Sunday 19 February 2017 | Actualizada : 2017-02-03
 
Inicio > Leyendas Negras > Papisa - 1º Juana leyenda, origen medieval; falso rumor de que una mujer

Ignorancia de la historia - Muchos errores se cometen por ignorancia de la historia y esa ignorancia sirve también de arma tanto defensiva como ofensiva de quienes no están interesados en el conocimiento de la verdad sino en la confusión entre verdad y error, entre el bien y el mal.

 

+++

 

Abriendo a los estudiosos los ‘Archivos Históricos’, la Iglesia

expone los documentos de época para estudiar y así averiguar,

por el ejercicio de las facultades intelectuales, la naturaleza,

cualidades y relaciones de las cosas. Las fábulas como las

leyendas se desmoronan en su propia ignorancia, por falta de

ciencias, letras y noticias como de honestidad intelectual.  

 

+++

 

Historia - Para conocer una historia es necesario, pero no suficiente, conocer los hechos, pues es preciso también conocer el espíritu, o si se quiere la intención que animó esos hechos, dándoles su significación más profunda.

 

+++

 

Historia - Al estudiar la historia, se suele hacer desde los prejuicios de la mentalidad actual, cosa que esteriliza la  labor principal del historiador. No podemos dar a conocer unos hechos del pasado sin antes reflejar el imaginario colectivo de la época donde tuvieron lugar.

 

+++

 

«La escritura de la historia se ve obstaculizada a veces por presiones ideológicas, políticas o económicas; en consecuencia, la verdad se ofusca y la misma historia termina por encontrarse prisionera de los poderosos. El estudio científico genuino es nuestra mejor defensa contra las presiones de ese tipo y contra las distorsiones que pueden engendrar» (1999). S.S. JUAN PABLO II – MAGNO

 

+++

 

BENEDICTO III (855-858) - Nació en Roma. Le fue rival un tal Anastasio, llamado el Bibliotecario, hombre ávido y colérico que se asentó con el engaño y la fuerza en la cátedra de Pedro, permaneciendo en el cargo sólo un mes. Benedicto fue un papa docto y generoso; se dedicó fundamentalmente a las obras de caridad con los pobres y con los enfermos, y a despertar ese sentido moral que se había perdido en la sociedad. Perdonó a Anastasio que había manado encarcelarle, le rehabilitó y le designó también una iglesia como sede. Vale recordar -ya en aquella época- que la lucha contra las invasiones mahometanas era primordial para la sobrevivencia, a pesar de los escasos medios y de las condiciones tan adversas. El destrozo, las violaciones y profanaciones, el robo y saqueos de las ordas musulmanas en la misma Basílica de San Pedro y no sólo - en el año 847, fue un motivo de gran preocupación e interés por parte del Papa. Mientras en Hispania, el ataque de los moros a los reinos era constante y sin cuartel; así es que Ordoño I y Rodrigo realizaron ese mismo año 859, dos expediciones hacia el sur y llegaron hasta territorios de las actuales Cáceres y Madrid. El Pontífice Benedicto P:P: III, está enterrado en las Grutas Vaticanas. Entre el papa León IV y Benedicto hay que colocar a la famosa «papisa Juana», de la que habla el Chronicon. Ya ha sido comprobado que el personaje y la historia son pura invención.

 

 

+++

‘Cuando se encasquilla la razón se disparan las sectas’.

Las ‘sectas son, tal como la yabuna’, esa hierba de la familia de las gramíneas que abunda en las sabanas. Sus tallos, rastreros, se entrecruzan de tal modo que cubren el terreno de una especie de alfombra. Las raíces son hondas y enmarañadas. Es muy perjudicial para los cultivos... Sí, para cultivar la Palabra de Dios enseñada por la Iglesia, tal Cristo se la confió y aseguró su perdurabilidad.

 

 

Hace varios años dialogando en un foro con protestantes escuché por primera vez mencionar a la “papisa”. Investigando un poco me pude averiguar que no era sino una leyenda negra que se había hecho popular hace siglos y que había sido desmentida casualmente por un protestante. Lo sorprendente de todo, es que todavía hay muchos protestantes que la siguen repitiendo y hasta creyendo.

 

Derribando algunos mitos protestantes. ¿La Papisa Juana existió?

Por José Miguel ARRÁIZ.

http://religionenlibertad.com/blog/index.php?blog=25&p=1399&more=1&c=1&tb=1&pb=1#more1399  2008-X-12

 

 

Puede consultar las obras siguientes:

- C. D´Onofrio, Mille anni di leggenda (Roma 1978).
- La papesa Giovanna (Roma 1979).
- M. Praz, La leggenda della papessa Giovanna.
- A. Boureau, La papessa Giovanna, storia d´una leggenda medioevale (Torino 1991).

-.-

 

Comentario de: José Miguel Arráiz · http://www.apologeticacatolica.org/

Luis, conozco lo que varios historiadores protestantes han escrito del tema (incluso lo que escribió Cesar Vidal). Si te fijas, el post incluso aclara que fue un protestante el primero que demostró la falsedad de la leyenda. El problema es que ciertamente sigue sonando y mucho.

Por ejemplo, en el blog "Logos y Títulos" (omito el link) escriben un artículo titulado "Conspiranoia - La Papisa Juana" donde escriben entre otras cosas:

Para ser una secta tan orgullosa, machista e infalible, la Iglesia Católica ha cometido unos errores tan grandes como la quijada de Julia Roberts. Una de los errores del cual más gente debería estar enterada es el de la única mujer que fue papa-pero claro, la iglesia pasa eso como patrañas y fantasías sin evidencia. . Pero siendo ellos expertos en la incineración de historia, no se como pretenden que uno les crea. Es una historia interesante, que resumiré lo más posible.



En el sitio protestante "portal del Nuevo Testamento The Word - La Palabra" escriben en su artículo titulado "La Papisa Juana":

La historia de la vida de Juana la papisa (la única mujer que ha llegado a la corona papal) fue aceptada por la iglesia católica hasta el siglo XVI. Según los escritos de los frailes dominicos Esteban de Bourbón y Martín de Troppau, Juana nació de padres igleses. En su juventud, Juana se enamoró de un monje benedictino con el que huyó a Atenas, Grecia. A la muerte de su amante, Juana se disfrazó de hombre e ingresó al sacerdocio. Fue nombrada cardenal y llegó a ser el papa que sucediera al papa León IV en el año 855.
En el año 857 Juana dio a luz un niño y murió en el parto, otros dicen que al darse cuenta que era una mujer, la multitud la apedreó.


En el artículo "El Papa que fue mujer, la Papisa Juana" publicados en el elsiglodetorreon.com.mx también dan credibilidad al hecho y escriben:

Católicos romanos, entre ellos obispos, cardenales, sacerdotes, pero especialmente monjes, nos hablan de esta mujer que llevó el nombre de Papa Juan VIII.
El reinado de la Papisa fue de dos años, cinco meses, y cuatro días, desde el año 855 al 858. Esto la sitúa después del Papa León IV (847-55) Y antes que Benedicto 1II, cuyo reinado normalmente lo datan de 855 a 858, pero evidentemente con el fin de no dar lugar a la Papisa.


Es muy llamativo el comentario del sitio protestante pentecostal estudiobiblicopentecostal.com quienes comentan dando credibilidad a la leyenda:

"No obstante, se necesitaría ser un retrasado mental, o en su defecto estar hechizado -como definitivamente lo está todo católico romano- para poder creer que pueden ser sucesores del apóstol Pedro tipos que han sido asesinos, adúlteros, fornicarios, homosexuales, avaros, etc. A continuación presentamos, a manera de ejemplo, algunas anécdotas de los «santos sucesores» del apóstol Pedro, empecemos con el Papa que fue mujer, la Papisa Juana".


Este llamativo sitio pentecostal por su anticatolicismo, incluso llama retrasados mentales a los católicos, para a continuación comenzar a exponer la leyenda como un hecho auténtico.

Estos son unos pocos ejemplos, hay decenas de sitios más con comentarios similares, por lo cual aunque ya muchos dan por sentado la falsedad de la leyenda, hay muchos otros que le dan bastante credibilidad.

Este post pretende ayudar a derrumbar otro mito más que siendo falso sigue siendo creido por muchos como verdadero.

11.OCT.2008 @ 19:55

 

+++

 

La Leyenda de la Papisa Juana

 

Tomado de Enciclopedia Católica 

La leyenda sobre un papa mujer, quien más tarde llevó el nombre de Johanna (Juana), apareció por primera vez a mediados del siglo XIII.

VARIACIONES DE LA LEYENDA

Primera versión: Jean de Mailly. El primero que parece haber tenido conocimiento de la leyenda fue el cronista dominico Jean de Mailly (Archiv der Gesellschaft fur altere deutsche Geschichte, xii, 17 sq., 469 sq.) de quien otro dominico, Etienne de Bourbon (1261), adoptó la historia y la incluyó en su trabajo sobre los "Siete dones del Espíritu Santo".

En dicho relato, la supuesta papisa se ubica alrededor del año 1100 y aun no se le pone nombre. La narración dice que una mujer muy talentosa, vestida como un hombre llegó a ser notario de la Curia, después cardenal y finalmente Papa; que un día esta persona salió a montar y en esta ocasión dio a luz un hijo; que entonces fue atada a la parte posterior de un caballo, arrastrada alrededor de la ciudad, apedreada por la gente hasta morir y enterrada en el sitio mismo donde falleció; y que ahí fue puesta una inscripción que decía lo siguiente: "Petre pater patrum papissae prodito partum". Durante su mandato, añade la historia, fueron introducidas las témporas, que por eso eran llamadas los "ayunos de la papisa".

Segunda versión: Martín de Troppau. Una versión diferente aparece en la tercera reseña de la crónica de Martin de Troppau (Martinus Polonus), insertada posiblemente por el autor y no por un transcriptor posterior. A través de este muy popular trabajo, la historia llegó a ser mejor conocida en la siguiente forma: Después de León IV (847-855) el inglés John de Mainz (Johannes Anglicus, natione Moguntinus) ocupó la silla papal dos años, siete meses y cuatro días. Él era, supuestamente, una mujer. En su juventud fue llevada a Atenas con ropas de hombre por su amante y allí fue tal su avance en el aprendizaje que nadie la igualaba. Llegó a Roma, donde enseñó ciencias y atrajo así la atención de intelectuales. Gozó del mayor respeto por su conducta y erudición y finalmente fue seleccionada como Papa, pero, quedando embarazada de uno de sus asistentes de confianza, dio a luz un niño durante una procesión desde San Pedro a Letrán, en algún lugar entre el Coliseo y San Clemente. Ahí murió casi de inmediato y se dice que fue enterrada en el mismo sitio. En sus procesiones, los papas siempre evitaban este camino; muchas personas creían que los papas hacían esto por su animadversión a esa desgracia.

Aquí aparece por primera vez el nombre de Johanna (Juana) como el de la supuesta papisa. Martín de Troppau había vivido en la Curia como capellán y penitenciario del Papa (murió en 1278), razón por la cual su historia papal fue ampliamente leída y a través de él la leyenda obtuvo aceptación general. Un manuscrito de su crónica relata de una manera diferente el destino de la supuesta papisa: tras de su alumbramiento Juana fue inmediatamente destituida e hizo penitencia por muchos años. Su hijo, se añade, llegó a ser Obispo de Ostia y la tuvo enterrada ahí después de su muerte.

Versiones posteriores. Crónicas posteriores hasta daban el nombre que llevaba de niña; algunas le llaman Agnes, otras Gilberta. Se encuentran más variaciones en los trabajos de diferentes cronistas, por ejemplo en la "Crónica Universal de Metz", escrita alrededor de 1250 y en ediciones subsecuentes de la "Mirabilia Urbis Romae" del siglo XII (?).

Conforme a ésta última, en una visión le fue dado a escoger a la papisa entre la desgracia temporal y el castigo eterno; ella eligió lo primero y murió durante el parto en la calle.

 

 

VALORACIONES TEMPRANAS DE LA LEYENDA

Aceptación crédula. En los siglos XIV y XV esta papisa era ya considerada como un personaje histórico, de cuya existencia nadie dudaba. Tenía su lugar entre los bustos de la Catedral de Siena. Bajo Clemente VIII, y a petición suya, fue transformada en el Papa Zacarías. El hereje Jan Hus, en la defensa de su falsa doctrina antes del Concilio de Constanza, hizo referencia a la papisa y nadie cuestionó el hecho de su existencia. Sin embargo la papisa no se encuentra en el "Liber Pontificalis" ni entre los retratos de los papas de San Pablo extramuros en Roma.

