el desafío que supone para las sociedades democráticas. Por ejemplo, las dictaduras en el este de Europa o en la América hispana han podido ser seguidas por un proceso de transición, pero semejante proceso es implanteable en el mundo islámico... aún tenemos a Sadam Hussein  miércoles 26 – 2002 César Vidal – historiador, filósofo, teólogo, dr. en derecho, escritor

 

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COLONIA- S.S. Benedicto XVI - «Si conseguimos juntos extirpar de los corazones el sentimiento de rencor, contrastar toda forma de intolerancia y oponernos a cada manifestación de violencia, frenaremos la oleada de fanatismo cruel, que pone en peligro la vida de tantas personas, obstaculizando el progreso de la paz en el mundo. La tarea es ardua, pero no imposible». Benedicto XVI aprovechó su encuentro con

representantes de comunidades musulmanas en la ciudad alemana de Colonia para lanzar un llamamiento a favor de la libertad religiosa y condenar rotundamente el terrorismo y a aquellos que «siembran la muerte».

«Hemos de afirmar, sin ceder a las presiones negativas del entorno, los valores del

respeto recíproco, de la solidaridad y de la paz. La vida de cada ser humano es sagrada, tanto para los cristianos como para los musulmanes», subrayó el Santo Padre. Si el mensaje de la convivencia dejara de escucharse, «el mundo estaría expuesto a las tinieblas de una nueva barbarie», advirtió. 2005.08

 

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La causa del terrorismo islamista es el islamismo, como la causa del terrorismo comunista es el comunismo, como la causa del terrorismo nacionalista es el nacionalismo. Ideologías todas que desandan el camino de considerar al hombre como un ser digno de derecho y que consideran que el individuo debe someterse al colectivo. Ideologías del mal.

 

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P: ¿Cómo se explica que la "Granada de las 3 culturas" (árabe, judía y cristiana) no se repita en ninguna comunidad islámica? ¿O es que nunca existió tal tolerancia religiosa en Al-Andalus?

R: Jamás existió esa tolerancia. Para ser sinceros ni siquiera entre los musulmanes, porque la historia de Al-Andalus es prácticamente la de una guerra civil continuada entre los distintos grupos musulmanes. Imagínese la suerte de los judíos y no digamos ya la de los mozárabes.

 

P: No le parece hipócrita llamar "antisemita" a la izquierda cuando el Holocausto lo provocó la extrema derecha, y el actual gobierno está formado por los descendientes de los que temían "al sionismo y la masonería"?

 

R: No, es una realidad histórica como se vio, por ejemplo, durante el affaire Dreyfus en que había un antisemitismo de izquierdas y otro de extrema derecha. Al final, una y otra están más cerca de lo que parece y son antiamericanas, antisemitas, antiliberales, estatalistas... 2003-10-08 –Dr. César VIDAL- historiador, filósofo, teólogo, abogado, escritor de mas de 100 libros, comentarista, articulista.

 

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P: ¿Cree que no se valora suficientemente el papel de los mozárabes en la reconquista, que fueron determinantes en la superioridad de los reinos cristianos del norte, y también deja sin documentos a muchos musulmanofilos ensoñados con el Al-Andalus?

 

R: No tengo la menor duda de que los mozárabes fueron un fenómeno de una importancia verdaderamente excepcional. A dos siglos de la invasión islámica seguían conservando el romance y una cultura que los musulmanes se empeñaron en exterminar adoptando medidas verdaderamente genocidas. ¡Como para creer en la estupidez esa de la convivencia de las tres religiones! CÉSAR VIDAL. 2003-10-21  

 

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Desde el más escrupuloso respeto a las creencias de todos los hombres de buena voluntad, hay que concluir que diálogo, sí; mano tendida, siempre. Pero para entendernos, para colaborar, tenemos que empezar por tener claras nuestras diferencias. - Tomás Salas Fernández. 2003.06.27

¡Y con los mahometanos!

 

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Suele suceder que los musulmanes se sientan despreciados en occidente lo que no es verdad. Simplemente tienen que vivir en una sociedad abierta y pluralista que no está dispuesta a dejarles ser ciudadanos de primera mientras que los demás son de segunda. ¿Por qué no ha libertad de culto en países como Arabia Saudita, y en tantos otros islamistas hay apenas una tolerancia religiosa que ello no significa libertad?.

 

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Desde hace dos mil años, la Iglesia es la cuna en la que María coloca a Jesús y lo entrega a la adoración y contemplación de todos los pueblos. Que por la humildad de la Esposa brille todavía más la gloria y la fuerza de la Eucaristía, que ella celebra y conserva en su seno. En el signo del Pan y del Vino consagrados, Jesucristo resucitado y glorificado, luz de las gentes (cf. Lc 2, 32), manifiesta la continuidad de su Encarnación. Permanece vivo y verdadero en medio de nosotros para alimentar a los creyentes con su Cuerpo y con su Sangre.

