Monday 27 March 2017 | Actualizada : 2017-03-03
 
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«Frente a frecuentes e injustas acusaciones de insensibilidad dirigidas a la Iglesia, es constante el apoyo que ésta ha dado a lo largo de su bimilenaria historia a la investigación para la curación de enfermedades y para el bien de la humanidad». El Pontífice Benedicto XVI especificó que, «si ha habido resistencia -y aún la hay- era y es en razón de aquellas formas de investigación que prevén la programada supresión de seres humanos ya existentes, aunque no hayan nacido» . «La historia misma ha condenado en el pasado y condenará en el futuro una Ciencia de tal tipo, no solo en cuanto privada de la luz de Dios, sino también en cuanto privada de humanidad» 2006-09-

 

 

«Cuando la Ciencia se aplica al alivio del sufrimiento y cuando, en este camino, descubre nuevos recursos, se demuestra dos veces rica de humanidad: por el esfuerzo del ingenio invertido en la investigación y por el beneficio anunciado a cuantos son afligidos por la enfermedad»2006-09-

El Papa no perdió la oportunidad de advertir que «frente a la directa supresión del ser humano no pueden existir compromisos ni tergiversaciones; no se puede pensar que una sociedad pueda combatir eficazmente el crimen, cuando ella misma legaliza el delito en el ámbito de la vida naciente» 2006-09.

Por último, el Pontífice aprovechó para apoyar la investigación con células madre adultas, que con sus demostrados resultados terapéuticos son «una confirmación de la validez de la constante invitación de la Iglesia al pleno respeto del ser humano desde su concepción». 2006-09- S.S. Benedicto XVI.

 

 

Ahora la Iglesia tendrá que presentar una memoria económica de sus actividades. Y, cuando lo haga, esas mismas personas que se han escandalizado por los dineros de la Iglesia, si realmente actúan de buena fe, se sorprenderán de cómo y dónde se gasta la Iglesia los duros. Según los últimos datos publicados, entre otras iniciativas, la Iglesia está presente en 107 hospitales, 128 ambulatorios, 876 casas para ancianos, 937 orfanatos, 321 guarderías, 365 centros especiales de educación, 144 centros de caridad, 305 consultorios familiares.

Para terminar, recupero de la memoria el comentario de una famosa actriz que, al contemplar la labor que realizaba la Madre Teresa de Calcuta, exclamó: «Yo, esto, no lo haría ni por todo el oro del mundo»; a lo que la Madre Teresa contesto: «Yo, tampoco». 2006-09-30-España.

 

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Transcribiendo manuscritos, almacenando códices, propulsando el saber, acumulando ciencias y libros, creando las Universidades y protegiendo el arte, las instituciones de la Iglesia asientan bases contra la ignorancia ciudadana... y la burla de la inteligencia. Papa Nicolás V* (1397 † 1455), indicaba tal finalidad con las palabras: "Pro communi doctorum virorum commodo", "Para la utilidad y el interés común de los hombres de ciencia". Análogamente subrayada por el Papa Sixto IV** al nacer el Renacimiento: "Ad decorem militantis Ecclesiae et fidei augmentum", "Para decoro de la Iglesia militante y para la difusión de la fe".

*Al siglo Tommaso Parentucelli, nacido en Sarzana-It. el 15 de noviembre de 1397 y † Roma el 24 de marzo de 1455 (PP. entre 1447 y 1455).

**Al siglo Francesco Della Rovere, nacido en Albisola-Savona-It. el 21 de Julio de 1414 y † Roma, 12 de Agosto de 1484 (PP. Entre 1471 y 1484).

 

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Si repartiésemos todas las riquezas equitativamente (cualquier Estado), en 24hs ya habría pobres y ricos (siempre habrá un listo y un tonto, un vicioso, un avaro y un desprendido,...).  La culpa de la pobreza la tiene el corazón humano.

 

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“Librar nuestra alma del polvo de las cosas, y del lodo del pecado, de la arena de la banalidad, de las ortigas de los cotilleos, que sobretodo en estos días llenan sin interrupción nuestros oídos”.

 

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«No hay poder político más inquebrantable que el que se asienta sobre la ignorancia ciudadana. …y la burla de la inteligencia».

 

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Cuentas claras: último balance económico de la Santa Sede -   El pasado mes de julio de 2008, el arzobispo Velasio De Paolis, C.S., presidente de la Prefectura de Asuntos Económicos de la Santa Sede, hizo público el balance económico de la Santa Sede correspondiente al año 2007. Es el balance más actual. En ese informe se refleja un déficit (número rojos) de 9 millones de euros, es decir, algo más de 14 millones de dólares. Durante el año 2007 la Santa Sede tuvo entradas por 236.737. 207 euros y salidas por 245.805.167 euros. El balance depende de las entradas directas de donativos de diócesis, congregaciones religiosas y fieles de todo el mundo. Sus servicios sólo generan gastos. En la curia romana, por ejemplo, trabajan en total 2.748 personas (44 más que en 2006). Hay 929 jubilados. Aunque no es el único, uno de los motivos del déficit se debe a la pérdida del valor del dólar estadounidense pues buenas parte de las entradas de dinero que recibe son en esa moneda. Es ejemplar que, año con año, la Santa Sede haga público su balance económico de manera que cualquier persona o investigador pueda saber de dónde vinieron sus entradas de dinero y a qué fueron destinadas.

 


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La Iglesia es más que una gran ONG


 

 

… La Iglesia no es que sea como la mayor ONG del mundo, es que está formada por centenares de las mayores ONG del planeta entero. Cada orden religiosa masculina, cada congregación femenina de religiosas, con presencia en la práctica totalidad de las naciones de la ONU, ya es en sí una ONG enorme. Sin parangón. Y cada obispado, de cualquier país. Y las Conferencias Episcopales, cada una de ellas, lo son. Nada que ver.

En la Iglesia Católica estarán seguramente los dos centenares de ONG´s sociales y benéficas más activas e importantes del mundo en los últimos tres siglos.

Así que, nada de "gigantes de 200 centímetros". Para eso, nos bastaría con mirar por separado a cada una de estas: Intermon-Oxfam, Manos Unidas, Cáritas de cada país, las Hermanas de la Caridad de Teresa de Calcuta, o las Obras Misionales Pontificias. Pero la Iglesia tiene docenas, centenares como estas nombradas. La Iglesia es todo eso, multiplicado por muchas cifras. Sin parangón en el planeta y en la historia. Descomunal y gigantesca Unión de centenares de las mejores ONG de la tierra. Y más que eso. Desde hace siglos.

Antonio Calatrava - 2005-10-20-hispanidad.com

 

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La Caridad en la historia de la Iglesia:

2000 años de servicio.

 

 

El artículo en primer lugar define, diferencia y clarifica los conceptos y marca las bases sobre las que se apoya la filantropía, la beneficencia, la justicia y la Caridad. Y en base a ellos hace un repaso histórico y doctrinal de la influencia y actividad, con algunos ejemplos, de la Iglesia en la sociedad y durante todos los tiempos.

Introducción.

A lo largo de toda la Historia de la Iglesia, uno de los aspectos que más llama la atención es el desarrollo de la beneficencia, elemento que ha podido ser esgrimido por la propia Iglesia con frecuencia cuando ha tenido que hacer frente a numerosos ataques y acusaciones contra ella. Pero, ¿de dónde nace propiamente esta beneficencia? La respuesta a la cuestión creemos que es en realidad sencilla: de la "caridad".

La beneficencia, que en un sentido literal significa "hacer el bien", podemos definirla más ampliamente como la actividad dirigida a satisfacer necesidades vitales de quienes se encuentran en situación de indigencia o de precariedad, por medio de prestaciones gratuitas y graciosas.

Y la caridad, según la doctrina católica, es una virtud teologal, esto es, que tiene a Dios por objeto inmediato y nos es dada por su gracia. Es la mayor de las tres virtudes teologales, tal como expresa el propio San Pablo: "Ahora subsisten la fe, la esperanza y la caridad, esas tres; mas la mayor de ellas es la caridad" (I Co. XIII, 13). Y la caridad no es otra cosa que el amor, el grado supremo del amor, es decir, el amor a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo y a nosotros mismos por este amor de Dios. Por eso, la caridad es ciertamente la mayor de las tres virtudes teologales, pues será la que permanezca en la vida futura, y en ésta es la expresión auténtica de la fe. En definitiva, el auténtico amor al prójimo nace del amor de Dios. Toda la Sagrada Escritura, y muy especialmente el Evangelio, está llena de exhortaciones al amor al prójimo, especialmente al más desvalido y necesitado, y se observa siempre la unión del amor de Dios y del amor del prójimo, pues si se pretende el uno sin el otro, es algo falso y vacío. Asimismo, no hay que olvidar el reconocimiento que el cristianismo hace de la dignidad de la persona, como hijo de Dios e imagen de Cristo, como hermano; de ahí que también se pueda hablar de una verdadera "fraternidad" cristiana, distinta del concepto de "fraternidad" que enarbolaría la Revolución Francesa de 1789.

Esta visión de la persona como imagen de Cristo, sobre todo en el caso de los más necesitados, tiene buena parte de su fundamento en las propias palabras de Cristo al hablar del Juicio Final y el examen de la caridad que en el mismo tendrá lugar: "Entonces dirá el Rey a los de su derecha: «Venid, vosotros los benditos de mi Padre, entrad en posesión del reino que os está preparado desde la creación del mundo; porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; peregrino era, y me hospedasteis; desnudo, y me vestisteis; enfermé, y me visitasteis; en prisión estaba, y vinisteis a mí.» Entonces le responderán los justos, diciendo: «Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o sediento y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos peregrino y te hospedamos, o desnudo y te vestimos? ¿Y cuándo te vimos enfermo o en prisión y fuimos a ti?» Y respondiendo el Rey, les dirá: «En verdad os digo, cuanto hicisteis con uno de estos mis pequeñuelos, conmigo lo hicisteis.»"(Mt., XXV, 34-40).

Por lo tanto, la auténtica caridad cristiana no es mera limosna piadosa, como muchas veces se ha pretendido y se pretende decir. Es algo que tiene una raíz muy profunda para el cristiano y que se puede manifestar de muchas maneras en la atención espiritual y material al prójimo: limosna, atención sanitaria, enseñanza, consejo, consuelo, etc.; y, por supuesto, la oración por las necesidades ajenas y por los difuntos, y la difusión de la fe de salvación (evangelización), como el mayor don que uno puede transmitir.

Muy unida a la caridad debe ir la idea de "justicia", una de las cuatro virtudes morales o cardinales que indica la doctrina católica y que también aparece recogida en el pensamiento de Platón. Como virtud, la justicia es un hábito, es decir, una disposición permanente del hombre para actuar, y se puede definir, de acuerdo con Santo Tomás de Aquino, como el hábito según el cual el hombre tiene la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno según su derecho. Básicamente, se suelen señalar dos tipos principales de justicia: la justicia conmutativa, referida a las relaciones de individuo a individuo, como personas privadas, y la justicia distributiva, que regula las relaciones entre la comunidad social y el individuo. Como una síntesis y aplicación de ambas, en la Época Contemporánea se habla también de "justicia social", especialmente referida a las cuestiones económicas y sociales (igualdad de oportunidades, justa distribución de los bienes, etc.). Todas ellas están contempladas en la doctrina católica y no deberían en realidad separarse de la caridad, pues el verdadero amor al prójimo ha de conducir a un deseo de justicia.

Otro concepto que se suele poner en relación con la beneficencia es el de "solidaridad", del que pueden darse varias acepciones. En relación con la política de raíz cristiana, el principio de solidaridad es el que asevera que el bien común de la sociedad es obra y responsabilidad de todos, aunque el conjunto social se halle bajo la dirección y tutela de la autoridad. Pero, más bien fuera del marco del catolicismo, desde la Sociología y desde ciertas corrientes generalmente laicistas, se ha utilizado el término para definir un sentimiento natural humano que llevaría a adherirse circunstancialmente a la causa o la empresa de otros. Aquí tendríamos, pues, un rasgo que distinguiría este concepto respecto de la caridad: mientras que la caridad, como virtud que es, ofrece un carácter de disposición permanente del alma, la solidaridad entendida al modo de la Sociología y de varias corrientes laicistas es algo más circunstancial, aun cuando se trate de un sentimiento natural del hombre.

