Sunday 19 February 2017 | Actualizada : 2017-02-03
 
Inicio > Leyendas Negras > Universidad - 3º Iglesia católica funda museos escuelas medioevo cultura

 

 

«El Magisterio de la Iglesia no puede y no debe intervenir en todas las novedades de la ciencia, pero tiene el deber de poner de relieve los grandes valores que están en juego y proponer a los fieles y a todos los hombres de buena voluntad principios y orientaciones ético-morales para las nuevas cuestiones importantes». Benedicto XVI. 31.I.2008

 

+++

 

 

Universidad: un lugar dedicado a los estudios a la ciencia, donde los jóvenes deben aprender a cuestionar todo, a poner todo en duda para así profundizar y saber escoger lo mejor, disciplinándose en el conocimiento y aplicarlo debidamente. Por ello la Iglesia católica –segura de la armonía entre fe y razón- ya en luminoso medioevo exalta las ciencias y funda la Universidad

 

 

 

+++

 

 

 

"Las opiniones son fuente de felicidad barata. Aprender la verdadera esencia de las cosas, aunque se trate de cosas de mínima importancia, cuesta gran esfuerzo".

 

 

La Universidad es uno de los lugares más cualificados para tratar de encontrar los caminos oportunos para salir de esta situación, pues en ella se conserva la riqueza de la tradición que permanece viva a lo largo de los siglos ?y precisamente la biblioteca es un medio esencial para conservar la riqueza de la tradición?; en ella se puede ilustrar la fecundidad de la verdad cuando es acogida en su autenticidad con espíritu sencillo y abierto.

 

En la Universidad se forman las nuevas generaciones, que esperan una propuesta seria, comprometedora y capaz de responder en nuevos contextos al interrogante perenne sobre el sentido de la propia existencia. Esta expectativa no debe quedar defraudada. El contexto contemporáneo parece conceder primacía a una inteligencia artificial cada vez más subyugada por la técnica experimental, olvidando de este modo que toda ciencia debe defender siempre al hombre y promover su búsqueda del bien auténtico. Conceder más valor al "hacer" que al "ser" no ayuda a restablecer el equilibrio fundamental que toda persona necesita para dar a su existencia un sólido fundamento y una finalidad válida.

En efecto, todo hombre está llamado a dar sentido a su obrar sobre todo cuando se sitúa en el horizonte de un descubrimiento científico que va contra la esencia misma de la vida personal. Dejarse llevar por el gusto del descubrimiento sin salvaguardar los criterios que derivan de una visión más profunda haría caer fácilmente en el drama del que se hablaba en el mito antiguo:  el joven Ícaro, arrastrado por el gusto del vuelo hacia la libertad absoluta, desoyendo las advertencias de su anciano padre Dédalo, se acerca cada vez más al sol, olvidando que las alas con las que se ha elevado hacia el cielo son de cera. La caída desastrosa y la muerte son el precio que paga por esa engañosa ilusión. El mito antiguo encierra una lección de valor perenne.

 

En la vida existen otras ilusiones engañosas, en las que no podemos poner nuestra confianza, si no queremos correr el riesgo de consecuencias desastrosas para nuestra vida y para la de los demás.

 

El profesor universitario no sólo tiene como misión investigar la verdad y suscitar perenne asombro ante ella, sino también promover su conocimiento en todos los aspectos y defenderla de interpretaciones reductivas y desviadas. Poner en el centro el tema de la verdad no es un acto meramente especulativo, restringido a un pequeño círculo de pensadores; al contrario, es una cuestión vital para dar profunda identidad a la vida personal y suscitar la responsabilidad en las relaciones sociales (cf. Ef 4, 25). De hecho, si no se plantea el interrogante sobre la verdad y no se admite que cada persona tiene la posibilidad concreta de alcanzarla, la vida acaba por reducirse a un abanico de hipótesis sin referencias ciertas.

 

Como decía el famoso humanista Erasmo:  "Las opiniones son fuente de felicidad barata. Aprender la verdadera esencia de las cosas, aunque se trate de cosas de mínima importancia, cuesta gran esfuerzo" (Elogio de la locura XL, VII). Este es el esfuerzo que la Universidad debe tratar de realizar; se lleva a cabo mediante el estudio y la investigación, con espíritu de paciente perseverancia. En cualquier caso, este esfuerzo permite entrar progresivamente en el núcleo de las cuestiones y suscita la pasión por la verdad y la alegría por haberla encontrado.

Siguen siendo muy actuales las palabras del santo obispo Anselmo de Aosta:  "Que yo te busque deseando; que te desee buscando; que te encuentre amando; y que te ame encontrándote" (Proslogion, 1). Ojalá que el espacio del silencio y de la contemplación, que son el escenario indispensable donde se sitúan los interrogantes que la mente suscita, encuentre entre estas paredes personas atentas que sepan valorar su importancia, su eficacia y sus consecuencias tanto para la vida personal como para la social.

Dios es la verdad última a la que toda razón tiende naturalmente, impulsada por el deseo de recorrer a fondo el camino que se le ha asignado. Dios no es una palabra vacía ni una hipótesis abstracta; al contrario, es el fundamento sobre el que se ha de construir la propia vida. Vivir en el mundo "veluti si Deus daretur" conlleva la aceptación de la responsabilidad que impulsa a investigar todos los caminos con tal de acercarse lo más posible a él, que es el fin hacia el cual tiende todo (cf. 1 Co 15, 24).

El creyente sabe que este Dios tiene un rostro y que, una vez para siempre, en Jesucristo se hizo cercano a cada hombre. Lo recordó con agudeza el concilio Vaticano II:  "El Hijo de Dios, con su encarnación, se ha unido, en cierto modo, con todo hombre. Trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de nosotros, en todo semejante a nosotros excepto en el pecado" (Gaudium et spes, 22). Conocerlo a él es conocer la verdad plena, gracias a la cual se encuentra la libertad:  "Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres" (Jn 8, 32).

 

+++

 

Los pueblos son juzgados por la historia de acuerdo con su aportación a la cultura de otros pueblos que florecieron contemporáneamente y de acuerdo con su aportación a las culturas surgidas con posterioridad”.
T. S. Eliot, “Notas para la definición de la cultura”.

-.-

En la Biblioteca Vaticana están conservados casi dos millones de textos, entre los cuales manuscritos como los de Boccaccio y San Tomás de Aquino y una de las transcripciones más antiguas de la Biblia. Es, ciertamente, la Biblioteca que más tesoros conserva en sus fondos... y con los que la historia le saqueó, robó, dedtruyó...

 

+++

 

1483, el 30 de agosto los Reyes Católicos reconocen y amplían la Universidad de Mallorca, España.

 

+++

 

"Con sus más de 1500 centros, la Iglesia Católica es la primera potencia mundial en Universidades".  2012

De ahí la necesidad de que estos centros universitario rezumen catolicidad por todos sus poros. No sólo individual, sino también institucionalmente. Por eso, el ex secretario de la congregación para la Educación anunció que el dicasterio del que ya no forma parte está preparando un documento "sobre la especificidad de la escuela católica en la sociedad pluralista y secularizada". Una escuela abierta a todos, pero que proponga la cultura católica a todos sus alumnos católicos, ateos o creyentes de otras religiones.

dominico Jean-Louis Bruguès – 09. 2012

 

+++

 

Benedicto PP XVI. fue catedrático en la universidad donde enseñara Alberto el Magno, Regensburg - Ratisbona - Alemania, Baviera. 

 

Benedicto XVI se pregunta: "¿Qué es la universidad?. ¿Cuál es su tarea?", y responde: "El verdadero, íntimo origen de la universidad es el deseo de conocimiento que es propio del ser humano. Quiere saber qué es todo lo que le rodea. Quiere verdad". 

 

"Pero la verdad -explica- no es solo teórica. (...) Verdad es más que saber: el conocimiento de la verdad tiene como fin el conocimiento del bien.. (...)

 

Librería pública . Oporto. Pt.

 

El restaurado -2008- Colegio de los Bernardinos (Collège des Bernardins) Paris, tiene una gran historia. Se trata de un conjunto arquitectónico fundado en el año 1245 por un monje cisterciense por indicación del Papa Inocencio IV, convencido de que la renovación de la Iglesia debía pasar por el estudio. La preocupación por las ciencias queda evidente y, en el interés de la Iglesia para la educación popular, pues precisamente en tales años, se creaba la excelentísima Universidad católica de ‘La Sorbona’ de Paris- France-

 

+++

 

El cristianismo es directo responsable de algunos de los conceptos que hoy nos parecen irrenunciables: la dignidad y la igualdad de todos los seres humanos, y el derecho a la vida de todos y cada uno de ellos, desde el vientre materno a la muerte natural.

 

+++

 

 

1184 bibliotecas, ciertamente porque fueron 1184 monasterios...  En solo apenas unos 200 años, los monjes de Cluny, hijos de la Iglesia propagan la cultura greco – latina, y el conocimiento espiritual en cada nuevo monasterio que fundan.

Laudemus viros gloriosos (Eccli. 44,1).

 

La abadía de Cluny, fundada en el año 910, célebre por la santidad y letras de sus monjes y por la influencia que tuvieron en la Iglesia, llegando muchos de ellos a la tiara, fue en el siglo X eficacísimo dique contra las adversidades ‘intra muros et extra muros’. Aumentado prodigiosamente el número de monasterios que obedecían su regla (en el año 1100ca. contaba con unos 1.184 monasterios, en todos se procuraba poseer el máximo de libros. Y se solía leer en el portal del Scriptorium: ‘Scríbere qui cupiunt, sensum / Deus áugeat illis’ Que Dios les aumente el sentido a quienes desean escribir’.  

La desaparición de la abadía de Cluny tuvo lugar en 1790 al ser prohibidos los votos religiosos por la dictadura totalitaria laicista e inculta de la Revolución Francesa. De la gran iglesia de Cluny aun se conserva su campanario y el ala sur del crucero mayor. Sin embargo, de sus bibliotecas y escritos, la salvajería pseudo-intelectual los destruyó, saqueó, incendió y robo. Lo que los monjes en el silencio habían custodiado – durante novecientos años (900), para el bien de la cultura universal, en pocos meses, las turbas fanáticas antidemocráticas, vandálicas y revolucionarias, aniquilaron, demolieron. Y pensar que Cluny fue junto a San Pedro en Vaticano, la mayor iglesia de la cristiandad con una longitud de 187 metros (contando el nártex*), y una altura de 30 metros. Con su planta en cruz de Lorena y dos cruceros de desiguales dimensiones, sus cinco naves, sus cuatro campanarios, su hermoso coro, su magnífico deambulatorio y la riqueza de sus esculturas, este edificio fue considerado como la joya y el máximo exponente del arte románico borgoñés. Siempre, la ignorancia es prepotente.

*nártex: atrio o vestíbulo situado a la entrada de las iglesias paleocristianas y bizantinas.

 

+++

 

 

La abadía de Monte Oliveto Maggiore, cerca de Siena-Italia, custodia en su bibolioteca, protegida por la Iglesia desde el siglo XIV, casi 40.000 volúmenes de altísimo valor cultural, rarísimos opúsculos, ensayos excepcionales e incunables, notas, escritos, siempre básicos a las ciencias. Entonces como hoy son consultados en las Universidades europeas, fundadas en el luminoso medioevo por la Iglesia Católica. MMIX.

 

+++

 

La vivacidad cultural de las comunidades cristianas, entre las que circulaban y se traducían los códices con rapidez, sería favorecida por la actividad de Orígenes, quien fundó en Cesarea una Biblioteca que competía con las famosas y nutridas de la Antigüedad y en la que se alternaban los textos cristianos y paganos; Biblioteca que, por desgracia, sería vituperada y quemada por los invasores árabes mahometanos en 638. El gran heredero espiritual de aquella Biblioteca de Cesarea fue San Jerónimo, símbolo por excelencia de la síntesis entre el amor a las letras y el deseo de Dios. En una de sus cartas, al defenderse de quienes lo acusan de citar a autores profanos en sus obras, Jerónimo nos recuerda que el apóstol Pablo también incorporó en sus epístolas a diversos poetas griegos. Jerónimo nos demuestra que los autores cristianos estaban ya en condiciones de enfrentarse de igual a igual con un universo cultural ajeno a la Iglesia cristiana, pero del que ésta no podía (ni quería) prescindir, si en verdad deseaba asumir un destino cultural imperecedero. A esta decisiva mediación cultural añadirá Jerónimo la titánica empresa de una traducción al latín de la Biblia, llamada desde el siglo XVI Vulgata, que acabará por erigirse en el texto canónico de todo Occidente.

 

+++

 

 

 

"Reconocer que el hombre, en cuanto buscador de la verdad y del bien, es la razón de ser del proyecto universitario, supone una invitación a educar, y ser educados, en lo que nos hace humanos: en el descubrimiento del significado de las cosas, en la atracción que ejerce la realidad, en la sorpresa que nos produce cuanto existe, en la sed de verdad, de felicidad, de belleza, de significado. Lo cotidiano en la vida académica: una poesía, un teorema, un fenómeno químico, un fragmento de música... es ocasión preciosa para descubrir el camino que, desde cualquier "fragmento" de la realidad, conduce hasta la verdad última, aquella que da unidad y confiere sentido a todas las cosas".

 

+++

 

S. S. Benedicto XVI nos ha recordado varias veces que, si la razón y la fe avanzan juntas de un modo nuevo; si superamos la limitación impuesta por la razón misma a lo que es empíricamente verificable, generaremos así nuevos horizontes.
La dignidad humana es un concepto que engloba no pocas de las características definitorias de lo humano. Pero la dignidad humana también es una pregunta que nos remite a un presupuesto anterior; la pregunta por la dignidad humana, y las consecuencias que se derivan de su respuesta, es hoy una exigencia cultural del catolicismo. Si la acción humana, como nos recordaba el profesor David L. Schindler, «sólo llega a ser dramática penetrando a fondo en la vida hasta llegar al encuentro de la Fuente divina del ser, el eco del fiat mariano y del canto del Magnificat que brota del centro de la criatura humana es un encuentro que debe desarrollarse como completo modo de vida». 2007

 

+++

 

 

Es difícil calificar una institución –como la Iglesia Católica que, en sus dos mil años- nos ofrece con sus bibliotecas, monasterios, universidades y archivos, nada menos que el ‘patrimonio intelectual de la humanidad’.

Ala Iglesia Católica es la comunidad religiosa más organizada del mundo; cuenta, además, con más de seiscientos [600] Universidades o Institutos superiores de investigación.

 

+++

Sarteano – Siena Italia. Tumba etrusca pintada de la "Quadriga infernale" Museo cívico arqueológico, con representaciones únicas de la pintura y cerámicas etruscas. 2009.09

 

Sarteano – Siena Italia. Tumba etrusca pintada de la "Quadriga infernale" Museo cívico arqueológico, con representaciones únicas de la pintura y cerámicas etruscas. 2009.09

 

Sarteano – Siena Italia. Tumba etrusca pintada de la "Quadriga infernale" Museo cívico arqueológico, con representaciones únicas de la pintura y cerámicas etruscas. 2009.09

 

--¿Por qué los benedictinos han tenido esta influencia tan fuerte en la arquitectura, el arte y la cultura europea?

--López-Tello: Los benedictinos, nacidos en el ocaso de la cultura romana (siglo VI), recibieron la herencia espiritual de ese mundo que sucumbía y supieron conservarla y recrearla para hacer de ella un vehículo de expresión de cómo el hombre puede hablar del Dios infinito a través de una variedad y pluralidad siempre limitada de lenguajes artísticos.

Dado que los monjes tuvieron un papel fundamental en la evangelización de Europa (por ello san Benito es el patrón principal de todo el continente), su presencia llevó a numerosas áreas del viejo mundo la posibilidad de usar las artes figurativas de un modo creativo para transmitir el Evangelio.

--Es fácil asociar benedictinos con abadías medievales, pero no con el arte moderno. ¿Es un prejuicio?
--López-Tello: Esa posibilidad expresiva no se encuentra limitada al medioevo, como muchos pueden creer, sino que, sobrepasando el barroco y los historicismos del siglo XIX, usa las posibilidades expresivas de la arquitectura, pintura, escultura o, incluso, fotografía, del siglo XX. Es un reflejo de cómo el hombre de todos los tiempos puede hablar de Dios con el lenguaje del arte. 09.I.2008

 

+++

 

Hablando de datas de fundación universitaria, existe siempre algunas innegables variantes históricas. Depende si ‘fecha de fundación’ se considera la data de la ‘Bula papal’, o data de la ‘Cédula real’, o data de la ‘primera piedra fundamental’, o data de la ‘inauguración oficial’ o, finalmente, la data del ‘inicio de la actividad y función universitaria (normativa fundacional)’. Por tanto, siempre es posible encontrarse con la desigualdad de cinco referencias a cinco momentos diferentes, sin ser en nada contradictorios entre ellos.

 

+++

 

Cada objeto aterrizado en Europa es la huella del expolio que conllevó. Pero, cada objeto de nuestra civilización que está fuera de Europa, es el mismo expolio y despojo a la inversa. Mas, la historia no da marcha atrás, y un mea culpa eterno y paralizador no resultará útil a nadie.

 

+++

 

 

La Iglesia no es enemiga de la historia, ni mucho menos. Es, si acaso en estos momentos de memorias como amnesias y de amnesias como memorias, la institución que, una vez más, está empeñada en salvar la historia, preservar la historia. A este paso, la verdad de la historia terminará por refugiarse entre los muros de lo sagrado, como aquel tiempo en el que el saber clásico greco-latino se refugió entre las tapias de las abadías y de los monasterios. 2008-02-29

 

+++

 

1303 - Universidad romana de La Sapienza - Histórica institución, cuyo origen está en una Bula del Papa Bonifacio VIII, de 1303.