Valoración crítica. Esta supuesta papisa es por completo un invento de la imaginación. En el siglo XV, tras el despertar del criticismo histórico, algunos estudiosos como Aeneas Silvius (Espist., I, 30) y Platina (Vitae Pontificum, No. 106) encontraron que la historia no tenía sustento. Desde el siglo XVI historiadores católicos empezaron a negar la existencia de la papisa, ejemplos de ello fueron Onofrio Panvinio (Vitae Pontificum, Venecia, 1557), (Vitae Pontificum, Venice, 1557), Aventinus (Annales Boiorum, lib. IV), Baronius (Annales ad a. 879, n. 5) y otros.

Valoración protestante. También algunos protestantes, como Blondel ("Joanna Papissa", 1657) y Leibniz ("Flores sparsae in tumulum papissae" in "Bibliotheca Historica", Göttingen, 1758, 267 sq.) admitieron que la papisa jamás existió. Sin embargo, numerosos protestantes hicieron uso del mito en sus ataques al papado. Todavía en el siglo XIX, cuando lo insostenible de la leyenda fue reconocido por historiadores serios, algunos protestantes (e.g. Kist, 1843; Suden, 1831; y Andrea, 1886) intentaron, con un espíritu anti-romano, probar la existencia de la papisa. Incluso Hase ("Kirchengesch.", II, 2nd ed., Leipzig, 1895, 81) no pudo reprimir escribir una nota llena de rencor y carente en absoluto de valor histórico sobre este tema.

PRUEBAS DE SU CARÁCTER MÍTICO.

Las pruebas principales del carácter enteramente mítico de la papisa son:

 

  1. Ninguna fuente histórica contemporánea entre las historias de los papas tiene conocimiento de ella; tampoco se hace mención de ella hasta la mitad del siglo XIII. Resulta increíble que la aparición de una "papisa", si hubiera sido un hecho histórico, no hubiera sido notada por ninguno de los numerosos historiadores de entre los siglos X y XIII.
  2. En la historia de los papas no hay lugar en donde encaje esta figura legendaria. Entre León IV y Benedicto III, donde Martinus Polonus la coloca, no es posible insertarla porque León IV falleció el 17 de julio del año 855 e inmediatamente después de su muerte Benedicto III fue elegido por el clero y por el pueblo de Roma; solo que a causa del advenimiento de un antipapa en la persona del cardenal depuesto Anastasius, Benedicto III fue consagrado hasta el 29 de septiembre. Existen monedas con las imágenes de Benedicto III y del emperador Lotario I, quien murió el 28 de septiembre del año 855; por lo tanto, Benedicto III debió haber sido reconocido como Papa antes de esta fecha; el 7 de octubre del año 855, Benedicto III emitió una carta para el monasterio de Corbie. Hinemar, arzobispo de Reims, informó a Nicolás I de que un mensajero que había enviado a León IV se enteró de la muerte de este Papa y por lo tanto dirigió su petición a Benedicto III, quien la resolvió (Hinemar, ep. xl in P.L., CXXXVI, 85). Todas esos testigos prueban que las fechas dadas en las vidas de León IV y Benedicto III eran correctas y que no hubo interrupción de la línea de sucesión entre estos dos papas, de modo que en este lugar no hay espacio para la supuesta papisa.
  3. Más adelante es aún menos probable que una papisa pudiera insertarse en la lista de papas cercanos al año 1100, entre Víctor III (1087) y Urbano II (1088-1099) o Pascual II (1099-1110) como se sugiere en la crónica de Jean de Mailly.

 

 

ORIGEN DE LA LEYENDA

Esta leyenda de una papisa romana parece haber tenido una contraparte previa en Constantinopla. En efecto, en su carta a Miguel Caerularius (1053), León IX dice que él no creería lo que había oído, refiriéndose a que la Iglesia de Constantinopla ya había visto eunucos, de hecho una mujer, en su silla episcopal (Mansi "Concil.", XIX, 635 sq.).

Respecto al origen en sí de la leyenda de la Papisa Juana, se han establecido diferentes hipótesis.

Bellarmine (De Romano Pontifice, III, 24) cree que la historia fue llevada desde Constantinopla a Roma.

Baronius (Annales ad a., 879, n. 5) conjetura que la muy criticada debilidad afeminada del Papa Juan VIII (872-882) en su trato con los griegos pudo dar lugar a la historia. Mai ha mostrado (Nova Collectio Patr., I, Proleg., xlvii) que Proteo de Constantinopla (De Spir. Sanct. Myst., lxxxix) en tres ocasiones se refiere enfáticamente a este Papa como "el viril", como quitándole el estigma de afeminado.

Otros historiadores apuntan a la degradación del papado en el siglo X, cuando además tantos papas llevaron el nombre de Juan; parecía por lo tanto un nombre ideal para la legendaria papisa.. De este modo Aventinus ve en la historia una sátira a Juan IX; Blondel, una sátira a Juan XI; Panvinio (notae ad Platinam, De vitis Rom. Pont.) la aplica a Juan XII, mientras que Leander (Kirkengesch., II, 200) la entiende como aplicable en general a la venenosa influencia femenina que durante el siglo X hubo sobre el papado.

Otros investigadores se esforzaron por encontrar en varios acontecimientos y reportes una base definitiva para el origen de la leyenda. Leo Allantius (Diss. Fab. de Joanna Papissa) la relacionó con la falsa profetisa Theota, condenada en el Sínodo de Mainz (847); Leibniz revivió la historia de un supuesto obispo Johannes Anglicus que llegó a Roma y ahí fue reconocido como mujer. La leyenda también fue relacionada con los Pseudodecretos Isidorianos, por estudiosos como Karl Blascus ("Diatribe de Joanna Papissa", Naples, 1779) y Gfrörer (Kirchengesch., iii, 978).

La explicación de Döllinger ha encontrado en general mayor aprobación ("Papstfabeln", Munich, 1863, 7-45). Él reconoce que la leyenda de la Papisa Juana es un vestigio de alguna tradición del folklore romano ligada originalmente con ciertos monumentos antiguos y costumbres peculiares. Una antigua estatua descubierta en tiempos de Sixto V en una calle cercana al Coliseo, la cuál muestra una figura con un niño, fue considerada por el pueblo como la representación de la papisa. En la misma calle fue descubierto un monumento con una inscripción, al final de la cuál aparece la bien conocida fórmula P.P.P. (proprie pecuniâ posuit) junto con un nombre con prefijo que dice: Pap. (?Papirius) pater patrum. Esto pudo fácilmente haber dado origen a la inscripción mencionada por Jean de Mailly (ver arriba). También se observaba que el papa en procesión solemne no transitaba por esta calle (quizás porque era muy angosta). Más adelante se destacó con ocasión de la inauguración formal de la Basílica de Letrán que el recién electo Papa siempre estuvo sentado en una silla de mármol. Esta silla era un antiguo mueble de baño de los que había tantos en Roma.; el Papa la usó realmente para descansar. Pero la imaginación popular llevó a pensar que así se probaba el sexo del Papa, con el fin de evitar que, de ahí en adelante, una mujer alcanzara el Trono de San Pedro.

Explicaciones equivocadas – como las que con frecuencia fueron inventadas en la Edad Media ligadas con monumentos antiguos – y la imaginación popular fueron las originalmente responsables del mito de "La Papisa Juana" que cronistas acríticos, desde mediados del siglo XIII, dignificaron al consignarlo en sus páginas. Agradecemos al autor: J.P. KIRSCH
Transcrito por Marie Jutras.
Traducido por Eladio Megchún.

 

+++


 

La Papisa Juana: ¿Realidad o leyenda?

 

 

 

 PRESENTACION

 

A pesar de que no existe ninguna prueba fehaciente de su existencia, puesto que estamos hablando de los primeros siglos del cristianismo, hemos de tener en cuenta que aún en el siglo XVI su existencia se daba por segura, incluso por la propia Iglesia. En efecto, en los siglos XV y XVI esta Papisa Juana era ya considerada como un personaje histórico, de cuya existencia nadie dudaba.

 

La historia de la Papisa Juana trata acerca de una mujer que habría ejercido el papado católico ocultando su verdadero sexo. Su teórico pontificado suele ser situado entre los años 855 y 857, pero según la lista oficial de Papas, quien ocupaba dicho puesto en aquellos años fue Benedicto III.

 

Unas versiones afirman que el propio Benedicto III fue la mujer disfrazada, pero también hay quien sostiene que el período fue entre los años 872 y 882; es decir, la época del pontificado de Juan VIII.

 

 

 

LA PAPISA JUANA

 

Los relatos sobre la papisa sostienen que Juana, nacida en el año 822 en Ingelheim am Rhein, cerca de Maguncia, Alemania, era hija de un monje de nombre Gerbert. Según algunos cronistas tardíos, Gerbert formaba parte de los predicadores llegados desde el país de los anglos para difundir el evangelio entre los sajones.

 

La pequeña Juana creció inmersa en ese ambiente de religiosidad y erudición y tuvo la oportunidad de poder estudiar, algo prohibido a las mujeres de aquella época. Puesto que sólo la carrera eclesiástica permitía continuar unos estudios sólidos, Juana entró en la religión como copista bajo el nombre de Juan, concretamente Johannes Anglicus, que significa Juan el Inglés, para lo cual debió de efectuar una suplantación de sexo.

 

En su nueva situación Juana pudo viajar con frecuencia de monasterio en monasterio y relacionarse así con grandes personajes de la época. Además visitó Constantinopla, pasó también por Atenas y, de regreso a Germania, se trasladó al Regnum Francorum o Reino de los Francos, donde se encontraba la corte del Rey Carlos el Calvo (823-877).

 

Posteriormente Juana se trasladó a Roma en el año 848 y allí obtuvo un puesto de docente en ciencias. Siempre disimulando hábilmente su verdadera identidad, fue bien recibida en los medios eclesiásticos y, muy en particular, en la Curia romana. A causa de su reputación de erudita, Juana fue presentada al Papa León IV y enseguida se convirtió en su asistente para asuntos internacionales, ya que el Papa la consideraba como un hombre.

 

En julio del 855, tras la muerte del Papa León IV, la alta opinión que de ella tenían los romanos hizo que la eligieran papa. Juana ocupó ese cargo durante dos años, siete meses y cuatro días, según la versión del cronista dominico Martín de Opava en su obra ‘Chronicon Pontificum et Imperatum’.

 

Pero hay otra versión que indica que realmente Juana era el Papa Juan VIII, quién ocupó el puesto entre 872 y 882. Parece ser que los opositores al Papa, ante su actitud conciliadora con la Iglesia Oriental, comenzaron a tacharle de afeminado y a llamarle ‘Papisa Juana’. Sin embargo las fechas no coinciden entre las dos versiones, la del Papa Benedicto III y el Papa Juan VIII.

 

Ocupando el papado Juana quedó embarazada, fruto de su unión carnal con el embajador alemán Lamberto de Sajonia. Un día, a causa de su desconocimiento del tiempo que le faltaba para el parto, mientras participaba en una procesión desde la Basílica de San Pedro hasta Letrán, en un estrecho callejón situado entre el Coliseo y la Iglesia de San Clemente, Juana comenzó a sentir las contracciones del parto en plena cabalgata, y parió allí mismo, en público. Juana fue lapidada en aquel mismo lugar por el gentío enfurecido y murió de inmediato, recibiendo sepultura en aquel mismo lugar donde ocurrieron los hechos.

 

 

 

ORIGEN DE LA LEYENDA

 

Respecto al origen en sí de la leyenda se han establecido diferentes hipótesis:

 

.- San Roberto Belarmino (SJ – 1542-1621 -  en ‘De Romano Pontífice’, III, 24) considera que esta historia fue llevada de Constantinopla a Roma.

 

.- El venerable César Baronius (1538-1607) conjeturó en ‘Anales ad a., n. 5) que la muy criticada debilidad afeminada del Papa Juan VIII en su trato con los griegos, pudo dar lugar a la leyenda de la Papisa Juana.

