Sunday 19 February 2017 | Actualizada : 2017-02-03
 
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Al amanecer del 7 de agosto sale una expedición de 987 judíos hacia Auschwitz. El 9 de agosto Sor Teresa Benedicta de la Cruz, junto con su hermana Rosa y muchos otros de su pueblo, murió en las cámaras de gas de Auschwitz.

 

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El historiador judío Pinchas Lapide escribió en 1967: «La Santa Sede, los nuncios y la Iglesia católica salvaron de la muerte de 740.000 a 850.000 judíos».

 

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Auschwitz - El sacrificio de los sacerdotes polacos - Surge aquí otra singular e importante dimensión de mi vocación. Los años de la ocupación alemana en Occidente y de la soviética en Oriente supusieron un enorme número de detenciones y deportaciones de sacerdotes polacos hacia los campos de concentración. Sólo en Dachau fueron internados casi tres mil. Hubo otros campos, como por ejemplo el de Auschwitz, donde ofreció la vida por Cristo el primer sacerdote canonizado después de la guerra, San Maximiliano María Kolbe, el franciscano de Niepokalanów. Entre los prisioneros de Dachau se encontraba el Obispo de Wloclawek, Mons. Michal Kozal, que he tenido la dicha de beatificar en Varsovia en 1987. Después de la guerra algunos de entre los sacerdotes ex prisioneros de los campos de concentración fueron elevados a la dignidad episcopal. Actualmente viven aún los Arzobispos Kazimierz Majdanski y Adam Kozlowiecki y el Obispo Ignacy Jez, los tres últimos Prelados testigos de lo que fueron los campos de exterminio. Ellos saben bien lo que aquella experiencia significó en la vida de tantos sacerdotes. Para completar el cuadro, es preciso añadir también a los sacerdotes alemanes de aquella misma época que experimentaron la misma suerte en los lager. He tenido el honor de beatificar a algunos de ellos: primero al P. Rupert Mayer de Munich, y después, durante el reciente viaje apostólico a Alemania, a Mons. Bernhard Lichtenberg, párroco de la Catedral de Berlín, y al P. Karl Leisner de la diócesis de Munster. Este último, ordenado sacerdote en el campo de concentración en 1944, después de su ordenación pudo celebrar sólo una Santa Misa.

Merece un recuerdo especial el martirologio de los sacerdotes en los lager de Siberia y en otros lugares del territorio de la Unión Soviética. Entre los muchos que allí fueron recluidos quisiera recordar la figura del P. Tadeusz Fedorowicz, muy conocido en Polonia, al cual personalmente debo mucho como director espiritual. El P Fedorowicz, joven sacerdote de la archidiócesis de Leópolis, se había presentado espontáneamente a su arzobispo para pedirle el poder acompañar a un grupo de polacos deportados al Este. El Arzobispo Twardowski le concedió el permiso y pudo desarrollar su misión entre los connacionales dispersos en los territorios de la Unión Soviética y sobre todo en Kazakistán. Recientemente ha descrito en un interesante libro estos trágicos hechos.

 

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El testimonio de los hermanos Orefice

 

Por Antonio Gaspari

Una experiencia similar a la de Goldman fue la que tuvo como protagonistas a los hermanos Orefice. Vittorio y Gastone Oreñce son dos conocidos periodistas de televisión italianos. Vittorio es el decano de los periodistas parlamentarios y Gastone ha sido corresponsal de la RAI, la radiotelevisión italiana, en París, Bruselas y Nueva York. Para distinguirse de Vittorio, Gastone se hace llamar Ortona, apellido con el que se le conoce entre los telespectadores. Judíos de Livorno, los hermanos Orefice vivieron intensamente los tristes sucesos que llevaron a la persecución y al Holocausto a millones de sus conciudadanos.

«Al menos hay dos motivos por los que en Italia se ha salvado el 75% de los judíos del Holocausto -sostiene Vittorio-. Las leyes raciales fascistas no eran menos duras que las nazis; la diferencia está en el hecho de que, por su naturaleza bondadosa, los italianos son diferentes a los alemanes, pero muchos judíos se han salvado por la postura tomada por la Iglesia

«En Livorno, por ejemplo -añade Gastone-, había un joven sacerdote, Roberto Donangeli, que, con ocasión de la Pascua judía de 1942, llevó un saquito de harina que había recibido para hacer las hostias a cinco ancianos judíos que no tenían familia para que pudieran hacer simbólicamente un poquito de pan ázimo. Cuando Livorno fue bombardeada en 1943, este mismo sacerdote fue con un carro tirado a mano, junto a otro sacerdote, a coger a estos cinco viejecitos y llevarlos a Fauglia a un lugar más seguro.»

Cuenta Gastone que «por culpa de las leyes raciales, mi padre se tuvo que marchar porque no podía trabajar, tuvo que vender la farmacia familiar y nosotros no pudimos ir a la escuela. Afortunadamente, muchos profesores judíos expulsados organizaron una pequeña escuela, donde yo y Vittorio hicimos la secundaria. Pero a la universidad sólo pudimos ir después de la guerra.

»Mi padre fue arrestado por los fascistas en Francia en noviembre de 1942 -continúa Gastone- y llevado a la cárcel en Italia. El 7 de mayo de 1943 fue enviado a un campo de concentración en Urbisaglia, cerca de Ancona. Nos alegramos con la caída de Mussolini porque mi padre volvió a ser libre pero después sufrimos la decepción del 9 de septiembre, cuando llegaron los nazis y tuvimos que escapar

Sigue Orefice: «Llegados a Norcia nos hospedamos en un pequeño apartamento propiedad de Aldo Fabrizi, desde donde nos trasladamos a Castelluccio para estar seguros y donde el párroco nos tomó bajo su protección. Una vez que pasó el frente, nos enrolamos en las formaciones antifascistas del general Petroni y del teniente Cassio. Yo fui a Roma mientras Gastone se fue con el general Petroni, que fue nombrado prefecto de Ascoli Piceno.»

http://www.conoze.com/doc.php?doc=3940

 

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La revuelta antinazi, católicos salvando judíos

 

La Iglesia francesa no se contentó con redactar cartas de protesta y mostrar signos de resistencia, sino que también organizó una verdadera red de salvamento. Bajo la dirección del cardenal Gerlier se creó L´Amitié Chrétienne, una organización antinazi que, gracias al liderazgo del jesuita Pierre Chaillet, se opuso al antisemitismo y salvó a muchos judíos de la deportación y de una muerte segura.

