Friday 28 April 2017 | Actualizada : 2017-03-29
 
Inicio > Leyendas Negras > Europa - 2º lo que debe a la Iglesia Católica Jerusalén, Atenas y Roma; Volta

Quién, sino la Iglesia, a través de los monasterios, salvó la ciencia de los clásicos y la transmitió para el futuro; quién creó las universidades, sino la Iglesia; quién fue mecenas del arte y de la mejor cultura de Europa, sino la Iglesia; quién lo sigue siendo.

 

 

 

Desde la Edad Media, la Iglesia fundando las universidades, recuerda que ‘la Universidad’ jamás debe perder de vista su vocación particular a ser una "universitas", en la que las diversas disciplinas, cada una a su modo, se vean como parte de un unum más grande. ¡Cuán urgente es la necesidad de redescubrir la unidad del saber y oponerse a la tendencia a la fragmentación y a la falta de comunicabilidad que se da con demasiada frecuencia en nuestros centros educativos! El esfuerzo por reconciliar el impulso a la especialización con la necesidad de preservar la unidad del saber puede estimular el crecimiento de la unidad europea y ayudar al continente a redescubrir su "vocación" cultural específica en el mundo de hoy. Sólo una Europa consciente de su propia identidad cultural puede dar una contribución específica a otras culturas, permaneciendo abierta a la contribución de otros pueblos. 2007

 

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Europa descansa sobre tres colinas: la Acrópolis, el Capitolio y el Gólgota. Como ha hecho notar Brandmuller, buena parte   de las catástrofes del siglo XX -desde los conflictos bélicos de la Primera Guerra Mundial a los campos de extermino del Tercer Reich y el Archipiélago Gulag- son el resultado de la ruptura de Europa con sus orígenes. Jerusalén representa la concepción de que la Humanidad y el mundo existen en relación con Dios, el Creador. Atenas representa la primacía del intelecto. Roma, la arquitectura jurídica que vertebra las grandes creaciones normativas. El olvido de estas elementales verdades recuerda aquellas palabras de Qinto Septimio Severo: «Hay dos clases de ceguera que se combinan fácilmente: la de aquellos que no ven lo que es y la de los que ven lo que no es».
La tradición judeo-cristiana ha aportado a Europa el básico patrimonio común de derechos fundamentales. Los derechos del hombre no comienzan con la Revolución Francesa. Norberto Bobbio insiste en este punto, cuando afirma que el gran cambio en el reconocimiento del hombre como persona «tuvo inicio en Occidente con la concepción cristiana de la vida, según la cual todos los hombres son hermanos en cuanto hijos de Dios».

 

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Con la llegada del guerrero Mahoma e irrupción del mahometismo (islamismo-musulmán) en el siglo VII, no ha cesado el ataque a la civilización, a los fundamentos judeo-cristianos de Europa (Atenas Jerusalén Roma). A una nueva concepción de libertad, deberes y derechos. Del cristianismo, el alzar y valorar la inalienable dignidad de todo ser humano ‘hombre como mujer’. Esos hechos nos brindan una posibilidad de interpretar las Cruzadas como lo que fueron: una lucha por la supervivencia de Occidente, con la Cristiandad a la cabeza, por sus valores y méritos que progresivamente vamos gozando.

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A inicios del siglo VIII, España era un crisol de las culturas clásica, cristiana y germánica, y se hallaba situada a la cabeza de Occidente.
La invasión islámica aniquiló totalmente esa cultura e implicó un trastorno social sin precedentes.

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Los ataques de los seguidores del caudillo Mahoma, causaron destrucción y saqueos en Europa; parte del ‘Patrimonio cultural de la humanidad’, fue a cenizas para siempre.

 

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“A este punto, debería venir en nuestra ayuda el patrimonio cultural de Europa. Sobre la base de la convicción de la existencia de un Dios creador, se ha desarrollado el concepto de los derechos humanos, la idea de la igualdad de todos los hombres ante la ley, la conciencia de la inviolabilidad de la dignidad humana de cada persona y el reconocimiento de la responsabilidad de los hombres por su conducta. Estos conocimientos de la razón constituyen nuestra memoria cultural. Ignorarla o considerarla como mero pasado sería una amputación de nuestra cultura en su conjunto y la privaría de su integridad. La cultura de Europa nació del encuentro entre Jerusalén, Atenas y Roma; del encuentro entre la fe en el Dios de Israel, la razón filosófica de los griegos y el pensamiento jurídico de Roma. Este triple encuentro configura la íntima identidad de Europa. Con la certeza de la responsabilidad del hombre ante Dios y reconociendo la dignidad inviolable del hombre, de cada hombre, este encuentro ha fijado los criterios del derecho; defenderlos es nuestro deber en este momento histórico”.

VISITA AL PARLAMENTO FEDERAL - DISCURSO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Reichstagsgebäude, Berlín ?Jueves 22 de septiembre de 2011 - Alemania


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Benedicto PP XVI: «Cuando Europa escucha la historia del cristianismo, está escuchando su misma historia» 2009.09


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«El Evangelio es la fuerza más grande de transformación del mundo, pero no una utopía ni una ideología» Benedicto XVI - 09.V.MMXI


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Inventó la pila eléctrica: por él se mide en voltios 

Alessandro Volta, genio de la electricidad de misa y rosario diarios

 

P.J.G./ReL - 18 febrero 2015 

El "doodle" de Google, el dibujo animado que homenajea cada día en el buscador de Internet una efeméride, se ha fijado este 18 de febrero en el 270º aniversario del nacimiento del científico católico Alessandro Volta, inventor de la pila eléctrica.

 

Albert Einstein declaró en cierta ocasión que la "base fundamental de toda invención moderna" fue precisamente la creación de la pila eléctrica. Antes de ella, no había forma de almacenar electricidad, y ésta sólo se podía generar poniendo en marcha máquinas enormes con discos que se frotaban creando electricidad estática que se detenía en cuanto se paraban los discos.

 

Almacenar electricidad, y dominar así la energía eléctrica, fue la gran obra en 1799 del italiano Alessandro Volta, hombre de ciencia práctico y autodidacta, y cristiano fervoroso toda su vida, de misa y rosario diario, enemigo de las corrientes que intentaban mezclar magia y ciencia (cosa frecuente aún en el cambio del siglo XVIII al XIX) e inmune a la presiones anticlericales y anticatólicas del Enciclopedismo y la Revolución francesa.

 

Le costó empezar a hablar... luego fue genial

Su madre era hija de conde; su padre, de la alta burguesía. Al niño le costó hablar, y hasta los 7 años aún lo hacía con dificultades, pero luego su inteligencia despegó. Estudió con los jesuitas, tenía un genial interés en la investigación de la naturaleza y la física y a los 13 años dominaba el francés.

 

Su padre murió siendo él niño y con la familia empobrecida. Les apoyaron dos tíos clérigos: un canónigo y dos archidiáconos. Dos de sus hermanas se harían monjas. De sus hermanos, dos serían sacerdotes en la catedral de Como y otro sería dominico.

 

Los jesuitas vieron que el joven Volta tenía una espiritualidad sincera y profunda y tantearon su posible vocación religiosa, pero parte de la familia presionó para alejarlo de los ambientes jesuitas y acercarlo a estudios de leyes. Cuando acabó su bachillerato, Alessandro empezó su etapa de científico autodidacta.

 

Electricidad y magnetismo, juntos

En 1769, con 24 años, publicó su primer trabajo sobre electricidad y magnetismo, que veía que eran fuerzas relacionadas: De vi attractiva ignis elettrici ac phaenomenis independentibus. Dos años después diseña una máquina que genera electricidad estática "con discos y aislantes de madera bien tostados".

 

En 1775 construye una máquina que genera electricidad sin necesidad de fricción, que llamó "electróforo perpetuo" y enseguida se usó en todos los laboratorios físicos de Europa, haciendo famoso a Volta.

 

  

En 1799 crea la pila eléctrica, la comunica en 1800 en la Royal Society de Londres y la presenta en 1801 en el Institut de France, frente a Napoleón Bonaparte. Parece que Napoléon, en uno de sus gestos rimbombantes, raspó una inscripción en la biblioteca del Institut en la que se leía "Al gran Voltaire", quitando las tres últimas letras, para que se leyese "Al gran Volta".

 

Hombre sencillo y cercano

Alessandro Volta era ágil a la hora de publicar y difundir sus hallazgos y reclamar sus méritos, pero lo hacía sin polémicas gruesas, sin subir la voz y sin recurrir nunca a juicios y tribunales. Le gustaba tratarse con los campesinos de su tierra, comer con ellos y servirse con las manos en una época de nobles rococós y perfumados. Escribió, siendo ya famoso: "De entre las muchas cosas que deberían procurarme placer y que son hasta demasiado lisonjeras, yo no me jacto creyéndome más de lo que soy; a la vida acomodada por una vana gloria prefiero la tranquilidad de la vida doméstica".

 

Después de amores atormentados de juventud, se casó muy tarde, con 49 años, tuvo tres hijos y fue reconocido como buen padre y marido, volcado en su familia hasta que murió anciano, 33 años después.

 

El canónigo Gattoni, que lo conocía bien, escribió de él: "Raro carácter el de Volta que nunca se exaltaba; que no miraba de arriba abajo a nadie, como es costumbre de ciertos sabios; que era familiar, afable con todos, conformándose a la capacidad de cada uno sin desprecio; y que era deseado en cada clase social como alma vivificante de la sociedad. Sé quien se hizo su amigo, y traicionó su secreto, pero de él nadie pudo dolerse”.

 

Cantù, uno de sus biógrafos, escribió: " Escuchándolo conversar con su criada o charlando entre campesinos y con obreros, apenas habrías creído al afamado que era, sí le rebosaban aquellas bromas, que manan a menudo de un ánimo o soso o malvado, pero que de su labio llovían sin ofender a nadie, si no para recrear a un espíritu en los estudios cansado".

 

No le gustaba el uso de términos mágicos o esotéricos que muchos usaban en ámbitos académicos. En una carta de 1776 escribió: "Me asustó el título de un libro que me vino hacía tiempo de entre las manos: ´Archontologia Cósmica´. Me gustan los términos técnicos, los vocablos científicos, pero querría a veces que tuviesen menos de mágico, por no decir de diabólico". Se quejaba aquí del uso de palabras como "archontes", que son un tipo de ángeles o potestades espirituales, más ligados a libros de gnosticismo y brujería que al cristianismo.

 

Misa y rosario diarios

En sus cartas queda clara su vida espiritual intensa: Misa cotidiana, confesión y comunión frecuente, rezo cotidiano del rosario, estudios bíblico-teológicos y apologéticos...

 

Incluso siendo ya famoso dedicó tiempo como catequista para niños en la parroquia de San Donnino en Como.

 

Cantù lo describió así: "Encariñado con su religión, no sólo por costumbre, sino por sus largas meditaciones, no descuidó la delicia de la oración y las formas exteriores del culto, tampoco cuando la moda impuso que cada hombre no vulgar debiera no nutrir o mostrar desprecio por lo que un tiempo era sagrado a los padres".

 

Silvio Pellico, que era preceptor de los hijos de los condes Porri y era prácticamente ateo, quedó impresionado por una charla sobre la fe que tuvo con Volta y sembró en él las semillas de la fe, que llevarían a su conversión años después, como contaría Pellico en una carta de 1815.

 

"Estoy seguro de nunca haber dejado la fe"

Volta mismo escribió al canónigo Ciceri de su ciudad de Como admitiendo que en su vida cometió pecados, pero intentó ser siempre fiel a la fe: "He faltado, es cierto, en las buenas obras de cristiano católico y soy culpable de muchas culpas, pero por gracia especial de Dios no me parece de haber faltado gravemente de fe, y estoy seguro de no haberla abandonado nunca. Si aquellas culpas y desórdenes míos han dado lugar a sospechar en mí también la incredulidad, declaro abiertamente a cada cual y estoy listo a declarar en cada encuentro, y a toda costa, que he tenido siempre y tengo por única verdadera e infalible esta Santa Religión, agradeciendo sin fin al buen Dios de haberme infundido tal fe en que me propongo vivir y morir con firme esperanza de conseguir la vida eterna."

 

En 1814 murió su hijo mediano, que tenía 18 años y parecía poder ser su heredero intelectual. Se hundía el mundo napoleónico. Fue abandonando el mundo público y sus honores, se centró en intensificar su unión con Dios, apartado en su granja de campo en Camnago desde 1819 y murió allí en 1827.

 

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La Historia es testigo de lo dicho: auténticas joyas históricas y artísticas del patrimonio mundial de la humanidad, –sobre todo cristianas-, han sido destruidos por los musulmanes, y en Europa, con particular perfidia.

 

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La Iglesia católica ayudó a salvar a Occidente, en las Edades oscuras, preservando lo mejor de la civilización griega y romana, y cómo los europeos, todavía hoy, nos beneficiamos de instituciones sociales y de forma políticas de indudable origen católico como los Parlamentos.

La Iglesia no es enemiga de la historia, ni mucho menos. Es, si acaso en estos momentos de memorias como amnesias y de amnesias como memorias, la institución que, una vez más, está empeñada en salvar la historia, preservar la historia. A este paso, la verdad de la historia terminará por refugiarse entre los muros de lo sagrado, como aquel tiempo en el que el saber clásico greco-latino se refugió entre las tapias de las abadías y de los monasterios. 2008-02-29

 

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Claves del pasado de Tarazona - España. Porque la arqueología también ha estado presente como paso previo a la intervención en determinadas zonas de la Catedral. Eso ha permitido encontrar, por ejemplo, pavimentos romanos que hablan del veterano pasado de esta localidad zaragozana en vecindad con Navarra.

El origen, el gótico del siglo XII

El primer templo con su cruz (cruz de Cristo es patrimonio universal de perdón y misericordia), el antecedente inmediato de la actual catedral, empezó a ser construido en el siglo XII y consagrado a principios del XIII. Era de estilo gótico. Pero la Guerra de los Pedros lo arruinó un par de siglos después. Tarazona procedió a raíz de aquello a reconstruir el templo, lo que acabaría siendo la actual catedral. Corría el siglo XIV y el arte mudéjar estaba en pleno esplendor. Así que la catedral de Tarazona se diseñó siguiendo los gustos del mudéjar, convirtiéndose de esa forma en un elemento singular, único, en el catálogo catedralicio español. Las obras se prolongaron hasta finales del siglo XVI, que fue cuando se remató el último cuerpo de la torre.

 

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¿Cuándo nació España?

Para saberlo basta observar la actualidad: un país con un idioma común de origen latino, tradición cultural y religiosa cristiana (católica), derecho basado en el romano y mil costumbres y tradiciones del mismo origen. Frente a estos rasgos esenciales, las incrustaciones de otras culturas, como la musulmana, no pasan de anecdóticas.

Esta realidad se ha formado a lo largo de muchos siglos. En concreto, desde la invasión romana, que homogeneizó étnica y culturalmente casi toda Hispania, superando su caótica división anterior. España es, indiscutiblemente, un producto cultural de Roma. El proceso se completó con el reino godo a partir de Leovigildo, que sobre la base latina construyó una nación política, la primera de Europa occidental tras la caída del imperio romano. La presión unitaria vino, por cierto, de la mayoría hispano romana, su organización cívico-religiosa y de los reyes, más que de una nobleza goda intrigante y afecta a costumbres bárbaras. Esa nobleza causó la división que provocaría la "pérdida de España".

La nación española surgió entonces. Sin ella, la Reconquista habría resultado imposible y España habría corrido la suerte del norte de África, cuya cultura latina quedó reducida a arqueología por las invasiones árabes. O habría quedado como un mosaico de nacioncillas y taifas enfrentadas entre sí, al estilo de los Balcanes.

Basta mirar a la España de hoy para entender su origen. Sin embargo toda una corriente "progresista" se empeña en negar la evidencia, en menospreciar el legado latino o la herencia política goda, condenando la Reconquista y destacando la influencia islámica... contra la cual, precisamente, volvió a imponerse la tradición romana y goda que recuperó una España europea frente a un Al Ándalus africano. Curioso: esa corriente coincide con la que presenta al Frente Popular como gobierno republicano y legítimo. Botaratadas seudohistóricas.

Pío MOA. 2008.IX. 3 de Septiembre de 2008 - 10:33:29 - Pío Moa – L.D.Esp.

 

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La libertad de pensamiento y de expresión constituye la gran conquista occidental, que hoy día es patrimonio del mundo entero. Todo intento de constreñir ese pensamiento que se atiene exclusivamente a la evidencia supone un atentado contra la dignidad de la persona humana. Confundir la enseñanza con el adoctrinamiento y la información con la propaganda implica un retroceso en lo que constituye la base de nuestra civilización. Donde está el espíritu, allí se encuentra la libertad.

 

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La Cultura Occidental se basa en cuatro pilares fundamentales: la Filosofía griega, el Derecho Romano, el Cristianismo -y su concepto de la dignidad humana- y la evolución constante y en paralelo del pensamiento, la ciencia y la creación artística.

Sobre estas cuatro columnas, con las diferentes variantes que han ido introduciendo las distintas culturas de los pueblos que viven desde el Atlántico a los Urales y desde los Mares del Norte al Mediterráneo, se conformó con el paso del tiempo un todo que ha llegado a crear un conjunto de conceptos comunes, en los que destaca la valoración de la dignidad del ser humano como individuo único e irrepetible, pero integrado en la sociedad de la que forma parte.

 

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‘El medioevo cultural y la Iglesia Católica con sus instituciones, cuna y protección de los grandes clásicos griegos y romanos’.

Boecio*, nacido en Roma en torno al año 480 en una familia noble y fue senador a los veinticinco años. No obstante la actividad pública, no descuidó los estudios, dedicándose particularmente a la profundización de temas filosófico-religiosos. Su obra principal es el De consolatione philosophiae, que compuso mientras estuvo encarcelado injustamente. En ella se esfuerza por convencer a los hombres para que orienten su vida hacia Dios, fin y principio de toda criatura.

