Monday 27 March 2017 | Actualizada : 2017-03-03
 
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La anti-cultura de la muerte - Pero si toda cultura tiene su dignidad, no por ello todo valor cultural es intocable. No podemos olvidar que toda cultura, en cuanto realidad humana, está marcada por el pecado.

 

 

 Si cultura es, según Juan Pablo II, «aquello por lo que el hombre en cuanto hombre se hace más hombre», es evidente que muchos elementos que llamamos culturales son en realidad anti-culturales. Por la misma razón, es un contrasentido hablar de «cultura de la muerte» o «cultura de la violencia», cuando en realidad se debería hablar de «anti-cultura de la muerte». En las culturas hay muchos antivalores, estructuras de pecado y situaciones de injusticia y de alienación que no merecen ser ni protegidas ni conservadas, por mucho que pertenezcan al patrimonio ancestral de un pueblo. La lista es interminable: clitoridectomia, poligamia, sacrificios humanos, discriminación de la mujer, aborto, abandono de los recién nacidos, privación de libertad religiosa, hasta la mayor de las alienaciones que es la privación de Dios. Al igual que acontece en el encuentro entre el hombre y la Palabra de Dios, también las culturas tienen que experimentar una metanoia, una conversión. Tienen que ser purificadas por la Palabra de Dios, que es viva y eficaz y penetra hasta los tuétanos, hasta la juntura entre los huesos. Y así como la gracia no destruye la naturaleza, sino que la eleva y perfecciona, el Evangelio, en su encuentro con una cultura, ya sea una cultura de la selva amazónica, una de las milenarias culturas asiáticas o nuestra cultura secularizada occidental, las purifica sin destruirlas, las sana y las conduce a dar lo mejor de sí mismas.

Dignidad de las culturas, diálogo entre ellas y superación de los elementos contrarios a la dignidad del hombre, son los puntos en torno a los que se debe construir la auténtica multiculturalidad, igualmente distante de la unificación y de la exasperación de la diversidad. Por ello la cuestión del diálogo intercultural no se puede separar de la cuestión de la verdad y de la capacidad del hombre para hallarla. Un diálogo constructivo entre culturas y civilizaciones sólo es posible sobre la base de una búsqueda común de la verdad y de la convicción que ésta puede darse con validez absoluta en nuestras categorías humanas. En caso contrario, permaneceríamos prisioneros del relativismo cultural que niega la posibilidad de superar los propios confines culturales y de acceder a la verdad, que sería entonces únicamente presentida asintóticamente tras las diversas culturas, sin poder ser nunca alcanzada. Sólo que con ello habríamos acabado con toda forma posible de auténtico diálogo entre culturas. El Choque de civilizaciones, está servido.

* Juan Pablo II, Carta autógrafa al Card. Agostino Casaroli con la que se instituye el Consejo Pontificio de la Cultura (20 mayo 1982), AAS (1982) 684.

 

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Las hipótesis, dejan de ser suposiciones solo cuando van demostradas -  «Muchos clérigos influyentes creían que Galileo podía tener razón, pero necesitaban más datos. Cuando Galileo –en una pirueta científico-teológica– propuso la reinterpretación de ciertos versículos de la Biblia, los teólogos pensaron –con razón– que Galileo había usurpado su autoridad». Victoria Llopis

 

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Aquellos que niegan las raíces cristianas de Europa no pecan contra la Iglesia, sino contra la Historia.

 

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Ya en 1741 se divulgan con abundancia en las Universidades católicas, las ‘Obras Completas de Galileo’ - "En 1741, ante la prueba óptica, de la rotación de la tierra en torno al Sol, Benedicto XIV hizo conceder al Santo Oficio el Imprimatur a la primera edición de las Obras Completas de Galileo (...).

 

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La mentira ocurre que suele confundirse con la ignorancia, pero siempre es negación de la verdad. «No hay poder político más inquebrantable que el que se asienta sobre la ignorancia ciudadana. …y la burla de la inteligencia». Así, instruir a través de las escuelas, institutos educativos, universidades que a docenas creó, sin descuidar la parte sanitaria, las instituciones de la Iglesia realizaron una tarea de incalculable valor para preservar y magnificar la cultura universal. ¡La huella es indeleble en la civilización europea, evidentemente!

 

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«Y ya se hizo evidente
que hubo en ocurrencia tal,
reflexión en el cristal
y falta de ella en la gente».
Fray Benito Jerónimo Feijoo (nació en Casdemiro, aldea del obispado de Orense, el 08 de octubre de 1676 - España.

«Los ignorantes por ser muchos, no dejan de ser ignorantes. ¿Qué acierto, pues, se puede esperar de sus resoluciones?» Fray Benito Jerónimo Feijóo (Esp.1676 † 1764).

 

”Busco la verdad en sí misma.. . no pretendo ser creído sobre mi palabra, sino sobre mi prueba. Mis razones se han de examinar, no mis méritos”. Fray Benito Jerónimo Feijóo (monje benedictino español: 1676 † 1764).

 

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Sólo apegado a la eterna lozanía de la verdad: Jesucristo.

Fray Benito Jerónimo Feijoo y Montenegro nació en Casdemiro, aldea del obispado de Orense, el 8 de octubre de 1676, y murió en Oviedo el 26 de septiembre de 1764. A los catorce años entró en la orden benedictina, y fue tan recta su vida y tan segura su vocación, que confesaba en su ancianidad no haber sentido un solo minuto de hastío o desabrimiento en el claustro.

Caritativo con extremo, justo, abierto, jovial, sincerísimo, las prendas del corazón no desmayaban ante las excelencias del entendimiento. Desdeñador de la corte, encerrado en su colegio de Oviedo, fueron los honores a buscarle. Fernando VI le nombró consejero real y Carlos III le obsequió con las “Antigüedades de Herculano”. Su fama desbordó las fronteras, llegó a Europa, América y hasta las colonias asiáticas. Y el gran Benedicto XIV -saludado por Voltaire como el hombre más sabio de su siglo- honró al monje polígrafo citándolo dos veces en sus bulas.
Feijoo es de aquellos incorruptibles amadores de la verdad, pensadores positivamente libres y fuertes, igualmente desdeñosos de la novelería y de la rutina, ni miedosos de lo nuevo por lo nuevo ni enemigos de lo viejo por lo viejo: sólo apegados a la eterna lozanía de la verdad. Lúcida la razón para ver lo justo, ardiente la voluntad para abrazarlo, intrépida la lengua para decirlo. Pero sin alharacas ni intemperancias: con la serena macicez , con el ímpetu consciente del que no quiere hacer ruido sino hacer bien; del que intenta reformas constructivas y no estériles subversiones.

Y el estilo, a la par sobrio y fértil, preciso y suelto, docto y vivaz, repartiendo sustancia en breves párrafos sin cosa amazacotada ni indigesta, redondea el hechizo de este hombre cabal.


Tratando incesantemente nuestro benedictino tan graves e infinitos asuntos; batallando contra todo abuso, preocupación y corruptela; hiriendo tantos intereses y susceptibilidades, tuvo lógicamente que padecer de la Inquisición una censura.

 

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Cuando nació el cristianismo en la primera mitad del siglo I hubiera sido difícil imaginar qué pasaría de ser un reducido movimiento judío. Sin embargo, ofreció esperanza a sectores sociales como las mujeres, los esclavos, los desposeídos o los enfermos. Durante la Edad Media, creó la Universidad y sentó las bases de la revolución científica. En el siglo XVI la Reforma proporcionó el concepto de libertades políticas, la recuperación del papel del individuo o la necesidad de controlar públicamente al poder mediante resortes democráticos. Durante los siglos siguientes combatió la esclavitud, defendió a los indígenas y apuntó hacia los peligros de un capitalismo salvaje o de la utopía marxista. Así fue modelando un ámbito de justicia y libertad a lo largo de la Historia.

 

Crucifixión de San Pedro Obispo de Roma, Pontifex Papa

en cruz invertida (cabeza abajo) bajo Nerón,

en el año 64/67 ca. Colina vaticana, Roma – Italia.

 

Mientras el tigre no puede dejar de ser tigre, no puede destigrarse, el hombre vive en riesgo permanente de deshumanizarse. José Ortega y Gasset

 

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La respuesta fundamental del cristiano en el nuevo milenio será afirmar el amor de Dios que sobrepasa toda esperanza y toda comprensión humanas. No se puede concebir nada mayor que el hecho de que Dios es un exceso de amor, Deus semper major. Dios ha entregado a su único Hijo al abismo de la muerte y del pecado por nosotros. Esto es «más grande de lo que puede ser pensado»[San Anselmo, Proslogion, II]. Éste tiene que ser el mensaje que los cristianos lleven al próximo siglo.

 

Queda abierta la posibilidad de condenación, a pesar de la voluntad única de salvación de Dios. Uno puede rechazar el amor de Dios, o cerrarse a él. Habría que recordar que en la obra juánica creer y amar son sinónimos. Cuidado, pues, en no identificar rápidamente a "los que creen" y "los que no creen"...

