A partir de Pentecostés, la reconciliación de todos los pueblos ya no es un sueño confiado a un futuro lejano. Se ha convertido en una realidad, destinada a crecer incesantemente con la expansión universal de la Iglesia. El Espíritu Santo, que es Espíritu de amor y de unidad, realiza concretamente la finalidad del sacrificio redentor de Cristo, la reunión de los hijos de Dios en un tiempo, dispersos.
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“Las palabras que no dan la luz de Cristo, agrandan la oscuridad”.
(Beata Teresa de Calcuta)
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Creo en Dios pero no en la Iglesia
Es muy frecuente escuchar eso de "Yo creo en Dios pero no en la Iglesia". A esta clase de personas que manifiestan tan incongruentes ideas, habría que decirles aquella frase de San Cipriano que dice: "Nadie puede tener a Dios como Padre si no tiene a la Iglesia como Madre". Y es que, lo que subyace en el pensamiento de esta clase de personas, que dicen creer en Dios pero no en la Iglesia o que manifiestan que son creyentes pero practicantes es: Primeramente un total desconocimiento de lo que es Dios y de lo que es la Iglesia y después, el deseo de adquirir los beneficios terrenales y quizá también sueñen con los celestiales, de la condición de cristiano católico, sin tener que soportar las cargas correspondientes, creándose para ello un dios particular que no sé, si es que piensan, que este le va a salvar.
Lo primero de todo cuando se niega algo, es tener conocimiento de los que se niega, saber lo que se está negando. Sobre toso cuando lo que uno se está jugando, es algo tan importante como la salvación eterna. Esto nos hace pensar que primeramente hay que saber, que es lo que estas personas entiende por Dios, cual es su idea acerca de Dios. En la generalidad de los casos, todas estas personas que manifiestan que: “creen en Dios pero no en la Iglesia”, en realidad no creen en Dios. Tienen una vaga idea de la existencia de un Ser supremo, al que llaman Dios, pues su sentido común les dice que indudablemente algo hay por encima de ellos. Y partiendo de esa aceptación, que sus mentes tienen de la existencia de un Ser supremo, ellos se fabrican su propio dios con el que directamente dicen que se entienden y desde luego se deben de entender muy cómodamente con él, pues su dios ni les complica la vida, ni les impone ningún tipo de obligación.
Existe otra categoría de los que manifiestan, que: “creen en Dios pero no en la Iglesia”, que son aquellos, que se auto titulan cristianos e inclusive cristianos católicos. En general se suele tratar de personas, que fueron educadas en su niñez en la religión católica, y que se han apartado de ella, que viven al margen de ella, pero no quieren reconocer la realidad de su situación y tratan de vivir en la ficción de: “soy católico pero no practico”, y para justificar su falta de práctica, acuden a la afirmación de decir, es que yo: “creo en Dios pero no en la Iglesia”, para entenderme con Dios no necesito de la Iglesia. De las dos posturas, diré, que dentro de la heterodoxia en que ambas incurren, la primera me parece más coherente y noble.
Tal como antes decíamos, lo primero es tener conocimiento de lo que se dice y en función de que se afirma lo que se dice. Nunca he encontrado a nadie que manifestase: “creo en Dios pero no en la Iglesia”, que estuviese mínimamente instruido acerca del contenido de los Evangelios, y en lo que es y cuál es la función de la Iglesia. De entrada, creo que cualquiera que lea esta glosa, sabe perfectamente que la Iglesia no es solo el Papa, los obispos y los curas, sino que somos todos los bautizados. La Iglesia es: La congregación de todos los bautizados, unidos en la misma fe verdadera, bajo la autoridad del Sumo Pontífice y los obispos en comunión con él. Tampoco creo que se hayan dejado manipular, por las producciones cinematográficas como el “Código da Vinci” y más recientemente “Ágora”, esperpentos que falsean la historia, la mezclan con la ficción o los bastardos deseos de los creadores de estas películas que tanto daño están causando. Estas películas y el sin fin de libros, sobre todo los de carácter “exotéricos” juega mucho con la falta de información del público en general. Si buscamos en el DRAE, encontraremos que una de las acepciones del término “exotérico”, es: Dícese de lo que es de fácil acceso para la mente.
Antes de justificar la existencia y la necesidad de la Iglesia, tengamos en cuenta lo que escribe el obispo Fulton Sheen: “Los dos errores más comunes concernientes a la Iglesia son: 1.- La creencia de que los cristianos surgieron primero y la Iglesia después; 2.- Que para justificar a la Iglesia hemos de recurrir al Nuevo Testamento, que precedió a la Iglesia. Respecto al primer error: El cuerpo místico de Cristo fue el principio de la Iglesia y los apóstoles constituyeron su primera prolongación. La iglesia no tuvo su origen en la voluntad del hombre. Con respecto al segundo error, la Iglesia existió durante el imperio romano antes de que se escribiese ni un solo libro del Nuevo Testamento. El evangelio procede de la Iglesia y no la Iglesia del evangelio”
Escribe Henry Nouwen que: “Muchas veces y con frecuencia nos parece más difícil creer en la Iglesia que creer en Dios. Pero cuando separamos nuestra fe en Dios de nuestra fe en la Iglesia, nos convertimos en incrédulos. Dios nos ha dado la Iglesia, como el lugar donde Él se hace Dios-con-nosotros”. Y ella es la gran manifestación, en la tierra, de la gloria, del misterio y del amor de Dios.
La Iglesia fue, primariamente instituida por Nuestro Señor, cuando lleva a cabo la elección de los doce apóstoles (Mt 10,1-4; Mc 3,13-19; Lc 6,13-19). Con posterioridad son varios los pasajes evangélicos en los que de forma más menos directa se alude a la Iglesia de Cristo, pero el más conocido y rotundo de ellos es el que se refiere a lo ocurrido en Cesaréa de Filippo; donde: “El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy? Tomando la palabra, Simón Pedro dijo: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Y Jesús respondiendo dijo: Bienaventurado tú Simón Bar Jona, porque no es la carne ni la sangre quien esto te ha revelado, sino mi Padre, que está en los cielos. Y yo te digo a ti que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificare yo mi iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Yo te daré las llaves del reino de los cielos, y cuanto atares en la tierra será atado en los cielos, y cuanto desatares en la tierra será desatado en los cielos. Entonces ordeno a los discípulos que a nadie dijeran que Él era el Mesías”. (Mt 16,15-20).
La Iglesia de Cristo después de su muerte y resurrección, el impulso y control de esta, quedó en manos del Espíritu Santo. Los apóstoles no crearon la Iglesia, ellos solo fueron unos meros ejecutores de las mociones e inspiraciones del Espíritu Santo, porque no hay poder, en la Iglesia que no sea una manifestación de la gracia del Espíritu Santo. Lo que el alma es al cuerpo del hombre, eso es el Espíritu Santo al cuerpo de Cristo, que es la Iglesia. El Espíritu Santo hace en toda la Iglesia, lo que el alma hace en todos los miembros de un mismo cuerpo.
La Iglesia como Iglesia, tiene una misión que se extiende más allá de sí misma. Su misión es la extensión del Reino de Dios a todas las personas y la transformación del mundo en el Reino de Dios. Por esta razón, la tradición católica ha sido siempre de transformación social, tanto la transformación social en el interior de la Iglesia como la de la sociedad fuera de la Iglesia. Ella es el cuerpo místico del Señor. Sin Cristo no puede haber Iglesia; y sin la Iglesia no podemos estar unidos a Cristo. No es posible encontrar a nadie que se haya acercado a Cristo al margen de su Iglesia. Escuchar a la Iglesia, es escuchar al Señor de la Iglesia.
Georges Chevrot, escribe diciendo: “La iglesia conduce de la tierra al cielo. Está compuesta de pecadores que el Señor va purificando sin cesar y conduce poco a poco a la santidad. El trigo y la cizaña conviven. La división tendrá efecto el día en que Cristo vuelva de nuevo con su gloria. Nadie sino los ángeles tendrán derecho a separarlos”.
Juan del Carmelo no es quien dice ser. O mejor dicho, es quien es, pero prefiere presentarse en su alter ego Juan del Carmelo que no es más que un seglar que, a finales de los años 80, experimentó la llamada de Dios y se vinculó al Carmelo Teresiano 29 noviembre 2009 - www.religinenlibertad.com
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“CREO EN EL ESPÍRITU SANTO”
687 "Nadie conoce lo íntimo de Dios, sino el Espíritu de Dios" (1 Co 2, 11). Pues bien, su Espíritu que lo revela nos hace conocer a Cristo, su Verbo, su Palabra viva, pero no se revela a sí mismo. El que "habló por los profetas" (Símbolo Niceno-Constantinopolitano: DS 150) nos hace oír la Palabra del Padre. Pero a él no le oímos. No le conocemos sino en la obra mediante la cual nos revela al Verbo y nos dispone a recibir al Verbo en la fe. El Espíritu de verdad que nos "desvela" a Cristo "no habla de sí mismo" (Jn 16, 13). Un ocultamiento tan discreto, propiamente divino, explica por qué "el mundo no puede recibirle, porque no le ve ni le conoce", mientras que los que creen en Cristo le conocen porque él mora en ellos (Jn 14, 17).
688 La Iglesia, comunión viviente en la fe de los Apóstoles que ella transmite, es el lugar de nuestro conocimiento del Espíritu Santo:
– en las Escrituras que Él ha inspirado;
– en la Tradición, de la cual los Padres de la Iglesia son testigos siempre actuales;
– en el Magisterio de la Iglesia, al que Él asiste;
– en la liturgia sacramental, a través de sus palabras y sus símbolos, en donde el Espíritu Santo nos pone en comunión con Cristo;
– en la oración en la cual Él intercede por nosotros;
– en los carismas y ministerios mediante los que se edifica la Iglesia;
– en los signos de vida apostólica y misionera;
– en el testimonio de los santos, donde Él manifiesta su santidad y continúa la obra de la salvación.

Amar la Iglesia católica
Etimológicamente, el término “Iglesia” significa “reunión de los llamados”. El término “católico”, todos sabemos que significa “universal”. Y en este sentido el Catecismo de la Iglesia católica en su parágrafo 831, nos dice que: “Es católica porque ha sido enviada por Cristo en misión a la totalidad del género humano”. Todos los hombres están invitados al Pueblo de Dios, y la Iglesia católica tiende siempre y eficazmente a reunir a la humanidad entera con todos sus valores, bajo Cristo, como cabeza en la unidad de su espíritu, porque el catolicismo no es doctrina parcial de exclusiones y limitaciones. Como doctrina que es de Dios, de la Verdad total, es doctrina de síntesis, de incorporación e integración de todos. Tal como señala el periodista italiano Vittorio Messori, la Iglesia ha rechazado siempre ser un grupo selecto, siempre ha querido ser instrumento de salvación para toda la humanidad, sobre todo para los más abandonados para los subdesarrollados, para los no intelectuales para los más débiles.
En el documento del Vaticano II “Lumen gentium”, se puede leer: “Cristo, Mediador único, estableció su Iglesia santa, comunidad de fe, de esperanza y de caridad en este mundo como una trabazón visible, y la mantiene constantemente, por la cual comunica a todos la verdad y la gracia. Pero la sociedad dotada de órganos jerárquicos, y el cuerpo místico de Cristo, reunión visible y comunidad espiritual, la Iglesia terrestre y la Iglesia dotada de bienes celestiales, no han de considerarse como dos cosas, porque forman una realidad compleja, constituida por un elemento humano y otro divino”.
Y sobre todo esto, uno se puede preguntar: ¿Todo esto, porque es así? ¿Dónde se encuentra el origen de todo esto? El origen de todo está y tiene su origen en tres hechos evangélicos, básicos: El primero es la elección por el Señor, de doce hombres que habrían de formar el Colegio apostólico (Mt 10,1-4); (Mc 3,13-19); (Lc 6,13-19). El segundo es la declaración del Señor en Cesarea de Filipo al pie del Monte Hermón dónde le dijo a Pedro: “Bienaventurado tu Simón Bar Jona, porque no es la carne ni la sangre quien esto te ha revelado, sino mi Padre, que está en los cielos. Y yo te digo a ti que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificare yo mi iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Yo te daré las llaves del reino de los cielos, y cuanto atares en la tierra será atado en los cielos, y cuanto desatares en la tierra será desatado en los cielos”. (Mt 16,17-19). Y el tercero es la venida del Espíritu Santo sobre el Colegio apostólico, es decir, Pentecostés (Hech 2,1-21).