Marco Aurelio Casiodoro fue contemporáneo de Boecio. Calabrés, nacido en Squillace, hacia el año 485. Casiodoro, quien con el fin de conservar y transmitir el inmenso patrimonio cultural del Imperio romano fundó Vivarium, un monasterio organizado de tal modo que se estimase como precioso e irrenunciable el trabajo intelectual de los monjes, sin olvidar la espiritualidad monástica y la caridad para con los pobres. En sus enseñanzas, particularmente en las obras De anima e Institutiones divinarum litterarum, ocupa un lugar central la oración, nutrida de la Sagrada Escritura. De igual modo, pone la búsqueda y la contemplación de Dios como fin principal de la vida monástica. 2008.III.12 Vat.

* Boecio aprendió --y nos lo enseña a nosotros-- a no caer en el fatalismo, que apaga la esperanza. Nos enseña que no gobierna el hado, sino la Providencia y ésta tiene un rostro. Con la Providencia se puede hablar, porque la Providencia es Dios. De este modo, incluso en la cárcel, le queda la posibilidad de la oración, del diálogo con Aquel que nos salva. Al mismo tiempo, incluso en esta situación, conserva el sentido de la belleza de la cultura y recuerda la enseñanza de los grandes filósofos antiguos, griegos y romanos, como Platón, Aristóteles --había comenzado a traducir a estos griegos al latín--, Cicerón, Séneca, y también poetas como Tibulo y Virgilio.

La filosofía, en el sentido de la búsqueda de la verdadera sabiduría, es, según Boecio, la verdadera medicina del alma (Libro I). Por otra parte, el hombre sólo puede experimentar la auténtica felicidad en la propia interioridad (libro II). Por este motivo, Boecio logra encontrar un sentido al pensar en la propia tragedia personal a la luz de un texto sapiencial del Antiguo Testamento (Sabiduría 7, 30-8, 1) que él cita: «contra la Sabiduría no prevalece la maldad. Se despliega vigorosamente de un confín al otro del mundo y gobierna de excelente manera el universo» (Libro III, 12: PL 63, col. 780).

 

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Afirma Chesterton que «nadie puede entender la grandeza del siglo XIII sin parar mientes en que lo que entonces ocurrió fue un desarrollo de cosas nuevas producido por algo viviente. En ese sentido fue realmente más valiente y libre que lo que llamamos Renacimiento, que fue una resurrección de cosas viejas, descubiertas en algo sin vida. En ese sentido el medievalismo no fue un renacimiento, sino más bien un nacimiento. No moldeó sus templos sobre las tumbas ni invocó a los dioses muertos de Hades. Produjo una arquitectura tan nueva como la ingeniería moderna, y en verdad que aún está siendo la más moderna arquitectura. Sólo que en el Renacimiento fue seguido por la arquitectura más anticuada. En ese sentido el Renacimiento podía llamarse el Relapso. Dígase lo que se quiera del Gótico y el Evangelio, según Santo Tomás, ellos no fueron un relapso. Fue un gran empuje similar al esfuerzo titánico de la ingeniería gótica, y su fortaleza estaba en un Dios que hace nuevas todas las cosas» (Ib. 33).


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-¿Qué ha aportado España a Europa?

-España salva el catolicismo en Europa Y aporta la ciencia, los descubrimientos, la persona, los derechos humanos y el parlamentarismo. Contra lo que se cree, aquí surgieron las primeras Cortes. En el siglo XIII, Simón de Montfort, conde Leicester, descubrió peregrinando a Santiago que aquí se hacía algo importante: a los Concilios -llamados Cortes-, accedían no sólo la nobleza y el clero sino también los procuradores de las ciudades. Después creó la Cámara de los Comunes.

 

-¿Se puede decir que el cristianismo llegó a identificarse con Europa?

-Sin el cristianismo, Europa no sería lo que es. Sus raíces están ahí porque, en lugar de romper con todo lo anterior para imponer lo suyo, supo recoger la herencia grecolatina. No se da un gran salto. El cristiano es Séneca o es Platón y eso es admirable. Eso no pasó a los musulmanes.

 

-¿Y que aportó a América?

-Es fácil constatar lo que España dio a América: el caballo y todos los valores del caballero y la religión. Los Reyes Católicos impiden que el descubrimiento pueda ser únicamente una conquista, sino algo más. No fue colonizada, se convierte en el hermano ganado. España crea naciones, no colonias. En eso se diferencia de lo que hizo después Europa. La labor de Iglesia en América fue enorme.

http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=24708 – Sep.2012


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La cristiandad al servicio de la cultura en el progreso del saber, y en el mejorar adelantos para bien razonar.

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«Mientras los eruditos europeos aprendieron griego para leer los textos originales, los árabes los tradujeron a su lengua. El cristianismo es la única religión que conozco que ha respetado las demás tradiciones y las ha integrado como distintas». Cita del filósofo francés Rémi Brague; pronunció una conferencia en la Universidad de Navarra – 2005

 

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El 26 de octubre de 1546 se pronunció uno de los discursos más importantes, en la historia de la humanidad, sobre la libertad y la dignidad humanas. Fue el teólogo español Diego Laínez, que luego llegaría a ser Prepósito General de la Compañía de Jesús, quien con sus palabras marcaría esa sesión del Concilio de Trento, hasta el punto de que, en las actas de este sínodo, este discurso es el único que se conserva íntegro junto a las decisiones de los padres conciliares.

Curiosamente la propaganda de la cultura dominante de los últimos siglos machaconamente insiste en hacer pasar al Concilio tridentino como algo represor y contrario a la libertad humana, cuando en realidad fue todo lo contrario. Difícilmente se encontrarán afirmaciones más tajantes y contundentes en la afirmación de la libertad, dignidad y destinos del hombre. La lástima es que nos tragamos la propaganda y ahí está su fuerza, en nuestra irreflexión.

 

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La Comisión de expertos encargada de analizar un boceto de Miguel Ángel Buonarrotti para la construcción de la cúpula de la basílica de San Pedro, que fue hallado la semana pasada en el Vaticano, ha emitido su opinión positiva unánime sobre la autenticidad del manuscrito. Data de 1563, cuando Miguel Ángel, cercano a los 90 años, seguía tomando decisiones sobre la construcción de la cúpula. Es el último diseño conocido del artista. 2007-12-28

 

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Por la libertad, el saber, la razón y la fe. A propósito de universidad (y de «oscurantismo»): habrá pues un motivo si, a principios del siglo XVII, cuando Galileo tenía unos cuarenta años y se hallaba en plena actividad investigadora, había en Europa 108 universidades -esta típica creación de la Edad Media católica-, algunas más en las Américas españolas y portuguesas y ninguna en territorios no cristianos. Y también habrá una razón si las obras matemáticas y geométricas de la antigüedad (principalmente la obra de Euclides), que han constituido la base fundamental para el desarrollo de la ciencia moderna, nos han llegado sólo gracias a las copias de monjes benedictinos y, una vez inventada la tipografía, gracias a libros impresos siempre por religiosos. Alguien ha señalado incluso que, precisamente a principios de este siglo XVII, un Gran Inquisidor de España creó en Salamanca la Facultad de Ciencias Naturales, donde se enseñaba, apoyándola, la teoría copernicana... Historia compleja, como se puede ver. Mucho más compleja de la que generalmente nos cuentan. Habrá que volver sobre ello. Vittorio MESSORI

 

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¡Omitir voluntariamente la realidad, es peor que la ignorancia!

 

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«Europa ha nacido de la cruz, del libro y del arado» Pablo PP. VI.

"La construcción europea necesita la voluntad y la determinación de las autoridades para basar la Unión sobre valores comunes que se funden en las raíces cristianas de los distintos pueblos, que son una realidad incuestionable de la historia y cultura europeas". "La aportación decisiva del cristianismo y de la visión cristiana del hombre a la historia y a la cultura de diferentes países forma parte del tesoro común, y parece lógico que esto sea inscrito en el proyecto de la Convención Europea", explicó Juan Pablo II, en palabras de su portavoz, Navarro Valls. 01.XI.2002

 

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La Iglesia Católica - y Europa -

síntesis viva de Jerusalén, Atenas y Roma

 

 año 510 a.C. etrusco - Italia

 

El profesor Francesco D’Agostino pronunció este verano, en los Cursos de Verano de El Escorial, una conferencia de permanente actualidad, sobre Raíces y futuro de la identidad Europea.
Ésta es una síntesis de sus ideas esenciales:

 

«En una época que aparece como un tiempo de pérdida de la memoria y de la herencia cristiana, la Iglesia –afirma el Papa–– advierte de la responsabilidad y la urgencia de ayudar a Europa a construirse a sí misma, revitalizando las raíces cristianas que le dieron origen».
Toda cultura tiende a afirmarse a sí misma. El antropocentrismo que caracteriza a la identidad europea tiene una raíz compleja: ha nacido de la síntesis de tres grandes dinámicas, cada una de las cuales, tomada aparte, por sí misma, no tiene connotaciones propiamente definibles como europeas: me refiero al espíritu hebraico, al griego y al latino. La aportación de Jerusalén a la cultura europea consiste en la transformación del sentido del tiempo, el sentido de la Historia, como temporalidad abierta y orientada. La aportación de Atenas a la identidad europea consiste en la percepción del logos. Este logos no se refiere sólo a la razón abstracta y calculadora, ni se reduce a la, por otra parte, fascinante razón dialógica, que puede traducirse en dialéctica; para los griegos, percibir el logos significa, sobre todo, que la realidad tiene un fundamento estable, que le es posible al hombre conocer, y que en ese conocer consiste su dignidad específica.
Si la Historia proviene de Jerusalén y el logos proviene de Atenas, de Roma proviene el Ius, el Derecho. Pertenece exclusivamente a la idea romana del Ius el hecho de que lo justo es, en sí y de por sí, estable. La tensión hebrea hacia la unificación de la Historia, y la universalidad abstracta del logos griego, encuentran en el universalismo romano su completa y definitiva encarnación: sólo en la civitas, en la objetividad de sus leyes, en la estabilidad de su ordenamiento, pueden todos los hombres comunicarse usando el lenguaje del Derecho. La Historia, el logos y el Derecho constituyen, pues, una especie de trinidad que garantiza la comunicación, como presupuesto y como objetivo de lo humano.
La comunicación de la que hablo posee un nombre específico e ineludible: catolicidad. La Iglesia católica ha sido históricamente la síntesis viva de Jerusalén, Atenas y Roma, no por mandato explícito y dogmático de su fundador, sino por la fuerza intrínseca de su mensaje. En este sentido es en el que las raíces culturales de Europa hay que considerarlas sintéticamente cristianas, y no genéricamente consideradas como hebreas, griegas, romanas o germánicas. El cristianismo ha unificado antropológicamente a Europa, igual que ha unificado antropológicamente al género humano, porque ha asumido y mantenido juntos el sentido de la Historia, del logos y del Derecho que Jerusalén, Atenas y Roma contribuyeron, sí, a crear, pero que no hubieran sido capaces, cada cual por sí sola, de convertir en una dimensión de experiencia universal.
Esta conclusión resulta ciertamente irritante a los ojos de aquellos que, en nombre de un pluralismo, cuando no de un relativismo cultural exasperado, no logran sintetizar un antropocentrismo que no tenga carácter particular. La experiencia histórica y espiritual de Europa va, en cambio, justamente en la dirección contraria: aunque en sus singulares y específicas etnias Europa manifiesta una extraordinaria variedad y riqueza, en sus valores constitutivos Europa se ha manifestado como un grandioso laboratorio metacultural. 2004-01-09

 

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SENTIDO CATÓLICO DE LA IGLESIA – aº

 

16. No es solamente el contenido evangélico de la doctrina anunciada por los santos Cirilo y Metodio lo que merece un particular relieve. Para la Iglesia de hoy es también muy expresivo e instructivo el método catequético y pastoral que ellos aplicaron en su actividad apostólica entre pueblos que todavía no habían visto celebrar los divinos Misterios en su lengua nativa, ni habían oído todavía anunciar la Palabra de Dios de una manera plenamente afín a su mentalidad y en el respeto de sus propias condiciones de vida.

Sabemos que el Concilio Vaticano II, hace veinte años, tuvo como objetivo principal el de despertar la autoconciencia de la Iglesia y, mediante su renovación interior, darle un nuevo impulso misionero en el anuncio del eterno mensaje de salvación, de paz y de reciproca concordia entre los pueblos y naciones, por encima de todas las fronteras que todavía dividen nuestro planeta destinado por voluntad de Dios creador y redentor, a ser morada común para toda la humanidad. Las amenazas, que en nuestros días se ciernen sobre el mundo, no pueden hacer olvidar la profética intuición del papa Juan XXIII, que convocó el Concilio con la intención y convicción de que con él se podría preparar e iniciar un período de primavera y resurgimiento en la vida de la IgIesia.

Y, en tema de universalidad, el mismo Concilio, entre otras cosas, se expresó así: « Todos los hombres están llamados a formar parte del nuevo Pueblo de Dios. Por lo cual, este pueblo, sin dejar de ser uno y único, debe extenderse a todo el mundo y en todos los tiempos, para así cumplir el designio de la voluntad de Dios, quien en un principio creó una sola naturaleza humana, y a sus hijos, que estaban dispersos, determinó luego congregarlos (cf. Jn 11, 52)... La Iglesia o el Pueblo de Dios, introduciendo este reino, no disminuye el bien temporal de ningún pueblo; antes, al contrario, fomenta y asume, y al asumirlas, las purifica, fortalece y eleva todas las capacidades y riquezas y costumbres de los pueblos en lo que tienen de bueno ... Este carácter de universalidad que distingue al Pueblo de Dios, es un don del mismo Señor ... En virtud de esta catolicidad, cada una de las partes colabora con sus dones propios con las restantes partes y con toda la Iglesia, de tal modo que el todo y cada una de las partes aumenten a causa de todos los que mutuamente se comunican y tienden a la plenitud en la unidad ».28

 

17. Podemos afirmar con toda tranquilidad que una visión así, tradicional y a la vez muy actual, de la catolicidad de la Iglesia —sentida como una sinfonía de las diversas liturgias en todas las lenguas del mundo, unidas a una única liturgia, o como un coro armonioso que, sostenido por las voces de inmensas multitudes de hombres, se eleva según innumerables modulaciones, timbres y acordes para la alabanza de Dios, desde cualquier punto de nuestro globo, en cada momento de la historia—, corresponde de modo particular a la visión teológico y pastoral que inspiró la obra apostólica y misionera de Constantino Filósofo y de Metodio, y favoreció su misión entre las naciones eslavas.

En Venecia, ante los representantes de la cultura eclesiástica que, apegados a un concepto más bien angosto de la realidad eclesial, eran contrarios a esta visión, san Cirilo la defendió con valentía, indicando el hecho de que muchos pueblos habían introducido ya en el pasado y poseían una liturgia escrita y celebrada en su propia lengua, como « los Armenios, Persas, Abasgos, Georgianos, Sugdos, Godos, Avares, Tirsos, Jázaros, Arabes, Coptos, Sirianos y otros muchos ».29

Recordando que Dios hace salir el sol y hace caer la lluvia sobre todos los hombres sin excepción,30 él decía: « ¿no respiramos acaso todos el aire del mismo modo? Y vosotros no os avergonzáis de establecer sólo tres lenguas (hebreo, griego y latín) decidiendo que todos los demás pueblos y razas queden ciegos y sordos. Decidme: ¿defendéis esto, porque consideráis a Dios tan débil que no pueda concederlo, o tan envidioso, que no lo quiera? ».31 A las argumentaciones históricas y dialécticas que se le presentaban, el Santo respondía recurriendo al fundamento inspirado por la Sagrada Escritura: « Toda lengua confiese que Jesucristo es Señor para gloria de Dios Padre »;32 « póstrese toda la tierra ante ti y entone salmos a tu nombre »;33 « alabad a Yavé las gentes todas, alabadle todos los pueblos ».34

 

 

18. La Iglesia es también católica porque sabe presentar en cada contexto humano la verdad revelada, custodiada intacta por ella en su contenido divino, de manera que se haga accesible a los modos de pensar elevados y a las justas aspiraciones de cada hombre y de cada pueblo. Por otra parte, todo el patrimonio de bien, que cada generación trasmite a la posteridad junto con el don inestimable de la vida, constituye como una variopinta e inmensa cantidad de teselas que componen el vivo mosaico del Pantocrátor, el cual se manifestará en su total esplendor sólo en la parusía.

El Evangelio no lleva al empobrecimiento o desaparición de todo lo que cada hombre, pueblo y nación, y cada cultura en la historia, reconocen y realizan como bien, verdad y belleza. Es más, el Evangelio induce a asimilar y desarrollar todos estos valores, a vivirlos con magnanimidad y alegría y a completarlos con la misteriosa y sublime luz de la Revelación.

La dimensión concreta de la catolicidad, inscrita por Cristo el Señor en la constitución misma de la Iglesia, no es algo estático, fuera del dato histórico y de una uniformidad sin relieve, sino que surge y se desarrolla, en un cierto sentido, cotidianamente como una novedad a partir de la fe unánime de todos los que creen en Dios uno y trino, revelado por Jesucristo y predicado por la Iglesia con la fuerza del Espíritu Santo. Esta dimensión brota espontáneamente del recíproco respeto —propio de la caridad fraterna— hacia cada hombre y cada Nación, grande o pequeña, y por el reconocimiento leal de los atributos y derechos de los hermanos en la fe.

 

19. La catolicidad de la Iglesia se manifiesta también en la corresponsabilidad activa y en la colaboración generosa de todos en favor del bien común. La Iglesia realiza en todas partes su propia universalidad acogiendo, uniendo y elevando, en el modo en que le es propio y con solicitud maternal, todo valor humano auténtico. Al mismo tiempo, ella se afana, en cualquier área geográfica y en cualquier situación histórica, en ganar para Dios a cada hombre y a todos los , hombres, para unirlos entre sí y con EL en su verdad y en su amor.