 

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Valga pues esta excelente reflexión hecha por don Ángel Santos Ruiz, Catedrático de Bioquímica de la Universidad Complutense de Madrid: “Ningún hecho científico, plenamente confirmado, ha tenido que rechazarse por estar enfrentado con la doctrina revelada... De hecho, ningún físico, químico, biólogo, etc., ha tenido que renunciar nunca a sus convicciones sobre Dios, el alma, la Ley Moral y lo sobrenatural, porque fueran incompatibles con su ciencia”. 2007

 

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En una conferencia pronunciada en 1992 en Bratislava por el entonces cardenal Joseph Ratzinger, y publicada en español en el libro “Verdad, valores y poder”, nos recordaba que la tarea del Estado es “mantener la convivencia humana en orden”, es decir, garantizar el derecho como condición de libertad y el bienestar general. “Corresponde al Estado, ante todo, gobernar, pero, en segundo lugar, es también función suya hacer que el gobierno no sea simplemente un ejercicio de poder, sino protección del derecho que asiste al individuo y garantía del bienestar de todos”, afirmó. No es competencia del Estado crear nuevos hombres, nuevas formas de relación, o convertir el mundo en un paraíso.

 

Vaclav Belohradsky señaló que en el siglo XX culminaría “la invasión del poder inocente”, un poder que se pone más allá del bien y del mal que reivindica una inocencia permanente. Un poder, el inocente, que se justifica en la mentira sobre el hombre, sobre sus derechos y sobre sus reivindicaciones. No hay nada más nihilista que la voluntad de una minoría que acaba imponiendo a la sociedad unas leyes que atentan contra la racionalidad y contra la naturaleza, contra la realidad. Benedicto XVI es muy consciente de que su ministerio se va a topar con los poderes inocentes, con los talantes, y con aquellos que los sostienen y justifican. 2005.05.

 

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El valor de una sociedad se define por el de sus instituciones, sobre todo las educativas. Y la Iglesia desde los albores de la edad media, instituye escuelas y universidades, después.

 

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"No se oye a ningún musulmán que pida perdón por conquistar España y estar allí ocho siglos". En el Islam no hay una figura que se pueda asimilar a la del sucesor de Pedro, pero no se conoce en ninguno de los más sobresalientes teólogos islamistas ningún pensamiento que se pueda parecer al examen de conciencia, la petición del perdón por los errores propios y el propósito de enmienda. 2006-09-24

 

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FALSOS TÓPICOS - Odiar de oídas a la Iglesia

 

Por Juan-Mariano de Goyeneche

 

Hace unos días, una web universitaria de noticias anunciaba para todo aquel que quisiera asistir que se iba a celebrar un funeral por Juan Pablo II en una de las aulas del centro. 2005-05-03 L.D.Esp.

 

Pese a que los lectores tienen la posibilidad de escribir comentarios a las noticias, esta opción no suele usarse profusamente. Sin embargo, esa noticia concreta se pobló en poco tiempo con más de 120 comentarios, muchos de ellos indignados porque católicos universitarios se reunieran durante una hora en la universidad para rezar por el Papa católico fallecido.

 

Visto el grado de hostilidad de alguna de las protestas hubo quien les preguntó "¿por qué nos odiáis tanto?" Y obtuvo una respuesta contundente. Por su interés la reproduzco en su integridad y literalidad: "Pues mira, odio a la iglesia católica por su postura retrógrada, reaccionaria, arcaica y fascistoide. Os odio por todos y cuantos dogmas pretendeis que asuma desde ni siquiera haber nacido. Os odio por condenar la homosexualidad y también a la mujer. Os odio por haber manipulado a la humanidad entera. Os odio porque las religiones fomentan el odio (no es una contradicción, sino un pequeño juego de palabras, tonto) Odio la iglesia por haber estado siempre del lado del poder, y ser, al fin y al cabo, una mera tapadera de la estafa capitalista. Os odio por todas las atrocidades que habéis cometido a lo largo de la historia (vale que Galileo no estuviera 100% acertado con lo q pensaba respecto al movimiento de los cuerpos, q no tuvo las consideraciones relativas de Einstein, pero quemarlo vivo es un poco excesivo, ¿no?) Pero vamos, a mi como si os reunís todos los días para llorarle al papa o a vuestra santa madre iglesia católica que está por encima de todo, eso sí, sólo pido que al resto nos dejeis en paz, y que no me intenteis convencer de vuestras sectarias ideas, que no quiero salvar mi alma ni nada por el estilo así q a ver si alguno q otro empieza a enterarse (veáse Rouco Varela & cía.) y dejan de darnos la charla a los q nos caeis un poco gordos."

 

¿Increíble? No tanto. De hecho, es fácil comprobar que son ideas bastante extendidas. Nuestro amigo es un ejemplo manifiesto de que hay que empezar a explicar lo evidente, lo obvio, lo que se da por supuesto, porque desde que el parchís se convirtió en alternativa a la Religión y ésta fue efectivamente desterrada, la ignorancia, el más absoluto desconocimiento, se han convertido en el caldo de cultivo ideal para el odio que muchos quieren sembrar. Un odio de oídas que no se cura sin información.

 

Por eso, a nuestro amigo hay que regalarle cuanto antes una biografía cualquiera de Galileo, donde se sorprenderá de ver que no solo no fue quemado vivo por la Inquisición, ni siquiera torturado, sino que murió en su casa, de muerte natural, casi a punto de cumplir los 78 años. En esta página encontrará más detalles, así como la siempre reconfortante constatación de que no era él el único en tener idea tan peregrina. Imagino que también le tranquilizará saber que Juan Pablo II, el 31 de octubre de 1992, una de las múltiples veces que pidió perdón, lo hizo por el caso Galileo. (¡Qué bien vendría que, por variar un poco, no fuera el Papa el único que pidiera siempre perdón, y que alguno de los muchos que tienen inmensos motivos para pedírselo a la Iglesia se animara de vez en cuando!)

 

En cuanto a la mujer, ¿cuándo la ha condenado la Iglesia? Si realmente tiene interés en el tema, en este libro nuestro amigo podrá aprender hasta qué punto fue el trato de especial consideración y respeto dispensado a la mujer por la Iglesia primitiva una de las causas principales de que el cristianismo se extendiera tanto y tan rápido. Un seguimiento histórico de la cuestión excedería los límites de este artículo, pero baste citar estas palabras de Pablo VI en diciembre de 1976, "en el cristianismo, más que en cualquier otra religión, la mujer tiene desde los orígenes un estatuto especial de dignidad, del cual el Nuevo Testamento da testimonio en no pocos de sus importantes aspectos", y estas otras de Juan Pablo II en la carta apostólica Mulieris Dignitatem: "la Iglesia desea dar gracias a la Santísima Trinidad por el «misterio de la mujer» y por cada mujer, por lo que constituye la medida eterna de su dignidad femenina, por las «maravillas de Dios», que en la historia de la humanidad se han cumplido en ella y por medio de ella. En definitiva, ¿no se ha obrado en ella y por medio de ella lo más grande que existe en la historia del hombre sobre la tierra, es decir, el acontecimiento de que Dios mismo se ha hecho hombre?" Si eso es una condena...

 

Yerra también nuestro amigo en lo tocante a la homosexualidad. La Iglesia no reprueba la condición de homosexual sino la comisión de actos homosexuales, que es muy distinto. No se condena a la persona por lo que es. Se reprueba lo que hace en el libre ejercicio de su voluntad. De hecho, respecto a las personas con tendencias homosexuales el Catecismo (cuyo autor es Ratzinger, ese que algunos medios intentan vendernos obsesivamente como un ser malvado) dice textualmente que "[d]eben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición", y añade que "están llamadas a la castidad". Son palabras de respeto y acogida, no de condena.

 

La supuesta cercanía continua de la Iglesia con el poder, que suscita también el odio en nuestro amigo, merecería igualmente un estudio histórico en profundidad. Pero por quedarnos, como antes, en los orígenes y en la historia más cercana, baste recordar que Jesús mismo, a fuer de no estar cerca del poder, fue crucificado por éste. Que en la Iglesia primitiva, todos sus apóstoles (salvo Juan) fueron asimismo asesinados a manos del poder político, lo que se tornó costumbre durante siglos. Y ya más cercanamente, merece recordarse la persecución sufrida por la Iglesia en España durante el golpe de estado del 34 y desde el 36 (entre 7.000 y 8.000 curas y monjas vejados, torturados y asesinados) o la sufrida por la Iglesia polaca, entre otras muchas, a manos del régimen comunista, cuyo punto negro más conocido fue el salvaje asesinato previa tortura del cura Popieluszko.

 

En fin, son unos cuantos datos, creo que indiscutibles, que espero que ayuden a nuestro amigo, y a aquellos que se encuentren en situación similar a la suya, a aplacar sus odios, y espero que a replantearse hasta qué punto quieren seguir odiando de oídas en lugar de formarse una opinión propia y no heredada o imitada.

Respecto a lo de "la estafa capitalista", solo pedirles que si les ha preocupado ver lo errónea que era la información que habían recibido del caso Galileo, consideren, simplemente consideren, la posibilidad de que la que les ha llegado del capitalismo no sea del todo exacta. Yo me permito recomendarles (aun a riesgo de que piensen que trato de convencerles de ideas sectarias) este texto, este otro, e incluso, si no se han cansado ya, este último. Aparte de mostrar la visión, ayuna de odios, del otro lado, confío en que les den qué pensar. Aunque no cambien de opinión.

 

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Cuando nació el cristianismo en la primera mitad del siglo I hubiera sido difícil imaginar qué pasaría de ser un reducido movimiento judío. Sin embargo, ofreció esperanza a sectores sociales como las mujeres, los esclavos, los desposeídos o los enfermos. Durante la Edad Media, creó la Universidad y sentó las bases de la revolución científica. En el siglo XVI la Reforma proporcionó el concepto de libertades políticas, la recuperación del papel del individuo o la necesidad de controlar públicamente al poder mediante resortes democráticos. Durante los siglos siguientes combatió la esclavitud, defendió a los indígenas y apuntó hacia los peligros de un capitalismo salvaje o de la utopía marxista. Así fue modelando un ámbito de justicia y libertad a lo largo de la Historia.