La Iglesia, en contra de lo que muchos suponen o piensan no es una consecuencia de los Evangelios, ni una prolongación de una primitiva asociación de cristianos. Los Evangelios fueron redactados bastante después del nacimiento de la Iglesia. Son los Evangelios los que son una consecuencia de la existencia de la Iglesia y no al contrario. Esta idea la expresa Fulton Sheen con otras palabras al decir que: “Fue el Nuevo Testamento lo que salió de la Iglesia, y no la Iglesia lo que salió del Nuevo Testamento”.
El Verbo se hizo carne -escribe Royo Marín- para salvar a los hombres del poder del demonio, para redimirles de la esclavitud del pecado, para mostrarles el camino de la salvación, para restituirles la gracia original y a la amistad con Dios, para desvelarles el misterio del reino de los cielos. Su misión estaba en elevar a los hombres al mundo sobrenatural que habían perdido por el pecado de Adán, no en rebajar el mundo sobrenatural subordinándolo al mundo perecedero hasta ponerlo al servicio de intereses humanos temporales.
Y para la realización de esta misión que señala, el Señor teniendo en cuenta nuestra necesidad humana de una seguridad visible, constituyo la Iglesia y la eligió como el canal, para que a través de símbolos visibles, se distribuyeran sus gracias. Y para ello, instituyó los sacramentos, para que supiéramos cuándo y que gracias recibíamos. Pero unos sacramentos visibles necesitaban de un intermediario también visible en el mundo, que fuese el guardián y el distribuidor de los sacramentos, y ese agente visible es la Iglesia que el Señor estableció.
La Iglesia como Iglesia, por lo tanto tiene una misión que se extiende más allá de sí misma. Su misión es la extensión del Reino a todas las personas y la transformación del mundo en el Reino de Dios. La Iglesia aparece así -escribe Jean Lafrance- como la comunidad orante de los que saben que por la oración reciben el poder transformante del espíritu de Cristo, de los que se han hecho sensibles a este poder, capaces de hacer esta experiencia. “La Iglesia es el lugar espiritual en el que el poder de Dios se experimenta constantemente en la oración, es el lugar donde el Espíritu se experimenta como poder, y esta sensibilidad espiritual de los fieles a la presencia y a la acción de Dios es provocada por el Espíritu”. La Iglesia es la gran manifestación, en la tierra, de la gloria, del misterio y del amor de Dios, por ello hemos nosotros de amarla, como algo entrañablemente nuestro, ya que nosotros cada uno de nosotros somos parte de ese todo denominado Iglesia.
La Iglesia es el cuerpo del Señor. Sin Él -escribe Henry Nouwen- no puede haber Iglesia; y sin la Iglesia no podemos estar unidos a Jesús. Todavía no he encontrado a nadie que se haya acercado a Jesús abandonando la Iglesia. Escuchar a la Iglesia es escuchar al Señor de la Iglesia. Tal como decía el cardenal Newman, “…a los hombres aquí en este mundo, no tienen más salida que ser ateos o católicos. De esto sigo convencido: soy católico porque tengo fe en Dios, le contestaré que creo en Dios porque tengo fe en mi mismo, porque no me parece imposible tener fe en mi propia existencia (de la que estoy plenamente seguro) sin creer en la existencia de Alguien que vive en mi conciencia como un Ser Personal que todo lo ve y todo lo juzga”.
Escribe Georges Chevrot: “La iglesia conduce de la tierra al cielo. Está compuesta de pecadores que el Señor va purificando sin cesar y conduce poco a poco a la santidad. El trigo y la cizaña conviven. La división tendrá efecto el día en que Cristo vuelva de nuevo a su gloria. Nadie sino los ángeles tendrán derecho a separarlos”. Y hasta que llegue ese día la Iglesia católica permanecerá siempre, porque tal como dijo el Señor en Cesarea de Filipo, “…las puertas del infierno no prevalecerán contra ella”. Y asimismo también afirmó el Señor: “Jesús se acercó y les dijo: "Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos míos en todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28,18-20).
Juan del Carmelo. 17.II.MMX
http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=7102
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La comunidad cristiana de Roma está estrechamente ligada a Pedro, pero ciertamente este apóstol no es su fundador. Generalmente se suele fechar la llegada de Pedro en el año 42.
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La Iglesia, desde el inicio, es católica,
esta es su esencia más profunda, dice Pablo.
El nuevo pueblo de Dios, la Iglesia, es un pueblo que proviene de todos los pueblos. La Iglesia, desde el inicio, es católica, esta es su esencia más profunda. San Pablo explica y destaca esto en la segunda lectura, cuando dice: "Porque en un solo Espíritu hemos sido todos bautizados, para no formar más que un cuerpo, judíos y griegos, esclavos y libres. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu" (1 Co 12, 13). La Iglesia debe llegar a ser siempre nuevamente lo que ya es: debe abrir las fronteras entre los pueblos y derribar las barreras entre las clases y las razas. En ella no puede haber ni olvidados ni despreciados. En la Iglesia hay sólo hermanos y hermanas de Jesucristo libres.
La primera lectura y el evangelio del domingo de Pentecostés nos presentan dos grandes imágenes de la misión del Espíritu Santo. La lectura de los Hechos de los Apóstoles narra cómo el Espíritu Santo, el día de Pentecostés, bajo los signos de un viento impetuoso y del fuego, irrumpe en la comunidad orante de los discípulos de Jesús y así da origen a la Iglesia.
Para Israel, Pentecostés se había transformado de fiesta de la cosecha en fiesta conmemorativa de la conclusión de la alianza en el Sinaí. Dios había mostrado su presencia al pueblo a través del viento y del fuego, después le había dado su ley, los diez mandamientos. Sólo así la obra de liberación, que comenzó con el éxodo de Egipto, se había cumplido plenamente: la libertad humana es siempre una libertad compartida, un conjunto de libertades. Sólo en una armonía ordenada de las libertades, que muestra a cada uno el propio ámbito, puede mantenerse una libertad común.
Por eso el don de la ley en el Sinaí no fue una restricción o una abolición de la libertad, sino el fundamento de la verdadera libertad. Y, dado que un justo ordenamiento humano sólo puede mantenerse si proviene de Dios y si une a los hombres en la perspectiva de Dios, a una organización ordenada de las libertades humanas no pueden faltarle los mandamientos que Dios mismo da. Así, Israel llegó a ser pueblo de forma plena precisamente a través de la alianza con Dios en el Sinaí. El encuentro con Dios en el Sinaí podría considerarse como el fundamento y la garantía de su existencia como pueblo.
El viento y el fuego, que bajaron sobre la comunidad de los discípulos de Cristo reunida en el Cenáculo, constituyeron un desarrollo ulterior del acontecimiento del Sinaí y le dieron nueva amplitud. En aquel día, como refieren los Hechos de los Apóstoles, se encontraban en Jerusalén, "judíos piadosos (...) de todas las naciones que hay bajo el cielo" (Hch 2, 5). Y entonces se manifestó el don característico del Espíritu Santo: todos ellos comprendían las palabras de los Apóstoles: "La gente (...) les oía hablar cada uno en su propia lengua" (Hch 2, 6).
El Espíritu Santo da el don de comprender. Supera la ruptura iniciada en Babel -la confusión de los corazones, que nos enfrenta unos a otros-, y abre las fronteras. El pueblo de Dios, que había encontrado en el Sinaí su primera configuración, ahora se amplía hasta la desaparición de todas las fronteras. El nuevo pueblo de Dios, la Iglesia, es un pueblo que proviene de todos los pueblos. La Iglesia, desde el inicio, es católica, esta es su esencia más profunda.
San Pablo explica y destaca esto en la segunda lectura, cuando dice: "Porque en un solo Espíritu hemos sido todos bautizados, para no formar más que un cuerpo, judíos y griegos, esclavos y libres. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu" (1 Co 12, 13). La Iglesia debe llegar a ser siempre nuevamente lo que ya es: debe abrir las fronteras entre los pueblos y derribar las barreras entre las clases y las razas. En ella no puede haber ni olvidados ni despreciados. En la Iglesia hay sólo hermanos y hermanas de Jesucristo libres.
El viento y el fuego del Espíritu Santo deben abrir sin cesar las fronteras que los hombres seguimos levantando entre nosotros; debemos pasar siempre nuevamente de Babel, de encerrarnos en nosotros mismos, a Pentecostés. Por tanto, debemos orar siempre para que el Espíritu Santo nos abra, nos otorgue la gracia de la comprensión, de modo que nos convirtamos en el pueblo de Dios procedente de todos los pueblos; más aún, san Pablo nos dice: en Cristo, que como único pan nos alimenta a todos en la Eucaristía y nos atrae a sí en su cuerpo desgarrado en la cruz, debemos llegar a ser un solo cuerpo y un solo espíritu.
La segunda imagen del envío del Espíritu Santo, que encontramos en el evangelio, es mucho más discreta. Pero precisamente así permite percibir toda la grandeza del acontecimiento de Pentecostés. El Señor resucitado, a través de las puertas cerradas, entra en el lugar donde se encontraban los discípulos y los saluda dos veces diciendo: "La paz con vosotros".
Nosotros cerramos continuamente nuestras puertas; continuamente buscamos la seguridad y no queremos que nos molesten ni los demás ni Dios. Por consiguiente, podemos suplicar continuamente al Señor sólo para que venga a nosotros, superando nuestra cerrazón, y nos traiga su saludo. "La paz con vosotros": este saludo del Señor es un puente, que él tiende entre el cielo y la tierra. Él desciende por este puente hasta nosotros, y nosotros podemos subir por este puente de paz hasta él.
Por este puente, siempre junto a él, debemos llegar también hasta el prójimo, hasta aquel que tiene necesidad de nosotros. Precisamente abajándonos con Cristo, nos elevamos hasta él y hasta Dios: Dios es amor y, por eso, el descenso, el abajamiento que nos pide el amor, es al mismo tiempo la verdadera subida. Precisamente así, al abajarnos, al salir de nosotros mismos, alcanzamos la altura de Jesucristo, la verdadera altura del ser humano.
Al saludo de paz del Señor siguen dos gestos decisivos para Pentecostés; el Señor quiere que su misión continúe en los discípulos: "Como el Padre me envió, también yo os envío" (Jn 20, 21).
Después de lo cual, sopla sobre ellos y dice: "Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos" (Jn 20, 23). El Señor sopla sobre sus discípulos, y así les da el Espíritu Santo, su Espíritu. El soplo de Jesús es el Espíritu Santo.
Aquí reconocemos, ante todo, una alusión al relato de la creación del hombre en el Génesis, donde se dice: "El Señor Dios formó al hombre con polvo del suelo, e insufló en sus narices aliento de vida" (Gn 2, 7). El hombre es esta criatura misteriosa, que proviene totalmente de la tierra, pero en la que se insufló el soplo de Dios. Jesús sopla sobre los Apóstoles y les da de modo nuevo, más grande, el soplo de Dios. En los hombres, a pesar de todos sus límites, hay ahora algo absolutamente nuevo, el soplo de Dios. La vida de Dios habita en nosotros. El soplo de su amor, de su verdad y de su bondad.
Así, también podemos ver aquí una alusión al bautismo y a la confirmación, a esta nueva pertenencia a Dios, que el Señor nos da. El texto del evangelio nos invita a vivir siempre en el espacio del soplo de Jesucristo, a recibir la vida de él, de modo que él inspire en nosotros la vida auténtica, la vida que ya ninguna muerte puede arrebatar.
Al soplo, al don del Espíritu Santo, el Señor une el poder de perdonar. Hemos escuchado antes que el Espíritu Santo une, derriba las fronteras, conduce a unos hacia los otros. La fuerza, que abre y permite superar Babel, es la fuerza del perdón. Jesús puede dar el perdón y el poder de perdonar, porque él mismo sufrió las consecuencias de la culpa y las disolvió en las llamas de su amor. El perdón viene de la cruz; él transforma el mundo con el amor que se entrega. Su corazón abierto en la cruz es la puerta a través de la cual entra en el mundo la gracia del perdón. Y sólo esta gracia puede transformar el mundo y construir la paz.