Y, en fin, debemos referirnos también a la idea de "filantropía", nacida en los ambientes ilustrados del siglo XVIII, y de un modo particular en el seno de la francmasonería, y que se define como el amor al género humano; un amor meramente humano y desligado totalmente del amor de Dios y del reconocimiento del valor de la dignidad de la persona como hijo de Dios.

Como hemos apuntado más arriba, en la caridad cristiana es posible observar muchas vertientes o líneas, muchas maneras de expresarse, y que principalmente podemos resumir en las siguientes: una caridad que cabría denominar "de primera mano" (más sencilla y de respuesta a las necesidades más inmediatas del prójimo desvalido: limosnas, repartos de comida, alojamiento y albergue, etc.), una hospitalidad más especialmente desarrollada, la asistencia a los enfermos en hospitales, la enseñanza (tema que no tratamos en esta conferencia), la lucha contra la usura, la redención de cautivos, y toda una gama de obras de promoción social y cultural, así como una actitud y una doctrina ante la economía para que ésta no pierda su finalidad social y su carácter humano.
Así, pues, el tema de este artículo se podría abordar de dos maneras: de acuerdo con un criterio cronológico, o de acuerdo con un criterio temático. En esta ocasión, hemos preferido optar por el primero, dado que consideramos que permitiría una mejor visión de síntesis, en la que fuera posible ver la evolución histórica de las diversas constantes que se han dado a lo largo de los siglos, así como las respuestas ofrecidas ante necesidades nuevas. Por otra parte, nuestra actitud parte de la del historiador, tratando de acercarse con objetividad al asunto, pero a ello añade la condición de historiador católico, que ciertamente le puede condicionar en algunas valoraciones subjetivas, pero que también le permite comprender muchas realidades de fondo que la ausencia de fe impide irremediablemente.

 

 

Caridad y beneficencia en la Iglesia antigua.

Por supuesto, toda la vida de Cristo es la expresión máxima de la caridad: reconocimiento de la dignidad de las personas como hijos de Dios, compasión hacia los que sufren, milagros en favor de los desvalidos, llamadas profundas a la conciencia social y al amor al prójimo,… y todo ello culmina con su Sacrificio Redentor en la Cruz.

Por ello, los Apóstoles y las primeras comunidades cristianas se volcaron en una vida de caridad, tanto en el interior como hacia el exterior. En el seno de las comunidades cristianas, tenemos referencias del Nuevo Testamento acerca del espíritu de amor fraterno existente, siguiendo el mandamiento nuevo de Jesús: "Amaos los unos a los otros como Yo os amé; en esto conocerán que sois mis discípulos". Y quizá cabe resaltar de un modo especial la atención prestada a los cristianos encarcelados en épocas de persecución. También podemos recordar que inicialmente se estableció la comunidad de bienes. Y hacia el exterior, se llevó a cabo igualmente toda una labor de asistencia hacia sectores especialmente necesitados: las viudas y los huérfanos, los pobres, etc., mediante limosnas y con los pocos recursos entonces habidos, así como con la atención personal.

Respecto de las viudas y los huérfanos, hay que decir que constituyeron siempre un sector "privilegiado" de la beneficencia cristiana, como también lo había sido ya en la época veterotestamentaria. Así, en el capítulo IV del libro del Eclesiástico se puede leer: "Sé para los huérfanos como un padre, y a modo de marido para las viudas, y Dios te llamará su hijo y te será clemente y te librará de la destrucción" (Eccli. IV, 10). Y Jesucristo, que en numerosas ocasiones hace referencias a ambos y se vuelca en ellos, llega incluso a obrar en su favor una de las tres resurrecciones recogidas en los Evangelios: la del hijo único de la viuda de Naím, movido por su compasión; o, como traduce muy bellamente el P. Bóver desde el texto original, "viéndola el Señor [a la madre viuda], sintió que se le enternecía el corazón con ella, y le dijo: «No llores»", y a continuación resucitó al muchacho "y se lo entregó a su madre" (Lc. VII, 11-17). Decimos que es especialmente bello porque aquí se observan dos hechos: como en las otras dos resurrecciones obradas por Jesús, se manifiestan a la vez su humanidad y su divinidad, y también se ve que es su Corazón Sagrado el que le mueve a la compasión y a realizar el milagro.

En la Iglesia de la época romana nos podemos encontrar con varios aspectos de la caridad. Por una parte, vemos que la nobleza romana cristiana es protagonista de varias acciones en este sentido, y de un modo particular tiene importancia entre el círculo de discípulos de San Jerónimo. Se trata, en general, de matrimonios y de viudas y viudos que se entregan de lleno a distintas obras: la venta de sus bienes para repartir el fruto entre los pobres y otros necesitados, el reparto de propiedades y otros bienes a éstos, la manumisión de esclavos, la edificación y mantenimiento de albergues, hospicios, hospitales, etc. Algunos incluso murieron en una situación de una gran pobreza, habiendo sido inicialmente grandes potentados. Ejemplos de esta caridad del patriciado romano en el siglo IV son los del senador Panmaquio, la matrona Fabiola, el matrimonio formado por Melania y Pimiano, etc.

Asimismo, diversos pastores de la Iglesia, a través de la predicación y de su mensaje escrito, promovieron la conciencia social y alentaron a los ricos a ayudar a los pobres, llegando a veces a criticar duramente la dureza de corazón y el lujo de bastantes poderosos. Es el caso del propio San Jerónimo, o de San Basilio Magno con sus homilías En tiempo de hambre y A los ricos, o de San Juan Crisóstomo, San Efrén el Sirio, San Ambrosio de Milán,… Ellos mismos destacaron en muchas ocasiones por su propia acción caritativa, tal como hizo San Juan Crisóstomo, organizador de la beneficencia en la ciudad de Constantinopla, donde por medio de orfanatos, refugios y otras obras llegó a dar asistencia a unas 5.000 personas necesitadas.

Por otra parte, en la época antigua nacieron los primeros hospitales cristianos. Parece que Santa Elena (c. 242-329), la madre del emperador Constantino, pudo haber fundado los primeros, y que su hijo habría erigido uno en Constantinopla para dar acogida a los peregrinos que iban a Jerusalén. Sin embargo, de los que tenemos mayor certeza y documentación es de los surgidos a partir del siglo IV: el de San Efrén en Edesa, con trescientas camas para apestados, el de la matrona Fabiola y el del senador Panmaquio en Roma, etc. En el caso de éste último, el propio personaje se dedicó a la atención a las personas asistidas. Pero, sin duda alguna, resultan de un gran interés, en el ámbito de la Iglesia oriental, los llamados "xenodochia", hospitales para distintos tipos de necesitados edificados junto a los monasterios basilianos, es decir, los monasterios que se regían por las dos Reglas monásticas de San Basilio Magno (c. 330-379), el cual había fundado además en su propia vida un gran hospital que fue denominado "Basilias". Y volviendo a Occidente, cabe recordar el importante centro que erigió el obispo Másona de Mérida († c. 600) en esta ciudad en la época del Reino hispano-visigodo.

La Iglesia jugó un importante papel en la reducción de la esclavitud. Ésta no llegó a desaparecer del todo, pero sí se redujo muy considerablemente. También es cierto que la propia evolución de la economía romana, por la crisis del sistema agrario de latifundios trabajados con mano de obra esclava y una producción dirigida hacia el gran comercio, dio paso al llamado sistema del "colonato", pero esto no debe dejar de hacer ver que, gracias a la predicación de los pastores de la Iglesia y las manumisiones realizadas por grandes propietarios cristianos, se produjo una reducción enorme de la esclavitud tan característica del mundo romano. Así, entre las manumisiones podríamos recordar las llevadas a cabo por el matrimonio patricio romano de Melania y Pimiano, o las del obispo Másona de Mérida en época visigótica, el cual además les repartió tierras de la Iglesia para trabajarlas y poder vivir de ellas.

En fin, el último aspecto que debemos señalar es la cristianización del Derecho Romano y de la legislación de los reinos germánicos, sobre todo en lo que afecta a la beneficencia. Ya Constantino otorgó una serie de disposiciones en favor de las viudas, por ejemplo, pero fue a partir de la época de Teodosio y del Código Teodosiano cuando se estableció más claramente el deber del Estado de apoyar a la Iglesia en la asistencia social. Asimismo, se especificaría después que los obispos habrían de visitar semanalmente las cárceles y vigilar que los presos recibieran un trato humano y que pudieran recibir la atención espiritual necesaria. Otro elemento sin duda importantísimo, sobre todo en el Derecho de la España visigoda, y por influencia cristiana igualmente, fue la protección a todos los hijos en las herencias, pues en la legislación romana un padre podía dejarles totalmente desheredados y en la mayor pobreza.



Caridad y beneficencia en la Iglesia medieval.

En la época medieval hay que señalar, en primer lugar, varios aspectos de una caridad que llamamos "de primera mano", no de un modo despectivo, sino refiriéndonos a la atención a las necesidades más inmediatas que se presentan: limosnas, reparto de comidas y de vestidos, etc.

En este sentido, destacaron, en primer lugar, algunos papas en Roma desde bien pronto. Por ejemplo, San León Magno a mediados del siglo V, o Símaco a finales de éste y principios del VI (construyó tres refugios para pobres), o San Gregorio Magno al disponer el destino de algunos ingresos pontificios hacia los sectores más desfavorecidos, etc. También varios obispos resaltaron por su caridad, y en numerosos concilios, predicaciones y disposiciones eclesiásticas, sobre todo desde la época carolingia, se indicó el deber de los ricos de no desentenderse de los pobres. No obstante, fueron sin duda alguna los monasterios quienes de un modo especial sobresalieron en las actividades caritativas de este tipo. Por un lado, el reparto de limosnas, algo en lo que llaman la atención los casos de algunos abades como San Odilón de Cluny (994-1049), quien vendió incluso vasos y objetos sagrados para asistir a los necesitados. Otra faceta importante fue el reparto de comidas a las puertas de estos centros, construyendo en muchas ocasiones unos comedores o refectorios para acoger mejor a las personas que acudían solicitando alimento; algunos monasterios lo facilitaron hasta unas trescientas personas diariamente, y la gran abadía de Cluny llegaría a atender algunos años hasta 17.000. Estas actividades fueron habituales tanto en los distintos monasterios prebenedictinos, como en los de las diversas órdenes posteriores: benedictinos y cluniacenses, cistercienses, premonstratenses y de canónigos regulares, cartujos,… Asimismo, un aspecto singular de la caridad monástica fue el regalo de medicinas a pobres enfermos, por lo que las boticas de estos centros solían situarse con frecuencia hacia la puerta. En fin, también muchos sacerdotes seculares y seglares protagonizaron variadas obras de esta caridad "de primera mano".

Pero, volviendo nuevamente al mundo monacal, hay que decir que es en las propias reglas y disposiciones monásticas donde se establecen los deberes benéficos. Por ejemplo, de las Reglas hispano-visigóticas, la de San Isidoro determina que una tercera parte de los ingresos vayan destinados a los pobres, y también la de San Fructuoso y la "Regla Común", de la misma época histórica, señalan cuestiones caritativas. Además, desde el período carolingio comienzan a ser abundantes este tipo de ordenaciones, tal como sucedió en el Sínodo de Aquisgrán del año 817, en el que los abades decidieron dar a los pobres la décima parte de los donativos recibidos por los monasterios. Por otro lado, cabe recordar la importancia de la figura del "limosnero" en Cluny y su Orden.

Ahora bien, la caridad monástica sin duda más originaria es la hospitalidad, la hospitalidad monástica. Casi todas las reglas ordenan dar una acogida especialmente buena a los huéspedes, si bien es en la Regla de San Benito (siglo VI) donde se puede observar la raíz cristocéntrica más profunda: en el capítulo LIII, el santo italiano manda a sus monjes recibir a los huéspedes "como al mismo Cristo en persona". Con el tiempo, dentro de los monasterios se fue diferenciando un "hospitale pauperum" para los pobres, un "hospitale peregrinorum" para los enfermos y peregrinos, y un "hospitale hospitum" para los huéspedes propiamente dichos. Por supuesto, la clausura y el recogimiento de los monjes habrían de quedar siempre salvaguardados, para lo cual las reglas dejan todo bien claro. De un modo especial, la hospitalidad monástica alcanzaría una gran relevancia e influencia en las rutas y centros de peregrinación medievales, sobre todo en el Camino de Santiago.