El padre Chaillet, héroe de la Resistencia francesa, organizó la publicación de una carta clandestina, Cahiers du Témoignace Chrétien, que alcanzó una tirada de cincuenta mil ejemplares. Al mismo tiempo, el padre Chaillet hacía giras por las ciudades, sobre todo por Lyon, para recoger a los niños judíos que habían escapado a la deportación y esconderlos en los conventos. En septiembre de 1942, el prefecto de la policía pidió al padre Chaillet que le entregara los 120 niños judíos que escondía. Chaillet se negó y fue apoyado por el cardenal Gerlier. Fue encarcelado, pero los niños se salvaron. El puesto de Chaillet fue ocupado por otros. Uno de los colaboradores de Gerlier era el abad Alexander Glasberg, que logró salvar a dos mil judíos de los campos de concentración. Además, organizó una casa en la montaña donde escondió a 65 adolescentes judíos. El abad Glasberg era judío ucraniano. Dejó Rusia durante la revolución y se trasladó a París. Se hizo católico y entró en el seminario, donde fue ordenado sacerdote. Durante la guerra fue incansable en la labor de asistencia a los perseguidos y, cuando ésta terminó, ayudó a los judíos supervivientes a llegar a Palestina. Tras la guerra, en una entrevista en el periódico judío americano Forward, Glasberg, que hablaba yiddish con fluidez, declaró: «Yo no soy un héroe. Los dos mil judíos a los que he ayudado son sólo una gota en el océano. Seis millones de judíos han muerto. Podríamos haber salvado a muchos más si hubiéramos tenido más dinero.»

Los Hermanos de Nuestra Señora de Sión (Pères de Notre Dame de Sion) desarrollaron un importante papel en la salvación de judíos franceses. A la cabeza de este grupo estaba el padre superior Charles Devaux, que salvó a 443 niños judíos y a 500 adultos. A finales de 1942 organizó una oficina en la rue Notre Dame des Champs. Desde allí envió niños a muchas partes del país donde pudieran encontrar alojamiento en casas de obreros, campesinos, conventos y monasterios. La Gestapo amenazó duramente al padre Devaux y le apremió a que pusiera fin a sus actividades de ayuda a los judíos; en caso contrario se arriesgaba a acabar en un campo de concentración. Pero el padre Devaux se guardó bien de reducir sus actividades, sólo tomó más precauciones.

En 1945, un periodista judío preguntó al padre Devaux si no había tenido miedo y si había sido consciente del peligro que había corrido: «Es obvio que conocía el peligro que estaba corriendo -respondió Devaux-, pero esto no me podía frenar porque consideraba aquella actividad como la tarea principal de un cristiano y de un ser humano.»

Por Antonio Gaspari - 2006-11-09

http://www.conoze.com/doc.php?doc=5940

 

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Revelaciones sobre la “operación papeles falsos” para salvar a judíos

Memorias de Mirjam Viterbi Ben Orin en la Italia del nazifascismo

 

ROMA, martes, 18 noviembre 2008 –zenit- En su edición diaria del 17-18 de noviembre de 2008, el diario vaticano "L´Osservatore Romano´ revela todo lo que hizo, de modo heroico, un obispo católico por una niña judía, quien firma sus memorias, y por su familia perseguida por las leyes raciales nazifascistas.

 

"Recuerdo la gran sencillez y la pureza de su mirada, algo cercanamente bueno e ingenuo que parecía liberarse, junto a una gran fuerza, de cada gesto, de cada palabra suya. En la sombra y en el silencio de las grandes estancias, la figura del obispo daba seguridad, como algo en lo que uno se podía apoyar".

El prelado del que se habla es monseñor Giuseppe Placido Nicolini y quien recuerda su figura, a más de sesenta años del encuentro, es Mirjam Viterbi Ben Horin. Era 1943 y ella una niña que, con sus padres y hermana, pudo librarse de la persecución nazifascista en Asís, gracias a la organización de socorro a los judíos puesta en pie precisamente por el obispo con la ayuda de dos sacerdotes en especial: don Aldo Brunacci y el padre Rufino Nicacci.

Los tres protagonistas del suceso han sido reconocidos como "Justos entre las Naciones" por el museo de la memoria judía de Jerusalén Yad Vashem. Pero este documento constituye una ulterior tesela para la reconstrucción de la verdad histórica de aquellos años trágicos.

Cada relato revela algo inédito -aunque sólo sea por el punto de vista del narrador- junto a la gratitud por aquella ayuda desinteresada, y no sin riesgos. Precisamente el reconocimiento ha impulsado a Mirjam Viterbi Ben Horin a hacer público su personalísimo recuerdo, filtrado por la mirada de una niña.

Mirjam Viterbi Ben Horin ha escrito en italiano el libro "Con los ojos de entonces" ("Con gli occhi di allora", Morcelliana, 2008), en el que narra su historia de niña judía que, tras las leyes raciales de 1938, fue obligada a dejar la casa de Padua y a refugiarse con la familia en Asís, entre 1943 y 1944.

Y allí descubrió la existencia de hombres y mujeres que no renunciaron a su propia humanidad, que no se sustrajeron al deber del bien, aún conscientes de que aquello hubiera podido costarles la vida.

"Escribir estas páginas --anota la autora-- es también la manera con la que hoy doy gracias a todos aquéllos que me hicieron sentir que la vida, incluso en los momentos más oscuros, puede ser bella, si alguien te está cercano, te tiende una mano o simplemente, incluso con su mismo silencio, está junto a ti: si alguien con su presencia rompe la concha de tu soledad y del miedo".

La figura central del relato es la del obispo, narrando como si fuera hoy el primer encuentro con la familia Viterbi. "Papá y mamá le explicaron quienes éramos --recuerda Mirjam-- y le  entregaron los pocos objetos judíos que nos habían acompañado desde Padua y que, si eran descubiertos, habrían podido denunciar nuestra identidad.

"Monseñor Nicolini les acogió con atención y delicadeza, asegurando que les habría puesto personalmente en un lugar seguro. En efecto, como luego se supo, acostumbraba a esconderles él mismo en los subterráneos del palacio episcopal, usando el pico él mismo y tapiando después la entrada, mientras que don Aldo Brunacci le alumbraba con una candela".

Una vez puesto en seguridad, revela Mirjam, el siguiente objetivo era conseguir "papeles falsos", algo "esencial para nuestro futuro de lo que se habría ocupado más directamente don Aldo".

 

El problema principal para los judíos eran de hecho los documentos. Había que procurárselos falsos, y normalmente se usaban nombres de personas residentes en zonas de la Italia meridional, ya liberadas, donde era más difícil efectuar controles. A tal fin, por indicación del obispo, se pusieron en contacto con un impresor declaradamente comunista, Luigi Brizi, que aceptó, implicando incluso a su hijo Trento, a pesar de los riesgos de tal actividad.

