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“El mundo viene salvado del Crucificado y no de los crucificadores” S. S. Benedicto XVI – su canonización*. 2005-04-24 – Basílica vaticana San Pedro, Roma-Italia

 

 

*canonizar.(Del b. lat. canonizāre, y este del gr. κανονζειν).1. tr. Declarar solemnemente santo y poner en el catálogo de ellos a un siervo de Dios, ya beatificado.2. tr. Calificar de bueno a alguien o algo, aun cuando no lo sea.3. tr. Aprobar y aplaudir algo.

 

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Calificar a S. S. Benedicto XVI de «persona intransigente» es un insulto a la inteligencia. Ni por su carácter y educación, ni por su condición de creyente cristiano, ni por el rigor intelectual del profesor, ni por el oficio de pastor en la Iglesia, en los diversos puestos en que ha ejercido el ministerio, puede calificársele así.
   – No se puede confundir la «intransigencia» con la seriedad en el tratamiento en los asuntos de la Iglesia y de la fe o con la acción de velar por la fidelidad a la Palabra de Dios recibida, a la Tradición y al Magisterio auténtico, compatibles siempre en la persona del profesor Ratzinger con su conocimiento y valoración de otras corrientes, tradiciones y religiones. 2005-04-27

 

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Historia de una vida -  

La vida del Papa Benedicto XVI está marcada por la Historia. Nació en el seno de una familia católica en pleno período de entreguerras, en una Alemania azotada por la crisis económica. Sus años de Seminario estuvieron marcados por la guerra. Su gran capacidad intelectual le llevó a ocupar varias cátedras de Teología y a participar en el Concilio Vaticano II.
Fue nombrado arzobispo y creado cardenal en el mismo año. Poco tiempo después, Juan Pablo II lo eligió para ocupar el difícil cargo de la Prefectura de la Congregación para la Doctrina de la Fe. El pasado 19 de abril, fue elegido Papa.

 

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ASÍ, POR LA ARROGANCIA Y LA FUERZA

DEL PODER NAZISTA, FUE ENROLADO

AL EJÉRCITO, DONDE TODA RESISTENCIA

ERA CASI IMPOSIBLE E INÚTIL…

 

 A 16 años Josef Alois Ratzinger - 1943, según documento

con uniforme obligatorio

 

Una hoja ya amarillenta datada el 26 de Julio de 1943 e sellada con el águila del Reich, es el documento en que se obligaba, al hoy S.S. BENEDICTO XVI, presentarse a las órdenes del régimen, quedando inscripto en el Ejército. 

 

Traunstein – Baviera:  “El estudiante Josef Alois Ratzinger debe presentarse el 02 de agosto 1943 a las 09 horas en el cortil delante de la escuela. De allí será después transportado junto a los otros al puesto de combate asignado.

 

El mozo (individuo sometido a servicio militar, desde que es alistado hasta que ingresa en la caja de reclutamiento) Joseph Ratzinger a los 17 años obligatoriamente se encontró inscripto–enrolado en el ejército- la Wehrmacht, ayudante de una batería anti-aérea puesto a protección de una fábrica de la BMW, donde eran  producidos motores aéreos.

 

La hoja está amarillenta, ajada, una copia hecha con carta carbónica, datada el 26 de Julio de 1943 y está sellada con el águila del Reich. Klaus Kiesl, director del Chimnau Gymnasium di Traunstein, termina de rescatarlo del archivo y lo muestra con cautela y delicadeza: “Eh aquí, ved, de estos actos de enrolamiento obligatorio nos llegaron muchos, en aquel verano, a la escuela. Ningún muchacho podía substraerse”.

 

Entrarse en la Baviera profunda, aquella del sur y del este, es como atravesar un invisible límite del tiempo. En estas latitudes, dejada la auto-pista para Salzburgo, la tierra de la alta tecnología reprende su faz antigua, praderas establos e iglesias, vacas y olor de estalas, pueblillos minúsculos y valles verdes esmeralda a largo del horizonte. Es la tierra del nuevo Papa, aquella donde los acontecimientos de Joseph Ratzinger son inevitablemente entrelazados con la «harte Wendungen», los cambios bruscos del Siglo Breve.

 

Aquí, entre Marktl am Inn, la aldea de la diócesis de Nassau donde nace el 16 de abril de 1927, y Traunstein, centro católico de gran tradición, se movió la familia Ratzinger durante los años treinta, obligada cuatro veces a realizar mudanzas debido al exceso de celo con el cual Joseph Ratzinger padre, gendarme, intentaba  frenar los atropellos de las SA hitlerianas. Dos sólidas convicciones guiaron al padre del futuro pontífice: la fe cristiana y el rechazo del nazismo. A los hijos, Georg y Joseph, la joven edad forzó otro destino

 

Al Studienseminar Sr. Michel ha quedado todo como antes, o casi. Idéntico e imponente el edificio, blanco, metido en la roca sobre el centro histórico. Austeros y lúcidos los largos corredores, con los alojamientos individuales que han sustituido las viejas habitaciones. Es el internado de la Diócesis, desde hace más de un siglo los muchachos viven y rezan aquí, mas van a la escuela en el instituto local. Joseph Ratzinger llegó a él en 1939, decidido a seguir la carrera eclesiástica ya emprendida por su hermano Georg.

 

Monseñor Thomas Frauenlob es el director. Sobre la mesa, hay un paquete de fotografías tomadas en diciembre pasado. El rostro sonriente y sereno del cardenal no falta nunca. Como cada año, Cardenal Ratzinger ha retornado al seminario cuando transcurren las vacaciones de Navidad. Fraunlob, que ha estudiado en la Gregoriana, me guía en el apartamento obispal, dos habitaciones siempre listas: pocos muebles, las carpetillas sobre las mesas, poltronas con tejido a florcitas, un gran escritorio Biedermeier. 

 

“Sé unicamente que sucedió en el 1941 – dice el director- de repente, todos los mozos del seminario fueron inscriptos en bloque a la Hitlerjugend. Y, en nuestros archivos no hay más nada”. En el plano formal, un paso no evitable. Como explica el histórico Wolfgang Wippermann, “la inscripción a la juventud hitleriana tornóse obligatoria por decreto del año 1939”. Pero el pequeño Joseph, apenas adolescente de 14 años, obtiene tempranamente una dispensa, invocando sus estudios en el seminario. “Ratzinger, ha escrito su biógrafo, John Allen, fue solo brevemente miembro miembro della Hitlerjugend y no ciertamente un entusiasta”.

 

Después, en el verano del 1943, llegó el enrolamiento forzado. A los 17 años, el futuro Benedicto XVI se encontró con la divisa obligatoria de la Wehrmacht, ayudante de una batería anti-aérea puesta a protección de una fábrica de la BMW, donde producían motores aéreos. Entre aquellos que trabajaban allí, estaban los «esclavos detenidos», escogidos del cercano lager (campo de concentramiento) Dachau.

 

Joseph Ratzinger ha siempre repetido de no haber jamás disparado un golpe. Ni siquiera cuando su unidad viene enviada en Hungría a posicionar trampas anti-carros. En el año 1993, en una entrevista a ‘Time’ comentó de haber visto en esa época, hebreos húngaros buscados y enviados a los campos de exterminio. Pocos días antes de finalizar la guerra, al fin de abril 1945, el joven conscripto desertó y retornó a casa. En su biografía, comentó de haber evitado por poco de ser detenido y fucilado de las fuerzas SS: “Gracias a Dios, había algunos que no daban más de tanta  guerra”.

 

Habiendo sucedido así, ¿por qué los americanos, que tal vez tenían algunas otras preocupaciones a pensar, fueron a recogerlo a su casa dos semanas después de su retorno y lo detuvieron hasta junio en un campo de prisioneros?. “Toda resistencia era imposible e inútil”, ha repetido la semana pasada Georg Ratzinger, como reproponiendo un teorema de siempre tan conocido. “Difícil, pero no imposible”, responde Elizabeth Lohner, anciana de más de ochenta años de Traunstein, que vio al marido de su hermana finalizado en Dachau, como objetor de conciencia: “Fueron personas y las hubo que mostraron un ejemplo, los Ratzinger eran jóvenes y han hecho elecciones diversas”.

 

En tiempos tan difíciles en guerra para una Europa conflictiva y, sobre todo oscuros, inciertos y peligros para Alemania, al joven Ratzinger también le habrá impresionado el compromiso poco inteligible sujeto a tantas sombras e incordio, del cardenal Michael von Faulhaber, fundador del seminario de Traunnstein, obispo de Münich del 1917, el hombre que buscó el imposible compromiso entre una convivencia con el nazismo y la salvación de los principios ético-morales del poder de la Iglesia. Compromisos de salvar lo salvable aplicado en tantos países donde el totalitarismo comunista –entre otros- aniquilaba toda manifestación del Crucificado y crucificando a los cristianos en los gulags que se multiplicaron aún después de los lagers nazis. (ref.:21.04.2005 CDS.IT)

 

 Monseñor Georg RATZINGER-hermano de S.S. Benedicto XVI - Vat. 2005.04.24

 

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El hermano del Papa: «Las S.S. obligaban a ser ( vestirse de) “nazi”»

 

Incluso el presidente de la Liga Antidifamación de Estados Unidos, Abraham Foxman, ha salido en defensa del nuevo Pontífice afirmando que «Benedicto XVI es un superviviente de la tiranía y debe ser valorado como un hombre que vio lo peor de la humanidad y pasó su vida en pos de algo muchísimo mejor».

 

 

ACI  - Munich- La semana pasada fue especialmente intensa para el padre Georg Ratzinger. Además de lidiar con la avalancha de medios de comunicación que se interesaban por él, tuvo que salir al frente de ciertas acusaciones contra su hermano, el Papa Benedicto XVI, sobre su pasado como miembro del ejército nazi.
   Cuando el diario sensacionalista británico «The Sun» tituló su edición diciendo: «De las juventudes hitlerianas... al Papa Ratzi», Georg Ratzinger se vio en la necesidad de explicar con claridad el pasado de su familia y de su hermano. «Quien escribe tal tipo de cosas», indicó Georg, «no entiende lo que pasaba en aquellos tiempos».
   Según sus declaraciones, en los tiempos de la Alemania nazi, los Ratzinger escuchaban en la radio las noticias de los aliados. «Era un acto de desafío simple pero arriesgado en la pequeña ciudad bávara. Nuestro padre lo hacía para que sus hijos supiéramos la verdad sobre los nazis y la Segunda Guerra Mundial», recordó. «Escuchar a los aliados estaba absolutamente prohibido. Si te atrapaban te enviaban a un campo de concentración, así que lo hacíamos en secreto. Las noticias alemanas no eran ciertas. Mi padre quería escuchar lo que en verdad sucedía», afirmó. Además, el sacerdote reconoció que pertenecer a las juventudes hitlerianas a los 14 años y al ejército a los 18 años, les permitieron sobrevivir a él y al actual Pontífice.
   «(El Papa) No tenía alternativa. Tenías que unirte o te disparaban. Era un régimen brutal, una dictadura inhumana», declaró el sacerdote y añadió que «Él (por su hermano) fue operador de radio. Nunca peleó. Eran tiempos duros y tuvo que mantener los cañones, pistolas y otros suministros». En 1943, cuando Joseph Ratzinger tenía 16 años, toda su clase del seminario fue convocada para ayudar en las baterías antiaéreas del ejército alemán. En 1944, fue obligado a servir en la construcción de diques antitanques en la frontera austro-húngara. «Un oficial del S.S. vino y nos obligó a alistarnos, a “ser nazis”», afirmó Georg Ratzinger. Incluso el presidente de la Liga Antidifamación de Estados Unidos, Abraham Foxman, ha salido en defensa del nuevo Pontífice afirmando que «Benedicto XVI es un superviviente de la tiranía y debe ser valorado como un hombre que vio lo peor de la humanidad y pasó su vida en pos de algo muchísimo mejor». 2005-04-27 L.R.ESP.

 

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...en tiempos del comunismo (nacional socialismo comunista) y del nazismo (nacional socialismo nazista)…

Bueno en aquel entonces los que eran pro-nazis fueron los comunistas que no tuvieron ningún problema en firmar un pacto de no-agresión.

Pacto que no les quedo otra que romper no por convicciones antifascistas sino pura y lisamente por mera supervivencia dado que las tropas nazis iban imparablemente a Moscú.

‘Comunismo-nazismo fue el mal absoluto’ y ambos danzaron el macabro baile de la muerte colectiva.

 

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Así lo revela Georg Ratzinger, hermano del Santo Padre

El padre de Benedicto XVI fue un gran opositor al nazismo

 

Georg Ratzinger ha revelado en una entrevista nuevos detalles de la juventud del Papa. Un primo de ambos, hijo de la hermana de su madre, "fue llevado a un campo de exterminio, donde murió asesinado" por padecer problemas mentales. El hermano de Benedicto XVI, de 84 años, recuerda la oposición al nazismo de ambos. Así, Joseph Ratzinger no acudía a las concentraciones de las Juventudes hitlerianas, lo que supuso un "daño económico a la familia, que no pudo beneficiarse así del descuento sobre las tasas escolásticas". Benedicto XVI y su hermano Georg se alistaron en las Juventudes Hitlerianas (Hitlerjugend) "como todos los chicos alemanes", a la fuerza.

(Efe) "No presentarse a las convocatorias habría tenido consecuencias muy negativas", afirma Georg, aunque recuerda cómo el padre de ambos, un agente de policía, fue siempre un "gran opositor" del nazismo. "El nacionalsocialismo sería una catástrofe. No sólo era un gran enemigo de la Iglesia sino de todas las religiones y de la humanidad", recuerda que dijo en alguna ocasión.