 

Sin embargo la explicación del historiador alemán Ignaz von Döllinger (1799-1890) ha encontrado en ‘Papstfabeln’ o ‘Papa Fábulas’ 7-45 de 1863, una mayor aprobación en general. Él reconoce que la leyenda de la Papisa Juana es un vestigio de alguna tradición del folklore romano, ligada originalmente con ciertos monumentos antiguos y costumbres peculiares. Una antigua estatua descubierta en tiempos de Papa Sixto V (1585-1590) en una estrecha calle cercana al Coliseo, la cual muestra una figura con un niño, fue considerada por el pueblo como la representación de la papisa.

 

Siempre según la leyenda, la suplantación de Juana obligó a la Iglesia a proceder a una verificación ritual de la virilidad de los Papas electos. Para ello, un eclesiástico era el encargado de examinar manualmente los atributos sexuales del nuevo Pontífice a través de una silla perforada.

 

CONCLUSION

 

En la historia del papado no existe lugar donde encaje esta figura legendaria, la cual es por completo un invento de la imaginación. En el siglo XV, tras el despertar del criticismo histórico, algunos estudiosos como Aeneas Silvius y Platina encontraron que la historia no tenía sustento. Y desde el siglo XVI varios historiadores católicos empezaron a negar la existencia de la Papisa Juana, tales como Onofrio Panvinio, Aventinus, Baronius y otros.

 

Ninguna fuente histórica contemporánea entre las historias de los papas tiene conocimiento alguno de la Papisa Juana. Resulta difícil de creer que la aparición de una papisa, si hubiese sido un hecho histórico, no hubiera sido confirmada por ninguno de los numerosos escritores habidos entre los siglos X y XIII.

 

http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=36915

 

2014-07-28

 

 

 

+++ 


 

 

¿Existió la papisa Juana?


Fuente: es.catholic.net

Se trata de una leyenda que se remonta al s. XIII (Crónica Universal de Metz), y que trata de hacer existir a este personaje en siglos diversos, sin que haya mucho acuerdo en las fechas (siglos IX, X y XI) o en el nombre (Inés, Gilberta, Ute...).

Cuenta esta leyenda medieval que una mujer, para poder salir de la pobreza, vistió el habito de un monje muerto por la peste y se dedicó a predicar por los pueblos. Su fama creció tanto que más adelante tuvo su propia iglesia... después fue nombrada obispo..., cardenal..., y papa. Juana fue descubierta públicamente, ya que quedó embarazada y dio a luz durante una procesión.

Parece que el núcleo de la historia fuera un relato popular romano que desembocó en una serie de circunstancias consideradas muy sospechosas: como el que los Papas evitaran pasar por determinadas calles que eran angostas, o el supuesto hallazgo de la estatua de una joven que amamanta a un bebé, o una inscripción, o una teoría de que cada Papa elegido debiera someterse a pruebas que confirmasen su virilidad... Fue un motivo muy desagradable para atacar al papado durante el S. XIX.

Quien demolió las bases de esta leyenda fue precisamente un protestante, David Blondel (1590-1655), que publicó sus resultados en Ámsterdam en 1647 y 1657. Esta vicisitud no necesita hoy ni siquiera la más mínima credibilidad, ya que no hay ningún indicio documentado que sea contemporáneo al mito para ninguna de las fechas que se sugieren. Más aún, los hechos relacionados con esos períodos terminan por hacer imposible toda la historia. Es probable también que haya influido negativamente en todo esto la vida de mujeres sin escrúpulos, como las dos Teodoras y Marocia, durante el S. X.

Puede consultar las obras siguientes:

- C. D’Onofrio, Mille anni di leggenda (Roma 1978).
- La papesa Giovanna (Roma 1979).
- M. Praz, La leggenda della papessa Giovanna.
- A. Boureau, La papessa Giovanna, storia d’una leggenda medioevale (Torino 1991).

Agradecemos vivamente al autor - Fuente: es.catholic.net 
 

+++

 

  

¿Existió la papisa Juana?

 

 

Por César Vidal

 

Durante siglos circuló la historia de que una mujer llamada Juana había ocupado la silla papal y que, para evitar la repetición de semejante eventualidad, cada nuevo pontífice se veía sometido a un tacto testicular antes de proceder a su coronación. Se trataba de un trámite indispensable para evitar la repetición de aquel desafuero. Incluso en los años setenta, una película protagonizada por Liv Ullmann y Franco Nero resucitó cinematográficamente el pintoresco relato. Sin embargo, ¿qué hubo de verdad en él? ¿Existió realmente la papisa Juana?

 

 

Durante el siglo XIII el cronista dominico Juan de Mailly recogió — y difundió extraordinariamente— la historia de una mujer llamada Juana que había calzado las sandalias del pescador Pedro. De acuerdo con el relato, Juana era de origen oriental y, para evitar ser violada, se había disfrazado de hombre. Oculta tras tan peregrino atavío, Juana había conseguido llegar a Roma donde se abrió camino pronto dada su extraordinaria erudición. La época —según algunos autores hacia 1100, según otros en el 855 después de la muerte de León IV— se caracterizaba por una crisis creciente de la diócesis de Roma. En esa época, la elección papal seguía dependiendo de las votaciones de todos los fieles de la ciudad y, precisamente por ello, venían determinadas por las corruptelas de las grandes familias romanas. No resultaba inhabitual que los reinados papales resultaran efímeros y que incluso los papas fueran depuestos para proceder a la entronización de un miembro de una familia rival. Sin embargo, tampoco era excepcional que el pueblo se hartara de las intrigas de la aristocracia romana y procediera a elegir a un tercero.

Precisamente, Juana habría sido elegida en uno de esos momentos de debilidad de las familias más relevantes de la Ciudad Eterna. El motivo habría sido su bien conocida fama de santidad y erudición. Al parecer, la elección de Juana —por supuesto, con el nombre de Juan— fue seguida por un período inicial de reinado caracterizado por la placidez. Si, finalmente, el resultado fue distinto se debió a la incapacidad de Juana para mantenerse en la continencia. Aventurera a fin de cuentas y dudosamente piadosa, la papisa se convirtió en amante de un oficial. Así, al cabo de poco más de un año de su elección, descubrió con espanto que se encontraba encinta. Los largos hábitos, las vestiduras holgadas y, muy especialmente, lo poco imaginable que resultaba pensar en un Papa embarazado sirvieron para que Juana ocultara su estado durante la gestación.

Quizá incluso hubiera podido dar a luz en secreto y después ocultar a la criatura pero no tuvo esa fortuna. Cuando se hallaba presidiendo una procesión le sobrevinieron los dolores de parto. Intentó sobreponerse pero, sin poder evitarlo, dio a luz. La reacción de la muchedumbre fue, primero, de sorpresa y luego, de cólera. Para algunos se trataba de una manifestación diabólica; para otros, de una profanación repugnante. Antes de que se pudiera impedir, la turba se lanzó encolerizada sobre Juana y la despedazó. De esa manera terminó con la impostora. Hasta aquí llega el relato sobre la papisa Juana. Sin embargo, resulta obligado preguntarse por la base de verdad que haya podido tener.

De entrada debe señalarse que durante la Edad Media, y precisamente por influjo de Juan de Mailly, fue creído como un episodio verídico.
Sin embargo, actualmente parece obvio que la historia de la papisa no pasó de ser una leyenda. ¿Dónde se originó? La respuesta de la crítica histórica apunta a la iglesia ortodoxa y, muy posiblemente, a la bizantina. Las primeras fuentes sobre la papisa Juana parecen haber sido redactadas en griego y recogen multitud de datos que hacen referencia a un contexto situado en Europa oriental. Incluso existen bastantes posibilidades de que el relato surgiera en alguno de los monasterios ortodoxos.

El relato inicial —posiblemente no más que una novela— intentaba vilipendiar al odiado cristianismo latino. Éste no sólo preconizaba una institución tan contraria a la ortodoxia como el papado sino que además había permitido que ésta fuera encabezada por una mujer, un dato que la ortodoxia —mucho más misógina que el catolicismo— encontraba especialmente repugnante. El relato pudo pasar a occidente en la época de las cruzadas precisamente cuando se produjo un contacto muy estrecho —y no pocas veces violento— entre la cristiandad occidental y la oriental. Su difusión se debió a los dominicos precisamente en una época en que la orden estaba siendo cuestionada por su entrega a la filosofía. Muy posiblemente, en su extensión pesaron tanto el deseo de criticar los excesos del papado como la ignorancia histórica. De hecho, de Mailly no logró fijar bien la cronología del episodio como tampoco hicieron otros después de él.

Sin embargo, la historia iba a mantenerse con el paso del tiempo. Para los opositores a las familias romanas, los partidarios de las tesis conciliaristas y los defensores de una reforma eclesial resultaba especialmente útil aquel relato que mostraba la necesidad de limitar las corruptelas que afectaban a la corte papal. Paradójicamente, el protestantismo no haría uso de la historia, en parte, porque no la consideraba fundamentada y, en parte, porque sus ataques contra el catolicismo no procedían tanto del análisis histórico cuanto de la utilización de la Biblia.

Al final, la leyenda de la papisa Juana volvió a ser reutilizada por laicos y anticlericales durante los siglos XVIII y XIX e incluso por los defensores de sistemas totalitarios en el s. XX. Ahora se añadía el detalle escandaloso —pero falso— de que todos los pontífices eran objeto de un tacto testicular antes de proceder a su coronación. La leyenda pretendía así —como en la Edad Media— imponerse a la Historia pero sus días de credibilidad estaban contados.

Agradecemos al doctor don César VIDAL, historiador y teólogo protestante. 

 

+++

 

 

La interpretación de la historia

 

¿Cuáles son las condiciones de una correcta interpretación del pasado desde el punto de vista del conocimiento histórico? Para determinarlas hay que tener en cuenta la complejidad de la relación que existe entre el sujeto que interpreta y el pasado objeto de interpretación; en primer lugar se debe subrayar la recíproca extrañeza entre ambos. Eventos y palabras del pasado son ante todo «pasados»; en cuanto tales son irreductibles totalmente a las instancias actuales, pues poseen una densidad y una complejidad objetivas, que impiden su utilización únicamente en función de los intereses del presente. Hay que acercarse, por tanto, a ellos mediante una investigación histórico?crítica, orientada a la utilización de todas las informaciones accesibles de cara a la reconstrucción del ambiente, de los modos de pensar, de los condicionamientos y del proceso vital en que se sitúan aquellos eventos y palabras, para cerciorarse así de los contenidos y los desafíos que, precisamente en su diversidad, plantean a nuestro presente.

 

En segundo lugar, entre el sujeto que interpreta y el objeto interpretado se debe reconocer una cierta copertenencia, sin la cual no podría existir ninguna conexión y ninguna comunicación entre pasado y presente; esta conexión comunicativa está fundada en el hecho de que todo ser humano, de ayer y de hoy, se sitúa en un complejo de relaciones históricas y necesita, para vivirlas, de una mediación lingüística, que siempre está históricamente determinada. ¡Todos pertenecemos a la historia! Poner de manifiesto la copertenencia entre el intérprete y el objeto de la interpretación, que debe ser alcanzado a través de las múltiples formas en las que el pasado ha dejado su testimonio (textos, monumentos, tradiciones...), significa juzgar si son correctas las posibles correspondencias y las eventuales dificultades de comunicación con el presente, puestas de relieve por la propia comprensión de las palabras o de los acontecimientos pasados; ello requiere tener en cuenta las cuestiones que motivan la investigación y su incidencia sobre las respuestas obtenidas, el contexto vital en que se actúa y la comunidad interpretadora, cuyo lenguaje se habla y a la cual se pretenda hablar. Con tal objetivo es necesario hacer refleja y consciente en el mayor grado posible la precomprensión, que de hecho se encuentra siempre incluida en cualquier interpretación, para medir y atemperar su incidencia real en el proceso interpretativo.

 

Finalmente, entre quien interpreta y el pasado objeto de interpretación se realiza, a través del esfuerzo cognoscitivo y valorativo, una ósmosis («fusión de horizontes»), en la que consiste propiamente la comprensión. En ella se expresa la que se considera inteligencia correcta de los eventos y de las palabras del pasado; lo que equivale a captar el significado que pueden tener para el intérprete y para su mundo. Gracias a este encuentro de mundos vitales, la comprensión del pasado se traduce en su aplicación al presente: el pasado es aprehendido en las potencialidades que descubre, en el estímulo que ofrece para modificar el presente; la memoria se vuelve capaz de suscitar nuevo futuro.