Don Brunacci ha relatado muchas veces cómo nació la organización. El tercer jueves de septiembre de 1943, tras la acostumbrada reunión mensual del clero, que tenía lugar en el seminario diocesano, el obispo le llamó aparte junto a la capilla y, mostrándole una carta de la Secretaría de Estado, le dijo: "Tenemos que organizarnos para prestar ayuda a los perseguidos y sobre todo a los judíos, esta es la voluntad del Santo Padre Pío XII. Todo hay que hacerlo con la máxima reserva y prudencia. Nadie, ni siquiera entre los sacerdotes, debe saberlo".

Siguiendo sus directivas, el obispo trató de coordinar los esfuerzos y sobre todo de transmitir un ejemplo a los fieles. "No se trataba sólo --afirmó recientemente el secretario de Estado de Benedicto XVI, el cardenal Tarcisio Bertone-- de organizar burocráticamente la búsqueda de los dispersos y la asistencia a los presos".

De esta indicación general y de la directiva de monseñor Nicolini, nació en Asís el Comité de Asistencia a los Desalojados, un nombre tapadera para una actividad de alto riesgo. El convento de las clarisas de San Quirico se convirtió en el cuartel general de la organización. Aquí --como en las hospederías de las coletinas (de la familia religiosa inspirada en santa Clara de Asís), clarisas, estigmatinas (de la familia franciscana), religiosas capuchinas alemanas y benedictinas de San Apolinar--, los perseguidos eran albergados hasta que se lograra encontrar para ellos nuevos documentos de identidad, gracias a los cuales obtenían las tarjetas de racionamiento y podían vivir en un hotel o en casas privadas.

Bruno Angeli, otro judío fugado con la familia, "fue el primero que nos habló de una organización que ayudaba de modo extraordinario a todos los judíos llegados a Asís --relata Mirjam-- proporcionando incluso documentos de reconocimiento con generalidades falsas, es decir ´arias´".

"A todos los conventos, incluidos los de clausura, fue impartida la orden de abrir sus puertas a los perseguidos para albergarles. Y nuestra identidad religiosa era respetada hasta tal punto que pocos días antes, al final del ayuno de Kippur, las clarisas del Monasterio de San Quirico prepararon una gran mesa con flores, queriendo servir ellas mismas la comida que concluía la larga jornada de oración y penitencia".

El padre Vincenzo, del convento de San Damián, se les acercó y les dijo a la familia Viterbi: "Si tenéis un amigo judío, decidle que venga a nuestro convento y que se vista el hábito de los frailes". Los Viterbi ya sabían de lo que se trataba, pues era una directiva del padre guardián, Nicacci.

Pero Mirjam y sus familiares no se refugiaron en el convento, sino en casas privadas. Siempre preparados, sin embargo, a escapar inmediatamente.

"En aquel periodo --narra Mirjam-- controlaba cada vez más atentamente mi maletita, siempre preparada en un rincón, especialmente cuando por la tarde oía a un camión detenerse bajo casa, o el ruido de las botas contra el suelo. Sabía qué había sucedido a otros y lo que nos podía suceder. No me sentía culpable de estar viva; no; pero... ¿hasta cuándo? Con aquellas valijas alineadas, yo creo que empecé a comprender entonces, quizá sin darme cuenta plenamente, que en la vida hay que estar siempre dispuestos a partir. No se sabe hacia dónde. No se sabe por qué".

 

Pero las cosas en un cierto momento parecieron precipitarse. Los nazifascistas intensificaron los controles.

Y una vez más en los recuerdos de la niña emerge la figura de monseñor Nicolini: "Mi padre fue a pedir consejo al obispo y a pedirle si, en caso de extrema necesidad, podría acogernos en el obispado, que ya era refugio de un increíble número de desalojados y perseguidos. Monseñor Nicolini sonrió, con aquella expresión bondadosa suya: ‘Sólo quedan libres mi dormitorio y el estudio --dijo con espontaneidad--, pero puedo muy bien arreglarme con el estudio, y el dormitorio os lo dejo a vosotros´. Papá, ante ofrecimiento tan generoso no se sintió capaz de aceptar, obviamente".

La actividad de ayuda a los judíos no pasó del todo desapercibida. Don Brunacci fue arrestado por la  policía fascista, que lo esperó bajo casa. Fue llevado a Perugia, por el prefecto Rocchi y liberado unos diez días después, a condición de que abandonara Asís y se fuera a la Ciudad del Vaticano. Aquella noticia creó inquietud entre los judíos refugiados en la ciudad, pero afortunadamente no sucedió nada. Hasta que llegaron los libertadores, en la mañana del 17 de junio de 1944.

Más de trescientos judíos se salvaron de la deportación gracias al obispo, a los dos sacerdotes y a las personas que apoyaban de diversos modos a la organización.

Acabada la guerra, Mirjam y su familia intentaron volver a Padua. "Nuestra casa había sido incendiada --recuerda-- y a mi padre no le quedó otra posibilidad que deshacerse de ella, con un agudo sentimiento de laceración. Fue reintegrado en la Universidad y en la Academia Paduana, pero no tuvo fuerzas para volver a vivir en Padua, aún quedando afectivamente muy ligado a ella. Reanudó su enseñanza en la Universidad de Perugia. Con la incertidumbre de no saber dónde establecernos, permanecimos en Asís durante siete años. En 1950 nos transferimos a Roma".

Fue precisamente el padre de Mirjam, Emilio Viterbi, quien expresó públicamente --como reportan otros documentos-- la gratitud de los salvados: "Nosotros los judíos refugiados en Asís no nos olvidaremos nunca de lo que se hizo por nuestra salvación. Porque en una persecución que aniquiló a seis millones de judíos, en Asís no fue tocado ninguno".

En la ciudad de san Francisco --escribe Mirjam Viterbi Ben Horin--, "el ‘Pax et Bonum´ se convirtió para mí pronto en el saludo más espontáneo, no sabía que era precisamente como decir ‘shalom´ en judío". De este modo, confiesa, "se realizó un milagro de amor".

Un milagro que tenía los rostros de monseñor Nicolini y de sus sacerdotes colaboradores. Rostros que los ojos de aquella niña no han olvidado.

Traducido del italiano por Nieves San Martín

 

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Cristianos en Auschwitz

Nos ha impresionado en Televisión y en las imágenes de la Prensa escrita, el campo polaco de Auschwitz, al que se ha asomado para rezar y hacer memoria, un Papa alemán sencillo, humilde, caritativo  y amigo de la verdad.