 “El que come Mi Cuerpo y bebe Mi Sangre, tendrá la vida eterna” (Juan 6:55); “El que come este Pan, vivirá por siempre” (Juan 6:59).

 

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CREO EN LA SANTA IGLESIA CATÓLICA” - "Cristo es la luz de los pueblos. Por eso, este sacrosanto Sínodo, reunido en el Espíritu Santo, desea vehementemente iluminar a todos los hombres con la luz de Cristo, que resplandece sobre el rostro de la Iglesia, anunciando el evangelio a todas las criaturas". Con estas palabras comienza la "Constitución dogmática sobre la Iglesia" del Concilio Vaticano II. Así, el Concilio muestra que el artículo de la fe sobre la Iglesia depende enteramente de los artículos que se refieren a Cristo Jesús. La Iglesia no tiene otra luz que la de Cristo; ella es, según una imagen predilecta de los Padres de la Iglesia, comparable a la luna cuya luz es reflejo del sol.

El artículo sobre la Iglesia depende enteramente también del que le precede, sobre el Espíritu Santo. "En efecto, después de haber mostrado que el Espíritu Santo es la fuente y el dador de toda santidad, confesamos ahora que es El quien ha dotado de santidad a la Iglesia" (Catech. R. 1, 10, 1). La Iglesia, según la expresión de los Padres, es el lugar "donde florece el Espíritu" (San Hipóli to, t.a. 35).

Creer que la Iglesia es "Santa" y "Católica", y que es "Una" y "Apostólica" (como añade el Símbolo nicenoconstantinopolitano) es inseparable de la fe en Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. En el Símbolo de los Apóstoles, hacemos profesión de creer que existe una Iglesia Santa ("Credo ... Ecclesiam"), y no de creer en la Iglesia para no confundir a Dios con sus obras y para atribuir claramente a la bondad de Dios todos los dones que ha puesto en su Iglesia (cf. Catech. R. 1, 10, 22).

 

¿Qué puede decirnos la tercera caída de Jesús bajo el peso de la cruz? Quizás nos hace pensar en la caída de los hombres, en que muchos se alejan de Cristo, en la tendencia a un secularismo sin Dios. Pero, ¿no deberíamos pensar también en lo que debe sufrir Cristo en su propia Iglesia? En cuántas veces se abusa del sacramento de su presencia, y en el vacío y maldad de corazón donde entra a menudo. ¡Cuántas veces celebramos sólo nosotros sin darnos cuenta de él! ¡Cuántas veces se deforma y se abusa de su Palabra! ¡Qué poca fe hay en muchas teorías, cuántas palabras vacías! ¡Cuánta suciedad en la Iglesia y entre los que, por su sacerdocio, deberían estar completamente entregados a él! ¡Cuánta soberbia, cuánta autosuficiencia! ¡Qué poco respetamos el sacramento de la Reconciliación, en el cual él nos espera para levantarnos de nuestras caídas! También esto está presente en su pasión. La traición de los discípulos, la recepción indigna de su Cuerpo y de su Sangre, es ciertamente el mayor dolor del Redentor, el que le traspasa el corazón. No nos queda más que gritarle desde lo profundo del alma: Kyrie, eleison – Señor, sálvanos (cf Mt 8,25).

 

Ya el profeta Jeremías advertía:  "El corazón es lo más retorcido; no tiene arreglo:  ¿quién lo conoce?" (Jr 17, 9). La traición de Judas, y también la de Pedro, muestran la gran debilidad de la naturaleza humana.

ORACIÓN - Señor, frecuentemente tu Iglesia nos parece una barca a punto de hundirse, que hace aguas por todas partes. Y también en tu campo vemos más cizaña que trigo. Nos abruman su atuendo y su rostro tan sucios. Pero los empañamos nosotros mismos. Nosotros quienes te traicionamos, no obstante los gestos ampulosos y las palabras altisonantes. Ten piedad de tu Iglesia: también en ella Adán, el hombre, cae una y otra vez. Al caer, quedamos en tierra y Satanás se alegra, porque espera que ya nunca podremos levantarnos; espera que tú, siendo arrastrado en la caída de tu Iglesia, quedes abatido para siempre. Pero tú te levantarás. Tú te has reincorporado, has resucitado y puedes levantarnos. Salva y santifica a tu Iglesia. Sálvanos y santifícanos a todos.