En su relato, cuenta como la Segunda Guerra Mundial "marcó profundamente" sus vidas, ya que ambos fueron llamados a combatir por el ejército nazi. "Nuestros objetivos e ideales eran totalmente opuestos a los de Hitler, pero, por desgracia, éramos soldados. No veíamos la hora de que llegase el final de la guerra", señaló.

Además, George comentó que en la región donde vivían "no había judíos", y que no supieron nunca lo que se les hacía, ni las injusticias que cometieron contra ellos los nazis.

Una familia muy unida

En la larga entrevista, Georg, de 84 años, explicó que su hermano pequeño era un niño vivaz, pero no un terremoto. Que siempre estaba contento y amaba a los animales y las plantas, y que en general sentía muy atraído por todo lo que era la naturaleza.

El sacerdote aseguró que la familia Ratzinger, estaba "muy unida". Se comía siempre juntos, y por la noche el padre hacia sonar la cetra (instrumento barroco) y se cantaban canciones.

Los hermanos Ratzinger nunca destacaron en el deporte. "Éramos los más pequeños y débiles de nuestras clases y no lográbamos seguir el ritmo de nuestros compañeros", indicó Georg.

Benedicto XVI, según cuenta su hermano, no eligió enseguida convertirse en sacerdote, pues un día, mientras veía trabajar a un obrero que pintaba las paredes de casa, expresó su deseo de ser también "pintor de brocha gorda".

Georg aseguró que su hermano "se ha acostumbrado rápidamente a su condición de Papa" y que lo vive como "un designio de Dios" y se "empeña con todas sus capacidades".

Para el hermano de Benedicto XVI, la imagen de persona dura que tiene el Papa "no corresponde a la realidad", pues "no ha sido nunca un hombre brusco ni ha ofendido nunca a nadie. Siempre ha mostrado respeto por la opinión de los demás".

Publicado el 29 Septiembre 2008 - 8:23am

 

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La obligatoriedad al ‘servicio militar’ bajo el régimen comunista castrista, bolivarista-chavista o chino, no obliga a juzgar que todos son comunistas o defensores del totalitarismo.... ¿o quizá sea que tantos piensan en contrario?… 2008

 

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Cronología de Joseph Ratzinger

1927
- El 16 de abril, en la madrugada de Sábado Santo, en Marktl am Inn (Alemania), nace Joseph Ratzinger, el menor de los tres hijos de Joseph y María. Es bautizado a las pocas horas.

1929
- La famiia se traslada a Tittmoning, ciudad fronteriza con Austria. «La crisis económica había afectado muy seriamente a nuestra pequeña ciudad, olvidada por el progreso». Viven en un antiguo priorato: «Tittmoning ha permanecido como el país de los sueños de mi infancia».

1932

- «Cuando Hiter fracasó en su intento de ser elegido a la presidencia del Reich, mi padre y mi madre se sintieron algo más tranquilos, pero no eran demasiado entusiastas del Presidente electo, Hindenburg».
- La familia Ratzinger se traslada de Tittmoning a Aschau. El padre «se había arriesgado demasiado contra los nazis».

1933

- Hitler sube al poder.
- En el colegio de Aschau se sienten los primeros cambios por la llegada del nazismo. Un profesor joven intentó acabar con el cristianismo e instaurar cultos paganos de la tradición germánica. Los niños tienen que desfilar por el pueblo.

1935

- Recibe la Primera Comunión y empieza a ayudar en misa como monaguillo.

1937

- Joseph Ratzinger padre empezaba a estar cansado de su trabajo como gendarme: «Mi padre sufría mucho por el hecho de estar al servicio de un poder estatal a cuyos representantes consideraba unos criminales. (...) Protegió y ayudó a los sacerdotes que sabía que corrían peligro». A los 60 años le dan permiso para jubilarse y la familia se traslada a Hufschlag, una casa en medio del campo a media hora a pie del pueblo de Traunstein. «Después de mucho peregrinar, habíamos encontrado aquí, al fin, un lugar que sentíamos como nuestro hogar».
- Cursó Bachillerato humanístico en Traunstein; valora el latín que aprendió allí. Reconoce que no estaba acostumbrado a estudiar tanto.

1938

- Con la invasión de Austria, las fronteras con Alemania quedaron abiertas. Los Ratzinger visitaban con frecuencia Salzburgo, donde pudieron asistir a muchos conciertos. Los dos hermanos son apasionados de la música.
- Entra en el Seminario, donde ya estaba su hermano, gracias, en parte, a que su hermana se puso a trabajar en una tienda y así su padre se veía menos ajustado de dinero.
- Al estallar la guerra, el Seminario queda requisado como hospital militar. Encuentran otro alojamiento, más incómodo, en Sparz: «Tuve que aprender a adaptarme a la vida en común, a salir de mí mismo y a formar una comunidad con los demás, hecha de dar y recibir: estoy muy agradecido a esta experiencia que ha sido importante en mi vida».

1941

- Abandonan el Seminario porque el edificio de Sparz donde daban clase es requisado como hospital para atender a los cada vez más numerosos heridos del frente soviético.
- «Nosotros no pertenecimos a las Juventudes Hitlerianas, pero, en el año 1941, mi hermano sí fue obligado a formar pate. Yo era demasiado pequeño todavía, pero después fui inscrito por los propios responsables del Seminario. (...) Menos mal que había un profesor de Matemáticas, que era nazi, pero, gracias a Dios, muy comprensivo –era un hombre honrado– que me advirtió: Ve al menos una vez, para que te den el carnet, y al ver que yo me negaba, me dijo: No te preocupes, te comprendo, yo lo haré por ti. Y me libró de aquella obligación».

1943

- Los seminaristas fueron alistados. El joven Ratzinger prestaba servicios antiaéreos en Munich, al tiempo que asistía a un reducido número de clases. Algunos reclutas católicos se unían para compartir sus inquietudes. Vivió de cerca los ataques aéreos contra la ciudad.

1944

- Continúa prestando servicios al Ejército. A final de año, lo trasladan a un destacamento cerca de su casa.

1945

- Aprovechó una oportunidad para desertar y consiguió llegar a su casa. Se jugó la vida, porque por su casa pasaron incluso dos miembros de las SS, «pero parecía que un ángel especial velaba por nosotros». Cuando entraron los americanos al final de la guerra, lo tomaron preso por haber sido soldado. En junio quedaría libre.
- Ingresa en el Seminario de Freising. Allí lee mucho. Entre los compañeros se produce un diálogo fructífero, se respira un clima muy familiar a pesar de que son muy heterogéneos. Conoce el personalismo a través de Martin Buber y lo vincula con facilidad a los pensamientos de san Agustín en las Confesiones.

1947

- Empieza a estudiar teología en Munich. Su objetivo es dedicarse a la teología científica. No pueden utilizar el edificio de la Universidad, muy dañado por la guerra, y se trasladan a Fürstenried, donde hace buenos amigos. Dos años después, podrán estudiar en Munich.

1950

- Se presenta a un concurso que le abre las puertas para el Doctorado. Sus hermanos le ayudan a sacar adelante este trabajo, porque apenas tenía tiempo con la preparación al sacerdocio. Su hermana mecanografía todos sus manuscritos.

1951

- En la festividad de San Pedro y San Pablo, 29 de junio, su hermano y él reciben la ordenación sacerdotal: «Permanece inolvidable como el momento más importante de mi vida». Es enviado como coadjutor a la parroquia de la Preciosa Sangre, en Munich, donde se ocupa de un buen número de clases de Religión y una gran actividad pastoral.

1952

- Recibe una oferta para dar clases en el Seminario. Por un lado, la noticia le entristece, porque perderá el contacto con niños y jóvenes que tanto le había gustado; por otro lado, está contento porque vuelve a la teología.

1953

- Empieza a estudiar el Doctorado. El tema de su Tesis doctoral es el análisis de la Revelación en san Buenaventura.

1954

- Queda libre un puesto de profesor en Freising y se traslada a impartir clases mientras prepara su tesis.

1956

- Conoce a Karl Rahner.
- El profesor Schmaus rechaza su trabajo de habilitación para la docencia, por no considerarlo suficientemente científico.

1957

- Su tesis es aceptada.

1959

- Llega a Bonn. Allí tiene contacto con los grandes profesores de la región.
- Muere su padre. Estaban todos juntos en Traunstein, en casa de
Georg, cuando murió.

1962

- El cardenal Frings, arzobispo de Colonia, le lleva, como asesor teológico, al Concilio Vaticano II, junto a Hubert Luthe, amigo y compañero de los tiempos del Seminario. Trabaja, codo con codo, con Karl Rahner.

1963

- Se traslada a Münster. En Bonn sabía que las cosas se le iban a complicar, por el encontronazo con algunos teólogos.
- Muere su madre cuando están todos juntos.

1964

- Georg, el hermano del Papa, es trasladado a Ratisbona para dirigir a los Pequeños cantores de la catedral de Ratisbona.

1966

- Le llama Hans Küng para que ocupe la segunda cátedra de dogmática en Tubinga. A pesar del temor a chocar con él en puntos fundamentales, acepta el encargo. Fue una época de diálogo y polémica.

1969

- Acepta la cátedra de Ratisbona, cansado de las polémicas de Tubinga. Son años de fecundo trabajo teológico. En esa época entra a formar parte de la Comisión Teológica Internacional.
- Participa en la fundación de la revista católica internacional Communio, con von Balthasar, de Lubac y otros.

1977

- El 24 de marzo es elegido arzobispo de Munich y Freising por el Papa Pablo VI, y el 28 de mayo recibe la ordenación episcopal. Su lema episcopal es: Cooperatores veritatis.
- Creado cardenal por Pablo VI en el Consistorio del 27 de junio.

1981

- Juan Pablo II, con el que había coincidido en otras ocasiones, lo llama a Roma para ocuparse de la Prefectura de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

1986

- Presidente de la Comisión para la preparación del Catecismo de la Iglesia católica.

1991

- Muere su hermana María.

1992

- Ingresa en la Academia Francesa de Ciencias Morales y Políticas.

1998

- Nombrado doctor Honoris Causa por la Universidad de Navarra.

2002

- Desde el 30 de noviembre es Decano del colegio cardenalicio.

2005

- El 19 de abril, es elegido Papa y se impuso el nombre de Benedicto XVI.
- El 24 de abril, V Domingo de Pascua, inicia su ministerio como obispo de Roma y Pastor de la Iglesia universal.

 

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Cronología histórica

1918
- Finaliza la primera guerra mundial. El 8 de noviembre se proclama la República Socialista de Baviera.

1919

- 14 de agosto: una nueva Constitución establece en Baviera una monarquía favorable a la democracia, con Parlamento propio.

1927

- San Francisco Javier es nombrado Patrono de las Misiones, junto con santa Teresa del Niño Jesús.
- El aviador estadounidense Charles Lindbergh realiza la primera travesía en solitario del Atlántico.
- Muere Fernando I de Rumanía. Designa como sucesor a su nieto Miguel, de 10 años.

1928
- Alexander Fleming descubre la penincilina, un importante paso en la curación de las infecciones.

1929

- Se firma el Pacto de Letrán, el 11 de febrero, entre la Santa Sede y el Gobierno italiano.

1930

- Las elecciones legislativas alemanas del 14 de septiembre constituyen una victoria para el Partido Nacionalsocialista que logra 107 escaños. Hitler se convierte en la segunda fuerza política del país.

1931
- Pío XI publica, el 15 de mayo, una de las encíclicas más relevantes de su pontificado: Quadragesimo anno (en el 40 aniversario de la Rerum novarum, de León XIII). En ella rechaza la concepción materialista del marxismo y del capitalismo.
- El 14 de abril las elecciones municipales dan la victoria a la República en España. Ante los hechos consumados, Alfonso XIII va al exilio.

1933
- Hitler gana las elecciones en Alemania. El Partido nazi se convierte en el único partido legal del país.
- En la noche del 27 al 28 de febrero, el edificio del Parlamento alemán es incendiado, lo que proporciona a Hitler una excusa para suprimir todas las garantías constitucionales.

1935

- Hitler inicia la persecución a los judíos, con la entrada en vigor, el 14 de noviembre, de las Leyes de Nuremberg, por las que los judíos pierden sus derechos como ciudadanos alemanes.

1936

- El 18 de julio se desencadena el alzamiento militar, en Melilla, que provoca la guerra civil española.
- Se firma el Tratado de cooperación entre Berlín y Roma para proteger las respectivas políticas ante la posibilidad de la guerra.

1937

- Pío XI publica, el 14 de marzo, la encíclica Mit brennender Sorge, en la que condena el Reich alemán.

1938

- 9 de febrero: tiene lugar La noche de los cristales rotos. Es el inicio del holocausto judío.
- En marzo tiene lugar la anexión de Austria al Tercer Reich, y en octubre, la de Checoslovaquia.
- Nace en Roma don Juan Carlos de Borbón y Borbón.

1939

- Muere Pío XI a los 81 años. Su pontificado está marcado por un claro rechazo de la Iglesia a los regímenes dictatoriales de Mussolini y
Hitler. Le sucede Pío XII.
- Final de la guerra civil española. Resultado: cientos de miles de muertos y un millón de inválidos permanentes.
- El 3 de septiembre, Francia e Inglaterra le declaran la guerra a Alemania, tras declarar Hitler su intención de invadir Polonia. Comienza la segunda guerra mundial.

1944

- El 6 de junio el general Eisenhower ordena el desembarco aliado en las playas de Normandía.
- Se pone fin a cuatro años de ocupación alemana en París.