 

La Iglesia Católica sembró de Universidades en Europa, precisamente en el medioevo. - Ciertamente la universidad debería ser un lugar privilegiado para practicar la razón sin prejuicios ni vetos ideológicos, un lugar en el que afrontar todos los aspectos de la realidad más allá de esquemas preconcebidos, pero precisamente en este ámbito vemos que con frecuencia, no domina ese coraje del razón al que invoca diariamente el Papa Benedicto XVI-  Obispo de Roma 2008.

 

+++

 

 

1480 - Los Reyes Católicos promulgan la primera ley reguladora del libro impreso. Por ella queda libre del pago de todo tipo de tributos la introducción en España de libros extranjeros. Amantes de las ciencias y venerantes de la cultura, los Reyes Católicos impulsaron el saber que, afortunadamente llegó hasta la creación de las grandes Universidades en el nuevo Continente, a menos de 50 años del magno descubrimiento.

 

+++

 

Desde el año 1480 - La restauración de la Embajada española cerca de la Santa Sede ha permitido recuperar el aspecto original de este antiguo Palacio romano, cuya fachada estará adornada con antiguos reposteros que reproducen los escudos históricos de España. El edificio luce en su fachada, a partir de ahora, un color marfil travertino, similar al original de 1647, cuando el edificio pasó a ser para siempre representación de los reyes españoles ante el Papa. Los embajadores españoles, en realidad, operaban en Roma desde el año 1480, aunque en sedes que no eran propias. La escalera interior es de Borromini, y en un salón, como quien tiene un cenicero, hay dos famosos bustos de Bernini. Pero cuando un huésped visita la Embajada, lo que más agrada a don Francisco Vázquez es levantar los paramentos de un pequeño altar y mostrar el cuerpo incorrupto de san Lactancio. La rica Biblioteca del Palacio se encuentra depositada en el Centro de Estudios Eclesiásticos de la Iglesia Nacional de Santiago y Montserrat, de Roma, desde 1957, mientras que su Archivo Histórico, el más antiguo del Ministerio de Exteriores, se encuentra microfilmado en el mismo Palacio, quedando los originales manuscritos en Madrid.
En el Palacio se alojaron personajes ilustres como Garcilaso de la Vega, Giacomo Casanova y el pintor Diego Velázquez, que aquí pintó sus obras La fragua de Vulcano y La túnica de José ; y, a través de la lista de los embajadores que lo han ocupado - grandes hombres políticos de todos estos siglos - , se traza la historia de España desde los Reyes Católicos hasta nuestros días.
Jesús Colina. Roma 2007.XII.08

 

+++

 

Una vez superada la desconfianza inicial, los escritores cristianos comenzaron a considerar la cultura griega como aliada, más que como enemiga, y surgieron grandes centros del cristianismo helénico en la cuenca del Mediterráneo.
Hojeando las intensas páginas de san Agustín de Hipona y de Dionisio el Areopagita, vemos que la teología y la mística cristianas tomaron elementos del diálogo con la filosofía platónica. Autores como san Gregorio Nacianceno, que estaban impregnados de retórica griega, fueron capaces de crear una literatura cristiana digna de su pasado clásico. Progresivamente, el mundo helénico se hizo cristiano y la cristiandad, en cierto sentido, se hizo griega. Luego nacieron la cultura bizantina en Oriente y la cultura medieval en Occidente, ambas igualmente impregnadas de fe cristiana y de cultura griega. No puedo menos de mencionar aquí la labor de santo Tomás, que, releyendo la obra de Aristóteles, propuso una síntesis teológica y filosófica magistral.

 

+++

 

En plena Edad Media, en torno al 1050ca. es cuando inica, como fruto de lo que venía sembrado siglos atrás –especialmente por la Iglesia-, una era de vida fresca y vigorosa. La época de las Cruzadas en defensa de los ataques, desvastaciones y ocupaciones mahometanas contra los cristianos (Tierra Santa incluida), la del alzamiento de las ciudades de los primeros estados burocráticos de Occidente, vio la culminación del Arte Románico y el comienzo del Gótico; la emergencia de la literatura vernácula con elevadísimo cultivo y talento del escribir; la intensificación de los clásicos latinos y la poesía latina además del Derecho Romano que básicamente a nuestros días rige. Gracias a los monasterios cristianos y el estudio secular de todos los filósofos griegos, quepa mencionar a Sócrates, Platón y, de modo prominente, Aristóteles, florece la filosofía griega. Roma acude al conjunto de saberes que busca establecer, de manera racional, los principios más generales que organizan y orientan el conocimiento de la realidad, así como el sentido del obrar humano. Y la Iglesia aporta la filosofía (diálogo libre entre fe y razón) –como la vibración de dos cuerdas cuerdas musicales- a la Academia. El saber filosófico eclesiástico (del lat. ecclesiast?cus, y este del gr. ??????????????), fue elaborado en el silencio de la fe y el dialogar de la razón, mas, dentro de los monasterios cristianos  de Oriente y Occidente, alcanzando su ilustración en las primeras Universidades fundadas por diligencia pontificia. Europa cristiana no desprecia los aportes del saber oriental (chinos, hindues, persas, y sus adiciones árabes), el todo siendo criticado, investigado y estudiado libremente en la Universidad medieval. Sólo el conocimiento comprobado, verificado y exacto –como en nuestros días sucede- es aceptado entonces unanimamente. Así el siglo XII deja su firma en una educación superior, en la filosofía escolástica, los sistemas jurídicos europeos, en la arquitectura magnífica y la esbetez de la escultura, en la manifestación litúrgica (del gr. ????????????) , en la poesía latina y vernácula, etc. Como en toda nueva primavera, cubierta de flores estaba Europa y, a pesar de las espinas, no menos bellos son los cultivos: espigas, Universidades, bibliotecas y escuelas, precaver la enfermedad y, lirios blancos, fomentos de virtud. ¿Acaso el peor enemigo de toda civilización no es la ignorancia, y esta no conlleva a la degradación moral y al relativismo?

 

+++

 

 

 

 

 

...de cómo fue la Iglesia Católica, a través de sus monasterios y cabildos, escuelas, oratorios y catedrales, quien siembra, promueve y cultiva las ciencias, ordenando, edificando, amparando y sufragando, ‘las fundaciones universitarias’… Es aquí donde aparece el concepto de ‘universidad’ del cual hoy aún utilizamos; anteriormente ha habido escuelas superiores, pero no universidades en la idea que hoy concebimos de la misma. Las Universidades pertenecen en su principio como razón fundamental-, a las Instituciones de la Iglesia Católica.

 

DE LAS UNIVERSIDADES A LA JAE

Iglesia Católica y el desarrollo de la ciencia

 

En el Real Decreto de su fundación, llevada a cabo bajo el reinado de Alfonso XIII, en plena monarquía parlamentaria, se recogía el interés por la puesta en marcha de la JAE, y por lo que inspiraba la misma:

 

Y sin embargo, no falta entre nosotros gloriosa tradición en esta materia. La comunicación con moros y judíos y la mantenida en plena Edad Media con Francia, Italia y Oriente; la venida de los monjes de Cluny; la visita a las Universidades de Bolonia, París, Montpellier y Tolosa; los premios y estímulos ofrecidos a los clérigos por los Cabildos para ir a estudiar al extranjero, y la fundación del Colegio de San Clemente en Bolonia, son testimonio de la relación que en tiempos remotos mantuvimos con la cultura universal. La labor intelectual de los reinados de Carlos III y Carlos IV, que produjo la mayor parte de nuestros actuales centros de cultura, tuvo como punto de partida la terminación del aislamiento en que antes habíamos caído, olvidando nuestra tradición envidiable, y restableció la comunicación con la ciencia europea que, interrumpida luego por diversas causas, no conserva ahora sino manifestaciones aisladas, como las pensiones para viajes concedidas a los becarios de Salamanca y el Colegio de Bolonia. (Gaceta de Madrid Año CCXLVI Num. 15, Martes 15 de enero de 1907, Tomo I.- Pág. 165-167).

 

Dado que explicar el origen y evolución de todas las instituciones mencionadas en dicho decreto constitucional sería demasiado prolijo, me limitaré a comentar brevemente algo sobre los cabildos, que originaron las universidades modernas, fundadas por la Iglesia Católica, y sobre el Colegio San Clemente en Bolonia.

 

Los cabildos eran instituciones católicas, compuestas por presbíteros en torno al obispo, físicamente localizadas en las catedrales. Además de litúrgicas, tenían tareas docentes y benéficas, dando formación académica a los sacerdotes y a quien no tenía medios económicos. Se practicaba el envío al extranjero de estudiantes para ampliar conocimientos e idiomas, o la invitación de profesores foráneos, mediante un sistema de pensiones económicas.

 

A partir de los cabildos se originaron en el siglo XIII los Studium generale, abiertos a alumnos de cualquier comarca o nacionalidad. Éstos, poco a poco, pasaron a denominarse Universidad, siendo desarrolladas y amparadas por la Iglesia católica. Las primeras fueron la Universidad de Bolonia (1158), la de París (1200), la de Oxford (1214), la de Cambridge (1318)... En total, a lo largo de los siglos XIII y XIV los papas fundaron 29 universidades.

La progresiva apertura e incorporación de las ciencias al ámbito docente universitario corrió de la mano también de católicos, pertenecientes a órdenes religiosas creadas en el siglo XII. Así por ejemplo, los franciscanos nutrieron y desarrollaron la enseñanza de las ciencias en la Universidad de Oxford, mientras que los dominicos lo hicieron en la de París.

En la Universidad de Bolonia dio clase la que sería primera profesora universitaria de la historia de la humanidad, y a lo que se ve nada discriminada en el ámbito universitario católico, Laura Bassi, que compaginó las tareas docentes y científicas con el cuidado de sus doce hijos, de los cuales ocho fueron bautizados y cinco llegaron a la edad adulta, siendo tres de ellos canónigos y uno profesor del Instituto de las Ciencias de Bolonia.

En España son un ejemplo de la actividad fundacional de universidades por parte de la Iglesia Católica las de Palencia (1221) y Salamanca (1255), dándose la circunstancia típicamente española de que, a partir del siglo XIII, se generó un carácter altruista y caritativo, que cristalizó en los Colegios Mayores, que tenían como fin dar acceso al estudio a los pobres.

Además, la Iglesia Católica española pasó a fundar las universidades americanas, según fueron llegando a ellas como catedráticos gentes formadas en las Universidades peninsulares. En el mundo hispano los Reyes, bajo la sugerencia de la Iglesia, crearon inmediatamente universidades, incluso en Filipinas (la Universidad de Santo Tomás de Manila), a diferencia de lo que sucedió en el Brasil portugués o en la América anglosajona o francesa, donde a lo sumo se fundaron colegios universitarios. Creadas en una época en que las sociedades eran orgánicas, las universidades eran un órgano más, independientes del poder temporal, con estatutos y patrimonio propio.

En cuanto al Colegio de San Clemente, al que hace referencia el Real Decreto de la fundación de la JAE, fue fundado en 1364 en Bolonia por el cardenal don Gil de Albornoz, para que jóvenes españoles pudieran formarse en la Universidad de Bolonia, y sigue funcionando todavía.

La JAE incorporó además instituciones precedentes tales como el Laboratorio de Investigaciones Biológicas, el Real Jardín Botánico, o el Museo Nacional de Ciencias Naturales, pero sobre todo contó entre sus filas para el gobierno de sus actividades con católicos fervientes tales como el destacado intelectual del momento, don Marcelino Menéndez-Pelayo o el ingeniero y científico don Leonardo Torres Quevedo. El no menos famoso don Santiago Ramón y Cajal, Premio Nobel de medicina en 1906, presidió la JAE hasta su fallecimiento en 1934, y aunque no era católico practicante, sí creía en Dios creador y en el alma inmortal. ¡Para que luego digan, e incluso algunos católicos estén convencidos, que Iglesia y ciencia, o razón y fe, se oponen!

Dicho sea de paso, don Santiago nunca fue presidente del CSIC (fundado en 1939), aunque en nuestra página web figure como tal, dato este de ningún rigor científico que lógicamente debilita la credibilidad de dicha institución.

Decía Menéndez-Pelayo, refiriéndose a la valoración que los españoles hacemos de nuestros logros científicos, que "fuerte cosa es que los españoles seamos tan despreciadores de lo propio". A lo largo del análisis que realiza al respecto en su obra La ciencia española: polémicas, indicaciones y proyectos, llega explícitamente a afirmar que "desprecian a los antiguos sabios porque fueron católicos y escribieron bajo un gobierno de unidad religiosa y monárquica". Como católico y científico, creo que algo de verdad hay en tal afirmación, y también mucha actualidad.

Puesto que "la fe y la razón son como dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad" y "la historia es el lugar donde podemos constatar la acción de Dios a favor de la humanidad" (Fides et Ratio, Introducción), seamos conscientes de la contribución del catolicismo a la ciencia, en plena España del siglo XX. 2007.III.21 . ‘libertad digital-esp.’

Alfonso V. Carrascosa es doctor en Ciencias Biológicas y científico del CSIC.

 

+++

 

 

...de cómo surgen las Universidades...  La Universidad es una de las instituciones con más antigüedad y sin duda es la única que durante siglos ha perdurado a lo largo de la historia. Es en los principios de la Edad Media cuando el saber y la educación se encontraban relegados a las escuelas existentes en los monasterios y catedrales (Bolonia, París, Salerno, San Millán, Córdoba, etc.). Algunas de estas escuelas alcanzan el grado de Studium Generale, porque recibían alumnos de fuera de sus diócesis y concedían títulos que tenían validez fuera de ellas; contaban con estatutos y privilegios otorgados, primero por el poder civil y posteriormente ampliados por el papado. De aquí surgieron las universidades. El término universitas aludía a cualquier comunidad organizada con cualquier fin. Pero es a partir del siglo XII cuando los profesores empiezan a agruparse en defensa de la disciplina escolar, preocupados por la calidad de la enseñanza; del mismo modo, los alumnos comienzan a crear comunidades para protegerse del profesorado. Al ir evolucionando acaban naciendo las Universidades.   Aunque en la creación de las Universidades ocurre como en el fútbol, parece estar probado que la primera universidad en nacer fue la Universidad de Bolonia, a comienzos del siglo XIII, que fue la primera en tener estudios reconocidos universalmente y estatutos propios; como anécdota es de destacar que el rector era elegido de entre los estudiantes, al igual que en la de Alcalá de Henares.      La siguiente en nacer fue la de París, bajo el nombre de Colegio de Sorbona, unión de las escuelas de Notre Dame, de San Víctor y de Santa Genoveva. Precisamente para evitar que los universitarios ingleses se desplazasen al continente para estudiar en esta última, recibiendo así la educación parisina, se crea la Universidad de Oxford (la más antigua de habla inglesa, creada en primer lugar por Enrique II pero no es hasta finales de siglo cuando se aprueban sus estatutos (precisamente en el siglo XIV por desavenencias de un grupo de profesores de la Universidad de Oxford, se crea la de Cambridge). Post-

teriormente se crean las de Padua, Nápoles, Toulouse, Praga, Viena, Heilderberg y Colonia.

 

 

En España la más antigua documentada es la de Palencia, que desapareció rápidamente, pero el rey leonés Alfonso IX fundó a fines de 1218 o principios de 1219 el Studium Salmantino, actual Universidad de Salamanca. Alfonso X protegió el Estudio y le otorgó Estatuto en 1254 (en el Libro de Las siete partidas se regula el funcionamiento de la Institución).

Obteniendo en 1255 gracias al papa Alejandro IV, la validez universal a los títulos de Salamanca (salvo en Bolonia y París) y el uso de un sello propio. Ya en 1292 el rey Sancho IV otorga al Estudio de Valladolid las tercias de Valladolid con sus aldeas viejas y nuevas. Fue precisamente Sancho IV quien además crea, mediante Carta Real, el Estudio de Escuelas Generales de Alcalá, que daría lugar dos siglos después a la Universidad Complutense de Cisneros.

-.-

En 1346, Clemente VI, a petición de Alfonso XI, convierte en Generales los Estudios existentes en Valladolid. Sin embargo, la Universidad pinciana carece todavía de la ciencia teológica, privilegio exclusivo de París, los papas de principios del siglo XV, Benedicto XIII y Martín V consolidan el Estudio: Benedicto XIII (el Papa Luna) fija las rentas de la Universidad y dota 24 cátedras.

 

Al finalizar el cisma, Martín V concede a Valladolid la ansiada Facultad (1417). Paralelamente, los reyes dotaron al Estudio de rentas que le permitieron una cierta independencia económica. Lo esencial de tales rentas lo componían las tercias de los arciprestazgos de Cevico y Portillo. Y es Martín V, en 1422, quien elabora sus primeros estatutos, las Constituciones en que se basa el ordenamiento escolar.


En Valladolid, el Cardenal Mendoza funda el Colegio de Santa Cruz (1481), que igualará primero, y luego superará la gloria de otros centros salmantinos. Sus colegiales se convierten en unos estudiantes privilegiados, con una cuidada formación y mayores posibilidades de obtener buenos puestos en los tribunales o éxito en una oposición.

La Universidad Complutense recibió este nombre por haber sido fundada en Alcalá de Henares, la antigua «Complutum», por el Cardenal Cisneros, mediante Bula Pontificia concedida por el Papa Alejandro VI en 1499.