Si comparamos los dos acontecimientos de Pentecostés, el viento impetuoso del quincuagésimo día y el soplo leve de Jesús en el atardecer de Pascua, podemos pensar en el contraste entre dos episodios que sucedieron en el Sinaí, de los que nos habla el Antiguo Testamento. Por una parte, está el relato del fuego, del trueno y del viento, que preceden a la promulgación de los diez mandamientos y a la conclusión de la alianza (cf. Ex 19 ss); por otra, el misterioso relato de Elías en el Horeb. Después de los dramáticos acontecimientos del monte Carmelo, Elías había escapado de la ira de Ajab y Jezabel. Luego, cumpliendo el mandato de Dios, había peregrinado hasta el monte Horeb.
El don de la alianza divina, de la fe en el Dios único, parecía haber desaparecido en Israel. Elías, en cierto modo, debía reavivar en el monte de Dios la llama de la fe y llevarla a Israel. En aquel lugar experimenta el huracán, el temblor de tierra y el fuego. Pero Dios no está presente en todo ello. Entonces, percibe el susurro de una brisa suave. Y Dios le habla desde esa brisa suave (cf. 1 R 19, 11-18).
¿No es precisamente lo que sucedió en la tarde de Pascua, cuando Jesús se apareció a sus Apóstoles, lo que nos enseña qué es lo que se quiere decir aquí? ¿No podemos ver aquí una prefiguración del siervo de Yahveh, del que Isaías dice: "No vociferará ni alzará el tono, y no hará oír en la calle su voz"? (Is 42, 2) ¿No se presenta así la humilde figura de Jesús como la verdadera revelación en la que Dios se manifiesta a nosotros y nos habla? ¿No son la humildad y la bondad de Jesús la verdadera epifanía de Dios?
Elías, en el monte Carmelo, había tratado de combatir el alejamiento de Dios con el fuego y con la espada, matando a los profetas de Baal. Pero, de ese modo no había podido restablecer la fe. En el Horeb debe aprender que Dios no está ni en el huracán, ni en el temblor de tierra ni en el fuego; Elías debe aprender a percibir el susurro de Dios y, así, a reconocer anticipadamente a aquel que ha vencido el pecado no con la fuerza, sino con su Pasión; a aquel que, con su sufrimiento, nos ha dado el poder del perdón. Este es el modo como Dios vence.
Queridos ordenandos, de este modo el mensaje de Pentecostés se dirige ahora directamente a vosotros. La escena de Pentecostés, en el evangelio de san Juan, habla de vosotros y a vosotros. A cada uno de vosotros, de modo muy personal, el Señor le dice: ¡la paz con vosotros!, ¡la paz contigo! Cuando el Señor dice esto, no da algo, sino que se da a sí mismo, pues él mismo es la paz (cf. Ef 2, 14).
En este saludo del Señor podemos vislumbrar también una referencia al gran misterio de la fe, a la santa Eucaristía, en la que él se nos da continuamente a sí mismo y, de este modo, nos da la verdadera paz. Así, este saludo se sitúa en el centro de vuestra misión sacerdotal: el Señor os confía el misterio de este sacramento. En su nombre podéis decir: "este es mi cuerpo", "esta es mi sangre". Dejaos atraer siempre de nuevo a la santa Eucaristía, a la comunión de vida con Cristo.
Considerad como centro de toda jornada el poder celebrarla de modo digno. Conducid siempre de nuevo a los hombres a este misterio. A partir de ella, ayudadles a llevar la paz de Cristo al mundo.
En el evangelio que acabamos de escuchar resuena también una segunda expresión del Resucitado: "Como el Padre me envió, también yo os envío" (Jn 20, 21). Cristo os dice esto, de modo muy personal, a cada uno de vosotros. Con la ordenación sacerdotal, os insertáis en la misión de los Apóstoles. El Espíritu Santo es viento, pero no es amorfo. Es un Espíritu ordenado.
Se manifiesta precisamente ordenando la misión, en el sacramento del sacerdocio, con la que continúa el ministerio de los Apóstoles. A través de este ministerio, os insertáis en la gran multitud de quienes, desde Pentecostés, han recibido la misión apostólica. Os insertáis en la comunión del presbiterio, en la comunión con el obispo y con el Sucesor de san Pedro, que aquí, en Roma, es también vuestro obispo.
Todos nosotros estamos insertados en la red de la obediencia a la palabra de Cristo, a la palabra de aquel que nos da la verdadera libertad, porque nos conduce a los espacios libres y a los amplios horizontes de la verdad. Precisamente en este vínculo común con el Señor podemos y debemos vivir el dinamismo del Espíritu. Como el Señor salió del Padre y nos dio luz, vida y amor, así la misión debe ponernos continuamente en movimiento, impulsarnos a llevar la alegría de Cristo a los que sufren, a los que dudan y también a los reacios.
Por último, está el poder del perdón. El sacramento de la penitencia es uno de los tesoros preciosos de la Iglesia, porque sólo en el perdón se realiza la verdadera renovación del mundo.
Nada puede mejorar en el mundo, si no se supera el mal. Y el mal sólo puede superarse con el perdón. Ciertamente, debe ser un perdón eficaz. Pero este perdón sólo puede dárnoslo el Señor. Un perdón que no aleja el mal sólo con palabras, sino que realmente lo destruye. Esto sólo puede suceder con el sufrimiento, y sucedió realmente con el amor sufriente de Cristo, del que recibimos el poder del perdón.
S. S. Benedicto XVI P.P. - Colina vaticana, Roma, Italia – 2005.05
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El Concilio Vaticano II explora la riqueza inagotable del misterio de la Iglesia, explicando modelos o modalidades diferentes: la Iglesia como sacramento, como comunidad, como heraldo, como sierva.
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miniatura del final medioevo France 1460 ca.
La verdadera Iglesia de Cristo.
Ante la invasión de las sectas, en especial en Hispanoamérica, cuando estas se reclaman "iglesia", conviene tener presentes cuales son las características con las que Cristo dotó y definió a Su Iglesia. De esta comprobación vemos que la única Iglesia verdadera es la que, con continuidad desde Su fundación, tiene como Vicario de Cristo al sucesor de Pedro. Es un tema fundamental para cualquier dialogo con lo protestantes.
Una vez que se establece cual de todas las organizaciones religiosas actuales es la Iglesia fundada por Cristo, las demás objeciones a nuestra fe, salen sobrando.
Antecedentes
Desde la eternidad, Nuestro Buen Dios, sabia que, victimas del mal uso de la libertad que el nos daba, el hombre caería de su gracia, por lo cual, forjo para nosotros un plan de salvación, y para ello, llamo a Abraham, para que saliera a la "tierra que el Señor le mostraría", y un nieto de él, le dará el nombre al Pueblo Escogido por Dios, Jacob, nieto de Abraham, será Israel.
Israel tendrá doce hijos, de cada uno de los cuales, saldrá una tribu.
El Verbo se hace carne y habita entre nosotros (Jn 1,14) y nace en el interior de ese pueblo, de una Virgen Judía, del vientre virginal de Maria Santísima.
De ese pueblo de Israel, nacerá el Salvador de la humanidad, El fundará una Iglesia a la que le dará los máximos medios de salvación.
Y precisamente, por ser esa iglesia de origen Divino, Satanás se empeñará en destruirla, lo que nunca logrará pues su Divino Fundador le aseguro que ni los poderes del infierno la podrían vencer.
Pero aun sabiendo que no podrá destruirla, el sigue adelante en su lucha en contra de la salvación de los hombres, y susurra a ellos mil y un herejías, difama a la Esposa de Cristo para que la gente la abandone y se pierda en la nueva Babilonia que es el protestantismo y el indiferentismo religioso.
Por tal razón, abordamos este tema, como una respuesta a la solicitud de varios amigos nuestros que nos demandan un estudio sobre la Iglesia, pero que vaya orientado a dar respuestas a los cuestionamientos que reciben de parte de los protestantes que están por todas partes intentando robar nuestra fe.
Entramos pues al estudio del tema de la Iglesia, con fines eminentemente apologéticos
Llamada a la Santidad y al Servicio
Nuestro Señor, primeramente, al iniciar su vida publica, "desde la multitud llamo a los que el quiso" (Mc 3, 13-15), para hacerlos sus apóstoles y ser prenda de salvación para la humanidad, con ellos constituyo los cimientos de su Iglesia, y los envió a predicar el evangelio a toda la creación.
Hay que poner especial cuidado en esta parte: Cristo, libremente, por voluntado propia -nos dice San Marcos- llama a los que el quiere, esto es fundamental, ya que el protestantismo es muy dado a cuestiona a los miembros de la jerarquía eclesiástica, comenzando con el mismo San Pedro, diciendo que era un pecador, que había otros mejores para ser los encargados de la Iglesia, etc...
Aquí hay que tener cuidado, y analizar si lo que deseamos es estar en una iglesia que parezca buena a nuestros ojos, o en la Iglesia de Cristo, donde El elige sus miembros y los llama a integrar Su Iglesia.
Este es el principal problema protestante, se buscan una "iglesia" a su medida, aunque no se lo que Cristo quiere.
El Germen de Nuestra Iglesia.
A esos doce, Cristo, a la par de que enseñaba el Evangelio, los preparaba, explicando todo lo relacionado al Reino, y la manera de llegar a El, les investía de autoridad y moldeaba sus espíritus par al misión que les esperaba.
A esos Doce, poco a poco, se van agregando cada vez mas personas a colaborar en el anuncio del mensaje de salvación traído por Jesucristo, y silenciosamente, se va formando la Iglesia de Dios.
La palabra Iglesia (ecclesia) se utilizó en su primer sentido para expresar la entera congregación de la Cristiandad Católica unida en una Fe, obedeciendo a una Jerarquía en comunión consigo misma, en ese momento, el jefe visible era Cristo, después lo será Pedro y sus sucesores.
Debemos de tener en cuenta de que, aun y cuando Nuestro Señor tenía muchos seguidores, solo a los Doce les dio los poderes de enseñar, administrar sacramentos, etc... no es a cualquier persona, son los escogidos por El.
Sus Poderes
Los poderes a los que hacemos alusión en líneas anteriores, se pueden resumir en la siguiente cita bíblica, la cual tomamos del evangelio de san Mateo, capitulo 28, versículos 19-20 en el cual leemos que Nuestro Señor Jesucristo le dice a los Apóstoles: "Todo poder se me ha dado en el cielo y en la tierra, por eso vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautícenlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado, yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de los tiempos".
En estas palabras de Nuestro Señor, podemos distinguir tres potestades o poderes que le da a su Iglesia a través de los apóstoles:
Primero.- La Iglesia adquiere su carácter Apostólico. Cuando Jesucristo dice "vayan" legitima el carácter misionero de la Iglesia, nos envía a predicar la verdad a todo el mundo, con su autoridad, no nos deja segundas opciones, solo en su Iglesia hay salvación, por tanto, se ha de luchar para que todos sean parte de ella.
Segundo.- Con las palabras que estamos comentando, la Iglesia recibe también el poder de administrar los Sacramentos, cuando Cristo dice "bautícenlos en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo".
En ese momento, se constituye a la iglesia como la única depositaria del poder de administrar validamente los siete Sacramentos. Solo los apóstoles y sus sucesores legítimos pueden dar la salvación que Cristo nos lego a través de ellos.
Tercero.- La Iglesia también recibió en ese momento, la autoridad de ser Maestra de la humanidad. Cuando Cristo dice "enséñenles a cumplir lo que yo les he encomendado" autoriza a la Iglesia para que Ella sea la que nos enseñe el camino de salvación que Cristo nos dejo. Por tal razón, en tratándose de cuestiones de fe, nadie debe desoír jamás la visión de la Iglesia que es Una, Santa, Católica y Apostólica.

Cimentada en San Pedro.
Yo he puesto en Sión
por fundamento una Roca,
Roca probada, Roca angular,
de precio, solidamente asentada.