1945

- 7 de mayo: Alemania se rinde ante los aliados, al tener ocupadas las dos terceras partes de su territorio.
- El mundo conoce las atrocidades de los campos de concentración. Se calcula que seis millones de judíos han sido exterminados.
- Hitler se suicida en su búnker.
- Conferencia de Yalta: Roosevelt, Churchill y Stalin acuerdan dividir Alemania en cuatro zonas de ocupación.

1948

- El cardenal Jözsef Mindszenty, Primado de Hungría, es arrestado y condenado a muerte por su oposición al régimen comunista. Al final, su pena es conmutada por la de cadena perpetua.

1949

- Alemania se divide en la República Federal Alemana (Occidente) y en la República Democrática Alemana (tras el Telón de Acero). En la Federal, gobierna su primer Canciller, Adenauer, hasta 1963, y Estados Unidos aplica el Plan Marshall.
- Aparece Rebelión en la granja, la novela de George Orwell inspirada enla doctrina marxista de la Rusia de Stalin.

1953

- Los católicos polacos se echan a la calle para pedir la vuelta de su prelado, el cardenal Wyszinski, destituido por las autoridades tras ser acusado de subversión.

1954

- El profesor de literatura medieval en Oxford J.R.R. Tolkien publica El Señor de los anillos.

1955

- Muere Albert Einstein.

1958

- Juan XXIII inicia su pontificado, tras la muerte de Pío XII.

1959

- 25 de enero: Juan XXIII anuncia un nuevo concilio ecuménico.

1960

- 14 de marzo: Juan XXIII erige el Secretariado para la Unidad de los Cristianos.
- Tiene lugar en Munich el XXXVII Congreso Eucarístico Internacional.

1961

-13 de agosto: se empieza a construir el Muro de Berlín.

1962

- Primera etapa de sesiones del Concilio Vaticano II.

1963

-Muere Juan XXIII y se suspende el Concilio. Le sucede Giovanni Battista Montini, quien toma el nombre de Pablo VI. Al día siguiente, se confirma que el Concilio sigue adelante.

1965

- Tiene lugar la cuarta etapa del Concilio Vaticano II; en ésta se promulga la constitución dogmática Dei Verbum sobre la revelación y la constitución pastoral Gaudium et spes sobre la misión de la Iglesia en el mundo. El 7 de diciembre: con el Decreto Integrae servandae, Pablo VI cambia el nombre al Santo Oficio por el de Congregación para la Doctrina de la Fe y anuncia la creación de la Comisión Teológica Internacional.

1968

- Pablo VI firma la encíclica Humanae vitae, produciéndose después una gran reacción en contra en la Iglesia en Occidente.
- Primavera de Praga: el 15 de abril, la plaza de San Wenceslao, de Praga, es escenario del clima de liberalización política que vive el país; por primera vez se habla libremente de política, religión y literatura.
- Revolución estudiantil en París.

1969

- Los socialdemócratas llegan al poder en la República Federal Alemana.

1978

- Muere Pablo VI, a los 81 años, y el cardenal Albino Luciani, Patriarca de Venecia, es elegido Sumo Pontífice, con el nombre de Juan Pablo I. Un ataque al corazón, a los 33 días de haber comenzado su papado, pone fin a su vida.
- Juan Pablo II es elegido Papa, tras la repentina muerte de Juan Pablo I. Es el primer Pontífice no italiano en 456 años de historia de la Iglesia.

1981

- El 13 de mayo el terrorista turco Alí Agca dispara contra Juan Pablo II, ante 20.000 fieles, en la plaza de San Pedro. Se recupera tras una complicada intervención quirúrgica.

1989

- El 9 de noviembre cae el Muro de Berlín. Su eliminación fue el símbolo del fin de los regímenes comunistas en Europa del Este.

1991

- Entre enero y febrero se libra el enfrentamiento militar, ante la invasión de Kuwait por Iraq, conocido como la Guerra del Golfo.

1997

- Nace la oveja Dolly, el primer animal clonado, en laboratorios de Edimburgo. Comienza la inaceptable aplicación de la revolución bioética.
- Muere en Calcuta la Beata Madre Teresa, fundadora de las Misioneras de la Caridad.

2003

- Estados Unidos ataca a Iraq, ante la oposición de la mayor parte de la opinión pública, y líderes religiosos mundiales. Especialmente se opone, y hace los máximos esfuerzos para evitar la guerra, el Papa Juan Pablo II. Ocho meses después del primer ataque, Sadam Hussein es capturado. En ese intervalo de tiempo, miles de civiles han perdido la vida o han resultado heridos de gravedad.

2005

- El 2 de abril fallece Juan Pablo II en el Vaticano; el mundo le aclama como «JUAN PABLO EL MAGNO» 3.000.000 de personas se movilizan –en Roma- adoloradas para saludar al tan sublime pontífice. Los grandes del mundo –desde reyes y presidentes- sin distinciones religiosas- hasta humildes gentes de los suburbios más degradados del planeta, se inclinaron acongojados y con inquietud: habíamos perdido un Padre Santo.

 

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Dime para qué recuerdas...

 

 

Günter Grass –antes morir que pasar inadvertido– ha decidido abrir su armario político. En un ataque de memoria se ha prestado a recordar lo que hasta ahora había olvidado...

 

Por Andrés OLLERO*
Catedrático de filosofía del derecho

Universidad Rey Juan Carlos (MADRID)

Arvo Net,20.08.2006

  

COINCIDÍA siempre en el campo de Bad Aibling con los de mi edad. Cuando llovía, los que teníamos 17 años nos agachábamos en un hoyo que habíamos hecho en el suelo y extendíamos sobre él una lona. Éramos cien mil prisioneros de guerra concentrados a cielo abierto. Uno de ellos se llamaba Joseph, era católico a todas luces y de vez en cuando soltaba como si tal cosa citas en latín. Fue mi amigo y compañero de partidas, ya que yo había podido conservar un cubilete con dados. Compartíamos el tiempo, jugábamos a los dados, charlábamos y especulábamos sobre el futuro, dado que afortunadamente éramos jóvenes. Yo quería ser artista y él dedicarse a la carrera eclesiástica. Me pareció un poco introvertido, pero era un buen chaval. Una simpática historia, ¿verdad?".

 

Espero haber traducido bien. Günter Grass –antes morir que pasar inadvertido– ha decidido abrir su armario político. En un ataque de memoria se ha prestado a recordar lo que hasta ahora había olvidado: siendo joven se vistió de uniforme por propia voluntad; y no se alistó en el cuartel más próximo sino que se enroló en las SS. Las reacciones que observo durante estos días en el entorno cultural alemán han sido lógicamente variopintas, tendiendo a respetuosas. Había ejercido durante decenios como el tábano llamado a mortificar cualquier actitud de los biempensantes: insistió como, entre nosotros, algunos ahora en que no se había aplicado suficientemente al pasado la prueba del algodón de la memoria; tras la reunificación, defendió frente a los autosatisfechos wesis el tácito turno en contra planteado por los osis. Todo antes que dejar de dar la lata; aunque fuera tocando el tambor. Ahora ha optado por aplicarse su propia medicina. Un poco tarde, para más de uno; antes del Nobel habría quedado mejor...

 

Alemania lleva decenios aprendiendo a convivir con la memoria. El museo de los horrores del campo de concentración de Dachau se cierra con un mensaje sintomático: "El que olvida la historia se condena a repetirla". En España somos aprendices; más de uno parece liarse con la traducción: "Repitamos la historia, antes de que se nos olvide". No es extraño que no se muestren capaces de apreciar en lo que vale nuestra Transición. Sus protagonistas se están viendo injustamente ninguneados; también a Felipe González le están sirviendo ahora la medicina con la que tan generosamente atiborró a Suárez para borrarlo del mapa. Ellos hicieron de la memoria histórica su mejor arma; todo antes que resucitar páginas que entre los que tuvieron la suerte de no soportarlas sólo pueden suscitar vergüenza ajena. Nada más eficaz para reabrir hostilidades, repitiendo la historia, que imponer al adversario el monopolio del error; e incluso el del horror. No es la memoria sino la ambición lo que invita a desenterrar muertos, con la esperanza de poder convertirlos en arma arrojadiza. Por eso quienes siempre han cultivado más nobles objetivos se niegan a entrar en el juego; la familia Lorca da elocuente prueba de ello.

 

Quien jugaba a los dados con Günter Grass entre latinajo y latinajo, fruto de un envidiable Bachillerato, era Joseph Ratzinger; simpático, ¿verdad? Su armario político se lo abrieron a empellones. No había bastado con Pío XII; un presunto papa nazi sabía a poco. Le montaron la habitual inquisición laicista. Aclaró sin remilgos cómo fue tardíamente movilizado, muy a su pesar, y que no movió un dedo para formalizar el obligado encuadre en las juventudes del partido.

 

Grass ha tenido la elegancia de no pretender justificar lo que él mismo habría considerado injustificable. Ha recordado, eso sí, que pretendía alistarse en los submarinos y que si recaló entre la tropa de las SS fue por considerarlo un cuerpo de élite. Antes que pasar por tonto, sugiriendo que todo por allí andaba en orden, ha aportado un interesante dato sobre su capacidad para soportar el tufo nazi: flotaba en el ambiente una actitud antiburguesa que se lo hacía respirable. Los fascismos ya se sabe: nunca han visto, antes o después de la guerra, con buenos ojos las libertades burguesas. Ratzinger ha aportado a su vez algún dato relevante. Su padre, católico practicante, marcó desde el principio distancias con unos planteamientos contrarios a sus convicciones. No veía en Hitler sino una inevitable fuente de males. Sus raíces cristianas no resultaron en absoluto irrelevantes. Cuando no se ha apostado por la negación como sentido de la propia vida resulta más fácil rechazar el mal; nunca cabrá justificarlo contra nadie.

 

La memoria, honestamente cultivada, invita a aprender de los propios errores; nunca será tarde para aprestarse a ello. Cuando tal recurso no tiene otro objetivo que desnudar al vecino, se está a un paso de la violación. La frontera entre memoria y rencor es tan sutil como la que a duras penas separa justicia y venganza. Lo decisivo no será qué se recuerda o deja de recordar, sino por qué y para qué. Si se trata de no repetir la historia, toda memoria resultará poca; si de lo que se trata es de forzar la prórroga, se encubre el nauseabundo juego de cobrar dividendos de los muertos. Dime para qué recuerdas, y te diré quién eres.

Diario de Sevilla

 

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Las primeras palabras en español de Benedicto XVI

 

"Queridos hermanos y hermanas:

Al inicio de mi ministerio como Sucesor de Pedro he sentido asombro y gratitud a Dios, que me ha sorprendido ante todo a mí mismo al llamarme a esta gran responsabilidad. Pero también me da serenidad y alegría la certeza de su ayuda y la de su Madre Santísima. Me siento apoyado además por la cercanía espiritual de todo el Pueblo de Dios, al cual pido que me siga acompañando con su oración.

Al reanudar las Audiencias de los miércoles, quiero referirme al nombre elegido como Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia universal.

He tomado el nombre de Benedicto XVI en relación con el Papa Benedicto XV, un valiente y auténtico profeta de paz ante el drama de la primera guerra mundial.

Como él, deseo ponerme al servicio de la reconciliación y armonía entre los hombres y los pueblos, porque el gran bien de la paz es sobre todo un don de Dios, que hemos de defender y construir entre todos.

El nombre Benedicto evoca, además, la extraordinaria figura de san Benito. El es un punto de referencia para la unidad de Europa y las irrenunciables raíces cristianas de su cultura y civilización.

Saludo ahora a los peregrinos españoles y a la Estudiantina del Instituto católico La Paz de Querétaro (México), así como a los demás fieles venidos de España y América Latina, y a cuantos están unidos a través de la radio o la televisión.

Queridos amigos: gracias por vuestro afecto; os bendigo a todos, a vuestras familias y seres queridos". Vat. 2005.04.27 miércoles – roma, Italia

 

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SANTA MISA
IMPOSICIÓN DEL PALIO
Y ENTREGA DEL ANILLO DEL PESCADOR
EN EL SOLEMNE INICIO DEL MINISTERIO PETRINO
DEL OBISPO DE ROMA

 

2005.04.24, domingo-Pontífice con anillo del pescador-San Pedro, Vaticano, Roma, Italia.