Fue el Cardenal Francisco Jiménez de Cisneros quien con renovados bríos recogió los antecedentes, aportando una nueva forma de concebir la enseñanza universitaria. La fundación de la universidad de Alcalá coincide con los albores de una nueva época en la historia de la humanidad, el final de la edad media y el surgimiento de la edad moderna con su primera gran manifestación cultural, el Renacimiento.

A finales del siglo XV y durante el XVI se estrecha la relación con la monarquía, representada por los Reyes Católicos, que dotan a la Universidad de nuevos privilegios y estatutos.

En el siglo XVI, el "Alma Mater" vallisoletana alcanza un evidente esplendor. Es declarada una de las tres Universidades Mayores del Reino, junto con Salamanca y Alcalá.

La organización del Estudio se perfecciona, aparecen los primeros estatutos en latín (1517), y posteriormente, se redactan otros más detallados en romance. Cobra interés la Facultad de Leyes, robustecida por la existencia de la Chancillería y también la de Medicina, de carácter hipocrático. Una reforma a fondo se hace imprescindible, y se realiza bajo los auspicios de Carlos III, a partir de 1770.

A finales del siglo XV se crea el Colegio Mayor, nueva institución de excepcional importancia en el futuro y destinada a la educación universitaria.

-.-

Los años que van desde 1499 a 1517, año de la muerte del Cardenal, son claves para entender la historia de la Universidad de Alcalá y calibrar acertadamente todo lo que de novedoso se introdujo en este nuevo concepto de universidad. Los pilares sobre los que se sustenta tan magna obra son: la generosidad del fundador, la buena organización, la acertada elección de los primeros profesores, la construcción de espléndidos edificios universitarios, la protección que dispensaron papas y reyes a la universidad, lo acertado de los planes de estudios de las facultades y el continuo crecimiento en el número de colegios fundados; estos aspectos son las líneas maestras que marcan la época de esplendor.

 

Cisneros con la bula Inter Caetera (13 de abril de 1499) y las sucesivas bulas expedidas por los papas Alejandro VI, León X y Julio II consiguieron dar forma legal a la Universidad y dotarla de rentas; años después la reina Juana y el emperador Carlos V ratificaron con su protección la nueva fundación.

 

En principio se crearon sólo tres facultades, la de Artes, Cánones y la de Teología, incluyéndose en 1514 la Facultad de Medicina. El armazón legal fueron las Constituciones de 1510 en las que se describían y regulaban hasta los mínimos aspectos tanto de la vida académica como de la vida cotidiana de los estudiantes y miembros de los colegios.

-.-

Las ceremonias y actos universitarios cuentan con tradiciones centenarias, lo que se traduce en una rica y variada simbología utilizada para el desarrollo de los mismos. Desde el uso de la muceta al de las medallas y emblemas, o pasando por el código de colores que se establecen para la identificación de las diferentes facultades. Todo esto nos da idea del rico "patrimonio" cultural y simbológico con que cuenta la comunidad universitaria.

 

+++

 

 

 

 

Abriendo a los estudiosos los ‘Archivos Históricos’, la Iglesia expone los documentos de época para estudiar y así averiguar, por el ejercicio de las facultades intelectuales, la naturaleza, cualidades y relaciones de las cosas.   Las fábulas como las leyendas se desmoronan en su propia ignorancia, por falta de ciencias, letras,  noticias y formación.  

 

+++

 

A propósito de universidad (y de «oscurantismo»): habrá pues un motivo si, a principios del siglo XVII, cuando Galileo tenía unos cuarenta años y se hallaba en plena actividad investigadora, había en Europa 108 universidades -esta típica creación de la Edad Media católica-, algunas más en las Américas españolas y portuguesas y ninguna en territorios no cristianos. Y también habrá una razón si las obras matemáticas y geométricas de la antigüedad (principalmente la obra de Euclides), que han constituido la base fundamental para el desarrollo de la ciencia moderna, nos han llegado sólo gracias a las copias de monjes benedictinos y, una vez inventada la tipografía, gracias a libros impresos siempre por religiosos. Alguien ha señalado incluso que, precisamente a principios de este siglo XVII, un Gran Inquisidor de España creó en Salamanca la Facultad de Ciencias Naturales, donde se enseñaba, apoyándola, la teoría copernicana... Historia compleja, como se puede ver. Mucho más compleja de la que generalmente nos cuentan. Habrá que volver sobre ello. Vittorio MESSORI

 

+++

 

 

«Los laicistas insisten en que no están contra la religión, siempre que ésta se mantenga recluida en el interno reducto de la conciencia y, en todo caso, en el ámbito externo privado. Lo religioso -argumentan- no puede ocupar el espacio de lo estatal. Y, como el espacio de lo estatal es el espacio público, la religión debe quedar fuera del espacio público. Pero este discurso se hunde en un grave error de partida: el de que lo público se agota en lo estatal. No es así. Lo público no se agota en lo estatal. Hay, en efecto, múltiples realidades públicas que no son estatales».

 

+++

 

 

 

 

Transcribiendo manuscritos, almacenando códices, propulsando el saber, acumulando ciencias y libros, creando las Universidades y protegiendo el arte, las instituciones de la Iglesia asientan bases contra la ignorancia ciudadana... y la burla de la inteligencia. Papa Nicolás V* (1397 † 1455), indicaba tal finalidad con las palabras: "Pro communi doctorum virorum commodo", "Para la utilidad y el interés común de los hombres de ciencia". Análogamente subrayada por el Papa Sixto IV** al nacer el Renacimiento: "Ad decorem militantis Ecclesiae et fidei augmentum", "Para decoro de la Iglesia militante y para la difusión de la fe".

*Al siglo Tommaso Parentucelli, nacido en Sarzana-It. el 15 de noviembre de 1397 y † Roma el 24 de marzo de 1455 (PP. entre 1447 y 1455).

**Al siglo Francesco Della Rovere, nacido en Albisola-Savona-It. el 21 de Julio de 1414 y † Roma, 12 de Agosto de 1484 (PP. Entre 1471 y 1484).

 

+++

 

Casiodoro Magno Aurelio, fue un filósofo, pensador, monje y escritor latino, consultado por los reyes y gobernantes de su época. Nació en el año 468 D.C., en Squillace y murió después de 562. Fue ministro de Teodorico el Grande. En el año 538 se retiró y fundó una orden monacal, precursora de la de San Benito (benedictinos), consagrada sobre todo a la conservación y copia de manuscritos antiguos.

 

+++

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Entre 1200 y 1400 se fundaron en Europa 52 universidades, 29 de ellas pontificias. Según orden de antigüedad, no en importancia, puesto que la de París fue la más destacada, las fechas de fundación parecen ser las siguientes: Palencia (1208-12), Oxford (1214), París (1215), Padua (1222), Nápoles (1224), Salamanca (1228), Toulouse (1229), Bolonia (1230). Valladolid fue fundada a mediados del S. XIII (1250).

 

+++

 

 

A partir de los cabildos se originaron en el siglo XIII, los Studium generale, abiertos a alumnos de cualquier comarca o nacionalidad. Éstos, poco a poco, pasaron a denominarse Universidad, siendo desarrolladas y amparadas por la Iglesia católica. Las primeras fueron la Universidad de Bolonia (1158), la de París (1200), la de Oxford (1214), la de Cambridge (1318)... En total, a lo largo de los siglos XIII y XIV los papas fundaron 29 universidades.

 

+++

 

 

 

 

 

La Librería Editora Vaticana: sus orígenes se remontan a 1587, fecha en la que Sixto V fundo la Tipografía vaticana; pero, en 1926, la Librería Editora se constituyó como organización autónoma. Hoy la dirige el padre salesiano Claudio Rossini 2006-10-30

 

+++

 

 

 

*846 Invasión, saqueo, destrucción, incendios, pillajes, violaciones, etc. por parte de las turbas mahometanas (¿10.000 piratas sarracenos?), en la ciudad santa del cristianismo: ‘Roma’.

El monasterio de Montecasino, tras pillajes, robos, crímenes, había sido destruido por los seguidores de Mahoma.

El fanatismo y la ignorancia de los seguidores de Mahoma, les llevó a robar, destruir e incendiar antiguos papiros y códices de la biblioteca vaticana. Así, parte del patrimonio y memoria escrita de la humanidad, han quedado aniquilados para siempre. 

-.-

S. S. BENEDICTO III – P.P.

— Se desconoce la fecha de su nacimiento.
— Fue elegido Papa el 29 de septiembre del año 855.
— Continuó la reparación de las iglesias de Roma profanadas y dañadas con hurtos, latrocinios e incendios, por la invasión de los Sarracenos el año 846.
— Murió el 17 de abril del año 858. Fue enterrado cerca de la puerta principal de San Pedro.

 

+++

 

En el siglo VII los musulmanes invadieron a griegos, romanos, godos, judíos, iranios, indios. Los consideraban decadentes, como ahora a nosotros. Traían una cultura cerrada y dogmática, una teocracia de guerreros que, si morían, iban al paraíso. 2005.

 

+++

 

NAPOLEÓN – Las tropas napoleónicas en 1798 saquearon de los ‘museos vaticanos’, 546 obras de arte. Fueron destruidas o desaparecidas nueve (9) piezas de gran valor histórico; 248 piezas nunca restituyó la Francia y gran parte de ellas están en las salas del Louvre-Paris con la mofa-etiqueta: adquirido en 1798.

La Francia fue obligada por una Convención de Viena, a restituirlas a sus originarios y verdaderos propietarios, entrega solo 289 obras, las demás siguen siendo robadas.

 

+++ 

 

¿La cultura es cauce de sociabilidad o de discriminación?
Sin duda, la cultura es cauce de sociabilidad. Cuando hablamos de cultura, nos referimos a ese conjunto de principios sobre los que la Humanidad edifica su misma vida. Cultura es permanencia que genera potencialidad para entender, para caminar con seguridad, para desenvolverse en un mundo vario, diverso. La cultura permite la armonía entre opciones diferentes; es el inculto, es decir el necio, el que se atrinchera en sus posiciones, que ni él mismo es capaz de defender, ni siquiera de explicar, iniciando así una confrontación que acaba, necesariamente, en violencia.
El culto no teme al diálogo, no evita el encuentro ni el intercambio de ideas o de posiciones, pues bien sabe que de ello se servirá cualquiera de las partes que participan en el mismo. Es el que nada tiene que decir, porque ni siquiera se ha iniciado en la capacidad de pensar, el que teme descubrir su vaciedad, su carencia de principios y de argumentos capaces de explicar la vida en sociedad; es el que se refugia en el dogmatismo estéril, en la confrontación y en la descalificación. Entre cultos, no hay peligro alguno para la sociabilidad ni espacio para la discriminación.

 

+++

 

 

 

UNIVERSIDADES - IGLESIA - HISTORIA’1º

 

 

1 El marco medieval. Origen y consolidaciones


Conviene advertir, de inicio, que la institución universitaria es hija de la Cristiandad europea medieval, y se vincula al renacimiento urbano de sus etapas finales. En este contexto tienen lugar asociaciones gremiales para el desarrollo y protección de los intereses de un mismo oficio, artesano o mercantil. Y así surge también la universidad, como corporación de colaboración y apoyo para el aprendizaje intelectual: universitas magistrorum et scholarium. Se trata, pues, de un gremio de maestros y aprendices en torno a los nuevos métodos intelectuales desarrollados desde el siglo XII: planteamiento de un problema (quaestio), argumentación en torno al mismo (disputatio) y búsqueda de una conclusión sintetizadora (sententia, conclusio). De este modo, junto al afianzamiento del Derecho canónico y romano, quedaba inaugurado un método dialéctico aplicable a la filosofía y a la teología. 

El gremio de maestros universitarios (universitas magistrorum) se reservaba el derecho de admisión y aprobación de los aprendices, promoviéndolos, en su caso, a la maestría mediante una licencia o graduación. Esta graduación, que habilitaba para enseñar, se convertirá en la llamada licentia ubique docendi que, por patrocinio pontificio a estos gremios de estudiosos (especializados en cánones o teología...) pasa a poder ejercerse en todo el orbe de la Cristiandad romana. De este modo, la validación papal de los grados otorga a nuestros intelectuales una dimensión supraterritorial, y los libera de la tutela de escuelas y poderes eclesiásticos preexistentes. Al mismo tiempo, estos gremios de estudiosos van a recibir la protección de emperadores y reyes, interesados en el desarrollo de la burocracia y del derecho. Poco a poco, van desbordando el ámbito territorial cercano, a partir de privilegios y franquicias reales, que otorgan independencia y autonomía jurídica respecto a los poderes civiles locales y los concejos municipales. 

El juego de la doble protección, pontificia y regia, va configurando las peculiaridades de unas corporaciones de amplia proyección, con autonomía económica, administrativa y jurídica. Se va gestando la imagen de una Cristiandad de cultura superior unificada, con el latín como instrumento lingüístico de intercambio, planes de estudio semejantes en las universidades existentes, y una movilidad potencial de eruditos y estudiosos. 

Resulta, pues, clarificador, considerar a la universidad como una institución docente con otorgamiento de grados reconocido por autoridad del Rey y del Pontífice (auctoritate regia et auctoritate pontificia). Si carecían de alguna de ellas quedaban en una categoría intermedia, como centros de estudios (studia) generales o particulares. Es por ello que, en ocasiones, puede producirse una cierta confusión entre los términos studium y universitas. 

El concepto de studium generale se identifica para algunos autores con el de universitas que, progresivamente, habría ido usurpando la significación de aquél y ascendiendo desde su etimología originaria de corporación. En este sentido, un estudio general sería el lugar en donde se impartirían saberes múltiples y habría sido ratificado por una autoridad ecuménica: Papado, Emperador o Rey. Así lo encontramos en el título XXXI, partida 2, de Las Partidas de Alfonso X el Sabio. Según este autor, la amplitud de saberes de un  studium generale debía comprender artes/filosofía, gramática y retórica, aritmética, astrología, cánones y leyes. Asimismo, según Las Partidas, los reyes eran emperadores en sus reinos y, por ello, tenían potestad para la creación de las universidades. Otros autores consideran que el término studium generale se vinculaba al ámbito restrictivo de un Reino, y que el de universitas fue denotando una mayor apertura internacional y de validez de graduación. 

De cualquier forma, sí queda claro que por estudio particular se entendía el que no cumplía con una suficiente oferta de saberes, o se restringía localmente, por procedencia de escolares y maestros, o por la autoridad que lo había constituido (municipio, orden religiosa, obispo...). Manifiestamente, un estudio particular no poseía la ratificación de poderes ecuménicos como el pontificio o el de los emperadores (y reyes). 

Hacia el siglo XIII, en los reinos de Castilla y León, por iniciativa y apoyos regios, van a establecerse las primeras universidades ibéricas. Entre 1208 y 1214 aparece Palencia, erigida por Alfonso VIII de Castilla, a partir de la escuela catedralicia, y con la colaboración del obispo Tello Téllez. Hacia 1218, Alfonso IX de León funda Salamanca, también en estrecha vinculación a una preexistente escuela de la catedral. Posteriormente, hacia mediados de siglo, los reyes castellanos apoyan el desarrollo de Valladolid, en cuyo núcleo originario parece existir una escuela municipal o abacial. Puede observarse con claridad una tendencia a que cada reino poseyera su studium generale, del mismo modo que ocurría en el resto de la Península. En Aragón es Jaime II quien erige Lérida en 1279/1300; y el rey don Dionís funda la Universidad de Lisboa en 1288/90, posteriormente trasladada a Coimbra en 1308. 

Este apoyo regio fue, posteriormente, completado por las bulas papales de reconocimiento: Alejandro IV para Salamanca (1255) y Clemente VI para Valladolid (1346). Así como las bulas de 1300 y 1290 para Lérida y Lisboa. 

El debilitamiento de los poderes monárquicos en la Castilla bajomedieval irá unido a los apoyos otorgados por el papado de Avignon durante el Cisma de la Iglesia (1378-1417), el cual se muestra interesado en procurarse centros universitarios favorables a su causa. De este modo, las universidades castellanas estrechan sus relaciones con la Curia pontificia, y el Pontífice se convierte en la instancia de referencia y consolidación de las universidades de la Corona de Castilla en el siglo XV. Influencia que se mantendrá hasta las paulatinas medidas de control monárquico y estatal que se inician con los Reyes Católicos.  En contraste con este proceso, en la mayor parte de las universidades de la Corona de Aragón existió siempre una mayor dependencia de los intereses locales y municipales. De modo que se mantiene una intervención directa de las oligarquías civiles y eclesiásticas, tanto en aspectos financieros como en cuestiones de administración y régimen interno. 

En otro orden de cosas, estas universidades ibéricas creadas en el siglo XIII estuvieron orientadas preferentemente hacia los estudios jurídicos (cánones y leyes civiles) y las necesidades burocráticas de la Iglesia, la administración del Estado y los oficios reales. El modelo más cercano fue, por ello, el de Bolonia, con destacada importancia de la corporación de alumnos y predominio del derecho. Todo ello en contraste con el modelo nórdico (París, Cambridge...), en el que predomina la corporación de profesores, el peso progresivo de las organizaciones colegiales, y el prestigio de las artes liberales y los estudios teológicos. La teología únicamente se incorporó, por privilegios papales, a partir de fines del siglo XIV y principios del XV. Hasta entonces, y dado el monopolio de las graduaciones de la Universidad de París, se impartían clases en estudios y conventos particulares de dominicos y franciscanos. Pero, desde el siglo XVI, por las repercusiones de las reformas religiosas, y tras el Concilio de Trento, la teología aumentó mucho su influencia, al tiempo que se fue diversificando en escuelas múltiples, vinculadas a las órdenes religiosas. 