Según Ariel Sharon, “a nadie le importó que los judíos fueran asesinados". Eso es falso: muchos callaron por ignorancia de lo que allí pasaba y otros atenazados por el miedo; pero hubo cristianos en quienes el amor fue más fuerte que el miedo. En Italia, por ejemplo, más de 170 sacerdotes y seminaristas fueron asesinados por ayudar a judíos. En Dacha (Polonia) fueron internados 2.794 sacerdotes y religiosos; de entre ellos,  1.734 polacos, y murieron 1.034 eclesiásticos, la mayoría polacos. La iglesia salvó la vida de más de cien mil judíos y a Sor  Ewa Noiszewska y a Sor Marta Wolowska, las mataron  por ofrecer protección a niños hebreos.  Sor Klemensa Staszewska fue asesinada en Auschwitz por esconder en su convento a muchachas judías. Allí también sufrió el martirio la carmelita venida del judaísmo Sor Benedicta de la Cruz (Santa Edith Stein) y el franciscano San Maximiliano Kolbe, que ofreció su vida lleno de amor al prójimo a cambio de la de un padre de familia. Auschwitz es también tierra regada con sangre de mártires cristianos, tierra sagrada. Yo les pido a todos ellos que nos ayuden a ser lo que debemos ser,  humanos. ¿No será una hipocresía rechazar el horror de Auschwitz y al mismo tiempo aceptar la masacre inhumana de tantísimos  abortos que se realizan cada día en tantas ciudades de Europa?  2006-06-01-Josefa Morales de Santiago. DNI 6915994 –

 

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Judíos italianos hacia el campo de concentración de Auschwitz

 

Un rabino revela cómo Pío XII

salvó a miles de judíos

G. Dalin prueba en un libro la insistente acción del Papa para librar a este pueblo de los nazis.

 

Madrid- Mucho se ha hablado de la relación entre el Papa Pío XII y Adolf Hitler. Se le ha acusado al Pontífice de colaboracionista nazi, pero también de salvador de los judíos. ¿Cuál fue la verdadera cara de este Papa? Las dudas han sido despejadas gracias a la ardua investigación del rabino David G. Dalin, profesor de Ciencias Políticas e Historia en Ave María University en Naples, Florida; y articulista en varias publicaciones. Su investigación la ha resumido en «El mito del Papa de Hitler. Cómo Pío XII salvó a los judíos de los nazis», de Ciudadela.
   El mal llamado «Papa de Hitler», Eugenio Pacelli, nació en Roma en 1876 y tras estudiar derecho canónico, se convirtió en uno de los consejeros papales de mayor confianza. «Durante la Primera Guerra Mundial, Pacelli fue nombrado nuncio papal en Baviera» y más tarde «arzobispo», explica el rabino G. Dalin, que destaca además, la amistad que tuvo con el judío Bruno Walter, director de orquesta de la Ópera de Munich, quien «porteriormente se convirtió al catolicismo». Éste «fue uno de los muchos judíos a los que Eugenio Pacelli ayudó a rescatar», explica en el libro.
   Profetas falsos y diabólicos
   Una de los asuntos que más critica el rabino es el «olvido» que algunos detractores de Pío XII parecen tener con respecto a esta clase de hechos. Entre estos destaca John Cornwell, autor de «El Papa de Hitler», publicado en 2000, trata de demostrar que Pacelli fue antisemita. Sin embargo la historia pone a cada uno en su sitio y G. Dalin lo demuestra: «Pacelli fue el primer Papa en asistir, en su juventud, a una comida de sabbat en un hogar judío y en haber discutido de modo informal, con miembros eminentes de la comunidad judía de Roma, sobre temas de teología judaica». «En 1935, en una carta abierta al obispo de Colonia, el ya cardenal Pacelli llamó a los nazis “falsos profetas con la soberbia de Lucifer”». Ese mismo año, «atacó a las ideologías poseídas por la superstición de la superioridad de raza o de sangre», revela el libro. Según confesó a sus amigos, «los nazis eran diabólicos» y «Hitler está completamente obsesionado». «Todo lo que no le resulta útil lo destruye; este hombre es capaz de pisotear cadáveres».
   Además, G. Dalin, subraya unas palabras que Pacelli pronunció en reunión con el antinazi Dietrich von Hildebrand: «No hay reconciliación posible entre el cristianismo y el racismo nazi».
   Durante su purpurado, Pacelli fue conocido por los nazis como un cardenal «amigo de los judíos»; la animadversión nazi creció con su elección papal en 1939. Ya desde el comienzo de su pontificado, «respondió a un decreto antisemita otorgando cargos en la Biblioteca Vaticana a varios de los eruditos judíos rechazados por el régimen», confirma el rabino. Su primera encíclica, «Summi Pontificatus», abogaba por «la paz, rechazaba de forma expresa el nazísmo y mencionaba de manera explícita a los judíos». Más aún: «Durante la Segunda Guerra Mundial, Pío XII habló en favor de los judíos europeos y urgió a los obispos a salvar a los judíos y a otras víctimas de la persecución nazi».
   Una de sus mayores acciones en su favor ocurrió «durante la ocupación nazi en Roma, cuando tres mil judíos encontraron refugio al mismo tiempo en la residencia papal de verano de Castel Gandolfo», convirtiéndose «los apartamentos privados de Pío XII en una especie de clínica obstétrica temporal».
   La comunidad judía, no ajena a la labor del pontífice, elogió al Papa en multitud de ocasiones. En 1958,al morir Pío XII, daría comienzo una enorme corriente de organizaciones y periódicos semitas que rendirían tributo al bien llamado, poco más tarde, «justo entre las naciones».

Agradecemos a Álvaro de Juana-L.R.ESP. 2006-11-15

Festividad de San Alberto Magno. 