 

HOMILÍA DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI

Plaza de San Pedro
Domingo 24 de abril de 2005

Señor Cardenales, 
venerables Hermanos en el episcopado y en el sacerdocio, 
distinguidas Autoridades y Miembros del Cuerpo diplomático, 
queridos Hermanos y Hermanas 
 

Por tres veces nos ha acompañado en estos días tan intensos el canto de las letanías de los santos*: durante los funerales de nuestro Santo Padre Juan Pablo II; con ocasión de la entrada de los Cardenales en Cónclave, y también hoy, cuando las hemos cantado de nuevo con la invocación: Tu illum adiuva, asiste al nuevo sucesor de San Pedro. He oído este canto orante cada vez de un modo completamente singular, como un gran consuelo. ¡Cómo nos hemos sentido abandonados tras el fallecimiento de Juan Pablo II! El Papa que durante 26 años ha sido nuestro pastor y guía en el camino a través de nuestros tiempos. Él cruzó el umbral hacia la otra vida, entrando en el misterio de Dios. Pero no dio este paso en solitario. Quien cree, nunca está solo; no lo está en la vida ni tampoco en la muerte. En aquellos momentos hemos podido invocar a los santos de todos los siglos, sus amigos, sus hermanos en la fe, sabiendo que serían el cortejo viviente que lo acompañaría en el más allá, hasta la gloria de Dios. Nosotros sabíamos que allí se esperaba su llegada. Ahora sabemos que él está entre los suyos y se encuentra realmente en su casa. Hemos sido consolados de nuevo realizando la solemne entrada en cónclave para elegir al que el Dios había escogido. ¿Cómo podíamos reconocer su nombre? ¿Cómo 115 Obispos, procedentes de todas las culturas y países, podían encontrar a quien Dios quería otorgar la misión de atar y desatar? Una vez más, lo sabíamos; sabíamos que no estamos solos, que estamos rodeados, guiados y conducidos por los amigos de Dios. Y ahora, en este momento, yo, débil siervo de Dios, he de asumir este cometido inaudito, que supera realmente toda capacidad humana. ¿Cómo puedo hacerlo? ¿Cómo seré capaz de llevarlo a cabo? Todo vosotros, queridos amigos, acabáis de invocar a toda la muchedumbre de los santos, representada por algunos de los grandes nombres de la historia que Dios teje con los hombres. De este modo, también en mí se reaviva esta conciencia: no estoy solo. No tengo que llevar yo solo lo que, en realidad, nunca podría soportar yo solo. La muchedumbre de los santos de Dios me protege, me sostiene y me conduce. Y me acompañan, queridos amigos, vuestra indulgencia, vuestro amor, vuestra fe y vuestra esperanza. En efecto, a la comunidad de los santos no pertenecen sólo las grandes figuras que nos han precedido y cuyos nombres conocemos. Todo nosotros somos la comunidad de los santos; nosotros, bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; nosotros, que vivimos del don de la carne y la sangre de Cristo, por medio del cual quiere transformarnos y hacernos semejantes a sí mismo. Sí, la Iglesia está viva; ésta es la maravillosa experiencia de estos días. Precisamente en los tristes días de la enfermedad y la muerte del Papa, algo se ha manifestado de modo maravilloso ante nuestros ojos: que la Iglesia está viva. Y la Iglesia es joven. Ella lleva en sí misma el futuro del mundo y, por tanto, indica también a cada uno de nosotros la vía hacia el futuro. La Iglesia está viva y nosotros lo vemos: experimentamos la alegría que el Resucitado ha prometido a los suyos. La Iglesia está viva; está viva porque Cristo está vivo, porque él ha resucitado verdaderamente. En el dolor que aparecía en el rostro del Santo Padre en los días de Pascua, hemos contemplado el misterio de la pasión de Cristo y tocado al mismo tiempo sus heridas. Pero en todos estos días también hemos podido tocar, en un sentido profundo, al Resucitado. Hemos podido experimentar la alegría que él ha prometido, después de un breve tiempo de oscuridad, como fruto de su resurrección. 

 

La Iglesia está viva: de este modo saludo con gran gozo y gratitud a todos vosotros que estáis aquí reunidos, venerables Hermanos Cardenales y Obispos, queridos sacerdotes, diáconos, agentes de pastoral y catequistas. Os saludo a vosotros, religiosos y religiosas, testigos de la presencia transfigurante de Dios. Os saludo a vosotros, fieles laicos, inmersos en el gran campo de la construcción del Reino de Dios que se expande en el mundo, en cualquier manifestación de la vida. El saludo se llena de afecto al dirigirlo también a todos los que, renacidos en el sacramento del Bautismo, aún no están en plena comunión con nosotros; y a vosotros, hermanos del pueblo hebreo, al que estamos estrechamente unidos por un gran patrimonio espiritual común, que hunde sus raíces en las irrevocables promesas de Dios. Pienso, en fin – casi como una onda que se expande – en todos los hombres de nuestro tiempo, creyente y no creyentes. 

¡Queridos amigos! En este momento no necesito presentar un programa de gobierno. Algún rasgo de lo que considero mi tarea, la he podido exponer ya en mi mensaje del miércoles, 20 de abril; no faltarán otras ocasiones para hacerlo. Mi verdadero programa de gobierno es no hacer mi voluntad, no seguir mis propias ideas, sino de ponerme, junto con toda la Iglesia, a la escucha de la palabra y de la voluntad del Señor y dejarme conducir por Él, de tal modo que sea él mismo quien conduzca a la Iglesia en esta hora de nuestra historia. En lugar de exponer un programa, desearía más bien intentar comentar simplemente los dos signos con los que se representa litúrgicamente el inicio del Ministerio Petrino; por lo demás, ambos signos reflejan también exactamente lo que se ha proclamado en las lecturas de hoy. 

 

El primer signo es el palio, tejido de lana pura, que se me pone sobre los hombros. Este signo antiquísimo, que los Obispos de Roma llevan desde el siglo IV, puede ser considerado como una imagen del yugo de Cristo, que el Obispo de esta ciudad, el Siervo de los Siervos de Dios, toma sobre sus hombros. El yugo de Dios es la voluntad de Dios que nosotros acogemos. Y esta voluntad no es un peso exterior, que nos oprime y nos priva de la libertad. Conocer lo que Dios quiere, conocer cuál es la vía de la vida, era la alegría de Israel, su gran privilegio. Ésta es también nuestra alegría: la voluntad de Dios, en vez de alejarnos de nuestra propia identidad, nos purifica – quizás a veces de manera dolorosa – y nos hace volver de este modo a nosotros mismos. Y así, no servimos solamente Él, sino también a la salvación de todo el mundo, de toda la historia. En realidad, el simbolismo del Palio es más concreto aún: la lana de cordero representa la oveja perdida, enferma o débil, que el pastor lleva a cuestas para conducirla a las aguas de la vida. La parábola de la oveja perdida, que el pastor busca en el desierto, fue para los Padres de la Iglesia una imagen del misterio de Cristo y de la Iglesia. La humanidad – todos nosotros – es la oveja descarriada en el desierto que ya no puede encontrar la senda. El Hijo de Dios no consiente que ocurra esto; no puede abandonar la humanidad a una situación tan miserable. Se alza en pie, abandona la gloria del cielo, para ir en busca de la oveja e ir tras ella, incluso hasta la cruz. La pone sobre sus hombros, carga con nuestra humanidad, nos lleva a nosotros mismos, pues Él es el buen pastor, que ofrece su vida por las ovejas. El Palio indica primeramente que Cristo nos lleva a todos nosotros. Pero, al mismo tiempo, nos invita a llevarnos unos a otros. Se convierte así en el símbolo de la misión del pastor del que hablan la segunda lectura y el Evangelio de hoy. La santa inquietud de Cristo ha de animar al pastor: no es indiferente para él que muchas personas vaguen por el desierto. Y hay muchas formas de desierto: el desierto de la pobreza, el desierto del hambre y de la sed; el desierto del abandono, de la soledad, del amor quebrantado. Existe también el desierto de la oscuridad de Dios, del vacío de las almas que ya no tienen conciencia de la dignidad y del rumbo del hombre. Los desiertos exteriores se multiplican en el mundo, porque se han extendido los desiertos interiores. Por eso, los tesoros de la tierra ya no están al servicio del cultivo del jardín de Dios, en el que todos puedan vivir, sino subyugados al poder de la explotación y la destrucción. La Iglesia en su conjunto, así como sus Pastores, han de ponerse en camino como Cristo para rescatar a los hombres del desierto y conducirlos al lugar de la vida, hacia la amistad con el Hijo de Dios, hacia Aquel que nos da la vida, y la vida en plenitud. El símbolo del cordero tiene todavía otro aspecto. Era costumbre en el antiguo Oriente que los reyes se llamaran a sí mismos pastores de su pueblo. Era una imagen de su poder, una imagen cínica: para ellos, los pueblos eran como ovejas de las que el pastor podía disponer a su agrado. Por el contrario, el pastor de todos los hombres, el Dios vivo, se ha hecho él mismo cordero, se ha puesto de la parte de los corderos, de los que son pisoteados y sacrificados. Precisamente así se revela Él como el verdadero pastor: “Yo soy el buen pastor [...]. Yo doy mi vida por las ovejas”, dice Jesús de sí mismo (Jn 10, 14s.). No es el poder lo que redime, sino el amor. Éste es el distintivo de Dios: Él mismo es amor. ¡Cuántas veces desearíamos que Dios se mostrara más fuerte! Que actuara duramente, derrotara el mal y creara un mundo mejor. Todas las ideologías del poder se justifican así, justifican la destrucción de lo que se opondría al progreso y a la liberación de la humanidad. Nosotros sufrimos por la paciencia de Dios. Y, no obstante, todos necesitamos su paciencia. El Dios, que se ha hecho cordero, nos dice que el mundo se salva por el Crucificado y no por los crucificadores. El mundo es redimido por la paciencia de Dios y destruido por la impaciencia de los hombres. 

 

Una de las características fundamentales del pastor debe ser amar a los hombres que le han sido confiados, tal como ama Cristo, a cuyo servicio está. “Apacienta mis ovejas”, dice Cristo a Pedro, y también a mí, en este momento. Apacentar quiere decir amar, y amar quiere decir también estar dispuestos a sufrir. Amar significa dar el verdadero bien a las ovejas, el alimento de la verdad de Dios, de la palabra de Dios; el alimento de su presencia, que él nos da en el Santísimo Sacramento. Queridos amigos, en este momento sólo puedo decir: rogad por mí, para que aprenda a amar cada vez más al Señor. Rogad por mí, para que aprenda a querer cada vez más a su rebaño, a vosotros, a la Santa Iglesia, a cada uno de vosotros, tanto personal como comunitariamente. Rogad por mí, para que, por miedo, no huya ante los lobos. Roguemos unos por otros para que sea el Señor quien nos lleve y nosotros aprendamos a llevarnos unos a otros. 

 

El segundo signo con el cual la liturgia de hoy representa el comienzo del Ministerio Petrino es la entrega del anillo del pescador. La llamada de Pedro a ser pastor, que hemos oído en el Evangelio, viene después de la narración de una pesca abundante; después de una noche en la que echaron las redes sin éxito, los discípulos vieron en la orilla al Señor resucitado. Él les manda volver a pescar otra vez, y he aquí que la red se llena tanto que no tenían fuerzas para sacarla; había 153 peces grandes y, “aunque eran tantos, no se rompió la red” (Jn 21, 11). Este relato al final del camino terrenal de Jesús con sus discípulos, se corresponde con uno del principio: tampoco entonces los discípulos habían pescado nada durante toda la noche; también entonces Jesús invitó a Simón a remar mar adentro. Y Simón, que todavía no se llamaba Pedro, dio aquella admirable respuesta: “Maestro, por tu palabra echaré las redes”. Se le confió entonces la misión: “No temas, desde ahora serás pescador de hombres” (Lc 5, 1.11). También hoy se dice a la Iglesia y a los sucesores de los apóstoles que se adentren en el mar de la historia y echen las redes, para conquistar a los hombres para el Evangelio, para Dios, para Cristo, para la vida verdadera. Los Padres han dedicado también un comentario muy particular a esta tarea singular. Dicen así: para el pez, creado para vivir en el agua, resulta mortal sacarlo del mar. Se le priva de su elemento vital para convertirlo en alimento del hombre. Pero en la misión del pescador de hombres ocurre lo contrario. Los hombres vivimos alienados, en las aguas saladas del sufrimiento y de la muerte; en un mar de oscuridad, sin luz. La red del Evangelio nos rescata de las aguas de la muerte y nos lleva al resplandor de la luz de Dios, en la vida verdadera. Así es, efectivamente: en la misión de pescador de hombres, siguiendo a Cristo, hace falta sacar a los hombres del mar salado por todas las alienaciones y llevarlo a la tierra de la vida, a la luz de Dios. Así es, en verdad: nosotros existimos para enseñar Dios a los hombres. Y únicamente donde se ve a Dios, comienza realmente la vida. Sólo cuando encontramos en Cristo al Dios vivo, conocemos lo que es la vida. No somos el producto casual y sin sentido de la evolución. Cada uno de nosotros es el fruto de un pensamiento de Dios. Cada uno de nosotros es querido, cada uno es amado, cada uno es necesario. Nada hay más hermoso que haber sido alcanzados, sorprendidos, por el Evangelio, por Cristo. Nada más bello que conocerle y comunicar a los otros la amistad con él. La tarea del pastor, del pescador de hombres, puede parecer a veces gravosa. Pero es gozosa y grande, porque en definitiva es un servicio a la alegría, a la alegría de Dios que quiere hacer su entrada en el mundo. 

 

Quisiera ahora destacar todavía una cosa: tanto en la imagen del pastor como en la del pescador, emerge de manera muy explícita la llamad a la unidad. “Tengo , además, otras ovejas que no son de este redil; también a ésas las tengo que traer, y escucharán mi voz y habrá un solo rebaño, un solo Pastor” (Jn 10, 16), dice Jesús al final del discurso del buen pastor. Y el relato de los 153 peces grandes termina con la gozosa constatación: “Y aunque eran tantos, no se rompió la red” (Jn 21, 11). ¡Ay de mí, Señor amado! ahora la red se ha roto, quisiéramos decir doloridos. Pero no, ¡no debemos estar tristes! Alegrémonos por tu promesa que no defrauda y hagamos todo lo posible para recorrer el camino hacia la unidad que tú has prometido. Hagamos memoria de ella en la oración al Señor, como mendigos; sí, Señor, acuérdate de lo que prometiste. ¡Haz que seamos un solo pastor y una sola grey! ¡No permitas que se rompa tu red y ayúdanos a ser servidores de la unidad!