También resultan llamativas las atenciones ofrecidas por algunos personajes y pequeñas instituciones a los viajeros y peregrinos, como San Bernardo de Aosta o de Menthon en los Alpes († 1081), Santo Domingo de la Calzada en La Rioja († 1109), los "Fratres Pontifices" en Francia (nacidos en 1189), etc., que se encargaron generalmente de construir puentes y caminos y conceder albergue.

Los hospitales medievales ocupan otro punto interesante de la beneficencia medieval y debemos señalar una serie de características. Por una parte, su abundancia y dispersión, es decir, existían muchos hospitales en numerosos lugares, tanto del campo como en las ciudades, y solían ser de un tamaño pequeño o muy pequeño: habitualmente, no pasaban de cuatro o seis camas, o, a lo sumo, de doce. Todo ello se debía en realidad a la diversidad de su fundación: podían haber sido erigidos por papas, obispos, sacerdotes seculares de distinto rango, monasterios, cofradías o seglares de muy variada estratificación social. Por ello, otro elemento frecuente eran los escasos medios con que contaban y el cuidado no raramente deficiente que mostraban.

En relación con este tipo de asistencia, hay que destacar el nacimiento de unas primeras órdenes hospitalarias en la Edad Media. Algunas de ellas vincularon el carácter militar con el hospitalario, pues se orientaban a la vez a la defensa y el albergue de los peregrinos, sobre todo de aquellos que se dirigían a Tierra Santa: es el caso de la Orden Militar de San Juan de Jerusalén o del Hospital (actual Orden de Malta), nacida en 1048, y de la Orden Teutónica, surgida a finales del siglo XII en favor de los peregrinos alemanes.

Otras órdenes adquirieron un carácter más específicamente hospitalario, como la Orden de San Antonio o antonianos, creada en 1095 por el noble Gastón en Motta, y que se ocupaba de los pacientes del llamado "fuego de San Antón", enfermedad bastante habitual en la Edad Media y que, aunque no lo era, se creía contagiosa; en realidad, era producida por consumir con el pan de centeno un parásito vegetal de éste, el cornezuelo, y causaba una sensación interna de quemazón muy dolorosa y frecuentes calambres, y en muchas ocasiones acababa llevando a la muerte. Su curación se atribuía a San Antonio Abad (San Antón), y la Orden fue suprimida por mandato pontificio en 1787. Otra Orden hospitalaria fue la del Espíritu Santo, fundada en 1198 por el noble Guido de Montpellier, y no deja de ser interesante la Orden de San Lázaro de Jerusalén, de tipo militar-hospitalario en sus inicios, que fue aprobada en 1255 y que se orientaba a la atención a los leprosos; sería suprimida por el papa en 1603. Tampoco deberíamos olvidar a los "Cruciferarios" de Praga.

En el siglo XV italiano se produjo un fenómeno singular, que fue el nacimiento y desarrollo de las "Compañías del Divino Amor", un movimiento principalmente seglar, aunque promovido también por algunos eclesiásticos destacados (San Antonino de Florencia, San Jacobo de la Marca y el Beato Bernardino de Feltre), y que se enlazó con la recuperación de la espiritualidad jeronimiana y de la figura de San Jerónimo que en esta época se produjo en varias partes de Europa, especialmente España e Italia. Por el impulso de Héctor Vernazza, se orientó en gran medida hacia la asistencia a los enfermos de sífilis, los llamados "incurables", dado que se consideraba que no tenían curación, además de ser rechazados por la sociedad por la transmisión generalmente sexual de la enfermedad (por promiscuidad y prostitución); fue así como nacieron los "hospitales de incurables".

En fin, cabe recordar que en la Edad Media también se levantaron centros para enfermos mentales, los llamados "hospitales de locos", pero hay que decir que entonces no siempre se daba una actitud de gran caridad y comprensión hacia ellos.

Las órdenes mendicantes (principalmente dominicos y franciscanos) se vincularon igualmente a diversas obras benéficas: reparto de limosnas, comidas y vestidos, creación y mantenimiento de hospitales, inspiración y dirección de cofradías con fines sociales bastante marcados, etc.

Y un aspecto singular del período plenomedieval europeo es la cristianización del trabajo artesanal (y también de otros oficios, como el marinero) por medio de los gremios y las cofradías, que además cumplían unas importantes funciones en la previsión social, tanto hacia los propios miembros de estas instituciones (asistencia a las viudas y los huérfanos de los trabajadores, facilidades para el entierro de éstos, ayudas para bodas de sus hijos e hijas, …), como hacia el exterior (promoción de diversas obras dirigidas a los pobres, las viudas y los huérfanos, hospitales,…).

En la Edad Media, asimismo, adquirió una gran importancia la lucha contra la usura. Ya desde bien pronto, a través de los concilios, las predicaciones y diversas disposiciones, la Iglesia condenó duramente la usura (habitualmente ejercida por cambistas judíos) y promovió la prestación de créditos sin interés o con un interés muy bajo, en especial a favor de las personas más necesitadas económicamente. Por ello, fueron apareciendo algunas iniciativas e instituciones, y en la España visigoda, por ejemplo, nos encontramos con el obispo Fidel de Mérida, que concedió préstamos sin interés, u otro prelado de la misma sede, Másona, que llegó a establecer una caja de créditos.

Sin embargo, sería a partir de los años 20 y 30 del siglo XV cuando naciesen unas entidades totalmente renovadoras en este sentido, en Italia y España, muy vinculadas al movimiento franciscanista: los "Montes de Piedad", también llamados en España en ocasiones "Arcas de Misericordia". Su función era otorgar préstamos con un interés muy bajo o incluso nulo, sobre todo a los pobres, normalmente sobre prendas y otras garantías seguras, y sin buscar un provecho económico, sino un fin social. Además, aparecieron por entonces otras instituciones en relación con ellos, como fueron los "Montes Frumentarios" y los "Pósitos", también en Italia y España, como almacenes para aprovisionamiento de la población en épocas de escasez y para prestar grano y sementera a los campesinos necesitados en esos períodos. Como decimos, todo esto fue muy unido a la Orden de Hermanos Menores, destacando como impulsor principal en Italia el Beato franciscano Bernardino de Feltre entre 1462 y 1496, y en España el también franciscano cardenal Cisneros, a finales del siglo XV. Durante mucho tiempo se debatió si los Montes de Piedad deberían en realidad dar sus créditos sin interés o con algo de interés, y el debate lo cerró el papa León X en 1515, en el V Concilio Lateranense, al conceder que lo pudieran hacer con un pequeño interés suficiente para hacer frente a los gastos de la institución.

Sin duda alguna, otro de los aspectos más sobresalientes de la caridad medieval es la redención de cautivos cristianos en "tierras de moros", de dominio islámico. En las guerras entre cristianos y musulmanes en España, así como en los saqueos berberiscos a las costas europeas y en abordajes navales, los seguidores de Mahoma capturaban cristianos que eran después llevados como remeros a los barcos de los piratas, o bien a las prisiones, o a los mercados para ser vendidos como esclavos, siendo destinados unos como mano de obra, o para harenes en el caso de las mujeres. Así, aparte de la pérdida de libertad y de las malas condiciones humanas y laborales, podía ponerse en peligro su vida moral e incluso su fe, y por ello surgieron algunas iniciativas particulares para obtener fondos para pagar su rescate y el regreso. Sin embargo, sería a finales del siglo XII y principios del XIII cuando se produjera un hecho nuevo: el nacimiento de dos órdenes religiosas especializadas, orientadas de lleno a la redención de los cautivos cristianos de la España islámica y del norte de África: los trinitarios y los mercedarios.

La Orden de la Santísima Trinidad de Redención de Cautivos fue fundada por el provenzal San Juan de Mata (c. 1153/60-1213) y por San Félix de Valois en 1198, rigiéndose por la Regla de San Agustín, con hábito blanco con una cruz azul y roja sobre el pecho y capa negra, y haciendo profesión, por primera vez, de los que serían ya los tres votos clásicos de la vida religiosa: pobreza, obediencia y castidad, que antes se integraban en la fórmula genérica de la conversión de costumbres y la estabilidad en el monasterio. Los trinitarios se agruparon en comunidades pequeñas y desde el primer momento se ocuparon de cumplir su fin principal: la redención de cautivos, enviando cada año unos frailes "redentores" con el dinero recogido para pagar el rescate y traerlos de vuelta a Europa, e incluso se contemplaba la posibilidad, realizada en bastantes casos, de que el religioso pudiera entregar su propia libertad a cambio de la del cautivo. La expansión de la Orden se produjo ya de un modo temprano, contando además con la simpatía eclesiástica y social por el eficaz cumplimiento de su tarea, y hasta el siglo XVIII se beneficiarían de esta labor unas 500.000 personas. Asimismo, crearon las llamadas "casas de misericordia" para hospedar a los cautivos redimidos que, al regresar a su patria, se hallaban totalmente desamparados.

Por su parte, los mercedarios surgieron de la mano de San Pedro Nolasco (c. 1180-1249), comerciante del Languedoc que había residido en Barcelona desde su juventud. En 1203 creó una asociación de varones con vida religiosa en común y orientada a la redención de cautivos cristianos y en 1218 se erigió propiamente la Orden de Nuestra Señora de la Merced de Redención de Cautivos, confirmada por el papa en 1235, y con el apoyo de Jaime I de Aragón y el canonista dominico San Raimundo de Peñafort. También siguió la llamada "Regla de San Agustín" y sus frailes añadieron, a los votos de pobreza, obediencia y castidad, el de entregar su propia libertad a cambio de la del cautivo si era necesario. En su primer siglo funcionó en gran medida como una Orden Militar, contando con unos miembros guerreros cuya misión era proteger las costas frente a los ataques berberiscos, y otros miembros clérigos, más centrados en las labores de redención; en 1317 perdió el carácter militar. La liberación de cristianos, al igual que en el caso de los trinitarios, también se hacía generalmente a través del pago de su rescate, gracias a los donativos recibidos y a parte de los fondos de los conventos. Los mercedarios trataron de vincular a los seglares con estas labores por medio de las "cofradías de redención".

En fin, cabe decir que estas dos órdenes fijan buena parte de su espiritualidad en la figura de Cristo Redentor.

En la Edad Media se pueden observar algunos otros aspectos de transformación social por inspiración cristiana, normalmente más relacionados en esta época con un sentido de caridad que de justicia. Así, tenemos conocimiento de la manumisión de siervos por ciertos señores, los repartos de tierras realizados por algunas personas de la nobleza o del entorno de la realeza (como Teresa Enríquez, la "Loca del Sacramento", perteneciente al círculo femenino de la reina castellana Isabel la Católica), o disposiciones como la de la Regla de San Benito relativa a que los monjes rebajen un poco el precio de los trabajos artesanales elaborados por ellos, con respecto al que utilizan los seglares para vender sus productos (cap. LVII).

En fin, cabe recordar que los reinos cristianos europeos atendieron también la faceta benéfico-social por su inspiración católica, dando lugar así a diversas leyes en favor de personas desfavorecidas o necesitadas, creando instituciones públicas con fines sociales o asistenciales (hospitales, pósitos,… tanto la monarquía como los municipios), etc.


Caridad y beneficencia en la Iglesia moderna.

En la Edad Moderna, una cuestión fundamental va a ser la importancia que la ortodoxia católica dará a la fe con obras, frente a lo que predica el protestantismo, reafirmando así la doctrina tradicional y la sentencia de Santiago: "¿Qué aprovecha, hermanos míos, que uno diga que tiene fe, pero que no tenga obras? ¿Puede acaso la fe salvarle? La fe, si no tuviere obras, muerta está por sí misma. Aun podrá uno cualquiera decir: «Tú tienes fe y yo tengo obras; muéstrame esa tu fe desprovista de obras, y yo te mostraré por mis obras la fe»" (Sant. II, 14. 17-18).