Cada hombre, cada nación, cada cultura y civilización tienen una función propia que desarrollar y un puesto propio en el misterioso plan de Dios y en la historia universal de la salvación. Este era el modo de pensar de los dos santos hermanos: Dios « clemente y compasivo,35 esperando que todos los hombres se arrepientan, para que todos sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad,36 no permite que el género humano sucumba a la debilidad y perezca, cayendo en la tentación del enemigo, sino que en todos los años y tiempos no cesa de concedernos una gracia múltiple, desde el origen hasta hoy, del mismo modo: antes, por medio de los patriarcas y de los padres y, después de ellos, por medio de los profetas; y más tarde por medio de los apóstoles y de los mártires, de los hombres justos y de los doctores, que El escogió de en medio de esta vida tempestuosa ».37

 

 

20. EL mensaje evangélico, que los santos Cirilo y Metodio tradujeron para los pueblos eslavos, recogiendo sabiamente del tesoro de la Iglesia « cosas antiguas y nuevas »,38 fue transmitido mediante el anuncio y la catequesis en conformidad con las verdades eternas y adaptándolo, al mismo tiempo, a la situación histórica concreta. Gracias a los esfuerzos misioneros de ambos Santos, los pueblos eslavos pudieron, por primera vez, tomar conciencia de su propia vocación y participar en el designio eterno de salvación del mundo. Con esto reconocían también el propio papel en favor de toda la historia de la humanidad creada por Dios Padre, redimida por el Hijo Salvador e iluminada por el Espíritu Santo. Gracias a este anuncio, aprobado en su tiempo por las autoridades de la Iglesia —los Obispos de Roma y los Patriarcas de Constantinopla— los eslavos pudieron sentirse, junto con las otras naciones de la tierra, descendientes y herederos de la promesa hecha por Dios a Abrahán.39 De este modo, y gracias a la organización eclesiástica creada por san Metodio y a la conciencia de la propia identidad cristiana, ellos ocuparon el lugar que les estaba destinado en la Iglesia , establecida también ya en aquella parte de Europa. Por ello, sus actuales descendientes conservan un recuerdo grato e imperecedero de aquél que vino a ser el eslabón que los une a la cadena de los grandes heraldos de la divina Revelación del Antiguo y del Nuevo Testamento: « Después de todos éstos, en nuestros tiempos, Dios misericordioso suscitó para la buena empresa en favor de nuestro pueblo —de quien antes nadie se había preocupado—, a nuestro maestro el bienaventurado Metodio, cuyas virtudes y luchas nosotros las comparamos una por una y son sonrojarnos, a las de tales hombres gratos a Dios ».40

28 Conc. Ecum. Vatic. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 13.

29 Vita Constantini XVI, 8: ed. cit., p. 205.

 

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La re-evangelización de Europa

 

        Es sabido que fueron los monjes irlandeses quienes re-evangelizaron Europa, y llevaron por primera vez la fe cristiana a muchos y distantes lugares. La obra que llevaron a cabo constituye un hecho singular en la historia de la Iglesia.

 

La Iglesia celta de Irlanda 

        La evangelización apostólica que por el Este había llegado a las fronteras de España pronto continúo su expansión hacia las costas de Irlanda. La tradición y enseñanza de los apóstoles prosiguió su migración hacia el norte, bordeando el perímetro atlántico de la autoridad de la Iglesia de Roma, hasta que, entre mediados de los siglos V y VII, encontró su expresión más completa en Europa en la Iglesia celta de Irlanda.

 

        Durante los primeros siglos de la era cristiana, Irlanda estuvo en gran parte aislada del resto de Europa. La geografía y la topografía se encargaron de hacerla inmune a las invasiones teutónicas: de los sajones, por ejemplo, que ocuparían Inglaterra y enfrentarían a un cristianismo todavía joven. Aislada por el mar que lleva su nombre, Irlanda siguió siendo un refugio, un puerto seguro. Y durante la baja Edad Media, pasó a ser el verdadero centro del saber de la totalidad de Europa. Mientras el continente, e incluso Inglaterra, se veían asolados por conflictos y desórdenes, Irlanda era un bastión del estudio, de la cultura, de la civilización. Estudiosos que huían de los cataclismos de otras partes se congregaban en Irlanda. Numerosísimos manuscritos fueron transportados allí para tenerlos en lugar seguro y poder copiarlos. Con sus amplias bibliotecas, los monasterios irlandeses atraían a estudiantes de todo el mundo.

 

        Aunque no hay duda que junto a esto se llevó a cabo una labor misionera, el saber gozaba de una prioridad todavía más elevada. Los cristianos gravitaban hacia Irlanda para sumergirse en las enseñanzas del pasado y para descubrir, en el aislamiento y la paz de la isla, su propia comunión íntima con Dios. Durante esta época eclesiásticos de todo el mundo cristiano se formaron en Irlanda. Lo mismo hicieron miembros pertenecientes a distintas casas nobles y reales. A mediados del siglo VII, Dagoberto II, una de las figuras centrales en el misterio de Rennes-le-Cháteau, se crió y educó en el monasterio de Síane, justo al Norte de lo que actualmente es Dublín.

           

        Durante este período, a menudo la comunicación entre Irlanda y Roma era difícil, pero nunca se encontró completamente incomunicada, como a veces afirmaban los historiadores de la religión en el siglo XIX, tratando de explicar con ello el carácter heterodoxo de la Iglesia celta. Irlanda fue siempre, ya desde sus comienzos, semper fidelis.

 

        No se sabe cuándo se instauró el cristianismo en Irlanda. Según Gildas, cronista del siglo VI, durante la época del emperador Tiberio, que murió en el año 37 d.C., había «cristianos» en Inglaterra. Esto es difícil de verificar y parece un poco prematuro, pero, dado el constante tráfico marítimo, no es del todo imposible. En cualquier caso, alguna forma de «cristianismo» debió de llegar a Inglaterra con pocos años de diferencia respecto del período señalado por Gildas.

 

        En el año 200 d.C., Tertuliano, escritor eclesiástico, deja bien claro que ya hay algún tipo de comunidad cristiana arraigada en las Islas Británicas, no sólo en la romanizada Inglaterra, sino también en regiones «inaccesibles para los romanos». Es poco probable que Tertuliano se refiera a Escocia. Es casi seguro que se refiere a Gales y, quizás también a Irlanda.

 

        Ciertamente, a principios del siglo V, el cristianismo comenzaba en Irlanda. Alrededor del año 413, Paladio se convirtió en el primer obispo de la isla. Un año después, le sucedió el monje de Northumberland al que hoy día se conoce por el nombre de San Patricio. La labor evangelizadora de Patricio fue extraordinaria, se desarrolló en todo el país con un éxito y un fruto impresionante, pero principalmente en el norte tuvo su epicentro. Convirtió Irlanda a la fe católica.

 

 

 

Inicio del monaquismo celta.

 

        Después de la muerte de San Patricio en Irlanda había quedado una cristiandad floreciente. La misión de San Patricio había dejado colegios establecidos en Armagh bajo Beningnus, escuelas en Kildare, Noendrum y Louth. De estos colegios salieron numerosos sacerdotes y obispos durante el siglo V que vivían en comunidad, predicaban al pueblo, administraban los sacramentos, realizaban controversias, etc. Muchos de estos prontamente buscaron la soledad y el silencio en los bancos de los ríos, en los recesos de los bosques  y en aquellos lugares aislados donde pudiesen proveerse de mínima comida, agua para beber y tierra para cultivar. Allí se dirigían en búsqueda de mortificación y oración. Literalmente muchos muy pronto se constituyeron en monjes, pues vivían solos con Dios.

 

        Así fue como los grandes monasterios celtas nacieron casi espontáneamente. Al principio hombres y mujeres se establecían en lugares solitarios sin ninguna intención de formar una gran comunidad. Normalmente un eremita construía una celda en un lugar de soledad y limpiaba un área de tierra sobre la cual podría cultivar su comida. Gradualmente otros se unían aclarando cada vez más el área y colocando sus celdas no muy lejos unas de otras. Con el crecer de la comunidad normalmente era construida una Iglesia, donde se juntaban solamente para rezar y para los oficios litúrgicos. Al principio estas comunidades eran pequeñas, de no más de diez personas, pero con el correr del tiempo llegaron a ser de cientos e incluso de miles. En estos casos eran regidas por abades que eran conocidos como sabios directores espirituales  La vida era en completa soledad, solamente se encontraban una vez al día para la oración y la Santa Misa, tenían sus propios lugares de oración, trabajo y estudio, delimitados alrededor de sus celdas. El rezo de los salmos y la Santa Misa era el centro de la vida de oración. Normalmente los monjes conocían estos libros de memoria. Vivían vida de absoluto silencio, ayuno y penitencia. En algunas reglas que se conservan, aparecen prácticas de oración, de gran penitencia, como el permanecer por varias horas en el agua helada

 

        Notables ejemplos de estos centros monásticos fueron Clonard, fundado por San Finian, Clonfert por San Brendan, Bangor por San Comgall, Clonmacnois por San Kieran, Arram por San Enda y en el siglo VII Lismore por San Cartago y Glendalogh por San Kevin.

 

        Los hombres santos que trabajaron con San Patricio e inmediatamente lo sucedieron fueron principalmente obispos y fundadores de iglesias; muchos en el siglo VI fundaron monasterios y muchos fueron anacoretas que amaban la soledad, el silencio, la oración continua y las austeridades rígidas. Tal fue la labor de los sucesores de San Patricio al punto que, a fines del siglo VI el paganismo había prácticamente desaparecido de la Isla y las escuelas bárdicas fueron superadas por las escuelas monásticas. Estas escuelas eran frecuentadas por los irish (= irlandeses) de mayor rango y a menudo jefes de Bretaña y Normandía  desde muy temprana edad enviaban sus hijos a los monasterios de Irlanda. A principio del siglo VII Irlanda, a raíz de la fama de sus monasterios, recibió el mérito y el nombre de “la Isla de los Santos y de los Sabios”.

 

        Las mujeres no se quedaron atrás en este impresionante desarrollo. Santa Brígida de Irlanda, Santa Ila, Santa Ranchea y otras fundaron muchos conventos donde se aislaban piadosas mujeres para la vida de oración y penitencia

 

        Fue así como poco a poco, siguiendo la impronta de San Patricio, Irlanda se convirtió en un centro de saber y erudición. Con la posible excepción de Roma, no había en Europa ningún lugar comparable. A decir verdad, en muchos aspectos sólo Bizancio igualaba a Irlanda. En Irlanda, como en el Oriente Medio, el saber y la erudición eran parte integrante del sistema monástico, y las bibliotecas irlandesas pasaron a ser depositarias de material procedente de todo el mundo conocido. Durante los primeros años del siglo VII, los monasterios irlandeses ejercieron el monopolio virtual de la enseñanza del griego. También se estudiaban muchos autores paganos. La Iglesia celta no repudió la herencia cultural pre-cristiana de la propia Irlanda. La tradición de los bardos, por ejemplo, encontró refugio en dicha Iglesia y se conservó gracias a ella, si bien fue superada y absorbida por la misma. El propio san Colombano, después de hacerse monje, vivió y estudió con un bardo en Leinster. Más adelante se erigió en paladín de la causa de los bardos cuando sus escuelas y enseñanzas fueron atacadas.

 

        Rápidamente sus retiros eran invadidos por otros ansiosos de compartir sus estilos de vida, sus penitencias y sus vigilias y para aprender la sabiduría a sus pies. Así surgieron las escuelas monásticas de Irlanda donde se formaron los hijos de los cristianos de la Isla y también de Europa. Estas escuelas fueron célebres por la santidad y sabiduría de sus maestros y por la fineza de los manuscritos que produjeron. La fama de estos monasterios se difundió rápidamente en toda Europa y de todos lados llegaban jóvenes a estudiar en los monasterios irlandeses. Los alumnos de estas escuelas aprendían a leer y escribir, a cantar y a apreciar las artes. Estos vivían en totalidad el rigor de la vida religiosa y tomaban parte tanto en el trabajo manual, como en la oración y en el estudio.

 

        Prontamente los monjes irlandeses fueron también evangelizadores. Esta labor comenzó cuando en el 563 San Columba, nativo de Donegal, acompañado por un reducido número de monjes, cruzó el mar a Calednonia y fundó un monasterio sobre la desolada isla de Iona. Este monasterio bajo la guía de hombres santos fue una institución floreciente. Desde el monasterio de Iona salieron monjes a evangelizar y fundar monasterios por la zona de Northumbria, Mercia y Essex.

 

 

        En el 590 San Columbano, un estudiante de Bangor, acompañado por 12 monjes, llegó  a Francia y estableció el monasterio de Luxwuil, que fue padre de muchos monasterios; trabajaron en Bregenz y finalmente fundaron el monasterio de Bobbio, que fue un centro de conocimiento y de piedad y fue una luz para el Norte de Italia.

 

        En el entretiempo su amigo San Galo trabajó con gran éxito en Suiza, San Fridolin fundó monasterios a lo largo del Rin, San Fiacre cerca de Meaux, San Killian llegó a Werzburg, San Livinos hasta Brabante, San Frusey sobre el Marne y San Cataldus se dirigió hacia el sur de Italia. Cuando Carlomagno reinó (771-814) había monjes irlandeses en su corte que eran conocidos como “hombres de incomparable sabiduría”.

        Durante los siglos VI y VII fue constante el flujo de hombres y mujeres que fogosos por su nueva experiencia religiosa salieron de Irlanda para evangelizar los mares del Norte y re-evangelizar la misma Europa. A los lugares que llegaban repetían la misma experiencia que habían vivido en la isla y  compartían la luz de Cristo con todos quienes encontraban. Los primeros lugares ocupados por monjes irlandeses fueron Escocia y Gales, pero al poco tiempo los monjes celtas reverenciados por la Iglesia por su santidad y sabiduría extendieron la cristiandad y la vida monástica celta desde Bretaña hasta el sur de Italia, desde el este de España hasta Ucrania, hacia Islandia y también Groenlandia.  Monasterios e Iglesias celtas se han descubierto en cualquier lugar donde estos santos hombres y mujeres han viajado enseñando a quienes encontraban el amor de Dios.

        Tal fue la re-evangelización de Europa llevada a cabo por Irlanda. Se trató de una labor única y singular en la Historia de la Iglesia de la cual debemos considerarnos al mismo tiempo honrados herederos y generosos deudores.

(Debemos esta crónica a la ayuda del P. Gustavo Nieto).

 

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Europa Oriental y el Próximo Oriente,

desde el siglo IV al siglo VII:

 

La Cristiandad extra-romana.

En Persia, los cristianos eran perseguidos por Sapor III (383-388), después que Roma, su enemiga, reconociera esta religión. La sede episcopal primada de Persia, Ctesifonte, estuvo vacante desde 348 hasta la muerte del rey, momento en que se celebró un sínodo, que aceptó el credo de Nicea.

También era importante la comunidad cristiana de Siria, alrededor de los centros de estudio de Edesa y Nisibis, pues siempre se vio la cristiandad como una representación del imperio.

El caso de la cristianización de Armenia es singular. Gregorio el Iluminado, logra convertir al rey, que arrastra a los grandes cargos y demás familiares del reino. Gregorio no impuso el celibato a sus sacerdotes, lo que trajo consigo la formación de grandes dinastías episcopales como si de reyes se tratara. Cercano a Armenia, el reino de Georgia también se cristianizó.

Siendo Atanasio patriarca de Alejandría, dos misioneros, educadores del hijo del rey de Etiopía, convierten a este al cristianismo. Uno de ellos llega a ser obispo y dirige la misión, con lo que el cristianismo se consolida, y se propaga a Nubia y Yemen.

A partir del siglo V o VI, el ecúmeno cristiano desbordaba al romano, quizá sirvió esto como acicate para promover el deseo imperial de la universalidad.

Ulfila, llevando la religión cristiano - arriana a los godos, ayuda a extender el campo de ésta, mucho más allá de los límites imperiales.El Imperio Sasánida.

El vacío que dejo la desaparición del Imperio Persa Aquemenida, fue llenado por la dominación seleúcida. Pero la llegada de nómadas procedentes del norte de Irán y concretamente de la región de Partia, rompió la unidad política del área.

Estos pueblos, guiados por Arsacio, crearon un reino que domino el Irán desde 240 a. JC. hasta 224 d. JC. gobernado por los descendientes de Arsacio, los arsácidas.

Desde 224, la historia de Irán cambió, al instalarse una nueva dinastía, a la muerte del último rey parto Artaban V. Su fundador fue Ardashir, nieto de Sasán, un sacerdote del templo de la diosa Anahita en Istajr, que se decía descendiente de los persas aqueménidas. Ardashir se hizo coronar rey en Ctesifonte en el 226.

La base de la nueva dinastía fue un nacionalismo a ultranza, que se propuso extirpar toda influencia greco - helenística, a la vez que renovar las tradiciones aqueménidas y consolidarse en el área geográfica existente entre el Imperio Romano, el mar Caspio y los pueblos turco - mongoles, que cada vez avanzaban más hacia el Oeste.

Las ideas políticas de Ardashir hallaron magníficos seguidores en sus descendientes. El primero, su hijo Sapor I (241-272), derrotó y tomó prisionero al emperador romano Valeriano; Después Sapor II (310-379), fue vencedor de Juliano el Apostata.

Las continuas guerras con Roma, durante los reinados de Ardashir II (379-383), Sapor III (383-388) y Bahram IV (388-399) desembocaron en un tratado de paz, cuya cláusula principal fue la partición de Armenia, quedándose Persia los territorios más orientales.