 

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"Señor, quiero comprender algo de la verdad que mi corazón cree y ama, por ello no quiero comprender para creer, sino que creo para poder comprender

"Haz, te lo ruego, Señor que yo sienta con el corazón lo que toco con la inteligencia"

(San Anselmo - Nació el año 1033 en Aosta (Piamonte). Ingresó en el monasterio benedictino de Le Bec, en Normandía, y enseñó teología a sus hermanos de Orden, mientras adelantaba admirablemente por el camino de la perfección. Trasladado a Inglaterra, fue elegido obispo de Canterbury combatió valientemente por la libertad de la Iglesia, sufriendo dos veces el destierro. Escribió importantes obras de teología. Murió el año 1109.

 

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"En la actividad, no sean descuidados... sean cariñosos unos con otros... Que la esperanza los tenga alegres... Practiquen la hospitalidad... Bendigan... Tengan igualdad de trato unos con otros... Pónganse al nivel de la gente humilde... No muestren suficiencia... No devuelvan a nadie mal por mal... No se dejen vencer por el mal, venzan al mal a fuerza de bien" (San Pablo: Rm 12, 9-21).

 

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Dice el Señor: «Oídme todos y entended. Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. [...] Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre». Evangelio según S. Marcos7, 1-8. 14-15. 21-23

 

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Ya lo dijo G. K. Chesterton: «El que deja de creer en Dios acaba creyendo en cualquier cosa». Extrapolando, algo similar ocurre en nuestra sociedad: ha dejado de creer en Dios para seguir a pies juntillas las tonterías que se le pasen por la cabeza a magos, quiromantes, sectas, brujas, adivinos y personajes de similar pelaje.
   Menos mal que Dios no se cansa de nosotros. Aunque dejes de creer en Él, Él nunca dejará de creer en ti.

 

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Glorificación de Dios, Señor y Creador

También nosotros somos invitados a unirnos a este inmenso coro, convirtiéndonos en portavoces explícitos de toda criatura y alabando a Dios en las dos dimensiones fundamentales de su misterio. Por una parte, debemos adorar su grandeza trascendente, "porque sólo su nombre es sublime, su majestad está sobre el cielo y la tierra" (v. 13), como dice nuestro salmo. Por otra, reconocemos su bondad condescendiente, puesto que Dios está cercano a sus criaturas y viene especialmente en ayuda de su pueblo:  "Él acrece el vigor de su pueblo, (...) su pueblo escogido" (v. 14), como afirma también el salmista.
Frente al Creador omnipotente y misericordioso aceptamos, entonces, la invitación de san Agustín a alabarlo, ensalzarlo y celebrarlo a través de sus obras:  "Cuando tú observas estas criaturas y disfrutas con ellas y te elevas al Artífice de todo, y de las cosas creadas, gracias a la inteligencia, contemplas sus atributos invisibles, entonces se eleva su confesión sobre la tierra y en el cielo... Si las criaturas son hermosas, ¡cuánto más hermoso será el Creador!" (Exposiciones sobre los Salmos, IV, Roma 1977, pp. 887-889).

 

 

Gracias de la visita

¡Laudetur Iesus Christus!

 

Recomendamos vivamente estos libros, necesarios para un conocimiento esencial del mahometismo, arcaísmo islámico, racismo y organización religiosa musulmanas: 

 

«Cien preguntas sobre el Islam» Doctor y Pbro. árabe don Samir Khalil Samir, Sin prejuicios y sin ingenuidad. Editado por ‘encuentro-actualidad’.

Señor doctor Samir Khalil Samir, sacerdote católico jesuita profesor de la Universidad St. Joseph de Beirut y del Pontificio Instituto Oriental de Roma, es hoy en día uno de los mayores especialistas en relaciones entre cristianismo e islam.  – 2005.

 

«El lenguaje político del islam» Bernard Lewis. Editado por ‘taurus’

«La crisis del islam» Bernard Lewis. Editado  por ‘B’ (Argentina, etc.).

«El conflicto del islam» Marc Ferro. Editado por ‘cátedra’.

«España frente al islam» Dr. César Vidal. Editado por ‘la esfera de los libros’.

«El valor distinto de las religiones» José Morales. ‘Editado por Rialp’.

«Verdad, valores, poder» Joseph Ratzinger. ‘Editado por Rialp’.

«El islam entre nosotros» José Luis Sánchez Nogales. Editado por BAC  

«Al-Andalus contra España» Serafín Banjul. ‘Editado por Siglo XXI editores’.

«Raíces culturales y espirituales de Europa» G. Reale. Editado por Herder’.

«Fe, verdad y tolerancia» Joseph Ratzinger. ‘Editado por SÍGUEME’

«La Iglesia» Joseph Ratzinger» ‘Editado por San Pablo’.

«Introducción al cristianismo» Joseph Ratzinger. ‘Editado por Sígueme’.

«Leyendas negras de la Iglesia» V. Messori. ‘Editado por Planeta-Testimonio’.

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).