Así, por una parte, se sigue observando esa caridad que hemos llamado "de primera mano", de respuesta a las necesidades más inmediatas: limosnas, reparto de comidas y vestidos, etc.
En cuanto a la atención a los enfermos, se observan principalmente dos hechos. Por un lado, a finales del siglo XV y en el XVI se produce una renovación hospitalaria, para poner fin al deficiente sistema existente en la Edad Media: se trata de concentrar más los hospitales y crear unos mayores y mejor atendidos, con un mayor control tanto desde la Iglesia como desde el Estado a través de visitas periódicas y disposiciones para su regulación. En este aspecto adquiere una relevancia especial la labor desarrollada por los Reyes Católicos en España.

Y el segundo punto al que hacemos referencia es el nacimiento de dos grandes órdenes hospitalarias en el siglo XVI. La primera de ellas es la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, nacida de la mano de este santo portugués en Granada, aunque erigida ya como tal en años posteriores a su muerte. Juan Ciudad (1495-1550), que ese era su nombre originario, se "convirtió" a un nuevo tipo de vida en 1537, al escuchar un sermón de San Juan de Ávila, el llamado "Apóstol de Andalucía", con quien se dirigiría en gran medida después, y comenzó al poco tiempo a recoger pobres y enfermos y atenderles caritativamente. Fue reuniendo en torno a sí unos pocos seguidores, y en Madrid logró la reconciliación de Antón Martín con el asesino de su hermano, Pedro de Velasco, haciendo de ambos dos importantes colaboradores de su obra. La formalización de la comunidad como Orden fue conociendo varios pasos desde 1571 hasta 1619 y se les concedió la "Regla de San Agustín" y hábito propio de color negro, así como poder profesar un cuarto voto de servicio a los enfermos. Muy pronto comenzó su expansión, haciéndose cargo de hospitales o creando otros nuevos, principalmente por Andalucía.

La otra Orden que nació con fines hospitalarios en el siglo XVI fue la de los Ministros de los Enfermos, Padres de la Buena Muerte o camilos, de San Camilo de Lelis (1550-1614), personaje que había nacido en el Reino de Nápoles (perteneciente entonces a la Corona de Aragón) y que comenzó su tarea en Roma, a partir propiamente de 1584. Se regirían también por la "Regla de San Agustín", su hábito sería una sotana negra con cruz roja y se constituirían como una Orden de clérigos regulares.

En el siglo XVII, San Vicente de Paúl (1581-1660) y Santa Luisa de Marillac (1591-1660) protagonizaron en Francia el surgimiento de dos nuevos institutos orientados a labores de misión y de caridad. Él fue limosnero de la reina Margarita de Francia y quiso consagrar su vida al socorro material y espiritual de los pobres, algo que trató de llevar a cabo en gran medida en el señorío de los Gondi. Pero, además, creó las "Cofradías o Compañías de la Caridad", y en 1625 la Congregación de San Lázaro o de la Misión, conocida de un modo general como lazaristas, paúles en España, o vicentinos en Hispanoamérica y en el mundo anglosajón. Su fin había de ser llevar a cabo misiones gratuitas entre los pobres, principalmente entre los campesinos, uniendo a ello otras labores benéficas. Asimismo, San Vicente se ocupó de la reforma del clero, la lucha contra la mendicidad, la asistencia a los galeotes, erigió la Obra de los Niños Expósitos, etc. Y contó como gran colaboradora con Santa Luisa de Marillac, mujer viuda que dio origen a las Hijas de la Caridad en 1633, instituto que supuso el inicio de las religiosas de vida activa. Ellas, concretamente, se irían encargando desde entonces del cuidado de enfermos pobres en sus casas, asistencia a niños abandonados, hospitales, asilos, escuelas rurales, cárceles, la formación profesional,…

En la Edad Moderna se puede observar una evolución de los Montes de Piedad. Por una parte, hay que destacar un mayor papel del Estado en la prestación de créditos a bajo interés, como sucedió con la creación de los Erarios Públicos en España en época de Felipe II, y que pretendían ser a la vez la base de una organización bancaria y realizar una labor benéfico-social. En este sentido, también cabría señalar el caso de los "Montepíos" estatales y profesionales nacidos en el siglo XVIII español. Por otra parte, en las centurias del 1600 y 1700 surgieron también nuevos Montes de Piedad en diversas ciudades y localidades más pequeñas. En España debemos destacar algunos como el de Madrid, que fue el origen de otros, y nació de la mano del sacerdote secular don Francisco Piquer y Rudilla, capellán de las clarisas del monasterio de las Descalzas Reales (por lo tanto, se puede seguir observando al menos cierta vinculación con el espíritu franciscano); aparte de desarrollar toda una tarea de concesión benéfica de préstamos, tenía por finalidad la realización de sufragios por las ánimas del Purgatorio, y tuvo desde el principio el apoyo de la Corona. Asimismo, en los siglos XVIII y XIX se fueron fundando otros Montes de Piedad profesionales en distintos puntos, igualmente de inspiración católica en su mayoría, y en no pocas ocasiones promovidos por los obispos, como el Monte de Piedad de Cosecheros del obispado de Málaga (1776), o el de Labradores del arzobispado de Zaragoza (1802). En fin, el último aspecto que tenemos que apuntar es la aparición de las primeras Cajas de Ahorros en algunas ciudades alemanas desde finales del siglo XVIII, pero de este tipo de instituciones vamos a ocuparnos más adelante.

En la época moderna se fue caminando además hacia el fin de la redención de cautivos en el norte de África musulmán, y la última se llevó a cabo en el siglo XVIII por mandato de la Corona española, para liberar a los que quedaban allí.

En fin, debemos referirnos a la inspiración cristiana que los Estados católicos europeos tuvieron en la legislación que dieron de tipo benéfico-social y en el apoyo que ofrecieron a las actividades e instituciones caritativas. Pero, sin duda, el caso que resalta por encima de todos es el de la obra social de España en América. A partir de las disposiciones del codicilo del testamento de Isabel la Católica, totalmente orientado hacia la evangelización y la promoción humana, social y cristiana de los indios, se fue gestando el "Derecho Indiano" o "Leyes de Indias", principalmente con las Leyes de Burgos de 1512 y las Leyes Nuevas de 1542, que constituyó en gran medida un auténtico Derecho Laboral muy avanzado para la época, gracias a su inspiración católica, asumida de lleno por la Corona española o "Monarquía Hispánica". Como muestra de esto, podemos recordar una de las Leyes Nuevas de 1542 dada por Carlos I, y que respondía al informe que se había recibido acerca de los muchos indios (libres) y negros (esclavos) que morían ahogados en una pesquería de perlas en aguas de Venezuela; el rey ordenó que una comisión estudiase el asunto y diera las normas necesarias para que se pudieran dar unas buenas condiciones laborales, pero incluso, "si les paresciere que no se puede escusar a los dichos indios y negros el peligro de muerte, cesse la pesquería de las dichas perlas, porque estimamos mucho más, como es de razón, la conservación de sus vidas que el interese que nos pueda venir de las perlas".

Se creó además, de forma más general, la figura del "protector de indios", y se constituyó toda una serie de instituciones de asistencia social, tales como las "cajas de comunidad", que funcionaban como una especie de cooperativas con diversos fines: prestación de créditos, compra de aperos de labranza, sostenimiento de hospitales y de colegios, etc. Asimismo, debemos señalar los hospitales, atendidos con frecuencia por los hermanos hospitalarios de San Juan de Dios, y otras obras de asistencia a huérfanos y desvalidos, además de toda la labor que se desarrolló de tipo cultural y educativo en favor de los indígenas.

Por supuesto, un hecho que ha resultado de un gran interés son las "Reducciones" jesuíticas, en especial las que se establecieron en las zonas habitadas por los guaraníes del Paraguay, y que fueron un intento de llevar la utopía a la realidad (se fundamentaban sobre todo en libros como la Utopía de Santo Tomás Moro y La Ciudad del Sol de Campanella), con un régimen comunal-paternalista de signo cristiano. A pesar de lo que a veces se ha dicho en años recientes, no significaron jamás un anticipo de la "Teología de la Liberación" y siempre se hallaron en plena comunión con el Papa y con la Iglesia, además de mostrar su adhesión a la Corona hispánica, de la que siempre tuvieron su apoyo hasta que en el siglo XVIII, por influencia de algunos ministros francmasones españoles y portugueses (en especial el marqués de Pombal), los jesuitas fueron expulsados de allí.


Caridad, beneficencia y preocupación social en la Iglesia contemporánea.

En el siglo XIX, a las actividades más propias de la caridad y la beneficencia, se va a unir una honda preocupación social en toda la Iglesia por la llamada "cuestión social", el problema del proletariado, surgido a raíz de la Revolución Industrial y el gran desarrollo del capitalismo industrial, que provocó la aparición de unas ingentes masas de población empleadas en esta faceta económica y que vivían en la mayor estrechez, en unas condiciones realmente terribles, quedando además bajo la influencia de propuestas "redentoras" de su situación como el marxismo y el anarquismo.

Por un lado, vemos que se siguió manteniendo la línea de la caridad "de primera mano": limosnas, reparto de comidas,…

La atención a los enfermos, niños, jóvenes, ancianos, pobres,… continuó de un modo importante, pero resalta ahora la enorme floración de nuevos institutos religiosos, especialmente femeninos, con estos fines. Por sólo citar algunos como ejemplo, principalmente españoles:
*Las Hermanitas de los Pobres, surgidas en 1839 en Francia de la mano de Juana Jugan (Sor Mª de la Cruz), para ancianos pobres de ambos sexos.
*Las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paúl, fundadas en 1798 por el sacerdote don Antonio Roig Rexach en Mallorca, para la asistencia a enfermos y la enseñanza a niñas
*Las Hermanas de la Caridad de Nuestra Señora de la Consolación, creadas en 1858 por la M. Molas en Tortosa, para asistencia a enfermos y enseñanza de la juventud)
*Las Hermanas de la Caridad del Sagrado Corazón de Jesús, nacidas en 1877, en Madrid gracias a la M. Isabel Larrañaga, y orientadas a la enseñanza, roperos de caridad,…
*Las Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón de Jesús, surgidas en 1881 en Ciempozuelos por iniciativa del P. Benito Menni Figini, hospitalario de San Juan de Dios, para la atención a enfermas.

Podríamos seguir citando otros muchos más, aunque cabe destacar quizá las Siervas de María, Ministras de los Enfermos, de una santa madrileña, Soledad Torres Acosta, junto con el sacerdote secular don Miguel Martínez y Sanz, que fueron aprobadas en 1867 y buscarían también una formación en enfermería; y las Hermanitas de los Ancianos Desamparados de Santa Teresa de Jesús Jornet e Ibars, catalana, que aparecieron propiamente en 1873 en Barbastro.

Además, habría que añadir otros institutos más orientados hacia las familias obreras, tales como las Hermanitas de la Asunción, fundadas por el P. Esteban Pernet en París en 1865, para la recristianización de la familia obrera y la prestación de una asistencia social, médica, cultural, religiosa, doctrinal,…; y las Hermanas Apostólicas de Cristo Crucificado, nacidas en 1939 en Valencia, de la mano de María Seiquer Gayá y Amalia Martín de la Escalera, que se centraron en la atención espiritual y material de las clases necesitadas y la enseñanza primaria en aldeas y suburbios. También citamos estos casos por poner un ejemplo. Y en gran medida, los salesianos de Don Bosco, San Juan Bosco, se orientaron desde el principio hacia las familias obreras, y sobre todo hacia la enseñanza, la formación profesional y el progreso de los niños y jóvenes de estos ambientes.

Por otra parte, se crearon numerosas obras de beneficencia, muchas de ellas más vinculadas al mundo seglar y por iniciativa de laicos. Así, hacia la infancia desgraciada y las madres necesitadas: la Asociación de Caridad Materna, la Asociación de Madres de Familia, la Obra de la Cuna a Domicilio, la Obra de la Asistencia Maternal e Infantil,… Y hacia la niñez y la juventud desvalidas o en peligro: la Obra de Santa Ana en 1824, la Piccola Casa della Providencia en 1827 (fundada por Cottolengo), la Obra de Adopción en 1859 (para huérfanos), la Obra de Niños Expósitos en 1863, la Obra de Adopción de Niñas Abandonadas en 1879, etc.