El que en ella se apoye no titubeara
Isaías 28,16
El nombre verdadero y originario de San Pedro era Simón, que aparece a veces como Simeón. (Hechos 15:14; II Pedro 1:1). Era hijo de Jonás (Juan) y nacido en Betsaida (Juan 1:42, 44), un pueblo junto al Lago de Genesaret, de cuya ubicación no hay certeza, aunque generalmente se lo busca en el extremo norte del lago. El Apóstol Andrés era su hermano, y el Apóstol Felipe provenía del mismo pueblo.
Al igual que tantos de sus contemporáneos Judíos, a él lo atraía la prédica de penitencia del Bautista y junto a su hermano Andrés, estaba entre los seguidores de Juan en Betania, sobre la margen oriental del Jordán. Cuando, luego que el Alto Consejo hubo mandado por segunda vez enviados al Bautista, éste señaló a Jesús que pasaba, diciendo, "He ahí al Cordero de Dios", siguiéndolo Andrés y otro discípulo al Salvador a su residencia y permaneciendo por un día con Él.
Más tarde, encontrando a su hermano Simón, Andrés le dijo "Hemos hallado al Mesías", y lo llevó hasta Jesús, quien, fijando su mirada en él, le dijo: "Tú eres Simón el hijo de Juan: tú te llamarás Cefas, que se interpreta como Pedro". Ya en este primer encuentro, el Salvador anticipó el cambio del nombre de Simón por Cefas (Kephas; Arameo Kipha, roca), que es traducido como Petros (Latín, Petrus), probando que Cristo tenía ya miras especiales respecto de Simón. Más adelante, probablemente al tiempo de su llamado definitivo al Apostolado junto a los otros once Apóstoles, Jesús dio a Simón el nombre de Cefas (Petrus), tras lo cual era llamado generalmente Pedro, en especial por Cristo en la ocasión solemne que siguió a la profesión de fe de Pedro (Mateo 16:18; cf. abajo). Los Evangelistas suelen combinar ambos nombres, mientras que San Pablo usa el nombre Cefas.
Cristo da su Autoridad a Pedro.
En esta sección veremos de donde le viene a Pedro y sus sucesores la autoridad que tienen.
En el Credo encontramos que nuestra Iglesia tiene algunas notas que las sectas protestantes no tienen, y que permiten identificarla como la Iglesia fundada por Cristo.
Una de esas notas es que nuestra iglesia es Apostólica, y lo es por varias razones, una de ellas es porque nuestra Iglesia tuvo como base a los apóstoles, porque nuestra iglesia entronca directamente con ellos, y a través de los mismos con Cristo Nuestro Señor, y además, cree en las enseñanzas de los apóstoles, pero también por que fue enviada, porque no actúa a nombre propio.
"Apóstol" significa "enviado" nuestra Iglesia fue enviada por Cristo a predicar el evangelio (Mc. 16, 15-16 y Mt 28 19-20) además, Cristo dijo a los apóstoles "quien a ustedes recibe, a mi me recibe, quien me recibe a mi , recibe al que me envió"
En ese orden de ideas, empezamos el estudio de la autoridad de San Pedro y sus sucesores, esto es fundamental al momento de hablar con los protestantes, o con algún católico progresista que dice que la iglesia no es jerárquica sino circular, la autoridad de San Pedro le viene directamente del mismo Cristo, veamos que dicen las Sagradas Escrituras:
Primeramente, como vimos en líneas anteriores, observemos que Simón, el hijo de Jonás es presentado a Jesús, y en ese momento, El le cambia el nombre cuando le dice "Simón hijo de Jonás, de ahora en adelante, serás llamado Kefas, lo que quiere decir roca o peña".
Este es un hecho fundamental, tomando en cuenta la mentalidad del pueblo judío de la época, que le daba una importancia muy grande a los nombres de las personas, con los nombre los judíos pretendían abarcar el ser mismo de la persona, cuando Cristo le cambia el nombre a Simón, ya es pensando en la misión que este hombre tendría.
Y que mas grande misión de ese hombre, que la de ser el jefe visible de la Iglesia.

RIAPPARE LA VENDEMMIA Una scena di vendemmia ripresa dalle telecamere a 13 metri di profondità. Questa la meraviglia emersa davanti agli occhi degli speleologi: ovvero un frammento di mosaico m 3x2 con la scena su fondo bianco dei cinque uomini, tre nudi, con le teste circondate da foglie di vite che pigiamo l´uva nel tino, uno suona il flauto doppio di spalle e il quinto chino a raccoglie i grappoli in una cesta. Il mosaico si trovava in un edificio che è stato sigillato nel 109 d.C, con la costruzione delle Terme di Traiano a Roma. E´ stato scoperto dopo che nell´area erano già´ venuti alla luce, nel febbraio ´98, il grande affresco con ´la citta´ dipinta´ e, in un altro edificio collegato a un ninfeo, che probabilmente era punto d´incontro tra intellettuali un altro mosaico, che rappresentava un filosofo e una musa. (Ansa) 2005.01.17 corrieri della sera. Italia.
La Iglesia católica es historia y tiene su sede o domicilio central en Italia, Roma, colina vaticana desde hace 2000 años y cuya pintura descubierta en el 1998, es contemporánea a la muerte de Pedro cabeza abajo.
Veamos como, Cristo de distintas maneras, le delega su autoridad a san Pedro:
Primero.- Cristo es la piedra angular de la Iglesia, la piedra mas importante de la construcción, nos lo dice San Pablo en la carta a los Efesios, capitulo 2, versículo 20, pero ese que es la piedra angular, delega en otro la responsabilidad de ser el fundamento de la iglesia, cuando le cambia el nombre a Simón y confirma esto, cuando le dice a Simón Pedro: "... y ahora yo te digo, tu eres Pedro, o sea piedra, y sobre esta piedra edificare mi iglesia y las fuerzas del infierno no la podrán vencer, a ti te daré las llaves del reino de los cielos, todo lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra será desatado en los cielos" Mt 16,18-20. en este momento, Cristo esta nombrando a Pedro, como cimiento de su naciente Iglesia, de ahí le viene a Pedro su legitimidad, del mismo Cristo, pues es el quien delega la autoridad.
Segundo.- Cristo es para todos nosotros, el Buen Pastor lo que podemos comprobar leyendo el capitulo 10 del evangelio de San Juan, pero ese Pastor Supremo, designa a otro, y lo llama a que "apaciente su ovejas... que apaciente sus corderos...", por eso decimos que los sucesores de Pedro son los pastores de la Iglesia porque, Cristo, Pastor Supremo, los designo para ello., y
Tercero.- Cristo tiene todo el poder, así lo dijo en Mt 28,19 "todo poder me ha sido dado en el cielo y en la tierra" pero, El, que es el todo poderoso, libremente decide dejar a otro investido de un gran poder, le dio su autoridad a San Pedro y sus sucesores, cuando le dijo: "y ahora yo te digo: tu eres Pedro, o Sea Piedra, y sobre esta piedra edificare mi iglesia, y las fuerzas del infierno no prevalecerán contra de ella, a ti te daré las llaves del reino de los cielos, y lo que ates en la tierra quedara atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedara desatado en los cielos" Mt, 16, 18-20.
A ti te daré las llaves del reino de los cielos: Cristo le da a Pedro en la tierra y en el cielo exactamente el mismo poder que El tiene en el cielo y en la tierra, y como ese poder requiere su constante ejercicio, para que la Iglesia no quedara a merced de los vientos, es forzosa la indefectibilidad y la inerrancia, la sucesión de Pedro no se puede interrumpir hasta la consumación de los tiempos, y Pedro será siempre la roca inconmovible en su fe, identificado plenamente con Cristo.
Y por si lo anterior fuera poco, en el evangelio de San Lucas, Capitulo 22 versículo 31-32, dice: "Simón, Simón, mira que Satanás ha pedido permiso para sacudirlos como se hace con el trigo, pero yo he rogado por ti para que fe no se venga abajo, tu una vez que hayas regresado, confirma a tus hermanos".
Nótese que Satanás los reclama a todos y solo a uno le garantiza Cristo la firmeza en la fe: a Pedro, a la Roca indestructible. Si Cristo pidió especialmente para que no desfalleciese nunca la fe de Pedro, esa oración no podía ser ineficaz, tenia que ser todopoderosa. Las palabras de Cristo quieren decir que gracias a su especialísima oración, la fe de Pedro no desfallecerá jamás.
No le promete la impecabilidad, que es otra cosa, sino tan solo que no caerá en herejía, por el bien de su Iglesia que requiere, como sociedad visible, de una cabeza visible.
Hasta la consumación de los tiempos
Por tanto, y atendiendo a las citas bíblicas a que hemos hecho referencia, la iglesia de Cristo durara hasta que se termine este mundo, hasta la consumación de los tiempos.
Es un error muy difundido entre el protestantismo, el decir que la Iglesia de Cristo llego a tal grado de corrupción, que esta se termino.
Con estas afirmaciones, los protestantes nos demuestran que de la palabra de Dios no conocen nada, y si la conocen, no tienen fe en ella, pues las palabras de Nuestro señor, no dejan lugar a dudas, analicemos dos textos:
I.- Y las fuerzas del infierno no la van a poder vencer (Mt 16,18). En este texto evangélico, encontramos la promesa de Cristo de que, pase lo que pase, su Iglesia no podrá jamás ser destruida, cuando se habla de fuerzas del infierno, debemos entender cualquier acto que Satanás realice en contra de la Santa Iglesia, ya sean malos hijos, que los impulse a repudiar la autoridad de su Vicario, el Papa, que sus pastores no vivan de acuerdo a las exigencias del evangelio, persecuciones por todo tipo de personas, ya sean musulmanes, protestantes, masónicas, etc... nada la podrá destruir, y echando una mirada sobre la historia de la Iglesia, de todo ha tenido que soportar a lo largo de los siglos, pero en todos los casos ha salido adelante, no por meritos propios, sino porque cuenta con la promesa de Nuestro Buen Dios.
II.- Yo estaré con ustedes todos los días, hasta la consumación de los tiempos (Mt 28, 20). Con estas palabras, Cristo Nuestro Señor, nos asegura su presencia permanente en Su iglesia, durante toda su existencia, hasta el fin de los tiempos, y si Cristo está con nosotros, ¿que nos podrá pasar?.
Ahora bien, la presencia del señor en su Iglesia nunca ha sido discutida, desde los primeros tiempos ha existido esa conciencia, la Sagrada Escritura nos refiere que cuando Saulo (que después sería San Pablo) cuando iba camino a Damasco, fue derribado por Jesús, se escucharon estas palabras "Saulo, Saulo, ¿porque me persigues?" Tengamos muy presente esto: Saulo no persiguió nunca a Cristo (ni siquiera lo conoció en persona), pero perseguía a la Iglesia de Cristo (el estuvo presente cuando mataban a San Esteban), pero perseguir a la Iglesia, es perseguir al mismo Cristo, "quien a ustedes los recibe, a Mi me recibe, y quien me recibe a Mi, recibe al que me envió" (Mt 10, 40) dijo Cristo, dejando muy en claro, que El estaría con su Iglesia por siempre, hasta la consumación de los siglos, y que quien acepta a Su Iglesia, lo acepta a El mismo, no se vale lo que hacen muchos pseudo-cristianos que dicen "Cristo si, Iglesia no", Cristo y Su Iglesia es una misma cosa, no se pueden separar, si queremos aceptar a Cristo, debemos también aceptar la Iglesia que El fundó.

Iglesia de Santos y Pecadores
Otro argumento muy socorrido por los protestantes es el que dice "la Iglesia Católica esta llena de pecadores. Cristo quiso una Iglesia santa, pero la iglesia esta llena de borrachos, adúlteros, homicidas, etc...".
Que podemos decir: Primeramente, que es cierto, Nuestro Buen Dios quiso un mundo exento de pecado. Fue el hombre el que haciendo mal uso de su libertad, dió entrada al pecado en su vida. Pero una vez que el hombre cayo, el Señor se apiadó de él y le envió como Salvador a su Propio Hijo, por el esclavo sacrificó a Su Hijo, ahora bien, Jesucristo en la parábola de el trigo y la mala hierba, nos hace ver que esto debe ser así, que en la Iglesia habrá justos y pecadores, que lo ideal es que solo haya santos, pero que mientras vivamos, estaremos expuestos al mal, al pecado y por eso dijo que no necesitan el médico los que están sanos sino los que están enfermos, por eso, por nosotros que estamos enfermos, infectados por el pecado, es que El se entregó y murió para salvación nuestra.