 

A una ósmosis fecunda con el pasado se accede merced al entrelazamiento de algunas operaciones hermenéuticas fundamentales, correspondientes a los momentos ya indicados de la extrañeza, de la copertenencia y de la comprensión verdadera y propia. Con relación a un «texto» del pasado, entendido en general como testimonio escrito, oral, monumental o figurativo, estas operaciones pueden ser expresadas del siguiente modo: «1) comprender el texto, 2) juzgar la corrección de la propia inteligencia del texto y 3) expresar la que se considera inteligencia correcta del texto» 66. Captar el testimonio del pasado quiere decir alcanzarlo del mejor modo posible en su objetividad, a través de todas las fuentes de que se pueda disponer; juzgar la corrección de la propia interpretación significa verificar con honestidad y rigor en qué medida pueda haber sido orientada, o en cualquier caso condicionada, por la precomprensión o por los posibles prejuicios del intérprete; expresar la interpretación obtenida significa hacer a los otros partícipes del diálogo establecido con el pasado, sea para verificar su relevancia, sea para exponerse a la confrontación con otras posibles interpretaciones.

 

Para que la Iglesia realice un adecuado examen de conciencia histórico delante de Dios, con vistas a la propia renovación interior y al crecimiento en la gracia y en la santidad, es necesario que sepa reconocer las «formas de antitestimonio y de escándalo» que se han presentado en su historia, en particular durante el último milenio. No es posible llevar a cabo una tarea semejante sin ser conscientes de su relevancia moral y espiritual. Ello exige la definición de algunos términos clave, además de la formulación de algunas precisiones necesarias en el plano ético. MM.

 

+++

 

 

De hombres, hechos, notas y acontecimientos de tal época para comprender, alumbrar e ilustrar el contexto:

 

S. RODRIGO Y SALOMÓN 857 España

«Dilexit Ecclesiam» amó a la Iglesia Católica

¡Laudetur Iesus Christus!


Se encuentran en la cárcel de Córdoba (España) durante la persecución del emir Mohamed I, hijo de Abderramán II. San Rodrigo había nacido junto a la ciudad de Egabro, llamada posteriormente Cabra, y en Egabro cursa los estudios eclesiásticos y recibe la ordenación sacerdotal. Maltratado por un hermano suyo musulmán, ejerce su ministerio en la sierra cordobesa. Hasta que su mismo hermano lo entrega al cadí, acusándolo de no seguir a Mahoma. Por la misma causa está en la cárcel un cristiano mozárabe, de nombre Salomón. El juez quiere atraérselos con promesas. Pero Rodrigo responde: «Haz propuestas, así, a quienes buscan antes conveniencias de esta tierra que felicidad eterna; nosotros sólo vivimos en Jesucristo; y morir por Él es la mejor ganancia". Una contestación similar, igualmente consignada por San Eulogio, encuentran en Rodrigo las amenazas del cadí: «No intentes luchar con nuestra alma, y superar nuestro espíritu, firme en la confesión; a más furor en el tormento, más feliz gloria nos deparas». Y el 13 de marzo del año 857, los santos Rodrigo y Salomón aprestan sus cuellos a la cimitarra con tanta firmeza como alegría.

 

+++

 

Santa Natalia, San Aurelio y compañeros 852

«Dilexit Ecclesiam» amó a la Iglesia Católica

 

Tal era la persecución que sufrían entonces los cristianos de Córdoba, España, que debían fingir ser musulmanes si querían conservar la vida.  Así se comportaban Aurelio y su mujer Natalia, al igual que Félix y su mujer Liliosa, sus primos.  Hasta el día en que Aurelio encuentra un cristiano, montado desnudo sobre un asno y con el rostro vuelto hacia la cola del animal.  Le precedía un griterío público, ridiculizándole, y dos verdugos le escoltaban, azotándolo hasta hacerlo sangrar.  A la vista de ese hombre que se deja flagelar y ridiculizar, Aurelio piensa:  “He aquí un verdadero discípulo de Cristo, Aquel que nunca se avergonzó de su amor por mí, ni rehusó sufrir por salvarme”.  Vuelve a su casa transformado.  Desde entonces, su mujer y él dejarán de fingir y practicarán abiertamente su fe.  Ganados por su ejemplo, Félix y Liliosa, así como un monje mendicante llamado Jorge, se comprometen como ellos. 

 

No tardaron en ser arrestados y, un tiempo después, decapitados estos cinco admirables mártires cristianos.

 

+++

 

Santa Raquilde 946-Alemania

«Dilexit Ecclesiam» amó a la Iglesia Católica

 

Fue una religiosa alemana que vivió y murió a la sombra de la abadía de San Galo, Suiza.  Durante veinticuatro años estuvo postrada en cama a causa de unos dolores terribles que le dejaban el cuerpo plagado de llagas. Raquilde se mostraba, sin embargo, “contenta de agradecer de esta manera a Cristo  haber sufrido tanto para salvarnos”.

 

+++

 

 

Historia - La conciencia renacentista e ilustrada era mucho menos cristiana que la conciencia medieval. La conciencia de aquellos cristianos toleró la esclavitud más o menos como la conciencia actual de muchos cristianos e ilustrados filántropos ha resistido que el comunismo haya matado más de cien millones de hombres, sin mayores aspavientos, o como tolera que la matanza de los niños inocentes, por el aborto, se haya hecho legal y subsidiada.

 

+++

 

Historia - La tolerancia que emanaba de Roma hacia los judíos no siempre era respetada por muchos obispos y predicadores, que consideraban que la presencia judía no acarreaba ningún bien, y lanzaron contra los judíos toda clase de invectivas. En 1199, Inocencio III publicó la Constitutio contra iudaeis, estableciendo las normas de obligado cumplimiento para los cristianos en relación con los judíos: estancia legal en tierra cristiana, protección de personas y bienes, conservación de la fe mosaica, inviolabilidad de sinagogas y cementerios. Para la Iglesia, el judaísmo se presentaba como el depósito de la revelación de la Verdad hasta la llegada de Jesucristo y, un día, acabarían por llegar al "nuevo" Israel.

 

Lutero, como padre espiritual de la Alemania moderna, tiene una responsabilidad muy grave en el proceso de odio que se desarrolló contra los judíos.

 

+++

 

DISCERNIR - A todos se les pide el saber cultivar un atento discernimiento y una constante vigilancia, madurando una sana capacidad crítica ante la fuerza persuasiva de tantos medios de comunicación que no cesan de inventar, suponer o repetir ‘leyendas negras’, difamaciones o mentiras históricas… mienten sabiendo de mentir.

Los que escuchan no deben ser obligados a imposiciones ni compromisos, engaño o manipulación. Jesús enseña que la comunicación es un acto moral “El hombre bueno, del buen tesoro saca cosas buenas y el hombre malo, del tesoro malo saca cosas malas. Os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres darán cuenta en el día del Juicio. Porque por tus palabras serás declarado justo y por tus palabras serás condenado” (Mt 12, 35-37).

“Por tanto, desechando la mentira, hablad con verdad cada cual con su prójimo, pues somos miembros los unos de los otros. […]No salga de vuestra boca palabra dañosa, sino la que sea conveniente para edificar según la necesidad y hacer el bien a los que os escuchen” (Ef 4, 25.29).

 

+++

 

 

Beato Andrés Necio por Cristo 936 Turquia

«Dilexit Ecclesiam» amó a la Iglesia Católica

 

 

15 oct. (2 oct. Cal. Ecl.).

En Constantinopla en tiempos de León el Grande (886-912) trabajaba como guardaespaldas el llamado Feognost, hombre rico. Entre los esclavos de Feognost estaba Andrés, de origen eslavo, con costumbres humildes y benévolas. Feognost admiraba a Andrés y fue el que lo educó. Andrés concurría a menudo al templo de Dios, detenidamente estudiaba las Sagradas Escrituras y gustaba de leer vidas de santos. Poco a poco fue creciendo en él el deseo de ofrecer su vida a Dios, y por expreso mandato superior Andrés tomó la decisión difícil y poco común de ser necio por Cristo, pasando a mostrarse como falto de inteligencia.

Como falto de inteligencia, a san Andrés lo ubicaron en el templo de santa Anastasía y allí lo cuidaban. Habiéndosele aparecido la santa mártir Anastasía en sueños lo afianzó en su hazaña, y Andrés comenzó a ser necio por Cristo, pero a tal punto que lo reconocieron como mentalmente incurable y lo echaron del territorio del templo. Luego de esto san Andrés vagaba por las calles de la ciudad sucio, semidesnudo y hambriento. La mayoría de la gente lo trataba de esquivar, algunos se propasaban con él y lo golpeaban. Hasta los indigentes, a quién san Andrés les daba sus ultimas monedas lo aborrecían. Pero san Andrés con paciencia soportaba sus penurias y rezaba por los que lo ofendían.

En resumen no siempre Andrés se presentaba como falto de razón.: en coloquios con su padre espiritual; o con su alumno un rico joven Epifanio con quien Andrés se quitaba la máscara de la neciedad, y entonces se exteriorizaba su profunda sabiduría e inconmensurable belleza espiritual. Por su profunda sumisión y pureza de corazón san Andrés recibió de Dios el don de los milagros y perspicacia. Epifanio aprendió mucho y muy útil de su necio maestro santo y de él oyó la predicción que a su tiempo llegará a obispo y a ser famoso predicador. Y así sucedió.

Cierta vez san Andrés, como el gran apóstol Pablo, fue llevado al tercer cielo y oyó allí palabras no dichas, que los hombres no pueden oír. Allí tuvo la dicha de ver a Nuestro Señor Jesucristo, ángeles y muchos beatos de Dios, sin embargo san Andrés se extrañaba de no haber visto a la Virgen María. Comenzó a preguntar donde está Ella, y le contestaron, que Ella bajó al mundo de muchas penas, para ayudar a los hombres y consolar a los afligidos.

Después de un tiempo Andrés, estando en el templo Blajeru en Constantinopla, tuvo el beneplácito de ver a Virgen María. Esta magnífica visión se recuerda durante la ceremonia del Manto Protector de la Santísima Virgen María. Cuando san Andrés rezaba con Epifanio en el templo, de pronto pareció abrirse el centro del templo y san Andrés vio la Santa Virgen, rodeada de ángeles y santos. Ella rezaba y extendía sobre los piadosos del templo su omofór (manto) ¿Ves a la reina de todos? — preguntó Andrés a su hermano, como si no creyera a sus ojos. "Veo, padre santo, y me estremezco" — contestó Epifanio.

San Andrés falleció a los 66 años de su vida, en el 936. Su vida la describió Nikifor.—presbítero del templo de santa Sofía, padre espiritual de san Andrés y su alumno Epifanio.

 

KONDAKIO: Hacia la necedad te volviste voluntariamente, las bellezas de este mundo rechazaste, inteligentemente tu físico menospreciaste, con penitencia, sediento y con calor abrasador o congelado por la lluvia y la nieve, y de otras penurias aéreas nunca te ocultaste, te purificaste como el oro en el crisol, bienaventurado Andrés.

 

+++

 

 

 

BEATO NOTKERO BALBULO † 912-Suiza

«Dilexit Ecclesiam» amó a la Iglesia Católica

 

El peregrinar es una característica del cristianismo, que, desde los tiempos apostólicos, concibe la vida como una peregrinación rumbo a la patria celeste, donde está nuestro domicilio soñado. Los monjes irlandeses evangelizaron a la Europa anglosajona merced a esta inacabable tendencia ambulante. Uno de ellos, San Galo, fundó el año 613 una abadía, no lejos del lago de Constanza, que —el fenómeno se repitió muchas veces en la Europa medieval— dio origen a una ciudad homónima, y en el siglo XVIII al pintoresco cantón suizo, conjugación idílica de sierras y prados abundosos. Un siglo más tarde introdujo la Regla benedictina en el monasterio el abad Otmar, y fue adquiriendo auge siempre creciente hasta el siglo XI. Después de muchas vicisitudes fue suprimido el año 1805, como resultas de la Revolución francesa. La escuela abacial de St. Gallen fue foco providencial que albergó la cultura y el arte medieval. Incluso la industria textil —hasta hoy floreciente en el cantón— encuentra sus primeros telares en los claustros monásticos. Los monjes antiguos forjaron a Europa, lo mismo inclinados sobre el curvo arado, que roturaba las selvas para sembrar la tierra de mieses y ciudades, que arqueados sobre el códice paciente, en que iluminan tanto la frase evangélica, dadora de vida, como el verso griego y latino, ahuyentador de la barbarie, no menos que los neumas musicales, vehículos de la poesía y del arte. Pero toda esta actividad múltiple converge hacia lo que, aun arquitectónicamente, es el centro de la abadía, hacia el coro, donde la plegaria, metamorfoseada en dulce cantilena de salmos y secuencias, suministra el plasma de la vida monástica.