En cuanto a la lucha contra la usura, hemos dicho antes que a finales del siglo XVIII comenzaron a aparecer las Cajas de Ahorros en algunas ciudades alemanas. Desde entonces, este fenómeno se comenzó a difundir por Europa. Se trata de entidades crediticias de carácter benéfico-social, regidas en régimen de patronato y con la colaboración técnica de profesionales, y orientadas hacia la asimilación del proletariado, ayudándole a convertirse en propietario por medio del ahorro. No siempre surgieron de la mano de la Iglesia, y muchas veces ni siquiera por una iniciativa propiamente católica, pero sí contaron desde el principio, en cada una nueva que se creaba, con el apoyo de obispos y sacerdotes seculares, así como de católicos seglares. Además, sobre todo en España y en otros países católicos, se vincularon a la tradición de los Montes de Piedad y se fusionaron con ellos, asumiendo así las labores benéficas que éstos venían desarrollando. Un aspecto que hay que destacar es que también los Estados trataron de favorecerlas y desde bien pronto dieron una legislación para ellas y su funcionamiento.

Entre una caridad más clásica y un modelo de respuesta nueva a la "cuestión social", al problema obrero, se hallan las "Conferencias de San Vicente de Paúl" de Antoine-Frédéric Ozanam (1813-53), un profesor casado de la Universidad parisiense de la Sorbona, que deseó que la doctrina fuera unida al testimonio de una caridad operante. Así, la labor de estos círculos consistiría en la exposición de la doctrina y la asistencia material y espiritual a los pobres, sobre todo de una manera personal y a través de visitas. Se optó por una visión evangélica de los pobres, la búsqueda de la pobreza de los propios socios y el fomento de la justicia social y del desarrollo humano, y desde bien pronto gozó del apoyo del papa Pío IX.

Pero, como decimos, la "cuestión social" suscitó en la Iglesia, tanto entre clérigos como entre seglares, una profunda preocupación desde el principio, que deseaba hallar una solución adecuada, partiendo de la doctrina católica y superando los males del capitalismo y los defectos de las propuestas hechas por el marxismo y el anarquismo. No es éste nuestro tema en realidad, pero sí creemos que al menos hay que hacer una referencia a él.

Las primeras respuestas doctrinales y prácticas ofrecen ejemplos como los de las reflexiones hechas en España por pensadores como Jaime Balmes y Juan Donoso Cortés (sobre quienes se ha debatido si son los precursores o no del llamado "catolicismo social" en España), o las de los "socialistas utópicos" cristianos en Francia. No obstante, es quizá el obispo Ketteler de Maguncia quien ya se ocupó de un modo más novedoso del asunto, a partir de 1848, y en 1864 publicó un libro acerca de La cuestión obrera y el cristianismo, además de erigir cooperativas de producción y esforzarse por mejorar la legislación laboral. En Austria aparecieron pronto varias iniciativas de tipo católico-social, como la del barón de Vogelsang, y en Italia jugó un papel importante el profesor Toniolo, de la Universidad de Pisa. En Francia, el conde Albert de Mun y el marqués de la Tour du Pin dieron lugar en 1871 a los "Círculos Católicos de Obreros", que en España habían comenzado a desarrollarse desde 1865 gracias al P. Vicent, jesuita. En Inglaterra fue el cardenal Manning uno de los adalides del "catolicismo social", y en Estados Unidos lo fue el cardenal Gibbons, creador de los "Knights of Labour".

El nacimiento de una doctrina oficial sobre el tema, la "Doctrina Social de la Iglesia", tuvo lugar en 1891 con la encíclica Rerum Novarum de León XIII, que puso en marcha ya de un modo definitivo y en todo el mundo el fenómeno conocido como "catolicismo social", del cual partieron numerosas iniciativas desde entonces: círculos y asociaciones de obreros, sindicatos católicos, cooperativas, diversas obras sociales, cajas de créditos, periódicos,…, tanto en el campo como en la industria y en otras facetas de la economía.

Y llegados al siglo XX, podemos distinguir también toda una serie de vertientes de la caridad y la atención social. Por una parte, se mantiene la línea de la asistencia clásica "de primera mano": limosnas, comedores para indigentes, etc. Por otro lado, y de un modo importante, se ha continuado incidiendo y profundizando en la "Doctrina Social de la Iglesia", sobre todo desde la encíclica Quadragesimo anno de Pío XI (1931), y a partir de la exposición de la respuesta católica a estos problemas también ha proseguido la labor del "catolicismo social": diversos tipos de obras, sindicatos católicos, etc. Cabe recordar el impulso dado por algunas personas, como lo hizo en España don Ángel Herrera Oria, primero periodista seglar de la Asociación Católica Nacional de Propagandistas nacida gracias a él y al P. Ángel Ayala, jesuita; más tarde fue sacerdote, obispo y cardenal. En su primera etapa ya apoyó la Confederación Católico-Agraria y en los años 30 fundó el Instituto Social Obrero; en 1940 fue ordenado sacerdote, y entre los años 40 y los 60 creó la Escuela Social Sacerdotal en Málaga (1948), luego convertida en Instituto Social León XIII (1952), y promovió el conocimiento y la aplicación de la Doctrina Social de la Iglesia.

En la segunda mitad del siglo XX, a raíz de las secuelas de un proceso tan mal llevado a cabo como ha sido la Descolonización, la Iglesia ha tenido que hacer frente al problema del Tercer Mundo, impulsando la promoción humana y social en los países menos desarrollados y la prestación de su ayuda por parte de los más poderosos, y evitando al mismo tiempo caer en soluciones heterodoxas como la "Teología de la Liberación", surgida en América y que supone una mezcla de elementos cristianos y marxistas.

En la centuria del 1900 también han aparecido nuevos institutos religiosos con una dedicación caritativa-social, y algunos de ellos se han orientado plenamente hacia el Tercer Mundo precisamente, como los "Siervos de los Pobres del Tercer Mundo", del P. Salerno, agustino. Pero, sin duda, el caso que sobresale más es el de las Misioneras de la Caridad de la M. Teresa de Calcuta (1910-97), fundadas por esta pequeña monja albanesa en 1950 y aprobadas definitivamente por Roma en 1965, año en el que además comenzaron a fundar fuera de la India (más en concreto, en Venezuela). Sus tres líneas principales de actuación, siempre al servicio de "los más pobres de los pobres", fueron las siguientes: primero, el "Hogar del Moribundo", la atención a los moribundos para ofrecer una muerte humana y rodeada de afecto a aquellos que no habían tenido una vida digna; en segundo lugar, la asistencia a niños pobres y abandonados; y la tercera faceta, el cuidado de los leprosos, enfermos totalmente despreciados en la India. Asimismo, en años más recientes ella y sus religiosas se volcaron en la atención a los drogadictos y a los enfermos de SIDA, y la Madre se destacó desde bien pronto además por la lucha contra el aborto en todo el mundo, sobre todo en Occidente, y la promoción, como remedio, de la adopción de niños.

El espíritu de la M. Teresa dio lugar al nacimiento de una rama masculina, los Hermanos Misioneros de la Caridad, del Hno. Andrew (1963), y de otras ramas contemplativas de la Congregación, así como a todo un movimiento de Colaboradores (a través de la oración, la ayuda económica y el ofrecimiento de los sufrimientos y enfermedades propias). Entre los elementos característicos de la espiritualidad de la M. Teresa y de su obra, podemos resaltar el amor cristocéntrico a la persona concreta, la fuerte unión de oración contemplativa y acción caritativa, la comunión con el Papa y con la Iglesia, y la alta valoración del hábito religioso como signo externo de consagración a Dios.

Después de la Segunda Guerra Mundial surgió en Europa, de la mano del canónigo regular premonstratense llamado "Padre Tocino", el P. Werenfried van Straaten, la "Ayuda a la Iglesia Necesitada", una organización dedicada a apoyar espiritual y materialmente a la Iglesia perseguida, en especial por el comunismo, y de un modo aún más particular en los países del este europeo, si bien tras la caída del "Telón de Acero", e incluso ya antes, ha ido ampliando mucho su radio de acción.

Por otra parte, en los últimos años se ha reanudado la redención de cautivos o esclavos, sobre todo cristianos, en los países musulmanes donde la esclavitud sigue en plena vigencia práctica y en los que la población cristiana es muy duramente perseguida, como Sudán. Los trinitarios y los mercedarios, de esta manera, han comenzado a volver en gran medida a sus raíces, por sí mismos o a través de la organización "Solidaridad Cristiana Internacional".

Hay que añadir a todo esto, que en el siglo XX el papel de los seglares ha sido también muy importante en todas las labores de beneficencia por medio de su colaboración o de su propia iniciativa, tanto en tareas más "de primera mano" (ayuda en comedores y roperos, limosnas, etc.), como en otras más típicas del "catolicismo social", o en la adopción y cuidado de niños pobres y del Tercer Mundo, etc.

En fin, debemos recordar que algunos Estados han mostrado una clara inspiración católica en su legislación laboral y social, como el Austria de Dollfuss, el "Estado Novo" portugués de Oliveira Salazar y la España de Franco. En este último caso, tanto el "Fuero del Trabajo" de 1938 como todas las leyes posteriores de este cariz, se elaboraron siguiendo fundamentalmente dos fuentes: el nacionalsindicalismo de la Falange y la Doctrina Social de la Iglesia. Y las realizaciones logradas no dejan de tener relevancia, tal como demostró un informe de la Organización Internacional del Trabajo (O.I.T.), perteneciente a la Organización de las Naciones Unidas (O.N.U.), en el que se concluía que uno de los dos Estados del mundo donde mayor protección legal se garantizaba a los trabajadores, era la España del Régimen del 18 de Julio. No hay más que recordar la auténtica consolidación de la Seguridad Social y todos los demás sistemas de seguros gracias al ministro Girón, la constitución de las Universidades e Institutos Laborales para la formación de obreros cualificados, la labor de repatriación de emigrantes y el apoyo docente para aquellos que marchaban (fue en esta época cuando comenzaron a retornar más emigrantes que los que salieron, frente a lo que muchas veces se cree, y así se invirtió la balanza anterior), la creación de la O.N.C.E. (Organización Nacional de Ciegos de España) en plena Guerra de 1936-39, o el apoyo a órdenes como los hospitalarios de San Juan de Dios, por sólo citar algunos ejemplos.


En África, la Iglesia ayuda educando y alimentando esperanzas de paz. 


Conclusiones.

Llegados a las conclusiones, lo que ante todo conviene resaltar es que la caridad, ciertamente, es la expresión más auténtica de la fe, y así lo ha entendido la Iglesia católica, siguiendo las indicaciones de las cartas de San Pablo y Santiago al respecto, que en puntos anteriores hemos recogido.

Su ejercicio en la Historia ha reflejado ser algo propio de toda espiritualidad católica, tanto de seglares, como de sacerdotes seculares y de religiosos consagrados, ya que es a la vez una manifestación de su fe y una exigencia para todos los cristianos católicos. Evidentemente, se pueden observar "luces y sombras" a lo largo de los siglos, pues ha habido bastantes casos de cristianos que han desatendido a su prójimo necesitado. Pero, sin embargo, no se puede recriminar esto al conjunto de la Iglesia, y el balance general de la beneficiencia y la acción social desarrollada por ésta resulta muy altamente positivo.

Otro elemento que tenemos que señalar es que se han producido unas constantes en la Historia, unas facetas concretas de la caridad que se han podido ver con el transcurso del tiempo: una asistencia "de primera mano", la atención a los enfermos, la hospitalidad, la lucha contra la usura, etc. No obstante, han ido conociendo unos altibajos según la evolución de los acontecimientos y del marco general, y también se puede ver que, ante problemas nuevos, se han aportado respuestas nuevas en momentos determinados: así, el nacimiento de las órdenes de redención de cautivos a finales del siglo XII y principios del XIII, o el desarrollo de la Doctrina Social de la Iglesia y el "catolicismo social" en el siglo XIX.