Esta paz con el Imperio romano duró prácticamente todo el siglo V, mientras los verdaderos peligros se centraban en las tensiones provocadas por los problemas religiosos internos y en la necesidad de contener por la frontera oriental los numerosos ataques de los Kusanas.

Yezdigerdes I (399-420) mantuvo buenas relaciones con Roma, que ya se había dividido. El emperador de Constantinopla, Arcadio, le encargó el papel de tutor de su hijo, el futuro Teodosio II.

Esta etapa de buenas relaciones entre Bizancio y los sasánidas favoreció la construcción de ciudades en Irán y Mesopotámia, como Firuzabad, Neishabur, Ueh - Ardashir, el embellecimiento del famoso templo del fuego en Djirah, cubierto de una gran cúpula, el precedente más inmediato de las cúpulas semiesféricas bizantinas.

El sucesor de Yezdigerdes I, Firuz (459-484), hubo de hacer frente a los hunos blancos o heftalitas, que habían desplazado en el frente oriental a los Kasanas. Firuz, primero hubo de rendir vasallaje a los hunos, y después murió en combate luchando contra ellos. Esto sumió al pueblo sasani en un periodo de crisis moral y económica que no se supero hasta el reinado de Kabat I (488-531), en el que emprendieron una serie de reformas sociales que favorecieron a los campesinos pobres, a la vez que disminuían los privilegios de la nobleza.

Kabat I, atraído por las ideas de Mazdek, quiso imponer en Persia la comunidad plena de bienes y mujeres para todos, por lo que tuvo que hacer frente a grandes disturbios, y firmó una tregua con el Emperador de Constantinopla, Anastasio, que se prolongo luego con Justino. Así los emperadores persas y bizantinos, volvieron a ser tutores de sus respectivos herederos, hasta que se rompió con Justiniano y Cosroes.

Cosroes I (531-579) inauguró el periodo más brillante de los sasaníes. Después de restaurar el orden social, reformó y aligeró el sistema de impuestos, y establecía un cuerpo permanente de caballería en el ejercito. Su política exterior fue expansionista frente a los bizantinos, los hunos heftalitas y los árabes. Desde su palacio de Ctesifonte controló a la aristocracia y una administración que, por medio de oficinas o divanes, aseguraba el buen funcionamiento del Estado.

Fue una época de lujo, de desarrollo del arte en general y de la orfebrería en particular. La influencia india se dejó sentir en la literatura con la con la traducción al pehlevi de las fábulas de Kalila y Dimma. Y a la lengua persa, las obras de Homero, Platón y Aristóteles.

Cosroes I, se enfrentó desde el primer momento con Justiniano, derrotando a los bizantinos en Calínico (531), junto al Eúfrates, e imponiéndoles una paz humillante. Invadió Siria, se apoderó del Yemen, en el sur de Arabia, tomo Antioquía (540) a los bizantinos, deportando a muchos de sus habitantes, y dominó el Cáucaso central. Aliado con los turcos occidentales, Cosroes destruyó a los hunos heftalitas en 562. Hormizd IV (579-590), su hijo y sucesor, tuvo que enfrentarse a la nobleza y al clero por favorecer a los cristianos, por lo que fue sustituido por su hijo Cosroes II, quien contaba con la ayuda del emperador bizantino Mauricio.

Cosroes II (590-628) es el último gran soberano persa; inicio su reinado con la amistad de Bizancio. El asesinato de Mauricio, su gran aliado, en 602 por Focas enfrentó a los 2 imperios. Cosroes II, después de detener el peligro turco por Oriente, realizó una campaña contra las provincias bizantinas Siria y Egipto (611-617) llegando a saquear Jerusalén, donde murieron 50.000 cristianos, y donde se llevó la reliquia de la vera cruz.

 

 

 

El nuevo emperador de Constantinopla, Heraclio, restableció el estado de cosas precedentes al contraatacar por el Cáucaso, con la ayuda de los armenios, invadieron el Azerbaiyan (623) y derrotando a los sasaníes ante las ruinas de Ninive. La toma de Ctesifonte y del palacio real de Dastgard en 628, culminó la victoria de Bizancio. En el 630, Heraclio entró triunfante en Jerusalén con la reliquia de la vera cruz.

Ante esto, Cosroes II fue destronado por los nobles, que eligieron a su hijo como soberano. Pero en esta situación, lo único sólido era la administración de los decanes, que llevaron a una regionalización del Imperio. En 636, cuando los árabes tomaron Ctesifonte, no existía autoridad central y Yerdigedes III, no era emperador más que de nombre.

La organización del Imperio Sasani.

El entendimiento entre las diversas fuerzas actuantes en la sociedad irania y persa fue la base sobre la que se edificó el Imperio Sasani.

El sistema de gobierno sasani se basó en una fuerte centralización, aunque los grandes señores, vaspuhrs, no renunciaron a sus prerrogativas; por eso la lucha entre el centralismo y la dispersión de la autoridad fue siempre una constante. De hecho la debilidad de los sucesores de Sapor II, y la ausencia de una tradición definida en materia sucesoria permitieron a los nobles y al clero controlar el poder real.

El imperio se convirtió en una especie de monarquía electiva en la familia de los sasaníes. La elección pertenecía a los altos dignatarios del Estado y en última instancia dependía del mobedan-mobed.

La estructura social y administrativa se basaba en 4 clases sociales:


  • Sacerdote o magos.
  • Nobles y guerreros
  • Burócratas
  • Pueblo libre o agricultores y artesanos. Los esclavos no se incluían en la escala social.

Cada clase tenía un jefe con unas funciones precisas. Así el Jefe de los guerreros (Eran-spanbadh) tenía la triple función de ministro de la guerra, general en jefe y negociador de la paz; el Jefe de los burócratas (Eran-Dibherbadh), controlaban las secretarías de Estado, y tenía que ser un gran experto en derecho y en política; el Jefe de los agricultores y de los artesanos (Vastriosh-badh), controlaba la hacienda del Imperio y era el responsable del cobro del impuesto sobre las propiedades y de la capitación.

El Jefe de la administración central(Vuzurg-framadhar) era el Gran Visir, persona de gran confianza del Rey de Reyes, a quien sustituía en su ausencia. Además existían 6 ministros:

?  Justicia 4. Caballerizas reales

?  Hacienda 5. Renta de los Templos del fuego

?  Tesoro del Rey 6. Obras pías

Los sasaníes mantuvieron en la administración provincial, algunos príncipes vasallos con el título de reyes o Shahs, pero solo en territorios fronterizos.

Por norma general el Imperio estaba dividido en provincias, dirigidas por los marzbans, escogidos entre la alta nobleza. A su vez las provincias se dividían en territorios que tenían como centro una ciudad. Este territorio o cantón, era administrado por un funcionario, elegido entre los jefes de pueblos o dekanes, que constituían la verdadera administración civil.

La capital del Imperio era Ctesifonte, un conjunto de poblaciones a una y otra orilla del Tígris, rodeadas por un único recinto amurallado y unidas por 2 puentes sobre el río, con un inmenso palacio real: Taq-E-kesra.

Vida económica y social.

La base económica del Imperio era la agricultura, de tradición mesopotámica. Los latifundios, en manos de la nobleza y de los grandes templos de fuego, eran el modo de explotación más frecuente.

Los esclavos estaban en un proceso de emancipación, si bien los campesinos llamados libres, estaban sujetos a la tierra, como los siervos de la gleba.

Las leyes dictadas por varios soberanos protegieron a los campesinos frente a los nobles, pero ninguna les eximio del pago de los impuestos de capitación y de los que gravaban la tierra.

En las llanuras fértiles de Mesopotámia, la irrigación estaba meticulosamente reglamentada y la prosperidad del mundo agrícola, fue lo que permitió el desarrollo urbano.

La prosperidad del mundo urbano, íntimamente ligada al comercio, es una de las características de la sociedad sasani. Las nuevas ciudades, se poblaron de artesanos, muchos eran prisioneros de guerra. Los artesanos no pagaban más que el impuesto personal de la capitación y estaban dispensados del servicio militar, pero soportaban pesados impuestos en casi de guerra.

Este pueblo aprovechó su situación geográfica para desarrollar un intenso comercio con el mundo chino y oriental, y también con el mundo mediterráneo.

Desde Ctesifonte, las rutas hacia el este pasaban por Hamadam, Susa, Persia y bordeaban el Golfo Pérsico; mientras que las que iban por el interior, desde Hamadan, llegaban al Mar Caspio, continuaban hacia Kabul y llegaban a la lejana China.

Desarrollaron también una importante marina en el Golfo Pérsico, que captó parte importante del comercio del Océano Indico. El comercio con Roma primero y después con Bizancio, se efectuaba a través de la Alta Mesopotámia y de Armenia.

La moneda sasani de oro, el denar, competía en los mercados internacionales con el nómisma bizantino, si bien la moneda más corriente era el direm de plata, muy bien aceptada en los mercados internacionales. La moneda sasani, llevaba en el anverso el busto del rey, con inscripciones en pelhevi, y en el reverso, el templo del fuego.

Los principales beneficiarios de este comercio y de la riqueza agrícola fueron los nobles, y la clase sacerdotal, mientras que el pueblo llano soportaba el peso de la gran mayoría de los impuestos, lo que explica el éxito de las teorías de Mazdek entre los más pobres, y que a veces ocasionasen peligros para la subsistencia del régimen.

La religión Sasánida.

La religión oficial fue el mazdeismo o zoroastrismo, surgido de una reforma del antiguo politeísmo indoeuropeo llevada a cabo por Zoroastro. Su doctrina dualista se basaba en una divinidad creadora del espíritu y de la luz, el dios Ormuz, en pugna con un principio del mal, llamado Ariman.

El zoroastrismo veneraba los elementos de la naturaleza como el agua, el fuego y la tierra; pero el fuego era esencial en la religión, y se lo adoraba en templos (pyrés), en que ardía en una sala cubierta por una cúpula. El culto llevaba la alimentación del fuego con madera purificada ritualmente; la ofrenda de ramas de determinadas plantas y ciertas oraciones. El clero, reclutado en un principio en una tribu meda, aseguraba el culto, la dirección moral y la enseñanza del pueblo.

Estrictamente jerarquizado, estaba formado por sacerdotes o magos. Los mobedam, administraban los distritos eclesiásticos. En la cumbre de la jerarquía estaba el mobedam - mobed (Jefe de los Magos), era consejero del rey y llevaba la dirección suprema de los asuntos religiosos.

Hacia el siglo V se fijó en 21 divisiones el canon del libro sagrado o Avesta. El avesta fue traducido, para ser más entendido, al persa vulgar, siendo su parte más conocida el Denkart o Libro de la buena religión.

El mazdeismo consideraban enemigos a los cristianos, maniqueos y seguidores de otros credos. Los cristianos fueron los peor tratados por sus pretendidos vínculos con Constantinopla, hasta que se organizó la Iglesia persa, adoptando el Nestorianismo, en 486, desapareciendo el recelo político.

En tiempos de Ardeshir surgió Mani, llamado “el profeta de Dios de la verdad”, que predico una doctrina sincretista, el maniqueismo, mezcla de elementos cristianos, zoroastristas y babilónicos. Mani fue considerado hereje, y lo hicieron ajusticiar. A pesar de todo, sus ideas se extendieron por Irán, e influyeron también en varios sectores del cristianismo oriental.

El avance de los ávaros desde Asia hacia Occidente.

En el año 558, los ávaros habían presentado sus cartas credenciales y el Imperio, incapaz de contener su marcha, hubo de permitirles su instalación en las riberas danubianas. Como los hunos de Atila, con los que están emparentados, los nuevos invasores proceden de las estepas asiáticas.

Los ávaros se instalan en la llanura del Danubio y, desde allí, se extienden en todas direcciones.

Contenidos en su avance hacía el Oeste, se establecen definitivamente en las actuales Hungría y Austria, dando a su imperio una solidez y duración de las que careció Atila.

Los Bizantinos, por la necesidad de contar con la paz a sus espaldas, favorece la pervivencia de la amenaza ávara.

Las correrías de los jinetes ávaros, unas veces, y las concesiones de los temerosos emperadores, otras, van consiguiendo para este pueblo nómada, un marco territorial fijo en la cuenca media del Danubio. Su modo de existencia - el saqueo y los tributos - les incapacitan para la vida sedentaria. En sus frecuentes expediciones saqueadoras, llegan al mar Negro, cayendo entre sus víctimas los “eslavos”.

Este pueblo era conocido ya, desde el reinado de Justiniano; desde entonces su presencia al otro lado del Danubio, les preocupaba a los bizantinos.

Durante algún tiempo, consiguieron que no cruzaran de forma masiva el limes danubiano, pero no se pudieron impedir las numerosas infiltraciones.

Los bizantinos reconocieron real autonomía a los eslavos, y esperaron de ellos el tributo y el cumplimiento de un servicio militar.

Desde entonces los Balcanes se convierten en el hogar del pueblo eslavo, que hasta ese momento los bizantinos habían tenido buen cuidado de evitar que ocurriera con las anteriores invasores bárbaras.

Los eslavos, se dividen en 3 grupos, orientales, occidentales y meridionales. La eslavización de los Balcanes es un hecho  en el año 626 y posteriormente fueron asimilados por Bizancio.

 

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HUNGRÍA EN LA ÉPOCA DE SAN ESTEBAN

 

CON APUNTES HISTÓRICOS DESDE LA CONQUISTA
DE LA CUENCA DE LOS CÁRPATOS HASTA LA MUERTE

DEL REY SAN ESTEBAN + 1038*

 

Conferencia pronunciada por el Dr. Miklós Székásy en el Instituto Sanmartiniano de Buenos Aires el 12 de julio de 2000, en conmemoración del milenio del establecimiento del estado cristiano húngaro.

El pueblo húngaro se estableció en su patria, donde vive actualmente, entre los años 895 y 896. Por esta razón se festejaron en todo el mundo, inclusive en Buenos Aires con una exposición muy exitosa, hace cuatro años los 1100 años de la Hungría europea con el nombre de Milecentenario. En este año 2000 a su vez festejamos el milenio del estado húngaro moderno y cristiano, calculado desde la coronación del rey Esteban, en el día de Navidad del año 1000.

Antes de hablar del reinado de San Esteban vale la pena investigar cómo era el pueblo húngaro que llegó a la cuenca de los Cárpatos y de que manera evolucionó allí durante sus primeros 100 años, hasta llegar a la entrada del nuevo milenio. Ya a partir del año 860 los húngaros han decidido mudarse desde su asentamiento cercano al río Dnieper, al norte de Crimea, hacia el occidente, acosados por permanentes ataques de un pueblo turco salvaje, los pechenegues, provenientes desde el oriente, en la región de desembocadura del río Volga. Los húngaros han enviado exploradores hacia el oeste, quienes trajeron las noticias de tierras escasamente pobladas y con buenas defensas naturales hacia el este. Las crónicas también mencionan la presencia de ejércitos húngaros cerca de Viena en 881.

En el otoño del año 895 bajo la dirección del príncipe soberano Árpád, elegido por los jefes de las siete "gens" (tribus) tradicionales, unos 500.000 húngaros (este número varía en distintas fuentes) entraron por los pasos de los Cárpatos a ocupar su nueva patria, aunque grupos adelantados ya se asentaron en Panonia, aniquilando los restos de dominio franco entre 892 y 894. En 895 la gran mayoría tomó el paso de Verecke en el noreste del país, otro grupo menor entró por Transilvania, casi despoblada. Entre esta zona y la gran llanura central los húngaros encontraron un grupo numeroso de habla fino-ugriense, el idioma dominante de los húngaros, los székely, cuya presencia se menciona desde el siglo octavo. Los ocupantes en general no encontraron resistencia importante, el país estaba escasamente poblado con algunos eslavos, como eslovenos y moravos en el oeste y norte, búlgaros en el centro y sur, germanos como guepidas y godos, además restos de pueblos que dominaron el área en el pasado, como los ávaros.

Los húngaros necesitaban grandes extensiones de pasturas para su ganado vacuno y caballar, no les servían para este fin los bosques que se extendían en las regiones montañosas, ni los terrenos arenosos o pantanosos que rodeaban a los grandes ríos. La región transdanubiana, ubicada hacia los dominios de los bávaros, aliados antiguos de los húngaros, fue la más apta para el fin buscado. Para el año 898 la ocupación del país estaba completa y los guerreros húngaros han decidido iniciar incursiones exitosas hacia otras regiones. De esta manera sus ejércitos a caballo bien organizados y velocísimos recorrieron toda Lombardía, aniquilando un ejército italiano tres veces más grande, debido a su disciplina militar y sus tácticas novedosas en Europa, volviendo con tesoros de importante valor. Fue el primero de muchos ataques similares que se llevaron a cabo en los próximos 60 años.


A partir del 900 empezó la organización definitiva del país, donde las distintas tribus recibieron determinadas regiones para su establecimiento, los székely (sículos) fueron establecidos como defensores de la frontera sudeste en Transilvania, donde siguen residiendo en bloque compacto aún hoy. Ya las fronteras de Hungría eran similares a las que rigieron hasta 1918, excepto la unión con Croacia realizada a fines del siglo XI.

Se construyeron excelentes sistemas de defensa en las fronteras del país con profundo planeamiento estratégico. Muchos de estos eran naturales y fáciles de defender, las cadenas de los Cárpatos en el norte, este y sudeste, región pantanosa en el sur y boscosa o montañosa en el sudoeste y oeste. Los caminos abiertos tenían portones con fuerte guardia y todo esto hizo que en pocos años Hungría se transformara en un país unido, bien defendido y de difícil acceso para eventuales ataques enemigos.