Por el año 840 nació Notkero en Elgg (cantón de Zurich), o más bien en Jonswyl (cantón de St. Gallen), de familia distinguida. Todavía niño llamó a las puertas de la abadía, cuando se hallaba ésta en el período de su mayor esplendor, como uno de los centros culturales más notorios de Europa. Los monjes no dudaron en admitirlo, a pesar de su defecto de lengua, que le proporcionó el sobrenombre de Bálbulus, es decir, tartamudo. En la escuela monacal recibió educación esmerada, que proporcionó frutos ubérrimos en las ciencias y artes entonces conocidas, en gramática, poesía, música; en medicina, historia y patrística. Tuvo por maestros a los monjes Iso, el famoso, comentarista de nuestro calagurritano Prudencio —en St. Gallen fue siempre estudiado con mimo el gran poeta español—, y después al irlandés Moengal. Llegó a ser bibliotecario en 890, recinto el más sagrado de la abadía después de la iglesia; y años más tarde hospedero, (892-894), cargo importante en aquellos tiempos de arduas peregrinaciones. Por su vasta cultura se le confió la dirección de la escuela abacial, germen de las universidades medievales, también de origen eclesiástico. Tuvo por discípulos a nobles y potentados, así como a Salomón III, obispo de Constanza en 890, y Waldo, obispo de Freising en Baviera del 884 al 906. Su larga vida se extinguía plácidamente el año 912, dejando, una larga estela de santidad y de ciencia. Un Papa humanista, Julio II, beatificó al gran artista benedictino en 1512, autorizando su culto en St. Gallen y en la diócesis de Constanza.

 

Su producción literaria fue muy extensa. En prosa cultivó el género epistolar, en que expone cuestiones científicas con estilo llano y atractivo, aunque a veces revela afición por las palabras raras y rebuscadas. Cuando su discípulo el obispo Salomón era todavía diácono dedicóle la Notatio, que puede ser considerada como el primer tratado de patrología latina. La avidez discente del aventajado alumno es comparada con la hidra de Lerna, y con una hoguera, basándose en Prudencio (Pe. 10, 881 s.). Allí trae un catálogo de las obras que deben leerse, entre las que menciona el comentario al Cantar de los Cantares de nuestro Justo de Urgel. De carácter histórico son el Breviario de los reyes francos, que él continuó hasta Carlos III el Gordo. En Gesta Caroli Magni demuestra nuestro Beato su admiración por el emperador y anota en el prólogo las fuentes de que se sirvió para la composición de esta obra, de excelente valor literario, aunque históricamente no se separen siempre los hechos de las leyendas. A base del Martirologio que el arzobispo Ado de Vienne entregó a St. Gallen el año 870 redactó Notkero su famoso Martirologio, enriquecido con las muchas noticias hagiográficas existentes en el monasterio, de donde vino a resultar un pequeño Año Cristiano, con la vida sucintamente descrita de los santos.

 

Pero el principal mérito literario de Notkero estriba en la poesía y en la música. Como el poeta español Prudencio, a quien él tanto estimaba, vio en la poesía un instrumento adecuado de santificación, y a ella se consagró con entusiasmo, destinándola al noble servicio de la liturgia y de la Iglesia. Escribió un poema dialogado sobre las artes, y otro con el título De los cinco sentidos, seguido de un apéndice en prosa rítmica. Ambos los dedicó al joven obispo Salomón, y abundan en exhortaciones morales. De Gran Bretaña e Irlanda se propagó por el continente anglosajón la moda de los enigmas y acertijos en versos hexámetros, cuya fuente deriva de Celio Firmiano Sinfosio, poeta del siglo V después de Cristo. Varias de estas fábulas en dístico elegíaco se atribuyen a nuestro poeta: "El león enfermo", "La ternera y la cigüeña", "La pulga y la podagra", etc. Al protomártir San Esteban dedicó cuatro poemas, en que la oda sáfica y el endecasílabo dan expresión a su entusiasmo devoto ante los milagros obrados por el mártir en Asia, Africa, Metz y España. Quedan fragmentos de una vida dialogada de San Galo en versos trocaicos.

 

El impulso lírico medieval produjo una forma poética, derivada de la liturgia de la misa, en el siglo IX. Los floridos melismas que enriquecían el a final del Alleluia se hacían difíciles de retener en la memoria de los cantores, ya que la melodía estaba desprovista de notas escritas. Notkero buscaba un medio para facilitar el aprendizaje musical, cuando la casualidad se lo brindó excelentemente. En el proemio o epístola dedicatoria de sus himnos a Liutward, obispo de Vercelli (880-899), lo cuenta él mismo: "Cuando yo era todavía un jovencillo y las melodías larguísimas, frecuentemente aprendidas de memoria, se me escapaban del corazoncillo, comencé a pensar en silencio la manera de ligarlas fuertemente. Entretanto aconteció que un sacerdote del monasterio de Jumiéges, poco antes destruido por los normandos (862), vino a nosotros trayendo consigo su antifonario, en el que había algunos versos para ser cantados en la vocalización final del aleluya (ad sequentias erant modulati), pero que ya estaban muy viciados. Su vista me produjo alegría, pero su gusto me causó amargura". Continúa refiriendo cómo comenzó a imitar aquellos versos, pero sin sus defectos, y que su maestro Iso le felicitó por los méritos poéticos, corrigiéndole las faltas, mientras le formuló la regla de oro para la poesía secuencial: A cada nota debe corresponder una sílaba. Entonces él comenzó a escribir versos, que pronto cantaron los niños y monjes de la abadía, y que rápidamente resonaron por toda Europa. Este es el nacimiento de la secuencia, que invadió los misales de Europa, registrándose hasta 5.000, de diferente valor literario, de las que el misal romano sólo conserva ahora cinco, verdaderas joyas de la poesía secuencial. De este relato se deduce que Notkero no es estrictamente el creador de la secuencia o prosa aleluyática —pues, si no se debe ya a Alcuino († 804), se originó en el monasterio benedictino de Jumiéges, en el norte de Francia—, pero sí su perfeccionador definitivo y, junto con Adam de San Víctor, el mejor poeta secuencial. La forma primitiva y auténtica de la secuencia, que entronca en Notkero, consiste en un par de versos, de diferente extensión (cola), con sustitución de la cantidad métrica por el acento, y terminados generalmente en a, debido a la vocal final del alleluia. La secuencia se cantaba en grupos de dos estrofas de ordinario, alternando el coro de voces graves con las voces blancas de los niños, o también en estrofas sucesivas. La variación métrica llevaba consigo la variedad melódica.

 

Por citar una muestra, en la trilogía himnódica del Espíritu Santo, formada por el himno Veni, creator Spiritus, del siglo IX, de hechura ambrosiana en cuanto a su metro yámbico, donde ya se atisban los ecos de la rima románica; por la secuencia Veni, Sancte Spiritus, del siglo XII, con manifiesta disposición rimada del gótico, brilla por su estro y encendida devoción la Sancti Spiritus assit nobis gratia, "reina de las secuencias" de Notkero, el primer poeta secuencial de la Historia, cuyos ecos resonaron en las fiestas pentecostales de Alemania, Italia, Francia, España... durante prolongados siglos. Así santificó a la poesía y a la música, y se santificó a sí mismo por medio de la himnodia sacra el Beato Notkero, "débil de cuerpo, pero no de espíritu; tartamudo de lengua, pero no del alma, vaso del Espíritu Santo, como no lo hubo en su tiempo con tal abundancia" (Ekkehard, IV, 980-1060).

Agradecemos al autor - ISIDORO RODRÍGUEZ HERRERA, O. F. M.

 

+++

 

San Olaf (995 1030) Noruega

 

Se había unido a los catorce años a una de las bandas de normandos que, durante  siglos, hicieron expediciones de saqueo por toda Francia. Se cuenta que en el curso de una de esas incursiones recibió el bautismo.  Fue  rey de Noruega a los veintiún años y convirtió al cristianismo en la religión del Estado, lo que provocó el alzamiento de los partidarios del antiguo culto.  Pereció en la batalla librada en Stiklestad el 31 de Agosto de 1030.  Su muerte heroica a los treinta años borró su anterior vida de crueldad y libertinaje y se le venera como mártir.  Numerosas iglesias le fueron dedicadas, y ha continuado siendo el héroe nacional de la Noruega independiente.

 

+++

 

Iglesia – de hombres pecadores. Por desgracia, en el seno de la Iglesia, que está constituida por hombres, no faltan los pecadores, sobre todo cuando no se vive el precepto de la caridad, que es esencial y es el primero para un cristiano. De este modo se produce un antitestimonio de Jesucristo. La muchedumbre inmensa de los mártires testifica con su sangre la fidelidad de la Iglesia a Jesucristo, porque, aunque haya en ella pecadores, es a la vez una Iglesia de mártires, es decir, de cristianos auténticos, que han practicado su fe en Cristo y su caridad hacia los hermanos, incluidos los enemigos, hasta el sacrificio, no sólo de su vida, sino también con frecuencia de su honra, habiendo tenido que soportar humillaciones tremendas, entre otras la de ser tachados de traidores y farsantes.

Faltas del pasado - No podemos ocultar que muchos que profesaban ser discípulos de Jesús han cometido errores a lo largo de la historia. Con frecuencia, ante problemas graves, han pensado que primero se debía mejorar la tierra y después pensar en el cielo. La tentación ha sido considerar que, ante necesidades urgentes, en primer lugar se debía actuar cambiando las estructuras externas. Para algunos, la consecuencia de esto ha sido la transformación del cristianismo en moralismo, la sustitución del creer por el hacer. Por eso, mi predecesor de venerada memoria, Juan Pablo II, observó con razón: «La tentación actual es la de reducir el cristianismo a una sabiduría meramente humana, casi como una ciencia del vivir bien. En un mundo fuertemente secularizado, se ha dado una “gradual secularización de la salvación”, debido a lo cual se lucha ciertamente en favor del hombre, pero de un hombre a medias, reducido a la mera dimensión horizontal. En cambio, nosotros sabemos que Jesús vino a traer la salvación integral»[Enc.Redemptoris missio.]

S.S. Benedicto PP XVI: MMVI.

 

+++

 

 

 

Una vera fábula, conocida ya como espuria y desacreditada históricamente por engañosa.

2005-Actualmente, nadie puede afirmar la veracidad de la leyenda de este personaje, ni siquiera hacer un juicio de modo creíble y serio, ni los protestantes han emitido un juicio a favor de su existencia por temor a ser refutados. Pues no pasa de ser un mito o una historia ficticia o personaje literario o artístico que condensa alguna realidad de alguna imaginación humana. Una leyenda más no desprovista de intenciones anti-cristianas… La Iglesia desde que Cristo la fundara, lleva y levará la cruz de ignominia, calumnia y difamación… ya lo dijo Cristo Jesús.

Incluso historiadores protestantes como: Blondel ("Joanna Papissa", 1657) y Leibniz ("Flores sparsae in tumulum papissae" in "Bibliotheca Historica", Göttingen, 1758, 267 sq.) admitieron que la papisa jamás existió.

Por lo general, hay leyendas que sitúan cronológicamente a Juan VIII entre 872 a 882 y su verdadera debilidad probablemente eran sus modales amanerados y sus pocos aciertos políticos.

 

+++

 

 

Juan “el angelical”


Los historiadores serios desmienten la leyenda de la "Papisa Juana"

 

Juan “el angelical” (855-857) - Nunca había habido en Roma un Papa tan bien parecido. El clero, el pueblo y la nobleza convinieron a la primera en que no había, entre todos los candidatos posibles a ocupar la silla de Pedro, ninguno como aquel diácono de rasgos de ángel, ojos encendidos y chispeantes, y rostro de piel suave y lampiña. No hacía mucho tiempo que vivía en Roma y, sin embargo, no cesaban de hablar de su sabiduría y de su virtud.