 

           En este momento mi recuerdo vuelve al 22 de octubre de 1978, cuando el Papa Juan Pablo II inició su ministerio aquí en la Plaza de San Pedro. Todavía, y continuamente, resuenan en mis oídos sus palabras de entonces: “¡No temáis! ¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo!” El Papa hablaba a los fuertes, a los poderosos del mundo, los cuales tenían miedo de que Cristo pudiera quitarles algo de su poder, si lo hubieran dejado entrar y hubieran concedido la libertad a la fe. Sí, él ciertamente les habría quitado algo: el dominio de la corrupción, del quebrantamiento del derecho y de la arbitrariedad. Pero no les habría quitado nada de lo que pertenece a la libertad del hombre, a su dignidad, a la edificación de una sociedad justa. Además, el Papa hablaba a todos los hombres, sobre todo a los jóvenes. ¿Acaso no tenemos todos de algún modo miedo – si dejamos entrar a Cristo totalmente dentro de nosotros, si nos abrimos totalmente a él –, miedo de que él pueda quitarnos algo de nuestra vida? ¿Acaso no tenemos miedo de renunciar a algo grande, único, que hace la vida más bella? ¿No corremos el riesgo de encontrarnos luego en la angustia y vernos privados de la libertad? Y todavía el Papa quería decir: ¡no! quien deja entrar a Cristo no pierde nada, nada – absolutamente nada – de lo que hace la vida libre, bella y grande. ¡No! Sólo con esta amistad se abren las puertas de la vida. Sólo con esta amistad se abren realmente las grandes potencialidades de la condición humana. Sólo con esta amistad experimentamos lo que es bello y lo que nos libera. Así, hoy, yo quisiera, con gran fuerza y gran convicción, a partir de la experiencia de una larga vida personal, decir a todos vosotros, queridos jóvenes: ¡No tengáis miedo de Cristo! Él no quita nada, y lo da todo. Quien se da a él, recibe el ciento por uno. Sí, abrid, abrid de par en par las puertas a Cristo, y encontraréis la verdadera vida. Amén.

 

 

* Letanía cantada por vez primera a la coronación de Carlomagno, que se produjo en San Pedro en la noche de Navidad del año 800, por León III (pontífice desde 795 hasta 816)

 

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Desde que, hace más de mil años, en las riberas del Dniéper las aguas del bautismo injertaron a los pueblos de Ucrania en la gran familia de los discípulos de Cristo, esa tierra ha alcanzado un gran desarrollo de su identidad cultural y espiritual. El Evangelio ha modelado su vida, su cultura y sus instituciones; por eso, hoy Ucrania tiene la gran responsabilidad de apreciar, defender y promover su herencia cristiana, rasgo distintivo de la nación, que no logró deteriorar profundamente ni siquiera la funesta dictadura del comunismo.

 

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SIGLO XX - Además, este siglo que llega a su ocaso ha tenido un gran número de mártires, sobre todo a causa del nazismo, del comunismo y de las luchas raciales o tribales. Personas de todas las clases sociales han sufrido por su fe, pagando con la sangre su adhesión a Cristo y a la Iglesia, o soportando con valentía largos años de prisión y de privaciones de todo tipo por no ceder a una ideología transformada en un régimen dictatorial despiadado. Desde el punto de vista psicológico, el martirio es la demostración más elocuente de la verdad de la fe, que sabe dar un rostro humano incluso a la muerte más violenta y que manifiesta su belleza incluso en medio de las persecuciones más atroces.

 

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Es verdad que este Papa iba contra el comunismo. Pero el motivo por el que el Papa iba contra el comunismo no era político, sino religioso y antropológico:  el comunismo era un sistema que profesaba el ateísmo y perseguía a la Iglesia y, al mismo tiempo, oprimía al hombre, negándole plena libertad. Es un motivo religioso y más propiamente cristológico el que ha inspirado la actividad de Juan Pablo II.

 

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La Iglesia ha rechazado las ideologías totalitarias y ateas asociadas en los tiempos modernos al ‘comunismo’ o ‘socialismo’. Por otra parte, ha rechazado en la práctica del ‘capitalismo’ el individualismo y la primacía absoluta de la ley de mercado sobre el trabajo humano (cf CA 10, 13.44). La regulación de la economía por la sola planificación centralizada pervierte en su base los vínculos sociales; su regulación únicamente por la ley de mercado quebranta la justicia social, porque ‘existen numerosas necesidades humanas que no pueden ser satisfechas por el mercado’ (CA 34). Es preciso promover una regulación razonable del mercado y de las iniciativas económicas, según una justa jerarquía de valores y con vistas al bien común.

 

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La Iglesia no pretende tener funcionarios, sino personas que entren en la dinámica del don de sí mismos. La actividad caritativa debe llevarse a cabo de persona a persona. Hoy en día, la persona sufre a menudo a causa del aislamiento. En las regiones donde se impuso el comunismo, el hombre se encontró ante un Estado que lo despersonalizaba, porque la estructura era más importante que la persona. Por ello es necesario promover en los agente de las organizaciones caritativas, un convencimiento profundo de su propia identidad cristiana, para que puedan vivir como servicio su misión. Esto implica que la actividad caritativa no pueda prescindir de la actividad pastoral, sino que se desarrolla en conexión con ésta. El trabajo social posee un corazón pastoral, y el trabajo pastoral se enriquece de la experiencia de la caridad.

 

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El Occidente aprende del Oriente el testimonio de fe vivido heroicamente; el Oriente recibe del Occidente el apoyo para su desarrollo. Aun siguen vigentes las palabras de Tertuliano: "Sanguis martyrum est semen christianorum". Frente a la secularización avanzada del Occidente, el Oriente ofrece espacios de gran esperanza. Sin esta reciprocidad, que la relación implica, se crea el peligro de la dependencia, del paternalismo, de la falta de autonomía y, por tanto, la privación de un verdadero crecimiento. El conocimiento personal ofrece una gran ayuda para perseguir dicha reciprocidad.

 

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El determinismo biológico del racismo encuentra su expresión acabada en el libro de Vacher de Lapouge, L´aryen et son rôle social, aparecido en 1899, que se inspira en el principio darwinista de la lucha por la supervivencia de la especie, y en la dicotomía hegeliana del amo y el esclavo. Según este autor, la raza se define por la morfología física de los individuos que la componen. De este modo, la raza aria, la de los señores, se caracteriza por estatura alta, pelo rubio, y un cráneo dolicocéfalo, mientras que los bajos, morenos y braquiocéfalos forman la raza de los esclavos (cf. Jean Luc Chabot, op. cit., p. 50).

Este tipo de racismo no es privativo de Alemania. Francia misma, a pesar de su concepción no determinista de la nación, no se libra de ella; el ejemplo más manifiesto de ello es el antisemitismo.

Sin embargo, el comunismo representa una excepción notable a esta corriente nacionalista generalizada, pues preconiza la solidaridad obrera por encima de las barreras nacionales. Así, Lenin escribía en 1913 en sus Notas críticas sobre la cuestión nacional: «El marxismo y el nacionalismo son irreconciliables. El marxismo busca la internacionalización, la fusión de todas las naciones en una unidad suprema». Para él el hecho nacional es algo fundamentalmente efímero, destinado a disolverse en el internacionalismo proletario, porque «los obreros no tienen patria». Pero en tanto que la nación siga existiendo, puede ser explotada con fines revolucionarios. De este modo, un militante comunista que pertenezca a una nación oprimida, debe hacer suyas las tesis nacionalistas para obtener la liberación de su país del yugo extranjero; y al revés, si pertenece a una nación imperialista, debe tomar una actitud antinacionalista en contra de su propio país. Pero en cualquier caso se trata de una actitud puramente táctica. Una vez lograda la independencia, el comunista se hace internacionalista, y lucha por la incorporación de su país a la Unión Soviética, la cual, como decía Stalin, es una «notable organización para la colaboración entre los pueblos, prefiguración viva de la unión futura de los pueblos, cuando los agrupe una única economía mundial».

Hoy podemos contemplar el efecto de esta actitud utópica. El comunismo no ha podido suprimir el sentimiento nacional, y no ha podido acercar a las diversas naciones entre sí, a pesar de sus pretensiones de internacionalismo socialista. Es más, su utopismo ha obstaculizado de hecho la creación de vínculos reales de respeto y de amistad entre los pueblos, y ha impedido solucionar los antiguos conflictos desde una base realista. Las consecuencias son, entre otras, la rampante guerra étnica en el corazón de los Balcanes, y la disgregación de la Unión Soviética, de Yugoslavia y de Checoslovaquia.

De este modo, después de la caída del comunismo, se ha hecho sentir de manera espectacular una fuerte necesidad de identidad nacional en toda Europa central y oriental.

Ciertamente, no se puede atribuir este estallido de los Estados solamente a los errores del comunismo. De hecho, pueblos como el esloveno y el croata ya hace mucho tiempo que vienen acariciando la idea de una independencia nacional, de modo que les ha bastado aprovechar los errores del régimen de Belgrado para acceder a un Estado soberano. Así, los errores ideológicos y políticos han servido de mera ocasión para realizar unas aspiraciones mucho más antiguas.

 

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 Anillo del pescador impuesto el 2005.04.24-San Pedro. Vat.

 

Mitos y realidades sobre Benedicto XVI

 

Pbro. Luis-Fernando Valdés López
Habemus Papam! Y salió, por el balcón de la Basílica de San Pedro, Benedicto XVI, sonriente, saludando a los miles de fieles reunidos en la Plaza de San Pedro. Se presentó a sí mismo, como un «humilde trabajador de la viña del Señor». Esa descripción coincidía perfectamente con el recuerdo que yo guardaba del entonces Cardenal Ratzinger, cuando tuve la oportunidad de conversar unos minutos con él, en enero de 1998, durante un evento académico de la Universidad de Navarra (Pamplona, España).

Y quizá por eso, me contrastaron mucho algunas opiniones bastante duras sobre su persona, que algunos medios de comunicación emitieron desde el momento de su elección como Romano Pontífice. Se le tildó —entre otras acusaciones— de nazi, de intransigente, de reprimir a los teólogos de la liberación. ¿Qué hay de cierto en todo eso? ¿Se trata de acusaciones fundadas en la realidad? ¿O estamos presenciando el nacimiento de los mitos en torno a Benedicto XVI?

¿Pasado nazi?

El primero de los mitos sobre Benedicto XVI es la acusación de que en su juventud militó con los nazis. ¿Qué hay de verdadero en esto? La respuesta la encontramos rápidamente el libro publicado por Joseph Ratzinger en 1997, titulado Mi vida. Recuerdos (1927-1977). Ahí cuenta que en 1943, cuando él tenía 16 años y era ya seminarista, el gobierno de Hitler realizó una leva, y así le tocó ingresar al ejército alemán.

Cuenta que en vista de la creciente carencia de personal militar, los hombres del régimen idearon que los estudiantes utilizaran su tiempo libre en servicio de defensa antiaérea. «Así, el pequeño grupo de seminarista de mi clase —de los nacidos entre 1926 y 1927— fue llamado a los servicios antiaéreos de Munich. Habitábamos en barracones como los soldados regulares, que eran obviamente una minoría, usábamos los mismo uniformes y, en lo esencial, debíamos llevar a cabo los mismos servicios, con la sola diferencia que a nosotros se nos permitía asistir a un número reducido de clases» (p. 43).
Más adelante en 1944, fue asignado a un campamento en Austria, en la frontera con Hungría y la entonces Checoslovaquia. Ahí los oficiales eran «nazis de los primeros tiempos ... fanáticos que nos tiranizaban con violencia» (p. 45). Y cuenta que una noche, ya muy tarde, pusieron a su pelotón en formación. Entonces, «un oficial de la SS nos llamó uno a uno fuera de la fila y trató de inducirnos como “voluntarios” en el cuerpo de la SS, aprovechándose de nuestro cansancio y comprometiéndonos delante del grupo reunido» (p. 46).

Cuando llegó su turno, el joven Ratzinger se negó. «Junto con algunos otros, yo tuve la fortuna de decir que tenía la intención de ser sacerdote católico». La reacción de los oficiales de la SS —ese «cuerpo criminal», lo llama— fue inmediata: «fuimos cubiertos de escarnio e insultos, pero aquellas humillaciones nos supieron a gloria», porque se habían librado de ese enrolamiento falsamente “voluntario” (p. 46).

Como se puede apreciar, lejos de ser un miembro del partido nazi, Joseph Ratzinger fue víctima del nazismo. Y nos ha dejado constancia de su clara oposición a formar parte de ese sistema.

¿Inquisidor de herejes?

En 1982, el Cardenal Ratzinger tomó posesión del cargo de Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF). Se trata del organismo vaticano encargado de tutelar la ortodoxia de la fe católica. Era un cargo por demás célebre: se trataba de la antigua Inquisición, del anterior Santo Oficio. Y las sombras de intolerancia se cernieron sobre él. Pero ¿en realidad el Cardenal Ratzinger fue un intolerante durante su gestión como Prefecto?
Todo lo contrario. Su espíritu sencillo y abierto queda reflejado en el giro que él mismo dio a la CDF. Este nuevo estilo, más abierto, más de diálogo se refleja en el Reglamento para el examen de las doctrinas (30-V-1997).

Además, cuando un Autor es sometido a un proceso doctrinal ante la CDF, el interesado tiene derecho a dos abogados, uno de ellos se le asigna de oficio.
El caso del famoso teólogo moralista Marciano Vidal, redentorista, es representativo de este nuevo modo de proceder de la CDF. Después de un primer estudio del «Diccionario de ética teológica», y del libro «Moral de Actitudes», del P. Marciano Vidal, la CDF, a causa de los errores y de las ambigüedades encontrados, decidió emprender un estudio más profundo de esas obras. El 13 de diciembre de 1997 la CDF envió al autor, a través del Superior General de su Congregación, el texto de la «Contestatio», es decir el dictamen de la CDF.