Pero esto ocurrirá más tarde. Las universidades meseteñas de la Edad Media se polarizaban hacia el derecho, preferentemente eclesiástico o canónico, y atraían a canónigos, prebendados, clérigos y aspirantes a la burocracia eclesiástica y la justicia del Rey. En estas universidades se hacía, por lo tanto, carrera eclesiástica hacia los beneficios y dignidades, o bien carrera civil hacia los oficios del Rey. La teología y filosofía constituían una patrimonio muy vinculado a las órdenes religiosas; y a todo ello se añadían unos cuantos estudiantes de medicina. Frailes, canónigos catedralicios y algunos juristas constituían el profesorado habitual. 

Los alumnos se reclutaban en las diócesis cercanas, y cuantos pretendían una formación más sólida completaban sus saberes en el extranjero: los teólogos en París, los juristas en Bolonia, los médicos en Montpellier. Por el contrario, eran muy escasos los alumnos foráneos en las universidades castellanas medievales, en contraste con la atracción que ejercerían posteriormente, en los siglos XVI y XVII. Mientras tanto, durante el siglo XIV y primera mitad del XV, las universidades hispanas, quizás con la excepción de Salamanca, cuentan con escasa reputación, su desarrollo resulta precario y sus rentas problemáticas.

2. La Edad Moderna: Universidades de la Monarquía Católica. Plétora y diversidad

Con el advenimiento del Estado Moderno de los Reyes Católicos y de los Austrias las universidades medievales peninsulares van a convertirse, progresivamente, en universidades de la Monarquía Hispánica en expansión, verdaderas universidades del Imperio, vivero de profesionales de la administración y la política en la Península, en las Indias y en los territorios hispanos de Europa. Al mismo tiempo, tras los conflictos religiosos de las Reformas, se transforman en bastiones del catolicismo militante, con una proyección internacional que desbordaba sus viejos orígenes regionales. 

Por ello, entre 1475 y 1625 asistimos a una verdadera plétora de nuevas fundaciones universitarias en la Península Ibérica. Las causas resultan complejas, pero, como hemos dicho, cabe asignar un importante papel a la necesidad de formación de un funcionariado eclesiástico y una burocracia estatal, sobre todo en relación con los estudios jurídicos. Asimismo, hay que contar con los proyectos de defensa y expansión de la fe católica, vinculados a la formación sacerdotal y a los estudios de teología. A ello se añaden los beneficios que al conjunto social podía aportar la educación en general y ciertas enseñanzas como la medicina en particular. Los sentimientos de promoción regional-localista y el de fama póstuma contribuyen a desarrollar un espíritu emulador por parte de los fundadores. De este modo se despliega un abanico de instituciones con patronazgo mayoritario de prelados o eclesiásticos influyentes, seguidas de otras de patronato real directo o incluso debidas a la aristocracia laica. 

Estos nuevos estudios (studia) surgidos entre 1475 y 1625 se acercan más a la tradición parisina que a la boloñesa de las universidades medievales. El modelo que adoptan es el de colegio-universidad o convento-universidad, es decir, consistente en organizar la enseñanza universitaria en el seno de una comunidad de estudiantes escogidos y becados, cortos en número, austeramente gobernados y sujetos a determinados estatutos fundacionales; o bien en el seno de una comunidad religiosa previamente existente. 

De la expansión universitaria del siglo XVI peninsular da idea el hecho de que las aproximadamente ocho universidades con grados reconocidos existentes en 1475 se hubieran convertido en 32 hacia 1625. En dicha fecha, los reinos de la Corona de Castilla totalizan 18 de ellas, entre las que se cuentan las tres llamadas mayores de Salamanca, Valladolid y Alcalá (bula pontificia de erección en 1499 y confirmación real de 1512), además de ocho colegios-universidad y cinco conventos-universidad, correspondiendo a las dos Mesetas (las Castillas) la mitad del monto global. Por su parte, la Corona de Aragón cuenta con once universidades, y de ellas cuatro son conventos-universidad. En el Reino de Portugal existen, por esta época, dos universidades, una de ellas convento. Puede observarse claramente una concentración universitaria en el ámbito meseteño, entre el Duero y el Tajo (corazón de las Castillas), así como en el principado de Cataluña. Además, las proporciones de universidades de orígenes medievales, y de control municipal, son mayores en el caso de la Corona aragonesa, frente a la plétora de las nuevas fundaciones castellanas, muy vinculadas al tipo de colegio-universidad.

Más concretamente, la expansión universitaria de que venimos hablando registra su plétora entre 1540/45 y 1570/75, ámbito de ebullición religiosa y política en los territorios de la Corona de Castilla. En este breve período se erigen no menos de seis conventos-universidad y cinco colegios-universidad, así como un seminario-universidad y una universidad propiamente dicha. Por el contrario, entre 1475 y 1500 las fundaciones peninsulares habían sido tan sólo una, y de 1500 a 1540 unas seis, centradas en el primer cuarto del siglo, con el mencionado predominio de los colegios-universidades. Decae la expansión entre 1575 y 1600, con el convento-universidad de San Lorenzo del Escorial como única excepción, y de 1600 a 1625 vuelven a erigirse dos conventos-universidad, junto al espaldarazo definitivo de la Universidad de Oviedo, la cual venía gestándose desde 1575. A partir de aquí, y por saturación de la oferta, las nuevas fundaciones decaen considerablemente hasta finales de la siguiente centuria. 

Utilizando como referencia las fechas de aprobación pontificia y regia, podemos esbozar la siguiente periodización universitaria peninsular en la Edad Moderna: 

Universidades fundadas antes de 1475: Barcelona, Lisboa/Coimbra, Gerona, Huesca, Lérida, Perpiñán, Salamanca y Valladolid; además de la extinta de Palencia.

Universidades fundadas entre 1475 y 1600: Alcalá, Almagro, Ávila, Baeza, Évora, El Escorial, Gandía, Granada, Irache, Oñate, Orihuela, Burgo de Osma, Osuna, Santiago de Compostela, Sevilla, Sigüenza, Tarragona, Toledo, Valencia, Vich y Zaragoza.

Fundadas entre 1600 y 1700: Mallorca, Oviedo, Pamplona, Solsona, Tortosa.

Fundadas entre 1700 y 1800: Cervera y La Laguna (Canarias).

Universidades peninsulares hacia 1625

 

En este contexto de expansión y diversidad, las tres universidades mayores castellanas de Salamanca, Valladolid y Alcalá adquirieron la categoría de verdaderas universidades de la Monarquía, y actuaron como centros dinámicos de atracción y proyección, atenuando la incidencia de las fuerzas centrípetas, territoriales y locales. Fue en estas circunstancias cuando se configuró el estereotipo de Salamanca, que, a partir de los siglos XVI y XVII, constituirá (en la imaginación colectiva) una de las más famosas referencias simbólicas de la cultura española. 

Por su parte, el resto de los conventos-universidades y colegios-universidades dieron origen a las que convencionalmente se llamarían «universidades menores». Tendieron éstas a atender las necesidades culturales y religiosas de entornos locales, y fueron por ello apoyadas por prohombres y notables destacados. Fueron creadas, en su mayoría, por mecenas eclesiásticos, y algunos seculares, que las dotaron con rentas del diezmo, deuda pública o patrimonios personales. Las cátedras lo fueron en número reducido, limitándose a unas cuantas de gramática latina, derecho o medicina, así como de artes liberales y teología en el caso de los conventos. No obstante, la posibilidad que brindaban para realizar estudios locales, sin los costes de desplazamiento y estancias, al tiempo que las menores exigencias y mayor facilidad y baratura de los grados, contribuirían a mermar la clientela de las grandes universidades imperiales, conforme nos adentremos en los siglos XVII y XVIII. 

En medio de esta plétora, conviene distinguir, también, los colegios-universidades, con enseñanza propia y otorgamiento de grados, de otro tipo de colegios, vinculados a universidades preexistentes. La mayoría de sus fundadores fueron jerarcas de la Iglesia, y destinaron sus instituciones a la acogida de estudiantes pobres, preferentemente clérigos, posibilitándoles, de este modo, protección y cobijo. Con el tiempo, muchos de ellos se desviaron de las intenciones fundacionales y fueron dando cabida a grupos privilegiados y oligarquías de letrados. En contraste con sus homónimos de París u Oxford, se trata mayoritariamente de estudiantes residentes, que acuden a las aulas públicas de la universidad central. Únicamente los llamados colegios mayores (seis en total, San Bartolomé, Cuenca, Oviedo y Arzobispo, todos ellos en Salamanca, Santa Cruz de Valladolid y San Ildefonso de Alcalá) se constituyen como comunidades de licenciados o graduados expectantes y pretendientes de cátedras y cargos burocráticos, y tan sólo en el caso del mayor de Alcalá coinciden con un colegio-universidad. De este modo, en la morfología urbana, y a lo largo de los siglos modernos, un cinturón de colegios seculares y de conventos regulares fue ciñendo los recintos universitarios de mayor prestigio. 

Por su parte, las Américas de los siglos XVI y XVII constituían territorios periféricos dentro del ámbito general de la Monarquía Hispánica. Las iniciativas académicas que se plantearon en ellos tomaron como referencia las soluciones peninsulares de la metrópoli: el modelo de convento-universidad vinculado a órdenes religiosas concretas, o el modelo corporativo claustral, más complejo, significado en Salamanca, y aplicado en los centros administrativos virreinales de Lima y México a las universidades de patronato regio allí fundadas. Sin embargo, el modelo de colegio-universidad no parece que contó con patronos privados de suficiente garantía y estabilidad económica. Pues bien, las universidades hispanoamericanas fueron evolucionando al calor de fuertes intereses locales, vinculadas a sus clerecías y a los oficios medios de la administración colonial. Salamanca, universidad prototípica del modelo claustral corporativo en el ámbito cultural hispano, estuvo más presente en Lima o México que en las restantes universidades conventuales de la América Hispana; pero el patrón salmantino se readaptaría posteriormente, y se iría acomodando a las condiciones concretas de los nuevos territorios ultramarinos.

3. Etapa contemporánea: Centralismo liberal. Universidades de distrito

Las reformas ilustradas del siglo XVIII, que parten de lo particular (planes de estudios universitarios establecidos entre 1769 y 1786), culminan en el llamado Plan Caballero de 1807, que pretendía aplicar un modelo uniforme a todas las universidades de la Monarquía. Además del control estatal, quedaba reforzada la figura del rector y se concentraban poderes en los claustros de catedráticos. Ese mismo año se suprimieron muchas de las llamadas universidades menores, es decir, las instituciones académicas de proyección más localista; en parte por su excesivo número, y por el deterioro académico y la penuria económica de muchas de ellas. Y la función anteriormente cumplida por estas universidades menores, en el ámbito regional, sería transferida y multiplicada con la consolidación de los llamados institutos de segunda enseñanza. Simbólicamente, entre 1836 y 1841, los edificios y bienes de aquellas universidades pasaron a éstos.

Mientras tanto, se suceden alternativas de reformas liberales y restauraciones absolutistas, al ritmo de las oscilaciones políticas generales. Y en medio de este tejer y destejer se van desmoronando, progresivamente, las bases estructurales de las universidades tradicionales. En 1837 desaparecen los diezmos eclesiásticos, que constituían su fuente de financiación; y, por el plan de 1838, quedaba establecido que dichas universidades se financiasen a partir de los derechos de matrícula y académicos, así como de cantidades otorgadas por los presupuestos generales del Estado. Desaparecen, también, los privilegios jurisdiccionales, y, en general, se va imponiendo paulatinamente la política educativa liberal, según normas centralizadas, emanadas y difundidas desde Madrid. De este modo, pasamos de la universidad del Antiguo Régimen, autónoma en lo financiero y organizativo, a la universidad liberal, centralizada, uniforme y jerarquizada, financiada y controlada por el Estado, rama de la administración del Estado y con un profesorado funcionario. Los estudios eclesiásticos se diluyen, y el alumnado pasa del manteo a la levita.

Esta nueva universidad contemporánea va a construirse sobre proyectos liberales moderados: sobre todo el plan Moyano (1857), que ya se prefijaba en el Plan Pidal (Gil de Zárate) de 1845. En estos planes, como ha sido señalado, se separaba una enseñanza, llamada media, de la propiamente universitaria. Como consecuencia, se crearán institutos provinciales de segunda enseñanza. Surgen como consecuencia de la Ley Pidal, y se estructuran a partir de esquemas y asignaturas de la antigua facultad universitaria de Artes. Y en medio de estos cambios, la facultad de Teología era suprimida por decreto de mayo de 1852; aunque esta disposición no fuera aplicada hasta la supresión definitiva de 1868, tras la «Gloriosa» revolución.

La universidad liberal quedó definitivamente asentada con las leyes de Claudio Moyano (1857), ministro que había sido anteriormente profesor y rector de la Universidad de Valladolid. Podemos considerar algunas peculiaridades del nuevo marco legal. En principio, las universidades quedaban dependientes del Ministerio de Fomento, a través de una Dirección General y un Real Consejo de Instrucción Pública. El rector pasa a convertirse en una figura política de designación ministerial. Se consolida, asimismo, un cuerpo de catedráticos funcionarios, de rango nacional y a partir de oposiciones centralizadas. Se ratifican los institutos de segunda enseñanza, los cuales otorgarían el título de bachiller en Artes, tradicionalmente concedido por la facultad de este nombre. Quedan establecidas, además, seis facultades superiores: filosofía y letras; ciencias exactas; físicas y naturales; farmacia; medicina; derecho; y teología.

Otra peculiaridad de la Ley Moyano, que posee una directa incidencia en el tema que nos ocupa, fue la organización de las universidades en diez distritos o ámbitos territoriales propios. Un distrito central (Madrid) predominante, en el que se impartirían todos los estudios hasta el grado de doctor, y que serviría de modelo y atracción para las restantes universidades de provincias. Los otros distritos correspondían a las universidades de Barcelona, Granada, Oviedo, Salamanca, Santiago, Sevilla, Valencia, Valladolid y Zaragoza. Como puede observarse, el papel hegemónico tradicional de Salamanca, Valladolid y Alcalá, ha pasado a concentrarse en Madrid que, sustituyendo a Alcalá (a partir del año 1836), mantiene también la influencia de ésta sobre Castilla la Nueva. No obstante, las universidades de Valladolid y Salamanca mantienen una cierta importancia relativa, situadas en una región (Castilla/León) que hacia 1900 suponía el 12,4% de la población española.

Estos marcos jurídicos uniformes intentarán renovarse con la ley César Silió de 1919, que suponía el reconocimiento de mayor autonomía administrativa para las universidades. Se trataba de modificar el modelo centralista decimonónico; pero el proyecto quedó suspendido con el advenimiento de la dictadura de Primo de Rivera. 2003-08-18

 

 

+++

 

Universidad, Iglesia: La Biblioteca es una institución que, con su existencia misma, testimonia el desarrollo de la cultura. En efecto, está constituida por un tesoro de obras escritas, en las que el hombre manifiesta su creatividad, su inteligencia, su conocimiento del mundo y de los hombres, así como su capacidad de autodominio, de sacrificio personal, de solidaridad y de trabajo en favor del desarrollo del bien común (cf. Centesimus annus, 51). Se trata de una colección de libros, organizada sistemáticamente, en la que a los antiguos manuscritos e incunables se han añadido libros nuevos y periódicos. En conjunto constituye un signo elocuente de la unidad de las generaciones que se han sucedido, formando, a través de la variedad de tiempos y cuestiones, un patrimonio común de cultura y ciencia. MM.

 

+++

 

El cristianismo se caracteriza por el anuncio del Evangelio en el hic et nunc de cada generación y por la fidelidad a la Tradición. La Iglesia, a lo largo de toda su historia, "se ha servido de las diferentes culturas para difundir y explicar el mensaje cristiano"(3). Como consecuencia, "la fe tiende por su propia naturaleza a expresarse en formas artísticas y en testimonios históricos que entrañan gran fuerza evangelizadora y valor cultural, a los cuales la Iglesia debe prestar la máxima atención" (4). Por este motivo, especialmente en los países de antigua, e incluso ya en los de reciente evangelización, se ha ido acumulando un abundante patrimonio de bienes culturales caracterizados por un valor particular en el ámbito de su finalidad eclesial.

 

A pesar de la importancia que puedan tener las instituciones de los museos en el seno de la Iglesia, la salvaguarda de los bienes culturales es, sobre todo, competencia de la comunidad cristiana. Esta debe comprender la importancia de su propio pasado, debe madurar el sentido de pertenencia al territorio en el que vive, y debe, por último, percibir la peculiaridad pastoral del patrimonio artístico. Se trata, por tanto, de crear una conciencia crítica con el fin de valorar el patrimonio histórico-artístico generado por las diversas civilizaciones que se han establecido allí a lo largo del tiempo, gracias, también, a la presencia de la Iglesia, ya sea como mecenas iluminada, ya como atenta guardiana de los restos antiguos.

-.-

Por otra parte, la Iglesia, experta en humanidad, utiliza los bienes culturales para la promoción de un auténtico humanismo, según el modelo de Cristo, hombre  "nuevo"  que  revela  el  hombre al propio hombre (cf. Gaudium et spes, 22). Por tanto, no ha de sorprender que las Iglesias particulares se comprometan a promover la conservación de su propio patrimonio artístico-cultural a través de intervenciones ordinarias y extraordinarias, que permitan su valoración plena.

4. La Iglesia no es sólo custodia de su pasado; es, sobre todo, animadora del presente de la comunidad humana, con miras a la construcción de su futuro. Por tanto, incrementa continuamente su patrimonio de bienes culturales para responder a las exigencias de cada época y cada cultura, y se preocupa asimismo por entregar cuanto se ha realizado a las generaciones sucesivas, para que también ellas beban en el gran río de la traditio Ecclesiae.