Juan, llamado el «angelical», había nacido no lejos de Maguncia, en Ingelheim, de padres anglo-sajones. Tras haber agotado cuanto le podían enseñar los más doctos profesores de su tierra, marchó a Atenas para conocer y familiarizarse con las viejas escuelas filosóficas. Desde allí, lo enviaron a Roma. Cuando falleció el papa, nadie parecía más apropiado que él para sucederle. Y, elegido por unanimidad, gobernó la Iglesia, como Juan Vlll, dos años, en medio de una general satisfacción. Verdaderamente, todo el mundo le quería. ¡Y qué trabajador era! No llegó a divulgarse pero parece cierto que llamaba todas las tardes a su principal colaborador y le retenía en sus habitaciones hasta altas horas de la noche. Y tan laboriosas veladas, lejos de alterar la salud del joven papa, le hacían aparecer cada mañana más jovial que nunca; en lugar de adelgazar daba la sensación de que engordaba poco a poco.

Un día, en el curso de una procesión, cuando el cortejo atravesaba por un callejón estrecho, Juan el «angelical» comenzó a palidecer; sentía que se desmayaba sin remedio; desplomado y con los ojos en blanco, el papa se moría. De repente, de debajo de las sagradas vestiduras, salió un tremendo vagido: ¡el papa acababa de dar a luz!

Así fue la leyenda de la papisa Juana, difundida por todas partes a mediados del siglo XIII y recogida en particular por las crónicas del dominico polaco Martín de Troppau (t 1278). Hasta el siglo xvi se creyó tan a pie juntillas, que, desde el año 1400, el busto de la papisa Juana figuraba muy oficialmente en la galería de los papas que se extiende a lo largo de los muros de la catedral de Siena. Durante doscientos años pudo leerse bajo su efigie: «Juan Vlll, una mujer de origen inglés».

El cardenal Baronio influyó en Clemente Vlll para que retirara dicha inscripción. Unos escultores se encargaron al mismo tiempo de rebajar el pecho de la papisa hasta conseguir las dimensiones menos rechonchas de un honrado sucesor de Pedro.

La leyenda, en cambio, resistió más que el mármol, y volvió a aparecer en pleno siglo xx en polémicas de baja estofa, creyendo que con tales infundios asestarían un golpe de gracia al papado...

Ahora bien, si se examina el hecho con atención -con ojos críticos de historiador- puede advertirse que era muy otro el objetivo perseguido con esta leyenda, mucho menos inofensiva de lo que pueda parecer, pese a sus ropajes imaginativos. En realidad venía a ser el eco deformado de una triste realidad: la influencia que, en el siglo x, ejercieron tres mujeres -Teodora la Mayor; y sus dos hijas, Teodora la Joven y Marozia- en el gobierno de la Iglesia. La primera hizo elegir a Sergio III, y luego a Juan X, del que había sido amante. Marozia mandó encerrar a Juan X en el castillo de Santángelo y conspiró para que fuera papa su propio hijo, Juan XI, antes de ser encarcelada con él.

Pero más curioso todavía que el trasfondo de la leyenda es lo que se refiere a su aspecto formal, basado en dos datos muy concretos: uno de ellos, principal, es que las procesiones papales evitaban siempre pasar por una cierta calleja de Roma; con toda seguridad porque era excesivamente estrecha, pero acaso también porque en una hornacina excavada en el muro de un viejo caserón había una estatuilla de un niño, con una inscripción ilegible interpretada por el pueblo del modo siguiente: «Aquí una papisa dio a luz un niño».

El otro dato consistía en que, al ser consagrado, se sentaba el papa tradicionalmente sobre un trono de pórfido, pétreo. Era un trono muy antiguo en el que el tiempo había ido dejando las huellas de su paso y, en particular, había desprendido un trozo considerable del asiento. La imaginación popular, siempre propensa a explicar las cosas del modo más atrevido y malicioso, encontró la explicación del boquete abierto en aquella extraña silla: el agujero permitiría a los prelados que consagraban a los pontífices hacer una comprobación real de la masculinidad del candidato, asegurándose así que no se repitiera el caso sorprendente de la papisa Juana, el «angelical» Juan VIII.

Un libro sobre los papas no podía silenciar esta leyenda, el cómo y el porqué de tan famosa y demencial patraña. Lo que deja ya el paso franco para volver a coger el hilo de la historia verdadera y conocer al único sucesor auténtico de León IV: Benedicto III.

Benedicto III (855-858)

La elección del sucesor de León se llevó a cabo en julio dentro de la más estricta legalidad. Se estaban preparando las ceremonias de la consagración cuando surgió un antipapa: el cardenal Anastasio, a quien León IV había excomulgado por haber tomado partido, demasiado abiertamente, por el emperador Ludovico Il y contra el papa. Anastasio, tan violento como erudito, tomó al asalto el palacio de Letrán a la cabeza de sus seguidores. Se comportó brutalmente con el pontífice legítimo y le hizo encerrar en prisión. Decepcionados seguramente por los métodos expeditivos de Anastasio, sus adeptos le fueron abandonando, y el impetuoso cardenal fue expulsado de Letrán tras dos días de asedio. Ante la sorpresa de todos fue tratado por Benedicto con exquisita mansedumbre: le nombró abad de un monasterio.

Aquella actitud moderada fue muy hábil, puesto que serviría para disipar la hostilidad del emperador y ponía de relieve, a los ojos de toda la Iglesia, una especie de sereno dominio que reforzaría el prestigio del papado.

Benedicto fue consagrado, por fin, el 29 de septiembre del 855, e inmediatamente se aplicó a consolidar su posición, tanto frente a sus adversarios de la Galia y de Inglaterra como a sus enemigos onentales. Durante los tres años de este pontificado, Anastasio supo hacerse perdonar y que se olvidara su borrascoso pasado, hasta el punto de que, en el año 863, el sucesor de Benedicto, el papa Nicolás 1 le haría su secretario y le nombraría luego bibliotecario de la Iglesia romana. Y cumplió tan bien su cometido que quedaría en la Historia con el nombre de la función desempeñada: es llamado Anastasio Bibliotecario.

En cuanto a Benedicto III, falleció el 17 de abril del 858.

San Nicolás I Magno (858-867)

El que por primera vez iba a mostrar al mundo lo que era verdaderamente un papa, era un romano de rancio abolengo. Su influencia en Letrán, ya desde Sergio II, no había dejado de aumentar. Hasta que, en presencia del emperador Ludovico 11 -que estaba de paso en Roma-, fue elegido para la silla de Pedro el 24 de abril del año 858.

Personalidad dominante, de un gran rigor moral y muy elevado nivel intelectual, reivindicaría para el papado atribuciones impensables hasta entonces, y lo haría con una firmeza y agresividad no utilizadas nunca antes por ningún obispo de Roma.

Su sensibilidad ante el sufrimiento de los hombres le llevó a ser inflexible ante los poderosos, condenando cualquier guerra que no fuera estrictamente defensiva. Abierto a los derechos humanos, insistía en que había que distinguir cuidadosamente entre un rey y un tirano, y juzgaba que era un crimen torturar a ladrones y bandoleros. Mas fue, sobre todo, el teórico del papado y se esforzó por fundamentar sobre bases filosóficas las pretensiones de la Iglesia de Roma a encarnar el primado de la Iglesia universal.

Sus distintas actitudes en las más diversas ocasiones ponen de manifiesto la clara conciencia que tenía de sus derechos como papa, tanto en las relaciones con sus hermanos en el episcopado como en las que había de mantener con los reyes o con Bizancio.

El arzobispo de Rávena esgrimía su privilegiada posición en el antiguo Exarcado para reclamar un cierto derecho de tutela en la jurisdicción del obispo de Roma. En la Galia, Rotario de Soissons o Hincmaro de Reims insistían en sus facultades autónomas como metropolitanos o acerca de las decisiones adoptadas en sínodos locales: en todos los casos, bien se tratara de Rávena o de otra sede episcopal, de la Galia o de cualquier parte, Nicolás no veía más que simples provincias eclesiásticas que tenían la obligación de someterse al control de Roma. Lo cierto es que el papa consiguió -blandiendo las famosas Decretales de san Isidoro, libres por entonces de toda duda acerca de su autenticidad- que hasta los obispos más proclives a la independencia se alinearan con él.

Respecto a sus relaciones con los monarcas, el mejor ejemplo de su actitud sea quizá su reacción ante la bigamia de Lotario 11. Este rey de Lotaringia, hermano del emperador Ludovico 11, no concebía que tuviera que dejar a su amante Walfrada. Los obispos de Colonia y de Tréveris fingían ignorar lo que estaba pasando. Y Nicolás, lisa y llanamente, hizo que el rey despidiera a la concubina y rehiciera su legítima unión con su mujer, Teutberga. Ante todo, le interesaba que triunfara la concepción cristiana del matrimonio sobre las costumbres germánicas, teñidas todavía de paganismo.

En el frente de la constante guerra firía con Bizancio, el nuevo motivo de disputa era la cuestión del «Filioque» en el Credo de la Misa. El Espíritu Santo ¿procedía solamente del Padre, o del Padre y del ffijo? Roma apoyaba la segunda teoría y había añadido la palabra Filioque -y del Hijo- en el Credo. Aquella fue razón suficiente a los ojos del patriarca Focio y de Nfiguel 111 para pronunciar en el año 867 la «deposición» del obispo de Roma y el rechazo de su liturgia. Reacción que se comprende mejor si se tiene en cuenta que, cuatro años antes, el papa había rehusado reconocer la elección de Focio, realizada al margen de las normas canónicas vigentes; y si se considera que, aparte resentimientos personales, existía también un conflicto de influencias entre Roma y Bizancio con respecto a los búlgaros, cuyo príncipe, Boris, bautizado recientemente, se había dirigido a Roma pidiendo que enviaran misioneros. Nicolás supo reaccionar enseguida e hizo lo imposible por asegurar a la Iglesia de Roma la jurisdicción sobre los búlgaros, reivindicada por Constantinopla.

¿Cómo evolucionaría el enfrentamiento entre Focio y Nicolás? Se lo planteaban en Roma, preocupados, cuando una inesperada conmoción política en Constantinopla ocasionó la caída de Focio.

Nicolás I había sabido precisar la muy clara distinción entre los poderes temporal y espiritual, negando al Estado el derecho a inmiscuirse en los asuntos de la Iglesia, y a la Iglesia el de injerirse en el dominio del Estado. Sin embargo, ante la debilidad que mostraba el Imperio desde el año 843 y su incapacidad para mantener el orden en Occidente, el papa se apresuró a reforzar la autoridad de la Iglesia, lo que necesariamente suponía acentuar su centralización. Aunque la intención fue buena, las consecuencias serían, en algunos casos, lamentables: concentrar tanto poder en la persona del obispo de Roma era abrir la puerta al riesgo de que los abusos fueran más escandalosos.

Cuando murió, el 13 de noviembre del 867, san Nicolás 1 Magno, era impensable que antes de que acabara aquel siglo una serie de acontecimientos de esa índole arruinarían su obra.

Adriano II (867.872)

Era muy difícil que el papado se mantuviera durante mucho tiempo en el alto nivel a que le había llevado Nicolás l. La decadencia comenzó con su mismo sucesor.

Adriano 11 tenía 75 años cuando fue consagrado el 14 de diciembre del 867. Vinculado a la misma familia que Esteban IV y Sergio II, había sido testigo de cómo su propio padre llegaba a ser obispo y él mismo tenía esposa e hijos cuando fue ordenado diácono.

Su pontficado se estrenó con una tragedia familiar: Lamberto de Espoleto atacó Roma, se apoderó de la mujer y de una hija del papa y les dio muerte.

El viejo pontífice era demasiado débil y demasiado bueno para desarrollar la política autoritaria de su predecesor. Se mostró Heno de condescendencia para con Lotario 11 y le ayudó incluso a reconciliarse con su legítima esposa, levantando al mismo tiempo la excomunión que pesaba sobre su concubina Walfrada.

Tuvo también el consuelo de constatar un nuevo acercamiento -aunque duraría muy poco- entre Roma y Bizancio con ocasión del octavo concilio ecuménico, celebrado en Constantinopia, que condenó el cisma de Focio en el 869. Recibió en la ciudad Eterna a los dos apóstoles de los eslavos, Cirilo y Metodio, a los que confirió el episcopado, que habían innovado una liturgia especialmente adaptada a las poblaciones que tenían que convertir.