La preparación militar y diplomática y la realización planificada de la ocupación del país fue un mérito personal de Árpád. Él y sus compatriotas de la época fueron los sembradores de las bases del estado húngaro medieval. Aunque los pueblos parientes de los húngaros: kazares, cumanos, pechenegues, jazigos, ávaros, alanos, eran orientales, la orientación de los soberanos húngaros fue desde el principio hacia el occidente. Por esto también ejercieron una resistencia hacia los fuertes intentos de cristianización del Imperio Bizantino y el posterior acercamiento se realizó hacia la cultura cristiana latina.

El pueblo húngaro llegó a un ambiente poco amistoso en el punto de contacto de cuatro culturas: turco oriental musulmán, griego balcánico ortodoxo, germano-latino cristiano occidental y eslavo pagano. Todos los vecinos temían a los formidables guerreros húngaros y les venía bien poder aprovechar su alianza contra algunos de sus enemigos de turno, pero jamás hubieran acudido en su ayuda en caso de su necesidad. A la vez los húngaros, teniendo fronteras naturales formidables hacia tres direcciones, pensaron en expandirse principalmente hacia el occidente más accesible. De esta manera, a partir del año 900 empezaron a asolar las regiones de la actual Austria y Baviera, donde ganaron una batalla decisiva en 907 en Ennsburg, destruyendo al ejército imperial carolingio alemán, ampliamente superior en número, pero no acostumbrado a las tácticas militares húngaras. Este momento puede considerarse como el afianzamiento definitivo de los húngaros en su patria y el establecimiento de sus fronteras hacia el occidente.


En el mismo emplazamiento geográfico existían en siglos anteriores los imperios de dos pueblos parientes: los hunos y los ávaros. Los húngaros no llegaron a igualar a los hunos, cuyo imperio tuvo su auge en el siglo V, en poder, ni a los ávaros, cuyo imperio se extendió desde el siglo VI hasta el VIII, cuando fueron destruidos por Carlomagno, en número. Pero lograron poblar toda la extensión del país, desde Panonia, entre el Danubio y la frontera de pueblos de habla alemana en el oeste hasta Transilvania en el este, desde los Cárpatos en el norte hasta los pantanos de los ríos Danubio y Dráva en el sur, lo que no hicieron antes ni los romanos, ni los hunos, ávaros o francos que habitaron esas tierras. Árpád logró el asentamiento del pueblo húngaro y la dinastía fundada por él afianzó su adecuación al medio ambiente europeo y el establecimiento de un estado húngaro duradero.

Cómo eran los húngaros al principio del siglo X? Las informaciones principales provienen de fuentes bizantinas de la época y de la observación de sus sepulturas. Descubrimientos arqueológicos recientes de cementerios de la época demuestran que no llegaron como nómadas sino como pobladores, entrando a su nueva patria con sus perros, aves de corral, ovejas, cerdos, ganado vacuno y naturalmente caballos.

En las sepulturas se encontraron implementos de agricultura, lo que demuestra que empezaron la siembra de granos de inmediato. Hoces y palas acompañaban sólo a las mujeres, indicando que ellas cosechaban. Los objetos artísticos tenían una elaboración asombrosamente refinada, trabajando metales, cueros, huesos, textiles y madera. Hubo entre los pobladores artesanos en trabajos de oro y de plata, en fabricar arcos sofisticados y sillas de montar. El patrón de la artesanía tenía una influencia persa, post-sasánida, aunque con características propias en el diseño de figuras y adornos que ornamentaban los objetos.

Su religión era básicamente monoteista, adoraban al "dios de los húngaros", en forma similar al padre celestial de los antiguos pueblos fino-ugrienses y turcos. Era un señor invisible, todopoderoso y eterno, quien a causa de estos aspectos pudo ser identificado más adelante sin dificultad con el Dios cristiano. También tenían un anti-dios siniestro, el diablo, llamado "ördög", a quien ofrecían sacrificios. Además estaban el "fene", un maligno demonio activo, "guta" y "szél" (ambos podían matar a cualquiera) y el "manó", un genio malvado, representante del aspecto siniestro del mundo. De todas maneras estos personajes no tenían carácter divino. Los húngaros también veneraban a sus antepasados, en forma similar a los otros pueblos fino-ugrienses.

Sus sacerdotes eran los chamanes, miembros de influencia en la vida diaria. Ellos les daban los nombres a los recién nacidos de la siguiente forma: los tomaban en sus brazos y les murmuraban diferentes nombres. Cuando el niño hizo un movimiento brusco o empezó a llorar, el último nombre enunciado fue el elegido. Su ceremonia más espectacular fue el sacrificio de un caballo blanco, por motivos militares o políticos importantes, como cuando emprendieron la conquista de la nueva patria en 895, evocando a su dios antiguo y a los espíritus de sus antepasados gloriosos.

El sol, la luna, las estrellas y las nubes fueron considerados espíritus de guía que podían proteger a los humanos contra los espíritus malignos. Según la antigua tradición húngara el cielo era alguna vez chato como la tierra, pero el crecimiento de los árboles lo empujó para arriba. Las estrellas eran agujeros en el cielo, a través de los cuales se veía un poco el mundo espiritual brillante que estaba más allá. Los espíritus vivían en la luz eterna de una única gran familia, cuyo padre era el Anciano Dios.


Los húngaros también tenían su escritura en base a runas, "rovás" en húngaro. Las letras fueron grabadas con cuchillo en un material blando, generalmente madera. Este alfabeto tiene un aspecto totalmente diferente de las escrituras latina o griega, tanto en su técnica como en la forma de las letras. Tiene en cambio parecido a las letras de pueblos antiguos, como las de los fenicios y posiblemente más antiguos, como los sumerios. En algunas regiones aisladas de Hungría, especialmente en Transilvania, esta forma de escritura fue usada hasta el siglo XVI.

En el mismo año del afianzamiento de Hungría, después de la batalla de Ennsburg en 907, murió Árpád, quien fue enterrado con gran pompa, probablemente en las cercanías de las ruinas de la ciudad romana de hace 2000 años, Aquincum, actual emplazamiento de Budapest.

Su impresionante tarea, de ocupar y poblar un país, fue completada exitosamente en menos de una década, con lo que se impidió el avance de los eslavos hacia el occidente, al haber establecido una cuña entre los eslavos del norte y del sur. En cambio los eslavos avanzaron hacia otras direcciones, al vencer al imperio de los kazares, como se verá más adelante. Según una crónica bizantina de la época Árpád fue "un hombre sabio en la mente y en el consejo, muy valiente como soldado y altamente calificado para gobernar".

Las primeras incursiones de las tropas húngaras hacia el occidente demostraron que eran soldados muy superiores a los ejércitos que se les opusieron: moravos, bohemios, italianos, bávaros y sajones. Esta superioridad no residía en su número, generalmente enfrentaban ejércitos que los superaban ampliamente, sino en armamento, coraje, preparación y táctica. No estaban cubiertos de armadura metálica, como los pesados ecuestres alemanes, sino sus cuerpos y caballos tenían protección de un cuero duro y liviano. Su caballería era rápida y móvil. Usaban sables corvos cortos y livianos, en lugar de los largos y pesados de sus oponentes. De esta manera pudieron cubrir enormes distancias en poco tiempo y atacar al enemigo, cuando menos los esperaban.

Sólo atacaban, previo reconocimiento del terreno, cuando la situación les favorecía. La estrategia preferida fue atacar y luego simular una retirada. Sus perseguidores más pesados se cansaban en la persecución y luego fueron atacados, no sólo por el ejército en aparente retirada, sino por otros escondidos en los flancos que los tomaron de tres lados. O bien trataron de inducir a las tropas enemigas de entrar terrenos pantanosos, donde los caballeros pesados se hundían y fueron fácil presa de los livianos jinetes húngaros, quienes les enviaban nubes de flechas certeras. No en vano decía la crónica de los monjes de la época: "De sagittis hungarorum salvanos domine" (Dios, sálvanos de las flechas húngaras).

En los próximos 50 años los ejércitos húngaros han hecho incursiones exitosas hacia el occidente, no con el afán de conquistar territorios, sino de juntar riquezas. Recorrieron no solamente los territorios de Austria, Italia y Alemania actuales, desde Nápoles hasta Bremen, sino llegaron hasta el el Océano Atlántico en Francia y España y en el sudeste hasta Tesalónica y Bizancio. Volvieron con cargas de oro, plata, telas finas y cautivos que fueron canjeados por dinero. Pero este tipo de vida tenía que tener un fin: Hungría estaba enclavada entre dos imperios poderosos, el oriental bizantino y el resurgido occidental germano-románico el cual ya amalgamaba casi todos los principados y reinos de la región, bajo los emperadores sajones, sucesores de los carolingios.

Tenía que llegar una batalla importante perdida que haga recapacitar a los húngaros que para mantenerse en forma permanente es necesario adecuarse al orden europeo. En 955 en el campo del río Lech, cerca de Augsburgo, el emperador Otón I, buen conocedor de las tácticas húngaras, ya no tan sorpresivas, con una enorme fuerza de tropas cristianas aliadas ha ganado una batalla decisiva frente a un ejército húngaro, lo que a la larga ha resultado favorable al desarrollo futuro de Hungría, porque hizo que sus dirigentes llegaran a la conclusión que en una vida constante de guerras la nación se desangraría. Tenía que venir una reconciliación duradera y genuina con los pueblos cristianos vecinos, aunque esto acarree sacrificios.

Otro hecho decisivo que implicó la necesidad de acercamiento al mundo cristiano fue que casi simultáneamente, en 969, se derrumbó el imperio de un pueblo pariente de los húngaros, el de los kazares. Ellos estaban enclavados entre los califatos árabes mahometanos y los bizantinos cristianos y tenían una religión pagana monoteista parecida a la practicada por los húngaros. Muchos historiadores opinan que el imperio romano oriental sobrevivió al avance árabe mahometano por la cuña del imperio kazar entre ellos.


Ambos vecinos, de cultura y religión dominantes en su zona de influencia, querían atraer los kazares hacia su religión y civilización. Por esto el soberano kazar, llamado kagan, para contrerrestar la influencia política de sus vecinos, musulmanes de un lado y cristianos del otro, se convirtió al judaismo alrededor del año 740 y propagó esa fe entre sus súbditos, declarando al judaismo la religión del estado, muy extraño para un pueblo turco, no semítico. Tampoco todo el pueblo aceptó la nueva religión forzada y un siglo más tarde una parte de los kazares se rebeló, probablemente contra las reformas religiosas de las leyes rabínicas severas introducidas por su rey y se unió a los húngaros, en su paso hacia el occidente, participando en su conquista de la cuenca de los Cárpatos

Sin embargo la debacle de los kazares no se debió a ninguno de los dos enemigos anteriores, árabes y bizantinos, sino a una tercera fuerza que en el siglo IX. avanzó desde el norte, los rusos-normandos. Mientras los húngaros aliados de los kazares, se encaminaron hacia el occidente, llevando consigo tres tribus separadas, llamadas kabares, como su octava tribu, los rusos paganos, enemigos antiguos, avanzaron hacia el sur. El nombre ruso (russ) probablemente proviene de la denominación que tuvieron los vikingos occidentales: ruods (remeros), por sus famosos botes a remo, con los cuales, como eximios navegantes, conquistaron toda la costa del Mar del Norte y del océano Atlántico, estableciéndose en Islandia, Groenlandia y la costa norte de América. Una rama se extendió hacia el sudeste, bajo la dirección del jefe vikingo Rurik, quien fundó Novgorod y conquistó las tribus eslavas dispersas, con las cuales su pueblo se fusionó y en un siglo se eslavizó totalmente. El vikingo Rurik fue el fundador de la casa real de Rusia y sus descendientes reinaron hasta Iván el Terrible, 700 años después, aunque la casa Romanov que le siguió también descendió de una rama femenina de la familia Rurik. Normando (normann = hombre del norte), fue el nombre genérico de los escandi-navos, de ellos los conquistadores de otras regiones se denominaron vikingar (guerrero).

Los normandos también se establecieron desde Francia (aún hoy una región se llama Normandía) hasta Sicilia. Eran para el oeste de Europa, lo que más adelante los húngaros llegaron a ser para Europa central y del sur, tanto es así que en las letanías de la época se insertó una oración "Del furor de los normandos sálvanos nuestro Señor". El ya mencionado ejército normando-ruso ocupó Kiev, sede del soberano de los kazares en 862, casi al mismo tiempo que los húngaros empezaron su marcha hacia el oeste, quitándoles a los kazares su línea de defensa en su flanco occidental. Con esto empezó la decadencia del gran imperio kazar que incluyó territorios enormes de Europa sudoriental entre el Cáucaso y el río Volga, desde el Mar Negro hasta el Caspio. En los próximos 100 años los rusos-normandos avanzaron con más libertad, hasta que su ejército destruyó la capital nueva de los kazares en el Volga, llamada Itil, en 965.

Con este hecho desapareció del territorio de Europa suroriental el círculo cultural nómada a caballo, cuyas tradiciones empezaron con los escitas antes de Cristo y siguieron con hunos, búlgaros y ávaros en los siglos siguientes. A partir de entonces los kazares se dispersaron, muchos de ellos hacia el norte, en la Rusia, Ucrania y Polonia actuales y los que quedaron fueron absorbidos en el mar de naciones. Bizancio esperó que los rusos de Kiev serán su nuevo escudo contra los pueblos turcos bárbaros de oriente, pero se equivocaron. Llegó la próxima ola de un pueblo turco oriental, los cumanos, llamados polovtsianos por los rusos, quienes fueron militarmente muy superiores, ocuparon la zona de Kiev y los rusos se retiraron hacia Moscú y Novgorod.

Entretanto el soberano Géza, bisnieto de Árpád, quien reinó entre 970 y 997, ha tomado pasos decisivos con el fin que el pueblo húngaro se mantenga unido y sobreviva en un territorio, donde jamás antes en la historia se pudo establecer una nación en forma permanente. Decidió que el único camino para la integración europea es por medio de la conversión del pueblo al cristianismo. No obstante que su mujer ya era cristiana, de rito oriental, consideró que el camino correcto es unirse al cristianismo occidental.

Para esto envió una delegación de nobles a la corte del emperador Otón I. con el fin de pedir misioneros, a pesar de haber sido él quien venció en la batalla de Lechfeld. Casi al mismo tiempo se convirtieron al cristianismo occidental los polacos y escandinavos y al rito oriental los rusos, bajo la fuerte presión política de Bizancio, como veremos más adelante.


El emperador Otón I. logró la reunificación de los principados alemanes e italianos, bajo la dirección de los pueblos bávaro y sajón, menos cultos que los francos del imperio de Carlomagno, pero más fuertes y poderosos. De esta manera se restableció el poder del imperio romano-germánico de Carlomagno, venido a menos bajo los sucesores carolingios durante más de 100 años.

A su vez colonos bávaros se establecieron en el Ostmark, "Franja del Este", actual Austria, antes bajo hegemonía húngara y los húngaros volvieron a sus fronteras naturales. Los checos reconocían la soberanía del emperador, sojuzgando a su vez a los pueblos eslavos vecinos, como a los moravos, quienes nunca más tuvieron un país independiente. Los polacos fundaron el principado de Polonia y provisoriamente también aceptaron al emperador como a su señor feudal.

Cuando Géza mandó sus enviados al emperador, Hungría ya no era exlusivamente pagana. Muchos cautivos de las excursiones guerreras de las décadas anteriores se establecieron en el país, dedicándose a la agricultura, lo mismo que algunos colonos bávaros y eslavos, atraídos por la abundancia de las tierras a las que labraban como siervos. La mayoría de ellos eran cristianos. También vinieron artesanos kazares judíos y comerciantes búlgaros mahometanos, llamados ismaelitas. Ya algunos sacerdotes cristianos empezaron su trabajo de proselitismo, aún en forma individual. También hubo húngaros que durante las excursiones a otros países fueron convertidos al cristianismo por monjes diligentes.

De esta manera en la segunda mitad del siglo X. el pueblo húngaro ya estaba maduro para recibir al cristianismo. Sólo necesitó un líder, quien, reconociendo las exigencias de su época, lo guíe hacia el camino correcto. Esta persona era el soberano Géza, en quien se revivieron los talentos eximios de estadista de su antepasado Árpád. Al subir al trono él se dio cuenta que es importante restablecer el poder central, debilitado después de la derrota de Augsburgo y lograr una paz duradera con sus vecinos.

El emperador Otón I. recibió con honores a la delegación de 12 magnates húngaros y de esta manera terminó la enemistad de casi 70 años entre la familia del emperador y los húngaros. El obispo de Passau, Pilgrim, le recomendó a Otón el envío de sacerdotes a Hungría, quienes bautizaron a Géza, a su hermano y a su hijo de cinco años, Vajk, nacido en 969. En el bautismo el hijo de Géza recibió el nombre del santo patrono de Passau, el mártir San Esteban, apedreado en jerusalén en el año 37.

La campaña de conversión anduvo aceptablemente en las tierras del oeste, cerca de las fronteras del imperio germano-occidental, pero gran parte del pueblo aún se sentía ajeno frente a las enseñanzas cristianas. Ni siquiera en la familia del soberano pudo echar profundas raíces la fe nueva. Géza se convirtió por conveniencia política y su fe débil no le impidió, a igual que a sus contemporáneos checos y polacos, mantener costumbres paganas. Dijo que era bastante rico como para adorar a dos dioses. Hacia el este la propagación de la fe era aún más difícil, quedaron focos paganos por décadas.

Géza fue el bisnieto del hijo menor de Árpád, Zoltán. Sus antecesores tenían poder sobre su propia tribu, pero los jefes de otras tribus tenían poderes locales importantes en sus regiones. Géza fue el primero después de Árpád en unir otra vez el país bajo un mando único fuerte, lo que le ayudó en su propósito de llevar a su gente hacia el "camino verdadero" de la religión, con buenas palabras, si se podía y si no iba, entonces a la fuerza.