 

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Tres casos: Galileo, Lavoisier y Deum

 

Mariano Artigas-Publicado en Aceprensa, 46/92 (01 abril 1992)

Todo el mundo ha oído hablar del caso de Galileo, casi siempre de modo tendencioso. Pocos saben que Lavoisier, uno de los fundadores de la química, fue guillotinado por la Revolución Francesa. Casi nadie ha oído hablar de Pierre Duhem, físico importante, autor de una monumental obra de historia y filosofía de la ciencia que arrojó nueva luz sobre las relaciones positivas entre la ciencia y la fe.

Cuando se habla de ciencia y fe, a mucha gente le pasan por la cabeza dos palabras oposición, y Galileo. Pocos piensan en colaboración, y nadie en Duhem. Es una lástima.

Galileo murió de muerte natural

Cada año hablo varias veces de Galileo en mis clases y conferencias. Seguramente, muchos oyentes piensan que Galileo fue quemado por la Inquisición. Por eso, suelo decir que Galileo murió de muerte natural a los 78 años. Casi siempre, al terminar, algunos me dicen: es verdad, yo creía que a Galileo lo quemaron.

Esto me sucedió por última vez en enero pasado. Vino a verme un sacerdote que había asistido a mi conferencia. Estaba indignado, y con razón. Nos encontrábamos en Roma, donde él trabaja en su tesis doctoral en Teología, y me preguntaba: ¿cómo se explica que una persona como yo, que soy sacerdote católico desde hace varios años, que he estudiado en un Seminario y en una Universidad Pontificia, me entere ahora, a estas alturas, de que a Galileo no le mataron? Y añadió: hace pocos días, un compañero de mi Residencia estuvo visitando el Palacio del Quirinal, y nos contó que el guía, en un momento de la visita, señaló un balcón bien visible y dijo: desde ese balcón, el Papa hizo el gesto de poner el dedo hacia abajo, para condenar a Galileo a muerte.

¿Cómo se explica todo esto? No lo sé. Es muy raro. La verdad es que Galileo nació el martes 15 de febrero de 1564, y murió el miércoles 8 de enero de 1642, en su casa, una villa en Arcetri, cerca de Florencia. Cuenta Viviani, que permaneció continuamente junto a él en los últimos treinta meses, que su salud estaba muy agotada: tenía una grave artritis desde los 30 años, y a esto se unía "una irritación constante y casi insoportable en los párpados" y "otros achaques que trae consigo una edad tan avanzada, sobre todo cuando se ha consumido en el mucho estudio y vigilia". Añade que, a pesar de todo, seguía lleno de proyectos de trabajo, hasta que por fin "le asaltó una fiebre que le fue consumiendo lentamente y una fuerte palpitación, con lo que a lo largo de dos meses se fue extenuando cada vez más, y, por fin, un miércoles, que era el 8 de enero de 1642, hacia las cuatro de la madrugada, murió con firmeza filosófica y cristiana, a los setenta y siete años de edad, diez meses y veinte días".

 

 

El fantasma de Galileo

En 1633 tuvo lugar, en Roma, el famoso proceso contra Galileo. No fue condenado a muerte, ni nadie lo pretendió. Nadie le torturó, ni le pegó, ni le puso un dedo encima; no hubo ninguna clase de malos tratos físicos. Fue condenado a prisión que, teniendo en cuenta sus buenas disposiciones, fue inmediatamente conmutada por arresto domiciliario. Desde el proceso hasta que murió, vivió en su casa. Siguió trabajando con intensidad, y publicó su obra más importante en esa época.

Tres de los diez altos dignatarios del tribunal se negaron a firmar la sentencia. El Papa nada tuvo que ver oficialmente con el tribunal ni con la sentencia. Desde luego, el proceso no debió producirse, y fue lamentable. Pero los trabajos de Galileo siguieron adelante.

Por tanto, acaban de cumplirse 350 años desde la muerte natural de Galileo. Estoy de acuerdo con mi oyente de Roma: parece mentira que, a estas alturas, casi todo el mundo, curas católicos incluidos, estén seriamente equivocados sobre importantes aspectos de un caso que se utiliza continuamente para atacar a la Iglesia y para afirmar, como si fuera un hecho histórico, que la religión en general y la Iglesia católica en particular siempre han estado en contra del progreso científico.


El caso de Lavoisier

¿Quién sabe algo, en cambio, acerca del caso de Lavoisier, bastante más serio que el de Galileo?

Antoine Laurent Lavoisier nació el 26 de agosto de 1743 en París. Realizó muchos trabajos científicos importantes. En la Academia de Ciencias se publicaron más de 60 comunicaciones suyas. Fue uno de los protagonistas principales de la revolución científica que condujo a la consolidación de la química, por lo que se le considera, con frecuencia, como el padre de la química moderna.

Su gran pecado consistió en trabajar en el cobro de las contribuciones. Por este motivo, fue arrestado en 1793. Importantes personajes hicieron todo lo que pudieron para salvarle. Parece que Halle expuso al tribunal todos los trabajos que había realizado Lavoisier, y se dice que, a continuación, el presidente del tribunal pronunció una famosa frase: "La República no necesita sabios". Lavoisier fue guillotinado el 8 de mayo de 1794, cuando tenía 51 años. Joseph Louis Lagrange, destacado matemático cuyo apellido es bien conocido por todos los matemáticos y físicos, dijo el día siguiente: "ha bastado un instante para segar su cabeza; habrán de pasar cien años antes de que nazca otra igual".

Evidentemente, Lavoisier no fue guillotinado por la fe. Y no estoy empeñado en atacar a la Revolución, ni a la República, ni a nadie. Simplemente, me resulta enormemente extraño que exista tanta desproporción entre lo que llega a la opinión pública acerca de los casos de Galileo y de Lavoisier.

Cuando acababa de escribir el párrafo anterior -les doy mi palabra- ha venido a verme un amigo, profesor de biología y buen católico. Hemos comentado lo que yo estaba escribiendo. Me ha dicho que hace poco, un amigo suyo de otro país, le comentó: ¿Eres biólogo y católico a la vez?, ¡qué raro! Es el primer caso que conozco.....

El sucedido viene como anillo al dedo. Resulta un poco extraño, pero es real. Probablemente, por motivos que los historiadores y sociólogos podrían investigar, durante mucho tiempo se ha pensado, en muchos ambientes, que la ciencia y la religión son cosas opuestas. La verdad es que no es verdad. Los grandes pioneros de la ciencia moderna eran cristianos. Galileo siempre fue católico. Entre los científicos de todas las épocas, no son pocos los cristianos convencidos. En la actualidad, los científicos no creyentes suelen reconocer que su agnosticismo no tiene nada que ver con la ciencia, y que no existe ninguna dificultad objetiva para ser buen científico y buen cristiano a la vez.


Duhem: físico, filósofo, historiador... y católico

Esto nos lleva de la mano al caso de Duhem. Se trata de un personaje muy conocido, aunque no siempre bien interpretado, en el ámbito de la filosofía de la ciencia, y totalmente desconocido para la opinión pública. Sin embargo, vale la pena saber qué hizo.

Pierre Duhem fue un físico francés de gran talla intelectual. Nació en 1861 y murió en 1916. La lista de sus artículos y libros ocupa 17 páginas de un libro de buen tamaño. Escribió mucho sobre temas científicos muy especializados, y también se ocupó de filosofía e historia de la ciencia. Varias de sus obras son libros en varios volúmenes, y una de ellas tiene 10 volúmenes de 500 páginas cada uno. Sin duda, fue uno de los físicos más importantes de su época. Fue un convencido católico, y llevó una vida realmente ejemplar en todos los aspectos.

Que yo sepa, ninguna obra de Duhem, al menos de las más importantes, está traducida al castellano. Hay, en cambio, algunas traducidas a otros idiomas; incluso una de ellas, "La teoría física", fue traducida al alemán dos años después de su aparición, con un prefacio muy favorable de Ernst Mach, otro importante físico-filósofo cuyas ideas tenían poco de católicas.

Duhem es el pionero de los estudios históricos acerca de la ciencia medieval, tema que tiene una importancia cada vez mayor en la actualidad. Este es el aspecto en el que me voy a detener.

 

 

 

El origen de la ciencia moderna

Duhem era un trabajador infatigable que, a pesar de su gran talla, no llegó a ser profesor en París, quizá debido a obstáculos ideológicos. Esto le permitió trabajar mucho por su cuenta. Estaba interesado en la historia de la ciencia y se puso a investigar en el pasado. Ante su sorpresa, fue encontrando en los archivos franceses muchos manuscritos antiguos, nunca publicados, que arrojaban nuevas luces acerca del nacimiento de la ciencia moderna.

Según el cliché generalmente admitido, la ciencia moderna parecía haber nacido en el siglo XVII prácticamente de la nada. La Edad Media habría sido una época oscurantista, dominada por la teología y enemiga de la ciencia. El nacimiento de la ciencia moderna se habría producido sólo cuando el libre-pensamiento se emancipó de la Iglesia y de la teología. Pues bien, Duhem encontró una documentación abundantísima que deshacía ese cliché, y la fue publicando, comentada, en los 10 grandes tomos de "El sistema del mundo".

Para comprender la situación, conviene tener en cuenta que la imprenta no existió hasta el siglo XVI. Las obras anteriores, y por tanto, las obras de los medievales, eran manuscritos. Cuando se descubrió la imprenta, muchos manuscritos quedaron en el olvido de los archivos. Los pioneros de la nueva ciencia no se preocuparon de señalar sus deudas intelectuales con los autores anteriores, sino más bien de subrayar la novedad de sus trabajos. La Edad Media quedó en la penumbra.