El Autor envío una «Respuesta», redactada por él mismo y ayudado por el Consejero elegido por él, y acompañada por una carta de su Superior General. La CDF recibió esa «Respuesta», el 4 de junio de 1998. La examinó, y la consideró insatisfactoria. Por eso, decidió ofrecer al autor una nueva posibilidad de clarificar su pensamiento sobre los puntos en examen (20 de enero de 1999).

El nuevo texto de la CDF, acompañado de una carta, se entregó al Superior General de la Congregación del Santísimo Redentor en una reunión que tuvo lugar en la sede de la CDF (7 de junio de 1999). En esta reunión se comunicó el resultado del examen de la Respuesta, así como la decisión de la CDF, de carácter excepcional, de volver a formular los puntos en discusión, con objeto de facilitar una respuesta más puntual y precisa.

Se determinó que la respuesta del P. Vidal, redactada de forma personal, inequívoca y sucinta, debía llegar a la Congregación para la Doctrina de la Fe antes del próximo 30 de septiembre. Y esa respuesta llegó el 28 de septiembre. El texto de la segunda «Respuesta» fue sometido a examen. Y el 10 de noviembre de 1999 concluyó el proceso.

Aunque Vidal manifestó su disposición para corregir las ambigüedades referentes a la procreación artificial heteróloga, al aborto terapéutico y eugenésico y a las leyes sobre el aborto, este teólogo no proponía modificaciones concretas y sustanciales a las otras posiciones erróneas señaladas por la CDF. Y por eso, el Dicasterio romano decidió enviarle una «Notificación» (amonestación oficial).

El 2 de junio de 2000 se le comunicó formalmente la Notificación al P. Vidal, y después de un sereno diálogo, este Autor aceptó el juicio doctrinal formulado por la CDF, y se comprometió formalmente a reelaborar sus escritos, según los criterios establecidos.

Casi tres años de diálogo. Se llegó a un acuerdo. Nada de torturas, ni de hogueras. ¿Dónde está el Inquisidor? ¿Dónde está el intransigente?

¿Destructor de la Teología de la Liberación?

El mismo día de su elección como Sucesor de San Pedro, la televisión española entrevistaba a algunos de los llamados «Teólogos de la liberación». Estos afirmaban que el nuevo Papa, cuando había sido el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, los había condenado porque no tenía las categorías mentales necesarias para apoyarlos. El mensaje era claro: se trataba de un hombre cerrado a las nuevas formas de pensamiento.
Suena interesante la acusación. Pero seguramente hoy día pocos lectores saben qué es la «Teología de la Liberación». Seguramente les sonará como un movimiento cultural latinoamericano de los años sesentas y setentas, aunque quizá no acierten a entender qué proponían.

Se trata de un movimiento teológico que tenía la opinión de que la tradición teológica existente hasta entonces no resultaba aceptable. Y proponía hacer una nueva teología basada en la Escritura, pero interpretada desde la psicología, la sociología y la interpretación marxista de la historia. Su objetivo inmediato, muy loable, era enfrentar la pobreza y la opresión sufrida en América Latina.

Se trata de una Teología muy atractiva, pues dialogaba directamente con las ciencias humanas en boga, y buscaba dar una respuesta social. Pero en la práctica, se estaba causando un ruptura en el seno de la Iglesia. ¿Qué tenía esa doctrina que la hacía peligrosa para la fe? Algunos lo intuían, pero muy pocos lo sabían explicar.

El entonces Cardenal Ratzinger elaboró un dictamen que llega al núcleo de la «Teología de la Liberación», y que muestra su incompatibilidad con la fe.

Según el Prefecto, esta teología vaciaba «seriamente la realidad global del cristianismo en un esquema de praxis sociopolítico de liberación».
Y esto era casi imperceptible porque «muchos teólogos de la liberación siguen usando gran parte del lenguaje ascético y dogmático de la Iglesia, pero en clave nueva; de tal manera que, quien la lee o la escucha partiendo del otro fundamento distinto [del tradicional], puede tener la impresión de encontrar el patrimonio tradicional; ciertamente con el añadido de algunas afirmaciones “un poco extrañas”, pero que, unidas a tanta religiosidad, no podrían ser peligrosas» (J. Ratzinger – V. Messori, Informe sobre la fe, BAC, 1985, p. 195).

Esta teología nueva «se presenta como una nueva hermeneútica de la fe cristiana», es decir, como una reinvención de todas la formas de la vida eclesial: la constitución eclesiática, la liturgia, la catequesis y las opciones morales (cfr. ibid. p. 194).

Este dictamen dio lugar a dos documentos de la CDF, Libertatis nuntius (6-VIII-1984) y Libertatis conscientiae (23-III-1986). Con estos textos se dio por zanjada la cuestión.

Ante este fino análisis intelectual elaborado por el Cardenal Ratzinger, cabe preguntar a esos Teólogos si captar el fondo de una cuestión tan difícil, si descubrir el cambio de doctrina que ellos proponían, es estar cerrado a las nuevas formas de pensamiento. Da la impresión de que etiquetan de cerrado a quien no piensa como ellos.

Hasta aquí la exposición de algunos de los mitos que empiezan a correr sobre Benedicto XVI. Al desenmascararlos, se puede ver por contraste la verdadera personalidad del nuevo Papa: es un hombre valiente que supo no ceder ante el nazismo, de un hombre que sabe dialogar pacientemente con los teólogos, de un hombre de exquisita finura intelectual y de un gran sentido de la verdadera fe.

Habemus Papam. Tenemos un Papa nuevo, dotado de una gran humildad, que se manifiesta en esa capacidad de escuchar y en esa valentía para llamar a los errores por su nombre, sin desear quedar bien ante los hombres, sino sólo ante Dios.______________________
El Padre Luis-Fernando Valdés es Licenciado en Filosofía por la Universidad Panamericana (México, D.F.) y Doctor en Teología por la Universidad de Navarra (Pamplona, España), y lleva a cabo su labor pastoral como Capellán del Colegio Álamos y Profesor de Teología Moral en el Seminario Conciliar de Querétaro. lfvaldes@prodigy.net.mx

 

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Los retos de la Iglesia

 

Rueda de prensa del cardenal Joseph Ratzinger,
ahora hace un año
Nov. 2002 – Nov. 2003.

 

J. Ratzinger-S.S.Benedicto XVI-2005.04.24-Roma.


La Iglesia no es un espíritu que sobrevuela. Estoy convencido de que hemos interpretado de manera totalmente fiel la Lumen gentium del Vaticano II, mientras que en estos últimos treinta años hemos ido atenuando el texto.


Con ocasión del reciente congreso de Teología Moral celebrado en la UCAM (Universidad Católica de Murcia), hemos recordado el del año pasado, que versó sobre Cristología y se honró con la presencia del Cardenal Joseph Ratzinger, Cardenal Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Nos ha parecido interesante traer de nuevo a la memoria algunas de sus declaraciones en aquel todavía reciente entonces.


La Iglesia ante el reto de la descristianización

¿Piensa que la Iglesia, especialmente en el mundo occidental, está preparada para afrontar el momento de descristianización y de vacío de la fe tan grande que hay? O, ¿todavía se da entre los hombres una visión de cristiandad, y no de una Iglesia misionera?

Creo que, en este sentido, tenemos que aprender. Nos ocupamos demasiado de nosotros mismos, de las cuestiones estructurales, del celibato, ordenación de las mujeres, Consejos, derechos de los Consejos, sínodos... Trabajamos siempre sobre nuestros problemas internos, y no nos damos cuenta de que el mundo tiene necesidad de respuestas, no sabe cómo vivir. Esta incapacidad de vivir del mundo se ve en la droga, en el terrorismo, etc. Por tanto, el mundo tiene sed de respuestas, y nosotros nos quedamos en nuestros problemas. Estoy convencido de que si salimos al encuentro de los demás, y presentamos a los demás de manera apropiada el Evangelio, incluso los problemas internos se relativizan y se resuelven. Para mí, éste es un punto fundamental: tenemos que hacer el Evangelio accesible al mundo secularizado de hoy.

Ante la Navidad

Nos adentramos en la Navidad. Dios se encarna por medio de una Mujer. ¿Cómo se hace posible hoy la encarnación de Cristo dentro de la Iglesia por medio de la mujer?¿Qué papel tiene la mujer en la teología?

El tema exigiría una discusión larga. Es importante ver que, en todos los períodos de la Iglesia, la mujer ha tenido una visión muy grande e importante. Con Jesús estaban las mujeres, con san Pablo y con los apóstoles estaban las mujeres. Son muy poco conocidas las hermanas de los grandes Padres de la Iglesia, que eran muy importantes para estas personas, con su testimonio. Pensemos cómo la vida de san Jerónimo no se podría pensar sin esa gran contribución de mujeres que han aprendido hebreo y, naturalmente, griego con él, eran mujeres doctas. Por ejemplo, si pienso en mi patria, la misión católica fue fecunda en el momento en el que llegaron las mujeres. San Bonifacio sabía bien que sin mujeres, sin las madres y hermanas en la fe, la fe no podía tocar el corazón. Por este motivo llamó a toda su familia, y estuvo circundado de una familia de santas. Así en todos los períodos de la misión han sido sobre todo las mujeres las que, finalmente, han concretizado la maternidad de la Iglesia, y el elemento femenino hizo amable a la Iglesia.

Pensemos en Iberoamérica, cómo sólo cuando se apareció la Virgen en Guadalupe podía comenzar el camino de la Iglesia en estos países. Cada período tiene su modo específico de la contribución de la mujer. El ministerio jerárquico está determinado por Cristo a su fisonomía, mientras que la contribución de la mujer pertenece al gran sector de la realización carismática de la Iglesia, que no es menos importante que la jerárquica; es mucho más pluriforme y exige mucha más creatividad, y estoy convencido de que las mujeres de hoy tienen la creatividad necesaria para ofrecer la contribución absolutamente necesaria de la mujer.

Universidad

¿Qué debe hacer una universidad católica, portadora de la verdad de Cristo, para hacer presente la misión evangelizadora del cristianismo?

Es importante que en una universidad católica no se aprenda sólo la preparación para una cierta profesión. Una universidad es algo más que una escuela profesional, en la que aprendo física, sociología, química... Es muy importante una buena formación profesional, pero si fuera sólo esto, no sería más que un techo de escuelas profesionales diferentes. Una universidad tiene que tener como fundamento, la construcción de una interpretación válida de la existencia humana. A la luz de este fundamento, podemos ver el lugar que ocupan cada una de las ciencias, así como nuestra fe cristiana, que debe estar presente a un alto nivel intelectual.
Por este motivo, en la escuela católica tiene que darse una formación fundamental en las cuestiones de la fe, y sobre todo un diálogo interdisciplinar entre profesores y estudiantes para que, juntos, puedan comprender la misión de un intelectual católico en nuestro mundo.

El verdadero diálogo

Algunos interpretan a menudo el hecho de anunciar a Cristo como una ruptura en el diálogo con las demás religiones. ¿Cómo es posible anunciar a Cristo y dialogar al mismo tiempo?

Diría que hoy realmente se da una dominación del relativismo. Quien no es relativista parecería que es alguien intolerante. Pensar que se puede comprender la verdad esencial, es visto ya como algo intolerante. Pero en realidad esta exclusión de la verdad es un tipo de intolerancia muy grave, y reduce las cosas esenciales de la vida humana al subjetivismo. De este modo, en las cosas esenciales ya no tendremos una visión común. Cada uno podría y debería decidir como puede. Perdemos así los fundamentos éticos de nuestra vida común.

Ante la búsqueda actual de espiritualidad, mucha gente recurre a la meditación trascendental. ¿Qué diferencia hay entre la meditación trascendental y la meditación cristiana?

En pocas palabras, diría que lo esencial de la meditación trascendental es que el hombre se expropia del propio yo, se une con la universal esencia del mundo; por tanto, queda un poco despersonalizado. Por el contrario, en la meditación cristiana no pierdo mi personalidad, entro en una relación personal con la persona de Cristo, entro en relación con el Tú de Cristo, y de este modo este yo no se pierde, mantiene su identidad y responsabilidad. Al mismo tiempo se abre, entra en una unidad más profunda, que es la unidad del amor que no destruye. Por tanto, diría en pocas palabras que la meditación trascendental es impersonal, y en este sentido despersonalizante. Mientras que la meditación cristiana es personalizante y abre a una unidad profunda, que nace del amor y no de la disolución del yo.

Este último año ha sido difícil para los católicos, por el espacio que han tenido en los medios de comunicación los escándalos atribuidos a sacerdotes. Algunos han hablado de campaña contra la Iglesia. Usted, ¿qué piensa?

También en la Iglesia los sacerdotes son pecadores, pero estoy personalmente convencido de que la permanente presencia de pecados de sacerdotes católicos en la prensa, sobre todo en Estados Unidos, es una campaña construida, pues el porcentaje de estos delitos entre sacerdote no es, al menos, más elevado que en otras categorías, o quizá más bajo. En Estados Unidos tenemos noticias sobre este tema, pero menos del 1% de los sacerdotes son culpables en este sentido. Es decir, la permanente presencia de noticias en este sentido no corresponde a la objetividad de la información y la objetividad estadística de los hechos. Por tanto, se llega a la conclusión de que la realidad está, manipulada, de que se quiere desacreditar a la Iglesia. Es una conclusión muy lógica y fundada.

Diálogo interreligioso

¿Cuál es la aportación de Juan Pablo II al diálogo interreligioso?