 

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El sacrificio (hasta la muerte) de católicos

para salvar a judíos en Italia

 

 

Al menos 170 sacerdotes y seminaristas fueron asesinados por haber ayudado a judíos y oponerse al nazismo

ROMA, jueves, 27 enero 2005 - Muchos sacerdotes, religiosos y laicos perdieron la vida durante la persecución nazi en Italia por salvar a los judíos y a los detractores del nazismo.
En su libro «Historia de los judíos italianos», publicado poco después de la segunda guerra mundial gracias a una investigación de la Acción Católica Italiana, Luciano Tas, subraya la contribución ofrecida incluso hasta el derramamiento de sangre por parte de la Iglesia católica para ayudar y poner a salvo a los judíos perseguidos.
De acuerdo con Luciano Tas, «si el porcentaje de judíos deportados no es en Italia tan elevado como en otros países sin duda se debe a la ayuda activa que se les dio por parte de la población italiana desde instituciones católicas».
«Cientos de conventos, tras la orden en tal sentido impartida desde el Vaticano, acogieron a los judíos, miles de sacerdotes les ayudaron, otros prelados organizaron una red clandestina para la distribución de documentos falsos», prosigue.
De acuerdo con el «Martirologio del clero italiano», 729 sacerdotes y seminaristas perdieron la vida entre 1940 y 1946; de éstos, no menos de 170 fueron asesinados por haber ayudado a judíos y detractores del nazismo.
Este jueves, la edición en italiano del diario de la Santa Sede, «L´Osservatore Romano» recuerda el testimonio de Giovanni Palatucci, policía que falleció el 10 de febrero de 1945 en el campo de concentración de Dacha, a los 36 años, donde había sido internado por salvar a miles de judíos. Proclamado por Israel «justo entre las Naciones», la fase diocesana (en la diócesis de Roma) de su proceso de beatificación concluyó el año pasado.
Otro caso es el de un padre de familia, Odoardo Focherini (1907-1944). Comenzó a interesarse por los judíos antes del 8 de septiembre de 1943, cuando ayudó a un grupo de refugiados llegados de Varsovia. Salvó a 105 judíos de la deportación nazi. Fue detenido e internado en el campo de Hersbruck, donde falleció. Está en proceso de beatificación.
Activísimo en el mundo católico, a los 27 años Odoardo Focherini ya era presidente de Acción Católica en Italia. En 1937 pasó a ser director administrativo del diario «Avvenire», que entonces dirigía Raimondo Manzini, autor de encendidas polémicas contra el fascismo.
En 1938, Focherini contrató en «Avvenire» al periodista judío Giacomo Lampronti, despedido a causa de las leyes raciales, y en 1942, a petición de Manzini --a quien el cardenal de Génova, Pietro Boetto, había enviado algunos judíos de Polonia para defenderlos--, se encargó de proteger de la persecución a estos refugiados en un tren de Cruz Roja Internacional.
Su labor para salvar a judíos de la deportación se convirtió desde octubre de 1943 en la principal ocupación de Focherini. Con la agudización de las leyes anti-judías y el comienzo de las deportaciones raciales, en colaboración con otras personas, organizó una eficaz red para la expatriación hacia Suiza de más de un centenar de judíos.
Como alma de la organización, Focherini contactaba con las familias, conseguía los documentos desde las sinagogas, buscaba financiación y proporcionaba documentación falsa.

 

 

El 11 de marzo de 1944 Focherini fue detenido por los nazis en un hospital mientas atendía a un judío enfermo.
Fue trasladado al mando de las SS en Bolonia y de ahí a las cárceles de San Giovanni in Monte.
Durante una visita, su cuñado Bruno Marchesi le dijo: «Ten cuidado. Tal vez te expones demasiado. ¿No piensas en tus hijos?». Odoardo le respondió: «Si hubieras visto, como he visto yo en esta cárcel, lo que hacen padecer a los judíos, no lamentarías más que no haber hecho lo bastante por ellos, no haber salvado un número mayor».
Aislado en el «lager» de Flossenburg, fue trasladado al campo de Hersbruck donde se trabajaba desde las tres y media de la mañana hasta la tarde. Quien no resistía este ritmo, era marcado con una «K» en la frente e inmediatamente enviado a los hornos crematorios.
Herido en una pierna y jamás atendido, Focherini murió de septicemia el 27 de diciembre de ese mismo año. Tenía 37 años.
Antes de morir, dictó a su amigo Olivelli una carta-testamento: «Mis siete hijos... Querría verlos antes de morir... No obstante, acepta, oh, Señor, también este sacrificio, y protégelos Tú, junto a mi mujer, a mis padres, a todos mis seres queridos».
«Declaro morir en la más pura fe católica apostólica romana y en la plena sumisión a la voluntad de Dios --añadió--, ofreciendo mi vida en holocausto por mi diócesis, por Acción Católica, por el Papa y por el retorno de la paz al mundo».
«Os ruego que digáis a mi esposa que siempre le he sido fiel, que siempre he pensado en ella y que siempre la he amado intensamente», concluyó.
La noticia de su muerte llegó a Carpi, de donde era originario, en 1945, y desde ese momento Odoardo Focherini fue recordado como una figura excepcional. El padre Claudio Pontiroli, encargado de la fase diocesana de la causa de beatificación, relata: «Hemos hallado más de 300 cartas de pésame, entre ellas en 62 se habla de Odoardo como un mártir de la caridad. Por él hubo celebraciones como por ninguna otra víctima de la guerra».
Una judía de Ferrara admitió ante la viuda de Odoardo: «Perdí a catorce de mis familiares, sólo me quedó este hijo, pero hallé la fuerza de salvarme y de sobrevivir por lo que me dijo su marido: “Ya habría cumplido con mi deber si pensara sólo en mis siete hijos, pero siento que no puedo abandonaros, que Dios no me lo permite”».
En su memoria, la Unión de las Comunidades judías de Italia le otorgó una medalla de oro en 1955. Igualmente, el «Instituto conmemorativo de los mártires y de los héroes Yad Vashem» de Jerusalén le proclamó «Justo entre las Naciones». ZS05012704

 

 

judíos, gitanos, homosexuales, nómades, minusválidos, sacerdotes, pastores protestantes, rabinos

 

Una religiosa húngara dio su vida por proteger a judíos
Será beatificada en septiembre en Budapest


ROMA, viernes, 23 junio 2006).- Benedicto XVI ha aprobado el rito de beatificación de una religiosa húngara asesinada porque protegió a judíos durante la segunda guerra mundial.
En Budapest, Hungría, el 17 de septiembre, en el atrio de la basílica de San Esteban, a las 11 horas, será beatificada la sierva de Dios Sára Salkaházi (cf.
http://www.magyarkurir.hu), asesinada el 27 de diciembre de 1944, cuando
escondía a un centenar de judíos perseguidos por los ocupantes nazis.
Benedicto XVI recibió, el 28 de abril de 2006, en audiencia privada al cardenal prefecto de la congregación para las Causas de los Santos, cardenal José Saraiva Martins.
Durante el encuentro, el Papa autorizó a la congregación a promulgar, entre otros, el decreto relativo «al martirio de la sierva de Dios Sára Salkaházi, del instituto de Hermanas de la Asistencia, nacida el 11 de mayo de 1899 en Kassa (Kosice, actualmente en Eslovaquia) y muerta en diciembre de 1944 en Budapest, Hungría».
Su proceso de beatificación había sido introducido en 1997.
El cardenal Peter Erdö, primado húngaro, ha acogido la decisión diciendo: «Yo creo que en el año de renovación espiritual de la nación, el Santo Padre no podía hacer un regalo más hermoso a la Iglesia, e incluso a toda la sociedad húngara». ZENIT