Duhem trabajó directamente con muchos manuscritos medievales inéditos. Su trabajo le llevó al convencimiento de que la Edad Media, especialmente en la Universidad de París, pero también en la de Oxford y en otros centros intelectuales, fue una época en la que paulatinamente se fueron desarrollando los conceptos que permitieron el nacimiento sistemático de la ciencia experimental moderna en el siglo XVII. Los trabajos de Duhem abrieron un enorme campo de investigación que ha sido continuado por importantes historiadores de todo tipo de países e ideologías.


La matriz cultural cristiana

Stanley Jaki nació en Hungría en 1924. Se estableció en los Estados Unidos en 1951. Es doctor en Física y en Teología, profesor de la Universidad de Seton Hall (New Jersey), y ha sido invitado a dar cursos en las Universidades de Edimburgo, Oxford, Princeton, Sidney y en muchas otras. Ha publicado cerca de 30 libros sobre las relaciones de la ciencia con la filosofía y la cultura. En 1987 recibió de manos del príncipe Felipe de Gran Bretaña el Premio Templeton, como reconocimiento a sus publicaciones.

Jaki dedicó un gran esfuerzo a escribir la primera biografía amplia sobre Pierre Duhem, que fue publicada en 1984 por la Editorial Hijhoff de La Haya. Ha continuado y ampliado los trabajos de Duhem sobre el nacimiento de la ciencia moderna y sus relaciones con la religión.

Jaki afirma que en las grandes culturas de la antigüedad (Babilonia, Egipto, Grecia, Roma, India, China, etc.), la ciencia experimental no encontró un terreno propicio. Más bien, los escasos intentos de nacimiento acabaron en sucesivos abortos. Un factor determinante fue que en esas culturas se representaba la naturaleza como sometida a unas divinidades caprichosas, o se pensaba en ella de modo panteísta. Jaki examina estos problemas desde el punto de vista histórico y concluye que el nacimiento de la ciencia moderna sólo fue posible en la Europa cristiana, cuando se llegó a dar lo que llama la "matriz cultural cristiana".

Esa matriz cultural incluia la creencia en un Dios personal creador, que ha creado libremente el mundo. Porque la creación es libre, el mundo es contingente, y sólo lo podemos conocer si lo estudiamos con ayuda de la observación y la experimentación. Porque Dios es infinitamente sabio, el mundo es racional y sigue leyes; como afirma repetidamente la revelación cristiana, el mundo está lleno de orden. Porque Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, el hombre participa de la inteligencia divina y es capaz de conocer el mundo.

De hecho, es fácil comprobar que los grandes pioneros de la ciencia moderna compartían estas convicciones, que las tenían porque eran cristianos y vivían dentro de una matriz cultural cristiana, y que en algunos casos ellos mismos afirmaron la importancia que esas ideas tenían para su trabajo científico. Por ejemplo, Kepler hizo muchos intentos durante años hasta que encontró sus famosas leyes, convencido de que tenían que existir en un universo creado por la sabiduría divina, y de que tenían que estar de acuerdo con los datos observacionales de Tycho Brahe.

Desde luego, no basta ser cristiano para hacer ciencia; la ciencia se hace con matemáticas y experimentos. Pero la ciencia moderna nació y se ha desarrollado durante siglos en un occidente cristiano que le ha proporcionado una matriz adecuada.

 

 

 

Ciencia, cultura e ideología

Comprendo que estas afirmaciones puedan extrañar a algunos. Las obras de Duhem, las de Jaki y otros autores semejantes, no suelen estar traducidas al castellano. Además, durante mucho tiempo se ha presentado a la ciencia como si estuviera en perpetua lucha con la religión, aunque esto no corresponde a los hechos. A la opinión pública le llega una imagen deformada del caso de Galileo y, en general, de las relaciones entre ciencia y religión.

Duhem advirtió expresamente acerca de la importancia ideológica y cultural que tienen la ciencia y la filosofía de la ciencia en nuestra civilización. Esto es cada vez más actual. No me resisto a darles algunas pistas, por si les interesan.

Stanley Jaki ha publicado recientemente un libro sobre Duhem. Tiene 278 páginas, e incluye una selección de textos originales de Duhem. Se titula "Scientist and Catholic: Pierre Duhem", y ha sido publicado en 1991 por Christendom Press: Christendom College, Front Royal, VA 22630, USA.

En 1990, Ediciones Palabra, de Madrid, publicó "Ciencia, fe y cultura", que contiene una serie de ensayos de Stanley Jaki, lo primero de Jaki que se ha publicado en castellano.

El que suscribe ha escrito tres libros fáciles de leer sobre estos temas. Uno acaba se publicarse en Ediciones Palabra (Madrid), y se titula "El hombre a la luz de la ciencia". En un par de meses estrarán disponibles otros dos, de la misma editorial, titulados "Las fronteras del evolucionismo" y "Ciencia, razón y fe". Perdonen por la auto-propaganda, pero con frecuencia recibo consultas sobre este tipo de bibliografía. Si les interesan estos temas, les gustarán: en sus primeras versiones, se han hecho cuatro ediciones en pocos años. Si tienen alguna queja y la escriben, la recibiré con gusto y les contestaré. De veras. Va siendo hora de que se aclaren unas cuantas cosas.

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CÓMO ENTENDER EL GESTO DEL PERDÓN
VATICANO, 11 Mar. 2000-(ACI).- Un grupo de destacados historiadores y teólogos analizó el pedido de perdón papal, cuestionando la exagerada promoción de los medios a un gesto que no es inédito en el Santo Padre y que, según afirmaron, debería motivar similares actitudes en numerosos grupos.

En los últimos días, la prensa mundial ha dedicado páginas enteras a llamar la atención sobre el Día del Perdón como el "esperado" mea culpa de la Iglesia Católica por los errores de sus hijos, sin recordar que cuando se trata de pedir perdón el Papa Juan Pablo II siempre ha llevado la delantera.

Según los expertos entrevistados por Catholic News Service, en sus 21 años de Pontificado, Juan Pablo II ha pedido disculpas a distintos grupos -incluyendo a indígenas, iglesias cristianas y mujeres- en más de cien ocasiones. Las expresiones de pesar siempre fueron incondicionales, y la Iglesia nunca esperó encontrar pedidos de perdón similares como respuesta.

"El ´mea culpa´ de la Iglesia es absoluto. Nadie pide un intercambio, pero me parece que sirve como un reto para otros que deben hacer un similar examen de conciencia", explicó el historiador italiano Franco Cardini.

El mismo Juan Pablo II llamó la atención en 1997 sobre cómo "la Iglesia y el Papa son los que siempre piden perdón, mientas otros permanecen callados". "Tal vez esa sea la forma en que las cosas se tienen que dar", afirmó.

En efecto, el Papa pedirá mañana domingo perdón por errores pasados de los católicos en una Misa especial después de publicar un extenso documento titulado "Memoria y Reconciliación" que fue escrito por la Comisión Teológica Internacional. 

Así, mientras los medios de comunicación se han concentrado en cuestionar si la Santa Sede ha sido lo suficientemente específica en su pedido de perdón, una rápida mirada a lo que el papa ha hecho en los últimos años revelan muchos puntos específicos:

- Sobre la Inquisición: en 1982 Juan Pablo II se refirió a los "errores de exceso" y en varias ocasiones ha condenado el uso de "la intolerancia y hasta la violencia en el servicio de la verdad" de los inquisidores.

- Sobre el Holocausto: en 1997 expresó su pesar por las conciencias adormecidas de algunos cristianos durante el Nazismo y la inadecuada "resistencia espiritual" de otros grupos ante la persecución de los judíos. En 1998 el Vaticano publicó un documento sobre el Shoah, palabra hebrea usada para el Holocausto, expresando pesar por los mismos problemas morales.

- Sobre las Cruzadas: en 1995 caracterizó las expediciones armadas como errores. 
Alabó el celo de los cruzados medievales pero afirmó que ahora debíamos "dar gracias a Dios" por el diálogo y no recurrir a las armas.

- Sobre los pueblos nativos: en 1985 pidió disculpas a los africanos por la forma en la que fueron tratados en los siglos recientes. En Estados Unidos en 1984 pidió perdón por los excesos de los misioneros y en 1987 reconoció que los cristianos estuvieron entre los que destruyeron la forma de vida de los indios. 

- Sobre el ecumenismo: el Papa ha hablado en varias ocasiones del perdón mutuo entre las iglesias cristianas separadas. En 1995, pidió disculpas "en nombre de todos los católicos, por los errores ante los no católicos a lo largo de la historia".

- Sobre las mujeres: en una carta de 1995 que examinó brevemente la discriminación histórica de las mujeres, el Papa afirmó que dentro de los responsables se encontraban "no pocos miembros de la Iglesia", algo que lamentaba profundamente.

El Papa ha tenido similares pronunciamientos sobre la esclavitud y el racismo, la cercanía con el poder político dictatorial, y hacia teorías científicas como las de Galileo, que fue condenado por decir que la Tierra giraba alrededor del sol.

Con éstas y otras "disculpas" en el registro de Juan Pablo II, algunos líderes de la Iglesia buscan cierta compañía -en algún sentido-, esperando que el pedido de perdón contagie a otros en el espíritu del Jubileo.

El Padre Bruno Forte, uno de los teólogos que colaboró en la redacción de "Memoria y Reconciliación", explicó que el documento toca un nervio cuando observa que el reconocimiento de las faltas ha sido por mucho tiempo unilateral.