En fin, creemos que no se deben desvincular las ideas de caridad y justicia social cristianas, y que mantienen una plena actualidad ante el mundo presente. Asimismo, ante el fenómeno que hoy se está produciendo, y que nosotros nos atrevemos a calificar como "moda de la solidaridad", consideramos que conviene distinguirlo del verdadero sentido de la actuación de la Iglesia a lo largo de la Historia.

Por un lado, la caridad y la justicia, como virtudes que son, son hábitos y tienden a una actitud permanente, constante, mientras que la "solidaridad" que hoy se promueve, distinta del sentido católico de solidaridad, se concibe más bien como una tendencia natural humana a una adhesión circunstancial a las necesidades o las empresas de otro u otros; es decir, hace referencia a algo circunstancial, pasajero, y en gran medida esto se confirma porque no deja de tener el carácter de una moda, y las modas pasan. Así, pues, el primer rasgo que apuntaríamos sería la poca raíz de este fenómeno, frente al enraizamiento más profundo que ofrecen la caridad y la justicia social cristianas.

En segundo lugar, en la práctica se observa una contradicción: dos de los vocablos que hoy más se utilizan en la sociedad y en los medios de comunicación, son "solidaridad" y "competitividad". Por lo tanto, dos términos bastante contradictorios, pero cuyo sentido se observa las más de las veces porque se suele producir un sentimiento de "solidaridad" hacia personas necesitadas que se hallan muy lejanas de nosotros, y en cambio una actitud de competitividad hacia nuestro prójimo más cercano.

Y, por último, cada vez resulta más manifiesto que existe actualmente un auténtico "negocio de la solidaridad" por parte de muchas empresas multinacionales. Parece claro que el capitalismo, que es la expresión económica del liberalismo (la expresión política de éste es la democracia de partidos, y la expresión filosófica y moral es una forma de relativismo), ha encontrado una imagen amable en la "solidaridad", mostrando a los consumidores, a través de la propaganda, la bondad de sus negocios, por los cuales se destina un 0,7% de sus ingresos a alguna Organización No Gubernamental (O.N.G.). Cabe, sin embargo, concluir recordando la discreción que en la caridad recomendaba el Divino Maestro: "Mirad no obréis vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos; de lo contrario no tenéis derecho a la paga cerca de vuestro Padre, que está en los cielos. Por eso, cuando hicieres limosna, no mandes tocar la trompeta delante de ti, como lo hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles para ser honrados de los hombres: en verdad os digo, firman el recibo de su paga. Mas cuando tú hagas limosna, no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha, para que tu limosna quede en secreto, y tu Padre, que mira a lo secreto, te dará la paga." (Mt. VI, 1-4).

Santiago Cantera Montenegro. ARBIL. MMI

 

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VEAMOS LAS COSAS COMO SON Y CON NÚMEROS…

La Iglesia necesita una financiación de cine

 

Sr. Director:

Leo con sorpresa en la página del Ministerio de Educación que en el 2004 los alumnos de la escuela concertada católica ascendieron a 1.350.714 y el gasto público en ellos fue de 2.979 euros por alumno. Sin embargo los alumnos en la pública fueron 4.636.582 y el gasto de 7.094 euros por alumno. Esta diferencia de 4.100 euros por alumno quiere decir que, sólo en educación, la Iglesia financia al Estado con 5.558 millones de euros, mientras que el Estado sólo le entregó 22 millones a la Iglesia en el IRPF del 2004, aparte del 0,52 % que libremente dimos algunos ciudadanos en nuestra declaración y, por tanto, no es financiación del estado. 5.558 millones de euros frente a 22 ¿quién financia a quién?

Para compensar parcialmente dicho abuso, propongo a la Iglesia que se acoja al sistema de financiación del cine. Me explico. Los cineastas recibieron el año pasado unos 60 millones de euros en subvenciones y sus películas tuvieron 18,7 millones de espectadores, es decir, 3.16 euros por espectador. Según el CIS, 7,2 millones de españoles asisten “religiosamente” a misa todos los 60 días de precepto que tiene un año, es decir las celebraciones eucarísticas tienen 432 millones de espectadores anuales, sin contar los que asisten a misa todos los días y los que sólo fueron en las bodas, bautizos y comuniones. Aplicando a la Iglesia el régimen de financiación del cine español, a razón de 3,16 euros por espectador, el Estado debería subvencionarla con 1.555 millones de euros al año.

Esta subvención sería sólo para mantenimiento de culto y sacerdotes, el mantenimiento y construcción de edificios irían aparte (del mismo modo que las subvenciones al cine sólo cubren la producción de la cinta, pero no aportan nada a las salas) y también deberían pagarse aparte los centenares de proyectos sociales a precio de ONG. Pero esto lo dejo para otro día.

Paloma de Castro Tornero – Esp. 2006-09-27 – hispanidad.com

 

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TODAS LAS ESCUELAS SON PÚBLICAS: ESTÁN LAS ESTATALES Y LAS NO ESTATALES. SIEMPRE Y CUANDO LAS NO ESTATALES ESTÉN ABIERTAS A TODOS LOS CIUDADANOS. EN ESTA CATEGORÍA NO ENTRAN LAS ‘ESCUELAS ISLÁMICAS’ O MADRAZAS DONDE, POR RACISMO RELIGIOSO, SON EXCLUSIVAS A LOS MAHOMETANOS. SE ENTIENDE POR ESCUELA: Establecimiento público donde se da a los niños la instrucción primaria o elemental.

 

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La nueva inquisición laica lleva todos los días a la pira a la Iglesia, al Papa, a los sacerdotes y religiosos y todo lo que huela a religión. Y la inquisición islámica condena a muerte a los convertidos al cristianismo, como degolla a quienes ellos ven como infieles.  

 

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En el islam no existe ninguna autoridad reconocida, ninguna figura similar a un Papa – Pontífice, sobre el que, en último término, recaiga toda responsabilidad. De ahí la dificultad de promover concordatos semejantes a los que se mantienen con el Vaticano. Sí existe, en cambio, una gran diversidad de grupos islámicos, dirigidos cada uno por su propio imán, que luchan entre ellos por imponer su supremacía ideológica, creando conflictos, en ocasiones, irresolubles. En el caso de los países europeos, detrás de cada grupo existe una organización islámica internacional o un estado musulmán que apoya o financia imanes y actividades, y que actúan como verdaderos «lobbys». No son pocas las entidades islámicas que financiando, hacen apología, encubrimiento, complicidad y organizan viles actos de terrorismo.

 

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El peor de los silencios es el que se guarda ante la mentira, pues tiene un enorme poder de disolver la estructura social. Un cristiano no puede callar ante manipulaciones manifiestas. La cesión permanente ante la mentira comporta la deformación progresiva de las conciencias.

 

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“Lo característico del momento es que el alma vulgar, sabiéndose vulgar, tiene el denuedo de afirmar el derecho de la vulgaridad y lo impone dondequiera...”

 

“Como se dice en Norteamérica: -ser diferente es indecente. La masa arrolla todo lo diferente, egregio, individual, calificado y selecto. Quien no sea como todo el mundo, quien no piense como todo el mundo, corre el riesgo de ser eliminado. Y claro está que ese ´todo el mundo´ no es ´todo el mundo´. ´Todo el mundo´ era, normalmente, la unidad completa de masa y minorías discrepantes, especiales. Ahora, ´todo el mundo´ es sólo la masa...”

José Ortega y Gasset, “La Rebelión de las Masas”.

 

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Gracias a la Iglesia Católica, antes del 1300, había fundadas en Europa cuarenta y cuatro Universidades, en las que se forja un individuo especial dotado de cierta uniformidad: homo Scholasticus.

 

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Durante el luminoso medioevo - En términos cuantitativos, las catedrales góticas son tan asombrosas como las Pirámides egipcias. Sólo en Francia, durante noventa años, desde 1180 a 1270, se vio la construcción de 80 catedrales y casi 500 abadías.

 

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Quién, sino la Iglesia, a través de los monasterios, salvó la ciencia de los clásicos y la transmitió para el futuro; quién creó las universidades, sino la Iglesia; quién fue mecenas del arte y de la mejor cultura de Europa, sino la Iglesia; quién lo sigue siendo.

 

En el siglo VII los musulmanes invadieron a griegos, romanos, godos, judíos, iranios, indios. Los consideraban decadentes, como ahora a nosotros. Traían una cultura cerrada y dogmática, una teocracia de guerreros que, si morían, iban al paraíso a gozar de 72 vírgenes… alucinante. 2006.

 

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La pregunta de Aristóteles (¿Qué es democracia, lo que quieren los demócratas o lo que preserva la democracia?) tiene una respuesta en Juan Pablo II: “democracia es, ante todo, lo que preserva la democracia, es decir, lo que preserva los derechos humanos”. Lo contrario –como se ve- ayer era el comunismo, hoy es el islamismo. 2005

 

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EN SAN PABLO, POR EJEMPLO, DICE “LA MUJER DEBE LLEVAR SOBRE LA CABEZA UNA SEÑAL DE DEPENDENCIA”...SE DEBE TRADUCIR COMO “UNA SEÑAL DE SU AUTORIDAD” PUESTO QUE LA PALABRA ORIGINAL GRIEGA, “NO TIENE EL SENTIDO NEGATIVO DE SUBORDINACIÓN SINO EL SENTIDO POSITIVO DE LA DIGNIDAD.

[nada en común ni de lejos, con el concepto mahometano de sumisión].

 

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La vida monástica está fundada en Jesucristo, piedra angular, y es vivida a la imitación y semejanza de los apóstoles y profetas; consiste en abandonar la elevación mundana y tomar la humildad y la mortificación.

 

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San Sabas + 532 - construye hospitales

«Dilexit Ecclesiam» amó a la Iglesia Católica

 

Nació en Turquía en el año 439. Era hijo de un comandante del ejército, quien tuvo que partir a lejanas tierras y lo dejó confiado a un tío. Apenas a los ocho años, sufrió el desprecio de sus parientes, los cuales se rehusaban a educarlo. San Sabas, se fue a un monasterio, y después de pasar varios años como monje ejemplar en su tierra, decidió partir a Jerusalén para aprender la santidad con los monjes de ese país.
Se dedicó a una vida llena de oración y penitencia. Trabajaba diez horas al día, hacía canastos y los vendía para poder llevar alimentos a los más ancianos y débiles.

El santo pasó cuatro años seguidos en el desierto sin hablar con nadie. Luego empezaron a llegar monjes a pedirle que los dirigiera hacia la santidad a lo que el santo accedió. Llegó a tener 150 monjes cerca del Mar Muerto, y cuando tuvo 50 años fue ordenado sacerdote por el Arzobispo de Jerusalén, y nombrado jefe de todos los monjes de Tierra Santa. Con la herencia que le dejaron sus padres construyó dos hospitales.
Por tres veces fue enviado a Constantinopla, residencia del emperador, a obtener que este no apoyara a los herejes y que favoreciera la Tierra Santa. San Sabas llegó a dirigir personalmente a muchos monjes y entre sus dirigidos hay varios santos canonizados como San Juan Damasceno y San Teodoro.

Murió el 5 de diciembre del año 532, a los 94 años de edad. Su monasterio, cerca del Mar Muerto, es uno de los tres monasterios más antiguos que existen en el mundo.

 

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Último mensaje del Papa: que la humanidad

comprenda la Divina Misericordia

 

Ante la sorpresa de las 130.000 personas que habían participado en la misa de sufragio por Juan Pablo II, el arzobispo Leonardo Sandri leyó un mensaje que Juan Pablo II había pedido expresamente leer en este Domingo de la Divina Misericordia.

El prelado argentino, sustituto de la Secretaría de Estado, leyó el texto “con mucho honor y mucha nostalgia”, “por explícita indicación” del Santo Padre, como él mismo confesó al comenzar la lectura.

”A la humanidad, que en ocasiones parece como perdida y dominada por el poder del mal, del egoísmo y del miedo, el Señor resucitado le ofrece como don su amor que perdona, reconcilia y vuelve a abrir el espíritu a la esperanza”, afirmaba el Papa en su mensaje póstumo.

“El amor convierte los corazones y da la paz. ¡Cuánta necesidad tiene el mundo de comprender y acoger la Divina Misericordia!”, añadía Juan Pablo II en su mensaje.