Ahora bien, en las Santos Evangelios, leemos la parábola del fariseo y el publicano (Lucas 18, 9- 14). En ella, se relata el caso de dos tipos diferentes de personas, uno fariseo que gustaba de hacer alarde de cumplir con la ley, que se creía justo a los ojos de Dios y así lo pregonaba, el otro era un publicano, una persona que incluso se quedaba en el ultimo lugar del templo, porque veía su indignidad, y desde ahí se confesaba ante Dios, como necesitado de su misericordia pues el solo no podía vencer el pecado que en el habitaba. Pues bien, -nos dice Jesús- al salir del templo, el fariseo salió igual, pero que fariseo salió en paz con Dios, porque el que se engrandece será humillado, pero el que se humilla, será enaltecido, y con esto nos enseñó que Dios aprecia mucho la humildad, que la actitud de los fariseos era muy desagradable para El, y nosotros actualizamos esta parábola, y nos preguntamos ¿quién sino los protestantes son los modernos fariseos? ¿Quienes sino ellos pregonan por doquier las fallas de algunos malos católicos, y se precian de ser justos?.
Enseguida pasamos a hacerles una pregunta a los protestantes: hablan tanto de los defectos de los católicos, que se podría llegar a creer que ellos no tuvieran pecado, ¿será esto posible? Claro que no, la primera carta de San Juan, capitulo 1 versículo 9 nos dice que quien diga no tener pecado es un mentiroso y la verdad no esta en el, por lo tanto, si tanto católicos como protestantes pecamos ¿por qué tanto escándalo en contra de nosotros? ¿por qué el protestante ve en nosotros la pelusa, pero no ve la viga que el trae en su ojo?.
La Iglesia Católica es la Única fundada por Cristo
Una vez analizado el fundamento de la Iglesia de Cristo, solo nos resta encontrar en este momento, de entre todas las congregaciones que dicen seguir a Jesucristo, cual es la iglesia fundada por El.
Para ello, nos valdremos de la historia, ella será la que nos ayude a descubrir esa cuestión tan importante:
Y con la historia en la mano, descubriremos que la única Iglesia Fundada por Cristo, es la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, pues es la única que puede demostrar que su origen se remonta hasta el mismo Cristo, su divino fundador.
Toda la historia esta marcada con la existencia de la Iglesia Católica, cualquier libro de historia, nos hablara de los Santos, de los Papas, de los Obispos Católicos, etc... históricamente, llegamos hasta Jesucristo Nuestro Señor, en cambio el protestantismo...
De los movimientos religiosos mas activos, encontramos que todos son de creación reciente: los Testigos de Jehová, nacieron en la segunda mitad del siglo XIX, así como los Adventistas del 7° día o la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (mejor conocidos como Mormones), los Pentecostales nacieron en 1905, y casi todos ellos nacieron en los Estados Unidos ¿como una secta de estas que se conoce su reciente orígenes puede pretender ser la Iglesia de Cristo? Iglesias de Cristo Solo hay una, y esa es, según los documentos históricos, la Iglesia católica
Conclusión
Como conclusión, y después de lo que hemos visto, diremos que la pertenencia a la Iglesia fundada por Cristo, que es Una, Santa Católica y Apostólica, es condición indispensable para la salvación, pues fuera de la Iglesia no hay salvación, por lo tanto, es pertinente recordar en este momento las palabras de San Pablo: si viniéramos Nosotros, o un ángel del cielo a anunciarles un evangelio distinto al que les hemos anunciado, sea anatema... por lo tanto, debemos estar alerta y no dejarnos seducir por lobos vestidos con piel de oveja, las sectas nos traen el evangelio de Jesucristo, adulterado e incompleto, si queremos la plenitud de los medios de salvación, solo en Nuestra Iglesia Católica, bajo la dirección de Pedro, los encontraremos.
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Israel Tapia. – Arbil nº 59
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¿Qué significa el pontificado de Benedicto XVI para la Iglesia?
El pontificado de Benedicto XVI se caracteriza por dos aspectos: una concentración en las cuestiones esenciales del mensaje cristiano y una profundización de la fe. Esto responde a una necesidad tanto en el interior de la Iglesia, como a las expectativas de las personas que se interrogan sobre la fe y de los no creyentes. La primera encíclica del Papa, Deus caritas est, es la demostración de esto, porque se ocupa del núcleo del mensaje cristiano.
¿Cómo es el Papa de cerca? ¿Cómo trabaja, cómo reza?
Como estamos percibiendo, es una persona de gran amabilidad y cercanía, con una gran capacidad de escuchar a los demás. No es difícil trabajar con el Papa, porque desde que tenía 32 años está acostumbrado a trabajar con colaboradores. El Papa, además de la celebración de la Santa Misa y del rezo del Breviario, sigue las prácticas clásicas de la piedad. 2007-03-30
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La búsqueda apologética no es otra cosa que la búsqueda de la Verdad: sobre Dios, sobre el Hombre, sobre la Historia. No, por tanto, un oficio más entre muchos, sino el primer trabajo que se le pide al creyente. No al de hoy, al de siempre: la primera entre todas las obras de caridad es proclamar la Verdad.
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En Cristo culmina la revelación
4. Después que Dios habló muchas veces y de muchas maneras por los Profetas, "últimamente, en estos días, nos habló por su Hijo". Pues envió a su Hijo, es decir, al Verbo eterno, que ilumina a todos los hombres, para que viviera entre ellos y les manifestara los secretos de Dios; Jesucristo, pues, el Verbo hecho carne, "hombre enviado, a los hombres", "habla palabras de Dios" y lleva a cabo la obra de la salvación que el Padre le confió. Por tanto, Jesucristo -ver al cual es ver al Padre-, con su total presencia y manifestación personal, con palabras y obras, señales y milagros, y, sobre todo, con su muerte y resurrección gloriosa de entre los muertos; finalmente, con el envío del Espíritu de verdad, completa la revelación y confirma con el testimonio divino que vive en Dios con nosotros para librarnos de las tinieblas del pecado y de la muerte y resucitarnos a la vida eterna.
La economía cristiana, por tanto, como alianza nueva y definitiva, nunca cesará, y no hay que esperar ya ninguna revelación pública antes de la gloriosa manifestación de nuestro Señor Jesucristo (cf. 1 Tim., 6,14; Tit., 2,13).
La revelación hay que recibirla con fe
5. Cuando Dios revela hay que prestarle "la obediencia de la fe", por la que el hombre se confía libre y totalmente a Dios prestando "a Dios revelador el homenaje del entendimiento y de la voluntad", y asistiendo voluntariamente a la revelación hecha por El. Para profesar esta fe es necesaria la gracia de Dios, que proviene y ayuda, a los auxilios internos del Espíritu Santo, el cual mueve el corazón y lo convierte a Dios, abre los ojos de la mente y da "a todos la suavidad en el aceptar y creer la verdad". Y para que la inteligencia de la revelación sea más profunda, el mismo Espíritu Santo perfecciona constantemente la fe por medio de sus dones.
Las verdades reveladas
6. Mediante la revelación divina quiso Dios manifestarse a Sí mismo y los eternos decretos de su voluntad acerca de la salvación de los hombres, "para comunicarles los bienes divinos, que superan totalmente la comprensión de la inteligencia humana".
Confiesa el Santo Concilio "que Dios, principio y fin de todas las cosas, puede ser conocido con seguridad por la luz natural de la razón humana, partiendo de las criaturas"; pero enseña que hay que atribuir a Su revelación "el que todo lo divino que por su naturaleza no sea inaccesible a la razón humana lo pueden conocer todos fácilmente, con certeza y sin error alguno, incluso en la condición presente del género humano.
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"No, no será una fórmula lo que nos salve, pero sí una Persona y la certeza que ella nos infunde: ¡Yo estoy con vosotros!" (ib., 29). Al mundo, a cada uno de nuestros hermanos los hombres, los cristianos debemos abrir el camino que lleva a Cristo. "Tu rostro busco, Señor" (Sal 27, 8). El beato Josemaría, hombre sediento de Dios, y por eso gran apóstol, solía repetir esa aspiración. Escribió: "En las intenciones sea Jesús nuestro fin; en los afectos, nuestro amor; en la palabra, nuestro asunto; en las acciones, nuestro modelo" (Camino, 271).
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En Cristo culmina la revelación
4. Después que Dios habló muchas veces y de muchas maneras por los Profetas, "últimamente, en estos días, nos habló por su Hijo". Pues envió a su Hijo, es decir, al Verbo eterno, que ilumina a todos los hombres, para que viviera entre ellos y les manifestara los secretos de Dios; Jesucristo, pues, el Verbo hecho carne, "hombre enviado, a los hombres", "habla palabras de Dios" y lleva a cabo la obra de la salvación que el Padre le confió. Por tanto, Jesucristo -ver al cual es ver al Padre-, con su total presencia y manifestación personal, con palabras y obras, señales y milagros, y, sobre todo, con su muerte y resurrección gloriosa de entre los muertos; finalmente, con el envío del Espíritu de verdad, completa la revelación y confirma con el testimonio divino que vive en Dios con nosotros para librarnos de las tinieblas del pecado y de la muerte y resucitarnos a la vida eterna.
La economía cristiana, por tanto, como alianza nueva y definitiva, nunca cesará, y no hay que esperar ya ninguna revelación pública antes de la gloriosa manifestación de nuestro Señor Jesucristo (cf. 1 Tim., 6,14; Tit., 2,13).
La revelación hay que recibirla con fe
5. Cuando Dios revela hay que prestarle "la obediencia de la fe", por la que el hombre se confía libre y totalmente a Dios prestando "a Dios revelador el homenaje del entendimiento y de la voluntad", y asistiendo voluntariamente a la revelación hecha por El. Para profesar esta fe es necesaria la gracia de Dios, que proviene y ayuda, a los auxilios internos del Espíritu Santo, el cual mueve el corazón y lo convierte a Dios, abre los ojos de la mente y da "a todos la suavidad en el aceptar y creer la verdad". Y para que la inteligencia de la revelación sea más profunda, el mismo Espíritu Santo perfecciona constantemente la fe por medio de sus dones.
Las verdades reveladas
6. Mediante la revelación divina quiso Dios manifestarse a Sí mismo y los eternos decretos de su voluntad acerca de la salvación de los hombres, "para comunicarles los bienes divinos, que superan totalmente la comprensión de la inteligencia humana".
Confiesa el Santo Concilio "que Dios, principio y fin de todas las cosas, puede ser conocido con seguridad por la luz natural de la razón humana, partiendo de las criaturas"; pero enseña que hay que atribuir a Su revelación "el que todo lo divino que por su naturaleza no sea inaccesible a la razón humana lo pueden conocer todos fácilmente, con certeza y sin error alguno, incluso en la condición presente del género humano.
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crucifixión de San Pedro - Pedro crucificado en cruz invertida
Los Apóstoles y sus sucesores, heraldos del Evangelio
7. Dispuso Dios benignamente que todo lo que había revelado para la salvación de los hombres permaneciera íntegro para siempre y se fuera transmitiendo a todas las generaciones. Por ello Cristo Señor, en quien se consuma la revelación total del Dios sumo, mandó a los Apóstoles que predicaran a todos los hombres el Evangelio, comunicándoles los dones divinos. Este Evangelio, prometido antes por los Profetas, lo completó El y lo promulgó con su propia boca, como fuente de toda la verdad salvadora y de la ordenación de las costumbres. Lo cual fue realizado fielmente, tanto por los Apóstoles, que en la predicación oral comunicaron con ejemplos e instituciones lo que habían recibido por la palabra, por la convivencia y por las obras de Cristo, o habían aprendido por la inspiración del Espíritu Santo, como por aquellos Apóstoles y varones apostólicos que, bajo la inspiración del mismo Espíritu, escribieron el mensaje de la salvación.