El historiador Cardini afirmó, pro su parte, que sería gratificante, por ejemplo, escuchar expresiones de pesar por parte de la Reina de Inglaterra ante el tratamiento que se les dio a los católicos en su país, sin mencionar las numerosas persecuciones contra los líderes católicos en Francia, España y México. 

"Un examen de conciencia, o para usar un término menos católico, una reflexión histórica podría ser realizada por las iglesias protestantes que tuvieron sus propios problemas con los católicos o por los líderes ortodoxos rusos que el pasado apoyaron las acciones represivas del gobierno zarista", indicó Cardini.

El historiador agrega que "tal vez los musulmanes deberían hacer su propia reflexión sobre las numerosas guerras santas proclamadas en el pasado" e indica que actualmente, China podría comenzar a trabajar en su apología por el actual trato que da a la Iglesia Católica.

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Los cleros nacionalistas ante la persecución religiosa

 

Por Pío Moa – 20 diciembre 2002

 

Apenas desatada la guerra civil, en octubre de 1934, comenzó la matanza de clérigos, 34 de ellos en Asturias, y tres más en Palencia y Cataluña. En julio de 1936, apenas armadas las masas por el gobierno de Giral, la matanza tomó proporciones gigantescas hasta convertirse, probablemente, en la mayor persecución religiosa de la historia, más mortífera que la de la Revolución francesa o a las de la época romana.

Acosados como alimañas, unos 7.000 religiosos, más 3.000 laicos, fueron sacrificados a menudo con extrema crueldad, por el mero hecho de sus creencias. Hubo sacerdotes toreados, y a algunos les sacaron los ojos, o les cortaron la lengua o los testículos. Otros fueron arrastrados por tranvías u otros vehículos hasta morir. Once detenidos en una checa de Valencia fueron golpeados y descuartizados con mazas y cuchillos. Un cadáver tenía una cruz incrustada en los maxilares. Algunos fueron arrojados a fieras del zoo madrileño…, y así un largo catálogo de horrores. Los cadáveres solían ser ultrajados, quemados, objeto de burlas, desenterrándose incluso ataúdes de monjas fallecidas años antes, para irrisión pública.

También fueron incendiadas o destrozadas innumerables obras de arte, edificios, pinturas, esculturas, etc., así como bibliotecas antiguas y valiosísimas de monasterios e instituciones educativas (recuérdese que, al instaurarse la República, varias bibliotecas fueron pasto de las llamas a manos de los anticlericales, entre ellas la principal de los jesuitas en Madrid, considerada por muchos como la segunda de España después de la Biblioteca Nacional). Diversos dirigentes izquierdistas hicieron declaraciones felicitándose de la erradicación de la Iglesia en España, y en periódicos republicanos, como el azañista Política, podían leerse verdaderas incitaciones a la destrucción del patrimonio histórico de carácter religioso.

Esta persecución estaba inscrita en el ideario jacobino y revolucionario como algo necesario para alcanzar los fines de emancipación humana a que las izquierdas decían aspirar. A tal punto les parecía urgente aquella “limpieza” que la llevaron a cabo sin atender a su tremendo coste político, pues aquella indisimulable oleada de crímenes y destrucciones impidió al Frente Popular “vender” adecuadamente en el exterior la imagen de democracia y cultura con la que pensaban ganar el respaldo de las democracias. Sólo los regímenes soviético y del PRI mejicano apoyaron, como es sabido, a las izquierdas españolas: ambos habían llevado a cabo sus propias y sangrientas persecuciones religiosas.

Lógicamente –y éste fue otro efecto político de gran alcance–, la Iglesia, en su inmensa mayoría, tomó partido por quienes la salvaban y contra quienes la exterminaban. Con eso contaban los perseguidores, pero no les importó, sobre todo en los primeros y especialmente mortíferos meses de la guerra, cuando estaban seguros de vencer y de poder ajustar cuentas en todo el país con sus enemigos. Sin embargo, hubo excepciones entre los eclesiásticos, como el famoso padre Lobo, colaborador de la propaganda revolucionaria, o sectores importantes del clero vasco y catalán.

En Cataluña se dio el caso curioso de que la Esquerra, pese a su intenso jacobinismo, hiciera lo posible por salvar a los curas… nacionalistas. Un informe al cardenal Gomá, guardado en su archivo y recientemente publicado por José Andrés-Gallego y A. M. Pazos, dice: “Ha llamado poderosamente la atención el hecho de que los sacerdotes militantes del catalanismo hayan salido todos indemnes, mientras sucumbían a centenares sus hermanos”. Cabe dudar de que todos salieran indemnes, pero hubo una operación política para favorecerlos, excluyendo a los curas catalanes no nacionalistas. El propio Vidal i Barraquer pudo librarse, dejando abandonado, al parecer por un malentendido, a su obispo auxiliar, Manuel Borrás, asesinado poco después.

La solidaridad de los clérigos nacionalistas con los demás fue muy escasa. Madariaga cita a una de sus “lumbreras”, acaso el mismo Vidal: “Los revolucionarios han destruido las iglesias, pero el clero había destruido primero a la Iglesia”. Para aquella lumbrera, las víctimas eran las culpables. Pero si tal hizo el clero, ¿por qué habían de masacrarlo –no sólo quemaban iglesias– los revolucionarios, primeros interesados en erradicar la religión? ¿No debieran haberlo felicitado, más bien? Posturas similares continúan hoy, por ejemplo en el fraile ideólogo e historiador Hilari Raguer.

Insolidaridad pareja vemos en el clero nacionalista vasco. Buena parte de él se sentía estrechamente ligado al PNV, en el cual veía un defensor de la religiosidad de los vascos, considerados una especie de nuevo “pueblo elegido”. Quien quizá expresó mejor esa insolidaridad de raíz fue el muy católico Irujo, ministro de Justicia en el Frente Popular, en una propuesta de decreto encaminada a mejorar la imagen exterior de las izquierdas: “La pasión popular, confundiendo la significación de la Iglesia con la conducta de muchos de sus prosélitos, [hizo] imposible en estos últimos tiempos el ejercicio normal del derecho de libertad de conciencia y práctica del culto”. La matanza y destrucción sistemáticas quedaban reducidas, para consumo exterior, a la simple eliminación del derecho al culto, atribuido, además, a una “confusión popular”. Las víctimas, por su “conducta”, habían merecido de algún modo el castigo.

Al revés que los nacionalistas de Álava y Navarra, los de Guipúzcoa y Vizcaya, creyendo a los revolucionarios destinados a vencer, optaron por éstos a cambio de un estatuto de autonomía, que se proponían rebasar aprovechando las circunstancias. Cuando los navarros ocuparon Guipúzcoa, la autoridad militar fusiló a 12 ó 14 sacerdotes nacionalistas por sus actividades políticas. El PNV y el clero adicto hicieron grandes protestas en la prensa extranjera y en el Vaticano, apoyándose en sectores “progresistas”, especialmente franceses, pese al carácter tradicionalmente muy reaccionario y antiliberal del nacionalismo vasco. Franco cortó los fusilamientos, pero el clero peneuvista persistió en su campaña para negarle el carácter de defensor de la Iglesia. En realidad, dicho clero se desentendió por completo de la suerte del clero perseguido, justificando de diversas maneras la persecución.

El proyecto de decreto de Irujo señalaba además: “una parte de la Iglesia católica, concretamente la de Euzkadi, ha sabido en todo momento cumplir su misión religiosa con el máximo respeto al Poder civil (…) Por eso no ha sufrido el más leve roce con sus intereses”. Sin embargo esta parte era tan falsa como la anterior. En la zona bajo autoridad del PNV habían sido asesinados nada menos que 55 sacerdotes que, por no ser nacionalistas, no merecieron la menor atención reivindicativa ni protesta del clero ni de los políticos sabinianos, contra lo ocurrido con los fusilados en Guipúzcoa por los franquistas. Otros cientos de religiosos vascos fueron masacrados en el resto del país ante la misma fundamental indiferencia de los clérigos nacionalistas.

Por supuesto, Irujo hizo aquí y allá algunas gestiones en favor de los perseguidos, y algunas denuncias ocasionales. Por ello ha recibido un reconocimiento algo excesivo, si lo comparamos con su política básica de ocultación de la realidad al exterior, de connivencia de hecho y desde el gobierno con los perseguidores, y de apoyo a la propaganda revolucionaria, todo ello sin asomo de protesta de los religiosos peneuvistas. En realidad, ésta era la moneda de cambio por las vulneraciones del estatuto, como exponía el lehendakari Aguirre ante las protestas de las autoridades izquierdistas: “Euzkadi sirvió con su ejemplo de único argumento en el exterior, invocado tantas veces en la Sociedad de Naciones y por numerosos políticos, incluso comunistas, como la señora Ibárruri en sus mítines de propaganda exterior”. Los servicios prestados por el PNV y su clero al Frente Popular fueron muy estimables, pero las izquierdas creían excesivo el pago que por ellos se tomaban los sabinianos.

Creo que estos precedentes ayudan a entender sucesos actuales.

 

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«Duc in altum» (Lc 5,4) dijo Cristo al apóstol Pedro en el Mar de Galilea.