Este domingo será beatificada una religiosa asesinada por salvar a judíos
La primera beatificación en suelo húngaro desde hace 900 años

 

Ezequiel

 

BUDAPEST, viernes, 15 septiembre 2006 (ZENIT.org).- Este domingo, 17 de septiembre, será beatificada en Budapest la religiosas húngara Sára Salkaházi, asesinada por haber protegido a judíos durante la segunda guerra mundial.
La beatificación, la primera que tiene lugar en Hungría desde hace 900 años, se celebrará en el atrio de la basílica de San Esteban. El Papa Benedicto XVI será representado por el cardenal Péter Erdő, primado de Hungría, arzobispo de Esztergom-Budapest, y presidente de la Conferencia Episcopal Húngara.
Al final de la liturgia, József Schweitzer, antiguo rabino jefe de Hungría, pronunciará un elogio de la nueva beata mártir.

Sára Salkaházi (su nombre de pila era Sarolta Klotild Schalkház) nace en el territorio de la actual Eslovaquia, en Kassa (hoy Kosice), el 11 de mayo de 1899.
Según explica el periódico católico húngaro «Magyar Kurír», se diplomó como maestra y cuando su región se unió Checoslovaquia, según el tratado de paz de Trianon, decidió realizar la experiencia de trabajos manuales como una oportunidad para madurar personalmente, conociendo el punto de vista obrero de la sociedad.
Descendiente de una familia propietaria de hoteles, estudió el oficio de encuadernadora de libros, y más tarde trabajó en una tienda de sombreros de su hermana. Luego pasó a ser periodista y escritora para responder a los grandes desafíos sociales de la época.
En 1929 entró en la Sociedad de las Hermanas Sociales, fundada en Hungría en 1923, profesando los primeros votos en 1930 y los solemnes en 1940.
El lema de su vida religiosa fue: «Alleluia! Ecce ego, mitte me! («¡Aleluya! ¡Aquí estoy, mándame!)». Se dedica en su labor apostólica a obras de cariad, a la catequesis, a dictar conferencias, y funda una asociación de jóvenes. Dirigió la revista «La mujer católica».
Desde 1941 fue directora del movimiento de las Mujeres y Jóvenes Obreras Católicas y creó escuelas para obreras. Al mismo tiempo daba clases en el Centro Social Femenino Católico. Su actividad se extendió por Hungría, Eslovaquia, Ucrania y Rumania.
Luchó contra la ideología nazista con sus escritos. Durante la Segunda Guerra Mundial, la Sociedad de las Hermanas Sociales acogió en sus casas a los perseguidos, salvando la vida de unas mil personas.

De ellas, unas cien deben la vida directamente a sor Sára. Consciente de que esta actividad ponía en peligro su vida, el 14 de septiembre de 1943 pidió a sus superiores el permiso para continuar, dando su disponibilidad a ofrecer el sacrificio de su vida.
Su presagio se cumplió el 27 de diciembre de 1944. Sor Sára escondía a los perseguidos, en buena parte judíos, en el Colegio de las Jóvenes Obreras, que ella dirigía, en la calle Bokréta, número 3, en Budapest. Denunciada, fue apresada junto con la catequista Vilma Bernovits y algunos perseguidos por policías nazistas.

En esa misma noche fue fusilada en el Danubio helado, a los pies del Puente de la Libertad de Budapest. ZS06091502

 

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 La Iglesia no se edifica sobre comités, juntas o asambleas. La palabra y la acción de sus miembros salvarán al mundo en la medida en que estén conectados con el sacrificio redentor de Cristo, actualizado en el misterio eucarístico, que aplica toda su fuerza salvífica. Toda palabra que se oye en la Iglesia, sea docente, exhortativa, autoritativa o sacramental, sólo tiene sentido salvífico, y edifica la Iglesia, en la medida en que es preparación, resonancia, aplicación o interpretación de la "protopalabra" [48]: la palabra de la “anamnesis” ("hoc est enim corpus meum...") que hace sacramentalmente presente al mismo Cristo y su acción redentora eternamente actual, al actualizar el sacrificio del Calvario para que se realice la obra de la salvación con la cooperación de la Iglesia, su esposa.

 

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«El sufrimiento padecido, que repercutió sobre la población alemana bajo forma de venganza por los crímenes alemanes no nos puede hacer ignorar sin embargo que sin el terrible tributo de sangre derramada sobre todo por los soldados rusos, bielorrusos y ucranianos, los asesinos de Auschwitz no se habrían detenido», subrayan.

 

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Memoria histórica: las monjas y los judíos

Alguien debería traducir el libro de Margarita Marchione sobre las memorias de judíos y católicos en la Italia de la Segunda Guerra Mundial.  

Una orden de monjas, las Pías Maestras Filipinas, acogieron a judíos y otros perseguidos en Roma en tres conventos. En uno, sesenta personas fueron alojadas cómodamente en apartamentos con dormitorio, lavandería y servicios. Durante los bombardeos, todos, hermanas y huéspedes, se refugiaban en el sótano.

 

En otro, se acogió a veinticinco personas: "unos quince estaban en el hueco de la escalera con todo lo que se había podido salvar, incluso el género de sus negocios. Los demás estaban en los locales del asilo, donde se habían acondicionado dos habitaciones..."  

Sor Lucia Mangone iba todos los días al mercado para poder alimentar a las personas refugiadas, pero no era fácil encontrar siempre el alimento necesario para quitar el hambre a todos.  

A las monjas no les faltaba valor. Sor Lucia se presentó ante un general alemán y consiguió el permiso de comprar un camión de arroz. Naturalmente no dijo quiénes se lo iban a comer...  

Sor Asunta Crocenzi hablaba alemán y podía dirigirse a los soldados con facilidad. Para evitar la sospecha de que en el convento se habían refugiado judíos, decidió invitar a algunos alemanes a comer. En vez de llamar al número 20 de la Via delle Botteghe Oscure, los soldados llamaron al número 19 donde, precisamente, estaban hospedados los judíos. La hermana que hacía guardia no hablaba alemán y, con gestos, les hizo entender que no podía abrir la puerta porque aquel lugar era de clausura. Gracias al cielo, los soldados lo entendieron y llamaron a la siguiente puerta.Al final de la guerra, un grupo de mujeres judías, hospedadas por las monjas en la Via delle Botteghe Oscure, quiso dejar una señal de su gratitud. Revela  Margarita Marchione que "su regalo fue una estatua de la Virgen que todavía hoy se puede admirar en los locales del convento, donde los judíos fueron acogidos".