Precisamente desde esta perspectiva es necesario que las múltiples expresiones del arte sacro se desarrollen en sintonía con la mens de la Iglesia y al servicio de su misión, usando un lenguaje capaz de anunciar a todos el reino de Dios.

 

+++

 

"Una de las puertas las más significativas de la Santa Sede abierta sobre el mundo", queda aquella elevada de "expresar la renovada voluntad de la Iglesia de dialogar con la humanidad en el signo del arte y de la cultura, poniendo a disposición de todos el patrimonio que le fue confiado por la historia".
Francesco Buranelli – Director ‘Museos Vaticanos’ - 2006

 

+++

 

 

 

Biblioteca Mediceo-Laurenziana - La Chiesa catholica ´alma mater´ e mediatora tra i popoli di cultura europea.

 

Tra le più antiche biblioteche del mondo, raccoglie collezioni di codici avviate da Cosimo il Vecchio (1389-1464) e ampliate dal figlio Pietro (1416-1469) e soprattutto dal nipote Lorenzo il Magnifico (1448-1492). La sede attuale, accanto alla chiesa di S. Lorenzo a Firenze, fu costruita, a partire dal 1524, secondo i disegni di Michelangelo Buonarroti (1475-1564), al quale il progetto era stato commissionato dal Pontefice Clemente VII (1478-1534, Papa dal 1523), appartenente alla famiglia Medici. Al momento dell´inaugurazione, nel 1571, possedeva circa 3000 codici. I Granduchi lorenesi arricchirono la biblioteca fiorentina, favorendo l´accesso alla consultazione degli studiosi. Attualmente possiede 530 incunaboli e 10208 manoscritti, molti dei quali preziosissimi.

 

+++

 

Cuando uno va a un museo y contempla una obra maestra, admira la obra pero más admira al autor. Amo a la Iglesia como la obra magnifica que es, pero más amo al Artista… Dios mismo. Glorifiquemos al Señor con nuestras vidas.

 

+++

LOS MUSEOS VATICANOS –

UNIVERSIDAD DEL SABER Y BELLEZA

 

Los Museos Vaticanos están formados por las obras de arte con acceso al público y esculturas en la Ciudad del Vaticano, las cuales muestran obras de una extensa colección que la historia ha hecho depositaria a la Iglesia Católica. Los museos fueron fundados con las obras que había juntado el papa Julio II. Cabe mencionar que los papas fueron los primeros soberanos que instalaron colecciones de arte en palacios para ser expuestas al público.

 

El origen de los museos vaticanos estuvo dado por el papa Julio II, en 1503. Él situó una estatua de Apolo en un patio interno del Palacio Belvedere, que fuera construido por Inocencio VIII. Luego, otras estatuas fueron expuestas en lo que se llamó "El patio de las estatuas", hoy conocido bajo el nombre de "Patio Octógono". Una gran cantidad de objetos fueron agregados durante los siguientes doscientos años y de a poco las colecciones fueron reorganizadas bajo el pontificado de Benedicto XIV (1740-1758) y de Clemente XIII (1758-1769).

En la actualidad, los museos vaticanos son un complejo de diferentes museos pontificios, las cuales comenzaron por iniciativa del papa Clemente XIV (1769-1774).

 

 

Museo Pío-Clementino 

Fue el primer museo vaticano, fundado por el papa Clemente XIV en 1771. Originalmente contenía obras del Renacimiento y trabajos antiguos. Luego de su muerte, el museo y su colección fueron ampliados por el papa Pío VI (1775 -1799). Tras la muerte de Pío VI, se le dio su nombre actual, por haber sido ellos quienes aumentaron las colecciones de este museo.

Obras

  • Talía, musa sentada (siglo 2 adC, período adriánico)
  • Calíope, musa sentada (siglo 2 adC, período adriánico)
  • Eros de Centocelle
  • Candelabros romanos (siglo 1 adC)

 

 

Museo Chiaramonti

Pío VII (1800-1823), sucesor de Pío VI, expandió considerablemente las colecciones de antigüedades clásicas, fundando este museo. Esta colección contiene mayoritariamente estatuas romanas, algunas de ellas, copias de obras griegas. Dentro del museo, se encuentra la Galeria Lapidaria, con más de 3000 tablillas de piedra con inscripciones, la cual la convierte en la mayor colección del mundo de este tipo. Sin embargo, ésta galería no se encuentra abierta al público, solo se puede visitar con un permiso especial, usualmente por razones de estudio. 

Museo Etrusco

En 1837, fue fundado el museo etrusco, por el papa Gregorio XVI (1831 - 1846). Este museo tiene descubrimientos arqueológicos que aparecieron durante las excavaciones que se llevaron a cabo a partir de 1828 en el sur de Etruria, que luego pasaron al estado Vaticano. Posteriormente, se incorporaron al museo obras de gran importancia:

  • En 1898, se produjo la compra de la colección Falcioni
  • En 1935, recibió donaciones de parte de Benedetto Guglielmi
  • En 1967, recibió donaciones de Mario Astarita
  • En 1987, se produjo la compra de la colección de Giacinto Guglielmi

El museo contiene material del siglo 9 AC. hasta el siglo 1 DC, y abarca desde la edad de hierro hasta material encontrado en las ciudades etruscas. La historia milenaria de los etruscos está contada por cerámicas, y objetos de bronce, oro y plata que demuestran que ésta era una civilización particularmente artística. También cuenta con una colección de vasos griegos, que fueron encontrados en cementerios etruscos. Adyacente a este museo, se encuentra una sección dedicada a antigüedades romanas, provenientes de la misma Roma y de Lazio.

Este museo se encuentra localizado dentro del Palacio de Inocencio VIII (1484-1492) y en un edificio contiguo de la época de Pío IV (1559-1565), donde se pueden observar frescos de Federico Baroci y de Federico Zucari, entre otros pintores. Está compuesto por 22 habitaciones.

 

 

Museo Egipcio -   

En 1839 se estableció el Museo Egipcio, con antiguos objetos extraídos de excavaciones de esa región, junto a otras piezas que se encontraban diseminadas en el Vaticano y en el Museo Capitolino de la ciudad de Roma-Italia. Aquel museo también fue fundado por Gregorio XVII. Las piezas que aquí se encuentran provienen de Egipto, de Roma y de Tívoli, proviniendo algunas de ellas de colecciones privadas. El interés de los papas por las obras de Egipto estaba relacionado al rol fundamental atribuido a este país con las Sagradas Escrituras en la Historia de la Salvación. El museo ocupa 9 habitaciones divididas por un semicírculo abierto hacia una terraza que cuenta con numerosas esculturas. En dos de estas habitaciones se encuentran objetos encontrados en la antigua Mesopotamia y de Siria-Palestina.

Máscara de una momia (656 a 332 adC)

Estatua de Antinous (117 a 138 adC)

Torso del faraón Nectanebo I (380 a 362 adC)

 

 

Museo Profano Lateranense

El Museo Profano Lateranense fue fundado en 1844 y contiene estatuas, bajorrelieves, esculturas y mosaicos de la era romana. Fue ampliado en 1854, bajo el pontificado de Pío IX (1846-1878), con la adición del Museo Cristiano Pío, que contiene antiguas esculturas, especialmente sarcófagos, con inscripciones con contenido cristiano.

Entre 1856 y 1869 se abrieron dos salas que alojaron monumentos provenientes de las excavaciones de Ostia, entre otras.

En 1910, bajo el pontificado de San Pío X (1903-1914), fue establecido el Lapidario Hebreo. Esta sección contiene 137 inscripciones en Hebreo antiguo provenientes de cementerios en Roma, la mayoría de un cementerio ubicado en la Vía Portuense. Estas inscripciones fueron donadas por los marqueses Pellegrini-Quarantoti, quienes eran los dueños del terreno.

Estas colecciones fueron posteriormente transferidas, bajo el pontificado de Juan XXIII (1958-1963), desde el museo profano hacia su actual ubicación dentro del Vaticano.

 

 

Museo Histórico - Fue fundado en 1973, y trasladado en 1987, al apartamento papal del Palacio de Letrán. En este museo puede apreciarse una iconografía de los papas. 

Pinacoteca del Vaticano*

Está formada por 8 salas.  

-.-

Desde el año 1929 todos los museos y galerías pontificias dependen del Governatorato del Estado de la Ciudad del Vaticano.

El Estado del Vaticano tiene un principio que prohíbe vender las obras de arte, entre las cuales se incluyen 460 pinturas de maestros como Giotto, Caravaggio y Rafael. Por tres razones:

a) de esta manera, las obras de arte no caen en manos privadas;

b) se evitan sus pérdidas, desapariciones, chantajes, expolios políticos;

c) así el arte es público y puede apreciarse sin ninguna clase de diferencias. Siendo patrimonio de la humanidad a igual que cualquier Estado, tales obras son invendibles, porque pertenecen al conjunto del género humano y a éste de gozarlas.

*La manutención y conservación como el sistema de seguridad para tales obras, está siendo una dificultad económica, cada vez mayor y difícil de afrontar.  2005.

 

+++

 

 

UN SOMBRERO NELLO SPAZIO Una straordinaria immagine della Nasa della galassia Sombrero, il cui nome scientifico è Messier 104. La ripresa è stata fatta con immagini combinate di recenti osservazioni agli infrarossi del telescopio spaziale Spitzer e di immagini a luce visibile del telescopio spaziale Hubble. La galassia Sombrero è uno degli oggetti più massicci della parte meridionale dell´agglomerato di galassie nella costellazione della Vergine. La sua massa è pari a 800 miliardi di volte quella del Sole. La galassia a spirale Sombrero si trova a 28 mlioni di anni luce e il suo diametro è di 50 mila anni luce. Dalla Terra si può osservare bene all´equatore (Nasa/AP) 2005-V-06

 

+++

 

 

John Henry Newman y su idea de la universidad

 

Por Marcelino Rodríguez Molinero (*)

1. La persona y su obra

Fue como un rayo caído del cielo sobre el planeta para iluminar con la luz deslumbrante de su espiritualidad la opaca materialidad que a veces aprisiona a los habitantes de la superficie terrestre dotados de inteligencia. Y había caído exactamente en aquella zona del planeta en la que la concepción materialista de la vida y del mundo, hábilmente disfrazada de liberalismo económico y moral, amenazaba con arruinar los extensos cultivos de valores religiosos y morales que la civilización cristiana había plantado durante siglos con laboriosidad incesante cuando no combativa. Brillaba con luz propia y no prestada, incandescente, irrefragable, inconfundible, inapagable, calificativos ciertamente negativos, pero que, lejos de debilitar la carga conceptual que transmiten, la acrecientan de manera imponderable. Así fue y así me atrevería a afirmar que sigue siendo John Henry Newman, aquel atrayente gentleman inglés, casi nonagenario, con lejana ascendencia judía por línea paterna y con sangre francesa por línea materna, lo que sin duda contribuyó a modelar el perfil de su polifacética imagen, y que llenó con su melíflua presencia las nueve primeras décadas del siglo XIX, tan encomiado como controvertido.

En los dos retratos en vida que, ya anciano venerable, se le hicieron, se puede apreciar la poderosa inteligencia que asoma a través de su cansada y hundida mirada, aunque el lienzo no sea capaz de mostrarla toda entera. Aparece revestido con todos los atributos de la dignidad cardenalicia, otorgada por decisión personal del gran papa León XIII, una decisión que fue calurosamente aplaudida por la gran mayoría de los católicos y recibida con agrado por los anglicanos que quedaban del Movimiento de Oxford, de los Tractarians y del anglocatolicismo, además de ser elogiada por muchos intelectuales no católicos y por toda le gente sencilla que se declaraba cristianamente creyente.

Muchos fueron los campos en los que la intensa y fulgurante acción irradiadora de John Henry Newman regeneró compulsivamente estratos enteros, que se daban por definitivamente perdidos. Pero entre todos ellos hay uno en el que esa acción revitalizadora fue tan profunda como necesaria. Este campo no fue otro que el de la ya por entonces multisecular institución universitaria, a la que dedicó sus singulares dotes profesorales desde la temprana edad de veintiún años en el más prestigioso de sus modelos históricos: la incomparable Universidad de Oxford. Y fue a la institución universitaria a la que dedicó una de sus obras más extensas y más admiradas, como resultado de dos series de conferencias impartidas cuando fue llamado para presidir y dirigir una de las primeras Universidades católicas. En esta singular obra, considerada todavía por muchos única en su género, Newman se preocupó preferentemente de clarificar lo que la Universidad es y lo que exige para merecer ese nombre, concretado todo ello en una serie de puntos cardinales, que son más o menos los cinco siguientes: la definición de su esencia y la descripción de sus caracteres; la delimitación y la señalización inconfundible de sus objetivos; la perfecta demarcación de sus divisiones naturales, de sus regiones y de sus áreas de conocimiento; la distinción de la irrenunciable función docente y discente respecto de su complementaria tarea investigadora; y, por último, la necesidad de separar convenientemente la dirección, la administración y la gestión de la institución universitaria de aquellas otras tareas que constituyen su distintivo esencial y su verdadera razón de ser, cual es en primer lugar la transmisión y renovación de conocimientos de nivel superior y secundariamente la innovación y el progreso en la investigación científica.

Dentro de este marco general hay ciertamente una finalidad directa y como tal indisimulable, por mucho que se la quisiera preterir, en la singular obra de Newman, y no es otra que la discusión de las posibilidades y de las condiciones para la creación de una auténtica Universidad católica, como la que se proyectaba erigir en Dublin cuando él fue llamado para presidirla. Con todo lo melosa que pudiera ser esta invitación para no resistirse a aceptarla, lo cierto es que Newman no lo hizo a cualquier precio y otorgando todo género de concesiones a una jerarquía católica como la irlandesa, que, enferma de solipsismo e imbuida de orgullo nacionalista pero bastante ajena a lo que una nueva Universidad consigo lleva, pretendía tirar hacia adelante importándole sólo el resultado. Firme en sus convicciones y teniendo siempre en su mente el modelo de Universidad conocido ya entonces como Oxbridge, representado por las Universidades de Oxford y Cambridge, Newman sentó como principio axiomático que una supuesta Universidad católica, antes de ser católica, debe ser Universidad, con todas las consecuencias que de tal principio se derivan y que con relativa frecuencia se ignoran. Una Universidad católica, remarcaba en su argumentación, tiene que ser del mismo rango que cualquier otra Universidad que se precie de ese nombre y sea digna de llevarlo, bien sea propiedad de la Iglesia, del Estado o de cualquier otra entidad pública o privada que la promueva y la financie. Solamente se diferencia de ellas en su misión específica, que no es otra que la de formar hombres, o como él gustaba repetir gentlemen o gentilhombres, conforme a la concepción de la vida y de la moral católicas.

Es evidente y como tal incontrovertible que estas líneas directivas e ideas programáticas en torno a la institución universitaria, expuestas de manera bella en una envidiable prosa inglesa, con frecuente recurso a las principales figuras retóricas, estaban destinadas a tener una aceptación soberanamente plausible en la cultura y en la enseñanza superior de su tiempo. Es más, su excelencia como obra literaria contribuyó poderosamente a divulgar y a hacer popular lo que la Universidad representa en la configuración y evolución de la Sociedad moderna. Además este eco sonoro alargaría su resonancia a la inevitable sucesión de las generaciones futuras, no sólo de Gran Bretaña e Irlanda, sino también de todos los países de habla inglesa, sobre todo aquellos más próximos a su ámbito cultural, como son los Estados Unidos y Australia. Pero tampoco quedaron ajenos a su influencia otros ámbitos culturales, principalmente los más cercanos del continente europeo.

2. La génesis de un libro, único en su género

Contra lo que a primera vista se pudiera pensar y contra lo que algunos inesperadamente opinan, el gran libro de Newman The Idea of a Universiity no fue un libro unitariamente planeado y escrito. Lo componen varias piezas, muy bien ensambladas ciertamente y en dos grandes bloques soldadas, de los que resultan dos partes, preparadas y escritas en una distancia temporal de dos a cuatro años. La primera parte, más sustantiva y uniforme, contiene una serie de lecciones o conferencias, impartidas por Newman en 1852 tras ser nombrado Rector de la todavía en proyecto Universidad Católica de Dublin. A ellas se añadieron otras cinco, que no fueron pronunciadas. Reelaboradas como ensayos y ampliado el texto con otros materiales, convenientemente adaptados, fueron publicadas a finales del mismo año 1852 con el título Discourses on the Scope and Nature of University Education y con el rótulo añadido Addresed to the Catholics of Dublin. Además de un largo prefacio, este primer libro independiente contiene una introducción no muy extensa y se presenta dividido en nueve discursos, que corresponden a las diez conferencias, ya que el texto de la primera se refunde en el prefacio. En ellos se discuten las cuestiones principales que cualquier proyecto de fundación de una Universidad nueva, y además denominada católica, exige resolver o por lo menos tener en cuenta. La segunda parte de la obra conjunta recoge el texto, también retocado, de otra serie de lecciones o conferencias sobre diversas materias concernientes a la Universidad, en particular sobre las diversas ramas en que el conocimiento científico se divide. Primeramente se publicó también como libro independiente en 1858, con el expresivo título Lectures and Essays on University Subjects. Al año siguiente, 1859, se publicó una revisión del primer libro editado en 1852, ahora con el título abreviado The Scope and Nature of University Education. Sólo en 1873, es decir, más de dos décadas después de publicado por primera vez este primer libro, aparecieron los dos libros unidos con el título desde entonces universalmente conocido de The Idea of a University, y con el añadido, tan típico de los libros ingleses del momento, Defined and Illustrated. En él se distinguen claramente las dos partes que lo componen, intituladas e inicialmente descritas del modo siguiente: I In Nine Discourses, delivered to the Catholics of Dublin; y II In occasional Lectures and Essays addresed to the Members of the Catholic University. Su éxito editorial superó todas las expectativas, hasta tal punto que de él se hicieron nada menos que nueve ediciones, cuidadas por el propio autor durante su vida, la última publicada precisamente en 1889, un año antes de su fallecimiento. Agotada también en poco tiempo, fue reimpresa como edición definitiva en 1891, poco después de la muerte de Newman, por la prestigiosa editorial Longman, la editora de casi todas sus obras. Es el texto que desde entonces ha servido de modelo para todas las ediciones posteriores hasta la edición crítica de Ian Ker, publicada por Clarendom Press en 1976. Aun así sigue siendo editada posteriormente, por considerarla el texto uniforme más fiable y completo.