 

Catecismo de la Iglesia Católica, 858-860

 

“Creo en la Iglesia ....apostólica”


      Jesús es el enviado del Padre. Desde el comienzo de su ministerio, “llamó a los que él quiso, y vinieron donde él. Instituyó doce para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar.” (Mc 3,13-14). Desde entonces, serán sus “enviados” (es lo que significa la palabra griega ‘apostoloi’). En ellos continúa su propia misión: “Como el Padre me envió, también yo os envío.” (Jn 20,21; cf 13, 20; 17,18). Por tanto su ministerio es la continuación de la misión de Cristo: “Quien a vosotros recibe, a mí me recibe”, dice a los doce. (Mt 10,40).

       Jesús los asocia a su misión recibida del Padre: como “el Hijo no puede hacer nada por su cuenta” (Jn 5,19.30), sino que todo lo recibe del Padre que le ha enviado, así, aquellos a quienes Jesús envía no pueden hacer nada sin El (cf Jn 25,5) de quien reciben el encargo de la misión y el poder para cumplirla. Los apóstoles de Cristo saben por tanto que están calificados por Dios como “ministros de una nueva alianza” (2 Cor 3,5), “ministros de Dios” (2 Cor 6,4), “embajadores de Cristo” (2Cor 5,20), “servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios” (1 Cor 4,1).

       En el encargo dado a los apóstoles hay un aspecto intransmisible: ser los testigos elegidos de la resurrección del Señor y los fundamentos de la Iglesia. Pero hay también un aspecto permanente de su misión. Cristo les ha prometido permanecer con ellos hasta el fin de los tiempos (cf Mt 28,20). “Esta misión divina confiada por Cristo a los apóstoles tiene que durar hasta el fin del mundo, pues el evangelio que tienen que transmitir es el principio de toda la vida de la Iglesia. Por eso los apóstoles se preocuparon de instituir...sucesores” (LG 20).

 

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{Verano de 1934 - Pío Moa}

 

{La actual colusión de los nacionalismos vasco y catalán, apoyados por el PSOE, en su ofensiva contra la legalidad democrática no es un hecho nuevo. Durante el verano de 1934 se produjo exactamente el mismo fenómeno, que culminaría en la insurrección de octubre de ese año, comienzo real de la guerra civil.

Aunque hay considerables diferencias entre ambas épocas (no parecen estar pensando ahora en una insurrección), existen también numerosas analogías, particularmente en el carácter desestabilizador de las maniobras, y en el mismo hecho de que se pusieran de acuerdo, pese a la disparidad de sus objetivos, partidos tan distintos como el racista y ultraderechista PNV con los entonces revolucionarios socialistas, la extremadamente anticatólica Esquerra, o los nacionalistas españoles de Azaña.

Estos episodios están prácticamente olvidados, o, mejor, sepultados por una seudohistoriografía impuesta durante estos años desde la universidad y los medios de masas. Sin embargo son muy interesantes y en muchos aspectos aleccionadores, tanto por sí mismos como por algunas conclusiones extraíbles de ellos, y todavía válidas.

 

Como es sabido, en noviembre de 1933 ganó las elecciones el centro derecha, por una gran mayoría (más de cinco millones de votos contra tres de las izquierdas). Esa victoria no fue aceptada por los partidos perdedores. Los republicanos, empezando por Azaña, intentaron un golpe de estado intrigando con el presidente de la república, Alcalá-Zamora, y con el jefe del gobierno, Martínez Barrio, para impedir la reunión de las Cortes democráticamente elegidas. No obstante, los dos últimos rechazaron la propuesta, y las Cortes se reunieron.

 

El partido más votado había sido la CEDA. Su jefe, Gil-Robles, había hecho en la campaña electoral algunas declaraciones antiparlamentarias (en realidad todos los partidos habían expresado propósitos antidemocráticos, muy especialmente el PSOE), pero se mostró, en general, moderado y conciliador, y terminó pidiendo concordia entre derechas e izquierdas, a pesar de haber sido asesinados seis derechistas durante la campaña, y ninguno de los contrarios. La petición fue interpretada por las izquierdas como un síntoma de debilidad. La moderación de Gil-Robles se manifestó en la práctica cuando renunció al gobierno, dejando la tarea a Lerroux, dirigente del segundo grupo parlamentario. Esperaba, declaró, que se calmaran las pasiones políticas antes de exigir su derecho a entrar en el gabinete.

 

La reacción de los socialistas resultó peor que la de los republicanos de izquierda: la mayoría, resuelta a establecer cuanto antes la dictadura del proletariado, se desembarazó de Besteiro, opuesto a tales planes. Y en enero del 34 empezó a organizar una insurrección considerada como “guerra civil”, de la mayor violencia y alcance posibles.

 

Los nacionalistas catalanes de izquierda, la Esquerra fundamentalmente, acogieron la derrota electoral profiriendo graves amenazas de subversión, y se declararon “en pie de guerra”. En cuanto al PNV, le unían a la CEDA el catolicismo y la defensa de numerosos valores conservadores, pero en aquellos momentos todo ello cedía ante su ambición de conseguir el estatuto de autonomía. Debe decirse, contra panegiristas de dicho partido, que desde el primer momento los nacionalistas manifestaron su decisión de vulnerar el estatuto, convirtiéndolo en una palanca para abrir la puerta a la separación de Vasconia de la odiada Maketania. Las declaraciones abundaban y no había el menor secreto al respecto.

 

Por esa razón fue posible, en aquellos meses, una estrecha alianza de hecho entre el PNV y las izquierdas, incluso las revolucionarias. Por extraño que suene, una amplia tendencia historiográfica ha presentado este giro como prueba de una supuesta democratización y moderación del PNV frente a una —también imaginaria— radicalización de la CEDA. Curiosamente, ocurrió al revés: al inclinarse por aquellas izquierdas, el PNV contribuía a la inestabilidad del país y al proceso revolucionario, mientras que la CEDA mantuvo una esencial moderación que la iba a convertir, como veremos, en el último puntal de la legalidad republicana. La CEDA tampoco amenazó con enfrentamientos civiles ni provocó disturbios o muertes callejeras, como harían las izquierdas, pese a sufrir de éstas un permanente acoso, sin exceptuar asesinatos.

 

Al hacer del estatuto, y no de intereses religiosos o de conservación social, el eje de su política, la opción del PNV por la izquierda, incluso por la extrema izquierda, tenía lógica. Las izquierdas no sólo parecían dispuestas a emplear todas las fuerzas posibles contra el gobierno, incluyendo al PNV, sino que para ellas la unidad de España tenía mucha menos relevancia que para la derecha. El nacionalismo español de los republicanos se basaba en promesas e ilusiones sobre el futuro, sin raíces en un pasado que tenían por nefasto, y por ello ofrecía una clara debilidad a las pretensiones separatistas. Y los socialistas y comunistas reivindicaban a veces una patria hispana más “auténtica”, contra “la patria de los señoritos y los explotadores”, pero su doctrina era internacionalista, y suponía que “los obreros no tienen patria”. En definitiva, la unidad nacional no significaba mucho para ellos si, destruyéndola, quebraban a la “oligarquía” e impulsaban la revolución. De modo parejo, el PNV concedía importancia menor a los avances revolucionarios en España, si ellos le facilitaban avanzar a la secesión. Con tales actitudes, el año 34 se presentaba muy tormentoso.

 

Por otra parte, el gobierno Lerroux tenía serios problemas con el presidente de la república, Niceto Alcalá-Zamora. Durante el bienio izquierdista, el presidente no se había entrometido en las labores gubernamentales de Azaña, pero se creía con derecho a inmiscuirse en las del gobierno de centro derecha. Su ambición, desde el principio mismo de la república, había sido dirigir o tutelar una gran fuerza conservadora capaz de contrapesar a las izquierdas. Esa aspiración se había hundido por su lamentable reacción, o falta de reacción, ante la oleada de incendios de bibliotecas, conventos y escuelas en mayo del 31. Entonces había perdido su prestigio ante la opinión de derechas. Sin embargo persistía en la vieja intención tuteladora, que le impulsaría a decisiones catastróficas. Tenía además otra debilidad, muy similar a la de Romanones, a cuyo lado había crecido políticamente: el miedo a ser tildado de “reaccionario” por las izquierdas, lo cual le llevaba a graves claudicaciones.

 

Así pues, se convirtió enseguida en una plaga para Lerroux, en cuyo partido intrigaba para fomentar divisiones que favorecieran su influencia. Las tensiones llegaron al máximo cuando, ante el indulto y reposición de los golpistas de Sanjurjo en el ejército, Alcalá-Zamora echó un pulso a Lerroux, provocando para ello una grave crisis constitucional. Al resistirse a firmar el indulto y la reposición, el presidente ofrecía una estampa progresista e intransigente en defensa del espíritu republicano, pero se trataba de un pretexto: casi dos años justos después serían repuestos triunfalmente numerosos militares participantes en la insurrección izquierdista de octubre del 34 y condenados por ello, y entonces Don Niceto no pondría la menor objeción.

 

Ante la intransigencia presidencial, Lerroux prefirió retirarse, y entró a gobernar Ricardo Samper, un político de la confianza de Alcalá-Zamora, buena persona, conciliador y dialogante, pero falto de la firmeza necesaria para arrostrar las ofensivas izquierdistas y nacionalistas que se venían claramente encima. Azaña no ahorra sarcasmos contra Samper, a quien todos sus adversarios despreciaron desde el principio, y ante quien se sentían crecidos. En estas circunstancias se plantearon las gravísimas maniobras de desestabilización de las izquierdas y el PNV contra la legalidad republicana.}

 

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El muro empezó a caer en Polonia*

 

Visto con perspectiva histórica, no cabe duda de que los cambios políticos de mayor transcendencia para el conjunto del sistema soviético, que finalmente desembocaron en el derrumbe del Muro de Berlín, se iniciaron en Polonia.