Puestos a recuperar la memoria, recuperemos la que puede construir un mundo sobre la reconciliación, no el rencor.

2006-07-24 Mar GÓMEZ. Forumlibertas.com

 

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60 años de Auschwitz: Aún queda un largo camino de purificación, según los obispos alemanes

MAGUNCIA, jueves, 27 enero 2005 (ZENIT.org).- Cuando se cumplen 60 años de la liberación de los campos de concentración, la Conferencia Episcopal alemana reconoce que aún queda por delante «un largo camino de purificación», y, recordando a las víctimas de la furia homicida nazi, alerta sobre la aparición de nuevas tendencias antisemitas.

En una Declaración difundida el pasado lunes, los prelados alemanes hacen memoria del 27 de enero de 1945, cuando las tropas soviéticas liberaron los campos de concentración de Auschwitz I y Auschwitz-Birkenau.

«Como ningún otro lugar, Auschwitz representa el símbolo de la aniquilación del judaísmo europeo», escriben los obispos recordando también a los «cientos de miles de nómadas y gitanos», todos víctimas del «homicidio de masa en el signo de la locura racial nacional-socialista» o de «experimentos pseudocientíficos».

A ello añaden la mención a muchos miles de soldados del Ejército rojo, obligados a trabajar en el campo de Auschwitz-Bierkenau y después sistemáticamente asesinados: «A todas estas víctimas, también a los testigos de la fe cristiana, se dirige nuestro recuerdo», expresan.

La Declaración constata como el campo se imprimió de forma particular en el «calvario» de una Polonia ocupada donde «fue asesinada toda la población judía y gran parte de los intelectuales polacos».

Pero la fecha es también ocasión para recordar a «los innumerables soldados aliados que dieron la vida para la liberación de Europa del sistema criminal del nacional-socialismo» y en particular al «Ejército rojo, que liberó a las víctimas aún vivas en el campo de Auschwitz».

«No ignoramos las terribles consecuencias de la conquista de gran parte de Alemania por parte del Ejército rojo para las poblaciones locales --puntualizan--. Animados por sus jefes para vengarse por los terribles crímenes de los alemanes contra la población rusa, los soldados soviéticos no se empeñaban sólo en una lucha justa contra Hitler, sino que estaban también al servicio del criminal Stalin». 2005.01.27 – Obispos alemanes.


«El sufrimiento padecido, que repercutió sobre la población alemana bajo forma de venganza por los crímenes alemanes no nos puede hacer ignorar sin embargo que sin el terrible tributo de sangre derramada sobre todo por los soldados rusos, bielorrusos y ucranianos, los asesinos de Auschwitz no se habrían detenido», subrayan.

«Nuestro pueblo ha empleado mucho tiempo para confrontarse con la responsabilidad por el monstruoso crimen cometido por los alemanes y en nombre de los alemanes. Aún hoy se usan mecanismos de alejamiento», y si bien es cierto que «es justo rechazar la idea de una culpa colectiva», también es «igualmente verdad que el número de alemanes personalmente culpables es superior al de las personas dispuestas a confesar su corresponsabilidad», advierten los obispos.

Y es que «la culpa no es sólo de los protagonistas en los lugares y de los jefes políticos --observan--. A distintos niveles son responsables también los simpatizantes y todos aquellos que fingieron no ver».

Los prelados alemanes son conscientes «de la presión a la que fue sometida entonces la población», «el grado de desinformación pública y la eficacia de los métodos intimidatorios».

«No obstante --añaden--, de nuestro pueblo se espera la admisión de que Auschwitz fue posible porque muy pocos tuvieron el valor de oponer resistencia».

Los obispos alemanes afirman que también la Iglesia católica se debe plantear un interrogante sobre su presunta o no corresponsabilidad en los sucesos acontecidos: «Nosotros tenemos que dar cuenta de una larga tradición de antijudaísmo entre los cristianos y en nuestra Iglesia», escriben.

Al respecto la Declaración recuerda que el documento vaticano «Nosotros recordamos: una reflexión sobre la Shoah», del 16 de marzo de 1998, suscitó la conveniencia de preguntarse «si la persecución del nazismo con respecto a los judíos no fue facilitada por los prejuicios antijudíos presentes en la mente y en el corazón de algunos cristianos».

Asimismo señalan la admisión de culpa de la Iglesia católica ante todo el mundo el 12 de marzo de 2000, pronunciada por Juan Pablo II: «Oremos por que, en el recuerdo de los sufrimientos padecidos por el pueblo de Israel en la historia, los cristianos sepan reconocer los pecados cometidos por no pocos de ellos contra el pueblo de la alianza y de las bendiciones, y así purificar su corazón».

Los prelados evocan además el gesto del Santo Padre en su visita a Tierra Santa en 2000, cuando se detuvo largo tiempo en el memorial de Yad Vashem: «Este acto del Papa se ha convertido en fuente de renovación. El Papa procede con decisión en los esfuerzos por mejorar las relaciones con el judaísmo y alienta a toda la Iglesia a encontrar caminos comunes con nuestros “hermanos mayores en la fe”».

«Por ello damos las gracias a todos aquellos que, frecuentemente con gran compromiso, se esfuerzan por el diálogo entre judaísmo y cristianismo», prosiguen.

«El recuerdo de Auschwitz nos lleva a interrogarnos por cuánto tiempo Alemania y Europa han aprendido de esta catástrofe que traspasa toda medida», escriben los prelados, poniendo en guardia sobre las tendencias antisemitas que siguen aún apareciendo.

Expresando su gratitud por el hecho de que «en los últimos años muchos judíos hayan tenido el valor de venir a Alemania», los prelados reconocen que «tenemos aún un largo camino de purificación» ante nosotros, pero «guiados por la esperanza de que el encuentro en la fe nos enriquezca a todos y nos acerque al Dios común de Abraham, de Isaac y de Jacob». ZS05012706

 

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La Iglesia es universal porque Cristo le ordenó ser global - católica – universal.