El Papa Karol Wojtyla proclamó la fiesta de la Divina Misericordia para la Iglesia universal al canonizar a la religiosa y mística polaca Faustina Kowalska (1905-1938), el 30 de abril de 2000.

“Señor, que con la muerte y la resurrección revelas el amor del Padre, nosotros creemos en ti y con confianza te repetimos hoy: Jesús, confío en ti, ten misericordia de nosotros y del mundo entero”, imploraba el pontífice antes de morir en el texto escrito para ser leído en el marco de la oración mariana pascual del “Regina Caeli”.

2005-04-03 –Colina vaticana desde hace 2000 años-Roma-Italia.

 

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“Muchos escuchan más a gusto a los que dan testimonio, que a los que enseñan, y si escuchan a los que enseñan es porque dan testimonio.” [Pablo VI]

 

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«La fe y la razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad». (VIS, 8.I.2004)) S.S. Juan Pablo II.

 

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 La Iglesia no se edifica sobre comités, juntas o asambleas. La palabra y la acción de sus miembros salvarán al mundo en la medida en que estén conectados con el sacrificio redentor de Cristo, actualizado en el misterio eucarístico, que aplica toda su fuerza salvífica. Toda palabra que se oye en la Iglesia, sea docente, exhortativa, autoritativa o sacramental, sólo tiene sentido salvífico, y edifica la Iglesia, en la medida en que es preparación, resonancia, aplicación o interpretación de la "protopalabra" [48]: la palabra de la “anamnesis” ("hoc est enim corpus meum...") que hace sacramentalmente presente al mismo Cristo y su acción redentora eternamente actual, al actualizar el sacrificio del Calvario para que se realice la obra de la salvación con la cooperación de la Iglesia, su esposa.

 

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Cristo cambia la vida. El encuentro con Cristo cambia radicalmente la vida de una persona, la lleva a la «metánoia» o conversión profunda de la mente y del corazón y establece una comunión de vida que se convierte en seguimiento. En los Evangelios, el seguimiento se expresa con dos actitudes: la primera consiste en «hacer camino» con Cristo; la segunda, en «caminar detrás» de Él, auténtico guía.

 

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Dios que es la Sabiduría misma supo fabricarse muy sabiamente en la tierra a la que había de ser morada de su Hijo. Y si el profeta anunció: "La sabiduría no morará con gusto en cuerpo manchado por el pecado" (Sap. 1, 4) ¿cómo podríamos imaginar que el Hijo de Dios, Sabiduría Infinita, hubiera escogido habitar en su encarnación, a una mujer que no estuviera absolutamente libre de toda mancha de pecado?

 

Un autor sagrado decía: Dios no encontró otro palacio más bello ni más puro que la Virgen María, para que su Hijo Santísimo viniera a habitar y nacer.

 

San Cirilo afirma: ¿Qué tal que uno construyera una hermosa morada para sí mismo y después se la diera a un enemigo suyo para que la habitara? ¿Y qué diríamos de Dios, que habiendo formado a la Virgen Santísima para orada y nacimiento de su Hijo, le dejara luego esa santa morada al pecado para que la habitase?

 

Ningún hijo amó ni amará jamás a su propia madre con un amor tan grande como el de Jesús a María. ¿Y podríamos decir que la amaba verdaderamente si la dejaba esclava del pecado? ¿Si la honra como ningún otro hijo ha honrado a la propia madre, podría permitir que quedara deshonrada con la mancha del pecado? Pregunta Gerson.

 

San Agustín dice que hay dos modos de redimir: uno, levantando a quien ya cayó en pecado, y otro, evitando que la persona caiga en pecado. Pues a María la redimió de este modo, superior al otro: la libró de toda mancha de pecado, y de caer en pecado.

 

San Buenaventura en un sermón decía que el Espíritu Santo en vez de tener que liberar después a María Santísima del pecado original, la preservó de este pecado desde el momento mismo de su Inmaculada Concepción.

 

Y el Cardenal Cussano dice algo muy parecido: "A María, la gracia de Dios la preservó de toda mancha de pecado, mientras que a las demás creaturas lo que hace la gracia es liberarlas de las manchas del pecado que ya tienen. A Ella el Redentor la preservó de mancharse el alma con el pecado, mientras que a los demás el Redentor los libera de esa mancha de pecado cuando ya la han contraído".

 

Hugo de San Víctor exclama: "El fruto declara qué tal es el árbol que lo produjo. Si el fruto del vientre de la Virgen María fue Jesús, el totalmente puro, el Inmaculado y Santísimo, así la Madre que lo engendró debió ser totalmente pura, inmaculada y santísima. Sólo María fue digna de ser Madre de tal Hijo, y sólo Jesús fue digno de ser hijo de tal Madre".

 

San Ildefonso le dice: "porque eres perfecta y totalmente pura, por eso fuiste elegida para ser Madre del Creador".

 

PUNTO III: Convenía al Espíritu Santo que María fuera totalmente libre de toda mancha de pecado.

 

Santo Tomás llama a María: "Sagrario del Espíritu Santo". Varios santos la llaman "Templo del Espíritu Santo". Pues bien, el Espíritu Santo estaría más contento y más satisfecho si el Sagrario o el templo donde iba a habitar era totalmente libre de toda mancha de pecado. Por eso Dios libró a María de toda mancha pecaminosa.

 

En el Cantar de los Cantares se dice algo que le corresponde muy bien a María Santísima: "Eres totalmente hermosa y en ti no hay mancha alguna ni defecto" (Cant. 4, 7) y también: Tu eres como un huerto cerrado a donde no han llegado los enemigos a hacer mal, y eres como una fuente sellada que nadie ha podido contaminar (Cant. 4, 12). San Bernardo dice que el Espíritu Santo que es el autor principal de la Sagrada Biblia, afirmó esto de la Santísima Virgen. Y en el Libro Sagrado sigue diciendo: "Las jóvenes son muchas, pero una sola es mi paloma, la perfectamente pura" (Cant. 6, 7).

 

Por eso el Ángel le dijo al saludarla "Salve, llena de gracia". San Sofronio dice que a las demás creaturas les concede Dios mucha gracia y bendición, pero que a María la llenó totalmente de su gracia. Y si estaba llena de gracia de Dios no podía tener mancha de pecado en su alma.

 

San Pedro Damián afirma: "La que Dios eligió para ser Madre de su Hijo debía tener su alma totalmente llena del Espíritu Santo". Y por lo tanto sin sitio para la mancha del pecado.

 

Los Santos afirman: "María estuvo siempre llena de luz espiritual en el alma, y nunca tuvo tinieblas de pecado en su espíritu". – "Dios que creó pura a la Madre carnal de los seres humanos, también podía crear totalmente pura a María, la Madre espiritual de todos los creyentes" – .

 

San Bernardino afirma: "No es aceptable que Jesús quisiera nacer de una madre manchada por el pecado, pudiendo nacer de una madre totalmente pura y santa".

 

Si el ángel le dice: "Has hallado gracia delante de Dios" puede significar que en su alma no había ninguna mancha de pecado que la hiciera antipática ante Nuestro Señor.

 

Ya en el año 1661 solamente entre los Padre Dominicos (que eran los más reacios) se habían contabilizado 136 escritores de esa Orden religiosa que proclamaban que María no tuvo ni la más mínima mancha de pecado en su alma. Y las Universidades más famosas de entonces: la de La Sorbona en París, las de Colonia y Nápoles en Italia, las de Salamanca y Alcalá en España y la de Maguncia en Alemania, declararon solemnemente estar totalmente de acuerdo con la idea de que María Santísima fue preservada de toda mancha de pecado. Si tan altos intelectuales lo han proclamado, ¿por qué no proclamar esto mismo todos los fieles sencillos de la Iglesia Católica?.

 

La Iglesia Católica ha celebrado desde muy antiguo la fiesta de la Inmaculada Concepción, en recuerdo de que María fue concebida sin pecado original, y esta fiesta la han aprobado los Sumos Pontífices y los obispos de todo el mundo.

 

La Iglesia celebra también el 8 de septiembre la fiesta del nacimiento de la Virgen María. Santo Tomás enseña que la Iglesia católica no acostumbra celebrar el nacimiento de sus santos, pero que a María sí le celebra el nacimiento porque Ella fue totalmente santa ya desde antes de nacer (Summa. T. 3, q. 27 a 1).

 

ORACIÓN: Inmaculada Madre Mía, me alegro contigo al verte enriquecida con tanta pureza por parte de Dios y quiero dar gracias al Creador por haberte preservado de toda mancha de pecado, como lo creo firmemente. Y estoy siempre dispuesto a defender la gran verdad de que has sido concebida sin mancha de pecado original.

 

Quisiera que todo el mundo te admirara y te alabara, como la Aurora que anuncia la llegada del Sol, que es Jesucristo; como el Arca de la Nueva Alianza, que se salvó del naufragio de la mancha del pecado original, como la Paloma sin mancha y blanquísima, como el Huerto cerrado al cual no han logrado llegar los enemigos del alma, como la Fuente Sellada que no ha sido contaminada, como el blanco lirio que floreció entre las espinas, pues en medio de tantas gentes manchadas con el pecado, tu naciste y te conservaste siempre blanca, pura y completamente amiga del Divino Creador.

 

Permíteme que te alabe con las palabras pronunciadas por el mismo Dios: "Toda hermosa eres tú, y en ti no hay mancha alguna". Oh amabilísima e Inmaculada María: tu que eres tan bella ante los ojos de Dios, no dejes de mirar con compasión a las asquerosas llagas de mi pobre alma. Mírame con compasión y ayúdame a curarme de las llagas de mis pecados. Tú que eres un imán que atrae los corazones, atráeme también a mí hacia tu corazón maternal. Tú que desde el primer momento de la vida apareciste tan completamente pura y tan agradable a Dios, ruega por mi que no sólo nací con la mancha del pecado original sino que durante toda mi vida he venido manchando mi alma con tantas culpas y pecados. Dios que te eligió como Hija predilecta del Padre, y Madre Santísima del Hijo y Sagrario del Espíritu Santo, y por eso te libró de toda mancha de pecado y te demostró más amor que a toda otra creatura, ¿qué favor o gracia que pidas para nosotros te podrá negar? Virgen Inmaculada: ¡tienes que ayudarme a salvarme! Por eso te digo con San Felipe Neri: haz que yo siempre me acuerde de Ti, y Tú nunca te olvides de mi. Me parece que faltaran mil años todavía para poder contemplar tu hermoso rostro maternal en el cielo, para empezar a amarte y alabarte en el Paraíso como a la más buena de las madres, mi madrecita, mi Reina, mi gran benefactora, la más bella, la más amable, la más pura, la siempre Inmaculada Virgen María. Amén.

 

La Concepción de la Sacratísima Virgen María

Sermón de Fray Luis de Granada (siglo XVI)

 

Dos casas tuvo Dios en este mundo señaladas entre todas las otras. La Una fue la humanidad de Jesucristo, en la cual mora la divinidad de Dios corporalmente, como dice el Apóstol  (Col 2, 9) y la otra, las entrañas virginales de Nuestra Señora, en las cuales moró por espacio de nueve meses. Estas dos casas fueron figuradas en aquellos dos templos que hubo en el Viejo Testamento, uno de ellos que hizo Salomón (1R 7,1) y el otro que se edificó en tiempo de Zorobabel, después del cautiverio de Babilonia (Esd 6,17).


Estos dos templos concuerdan en una cosa y difieren en dos. Concuerdan en ser ambos templos de un mismo Dios, y difieren, lo primero, en la riqueza y primor de las labores, porque mucho más rico fue el primero que el segundo, y lo segundo, en la fiesta de la dedicación de ellos (1R 8,1). Porque en la dedicación del primero todos cantaban y otros lloraban: cantaban los que veían ya acabada aquella obra que tanto deseaban y lloraban los que se acordaban de la riqueza y hermosura del templo pasado, viendo cuán baja obra era ésta en comparación de aquélla.