Mas para que el Evangelio se conservara constantemente íntegro y vivo en la Iglesia, los Apóstoles dejaron como sucesores suyos a los Obispos, "entregándoles su propio cargo del magisterio". Por consiguiente, esta sagrada tradición y la Sagrada Escritura de ambos Testamentos son como un espejo en que la Iglesia peregrina en la tierra contempla a Dios, de quien todo lo recibe, hasta que le sea concedido el verbo cara a cara, tal como es (cf. 1 Jn., 3,2).
La Sagrada Tradición
8. Así, pues, la predicación apostólica, que está expuesta de un modo especial en los libros inspirados, debía conservarse hasta el fin de los tiempos por una sucesión continua. De ahí que los Apóstoles, comunicando lo que de ellos mismos han recibido, amonestan a los fieles que conserven las tradiciones que han aprendido o de palabra o por escrito, y que sigan combatiendo por la fe que se les ha dado una vez para siempre. Ahora bien, lo que enseñaron los Apóstoles encierra todo lo necesario para que el Pueblo de Dios viva santamente y aumente su fe, y de esta forma la Iglesia, en su doctrina, en su vida y en su culto perpetúa y transmite a todas las generaciones todo lo que ella es, todo lo que cree.
Esta Tradición, que deriva de los Apóstoles, progresa en la Iglesia con la asistencia del Espíritu Santo: puesto que va creciendo en la comprensión de las cosas y de las palabras transmitidas, ya por la contemplación y el estudio de los creyentes, que las meditan en su corazón y, ya por la percepción íntima que experimentan de las cosas espirituales, ya por el anuncio de aquellos que con la sucesión del episcopado recibieron el carisma cierto de la verdad. Es decir, la Iglesia, en el decurso de los siglos, tiende constantemente a la plenitud de la verdad divina, hasta que en ella se cumplan las palabras de Dios.
Las enseñanzas de los Santos Padres testifican la presencia viva de esta tradición, cuyos tesoros se comunican a la práctica y a la vida de la Iglesia creyente y orante. Por esta Tradición conoce la Iglesia el Canon íntegro de los libros sagrados, y la misma Sagrada Escritura se va conociendo en ella más a fondo y se hace incesantemente operativa, y de esta forma, Dios, que habló en otro tiempo, habla sin intermisión con la Esposa de su amado Hijo; y el Espíritu Santo, por quien la voz del Evangelio resuena viva en la Iglesia, y por ella en el mundo, va induciendo a los creyentes en la verdad entera, y hace que la palabra de Cristo habite en ellos abundantemente (cf. Col., 3,16).
Mutua relación entre la Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura
9. Así, pues, la Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura están íntimamente unidas y compenetradas. Porque surgiendo ambas de la misma divina fuente, se funden en cierto modo y tienden a un mismo fin. Ya que la Sagrada Escritura es la palabra de Dios en cuanto se consigna por escrito bajo la inspiración del Espíritu Santo, y la Sagrada Tradición transmite íntegramente a los sucesores de los Apóstoles la palabra de Dios, a ellos confiada por Cristo Señor y por el Espíritu Santo para que, con la luz del Espíritu de la verdad la guarden fielmente, la expongan y la difundan con su predicación; de donde se sigue que la Iglesia no deriva solamente de la Sagrada Escritura su certeza acerca de todas las verdades reveladas. Por eso se han de recibir y venerar ambas con un mismo espíritu de piedad.
Relación de una y otra con toda la Iglesia y con el Magisterio
10. La Sagrada Tradición, pues, y la Sagrada Escritura constituyen un solo depósito sagrado de la palabra de Dios, confiado a la Iglesia; fiel a este depósito todo el pueblo santo, unido con sus pastores en la doctrina de los Apóstoles y en la comunión, persevera constantemente en la fracción del pan y en la oración (cf. Act., 8,42), de suerte que prelados y fieles colaboran estrechamente en la conservación, en el ejercicio y en la profesión de la fe recibida.
Pero el oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios escrita o transmitida ha sido confiado únicamente al Magisterio vivo de la Iglesia, cuya autoridad se ejerce en el nombre de Jesucristo. Este Magisterio, evidentemente, no está sobre la palabra de Dios, sino que la sirve, enseñando solamente lo que le ha sido confiado, por mandato divino y con la asistencia del Espíritu Santo la oye con piedad, la guarda con exactitud y la expone con fidelidad, y de este único depósito de la fe saca todo lo que propone como verdad revelada por Dios que se ha de creer.
Es evidente, por tanto, que la Sagrada Tradición, la Sagrada Escritura y el Magisterio de la Iglesia, según el designio sapientísimo de Dios, están entrelazados y unidos de tal forma que no tiene consistencia el uno sin el otro, y que, juntos, cada uno a su modo, bajo la acción del Espíritu Santo, contribuyen eficazmente a la salvación de las almas.
CAPÍTULO III
INSPIRACIÓN DIVINA DE LA SAGRADA ESCRITURA
Y SU INTERPRETACIÓN
Se establece el hecho de la inspiración
y de la verdad de la Sagrada Escritura
11. Las verdades reveladas por Dios, que se contienen y manifiestan en la Sagrada Escritura, se consignaron por inspiración del Espíritu Santo. la santa Madre Iglesia, según la fe apostólica, tiene por santos y canónicos los libros enteros del Antiguo y Nuevo Testamento con todas sus partes, porque, escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios como autor y como tales se le han entregado a la misma Iglesia. Pero en la redacción de los libros sagrados, Dios eligió a hombres, que utilizó usando de sus propias facultades y medios, de forma que obrando El en ellos y por ellos, escribieron, como verdaderos autores, todo y sólo lo que El quería.
Pues, como todo lo que los autores inspirados o hagiógrafos afirman, debe tenerse como afirmado por el Espíritu Santo, hay que confesar que los libros de la Escritura enseñan firmemente, con fidelidad y sin error, la verdad que Dios quiso consignar en las sagradas letras que nuestra salvación. Así, pues, "toda la Escritura es divinamente inspirada y útil para enseñar, para argüir, para corregir, para educar en la justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto y equipado para toda obra buena" (2 Tim., 3,16-17).
Cómo hay que interpretar la Sagrada Escritura
12. Habiendo, pues, hablando dios en la Sagrada Escritura por hombres y a la manera humana, para que el intérprete de la Sagrada Escritura comprenda lo que El quiso comunicarnos, debe investigar con atención lo que pretendieron expresar realmente los hagiógrafos y plugo a Dios manifestar con las palabras de ellos.
Para descubrir la intención de los hagiógrafos, entre otras cosas hay que atender a "los géneros literarios". Puesto que la verdad se propone y se expresa de maneras diversas en los textos de diverso género: histórico, profético, poético o en otros géneros literarios. Conviene, además, que el intérprete investigue el sentido que intentó expresar y expresó el hagiógrafo en cada circunstancia según la condición de su tiempo y de su cultura, según los géneros literarios usados en su época. Pues para entender rectamente lo que el autor sagrado quiso afirmar en sus escritos, hay que atender cuidadosamente tanto a las formas nativas usadas de pensar, de hablar o de narrar vigentes en los tiempos del hagiógrafo, como a las que en aquella época solían usarse en el trato mutuo de los hombres.
Y como la Sagrada Escritura hay que leerla e interpretarla con el mismo Espíritu con que se escribió para sacar el sentido exacto de los textos sagrados, hay que atender no menos diligentemente al contenido y a la unidad de toda la Sagrada Escritura, teniendo en cuanta la Tradición viva de toda la Iglesia y la analogía de la fe. Es deber de los exegetas trabajar según estas reglas para entender y exponer totalmente el sentido de la Sagrada Escritura, para que, como en un estudio previo, vaya madurando el juicio de la Iglesia. Por que todo lo que se refiere a la interpretación de la Sagrada Escritura, está sometido en última instancia a la Iglesia, que tiene el mandato y el ministerio divino de conservar y de interpretar la palabra de Dios.
Condescendencia de Dios
13. En la Sagrada Escritura, pues, se manifiesta, salva siempre la verdad y la santidad de Dios, la admirable "condescendencia" de la sabiduría eterna, "para que conozcamos la inefable benignidad de Dios, y de cuánta adaptación de palabra ha uso teniendo providencia y cuidado de nuestra naturaleza". Porque las palabras de Dios expresadas con lenguas humanas se han hecho semejantes al habla humana, como en otro tiempo el Verbo del Padre Eterno, tomada la carne de la debilidad humana, se hizo semejante a los hombres.
CAPÍTULO IV
EL ANTIGUO TESTAMENTO
La historia de la salvación consignada
en los libros del Antiguo Testamento
14. Dios amantísimo, buscando y preparando solícitamente la salvación de todo el género humano, con singular favor se eligió un pueblo, a quien confió sus promesas. Hecho, pues, el pacto con Abraham y con el pueblo de Israel por medio de Moisés, de tal forma se reveló con palabras y con obras a su pueblo elegido como el único Dios verdadero y vivo, que Israel experimentó cuáles eran los caminos de Dios con los hombres, y, hablando el mismo Dios por los Profetas, los entendió más hondamente y con más claridad de día en día, y los difundió ampliamente entre las gentes.
La economía, pues, de la salvación preanunciada, narrada y explicada por los autores sagrados, se conserva como verdadera palabra de Dios en los libros del Antiguo Testamento; por lo cual estos libros inspirados por Dios conservan un valor perenne: "Pues todo cuanto está escrito, para nuestra enseñanza, fue escrito, a fin de que por la paciencia y por la consolación de las Escrituras estemos firmes en la esperanza" (Rom. 15,4).
Importancia del Antiguo Testamento para los cristianos
15. La economía del Antiguo Testamento estaba ordenada, sobre todo, para preparar, anunciar proféticamente y significar con diversas figuras la venida de Cristo redentor universal y la del Reino Mesiánico. mas los libros del Antiguo Testamento manifiestan a todos el conocimiento de Dios y del hombre, y las formas de obrar de Dios justo y misericordioso con los hombres, según la condición del género humano en los tiempos que precedieron a la salvación establecida por Cristo. Estos libros, aunque contengan también algunas cosas imperfectas y adaptadas a sus tiempos, demuestran, sin embargo, la verdadera pedagogía divina. Por tanto, los cristianos han de recibir devotamente estos libros, que expresan el sentimiento vivo de Dios, y en los que se encierran sublimes doctrinas acerca de Dios y una sabiduría salvadora sobre la vida del hombre, y tesoros admirables de oración, y en los que, por fin, está latente el misterio de nuestra salvación.
Unidad de ambos Testamentos
16. Dios, pues, inspirador y autor de ambos Testamentos, dispuso las cosas tan sabiamente que el Nuevo Testamento está latente en el Antiguo y el Antiguo está patente en el Nuevo. Porque, aunque Cristo fundó el Nuevo Testamento en su sangre, no obstante los libros del Antiguo Testamento recibidos íntegramente en la proclamación evangélica, adquieren y manifiestan su plena significación en el Nuevo Testamento, ilustrándolo y explicándolo al mismo tiempo.

CAPÍTULO V
EL NUEVO TESTAMENTO
Excelencia del Nuevo Testamento
17. La palabra divina que es poder de Dios para la salvación de todo el que cree, se presenta y manifiesta su vigor de manera especial en los escritos del Nuevo Testamento. Pues al llegar la plenitud de los tiempos el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros lleno de gracia y de verdad. Cristo instauró el Reino de Dios en la tierra, manifestó a su Padre y a Sí mismo con obras y palabras y completó su obra con la muerte, resurrección y gloriosa ascensión, y con la misión del Espíritu Santo. Levantado de la tierra, atrae a todos a Sí mismo, El, el único que tiene palabras de vida eterna. pero este misterio no fue descubierto a otras generaciones, como es revelado ahora a sus santos Apóstoles y Profetas en el Espíritu Santo, para que predicaran el Evangelio, suscitaran la fe en Jesús, Cristo y Señor, y congregaran la Iglesia. De todo lo cual los escritos del Nuevo Testamento son un testimonio perenne y divino.
Origen apostólico de los Evangelios
18. Nadie ignora que entre todas las Escrituras, incluso del Nuevo Testamento, los Evangelios ocupan, con razón, el lugar preeminente, puesto que son el testimonio principal de la vida y doctrina del Verbo Encarnado, nuestro Salvador.