El Santo Padre ve su misión propia como una misión de conciliación en el mundo, una misión de paz. Mientras en el pasado, por desgracia, se daban guerras de religión, el Santo Padre quiere mostrar que la justa relación entre las religiones no es la guerra, no es la violencia, es el diálogo, y el intento de comprender los elementos de verdad que se dan en las demás religiones. El Santo Padre no pretende relativizar la unicidad de Cristo, que es el Camino, la Verdad, y la Vida, pero quiere mostrar que esta verdad sobre Cristo no puede anunciarse con violencia o poder humano, sino sólo con la fuerza de la verdad. Y para eso se requiere un contacto humano de diálogo y de amor, como hicieron los apóstoles en la gran misión de la Iglesia antigua: sin ningún poder mundano, con la fuerza de su convicción, con el testimonio del sufrimiento, y con el testimonio de la caridad y del diálogo convencieron al mundo antiguo. El Santo Padre trata, simplemente, de renovar esta fuerza de diálogo y de amor de los primeros siglos en la relación con las religiones.

Fidelidad y mentira

¿Cómo mantener la fidelidad a la Iglesia y favorecer la comunión, estando abiertos a que el Espíritu nos lleve hasta la verdad completa.

Creo que es una cuestión, sobre todo, de la maduración de la fe personal. Aparentemente fidelidad y apertura parecen excluirse. Pero yo creo que la auténtica fidelidad al Señor Jesús, y a su Iglesia, que es su cuerpo, es una fidelidad dinámica, pues el mismo Jesús es idéntico consigo mismo, y por otra parte esta identidad es de apertura para todos. La verdad es para todos y todos están creados para llegar al Señor. Sus brazos abiertos en la cruz simbolizan, para los Padres de la Iglesia, al mismo tiempo la máxima fidelidad –el Señor es clavado en la cruz–, y el gesto de abrazo al mundo, para atraer el mundo hacia sí, y dejar espacio a todos. Por tanto, una auténtica fidelidad al Señor participa en el dinamismo de la persona de Cristo, que puede abrirse a los diferentes desafíos de la realidad, del otro, del mundo, etc. Pero, al mismo tiempo, encuentra de este modo su identidad profunda, que no excluye nada que sea verdadero, sólo excluye la mentira. En la medida en que entramos en comunión con Cristo, en su amor que nos acepta a todos y nos purifica a todos, en la medida en que participamos en la comunión con Cristo, podemos ser fieles y abiertos.

Usted está en una atalaya desde la que se divisa un panorama de conjunto. ¿En qué situación se encuentra actualmente la comunicación ecuménica del concepto de Iglesia?

En primer lugar, se nos dijo que si sólo hubiéramos hablado del carácter único de Cristo, toda la cristiandad habría quedado encantada con este documento, todos nos hubiéramos unido en un aplauso a la Congregación. «¿Por qué habéis añadido el problema eclesiológico que ha creado esto?», nos han preguntado. Era necesario hablar también de la Iglesia, pues Jesús creó este Cuerpo, y está presente a través de los siglos a través de su Cuerpo, que es la Iglesia. La Iglesia no es un espíritu que sobrevuela. Estoy convencido de que hemos interpretado de manera totalmente fiel la Lumen gentium del Vaticano II, mientras que en estos últimos treinta años hemos ido atenuando el texto. De hecho, nuestros críticos, nos han dicho que nos hemos quedado en la letra del Concilio, pero que no hemos entendido el Concilio. Al menos, reconocen que somos fieles a la letra. La Iglesia de Cristo no es una utopía ecuménica, no es algo que hacemos nosotros; si así fuera, no sería la Iglesia de Cristo. Estamos convencidos de que la Iglesia es un cuerpo, no es sólo una idea, pero esto no excluye diferentes modos de una cierta presencia de la Iglesia incluso fuera de la Iglesia católica, que son especificados por el Concilio.

En la actividad inaudita del Santo Padre Juan Pablo II, ¿cuál será la contribución más importante de este papado? ¿Cómo recordará el cristianismo a este Papa?

No soy un profeta, por eso no me atrevo a decir qué es lo que dirán dentro de cincuenta años, pero creo que era sumamente importante la presencia del Santo Padre en todas las partes de la Iglesia, que ha creado una experiencia sumamente viva de la catolicidad y de la unidad de la Iglesia. La síntesis entre catolicidad y unidad es una sinfonía, no es uniformidad. Lo dijeron los Padres de la Iglesia. Babilonia era uniformidad, y la técnica crea uniformidad. La fe, como se ve en Pentecostés en donde los apóstoles hablan todos los idiomas, es sinfonía, es pluralidad en la unidad. Esto aparece con gran claridad en el pontificado del Santo Padre, con sus visitas, sus encuentros. Pienso que algunos documentos serán importante para siempre: quiero mencionar la Redemptoris missio, la Veritatis splendor, la Evangelium vitae y también la Fides et ratio. Son cuatro documentos que serán realmente monumentos para el futuro.

Por último, me parece que se recordará su apertura a las demás comunidades cristianas, a las demás religiones del mundo, al mundo profano, a las ciencias, al mundo político, refiriendo todo a la fe y a sus valores, pero mostrando también que la fe es capaz de entrar en diálogo con todos.

La herencia del Vaticano II

Se ha dicho que es necesario convocar un nuevo Concilio. Usted, ¿qué opina?
Ante todo, yo diría que es un problema práctico. No hemos realizado suficientemente la herencia del Vaticano II; estamos trabajando todavía para asimilar e interpretar bien esta herencia, pues los procesos vitales requieren tiempo. Una medida técnica avanza rápidamente, pero la vida tiene caminos mucho más largos. Se requiere tiempo para que crezca un bosque, se requiere tiempo para que crezca un hombre... De este modo, estos caminos espirituales, como el de la asimilación de un Concilio, son caminos de vida, que tienen necesidad de una cierta duración, y que no se pueden recorrer de un día para otro. Por eso creo que no ha llegado el momento de un nuevo Concilio.

Quisiera recordar algo que sucedió en el siglo IV, siglo de grandes concilios. Cuando invitaron diez años después de un concilio a san Gregorio Nazianceno a participar en un nuevo concilio, dijo: «¡No! Yo no voy. Ahora tenemos que seguir trabajando sobre el otro. Tenemos tantos problemas. ¿Para qué queréis convocar inmediatamente otro?» Creo que esta voz algo emotiva nos muestra que se requiere tiempo para asimilar un concilio.

En el tiempo intermedio entre dos grandes concilios, son necesarias, sobre todo, otras formas de contacto entre los episcopados: los Sínodos en Roma, y en este sentido es necesario, sin duda, mejorar el procedimiento, pues hay demasiados monólogos. Tenemos que encontrar realmente un proceso sinodal, de un camino en común. Después están los sínodos continentales, regionales, etc. El trabajo efectivo de las Conferencias Episcopales. El encuentro de las Conferencias Episcopales con la Santa Sede. Nosotros, en la Curia romana, vemos en el transcurso de cinco años a todos los obispos del mundo. Hemos mejorado mucho estas visitas ad limina, que antes eran muy formales y que ahora son auténticos encuentros de diálogo. Por tanto, tenemos que mejorar estos instrumentos para tener un permanente diálogo entre todas las partes de la Iglesia y entre todas las partes con la Santa Sede, para llegar a una mejor aplicación del Concilio Vaticano II.
Y después veremos...
Alfa y Omega -
Nov. 2002 – Nov. 2003.

 

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El infierno del gulag según Shalamov

 

Por primera vez se publican íntegros, en Francia, los «Relatos de la Kolyma» del autor ruso

Después de la obra de Aleksandr Solzhenitsyn, los escritos del autor ruso Varlam Shalamov (1907-1982) son el testimonio más reciente del gulag durante la dictadura de Stalin. Publicados en España por Mondadori en 1997, ahora aparecen finalmente íntegros en una editorial francesa. «Relatos de Kolyma», que no se publicó en Rusia hasta finales de los 80, posee un alto valor literario, y es el resultado de una larga temporada en el infierno. Se trata de uno de esos raros casos en los que la poesía asoma en medio del horror.

 

 

Patricia de Souza - París.-
¿Cómo escapar al infierno cuando no existe la salida o cuando no hay redención? Los círculos existen como en «La divina comedia», de Dante, sólo que aquí hay únicamente el infierno y, como en «Eterno retorno», de Nietszche, este cautiverio en el infierno se repite. He ahí la impresión que se tiene cuando se lee el texto de Varlam Shalamov, los «Relatos de la Kolyma», testimonio de catorce años de gulag, publicado por primera vez de manera íntegra en la editorial francesa Verdier.
   Shalamov es también autor de varios libros de poemas, como «Encendedor», publicado en 1961 y «Camino y destino», en 1967. La lección que obtenemos es dura y valiosa: ¿cómo se puede hablar desde el dolor? La experiencia del lenguaje escrito parece la única forma posible de salir de ese mundo terrible de los campos de concentración: «Día y noche no había sino una bruma blanca tan espesa que era imposible distinguir a un hombre a dos pasos», escribe Shalamov en sus relatos, concebidos durante los años de reclusión que empiezan cuando es sólo un adolescente condenado a tres años de trabajos forzados por haber difundido el testamento de Lenin, uno de los grandes enemigos de Stalin.
   Hijo de un cura ortodoxo, su vocación contestaria lo hacen ser insobornable con el régimen absoluto de Lenin, sus catorce años de reclusión en la Kolyma (Siberia) se deben a una segunda purga en el año 1937, cuando Shalamov trabaja como periodista en un diario de Moscú. Junto con los testimonios de Solzhenitsyn, Evgenia Guinzbourg, Primo Levi o Ehrenbourg, «Relatos de la Kolyma» constituye uno de los testimonios más descarnados de los campos de concentración: «Un campo es una escuela negativa de la vida, en forma total y absoluta. Nadie obtiene de allí algo positivo, necesario: ni el prisionero mismo, ni su líder, ni su guardia, ni los testigos involuntarios (ingenieros, geólogos, doctores), ni los superiores, ni los subordinados. Cada minuto de vida en el campo es un minuto lleno de veneno».

Poesía del horror

Si a través de los «samizdat» (forma impresa, clandestina, existente hasta los años previos a Gorbachov) habíamos conocido algunos testimonios importantes ¬«El cielo de Kolyma» de Eugenia Guinzbourg, por ejemplo¬, con Shalamov tenemos a alguien capaz de crear poesía del horror: «No se mostraba el termómetro a los trabajadores, era además completamente inútil. Había que salir con cualquier temperatura. Los más viejos se pasaban el termómetro, si hay neblina, hace cuarenta grados bajo cero; si respiramos sin mayor dificultad, pero el aire se exhala acompañado de ruido, quiere decir que hace menos de cuarenta y cinco; y si la respiración es ruidosa y está acompañada de una agitación visible, hace menos cincuenta».
   Después de la muerte de Stalin en 1956, Shalamov regresa, siempre bajo la atenta vigilancia del Gobierno, a Moscú y logra publicar algunos poemas.
En 1982 morirá en un hospital psiquiátrico donde fue internado contra su voluntad. 2003-12-01-L.R.ESP.

 

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Gulag, de Anne Applebaum

 

El gulag soviético fue algo más que un nuevo esclavismo para casi 20 millones de rusos; fue todo un modo de vida.

La apertura de los archivos del KGB y el acceso paulatino de investigadores europeos está permitiendo que poco a poco se desgranen los horrores del régimen soviético. En los últimos meses van apareciendo biografías sobre Stalin, como Koba el temible, de Martín Amis, que colocan al personaje y al régimen comunista en su sitio.

 

Las dificultades para escribir un libro de esta envergadura son muchas. En primer lugar la propia extensión del objeto estudiado, esto es el GULAG, o la inmensa red de campos de trabajo de la URSS. La autora se ha encontrado desde el primer momento con dificultades hasta para poder contabilizar el número de campos de trabajo, pues muchos campos eran transitorios y dependían de otros más importantes. Las dificultades para elaborar un censo de los campos nos muestran la dificultad de la investigación. ¿Cómo poder determinar el número de prisioneros y fallecidos, si apenas se pueden contabilizar los campos?

 

Desde los primeros días de la revolución rusa ya se puso en marcha un sistema de represión consistente en reeducar a los disidentes. Hacia 1921 existían 84 campos distribuidos en 43 provincias. A partir de 1929 los campos ya no sólo servían como instrumento de “rehabilitación” política, sino que se transformaron en un medio de producción para las inhóspitas zonas del norte de la URSS. Por aquel año los campos pasaron a estar controlados por la policía secreta soviética.

 

Las purgas y detenciones masivas, llevadas a cabo por Stalin, permitieron que en 1937-38 los campos se expandieran notablemente. El auge de este crecimiento se alcanzó en los años 50, donde los expertos consideran que se habían transformado en elementos fundamentales para el sistema productivo de la URSS. Tal era su magnitud e importancia. Se calcula que los condenados a trabajos forzados producían un tercio del oro del país, buena parte del carbón y la madera, e importantes porcentajes de la producción de otros elementos necesarios para la economía.

 

Pero el GULAG fue algo más que una nueva forma de esclavismo por el que pasaron casi 20 millones de rusos; era además un modus vivendi. El GULAG era un submundo que generó sus propias leyes, su moral, su jerga, etc. Todo ello es tratado en este magnífico volumen que llega ahora al público español.