 

Desde que en 1945 pasara a control soviético, la población de Polonia se caracterizó siempre por su carácter refractario al yugo de Moscú. Durante los años 70, el presidente Gierek, encarnó un comunismo de acusado cuño nacional como herramienta para aplacar el descontento de los polacos. En consecuencia, a lo largo de una década, su gobierno mantuvo unas relaciones distantes con la Unión Soviética en temas sensibles, como lo demuestra el hecho de que llegara a mantener relaciones formales con el Vaticano.

 

Con la crisis de mediados de los 70, los problemas económicos se agudizaron y la sociedad polaca empezó a hacer frente al Partido Comunista cada vez de forma menos velada. Por su parte, la Iglesia se unió a los intelectuales para arropar ese incipiente sentimiento de liberación que cada vez con más fuerza prendía en el país. En el verano de 1976, las protestas se hicieron más violentas hasta desembocar en el saqueo y destrucción de oficinas del partido comunista, lo que provocó una oleada de represión que se saldó con varios muertos y miles de detenidos. Karol Wojtyla, entonces arzobispo de Cracovia, no atacó nunca al comunismo de forma frontal, ni mucho menos llamó a los fieles a la revolución, pero su firmeza en la defensa de principios como la libertad individual o el derecho a organizar la propia vida, incompatibles con la existencia de un sistema marxista, inspiró a la disidencia católica una moral de lucha y una altura ética que le permitiría afrontar las mil vicisitudes que los tiempos le deparaban.

 

En 1978, Karol Wojtyla fue elegido Papa y al año siguiente visitó Polonia por primera vez en su pontificado. El delirio fue total. En el primer acto de la visita, la muchedumbre que abarrotaba la explanada estuvo aplaudiendo durante diez minutos ininterrumpidos al Papa, que recibía el cariño de sus compatriotas de pie junto a una gigantesca cruz. Durante los nueve días que duró la visita de Juan Pablo II, dio la sensación de que el poder comunista no existía. Las autoridades se vieron tan sobrepasadas que hasta dudaron en suspender las retransmisiones televisivas en varios momentos. La visita insufló a los polacos confianza en su capacidad para enfrentarse a la tiranía comunista y el orgullo de su condición nacional. Fiel a su trayectoria, Juan Pablo II no dirigió en sus alocuciones ningún reproche expreso contra el gobierno comunista, pero en todo momento hizo una defensa encendida de la dignidad del ser humano y el derecho a la libertad como don divino. Nadie, excepto el Papa, podía proclamar ese mensaje “revolucionario” en un país comunista impunemente.

 

En 1980, una reforma en el sistema de asignación de precios de la carne provocó una revuelta popular, que tuvo especial repercusión entre los trabajadores de los puertos bálticos, los más combativos. Así nació el sindicato Solidaridad, llamado a convertirse en la voz del pueblo polaco exigiendo libertad. En las manifestaciones de Solidaridad no se portaban pancartas reivindicativas, sino fotos gigantes de la Virgen María y de Juan Pablo II, suceso inédito en la larga historia del sindicalismo mundial. El movimiento alcanzó además gran popularidad internacional, lo que empezó a preocupar seriamente a la Unión Soviética, que comenzó a mover tropas a lo largo de la frontera con Polonia.

 

El ascenso al poder del general Jaruzelski endureció las condiciones represivas contra la población polaca, a pesar de que la audacia de Lech Walesa en su lucha contra la tiranía no disminuyó un ápice. En septiembre de 1981, Solidaridad realizó un congreso que fue calificado por Pravda como “una orgía antisocialista y antisoviética”. Jaruzelski, intentando no desprestigiarse ante Moscú endureció aún más las medidas represoras, declaró el estado de sitio y finalmente ilegalizó el sindicato Solidaridad, como aviso para otros países vecinos en los que los vientos de protestas populares comenzaban a azotar con fuerza los baluartes del poder rojo.

 

Puesto el sindicato de Walesa fuera de combate, la Iglesia pasó al primer plano de la lucha del pueblo polaco por su libertad. El Papa estuvo siempre muy cerca de los esfuerzos de sus hermanos y compatriotas, pues a través de algunos enviados personales suyos no se cansó de trasladar mensajes de ánimo a los encargados de mantener viva la ilusión por un futuro libre. El caso del sacerdote Jerzy Popieluszko es paradigmático en este proceso. El Padre Popieluszko se hizo famoso en toda Polonia por sus homilías, en las que con una valentía casi suicida hacía continuas llamadas a mantener el sentimiento religioso y patriótico entre sus fieles. Los dirigentes comunistas intentaron silenciarlo por medio de todo tipo de amenazas (estuvo incluso en prisión). Finalmente, convencidos de que nadie en este mundo haría callar a este joven sacerdote, acabaron con él. La noche del diecinueve de octubre de 1984, mientras conducía camino a casa, fue abordado por una patrulla de las fuerzas de seguridad, secuestrado, torturado y finalmente asesinado brutalmente.

 

El ejemplo de Popieluszko, y sobre todo de su martirio, siguió inspirando a los católicos polacos en su lucha incansable contra la tiranía comunista. El ejemplo de esta lucha sirvió también para alimentar movimientos parecidos en el resto de países del Este sometidos al comunismo hasta que a finales de los ochenta, el sistema implosionaría con la imagen gráfica del Muro de Berlín echado abajo por una multitud ávida de libertad.

 

Con toda seguridad, la vesania marxista habría acabado desapareciendo en la fosa séptica de la Historia humana (de donde nunca debió salir), pero lo que resulta indudable es que los católicos polacos, siempre con la vista y el corazón puestos en “su” Papa, fueron la espoleta de un proceso que acabaría liberando a varios cientos de millones de personas, del yugo impuesto por la ideología más nociva que jamás concibió el espíritu humano.

2005.04.06 L.D.ESP. Por Pablo Molina.-

*Muerte de S.S. JUAN PABLO II MAGNO P.P. (Pontifex Papa)

 

“Conocereisdeverdad.org” no se identifica necesariamente con todas las opiniones y matices vertidos por los autores en los artículos aquí publicados, sin embargo, estima que son dignos de consideración en su conjunto.

 

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Se escuchan voces que se auto-llaman ‘progresistas’ y piden que se olvide lo que Colón logró hacer porque a esta conquista le siguieron las acciones feroces de algunos conquistadores; como siempre, los hombres son capaces de lo mejor y lo peor. No puede negarse y es verdad que algunos comportamientos fueron deplorables, pero tampoco puede negarse la grandeza de la Roma antigua y la necesidad que tenemos de la Grecia clásica. La espléndida aventura de Colón tuvo su saldo altamente positivo: rompió una lanza en favor de nuestra autoestima. Ya está bien de que nos flagelemos y de que siempre tengamos que pedir perdón. Podemos avergonzarnos de algunos excesos-comportamientos de la justicia de la Inquisición como de la Justicia de nuestros días y en todos los países del mundo, pero no de lo que logró Colón. La acertada y gran aventura de Cristóbal Colón enciende luces y alarga sombras: Colón fue un magnífico navegante y un pésimo gobernante, pero ahí estaba la Reina Isabel para frenar sus intentos de sometimientos exagerados o esclavitud. Fue la gran Reina Isabel la Católica su protectora al cien por cien. Colón es el primer navegante que se atreve a penetrar en el mar ignoto, en el mar Tenebroso para alcanzar las Indias Orientales, que resultan ser las tierras del Nuevo Continente. Esa es la magnífica aventura de Colón de la que nadie puede negar y enorgullece el coraje de las generaciones futuras, hace suntuoso el anhelo de descubrir respetando la vida. Como decía Séneca: ««No se descubrirá nunca nada, si se considera satisfecho de lo ya descubierto».

 

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Los cuatro traslados en cuatro siglos de los restos de Colón. Enterrado en 1506 en la iglesia de San Francisco de Valladolid, tres años después su hijo don Diego dispone que sus restos pasaran a la Cartuja de las Cuevas de Sevilla. Y treinta y cinco años más tarde, en 1544, muerto ya don Diego, su viuda doña María de Toledo consigue el permiso del emperador Carlos V y lleva los restos del Almirante y de su hijo a la catedral primada de las Américas, a Santo Domingo: «Parecía un sitio digno del Almirante. Era como un desagravio: que sus restos reposaran en aquella isla que descubrió y de la que fue el primer Gobernador».

Y pasaron los siglos sin que nada alterase esa paz. Hasta que a finales del XVIII la Monarquía de Carlos IV considera que no debe dejar bajo autoridad extranjera los restos del Almirante: «Así se decide su traslado a otro dominio español en ultramar: La Habana, isla descubierta por Colón. Un siglo después España perdía Cuba. La Patria reclamó aquellos gloriosos restos. Y se produjo el último traslado a la catedral de Sevilla».

 

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"Quien no obedezca a Cristo aquí en la tierra, el cual está en el lugar de Cristo en el Cielo, no participa del fruto de la sangre del Hijo de Dios... Para tantos momentos de la historia, que el Diablo se encarga de repetir, me parecía una consideración muy acertada aquella que me escribías sobre lealtad: -llevo todo el día en el corazón, en la cabeza y en los labios una jaculatoria: !Roma!..." [Catalina de Siena (+ 1380)]

 

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Cruz, trabajos, tribulaciones:
los tendrás mientras vivas.
—Por ese camino fue Cristo,
y no es el discípulo más que el Maestro.