La Iglesia siempre ha defendido y defiende que los cuatro Evangelios tienen origen apostólico. Pues lo que los Apóstoles predicaron por mandato de Cristo, luego, bajo la inspiración del Espíritu Santo, ellos y los varones apostólicos nos lo transmitieron por escrito, fundamento de la fe, es decir, el Evangelio en cuatro redacciones, según Mateo, Marcos, Lucas y Juan.
Carácter histórico de los Evangelios
19. La Santa Madre Iglesia firme y constantemente ha creído y cree que los cuatro referidos Evangelios, cuya historicidad afirma sin vacilar, comunican fielmente lo que Jesús Hijo de Dios, viviendo entre los hombres, hizo y enseñó realmente para la salvación de ellos, hasta el día que fue levantado al cielo. los Apóstoles,, ciertamente, después de la ascensión del Señor, predicaron a sus oyentes lo que El había dicho y obrado, con aquella crecida inteligencia de que ellos gozaban, amaestrados por los acontecimientos gloriosos de Cristo y por la luz del Espíritu de verdad. Los autores sagrados escribieron los cuatro Evangelios escogiendo algunas cosas de las muchas que ya se trasmitían de palabra o por escrito, sintetizando otras, o explicándolas atendiendo a la condición de las Iglesias, reteniendo por fin la forma de proclamación de manera que siempre nos comunicaban la verdad sincera acerca de Jesús. Escribieron, pues, sacándolo ya de su memoria o recuerdos, ya del testimonio de quienes "desde el principio fueron testigos oculares y ministros de la palabra" para que conozcamos "la verdad" de las palabras que nos enseñan (cf. Lc., 1,2-4).
Los restantes escritos del Nuevo Testamento
20. El Canon del Nuevo Testamento, además de los cuatro Evangelios, contiene también las cartas de San Pablo y otros libros apostólicos escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo, con los cuales, según la sabia disposición de Dios, se confirma todo lo que se refiere a Cristo Señor, se declara más y más su genuina doctrina, se manifiesta el poder salvador dela obra divina de Cristo, y se cuentan los principios de la Iglesia y su admirable difusión, y se anuncia su gloriosa consumación.
El Señor Jesús, pues, estuvo con los Apóstoles como había prometido y les envió el Espíritu Consolador, para que los introdujera en la verdad completa (cf. Jn., 16,13).
CAPÍTULO VI
LA SAGRADA ESCRITURA EN LA VIDA DE LA IGLESIA
La Iglesia venera las Sagradas Escrituras
21. la Iglesia ha venerado siempre las Sagradas Escrituras al igual que el mismo Cuerpo del Señor, no dejando de tomar de la mesa y de distribuir a los fieles el pan de vida, tanto de la palabra de Dios como del Cuerpo de Cristo, sobre todo en la Sagrada Liturgia. Siempre las ha considerado y considera, juntamente con la Sagrada Tradición, como la regla suprema de su fe, puesto que, inspiradas por Dios y escritas de una vez para siempre, comunican inmutablemente la palabra del mismo Dios, y hacen resonar la voz del Espíritu Santo en las palabras de los Profetas y de los Apóstoles.
Es necesario, por consiguiente, que toda la predicación eclesiástica, como la misma religión cristiana, se nutra de la Sagrada Escritura, y se rija por ella. Porque en los sagrados libros el Padre que está en los cielos se dirige con amor a sus hijos y habla con ellos; y es tanta la eficacia que radica en la palabra de Dios, que es, en verdad, apoyo y vigor de la Iglesia, y fortaleza de la fe para sus hijos, alimento del alma, fuente pura y perenne de la vida espiritual. Muy a propósito se aplican a la Sagrada Escritura estas palabras: "Pues la palabra de Dios es viva y eficaz", "que puede edificar y dar la herencia a todos los que han sido santificados".
Se recomiendan las traducciones bien cuidadas
22. Es conveniente que los cristianos tengan amplio acceso ala Sagrada Escritura. Por ello la Iglesia ya desde sus principios, tomó como suya la antiquísima versión griega del Antiguo Testamento, llamada de los Setenta, y conserva siempre con honor otras traducciones orientales y latinas, sobre todo la que llaman Vulgata. Pero como la palabra de Dios debe estar siempre disponible, la Iglesia procura, con solicitud materna, que se redacten traducciones aptas y fieles en varias lenguas, sobre todo de los textos primitivos de los sagrados libros. Y si estas traducciones, oportunamente y con el beneplácito de la Autoridad de la Iglesia, se llevan a cabo incluso con la colaboración de los hermanos separados, podrán usarse por todos los cristianos.
Deber de los católicos doctos
23. La esposa del Verbo Encarnado, es decir, la Iglesia, enseñada por el Espíritu Santo, se esfuerza en acercarse, de día en día, a la más profunda inteligencia de las Sagradas Escrituras, para alimentar sin desfallecimiento a sus hijos con la divina enseñanzas; por lo cual fomenta también convenientemente el estudio de los Santos Padres, tanto del Oriente como del Occidente, y de las Sagradas Liturgias.
Los exegetas católicos, y demás teólogos deben trabajar, aunando diligentemente sus fuerzas, para investigar y proponer las Letras divinas, bajo la vigilancia del Sagrado Magisterio, con los instrumentos oportunos, de forma que el mayor número posible de ministros de la palabra puedan repartir fructuosamente al Pueblo de Dios el alimento de las Escrituras, que ilumine la mente, robustezca las voluntades y encienda los corazones de los hombres en el amor de Dios.
El Sagrado Concilio anima a los hijos de la Iglesia dedicados a los estudios bíblicos, para que la obra felizmente comenzada, renovando constantemente las fuerzas, la sigan realizando con todo celo, según el sentir de la Iglesia.
Importancia de la Sagrada Escritura para la Teología
24. La Sagrada Teología se apoya, como en cimientos perpetuos en la palabra escrita de Dios, al mismo tiempo que en la Sagrada Tradición, y con ella se robustece firmemente y se rejuvenece de continuo, investigando a la luz de la fe toda la verdad contenida en el misterio de Cristo. Las Sagradas Escrituras contienen la palabra de Dios y, por ser inspiradas, son en verdad la palabra de Dios; por consiguiente, el estudio de la Sagrada Escritura ha de ser como el alma de la Sagrada Teología. También el ministerio de la palabra, esto es, la predicación pastoral, la catequesis y toda instrucción cristiana, en que es preciso que ocupe un lugar importante la homilía litúrgica, se nutre saludablemente y se vigoriza santamente con la misma palabra de la Escritura.
Se recomienda la lectura asidua de la Sagrada Escritura
25. Es necesario, pues, que todos los clérigos, sobre todo los sacerdotes de Cristo y los demás que como los diáconos y catequistas se dedican legítimamente al ministerio de la palabra, se sumerjan en las Escrituras con asidua lectura y con estudio diligente, para que ninguno de ellos resulte "predicador vacío y superfluo de la palabra de Dios que no la escucha en su interior", puesto que debe comunicar a los fieles que se le han confiado, sobre todo en la Sagrada Liturgia, las inmensas riquezas de la palabra divina.
De igual forma el Santo Concilio exhorta con vehemencia a todos los cristianos en particular a los religiosos, a que aprendan "el sublime conocimiento de Jesucristo", con la lectura frecuente de las divinas Escrituras. "Porque el desconocimiento de las Escrituras es desconocimiento de Cristo". Lléguense, pues, gustosamente, al mismo sagrado texto, ya por la Sagrada Liturgia, llena del lenguaje de Dios, ya por la lectura espiritual, ya por instituciones aptas para ello, y por otros medios, que con la aprobación o el cuidado de los Pastores de la Iglesia se difunden ahora laudablemente por todas partes. Pero no olviden que debe acompañar la oración a la lectura de la Sagrada Escritura para que se entable diálogo entre Dios y el hombre; porque "a El hablamos cuando oramos, y a El oímos cuando leemos las palabras divinas.
Incumbe a los prelados, "en quienes está la doctrina apostólica, instruir oportunamente a los fieles a ellos confiados, para que usen rectamente los libros sagrados, sobre todo el Nuevo Testamento, y especialmente los Evangelios por medio de traducciones de los sagrados textos, que estén provistas de las explicaciones necesarias y suficientes para que los hijos de la Iglesia se familiaricen sin peligro y provechosamente con las Sagradas Escrituras y se penetren de su espíritu.
Háganse, además, ediciones de la Sagrada Escritura, provistas de notas convenientes, para uso también de los no cristianos, y acomodadas a sus condiciones, y procuren los pastores de las almas y los cristianos de cualquier estado divulgarlas como puedan con toda habilidad.
Epílogo
26. Así, pues, con la lectura y el estudio de los Libros Sagrados "la palabra de Dios se difunda y resplandezca" y el tesoro de la revelación, confiado a la Iglesia, llene más y más los corazones de los hombres. Como la vida de la Iglesia recibe su incremento de la renovación constante del misterio Eucarístico, así es de esperar un nuevo impulso de la vida espiritual de la acrecida veneración de la palabra de Dios que "permanece para siempre" (Is., 40,8; cf. 1 Pe., 1,23-25).
Todas y cada una de las cosas contenidas en esta Constitución Dogmática han obtenido el beneplácito de los Padres del Sacrosanto Concilio. Y Nos, en virtud de la potestad apostólica recibida de Cristo, juntamente con los Venerables Padres, las aprobamos, decretamos y establecemos en el Espíritu Santo, y mandamos que lo así decidido conciliarmente sea promulgado para gloria de Dios.
Roma, en San Pedro, 18 de noviembre de 1965.
Yo, PABLO, Obispo de la Iglesia católica
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«Si Europa, en apostasía de sí misma, renuncia a los valores que han forjado su historia y que han permitido el proceso de integración, no podrá sobrevivir», constató S. S. Benedicto XVI, al recordar los cincuenta años de los Tratados de Roma que dieron origen a la Comunidad Económica Europea 2007-03-25.
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LA IGLESIA DE CRISTO ‘HOMBRES NORMALES’, COMO LOS APÓSTOLES,
COMO EL PUEBLO DE DIOS, EN LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD
¡Es el Papa! ¡Es el Papa!
A Juan Pablo II le gustaba disfrutar al máximo del tiempo. Sobre su jornada proyectaba al milímetro el tiempo para la oración, el trabajo, los encuentros con los demás y el reposo. Algunos de los momentos que le hacían recargar las pilas eran los que vivía en la montaña. En los primeros años de pontificado, fueron habituales sus excursiones a esquiar, acompañado de sus colaboradores. Una de esas jornadas la cuenta, en Una vita con Karol, el cardenal Dziwisz, su secretario personal durante cuarenta años
¿Cómo vive un Papa en el Vaticano? La Curia de Roma es una estructura que tiene necesariamente sus reglas y una conformidad de comportamientos sobre la que todo Papa ha sabido, con su personalidad y sus dotes, imponer su propio estilo de vida, espiritual y también humano. Esto también lo ha sabido llevar a cabo Karol Wojtyla -en los inicios de su pontificado, con cierta nostalgia por un pasado caracterizado por una mayor libertad y un menor régimen protocolario-. Rápidamente se adaptó a su papel, de modo que algunos se preguntaban dónde había realizado el apprendistato. Y, al mismo tiempo, asumió un modo de vivir similar -también en el Vaticano, también como Papa- al que siempre había seguido.
Esto fue así en los primeros tiempos, cuando el Santo Padre experimentó cierta dificultad para acostumbrarse no tanto a estar encerrado en el Vaticano, como a tener que permanecer allí durante largos períodos. Para explicarme mejor, diré que las excursiones fuera de Roma, especialmente a la montaña, le donaban -así se refería él a estos momentos, en términos de don- la ocasión de meditar, y sobre todo de rezar. Aquel escenario era connatural a su espiritualidad. En las montañas contemplaba la obra de Dios, y allí se abandonaba a su Creador. Durante las comidas, naturalmente, hablábamos; pero, nada más terminar de comer, comenzaba a caminar, solo, a veces durante horas. Así -decía- estaba del todo con el Señor. En definitiva, durante aquellas excursiones, era como si repusiera fuerzas.