Siendo en el 64/67ca. crucificado S.Pedro en cruz invertida, primer obispo de Roma, somos historia ‘Italia-Roma-Vaticano’ bien documentados desde hace 2000 años:«Pero yo puedo mostrar los trofeos de los apóstoles. Pues si deseas ir al Vaticano o al camino de Ostia, verás los trofeos de aquellos que fundaron esta iglesia». Fuente: Historia Eclesiástica, de Eusebio de Cesarea, tomo I. Editorial CLIE-.-(Palestina, c. 265- id., 340) Escritor y prelado cristiano griego. Favorito del emperador Constantino, fue elegido obispo de Cesarea en 313 e intervino en las luchas entre ortodoxos y arrianos. Llevado por su espíritu conciliador, se enfrentó varias veces con Atanasio. Fundó la historiografía eclesiástica, fijó las bases de la cronología hasta 323 en su Crónica y escribió una historia del cristianismo hasta esa fecha. Es autor también de dos obras apologéticas: Preparación evangélica y Demostración evangélica.

 

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«No olvidemos que la violencia no existe ni puede existir por sí sola: está infaliblemente entrelazada con la mentira. Unen a ambos los lazos familiares y más profundamente naturales: la violencia no puede encubrirse con nada, salvo con la mentira; y el único sostén de la mentira es la violencia. Todo aquél que una sola vez ha proclamado como método la violencia, inexorablemente deberá elegir como principio la mentira» Solzhenitsyn – 1973

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Poco más tarde, en un artículo titulado «¡Rechacemos la mentira», difundido contemporáneamente a su detención, febrero de 1974, advertía Solzhenitsyn:

«No cada día, ni en cada hombro, posa la violencia su pesada zarpa: sólo exige de nosotros sumisión a la mentira [...] Aquí yace precisamente la clave que despreciamos. La más sencilla, la más asequible para nuestra liberación: ¡la no participación personal en la mentira! [...] Cuando las gentes se apartan de la mentira, ésta sencillamente, deja de existir»

Comentando estos párrafos el argentino Luis María Sandoval apostilla:
«es de recordar que Cristo Nuestro Señor no llamó al Demonio «padre de la violencia», sino padre de la mentira (Jn 8, 44)» ("Cuando se rasga el telón", Speiro, 1992, pág. 220)

 

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«La escritura de la historia se ve obstaculizada a veces por presiones ideológicas, políticas o económicas; en consecuencia, la verdad se ofusca y la misma historia termina por encontrarse prisionera de los poderosos. El estudio científico genuino es nuestra mejor defensa contra las presiones de ese tipo y contra las distorsiones que pueden engendrar» (1999). S.S. JUAN PABLO II

 

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Pero es que el individuo también tiene derecho a no mutilar su personalidad en el espacio público, sin que esto suponga que pueda imponerla. Con el añadido de que el Estado, que no es la sociedad, está al servicio de ésta y del individuo. Salvo que la "religión" y "verdad" laicista digan otra cosa.

 

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Hacer realidad las palabras que el escriba Esdras dirigió al pueblo de Israel recién vuelto del destierro, en medio de la miseria del nuevo inicio:  "La alegría del Señor es vuestra fuerza" (Ne 8, 10).

 

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Oración tan profunda de Santa Gertrudis: «Oh Vos, fuente de eterna luz, recogedme en vuestra divina Esencia de donde brotó el acto que me ha creado» Amen.

 

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La verdad no es concepto, es una persona, Jesucristo – Verbo Palabra Divina. Él es el Señor de la Historia, luz de la humanidad, esperanza de todo hombre.

 

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Hay una parte en nuestra alma que, como decía Santa Catalina de Siena, «es sólo para nosotros y para el Señor». Pero también tiene una parte pública importante. La fe es pública, hoy más que nunca.

 

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San Pablo afirma en diversas ocasiones que “el fruto del Espíritu es alegría” (Ga 5,

22), como lo son el amor y la paz. Está claro que el Apóstol habla de la alegría verdadera, esa que colma el corazón humano, no de una alegría superficial y transitoria, como es a menudo la alegría mundana.

 

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Benedicto XVI ha tenido la valentía, con esta encíclica SPE SALVI, de abrir la caja de los truenos de la historia del hombre, de la historia del cristianismo, para recuperar el auténtico principio de la esperanza. Balthasar afirmó que "la filosofía del tiempo y de la historia, del hombre y de su fin natural, de la finalidad del cosmos en general, son hoy otros tantos campos llenos de problemas sin resolver, que están aguardando a los trabajadores". No debemos olvidar nunca que Joseph Ratzinger se presentó en el Vaticano, nada más ser elegido Papa, como un humilde trabajador en la viña del Señor. Y eso ya se está notando. 2007.XI.30

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

San Pedro Crisólogo (380 ca.  450 ca.) en el Segundo discurso sobre el ayuno: "Son grandes las obras del Señor". Pero esta grandeza que vemos en la grandeza de la creación, este poder, es superado por la grandeza de la misericordia. En efecto, el profeta dijo:”Son grandes las obras de Dios"; y en otro pasaje añade:”Su misericordia es superior a todas sus obras". La misericordia, hermanos, llena el cielo y llena la tierra. (...) Precisamente por eso, la grande, generosa y única misericordia de Cristo, que reservó cualquier juicio para el último día, asignó todo el tiempo del hombre a la tregua de la penitencia. (...) Precisamente por eso, confía plenamente en la misericordia el profeta que no confiaba en su propia justicia:  "Misericordia, Dios mío —dice— por tu bondad" (Sal 50, 3)" (42, 4-5:  Discursos 1-62 bis, Scrittori dell area santambrosiana, 1, Milán-Roma 1996, pp. 299. 301).
Así decimos también nosotros al Señor:  "Misericordia, Dios mío, por tu bondad".

 

gracias por venir a visitarnos

 

Si alguna frase o proposición se hubiere deslizado en la presente Web, no del todo conforme a la fe católica, la reprobamos, sometiéndonos totalmente al Supremo Magisterio del Papa, jefe venerado de la Iglesia universal, en comunión con todos los Obispos del mundo entero –efectiva catolicidad, universalidad tal como el Cristo pidió.

 

Recomendamos vivamente:

1ª) LEYENDAS NEGRAS DE LA IGLESIA. Autor Vittorio MESSORI – Editorial “PLANETA-TESTIMONIO” 10ª EDICIÓN – Óptimo libro para defenderse del cúmulo de opiniones arbitrarias, deformaciones sustanciales y auténticas mentiras que gravitan sobre todo en lo que concierne a la Iglesia.

 2ª) NUEVE SIGLOS DE CRUZADAS. Autor el argentino-español Luis María SANDOVAL PINILLOS – Editorial CRITERIO-LIBROS. Idóneo para denunciar o aclarar invenciones contra la Iglesia, como para hacer, junto a una necesaria crítica, una apología sin complejos del derecho que asistía a los cristianos de defenderse.

La santidad, como la verdad, no se demuestra, se muestra.

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).