Pues esto mismo nos acontece ahora en el día de la dedicación de estos dos templos místicos de que hablamos. Y por el día de la dedicación entendemos el día de la concepción; porque este día fueron estos dos templos dedicados y consagrados. Pues en el día de la concepción del Hijo, todos cantan, todos alaban a Dios, todos dicen que fue concebido del Espíritu Santo, y por eso su concepción fue santa y limpia de todo pecado, y donde no hay pecado, no hay materia de lágrimas, sino de alegría y de alabanza. Mas en la concepción de la madre, unos cantan, otros lloran; unos cantan y dicen: Toda eres hermosa, amiga mía y en ti no hay mancha (Ct 4, 7). Otros lloran y dicen: Todos pecaron en Adán (Rm 3, 23)[1] y tienen necesidad de la gracia de Dios. Mas todos concuerdan en que la sacratísima Virgen, antes que naciese, fue llena de todas las gracias y dones del Espíritu Santo, porque así convenía que fuese que ab eterno era escogida para ser madre del Salvador del mundo.


Cuán grande  fuese esta gracia y estas virtudes, no hay lengua humana que lo pueda declarar. La razón es porque Dios hace todas las cosas conformes a los fines para que las escoge, y así las provee perfectísimamente de lo que para ellas es necesario. Escogió a Dios Oliab para maestro de su arca (Ex 36,1), escogió a San Pablo y a todos los otros apóstoles para maestros de su Iglesia. Pues, conforme a esto, los proveyó perfectísimamente de todas aquellas habilidades y facultades que para eso se requerían.


Y porque a esta sacratísima Virgen escogió para la mayor dignidad que se puede conceder a pura criatura, de aquí viene que la adornó y engrandeció con mayor gracia, con mayores dones y virtudes que jamás se concedieron a ninguna pura criatura.

 

La hermosura de Dios, reflejada en María -  

Y así, una de las cosas en que Dios tiene más declarado la grandeza de su bondad y sabiduría de su omnipotencia es en la santidad y perfección de esta Virgen. Por la cual, si tuviésemos ojos para saber mirar y penetrar la alteza de sus virtudes, en ninguna cosa de cuantas hay creadas se nos presentaría tan claro el artificio y sabiduría de Dios como en ésta. De manera que ni el sol, ni la luna, ni las estrellas, ni la tierra con todas sus flores, ni el mar con todos sus peces, ni aún el cielo con todos sus ángeles, nos declararían tanto las perfecciones y hermosura del Creador como la alteza y perfección de esta Virgen. Por que si el Profeta  dice que es Dios admirable en sus santos (Sal 67, 36), ¿cuánto más lo será en aquélla que es madre del Santo de los santos, en la cual sola están juntas todas las prerrogativas de todos los santos?


Y  hay en esto dos cosas de grande admiración. La una es compadecerse toda perfección en una criatura de carne y sangre como nosotros. No es maravilla que un oficial haga  más delicadas obras de oro y plata que de una masa  de barro, porque la masa sufre toda esa ventaja y primor. No se espantan los hombres de ver un águila volar por cima de las nubes, más espantase de ver trepar un hombre con dos arrobas de hierro por cima de una cuerda. Quiero decir: no es maravilla que un ángel vuele alto y sea más adornado de todo género de virtudes y perfecciones, pues es sustancia espiritual, que un alma, que está cercada y vestida de carne; mas que un alma, encerrada en un cuerpo sujeto a tantas miserias y cercado de tantos sentidos, pase de vuelo sobre todos los ángeles en perfección y sea más pura que las estrellas del cielo, es cosa de grande de admiración.


No es maravilla que ande limpia una dama que no tiene otro oficio más que andar alrededor del estrado de la reina; mas aquella que toda su vida anduviese sirviendo en una cocina entre los tizones y ollas, y que, con todo eso, al cabo de cincuenta o sesenta años de servicio, salieses de allí más limpia que aquella que está en el palacio real, esto sería de mayor admiración.


Pues según esto, ¿no es cosa admirable ver el alma de esta Virgen encerrada en un cuerpo cercado de tantos sentidos y que en tantos años de vida ninguno se le desmandase en un cabello; que nunca sus ojos se desmandasen en ver, nunca sus oídos en oír nunca su paladar en gustar; que siendo tantas veces necesario comer, y beber, y dormir y hablar, y negociar, y salir de casa, y conversar con las criaturas, que llevase las cosas con tanto compás, que jamás se desmandase en una palabra, ni en un pensamiento, ni en un  movimiento, ni en un afecto, ni en un bocado demasiado? ¿A quien no pone en admiración este tan grande compás, esta tan perfecta igualdad y orden y este concierto tan perpetuo como es el de los mismos cielos y de sus movimientos?


Lo segundo de que nos debemos espantar es de ver con cuán pocos ejercicios llegó esta Virgen a tan alta perfección. El apóstol San Pablo discurriría por el mundo, predicaba a los gentiles, disputaba con los judíos, escribía epístolas, hacía milagros y otras cosas semejantes.


Mas la sacratísima Virgen no entendía en estas obras, porque la condición y estado de mujer no lo consentía. Sus principales ejercicios, después del servicio y crianza de su Hijo, eran espirituales, eran obras de vida contemplativa, aunque no faltaban, cuando eran necesarias, las de la vida activa.


Pues ¿no es cosa de admiración que con tan poco estruendo de obras exteriores, con los que pasaba en silencio dentro de aquel sagrado pecho, dentro de aquel corazón virginal, mereciese tanto a Dios y ganase tanta tierra o, por mejor decir, tanto cielo que pasase de vuelo sobre todos los ángeles y sobre todos los querubines? Pues ¿qué sería esto? ¿Qué pasaría en aquel corazón virginal de noche y de día? ¿Qué maitines, y qué laudes, y qué Magnificat allí se cantarían? ¡Quién tuviera ojos para poder penetrar los movimientos, los arrebatamientos, los ardores, los resplandores y los excesos de amor y todo lo que pasaba en aquel sagrado templo! Teníalos el Espíritu Santo cuando, enamorado de tan grande perfección y hermosura decía: Hermosa eres, amiga mía, hermosa eres. Tus ojos son de paloma, allende de lo que dentro está escondido (Ct 4,1); porque esto solamente podían ver los ojos de Dios, mas no los ojos de los hombres.


¿No sería cosa maravillosa si hiciésemos a un tañedor que en una vihuela de una o dos cuerdas, o en manicordio de una o dos teclas, tañese tantas obras e hiciese tanta armonía como otro con un instrumento perfecto? Pues ¿no es maravilla que con sólo aquel corazón tañase e hiciese esta Virgen tantas obras, obrase tantas maravillas y diese tantas y tan suaves músicas a Dios?


Injustamente os quejáis los que decís que sois pobres y enfermos diciendo que no tenéis de qué hacer bien ni con qué padecer trabajos por amor de Dios. Basta que tengáis corazón para poder amar a Dios y vacar a Dios, porque si de ése os sabéis aprovechar, con él alcanzaréis grandes virtudes y con él haréis innumerables servicios a Dios. ¿En qué entendías aquellos Padres antiguos, aquellos monjes que vivían en los desiertos, sino en contemplación noche y día? Aquel ocio es el mayor de los negocios, aquel no hacer nada es sobre todo lo que se puede hacer. Porque allí el alma religiosa, dentro de su retraimiento, alaba a Dios; allí ora, allí adora, allí ama, allí teme, allí cree, allí espera, allí reverencia, allí llora, allí se humilla delante de la majestad de Dios, allí canta y pregona sus loores, allí hace todas las cosas tanto más puramente cuanto más ocultamente y sin testigos humanos.

 

Para ser digna Madre de Dios -  

Pues, volviendo ahora a nuestro propósito, tal convenía que fuese y de tal manera convenía que naciese aquella que ab aeterno era escogida para ser madre de Dios; porque costumbre es de Dios, como está ya dicho, proporcionar los medios con los fines, que es hacer tales los medios cuales competen para la excelencia del fin para que los instituyó.


Pues como Dios escogiese a esta benditísima Virgen para la mayor dignidad de cuantas hay debajo de Dios, que es para ser madre del mismo Dios, así convenía para la excelencia de esta dignidad. De donde así como aquel templo material de Salomón fue una de las más famosas obras que hubo en el mundo, porque era casa que se edificaba no para hombres, sino para Dios, así convenía que este templo espiritual donde Dios había de morar fuese una perfectísima obra, pues para tal huésped se aparejaba. Porque ¿cuál convenía que fuese el alma que el Hijo de Dios había tomado por especial morada, sino llena de toda santidad y pureza? Y ¿cuál convenía que fuese la carne de donde había de tomar carne el Hijo de Dios, sino libre de todo pecado y corrupción? Porque así como el cuerpo de aquel primer Adán fue hecho de tierra virgen antes que la maldición de Dios cayese sobre ella, como cayó después del pecado (Gn 2, 7) es como así convenía que fuese formado el cuerpo del segundo de otra carne virginal, libre y exenta de toda maldición y pecado.

 

Figuras de la Pureza de María -  

Por esto, convenientemente es figurada esta Virgen por aquella arca del testamento hecha de madera de Setín (Ex 25, 10), que es madera incorruptible, para significar la incorrupción y pureza de esta sacratísima Virgen, que es el arca mística donde estuvo el maná de los cielos y pan de ángeles y donde estuvo aquella vara de la raíz de Jesé, sobre cuya flor se asentó el Espíritu Santo (Is 11,1).


Es también figurada por el hermosísimo trono de Salomón, de que dice la Escritura que era hecho de marfil, y que estaba dorado de un oro muy resplandeciente, y que tal obra como aquélla no fuera nunca hecha en todos los reinos del mundo (1R 10,20). Las cuales cosas, todas perfectísimamente convienen a esta sacratísima Virgen como a trono espiritual de aquel verdadero Salomón, pacificador del cielo y de la tierra.


Es también figurada por aquel huerto cerrado y fuente sellada de los Cantares (4,12) y por aquella puerta oriental que vio el profeta Ezequiel (43,2): porque ninguno comió de la fruta de aquel vergel, ni bebió del agua de aquella fuente, ni entró por aquella puerta, sino sólo el Hijo de Dios, porque sólo él era su amor, su pensamiento, su deseo, sus cuidados, su memoria continua.

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

¡Que tu conducta nunca sea motivo de injustificada inquietud

a la creación, en la que tu eres el rey!

 

 

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 Cristianos: ¡no nos dejemos engañar por algunos grupos, veamos este ejemplo!

Recomendamos: ROMA, DULCE HOGAR, Scott Hahn y su esposa Kimberly cuentan el largo viaje que les llevó de protestantes-evangélicos calvinistas, hasta la casa paterna en la Iglesia Católica. Un camino erizado de dificultades, pero recorrido con gran coherencia y docilidad a la gracia, y cuyo motor era el amor a Jesucristo y a su Palabra en la Sagrada Escritura.

 

Recomendamos: “LO PRIMERO ES EL AMOR”, Scott Hahn muestra de nuevo una de sus mejores cualidades como autor: su gran capacidad para explicar las verdades esenciales de la Iglesia Católica fundada por Jesucristo, de un modo accesible y atrayente. En esta obra el incentivo es esta pregunta: ¿Qué clase de amor y qué clase de familia satisfacen nuestros más íntimos anhelos?. Con su clara prosa desarrolla una idea central de la fe cristiana: Dios, la Trinidad de Personas Divinas, es una familia que vive en una comunión de amor. Expone también Hahn la íntima conexión entre la familia divina, la familia de la fe, que es la Iglesia, y las familias de la tierra formadas por un hombre y una mujer. Ed. Patmos – Libros de espiritualidad-225.-

 

Recomendamos: Comprometidos con Dios – autor: Scott Hahn

El autor profundiza en la Escritura y la Tradición de la Iglesia, para exponer la importancia y la riqueza de los siete sacramentos, establecidos por Cristo: su doctrina, símbolos, historia y rituales. Con su habitual estilo vigoroso, Hahn narra su experiencia del descubrimiento de la vida sacramental, y ayuda al lector a entender la necesidad de los sacramentos en el plan de salvación de Dios.

† La Iglesia que fundó Cristo es ‘una, santa, católica y apostólica’ y los evangelistas siendo ya ellos ‘Iglesia Católica desde Pentecostés’, así de claro lo escribieron en las Sagradas Escrituras. †




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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).