Además mantuvo la buena relación tradicional de los húngaros con el rey de Baviera, Enrique II., ahora vasallo del emperador Otón III., nieto de Otón I., quien empezó a reinar en el año 983. Como Géza era soberano húngaro por casi 30 años convivió con tres emperadores: Otón I., cuyos ejércitos vencieron a su antecesor y con quien hizo las paces en 973, con su hijo, Otón II., quien sólo estuvo en el trono por 10 años y con su nieto, Otón III., quien llegó a ser su importante aliado.


Otón III. mandó al obispo San Adalberto a Hungría en 995 para recibir un informe del avance del cristianismo. Adalberto estaba emparentado con la familia real de Baviera y también con la imperial. Fue nombrado obispo de Praga, dependiente del arzobisbado de Regensburg en Baviera, cuando todavía las fuerzas paganas en tierras checas estaban muy arraigadas y por eso, después de una breve estadía, tuvo que huir, perseguido por el entorno del soberano checo. En cambio en la corte de Géza fue muy bienvenido y se transformó en preceptor del joven Esteban, en quien encontró tierra fértil para sus ideas.

Esteban era un joven de capacidad intelectual extraordinaria, pero no tuvo hasta entonces un educador de suficiente nivel, quien le hubiera podido enseñar el espíritu verdadero y el pensamiento ético de la fe cristiana.

Adalberto, ascético, de profunda fe, de disciplina moral intachable, llegó a ser este maestro, cuya influencia sobre las ideas de Esteban era muy importante. Se supone que él fue también la persona quien llamó la atención de Esteban sobre una pariente muy devota, la hija del rey de Baviera, Enrique II, llamada Gisela. San Adalberto también le propuso el casamiento de Gisela a su padre, el rey y al emperador Otón. El pensamiento que Gisela, prevista para entrar como monja a un convento, se consagre a la conversión del pueblo húngaro pagano, como esposa del joven príncipe húngaro fue muy bien recibida en la corte bávara y tuvo el entusiasta apoyo del emperador.

Gisela fue enviada con honores a Esztergom, en las orillas del Danubio, sede del gobierno húngaro (actualmente sede del arzobisbo primado de Hungría), donde tuvo una recepción apoteósica. Hacia fines de 996 tuvo lugar el casamiento y se inició el trabajo serio de conversión a la fe verdadera. Géza construyó una iglesia y monasterio para los discípulos de Adalberto en Szombathely (Sabaria), ciudad donde nació 500 años antes San Martín, llamado de Tours, actual santo patrono de Buenos Aires, de quien pocos saben que nació en territorio húngaro.

Con el casamiento, la alianza duradera con los bávaros y la fundación del primer monasterio se empezó una nueva era de la historia húngara, ya definitivamente ligada al mundo occidental. Al año siguiente se fundó la primera iglesia importante en Hungría, la de los benedictinos, en Pannonhalma, la que hoy, 1000 años después, es todavía uno de los monumentos eclesiásticos más importantes de Europa Central.

Cumplida su misión histórica, poco después de la boda de su hijo, Géza murió en 997. En esa época no era una ley absoluta entre los húngaros la costumbre de la Europa cristiana, es decir que a la muerte del rey su hijo primogénito ocupa el trono, sino que el sucesor podía ser el miembro masculino de mayor edad de la familia. Esta persona puede ser un hermano o un sobrino, antes que el hijo si éste era menor en edad. Antes de su muerte Géza nombró oficialmente a su hijo como su sucesor, lo que fue aceptado casi universalmente por los otros jefes de las tribus originales.

Sin embargo hubo oposición de parte de un sobrino suyo, mayor que Esteban, llamado Koppány, quien fue un pagano recalcitrante y odiaba la idea que un primo profundamente cristiano llegue a ser el nuevo soberano, anulando las antiguas tradiciones e introduciendo una fe extraña, junto con los sacerdotes de habla alemana e italiana en las iglesias y los caballeros extranjeros en la corte real.

Después de Árpád el primer soberano reconocido como único señor de Hungría fue Géza. Él restableció la autoridad y la dignidad del soberano y disminuyó el poder de los descendientes de los jefes de las otras tribus originales. Géza aseguró la paz externa, unió al país, aumentó al poder central y construyó las bases del futuro reino cristiano.


Todos los pueblos orientales que llegaron al corazón de Europa se preguntaron: Oeste o Este? Los hunos, ávaros, pechenegues, cumanos, jazigos y otros, aún viviendo en Europa, no pudieron romper sus lazos con las estepas de Asia. El resultado fue su dispersión y absorción en otros pueblos, desaparecieron sin rastros en el mar de los pueblos.

Ya Árpád miró hacia el oeste para encontrar la nueva patria y Géza tomó la decisión que la integración se hace definitiva tomando los valores culturales de los pueblos vecinos del occidente, italianos y alemanes. Su mérito fue alejarse de la influencia rusa creciente, lo que no lograron los búlgaros, un pueblo turco, transformado en eslavo y de la influencia oriental griega-bizantina.

Apenas Esteban subió al trono, sus enemigos internos paganos, creyéndolo inexperto y débil, se levantaron, tratando de recuperar su antiguo poder e independencia. Primero fue Koppány, quien quería mantener no sólo la religión antigua, sino también las formas tradicionales de sucesión (senioratus), contra el nuevo derecho de sucesión cristiano (primogenitus). Su ejército fue derrotado por las tropas reales, Koppány fue muerto en batalla, su cuerpo descuartizado y cada parte fue clavada en los portones de cuatro ciudades importantes, incluyendo una en la lejana Transilvania, para hacer recapacitar al gobernador, llamado "gyula", otro pariente de Esteban, quien fue considerado como semirebelde. Como hiciera Carlomagno con el último "kagan" ávaro, así aniquiló Esteban al último importante representante de la forma tradicional de vida, siendo nombrado "defensor Christianitatis".

Este papel le hizo merecedor para pedir al papa Silvestre II, gran amigo y ex-preceptor del emperador Otón III en su corte de Aachen, el reconocimiento de su dignidad y título reales y la autorización de organizar la iglesia católica húngara. Silvestre II fue una personalidad muy importante de su época, a pesar de su corto reinado entre 999 y 1003. En su juventud fue un monje francés de origen humilde de nombre Gerbert, luego obispo de Reims y de Ravenna, y es considerado uno de los eruditos más importantes de su generación, como matemático, astrólogo y alquimista, por lo cual sus enemigos hasta lo acusaron de hechicero. Él introdujo los números arábigos en occidente en lugar de los números romanos, de uso tan incómodo, aún en boga en esa época, aunque los mismos no se difundieron ampliamente por dos siglos más. Silvestre fue el educador del joven emperador Otón III, con quien soñaron un cristianismo universal por medio de cruzadas. Pero el sueño se desvaneció al morir muy joven Otón III en 1003 y a los pocos meses también Silvestre, bajo la sospecha de haber sido envenenado.

Volviendo al pedido de la corona, Silvestre recibió con alegría a los enviados de Esteban y envió la corona solicitada junto con una cruz apostólica, como símbolo del hecho que la organización de la iglesia húngara se hará directamente bajo dirección papal y en forma independiente de otros estados extranjeros. Fue una corona cerrada arriba, la abierta fue usada por príncipes y reyes vasallos de los emperadores alemán o bizantino, la forma de la corona húngara demostró la independencia del nuevo reino de cualquier poder terrenal.

En Navidad del año 1000 con el apoyo de su pueblo, ungido por los santos óleos y con el toque de la santa corona en su frente el nuevo rey inició, con la cruz apostólica en su mano derecha, la propagación de la fe cristiana, el mejoramiento de su pueblo y el florecimiento de su patria.

Mientras se inicia el largo y glorioso reinado de Esteban en Hungría en el año 1000 y hasta 1038, veamos como fue la propagación del cristianismo en los países aún paganos. En el siglo X. casi simultáneamente checos, polacos y escandinavos también se estaban convirtiendo al rito romano. Los lituanos lo harán sólo casi 400 años después, por obra de la hija del rey Luis "El Grande" de Hungría, Santa Hedvig, quien se casó con el rey de Polonia y fue canonizada hace pocos años por el papa Juan Pablo II. El cristianismo checo vino desde Alemania introducido por la primera familia de soberanos, los Premislidas a partir de 874. Su descendiente, San Wenceslao, propagador entusiasta de la religión romana, reconoció la soberanía del rey Enrique I. en 929. Pero surgió un movimiento conspiratorio contra de él, siendo asesinado. A partir de entonces muchos de los jefes paganos resistieron el avance del cristianismo y solamente hacia fines del siglo X. puede considerarse la conversión checa como un acontecimiento generalizado.


En Polonia Miscislav de la familia Piast, vasallo del emperador Otón I. aceptó el bautismo en 966, iniciando la era cristiana en Polonia. A diferencia de los checos, cuyo soberano se mantuvo como elector y por consiguiente súbdito del emperador, los polacos también tuvieron el reconocimiento de su reino en 1018, después que Enrique II, rey de Baviera y cuñado de San Esteban, llegara a ser el emperador.

Rusia pasó del paganismo al cristianismo bajo el príncipe Vladimir de Kiev. Era un mujeriego con 300 concubinas en tres ciudades diferentes, aunque no llegó al récord del rey bíblico Salomón, de quien se decía que tenía 700 esposas y 300 concubinas. Vladimir vio que el paganismo estaba en decadencia y según cuentan las anécdotas de la época, iba a recibir emisarios de las cuatro religiones principales para que le explicaran las ventajas de su fe y en base a esto hacer su elección. Primero vino una misión musulmana. Le describieron los placeres del paraíso, donde cada hombre recibirá 70 bellas "huris". Vladimir escuchó con complacencia, pero cuando le agregaron que deberá abstenerse de cerdo y bebidas alcohólicas, los echó, diciendo que "beber es la pasión nacional de los rusos". Luego vino una delegación de alemanes católicos romanos, pero cuando expusieron que el requerimiento principal de su fe es ayunar según la fuerza de cada uno, les contestó que "este principio es contrario a las costumbres rusas".

Peor le fue a los kazares judíos. Vladimir les preguntó, por qué no gobiernan más Jerusalén? Ellos respondieron: "Dios se enojó con nuestros antepasados y nos esparció entre los gentiles". Vladimir replicó: "cómo pueden esperar de enseñar a otros, cuando Uds. mismos fueron abandonados por la mano de Dios? Quieren que aceptemos nosotros también su destino?". El cuarto y último misionero fue un erudito griego de Bizancio. Para denostar a las otras religiones primero explicó que los musulmanes mojan su excremento y ungen con el mismo sus barbas, para recordar a Mahoma. Luego acusó a los judíos de crucificar a Jesucristo y a los católicos romanos, en forma más suave, de modificar los ritos sagrados. Finalmente explicó las bases de los testamentos antiguo y nuevo, presionando a Vladimir a bautizarse. Sin embargo al cabo de un año Vladimir no sólo seguía dudando, sino atacó con una fuerza considerable la ciudad griega de Cherson, un puerto importante en Crimea.

Por un traidor, quien envió una flecha al campamento ruso, indicando que si cortan el suministro de agua que entran por unos tubos subterráneos a la ciudad, ésta se rendirá, logró conquistar la ciudad e hizo la promesa de bautizarse. Olvidándose de su voto, envió una nota altanera a los emperadores conjuntos, Basilio y Constantino: "He oído que tienen una hermana soltera. Si me la dan en casamiento, no destruiré vuestra ciudad, tal como hice con otras fortalezas griegas". La respuesta no tardó en llegar: "Si te bautizas, tendrás a nuestra hermana como esposa, heredarás el reino de Dios y serás nuestro hermano en la fe." Esto ocurrió en 988, el cristianismo griego llegó a ser la religión oficial de Rusia y a partir de 1037 la iglesia rusa fue gobernada por el patriarca de Constaninopla. Este hecho fue una victoria resonante de la diplomacia bizantina. Aunque las anécdotas anteriores pueden ser apócrifas, podemos pensar de que manera hubiera cambiado el futuro del mundo, si Vladimiro hubiera elegido el islam o el cristianismo romano para el pueblo ruso.

Todos los soberanos mencionados que introdujeron la nueva fe en sus países fueron paganos y probablemente aceptaron el cristianismo únicamente por conveniencia o necesidad política, tal como fue el caso de Géza en Hungría. Él se dio cuenta que no hay otro precio a pagar para lograr una paz y tranquilidad duraderas. En cambio su hijo ya creció en una educación cristiana y fue un creyente confirmado, no nominal, como su padre. Cuando Géza murió y Esteban ascendió al poder en 997, decidió que su pueblo ya no podrá ser medio pagano y medio cristiano. Deseó transformar al cristianismo en la religión del estado e imbuir a todos los húngaros con una fe firme.


El mismo dio el ejemplo. En cada ocasión que surgió, estaba dispuesto a enseñar e interpretar las sagradas escrituras. Hizo construir iglesias y las proveyó con libros y vestimentas sacras. El manto de coronación es de esa época y se dice que la reina Gisela la bordó personalmente para la iglesia de la ciudad de Veszprém, donde a partir de entonces se coronaron las reinas húngaras. Apoyó a los benedictinos en construir monasterios en distintas partes del país, donde no sólo se propagó la fe, sino también fueron usados como escuelas para la enseñanza de lectura y escritura de los jóvenes. A su vez a los adultos les enseñaron artesanías y métodos de labranza, con lo cual lograron dispar la desconfianza natural de los viejos paganos y atraerlos a la fe cristiana.

Toda innovación tiene sus enemigos y la nueva fe no fue la excepción. Fue fuertemente opuesta por mucha gente, para quienes la declinación de la vieja fe parecía un desastre nacional. Para contrarrestarlos Esteban introdujo medidas legislativas. Por ley cada diez pueblos tenían que tener una iglesia, se prohibió el trabajo manual en el día del señor, los domingos, en el cual todos debían asistir a misa. Dividió al país en diez diócesis, cuyos obispos estaban subordinados al arzobispado de la capital, Esztergom.

Estos obispos, por su cultura y erudición llegaron a ser los principales consejeros del rey, aunque el hecho anómalo fue que no hablaban húngaro, porque en tan poco tiempo apenas pudieron formarse un puñado de sacerdotes húngaros y ningún obispo. También la princesa bávara introdujo su idioma extranjero y costumbres foráneas, con lo que los pocos señores húngaros rebeldes, muchos aún adherentes de la antigua religión, se sintieron incómodos y desaparecieron del entorno real.

El rey, para incrementar su autoridad, interna y en especial externamente, vio la necesidad de fundar una monarquía cristiana, con fuerte poder central, donde no sea sólo jefe de la tribu central "magyar", sino soberano indiscutido, aceptado por los otros jefes, aunque por algunos, aún arraigados en las costumbres antiguas, a regañadientes.

La elevación de Hungría al nivel de reino cristiano lo equiparó con la posición de los reyes de otros estados europeos, siendo una monarca ungido y coronado. Fue rey por la "gracia de Dios", con lo que claramente estaba por encima de sus jefes. Sin embargo, aún después de vencer la rebelión de su primo pagano, Koppány, quedaron algunos focos paganos opositores, especialmente en Transilvania. Esteban envió su ejército, ya no comandado por el mismo, sino por un súbdito leal de la nueva generación, Csanád, derrotando el último punto de resistencia y uniendo a Transilvania definitivamente al reino central, eliminando también la propagación del rito oriental en el sudeste del país.

Los próximos años fueron de afianzamiento del poder real y de la introducción de leyes novedosas y creativas. Quizás la ley de mayor importancia fue la que permitió a individuos privados de poseer tierras, hasta entonces un hecho desconocido. La tierra fue la propiedad conjunta de las tribus y su cultivo fue una tarea comunitaria. Con las tierras confiscadas a los jefes paganos rebeldes creó una propiedad de la Corona la que pudo ser distribuida convenientemente entre sus súbditos leales. Aún dentro de las tribus adictas al reino cristiano se hizo la división entre individuos, tal como era la costumbre en los países occidentales de Europa.


También introdujo el diezmo, el pago del 10% para la iglesia, diciendo que "a quien Dios dio diez en un año, dé de esto un décimo a Dios". Una cuarta parte del diezmo fue para el obispado, otra para el párroco, otra para el mantenimiento de las iglesias y la cuarta para ayuda a los pobres. Su ley decía: "si alguien esconde su diezmo, pague en compensación nueve". Se dictaron leyes con castigos severos para los contraventores a los preceptos de la iglesia, tomadas verbalmente de las leyes contemporáneas alemanas e italianas. Con esto la religión católica romana llegó a ser la oficial del estado.

En total se editaron dos "libros de leyes" escritos, el primero en el año 1001 y el segundo alrededor de 1010, en cuya introducción el rey Esteban aclara que "siguiendo el ejemplo de emperadores antiguos y actuales se fija, en base a leyes, como debe vivir el pueblo una vida honesta y pacífica".

La era del paganismo poco a poco se extinguió, sólo quedaron algunos pastores en las espesuras de los bosques o en valles de montañas lejanas, quienes aún sacrificaron a sus dioses antiguos, pero ya nadie se preocupó de ellos. En Hungría se radicó una nueva fe, un nuevo pensamiento y una nueva cultura: la fe de Cristo, el pensamiento cristiano y la cultura latina-occidental de los monjes, cuyos centros fueron los monasterios de San Benedicto.

Uno de los derechos más importantes de los reyes cristianos fue el de acuñar su propia moneda. Apenas ocupó Esteban su trono, fundó un taller de acuñación, trayendo maestros bávaros e italianos. En sus monedas de plata figuró de un lado "Stephanus Rex", del otro "Regia civitas".

La calidad en peso, aspecto y finura fue similar a las monedas de Enrique II de Baviera y su valor llegó a ser inmediatamente superior a los denarios de plata checos y alemanes. En pocos años el denario húngaro fue la moneda más utilizada en Polonia, Silesia, Bohemia, Moravia, hasta en Dinamarca, Livonia y las Islas Faroer. Hungría tenía sus propias minas de plata, con lo cual y por la amplia difusión de su moneda, el reino cosechó excelentes beneficios. Aún así, el hombre común tenía poco acceso al dinero contante y en las ferias populares los precios se fijaban a la usanza antigua en terneros o cueros y pieles de animales.