Cuando Newman se decidió a publicar los nueve discursos y los diversos ensayos que componen su obra conjunta, tenía un conocimiento muy profundo y una experiencia muy amplia de la vida universitaria, tanto en calidad de alumno como en cuanto docente y profesor, incluyendo el desempeño de importantes cargos. Pues había ingresado como alumno del Trinity College de Oxford cuando apenas contaba dieciséis años; se había graduado a los diecinueve años, y a los veintiuno, tras superar las duras pruebas del concurso en pugna con otro cualificado candidato, había conseguido una plaza de Fellow en el Oriel College, que en aquellos años era el de más prestigio de la Universidad oxoniense. Fue en él donde ejerció la función docente durante más de dos décadas y además desempeñó cargos directivos. Pero sobre todo es de señalar que, con sólo veintisiete años, había sido nombrado Vicario de St. Mary, cargo que le ponía al frente de la iglesia oficial de la Universidad de Oxford, con todo lo que esto representaba entonces, al ser ésta la tribuna universitaria en la que se abordaban las más candentes cuestiones relacionadas con la confesión anglicana. Mientras Newman regentó el centro, la audiencia se fue incrementando progresivamente, sobre todo en la década de 1830, coincidente con el famoso Movimiento de Oxford y el grupo conocido como los Tractariam o tratadistas, por la publicación que hacían de una serie de folletines -los Tracts- sobre los principales temas del dogma anglicano y de la moral cristiana. Era ésta una hoja de servicios difícil de superar, sólo quebrada por la intransigencia anglicana tras su conversión al catolicismo.

3. Definición de la esencia y delimitación de los objetivos de la Universidad

Para salir al paso de cualquier especulación ensoñadora y para evitar divagaciones innecesarias, Newman dedica el primer párrafo del prefacio de su obra a fijar con toda exactitud lo que una Universidad es o debe ser. Dice en efecto: "Mi visión de la Universidad en estos discursos es la siguiente: que ésta es un lugar para enseñar conocimiento universal. Esto implica que su objeto es, de una parte, intelectual, no moral; y, de otra parte, que es la difusión y extensión del conocimiento antes que su avance. Si su objeto fuera la investigación científica o filosófica, no puedo ver por qué la Universidad debe tener estudiantes; si es la formación religiosa, no veo cómo pueda ser la sede de la literatura y de las ciencias". Y, para más claridad y contundencia, comienza así el segundo párrafo: "Such is a University in its essence", "tal, es una Universidad en su esencia". Y remata su argumento añadiendo "independientemente de su relación con la Iglesia", es decir, de que sea una Universidad católica o de otro signo.

Si bien es verdad que Newman reconoce desde un principio la diversidad de campos que la enseñanza superior universitaria cultiva, como lo demuestra esta distinción inicial de literatura y ciencias, la idea central de su obra, resaltada insistentemente a lo largo de la amplia serie de discursos y conferencias que originariamente la componen, es la unidad y la excelencia de la Universidad como institución. La razón de la unidad es doble: en primer lugar porque la verdad es única y no es admisible abrir la puerta a un relativismo académico, que corra paralelo al relativismo moral; y en segundo lugar porque carece de sentido imaginarse campos de conocimiento tan diversificados de Letras y de Ciencias, de Humanidades y de Ciencias positivas, o bien de estudios científicos y estudios técnicos, sin referencia obligada a una base sólida común sobre la que todos ellos deben asentarse. Y el fundamento de su excelencia es único y no es otro que la necesidad de reconocer un nivel superior de conocimientos, tanto respecto a su posesión como a su difusión, en la cultura y en la civilización humanas. Incapaz de sustraerse al ambiente selectivo de la época victoriana que le tocó vivir, Newman no duda en calificar a la Universidad de "imperial intellect", recurriendo como otros escritores del momento a la comparación con el Imperio británico para ejemplificar la grandeza de una fundación o de una institución.

Es evidente y como tal indiscutible que el modelo de Universidad que Newman tiene presente es el de su propia Universidad de Oxford. Por eso sugiere que una Universidad, para ser tal, debe contar al menos con estas cinco Facultades: Teología, Filosofía y Letras, Derecho y Economía, Medicina y Ciencias. Dentro de ellas menciona a veces alguna que otra sección, como, por ejemplo, Filosofía, Literatura, Bellas Artes, Astronomía, Geografía y Biología, lo que permite incluir en la lista una serie de centros que en su tiempo o no existían o estaban todavía en mantillas. La inclusión de la Teología, y además como primera Facultad, se explica por el rango que tenía entonces en Oxford y Cambridge y también en las principales Universidades europeas. Su insistencia en la necesidad de mantener la unidad dentro de esta diversidad, considerando estas Facultades como partes integrantes esenciales de lo que una Universidad debe ser, y sobre su utilidad como estudio superior para la formación integral humana, corre pareja con la inculpación y crítica acerba a la mentalidad surgida de la Revolución francesa, algo que le resultaba tan rechazable y hasta repugnante que su primer viaje al mediterráneo y al sur de Italia lo hizo bordeando Francia para no pisar la tierra generadora de la irreligiosidad y la increencia.

Hay en esta idea de la Universidad que Newman presenta tan pulcramente dos advertencias muy importantes, que se repiten también de forma reiterada a lo largo de las páginas de su obra y que deben ser convenientemente resaltadas. La primera es que toda Universidad, que se precie de llevar dignamente tan noble nombre, debería tener todas o al menos la mayoría de las cinco Facultades mencionadas, o bien sus sucesivas ramificaciones. De poseer sólo alguna o algunas no debe ser considerada una Universidad independiente, sino más bien dependiente de otra como centros asociados, en cuyo supuesto sí pueden conservar el rango de estudios superiores universitarios. Lo exige la naturaleza misma de la Universidad como institución unitaria dedicada a impartir conocimiento universal y no conocimientos particulares, radicalmente limitados a la parcela científica que cultivan. La segunda advertencia es quizá más preocupante desde la perspectiva actual. Consiste en que sólo merecen acogerse a la denominación aquellos estudios superiores que pertenezcan a los amplios géneros de Letras y de Ciencias o, como hoy se les prefiere llamar, de Humanidades y de Ciencias positivas. Los estudios técnicos, por muy elevados que sean, no deben recibir, en su opinión, el nombre de Universidad, sino de Escuelas Superiores de Estudios Técnicos. Es lo que hoy se llaman, sobre todo en la terminología anglosajona, simplemente Politécnicas, si bien en la mayoría de los países, usurpando un nombre que por naturaleza no les corresponde a tenor de lo dicho, por no versar sobre el conocimiento universal ni tener como meta la formación integral, suelen llamarse Universidades Politécnicas o simplemente Universidades Técnicas. Como natural rechazo quedan también fuera de la denominación mentada los estudios de grado medio dedicados a enseñar o a formar para el ejercicio de una profesión de carácter más bien laboral o manual. Aquí la usurpación y el abuso lingüístico es mucho mayor y por ende más recusable, como ocurrió, por ejemplo, con los cinco centros inexplicablemente llamados Universidades laborales en el anterior régimen político español, que la fanfarronería franquista propalaba a diestro y siniestro como cosa única en el mundo. El propio Newman, que fue pionero en la creación de este tipo de centros, los llamó simplemente escuelas de formación o Escuelas politécnicas, como ocurrió en las anejas a su fundación más preciada, el incomparable Oratorio de Birmingham, instaladas en la ciudad industrial del centro de Inglaterra y que estaban destinadas a la formación técnica y humana de jóvenes adolescentes, preferentemente de la zona industrial. Habían sido precedidas por otras escuelas de rango inferior, que continuaron funcionando, y que fueron creadas para enseñar y sacar del analfabetismo a los niños pobres o procedentes de familias emigrantes irlandesas sin apenas recursos, como eran los muchos que se hacinaban en los slums de los barrios más míseros y conflictivos de la gran ciudad industrial.

4. Primacía de la función docente sobre la investigación

Otra de las peculiaridades constantemente presentes en la gran obra de Newman sobre la Universidad, y que aparece también consignada en su párrafo inicial, es la primacía, casi cabría decir, a tenor de lo que escribe, la absoluta preeminencia de la función docente sobre la labor investigadora, hasta tal punto que aquélla constituye, según él, la auténtica razón de ser de la Universidad como institución. En este más que en ningún otro aspecto Newman tiene delante, como él mismo reitera más de una vez, el modelo inglés de la Univesidad de su tiempo y más en concreto el modelo Oxbridge, es decir, el de las Universidades de Oxford y Cambridge. Poco más adelante, sin salir del prefacio, explica y matiza esta preeminencia señalando que no es que la investigación deba ser excluida de los objetivos propios de la Universidad, sino que más bien ésta es una tarea secundaria frente a la indispensable función docente. Lo cual no supone, en su opinión, sacrificar el progreso científico o renunciar a él. Lo único que indica es que, de anteponer la investigación a la docencia, la Universidad pervertiría su misión esencial. Y es que, sigue explicando, la investigación como tal es más bien propia de otras instituciones, como las Academias científicas, tan celebradas en la Francia e Italia de su tiempo, que en la práctica estaban vinculadas frecuentemente a las Universidades en calidad de Comisiones, de Institutos o de Delegaciones, y como tales plenamente subordinadas a ellas. Tal es el caso, ejemplifica, de la Royal Society en la Universidad de Oxford, fundada en tiempos de Carlos II, o de la Sociedad Ashmolean o la de Arquitectura, también adscritas y subordinadas a la Universidad oxoniense; como también lo era la British Association en la mayoría de las Universidades protestantes del Reino Unido y en las erigidas en otros países culturalmente dependientes de él; y lo era asimismo la Royal Academic de Bellas Artes. Todas estas y otras instituciones similares tenían como objetivo primordial las ciencias y el progreso científico y no los estudiantes. Para convencer de que esto es así y que no es exclusivo del modelo inglés de Universidad, invoca la autoridad del eminente cardenal francés de la curia romana Hyacinte Segismonde Gerdil (1708-1802), fallecido al año siguiente de que él naciera, quien, saliendo al paso de una posible confrontación de objetivos, dejó escrito que no había oposición real de ningún género entre el espíritu de las Academias y el de las Universidades, pues únicamente se trata de puntos de vista diferentes.
Y declara, en el mismo sentido que Newman, que "les Universités sont établies pour enseigner des sciences aux éleves qui voulent s"y former; les Académies se proposent de nouvelles recherches a faire dans la carriere des sciences" (Opera, Romae 1806-1821, vol. III, p. 253).

De todo ello se desprende que, según estos presupuestos, una Universidad que careciera de actividad docente y que no tuviera estudiantes, no merecería apropiarse de ese excelso nombre, por muy alta que fuera la tarea investigadora y por muy exitosos que fueran los resultados obtenidos en ella y los avances y el progreso del conocimiento científico conseguidos. Para mejor determinar ese objetivo esencial e irrenunciable de la transmisión de conocimientos, Newman no escatima páginas dedicadas primariamente a explicar en qué consiste ese objetivo. Para comprobarlo, basta con reseñar brevemente el contenido temático de cada uno de los discursos o capítulos que componen el libro. En el discurso inicial, que sirve de introducción, contrapone la formación universitaria de inspiración católica a la formación liberal de orientación laica y agnóstica. Sobre esta base, en el siguiente discurso trata de demostrar que la Teología es una rama del conocimiento científico, no sólo por su objeto sino también por su tradición histórica, por lo que, en una Universidad de inspiración católica, debe impregnar a todas las demás ramas de conocimiento científico. A poner de manifiesto esta implicación mutua están destinados sendos discursos. Los tres siguientes discursos de la primera parte, sin duda los más importantes y que más eco siguen teniendo, se centran en el análisis del conocimiento como objeto propio de la enseñanza universitaria, así como la relación existente entre el conocimiento científico y la formación profesional y técnica, y viceversa. Bien es verdad que los dos últimos discursos, el octavo y el noveno, vuelven en cierto modo al principio, algo así como la serpiente que se muerde la cola, dibujando en el suelo un círculo que, al ponerse en movimiento, queda indefectiblemente marcado, y se ocupan de la relación del conocimiento científico con el deber religioso y de las obligaciones de la Iglesia con el conocimiento científico y con su progreso.

Es necesario fijar sobre todo la atención en los tres discursos capitales, que constituyen el núcleo de la primera parte del extenso libro, de un valor inapreciable, tanto por su denso contenido como la bella forma en que están escritos. Aunque pensados para ser impartidos como conferencias o lecciones extraordinarias, cinco de ellos no fueron pronunciados sino más bien directamente escritos para ser publicados. Entre ellos figuran esos tres discursos centrales. De ahí procede seguramente la precisión de los conceptos y la pulcritud del lenguaje que en ellos se detecta. Es sorprendente todavía hoy la agradable sensación que causa el leer y volver a leer el primero de ellos, el que lleva el número cinco, el más elogiado de todos por la crítica tanto científica como literaria. Trata nada menos que de demostrar que el conocimiento, así designado en abstracto y genéricamente conceptuado, es el objetivo fundamental y la razón de ser de la Universidad como institución social. Naturalmente que, tras una reposada lectura de sus primeros párrafos, advertimos que el discurso no se refiere a todo tipo de conocimiento y mucho menos al conocimiento vulgar u ordinario, sino solamente al conocimiento científico y filosófico. Y al progresar en la lectura y adentramos en la trama temática de todo el discurso, comprobamos que nos hallamos ante una descripción del conocimiento científico, que nada tiene que envidiar al análisis epistemológico más exigente hecho desde la perspectiva actual. Este alto nivel se mantiene en el siguiente discurso, que versa sobre el conocimiento científico, visto desde su relación con la docencia y con el aprendizaje o más simplemente con la formación científica y humana de los alumnos. Y culmina en el discurso séptimo, en el cual se examinan comparativamente el conocimiento científico, propio de la educación universitaria, y el conocimiento técnico, propio de la formación profesional.

5. Un recorrido ilustrado por las diversas ramas del conocimiento científico

Las conferencias o lecciones extraordinarias, que en su conjunto constituyen la segunda parte de la gran obra de Newman The Idea of a University, fueron impartidas, aunque tampoco todas ellas, cuando ya ejercía el cargo de priner Rector de la recién erigida Universidad Católica de Dublin, que comenzó su andadura oficial en octubre de 1854. Versan sobre materias diversas, todas ellas relativas a la Universiad, aunque predominan las que describen y presentan las peculiaridades de cada una de las grandes ramas del conocimiento científico. La imagen más gráfica de la indisoluble unidad común de éste y de la diversidad de sus ramas es sin duda alguna la conocida metáfora del árbol de la ciencia, tan divulgada desde la Edad Media y actualizada en el siglo anterior a Newman. El caso es que desde la época moderna el árbol de la ciencia o de las ciencias constituye el mejor recurso para expresar con él la unidad de la ciencia y del conocimiento científico así como de sus primeras y sucesivas divisiones.

De esta serie de conferencias o lecciones magistrales sobre asuntos o materias concernientes a la Universidad, en su mayor parte impartidas de hecho en diversas ocasiones, y cuyo texto fue adaptado por Newman para que constituyera la segunda parte de su obra conjunta hay cuatro que merecen atención especial, en cuanto versan sobre las primeras divisiones o grandes ramas del conocimiento científico y que como tales dieron origen a las primeras Facultades universitarias, concebidas como unidades orgánicas dentro de la institución unitaria que es la Universidad como corporación de Derecho público. Las cuatro fueron pronunciadas en actos solemnes de la joven Universidad Católica de Dublin en los cuatro años en que J. H. Newman ejerció efectivamente el cargo de Rector. La primera de ellas, con el título Christianity and Letters, fue impartida en la solemne inauguración oficial de la Facultad de Filosofía y Letras en noviembre de 1854, que en la tradición medieval se llamaba todavía Facultad de Artes. La segunda conferencia trata de la literatura católica en lengua inglesa, con la cual Newman se introduce en el recinto propio de lo que después fue Facultad de Filología, como primer desgaje de la robusta rama inicial Filosofía y Letras. La tercera, impartida en noviembre de 1855 ante una numerosa y entusiasmada asistencia con motivo de la puesta en marcha de la Facultad de Medicina. Su título es Christianity and Physical Science, denominación ésta que tiene su explicación en el hecho histórico de que, hasta muy avanzada la época moderna, los médicos todavía eran llamados físicos, según el nombre que habían recibido en la cultura griega. Y la otra conferencia, muy acertadamente titulada Christianity and Scientific lnvestigation, fue pronunciada en la entonces indivisa Facultad de Ciencias en el mismo año 1855 durante el primero de los tres términos o trimestres, en que, según la tradición universitaria inglesa, se dividía y sigue dividiendo el curso académico. En estas cuatro lecciones magistrales Newman derrocha inteligencia, sabiduría, perfecto conocimiento de las peculiaridades de cada una de las grandes ramas científicas tratadas, gran dominio de la terminología que cada una de ellas utiliza, combinación adecuada del lenguaje científico o técnico con el lenguaje ordinario, pulcritud insuperable de la expresión lingüística y excelente manejo de la técnica oratoria, lo que, con sus cuidados ademanes y su resonante voz, hacían las delicias del público asistente y todavía hoy dejan percibir sus encantos a través del velo de la prosa escrita. En todas ellas, después de un atrayente exordio, Newman presenta un detenido análisis de lo que es y significa cada una de estas primeras divisiones del árbol de la ciencia, destaca sus caracteres o notas constitutivas como ramas específicas de conocimiento científico, señala sus coincidencias y sus divergencias, ilustra con datos históricos su separación del tronco común de la ciencia y su formación y desarrollo posterior hasta la madurez alcanzada y, por último, resalta su grandeza y su contribución al progreso de la civilización y de la cultura humanas. Todo ello, una vez más, sin perder de vista su preocupación fundamental, que es la de mostrar la unidad congénita que, como estudios superiores de una misma Universidad, por naturaleza las hermana y preside.