Fueron más de un centenar aquellas expediciones, casi siempre en los Montes Abruzzo. Al principio, nadie lo sabía, ni en el Vaticano ni la prensa. La primera vez fue casi una fuga. No recuerdo de quién fue la idea inicial, pero seguramente fue una iniciativa colectiva, nacida en la mesa. La localidad elegida fue Ovindoli, a sugerencia de don Tadeusz Rakoczy (hoy obispo de Bielsko-Zywiec, en Polonia), el cual conocía el lugar porque iba allí a esquiar. Si no recuerdo mal, fue el 2 de enero de 1982. Partimos en el auto de don Josef Kowalczyk (actualmente Nuncio de Su Santidad en Polonia), quien conducía con extrema cautela, respetando los límites de velocidad, sin querer pensar en lo que podría ocurrir en caso de accidente, o si el coche sufría una avería. Atravesamos varias regiones, para que el Papa pudiese disfrutar de aquellas escenas de la vida cotidiana. Al llegar, nos encaminamos a una de las pistas, donde apenas había nadie. Fue el comienzo de una jornada maravillosa, inolvidable, con las montañas alrededor, la naturaleza toda de blanco, aquel gran silencio que te permitía reconcentrarte, rezar. El Santo Padre volvió a esquiar aquel día. Estaba contentísimo por aquel regalo que le habíamos hecho. Los días siguientes continuó dándonos las gracias, recordando los mejores momentos de aquella expedición.
Un esquiador normalísmo
En excursiones sucesivas también elegimos lugares solitarios, pero no siempre podíamos evitar a la gente. Sin embargo, ¿por qué preocuparnos tanto? El Santo Padre se comportaba como un normalísimo esquiador. Iba vestido como todos: mono de esquí, gorro y gafas. Parecía increíble, pero nadie le reconocía. ¿Quién podía imaginarse que el Papa iba a esquiar? Uno de los primeros en hacerlo fue un niño, de no más de diez años. Pasaba a nuestro lado un grupo de excursionistas, y un poco rezagado aquel niño, algo sofocado por la caminata. Preguntó por su grupo: ¿Los han visto?, y mientras don Tadeusz le daba las indicaciones, él se volvió a mirar al Santo Padre. Se quedó con la boca abierta, los ojos en blanco, y después comenzó a chillar: ¡Es el Papa! ¡Es el Papa! Y don Tadeusz: ¡Pero qué dices, loco! Piensa antes de hablar. El chaval desapareció en busca de sus amigos, y nosotros nos dispusimos a coger el coche de camino a Roma.
Lo más normal era que buscásemos lugares poco frecuentados, y a veces permanecíamos allí hasta la noche. Se encendía un fuego, preparábamos cualquier cosa para comer, y luego comenzábamos a cantar.
Stanislaw Dziwisz
http://www.alfayomega.es/revista/539/15_contraportada.html
2007.III.
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La habilidad de Satanás en el mundo es la de inducir a los hombres a negar su existencia en nombre del racionalismo y de cualquier otro sistema de pensamiento que busca todas las escapatorias con tal de no admitir la obra del diablo.
Sin embargo, no presupone la eliminación de la libre voluntad y de la responsabilidad del hombre y menos aún la frustración de la acción salvífica de Cristo. Se trata más bien de un conflicto entre las fuerzas oscuras del mal y las de la redención. Resultan elocuentes a este propósito las palabras que Jesús dirigió a Pedro al comienzo de la pasión: . Simón, Satanás os busca para ahecharos como trigo; pero yo he rogado por ti para que no desfallezca tu fe´ (Lc 22,31).
Comprendemos así por que Jesús en la plegaria que nos ha enseñado, el ´Padrenuestro´, que es la plegaria del reino de Dios, termina casi bruscamente, a diferencia de tantas otras oraciones de su tiempo, recordándonos nuestra condición de expuestos a las insidias del Maligno.
El cristiano, dirigiéndose al Padre con el espíritu de Jesús e invocando su reino, grita con la fuerza de la fe: no nos dejes caer en la tentación, líbranos del Mal, del Maligno. Haz, Oh Señor, que no cedamos ante la infidelidad a la cual nos seduce aquel que ha sido infiel desde el principio.
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"El hombre es el único ser que manifiesta su libertad a la hora de elegir sus esclavitudes"
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"Sed maestros de la verdad, de la verdad que el Señor quiso confiarnos no para ocultarla o enterrarla, sino para proclamarla con humildad y coraje, para potenciarla, para defenderla cuando está amenazada." [S.S. Juan Pablo II]
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Si eres cristiano se tiene que ver tu fe.

‘LA IGLESIA DEFIENDE LA NATURALEZA’ texto año 313-386ca.
Las maravillas de la creación (año: 313-386)
"Quisiera más bien que contemplaras la primavera, reteniendo la variedad de sus flores que todas son iguales y a la vez distintas: el púrpura de la rosa y la excelsa blancura del lirio. Pues, aunque ambos proceden de la misma lluvia y del mismo suelo, ¿quién es el que las hace distintas y las construye? Quisiera también que consideraras qué habilidad del único artífice es la que hace que árboles de la misma clase sirvan a veces para dar sombra y a veces para desparramarse en frutos diversos. Una parte de la vid se destina a la quema, otra a convertirse en renuevos, otra en follaje, otra en horquillas y, por fin, una última en uvas. Asómbrate también, en una caña, de la amplitud del espacio que su autor puso entre sus nudos. En un mismo terreno salen serpientes, jumentos, árboles, alimentos, oro, plata, cobre, hierro, piedra. Una es la sustancia de las aguas, y salen de ellas las especies de los peces y de las aves, de manera que unos nadan en el agua mientras las aves vuelan en el aire.
«Ahí está el mar, grande y de amplios brazos, y en él, el hervidero innumerable de animales, grandes y pequeños» (Sal 104, 25). ¿Quién podrá exponer la hermosura de los peces que ahí viven? ¿Quién la magnitud de los cetáceos o la naturaleza de los animales anfibios que viven tanto en la tierra árida como en el agua? ¿Quién puede exponer la profundidad y la hondura del mar o el inmenso ímpetu de las olas? Se mantiene, sin embargo, dentro de los límites que le ha fijado quien le dijo: «Llegarás hasta aquí, no más allá..., aquí se romperá el orgullo de tus olas» (Job 38,11). Explica claramente el mandato que se le ha impuesto el hecho de que las olas, al retirarse, dejan una línea visible en las orillas. A los que la ven se les indica así que el mar no habrá de pasar de los límites establecidos.
¿Quién puede captar la naturaleza de las aves del cielo? ¿Cómo es que unas poseen una lengua experta en el canto, mientras otras poseen una gran variedad de colores en sus plumas y algunas, como las aves de presa, se mantienen, en medio del vuelo, inmóviles en el aire? Pues es por mandato de Dios por lo que «el halcón emprende el vuelo, despliega sus alas hacia el sur» (Job 39,26). ¿Qué hombre percibe cómo «se remonta el águila» a «las alturas» (cf Job 39,27). Pues si con toda tu capacidad de pensar no puedes darte cuenta de cómo las aves se elevan a lo alto, ¿cómo podrás entonces abarcar con tu mente al autor de todas las cosas?
¿Quién ha llegado a saber simplemente los nombres de todas las fieras? ¿Y quién se ha dado cuenta de la naturaleza de cada una de ellas y de su fuerza? Pero si ni siquiera conocemos sus nombres, ¿cómo podremos abarcar a su autor?
Uno fue el precepto de Dios, por el que dijo: «Produzca la tierra animales vivientes de cada especie: bestias, sierpes y alimañas terrestres de cada especie» (Gén 1,24). Por un único mandato brotaron, como de una única fuente, las diversas clases de animales: la mansísima oveja, el león carnicero. Por su parte, movimientos diversos de animales irracionales reflejan una variedad de inclinaciones humanas: la zorra, por ejemplo, expresa la perfidia humana; la serpiente, a los que hieren a sus amigos con dardos venenosos; el caballo que relincha, a jóvenes voluptuosos(cf Jr 5,8). Sin embargo, la hormiga diligente sirve para estimular al negligente y al perezoso. Pues cuando alguien, en su juventud, vive en la desidia y el ocio, los mismos animales irracionales le estimulan según el mismo reproche que recoge la Escritura: «Vete donde la hormiga, perezoso, mira sus andanzas y te harás sabio» (Prov 6,6). Pues cuando veas que guarda alimentos para el tiempo oportuno, imítala y recoge para ti mismo como tesoros, para la vida futura, los frutos de las buenas obras. Por otra parte: «Ponte a la obra y aprende qué trabajadora es» (Prov 6,8). Observa cómo, recorriendo toda clase de flores, produce miel para tu servicio, para que también tú, haciendo el recorrido por las Sagradas Escrituras, consigas tu salvación eterna y, saciado por ellas, digas: «¡Cuán dulce al paladar me es tu promesa, más que miel a mi boca!» (Sal 119,103).
¿Acaso, pues, no es el Creador digno de toda alabanza? ¿O es que, porque tú no conozcas la naturaleza de todas las cosas, han de ser por ello inútiles los seres creados? ¿Puedes, quizá, llegar a conocer las cualidades de todas las hierbas? ¿O eres capaz de aprender qué utilidad tiene lo que proviene de cualquier animal? Pues es cierto que incluso de las víboras venenosas proceden ciertos antídotos para la salud de los mortales. Pero me dirás: las serpientes son cosa horrenda. Teme al Señor y no podrá hacerte daño. El escorpión cobra fuerza al picar: teme al Señor y no te picará. El león está sediento de sangre: teme al Señor—como en cierta ocasión Daniel (Dan 6,23)— y (el león) permanecerá tranquilo junto a ti. Realmente son de admirar las fuerzas de los mismos animales: unos clavan con el aguijón, mientras la fuerza de otros reside en sus dientes; los hay que luchan con sus garras; la fuerza, por último, del basilisco reside en su mirada.
Por las diversas cualidades de su obra puedes, pues, comprender la capacidad del Creador".
Cirilo de Jerusalén, 313 + 386 ca. - Catequesis bautismal, 9,10-15
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¡Laudetur Iesus Christus!

gracias por venir a visitarnos
Quepa claro: "hablamos no solo para comunicarnos, sino para distinguirnos". Por lo mismo, nos vestimos no solo para evitar el frío, sino para reafirmar nuestra personalidad. Publicamos porque creemos en la verdad y solo ella nos hace libres.
Pedimos disculpas por los errores que tantas veces cometemos. No son por mala voluntad, ni por ignorancia, sino por no saber. No está mal recordar que una cosa es la ignorancia (= no saber lo que a uno no se le alcanza) y la nescencia (= no saber lo que uno debería saber).
‘Apud Dominum misericordia et copiosa apud Eum redemptio’
Jesús misericordia : Kyrie eleison. Christe eleison. Kyrie eleison.
¿Por qué repetimos y recomendamos algunos libros? - No responde esta habitual insistencia a ningún imperativo ni legal, ni moral, ni de compromiso alguno. El único compromiso es el del servicio a la conformación de una cultura católica que hoy es más necesaria que nunca.
Recomendamos vivamente:
1º Título: LA BIBLIA COMENTADA POR LOS PADRES DE LA IGLESIA
Antiguo Testamento 10:Proverbios, Eclesiastés, Cantar de los cantares
J. Robert Wright (encargado del volumen)Ciudad Nueva Madrid 2008-533 páginas
2º Título: ‘Europa y la Fe’. Editor: Ciudadela Libros. Autor: Hilaire Belloc.
Páginas: 237 - ISBN: 978-84-96836-23-5 -
En esta obra se trata con un realismo histórico apabullante el tema de Europa y su relación con la fe católica. No se debería desconocer este ensayo histórico admirable en que su autor explica cómo la Iglesia católica ayudó a salvar a Occidente, en las Edades oscuras, preservando lo mejor de la civilización griega y romana, y cómo los europeos, todavía hoy, nos beneficiamos de instituciones sociales y de forma políticas de indudable origen católico como los Parlamentos. Es muy posible que no se haya escrito una mejor visión de conjunto de la civilización occidental que este libro.
3º Título: ‘Cristo y el tiempo’ - La Historia, como historia de la salvación -
Autor: Oscar Cullmann - Editorial: Cristiandad -
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