El progreso e integración de Hungría fueron muy promovidos por la apertura del camino de peregrinación a Jerusalén en 1018, a través de la ciudad de Székesfehérvár (Alba Regia), donde el rey Esteban construyó su nueva sede y una catedral usada como capilla real. Esta decisión cosechó la gratitud de todos los feligreses de rito latino, porque fue la primera ruta por tierra firme a la Tierra Santa y causó que Hungría entre en el tráfico de comerciantes y peregrinos de occidente, entre ellos Gellért, quien vino desde Venecia y llegó a ser obispo en Hungría y el preceptor del hijo de Esteban, Imre.

Esteban y Gisela tuvieron dos hijos varones, el primero, Otto murió inmediatamente y el segundo, Imre, nacido en 1007, fue preparado para suceder al padre como rey. Su educación esmerada y calidades humanas excepcionales lo calificaron para este papel. El obispo Gellért le formó en profunda religiosidad, de vida ejemplar. Otros maestros le enseñaron diariamente en el arte de gobernar y en el dominio de idiomas. Su padre preparó un libro de consejos, donde le indica que ante todo mantenga la religión católica, defienda el orden eclesiástico, respete la dignidad de los obispos, administre justicia, sea paciente en cada acto, reciba con benevolencia a los residentes extranjeros, siga el ejemplo de sus antepasados y ejerza la gracia y la piedad junto con las demás virtudes. Este libro, titulado "Advertencias de moral" fue incorporado a los libros de leyes del reino y expresa fielmente el pensamiento de San Esteban.

En los 30 primeros años de su reinado Esteban ha creado un país estable y de poder creciente, sin conflictos exteriores importantes. Ya en 1002, a la muerte del emperador Otto III, los estados alemanes eligen como emperador al hermano de Gisela, cuñado de Esteban, quien reinó como emperador Enrique II. Durante su reinado hubo una excelente relación con Hungría. Al morir en 1024 sin descendencia, se extinguió la rama sajona y los príncipes electores se inclinaron por el franco Conrado II, descendiente de Otto I por rama materna. A Conrado no le agradó que el rey húngaro no fuera su vasallo, tal como eran todos los príncipes alemanes y los reyes checo y polaco. En 1030 inició una guerra contra Hungría, para lograr el sojuzgamiento de su soberano.

Conrado pensó que Esteban era un rey débil, pero se equivocó, porque su ejército sufrió una derrota aplastante, donde Esteban usó las tácticas antiguas. Se retiró detrás de una región de lagos y pantanos, destruyendo todos los campos en el camino. Las pesadas tropas alemanas se hundieron en los pantanos, no pudieron desplegarse en los bosques y carecieron de alimentos. Entretanto el ejército húngaro los tomó por la retaguardia y eli-minó la totalidad del enemigo, ocupando Viena. Conrado volvió sin ejército y sin éxito y toda Baviera estaba a los pies del rey húngaro. Sin embargo Esteban, con su mentali-dad conciliadora, le tendió su mano al emperador vencido y le ofreció una paz honrosa.

En ese momento Hungría estaba en su apogeo, fuerte, unido, estable y sin enemigos exteriores que puedan complicar su existencia. Un lamentable accidente cambió radicalmente esta situación. Imre murió a los 24 años en un accidente de caza, malherido por un jabalí. El padre quedó tan destruido espiritualmente que quería retirarse a un convento, pero Gisela le convenció que siga reinando, superando su dolor.

Con la desaparición de Imre también se complicó la sucesión. Gisela apoyó a Péter Orseolo, hijo de la hermana de Esteban y del doge de Venecia, quien ya era general del ejército húngaro. Varios jefes húngaros preferían a Vazul, primo de Esteban, hijo del hermano de su padre, por ser el descendiente más cercano de Árpád por rama masculina. Sin embargo Vazul aún simpatizaba con la fe pagana y hasta se casó por los ritos antiguos, con lo que Esteban lo excluyó de la sucesión.


Esto causó que seguidores de Vazul prepararan una conspiración, tratando de asesinar al rey, pero al asesino se le cayó su daga al entrar de noche a la alcoba de Esteban, quien se despertó y lo enfrentó. El delincuente confesó, los conspiradores fueron presos y de acuerdo a la usanza de la época, a Vazul le sacaron los ojos y le echaron plomo en sus oídos para incapacitarlo. A los tres hijos de Vazul le hubiera correspondido la misma suerte, pero Esteban fue benévolo y les facilitó que se exilaran.

Esta fue una previsión sabia, porque después de la muerte de Esteban y un reinado corto y poco exitoso de Péter Orseolo, dos de los hijos de Vazul fueron sucesivamente reyes de Hungría y los descendientes del menor de ellos reinaron Hungría por casi tres siglos más. En la Europa de esa época el castigo cruel que sufrió Vazul fue habitual. Las leyes contemporáneas no sólo previeron la incapacitación de la persona que ataca a su rey con intenciones asesinas, sino ordenaron hacer lo mismo con sus hijos inocentes, lo que Esteban no hizo por su naturaleza condescendiente.

Poco después, el 15 de agosto de 1038, día de la Virgen, cerca de los 70 años de edad y después de 42 años de reinado, Esteban muere. Era el hombre de estado más importante de la historia de Hungría, quien en apenas cuarenta años ha construido un país que perduró a través de 1000 años en la cuenca de los Cárpatos, la que forma una unidad geográfica única y que fue desmembrada en 1920 por medio del injusto tratado de paz de Trianon.

En reconocimiento de sus cualidades religiosas Esteban y su hijo, Imre, fueron santifi-cados por el papa Gregorio VII en 1083. Imre es Sanctus Emericus en latín, o bien Emérico en español, Amerigo en italiano y Aimeric en francés. En la época del Renacimiento fue un santo muy venerado en Europa, considerado el santo patrono de la juventud. En Florencia hay un retrato de altar importante del año 1391 que lleva el nombre de San Amerigo d´Ungheria y este nombre fue muy popular en el siglo XV. Como tal fue impuesto a Amerigo Vespucci, famoso explorador y geógrafo, quien hizo varios viajes al nuevo continente entre 1498 y 1502 y de quien el cartógrafo Martin Waldseemüller nombró América. Así el nombre de nuestro continente proviene de este santo húngaro. Inclusive el cardenal John O´Connor de Nueva York, fallecido hace poco, instruyó su diócesis que el 5 de noviembre, día de San Imre, se festeje el onomástico del continente americano, por primera vez en el actual año del milenio.

San Esteban, fundador del reino de Hungría, santo patrono del país y su soberano más venerado, fue enterrado en Alba Regia. Allí se guarda su ataúd, pero el cuerpo ya no se encuentra, aunque sí se conserva su brazo derecho intacto que se guarda en la Basílica San Esteban de Budapest, como reliquia religiosa. El día de su santificación, el 20 de agosto, es la fiesta nacional más importante de Hungría, cuando se efectúa la procesión anual con el "brazo derecho santo".

El monumento principal de San Esteban es una de las estatuas más lindas e importantes de Budapest, al lado del Bastión de los Pescadores y la preciosa iglesia gótica Matías en el barrio del Palacio Real. La corona real este año se trasladó del Museo Nacional al Parlamento, desde donde se legisla la moderna República de Hungría. Su exhibición en ese lugar demuestra que después de 1000 años sigue siendo el símbolo del estado húngaro, para la generación actual y de todas las generaciones futuras.

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Bibliografía:

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Miguel Ferdinándy: Historia de Hungría - Un Pueblo entre Oriente y Occidente (Alianza Editorial, Madrid)

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Eckhart Ferenc: Magyarország Története (Délamerikai Magyarság, Buenos Aires)

Zsoldos Attila: Az Árpádok és Alattvalóik, Magyarország Története 1301-ig (Csokonai Kiadó, Történelmi Kézikönyvtár, Debrecen, 1997)

Kristó Gyula: A tizenegyedik század története (Pannonica Kiadó, 1999)

Györffy György: A Honfoglalástól Szent István M?véig - Romlás és Reménység (Kortárs Kiadó, Budapest, 2000)

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Esteban significa: "coronado" (estebo= corona).

Este santo tiene el honor de haber convertido al catolicismo al reino de Hungría.

Fue bautizado por San Adalberto (polaco y padre de la Polonia cristiana), y tuvo la suerte de casarse con Gisela, la hermana de San Enrique de Alemania, la cual influyó mucho en su vida.

Valiente guerrero y muy buen organizador, logró derrotar en fuertes batallas a todos los que se querían oponer a que él gobernara la nación, como le correspondía, pues era el hijo del mandatario anterior.

Cuando ya hubo derrotado a todos aquellos que se habían opuesto a él cuando quiso propagar la religión católica por todo el país y acabar la idolatría y las falsas religiones, y había organizado la nación en varios obispados, envió al obispo principal, San Astrik, a Roma a obtener del Papa Silvestre II la aprobación para los obispados y que le concediera el título de rey. El sumo Pontífice se alegró mucho ante tantas buenas noticias y le envío una corona de oro, nombrándolo rey de Hungría. Y así en el año 1000 fue coronado solemnemente por el enviado del Papa como primer rey de aquel país.

El cariño del rey Esteban por la religión católica era inmenso; a los obispos y sacerdotes los trataba con extremo respeto y hacía que sus súbditos lo imitaran en demostrarles gran veneración. Su devoción por la Virgen Santísima era extraordinaria. Levantaba templos en su honor y la invocaba en todos sus momentos difíciles. Fundaba conventos y los dotaba de todo lo necesario. Ordenó que cada 10 pueblos debían construir un templo, y a cada Iglesia se encargaba de dotarla de ornamentos, libros, cálices y demás objetos necesarios para mantener el personal de religiosos allá. Lo mismo hizo en Roma.

La cantidad de limosnas que este santo rey repartía era tan extraordinaria, que la gente exclamaba: "¡Ahora sí se van a acabar los pobres!". El personalmente atendía con gran bondad a todas las gentes que llegaban a hablarle o a pedirle favores, pero prefería siempre a los más pobres, diciendo: "Ellos representan mejor a Jesucristo, a quien yo quiero atender de manera especial".

Para conocer mejor la terrible situación de los más necesitados, se disfrazaba de sencillo albañil y salía de noche por las calles a repartir ayudas. Y una noche al encontrarse con un enorme grupo de menesterosos empezó a repartirles las monedas que llevaba. Estos, incapaces de aguardar a que les llegara a cada quien un turno para recibir, se le lanzaron encima, quitándole todo y lo molieron a palos. Cuando se hubieron alejado, el santo se arrodilló y dio gracias a Dios por haberle permitido ofrecer aquel sacrificio. Cuando narró esto en el palacio, sus empleados celebraron aquella aventura, pero le aconsejaron que debía andar con más prudencia para evitar peligros. El les dijo: " Una cosa sí me he propuesto: no negar jamás una ayuda o un favor. Si en mí existe la capacidad de hacerlo".

A su hijo lo educó con todo esmero y para él dejó escritos unos bellos consejos, recomendándole huir de toda impureza y del orgullo. Ser paciente, muy generoso con los pobres y en extremo respetuoso con la santa Iglesia Católica.

La gente al ver su modo tan admirable de practicar la religión exclamaba: " El rey Esteban convierte más personas con buenos ejemplos, que con sus leyes o palabras".

Dios, para poderlo hacer llegar a mayor santidad, permitió que en sus últimos años Esteban tuviera que sufrir muchos padecimientos. Y uno de ellos fue que su hijo en quien él tenía puestas todas sus esperanzas y al cual había formado muy bien, muriera en una cacería, quedando el santo rey sin sucesor. El exclamó al saber tan infausta noticia: "El Señor me lo dio, el Señor me los quitó. Bendito sea Dios". Pero esto fue para su corazón una pena inmensa.

Los últimos años de su vida tuvo que padecer muy dolorosas enfermedades que lo fueron purificando y santificando cada vez más.

El 15 de agosto del año 1038, día de la Asunción, fiesta muy querida por él, expiró santamente. Desde entonces la nación Húngara siempre ha sido muy católica. A los 45 años de muerto, el Sumo Pontífice permitió que lo invocaran como santo y en su sepulcro se obraron admirables milagros.

Que nuestro Dios Todopoderoso nos envíe en todo el mundo muchos gobernantes que sepan ser tan buenos católicos y tan generosos con los necesitados como lo fue el santo rey Esteban.

 

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Viva Hispania Romana y Visigoda.-

 

 

 

 

El problema de la inmigración en Europa

 

El sueño de miles de personas para abrazar un futuro mejor

Por Alban D’Entremont

En el ambiente volátil de los movimientos migratorios actuales en Europa, resulta difícil predecir, incluso a corto plazo, el rumbo que tomarán los flujos espaciales masivos. Pero no es arriesgado afirmar que la inmigración continuará siendo una importante variable dentro de la compleja configuración del espacio social, cultural, político y económico europeo, y que en España se avecinan grandes cambios en los próximos años.


LA INMIGRACIÓN OFRECE múltiples caras. Por un lado, muchos consideran la libertad de poder moverse a través de las fronteras internacionales como una realidad inevitable y cada vez más generalizada en la sociedad post-industrial; más aún, como un fenómeno necesario y deseable, acorde con la dignidad humana, y, por lo tanto, un derecho uis peregrinandi que debería reconocerse plenamente. Quienes mantienen esta postura condenan a los grupos políticos, sociales o económicos que abogan en favor de la justicia social para sus propias gentes, pero no parecen dispuestos a defender las mismas reivindicaciones cuando se expresan en favor de los extranjeros residentes en su país.

Se articula, a veces, como base para excluir a los extranjeros que llegan a las puertas de un nuevo país o de una nueva región, el argumento de que tienen prioridad absoluta los derechos de los ciudadanos autóctonos a gozar de los frutos del propio trabajo frente a los inmigrantes, cuya presencia se considera como una amenaza o como una usurpación. En el contexto de este dilema actual, es relevante la consideración de los impactos económicos y sociales de la inmigración.
El argumento político y económico que más se ha esgrimido en contra de la admisión de inmigrantes es el supuesto hecho de que quitan muchos puestos de trabajo a la población autóctona. Frente a este argumento, la teoría económica dice que tiene que haber algo de desempleo en algunos sectores y momentos debido a la inmigración, del mismo modo que la mecanización y la robotización, tan típicos del momento económico actual, producen efectos negativos sobre la fuerza laboral en algunos casos y en determinados países y momentos.

Pero no se ha demostrado que pueda generarse un desempleo sustancial y generalizado causado por los inmigrantes en regiones de mucha inmigración. Más bien al contrario: tanto en las zonas de gran inmigración histórica como en las más recientes y actuales, parece que la inmigración ha sido y está siendo, desde el punto de vista económico, generalmente beneficiosa para las regiones de acogida.

Muchas veces, los inmigrantes no entran en competencia directa con la población autóctona en los trabajos y los sueldos que están dispuestos a aceptar, porque siempre quedan empleos de bajo estatus que la población nativa rechaza —incluso en momentos de gran incidencia de paro—. Al mismo tiempo, los inmigrantes pueden crear un aumento en la demanda de trabajo en muchas ocupaciones. No sólo consumen bienes y servicios, lo cual en sí es beneficioso, también los crean y los distribuyen. A la larga, es muy posible que la inmigración actual pueda llegar a crear tantos puestos de trabajo con su producción y su gasto, como los que lleguen a ocupar, y así ocurrió con la primera inmigración fuerte a los países del Nuevo Mundo en otras épocas.

El tema más de fondo en tomo a las migraciones en Occidente, ya en el ámbito social, consiste en que la mayor parte de los inmigrantes procede de los países más pobres del mundo, y esto, desde el lado de los integrantes de los movimientos migratorios, acarrea, a gran escala, los problemas de inadaptación física, psicológica y social que entraña todo movimiento horizontal.

Por otra parte, los argumentos de tipo económico suelen encubrir la grave cuestión del rechazo de los inmigrantes, lo cual ha propiciado, en los últimos años, el surgimiento de movimientos ultranacionalistas excluyentes — en Francia, Austria y Alemania, por ejemplo—, asociados a brotes periódicos de extrema violencia.

Estos brotes reflejan un racismo —discriminación por motivo de la raza— y una xenofobia —odio hacia los extranjeros—, males que no han sido erradicados del mundo desarrollado a pesar de los grandes logros sociales de la modernidad. Debido a todo esto, alrededor de la inmigración las personas y las naciones todavía tienen que superar muchas barreras y opacidades heredadas de épocas históricas más oscuras en el caminar de la humanidad hacia el verdadero progreso y hacia el verdadero cambio social.

Asimilación. integración e inserción

Como parte de ese caminar hacia el progreso, al margen de los diferentes procesos de inadaptación y de discriminación, los inmigrantes suelen ser objeto de un triple proceso que invariablemente entraña su asimilación, su integración o su mera inserción en la comunidad de acogida.

El término asimilación describe el fenómeno mediante el cual el inmigrante se convierte en una parte indisociable del conjunto mayoritario, en el cual se funde completamente, hasta el punto de perder su propia identidad originaria. La Sociología asemeja este concepto al de la aculturación, según la cual el grupo minoritario, con el tiempo —dos o tres generaciones como máximo— llega a perder hasta los últimos elementos esenciales de su herencia cultural: la memoria colectiva y las creencias religiosas, las costumbres y las tradiciones, el folklore y la lengua.

Este fenómeno de asimilación de inmigrantes ha sido muy fuerte en algunos países de Occidente, como por ejemplo en Estados Unidos, como resultado de la aplicación práctica de la idea del famoso crisol de fundición o melting pot.