6. La idea de la Universidad de Newrnan y la Universidad de nuestro tiempo

No es tarea fácil comparar el prototipo propuesto por Newman de lo que una Universidad es o debe ser con las Universidades que existen o que se erigen en nuestro tiempo. Pese a ello es una tarea que no puede ser preterida, en cuanto viene exigida por el propio título de su obra y por la índole de este artículo y por la del órgano en que se publica.

Lo primero que cabe anotar es que el modelo de Universidad ideado por Newman y el modelo hoy día predominante en la mayoría de los países, entre ellos España, no se corresponden El ideal humanista de la concepción tradicional europea de la Universidad se ha olvidado, por no decir que se ha perdido. Y la fundación y la supervivencia de una Universidad han pasado a ser también, por muy lamentable que sea reconocerlo, uno de tantos productos del mercado. Con lo cual aquella luminosa idea de ser la sede unitaria del saber, cuya misión esencial consistía en impartir conocimiento universal ha palidecido de tal manera que apenas se puede vislumbrar su imagen en la multitud y variedad de centros que se atribuyen el noble nombre de Universidad. Y con ello han desaparecido también ilusiones tan excelsas como la del imperial intellect o la de la formación integral humana, forjadora de gentilhombres - gentlemen-, cuya presencia en una Sociedad moderna es un signo indeleble de su prosperidad y de su desarrollo. Si bien es verdad que Newman no dejaba de inculcar que el conocimiento intelectual es una cosa y la formación moral es otra, también lo es que para él esta última debe ser una misión irrenunciable de la educación universitaria. Hoy día en cambio, debido en gran medida al proceso de secularización, la formación moral se considera totalmente ajena a la institución universitaria de la misma manera que la formación religiosa.

Pero la divergencia más notable, y ésta sí que merece mayor atención, entre el modelo de Universidad de Newman y el modelo actual, es su exigencia de que, en aras de esa condición de ser el lugar en el que se custodia y se transmite el conocimiento universal, toda Universidad, que se precie de llevar dignamente ese nombre, debe tener todas o al menos la mayoría de la Facultades clásicas y tradicionales, a saber: Teología, Filosofía y Letras, Derecho y Economía, Medicina y Ciencias. Respecto a aquellas que se han dividido, como ocurre con Filosofía y Letras y Ciencias, bastaría con que contaran con alguna de sus principales ramas. Habrá que exceptuar obviamente la Teología, la cual, aunque todavía se mantiene en muchas Universidades europeas, como en el modelo Oxbridge o en la mayoría de las del ámbito germánico, desde la Revolución francesa ha sido literalmente barrida de todas las Universidades públicas y de las privadas no confesionales en todos aquellos países, como España, que han optado por el modelo napoleónico. Aún con esta excepción, la divergencia subsiste y, si bien es verdad que las principales Universidades, o al menos las de larga tradición histórica, cumplen sobradamente ese requisito, proliferan los centros de nueva creación que, sin reparo alguno, utilizan el nombre de Universidad ignorando totalmente esa exigencia, como si lo único exigible fuera ponedle el nombre de una personalidad histórica o actual para presentarse al público como Universidad independiente.

La otra característica esencial del modelo de Universidad de Newman era la primacía o la absoluta preeminencia de la función docente sobre la función investigadora. Por mucho que se quiera discutir, esta exigencia debe ser mantenida en pie, y la sutil advertencia de Newman de que una Universidad sin estudiantes no sería propiamente una Universidad, debe seguir vigente con todas sus consecuencias. Otra cosa es que actualmente la investigación haya alcanzado mayores cuotas en la Universidad de las que tenía en su tiempo. Entre otros motivos porque las instituciones que él menciona, las famosas Sociedades o Academias científicas, o los Institutos científicos, se han integrado plenamente en la Universidad de la que dependían o a la que estaban subordinados. La misma Universidad de Oxford, que es el modelo directo en el que Newman se inspira, no tardó en englobar en su seno la función investigadora como función y propia y específicamente suya, hasta tal punto que en la actualidad es una de las Universidades principales del mundo en lo que a investigación científica se refiere, no sólo en las ciencias experimentales, sino también en Medicina y en Humanidades. Ahí está para comprobarlo su incomparable complejo editorial, con un sello de distinción en todos los campos de la investigación y del conocimiento científico y técnico.

Marcelino Rodríguez Molinero (*) - Catedrático de Filosofía del Derecho
Universidad Complutense. Madrid
CRISTIANISMO, UNIVERSIDAD Y CULTURA, nº 7 Enero-junio, 2003

 

+++

 

UNIVERSIDAD – MEDIOEVO Y LA IGLESIA – aº

Históricamente, la universidad nace al amparo de la Iglesia. Los Estudios Generales promovidos por las autoridades civiles, diócesis u órdenes religiosas necesitaban de la aprobación pontificia para poder expedir sus títulos académicos. Naciente institución universitaria aportaba algo nuevo y especifico, una concepción del saber iluminado por la fe. La idea fundamental era la de unidad, unidad que se veía realizada en diversas Facultades, que incipientemente fueron las de Artes, Filosofía, Teología, Derecho y, poco más tarde y no en todos los sitios, Medicina.
Esa idea de unidad centraba el objetivo de la actividad académica en torno a algo aparentemente obvio, el deseo de saber. Ningún saber es auténtico si, de alguna manera, no permite captar la armonía de las partes y percibir, como un todo ordenado, el flujo de experiencias que el hombre recibe de la realidad. Que lo propio del sabio es ordenar ya lo había dicho Aristóteles, pero fue después de una larga sedimentación cuando la sociedad se vio capaz para explicitar ese orden y proponerlo, y ése fue el origen de la universidad. Y esa intuición medieval, que se fraguó en el estudio personal y en la vida contemplativa de los monasterios para fructificar en las ciudades, continúa siendo plenamente actual.
La progresiva especialización inconexa en que han venido a caer las distintas disciplinas científicas, no se entiende sino como un proceso paralelo a la fragmentación que vive el hombre actual; esa sensación de ruptura y ese ansia constante de huir de lo que le es dado. De hecho, el drama que se vive en el corazón del hombre es el mismo que se experimenta para integrar la Física o la Biología con la Ética. No vale la pena dedicarse al estudio de la Historia si, finalmente, no va a conducir a dar un sentido a la vida de los individuos y los pueblos. Tampoco parece adecuado dedicarse a la arquitectura si uno olvida el hombre para quien se construyen las casas o diseñan las plazas de las ciudades. Probablemente, los callejones sin salida a los que conducen algunos posicionamientos en el ámbito de la genética son más herederos de los antiguos alquimistas que buscaban la piedra filosofal, que no de lo que se inició en las primeras universidades. Lo científico, si verdaderamente se puede decir que lo es, es profundamente humano y conduce a una admiración y agradecimiento que distan mucho de la actual soberbia con que se afrontan algunos hallazgos denominados científicos.
Esta reflexión, que he desarrollado brevemente, ha estado presente a lo largo del proceso que ha conducido a la creación de la Universidad Abat Oliba-CEU. Pero también hay otro aspecto que me parece importante subrayar. La institución universitaria se caracterizó, desde su inicio, por una multiplicidad de maestros que tendían a algo uno. En esto se distinguían notablemente de las antiguas escuelas. Era también su garantía de pervivencia en el tiempo. De hecho, la universidad superó el concepto de escuela cuya vida estaba condicionada a la presencia del maestro, desapareciendo en muchas ocasiones al desaparecer éste. Pero esa convivencia y colaboración intelectual no habría sido posible sin, al menos, dos cosas: una firme convicción en la posibilidad de conocer la verdad y una auténtica amistad. Si no hubieran vivido en la certeza de que conocer la verdad y comunicarla es posible, no habría sido posible la colaboración de unos con otros. Si hay algo específicamente antiuniversitario es el escepticismo, que corroe y esteriliza cualquier actividad intelectual.
Dicha confianza hundía sus raíces en el convencimiento de que Dios ha creado un mundo ordenado y que invita a los hombres a la amistad con Él. Esta afirmación, que podrá parecer obvia o extravagante, según quien la lea, es la que justifica el abandono de la magia, la pérdida de credibilidad de los brujos y hechiceros y, en definitiva, la creencia en un progreso que no es tanto una creación del hombre cuanto un descubrimiento, hecho a diario y sólo posible desde la humildad, de las maravillosas leyes escritas por Dios en todos las cosas que componen el mundo.
Esa experiencia que dio origen a la universidad se fraguó en el seno de la Iglesia. Convertir una universidad en un agregado de Facultades es una tentación fácil y, aparentemente, eficaz. Construirla desde el convencimiento de la unidad es una tarea harto difícil y sólo posible desde la visión que otorga la fe. Ése es el reto que tiene planteado la Universidad Abat Oliba. En la medida en que lo vaya cumpliendo, los licenciados que se formen en las diversas especialidades serán más competentes, no sólo porque hayan adquirido unos conocimientos particulares más extensos, sino, y sobre todo, porque habrán percibido con mayor profundidad que ese ámbito reducido sobre el que aplicarán su saber, forma parte de algo mucho más grande y que, de ninguna de las maneras, podrán entenderlo plenamente, si lo separan de él.
Antonio Arcones - 2003-07-18 ALFA Y OMEGA. ESP.

 

+++

 

 

 

Hasta el siglo XII no tendríamos que esperar un despunte cultural de una Europa en expansión. El Renacimiento Otoniano, de este siglo, supuso una apertura intelectual a las innovadoras corrientes del pensamiento. Figuras destacadas fueron SAN ANSELMO (1033/4-1109) o PEDRO ABELARDO (1079-1142).

El siglo XIII fue «gracias a la Iglesia» el siglo de las Universidades. La Universidad- Universitas magistrorum et scholarium- surgió como una comunidad heterogénea, resultado el impacto cara el mundo de los estudios, del movimiento corporativo general que estaba llevando a los oficios a agruparse para la defensa de sus intereses. El intelectual universitario fue, a la postre, un producto más de la expansión urbana del pleno Medievo.

París pasa por tener la corporación universitaria arquetípica con sus cuatro facultades: Artes, Decretos, Medicina y Teología. Toda Universidad gozaba de unos privilegios esenciales: autonomía jurisdiccional con posibilidad de apelación al Papa; monopolio en la promoción de los puestos de enseñanza y derecho a la secesión y a la huelga.

Antes del 1300, había fundadas en Europa cuarenta y cuatro Universidades, en las que se forja un individuo especial dotado de cierta uniformidad: homo scholasticus

 

+++

 

 

 

 - En el Simposio «Universidad e Iglesia en Europa» que se celebra en Roma

ROMA, 18 julio 2003- De acuerdo con el presidente del Consejo de las Conferencias Episcopales Europeas (CCEE), en un mundo universitario «formado por vidas paralelas que raramente se encuentran» es esencial una «investigación ecuménica» capaz de superar la «tensión entre unidad y división» típica de la Europa contemporánea.

De hecho, en el contexto universitario dominan «la desintegración del proyecto de una ciencia universal propio de las primeras grandes universidades», la «especialización» y la «fragmentación del saber».

Así se expresó monseñor Amédée Grab al introducir los trabajos del Simposio internacional sobre «Universidad e Iglesia en Europa» que hasta el domingo acoge la Universidad Pontificia Lateranense con la participación de 1400 personas de 40 países.

«En el momento en que la Unión Europea se está ampliando –observó monseñor Grab--, muchos sienten la necesidad de afirmar su propia identidad, cultura e idioma. Es muy difícil gestionar la unión respetando al mismo tiempo todas las diferencias».

El obispo de Chur (Suiza) reconoció también el temor en muchas personas derivado «de la experiencia, vivida en muchas esferas de la vida, de la desintegración de las relaciones humanas», recogió el jueves la agencia «Sir».

De aquí la necesidad de una «investigación ecuménica» a partir del «servicio del pensamiento» propio de las universidades y en la perspectiva del «humanismo cristiano» deseado por el Papa.

«La reconstrucción de una universalidad de los programas de estudio –concluyó el presidente del CCEE— sería también una gran contribución a la reconstrucción de la política como instrumento y ministerio de la reconciliación, del diálogo y de la unidad». ZS03071809

 

+++

 

La universidad: Otro aporte de la Iglesia a Europa y el mundo

CASTELGANDOLFO, 20 Jul. 2003- El Juan Pablo II hizo un nuevo llamamiento a no olvidar las raíces cristianas de Europa al recibir a los participantes del Congreso .

“Universidad e Iglesia en Europa”, promovido por el Consejo de Conferencias Episcopales de Europa  y de la Comisión Episcopal Italiana para la Universidad.Durante el encuentro con los participantes del  evento que se celebró en Roma para celebrar los 700 años de la Universidad de “La Sapienza”, el Pontífice señaló que  la reunión tenía por objeto “reflexionar sobre la relación entre Universidad e Iglesia, al inicio del Tercer Milenio”.“Esta relación nos conduce directamente a corazón de Europa, allí donde su civilización  ha llegado a expresarse en una de sus instituciones más emblemáticas”, dijo el Santo Padre; y se refirió al origen de la universidad en Europa como “la época en la que toma forma el ‘Humanismo’, como felicísima síntesis entre el saber teológico, el filosófico y las demás ciencias”. Juan Pablo II señaló que esta síntesis es “impensable sin el cristianismo y por tanto sin la secular obra de evangelización realizada por la I! glesia en el encuentro con las múltiples realidades étnicas  y culturales del continente”.“Esta memoria histórica –continuó el Papa- es indispensable para fundar la perspectiva cultural de la Europa de hoy y del mañana, en cuya construcción la universidad está llamada a cumplir un papel insustituible”.

+++ 

Universidad y Cristianismo en Europa

 

La síntesis del saber teológico, filosófico y de otras ciencias realizada por las Universidades en los siglos XIII y XIV, en que se forma el Humanismo, es impensable sin el cristianismo.

El pasado 19 de julio, en el patio del palacio apostólico de Castelgandolfo, Juan Pablo II recibió a 1.500 participantes en el simposio europeo que se celebra en Roma con motivo del séptimo centenario de la universidad más antigua de la urbe, La Sapienza. El tema del simposio, al que asisten rectores, profesores y estudiantes, así como obispos y sacerdotes de todo el Viejo Continente es: "Universidad e Iglesia en Europa".

La relación entre la Iglesia y las universidades, dijo el Papa, "nos lleva directamente al corazón de Europa, donde su civilización se ha expresado en una de sus instituciones más emblemáticas. Nos encontramos en los siglos XIII y XIV: la época en que se forma el Humanismo, como síntesis feliz entre el saber teológico, el filosófico y otras ciencias. Síntesis impensable sin el cristianismo y por tanto sin la secular obra de evangelización llevada a cabo por la Iglesia en el encuentro con las múltiples realidades étnicas y culturales del continente".

La universidad juega un papel irreemplazable en la fundación de la perspectiva cultural del presente y del futuro de Europa, agregó el Santo Padre, subrayando que "la universidad es por excelencia el lugar donde se busca la verdad" y "si bien deba insertarse en el tejido social y económico, no puede rebajarse a sus exigencias, so pena de extraviar su propia naturaleza, que es eminentemente cultural".

Juan Pablo II observó que la Iglesia puede ofrecer su propia contribución a la universidad con "la presencia de profesores y estudiantes -dijo- que sepan unir la competencia y el rigor científico con una intensa vida espiritual" y con "universidades católicas, en las que se actualiza la herencia de las antiguas universidades, nacidas "ex corde Ecclesiae" (del corazón de la Iglesia)".

Después recalcó la importancia de los "laboratorios culturales (...) en los que se lleva a cabo un diálogo constructivo entre fe y cultura, entre ciencia, filosofía y teología, y la ética se considera una exigencia intrínseca de la investigación para un servicio auténtico al ser humano".

Al final, el Papa pidió a todos que empleasen bien los talentos recibidos y afirmó que esperaba que colaborasen "siempre en la promoción de la vida y la dignidad del ser humano".

Tras los saludos en francés, inglés, alemán, español y polaco, el Santo Padre encendió una antorcha que se llevará a la iglesia de San Ivo alla Sapienza (en la sede de la antigua universidad romana) y desde allí a otras sedes universitarias de Roma. Cfr. VIS 030721 (420)
-.-

CRISTIANISMO, ELEMENTO CENTRAL EN LA HISTORIA EUROPEA

 


CIUDAD DEL VATICANO, 20 JUL 2003 (VIS).-Esta mañana en su residencia veraniega, el Santo Padre rezó el Angelus con los peregrinos llegados a Castelgandolfo y dedicó unas palabras a la futura constitución europea y a los fuertes lazos del continente con el cristianismo.