Por contra, no consiguió Adriano imponerse en la Galia. El arzobispo Hincmaro de Reims declinó su invitación a entrevistarse con él, negándose a reconocer la competencia del papa en los asuntos intemos de su diócesis. La actitud del eclesiástico franco tenía el respaldo del rey Carlos el Calvo. El papa intentó entonces llegar a un arreglo con el monarca: si éste reconocía la jurisdicción de Roma sobre las diócesis de la Galia, el pontfflce le otorgaría la corona imperial. Carlos no aceptó.
Adriano murió el 14 de diciembre del 872 a los ochenta años.

 

+++

 

Benito Jerónimo Feijoo* 1676+1764-Carta III

 

El falso rumor de que una mujer - 46. Este suceso, combinado con otro de igual notoriedad, muestra, que en cuantos pasos dan los Protestantes, ya para autorizar su apostasía, ya para infamar la [143] Iglesia Romana, únicamente son conducidos por una pasión atropellada, y ciega.

47. Ha cinco, o seis siglos, que por la Cristiandad se empezó a difundir el falso rumor de que una mujer, fingiéndose hombre, a favor de un grande ingenio, y copiosa erudición, había acertado a engañar a los Romanos, hasta ser colocada por ellos en la Silla Apostólica, como sujeto en quien concurrían todas las prendas capaces de dignificarle para tanta elevación. Esta fábula, que debió su nacimiento a una crasa equivocación; o por un Papa, cuyo genio afeminado, y débil, indujo al Pueblo de Roma a la hablilla burlesca, y satírica de que no era varón, sino hembra; o por otro, que ciegamente apasionado por cieta dama, dejaba a su arbitrio una gran parte del gobierno: al paso que el rumor se fue aumentando, se fue vistiendo de varias circunstancias, hasta formar casi historia completa de una mujer, que jamás hubo en el mundo. Adaptáronle el nombre de Juana, por lo que Onufro Panvinio sospechó, que la equivocación viniese del Papa Juan XII, cuya vida (por no decir más) no fue de mucha equivocación: le dieron estudios en Atenas: en fin, en una función pública, muerte ignominiosa, ocasionada del íntimo comercio con un doméstico suyo. Y aún han querido algunos, que de esta tragedia resultó instituirse, y conservarse en la elección de los Papas en una ceremonia de la suprema indecencia, para asegurarse del sexo del que se elige.

48. No siendo esta historia otra cosa, que un tejido de ineptísimas ficciones, no es de extrañar, que se haya extendido mucho por el mundo, y sido creida de infinitos. En ninguna manera. Antes de su misma extravagancia sirvió para su propagación. ¡Tal es el genio humano! Cuanto una cosa es más extraordinaria, tanto es más inverosímil: cuanto más inverosímil, tanto menos creíble. De aquí parece, que lo que más naturalmente se sigue es, que estas portentosas patrañas, mereciendo el desprecio de todo racional, inmediatamente a su nacimiento fuesen seputadas en [144] el olvido. Pero así la lectura de las historias, como la experiencia de todos los siglos, nos muestran lo contrario. El vulgo es tan antiguo en todas las Naciones, como las Naciones mismas. Y con ser tan anciano, siempre es un párvulo, siempre es niño; y como niño, halla nutrimiento más conforme a su pueril curiosidad en las fantásticas aventuras de los Paladines; en los más desatinados portentos de los Magos, en las batallas de las huestes aéreas; generalmente en todo lo que por extraordinarísimo presta motivos al disenso; que en los sucesos, y revoluciones verdaderas de las cosas humanas.

49. ¡Tal es el vulgo! ¿Y qué es el vulgo? ¿Qué individuos, qué partes constituyen esta porción del linaje humano, a quien damos el nombre de vulgo? Esos individuos son tantos, que les falta muy poco para completar el todo de la especie. Aun en las Naciones más cultas, apenas cada millar nos presenta dos, o tres, que no sean de esa colección. Ningún distintivo exterior sirve para discernir quién está dentro, o fuera de esta baja clase. Debajo de todas ropas, títulos denominaciones, y grados, hay almas, o entendimientos vulgares. Ni el sobreescrito declara, si la Carta es discreta, o necia: ni el rótulo, si el libro es bueno o malo.

50. De este principio viene estar tan lleno el mundo de fábulas, y el mismo influyó, como en otras infinitas, en la aceptación, con que se admitió la monstruosa patraña de la Papisa Juana. Mas es verdad, que a favor de ésta, demás del principio común, que he dicho; intervino otra causa particular, que voy a referir.

51. Cuando, llamados de la bélica trompeta de Lutero, y otros Herisiarcas, empezaron a inundarse de los sectarios de éstos varias Provincias de la Cristiandad, ya estaba estampada en muchos libros la fábula de la Papisa, aunque con diversidad, porque lo que mira el asenso, o disenso de sus Autores; porque algunos pocos la escribieron, como persuadidos de la verdad del suceso, los más como inciertos, y dudosos. Los desertores de la Fe Católica, que [145] hallaron en tal estado la fábula, abrazaron el empeño de fomentarla, y persuadirla, como si fuese verdad histórica, pareciéndoles, que de este modo echaban un feísimo borrón en la Iglesia Romana. Aprehensión ridícula: pues aun cuando el suceso fuese verdadero, solo infería, que en Roma se había hecho una elección nula por error, en orden a la persona lo cual nada infiere hacia la doctrina, que profesa la Iglesia Romana.

52. El caso es, que todos los esfuerzos, que hicieron los Herejes para persuadir que hubo error, fueron vanos; porque varios Autores Católicos, con monumentos irrefragables de la Historia, tan claramente probaron ser una disparatada ficción cuanto se escribió de la Papisa Juana, que de esta fábula, en que los Herejes pensaban hallar un oprobio nuestro, resultó una no leve confusión suya, especialmente después que David Blondel, Ministro Calvinista, y famoso Escritor entre los suyos, en un Escrito, que dio a luz sobre esta cuestión, suscribiendo a los Autores Católicos, más sincero en esta parte, que lo son comunmente los de su Iglesia; dio nuevas luces para el conocimiento de la verdad: lo que llevaron muy mal los demás Protestantes; pero les fue preciso tragar esta amarga pócima, la cual, sin embargo de la displicencia, con que la recibieron, en ellos mismos hizo el efecto del desengaño; pues desde entonces han cesado de importunarnos con esta monstruosa invención.

53. Aquí entra ahora la combinación, que anuncié arriba. En aquel tiempo en que Isabela, hija de Henrico VIII, y de la infeliz Ana Bolena, fue elevada al Trono de la Gran Bretaña, aún subsistía entre los Protestantes la Fábula de la Papisa Juana, que con ella improperaban a los Católicos, como si el error, que siniestramente suponían en aquella elección, degradase de su autoridad a cuantos Papas habían sido legítimamente electos hasta entonces, o lo serían en adelante.

54. Pero ve aquí una cosa admirable. Al mismo tiempo, que los Protestantes se esforzaban a insultarnos con la disparatada [146] especie de una Papisa, elegida en Roma, ellos erigieron otra Papisa en la Inglaterra, constituyendo Cabeza de la Iglesia Anglicana a su adorada Reina. Monstruosidad, que no pueden pretextar, o cubrir con la elección de la Papisa Romana; la cual, aun cuando hubiese sido verdadera, estaría disculpada con el error, que hubo en orden al sexo de la persona electa: recurso, que no tienen los Herejes Anglicanos para su elección, pues no ignoraban, que daban esta preeminencia a una mujer. Y finalmente, nosotros estamos bien lavados de la pretendida mancha de la Papisa Juana, sabiendo ya todo el mundo, que ésta es una mera fábula, sin que, después de publicado el citado Escrito del Calvinista David Blondel, se atrevan a negarlo los más encaprichados Protestantes. Resta ver, como podrán éstos lavarse del borrón de su Papisa Isabela: hecho innegable, y testificado aun por los contrarios de nuestra Religión. Lo más notable fue, que escrupulizando la misma Isabela admitir esta suprema dignidad eclesiástica, los Doctores de su iglesia le aquietaron la conciencia, haciéndola deponer el escrúpulo.

55. Ni con el Reinado de Isabela se acabaron las persecuciones por causa de la Religión. Se mitigaron a la verdad, o se suspendieron en el de un sucesor Jacobo I Príncipe tan pacífico, o tan paciente, que dejó inulta en, los Ministros Británicos la muerte inicua de su madre María Estuarda, y perdonó al pérfido Bucanan las calumnias, con que procuró manchar la memoria de aquella ilustre Reina. Digo, que dejó inulta en los Ministros aquella muerte, porque en ella verosimilmente tuvieron influjo más positivo éstos, que la misma Isabela, aunque tampoco pudo ésta lavarse las manos de aquella Regia sangre, ni aun borrar en muchos la sospecha, de que el principal delito de María en el corazón de Isabela, era excederla en hermosura. Se sabe cuanta era su delicadeza en esta materia.

56. Al mitigado gobierno de Jacobo sucedió el turbulento Reinado de Carlos I, en el cual el odio de los [147] Presbiterianos, no solo contra los Católicos, mas también contra los que con el nombre de Episcopales seguían la Liturgia Anglicana, bañó de sangre toda aquella Isla, hasta mancharla con la de su mismo Rey.

57. Continuose la persecución en la persona de Carlos II, hijo, y sucesor legítimo de aquel infeliz Soberano, quien por medio de raras aventuras, y riesgos, errante por varios rústicos albergues, cubierto con los más humildes disfraces, hasta pasar tal vez por criado de a pie de una honradita Paisana, a quien se descubrió, entregándose a su buena fe, pudo ultimamente salvar en Francia su vida; y después por la fidelidad, y valor del General Monk, recobró la usurpada Corona. Este Príncipe, luego que se vio colocado en el Trono, quiso entablar la libertad de conciencia en el Reino; pero se opusieron tan fuertemente a ellos los Protestantes, que no pudo conseguirlo; viéndose en este caso lo que en otros muchos; esto es, que los dichos Monsieures los Protestantes, que tanto claman por la libertad de conciencia, detestando la denegación de ella, como una intolerable tiranía de los Príncipes Católicos, que no la permiten en sus Estados; en realidad solo quieren esta libertad para sí mismos: la imploran cuando está débil su partido, y la deniegan cuando tienen la fuerza en la mano.

58. Otra aun más monstruosa irregularidad, en orden a este asunto, mostraron los Ingleses en el proceder que tuvieron con Jacobo II, hermano, sucesor legítimo en la Corona de Carlos II. Profesaba Jacobo la Religión Católica, y solo por este motivo le despojaron los Ingleses de la Púrpura. Aquí entra una reflexión, en que se hace patente, que la Religión, que tan siniestramente se da el nombre de Reformada, en el punto de libertad de conciencia, como en otros muchos, o por mejor decir en todos, no siguen regla alguna; o tienen por única regla su capricho, o su antojo. Claman los Protestantes contra los Prícipes Católicos, que no permiten libertad de conciencia a sus súbditos; y en Inglaterra los Protestantes no [148] quisieron permitir la libertad de conciencia a su propio Rey pues porque no quiso abandonar la profesión de la Religión Católica, le arrojaron del Trono. ¡Rara inversión de ideas! ¿Qué es esto sino constituir al Príncipe dependiente de sus súbditos, y a los súbditos superiores del Soberano?

59. De todo lo que he discurrido sobre este cuarto argumento, colegirá V. S. claramente, que cuanto vocean los Protestantes la libertad de conciencia, y recíproca tolerancia de unas Religiones a otras, como debida a todo el mundo, todo es ilusión, y añazaga. Quieren sí la tolerancia; pero una tolerancia solo cómoda para ellos; esto es, quieren ser tolerados, sin ser tolerantes. Es verdad, que en la cualidad de tolerantes admiten dos excepciones. La primera, cuando se hallan sin fuerzas para oprimir a sus contrarios. La segunda, cuando de la intolerancia se puede seguir algún grave dispendio a su República: v. gr. una grande disminución del comercio, o de la población del Estado adonde dominan.