 

La obra entrecruza varios estilos que van desde el historiador clásico, analizando y afinando las fuentes, hasta casi el etnólogo, al relatar la vida en los campos. El resultado es una lectura agradable y profunda a la vez, que va recorriendo de forma temática todo el GULAG: los prisioneros, los guardias, las mujeres y los niños, la vida en los campos, los orígenes del GULAG, las estrategias de supervivencias, etc, A pesar de los años pasados, todavía el lector se sorprenderá hasta donde llegó la capacidad humana para el mal y, asimismo, la capacidad humana para sobrevivir.

Javier Barraycoa - 2004-09-24

GULAG - Anne Applebaum - Editorial Debate

Traducción de Magdalena Chocano MENA - 670 págs - 60,00 €

 

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La fascinación del éxito nazi

 

Por César Vidal

 

Los mecanismos psicológicos que proporcionaron a Hitler el poder y, muy especialmente, el respaldo del que tanto él como su régimen disfrutaron constituyen uno de los temas de estudio más sugerentes en la Historia del siglo pasado.

 

No puede decirse, desde luego, que hayan faltado las interpretaciones. Mientras que los autores marxistas se refirieron a una fase de descomposición del capitalismo, Erich Fromm, por ejemplo, remitió todo a un supuesto miedo a la libertad que aquejaba de manera especial a los alemanes.

Recientemente, un joven historiador llamado Goldhagen incluso ha pretendido explicar el III Reich sobre la base de un antisemitismo generalizado en Alemania y en el resto de la Europa ocupada. Ciertamente, Goldhagen obtuvo un gran éxito de ventas y una considerable repercusión en los medios, pero ningún especialista en el estudio del Holocausto ha suscrito sus tesis que resultan demasiado ramplonas. El III Reich tuvo un contenido antisemita claro y para Hitler, esencial, pero ese no fue el motivo de su éxito entre la población. En ese sentido, el libro de Gellately constituye uno de los grandes aportes sobre la historia del nazismo y, posiblemente, el estudio más agudo e inteligente sobre el mismo publicado durante los últimos diez años.

¿Cuáles fueron, a juicio del autor, las razones del triunfo de Hitler, un triunfo que la mayoría de sus contemporáneos, sin excluir a los judíos, contempló como algo que apenas duraría unos meses y que concluiría en medio de un fracaso estrepitoso? La primera de ellas, sin ningún género de dudas, fue el rechazo que la república de Weimar había creado entre la inmensa mayoría de la población alemana. A décadas de distancia y sabiendo lo que vino después, es comprensible la idealización de aquel período, pero para los alemanes que lo vivieron se trató de una época intolerablemente convulsa en la que el partido comunista ansiaba desencadenar una revolución similar a la bolchevique, los socialdemócratas se radicalizaban con un rumbo nada democrático y las derechas —con alguna excepción— soñaban con restaurar la monarquía o implantar algún régimen autoritario.

A aquel comportamiento suicida de los partidos se sumaron un desempleo sin precedentes, una inflación galopante, una creciente delincuencia y un sin número de humillaciones procedentes de las potencias extranjeras. Cualquiera de estos factores resultaba preocupante, pero que todos se volcaran sobre una nación que en 1914 competía con Gran Bretaña por el dominio mundial resultaba demasiado explosivo, que bien pudo derivar en una guerra civil. Con todo, la llegada de Hitler al poder podría haber sido breve de no haber logrado rápidos y fulminantes éxitos en todos esos terrenos y ahí radica en buena medida la razón del consenso social recibido. De entrada, cada paso que dio desde la cancillería del Reich —especialmente los que entrañaban graves cuestiones éticas como la eutanasia o las medidas antisemitas— fue pensado meticulosamente y nunca fue seguido por otro en la misma dirección antes de comprobar fehacientemente que la mayoría de la población lo había asimilado y aceptado siquiera tácitamente.

Cuando no tenía lugar ese respaldo —como sucedió con la eutanasia— Hitler daba marcha atrás y esperaba a mejores momentos. Esa prudencia explica que las primeras medidas legales contra los judíos no se produjeran antes de dos años de alcanzar el poder y que la primera explosión masiva de violencia aún esperara algunos años más y sólo después de un atentado contra un diplomático alemán perpetrado por un judío. En el interim, buena parte del pueblo alemán había ido prestando un decidido apoyo a Hitler fundamentalmente porque los éxitos eran innegables: el paro había desaparecido, la economía se había estabilizado con recetas intervencionistas que harían las delicias de las izquierdas actuales de no venir de donde venían y la delincuencia había disminuido de manera espectacular. Este último aspecto —extraordinariamente bien estudiado por el autor— muestra la manera en que la sociedad no tuvo inconveniente en mirar hacia otro lado o incluso apoyar las medidas nazis cuando las víctimas fueron delincuentes habituales que habían escapado de la acción de la justicia a través de los tecnicismos legales democráticos; degenerados sexuales cuya conducta antinatural —por cierto, bastante extendida entre la jerarquía nazi— corroía los cimientos morales y demográficos de una sociedad sana o comunistas que habían tenido un interés especial en dinamitar la república de Weimar.

Se trataba de gente indeseable para la aplastante mayoría de la población y que acabaran en un campo de concentración por medios discutibles no era preocupante. Si acaso una demostración de que la eficacia y el bien común exigen en ocasiones métodos expeditivos. De manera bien reveladora, las diversas policías del Reich no tuvieron problemas para encontrar informadores sino para navegar en medio del océano de denuncias que se les presentaban contra ciudadanos de a pie. El número de alemanes detenidos hubiera sido tan grande que, de hecho, las autoridades nazis tuvieron que arbitrar medidas para saber lo que era cierto y lo que no en aquellas delaciones.

Cuando estalló la guerra, las conquistas exteriores sólo sirvieron para aumentar ese apoyo. El Führer había tenido un éxito tras otro y ahora añadía los bélicos. Incluso con los bombardeos masivos de los aliados y la sensación creciente de que Alemania defendía sus logros, Hitler siguió manteniendo un enorme consenso social que no veía mal ni siquiera el Holocausto —más que aireado por los medios de comunicación nazis— por la sencilla razón de que estaba convencida de la existencia de una conspiración judía mundial contra Alemania. Sin duda, Hitler había recurrido a la represión pero el apoyo social del que gozaba no era menor. Ese apoyo sólo se quebró en los últimos meses de la guerra cuando los aliados hollaron el suelo del Reich y la misma gente que había apoyado el nazismo se convirtió en víctima de un terror que ahora se dirigía contra ella a fin de que resistieran hasta el final.

Únicamente entonces esa misma población se sintió desvinculada de Hitler e incluso comenzó a contemplarlo como a un embustero. Hitler había dejado de ser, a sus ojos, el azote necesario de la peor morralla y el triunfador en incomparables gestas militares para convertirse en el problema de la gente decente. Algo, obviamente, intolerable para ellos.

El libro de Gellately no nos muestra —y eso es lo más sobrecogedor— una nación de asesinos perversos y antisemitas. En realidad, enfoca la cuestión en su justos términos: el fracaso de una democracia a causa de unas izquierdas utópicas y escasamente democráticas y unas derechas carentes de pragmatismo o autoritarias. Ese fracaso se tradujo en inseguridad ciudadana, crisis económica, relajación de las costumbres y desempleo, algo que a la inmensa mayoría de los alemanes —la gran mayoría silenciosa— les causaba espanto y repugnancia. Apoyado en ese malestar, Hitler llegó al poder pero debió a sus éxitos el mantenerse y, sobre todo, el ir dando prudente y astutamente paso tras paso en una política que llevaba a los planes de eutanasia, a la guerra y a las cámaras de gas.

Cuando Alemania se dio cuenta de lo que sucedía, siguió mirando hacia otro lado o lo apoyó porque no veía alternativas o porque creía en el éxito final. Las consecuencias son conocidas de todos.

Robert Gellately, No solo Hitler. La Alemania nazi entre la coacción y el consenso, Barcelona, Crítica, 450 páginas. L. E. 2003.

 

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2005- Destacando un rasgo del nuevo Papa S.S. BENEDICTO XVI: "La firmeza de la fe no significaba estar seguro de sí mismo, sino estar seguro de Jesucristo y de la responsabilidad que había recibido de custodiar la fe de la Iglesia. Junto al hombre de la fe sólida y doctrina segura está el hombre de la sencillez, la humildad y la profunda humanidad". Así es el nuevo don de Dios a su Iglesia: S.S.Benedicto XVI.

 

 

 

“El mundo viene salvado del Crucificado y no de los crucificadores” S. S. Benedicto XVI - 2005-04-24 – Basílica vaticana San Pedro, Roma-Italia

 

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“Cuántos tuvieron miedo de Aquel que dijo: no tengáis miedo”  S. S. Benedicto XVI - 2005-04-24 – Basílica vaticana San Pedro, Roma-Italia

 

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Dios mismo llama a las puertas de la voluntad de María

"Tú, oh María, eres como un libro en el que se halla descrito nuestro modo de obrar. En ti se halla descrita la sabiduría del Padre eterno y en ti se manifiesta hoy la dignidad, la fortaleza y la libertad del hombre. Si considero tu inmensa determinación, oh Trinidad eterna, veo que en tu luz tuviste en cuenta la dignidad y nobleza de la familia humana. Efectivamente, igual que tu amor te obligó a producir desde ti mismo al hombre, así este mismo amor te obligó a redimirlo cuando ya estaba vendido y perdido. Bien demostraste amar ya al hombre, incluso antes de que existiese, cuando quisiste sacarlo de ti mismo movido sólo por amor. Pero aún demostraste un amor hacia él todavía mayor cuando te diste a ti mismo a él y hoy te encierras en el envoltorio humilde de su humanidad. ¿Y qué más podías darle que darte a ti mismo? Verdaderamente puedes decirle: ¿Qué más cabía hacer por ti? — incluso: ¿qué más «podía » hacer que yo no lo haya hecho? (Is 5, 4).Por tanto compruebo que todo lo que en tu grande determinación vio tu sabiduría eterna que debía hacerse en orden a la salvación del género humano, esto fue lo que tu clemencia inefable quiso hacer y lo que tu poder hoy realizó.¿Qué has hecho? ¿Qué determinaste en tu sabiduría eterna e incomprensible de modo que cumpliendo tu decisión a la vez fuese obra de misericordia y de modo tan perfecto cumplieras con tu justicia? (Tt 3, 5) ¿Cuál es el remedio que nos has dado? Este es el remedio oportuno: has dispuesto darnos a tu Palabra unigénita para que tomando ella la masa de nuestra humanidad, que te había ofendido, sufriendo después ella misma, diera así satisfacción a tu justicia no por la fuerza de la humanidad sino de la divinidad unida a la misma humanidad. De este modo satisface a la justicia el mismo hombre que había pecado y tu designio se cumple cuando por tu misericordia das al hombre tu Unigénito para que así el hombre pueda librarse de la culpa satisfaciendo por la fuerza de su divinidad.

Oh María, veo que la Palabra se da en ti, y, sin embargo, no se separa de su Padre, como la palabra en la mente del hombre, que si bien se pronuncia externamente y se comunica a otros, sin embargo, no abandona o se separa del corazón. Por todo ello se ve la dignidad del hombre, ya que por él has hecho tantas y tan grandes cosas.También en ti, oh María, se manifiesta hoy, la fortaleza y la libertad del hombre. Después de la deliberación de tan gran designio fue enviado a ti el ángel y te anuncia el mensaje de la divina decisión, pidiendo tu consentimiento; y el Hijo de Dios no baja a tu seno antes de que tú dieras el consentimiento de tu voluntad. Estaba esperando a las puertas de tu voluntad para que abrieras al que quería venir a ti; nunca hubiera entrado mientras tú no abrieras la puerta al decir: Aquí está la esclava del Señor, hágase en mi según tu palabra. (Lc 1, 38) Golpeaba a tu puerta, oh María, la eterna Deidad, pero si no hubieras abierto las puertas de tu voluntad, Dios no hubiera tomado carne humana.Sonrójate, alma mía: pues ves cómo hoy Dios contrajo e hizo parentela con María. Aunque has sido creada sin tu participación, no serás salvada sin tu participación.Oh María, dulce amor mío, en ti está escrita la Palabra de la que recibimos la doctrina de la vida; tú eres la tablilla en la que está grabada esta Palabra y tú nos ofreces su doctrina".De las Oraciones de santa Catalina de Siena, virgen y doctora (OR, XI, Anunciación 1379; ed. G. Cavallini, Roma 1978, pp. 123-129).

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

Dijo Dios: «Produzca la tierra animales vivientes según su especie: ganados, reptiles y bestias salvajes según su especie». Y así fue. Dios hizo las bestias de la tierra, los ganados y los reptiles campestres, cada uno según su especie. Vio Dios que esto estaba bien. Gen. 1, 24-25

 

 

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Recomendamos vivamente:

1º ‘CÓMO LA IGLESIA CONSTRUYÓ LA CIVILIZACIÓN OCCIDENTAL’. Ninguna institución ha hecho más para dar forma a la civilización occidental que la Iglesia Católica, y en modos que muchos de nosotros hemos olvidado o nunca sabido. Como la Iglesia construyó la civilización occidental es una lectura esencial para redescubrir esta relegada verdad. De un modo senillo y muy atractivo. 2007.

Autor: Thomas E. WOODS Jr. -  Editorial: CIUDADELA. 

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2º ‘LEYENDAS NEGRAS DE LA IGLESIA’. Autor Vittorio MESSORI – Editorial “PLANETA-TESTIMONIO” 10ª EDICIÓN – Óptimo libro para defenderse del cúmulo de opiniones arbitrarias, deformaciones sustanciales y auténticas mentiras que gravitan sobre todo en lo que concierne a la Iglesia.

In Obsequio Jesu Christi.

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).