La asimilación es beneficiosa, a la larga, para el país de acogida, porque evita las asperezas y los conflictos derivados de la diversidad étnica, pero no pocos científicos sociales la consideran reprobable, porque el precio que paga el inmigrante, para conseguir la seguridad económica y la paz social en su nuevo entorno, es muy elevado en términos de pérdida de raíces, identidad y riqueza personal y cultural.

La integración hace referencia al fenómeno por el cual los inmigrantes llegan a participar en las actividades y a adherirse al conjunto global de los valores del grupo mayoritario de la comunidad de acogida, pero sin sacrificar su propia identidad. Este proceso es entonces mucho menos intenso que el de la asimilación: el inmigrante no llega a renunciar nunca a su propia cultura, sino que compagina su pertenencia a esa cultura originaria con la participación en muchos de los valores de la cultura del país de acogida.

Logra igualmente la seguridad económica y la paz social, pero ya no en completa consonancia con la sociedad que le rodea hasta el punto de fundirse en ella, como en el caso de la asimilación, sino guardando no pocos elementos de su propia identidad, normalmente aquellos que no entran en conflicto con los rasgos básicos de identidad del grupo mayoritario.

Este fenómeno de la integración, según el cual los inmigrantes siguen manteniendo muchos rasgos de su propia identidad, a la vez que van siendo “nunca mejor dicho” integrados más plenamente en la comunidad, es lo que ha estado ocurriendo en países como Canadá, por ejemplo, con su famoso “mosaico multicultural” y esta vía se considera como el mejor modo (aunque el más difícil de conseguir) para encarrilar el fenómeno de la inmigración desde el punto de vista económico, cultural, social y político.

La asimilación y la integración se contraponen al tercer fenómeno que afecta a la población inmigratoria, el de la inserción. Este fenómeno se refiere al caso de inmigrantes que no abandonan prácticamente ningún elemento de su identidad ni los modos propios de su país de origen, sino que mantienen a toda costa sus tradiciones, su estructura mental y social en el país de acogida, para así intentar negociar los términos de su presencia en esa sociedad.

Esta negociación se lleva a cabo sobre la base de la reivindicación de un cierto número de derechos específicos de las minorías étnicas, religiosas, lingüísticas y raciales, y no se halla libre de polémica, controversia o conflicto.

En sentido estricto, se puede decir que de algún modo estos grupos de inmigrantes no llegan, ni con el tiempo, a pertenecer realmente a la sociedad de acogida, sino que simplemente están metidos, insertados, en ella físicamente, pero no psicológicamente, y no pocas veces están enfrentadas con ella, a pesar de que han logrado un cierto grado de seguridad económica y de paz social. Este es el caso típico, por ejemplo, de los turcos en Alemania, y de los distintos grupos islámicos en Francia y en otros países europeos, en torno a los cuales gira la mayor parte del problema de la inmigración en Europa hoy en día.

Sin política supranacional

De acuerdo con este problema, los distintos países occidentales han establecido leyes y programas de actuación que conforman un modelo u otro de asimilación, integración o inserción. En Europa, concretamente, la cuestión de la inmigración no forma parte de una política supranacional: cada país conserva su soberanía en esta materia.

Pero aunque cada país tiene su propia política de control de las entradas, permiso de residencia y de trabajo, con el proceso de consolidación de la Unión Europea, es posible que a corto o medio plazo se produzca una cierta homogeneización.

A esto cabe añadir que la nueva situación creada con la caída de las economías planificadas del Este europeo y la reunificación alemana, así como los conflictos en la antigua Yugoslavia y en Albania, por ejemplo, plantea una nueva variante respecto de las expectativas de los inmigrantes prospectivos, y permite pensar en un cambio en la balanza migratoria, y en consecuencia en la disyuntiva integración-exclusión.

La Europa del Este podría convertirse en un serio competidor del mundo menos desarrollado en cuanto al suministro de mano de obra, dada la mayor similitud cultural y la percepción que se tiene, en Europa occidental, de la mayor cualificación, experiencia y disciplina de sus trabajadores.

Pero no es factible pensar que la presión del mundo menos desarrollado se vaya a frenar simplemente con políticas selectivas o más restrictivas. Mientras persistan desequilibrios económicos y sociales tan abultados como los que existen entre los países del mundo desarrollado y los del mundo menos desarrollado, es más que probable que las corrientes migratorias hacia Europa no sólo vayan a continuar, sino que incluso aumenten.

Valoración de la inmigración

El problema de la inmigración es en el fondo una cuestión más social que económica en la Europa actual. En el caso concreto de España, a pesar de los episodios esporádicos de problemas relacionados con las fronteras y con la inmigración clandestina, sobre todo en torno al estrecho de Gibraltar, está relativamente al margen de los graves problemas de la inmigración actual.

También es cierto que los movimientos migratorios recientes en España han sido mucho más interregionales que internacionales, hasta el punto de que la presencia de inmigrantes extranjeros, en amplias zonas de España, no se hace notar excesivamente, dentro de un contexto de una inmigración legal relativamente pequeña en número, que apenas rebasa el uno por ciento de la población total asentada y residente en España.

Además, España es uno de los países europeos más homogéneos en lo que a la identificación cultural y nacional se refiere, a diferencia de los otros países del entorno, que ostentan características de una mayor diversificación cultural de base —precisamente por la inmigración, entre otros factores— en comparación con España.

Esto redunda en el hecho de que los españoles suelen adoptar actitudes relativamente homogéneas frente a los acontecimientos y a las realidades que les atañen más directamente, y hoy la inmigración no parece ofrecer grandes puntos de conflictividad o de rechazo, a tenor de los hechos diarios y las estadísticas. Y aunque los tristemente conocidos enfrentamientos del Poniente almeriense han hecho sonar la señal de alarma como síntoma de peligro, los españoles aparecen, en general, como muy tolerantes con los inmigrantes, pero, en comparación con los otros países europeos, el contacto diario de los españoles con personas procedentes del extranjero, por regla general, es menos frecuente y menos intenso, por lo que la posibilidad de tensión y de conflicto se reduce sustancialmente.

Por otro lado, como sucede con el resto de los europeos, también los españoles manifiestan preferencias algo marcadas en favor de los inmigrantes de su propio entorno geográfico y político (Europa), o cultural e histórico (América Latina), y menos simpatía hacia los inmigrantes procedentes de Asia, de América del Norte y sobre todo de África, siempre dentro de un contexto generalmente favorable y dentro de estrechos márgenes de valoración.

Puede ser que la menor valoración otorgada por los españoles a los inmigrantes procedentes de Estados Unidos sea, más que nada, simplemente una cuestión sintomática de los tiempos que corren, dada la costumbre muy extendida, en este país y en muchos otros hasta el punto de ser un reflejo prácticamente atávico o subconsciente, de manifestar aversión y rechazo respecto de los llamados yankees, cuando en realidad no hay verdaderas causas personales o institucionales graves que justifiquen tal animadversión.

La menor valoración otorgada a los asiáticos y a los africanos tampoco debe extrañar por su parte, puesto que el desconocimiento de otras razas y de otras culturas es siempre un elemento automático de distanciamiento, sin que por ello medien necesaria o normalmente sentimientos profundos de odio, desprecio u otras actitudes de rechazo consciente y deliberado. Con todo, esta valoración puede servimos de aviso, porque los mayores contingentes de inmigrantes que se puede esperar que vayan a seguir fluyendo a nuestras fronteras y costas en los años próximos, provienen precisamente de estos dos últimos continentes sobre todo de África, y van a ser más frecuentes y más intensos los intercambios personales e institucionales con una población inmigrante cada vez más visible y activa.

Entre otras cosas, está por ver si la inmigración incrementada en España discurrirá por derroteros de asimilación, integración o inserción. Los españoles, que según una costumbre muy arraigada, siempre han tenido a gala manifestarse, individual y colectivamente, como ciudadanos de un pueblo no racista y no xenófobo, frente al supuesto chauvinismo de otros países europeos, tendrán su verdadera prueba de fuego, sin duda alguna, antes de que termine el primer tercio del siglo XXI, y muy posiblemente antes de que finalice este decenio.

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Publicado en Julio–Agosto de 2000, nº 553-554 de Nuestro Tiempo
Edición autorizada de arvo.net

 

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Si Europa pierde la familia, perderá su identidad

 

Joseph Cardenal + Ratzinger:

Discurso en una ceremonia organizada por el Senado italiano


ROMA, domingo, 16 mayo 2004- La crisis de la familia en Europa pone en peligro su identidad, considera el cardenal Joseph Ratzinger.

El prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe propuso como respuesta de los valores cristianos como ancla de salvación en un discurso que pronunció el 13 de mayo en una celebración organizada en Roma por el presidente del Senado italiano Marcello Pera.

Pocos días después de la entrada en la Unión Europea de diez nuevos países, el cardenal bávaro constató: «Precisamente en esta hora de su máximo éxito, Europa parece haberse vaciado en su interior, paralizándose en cierto sentido por una crisis en sus sistema circulatorio», una crisis que pone en peligro su «identidad».

«A este desfallecimiento interior de las fuerzas espirituales se le añade el hecho de que también étnicamente Europa parece emprender el camino del adiós», comentó Ratzinger.

El decano del Colegio cardenalicio explicó que «se da una extraña falta de ganas de futuro. Los hijos, que son el futuro, son vistos como una amenaza para el presente; nos quitan algo de nuestra vida, se piensa». Esta situación recuerda, aseguró, al «ocaso del Imperio Romano».

El purpurado evocó cómo Europa --tanto la oriental como la occidental-- conformó su rostro gracias al matrimonio entre el hombre y la mujer, a la luz de la fe bíblica, de modo que «Europa dejaría de ser Europa si esta célula fundamental de su edificio social desapareciera o fuera alterada esencialmente».

«La Carta de los derechos fundamentales [de la Unión Europea] habla del derecho al matrimonio --constató el cardenal--, pero no hace referencia a una específica protección jurídica y moral y ni siquiera lo define de una manera más precisa».

«Y todos sabemos cómo el matrimonio y la familia están amenazados, por una parte, a causa del vaciamiento de su indisolubilidad a través de formas cada vez más fáciles de divorcio; por otra, a causa de un nuevo comportamiento que se va difundiendo cada vez más: la convivencia entre un hombre y una mujer sin la forma jurídica del matrimonio».

Por lo que se refiere a las propuestas de reconocimiento del matrimonio entre homosexuales, el purpurado consideró que «con esta tendencia nos salimos fuera del conjunto de la historia moral de la humanidad».

«No se trata de discriminación --aclaró--, sino más bien de la cuestión de qué es la persona humana en cuanto hombre y mujer». «Nos encontramos ante una disolución de la imagen del ser humano, cuyas consecuencias pueden ser sumamente graves».

Por lo que se refirió a la cuestión religiosa, Ratzinger subrayó que «en nuestra sociedad actual, gracias a Dios, se multa a quien deshonra la fe de Israel, a su imagen de Dios, sus grandes figuras. Se multa a quien ofende al Corán y las convicciones fundamentales del Islam».

Sin embargo, constató, «cuando se trata de Cristo y de lo que es sagrado para los cristianos, entonces la libertad de opinión se presenta como el bien supremo, y si se limita sería como amenazar o incluso destruir la tolerancia y la libertad en general».

«Pero la libertad de opinión no puede destruir el honor y la dignidad del otro; no significa libertad para mentir o para destruir los derechos humanos», subrayó.

En definitiva, Ratzinger, consideró que «para sobrevivir, Europa necesita una nueva --y ciertamente crítica y humilde-- aceptación de sí misma, si quiere realmente sobrevivir». ZS04051602

 

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«La cultura nunca sustituirá a la religión»

«En un momento en el que todo parece existir para desempeñar alguna función, sólo hay tres cosas que desafían esa razón instrumental: Dios, que no tiene más razón de existir que Él mismo; el mal, lo más escandaloso del Holocausto es que no había razón ninguna; y el arte, que resulta un cierto sustituto de Dios. Sin embargo, ésta última es una idea sin esperanza. Dios es capaz de alcanzar a millones de personas, mientras que el arte es minoritario. La cultura nunca sustituirá a la religión. Y ésa es una de las razones por las que la cultura está en crisis. La humanidad también debería existir para sí misma. Lo que necesitamos es una forma de vida que carezca de un propósito definido: que sea un placer en sí y no atienda a intenciones utilitarias o a concienzudos fines metafísicos, que no necesite más justificación que su propia existencia».

 

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¿Cuánto habrá pasado desde que por primera vez un hombre opinó de distinta manera a otro y argumentó? Aunque hoy día más interesante sería ¿cuánto queda hasta que esto deje de suceder? ¿Por qué tantos gobiernos detestan la filosofía?

¿No será para mejor dominar al hombre bajo un neo-totalitarismo? 2005.

 

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“Jamás lo antiguo por antiguo ha sido bueno, como lo nuevo por nuevo, mejor.” S.S. Benedicto XVI.

 

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La Oración debe ir acompañada de obras  - "Cuando yo veo almas muy diligentes a entender la oración que tienen y muy encapotadas cuando están en ella, que parece no se osan bullir ni menear el pensamiento porque no se les vaya un poquito de gusto y devoción que han tenido, háceme ver cuán poco entienden del camino por donde se alcanza la unión, y piensan que allí está todo el negocio. Que no, hermanas, no; obras quiere el Señor, y que si ves una enferma a quien puedes dar algún alivio, no se te dé nada de perder esa devoción y te compadezcas de ella; y si tiene algún dolor, te duela a tí; y si fuere menester, lo ayunes, porque ella lo coma, no tanto por ella, como porque sabes que tu Señor quiere aquello. Esta es la verdadera unión con su voluntad, y que si vieres loar mucho a una persona te alegres más mucho que si te loasen a tí. Esto, a la verdad, fácil es, que si hay humildad, antes tendrá pena de verse loar. Mas esta alegría de que se entiendan las virtudes de las hermanas es gran cosa, y cuando viéremos alguna falta en alguna, sentirla como si fuera en nosotras y encubrirla.

Mucho he dicho en otras partes (Camino de la Perfección 6.4/ 7) de esto, porque veo, hermanas, que si hubiese en ello quiebra vamos perdidas. Plega al Señor nunca la haya, que como esto sea, yo os digo que no dejéis de alcanzar de Su Majestad la unión que queda dicha. Cuando os viéreis faltas en esto, aunque tengáis devoción y regalos, que os parezca habéis llegado ahí, y alguna suspensioncilla en la oración de quietud (que algunas luego les parecerá que está todo hecho), creedme que no habéis llegado a unión, y pedid a nuestro Señor que os dé con perfección este amor del prójimo, y dejad hacer a Su Majestad, que El os dará más que sepáis desear, como vosotras os esforcéis y procuréis en todo lo que pudiereis esto; y forzar vuestra voluntad para que se haga en todo la de las hermanas, aunque perdáis de vuestro derecho, y olvidar vuestro bien por el suyo, aunque más contradicción os haga el natural; y procurar tomar trabajo por quitarle al prójimo, cuando se ofreciere. No penséis que no ha de costar algo y que os lo habéis de hallar hecho. Mirad lo que costó a nuestro Esposo el amor que nos tuvo, que por librarnos de la muerte, la murió tan penosa como muerte de cruz".
 

Santa Teresa de Jesús, doctora de la Iglesia: Castillo interior, Moradas V,3.11
 

Oración: - Señor Dios, Tú nos has hecho ver, a través del ejemplo de santa Teresa de Jesús, cuánto te agrada la oración humilde y la caridad operante; concédenos servirte con una oración fervorosa y una solicitud llena de amor hacia nuestros hermanos de cualquier raza y continente. Te lo pedimos por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

“¡Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!” (Sal 8, 2).

 

Que el ‘domingo’ sea un aliciente para recobrar el sosiego interior que nos permite descubrir con mayor nitidez la hermosura de los muchos dones que hemos recibido de Dios a través de la naturaleza y contemplarlos en familia y con los demás en espíritu de amistad. ¡Feliz domingo!

 

Que nos guíe y acompañe siempre con su intercesión la Santísima Madre de Dios.

Su fe indefectible que sostuvo la fe de Pedro y de los demás Apóstoles, durante más de dos mil años, siga sosteniendo la de las generaciones cristianas, aquella y siempre misma fe. Reina de los Apóstoles, ruega por nosotros. Amen

 

¡Gloria al Jesucristo, base y fundamento de su Iglesia!

 

¡Buenaventura eres Tú, Oh María, Madre de mi Maestro!

 

“Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones” Biblia. Evangelio según San Lucas Cap.1º vs. 48. La Iglesia, hace XXI siglos fundada por Tu Hijo, te alaba, ¡Oh Madre plena de dicha y felicidad!

 

 

Gracias por venir a visitarnos

‘CÓMO LA IGLESIA CONSTRUYÓ LA CIVILIZACIÓN OCCIDENTAL’

Ninguna institución ha hecho más para dar forma a la civilización occidental que la Iglesia Católica, y en modos que muchos de nosotros hemos olvidado o nunca sabido. Como la Iglesia construyó la civilización occidentales una lectura esencial para redescubrir esta relegada verdad. De un modo senillo y muy atractivo. 2007.

Autor: Thomas E. WOODS Jr. -

Editorial: CIUDADELA. 

 

Europa y la Fe’. Editor: Ciudadela Libros. Autor: Hilaire Belloc.
Páginas: 237 - ISBN: 978-84-96836-23-5 -

En esta obra se trata con un realismo histórico apabullante el tema de Europa y su relación con la fe católica. No se debería desconocer este ensayo histórico admirable en que su autor explica cómo la Iglesia católica ayudó a salvar a Occidente, en las Edades oscuras, preservando lo mejor de la civilización griega y romana, y cómo los europeos, todavía hoy, nos beneficiamos de instituciones sociales y de forma políticas de indudable origen católico como los Parlamentos. Es muy posible que no se haya escrito una mejor visión de conjunto de la civilización occidental que este libro.

Grüss Gott. Salve, oh Dios.

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).