60. Pero lo más admirable, que hay en la complicación de tolerancia, e intolerancia heretical, es, que son muchos los Protestantes, que rehusando tolerar la Religión Católica, toleran lo que es supremamente intolerable; esto es, la absoluta irreligión, la denegación de todo culto a la Deidad, el Ateísmo. Un muy señalado ejemplo de tan raro desorden nos muestra Inglaterra, donde al mismo tiempo, que el Gobierno Británico proscribe todos los libros favorables a la Religión Católica, deja de correr indemnes muchos, que abiertamente fomentan la impiedad. La introducción de un Agnus Dei, de una Medallita de Roma, fue en tiempo de Henrico, y de Isabela tratada como crimen de lesa Majestad. Acaso ahora (que lo ignoro) sucederá lo mismo. Pero Escritos, en que directamente se impugna la inmortalidad del alma, públicamente se venden. El impío dogma del Materialismo, que, destruyendo su espiritualidad, la identifica con la máquina corpórea, y por consiguiente la supone perecedera con ella, se extendió [149] tanto en Inglaterra, que rebosó una no muy pequeña parte de su veneno a su vecina Francia, si son bien fundadas las quejas, que contra la propagación de esta peste en aquel Católico Reino gritó el celo de algunos Prelados suyos.

-.-

  

* Las obras de Feijoo alcanzaron gran difusión cuando fueron escritas y en los años inmediatos al fallecimiento de su autor. Sin embargo, ni durante el siglo XIX ni a lo largo del siglo XX se volvieron a publicar sus obras completas sobre papel (en 1981 apareció un primer y único volumen, recopilador de bibliografía, de un frustrado proyecto de Obras completas). Desde 1990 sí que existe una edición en microficha de todas las obras de Feijoo, publicadas en Oviedo por Pentalfa Ediciones (Colección Libros en Microficha, números 35 a 64). Y en 1998 quedó culminada, a la libre disposición del público vía internet, la edición digital de las obras completas de Feijoo (iniciada por el Proyecto Filosofía en español en febrero de 1997).

La Edición digital de las Obras de Feijoo, primera entrega de una proyectada Biblioteca Feijoniana, quedó culminada en noviembre de 1998, y en parte se realizó gracias a una subvención de la Consejería de Cultura del Principado de Asturias (gobernado en esa legislatura por el Partido Popular). Consiste en una versión electrónica íntegra de las obras escritas por Feijoo: Teatro crítico universal (118/117 discursos publicados en nueve volúmenes entre 1726 y 1740, el nono, Suplemento a los anteriores, fue redistribuido, desde 1765, en los lugares correspondientes de los otros ocho), Ilustración apologética al primero y segundo tomo del Teatro Crítico (1729), Cartas eruditas y curiosas (163 cartas publicadas en cinco volúmenes entre 1742 y 1760), Justa repulsa de inicuas acusaciones (1749), &c.

Esta edición de Feijoo ofrece el texto íntegro de sus obras, tal como quedó fijado en las ediciones impresas del siglo XVIII posteriores a su fallecimiento. Como es natural se ha respetado de forma escrupulosa sintaxis, puntuación, cursivas, la mayúscula inicial en algunos términos y la forma en que aparecen los nombres propios. Sólo se han realizado los ajustes ortográficos propios del español actual. En cada texto queda indicada la edición impresa que se adopta como referencia, figurando entre corchetes el número y el lugar donde continúa el texto en cada página impresa. Las notas al pie se han incorporado al texto en el lugar de la llamada, entre llaves, manteniendo la señal utilizada en cada caso.

Durante la primavera de 2004 está previsto culminar una revisión total del texto digital de Feijoo, salvando algunas erratas detectadas, rediseñando la edición y ajustando su formato a las especificaciones de la norma XHTML 1.0 (en 1998 estaba vigente la hoy obsoleta norma HTML 3, superada en diciembre de 1999 por HTML 4, a su vez reformulada en 2002 por XHTML). En esta edición cada párrafo está identificado con una marca, que permite hacer enlaces, si se desea, a un lugar preciso del texto.

Biblioteca Feijoniana
Edición digital de las Obras de Feijoo
Teatro críticoCartas eruditasVaria
Biblioteca Filosofía en español
Fundación Gustavo Bueno - Oviedo 1998

 

+++

 

La familia es célula de resistencia contra la opresión porque es un ámbito de autonomía personal y posibilidad de formación y educación sin control del Estado y fuera del "discurso cultural dominante".
Por eso es atacada por los sistemas totalitarios.

 

+++

 

No te dejes vencer por nada extraño a tu espíritu; piensa en medio de los accidentes de la vida que tienes dentro de ti una fuerza madre, algo fuerte e indestructible, como un eje diamantino, alrededor del cual giran los hechos mezquinos que forman la trama del diario vivir; y sea cuales fueran los sucesos que sobre ti caigan, sean de los que llamamos prósperos o de los que llamamos adversos, o de los que parecen envilecernos con su contacto, manténte firme y erguido, que al menos se pueda decir siempre de ti que eres un hombre.
(Angel Ganivet citando a Seneca en Idearium Español)

 

+++

 

«La sociedad no puede marcar el destino del hombre»cardenal Rouco Varela 2005

 

+++

 

Los cristianos, recordando la palabra del Señor: «En esto conocerán todos que sois mis discípulos, en el amor mutuo que os tengáis», no pueden tener otro anhelo mayor que el de servir con creciente generosidad y con suma eficacia a los hombres de hoy. Por consiguiente, con la fiel adhesión al Evangelio y con el uso de las energías propias de éste, unidos a todos los que aman y practican la justicia, han tomado sobre sí una tarea ingente que han de cumplir en la tierra, y de la cual deberán responder ante Aquel que juzgará a todos en el último día. No todos los que dicen: «¡Señor, Señor!» entrarán en el reino de los cielos, sino aquellos que hacen la voluntad del Padre y ponen manos a la obra. Quiere el Padre que reconozcamos y amemos efectivamente a Cristo, nuestro hermano, en todos los hombres, con la palabra y con las obras, dando así testimonio de la Verdad, y que comuniquemos con los demás el misterio de amor del Padre celestial. Por esta vía, en todo el mundo los hombres se sentirán despertados a una viva esperanza, que es don del Espíritu Santo, para que, por fin, llegada la hora, sean recibidos en la paz y en la suma bienaventuranza, en la patria que brillará con la gloria del Señor.
Constitución Gaudium et spes, 93 – VATICANO II

 

+++

 

Evangelio de san Juan habla de «tres obstáculos para el hombre: la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida» y reza para destruir «el poder de las ideologías, para que los hombres puedan reconocer que están entretejidas de mentiras» y para que «el muro del materialismo» no «llegue a ser insuperable». El Cardenal Ratzinger despliega una visión crítica de la labor de ciertos miembros de la Iglesia: «¡Cuánta suciedad en la Iglesia y entre los que, por su sacerdocio, deberían estar completamente entregados a él! ¡Cuánta soberbia, cuánta autosuficiencia!», escribió el purpurado para la novena estación del Vía Crucis, la tercera caída de Jesús. 2005-03-25 Viernes Santo – Colina vaticana, Roma- Italia.

 

+++

 

La libertad, desconocida en una cultura regida por el destino, transforma la tragedia en drama.

El corazón del hombre está hecho para el infinito.

 

+++

 

Daniel KERBER - “Ahora te han visto mis ojos”: la esperanza cumplida en Job

Job pone en crisis los instrumentos interpretativos de la realidad porque mientras acusa a Dios, también se confía en él, pide encontrarse con Dios, quiere entrar en el juicio de Dios.

 

Liliana SCHIANO MORIELLO, OCSO - El amor la llamó y la condujo. Beatriz de Nazareth (1200-1268). Segunda parte .

La vida del cielo comienza ya en esta tierra y ¡Beatriz la pide “para todos nosotros”! Por otra parte también san Benito la promete a todo monje, que no se haya saltado ninguno de sus doce peldaños de humildad.

 

Martha E. DRISCOLL, OCSO - La comunidad monástica: Ecclesiola in Ecclesia

El Concilio nos invitó a ver la comunidad monástica como una Iglesia local, una forma específica de vivir ese misterio. De este modo descubrimos nuestra vocación eclesial a ser la Iglesia, a vivir como Cuerpo de Cristo, como un pueblo sacerdotal, como los primeros cristianos en Jerusalén.

 

Bernarda JIMENEZ, OSB - Ad te levavi

¿Por qué esta melodía logra conmover las fibras interiores aún de quienes conservan algún prejuicio hacia ella? Porque no hay realidad más popular, es decir, de todos y para todos, que el deseo de felicidad

 

José Luis OLIVARES, OSB - La Asunción

Así como la Virgen nunca estuvo ausente de lo que era realmente importante para la salvación del hombre, no puede tampoco ahora estar ausente de la vida de la Iglesia y de la vida de cada uno de los cristianos, pues sin ella nada de lo que nuestra fe celebra hubiera sido posible.

 

Pedro PÉREZ ERRÁZURIZ, OSB - ¿Clama el cristiano de hoy por el retorno de Jesucristo?

Se impone vivir en una humilde conciencia escatológica, solidaria con el sufrimiento casi infinito de la raza humana de la que yo soy miembro responsable.

  

+++

VEN, SEÑOR Y HABÍTAME

Que caigan las hojas

y no me entristezca.

Que el otoño venga

con su madurez y paz serena.

Que sepa despojarme

para continuar la vida,

dejar que habites mis entrañas

y florecer en primavera.

Que no me resista a tu venida.

Abriré mis puertas y ventanas.

Esperaré tu rocío y brisa nueva

a todas las horas del día.

¡Ven, Señor, y habítame!

Ulibarri, Fl.

 

 

Por venir a visitarnos, os agradecemos.-

Benedicto PP XVI: 2008.I.01 ‘Día mundial de la paz’ como cada primero de enero. Familia humana: comunidad de paz’ lema 01 enero para el 2008. 40 aniversario de la celebración de la primera Jornada Mundial de la Paz (1968-2008) ‘la celebración de esta Jornada, fruto de una intuición providencial del Papa Pablo VI’.-

Anno Domini 2008 - Mane nobiscum, Domine! ¡Quédate con nosotros, Señor!.

En el frontispicio de todas las iglesias de los jesuitas, en innumerables libros, en los anuncios de sus disputationes y en sus programas catequéticos, campea siempre el lema que resume lacónicamente los fines de la Orden: O.A.M.D.G. (Omnia ad maiorem Dei gloriam: «todo a mayor gloria de Dios»).

-.-

Recomendamos vivamente:

1º ‘Jesús, el Evangelio de Dios’ Edibesa - editorial. Es, sin lugar a dudas, una obra madura de un experimentado pastor y teólogo y un libro oportuno sobre Jesucristo, el protagonista de máxima trascendencia y de permanente actualidad. 2008.-

2º ‘Identidad cristiana’ - La bandera del logos - Coloquios universitarios - Autor: Antonio Aranda (ed.) - Editorial: EUNSA – 2008 - Estamos en el tiempo de la dialéctica: Logos frente a ideología; palabra frente a sistema; razón frente a voluntad de pasión, de sentimiento, de poder público y privado; realidades básicas frente a necesidades sometidas a la pulsión freudiana. Benedicto XVI ha asumido una responsabilidad histórica, en un mundo en que la palabra debe recuperar su dignidad básica, siempre en relación con la realidad y en referencia con el pensamiento. Uno de los problemas acuciantes del pensamiento cristiano, y de la necesaria pregunta por la identidad, es lo fragmentario y lo especializado. La praxis existencial de un cristiano, y de una institución cristiana, es la de la contribución a que los demás descubran la importancia de mantener una relación positiva con la verdad.

3º Jesús de Nazaret– al siglo, Joseph Cardenal Ratzinger: ‘Benedicto XVI’. 2007

Ser cristiano’- al siglo, Joseph Cardenal Ratzinger: ‘Benedicto XVI’- dedicó «a Romano Guardini, con gratitud y admiración». Editor: Desclée De Brouwer.

‘Te ergo, quaesumus tuis famulis subveni, quos pretioso sanguine redemisti’, ‘Socorre, Señor, te rogamos, a tus hijos, a los que has redimido con tu sangre preciosa’.

† San Pablo, Obispo de la Iglesia Católica: “No eres tú quien sostiene la raíz, sino la raíz la que sostiene a ti” (Rom 11,18). †

 

Imprimir   |   ^ Arriba

'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).