El Papa recordó que los últimos meses habían estado dedicados a elaborar la nueva constitución, "cuya versión definitiva será aprobada por la Conferencia intergubernamental a partir del próximo mes de octubre. A esta tarea tan importante, que interesa a todos los elementos de la sociedad europea, también la Iglesia quiere ofrecer su aportación propia".

La Iglesia, prosiguió Juan Pablo II, "recuerda entre otras cosas, como observé en la exhortación apostólica post-sinodal "Ecclesia in Europa", que "Europa ha sido impregnada amplia y profundamente por el cristianismo", que constituye, en la compleja historia del continente, un elemento central y calificador, que se ha consolidado sobre la base de la herencia clásica y de las diversas aportaciones ofrecidas por los flujos étnicos-culturales que se han sucedido a lo largo de los siglos".

"Podríamos decir que la fe cristiana ha plasmado la cultura europea y se ha entrelazado con su historia, y a pesar de la dolorosa separación entre Oriente y Occidente, el cristianismo se ha afirmado como "la religión de los europeos". Su influjo ha sido notable también en la época moderna y contemporánea, no obstante el fenómeno, fuerte y difundido, de la secularización".

El Santo Padre concluyó sus palabras subrayando que "la Iglesia sabe que su interés por Europa brota de su misma misión. En cuanto depositaria del Evangelio, ha fomentado los valores que han hecho universalmente apreciada la cultura europea. Este patrimonio no puede disiparse. Al contrario, hay que ayudar a la nueva Europa a "construirse a sí misma, revitalizando las raíces cristianas que le han dado origen"". VIS 030721 (320)

 

+++

 

La tentación del localismo en la Universidad

 

Universidad significa universalidad en todas sus dimensiones

Por Alejandro Llano

El viaje, una metáfora de la vida humana, es también e inseparablemente el camino de la sabiduría. Por eso la necesidad de ese tiempo de peregrinación que se exigían a sí mismos los universitarios románticos y del cual el “turismo científico” tan practicado hoy día, con ocasión de fantasmagóricos congresos o dudosos intercambios, no es más que una caricatura.

 


UNIVERSIDAD significa universalidad en todas sus dimensiones: de saberes, de personas, de lugares, de ideas y creencias. El joven que acude a comenzar sus estudios superiores en cualquier carrera está pretendiendo —de manera consciente o inconsciente— ampliar horizontes, romper con la visión monocromática propia de la infancia y empezar a captar grados, matices, variedades y variaciones.

Se sabe, desde antiguo, que este propósito de extender la mirada a perspectivas más dilatadas sólo se logra si se rompe el cerco de lo consabido y se establecen relaciones con ámbitos nuevos, en los que las cosas se ven de otro modo. En buena parte, el escepticismo pesimista de la actual cultura juvenil procede de una dificultad para captar lo nuevo, que implica una diferencia para cuya percepción es imprescindible una cierta distancia. Si parece que a muchos jóvenes todo les da igual, es porque en el fondo piensan que todo es igual y que, como dice la boutade posmoderna, “lo único nuevo es que ya no hay nada nuevo”.

Para buscar nuevos saberes en nuevos ambientes, es preciso viajar por el simple “afán de ver’ como decía el viejo Herodoto. De ahí que los maestros medievales exigieran que los buenos escolares fueran terra aliena, procedentes de otras regiones o reinos. El viaje, que es una metáfora de la vida humana, es también e inseparablemente el camino de la sabiduría. Por eso la necesidad de ese tiempo de peregrinación que se exigían a sí mismos los universitarios románticos y del cual el “turismo científico” tan practicado hoy día, con ocasión de fantasmagóricos congresos o dudosos intercambios, no es más que una caricatura.

Afortunadamente, en los países donde se encuentran las mejores universidades del mundo sigue siendo una exigencia no escrita que los jóvenes cursen sus estudios superiores fuera de la ciudad natal y, de ser posible, frecuenten varias universidades a lo largo de su carrera, a la busca de los profesores más destacados en cada materia. En otros parajes, en cambio, la burocratización educativa condujo a la desafortunada creación de los distritos universitarios, cuyos efectos todavía perviven, con la consiguiente dificultad —agudizada por la escasez de becas— para que la movilidad estudiantil sea una posibilidad real. El parroquialismo localista, paradójicamente fomentado en la era de la globalización, ha conducido a que autoridades municipales y familias exijan que los estudiantes dispongan de una Universidad justo al lado de casa. Se ha podido así empezar a llamar universidades a lo que no pasan de ser academias profesionales en las que se cursan estudios que nunca tuvieron la categoría de superiores y que en ocasiones no alcanzan un mínimo nivel científico.

Más insólito y perjudicial aún que la inmovilidad estudiantil es el enfeudamiento del profesorado, cuando la llamada “endogamia” o “endogenia” pasa de ser excepción para convertirse en regla.

También en este campo hay que tener a la vista el ejemplo de las mejores Universidades internacionales en las que de hecho está prohibido que un docente reciba nombramientos estables en la universidad donde se ha doctorado. Los buenos departamentos o áreas temáticas desean recibir estudiosos procedentes de otras escuelas, para lograr esa confrontación de puntos de vista diversos que da lugar a enfoques inéditos y a injertos científicos tan innovadores como fecundos.

Todo lo contrario del dócil clientelismo consanguíneo que empobrece la calidad intelectual de las poblaciones académicas y deja fuera de la carrera universitaria a talentos de primera categoría.

Como sugiere Kolakowski, antes de sembrar y de poder recoger, en la vida intelectual es preciso remover la tierra, airearla, exponerla a todos los vientos, fecundarla con catalizadores que pueden parecer distorsionantes, pero que provocan reacciones nuevas. Nada hay más arriesgado en la dinámica del espíritu que la paralización a la que conduce la búsqueda a ultranza de la seguridad. La paz no tiene nada que ver con el inmovilismo.

Una de las trampas que dificulta la innovación es la que algunos científicos sociales han denominado “el ancla”: la tendencia natural del hombre y la mujer a aferrarse a la primera información recibida respecto a un determinado asunto. Inconscientemente, esta información primera desempeña el papel de una fijación difícil de superar, a la que uno se remite, como a su origen, para compararla o contrastarla con informaciones posteriores: estas podrán tener mayor fundamento, ofrecer mejores pruebas de veracidad, pero ya no son las primeras. Quien desee mantener la mente abierta, debe precaverse reflexivamente para no quedar anclado. Porque una de las exigencias del hallazgo de lo nuevo es liberarse de prejuicios. Y desprenderse de tales preconcepciones exige originalidad de pensamiento, que no consiste en pensar de distinta forma que los demás, sino en pensar desde el origen, por propia cuenta y riesgo, sin dar lo escuchado como supuesto, acudiendo a la fuente de donde brota el conocimiento. La originalidad estriba en remontarse al origen del conocimiento, sin aceptar como definitivas informaciones ya estructuradas y contextualizadas, que traen incorporadas las respuestas a los problemas que aparentan plantear.

Por ventura, no faltan las materias y los métodos docentes que han resistido el paso de los siglos y han demostrado su eficacia a través de los más variados cambios. Pero también sabemos de un buen número de temas y de procedimientos cuya falta de vigencia ha quedado suficientemente probada, y a los que quizá seguimos aferrándonos por un presunto respeto a la tradición que en realidad oculta pereza y rutina. Dictar apuntes para que sean copiados nos remite a la época anterior al descubrimiento de la imprenta. Evitar que las carreras tradicionales se “contaminen” con materias procedentes de otras licenciaturas suele ser una crasa expresión de estrecha mentalidad corporativista. No querer saber nada de nuevas titulaciones, como si fueran huéspedes no invitados, proyecta en la Universidad el aire melancólico de una foto fija en color sepia. Cuando tenemos a nuestra disposición el mágico recurso de las nuevas tecnologías, se impone incorporarlas sin timideces a la enseñanza universitaria.

Sin improvisadas precipitaciones ni cambios puramente estéticos, la enseñanza universitaria ha de ser siempre reformada, para hacerla cada vez más activa y participable. Sólo así las universidades pueden superar la tentación del localismo y recuperar su capacidad de innovar. Los que han hecho de la Universidad su forma de vida saben que la indagación de verdades nuevas es el método más adecuado para cambiar la sociedad desde dentro. La sociedad se mejora en el intenso silencio de las bibliotecas, en la atención concentrada de los laboratorios, en el diálogo riguroso de las aulas. Todas estas tareas universitarias son, en último término, investigación: afán gozoso y esforzado por encontrar una verdad teórica y práctica cuyo descubrimiento nos perfecciona al perfeccionar a los demás.

-.-Publicado en Noviembre del año 2002, nº 581 de Nuestro Tiempo
Edición autorizada de arvo.net

 

+++

 

 

Evangelio a la letra

22. "Pero cierto día se leía en esta iglesia el evangelio que narra cómo el Señor había enviado a sus discípulos a predicar; presente allí el santo de Dios, no comprendió perfectamente las palabras evangélicas; terminada la misa, pidió humildemente al sacerdote que le explicase el evangelio. Como el sacerdote le fuese explicando todo ordenadamente, al oír Francisco que los discípulos de Cristo no debían poseer ni oro, ni plata, ni dinero; ni llevar para el camino alforja, ni bolsa, ni pan, ni bastón; ni tener calzado, ni dos túnicas, sino predicar el reino de Dios y la penitencia, al instante, saltando de gozo, lleno del Espíritu del Señor, exclamó: "Esto es lo que yo quiero, esto es lo que yo busco, esto es lo que en lo más íntimo del corazón anhelo poner en práctica".

Rebosando de alegría, se apresura inmediatamente el santo Padre a cumplir la doctrina saludable que acaba de escuchar; no admite dilación alguna en comenzar a cumplir con devoción lo que ha oído. Al punto desata el calzado de sus pies, echa por tierra el bastón y, gozoso con una túnica, se pone una cuerda en lugar de la correa. Desde este momento se prepara una túnica en forma de cruz para expulsar todas las ilusiones diabólicas; se la prepara muy áspera, para crucificar la carne con sus vicios y pecados; se la prepara, en fin, pobrísima y burda, tal que el mundo nunca pueda ambicionarla. Todo lo demás que había escuchado se esfuerza en realizarlo con la mayor diligencia y con suma reverencia. Pues nunca fue oyente sordo del Evangelio sino que, confiando a su feliz memoria cuanto oía, procuraba cumplirlo a la letra sin tardanza."

TOMÁS DE CELANO, Vida primera, 356-357

 

+++

  

Descubra a la Iglesia como la principal impulsora del progreso de Occidente

 

       Lo cierto es que sin la Iglesia, Europa no existiría como tal y por tanto tampoco la cultura occidental. Esta verdad, conocida por los estudiosos que no se acercan a los hechos con las anteojeras del anticlericalismo, no ha llegado al amplio público que sigue viviendo de los slogans que repiten los medios y cacarean los pedantes desde los púlpitos del resentimiento. Hacen falta obras divulgativas que den a conocer el papel decisivo del cristianismo. Estamos ante una de ellas.

        Thomas E. Woods aprovecha las investigaciones recientes que empiezan a hacer justicia al pasado y ponen en evidencia que, sin el catolicismo, Europa no habría pasado del estado de barbarie. Para ilustrarlo sigue un método bien simple. Toma en consideración algunos puntos importantes: la ciencia, la Universidad, el Arte, la economía, el Derecho… y muestra como la Iglesia fue la matriz decisiva para su progreso.

        Es cierto que la cultura occidental bebe también de otras fuentes, como Grecia o Roma, que fue una especie de cruce de caminos actuando de transmisora de los mejor de la cultura antigua, pero el cristianismo aporta un factor decisivo.

        Simplificando podríamos decir que libera a la razón y la conduce hacia lugares que pensaba imposibles. Es por ello que mientras la cultura china colapsa, a pesar de haber hecho algunos descubrimientos antes que Occidente, en Europa alcanza verdadera carta de naturaleza.

        Muy interesante el apunte sobre el papel de la Edad Media al respecto, que de oscuro no tiene más que las legañas con que la miran los orgullosos ilustrados.

        Pero, además, ¿por qué el papado protege y alienta las Universidades? ¿Sabe alguien hoy que muchos científicos fueron religiosos o sacerdotes? ¿Se reconoce el papel de los monjes y los monasterios en la educación de lo que después sería Europa y que gracias a ellos muchas tierras baldías se volvieron cultivables?

        ¿Por qué se ignora que el Derecho internacional, de gentes en la terminología de la época, nació en la Universidad de Salamanca de la mano de sesudos dominicos? Estas y muchas otras preguntas dejarán de hacerse después de la lectura de este ameno e informado libro.

        Lo recomendamos para el lector medio, pero especialmente para el estudiante que ha de soportar la vacuidad de programas, en algunos centros de enseñanza media. Una vez más la divulgación no significa pérdida de calidad en la exposición ni de rigor.

-.-

La civilización occidental nos ha dado el milagro de la ciencia moderna, la riqueza de la economía libre, la seguridad del imperio de la ley, un sentido único de los derechos humanos y de la libertad, la caridad como virtud, un espléndido arte y música, una filosofía fundada en la razón y otros innumerables regalos que la hacen la civilización más rica y poderosa de la

Pero, ¿cuál es la fuente última de todos esos regalos? El autor de varios best-sellers y profesor universitario Thomas E. Woods, Jr. nos brinda la -por demasiado tiempo- pospuesta respuesta: La Iglesia católica.

En Cómo la Iglesia construyó la civilización occidental usted aprenderá:

-Por qué la ciencia moderna surgió de la Iglesia católica.

-Cómo los sacerdotes católicos desarrollaron la idea de economía libre quinientos años antes que Adam Smith.

-Cómo la Iglesia católica inventó la universidad.

-Por qué todo lo que usted ha oído sobre el affaire Galileo es falso.

-Cómo la Iglesia católica humanizó Occidente insistiendo en la sacralidad de toda vida humana.

 

Ninguna institución ha hecho más para dar forma a la civilización occidental que los dos mil años de la Iglesia católica, y en modos que muchos de nosotros hemos olvidado o nunca sabido. Cómo la Iglesia construyó la civilización occidental es una lectura esencial para redescubrir esta relegada verdad.

 

+++

 

"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

“¡Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!” (Sal 8, 2).

 

La belleza de la naturaleza nos recuerda que Dios nos ha encomendado la misión de "labrar y cuidar" este "jardín" que es la tierra (cf. Gn 2, 8-17).

 

En el Magnificat María nos habla también de sí, de su glorificación ante todas las generaciones futuras: «Ha puesto sus ojos en la humildad de su sierva. Por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada. Porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí». De esta glorificación de María nosotros mismos somos testigos «oculares». ¿Qué criatura humana ha sido más amada e invocada, en la alegría, en el dolor y en el llanto, qué nombre ha aflorado con más frecuencia que el suyo en labios de los hombres? ¿Y esto no es gloria? ¿A qué criatura, después de Cristo, han elevado los hombres más oraciones, más himnos, más catedrales? ¿Qué rostro, más que el suyo, han buscado reproducir en el arte? «Todas las generaciones me llamarán bienaventurada», dijo de sí María en el Magnificat (o mejor, había dicho de ella el Espíritu Santo); y ahí están veinte siglos para demostrar que no se ha equivocado.

 

Su fe indefectible que sostuvo la fe de Pedro y de los demás Apóstoles, durante más de dos mil años, siga sosteniendo la de las generaciones cristianas, aquella y siempre misma fe. Reina de los Apóstoles, ruega por nosotros. Amen ¡Gracias!

 

 

 

Gracias por venir a visitarnos

 

Recomendamos vivamente:

Europa y la Fe’. Editor: Ciudadela Libros. Autor: Hilaire Belloc.
Páginas: 237 - ISBN: 978-84-96836-23-5 -

En esta obra se trata con un realismo histórico apabullante el tema de Europa y su relación con la fe católica. No se debería desconocer este ensayo histórico admirable en que su autor explica cómo la Iglesia católica ayudó a salvar a Occidente, en las Edades oscuras, preservando lo mejor de la civilización griega y romana, y cómo los europeos, todavía hoy, nos beneficiamos de instituciones sociales y de forma políticas de indudable origen católico como los Parlamentos. Es muy posible que no se haya escrito una mejor visión de conjunto de la civilización occidental que este libro.

 

Recomendamos un libro fundamental ‘Islam para adultos’ Autor: Antonio López Campillo. Prólogo del doctor César VIDAL -Editorial ‘Adhara publicaciones’ 2005. Ejemplares en: 

 

 

Compendio del Catecismo de la Iglesia católica
La fe de los sencillos - Una síntesis fiel y segura del Catecismo de la Iglesia católica. Contiene, de modo conciso, todos los elementos esenciales y fundamentales de la fe de la Iglesia. 2005. ¡No falte en el bolsillo de cada cristiano para aprenderlo!

Creer, celebrar, vivir y orar, esta y no más es la fe cristiana desde hace 2000 años, enseñada por la Iglesia Católica sin error porque Cristo la ilumina y sólo Él la guía. 

 

 

Recomendamos vivamente: Título:¿Sabes leer la Biblia?

Una guía de lectura para descifrar el libro sagrado - Autor: Francisco Varo – MMVI. Marzo - Editorial: Planeta Testimonio

 

  «Cuando se silencia la fe, se arruina la vida». †

Imprimir   |   ^ Arriba

'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).