 

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Gracias a Juan Pablo II Magno, ningún gobernante podrá justificarse ya en la enseñanza católica. El Catecismo de la Iglesia, aunque no condena formalmente la pena capital, apuesta decididamente por los medios incruentos para proteger y defender la seguridad de las personas, porque corresponden mejor a las condiciones del bien común y son más conformes con la dignidad de la persona humana.

El Estado moderno tiene otras posibilidades eficaces para reprimir el crimen. Como escribió el Pontífice en su encíclica sobre el Evangelio de la vida, los casos en los que es absolutamente necesario suprimir al reo “suceden muy rara vez, si es que ya en realidad se dan algunos”.

 

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“No somos el producto casual y sin sentido de la evolución: cada uno de nosotros es el fruto de un pensamiento de Dios” S.S. Benedicto XVI

 

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“No es el poder que redime, sí el amor; éste es el signo de Dios. ¡Cuántas veces quisiéramos que Él golpeara duramente, venciera el mal y crease un mundo mejor. Nosotros sufrimos por la paciencia de Dios” S.S. Benedicto XVI

 

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“Los tesoros de la tierra no están más al servicio de la edificación del jardín de Dios, en el cual todos pudiéramos vivir, más están aprovechados por las potencias de la explotación y de la destrucción” S.S. Benedicto XVI.

 

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“La familia es un don recíproco total entre hombre y mujer, que exige fidelidad y exclusividad”.

 

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“Ahora parece que cualquier modelo de unión puede llegar a ser una familia, como si fuera un club”

 

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Consagración de la misión a la Virgen - "Hemos venido hoy desde los lugares más lejanos de la Diócesis no para una ceremonia común, ni siquiera para una función extraordinaria en la que se invita al Obispo para dar más resalto a un rito o a una fiesta. No. 

Es un hecho tan grandioso, tan excepcional, tan inédito que no encuentra paralelo en los archivos de nuestras Congregaciones, ni en los anales de nuestras misiones, ni en la memoria de los religiosos que nos han precedido. 

Es el acto más bello, la página más bellamente escrita con letras de fe y de amor que un tercio de los miembros ofrecen a las dos Congregaciones Combonianas. 

Es un punto de llegada para la devoción mariana en más de 100 años de historia de las Misiones de Africa Central, y un punto de partida para afrontar con coraje, con la Virgen, lo que nos espera. 

Punto de llegada: a la Congregación de las Pias Madres y a sus misioneros, Congregación en embrión, Mons. Comboni dejó en herencia tres devociones que él practicaba: el Sagrado Corazón, la Inmaculada, San José... 

Hoy 7 obispos, más de 1000 misioneros con sus comunidades cristianas, sus tribus, sus millones de negros, están todos aquí para cumplir el más grande, el más sugestivo y solemne acto de sus vidas: tomar el propio corazón y ponerlo con el del pequeño Jesús sobre el corazón de nieve de la Madre, suya y nuestra para que estos tres corazones latan juntos." 

(De la homilía de P. Sartori para la ocasión (6.8.1962) 

 

Oración:  Oh Dios Padre nuestro, tu diseño de salvación se extiende sobre todos los pueblos, acoge nuestra humilde súplica. Concede que el Amor ardiente que consumó a tu siervo Bernardo Sartori en el incansable anuncio del Evangelio a los africanos y lo hizo devoto apasionado y tierno de María, nos transforme también a nosotros en misioneros de tu amor misericordioso. Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amen. 

Biografía  - El Beato, P. Bernardo Sartori, misionero y apostol del Norte de Uganda nacido en Falzè (Treviso) en 1897, entró en el Instituto de los Misioneros Combonianos en 1923. Ordenado sacerdote poco después, fue enviado a fundar el Seminario Comboniano de Troia (Foggia), que dirigió durante 7 años. Salió después para Africa, fundando en el Norte de Uganda, en una zona con un notable influjo islámico, numerosas misiones, dotándolas de santuarios dedicados a la Virgen Maria de la que se sentía hijo y misionero convencido. En este modo renovó la vida cristiana en el norte del pais donde gozó de una notable fama de santidad y de taumaturgo entre la población local y entre los misioneros. Después de casi 50 años de vida misionera y bendecido con notables dones sobrenaturales, murió en la mañana del dia de Pascua de 1983 delante del altar de su Iglesia. Ha sido introducida su causa de canonización. 

 

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Tierra nueva y cielo nuevo - Ignoramos el tiempo en que se hará la consumación de la tierra y de la humanidad. Tampoco conocemos de qué manera se transformará el universo. La figura de este mundo, afeada por el pecado, pasa, pero Dios nos enseña que nos prepara una nueva morada y una nueva tierra donde habita la justicia, y cuya bienaventuranza es capaz de saciar y rebasar todos los anhelos de paz que surgen en el corazón humano. Entonces, vencida la muerte, los hijos de Dios resucitarán en Cristo, y lo que fue sembrado bajo el signo de la debilidad y de la corrupción, se revestirá de incorruptibilidad, y, permaneciendo la caridad y sus obras, se verán libres de la servidumbre de la vanidad todas las criaturas, que Dios creó pensando en el hombre.

Se nos advierte que de nada le sirve al hombre ganar todo el mundo si se pierde a sí mismo. No obstante, la espera de una tierra nueva no debe amortiguar, sino más bien aliviar, la preocupación de perfeccionar esta tierra, donde crece el cuerpo de la nueva familia humana, el cual puede de alguna manera anticipar un vislumbre del siglo nuevo. Por ello, aunque hay que distinguir cuidadosamente progreso temporal y crecimiento del reino de Cristo, sin embargo, el primero, en cuanto puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, interesa en gran medida al reino de Dios.

Pues los bienes de la dignidad humana, la unión fraterna y la libertad; en una palabra, todos los frutos excelentes de la naturaleza y de nuestro esfuerzo, después de haberlos propagado por la tierra en el Espíritu del Señor y de acuerdo con su mandato, volveremos a encontrarlos limpios de toda mancha, iluminados y trasfigurados, cuando Cristo entregue al Padre el reino eterno y universal: "reino de verdad y de vida; reino de santidad y gracia; reino de justicia, de amor y de paz". El reino está ya misteriosamente presente en nuestra tierra; cuando venga el Señor, se consumará su perfección.

 

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La posesión y el poder son las dos grandes tentaciones del hombre, que se hace prisionero de su propiedad y pone en ella su alma. Quien, aun siendo poseedor, no puede permanecer pobre y no reconoce que el mundo está en manos de Dios y no en sus manos, ha perdido una vez más aquella niñez sin la cual no hay acceso al Reino.

 

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¡Gloria al Jesucristo, base y fundamento de su Iglesia!

 

¡Buenaventura eres Tú, Oh María, Madre de mi Maestro!

 

“Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones” Biblia. Evangelio según San Lucas Cap.1º vs. 48. La Iglesia, hace XXI siglos fundada por Tu Hijo, te alaba, ¡Oh Madre plena de dicha y felicidad!

 

 

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Recomendamos vivamente: ‘Historia de la Inquisición en España y América’ – El conocimiento científico y el proceso histórico de la Institución (1478-1834). Obra dirigida por don Joaquín PÉREZ VILLANUEVA y Bartolomé ESCANDELL BONET. Es una elevada tarea historiográfica con planteamientos científicos, bases documentales, tratamiento y lenguaje actuales. Y:

La inquisición española - Editorial: BAC- Centro de estudios inquisitoriales- Madrid-España. Autora:(Comella Beatriz.- Rialp, Madrid) Breve-óptimo libro.

 

La Inquisición – la institución, quizás más polémica de cuantas han existido –porque el formidable proceso de secularización moderna la fue convirtiendo paulatinamente en una de las muestras de la mentalidad pretérita más incomprensibles para nuestra sociedad, de valores normativos antitéticos a los de aquella lógica histórica, y porque, por otra parte, ha sido siempre el arma preferida para la batalla ideológica contra determinadas realidades históricas-, no había sido objeto de una Historia amplia, por parte de los españoles, desde la obra del afrancesado José Antonio Llorente, aparecida en los primeros lustros del siglo XIX.

2º Recomendamos vivamente: ‘Inquisición’  historia crítica.

Autores: Catedrático e historiador ‘Ricardo García Cárcel’ y la licenciada en Historia por la Universidad Autónoma de Barcelona-España ‘Doris Moreno Martínez’, investigadora. (Editado por Ediciones Temas de Hoy. Esp.). Cerca de doscientos años después de que Juan Antonio Llorente redactara su clásica ‘Historia crítica de la Inquisición’, los autores de este libro han querido escribir una nueva historia crítica del Santo Oficio, elaborada con la intención de huir del resentimiento, del morbo, los sectarismos, pero con fiel memoria –racional y sentimental- de las victimas de aquella institución, que fue muchas cosas al mismo tiempo: tribunal con jurisdicción especial, empresa paraestatal, instrumento aculturador, símbolo de representación y de identificación ideológica, arma en manos de otros poderes, poder en sí mismo. En este libro se examina la poliédrica identidad de la Inquisición y se responde a muchas preguntas que han inquietado a los historiadores: ¿por qué y para qué se creó el Santo Oficio?. ¿Por qué duro tanto? ¿Fueron los inquisidores hombres o demonios? Los procedimientos penales de la Inquisición ¿fueron normales o excepcionales?. ¿Cuántas víctimas hubo?. ¿Fue la Inquisición culpable del atraso cultural español respecto a Europa?. ¿Gozó de la complicidad o del rechazo de la sociedad?.

 

“Conocereisdeverdad.org” no se identifica necesariamente con todas las opiniones y matices vertidos por los autores en los artículos aquí publicados, sin embargo, estima que son dignos de consideración en su conjunto.

 

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).